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ALIMENTACIÓN INTELIGENTE

Lic. Riceldi Álvarez Gómez


Lic. Paola De la Riva Barbery
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La idea de una alimentación inteligente consiste en pensar antes de decidir qué comer y obrar siempre en función
de un mejor estado de salud, bienestar y óptimo rendimiento académico.

Para ello nuestra alimentación debe cumplir las siguientes 4 leyes:

Cantidad: señala que el aporte de energía y nutrientes debe ser suficiente, ni más ni menos de lo que
necesitamos, para evitar excesos y carencias; logrando mantener un estado nutricional normal.

Calidad: la alimentación diaria debe reunir alimentos de todos los grupos, entre ellos:

- Alimentos energéticos: proveen energía, calor y fuerza para el funcionamiento de los órganos a la vez
que permiten realizar las actividades diarias, en este grupo tenemos: cereales y derivados, leguminosas,
tubérculos, azúcares y aceites.
- Alimentos formadores: todos aquellos de origen animal (carnes, lácteos y huevos) cuya función es
construir, mantener y reparar los tejidos del organismo.
- Alimentos protectores: que actúan elevando las defensas para evitar enfermedades y además regulan las
funciones del organismo, frutas y verduras integran este grupo.

Específicamente en la función cerebral, el primer grupo de alimentos aporta el combustible necesario para la
función neuronal y este aporte debe ser constante, pues el cerebro es incapaz de almacenar energía, por lo que
conviene consumir: papa, yuca, arroz, panes integrales, en lugar de golosinas. También es importante el
consumo de aceites vegetales, frutos secos oleaginosos (almendras, nueces) y pescados; para poder obtener los
tan valiosos omega 3 y 6.

Por su parte los alimentos de origen animal, a partir de los aminoácidos esenciales, hacen posible la formación
de neurotransmisores (sustancias que ayudan a transmitir mensajes entre neuronas). Y todo ello, en conjunto,
determinará el correcto funcionamiento del cerebro, reforzará la capacidad de aprendizaje, memoria,
concentración y otras funciones superiores de la mente que tienen su sede en el cerebro.

Armonía: indica que los nutrientes deben guardar una relación de proporción entre sí y por tanto el plato del
buen comer debe contener 50% de vegetales, 25% de alimento formador y 25% de alimento energético.

Adecuación: afirma que la alimentación debe ser individualizada y responder a distintas características, como:
momento biológico, estado de salud, nivel socioeconómico, costumbres, creencias e incluso la nutrición debe ser
lo más específica a las características del genoma de cada persona, tal como lo establece la genómica nutricional
“cada uno de nosotros es único y merece una alimentación personalizada y precisa”.

Con una alimentación basada en las anteriores leyes y siguiendo ciertas claves (realizar un buen desayuno,
consumir suficientes frutas y verduras, no saltarse comidas, tomar agua, fomentar la actividad física), podemos
preservar y potenciar las capacidades cerebrales.

“Comer es una necesidad, pero comer inteligentemente es un arte”.

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