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-Soy fuego- Aunque era casi un susurro, la gravedad de aquella voz permitio que Darth Odrian la

escuchara a la perfeccion- Soy ascuas durmientes, tibias, que recuerdan el salvaje crepitar de la
llama. Aguardo. Espero, sin olvidar el infierno que sere.

El humano se volvió hacia su misterioso compañero. Apenas había hablado durante los dos días
que llevaban en aquella misión, y, ahora, en aquel momento decisivo en el que no quería perder
un apice de concentración, lo escuchaba entonar aquellas frases incomprensibles.

-¿Qué mierda es eso?-Murmuro, mirando con disgusto a la enorme figura a su lado-Por si no lo


sabes, estamos en una misión de infiltración. Y eso significa silencio.

Darth Voor lo miro con su unico ojo, helado como los abismos del mar, y a pesar de la oscuridad,
Odrian sintió su desprecio a través de la fuerza. Ninguna respuesta salio de sus labios, y el humano
se limito a insular al Whipid para su adentros.

Siguio trabajando. Su sable laser continuo perforando el duracemento con lentitud, mientras
varios metros sobre sus cabezas cientos de variados transportes se movían hacia sus destinos, a
pesar de las altas horas de la noche. Hapes nunca dormia.

Por fortuna, habian calculado aquel punto como el mas adecuado para realizar la perforación,
justo debajo de un saliente del inmenso edificio, por lo que estaban lejos de miradas indiscretas.
Llegar hasta allí había sido lo mas difícil, y lanzarse sutilmente de una deslizador en movimiento no
era el fuerte de un Drakassi como Darth Voor. Habian aterrizado sin despertar sospechas, y el
sombra había podido hacer uso de sus habilidades sin sobresaltos.

Un crujido seco indico que estaba hecho. Odrian se apresuro a utilizar la fuerza para que el bloque
circular no cayera estrepitosamente en el suelo, y lo levanto con delicadeza hasta posarlo a un
costado. Con la habilidad de un prestigitador, activo los controles del dispositivo de sigilo de su
muñeca que le permitirían pasar desapercibido para sensores y cámaras, aunque no para ojos
reales. Con una rápida mirada, comprobó que Voor también lo estaba haciendo. Al parecer el
animal podía recordar ordenes simples. Bien por el.

Se lanzaron por el agujero, recurriendo nuevamente a la fuerza para no realizar ningún


sonido.Aquel era un estrecho pasillo de mantenimiento, el 0-34-B, para ser exactos, ubicado en el
ultimo piso del edificio. Odrian consulto el mapa a través del holopad del dispositivo de la muñeca.
Estaban en el lugar exacto. Realmente, aquel mapa valia todo el esfuerzo que había hecho para
conseguirlo. Indico con un leve movimiento de su cabeza hacia que dirección debían moverse, y el
Drakassi lo siguió.

Atravesaron corredores y descendieron lenta y sigilosamente, invisibles para los sistemas de


seguridad del edificio. Odrian avanzaba delante, abriéndose a la fuerza como siemrpe había hecho,
sintiendo cada movimiento, por ligero que fuera, a decenas de metros alrededor. Era un algo
inexistente, que se sabia segundos antes hacia que lugar voltearía cada guardia y que pasillo era el
transitado por una patrulla. Años de entrenamiento envuelto en la oscuridad hacían que nadie
pudiera encontrarlo a menos que quisiera. Una sombra, como su titulo pregonaba.
Para su sorpresa, Voor lo seguía bastante bien, a pesar de la pesada armadura de Drakassi que
llevaba. Se comunicaban a través de la fuerza, y gracias a su guía, habian evitado cualquier mirada
indiscrerta mientras se adentraban en el complejo. Pero eso estaba por terminar.

Llegaron a un pasillo mas ancho que los demás, tenuemente iluminado. Aquí y alla, a pesar de ser
aquella una instalación fuincional, se veian toques de lujo y distinción. Los hapanos llenaban todo
de lujo y distinción, y Odrian estaba de acuerdo con ello, en especial cuando le permitia hacerse
con algun adorno valioso en medio de sus misiones de infiltración. Pero hoy debía pasar de aquella
recompensa personal. Consulto el mapa, solo para corroborar lo que ya sabia por instinto. Detrás
de esa puerta estaba uno de los centros neurálgicos de la holored de la republica.

Miro con ojos entrenados en buscar trampas y sorpresas. No había guardias, ya que los hapanos
confiaban en su sofisticado sistema de seguridad, olvidando que el ya lo había burlado varias
veces. Sin embargo, una vez que entraran en la sala y se conectara a uno de los ordenadores de la
holored, la infiltración seria imposible de ocultar. Un nutrido grupo de guardias revolucionarios
irían tras ellos en un abrir y cerrar de ojos. Al pensar en ello, miro casi con afecto al enorme
Whipid a su lado. Siempre había que tener algo de musculo cerca, como decía su difunto padre.

Los dos sith se movieron lentamente hacia la puerta blindada, y Odrian se puso a trabajar. Le llevo
unos quince intensos y tensos minutos, pero finalmente, el sistema de seguridad había sido
vencido. La puerta se abrió con suavidad, y un enorme recinto surgio ante sus ojos, repleto de
ordenadores y aparatos de comunciacion. El humano se dirigio al mas cercano, sabiendo que no
tenia un segundo que perder si querían cumplir su parte en la misión encomendada por su
Emperador. Estaba a punto de comenzar a teclear la secuencia de hackeo, cuando sintió una voz
en la fuerza, como un cosquilleo en sus sienes.

¿Cuanto tiempo necesitas?

Era el Whipid. Estaba del otro lado del marco de la puerta, sentado en el suelo, con las piernas
cruzadas y los ojos cerrados. Parecia meditar, pero a Odrian le dio la sensación de un volcán a
punto de entrar en erupción, conteniendo su destrucción con un inmenso esfuerzo. Esos Drakassi
siempre le daban mala espina.

Veinte minutos-Respondio

Asi sera

Con una sonrisa en sus labios, esa que solo aparecia cuando sabia que tenia entre manos un feroz
desafio, el sombra tecleo la secuencia y comenzó a piratear el sistema. Entonces ocurrio lo
esperado. Las alarmas comenzaron a sonar de manera estrepitosa, y todo se tiño de una luz roja.
La puerta blindada se cerro al instante, pero nada de eso hizo que Odrian se inmutara. Ante sus
ojso tenia su propio duelo, una batalla que requeria toda su atención. Gotas de sudor rodaron,
recorriendo su rostro, mientras rescribía códigos e intentaba vencer la seguridad del sistema. Sus
dedos danzaban sobre las teclas de la holopantalla, y le era difícil seguir el ritmo de aquella IA que
intentaba expulsarlo. Apreto los dientes y continuo, decidio. Ningun programa iba a quitarle la
posibilidad de tener una nueva hazaña que contar.

Le costo mantener la concentración cuando sintió el pelotón de guardia a través de la fuerza, y


mas aun cuando sus gritos comenzaron a escucharse, atravesando incluso el espesor de la puerta
de duracero. Una y otra vez, una imparable energía del lado oscuro, un tifón de violencia
desencadenada, sesgaba la vida de aquellos pobres hombres, que iban llegando, uno tras otro,
solo para morir. La batalla parecía haberse vuelto uan carnicería, pero el tenia otras cosas mas
importantes de las que preocuparse.

Los minutos pasaron, eternos, hasta que, agotado, dejo escapar un suspiro de alivio. Estaba hecho.

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