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Otro más que muerde el polvo

Por: Héctor S. Arroyo

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Otro

Más

Que

Muerde

El

Polvo

Por: Héctor S. Arroyo

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CAPITULO PRIMERO

Tengo sesenta años y después de leer la última novela de García Márquez,

pienso que no es demasiado tarde para escribir. Tengo tres hermosas hijas,

cuatro nietos adorables y una esposa como ninguna. Todavía, por si no fuera

suficiente, desde hace más de treinta años que ninguno de los dos tenemos

suegros. Sin embargo, además de ser un idiota cualquiera, creo que me estoy

convirtiendo en un viejo miserable.

Vivo en una ciudad que tarde o temprano desaparecerá por la falta de agua

o el exceso de drogas y armas. Soy ateo, pero pienso que los Testigos de

Jehová tienen razón con esa cosa del Apocalipsis (me parecen como si fueran

unos analistas del futbol, ya que tarde o temprano le atinan a un resultado)

Bueno, pero esas cosas de la religión, no me interesa discutirlas ahora. Como

dije antes, soy un viejo que empieza a desmoronarse. No sé, si esto

comenzaría hoy… ayer… o cualquier otro día. No sé si empezó cuando mi

nieto mayor, Andresito, aprendió a decirme abuelito o desde que mi esposa

suspendió la intimidad conmigo. Ya somos unos viejos, estoy cansada, haz

engordado, ya no lo siento como antes. Estas y otras larguísimas pausas de

idiota piedad por parte del tiempo irían cansando las ilusiones de este viejo.

Nunca fui un gran amante pero siempre le cumplí a Silvia en la cama, y aunque

soy mayor que ella cinco años, creo que es verdad aquello de que la mujer

envejece más rápidamente que el hombre. O pensándolo bien, tal vez fue su

educación religiosa la que me lo ha hecho creer. No recuerdo el nombre de su

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iglesia, me parece que en aquellos finales de los setentas fue que nació el

boom de las iglesias cristianas y empezaron a pulular como una plaga. Nos

casamos en su templo favorito, me importó un bledo. Mi hija habla lenguas,

sentenciaba siempre orgullosa mi suegra como si se tratara de una

reencarnación de María Magdalena, y eso a mi también me entusiasmaba.

Ahora, tampoco recuerdo desde cuando mi mujer se olvidó de las lenguas... ni

cuando olvidó a su dios... no me interesa.

Hasta este diciembre del 2008, ya son cuatro visitas que he hecho al

Siquiatra en el año. Afortunadamente, esto apresuró la pensión del Seguro

Social, aunque en la maldita maquiladora hube de aguantar otros seis meses

para capacitar a mi sustituto en la fallas mecánicas de las maquinas de coser.

Dicen que el Doctor Moreno es uno de los dos mejores Siquiatras de Torreón,

no importa que recete en el Seguro Social. La verdad es que a mi siempre me

deprime más de lo normal, pero es tan astuto, y cree que con sus

antidepresivos y calmantes me tiene controlado.

¿Cómo has estado Andrés? Habitualmente las visitas son casi parecidas.

Igual doctor... el Prozac me deprime y me da estreñimiento.

Mmm... ¿Todavía te causa molestias?

Tantas que ya no pienso tomarlo.

Necesitas habituarte a un medicamento, lo mismo te pasó con...Vandral...

Paxil... ¿Podría llevarte a internar?

Como a mi hermano.

Sigues con eso... mmm... no lo recuerdo.

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Genaro Alonso, no es un nombre fácil de olvidar aunque hayan pasado veinte

años. Bueno a él lo envió a Durango porque aquí no había en donde.

¿Y dices que fue tu única familia antes de casarte?

La vieja que nos malcrió solamente se hizo pasar por nuestra abuela

No duermes bien ¿verdad?

¡Ya no quiero Valium! Me... convulsiono... usted lo sabe.

No, nada de eso. Pero insisto que necesitas algunas terapias, te daré una cita

al Sicólogo.

Olvídelo

Y si tanto querías a tu hermano... mmmm... porque no te hiciste cargo de él.

¿Cuándo dije que lo quería? Era insoportable. Tal vez fue lo mejor que se

hubiera quedado para siempre en Durango.

Mmmm... ¿Y las relaciones con tu mujer?

Normales, bueno... eso creo.

¿Porque no te hiciste cargo de tu hermano? ¡Pendejo! El mejor Siquiatra de

Torreón ¡Bah! Mmmm... Ya probamos todos los medicamentos para tu

depresiòn... mmmm... te faltan las citas al sicólogo... mmmm... entonces... los

electro... mmmm... ¿Entonces ni el Prozac? ¿Y tu relación con tu esposa?

mmmm... ¿Y esas convulsiones? mmmm... si... un mes con los electro...

mmm... ¡Esta pendejo si cree que me tiene controlado! Si sigo yendo al

Siquiatra es porque no tengo nada que hacer, pero es un pendejo si piensa que

me puede aliviar. Genaro murió precisamente por creer en él. Por mí, que se

vaya al demonio. Putas pastillas ningún efecto bueno me hacen, también que

se vayan a la mierda.

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Lo dicho me estoy convirtiendo en un viejo miserable. Me planto desnudo en el

espejo con el pene aún babeando, después de estar pensando en Matildita,

una niña rechonchita de seis o siete años, hija de los nuevos vecinos. El

matrimonio apenas llegó hace una semana, se diría que la pequeña no es hija

de ellos, aunque los dos están gordos, son de tez morena y ambos de

facciones bastantes torpes. Sin embargo, Matildita, a pesar de su robustez ella

es clara como la infancia más bella, tiene dos enormes ojos de esmeralda y un

pelo tan largo y rubio como el de mi mujer cuando tenía 18 años.

Me limpio con rollo del excusado y aquella cosa va desapareciendo bajo mi

estomago. Trato de pensar otra vez en la niña para no caer en depresión, para

no pensar en el suicidio, me imagino como serán sus pequeños pechos que ya

asoman, como sentiría la textura de su piel blanca en el tránsito de mis manos,

y el roce de su enorme cabellera entre mi aliento y mis labios. Mi palo hace

intentos inútiles por erguirse de nuevo. Aunque, afortunadamente, se me

vuelve a mostrar en el espejo. Me conforto al observar que si tengo verga y no

solamente una cueva sucia, manchada. Vamos, ni siquiera oscura, sino,

solamente algo sucio, algo repugnante y estùpido... abominable.

Me voy al bar de mi colonia. Casi siempre sucede que cuando los viernes

son para el siquiatra, los sábados son de cantina. Por supuesto, tengo

prohibido tomar pero además de masturbarme pensando en Matildita, mi otro

único placer es la cerveza. Antes tomaba tequila, sin embargo, esta bebida

creo que si puede matarme. En ocasiones anteriores ha estado a punto de

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hacerlo, y eso de querer suicidarme no es más que una ilusión. Como de

costumbre, después de la borrachera pasarán dos semanas para que Silvia, mi

mujer me vuelva a dirigir la palabra. Ya no me insiste para tomar el

medicamento dice que nunca podrá vencer mi necedad, pero tener que

soportar mi hedor a cerveza o mis vómitos, ya le ha cansado. Aunque seamos

unos viejos terminaremos muy mal, sentencia después de los quince días de

enojo.

En Torreón existe un asombroso “superávit per capita” de cantinas.

Cualquier ciego encuentra un bar en el rumbo de la Alianza, este mercado es lo

más antiguo que hay en la ciudad y se ubica al sur en las faldas de los cerros

encaramados unos de otros. También si se busca algo más que alcohol, en

cualquier barrio de los cerros se encuentra sin dificultad. Bueno, pero a mi lo

único que me interesa es la bebida, se dice que en la ciudad corre más cerveza

que agua, y desgraciadamente para muchos y por fortuna para mí, eso es

verdad. Sin embargo, hace mucho tiempo que no voy por aquellos lugares del

centro de la ciudad, ahora me resulta más cómodo meterme en La Escondida,

el bar que se encuentra a solo dos calles de mi casa. En las cantinas a pesar

de la clientela, parece como si siempre estuviéramos solos. Me gusta sentarme

en la barra como lo hacen algunos para observar con ceño fruncido el

descubrimiento de nuevas bondades en las botellas y en el espejo, así lo hacen

siempre Melchor y Pérez, dos sesentones como yo. Tampoco faltan los sujetos

que toman en una mesa acompañados por alguna mesera y unas canciones de

la rokola. Una de las muchachas que sirven en La Escondida, fue mi

compañera de trabajo en la maquila, se llama Guadalupe y solo yo lo sé. Los

demás la conocen por la Cumbias.

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¿Que tal? No me recuerdas.

¡Guadalupe! Tanta mugrosa cantina y aquí estás... ¿y la maquila?

Cómprame una cerveza... ándale... papi...-

¡Hey Cumbias, pon otra del Recodo! Le gritan, mientras me zafo de su brazo y

me encamino hasta la salida apresuradamente.

Guadalupe tenía la función de cerrar el pantalón por los costados en una

Yamato, después fue promovida a supervisora pero sin aumento de sueldo,

quizá eso haya sido el motivo para renunciar. La Cumbias, junto a Rosa su

hermana y una prima, que revisaban la terminación de la prenda en la maquila,

se escapaban de casa un par de días cada fin de semana. Por supuesto, la

madre las insultaba en los dos crìos de Rosa y en el único de Guadalupe cada

vez que lo hacían. De la prima nunca he sabido su nombre, cada vez que

alguien se dirigía a ella en la maquila, le gritaban ¡Hey puta, revisa bien el

pantalón! ¡Hey puta, a cuántos te cogiste anoche! ¡Hey puta, ya préñate! ¡Hey

puta te vas a quedar sola! ¡Hey puta, vamos a mover el bote! Hubo un viernes

que me encontré a las tres en el Dominó de la Alianza y me hicieron gastar

hasta el último centavo del sueldo. En esa ocasión el silencio de mi mujer duró

casi el mes.

Nunca me gustaron las putas. Me deprime saber cuánto ardor se puede

encontrar en una pasión comprada. Aunque la Cumbias siempre me mostraba

una sonrisa diferente a todas las suripantas que conocía, desde que

trabajábamos en la maquila. Nunca me hablaba para revisar su maquina

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solamente por una tontería o porque estuviera en su mes, así como siempre lo

hacìan las demás. Cuando Guadalupe me necesitaba para arreglarla era por

una falla importante y tenía que pasar con ella al menos un par de horas. No

obstante, su primer reclamo era el porque no la invitaba a un hotel, me hablaba

maravillas del arte de las posturas para echarse un palo. Yo reparaba con

enfado su máquina, pensando porque la Cumbias creía que en mi oficio se

ganaba una fortuna. Fueron más de tres años de esa rutina y nunca nos

encerramos en un motel. Me gustaba y sigue gustando más la puta de la prima.

Aunque, pareciera que a la suripanta esa, el único hombre sobre la tierra que

no le interesa es precisamente Don Andrés.

La Navidad esta lista. Y aunque, parezca que toda la familia nos olvidamos

de profesar alguna religión, entiendo que en el fondo de su corazón y quizá en

su pensamiento, mi mujer siga enamorada de Jesucristo. Silvia es una

convencida de que la base de toda sociedad es la familia y cada diciembre es

la oportunidad de reafirmar esos valores. Sin embargo, creo que si el cristo se

le apareciera para decirle "deja todo lo que tienes y sígueme" no lo pensaba ni

un instante. Yo, indudablemente, mandaría al Galileo con un demonio; aunque

no sepa muy bien de que se trata eso de la unión familiar. Los primeros en

llegar la Nochebuena con un montón de regalos, es María Inés con su marido y

con mis nietos, Andresito es el mayor, y el otro es Carlitos, que tiene el nombre

del papá. Mi hija es una réplica de la Silvia de hace 30 años, con la misma

palidez de cirio que no ha abandonado a mi mujer. Andresito, es un niño de

siete años idéntico al padre, de grandes ojos negros y pícaros. El hermanito

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también se les parece. Cada navidad, llegan temprano porque tienen que estar

siempre con los otros suegros a las doce de la noche.

Solamente un Padrenuestro al año se reza en nuestra casa después de que

también llegan mis otras dos hijas con sus familias. Mi hija mediana, Silvia

conserva el parecido con los que fueron mis suegros, es alta y un poco ruda,

Ramiro el esposo es un poco más bajo que ella. Tienen un niño de cinco años,

como la edad de Carlitos, su papá dice orgullosamente que es el vivo retrato de

su madre. Al final siempre llega Eva. Es la única que se me parece un poco,

dicen que de alguna manera por la forma de caminar: como si anduvieran

borrachos, eso dice mi mujer. Evita aún no cumple los veinte años y ya tiene un

bebé de tres meses. El marido es un pasante de leyes en un despacho del

partido político al que pertenece.

¿De que quién es este regalo?- Preguntó Andresito después de abrir todos los

Suyos.

Es de tu abuelo, hijo. Es para una nueva vecinita que tenemos.

¡Ábrelo!

¡Ábrelo!-

¡Que lo abra!

¡Que lo abra!

¡Están locos! Como lo voy abrir, si es para Matildita. Reacciono con violencia, y

olvidando la mansedumbre que debía después de la borrachera de hace tres

días.

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Después del Padrenuestro hubo el brindis de cada año. María Inés se ha ido

con los suegros, Silvia cargo con Ramiro después de tres cervezas y dos

tequilas, mientras Eva y su licenciado Álvarez nos encargaron al bebé para ir a

celebrar al Partido. Afortunadamente el nieto duerme casi las 24 horas y le digo

a mi mujer que aunque sea casi la una de la madrugada vayamos a darles el

abrazo de navidad a los nuevos vecinos.

¡Feliz Navidad! ¡Muchas gracias! Lástima que la niña ya se fue a dormir.

Dice la madre de Matildita sin alguna sonrisa, pero Marcial, el Padre de la niña

ya me esta ofreciendo una bebida.

¡Pasen, pasen! Ay vieja... deja que pasen... Raquel es un poco distraída...

Solo pasamos a saludarlos, ya es un poco tarde pero Andrés insistió en traerle

el regalito a la niña. Reacciona mi mujer también con enfado.

Quisiera dejarlo en la habitación para cuando despierte. Digo por la confianza

que demuestra Marcial.

¡Vamos! ¡Vamos! Contesta y nos enfilamos a la habitación de la niña, mientras

las dos mujeres se quedan en la sala dirigiéndose sonrisas falsas.

Es muy hermosa. Atino a balbucear frente a la felicidad del sueño de Matildita.

Si... si... es tan parecida a mi madre...

Disculpa ¿Marcial? Si te llamas Marcial... necesito usar tu baño...

Si, si, claro ya sabes donde... todas las casas aquí son iguales. Me contesta

apuntando al baño.

En su cama solo tiene puesta una batita transparente y aunque sea

diciembre no tenemos el frió de otros años. Tal vez ha sido la navidad menos

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gélida que ha habido en Torreón. El padre hace desapercibidos intentos en

cobijarle y Matildita rechaza como un angelito dormido las sábanas. Le adivino

la piel, casi estoy acariciando su pelo y me detengo a punto de decirle a

Marcial que me deje besarla para correr al inodoro.

Salgo del baño con el pene tieso entre las manos, y a pesar del frío

recibimiento de los vecinos, ahora ellos se encuentran muy entretenidos con la

charla de mi mujer. Me jalo con furia la verga frente a Matildita y la niña trata de

despertar, corro de nuevo al baño… gimoteo… grandes lágrimas mudas caen a

mi masturbación.

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Son las seis de la tarde del día último del 2008, y estoy solo en mi casa de la

calle de Santo Domingo 114, al oriente de la ciudad de Torreón, estado de

Coahuila, país México, continente América, planeta Tierra. Tengo infinitos

deseos de beber, de meterme a la cantina pero sin llegar a encontrarme con la

Cumbias. Mi esposa a pesar de sus 55 años sigue trabajando en una farmacia

y lo hará hasta la medianoche, hasta que lleguen nuestras hijas solamente para

darnos el abrazo de año nuevo. Mis vecinos desde temprano se marcharon con

alguno de los abuelos de la niña.

Varios periódicos dijeron que hoy armarían una fiesta la "clika" de la

Durangueña y unos “chapitos” de Gómez, por el rumbo de la Alianza. No me

importa y tomo el camión para aquel lugar. Las calles están semivacías, no hay

pregoneros de verduras ni de discos piratas. Solamente palomas

alimentándose de fruta podrida que gente despistada arrojo a la calle.

Recuerdo que acostumbraba meterme en el Royal, pero hoy estaba cerrado.

La mayoría de las cantinas estaban cerradas. Tengo que internarme más en el

corazón de la Alianza hasta casi llegar al Cerro de la Cruz. El “Gato Azul” es

uno de los pocos lugares que aún se encuentran abiertos, el bar es una de las

pocilgas más grandes que existen en el mercado, tiene entradas por la Juárez

y por la "privadita de las putas" lo único que ha quedado como permisible Zona

Roja de la ciudad. Me siento frente a la barra, frente al espejo a contar las

botellas, cuántas de tequila, de brandy o de cualquier porquería. Me cuento las

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arrugas que alcanzo a distinguirme y los pensamientos que huyen a cada trago

de la cerveza. Aunque me atragantan más los videos de Los Tigres del Norte

en la inmensa pantalla detrás de mí.

No he calculado el tiempo que ella ha estado parada a mis espaldas hasta

que la veo cuando me estorba para leer el título de la nueva canción de los

Tigres. Es la prima de Guadalupe.

Don Andrés, que milagro. Alcanza a decirme un poco distraída.

Hola. Le contesto con visible nerviosismo, al confirmar que aún esta en gran

forma.

La Cumbias me dijo que se le encontró el otro día en la Escondida, pensé que

ya no tomaba ¿No le hace daño?

¿Daño? Lo que me mata es el aburrimiento.

Tiene razón, además... es fin de año...

¡Hey, Isabel, dame otra!

No le gritaron, hey puta. Le habían hablado por su nombre, en ese miserable

bar, en la ruindad y en lo infinitamente más despreciable de la ciudad la

llamaron por su nombre. Y hasta entonces me he puesto a observar que no

solamente tiene un cuerpo magnifico, sino también un rostro de gran belleza.

Presurosa va al reclamo de una cerveza como un ángel de labios insinuantes

guardando un valioso secreto. Lo mismo su mirada es celestial endulzándose

en el humo de los cigarrillos. Por supuesto, la prohibición de no fumar en

lugares cerrados a nadie le interesa respetarla. Le dijeron Isabel y era feliz, no

retó a nadie como en la maquila cuando todos la puteaban formándose pleitos

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con palabras sin sentido, como "hijaeputa", "pirujadelalianza" o "putacabrona".

Fuimos a sentarnos a una mesa. Después de la quinta cerveza, Isabel me

acompañó a tomarme la otra. Durante un par de minutos no nos dijimos nada,

ella observaba todas las mesas sin reparar más de un instante en alguna, me

limité a bajar la cabeza y mirar su cigarro en el cenicero.

¿Nunca te encerraste con la Cumbias? Me pregunta solamente por decir

algo, pues sabe muy bien que nunca lo hice. Me llama la atención que me este

tuteando cuando en la maquila éramos casi dos desconocidos.

No... me gustaba otra... Digo con el valor que siempre nos da el alcohol, antes

de que pueda deprimirnos.

¿Quién?

No lo adivinas.

¿Yo? Pregunta casi como una afirmación, pues ahora no perdía detalle de mi

atolondramiento delante de ella. La deseo en este momento casi como a la

misma cerveza o como a una masturbación pensando en Matildita.

¿Cuánto traes? Me pregunta de nuevo, y sin remedio desembolso un billete

para aventarlo a la mesa y salir del Gato Azul.

Todavía tengo estómago y cerebro para otras cervezas y quizá hasta para

un brandy. Me salí de la cantina con la intención de regresar a mi casa, pero

aún no dan ni siquiera las diez. A mis pasos se atraviesa la Escondida y me

meto hasta la barra. Solo están don Melchor y tres mujeres, los 4 sentados

frente a la barra. Una es Guadalupe que corre antes de que me sirvan para

darme el abrazo de año nuevo.

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Papito... feliz año... "pichàme un vampiro"...

Hasta dos... me quieres mucho ¿Verdad?

Desde que te conocí... ya lo sabes...

Todavía quieres que... nos acostemos...

¿Cuánto traes? No te cobraría y hasta te pagaba, pero el día estuvo fatal.

Es inútil. La Cumbias lo intenta todo, con toda su experiencia en el arte de

desnudarse y de chupar la verga. Cada vez que lo intenta aumenta su

desesperación hasta convertirla en rencor y me duele. Le digo que también se

quite la tanga, la única prenda que se ha dejado, pero igualmente es inútil. Su

sexo también es una cueva abominable parecida a la mía. Mi pene se halla

perdido y cuando Guadalupe lo encuentra es para de nuevo perderlo.

Enfurecida lo separa lejos de sus manos, lejos de sus pequeños pechos, de su

negra y vasta cueva. No obstante, su rencor desaparece de pronto y besa mi

boca temblorosa, mi nariz ancha, las pequeñas orejas que siempre me

acompañarán. Con besos va dibujando mi rostro y hasta su almohada arrastra

alguna de mis lágrimas. Tal vez, sí la que estuviera tratando de chuparme o de

montarme fuera la puta de la prima, mi verga pudiera reaccionar ¡Malditas

putas!

No te apures... a veces sucede...

No vayas a creer que no se me para. Lo que pasa es que nunca le he sido infiel

a mi mujer... creo que nunca podré serlo...

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¿Infiel? ¿Que tiene que ver la infidelidad con todo esto? La infidelidad se da

cuando hay amor, si no hay amor ya no existen lazos.

Estas loca... y los hijos. Y luego tanto mugrosos años juntos, nuestras cosas,

mis nietos, nuestro hogar... ¡Y la desgraciada que se pegó Silvia al parir cuatro

chamacos! ¡Estás loca!

¿Pero se aman?

Eso... no lo sé... pero existen lazos...

Si te trajera a Isabel, también se te arrugaba

¿A Isabel?

A la puta de mi prima... crees que no se que te gusta.

Hoy la vi... me dijo que nos acostáramos... le dije que no.

Mientras me incorporo de la cama, Guadalupe camina al baño de la

habitación del Hotel Posada, el único que cobra menos de cien pesos y no

cuenta con pulgas. Por un rato he estado jugando con las viejas cortinas de la

ventana que asoma a la calle Morelos frente al bar de la “Cucaracha”. De

nuevo siento sus pezones erguidos en mi espalda. Pienso en Matildita, quizá

tenga más bulto en sus pechos que la misma Cumbias. Aunque, por supuesto,

no con esas puntas tan aprensivas ni con la mata que cosquillea en mi trasero

¿Isabel? digo entrecerrando los ojos ¿Verdad que te gusta? dice Guadalupe

tremendamente excitada, y cuando nos tiramos a la cama he perdido toda

visión y en la oscuridad de mis pensamientos nace la imaginación que me

procuran Isabel y Matildita ¿Con quién me estoy acostando? Obviamente, es

la Cumbias a la que monto, pero la que gime es Isabel, a la que acaricio con

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ternura es Matildita. En una puta me estoy cogiendo a todas las mujeres del

universo... a Silvia y a la Virgen... a mis hijas...

Es la primera visita del año al siquiatra. Y aunque, como cada año le prometo a

mi familia ya no beber; muy probablemente, después de la consulta romperé mi

promesa. En México, comúnmente a la fornicaciòn le llamamos "aventarse un

palo" "darse un revolcada" "echarse una cogida", cosas bien simples. Casi

nunca decimos hacer el amor o patrañas parecidas, y por supuesto jamás

decimos "que buen polvo tuve", como dicen en otras latitudes bastantes lejanas

de estas tierras. Sería un miserable hipócrita si así lo escribiera (quizá ya lo

hice y lo volveré a hacer) El asunto es que después de coger con la Cumbias,

llegué justo al brindis de año nuevo a mi hogar para hacer la promesa de

siempre. Sin embargo, pienso que con estas dos semanas de ayuno y la ida al

siquiatra será suficiente para colmar mi rehabilitación.

Feliz año nuevo, Andrés, mmm... ¿engordaste?

Sigo igual de gordo.

Mmm... Y tu doctor familiar no te ha puesto a dieta.

Sí... pero... es imposible llevar una dieta.

Tu corazón... mal... mal le haces a tu corazón. Dice al momento de escribir la

receta de siempre, y solo así deja de mirarme como a un bicho raro o como a

una vaca.

¿Doctor?

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¿Sí? Dime. Contesta a mi turbación sin volver el rostro, pues ya la ha

escudriñado desde la primera entrevista que tuvimos.

Es malo que... bueno... no digo que sea pecado...

¿Que tanto te masturbas? Me interrumpe.

No... bueno... poco... a veces...

¿Más de una vez al día?

¡No! Este... ¡No! A veces...

Mmm... Es malo para tu corazón... dile a tu doctor familiar que te haga bajar de

peso y te la puedes jalar las veces que quieras.

No... es que...

¿Desde cuándo no tienes relaciones íntimas con tu mujer?

No sé... un año... dos...

Solamente no abuses. Dice al darme la receta y cruzarse de brazos a esperar

todo el tiempo que estuviera dispuesto a aburrirlo.

Olvídelo... no... no creo que sea un problema.

Estoy suponiendo, que no eres infiel a tu mujer.

¿Infiel?

Al salir, como siempre he arrojado la receta al primer bote de la basura que

encuentro. Por supuesto, al Doctor Moreno yo no le importaba, no me iba a

cuidar como a un niño. "Eres un hombre inteligente y sabes lo que te

conviene", me dijo desde las primeras visitas que le hice. Parece que ya se le

olvidó que soy una persona lista. Y lo que yo pienso que soy es alguien

siempre buscando el lado sombrío a las cosas, por eso mis conjunciones

recurrentes para hilvanar una idea siempre son el "pero" y el "aunque". No

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puedo decir que soy feliz con mi depresión, con mi alcoholismo o con mis

cambios de humor repentinos, pero definitivamente, los medicamentos no

están en mis planes y no voy a esperar otro día para emborracharme.

No deseo estar con la Cumbias y tomo el bus para el centro de la ciudad, para

la Alianza y su Gato Azul.

Las cosas por aquellos lugares están tensas, en los primeros días del año ya

han muerto por culpa de los Zetas, más de 30 gentes. Casi todos de la

Durangueña, de la “Tya”, y demás barrios montados en los cerros. Sin

embargo, en las cantinas parece que la situación esta mejor controlada que en

los puestos de frutas, a pesar de las cuatro acribillados el uno de enero en la

“Favorita”, el cual era otro de los bares más visitados por mí.

Echo un vistazo en el Gato Azul y no descubro a Isabel, aún es mediodía,

regularmente las mujeres que trabajan en las cantinas se reportan después de

las tres de la tarde. Enfilo hasta el bar “Royal”, la barra esta completa y no hay

otro remedio que sentarme en una mesa con el "Canas", un contador público

que desde que terminó la carrera hace 25 años nunca ha ejercido. Nos

saludamos fríamente a pesar de tener un par de años de no vernos. Cuando

acabo con la primera cerveza ya quiero salir, pero en ese instante llegan

Melchor y Pérez, los dos impresores que hasta antes de encontrarme de nuevo

a la Cumbias, eran mis únicos acompañantes de las "pedas" en la Escondida.

Los cuatro acordamos hacer una partidita de póker en la bodega del bar, antes

de irnos con las putas.

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Debiste poner un negocio con lo de la pensión. Comienza el "canas" la

conversación en la primera mano de la baraja.

Trabajé toda mi vida para no hacerlo de viejo. Le contesto molesto porque al

inútil contador público siempre lo he aborrecido por vividor.

¿Cuántas cartas quieres? Dice tal vez sin escucharme y haciendo el cambio de

barajas a Pérez, pues Melchor esta completo lo mismo que yo.

Corrida al Rey. Sonríe Melchor, y todos miramos a Pérez.

Un par. Dice aventando las cartas al centro.

Full. Continúo avanzando las manos al centro de la mesa por la apuesta de 200

pesos.

Espérate... espera... espera Andrés... Póker de Caballos.

La partida sigue por el mismo rumbo, teniendo grandes juegos en ocasiones

Melchor, Pérez o yo, pero consiguiendo el "canas" siempre algún Póker,

extrañamente ninguno de Ases. Las conversaciones cambian a cada mano

siendo la última y la más interesante la que inicia Pérez acerca de las pirujas.

En el Gato Azul, yo también dejé una igualita a la "Chonita".

La puta que te dejó por un Narco. Se burla el "canas"

Que te importa. Intervengo con ganas de iniciar una riña por la desplumada que

nos esta dando ese imbècil.

¿Que, Vamos? Órale Andrés, antes de que este "gûey" nos deje encuerados.

¡Con puras pinches trampas! Grito aventando la mesa hacía el "canas" y

agarrando la botella de brandy se la estrello en la cabeza.

Ya lo mataste. Dice asustado Melchor.

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Creí que se trataba de un secuestro. Fue de madrugada y dormía como

siempre soñando con Matildita. Nos los reconocí en la oscuridad cuando me

esposaron, y antes de que me amordazaran le grité con desesperación varias

veces a Silvia sin que ella apareciera y eso me hizo temer una desgracia.

Cuando me subieron al auto, hasta entonces, supe de quienes se trataban.

Eran mis "padrinos" del “Centro de Rehabilitación Luz de la Esperanza”. Mi

esposa ya no soportó que casi asesinara a un bueno para nada como el

"canas" y llamó al asilo. No me importa el dinero que nos sacó tu amigo pero

no quiero que mates a alguien. Me dijo en una de nuestras últimas

conversaciones. Ya habían pasado casi dos años de cuando estuve en la Luz

de la Esperanza, pero en aquella ocasión me encerraron con mi pleno

consentimiento. La vez que Eva decidió casarse, yo decidí morir alcoholizado y

casi lo logro. Sin embargo, la fiebre y las convulsiones por tres días no fueron

suficientes, y después de la plena reconciliación con mi hija, ella me convenció

para entrar al centro de rehabilitación. Por nada me botan de mi trabajo, y

entonces, quizá no estaría escribiendo ahora. Al menos, no en estas

circunstancias. Ahora, la idea de anexarme fue de Silvia y muy probablemente

de mi hija mayor, María Inés. Por supuesto, no les importaba que me aislaran

un mes entero para arrepentirme de mis pecados haciendo actos de contrición

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con duchas heladas. Pasarían tres meses para que volvieran con la asquerosa

patraña de encontrarme redimido. Es abominable toda la porquería que

encontramos en la farsa familiar... social... nacional... mundial ¡Bah, es

asqueroso!

Estamos ya a finales de Abril y sigo siendo el mismo ser repulsivo que lo

único que desea es mirar de nuevo a Matildita para correr al baño. Las únicas

mujeres que me encontraba en el asilo no pasaban de ser algunas

adolescentes alcohólicas o drogadictas, además de la troglodita de la cocinera,

esa era una putota de casi uno noventa de estatura y más de cien kilos.

Grandìsima bruja, su única diversión era arremeter con sendos chingazos a los

chavitos más viciosos. Bueno, son cosas que suceden todos los días y no es

mi bronca. Yo lo que quiero es hacerme una "paja" como dicen algunos idiotas.

Sin embargo ¿Por qué desear más una masturbación pensando en la niña, que

el placer que me provoca la Cumbias cuando lloriquea restregándome el vello

de todo mi cuerpo asqueroso? ¿O porqué no ir a perder el tiempo con la única

persona con la que he tratado de ser sincero? El doctor Moreno, tal vez, me

haya extrañado.

Así, que... mmm… de cualquier forma te anexaron.

Sí. Pero no en un manicomio.

¿No?

Bueno... allí nadie se cree Napoleón o Pancho Villa... todos saben que están

por sus vicios.

23
Dime Andrés, que es más grave.... vivir completamente en otra realidad o estar

perdido en varias... mmm... pesadillas.

Observo que por primera vez, el doctor Moreno no me quita los ojos de

encima, tiene una actitud lo mismo de conmiseración y transparente piedad que

un gesto de amargura. No atina si ponerse a escribir la receta o seguir jugando

con la máquina de escribir, y es que resulta que los consultorios de siquiatría

en las clínicas del Seguro Social no cambian gran cosa con alguno de medicina

familiar. En ellos no existe un diván hermoso como en las películas de Woody

Allen, ni una enorme biblioteca. Solo hay un viejo escritorio con la máquina de

escribir, ni siquiera hay un ordenador como en los de medicina familiar. ¿O tal

vez, será que este doctor Moreno es un excéntrico?

Andrés... Dice pausadamente. Te voy a dar una cita con el sicólogo. Se

perfectamente que no tomas el medicamento, entonces... solo puedo

recomendarte algunas sesiones de terapia o de... electros... ¿Que prefieres?

La verdad... cada vez creo menos en los siquiatras. Aunque, pensé que los

siquiatras son gente más seria que los vividores que se aprovechan del

sicoanálisis.

Andrés, necesitas ayuda... casi matas a una persona.

¿Persona?

¿Mmm... tu amigo?

Yo no tengo amigos.

¡Ah! Olvidé que no tienes amigos.

La única terapia que necesito es a mi niña Matilde. Me meto a la ducha, no

he visto a la niña en tres meses. Están empezando mis excesos de sudor

24
cuando la escucho jugar en su patio. Me rasuro el cuerpo con todo y mis

genitales antes de empezar a jalar sin misericordia de mi pene. Hasta el baño

se escuchan sus risitas de felicidad infantil aumentando mi rabia y

desesperación. No advierto en que momento con mi otra mano ya me estoy

explorando el culo y confundo la felicidad de la niña con la agitación de mis

sollozos… La algarabía de la llegada de María Inés con sus hijos acelera mi

"venida" y termino con mi llanto.

Es el cumpleaños de Andresito. El niño se ha empeñado en estrenar la

alberquita que le regaló su papá y todos están de acuerdo en invitar a los niños

de la cuadra. Por supuesto, una invitada debe ser la nueva vecinita, además de

los amiguitos con los que ya cuenta mi nieto por este rumbo. La primera en

acompañar a mis nietos es Matildita. Rápidamente me acomodo en un

pantaloncillos cortos y en una camiseta sin mangas para ir a llenarles la alberca

a los niños. La niña esta cambiada. Físicamente no es mucho su cambio,

aunque, le distingo unas formas nuevas en su pequeño trasero, además de

tener una expresión completamente diferente a la que recuerdo. Ya no me

parece aquel ángel que nunca conocería el pecado. La niña empieza a tener

esa mirada triste que se nos va dibujando a las personas a través del tiempo y

que muchas veces nos hace desconfiar de la existencia. Su cuerpecito es más

hermoso en el traje de baño de dos piezas que le pusieron sus padres. No

parece una niña de siete años, ni de ocho. Solamente creo que es una

Virgencita con su pistola de agua.

Mis nietos se encapricharon en tener también su pistola de agua y sin

remedio corremos a la Soriana por ellas. Me subo a la parte trasera del taxi con

25
Andresito, Carlitos y Matildita ¡Oh, felicidad! La niña esta a mi lado, casi sube

sus piernitas a las mías. Lástima que hemos llegado demasiado pronto a la

tienda y he de gastar hasta el último centavo comprando los antojos de los tres.

Además de unas cervezas. Gastamos sin piedad el agua en la alberquita, y yo

me he tomado más de tres cervezas. La niña me parece aún más hermosa

mientras juguetea mojándome junto a mis nietos. Tomo de la cintura a Matildita

y sin reparo bajo mis manos hasta su pequeño sexo.

¡Mamà! ¡Mamà! El señor me agarrò. Grita la niña mientras doy un trago

larguísimo a la cerveza.

¡Te lo dije! Es un viejo degenerado. Ahora grita la madre de la niña hacía

dentro de la casa en donde el marido empina una ginebra.

¡Hijoeputa!

Solamente... jugábamos...

¡Te voy a partir la madre!

¡Tranquilízate! Solo cuidaba a los niños.

A mi tanbien me agarrò las chichis. Dice otra niña que ha corrido buscando a

sus padres. Cuando sale mi mujer, más de dos padres están a punto de

golpearme. Por supuesto, Silvia no lo puede creer y me defiende lo mismo que

mi hija María Inés. Matildita insistí en que le ha frotado su sexo, al igual que la

niña de las chichis crecidas que se esconde besando la verga de su padre.

¡Voy a llamar a la policía!- Dice el padre, retirando con fuerza a la niña de su

bragueta.

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Tranquilamente estoy en una celda del Cereso de Torreón. No es verdad

aquello de que a los violadores de niños se los cogen todos los reos. Aún no

me ha sucedido. Tal vez, el trasero de un viejo es tan abominable que solo

puede dar lástima. Esa piedad que ahora inspiro a mi mujer, y por ello, Silvia

(no se porque medios pudo traerme esta máquina de escribir) dice que no

debemos pagar la fianza por un delito que no hice y va a pedirle al marido de

Eva que mueva sus pocas o muchas influencias que tiene en el Partido, para

que me logren sacar de aquí y puedan también limpiar mi nombre y el honor de

la familia. Porque yo y tus hijas no creemos que hayas sido capaz de cometer

tal monstruosidad.

27
CAPITULO SEGUNDO

La niña sabia que muy pronto se convertiría en otro ángel del Señor, y con el

inmenso amor que nos da el Creador cuando estamos a punto de llegar a su

presencia, perdonó a los padres que la habían contagiado de la mortal

enfermedad.

Así terminé el cuento que he enviado al concurso de relatos para

presidiarios "José Revueltas". Al parecer, a este escritor mexicano más que

apreciarlo en los círculos literarios del país por su talento, era menospreciado

por su activismo marxista en épocas pasadas, algo que le llevó casi toda su

vida a estar prisionero en cárceles y en algunos prejuicios nacionalistas. Fue

uno de los celadores que le gustaba leer a Charles Bukowoski, y que al verme

teclear la máquina con gran pasión, me "animaba" a escribir algo para este

concurso de cuentos. Ándele "viejito", ya se que no le gusta escribir poesía

pero se trata de escribir un cuento como con los que se discute a la hora del

taco. Y por supuesto, no tuve más remedio que inventar esa historia de la niña

que no debió haber nacido. Lo hice más que nada para que ya no me estuviera

jodiendo el estómago con golpes y frijoles rancios.

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Los del Partido de mi yerno no quisieron involucrarse conmigo y no hicieron

algo para conseguir mi libertad. Que diría la prensa si nos ponemos a defender

a un violador en pleno período de elecciones. Pobres pendejos, de cualquier

forma no consiguieron ni una pinche diputación. Ya me han dado el auto de

formal prisión, y mi esposa dijo que no me preocupe ya que pagará la fianza

pero hasta juntar la cantidad que ya le han elevado casi al triple. La verdad no

estoy demasiado inquieto. Ahora ya no voy a soportar los reclamos de Silvia

por sentarme frente a la computadora o frente a las botellas de la Escondida y

con la Cumbias.

Grandìsima piruja ya se ha enterado gracias a nuestro queridísimo periódico

Express que estoy en prisión. Y ella, ahora es la visita más ordinaria que tengo.

Le gusta venir los jueves para tendernos en las cobijas que ha llevado su

"rodilla", como le dice a Silvia.

Aquí "hicimos" a nuestro Adancito, mi primer "viejo" y yo. Suspira.

¿En las cobijas estas?

¡No! Quiero decir, que me parece que era esta la celda donde cogìa con aquel

idiota que me tronó por primera vez.

De veras que eres una puta. También suspiro, mientras le meto la mano hasta

el pelambre de su "pepa" como le gusta que le diga a lo que trae entre las

piernas. Desgraciadamente no me sirve de mucho, ni que ella trate de

chuparme o de que se la meta por el trasero. Es más deprimente que estar en

un cuarto de hotel de la Alianza.

Y dime... ¿Que pasó con las niñas? Me dice después de darse cuenta que es

inútil toda su destreza en las artes de levantar mi palo.

¿Qué pasó? Nada, ya sabes como son los niños...imaginan cosas.

29
Entonces... ¿Por qué, diablos, sigues aquí?

No entiendo cual puta ley me están aplicando... no demostraron que haya

hecho... algo...

La ley contra la impunidad.

¿Impunidad? ¡A la mierda con eso! Impunidad es la que hay en las calles...

bola de estùpidos... que entiendes tú por impunidad.

Ahora la sociedad es más... digamos "persinada"... bueno... no... Quiero decir

más religiosa y por lo mismo más intolerante y creo que hasta más cruel. Hace

como tres meses un Regidor de Ayuntamiento se acostó conmigo y lo acusé de

no pagarme. Para que no hubiera escándalo me tuvo que dar más de lo que te

imaginas, más de lo que he sacado contigo. Ahora para que no haya impunidad

no debes abusar de los "grupos vulnerables"... los niños, las prostitutas, las

madres solteras, los...

No me interesa saberlo. La interrumpí.

Pedro tiene 19 años, aunque es bastante alto, su postura jorobada con la

cabeza gacha lo hacen parecer que no pasa del uno setenta. Me cuenta que un

vecino de doce años "se dio baño" al acusarlo de violación cuando él

solamente le estaba enseñando unas revistas de educación sexual. Dice que

no le iba a hacer nada más que enseñarle a jalársela pero cuando le agarrò la

verga el pendejo empezó a gritar. Yo le pregunto si su rostro lleno de barros es

por esa pasión que tiene.

Si, don Andrés... no hay nada tan "chido" como la puñeta.

Si Pedro... estoy de acuerdo contigo.

30
Mire, don Andrés. Me dice entusiasmado. Atrape un montón de moscas y

échelas en una bolsita de plástico, meta la "cabeza" y se siente bien chido.

¡Ah! Por eso siempre andas limpiando los excusados.

¡No! Bueno... en parte... los custodios... Màrgaro y al que le dicen el "poeta"...

su amigo... me tienen amenazado.

Te violaron ¿verdad?

Ya... ni modo...

¿Te gustó?

¿He? No... no... yo no soy marica.

Ya, ya, ya... mejor dime otras técnicas para jalarse la verga.

¿Sabe la de la mantequilla?

Ya, ya, dime una de tus locuras.

¿Se ha hecho la puñeta con las dos manos?

¡Ay Cabròn! Si no la tengo tan grande... si acaso... con dos dedos.

No... espere... deje le enseño. Cuando Pedro se levantó para mirar por los

barrotes si no había peligro empezó a bajarse los pantalones pero lo detuve.

-No, pinche "cacarizo" nomás dime como.

Mire con esta mano se la jala al revés y con la otra se frota los "huevos" y lo

que queda del palo... nomás que necesita mucha saliva... ahora... que... una

puñeta muy diferente sería que se enrolle la mano con cinta adhesiva, también

se siente bien chido.

¿Y cuál es la que más te gusta?

Lo importante es jalársela como sea, pero... no mame... todas las mañanas me

sentaba en la cama en mis talones... Me corría una barbaridad... hasta parecía

que también se venía una vieja conmigo.

31
Y cuando te la jalas, no te metes los dedos en el culo.

Muchas veces... y...

Ya se... las mejores puñetas han sido con las moscas o cuando te masturbas

como una virgencita.

Si... pero hay otra...

¡Una perra! Dice el "Picachù" asomando el rostro entre la almohada. El Picachù

también esta en mi celda, y solo sabe estar tirado en las colchas raídas

después de limpiar todos los platos de la cocina. Al parecer, Arturo que es su

nombre verdadero, violó durante más de un año a una hijastra de 13 años. Sin

embargo, su felicidad acabò hasta que la muchachita se quedó preñada.

Después su querida y madre de la puberta no tuvo otro remedio que

denunciarlo.

¿Te cogiste a una perra? Quiero adivinar.

No... mi perra me lambía... ¿Nunca te ha lambido una perra?

¡Qué! Te puede arrancar la verga...

Mi perra era mansa... se siente ¡Hijole! Te gusta... te lengüetea desde el culo...

Creo que estás más enfermo que nosotros.

¿Por qué? Mi vieja se metía una "coca cola".

32
Apenas tres meses. Pienso que no voy a poder soportar tres años estando

encerrado. Creí que no iba a ser tan difícil vivir lejos de toda la hipocresía que

existe. Por fortuna, allá afuera. Digo afortunadamente, porque sin la bendita

hipocresía de la que Dios provee solamente a los bien nacidos, el mundo no

sería tan maravilloso. Pensé que ya sin la molestia de la familia, además de

una máquina de escribir enorme y una puta que tiene ya dos jueves que no

viene sería suficiente para soportar mi encierro. Sin embargo, hasta ahora

estoy conociendo el lado cruel de la soledad y de la repulsión. Cuando era

libre, no me disgustaba inspirar el asco a las buenas conciencias, ni refugiarme

en mi cuarto o en el baño para masturbarme en mi soledad. Y hoy... de nada

me sirve darle duro a la máquina... escupirla... patearla y que ella también me

hiera, reclamando mi rencor y mi podredumbre.

Ahora tampoco nada es suficiente para no extrañar a la Cumbias, sin

importarme que sea una puta que no logra levantarme la verga; ella es la única

voz que llega de fuera como si fuera de otro mundo, del mundo de Matildita, de

mis hijas y de Silvia... Mi mujer que pasados treinta días ya no ha regresado a

33
traerme siquiera algunas tortillas duras. "Pobrecita", la vergüenza que debe

estar soportando, y luego en esa farmacia que le absorbe todo su miserable

tiempo para que logre juntar el dinero con el que me va a sacar de aquí ¡Bah!

Si hubiera tenida una buena defensa no me estaría quejando. Pero, para que

buscar buenos abogados si no cometiste ningún delito, todos me dijeron. A

menos que me hayan juzgado por mis pensamientos con la niña, entonces ¡Sí!

Me hubieran aplicado la pena de muerte y no solamente tres años, ni siquiera

hubieran sido suficientes los quince años de prisión que se reventará el

Picachù.

¡Sí! Pena de muerte, porque Matildita me chupò mil veces en mi

pensamiento. Pena de muerte porque la tirè de bruces sobre mi lecho para

metérsela por el trasero con toda mi imaginación posible ¡Sí! Pena de muerte,

porque le abrí sus piernitas para partirla en dos con un poderoso pene. Pena

de muerte, porque le arranqué los pezoncitos que apenas asomaban con

grandes mordiscos... ¡Sí, pena de muerte!

De nuevo pienso en el suicidio, pero no en el suicidio de un loco que anda

libre y nunca cumple su promesa de matarse, o que si lo intenta, fracasa

porque tiene que revolcarse en la mierda para darle gusto a alguien más

miserable, pero también muy poderoso. Pienso en esa muerte que nunca falla,

que todos los días cumple su misión, en la inevitable que alcanza a los

escapados de sí mismos porque han descubierto el repulsivo pero verdadero

sentido de esta vida que nos asesina con las manos de una sociedad falsa que

siempre comulga con lo más ruin de esta existencia generadora de espejismos,

prejuicios, estupìdez y orgullo, por ser abortos de la misericordia divina.

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De verdad que el mundo es tan insignificante. Tan pequeño que una partícula

ínfima de átomo puede desencadenar la catástrofe apocalíptica. Pero esa

mierda de que el mundo se puede acabar por causa nucleares es menos válida

que mi teoría de que moriremos porque nos reproducimos inmisericordemente

contra el planeta… ni remedio…

Y ahora, hasta esta cagadita del mundo de mierda ha llegado ése cabròn.

Otro maldito aborto de la "suciedad". El desgraciado regidor del ayuntamiento

que medio mató a la Cumbias, solamente porque la idiota le timó algunos

pesos. Ese infeliz camina orgulloso en medio de la prisión por creerse un

político de chilla. Tenía que ser un bueno para nada, agusanado desde siempre

en su corrupto partido tricolor para darse esas ínfulas. Dicen que después de

darle una golpiza a Guadalupe donde casi hace que pierda un ojo, se subió a

su camioneta tremendamente borracho para ir a estrellarse contra un automóvil

compacto, en el cual viajaban un joven matrimonio con un bebé. Gracias no se

a quién, el niño y su madre lograron salvarse, no así el padre ¡Ah, justicia

divina! Tuvieron que pasar 15 días para lograr encarcelarlo, y aún así el

corrupto partido político no le ha retirado completamente su apoyo ¡Sabrá Dios,

porqué! El maldito piensa que saldrá muy pronto, ya que, para él, haber

desbaratado a una pobre familia y a una escoria como la Cumbias, son cosas

que a nadie le incumben. No habiendo motivos suficientes para privarlo de la

libertad por mucho tiempo, ya que tiene que seguir engañando a la gente para

que todos podamos vivir tranquilos.

Si, porque el Regidor solamente tenía la prisa para cumplir alguna demanda

de la ciudad (tan celoso de su deber que hasta cayéndose de borracho estaba

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dispuesto a cumplir) pero se le atravesó ese padre irresponsable que manejaba

también con exceso de velocidad sin ningún motivo, al menos que el chiquito

estuviera enfermo de gravedad y lo llevaran a un hospital, pero tampoco era un

motivo para que se le atravesara a un servidor del pueblo, y además con tan

gran descuido que la madre y el bebé debieron haber viajado en el asiento

trasero y no en la parte delantera ¡Ah Justicia, que tan noble y justa eres! Tan

solo fue una muerte imprudencial y el honesto regidor de ayuntamiento no tiene

mayor responsabilidad. Ni siquiera por la puta que dejó media muerta porque

era una ladrona aprovechándose de un magnífico cliente como era él con ella y

con todas las de la Escondida, así que no tuvo más remedio que castigarla. Por

eso la gran parte de reos le rinden pleitesías, desde el Picachù que lo desea ya

de abogado hasta los narcos que dicen que pronto el regidor de ayuntamiento

"os hará libres"... maldito infeliz, como me gustaría que lo hubieran mandado al

Cereso de Gómez, muy probablemente encontraría su merecido. Allá todos los

días matan a alguien sin importarles quien sea.

Tito esta feliz dentro de la prisión. Nunca le han diagnosticado alguna

enfermedad cerebral o cosa parecida. Sin embargo, todo mundo opina que no

esta completamente sano de sus facultades físicas y mentales. Hay quién cree

que tiene hasta el "síndrome" en su etapa más suave; aunque, creo que por

ella todos hemos pasado. Tito, seguido tartamudea, siempre anda lleno de

manchas multicolores y a sus treinta años casi no le queda un cabello, además

dice que es inocente. Porque ella: nnn... nno... era señoooo... rita.

Una vecina lo denunció, diciendo que la espiaba desnuda por la ventana de

la habitación que asoma a la calle y que un día se atrevió a entrar para desear

36
abusar de ella. La mujer es una viuda con dos hijos que en esos momentos se

encontraban en su trabajo, y tuvo que pedir auxilio para que Tito no lograra sus

abominables propósitos. "Ya lo tenía encima" ¡Y en la cama de mi marido! "Me

agarrò de mis pompas y me arrimó su cosa" ¡Hay era asqueroso! Dicen que

desde que llegaron los demás vecinos a defenderla de la vileza de Tito, y hasta

que hubo la condena del juez, eran esas sus ùnicas exclamaciones. Vaciando

toda su rabia en aquellas de ¡Y en la cama de mi marido! y en la de ¡Hay era

asqueroso!

Tito me dice que es inocente pero que acepta su condena. Yyya... sssooy

hombre.

Si. Le contesto sin estar plenamente convencido lo que quiere decir con eso.

Pues, desde hace tiempo atrás me pregunto que significará ser hombre. Acaso,

en la prisión ¿No todos somos hombres? A veces pienso que solo un hombre

puede soportar estar encerrado aquí. Pero después me pregunto, que si ser

delincuente es también ser hombre, porque evidentemente todos hemos

delinquido. Yo mismo, he sido solamente un miserable por mi pasión por

Matildita. Me pregunto si solo la prisión puede convertirnos en hombres.

Si, Tito... quizás ya eres un hombre. Le digo de nuevo.

¡Que! Me contesta con un gesto de furia que no le conozco.

Quizás... para ser completamente un hombre necesitas recibir unos golpes.

¡Toma! Recibo un manotazo suyo en mi gran estómago, y se duele de los

dedos que se le tuercen casi hasta el llanto. Mientras suelto pequeñas risas

burlonas en Tito asoman sus lágrimas y se llena el rostro de pequeñísimas

manchas azules y negras.

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¡Sssooy...hooommmbre! Me vuelve a golpear en el vientre con sus dedos

torcidos y esta vez hace doblarme del dolor.

¡Pendejo! Si ya eres un hombre ve pártele la madre a aquel. Le digo apuntando

al grupito que estaba alrededor de la mesa de comedor.

Cuu... cual. Pregunta entre los mocos que le escurren por los labios.

Al Regidor de Ayuntamiento. Le contesto sonriendo.

Por supuesto, pensaron que se trataba de una broma de Tito. Cuando se

plantó delante del Regidor, con su aspecto de cómico miserable para solo

balbucear uuu... uto. Todos se cagaron de la risa, le cocotearon la calva y le

llenaron el trasero de patadillas desganadas. Para rematar le dieron de tomar

algo que Tito escupió provocando la repugnancia del Regidor y haciendo que

todo el grupito lo correteara hasta nuestro lugar, donde sentaban a los

"violadores". El Picachù alcanzó a meterle la mano por el culo antes de que se

sentara.

¡Órale pendejo! Ya no eres de aquí, vete con aquellos. Le señalo al Picachù su

lugar con el regidor porque lo habían separado de nosotros desde que decidió

lamber las botas del política de mierda, así como lo hacía su perra con el culo.

¡He, don Andrés! No se enoje... pórtese bien y le digo a mi "candidato" que le

invite un tequilita...

¿Tu "candidato"? Le digo suavizando el tono de mi voz al escuchar lo del

tequila.

Tequila o cerveza ¿Que prefiere?

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¿Tu "candidato"? Celebran algo. Le vuelvo a preguntar, sabiendo que el

alcohol podía correr a carretadas por la prisión pero solo en ocasiones

especiales.

Dos cosas... la victoria de México sobre Estados Unidos y la liberación de mi

"candidato" para postularse como Alcalde.

Como es posible que vayan a postular a un hijo de puta para presidente de

Torreón.

Es un... mártir ¿creo? ¡No, no! Preso político, la envidia de sus enemigos la ha

hecho pasar por este trance. Saben que si compiten contra él en las elecciones

de octubre... ¿creo? se la van a "pelar" todos los demás pinches partidos.

¿Pero? Es un borracho, golpeador de mujeres, destruyó...

¡Todo un mexicano!- Interrumpe el Picachù.

Tienes razón... todo un mexicano... dile que me de una cerveza... para

celebrar. Digo alimentando la esperanza de volver a probar una cerveza y me

arrepentí de haberle llamado hijo de puta. Por fortuna, el Picachù ni se acordò y

corriendo fue con el "candidato" por ella.

¿Cómo es que les dejan meter alcohol? Y luego con tanto cinismo beber. Le

pregunto al "cacarizo" que llegaba después de haber estado en los baños

haciendo sabrá Dios que cosa.

Los "indiciados" mandan aquí... el Regidor y puro nar... Como su costumbre,

Pichachù interrumpió golpeando dos cervezas en la mesa.

Órale, don Andrés, las dos pa'uste. Alinéese y hasta nuestro "candidato"

también lo puede sacar de aquí ¿no se va aguantar tres años encerrado?

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Bebo una cerveza completa de un trago. Con la otra sueño que no se me

termine y nadie interrumpe mi sueño ¡Que feliz estoy! Me dan ganas también

de ir a lamberle las botas al "candidato" a nuestro "candidato".

Estoy completamente borracho. Por si algo me faltaba para ser lo más

despreciable que pueda existir a los ojos de cualquiera... aquí estoy... en la

cárcel... orinando y zurrando mis pantalones, vomitando el corazón y causando

la burla de un asesino como nuestro "candidato". Creando una infinita lástima a

gente como el Picachù y Pedro, el mismo Tito, sintiendo pena por mí. Ahora

comprendo porque mis hijas nunca me visitan, y Silvia ha dejado de venir, no lo

soportarían. No puedo hacer nada, el mundo y yo nos asqueamos mutuamente

y solo puedo soportarlo así como estoy de estùpido.

Alguien me arrastra a mi celda y me atraganta de pastillas. La máquina de

escribir no tiene descanso y también me desprecia, pero es a ella, a la única

que puedo humillar. Reviento cada hoja de papel en la mierda que me cubre. El

"poeta" me observa festivo y me dice que nuestro "candidato" me ayudará a

salir. No quiero comprenderlo y la mierda en mis manos se confunde con las

teclas de la máquina. Regresan Tito y Pedro para tratar de dormir pero el hedor

es insoportable, quiero salir para que el Cacarizo se haga una puñeta y pueda

dormirse pero el "poeta" me lo impide, ni siquiera la ternura de Tito puede

conmoverlo y le atiza un golpe en la nuca para que acepte la mierda que

destilo. Se ahogan en sus almohadas y yo arranco otra hoja de papel a la

máquina. Quiero más cerveza y el custodio ahora me pone un polvo en el

paladar, mi sed aumenta... sin embargo puedo pensar más claramente.

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¿Para que quieres que escriba? Le digo al "poeta", mientras se saca la verga y

se monta sobre Pedro.

Dale a la máquina! ¡Viejito! Grita escupiendo el cuello de Pedro.

No... puedo. Sollozo.

¡Un pinche poema! Solo escribe un poema. Dice jadeando.

No se escribir poesía. Le contesto.

¡Piensa en la niña que te cogiste, cabròn!

No... yo... no lo hice.

Pero... al menos le agarraste su... "cosita".

Vuelvo a tì, Matildita. A tus pisadas de niña traviesa, al camino que miras

resuelta como el cabello que cae a tus hombros y a mi recuerdo. Vuelvo a tu

infinita primavera y a los pequeños dioses que escondes en cada poro de tu

piel.

¡Sí! ¡Así! ¡Oyes Pedro! ¡Así! ¡Así!

Vuelvo cubierto con mis pecados para que tu presencia infantil los perdone.

¡Así! ¡Así! ¡Escríbelo! Sabía que eras un artista... viejito... panzón... ¿Lo oyes,

pinche "cacarizo"?

¡Uf, que mierda! Me levanto de la máquina y la lanzo a Tito que se masturba.

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Silvia regresa justo cuando recupero la plena conciencia. De nuevo me dice

que una calumnia no va a destruir nuestro matrimonio de tantos años ¡Toda

una vida! Grita y el "poeta" que nos esta vigilando nos manda callar. Silvia baja

el tono de su voz para decirme: No te preocupes Andrés, con dos meses más

de la pensión podré juntar el dinero que me pide el licenciado para sacarte de

aquí. Le contesto que no estoy apurado, que probablemente dentro de algunos

días saldré (conozco a mi mujer, dijo dos meses cuando debió decir dos años)

Ah... entonces con ese dinero podré hacer la compostura de mi carro... ¿he?

¿Saldrás en unos días? dime cómo... Silvia tiene un viejo Ford que lleva casi

un año inservible. Creo que mi poca disposición para que arregle su

"carcancha", también ha sido motivo para alimentar su frialdad hacia mí. La

verdad es que una de las cosas que más temo son los accidentes

automovilísticos y Silvia nunca ha tenido uno, eso según yo aumenta la

42
posibilidad de que se parta la madre. Dime ¿por qué dices que pronto saldrás?

La escucho bajito pero molesta.

Recuerdas al pendejo de la Presidencia que chocó... pronta saldrá y prometió

que...

Pero ¿no fue el que mató a todos en una camioneta?

Solamente a uno... además fue un accidente, él tenía prisa por cumplir una

obligación.

¿Y a la mujer que casi mata?

¿La Cumbias? Es una puta. Le digo levantando el rostro y observar al "poeta"

que se regocija con nuestra conversación.

¡Ah! Conque la Cumbias, he...

Silvia se alejó y no me pidió explicaciones, aunque me recetó el sermón de

que como era posible que yo conociera a esa piruja, eso no lo podía concebir.

Me temo que cuando salgas ya nada será igual, me dijo al dejarme con mi

lonchera de atún que tanto me agradaba.

Creo que en realidad, Silvia se fue alegre porque en ese momento se le

acababan los remordimientos de no haber aceptado nunca mi condición de

preso, ni mi estado de depravación que ahora era más evidente.

¡Silvia! ¡Silvia! Tan buena mujer y con un marido de lo peor. Todos sus

conocidos ya se lo habían dicho. Andrés es un demonio, parece inofensivo

pero apesta a azufre. Todas nuestras "amistades", y hasta su propia familia

siempre me han catalogado así. Por supuesto, menos Silvia y mis hijas...

bueno, eso creo. Incluso, mis yernos me desprecian, y tal vez, cuando crezcan

43
mis nietos también lo harán ¡Indudablemente que sì! Nomás que aprendan a

crecer en este mundo.

Y sin embargo, todos tienen razón para encontrarme repulsivo. Al igual que

ellos también soy un farsante con la diferencia de que yo lo acepto para

alimentar mi propio engaño y continuar con la máscara que me hace escribir.

Los demás hipócritas miserables nunca tendrán esa virtud de aceptar el

desprecio que todos merecemos.

¿Se fue enojada tu mujer? Vino a sentarse a mi lado el "poeta".

No. Le contesto con deseos de que desaparezca.

Parecía muy molesta... no le dijiste que pronto saldrás con la ayuda de nuestro

"candidato"... ya te recomendé...

Y porque yo primero y no el grupo de "zorros" que lo tienen comprado. Le digo

al referirme a los pequeños traficantillos de mierda que mueven la "pasta" en la

cárcel.

¡No digas pendejadas, panzón! Ya viejito, mejor usted póngase a escribir.

Aún no me lleno de mierda las manos para poder seguir escribiendo. Le

contesto.

Es jueves 27 de Agosto del 2009 y la Cumbias también volvió. No trata de

acostarse conmigo sabe que sería inútil. Además carga un profundo

resentimiento contra cualquier clase de hombres y me dice con un gesto de

desprecio que la piruja de Isabel se mató. Después que le mataron al amante

en turno, en el Cereso de Gómez, decidió darse un disparo en la cabeza "sabrá

Dios de donde sale tanta arma", me reclama ahora aturdida. Apenas tenían una

44
semana de conocerse y ya se amaban ¿Lo puedes creer? me sigue diciendo

con la tristeza que le va apareciendo. Tal vez pasó lo mismo cuando te conocí,

siempre me gustaste. Me mira con melancolía a través de las gafas oscuras y

me besa la frente adivinando que la amargura también puede ser una cara de

la dulzura. El "Travis" no iba a durar mucho en la cárcel y ella lo esperaría,

cuando lo "agandallò" el ejército le dijeron que nomás era pura apariencia para

que los pinches medios de comunicación tuvieran que hacer. Sin embargo,

justo al Dai siguiente fue la matanza en el penal.

La prima de la Cumbias lo conoció en el Gato Azul, en plena Alianza, en

pleno territorio de los Zetas. Pero al Travis que movía la droga de la Muñeca

del Pacifico no le importaba. Le dijo a Isabel que todos en la Alianza eran sus

amigos, que todos crecieron en los cerros de Gómez y de Torreón. Y

efectivamente, siempre se invitaban las cervezas en las cantinas del rumbo,

hasta que cayó en la cárcel de Gómez y descubrieron que el Travis se

parrandeaba con los Zetas. En estos momentos de la conversación, Guadalupe

ya se encuentra llorando y pienso cambiar de tema, pero en mi mente solo

estaba el rostro de la puta que se suicidó.

¿Y no has visto al desgraciado que casi me mata? Repentinamente me baja de

mi ensimismamiento, y no hallo el valor de decirle que ahora soy un lacayo del

regidor del ayuntamiento que le destruyó la vista de un ojo. Si lo hubieran

mandado a Gómez ya lo hubieran matado al... cabròn...

El Candidato... por ahí anda... Le contesto dándole la espalda.

¿El Candidato? Me alcanza para ponerse frente a mí y quitarse las gafas.

45
Dicen que va a ser el candidato del partido para la presidencia... en estos días

saldrá o tal vez ya salió... no lo sé... va a ayudarnos a varios a salir... tal vez...

No tengo el valor de mirarle a los ojos y por primera vez el silencio parece un

cuchillo que nos atraviesa.

-Presidente... presidente... presidente... y yo pensé que tú... le harías algo por

lo que me hizo.

Lo pensé, pero aquí estas con él o... te mueres.

¿Entonces? Lo que pasó contigo y el Canas... eres un cobarde... no creo que

de verdad lo hubieras querido matar.

No es igual... El Canas es un don nadie... pero el Regidor...

La Cumbias camina hasta los barrotes de la puerta y grita para salir. El

Poeta le abre y Guadalupe sale a toda prisa. El celador "mayate" me mira con

la sonrisa burlona de siempre diciéndome porque a todas las hago correr,

solamente atino a preguntarle que ha pasado con el Candidato, si acaso

todavía sigue encarcelado.

¡Ah que lástima! Don Andrés... nuestro Candidato salió desde ayer. Me

contesta sin borrar el gesto burlón de su rostro.

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Cosa inaudita. Estuve encerrado cuatro meses y no fue más de una ocasión en

la que pensé en Matildita ¡Vamos! Ni siquiera me estiré la verga cuando Pedro

me enseño las mil formas de hacerlo más placentero. Es innegable que soy un

depravado pero en la cárcel algo me sucedió ¡Bah! Verdaderamente soy un

estùpido ¿que pudo pasar en la prisión que me hiciera más noble? Soy el

miserable de la gran mierda que se llenó de pánico para ya no jalársela por el

miedo a que el "poeta" se encendiera conmigo.

Pero la depresión de mis sesenta años era la misma, y es la que me obligò a

masturbarme solamente en el teclado de la máquina.

Y bueno... ahora soy libre, y no gracias al idiota del Regidor del

ayuntamiento que, por supuesto, no alcanzó la candidatura de su partido

corrupto para ser presidente de Torreón. Afortunadamente, también para mí, y

47
a pesar de los yerros de mi abogado, a Silvia le redujeron el monto de la fianza

y sin remedio tuvo que pagar.

Y... sí... ya nada será igual. Literalmente no me dijo que me largara de la

casa, pero ahora su mudez era para siempre, además con el resentimiento de

que su vehículo, definitivamente estarla muerto, tanto como el amor que dice

me tuvo. Aunque a ese amor no lo recuerdo solamente en sueños muy

distantes o en alguna otra vida que me haya tocado conocerla. Desde hace

mucho tiempo atrás su mentado amor era ya muy ajeno a mi vida.

Los primeros días de mi nueva libertad no hice otra cosa que visitar a Pedro

y a Tito (más por eso que dicen de que en la cárcel y en la cama se conocen a

los amigos) me lamentaba de su suerte, lo cual me parecía una injusticia; no

así, la suerte del Picachù que tendría que soportar los 15 años de encierro a

pesar de haber lambido hasta las bolas del Regidor.

Visitar a los camaradas de la prisión es lo único que podía hacer, ya que era

imposible tratar de regresar a las cantinas o de que mirara siquiera a la casa de

Matildita.

48
CAPITULO TERCERO

Escucho a Don Vito Corleone y parece que estoy escuchando a Silvia, "la

familia es lo más importante", "un hombre que no dedica tiempo a su mujer no

es un hombre de verdad". Maravillosa película la de "El Padrino", y excelente

ejemplo ese Don Vito, más que nada para los que no sabemos apreciar lo que

tenemos en casa ¡Puta, porque no fui mafioso! ¡Cuánto placer le causaría a

Silvia!

Cada tarde solamente me queda por hacer mirar las películas de Al Pacino,

quizá Nicholson y De Niro sean mejores actores, aunque solamente el

"Scareface" hace olvidarme de mis depresiones. Me estoy volviendo, además

de mi depresión bipolar, un tanto paranoico. Sin embargo, pienso en ya no

tomar alcohol, para que así mi mujer no tenga motivos para anexarme de

nuevo. Estoy atrapado en el sofá a pesar de las sonrisas nerviosas que a ratos

me provoca Pacino. No me siento atado del cuerpo, ni de los brazos o piernas,

49
aún no. Tengo las sensaciones de la sangre que te atizan, tengo inundado el

cerebro con los mares del cielo y de la tierra. Es como si en lugar de entrar

sobre la plancha a la tomografía que me ordena el doctor Moreno, me

introdujeran en una nave más grande y dentro de un blanquísimo huevo de

aura azul. Y ya, en ella, Michael Corleone me mira fijamente para decirme que

nunca me ponga en contra de la familia, y yo, sin desearlo en verdad, le

contesto que su puta madre. Nunca pensé que podría decirle una blasfemia,

desde que lo conocí en aquella "Tarde de perros", pero estoy sonriendo.

Mientras Corleone toma de su bebida le grito que regresaré a las cantinas y

olvidaré a la familia. Pacino ladea su rostro a la izquierda y abajo en un

ademán que le hizo perder el "Oscar". Me incorporo del sillón a tumbos, como

si el Whisky que tomaban Michael, Fredo, Clemenza y Tom Hagen en el

despacho de Don Vito, hubiera hecho el efecto conmigo. Abro el refrigerador, y

ahora es el doctor Moreno dentro de la nave ofreciéndome una cerveza. Estoy

alucinando pero la bebida es real y la agarro azotando la puerta del refri, sin

duda que Silvia metió un par de ellas allí. Tal vez piensa que seria menos

vergonzoso anexarme en la "Luz de la Esperanza" que haberme dejado en

prisión.

Termino con la primera cerveza que he probado, después de salir de la

cárcel. En estos momentos llega Silvia de su trabajo. Quiero disculparme

alegando que hace demasiado calor, pero ella solo se burla por dentro

adivinándolo en su risilla hipócrita. Esa sonrisa falsa que hace la gente al

enterarse del sufrimiento de los demás y no de su podredumbre. Y ella, Silvia,

se burla ignorándome y haciendo temblar mi rostro.

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El látigo que atiza mi espalda se convierte en una serpiente mordiendo mi

cuello y mi nuca hasta tratar de ahogar mi llanto. Me digo que es solamente la

cerveza pero un eco asqueroso se derrama en mi memoria y me desploma en

el sofá. No me hace que pierda los sentidos para que así pueda sentir como

me hundo estrangulado por cuatro serpientes entre mis pies y mis manos.

El hospital es abominable. Aquí, te salvan o te asesinan; ellos juegan con tu

vida sin importarles si pierden o ganan, ellos creen que siempre hacen lo

correcto. Parece que conmigo siempre le atinan pero casi nunca piden mi

opinión. Al menos que un día les diga que ya no quiero vivir. Entonces, ellos

podrán sonreír y desayunar como buenos cristianos. Aquí, uno no hace

simpatías como en prisión. Aquí todos hacen su trabajo como debe ser según

su entendimiento y su estado de animo… aquí... no hay poetas ni violadores

consumados.

No digo que la cárcel sea mejor que el Seguro Social, pero prefiero cagar en

una celda que en los baños asquerosos de este lugar. Aunque, indudablemente

ahora cago menos de lo que hacia en prisión. Tragaba más frijoles que las

mugrosas lentejas de cañería que ahora me sambuten.

¡Y, oh paradoja! Que hermosas son las enfermeras que me destrozan el

brazo sin importarme. Son niñas de enormes pechos, hermosas y blancas, me

51
pinchan como si fuera un drogadicto por obra y gracia de la cirujano que

siempre es horrible.

Tienes el corazón al tamaño de una sandía. Me dice el monstruo y observo

en su mirada que más de 30 años estudiando el corazón te hace insensible. La

cirujano, tal vez sea menor que yo aunque parezca una bruja medieval y no le

interesa maltratar mi cuerpo.

Quiero largarme. Le digo y golpea mi vientre como si fuera una orden a su

asistente para que me golpeé más fuerte.

Te vas a quedar un buen rato. Me contesta, pero lo hace mirando a su

acompañante que apunta todo en bloc.

¿Puede venir el Siquiatra? Pregunto, pensando que es al único médico que

puedo soportar.

¿Últimamente haz probado alguna droga? Me ignora.

¿Puedo ver al Siquiatra? Le repito.

En tu expediente dice que dejaste de verlo. Además no creo que lo necesites.

Sigo con la depresión y tengo... conflictos con la realidad... o la farsa... no lo se

distinguir.

Todo ha sido por tu alcoholismo... ¿sabes lo que te ha causado?

Y usted... sabe que a la vida solamente la puedo soportar borracho.

De nuevo me ignoró. Después de revisar las radiografías y algunos papeles de

la bolsa de su bata, le dice al asistente que hay que operar. Les interrumpo

sorprendido esperando que ahora me mirarán.

¿¡Qué?!

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¿He? Ah, Necesitas el marcapaso, tu corazón no late como debiera. Me dice la

horrible doctora.

Acaso... podría morir. Muestro mi incredulidad a sus opiniones.

Efectivamente. Habla por primera vez el asistente.

¡Bah! Lo mismo me dijeron cuando me descubrieron la presión alta hace más

de 20 años. No me daban un año de vida si no tomaba el medicamento y

¡Nunca he tomado una maldita pastilla!

Tenías 20 años y 20 kilos menos, y si hubieras seguido el tratamiento se

evitaría todo esto. Sigue el asistente con su perorata y ahora parecía el jefe de

la cirujano.

Siempre he engañado a los doctores. Y ustedes muy orgullosos creen que han

salvado mi vida con sus... recetas.

Mira esta radiografía ¿Ves el tamaño del corazón? Volvió a hablar la doctora

más suavemente. No alcanza a bombear suficiente oxigeno.

No les creo nada. Ahora que llegue mi esposa me largo.

Muy bien. Solo me firmas una responsiva desligándonos de cualquier cosa que

te pueda suceder.

¿Podría ver al Siquiatra? pregunto por enésima ocasión pero ahora,

definitivamente, la puta de la doctora no me escuchó por las largas zancadas

que da para ir por el documento que le tengo que firmar.

Viví una semana de infierno en ese hospital y todavía deseaban operarme.

Además hasta cuando lo iban a hacer, me debían que programar y si hubiera

tenido suerte hubiera pasado cuando menos un par de meses. La cirujano me

dijo que del cerebro estaba perfecto. La tomografía, los encefalogramas y los

53
mil estudios demostraban que estaba bastante cuerdo, según ellos. Mi mal

estaba en el corazón y en la desmedida afición por la bebida. Por supuesto, en

lo segundo tienen razón, y en lo otro creo que a nadie le asusta tener un

corazón demasiado grande.

Por ahora, Silvia ha soportado tenerme en casa, sin embargo, no pierde la

esperanza de que los "padrinos" del anexo puedan reclutarme a la fuerza. Y tal

vez, por eso no me reclama que al día siguiente de salir del hospital, vaya

después de muchos meses a La Escondida.

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"LA VIRGEN DE LA ESCONDIDA"

En verdad que las mujeres enamoradas son estùpidas. La Cumbias esta

enamorada de mí, a pesar de ser un viejo miserable. Me dice que me ha

guardado un "quintito". Me dice que ningún político de mierda, ni ningún Zeta la

han tocado. Me dice que hasta una noche en la que el patrón le dio de beber a

la niña, para poder desvirgarla, solamente ella se enfrentó al Catrín para que

no pudiera hacerlo ¡Te imaginas! ¡Pobre niña! ¡Tiene un palo enorme! Continúa

diciéndome que ese cabròn ya tenía a Virgencita en la cama ¡Vamos! Andrés

yo se que te gustan las niñas y Virgen ya esta en edad de merecer. Le dije a mi

comadre que para que la metía a la escuela si de todos modos se embarazan

de cualquier mocoso y pues me la encargó. Ahí se la dejo comadre Lupe,

nomás que no agarre otras mañas que no sean las de usted. Así que ¿Como

Ves? La guardé para ti, esperaba que un día llegaras a la Escondida. Te quiero

de a madre, a pesar de que el último día que te vi en la cárcel, juré que te iba a

olvidar. Yo creo que estoy obsesionada, aunque seas un maniático o un

depravado ¡Que te gusten las niñas! ¡Carajo! Mírala, es bien chula, tiene 13

55
años y parece una niña. Esta negra por el sol, vive allá en la "Paz" y en ese

rancho como en todos los de Torreón… pues… solamente hay puro sol. Pero

es bien bonita ¿que no? y delgadita, y tiernita. Nadie le ha dado más de un

beso y un "arrimòn".

He notado como la Cumbias se alegra de verme otra vez y como Virgencita

esta en la cocina leyendo el "telenovelas" soñando en ser una de las niñas

encueradas de la revista.

Y... ¿Cuánto? Le digo a Guadalupe, aún sin terminarme la primera cerveza y

con el mismo temblor que no me abandona desde mi salida del hospital.

¿Cuánto? Nada... ni lo agradezcas...- Me contesta percatándose de mi

nerviosismo.

De veras se llama... Virgen. Busco tranquilizarme tomando la otra cerveza.

Vamos... no te pongas nervioso. La niña y tú... estarán bien...

¿Ya no le crecerán los pechos? Empiezo a tener el valor de enfrentarme a una

niña de 12 0 13 años.

Por supuesto... y será tuya las veces que quieras.

No creo que tenga 13 años... tal vez... doce... Le digo al observar con más

detenimiento a la niña que ahora toma un vaso con agua y nos mira con una

mezcla de resignación y temor, creyendo quizá que todos los hombres tenemos

una verga enorme como la del patrón.

Vamos, Andrés... la niña ya esta en edad de merecer.

Que cosa es la que hace a una niña convertirse en mujer. Perder su

virginidad, alimentar a una familia o su cabello. Virgencita unta su cabellera con

mi saliva en sus labios, en sus ojos, en su frente y hasta en sus pequeñísimos

56
pechos donde la forma de sus pezones es más grande y menos oscura que su

piel quemada en el hogar. Cada tira de su pelo brilla como cada luna, de cada

noche en que pienso amarla. A pesar ser un viejo miserable, de estomago

grande, de sucios cabellos en todo mi cuerpo, ella no gime más que su sonrisa,

ella no llora más lágrimas que su cabellera. Ella no hiere ni rasguña en

distancias más allá de su templo pleno de amaneceres... de soles.

Bastaron quince minutos para que Virgen decidiera cambiar su nombre. Ya

no seré Virgen, me dice, y yo sigo besando su frente, sus ojos levemente

mojados. Siempre he deseado llamarme Tania, soy Tania ¡Soy Tania! Cuando

la penetración y la humedad de las sábanas fue total ya había musitado, soy

Tania. En esos momentos, yo alucinaba que aumentaban sus pechos y que su

pubis era vastísimo... alucinaba que también… ella... era feliz.

Ahora le beso el rostro y pienso en verdad que le crecieron todas sus formas

¡Soy Tania! me rechaza amablemente caminando hasta el espejo. Creo que

puedo tener otra erección y me coloco detrás de su nueva figura con el pene a

la mitad de su trasero pero no puedo penetrarla ¡Soy Tania! Me mira por el

espejo y desea que lo confirme. Si, eres Tania, ya no eres una niña, eres una

mujer hermosa. Le beso el cuello y la niña-mujer hace un gesto de fastidio

¿Otra vez? Me pregunta mirándome la verga que tiene casi la erección

completa.

Me duele... ya no vas a poder. Continúa hablando hasta echarse en la cama y

cubrirse con la almohada.

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Quiero por atrás ¿Ya te lo han hecho? Sonríe y me dice que no, pero acepta

porque se lo prometió a su madrina, aunque insiste en que ya no voy a poder.

Déjame ese problema a mí. Le digo aún tremendamente excitado pero busco

una pomada o algún gel en el tocador al convencerme que no lograré una

erección completa.

Sabes que Andrés… tuve un sueño que ya entendí. Me dice con la misma

sonrisa de antes.

¿Si? Que soñaste Le pregunto revolviendo los cajones y las veladoras del

mueble.

Soñé que estaba esperando a mi Amà afuera de nuestra casa, allá en la Paz, y

que empezaba a llover muchísimo y que a mi me daba mucha la alegría, y que

bailaba y bailaba, y que a mi Amà la distinguía allá muy lejos corriendo hacía la

casa, y yo me sentía feliz y bailaba. Pero que cuando llegó mi Amà toda

mojada, con mucho coraje me metía a jalones para nalguearme y me llenaba

de moretones en las nalgas, y que solo allí me pegaba... ahora ya entendí el

sueño. Siempre sueño cosas que pasan ¿me vas a pegar en las nalgas?

No... vámonos. Le contesto con mi pene flácido.

En los pasillos del hotelucho, la Cumbias platicaba con un par de suripantas

y adiviné la indignación que sostenían orgullosas al verme con Virgencita.

Aunque sin tardanza y de manera brusca Guadalupe las despide para venir a

encontrarnos.

¿Ya? ¿Estas bien, hija? Interrogaba a los dos convencida de que todo había

sido un éxito.

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Soy Tania... desde hoy me llamo Tania, madrina. Dice don Andrés que hasta

ya parezco mayor ¿Ya me dejarás trabajar?

Ya veremos... ¿lo lograste? ¿No es así? Se dirige solamente a mí, aunque

ahora con un asomo de incredulidad.

Por supuesto... solo que...

Ay Andrés, por un momento creí que no funcionabas. Regresemos a la

Escondida.

¿Me conseguiste una niña para saber si todavía funcionaba?

No es eso... regresemos a la Escondida.

No... Quiero estar solo.

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Ya no podía continuar en la casa y Silvia me lo agradeció enormemente.

Regresé al lugar que abandoné hace más de 30 años. Volví a la finca

abandonada que esta al pie del cerro del "Cristo de las Noas". Allí crecimos mi

hermano y yo con los pocos cuidados de la que se dijo nuestra abuela. Es una

casa de adobe casi destruida, alguna vez refugio de pandillas, y que sin

embargo, ahora ni las ratas procuraban. Puertas y ventanas con trancas

podridas, paredes solamente de tierra a punto de desmoronarse y un patio en

medio de cuatro habitaciones casi enterrado por la misma finca y por los pillos

que se habían alojado. Pero no me importaba era dueño absoluto de mi

soledad y de mis recuerdos.

Llego con una vieja maleta con algo de ropa y con mucho brandy. Uno de los

viejos vecinos que no vale mencionar me ha regalado un catre de tijera que al

abrirlo se refuerza con una lona gruesa. La pensión la iba a seguir cobrando yo,

de modo que ya no me iba a preocupar por la comida ni la bebida, pero si

tengo hacerlo por mi aseo y me parece una asquerosa molestia.

Le había dicho a mi mujer en nuestra recámara, que nunca iba a regresar a

nada parecido a una prisión como era la tal "Luz de Esperanza", entonces ella

(por supuesto, llorando) se recogió al borde de la cama para botarme. Ya no

60
podemos seguir juntos, los vecinos nos desprecian, los padres de Matildita

miran con rencor a nuestros nietos, "pobrecitos" que culpa tienen. Y luego, tú…

Andrés, dime si puedes salir a la calle sin avergonzarte. Le contesté que tal vez

podía quedarme para siempre a mirar películas de Al Pacino y solamente salir

a medianoche por una cerveza. Lo dije sin convencimiento y Silvia sentenció la

despedida. Puedes quedarte con la pensión y regresar a la casa de tu abuela.

La casa de mi abuela ¡Bah! Ella sabe que no queda nada. Pero no me

importa, ahora Silvia me odia y lo que yo deseo mas es quedarme solo.

Me subo hasta el Cristo encaramado en el cerro, dicen que es el más

grande de México dizque poco menos del que esta en Brasil. Cualquier

muchacho tardaría 5 minutos en llegar a la cima, no obstante, mi corazón se

cansa fácilmente y yo tardo casi media hora. Afortunadamente llego y me

siento a descansar libre y completamente solo a la sombra de la figura de yeso,

o de quien sabe que pendejada, esta hecho el cristo. De nuevo como hace casi

40 años, observo que Torreón sigue igual. Al poniente, "El Gato Azul" esta

retratado como siempre en el mercado Alianza, y quizás cuando menos una

suripanta sea la misma de siempre.

Isabel la puta viene a mi memoria con el mismo desdén que le conocí en la

maquiladora, aunque más hermosa por el rubor, el carmesí y las pestañas

chinas. Recorro el horizonte con la vista en una tarde a punto de morir por la

belleza que apenas asoma de la luna. Sin embargo, no alcanzo a distinguir

toda la parte oriente de la ciudad, no se cual sea el rumbo de la Escondida. No

se si quiero perderme en estos cerros por culpa de la Cumbias o de... Tania.

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Tania... Tania... corro al baño de la capilla del Cristo al sentir la erección, no

logro sentarme en la taza y me recargo en un muro pensando en la niña. Mi

niña morenita, con los pechos crecidos en solo una noche, con sus nalgas

violetas, con sus oscuros rizos y la mirada tierna de una mujer que ama por

primera vez. Mi masturbación no es violenta como lo era con Matildita... ahora

mis manos son las tibias caricias de una virgen coronada con rosas...

orquídeas... magnolias...

No lloro por mi masturbación, ni por mi miseria. Al contrario, me siento libre,

y aunque creí sencillo el regreso, sucede que varias veces casi me desboco en

las partes intransitables del monte. Es domingo, he subido al Cristo desde

temprano, tal vez fue el inconciente quien me habìa llevado precisamente por

ser domingo. De niños, las idas a misa por semana eran lo menos despreciable

que hacíamos mi hermano y yo con la abuela. Cuando llego a la barriada una

docena de patrullas policíacas y del ejército arman un alboroto frente a mi vieja

finca, allí donde se encuentra la Escuela Álvaro Obregón, esa que me dio mi

única educación, la primaria. Por un momento pienso que solamente se trata

de cuidar las elecciones para alcalde que este día se efectúan. Sin embargo,

distingo a un vehiculo del forense al que trepan el último de 3 cadáveres

ejecutados probablemente en ese mismo sitio. Nadie se había enterado hasta

que llegaron para abrir las casillas de votación cerca de las nueve de la

mañana. Por supuesto, todos pensaron en venganzas del crimen organizado

que en estas colonias de los cerros son algo común, pero al recordar al

delincuente regidor del ayuntamiento y capo por unas semanas en la prisión,

además de lo que publicaban los diarios de la guerra sucia entre partidos, ya

62
no estaba tan seguro de que los Zetas, los Chapitos, Clikas, Maras o quien

sabe cual otra pandilla hubieran hecho el "trabajo".

Estoy verdaderamente solo pensando en mil tonterías. No hay televisor ni

la radio, ni siquiera la compañía estùpida de los amigos de la prisión. Tal vez y

Tito me pudiera "explicar" porque se me han llenado de manchas los brazos.

Es domingo de ley seca y no hay modo de correr a la Escondida para vomitar

las cucarachas que salen de los muros de tierra. Solo me queda seguir

elucubrando la basura que significan las elecciones presidenciales, siempre he

despreciado el poder que ambicionan estos tipejos hechos de hipocresía.

Cerca de las doce del día aún no he tomado nada, ni siquiera alimentos, me

enfilo a la tiendita del barrio pero al escuchar una veintena o más de disparos

en las casillas de votación regreso de inmediato. Afortunadamente no hubo

heridos, no había más de un par de votantes y los pocos delegados que

decidieron abrir las casillas tuvieron suerte al tirarse al piso. Regresan las

patrullas para quedarse definitivamente hasta terminar la jornada electoral. Yo

no tengo otro remedio que echarme en el catre y en la habitación con menos

peligro de desmoronarse. Con las detonaciones, grandes pedazos de tierra

cayeron de toda la casa. Trato de dormir, de no pensar en políticos y mafiosos,

ni en la botella de brandy. Tengo miedo de morir solo en este cuarto, tengo

miedo de que las manchas en mis brazos se conviertan en un cáncer que me

aniquile lentamente. Quizá, si escucho otra balacera salga corriendo y vaya al

encuentro de un disparo que me fulmine.

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Todos quisiéramos morir sin un gran sufrimiento, sin el despiadado dolor del

cerebro que atormenta, sin la terrible picazón que siento en los brazos. La

verga es lo único que ahora me conforta un poco al rebelarse contra mis

calzoncillos... de los cuales me deshago.

Despierto a oscuras con otra erección pero mi pene se ha cansado y no

logro "venirme". Enfurecido enciendo todos los focos de la casa, había colgado

unos alambres a los cables de electricidad que bajaban por los callejones del

cerro. Sigo de mal humor ahora por el hambre y voy a la calle nuevamente a

buscar algo. Son las diez de la noche y la policía y el ejército siguen en la calle

a pesar de que en la escuela ya no se encuentra nadie. Fue a las ocho de la

noche cuando hubo de nuevo disparos, me dice el tendero con un descaro del

que me dan ganas de arrojarle las cosas al rostro, pero sentenció "ahora si

mataron a una niña de doce años".

Cuando le borré el nombre a Virgencita, creí terminar con la inocencia de

todas las niñas de su edad. Ahora, con la niña herida de muerte por un disparo

cargado de la vileza que todos conformamos en un orden violento que se

impone por la asquerosa necesidad de satisfacer el ego. Un egoísmo

doctrinario de todos los días y a cada minuto; es entonces, cuando también

siento a la niña caída por nuestra ceguera, por nuestra indiferencia encubierta

por la noche como arrastra con ella a las hijas de todos los hombres, dejando

vacíos todos los hogares de todas las madres. Y no han sido culpables

solamente los bandidos que dispararon desde los cerros a la autoridad,

también fui culpable... yo que dormía entre pesadillas de niñas desangrando...

que aprisionaba entre mis manos el pene.

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No se para que también envalijé la Biblia, además de "Memorias de mis putas".

Es cierto que las historias de incestos y pederastas me atraen, pero el libro de

las Escrituras es bastante pesado. De cualquier manera, no iba a cargar con

las películas de Pacino, si no contaba con un televisor ni casetera. Nunca he

releído la novela de García Márquez, y no obstante, con el Génesis al Diluvio

Universal casi siempre me he torturado. Silvia me dijo que la llevara siempre

conmigo para nunca sentirme solo, y no tuve cabeza para negarme.

Es verdad, no me siento solo… castigos divinos esperan pendientes de las

vigas que se carcomen, plagas de serafines asoman con afilados estoques,

mientras Noé fornica con sus herederos en mis pisos de tierra. Por las

comisuras de mis labios se derrama sangre emborrachando las páginas santas

del Testamento perdiendo su equilibrio. Me incorporo del catre y sepulto con mi

pie desnudo los cuatro evangelios, una mesa despostillada me ofrece más vino

y me persigno ante ella para beber con mayor devoción. La justicia de Dios

tirita en las vigas, en las sogas que algún drogadicto debió haber olvidado.

Pensé que en mi herencia iba a sentirme libre, nunca creí que me ganaría

la soledad. tal vez, era libre en los cerros redescubriendo la ciudad, adivinando

lo que encierran las calles, las plazas, los mercados, las cantinas. Pero ha sido

65
la jornada de este domingo la que me ha devuelto el mapa del hartazgo y del

espíritu cobarde.

He bebido media botella de brandy para tratar de seguir soportando tanta

miseria... pero los lazos que cuelgan son hermosos... caídos del cielo siguen

siendo cúpulas de alacranes invitando a un festín. Es sencillo, quizás, antes ya

lo haya planeado. Es sencillo, el nudo en la garganta reclama a las cadenas

que terminarán con mi soledad... ser de nuevo libre... es sencillo... no más

sueños... libre... de todo.

66
La Cumbias entró a la habitación sin ningún problema y jaló de mi cintura con

piedad inaudita. Creía morir en sus manos hasta que unos disparos que se

escucharon desde la última casa del callejón hicieron temblar las vigas del

techo. Caí encima de la Cumbias y la enorme tabla nos golpeó sin

consecuencias, ha sido el alboroto que proviene de arriba lo que ha salvado mi

vida. Si no hubiera sido así, probablemente la misma Guadalupe me hubiera

asfixiado. Es la banda de los pequeños Zetas al armar sendo relajo por hacer

huir a las patrullas los que casi acaban definitivamente con mi finca. Guadalupe

me recrimina las mentadas de borracho que empiezo a blasfemar.

Cállate! Si no es por ellos... ahora estuvieras...

Muerto ¡Su puta madre! Vivo... y sin techo...

Por ahí... entrará la luna.

Y más frío... pinche Cumbias ¿De dónde saliste?

Ve a darles las gracias a los... que dispararon...

Adivino que la Cumbias estaba haciendo lo imposible al pensar en como

justificar su presencia, desviando el tema hasta los delincuentes que viven al

final del callejón y al quitarse la blusa que inmisericorde ciñe las puntas de sus

pequeños pechos, además del parpadeo incesante en su ojo dañado cuando

calla más de un minuto.

67
Te... extrañaba.

¿Y Tania?

Si pudiste cogerte a esa niña... lo mismo harás conmigo...

Mi humor suicida desaparece del todo al notar que la Cumbias a pesar de sus

ralos pechos, de lo demás sigue apetecible para un buen cristiano. Sin

embargo, insisto en la niña que apenas por la tarde hizo "correrme" aunque

fuera en sueños.

Ahora Tania es una puta... y eres el culpable... ¡Vamos, acuéstate! Luego te la

traigo.

¿Cómo diste conmigo? Es muy peligroso que andes por estos barrios. Volví al

catre cuando ya Guadalupe me aguardaba sin prenda alguna y sin más

respuesta que sus ojos cerrados y con la luna en su vientre.

En estos días de pesado animo y llanto de la memoria, Guadalupe ha sido

una visita constante. Aunque, siempre hace hasta lo imposible para que yo deje

este cuchitril, como dice ella. Quiere que vivamos juntos, lejos de aquí. Y esta

dispuesta a abandonar a su Adancito con la abuela ¡Vaya aberración! Dejar a

los hijos con la abuela, no existe nada tan terrible. Además, ahora la miseria y

la soledad cada vez me parecen menos odiosas. Me conforta subir a los cerros

a pesar de que a la Cumbias, mi barrio de la "TyA" le sigue provocando un

temor enorme.

Otra vez en domingo... justo cuando los niños salen a pasear... no deberían

disparar contra inocentes... Me dice al subir sobre una silla para atar de nuevo

el hule que tapa el hoyo en la azotea.

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¿No sería mejor que entrara la luna? Le respondo con la intención de no tocar

el tema del campo de guerra en que se ha convertido la colonia.

Tengo frío... cabrones, siempre han de matar a un niño... los pobrecitos.

¡Cuál puto frío!

¿Y fueron otra vez los de arriba? Cuántos matarían hoy...

¿Qué? Guadalupe insiste en hablar de lo mismo que se dice de todos los

barrios montados en la sierra que atraviesa el lado más miserable y riesgoso

de la ciudad.

¡A cuántos mataron! Ahora le contesto con un mordisco en la pierna y

trastabilla hasta caerme intencionalmente ¿Vamos al Catre?

No hasta que me traigas a Virgen.

Te dije que ya se salió del "huacal" la muuuuuy puta... se fue con el Catrín a

Mazatlán, pobrecita la van a destrozar... tal vez, cuando regrese... Ay Andrés.

Mejor vámonos de aquí, un día nos dan un tiro... ¿Quién nos va a extrañar?

A ti... tu hijo, tu madre... a mí... no sé. Perdí los recuerdos del verdadero afecto.

Ya mis hijas y Silvia, solamente son una enfermedad en mi enorme y débil

corazón aferrado a esta pobrísima agonía sin sentido.

¿Y yo no significo nada para ti? ¿Y Virgen? ¿Y la otra niña?

Ya no dije nada y me acosté junto a ella cerrando los ojos de ambos,

juntando su cuerpo desnudo con mi soledad para darle paso al silencio de los

que mueren y al tormento de las vírgenes destrozadas que inhiben mi pene.

¡Chinga tu madre, Andrés! De todos estos días que he venido solo cuando te

encontré moribundo pudimos hacer el amor.

Devuélveme a... Tania.

Vamos al "Gato Azul".

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Allá esta... Dijiste que anda en Mazatlán.

Virgen o Tania... anda en Mazatlán y trabaja en la "Escondida". Pero en el

"Gato" hay otra virgencita esperando.

De nuevo en el "Gato Azul" y con todas las mujeres del bar. En ellas, observo

el rostro de la difunta Isabel. Me parecen terriblemente hermosas, después de

todo el tiempo en que no llegué a venir. La Cumbias me dijo que este martes,

entre las 3 y 4 de la tarde me presentaría a la niña que descubrió en esta

cantina. Además de convencerla de que la virginidad es solamente un estorbo

para "pasarla chido" en esta profesión. Son apenas unos minutos después de

las tres, y ya, la impaciencia es insoportable torturándome con el recuerdo de

"Tania" y la presencia sepulcral de las putas que me vigilan como almas en

pena. Un odio enorme se me apodera para con todos, desde el cantinero

molesto hasta los pequeños delincuentes del rumbo que entran y salen siempre

apresurados. Algo me rebota en el cerebro, parece como una bola de acero

aprisionada que me hace pensar en el traficante de mierda del que se enamoró

Isabel hasta el suicidio.

¿En quién piensas? Escucho a mis espaldas cerca de la oreja a la Cumbias

que sostenía con firmeza a una muchachita de 13 o 14 años.

Creí que no llegabas. Le digo aparentando una calma inexistente.

No eres hombre de fe. Me contesta enseñándome a la niña vestida con una

faldita anaranjada y un topless negro.

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La fe es un vicio y no deseo tener otro. Digo tratando de descubrir el rostro de

la niña que se oculta con grandes capas de maquillaje.

Mírala... vamos a salir por la puerta de atrás... nos vemos en la esquina del

"torreoncito". No me dieron tiempo de discutir condiciones. Ahora, tal vez, la

Cumbias no me va a regalar a la niña. Y ya me he gastado lo de la pensión.

Salieron por la puerta del Callejón de las Putas, y yo tengo que salir por la

Avenida Juárez rumbo a la esquina donde había estado el "torreoncito" y ahora

es un museo. Aún no llego a ese lugar cuando se escuchan decenas de tiros

en la "privadita", corro a refugiarme al museo pensando que Guadalupe y la

niña ya se encuentran allí a salvo. Sin hallarlas y creyendo que no tardarán me

agazapo en una barda. Me parece que estoy viviendo un par de minutos casi

interminables, en los que escucho solamente disparos y lamentos…

Afortunadamente ya no se escuchan más. Sin embargo… para otros el tiempo

se ha detenido para siempre… no sé exactamente que pasó… pero desde esta

esquina observo cinco cuerpos tirados en el Callejón… dos son mujeres.

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PEQUEÑA APOLOGIA AL ALCOHOL

Estoy en el escorpión. Hoy mi signo dice que la frustración impide el

desenvolvimiento de mi carácter en las relaciones sociales. Hoy es 22 de

Noviembre del 2009, y hoy... es mi cumpleaños número 61. Cual es el motivo

de leer el periódico, definitivamente no es para consultar patrañas astrológicas,

ni para enterarme de fechas perdidas o creer con ingenuidad en una felicitación

impresa por parte de mis hijas. Vamos, ni siquiera para comprar a la niña de 4

años de la Colonia Victoria, anunciada en la Web. Por supuesto que no. Lo que

deseo de hoy en adelante, es enterarme de la muerte solamente por las

noticias (también de la mía) Desde hoy solo me basta para ya no aumentar mi

sensibilidad caduca, el encierro y el alcohol.

Han pasado casi doce meses de cuando escribí mis primeras líneas. Un

tiempo idéntico al de cualquiera, he mordido el polvo de un año de la misma

manera en que todos nos empeñamos en seguir vivos. Si transcurre uno más

en nuestra vida lo volveremos a "morder" de la misma forma, entonces ¿Para

qué seguir escribiendo? Sin duda, repetiríamos la misma historia. Siempre ha

habido en nuestro pasado eneros y abriles, las mujeres seguirán siendo la

Cumbias o Silvia, o Tania. Siempre habrán niños muertos y prisiones de la

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mente y de la sociedad llenas de mierda. Y hasta el alcohol que hoy me

conforta es el mismo de la primera vez... el mismo de hace casi 50 años...

medio siglo bebiendo ¡Bendito alcohol!

Tenía tal vez los 13 años, cuando los vecinos de ahora que siguen siendo

los de ayer, aunque hayan muerto sus abuelos o sus padres, me ofrecieron la

primera cerveza y el primer brandy, haciéndome conocer la felicidad más

auténtica. Mas tarde, fue en mis diferentes ocupaciones de aprendiz de

mecánico, de impresor, de bolero, de vendedor de dulces y empleado de

maquila (¡Vaya, historia laboral!) donde siguió la bebida manteniendo mi sueño

hasta esta vejez espiritual y física.

Me sepultarán sin saber quien lo hará, en esta finca. Con el vaso de alcohol

en la mano y la maquina de escribir a mis pies. Sin embargo, nada perecerá.

De ahora y hasta siempre será ya más sencillo sacar cerveza que agua de las

piedras, de hoy en adelante habrá más nacimientos en vírgenes que en putas.

Hoy los hombres serán los infantes de la resurrección y miseria de sus dioses,

ya no habrá más profetas que los disparos del sol y las estrellas, de ahora en

adelante y para siempre... El alcohol es el único remedio para seguir teniendo

ilusiones.

FIN

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