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Arturo Santamaría Gómez. (2009). El nacimiento del turismo en Mazatlán, 1923-1971. México: Editorial UAS.

El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN


PREFACIO

Esta historia que habla de El Nacimiento del Turismo en Mazatlán es,


probablemente, como todas las historias escritas, una tarea incompleta. El
presente volumen podría presumir muchas más páginas si hubiese entrevistado a
más actores de la historia turística del puerto de los aquí incluidos o contado con
algunos de los documentos internos de los hoteles, restaurantes, bares y centros de
diversión, o revisado la totalidad de los gordos archivos con documentos todavía
no clasificados que esperan su estudio en el Archivo Histórico de la Ciudad. Lo
primero, con más tiempo y recursos hubiese sido posible, pero lo segundo no
porque las empresas consultadas no cuentan con archivos antiguos o no se pudo
acceder a ellos. Esta historia es, entonces incompleta, a pesar de que entrevisté a
un amplio número de empresarios turísticos y que utilicé gran parte de la
hemerografía mazatleca que cubre el periodo que transcurre de 1922 a 1971.
En efecto, la principal fuente de información para esta obra fueron los
periódicos del puerto, El Correo de la Tarde, El Día y El Sol del Pacífico. Fueron
revisados y fichados ejemplar por ejemplar cincuenta años de la producción
periodística mazatleca. En esta ardua y prolongada tarea fui auxiliado con
diligencia y entusiasmo por los estudiantes de la Escuela de Turismo de la
Universidad Autónoma de Sinaloa: Miriam López Salazar, Lilia G. Espinoza
Herrera, Jorge A. Vera Chiquete, Nadia Peinado Osuna y Marcela Cabrera
Valenzuela. Por mi parte, me enfrasqué en la relectura de ejemplares de 1934 a
1937 y en la totalidad del periodo 1969-1971 de El Sol del Pacífico, así como de
algunos números de El Universal y Excélsior de la Ciudad de México. En la
Hemeroteca Nacional, adscrita a la UNAM, fueron consultadas otras fuentes
hemerográficas publicadas en la ciudad capital y en Mazatlán que aparecen en las
páginas finales de este libro.
En las bibliotecas de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA, y
del Congreso de Estados Unidos, en Washington D.C., también tuve la suerte de
encontrar valiosa información sobre la industria turística de Mazatlán,
particularmente los libros de viajeros y empresas de transporte estadounidenses.
No obstante, nuevamente la falta de recursos financieros me impidió revisar a
fondo hemerotecas de California, Arizona y Texas, donde duerme, en espera de
ser despertada una muy abundante reseña y crónica del turismo mazatleco de
todas sus épocas.
Gracias a la perseverancia, interés y, yo diría, apasionamiento que ha
despertado Mazatlán en Alen Persselin, amigo angelino de muchos años, pude
obtener de él valiosos folletos publicitarios que se publicaban en los años veinte y
treinta en Estados Unidos para promover a Mazatlán.
Otros de los valiosos sitios que me proporcionaron abundantes lecturas sobre
la industria turística nacional fueron las bibliotecas de la Escuela Superior de
Turismo del IPN, y de las Facultades de Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y
Sociales, y Economía de la UNAM. Las tesis elaboradas por sus estudiantes de
Arturo Santamaría Gómez
licenciatura han sido un material invaluable para ubicar el contexto nacional e
internacional de esta investigación.
Afortunadamente en el Archivo Histórico Municipal de Mazatlán ya hay
algunos informes turísticos oficiales de los años sesenta que, aún sin clasificar, me
fueron personalmente facilitados por Aristeo Herrera y Cairo, su Director, los
cuales fueron muy útiles para este trabajo.
Un poco por azares de la vida este libro fue escrito casi en su totalidad en
Oviedo, Asturias, y sólo sus últimos detalles en Mazatlán. A resultas de un año
sabático que solicité a mi universidad en agosto de 2001, trasladé toda mi materia
prima a esa ciudad y ahí puse a andar el grueso de esta obra. En esa bella y
acogedora ciudad, alentado por el ejemplar y extenuante esfuerzo de mi hijo
Francisco Miguel para crear palabras, guiado por sus terapeutas, que la naturaleza
no le concedía, y arrebatado por la inteligencia, magia y candor de mi pequeña
Alessandra y la incansable, amorosa y cálida compañía de mi esposa Sandra, así
como de la siempre amable presencia de Belén, la maestra de mi hijo, fue un
deleite, más que un deber académico, escribir esta primera historia del turismo
mazatleco. Realmente fue muy placentero estudiar y escribir en una atmósfera tan
grata y estimulante como la de Oviedo. Así mismo, la compañía de Angela,
Manfredo, Abril y María Belén, otra familia mazatleca que gozó de la estancia
asturiana, la sabiduría y el culto a la hospitalidad que nos rindieron los doctores
Gladys Williams y Luis Antonio Pérez González, y la hermanable amistad de
otros amigos ovetenses, particularmente, de Celso y Rivi, hicieron nuestra
estancia en la península ibérica, rica e inolvidable.
Quiero, por supuesto, agradecerle a los empresarios que me concedieron
tiempo y atención para entrevistarlos, a José Jiménez por acercarme a varios de
los actores centrales de la historia turística mazatleca y a Enrique Vega Ayala por
sus atinadas observaciones y el prólogo a esta obra. Estoy en deuda con la
maestra Adriana Barbosa Jasso por su paciente y sapiente ayuda para salir de mis
enredos informáticos.
Mis agradecimientos también a Ignacio Zepeda, Coordinador General de
Turismo en Sinaloa, por su inmediata respuesta para que esta obra fuese publicada
en su primera edición y a Don Julio y Carlos Berdegué por la segunda y tercera
ediciones.
Y, cuando no lo esperaba, los directivos del Colegio Valladolid, quienes han
impulsado de una manera extraordinaria, imaginativa y muy profesional la
educación y la cultura tanto en Mazatlán como en otras ciudades del país, se
interesaron en publicar nuevamente este libro que ustedes tienen en sus manos.
Estoy muy agradecido con su gesto e interés en editar esta historia del turismo
mazatleco.
Arturo Santamaría Gómez Facultad de Ciencias Sociales de la
Universidad Autónoma de Sinaloa Mazatlán, Sinaloa
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

PRÓLOGO

MAZATLÁN Y EL TURISMO

El Dr. Arturo Santamaría, en este libro, documenta con detalle los avatares del
esfuerzo desplegado para abrirle paso a la actividad turística en Mazatlán. Por
supuesto reconstruye ese proceso desde una perspectiva objetiva, positiva; analiza
los hechos consignados bajo la óptica del progreso que significaban y la
contribución al desarrollo comunitario implicado en cada dato. La profusa
información del contexto nacional, referida por él en cada tramo de su obra,
permite darle un seguimiento muy puntual a todos los aspectos involucrados en el
origen del turismo masivo en estas playas.
En el texto, el autor rastrea todos los factores turísticos potenciales y su
cristalización como tales: los atractivos naturales y culturales -dimensionando la
belleza de las playas y la importancia del carnaval, como elementos detonantes-;
los medios de comunicación y de transporte útiles para el caso -describiendo la
situación que guardaban, en cada etapa, los caminos y las vías, las características
de los servicios de pasaje terrestre, marítimo y aéreo- ; además de las instituciones
privadas y públicas creadas ex profeso -relatando el surgimiento de hoteles,
agencias de viajes, la aparición de los guías y la creación de organismos oficiales
promotores-.
Uno de los fundamentos más valiosos de esta investigación se encuentra en la
minuciosa revisión de periódicos y revistas. Entre sus numerosos aciertos destaca
el rescate de distintas versiones sobre los viajes de las primeras caravanas
automovilísticas de norteamericanos que, reviviendo el espíritu de los “pioneros”,
se aventuraban por senderos desconocidos, con el ánimo fundacional de la
aventura turística.
No faltará quien reclame referencias al origen de la tradición hospitalaria
porteña decimonónica. No son necesarias ni figuraban entre los propósitos del
trabajo. La historia relatada en este libro es una de las muchas por escribirse sobre
el Mazatlán del siglo XX. Ahí reside otro de sus méritos: sentar precedente en la
búsqueda, recuperación y análisis de lo acontecido en el puerto durante el siglo
pasado. Desde luego, conociendo el interés de Arturo por el tema, anticipo que
habrá una segunda parte; pues la cronología no incluye el recuento de las décadas
finales de la centuria recién concluida.
En espera del texto donde nos describa las incidencias finiseculares del
turismo mazatleco; más como provocación intelectual que como ejercicio
analítico, me permito delinear un posible colofón. Sin duda, Arturo se encargará,
próximamente, de enmendar esta plana; pero, la transcribo como reflexión
Arturo Santamaría Gómez
intencionada para intervenir en el debate sobre el pasado reciente y el futuro
inmediato de la, también llamada, industria de la hospitalidad marismeña.

El Apocalipsis turístico que viene.


Todos los profetas coinciden. Las señales son claras. Mazatlán tiene contados
los días como destino de playa.
No obstante la terca realidad insiste en contradecir esa visión alarmante
ofrecida por los hoteleros y sus portavoces. Contra la contundencia de las
estadísticas de ocupación y derrama que mantienen a Mazatlán como uno de los
destinos más importantes del país. El pesimismo cunde en el espíritu colectivo de
los integrantes de este sector económico, según puede constatarse en las
declaraciones de sus más distinguidos representantes a los periodistas. Un
riguroso análisis del contenido de sus entrevistas y ruedas de prensa en los años
recientes, seguro, podría documentar el estado de consternación reinante en la
industria sin chimeneas del puerto.

Las razones de los lamentos.


Esta actitud tal vez provenga, en parte, de las condiciones particulares del
origen y posterior desarrollo de este negocio en estos lares. Si desde las primeras
décadas del siglo XX hubo entusiastas promotores de convertir a este puerto en la
Meca del Turismo en México -lo establece Santamaría en las páginas de este
libro-; también, simultáneamente, se fue gestó, entre los hombres de empresa
mazatlecos de esos años, una notoria resistencia a convertir su ciudad en destino.
Ellos querían un puerto industrial y comercial, a imagen y semejanza del de grata
memoria decimonónica. Después de la revolución, la preocupación más sentida en
la opinión pública local era la de tener muelles modernos. El despegue
espectacular de la pesca del camarón gigante, en los cuarenta, apuntaló esa
decisión. Ahí estaba el filón de oro que le daría a Mazatlán la posibilidad de
regresar a los pasados tiempos de gloria. Con buenas instalaciones portuarias, los
barcos europeos y norteamericanos volverían a cargar y a descargar sus bodegas,
produciendo el renacimiento de la Perla del Pacífico.
Montados en ese ensueño pesquero industrial, los barones mazatlecos del
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
dinero -dicen-, incluso, desdeñaron los guiños de Miguel Alemán para colocar a
este puerto a la par de Acapulco en el corazón de su fortuna y ubicarlo en el mapa
mundial de la industria del ocio. La iniciativa privada porteña ya tenía su rumbo
definido como para arriesgarse en el incierto camino de un turismo incipiente.
Haberle puesto el nombre del Presidente turistero a la avenida trazada del muelle a
la aduana, en lugar de asignárselo al malecón, debió ser un golpe simbólico
demoledor para las pretensiones y arrogancia del mandatario.
Años después, los empresarios mazatlecos no tuvieron más remedio y se
decidieron a canalizar las utilidades obtenidas en la pesca hacia inversiones en
servicios turísticos o vislumbraron la oportunidad de sacarle provecho a la
demanda para realizar sus propiedades inmuebles. Entonces, era común escuchar
las lamentaciones por la forma como la generación precedente despreció los
presuntos cuantiosos recursos que Alemán pudo haber canalizado a la
infraestructura turística local, al tasar muy caro sus terrenos con frente de mar.
De esta y de muchas maneras, desde tiempo atrás, se ha manifestado esa tácita
oposición colectiva de los pudientes mazatlecos hacia el turismo como vocación
del puerto. Por el tono cotidiano de sus discursos públicos pareciera que en el
fondo, todavía hoy, están a disgusto con la naturaleza de sus propios negocios.
Quizás sea un problema de conciencia, por el peso de la sentencia: promover el
ocio es fomentar el vicio. Tal vez, su pesimismo es simplemente un mecanismo
mental de defensa para protegerse de los embates de la imagen social negativa
según la cual el turismo es oficio propulsor de daños culturales a la comunidad.
Por el lado de esos afectos contrarios a la moral pública, las autoridades, de
vez en vez, le atizan a la hoguera. Hoy ni quien se acuerde, pero, en los sesenta,
cuando los bikinis empezaron a hacer furor entre las gringas visitantes, hubo una
temporada en que varias de ellas fueron remitidas a los separos policiacos
acusadas de faltas a la moral por pasearse en el centro de la ciudad vestidas con las
minúsculas indumentarias tan comunes ahora. El hecho no pasó de la anécdota y la
arbitrariedad no fue determinante para disminuir la afluencia turística; pero, el
suceso quedó registrado en el arcón de las buenas conciencias. De la misma
manera se han almacenado, en el cajón de los agravios a las buenas costumbres,
los experimentos nudistas (atribuidos por rumores a hippies y otros subgrupos
marginales de paseantes), los degenerados concursos de camisetas mojadas y los
cruceros gay, por enumerar algunos de los más sonados.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
Todavía el año pasado, el Bando de Policía y Buen Gobierno se transformó en
otro de los jinetes de este anunciado apocalipsis. La espada flamígera que
Alejandro Higuera, desde la Presidencia Municipal, blandió contra los desmanes
de los College Tours, fue exhibida como amenaza contra “lo poco que queda de la
actividad turística”. Las clausuras temporales, brevísimas, de los bares El Señor
Frog’s y El Bora-Bora, instituciones emblemáticas del sector, eran las pruebas
irrefutables de la proximidad del fin. Sin embargo, más allá del escándalo
periodístico y los mitotes pueblerinos, no pasó nada.

Turismo para rato.


No sabemos cuándo dejarán los turisteros de lamentar su suerte. No se
avizoran modificaciones estructurales ni nada parece propicio para un cambio de
mentalidades. Difícilmente dejarán atrás, de la noche a la mañana, la manida
propensión de declarar difunto al turismo a cada rato. Si acaso nos queda un
consuelo: esos pronósticos cotidianos suelen estar destinados a conseguir
salvavidas para seguir flotando en el proceloso mar de la competencia turística
nacional y no a predecir el porvenir. Las respuestas oficiales a esos clamores,
permiten mantener a salvo las inversiones. Hasta ahora la frecuencia y lo
estentóreo del recurso catastrofista sirven para conseguir apoyos gubernamentales.
La saliva y las lágrimas vertidas no son inútiles y no es exagerado decir que de
ellas depende, a veces, la suerte de buena parte de las familias mazatlecas, ni más
ni menos. Probablemente estamos condenados a padecer, por un buen tiempo más,
el peculiar estilo quejumbroso de aceptación de esta forma de ganarse la vida. El
turismo, con sus flujos y vaivenes, seguirá siendo pilar de la economía porteña. No
se vislumbra en el horizonte otra actividad productiva sólida, capaz de sustituirla
en la generación de riqueza.
Por otro lado, es bueno que haya quién se ocupe en investigar y publicar libros
sobre el tema. La producción de conocimientos acerca de nuestro entorno nunca
será accesoria. Toda contribución es bienvenida, en particular, cuando se pueden
reconocer con claridad en la obra los senderos recorridos en la búsqueda del
desarrollo, del progreso, y se pueden distinguir las piedras que han impedido
arribar a metas superiores en ese objetivo.
Tienen en sus manos una obra oportuna y valiosa, las razones significativas y
argumentos aportados en ella para la revaloración del verdadero impacto social
que ha tenido el turismo en Mazatlán.

Enrique Vega Ayala


Cronista de la Ciudad Mazatlán,
Sinaloa, febrero de 2002
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

INTRODUCCIÓN

Mazatlán emergió como un puerto comercial en la primera mitad del siglo


XIX y empezó a incursionar en la vía industrial, sin abandonar la actividad
mercantil, desde los primeros años del porfiriato. Aún y cuando en los Estados
Unidos, la primera y más importante fuente de viajeros dentro del continente,
estaba a unos cuantos días en barco desde los puertos de California, la actividad
turística en Mazatlán, y en México en general, era algo sólo practicado por una
reducida élite de paseantes extranjeros y nacionales de altos recursos. El turismo
tuvo un limitado impacto económico, social y cultural en el país a lo largo de los
primeros cuarenta años del siglo recién fenecido.
Sin embargo, eso no negaba que hubiera un mínimo de actividad turística en
diferentes ciudades de México. Mazatlán, en ese entonces, recibió visitantes de
muchos lugares del mundo, la mayoría de ellos comerciantes y marineros, varios
de los cuales se quedaron a residir definitivamente.
Cuando en 1899 la sociedad mazatleca se empezó a organizar formalmente
para realizar las fiestas del Carnaval e institucionalizarlo, se dio un paso de suma
trascendencia para que el puerto fuera atrayendo cada vez más mujeres y hombres
que lo visitaban con el exclusivo propósito de divertirse. Si los paseos en el viejo
Mazatlán eran el principal atractivo que tenía Mazatlán antes del Carnaval para
atraer a paseantes de los pueblos circundantes al puerto, a partir de éste, tanto
nacionales como extranjeros y ya no tan sólo sinaloenses, lo van a visitar sobre
todo en temporada de las carnestolendas. Cuando se abren las puertas del Belmar
en 1922, el primer hotel frente al mar de categoría internacional, el Carnaval ya
tenía veintitres años de realizarse. La que era, desde entonces, la máxima fiesta
porteña atraía mayormente a visitantes regionales de Guamúchil, Culiacán, Tepic
y otros poblados más cercanos, aunque en 1927 también fue invitado un amplio
grupo de “excursionistas” de la Ciudad de México, aprovechando el enlace
ferrocarrilero que se había establecido con Guadalajara ese mismo año. Un poco
después, en 1933, fue invitada una amplia excursión regiomontana a la que se
recibió muy calurosamente, al grado de que los huéspedes publicaron un
desplegado periodístico de agradecimiento.
De Estados Unidos llegaban por tren paseantes de Arizona y California. La
numerosa colonia estadounidense en Mazatlán que, por cierto celebraba
suntuosamente en el Belmar su independencia cada 4 de julio, contribuía a que
entre sus paisanos al otro lado de la frontera se animaran a venir. En 1924, por
ejemplo, llegaron ciento cincuenta hombres de negocios de Arizona, los cuales, a
su regreso a Estados Unidos, publicaron en los periódicos opiniones positivas de
Sinaloa y Sonora. No obstante, también se llegaron a conocer fuertes campañas de
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prensa muy fuertes contra México, particularmente por los hechos sangrientos de
la Guerra de los Cristeros, iniciada por enfrentamientos entre al gobierno de
Plutarco Elías Calles y la Iglesia Católica. En 1935, durante el gobierno de Lázaro
Cárdenas, se repitió la campaña de católicos estadounidenses para que sus
ciudadanos no visitaran a nuestro país, la cual era contrarrestada por hombres de
negocios, también norteamericanos, debido a su interés en invertir en México.
A partir de 1948, con la apertura de la Carretera Internacional, y el aumento y
mejoramiento de la aviación comercial en las dos siguientes décadas, el Carnaval
y en general la actividad turística de Mazatlán ganaron un mayor reconocimiento
y visitantes de más regiones de México y Estados Unidos. El turismo en
Mazatlán, como en general el turismo de toda la república mexicana, nació muy
influenciado y ligado estrechamente a las inversiones, la filosofía y el gusto
estadounidenses. Difícilmente podía ser de otra manera porque el turismo como
una actividad económica especializada es una creación británica y americana;
además de que la vecindad con México y la expansión del capital vecino más allá
de sus fronteras lo empujó de manera inevitable al sur del río Bravo. Quizá no sea
aventurado afirmar que el primer gran promotor del turismo norteamericano en
México haya sido la empresa ferrocarrilera Southern Pacific Co., porque ya en los
veinte organizaba grandes excursiones a nuestro país y editaba folletines
publicitarios especialmente dedicados a la tierra del águila y la serpiente. La
invención del turismo de sol y playa y la liberalización de sus costumbres llevó a
los estadounidenses a invertir en las costas mexicanas, tal y como lo hicieron en
Mazatlán, Acapulco, Guaymas y Ensenada a partir de los años treinta del siglo
XX.
En Mazatlán, a diferencia de Acapulco, no fluyeron muchos ni grandes
capitales de Estados Unidos, pero algunos de ellos dejaron una senda a seguir
como la que trazaron George Williams y James Gabriel, fundadores del Hotel
Playa Mazatlán e iniciadores de facto de la Zona Dorada y de los hoteles a la
orilla del mar. Otros, como Wally Byam, el más importante creador de caravanas
de casas rodantes en la historia de Estados Unidos, no invirtió en Mazatlán ni fue
necesario porque él más bien fue un organizador de grandes grupos turísticos, y el
primer promotor de los viajes en caravana de Estados Unidos a México y
Centroamérica.
La economía turística en México no surgió en 1929 después del primer
decreto presidencial de Emilio Portes Gil para promoverla, pero si empezó a
cobrar orden y un mínimo de planificación nacional con el impulso de comités
proturísticos. Mazatlán no se vinculó desde entonces a las directrices nacionales
porque su primer comité Pro Turismo lo creo diez años después, pero en realidad
ni antes ni después de 1929 se observaron sus beneficios, al menos en el terreno
de la propaganda o apoyos financieros. Quienes arriesgaron a invertir en hoteles y
restaurantes lo hicieron por cuenta propia o en sociedad con norteamericanos.
Habría que esperar hasta los cincuenta para que Mazatlán recibiera algunos
apoyos oficiales, los cuales siempre fueron pocos porque Acapulco fue el
beneficiario consentido de los favores y atenciones de los diferentes gobiernos
federales.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
El turismo en Mazatlán surgió prácticamente de manera espontánea. De
manera paulatina fue tomando forma, aún careciendo de plan y dirección
claramente definidos; improvisando las respuestas a las demandas de los
visitantes, sobre todo de los estadounidenses. Estos mismos contribuyeron
sustancialmente a darle un cauce más definido a la oferta turística del puerto.
Ellos fueron los primeros publicistas profesionales de Mazatlán, los primeros en
construir hoteles en la playa, los impulsores de la pesca deportiva y los primeros
surfos.
De los años veinte a los sesenta del siglo XX, el turismo en Mazatlán tuvo su
etapa de nacimiento y aprendizaje. En ese periodo prácticamente no había ni un
sólo profesional de la administración hotelera, la publicidad, la mercadotecnia y
las agencias de viajes, pocos hablaban inglés. Inevitablemente, los responsables
de esas funciones lo hacían de manera improvisada, pero también exitosa porque
lograron fincar las bases de una rama que pasó de ser marginal a central en la
economía del sur de Sinaloa. En esa primera etapa se forma empíricamente la
primera generación de empresarios turísticos de Mazatlán, dentro de los cuales se
mantienen a inicios del siglo XXI José María Hernández, Sergio de Cima,
Antonio Manguart, Rafael Rivera, Guillermo Heimpel, Jaime Coppel, Jesús
Juárez, entre otros pocos.
Tanto en Mazatlán como en el resto del país, la industria turística brota con el
fin de la revolución mexicana y el inicio del nuevo régimen político. De hecho,
los primeros programas oficiales de promoción turística nacional coinciden con la
institucionalización de las luchas políticas de los triunfadores de la revolución y el
surgimiento del Partido Nacional Revolucionario, bajo la batuta de Plutarco Elías
Calles. En estas circunstancias, los primeros planes y filosofías turísticas
nacionales nacen de la mano tanto de las autoridades de gobierno como de
empresas estadounidenses, tales como la Southern Pacific Co.
No obstante la importancia del Estado en la promoción de la industria turística
nacional, en Mazatlán la intervención y el apoyo oficiales realmente no se
conocieron sino hasta mediados de siglo. Lo cual no ignora que Mazatlán fue
beneficiado por el sostenido crecimiento económico que tuvo el país entre
principios de los cuarenta y fines de los sesenta del siglo XX, en el cual el papel
del Estado fue determinante, porque si en algo benefició a la Perla del Pacífico el
nacionalismo económico del régimen de la revolución fue el haberla protegido de
inversiones norteamericanas sin restricciones, con las cuales no hubiesen podido
competir los capitales locales.
De hecho, si hubiesen ingresado tempranamente las grandes cadenas hoteleras
y restauranteras, las líneas de aviación y agencias de viajes de Estados Unidos,
pocos capitales mazatlecos habrían sobrevivido.
A partir del Belmar, los grandes hoteles han ido marcando el desarrollo
urbano de las áreas de medianos y altos ingresos del puerto. Salvo el viejo
espacio de Playa Norte, plebeyo desde su nacimiento, toda la franja costera,
dominada por los hoteles y restaurantes, ha ido, a sus espaldas, alumbrando el
parto de los fraccionamientos de las clases medias y altas de Mazatlán. Estas han
ido siguiendo los pasos de los turistas, tal y como sucedió con el Fraccionamiento
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El Dorado, que se empezó a ofrecer en 1971 con el atractivo de estar ubicado a un
lado de la zona turística.
A través del estudio del desarrollo turístico de Mazatlán pueden observarse
también varios de sus grandes mitos y sueños frustrados. Uno de los más grandes
ha sido el de construir un tendido de tren entre Mazatlán y Durango. Desde los
años veinte, los círculos empresariales y políticos del puerto soñaron con ver
correr el ferrocarril que cruzara de este a oeste el país hasta llegar al principal
puerto sinaloense; lo cual nunca se ha logrado. Otra aspiración no incumplida,
pero si lentamente satisfecha fue la construcción de la carretera Durango-
Mazatlán, la cual fue anunciada en 1923 y concluida en 1960 es decir, tomó
largos treinta y siete años realizarla. Más de cinco décadas después, en 2013, se
construyó una autopista entre las dos ciudades, la cual ha iniciado una nueva
etapa turística en el puerto.
De igual manera, desde mediados de siglo XX, con el fin de la Segunda
Guerra Mundial, el despegue de la aviación moderna y el inicio del turismo de
masas se acariciaba la ilusión de atraer miles de visitantes de la costa este de
Estados Unidos y Europa, pero por la ubicación geográfica y las características
socioculturales de Mazatlán en esos años y en general del noroeste mexicano,
tales objetivos fueron irrealizables. Lejos de la Ciudad de México, adonde
llegaban los vuelos de la Costa Este norteamericana y de las ciudades europeas, y
sin los atractivos históricos y culturales, prehispánicos y coloniales, del centro y
sureste de México, Mazatlán no podía competir con Acapulco, cercano a la
capital y parte del sureste. Por si fuera poco, el paraíso guerrense fue la joya
turística de los gobiernos federales a lo largo de tres décadas, el principal centro
de diversiones de la clase política, de la alta burguesía mexicana y de las estrellas
de los espectáculos nacionales y hollywoodenses.
Las características cíclicas de la industria turística mazatleca, establecidas
prácticamente desde su etapa de nacimiento, no han podido ser modificadas o
superadas en su postrer desarrollo. Es decir, la temporada alta más larga va desde
fines de otoño, en el mes de noviembre, a marzo-abril, al inicio de la primavera,
incluyendo los periodos intensos de Carnaval y Semana Santa. Esta temporada ha
sido establecida básicamente por las necesidades de los turistas estadounidenses,
y después canadienses, de la tercera edad, que provienen de las zonas frías de los
países de habla inglesa del continente. Ya en 1930, la empresa norteamericana,
Coast Hotel Co, subsidiaria de la Southern Pacific, para convencer a sus socios
les decía de Guaymas que ahí había “un excelente clima de invierno, al mismo
tiempo que la oportunidad de pescar y bañarse en el mar, lo cual prometía
negocios promisorios para la SP de México”. (Daniel L. Hotsummer, 1986).
Carnaval y Semana Santa son dos periodos cortos pero muy intensos alimentados
básicamente por los turistas mexicanos. La otra temporada alta de larga duración
la constituyen los meses de vacaciones veraniegas, dentro de la cual los
nacionales conforman el grueso de los visitantes. Sin embargo, este periodo
turístico es de creación mucho más reciente, aunque se empezó a generar cuando
el Gobierno de Miguel Alemán, entre 1946 y 1952, escalonó las vacaciones de la
burocracia federal y promovió el turismo entre esta numerosa capa social. Este
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
esquema no se ha modificado desde hace varias décadas. No se ha podido
enriquecer de manera eficaz la oferta turística capaz de atraer a amplios números
de visitantes en los meses de junio, septiembre y octubre, los de más baja
ocupación.
Así mismo, en el caso de las corrientes del turismo estadounidense y
canadiense, proceden básicamente, como desde sus inicios, de la Costa Oeste y en
menor medida del Medio Oeste norteamericano.
Del flanco nacional, hasta antes de la inauguración del tramo ferrocarrilero que
llegó hasta Guadalajara y conectó a la Ciudad de México, Mazatlán atraía en lo
esencial a “excursionistas” (así se decía entonces) de los alrededores del puerto y
cuando más de Culiacán, Guamúchil y Mochis. A partir de 1927 y sobre todo de
1948 cuando se inaugura la carretera internacional, el radio de influencia se
extiende más al sur, hasta llegar a la capital de la república pasando por
Guadalajara y Guanajuato, y por el norte, a partir de la segunda fecha se agrega el
turismo carretero de Estados Unidos y Sonora. Desde 1960, cuando se abre al
tráfico la carretera a Durango, se empieza a atraer a otro gran mercado que
procede de Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Zacatecas y el estado
de Durango. Pero hasta ahí llegó la expansión. Los turistas de todo el sur
mexicano muy poco visitan a Mazatlán, salvo los del Distrito Federal.
Por lo menos de la década de los treinta a inicios de los sesenta, Mazatlán era
uno de los puertos favoritos de estrellas de Hollywood y de grupos sociales de
altos ingresos de California y Guadalajara; incluso en esos primeros años la
industria del cine californiano filmó en el puerto, según nos refiere Emma
Linsday, escritora estadounidense. Pero con la emergencia de Puerto Vallarta a
finales de los sesenta y Cancún en los setenta, el turismo de altos ingresos y fama
internacional empezó a alejarse de la Perla del Pacífico. Algo semejante le sucedió
a Acapulco en el mismo periodo. La posterior aparición, a partir de los ochenta, de
Cabo San Lucas como sitio turístico, terminó de complicar el escenario para
Mazatlán.
México, en la década de los sesenta del siglo XX, suelen decir ciertos autores,
perdió la inocencia. Si alguna vez existió, Mazatlán la perdió incluso antes. En
1955, decía el Secretario de la Asociación de Hoteleros de Sinaloa, Luis Roberto
González: “desde hace algunos años, nuestros máximos festejos han ido
decayendo al grado de que, en el año actual, fueron pocas las mujeres que se
disfrazaron y los que abundan en cantinas y paseos son los homosexuales. Si el
Carnaval dio a nuestro puerto fama dentro y fuera de nuestras fronteras, ahora lo
que se hace es desprestigiarlo con tanta inmoralidad que se comete a ciencia y
paciencia de las autoridades”. {El Sol del Pacífico, 8-04-55).
Los años románticos e ingenuos del turismo mazatleco terminaron en los
cincuenta. Con el inicio de los hoteles de la Avenida del Mar y el Camarón, las
grandes caravanas de turistas norteamericanas y poco después el inicio de la era
del jet, empezaron a generalizarse abusos de medio mundo. Es decir, cuando el
turismo empezó a ser un gran negocio brotaron muchas irregularidades: cobros
excesivos a los turistas en hoteles, restaurantes y taxis; ofertas no cumplidas, etc.
No obstante, el puerto todavía no perdía su encanto. Su gente, propietarios,
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empleados y citadinos en general, derrochaba amistad y simpatía. Había
tranquilidad porque el narcotráfico y las crisis económicas aún no azotaban a
Sinaloa. Mazatlán seguía siendo un pequeño puerto turístico que no rebasaba a los
cien mil habitantes. La zona urbana apenas se iba más allá de la Avenida Gutiérrez
Nájera. Únicamente el Hotel Playa Mazatlán, osado, se atrevía paradisíacamente a
reposar a solas en la zona de El Camarón, adelantándose precozmente a proponer
la creación de la zona turística más amplia y exitosa de Mazatlán; pero también la
menos respetuosa de la cultura propia y la más cercana a una deficiente imitación
de una playa turística estadounidense. De cualquier manera, esos años fueron de
intenso aprendizaje y de sostenido crecimiento económico para Mazatlán, Sinaloa,
y México.
Esta inicial historia del turismo en Mazatlán cubre el periodo de 1923 a 1971
que, de hecho, abarca dos etapas del desarrollo turístico del puerto: de 1923 a 1945
y de 1946 a 1971. La investigación parte de 1922, porque es la fecha de
inauguración del Hotel Belmar, el primero en construirse sobre el Paseo de Olas
Altas y en presentarse con un claro perfil turístico. Sin duda, el inicio y fin de la
Segunda Guerra Mundial fue un parteaguas para el turismo mundial y para muchas
otras facetas de la sociedad internacional, por lo que una etapa del desarrollo
turístico de Mazatlán termina con su estallido, y una nueva empieza con la firma
de la paz. No fue gratuito que el Hotel Freeman iniciara su levantamiento
justamente al finalizar la guerra. El corte hecho en 1971, obedece tanto a factores
locales, como nacionales e internacionales. Ese año es prácticamente el despegue
de lo que Jorge Letamendi y otros empresarios mazatlecos llamarían más tarde la
Zona Dorada, influidos por la fama de la Zona Rosa de la Ciudad de México, al
construirse hoteles como Las Flores, el Camino Real y los fraccionamientos El
Dorado y El Cid. En el plano internacional, hay en 1971 una crisis del dólar que
reorienta gran parte del turismo norteamericano a México, pero en los años
inmediatamente posteriores ya se empiezan a manifestar con claridad los síntomas
del agotamiento de un modelo económico proteccionista que provocarán un
estallido devaluatorio en 1975. En este mismo periodo, que abarca el sexenio de
Luis Echeverría Álvarez, hay dos hechos muy importantes para la industria
turística del país. Uno es coyuntural: el boicot de los agentes de viajes judíos de
Estados Unidos como respuesta a la declaración mexicana en la ONU de que el
sionismo, la doctrina geopolítica del nacionalismo judío, era igual a racismo; y la
otra que tendría efectos de largo alcance: la aparición de la compra-venta de
tiempos compartidos en las playas mexicanas por parte de ciudadanos extranjeros,
como resultado de modificaciones de fondo a la Constitución de 1917.
Al llegar esta investigación hasta diciembre de 1971 no se abordó el análisis de
la industria en la administración echeverrista, la cual se convirtió, en varios
sentidos, en un momento definitorio para el futuro turístico del país.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO I

EL CONTEXTO INTERNACIONAL Y NACIONAL

Es común, cuando se habla de la historia del turismo, que se ubiquen sus inicios
en épocas muy remotas de la humanidad. Sólo con una perspectiva muy abierta y
poco rigurosa de los procesos históricos se puede coincidir con tal aseveración.
Por supuesto que en los antecedentes históricos de cualquier región del mundo
con facilidad se encontrarán testimonios de individuos que hablan de sus experiencias
como viajeros; pero difícilmente se hallará información que revele una actividad
sostenida y masiva de grupos humanos que viajan con el expreso objetivo de conocer
y aprender o de buscar descanso y diversión y hagan uso de hoteles, restaurantes,
museos y espacios de ocio en lugares distintos en los que viven y trabajan.
En realidad para que el turismo se constituyera en una actividad social y
económica de relevancia era necesario que se conjuntaran una serie de hechos
históricos que sólo se presentan en Europa Occidental y Estados Unidos hacia la
segunda mitad del siglo XIX.
La plena madurez de la Revolución Industrial, que encontró en Inglaterra y los
Estados Unidos de Norteamérica, las regiones del mundo donde el capital pudo
desarrollarse plenamente, fincó las condiciones financieras, comerciales,
tecnológicas, demográficas, sociales y culturales para que emergiera el turismo como
una industria; es decir, una actividad que involucra muchos capitales, una amplia
fuerza de trabajo, especializaciones laborales y gerenciales, y una amplia red de
subsistemas económicos que sólo pueden existir si la primera funciona.
De hecho, los primeros grandes flujos turísticos circulan entre, a) las propias
fronteras de Inglaterra y Estados Unidos, b) de Estados Unidos a otros países
europeos, principalmente al Reino Unido, de donde originalmente habían emigrado
cientos de miles de campesinos y obreros a la Unión Americana, c) de Inglaterra a
otros países europeos y d) de Inglaterra a la India y otras de sus colonias en ultramar.
Inglaterra y Estados Unidos al ser las máximas potencias económicas del mundo,
la primera clásicamente colonialista y, la segunda en continua expansión territorial y
máxima representante del neocolonialismo, vieron nacer en su seno a las primeras
clases sociales, burguesía y clases medias, lo suficientemente amplias como para
crear el mercado de una nueva industria.
Luis Fernández Fúster en su magna obra Historia General del Turismo de
Masas, sostiene que fue desde Londres cuando se empieza a contemplar al mundo
como un conjunto político-económico que sobrepasaría lo continental, lo nacional
y lo regional. “Todo empezó - dice el autor - con las exploraciones inglesas por
los cinco mares y no como resultado de un plan oficial y coherente, sino como
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

ímpetu mercantil, aventurero y misionero de sus ciudadanos (...) Así el tráfico -


del que sólo de las personas nos interesa- tuvo su nacimiento y alimentación en las
Islas Británicas. Desde ellas a los confines del Imperio, o el regreso desde ellos
fue una corriente infinitamente más importante que los “viajes del caballero”
anteriores. Y es aquí donde hallamos el inicio del turismo de masas”'. En algunas
versiones históricas, se le concede al inglés Thomas Cook la invención de la
primera agencia de viajes o del turismo organizado, cuando el 5 de julio de 1841
renta un tren con tarifas baratas para trasladar a 540 personas de una ciudad a otra
dentro de Inglaterra. Cook, después de esa experiencia se dedicó profesionalmente
a organizar excursiones y además escribió un manual para viajeros. En 1845
organizó un tour con guía a Escocia, y en 1851, 165 mil personas fueron
trasladadas y alojadas en Londres, para asistir a la Exposición Mundial en el
Palacio de Cristal, mediante los servicios de las agencias de Thomas Cook1.
Sin negar lo anterior, encontramos que en la misma época los estadounidenses
practican también el turismo de masas. Entre 1853 y 1858, como ejemplo de esta
aseveración, el escritor norteamericano Jacob Abbot ya había publicado el
segundo de sus libros para viajeros. En él, Abbot recomienda, particularmente a
los niños, cómo pueden ser turistas en Europa sin tener que confundirse o
confrontarse con la cultura del viejo continente, a la vez que los alienta a
interactuar con las culturas locales que visitan2.
Hernández Fúster encuentra en la ruta Inglaterra- India, es decir, entre la
metrópoli y una de sus colonias, el primer gran circuito ultramarino del turismo de
masas; pero lo mismo no sucedía entre otra metrópoli, España, y sus excolonias
en América. La explicación estriba en que la patria de Miguel de Cervantes
Saavedra no era todavía en la segunda mitad del siglo XIX una sociedad industrial
ni socialmente rica por lo que no era posible que emergiesen los grupos humanos
que alimentaran los flujos turísticos. Los españoles viajaban mucho a América
Latina pero como emigrantes.
De Estados Unidos sí había hombres que se aventuraron a viajar a México
durante la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras dos décadas del siglo
XX, pero al sur de la frontera no habían condiciones de ningún tipo para que el
turismo, realizado por extranjeros o nacionales, fuera una actividad significativa.
Cualquier periódico de las principales ciudades y puertos de la época porfiriana
daban cuenta de los ocasionales visitantes extranjeros que llegaban a México; sin
embargo, no había hoteles, ni transportes con las comodidades y características a los
que estaban acostumbrados las clases solventes de Estados Unidos y Europa. Durante
la pax porfiriana, de visible progreso económico y estabilidad política para las élites,
y profunda pobreza y dictadura para las clases populares, se inició un incipiente
desarrollo industrial, comercial y urbano en el país que fue interrumpido por el
estallido de la revolución de 1910. La lucha armada que transcurrió entre 1910 y
1921, y el reinicio de una nueva guerra, la Cristera, entre 1923 y 1926, retrasó aún

1
Francisco de la Torre, Introducción al estudio del turismo, Cia. Editorial Continental, México, 1997, pp.17-18.
2
Chris L. Nesmith, The University of South Carolina, “ The Virtual/Virtuous Traveler: Jacob Abbot’s Travel Writing for Juveniles in
Ninteenth-Century American Culture”, Ponencia sin fecha, presentada en la UDLA, Cholula, Puebla,
16 Agosto 1999. 15
Arturo Santamaría Gómez

más las circunstancias históricas para el impulso del turismo como una actividad
sostenida, organizada y de relevancia en la economía mexicana.
No es coincidencia que el primer programa de promoción turística de alcances
nacionales se haya lanzado poco después de que se creara, en marzo de 1929, el
Partido Nacional Revolucionario, con el que se iniciaba un largo período de
estabilidad política en México, que se prolongaría desde 1940 hasta el final del
sexenio de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), con un también prolongado período de
crecimiento económico que se llegaría a conocer como El Milagro Mexicano. Es
decir, la industria turística en México, como en cualquier otro país del mundo,
empezó a desarrollarse cuando encontró una larga y firme estabilidad política, y
ritmos sostenidos de crecimiento económico.
En efecto, va a ser el 6 de julio de 1929, a cuatro meses de que Plutarco Elías
Calles hubiese fundado el PNR y a otros cuatro de que se realizaran elecciones
presidenciales en las que contendían Pascual Ortiz Rubio y José Vasconcelos, cuando
el Presidente Emilio Portes Gil decretara la creación de la Comisión Mixta Pro
Turismo, la cual tenía como principal objetivo elevar la actividad turística a una
escala masiva y nacionalmente organizada. En aquel año tan sólo 14,000 turistas
extranjeros visitaron México. La Confederación de Cámaras de Comercio de los
Estados Unidos Mexicanos, a través de la prensa, se declaraba regocijada por el
acuerdo gubernamental porque consideraba que ese era el momento más adecuado
para encausar hacia México una gran corriente de turismo norteamericano, que año
con año se dirige a Canadá y otros países en “busca de nuevo ambiente, cambio de
clima o nuevos panoramas”. La misma Confederación informaba que pasaban de diez
millones los estadounidenses que viajaban cada año a Canadá y dejaban en ese país
alrededor de 120 millones de dólares.
Los voceros de la organización de comerciantes afirmaban que tanto “las masas
populares” como los “hombres de negocios” se expresaban en términos muy
optimistas de los cambios que se estaban experimentando en México, según les
informaba el presidente de las líneas ferroviarias Missouri and Pacific. La favorable
opinión para México que se empezaba a generar al norte de la frontera resultaba de la
primera excursión masiva de turistas norteamericanos que había organizado esa
misma empresa en junio de 1929.
La Missouri and Pacific había llevado a la Ciudad de México a un numeroso grupo
de funcionarios ferroviarios para que realizaran la Convención de la Asociación
Americana de Superintendentes de Ferrocarriles. Los asistentes, a su regreso de la
convención, publicaron en los diarios de sus localidades y en un libro, relatos de los
paisajes mexicanos, el clima y arquitectura de las ciudades, lo cual había provocado
una segunda excursión que llegó a México el 10 de julio, a escasos cuatro días de que
se creara por decisión presidencial el Comité Pro Turismo3.
La Comisión Mixta Pro Turismo, que estaba encabezada por la Secretaría de
Gobernación se fijó los siguientes objetivos:
“Es de forzosa protección por las autoridades todo esfuerzo encaminado a

3
Periódico El Universal, Ciudad de México, 9 de julio de 1929.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

procurar el desarrollo del turismo en México”.


“Se establece de un modo permanente la Comisión Mixta Pro Turismo con el
objeto de que fomente el desarrollo del turismo en el país”.
“La Comisión Mixta Pro Turismo quedará integrada en su carácter permanente
por los representantes que en seguida se expresan: la Secretaría de Gobernación, el
Departamento Central del Distrito Federal, el Departamento de Salubridad Pública, el
Departamento de Estadística nacional, el Departamento de la Contraloría, la
Comisión Nacional de Caminos, las Asociaciones Bancarias, la Confederación de
Cámaras de Comercio de la Ciudad de México, la Asociación de Hoteleros, los
Ferrocarriles Nacionales de México, la empresas de navegación, así como las
empresas o instituciones cuya designación se haga por la Comisión Mixta pro
Turismo con la aprobación de la Secretaría de Turismo de Gobernación. El
Encargado de Despacho de Gobernación será el Presidente de la Comisión. Los
demás miembros de la directiva serán designados en los términos que establece el
reglamento”.
“Las secretarías de Estado y demás dependencias oficiales señaladas en el párrafo
anterior, deberán cooperar, en la medida de sus posibilidades, para los trabajos que
convenga dicha comisión”.
“La misma Secretaría de Gobernación expedirá el reglamento interior de la
Comisión de acuerdo con el proyecto que esta misma fórmula”4.
La creación de la Comisión Mixta Pro Turismo, en la que el acuerdo presidencial
conjunta los esfuerzos del Estado y las empresas privadas, en realidad tan sólo va a
impulsar el desarrollo turístico, al menos durante los primeros años, de la Ciudad de
México.
Además de las características del nuevo régimen político, fuertemente
centralizador y presidencialista, la pobreza de las vías de comunicación del país,
limitadas a la transportación marítima y ferroviaria, y a una incipiente navegación
aérea, así como una pobre infraestructura urbana y hotelera en el conjunto del país,
determinaban que pocas ciudades pudieran ser explotadas turísticamente. Por varias
décadas el espacio urbano más visitada por el turismo extranjero y nacional sería la
Ciudad de México, a pesar de que la principal población del país carecía de
instalaciones de nivel internacional, tal y como lo señalara, en el mismo año de 1929,
Miguel González, presidente de la Cámara de Comercio y acaudalado hotelero de
Tijuana, el cual concluía que la capital no gozaba de un “hotel digno de la Ciudad de
México” y que proponía se construyera un edificio para “500 habitaciones con baño
privado, salas de exposiciones, campos para diversos deportes, teatros, baños turcos,
etc.”5.
Aún y cuando el 15 de enero de 1926, bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles,
ya se había promulgado la Ley de Migración, en la cual se mencionaba por primera
vez en un documento oficial el concepto de turista, antes de 1929 estaba ausente una
política federal que promoviera el turismo en México; sin embargo, eso no quería
decir que no se hubiesen iniciado ya esfuerzos por convertirlo en una actividad de

4
El Universal, Ciudad de México, 8 de julio de 1929.
5
El Universal, Ciudad de México, 23 de junio de 1929. 17
Arturo Santamaría Gómez

relevancia para diferentes economías locales del país, tal y como sucedía en
Mazatlán, por lo menos desde 1922, año en que se inaugura el Hotel Belmar.
En Europa, los sindicatos de turismo de España, Francia y Portugal, antes de que
estallara la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1908, organizaron la primera
Conferencia Internacional de Turismo; y después del fin del conflicto bélico, en 1925,
en la Haya, Holanda, se creó la primera agrupación internacional orientada a regular
las actividades turísticas, adoptando el nombre de Congreso Internacional de
Asociaciones Oficiales de Propaganda Turística, la cual cambió de nombre a Unión
Internacional de Organismos Oficiales de Propaganda Turística (UIOPT) en 19306.
La UIOPT, formada exclusivamente por organizaciones europeas y cuya sede estaba
en La Haya celebró varias conferencias internacionales y elaboró programas y
propuestas prácticas para facilitar el desarrollo del turismo en Europa.
La normatividad relacionada con la actividad turística de los primeros veinte años
del México postrevolucionario fue especificándose en los sucesivos gobiernos de los
presidentes Pascual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez, Lázaro Cárdenas, Manuel
Ávila Camacho y Miguel Alemán, al mismo tiempo que la empresa privada iba
sentando las bases de la naciente industria. Por ejemplo, en 1929, se establecía la
primera agencia de viajes del país, cuando la Wagón Lits Cook abrió sus puertas el 25
de junio.
En el gobierno de Ortiz Rubio se promulgó, el 30 de agosto, la Ley de Migración
que especificaba los requisitos para el ingreso de turistas y conjuntamente se
aprobaba la Ley Orgánica de la Comisión Nacional de Turismo y su Reglamento7.
El mismo Pascual Ortiz Rubio decretó el Reglamento a la Ley de Migración el 13
de junio de 1932, el cual precisaba los objetivos de la Comisión Nacional de Turismo
y los papeles de la iniciativa privada y el sector público.
Posteriormente el General Abelardo Rodríguez trasladó a la Secretaría de
Economía Nacional, la dirección promotora del turismo que hasta ese momento
estaba en manos de la Secretaría de Gobernación. Bajo este mismo gobierno se
estableció el Reglamento que fundó la Comisión, el Comité y el Patronato de
Turismo. En 1934 se reconvierte la dirección de los asuntos turísticos a la Secretaría
de Gobernación concediendo, sin embargo, a las Cámaras de Comercio la
prerrogativa de supervisar los asuntos migratorios.
El 3 de mayo de 1935, el General Lázaro Cárdenas, a medio año de haber iniciado
su gobierno, promulgó la creación de la Comisión Nacional de Turismo, constituida
por el Comité Ejecutivo, el Consejo Patrocinador y el Consejo Consultivo. Este
mismo año, con respaldo oficial se instituyó el sistema financiero Crédito Hotelero.
En junio, al celebrarse la Convención Internacional del Club Rotario, se confirmó que
México carecía de instalaciones adecuadas para eventos de tal magnitud y se afianzó
el convencimiento de que habría que construir grandes hoteles. En 1936 se promulgó
la Ley General de Población, la cual establecía que la Secretaría de Gobernación era
la responsable de realizar las campañas propagandísticas relacionadas con el turismo.
El 7 de junio de 1937, se reglamentó el oficio de guía de turistas y las funciones de

6
María Elena Gastélum Guerrero, La Organización Mundial del Turismo, Tesis de Lic. En Relaciones Internacionales, FCPyS, UNAM,
1974, pp.30-44.
7
Manuel Ramírez Blanco, Teoría General del Turismo, Editorial Diana, México, Tercera Edición, 1981, p3.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

las agencias de viajes. Así mismo se creaba el Departamento de Turismo, dependiente


de la Secretaría de Gobernación. En 1938, se daba inicio a una gran campaña turística
nacional e internacional a través del Club de Viajes PEMEX y la Asociación
Mexicana de Agencias de Viajes, dos de las 18 agencias de viajes que se habían
creado hasta entonces en la capital federal. En el penúltimo año del sexenio de Lázaro
Cárdenas se creó el Consejo Nacional de Turismo que intentaba sentar las bases para
la actuación concertada de los gobiernos de los estados, el federal y los municipios.
Se puede decir que con estas decisiones de gobierno, que coinciden con el inicio de la
Segunda Guerra Mundial y como efecto de ella, el inicio de una notable disminución
en el mundo de los viajes por placer, termina la primera etapa del desarrollo de la
industria turística mexicana.
Superado el conflicto bélico, al siguiente año, en una presurosa búsqueda de
mecanismos para consolidar la paz y la amistad entre las naciones, poco después de
que se crea la ONU en octubre de 1945, en la primera Asamblea General de Naciones
Unidas, conocida como la Conferencia de Londres, se celebró, en 1946, la
Conferencia de los Organismos Nacionales de Turismo, a la que asistió por primera
vez un país americano: Estados Unidos. Al año siguiente, en París, el Congreso
Constitutivo modificó sus estructuras y nombre y adoptó el de Unión Internacional de
Organismos Oficiales de Turismo (UIOOT).
La UIOOT fincó su sede en Ginebra y para 1969 ya agrupaba a Organismos
Nacionales de Turismo de 115 Estados y Territorios, además de 88 organizaciones
nacionales e internacionales. Este organismo es el único que mundialmente atendía
todos los asuntos relacionados con el turismo. En 1969, al celebrarse la Conferencia
Intergubemamental de Turismo, en Sofía, Bulgaria, México formó parte del grupo de
países que propusieron crear un organismo intergubemamental dentro del sistema de
la ONU. En septiembre de 1970, dentro de una continua actividad para lograr
presencia en los ámbitos de decisión del turismo internacional, México pudo llevar a
cabo, en la capital federal, la XIX Asamblea General Extraordinaria de la UIOOT.

19
Arturo Santamaría Gómez

El glorioso Belmar en la época del Charleston

20
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO II

EL MILAGRO MEXICANO Y EL TURISMO MAZATLECO

En la segunda década del siglo XX, periodo en la que el turismo se inicia


propiamente como una corriente continua, el número de visitantes extranjeros en
México es irrisorio si se le compara con las estadísticas que empezaron a conocerse
después de 1946, al final de la guerra. En 1920 y 1929, años de los que se tienen
cifras oficiales, nos visitaron del extranjero, particularmente de Estados Unidos, 8 mil
y 41 mil personas, respectivamente8.
Si el fin de la Segunda Guerra Mundial fue la coyuntura en la que se inicia el
despegue mexicano de la actividad turística, la crisis económica mundial que estalló
en 1929 fue su acta de bautismo oficial y, a la vez, la oportunidad para fortalecer el
flujo estadounidense hacia México. La crisis de sobreproducción que afloró
masivamente en Estados Unidos y que empujó una prolongada recesión económica en
este país, que ya era la primera potencia industrial del mundo, incidió en una drástica
disminución de turistas norteamericanos hacia Europa y su reorientación, aunque
parcial, hacia México. El masivo desempleo y la disminución del ingreso de las clases
asalariadas, la quiebra de empresas o su descapitalización, crearon un contexto en el
que el turismo inevitablemente se vio afectado. Los costos más altos de los viajes a
Europa en una época de crisis contribuyeron para que los ciudadanos de Estados
Unidos, aún sin formar grupos tan masivos como antes de 1929, buscaran viajar
preferentemente a Canadá y México, sus dos vecinos inmediatos. La cercanía
geográfica de México a California y Texas, dos estados que ya habían iniciado un
poderoso desarrollo económico basado en la industria cinematográfica y agrícola, y
en la industria petrolera y ganadera, principalmente, sentaban las bases parar que sus
habitantes escogieran a México como uno de sus principales destinos turísticos. La
vecindad territorial permitió el inicio de un flujo turístico que se trasladaba en
automóvil al menos a las ciudades fronterizas, y a partir de la construcción de la
carretera Panamericana, en los inicios de los cincuenta, a gran parte del país.
No hay datos estadísticos confiables que muestren la cantidad de turistas
extranjeros que visitaron México de 1929 a 1941, pero en 1942, año en que
Estados Unidos se involucra en la Segunda Guerra, los visitantes registrados
fueron 90,476; es decir, no hay un crecimiento muy vigoroso entre 1929 y 1941, el
periodo de la Gran Depresión. En doce años el turismo extranjero escasamente
creció un poco más del doble, pero al final de la guerra se empieza a manifestar un
desarrollo estadísticamente muy visible. En 1946 ya eran 238,508 los turistas

8
Rogelio Álvarez, El Turismo en México, 50 años de Revolución, Fondo de Cultura Económica, México, 1960, Cuadros Estadísticos.
Arturo Santamaría Gómez

extranjeros y cuatro años después 408,1239.


Por varias décadas, la ciudad más visitada por los turistas extranjeros fue la
capital de la república. De 1929 hasta finales de los sesenta la Ciudad de México
recibió más turistas que cualquier otra ciudad o estado del país. Por ejemplo, en el
año de 196710, los turistas estadounidenses visitaron a la república en el siguiente
orden de importancia:

Destino Número de turistas Avión Auto y otros


México 640,000 66% 32%
Acapulco 295,000 70% 30%
Guadalajara 165,000 50% 50%
Monterrey 100,000 20% 80%
Mazatlán 75,000 100% 0%
Mérida-Cozumel 35,000 90% 10%

Otra encuesta realizada en 1964 por el Departamento de Turismo del gobierno


de la república observó que el 77.5% de los turistas habían visitado las siguientes
ciudades:

México 37%
Acapulco 19.3%
Guadalajara 7.4%
Monterrey 7.4%
Mazatlán 4.9%
Veracruz 1.5%

Ambas estadísticas revelan contradicciones o insuficiencia de información. La


primera, por lo menos en el caso de Mazatlán, ofrece porcentajes evidentemente
erróneos porque de ninguna manera el cien por ciento de los turistas extranjeros
arribó exclusivamente en avión. En esa década había un flujo turístico extranjero y
nacional mayor que llegaba por carretera. En la segunda información, no aparece
el corredor Mérida-Cozumel como importante destino turístico y en cambio sí lo
hace Veracruz. En tres años no es creíble que se hubiese modificado tan
radicalmente el movimiento turístico. Es, entonces, claro que las estadísticas aún
no eran muy confiables en la década de los sesenta. No obstante lo anterior, lo
cierto es que esa década fue maravillosa, tal y como la califica para Europa y
Estados Unidos, Luis Fernández Fúster, en su Historia general del turismo de
masas. Este autor apunta que a veinte años de finalizada la Segunda Guerra
Mundial, el crecimiento mundial del turismo fue espectacular, pero no en todo el
mundo fue así. Para América Latina los turistas extranjeros pasaron de 1,4

!
Ibid.
10
Estudio General del Desarrollo del Turismo en México, Impulsora de Empresas Turísticas S.A, de C.V. México D.F.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

millones en 1962 a 2,4 millones en 1967, lo cual para Fúster fue muy poco
comparado con las zonas más desarrolladas del mundo. Quizá para los indicadores
europeos, el crecimiento latinoamericano no fue muy importante, pero al menos
para la Cámara de Comercio de las Américas, en su reunión de Puerto Rico, en
mayo de 1971, México fue considerado como país modelo en el mundo en cuanto
a desarrollo turístico se refería, ya que su tecnificación lo colocaba a la cabeza del
hemisferio en la materia11. En realidad para México el avance sí fue sustantivo, a
diferencia de lo que afirma Luis Fernández, porque nuestro país se colocó entre los
primeros seis países receptores de ingresos turísticos en el mundo a partir de 1970,
cuando nos visitaron 2,245,482 turistas del exterior12, cifra que se incrementó en
1971 con la devaluación del dólar en relación a las monedas europeas más fuertes
y que benefició a México gracias a una intensiva y novedosa campaña publicitaria
en Estados Unidos que ofrecía descuentos del 10% en la tarifa hotelera. Mazatlán
compartió el crecimiento de esa oferta coyuntural cuando, a partir de octubre,
empezó a recibir un promedio diario de 145 turistas extranjeros aéreos, lo cual era
significativo para sus promedios13, y en el conjunto del año recibió 275,000
turistas nacionales y extranjeros, con una estancia promedio de cuatro días y un
gasto promedio de 2,500 pesos14. Además, para el carnaval de 1972, de los 7,000
cuartos reservados, el 60% eran para estadounidenses, 20% para mexicanos y el
20% restante para canadienses, franceses, alemanes y japoneses15, lo cual hablaba
de la notable presencia de turistas extranjeros en esa temporada.
En los sesenta y setenta, Mazatlán se incorporó como muchas otras ciudades del
mundo a la industrialización del paquete turístico y dejó atrás el turismo artesanal,
aquél donde el viaje, el alojamiento y los servicios complementarios son solicitados
por el cliente a su propia voluntad16; es decir, con la industrialización turística plena,
la oferta turística se integra en un solo paquete. “ A este fenómeno -dice Hernández
Fúster- se le denomina integración vertical y tiene por finalidad colocar todo lo que el
turista compra en su forfait bajo un control financiero común. La integración vertical
se inicia cuando se muestra claramente que no existe más que un sólo mercado y que
el control de los elementos que integran el producto permitirá hacer economías de
escala y, con ello, poner a la venta un producto o paquete integrado”.
En los setenta, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico) afirmaba, en una consideración muy optimista, que el turismo tenía un
potencial económico casi ilimitado. Los sostenidos avances de los maravillosos
sesenta, como dice Fúster, llevaban a que en todas partes se esperara un crecimiento
ininterrumpido de la industria. México en su conjunto y Mazatlán en particular
compartían esa visión optimista. Con una tasa anual de 6.5%, en 1970, según el
gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, México se situaba en el segundo lugar de
crecimiento económico mundial. El llamado Milagro Mexicano todavía se sostenía en

24 1969, p.71.
‘ El Sol del Pacífico, 24-V-1971.
!
El Sol del Pacifico, 5-VI-1971. ‘Ibid, 22-
X-1971.
!
Ibid. 4-X- 1970.
■ Ibid, 10-XI- 1971.
16
Hernández Fúster, Ibid, p.764.
Arturo Santamaría Gómez

1970, pero para 1974 con la crisis del modelo económico del Desarrollo
Estabilizador, y la crisis mundial de los precios del petróleo y la recesión, el turismo
en México y en el mundo entró a una fuerte contracción.
Es en esta coyuntura cuando Mazatlán experimenta el fin de un amplio periodo de
crecimiento sostenido y el nacimiento de una nueva etapa en su industria turística,
acorde a la que señala Hernández Fúster. En 1972, dice Enrique Vega, Cronista de
Mazatlán, empieza la tercera etapa de la economía turística del puerto, cuando se
eliminan algunas restricciones legales que limitaban la inversión extranjera en áreas
productivas, constitucionalmente exclusivas para los nacionales (...) A partir de dicha
ley, se expande durante los años setenta y ochenta una nueva modalidad de
desarrollo capitalista en el sector de los servicios: los hoteles y complejos turísticos
de tiempo compartido. Estos operan bajo el control indirecto de consorcios
internacionales, que comercializan a futuro una parte de los servicios de las
empresas miembros, en una gran cantidad de países17.
Los inicios de la segunda etapa, que Vega Ayala establece en 1961 y que en esta
investigación se ubican, bajo un criterio metodológico más urbano espacial que
económico, entre 1955 y 1957 (con el establecimiento primero del Hotel Playa
Mazatlán, y con ello el primer antecedente de la Zona Dorada, y después con el Hotel
De Cima, en 1957, el primero de la Avenida del Mar) termina en 1972, llegando a su
fin el Milagro Mazatleco, y la época turística de los maravillosos sesenta.

17
Enrique Vega Avala, “ El turismo sinaloense”, en La Sueva Economía de Sinaloa, 1987-1992, Colegio de Economistas del Estado de
Sinaloa, A.C. 1992.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO III

EL TURISMO COMO INDUSTRIA

El fin de la Segunda Guerra fue el gran acontecimiento mundial que anunció


el inicio de un crecimiento económico sin precedentes en varios países del
mundo, incluyendo en los primeros lugares a México y Estados Unidos.
El aumento en la producción industrial y agrícola, la construcción de
carreteras, aeropuertos, presas, grandes centros escolares, tendido de líneas
telefónicas, la extensión de las transmisiones de la radio y la masificación de la
televisión, etc.; así como el aumento en la capacidad adquisitiva de la mayor parte
de la población se tradujo en un gran salto en el bienestar de la sociedad
norteamericana. En México, estos cambios fueron considerablemente menores
pero no dejaron de ser importantes, a tal grado que fueron el inicio de un periodo
calificado como “El Milagro Mexicano”.
Dentro de las estrategias que se impulsaron para lograr un crecimiento
económico sostenido se consideró al turismo como una actividad prioritaria. Aún
antes de que terminara la guerra en 1945, el gobierno de Manuel Ávila Camacho
y más particularmente la Secretaría de Gobernación, cuyo titular era Miguel
Alemán Valdés, creó un fondo para la promoción internacional del turismo entre
Arturo Santamaría Gómez

la Asociación Mexicana de Turismo y la Secretaría de Estado mencionada18. Esta


combinación gubernamental y privada abrió agencias promotoras en Nueva York,
San Antonio, Los Ángeles, Nueva Orleans y Tucson.
Miguel Alemán, presidente que le otorgó una gran importancia al turismo
mexicano, veía en esta actividad un gran potencial económico para el país (y
también para él mismo, como se sabría más tarde) pero también un medio para
dar a conocer a extranjeros y nacionales las tradiciones, costumbres, historia y
folklore nacionales.
Durante su campaña presidencial, Miguel Alemán le dedicó al turismo una
mesa de trabajo como parte de los temas económicos y sociales que tendrían
relevancia en su gobierno. Tal reunión se celebró en Acapulco, el puerto turístico
consentido por el régimen, el 11 de septiembre de 194519. Ahí se presentó la
ponencia llamada El Problema Nacional de la Industria del Turismo.
En ese documento se planteó la necesidad de construir más hoteles, medios
publicitarios y aligerar los trámites de internación de los turistas extranjeros. La
ponencia, que estaba estructurada en tres partes, apuntaba en la primera de ellas que el
turismo nacional y extranjero había aumentado considerablemente por lo que deberían
reestructurarse ciertas políticas de gobierno para atenderlo con más eficiencia. Las
propuestas más concretas y que más adelante se materializarían fueron las siguientes:
1) Otorgar vacaciones escalonadas en los meses de abril, mayo, junio,
septiembre, octubre y noviembre a los trabajadores del Estado, como una respuesta a
las aglomeraciones en aeropuertos, centrales de autobuses y estaciones de ferrocarril,
en los sitios turísticos, hoteles y restaurantes durante los pocos periodos vacacionales
hasta entonces existentes, lo que en su conjunto provocaba un aumento de precios3.
El plan, propuesto por la Asociación Mexicana de Turismo, se decretó
oficialmente el 30 de agosto de 1945 y se estructuró en doce turnos, de veinte días
consecutivos cada uno durante los meses de abril, mayo, junio y diciembre4,
aplicándose a todas las Secretarías de Estado.
2) Se concederían descuentos especiales en los periodos vacacionales por parte
de las empresas de transportes y hoteles.
En el segundo apartado de la ponencia se abordó la relación entre los servicios
turísticos (ferrocarriles, carreteras, autobuses, aviación, alojamiento, escuelas de
capacitación técnica, aduanas, salubridad, protección a los turistas y “la afirmación de
los valores mexicanos”) y su publicidad.
Se le dio una especial atención a la situación de los ferrocarriles por ser el medio
de transporte más utilizado por los turistas. Se propuso, entonces, adquirir coches de
primera y carros dormitorios, establecer servicio diario de pullman directo a las zonas
turísticas, dotar de aire acondicionado y restaurante a ese servicio, reducir tiempos de
salida y llegada y mejorar la puntualidad. Establecer restaurantes higiénicos y de
buena calidad en las estaciones de llegada, y atender con cortesía a los pasajeros20.
Para fortalecer el turismo carretero, la AMT propuso estos objetivos:

18
Leticia Ríos Rodríguez, Cronología del turismo en México de Miguel Alemán, Tesis de Lic. En Turismo, IPN, México,
D.F., 1991, p. 19. 27
19
Ibid, p.24.
20
Exce'lsior, “ El FF.CC dentro del turismo, 31-VIII-1945, p.1-9, lera.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

1) Otorgar a los inversionistas privados concesiones para el levantamiento de


hoteles y moteles, así mismo como restaurantes y cafeterías a lo largo de los caminos
turísticos.
2) Construir gasolineras con talleres mecánicos y sanitarios, puestos de auxilio
y señalamientos de tránsito.
El asunto de las gasolineras era de relevancia particular porque se hizo frecuente
que surgiera la venta clandestina del combustible ante su escasez en las carreteras21.
Fue justamente en este periodo que, con el aumento del parque automovilístico
nacional y la construcción de nudos carreteros, como la Carretera Panamericana, se
incrementó tanto el consumo de gasolina y diesel como el turismo por tierra.
Por otra parte, la transportación área aumentó su flota y varió sus rutas entre
México y Estados Unidos gracias a los vuelos “Clipper's Constelation” de Pan
American World Airways y Aeronaves de México (fundada en 1934).
A partir de los años sesenta, los vuelos aéreos sustituirían a los automóviles y
casas rodantes como el transporte favorito del turismo internacional, así como los
automóviles también desplazaron a los ferrocarriles como el medio de traslado más
favorecido por los turistas después de la segunda guerra. En Estados Unidos la
reconversión sería más acelerada que en México, pero aún así las nuevas carreteras
mexicanas hicieron posible el inicio del turismo de masas. En Mazatlán, con el
estreno de la carretera pavimentada desde Nogales, se empezó a vivir a partir de 1948
un ascenso de la actividad turística.

21
El Nacional, “Continúa el problema de gasolina en carreteras”, 20-XII- 1945, p.2, lera.
Arturo Santamaría Gómez

El turismo de masas en Mazatlán

CAPÍTULO IV

EL TURISMO LLEGA A LAS PLAYAS MEXICANAS

La revolución de 1910-1921 no modificó la centralización del poder político y de


las inversiones económicas que desde antiguo se daban en la Ciudad de México. La
ciudad más poblada, con mayor infraestructura urbana, abundante en actividades
culturales y mayor escolaridad del país siguió siendo la capital de la república. Su
vida y la de estados cercanos como Puebla, Morelos, Querétaro, Estado de México,
Michoacán, Jalisco, Guerrero y Guanajuato, concentraban varios de los capítulos más
destacados de la historia nacional desde la guerra de Independencia; así como la
arquitectura, las artesanías, museografía, gastronomía, costumbres y tradiciones más
estereotípicas del país. En este entramado no fue inusual que, al iniciarse oficialmente
la industria turística en 1929 con el impulso del gobierno federal, la propaganda
gubernamental favoreciera a la Ciudad de México y estados circunvecinos. De esta
manera, las primeras excursiones masivas de turistas norteamericanos se dirigieron al
corazón de la república. Como una extensión lógica de lo anterior, los agentes
turísticos estadounidenses concluían que el rostro más representativo y urbanamente
mejor equipado de su vecino del sur era el altiplano. Todas las líneas férreas,
carreteras y escasas rutas áreas convergían hacia la ciudad capital.

28
El nacionalismo que se fermentó con la Revolución Mexicana recogió de los
estados del centro y sureste del país los símbolos culturales más propagandizados por
el nuevo régimen a través del cine, la Elradio, la literarura
Nacimiento en MAZATLAN
y los medios
del Turismo escritos; a pesar
de que los triunfadores de la lucha armada habían sido los generales norteños, de
cuyas regiones se recogieron pocas creaciones culturales (con la excepción del corrido
revolucionario) como representaciones imaginarias del nuevo pacto nacional. Por
ejemplo,el cine, que propagó nacional e internacionalmente los grandes símbolos y
temas nacionales entre los años treinta y cincuenta, seleccionó a la música de mariachi
y la jarocha como las más representativas del país, marginando las composiciones de
marimba, tambora o conjunto norteño.
Una estructura de comunicaciones más moderna, la concentración simbólica del
nacionalismo cultural y revolucionario, así como el reforzamiento del poder político
en el centro de la república, cuyo núcleo era la Ciudad de México, se enlazaron .para
convertirlo en la plataforma principal del desarrollo turístico del país.
Si la cultura oficial y la que propusieron cineastas, pintores, antropólogos,
historiadores y escritores mexicanos no recogieron toda la diversidad del país y
propuso una mexicanidad homogénea e idealizada, en Estados Unidos, casi nuestro
único abastecedor de turistas internacionales, la visión que se propagó fue una
versión caricaturizada de la anterior.
La propaganda turística mexicana ofrecía la imagen de un país pintoresco, amable
y al mismo tiempo impredecible, alegre y fiestero. Los norteamericanos aceptaban
gustosamente esa misma imagen y le agregaban los ingredientes de un país
aletargado, conformista, risueño y amistoso.
Prácticamente cualquier guía de turistas, libro o relato periodístico de viajes,
escritos por estadounidenses generalmente, de manera amable aunque poco objetiva,
resaltaban una imagen folklórica de México. Dos libros de viajeros y dos folletos
propagandísticos de los años treinta que hablan de Mazatlán dan testimonio de lo
anterior.
El libro “Gringa”. An American Woman in México”, escrito por Emma Linsday
Squier, publicado en 193422, decía de Mazatlán, en el capítulo que intituló Cocos y
Leyendas:
“Mazatlán es tan increíblemente pintoresco que no sorprendió saber que
compañías de cine lo habían invadido varias veces, para llevar la atmósfera mexicana
a las pantallas. El resultado fue típico de Hollywood”.
Y además decía, páginas adelante:
“Mazatlán no es real, ni podría ser. Es demasiado teatral, demasiado espectacular.
Es como un telón de fondo pintado para una comedia musical de Graustarkian. El
mar es más azul que cualquier otra agua podría ser, el espigado cerro, que balancea
un pequeño faro, es de un amarillo terregoso. Las pequeñas casas de adobe que se
agarran a las laderas y pendientes avaras de escalones son tan violentamente verdes, y
azules, rosas y rojizas que solo un pintor panorámico podría pintarlas mejor en un
lienzo. Las larguiruchas palmas de coco dibujan una silueta como luces de bengala en
el cielo azul cobalto. Uno siente que si el extravagante paisaje se resistiera a
desaparecer de nuestra vista, tendría que ser más amable para que estuviera siempre
frente a nosotros, forzándonos a creer que existe”.
“Mazatlán siempre ha sido extraordinario. Incluso el significado de su nombre
Tierra de venados, sugiere que, probablemente en los días de los aztecas, era un
paraíso de los cazadores”. (Evidentemente, la autora desconocía que los aztecas no

22
Emma Linsday Squier, “Gringa”, An American Woman in Mexico, Hougton Mifflin Company, The Riverside Press Cambridge, Boston
and New York, 1934, pp.73-81
llegaron a asentarse en estas tierras).
La autora, con ingenuidad y simpatía, recogió de algún lado la ficticia historia
colonial de Mazatlán
Arturo Santamaría (la cual ha sobrevivido en el discurso oficial local y en el
Gómez
imaginario popular hacia inicios del siglo XXI) de que, del dorado puerto del Pacífico
salían galeones cargados de oro y plata hacia Oriente. Así mismo aceptó la versión
dominante entre las clases ricas de Mazatlán de que la revolución de 1910 sólo había
destruido la prosperidad que habían llevado los inversionistas extranjeros a la ciudad
y la había abandonado sin aliento y desolada en “el regazo del golfo azul de
California y los brazos del dorado brillo del sol”. Emma, encontraba en Mazatlán un
clima perfecto: cálido, de días deliciosos suavizados con la fresca brisa del mar.
Engolosinada con la cuna de la tambora, la señora Linsday encontraba su suelo
incomparablemente fértil y los minerales preciosos, abundantes. Así que, frente a
semejante riqueza y pasada la tormenta revolucionaria, ella creía que en “los días por
venir, Mazatlán recuperará su propio lugar como uno de los puertos más importantes
del oeste de América del Norte”; pero, a pesar de las deslumbrantes bellezas naturales
que Emma Linsday veía, el promisorio futuro lo avizoraba no en el turismo, sino en
la industria y el comercio.
La señora Linsday Squierno aventuraba este último deseo por sí misma, sino que
lo recogía de las opiniones y aspiraciones de los gobernantes y hombres de empresa
del puerto. El gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas iniciaba en esos años una
nacionalista política de industrialización. En Mazatlán, como en la mayoría de las
ciudades mexicanas, había el firme convencimiento de que el camino de la industria
era el necesario para alcanzar la prosperidad que gozaban los países ricos, aunque
justo en los años que se publica la obra de nuestra autora, había en Estados Unidos y
Europa, la más grande crisis económica de la era capitalista.
Mazatlán tenía importantes antecedentes de puerto industrial de algo más de
cincuenta años. A principios de los ochenta del siglo XIX se habían establecido la
Fundidora de Sinaloa y la Cervecería Pacífico, así como otros pequeños locales
manufactureros. En los años que escribe la señora Linsday, justo en 1933, los
mazatlecos veían con optimismo el futuro del puerto porque, a pesar de la depresión
de muchos negocios, había una fiebre constructora tanto pública como privada. Ese
periodo también fue de ruptura arquitectónica en Mazatlán porque se empezaron a
levantar los primeros edificios y casas de estilo moderno, higiénicos y confortables,
decían los periodistas de la época. En 1933 ya se había terminado de construir el
rompeolas de la bahía que iba de la Isla de la Piedra a la de Chivos. El muro unía al
Cerro del Vigía, reforestado en ese mismo periodo, con el Cerro del Crestón. Con esa
obra se cerraba la que hasta entonces había sido la fatídica bocana del Crestón, que
había sido tumba de innumerables embarcaciones grandes y chicas durante la época
de temporales23. De igual manera, se trasladó la descarga de aguas negras que
desembocaba en Playa Sur para hacerlo de manera subterránea en Olas Altas;
continuaron las obras de la carretera de terracería entre Culiacán y Mazatlán, y se
iniciaba la pavimentación de la Gabriel Leyva, Gutiérrez Nájera, Juan Carrasco, y los
Paseos Claussen y Centenario24; en el cerro de la Nevería se construyó un túnel con
15.5 metros de longitud para que transitaran carros de turismo; en el antiguo Fuerte
22 de Diciembre se plantaron cinco mil pinos; se construyó la Calzada Emilio
Carranza y se amplió la Gutiérrez Nájera25. Así que, en medio de una gran ola de obra
pública, no era descabellada la opinión de Emma Linsday. Además, el turismo como
actividad económica a gran escala era en esos años algo todavía muy bisoño en el país

23
El Demócrata Sinaloense, 11- VIII- 1933, p.3
24
El Demócrata Sinaloense, 24- I- 1934 y 27-V- 1934.
25
Ibid, 14- XII- 1933.
en general y en Mazatlán en particular. Por si fuera poco, al haberse iniciado en
México la promoción del turismo como una política de Estado, escasos meses antes de
la Gran Crisis de los países industrializados, el despegue
El Nacimiento turístico
del Turismo de nuestro país se
en MAZATLAN
retrasó durante prácticamente una década, el cual, en realidad, se inició una vez que
Estados Unidos salió de su recesión y regresó triunfante de la Segunda Guerra
Mundial.
Una muestra irrebatible de las pequeñas dimensiones de la joven industria turística
nacional eran sus modestas estadísticas. Las cuentas oficiales registraron solo 8,000
turistas extranjeros en 1920; 41,000 en 1929 y 90,476 en 194226.
Es posible que haya habido subestimaciones en la contabilidad de los turistas
extranjeros que ingresaban a México; los registros no eran muy precisos ni totalmente
confiables. De cualquier manera, el número de visitantes en esos años era en realidad
muy modesto.
No ayudaba al desarrollo turístico que ninguna ciudad del país, de sus costas o del
interior, tuviera un hotel con el confort de las metrópolis estadounidenses y europeas.
Por ejemplo, Acapulco hasta 1934 no tenía ningún alojamiento que pudiera resistir tal
calificación. Jorge Bronemberg27, en un reportaje sobre el que fuera el más importante
puerto turístico mexicano en los cincuenta y sesenta del siglo XX, decía:
“Hasta más o menos 1920, para llegar desde la Ciudad de México a Acapulco
había que viajar durante una semana. Primero, en ferrocarril hasta Iguala y, desde allí,
a caballo hasta Acapulco. El 12 de noviembre de 1927 llegó a Acapulco el primer
automóvil por un camino que fue el antecedente de la autopista de hoy. Los que
emplearon la nueva vía encontraron para alojarse sólo un par de casas de huéspedes;
el primer hotel propiamente dicho abrió sus puertas en 1934”.
Con la inauguración de la carretera Ciudad de México-Acapulco, en 1927, los
proyectos turísticos de empresarios mexicanos y estadounidenses empezaron a brotar.
El diario Excélsior, el 7 de noviembre de 1927, daba cuenta de ello:
“Hace algunos días que al puerto de Acapulco llegó el yate “Oaxaca”, propiedad
de unos multimillonarios de California. Los capitalistas norteamericanos viajaban
acompañados de sus familiares, y al llegar al puerto de Acapulco se enteraron de la
grandiosa carretera que se había inaugurado días antes entre México y el importante
puerto de Acapulco. Se nos informa que los capitalistas norteamericanos formularon
desde luego unas minutas de contrato para obtener la concesión del gobierno para
edificar un balneario con todo el confort y todas las comodidades que tienen esos
establecimientos en Europa y Estados Unidos. La fácil comunicación entre México y
Acapulco por la carretera automovilística fue la base para que los millonarios
americanos pensaran en hacer una fuerte inversión en el balneario. Proyectan invertir
$500,000 en su construcción”.
Acapulco, como destino turístico, gozó desde un principio de una privilegiada
ubicación geográfica: ser la playa más cercana de la capital nacional, la ciudad más
poblada, rica y mejor comunicada con el resto de la república y Estados Unidos,
ventaja con la que no contaba Mazatlán ni ningún otro puerto. Con la población
urbana más numerosa del país y las emergentes clases medias de la capital república,
Acapulco, gracias a esa nueva carretera asfaltada, estuvo en condiciones de recibir a
los turistas que empezaron a trasladarse en automóviles y autobuses. Agregaba el
mismo diario Excélsior, el 14 de diciembre de 1927:
“Como consecuencia de la apertura del nuevo camino que une a México con

26
Roberto Chandler Cabrera, Turismo: teoría y el caso de México, Tesis de Licenciatura, Escuela de Contabilidad, Economía y
Administración, ITSEM, Monterrey, Nuevo León, Oct. 1966, tabla III.
27
Citado por Héctor Manuel Romero, Enciclopedia Mexicana del Turismo II, Crónica Mexicana del Turismo III Parte, Limusa, México,
1988, p.18.
Acapulco, un numeroso grupo de capitalistas se ha interesado en llevar a cabo la
construcción de hoteles modernos en diversas poblaciones y en la realización de obras
deArturo
embellecimiento en Acapulco, a efecto de que el turista cuente con toda clase de
Santamaría Gómez
atractivos para poder ir a tal punto a veranear”. En la promoción del puerto
guerrerense estaban asociados hoteleros norteamericanos y mexicanos, y empresarios
de otros ramos como “los representantes de numerosas casas vendedoras de
automóviles que, al igual que todos los propietarios de hotel, están interesados en que
se fomente el turismo en nuestro país”, decía el mismo periódico.
En Acapulco como en Mazatlán fueron particulares los que invirtieron en hoteles
y restaurantes, pero fue el gobierno el creador de la infraestructura de comunicaciones
y, al interior del país, el principal promotor de los atractivos turísticos de esos puertos
y otros destinos. No obstante, organismos civiles como los rotarios también
contribuían a la difusión y en el mismo año de 1927 publicaron la revista México, que
señalaba los sitios “donde hay clubes; breve reseña histórica, geografía y turismo
(itinerario para excursiones, viajes de negocios, etc.), vías de comunicación
(ferrocarriles, teléfonos, telégrafos, etc.); recursos naturales (agricultura, minería,
petróleo, pesca, forestal, fibras, etc.); industria, periodismo, educación”; además de
costumbre, música, poesía “y otras manifestaciones artísticas netamente mexicanas”.
Los rotarios mazatlecos también eran impulsores del turismo pues, con frecuencia,
organizaban reuniones nacionales e internacionales en el puerto, como la que
congregó más de trescientos de sus miembros, provenientes de Guadalajara, Durango,
Torreón y la Ciudad de México en su Convención de 1934, cuando invitaron al Dr. H.
A. Fisk y ocho profesores de nacionalidad estadounidense para dictar una conferencia
sobre la industria turística, o cuando atendieron a la primera gran excursión de turistas
de Monterrey y la Laguna que llegaron a Mazatlán para tomar baños de mar. La
atención mazatleca fue de tal calidad que los regios publicaron en El Demócrata
Sinaloense, del 4 de enero de 1933, un Manifiesto de Reconocimiento1.
En 1932, la Asociación Turística Mexicana, la primera en su género dentro del
país, publicó la revista El Turista Mexicano. El editorial saludaba así a sus lectores:
“Al iniciar México la patriótica labor de la campaña pro-turismo, al comenzar la
publicación de nuestra revista El Turista Mexicano28 y echar los cimientos de una
poderosa agrupación, reuniendo en su seno a todos los mexicanos y extranjeros que
quieren conocer mejor las bellezas de la patria y disfrutar de sus encantos siempre
nuevos, dirigimos un cordial saludo a todos los turistas del mundo” (... porque) “el
turismo enseña a los pueblos de la tierra a conocerse y comprenderse mejor” (ya que
los turistas) “son artesanos de la paz”. A su vez, desde ese primer número de su
revista, la asociación de empresarios del ramo apuntaba los lugares comunes de la
propaganda turística mexicana:
“México es uno de los países más interesantes del mundo, por el encanto de su
naturaleza sumamente variada, por las razas muy variadas que habitan en su suelo, y
por las joyas artísticas y arqueológicas”.
Los propósitos de la Asociación Turística Mexicana eran fundamentalmente los de
“darle divulgación (a los atractivos mexicanos) por medio de la imprenta, (...)
colaborar con los esfuerzos que el Gobierno ha realizado en pro del turismo” y buscar
la coordinación de muchas personas y organizaciones que aisladamente promovieron
el turismo con escasos resultados “por falta de una publicidad eficiente y bien
organizada”.
En los años treinta, el sol y playa no es lo que más publicitaban los escasos
organismos turísticos gubernamentales o privados, sino las ciudades y pueblos

28
El Turista Mexicano, Director Rafael Loera Chávez, Vol.I, mayo, 1932, México, D.F.
mexicanos con riqueza arquitectónica colonial y variada producción artesanal. Así que
en este escenario, ni Mazatlán ni Acapulco gozaban de las preferencias de los
organismos mexicanos que impulsabanElelNacimiento
turismo nacional e internacional.
del Turismo en MAZATLAN
En el plano internacional y más particularmente en Estados Uñidos, en contraste,
sí se promovían tanto a Acapulco como a Mazatlán, porque invertían en ellos. Al
menos la compañía ferroviaria Southern Pacific29 sí publicitaba al puerto sinaloense
en sus folletos turísticos. En su edición de 1933, se leía en la publicidad de la empresa
californiana escrita por el periodista de San Francisco H. K. Reynolds:
“Esto es apenas un recuento de lo que un turista promedio hizo y vio durante su
primer viaje a México” (...) “Por supuesto que ya tenía una idea de México antes de
partir, pero estaba equivocado. El único México que yo había visto era Tijuana”.
(...) “Encontré al pueblo mexicano extremadamente cortés, amistoso y feliz”. (...)
“En México todo es inconscientemente bello. El modo en que un pobre porta su
sombrero, y la manera con la que cuelga su sarape. La forma en la que están
dispuestas las tejas en los techos. La bardas de adobe. Nada es simétrico (...) Usted
puede apuntar su cámara a cualquier objetivo y obtener una buena fotografía”.
Del puerto sinaloense hace una rápida descripción:
“Mazatlán es un pueblo pequeño. Los libros de viajes hablan de 38,000 habitantes,
pero un viejo residente me dijo que 20,000 era una cifra más real. Es un pueblo
divertido, pero su diversión se da más, detrás de las puertas de acuerdo a la moda
mexicana. Si usted está buscando casinos y vida nocturna no los encontrará aquí”.
“Mazatlán es un bello puerto tropical. Se encuentra en una península. En un lado
hay una amplia playa bordeada por altas y graciosas palmeras. Del otro, hay una
ancha avenida acompañada por el mar. En diciembre el clima era delicioso, aunque se
nos dijo que en verano era considerablemente más caliente”.
Nuestro narrador se hospedó en el Hotel Belmar, entonces ya con diez años de
antigüedad y el de más categoría en toda la costa occidental de México, aunque antes
de él, en 1920 habían abierto sus puertas el Hotel San José, y los mesones de La Luz,
Terríquez y Rosales; por cierto ese mismo año, se establece la primera farmacia
Moderna, en Cinco de Mayo y 21 de Marzo. El viajero describe al Belmar con una
decoración que no había en ningún otro lugar, inusual y atrayente a la vez. Sus
paredes estaban tapiadas de azulejos hechos a mano y había flores por doquier. Lo
recomendaba ampliamente y hacía lo mismo con el tradicional paseo en las Arañas,
pequeños carruajes de dos ruedas jalados por caballos o muías, que desaparecieron en
los años setenta. El Belmar, según los describe en la misma época la escritora Emma
Lindsay Squier30, estaba “considerablemente americanizado en su estilo” a pesar del
patio andaluz con mosaicos pintados a mano, las palmeras y los naranjos. Bajo el
regreso a la gerencia de Don Ángel Velazco, en 1933-1934, se construyeron la
peluquería y una tienda de curiosidades, así como la agencia de viajes. Los turistas
norteamericanos caracterizaban al Belmar por dos cosas, dice Linsday: en lugar de
escaleras tenía rampas y por una boa que se presumía como mascota, llamada Pancho,
la cual permanecía enrollada durante el día como una enorme manguera, entregándose
en la noche a la vida predatoria, cazando ratas con mucha efectividad y asustando
gringos. Aparte de estos hechos anecdóticos, ajuicio de esta misma escritora, los
turistas de su país la pasaban muy placenteramente en Mazatlán, “aún con todo y las
numerosas revoluciones (Lindsay se refiere al levantamiento de los escobaristas) y al
despotismo local de dictadores temporales”. Marian Storm31, otra escritora
norteamericana que visitó Mazatlán en 1929, recordó que durante su estancia en el

29
“México. What an average lourist saw and didin a three weeks’trip”. Published by Southern Pacific, 1933.
30
Emma Linsday Squir, ibid, pp.76-78.
31
Marian Storm, Little Known México. The story of a search for a Place, Hutchinson and Co. Ltd. London, 1932, pp. 163-179.
puerto: “... los agraristas habían matado a dos soldados, y de repente, en el Belmar,
despectivamente y sin siquiera echar una mirada a las asustadas turistas que se mecían
enArturo
las poltronas esperando
Santamaría Gómez las pusieran a salvo, llegaron estos rudos proletarios. Eran
hombres oscuros, enfundados en overoles viejos, grandes y maltratados sombreros,
huaraches, bigotes negros y aire preocupado. Estaban conscientes de que serían
atendidos, y en efecto el gerente, de nacionalidad española, recibió a estos indios con
formal atención, mientras que su esposa gruñía y despotricaba inútilmente, al mismo
tiempo que los turistas observaban atentamente”.
(...) En marzo de 1929, cuando empezó la revolución, mucha sangre corrió en
Mazatlán. Los poetas de la ciudad cuentan en prosa de a cinco centavos cada historia,
las batallas en las cuales todos los nombres son familiares para la gente del puerto.
Todavía existen las fortificaciones en ruinas, y una tragedia que no se olvida
aposentada sobre el aire quieto e iluminado por el sol”.
El turismo en Mazatlán se abría campo a pesar de la intensa agitación social y la
lucha política que caracterizó a los primeros años de la revolución institucionalizada.
Numerosos movimientos sociales, como la huelga inquilinaria, se desatan como
preludio a le época cardenista que encauzó institucionalmente las luchas sociales. No
obstante la agitación social, había tiempo para el romanticismo en los compositores y
cantantes mexicanos. Si Agustín Lara le componía canciones a Veracruz y Granada,
Gabriel Ruiz, nacido en Jalisco, seducido por nuestro puerto le compuso en 1938,
Mazatlán, y posteriormente, Noches de Mazatlán, Mazatleca y Secretos de Mazatlán.
Los mazatlecos visionarios encontraban que el puerto que los vio nacer por su
“situación en el litoral avanzado del Océano Pacífico, puede ser fácilmente visitado
sobre todo por turistas provenientes de los Estados Unidos de Norteamérica en
vapores que hacen el recorrido desde San Francisco”32.En efecto Mazatlán gozaba de
una infraestructura urbana y una ubicación geográfica que ningún otro puerto gozaba
en el oeste de México. La principal ciudad sinaloense ya conocía las agencias de
viajes desde el siglo XIX, pero las primeras no eran propiamente turísticas y tenían
que ver con los viajes en vapores y después con ferrocarril. A principios de los treinta
del siglo XX, Saco's Tours era una agencia de viajes que atendía propiamente a
turistas. Pedro Rodríguez, que se había educado en California, era uno de sus
guías. Este y otros mazatlecos hicieron que el periodista del Southern Pacific
encontrara en Mazatlán “una diversión espontánea y buen humor... que le ganaron
el corazón”.
La espontaneidad, el buen humor y la vida relajada eran rasgos observados en
la vida cotidiana del puerto por propios y extraños desde el siglo XIX. Aún antes
de que el Carnaval se institucionalizara en 1898, el ambiente de fiesta y amistad
eran sellos distintivos de Mazatlán.
Las ciudades mexicanas del siglo XIX, incluyendo la misma capital del país,
no presumían una limpieza y salud pública que ya habían alcanzado las
principales concentraciones urbanas de las sociedades industrializadas. Algunas
de ellas exhibían grandes y suntuosas edificaciones, muchas de ellas de origen
colonial. Mazatlán en realidad carecía de historia colonial, muy pocos años había
vivido bajo ese régimen, pero a partir de la restauración de la república, una vez
derrotada la invasión francesa en 1867, inició la construcción de elegantes casas y
grandes almacenes financiados generalmente con capitales de comerciantes
españoles, alemanes, filipinos, italianos, estadounidenses, etc. La enorme
desigualdad social que se había heredado de la colonia no fue distinta en el
México independiente, por lo que, en cualquier región y ciudad mexicanas,

32
El Demócrata Sinaloense, 24- VIII- 1933.
contrastaban la riqueza notable y la pobreza más afrentosa. El lujo y la miseria
con frecuencia convivían cara a cara.
La Revolución Mexicana, atemperó las diferencias
El Nacimiento sociales,enpero
del Turismo no eliminó
MAZATLAN
la miseria y la suciedad del campo y las ciudades. En las décadas de los veinte y
los treinta, cuando nace el turismo en Mazatlán, en el puerto se afilaban
mansiones de influencia francesa a lo largo del Paseo de Olas Altas, en la calle
Belisario Domínguez y en la Plazuela Machado, pero también corría abundante
suciedad en sus calles y desagües. El Demócrata Sinaloense33, diario mazatleco
que hizo época, informaba a través de la señora Concha Villarreal que, en 1939,
los turistas se quejaban de que la brisa olía a excremento por toda la Playa Norte.
“Mazatlán no cuida sus paseos, hay turbas de cangrejos, hacinamiento de basura
en los alrededores de la ciudad”, remataba la señora Villareal.
Frente ante a la insalubridad, el periódico proponía que “La Cueva del Diablo
podría limpiarse y hacerle una instalación eléctrica y acondicionarla para
refresquerías, loncherías y orquestas que daría muy buenos resultados. Ahora está
cerrada y cubierta de desechos humanos”.
A su vez, un editorial34 del mismo diario, intitulado “Facilidades al turismo”,
enumeraba algunas de las dificultades que enfrentaba esta actividad:
“La impresión (de Mazatlán) no es siempre grata: calles con obstáculos
insuperables para el tránsito, mercado a simple vista poco higiénico, drenaje escaso
que puede originar epidemias, choferes y guías que explotan al turismo”.
En 1937, el gobierno municipal se había propuesto superar la insalubridad y las
carencias en los servicios públicos del puerto con obras para traer agua que fuera
potable del todo, y para que dejara de ser un peligro su escasez y calidad. Se pretendía
que a toda costa Mazatlán estuviera “de acuerdo con los compromisos internacionales
en materia internacional y como puerto de primera categoría”.35 También ese mismo
año se echó a andar la iluminación total del Paseo de Olas Altas, el principal atractivo
urbano del puerto. Para adornar el Paseo, en 1930 se erigió la Estatua de la Libertad,
la cual fue posteriormente eliminada del paisaje mazatleco.
En 1939 se había formado el Comité Pro Turismo de Mazatlán, diez años después
de que se creara el mismo a nivel federal; pero la economía turística no se había
iniciado en el puerto a partir de un decreto y la aparición de un comité ad hoc, sino
que ya tenía diecisiete años de tener un hotel construido expresamente para alojar
turistas extranjeros y nacionales de altos ingresos, tal y como era el Belmar.
En efecto, el Belmar ya estaba en pie desde 1923 y el Central, ubicado en
Belisario Domínguez y Angel Flores, ya lo precedía desde el siglo XIX, al igual que
el Saint Francis. Por sus precios y características, el Belmar atraía más a los turistas
estadounidenses, y el Central a los viajeros nacionales. Tres o cuatro años después
abrieron sus puertas los hoteles San José y de France. Estos eran los únicos cuatro
hoteles del puerto en los años veinte y el Motel Los Arcos, a los cuales acompañaban
un conjunto de pequeñas pensiones y casas de asistencia, como la casa de huéspedes
Briggs, que ofrecían antes que todo su “buena reputación”; es decir, prohibían gustos
propios de la vida non sancta permitida en otros establecimientos.
Para evitar el funcionamiento irregular de los hoteles y casas de huéspedes el
ayuntamiento estableció el Bando de Policía para “Hoteles, Casas de Huéspedes y
Mesones”, el 23 de agosto de 193936, el cual estableció el siguiente reglamento:
I. No se podría funcionar sin la planta de patente que en cada caso otorgaba la

33
El Demócrata Sinaloense, Tomo XX, Mazatlán, Sinaloa, 13-VI1-1939. De aquí en adelante las citas se refieren al periódico, hasta
que aparezca otra indicación.
34
Ibid, 5-VIII-1939. 39
" El Día, 13-X- 1937, p.7.
“ El Día, 23- VIII- 1939, p.3
Tesorería Municipal, previo al pago de impuesto correspondiente.
II. Llevar un registro de los huéspedes con su nombre, edad, profesión, oficio,
entrada y salida de
Arturo Santamaría cada pasajero, así como el número de bultos y animales que
Gómez
cargaba.
III. Rendir diariamente a la policía un parte de las entradas y salidas durante las
24 horas anteriores.
IV. Poseer el suficiente número de escupideras para uso de los huéspedes.
V. Evitar la contratación de empleados o “servidumbre víctimas de
enfermedades o infecciones contagiosas”.
VI. Para los expendios de cerveza y cantinas se prohibía tener abierto antes de
las 6 horas y después de las 21 horas, sin el permiso escrito de la autoridad municipal
competente.
Lenta y accidentadamente, pero los hoteleros y autoridades mazatlecas van
encontrando la hebra del servicio turístico. Los pioneros, aún sin apoyos oficiales,
supieron sentar las bases de una industria de reciente invención.
El 18 de marzo de 1952, trece años después de este reglamento local, la L
Legislatura del Congreso estatal, al tiempo que gobernaba Enrique Pérez Arce,
decretó la Ley de Protección para Hoteles y Campos para Turistas37, en consonancia
con los planes de expansión y planificación que meses después propondría en su
campaña presidencial Miguel Alemán.
La primera ley estatal que se conociera en materia de turismo en Sinaloa, imponía
estrictas normas de construcción y estilo, cuando a la letra decía que las obras serán
“obligadamente de estilos que contribuyan al ornato y embellecimiento de las
poblaciones”, lo cual, en los hechos, no siempre se cumplió en Mazatlán porque
pocos años después empezaron a florecer edificios que estéticamente dejaban mucho
que desear. De igual manera, la ley demandaba que hubiese eficientes servicios de
corriente eléctrica, refrigeración y calefacción, ascensores, teléfonos, etc., pero
ningún hotel lasta antes del De Cima, en 1957, tuvo aire acondicionado y teléfonos,
incluso a principios de los sesenta la mayoría de los hoteles carecía de estos dos
último servicios.
La ley pretendía establecer reglas claras en el desarrollo hotelero del puerto, pero
parecía desconocer la capacidad financiera de los inversionistas locales porque exigía
que las nuevas construcciones tuvieran por lo menos cincuenta dormitorios con baño
anexo y restaurantes con una capacidad mínima del 75% de los huéspedes que
pudiera albergar el hotel, lo cual no fue cumplido por varias de las nuevas
instalaciones que a partir de entonces e edificaron. Incluso en 1971, el Hotel Hacienda
fue inaugurado con tan sólo 32 habitaciones. Mazatlán en los años cincuenta era un
centro turístico de pequeños hoteles y lo siguió siendo por varios años más, aún con el
levantamiento del Freeman, el Playa y el De Cima en esos años.
No obstante, la ley tuvo el mérito de iniciar la clasificación de los hoteles y
establecer oficialmente las características de hotel de primera categoría que, por
cierto, beneficiaba exclusivamente a los que estuvieran en el centro de la ciudad o
zonas evidentemente residenciales y/o comerciales.

Órgano oficial del Gobierno del Estado, 18-111-1952, Culiacán, Sin., pp.1-2-3.
Arturo Santamaría Gómez

CAPÍTULO V

MAZATLÁN ECHANDO REDES

a) Surcando los mares del Pacífico.


En la década del charleston y cuando las mujeres se subieron la falda del tobillo a
la espinilla, los automóviles eran pocos y los autobuses menos (fue hasta 1918,
cuando los Felton importaron los primeros autos Ford, tipo turismo), por lo que
vapores y ferrocarriles eran los únicos medios de comunicación del puerto con el
exterior. La compañía Naviera de los Estados de México, S.A., y Mala del Pacífico,
eran dos de las que transportaban turistas y carga para Mazatlán generalmente
partiendo de San Francisco, Vancouver y Los Ángeles. El Demócrata decía en una
nota informativa de 1922:
“Gran embarcación que está por visitarnos. Por noticias recabadas por nuestros
reporteros tenemos conocimiento de que en uno de los primeros días de la próxima
semana anclará en este puerto el vapor americano Ecuador perteneciente a la
Compañía Mala del Pacífico, procedente de San Francisco y de paso para Nueva
York vía Canal de Panamá. Cuenta con las mismas comodidades del Venezuela y trae
a bordo numerosos pasajeros que se pasarán varias horas en la ciudad, antes de salir a
su destino”38. Otras embarcaciones como el Motor Mazatlán, que pertenecía a
Marítima de Mazatlán, S.A., zarpaban a La Paz, Topolobampo, Yavaros, Guaymas y
Santa Rosalía.
Los primeros turistas extranjeros que viajaron a Mazatlán lo hicieron
necesariamente mediante los vapores porque el ferrocarril de Nogales empezó sus
corridas al puerto sinaloense hasta 1909, aunque, para entonces, el turismo era tan
sólo una actividad incipiente, prácticamente marginal para la economía local y
nacional. No obstante, su importancia residía en que esos pocos visitantes fueron los
primeros en propagar en Estados Unidos el encanto del puerto.
En los años treinta, Mazatlán se enlazaría marítimamente con centro y
Sudamérica, Cuba, Nueva York, China, Japón, India y gran parte de Europa.
Nacionalmente mantendría los enlaces con La Paz, Santa Rosalía y Guaymas, y hacia
el sur con los que se tenían vínculos comerciales desde el siglo XIX, como
Manzanillo y Acapulco. Como parte de esta expansión naviera, la Panamá Mail abrió
sus oficinas en 1932, y la compañía Grace Line ofrecía los destinos de Los Ángeles,
el cual se cubría en 55 horas; a San Francisco se llegaba en 25 horas más; a La
Habana se hacían 10 días y a Nueva York 13. De igual manera llegaban a Mazatlán
yates turísticos de lujo, como el Intrepid, que trasladaba a parejas adineradas de

38
El Demócrata Sinaloense, 19- X- 1938.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Nueva York, cruzaba por el Canal de Panamá, y hacía escalas en Acapulco y


Mazatlán con destino a San Francisco. Era frecuente que hombres de negocios,
hicieran escala en Mazatlán, procedentes de las grandes ciudades de Estados Unidos,
como sesenta de ellos que representaban a la empresa Building and Loan que, a bordo
del vapor Santa Elena, desembarcaran en el puerto el 18 de octubre de 193839. En
1941 el puerto estrenó su primer astillero para fabricar barcos pesqueros, pero sin
tener la capacidad para construir buques de pasajeros.
El auge turístico de Mazatlán y Acapulco en los años cincuenta, cuando el puerto
sinaloense ya superaba los 80 mil habitantes, alentó la apertura de más vuelos y
llegadas de autobuses, pero la navegación marítima no dejó de tener importancia
como sucedió con los ferrocarriles. En enero de 1955, por ejemplo, prominentes
empresarios de la industria naviera proyectaban el establecimiento de una ruta entre
los puertos turísticos del Pacífico mexicano y las costas del oeste de Estados Unidos
que, finalmente, se inauguró en abril de ese año40. El 19 de junio de esa misma
temporada, había zarpado de San Diego, California, el barco “Mazatlán”, rumbo al
puerto sinaloense y a Acapulco, el cual era exclusivamente de pasajeros.41
En 1957, la Cámara Nacional de Comercio de Mazatlán y el Comité de Hombres
de Negocios de Baja California Sur y Noroeste de México, seguían pugnando ante las
Secretarías de Marina y Hacienda para que se siguiera explotando el turismo
marítimo, ya que en esos este segmento tendía a la baja debido a los excesivos
trámites burocráticos que oponían dichas dependencias a los turistas norteamericanos
para internarse a México. Mazatlán, en ese año empezaba a resentir la disminución de
embarcaciones estadounidenses, y por tal motivo se apresuraban a hacer gestiones
que destrabaran las exigencias oficiales.

b) Los caballos de hierro recorren Sinaloa


A lo largo de los años veinte del siglo XX, Mazatlán tenía rutas férreas hacia
Guadalajara vía Acaponeta, Tepic, Ixtlán del Río; Chihuahua y Nogales pasando por
lugares intermedios, entre ellos Culiacán y Mochis. El tendido férreo que se inauguró
en 1923, durante el gobierno de Álvaro Obregón, y llegó a Guadalajara el 19 de abril
de 1927, fue de gran importancia estratégica para el desarrollo del Noroeste,
incluyendo Mazatlán, porque a partir de entonces la Perla Tapatía se convertiría en un
mercado importante para los productos agrícolas y pesqueros de la región, en un
surtidor de turistas para Mazatlán, y en una ciudad que atraía a cientos de jóvenes
estudiantes y hombres de negocios de Sinaloa y Sonora. La estación jalisciense
además conectaría al noroeste mexicano con la capital nacional.
La ruta entre Mazatlán y Nogales sería aún más importante porque a través de
ella llegarían al puerto los primeros grupos organizados de turistas estadounidenses y
porque la empresa propietaria de la industria ferrocarrilera, la Compañía del Sud
Pacífico, de capital americano, haría una publicidad constante de Mazatlán
prácticamente desde 1922. Esta empresa desde junio de 1909 era una subsidiaria de la
Southern Pacific, empresa de Estados Unidos que se enlazaba a lo largo y ancho de

1
La información de este capítulo fue tomada del diario mazatleco El Demócrata, la cual a su vez fue compilada en la
memoria aquí citada. Sin embargo, en ella se omitieron las fechas de publicación.
41
El Sol del Pacifico, 6-16-1955
Arturo Santamaría Gómez

su país.
La ruta de Nogales a Guadalajara era una de las cinco rutas escénicas de la
Southern Pacific, cuatro de ellas en Estados Unidos. Esta empresa ferrocarrilera que
promovió el turismo norteamericano hacia México, como parte de este negocio tenía
la subsidiaria Coast Hotel Co., la cual construyó en 1935 el Hotel Plaza de Cortés,
cerca de Guaymas, el primer albergue de lujo de esa ciudad. La Coast Hotel tenía
planes de invertir a lo largo del noroeste mexicano, pero después de 1940 ya no hubo
dinero para la expansión del Ferrocarril del Pacífico. La crisis de los años treinta,
“además de los amagos de los yaquis y bandidos se combinaban con catástrofes
naturales para interrumpir el servicio”42. En 1945, la propiedad fue rentada a México
Hotels LTD y fue vendido a la firma nueve años después.
El Ferrocarril Sud Pacífico de México utilizó las fiestas de carnestolendas para
promover a Mazatlán entre los habitantes de Estados Unidos, y también al béisbol
para acercar más a la gente de altos recursos de Culiacán. A partir de 1925 estableció
tarifas especiales de “excursión” para ir al Carnaval. Al ser, el ferrocarril el principal
medio de transporte para llegar a Mazatlán, la promoción del puerto y el traslado de
los turistas estaban prácticamente en manos de las empresas estadounidenses. La
Southern Pacific Company, para promover a Mazatlán, al iniciar los años treinta
redujo sustancialmente sus tarifas desde Arizona, California, Nuevo México, Nevada
y Texas, las cuales no sólo tuvieron éxito, sino que desde entonces establecieron las
rutas turísticas entre Estados Unidos y Mazatlán que imperarían por varias décadas.
En sentido inverso, la misma empresa promovía, especialmente en verano, las
excursiones de sinaloenses a San Diego, Los Ángeles y San Francisco. La Southern
Pacific, entusiasmada por sus éxitos en Sinaloa se propuso construir la vía férrea a
Durango, para la cual sus ingenieros hicieron los primeros estudios. Dichos proyectos
nunca se concretaron “debido a la depresión mundial, tormentas, inundaciones, la
pérdida de mercados para productos mexicanos perecederos, incrementos en los
salarios y huelgas en México”43.
En la segunda mitad de los años treinta, el servicio de ferrocarril hacia
Guadalajara había decaído mucho. El Demócrata informaba que, a raíz de una
numerosa excursión de mazatlecos a Guadalajara, se supo que se sobre vendían
asientos y que el agua que se servía a los mexicanos se tomaba de tanques de agua
usados por perros, cerdos y aves; en cambio “ los americanos que viajan en
pullman gozan de agua electropura”. En respuesta a estas quejas, la Secretaría de
Obras Públicas se dirigió a la empresa prohibiéndole que vendiera boletos que
superaran el cupo de los trenes.
Los escasos vínculos que tenía Mazatlán con la Ciudad de México se
empezaron a superar con el enlace en tren a Guadalajara. De esta manera se inició
la promoción turística de la Perla del Pacífico en el centro del país, y también se
emprendieron las primeras excursiones de mazatlecos a la capital federal, tal y
como lo anunciaban las Excursiones de Primavera. Los lazos comerciales y
turísticos con el Distrito Federal y sus alrededores empezaron a surtir efecto

42
Don L. Hofsommer, The Southern Pacific, 190-1985, Texas and M University Press. College Station, 1986, p.106
46 ‘ Ibid. p.133
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

porque en esos años los habitantes del centro del país empezaron a incluir a
Mazatlán en su lugar de descanso para las vacaciones de Semana Santa. No
obstante el nacimiento de una nueva fuente de turistas, la mala calidad del
servicio de los trenes le restaba atractivo a un viaje de más de veinticuatro horas
del D.F. a Mazatlán. Aparte de ser caro, decía El Demócrata a principios de 1942:
“el servicio de trenes está más atrasado que nunca, los coches, cuyas localidades
se diferencian muy poco de la primera y segunda, carecen absolutamente de
comodidades y los pasajeros viajan tan a disgusto que con razón prefieren pasar
sus vacaciones en otros lugares”. La calidad del servicio no pudo mejorar salvo
temporalmente, pero al menos a partir de 1946 sí se instrumentaron más corridas
entre Nogales y Guadalajara, y entre esta ciudad y el Distrito Federal.
Las deficiencias del servicio de trenes eran la muestra más clara que, para la
Southern Pacific, la ruta entre Nogales y Guadalajara ya no era un buen negocio.
El fortalecimiento de la industria automotriz en Estados Unidos y de paso en
México, donde la General Motors y la Ford ya habían instalado ensambladoras,
habían debilitado enormemente el negocio de transportación de pasajeros en
trenes. La construcción en Estados Unidos, bajo el gobierno de Franklin D.
Roosevelt, de rápidas, anchas y eficientes autopistas a partir de mediados de los
años treinta, inició la declinación de los ferrocarriles. Frente a ese escenario, los
norteamericanos prefirieron vender la empresa al gobierno mexicano en 1951, el
cual aprovechó lo que en realidad había sido un mal negocio para hacer
propaganda nacionalista. A pesar del cambio de propietarios y de que el gobierno
mexicano empezó a invertir para la rehabilitación de las vías férreas y
ferrocarriles, los accidentes, por el mal estado de las instalaciones y máquinas,
estaban a la orden del día. “Tal parece
que la expropiación del ferrocarril Sud Pacífico ha resultado contraproducente - decía
El Demócrata en 1953 pues el de por sí pésimo servicio continúa empeorando, hasta
el grado de llegar a un verdadero desastre”.

c) No todos los caminos llevaban a Mazatlán.


En 1922 mediante automóviles y camiones, llamados tranvías, se llegaba a Villa
Unión, Concordia, Mesillas, Zavala, El Verde y El Recodo. Había una ruta aérea a
Guadalajara y de ahí se conectaba a la capital de la república y a otras partes del país.
Fue en 1923, el año en que las Cámaras de Comercio de Mazatlán y Durango,
reunidas en La Ciénaga, empezaron a proyectar la construcción de la carretera que
unieran a las dos ciudades. Se decía que la vía costaría un millón de pesos, los cuales
serían aportados en partes iguales por los gobiernos de Sinaloa, Durango y la
Federación. En 1926, el Ingeniero Manuel Santillán hizo un estudio climatológico y
geográfico del estado de Durango como parte de los planes para la construcción de la
carretera. Pasarían cuatro años más, después de la reunión de La Ciénega, y no se
iniciaron las obras de la carretera. En 1927, el Presidente Plutarco Elías Calles daría
la orden para que “se construyera a la mayor brevedad posible”, pero tampoco su
palabra se convirtió en realidad. En 1937, el Senador por Durango, general Domingo
Arrieta, había obtenido la promesa del Presidente Lázaro Cárdenas de que se
47
Arturo Santamaría Gómez

concederían importantes recursos para los trabajos preliminares de la carretera. En


1939, el Senador Rodolfo T. Loaiza informaba que la Secretaría de Comunicaciones
y Obras Públicas tenían dos brigadas de ingenieros que estudiaban el proyecto de
construcción de la misma. El Gobernador Loaiza decía en 1940 que la carretera era
un hecho. En 1943 se insistía en que Mazatlán debía “pugnar por la carretera a
Durango, tan importante para el país y en especial para la región”. En 1946 se
anunciaba que quedaría terminada la carretera, pero una vez más no fue así. En 1949,
con la apertura de una línea de autobuses entre Mazatlán y Durango se inauguraba la
largamente esperada obra, pero quedaría totalmente asfaltada hasta 1960, treinta y
siete años después de que se proyectó y se hicieron los primeros preparativos para
construirla.
En 1935 estaba a punto de ser terminada la carretera Laredo - Ciudad de México, la
cual se consideraba de enorme relevancia para comunicar mejor a nuestro país con
Estados Unidos, y para 1937 ya había circulado en ella 670 automóviles de Estados
Unidos, con 2,500 turistas7. Este último año se anunciaron los planes para completar
el asfalto entre Nogales y Guadalajara que ya tenía 222 kilómetros de adelanto. En
1940 fue abierto a la circulación un tramo de esta pista y dos años después los
avances llegaban hasta la mitad del camino entre Culiacán y Mazatlán. Por el sur, los
trayectos entre Tequila e Ixtlán, y de esta segunda población a Tepic estaban muy
avanzados. Se calculaba que en cinco años más se concluiría, pero sería hasta 1948
cuando llegara por el norte a Mazatlán. La carretera internacional al igual que las vías
férreas que partían de Nogales fueron en parte promovidas y financiadas por
corporaciones estadounidenses interesadas en impulsar sus intereses en México. No
era gratuito que la Southern Pacific promoviera el turismo para Guaymas y Mazatlán
porque todas las ganancias del transporte en ferrocarril eran para ella. En la carretera
internacional Nogales-México las empresas de Estados Unidos invertirían 100
millones de dólares. En 1942 la vía de terracería ya había llegado hasta El Venadillo,
en las inmediaciones de Mazatlán. Seis años después empezarían a transitar sobre
ellas las primeras casas rodantes o tráiler houses de propietarios norteamericanos y
con ello se inauguraría un nuevo tipo de turismo en Mazatlán y el resto de México.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Mazatlán se precia de haber conocido muy tempranamente la navegación área,


puesto que ya en 1914, durante la revolución, conoció uno de los primeros aviones
que surcaron sus cielos cuando uno de ellos tiró desde el aire las primeras bombas que
se hubieren conocido en México. Mas la navegación comercial comenzaría nueve
años más tarde, una vez que el Secretario de Guerra y Marina firmó con la Compañía
de Navegación Mexicana (la cual era de capital estadounidense) un contrato para que
se brindara servicio aéreo de pasaje y carga entre Mazatlán y Guadalajara. En los años
subsiguientes la aviación de carga y postal seguiría desarrollándose en Mazatlán pero
poco la de pasajeros. No obstante, el 18 de octubre de 1931 se iniciaba el servicio
aéreo entre Mazatlán y La Paz, y entre Torreón y Mazatlán con escala en Durango.
Acapulco, el otro puerto mexicano que en la misma época se promovía turísticamente
se enlazó por la vía aérea con la Ciudad de México en 1932; pero ese mismo año se
suspendió por incosteabilidad el vuelo entre La Paz y Mazatlán. En compensación, al
año siguiente se abrió la ruta a Ciudad Obregón. En 1933 Aerovías Centrales abrió el
vuelo Mazatlán-Nogales, y en 1935 reinstaló el vuelo que anteriormente hacía Líneas
Aéreas Occidentales de la Ciudad de México a Los Ángeles, haciendo escala en
Mazatlán, Guadalajara, Hermosillo y Mexicali. En esas mismas fechas, Transportes
Aéreos, que tenía su agencia en el Belmar, abrió el vuelo Talyotitla-Mazatlán. En
1938, las Rutas Aéreas Occidentales volaban dos veces a la semana entre Guadalajara
y Mazatlán.
La aviación comercial mexicana en sus primeros años conoció una amplia gama
de líneas de servicio regional, particularmente en el norte del país. El auge de la
industria petrolera en Tampico fue el principal patrocinador de los vuelos comerciales
entre esa ciudad, Estados Unidos y el Distrito Federal. Una de esas empresas
regionales fue Líneas Aéreas Sonora-Sinaloa, Sociedad Cooperativa Limitada, que
volaría a partir de 1937 desde el puerto a Culiacán, Los Mochis, Navojoa, Ciudad
Obregón, Guaymas, Hermosillo y Nogales. Líneas Mineras S.A., conectó a Mazatlán
con El Paso vía Durango; y con Monterrey, vía San Luis Potosí y Nuevo Laredo.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el tamaño y poder de vuelo de los


aviones comerciales aumentó considerablemente; fue así que líneas, como
Aerotransportes S A., anunciaba 21 plazas para destinos como Guadalajara,
Aguascalientes, San Luis Potosí, Tepic, Monterrey, León, Querétaro, México,
Tampico, Matamoros y todas las ciudades importantes de Coahuila. Aereonaves
de México, en 1948, a catorce años de su surgimiento se había consolidado como
la más importante línea comercial del país y Mazatlán era una de sus escalas
obligadas; pero Mexicana de Aviación ya le era una competencia fuerte. Ésta
ofrecía viajes diarios a Guadalajara ofreciendo descuentos hasta del 47% en viaje
redondo. Como una respuesta al incremento del tráfico aéreo, se iniciaron las
operaciones del nuevo aeropuerto en 1948, en los terrenos que veinticinco años
después ocuparía la Universidad Autónoma de Sinaloa. En los años cincuenta del
siglo XX, los automóviles, autobuses y tráiler houses ya se habían convertido en
el principal medio de transporte de los turistas extranjeros que venían a México
(el 65% lo hacía en automóvil, y el 6% en autobús), pero el pasaje aéreo se
incrementaba paulatinamente entre las ciudades más pobladas, las más turísticas y
las de mayor importancia industrial y comercial. En los sesenta, la mayoría de los
turistas extranjeros ya se habían enamorado de los aviones y el 52% optaba por
ellos.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
CAPÍTULO VI

REZAGO HOTELERO Y VÍAS DE COMUNICACIÓN

El auge turístico que provocó el triunfo norteamericano en la Segunda Guerra


Mundial, convenció a inversionistas extranjeros y nacionales de invertir
presurosamente en México por las ventajas que ofrecía frente a Europa y Asia: la
cercanía geográfica a Estados Unidos, su estabilidad social y política, el crecimiento
económico, la emergencia de las playas como principal atractivo turístico, y el hecho
de que europeos y asiáticos estaban en un periodo de reconstrucción después de seis
años de guerra.
Lucius Boomer, presidente de la cadena hotelera Waldorf Astoria, quien planeaba
extenderse a México afirmaba en 1946:
“En la capital mexicana se necesitarán no menos de 5,000 cuartos para dar
acomodo a los viajeros que dentro de unos meses querrán visitamos...”44.
La asociación de hoteleros elaboró un plan que fue aprobado por el gobierno de
Miguel Alemán, el cual consistía en la construcción de una serie de hoteles de primera
clase. Los hoteleros extranjeros y nacionales invertirían, mediante créditos,
cuatrocientos millones de pesos y el gobierno otro tanto. Los empréstitos fueron muy
blandos porque se les eximía de impuestos durante cinco años, se les liberaba de
pagar impuestos en importación de mobiliario y equipo que no se fabricara en el país,
y se llegó a acuerdos con las centrales sindicales para que permitieran la contratación
de personal eventual en las temporadas de gran demanda turística45.
Acapulco, con un precoz respaldo gubernamental desde que en 1931 el Presidente
Pascual Rubio lo visitara y promoviera la construcción de un hotel, nuevos muelles,
malecones y la pavimentación de calles46, se había adelantado a la edificación de
grandes y hoteles lujosos al resto del país, con El Hornos (1934), El Mirador,
construido a un lado de La Quebrada (1933), y El Majestic ( 1937)47.
El Mirador, durante muchos años fue un símbolo del turismo acapulqueño y
nacional, porque convirtió a La Quebrada, el enorme peñasco de donde se

44
El Nacional “Afirmación del Presidente de Waldorf Astoria”, 25-11-1946, p.2, lera.
45
El Universal1*Los Hoteleros piden consideraciones para el desarrollo del turismo", 21-V-1946, p.l, 2da.
46
El Nacional, 8-1-1931, p. 1, lera.
47
Héctor Manuel Romero, Enciclopedia Mexicana del Turismo II, 3a Parte, Limusa, 1988, p.25
Arturo Santamaría Gómez

arrojan los famosos clavadistas, en uno de los atractivos turísticos más conocidos
de México. Su creador había sido Carlos Bamard que, según cuenta la mitología
regional, empeñó las joyas de su esposa para poder construir los bungalows con
los que se inició el hotel48.
A pesar de los grandes hoteles, Acapulco era un pequeño poblado de
pescadores y calles polvorosas. Recuerda uno de sus visitantes más asiduos, el
director de orquesta Ernesto Riestra:
“... empezamos en el Hornos en 1934. En aquel entonces el puerto presentaba
un aspecto completamente primitivo, salvaje. En la costera no existían hoteles,
fuera de El Hornos y del Mirador, de Carlos Bamard, uno de los pioneros de
Acapulco”.
“Durante 36 horas se corría en coche para, desde la Ciudad de México, llegar a
ese lugar paradisíaco. En muchos tramos de la carretera sólo cabía un auto, y si
por desgracia transitaba otro en sentido contrario, muchas veces se jugaban
“volados” para ver quien tenía que ceder el paso”49. Acapulco en 1943, diez años
después de que se inaugurara El Mirador, tenía escasos ocho mil habitantes. Este
mismo año abría sus puertas El Casablanca, y a principios de los cincuenta,
asociados Teddy Stauffer, un famoso playboy suizo que se había enriquecido en
Acapulco, y Cari Renstrom, millonario de Omaha, Estados Unidos, construyeron
el lujoso y exclusivo Villa Vera Racquet Club, que ofrecía 64 suites con 15
piscinas y tres canchas de tenis50
Si en 1927 se había abierto un rústico camino de la Ciudad de México a
Acapulco, durante el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) se inició la
construcción de una moderna carretera entre las dos ciudades porque estaba
convencido de que el puerto guerrerense era uno “de los centros más importantes
del turismo nacional e internacional”51.
La vía entre la capital de la república y el puerto guerrerense era uno de los
proyectos más ambiciosos de un amplio programa de tendido de carreteras del
“Presidente de la gran sonrisa” tal y como le decían sus simpatizantes. Y otra de
mayor significación aún, por su extensión y el número de poblaciones que
beneficiaba, era la carretera internacional Nogales-Guadalajara, la cual transitaría
por Mazatlán. A ellas se sumarían la carretera Ciudad Valladolid- Puerto Juárez,
en Quintana Roo, y los tramos a Chichen Itzá, Mérida, Uxmal y Campeche que
redondeaban el circuito turístico “Donde brilla el sol”, dentro del cual había
intereses de los Rockefeller, poderosos magnates estadounidenses52. Sin embargo,
la obra más importante de Alemán Valdés en este rubro fue la construcción de la
Carretera Panamericana que atravesaba al país de punta a punta. En 1947 se
habían tendido 489 kilómetros entre Ciudad Juárez y la Ciudad de México, y por
el lado sur se trazaron 328 kilómetros entre la frontera de Guatemala y la capital
de la república. El aliento que se le dio al programa de carreteras facilitó el

s
Ibid., p.26.
49
Ibid., p.28.
50
Ibid., p.32.
* Miguel Alemán, Un México Mejor, Editorial Diana| 1988, México, p.159.
52 9
El Universal, “Nueva Ruta Turística”, 12-XI-1947, pp. 1 y 2, lera.
Arturo Santamaría Gómez

tránsito turístico nacional y el internacional, no sólo entre México y Estados


Unidos, sino incluso de Guatemala y El Salvador hacia México; para este último
propósito llegó a México un comisionado para enterarse de las facilidades que se
les darían a los turistas de América Central53.
En nuestro país la construcción de caminos pavimentados se emprendió por
primera vez en 1925. Hasta 1934 las dos carreteras más importantes eran Nuevo
Laredo-Ciudad de México, y Guadalajara-Ciudad de México, vía Morelia. En este
último año habían tan sólo 2 mil kilómetros de carreteras pavimentadas, en 1959 ya
eran 27,614 y en 1962, 53,547“.
Como parte de los programas para fortalecer el turismo carretero, se trajeron a
México la realización de asambleas de la Federación Internacional del Automóvil
Club (FIAC) que analizaban las condiciones de las carreteras del continente
americano para promover el turismo. Esta federación que en 1941 abrió su oficina
mexicana tenía los objetivos de fomentar el turismo carretero, y dar a conocer las
bellezas naturales del país a nacionales y extranjeros con la elaboración, entre otras
cosas, de mapas de transportación, los cuales se distribuían en los hoteles mexicanos y
entre los socios del club54.
Fue durante el periodo de gobierno de Miguel Alemán que el turismo por
carretera cobró auge en gran parte del país, como también en Estados Unidos. Poco
antes de la Segunda Guerra Mundial, el Presidente Teodoro Roosevelt, para enfrentar
la gran recesión económica que sacudió al vecino país del norte, lanzó un enorme
programa de infraestructura vial como parte de millonarias inversiones públicas que
conectaron a Estados Unidos con México. En la segunda mitad de los años cuarenta,
los mexicanos empezaron a ver las “casas rodantes” (o tráiler houses) de los turistas
estadounidenses, particularmente en las carreteras de Nogales a Guadalajara y de
Nuevo Laredo a la Ciudad de México.
Así mismo, el uso de autobuses aumentó significativamente en el país. Los
informes del Banco de México así nos lo dicen:
“Desde el punto de vista financiero los autotransportes mejoraron su posición,
principalmente por la aprobación de las nuevas tarifas que compensaron el alza
ocurrida desde 1948, en el costo de los equipos y la de los combustibles, y lubricantes
registradas en 1949”.
“El transporte de personas para la industria del autotransporte siguió en aumento,
aunque en proporción menor que en el año de 1950”.
“El servicio prestado por las empresas de transporte por carretera fue mayor en
1952 que en el año anterior”.55
A lo largo de las décadas de los cuarenta y cincuenta, incluso de los sesenta, los
turistas norteamericanos que visitaban México lo hacían por carretera. A fines de los
cincuenta poco más de la mitad de los viajeros procedentes al norte del río Bravo lo
hacía en automóvil, puesto que el 50% de ellos procedían de regiones que distaban a
un máximo de cinco jomadas automovilísticas o 2 mil kilómetros. En 1959, de
746,914 turistas que procedían de Estados Unidos, 337,842 lo hicieron en automóvil

53
El Nacional “Vigorosa Corriente del turismo Centroamericano”, l-VI-1948, p.3, lera.
54
Excélsior, “VIII Asamblea del Automóvil Club”, 23-XI-1948.
55
Informes del Banco de México, 1949, p.14, 1951, p.25, 1952, p.33.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

(o el 45.24%), en avión, 288,868 (o el 38.68%), en ferrocarril, 15,554 (o el 2.08%), en


autobús, 35,772 (o el 4.78%), en buque 2,168 (o 0.29%) y sin clasificar, 66,692 (o el
8.93%)56.
En esos mismos años los puertos de entrada a México más frecuentados eran las
fronteras de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León. Nuevo Laredo, en Tamaulipas,
recibía al 20% del total de turistas que ingresaban con automóvil. Ciudad Juárez,
Nogales, Mexicali y Tijuana eran otros canales de ingreso57.
En este mismo periodo los destinos más favorecidos tanto por los turistas
nacionales como extranjeros que utilizaban automóvil y avión eran la Ciudad de
México y Acapulco. Del total de turistas norteamericanos que ingresaron a México en
automóvil, el 40% se dirigió a la Ciudad de México o al menos pasó por ella, y la
mayoría de ellos había usado la carretera de Saltillo a la capital nacional; y de ese
total que llegó al Distrito Federal, el 70% también lo hizo a Acapulco58.
Si antes de la Segunda Guerra Mundial, el ferrocarril era el principal medio de
transporte, tanto de turistas como de otro tipo de pasajeros, en la siguiente década su
contribución era muy secundaria, apenas el 2.08%. La lentitud y la irregularidad en
sus salidas y llegadas, la falta de higiene, el mal estado de sus unidades de primera
clase, así como su precio, más alto, desalentaron su uso, y se incrementó la
transportación por autobús. El servicio de ferrocarril entre Nogales y Guadalajara, el
periódico mazatleco, El Demócrata Sinaloense, a lo largo de 1953 lo calificó de
pésimo e incluso hablaba de su inutilidad.
A pesar de lo anterior, en la administración presidencial de Miguel Alemán se
tendieron vías férreas entre Sonora- Baja California, Campeche-Yucatán, y
Guadalajara-Manzanillo59. Aunque el uso del ferrocarril fue decayendo, algunas rutas,
como la de Guadalajara-Manzanillo, funcionaban exitosamente, al grado de que el
Director General del Pensylvania Rail Road, James Regar, seguían promocionándolo
en Estados Unidos. Resultado de esto fue que en el año de 1948, se estableció el
servicio directo Saint Louis Missouri-México mediante el pullman de lujo llamado
“Aguila Azteca”, el cual tuvo un desempeño altamente calificado60. Por otra parte,
para alentar al turismo nacional se establecieron descuentos en periodos vacacionales,
de 40% en primera clase y de 25% en segunda, a quienes fueran maestros y
empleados de la Secretaría de Educación Pública61.
El automóvil fue el medio de transporte más utilizado de 1950 a 1960, pero el uso
del avión aumentó expansivamente de 1947 en adelante. La rapidez del servicio con
aviones tetramotores, la construcción de modernos aeropuertos y la reducción de
tarifas contribuyeron al cambio62. En 1950 del total de turistas que procedieron del
extranjero, el 20% lo hizo por vía aérea. Cinco años después ya era alrededor del
30%, y en 1960 había alcanzado cerca del 40%63. Para 1965 el salto había sido

56
Departamento de Turismo, “Testimonio de una Política en Materia de Turismo”, México, D.F.,1964.
57
Ibid., pp.196-197.
58
Ibid., p. 177.
59
El Nacional, “México está con usted señor Presidente”, 2-IX-1948, p.2, lera; y “Augurios de que se incrementará la Corriente 'I\irística “,
6-X-1949, p.5, lera.
60
El Nacional, “Primer tren para San Louis Missouri”, 2-XI-1948, p.l, lera.
61
El País, “Descuento en los FF.CC a Maestros que vacacionan 9-VI-1948, p.l, lera.
62
Excélsior, “Tratan de resucitar la gasolina”, 6-V-1948, p.l, lera.
63
Instituto de Investigaciones Turísticas, “El Turismo Ayer, Hoy y Mañana”, México, D.F., 1964, pp.l y 102.
Arturo Santamaría Gómez

enorme porque se contaban 34 líneas de aviación, nacionales e internacionales, de las


cuales siete eran mexicanas. Dos empresas nacionales, Aereonaves de México y
Mexicana de Aviación, y otras veintitrés extranjeras realizaban vuelos internacionales
tocando suelo del país64.
Durante el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) se abrieron nuevas rutas
aéreas concesionadas a pequeñas empresas. A Aereovías Reforma, S.A, se le otorgó la
autorización para viajar entre México-Puebla, Acapulco- Puebla-Tampico, México-
Guadalajara-Culiacán-Guaymas-Ensenada, y Acapulco-Tijuana-La Paz65. En 1947, la
Pan American le vendió sus acciones a los inversionistas nacionales de Mexicana de
Aviación y se reorientaron varias rutas, como la México-La Habana con escala en
Mérida66.
En el mismo periodo de gobierno de Alemán Valdés, se abrieron numerosos
trayectos internacionales, entre ellos los siguientes: México-Los Ángeles, a través de
la American Airlines; la Eastem Air Lines obtuvo la concesión para volar Nueva
Orleans-México con escalas en Atlantic City, Harford, New Heaven y Muscle Schols;
México-San Antonio; México-San Francisco-Los Ángeles; México-La Habana; y
México-Bogotá67. Como parte de estas ambiciosas iniciativas, el gobierno de Alemán
firmó una serie de convenios internacionales de aviación. Dos de los más importantes
fueron los signados, por un lado, con el Departamento de Aeronáutica Civil de
Estados Unidos, y por otro, con el Gobierno de Cuba. Con el primero se acordó el
mejoramiento de los servicios aéreos entre los dos países, y con el segundo se
autorizó el vuelo Veracruz-La Habana68. En 1960, ya durante el gobierno de Adolfo
López Mateos, Mexicana de Aviación y Aereonaves de México compran una flota de
jets, y Mexicana incorpora por primera vez ese modelo de aviones. Al final del
sexenio Aeronaves de México abre varias rutas internaciones entre ellas Los Ángeles-
La Paz-Acapulco y Nueva York- México-Acapulco69.
Al inicio de su gobierno, el joven Presidente nacido en Veracruz, y el primero
proveniente de las filas civiles después de varios gobernantes militares, centró los
recursos del Estado en los aeropuertos de Tijuana, Ciudad de México, Acapulco y
Zihuatanejo. Posteriormente remozó, amplió o construyó otros, entre ellos el de
Mazatlán, que quedó terminado en 1951. Alrededor de diez años después, a lo largo
del sexenio de Adolfo López Mateos, como parte del Plan de Desarrollo Turístico se
realizaron diferentes obras de pavimentación e introducción de agua y alumbrado en
las ciudades de Tijuana, Guaymas, Mazatlán, Manzanillo, Veracruz, Comitán, entre
otras. A su vez se remozaron o acondicionaron los aeropuertos de Mazatlán,
Acapulco, Islas Mujeres, Manzanillo, Ensenada, Puerto Vallarta, Cozumel e Islas
Mujeres, Guadalajara, la Paz, México, Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez, Chihuahua, Léon,
Hermosillo y Monterrey70.
Con esta infraestructura se sentaban las bases para un crecimiento masivo y
sostenido del turismo internacional y nacional que no tendría precedentes en México.

64
American Aviation Publications, Inc. “ World Aviation Directory”, Washington, DC., 1965, p.949.
65
El Pais, “Impulso al Máximo de Nuestra Aviación “, 12-1-1947, p.l., y Diario oficial de la Federación, 26-111-1947, p.l
66
El Universal, “Desarrollo de la Aviación “, 2-1-1947, p.5, lera.
67
El Nacional “Quedó inaugurado el servicio aéreo México-LHA, 27-1-1947, p.1-8.
68
El Nacional, “Nueva Ruta Aérea México-Nueva Orleáns, 27-1-1947, y El Universal, 1-1-1947, p.l, lera.
69
Alfonso Jiménez, Turismo, estructura y Desarrollo, Ed. McGraw Hill, México, 1993, pp. 76-77.
70
Alfonso Jiménez, Turismo, Estructura y Desarrollo, Ed. McGraw Hill, México, 1993, pp.74-75.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO VII

MAZATLÁN Y SUS VÍAS DE COMUNICACIÓN A LA MITAD DEL


SIGLO XX

La revista Arizona Highways', especializada en turismo, cuya portada del mes de


noviembre de 1950 se la dedicó al puerto, decía que la “encantadora ciudad de
Mazatlán es el gran atractivo turístico de Sinaloa”. Al mediar el siglo, Mazatlán,
según la publicación, contaba con alrededor de 35 mil habitantes que trabajaban en la
pesca, los astilleros, la manufactura, y el comercio marítimo. Esta revista no menciona
al turismo como una actividad económica relevante del puerto, porque todavía no
alcanzaba ese sitial.
Para entonces era común que periodistas, escritores y otros observadores de la
vida diaria señalaran los contrastes entre lo viejo y lo nuevo apoyados, generalmente,
en los diferentes estilos que veían en la arquitectura. Los diseños de trazos
geométricos de la moda funcionalista y en menor medida de la arquitectura Art Deco,
dominantes en edificios de más de tres pisos (raros, antes de los cuarenta en
Mazatlán) contrastaban con las construcciones porfirianas, algunas de ellas influidas
por el Art Noveau, de uno o dos pisos, grandes ventanales y balcones de herrería. Es
por eso que J.W. Manson, redactor de la revista, veía en Mazatlán “como en las
grandes ciudades de México el contraste entre lo viejo y lo nuevo. A lo largo del
malecón -escribió Manson- se encuentran modernas construcciones y en las calles el
ir y venir del tráfico (...) Lujosos yates descansan anclados en el muelle mientras que
pequeños botes hechos artesanalmente llevan a solitarios pescadores que pasan la
tarde bajo el sol, maravillosamente despreocupados de que los peces piquen el
anzuelo o no”.
“La viejas iglesias, imperturbables por el lento paso del tiempo, observan a la
ciudad. Los gentiles vientos del pacífico cuidan a las coloridas flores que cuelgan
prolíficamente de los balcones de herrería. Pájaros de plumajes brillantes son
exhibiciones de color moviéndose de una palma a otra. El lento dragado en el muelle
hace gemir al mar y los trabajadores hacen sus ardorosas tareas con parsimonia,
porque aquí lo natural es que se tomen con calma las cosas. Así es Mazatlán”.
Masón podía ver así al puerto porque él, como habitante de una de las grandes
ciudades de Estados Unidos, ya sabía lo que era la prisa de la vida moderna. El
trabajo sometido al ritmo de la máquina, la competencia y la eficacia aceleraban los
corazones de sus pobladores. Los habitantes de la sociedad industrial para el
descanso buscaban el contraste con culturas que tenían sus toques de modernidad
pero que, en definitiva, eran más tradicionales en su estilo de vida. Por eso buscaban
con deleite a Mazatlán, una pequeña población de apenas tres decenas de miles de
habitantes, donde las cosas se tomaban con calma. Algunos cuantos estadounidenses
lo sabían; no obstante, con la construcción de la carretera de Nogales a Guadalajara,
Arturo Santamaría Gómez

miles de californianos y arizonenses iniciaron su masivo peregrinar a la Perla del


Pacífico. Antes de 1948, ya había comunicación terrestre entre Estados Unidos y
México, pero el camino era totalmente de terracería. Los automovilistas que se
aventuraron a transitar desde Arizona hasta Mazatlán antes del año mencionado lo
hicieron en condiciones casi heroicas. Por ejemplo, en el año de 1933, se anunció que
llegarían a la patria de la tambora y la cerveza Pacífico una numerosa caravana de
automovilistas procedentes de Los Ángeles, pero el camino era tan accidentado que
solamente llegaron seis carros. Al año siguiente, vecinos de Culiacán, alborotados por
la fama del carnaval mazatleco, también se atrevieron a desafiar la senda de polvo y
piedras y la transitaron en automóviles71.
La carretera que parte de Nogales y llega a Guadalajara, la cual se empezó a
construir en 1945 por iniciativa del gobernador de Sonora, para 1948, aún sin estar
totalmente pavimentada, ya había llegado a Mazatlán y con ella arribaron los
primeros tráiler houses o “casas rodantes”. El ciudadano de origen estadounidense,
Wally Vyam, el primer y más importante organizador de caravanas de esos
transportes en la Unión Americana, editor de la revista The Caravan, y un personaje
histórico en la historia del turismo rodante del continente americano, ese año
encabezó a quince de ellos en un trayecto que partía de Arizona, en Estados Unidos,
y llegaba hasta a Acapulco pasando por el puerto sinaloense72. A partir de entonces, y
prácticamente cada año a lo largo de los cincuenta, sesentas y principios de los
setenta, esta misma empresa trajo a México a cientos de mobil houses. Para 1955 la
suma ya se había elevado a 520 trailers con 2,000 pasajeros. La mayoría de estos
turistas eran personas mayores de 45 años, y se dedicaban a los negocios o eran
jubilados. El Mazatlán que conoció Wally Byam a lo largo de los cincuentas lo
describía con la nostalgia de su memoria Joaquín Sánchez Hidalgo en su obra
Mazatlán de Antaño73:

71
El Demócrata Sinaloense, 1- VIII- 1933. p.3.
72
El Sol del Pacífico, “Llegó a Culiacán la caravana de trailers”, 14-1-1955.
73
Joaquín Sánchez Hidalgo, Mazatlán de Antaño, La Palma, Mazatlán, Sinaloa, 1959.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Desde mediados de octubre hasta fines de abril, que se extiende a veces hasta
mayo, se disfruta de magnífico y acogedor ambiente, “clima de invierno ” como
dicen los turistas americanos; los cuales acuden a nuestro Puerto por millares en
viaje de reposo; no siendo extraño contemplar 200 ó más auto-trailers estacionados
bajo los bosques de palmeras que tanto abundan en la periferia y en el interior del
Puerto y, cosa digna de notarse, no es extraño reconocer año por año, las mismas
caras de los “gringos” que han tomado por costumbre pasar en mi ciudad natal, su
temporada de vacaciones y descanso, perfectamente adaptados al medio y
costumbres locales.
Desgraciadamente la antigua y antes hermosísima, desaparecida playa, que
cerraba el Rumbo Sur, compuesta de fina arena blanca y que fue orgullo de los
mazatlecos, fue clausurada con los detritus y materiales extraídos del Estero y canal
del astillero, llenando la antigua “poza ” que servía de puerto, dizque para ganarle
terrenos al mar, quitándole así a Mazatlán uno de sus mejores y más populares
balnearios, en cuyas tranquilas aguas se bañaron noche y día, desde Illo témpore,
todos los habitantes de la ciudad. La ensenada de Olas Altas, situada en el rumbo
poniente, forma otra pequeña playa batida constantemente por el mar y usada
particularmente por los turistas que se alojan en los hoteles situados en el Boulevard
que lleva el mismo nombre; pero por su fuerte oleaje y rápidas corrientes es
sumamente peligrosa para los que no saben nadar.
Para 1960 las estancias de los caravaneros se prolongaban toda la temporada de
invierno, pero en 1955 su estadía en Mazatlán era muy corta, tan sólo una semana, o
pocos días más o menos, de paso a los destinos principales, la Ciudad de México y
Acapulco; así que las autoridades porteñas y los empresarios turísticos se esmeraban
en atenderlos. En 1955, esta visita de 2,000 norteamericanos fue vista con gran alivio
por dueños de gasolineras, negocios de partes automotrices, farmacias y tiendas de
abarrotes porque aliviaría el “raquítico movimiento comercial de los días
postnavideños” 74. La caravana rentó un terreno al Sindicato de Ferrocarrileros y el
ayuntamiento facilitó la Avenida Alemán para que se aparcaran los vehículos.
Era tanto el interés por atender bien a los dos millares de turistas estadounidenses
que funcionarios de diferentes dependencias públicas y privadas los acompañaron
desde Culiacán a Mazatlán. La Delegación de Turismo, la Secretaría de Obras
Públicas, la Cámara Nacional de Comercio, la Delegación de Tránsito y el
Ayuntamiento formaron comitivas para recibirlos y agasajarlos. El domingo 23 de
enero, un día antes de partir, les ofrecieron en el Lienzo del Charro una fiesta
mexicana. Posteriormente los turistas correspondieron a las atenciones recibiendo en
sus trailers a los mazatlecos que los visitaban, los cuales veían con curiosidad las
casas móviles. Los visitantes, según escribió el reportero de El Sol del Pacífico, se
fueron “encantados de las atenciones de los habitantes de Mazatlán”6.
La visita de esta enorme caravana sirvió también para darse cuenta de las grandes
carencias que todavía había en las carreteras mexicanas, a pesar de la reciente
construcción del tramo entre Culiacán y Mazatlán. Los trailers americanos fueron
obligados a detenerse en Culiacán en su descenso al puerto porque había un

59
74
1 bid. 13-1-1955.
Arturo Santamaría Gómez

crecimiento del río Piaxtla de más de veinte centímetros sobre la carretera. Ajuicio de
El Sol ese percance y la ausencia de un puente sobre el río Piaxtla causaba “mala
impresión a los visitantes, lo cual podría ser funesta para la corriente turística,
precisamente en los momentos que el país necesita acrecentar sus reservas de
dólares”7. Las autoridades de Mazatlán ya tenían claro que para convertir a Mazatlán
en un puerto turístico internacional se necesitaban pavimentar al menos las calles más
importantes del puerto, introducir agua potable, electricidad, líneas de autobuses
urbanos, etc. Amado Guzmán, Presidente Municipal en 1952, decía que para ello se
necesitaba de “la cooperación de todos los habitantes, ya que era imposible que con
los ingresos que recababa el ayuntamiento por concepto de impuestos se pudiera
atender a tantas obras que cuestan cientos de miles de pesos”8. Una de las obras más
importantes de ese año fue la ampliación y pavimentación del Paseo del Centenario a
dos kilómetros y a seis metros de ancho. Como respuesta a las limitaciones en las
comunicaciones y el desarrollo urbano, la Cámara de Comercio de Mazatlán empezó
a hacer gestiones para que se construyera un acueducto en la parte sur de Sinaloa y se
terminara la construcción de puentes sobre los ríos Piaxtla y San Lorenzo, y de paso
se pavimentaran las calles de Mazatlán y se agrandara el tamaño de los tanques de
Petróleos Mexicanos que abastecían a la ciudad9. A finales de ese año, la Secretaría de
Comunicaciones anunció que serían invertidos 200 millones de pesos en Mazatlán en
trabajos de diferente tipo, entre ellas obras marítimas y una “supercarretera” “con el
fin de convertir a dicho puerto del Pacífico en uno de los principales destinos
turísticos no sólo del continente sino del mundo”. Además de la Secretaría de
Comunicaciones, los recursos provendrían de Hacienda, la Dirección Federal de
Turismo, la Secretaría de Marina y el Gobierno de Sinaloa10. Dos años más tarde, en
marzo de 1958, el Comité de Hombres de Negocios del Sur de California y Noroeste
de México, insistían en que se construyeran más caminos de Mazatlán a otras
ciudades del Noreste del país, como Durango, Torreón, Monterrey, Reynosa, etc.75.
Finalmente, en 1960, se concluyó la carretera a Durango, aunque la internacional
seguía teniendo muchos problemas por falta de mantenimiento y ausencia de
puentes12. Cuando se abrió a la circulación la carretera a Durango, el turismo
procedente de Nuevo León, Coahuila y del propio Durango aumentó
considerablemente. En enero de 1961, se calculaba que de nueve mil turistas que
habían arribado al puerto desde diciembre, el 40% procedía de Coahuila, Texas,
Tamaulipas, Durango, Nuevo León y Durango76. Poco después, durante la temporada
carnavalera del mismo año, 7,000 personas visitaban al puerto, viéndose obligados
muchos de ellos a hospedarse en casas de huéspedes y familiares de Villa Unión,
Rosario y Escuinapa. Los hoteles de tercera, cuarta categoría y los mesones del puerto
estaban llenos de conjuntos musicales que procedían de Nayarit, Durango, Jalisco,
Michoacán y otras entidades del país. Los turistas nacionales y extranjeros ocupaban
los hoteles de primera y segunda clase'77.
Cuatro años antes, las malas condiciones de la principal carretera que llegaba

75
Ibid, 30-111-1958.
Ibid, 4-IV-1960 y 20-XII-1960.
" Ibid, 15-1-1960
77
Ibid, 10-11-1961
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

a Mazatlán por el norte llevaron a que en 1956 se suspendiera una caravana


automovilística de empresarios de Baja California, la cual se consideraba de suma
importancia porque formaba parte de los proyectos para atraer turismo mexicano
de ese estado78.
Wally Vyam tardó un trienio en llevar una nueva caravana de trailers a
Mazatlán, y en 1958 regresó con tan sólo 195. De cualquier manera, la
Delegación de Turismo de Mazatlán, a cargo del varias veces ganador del Premio
de Poesía del Carnaval de Mazatlán, Carlos McGregor Giacinti, el Alcalde de la
ciudad, Héctor González Guevara, y una comisión de la Cámara Nacional de
Comercio de Mazatlán, atendieron personalmente a los turistas norteamericanos.
En esa ocasión, el Ayuntamiento los alojó frente al Estadio Municipal, sitio al que
se le acondicionaron depósitos de basura y agua, así como vigilancia policiaca y
otros servicios. Los varios cientos de caravaneros en cuatro días de estancia
habían dejado una derrama de 200 mil pesos en los negocios del puerto, además
de una donación de 3,250 pesos a la Asociación Amigos del Niño Lisiado79. El
Director de Turismo había declarado en 1955 que el futuro del turismo caravanero
era muy halagüeño para Mazatlán porque los conductores de las casas rodantes
habían gastado ese año un promedio de 10 mil dólares diarios80. Los caravaneros
procedían por lo común de California y Arizona, pero ya en 1958 se iniciaban
gestiones, a través del un Departamento de Formación y Fomento del Turismo,
dependiente de la Cámara de Comercio de Mazatlán, para atraer propietarios de
casas móviles de Denver, Colorado81. A lo largo de los sesenta, el Club Wally
Byam y la Compañía Airstream Inc., ya sin Wally, su fundador, regresó a
Mazatlán. En noviembre de 1966, la caravana estuvo conformada por 200
unidades y dos o tres personas por vehículo. La caravana viajaba por espacio de
siete semanas en México, pero sólo permanecía tres o cuatro días en
Mazatlán, asistida por la agencia de turismo Pancho Lona. Para los setenta, la
Caravana Wally Byam ya era toda una tradición en Mazatlán. El 30 de enero de 1971
regresó con 250 trailers y 549 personas. El ayuntamiento les acondicionó una
explanada próxima el Estadio Teodoro Mariscal que incluía servicios y vigilancia. En
1972, llegaron 300 carros remolques y más de 700 personas.
En 1959, había cuatro tráiler parks en Mazatlán, pero seguramente eran muy
pequeños porque las grandes caravanas de Wally Vyam llegaban a áreas
improvisadas. Pronto empezarían a acondicionarse grandes terrenos, de la Avenida
Gutiérrez Nájera hacia el norte, para estacionar por largos periodos a las casas
rodantes. De igual manera, en las inmediaciones de esta misma arteria donde
prácticamente terminaba el casco urbano del puerto a mediados de los cincuenta, se
levantó la central camionera para alojar un cada mayor número de autobuses foráneos.
En 1956, salían de Mazatlán un promedio de 280 pasajeros hacia el sur de Sinaloa, a
través de las Cooperativas Camioneras Unidas, y un promedio de 180 personas hacia
el norte del estado que utilizaban los Autotransportes Unidos del Pacífico. Estas

ls
Ibid, 15-VI1-1956
“Ibid, 31-1-1958.
80
Ibid, 8-III-1955
'* Ibid, ll-VII-1958 61
Arturo Santamaría Gómez

mismas líneas tenían cinco corridas mediante las cuales viajaban una media de 80
personas, y otras cincuenta en la ruta Durango, Monterrey, Saltillo que tenía una
corrida cada seis horas. Además de lo anterior, los autobuses que iban a otros estados
al sur y al norte de Sinaloa transportaban alrededor de 200 personas diarias19.
En gran medida, los turistas norteamericanos fueron los impulsores del turismo
carretero en Mazatlán y otras ciudades de México. Las caravanas de casas rodantes y
de automóviles que frecuentemente organizaban les hacían recordar la historia de sus
antepasados que en grandes grupos de carreteras iban conquistando el oeste, y al
mismo les alimentaba su tradicional espíritu de búsqueda y aventura. Así como Wally
Vyam organizaba a los propietarios de trailers, en 1957 fueron Jeff Fríes, Harold
Right y Edward Duvall, quienes encabezaban a 150 comerciantes que en automóvil se
trasladaron a Mazatlán desde Los Ángeles con la cooperación de José Rodríguez
Estrada, gerente de la Asociación Mexicana de Caminos y los dirigentes de la
Concanaco local. Tanto los visitantes de Estados Unidos como los representantes
mexicanos hablaban del enorme potencial del turismo carretero, tan sólo considerando
que en la Ciudad de Los Ángeles había 2 millones de automóviles20. Veinte años
antes, el periódico mazatleco El Día, había descubierto esa enorme veta cuando
informaba que las carreteras de Estados Unidos se veían repletas de automóviles y
daban cifras muy precisas: en 1936 habían circulado por las carreteras más de doce
millones de carros, la mitad de los registrados en el país. El promedio de
excursionistas, es decir, turistas, había sido de 42 millones y su gasto fue de más de
cuarenta millones de dólares en hoteles, gasolina, refacciones, alimentos, etc. El
editorial de El Día visionariamente preveía que a medida que se fueran multiplicando
las carreteras en “la América Hispana” iría cobrando mayor impulso la corriente
turística82.
La empresa Western Gray Home Union surgió como competidora de Wally
Wyam en 1957 cuando organizó una excursión experimental que partió de Phoenix,
Arizona, en enero del siguiente año. La ruta que seguiría la Western Gray sería
distinta a la de Wally porque primeramente llegarían a la capital de la república vía la
carretera central, y de regreso a Estados Unidos pasarían por Mazatlán. Esta empresa
consideraba que los atractivos de México eran tantos que proyectaban aumentar sus
trayectos de quince a cincuenta y cinco días.83
Los promotores de excursiones carreteras no se equivocaban. Durante dos
décadas más, la mayor parte de los turistas procedentes de Estados Unidos se
trasladaron a México en carros y casas rodantes. Las estadísticas oficiales del
quinquenio de 1957 a 1961 así lo indicaban84:

82
El Día, Mazatlán, Sinaloa, 4-XI1-1934, p.3
83
Ibid, 18-X-1957.
84
Alfonso Hernández R, “El Turismo Extranjero en México”,ENE, UNAM, 1955.p.53.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

1957 1958 1959 1960 1961

TOTAL 614,469 640,272 682,126 690,444 717,299


En automóvil 334,025 345,233 337,842 339,767 374,938
En avión 228,705 243,491 281,425 279,134
288,868
En ferrocarril 21,015 19,306 15,554 20,438
21,818
En ómnibus 24,640 26,385 35,762 43,153 37,902
En vapor 3,318 3,346 1,864 2,318
2,186
Sin clasificar 2,716 2,511 1,904 2,417 2,569

Los porcentajes de los dos principales medios de transporte fueron:


En automóvil 54.36% 53.91% 49.53% 49.21% 52.28%
En avión 37.22% 38.02% 43.35% 40.76% 38.91%

Con la inauguración de la nueva terminal aérea en 1951 y los hoteles que se


construyeron en los cincuenta, el movimiento de pasajeros en Mazatlán aumentó
considerablemente. En octubre de 1955, por ejemplo, Aereonaves de México aumentó
su número de vuelos a La Paz, Durango y Monterrey debido a la demanda de asientos.
El señor Horacio Carrillo, funcionario de la mencionada compañía, informaba en esas
fechas que de junio a septiembre se habían transportado 1449 pasajeros de Mazatlán a
otros destinos, y que la transportación tanto de ingreso como de egreso registraba un
promedio de 575 personas mensuales85.
Para 195 8, la Compañía Mexicana de Aviación llevó un vuelo a Mazatlán
que aumentó de inmediato la afluencia de pasajeros al puerto y abrió una ruta que
prácticamente de entonces en adelante no dejaría de transitarse. Con el avión DC-
6 se volaba de Los Ángeles a Mazatlán, vía Tijuana. Años después se eliminaría la
escala en Tijuana y se establecerían vuelos directos de la capital mundial de la
diversión a Sinaloa. Con esta nueva ruta aumentó 30% la cantidad de usuarios de
Mexicana de Aviación entre California y Mazatlán, y se llegaba a cinco el número
de vuelos diarios que llegaban a la Perla del Pacífico. No obstante el señor
Alfredo Patrón, gerente local de la Compañía Mexicana de Aviación, al
inaugurarse el nuevo vuelo declaraba que sólo “un pequeño porcentaje de turistas
viajan por avión directamente de Los Ángeles, California, a esta ciudad, pues la
mayoría van a la capital de la república y sólo cuando se realizan torneos
internacionales de pesca en el puerto es cuando vienen más estadounidenses al
área”25.
La Delegación Sinaloa de la Asociación de Hoteles de la República
Mexicana constantemente recibía quejas de viajeros nacionales y extranjeros de
que Mazatlán era un destino caro. Los empresarios, convencidos de que esa era
“la razón principal y decisiva en la reducción del turismo extranjero a nuestras

“ El Sol del Pacifico, 20-X-1955.


Arturo Santamaría Gómez

tierras”, emprendieron una campaña “pro industria turística” a base de tarifas


bajas, a la cual le sumaban los siguientes objetivos86:
Primero. Pugnar por la creación de una ruta aérea, San Antonio, Texas,
Monterrey, Durango, Mazatlán.
Segundo. Solicitar ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que se
termine la pavimentación de la carretera Durango-Mazatlán.
Tercero. Que la Secretaría de Hacienda prorrogue a favor de los paseantes del
extranjero, los permisos para vehículos de transportación de tres a seis meses.
Prácticamente cada año Mazatlán agregaba rutas nuevas aéreas. Además de
la anterior, en 1960 Mexicana de Aviación, a través de un DC-3, abrió el vuelo
Mazatlán-León-México, de esta manera, la mencionada compañía movilizó de
otras ciudades al puerto, entre noviembre de 1959 y mayo de 1960,
aproximadamente a ocho mil turistas o un promedio mensual de mil cien87.
Ante el crecimiento de la afluencia turística a Mazatlán, los empresarios
turísticos y autoridades gubernamentales solicitaban desde los inicios del gobierno
de Adolfo López Mateos la construcción de un nuevo aeropuerto, el cual tuvo que
esperar casi diez años más. Al entonces en funciones se le habían hecho
ampliaciones provisionales tanto a la pista principal como a la sala de espera. Así
mismo se sugería que para la edificación del nuevo centro de operaciones
aeronáuticas se tomara en cuenta el crecimiento de la ciudad hacia el norte y que,
entonces, se pensara en una zona hacia el sur y retirada de las áreas
habitacionales88. Mientras tanto, en el año de 1959 la Cámara de Comercio local,
a cargo de José Luis Reyna, hacía gestiones en las oficinas federales para que se
declarase internacional al aeropuerto de Mazatlán29.
El crecimiento de Mexicana de Aviación en Mazatlán se daba en un contexto de
expansión de la aviación nacional e internacional. La empresa nacional estaba
asociada con Pan American y eso le permitió abrir en 1961 varias rutas al extranjero,
entre ellas México-Miami, Lisboa-Madrid-Paris, México-Caracas, México-Dallas
Forth Worth, México-Chicago, México- Mérida-Chetumal-Cozumel-Belice. En esos
mismos años llegaban a México otras líneas internacionales como Air France, KLM,
Western Airlines, etc. En su conjunto, líneas nacionales e internacionales, hicieron
que el número de vuelos aumentara considerablemente de 67 mil, en 1952, a 105 mil,
en 196489.
Paulatinamente, tal y como revelan las estadísticas que se presentan en páginas
anteriores, la aviación desde Estados Unidos fue desplazando al turismo carretero. El
aumento de la capacidad adquisitiva de la población estadounidense, la reducción de
las tarifas aéreas como resultado de una mayor competencia por el surgimiento de los
vuelos charters y otras líneas aéreas, fueran las causas determinantes en el incremento
del turismo que se trasladaba en avión a Mazatlán. Eso no significó que desapareciera
el turismo que hacía uso de las carreteras y que desaparecieran los tráiler parks. Estos
últimos siguieron aumentando porque el número de visitantes norteamericanos y

“Ibid, 23-X1I-1949
64 ” Ibid, 10-V1-1960
“ Ibid, 3-VI-1958
89
Aguijar Uribe L., Campos BedoIIa M., Conde Montes H., Zúñiga Santana, La Participación del Estado en el Desarrollo del Turismo en
México, durante el sexenio de ALM (1968-1964), Lic. En Turismo, 1PN, 1990, p.99.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

canadienses mantuvieron su ascenso.

;
Arturo Santamaría Gómez
CAPÍTULO VIII

LA PROMOCIÓN TURÍSTICA DE MAZATLÁN A MEDIADOS DEL SIGLO XX

En 1947, el Presidente Miguel Alemán creó la Comisión Nacional de Turismo que buscaba la
organización y reglamentación económica de la materia. La Comisión reemplazó al Departamento
de Turismo para que ésta con un mayor campo de acción y vinculación con otros sectores se
abocara a los concretar los siguientes objetivos:
1. Realizar un estudio que comprendiera los diversos aspectos del problema turístico.
2. Estudiar las posibles soluciones a éste.
3. Promover el fomento y desarrollo del turismo por medios adecuados'.
Esta Comisión estableció por primera vez en México una clasificación nacional de tarifas
hoteleras como una respuesta a las constantes reclamaciones de turistas nacionales y extranjeros de
que los hoteles se excedían en sus cobros. Se establecieron, entonces, las tarifas a, b, c, y d2.
Como parte de esta reestructuración, la Convención Nacional de Turismo (la primera que se
celebrara en México) resolvió el establecimiento de los Comités Locales de Turismo y la
clasificación de todos los centros turísticos del país3. La misma Comisión solicitó a los gobiernos
estatales y a la iniciativa privada para que nombrara un representante ante ella y a que formaran
comités municipales que promovieran el turismo. La tarea de los comités estatales y municipales
consistiría en preservar la arquitectura típica, los sitios arqueológicos y las bellezas naturales, así
como su promoción. Los comités municipales realizarían estudios económicos en su localidad para
establecer precios de hospedaje, alimentos, espectáculos, etc.90
La clasificación de lugares turísticos fue importante porque permitía cierta planificación de los
recursos y precisar la publicidad. Un sitio de interés se establecía siempre y cuando se encontraran
los siguientes atributos y actividades:
1. Belleza natural.
2. Interés histórico.
3. Interés cultural.
4. Artes populares.
5. Costumbres, fiestas, celebraciones de carácter típico.
6. Interés médico (aguas termales y minerales).
7. Interés deportivo.
Para que fueran considerados sitios de interés turístico debían contar con alojamientos,
restaurantes, y un mínimo confort91.
En Mazatlán ya existía desde 1939 un Comité Pro Turismo, pero las propuestas de la
Comisión Nacional precisaban tareas y objetivos de los involucrados en la actividad. Sin
embargo, más allá de la publicidad que empezaría a realizarse de manera más constante y
planificada, los demás objetivos no parecía que se alcanzaran.
Los abusos en los hoteles, taxis, restaurantes fueron el pan de cada día cuando, a partir de los
cincuenta, sobre todo en Semana Santa y Carnaval, Mazatlán empezó a convertirse en un

90
Excélsior, “Terminó su labor la Convención Nacional de Turismo”, 19-X-1949, p.l y 8, lera.
91
Ibid.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
destino que atraía turistas de varios estados del país. No obstante, diez años antes, en 1940, el
turismo no era visto todavía como una actividad relevante ni las autoridades locales de gobierno
lo veían como una rama económica con futuro. En sus informes el alcalde mazatleco
mencionaba a la agricultura, la minería y a la pesca, la cual también hacía sus pininos, como
factores de crecimiento, pero no al turismo6.
Desde el sexenio de Miguel Alemán hasta, por lo menos, 1958, la Dirección General de
Turismo, dependiente de la Secretaría de Gobernación, mantenía oficinas de información y
publicidad en ocho ciudades de los Estados Unidos, dos en Canadá; y representaciones, sin
local ni personal propios, en Buenos Aires, Hamburgo y París. Dichas oficinas sólo distribuían
un folleto oficial, Basic Information on México, y organizaban esporádicas conferencias sobre
los atractivos turísticos de México. Ese mismo año la publicidad en Estados Unidos consistió en
434 anuncios distribuidos en 28 periódicos de Estados Unidos, 4 de Canadá, y 105 en revistas
del primer país. Hasta finales de los cincuenta, ni gobierno ni empresarios mexicanos utilizaron
en el extranjero, televisión, radio o carteles, y sólo, esporádicamente, el cine. La falta de una
mayor publicidad en Estados Unidos se paliaba con la propaganda que realizaban los Clubes de
Viajes PEMEX en la frontera, con las oficinas que tenían en Nogales, El Paso y Laredo, las
principales puertas de entrada carretera entre México y el vecino país. La Secretaría de
Educación Pública, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes u otras dependencias, editaba
algunas publicaciones de publicidad turística sobre todo dando a conocer los museos
arqueológicos e históricos. De manera complementaria, el Museo de Artes e Industrias
Populares, así como la UNAM, los Bancos de México y Comercio Exterior y algunas
Secretarías de Estado publicaban ocasionalmente libros, folletos y mapas turísticos92. El peso de
la publicidad turística descansaba casi en su totalidad en las dependencias oficiales. A finales
del sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, en 1958, del total del dinero invertido, el 30% lo ponía la
Dirección General de Turismo, el 15% salía de las arcas de Ferrocarriles Nacionales, Petróleos
Nacionales invertía otro 15%, y otras instituciones, el restante 40%93.
En 1958, Armando Herrerías hacía el siguiente análisis comparativo de los gastos en publicidad
y ganancia turística de diferentes países, incluyendo México, para demostrar la poca inversión
mexicana y la alta recuperación: Hawaii invertía en publicidad por turista 13.97 dólares y
recuperaba 76, Bermudas invertía 7.24 y obtenía 32, Francia destinaba 1.86 y ganaba 82, Inglaterra
empleaba 1.23 ya cambio recibía 41, Canadá invertía 0.91 y recuperaba 76, y México destinaba a
ese gasto poco más que Canadá, 1.15, pero obtenía 197 dólares94. En apariencia, la cercanía de
México con Estados Unidos y el predominio del turismo carretero, la cual hacía que casi de manera
natural los norteamericanos vacacionaran en su vecino del sur, explicaban la bajísima inversión en
publicidad; pero también esto mismo podría explicarse por el todavía poco profesionalismo de la
industria turística mexicana que parecía concederle poca importancia a la publicidad como una
técnica moderna de ventas, lo cual a la larga lo llevó a disminuir su importancia internacional. Por
lo contrario, paulatinamente, países como España, el cual a partir de los sesenta recurrirá
ampliamente a la publicidad, se convertiría en poco tiempo en una de las máximas potencias
turísticas del mundo.
En 1961, con la creación del Consejo Nacional del Turismo, la publicidad turística oficial se
amplía y se profesionaliza más con la inclusión de un mayor variedad de medios propagandísticos,
tales como el rodaje de documentales sobre la cultura mexicana transmitidos en la televisión
nacional e internacional, la impresión de timbres postales con símbolos turísticos, la edición de

92
Manuel Ramírez Blanco, El Turismo y la Industria Hotelera de México, Tesis de Lic. En Economía, ENA, UNAM, 68 1963, p.66
93
Manuel Ramírez Blanco, ibid, p.78.
94
Armando Herrerías, Turismo, Proyección Integral, Historia y Actualidad, Asociación Mexicana de Turismo, 1958, p.29
Arturo Santamaría Gómez
guías con mapas y planos de las ciudades más importantes, la celebración de un concurso de pintura
mexicana para diseñar un cartel que representara la riqueza turística nacional, la difusión de música
folklórica a través de la radio, la organización de exposiciones y festivales en México y en el
extranjero como las realizadas en el Bosque de Chapultepec, la exposición de artesanías en Niza,
Francia, etc., el lanzamiento de campañas promocionales al norte de la frontera en alianza con la
Cámara Americana de Comercio del Sur de la Unión Americana, la publicidad en revistas de gran
tiraje e influencia en Estados Unidos y Europa como Vogue, en Francia, y Gentlemen 's Quarterly y
Holiday, en el vecino del norte95. No obstante, la promoción turística hecha hasta entonces había
sido muy limitada y de “reducidas proporciones”, según escribía Manuel Ramírez Blanco en
aquellos años96.
Si la publicidad turística a nivel nacional era deficiente antes de la década de los sesenta, en
Mazatlán era muy inconsistente, sin planificación y muy pocos recursos. En realidad, el carnaval
era el principal medio propagandístico del puerto, pero no tanto porque expresamente se difundiera
a través de la publicidad, sino simplemente por su atractivo intrínseco. El Demócrata Sinaloense,
con entusiasmo y orgullo decía el 28 de enero de 1934, que nadie en el puerto ignoraba que el
Carnaval otorgaba un considerable impulso a las fuerzas vivas locales por el dinero que en esos
días circulaba a manos llenas y que mejoraba, al menos temporalmente, la anémica economía del
puerto golpeada por la crisis mundial. Fue en esa misma ocasión que se le pidió al Comité de
Turismo que no se disolviera para que siguiera trabajando como Comité Pro Embellecimiento para
alzar a Mazatlán a la altura que merecidamente debe estar. Alfredo Ibarra Júnior, entusiasta
promotor de las fiestas porteñas vanidosamente presumía que No (era) necesario el Carnaval de
Niza: el que ha vivido el Carnaval de Mazatlán puede vivir tranquilo. Bienaventurados los pueblos
que saben gozar un minuto de felicidad como es debido. ¡Todo viene y se va de nuestra mente. Sólo
hay algo que persiste, algo que cuando estamos solos nos hace felices. Es Mazatlán... es el
Carnaval. Sin embargo, las carnestolendas atraían pocos visitantes estadounidenses y mexicanos,
fuera de los que vivían en las regiones tradicionalmente familiarizadas con Sinaloa, como
California, Nayarit, Durango y Jalisco. Las agencias norteamericanas ya plenamente inmersas en la
economía turística desde el siglo XIX, sí utilizaban a la publicidad como un medio de promoción
muy profesional y eficaz. Con Mazatlán, por lo menos desde principios de los treinta del siglo XX,
ya la utilizaba la Southern Pacific, la empresa ferroviaria que dominaba el suroeste de Estados
Unidos y que tenía inversiones en México. Al mismo tiempo, había norteamericanos que haciendo
fe de la tradición narrativa viajera de su país, escribían libros sobre México donde había abundantes
páginas dedicadas a Mazatlán. Ejemplo de estos últimos fueron “Gringa”, an American woman in
México, de Emma Linsday, y Little Known México. The Story of a Search for a Place, de Marian
Storm, publicados en 1932 y 1934.
En México no ha habido una tradición de libros de viajes y, antes de los sesenta la industria
editorial era muy pobre, por lo que no había abundancia de textos que relataran vivencias viajeras,
pero sí memorias o recuerdos de escritores, periodistas, artistas y políticos ilustres que hablaran de
Mazatlán como de otros lugares, pero obviamente no lo hacían con propósitos turísticos. Imposible
saber si un poema de Amado Nervo, una carta de Edward Weston o alguna frase de los escritores
beat, incitaron a grandes grupos de personas a visitar Mazatlán. En cambio, sí es más creíble pensar
que las reinas del carnaval y la abundante belleza femenina del puerto, primero de fama regional y
después nacional, haya atraído a turistas masculinos. Dentro de los pocos textos publicitarios de
Mazatlán, escritos por mexicanos en los años treinta, estaban los que aparecían en El Demócrata

95
Aguilar Uribe Luis y otros autores, op.cit. p.61
96
Manuel Ramiez Blanco, op. Cit. P.78
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
Sinaloense, incondicionalmente enamorados del puerto:
Mazatlán tierra de ensueños y de poesía, invita a los excursionistas del país y del extranjero a
admirar sus magníficos atardeceres que tiñen sus playas de escarlata, en las espléndidas puestas de
sol que pueden contemplarse desde los paseos. A disfrutar de sus tardes inimitables, húmedas con
las brisas saturadas de yodo, del mar Pacífico y arrulladas con el tumbo rumboso de las olas que
incesantemente bañan la costa.
Este texto continuaba exaltando los atractivos naturales y sociales del puerto, presumiendo que
era el único puerto del Pacífico visitado por los grandes barcos de la empresa Grace Line y por el
Ferrocarril del Pacífico97. El Carnaval de Mazatlán, orgullo sinaloense desde principios del siglo
XX, era la mejor carta para convertir al puerto en un centro turístico de alcances nacionales e
internacionales. Con la prosa arrobada y dulcificada de los años treinta, el Dr. Izaguirre Rojo, en su
discurso de agradecimiento por haber ganado Los Juegos Florales de 1934, cantaba al carnaval y al
puerto:
Y así una ciudad, tal que esta ciudad, tan íntima y tan externa, tan propia y tan extraña, que
ampara en el bullicio de su encantada condición amante con el mismo abrazo perfumado de la
hospitalidad sin restricciones al hijo y al viajero, al peregrino y al hermano. Una ciudad que corre,
bulle y ríe en todos los labios nacionales y en todos los labios extranjeros que tuvieron el placer de
bendecir sus muros. Una ciudad que sintetiza un pueblo y dignifica su paisaje único con la eterna
sinfonía de las olas que le son propias del cielo y de las mujeres que estremecen su entraña para
dignificar la ola, el cielo y la mujer98.
Otro artículo publicado el 13 de julio de 1933, en El Demócrata Sinaloense, y escrito por el
Arquitecto Joaquín Sánchez Hidalgo, mazatleco avecindado en ese entonces en la Ciudad de
México, al margen de ser propagandístico, quizá haya sido el primero en hacer un análisis de las
potencialidades turísticas de Mazatlán.
Sánchez Hidalgo citando a Carlos R. Linga, antiguo vecino de Mazatlán y miembro de su
colonia alemana decía que el Paseo de Olas Altas sería en el futuro la Riviera de México, pero para
eso pedía que los mazatlecos se dieran cuenta del tesoro que tenían en sus manos. A raíz de la
temporada de Semana Santa de ese año, la cual había sido tumultuosa, Hidalgo colegía que los
visitantes volverían a sus hogares “pregonando las gejierosas excelencias del suelo (mazatleco)
excitando en otros el deseo de conocerlo ”. Entusiasmado por lo que había visto este agudo
observador de la apenas insinuante industria turística, opinaba que el ambiente de Mazatlán se
estaba extendiendo rápidamente por todo el país; “todo el mundo - decía - se interesa por conocer
detalles sobre su población, costumbres, etc. ”
Exaltando al carnaval, “culto perenne al buen humor y la alegría ”, pensaba que a la cuna de la
tambora le hacía falta ser apreciada también como un lugar de saludable descanso y el delicioso
clima que se disfrutaba de noviembre a abril, “sin duda alguna, la mejor temperatura del país
Enceguecido por el amor al terruño osadamente comparaba a Mazatlán con las ciudades de las
costas francesas, italianas y griegas del Mediterráneo, pero veía con meridiana claridad que la
publicidad era fundamental para catapultar a Mazatlán. “Una propaganda amplia e inteligentemente
difundida ” en Estados Unidos, donde sólo se conocía en la costa occidental, haría que se conociera
la hermosura de sus playas. Poéticamente y muy al estilo de la época, Sánchez Hidalgo concluía
que cuando “se supiera la existencia de islas paradisíacas que rodean como un cinturón verdeante a
Mazatlán; de descanso benéfico que se disfruta bajo sus palmeras rumorosas, y de los paseos por
los esteros en las noches de luna; la pesca y la caza de venados y tantos y tantos atractivos, harían

97
El Demócrata Sinaloense, 22-IV-1937, p.3.
98
Baltasar Izaguirre Rojo, El Demócrata Sinaloense, febrero, 1934, p.2.
Arturo Santamaría Gómez
finalmente de mi querida tierra, la Meca del turismo en la República Mexicana ”.
Sánchez Hidalgo tenía razón cuando afirmaba que Mazatlán sólo era conocido en la Costa
Occidental de Estados Unidos. Era excepcionalmente raro que llegaran al puerto turistas
procedentes del Medio Oeste o el Este de la Unión Americana; estos se dirigían más bien al centro
y sureste de México. Los californianos, arizonenses y en menor medida los texanos, si se
encaminaban a Mazatlán. Desde entonces, los gustos e inclinaciones de los habitantes del Suroeste
estadounidense fueron moldeando los patrones del turismo mazatleco. Mas, no fue tan sólo
Mazatlán quien se vio influido por el american way of life, sino prácticamente todo espacio turístico
mexicano, porque tal actividad en nuestro país surgió de la mano de los visitantes estadounidenses.
En un sustancioso análisis sobre los inicios del turismo, El Día99 insistía en tal hecho:
No nos cansaremos de repetir que lo que más precisa en este caso, es el establecer
alojamientos adecuados para los visitantes. Tratarles con suma cortesía en lugar de explotarlos
despiadadamente; hacerles ver que se les estima. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de
los turistas proceden de los Estados Unidos, y que este es el país del confort, del buen vivir, de la
tranquilidad, de la poltronería. Si no se pueden superar las condiciones en que los turistas viven en
sus propia tierra, cuando menos es preciso igualarlas. Pocos son los hoteles que ofrecen agua
caliente a cualquier hora del día. Muchos no tienen cuartos de baño; en otros el servicio es
deficiente, bien por deficiencia o por incuria.
Todo ese debe desaparecer por completo, para abrir paso a la corriente benéfica del turismo,
que enriquece y enseña, porque propala en nuestro medio costumbres ventajosas, y casi siempre
lleva un mensaje de elevación para el pueblo en general.
Ahora que pasó la nube que amenazaba tormenta (el autor se refiere a la rebelión zedillista)
México se convertirá definitivamente en la Meca de los norteamericanos y que se sentirán como en
casa, y que se les demuestre en todos los sentidos que agradecemos su cooperación; y que tenemos
grandes deseos de estrechar más y más los lazos de amistad que ya nos unen con ellos. El comercio
mexicano, los hoteleros y en general todos cuantos estén de una y otra manera conectados con el
bienestar del turista, debe excederse cooperando con el gobierno”.
Los promotores privados y gubernamentales privilegiaron al mercado estadounidense desde que
se empezó a promover la industria turística, lo cual era lógico por la vecindad geográfica. En 1933,
las primeras acciones publicitarias del Departamento de Turismo, dependiente de la Secretaría de
Economía Nacional, fueron las de enviar películas y documentales mexicanos, así como folletos a
Estados Unidos a través de los consulados y la embajada en Washington100.
En el gobierno del General Lázaro Cárdenas, la Secretaría de Gobernación, de la cual dependía
la coordinación oficial de las actividades turísticas, revocó la disposición gubernamental que
anteriormente prohibía a los turistas, particularmente a los extranjeros, tomar fotografías que
exhibían los brutales contrastes sociales que había en México. (En Mazatlán, los diarios porteños se
quejaban con frecuencia de que los turistas insistían en tomar fotos indecentes y denigrantes). Sin
embargo, se aclaraba que se mantenía la censura sobre el uso comercial de las fotografías y debería
permitirse “a turistas e investigadores tomen películas y fotografías... (porque eso) “se halla(ba)
dentro del programa de fomento turístico”101.
Los turistas norteamericanos tradicionalmente han influido más que los nacionales en el
moldeamiento de la industria turística del puerto. Los conceptos de confort, funcionalidad,
salubridad, publicidad e incluso diversión han sido propuestos y exigidos por los visitantes
estadounidenses. Opiniones como las de Arlington H. Jefreys, que encabezaba en 1957 una

El Día, Mazatlán, Sin. 2- VII- 1938


ls
El Demócrata Sinaloense, 7- VIII- 1933, p.l.
101
El Día, 19- IX- 1937, p.6.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
caravana de comerciantes e industriales de Los Ángeles, eran comunes e influyentes en Mazatlán,
como desde 1948 lo eran las de Wally Byam, la voz más autorizada del turismo caravanero en
Estados Unidos. Jefreys declaraba a El Sol del Pacífico: “El turismo ha cobrado gran auge en este
país (México), pero en mi opinión, lo que no deben descuidar es la construcción de mejores hoteles
en todas las ciudades inmediatas a los lugares que por su belleza natural son una atracción para el
turista americano; quiero decir que se pueden construir más hoteles, especialmente en otras
ciudades sinaloenses, puesto que exceptuando Mazatlán y Guaymas, en las costas del
Arturo Santamaría Gómez
noroeste no hay buenas hospederías que satisfagan sus ambiciones de descanso”. Otro de los
integrantes de la caravana, el periodista J. McPearson, que trabajaba para Los Angeles Mirror
News también emitía su juicio: “Para incrementar el turismo se necesitan buenas carreteras y que
se terminen los puentes que faltan de construir en muchas de ellas y se expedite el tránsito de los
visitantes que de Estados unidos se dirigen a México. Por lo que se refiere a los hoteles, estos
han mejorado bastante. Vine hace diez años y encuentro ahora una notable diferencia entre los
de aquel entonces y entre los que nos han recibido y alojado hoy. En el aspecto publicitario
México necesita una más amplia distribución de folletos y manuales, en los cuales se expliquen
las rutas que tenemos para ir a lugares de diversión que contengan lo esencial en materia de
información, para enteramos dónde hay buenos hoteles, restaurantes, carreteras, gasolineras,
tiendas típicas mexicanas, etc. Hasta la fecha sólo se envían folletos llenos de anuncios y muy
poco material informativo”102. Como muestra de colaboración McPearson ofrecía las columnas
de su diario para dar a conocer Mazatlán y otros lugares de México.
Un año después de la visita de los empresarios y periodistas norteamericanos, la Dirección
de Turismo del Estado, a cargo de Carlos McGregor Giacinti, empezó a elaborar un programa
para atraer turismo nacional a Mazatlán que, al menos en esa temporada veraniega, era “casi
nulo”. El proyecto consistía en difundir las bellezas naturales del puerto a través de folletos,
organizar excusiones y ofrecer tarifas moderadas. Los recursos económicos de la oficina
gubernamental que promovía el turismo sinaloense eran bastante magros, en gran parte porque
no recibía presupuesto de la federación, por lo que no era extraño que propietarios de flotas
pesqueras, casas de curiosidades, y hoteles emprendían campañas por su cuenta para atraer
turismo estadounidense. Sería hasta 1959, cuando McGregor Giacinti y los Leones mazatlecos le
solicitarían al Director Nacional del Departamento de Turismo, Alfonso García González, que
“se le diera importancia a Mazatlán como centro turístico” y se le dotara de financiamiento para
publicidad 103.
Cuando decrecía el flujo de visitantes a los hoteles, moteles y tráiler parks, y ya
valorándose para entonces el papel de la publicidad, en los medios turísticos del puerto se
empezaba a decir que todo era resultado de la falta de propaganda 104.
Los clubes de Rotarios y Leones en los años cincuenta y sesenta fueron frecuentes
promotores turísticos del puerto. Los primeros habían organizado en 1957 la visita de Jeffreys y
McPearson, y en 1959 los Leones llevaron su convención nacional a Mazatlán consiguiendo
importantes descuentos en las tarifas y precios de los hoteles, restaurantes y bares.105 El mismo
año de 1959, el Departamento Municipal de Turismo, en el verano de ese año inició una
campaña publicitaria a base de folletos enviados por correo o entregados a mano en Estados
Unidos, para atraer turismo en la siguiente temporada invernal. En respuesta a las críticas y
exigencias de los empresarios turísticos locales que exigían más apoyo de la federación, el
Delegado para el Fomento del Turismo, dependiente de la Nacional Financiera, Rafael Delgado,
declaró a la prensa mazatleca que no había una planeación adecuada para el desarrollo turístico
local y por tal razón se le negaban créditos. La ausencia de vigilancia en el desarrollo turístico
del puerto permitía que hubiesen precios altos en los servicios que se ofrecían, se careciera de
diversiones adecuadas y hubiesen malas comunicaciones, decía el mismo Delegado 106'. La
opinión del funcionario tuvo un impacto inmediato en el gremio turístico porque empezó a
hacerse una promoción del puerto, de junio a octubre de 1960, en base a la reducción del 40% en

” El Sol del Pacifico, 29-IV-1957


" Ibid, 30-V-1959
74 ” Ibid, 1S-IV-I959
10
Ibid, 21-V- 1959
” Ibid, 9-X-1959
los precios de alquiler de las lanchas deportivas, 30% de los cuartos, 15% de los restaurantes y
10% en los bares107. De manera complementaria y siguiendo las propuestas de promover los
bailables folklóricos como atractivo turístico y educación nacionalista, que surgieron en el
gobierno del presidente Ruiz Cortínez y que continuó la administración de Adolfo López
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
Mateos, la Dirección Estatal de Turismo a cargo de Carlos McGregor organizó un festival
nacional entre los conjuntos típicos de México108.
A pesar de impulsar proyectos de atracción turística cada vez más frecuentes, a juicio de los
jefes de los departamentos de publicidad y promoción de la Compañía Mexicana de Aviación se
requería de un esfuerzo “de las fuerzas activas del puerto” para que las campañas fueran más
constantes109. Estas “fuerzas activas” estaban convencidas de que era más gananciosa la publicidad
en el extranjero que en México, viéndose, como siempre, a Estados Unidos como el país que se
tenía en mente cuando se hablaba del “extranjero”. Una muestra contundente de lo que sugería
Ernesto González, presidente de la cámara de comercio local, una de esas “fuerzas activas”, es que
de Estados Unidos salían 8 millones de personas, gastaban 2,500 millones de dólares y visitaban 32
países como turistas, por lo cual Mazatlán debería aprovechar todavía mucho mejor ese enorme
flujo25. A esta opinión la acompañaba la de un grupo de empresarios los cuales se quejaban de que
la Asociación de Hoteles, la Cámara de Comercio de Mazatlán y otros organismos que se
beneficiaban con la afluencia de los turistas no hacían los esfuerzos necesarios para hacer
propaganda ni en el extranjero ni en el país para favorecer a las playas mazatlecas. Criticaban que
sólo en ocasiones esporádicas, como en carnaval, se colaborara con alguna propaganda impresa
que, en comparación a la que hacían otros puertos en la capital de la república y otros estados, era
mínima110. Las opiniones eran contradictorias porque a pesar de la anterior, la Cámara de Comercio
local sostenía que las primeras promociones que hacía la sección especializada en turismo estaban
arrojando magníficos resultados, porque el turismo, particularmente el extranjero, había aumentado
después de Semanal Mayor en relación al año anterior, muy probablemente por el establecimiento
de “buenos vuelos directos entre esta ciudad y Estados Unidos de América”111. A mediados de año,
la Delegación Federal de Turismo en el estado empezó a impulsar una intensa campaña para
promover a Mazatlán entre los turistas estadounidenses y del norte de México, colocando “biombos
gigantes” en las ciudades fronterizas nacionales con las leyendas “Conoce México” y “Conoce tu
país”28. La representación de la Secretaría de Gobernación subrayó el éxito de las campañas
publicitarias que se hacían a favor de Mazatlán porque informaba que del 1 de enero al 15 de abril
de 1961, habían entrado y salido 6114 pasajeros internacionales y que la cifra tendía a aumentar112.
En septiembre, la Asociación de Hoteles y Conexos de Sinaloa anunciaba’ una “intensa campaña
publicitaria encaminada a propagar las bellezas de Mazatlán” en los estados de Nuevo León,
Saltillo, San Luis Potosí, Guanajuato., Jalisco, Durango, Chihuahua y Sonora, así como la zona
central y norte de Sinaloa, pensando en la proximidad de la temporada de invierno y las fiestas de
carnaval, para ello se imprimieron 100 mil folletos propagandísticos113. Durante la gestión del
Arquitecto Sergio Pruneda, como Delegado de Turismo, entre 1965 y 1972114, fueron numerosos
los artículos sobre Mazatlán que se publicaron sin costo alguno en periódicos y revistas de Estados
Unidos y México, la mayoría de ellos resultado de invitaciones que se les hacían a los periodistas
para que conocieran el puerto sinaloense. En el diario Excélsior, de la Ciudad de México, el famoso

“ Ibid, 1-VI-I960
“ Ibid, 29-VII1-1960.
Ibid, 5-IX-1960
!
‘Ibid,31-III-1961
” Ibid, 18-IV-1961
Ibid. 22-VII-1961
M
Ibid, 28-IX-l 961
114
Entrevista del autor a Sergio Pruneda, Mazatlán,Sinaloa, 10- XI- 2001.

67
Arturo Santamaría Gómez
columnista Carlos Denegrí, escribía acerca de Mazatlán con mucha frecuencia, especialmente
después de que a expresa invitación de Sergio Pruneda recorriera Sinaloa al lado del cineasta
especializado en documentales, Demetrio Bilbatúa. Denegrí hizo tal amistad con Pruneda y se
enamoró tanto del puerto de los patas saladas que decía que el Delegado de Turismo por su ardua
obra tenía un nuevo apellido: Mazatlán. En 1968, año en que Mazatlán peleó la sede de las
competencias olímpicas de regatas, lo cual hubiese sido un notable suceso propagandístico para el
puerto, la revista Claudia publicó un magnífico reportaje sobre la tierra de venados con textos del
escritor Vicente Leñero. En agosto de ese año la mundialmente famosa National Geographic
Magazine también le dedicó un reportaje a Mazatlán.
En los sesenta se avanzó mucho en el estado en materia turística, pero
se caía en el pecado de sobredimensionar la propaganda sobre los
atractivos que podían tener Mazatlán y sus alrededores. Por ejemplo,
cuando se empezó a hablar de crear un circuito turístico alrededor del
puerto con las poblaciones de Concordia y Pánuco, se hablaba de ésta
última “como el Taxco de Sinaloa”, lo cual era una comparación
totalmente exagerada y dañina porque la ciudad guerrense exhibe una
riqueza arquitectónica colonial que ningún asentamiento sinaloense tiene,
y muchos turistas norteamericanos la conocían en su paso a Acapulco por
lo que lógicamente las podían contrastar y Sinaloa salía perdiendo.
En Mazatlán era frecuente que con mucha ingenuidad se creyera que su
éxito entre el turismo del oeste norteamericano de los cincuenta y sesenta, lo
situaba automáticamente en el conocimiento de todo mundo, lo cual no era
cierto ni siquiera en el conjunto de Estados Unidos. En realidad, el único
puerto mexicano que entonces recibía una publicidad más allá de Estados
Unidos era Acapulco, puerto constantemente favorecido y protegido desde los
años treinta por los gobiernos centrales. En Mazatlán con justificada razón
desde los años treinta eran frecuentes las quejas por el favoritismo hacia
Acapulco. En 1934, el Gobernador de Sinaloa, profesor Manuel Pérez, le
informaba al Demócrata Sinaloense, su preocupación de que el gobierno
federal se inclinara por Acapulco y Manzanillo en perjuicio de Mazatlán. En
1953, Acapulco convertido en un centro turístico de fama mundial hasta del
título mazatleco, La Perla del Pacífico, se apropió. En 1965, manifestaba
Alfonso Ruiz Gómez, Presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles y
Conexos del Estado de Sinaloa A.C., que las perspectivas del desarrollo
turístico de Mazatlán dependían en gran parte de que las autoridades federales
se olvidaran de canalizar los apoyos y recursos casi exclusivamente al sur del
país. El mismo Ruiz Gómez acusaba en 1962 que había “un grupo de interés”
en la Federación al cual le convenía “llevar al visitante a Acapulco en lugar de
traerlo a Mazatlán”32. Este mismo año, Francisco Morales, Alberto Escoboza
y Alfonso Ruiz Gómez, delegados mazatlecos que participaron en la
Convención Nacional de Turismo, celebrada en Guadalajara, protestaron por
“el abandono” en que se tenía a Mazatlán ya que no gozaba del apoyo que se
le daban a Guadalajara, Acapulco y México. “Se nos discrimina en materia de
ayuda gubernamental en las promociones publicitarias”33, decían una y otra
vez los representantes del turismo mazatleco. Los empresarios del ramo, sin
embargo, no se quedaban cruzados de brazos. Guillermo López, Presidente de
la Cámara de Comercio Local, promovió a un grupo que coordinara las

” El Sol del Pacífico, 7- VI- 1965, y 1- VIII- 1962. “ El Sol


del Pacifico, 29-VIII- 1962.
actividades publicitarias en base a las aportaciones económicas de sus
agremiados; pero al mismo tiempo alertaba que si no se trabajaba

El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN


eficazmente Puerto Vallarta podía ser “un peligro”.
A principios de los sesenta los diferentes intereses de los hoteleros los
llevó a dividirse. En 1963, unos pertenecían a la Asociación Mexicana de
Hoteles y otros a la Asociación de Hoteles, Moteles y Conexos de Sinaloa.
Tal escisión dificultaba la promoción del puerto, entre otras razones porque
no había acuerdos para respetar las tarifas oficiales que establecía para los
hoteles el Departamento de Turismo. “Los propietarios de restaurantes cobran
muy caro el servicio a la carta a los turistas nacionales y extranjeros, lo mismo
sucede con las casas y personas que venden curiosidades, los choferes de
sitios y las cantinas”, decía el El Sol del Pacífico, en septiembre de ese año.
La Cámara de Comercio, pese a estas dificultades enviaba folletos
publicitarios a Estados Unidos, asistía a las caravanas turísticas, realizaba
conferencias y promovía el intercambio con ciudades norteamericanas tal y
como se hacía con Santa Mónica desde 1961, cuando la señora Clo Hoover
promovió la hermandad. Dentro de los éxitos que se alcanzaron ese año,
estuvo el que Mazatlán fuera aceptado por los asistentes a la Convención
Internacional de la ASTA para que los representantes de agencias de viajes y
transportes lo incluyeran en los itinerarios de viajes internacionales 115. Los
dirigentes del turismo mazatleco se sentían tan confiados de los avances en
sus instalaciones que promovían ya grandes convenciones como la del
Consejo Internacional de Buena Vecindad, la del Distrito 415 del Club
Rotario y otras más de las Radiodifusoras del Pacífico, presumiendo
orgullosos que de 1,700 cuartos, 600 tenían “todas las comodidades
imaginables”116. Aunque para ser justos con los padres del turismo mazatleco,
habría que recordar que ya en los años treinta se celebraban convenciones de
Rotarios como la que se celebró en el Belmar en 1934117.
En 1963 ya era más constante la publicidad que se empezaba a hacer en el
sur de Canadá y en el Medio Oeste de Estados Unidos aprovechando la
producción de un documental mazatleco traducido al inglés y que llegaba al
puerto sinaloense el Delegado de Turismo de México en Canadá118. Era
evidente que en esa década la publicidad turística ya se estaba
profesionalizando en Mazatlán. La Compañía Mexicana de Aviación y la Jet
Travel Services, de Estados Unidos, un año antes habían celebrado un
encuentro de tres días entre especialistas del campo de la publicidad para que
se borrara “cualquier concepto erróneo sobre México”.
Eran muchas las quejas de las autoridades y empresarios turísticos de
Mazatlán frente al centralismo del gobierno federal y el favoritismo hacia
Acapulco, pero también era cierto de que no había mucha cooperación,
coordinación y planificación de los diferentes sectores involucrados en el
desarrollo del turismo. Laura Farber, Secretaria de Turismo Municipal, decía

115
Ibid, 30-X-1963.
” Ibid, 2-XII-1963.
117
El Demócrata Sinaloense, 3- XII- 1933, p.3
78 37
Ibid, 20-VIII-1963.
que “nosotros los mazatlecos que estamos dentro o fuera del sector oficial no
sabemos retener al turismo (debido) a la apatía de los sectores vinculados a
él”. La falta de una promoción turística bien dirigida, la desatención de los
propietarios de restaurantes, “choferes de sitios” y de gerentes de los hoteles,
en el trato a los clientes, ahuyentaban al turismo de Mazatlán, señalaba el
Delegado Federal de Turismo, Genaro Escoboza.
La ruptura de los hoteleros, acontecida en diciembre de 1962, era una de las
causas de los problemas señalados. Los principales hoteleros, incluyendo a los
propietarios del Belmar, Agua Marina, El Dorado, Playa, Freeman, La Siesta,
Joncols, Flamingos, Moteles La Perla y Mazatlán, Bungalows La Laguna y Las
Palmas, y los dueños de tiendas y curiosidades, así como de las flotas de pesca
deportiva Marlin, Estrella, Bibi e Indio le dieron nacimiento a la Asociación de
Hoteles, Moteles y Conexos de Sinaloa. Lo curioso es que los propietarios del
Belmar pertenecían a las dos asociaciones, y el tiempo
El Nacimiento les dio
del Turismo enlaMAZATLAN
razón porque en
septiembre de 1964 al menos temporalmente se superaron las diferencias de los
empresarios turísticos para fusionarse en la Asociación Mexicana de Hoteles y
Moteles de Mazatlán A.C. quedando como Presidente el señor José Eleazar
Peña3S. A pesar de ello, escribía la prensa local, esos organismos pro turismo, los
más numerosos a nivel nacional, “son los que menos promoción efectiva realizan
a favor de la atracción, trato y satisfacción del turista”39.
La información de los periodistas era errónea o, a pesar de la displicencia de
esos organismos, el número de turistas nacionales y extranjeros seguía creciendo
y la construcción de hoteles y restaurantes no cesaba. En 1965, la Asociación de
Hoteles de Sinaloa, nuevamente escindida, anunció que se construirían cuando
menos cinco nuevos hoteles a lo largo de la Avenida del Mar, la cual sería
remodelada y remozada en 1968.40

“ 1 bid, 30-X1I-1963, y 4-1-1964. ”


Ibid. 28-IX-1964.
" Ibid, I-IV- 1965.
----------------- El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO IX

LOS GUÍAS DE TURISTAS

Manuel Romero Rendón119, Secretario General del Sindicato Nacional de Guías


de Turistas y Similares de la República Mexicana, encontraba en los primeros años
del régimen revolucionarios los orígenes de los guías turísticos del país:
“La historia de estos servidores se remonta a 1934. Comienza cuando surgió la
necesidad de dotar a un grupo de choferes bilingües de credenciales de guías de
turistas, que en aquel entonces expedía la Jefatura de Policía en ocasión del arribo de
los primeros visitantes que llegaban a la capital mexicana”.
“La mayoría de estos guías eran mexicanos que regresaron de Estados Unidos,
donde residieron a consecuencia de la Revolución de 1910 y los subsecuentes
movimientos armados que tuvieron lugar en territorio mexicano. Al retomar al país,
aprovecharon su conocimiento del idioma inglés para orientar a los primeros grupos
de turistas. En este año —1934— fue cuando se fundó el primer organismo sindical
de guías de turistas”.
A pesar de que el primer Sindicato Nacional de Guías de Turistas nació en 1934,
la historia de los guías es más remota y nació de manera espontánea en diferentes
ciudades de México, tal y como sucedió en Mazatlán aún antes de la fecha en la que
surgió el sindicato. En un anterior capítulo se observó como el Hotel Belmar contaba
al menos con un guía de turistas a principios de los años treinta. La escritora
norteamericana que lo recuerda en su libro de viajes habla de su amabilidad y
dominio del idioma inglés y no se queja en ningún momento de él; pero a partir de los
cincuenta, cuando el turismo ya es una actividad económica importante en el puerto,
la situación ya había cambiado, al grado de que había constantes llamados para
profesionalizar a los guías. El primer paso era crear una escuela para ellos.
El Dr. Luis Zúñiga, Delegado de Turismo en el año de 1955, dio a conocer a los
propietarios de hoteles en Mazatlán que sólo había dos guías autorizados por la
dirección general de su oficina: los señores Emilio Someyera y Luis de Alba. Estas
personas eran “preparadas y por lo tanto pueden llevar a turistas extranjeros a sitios
históricos y darles una explicación relacionada con el lugar que visiten”, decía el
funcionario; no obstante, los propietarios de hoteles no gozaban de la autoridad para
evitar que otras personas sirvieran de intérpretes a los visitantes de Estados Unidos
que, por cierto, frecuentemente se dedicaban a “llevar a los turistas a los centros de
vicio”2.
También era común que los hoteleros utilizasen a los policías o agentes de
tránsito como guías, tal y como sucedía con el propietario del Playa Mazatlán, quien

119
El Sol del Pacifico, ll-IX-1955
Arturo Santamaría Gómez
recibió un llamado de atención del Subdelegado Federal de Turismo por utilizar a los
policías que, comisiones mediante, llevaban clientes a esa empresa3.
La Subdelegación federal de Tránsito había extendido tan sólo dos credenciales
oficiales de guías, pero la CROM solicitaba autorización para otras dos, y el señor
Ramón González, chofer de transporte público, por su parte también pedía otra4. A
nivel nacional, la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, se sumaba a la
campaña que impulsaban las autoridades de la Secretaría de Gobernación “para
limpiar de malhechores nacionales y extranjeros a la industria turística de estos
individuos disfrazados de guías, agentes de turismo, etc., que (habían) convertido en
sus madrigueras a los más lujosos hoteles de la Ciudad de México y Acapulco”5.
Frente a tantos problemas e improvisación que también se presentaba en
Mazatlán, por parte de diferentes sectores se hizo la propuesta de que la Escuela de
Enseñanzas Especiales creara la carrera de guías de turistas; no obstante, ante la
negativa de la Asociación de Hoteleros de cooperar económicamente con la escuela el
proyecto se frustró. El argumento de Guillermo Freeman, Presidente de la Asociación
de Hoteleros de Sinaloa, para oponerse a la creación de la carrera de guía de turistas,
era el que, a su juicio, mientras no hubieran “personas realmente preparadas, ética,
moral y culturalmente no habrá guías de turistas honrados que en lugar de ser rémoras
de la industria turística sean un beneficio para todos”. Freeman decía no oponerse
gratuitamente a la escuela sino que los que han fungido como tales lo hacían en
perjuicio de los hoteleros y el comercio, estafando y cobrando cuotas extraordinarias,
no tan sólo en Mazatlán “sino en la capital del país, e inclusive en Acapulco”6.
Había una intensa disputa en los diferentes sectores involucrados en la economía
turística del puerto porque, mientras que por un lado la asociación de hoteleros se
oponía a una escuela que a su entender no tendría éxito y, por otro, la CROM y las
autoridades municipales insistían en que si se abriera, e incluso contaban con el
programa para ella, aunque reconocían que habían individuos que actuaban como
delincuentes, por lo que apoyaban que la Presidencia Municipal los reglamentara y les
exigiera por lo menos conocimientos mínimos de inglés, geografía e historia7.
Finalmente la escuela no se abrió y los abusos de los guías continuaron, al grado de
que en 1959, Carlos McGregor Giacinti, Presidente del Patronato Municipal de
Turismo, colocó en los hoteles y otros lugares visitados por los turistas cartulinas que
indicaban las sanciones que se impondrían a los guías no registrados oficialmente,
donde se hablaba de penas de seis meses a cuatro años de prisión y multas de hasta
seis mil pesos120.
En el plano federal, desde el 29 de agosto de 1936, había sido creada por Decreto
Presidencial, la Ley General de Población que, a su vez, daba el marco legal para que
surgiera la Dirección General de Población bajo la autoridad de la Secretaría de
Gobernación. La Dirección General de Población promovería el turismo y como parte
de éste brindaría el servicio de guías de turistas. En esa época, la marcada tendencia a
que en México como en otros países del mundo el Estado tuviera una fuerte injerencia
en todo tipo de actividades, llevó al gobierno de Lázaro Cárdenas a establecer que los
guías dependieran de la Secretaría de Gobernación y a fijar requisitos oficiales para
serlo, los cuales eran los siguientes:

• Ibid, 9-1V-1959
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
1. Ser de reconocida honorabilidad y buena conducta.
2.
No padecer enfermedad contagiosa ni tener defectos físicos o funcionales que
incapaciten al individuo para ejercer dicha actividad.
3. Poseer los conocimientos necesarios.
4. Otorgar una fianza por la cantidad que señale el reglamento.
Una vez cubiertos esos requisitos se expedía una credencial donde se señalaba la
zona donde podía ejercer su oficio. El incumplimiento de lo establecido oficialmente
compelía a la cancelación de la licencia121.
Evidentemente, en Mazatlán había un marcado rezago en la aplicación de los
reglamentos para autorizar licencias a los guías de turistas, porque veinte años
después de que se aprobaran la mayoría de ellos no cumplía con los requisitos, tal y
como le señalara Guillermo Freeman, cabeza de la asociación de hoteleros del puerto
a finales de los años cincuenta. No obstante, a principios de 1959, el Departamento de
Turismo local estableció las siguientes condiciones para obtener licencia de guía: que
supieran inglés, tuvieran preparatoria terminada, la aprobación de un curso especial
impartido por el mismo Departamento con duración de ocho meses, o el que impartía
durante tres años la UNAM. Por lo pronto, el único autorizado en ese año por el
Patronato de Turismo Local como chofer intérprete era el señor Juan Zaragoza122.
Fuera de Mazatlán, en 1953, se había creado la primera Escuela de Hotelería,
auspiciada por la Asociación Mexicana de Hoteles y en 1959 se abrieron las puertas
de la primera escuela universitaria de turismo, en la Universidad del Estado de
México. Sin que fuera precisamente un centro de preparación para guías, fue en 1973,
con la apertura de la Universidad de Ciencias y Humanidades del Pacífico, donde por
primera vez en Mazatlán se preparaba académicamente a profesionales del turismo a
nivel de licenciatura; y tres años antes, la Dirección de Desarrollo Turístico del
Gobierno del Estado, con el respaldo del Instituto Mexicano del Seguro Social, había
creado, de manera temporal, el Centro de Adiestramiento para la Industria Hotelera y
Gastronómica, con sede en Mazatlán123. Por su parte, Don Luis Zúñiga, quien en 1955
ya había sido Delegado de Turismo en el estado, no cejaba en su empeño de
contribuir al desarrollo turístico del puerto, porque en 1971 había impartido una serie
de charlas de historia regional y local a los taxistas del puerto, que desde tiempo atrás
se habían autohabilitado como guías de turistas y no siempre recordaban la historia de
la manera más certera.

121
Alfonso Hernández del Rosal, Op. Cit., pp.43-44
122
El Sol del Pacífico, 17- 111- 1959.
u
El Sol del Pacifico, 5- IX- 1970.
Arturo Santamaría Gómez

CAPÍTULO X

LOS PESCADORES DEPORTIVOS Y EL CRECIMIENTO DE LA


CIUDAD

A principios de los años treinta ya se conocía la pesca deportiva en Mazatlán, la


cual se convirtió en una atracción principal entre los turistas estadounidenses en los
años cincuenta y sesenta. Los viajeros anteriores a los años de la Segunda Guerra
Mundial hablaban de la abundancia de especies marinas y la fascinación que
suscitaba pescar en las aguas cálidas del puerto sinaloense, a pesar de que la
población local no consumía mariscos y poco pescado, dándole preferencia a las
carnes de res, borrego y cerdo; “los mariscos se los llevan los franceses, japoneses,
los alemanes (...y) los mazatlecos no consumen ni producen hortalizas”124.
La empresa ferroviaria estadounidense, Southern Pacific, en su propaganda de
1933 ya hacía mención de la pesca deportiva en Mazatlán. Para todos aquellos
interesados en pescar “seriamente”, el folleto turístico les daba los nombres de las
especies que se encontraban en las aguas del Pacífico. Entre otros, en invierno se
podían pescar: Cabrilla, Vaya, Pargo, Sierra, Sardina, etc.; en verano: Toro, Pez
Gallo, Espada, Vela, Magre, Pargo, Cabrilla, etc. Los precios para el alquiler de las
lanchas, dentro de las cuales ya había de motor, eran ajuicio del folleto, sumamente
baratos. Cinco pesos la hora por todos los turistas que cupieran en la lancha125.
Treinta años después, las flotas de pesca deportiva se habían profesionalizado pero las
tarifas habían escalado cifras muy altas: por lo menos cincuenta dólares por jomada.
En 1959, un libro para turistas norteamericanos hablaba con tanto entusiasmo de
la pesca deportiva en Mazatlán que no le encontraba fecha de nacimiento: “... siempre
ha sido considerado (un puerto) de pesca fina y caza deportiva”126. En realidad, la
pesca industrial para entonces no tenía más de tres o cuatro décadas de practicarse y
la pesca deportiva con lanchas de motor, equipadas ex profeso y con guías
profesionales tomó forma a finales en 1946 con la creación de la Flota Bibi; y al igual
que el turismo de caravanas no había surgido de una oferta mexicana, sino de una
demanda norteamericana. Prácticamente desde que se inició de manera informal en
los treinta hasta el periodo contemporáneo, la pesca deportiva ha sido una práctica

124
El Demócrata Sinaloense, 20-VII-l 939
z
“ What an average tourist saw and did in a three week s trip”, Published by Southern Pacific, 1933.
126
John Williams, Guide to All México, Ediciones Tolteca, 1963, p.114
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
gozada casi exclusivamente por norteamericanos y canadienses.
Puede afirmarse que la profesionalización del servicio de la pesca deportiva se
inició en 1949 con el Torneo Internacional Dorsey y la creación, poco antes, de las
flotas Indio, propiedad de Luis Patrón, y la Bibi, de Ernesto Coppel. Tres años
después, también empezó a navegar la Marlin y Guillermo Heimpel, creó la Estrella,
o Star Fleet. Además de estas flotas modernas, los alijadores del puerto también
rentaban las suyas pero carecían del equipo adecuado; normalmente las lanchas de
los alijadores carecían de motor e incluso de asientos, por lo que subían sillas para
que se sentaran los turistas. En esos años, las flotas estaban estacionadas en el lado
norte del muelle fiscal de la zona federal. Después de que el huracán Olivia en
octubre de 1975 destruyera casi toda la flota deportiva de Mazatlán, entre ellas seis
lanchas de la Flota Indio, los propietarios de las embarcaciones consiguieron el
permiso gubernamental para construir el embarcadero al pie del Faro del Crestón,
pero para ello realizaron obras de relleno, introdujeron luz y agua, y construyeron el
muro de contención. La Flota Marlin también desapareció y uno de sus antiguos
propietarios, Gil Avilés, se fue a trabajar con Ernesto Coppel, a la Bibi; pero en esos
mismos años, con el turismo en ascenso, diferentes profesionistas, médicos y
abogados del puerto, adquirieron lanchas para rentarlas a los pescadores deportivos.
Así como se crearon otras flotas que fondeaban en el nuevo embarcadero, como la
que Miguel Maximín bautizó como Faro, al Crestón llegaron el barco escuela El
Puma, de la UNAM, y el yate turístico Fiesta. El auge de la pesca deportiva en los
sesenta fue tal, que en los astilleros se producía un barco cada año para practicar ese
deporte y los turistas hacían sus reservaciones con un año de anticipación. Los
turistas de la pesca permanecían en promedio cuatro o cinco días y se entregaban a su
placer favorito en jornadas de ocho horas diarias. En la celebración del Torneo
Internacional Dorsey, bautizado así por uno de sus organizadores, Mr. Dorsey, se
congregaban alrededor de cien deportistas anualmente. La inmensa mayoría de ellos,
procedentes de California y Texas, en los cincuenta y principios de los sesenta se
hospedaban en los hoteles Siesta, Playa y De Cima. En la misma década que surge el
hippismo y la música de los Beatles y Rolling Stones, Mazatlán gozó inmensamente
las ventajas de ser la playa más cercana a Durango porque, aprovechando que en el
vecino estado la industria hollywoodense había montado estudios de cine para filmar
películas de vaqueros, rutilantes estrellas como John Wayne, hicieron del puerto
sinaloense su segunda casa cada fin de semana mientras filmaban en la tierra de
Pancho Villa. El famoso actor norteamericano tenía anclado su yate Wild Goose en
aguas mazatlecas e hizo amistad con vecinos del puerto, entre ellos Guillermo
Heimpel, propietario de las lanchas en las cuales salía a pescar el gran vaquero.
Artistas como John Wayne le dieron glamur y fama a Mazatlán, que entonces no
sufría la competencia de Cabo San Lucas y apenas empezaba a conocer la de Puerto
Vallarta.
Las playas de Jalisco, a unos cuantos kilómetros de Sinaloa, puestas de moda por
Elizabeth Taylor y Richard Burton, en 1962 fueron vistas por los mazatlecos como un
fuerte desafío. Los pata saladas observaban que Vallarta “estaba robando un gran
número de turistas” debido a un uso exitoso de la publicidad. Genaro Escoboza,
Delegado de Turismo en Mazatlán, decía que de los pasajeros aéreos procedentes de
Estados Unidos sólo un mínimo porcentaje se quedaba en Mazatlán y la mayoría
Arturo Santamaría Gómez
continuaba rumbo a Puerto Vallarta porque las agencias de viajes le concedían mayor
promoción al pequeño puerto jalisciense127.
En los cincuenta, el turismo mazatleco había cobrado plena forma. Puede decirse
que el turismo además de ser ya en esta década una actividad relevante para la ciudad,
también ve surgir su segunda etapa histórica e influir en su desarrollo urbanístico.
En el plano del crecimiento de la ciudad, la primera fase del desarrollo turístico se
construye en el Paseo de Olas Altas y en el Paseo del Centenario. En términos de
modas arquitectónicas, la construcción del Hotel Freeman a principios de los
cincuenta y todavía en Olas Altas, es decir en el Viejo Mazatlán, señala un parteaguas
porque se presenta como el primer edificio de más de diez pisos en el noroeste del
país y con un diseño que rompía totalmente con la arquitectura tradicional del puerto.
En esta década, la pesca de altura y el turismo son dos actividades ya claramente
establecidas en el puerto, algo que se empezaba a insinuar antes de la Segunda Guerra
Mundial. La ciudad mostraba su crecimiento hacia el norte, desbordando los límites
de su casco viejo que terminaba en las cercanías de lo que en la actualidad es la
Avenida Gutiérrez Nájera. El censo de 1950 decía que Mazatlán tenía 75,003
habitantes, lo cual la convertía en la ciudad más poblada en la costa occidental de
México, incluso por encima de Acapulco, que ya era el puerto turístico más famoso
de México.
Mazatlán no era descrito por los libros turísticos de autores estadounidenses como
“un típico pueblo de pescadores” tal y como frecuentemente se decía del puerto
guerrerense en las dos décadas anteriores. Más bien se le describía como “una vieja
ciudad de raro encanto”, según la percibía James Clifford Safely en el capítulo
“Tropical City of Mazatlán”, de la obra Mexican Vistas128. Clifford en 1950 veía a la
ciudad de los venados “construida en una península formada principalmente por
planicies, con algunas residencias y otras construcciones que abrazan las faldas de un
gran peñasco desde el que se observa la Bahía de Olas Altas. Desde sus alturas se
contempla una magnifico panorama de la ciudad y las aguas reposadas de la isla
vecina”.
La urbe porteña seguía siendo, como lo era desde finales del siglo XIX, el centro
comercial de distribución de productos agrícolas y mineros de Sinaloa, Nayarit y
otras zonas aledañas. No obstante, dice nuestro escritor, el puerto “había perdido el
glamur de los viejos barcos cargueros y sólo ocasionalmente arribaba un nuevo
transporte de fletes. La industria del camarón crecía y la pesca deportiva ganaba
popularidad”. Había pequeñas factorías de zapatos, ropa y muebles. En la ciudad
había una docena de bancos que pagaban cuatro por ciento de interés en cuentas de
ahorro y cobraban a los solicitantes de préstamos un mínimo del doce por ciento
anual. Los intereses para un préstamo de bienes raíces era del dieciocho por ciento
anual”.
“Las calles de la ciudad eran transitadas por modernos y grandes automóviles de
factura estadounidense pero también por las tradicionales arañas que eran jaladas por
mulas, caballos y burros lo cual, además de mezclar épocas y tecnologías distintas,
generaba pequeños congestionamientos. Una de las orillas de la ciudad llegaba hasta

127
El Sol del Pacifico, 30- XI- 1963.
128
James Clifford Safely, Mexican Vistas, Union Tribune Publishing Co. San Diego, Ca, 1952, pp.139-142
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
la entonces llamada Avenida Franklin D. Roosevelt que esperaba pacientemente ser
pavimentada. Olas Altas era el asiento del Belmar, el Siesta y del Freeman. La sana
costumbre de la siesta se observaba puntualmente entre las 12.30 y las 15.30. Las
oficinas y tiendas cerraban a las horas en las que el sol pegaba más fuerte. La calles
virtualmente se vaciaban”. Acerca de esta costumbre mazatleca decía James Clifford:
“Mientras los norteamericanos pueden inclinarse a considerar a la siesta como
una muestra de indolencia, el clima es tal que la energía se ve minada por el calor,
por lo que la gente del trópico sabe cómo llevar la vida con facilidad y ocio. Y
también sostienen la tesis de que uno vive más sino se vive tan de prisa”. Citando a
un mazatleco que había vivido quince años en Los Ángeles el agudo viajero
agregaba: “Aquí yo trabajo unas cuantas horas, voy a casa, me bebo una cerveza,
como y después duermo alrededor de una hora. Luego regreso a trabajar. En Los
Ángeles pasé quince años trabajando sin siesta”.
A principios de los cincuenta, Clifford no encontraba que la ciudad carnavalera
fuera un centro turístico muy conocido. “Mazatlán no se ha convertido en un centro
turístico importante debido a su asilamiento. Es cierto que los turistas hacen
presencia pero no en grandes cantidades. Con la terminación de la carretera
pavimentada desde Nogales, una ruta fácilmente manejable y de atractivo paisaje
estará al alcance de Estados Unidos, y se puede anticipar un importante flujo de
visitantes de California y Arizona”. Clifford no estaba errado. En muy pocos años
Mazatlán dejó de estar aislado por carretera y con las caravanas de Wally Byam
empezaron a llegar miles de turistas, pero a la vez, tal y como lo pronosticara James
Clifford: “cuando los americanos empiecen a llegar en grandes números y se hagan
menos cuidadosos con su dinero, mucho del encanto propio de Mazatlán
desaparecerá. Se verá una redoblada comercialización a expensas de los yanquis, con
elevados precios en las mercancías y alojamientos.” Ya en 1937, otro observador
extranjero, admirando la cortesía de los mazatlecos, “aún de la gente humilde”, decía,
deseaba que el turismo no fuera a cambiar a México129. Por cierto, el Mazatlán de
esos días les resultaba más pintoresco a los turistas con la sobrevivencia de los
carruajes jalados por caballos o mulas, llamados arañas en el puerto. Este transporte
se utilizaba en Mazatlán aún antes de la invasión francesa y se empezó a fabricar en
tierras sinaloenses cuando los hermanos Herbert W. Y J.C. Felton, originarios de
Vermont, Virginia, y avecindados en Mazatlán, abrieron su taller de carruajes en
1895. Desafortunadamente para el pintoresquismo del puerto, las arañas fueron
puestas fuera de circulación en los años sesenta del siglo XX durante el gobierno de
Leopoldo Sánchez Célis porque “entorpecían el tráfico de vehículos de motor”130.
Por fortuna Clifford y otros observadores, durante sus visitas no percibieron que
la prensa mazatleca constantemente revelaba abusos de hoteleros, dueños de
restaurantes y taxistas. Lo que sí era cierto es que, en las siguientes décadas las
denuncias continuaron. Las delegaciones de turismo ya fuese a nivel federal o
municipal o las asociaciones de hoteleros y los sindicatos de taxistas no pudieron
contener las frecuentes irregularidades de los involucrados en la creciente industria
turística. Pero no fueron tan sólo los yanquis quienes padecieran los estragos de la
voracidad sino también los nacionales, a lo que se aunaba no pocas veces, sobre todo

129
El Día, 8-VIII-1937, p.3.
130
Joaquín López Hernández, “Recordando a las arañas”, en El periódico cultural del centro histórico Viejo Mazatlán, diciembre, 2001, p.8.
Arturo Santamaría Gómez
en hoteles y restaurantes de lujo, la discriminación.
Aún y con todo lo anterior, esa época se vivía con optimismo en las ciudades del
país, particularmente en las turísticas que crecían con rapidez, debido a que los
indicadores económicos mantenían un alto nivel. El turismo es una brillante realidad,
decía un titular de El Sol del Pacífico, el 6 de marzo de 1962, a raíz de un encuentro
del expresidente de México, Miguel Alemán Valdés y el presidente de Estados
Unidos, Lindon B. Johnson. Tan brillante la veían que, con la empalagosa retórica de
la folletería turística, halagaban sin freno los atractivos de México:
Nuestro país, dotado de una espléndida geografía, cuyos paisajes y panoramas
se desenvuelven en una maravillosa gama, desde las ardientes tierras de nuestras
costas tropicales, en las que el sol activa la sangre y estimula la vida, y bajo un cielo
purísimo la vegetación de selvas asombrosas es para el viajero una constante
sorpresa... que hacen del viaje en sí mismo una constante variación y diversificación
de emociones... Y así por el estilo.
En el lado opuesto del optimismo que generaban los ingresos turísticos, estaba
la reacción, a veces nacionalista, a veces moralista, de diferentes sectores de la
sociedad mexicana que veían en el turismo extranjero una negativa influencia en
nuestras costumbres y hábitos. Haciéndose eco de los sectores conservadores de
la sociedad mazatleca, un editorial de El Sol del Pacífico131, escandalizado,
levantaba la voz:
Una anomalía, que la autoridad correspondiente ha ignorado, es que existen
en el puerto muchos turistas extranjeros que olvidando las más elementales
reglas de moralidad, se lanzan por las calles de la ciudad vestidos en simple
calzón de baño, como si estuvieran en su propia casa, suele pensar que, como
Mazatlán es puerto y centro turístico, se deben soportar todas las majaderías de
todos los majaderos del mundo con tal de que dejen dinero. Se dice también que
la cortesía del puerto para con los visitantes, sobre todo extranjeros, debe ser
extremada y no se les debe molestar para que, agradados del trato, vuelvan y
busquen otros que se conviertan en posibles turistas. Sin embargo, una cosa es la
cortesía y la consideración, y otra muy distinta que se paseen impunemente por
nuestras calles en simple calzón de baño.
Esta crítica no era extraña porque en Mazatlán ya era una costumbre que en
cualquier época se criticara siempre a los extranjeros o a ciertos turistas de la
decadencia inmoral. Treinta años antes de los beatniks y los hippies se tachaban
de indecentes a los individuos que tan sólo con taparrabos se bañaban en el mar.
De igual manera se calificaba de sodomitas a una pareja que en traje de baño y
completamente intoxicados por el alcohol, se encontraban sobre la arena
acariciándose y besándose en forma descarada'0.
Ya entrados los sesentas y frente a la irreverente cultura juvenil antibélica y
sexualmente activa que brotaba de las ciudades estadounidenses, particularmente
de las californianas, la Asociación de Hoteleros del puerto anunciaba en 1963 de
que el Convenio México-Norteamericano para impedir la salida de los beatniks de
los Estados Unidos, había sido muy efectivo". En realidad, a la larga, tal
mecanismo censor no surtió efecto, porque los beatniks y después los hippies

* El Sol del Pacifico, 2- IV- 1959.


El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN
invadieron México y, efectivamente, influyeron en las nuevas prácticas culturales
de amplias capas de la juventud mexicana. En Mazatlán, como en prácticamente
todo México, tan sólo por su apariencia se detenían a jóvenes que ostentaban
vestimentas y aspectos estrafalarios, informaba el Sol del Pacífico, el 22 de
septiembre de 1970, a pesar de que la mayoría de ellos sólo lo hacían por imitar
ropas de moda. Hay jipis buenos y malos como en todo, decía Antonio Coppola
Fernández, Agente del Ministerio Público. Este mismo diario regularmente
informaba, por otra parte, que había constantes denuncias de que por los rumbos
del Camino Real a Cerritos, se paseaban desnudos por las playas, personas
norteamericanas con características jipis (...) donde realizaban actos inmorales y
fumaban mariguana, o ingerían e inyectaban enervantes'2.
Lo que sucedía en Mazatlán también se observaba en otros puertos y pueblos del
país. Oaxaca, más que ningún otro estado, conoció legiones de hombres y mujeres
jóvenes que alucinaban con los hongos sagrados de María Sabina, y se entregaban
desnudos a las aguas cálidas de Puerto Ángel. No obstante, el consumo de marihuana
y otras drogas no se había generalizado tanto en Mazatlán y el resto de la república
como ya lo empezaba a ser en Estados Unidos. Lo que sí ya era tarea cotidiana de
muchos sinaloenses era el tráfico de enervantes hacia al otro lado de la frontera. Las
páginas de los diarios de la época están llenas de noticias acerca de detenciones de
narcotraficantes, mexicanos y estadounidenses, decomisos de cargamentos y
ametrallamientos de personas presuntamente involucradas en el trasiego de
adormideras y alucinógenos. Pocos años después se empezaría a rumorar que dineros
del narcotráfico se lavaban en empresas de la industria turística.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO XI

LOS PRIMEROS GRANDES HOTELES

Los años cincuenta fueron la época de nacimiento de los grandes hoteles del
puerto. El Freeman fue el punto de partida en cuanto a diseño arquitectónico.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el Presidente Miguel Alemán Valdés contagió
de fiebre modernizadora al país, la cual significaba en gran medida, el inicio de su
americanización en muchos planos. La influencia arquitectónica dejaba de ser
francesa y empezaba a ser estadounidense. Justamente de San Francisco, California, el
Ingeniero Guillermo Freeman Rojo, nacido en Mazatlán el 2 de abril de 1900132, se
trajo la idea de construir el primer rascacielos del noroeste mexicano. El joven
Guillermo, hijo del inmigrante inglés William Freeman Smith, se había hecho
acreedor de la primera mención especial que le otorgara a un estudiante
latinoamericano la universidad donde estudió, la cual le sirvió para ganarse un puesto
en una importante constructora norteamericana que construyera los Palacios de
Verano de Honolulu, Hawaii, entre otras obras destacadas. De regreso a Mazatlán, en
los tempranos años treinta, construyó el primer edificio de departamentos
amueblados. De ahí en adelante levantó numerosas casas para familias adineradas del
puerto. De hecho, con estas construcciones, entre ellas los edificios Bueso y Ceballos,
se inició la arquitectura funcionalista en la ciudad.
El Hotel Freeman sería la obra cumbre del joven ingeniero. En 1942 hizo públicos
sus sueños de construirlo con una altura que no tuviera rival en la costa noroccidental
de México. En los años treinta se habían puesto de moda en Estados Unidos los
rascacielos, como el enorme Empire State, en Nueva York. Amigos y enemigos
pensaban que el proyecto era irrealizable y descabellado; sin embargo, empezó a
construirse en 1945. Contra los vaticinios de que el enorme edificio se caería en unos
cuantos días, el Freeman abrió sus puertas en 1950, aún y cuando faltaba por
terminarse el último nivel. En el décimo piso se ubicó El Palomar, que rápidamente
se convirtió en uno de los centros de reunión preferidos de las clases privilegiadas del
puerto. Ahí se celebraban las tardeadas más rumbosas, las noches bohemias y los
bailes más elegantes de los años cincuenta y sesenta.
Iván Hernández, historiador mazatleco contemporáneo, revive en una entrevista
hecha a una de las hijas del Ingeniero Guillermo Freeman, la belle epoque del añorado
hotel:
El Hotel fue tan ingeniosamente diseñado que ninguna de sus 80 habitaciones

132
Ivan Hernández, “Guillermo Freeman. Los Muros de la Vanguardia”, Viejo Mazatlán, El Periódico Cultural del Centro Histórico, Mayo,
1998, pp.14-17. La información sobre el Freeman está tomada de este articulo.
Arturo Santamaría Gómez

tiene vistas hacia el interior y desde cualquier ventana es posible dominar parte de la
ciudad o el mar.
Además de su impresionante altura la construcción emocionó a los habitantes por
la instalación de un par de elevadores, al parecer los primeros que hubo en edificio
alguno de este puerto. Muchas familias mazatlecas asistían al hotel para subir en él,
especialmente los domingos. Elegantemente vestidos, algunos padres de familia
llevaban a sus hijos para que personalmente conocieran este ingenio del siglo XX que
acercaba a la ciudad unos cuantos pasos más hacia el futuro.
Desde su apertura, Guillermo Freeman se encargó personalmente de la
administración del hotel, auxiliado cercanamente por su familia, quienes en ocasiones
servían de intérpretes a intelectuales, artistas y otros visitantes anglosajones que
arribaban a estas playas y desconocían el idioma español. Durante las décadas de los
cincuenta y sesenta el Hotel Freeman experimentó sus momentos de gloria. En él se
hospedaban tanto millonarios extranjeros, que usaban limosinas para recorrer unas
cuantas cuadras, cuanto equipo de béisbol de la Liga del Pacífico que venían a
contender a batazos contra “Los Venados”. Artistas como María Félix, Lola Beltrán,
Ferrusquilla; gobernadores, estrellas de cine norteamericanas que llegan a Mazatlán
en incógnito viaje de placer, los tripulantes de líneas áreas.
También se realizaban allí distintos eventos sociales como bailes de coronación
de las reinas de los clubes de servicio, bodas, cumpleaños, etc.
El Freeman, además de ser el primer edificio de trece pisos del noroeste mexicano,
revolucionó la arquitectura y la joven industria turística del puerto. Era la primera obra
destacada de diseño funcionalista, con estacionamiento, solario y un bar con vista
panorámica. De paso el Freeman obligó al Belmar, el hotel por excelencia de
Mazatlán desde 1923, a remodelar sus instalaciones, haciéndolas más funcionales a las
exigencias y gustos de una nueva generación de turistas, ya que remozaron las
habitaciones, desaparecieron las rampas y se instalaron elevadores. No obstante, lo
anterior tuvo un alto costo porque se rompió con el estilo arquitectónico de Olas Altas,
donde predominaban los edificios y casas de la época porfiriana. En esta calzada, al
igual que. en otras arterias importantes del Mazatlán histórico, como en la Belisario
Domínguez, la Ángel Flores, 5 de Mayo y otras, se demolieron notables
construcciones del siglo XIX. Habría que decir, en descargo de los modernizadores
mazatlecos, que lo mismo pasó en casi todas las ciudades importantes del país,
empezando en la capital de la república, donde el mismo Regente de la Ciudad, Casas
Alemán, barrió con cuadras enteras de edificios coloniales para abrir la Avenida 20 de
Noviembre que desemboca al Zócalo de la ciudad. Tendrían que esperarse varias
décadas para que surgiese una defensa y preservación del patrimonio arquitectónico de
la nación.
En 1955, el Playa Mazatlán, marcó el inicio de lo que se llamaría después la Zona
Dorada con hoteles construidos sobre la playa. El De Cima en 1957 agregaba a la
franja costera del puerto una nueva zona hotelera. Poco tiempo después aparecerían El
Dorado, Aqua Marina, Las Arenas o Sands, Olas Altas, Apartamentos Lido, Balboa
Club, Motel del Sol, y el Motel y Tráiler Park Las Palmas. Otros hoteles más
modestos, fuera de las zonas playeras, eran el Posada Colonial, Avenida, Milán,
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Central, Tropical Santa Anita, Morales, Pensión México, Flamingos, Vialta, etc. En
1962 apareció el Riviera; este mismo año, el señor Jorge Vidal Castañeda tenía el
proyecto de su hotel que originalmente se iba a llamar Vidalmar. En 1967 se levantó
el Hacienda. En 1971, Las Flores, Azteca Inn, Camino Real, y Cantamar (en la
actualidad, Inn At Mazatlán). El Hotel Las Flores, construido por el Arquitecto Sergio
Pruneda, fue el primer hostal sobre la playa que ofrecía cocinetas en sus habitaciones,
pensando en huéspedes, particularmente canadienses, que permanecían largas
temporadas en el puerto133. De hecho, con Las Flores se inicia el turismo canadiense
de gran escala en Mazatlán que anteriormente era muy reducido. Los primeros
propietarios de Las Flores, Sergio Pruneda, Guillermo Heimpel, el Ingeniero
Guillermo González Lee y Roberto Morel, nacido en Estados Unidos y nacionalizado
mexicano, establecieron desde un principio sólidas relaciones con mayoristas, varios
de ellos de origen judío, de la ciudad de Vancouver lo cual fue fundamental para la
prolongada relación con este mercado. No fue casualidad que gran parte del éxito de
este hotel y de su vecino el Playa se debió al papel de sus accionistas estadounidenses
que, además de hablar el idioma de los turistas extranjeros, conocían a la perfección,
sus gustos, hábitos y costumbres.
Al igual que en Acapulco y Puerto Vallaría, una vez que llega a su fin la Segunda
Guerra Mundial, ciudadanos de Estados Unidos invirtieron capitales en la
construcciones de hoteles y en la apertura de restaurantes y bares. Al puerto
guerrerense llegarían grandes cadenas hoteleras norteamericanas, como el Hilton, y a
Mazatlán sólo pequeños capitales familiares, frecuentemente de americanos afincados
en el puerto. En Sinaloa los pequeños capitales siempre serían importantes para el
desarrollo de la llamada Perla del Pacífico. Acapulco y Mazatlán, aún y con sus
marcadas diferencias en el monto de las inversiones que recibían, serían a los largo de
los cuarenta, cincuenta y sesenta los principales puertos turísticos mexicanos.
Puerto Vallarta, a semejanza de Mazatlán recibió inversiones estadounidenses
desde los cuarenta en pequeña escala; no obstante, el desarrollo turístico de Vallarta
fue muy distinto al del puerto sinaloense. En Guerrero, los grandes capitales
empezaron a fluir en los años treinta. En Mazatlán, el puerto industrial y comercial
precede al turístico. El principal centro turístico de Jalisco nace en un pequeño pueblo
incomunicado de gran belleza natural, donde por veinte años aproximadamente, siguió
teniendo las mismas características. Sería hasta la sexta década que un amplio número
de estadounidenses, visitantes regulares de Vallarta, empezaron a invertir, a través de
prestanombres o los bancos, en casas de huéspedes, hoteles y restaurantes. Al lado de
ellos, jaliscienses que habían emigrado a Estados Unidos, Guadalajara y la Ciudad de
México regresaron a invertir en la industria turística. En 1965 Vallarta tenía 500
habitaciones distribuidas en 15 hoteles privados, de los cuales sólo uno era de primera
clase. Pero a partir de entonces Vallarta empezó a crecer aceleradamente. La película
La Noche de la Iguana que filmaron Elizabeth Taylor y Richard Burton, dos de los
más famosos actores de Hollywood en ese momento, así como un documental sobre el
puerto que ganó un importante premió le permitió acceder a las grandes agencias de

133
Entrevista dei autor con el señor Raúl Rico, 14-1-2002, Mazatlán, Sinaloa.
Arturo Santamaría Gómez

viajes de Estados Unidos134.


Si en Mazatlán el Belmar, lo había construido el inglés Louis Bratbury en 1922,
las noticias acerca de empresarios norteamericanos que querían invertir en el puerto
eran muy frecuentes a principios de los años cincuenta. En 1952 se informaba que “un
conocido industrial de la localidad” en sociedad con un estadounidense estaban a
punto de iniciar la construcción de un hotel por los rumbos de La Chilera, en la
carretera internacional rumbo al norte, a un kilómetro del antiguo aeropuerto. El
ayuntamiento de la ciudad y el Gobernador, Enrique Pérez Arce, declaraban dar todas
las “facilidades a los inversionistas que vengan a construir hoteles a este puerto” (de
Mazatlán). Se introduciría agua potable y se construiría una planta de luz “para darle
iluminación al edificio”135. Pocos días después se daban a conocer más inversiones de
capitales procedentes de la Unión Americana. En el mismo año se construiría el Hotel
Siesta, propiedad del Doctor Campbell, avecindado en Mazatlán, en un predio donde
anteriormente se levantaba la Casa Redonda136. Posteriormente el Siesta fue adquirido
por Don Davis, otro estadounidense establecido en el puerto, y sus socios mexicanos.
A su vez, Davis al iniciar la década de los setenta se lo vendió a Jesús Chuy Juárez y
Jaime Coppel. El empresario Jaime Coppel ya pertenecía al gremio hotelero porque
era propietario del Flamingos y del Azteca Inn. El Siesta albergaba al Shrimp Bucket
desde 1963, el primer restaurante de la cadena Anderson, que era propiedad de Carlos
Anderson y Chuy Juárez, lo cual facilitó la negociación del Siesta. El Shrimp Bucket
marcó el inicio de un nuevo tipo de restaurantes en Mazatlán, el cual fue
extraordinariamente exitoso porque se reprodujo tanto a nivel nacional como
internacional. A él asistía lo más glamoroso de los turistas de altos ingresos que
llegaban al puerto. El Siesta, al igual que el Shrimp Bucket, atraía a turistas de altos
ingresos a pesar de la modestia de su construcción y que careciera de aire
acondicionado y teléfonos en las habitaciones hasta principios de los setenta. Desde su
inauguración, quizá por su sencillo encanto, atrajo grandes personalidades de
Hollywood y del mundo intelectual de Estados Unidos y México. Actores como
Edward G. Robinson, Elliot Reid (quien actuara con Marilyn Monroe,en Los
Caballeros las Prefieren Rubias), John Wayne, y Jack Kerouac, célebre escritor
beatnik, fueron algunos de ellos. Por cierto, en el malecón frente al Siesta, en 1957, el
actor Elliot Reid conoció a un muchacho mazatleco que soñaba con ser pintor. El
artista de cine que se había iniciado en Broadway al lado de Orson Welles, le
manifestó al joven artista que su arte tenía convicción y fuerza por lo que pronosticaba
éxito137. Y así fue, porque décadas después Antonio López Sáenz se habría convertido
en el más importante pintor de la historia sinaloense.
También en 1952 se iniciaba la construcción del Hotel Playa, además se esperaba
“que otros inversionistas tanto extranjeros como nacionales adquirieran terrenos para
la edificación de hoteles con los que Mazatlán resurgirá notablemente en el aspecto
turístico”, opinaba El Sol del Pacífico1. En marzo del mismo año, el señor Arturo

134
Nancy Evans, “ La dinámica del desarrollo turístico en Puerto Vallarta”, en Emmanuel de Kadt, Turismo ¿Pasaporte al Desarrollo?,
Editorial Endimión, Madrid, 1979.
135
El Sol del Pacífico, 8-II-1952
s
Entrevista del autor con el Sr. Jaime Coppel, 17-1-2001, Mazatlán, Sinaloa.
137
Entrevista del autor con el señor Elliot Reid, 18-11-2001, Los Ángeles, California.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Braniff solicitaba al Ayuntamiento la venta de un predio “por el rumbo de Puerto


Viejo, cerca del Paseo del Camarón (...) para la edificación de varios bungalows (...)
que vendrán a beneficiar grandemente al puerto ya que es bien sabido la falta de
alojamientos existentes en el puerto”138. Dentro de las dificultades con las que topaban
los inversionistas de los hoteles que se empezaban a construir al norte de la Avenida
Gutiérrez Nájera, estaba la introducción de agua potable, ya que la red de este líquido
se encontraba a una distancia muy lejana. Por el rumbo del viejo Mazatlán, otro
empresario norteamericano empezaba a construir el hotel Olas Altas en donde estuvo
ubicada la Finca Echeguren, en El Paseo del Centenario, que pocos años después
administraría Antonio Manguart.
La carencia de agua, sobre todo de buena calidad, era un problema que se
arrastraba desde muchas décadas atrás y que no se había resuelto a mediados del siglo
XX. En 1937, por ejemplo, se decía que el agua iba a ser analizada para convertirla en
potable, porque su calidad era un peligro para la salud pública. Se aspiraba en ese
entonces a que la calidad de su agua estuviera acorde con las exigencias sanitarias
internacionales139. Sin embargo, ese objetivo no se cumplió en ese año ni muchos
después. El problema se agudizaba en verano porque el consumo de agua aumentaba
considerablemente.
El Comité Pro Turismo de la ciudad, encabezado por el señor Carreón Arvide a
mediados de siglo, era el principal promotor de la inversión estadounidense. A lo
largo de 1951 y los primeros meses del siguiente año, habían logrado que siete
“millonarios” norteamericanos visitaran Mazatlán con el interés de abrir “centros de
turismo”, pero la mayoría de ellos condicionaba sus inversiones a que urbanizaran
los terrenos con la instalación de energía eléctrica, agua potable, pavimentación, etc.
Poco tiempo después, en 1953, estaba a punto de terminarse El Paseo del Camarón,
obra ideada por el trágicamente desaparecido gobernador Rodolfo T. Loaiza.
Del grupo de empresarios y profesionistas mexicanos que invirtieron en la
hotelería de mediados de siglo XX destacaban Guillermo Freeman, Pedro L. Pinzón,
Sergio de Cima, José F. Azcona, José María Hernández Tirado, Ramírez Maciel,
Romero Dusset, Jaime Coppel, etc. Entre 1950 y 1955, a pesar de que tenían que
tramitar los créditos de manera individual y sin el apoyo de ningún organismo, la
Unión de Hoteleros informaba que se habían construido los hoteles Freeman, Siesta,
La Roca, Playa Mazatlán, Flamingos, Langford, Shirley, Milán y varios chicos más,
tales como el Palacio, Victoria, Juárez, Vialta, Zaragoza y México140. En 1954, el
puerto contaba con cuatro establecimientos de primera categoría y 267 habitaciones,
cinco hoteles de segunda categoría con 105 habitaciones y otros cinco
establecimientos de tercer nivel con 100 cuartos141. Para principios de 1958,
Mazatlán contaba ya con 1,400 cuartos que ofrecían hoteles, moteles y casas de
huéspedes; de ellos, 1,052 eran de primera y segunda categoría142. Los hoteles
clasificados en primera clase eran el Belmar (96 cuartos), De Cima (108),

138
Ibid, 23-111-1952
139
El Dia, 14-1V-1937.
140
Ibid, 30-X-1955
141
Ibid. 8-VII-1955
1!
Ibid, 7-IV-1958
Arturo Santamaría Gómez

Freeman(87), El Dorado (40), La Siesta (80), y el Posada Colonial (31). Los moteles
de primera eran el Cardona, Flamingos, Los Arcos y Mayti. Los hoteles de segundo
nivel eran el Milán (inaugurado el lo. de septiembre de 1953), Olas Altas y
Papantla. Además había cuatro campos de casas móviles: Las Palmas, El Palmar, El
Camarón y Las Gaviotas143. La demanda turística crecía tan aceleradamente, que los
hoteleros de Mazatlán se verían obligados a ofrecer por lo menos 300 cuartos cada
año en el futuro inmediato, según declaraba Luis Patrón, Presidente de la
Asociación de Hoteleros, en 1959144. Sin embargo, dos años después, la misma
asociación encontraba un “panorama un tanto sombrío” porque la afluencia de
turistas norteamericanos había disminuido en un 40%, y ante tales circunstancias
algunas empresas detuvieron sus proyectos hasta conocer como se perfilaría la
situación en los siguientes años145.
De los estadounidenses, además del Dr. Campbell y Don Davis, los empresarios
que fijaron una senda histórica en la hotelería mazatleca, fueron George Williams y
James Gabriel quienes construyeran el Hotel Playa Mazatlán. Procedentes de Los
Ángeles, California, en 1954 iniciaron los trámites legales para el levantamiento de
la empresa y en junio de ese mismo año iniciaron los trabajos de deslinde y
desmonte. El primero de julio, el Ingeniero Federico Farber inició la construcción
de una obra que en sus planos contaba con ochenta habitaciones pero que fue
inaugurada, el 17 de febrero de 1955, con cuarenta cuartos, aire acondicionado,
estacionamiento y una alberca con agua de mar. El Sol del Pacífico, haciendo un
juicio de la construcción del Playa, decía que “Moteles Mazatlán (razón social de la
empresa) coopera así a nuestro desarrollo económico. El turismo nacional y
extranjero cuenta desde hoy con un majestuoso hotel que se levanta en la Playa de
las Gaviotas, y el cual viene a llenar una de las necesidades más apremiantes en
Mazatlán para el desarrollo de la industria turística. Para nuestro puerto y para
nuestro país el fomento del turismo es imprescindible, puesto que ello significa una
gran fuente de ingresos que ayudará a cimentar nuestra economía y a equilibrar la
balanza financiera en el mundo económico internacional”. Y, además, concluía muy
optimistamente que esa empresa “había puesto ya la piedra angular para levantar
hoteles de categoría en este puerto” (para convertir a) “Mazatlán en el principal
puerto turístico de nuestro país...”16. El Playa, que se desarrolló en diferentes etapas,
en la de los sesenta sumó 65 habitaciones, convirtiéndose en uno de los más
grandes, además de que agregó a su buena fama la constante presencia de astros
hollywoodenses como Robert Mitchum, John Wayne y John Houston, entre muchos
otros.
Las playas de los patasaladas no llegaron a ser las más conocidas y visitadas de
México porque Acapulco contaba con un sostenido apoyo de los gobiernos federales y
de Miguel Alemán, el personaje más influyente de la industria turística mexicana, y
porque gozaba de la enorme ventaja geográfica de tener cerca al enorme mercado
nacional que proporcionaba la Ciudad de México, así como las zonas arqueológicas
del Estado de México, Morelos, Puebla y Oaxaca que eran muy visitadas por los

143
Ibid, 22-1-1959
144
Ibid, 21-111-1959
15
3 Ibid, 22-VI-1961
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

turistas extranjeros. No obstante, Mazatlán atraía gran parte del turismo nacional de
los estados del norte y occidente del país, como Baja California Norte, Sonora,
Chihuahua, Durango, Nuevo León, Coahuila, Nayarit y Jalisco; y de Estados Unidos:
California, Arizona y Nuevo México, lo cual lo convertía en el segundo puerto
turístico más visitado de México.
Olas Altas y el Paseo del Centenario presumían ser la cuna del turismo mazatleco
y del primer hotel de doce pisos del estado, pero a mediados de los cincuenta, con la
construcción del Playa y el De Cima se marca el nacimiento de dos nuevas zonas
turísticas que iniciarían el relegamiento del Viejo Mazatlán: la Avenida del Mar y El
Camarón, que años después se convertiría en la Zona Dorada.
El Belmar, en los años cincuenta tenía ochenta y tres habitaciones con teléfono
(algo poco común en los hoteles mazatlecos de entonces), barbería, restaurante,
bar, tienda de alimentos, alberca y el salón Las Palmas. Se estrenó en 1922 y había
logrado mantenerse durante más de treinta años como el hotel por excelencia del
puerto, pero con la apertura del Freeman en 1950 y El Siesta en 1952, en el mismo
Paseo de Olas Altas, y después el De Cima, en 1957, que añadía una nueva zona
turística, sus años de gloria empezaban a quedar atrás.
El De Cima en estricta verdad no fue el primer hotel levantado sobre la
Avenida del Mar, porque La Perla, un modesto recinto situado en el mismo terreno
donde después se erigiría El Hacienda, ya estaba ahí, pero sin duda el De Cima si
fue el primer hotel de relevancia y confort acorde a los cánones de la época.
El De Cima fue financiado, con capitales provenientes de la industria pesquera,
por una de las familias más conocidas y pudientes desde la época del porfiriato. En
la temporada de invierno de 1957, el día 7 de diciembre, el moderno hotel abrió
sus 142 primeras habitaciones a turistas nacionales y extranjeros, de altos y
medianos ingresos; y al igual que el Playa ofrecía aire acondicionado (servicio
novedoso en el puerto) alberca y estacionamiento. Durante tres años y medio, el
hotel fue alquilado al señor Stevenson, de San Antonio, Texas, pero después de su
muerte lo retomó plenamente la familia De Cima146. La apertura del hotel fue todo
un suceso en Mazatlán como toda vez que se abrían las puertas de un negocio
importante. Nueve años después de estrenado, el De Cima ganó un piso más y 50
habitaciones de mayor calidad a las anteriores.
La acelerada expansión de la hotelería mazatleca a lo largo de los cincuenta
fue propiciada por un largo ciclo de crecimiento económico que conocieron tanto
México como Estados Unidos, al grado de que a nivel nacional 1954 fue declarado
Año de Oro del Turismo porque se obtuvieron casi 400 millones de dólares por ese
concepto, cifra que sería superada sucesivamente cada año147. Lo lamentable, es
que del vecino país se dependía casi totalmente para el desarrollo de la que se
llamaba la industria sin chimeneas. Pero a diferencia de Acapulco, cuyas playas
eran ambiciosamente promovidas en Estados Unidos, Canadá, Europa, Centro y
Sudamérica por capitales norteamericanos y nacionales pero no guerrerenses, la
economía turística mazatleca prácticamente estaba en manos de capitalistas

146
Entrevista con el señor Sergio De Cima, propietario del hotel, 25-IV-2001
100 18 El Sol del Pacífico, 12-111-1955
Arturo Santamaría Gómez

locales, lo cual fue más positivo para un desarrollo menos desequilibrado y más
integrado al conjunto de la economía del sur de Sinaloa. Acapulco tenía un mayor
crecimiento de su industria turística, pero debido a la salida de capitales y su
extranjería, no se extendía de la misma manera a otros sectores de la economía
guerrense. Las grandes cadenas hoteleras estadounidenses también exploraron la
posibilidad de afincarse en Mazatlán, tal y como lo consideró el Hilton, para
construir un hotel “tipo Thaití”, según lo había comentado el columnista del New
York Times, David Chiham, pero tales proyectos, de los cuales de ven en cuando
aparecían, nunca se concretaron19.
En medio del auge turístico las autoridades federales no se dormían en sus laureles
y preferían un balance autocrítico de los logros. En enero de 1955 consideraban que el
turismo norteamericano había crecido tanto en calidad como en cantidad pero aun era
insuficiente para lo que se podía alcanzar, si se comparaba el número de visitantes
estadounidenses a Canadá y a Europa que llegaban a millones. En 1954 México había
recibido medio millón de turistas y España había rebasado los dos millones. En un
tono de excesiva modestia calculaban que nunca se podría competir con el viejo
continente, “por grande que sea nuestra exaltación nacionalista”, frente a la riqueza
histórica, artística y cultural de los pueblos europeos. Pero México contaba, decían,
con ventajas comparativas como la vecindad geográfica, precios más bajos en el
hospedaje y alimentación, etc.
Por otra parte, en la industria turística tenía que entenderse que al visitante lo que
le importaba era la comodidad y la limpieza, terreno en el cual México había
progresado mucho en esos años pero se encontraba todavía muy rezagado en
comparación a La Habana o Buenos Aires. Con el propósito de igualarse a la calidad
de estas dos ciudades, la Dirección General de Turismo gestionaban con empresarios
norteamericanos la inversión de 25 millones de dólares para la construcción de hoteles
en diferentes lugares de la República Mexicana. Mazatlán en el terreno de la higiene
pública y la urbanización todavía se encontraba muy rezagado a finales de los cuarenta
y principios de los cincuenta, al grado de que varios de sus más conspicuos habitantes,
quizá los más críticos, veían un panorama muy negro. Por ejemplo, en ocasión de la
primera visita a Mazatlán del Presidente Miguel Alemán, el 19 de noviembre de 1947,
Alfonso Gastélum Jr., quizá el más importante intelectual mazatleco de ese entonces,
escribió en la primera plana de El Demócrata, a manera de la voz oficial del periódico,
que Mazatlán se hallaba en crisis, “quebrantado por la impotencia matizada a veces
por la desesperación (...) Vivimos también del pasado, añorando las glorias de otros
tiempos, cuando reinaba aquí la riqueza (...) y el equilibrio social... (es por eso que)
“que necesitamos con urgencia las construcciones portuarias, la carretera a Nogales y
de Durango”. Otro editorial amargo y pesimista del mismo diario, escrito seis años
después, describía una situación semejante a la que vio Gastélum: “Antes podíamos
dormir a puerta abierta para sobrellevar el calor y a las dos de la mañana transitaban
alegres los trasnochadores. Pero en el momento presente ya no se puede permanecer
tranquilo ni a puerta cerrada, ni ya digamos a plena luz del día. Jamás se recuerda una
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

época más aciaga para esta población (...) abandonada a su suerte en las garras de los
hampones”148. A pesar de este desánimo, el cual se había profundizado en 1944, con el
asesinato del Gobernador Rodolfo T. Loaiza, a manos, nunca comprobadas fielmente,
del célebre Gitano, en esa década se erigió uno de los símbolos artísticos más
celebrados de Mazatlán: la desconocida como Alegoría Marina y en cambio muy
conocida como Monumento al Pescador, y todavía más conocida como Los Monos
Bichis. La escultura que salió de las cinceladas del artista Rodolfo Becerra Coronado,
fue develada por el Presidente Municipal Héctor González Guevara el revolucionario
20 de noviembre de 1948. Los Monos Bichis se exhibían gustosos “justo en la línea
que divide al Mazatlán antiguo de la ciudad moderna”, escribió muchos años después
en el diario Noroeste la periodista Adriana Torres.
En su análisis, los responsables oficiales del desarrollo turístico nacional
concluían a mitad de siglo que durante los siguientes años habían perspectivas
promisorias para el conjunto del país149. El Sol del Pacífico, comentó críticamente
la reflexión del Departamento de Turismo:
“Es inminente que una mejor organización podría duplicar, por lo menos,
nuestro turismo; no obstante que nunca podremos ofrecer el interés artístico,
histórico y cultural que países como España e Italia ofrecen al mundo. Uno de los
más serios obstáculos que se oponen al establecimiento de una corriente de
visitantes de Estados Unidos es la corrupción administrativa que prevalece en las
principales ciudades de la frontera (...) Recordemos que Canadá con menos
atractivos para el turismo americano, por el hecho de que ofrece menos contrastes
en casa, idioma y costumbres, se lleva sin embargo parte mucho más jugosa de lo
que gasta el yanqui en vacaciones que lo que nos corresponde a nosotros; pero el
Canadá no está ocupado, como nuestras ciudades fronterizas, por esas bandas de
explotadores de la inmoralidad que, al ejercer funciones públicas con descaro y
mala educación, ahuyentan al visitante a la vez que aterrorizan al vecindario”150.
El clima, las playas y los atractivos culturales de México, sin embargo, eran lo
suficientemente fuertes para que el turismo internacional continuara creciendo a
pesar de la corrupción de autoridades y los abusos de los prestadores de servicios,
no tan sólo en los cruces fronterizos sino en el conjunto del país. En Mazatlán las
quejas eran constantes en estos renglones, particularmente durante Carnaval y
Semana Santa.
Los abusos llegaban a “extremos de inmoralidad”, decían las fuentes
periodísticas, en los cobros que hacían hoteles, lanchas de alquiler, restaurantes y
marisquerías, sin que las autoridades hicieran nada por impedirlo. “Aprovecharon
los comerciantes las vacaciones de la Semana Mayor de los inspectores para
seguir haciendo de las suyas pues, con raras excepciones, se avorazaron y se
aprovecharon de la afluencia del turismo para vender sus productos como
quisieron”23. Durante las fiestas de Carnaval las quejas se multiplicaban por los
excesivos cobros en hoteles y restaurantes. Decía el 26 de febrero de 1955 lo nota

148
El Demócrata Sinaloense, 29-VIII-1953, p.l.
149
Ibid, 5-1-1955
22
102 Ibid, 14-111-1955
Arturo Santamaría Gómez

periodística de El Sol del Pacífico: “Los señores Florencio Hernández y Julio


Flores, de Tijuana, se quejaron de que en el Hotel Morales se les cobró 20 pesos
cuando la tarifa autorizada es de 12. El señor José Antonio Hass, persona
ampliamente conocida en este puerto, manifestó que en la cantina El Palomar, del
Hotel Freeman, le cobraron 16 pesos por una copa de coñac, lo que considera es
un abuso que ahuyenta al turismo en lugar de fomentarlo. El señor Rafael
Arellano, de San Francisco, California, manifestó que en el restaurante La Siesta,
se discrimina a los mexicanos negándoles servicio, cosa que considera una ofensa
a nuestros compatriotas dentro de su mismo suelo. Otra persona se quejó de que
en el Hotel Avenida se cobró el cuarto a 60 pesos”24. El Siesta era constantemente
denunciado y multado por la discriminación que ejercía contra turistas nacionales.
La prensa ilustraba “la incontrolada alza de lucro de los hoteleros que tienen la
doctrina de recuperar sus inversiones en un año” comparando los precios de
hoteles similares de Mérida (25.00 pesos diarios) y Mazatlán (70.00 pesos
diarios)25.
Conforme crecía la importancia de la economía turística del puerto fueron
creciendo los abusos, las quejas y las denuncias. La Cámara de Comercio de Mazatlán,
de la cual varios de sus integrantes eran parte de los problemas, acusaba que las
carreteras en mal estado, el clima caluroso (de verano) y los altos precios eran las
causas de que no hubiera “la pujanza de años anteriores”26. El juicio del Delegado del
Departamento de Turismo coincidía con el de la Cámara de Comercio en que los
precios altos y las malas comunicaciones estaban afectando el desarrollo turístico de
Mazatlán, sólo que añadía la “falta de diversiones adecuadas” como otro factor
negativo, a la vez que hacía una invitación a los hoteleros para que bajaran sus tarifas
y ofreciera a los estudiantes precios especiales27. Poco tiempo después se llevaría a
cabo un programa para que inspectores de la Delegación de Turismo vigilaran el
acatamiento de las tarifas aprobadas28. Las voces que llamaban “a la cordura y menos
a los cálculos”, como las del señor Adán Carreón Arvide, empezaron a crecer en
Mazatlán29. Los abusos en los hoteles, restaurantes, taxis y otros servicios no cejaron.
En los sesentas se observó exactamente lo mismo, aunado a que se seguía
considerando al puerto sinaloense el más caro de la república, tal y como concluyeron
un grupo de hoteleros reunidos para estudiar la necesidad de disminuir sus tarifas. Su
justificación era la de que tenían que hacer contribuciones obligatorias y voluntarias
de toda índole. No obstante, a los empresarios les preocupaba que Acapulco cobrara
menos en sus restaurantes y hoteles de primera clase151.
Las autoridades de turismo también olvidaban con frecuencia la inspección a
los hoteles de tercera y cuarta categoría lo que permitía que muchos de ellos
rentaran habitaciones con pisos “de maderas rotas, camas con chinches, mobiliario
desvencijado y las paredes llenas de tierra”, además de que en ellos “las ratas
abundan al grado de que no permiten conciliar el sueño a las personas que habitan
en dichos cuartos”152.
La creciente presencia de turistas estadounidenses y mexicanos de altos y

" Ibid, 24-VI-1964.


152
Ibid, U-VII-I9S8
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

medianos ingresos a partir de la segunda mitad del siglo XX, fue elevando los
niveles de confort, limpieza y funcionalidad de los hoteles mazatlecos, incluyendo
los de tercera y cuarta categoría. Las condiciones que describe el reportero de El
Sol del Pacífico fueron siendo superadas, aunque lentamente, en años posteriores.
Entre 1959 y 1960, las tarifas de los mejores hoteles de Mazatlán oscilaban
entre los 70 pesos o seis dólares (el tipo de cambio estaba a 12.50 pesos por
dólar), y 100 pesos u ocho dólares, por habitación doble, en El Siesta; desde 100
pesos en el De Cima; desde 50 pesos en el Belmar, en El Dorado 115 pesos,
habitación doble; en el Sands de 90 a 110 pesos; el Freeman de 45 a 80 pesos por
habitación, el Playa Mazatlán 85 pesos habitación doble y el Agua Marina 90
pesos. En los departamentos Lido, Lincoln, Capri, Tropical y Freeman se cobraba
de 100 pesos diarios hacia arriba153.
Como se citó líneas arriba, en los medios turísticos locales y nacionales se
decía frecuentemente que los precios de los hoteles y restaurantes en Mazatlán
eran muy altos en comparación a otras ciudades del país. Lo cual era cierto. No
obstante, con la aparición de Puerto Vallarta en lo sesentas, como un puerto que le
competía los mismos mercados nacional e internacional, el principal centro
turístico sinaloense fue paulatinamente disminuyendo sus tarifas. Vallarta, a partir
de 1970, con la terminación del aeropuerto internacional y el arribo de 26 vuelos
diarios dio un enorme salto en su crecimiento turístico y con ello afectó a la
original Perla del Pacífico.

104 32 James Norman, Ferry's Guide to Mexico, Doubleday and Co.New York, 1962, p.163
Arturo Santamaría Gómez

CAPÍTULO XII

LA PUBLICIDAD DE MAZATLÁN

En el plano de la proyección publicitaria nacional e internacional, tamaño y lujo de


los hoteles, número de visitantes y expansión de la población local, Acapulco
superaba con mucho a Mazatlán, pero en términos de beneficio a los negocios locales
y a los habitantes domésticos, el puerto sinaloense salía mejor calificado por el simple
hecho de que el grueso de sus capitales eran propios.
Las características del turismo de playa posterior a la Segunda Guerra, menos
monopolizado por los consorcios internacionales, y de menor competencia gracias a la
escasa oferta de centros turísticos similares, igualmente beneficiaban a Mazatlán que,
por cierto, con muy poca promoción en Estados Unidos y el resto de la república,
pudo mantener altos promedios de ocupación en sus instalaciones a lo largo de la
segunda mitad del siglo XX.
La publicidad de Mazatlán a mediados del siglo XX no pasaba de la edición de
folletos, de las recomendaciones de boca en boca y ocasionalmente de la portada en
una revista norteamericana, como la de Arizona Highways, en noviembre de 1950,
pero no necesitó de más.
El De Cima, el Sands y el Olas Altas, por ejemplo, prácticamente no hacían
publicidad de sus hoteles al norte de la frontera o en el resto de México154. Eran más
bien las agencias turísticas y los libros de viajeros los que, sobre todo en Estados
Unidos, promovían al puerto con el carnaval más antiguo de México. De manera
semejante, periodistas norteamericanos, escribían con entusiasmo de los lugares que
les gustaban en Mazatlán, tal y como sucedió a partir de 1963 con la apertura del
Shrimp Bucket. “La agencias de viajes norteamericanas se preocupan más por la
promoción publicitaria en pro de nuestras costas, que quienes debieran estar
interesados, o sea, los propietarios de hoteles, restaurantes, bares, propietarios de flota
deportiva, etc.”, decía el presidente de la CANACO155. Un ejemplo de la reducida
publicidad que se hacía en el extranjero, lo daban las declaraciones del cónsul
mexicano en Denver, Colorado, al visitar Mazatlán:”A excepción de la publicidad que
las agencias norteamericanas y el propio consulado hacen con reducidos elementos, en
los estados de Colorado y Wyoming no se cuenta con medios más efectivos para
atraer a los habitantes de esas entidades y de otras de la Unión Americana. Miles de
estadounidenses nos visitarían con más frecuencia, si tan siquiera se contara en las
oficinas consulares de Colorado con literatura turística, carteles, folletos, fotografías e

154
Entrevistas con los señores Antonio Manguart, 8-V-2001, José María Hernández, 9-V-2001, y Sergio de Cima, 25-IV- 2001
155
El Sol del Pacifico, 5- XI-191
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

información sobre los hoteles y medios de transporte”156.


La pobreza publicitaria no negaba la participación de hoteleros y funcionarios
de gobierno en congresos y convenciones estatales, nacionales e internacionales
de materia turística. Los empresarios de Mazatlán y el Director de Turismo del
Estado, Carlos McGregor Giacinti, llevaron en 1958 su experiencia a Los Mochis
desde donde se quería promover a Topolobampo como puerto turístico157. A su
vez, el presidente de la Asociación de Hoteleros de Mazatlán, Guillermo Freeman,
propietario del hotel con el mismo nombre, Don Davies, gerente del Hotel La
Siesta, José Muciño, gerente del Playa, y Alicia Freeman asistieron a la
Convención Nacional Hotelera que se celebró en Taxco, Guerrero, en diciembre
de 1955. Al siguiente año, la XV Convención Nacional se llevó a cabo en
Mazatlán, teniendo como sede el Hotel Belmar. Ahí el Presidente de la
Asociación de Hoteleros de Nuevo León, Eugenio Quintanilla, propuso que la
asociación nacional gestionara ante la Comisión Nacional Bancaria que se
aceptara a los turistas de Canadá su moneda porque muchos de ellos se abstenían
de visitar México ya que los bancos sólo aceptaban dólares estadounidenses.
Las ponencias presentadas en la decimoquinta convención reflejaban que la
industria turística mexicana estaba en sus etapas iniciales y que dependía
básicamente de Estados Unidos. Se proponían tareas que años después se verían
como elementales, tales como que se anunciaran en las carreteras las distancias
que había de las poblaciones principales a las menos pobladas, que se anunciaran
los nombres de las mismas, que los empleados de las aduanas fronterizas hablaran
inglés, etc.158
Los hoteleros que visitaron Mazatlán encontraron que era “un puerto de
maravillas”, según declaraba, Luis Ocio Torres y Rivas, presidente nacional de la
asociación. Por su parte, Julio Fernández, presidente de la Asociación de Hoteles
de Acapulco, recomendaba en base a la experiencia de su ciudad, que Mazatlán
debería aprovechar mejor “tanta belleza natural (...) construyendo hoteles
cómodos y frente al mar para que el visitante recree su vista y espíritu frente al
murmullo de las olas”. Con él coincidía el presidente de la Asociación de Hoteles
de Guanajuato quien opinaba que “los mazatlecos no han comprendido las
bellezas que tienen en el mar y en sus playas, y falta alguien quien los encauce y
los anime a invertir su capital en hoteles”.
Los empresarios visitantes veían en las playas que iban al Camarón el potencial
del desarrollo turístico de Mazatlán. Eugenio Quintanilla, de Nuevo León, decía que
“ahí se tienen muchos miles de kilómetros cuadrados para edificar grandes hoteles con
bonita vista y con un buen clima”6. Ya en 1946, empresarios de Torreón, Coahuila,
planeaban construir unos bungalows en El Camarón y acondicionar el camino que
llevaba a esos rumbos, pero finalmente las obras no se concretaron.
Los miembros de la Asociación Nacional de Hoteleros no se equivocaban: el
Hotel Playa Mazatlán, justo en esos años, había indicado por donde seguiría el rumbo

156
El Sol del Pacíjrro, 15-II-1958
157
Ibid, 29 y 39-V-1958
106 5
Ibid, 18-X1-1956
Arturo Santamaría Gómez

turístico del puerto en las siguientes cuatro décadas. Las obras que se necesitaban para
que fuera surgiendo el corredor turístico más grande del puerto se empezaron en 1957
con el camino del Camarón al Sábalo, concebido originalmente como una
continuación del Paseo Claussen pero no como malecón, sino como carretera7.
Finalmente en 1968 se ponía al servicio de los mazatlecos y de los turistas la
majestuosa Avenida del Mar, obra del Arquitecto Sergio Pruneda, y en 1971 la
Avenida Camarón Sábalo.
Arturo Santamaría Gómez

CAPÍTULO XIII

LOS BARES Y RESTAURANTES PIONEROS

Quizá porque el concepto del servicio alimenticio restaurantero es de origen


europeo, en el que se incluía el confort, la limpieza de los meseros uniformados y
adiestrados para una atención especializada, y que este tipo de lugares atendían sobre
todo a turistas y comensales de altos ingresos, los primeros restaurantes de Mazatlán
no incluían comida mexicana típica. Sería varios años después, como parte del
impulso al nacionalismo que encabezaba el régimen de la revolución de 1910, que lo
mexicano en el folklore, la arquitectura, pintura, historia, música, arqueología y
gastronomía se empezó a resaltar y a ofrecer como atractivo turístico. En Mazatlán,
que había sido una ciudad muy porfiriana, sus élites presumían mucho la influencia
europea en el gusto por la ópera, la arquitectura, los muebles, la ropa y también la
comida.
En la década de los veinte, los hoteles de postín ofrecían el servicio de comida
dentro de sus instalaciones. Los Hoteles Belmar, Central, San José y de France
presumían los mejores lugares del puerto para comer. El Hotel de France, los
domingos ofrecía crema de tomate, pescado al homo, arroz a la valenciana, menudo a
la andaluza, helado de vainilla, café o té. El Restaurante Mazatlán exhibía en su menú
pargo en salsa tártara, lechón relleno de manzanas, “entrada y postre, con un costo de
un peso”. Pocos años después el Manhattan Club brindaba a sus clientes sopa
portuguesa o crema a la reina, paté de pescado, pavo a la francesa o turnedo rossini,
frijoles, postre y café. Otro restaurante que se anunciaba en los diarios de la época con
un menú europeo era El Bazaldúa159.
En la siguiente década, el Belmar y el Central anunciaban sus remozamientos y
nuevos atractivos, como el servicio de restaurante con música los días domingos;
además el Central ofrecía desayuno coctel el mismo día. En una de las esquinas de la
Plazuela Machado, donde se encuentran Constitución y Carnaval, se remodeló el Café
París para que abriera sus puertas el Restaurante Rosignoll que, en épocas de Carnaval
organizaba suntuosos bailes con orquesta al estilo de Glen Miller.
Con la numerosa inmigración china, la cual databa de finales del siglo XIX, la
comida oriental llegó y se arraigó en Sinaloa tanto en las cocinas de las propias
familias como en los restaurantes y cafés. En los veinte se conoció el Dragón de
Oro en la calle de Leandro Valle, pero no era un lugar socialmente aceptado por
las clases acomodadas del puerto. Dos décadas después, más arraigados en la

159
La información acerca de los restaurantes de los años veinte a principios de los cincuenta, ha sido tomada de la Memoria en Licenciatura en
Turismo intitulada Cronología de los Inicios de la Industria Turística en Mazatlán, cuyos autores son Lilia Guadalupe Espinoza Herrera,
Miriam de Jesús López Salazar y Jorge Alberto Vera Chiquete, L'AS, Mazatlán, agosto, 2000, pp.23-30
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

localidad los restaurantes chinos, como El Oriental, propiedad de Alejandro León,


el Shangai, de Antonio Lau, y el Café Mazatlán de Cipriano Wong, empezaron a
hacerse populares.
En los años cuarenta, brotaron numerosos negocios de comida: Salón Pacífico,
Café Colón, Restaurante Nacional, La Casa del Tío Tom, Chavela y Zaragoza, El
Barco (probablemente el primer restaurante de mariscos del puerto porque no
estaba generalizado su consumo); así mismo se abría el Pácharo, ubicado en
Gutiérrez Nájera, a orillas de la ciudad, y el primero en anunciarse vendiendo
antojitos mexicanos. En este grupo de nuevos restaurantes sobresalieron El Patio,
porque tenía una pista de baile y buena atención, La Estratosfera, propiedad de
Gregorio Peña, ubicado en la cima del Cerro del Vigía, la Carpa Olivera, asentada
en las playas de Olas Altas y originalmente fundada en 1915, la cual se anunciaba
como “el sitio ideal para las familias por su moralidad absoluta”. La Carpa
pertenecía a un inmigrante chileno así apellidado y tenía un diseño que asemejaba
un buque mercante. Su restaurante, que llenó toda una época, era visitado por las
personalidades de la farándula y la política que visitaban al puerto, incluyendo al
legendario Gitano, presunto asesino del Gobernador Loaiza. La Carpa además
ofrecía tres albercas con agua de mar y pista de baile. Pero, por encima de la
Carpa y otros restaurantes, estaba El Patio Andaluz, inaugurado en 1943, dejando
una huella indeleble en la historia de todo Sinaloa por la suntuosidad de sus bailes
y, sobre todo, porque ahí fue sacrificado el Gobernador Loaiza cuando se disponía
a bailar con la bellísima Lucila Medrano, reina del Carnaval de Mazatlán en 1944.
Ya instalados en los cincuenta, con el nacionalismo habiendo ganado algunas
batallas culturales en el cine, la literatura y el muralismo, y en pleno crecimiento
económico, los nuevos restaurantes en sus menús combinaban los platillos mexicanos
con los “internacionales”. La publicidad del Copa de Leche, estrenado el 12 de julio de
1952 en los altos del mercado Pino Suárez, justo en la esquina de Melchor Ocampo y
Benito Juárez, decía que “a partir de hoy Mazatlán contará con un nuevo restaurante,
quizá el mejor de todos de los que hasta ahora existen, ya que le ofrece al público lo
más variado de la cocina mexicana, así también como de la cocina internacional”.
También en 1952 empezó a ofrecer sus servicios el Joncol's, propiedad de Karl
Johnsson, el cual llenaría toda una época de los restaurantes del centro histórico. Poco
antes, había abierto sus puertas El Barco, uno de los primeros 110 restaurantes
mazatlecos en ofrecer mariscos y “repostería fina”. El restaurante bar del Hotel
Tropical Anita, que presumía tener ocho pisos, todos los domingos organizaba bailes
con orquesta. El Palomar, del Hotel Freeman, al lado del Patio Andaluz, era el más
lujoso, exclusivo y cosmopolita del puerto; pero había otros más modestos, como el
Salón Berna, con domicilio en Vicente Guerrero 45 y 47.
Los hoteles De Cima, Sand's y Aqua Marina que estrenaban a la Avenida del Mar
no podían dejar de brindar el servicio de restaurante, los cuales por su novedad y
funcionalidad tuvieron mucho éxito. Sin embargo, el restaurante más original y
atractivo de todos sería La Terraza, del Hotel Playa, porque se levantaba a orillas del
mar.
Las guías turísticas estadounidenses, a finales de los cincuenta, recomendaban en
Arturo Santamaría Gómez
primer lugar a los restaurantes que brindaban mariscos. La Ferry 's Guide to
México160, de James Norman, resaltaba como de rigeur, la comida del Hotel La Siesta
y la del Colonial. La Copa de Leche, le parecía de gusto aceptable y con la ventaja del
aire acondicionado. El Puerto Azul se especializaba en comida del mar y regalaba su
vista a la playa. Los Comales, en Carnaval y Ángel Flores, y el Joncol's, sobre esta
misma calle, eran lugares accesibles al bolsillo de todos; ordenados, limpios con
servicio de comida corrida. El café por excelencia de los americanos, informal y
agradable, aposentado en Olas Altas, era el O'Brien's, cuya propietaria era Lucille
O'Brien, natural de Estados Unidos.
John Wilhelm161, en sus libro de viajes recomendaba: La Copa de Leche, que ya
para 1961 se había establecido en Olas Altas 33, al cual calificaba de moderno y
atractivo; el Siesta, especializado en mariscos y pescados, además de limpio y con
precios accesibles; el Playa Mazatlán “el más romántico y sofisticado de los lugares
para comer, con mesas al aire libre que ven al Pacífico. Baile y Música. Cocteles y
música. Excelente comida. Cafetería de El Dorado, en Playa Norte, limpio, moderno y
a precios razonables. El Puerto Azul, modesto restaurante de pescados y mariscos con
vista al mar”. Wilhelm, finalizaba sus recomendaciones con el restaurante chino “en
las cercanías del mercado” que permanecía abierto toda la noche” cuando todo estaba
cerrado. “Únicamente para los aventureros porque está ubicado en la zona bronca de
la ciudad. ¡La comida es excelente!”.
En los sesenta, La Copa de Leche, El Palomar, y El Shrimp Bucket rivalizarían
como los restaurantes y bares más aceptados del puerto. El restaurante original del
Siesta sería rentado por Don Davis a Carlos Anderson en 1963, al cual se asociaría
Chuy Juárez en 1964, para convertirlo en el Shrimp Buckef. Carlos Anderson, que era
originario de Bakersfield, California, de padre estadounidense y madre chiapaneca,
había conocido casualmente a Don Davis en la Ciudad de México el cual lo invitó a
abrir un restaurante en su hotel; la invitación fue aceptada inmediatamente por el

160
Op. Cit. p. 163
161
Op. Cit. Pp. 119-120

100
Arturo Santamaría Gómez

joven y visionario empresario. Éste a su vez, que había trabado amistad con Jesús
Juárez desde 1955, lo invitó a cambiar la Ciudad de México, a la cual había llegado a
estudiar procedente de Chihuahua, por Mazatlán. Chuy, que ya había percibido la
creatividad y audacia empresarial de Carlos Anderson en el D.F., aceptó y juntos
crearon un concepto restaurantero, el de la cadena Anderson's, que con el tiempo
logró un enorme éxito nacional e internacional. En Mazatlán, el Shrimp Bucket desde
su inicio tuvo un gran éxito en la población turística del puerto. La comida, elaborada
principalmente con mariscos, el ambiente que propuso, la decoración, el estilo de los
meseros vestidos con mandiles, en parte animadores, en parte donjuanes, en parte
meseros fue propuesta por Carlos Anderson. El antecedente y la experiencia del
Shrimp Bucket, que implantó por primera vez en Mazatlán modernos métodos de
mercadotecnia, como el uso publicitario de los menús, en forma de periódico, llamado
Alcaxélsior, las camisetas con publicidad, el uso del logo, con un estilo de letra
adoptada por Jesús Juárez de un restaurante de Estados Unidos, fueron posteriormente
perfeccionados en el Señor Frog's, restaurante bar lanzado al mercado en 1971. Este
negocio, que llegaría a alcanzar un éxito extraordinario dentro y fuera del puerto,
proponía un concepto novedoso que le llevaría varios años encontrar un contexto
cultural y social favorable. El ambiente relajiento, incluso libertino del Frog's, sólo
era posible en una atmósfera de mayor tolerancia que se fue abriendo en la década de
los setenta. Antes era imposible que se permitiera públicamente el cachondeo de los
meseros con las turistas o la conducta desinhibida de las muchachos y muchachos de
las clases medias y altas del puerto. La liberalización de las costumbres porteñas, de
por sí tradicionalmente más amplia que en la mayor parte de Sinaloa y el resto del
país, se acentúo en los setenta con la influencia directa de los turistas norteamericanos
y la cultura juvenil irreverente que se generó en el mundo occidental en esa misma
época.
La creatividad de Carlos Anderson, en opinión de su principal socio, Chuy Juárez,
fue quien propuso la mayor parte de las ideas que ambientaron e hicieron triunfadores
al Shrimp Bucket y al Señor Frog's. Con Anderson, volvió a suceder lo que Mazatlán
vivió con George Williams, James Gabriel, Dr. Campbell, Don Davis, Robert Morel,
Karl Johnsson, Lucille O'Brien, etc, ciudadanos estadounidenses, que fueron capaces
de sintetizar elementos de la cultura de su país con la mexicana para brindar un
servicio exitoso que primeramente estaba pensado para los turistas americanos y que
posteriormente fue adoptado por los mexicanos. El conocimiento de estos ciudadanos
estadounidenses del confort, eficiencia, limpieza, mayor organización, calidad y
cumplimiento en el trabajo de una sociedad capitalista avanzada, lo supieron integrar
a la afabilidad, espontaneidad, simpatía y espíritu festivo de los sinaloenses para crear
empresas triunfadoras y paradigmáticas.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

CAPÍTULO XIV

CAZADORES, PESCADORES Y SURFOS

En noviembre de 1958, la revista Holiday\ la cual le dedicó la portada de ese mes


a Mazatlán, en su editorial decía que probablemente la primera razón del éxito
turístico del puerto se debía a la pesca del marlin y el pez vela, los más populares. En
el otoño, explicaba la revista, su torneo internacional de pesca llevaba la temporada de
este deporte a su climax. Las revistas norteamericanas no exageraban en cuanto a la
importancia que tenía para Mazatlán la pesca deportiva porque, al menos el pasaje
aéreo de Los Ángeles al puerto, aumentaba sustancialmente cuando se realizaban los
torneos internacionales de pesca, informaba Alfredo Patrón, gerente de Mexicana de
Aviación162. Uno de esos torneos internacionales era el Dorsey que desde 1949 se
celebrara cada noviembre. James Norman163 en su guía turística coincidía con
Holiday, pues decía que Mazatlán tenía la reputación de ser uno de los mejores lugares
del mundo para la pesca en mar profundo. De noviembre a abril podían pescarse
marlins de casi setenta kilos de peso, y de mayo a noviembre, se encontraban peces
vela de cincuenta kilos o más. El marlin negro se hallaba en los meses de verano. El
delfín también era pescado a lo largo del año, así como muchas especies pequeñas
como el dorado, pargo, robalo, etc. Norman, además recomendaba a las que
consideraba las mejoras flotas para pescar (equipadas con radio y refrigeradores): La
Star Fleet, propiedad de Bill Heimpel, la cual se rentaba en el Hotel La Siesta; The
Marlin Fleet, de Gil y Bob Avilés; la Flota Indio, de Luis Patrón; y Bibi Boats, de
Ernesto Coppel. Las lanchas se rentaban por 50 dólares de siete de la mañana a tres o
cuatro de la tarde, más diez pesos por la licencia para pescar.
Estos precios estaban fuera del alcance de los turistas nacionales ya que superaban
cinco o seis veces más el costo de los mejores hoteles de Mazatlán, ya de por sí
considerados caros. Al Sol del Pacífico, esos costos le parecían “exorbitantes”, con lo
cual coincidía Carlos McGregor Giacinti, delegado del Departamento Estatal de
Turismo. No obstante, la renta de lanchas prosiguió y con ganancias
extraordinarias164.
El mercado de la pesca deportiva en el México de los sesenta se componía de
tres franjas: el pescador deportivo, el pescador que organiza excursiones y el
pescador ocasional.
El de excursiones era el más atractivo para Mazatlán porque eran los de más
altos ingresos, sin embargo de los 20,000 o 30,000 que había en Estados Unidos

162
El Sol del Pacifico, 17- V-1958
163
James Norman, op. cit., p. 164
102
164
El Sol del Pacifico, 11 - VI- 1961.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

en aquel entonces, sólo venían a México entre 2,000 y 3,000, y la mayoría de


ellos se dirigían a Mazatlán, por ser entonces el principal centro de pesca
deportiva del país. Aunado a esta franja, a México viajaban anualmente entre
20,000 y 30,000 pescadores deportivos de 2.5 millones que había en el vecino del
norte. El mercado era inmenso, pero nuestro país atraía sólo un pequeño
segmento165.
La caza de patos y palomas era otro fuerte atractivo para los turistas
norteamericanos. En El Palmito de la Virgen o en las cercanías de Escuinapa, la
agencia de viajes Travel's, el Club Balboa y el Hotel Playa organizaban partidas
de caza de mediados de noviembre a mediados de marzo. El Club Balboa tenía
una reserva de caza exclusiva para los miembros de clubes privados de Estados
Unidos, y a nivel doméstico, el Club Cazadores de Mazatlán A.C., con su
Presidente Vidal León y Secretario Margarita Alonso Salazar, habían estrenado el
13 de diciembre de 1953, su “nuevo y moderno” Stand de Tiro Mazatlamini166.
En esta atmósfera de auge turístico, donde la pesca, la caza y el golf atraían a
turistas norteamericanos de altos ingresos, también la juventud del vecino país
empezó a ver en el puerto patasalada atractivos no publicitados por nadie, ni
siquiera por la población local, sino descubiertos por ellos mismos, tal y como
sucedió con las olas altas de Mazatlán para practicar el surf .En el libro
electrónico Legendary Surfers1, Malcolm Gault Williams, narra alegremente
como es que él y sus amigos llegaron al feliz y casual descubrimiento de que en
un puerto mexicano del Pacífico había olas muy atractivas para satisfacer su
gusto.
Los surfos califomianos, aventureros y expertos en el arte de deslizarse en el
mar montados sobre una tabla, explorando aguas nuevas para alimentar su pasión
descendieron unos cuantos cientos de kilómetros en 1957 hasta encontrar a
Mazatlán.
Phil Edwards y Whitey Harrison, fueron dos de los primeros surfos en llegar
al puerto, “donde hasta un pobre se siente millonario”, como diría años después
José Alfredo Jiménez. Edwards había trabajado en un yate de un hombre rico que
surcó las aguas del Golfo de California; en esa travesía conoció a un lado de las
costas de Mazatlán “las perezosas y cálidas aguas de México”. Malcom nos narra
su descubrimiento: Ahí había “millones de olas listas para ser rebanadas, cada una
brillando, reluciendo con su luz turquesa. Y estábamos solos en el mundo (...)
Había olas de más de dos metros y empezamos a hacer cortes donde ningún
hombre había surfeado antes...”
Un año después, otros surfos encabezados por Greg Noli llegaron en autobús a
Mazatlán procedentes de Los Ángeles vía Nogales. Se hospedaron con “la señora
Henríquez por dos dólares al día, incluyendo desayuno y tortillas... Ella rentaba
cuartos en su casa (escribe Noli). Todos desayunábamos juntos en el patio. Ahí
vivimos por seis meses (...) Los mexicanos veían al surf como algo muy extraño.
Encontramos un lugar muy “cool” para deslizamos e hicimos amistad con uno de los

165
Estudio General delDesarrollo del Turismo en México, Impulsora de Empresas Turísticas, México, 1969,pp. 181-195.
103
166
Archivo Histórico Municipal, Legajo 95, caja 137, año 1953, Mazatlán, Sinaloa.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

muchachos del lugar que hablaban inglés. A él le gustaba verme surfear. Un día que
estaba surfeando, tan pronto salí del mar vi a un hombre viejo con un burro que se
paró atónito enfrente de mí. El viejo se alejó lentamente haciendo la señal de la Cruz y
sus ojos saliéndosele. El chico mexicano trató de calmarlo. “¿Qué le pasa le pregunté
al muchacho?”. “No ve bien y te vio saliendo del agua. No se dio cuenta que montabas
la tabla. Pensó que caminabas sobre ella”. Después convencimos al viejo de que tocara
la tabla. Se dio cuenta de la realidad y pensó que era muy bonito poderse trepar en las
olas”.
“Ese primer día surfié enfrente del Hotel Freeman... y los niños que vendían
Chiclets se empezaron a juntar para verme... nunca habían visto este deporte... Al rato
ya se habían reunido como trescientas personas fuera del hotel. Cada vez que agarraba
una ola, ellos gritaban “olé, olé”. Era muy divertido”.
“Me pasé ahí varias semanas surfeando”, recuerda Noli. “Le escribí cartas a mis
amigos Sony Vardeman, Rick Stoner, Reynolds Yater, Bruce Brown... En una tarjeta
postal les decía: “La diferencia entre Mazatlán y Hawaii es la diferencia entre la noche
y el día. Es tan bello aquí que no lo pueden creer. Deja a las islas muy atrás”(...) “Y
todos vinieron”.
Justamente este tipo de piropos que espontáneamente provocaba Mazatlán en los
turistas estadounidenses eran la mejor y prácticamente única propaganda que recibía el
puerto. Concluir que la belleza de Mazatlán superaba a la de Hawaii, cuando éste ya
era un sitio turístico que recibía una publicidad inmensa en todo el mundo, era un
halago que llegaba seductoramente a cientos de jóvenes amantes del surf y de las
bellezas naturales. Sin duda, la incursión de los surfos en Mazatlán y la manera en que
hacían turismo: viajando en viejos automóviles o autobús, hospedándose en mesones y
hoteles muy modestos, comiendo lo que los lugareños comían, etc., fue el antecedente
más inmediato del turismo juvenil que desde los sesenta, con los hippies, empezó a
fondear las aguas de Mazatlán. Y así fue: todos vinieron.

104
Arturo Santamaría Gómez

CAPÍTULO XV

LOS AÑOS MARAVILLOSOS

Cuando, a mediados de los sesenta, aproximadamente 155,000 turistas escogieron


a Mazatlán para vacacionar, las Pulmonías, que llegarían a convertirse en un símbolo
popular del puerto, recién empezaban a ser conocidas. El señor Miguel Ramírez
Urquijo, su creador, en 1965 había transformado tres montacargas de la fábrica de aire
acondicionado York, en pequeños taxis de tres ruedas y en un plazo muy corto, ante la
rápida aceptación, consiguió otros tres montacargas y de ahí la leyenda en adelante.
Muchos de los 75,000 turistas estadounidenses y otros 3,000 mil canadienses, que
visitaron Mazatlán ese año, gozaron del exotismo tropical que ofrecían Las
Pulmonías. En 1967, estadounidenses y canadienses dejaron en el puerto cerca de 70
millones de pesos167.
Con el aumento y modernización de la transportación aérea subió de manera
considerable el número de personas que viajaron a la Perla del Pacífico, pero
disminuyó el número de días que permanecían. La duración media de estadía era de
cuatro días. Los turistas que llegaban en automóvil descansaban un promedio de seis
días; y los que iban de paso, se quedaban por lo general dos días. El gasto promedio
del conjunto de los visitantes era de 225 pesos por persona (a 12.50 pesos por dólar),
aunque aquí se incluían los gastos muy bajos de turistas con casas de campaña, o los
tres veces más altos de pescadores deportivos.
Aún con la mayor cantidad de vuelos que llegaban al puerto, el 65% de los turistas
seguían llegando por automóvil o tráiler house\ el 25% arribaba en avión y el restante
10% lo hacía en tren, autobús o barco. El grueso de los viajeros que llegaban por
avión habían seleccionado a Mazatlán como destino final; en cambio, los turistas que
llegaban por los otros medios lo hacían en un 70%.
A mediados de los sesenta, la época del hippismo y la sicodelia que también
contagió a Mazatlán, la cual se reflejó en la discoteca del Hotel Freeman, en los
gustos de la juventud, y en las modas y música del Carnaval, los principales atractivos
del puerto para el turismo extranjero de edad madura seguían siendo la alta calidad de
su pesca y el benévolo invierno. Abundaban los marlines rayados, negros y azules; al
igual que el pez vela, los delfines, robalo rojo, lobina blanca y negra, pez sierra, pez
gallo y atún.
Las islas, como las del Palmito de la Virgen continuaban atrayendo a los
observadores de pájaros, a los recolectores de conchas y a buceadores de poca
profundidad. La caza de patos, codornices y faisanes, así como la del venado,

167
La información de este capítulo fue tomada casi íntegramente de la obra Estudio General del Desarrollo del Turismo en México, Impulsor
de Empresas T\irísticas,S.A. de C.V. México, 1969. p.149-158 y de un documento llamado “Breve Estudio sobre el Desarrollo Turístico de
Mazatlán”, de Carlos Ortega Rousse, mimeo, sin fecha. Archivo Histórico de Mazatlán, sin clasificar.
!
El Sol del Pacifico, 10 y 19 - XI- 1971.
118 3 Estudio General del Desarrollo del Turismo en México, Impulsora de Empresas Turísticas, S.A. de C.V.,p. 196-197.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

jaguar y gato montés no se había agotado; tan sólo en noviembre de 1971 la


Subdelegación de turismo, a través del Club Balboa y el señor Roberto Avilés,
veterano en esta actividad, había vendido doce mil cartuchos de diferentes
calibres a los cazadores extranjeros y la Delegación Estatal de Turismo había
autorizado licencias para más de 5,000 cazadores extranjeros, sin embargo
reconocía que por la alta demanda había escasez de guías. El día 10 de ese mismo
mes, bajo la gerencia de Mario Sotres Lejarza, se hizo la apertura del Club
Cinegético de Caza, Tiro y Pesca, en el Conjunto Comercial Plaza2. En Estados
Unidos había no menos de 4 millones de personas que gozaban de la caza mayor
y gastaban anualmente 7,500 millones de dólares al año. Sus gastos diarios
oscilaban entre 320 y 690 dólares por persona excluyendo el transporte, y sus
estancias fluctuaban entre cuatro y diez días. Los cazadores de aves, por su parte,
eran alrededor de 2 millones y gastaban 2,500 millones de dólares al año; por
norma sus gastos diarios transitaban entre 320 y 640 dólares, y el costo total entre
625 y 3, 125 sin incluir el costo del transporte principal3. En la Unión Americana
la cantidad de cazadores era muy grande, pero sólo 10,000 viajaron a México.
Mazatlán atraía a un buen número de ellos, sin embargo la caza indiscriminada y
la modificación del hábitat de las aves provocaron que disminuyera sensiblemente
esa práctica deportiva.
Los turistas aficionados a la pesca y a la caza, e incluso los surfos le habían
dado a la cuna de Pedro Infante la fama de tener un océano abundante en especies
marinas y olas desafiantes. Entre el 40 y el 50% de sus visitantes, en particular los
que viajaban en avión, pescaban durante su estancia en Mazatlán. En 1971 había
31 botes de pesca para renta. Se consideraba que las tripulaciones de los hermanos
Avilés, Sergio Pruneda, Ernesto Coppel y otros propietarios, eran experimentadas
y hábiles. Había buenos equipos para los deportes acuáticos, incluyendo lanchas
de motor, botes de vela y deslizadores. Había guías para la caza, alquiler de jeeps,
escopetas y equipo de campamento. Por otra parte, ya se presumían un buen
campo de golf en el Club Campestre, corridas de toros y béisbol profesional en
invierno. En 1971 Mazatlán fue la sede de la Serie del Caribe. Por otra parte, en
febrero de ese año estelar, por primera vez fue transmitido por televisión en vivo
el Carnaval de Mazatlán mediante el programa de variedades Siempre en
Domingo, conducido por Raúl Velasco, lo cual había sido un extraordinario
acontecimiento para los habitantes del puerto; especialmente para El Mamucas,
marisquero pata salada, que se hizo famoso y vendió como nunca con la publicidad
que le hizo el animador de Televisa.
A finales de los sesenta, la Perla del Pacífico brindaba 1,300 cuartos clasificados
de clase A por el Departamento de Turismo; y se carecía de hoteles nivel AA. El Club
Balboa, trasladado del Paseo del Centenario a lo que sería la Zona Dorada, si tenía
cuartos que entraban en la más alta calificación pero era privado. Anualmente el nivel
de ocupación oscilaba entre el 65 y 70%, con un máximo de 100% en febrero y días
de Carnaval; la temporada más baja era en septiembre. El Departamento Federal de
Turismo, con sede en Sinaloa, informó en 1971 que durante los tres primeros meses
del año, el 53% de los turistas había llegado a Mazatlán por tierra, el 21 % por la vía
Arturo Santamaría Gómez

aérea, el 7.1 % por vía marítima, y el 16% por tren. El 38% de los turistas se había
hospedado en moteles, el 20% en hoteles, el 19% en tráilerparks, el 16% en
apartamentos, y el resto en buangalows y barcos. El 45% de los visitantes extranjeros
habían entrado por Nogales, 27% por Mexicali, 11% por la Aduana de Mazatlán,
7.7% por Laredo, 6.8% por Ciudad Juárez y 0.9% por Tijuana. En la Semana Santa de
esa temporada llegaron a Mazatlán 15 mil turistas extranjeros y 17 mil nacionales168.
Las carreteras a Mazatlán eran calificadas como buenas, al igual que el servicio
aéreo, aunque el antiguo aeropuerto estaba muy cerca de las nuevas zonas hoteleras.
En 1969 había entrado en operaciones el nuevo aeropuerto Rafael Buelna, pero con
muchas carencias; a fines de 1971 carecía de aire acondicionado adecuado y sólo le
prestaban servicio taxis de sitio y los minibuses que tenían como sitio el Hotel Los
Patos. La vieja central camionera, situada a unos cuantos metros de Playa Norte, ya
era insuficiente, por lo que en marzo de 1971 se dio el banderazo para iniciar la
construcción de la nueva, a un costado del antiguo aeropuerto. El servicio de
ferrocarril era pésimo desde los años cincuenta, pero todavía transportaba más del
15% de los turistas que llegaban al puerto.
En ese entonces se veía a la relativamente baja oferta de alojamiento y a la
ausencia de habitaciones de lujo, como los principales obstáculos para el desarrollo
turístico de Mazatlán. Se sabía que los deportistas de la pesca y los turistas que
buscaban en invierno un cambio de clima demandaban hoteles de más alta calidad. Y
porque en Mazatlán no los hubo, hasta que en 1971 abrió sus puertas el Hotel Camino
Real, las agencias de turismo, decían los observadores de esa época, “suelen desviar a
los visitantes potenciales hacia otros puntos de destino en las épocas de excesiva
concurrencia”.
Así como el Belmar, el Freeman y el De Cima fueron grandes hitos
arquitectónicos, y en el terreno social modificaron y establecieron pautas de
comportamiento social, el Camino Real se convirtió en el primer hotel local en tener
la clasificación doble AA, la de más alto nivel según los criterios internacionales
oficiales. Esta hospedería se estableció en la más lejana orilla del perímetro de la
ciudad, de hecho preestableciendo los límites de lo que llegaría a ser la Zona Dorada,
y sus restaurantes se convirtieron en los centros de reunión de las élites sociales del
puerto.
Los enlaces aéreos de Mazatlán con Estados Unidos hasta 1970 eran en
extremo limitados. Solamente se sostenían vuelos directos con Los Ángeles. Los
turistas del medio oeste y del este de Estados Unidos, tenían que realizar varias
escalas y trayectos muy largos para arribar a Mazatlán. Además, las tarifas del
vecino país a nuestro puerto, con la excepción de la que se ofrecía desde la urbe
angelina, no eran competitivas con destinos turísticos de playa y sol a distancias
semejantes. Por ejemplo:

168
El Sol del Pacífico, 5 y 10- IV-1971.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Origen Destino Costo en pesos Costo por Km


Nueva York
Mazatlán 3,652.00 0.432
Miami 1,350.00 0.384
San Juan 1,300.00 0.252
Chicago
Mazatlán 3.552.00 0.492
Miami 1.402.00 0.372
San Juan 2.450.00 0.370
Honolulu 4,750.00 0.322
Los Ángeles
Mazatlán 1,484.00 0.445
Honolulu 2,500.00 0.302

Acapulco 2,300.00 0.399

Como es evidente, las tarifas para volar a Mazatlán eran en términos


comparativos muy altas. Esta era una de las razones por las que el puerto
sinaloense no pudo atraer turistas del Este de Estados Unidos de manera
considerable, tal y como sí lo logró Acapulco en los cincuenta y sesenta, y como
lo haría Puerto Vallarta a partir de fines de los sesenta.
Al inicio de 1970, hubo un gran salto de calidad en la comunicación de
Mazatlán con varias ciudades del país y de Estados Unidos, y a decir, verdad, el
conjunto de la industria turística nacional logró lo mismo. A finales de ese año,
México ya se había ubicado en el tercer lugar en la escala mundial de ingresos
turísticos y estos por primera vez eran superiores en un 6.3% a la exportación nacional
de mercancías, a decir de Miguel Alemán Valdés, Presidente del Consejo Nacional de
Turismo, en el Congreso Internacional de Turismo que se celebró en la Ciudad de
México a principios de marzo de 120 1971; para ese entonces, en la república se
ofrecían 132,701 habitaciones
Mundial de Turismo de la UIOOT, donde decidió cambiar su nombre al de
Organización Mundial de Turismo (OMT) y se estableció que el turismo sería un
vehículo para la observación de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales
para todos sin distinción de raza, sexo, lengua o religión169. Lo paradójico de esta
declaración es se había aprobado en México, frente a un gobierno que había ordenado,
el 2 de octubre de 1968, la mayor masacre de la historia contemporánea de México y
había encarcelado a cientos de estudiantes y maestros universitarios por reclamar las
libertades civiles.
En el plano de los derechos humanos, México dejaba mucho que desear, pero sin
duda, entre 1968 y 1970 fue capaz de atraer numerosos eventos deportivos, políticos,
sociales y empresariales que lo promovieron turísticamente hasta elevarlo a los
primeros lugares en el tablero internacional. El gobierno federal favoreció a Mazatlán

s
Ibid, 13-111-1971.
Arturo Santamaría Gómez

otorgándole la organización de la III Convención de Comercio Exterior a la que


asistieron Galo Plaza, Secretario General de la OEA, Octaviano Campos Salas,
Secretario de Industria y Comercio, Hugo B. Margáin, Secretario de Hacienda y
Crédito Público y 200 delegados que se hospedaron en el Playa y celebraron sus
reuniones en el teatro del Seguro Social170. El año de 1970 había sido extraordinario
para Mazatlán porque, entre otras cosas, se organizaron 36 convenciones. En 1971
seguirían más convenciones, entre ellas la XVII Convención Internacional de la
Asociación Mexicana de Agencias de Viajes (AMAV), que se llevaría a cabo entre el
4 y 8 de junio, en el recién estrenado Camino Real, y la Convención Nacional de la
Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, a la que asistieron 600 personas, que
se celebró entre el 26 y 31 de mayo.
De la Convención Internacional de la AMAV salió el convencimiento de que
Mazatlán estaba en su mejor momento para proyectarse turísticamente, decía
Alejandro González Lie, Vicepresidente local de la Canacintra. Una de las
conclusiones de la convención fue la de que el relieve internacional, al que estaba
llamado Mazatlán, no era remoto porque sólo se requería del esfuerzo colectivo y
combinado de todos los organismos relacionados con el turismo. Pero si bien se
esperaba un futuro brillante para Mazatlán, la opinión de varios de los empresarios del
ramo era crítica, tal y como la externaba Rodolfo Casparius, Vicepresidente de la
Cadena Camino Real, ya que él percibía que en el puerto se había hecho muy poco por
el turismo, no obstante - decía- que todos aquí sin excepción viven de él. Casparius
veía desunión, envidias y rencores entre los miembros de la industria. Frente a estas
conductas, ha llegado el tiempo - reclamaba el hotelero - de que Mazatlán deje de ser
un campo hotelero de aficionados y pase a ser de profesionales. Debemos explotar el
turismo plenamente y obtener de él lo mucho que nos ofrece, si nos dedicamos a
trabajar en forma unida por un sólo !deal: el progreso colectivo. Casparius no era
mazatleco, pero había otros que sí lo eran, como Marco Antonio Millán, Jefe del
Departamento de Turismo Municipal, el cual sostenía una opinión semejante, cuando
externaba que capitalistas medrosos frenaban el desarrollo de Mazatlán, por falta de
visión y decisión para invertir en empresas turísticas8.
En septiembre de 1970, ya próxima la temporada invernal, Mexicana de Aviación
aumentó a trece los vuelos semanales a la Ciudad de México, incluyendo uno sin
escalas, siete vuelos a Guadalajara y once a Los Ángeles; para julio del año posterior,
Alfredo patrón, Gerente de Mexicana, anunciaba que los vuelos semanales entre el DF
y Los Ángeles vía Mazatlán aumentaban a 26. Al mes siguiente ofertó a la semana
cuatro vuelos a Puerto Vallarta, y dos a Mexicali vía Hermosillo. A partir del 1 de
noviembre, ofreció un Boeing 727, con 155 asientos, para volar a Los Ángeles. La
empresa Servicios Aéreos Especiales, afiliada a Aeronaves de México, empezó a
ofrecer tres vuelos a la semana a Monterrey con escala en Torreón, seis vuelos a La
Paz, León y D.F. Aeronaves del Oeste, competía parte del mercado de La Paz, con tres
vuelos por semana, vía Culiacán, Los Mochis y Ciudad Constitución. El 5 de abril de
1971, Air West anunció que el 25 del mismo mes inauguraría su vuelo de Phoenix a

* Ibid, 29-IX- 1970. ’Ibid,


29-IX-1970.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Mazatlán. Finalmente, el 15 de diciembre, con amplio despliegue publicitario, se


anunció que Aeronaves de México ofrecía el vuelo de Denver, Colorado, al puerto, y
con ello por primera vez se abrían lazos directos con el medio oeste de Estados
Unidos. Era tal el éxito de Mazatlán en ese año que hasta el Embajador de Japón,
Tadao Kato, y el Delegado Federal de Turismo, Fitch Díaz, prometían que Japan
Airlines volaría a Sinaloa en 19729. Por su parte, la Eastern Airlines había prometido
que traería aviones Jumbo para 400 pasajeros. Habrían un mayor aumento de vuelos
en años posteriores con la promoción que empezaron a realizar diez agencias de viajes,
nacionales e internacionales, entre ellas Wagon Lits, Mundo Tours, Marco Polo Tours,
Albatros Viajes, etc. En este auge de vuelos aéreos, en 1971, a plana entera Aeronaves
de México e Iberia anunciaban su primer vuelo directo y diario de la Ciudad de
México a Madrid, y las agencias de viajes ofrecían el novedoso Viaje Todo Pagado
entre el Distrito Federal y Mazatlán, del 15 de abril al 15 de diciembre de cada año.
Los gerentes del De Cima y Aqua Marina informaban que a través de esa promoción
estaban arribando dos parejas diarias a cada hotel.
Los estrategas del consorcio Motor de Empresas Turísticas, les recomendaban a
los responsables de la industria en Mazatlán que deberían concentrase en el segmento
de los deportistas de la pesca de California para capturar más visitantes y de mayores
ingresos ya que era la zona internacional más próxima tanto en avión como en
automóvil. Pero, para ello era menester que aumentara la oferta de cuartos de hotel y
mejoraran los servicios que se ofrecían. Así mismo, decían los expertos, “la
construcción de hoteles clase A es particularmente importante, puesto que estos son
los que establecen el prestigio de los grandes lugares deportivos”. Siguiendo la pauta
que había fincado el Hotel Playa, se recomendaba que los nuevos hoteles se
construyeran a orillas del mar y ofrecieran entre 100 y 300 habitaciones; tal y como
efectivamente se hizo hacia finales de los sesenta con el Riviera, y en 1971 con el
Hotel Las Flores y el Camino Real, porque se consideraba que sólo edificios con estas
características podían ofrecer los servicios e instalaciones que esperaban los turistas
extranjeros. Hoteles de mayores dimensiones dañarían “el ambiente de reposo y
confianza que es uno de los encantos de la zona”, y se recomendaba que se mantuviera
la arquitectura “un tanto rústica” de Mazatlán. La recomendación de seguir la tradición
arquitectónica no se respetó y, a finales de los setenta las grandes construcciones
hoteleras rebasaron los límites recomendados.
En relación a la transportación aérea se recomendaba que en cuanto fuese posible
debería buscarse la oferta de vuelos directos a Dallas (lo cual no se logró a corto
plazo), por la ubicación estratégica de esta ciudad en relación al Medio Oeste y el Este
de Estados Unidos. Deberían estimularse, por otra parte, a los propietarios de aviones
particulares para que volasen a Mazatlán, tomando en cuenta el antecedente de que ya
lo hacían los deportistas de la pesca.
Se recomendaba enriquecer la oferta turística de Mazatlán con viajes a Concordia,
Cópala y la Isla de la Piedra, lo cual se cumplió con relativo éxito en las dos primeras
poblaciones cuando los minibuses turísticos City Tours para 26 pasajeros empezaron
brindar servicio el 8 de enero de 1971. Los habitantes de la Isla de la Piedra
mayoritariamente ejidatarios, por el contrario, se oponían a todo proyecto turístico,
12
;
Arturo Santamaría Gómez

particularmente cuando se especuló que la Walt Disney auspiciaba una magna


inversión de 100 millones de dólares171.
Habría que promover entre los restauranteros la idea de que se ofrecieran más
entretenimientos vespertinos y nocturnos, y aprovechar el espectáculo para exhibir
documentales sobre la caza y la pesca, así como de los pueblos cercanos al puerto, lo
cual fue escuchado por los propietarios del Playa y empezaron a ofrecer sus noches
mexicanas. Influidos por el rock, música que finalmente había obtenido una aceptación
en la industria musical del país, hubo pequeños empresarios que establecieron lugares
como el Fórum, donde se presentaban grupos como los Dug Dugs, Love Factory, The
Salt Feet, Free Souls, Los Sharks, Los Yoris, etc. Otros bares y restaurantes de moda
en los sesentas y los primeros años de los setenta eran El Shrimp Bucket, El Mauna
Loa, el Frog’s, El Navegante, del hotel De Cima, el Mamucas, La Carreta (donde se
presentó en enero de 1971, la La India María, (lanzada al estrellato por Raúl Velasco),
La Cabaña, ubicado en Paseo Claussen y Guillermo Nelson, El Greco, cuyo sitio
estaba en 5 de mayo y Claussen, el Bar Son Sin que ofrecía al Pitulo y su piano,
atendido los sabaditos lindos por El Maleno y El Bigotón. Los lugares de mayor
atractivo para los jóvenes de altos recursos del puerto eran La Copa de Leche, con su
nuevo asiento en Olas Altas y El Palomar, del Hotel Freeman.
En otras de las recomendaciones de los expertos, estaban las de organizar
talleres sobre pesca deportiva e invitar a celebridades deportivas para que hiciesen
demostraciones; se consideraba que viajes con duración de toda la mañana para
conocer las islas cercanas a Mazatlán podían ser de gran atractivo. En respuesta a
lo anterior, vio la luz el Superpato que empezó a ofrecer en agosto de 1971, viajes
a la Isla de Venados.
En su balance y recomendaciones tan detalladas los asesores concluían, en la
rebelde década de los sesenta que, entre las muchas otras cosas que necesitaba
Mazatlán, estaban cosas tan elementales como instalar casillas de información del
Departamento de Turismo sobre las carreteras que convergían en Mazatlán, crear
una policía turística para el aeropuerto y la ciudad, y editar folletos, “bellamente
presentados”, que informaran en español e inglés, con precisión y claridad, los
puntos de interés del puerto y los servicios y mecanismos de auxilio. El desarrollo
de este conjunto de propuestas - decían los autores del texto aquí analizado -
“puede hacer de Mazatlán un afamado centro de recreo”.
Paulatinamente, muchas de estas recomendaciones fueron cumpliéndose. Para
inicios de enero de 1971 ya se habían puesto en servicio seis radiopatrullas para
auxilio del turismo carretero que circulaban entre La Concha y Escuinapa, San
Miguel Zapotitlán y Mazatlán, El Salto y Mazatlán, y Culiacán-Mazatlán. En
octubre de 1971, la Dirección de desarrollo turístico en coordinación con la
Delegación del Departamento de Turismo terminó de elaborar el catálogo turístico
de Sinaloa y meses antes, en febrero, Fitch Díaz, había anunciado que a lo largo
del año se distribuirían en agencias de publicidad y turismo de Europa, Asia y
América 100 mil carteles a color promoviendo a Mazatlán172.

Ibid, 24-X-1970.
124 “ Ibid, 27-11- 1971.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

En 1966, a once años de que llegaran los primeros grupos de surfeadores


estudiantiles de Estados Unidos, un grupo de mazatlecos, destacando entre ellos,
Juan José Ahumada V., proponía, apoyándose en una clara visión y datos precisos,
que se promoviera el turismo estudiantil procedente del vecino del norte. Ahumada
citaba a la revista Selecciones, de julio de 1962, en la cual se informaba que 250
mil estudiantes norteamericanos salían de vacaciones veraniegas preferentemente a
Europa, para argumentar la importancia de atraer a este segmento turístico en esa
estación del año. Juan José Ahumada, ya era en los hechos, desde 1963, un
promotor de encuentros entre estudiantes de México y Estados Unidos a través de
educandos y profesores de El Colegio del Pacífico, pero le proponía a hoteleros,
empresas de transportes, de pesca deportiva, restaurantes y medios de
comunicación la creación de un organismo que asumieran la tarea de atraer a
amplios y organizados grupos de estudiantes de collegesn. La idea fue adoptada en
1971, cuando El Colegio del Pacífico y la representación de la Universidad
Autónoma de Sinaloa en Mazatlán, en la persona de Martín Gavica, promovieron
la Escuela de Verano para estudiantes extranjeros y nacionales. El proyecto fue
apoyado ampliamente por prominentes profesionistas y hombres de negocios del
puerto, entre ellos Octavio Rivera Farber, quien sería su director a partir del 8 de
junio de 1971. La Escuela de Verano fue abierta el 1 de julio de ese mismo año
con una exposición arqueológica, organizada por la UAS y el Instituto Nacional de
Antropología e Historia, con 216 piezas halladas durante las excavaciones del
Metro de la Ciudad de México. Los cursos, impartidos en El Colegio del Pacífico,
que incluirían clases de Español, Historia de México, Etimologías, Antropología,
Pintura y Danza, tendrían una duración de diez semanas, costaría 200 pesos (ó 15
dólares) y podían inscribirse adultos de cualquier edad. En los planes originales de
los promotores de la escuela se esperaban trescientos estudiantes, sin embargo se
inscribieron tan solo poco más de cien, procedentes de California, Arizona, Nuevo
México, Colorado y Texas, que en su mayoría fueron alojados en casas de
huéspedes o particulares173.
Para 1972, en relación a 1966, habían aumentado en cien mil el número de
turistas que llegaban a Mazatlán. El 50% eran estadounidenses y otro tanto
nacionales, calculándose que los primeros habían dejado una derrama de
34,375,000 de pesos. No obstante este considerable aumento de visitantes, Puerto
Vallarta ya era un centro playero que retenía más a los turistas, porque en
promedio se quedaban en este puerto de cinco a seis días mientras que en
Mazatlán sólo pernoctaban tres.
En este año, el 65% de los paseantes habría llegado en automóvil, el 25% en
avión y el 10% restante en tren, autobús o barco.
A principios de esa década, la pesca seguía siendo el principal atractivo entre
los turistas extranjeros. Se calculaba que alrededor del 50% de ellos pescaban
durante su estadía.

12
Juan José Ahumada, “Apuntes...para atraer a estudiantes Estadounidense”, junio de 1966, mimeo, Archivo Histórico de Mazatlán,
aun sin clasificar.
3
) El Sol del Pacífico, 7-IV-1971,14-V-1971, 9-VI- 1971, 7-VI-1971. 125
Arturo Santamaría Gómez

Con la construcción de la Avenida del Mar en 1968, Mazatlán empezó a


observar una intensa explosión urbanística que a juicio de Carlos Ortega Rousse
estuvo mal planeada, pero que en la opinión de periodistas y empresarios de la
época marcó el inicio de la modernización turística del puerto. Rousse en su
análisis remarcaba que las calles que se habían pavimentado carecían de drenaje
para aguas pluviales y los de aguas negras eran insuficientes. Se habían
construido arbotantes que no resistirían los vientos huracanados. Se instalaron
tubos de aguas negras que descargaban en las playas. Se construyeron expendios
de comida en las playas que no respetaban normas higiénicas y urbanísticas
adecuadas. La calzada Camarón- Sábalo, se construyó de tal manera que en
algunos tramos quedó bajo el nivel de la marea más alta, inundándose sobre todo
en septiembre.
No obstante, Mazatlán empezó a dar una imagen de modernidad que
desesperadamente buscaban líderes empresariales y políticos desde varias décadas
atrás con la misma ansiedad que se buscaba en la mayor parte del país.
Particularmente, del gobierno de Miguel Alemán en adelante (1946- 1952), los
gobiernos emanados del PRI vieron en la americanización del país, la vía del
progreso. De esta manera se construyeron grandes avenidas y altos edificios; se
fomentó el uso del automóvil y se erigieron obras monumentales. En la óptica de
los gobiernos del régimen político surgido en 1921, la realización de los Juegos
Olímpicos de 1968 y la Copa Mundial de Fútbol, en 1970, expresaban el triunfo
de esa visión modernizadora. La transformación urbana del puerto era evidente,
incluso espectacular, pero se hacía a costa del abandono de su espacio
fundacional. El Viejo Mazatlán entró en decadencia, particularmente la zona
alrededor de la Plazuela Machado y los paseos del Centenario, Olas Altas y
Claussen. La germánica y decimonónica Olas Altas, al igual que Las Arañas,
parecían pertenecer al pasado donde las parejas de enamorados gustaban de
pasear y escamotear un beso al cobijo de las sombras, decía un viejo conductor de
arañas174. Olas Altas estaba socavada por las aguas marinas, el mosaico se había
deteriorado en extremo y los ductos de los cables de luz emergían a la superficie,
su alumbrado nocturno, que anteriormente hacían brillar a las glorietas, no
funcionaba al igual que el del paseo, el pavimento estaba desgastado y se
amontonaba la basura en el Paseo Claussen, frente a la Subdelegación de
Turismo175. La demolición de La Carpa Olivera en 1970, construida en Olas Altas
cuando nacía la actividad turística en el puerto, visto a la distancia, significaba el
fin de una época, al mismo tiempo que la construcción de las avenidas del Mar,
Camarón Sábalo y el asomo de la Zona Dorada, se presentaba como el nacimiento
de otra. La Camarón Sábalo, que tuvo un costo de 15 millones de pesos y puesta
en servicio el 20 de noviembre en 1971, era importante, se decía, porque enlazaría
la zona hotelera con una zona habitacional de 30,000 habitantes. La Inmobiliaria
Rubar, justo el 8 de noviembre de 1970, inició la promoción del Fraccionamiento
El Dorado, enclavado en la zona más próspera del puerto. Única frente al mar,

174
Ibid, 28-111-1971.
126 is Ibid, 27-11-1971 y 24-V11I-1971.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

decía la publicidad. Anticipando que el crecimiento de la zona turística iría más


allá del Camino Real, Ricardo A. Urquijo, presidente municipal, anunció el 17 de
marzo de 1971, la extensión del paseo costero hasta Cerritos.
Ciertamente las grandes obras urbanas y la organización de grandes eventos le
daban una fachada parcialmente moderna al país, pero el sistema político y el
conjunto de las redes sociales y culturales del país seguían siendo
mayoritariamente tradicionales. Había muchos hábitos y costumbres tanto en
Mazatlán como en el resto de México incompatibles con una cultura moderna. En
el puerto, en particular, no se podían superar los viejos hábitos insalubres de la
mayor parte de su población. A lo largo del siglo XX y aún desde antes, sus
intelectuales, médicos y otros grupos sociales minoritarios se quejaban
constantemente de la falta de limpieza pública en las playas, mercados y calles del
puerto.
En los sesenta, aún con todo y las grandes obras urbanas y el considerable
aumento de la población turística, las quejas seguían siendo las mismas. En 1966,
Alejandro J. Habif, Jefe del Departamento de Turismo Municipal y Relaciones
Públicas, en innumerables ocasiones informaba de la suciedad de las playas y
calles. En una carta al Presidente Municipal, Bernardo Sánchez Osuna, le
reiteraba que “en un viaje de inspección hecho por todos los balnearios de la
ciudad en la mayoría encontró hacinamientos de basura y un desaseo general en
las playas”. Habif imploraba que hubiese una mayor limpieza “para no sufrir las
críticas (...) que nos han hecho tanto los turistas tanto nacionales como
extranjeros”176. En la búsqueda de superar la suciedad de las playas, el señor
Habif recomendaba al Alcalde que con la colaboración de los hoteleros de la
Avenida del Mar y el Sábalo adquiriera en Estados Unidos vehículos especiales
para la limpieza de las playas.
A los dirigentes del turismo local les interesaba sobre manera que Mazatlán
ofreciera una cara urbana eficiente y limpia para hacer más atractivo al puerto,
pero también por el deseo de que en el puerto se realizaran competencias de yates
en los ya cercanos Juegos Olímpicos que se iban a celebrar en 1968.
Desafortunadamente para Mazatlán, los trámites ante el Comité Olímpico
Mexicano (COM) no prosperaron porque de nueva cuenta imperó el tradicional
favoritismo por Acapulco y no se logró que Sinaloa figurara en su organización,
lo cual hubiese sido de importancia estratégica para el estado y el puerto. La
comisión de representantes de la Asociación de Hoteleros de Mazatlán, integrada
por los señores Sergio de Cima, Presidente de la Asociación, Augusto Valenzuela
Ortiz, Vicepresidente, Femando Azcona, Gerente del Hotel Agua Marina, Amado
Guzmán, Gerente del Hotel Posada Colonial y Directivo del Club de Yates, Juan
Tomasi, constructor de lanchas deportivas, el señor Velarde, Gerente del Hotel
Freeman, y Roberto Avilés, de la Firma Avilés, de renta de lanchas para pescar,
se entrevistaron con el General J. Jesús Clark Flores para solicitarle formalmente
la sede de la competencia de yates. El Presidente del COM les respondió que

176
Oficio del «"íñor Alejandro J. Habif ai Presidente Municipal, Bernardo Sánchez Osuna, abril 19,1966. AHM, sin clasificar. 127
Arturo Santamaría Gómez

había una “corriente favorable al Puerto de Acapulco por su proximidad a la


Ciudad de México y por su mayor capacidad de hospedaje”. Los miembros de la
comisión mazatleca también se entrevistaron con el Vicealmirante, Diego Mújica,
mazatleco de nacimiento y comisionado por la Secretaría de Marina al COM en la
organización de las competencias de yates, y con B. Crocce, comisionado del
Comité Olímpico Internacional para las pruebas de yates, buscando convencerlos
de las ventajas de Mazatlán, entre las cuales estaba la celebración durante muchos
años de las Regatas Los Ángeles-Mazatlán. No obstante, todo fue en vano.
Acapulco nuevamente fue favorecido por las autoridades centrales177. Un año
antes, Alfonso Ruiz Gómez, Presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles
Conexos del Estado de Sinaloa A.C., sentenciaba que las perspectivas del
desarrollo turístico de Mazatlán dependían en gran parte de que las autoridades
federales de turismo olvidaran la canalización “casi exclusiva y exuberante” hacia
el sur y Acapulco y voltearan más hacia el norte178.
En su visita a la Ciudad de México, la comisión mazatleca no logró traerse la
competencia olímpica de yates, pero al menos logró cuajar otros proyectos como
el de obtener un equipo de radiopatrullas para el cuerpo de salvavidas creado, por
cierto, en los años cuarenta a iniciativa de Don Pepe Medina, con un grupo de
sobresalientes nadadores entre los cuales estaban Heriberto Malcampo, El Indio
Reyes, Aurelio Dueñas, Carlos y Juan Manuel Goñi, Leoncio Morales, Alejandro
Trewartha, Enrique Carrillo, etc179.En 1963 prácticamente había desaparecido el
cuerpo voluntario de salvavidas, pero al año siguiente, los hoteleros y
restauranteros de Olas Altas, la Avenida del Mar y de la Rodolfo T. Loaiza
crearon su propio cuerpo profesional y asalariado de salvavidas con diecisiete
elementos pero carecían de equipo, asunto que se resolvió en 1966. La comisión
también obtuvo la impresión de medio millón de folletos con publicidad de
Mazatlán, escritos en inglés y español, que se distribuirían en varios países. Los
promotores del turismo mazatleco se regresaron con la promesa presidencial de
que se construyera un restaurante “único de su tipo en el país”, el cual iba a
consistir, a semejanza de los que se conocían en Hong Kong, en exhibir un acuario
con las especies que serían consumidas por los clientes. Como “se trata de una
orden presidencial se ejecutará sin demora”, decía el señor Alejandro Habif en su
informe; sin embargo, en esta ocasión la decisión del presidente no se cumplió. En
realidad ese proyecto era mucho menos importante que el anuncio en 1965 por
parte de Anatolio Hernández Carballo, Jefe de la Estación de Biología Marina, de
que el puerto más importante del noroeste mexicano contaría con un acuario a
corto plazo180. Sin embargo, como en otros casos de obras proyectadas para
Mazatlán, el acuario tardó largos 15 años en construirse.
Uno de los proyectos más ambiciosos de los años sesenta fue el llamado
Circuito Mar de Cortés, elaborado en 1964 por hombres de empresa del

177
Oficio No. 336/66, del Jefe del Departamento de Turismo Municipal y Relaciones Públicas, Alejandro I.Habif, al Presidente
Municipal, Bernardo Sánchez Osuna, mayo, 19, 1966, AHM, sin clasificar.
178
El Sol del Pacifico, 7-V1-1965.
179
Pepe Malcampo, “Aquel Cuerpo de Salvavidas de Mazatlán”, en Álbum del Recuerdo, No. 40,1988, p.7.
128 M El Sol del Pacifico, 26-XI-196S.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

noroeste, presentado formalmente en 1965 por delegados mazatlecos en la


Convención Nacional Anual de la Cámara Nacional de la Industria de la
Transformación, e iniciado en octubre de 1969. El Circuito Mar de Cortés incluía
recorridos por mar y tierra entre Tijuana, Ensenada, Mexicali, La Paz, Mazatlán,
Culiacán, Los Mochis y Hermosillo, así como una red de circuitos locales alrededor de
cada ciudad importante. El de Mazatlán incluía visitas a Concordia, Pánuco y
Cópala181.
En los sesenta hubo variados esfuerzos para darle una mínima planificación al
desarrollo turístico de Mazatlán por parte de empresarios y autoridades públicas, a
pesar de las continuas pugnas entre los hoteleros. La influencia de los planes federales
para el impulso de este sector económico empezó a ser visible desde la década
anterior. Si en años anteriores los asuntos turísticos eran un asunto marginal para las
autoridades municipales, en la década que gobernaron a nivel federal Adolfo López
Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, ya era un tema central. Las
reuniones y juntas entre los delegados federal y estatal de turismo con funcionarios del
Ayuntamiento y empresarios empezaron a hacerse cotidianas. Particularmente en las
temporadas de Carnaval, Semana Santa e invierno, los sectores público y privado se
citaban para planificar acciones. Parte de esta mayor planificación fue la aprobación
de la Ley de Turismo del Estado, ya que todo proyecto o plan de inversión turística
estaría basado en un análisis previo. Además de la vigilancia en los servicios de
restaurantes, transportes y alojamiento, empresarios y autoridades alentaban la
publicidad del puerto cada vez con mayor frecuencia, pero el centralismo seguía
imperando en muchas decisiones. Por ejemplo, en mayo de 1965, el Departamento
Federal de Turismo decidió promover a Mazatlán en revistas norteamericanas, pero en
lugar de pedir que se le enviaran fotografías, prefería enviar a fotógrafos de la Ciudad
de México a que las tomaran. Este tipo de situaciones siguieron siendo muy comunes
décadas después. Y si el centralismo a nivel nacional estaba sumamente acendrado, a
escala estatal las cosas no eran muy diferentes porque inclusive para que se aprobara y
se imprimiera un folleto se solicitaba la venia del Gobernador, tal y como sucedió en
septiembre de 1963 cuando el Departamento Municipal de Turismo, que presidía
Elíseo D.Hermosillo, solicitó se financiara un folleto publicitario donde se resaltaban
los atractivos del puerto182.
Para contrarrestar en parte las políticas centralistas se establecían también
acuerdos interregionales como el que firmaron este mismo año autoridades de
Guadalajara y Mazatlán. Ambas ciudades intercambiaron publicidad basada
principalmente en rótulos colocados en aparadores y espectaculares.
La llamada Perla Tapatía, a pesar de que tenía en su mismo estado a Puerto
Vallarta, el cual ya empezaba a ser un mercado competitivo en la costa occidental, era
la principal surtidora de turistas nacionales de altos ingresos para el hogar de los
monos bichis. Desde el sector privado, era la Cámara de Comercio la organización
más dinámica en la coordinación de las actividades publicitarias, la cual
constantemente insistía en que Puerto Vallarta ya representaba “un peligro”, a pesar de

11
El Sol id Pacifico. 14-1-1965 y 13-IV-1969.
!I
Ibid, 9- IX - 1963. 11
7
Arturo Santamaría Gómez

carecer de “las comodidades y bellezas de Mazatlán”183. En efecto, Vallarta muy


rápidamente estaba acercándose a Mazatlán en el número de turistas que recibían. En
1967, la Perla del Pacífico recibió 155,000 turistas y el pintoresco puerto jaliscience
albergó 120,000, de ellos el 70% fueron extranjeros; pero lo más grave para la tierra
de la tambora es que los visitantes de Vallarta gastaban entre 350 y 400 dólares
diarios, mientras que en Mazatlán dejaban un promedio de 225 dólares184.
Genaro Escoboza, Delegado Federal de Turismo, preocupado por esta
competencia, advertía que esa publicidad quedaría sin efecto si los dueños de los
restaurantes, casas de curiosidades, taxistas y gerentes de hoteles no atendían bien
a los visitantes y continuaban “avorazándose”. Para superarse este problema,
reclamaba Escoboza, se necesitaba la labor conjunta de los diferentes organismos
hoteleros que hacían y rompían paces, como en un juego infantil. Su división,
decía él, contribuía a que se cometieran toda clase de abusos contra los
visitantes185.
El problema de los abusos tenía muchos años de estar presente en la agenda de
los funcionarios turísticos pero nunca se resolvía. A lo largo de los sesenta
continuaron los esfuerzos por superarlos. En 1965, ante el Jefe de la Delegación de
Turismo Federal, Enrique K. de la Barra, los mazatlecos le presentaron los
siguientes problemas:
1. Evitar los abusos de los choferes de taxis de sitio en los aeropuertos
federales.
2. Que en cada aeropuerto y terminal de autobús o tren se tuvieran tarifas de
hoteles y demás servicios.
3. Gestionar ante el gobierno federal que estuvieran libres de impuestos las
bebidas servidas en hoteles a fin de que se vendiesen a un precio más
reducido.
4. Solicitar a la dirección de aduanas que se redujeran al mínimo las
revisiones a los turistas.
El delegado tomó cartas en el asunto pero sólo el asunto de anunciar tarifas de
taxis en los aeropuertos se resolvió.
En los inicios de los setenta, Mazatlán ya tenía una experiencia de casi
cincuenta años en materia turística, si partimos de 1922, año en que abre sus
puertas el Hotel Belmar; no obstante, seguía exhibiendo muchos de los problemas
que tradicionalmente lo aquejaban: abusos en el cobro de sus servicios por parte
de todos los sectores involucrados en la actividad, desunión de los hoteleros,
ausencia de planificación, falta de recursos financieros para la inversión y la
promoción, sometimiento a decisiones centralistas y, a partir de los sesenta y
principios de los setenta, una creciente competencia de nuevos espacios turísticos
de playa.
Al arribar la séptima década del siglo XX e iniciarse un nuevo sexenio de la era
priista, con Luis Echeverría Álvarez como nuevo presidente de la república, renació la

183
lbid, 3-VII1-1963.
184
Estudio General del Turismo en México, Impulsora de Empresas Turísticas, S.A. de C.V. México, 1969, p.125.
130 25
lbid, 10 y 31-VIII- 63.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

política de fuerte intervención del gobierno en la inversión de obras públicas y en el


fomento de las inversiones en la rama turística. Echeverría Álvarez presumió mucho
su política nacionalista y fue criticado agriamente por su estilo populista de gobierno,
sin embargo, él fue quien modificó en abril de 1971 una vieja ley nacionalista para
favorecer la inversión extranjera en las costas nacionales a través de los fideicomisos
en bancos mexicanos186. Además de esa reforma de ley, la cual en realidad sólo
formalizaba jurídicamente lo que ya se daba en los hechos, el polémico presidente,
impulsó otras medidas que a la larga tuvieron una gran importancia para la industria
turística en México, tales como las siguientes: Creó y desarrolló nuevas zonas de
atracción turística masiva en el litoral del Caribe, frente a las costas de Quintana Roo,
entre las que sobresalió Cancún. En las costas del Pacífico, promovió centros turísticos
en los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Jalisco, Colima y en el litoral del
Golfo de California. Esas nuevas zonas fueron dotadas de infraestructura básica en
materia de comunicaciones, servicios municipales y sanidad ambiental. Alentó las
inversiones privadas, nacionales y extranjeras, en hotelería y otros servicios
turísticos187. En efecto, grandes cadenas hoteleras invirtieron ampliamente en Cancún,
Vallarta e Ixtapa-Zihuatanejo.
Cancún fue el gran proyecto turístico que impulsó Luis Echeverría, el cual cobró
una importancia mundial en poco tiempo, desplazando a Acapulco como el primer
espacio de playa del país; sin embargo, en el plano de la competencia, para Mazatlán
fue de mayor trascendencia la creación de zonas turísticas en Puerto Escondido,
Ixtapa-Zihuatanejo y San José del Cabo. Antes de los setenta, en realidad sólo eran
tres las zonas turísticas de playa de relevancia internacional: Acapulco, Mazatlán y
Puerto Vallarta. Los dos primeros irían perdiendo atractivo más allá de las fronteras
nacionales a partir de los setenta, y Puerto Vallarta y Baja California Sur la irían
ganando. Ejemplo de esto último es que Cabos San Lucas tuvo un crecimiento
espectacular. En 1938 tenía 5,500 habitantes, en 1958 había prácticamente desparecido
porque albergaba tan sólo a 200 personas. En 1975 había 2,000. Diez años antes, Ray
Cannon, uno de los pescadores deportivos más reconocidos del mundo, atinó en
describir su principal atractivo: “El extremo sur de Baja California proporciona el
climax a quien completa la jomada por la península y la región de Cabo San Lucas
tiene ciertas características que resultan únicas”188, Cannon se refería a la pesca, que
también era el principal atractivo de Mazatlán para los turistas extranjeros, lo cual en
un escenario de competencia creciente fue perjudicial para el puerto sinaloense porque
para el turista extranjero de altos recursos, un pueblo rústico y solitario como Cabo
San Lucas, era más atractivo que la patria de los Monos Bichis, convertida ya en una
ciudad de casi doscientos mil habitantes.
Acapulco había sido el principal competidor de Mazatlán de los años treinta a
fines de los sesenta. De principios de los setenta a inicios de los ochenta lo fue
Puerto Vallarta. Y de esta última década en adelante lo ha sido Cabo San Lucas.

186
Nora Evelia Martínez Valencia, El turismo en México de 1970 a 1976y sus posibilidades como factor para promover la paz internacional,
Tesis de Relaciones Internacionales, FCPyS, UNAM, 1987, p.75.
187
“Discurso de toma de posesión del Presidente de México”, 1 de diciembre de 1970, citado en “La política Económica del Nuevo
Gobierno”, Banco Nacional de Comercio Exterior, México, 1971, p.163.
132 28 Harry Moller, “La fantástica realidad de Los Cabos”, Revista México Desconocido, Octubre 1985, No.114, p.25.
Arturo Santamaría Gómez

El turismo en Mazatlán surgió en su espacio fundacional, como parte de una


ciudad que tenía una importante actividad comercial e industrial y la población
más numerosa del noroeste mexicano. Las zonas turísticas a partir de los años
cincuenta se fueron alejando de su origen histórico y al mismo tiempo, aunque no
necesariamente por eso, el puerto fue perdiendo terreno frente a otros destinos de
playa del país. La vieja ciudad y no tan sólo la playa, la pesca y su clima fue un
atractivo turístico en la primera etapa del desarrollo de esta industria. De los años
sesenta a los ochenta dejó de serlo, pero en los noventa del siglo XX el centro
histórico empezó a ser recuperado para beneficio del turismo, su competitividad
como destino, la memoria y la identidad de los habitantes del puerto.
El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

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Periódicos:

El Demócrata Sinaloense, Mazatlán, Sinaloa, 1922 -1952. El Día, Mazatlán,


El Nacimiento del Turismo en MAZATLAN

Sinaloa, 1937-1939.
El Sol del Pacífico, Mazatlán, Sinaloa, 1952-1971.
El Excélsior, Ciudad de México, 1945.
El Nacional, Ciudad de México,1945-1946.
El Universal, Ciudad de México, 1929 , 1946 y 1947.

Entrevistas del autor a:

Sergio de Cima, 25-IV-2001.


Antonio Manguart, 8-V-2001.
José María Hernández, 9-V-2001.
Sergio Pruneda, 10-XI-2001.
Guillermo Heimpel, 14-XI-2001.
Jaime Coppel, 14-1-2002.
Jesús Juárez, 24-1-2002.

Otras fuentes:

Documentos no clasificados del Archivo Histórico de Mazatlán. Periódico Viejo


Mazatlán.
ÍNDICE

Prefacio

Arturo Santamaría Gómez

Prólogo
Mazatlán y el turismo Enrique
Vega Aya/a

Introducción

12
3
Capítulo I

Los escenarios internacional y nacional

Capítulo II

Las primeras estadísticas Capítulo III

El turismo como industria Capítulo IV

El turismo llega a playas mexicanas Capítulo V

Mazatlán echando redes Capítulo VI

Rezago hotelero y vías de comunicación

Capítulo VII
Mazatlán y sus vías de comunicación a la mitad
del siglo XX
Capítulo VIII
La promoción turística de Mazatlán a mediados
del siglo XX

Capítulo IX
Los guías de turistas

Capítulo X
Los pescadores deportivos y el crecimiento de la
ciudad

Capítulo XI

Los primeros grandes hoteles Capítulo XII

La publicidad de Mazatlán Capítulo XIII

Los bares y restaurantes pioneros Capítulo XIV


Cazadores, pescadores y surfos
Arturo Santamaría Gómez

Capítulo XV
Los años maravillosos

1
Luis Fernández Fúster, Historia general del turismo de masas, Alianza
Universidad Textos, Madrid, 1991, p.75.
7
El Demócrata Sinaloense, 29- VII- 1933, p.l, y 8- IX- 1933, p.l.
1
Lilia Guadalupe Espinoza H., Miriam de Jesús López S., Jorge A. Vera Ch.,
Cronología de los Inicios de la Industria Turística en Mazatlán, Memoria, Escuela
de Turismo,UAS, Mazatlán, Agosto,2000,p.41.
1
El Día, 15-VIII- 1939, p.8.
11
Roberto Chandier Cabrera, Teoría y el caso de México, Tesis de Lic. En
Economía, ITSEM, Monterrey, N.L., 1966, p.176.
1
“Sinaloa”, Arizona Highways, Noviembre, 1950, VoLXXVI, No.ll
• Ibid, 24-1-1955.
I
El Sol del Pacifica, 15-1-1955.
• Ibid, 4-IV-1952
• Ibid, 5-IV-1955.
“Ibid, 29-XII-1955.
1
El Nacional, “Los problemas del turismo”, 21- XI-1947, p.l, lera.
1
Miguel Alemán, arquitecto del turismo en México.
11
Martha Breña Pinero, Un análisis critico de la política de turismo, 1970-1984.
Tesis de Lic. En Economía, Facultad de Economía, UNAM, 1985. Anexo.
4
Entrevista con el Señor Guillermo Heimpel, Mazatlán, Sinaloa, 14-XI-2001.
10
El Demócrata Sinaloense, 26- V- 1934 v 16- VI- 1934.
11
90 Ibid, 31-III- 1963.
7
Ibid, 19-111-1952
4
Entrevista del autor al señor Chuy Juárez, 22-1-2002.
1
“Siesta en Mazatlán”, Holiday, Philadelphia, Penn., X-1958
114 7 Malcolm Gault-Williams, Legendary Surfers: Volume 2, Chapter 3: 1958,
malcom( arroba) legensarysurfers.com

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