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LA ESCATOLOGÍA DESDE TRENTO HASTA EL CONCILIO VATICANO II

En la época medieval se dejó marcado algunos principios escatológicos, en Trento se

toma con mayor importancia el tema del purgatorio.

Como protagonista fundamental es Lutero con la doctrina de la justificación, en

contraposición a las indulgencias. De modo que León X crea una bula ante la negación de

Lutero del purgatorio, ya que para él no existe una justificación bíblica, pero de cierta manera

acepta su existencia. También negaba la canonicidad de los dos libros de los Macabeos, que

hablan de la vida futura (resurrección). El purgatorio era para Lutero incoherente con la

justificación. Porque la doctrina de la justificación consistía en que el hombre está justificado

por los méritos de Cristo, porque el Padre concede a Cristo para que el hombre sea justificado.

Al asumir esta doctrina, no importa el pecado del hombre.

En definitiva, se consideraba al hombre justo y pecador, justo por los méritos de Cristo

y pecador por su naturaleza humana. De modo que, si el hombre seguía siendo pecador, no

tenía sentido tener un modo de purificación. Así, la práctica de las indulgencias, no era lógico

ya que Cristo es el único mediador, y no concebía como lógico y justificable las indulgencias

como una forma de interceder en el mundo al que aún no somos parte.

¿Qué se buscaba en el Concilio Vaticano II ante el purgatorio?

Que todos crean en la existencia del purgatorio. Dejando claro que mediante la

Eucaristía se logra el sufragio de las almas. Por consiguiente, se pedía a los obispos que esta

doctrina debía ser predicada de modo que todos crean.


El concilio nunca define que es verdaderamente del infierno, no da características, no

se habla de un fuego, penas purificatorias entre otras cosas, aunque se manejaba una

concepción del purgatorio como un lugar.

Pío IV en 1564 emite un credo en el que se obligaba a los obispos y a quienes tenían

cargos públicos en la Iglesia, hacer un juramento sobre la existencia del purgatorio, cobrando

mayor fuerza la importancia de las reliquias de modo que los altares son dedicados a la

memoria de un santo.

En el concilio Vaticano II, tiene una fuerte carga eclesiológica, y dentro de las diversas

propuestas se plantea el tema del purgatorio, en el que se iban evidenciando tradicionalismos

y liberalismos entorno a este tema. Proponiendo que la Iglesia debe ser vista hacia dentro y

fuera.

Pablo VI, orienta definitivamente la temática conciliar, reduciendo de 71 a 16

esquemas, de modo que en el tema escatológico tiene que ver dos constituciones dogmáticas,

Lumen Gentium y Gadium et spes, en las que aparece el tema escatológico pretendiendo

ofrecer una respuesta a los cuestionamientos propios del hombre. En la Const. Gaudium et

espes, sobre los santos explica que la Iglesia está llamada a la santidad, así en el cap. VII

plasma bíblicamente el tema de la escatología.

Lumen Gentium

Ya en los capítulos iniciales, cuando LG ofrece una grandiosa descripción del arco

completo de la economía de salvación, la Constitución subraya la finalidad del proyecto


divino: el Padre, desde la eternidad, quiso ofrecer a los hombres la posibilidad de participar en

la vida divina.

El #48 presenta la escatología que se fundamenta en la Resurrección de Jesucristo,

determina que la misión del Espíritu Santo no solo es en Pentecostés, porque nos sigue

impulsando hacia el más allá que se describe en perspectiva de salvación y que consiste en la

contemplación de Dios, donde seremos semejantes a Él y volveremos al estado original.

Sobre el tema de la condenación nos invita a estar vigilantes ya que depende de

nosotros. Habla de una diferenciación sobre cielo e infierno como dos estados definitivos:

eres salvado o condenado. Así, la resurrección es en dos formas: una para la vida eterna y otra

para la condenación eterna.

El #49 quiere presentar un cuadro global y unitario de la Iglesia: misterio de comunión

o caridad radicado en la Trinidad, y compuesta de tres partes. Partes que no son divisiones

estáticas, sino más bien estadios o fases dentro del único itinerario hacia la meta última: la

comunidad completa de los santos, junto a la Trinidad y los ángeles. Los miembros de la

Iglesia militante y de la Iglesia purgante están ordenados a juntarse con sus hermanos que

forman parte ya de la Iglesia triunfante. La escatología es el hilo que une los tres estados de la

Iglesia.

En el concilio Vaticano II no se utiliza el término purgatorio sino purificación de

modo que es necesario la oración intercesora de la Iglesia celeste por la iglesia peregrina.

En el #50 se reconoce la comunión de la Iglesia celeste y la iglesia terrestre, de modo

que los sufragios, son una intercesión para quienes se están purificando.
El #51 se reconoce la necesidad e importancia de la veneración de las reliquias y la

oración por los difuntos.