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FICHA 43

El dragón Agamenón
Agamenón, un dragón gruñón, tragón y gordinflón, al que volar
le costaba un montón, vivía en una enorme cueva situada en una
gran montaña. La montaña estaba muy cerca de un bosque donde
habitaban varias hadas, siete docenas de duendes, unos cuantos
elfos, tres o cuatro brujas, un montón de gnomos, algún mago
despistado, cinco o seis sapos hechizados y varias princesas
y príncipes, con sus respectivos padres y con sus respectivos séquitos.
Vivían, además, unas seis decenas de enanos, tres gigantes, cuatro
ogros...
En fin, era un bosque muy poblado. Tantísimos seres habitaban aquel
bosque que, en ocasiones, el ruido se volvía insoportablemente
insoportable. Sobre todo cuando celebraban alguna fiesta.
Y celebraban unas cuantas a lo largo del año. Entonces, no había
quién aguantase el alboroto
y la algarabía que allí se
montaba.
El pobre Agamenón sufría
unos terribles dolores de
cabeza, y la pasaba muy
mal. El dragón gruñía
y se enfadaba. Pataleaba,
protestaba y, a gritos, les pedía
a sus vecinos que se callaran. Material fotocopiable © Santillana S. A.

Pero, ya fuese por molestarlo


o por casualidad, cuanto más
se enfadaba Agamenón, más
ruido hacían los habitantes de
aquel bosque.

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Ampliación

Cuando el enfado del dragón


llegaba a su punto máximo,
lanzaba un rugido furioso y,
con mucho esfuerzo, lograba
levantar su enorme panza del
suelo y remontaba el vuelo para
escupir fuego sobre el bosque.
Pero, como tenía muy mala
puntería, nunca lograba
quemar ni un arbolito. Así
que sus vecinos seguían
armando alboroto y celebrando
estridentes fiestas.
A Agamenón, entonces, no le quedaba más remedio que refugiarse
en lo más profundo de su cueva para que la música, las voces y los
petardos lo molestaran lo menos posible.
La peor época de todas era Navidad. Agamenón la pasaba
realmente mal con tantísimas fiestas, una tras otra, casi sin descanso.
Cada año, cuando el hada Muérdago se preparaba para esparcir
la magia navideña sobre el bosque, el dragón deseaba que se le
perdiera la cajita donde la guardaba y, así, evitar todas aquellas
celebraciones. Pero eso nunca ocurría, porque el hada Muérdago
era demasiado sensata y responsable y la tenía a buen recaudo.
Hasta cierto año en el que aquella preciada cajita desapareció de
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forma misteriosa. El hada Muérdago la buscó por todo el bosque,


pero nadie sabía qué había sido de ella. Claro que al hada no se
le ocurrió ir hasta la montaña y preguntarle a cierto dragón gruñón,
tragón y gordinflón.

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Porque si lo hubiera hecho,
Agamenón le habría dicho,
con su mal humor habitual,
que no sabía nada de la
dichosa cajita, que lo dejase
en paz, que no fuese pesada
y que menudos vecinos
tenía, que no dejaban de
molestarlo.
Agamenón le hubiese dicho
todo eso, muy serio y muy
ofendido. Mientras, con su
enorme cola, habría ocultado un pequeño y brillante cofrecillo que se
parecía mucho, pero mucho, a la cajita perdida del hada Muérdago.
Es decir, que el dragón habría mentido como un pícaro y sin que se le
moviera ni una sola de sus relucientes escamas.
Porque fue Agamenón, el dragón, quien robó la cajita que contenía la
magia de la Navidad, ya que quería librarse, de una vez por todas, de
tanta música y tanto griterío. Aunque, por desgracia para él, el plan le
salió mal y, a pesar de todo, aquel año también hubo Navidad.
Bueno, por desgracia, no. Esa Navidad, el dragón no tuvo jaqueca,
ni migraña, ni tan siquiera un leve dolor de cabeza. Y es que, cuando
escondido en lo más profundo de su oscura gruta abrió aquel
cofrecillo, la magia navideña cayó sobre él antes de expandirse por el
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bosque y por todo el mundo.
Sin que pudiese evitarlo, la magia de la Navidad se apoderó de él.
Aunque Agamenón era muy tímido y no llegó al extremo de unirse
a sus vecinos en ninguna celebración, sí que disfrutó, por vez
primera, de las fiestas. ¡Había que ver a aquel gordinflón con las alas

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Ampliación

engalanadas con guirnaldas, bolas, estrellitas, acebos, muérdagos


y toda clase de adornos! Hasta puso un árbol lleno de luces en su
cueva.
Aquel año, gracias al terrible robo que había cometido, Agamenón
descubrió la Navidad. Y a partir de entonces, ya nunca volvió a gruñir
ni a quejarse durante las fiestas que organizaban sus vecinos.
Tiempo después, el dragón le confesó al hada lo que había hecho y
le devolvió el cofrecillo que guardaba aquel tesoro.
Él ya estaba preparado para esperar con ilusión que, llegado el mes
de diciembre, la pequeña hada Muérdago esparciera de nuevo la
magia de la Navidad.
Dolores Espinoza, El dragón Agamenón.
(Adaptación)
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1 ¿Dónde vivía el dragón Agamenón? Marca.

2 ¿Cuántos seres habitaban en el bosque? Une.

Cinco o seis Brujas

Siete Gigantes

Tres o cuatro Ogros

Cuatro Sapos

3 ¿En qué orden suceden los hechos? Escribe 1, 2 y 3.

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4 ¿Por qué se disgustaba Agamenón con tanta frecuencia? Subraya.


• Porque siempre lo molestaban con su apariencia.

• Porque sus vecinos hacían mucho ruido con las fiestas.


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Ampliación

5 ¿Qué caracteriza a Agamenón? Pinta de azul sus virtudes, y de rojo, sus


defectos.

alegre sincero

renegón conversador

tragón bailarín

tímido gordinflón

6 ¿Quién es este personaje? Describe sus rasgos físicos y de carácter.

7 ¿Qué te pareció la actitud de Agamenón al final de la historia? ¿Por qué?

Vocabulario. Busca el significado de la palabra “séquito” y dibuja.


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