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Noche preparatoria – Rio de Janeiro rumbo al V ENAPOL

La salud para todos no sin La locura de cada uno

“En el desatino de nuestro goce, sólo hay otro para situarlo, pero en la medida
en que estamos separados de él”
OE 533

Participaron de la mesa: Ana Lúcia Lutterbach-Holck (Coordinación de la


Comisión Científica), Marcus André vieira (Direccción Ejecutiva) y Ondina
Machado (Coordinación General)

Reseña hecha por Andrea Vilanova

LA LOCURA QUE ESTRUCTURA

El trabajo que viene siendo realizado en los últimos meses, se orienta por el
tema gestado en el diálogo con varias instancias y entidades. “La salud para
todos no sin La locura de cada uno” proviene de reverberaciones de las
discusiones que anteceden al PIPOL 5, que será realizado el 11 y 12 de julio de
2011, bajo el título La santé mentale existe-t-elle?. Pero, entre nosotros,
pondremos más el énfasis en lo que convencionalmente se denomina salud
para todos.

A partir de los ejes temáticos para el encuentro, la mesa presenta


consideraciones sobre “La locura que estructura”, uno de los ejes del
encuentro, que fue elegido para la apertura de los trabajos en la sección Rio,
por ser considerado capaz de fomentar la discusión que nos interesa.

Ondina destaca de la discusión de PIPOL la siguiente pregunta: “¿Existe la


salud mental?” y desdobla sus comentarios articulando –a partir de referencias
de la medicina clásica y de la tradición psiquiátrico-filosófica- la dualidad entre
salud y enfermedad que recorre las formulaciones que se destacaron a lo largo
del tiempo, tales como las elaboradas por Claude Bernard, Kurt Schneider,
Georges Canguilhem y Thomas Szasz. Se destaca el movimiento de la salud
mental a partir de sus paradojas constitutivas, de las cuales la propia
concepción de salud se muestra problemática, redundando en una perspectiva
en la que lo que parece estar en juego es la relación al contexto social que
encierra la cuestión sobre la óptica del control y de la moral.

Sigue afirmando, a partir de las proposiciones de Miller en la editorial de la


revista Mental, y en el texto Salud mental y orden público, que el concepto de
salud mental no tiene nada de salud ni de mental; “la salud mental es una
cuestión de orden público” dice Miller. Ondina afirma con Miller: “La salud es el
silencio de los órganos, la salud mental es el silencio del Otro”. Al abordar “La
locura que estructura”, destaca la locura de cada uno, proponiendo que al
mismo tiempo en que se trata de la voz del Otro, el silencio del Otro también
está en cuestión. “¿La salud de cada uno sería la locura de cada uno?”,
interroga.
Lo que se destaca en lo que se constituye en torno al tema salud, funda la
perspectiva en la que se pretende interrogar la vía del superyó sostenido en la
exigencia de bien-estar generalizado, regido por el amo moderno. Es
exactamente en la subversión del para todos, en lo que se presta a la
cuantificación, la evaluación, que reside el núcleo de la discusión, donde la
salud no viene sin la locura de cada uno. Ana Lúcia destaca que si
anteriormente, el énfasis en el psicoanálisis aplicado estaba en los efectos
terapéuticos, hoy cabe circunscribir –a partir de nuestra experiencia- lo que
hay de psicoanálisis en la práctica en instituciones.

El privilegio dado a la locura que estructura reposa en el valor que la locura


adquiere en el contexto de las investigaciones del Campo Freudiano. La locura
a ser defendida en estos debates no puede ser circunscripta dentro de
referentes históricos o psicopatológicos. “¿Qué es esta locura que
defenderíamos al decir que ella no puede dejar de ser tenida en cuenta?”
interroga Marcus André.

Se trata de un paso más allá de la oposición inmediate entre lo universal de la


salud y lo singular de la locura de cada uno. No se pretende solo alimentar un
debate crítico sino ir más allá de las oposiciones entre locura y razón, entre
psicoanálisis y salud mental o entre universal y singular.

El no sin, elemento de correspondencia entre los términos que enuncian el


título del encuentro, indica que lo que se pretende es releer el tema de la salud
para todos, a partir de una lectura de lo que es lo específico para cada uno.

No se trata, por lo tanto, de tomar la locura como excepción respecto al


universal de la razón, en tanto la excepción solo reafirma el todo. Tampoco
estamos en la perspectiva de que “de médico y loco todos tenemos un poco”,
como si animal y racional debieran cohabitar en nosotros, en una perspectiva
clásica. La fuerza del título del encuentro está en la afirmación de que la locura
también se articula al para todos.

“La locura que estructura”, tesis extraída de la conferencia de Miller (PIPOL


2009): “Clínica de la (des) inserción en psicoanálisis”, constituye el aspecto
privilegiado en este primer debate, que anuncia la conferencia citada como el
texto-base para la formulación de los ejes temáticos del V ENAPOL. En esa
preparatoria, se destaca uno de los aspectos centrales del texto, donde Miller
propone que la locura forma parte del lazo social.

El desafío de ese debate que se inicia será especificar lo que llamamos


singular, cuando éste se especifica a partir de lo que sería la locura de cada
uno. Se trata de tomar la locura, como hace Lacan en “Formulaciones sobre la
causalidad psíquica”, como “límite interno de la razón”, como observa Marcus
André, destacando allí la locura que forma parte, sin la cual no habría la
posibilidad de la razón, es propiamente como un contrapunto estructural que
se debe abordarla.

Esta perspectiva abre una nueva vía de investigación acerca del trabajo con la
locura que caracteriza la práctica del psicoanalista en las instituciones y
también en el consultorio. Marcus interroga: “¿De qué manera, en el trabajo
del practicante del psicoanálisis, se presenta la locura?”. “¿De qué modo esta
locura establece, o no, relaciones con la psicosis?” “¿Hasta dónde y cómo se
puede sostener esta tesis cuando ya no se está entre pares?” Ana Lúcia insiste,
“¿Qué caracteriza al trabajo del psicoanalista, qué podemos decir que hay de
psicoanalítico en los trabajos conducidos en los consultorios ambulatorios,
escuelas, etc?”, “¿Qué se recoge en nombre de efectos del inconsciente?”,
“¿Cuál es la ética que nos orienta?”
El tema de la locura, desde la perspectiva que Miller propone en este texto,
conduce a la discusión por los desdoblamientos en torno a la paranoia. Se
destacan algunas citas: “la paranoia es consustancial al lazo social”, “es
imposible ser alguien sin apoyo de una paranoia”. Estas afirmaciones indican
un abordaje de la locura que, a partir de la paranoia tomada como cierne
constitutivo de la subjetividad, coloca cuestiones cruciales para el propio
psicoanalista.

Una vez que ya tenemos como punto de partida la imposibilidad de pensar el


lazo social depurado de cualquier locura, reencontramos a partir de la
orientación de Miller, un soporte para nuestro debate, presente en Lacan desde
su tesis: la paranoia estructurante.

Abordar este tema requiere que se retome el Estadío del espejo, en su función
formadora del yo, que solo se constituye en el encuentro con el Otro, donde se
destaca que no se trata solo de un enlace simbólico entre yo y Otro, sino
también de la alternancia imaginaria. Esta cuestión está presente y se
desdobla en Lacan que llega a formular que todo conocimiento es paranoico.
Así, todo lo que el sujeto puede conocer sobre sí y sobre el mundo, pasa
necesariamente por el Otro, destacando lo que de la relación al semejante no
puede ser totalmente absorbido por la alteridad simbólica. La estabilización es
siempre falla, más o menos frágil, en cada caso.

Es en el eje imaginario que el sujeto se constituye yo, estabilizado o no,


sometido a los excesos de un perseguidor, a la presencia de la Otra, etc. Se
trata, de hecho, de tomar la paranoia como la presencia del Otro que regula al
sujeto, destacando la consideración de que hay algo en el lazo social que
necesita de esta paranoia, una paranoia moderada, nos dice Miller, que se
mantiene siempre un poco tomada por la dimensión imaginaria, de la cual no
se escapa. Hay, por lo tanto, algo en el lazo social que precisa de esa paranoia
para constituirse.

Sin embargo, a pesar de que la paranoia acerque la discusión a la dimensión


imaginaria, de la forma imaginaria del saber, y nos provee una perspectiva
original y consistente, “se trata de insistir”, afirma Marcus André, que el no sin
la locura de cada uno no se restringe a afirmar la paranoia de cada uno.
Afirmar que hay una paranoia que constituye el lazo no contempla la propuesta
de investigación lanzada en este debate en toda su extensión. Es preciso
demostrar que “La locura que estructura” requiere ir más allá de la afirmación
de la paranoia como estructurante. La locura, en el sentido vasto que se
pretende discutir, no se limita a la paranoia, a la potencia del eje imaginario.
Marcus, entonces, invita a que se tome la dimensión del saber que va a
oponerse a esta consistencia, el saber de la letra, del rasgo, que no es
exactamente un conocimiento, sino que adviene de una certeza vinculada a
una marca fuera de sentido. “Vamos a apoyarnos en este trabajo paranoico
que nos sostiene, para destacar las marcas, los rasgos, los puntos que hacen
lastre”, afirma. La locura en cuestión, por lo tanto, no es más la paranoia
estructurante del yo, sino la dimensión de goce que escribe el propio sujeto.