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Aquiles Julián

palabra
dada

ensayos

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l e ctofilia
digital
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palabra dada

Aquiles Julián

ensayos

l e ctofilia 2
digital
© 2011 Lectofilia digital
1ª edición, marzo 2011
Editado en Rep. Dominicana
Se autoriza la reproducción parcial o total de esta obra y su difusión.

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A Cris, por supuesto

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Índice

Palabra dada / presentación 6
La palabra encendida de Luis Rosales 10
Andrei Platonov o la tragedia del escritor
como ingeniero del alma 30
Clarice Lispector o la búsqueda del
deslumbramiento 59
Cesare Pavese o la guerra más cruel de todas 70
El viaje a los infiernos de Malcolm Lowry 89
Una manera de entender 95
Historia personal con Rafael Guillén 100
El poeta y la máquina de matar 106
Pablo Antonio Cuadra: extravíos, desventuras
y aciertos de un escritor latinoamericano 118
Las 7 cicatrices del líder, de Dío Astacio 158
Pequeños gestos de integridad y grandeza 172
El poeta frente a su tiempo 178
El inmenso amor al dominicano en Juan Bosch 187
El intelectual independiente ¿una especie
extinguida? 194

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Palabra dada

Si se nos dio la palabra es para usarla. Y si la usamos,
es conveniente hacerlo con altura, con dignidad, con
honestidad y con valor. No palabra que engañe, sino
que aclare. No palabra que rehuya, sino que encare.
No palabra envilecida, sino palabra con honor.

La literatura, oficio al que he dedicado mi vida,
significó siempre un trato asiduo con las palabras. Y
muchos de los momentos más felices y plenos de mi
vida están unidos a ellas. Por eso me gusta darlas,
porque he recibido mucho y me encanta compartir la
dicha alcanzada.

Suelo escribir desde la admiración. Y cada uno de los
ensayos recogidos en este libro es una expresión de
gratitud por el gozo recibido. Y de amor compasivo
frente a las debilidades y falencias humanas en que
los escritores, seres frágiles, muchas veces
egocéntricos, excéntricos e ilusos, incurren. Lo sé por
experiencia propia.

Ocuparse de las palabras en un país semianalfabeto,
donde los niveles de conciencia son elementales:
pura sobrevivencia, satisfacción de necesidades
primarias, ostentación ridícula, aturdimiento vía el
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alcohol y escasa preocupación por cultivar la mente y
el espíritu, es de por sí tarea ingrata. Los niveles de
primitivismo en que nos desenvolvemos son
pasmosos. El analfabetismo funcional campea por
sus fueros. La incapacidad de pensar y discernir
espanta. Las conductas groseras revelan la involución
en las buenas maneras, la entronización del patán
como modelo social. La impunidad, el irrespeto, la
permisividad, el descaro son los valores pregonados
desde arriba, desde aquellos que se supone nos
lideran y nos deberían servir de modelos.

En ese cuadro deprimente escribir se convierte en un
oficio irrisorio. Se escribe para no ser leído. Se
escribe para no ser justipreciado, discutido, refutado
o convalidado. Se escribe para ser ignorado. Se
escribe para nada.

Y sin embargo, ¿podemos no escribir? En mi caso es
imposible. La única opción a no hacerlo es explotar.
Entonces, escribir es una especie de terapia, una
cuerda que lanzamos al vacío con la secreta
esperanza de que encuentre quien la tome en el otro
extremo y se genere el acto de comunicación.

He escrito más de una vez que el mayor elogio que se
puede hacer de un escritor es leerlo. Se escribe para
ser leído. Tal vez es pretencioso que en una pequeña

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comunidad pobre, en que la necesidad de comer
domina a la mayoría que no es capaz de obtener un
salario que le permita vivir dignamente (la Tesorería
de la Seguridad Social, quizás la única institución del
Estado cuyas estadísticas merezcan algún nivel de
credibilidad, publicó recientemente que el 88% de los
trabajadores asalariados no recibían un ingreso que
le cubriera la canasta básica. Ni siquiera para comer
dan los salarios), las personas ocupen tiempo en leer.

Si el salario no da para cubrir la canasta básica
¿cómo podrían las personas adquirir libros? Y en un
país donde en los hogares más acomodados, en que
todos los lujos esplenden para deslumbrar a amigos y
conocidos, usted nunca encuentra una biblioteca
entre los bienes que se ostentan bibliotecas
personales, tampoco la lectura es tenida como un
valor relevante.

No importa. Reúno estos ensayos y con ellos inicio
una nueva aventura editorial digital: lectofilia digital.

Al comentar un libro, un autor, reflexiono sobre mí y
sobre mi realidad. Ellos sirven como puntos de
referencia con los que contrastar mis propias
experiencias. Ellos me permiten entender mi realidad
y entenderme. Son un medio de aclarar temas
importantes en mi existencia.

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De ahí que cada uno de ellos haya aportado a mi vida,
la haya enriquecido. Y espero que la gratitud que les
debo humedezca mis palabras, para que no sean
frases secas o con pretensiones de erudición, sino,
por el contrario, palabras cálidas de afecto y
reconocimiento, de cariño y humildad agradecida, a
autores y libros que me han ampliado, han extendido
mi visión y fertilizado mi mente, me han enriquecido
más allá de toda medida. Y han dado a mi vida
momentos gratísimos, mismos que quiero animarte a
vivir con estas páginas.

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La palabra encendida de Luis
Rosales.

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“He dejado manuscritos
dormitados durante muchos años. No
he terminado nunca nada de lo que he
empezado. Proyecto con demasiada
ambición, quiero redactarlo con
justeza y no me llega ni el tiempo ni la
ilusión. Moriré cualquier día siendo un
escritor en ciernes”.
Luis Rosales

Luis Rosales, el gran Luis Rosales, sigue siendo
negado y preterido por el aparato “cultural” impuesto
por los áulicos del totalitarismo. Una conspiración de
silencio pretende esquilmarle a la tradición poética
hispanoamericana a un autor esencial. Ese aparato,
al cual Guillermo Cabrera Infante, nombró como la
Extraordinaria y Eficaz Maquinaria de Fabricar
Calumnias, y que yo en particular llamo La Matraca
Canalla, verdadero surtidor de desinformación,
calumnias, ataques, manipulación y control de la
opinión pública, se ensañó contra Rosales
inventando una infamia que le persiguió hasta su
muerte, pese a que una y otra vez los hechos, hasta
donde pudieron ser esclarecidos, le exculpaban. Más
aún, le honraban, porque arriesgaron, tanto él como
sus familiares, sus vidas en un momento
particularmente letal, siniestramente confuso, en que
ambos bandos, los llamados Republicanos y los
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llamados Nacionalistas, procedían a matanzas
horrendas y paranoicas.

Aquel conflicto en que la pasión irracional arropó a
España, en que odios de siglos emergieron y la
ceguera sustituyó todo razonamiento, todo
discernimiento, hoy sabemos que fue
instrumentalizado por Stalin para negociar con
Hitler (a la vez que se lucraba y saca provecho de las
reservas de oro del país). Un libro fundamental: “El
fin de la inocencia: Willi Münzenberg y la seducción
de los intelectuales” del catedrático de la universidad
de Columbia, Stephen Koch, desvela cómo la guerra
civil española fue aprovechada por Stalin para forzar
a Hitler a pactar, acción que logró en 1939, el Pacto
Hitler-Stalin, suscrito en Moscú por los cancilleres de
Alemania y la Unión Soviética, que despedazó a
Polonia y animó a Hitler a iniciar su carrera de
expansión territorial.

Aquellas actitudes extremistas, las declaraciones
amenazadoras, los egos inflados, las acciones
agresivas y aquel ultraizquierdismo galopante que
caracterizó los primerso años de la República, la
matonería y las conductas levantistas, anticlericales,
marxanas, produjeron una reacción no menos atroz y
despiadada. El asesinato de Calvo Sotelo a mano de
matones republicanos fue la gota que derramó el

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vaso. La sublevación o el alzamiento, como se le
llama, fue casi impuesto. De inmediato, España se
escindió trágicamente. Dos bandos que se odiaban a
muerte esgrimieron sus armas y su furia. Y muchos
que no eran partidarios ni de unos ni de otros,
quedaron pulverizados en el medio, con ambos
bandos acusándoles de estar con el contrario.

Los estalinistas, que aplicaban la falaz política del
Frente Popular para arropar a socialdemócratas y
liberales a dejarse narigonear por ellos, acudieron a
los partidarios de la democracia, la libertad y el
pluralismo, que hicieron causa común con la
República pese a una realidad cruenta e
inmisericorde: los estalinistas eran iguales de
asesinos. Y no tenían empacho en criminalizar a sus
propios aliados. Los asesinatos no se limitaron a los
que políticamente les eran adversos y actuaban en el
bando contrario, también a los del propio lado que
políticamente no se ajustaban a Moscú y a Stalin,
como aconteció con los anarquistas, con los del
POUM y los tildados de trotskistas.

Aquella criminalidad inenarrable carcomió las
posibilidades de triunfo del bando republicano. Y ello
era parte del plan de Stalin: España no era más, sin
que lo supieran los españoles que pelearon
bravamente de ambos lados, que una moneda de

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negociación con Hitler, un peón a sacrificar. Tanto
fue así que luego, para borrar sus huellas, Stalin se
dedicó fríamente a matar a sus principales agentes en
las purgas que implementó pasada la segunda guerra
mundial, como bien deja claro Arthur London en sus
memorias estremecedoras de “La Confesión”.

Una voz mayor de la Generación del
36, en España

Luis Rosales pertenece al grupo de escritores que
inicia publicando en los turbulentos años de la
década del ´30 en España. Fueron años tumultuosos,
caracterizados por el enfrentamiento en Europa de
dos corrientes totalitarias, ciegamente criminales,
que predicaban el exterminio puro y simple de los
contrarios.

Fascistas y estalinistas, admiradores de Mussolini y
Hitler o de Lenin y Stalin, se ladraban y, en muchas
ocasiones, pasaban de los insultos a los balazos. Las
vapuleadas democracias liberales eran denostadas y
despreciadas por los partidarios de una u otra
corriente. En España la radicalización casi no dejó
espacio para sostener una posición conciliadora,
democrática y sensata. El lenguaje del odio
predominaba.
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Y en ese ambiente enfebrecido y mortífero, en que el
exterminio se predicaba de un lado y el otro, los
poetas quedaban forzados a elegir bando y, cuando
no, se les asignaba uno, según parentela o
simplemente por no estar de un lado se le consignaba
en el otro, como le sucedió a García Lorca.

Poetas de la Generación del 36 son Leopoldo Panero,
Luis Rosales, Miguel Hernández, Luis Felipe
Vivanco, Gabriel Celaya, Juan Panero, German
Bleiberg, Dionisio Ridruejo, entre otros.

Es una generación que aporta prosistas y narradores
como Camilo José Cela, Miguel Delibes y Gonzalo
Torrentes Ballester, María Zambrano, José Antonio
Maravall, José Luis Aranguren, José Ferrater Mora,
Julián Marías y dramaturgos del nivel de Antonio
Buero Vallejo y Alfonso Sastre.

Una generación marcada y condenada por la
maquinaria cultural estalinista, que la lapidó sin
misericordia acusándola de falangista y subordinada
al franquismo, sin discriminar ni cernir, en bloque,
simplemente porque no se plegó al estalinismo, no
cantó a La Pasionaria, no se dejó encuadrar en los
valores y creencias de Carrillo y su banda. Esa
maquinaria, que se enseñoreó y adueñó de diversos

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aparatos culturales y medios de formación y control
de opinión, enalteció a los sumisos al estalinismo y
descalificó, injurió y ninguneó a los que no se
subordinaron a sus dictámenes.

El aparato cultural marxano se vengó en ellos una
derrota que Stalin y los extravíos chequistas
produjeron sobre todo. Se les negó. Se les rebajaron
méritos. Se les desconoció. Eran la generación
suprimida, como el mismo Rosales llegó a expresar
en una entrevista tras la concesión del premio
Cervantes en 1982: “no hay una puerta histórica que
gire sino creando un vacío y nosotros hemos sido la
generación suprimida, el vacío que necesitaba la
historia para seguir siendo historia”.

En España, muchos escritores que buscaban labrarse
un espacio propio, fueron atraídos por el aparato
cultural estalinista. El PCE enmascaró su acción
proselitista en organismos y mecanismos
aparentemente culturales, liberales, democráticos. Y
una buena parte de los escritores y artistas, que
reaccionaban contra los envaramientos del
franquismo y sus engolamientos, se inclinaron hacia
posiciones contestatarias y cuestionadoras. Eran la
progresía, vinculada emocionalmente al PSOE y
entrampada en la visión maniquea del PCE (y no
olvidemos el embadurnamiento de sangre del PSOE

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en la España republicana, su compromiso con los
crímenes, las Checas y las “sacas”).

De ahí que el aparato cultural liberal, penetrado por
el estalinismo, se contrapuso al aparato cultural
oficial, y sólo promovieron a los poetas que hicieron
causa común con la República y en particular con el
comunismo: Miguel Hernández, Rafael Alberti, por
ejemplo. Parcialmente a los exiliados e internamente
a los que derivaron hacia el PCE o el PSOE. E
igualmente se atacaron, etiquetaron y condenaron a
los poetas, escritores e intelectuales que no se
dejaron engatusar o mancuernar por la ideología
estalinista, a los que se tildó de falangistas,
franquistas o fascistas, o cualquier otro epíteto según
el gusto.

El control del aparato cultural que ha desarrollado el
estalinismo, su capacidad de promoción y de forjar
nombradías no centradas en obras sino en la
simpatía o adscripción políticas, su poder de
desinformar, calumniar, excluir y lapidar, han
generado más de una autocensura, más de una
sumisión interesada y oportunista, más de una
aberrante prosternación. De tal manera se han
conformado claques, mafias, bandas. Y se han
catapultado autores tanto como se han descalificado
e ignorados otros. Y en muchos sentidos, Luis

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Rosales ha sido víctima de este aparato indecente e
inicuo.

Un poeta en medio de los odios
recrecidos

¿Tendría que contarse nueva vez la infortunada lucha
de los Rosales, en particular de Luis, por salvar a
García Lorca, su amigo entrañable, aquel fatídico 16
de agosto de 1936? Lo cierto es que habrá que hacerlo
una y otra vez, para impedir que la maldad de
quienes hacen causa común con La Matraca Canalla
del estalinismo, especie de patología mental que es
inmune a todo: datos, hechos, verdades, resultados,
que pervive y contamina almas y obnubila juicios, en
su afán de controlar los “aparatos ideológicos del
Estado”, sea la que se imponga.

La reconstrucción de los hechos, motorizada por los
más renombrados biógrafos del inmortal poeta
andaluz, indican que Lorca murió fruto no tanto de
pasiones políticas como de rencores, envidias y
mezquindades familiares, que aprovecharon un
momento confuso y particularmente homicida, el
alzamiento falangista, en que ambos bandos,
republicanos y nacionalistas, se dedican a matanzas
incontroladas, a exterminar a todo el que en

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apariencia les adversa en las zonas territoriales que
controlan.

Así, sabemos que existían resquemores con Lorca por
parte de las familias Roldán y Alba por aquella
tragedia: “La casa de Bernarda Alba”; que se le
envidiaba a Lorca su cosmopolitismo, su renombre;
que se le criticaba su homosexualidad y su
indefinición política: Lorca prefería llevarse bien con
todos y manifestaba posiciones contrapuestas en una
España que se cerraba a cal y canto en dos posiciones
irreconciliables y antagónicas.

Cuando se llevan a Lorca de la residencia de los
Rosales el 16 de agosto de 1936, donde acudió a
refugiarse, la madre de Luis, doña Esperanza de
Rosales, logra que se espere a uno de sus hijos para
impedir que se lleven a Federico sin el resguardo de
un familiar. Miguel, el hermano de Luis, le acompaña
junto a la tropilla falangista que encabezan Ramón
Ruiz Alonso y Juan Trescastro Medina, este último
casado con una prima lejana de Lorca.

Cuando le trasladan al edificio del gobierno civil, un
guardia de asalto golpea a Federico con la culata de
su mosquetón. Miguel Rosales pide que no lleven al
poeta a los “interrogatorios”, la sala de tortura. Ruiz
Alonso acusa a García Lorca de “espía de Moscú”.

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Cuando Luis y José Rosales se enteran del caso y van
en ayuda, estos se encaran en forma dura con Ruiz
Alonso. José Rosales habla con José Valdés Guzmán,
gobernador civil, quien le transmite la gravedad de
las acusaciones a Lorca: “socialista y agente de
Moscú”, ambas mentiras. Al día siguiente, José
obtiene una orden de libertad para Lorca de parte del
Gobernador militar, Gonzales Espinosa. Cuando
entra a la sede del gobierno civil, Valdés Guzmán le
dice que ha llegado tarde: “Ya lo habrán fusilado. ¡Y
ahora vamos a ver qué hacemos con tu hermano!”,
amenazando a Luis por haber acogido a Lorca en su
casa. Valdés mentía, esperaba orden de Queipo del
Llano para actuar. Valdés telefonea a del Llano y le
pregunta: “¿Qué hago con él? Lo he tenido aquí por
dos días” Y Queipo le responde: “Dale café, mucho
café”. La orden está dada. En un viejo Buick se llevan
a Lorca y otros tres. Trescastro Medina alardea: “Yo
le he pegado dos tiros en el culo por maricón”.

La situación de Luis, que a diferencia de sus
hermanos no pertenece a La Falange es
comprometida. Finalmente, terminaron por
condenarle a una multa de 25,000 pesetas por
refugiar a Lorca. Su valor, sin embargo, se vio
opacado por la calumnia que los comunistas le
levantaron. Como el poeta Félix Grande expresó, Luis

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“era consciente de que cuando la calumnia se echa a
rodar no hay quien la pare”. El mismo Rosales llegó
a expresar: “El hecho de la muerte de Federico fue la
toma de conciencia más dolorosa que he tenido en
mi vida”. Y su hijo Luis Rosales Fouz nos habla de la
repercusión de aquel infausto hecho en la vida de
Luis Rosales: “Hizo que mi padre viviera con la
tristeza de no haber podido hacer nada por salvar a
su maestro y amigo, pero con la cabeza muy alta
por haberlo intentado y haberse jugado la vida.”

Dura experiencia para un alma joven, ver la
inmisericordia consumar un crimen y no poder él
evitarlo. Llegó a preguntarse, una y otra vez, cómo un
don nadie “se hizo responsable de la muerte de una
de las personas más importante que había en
España entonces. Y ese es el terrible horror de la
guerra” (Luis Rosales Fouz). Afirmaba que aquel
crimen le había hecho desconfiar de la política y de
los políticos por el resto de su vida. Y sobre
indecorosa instrumentalización de aquel crimen
inmundo por el PCE el mismo Rosales llegó a
expresar en 1979: “El Partido Comunista de España,
desde hace cuarenta años, está sacando "tajada" de
Federico García Lorca.”

Luis Rosales fue víctima de ambos bandos. Los
falangistas le mataron a su maestro y amigo, García

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Lorca, arrancado de su hogar por la fuerza y
asesinado. Y los republicanos le asesinaron a otro
gran amigo, Joaquín Amigo, tirado por el Tajo de
Ronda.
¿Tendrían, los que se refocilaron en la calumnia y
arrojaron cieno sobre la reputación de Luis Rosales la
mitad de la hombría que él tuvo para arriesgar su
vida por su amigo? ¿Qué acto de valor, de riesgo de la
vida, asumieron? ¿Por quién se la jugaron? ¿Cómo
hubiesen actuado de haberse visto en iguales
circunstancias?

La crueldad inútil de la guerra, ese “terrible horror”
fue una conciencia que nunca le abandonó y le hizo
escribir versos como

“…la vida entera
cabe dentro de un odio.”
(El naufragio interior)

La redención por el amor

Frente a tanta desolación, frente a los frutos amargos
del odio entre hermanos, frente a la catástrofe que se
cernió primero sobre España y después sobre toda
Europa, encenegada en una hecatombe delirante, que
arrasó siglos de cultura y lenta acumulación de

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logros, barridos por la metralla, los bombardeos y la
sevicia humana, Luis Rosales se vuelve hacia el amor,
el humano y el divino.

Huye de los discursos estentóreos, las artimañas de
la muerte, y se refugia en lo que el amor humano
puede proveer y en la paz inmarcesible del amor de
Dios. A la mujer dedica versos de delicada hechura,
construidos muchos de ellos con apego a las formas
más clásicas y, a la vez, con imágenes que recrean la
tradición poética española y la mezclan con la
tradición de la vanguardia.

A Jesús y a Dios dedica sublimes poemas en que el
estremecimiento místico y la bendición de la plenitud
y el gozo que proporciona la fe se hacen pálpito,
vínculo y nutritiva agua de vida que refresca el alma.

Aquellas traumáticas experiencias tempranas le
marcaron. De ahí ese tono de oscuro desengaño que
late en sus poemas. Esa angustia existencial que
puebla muchos de sus versos. Ese recogerse en Dios
como vía de trascender tiempos amargos y terribles.

Y por igual su amor por la bendición de la vida, las
cosas triviales, la mansedumbre del hogar, los
aromas de la tierra y de la mesa, el paisaje que es
milagro cotidiano, la amistad y el cariño, el amor que

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provee consuelo y tibieza en los días en que se gasta
el tiempo humano.

Para Luis Rosales “Vivir es ver volver. El tiempo
pasa: las cosas que quisimos son caedizas, fugitivas
se van. Y esto es morir: borrarse de sí mismo”.

Así vivió:
“…con humildad,
Buscando la palabra precisa”.
(Ascensión hacia el reposo)

Una poesía tibia, amigable,
entrañablemente humana

Rosales es parte de una generación, la de 1936, que
reacciona contra los excesos de las vanguardias
retornando a las límpidas fuentes de la poesía clásica
española. Se les llegó a tildar de garcilasistas, por su
revaloración de Garcilaso de la Vega.

Retomar las formas clásicas, devolver a la poesía sus
maneras tradicionales, fueron los principales aportes
de esta generación. El soneto, el poema sometido al
metro y la rima, los temas tradicionales. Félix Grande
destaca: “Aún no se ha visto por entero la dimensión
que tiene. Es un maestro del soneto, de la copla, del

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romance”, y no queda ahí, también del verso libre y
el poema en prosa.

Poesía que esplende en las pequeñas minucias de la
vida, en las vivencias cotidianas, que canta la vida
particular, las diminutas alegrías y esperanzas, el
milagro sempiterno del amor, la bendición de un
cuerpo que comparte su tibieza, de un alimento que
destella en el paladar, de la conversación afable, los
paisajes fraternos, la misericordia de Dios que nos
libra de nuestros desvaríos y perdona nuestra
maldad.

Poesía íntima, recogida, que se aleja de la plaza, de
las pasiones y controversias que dividen, separan y
enfrentan a los hombres, para encontrar la palabra
que hermana, que reúne, que convida.

Poesía labrada con paciencia, sin desvivirse por el
aplauso y el encomio, macerándose en el
recogimiento de años de cuidadoso escardo, de
orfebrería detallada. Nada de buscar la claque, el
ruido de elogios basados no en el disfrute de la obra,
sino en la adscripción política, al margen del valor
propio del poema.

El poeta José Carlos Rosales, sobrino del granadino,
destaca que su tío solía aconsejar que los libros no

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debían publicarse antes de diez o doce años, que
había que tenerlos esperando. “Creía que uno de los
peligros que debía de sortear siempre el escritor era
el de publicar demasiado pronto. Su idea era que
cualquier publicación es prematura, porque uno
siempre se arrepiente de cómo lo ha hecho y luego
trata de rectificarlo”.

La poesía es una búsqueda de transitividad en
experiencias tan personales, tan intransitivas, que es
casi milagro que pueda verificarse la comunicación.
El mismo Rosales nos dice:

“A cada hombre le tendríamos que hablar en una lengua
distinta,
a cada amigo le tendríamos que hablar con una voz distinta
para que nos pudiese comprender,
pero la lengua personal es tan fiel a sí misma,
tan incomunicable
que las palabras son como ataúdes
y sólo llevan de hombre a hombre
su andamio agonizante,
su remanente de silencio
y su estertor…”
(La cicatriz)

El oficio desvalido de poeta

“La poesía es la más desvalida y menesterosa, anda
siempre con los pies descalzos”, expresó en una

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ocasión Luis Rosales. Aquí, allá, doquier, la poesía es
tenida por oficio inútil. Vivimos tiempos prosaicos,
signados por lo utilitario, por lo funcional, por lo que
puede mercadearse. La poesía es una pasión tan
personal, tan íntima, tan recogida y ajena a las modas
y afanes dominantes, que muchos miran con desdén.
Y sin embargo, para Rosales era un título que
temprano adquirió y al que nunca renunció.

Cuando alguien le preguntó qué era lo que más
valoraba de su vida, larga y cargada de experiencias,
respondió: “Bueno, este pequeño título al que nadie
le da valor que es ser poeta. Yo nunca he dejado que
me lo arrebaten”.
Se reconocía orteguiano. Rosales llegó a afirmar de
su maestro: “…fue quien me amuebló la cabeza,
quien me enseñó a pensar, quien me ordenó las
ideas hasta hacerlas constituir un todo”.

A Luis Rosales, Pedro García Domínguez, filólogo
español, lo retrata en adjetivos cargados de encomio:
“era señor en todo y en todo un caballero: noble y
generoso; sabio y prudente. Era gran conversador,
infatigable y ameno”.

Otro gran mentor en su vida lo fue José Bergamín,
quien fue su primer editor y le guió en sus primeros
momentos y de quien cuenta la siguiente anécdota:

27
“Le dije un día: tengo mucha dificultad para
expresar con palabras lo que pienso. Y Bergamín me
respondió: Luis, no se escribe con ideas, se escribe
con palabras”.

Su relación con la poesía es de cultivo paciente, a
solas. Llega a decir, en una de tantas entrevistas, que
no escribe para los lectores, pese a agradecer que
existan. “Escribo por obligación ética, para cumplir
un destino al cual estoy llamado; yo soy,
irremediablemente, un escritor. Me han preguntado
en alguna ocasión: “tú por qué tardas tanto en
publicar tus libros?”. Yo a veces he tardado diez
años o quince años en publicar un libro, porque a mí
lo que me interesa es escribirlos, no publicarlos. ¡Los
libros están ahí! Si yo no los publico, otros lo harán
por mí; si alguien tiene que leerlos, alguien los
leerá; pero quiero separar por completo estas cosas.
Primero, que para mí el lector es muy distinto del
público; me interesan los lectores, a los cuales debo
muchas de las alegrías que he tenido en la vida.

Y hay que hacer otra distinción. Yo escribo
únicamente como un compromiso ético que tengo
conmigo mismo, con mi tiempo y, naturalmente, con
Dios. En esa última relación hay un Dios – para mí,
Jesucristo – que es el Tú absoluto; ese Tú, para mí
de alguna manera, es siempre el horizonte, hasta en
los poetas más blasfemos. De ahí nace ese
28
imperativo que yo siento al decir que escribo por
una conformación interior mía que, en definitiva, es
un compromiso ético”.

Este es Luis Rosales, poeta, ensayista, hombre de
bien, de cuyo nacimiento este 2010 se cumplen 100
años y cuya poesía y prosa son grandes monumentos
de la literatura española en el siglo XX.

“El recuerdo se teje
Con doble hilo,
Y de cuando en cuando se recuerdan cosas
Que no han sucedido”.
Luis Rosales

29
Andrei Platonov
o la tragedia del escritor como
ingeniero del alma

30
La verdad es un misterio, siempre es un
misterio. No hay verdades evidentes.
Andrei Platonov
Notas

Un ensayo histórico, Ingenieros del alma, del
holandés Frank Westerman, narra, a partir de una
bahía del Turkmenistán soviético, la bahía de Kara
Bogaz, y de la encomienda estalinista a los escritores
soviéticos de cantar las proezas de los técnicos, en
particular las grandes obras de ingeniería hidráulica
que emprendió la dictadura de Stalin, la tragedia de
los artistas y escritores de la Unión Soviética. Allí
están, convocados, estimulados, reprendidos y, en
muchos casos, reprimidos y aniquilados, los más
señeros autores literarios de la época, iniciando por
Máximo Gorki, al que Stalin termina envenenando
cuando empezó a resentir el yugo del tirano, y
autores a los que mataría en el gulag o les haría pasar
las de Caín, como Bulgakov, Pasternak, Ajmátova,
Pilniak y Andrei Platonov.

31
El ensayo de Westerman se articula alrededor de un
autor en concreto: la vida del escritor romántico
Konstantín Paustovski y su obra La Bahía de Kara
Bogaz, una de las tantas obras por encargo en que los
lirikis, los escritores y artistas, cantaban las
alabanzas de los fisikis, los ingenieros y técnicos, que
por órdenes de Stalin realizaban obras gigantescas…
y con frecuencia inútiles, cuando no dañinas, como
aquel Canal de Belomor que fue un completo fracaso
y en cuya construcción murieron miles de hombres y
mujeres esclavizados en los campos de
concentración.

La obra de Westerman es descarnada, amarga; carga
el alma de pena y de horror. La inmisericordia de
aquel ensayo social que en su conjunto produjo sólo
en el siglo XX más de 100 millones de víctimas,
muestra en sus páginas la crudeza de sus desvaríos,
delirios y sicopatías. Por mi parte, sólo quiero
destacar una de aquellas infaustas vidas, la del
escritor proletario Andrei Platonov.

El nacimiento de un escritor proletario

Andrei Platonovich Klimentov, quien públicamente
se daría a conocer como Andrei Platonov, nació el 16
de agosto de 1899 en Yamskaia Sloboda, localizada

32
en las afueras de Voronezh, ciudad en que concurren
tres líneas férreas de gran importancia. Aquella
ciudad fue a donde fuera, años después, exilado
internamente por Stalin, el poeta Osip Mandelstam y
donde escribiera sus conocidos Cuadernos de
Voronezh. Platonov, hijo de un empleado del
ferrocarril, quien era ajustador de metal y ocasional
inventor (el mismo Platonov llegó a creer a los trece
años de edad que había descubierto el movimiento
perpetuo y desarrollaría innovaciones tecnológicas,
entre ellas una balanza de su invención), era el mayor
de siete hijos de una familia obrera. Creció en aquel
ambiente de trabajo y agitación, en los talleres
ferroviarios. La madre era hija de un relojero.

De niño le inscribieron en la escuela de la iglesia
parroquial de su comunidad, en donde aprendió las
primeras letras, y luego en un colegio urbano. A los
trece años y medio, en 1914, empezó a trabajar,
primero como oficinista en una compañía de seguros
local, luego como fundidor en una fábrica de
tuberías; en una finca privada como mecánico
asistente; obrero en una fábrica de piedras de molino
artificial; almacenista y en otras tareas, incluyendo el
mismo ferrocarril en que laboraba el padre. Y
simultáneamente, desde esa temprana edad, empezó
a escribir poemas que enviaba a distintas
publicaciones, sin mayor éxito.

33
Cuando se da la Revolución de Febrero de 1917,
Platonov amplía sus actividades. Intenta solidificar
su formación técnica y se inscribe en el Instituto
Politécnico de Voronezh, en donde estudia tecnología
eléctrica. A raíz del golpe de Estado bolchevique de
noviembre de 1917, la llamada Revolución de
Octubre, y la posterior guerra civil que tal putsch
militar desató, Platonov y su padre toman parte a
favor del grupo de Lenin y con el tren llevan tropas y
suministros a distintas regiones, además de limpiar
de nieve las vías.

Entre los años 1918 y 1921, Platonov se da a conocer
como escritor de origen obrero. A los 20 años, en
1919, se incorpora al Ejército Rojo. Publica decenas
de poemas, relatos y cientos de artículos y ensayos,
en una derroche creativo que ve la luz en distintos
medios locales, como la prensa del sindicato del
ferrocarril Zheleznyi poner (Ferrocarril), del Comité
del Partido de Voronehz Derevnia Krasnaia (Campo
Rojo) y kommuna Voronezhskaia (Comuna de
Voronehz), la revista del grupo de escritores
proletarios Kuznitsa, entre otros.

34
La identificación con la revolución

Para 1920 aparecían varios trabajos firmados por él
simultáneamente en distintos medios. Abordó temas
relativos a la literatura, el arte, la tecnología, la
guerra civil, la filosofía, la ciencia, la educación, la
filosofía, la educación, la economía, las relaciones
exteriores, la recuperación de tierras, el hambre y
muchos otros más.

Se involucra en la fundación local del Proletkult; en
marzo de 1920 se afilia a la Unión de Periodistas
Comunistas, trabaja como editor de Derevnia
Krasnaia, es electo en agosto de 1920 en la junta
provisional de la Unión de Escritores Proletarios de
Voronehz; en octubre de 1920 asiste al Primer
Congreso de Escritores Proletarios en Moscú,
organizado por el grupo Kuznitsa.

En la primavera de 1920, Platonov se afilia
formalmente al Partido Comunista y empieza a
asistir a la escuela de cuadros del partido, pero lo
abandona a final de 1921, por una “razón menor”,
que podría haber sido la experiencia de la terrible
hambruna de 1921 y las críticas que realizó a los
privilegios de los comunistas locales para ese tiempo.
Se hizo figurar que fue expulsado del partido cuando
se negó a limpiar de basura el pueblo durante un
35
sábado voluntario comunista o subbotnik . Fue
readmito como candidato a miembro en 1924.

En 1921 publica su primer libro: Electrificación. El
concepto de Lenin de que electrificación + poder
soviético = socialismo, llevó a impulsar la
electrificación de Rusia. Las bombillas en las chozas
campesinas fueron llamadas las “lamparillas de
Illich” e impresionó a gente que hasta entonces se
iluminaban en la noche quemando astillas de
madera.

En 1922 publica Azul Profundo (glubina Golybaya),
que la crítica recibió favorablemente y que llevó al
poeta Valery Briusov y otros autores a considerarlo
una de las promesas de la joven literatura proletaria
que emergía en la Rusia soviética.

Ese mismo año de 1922, ante la realidad de la
hambruna, Platonov abandona la literatura y el
periodismo y se involucra en cuerpo y alma en tareas
relativas a la electrificación rural y a la recuperación
de tierras, laborando para organismos del Estado.
“Yo no podía estar ocupado en una actividad
contemplativa como la literatura”, declararía un año
después. Entre 1921 y 1922 fue presidente de la
comisión especial de lucha contra la sequía local. Se
involucró en trabajos como ingeniero, organizó la

36
excavación de estanques y pozos, drenó tierras
pantanosas y participó en la construcción de una
planta hidroeléctrica. Además funge de
administrador en otros proyectos y hace importantes
innovaciones tecnológicas.

En 1925, coincidiendo con la película de Sergei
Eisenstein “El acorazado Potemkin”, película
distribuida por Prometheus, una de las compañías
que creó y dirigía Willi Münzenberg, el cerebro de La
Matraca Canalla, Platonov publicó su libro sobre la
revuelta del Mar Negro de 1905 y el mismo fue una
publicación oficial del partido bolchevique.

En 1926, en tanto especialista en mejora territorial,
Platonov es electo al comité central de la Unión de
Agricultura y Trabajo Forestal. En junio de 1926 se
traslada a Moscú junto a su esposa, María
Aleksandrovna, y su hijo, Platón. Sin embargo, un
mes más tarde le despiden. El sindicato le acosa para
quitarle la vivienda especial que le habían asignado.
Platonov, para no morirse de hambre, vende sus
libros.

En el otoño de 1926 vuelve a encontrar trabajo. Le
nombran jefe del departamento de recuperación de
tierras de Tambov. A comienzos de diciembre parte a
Tambov como jefe de la Sección de Bonificación de

37
la Dirección Provincial de Agricultura, y deja a la
esposa y a hijo en Moscú. Allí vive un repentino flujo
creativo. Escribe El camino del éter, su premonitorio
relato Las esclusas de Epifano y también La ciudad
Gradov. Por igual dos libros de ensayos: El país de
los pobres, y Crónica de una tierra pobre.

Un inesperado tropiezo con… ¡Stalin!

Desde 1926 vuelve a dedicarse a escribir de manera
continua. En 1927 se transforma en un escritor
profesional. Al regresar a Moscú en marzo de 1927
escribe, entre otros relatos, Constructores de una
nación, Hombre secreto y Pueblo Yamsakay. Una
colección de sus relatos la publican en 1927. Al año
siguiente, 1928, le publican El origen de un maestro,
primer capítulo de su novela Chevengur.

Entre 1926 y 1930, coincidiendo con el lanzamiento
del Primer Plan Quinquenal en la Rusia soviética,
Platonov escribió sus dos principales novelas:
Chevengur y La excavación. En 1929 termina
Chevengur, crítica implícita al modelo burocrático
estalinista. La novela nunca obtuvo la aprobación de
la censura bolchevique y, por lo mismo, fue
secuestrada por la NKVD y nunca fue publicada en
vida del autor.

38
Ese 1929, Platonov se convierte en el blanco principal
de los críticos, que desbarran sobre sus textos. Le
acusan de que sus obras tienen serios errores
ideológicos. El crítico Leopold Averbaj, uno de los
principales teóricos de la RAPP (Asociación de
Escritores Proletarios de Rusia), se ensaña contra
Platonov. Su crítica es reproducida en tres
importantes publicaciones soviéticas y marcan a
Platonov como no afín al tipo de literatura que Stalin
aprueba.

Al recibir el rechazo a Chevengur, su novela, escribe
a Máximo Gorki (alias literario de Alekséi
Maksímovich Peshkov), diciéndole: “Lo visité hace
dos meses. Ahora le ruego que lea mi manuscrito.
No lo publican (lo han rechazado en Federatsia),
dicen que en la novela se representa la revolución de
forma incorrecta y aun que toda la obra se
interpretará como contrarrevolucionaria. Yo, en
cambio, he trabajado movido por otros sentimientos
y ahora no sé qué hacer.”

Máximo Gorki, quien era uno de sus protectores, al
igual que Mijail Sholojov, le responde: “Es usted un
hombre de talento, esto es indiscutible, como lo es el
hecho de que posee usted una lengua muy peculiar.
Su novela es extraordinariamente interesante...

39
Pero aun siendo indiscutibles las cualidades de su
trabajo, no creo que se lo publiquen, que lo editen.
Para ello será un impedimento su percepción
anárquica del mundo, al parecer propia de su
«espíritu»... Y le diré más: entre los redactores
actuales no veo a nadie capaz de valorar los méritos
de su novela... Eso es todo lo que le puedo decir y
lamento no poderle añadir otra cosa.” Y al final, le
recomienda: “No se enojes; no deje que eso le
amargue. Todo pasará. Al final la verdad sola se
mantendrá”.

Trabaja en los departamentos de redacción de varias
revistas además de escribir ficción. Para el otoño de
1929 visita varias granjas colectivas y sovjoses. En los
comienzos de 1930 escribe la novela-crónica En
provecho – Crónica de un hombre pobre, que era
una sátira de la colectivización estalinista. Los
editores a los que somete la obra se la rechazan, por
“errónea”. En 1931, Krasnaya Nev (Tierra Nueva
Roja), editada por el escritor soviético Aleksandr
Fadeiev, le aprueba publicar la obra. Fadeiev, en
persona, subraya los pasajes de la misma que debían
eliminarse debido a conveniencias políticas. Los
tipógrafos no interpretan correctamente las
indicaciones de Fadeiev y los pasajes subrayados
para ser eliminados los publican en negrita. Tanto En
provecho, como Las dudas de Makar llegan al
escritorio de Stalin Al leer el cuento y la novela,
40
Stalin se irritó en grado sumo. Fue escribiendo al
margen calificativos como “vulgar”, “hombre bobo”,
“villano”, “sinvergüenza”, “tonto”. En mayo de 1931,
calificó la obra de ser una “crónica de los kulaks”
(kulak era el mote de los campesinos con algún tipo
de propiedad, por entonces blanco de la ira de Stalin
y perseguidos a muerte por los comunistas) De
hecho, resumió su impresión de la misma con las
siguientes palabras, una sentencia lapidaria al autor y
a la obra: “Esta es una historia de un agente de
nuestros enemigos, escrita con el propósito de
desacreditar la campaña de las granjas colectivas”,
escribió detrás del ejemplar de la revista la palabra
svoloch (canalla), y llamó a Fadeiev y le ordena
“darle una lección a Platonov para que entienda lo
que significa “En provecho”.

En una sesión especial del Buró Político del Partido
Comunista, Stalin impuso que se condenara la
publicación del relato de Platonov en la revista de
Fadeiev como una “historia partidaria de los kulaks
y profundamente anti-soviética”. Fadeiev de
inmediato cambió de dirección y publicó un artículo
condenando el cuento que él mismo había aprobado
y llamando a Platonov un “enemigo de clase” y un
“agente encubierto de los kulaks”. En especifico,
Fadeiev expresó: “Y uno de estos agentes kulak es el
escritor Andréi Platónov, personaje que ya hace

41
varios años que se pasea por las páginas de las
revistas soviéticas con la máscara del «buen
pobretón», de un Makar bonachón, inofensivo y loco
bufón”.

En 1931, la obra de Platonov fue atacada
reiteradamente como “anticomunista”. Iván
Makáriev, uno de los principales críticos de la RAPP,
titula “Injuria” la reseña que hace de la obra de
Platonov. Mientras, el narrador amplía su amistad
con Boris Pilniak, otro escritor “apestado” pero con
mejores relaciones con la Nomenklatura. Esta
amistad con Pilniak terminaría trágicamente y sería
negativa para ambos autores.

El tono crítico de los relatos de Platonov sobre todo
la evidenciación del creciente burocratismo de la
sociedad soviética, le fue granjeando animadversión
entre los funcionarios estalinistas y la mala voluntad
del Vodz, de Stalin, cuyo disgusto con el autor llegó
hasta calificarlo abiertamente como “tonto, canalla e
idiota”.

Su novela La excavación es una fábula cuasi
surrealista sobre la sociedad soviética de su tiempo
que, inmediatamente propuso su publicación,
despertó encendidas críticas y ataques en su contra.
A Platonov lo acusaron de atacar a la línea del
partido, difamar al hombre nuevo y echar lodo al
42
proceso de transformación socialista, todas
acusaciones gravísimas en tiempos de Stalin.

La autocrítica inútil

El escritor da un paso atrás, asustado, y escribe una
carta a Pravda y otra a Gazeta Literaturnaya
admitiendo que se había equivocado. No le publican
la carta en ninguno de los dos medios, acusándolo,
los editores, de que su carta estaba cargada de ironía.
La carta, archivada por la KGB y desclasificada a raíz
de la caída de la URSS, empezaba como sigue: “Les
ruego que publiquen la presente carta. El abajo
firmante reniega de toda su actividad literaria y
artística pasada, tanto de la expresada en las obras
impresas como en las no publicadas. El autor de
estas obras, debido a la acción que sobre él ha
ejercido la realidad social, y como resultado de sus
propios esfuerzos en favor de esta realidad y de la
crítica proletaria, ha llegado a la conclusión de que
su labor prosaica, a pesar de sus positivas
intenciones subjetivas, es por completo y
contrarrevolucionariamente perniciosa para la
consciencia de la sociedad proletaria”.

Preocupado, Platonov escribió también sendas cartas
a Gorki y a Stalin, pero ninguno de ellos le respondió.

43
En una reunión celebrada el 2 de febrero de 1932,
durante el Congreso de Escritores Soviéticos de Toda
Rusia, Platonov hace su “autocrítica”, declarando
que sus obras “carecen de interés o utilidad para la
revolución”. La mayoría de los presentes en la
reunión dudan que Platonov pueda enmendarse,
dado que ninguna de sus obras son políticamente
correctas y se amoldan a las directrices trazadas por
el partido comunista ruso.

En el período de las purgas, Platonov escribió contra
Trotski, Rikov y Bujarin, una manera de encontrar
alivio al frío que se le había ido formando en
derredor.

El 26 de octubre de 1932, Máximo Gorki invita a los
más reconocidos escritores soviéticos a visitar su
residencia, la casa del “escritor del pueblo”. Hay
ausencias notables: Pasternak, Bulgakov,
Mandelstam, Ajmátova, entre otros. Pero están los
sumisos al apparat. Y está, con ellos, Stalin. Allí, el
Vodz, que escuchó pacientemente la cháchara de sus
cuartilleros, en un momento dado toma la palabra y
declara: “Nuestros tanques son inútiles cuando
quienes los conducen son almas de barro. Por eso
afirmo que la producción de almas es más
importante que la producción de tanques… (…)
Alguien acaba de observar que los escritores no

44
deben permanecer inactivos, que deben conocer la
vida de su país. La vida transforma al ser humano y
ustedes tiene que colaborar en la transformación de
su alma. La producción de almas humanas es de
suma importancia. ¡Y por eso alzo mi copa y brindo
por ustedes, escritores, ingenieros del alma!” De esa
reunión nacería la Unión de Escritores Soviéticos,
que encabezaría Máximo Gorki (Años después, en la
Biblioteca Nacional de La Habana, Fidel Castro
tendría una reunión igual, emulando a Stalin: su
famosa reunión con los escritores, en que, buen
alumno de Hitler y Mussolini más que de Marx,
Engels y Lenin, plagiaría la fórmula de El Duce,
diciéndole a los escritores: “Dentro de la Revolución,
todo; fuera de la Revolución, nada”. Y de esa
reunión, por igual, saldría la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba, UNEAC. Simple gusto por repetir
como comedia bufa lo que no funciona).

Allí también se enunciarían las bases de ese
mamotrero que cercenó a tantos talentos y
corrompió la literatura y el arte en la Unión
Soviética: el “realismo socialista”. Uno de los
experimentos de la época era el libro colectivo. Según
Gorki: “Si los trabajadores son capaces de verter
cemento en brigadas, ¿por qué unas brigadas de
escritores no iban a ser capaces de producir un libro
común?” De alguna manera lo lograron: Soltzenitsin

45
llegó a declarar que la mejor parte de la obra de
Sholojov fue elaborada en los cuarteles de la
Lubianka, local de la Inteligencia rusa, por anónimos
autores que ensamblaron páginas brillantes
incautadas a los narradores más señeros de Rusia
condenados al gulag y a la muerte.

En 1932, Platonov redacta “Catorce pequeñas
chozas rojas”, pieza en que aborda el trauma que
significan el hambre y la muerte debidas a la
colectivización forzada de la agricultura y cosecha el
mismo rechazo.

Como no le publicaban sus obras, se desespera.
Escribe a Gorki: “¿Puedo ser un escritor soviético o
eso es objetivamente imposible?”. Gorki no le
respondió.

El aparato de controlar las mentes:
Glavlit

Con todo, Máximo Gorki, que aprecia el talento de
Platonov, lo incorpora en las giras de escritores que
promueve para que estos conozcan y canten las
grandes obras de ingeniería hidráulica y los
proyectos desmesurados que transforman la
fisonomía de Rusia y sus países satélites. En 1934 lo
46
incluye en un viaje a Turkmenistán, que por entonces
celebraba sus diez años como república socialista.
Platonov, a partir de sus impresiones, escribe el
relato Dzhan, también Takyr y redacta el artículo
Sobre la primera tragedia soviética. De toda su
labor, sólo Takyr es publicada. Platonov, que tenía
que someter a la Dirección General de Literatura,
GlavLit, sus textos, para aprobación, no obtuvo el
nihil obstat, pese a que se comprometió a reescribir
el final de Dzhan.

Ese GlavLit tenía un control estricto de lo que podían
leer los ciudadanos soviéticos. Sólo la viuda de Lenin,
Nadezhda Krúpskaia, elaboró en 1926 un índice
complementario de obras prohibidas, incluyendo “un
centenar de libros susceptibles de despertar
“sentimientos primitivos y antisociales”, entre ellos
el Corán, la Biblia y las obras de Dostoievski. Le
correspondía a GlavLit proceder a una retirada
efectiva de esos libros de todas las bibliotecas,
reciclándolos como papel viejo” (Ingenieros del
alma, F. Westerman, Pág. 173).

Platonov durante ese período trabaja como ingeniero
en el Departamento Republicano de Pesos y Medidas
(adjunto al Comisariado Popular de la Industria
Pesada), sobresaliendo como inventor de numerosos
artilugios tecnológicos.

47
A principios de 1936, incluyen a Platonov en un
colectivo de escritores que tenían que producir un
libro sobre los héroes del transporte ferroviario,
según el proyecto de Lazar Kaganóvich, quien es
presentado como “el mejor compañero de armas del
camarada Stalin”. Su primer aporte: Inmortalidad,
obtiene un inesperado éxito de crítica y la aprobación
de los lectores. El repentino éxito se apaga de nuevo
con su segunda contribución: Entre los animales y
las plantas, criticado en la Unión de Escritores de la
URSS por su “alejamiento del tema épico”. A
Platonov lo acusan de abandonar la visión heroica
para caer en una ironía que no conoce límites.

Para 1937, Platonov propone a la Unión de Escritores
de la URSS su intención de trabajar en una novela
intitulada Viaje de Leningrado a Moscú en 1937,
replica de la escrita por Radíschev hacía un siglo.

De cómo Stalin solía herir donde más
dolía

En mayo de 1938, Platonov recibe una muestra de la
manera a veces oblicua en que Stalin castiga y
degrada a las personas. Su hijo, Platón, de apenas
quince años de edad, es apresado y acusado de
48
“agitación contra la Unión Soviética”, lo tildan de
“terrorista” y de “espía”. Platón Platónov fue
condenado a diez años de trabajos forzados en
Norilsk, en el extremo Norte; es enviado al Gulag, el
sistema de campos de concentración que proveía de
mano de obra esclava al régimen. Platonov escribió al
NKVD asumiendo la responsabilidad de una escopeta
infantil de aire comprimido y las obras literarias
manuscritas encontradas en la casa, pero de nada
sirvió.

Un informe interno de la OGPU por esos años,
firmado por el agente Shivárov evalúa la obra y la
conducta del novelista: “Platónov lee sus obras sólo a
sus amigos más allegados: a A. Nóvikov e I. Sats, y
no difunde sus obras para que no corran de mano en
mano.”

La amistad de Platonov con el novelista Boris Pilniak
agrava las sospechas contra Platonov. Ya en 1929 en
Rusia se acuñó el término “pilniakismo” como un
insulto, equivalente a “traición al socialismo”. A
Pilniak, al final, no le fue tan bien como a Platonov.
El juicio al caso 14488 contra Pilniak se celebra el 20
de abril de 1938. En apenas 15 minutos el juez Ulrich,
sumariamente, condena a Boris Pilniak a muerte.
Martilla dos veces y declara la sentencia irrevocable.

49
Ordena su inmediata ejecución. La mañana siguiente,
el teniente Shevelev, del NKVD, ejecuta al escritor.

Platonov, desde 1936, había ido publicando reseñas
críticas de literatura en distintas revistas y
periódicos. Un volumen que reunía buena parte de
las mismas se iba a publicar en 1939, pero fue
repentinamente abortado cuando el proyecto de
publicación recibió ataques desde la revista teórica
del partido comunista. Prácticamente, el único medio
que tenía Platonov de obtener recursos como escritor
eran sus textos para niños, pero aún estos no siempre
eran bien aceptados. Varias obras que escribió para el
Teatro Central nunca fueron montadas en vida del
autor.

En 1939 zarandean al escritor. Los críticos se
refocilan en descalificar su obra. El crítico Vladímir
Yermílov denuncia a Platonov ante el primer
“ideólogo” de la URSS, A. Zdhánov.

A principios de 1941, gracias a la intercesión del
novelista y diputado del Soviet supremo Mijail
Sholojov, que admiraba a Platonov, excarcelan a
Platón, el hijo. En el Gulag, el adolescente había
contraído tuberculosis y dos años después, en 1943,
muere a causa de la misma, no sin antes infectar a su
padre.

50
Alemania invade a Rusia, ante el desconcierto de
Stalin. Platonov es momentáneamente autorizado a
volver a colaborar como periodista y escritor y se
convierte en corresponsal de guerra para el periódico
del ejército rojo Krasnaya Zvezda. Se le permite
publicar por un permiso especial de Stalin. Mientras
transcurren los años de guerra, a Platonov le
publican los libros: Inspiración
Popular (1942), Historias de la
Patria (1943), Armadura (1943) y Hacia la puesta
del sol (1945). Los censores eliminan
implacablemente de sus obras aquellas que no tratan
de la guerra y que no tienen un tono o enfoque
heroico.

Platonov sufre heridas de guerra en Checoslovaquia
durante la ofensiva del Ejército Rojo contra Hitler y
se le agrava la tuberculosis, lo que provocó que se le
licenciara.

Terminada la guerra, escribe La familia Ivanov, que
provoca que le lapiden de nuevo: difama a la hombre
nuevo, claman sus críticos. Fue expulsado de la
Unión de Escritores Soviéticos y todas sus obras
fueron prohibidas. Le quitan los trabajos y sólo le
permiten que ocupara la plaza de bedel del edificio
del Instituto de Escritores. Escoba en mano, mientras

51
barre el patio del local de la Unión de Escritores, ve a
los autores aprobados conversar y disfrutar. Era la
vida que le habían proscrito, pero que le dejaron
atisbar, un tanto como para que viviera el suplicio de
Tántalo. En 1947 el crítico V. Yermílov, el mismo que
lo había denunciado ante Zdhánov, acusa a Platonov
de que su obra La familia Ivanov era una sarta de
calumnias contra el poder soviético. De nuevo,
apenas puede obtener ingresos por sus obras escritas
para niños, y ello gracias al apoyo de Mijail Sholojov,
que las apadrina.

El 5 de enero del 1951, en total pobreza, marcado por
la situación de ser tildado de enemigo de Stalin y del
poder soviético, rechazado por la progenie de los
escritores oficiales, gordos por los privilegios que el
régimen otorgaba, Andrei Platonov falleció,
alcohólico y desconocido, en Moscú, a consecuencias
de la tuberculosis que contrajo de su hijo. Con él
moría una de las plumas más talentosas de la
literatura rusa del siglo XX. Le entierran en el
cementerio armenio de Moscú. El novelista Vasili
Grossman encabeza una Comisión para la Herencia
Literaria de Platonov e intenta publicar un par de
libros, pero le niegan la autorización. En 1958 se
publica una selección escogida de sus obras. Sólo 30
años después, durante La Perestroika, los lectores

52
rusos pudieron acceder a lo más importante y
significativo de su obra.

El valor de su obra narrativa

Para Joseph Brodsky, el poeta y premio Nobel ruso,
Platonov posee un nivel de calidad literaria
semejante a Franz Kafka , James Joyce o Robert
Musil. Y observa que la obra del ruso tiene la
tremenda fuerza de un Thomas Mann o un Marcel
Proust. Y otros autores le comparan e igualan, sobre
todo por su revelación del absurdo del burocratismo
socialista presente en su obra, con la del inglés
George Orwell y no falta quien lo tilde de El
Hemingway de Rusia o le asemejen a Samuel Beckett.
Por igual, se le considera que alcanza en sus obras
los niveles satíricos de un Jonathan Swift.

Precisamente, Hemingway en los años previos a la
segunda guerra mundial, que había leído un cuento
de Platonov, habló en respeto y admiración del estilo
narrativo de este a unos periodistas rusos que le
entrevistaban, y estos tuvieron que reconocer,
avergonzados, que era la primera vez que oían su
nombre y desconocían quién era.

Platonov narra el encontronazo entre las fantasías de
igualdad, solidaridad y bien social de las utopías

53
socialistas y las políticas burocráticas y dictatoriales
de los funcionarios soviéticos, obtusos y orientados a
no crearse problemas con los dirigentes y a preservar
su posición, así como el impacto deletéreo de las
políticas de Stalin y el sufrimiento que ellas
producían en el pueblo llano.

Para Platonov : “El arte consiste en expresar lo que
es más complicado por el medio más simple. Es la
forma más elevada de la economía.”

Robert Chandler, uno de sus traductores al inglés, lo
considera el mayor estilista de la prosa rusa en el
siglo XX, superior a autores tan significativos como
Boris Pasternak, Alexander Solzhenitsin, Vasili
Grossman y Shalámov.

Sólo en la década de los ochenta, a partir de la
Perestroika de Mijail Gorbachov empezaron los
ciudadanos rusos a recuperar la obra de Platonov,
secuestrada por la KGB, y comenzaron a editarse por
primera vez en su propia patria los textos censurados
de este maestro de la narrativa.

La tragedia de Platonov fue el creer en verdad la
utopía que vendían Lenin y su gente. Él creyó que la
redención había llegado a los pueblos que conforman
ese mosaico de nacionalidades que era entonces

54
Rusia. Y se comprometió a fondo con ese proyecto. Al
observar la cruenta realidad de los padecimientos de
la gente, la hambruna, los crímenes arbitrarios, las
medidas impopulares o desatinadas, el
ensorbecimiento de los apparatchiks y la perruna
subordinación a los jerarcas, su ser interno se rebeló.
Quiso enmendar, denunciar, reflejar esa realidad de
degeneración y burocratización. Pero eran los
burócratas los que decidían sobre el valor de su obra.
Luchó contra el poder. Una lucha perdida de
antemano.

Ese es el sino trágico de su vida. No pudo adaptarse,
rebajar su pluma, mentir y festejar al endiosado
padrecito de los pueblos. El realismo socialista de
Stalin y Zhadnov no era más que nuestra publicidad:
seres felices, hermosos, siempre contentos, siempre
disfrutando, en una burbuja de satisfacción y logro,
que encubría una realidad oscura, sórdida, tenebrosa
y amarga. Nunca pudo entender que la función de la
literatura, para Stalin, era encubrir y maquillar la
realidad, pintar un mundo ilusorio, en nada reflejar
la vida gris y absurda que consumía las existencias de
millones de ciudadanos en aquel imperio
inmisericorde que regía el tirano de Georgia.

55
Cómo se obliga a un escritor a
autoinculparse y a rebajarse

La siguiente carta, enviada y nunca publicada, por el
escritor Andrei Platonov a Pravda y a Gazeta
Literaturnaya, es un ejemplo de ese evento siniestro
que es la autocrítica, un acto de contrición inducido
en que alguien confiesa crímenes deleznables nunca
cometidos. A Stalin le encantaba ese show. Y a
Castro, pues obligó a Heberto Padilla a algo igual.
Esta carta, que estuvo en los archivos de la KGB
hasta hace unos años, hiere la sensibilidad de
cualquier ser humano que se respete. A Platonov,
Stalin le obligó a trabajar barriendo el local de la
Unión de Escritores de la URSS, institución de la que
le habían expulsado. También prácticamente le mató
al hijo. Y ni siquiera este acto infame de
autohumillación le sirvió a Platonov para mucho.

A.J.

LA CARTA

Les ruego que publiquen la presente carta.

56
El abajo firmante reniega de toda su actividad
literaria y artística pasada, tanto de la expresada en
las obras impresas como en las no publicadas.

El autor de estas obras, debido a la acción que sobre
él ha ejercido la realidad social, y como resultado de
sus propios esfuerzos en favor de esta realidad y de la
crítica proletaria, ha llegado a la conclusión de que su
labor prosaica, a pesar de sus positivas intenciones
subjetivas, es por completo y
contrarrevolucionariamente perniciosa para la
consciencia de la sociedad proletaria.

La contradicción entre las intenciones y la actividad
del autor se ha debido al hecho de que el sujeto del
autor se consideraba erróneamente portador de una
visión del mundo proletaria, cuando en realidad se
trata de una visión del mundo que aún ha de
conquistar.

La lucha de clases, los denodados desvelos del
proletariado en favor del socialismo, la fuerza
iluminadora y dirigente del partido, todo ello no ha
hallado en el autor de esta carta las impresiones
artísticas que estos fenómenos merecían. Además, el
abajo firmante no ha entendido que el socialismo que
se ha iniciado exige de él no sólo representar, sino
también en cierto modo adelantarse ideológicamente
a la realidad, peculiaridad específica de la literatura

57
proletaria que la convierte en una compañera que
ayuda al partido.

El autor no hubiera escrito esta carta si no se sintiera
con fuerzas para empezar todo de nuevo y si no
poseyera la energía para alterar en el sentido
proletario su propia sustancia. Pues la principal tarea
del autor no es proseguir su trabajo literario para su
propio «placer», sino crear unas obras que
enmienden con creces el daño ocasionado por el
autor en el pasado.

Con esta carta, el abajo firmante no pretende,
evidentemente, autoindultarse por sus perniciosos
extravíos, sino tan sólo garantizar que pagará por
ellos, así como es su deseo mostrar al lector la actitud
que ha de adoptar para con las obras del autor.

Además, me dirijo a todos los críticos que se
dediquen a las obras de Platónov para recomendarles
que tengan en cuenta la presente carta.

Andréi Platónov

Moscú, 9 de junio de 1931

58
Clarice Lispector o la búsqueda del
deslumbramiento

59
“Elegir la propia máscara es el primer gesto
voluntario humano. Y es solitario”
Clarice Lispector

Clarice Lispector es la escritora que no capitula ante
los convencionalismos de género, ante un
acomodamiento a exigencias editoriales, al valor
comercial de la literatura porque escribir era su
forma personal de interrogar a su propia existencia,
de ahondar en la experiencia humana, de sumergirse
hacia lo hondo de sí ¿En busca de qué? No sabía,
nunca se sabe. Tal vez del deslumbramiento.

Nace en medio de una huida. Los padres, judíos
ucranianos, huyen de la guerra civil y las masacres
bolcheviques y blancas, de un mundo que colapsa
sangrientamente. Tierra de pogroms, aquellos
linchamientos masivos contra judíos en la Rusia
zarista y naciones aledañas, entre 70,000 y 250,000
judíos fueron asesinados en esos años tumultuosos,
tanto por nacionalistas y por los llamados ejércitos
blancos (antibolcheviques), como por los ejércitos
rojos.

En medio de aquel caos inenarrable: hambrunas
bestiales, masacres de un bando y de otro y de todos
los bandos contra los judíos, víctimas siempre
60
propicias, de odios que se regocijaban en crímenes
bestiales y absurdos, los padres huyen. En la aldea de
Tchetchelnik, Ucrania, la madre da a luz. Nace
Clarice. Dos meses después, según datos aportados
por la propia Clarice, la familia arribó al Brasil:
pusieron tierra por medio a aquella amarga historia,
se fueron al otro extremo del mundo.

Con apenas dos años de edad los padres se instalan
en Recife, Pernambuco. El padre desempeña
diferentes oficios. La madre padece una parálisis
progresiva. La niña crece sintiéndose dejada al azar.
Lee, inventa historias, busca comunicarse con los
animales domésticos. Alimenta su mundo personal.

Hace llegar al diario de Recife sus primeros textos
que son rechazados porque no responden al patrón
tradicional. Les sorprenden aquellos centelleos,
divagaciones que intentan capturar una percepción
inaprehensible.

De ella misma dirá lo siguiente: “"Nací en Ucrania,
pero ya en fuga. Mis padres pararon en una aldea
que ni aparece en el mapa, llamada Tchetchelnik,
para que yo naciera, y se vinieron al Brasil, adonde
llegué con dos meses. De manera que llamarme
extranjera es una tontería. Soy más brasileña que
rusa, evidentemente... Cuando tenía catorce o

61
quince años, escribí un cuento y lo llevé a una
revista que se llamaba Vamos a leer, me quedé allí,
de pie. Yo era lo que sigo siendo, una tímida
atrevida. Soy tímida, pero me lanzo. Le di el cuento
para que lo leyera y dije: 'Es para que usted vea si lo
publica.' Lo leyó, me miró y dijo: '¿Has copiado esto
de alguien? ¿Lo has traducido de alguien?' Respondí
que no y lo publicó...

En 1930 la madre fallece. La familia se muda a Río de
Janeiro. Completa su educación, se hace abogada y
inicia su larga relación con el periodismo. Sigue
leyendo: Hesse, Katherine Mansfield. Y en 1943,
antes de casarse, escribe su primera novela: Cerca
del corazón salvaje (1944).

Aquella novela generó discusión porque rompía con
las nociones al uso de drama, trama, desarrollo
dramático. E instalaría aquella manera suya de
escribir. La novela obtiene el premio Graca Aranha a
la mejor novela brasileña en 1943.

Clarice Lispector pertenece a la tercera hornada del
modernismo brasileño, el renovador impulso a las
artes y a la literatura que arranca formalmente en el
1922.

62
El modernismo brasileño fue la apropiación
antropófaga de las vanguardias europeas, distinto al
fenómeno que en el resto de Latinoamérica, en la
América Hispana llamamos modernismo, más
vinculado al decadentismo simbolista, la musicalidad
y a las marmóreas formas parnasianas de la poesía
francesa prevanguardista anterior a la Primera
Guerra Mundial.

Entre el 11 y el 18 de febrero del 1922 se celebra en
Sao Paulo la Semana de Arte Moderno, pero el
fermento ya venía con una década de preparación. En
1912 Oswald de Andrade volvió a Sao Paulo desde
Europa difundiendo los postulados del Futurismo y
dando a conocer el verso libre.

Las primeras exposiciones de pintura expresionista
en los años 1913 y 1914 y la incorporación de
elementos modernos en poemas que todavía eran
mayoritariamente parnasianos-simbolistas, fueron
anticipando la acogida que en las letras, las artes y la
cultura brasileña tuvo ese evento.

Los escritores y artistas brasileños vivieron un
aggiornamiento, una puesta al día, asumieron las
técnicas, procedimientos y enfoques más
renovadores, sorprendentes, críticos, irreverentes y
avanzados de su época y se los apropiaron para

63
expresar por su intermedio tanto su realidad interior
como la circundante; se adueñaron de un
instrumental de primer orden para descubrir y
hacerse dueños de su realidad e independizar
cultural y artísticamente al Brasil de Portugal.

Y en ese proceso se colocaron a la par de la más
moderna cultura europea de su tiempo.

Clarice Lispector es, al igual que Virginia Woolf y
James Joyce, una maestra en la técnica del flujo de
conciencia y el monólogo interior.

Al casarse con el diplomático brasileño Maury Gurgel
Valente, viaja a Nápoles en 1944, en plena Segunda
Guerra Mundial. Acompaña al esposo de un país a
otro, y aquella vida le fastidia. Llega a escribir,
exasperada: “En todo este mes de viaje, no he
realizado nada, ni leído, ni nada. Soy
completamente Clarice Gurgel Valente”.

En 1959 rompe la relación con el marido. Regresa a
Río de Janeiro. Intensifica su labor periodística para
obtener recursos con los que sobrevivir. Y mantiene
su producción literaria. Incursiona en el cuento.

64
Clarice Lispector escribe y lo hace como un viaje por
las palabras hacia un sentido elusivo que persigue
una y otra vez: el sentido de vivir.

Al escribir intentamos un acto de magia, hechizar la
realidad, aprehender con palabras que en sí mismas
tienen fuertes limitaciones, son herramientas torpes,
cargan serias deformaciones que se amplían y
profundizan cuando las forzamos a incorporar y
servir para tareas que las desbordan, capturar con
esas piezas lo inaprehensible.

Si tenemos suerte, si los hados nos son propicios, una
metáfora feliz, un giro expresivo, una imagen
inesperada envuelve ingrávido un insight, una
percepción que socializamos y que permite a otros
desvelar un conocimiento mayor de la realidad
interna y externa.

Esas aproximaciones, ese continuo acercarse a la
elusiva realidad, a esa nóumeno que se esconde en el
fenómeno, esa esencia de la que apenas atisbamos un
espejismo, es el duelo que el escritor libra, un duelo
del que, indefectiblemente, saldrá derrotado y al que,
sin embargo, se somete una y otra vez en un
enfrentamiento delirante.

65
Entender la vida, indagar sobre los velos y capas de la
realidad, explorar e ir un poco más allá, rasgar los
velos y acceder a algún atisbo de esa metarealidad
que nos excede y desborda, que nos acoge y contiene,
pero de la que vivimos ignorantes. Alertarnos,
educarnos, facilitarnos alcanzar un estadio superior
de entendimiento de la vida, es en algún modo el reto
que a sí misma se planteó Clarice Lispector.

Realizarlo a través de los recursos limitados del
lenguaje ya es, en sí, una proeza.

Su manera era el empleo del artificio literario para
penetrar una mayor intelección de la vida, alcanzada
por medios no tanto intelectuales como emocionales,
no tanto científicos como artísticos; alcanzar una
comprensión más integral, intuitiva, holística, que
donara sentido a lo que, de otro modo, se siente
como absurdo.

Para muchos, para la mayoría, el tránsito vital es una
experiencia que ni se razona ni se reflexiona.
Obsedidos por la sobrevivencia, agotados en mil y
una tareas para resolver premuras financieras o
alcanzar los elusivos símbolos del éxito social, la
mayoría vive ajena a la tragedia de sus existencias
desperdiciadas en boberías.

66
Existen, más no viven. Son consciencias enajenadas,
atrapadas en modelos preimpuestos de
comportamientos, metas y estilos de vida, que
reproducen unas formas de ser estandarizadas y
funcionan como fuerte medio de constreñimiento
para quienes disientan y quieran explorar otros
modos de vivir, etiquetándolos de inmediato de
excéntricos, extraños, raros, cuando no locos.

Esa desquiciada maquinaria social se traga a las
personas sin permitirles acceder a ellas mismas,
hacerles conciencia de sus talentos, capacidades,
dones, habilidades… La presión del medio social
determina qué perseguir, a qué aspirar, cómo
comportarse, qué hacer. El tiempo, ese etéreo y sin
embargo tangible material del que se compone la
vida, está estructurado en ritos sociales, rutinas
productivas, repeticiones que brindan una cierta
sensación de seguridad a cambio de renunciar a ser.

Clarice Lispector se fue desentendiendo, en la
medida en que no le eran útiles, de las convenciones
del género. No era una cuentista ni una novelista, su
propósito no eran contarnos historias sino
compartirnos, tras el artificio retórico, una
indagación centrada en la sensibilidad de sus
cuestionamientos, de su aventura de vivir, lo que
destaca en cierta forma la poeta uruguaya Ida Vitale

67
en su artículo para Letras Libres, Clarice Lispector
–en las tinieblas de la materia-.

Allí, Clarice Lispector se revela en una cita
esplendorosa: “ Para divertirme podría inventar
muchos hechos y crear historias, inventar es fácil y
no me falta la capacidad. Pero no quiero usar ese
don que desprecio, ya que sentir es más inalcanzable
y al mismo tiempo más arriesgado. Sintiéndose se
puede caer en un abismo mortal. ¿Qué busco? Busco
el deslumbramiento”.

En 1966 se duerme con un cigarrillo encendido y se le
incendia el dormitorio. Sobrevive con fuertes
quemaduras y la mano derecha, aunque se le salva,
queda muy afectada. Eso le afectó severamente el
estado de ánimo.

A los 56 años, el 9 de diciembre de 1977, un cáncer de
ovario la arrancó de la vida. Ya había alcanzado un
altísimo reconocimiento internacional. Y su fama ha
ido creciendo año tras año. Su búsqueda del
deslumbramiento, de la iluminación, de esa epifanía
que desvelaría el sentido esencial de todo y nos
permitiría alcanzar el entendimiento mayor, la
comprensión profunda, la budeidad, queda expresa
en esta lucidez vacía a la que hace referencia en la
siguiente frase: “Siento una claridad tan grande que
me anula como persona común y corriente. Es una

68
lucidez vacía, ¿cómo explicarlo?, algo así como un
cálculo matemático perfecto que, sin embargo, no se
necesita. Y no entiendo aquello que entiendo”

69
Cesare Pavese o la guerra más cruel
de todas

70
"Todo el problema de
la vida es éste: cómo
romper la propia
soledad, cómo
comunicarse con
otros"
Cesare Pavese

Hace 40 años éramos (y hablo de Santo Domingo,
Rep. Dominicana), una ciudad muy provinciana. No
parecíamos la capital de un país, sino un bovino
pueblo de cualquier provincia perdida de una nación
más grande. No había torres, ni jeepetas, ni celulares,
ni laptops, ni la Internet, ni telecable ni otras
maravillas de la tecnología. El edificio más alto era
apenas de cinco pisos. Éramos una pequeña ciudad
pobre y pequeña y, quizás por eso, pienso, teníamos
un suplemento literario dominical.

El poeta Freddy Gatón Arce, altísimo poeta, voz
relevante de La Poesía Sorprendida, dirigía el
vespertino El Nacional y los domingos compartía ya
no sólo cruentas noticias de aquella guerra feroz
entre el extremismo totalitario de la izquierda,
lanzado a sangre y fuego a desafiar a aquellos
gobiernos arcaicos y tradicionales, y el no menos
cruento extremismo de derechas, que entonces se

71
hizo feroz y abusivo. Crímenes, apaleados,
arbitrariedad, desaparecidos, atracos, bombas… eran
el día a día en aquellos tiempos. Pero el domingo,
aparecían otros nombres, otros temas, otros
frescores: llegaban los poetas, los narradores, los
ensayistas. Y un día, a un poeta bisoño, pichón de
poeta, aspirante desgarbado a escritor, Freddy Gatón
Arce le introdujo a Cesare Pavese y su poesía. Eran
otros tiempos. Hace muchísimos años. Éramos una
ciudad más pequeña, más pobre, más provinciana,
menos sofisticada… Y teníamos eso que hace años
decidieron erradicar de nuestros periódicos: un
suplemento literario.

Infancia de Cesare Pavese

Pavese nació en Santo Stefano Belbo, aldea en las
colinas de Langhe, provincia de Cuneo, en el
Piamonte, el 9 de septiembre del 1908. Allí la familia,
de origen campesino, tenía una finca donde solían ir
a vacacionar. El padre, Eugenio Pavese, era, por
entonces, procurador del tribunal en Turín. Cesare
es el último de cinco hijos, tres de los cuales
murieron antes que él. Sólo su hermana, María, seis
años mayor, y él, sobreviven de los vástagos de la
familia.

72
En 1914, a los cinco años de edad, su padre muere a
causa de un tumor cerebral. Uno de los hechos de
aquella temprana infancia que marcó a Pavese fue
que, en su agonía, el padre suplica a la esposa,
Consolina, que le permita ser visitado por una vecina
a la que él había amado. La esposa, severa, le niega el
pedimento, el postrer deseo. Y el niño es testigo de
aquel vano pedido y de su negación.
Simultáneamente, 1914 es el año en que inicia la
Primera Guerra Mundial. Un siglo tormentoso,
sangriento, de pasiones enardecidas, clamorosos
discursos, dictadores despiadados, conflagraciones
mortíferas, arranca. Es como si la muerte del padre
significara la clausura del viejo mundo estable y
previsible, doméstico, conocido.

A Pavese esa ausencia del padre, la temprana
orfandad, ese verse prematuramente arrojado a la
pérdida de su referente paternal, lo traumatiza. De
allí le deviene una sensación de inseguridad que no lo
abandonó nunca.

La madre, Consolina, de carácter dominante y
reservada, poco expresiva, cría al niño en un rigor
gélido, casi como si previniera encariñarse y
perderlo. Vende la finca para tratar de salvar, sin
éxito, las finanzas de la familia. Se mudan a Turín. La
carencia de afecto maternal lo marcará para siempre.

73
El 23 de mayo de 1915, Italia, antigua aliada de
Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, se alía a sus
enemigos de la Triple Entente: Inglaterra, Francia y
Rusia, contra los imperios centrales: Alemania y el
Austro-Húngaro, en el curso de lo que se llamó La
Gran Guerra, y ataca a Austria con el propósito de
obtener conquistas territoriales. El desempeño
italiano es pobre y padecen la ofensiva del imperio
austro-húngaro que en 1917 vence a los italianos en
Caporetto, derrota que casi saca a Italia de la guerra.

Al final de la guerra, la insatisfacción arropa a Italia
por las escasas ventajas territoriales que derivó en el
Tratado de Versalles de su participación en aquella
matazón, pese a las promesas iniciales recibidas de
los gobiernos de Inglaterra y Francia para que se
involucrara en la guerra pactando con los de la Triple
Entente. Europa se radicaliza. En 1917 los
bolcheviques de Lenin dan un golpe de Estado y
estrangulan la revolución democrática de febrero en
Rusia, instaurando un régimen de terror que llama a
los obreros y a los partidos socialistas a la
insurrección revolucionaria.

Miles de soldados desmovilizados vagan por las calles
italianas, sin empleo. El hambre y el malestar
imperan. Huelgas e intentos de insurrección estallan

74
en distintos países y son implacablemente
aplastados. La amenaza bolchevique y la suerte
corrida por la nobleza rusa espantan a los gobiernos y
Estados europeos. Y una reacción antibolchevique,
teñida de nacionalismo y adoración por la fuerza y la
arbitrariedad, emerge: en Italia esa reacción, que
provino de un antiguo director del semanario
socialista Avanti!, adoptó por nombre el fascismo. El
promotor: Benito Mussolini.

Mussolini había discrepado con el Partido Socialista
Italiano, al que pertenecía, en torno a la participación
de Italia en la Primera Guerra Mundial. El PSI se
había declarado neutral. Mussolini en 1915 empezó a
editar un periódico Il Poppolo d´Italia,
ultranacionalista, en que apoyó la incursión de Italia
en la guerra. De hecho, él se alistó como voluntario.
Al retornar de la guerra, en 1919 Mussolini crea en
Milan, el 9 de octubre de 1919, los Fasci Italiani di
Combattimento, pandillas armadas que agitaban
contra los socialistas, germen del futuro Partido
Nacional Fascista, fundado en 1920. En 1922
Mussolini asumió el poder en Italia.

La adolescencia del poeta y el inicio de
su vocación

75
Pavese, durante aquellos agitados años de
entreguerras, estudia. Es un niño solitario, asmático,
introvertido, criado por una madre rigurosa y
alejada. Pavese fantasea con el ambiente campesino
de su región natal. Cuando asiste a la escuela media
superior, recibe la influencia de Augusto Monti, su
profesor, socialista amigo de Piero Gobetti y Antonio
Gramsci.

Mientras estudia en el Liceo de Turín, bajo la
mentoría de Monti, Pavese define su vocación
literaria. De esos años arrancan sus primeros
poemas, escritos en verso libre y temáticamente
vinculados al decadentismo: la rebeldía, la soledad
del poeta, el hastío de vivir, la ciudad que arropa y
aplasta. El estilo es ampuloso y grandilocuente, con
expresiones en ocasiones de tono irritado y en otras
con un tono familiar. Este último sería el que
predominaría en su poesía.

Aquellos años de su adolescencia, bajo la orientación
de Monti, son su primer acercamiento al mundo de
los intelectuales, su contacto con personalidades
como Leonte Ginzburg, Tullio Pinelli, Vittorio Foa y
Norberto Bobbio.

Miope, asmático, introvertido, a Pavese se le hace
difícil hacer amigos. Dos hechos de su adolescencia le

76
causan profunda impresión: uno de los escasos
amigos que logra hacer se suicida. Ese hecho le
conmociona. Y la masacre de 11 jóvenes por los
Camisas Negras de Mussolini lo afecta terriblemente.
Se relaciona con alumnos antifascistas, entre ellos
Giulio Einaudi. A los diecinueve años declara: “Se me
escapan las ganas cada día más”, y se autodefinie
como “Maestro en el arte de no gozar”.

Sus comienzos profesionales

En 1930, con veintidós años de edad, se gradúa de
sus estudios de filología inglesa en la Universidad de
Turín con una tesis sobre la interpretación de la
poesía de Walt Whitman. Comienza a trabajar en la
revista “Cultura”, imparte docencia e inicia un
trabajo de traducción de la literatura norteamericana
e inglesa al italiano. A escasos meses de su
graduación muere, en 1931, Consolina, la madre.

En 1932 se inscribe en el Partido Nacional Fascista
de Mussolini, un requisito obligatorio si se quería
obtener empleo en cualquier institución oficial,
incluyendo las escuelas. Tres meses después, lo
arrestan por error junto a miembros del grupo
Giustizia e Libertá. Ese arresto hace que lo expulsen
del Partido Fascista.

77
Desde comienzos de los años 30 su amistad de
adolescencia con Giulio Einaudi lo vincula a la
renacida Editorial Einaudi. En 1931 es uno de los
editores de Enaudi, junto a Carlo Levi, Massimo
Mila, Leone Ginzburg y otros. Traduce a Melville,
Dos Passos, Faulkner, Steinbeck, Gertrude Stein,
James Joyce, Dickens, Daniel Defoe, entre otros
autores ingleses y norteamericanos.

En 1934 lo nombran director de la revista “Cultura”,
de la que era colaborador.

La prisión y la decepción

En 1935, Pavese se enamora profundamente de una
activista del Partido Comunista Italiano, PCI,
Battistina Pizzardo, Tina, estudiante de matemáticas.
Esta lo instrumentaliza: le pide que le sirva de
intermediario de las cartas que le remitía Altiero
Spinelli, un dirigente del PCI encarcelado. El incauto
poeta se ofrece gustoso a ayudar a “la mujer de la voz
ronca”, como le llamaría. La policía fascista, que
daba seguimiento a Spinelli, allana la residencia de la
hermana de Pavese y encuentra las cartas. El poeta es
encarcelado y acusado de actividades políticas
clandestinas contra el gobierno fascista.

78
Pavese se niega a mencionar el nombre de Battistina
Pizzardo a las autoridades fascistas y es juzgado y
condenado a tres años de prisión. Primero lo envían
a Roma, a Regina Coeli. Luego, en una suerte de
exilio, a Brancaleone Calabro, pequeña población en
el sur de Italia, donde inicia la escritura de su diario,
publicado póstumamente con el título: El oficio de
vivir, y padece severas depresiones.

Tras un año de cárcel, pide la gracia debido a sus
problemas asmáticos, y es liberado. Al volver a Turín
de su exilio, en 1936, encuentra que Battistina se casó
con su novio luego de este salir de prisión. Ese hecho
le agudizó la depresión.

Mientras Italia asiste a una proliferación de la poesía
grandilocuente, patriotera, retumbante, promovida
por el fascismo y, por el otro lado, a la elaboración de
una poesía hermética, que busca deliberadamente la
oscuridad, que emplea profusamente analogías y
símbolos, destinada a escasísimos lectores, y que
entre sus máximos exponentes tuvo a Salvatore
Quasimodo, Giuseppe Ungaretti y Eugenio Montale,
Cesare Pavese es parte de un reacción opuesta: el
neorrealismo.

79
Madurez creativa

Su poemario Lavorare Stanca (Trabajar cansa,
1936) es tenido como su obra mayor en poesía. Se
publica con cuatro poemas suprimidos por la censura
fascista. El éxito es relevante. Pavese se autoimpone
un régimen de trabajo severo. Escribe narrativa,
continúa su diario, realiza traducciones sobre todo de
escritores norteamericanos, y trabaja en Einaudi.

Rehuye de la tendencia hermética que caracteriza a
buena parte de la poesía italiana de su época. Él
busca acercar el poema al lector, al nombrar su
entorno cotidiano, reflejar sus experiencias a través
de imágenes que recrean sus vivencias.

La poesía de Cesare Pavese es una reacción en toda la
regla a la grandilocuencia y la estrepitosidad del
fascismo. Frente a los cantos heroicos, las
hiperbolizaciones, el sueño de un renacido imperio
romano bajo la égida del nuevo César: Benito
Mussolini, embebido de su imagen promovida de
nuevo emperador que recrea las viejas glorias
romanas, Pavese centra su poesía en las experiencias
pequeñas, individuales, cotidianas de gente común y
corriente, con un aire de melancolía y de derrota.
Exactamente lo opuesto de la estética fascista, con
sus marchas, consignas, vociferaciones,

80
endiosamientos y delirios. E igualmente lejos de la
cantata a los tractores y los estereotipadas sonrisas
felices de los estalinistas.

El pesimismo existencial de Pavese, su recurrencia a
imágenes melancólicas, a seres derrotados, era una
revocación de la estentórea grandilocuencia fascista
del imperio redivido de los césares, al igual que de la
estética estalinista, fascismo rojo y similar.

Tiempos de guerra…

A partir de 1941, durante la guerra, intensifica su
labor como editor de Einaudi. Dedica tiempo a
estudios de etnología, elaborando una teoría del
mito. Pavese define el mito como una norma, un
esquema que, extraído de un hecho ocurrido en
alguna ocasión, se propone universal, válido para
siempre. De hecho, tras la guerra, dirigirá con
Ernesto De Martino una colección de etnología para
la editorial Einaudi.

Entre 1941 y 1942 publica Paesi tuoi (1941) y La
spiaggia (La playa / 1942).

81
Es llamado a servicio, pero su condición de asmático
le libra del servicio militar. Desde el 8 de septiembre
del 1943, al arreciar la guerra, huyendo de los
bombardeos, se refugia en casa de su hermana María,
en Serralunga di Crea, municipio italiano de la
provincia de Alessandria. Luego, él marcha a un
colegio de Somascos, en Casale Monferrato,
desvinculado de los acontecimientos que sacuden a
Italia. Muchos de sus amigos entran a la Resistencia
y mueren combatiendo a los fascistas. Años después,
en La casa en la colina, escrita entre 1947 y 1948,
contará el conflicto que vivió entre su elección y la de
sus amigos.

Durante el bombardeo de Turín, la editorial Einaudi
y el lugar en que los Pavese residían son destruidos.

…y de post guerra

En 1945, terminada la guerra, retorna a Turín. Se
entera de la suerte de muchos de sus amigos:
muertos o fusilados. Un dolor atroz le carcome el
alma. Remordimiento. Angustia feroz, sentimiento
que introduce en la literatura italiana. Entre 1945 y
1948 publica Diálogos con Leucó (1945), El
compañero (1947) y Antes de que el gallo cante
(1948).

82
Se dedica, junto a otros, a reorganizar la editorial y se
afilia, por sugerencia de una amiga, al Partido
Comunista Italiano, PCI; publica varios artículos en
L´Unitá, periódico de la organización.

Pero aquel era el partido estalinista de Togliatti,
comprometido con crímenes inmundos. Y en un
partido tal, la sensibilidad de Pavese no era
exactamente bienvenida. Y su pasión por la literatura
norteamericana en nada bien vista.

Natalia Ginzburg, que fue su amiga, en su libro Las
pequeñas virtudes lo describe como alguien triste,
inmaduro, empecinado en rehuir la adultez:
“Algunas veces estaba muy triste, pero durante
mucho tiempo nosotros pensamos que se curaría de
esa tristeza cuando se decidiera a hacerse adulto,
porque la suya nos parecía una tristeza como de
muchacho, la melancolía voluptuosa y despistada
del muchacho que todavía no tiene los pies sobre la
tierra y se mueve en el mundo árido y solitario de
los sueños”.

Su vida sentimental es un desastre. Un amorío con
Bianca Garuffi, empleada de Einaudi, termina mal.
Busca desesperadamente encontrar pareja. Le ofrece
matrimonio a Fernanda Pivano y luego a “una amiga

83
X” y ambas lo rechazan. Una conocida le espeta que
es un aburrido, un pesado y un pedante. Mala cosa.

Hacia 1947 va a trabajar a Roma y allí conoce a
Constance Dowling, joven actriz norteamericana que
llega a Italia a filmar películas. Connie, como la
conocen, rubia, de ojos color avellana, había
sostenido una relación complicada con Elia Kazan, el
director de cine norteamericano de origen griego.
Pavese se enamora apasionadamente de la actriz. Ella
se siente halagada por el amor de este hombre,
famoso y popular, intelectual y sensible. Pavese le
ofrece matrimonio. Ella se niega. Él insiste. Ella le
dice que se casará con otro. Luego se cansa. Tras la
muerte de Cesare se irá de nuevo a los Estados
Unidos. Pavese, desconsolado, le escribe uno de sus
poemas más conocidos: “Vendrá la muerte y tendrá
tus ojos”.

La profunda crisis moral, emocional, le embarga. La
incapacidad de desarrollar una relación significativa,
la insatisfacción política, el malestar general, restan
placer a los reiterados logros literarios.

En 1950, el mismo año de su muerte, obtuvo el
Premio Strega por El bello verano.

84
El gesto final

El sábado 26 de agosto de 1950 Cesare Pavese salió
de la casa de su hermana María. Llevaba un maletín,
con algo de ropa, su libro más querido: Diálogos con
Leucó, su diario personal, un folder con sus últimos
poemas y 16 frascos de somníferos.

Se despide de la hermana y le cuenta que hará un
viaje de fin de semana. Solía ir con frecuencia a la
región natal: Santo Stefano Belbo, en el Piamonte.
Sale de la casa en la Via Lamarmora. Se monta en un
tranvía. A los diez minutos baja en la Stazione di
Porta Nuova, frente a la Piazza Carlo Felice. Se dirige
al hotel Albergo Roma.

Entra, pide un cuarto, insiste en que tenga teléfono y
le asignan la habitación 346. Sube con su pequeña
maleta, por la escalera.

Abre la puerta. Entra. La habitación es sencilla: cama
angosta. Mesa de madera. Silla. Perchero. Lavabo. El
teléfono, negro, adosado a la pared. Una lámpara en
la cabecera de la cama. Hace algunas llamadas. Invita
a algunas mujeres a cenar o a que lo visiten. Ninguna
aceptó.

85
En su Diario, la última entrada, del 18 de agosto reza:
“Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No
escribiré más”. Pavese tomó su libro de Diálogos con
Leucó y escribió sus últimas palabras.Luego se quitó
los zapatos, se aflojó el nudo de la corbata, tomó los
frascos de pastillas para dormir y, una por una, hizo
su último gesto: fue consumiendo las pastillas de
somníferos de los 16 envases. Luego se echó a
dormir, pero esta vez era el sueño eterno.

El 27 de agosto de 1950 descubrieron su cuerpo sin
vida. En la mesita de noche reposaba su libro y la
nota: “Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿De
acuerdo? No chismorreen demasiado”.

Le faltaban apenas una semana y días para cumplir
42 años de edad.

Escribirá, con premonitoria anticipación: “Uno no se
mata por el amor de una mujer. Se mata porque un
amor, cualquier amor, le revela su desnudez, su
miseria, su inermidad, su nada”.

He dado poesía a los hombres

Cuando el camarero del Albergo Roma, la mañana
del domingo 27 de agosto de 1950, tocó la puerta de
la habitación 346 y no obtuvo respuesta, avisó al

86
dueño del hotel. Ambos, al entrar con la llave
maestra, encontraron a Pavese acostado. Estaba
vestido, sin los zapatos. Parecía que dormía. Pero era
el sueño eterno.

Pavese escribiría: “Mi papel público lo representé —
como pude. He trabajado, he dado poesía a los
hombres, he compartido las penas de muchos”.

Había cerrado voluntariamente su ciclo.

Vivió la guerra más cruel de todas, aquella que se
libra contra sí mismo. Y él mismo se derrotó.
Capituló.

Anheló el amor femenino, que nunca alcanzó. Era la
falta de cariño que en su infancia le creó, como un
agujero interminable, inacabable, Consolina, la
madre. Y que ninguna mujer, ningún afecto, pudo
llenarle.

Años después, a 20 años de su muerte, un poeta
maravilloso, dirigiendo un periódico, que tenía ese
regalo excepcional: un suplemento literario, colocó
sus poemas. Y un poeta bisoño quedó deslumbrado
por el sabor acre y doliente de aquellos poemas.

87
El 28 de junio de 1940, Pavese escribió en su Diario:
“No se recuerdan los días, se recuerdan los
momentos”. Fue aquel momento, mi encuentro con
la poesía de Pavese gracias a la labor de divulgación
de Freddy Gatón Arce, uno de esos momentos que
perduran. Razón tenía el poeta en lo que escribió.

88
El viaje a los infiernos de Malcolm
Lowry

89
Malcolm Lowry es el ejemplo de un autor incapaz de
lidiar consigo mismo que se embarca en una espiral
de autodestrucción, en su caso, vía el alcohol.

Su muerte prematura, debida a una combinación de
alcohol en exceso y a una sobredosis de
antidepresivos, puso fin a una existencia
atormentada.

Casado en 1934 con Jean Gabrial, actriz de
Hollywood en decadencia que años después escribiría
un testimonio de la turbulenta relación con Lowry:
Inside the Volcano: My Life with Malcolm Lowry
(2000), a quien conoce en Francia, Lowry la sigue a
Nueva York, en donde empiezan los internamientos
por su alcoholismo, y luego a Hollywood donde
escribe guiones para el cine.

A finales del 1936 se mudan a Cuernavaca, México,
en un intento frustrado de salvar el matrimonio. La
relación se derrumba y en 1937 Gabriel abandona a
Lowry y este se queda solo en Oaxaca. La depresión
lo abruma y se hunde en un período de crisis
alcohólicas que terminan por hacer que las
autoridades mexicanas lo expulsen del país.

90
En 1939 se instala en Canadá y en 1940 contrae
matrimonio con la actriz y escritora Margerie
Bonner, se mudan a una cabaña en la playa cercana a
Dollarton, en la Columbia Británica, y Lowry se
concentra en escribir.

Allí nació Bajo el volcán (1947), su obra maestra.
Reescrita en innumerables ocasiones, y salvada
milagrosamente del fuego, accidentalmente
provocado en una de esas borracheras aniquilantes
en que Lowry se consumía, la novela tiene como
intertextos principales La Divina Comedia, El
Quijote, Fausto y el Ulises de Joyce.

Geoffrie Firmin, ex–cónsul británico en
Quauhnahuac, México, experimenta un descenso a
los infiernos en Día de Difuntos de 1938, viaje
efusivamente aliñado con alcohol.

La novela es una muestra exquisita de esa polifonía
textual, tal como la teorizó Mijail Batjin. El mismo
Lowry dijo de ella:

“Puede considerarse [Bajo el volcán] como una
especie de sinfonía, o, en otro sentido, como una
especie de ópera, y hasta como una película de
vaqueros. Es música hot, un poema, una canción,
una tragedia, una comedia, una farsa, etcétera. Es
superficial, profunda, entretenida y aburrida, según
el gusto del lector. Es una profecía, una advertencia
91
política, un criptograma, una película cómica, unas
palabras escritas en un muro. Puede considerarse
también como una especie de máquina... En el caso
de que usted piense que he hecho cualquier cosa
menos una novela, es mejor que le diga que en el
fondo mi intención era la de escribir, aunque sea yo
quien tenga que decirlo, una novela profundamente
seria. Pero también es, y lo sostengo, una obra de
arte, en cierto modo distinta a lo que usted creía, y
también mejor lograda, siempre de acuerdo con sus
propias leyes".

La novela que narra las últimas horas del excónsul
Firmin, en lucha con los fantasmas que pueblan su
cerebro, reúne en sus páginas hallazgos relevantes de
la novelística del siglo XX así como recursos
típicamente cinematográficos (no olvidemos que
Lowry fue guionista en Hollywood).

Al narrar la muerte del exfuncionario británico,
perdidamente borracho, a manos de unos matones
fascistas en un burdel, Lowry crea una metáfora de
su época: un mundo que se desmorona, valores que
sucumben, la violencia criminal de las ideologías
totalitarias y la incapacidad de responder desde la
sobriedad y la racionalidad, la crisis social de una
sociedad sometida a fuerzas turbulentas y criminales,
que echaban por la borda toda norma de convivencia,
todo respeto, toda tolerancia.
92
Javier Memba, al escribir sobre Lowry, resaltó las
líneas maestras de su novela, los grandes asuntos que
Lowry exploraba en ella: “la búsqueda del más alto
ideal humano en la degradación, los extraños lazos
que unen a la gracia con la culpa y la
representación mediante símbolos de la realidad
más acuciante.”

Esa búsqueda se narra en un tiempo específico: doce
horas, y en doce capítulos, aunque el primer capítulo
transcurre un año antes del tiempo de los once
capítulos restantes.

El siglo XX, ese tiempo a la vez horrendo y
portentoso, época en que emergieron las ideologías
exterminadoras y totalitarias del fascismo, el nazismo
y el comunismo, con su afán de someter los pueblos
al dominio de un jefe todopoderoso: duce, en
italiano; führer, en alemán; vozh, en ruso, y, a la vez,
fue el tiempo de la victoria de la democracia y la
economía de libre empresa en el mundo; de los
derechos ciudadanos y las elecciones como medio de
selección y remoción de los gobernantes, de la
descolonización y de la educación, de la Internet y
tantos prodigios: la aviación, la computadora, los
viajes espaciales, la producción masiva, etc., ese siglo
tan impresionante, martirizó y aniquiló física y

93
espiritualmente a muchas personas, entre ellas, a
talentosos artistas y escritores que fueron atrapados
en los engranajes siniestros e inmisericordes de la
época. Lowry fue uno de ellos. Su dipsomanía
enfermiza lo llevó prematuramente a la muerte. Y
nos legó esta metáfora de su época: el viaje al
infierno de su tiempo de un alcohólico.

94
Una manera de entender

95
De alguna manera, y lo digo a partir de mi propio
caso, se escribe para poner un poco de orden, sentido
y lógica a esta siempre imprevista y desconcertante
existencia.

En vez de una sesuda reflexión teórica, el escritor
propone escenarios posibles y, por medio de sus
personajes, ensaya cursos de acción, maneras de ser
y pensar, y consecuencias.

Es una forma de escapar a los constreñimientos de
las circunstancias, de la época, de la posición social y
económica.

Los escritores centroeuropeos, vivieron
circunstancias particularmente trágicas, aplastados
por fuerzas inclementes: la violencia totalitaria del
fascismo, por un lado, y del estalinismo, por el otro,
que reclamaban incondicional sumisión y renuncia al
pensamiento crítico y a la independencia moral e
intelectual.

¿Habría alguna manera de asomarse a las obras y
vidas de autores como Hermann Broch, Robert Musil
y Joseph Roth sin el cataclismo que significó el
hundimiento del imperio austro-húngaro, la Primera
Guerra Mundial y, sobre todo, ese fanático

96
intermezzo que abarcó los años veinte y treinta del
siglo XX, en que se hizo de todo para desacreditar la
tolerancia, la democracia, la convivencia, el respeto
de las minorías y otros valores liberales, para
postular la intronización de la dictadura, la
persecusión de minorías, el aplastamiento del que
discrepe, el exterminio por razones de etnia o de
clase y otros groseros criterios de igual impiedad?

Tras cualquier trama, bajo los más nimios
personajes, resoplan extraordinarias circunstancias:
el ensañamiento, las vociferantes catilinarias de los
engolados líderes y sus secuaces incondicionales,
todos preparando en medio del bullicio de los
redoblantes y las fanfarrias, de las marchas y los
mítines, de los emblemas y las consignas, el
holocausto mundial de la segunda guerra en que
mostramos la peor de las bestias en que como
humanos podemos convertirnos.

Musil buscó entender el mundo en que vivía. Un
mundo que se le desmoronaba y en que, de repente,
personas a las que creía conocer se revelaban bajo
una luz feroz e implacable, fanáticamente seducidas y
dispuestas para cualquier bajeza y cualquier crimen.

Cuando en 1938 los nazis se anexaron Austria, en
aquella aparentemente indetenible expansión que
proclamaba el Reich de los 1,000 Años, Musil se

97
marchó de la ciudad en la que prácticamente había
vivido toda su vida y se fue a Suiza, país en que
cuatro años más tarde murió.

Europa gritaba enardecida los lemas hitlerianos
mientras levantaba la mano saludando a Der Füher.
Y por el otro lado, los estalinistas clamaban que ellos
y sólo ellos (que secretamente negociaban con Hitler)
eran los únicos que podían contener y enfrentar a los
nazis y fascistas.

En medio de tales momentos, en que el mundo
conocido colapsaba y un mundo de persecusión a
muerte, de odio implacable, de sevicia y total
indiferencia por la suerte ajena emergía, muchos
escritores corrieron a sumarse a uno y otro bando,
justificaron los crímenes y no sólo eso, clamaron por
crímenes mayores. Cantaron entusiasmados a los
nuevos césares. Celebraron las tropelías y desmanes.
Usaron su talento para empuercar y envilecerlo todo.

Había que ser valiente, de una valentía inútil e
irremediable, para sustraerse a aquel delirio. Pocos lo
hicieron. Musil fue uno de ellos, al igual que Roth y
Broch.

En aquella precaria isla de paz que fue Suiza en
medio de los estruendos de la artillería, de los

98
bombardeos que asolaban ciudades milenarias y
reducían a polvo lo que los hombres trabajosamente
levantaron durante siglos, de los campos de
concentración en que la muerte se enseñoreaba,
Musil presenció la matanza bestial en que toda
Europa se implicó.

Se dedicó a escribir tratando de entender, de
trascender mediante una metáfora su tiempo, de
dejarnos su personal imagen de la época.

Su obra principal, El hombre sin atributos, quedó
inconclusa. Recientemente, se publicó una “versión
definitiva” en español, frase que, como sabemos, no
pasa de ser un reclamo de marketing. ¿Habrá algo
definitivo mientras exista el hombre?

En 1938 los nazis habían incluido sus obras entre
aquellas “indeseables y nocivas”, dignas de la
hoguera. Y las prohibieron en Alemania.

Desde Suiza vio la ignominia cernirse sobre pueblos
antaños tenidos por civilizados y las bajas pasiones
estallar. Tal vez aquello fue demasiado, tanto como
para reventarle el corazón y ahorrarle escándalos
mayores por venir. Y su obra inconclusa,
monumental, irónica, trágica, es el mensaje que nos
recuerda que la bestia vive en nosotros, y si no la
controlamos, saldrá de nuevo.

99
Historia personal con Rafael
Guillén

100
En 1971 tuve mi encuentro personal con la poesía de
Rafael Guillén, en específico con Tercer Gesto,
premio de poesía Leopoldo Panero 1966.

Yo era un pichón de poeta adolescente: 17 años de
edad. Me sumergí en las melancólicas aguas de su
poesía, me impregné de sus aromas, me nutrí de su
savia. Aquella poesía íntima, recatada, con un dejo
filosófico, estaba bien lejos de la estridente poesía de
metralla y furia que la izquierda dominicana
proponía como la única posible y aplaudía a rabiar. Y
me incliné hacia ella.

En 1973 participé en el Primer Concurso Literario
“René del Risco Bermúdez”, organizado por el
Instituto ASM de Villa Duarte y respaldado por Retho
Publicidad. Mateo Morrison fue uno de los jurados.
Gané el primer lugar con un poemario: “Hora de
Lluvia”.

Y allí estaba en mucho el tono, esa melancolía que
humedecía los versos de Guillén y que se coló en
aquellos poemas bisoños míos.

101
El poemario se publicó casi íntegro en una edición
del suplemento Aquí del vespertino La Noticia,
dirigido entonces por Mateo Morrison, Leon David y
Rafael Deprat. Y en la publicación León David bocetó
una valoración crítica que fue un espaldarazo a un
aprendiz de poeta que aprecié y agradecí.

Con el tiempo, se me ocurrió en 1977 la ilusa idea de
poner mis libros al servicio de la comunidad. Dirigía
por entonces el Núcleo de Escritores Jóvenes
“Jacques Viau Renaud” que fundé junto a Julio
Cuevas, Federico Sánchez, Rafael Peralta Romero y
otros jóvenes escritores en 1976. Trasladé mi
biblioteca a la casa de los padres de Federico Sánchez
en Villa María, e hicimos un modesto acto de
inauguración al que asistieron como invitados Mateo
Morrison y Abel Fernández Mejía.

El intento fue bien intencionado pero inútil. Perdí
mis libros (todavía recuerdo la cuerda que me daba
Abil Peralta Agüero por ese caso), y entre ellos Tercer
Gesto. Y el contacto con la poesía de Rafael Guillén.

Su poema El origen fue casi mi declaración personal
del escribir. Hay en ese poema una humildad
congénita, un intento de transmitir el misterio de la
creación, ese ponerse en “situación de lluvia, en

102
personal estado de palabra” describía mi
experiencia.

Es una poesía cotidiana, que se mueve en los
claroscuros de los días, en esas inmediaciones de la
noche, en que la luz se amansa y las sombras se
envalentonan. Una poesía cordial, que no alza la voz,
que no agrede. Una poesía que enriquece al hombre.

Era lo más lejos que había de aquella fanfarrias
tronitonantes en que la sangre, las balas y la visión
apocalíptica de la guerra revolucionaria suplantaban
la poesía real. Las izquierdas de la época
instrumentalizaban los poemas con el fin de “crear
conciencia”; es decir, influir en el ánimo de los
lectores para predisponerlos a las prédicas y planes
de aquellos conjurados apocalípticos de la utopía
totalitaria decimonónica de Marx.

En Guillén el ritmo se construye alrededor del
endecasílabo y el dodecasílabo como formatos claves
de la musicalidad de sus versos. Dúctil para
transmitir las pequeñas alegrías y las derrotas
privadas, que dan un aire gris, oscuramente triste, a
poemas como ese Poema del No de Tercer Gesto que
deja un sabor a ceniza en el corazón.

103
Por aquel tiempo interpretaba en clave de poema
cada circunstancia, empleando los versos de Rafael
Guillén. Así también, en ocasiones, me veía “un día,
con el alba” volver “solitario, de mis cosas de
hombre”. Su poesía, cálida, amable, hecha para
degustar sin premura, para repetir y musitar
quedamente, sin la estridencia de la plaza ni la
urgencia feroz del momento, poesía que no perece
porque se asienta en el terreno del corazón humano y
no en el de las modas o la instrumentalización ajena
a sus altos fines, fue en su momento, en mi momento
clave, una puerta por la que escapé del rígido canon
estalinista que ahogaba la poesía joven dominicana
de la época (*).

Yo, imberbe, navegué por los mares del extremismo y
la sinrazón, marioneta de marionetas que nos
exponían a los más graves riesgos, sirviendo a
intereses nefastos que la inteligencia natural del
pueblo dominicano no permitió que prosperaran. Y
es que la gente humilde aquí ha tenido siempre más
sensatez y cordura que quienes se autoconsideran
ilustrados o, peor, iluminados y predestinados. Yo
sobreviví en buena parte a lo peor de esa época,
gracias a Rafael Guillén y su poesía. ¿Imaginan mi
alegría al poder honrar su poesía y su persona en este
número 57 de Muestrario de Poesía?

104
(*) De hecho, hay una imaginería estalinista nada sutil, una
utilería verbal y un maniqueísmo conceptual, con tono profético
y apocalíptico, que arropó mortalmente a la poesía dominicana
de la época y que valdría la pena estudiar en obras y autores.
Cantores del amanecer totalitario y las bienaventuranzas de la
dictadura sangrienta y del partido único, a cambio de un
reconocimiento fementido y una claque que aplaudía sin
entender, simplemente porque era la orden que bajaba.

105
El poeta y la máquina de matar

106
"De qué te quejas, éste es el único país que respeta la poesía:
mata por ella".
Osip Mandelstam, a su esposa.

En memoria de Osip Mandelstam.

Vivimos un tiempo prerracional, prehumano. Un
tiempo en que el crimen y el abuso o se ocultan, o se
justifican y se ensalzan. Millones engañados,
cómplices inconscientes de criminales despiadados:
Hitler, Lenin, Stalin, Trotsky, Pol Pot, Mao, Harry
Truman, George Bush… Vivimos tiempos terribles.
Inadvertidas masacres se ejecutan bajo nuestras
narices, embobadas por el último desfile de moda, el
último escándalo sexual del comediante de turno, el
último fenómeno mediático, el último estupefaciente,
en una sucesión apabullante de nimiedades
dimensionadas para distraernos, para engatusar la
percepción y narcotizar la conciencia.

El concepto moral de Lenin era muy directo,
patológicamente simple: el exterminio de las “clases
superfluas”, el asesinato puro y simple de los que a
su juicio eran miembros de “las clases condenadas
por la Historia”. Por más que la historiografía
soviética se dedicara luego orwellianamente a
embellecer, expurgar, disfrazar y transformar una
conducta sangrienta en un cuento de hadas
(sorprendentemente, unas “biografía” maquillada del
feroz asesino Félix Dzerzhinsky, alias “el martillo
bolchevique”, a quien Lenin encomendó crear La
Checa, se titula “Félix significa feliz”, una muestra de
107
beatificación de la historia y falsificación de la
verdad), las órdenes de Lenin de agarrar a 30
personas al azar y fusilarlas da la exacta medida de
sus escrúpulos que, por cierto, brillaban por su
ausencia.

Esa mentalidad de asesino en masas, escudada en su
disparatosa ideología y sus falaces “leyes
históricas” que les sirven de tapadera y justificación,
llegó a su culminación con el líder de una banda de
atracadores de Tiflis: Iosif Stalin.

Los otros no eran mejores. Los crímenes de Trotsky ,
compinche de Lenin, no quedan exculpados por
haber perdido el tour de force por el naciente
imperio bolchevique y luego haber sido mandado a
asesinar por su viejo contrincante. El concepto de
que había clases superfluas, destinadas a perecer y
desaparecer y que convenía darle una manita a la
“Historia” (sí, un ente metafísico, una diosa secular
inventada por estos ateos “científicos”) fusilando en
masa a las personas que tenían la desdicha de
calificar dentro de estos grupos sociales al criterio de
los nuevos zares, produjo matanzas incalificables. Y
cuando no, se provocaban hambrunas espantosas
para someter a la gente y desprenderse de un buen
número de ellas (el campesinado también fue,
después de manipulado y engatusado, sindicado de
clase superflua). Las hambrunas provocadas en
Ucrania y sus secuelas, que llevaron a humildes
campesinos al acto horrendo del canibalismo por el
simple afán de supervivencia, es demostración de la

108
sevicia patológica de estos “heraldos de los nuevos
tiempos”. ¿Qué los diferencia de Hitler y sus
crematorios? ¡La tecnología! Los nazis fueron más
sofisticados, no menos criminales. La misma
mentalidad de asesinato en masa: judíos y
opositores, en el caso de los nazis; grupos sociales
superfluos a su criterio, en el caso de los
bolcheviques.

Dos magníficos libros: En la corte del zar
rojo y Llamadme Stalin, del historiador Simon Sebag
Montefiore pintan el atroz retrato de Koba, que
evolucionó desde ladronzuelo en Tiflis hasta
adueñarse del poder total y crear un vasto imperio
mediante un hábil rejuego entre politicastros
ambiciosos (todos se detestaban entre sí y aspiraban
a la principalía y todos subestimaron al astuto oseta),
haciendo alianzas con unos para aplastar a otros, sólo
para luego volverse y también aplastar al antiguo
aliado.

Al arte, los bolcheviques le asignaron una función:
engatusar, adulterar, falsificar, disfrazar,
distorsionar, justificar, mentir descaradamente, crear
una realidad ficticia para consumo interno y externo,
magnificar, endiosar, dimensionar, exagerar, borrar,
reescribir… en fin, una función política y militar
dentro de la guerra psicológica (ideológica, según la
verborrea totalitaria): reestructurar las percepciones,
adaptarse a las políticas momentáneas de los altos
jerarcas, explicar que las percepciones reales eran
erróneas y decir cómo debían ser interpretadas,

109
justificar lo injustificable, dignificar la infamia y
embadurnar de honor al crimen y al criminal, cantar
las hazañas del psicópata y dar estatura de héroe al
mediocre y al bandido.

Los escrúpulos morales eran cosa de la “burguesía
derrotada”. Trotsky, el soberbio y altanero geniecillo
bolchevique lo explicó en el panfleto “Su moral y la
nuestra”. No hay que temer comprometerse en la
peor infamia, siempre tendremos un aparato de
escritores, periodistas y propagandistas que dará la
versión oficial que exculpa y disfraza, que pinta
idílicamente una realidad rosa al gusto de las damas
de corazón sensible, con su héroe homérico que
afronta los peligros y dificultades con actitud
decidida para restaurar el honor y salvar a los
desvalidos. Félix significa feliz, no se olvide.

La dictadura zarista, aquel gobierno medieval,
obsoleto, con sus terratenientes, sus nobles, sus
estratos sociales, sus campesinos-siervos… Aquel
anacronismo, aquella supervivencia de un período
superado que se resistía a ceder, generó un sano
ambiente de rechazo, y sus disparates, como su
alianza “santa” en la Primera Guerra Mundial y su
atraso militar la llevaron a su bancarrota y a la
Revolución de Febrero, única verdadera ocurrida en
aquella infortunada nación.

Pero aquel endeble ensayo de democracia iniciado en
febrero del 1917, en un país sin tradición
democrática, confuso y metido en el atolladero de la

110
guerra, fue asaltado por Lenin y su banda financiada
con fondos alemanes, una estrategia interesada del
militarismo alemán para debilitar la alianza que
acogotaba el expansionismo germano.

Lenin hizo compromisos indignos con los alemanes,
que lo escoltaron a Rusia y le proveyeron de fondos
para su aventura. Y mediante una hábil estratagema,
dio un golpe de Estado (no hizo una revolución), para
impedir que la democracia rusa se consolidara.
Luego inventarían una historia rosa para pintar de
héroes a la partida de canallas que se apropiaron de
un proceso del cual no eran agentes y llevaran al país
por el derricadero del “socialismo real”.

Frente a la perplejidad de las mayorías, los
bolcheviques hicieron gala de su “moral” y se
adueñaron del país, imponiendo a balazo limpio sus
pretensiones (ya saben, “el poder nace del fusil”,
lección moral 01, básica). Luego empezarían todos a
luchar por la principalía.

Stalin, colocado en la aparentemente inocua posición
de secretario de organización de la fracción
bolchevique, maniobró para colocar a sus
incondicionales y aliados en las posiciones de
decisión y aguardó su momento. Todos los
ensorbecidos jefecillos bolcheviques lo
menospreciaban, y él, a su vez, les devolvía el
cumplido. Cuando Lenin representó un obstáculo
para su hegemonía, se aseguró de que no lo siguiera
siendo y oportunamente Lenin murió.

111
Posteriormente, empezó una ardua labor de desbroce
de competidores empleando todos los medios
posibles. Los fue excluyendo e incriminando en
absurdas conspiraciones, arrancándole confesiones y
produciendo sus propios eventos justificatorios a la
medida, como el conveniente asesinato de Kirov. E
implantó el Gran Terror.

La admiración por el terror jacobino de los
bolcheviques es proverbial. Para Lenin y Marx el
error de los jacobinos fue no profundizar el terror lo
suficiente para asesinar o postrar a la sociedad, a los
discrepantes, a cualquiera que no fueran ellos
mismos, sin importar el costo en sangre, en vidas.
Y con las manos sueltas para poner en práctica sus
teorías, ¿qué podían hacer sino extasiarse en aplicar
en profundidad el terror?

Para lanzar un velo sobre su pasado, el atracador de
Tiflis decidió expurgar no sólo a sus compinches del
autodenominado Partido Comunista de la Unión
Soviética, PCUS, sino a la sociedad misma. Los
escritores, científicos, personalidades, incluyendo
muchas de las que se prosternaron, incluyendo a
quienes fueron sus cómplices en crímenes, fueron
arrojados a las ergástulas, deportados a lejanos
campos en condiciones infrahumanas, cuando no se
les proporcionaba el eficiente pistoletazo en la nuca
en los cárceles de la Lubianka.

Brillantes escritores encontraron uno u otro final.
Algunos, como Solzenitsin, tuvieron la fortuna de

112
sobrevivir y compartirnos aquella horrenda historia,
en medio de la sorna y la calumnia de la matraca
canalla de los izquierdistas y sus “compañeros de
ruta”, sarta de infames escritorzuelos y parásitos de
viajes, ediciones y aplausos comprados.

La matraca canalla, el aparato de desinformación,
propaganda, calumnia y espionaje, ese formidable,
siniestro, eficiente y disimulado aparato que
coordina y traza líneas de manera directa e indirecta
(a través de sus sicarios intelectuales) a decenas de
miles de amplificadores que se comprometen a
repetir y repetir, a gritar y a vociferar, a susurrar y a
reafirmar las calumnias, distorsiones, mentiras y
medias verdades que la claque totalitaria considere
oportuno difundir, fue establecida por orden de
Lenin a comienzos de la década del ´20 del siglo
pasado.

La tarea se le encomendó a un bon vivant alemán:
Willi Münzenberg, quien se las ingenió para
comprometer con “el futuro” a importantes
intelectuales, neutralizar a otros y desacreditar a
quienes se sustrajeron a sus chantajes y melosidades
tóxicas. Un par de libros muestran los entretelones
de ese montaje, que comprometió en crímenes a
Pablo Neruda y a Nicolás Guillén, a Jorge Amado y a
Paul Eluard, a Louis Aragon y a miles más. Fueron
expertos en pathablar, en la jerga orwelliana,
cómplices voluntarios la mayoría, de los más
sórdidos y horrendos episodios, sólo comparables a
los protagonizados por sus semejantes: los nazis.

113
El aparato de calumniar, mitificar y desinformar,
pese a la desarticulación del “socialismo real” en
1990, sigue en lo esencial indemne y cumpliendo su
oscuro trabajo. Una apreciable cantidad de escritores
dominicanos y latinoamericanos siguen
compartiendo su pasión por el estalinismo y la
represión sangrienta; evocan los buenos viejos
tiempos de los viajes gratuitos y otras sinecuras;
cantan nostálgicos a sus héroes, buscan nuevos
césares a los que dedicar sus odas, como el
deschavetado Chávez o el comediante en jefe Castro,
cuando no a criminales como Tirofijo o el Mono
Jojoy; se embelesan idealizando al siniestro Che
Guevara, autor de estas líneas melodiosas: “El odio
como factor de lucha, el odio intransigente al
enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones
naturales del ser humano y lo convierte en una
eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar.
Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin
odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.” y
siguen a la espera de que un cambio de vientos les
devuelva el espacio para sus cánticos de alabanza al
dictador dadivoso.

Una víctima, una de tantas, del Gran Terror
estalinista fue el poeta Osip Emilievich Mandelstam.

En aquel período siniestro, Mandelstam fue capaz de
un acto de audacia tremendo: escribir un poema
contra el torvo asesino instalado en el Kremlin. Aquel

114
poema fue su condena, más al mismo tiempo le
honra y distingue por el valor temerario demostrado.
Stalin, poeta mediocre, era alérgico al talento. De
hecho, la idea que prevalecía en él era la de serviles
escribanos sometidos a los designios de la NKVD (la
KGB posterior y hoy la FSB, como en aquel cuento
dominicano sobre nuestras querellas de principios
del siglo XX, sólo nos queda comprobar que “son los
mesmos”). Alexander Soltzenitsin se propuso
desenmascarar a aquella estafa histórica y mostrar
cómo un premio Nobel, el concedido al supuesto
escritor soviético Mijail Sholojov por su novela El
Don apacible, no fue más que el premio a la carátula
creada por la NKVD de un proyecto en que se
emplearon los textos incautados a los mejores
escritores rusos para enhebrar una novela y crear
algo que Gorski buscaba: el libro colectivo, amorfo,
de todos y de ninguno, que reflejara la directriz del
Partido y cambiara según los intereses del momento
(véase el formidable libro “Ingenieros del alma”, de
Frank Westerman si se quieren más detalles).

A Mandelstam lo fueron acorralando hasta que lo
hicieron morir. Le forzaron a escribir una humillante
oda al Gran Líder y Padrecito de los Pueblos para
salvar su vida. No sirvió de nada. Mandelstam estaba
condenado. Una sobreviviente, la brillante Ana
Ajmátova, amiga de Mandelstam y su esposa, nos
comparte su imagen de él en aquellos tiempos de
desamparo y crueldad.

115
Esa sociedad malvada y cruel, con patente cinismo,
aquellos jueces miserables de un poder corrupto y
falso, condenaron en 1934 a Mandelstam por el
poema a Stalin al destierro en los montes Urales. El
poeta llegó al extremo de intentar suicidarse. Vivió
varios años exiliado en la ciudad de Voronezh, cerca
de la frontera de Ucrania. A su regreso, fue de nuevo
hecho preso y de nuevo condenado a cinco años de
trabajos forzados en uno de los campos del GULAG.
Murió en "Vtoraya Rechka", un campo de
concentración próximo a Vladivostok. Su esposa,
Nadiezhda, aprendió de memoria los poemas de
Mandelstam para preservarlos en medio de aquellos
años inciertos. Risiblemente, en 1956 Mandelstam
fue “rehabilitado” por la condena falaz de 1938, y 31
años más tarde, en 1987, por su condena del 1934. ¿Y
quién juzgó y condenó a su vez a aquellos “jueces”
verdugos?

Los grandes asesinos en masa gozan de la admiración
de los incautos y de los serviles. Hay quienes
justifican el crimen y lo glorifican. Por ahí andan los
versos de Louis Aragon que canta a los energúmenos
de la GPU. Y tenemos a Neruda, al cubano Guillén, a
tantos que uncieron su poesía y su decoro al
mamotreto sangriento del estalinismo, callaron los
crímenes cuando no los justificaron con estridencia,
sintiéndose “voceros” del porvenir.

Y hoy seguimos adorando a los pichones de tiranos y
a los tiranos consumados. Justificando y glorificando

116
la patada y el garrote. Tras la migaja. Siempre tras la
migaja.

Leyendo la historia de los imperios: el asirio, el lidio,
el medo, el caldeo, el romano… vemos que aquellos
reyes que arrasaban ciudades y pasaban a cuchillo a
sus habitantes, aquellas ínfulas engoladas, aquellas
pretensiones de perpetuidad terminaron barridas, se
hundieron en la noche de los tiempos. Igual pasó al
Reich de los 1,000 años de Hitler, con sus sueños de
hegemonía, sus mitos arios y su inmenso desprecio
por la vida humana. Igual sucederá a los intentos
dinásticos de los Castro, al de Kim Jong-il en Corea
del Norte y sus émulos. Y la vergüenza eterna
enlodará a quienes cantaron serviles a los nuevos
césares. Por igual, la admiración eterna acompañará
a los que padecieron, a los que resistieron, a los que
sucumbieron ante la furia de la barbarie prepotente,
a los que hilvanaron aún sea un precario ejemplo de
dignidad en tiempos difíciles, como diría el gran
poeta cubano Heberto Padilla.

117
Pablo Antonio Cuadra:
extravíos, desventuras y aciertos de
un escritor latinoamericano.

118
“Si Darío es el poeta que universalizó a Nicaragua, y le dio a
América Latina una proyección mundial que para 1900 no
tenía, Pablo Antonio Cuadra es el poeta que le dio a Nicaragua
una voz propia y auténtica, expresando en palabras simples y
símbolos plurívocos, la complejidad del ser nicaragüense, la
contradicción y el sentido del mestizaje, la conjunción de fe y
poesía, la búsqueda de la belleza en la justicia, la
independencia de pensamiento y la responsabilidad de la
acción. No hay, a mi juicio, en la Literatura Nicaragüense,
obra más sólida y más sostenida que la de PAC”

Nicasio Urbina
Profesor de Tulane University

El nicaragüense Pablo Antonio Cuadra, exquisito y
extraordinario poeta, voz mayor de la poesía
centroamericana, es a la vez un exponente de las
trampas y altibajos políticos que han asediado y
atrapado a tantos escritores e intelectuales. Muchos:
Neruda, Vallejo, Guillén, Benedetti… , seducidos por
el fascismo de izquierda: el estalinismo y el
castrismo. Otros, entre los que se inscribe Cuadra,
por el fascismo de derechas y las tendencias más
conservadoras y reaccionarias. Todos, en su
momento, negadores y críticos jurados de la
sociedad abierta, de la tolerancia y las normas de
convivencia democrática.

En su caso, felizmente hubo la evolución, a finales de
los años ´40, hacia los valores, principios, creencias y
119
comportamientos que rigen la sociedad abierta,
plural y democrática. Y esa evolución se acrecentó en
su constatación diaria de los tristes resultados de los
regímenes de fuerza, tanto los de derechas como los
de izquierdas.

Su historia es, en muchos aspectos, extraordinaria.
Mucho más su evolución, desde las fantasías
totalitarias hasta las modestas y sensatas lindes de la
sociedad abierta y plural. La mayoría de sus
contemporáneos nunca pudieron desatar los nudos
ideológicos que los ataban a modelos inhumanos y
terribles. Él pudo. Y eso le hace una excepción.

Primeros años

Pablo Antonio Cuadra Cardenal nació el 4 de
noviembre de 1912 en Managua, capital de
Nicaragua. Su padre, Carlos Cuadra Pasos fue
destacado intelectual y hombre público: jurista,
canciller y diplomático; fundador, siendo canciller de
la Academia Nicaragüense de la Lengua en 1928. Su
madre lo fue la señora Merceditas Cardenal. En 1916,
su familia regresa a Granada, ciudad de fuerte
raigambre hispana, al pie del volcán Mombacho y
situada en la ribera noroccidental del lago Cocibolca,
voz náhuatl, o Lago de Nicaragua, “mar dulce” como

120
le llamaron los conquistadores, el segundo más
grande de América Latina.

Emparentado y contemporáneo de poetas
nicaragüenses de categoría continental como José
Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal y Joaquín Pasos,
sus primos, Pablo Antonio estudia en el Colegio
Centroamérica, de Granada, regenteado por jesuitas
españoles, mexicanos y franceses. Allí uno de sus
profesores, el jesuita mexicano Miguel A. Pro,
beatificado en 1988, estimula su vocación de escritor.
En los meses de vacaciones, Cuadra viaja a la
hacienda familiar, un contacto intenso con la
naturaleza y con los campesinos nicaragüenses que
nutrirá su poesía y fundamentará su vida, tanto como
definirá su vocación de agricultor.

En 1923, con apenas once años de edad, empieza a
florecer su vocación literaria, alimentada por la
biblioteca y el ejemplo paternos.

En 1924 retorna desde París, Francia, a Granada el
poeta Luis Alberto Cabrales. Allí entró en contacto
con las corrientes renovadoras de las letras: el
dadaísmo, el surrealismo, el cubismo, el futurismo,
etc., y al retornar a Nicaragua llevó muestras y
noticias de aquella convulsión, en medio de un

121
ambiente que practicaba un modernismo ya
esclerosado, ritualizado.

Antecedentes del Movimiento
Vanguardista

Y en 1927, Cuadra tiene entonces 15 años de edad,
retorna de los Estados Unidos su primo hermano
José Coronel Urtecho, quien no sólo trae información
sobre los movimientos literarios europeos, sino
también sobre la new american poetry, así como sus
autores. Urtecho retorna con una alforja llena de
libros, antologías, revistas, y una pasión en torno a la
cual se congregan los jóvenes escritores de Granada.

El 29 de mayo de 1927, “El Diario Nicaragüense”, de
Granada, publicó la hoy famosa “Oda a Rubén
Darío” de José Coronel Urtecho, poema escrito por
éste un año antes, en 1926, en San Francisco,
California, al calor del encuentro de Coronel Urtecho
con la new american poetry. Fue una auténtica
revolución expresiva que ponía en cuestión al
paralizante modernismo en que bostezaba la
literatura por entonces. Al final de la oda, con humor
y sarcasmo (“Soy el asesino de tus retratos”),
Coronel Urtecho escribe:

En fin, Rubén,
122
paisano inevitable, te saludo
con mi bombín,
que se comieron los ratones en
mil novecientos veinte y cinco.
Amén.

Y antes, en su poema “Contrarrima”, de 1925,
escribió:

Al fin murieron las princesas
de Rubén.
Después cambiaron las cosas
en las revistas francesas…

La reacción antimodernista se apegaba, en el fondo,
al espíritu mismo de Darío que escribió: “El clisé
verbal es dañoso porque encierra en sí el clisé
mental, y, juntos, perpetúan la anquilosis, la
inmovilidad”.

Coronel Urtecho y Dionisio Cuadra dirigen una
revista: Criterio. Allí, siendo todavía un colegial,
empieza a publicar Pablo Antonio Cuadra sus
poemas, varios de los cuales luego conformarían su
libro, por décadas inédito, “Canciones de pájaro y
señora” (1929-1931), adscritos a la nueva
sensibilidad. José Emilio Balladares juzga que estos
poemas fueron “un contrapunto pertinente a la

123
pomposidad y las sonoridades excesivas de lo menos
eximio de Rubén y de sus epígonos, llamando la
atención de los distraídos hacia la verdadera
esencia de la poesía”.

El inicio de Vanguardia

Los poetas se reúnen en el campanario de una iglesia
en su natal Granada. Allí leen y comentan poemas, y
reaccionan contra el modernismo, devenido
caricatura exótica, fórmulas verbales y parafernalia
de ninfas, cisnes, heliotropos y canéforas. Frente a la
academia formal, proponen la anti-academia, frente
a una fosilización del modernismo en temas,
registros verbales y recursos, que eran burdas copias
de Darío, un coloquialismo que recupera el lenguaje
cotidiano, una recuperación del color, la imaginería;
frente al europeísmo y el exotismo modernistas,
referentes locales, la tierra, el indio, el mestizo, el
entorno y la cultura nacional.

Una gacetilla publicada en el periódico “El Diario
Nicaragüense”, el 17 de abril de 1931 da cuenta de
que nació una “reacción literaria de los jóvenes”, los
que se agrupaban en una Anti-Academia de la
Lengua, que integraban José Coronel Urtecho, Luis
Alberto Cabrales, Cristino Paguaga Núñez, Manolo

124
Cuadra, Octavio Rocha, Pablo Antonio Cuadra, José
Román, Joaquín Pasos y otros.

Nueve días después, publican su “Ligera exposición y
Proclama de la Anti-Academia Nicaragüense”,
manifiesto que firman Bruno Mongalo, José Coronel
Urtecho, Luis Castrillo, Joaquín Pasos, Pablo
Antonio Cuadra, Octavio Rocha, Luis Alberto
Cabrales, Mano Cuadra, Joaquín Zavala Urtecho.

En aquel escrito exponían un programa que incluía
un Café de las Artes, que dirigiría luego Coronel
Urtecho, un teatrito, cuadernos vernáculos,
antologías e informes. Y su pretensión excedía la
puramente literaria: se proponían incidir
políticamente en el presente y el futuro de Nicaragua,
como, de hecho, sucedió.

Pablo Antonio empieza a publicar a partir del 14 de
junio de 1931 en El Correo, diario de Granada, junto
a Octavio Rocha, un suplemento bisemanal, jueves y
domingos, dedicado a la nueva literatura, que llamó
“Rincón de Vanguardia” y que, tras suspenderlo,
reaparece el 10 de abril de 1932 como “Vanguardia”.
En esas páginas, el 28 de junio de 1931, Cuadra
establece:

125
“Nuestro movimiento (Movimiento de
Vanguardia que llamamos) es
dinamizado por dos fuerzas.
Una: Nacionalizar.
Dos: Hacer un empuje de reacción contra las
roídas rutas del siglo XIX.
Mostrar una literatura nueva (ya mundial).
Regar su semilla.”

Jorge Luis Arellano puntualiza que estos jóvenes
escritores se expresan con pasión y entusiasmo:
• En contra de la intervención
norteamericana, con la que habían
crecido.
• A favor del ejército y la proeza del
general Augusto César Sandino
• Contra el “espíritu burgués y
comercialista” que identifican con los
interventores
• Contra el “amado enemigo”, Rubén
Darío y la retórica modernista
• Por “la conquista del indio que
llevamos dentro”

Entorno político y social del
Movimiento
126
Nicaragua vivía para esos años la segunda
intervención militar norteamericana. La primera
intervención norteamericana transcurrió de 1912,
autorizada por el presidente William Taft, a 1925, 13
años. Y de nuevo invadieron en enero de 1927 para
intervenir en la guerra civil entre conservadores y
liberales, a favor del poder usurpado por el
conservador Adolfo Díaz, provocando la resistencia
militar de los caudillos liberales.

En la intervención de 1912-25, para el año 1924 el
U.S. Marine Corps había creado, por indicación del
Departamento de Estado, una fuerza subordinada
local: la Constabularia, “para que establezca el orden
una vez que se retiren los infantes de marina
estadounidenses” (Carlos Solórzano). En 1928, la
Constabularia daría origen a otra institución, la
Guardia Nacional, bajo el control del Cnel. Robert Y.
Rhea (USMC), fuerza punitiva local para funciones
tanto de policía como de contrainsurgencia.

Cuando en 1927 se producen los Acuerdos de
Tipitapa o “Pacto del Espino Negro”, árbol bajo el
que se negoció el acuerdo, para poner fin a la guerra
civil en Nicaragua, y que firma el general José María
Moncada, líder de los liberales, uno de sus generales,
Augusto Nicolás Calderón Sandino, se niega a

127
suscribir y aceptar el acuerdo, y decide mantener la
lucha hasta la salida de los norteamericanos y
constituye el llamado Ejército Defensor de la
Soberanía Nacional de Nicaragua, el “pequeño
ejército loco”.

Desde Las Segovias, Sandino enfrenta a los
norteamericanos y al gobierno de su ex –líder, el
general Moncada (1928-1932). Derrota a los
norteamericanos y los lleva, en 1933, a salir de
Nicaragua. En las elecciones de noviembre de 1932
fue elegido Juan B. Sacasa.

Los poetas del Movimiento Vanguardista, que
habían crecido durante los años de la primera
intervención (1912-1925), muestran expresas
simpatías por Sandino y su proeza y denuncian la
intervención norteamericana. Simultáneamente, la
reacción nacionalista rechaza los valores, el sistema
de gobierno, el sistema económico y la cultura
norteamericanos. La democracia liberal, el sistema
de partidos, el capitalismo, todo es rechazado por
provenir de los odiados invasores. Así, Pablo Antonio
Cuadra en su poema “Intervención” se burla:

Ya viene el yanqui patón
y la gringa pelo e´miel.
Al yanqui decile:

128
go jon
Y a la gringuita:
very güel

Y posteriormente, Cuadra escribirá al respecto:
“Todo lo que se puede decir de la obra de nuestro
grupo de vanguardia: de José Coronel, de Luis
Alberto Cabrales, de Joaquín Pasos, debe
iluminarse con el fuego de ese momento histórico en
que nos arrasaba el volcán, no geológico, sino
político, del Imperialismo. Es el momento en que el
pueblo de Nicaragua suscita una respuesta: la del
inmortal guerrillero Augusto César Sandino”.

El maurrasianismo juvenil

Influidos, quién lo duda, por los sacerdotes jesuitas
del colegio Centroamérica, en plena adolescencia y
todavía cursando el colegio, Cuadra y sus amigos
desarrollan un entusiasmo por España y sus antiguas
glorias, que es evidencia de la frustración que
experimentan frente a la intervención
norteamericana y el desorden impuestos por caciques
y caudillos locales, levantiscos y venales. Frente al
modelo político norteamericano proponen la vuelta
al imperio español. Caen bajo la seducción de
Maurras a través de su epígono español, Ramiro de

129
Maetzu, al que escriben llenos de entusiasmo juvenil.
Se hacen pro monárquicos y pro fascistas.

Eugenio Vegas Latapie escribe en sus “Memorias
políticas” una muestra de ese entusiasmo juvenil:
“Un día recibí en Acción Española un sobre
procedente de Nicaragua, patria del inmortal
Rubén, con algunos recortes de periódico enviados
por un corresponsal para mí desconocido: Pablo
Antonio Cuadra. Leí con atención los artículos y
decidí, sobre la marcha, incluir dos de ellos en el
número de la revista que estaba preparando. Uno
era del propio Cuadra y otro la reproducción de un
discurso de José Coronel Urtecho.”

El pensamiento del joven poeta y sus amigos es
influido por el falangismo español y el fascismo
italiano, que deploran y desacreditan la tolerancia
liberal, la sociedad abierta y plural, y proponen
Estados corporativos con gobiernos autoritarios y
líderes absolutos. Al igual que sus referencias
peninsulares: Maetzu y demás pro monárquicos de
Acción Española, contraparte hispana de la Acción
Francesa de Maurras, proclaman el autoritarismo, el
menosprecio a los valores e instituciones de la
sociedad abierta y la declarada nostalgia del imperio
perdido, sublimizado y mitificado, junto a la
aspiración de un líder mesiánico que encarne el ideal

130
platónico del gobierno de los mejores, conforman la
ideología dominante en este grupo.

En una carta de 1935 a José María Pemán, Cuadra
emocionado declara: “Nuestro nacionalismo aspira
a recobrar la tradición nacional, la cual,
lógicamente, nos llevará a la tradición imperial de
la unión centroamericana sólo factible y posible
dentro de los cauces de la Hispanidad.”

La ideología que predominaba en la época es el
totalitarismo, estalinista o fascista: desprecio hacia la
tolerancia y la aceptación de la diversidad;
nacionalismo exacerbado, discurso del
aplastamiento, la opresión y la exclusión; odio cerval
al oponente, exaltación del exterminio, del derecho a
dominar, sea una clase: los estalinistas; o una raza,
los fascistas.

Algo semejante sucedió en mi país, República
Dominicana, alrededor de 1930: un amplio sector de
la pequeña burguesía urbana, hastiada de los
caudillos semianalfabetos o abiertamente iletrados
que anarquizaban el país y lo mantenían en un estado
continuo de guerra civil; influida por el fascismo
italiano, que tuvo como uno de sus promotores al Lic.
Rafael Estrella Ureña, y su concepción del Estado

131
corporativo y del hombre fuerte, providencial; y
rechazando el modelo norteamericano, país que
hacía poco nos había intervenido, se congregó
alrededor del hombre fuerte del momento: el general
Rafael Leónidas Trujillo, y lo estimularon a dar un
golpe de Estado y asumir el control del país. Y
parecido a Nicaragua, nos condenaron a una cruenta
y despiadada tiranía que, en nuestro caso, duró 31
largos y mortíferos años.

El mito de la “superioridad espiritual”

Permitámonos aquí una breve digresión. El rechazo
latinoamericano a la sociedad abierta, al modelo
democrático, tenía diversos motivos, pero una base
material fundamental: nuestra realidad de
sociedades agrarias, en donde la propiedad de la
tierra, los inmensos latifundios, la semiesclavitud de
indios, mulatos, mestizos, la hacía inviable. ¿Iban los
grandes hacendados y terratenientes a permitir que
sus peones impusieran el poder político y asumieran
una fuerza que pusiera coto a sus desmanes y
abusos? Sólo la progresiva urbanización de nuestras
sociedades, la creciente industrialización y el
desarrollo de las industrias de servicio, y la continua
pérdida de importancia política, económica y social
de la agricultura y la ganadería dieron origen a la

132
progresiva liberalización de nuestras sociedades y a
su democratización.

Debo a una mente preclara, al venezolano Carlos
Rangel, el más brillante ensayista político
latinoamericano que he leído, y a un libro
fundamental: “Del buen salvaje al buen
revolucionario”, que fue entusiastamente prologado
por un pensador de la talla de Jean Francois Revel, la
mejor explicación que conozco para entender los
desatinos que nuestro atraso y nuestro rechazo a la
sociedad liberal que los norteamericanos querían
imponernos, nos llevó a cometer.

Incluso una mente preclara como la de José Martí
cae en inventarse una supuesta superioridad
espiritual de los hispanoamericanos sobre la
pragmática sociedad norteamericana, cuyo desarrollo
industrial, cuyo empuje económico y político, cuya
efervescencia, nos sorprendía y desafiaba (es la
función de la ideología: disfrazarnos la realidad).
Pretendimos establecer nuestros propios términos de
comparación. Y de allí nació aquel “Ariel” del
uruguayo José Enrique Rodó, que verbalizó nuestro
rechazo al modelo económico, político y social
norteamericano y nos brindó el falso caramelo de la
“superioridad espiritual” de nuestros pueblos y
sociedades en comparación con la norteamericana.

133
La política expansionista de Theodore Roosevelt y su
aplicación del Big Stick (Gran Garrote), continuada
por los presidentes norteamericanos posteriores y
que sólo la Gran Depresión del 1930 pudo romper
(irónicamente, bajo el liderazgo de un pariente de
Theodore, Franklin Delano Roosevelt), produjo en
nuestros pueblos no sólo un rechazo al imperialismo
y a la abusiva política de fuerza de los gobiernos
norteamericanos de entonces, sino a toda el modelo
social, económico y político, rechazado en bloque.

Poemas nicaragüenses

Para fines de 1933, Cuadra viaja a América del Sur
acompañando a su padre que asistía como delegado
nicaragüense a la Conferencia Panamericana en
Montevideo, Uruguay. Consigo carga los manuscritos
de sus poemas escritos entre 1930 y 1933.

Al llegar a Chile, pone en mano de la Editorial
Nascimiento aquellos poemas, agrupados bajo el
nombre (que es, simultáneamente, declaración y
denuncia, afirmación y desafío), de “Poemas
nicaragüenses”. Jorge Eduardo Arellano expresa que
fue “…el primer libro nuevo de tendencia vernácula
en Centroamérica, a partir del cual comenzó una
obra fiel a lo nicaragüense que, tras cuatro décadas

134
de quehacer, llegó a la más serena y hermosa
universalización”. El libro se publicó en Santiago de
Chile en 1934.

Su primo, el sacerdote y poeta de renombre
continental, Ernesto Cardenal, sobre quien Pablo
Antonio Cuadra ejerció una fuerte influencia tanto
literaria como política, dice que “Poemas
nicaragüenses” y la rebelión guerrillera dirigida por
César Augusto Sandino fueron dos expresiones de un
mismo fenómeno de emancipación nacional: en
poesía, contra un extranjerizante Modernismo,
vuelto clisé, fórmula consagrada; en política, contra
la sumisión perruna al interventor norteamericano y
por una soberanía inexcusable y merecida. Una
opinión similar expresó Carlos Tünnermann
Bernhein.

De ese primer libro impreso y segundo producido,
escribió Pablo Antonio: “Poetas amigos de Chile me
precipitaron bondadosamente a publicar los
originales que llevaba para leer en mi primer viaje
por América del Sur.” El libro suscitó comentarios
formales de autores como la uruguaya Juana de
Ibarbourou y el salvadoreño Salarrué.

“…Our son of a bitch”
135
En 1933, agobiado por la escasez de recursos debido
a la Gran Depresión, el rechazo del pueblo
norteamericano a una presencia onerosa y carente de
sentido en Nicaragua, las derrotas que les propinaba
el ejército del general Sandino, en el cual los
dominicanos estuvimos honrosamente representado
con nuestro Gregorio Urbano Gilbert, y la
imposibilidad probada de vencerlo, el presidente
Roosevelt resolvió evacuar las tropas
norteamericanas de Nicaragua.

Se decidió escoger un líder militar local. Y la elección
cayó en Anastasio Somoza García, Tacho.

Tacho Somoza, que no terminó sus estudios
primarios, había estudiado Comercio, enviado por su
padre, modesto hacendado, en el Pierce Commercial
College de Filadelfia, período en que por igual
aprendió el idioma inglés. Retornó a Nicaragua sin
concluir sus estudios. Durante la revolución
chamorrista de 1926 participa y se autoabroga el
título de general.

Al acordar los líderes conservadores y liberales
respaldar la creación de una Guardia Nacional bajo la
dirección norteamericana, Somoza al igual que
muchos otros miembros de los partidos Conservador

136
y Liberal se incorpora a dicha institución. Un
complejo proceso de consultas entre el entonces
presidente de Nicaragua, general José María
Moncada, el jefe de la Guardia Nacional, general
Calvin B. Matthews y el embajador estadounidense
de entonces Matthew Elting Hanna, en comunicación
con el secretario de Estado Henry L. Stimson llevó a
la escogencia de Somoza.

Evacuadas las tropas norteamericanas y electo un
nuevo presidente, el liberal Juan Bautista Sacasa, tío
de la esposa de Tacho Somoza, se convence a
Sandino de deponer las armas y cooperar en la
pacificación de Nicaragua.

El 21 de febrero de 1934, luego de que Sandino
asistiera a una cena en el Palacio Presidencial con el
presidente Juan Bautista Sacasa, es apresado por una
patrulla de la Guardia Nacional, institución cuyos
mandos había determinado ejecutar a Sandino, en
connivencia con el embajador de los Estados Unidos
en Nicaragua, Arthur Bliss Lane, con quien Somoza
había consultado antes de ordenar el crimen.
Simultáneamente, tropas asaltan la casa del principal
negociador del gobierno, Sofonías Salvatierra, y
asesinan a Sócrates Sandino. Y posteriormente,
tropas de la Guardia Nacional arriban a la población
de Wiwilí, donde masacran a más de 300 ex –

137
combatientes del ejército de Sandino, incluyendo
mujeres y niños.

Roosevelt solía decir tanto de Rafael Trujillo como de
Anastasio Somoza, con sorna: “He is a son of a bitch,
but he is our son of a bitch”. Él sabía de lo que
hablaba. Tal vez debió autoaplicarse a sí mismo y
muchos de sus colaboradores igual expresión. Si
aquellos eran los hijos, ¿quién era the bitch?
¿Estados Unidos?

Los “camisas azules”

El entusiasmo por el autoritarismo fascista, la
identificación con el falangismo peninsular, originó
que en julio de 1934, los poetas granadinos junto a
otros intelectuales jóvenes crearan los “camisas
azules”, versión local de los “camisas negras”
fascistas italianos.

Los promotores de esta iniciativa fueron, entre otros,
Diego Manuel Chamorro, Diego Manuel Sequeira,
Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Cuadra Zavala, José
Coronel Urtecho y Luis Alberto Cabrales.

Muerto Sandino, los “camisas azules” ven en Somoza
al líder fuerte, autoritario, que aspiran. Incluso

138
quieren remedar una “marcha sobre Roma”
mussoliniana. Alborotan y llegan a promover la
consigna “Somoza Forever”.

En 1935, Pablo Antonio y su primo José Coronel
Urtecho, dirigen el periódico “La Reacción”, órgano
de un efímero movimiento político que integró a
exvanguardistas.

Ese mismo año, 1935, Pablo Antonio Cuadra contrae
matrimonio con la joven Adilia Bendaña Ramírez, su
compañera de por vida. Con ella procrearía con el
correr del tiempo cinco hijos.

Asociado con su hermano Carlos inicia actividades de
explotación agrícola, ganadera y maderera, mientras
viaja por Nicaragua y navega en el “mar dulce”.

Al año siguiente, 1936, obtiene la licenciatura en
Leyes por la Universidad de Oriente y Mediodía, de
Granada, Nicaragua. Aunque se graduó en Derecho,
no quiso ejercer la abogacía y renunció a la carrera.

En 1936 Acción Española publica en España “Hacia
la cruz del sur. Manual del navegante hispano”,
textos de Cuadra surgidos a raíz de su viaje a América
del Sur.

139
Anastasio Somoza García, alias Tacho, desde su
posición de jefe de la guardia pretoriana impuesta
por los invasores y que él, al igual que hizo Trujillo
acá, en Rep. Dominicana, torció para que sirviera a
sus fines personalistas, inició una serie de acciones
populistas que le granjearon simpatías en la
población, oportunamente asesorado. El historiador
Aldo Díaz Lacayo cita una declaración del doctor
Crisanto Sacasa: “Somoza se impone porque así lo
quiere el pueblo entero de Nicaragua: vean ustedes,
vengo de León y allí encontré que mi padre, mis
hermanos y demás familiares son todos somocistas,
hasta los sirvientes de la casa. En Granada, hasta
los conservadores en su mayoría simpatizan con
Somoza, lo mismo que en los otros Departamentos.
Veo y palpo que así es la cosa, y creo que nos
debemos tragar la píldora del somocismo y buscar
la manera de que sea legal, pues de lo contrario,
Tacho (Anastasio) será presidente el primero de
Enero de 1937, con formalismos legales o sin ellos”
(citado por Adolfo Miranda Sáenz: Polémico
testimonio).

En mayo de 1936, Tacho Somoza encabeza una
sublevación con el tío de su esposa, el presidente
Sacasa. Impotente, Sacasa dimite y Somoza impone
su candidatura. Asume la presidencia formal el 1ro.
de enero de 1937.

140
Del somocismo al antisomocismo

Pablo Antonio, Coronel Urtecho y demás “Camisas
Azules” habían incitado a Tacho Somoza a alzarse
con el poder. Ahora eran parte del nuevo poder
instalado.

Tacho Somoza tenía en su despacho, según cuenta
Knut Walter (The regime of Anastasio Somoza),
fotos de los caudillos nicaragüenses Zelaya, Moncada
y del líder fascista italiano Mussolini, el Duce (Tras la
entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial,
sustituyó la foto de Mussolini por la de Roosevelt).
Pero Cuadra no necesitó mucho tiempo para darse
cuenta de que Tacho Somoza era un gángster, no ese
hombre fuerte de sus fantasías totalitarias. Incómodo
con el nuevo régimen, al que sus amigos “Camisas
Azules” adulan y apoyan incondicionalmente, Cuadra
se dedica, provocativamente, a pegar carteles de
Sandino. Esa conducta inesperada provoca que
Somoza lo encarcele.

Liberado posteriormente, asume la dirección de
“Trinchera”, sección del periódico El Correo, de
Granada.

141
En la Constituyente de 1938, los “Camisas Azules”,
inspirados en el ejemplo italiano, piden para
Anastasio Somoza García la “presidencia vitalicia”,
una especie de monarquía bastarda.

Cuadra mantiene contactos con sus amigos del bando
autodenominado “nacionalista” en la guerra civil
española y en una arenga por radio declara: “Somos
fascistas”. En 1939 el gobierno fascista italiano le
invita a visitar Italia. Aprovechará para también
visitar España, tras el triunfo del bando liderado por
Francisco Franco. Sus amigos le despiden “brazo en
alto”, el saludo fascista y falangista. Cuadra visita
Italia y España. Su idea en Italia era visitar en Roma
al Duce y “a nuestro amado príncipe D. Juan”.
Además, hacer en el Aventino el “contrajuramento
bolivariano para la reconstrucción de nuestro
Imperio”, como escribió en una carta a E. Vegas
Latapié.

Tras su visita a Italia, llega a Tetuán en un avión
italiano, procedente de Roma, en agosto de 1939,
lugar donde está destinado su amigo Vegas Latapié.
Visitó Cádiz, Sevilla, Santander y estuvo varias
semanas en Madrid, donde fue agasajado por sus
amigos monárquicos de Acción Española. Le pide a
Franco apoyo en armas para derrocar a Somoza.
Franco la deniega. Al partir, en una carta a Vegas

142
Latapié, declara: “Bien lo sabes que mi desilusión
ante la realidad del nuevo régimen fue casi
instantánea. Bastaba un poco de solidez doctrinaria
y el haberle dado aunque fuera una mediana raíz a
mis ideales para que, al conocer España y al palpar
sus esencias vitales, comprendiera que el camino iba
torcido, demasiado torcido.”

Al retornar a finales de 1939 a su país, sus amigos del
Movimiento de Vanguardia y el sacerdote Azarías
Pallais, su capellán, le agasajan con una cena de
bienvenida. Joaquín Pasos lee un poema coral de
bienvenida, en cuya conclusión declama:

“¿Juráis ante Dios y los hombres, sobre la Cruz y la
Espada,
dedicar alma y cuerpo a la Cruzada;
hacer en paz o en guerras
la reconquista de las almas y las tierras;
recobrar lo perdido,
devolver a la Patria su sentido;
darle su eterna ley
su aliento puro,
vivir para las Españas del futuro
morir por Cristo nuestro Rey?
Sí juro.
Si así lo hiciéreis, Dios os pague en su Gloria,
y el Imperio os lo deba en su Victoria.”

143
El Taller de San Lucas

Para 1940 publica en España “Breviario imperial”.
Cuadra expresa su entusiasmo ideológico por el
fascismo y la restauración imperial hispánica. Como
Alfonso Lazo cita en su libro “La Iglesia, la Falange y
el Fascismo”, Cuadra escribe: “La postura
propiamente reaccionaria es la que busca la salud
perdida en donde realmente se encuentra: en la
tradición”. Y más adelante, con respecto a los jóvenes
indica que estos “han reaccionado ante el
liberalismo y la gran engañifa democrática, pero en
lugar de caer en el materialismo marxista… se han
acogido a la política clásica. Política que se funda en
la autoridad unipersonal… y cuya sustancia es la
aplicación social de la filosofía católica”.

Ese año dirige la publicación semanal “Los Lunes”,
del periódico La Prensa, propiedad de sus parientes,
la familia Chamorro.

En 1942, los principales escritores vanguardistas se
reagrupan en la “Cofradía de escritores y artistas
católicos del Taller San Lucas”. Editan una revista
que rápidamente adquiere prestigio internacional.

144
De 1942 a 1946 reside en México. Allí su primo,
Ernesto Cardenal, se aloja como huésped en la
residencia de Cuadra, dado el cierre por la dictadura
de Somoza de la Universidad de Managua, en que
estudiaba. Mientras Pablo Antonio trabaja en una
editorial y ejerce otras actividades, Cardenal estudia
filosofía y letras en la Universidad Nacional
Autónoma de México, UNAM.

En 1943, Cuadra publica su poema “Canto
temporal”.

El 26 de junio de 1945, Pablo Antonio Cuadra ingresa
a la Academia Nicaragüense de la Lengua, institución
que su padre fundó en 1928, siendo canciller de
Nicaragua. Su discurso de orden fue “Introducción al
pensamiento vivo de Rubén Darío”, un homenaje al
“amado enemigo”.

En 1945 publica su ensayo “Promisión de México y
otros ensayos”.

En 1946 retorna a España. Es miembro de la
delegación oficial de Nicaragua a XIX Congreso
Mundial de Pax Romana junto, entre otros, a Julio
Ycaza Tigerino y Carlos Martínez Rivas. Un resultado
positivo de ese evento es la constitución del Instituto
Cultural Iberoamericano. En El Escorial le nombran

145
presidente de la recién creada institución. Este
Instituto dio origen, posteriormente, a lo que fuera el
Instituto de Cultura Hispánica, hoy transformado en
la Agencia Española de Cooperación Internacional
para el Desarrollo.

Publica el libro de ensayos “Entre la cruz y la
espada”. En ese mismo año sale el último número de
la revista Taller San Lucas. Tras la Segunda Guerra
Mundial y la derrota del fascismo experimenta una
crisis espiritual. Ese sacudimiento le aleja
definitivamente de la ideología y cosmovisión
fascistas. Se produce una poderosa conversión en
términos emocionales y espirituales al catolicismo y
una asunción de los valores cristianos.

Justicia poética contra el hijo de
nuestras vilezas

Para 1947, PAC, como le gustaba firmar sus artículos,
Julio Ycaza Tigerino y Carlos Martínez Rivas figuran
como colaboradores de la revista española “Alférez”.
En 1948 viaja de nuevo a España y “Alférez” le dedica
una cálida bienvenida.

146
En 1949 es nombrado Encargado de Negocios en la
Embajada de Nicaragua en España. Publica su libro
“Poemas con un crepúsculo a cuestas”.

Para 1950 retorna a Nicaragua e inicia la explotación
agrícola de algodón. Dirige, simultáneamente
“Semana”, en Managua. En 1951 funda la Casa de la
Cultura. Y en 1952 fracasa como agricultor, tras
perder toda la cosecha de algodón. Publica su
poemario “La tierra prometida”.

En 1954 es nombrado codirector del diario “La
Prensa”, propiedad de la familia Chamorro, sus
parientes. El medio es visto como opositor al
gobierno de Somoza, además de que comercialmente
le hace competencia al periódico de los Somoza
“Novedades”.

Una revuelta contra la tiranía de Tacho Somoza, el 4
de abril de 1954, en la que se involucran fuertemente
su primo y discípulo, el poeta Ernesto Cardenal, y
también su pariente Pedro Joaquín Chamorro,
ambos miembros de la Unión Nicaragüense de
Acción Popular, UNAP, fracasa. Los fusilamientos,
torturas y persecusiones arrecian. Somoza masacra
despiadadamente a los insurrectos.

En 1955, Cuadra fija residencia en Managua.

147
En 1956 en León, el poeta Rigoberto López Pérez se
cuela en una fiesta en La Casa del Obrero en honor
de Tacho Somoza y lo tirotea. Trasladan a Tacho de
emergencia a una clínica de Panamá, donde fallece.
Tras la muerte del dictador, por orden del hijo de
Tacho y nuevo hombre fuerte, Luis Somoza Debayle,
apresan a Pablo Antonio Cuadra por trabajar en el
diario de la oposición. En la cárcel presencia las
torturas y maltratos a que son sometidos los
detenidos.

Uno de sus “Epigramas”, el VIII, Cuadra escribió:

Tanta vileza preñó la ciudad
Ciro: esta ciudad está preñada
y temo
que alumbre un nuevo tirano
Será el hijo bastardo de todos

El hijo bastardo de todos, al que había ayudado a
alcanzar el poder y contra el que casi de inmediato
reaccionó, recibió justicia poética.

El pez y la serpiente
148
Para 1957, PAC publica su obra de teatro “Por los
caminos van los campesinos”. Su primo, el poeta
Ernesto Cardenal, ingresa en el monasterio trapense
Our Lady of Getsemaní, en Kentucky, Estados
Unidos. Allí se relaciona, y por su vía relaciona a
Pablo Antonio Cuadra, con una amistad que a ambos
les enriquecerá poderosamente, la del poeta y
sacerdote norteamericano Thomas Merton, maestro
de novicios en la trapa. Con Merton mantendrá un
copioso intercambio epistolar.

En 1958 publica el ensayo “Torre de Dios”. En 1959,
PAC obtiene el Premio Centroamericano de Poesía
Rubén Darío y publica en Managua “El jaguar y la
luna”, uno de sus poemarios de mayor relevancia. La
influencia de Merton se acrecienta. Una carta del 13
de junio de 1959 de Thomas Merton a Pablo Antonio
Cuadra expresa: “Las tiranías y las compulsiones
bajo las cuales vivimos en estos días son una afrenta
moral para el hombre, la imagen de Dios. Y se está
volviendo cada vez más claro que nuestra
obligación moral fundamental es resistir la
complicidad y la sumisión a cualquier poder
abusivo, ya sea físico, moral o espiritual. Y esto es
complicado y peligroso a la vez.”

149
En 1961 funda la revista y la editorial “El pez y la
serpiente”, la que dirige por más de cuarenta años.
Ese mismo año se integra a la Junta Directiva que
establece la primera universidad privada de
Centroamérica, la Universidad Católica de Managua,
de la cual será Decano de la Facultad de
Humanidades y director de su Departamento de
Extensión Cultural.

En 1964, y desde ese año hasta su muerte en el 2002,
asume la dirección de la Academia Nicaragüense de
la Lengua, institución a la que había ingresado en
1945. El escritor Julio Ycaza Tigerino fue el secretario
de la institución durante dicho período.

Ese año, 1964, inicia en “La Prensa” su columna
“Escritos a máquina”. Ediciones Cultura Hispánica,
en Madrid, publica “Poesía” (selección 1929-1962).
En 1965 el Instituto de Cultura Hispánica le
galardona con el premio Rubén Darío.

En 1967 publica tal vez el más importante de sus
libros de ensayos: “El nicaragüense”, una reflexión
sobre la gente de su país, honda y perspicaz.

En 1968, la Editorial Universitaria, de León,
Nicaragua, le publica “Poesía escogida”. En 1970
publica sus libros de cuentos “Vuelva, Güegüense” y

150
“Agosto”. Y en 1974, la Editorial Universitaria
Centroamericana, de San José, Costa Rica, le publica
el poemario “Tierra que habla”.

Para 1976 publica, editado por El Pez y la Serpiente,
en Managua, su poemario “Esos rostros que asoman
en la multitud”. También ese mismo año publica su
libro de ensayos “Otro rapto de Europa”.

Durante todos esos años, desde 1954, va reformando
poderosamente sus creencias, valores y criterios
políticos, incorporando aquellos liberales, los que
favorecen regímenes democráticos, abiertos,
plurales, que respetan las normas legales, se ajustan
a poderes que poseen contrapeso y límites
establecidos, que acuerdan y aplican derechos
ciudadanos y civiles, promueven la alternabilidad, las
libertades públicas y el derecho a la crítica y al debate
abierto de las ideas, todo lo contrario de sus ideas
juveniles. Eso le convirtió en una persona con
autoridad moral en su comunidad, que se granjeó el
aprecio y respeto de sus conciudadanos.

La efervescencia neototalitaria

La tiranía de Tachito Somoza Debayle, que había
sustituido en el poder a su hermano Luis, tras su

151
muerte por infarto en 1967, hacía agua. Una rebelión
de la juventud y el pueblo nicaragüense, hastiado de
un gobierno inepto, inmoral, corrupto y mediocre,
era reprimida cruentamente por la dictadura. Pero
los tiempos habían cambiado.

En los Estados Unidos, la presidencia de Jimmy
Carter abogaba tomaba distancia de los regímenes de
fuerza y promovía la vigencia de los derechos
humanos. Las simpatías hacia la lucha de los
nicaragüenses se acrecentaba.

En 1978, Tachito Somoza ordena la muerte del
periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,
director del diario “La Prensa”. Pablo Antonio
Cuadra asume, en ese tiempo luctuoso, la dirección
del principal medio discrepante. Se involucra en el
apoyo a las fuerzas contestatarias sandinistas.

El régimen cubano se compromete en dar soporte al
Frente Sandinista de Liberación, organización de
orientación marxista fundada en 1961 por Carlos
Fonseca Amador, hijo de Fausto Amador,
administrador de los bienes de la familia Somoza.
Oficiales cubanos participan en los combates de la
ofensiva final. La tiranía se tambalea y, finalmente, el
19 de julio de 1979, Tachito Somoza escapa de

152
Nicaragua y el FSLN y sus comandantes asumen el
poder.

Cuadra, que celebra junto al pueblo nicaragüense la
liberación, presencia cómo la revolución sandinista
es trágicamente orientada a buscar transformar a
Nicaragua en una nueva colonia soviética en
América, al igual que Cuba.

Los comandantes sandinistas que apropian de las
propiedades de Somoza y sus colaboradores y se
mudan a las mansiones abandonadas o incautadas.
Asesores cubanos pululan por doquier. Medidas de
recorte a las libertades empiezan a imponerse de
manera dictatorial. Los Ortega buscan acallar
cualquier crítica, cualquier disensión. Y eso le
enfrenta a Cuadra, quien desde las páginas de “La
Prensa” denuncia los nuevos desafueros.

En 1979, en edición de la Academia Nicaragüense de
la Lengua, se publica su poemario “Cantos de Cifar y
del Mar Dulce” y en 1980, en edición de la
Presidencia de la República, de Caracas, Venezuela,
su poemario “Siete árboles contra el atardecer”.

En 1983 se inicia la publicación de su Obra Poética
Completa, que finaliza en 1989.

153
En 1985 es catedrático en la Universidad de Austin,
Texas, EE.UU. En 1986 obtiene el premio “Rímini”,
en Italia. Y en 1987 publica su ensayo “Aventura
Literaria Del Mestizaje”.

En las elecciones celebradas el 25 de febrero de 1990,
Violeta Chamorro, viuda de Pedro Joaquín Chamorro
y ex miembro de Junta de Gobierno de
Reconstrucción Nacional que gobernó tras la caída
del somocismo, gana las elecciones al Frente
Sandinista, encabezando una coalición de partidos,
con más del 54% de los votos. Un respiro
democrático volvía a la atribulada nación. Y la labor
editorial y de opinión de Pablo Antonio Cuadra había
contribuido no poco a este resultado.

En 1991, la Organización de Estados Americanos,
OEA, le otorga el premio “Gabriela Mistral”. Publica
su libro de teatro “El coro y la máscara”, compuesto
por tres piezas; “Death”, “Johana Mostega” y “Un
muerto pregunta por Julia”. Ese mismo año su
nieto, Pedro Xavier Solís Cuadra, publica un
Diccionario filosófico de Pablo Antonio Cuadra.
Solís Cuadra es director ejecutivo de la Asociación
Pablo Antonio Cuadra, subdirector de la revista El
pez y la serpiente, miembro de la Academia
Nicaragüense de la Lengua y presidente del Instituto
Nicaragüense de Cultura Hispana.

154
En 1992 se le propone como candidato al Premio
Nobel de Literatura. Se le concede la Orden
Fulgencio Vega y es declarado Hijo Dilecto de
Managua.

Ultimos años de vida

En 1993, mientras ejercía como director de “La
Prensa”, es nombrado Rector de la “Universidad
Católica Redemptoris Mater”, función que ejerció
hasta su deceso.

En 1998, siendo su nieto Pedro Xavier Solís Cuadra
subdirector ejecutivo de “La Prensa”, la familia
Chamorro, propietaria, le sugirió a Solís presentar su
renuncia. Cuando su nieto le visita y le informa el
caso, Pablo Antonio, que fungía como director, se
indigna pues ignoraba el caso. Se reúne con los
Chamorro y se produce un fuerte altercado que da
origen a que abandone el diario junto a su nieto.

En 1999 recibe el Premio Nacional de Humanidades
y publica su libro “Cuentos escogidos”.

En el año 2000 fue declarado Ciudadano del Siglo. Y
en febrero del 2001 le es otorgado el Doctorado

155
Honoris Causa, por la Universidad Americana, UAM.
Fue el último acto público al que asistió, pues venía
con una salud muy quebrantada.

Finalmente, a raíz de una enfermedad respiratoria,
fallece el 2 de enero del 2002 en su residencia de Las
Colinas, en Managua. Fue sepultado en 4 de enero en
Granada.

El novelista norteamericano Paul Berman, quien lo
entrevistó, dice de él en un artículo póstumo
publicado en “Letras libres”: “Sus méritos como
autor de mitologías poéticas y nacionalistas eran,
después de todo, enormes. La nota mestiza en el
nacionalismo nicaragüense, el prestigio mítico de
Sandino y de los guerrilleros en las montañas, la
grandiosidad de aspiraciones nacionales de
Nicaragua (una grandiosidad que, según creo, no
comparte ningún otro país de tamaño equivalente),
el toque de milenarismo en la concepción
revolucionaria nacionalista: todo ello era, en buena
medida, obra suya”.

Y para el escritor e historiador Jorge Eduardo
Arellano, Pablo Antonio Cuadra reúne las
características del verdadero intelectual, porque
“integró el concepto de intelectual por antonomasia,
lo encarnó totalmente, porque opinaba con

156
autoridad moral. Diría que es el intelectual del siglo
XX, y eso lo manifestó en sus escritos”.

Su vida, en muchos aspectos, reflejó los excesos, las
fantasías y delirios, los arrebatos que obnubilaron el
juicio de muchos escritores e intelectuales
latinoamericanos, atrapados en la seducción
totalitaria, sea fascista, como en su caso, o estalinista,
como en el de muchos otros. Eso no le impidió
producir una obra ejemplar y extraordinaria.

Más importante aún, la evolución de su pensamiento,
su alejamiento del culto al hombre fuerte del
fascismo, su adscripción a valores democráticos, a la
sociedad abierta y plural, a los derechos ciudadanos y
a las libertades, le llevó a ser un referente de
valiosísima importancia en la Nicaragua de las
últimas décadas del siglo XX.

Una vida y una obra de indudable valor. Y de
indudable enseñanza.

157
Las 7 cicatrices del líder, de Dío
Astacio

158
“Es un honor para el rey gobernar sobre muchos,
y una ruina gobernar sobre pocos”.
Proverbios 14,28 (NVI)

Dío Astacio, pastor, motivador, conferencista y autor
de libros de crecimiento personal, es una persona de
gran relevancia en la vida mía y en la de mi esposa.
Somos amigos y hermanos en la fe cristiana de Dío y
Evelyn, su maravillosa pareja. Y he compartido con él
también la pasión por impactar vidas y contribuir a
elevar el nivel profesional y humano de las personas,
a través del entrenamiento y la capacitación. Ahora
Dío Astacio nos premia y enriquece con este nuevo
libro cargado de inspiración, enseñanzas y guías: Las
7 Cicatrices del Líder.

Cuando Dío Astacio escribió su primer libro, Éxito
Integral, Las 8 Leyes Ocultas, que logró una
difusión sorprendentemente alta en un país muy
poco dado a la lectura como el nuestro, tuve el
privilegio de contribuir en la corrección de estilo del
mismo y quedé gratamente impresionado por su
exposición. Aquellas ocho leyes ocultas del éxito
resumían una sapiencia y una pertinencia singulares.
Y, de hecho, el libro fue aceptado, promovido y
apreciado por líderes como Theo y Maribel Galán,
diamantes ejecutivos de AMWAY, la corporación
159
creadora del modelo de network marketing, que
dirigen una extensa organización de mercadotecnia
de red, al igual que por otros líderes de esa y otras
organizaciones de venta directa. Dío fue orador
invitado en varias convenciones de EFinity, la
primera institución de capacitación acreditada por
AMWAY, tanto a nivel nacional como internacional.

Cito ese hecho porque EFinity entrena y capacita a
emprendedores que construyen redes de distribución
de bienes y servicios y estos tienen que pulir sus
habilidades de liderazgo, inteligencia emocional,
comunicación y trabajo en equipo, pues dichas
competencias son fundamentales para tener un éxito
significativo en ese modelo de negocio. La
experiencia de liderazgo en el campo que desarrollan
los constructores de redes de marketing les hace
tener una base sólida para juzgar la validez o no de
cualquier información sobre liderazgo que reciban.
Entrenar líderes, que dirigen organizaciones de
cientos, miles y decenas de miles de personas es un
honor que normalmente se reserva a personalidades
como John C. Maxwell, sin dudas la mayor autoridad
mundial en liderazgo vivo, Robert Kiyosaki, Brian
Tracy y autores de esa envergadura. Y a esas alturas
remontó con singular éxito Dío Astacio desde su
primer libro.

160
Cómo se construye el liderazgo

Este segundo aporte, Las 7 Cicatrices del Liderazgo,
del cual me concedió el altísimo honor de hacerle la
presentación en público el día de su lanzamiento,
reedita con amplio éxito el logro alcanzado con su
primer libro. Se trata de un aporte a la construcción
del carácter del líder, señalándole siete áreas de
prueba que tendrá que superar para consolidar un
nivel de liderazgo trascendente.

El liderazgo se construye ganando influencia,
respeto, aprecio y e identificación con las personas
que se agrupan alrededor de quien ejerce el papel o
rol de líder. No es impuesto. No se da por decreto. No
es un título o un puesto. No figura en un organigrama
corporativo. Es una relación que se gana con el
tiempo, y en su corazón están la integridad percibida,
los valores y la visión compartidos y el servicio que
presta el líder a sus colaboradores.

La integridad percibida, la congruencia entre lo que
el líder predica y lo que el líder hace, es la base de la
confianza. Los valores y la visión fundamentan
igualmente la credibilidad en el líder y la fe en hacia
dónde nos conduce, y también en su habilidad para
llevarnos allí a buen término. El servicio que el líder

161
proporciona genera reciprocidad, interés personal en
contribuir. Esa confianza, esa credibilidad, esa fe y
esa reciprocidad son claves en la construcción de un
liderazgo eficiente y eficaz.

Como aprendiz, lector insaciable y practicante de
relaciones de liderazgo, he quedado gratamente
sorprendido por estas 7 Cicatrices, aunque admito
que inicialmente me chocó el título por lo crudo del
mismo. Una cicatriz, por otro lado, indica un proceso
que ya sanó. El tejido conjuntivo cerró la herida
abierta y la selló. Simplemente recuerda un suceso
traumático superado. En el caso de estas siete áreas
de crecimiento en el carácter del líder, las cicatrices
señalan que el líder afirmó su carácter al superar las
pruebas a las que las circunstancias le sometieron.

Las 4 primeras cicatrices

¿Cuáles son estas cicatrices y por qué ellas tienen que
ver con el carácter del líder? La primera es la cicatriz
del perdón. En toda relación se producen situaciones
que entrañan algún tipo de injusticia,
incomprensión, maltrato, abuso o desconsideración
hacia quien ejerce el papel de líder por parte de uno
de sus colaboradores. Si quien ejerce el rol de líder
carga animosidades, rencores, intenciones de

162
venganza, eso nublará no sólo la relación con la
persona en específico que produjo la herida, sino con
otros colaboradores que se mirarán en aquel espejo y
sentirán que lo mismo les podría suceder a ellos.

La generosidad en perdonar es clave en la
construcción de un liderazgo genuino, sano y
creciente.

La segunda cicatriz tiene que ver con el valor. El
atreverse, el actuar con determinación, el arriesgarse,
son cualidades de indudable importancia. Nadie se
siente a gusto en seguir a una persona dubitativa,
irresoluta, cobarde. Y si bien tampoco apreciamos la
temeridad irresponsable, queremos sentir que quien
nos guía toma decisiones y encara con intrepidez las
tareas que se derivan de ellas.

La tercera cicatriz que trata Dío Astacio en su libro es
la de la paciencia. John C. Maxwell, que al igual que
Dío Astacio es pastor y desarrolló su liderazgo en
congregaciones cristianas, tiene un libro
fundamental en liderazgo: Las 21 Leyes Irrefutables
del Liderazgo. Una de esas leyes fundamentales es la
Ley del Proceso: todo logro toma un tiempo y un
esfuerzo. Nada significativo se construye de la noche
a la mañana. La premura es mala consejera. Antes de
crecer hacia arriba, las plantas primero crecen hacia

163
abajo: un crecimiento que nadie ve, pero es el que
sostiene al pequeño brote en su ascensión.

La paciencia, lógicamente, no es inacción; por el
contrario, es perseverante constancia, acción
consistente. Theo Galán, mi mentor, suele enfatizar
la importancia de la acción continua, de la
permanencia en el trabajo que es garantía de éxito.

La cuarta cicatriz es la de la oración. En los
momentos de incertidumbre, ante las situaciones
inesperadas, cuando nuestras expectativas son
desmanteladas por sucesos que las echan por el
suelo, cuando las cosas parecen no suceder en
nuestro favor, la fe es el único baluarte que nos
permite sobrepasar el mal momento. Orar, claro, no
sólo es sano en momentos de aflicción o
contratiempos, por el contrario, el Libro Sabio nos
recomienda poner en manos de Dios todos nuestros
planes, ya que si Dios no edifica la casa, en vano se
afanan los edificadores. Todo líder íntegro es,
simultáneamente, una persona de profunda fe. El
liderazgo es una responsabilidad inmensa, pues las
expectativas y la suerte de muchos dependen de
nuestra correcta conducción. Y necesitamos
iluminación de lo alto para acometer tal tarea con
éxito. Como bien reza Proverbios 16,1: “La gente hace
planes, pero sólo el Señor puede hacerlos realidad”.

164
Las 3 siguientes cicatrices

La quinta cicatriz que trata el autor es la de la
justicia. Y eso implica equidad, equilibrio,
discernimiento y compasión. No son una ni dos las
situaciones en que un sentido de justicia equilibrado
y compasivo serán útiles. Y en que también
cometeremos errores por exceso o por defecto. El
manejo de organizaciones y de personas, que implica
intereses, puntos de vista, percepciones y
expectativas contrapuestos y en no pocas ocasiones
contradictorios, pondrá a prueba nuestro sentido de
justicia y equilibrio más de una vez. Sume a estos
afectos, tendencias, proclividades e inclinaciones
naturales, junto a nuestra igual parcialidad y
limitaciones en información, etc. Mantener la
ecuanimidad, el apego a los hechos, la generosidad,
el desprendimiento, la búsqueda de consenso, la
propensión a ceder para alcanzar la mayor unidad de
criterio, etc., más que imponer y abusar del poder
otorgado es un rasgo que define al líder maduro del
que todavía está crudo para responsabilidades y
tareas de mayor envergadura.

165
Luego está la sexta cicatriz, la cicatriz del silencio. Tal
vez la mayor prueba de autocontrol estribe en saber
callar cuando todo impulsa a hablar. El silencio
implica en el liderazgo muchos aspectos: la
discreción frente a la confidencia, el tacto, el
autocontrol frente al ataque injusto o
desproporcionado; el manejo prudente de la
información. Las palabras hieren más que las
agresiones físicas, porque hieren en el corazón. Las
heridas emocionales son más difíciles de restañar. El
perdón y el silencio son las dos cualidades más
difíciles de desarrollar. A cada instante podemos
estar tentados a ripostar, a zaherir, a humillar, a
maltratar, a “poner en su puesto”, a lacerar una
relación. Se espera del líder ecuanimidad, capacidad
de aguante, temperancia.

De hecho, a no pocos líderes les hundió su
explosividad, la facilidad con que respondían a las
provocaciones. Perdieron la confianza de gente que
temía que tomaran decisiones emocionales basadas
en sus estados de ánimo y sus fluctuaciones
temperamentales. Dos ejemplos de ello son Juan
Bosch, brillante escritor y político de honestidad
sobresaliente; y José Francisco Peña Gómez, fogoso
orador y líder de masas. Ambos se enajenaron
simpatías por la facilidad con las que cedían ante
provocaciones y explotaban en público. Muchos

166
temieron las consecuencias de esa deficiencia de
carácter en el ejercicio del poder.

La séptima cicatriz que el autor trata es la cicatriz de
la humillación. Y como Dío Astacio nos muestra en
su libro, aquella trasciende a la humildad. Implica
domesticar el ego y someterlo. Ir más allá. Se trata de
un acto supremo de valor sobre uno mismo. Las
trampas del ego, la humildad de fachada, el
compromiso con nuestra autoimagen, pueden
llevarnos a conductas erróneas. Humillarse, aceptar
el error, pedir perdón, ceder y buscar el consenso,
excusarse aún cuando el error sea ajeno, muestra
grandeza de corazón y respeto.

La construcción del carácter del líder

Como vemos, todos son rasgos de carácter que van a
separar un liderazgo eficiente y eficaz, trascendente,
de un liderazgo temporal y limitado. Un líder
siempre se expone al juicio de los demás, y en la
medida en que su liderazgo se acrecienta, vive en una
casa de cristal donde todos se sienten en derecho de
opinar y juzgar sobre su vida. Y aquello que se le
tolera y acepta a cualquier otra persona en un líder
puede aparecer como una mancha intolerable. Es el
precio que el líder paga por la influencia y confianza
167
de que goza. Todo el mundo quiere sentirse guiado
por alguien de superior calidad a sí mismo. Usted y
yo queremos sentir que el conductor del vehículo en
que vamos tiene niveles de destreza, prudencia,
sentido común, experiencia y autocontrol superiores
a los de uno mismo, pues estamos confiando a él
nuestra vida e integridad personales.

Hay muchos libros que tratan las habilidades y
destrezas del liderazgo. Y hay una necesidad continua
de líderes en la sociedad. De hecho, la decadencia de
la calidad de liderazgo es algo que nos agobia.
Necesitamos líderes fuertes, confiables y capacitados
para llevarnos a un futuro mejor.

John C. Maxwell en el libro de Las 21 Leyes que
citamos, señala una que es la Ley del Tope: usted no
va a llegar más allá de su nivel mental de liderazgo.
Nuestro tope mental puede ser más alto o más bajo.
Ahora bien, todos tenemos un tope. Nuestra tarea es
elevar nuestro tope para no torpedearnos nosotros
mismos y ser nuestro propio obstáculo, como aquel
verso de un poeta persa que dice: “Eres tu principal
barrera; salta sobre ti mismo”.

Leer, aprender y ampliar nuestra cultura de liderazgo
es fundamental. De hecho, es una materia que debe
impartirse en todas las escuelas y en todas las

168
universidades. Como seres sociales, precisamos de
líderes con formación apropiada. Cuando la sociedad
carece de buenos líderes y de una cultura de
liderazgo sana, entonces favorece la aparición de
líderes inapropiados, dañinos, con las fatales
consecuencias que se derivan de un mal liderazgo.

Y lo más importante de un líder siempre será su
carácter, pues de él se derivan sus valores, su visión,
su ética y su integridad. Eso es lo que hace que este
nuevo libro de Dío Astacio, Las 7 Cicatrices del Líder
tenga tanta importancia para nuestro país, nuestra
región y nuestra humanidad.

La mayor prueba de liderazgo: dirigir
líderes

Dío Astacio lidera una congregación cristiana a la que
mi esposa y yo pertenecemos. Y en ella pastorea a
dirigentes políticos y empresariales como Elías y
Lourdes Serulle, él diputado y empresario
tradicional, y ambos zafiros de AMWAY, con una
organización de pujante crecimiento. Liderar líderes
es una prueba superior, pues como John C. Maxwell
enseña en su manual Desarrolle a los Líderes
Alrededor de Usted, el líder por naturaleza es

169
independiente, tiende a asumir la dirección y posee
criterio propio.

En ese contexto, las siete áreas de crecimiento
interno que Dío Astacio describe en su obra cobran
importancia capital. Nada más difícil de dirigir que
un líder. No hay reto mayor que ser líder de líderes.

¿Para quién es importante este libro? Para todos.
Todos estamos llamados a liderar a otros: nuestra
familia, nuestros amigos, nuestros colaboradores.
Todos ejercemos influencia, positiva o negativa. Pulir
y afirmar nuestras capacidades y destrezas de
liderazgo es vital para alcanzar logros significativos
en nuestras vidas. Todos somos líderes en algún
aspecto de nuestras vidas.

Y, en consecuencia, todos necesitamos construir en
nosotros esas siete áreas de experiencia de liderazgo,
esas siete cicatrices. El perdón, que comienza por el
perdón a nosotros mismos, el deshacernos de cargas
(rencores, victimismo, viejas ofensas), que lastran
nuestro presente. El valor para encarar los desafíos
del presente. La paciencia para aguardar que los
procesos se verifiquen, teniendo fe en los resultados.
La oración para obtener fuerza de lo alto, cuando nos
sentimos desmayar. La justicia para actuar con
equilibrio y compasión. El silencio para callar y

170
refrenar nuestra tendencia a herir. Y la humillación
para no dejar que el ego nos controle.

En el hogar, en el sector de residencia, en el trabajo,
en el grupo social con el que se interactúa, en las
relaciones profesionales, políticas, etc., en las
relaciones de uno consigo mismo, esas 7 áreas de
crecimiento del carácter tienen un papel cardinal
para una vida de logros positivos.

Este libro es un libro, que digitalmente puede
obtenerse en el enlace:
http://libreriabendicion.com/tienda/product_info.p
hp?products_id=86 , sin dudas destinado a cumplir
un papel importante como alimento espiritual de
personas que ejercen posiciones de liderazgo o que
están en camino a ello. Es un libro de cabecera al cual
volver una y otra vez a buscar guía y consejo. Su
apoyo en la Biblia, el manual de liderazgo por
excelencia, con sus cientos de historias y
recomendaciones, también es otro acierto del autor.
Abrevemos en sus páginas y nutrámonos para que las
heridas restañen rápido y las siete cicatrices maduren
nuestro rol de líderes.

171
Pequeños gestos de integridad y
grandeza

172
Un par de incidentes retratan a José Bianco. Invitado
a actuar como jurado por Casa de Las Américas, la
institución cubana establecida para granjearle al
régimen recién establecido las oportunas relaciones
públicas de los escritores, Bianco aceptó. Era por
entonces jefe de redacción de Sur, la excepcional
revista literaria argentina.

Victoria Ocampo, su directora, discrepó de ese viaje.
Instuyó sin dudas la finalidad. Anticipó el uso
político de la ingenuidad de artistas y escritores. Hoy
podemos ver claro. En aquellos tiempos el sueño, la
esperanza de un rendentor mesiánico; la fantasía de
una revolución social que restaurara la justicia y los
derechos; el encanto mediático de los comandantes y
las realidades cruentas y obtusas de América Latina,
con sus tiranos medievales, su caricatura de
democracia, sus matanzas, sus despojos, sus
pobrezas lastimantes y desvergonzadas, sus
engoladas oligarquías reacias a cualquier cambio,
todo eso hacia propenso a cualquier escritor o
intelectual a suscribir una posibilidad esperanzadora
de régimen justo.

Bianco, que no era comunista, que se había
enfrentado junto al grupo de intelectuales y artistas

173
congregados en torno a Sur al nazismo, al fascismo,
al falangismo y la peronismo, talvez en una mezcla de
simpatía y curiosidad no vio gravedad en su
aceptación.

Victoria Ocampo le pidió que hiciera público que su
viaje era a título personal y no como funcionario de la
publicación. No quería dar a entender un endoso al
régimen de los Castro que ya daba muestras de su
real catadura. Bianco no lo hizo. Y mientras
permanecía en La Habana, Victoria Ocampo hizo
publicar la aclaración.

Al regresar de Cuba, Bianco renunció. Una vieja
relación iniciada en 1938 se laceró abruptamente en
1961. Pasó entonces a trabajar en la Editorial
Universitaria de Buenos Aires, EUDEBA, que
operaba desde el 24 de junio de 1958. Allí dirigió una
colección que impactó en mi generación: “Genio y
figura”.

El 28 de junio del 1966 las fuerzas armadas
argentinas dan un golpe de Estado y derrocan el
gobierno constitucional de Arturo Illia, el presidente
que no cobró un centavo de su salario y devolvió al
gobierno golpista el importe de sus sueldos no
cobrados. Aquel golpe nefando reunió en un mismo
concierto a la cúpula empresarial, la militar y la
burocracia sindical peronista, todos emocionados
174
declarando una “revolución espiritual” en un país
cuyo crecimiento entonces era cercano al 8% anual.

El 29 de julio del 1966 la Policía Federal Argentina,
intervenida por el ejército que había dado el
cuartelazo el mes anterior e impuesto la dictadura
presidida por el golpista Juan Carlos Onganía,
irrumpió en la Universidad de Buenos Aires y
desalojó a autoridades, estudiantes y graduados que
se oponían a la asonada, de cinco facultades. Ese
evento es denominado La noche de los bastones
largos por las macanas empleadas por la policía
argentina para golpear a catedráticos, autoridades,
estudiantes y empleados, a los que hicieron pasar por
una doble fila mientras los apaleaban con fiereza,
luego de ser detenidos.

En aquel desafuero, que se repitió una y otra vez en
distintos países latinoamericanos, se produjeron
daños imperdonables: se destruyeron laboratorios, se
desmantelaron equipos como Clementina, la primera
computadora en América Latina, que operaba en el
Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas. 301
profesores universitarios, entre ellos más de 215
científicos emigraron huyendo de la represión y el
sombrío panorama que en Argentina empeoró.

Warren Ambrose, profesor de Matemáticas
norteamericano que vivió el abuso, contó al New
175
York Times su experiencia: “… nos hicieron pasar
entre una doble fila de soldados, colocados a una
distancia de 10 pies entre sí, que nos pegaban con
palos o culatas de rifles, y que nos pateaban
rudamente, en cualquier parte del cuerpo que
pudieran alcanzar. Nos mantuvieron incluso a
suficiente distancia uno del otro de modo que cada
soldado pudiera golpear a cada uno de nosotros.
Debo agregar que los soldados pegaron tan
duramente como les era posible y yo (como todos los
demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en
donde pudieran alcanzarme. Esta humillación fue
sufrida por todos nosotros -mujeres, profesores
distinguidos, el decano y el vicedecano de la
Facultad, auxiliares docentes y estudiantes-.”

Y de nuevo, José Bianco renunció.

Elegir los precarios territorios del desempleo con sus
angustias, carencias y estrecheces, al cómodo
comercio de valores y criterios, es todo un ejemplo
de coherencia, de integridad y autorrespeto. Sobre
todo, cuando se está asumiendo el sacrificio sin que
simpaticemos con la posible causa del mismo. Sobre
todo, cuando la edad la tenemos en contra. Sobre
todo, cuando nos evidenciamos como discrepantes de
una feroz dictadura militar que se empuercó en
conductas vergonzosas.

176
Hubo en Argentina una represión inmisericorde,
pero también los excesos, extravíos y provocaciones
delirantes de grupos extremistas que hicieron el
juego a los partidarios del autoritarismo militar. No
se puede condenar a unos, ignorando a los otros. Y
lamentablemente hubo escritores que se hicieron
cómplices de esos episodios al involucrarse en
acciones terroristas y justificar el uso de la fuerza
para imponer sus soluciones políticas. Escritores
partidarios del gorilismo cubano, la dictadura militar
de los Castro, tan nefasta e impúdica como la de sus
iguales, los Onganía, Videla, Pinochet y demás
criminales. Estos pasaron, pero la dictadura militar
cubana persiste sometiendo y vulnerando los
derechos de toda una nación, de todo un pueblo, con
el silencio cómplice de muchos escritores e
intelectuales que le hacen coro a los gorilas cubanos.

Suerte que existen también los que son capaces de
hacer esos pequeños gestos de dignidad, de decoro,
de entereza. Los que rescatan valores vapuleados por
los extremistas de uno y otro lado, que los cuestionan
por no ser útiles para sus fines. Suerte que existió
José Bianco, capaz de esta conducta proba,
responsable y ética en tiempos difíciles, violentos y
azarosos.

177
El poeta frente a su tiempo

178
“Hay intelectuales que apoyan el régimen y otros que
están en desacuerdo con lo que se está haciendo. Entre
ellos estoy yo. [...] Puedo decir lo que siempre les digo a los
amigos hispanoamericanos con quienes tengo la oportunidad
de conversar: [...] cuiden su democracia, aunque sea
deficiente, aunque no sea cabal, para evitar que pueda ser
destruida por algún caudillo”.

Rafael Cadenas

Si algo signa estos tiempos es la confusión y la
comedia estrafalaria.

Desvencijadas ideologías se reciclan y retumban de
nuevo sus consignas. Así, los delirios neototalitarios
son el pan nuestro de cada día en países al borde de
un ataque… ¡totalitario!: Venezuela, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua… En otros, como Argentina, la
pareja de los Kirschner arremeten contra los medios
de comunicación adversos con el fin de acallar,
someter, arrodillar… mientras se hacen pingües
negocios a costillas del Estado y todo disfrazado con
una vocinglería tercermundista de viejo cuño, del
gusto de los grupúsculos totalitarios que tapan y
vindican a quienes les corean sus ideas mostrencas.

Y hay aquellos que vindican el igualmente añejo y
desacreditado gorilismo: el golpe militar, el gobierno
179
de fuerza. Un dictador decrépito, Fidel Castro, es
enarbolado como un “ejemplo” ¿ejemplo de qué?, y
una gestión ineficiente, inepta, destructiva y ultra
represiva, un modelo de cómo destruir un país es
propuesto como el camino a seguir: Cuba. Y el senil
sátrapa enganchado a consejero llega al cinismo
mayúsculo de hablar sobre “la paz en Colombia”, él,
que ha sido uno de los titiriteros de la narcoguerrilla
que ha enchumbado de sangre Colombia. Pero, ¿nos
estaremos volviendo locos?

Las ideologías impiden pensar con cierto nivel
lógico y racional la historia y la realidad. Que el
llamado socialismo fue y sigue siendo una estafa es
cosa harto conocida. Lo fue en Rusia y los países y
pueblos sometidos a los dictámenes de una pandilla
de delincuentes extremistas que dieron un
contragolpe militar en 1917, sometieron por el terror
a todo un país y luego se asesinaron entre ellos
mismos: no otra cosa fue la mal llamada “revolución
rusa”, contrarrevolución real que destruyó las
conquistas alcanzadas por la Revolución de Febrero,
única experimentada en Rusia. Y luego, las
experiencias de las llamadas (los totalitarios son
maestros del arte del eufemismo) “democracias
populares”, gobiernos satélites sometidos a la KGB y
al dictador soviético de turno; de las improvisaciones
delirantes de Mao que arrojaron decenas de millones
de víctimas en China; los desparpajos criminales de
180
Mengistu en Etiopía, de Pol Pot en Kampuchea, de
Kim Il Sung en Corea del Norte o del patético Enver
Hoxa, el tirano de Tirana; la ineptitud atroz de los
violentos mandarines cubanos que traicionaron la
revolución libertadora contra Batista, la
corrompieron e impusieron una dictadura estalinista
en contra del pueblo cubano que dura ya 50 años,
todo eso ha emergido como los desperdicios, que
siempre terminan por flotar.

Sin embargo, pese a tanta ineptitud, tanto fracaso,
tanta mediocridad, tantos crímenes y abusos y tanta
barbarie cometida en nombre de “los nobles ideales
revolucionarios”, ¡ese modelo es el que los
demagogos populistas neototalitarios están
proponiendo como el camino a seguir por nuestros
pueblos!

Y por el otro lado, están los que quieren
retrotraernos a las igualmente ineptas y corruptas
dictaduras militares y gobiernos de fuerza que
pretendían ser la cura de los extravíos izquierdistas.
Lo mismo, en el fondo.

La libertad, la democracia, los derechos civiles, todo
lo que tiene de humano y decente la sociedad, aquello
que nos permite convivir sin destrozarnos a
dentelladas: el respeto a la discrepancia, el derecho a
expresarse, a asociarse, a elegir y ser elegido… Todo

181
lo que significa un paso de avance: la propiedad
privada que evita que el Estado subyugue al
individuo, que permite al que discrepa ganar sus
medios de vida y subsistir; la limitación de los
poderes del Estado y su dispersión en órganos que se
intercontrolan, los mecanismos institucionales para
vigilan el exceso, el abuso, la corrupción… Todo lo
que ha significado un mínimo avance está en trance
de ser barrido por la vocinglería de los demagogos
que cortejan y manipulan a masas enardecidas,
enseñadas a no pensar ni discriminar, acicateadas
con promesas de dádivas y prebendas a recibir
mediante el despojo de los que han reunido algunos
bienes o con la repartición de ayudas o préstamos.

Ese carnaval irresponsable en que se dibuja la
estremecedora imagen de la tragedia social y que está
llevando a países como Venezuela a una situación
explosiva e insostenible, tiene de parte de los
escritores e intelectuales tres opciones:

1. Sumarse a la cohorte de beneficiarios
2. Mantenerse irresponsablemente al margen
3. Asumir la responsabilidad de decir
verdades indeseadas

Rafael Cadenas, el gran poeta venezolano, escogió
con mucha dignidad y responsabilidad la tercera
opción. Y está pagando el precio de ello. Hay una

182
campaña asqueante de denuestos y calumnias en su
contra.

Era más fácil, claro, sumarse. Esa ha sido una
conducta que, cuando la matraca de calumniar que
manejan los totalitarios ve que es en su favor,
mueven a loas y santificaciones en su bien aceitado
mecanismo de crear ídolos: Benedetti, Galeano, son
algunos de los santones que nos proponen como los
máximos cultores de la poesía y la literatura. Y en
realidad nos lo proponen no por sus méritos
literarios, sino por su inveterada sumisión, por su
inmoral colusión, por su silencio cómplice.

El poeta Cadenas decidió asumir sus riesgos,
escogió enfrentar al poder. Y no un poder cualquiera,
se trata de un proyecto dictatorial latino que busca
aherrojar y destruir la sociedad venezolana. Es cierto
que la democracia venezolana se había ido
desfigurando y desvirtuando debido a la corrupción
que ADECOS y COPEYANOS, los dos partidos
tradicionales, propiciaron, mantuvieron y
fomentaron, lo que dio origen a que un país de
riquezas proverbiales desarrollara una cultura
gozona, facilona, despilfarradora, con una clase
pobre parasitaria, una clase media oportunista y una
clase empresarial coludida con los políticos para
enriquecerse más y más y más, mientras el país
dormía sus harturas.
183
Y en ese proceso, Venezuela se quedó sin líderes
válidos. Las viejas burocracias políticas, enquistadas
en las maquinarias electorales de Acción
Democrática y el COPEY, se repartían las sinecuras
de los puestos. La población, asqueada hasta la
náusea, se sentía estafada una y otra vez por los
mismos bribones de siempre, los seudo líderes de las
mafias políticas que no representaban a nadie. Y eso
abrió el camino al delirante caudillo Chávez.

Hoy Venezuela vive el trance de evolucionar o hacia
la consolidación de una democracia más real y
profunda o hacia la dictadura totalitaria del partido
único y el caudillo omnipotente. Los cuates cubanos
animan a Chávez a imponer la solución estalinista.
Los sectores que representan al pueblo y los intereses
sanos de Venezuela cargan con la responsabilidad de
impedir que el estalinismo de imponga. Y a la vez
diferenciarse de los viejos aparatos corruptos que
encharcaron a Venezuela en el pantano político en
que ahora zozobra.

Rafael Cadenas, desde las palabras con que
encabezamos esta presentación, nos llama a cuidar
esa frágil libertad, cuyas limitaciones y precariedad
en muchas ocasiones nos desesperan.

Cierto es que las depravaciones, las impunidades,
las arbitrariedades, la rapiña descarada, los abusos y

184
las vagabunderías de nuestros “políticos”, pandilla de
truhanes y bandidos que operan como mafias en
perjuicio de los pueblos, asquean , irritan y
desesperan. Pero no es reculando hacia atrás, hacia
pillos peores, hacia tiranos, hacia la dictadura del
caudillo, como vamos a avanzar. Es, por el contrario,
aunando fuerzas, educando, esclareciendo,
desenmascarando y forjando un polo moral de
referencia, para que tanto dolo y tanta robo y tanta
impunidad sean castigadas y emerjan partidos que
corrijan, enderecen, fortalezcan y mejoren nuestras
instituciones y nuestra democracia.

Somos países semidemocráticos. Más de
seudodemocracia formal, que de democracia real.
Pero lo poco que hayamos avanzado, lo exiguo que
podamos haber conquistado, lo ínfimo que hayamos
mejorado no es justo, ni inteligente, ni correcto
perderlo para retroceder endrogados por los cánticos
melosos de los demagogos que prometen villas y
castillas, cuando su único interés es destruir el
poquito de democracia alcanzada y retrotraernos
hacia la dictadura, y esta de un carácter más perverso
y criminal.

El poeta ha asumido su honroso rol, ha plantado
cara al Poder omnímodo y ha asumido una función
de referente moral. Grande en su poesía, Rafael
Cadenas es aún más grande en su ejemplo, en una
185
América Latina en que escritores, artistas e
intelectuales hemos dado espectáculos lastimosos de
sumisión, de indecencia, de rebajamiento moral.

186
El inmenso amor al dominicano en
Juan Bosch

187
Juan Bosch es nuestro narrador por antonomasia;
nuestro modelo de pulcritud y decencia políticas por
excelencia y nuestro más reconocido escritor. Dueño
de una prosa tersa, rica, y de una sensibilidad
excepcional frente a los dramas y tragedias que
sacuden las minúsculas vidas de la gente común y
corriente (campesinos, peones, trabajadores, etc.),
Bosch dejó plasmados en sus cuentos y novelas las
terribles experiencias que la miseria, la ignorancia,
los temperamentos primitivos y el atraso provocan a
humildes participantes de esas condiciones
tristísimas.

Más allá de la estética hay una ética; más allá del
discurso literario un discurso político: la obra de
Juan Bosch es una denuncia implícita de las
condiciones semisalvajes, atrasadas a niveles
escandalosos, en que se desenvolvía la vida de los
dominicanos a comienzos del siglo XX.

Su contacto posterior con sociedades de mayor
avance económico, político y cultural, como las
sociedades cubana y chilena en las que vivió, le
permitieron contrastar las condiciones imperantes y
desarrollar un pensamiento político de
transformación y cambio.

Bosch pudo comprender como el atraso dominicano
mantenía una sociedad de castas (gente de primera,
de segunda y no-gentes), dominadas por caciques

188
violentos y analfabetos, cerriles y venales, que
impedían cualquier tipo de progreso, todos
empecinados en medrar a costillas del erario público.

Y pudo evaluar el papel progresista de la tiranía
trujillista junto a su carácter criminal, ilegal y
depredador: el sátrapa feroz que no admite otro gallo
en el corral.

Buscó entender nuestra sociedad. Vio como los
grupos que medraron bajo el trujillismo y que
entronizaron a Trujillo, cuando vieron los aires
cambiar, se le voltearon. Cómo mostraron un
descarado interés en heredar al Jefe. Y fue víctima de
estos grupos, que lo sentían un advenedizo: se
sentían despojados de un poder por el que habían
conspirado, por el que se habían arriesgado y
derramado sangre, y que se les escapó de la mano en
las elecciones de 1962.

El golpe de Estado de septiembre del 1963 y el golpe
fallido del 1965, que devino en una guerra civil y,
posteriormente, en una ignominiosa intervención
extranjera, la segunda acontecida en el siglo XX, de
los Estados Unidos en nuestro país, radicalizaron
políticamente a Bosch.

Tuvo igualmente que encarar las provocaciones y
actuaciones aventureras de una “izquierda” delirante
que hizo el juego a sectores cavernarios, en un
intento (promovido desde Cuba) para provocar que

189
los extremismos, de izquierda y derecha, controlaran
el juego político en el país.

La táctica, prohijada desde Cuba, de provocar a
sectores retardatarios y propicios al crimen y a las
medidas de fuerzas de nuestra sociedad, tanto civiles
como militares, para que dieran un golpe de Estado
al Dr. Joaquín Balaguer, de manera que los desmanes
llevaran a una “radicalización de las masas” que
permitiera a minorías extremistas ganar
protagonismo y tener una posibilidad de alzarse con
el santo y la limosna, llevó a un derramamiento de
sangre, a atracos, asesinatos de humildes soldados y
policías, terrorismo y delincuencia política, que
fueron contestados con desapariciones, asesinatos a
mansalva, exilios, expedientes prefabricados y otras
acciones ilegales.

Si no llegamos a peores, se debió al papel que tanto
Joaquín Balaguer, desde el gobierno, como Juan
Bosch, desde la oposición, jugaron para impedir que
el país se hundiera en situaciones de mayor
salvajismo y sin control alguno.

Bosch procuró educar y elevar el nivel de conciencia y
cultura políticas del país. En 1973, posterior al fiasco
de la aventura guerrillera de Francis Caamano,
rompe con José Francisco Peña Gómez y el PRD y
funda un nuevo partido político que hoy gobierna
República Dominicana.

190
Prácticamente abandonó el cultivo de la literatura
para dedicar sus energías a la actividad política y a
explicarse y explicar la sociedad y la historia
dominicanas. Una amplia obra de sociología, historia
y teorización políticas fueron el resultado del
esfuerzo que realizó para entender y explicarse a sí
mismo, y a sus compatriotas, las complejidades de la
sociedad dominicana.

Vivió de manera austera, sobria, sin mayores
comodidades. Al final de su existencia, el empresario
José Luis Corripio, Pepín, encabezó una colecta
nacional para construirle una casa propia, una
muestra de la pulcritud y honestidad en la que
desenvolvió su vida.

Su temperamento, que podía encenderse en ira si se
sentía desconsiderado, abusado, maltratado o
injuriado, era igualmente propicio a la bondad, a la
misericordia y a la compasión por el débil y el
desvalido.

Pudo quedarse fuera, en países que le acogían con
respeto y admiración por su brillante obra literaria y
su aguda inteligencia, y vivir lejos de los niveles de
atraso, salvaje primitivismo e intereses mezquinos de
una sociedad sin ningún tipo de cultura o experiencia
democráticas, dada a las componendas, las
traiciones, al medrar a costillas de la cosa pública y a
todo tipo de crímenes, que salía de una dictadura
feroz en que todos los que vivían en el país, salvo dos
o tres excepciones, eran cómplices de los desmanes y

191
crímenes de Trujillo, incluyendo a quienes lo
ajusticiaron: sus amigos y subordinados.

No lo hizo, vino a educar, a servir y a aportar a la
educación democrática. A la tolerancia. Al tránsito de
una sociedad de privilegios, ilegalidades y abusos, a
una sociedad fundada en el respeto a las leyes, la
tolerancia y a los derechos individuales. Y fue
demasiado para nosotros.

Los sectores que se nuclearon alrededor de lo que se
denominó Unión Cívica Nacional, UCN, que fueron
los que conspiraron y ejecutaron el ajusticiamiento
de la bestia, el infame Rafael L. Trujillo, un
delincuente, cuatrero, chantajista y secuestrador, al
que sólo nuestra incultura democrática pudo facilitar
el que se entronizara como dueño y señor del país, y
al que todos terminamos cantándole loas y
aceptándole cualquier desmán; esos sectores,
conspiraron y propiciaron un cuartelazo que se llevó
al primer gobierno surgido de las urnas tras la
tiranía.

Ese acto irresponsable y abusivo fue el causante de
todo tipo de tropelías, crímenes y nefastas
consecuencias posteriores, entre ellas el
ametrallamiento a mansalva de los ingenuos jóvenes
que intentaron imitar cándidamente a Fidel Castro,
en un levantamiento inducido y preparado desde el
poder para que fracasara y, de paso, sirviera para
cumplir tres objetivos:

192
a) Ejemplificar la “amenaza” castrista para
asustar a los norteamericanos

b) Justificar el golpe militar y lograr el
reconocimiento del gobierno de facto.

c) Facilitar la eliminación física de los radicales
jóvenes del Movimiento 14 de Junio y
quedarse como el único referente
antitrujillista.

Los tres objetivos fueron logrados. Y de ahí se derivó
luego un golpe militar en abril del 1965, que originó
un enfrentamiento armado entre sectores de las
fuerzas militares del país y, el 28 de abril del 1965,
una segunda intervención abusiva de las fuerzas
armadas norteamericanas en nuestra tierra.

La historia, que en nuestro país se ejerce como estafa
y desinformación, por los intereses que se verían
afectados si la verdad esplendiera, no está dicha.
Toneladas de medias verdades y mentiras absolutas
sustituyen el real conocimiento de los hechos. Todos
se sienten a gusto con que no se remueva el altar, de
forma que no se caigan los santos, como solía decir el
hombre al que Trujillo admiró, imitó y modeló, el
sátrapa Ulises Heureaux, Lilis.

En su Centenario, nos sentimos orgullosos de ser
conciudadanos de este dominicano cuyo
desprendimiento, honradez, honestidad intelectual y
principios morales inquebrantables, son un ejemplo
no sólo para el país, sino para el mundo entero.
193
El intelectual independiente ¿Una
especie extinguida?

194
La vida de Ciro Alegría es tan rica en vicisitudes
como su obra. Hijo de un latifundista en un país de
estructura feudal en su tiempo, con haciendas
inmensas, agricultores y pastores pisoteados por
mayorales y amos que se sentían Dios en la tierra, e
indígenas despojados de todo derecho, Ciro Alegría
Bazán reaccionó contra aquello y reflejó en sus obras
la injusticia prevaleciente.

No sólo sacó a la luz la tragedia de los indios
esclavizados y reducidos a poco menos que nada,
víctimas de matanzas inenarrables, de abusos
despiadados, de una opresión inmoral que está en la
base no sólo de la narrativa peruana, sino también de
los estremecimientos de la política peruana, también
Ciro Alegría se comprometió con los esfuerzos por
cambiar la amarga situación social en su país. Y eso
lo puso más de una vez al borde de la muerte.

Ciro Alegría se vinculó a aquel movimiento
nacionalista y reformista que encabezó Víctor Raúl
Haya de la Torre, uno de los prohombres
latinoamericanos de mayor trascendencia y visión, y
cuyo impacto produjo aquel fenómeno que llegó a

195
conocerse como la izquierda democrática, un polo
de decencia, reformas, nacionalismo y orientación a
la educación y al progreso económico y social de
nuestros pueblos, del cual eran partícipes Pepe
Figueres en Costa Rica, Rómulo Betancourt en
Venezuela y Juan Boch, en República Dominicana. Y
su lucha por sacudirle al Perú la estructura
latifundista atrasada produjo enfrentamientos que en
el caso de Ciro Alegría le mantuvieron por más de 23
años expatriado y le lesionaron su salud.

Con Ciro Alegría tenemos, igualmente, un ejemplo de
una raza de escritores latinoamericanos de la
categoría de Rómulo Gallego, Juan Bosch y otros,
que fueron no sólo autores de valía excepcional, sino
también compromisarios de sacar a sus países del
atraso y promover desarrollo.

Esa corriente nacionalista, democrática, reformista,
que propugnaba por la reforma agraria, la
industrialización y el desarrollo, la educación y la
cultura, fue distorsionada y desviada en los años
sesenta por la penetración del marxismo.

Un objetivo central de los marxistas siempre es
penetrar y apoderarse de los llamados “aparatos
ideológicos del Estado”. Así, se introducen
masivamente en las escuelas y universidades, como
docentes, y en la prensa, como periodistas.

196
Igualmente, participan en las actividades artísticas y
culturales. Crean organizaciones aparentemente
independientes, culturales, que les funcionan como
frentes de amplificación y reclutamiento. Y en todo
lado actúan promoviendo unas ideas y figuras a
conveniencias de sus planes, y denostando y
desprestigiando otras, de forma que aquellos que
quieran el aplauso y el éxito fácil se arrastren tras el
apoyo que prometen a los que repiten mansamente el
guión provisto según en caso.

Entonces introducen un enfoque maniqueo y
perverso: que lo que define el ser “progresista”,
“democrático”, “revolucionario”, “de avanzada”,
etc., es subordinarse a lo que se le indique, repetir lo
que se le mande y apoyar acríticamente a la
“revolución” cubana. Quien cuestione o desentone,
de inmediato es vilipendiado por un torrente de
epítetos insultantes: “reaccionario”, “entreguista”,
“agente de la CIA”, “vendido al imperialismo”,
“fascista”, “derechista”, etc. Igualmente, se le cierran
puertas, se le descalifica y recibe el rechazo de los
escritores y artistas y medios “progres” que le
rehuyen como apestado.

Siendo así el caso, ¡imaginen quién quiere tirarse esa
canana! El terrorismo intelectual se impone. Los
sanbenitos se esgrimen para someter a disciplina a

197
los díscolos y a los que en alguna manera despiertan
del sopor ideológico.

Así, hemos visto que por oportunismo o cobardía,
por cretinismo o por vocación de esbirro, muchos
han renunciado a pensar de manera honesta,
independiente, centrado en valores y principios,
orientado sólo por los intereses de su país, de su
pueblo, del progreso y el bienestar humanos. Es más
fácil para muchos repetir como papagayos las
consignas dispuestas por el apparat que deriva de los
organismos de Seguridad de Cuba, en el caso
latinoamericano.

Ese intelectual que se batía con honor, enfrentando a
las oligarquías reaccionarias, a los jerarcas
envilecidos, a los políticos venales, a los regímenes
ilegales y corruptos, y representaba para su pueblo
un faro, una conciencia insobornable, un modelo de
decencia y pulcritud, y que permitía establecer
distinciones, está bien distante de muchos que
quieren arrojar a sus pueblos a tiranías más obtusas,
sanguinarias, serviles, oprobiosas, abusivas y
persniciosas que todas las experimentadas y
conocidas por nuestros infortunados países.

Viendo la vida de Ciro Alegría, el valor mostrado,
cómo honró y dignificó en sus letras a esas mayorías
irredentas y silentes, cómo fue más allá de la ficción y

198
se comprometió con acciones que buscaban redimir
al pueblo peruano y eliminar un modelo injusto y
atrasado, pienso ¿desapareció para siempre ese
intelectual nacionalista y progresista? ¿Se lo tragó
para siempre el servilismo a una ideología inepta,
estúpida y criminal, que no tiene un solo logro que
mostrar y sí mucha sangre que le acusa?

¿Acabó la epidemia marxista con el intelectual
independiente, democrático y comprometido con su
país y su pueblo? ¿Habrá desaparecido para siempre
esa digna especie que una vez floreció en América
Latina?

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Colección Lectofilia digital

1. palabra dada / ensayos Aquiles Julián

200
palabra dada / ensayos

El libro

Selección de ensayos dedicado a escritores dominicanos y
universales, la mayoría preparados inicialmente como
presentaciones a ediciones digitales elaboradas por el autor de
este libro. “Al comentar un libro, un autor, reflexiono sobre mí
y sobre mi realidad. Ellos sirven como puntos de referencia con
los que contrastar mis propias experiencias. Ellos me permiten
entender mi realidad y entenderme. Son un medio de aclarar
temas importantes en mi existencia”.

El autor

Aquiles Julián (El Seibo, Rep. Dominicana,
1953)
Escritor, teatrista y cineasta dominicano. Ganador
de importantes premios literarios en su país.
Empresario de network marketing. Editor de
varias colecciones digitales, entre ellas Muestrario
de Poesía, La Biblioteca Digital, Libros de Regalo y Lectofilia
digital. Sus artículos se reproducen en medios y blogs de
distintos países, entre ellos España, Uruguay y Estados Unidos.

l e ctofilia
digital
2011
201