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V I S O R revista literaria

Nº 21 - May. / Ago. 2021

Reseñas: Marcos Gualda / Violette Leduc


Ensayos: Sobre algunos cuentos de Rubem Fonseca / Las
bibliotecas ambulantes a través del tiempo / Manuel
Chaves Nogales, El refugio y el 11 de septiembre Creación:
José Luis Lozano / Mercedes Gutiérrez / Xavier Queipo /
Edgar Aguilar / Jesús Manuel Rivas / Amaya Michelena
© Revista Literaria Visor
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral Contenido
Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com

Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena Editorial..................................................................................3
Noel Pérez Brey
Reseñas.................................................................................. 4
Imágenes:
Portada: Stela Paya El actor secundario. Marcos Gualda......................................5
www.flickr.com/photos/150176946@N03 La bastarda. Violette Leduc.....................................................6
Contraportada: Nick Barkworth/ Fuente: Flickr
Contenido: Antonymes / Fuente: Flickr; Reseñas:
María Aurora Pires Marques / Fuente: Flickr; Ensayos: Mark Wi- Ensayos.................................................................................. 8
lliams/ Fuente: Flickr; Creación: RobD / Fuente: Flickr.
Sobre algunos cuentos de Rubem Fonseca, por Juan An-
Diseño: tonio Pacheco...............................................................................9
Noel Pérez Brey Las bibliotecas ambulantes a través del tiempo, por Ve-
rónica Ethel Rocha Martínez.................................................16
Esta revista se edita desde Illescas (Toledo - España) a través de la Manuel Chaves Nogales, El refugio y el 11 de septiembre,
siguiente dirección: por Ruth Murphy.......................................................................20
www.visorliteraria.com

Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente dirección de Creación.............................................................................. 29


correo electrónico: Check Point Charlie, por José Luis Lozano Arenas........ 30
visorliteraria@gmail.com
Buscadores de tesoros, por Mercedes Gutiérrez..............37
Sueño naranja, por Xavier Queipo...................................... 44
@ visorliteraria @ visorliteraria
La puerta de la terraza, por Edgar Aguilar........................52
Agustín Tirado, por Jesús Manuel Rivas............................ 59
Ahí te quedas, enano, por Amaya Michelena................... 64
Todos los textos e imágenes publicados en este número son propiedad
de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohibida la reproduc- Colaboraciones.................................................................68
ción total o parcial de los contenidos de esta publicación en cualquier
medio sin el consentimiento expreso de los mismos. Por otro lado, esta
publicación no se responsabiliza de las opiniones o comentarios ex-
presados por los autores en sus obras.
EDITORIAL

Demasiado blanco para el relato

La polémica saltó hace algunas semanas y seguro que estuvisteis al tanto, pero no po-
demos dejar de referirla: los representantes de Amanda Gorman se negaron a que Víctor
Obiols tradujera The Hill We Climb porque no era mujer, de origen africano ni activista. Aquí
dejamos un enlace a la noticia:
https://elpais.com/cultura/2021-03-11/quien-puede-traducir-a-amanda-gorman.html
Vaya por delante que cada cual es libre de hacer con su obra lo que le plazca y, si no quie-
res que cierto tipo de persona te traduzca, pues estupendo. Pero imaginemos que es al revés,
que un escritor de «origen europeo» vetara a una traductora de «origen africano» porque no
es hombre, blanco ni, pongamos por caso, conservador. Más le hubiera valido al desdichado
encerrarse en un agujero y esperar allí el descanso que ya no tendrá en vida, porque el es-
carnio y la retahíla de insultos que le iban a caer sería de traca.
En Países Bajos, por ejemplo, se eligió a Marieke Lucas Rijneveld, la persona más joven
y la primera holandesa en ganar el Booker International Prize, vamos, que no es ninguna
mindundi, pero tras la polémica por su elección (se calificaba de «incomprensible» que no
se hubiera elegido a una joven «orgullosamente negra»), renunció al proyecto.
Visto lo visto, entonces el traductor solo puede hacer bien su trabajo, captar todos los
matices e intenciones del texto, si es un calco en cuanto a orígenes, experiencias e ideología
Re s e ñ a s
del autor a traducir. Bien, en ese caso, ¿a Kafka solo puede traducirlo otro judío frustrado
quizá por no alcanzar sus sueños literarios; a Cervantes, otro excombatiente manco de ori-
gen castellano; y a los anónimos, no sé, alguien oculto acaso en algún tipo de programa de
protección de testigos?
Y, en el lado opuesto, ¿es que, como lectores, solo podemos llegar a comprender las his-
torias escritas por gente como nosotros? Pues estamos jodidos, porque en el caso de quienes
hacemos la revista solo podríamos leer a autores españoles, nacidos en democracia y un
tanto miopes. ¡Con lo que nos gusta la literatura inglesa del XIX! Y no llevemos la polémica
ya a cualquier otro ámbito laboral… sería de locos.
Lo dicho, que cada cual haga lo que considere con su obra, faltaría más. Pero, por nues-
tra parte, ya sabéis que leemos los relatos que nos enviáis a la revista sin conocer al autor y
que nos importa un carajo su procedencia, raza, ideología, género o clase social. Solo bus-
camos buenos textos, aunque a día de hoy, al parecer, eso no sea lo más importante.

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RESEÑAS RESEÑAS

El actor secundario juventud. Cierto


es que algunos de
La bastarda nales y nos arrastran a través de una perso-
nalidad rica y atormentada dispuesta a no
Marcos Gualda los capítulos le
Violette Leduc dejarse arrollar por su propia timidez e inca-
llevaron a sus re- pacidad para entablar fácilmente relaciones
cuerdos familia- en una sociedad llena de hipocresía y pre-
El actor secundario (Niebla editorial, Huel- Inmenso, estremecedor y cautivador, el li-
res en Granada, a tenciosidad. Leduc se detiene en los elemen-
va, 2020), de Marcos Gualda, es un libro de bro de Violette Leduc es una gran obra maes-
su peregrinación tos del paisaje que sacuden sus sentimientos
cuentos enlazados con suficiente tino, pre- tra infravalorada de la literatura universal
a la Argentina y enriquecen una prosa sensible, innovadora
cisa literatura y sobrado amor que no deja del siglo pasado. Reeditado tras décadas por
tras la huella in- y enfurecida, poco vista antes en la literatura
indiferente. Atrapa desde el inicio, o como la editorial Capitán Swing esta obra mayor,
deleble del gran francesa escrita por mujeres. Amiga del es-
se suele decir, es bueno, de buena factura. prologada por Simone de Beauvoir, nos arras-
Carlos Gardel o critor y diletante Maurice Sachs también en-
Pleno de coherencia, sin otro motivo vislum- tra con su verbo rico y brillante al periplo y
a viajes de pla- tabla relaciones con mujeres y hombres que
brado entre sus líneas que el de establecer un El actor secundario el sufrimiento de una mujer en la Francia de
cer por la Praga sostienen y hacen tambalear su a la vez frágil
diálogo hermoso y, por supuesto, íntimo con Marcos Gualda la primera mitad del Siglo XX hasta los años
recién liberada o y endurecida existencia en diferentes lugares
el lector, emocionante además, que conduce Niebla Editorial 60, cuando obtuvo reconocimiento literario
ese andar minu- y escenarios sociales y humanos. Leduc lu-
inevitablemente a una honda reflexión que Huelva, 2020 por figuras como Genet, Sartre o la propia
ciosamente es- cha por ser ella misma, por su autenticidad,
mantener con nosotros mismos. Beauvoir. La escritura de Leduc nos mues-
crutador por su sus amigos y amantes a los que se une y de
El libro de Gualda es reflejo, inevitable- tra a una joven sin pelos en la lengua, con un
barrio, por su ciudad. los que se separa en episodios marcados por
mente, de la propia experiencia vital de cada rico universo interior que se desparrama en
Marcos Gualda, más que hablar de sí mis- la alegría y el dolor más profundo, así como
cual, no ya de él, y esto lo hace universal, pa- sus hermosas y terribles frases, en sus mezcla
mo, ha dado un repaso a todos aquellos per- el temor a la soledad. Su completísimo voca-
trimonio de todos. Un cuidado, ligero y pre- de ironía y autobiografía sentimental. Des-
sonajes que se le cruzaron por el camino, y bulario y sus originales construcciones gra-
ciso texto que emociona hasta el llanto, más de su niñez a su juventud, Leduc luchó por
aquí su prodigiosa memoria es capaz de po- maticales nos dicen enseguida que estamos
allá de por la tristeza, que también, o como abrirse camino en un mundo masculinizante,
ner los vellos de punta al lector. Leer este li- ante un libro insólito y valiente en la forma
por la alegría, que están presentes a rauda- lesbófobo, intolerante y marcado por el fan-
bro emociona hasta el llanto, empuja a la re- y en el fondo. Leduc habla ya en la época sin
les, fresco y sonoro caudal, llega al alma por tasma de la guerra y la pobreza. Alternando
flexión íntima que nos lleva a encontrarnos tapujos del sexo y de la condición femenina
la enorme verdad, por la sinceridad con que su vida en el campo con su estancia en Pa-
con nosotros mismos, desnudos y verdade- y también lucha
está elaborado en cada palabra, en cada pá- rís en diversos empleos que la llevaron a pu-
ros, ante lo que nos quede aún por vivir y por por encontrar
rrafo y en cada capítulo. blicar sus primeros relatos, La bastarda tam-
disfrutar de estos paisajes y de estos paisa- un lugar propio
Es obra de tal enjundia que al rebuscar el bién nos acerca sin tapujos a sus historias de
najes que, con sobrada pericia, el artista de- en un París que
autor en su yo, al revelarnos las circunstan- amor, erotismo y desamor con otras mujeres
venido en actor secundario ha sabido dibu- puede volverse
cias que le han ido modelando a lo largo de en internados religiosos y escuelas de músi-
jar y explicar para hacernos un hermosísimo sombrío o lumi-
los años, regala al lector un paisaje que ha ca donde pasó su adolescencia. Un temprano
regalo. noso dependien-
ido dibujando al compás de sus relatos, el de y valeroso salto a la descripción sin medias do del periodo
la Huelva eterna y dulce de su infancia y su tintas de la pasión entre mujeres y de la lu-
© Bernardo Romero histórico y de sus
cha interior por encontrar el amor y la dicha. cambiantes esta-
Mezclando el presente y los recuerdos, Le- dos de ánimo. A
duc, ninguneada por su madre, querida por pesar de su inse-
su abuela, se adentra en la jungla parisina guridad y de las La bastarda
en busca de una oportunidad para el trabajo ruidosas tormen- Violette Leduc
pero también para las relaciones humanas. tas que sacuden Capitán Swing
Sus descripciones son crudas, líricas, pasio- la mente de esta Madrid, 2020

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RESEÑAS

peculiar aventurera, La bastarda es algo más cológico. En esta obra mayor, cita otras de
que una autobiografía, es un poema en prosa sus novelas y relatos cortos, donde también
sobre la dificultad de sobrevivir de la autora narra de forma explícita su amor por otras
en la Francia de la época desde su humilde mujeres y su resistencia durante los duros
origen hasta los nuevos círculos en los que años de la invasión alemana de Francia. Rico
empieza a moverse con dificultad. Leduc y sensual hasta la extenuación nos encontra-
demuestra ser un verdadero monstruo de la mos ante una obra mayor de la literatura del
literatura y es difícil abandonar las páginas siglo pasado, unas memorias convertidas en
llenas de descripciones y emociones de La arte de la palabra y en juego descarnado con
bastarda, a pesar de la acritud de algunos de el verbo y sus formas.
sus pasajes y del sufrimiento de la autora a
lo largo de su complejo recorrido vital y psi- © Eduardo Nabal Aragón

E n s ay o s
ENSAYOS

Sobre algunos cuentos de Rubem Fonseca


por Juan Antonio Pacheco

El primer cuento que leí de Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) fue
«Paseo nocturno», aparecía en el tomo II de la antología temática Los
cuentos de «El Cuento»1 llamada Los infiernos terrenales, recopilación reali-
zada por Edmundo Valadés (Guaymas, 1915, Ciudad de México, 1994),
editor de la ya mítica revista El Cuento. La antología la conocí por un
compañero universitario que tenía nombre de apóstol. Se contaban
historias tétricas de él, pues, se decía, le gustaba platicar sobre la me-
jor manera de infringir dolor sin dejar huellas. El feliz encuentro con
Fonseca fue definitivo y permanente. «Paseo nocturno» me deslumbró
desde su primera lectura. Es un texto breve y directo, con un final sor-
presivo que deja paralizado al lector pues tiene el efecto de un balazo o
uppercut letal del cual es difícil recuperarse. El relato presenta la escena
típica del regreso a casa después de un extenuante día de trabajo de
un alto ejecutivo empresarial. No hay forma de prever la manera cómo
concluirá el retrato de la vida aburrida del protagonista. El lector es
sorprendido en el mismo instante en que el protagonista enfila su auto
de tecnología punta para embestir el cuerpo indefenso de una mujer en
un barrio aislado. Familia, trabajo, lujos materiales, etc., todas las pro-
mesas del sistema capitalista puestas en entredicho por el pasatiempo,
digamos, peculiar del protagonista. Destroza la sangre fría y la falta de
empatía del protagonista, quien después de matar regresa a casa como
si hubiera jugado una partida de póquer para liberarse de la presión
provocada por el trabajo.
Mi siguiente incursión a los textos de Fonseca fue «Ciudad de Dios»
en la publicación de Alfaguara de Los mejores relatos. El texto es breve,
directo y no menos brutal que el comentado anteriormente: una mu-
jer, en venganza, pide a su esposo matar al hijo de una mujer solo por-
que esta la humilló en la escuela. Sin ningún tipo de empatía hacia el
niño o cualquier otra persona, Zinho accede sin chistar. Esto muestra
la sangre fría del criminal que está dispuesto a cualquier cosa solo por
complacer a su hembra. La violencia ejercida podría justificarse si se
infringiera a un rival que estuviera compitiendo en el negocio, pero
no, es todo lo contrario, es la violencia por la violencia misma, pues
se goza de total impunidad. Zinho accede y da la orden como una más
de las que manda ejecutar. El lector se pregunta si eso hace para satis-
facer a su esposa y se ensaña de tal manera con un niño que no le ha
hecho nada directamente a él, entonces qué es capaz de hacer con sus

9 | visorliteraria.com Fuente: esjatologico.wordpress.com


ENSAYOS ENSAYOS

enemigos2. una persona preocupada por la sociedad, la el nacimiento del hijo de Dios, está contenta, tante ahora ya no lo es. Por eso se integra,
En «Ciudad de Dios», hay una muestra de cultura o el género humano, y no es así, el se reúne, cena, departe entre amigos, y es ahí en el cuento, la canción «She's leaving home»
la violencia ejercida por los narcotraficantes poeta Rimbaud, por ejemplo, vendía escla- donde van a atacar. Entonces, el autor pasa que aparece en el álbum de 1967 Sgt. Pepper's
que acaban con todo. Cabe señalar la dife- vos en África, o hay un caso en la Ciudad de del odio entre clases sociales a abordar la Lonely Hearts Club Band. En la rolita aparece
rencia entre un narcotraficante y un mafio- México donde un joven que escribía poesía misantropía: la aversión hacia la gente, no la idea de la hija desagradecida que lo «tie-
so. Un mafioso, al estilo italiano, aunque es mató y canibalizó a su novia. La figura del importa su clase o su raza, su elegancia o sus ne todo» y abandona la estabilidad familiar
un criminal, tiene un código de valores don- poeta, el arte, la cultura e incluso la lectura privilegios. Por eso el nombre de Ana es pa- para buscar diversión.
de se respeta a la familia de los oponentes gozan de un gran prestigio, pero el texto de lindrómico. Los pobres, según el texto, odian Lúcia McCartney es precisamente lo que
[véase El irlandés (2019), de Martin Scorsese], Fonseca nos muestra otro matiz que a veces a los ricos, pero los ricos pueden odiar a to- busca: diversión, baile, disco, muchachos, di-
nunca será capaz de dañar al círculo fami- no nos detenemos a contemplar o no quere- dos, incluyendo a los pobres, claro. nero ¿fácil? y amor, por supuesto, pero ¿qué
liar e íntimo del mafioso: esposa e hijos, muy mos analizar pues resulta perturbador: que Cuando salieron Los cuentos completos entiende por amor esta chica? ¿Es el mismo
al contrario es el narcotraficante que no tie- el artista se comporte como un terrorista. en edición de Tusquets, descubrí en tomo I la ideal de amor que el de su hermana adop-
ne ningún código de honor, acaba con todo, El elemento que hace más interesante y obra «Lúcia McCartney». Este relato presen- tiva Isa? De ninguna manera, aunque Isa se
es capaz de mandar destazar a un niño, sin complejo aún el cuento es el personaje de ta un cambio en la temática y en la forma de vende esporádicamente, ella va buscando la
chistar, pues no tiene ninguna empatía por Ana Palindrómica. ¿Por qué el nombre? Un los cuentos que comentamos anteriormente. idea de una pareja estable —por eso espera al
nadie, es el macho alfa que se posiciona en palíndromo es una frase que se lee igual de El tema es el de la prostitución juvenil. Una «esposo» que nunca regresará—, punto que
la punta de la pirámide. derecha a izquierda y de izquierda a dere- jovencita, cuyo nombre artístico en los cir- no entra en el panorama mental de Lúcia, y
En ese libro, leí también «El cobrador». cha, un ejemplo de los más famosos es «Onís cuitos de prostitución por cita telefónica es menos aún cuando la jovencita se va a vivir
Encontramos aquí, por un lado, una mues- es asesino», «Anita lava la tina» o «Dábale Lúcia McCartney, se enamora de un hombre con sus tíos y declara: «No tengo padre ni
tra del resentimiento social y su evolución arroz a la zorra el Abad»3. Ana se escribe y que le dobla la edad. Es obvia la referencia madre. (Pero creo que es bueno que se hayan
a la misantropía en su vertiente criminal. El lee igual de izquierda a derecha que de de- a los Beatles y la música pop, pues esta jo- muerto, para que no queden como mis tíos)
protagonista siente un gran desprecio por recha a izquierda. A partir del casi inocente vencita es aficionada a la música y ha escrito Padre y Madre no hacen falta» (Fonseca, p.
la gente rica, guapa, educada..., y el odio lo juego de palabras, el autor introduce el tema incluso al locutor de alguna radiodifusora4; 257). Lúcia ha crecido sin figuras modélicas
lleva a matar. Asesina al doctor, viola a una de la misantropía, pues Ana no es una simple esto nos ayuda a situar la época en la que se y la que ha fungido como «tutora» no puede
mujer rica en un edificio, tiene un odio in- resentida social, como lo es el protagonista desarrolla la obra. ofrecerle un mundo que le sea atractivo a la
controlable. Solo está tranquilo cuando del cuento, de hecho, ella pertenece a la cla- Esta enfant terrible pone en entredicho las chica. Y el preferir a los padres muertos para
mata, recordemos la película Joker (2019) di- se privilegiada, pues vive en un edificio de nociones de familia, trabajo, sociedad, ena- no convertirse en lo «horribles» que son sus
rigida por Todd Phillips. Un elemento des- mármol, todos conocemos el alto valor mo- moramiento y juventud. El personaje feme- tíos, nos habla, en principio, del mundo sin
concertante es que el asesino es capaz de ac- netario del mármol, es una especie de sinéc- nino es una mujer huérfana que convive con atractivos para los jóvenes y, en segundo, del
tos nobles como el de inyectar a su casera, es doque que muestra el potencial económico su «hermana» adoptiva llamada Isa, esta es abandono y soledad de la nueva generación
decir, muestra empatía por alguien. Aunque, de Ana Palindrómica. Ella busca y encuentra la figura adulta que trata de formar y guiar para crear un mundo que les sea vivible.
también dice, algún día le dará un disparo al protagonista, ambos descubren que com- el sistema de valores de la jovencita, es su En el cuento se plantean distintos aspec-
como acto de bondad para librarla de sus parten el odio hacia la gente, ya no importa, maestra, sin embargo, si se me permite uti- tos del trabajo de prostituta. Por un lado, no
males. Sin duda hay un rencor social, pero si pues, si es rica o pobre, entonces se pasa del lizar una imagen, es un ciego guiando a un hay un cuestionamiento moral de si es ade-
ese fuera el único tema que se desarrolla en resentimiento social, los pobres odian a los tuerto. La «hermana mayor» tiene una re- cuado o no este tipo de labor. Una vez más,
el cuento, sería muy simple y maniqueo: ma- ricos, a un problema mayor: la misantropía lación donde muestra que el modelo de fa- debemos recordar, el buen arte no moraliza,
los contra buenos, pobres contra ricos, en- criminal, ya que Ana odia a todas las perso- milia tradicional se ha agotado: esposo-es- es el lector quien saca sus propias conclusio-
frentamiento entre feos y guapos. Y el buen nas, no importa ya si son ricos o pobres, ni posa-familia-trabajo ya no tiene el mismo nes. Simplemente se trata de un trabajo más.
arte de ninguna manera es maniqueo. su clase social o sus cualidades físicas, sino valor para las nuevas generaciones. El cuen- Por otro lado, la cultura, o las referencias
El protagonista es un asesino poeta, o, al que ella quiere acabar con todos, por eso to plantea un quiebre generacional, una culturales a Pessoa —poeta portugués— y
menos, pretende escribir poesía. Es un cliché planean hacer un atentado en Navidad. Fe- ruptura entre los jóvenes y los adultos en su Kafka —escritor checo— se vuelven tema de
pensar en el poeta como un ser ejemplar, cha por demás sintomática, la gente celebra sistema de valores, lo que antes era impor- conversación entre prostituta y cliente, esto

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ENSAYOS

algunas veces inclu- mano, el tema es tratado de forma novedosa


so llega a ser secun- y experimental, esto lo notamos en los diá-
dario, sino la relación logos, los posibles, los inventados y los que
que pueda entablarse sucedieron. Esta forma novedosa de narrar
entre las personas sin está acorde al juego de posibilidades y des-
importar si hay dinero enfado de la vida del personaje, así como al
o no de por medio. ritmo de la música pop de los Beatles donde
Posteriormente se todo parece una canción pegajosa del géne-
genera un juego de ro pop y un poco cursi del cuarteto de Liver-
seducción donde la pool. En cuanto a la experimentación na-
chica inexperta termi- rrativa, el lector debe elegir una línea para
nará enamorándose y formar el cuento:
será abandonada por
«No me avergüenzo de ser prostituta.
un hombre que solo Mi trabajo no es peor que
necesita a las mujeres [y las opciones son:]
para que le brinden el de una lavandera que lava calzoncillos.
placer. En ese sentido, el de una masajista.
el personaje masculi- el de una empleada que lava los baños.
no es mostrado como el de un dentista.
un animal que solo sa- el de una ginecóloga» (Fonseca, p. 252).
tisface su necesidad de Otro ejemplo.
contacto físico y des-
«¿Por qué
aparece: «La soledad [y las opciones que complementan el cues-
es buena [escribe José tionamiento son]
Roberto en una carta] te vendes?
(pero) después de va- eres prostituta?
ciarme con una mu- te acuestas con los hombres?]
jer o de hartarme con [veamos ahora las opciones de respuesta]
una mujer» (Fonseca, gano poco
en la oficina
p. 246), es decir, es un
hace más atractiva a la jovencita a los ojos que comento, se hace más compleja la re- en la tienda
macho que se comporta como un animal que
del cliente, aunque ella miente, pues no ha lación cliente-prostituta, pues evoluciona a en la tele» (Fonseca, p. 251).
solo satisface su deseo sexual, es una espe-
leído directamente a estos autores, sino que «amante-cliente» del lado de la chica y, en cie de depredador sexual sin posibilidades El complemento circunstancial de lugar
son referencias culturales que su oficio le cuanto al personaje masculino, nunca dejará de llegar al erotismo. Se plantea también la cambia el significado de la frase. El lector,
pide conocer para iniciar una conversación, de ser lo que es: un cliente, pues no presenta idea planteada en el cuento de la prostitu- al elegir una opción, tiene la posibilidad de
se trata de una mayor especialización, pues ningún cambio a lo largo de la obra. Hay, sin ción como un trabajo más, no para salir de modificar el desarrollo del cuento y sus in-
las prostitutas, nos deja entrever el autor, duda, una conexión física entre la joven y su la pobreza, sino como una forma de sobre- terpretaciones. Las posibilidades son las
también deben cultivarse. cliente, pero a Lúcia le parece muy atractivo vivencia mientras se encuentra algo más que variaciones de un tema como si se estuvie-
Y eso adelanta el siguiente punto a co- José Roberto, no por joven y musculoso — hacer, incluso algo que se hace por diverti- ra trabajando con una partitura musical, lo
mentar. En el tipo de relaciones de pago según ha descrito a los hombres que le gus- mento, como en la película del director co- cual recuerda a las Variaciones Goldberg, de
por placer no solo lo físico es lo que impera tan—, sino por, según ella, inteligente y culto. reano Kim Ki-duk Por amor o por deseo (2004), J. S. Bach. Lo anterior comprueba que, en la
como pudiera llegar a creerse5. En el relato Entonces, no solo lo físico es lo importante, En literatura, forma y contenido van de la buena literatura, Forma y Contenido van de

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ENSAYOS ENSAYOS

la mano. (3) Augusto Monterroso. «Onis es asesino» en


Movimiento perpetuo. Seix Barral, Biblioteca
Notas y bibliografía Breve, 1983.
(4) Esta práctica ya no es tan común en los
(1) El cuento, revista de imaginación tuvo dos
tiempos de la radio por Internet, pero en dé-
épocas, la primera data de 1939 y solo se pu-
cadas anteriores incluso la gente llamaba
blicaron seis números. La segunda época co-
para votar la canción que deseaba escuchar,
menzó en 1964 y terminó en 1999. Cfr. http://
es decir, concursaban para darle forma al
www.elcuentorevistadeimaginacion.org/in- programa de radio.
dexcuento.php (5) El poeta, cantante y escritor Joaquín Sa-
(2) Sergio González Rodríguez relata en El bina (Úbeda, Jaén, 1949) menciona que du-
hombre sin cabeza (Anagrama 2009) la prácti- rante la escritura de las canciones del disco
ca llamada «corbata colombiana», que prac- Vinagre y rosas acostumbraba contratar los
ticaban los narcotraficantes de esa nación servicios de una prostituta solo para platicar
y consiste en cortar la lengua de la víctima con ella. Romper una canción: así se escribió el dis-
desde la raíz y enviarla en un paquete a los co «Vinagre y rosas» de Joaquín Sabina. Aguilar,
familiares del rival. 2009.
Fuente: Numimastic Bibliomania Society

Juan Antonio Pacheco (Pach) (Ciudad de México, México, 1968). De padres yucatecos.
Cursó estudios de literatura en la Universidad Autónoma Metropolitana y en la Universidad Las bibliotecas ambulantes a acompañado la promoción de la lectura en
zonas alejadas a una biblioteca pública. Ac-
Nacional Autónoma de México. Fue Becario de Investigación en el Centro de Estudios Lin- través del tiempo
tualmente se transforman en espacios di-
güísticos y Literarios de El Colegio de México. Trabajó como Full Time Lecturer en la Universi- por Verónica Ethel Rocha Martínez
gitales accesibles y gratuitos, pero también
dad Hankuk de Estudios Extranjero, en Seúl, Corea del Sur. Imparte clases de Literatura en transforman e impactan positivamente en
The American School Foundation. En 2013 publicó su autobiografía El quinto escalón del cuarto
las comunidades ofreciendo experiencias
piso. Memorias de México y Seúl. Es amante de la bicicleta y usa la mayoría de las veces este trans- Sumario
lúdicas, culturales, artísticas y lectoras al al-
porte como una forma diferente de vivir la ciudad. Parte de su experiencia ciclista aparece en I. Las bibliotecas ambulantes en el siglo cance de las personas.
«Ser commuter en Ciudad de México» en la página digital de Ciclósfera. XIX y XX. Palabras clave
II. Nuevos trayectos en el siglo XXI. Promoción lectora, bibliotecas ambu-
III. Experiencias lectoras en la Biblioteca lantes, lectura, libro, bibliotecas, Biblioteca
ambulante Tlahtolli Ollin, Palabra en movi- ambulante Tlahtolli Ollin, Palabra en movi-
miento en el Estado de México. miento.

Resumen I. Las bibliotecas ambulantes en el siglo XIX


Las bibliotecas ambulantes a través del y XX
tiempo han sido espacios cercanos a las co- Las bibliotecas ambulantes surgen al fi-
munidades más distantes e inhóspitas, son nalizar el siglo XIX en diferentes lugares del
proyectos que a lo largo ya de cien años han mundo, nacen con la inquietud de llevar a

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ENSAYOS ENSAYOS

otros, libros valiosos, ideas importantes, co- poco impactaron la industria editorial. intención es contagiar a otros del placer de cuento, participar en una exposición, tam-
nocimiento y transformación. En México, las bibliotecas ambulantes leer, movilizar el conocimiento, la alegría bién son experiencias lectoras que cambian
Algunas de estas bibliotecas viajaron en formaron parte de un esfuerzo alfabetizador por descubrir parajes e historias a partir de la vida y la posicionan en una vereda siem-
cajas de libros plegables que se convertían al apoyado por José Vasconcelos como Minis- la imaginación como vehículo de trayectos pre abierta, creativa, satisfactoria y trans-
abrirlas en estantes, otras fueron transpor- tro de la Secretaria de Educación Pública habitables para la existencia humana. formadora.
tadas en carretillas. En Inglaterra, por ejem- en 1920, en aquel momento solo había 70 bi-
La lectura es, por tanto, la herramienta
plo, los misioneros, motivados por el fervor bliotecas y tan solo 39 de ellas eran públicas. III. Experiencias lectoras en la Biblioteca desafiante para el desarrollo de las perso-
de compartir la palabra divina, llevaban sus Los maestros que realizaban las misiones
ambulante Tlahtolli Ollin, Palabra en movi- nas. El acceso al libro como un derecho im-
colecciones de libros a las zonas más distan- culturales en los lugares más recónditos del
miento plica facilitar y aportar trayectos para que
tes (Biblioteca CRL Móstoles, 2017). país llevaban con ellos una biblioteca ambu-
El auge paulatino de las bibliotecas ambu- lante en una caja de madera a lomo de mula. Con sede en un fraccionamiento del Mu- las bibliotecas públicas y ambulantes cami-
lantes se basó en comprender que no basta- Un año después, en 1921, se creó la Direc- nicipio de Tecámac de Felipe Villanueva en nen y recorran trayectos posibles y habita-
da con tener bibliotecas públicas, pues el ac- ción de Bibliotecas Populares, dependencia el Estado de México, la Biblioteca ambulan- bles para las personas.
ceso a ellas se limitaba a zonas con muchos que apertura 165 pequeñas bibliotecas en te «Tlahtolli Ollin, Palabra en movimiento»
beneficios culturales, quedando aisladas co- seis meses, a ella acuden asociaciones obre- ha realizado a lo largo de dos años diferen- Bibliograf´ía
munidades sin infraestructura; de ahí surge ras y mutualistas con la intención de abrir en tes eventos de promoción lectora, un sin-
la idea de realizar acciones constantes para Biblioteca CRL (2017). Historia de las Bibliotecas
sus centros de trabajo espacios para la lec- fín de actividades en su sala de lectura, ha
motivar la lectura llevando libros a lugares ambulantes. Biblioteca CRL Móstoles. Obte-
tura. Bajo esta dinámica social, el Departa- abierto espacios para la educación inicial y
inhóspitos y ajenos a las ventajas que ofrece mento de Bibliotecas tuvo que clasificarlas nido de: https://bibliotecacrl.wordpress.
fortalece lazos de convivencia y respeto con
la civilización, fue así como las Bibliotecas en públicas, obreras, escolares, diversas y com/2017/03/02/historia-de-las-bibliote-
públicas en Estados Unidos de Norteaméri- un enfoque lúdico.
circulantes, sin embargo, estos nuevos espa- cas-ambulantes/
ca consideraron visitar las comunidades en Las experiencias lectoras se han transfor-
cios se convirtieron también en promotores Domínguez, C. (2014). Más fotos de Bibliotecas
sus condados, tal fue el caso de la Biblioteca mado en vivencias y posibilidades de creci-
de la cultural al ofrecer conferencias, lectu- ambulantes. Sitio web: lbropatas.com. Ob-
Pública del Condado de Washington, cono- miento personal; el interés que niños, jóve-
ras y debates (Fell, 1989). tenido de: https://www.libropatas.com/
cida como Washington Conty Library Wagon. nes y adultos pueden generar al contar con
libros-literatura/mas-fotos-de-bibliote-
Otra experiencia documentada ocurrió en el acceso habitual al libro abre espacios ade-
II. Nuevos trayectos en el siglo XXI cas-ambulantes-muy-originales/
Maryland entre 1857 y 1932, cuando Mary cuados a sus inquietudes.
Lemist Titcomb, motivada por la experien- Actualmente, las bibliotecas ambulan- Fell, C. (1989). Los años del águila. México:
En cada travesía se han intercambiado
cia de la Biblioteca ambulante en el condado tes se han transformado en muchos países, UNAM-IIH.
ideas, preguntas, reflexiones, momentos de
de Washington, decide crear los trayectos se movilizan en medios de transporte inédi- Maryland State Archives (2001). Maryland
escritura tan importantes como el decir por
del Mary Titcomb para llevar posibilidades tos, algunas de ellas, inmersas en la era di- women´s hall of fame. Obtenido de: https://
qué es importante ser mujer.
de lectura a lugares remotos (Biblioteca CRL gital cuentan también con centros móviles msa.maryland.gov/msa/educ/exhibits/
Responder ese tipo de preguntas repre-
Móstoles, 2017; Maryland State Archives, de Internet, tal es el caso de la Biblioteca womenshall/html/titcomb.html
senta una situación inédita para muchas
2001). ambulante del Condado de El Paso o la de
personas, pero en el instante en el que las Rocha, V. (2020). Gestión diseño e implementa-
El desarrollo de las bibliotecas ambu- Memphis que son proyectos integrales de
palabras surgen y enuncian un modo de ser ción del curso virtual Capacitación en promoción
lantes en ese país, se vio favorecido por los servicios con colecciones digitales, semina-
único, la lectura de la propia vida transfor- lectora en la era digital para favorecer el interés
avances en la industria automotriz, sin em- rios y educación profesional.
bargo, su frecuencia decreció cuando la te- Sin duda las bibliotecas ambulantes tam- ma ese momento en una poderosa herra- por la lectura en los usuarios de las Bibliotecas
levisión, la radio y el cine cumplieron un pa- bién visitan los lugares más alejados en mienta social. públicas del municipio de Tecámac, Estado de
pel importante como medios de información caballos, bicicletas, carretas o burros, in- Jugar boliche, realizar una libreta, armar México. (Tesis) Universidad Autónoma del
y de entretenimiento, con formatos visuales dependientemente de la infraestructura y un rompecabezas, leer en voz alta una his- Estado de Hidalgo.
mucho más llamativos que los libros, poco a apoyo tecnológico que las acompaña, su toria para los demás, crear con dibujos un

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ENSAYOS ENSAYOS

Verónica Ethel Rocha Martínez (Ciudad de México, México, 1973). Maestra en Ges-
tión de Instituciones Educativas con Modalidad Virtual, Especialista en Entornos Virtuales de
Aprendizaje, Licenciada en Pedagogía, Titular del Colectivo Tlahtolli Ollin, Palabra en movi-
miento. Profundamente comprometida con las circunstancias de su país y de una ciudadanía
planetaria cada vez más cercana a las realidades de tod@s los habitantes de este planeta.

Fuente: ethic.es

Manuel Chaves Nogales, El El ministerio del tiempo, cuando Julián y Alon-


so, disfrazados como miembros de la Guar-
refugio y el 11 de Septiembre
por Ruth Murphy dia Civil, llevaban los sombreros militares
más extravagantes que he visto en la vida.
A raíz de circunstancias mucho más gra-
Cuando quería aprender español europeo, ves, en estos últimos años el tema de esta
comencé explorando RTVE, ese tesoro de la contienda ha surgido en mi trabajo como
televisión pública de España. A mí me gustan traductora de yidis. Más del 10 % de los vo-
las series históricas y la primera cosa de la luntarios socialistas que peleaban al lado de
que me di cuenta fue cuántas series tenían los republicanos eran judíos, procedentes de
como tema principal o como escenario la los Estados Unidos, Palestina, la URSS y Eu-
Guerra Civil. Como muchos estadouniden- ropa. En la primera página de su libro In tsvey
ses, era algo sobre lo que no sabía absoluta- revolutsies («En dos revoluciones») el célebre
mente nada. Conocía el nombre de Franco, escritor y socialista ruso Refoyl Abramo-
pero no sabía todo lo que significaba. Había vitsh publicó una fotografía y una dedicato-
visto un cuadro de Picasso llamado Guernica; ria a su hijo Mark, secuestrado y asesinado
para mí era solo otro cuadro enigmático de por la policía secreta rusa, en la que lo des-
ese pintor. Aprendí un poco con El tiempo en- cribía como: «… [U]n fiel socialista y revolu-
tre costuras y, por supuesto, con el episodio de cionario, que el 4 de marzo de 1937 se fue de

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ENSAYOS ENSAYOS

París a Barcelona a luchar por la democra- tarde sería el cerebro de la invasión nazi «hartos de tanto ajetreo. Aquello era inso- rarla y, con un esfuerzo casi sobrehumano,
cia y el socialismo en España, fue allí el 9 de de Polonia, y utilizó la Legión Cóndor para portable». Al leer esta descripción tan vívi- despejan el cascote y levantan el inmenso
abril donde fue secuestrado a traición por practicar las técnicas de ataques coordina- da de Chaves Nogales, casi podemos ver a bloque que la retiene. El padre cuidadosa-
agentes del Comintern y la GPU»1. dos por tierra y aire, que consistían en bom- los chicos corriendo por las calles al refugio, mente la libera de su prisión y se sienta un
De manera fortuita llegó a mis manos el bardeos en picado y de saturación, los cuales quizá riéndose un poco y llegando siempre poco lejos con ella estrechada a su pecho,
libro de Manuel Chaves Nogales, A sangre y se incorporarían más tarde al Blitzkrieg de la antes que sus padres. La madre se encuentra pero ya es demasiado tarde.
fuego. Por suerte, he comprado la edición de Segunda Guerra Mundial»3. en medio de los preparativos de la cena, tie- En este momento suenan las alarmas y
2013, que, además de nueve cuentos, conte- Al inicio del relato, se retoman los bom- ne que recoger primero sus pucheros y, por todos se apresuran a encontrar un refugio a
nía los dos relatos nuevos descubiertos por bardeos. Desde la primera línea, Chaves No- su parte, el padre arrastra los pies frente a un excepción del padre, que se queda sentado
la Dra. María Isabel Cintas Guillén, experta gales nos hace saber que estos bombardeos proceso que encuentra humillante. Vemos entre las ruinas con el cuerpo de su hija en
en la obra de este autor, la cual ha investiga- ya han tenido lugar bastantes veces, por lo cómo los padres salen de la casa gruñendo, brazos. Nos encontramos ante el desenla-
do por más de veinte años. que los niños ya conocen el camino al refu- a regañadientes, y solo llegan al refugio des- ce inolvidable de esta historia y la cuestión
Ya con la curiosidad despierta, quise gio sin la ayuda de sus padres: «Como los chi- pués de la primera explosión. central de este ensayo. Todos los demás ya
aprender un poco más sobre este período y cos corrían más, llegaron antes al refugio». Como ha ocurrido varias veces, los hijos han huido; vemos solo la figura del padre
entender cómo lo había vivido el pueblo; por Estos ataques constantes y la reacción por ya están en el interior del refugio y los pa- agotado, todavía sentado inmóvil con su hija
eso tenía la intención de leer estos cuentos de parte primero de los niños y después de los dres están a punto de entrar, pero en este muerta. Llegan los aviones y le ametrallan,
Chaves Nogales. No sabía mucho del autor, padres, cuyos apellidos no llegamos a saber, preciso momento todo cambia: pero él ni siquiera levanta la cabeza para re-
pero había leído que tenía una reputación determinan de manera imprevista su desti- «Una bomba de ciento cincuenta kilos, accionar. Explica la última línea:
de ser un periodista imparcial empeñado en no, quién va a morir y quién va a sobrevivir: lanzada por un avión fascista, fue a caer
«El dolor le había hecho invulnerable e in-
informar sobre la realidad de forma veraz. sobre el tejado del refugio, traspasó como
«Los aviones fascistas bombardeaban la vencible».
De ninguna manera pensé que encontraría si fuesen de papel los pisos del caserón y
villa de hora en hora y en ocasiones los
un cuento que me iría a afectar de manera explotó sobre las cabezas del medio millar En su introducción al libro, Cintas des-
cuatro toques de sirena que anunciaban
tan personal y que cobraría tanta relevan- el cese del peligro eran seguidos de una de seres hacinados en los sótanos»6. cribe como «la conclusión transciende el
cia con un acontecimiento de mi época. Eso nueva señal de alarma, porque otra escua- Cuando se disipa la gran nube de pol- momento y la víctima. Una vez pasada la
es lo que pasó con El refugio, una narración drilla facciosa venía a relevar a la que en vo provocada por la explosión, nada queda situación de mero testimonio documental
tan bien escrita que, como afirma Cintas: «El aquellos momentos se alejaba después de informativo, el hecho permanece en la con-
del caserón salvo el cascote y las retorcidas
derramar su carga mortífera sobre las vi- ciencia de los ciudadanos y de la sociedad
dramatismo de la situación no ha sido supe- vigas de hierro. El padre se lanza a encon-
viendas hacinadas […]»4. como un alegato, en este caso contra la mi-
rado por otros relatos de Chaves Nogales»2. trar a sus hijos, muy pronto lo acompañan
El refugio nos sitúa en la ciudad de Bilbao, A pesar del enorme peligro que suponen su mujer, vecinos, bomberos y cuadrillas de seria y la crueldad humana»7. Sin duda es así,
en junio de 1937. Durante la guerra, Bilbao los bombardeos, los primeros párrafos del obreros de rescate en la búsqueda de sobre- era un alegato muy claro y contundente con-
fue sede del Gobierno Autónoma Vasco, es- cuento recrean un ambiente desenfadado, vivientes. Encuentra a sus tres hijos sin vida, tra lo horrible que es la guerra. De hecho, el
tablecido en 1936. Ya habían transcurrido casi lúdico. En ellos se describe cómo solían uno de ellos sacado del cascote «a puñados». relato atestigua la experiencia que vivió de
dos meses desde la masacre infame en la pla- comportarse los miembros de esta familia La madre, cuando ve a dos de sus pequeñitos cerca Chaves Nogales, ya que había sobrevi-
za del mercado de Guernica, paso obligato- cuando sonaba la alarma. Para los niños, es abrazados al morirse como siempre lo ha- vido a los bombardeos de Madrid.
rio para las tropas franquistas en su avance una carrera: «Aquello de esconderse de los cían en la cuna, se desmaya. Los vecinos la El escritor vivía allí con su familia al esta-
hacia Bilbao, que no tardarían en bombar- aviones no pasaba de ser para ellos un juego alejan de allí y no sabemos nada más de ella. llar la Guerra Civil, donde permaneció tra-
dear. El general Emilio Mola y Vidal, conoci- divertido». Después de cruzar la calle dando El padre sigue buscando a su hija, Carmen- bajando para el régimen democrático. Fue
do como el Director, estaba al mando de las saltos, encuentran en el refugio a todos los chu. testigo de la crueldad de ambos bandos y
tropas nacionales del norte. Contaba con el amigos del barrio. Para los niños, el refugio Por fin la encuentra, atrapada debajo de cuando la Segunda República huyó de Ma-
apoyo aéreo alemán de la Legión Cóndor, no es un sótano, sino un lugar misterioso «de enormes bloques de cemento. Todavía está drid a Valencia, se dio por vencido y se exi-
comandado por el teniente coronel Wolfram algún palacio encantado»5. con vida, pero muy débil. Un equipo de sal- lió a París. No quería ir, «pero la estupidez
Von Richthofen. Richthofen, quien «más Para los padres, es un fastidio, ya están vamento trabaja frenéticamente para libe- y la crueldad se enseñoreaban de España».

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ENSAYOS

Como era su costumbre y, a pesar de ser re- en ese momento,


publicano, Chaves Nogales informó sobre nadie sabía nada,
las atrocidades cometidas por ambas partes. solo sabíamos
En el prólogo de este libro, nos explica que que iría mal, muy
«mi única y humilde verdad era un odio in- mal. Estábamos
superable a la estupidez y a la crueldad»8. otra vez conmo-
No sabía Chaves Nogales, no podía saber, cionados sin po-
que su descripción tan precisa del momento der creer lo que
en el que se derrumbó el caserón, que mató acabábamos de
y atrapó a tantos en sus sótanos, llegaría re- ver. A mí me do-
levante a otra época y a otro país, en una lía el pecho físi-
guerra que todavía no había comenzado. Tal camente, dolor
descripción me evocaría un recuerdo tan que permaneció
fuerte que, al leer sus palabras, sentía como conmigo todo el
si viera caer otra vez los edificios hace dieci- día. Veintinueve
nueve años. minutos más tar-
Porque esta escena yo la he visto, la he de, cayó la otra,
visto con mis propios ojos, sentada en una la escena se repi-
abarrotada sala de descanso con mis com- tió, golpe a gol-
pañeros, donde presenciamos con conmo- pe, en una agonía
ción y horror cómo caían las Torres Geme- atroz. De manera
las, primero la Torre Sur y después la Torre similar a los pa-
Norte. Veíamos con ojos incrédulos cómo se dres de El refu-
alzó esa misma gran nube blanca, en la que gio, estábamos
desapareció todo: los edificios, la gente que abrumados por
miraba desde la calle, incluso la propia calle la tristeza, por la
y después sentimos ese dolor, ese pesar tan impotencia. Solo
grande al ver la silueta tan reconocida de la podíamos mirar
ciudad de New York con ese sitio vacío tan las imágenes, sin
cruel. hacer nada.
Chaves Nogales cuenta como: «El caserón Lo que no entiendo de este cuento, lo que vivir o morirse. Esto no significa que fuera y los Estados Unidos? ¿Pretendía animarlos
se había desplomado y no quedaba de él más me desconcierta, es esta última oración, ha- invulnerable e invencible; tampoco implica con las palabras invulnerable e invencible?
que un montón ingente de cascote, vigas de blando del infeliz padre: «El dolor le había que estuviera derrotado, que se hubiera ren- Chaves Nogales no sería el primero en re-
hierro retorcidas…. Debajo había medio mi- hecho invulnerable e invencible». ¿Qué que- dido a sus enemigos, al destino. Simplemen- currir al «hábito de utilizar el asesinato en
llar de seres humanos». Eso también lo ha- ría decir Chaves Nogales con estas palabras? te supone que no le importaba nada. Estaba masa como texto para promover fines perso-
bíamos visto ese día terrible después de que La cuestión central sería, ¿por qué estas pa- vacío por dentro. nales con el objetivo de abordar la capacidad
cayera la primera torre. Está fijado en mi labras de victoria? Chaves Nogales escribió El refugio en 1937, humana de ejercer la bondad o su habilidad
memoria para siempre lo que se descubrió al Me resulta complejo interpretar esta fra- cuando ya estaba exiliado en París. No pudo para resistir ante la opresión»9. ¿Cuántos de
despejarse esa nube de polvo: quedó reduci- se. Aunque su mujer todavía estaba viva, se publicar el cuento en España, de hecho, no nosotros hemos oído a algún político tratar
da a un montón de cascote y a unos esquele- presenta al protagonista como si hubiera se publicó allí hasta 2013. Entonces, ¿a quién de explicar una tragedia nacional así? Es un
tos de hierro. Allí, debajo, había millares de perdido todo. El padre no levantó la cabeza, quería llegar con esta narración, con este tes- fenómeno muy común representar el Holo-
seres humanos, quizá decenas de millares; no huyó de las balas, porque no le importaba timonio? ¿A sus expatriados en Sudamérica causto centrándose en los pocos que de un

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ENSAYOS ENSAYOS

modo u otro pudieron quedar con vida y no ción dice lo correcto en el sentido que cual- estaban en París y la situación se volvió aún invulnerables e invencibles?
en los millones de almas inocentes que pere- quier cadáver es invulnerable e invencible, pero más peligrosa para él. Para eludir la Gestapo, Sigue, para toda la eternidad, la batalla
cieron; o en los pocos que hicieron lo correc- efectivamente, el padre no es invulnerable e Chaves Nogales llegó a Inglaterra en 1940. entra la bondad y la maldad. Y persistiremos
to, ignorando a los millares que eligieron ha- invencible ni vulnerable y vencido. Ya no tienen Su familia regresó a España. En Londres re- también eternamente intentando enmendar
cer el mal. Langer escribe sobre «quien usa ningún sentido estas palabras. Físicamente anudó su vocación de periodista y como ha- el daño que ha causado el hombre, hombres
el Holocausto para enseñar la tolerancia» de está vivo, pero su espíritu ya falleció. No se bía hecho toda su vida profesional, se dedicó como los de Chaves Nogales en El refugio,
todas las cosas; sobre los que reescriben el inmuta con las balas y bombas que caen cer- a contar la verdad. Se murió de peritonitis el hombres que «se afanaban por salvar unas
Holocausto como si fuera una tragedia del ca de él, porque le resulta indiferente. Hasta 8 de mayo de 1944. Se dice que sus últimas vidas que otros hombres se obstinaban en
escenario, buscando entre las víctimas «pa- la muerte de Carmenchu había esperanza, palabras fueron «Al final no voy a llegar a destruir»19.
ragones de la dignidad heroica para rescatar pero cuando ella murió, su razón de ser se ver la victoria»16.
gestos individuales de autoafirmación del fue con ella. No hay necesidad de huir, de in- Qué pena entonces que las barbaridades Notas y bibliografía
anonimato de la matanza masiva»10. Es una tentar salvarse; el enemigo ya le había roba- de la Guerra Civil fueran solo el principio
(1) Abramovitsh, R. In tsvey revolutsies: di ges-
tergiversación, «La dignidad de la una no nos do todo el despojo. de una nueva oleada de la inhumanidad del
hikhte fun a dor. Ershter band. Farlag «Arbe-
cuenta nada de la indignidad de la otra»11. En esta última escena, Chaves Nogales no hombre contra el hombre, que serían de in-
Puede ser que Chaves Nogales quisiese pretende inspirarnos, ni alabar el triunfo del ter-ring», 1944. New York, NY. [traducción
mediato ensombrecidas por las atrocidades
presentar a un hombre que después de reci- espíritu humano. Ni siquiera el hecho de que propia]
del Holocausto, «un fenómeno cuya magni-
bir esos golpes tan severos no tenía ningún el padre haya sobrevivido nos sirve de con- (2) Chaves Nogales. A sangre y fuego: Héroes,
tud ha desafiado todos los intentos de com-
miedo a enfrentarse a ese enemigo anónimo suelo, no se trató por un acto de heroísmo o bestias y mártires de España. Introducción de
prensión y de definición»17. Ni siquiera la
que sobrevuela la escena, como si eso fuera una demostración de honra o dignidad. La imaginación fértil de Chaves Nogales pudo María Isabel Cintas. Libros del Asteroide,
de hecho algún tipo de triunfo. Tal vez pre- verdad triste es que los padres estaban vi- inventar lo atroz del Holocausto porque era 2013. Barcelona, España. p. xvii.
tendió con su final ofrecer a su patria una vos mientras que sus hijos muertos porque inconcebible. (3) Preston, Paul. The Spanish Civil War: Reac-
visión de la fortaleza interna «que permitie- eran tercos y tardaron en llegar al refugio. También hasta el año 2001 era inconcebi- tion, Revolution, and Revenge (Revised and Expan-
ra a la especia humana superar tal desastre Sobrevivieron por casualidad, por un capri- ble que en nuestra época tuviéramos gente ded Edition). W. W. Norton & Co., Inc., 2007.
universal sin mermarla y con el tejido de la cho del destino. De manera similar a la ex- que creía que la mejor manera de resolver New York, NY. pp. 266 – 267. [traducción
esperanza intacto»12. Y tal vez lo logró con periencia de muchos sobrevivientes del Ho- sus problemas era estrellar aviones llenos de propia]
sus lectores contemporáneos. locausto, salvaron sus vidas no por estar en pasajeros contra las Torres Gemelas, el Pen- (4) Chaves Nogales. p. 287.
No obstante yo, al analizar esta línea tan el momento justo en el lugar indicado, sino tágono y otro objetivo desconocido. Nunca (5) Chaves Nogales. p. 288
enigmática, la leo de otra manera. Propongo por no estar en el lugar equivocado en el sabremos el blanco del United Vuelo 93, gra- (6) Chaves Nogales. p. 288.
que, en lugar de escribir un final inspirador, momento equivocado y no hay motivo para cias al valor de sus pasajeros que eligieron (7) Chaves Nogales. p. xviii.
Chaves Nogales pretendió que esas palabras el consuelo. El padre entendería a Hannah morir luchando. Aunque su avión se estrelló (8) Chaves Nogales. p. 5.
reflejaran ironía, que quería teñirlas de toda F., que al explicar cómo sobrevivió de dos en un campo de Pennsylvania, ellos murie- (9) Langer, Lawrence L. Preempting the Holo-
su decepción, toda la amargura que sentía deportaciones a Auschwitz, con paradas en ron literalmente invulnerables e invencibles. To- caust. Yale University, 1998. New Haven and
por su país del cual «ya no había nada que los campos de concentración de Majdanek y dos los que vieron los acontecimientos de ese London. P. xvii [traducción propia]
salvar»13. Esta escena final no era ninguna Kraków-Płaszów, dijo «No era la suerte, era día recuerdan a las personas colgadas de las (10) Langer, Lawrence L. Preempting the Holo-
escena de exaltación, sino el espejo de la la estupidez»14. ventanas rotas de las Torres Gemelas, inten- caust. Yale University, 1998. New Haven and
desilusión y la consternación del autor. El Cuando Chaves Nogales escribió estos tando respirar. No puedo olvidarme de las London. P. xvi [traducción propia]
refugio es una ventana a través de la cual po- cuentos en 1937, su vida había empeorado más de doscientas almas que o saltaron o se (11) Langer, Lawrence L. Preempting the Holo-
demos llegar a ver la frustración que debía considerablemente. Después de haber hui- cayeron, una después de la otra, intentando caust. Yale University, 1998. New Haven and
sentir él y también la pérdida de su amada do con su familia de España a París con un escapar de los incendios a más de 1.100oC18. London. P. xvii [traducción propia]
patria. precio en su cabeza, ya entendía que «a los Las que decidieron saltar después de tomar (12) Langer, Lawrence L. pp. xvi-xvii.
Interpretándola según el prisma del Ho- españoles les espera una larga dictadura, esa decisión a la que absolutamente nadie (13) Chaves Nogales. p. 6.
locausto y del 11-S, lo entiendo así: sí, la ora- sea quien sea el vencedor»15. Los fascistas ya tendría que enfrentarse, ¿eran ellos también (14) Langer, Lawrence L. Holocaust Testimo-

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ENSAYOS

nies: the Ruins of Memory. Yale University, 1991. ght: Essays on Primo Levi by Susan Tarrow. Cor-
New Haven and London. P. 64 [traducción nell University Press, 1990. P. 41. [traducción
propia] mía] http://academic.brooklyn.cuny.edu/
(15) Narbona, Rafael. «Manuel Chaves No- modlang/carasi/publications/Levi1.html
gales: los desastres de la guerra». El Cultu- 20/9/2020
ral. 18/01/20. elcultural.com/manuel-cha- (18) Jones, Steven et al. Extremely High Tempe-
ves-nogales-los-desastres-de-la-guerra, ratures during the World Trade Center Destruction.
21/09/20. ResearchGate, 15 Years Later: On the Physics
(16) Casero, Christina. «Cuando Chaves No- of High-Rise Building Collapses, enero 2008
gales recuperó la libertad en Londres». Pu- (fecha original 2001). P. 11. https://www.
blico. Londres, 24/02/2019. www.publico.es/ researchgate.net/publication/233943572_
internacional/chaves-nogales-recupero-li- Extremely_high_temperatures_during_
bertad-londres.html 21/09/20. the_WTC_destruction_Extremely_high_
(17) Girelli-Carasi, Fabio. «The Anti-linguis- temperatures_during_the_World_Trade_
tic Nature of the Lager in the Language of Center_destruction, 20/09/2020.
Primo Levi's Se questo è un uomo». Reason and Li- (19) Chaves Nogales. p. 298

Ruth Murphy (Ocala, Florida, Estados Unidos, 1961). Traductora profesional revisada por
expertos de yidis, inglés y español. Se ha especializado en la investigación, divulgación y tra-
ducción de literatura yidis. Acaba de presentar su nuevo libro, una edición bilingüe yidis-in-
glés de The Canvas and other stories by Salomea Perl (El lienzo de bordado y otros relatos de Salomea Perl).
Sus traducciones se han publicado en Jewish Review of Books, la revista académica de traducción
literaria Metamorphoses, así como en el Yiddish Book Center (Centro de libros de yidis). Vive en
Florida, Estados Unidos, con sus tres gatos. Le debe todo lo bueno que puede tener este ensayo
a su amiga, tutora y redactora, María Piñón García.

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CREACIÓN

© Fer Kreyness
Fuente: Flickr

Creación
Check Point Charlie pero lo aclaro por si acaso; trabajo haciendo
por José Luis Lozano Arenas las guías de viajes. No es un mal trabajo, de
veras; a los veintisiete años, y con la licencia-
tura de Magisterio terminada, lo mejor que
Alguien hace este tipo de cosas. Sí, no es uno puede hacer es no estar demasiado tiem-
un mal trabajo y gracias a él no tengo que so- po clavado en un sitio, si no quiere que las
portar la claustrofobia de tener que dormir recomendaciones maternas o los arrepenti-
en la misma casa todas las noches. Eso es mientos académicos le piquen molestamente
bueno. Las dietas no están mal, y cuentas con en la cornamenta; y también para no estar en
la ventaja de no volverte loco buscando un contacto con tus amigos, sobre todo con los
hotel en cada ciudad. Eso es igual de bueno. que triunfan, que son los peores amigos de
Trabajo para Ediciones DK, desde hace ya la tierra. Tengo un buen currículum; secues-
casi tres años. Para quien no lo sepa —quie- tro en 2015 perpetrado por Boko Haram en
nes no lo saben es porque no tienen dinero— Chad; atentado en 2017, encontrándome en
somos, según nuestro sitio web, «actualmen- la embajada china de Kabul; intento de ase-
te, la editorial de referencia en publicación sinato en Natal —Río Grande, Brasil—, tam-
de libros ilustrados en todo el mundo». Insis- bién en 2017; y robo de una Nikon D5300 con
to: alguien hace este tipo de cosas. ojo de pez en Guayana, a principios de 2018.
Los espabilados ya se habrán dado cuenta, Me lo he pasado bien, sobre todo durante el

visorliteraria.com | 30
CREACIÓN CREACIÓN

secuestro, que por poco acabo aprendiendo sa-Luxemburg-Straße, me abrió un tipo go bajé hasta la Nueva Sinagoga, donde dos do sonreía. El uniforme era aún más impos-
el árabe chadiano, debido a que mi compa- esparragado, delgadísimo, que parecía un guardias celaban la balaustrada que daba ac- tor que su deje texano; de hecho, cada vez
ñero de cautiverio era un oriundo de padres alfiler con pantalones, prácticamente des- ceso al interior; crucé el río Spree y terminé que hablaba, no podía evitar que un rastro
franceses que visitaba la playa de Oyambre vestido; tras un apretón de manos impos- en el Museo de Pérgamo. Me quedaban aún de acento oriental se escapara de la cavidad
desde que era un crío. Sin embargo, este ve- tado por parte de ambos, se presentó como un par de horas de formidable luz, así que articulatoria. Pidió un JB mientras enrollaba
rano he decidido que no me apetece poner Alexander, aunque en su pasaporte debía de cogí el metro hasta Mauerstraße para hacer un cigarrillo de picadura.
en riesgo ni a disposición de alguna mafia aparecer como Alejandro, si no dejamos de algo de turismo con la cámara guardada y —Ready? —volvió a preguntarme.
angoleña ninguna de mis extremidades, así tener en cuenta que Susana es de Logroño, y desde allí caminé hasta Check Point Charlie. —¿Eres nazi? —le dije en español.
que le he pedido a Susana, encargada adjun- el primo, por muy hípster que tratara de pa- Si entras por el sur, nada más llegar te echa A pesar de que estaba muy pendiente de
ta del Departamento de Viajes, que por fa- recer, conservaba ciertos rasgos fonéticos el alto un cartel, que te avisa generosamente: que el tabaco no se le escapara de la pape-
vor me buscara para julio y agosto algo más del dialecto —a veces pronunciaba sabádo en You are leaving the American sector. Me quedé un lina, mi pregunta le hizo tanta gracia que no
aburguesado y servil; tras varias propuestas, lugar de sábado, por ejemplo— y tenía la voz rato mirándolo, explorándome para compro- pudo evitar que algunas hebras cayeran so-
resolvimos que era el momento de renovar tronante y cavernosa. Me llevó hasta una ha- bar si aquel alejamiento de la civilización del bre la mesa; para no perder material, se puso
la guía de la zona este de Alemania: Dresde, bitación al lado de la cocina y abrió la puerta: capital me provocaba alguna arcada o algún a barrer la mesa con el canto de la mano.
Múnich y Berlín. Quizá, la mejor idea sea em- —Esta es la tuya —dijo aspirando un moco antiestalinismo inesperado; aunque, de to- —¿Nazis? ¿Nazis yo? ¿Español? —pregun-
pezar por esta última, e ir como rasante ha- que le caía de la nariz—, las sábanas están dos modos, poco se podía uno inspeccionar tó con un dedo muy cerca de mi pecho.
cia el sur para terminar en Múnich, tratando recién cambiadas. ¿Has traído toallas? la orientación ideológica en aquel lugar, por- —Sí —contesté.
de pasar el menor tiempo en Dresde porque —Solo una —respondí. que al otro lado del cartel, donde se supone Siguió barriendo la mesa, sin dejar de son-
no me gusta el nombre. No pareció gustarle mucho mi descuido, debería estar el sector soviético, se alzaba reír.
Como todavía no había pensado dónde puesto que hizo un mohín de disgusto nada con orgullo de conquistador la gigantesca M —Yo vivido Catalonia meses —me advir-
quedarme cuando arribara en Berlín, Susa- inadvertido, chascando la lengua mientras ambarina de una delegación del señor Ro- tió.
na ha hecho un arreglo para que me hospede miraba hacia el otro lado del apartamento, nald McDonald’s. Nadie escapa de Dios, su- —Yo no.
con un primo suyo en régimen de Airbnb; es como buscando una solución. pongo. Aun así, la frontera ha sido recreada Agotó el vaso felizmente y pagó la cuen-
cómodo para mí porque me evita los registros —¿Y cuánto se supone que te vas a que- con cabal realismo; la caseta se reconstruyó ta; mientras esperaba el cambio, se colocó
en una recepción de hotel, y módico para la dar? —me preguntó con algo de dureza. siguiendo el modelo original de 1945, y su el cigarrillo sobre la oreja y se puso a cantar
empresa, que siempre se muestra vigilante de —Unos cuatro días, más o menos. Espero lado serpentea una bandera de barras y es- bajito:
que ninguno de sus trabajadores aproveche que no se alargue de más. trellas. —The war is coming, yeyeye, the war is coming…
que somos «actualmente, la editorial de re- Sin decir nada, se volvió rápidamente ha- Fui directamente hasta un barecito que Luego volvió a abrir la mandíbula todo lo
ferencia en publicación de libros ilustrados cia su cuarto, que estaba al otro lado de un tenía en la puerta una columna de chapa con que pudo y salió pegando zapatazos sobre el
en todo el mundo» para gratificarse con unas pasillo en L donde terminaba el apartamen- parches y algunos imanes para la nevera; me tremolar de aquellas botas tan lucientes.
estupendas vacaciones europeas a lo largo to, y se encerró dando un portazo. Al cabo de llamó la atención uno, y lo guardé en el bolsi- Antes de terminarme la cerveza, me asomé
del orbe. Tiene cojones que también me lo un rato, mientras estaba poniendo a cargar llo de la cámara. Creo que un turista me vio, para ver hacia dónde se dirigía; vi que cruzó
apliquen a mí, de veras. Según parece, el pri- las baterías de la cámara, escuché los pasos pero no dijo nada. Pedí una cerveza en jarra la acera hasta la caseta de frontera, donde
mo trabaja como tramoyista en una compa- de unas botas que se dirigían al lavabo; el alta. Al cabo de un rato, cuando la llevaba se apiñaba un rimero de turistas cuya cu-
ñía berlinesa especializada en teatro épico, agua de la cisterna comenzó a rodar, las bo- por la mitad, se sentó a mi lado un soldado riosidad les había llevado hasta aquel punto
teatro del absurdo y teatro de la crueldad, y tas avanzaron hacia la salida sonándose los con uniforme de marine norteamericano, de de cruce donde hace algunos años pudo ha-
montan por toda la región teutona lo mejor mocos, y finalmente la puerta se cerró. resplandecientes a tachuelas. berse mandado a la mierda todo. Había otro
de Brecht y Artaud; además, pasa vastos pe- Tipo avinagrado el cabrón de Alexander, —Ready? —me preguntó con el acento yan- soldado descansando dentro de la caseta,
riodos de tiempo fuera de casa debido a esta pero muy independiente. Me dejó el resto qui más fraudulento que puede escucharse. aunque este no llevaba un uniforme de ma-
actividad, lo que seguro redunda felizmente del día para poder cumplir con el itinerario Era agostado, más moreno que yo, fino y rine, sino una chaqueta cruzada del ejército
en la mía. que se me habían facilitado; comencé por orejudo; unas gafas de verano secretaban sus rojo; ambos se saludaron con un tónico abra-
Nada más llamar al apartamento en Ro- fotografiar la Puerta de Brandemburgo, lue- ojos, y la mandíbula batía toda su cara cuan- zo y algunas palmaditas en la nuca, después

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cocina y empecé a escuchar cómo cortaba pedimos en el pasillo antes de dormir.


algo sobre una tabla de madera; muy pronto Al día siguiente regresé a Check Point
rompió a hervir un cazo con agua, y la casa Charlie. Fui al mismo bar y pedí la misma
se llenó de una especie de morfina aromá- cerveza. Mientras escuchaba la radio, apare-
tica que era segregada por las verduras que ció de nuevo el marine norteamericano; sus
borboteaban con lentitud y paso bajo el fue- botas hacían tanto ruido, que todos los clien-
go del hornillo. Mientras esperaba el dudoso tes se giraron mecánicamente hacia la puer-
banquete, traté de entender algo de lo que ta cuando puso el primer pie allí. Se colocó
decía dentro del televisor un señor con alo- otra vez a mi lado, pero esta vez encargó una
pecia que se encontraba delante de una casa cerveza.
con aspecto triste. —Bon día hoy, ¿eh? —saludó, con aquella
—¿Y cómo se llama? —grité desde la sa- sonrisa desmedida.
lita. El camarero le trajo la cerveza, saludán-
—¿El qué? dole con un nombre muy extraño que es di-
—La obra que estáis montando. fícil pronunciar. Tomó un largo trago amari-
No recibí respuesta. Al cabo de un rato, llento y buscó un taburete donde sentarse.
vino con dos platos de verduras con huevo y —Hoy bon día, ¿eh? —repitió.
© Hans Juergen puso uno frente a mí. Justo cuando se iba a —¿Eres comunista? —le pregunté sin con-
Fuente: Flickr
sentar, chasqueó los dedos. testar a lo otro.
—Los cubiertos —dijo volviendo hacia la Comenzó a agitarse entre carcajadas,
cocina. abriendo muchísimo la boca, sin parar de
Le volví a hacer la misma pregunta cuan- golpear la barra donde se tambaleaban nues-
do retomó su lado del sofá. tros vasos, que no pudieron evitar que se es-
salieron de la caseta —cada uno con una al mismo tiempo. Luego puso los pies sobre —En la victoria del inmortal ideal —con- capara alguna lágrima de espuma por la ma-
bandera del ejército al que pertenecían— y la mesa y se arrellanó sobre la molicie plana testó. rejada.
comenzaron a gritar a los turistas para que del cojín hasta quedar totalmente encorva- Poco después, ya solamente quedaban los –¿Comunistaaaa? ¿Comunistaaaa? ¿Co-
se fotografiasen con aquellos dos fósiles an- do. residuos de la comida sobre la mesa. Alexan- munistaaa?
dantes de la guerra portátil. Alguien hace —¿Qué estáis montando ahora? der pinchaba desganadamente la cerámica Por culpa de sus inflamatorios chillidos,
este tipo de cosas. —Una de reclutas —explicó. del plato; a mí me estaba cayendo un picor varios clientes se alejaron de nosotros. Aun
«Danke», agradecí al camarero cuando me Tenía los pies afilados, magros y escuchi- dulzón y ameno sobre los ojos. En la televi- así, no paraba de gritar, poniendo el dedo so-
trajo la vuelta de la cerveza. Rodeé Kochs- mizados; el bajo del pantalón del pijama no sión, salían imágenes de los líderes de Corea bre una bandera estadounidense descosida
traße y me acerqué hasta un videoclub tipo le calzaba por completo la pantorrilla y de- del Norte y de Estados Unidos, a veces estre- en la esquina superior derecha de su chaque-
Blockbuster; allí, tras pelearme con el idio- jaba al descubierto los tobillos, que parecían chándose la mano, otras sentados sobre dos tilla:
ma y el dependiente, conseguí alquilar Eu- pelotas de golf arropadas con un poco de anchos sillones, conversando; uno con las —¡¿No visto uniforme?! ¡Eh! ¡¿No visto uni-
ropa Europa y Good Bye, Lenin! Hacia las nueve carne. manos cruzadas y oferente; el otro, empotra- forme?!
de la noche apareció Alexander por el apar- Al terminar la película, preguntó si podía do sobre el respaldo, sin hacer nada. Hasta Ya estaba cogiendo aire para preparar
tamento. Antes de saludar fue corriendo ha- cambiar de canal para poner el telediario. sonreían. una contestación, cuando comencé a notar
cia el baño; salió ya con el pijama puesto y se —Claro —contesté. —Estos dos cabrones —afirmó Alexander que casi todos los clientes del bar se habían
sentó a mi lado a rematar la última escena de —¿Tienes hambre? —preguntó dejando el recogiendo los platos— nos van a mandar a abalanzado con nervio sobre sus teléfonos
Good Bye, Lenin! mando sobre la mesa. la mierda a todos. Menos mal que no hay más móviles por algo que acababa de ocurrir. El
—¿El trabajo, bien? —me interesé. —Bueno. locos por ahí. camarero prendió la televisión, y de repente
Movió la cabeza para bostezar, asintiendo Entonces se dirigió hasta la mesada de la Cada uno fregamos lo nuestro y nos des- apareció una imagen de Las Ramblas regada

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de cuerpos que estaban tirados inmóviles so- nada; simplemente me sentaba en el bar de lescentes con la frente vendada, la alcaldesa antes de irme para dejar que él llegara antes
bre la acera y junto a los quioscos. A mi lado enfrente, pegado al cristal de la ventana, con de Barcelona hablaba a las multitudes por al apartamento y así pudiera desprenderse
pude escuchar la voz del marine norteame- el asa fría acostada entre los dedos, y mira- los ciudadanos muertos, los presidentes de tranquilo del uniforme. Cuando aparecí, es-
ricano que susurraba: «Catalonia…». Detrás ba a aquellos dos soldados ficticios buscar Estados Unidos y Corea del Norte regresaban taba terminando de cenar en calzoncillos,
del cristal de la pantalla, aparecía un puñado entre la multitud adinerada un pedazo de a sus pruebas balísticas, en Acapulco asesi- con la televisión apagada.
de seres humanos huyendo de una camione- oro a cambio de una fotografía. Cuando lo naban a varias niñas después de penetrarlas —Mañana te dejo por fin en paz; tu prima
ta lechosa; luego corrían la imagen, y eran conseguían, el ritual siempre era el mismo. salvajemente, o negros con los pies atados no ya me ha dado boleto —le comuniqué mien-
otros desorientados los que iban empuján- Permitían hacer dos fotografías; en la prime- paraban de buscar bajo el sepulcro de Ruan- tras colgaba la chaqueta.
dose en la anchura de la calle tratando de ra, cada uno de ellos tomaba la bandera que da aquel mineral bendecido. —Muy bien.
escapar; orgías, andanadas, rimeros, bancos, le correspondía y la zarandeaban contra el En una de mis visitas a Check Point Char- Acababa de terminar el último rollito de
manadas, rebaños, cuadrillas, escuadras, co- viento mientras gritaban proclamas que su- lie, Alexander me descubrió. Entró en el bar pasta de patata; luego soltó el tenedor, alar-
fradías del sufrimiento tocadas por el hado puestamente eran belicistas, a pesar de que para pedir un botellín de agua, y al girarse gó el brazo para recoger el mando y puso un
podrido de la vida en pedazos. casi siempre resultaba imposible compren- después de pagar, nuestros puntos de visión programa de ficción. Me senté a su lado para
Sin decir más, el soldado norteamericano derles; en la segunda, se intercambiaban las se trenzaron. No hubo saludo. Me quedé en el verlo.
estrelló varios billetes en la barra, dio media banderas en un gesto fraternal o hasta cómi- bar hasta que ambos hicieron el brindis final —¿Qué tal la obra? —pregunté.
vuelta y salió. Esta vez, nadie hizo caso del co, después se daban un abrazo, y finalmen- con la Coca-Cola y después esperé un poco
ruido de sus botas: era imposible percibirlas te permitían que fueran los propios turistas
por debajo de los murmullos. Salí del local quienes las tomaran entre sus manos como
para telefonear a Susana; la frase estrella un pedazo de gloria perdida. A casi todos les
de nuestra conversación fue «hijos de puta», entusiasmaba este giro final del espectáculo
aunque también me preguntó cómo le iba a en el que eran partícipes, y lo recompensa-
su primo y si estaba trabajando mucho últi- ban con una buena propina. Sobre las ocho
mamente. Después llamé a casa y me aseguré de la tarde, una patrulla a pie se acercaba José Luis Lozano Arenas (Ciudad Real, España, 1993). Premio «Federico García Lor-
de que ningún familiar se encontrara en Bar- hasta los dos soldados, les decían unas pala- ca» de la Universidad de Granada (modalidad Texto dramático), con la obra Láudano. Primer
celona esos días. Frente a la caseta de Check bras muy rápidas, e inmediatamente ambos premio «II Certamen de Poesía» de la Universidad de Castilla–La Mancha. Primero premio
Point Charlie, el soldado soviético fingía lim- respondían con un saludo y se ponían a re- «II Certamen Haiku» de la Universidad de Castilla–La Mancha. La familia, relato publicado en
piar un fusil de plástico delante de unos tu- coger todo el material para guardarlo en la la revista de creación «Gibralfaro» (Universidad de Málaga). Incluido en la antología Lo demás
ristas muy bajitos que no paraban de taladrar caseta hasta el día siguiente. Antes de mar- es oscuridad (Editorial Destellos–Artefacto). Colaborador en la editorial Diversidad Literaria.
el botón de su cámara fotográfica. El marine charse siempre cumplían con una ceremo- Crítico teatral y colaborador del diario Granada Hoy. Actualmente en el Programa de Doctora-
norteamericano se acercó a él y le susurró nia; se acercaban hasta una tienda de recuer- do en Lenguas, Textos y Contextos de la Universidad de Granada.
algo al oído. El bolchevique le cedió inme- dos situada justo enfrente del paso fronterizo
diatamente el fusil y fue corriendo hacia el —justo enfrente de su oficina de trabajo— y
interior de la caseta, donde se puso a realizar se apoyaban en una mesa de chapa gastada
varias llamadas. Aprovechando la tremolina, con una Coca-Cola en la mano. Un poco an-
me fui alejando poco a poco del bar, con la tes de las diez, realizaban un brindis final y
cerveza a deber, camuflado entre turistas; se separaban, caminando cada uno en una
luego rodeé la caseta hasta situarme en un dirección. Cuando llegaba al apartamento,
lateral de los cristales y fijé la atención en el Alexander ya se había quitado el uniforme y
recluta soviético. Era Alexander. Después me estaba preparando la cena en pijama. Veía-
alejé hacia el Wall Museum. mos la televisión tirados en el sofá, siempre
Tomé como costumbre caminar todas las el telediario, donde los cazas rusos bombar-
tardes hasta Check Point Charlie. No hacía deaban Alepo, en Yemen se inmolaban ado-

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lo acompañaba y lo encontrábamos, tendría Pensaba que os tendía, en bandeja de plata,


que matarme. Sí señor, alguien debería ha- una evasión para que borrarais, aunque solo
cer algo —concluyó sacudiendo su cabeza de fuera por unas horas, vuestro día a día, para
pelo largo y gris. que la desgana de vuestros hijos se desplo-
Dos semanas después apareció una mujer mara con el entusiasmo de la aventura, para
sola cruzando la nocturnidad del desierto. que aquellos que lo hubierais perdido, reco-
Los focos del todoterreno de una patrulla brarais el respeto de vuestras mujeres, y, para
forestal la encontraron arrodillada, tiritan- las que hubierais sufrido el desamor de vues-
do de frío y sed. «No se iría sin su premio», tros maridos, consiguierais que el enigma se
les dijo a los agentes que la encontraron en lo tragara. Hace años que lo enterré, y sigue
cuanto consiguieron templarle sus males. dejando pesares y muertos. No era esto lo que
El tercero corrió peor suerte que la mujer. yo quería, no. No era esto».
Se había despeñado por un mirador en Ca- Acababa de apretar la tecla de envío el
lifornia. Como los anteriores, también había dueño del tesoro, cuando su pantalla se en-
emprendido la búsqueda solo, probablemen- negrecía con una lluvia de comentarios. Sus
te pensando lo mismo que los otros: que así ojos cansados, empolvados de años y de con-
se ahorraba una bala. cienzudo repaso por los detalles, echó el an-
© The Gentle Sin La desaparición del cuarto le pesó espe- cla en la primera línea.
Fuente: Flickr
cialmente, pues su curiosidad parecía genui- Mi hijo y mi mujer están en Wyoming, y yo acabo
na. Según el periódico local le apasionaban de mudarme a Nuevo México. He tenido que vender
los acertijos y todo aquello que tuviera que mi anillo de bodas. Ni se le ocurra, Fran.
ver con los juegos de lógica. Con sobrio espanto retiró los ojos de la
La quinta víctima fue un hombre de dios. pantalla. Era evidente que la locura de este
Buscadores de tesoros tregaron el animal, esta confirmó que sí, que, Un joven cristiano que acababa de abrir las hombre se había apoderado de sus buenas
por Mercedes Gutiérrez García efectivamente, era Rima, y que Karl, así se puertas de su iglesia. La confianza del mal- intenciones. Con la sobriedad inalterada se
llamaba el hombre con el que estuvo casada hadado pastor por la intercesión divina le reprendió, pensando que, de haber conclui-
ocho años, iba tras las pistas del tesoro con clavó rabia en los dedos. do con este ejercicio años antes, quizás hu-
El dueño del tesoro, antaño galerista, que- obsesión de preso a la fuga. «Se acabó». Colgó en los medios. «Esta caza biera podido librar a ese pobre hombre y a
ría sentir la llama de su ambición, no su ne- —Cinco millones de dólares en joyas y me- ya no me divierte. Escondí un tesoro pensan- su familia de posibles penurias y desastres.
cedad. Cuando convocó la búsqueda en su tales preciosos para el que encontrara el co- do que os estaba haciendo un regalo. No me Pero fue el último análisis, reconoció, el que
blog con las pistas para que encontraran el fre. Un pastón —le dijo al policía. referiero solo a lo material, no. Podéis pensar lo dejó más intranquilo. «Ni se le ocurra», la
cofre que había enterrado hacía ya más de Karl nunca le anunciaba el día que salía lo que queráis, a estas alturas a quién le im- amenaza le aturdió la cabeza con el áureo
diez años, no pensaba que algunos se fueran de expedición, pero, de vez en cuando, la lla- porta ya. Lo que me preocupaba era vuestra batir de una marea de doblones. Y encima le
a lanzar a la aventura prácticamente con lo maba al móvil para hablarle de sus presenti- salud. Física y mental. Se me ocurrió que, al llamaba Fran. El hipocorístico, la punta de la
puesto. mientos. «Puedo olerlo». arrancaros de la comodidad desfigurada de guerra declarada...
Al primero que desapareció lo encontra- —Iba a olerlo... Pobre Karl —le dijo la vuestras eternas butacas y transplantaros a Acostumbrado a los robos de guante blan-
ron río abajo, despedazado, cinco días des- mujer al policía que le entregaba la perra—. la naturaleza, poco a poco os pondríais en co, cinco veces tuvo que dar parte al seguro
pués de cargarse su caniche blanco, su GPS Seguro que no hay tesoro. Alguien debería forma. Me consolaba la idea de que os en- y tratar con la policía, ni un temblor. Pero
y la zodiac. Supieron su identidad porque hacer algo —continuó la mujer dejando el tregaba algo placentero, un nuevo entrete- ahora el miedo le raspaba el corazón. Quizás
Rima, así se llamaba la perra, logró escapar. animal en el suelo—. Una vez le pedí que me nimiento para disfrutar en familia. Recordad fuera la edad, (a los 84, creía firmemente que
Y porque su exmujer ya había alertado a las llevara con él. ¿Y sabe lo que me contestó? que en las pistas os indicaba que al lugar en su veteranía lo excusaría), o tal vez su deseo
autoridades y andaban tras él. Cuando le en- Me dijo que no podía hacer eso porque, si el que lo escondí se podía llegar fácilmente. por proteger la memoria de una vida bien vi-

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vida, los que le llenaban de angustia. Como ¿Es que no le da vergüenza?, ¿qué clase de perso- echaría en falta, tenía un sentimiento de de- saben lo que tienen que hacer», anunció.
mucho se hubiera imaginado un «cállese, na es usted? Seguro que se está divirtiendo de lo lindo cencia y lealtad hacia la vida que le impedía En veinte minutos tenía a todas sus mos-
viejo», ni de lejos un «ni se le ocurra, Fran». a costa de los muertos, ¿eh? desertar. cas en la miel. Tuvo que pedir ayuda y llamar
Volvió a la dureza de la pantalla en bus- A su edad, ¿tendría que buscar ayuda de Así estuvo unos minutos, con los ojos ce- a un amigo suyo, un jovencito experto en re-
ca de un mensaje más tranquilizador, que la policía si pretendía seguir adelante y des- rrados, el codo derecho apoyado en la silla, y des y con mucha mejor vista, bisnieto de un
le confirmara que su decisión había sido la airar a esos energúmenos? La posibilidad le con la yema del pulgar y del índice apretán- amigo, para que los contabilizara y le echara
acertada. llenó el corazón de una rabia incandescente. dole con suavidad el puente nasal, momentá- una mano con los preparativos. Cerca de dos
Mi marido quedó inválido tras su pista, pero mi Él, que había sido piloto de las fuerza aéreas neamente liberado de la presión de las gafas. mil. ¿Dónde iba a meter a tanta gente?
hijo pequeño y yo no lo vamos a defraudar, por eso le y llevado a cabo misiones de rastreo con la El dueño del tesoro dio una lenta y larga Alquiló un estadio con capacidad para
pedimos con toda nuestra alma que no lo cancele. El meticulosidad y perseverancia del cínico. inspiración. En su camino a la cima, nada de diez mil. Desde la carretera, una gran pan-
dueño del tesoro sacó un pañuelo del bolsillo Siempre podría pagarse unos guardaespal- soroche. Solo una claridad infinita y crista- carta electrónica anunciaba su presencia. A
del pantalón en el que impregnó unas cuan- das... Desde luego el dinero no era una pre- lina. En el regreso, las ideas le rodaban lim- tiro de piedra, en un alto pelado, un aeródro-
tas lágrimas. ocupación ya que, de sus múltiples explora- pias, igual que su determinación. mo salpicado de hangares.
Aquel mensaje le había dejado aún más ciones, siempre sacó un buen pellizco. Una fiesta... Daría una fiesta. Invitaría A las doce del mediodía del lunes siguien-
desconcertado y sin saber qué hacer. Él, que Se sonrió el dueño del tesoro haciendo un a todos, absolutamente a todos... A los que te, la hora señalada en su mensaje, los vi-
siempre había sido un hombre resolutivo, rápido reportaje mental con sus hazañas más habían perdido a seres queridos y a los que gilantes que había contratado cerraron las
habituado a doblegar las opiniones de los de- gloriosas. estaban a punto de perderlos. Por supuesto, puertas. Con pensada ligereza, el dueño del
más. Siguió adelante, esperando encontrar la Emplear ese dinero en su protección le también invitaría al afortunado que lo des- tesoro se subió al escenario para darles la
ansiada justificación. pareció darle al dinero un mal uso. Además, enterrara... Todos estaban invitados... Así se bienvenida.
Ni se le ocurra darlo por terminado. Cada uno es un sentimiento de valentía acababa de des- darían cuenta de la honestidad de sus inten- —Muchas gracias por estar aquí. Sé que
muy libre de hacer lo que le dé la gana. Y si uno eli- pertársele dentro y le cruzaba la negativa a ciones, que él no había querido el mal a na- para muchos no ha sido fácil...
ge salir a buscar el tesoro ya sabe a lo que se expone. cancelar el juego con sus dedos de yeso. No le die, que los accidentes pasaban y que la gente Un murmullo encapotado, pesado como
Nadie le pone una pistola en la sien. Si tienen miedo a quedaban muchas opciones. Seguramente lo se ahogaba porque no sabía nadar, o se moría lona mojada, corrió por el estadio.
morirse, que se quiten de en medio y nos dejen pasar mejor sería seguir adelante con la caza. Con electrocutada o, simplemente, su corazón se —Espero que esta ocasión nos brinde la
a los que no tenemos esos remilgos. treinta años menos en el cuerpo de seguro que no hu- negaba a seguir latiendo. oportunidad de recordar a esos héroes que
El legalista. Este, por lo menos, lo trataba biera prestado la más mínima atención a la deman- Colgó en Twitter la invitación y la respues- perdieron sus vidas en busca de un ideal —
de usted. Aunque perdió los estribos en la úl- da de esos jeremías, así que, ¿por qué iba a hacerlo ta no se hizo esperar. Los que habían perdi- dijo el dueño del tesoro agarrándose con
tima línea, cuando remató el mensaje con un ahora? do a alguien aprovecharon para acusarlo de fuerza al micrófono que tenía frente a él, de-
«No te jode», todo en mayúsculas. El dueño del tesoro embutió el pañuelo en frívolo, pero confirmaron su asistencia. No seoso por encontrar en la multitud sus ojos
Intranquilo, buscó otra intervención, pero el bolsillo. Se aclaró la voz, como si se pidie- fue hasta que anunció que traería un pincha- ciegos.
una era más amenazante que la otra. ra permiso para acomodar un nuevo pensa- discos y unos cuantos famosos para aderezar Un tenue aplauso le dio alas, pero ense-
Tú páralo... miento. Se inclinó en el respaldo de la silla y el acontecimiento, entre ellos a Jack Ham- guida se dio cuenta de su error.
Como lo dejes te suelto a los perros en la si- cerró los ojos. mond, un cantante country que había dado —Héroes que aceptaron el riesgo y que no
guiente, No lo olvides. La agresividad de los que te animan mucho de que hablar por su relación con una miraron atrás, aunque en el camino los espe-
detrás Lo cancelas y te lo saco a palos... a que liquides la búsqueda te parece menos apabu- menor, cuando la lista con los asistentes co- rara el temible accidente.
y un reguero de obscenidades y deseos te- llante que la de aquellos que te piden que la manten- menzó a subir. Pero, al cabo de la hora, solo Una voz, un hilo casi imperceptible, le lle-
nebrosos. gas. Corto y cambio. había convencido a unos trescientos. No es- gó desde la segunda fila.
Los mensajes que le enviaron los que se Imaginó una mano invisible palmoteán- taba mal, pero no quería dejarse a nadie en —Usted mató a Karl, ¿me oye? Usted lo
oponían a que siguiera la búsqueda no es que dole el hombro, como si quisiera asegurarse el tintero. mató —una voz de mujer rompió a llorar.
le agradaran más, pero al menos le dejaban de que no era un micrófono acoplado. Morir Un nuevo genio dejó escapar de su lám- —¿Quién es esa? Que se calle de una vez.
el pellejo tranquilo y solo tiraban a morderle entregado a las locuras de su grey no entraba para: «Y haremos desaparecer un magnífico Si no quiere estar aquí ya sabe donde está la
la moral. en sus cábalas, y, aunque vivía solo y nadie lo cofre con valiosísimas joyas en su interior. Ya puerta, pero que no dé la barrila—. La voz,

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esta vez masculina, venía de detrás. esta vez sin letra, intentaron llegar hasta el
Un poco más atrás salió otra, también círculo, pero los asistentes se lo impidieron.
masculina. Apesadumbrado pero sin perder tiempo, el
—La mujer tiene razón. Han muerto por su dueño del tesoro supo lo que tenía que hacer
culpa. Así que el único que tiene que callarse para romper el fuego y salvar sus buenas in-
eres tú. tenciones.
Ya estaban los oradores abriéndose paso Sobre el estrado, encarando el telón ne-
entre los peones, cuando el dueño del tesoro, gro transparente que escondía la tramoya,
atomizado con los vapores de odio, se apre- extendió los brazos al aire con la forma del
suró a hablar. que sostiene un cuenco, y, soltando un má-
—Por favor, por favor, dejemos que mi gico «ahora» que vibró en el aire unos segun-
amigo Jack —dijo poniéndole la mano sobre dos, dejó caer los brazos, esperanzados. Casi
el hombro al cantante de country— practi- al instante, una lluvia blanca y metálica apa-
que su magia cristiana y nos ayude a todos reció en el cielo. Drones. Decenas de ellos,
a ser mejores personas. No olviden que tie- operados por el equipo que había contrata-
nen agua, refrescos y algo para comer en la do, comenzaron a sobrevolarlos. Que dejaran
barra. Todo a mi cuenta —concluyó el dueño la lucha. Les daría lo que anhelaban. Que no
© Harani
del tesoro tratando de refrigerar la emoción tuvieran miedo porque nadie se iría con las Fuente: Flickr
abierta. manos vacías.
Antes de que terminara de hablar, ya so- Al principio ignoraron su presencia, pero
naban los primeros acordes de la guitarra del cuando las preciadas rocas comenzaron a
cantante. La masa, atrapada por el deseo de golpearles los dedos, las manos, las cabezas,
caer en los brazos de la sorpresa y de huir de interrumpieron su disputa. Sobre el firme,
sus propios horrores, temporalmente permi- los operarios soltaron el cargamento: dia- dió la vida? ¿Para que el premio se lo lleve Enseguida una pesada cadena: a mí tampo-
tió que se le deshiciera cualquier perversidad mantes, rubíes, zafiros, perlas engastadas, cualquiera? El muy canalla... Seguro que ya co, yo tampoco tengo nada, ni yo, ni...
que pudiera albergar. collares... Alguna que otra cruz esmaltada lo tenía todo más que requetepensado y nos Al final, la contagiosa demanda se hundió
El dueño del tesoro no cabía en sí de glo- estuvo a punto de sacarle el ojo a más de uno lo iba a dar de todas formas —dijo la mujer en el mismo clamor. Ni a mí... Los asistentes
ria. Aquella hermandad. ¿Podría hacerles de no haberlos parapetado bajo la escuadra levantándole un puño alhajado. se registraban entre ellos, vaciándole al otro
entrar en razón? Pero fue justo al final de la de su brazo. Los drones iban y venían con la —¿Y esto? —le preguntó un hombre que lo que llevara encima, roca o kleenex. Sobre
octava canción, Go for him, Ve por él, cuando le alegría del granjero que ve el estallido de la hacía oscilar un cebollón de oro frente a sus los que aún estaban a cuatro patas buscando
pareció notar un nuevo rugido entre los asis- primavera en sus campos sembrados. Sobre ojos. alguna piedra ignorada, ahora les jarreaba
tentes. Hacia la mitad del estadio, se había el escenario, el verano del dueño, que los —No es mío —dijo la mujer aturdida. una catarata de rubíes, zafiros, perlas, dia-
abierto un anillo humano que coreaba, en un veía recogiendo su simiente. Notó que algu- —Ya, claro. Te lo he sacado del bolsillo de mantes y collares. Con patas de topo y con
bucle, Ve por él, Ve por él, Ve por él... Como per- nos, con los bolsillos hinchados por el botín, atrás. Si no es tuyo, vacíate los bolsillos en- la misma ceguera, rápidamente comenzaron
las engastadas, brillantes y sudorosas, unos llevaban las cruces atravesadas en la boca. tonces. Así todos sabremos que eres una mu- a abrirse paso, convencidos de que, al estar
cuantos asistentes, entre ellos los dos hom- Sin duda alguna, estaban salvados. jer de principios y que, si tan mal te parece abajo, estarían salvados. Pero solo hizo falta
bres que habían intervenido minutos atrás, Ya en tierra firme y a punto de ocultarse llenártelos, nada tendrás. un tropiezo inoportuno de uno que acababa
empleaban los puños para decirse sus verda- entre bastidores le asaltó el alegre convenci- La mujer lo miró con odio. Estaba a punto de dar un pisotón con su bota de montar al
des. miento de que lo habían perdonado. Pero el de decirle que la dejara en paz, que no se me- que defendía una cruz que llevaba atrave-
Los encargados de la seguridad, avisados sucio griterío de la reyerta volvió a entrarle tiera donde no le llamaban, cuando el pesa- sada en la boca y misterio desvelado. En un
por el breve silencio del cantante que, sin por los sentidos como una pica. do aldabonazo de un a mí tampoco me ha tocado abrir y cerrar de ojos, casi dos mil cabezas
comprender, atacaba una nueva melodía, —¿Por esto es por lo que mi Tonny per- nada se le engarzó al pecho. cribando el firme. Algunos de los más altos

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CREACIÓN CREACIÓN

y voluminosos, viendo que su lentitud en la para que recobraran su posición cuadrúpe-


carrera por el suelo se les cerraba como ostra da. Arriba y abajo, arriba y abajo, un cansado
celosa, rápidamente otearon la oportunidad coro de alternancias, una dolorosa cacofonía
en otras parcelas y, dando un salto acomoda- que al dueño del tesoro le produjo una pulida
do a sus virtudes, se apresuraron hacia ellas. repulsión.
La brisa levantada por la determinación de «Estaba claro que aquellos nunca apren-
sus cuerpos erizó el pelo de unos cuantos derían a nadar», pensó el dueño del tesoro
que, al momento, descifraron la impresión con una mezcla de enfado y repugnancia
sensorial. Como el mono que se hace hom- mientras sus guardianes le aguantaban el
bre, siguieron a los colonos que iban en bus- portón central para que saliera.
ca de nuevas posesiones, derrumbándolos

Mercedes Gutiérrez (Madrid, España, 1971). Estudió en la Universidad Complutense y © Katja van der Kwast
Fuente: Flickr
es doctora en Literatura Estadounidense. Su especialidad son las novelas de carretera ame-
ricanas. Aunque nació y se crió en León y Madrid, hace años que reside en Estados Unidos.
Ha vivido en Boston y en pueblos pequeños de Ohio, Pennsylvania y Nueva Jersey, fuentes de
inspiración para sus historias. Sus relatos se han publicado en las revistas españolas Sibila, El
Kraken, Voces, Auca, Quimera, Revista de Occidente o Clarín. También en Estados Unidos. Es autora
de los libros de relatos, Perro Verde, publicado en 2017 con la editorial Renacimiento, y de Tanto Sueño naranja ronales, el fulgor de los movimientos por im-
para esto, 2019, publicada con la editorial Drácena. También ha traducido al español la novela por Xavier Queipo pulsos. No sé. No es muy fácil situar las per-
de Walt Whitman La Vida y aventuras de Jack Engle, publicada en la editorial Funambulista. Tiene cepciones cronológicamente, una detrás de
un blog, www.americanx-ray.com, en el que «radiografía» todo lo que tenga que ver con la otra, detrás de otra, detrás de otra. Acuden
cultura americana. De momento se la puede encontrar en Pittsburgh. de forma desordenada, como si fuesen nú-
I. Quietud
meros con una cadencia indescifrable. Mu-
Al principio todo era naranja. Naranja de chos mensajes al tiempo. Al unísono. Unas
la textura de la seda, como un velo naranja cabalgando sobre otras. Las percepciones.
en todos los tonos posibles del naranja. Eso El naranja y los movimientos por impulsos.
quiero decir: una nube naranja, un magma Y después está la lengua en la que se escu-
naranja, un gel naranja, una sensación na- cha, en la que se habla, en la que se perci-
ranja. Después, o probablemente al mismo be, a partir de la que se construyen imágenes
tiempo, la expresividad de las manos. De que cabalgan, una detrás de otra, detrás de
mis manos. De otras manos. Los movimien- otra, detrás de otra. En el velo naranja. En el
tos por impulsos, aparentemente sin orden o magma naranja. En el gel naranja. ¿Qué len-
correlación con otras variables. Las manos gua? No sabría decir, una mezcla del galaico
moviéndose por impulsos en un mar naran- antiguo y germánico percibido como lengua
ja. Tal vez esto sea el primero asomo de la extraña, de latín rescatado de los laberintos
memoria: la epifanía de los laberintos neu- de la memoria y romances diversos, de árabe

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CREACIÓN CREACIÓN

aprendido a contra gusto y cantonés soñado, pies se hundan, que las manos (¿las mías?) se mar. La sal. ¿Línea de costa o laguna sala- de Carnota. Despertando. De un sueño de
de sánscrito nebuloso y tibetano arrastra- agiten. Por impulsos. Por ondas. Por fuerzas da? Sin duda esto es real. El naranja. El co- instantes o de siglos. De un sueño o de una
do en la fuga. Home. Arbeit. Sumum. Salam. arco-seno. First orange first orange first. El lor de la ceguera. ¿O de la luz? El color del batalla perdida. Oxidada la armadura por la
Guanxi. Pomme. Carino. Hoshi-hoshi. Des- lenguaje como obstáculo para la expresión principio. De cuando no éramos. No era yo. humedad y el salitre. Los pies hundiéndose
pués, una palabra llegada de lejos, del fondo del yo, del ego, del myself, del me, del I, del Todavía no era nadie. El cielo detrás de los en la arena. El mar inmenso y las bandadas
naranja, del fondo de la nube, de los piéla- que identifica, de lo que diferencia, de lo que párpados. Abrirlos. No puedo. Gritar. Expul- de cormoranes. Las ondas con su ir y venir,
gos del magma, que se mueve lento, en una separa. La dificultad en levantar los pies. El sar el miedo. El aliento. Lo siento. El aliento. cíclico y cansado. El caballero levantándose
tectónica imperfecta, de burbujas e irisacio- sentirse atorado (en el fango), hundiéndose El aliento propio. Campei. Arbeit. Stillnes. en el arenal de Carnota. Confuso y espanta-
nes, de láminas sobre láminas, de agujeros (en la grava), cubierto (por el gel naranja), Uskok. Podias. Amor. Lava. Lama. Grava. Fu- do. Mirando hacia el mar y hacia el monte
en el gel que se pensaba continuo. Una pala- invadido (de imágenes, de sensaciones, de marola. Mi aliento. ¿Ocaso o amanecer? El Pindo. Alternativamente. Sin saber en dón-
bra que puede ser Holem, o Halam, o quizás recuerdos confusos), perseguido (por la con- sol reflejado en el agua. El aroma salado. El de está. Sin recordar que le habrá pasado.
Hokhim, o probablemente Apsara, o Upsara, fusión, por los impulsos, por los movimientos naranja. Disipándose. Llego. Retorno. Vengo. Millares de imágenes venidas de las cuatro
o quizás Samsara. Una palabra que no con- de las manos, ya no las mías). Stillnes. Ya dije Voy. Lo no vivido. La sucesión de imágenes. esquinas de la memoria. Desordenadas. Al
sigo identificar. Una palabra para la que no stillnes. Quizá el sentimiento más profundo. Una caballa ahogada en una placa de hielo. unísono. Cabalgando Unas sobre otras, sin
tengo imagen. Y más palabras blandas, en- Ahora. ¿En el centro o en la periferia? ¿Enci- Tres marucas azules con las aletas abiertas. descanso. El dragón. La refriega con lanza y
marañadas, llegadas a través del embudo de ma, en el medio o debajo? Barro no. Ni grava. El mar. Un cangrejo acariciándome un pie. cabalgadura. El escudo perdido en el comba-
la confusión, desordenadas y terribles. Amor. Una mezcla de los dos. Arena mojada. Are- Los pies hundiéndose en la arena. Conjuro la te. ¿Dónde el caballo? ¿Dónde las huellas en
Campei. Podias. Uskok. Xiuxi. Babá. Alepo. na gruesa en dónde se hunden los pies des- la arena? ¿Cuánto tiempo tumbado? ¿Cuánto
memoria con un mantra de palabras inventa-
¿Será naranja el color de los sueños que no calzos. El esplendor naranja debido al ocaso inconsciente? ¿En dónde el dragón marino?
das o soñadas, recordadas o, probablemente,
tiene color? ¿Será el síntoma primero de la sobre el océano. ¿Qué océano? ¿Por qué el ¿Se llevaría con él al caballo? ¿Se lo comería
nunca antes pronunciadas: Laranxa. Campei.
ceguera o de la luz, el amanecer de una fa- ocaso y no el amanecer? ¿Por qué el océano ya, bestia voraz y terrible? Confuso y espan-
Arbeit. Stillnes. Uskok. Podias. Moviéndose.
cultad nueva, la de ver, la de percibir con los y no un mar interior? ¿Por qué no una lagu- tado. Los pies hundiéndose en la arena. Sin
Samsara. Amor. Lava. Lama. Grava. Senut.
ojos, la de reconocer imágenes, la de sentir na? La sal. El gusto a sal fijado en el cielo de saber en dónde está. En el arenal de Carnota.
Fumarola. Holem, o Halam, o quizás Hokhim.
que se está en el centro de un universo? ¿En la boca. Inundándolo. La ausencia de viento. Cardúmenes de sardinas haciendo brillar el
Sentirse atascado. Hundiéndose. Extraviado.
el centro o en la periferia? ¿Encima, en me- Ya dije sitllnes. Tendré que decirlo de otra mar. Sin recordar lo que le ha pasado. Con
Perdido. Pesado. La ausencia de viento. La
dio, o debajo? ¿otoño o primavera? ¿Sumer- forma, disculpen la incomodidad textual. sensaciones desencontradas. Con una tela
sal. La inseguridad. El miedo. Avanzando en
gido en un mar naranja o envuelto en una Stillnes=quietud. Tranquilidad. Quietud. Au- naranja que le cubre los ojos. Espanto y des-
un gel naranja. Sin duda esto es real. ¿Ocaso?
nube tóxica y naranja, como de gas letal para sencia de viento. En algún lugar dije absent asosiego. ¿Dónde el caballo? ¿Dónde el dra-
¿Amanecer? Ya dije stillnes. Quietud. Ya dije
matar insectos, como una fumigación, como mind. ¿Lo dije? Así, habrá que rectificar, que gón? ¿Dónde la doncella de belleza infinita?
quietud. Ciertamente lo dije.
un tránsito entre dos mundos, entre dos uni- mudar, que decir absent mind=mente aliena- El mar inmenso y las bandadas de cormora-
versos, entre dos estados del ser y de la ma- da. Probablemente una traducción impreci- nes. Despertando. El caballero. De un sueño
teria? Absent mind. Tranquility. Stillnes. Una sa. Continúan llegando palabras. Bursa. Han. II. Playa
de instantes o de siglos. Millares de imágenes
imagen que llega por primera vez, epifánica, Hammock. Nesga. Nesga de sentimiento. El El caballero despierta en el arenal de Car- llegadas de las cuatro esquinas de la memo-
supernova, en naranja. Una sensación de pi- ocaso. Una laguna. La bruma naranja. La nota, oxidada la armadura por la humedad ria. Los pies hundiéndose en la arena. Oxida-
sar por primera vez, de dejar huellas, de que primera sensación. El pasado. La vida ante- y el salitre. ¿Cuánto tiempo tumbado en la da la armadura por la humedad y el salitre.
el suelo se transforma a nuestro paso. Lodo. rior. (Conocimiento=memoria recuperada). arena? ¿Cuánto los cangrejos arañándole Las ondas con su ir y venir, cíclico y cansado.
Grava. Algo que se mueve. Probablemente las Noctámbulo. El futuro. Noctívago. Lo no vi- por debajo de la cota de malla? Ocaso con ¿Dónde el combate? ¿Habrá llevado el dra-
dos cosas al mismo tiempo, moviéndose bajo vido. Lo soñado. Lo temido. La inseguridad. las aguas del océano reflejadas por el sol. Las gón al caballo preso en sus garras? Sin saber
los pies. Las manos moviéndose por impulsos El miedo. La ausencia de viento. Una playa ondas con su ir y venir, cíclico y cansado. El dónde está. Confuso y espantado. Cardúme-
en un mar naranja. Las mías. Otras. Mis pies. tranquila. Ya no un lugar cerrado. Un lugar aroma del mar. Los cangrejos bajo la cota nes de sardinas haciendo brillar el mar. El
La sensación de tener pies. La de moverse. abierto. Quietud. Ya dije quietud. Ciertamen- de malla. Arañando. El caballero atribulado escudo perdido en el fragor de la lucha. Las
Bajo mis pies. Moviéndose. Dejando que los te, lo dije. Quietud. El aroma. El aroma del y triste, derrotado y sin rumbo. En el arenal plumas y la celada, las espuelas extendidas

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CREACIÓN

gular, con la visión del sus brazos y penetra en el agua. Hasta los
monstruo de cabeza tobillos, hasta las rodillas, hasta los muslos,
de dragón y cauda de hasta que, al llegar el agua a las ingles, detie-
serpiente, con escamas ne su caminar. Espléndido. El cuerpo fibro-
armadas de picos y ca- so. Espléndido. Samsara, repite en voz alta.
ninos retorcidos. Una Samsara. Samsara. Samsara, corea contra el
discontinuidad en el viento y la palabra resuena como el eco en
tiempo. Las imágenes el rostro descompuesto por el frio. Samsara.
que retornan. Cientos, Samsara. Samsara, refrenda como un mantra
millares de imágenes adormecedor. Se arremolina el agua en torno
llegadas de las cuatro a su cintura. Todo lo que permanece es her-
esquinas de la memo- moso: el amor, el remolino, el tiempo, la pa-
ria. Imprecisas. Su- labra. Samsara. El viento. El agua en vórtice.
perpuestas. Terribles El correr del agua con su murmullo elegante.
en su condición de re- Primavera. Deshielo. El lama parece cansa-
memoración de la vio- do, sucio por el polvo del camino. Un cuer-
lencia. En el arenal de po fibroso, moldeado en ejercicios diarios de
Carnota. Despertando. estiramiento y ritmo. Un collar de cuentas
De un sueño de instan- alrededor del cuello. Un hilo rojo en el pul-
tes o de siglos. De un so izquierdo. La compañía del yo. El cabello
sueño o de una batalla rapado. Los labios índigos. Las marcas de la
perdida. Una voz que meditación. Una marca de nacimiento en el
omóplato derecho. El correr del agua y su
traspasa el velo naran-
murmullo exquisito. Maravilla de aquel que
ja, el magma naranja,
fue y ahora renace: el amor, el río, el tiem-
el gel naranja, que lo
po, la palabra, la rueda de las mutaciones del
cubre todo.
karma hasta alcanzar el nirvana. Maravilla
de lo que fue. Maravilla de lo que ha de ser.
III. Samsara
Samsara. El caballo que juega con la túnica
Samsara. Samsa- naranja. El lama. Fuera del mundo. El río,
en desorden entre concheros de animales vuelta. Impidiéndole cualquier movimiento ra. Samsara. El viento. No se siente sino el que nunca trae la misma agua, que condu-
muertos: vieiras, chirlas, ostiones, tellinas, ágil. Los ostreros recorriendo la línea de cos- viento. Del desierto de rocas y terrenos yer- ce al mar, tan lejos. El lama, que tiembla de
mejillones, arcas, caracolas, bígaros, lapas, ta en un vuelo rasante de inspección y busca mos, quemados por las heladas y por la sal frio, que recita un mantra extraño. Samsara.
ostras y conchas turbinadas. ¿Dónde el dra- de ostras, erizos o conchas turbinadas. Oca- de la laguna, surge un espejismo. A caballo, Samsara. Samsara. Un collar de cuentas al-
gón marino? Espantado e inquieto. Alternati- so con el sol reflejando en sus aguas de un un lama vestido con una túnica naranja. Por rededor del cuello. Un hilo rojo en el pulso
vamente. Sin saber dónde está. Mirando ha- mar invadido por cardúmenes. Una discon- entre las losas del valle, un río desciende de izquierdo. Temblando. Sale del baño tem-
cia mar y hacia el monte Pindo. Millares de tinuidad en el tiempo. Una falla en los sue- las montañas. Primavera. El río trae mucha blando. Se seca braceando, profiriendo aulli-
imágenes llegadas de las cuatro esquinas de ños. Una voz que traspasa el velo naranja, el agua. Todo lo que fluye es hermoso: el amor, dos histéricos, de ave herida en sobresaltos,
la memoria. Las ondas con su ir y venir, cí- magma naranja, el gel naranja que lo cubre
el río, el tiempo, la palabra. Deshielo. Vien- que eliminan el ruido de fondo (el del vien-
clico y cansado. El aroma del mar. Las algas todo. El aroma del mar. La lanza partida en
to. Frío. El lama. En la ribera un árbol único, to, el del agua que fluye, incluso el del frio).
colgándole de hombros y cintura, pegándose mil pedazos, que el mar va trayendo, que se
torturado por la erosión eólica. Un hombre Un águila se enseñorea en el cielo. Vuelo de
al espaldar de acero y a los botines de piel mezclan con los recuerdos de la batalla sin-
se despoja de la túnica naranja. Extiende exploración y búsqueda. El lama viste la tú-

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CREACIÓN CREACIÓN

nica naranja y, sobre ella, otra violeta, para en vuelo rasante, linear, directo. Los farallo- cia, una doncella observa al caballero. Whis- coro desacompasado, sin ritmo, martillean-
cortar el frio de raíz, el que le hace estallar nes batidos por la espuma de las olas en su pering. Whispering your name as a healthy do en sus sienes. Complejas. Desconocidas.
las sienes. Deshielo. Primavera. Todo lo que ir y venir, cíclico y cansado. Espanto y des- mantra. Murmurando. Murmurando tú nom- Sin imágenes de referencia. Ambiguas. Silk.
fluye es hermoso. La cabalgadura ramo- asosiego, en equilibrio inestable. ¿Dónde bre como un mantra salutífero. Gálata. Ayán. Craving. La doncella. Gracio-
nea unos brotes a la orilla del río. El lama el dragón marino de escamas con espinas y sa. Murmurando. Moviendo el lienzo de seda
se sienta en el suelo. Mudó, de súbito. Dejó lengua trífida? El caballero avanzando en la V. Conjuro naranja. El color del principio. De cuando
de temblar y comienza un recitado exótico: arena. Pesadamente. Despacio. Despojándo- no éramos. No era yo. Todavía no era nadie.
Conjuro la memoria con una serie de pa-
Han. Joshi. Hammock. Guiding. Gálata. Xiu- se de las piezas de la armadura. El aroma del Nirvana. El cielo detrás de los párpados na-
labras inventadas, recordadas o, probable-
xi. Ayán. Guanxi. Uskok. Peng. Waiguro. Tsui. mar. La lanza partida en mil pedazos, que el ranjas. Abrirlos. No sé si puedo. Tengo miedo.
mente, nunca antes pronunciadas: Laranxa.
Samjang. Mawas. Sumum. Salam. Hoshi-hos- mar va trayendo, que se mezclan con los re- Caminar hacia la doncella. Graciosa. ¿Gine-
Campei. Arbeit. Stillnes. Uskok. Moviéndose.
hi… Para, de inmediato, enlazar su secuencia cuerdos de una batalla singular, con la visión bra? ¿Ofelia? ¿Desdémona? ¿Galadriel? Que
Amor. Lava. Lama. Grixo. Fumarola. Holem o
preferida: Samsara… Samsara… Samsara… el del monstruo de cabeza de dragón y cauda importa. Su nombre. El nombre de la donce-
Halam, o quizás Hohkim. Una voz, dos voces,
viento. Ya no se siente otra cosa sino el viento, de serpiente, con escamas armadas y caninos lla. Murmurando. Murmurando tu nombre
un coro de voces que llegan y se desvanecen,
que ahoga el sonido de la corriente de agua, retorcidos. La refriega con lanza y cabalga- como un mantra salutífero. Conjuro la me-
que solo dicen una palabra, que entran y sa-
que ahora aparece – estática – a los ojos es- dura. El escudo perdido en el combate. ¿Dón- moria con una serie de palabras inventadas
len del sueño para emitir una verbalización
pantados del lama. El de la túnica naranja. de el caballo de anca conocida? Algas col- o soñadas, recordadas o, probablemente,
única, terrible en su síntesis, ambigua en su
El de la túnica violeta. Primavera. Quietud. gadas de las protecciones de los codos y de nunca antes pronunciadas: Laranxa. Campei.
las rodillas, junto al espaldar de acero y a los sentido. Desconcertante en su sonido, que no
El río nunca trae la misma agua. Todo lo que Arbeit. Stillnes. Uskok. Podias. Moviéndose.
botines de piel vuelta. Impidiendo el avance se asocia con una imagen. Alternadamente. Amor. Lava. Lama. Grixo. Carino. Fumarola.
fluye es hermoso: el amor, el río, el tiempo, la Imprecisas. Superpuestas. Ambiguas. A lo le-
palabra. El viento. No se siente otra cosa sino del caballero, que se hunde en la arena, que Silk. Gálata. Xiuxi. Ayán. Craving. Guanxi.
se despoja de las piezas de la armadura, de jos, en el arenal, alejada del mar —espanto y Centenas, millares de imágenes llegadas de
el viento y el silencio del árbol torturado por desasosiego— la doncella hace señales frente
el embate de la arena, que lo desgasta, que la cota de malla, de los cangrejos que le la- las cuatro esquinas de la memoria. Impreci-
ceran las carnes. Ya desnudo avanza ahora a la playa. Ondea su lienzo de seda. Graciosa. sas. Superpuestas. Terribles en su condición
lo aflige, que lo raspa, y que lo lustra. Los la- Murmurando tu nombre y pidiendo ayuda a
con arresto y gallardía, que se enfrenta al de evocación de la violencia. Bursa. Han.
bios índigos. Un collar de cuentas alrededor los dioses. En el ocaso o en al amanecer. Hos-
mar, que se deja llevar por las ondas —mag- Hammock. Nesgo. Una bruma naranja. La
del cuello. Un hilo rojo en el pulso izquierdo. hi-hoshi. La belleza. La suavidad intuida de
nífico y donoso— que entra en el océano con primera sensación. El pasado. La vida ante-
Samsara. Samsara. Samsara. las formas en un mar naranja, en un gel na-
agilidad de cetáceo, que ya no mira hacia la rior. El sentimiento de pisar, por primera vez,
playa, que brinca entre las olas minúsculas, ranja, en una nube naranja. Impenetrable en las arenas ensangrentadas del combate. Una
IV. Whispering su rol de estatua, el caballero avanza dejando
tranquilas, pausadas. No hay viento. Una fa- falla en el tiempo. Espinas. Frio. Una caballa
En la distancia una doncella observa el ca- lla en el tiempo. En la distancia alguien can- huellas, que el agua cubre sin pudor. Movién- ahogada en una placa de hielo. Cardúmenes
ballero. Whispering. Whispering your name ta. Espinas. Frío. Una caballa ahogada en una dose. Una sensación de pisar por primera vez de sardinas haciendo brillar el mar. Las plu-
as a healthy mantra. Murmurando. Murmu- placa de hielo. Cardúmenes de sardinas ha- las arenas ensangrentadas por el combate. mas y la celada, las espuelas mezcladas entre
rando tu nombre como un mantra salutífero. ciendo brillar el mar. El caballero-delfín, de Sin darse cuenta de lo que ha pasado. Sen- las conchas de animales muertos. ¿Dónde el
¿Qué nombre? ¿Galahaz? ¿Lancelot? ¿Ar- agallas abundantes y membranas entre los saciones encontradas. ¿Palmerín? ¿Glaxo? dragón marino? El mar inmenso y las banda-
turo? No, Arturo, no. ¿Amadis? ¿Palmerín? dedos. El caballero-sirena, de aleta dorsal y Que importa. Confuso y maravillado. En el das de cormoranes en vuelo rasante, linear,
¿Glaxo? ¡Que importa! Tu nombre. El nombre escamas en las sienes. Una falla en el tiempo. arenal de Carnota. Los ostreros con su vuelo directo. Los farallones batidos por la espuma
del caballero. Murmurando. Como un man- Cuando nadie era. El caballero-tritón, de an- escrutador en busca de ostras y de almejas. de las olas en su ir y venir, cíclico y cansado.
tra salutífero. Desde el altozano. La doncella. dares poderosos y catadura anfibia. El caba- Una línea trazada por los erizos descarna- Murmurando. Murmurando tú nombre como
¿Que doncella? ¿Ginebra? ¿Ofelia? ¿Desdé- llero-cherne, de labios carnosos y tristes. En dos, sin púas, sin vida, distribuidos entre re- un mantra salutífero. Avanzando. Hundién-
mona? ¿Galadriel? Que importa. Su nombre. la distancia, alguien murmura el nombre del lojitos y pies-de-burro, entre arcas y berbe- dose. Caminando sin dejar huellas en la are-
El nombre de la doncella. Murmurando. El amado, como un mantra salutífero. No hay rechos, entre algas secas y maderas lamidas na. Desnudo. Libre. En un mar naranja. Llego.
mar inmenso y las bandadas de cormoranes viento. Una falla en el tiempo. En la distan- por la arena. Voces que retornan como un Regreso. Vengo. Voy. Lo no vivido. La suce-

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CREACIÓN CREACIÓN

sión de imágenes. El pasado. La vida anterior. memoria con un mantra de palabras inventa-
Podias. Uskok. Ayán. Hoshi-hoshi. Ofelia. das o soñadas, recordadas o, probablemente,
Galahaz. Desdémona. Amor. Lava. Mundur. nunca antes pronunciadas. Al unísono. ¿Hay
La vida anterior. Poting. Carino. Nesgo. Pi- más placer en la renuncia o en el abandono
ñeiro. Xardín. Hammock. Xiuxi. Cuando de los sentidos?
nadie era. Recuerdos. Laberintos. Memoria
entrelazada. Mirando hacia el mar y hacia el Al principio todo era naranja. Naranja de
Monte Pindo. Murmurando. Murmurando tú la textura de la seda, como un velo naranja en
nombre como un mantra salutífero. El pino todos los tonos posibles del naranja. Quiero
en el jardín imperial. decir: una nube naranja, un magma naranja,
un gel naranja, una sensación naranja. Ma-
Al principio todo era naranja. Naranja de ravilla de lo que ya fue y va a regresar para
la textura de la seda, como un velo naranja en ser de nuevo: el amor, el río, el tiempo, la pa-
todos los tonos posibles del naranja. Quiero labra, la rueda de las mutaciones del karma
decir: una nube naranja, un magma naranja, hasta alcanzar el nirvana. Maravilla del que
un gel naranja, una sensación naranja. Movi- fue. Maravilla del que ha de regresar para
mientos por impulsos. Probablemente la pri- ser de nuevo. ¿Hay más placer en la renuncia
© Louise LeGresley
mera onda de la memoria. Las olas en su ir o en el abandono de los sentidos? Samsara. Fuente: Flickr
y venir. Una sensación de pisar, por primera Samsara. Samsara. Un collar de cuentas al-
vez, de dejar huellas, de sentir cómo el sue- rededor del cuello. Un hilo rojo en el pulso
lo se transforma a nuestro paso. Conjuro la izquierdo. Samsara. Samsara. Samsara.

La puerta de la terraza y la devoción de otros tantos en el colegio.


por Edgar Aguilar Aunque ella parecía ignorar esto.
Al llegar a su apartamento, luego de una
dura jornada de trabajo con jóvenes desinte-
Xavier Queipo (Santiago de Compostela, España, 1957). Biólogo y médico de formación. Su recámara, pieza pequeña y acogedora, resados en la escritura y en la lectura, y de
Desde 1989 vive en Bélgica. Ha publicado varias compilaciones de narrativa breve: Ártico daba a una linda terraza en el tercer piso de una prolongada junta académica, encendió
(1990), Ringside (1993), O ladrón de esperma (2001), Os ciclos do bambú (2003), Ártico 2.0 (2011) y 55 un edificio a las afueras de la ciudad. Des- la luz, se quitó el impermeable, colgó su lla-
(2014); y algunas novelas, como O Paso do Noroeste (1996), Malaria sentimental (1999), Papaventos de allí solía tomar el sol los fines de semana, ves —el llavero, una cabina telefónica lon-
(2001), Extramunde (2011), Os Kowa (2016) y Corazón de Manteiga (2020). Recibió varios premios en acompañada de un café caliente, que siem- dinense— en un porta llaveros de madera
Galicia, entre ellos, los premios de novela Xerais (2011) y Eduardo Blanco Amor (2015). A nivel pre debía estar humeando, y el infaltable ci- incrustado en la pared, y dejó la sombrilla
estatal ha recibido el Premio de la Crítica española en 1991 (por Ártico) y el Premio Nacional garrillo. Además, podía admirar la rica vege- dentro de un cesto de metal, escurriéndose,
de Traducción do Ministerio de Cultura (en colaboración), por la traducción del Ulysses de tación que le rodeaba. a un lado de la puerta. Sacó su celular de su
Joyce al gallego (2014). Algunos de sus libros están traducidos al español, portugués, inglés, Andrea se llamaba. Era una joven inde- bolso y, junto con este, lo colocó en una me-
francés e italiano. www.xavierqueipo.gal sita del recibidor.
pendiente, vivaz, delgada, de piel blanca y
cabellos lacios y negros. Vestía sobriamente, Dio unos pasos y una intensa ráfaga de
de traje sastre gris, no tanto por gusto sino aire se infiltró por el pasillo. Sintió un ligero
por obligación: era profesora de literatura sobresalto al oír un golpeteo proveniente del
en una escuela privada. Sus piernas largas interior de su habitación. Caminó en direc-
y bien torneadas eran la envidia de muchas ción a su cuarto y advirtió que la puerta de

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CREACIÓN CREACIÓN

cristal de la terraza se hallaba abierta, gol- do un ligero presentimiento... Era imposible, al recibidor. Era su madre. Le recordaba que de dar por terminada esa somera pesquisa,
peando repetidas veces la pared a su dere- por tanto, que la puerta de la terraza queda- pronto sería su cumpleaños y ansiaba verla. reparó en que la corriente de aire, por sí sola,
cha. Corría un airecillo que parecía llegar de ra abierta por la mañana. Charlaron unos minutos. Su madre insistía no era capaz de hacer presión sobre la puerta
la sombra de árboles que tenía enfrente, que Sintió una vaga inquietud. Tal vez solo lo en lo descuidada que la tenía y en lo mucho a tal punto de abrirla, puesto que, aun sin el
se mecían de un lado a otro. Se dirigió a la había pensado, pero no llevado a cabo por la que necesitaba de su compañía. Le pareció seguro, al permanecer cerrada, se manten-
puerta y la cerró, poniendo seguro a la ma- premura de llegar cuanto antes a la escuela, oír un leve pero persistente ruido en su habi- dría empotrada al cancel de la misma.
nija. se dijo a sí misma. Esta justificación pareció tación. Andrea le dijo que la disculpara, pero Decidió que lo primero que debía hacer
Desde el cristal de la ventana —no acos- serenarla un poco, pero no le satisfizo por tenía cosas que hacer; luego la llamaría. Su era conseguir un desarmador para apretar
tumbraba usar cortinas— miró distraída- completo. Aunque ¿cómo podría alguien en- madre murmuró algo. Caminó a su habita- el tornillo suelto. Había un modesto cuarto
mente a ambos lados hacia afuera. Estaba a trar a su habitación por la terraza desde un ción. Se despidió y colgó. de servicio junto a la cocina, donde guarda-
punto de oscurecer. El cielo permanecía en- tercer piso? La puerta de la terraza. La puerta de nue- ba en una pequeña caja Truper algunas he-
capotado, pero había dejado de llover. Vio la Tenía escaso tiempo de haber alquilado vo… Creyó reconocer que se golpeaba otra rramientas. Colocó el celular en la mesita de
pequeña mesa en el centro de la terraza con ese apartamento. Le atrajo sobre todo por el vez, pero con un sonido más débil, mucho noche y se condujo hacia aquel; tuvo que va-
su sombrilla y dos sillas de plástico, simulan- verdor y la calma que se respiraba y el hecho menos aparatoso que el que hacía apenas ciar la caja y sacar del fondo un viejo y oxida-
do piezas de jardín. Observó en una esquina de despertar con el canto de los pajarillos al unos instantes, cuando había llegado a su do desarmador. Era uno de esos desarmado-
el macetón rojo, de donde emergía una ale- amanecer, además de que le quedaba cerca habitación y escuchó el continuo golpeteo de res de punta larga y afilada, de buen tamaño.
gre planta de grandes y brillosas hojas, sin del colegio, lo que le resultaba el sitio idóneo la puerta contra la pared. Regresó a la habitación. Casi soltó un grito y
flores, tal y como le gustaban. El suelo estaba para vivir. Apenas se estaba familiarizando Era casi imposible que la puerta de la te- estuvo a punto de dejar caer el desarmador
húmedo. con las caras de los otros inquilinos, gente rraza volviera a abrirse por sí sola. Pero no cuando se percató de que la manija estaba
No había prendido la luz de su habitación. común y corriente como ella, que había visto era Andrea una chica medrosa que se asus- manchada de sangre.
Encendió la lámpara de la mesita de noche. ocasionalmente en los otros departamentos a tara con cualquier clase de ruido. Todo de- Giró sobre sus pasos y corrió a la puerta
Su cuarto se hallaba en completo orden, y causa de su propio trabajo. Y los fines de se- bía guardar una explicación lógica. Devota de entrada. Al llegar, se dio cuenta, pálida y
encerraba un delicado y agradable olor a mana, en que solía salir a la terraza con ropa de las novelas y relatos policiacos, sabía que temblorosa, de que el seguro de la chapa es-
aire fresco y tierra mojada, debido segura- cómoda cuando hacía buen sol, se concen- cuanto acontecía obedecía las más de las ve- taba echado con doble cerrojo. Sus llaves no
mente a que la puerta de la terraza había es- traba en alguna lectura de clase con una taza ces a un impulso fortuito, y no siempre pre- se encontraban en el porta llaveros. Su bolso
tado abierta durante la mayor parte del día. de café humeante y un cigarrillo. Ni siquiera meditado. seguía en la mesita del recibidor.
Creyó conveniente tomar una ducha para sabía quiénes eran sus vecinos inmediatos. Su mirada se detuvo un instante en su ha- Automáticamente, forzó la chapa. Era im-
luego prepararse algo de cenar y retomar su Un muro de ladrillo con pequeños huecos bitación. La puerta de la terraza se hallaba posible salir así. Golpeó la puerta con uno
lectura en la placidez de su cama, una novela triangulares dividía su terraza de la terraza ligeramente abierta, balanceándose un poco de sus puños tratando de que alguien en el
que la aguardaba cada noche antes de dor- de junto. por la corriente de aire del exterior. Fue ha- exterior lograra escucharla. Gritó. Pidió re-
mir y que la tenía con el alma en vilo sin po- Se desprendió las zapatillas y aventó el cia aquella y observó con atención la manija, petidas veces auxilio. Acercó su oreja jun-
der desprenderse de ella. saco a la cama. Tomó una toalla limpia del una especie de L incrustada al pestillo de la to a la puerta, pero del otro lado solo logró
Un repentino estremecimiento le vino de clóset. Pensó, no sabía exactamente por qué, puerta de cristal. oír una especie de murmullo, producto de
pronto. ¿Cómo es que no reparó en ello? Re- y con particular interés, en aquel hombre ex- Se hallaba floja; comprobó que uno de los las lámparas en el techo que iluminaban el
cordó que antes de salir rumbo al colegio esa traño de la novela que espiaba por la ventana tornillos que la sujetaban estaba despren- corredor del edificio. Aún de espaldas a la
mañana muy temprano, se había cerciorado a la joven mujer afuera de su casa, escondido dido. Entonces era esto, pensó con una dé- puerta, alcanzó a distinguir unos pasos que
de que la puerta de la terraza se mantuvie- entre unos matorrales. La chica iba y venía bil sonrisa, la manija no está bien ajustada se desplazaban con lentitud a través del pa-
ra bien cerrada porque a) era verano y las a la tenue luz del foco de la cocina; espera- y el seguro, por tanto, no ha funcionado de sillo que conducía a su habitación. Aferró el
tormentas eléctricas habían sido constantes ba a su novio, un muchacho corpulento, algo manera adecuada. El aire de afuera ha em- desarmador con su mano izquierda. Se vol-
durante todos esos días; b) no acostumbra- torpe y salvaje, mientras horneaba con una pujado la puerta y esta sencillamente se ha vió a sabiendas de que alguien se encontraba
ba dejar la puerta abierta de la terraza bajo alegre sonrisa un pastel de frutas… abierto y golpeado en la pared, se dijo satis- detrás.
ninguna circunstancia; y c) creyó haber teni- Su celular sonó. Se dirigió al pasillo y llegó fecha de sus rápidas deducciones. Pero antes Un hombre, cubierto el rostro con un pa-

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samontañas, estaba al fondo del pasillo. Era el empeine cuan-


un sujeto alto, delgado, vestido de negro. Sus do el hombre lo
manos llevaban guantes de látex, de ciruja- adivinó. Se lanzó
no. Se quedó un momento allí, recargado a la hacia ella con los
pared. De pronto alzó una mano y le mostró brazos extendi-
sus llaves, tomando del índice y el pulgar la dos. Andrea tiró
cabina telefónica de Londres en miniatura y de la silla con el
oscilándola juguetonamente, como si fuera pie y esta salió
un cascabel. Luego se la guardó en el bolsillo. disparada, pro-
Andrea tuvo, no sabía con certeza por qué, vocando que el
la impresión de que el tipo la conocía. Trató hombre trope-
entonces de reconocer los ojos que sobresa- zara con la silla
lían en el espacio abierto del pasamontañas, pero logrando
pero la distancia y la semioscuridad del pasi- sujetar a la joven
llo lo hacían imposible. del brazo.
El hombre pareció reaccionar y dio un Ambos caye-
paso al frente. Ella buscó huir en dirección a ron al suelo unos
la cocina, pero el sujeto, con un rápido mo- metros adelante
vimiento, obstaculizó su camino. Notó cómo debido al impul-
sonreía detrás del pasamontañas. Advir- so que llevaba el
tió ahora manchas de sangre en uno de los hombre. Andrea
guantes de látex. Por un segundo se cruzaron logró zafarse e
sus miradas. intentaba levan-
La puerta de la terraza empezó de nuevo tarse; el tipo la
con su golpeteo. El hombre giró mecánica- asió con firmeza
mente la cara al sitio de donde provenía el de la pantorrilla
ruido y esto le permitió a Andrea correr al hasta alcanzar
otro lado, hacia el pequeño comedor, res- el tobillo. Sintió
guardándose detrás de él. una aguda opre-
La puerta no cesaba de golpear, cada vez sión; el desarma-
más fuerte. Parecía que esto ponía nervioso dor había caído, pero estaba a unos centíme- rodillas huesudas. Casi rozando su cara, la de ladrillo— en dos o tres ocasiones, desde la
al hombre. Se aproximó despacio a la joven. tros de ella. El hombre la atraía hacia sí. Con miró fijamente —sus ojos eran un tanto ras- terraza de junto, que alguien la había estado
todas sus fuerzas, la joven consiguió lanzar gados, casi arrugados, diminutos e inexpresi- observando, pero ella decidió no dar mucha
Intentó por el flanco derecho, y ella se movió
una tremenda patada con su pierna libre en vos— y ella creyó saber quién era el hombre importancia y optó por colocarse de espal-
a su izquierda; aquel corrió a su izquierda y
el rostro de aquel, aturdiéndolo un poco, lo que se escondía detrás del pasamontañas: su das al muro. Entonces Andrea habló, casi en
Andrea se apresuró a colocarse en el mismo
vecino del departamento de al lado. un susurro: si me lastimas, todo el mundo sa-
lugar. De pronto el tipo hizo algo absurdo: que le permitió avanzar un trecho y tomar el
Como en la novela que había estado leyen- brá que fuiste tú.
extendió los brazos, como si quisiera abarcar desarmador.
do todas las noches, la joven recordó haber Él no se inmutó. Sin embargo, por un mo-
la mayor parte de espacio a modo de que ella El tipo, furioso, se abalanzó sobre Andrea
sentido —fue un presentimiento que experi- mento pareció dudar. Solo un instante, por-
se viera o se sintiera acorralada. y cayó encima de ella, sofocándola al instan-
mentó desde la primera vez, al ver de reojo la que volvió a clavar su mirada en los ojos de
La joven, mientras tanto, plegó su pie en el te. Había perdido el aliento. La tomó de los
figura escuálida de un hombre, que se movía ella. Luego, bajó lentamente la vista sobre su
refuerzo de la pata de una de las sillas, a ma- brazos, obligándola a soltar el desarmador, y
furtivamente de entre los huecos del muro blusa blanca, a la altura del pecho, que as-
nera de palanca. Empezaba a jalar la silla con la puso boca arriba, inmovilizándola con sus

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CREACIÓN CREACIÓN

cendía y descendía con ritmo acelerado de- Andrea, pero aún sostenía sus muñecas y el seaba llorar. Se cerró por instinto la blusa. La trolada por un paramédico. Su vecino de jun-
bido a su agitada respiración. desarmador, que situó con gesto amenaza- puerta de la terraza se azotaba con fuerza. to, un hombre de alrededor de sesenta años,
El sujeto efectuó un brusco movimiento. dor enfrente de la cara de ella y de su propio El tipo intentó levantarse, se llevó la mano al parecer jubilado y quien vivía solo, fue ha-
Separó los brazos de la joven por arriba de rostro, a una breve distancia. Así lo mantuvo a la espalda y lanzó un alarido. Se arrastra- llado tendido en el piso de su propio depar-
la cabeza de ésta y los asió de las muñecas unos segundos, de modo incomprensible y ba ahora de espaldas, gimoteando, como un tamento, semiinconsciente, con una vértebra
con una de sus manos; con la mano libre — precipitado, quitándolo y poniéndolo de un animal herido, en dirección al pasillo, hasta rota, una gran tajada en el rostro que aún
Andrea notó que, además de manchado de extremo a otro de sus rostros, como si fuera perderse en él. Luego se internó en la habi- sangraba y una leve herida en la mano.
sangre aún fresca, el guante estaba rasga- una barrera invisible que de pronto se alzara tación. Según las primeras indagatorias, el sujeto
do— manipuló los botones de su blusa, desa- entre los dos. Andrea lo seguía a cierta distancia. El otro logró ingresar al departamento de Andrea
brochándolos con avidez. Si te portas bien, hermosa, no te haré se dirigía a la puerta de la terraza. Mis llaves, escalando por el muro que servía de división
Dos senos blancos y firmes se dejaron ver, daño, dijo al fin el hombre. Su voz no pare- dijo la joven. Aquel se arqueó apenas y sacó entre ambas terrazas. Se encontró un cuchi-
apenas cubiertos por un corpiño. El hom- cía corresponder a la voz que hubiera imagi- el llavero de la cabina telefónica de Londres llo de cocina tirado en el suelo de la terraza
bre tomó el desarmador del piso y apoyó la nado Andrea. Era una voz cascada, un tanto de su bolsillo y lo arrojó al piso, cerca de los del hombre, que se presume llevaba consigo
punta en el pecho de Andrea, bajo el puen- trémula, sin ninguna entonación en particu- pies de ella. Encorvado, salió a la terraza. y con el que se habría cortado accidental-
te del corpiño, introduciéndola entre este y lar, más bien fatigada e indecisa. Como de Trepó con pasmosa dificultad el muro, apo- mente la mano al perder el equilibrio o res-
sus senos… Ella sintió la punta en exceso fría alguien que siguiera de forma automática yando sus pies con torpeza entre los huecos balar del muro antes de pasarse al otro lado e
del desarmador en su piel. Cerró los ojos. Su el guión de una mala película de crímenes y del mismo, como si fuera un inválido a punto intentar cometer su fechoría, la cual le había
resuello era más agitado. El hombre deslizó asesinos, pero que olvidara de pronto el pa- de sucumbir al no contar con ningún soporte salido muy cara.
meticulosamente el desarmador en los pezo- pel que debía interpretar. Abre las piernas, le a la mano, y se dejó caer del otro lado. An- Por fortuna de la joven profesora de lite-
nes, rozándolos apenas, y lo dejó allí. Luego, ordenó. drea lo vio desaparecer en el departamento ratura, se trataba de un vejete enfermo y re-
metió la mano debajo de la falda y frotó con La joven propinó un rodillazo en la espal- contiguo. primido sexual y no de un asesino o criminal
rudeza los muslos de la joven, quien sintió da del hombre, que crujió como si se doblara Después, todo fue un ir y venir de agentes experimentado, como los que solían frecuen-
cómo el miembro del hombre sobre su cuer- un pedazo de cartón o se quebrara un trozo ministeriales durante el resto de la noche en tar sus libros policiacos todas las noches an-
po se ponía rígido. de madera podrida. El sujeto cayó de bruces, ambos departamentos. La joven tuvo final- tes de rendirse al sueño.
La puerta de la terraza empezó a golpear- soltando el desarmador. Ella logró zafarse y mente una crisis nerviosa, que debió ser con-
se. Esto distrajo la atención del sujeto en el quitarse al tipo de encima, dándole un empu-
cuerpo de Andrea, quien abrió al fin los ojos jón; tomó el desarmador; el hombre ya se re-
y dirigió la mirada en dirección a la habita- cuperaba; se volvió: recibió una contunden-
ción. Aquel pareció reflexionar de nuevo, y te tajada de derecha a izquierda en el rostro
enseguida escrutó de nueva cuenta a la jo- con la punta del desarmador, rasgándole la
ven. Entonces extrajo el desarmador, colo- capucha en la parte de la mejilla: una delga-
cando la punta afilada en el rostro de ella. da línea en la piel que empezaba a sangrar Edgar Aguilar (México, 1977). Es poeta y narrador. Premio de Poesía Jorge Cuesta (2000).
Andrea gimió y estaba a punto de soltar un poco a poco. El tipo se llevó la mano a la cara Ha publicado Ecos (poesía, 2007), La torta y otros relatos menos crueles (cuento, 2010), Trazos fugaces.
grito. La aferró más fuerte con la otra mano y observó su sangre. Juegos de luz y sombra (haikus, 2016), Poemas de un loco (poesía, 2016), El hombre de la casa de al lado
y con todo su cuerpo esquelético y le insinuó Andrea se incorporó velozmente, sujetan- (cuento, 2017) y Manchas de tinta. Aforismos y breves dictados (aforismos, 2019).
con la mirada y con un movimiento de cabe- do el desarmador cual si fuera un arma que Colaborador en algunos de los suplementos culturales y revistas literarias más importantes
za que no lo hiciera. podría ser utilizada de nuevo en cualquier de México: Casa del Tiempo, La Palabra y el Hombre, El Puro Cuento, Pauta, Dosfilos, Periódico de Poesía,
La puerta parecía querer participar de al- momento. El hombre permanecía arrodi- Este país, Laberinto, Siempre! y La Jornada Semanal, entre otras publicaciones.
gún modo en lo que estaba sucediendo, pues llado frente a ella. Sus miradas se cruzaron,
cada vez los golpes contra la pared eran más pero ahora percibió una mezcla de pánico
pronunciados. Las rodillas del tipo cedieron y odio en los ojos de aquel. El resuello de la
un poco y dejaron de oprimir el vientre de joven era un poco más tranquilo, aunque de-

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CREACIÓN

Agustín Tirado
por Jesús Manuel Rivas Zamora

A Agustín Tirado lo desterraron de su serenidad en El Paredón, de-


jando abandonado el cultivo y la casa que alguna vez sostuvo. Lo supo
la mañana después de ver la comida que Elena le sirvió, preparada de
mala gana, con verduras a medio guisar y sin tortillas, que ella misma
habría de hacerle. En su mesa descansaba algo ajeno. No tenía la cali-
dez y el esmero de antes, proyectaba ser artificioso y crudo, con pinta
de saber a nada. Enojado, la rechazó, y después, se figuró a sí mismo
en el plato, como despreciado. Algo pasaba, y si pasaba era que Elena
no lo quería más, ni siquiera para preocuparse por lo que le servía, o
siquiera para atenderlo como lo hacía todas las mañanas. Había per-
dido el interés en él, ¿y por quién? De pensarlo le aumentó el enfado,
pero contenido, se levantó de su silla. Observó a su mujer, que se bañaba
con la puerta abierta de par en par y jugaba despreocupadamente con
los chorros de agua. Caminó en silencio hasta ella, analizó de cerca su
cuerpo empapado y desnudo, y le emanó la idea de un panorama que lo
abandonaba. «Dime con quién te estás viendo». Dejó de contenerlo. La
mujer brincó asustada y se arrinconó en la regadera. Al reconocer a su
esposo se despreocupó burlonamente. «¡Ay, me espantas!». Lo apartó y
se enredó en la toalla. Se dirigió al cuarto, sospechosamente recluida en
sus pensamientos, hasta que finalmente soltó. «A ver si así haces algo».
Agustín, aún embrollado en el baño, la escuchaba continuar: «A ver si
seguirás siendo tan hábil, como dicen allá afuera».

1
Agustín Tirado había tenido muchas mujeres en su vida, siempre se
le había facilitado tener compañía. De la familia Tirado, él había sido el
único hijo varón, por lo que su madre, doña Prudencia, lo tuvo consen-
tido y formado a su mesura. Desde niño le enseñó a cuidar la siembra de
maíz y tomate en las parcelas de su casa, y ya que notaba el enfado en
sus ojos, lo mandaba con su tía Mercedes a sacarle la leche a las vacas,
que después sería queso. Queso es lo que había hecho desde que podía
recordar. «Es de viejas eso». Escuchaba a don Felipe Tirado decirle a su
esposa. «¿Quieres que termine siendo joto?». Pero Agustín aguantaba la
cólera de su padre por unas monedas, que a veces se ganaba haciendo
queso. Cuando le comenzaron a interesar las mujeres, Prudencia le ha-
bló sobre cómo tratarlas, cómo hacer el cortejo y cómo meter mano sin
llegar a ser embalsado. También le enseñaba que ropas ponerse. Por las

© Andrea Lacomi visorliteraria.com | 60


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CREACIÓN CREACIÓN

tardes en los fines de semana se lo llevaba a «Que andan diciendo que eres inservible», buscaban apoderarse de su ruta dando ron- lo envolvía como un manto. Pero en medio de
la Plazuela Central, que concurriese un día le dijo. «Pues no sé, oiga. No sé si sea verdad das en áreas que eran suyas. Se las arreglaba esa necedad de abandono, lo que más predo-
como el lugar de ambiente en El Paredón. Lo ni quién anda diciendo esas cosas». Agustín con cuota, pero sabía que tarde o temprano minaba era un sentimiento amargo. Angus-
hacía ir bien cambiado y peinado, y aunque no podía contar las veces que había tenido tendría que usar el arma escondida. Aun con tia, en eso pensaba cuando alguien tocó la
le provocaba bochorno asistir, sabía que no aventuras con mujeres sin protección, pero la recesión, Agustín comenzó a tener la sol- puerta. Se puso los pantalones y fue a aten-
tenía elección con Prudencia. Teniendo más estaba seguro de que si no había resultado vencia necesaria para ser respetado de nue- der. Era un hombre, vestido formalmente,
edad, comenzó a asistir por su cuenta. Los embarazada alguna, no era su culpa. De una vo en El Paredón, y con ello vino la necesi- pero más viejo que él. Le extendió su mano y
pantalones de pana y los zapatos de charol temporada a otra dejó de trabajar con su tía. dad de una mujer que le hiciera compañía. él se la estrechó. «Buenas», se presentó. Pero
fueron a ser pantalones de mezclilla dura, Empezó a hacer salidas de El Paredón y le Regresó a ir a la Plazuela Central, esa vez Agustín recordaba haberlo visto antes en las
tanto que mantenía su forma aún después propuso a Prudencia sembrar amapola, por fajado con una pistola y dinero grueso en fiestas de la plazuela. Su cara le era cono-
de quitarse. Se desgastaba unos tenis Naiki, consejo que había escuchado de otros. «Deja su cartera para repartir botellas de mescal y cida, y mencionada por quienes trabajaban
que solo se conseguían en El otro lado. Agus- mucho. La mera feria», le contó. Se iba todas cerveza a sus acompañantes. En una de esas con él. Sin embargo, siempre quedaba en que
tín Tirado no era de una familia con dinero, las mañanas a hacer ruta comercial y pronto tardes de fiesta, conoció a Elena, a la que le era «el otro». «¿Qué se le ofrece?», respondió.
pero venía de una familia que trabajaba con se entendió con los de la ley y los que ma- había pedido que bailaran. El señor dejó de estrechar su mano y la lle-
la promesa de que el varón prosperara. Tam- nejaban las cosas en el pueblo. Las parécelas vo a su cadera. En ese momento observó su
bién se contaba que, a quién le tocara Pru- florecieron de rojo al poco tiempo. Cuando 2 rostro claramente, tenía algo que le resulta-
dencia como suegra, se le prometía estabili- el negocio iniciaba a dar frutos, se disparó ba familiar: una risa socarrona impresa que
dad. Llenando un buen perfil en el pueblo, a por una oportunidad que llamó a la puerta. Elena echaba sus ropas a la maleta. Agus-
tín seguía de pie en medio de la casa mien- abatía su orgullo. Y entendió. Pero antes de
la edad de dieciseis años llevó a su primera Un día llegó a El Paredón una camioneta le-
tras su mujer se alistaba para irse. Pensó en poder irse atrás por su cachorrilla, el señor
mujer a la casa. Se habían conocido desde vantando piedras y polvo por toda la calle
la espontaneidad de sus actitudes, distantes de enfrente sacó la suya y le apuntó. «Elenita
la primaria, pero no fue hasta que Agustín principal, quedándose detenida frente a la
desde hace días, y con una sazón en la co- se queda conmigo, y nomas la ande buscan-
tuvo soltura y picardía que las mujeres de su casa de con los Tirado. Prudencia salió a re-
cina que se había ido desvaneciendo hasta do le disparo a ese par de huevos inservibles
generación lo voltearon a ver. Como lo hizo cibir al hombre, quien era su hermano. Pero
llegar a ese plato que yacía en la mesa. Eso que le cuelgan». Sin lograr moverse, terminó
Sofía, quien una vez al salir de clases se es- a quien procuró fue a Agustín. «Nos dejaron
tan mal hecho y muerto, que casi lo sentía de escuchar. El plato crudo de las últimas
condió con él, y dejándose descubierto bajo sembrar. Hay arreglo para todo el municipio.
como una venganza. «¿Qué te hice, mujer?», mañanas se revelaba de nuevo en su cabeza,
la falda, le dijo: «Como te me antojas, Agusti- ¡Podemos sembrar hasta en la rivera del rio!»,
desencajó. Elena negó con la cabeza riendo humillándolo y extendiéndolo a la traición
nito». Prudencia les arregló la casa, dividién- le dijo. Y así fue. El Paredón quedó tapizado
irónicamente, actitud que, sin replicar, había de su mujer. Elena lo había cambiado por al-
doles toda una mitad del terreno para ellos en una alfombra de amapolas. Toda la pro-
mantenido toda la mañana. Fue hacía ella y guien más, por otro. Pero de los varios como
solos. Aun con los medios, el matrimonio ducción se mostró en el dinero y solvencia
le jalo de un mechón de cabello. «¡A dónde te él ninguno. De él habían sido los quesos y de
fracasó. Las jóvenes seguían viendo al hijo que Agustín aportaba a la casa. Así fue como
vas a ir! ¡Dime con quién! ¡Me lo cargo aho- él eran los matorrales de todo lo que se viera
consentido de doña Prudencia, quien no de- sus padres dejaron de mandarlo. De pronto,
jaba de tener deslices de vez que aparecía la él sostenía a la familia. Pero el negocio no rita!». La mujer jadeó y trató de liberarse de plantado en El Paredón. Cuando el hombre
oportunidad. Después de un año de engaños, duraría igual de prospero por el resto de los sus manos. Él la soltó y cayó al piso. La ex- abandonó su puerta, planeó vengarse.
Sofía se fue de la casa sin llegar a concebir. años. Tiempo después, se terminó de explo- presión desafiante de su esposa pasó hacerse
Pronto saltó de boca en boca que Agustín tar la siembra. La flor fue hondamente ilícita de un coraje. «¡Ya tenemos un año desde que 3
Tirado no podía tener hijos, y papablemen- aun para decorar jardines. La ley comenzó a te pedí un hijo! ¡Y nada de nada! ¡Ya le pedí el La tarde rompió con la apacibilidad del
te se convirtió en una verdad escondida: el establecerse y ponerse dura en el municipio favor a otro!», le reclamó levantándose. Co- pueblo. El viento levantaba los polvos de las
hijo de Prudencia era inservible para formar con la gente que sembraba. Día tras día, las rrió por su maleta y salió por la puerta antes casas mientras que los Chirrines limpiaban
una familia. Una tarde llegó de la casa de su cosas se complicaron, hasta que Agustín se de ser alcanzada. sus instrumentos. La Plazuela Central se al-
tía, con la ropa escurriendo suero de queso hizo de un arma. «No me vengan a molestar», Al día siguiente, Agustín se levantó solo. zaba vacía con la última voluntad luminosa
y el mandil puesto. Don Felipe Tirado espe- decía en medio de una guerra comercial, pri- Observó la cama que se extendía el doble de del día. Los vendedores de viejitas, cebada
raba sentado en el portal cuando lo detuvo. mero con los militares y después con los que su tamaño sin su esposa, y sin su cuerpo que y horchata permanecían en espera de que

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CREACIÓN CREACIÓN

alguien se acercara. Después comenzaron la plazuela caminando hacia el hombre sin


a concurrir almas en el lugar, pero aun con compañía. La gente comenzó a quitarse de
el ambiente que los músicos comenzaban a en medio y los individuos se dieron las caras,
servir bajo los aferrados gritos de los vende- estudiando el mejor ángulo para un plomazo
dores, el gollete no terminaba por formarse. letal. Agustín le quitó el seguro a su pistola
Faltaban los licores y las cervezas, que en au- y lo analizó. «¡¿Cómo se llama?!», gritó antes
sencia, ningún patrón ofrecía. de levantar su brazo. El hombre, que en todo
Cerca del anochecer, una camioneta plan- ese momento había permanecido sentado, se
tó a un hombre en la calle. Los mirones lo levantó. Tendió el arma en la banca y mar-
desconocieron, pero permanecieron en es- có sus pasos hasta él. «Consolatio Tirado,
peranza de que el disparo finalmente llega- pero la gente me dice El Conso», le contestó.
ra. El hombre, sin compañía y sin reparar en Y a lo lejos se escuchó una ráfaga. Los que
nadie, se fue a sentar en una banca. Después estaban en la plazuela vieron sangre en los
sacó una pistola y la acostó en su muslo. La Tirado, pero solo Agustín estaba en el suelo.
orquesta no se detuvo, y al pasar un rato La bala había venido por detrás, y mientras
la gente se cansó de verlo. «No se ve de por sentía que su sangre le llenaba los pulmones
aquí», se oían los murmullos. Y en duda, no ahogándolo, pensó en el cuerpo de su mujer,
© Thaís Medina
terminaban por resolver si pronto vendría la que se exhibía en su memoria y lo abrazaba; Fuente: Flickr
compañía. Muchos dedujeron que iba a ma- senos, vientre y carne hecha para él. Y siguió
tar a alguien, otros pensaban que se robaría así por un momento, hasta que llegó la muer-
a una mujer. Pero las deducciones tuvieron te y Elena le dejó de proveer.
fin cuando Agustín apareció del otro lado de

Ahí te quedas, enano piel satinada. Merceditas baja la vista, entre


por Amaya Michelena avergonzada, porque quizás ambiciona de-
masiado, y preocupada, porque a veces teme
que lo que desea no sean más que fantasías
Cada vez que se mira al espejo, se asombra irrealizables, que más le valdría agarrar-
Jesús Manuel Rivas Zamora (Culiacán, Sinaloa, México, 1998). En el 2021 egresó de se al pájaro en mano que al ciento volando,
ante su propia belleza, se sabe hermosa, de
la Lic. en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Aútonoma de Sinaloa (UAS). Ha
mirada cautivadora y con una boca... capaz porque el tiempo pasa, qué digo pasa, vuela
tomado talleres de creación literaria y presentó la ponencia «El espacio como contructor de la
de enloquecer al más insensible de los hom- como un halcón, a toda velocidad. Y ya no es
identidad y el mundo interior del ser indígena en Benzulul de Eraclio Zepeda» dentro del undé-
bres. Ya se lo decía su abuela, que estaba con- una niña, la que salió de la aldea dispuesta
cimo Encuentro Internacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (EIELL) por la UAS.
denada a la perdición, porque una cara como a comerse el mundo para buscar fortuna en
esa no sirve para nada más que para pecar. la ciudad. Ya tiene veinte años y lo que en-
Pero aún no ha conseguido eso que tanto an- contró lo tiene alrededor, en ese cuartucho
hela, la riqueza, el poder, la satisfacción de en penumbras que ocultan las humedades de
estar en lo más alto, colgada del brazo de un las esquinas, donde huele a tabaco barato y
hombre acaudalado y guapo, de un galán de a quina Santa Catalina, donde el catre defor-
cine que viaja en un cochazo que brille más mado por años de uso le habla de esas mi-
que el sol, que le ofrezca una luminosa copa serias que no ha logrado dejar atrás, ni por
de champán mientras se pierde entre sus guapa ni por ná.
ojos... o entre sus piernas interminables de —¡Nenaaaaa, date prisa, anda, que ya es la

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CREACIÓN CREACIÓN

hora! las seguidillas, los tangos y pasodobles, con le doy?». y no parece poca cosa. Se estira, avanza las
Los gritos de la Patro la sacan de sus des- letras lúgubres, apasionadas, rotas o deses- —¡Ay, Curro! ¿Qué quieres que te diga, án- tetas, aprieta la tripa. La sonrisa, un sol de
varíos. Pestañea para volver a la realidad, peradas. En el pentagrama invisible baila su gel de Dios? verano, ilumina la mortecina guardarropía.
yergue la columna, se pone el colorete, pinta amor insensato, su sueño de llegar al corazón —Que sí. —Me habían hablado de este antro porque
la sonrisa de rojo carmín que todos esperan de una mujer que nunca verá en él nada más —Sabes que eso es imposible. Sería como hay un tipo que canta las farrucas como nin-
de ella y sale contoneándose hacia el guar- que el destartalado trampolín sobre el que juntar agua y aceite, imposible. Imposible del guno, pero nadie me había advertido de esto.
darropa para empezar la jornada, ahora que apoyarse para saltar más alto. Lejos de todo todo. Dice seductor el galán tomando su mano y
se oculta el sol. Antes de ocupar su lugar ya esto. —Tú lo que buscas es un tipo guapo, un depositando en ella el beso más dulce mien-
hay un montón de hombres haciendo cola De madrugada, mientras la Patro barre chulo que te saque de aquí. Y no te culpo. tras le taladra los ojos con gula. En ningún
con sus abrigos en la mano, el puro entre los el local y maldice su suerte con la colilla ya Esto es una mierda, pero es todo lo que tengo. momento se aparta de ellos, ni repasa el es-
labios, el bigote repeinado y los ojos ham- muerta entre los labios, el Curro toca con los Y será tuyo mañana si me lo pides. Piénsalo. cote ni se aventura en los muslos. El curapupas
brientos corriendo hacia su escote. Alguno nudillos en la puerta del camerino, el cuchitril Lo dice apagado, caminando hacia atrás, sabe lo que hace. La virtud de la chica es ya
le trae un ramito de flores, que acepta con donde Mercedes esconde su tristeza. Se está hasta abandonar la habitación. La puerta se una leyenda que cruza la ciudad por sus ba-
fingida timidez, otro le suelta un piropo más desmaquillando, se suelta las horquillas que cierra despacio, casi en silencio. En su cabeza jos fondos y va a ser él quien se lleve el gato
soez que adulador, aquel del fondo se repa- recogen su cabello en graciosas ondas a la resuena el estribillo de la última tonada que al agua. «La más guapa va a ser mía, lo juro»,
sa el morro con la lengua en un gesto que a moda, desprende las pestañas postizas. cantó esa noche: «Entre tú y yo, la soledad y decía anoche en la partida de cartas. Y aquí
ella le resulta repulsivo, pero no deja de son- —¿Qué quieres? ¡Pasa! —le grita. un manojillo de escarcha». La chica termi- está, con su catálogo de ademanes elegantes,
reír. A este, a aquel, a todos. Porque esa es la Entra, despacio, empequeñecido, la cabe- na de arrancarse el rímel con rabia, llena de con su abrigo de paño con cuello de marta,
moneda con la que comprará su billete a la za gacha, casi temblando por lo que está a dudas. «¿El Curro? ¡No, ni hablar! Yo no he el aroma intenso que ocupa la estancia y la
gloria. Consciente, también, de que Curro la punto de hacer. La chica lo mira con sus ojos nacido guapa para esto». Y duerme mal esa chica tierna que se le derrite.
observa en la distancia, oculto por una cor- grandes, de un verde de mar, de campo, de noche, porque ante sí se extiende la alfom- —Bienvenido al tablao del Lacio, caballe-
tina, por una columna, detrás de la barra, en cielo. Un universo lleno de interrogaciones y bra de la seguridad, de la tranquilidad, de un ro.
lo alto de la escalera... en todas partes y en anhelos. amor confortable sin aspavientos, ese futuro No espera a que acabe la noche. Ni si-
todo momento, como una fiera que no quie- —Quería hablar contigo, Mercedes. Quie- que a los veinte años te parece el infierno, la quiera sube Merceditas a recoger sus cosas.
re soltar su presa. «Pobre hombre —piensa ro decirte una cosa. mediocridad, una condena muy larga. Y él se «¿Para qué, si no son más que baratijas? Este
Merceditas—, con lo poquita cosa que es, —Habla pues, y rápido, que me caigo de remueve también en la cama, que soñaba con me dará de oro y de perlas». Y agarrada a su
cómo se atreve a soñar conmigo». Pero cuan- sueño. calentar de una vez por todas. No pierde la fe, brazo sale del tugurio, sonriente, feliz, para
do piensa en él, una sombra le entristece la Y es entonces cuando el Palmo mira den- pero sí la esperanza. meterse en el coche que la llevará a la vida
mirada, porque conoce bien al Palmo, que la tro de ella, no en la entrepierna, sino en los La noche siguiente el destino se cruza. Pa que deseaba. Qué poco sabe que dentro, en
acogió cuando no tenía dónde caerse muer- ojos, allí donde todavía anida su infancia darle al Curro la estocada final. Don Severo el tablao, el pobre Curro siente ya el corazón
ta, que la respetó siempre, que la trató bien, desgraciada, sus ansias de escapar, allí don- Cárdenas aparca su Rolls frente a la puerta arrancado, el calor de la vida que se le va, la
que se apiadó de ella dándole ese trabajo del de Mercedes sigue siendo una muchacha de del local, un insulto descarado que no hace sangre que abandona su rostro para dejarlo
que saca más propinas que él, aunque solo pueblo con sueños de grandeza. más que poner en evidencia los desconcho- pálido como un cadáver, a él, que siempre
sea la que recoge los abrigos y enciende los —Cásate conmigo, Merceditas. Prometo nes de la fachada, la bombilla rota que ha ha sido agitanado y oliváceo. Solo la Patro lo
cigarros, mientras el Curro lleva el negocio, hacerte feliz, darte todo lo que mereces. dejado de iluminar la 'o' de Tablao. Desde la ve empequeñecerse aún más, desvanecerse,
las cuentas a rajatabla, y canta. Canta como Lleva años guardándose esas palabras, ventana lo mira aterrado. Es el tipo exacto quedarse en ná. Unas horas dura la agonía.
los ángeles, con su voz ronca, rasposa, toda pero ya no puede más. Se siente viejo, ven- que busca Mercedes: alto, guapo y fuerte, fo- Solo unas horas. Las mismas que la niña goza
emoción, que resuena con el eco de las miles cido. El temor a que reaccione con una car- rrado de pasta, con un perfume a nardos que en la alcoba de brillos y oropeles del medi-
de botellas de aguardiente que se ha pimplao, cajada de desprecio se esfuma en cuanto corta el aliento. Ahora está perdido. cucho contrabandista, con gemidos falsos
y quema igual. Y le canta a ella. Lo sabe bien. pronuncia la última sílaba, porque ella calla, La niña se recoloca el pelo con coquete- que tratan de complacer la hombría de él y
Porque es incapaz de mirar hacia otro lado baja la vista, frunce los párpados, quizá in- ría. Sabe que alguien grande se acerca a la festejar el triunfo de ella sobre la mediocri-
mientras de su garganta salen las coplas, tentando retener una lágrima. «¿Tanta pena puerta, ha escuchado el runrún del coche dad. Horas de piel, de besos, de saliva, sudor

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CREACIÓN COLABORACIONES

y jadeos. Horas que pasan como plomo para que está seguro de que volverá. Maltrecha
el Palmo, que ya la palma. Si el infierno lo es- y humillada, usada y descartada. Y muere
pera al otro lado, no cree que sea más terri- pensando que, desde el infierno, cantará sus
ble que esto. De soledad y desprecio, de dolor penas para que entre fantasmas las escuche
y angustia ya ha tenido bastante. Y se alegra ella.
de no tener que volver a ver a la niña, por- Colaboraciones

La Revista Literaria Visor se centra en diversos aspectos del relato corto. Está estructurada
en tres bloques fundamentales: reseñas literarias, ensayo y creación. Toda colaboración será
bien recibida en cualquiera de estos campos siempre que sea original, inédita, escrita en es-
Amaya Michelena (España). Licenciada en Periodismo (1989). Escribe cuentos, poesía pañol y relacionada con los distintos aspectos del relato breve. Los textos deben remitirse en
y novela desde la infancia. Está a punto de publicar su primera novela, una historia juvenil fichero adjunto y en formato Word, junto a una breve reseña bio-bibliográfica de no más de
titulada El laberinto de Auria con Editorial Tandaia. A sus 54 años lleva treinta en el mundo del diez líneas, a la siguiente dirección de correo electrónico:
periodismo trabajando en el diario regional Ultima Hora, donde dirige el suplemento domini-
cal y publica reportajes, entrevistas y artículos de opinión. En la actualidad está cursando el visorliteraria@gmail.com
Master en Creación Literaria de Editorial Planeta que dirige la escritora Espido Freire en la
VIU-Universidad Internacional de Valencia. Su producción literaria más reciente se centra en El consejo editorial leerá todas las colaboraciones enviadas, reservándose el derecho a su
la novela juvenil y en los relatos de diversos géneros. Es madre de dos chicas, la mayor de 22 inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto alguno del proceso de
años, que sigue sus pasos en el ámbito del periodismo, y la pequeña, de dieciséis. selección, y solo se mantendrá correspondencia con aquellos autores cuyos textos sean ele-
gidos.
Los autores son siempre los titulares de la propiedad intelectual de cada una de sus obras
y solo ceden a la Revista Literaria Visor el derecho a publicar los textos en el número corres-
pondiente.
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rán la extensión de una página; para ensayos, no más de 10, y para creación, no se excederán
las 12 páginas. En todos los casos, los textos se redactarán en A4, con letra tamaño 12, doble
interlineado y, de haberlas, notas al final del documento.

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