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ENSAYOSSOBRELA HISTORIOGRAFÍA

PENINSULARDEL SIGLOXV

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UNIVERSITYOF MICHIGAN
BIBLIOTECA
ROMÁNICAHISPÁNICA
DIR.IGIDAPOI. DÁMASO ALONSO

11. ESTUDIOSY ENSAYOS

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............
.-.. ...- -·-.·----

ROBERT B. TATE

ENSAYOS SOBRE LA
HISTORIOGRAFÍAPENINSULAR
DEL SIGLO XV

VERSIÓN ESPA1-tOLADE
JESÚS DfAZ

BIBLIOTECAROMÁNICA HISPÁNICA
EDITORIALGREDOS,S. A.
MADRID

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UNIVERSITYOF MICHIGAN
O ROBERT B. TATE, 1970.

EDITORIAL CREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 83, Madrid. España.

Depósito Legal: M. 8221 - 1970.

Gr68cu Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 83, Madrid, 1970. - 3401.

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. 1

INTRODUCCIÓN

Los artículos incluidos en este libro representan los frutos de la


investigación realizada durante las dos décadas de 1950 y 1960. Todos,
excepto los dos últimos, hán aparecido ya impresos. Aprovecho esta
oportunidad para agradecer a los editores de las diversas revistas y
homenajes el permiso concedido para imprimirlos aquí. Desde su pu-
blicación ha llegado por fuerza nuevo material a mis manos; ello me
ha obligado a poner al día los ensayos y a corregir ciertos errores de
menor cuantía. En general, sin embargo, no he introducido cambios
esenciales en mis argumentos.
Mi trabajo puede calificarse, en su mayor parte, de obra descrip-
tiva, ya que el campo que he escogido había merecido poca atención
desde que Georges Cirot deslindó el terreno hace unos sesenta años
con sus Etudes sur l'historiographie espagnole. Les histoires générales
d'Bspagne entre Alphonse X et Philippe II, 1284-1556 (Bordeaux,
1904). Prescindiendo de Paz y Mella y de Sánchez Alonso, se ha
hecho poco más sobre las historias latinas del siglo xv comparadas
con la historia vernácula de la misma época. Aquí la figura central
ha sido Juan de Mata Carriazo con su magnífica serie de estudios
y textos. En verdad, para poder componer una obra sólida sobre las
historias latinas mayores, ha de prepararse una serie de textos bien
anotados y editados. Hay cantidad de textos vernáculos que esperan

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8 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV 1

todavía un editor; el principal de ellos es, sin duda, la Crónica de


Juan 11 de Castilla, por no mencionar a López de Ayala, Martínez
de Toledo, Pétez de Guzmán (Mar de historias), Enriquez del Cas-
tillo, Rodríguez de Almela, Carbonen, etc., pero es cosa que hace
pensar que, aparte la Historia de la guerra de Nar,arra, de Nebrija,
no dispongamos de ediciones más recientes que las del siglo XVII de
Lorenzo Valla sobre Femando de Antequera, Beccadelli sobre Al-
fonso V de Aragón, Alfonso García de Santa María, Sánchez de Aré-
valo, Margarit, Lucio Marineo Sículo; mientras que del texto más
\ significativo de todos, las Décadas de Alfonso de Palencia, existe úni-
camente una traducción que es muy difícil de obtener, no siendo, por
otra parte, enteramente fiel al original. Quedaré muy satisfecho si la
presente obra simplemente llama la atención sobre esta falta tan ma-
nifiesta de atención por parte de las pasadas generaciones de medie-
valistas, en la esperanza de que alguna institución venga a inaugurar
la publicación de un Monumenta Hispanica.
Los estudios publicados anteriormente han aparecido como sigue :
I. "Mythology in Spanish Historiography of the Middle Agea and the
Renaissance", Hispanic Review, XXV (1957), pp. 1-18.
2. "López de Ayala, hnrnanist historian?", Hispanic RevinD, XXV (1957)>
páginas 157-174.
3. ''The Anacephaleosis of Alfonso Garda de Santa Maria", en His-
panic Studies in Honour of l. González Llubera (Oxford, 1959), pp. 387-401.
4. ''Rodrigo Sánchez de Arévalo (1404-1470) and bis Compendiosa His-
toria Hispanica'', en Nottingham MediefJal Studies, IV (196<>),pp. 58-80.
5. "An Apology for Monarchy. A Study of an unpublished 15th ccn-
tury Castilian Historical Pamphlet'', Romance Philology, XV (1961), pégi-
nas 111-123.
6. "The Paralipomenon Hispaniae of Joan Margarit, Cardinal Bishop
of Gerona", Bulletin of the 1ohn Rylands Library, XXXIV (1951), pági-
nas 137-165.
7. "El manuscrit i les fonts del Paralipomenon Hispaniae", en Bstudis
Romanics, IV (1953-54 [1957]), pp. 107-137.
8. "Nebrija the Historian", Bulletin of Hispanic Studies, XXXIV (1957),
páginas 125-146.
9. "Gonzalo Garda de Santa Maria : bibliófilo, jurista, historiador", bajo
el título "Four Notes on Gonzalo García de Santa María,,, Romance Philo-
logy, XVII (1963), pp. 362-372.

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Introducción 9
10. "A humanistic biography of John II of Aragon", Bulletin of His-
panic Studies, XXXIX (1962), pp. 1-15.
u. "Lucio Marineo Sículo y Gonzalo Garda de Santa María", bajo el
título "A humanistic biography of John II of Aragon -a note", Homenaje a
1aime Vicens Vives (Barcelona, 1965), I, pp. 665-673.

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ABREVIATURAS

ACA Archit10 de la Corona de Aragón.


AFA Archivo de filología aragonesa.
ARSNSP Annali, R. Scuola Normale superiore di Pisa.
BAE Biblioteca de autores españoles.
BAH Boletín de la Academia de la Historia
BHi Bulletin hispanique.
B'JR Bulletin of the 1ohn Rylands Library (Man-
chester).
BRAB Boletín de la Real Academia Española.
BSS o BHS Bulletin of Spanish Studies, más tarde Bulletin
of Hispanic Studies.
Gane. Cast. ed. Foulché-Delbosc, Cancionero castellano del
siglo XV (Madrid, 1915), 2 vols.
CDIACA Colección de documentos inéditos del archif1o de
la Corona de Aragón (Barcelona, 1852-1864).
CHDB Cuadernos de historia de España.
CODOIN Colección de documentos inéditos para la histo-
ria de España (Madrid, 1852).
Dormer, Progresos J. Dormer y J. Andrés de Uztarroz, Progresos
de la historia en el Reyno de Aragon y elogios
de Gerónimo Zurita su primer cronista (Za-
ragoza, 1680).
ER Estudis Romaffics.
GSU Giornale Storico della letteratura italiana.
Hisp. Hispania (Madrid).
Hisp. lllustr. ed. A. Schott, Hispaniae illustratae... scriptores
t1arii (Frankfurt, 1603-1605), 4 vols.

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12

HR
Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Hispanic Re-oie-w.
'
t

MLR Modern Language Re-oie-w.


NRFH Nueva revista de filología hispánica.
RFB Revista de füología española.
RFH Revista de filología hispánica.
RABM Revista de archfoos, bibliotecas y museos.
RH RetJUehispanique.
RPh Romance Philology.
Sp Speculum.

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MITOLOGfA EN LA HISTORIOGRAFfA ESP~OLA
DE LA EDAD MEDIA Y DEL RENACIMIENTO

Los capítulos introductorios de las historias generales de la Edad


Media y del Renacimiento tratan invariablemente de acontecimientos
sacados de la historia bíblica y de la mitología clásica. Los investi-
gadores de la historiografía no se preocupan normalmente de estos
capítulos que, a primera vista, parecen seguir un modelo conven-
cional y no contener información vital sobre los principios históricos
seguidos por el autor. Este descuido brota de la convicción de que
el material tiene poco que ver con el cuerpo de la historia, de que
puede contribuir poco a iluminar la época de que trata o en la que
fue escrito. A lo sumo, estos capítulos introductorios han servido de
tajo para modelar sobre él la teoría de una Edad Media extremada-
mente falta de crítica, crédula, en oposición a una distinción sagaz
entre hecho y ficción propia del Renacimiento. Esta actitud no atri-
buye una función específica a estos prólogos y refuerza la opinión
persistente de que el historiador medieval no fue más que un com-
pilador que acumuló material sin un fin predeterminado.
El objeto de este ensayo es intentar mostrar que estos capítulos de
la historia mitológica no fueron compuestos de una manera pura-
mente imitativa, que hubo factores definidos que determinaron la
selección del material y su composición, que son útiles, desde un
punto de vista literario, para determinar la actitud de la época con
respecto a su herencia clásica, y que, finalmente, la llegada del Rena-
cimiento no supuso una disminución del esfuerzo en este terreno.

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OF MICHIGAN ·:;;
14 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Con miras a su ilustración hemos limitado el campo a los reyes mi-
tolóS,icos de ~paña, particularmente a la suerte corrida por la figura
de ~ércules, /desde la crónica del siglo XIII de Ximénez de Rada,
Arz°'bispo de
Toledo, conocido por el Toledano, hasta la Crónica de
España de Florián de Ocampo, el historiador del siglo XVI: esto es,
a través de todo el ciclo de la creación, rechazo y redescubrimiento
de la crónica medieval.
Hablando en términos generales, la historia general de la Edad
Media se basaba en la síntesis de las estructuras cristiana y clásica,
realizada principalmente durante los siglos II y 111 d. de C. De-
muestra de qué manera el mundo más pequeño, pero de mayor in-
fluencia, del judaísmo y del cristianismo se funde en la esfera más
grande del Imperio Romano, cuyas historias sometió a la interpre-
tación de la providencia divina, absorbiéndolas en la nueva crono-
logía de las Siete Épocas y de las Cuatro Monarquías, que giraban
no sobre la destrucción de Troya o la fundación de Roma, sino sobre
los acontecimientos de la Creación, del Diluvio, del Nacimiento y de
la Crucifixión de Cristo. Una historia general de este tipo, que abar-
caba todo el mundo conocido, como la de Isidoro o Pedro Comestor,
fue imponiéndose como ejemplo dentro de los confines de los dif e-
rentes reinos cristian(?s. Pero, semejante a un renuevo en las pri-
meras fases de crecimiento, la crónica local hizo derivar todavía su
fuerza del tronco de origen. Su pasado remoto, sus orígenes, eran los
del conjunto; el apéndice no tenía filiación propia. En España, la
transición de la crónica, dentro de la gran esfera de la cultura ro-
mana, a la versión local se ejemplifica en la comparación de la his-
toria de Isidoro con la del Toledano. Para Isidoro, el centro vital
del mundo es Roma. Profesa la mayor admiración por el poder uni-
ficador del Imperio y el prestigio de su cultura. Sus lamentos por
él están mitigados únicamente por la nobleza de sus conquistadores
visigodos 1•
Se han puesto de relieve muchas veces las diferencias de perspec-
tiva, construcción y material empleado por Isidoro y sus imitadores

l Cfr. José Luis Romero, "San Isidoro de Sevilla", CHDB, VIII (1947),
páginas 5-71.

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Mitología en la historiografía española 15
posteriores en los recién nacidos reinos cristianos (p. e., el Tudense 2,
por un lado, y el Toledano 3, por otro). La identificación del Tudense
con Isidoro ilustra la calidad arcaizante del reino de León, heredero,
con estilo propio, de la tradición visigoda. El Toledano representa
el reino progresista e innovador de Castilla. El primero sobrecarga
los capítulos introductorios con acontecimientos distantes, en el
tiempo y en el espacio, de las cancillerías españolas y los construye
sobre el esquema de las Seis Épocas, de las que constituye un apén-
dice la historia visigoda y posterior. Aquí difiere la historia del Tole-
dano. Surge únicamente de las aspiraciones de Castilla a ser reco-
nocida como igual en el trato internacional. Se deja a un lado el
esquema de las Seis Épocas, y se relega a un plano secundario el
conjunto de la historia antigua, tanto la bíblica como la greco-romana.
Esto no significa, sin embargo, que las secciones consagradas a los
orígenes de Hispania no tengan importancia. Por el contrario, el es-
critor hace diversas adiciones interesantes que implican una refun-
dición parcial de su material histórico. De esta manera toman forma
las tradiciones independientes de la Península, y se establece de ma-
nera coherente Ualeyenda de Hércules como progenitor de la mo-
narquía española)

n
Como Dante nos dice, las figuras de la mitología clásica pueden
ser interpretadas de manera literal, moral, alegórica o analógica. Las
tres últimas conciernen al moralista, mientras que la primera es pre-
rrogativa particular del historiador. Desde la Primera Crónica General
hasta el Renacimiento los dioses y héroes clásicos fueron concebidos
siempre como humanos en su origen, exaltados más tarde a causa
de sus aportaciones a la humanidad. En las obras históricas españolas
es raro, de hecho, encontrar el mito interpretado de manera que no
2 Lucas Diaconi Tudensis Chronicon Mundi, en A. Schott, Hisp. illustr.
Vol. IV.
3 Roderici Ximenii archiepiscopi de rebus Hispaniae libri X, ibid., vo-
lumen 11 (también conocido bajo el titulo de Historia Gothica).

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16 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
sea euhemeristica, y esto vale tanto respecto de los tempranos his-
toriadores humanistas, como Margarit, como de los elaboradores de
mitos en el Renadroicnto tardío, como Lorenzo de Padilla. El tradi-
cionalismo de enfoque puede justificar bien que los historiadores es-
pañoles, particularmente de los siglos xv y xv1, se distingan de los
demás europeos.
Hércules era considerado desde hada siglos como el resumen de
• la virtud heroica. Por ello, su carrera como hombre precede, según
Farnell, a su carrera como dios 4• Su culto estaba lo bastante exten-
dido para ser adorado como una divinidad pan-helénica, viniendo a
alcanzar más tarde toda la Magna Grecia e Italia, a lo largo de las
playas ligures, hasta llegar a España. Heródoto es quien primero nos
informa sobre la magnitud de su difusión por las costas meridionales
del Mediterráneo 5, pudiendo deducirse de su relato que el héroe grie-
go vino a identificarse con la divinidad Melqart de los fenicios. La ex-
pansión de esta raza de mercaderes hasta Cádiz explica la existencia
de un templo de Hércules en este puerto. Es otro caso más de la
fusión de un dios-héroe griego con un semita. Aristóteles, en una
declaración considerada como dudosa, afirma que había una determi-
nada ruta, conocida por el nombre de "heracleana", que conduda
desde Italia hasta el país ibérico. Refiérese probablemente a la ruta
de la Riviera que discurría desde Italia hasta España. Se puede su-
poner que la ruta estaba colocada bajo su protección y que esto está
en conexión con la propagación de su culto desde Masilia. La lite-
ratura greco-romana afirma al mismo tiempo múltiples conexiones
¡ de Hércules con el extremo oeste de Europa, localizando vagamente en
l o cerca de Hesperia la isla mítica de Erytis, el jardín de las Hespé-
\
1
rides y el reino del pastor Gerión.
- El Tudense no presta atención a las conexiones locales de la le-
yenda de Hércules en su historia de la España primitiva. No tenían,
evidentemente, significado para él. Se limita a mencionar unos cuan-
tos incidentes desconectados referentes a la derrota de Anteo, a la
destrucción de Troya y a la muerte del héroe sobre una pira en lla-
mas. Pero el Toledano vio aquí la clave para una etnología clásica

4 Sobre este tema, cfr. L. R. Farnell, Grsek Hero Cults (Oxford, 1921).
5 Heród., 2.42.

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Mitología en la historiografía española 17
de la monarquía española. Naturalmente, un historiador cnstiano ¡,/

tenía que sentir como primera necesidad el comenzar su prólogo par-


tiendo del poblamiento del mundo por los descendientes de Noé.
Una tradición aceptada señalaba a Tuba! para el papel correspon-
diente en España. Sin embargo, trata más extensamente de la llegada
de Hércules, ya que ésta ligaba la antigüedad de España a la del
mundo clásico. La obra del Toledano es, por ello, paralela de la
creación de Franco, uno de los descendientes romanos de Eneas, el
fundador de la dinastía francesa en la crónica de Fregedario, y de la
aparición dr-!ruto en la historia de los británicos de Godofredo de
Monmouth. ~l Toledano llegó tarde al campo, y fue probablemente
la política internacional la que le incitó a llenar este vacío de la his-
toria española) Fue él quien estableció una firme conexión entre
Geryon Tríceps y la Península, haciéndole jefe, en virtud de su nom-
bre, de las tres provincias de Galicia, Lusitania y Bética, en vez de
señor de algún vago oscuro reino en el Oeste 6• Este afán por poner
de relieve la presencia del héroe clásico en la Península conduce al
T oled.anono sólo a detallar el robo del ganado de Gerión, sino tam-
bién a elaborar {i contribución personal de Hércules a la formación
del mapa interior de Españij En conexión con esto registra la impo-
sición del nombre de Lusitánia, la fundación de Tarazona, Urgel y
Barcelona. Pero, lo que es más importante de todo, cr~a a Hisp~ti.9,
--- --=--
a quien Hércules, habiendo conquistado toda la Península, confía las
riendas del gobierno. Esto no es una invención enteramente gratuita.
Barcelona poseía un templo de Hércules. El nombre de lugar Tara-
zona deriva de tirios y ausonios, dos tribus que acompañaron a Hér-
cules en su viaje a España. E) T oled.ano sigue en esto una práctica
común medieval y clásica respecto a los nombres de lugar, lo mismo
que al establecer la conexión de Hércules con los fenicios. En lo
que se refiere a Hispano, bien puede tratarse de una invención; por
otro lado, hay un rasgo característico del culto de Hércules en la
cuenca occidental del Mediterráneo. En algunos lugares estaba es-
trechamente enlazado con Iolaos, su sobrino y compañero de armas.
Farnell no acierta a dar razón clara de esto, considerando que puede
6 m capítulo VI tiene por título De adfJentu et tJictoria HeTculis in His-
paniam et pugna illius cum Geryone tricipite.
HISTORIOGRAFfAPBN., 2

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18 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

ser debido a influencia fenicia 7• El Toledano no estaba tratando des-


preocupadamente de los precedentes clásicos. Su propósito era algo
más inmediato. En comparación con el laberinto de información clá-
sica y bíblica suministrada por Isidoro y el Tudense, el Toledano
deshebró y elaboró, a partir de sus lecturas clásicas, el único hilo que
a juicio de la posteridad suministraba una "véritable forme de cons-
cience ethnique", como señala Seznec en relación con casos simila-
recJProveyó a la dinastía española de un título de nobleza, según
(elmodelo de Eneas y su fundación de Rom~
Más allá de la absorción del dios-héroe en la trama de la historia
peninsular, el Toledano no forzó su interpretación del carácter de
Hércules. Ninguno de sus actos cae fuera de la credibilidad de la
mitología clásica. Es más que probable que estas elaboraciones estén
relacionadas al reavivarse el interés por los estudios clásicos del lla-
mado Renacimiento de los siglos XII y XIII. Su historia está com-
puesta definidamente con un ojo puesto en la escena europea.
La manera de abordar el mismo episodio en las historias de Al-
fonso el Sabio presenta ciertas diferencias 9• No estamos ya reduci-
dos a los limites de la información clásica, ni ponen el énfasis los
compiladores reales en los mismos aspectos de la herencia del pa-
sado. A pesar de que emplean más ampliamente las fuentes greco-ro-
manas que en el caso del Toledano, no demuestran la misma sensibi-
lidad por la tradición clásica. Esto no significa que los compiladores
fuesen insensibles a la herencia cultural de Europa, sino todo lo con-
trario, como lo demuestra el tratamiento extenso de la historia ro-
mana no hispánica. Pero no estaban en modo alguno tan ligados a su
pulsación como Isidoro o el mismo Toledano. El mero hecho de que
escribieran en lengua vernácula es prueba suficiente de que inter-
pretaron la tarea desde otro ángulo. Los compiladores alfonsinos hi-
cieron un esfuerzo enorme para acumular la totalidad del saber hu-
mano e intentaron volver a juntar de nuevo en el campo histórico las
vastas concreciones de las mitologías clásica y cristiana. Esto se re-

7Farnell, op. cit., p. 130.


8 J. Seznec, La Survivance des dieux antiques (London, 1940), p. 22.
9 Primera Crónica General de España, ed. R. Menéndez Pida! (Madrid,
1955), capítulos IV-VIII.

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Mitología en la historiografía española 19
fleja en su manera de tratar la leyenda de Hércules. No contentos con
los principales aspectos de la historia que les ofrece el Toledano,
elaboran una teoría, como la que se puede encontrar en Cicerón, De
natura deorum, de que hay más de un Hércules, siendo los más im-
portantes el tebano, el tirio y el argivo. El Hércules argivo llega a
España por invitación de sus habitantes, para liberarlos del tirano
Gerión. Pero su cualidad principal no es la de héroe y conquistador, su
virtud suprema en el mundo greco-romano, sino la de "sabio", ad-
quisición suma del mundo semita, "ca leyo Hercules et fue grand es-
trellero e otrossi grand sabio en los otros saberes" 10• Va acompañado
de Atlas, "muy grand sabio del arte destronomía.. . que morara mu-
cho en el monte Allant, catando las estrellas". Hércules funda Sevilla
después de haber consultado con él la posición de las estrellas 11•
Para el Toledano, Hércules fue el distribuidor de las tierras conquis-
tadas entre sus compañeros de lucha, como un adelantado de la fron-
tera cristiano-mora. Para los compiladores de la Crónica fue el as-
trólogo y el constructor de extrañas estatuas de bronce 12• La misma
presentación del episodio participa de las características de la prosa
narrativa del tiempo: la serie de fabulae potenciales está desplegada
en tomo a la figura de Hércules, incluyendo una narración dentro de
otra, que trata del hallazgo de las columnas de Hércules por Julio

1o General Estoria, ed. Solalinde, p. 305.


11 El Setenario, ed. K. H. Vanderford, p. 19. "Sevilla... fue comen~-
miento de la puebla de Espanna : ca por ella e por el rrey Espan, que ffue
ende ssennor, ovo asi nonbre e lo a oy en dia toda la tierra".
12 La estatua de bronce erigida por Hércules en Cádiz, "una ymagen
de cobre bien fecha que cataua contra orient e tenie en la mano diestra una
grand llaue" (Primera Crónica General, ed. cit., p. 8), es presumiblemente
una referencia a alguna efigie allí existente. La descripción parece estar to-
mada del Liber Sancti 1acobi, libr. IV, que es la Crónica del pseudo-Turpin.
En el capítulo IV de la última hay una descripción de una imagen vincu-
lada, según el autor, al culto de Mahoma: "Est igitur in maris margine lapis
antiquus, opere sarracenico optime sculptus ... super quem elevatur imago illa
anticalco optimo in effigie hominis fusa, super pedes suos erecta, faciem
tenens versus meridiem et manu dextra tenens quandam clavem ingentem"
Historia Karoli Magni et Rotholandi, ed. C. Meredith-Jones (Paris, 1936),
página 102. aavem es evidentemente una lectura equivocada de clavam,
"clava" o "maza".

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20 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

César, de la misma manera en que se disponen en tomo al tema


principal los elementos estructurales de la narración oriental.
Pero lo que es más importante de todo desde el punto de vista
de este ensayo, Hispano, el compañero de Hércules en la versión del
Toledano, viene a ser ahora su sobrino y extiende su linaje a Liberia
y Pirro, nombres de ascendencia clásica y posteriormente gobernado-
res míticos de la Península.

111

Desde el reinado de Alfonso X hasta el de Juan II 4C Castilla la


"conscience ethnique" de España permaneció relativamente dormida.
Las crónicas reales de Castilla limitábanse a los acontecimientos de
cada reinado y no se maoifestó erudición histórica de ningún otro
tipo de más amplias perspectivas hasta comienzos del siglo xv. Como
la historia antes y después de esta época difiere señaladamente en su
enfoque y en sus interpretaciones, hay que buscar la explicación de
este cambio en los cataclismos sociales y políticos de gran relieve
acaecidos en el reinado de Pedro I, que tuvieron también sus efectos
sobre el cuadro cultural de la Península. La historia deja de ser pre-
rrogativa de gentes cercanas a la curia real y es cultivada en círculos
sociales más amplios. Aparece en latín y en romance, en prosa y en
verso, con profusión creciente, siendo la diversidad de perspectivas
un reflejo de la diferenciación de los diversos estratos de la comuni-
dad. Es esta producción histórica dispersa e individual lo que incitó
a Galíndez de Carvajal a pedir el nombramiento de un historiador
real para terminar con una situación en que "cada uno se ingiriese a
escribir lo que le place en loor de pocos y en perjuicio de todos" 13•
En muchas de las obras de esta época hay un mayor interés que antes
por las remotas tradiciones de Castilla, en desacuerdo notable con el
Toledano. La búsqueda de una herencia exclusiva, lo más indepen-

13 Anales bretJes del reinado de los Reyes Católicos, en BAB, LXX,


página 533.

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Mitología en la historiografía española 21

diente posible de un fondo europeo, revela el estado espiritual de las


aspiraciones castellanas y viene a revalorizar muchos datos consig-
nados por los historiadores clásicos.
En los primeros ejemplos de la crónica general de España en el
siglo xv no hay divergencias fundamentales. Un dato bastante signi-
ficativo: fueron conversos los que se ocuparon de evocar las dinas-
tías de Castilla después de un lapso de casi un siglo, Pablo de Santa
María y su hijo, Alfonso García de Santa María. La crónica rimada
del primero, Las edades del mundo, sigue la tradición de Alfonso
el Sabio; como en las obras de éste, existe un cierto distanciamiento
del mundo greco-romano. Gerión, por ejemplo, pasa a ser Gedeón.
Este Gedeón no es ya el gobernador de las provincias romanas de
España, sino del "castellano pueblo" 14• Lá Hispaniaclásica, cuna del
pastor de ganado Gerión, se ha rendido así a la importancia superior
de Castilla; desde este momento, la mayor parte de los historiadores
castellanos se esforzarán por relacionar todos los acontecimientos im-
portantes de la antigüedad no con Hispania,sino con Castilla, o con
Hispaniaconsiderada bajo la guía de Castilla. El mismo plan es se-
guido sucintamente por Alfonso García de Santa María en su cró-
nica latina, la Anacephaleosis, en la que declara expresamente que
Hispano fue el primer rey de toda España 15•
Desde mediados del siglo xv en adelante, este interés incipiente
por la historia antigua de la Península dio origen a un criticismo más
explícito, tanto en romance como en latín, de las fuentes históricas
14 Entonce en aquella mesma sazon
oyendo dezir que el pueblo castellano
era tan sujeto de aqueste tirano
fue luego movido por esta razon
aquel grande Ercoles con entencion
de le ... , o fazer cruda guerra.

Foulché-Delbosc, Canc. cast., 11, p. 181. La confusión Gedeón/Geryon pudo


haberse originado en un texto corrompido de la Primera Crónica General.
"Y en tiempo deste Gedeon ... que fue juez en Israhel... fue Hercules, aquel
que fizo muchas maravillas por el mundo... y en la vida de Gedeon murio
Hercules". Bd. cit., p. 7.
15 Alfonsi a Cartagena Bpiscopi Burgensis Regum Hispaniae Anacepha-
leosis, en Hisp. illustr., vol. l.

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22 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
del pasado. Por un lado, clérigos como Alfonso García y Sánchez de
Arévalo deploran la escasez de material o el descuido deliberado de
los historiadores clásicos, mientras que nobles y letrados como Fernán
Pérez de Guzmán y Femando del Pulgar no solamente acusan a Jus-
tino y Lucano de indiferencia respecto al pasado de España, sino
también muestran gran reserva sobre las normas éticas de los histo-
riadores y poetas romanos. Pérez de Guzmán, por ejemplo, habla con
menosprecio de "la poca e pobre sustancia" de la Bneida y de las
"trufas" de Ovidio 16• Esto no es debido, como algunos críticos han
sugerido, a su perspectiva cristiana de la literatura pagana, sino a su
juicio sobre la poca importancia de su contenido comparado con la
antigüedad heroica de su propio país, que careció, por desgracia, de
un Homero o de un Virgilio para dejarla consignada a la posteridad
No es de extrañar, por ello, que Gerión haya cesado de ser un ti-
rano y suplante a Hispano como primer rey de España.
El propósito de Sánchez de Arévalo en los capítulos introducto-
rios de su Compendiosa Historia Hispanica es la reconstrucción del
pasado remoto de España y el estudio de la monarquía española, cen-
trada precisamente en Castilla 17• Supone que había existido una Cas-
tilla nominal como corazón espiritual de Hispania mucho antes de
la destrucción de Troya, y que hubo allí reyes mucho antes de Gerión.
Tampoco se menciona aquí la leyenda de Hércules, a pesar de la in-
tención manifiesta de seguir al Toledano y de la presencia continua
de este último como fuente. El siglo xv estaba tan poco satisfecho
como el x111 con un origen tan reciente de. España y tan homogénea-
mente clásico. Puede aducirse como razón de ello la estancia de Ruy
Sánchez en Roma y su susceptibilidad respecto a las despectivas ob-
servaciones italianas acerca de la cultura en España 18• La Compen-
diosa Historia Hispanica se opone al espíritu de la Primera Crónica
General, que con su profundo interés por la historia romana integró
a toda España en el campo europeo -aunque ello fuese a su ma-

Cfr. Canc. cast., 11, p. 711.


16
11 Roderici Santii Bpiscopi Palentini historias Hispanicae partes IV., en
Hisp. illustr., vol. l. Obra conocida originalmente bajo el nombre de Com-
pendiosa. He empleado este término para evitar confusiones.
ts Cfr. p. 102.

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Mitología en la historiografía española 23
nera-, concepción obligada por los intereses imperiales de Alfonso.
Es significativo que Ruy Sánchez repita la difundida leyenda de la
arrogancia literaria y política de Alfonso el Sabio 19• Es la primera vez
que aparece en una historia castellana desde que se hizo presente en
la crónica catalana de Pedro el Ceremonioso. Subraya la impruden-
cia de las pretensiones del monarca al trono imperial y, en otros tra-
tados menores políticos, tales como la Suma de la política y De Mo-
narchia orbis, muestra su antipatía a la idea de que España se someta
a la jurisdicción imperial. Según él, el monarca ideal, apropiado a las
necesidades de España, no es Alfonso el Sabio, sino Femando el Santo.
En las últimas décadas del siglo xv la actitud negativa frente a
la leyenda de Hércules es reemplazada por ataques abiertos a la re-
lación del héroe con la primitiva historia española, especialmente en
las obras de Ruy Sánchez, Margarit i Pau y Fabricio de Vagad. No
se pueden equiparar sus obras por razón de su valor o perspectiva.
En primer lugar, sus autores eran por nacimiento uno castellano, otro
catalán y el tercero aragonés. Lo que les une es la convicción común
de la calidad "no-española" de Hércules y su negativa a admitirlo en t

el panteón nacional. Margarit, un humanista, descubrió materiales


hasta entonces desaprovechados para la historia del pasado remoto
de España en Diodoro Sículo, Estrabón y probablemente en He-
ródoto, todos los cuales son favorables a la posteridad de Hércules,
sin hacer caso deliberadamente de sus opiniones en este punto, y
adoptando la de Lactando, el apologista cristiano tardío, a causa de
sus violentas críticas a la moral de los dioses y héroes greco-romanos.
Para Margarit, Gerión es el guardián leal de sus manadas y Hércules
el ladrón pirata. Se propuso estudiar la figura de Hércules en el mayor •
número posible de textos, y con este bagaje intenta disminuir su es-
tatura distinguiéndole del Hércules tebano, al que atribuye los Doce
Trabajos. El Hércules argivo fue producto de un matrimonio adúltero,
el seductor de la hija de Telamón y el consejeró ·malintencionado ,
de Jasón en la expedición de los argonautas. La leyenda de que
construyó las columnas en Cádiz fue una vana imitación de las ele-
vadas por el héroe tebano en Libia, y la leyenda de haber ensan-
chado el estrecho de Gibraltar, fue una falsificación deliberada. Final-
19 Compendiosa, p. 196.

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24 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
mente, al no hallar un testimonio clásico en favor de los descendien-
tes españoles de Hércules, Hispano y Liberia, no hace mención de
ellos en el ParalipomenonHispaniae.
La crónica de Fabricio Gauberte de Vagad ejemplifica el rechazo
de la tradición greco-romana, identificada por el autor con la supre-
macía cultural de Italia 20• Homero, declara, habría dado la vuelta
en su tumba si hubiese sabido de las hazañas de los antiguos espa-
ñoles que eclipsaron con mucho las de la llíada 21• Abidis, el rey mi-
tológico de España mencionado por Justino, fue más grande que Ciro,
Rómulo o el mismo Moisés 22• Más que ninguno de sus predecesores
destaca el mérito singular de un Hesperio, que precedió a Hércules
como rey indígena, frente a Hispano, el delincuente descendiente de
un infame pirata. Se opone a que los historiadores españoles comien-
cen sus obras con Hércules, que no debió su reputación más que a
las ficciones mentirosas de los poetas griegos 23 •

IV

Al finalizar el siglo xv, Castilla sube con paso firme al escenario


de la política europea. La estima internacional viene a ser un nuevo
factor, vital en su vida cultural. Un contacto más estrecho con los
eruditos italianos y sus pretensiones de superioridad intelectual y cul-

20 Crónica de Aragón (Zaragoza, 1499).


21 Ibid., f. Afüv.
22 Ibid., f. Bvir.
23 Ibid., f. Bvii4. "Q>mien~n en el como en rey primero de hespaña.
comien~an en un estrangero y dexan al natural. dexan al rey hespero, rey
tan excellente de hespma ... fuera más justo llamarle [Hércules] robador de
lo ageno y deshonesto ladrón de ganados... mas [sus hazañas] fueron fermo-
seadas por la tanta eloquencia de los poetas de greda; que de públicos la-
drocinios fizieron cauallerias ... y esto pudo bien ser que fue qui~á la causa
que des~ibi6 a nuestros coronistas que no sabiendo llegar al tuétano de la
verdad de la poesía y parando en la sola corteza favorecida con tan gran
título de alavan~ tan desygual tomaron por loor el denuesto y la infamia
por favor''.

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Mitología en la historiografía española 25
tural, exi~ que se hallase alguna respuesta a las crecientes acusa-
ciones ~ barbarie y falta de madurez, que salían de las plumas de
historiadóres tales como Guicciardini. Los historiadores españoles se
habían esforzado denodadamente en señalar el número de gobernan-
tes que la Península había dado al Imperio Romano, pero esto no
bastaba a un Petrarca o un Boccaccio. Sin embargo, este anhelo de
un pasado digno de consideración iio quedó largo tiempo insatis-
fecho. En 1498 Annius de Viterbo publicó en Roma sus Commentaria
super opera auctorum diversorum de antiquitatibus loquentium, de
los que una sección llevaba por título De primis temporibus et qua-
tuor ac 'Digintiregibus primis Hispaniae et ejus antiquitate. Esta "con-
tribución" a la historia no era probablemente una obra altruista de
erudición. Giovanni Nanni (había latinizado su nombre en Annius)
fue un dominico al servicio del Vaticano durante el pontificado de Ale-
jandro VI y agregado al embajador castellano, en Roma, Bemardino
de Carvajal, en cuya casa estuvo alojado 24 • Testigo, evidentemente,
del ascendiente cada vez mayor de la influencia española en la polí-
tica italiana, dedicó su obra a los Reyes Católicos, haciéndola prece-
der de una lisonjera alabanza de su política reciente. Su promoción
al cargo de magister sacri palatü puede haber sido el resultado, según
Tigerstedt, de su oposición sin compromiso a la supremacía cultural
griega y a sus discípulos contemporáneos que podían, de alguna ma-
nera insidiosa, comprometer la fe. Sea de ello lo que fuere, sus "re-
velaciones" desplazaron la polémica sobre Hércules y los orígenes ·
de España a un plano menor y dieron origen a una no soñada pers-
pectiva de antigüedad en favor de la dinastía española. Además, el
interés contemporáneo por la mitología pre-griega suministró los equi- -
valentes egipcios de la jerarquía griega <;iedioses, y Hércules pasa a
ser el hijo de Osiris que, al parecer, había hecho también una visita
a España mucho antes que el héroe mismo.
No era España en este tiempo el único país sumergido en el mito
en busca de sus antepasados. Un poco más tarde, otros dos eruditos
italianos expatriados, Polidoro Virgilio y Paolo Emilio, hicieron para

24 E. N. Tigerstedt, "Johannes Annius and Graecia mendax", en Clas-


sical, Medieval and Renaissance Studies in Honour of B. L. Ullman (Roma,
1964), 11, p. 308.

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26 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

Inglaterra y Francia lo mismo que Annius había hecho para España.


Era como si toda la Europa occidental, estimulada por la erudición
humanista, se hubiese sentido simultáneamente presa de un ansia por
descubrir los secretos de su nacimiento, de la misma manera que los
estudiosos bíblicos de aquellos días volvían a reconstruir los textos
originales del Nuevo Testamento por medio del estudio de los an-
tiguos manuscritos. Fue una combinación de estas y otras circuns-
tancias la que desató una investigación continua sobre la antigüedad.
Es interesante notar que entre las fuentes de Annius, además de
los historiadores y geógrafos griegos recuperados por el Renacimiento,
aparecen la Primera Crónica General y el Toledano. Es, de hecho,
el primer historiador extranjero que emplea estas fuentes. Prescin-
diendo de las noticias tomadas de ellas, Annius estaba decidido a dar
a los españoles prioridad sobre los griegos y romanos en el dominio
cultural. Habiendo leído en Jenofonte que el año ibérico equivale a
2.000 años solares, encuentra que la literatura española antecede a la
griega en ocho siglos 25 • Otro juicio despectivo de los humanistas ita-
lianos era que los españoles derivaban de los incultos visigodos. Pare-
ce que Annius comparte esta idea de barbarie, pero la deja a un
lado, arguyendo que la invasión de los godos y de los alanos no al-
teró ni un ápice la constitución de la raza 26, y haciendo una lista de
los gobernantes que se inicia 600 años antes de la fundación de Troya.
Estos reyes son en su mayor parte invenciones suyas, tomadas de to-
pónimos peninsulares, tales como Iberus, Brygus, Sicorus, o nom-
bres sacados de historiadores clásicos, Gerión, ltalus, Lusus, etcétera.
Hércules y su progenie ocupan un lugar al final, en vez de iniciar
la serie de los primitivos monarcas, acrecentada ahora por un cierto
Hispalo. Es el Hércules tebano más antiguo, sin embargo, el que re-
aparece. El héroe argivo no ha perdido su estigma; despojado de
los Doce Trabajos, queda en la categoría de un "pyrata maxirnus
non justi belli" 27•
25 De primis temporibus etc., cap. 11: "Hispaniae quam Greciae anti-
quior est splendor et philosophia".
26 Ibid., cap. 111: ''Posteri Gothi non variaverunt priscam originem
Hispanicae gentis. Haec igitur es [c]um invariata tum maxime vera vestra
origo, celsi reges Ferdinande et Helisabet, christianissimi principes".
Z1 Ibid., cap. XXVI.

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(

Bnsayos sobre la historiografíapeninsular ddl s. XV


glo xv, que habían manifestado su antipatía a las opiniones extranjeras
sobre la nación española. Intenta ir al corazón dei problema. En su opi-
! nión, España ha sido un imán para los invasores desde los tiempos pri-
/ mitivos. Hasta hoy, declara, ha sido presa y botín de los extranjeros 29 •
¿Por qué no han padecido la misma suerte otros países extranjeros?
No puede deberse a falta de armas o a una voluntad defensiva. No
acierta a dar con una respuesta a sus preguntas, pero, al llegar a los
1
tiempos modernos, la frase "Hispania tota sibi restituta est", con la
que saluda las victorias de los Reyes Católicos, implica en su con-
texto no solamente la expulsión de los moros, sino también la re-
, constitución de la totalidad de la Península y )a eHminación de usur-
, paciones e influencias extranjeras. Sánchez de Arévalo, Fernán Pérez
1
de Guzmán y Vagad no han hecho más que intuir esta idea de la
integridad española, a la que se dio expresión a diversos niveles, tanto
literarios como políticos, en el siglo siguiente. Américo Castro la atri-
buye a la expulsión de los moros y de los judíos 30• Las réplicas de
López de Zúñiga (colaborador de Nebrija en la preparación de la
Políglota Complutense) a Erasmo sobre la condenación que hace este
último de la barbarie española, son un aspecto más de la xenofobia
castellana y de su oposición al europeísmo de las doctrinas erasmistas 31•

En pocas palabras, la ascensión política de España va acom-


pañada de una eflorescencia de historia mitológica creada para servir
29 Decades duas, en Hisp. Illustr., I, pág. 788: "Nunquam cnim ad ae-
tatem nostram Hispania finitimis, nunquam longinquis nationibus arma cir-
cumtulit, quin potius e diverso semper exterarum gentium praeda fuit ...
unde obsecro tanta ignavia nostrorum animos occupavit, ut per tot annorum
volumina non modo lacesserit bello exteras nationes sed neque se ipsos ab
hostium incursu tutati sunt. Quo minus ignoscendum nobis est, quod non
arma, non equi, non commeatus, non reliqua belli instrumenta, non denique
animus ad propulsandas atque etiam ad inferendas injurias deest".
30 A. Castro, España en su historia (Buenos Aires, 1948), pp. 58, 6o,
358, 36o, 518.
31 M. Bataillon, Brasmo y España (México, 1950), I, pág. 109.

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Mitología en la historiografíaespañola 27
Lo oportuno de los comentarios puede medirse por la rapidez
de su difusión. Es verdad que se levantó al mismo tiempo una nube
de criticas adversas por parte de eruditos tan célebres como Luis '
Vives, que tenía en todo caso poquísima confianza en la veracidad
de los historiadores griegos, y, más farde, Suárez y Melchor Cano.
La difusión en la propia España fue debida a las circunstancias do-
minantes en la Corte de los Reyes Católicos. El aliento que Fer-
nando e Isabel habían dado a varios eruditos italianos para venir
a España a instruir a su clase noble, parece responder a un plan de-
liberado para elevar su nivel cultural. Alentar la historiografía latina
es otra parte de un programa propagandístico para el resto de la
Cristiandad. Esto explica por qué Gonzalo García de Santa María
escribió en latín la vida de Juan 11, padre de Femando, y por qué
Femando empleó como historiadores semi-oficiales a Lucio Marineo
Sículo y a Antonio de Nebrija; ambos hicieron versiones de De laude
Hispaniae, incorporadas más tarde como prólogos en obras sobre
temas contemporáneos. Los dos prólogos tienen como objeto dar
una nueva visión de España, o como Nebrija dice, "sacar a luz las
antigüedades de España que hasta nuestros días han estado encu-
biertas" 28• Para este propósito eran singularmente apropiadas las fa-
bricaciones de Annius.
El enfoque de Nebrija tiene para nosotros un interés mayor que
el de Marineo Sículo, ya que era español de nacimiento y no, como
el último, un italiano importado. Nebrija hallábase en una situación
paradójica. Por un lado, estaba orgulloso de sus conocimientos clá-
sicos, adquiridos en Italia, los cuales le permitían un aire de superio-
ridad personal. Como consecuencia, le disgustaban profundamente las
historias romances de la Península, por sus ficciones y su estilo exe-
crable. Esta es la razón por la que incluye las invenciones pseudo-
clásicas de Annius y excluye a Hispano, Liberia y otros cuentos de
la Primera Crónica General. Por otro lado, como los historiadores an-
teriores del siglo xv, se sentía profundamente obligado respecto a su
patria, y estaba poco dispuesto a tolerar más opiniones italianizadas
sobre su pasado. En su obra histórica, Nebrija expresa, de una manera
más articulada, el mismo punto de vista de los historiadores del si-
28 Cfr. p. 186.

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Mitología en la historiografía española 29
a un determinado propósito ideológico. Un fenómeno semejante no
ocurrió, por razones evidentes, en Italia. La única parte de las in-
venciones de Annius que pasó a la posteridad fue la que se refiere a
España. Es importante tener en cuenta estas corrientes más profun-
das de sensibilidad al valorar la influencia de los humanistas italianos
en los historiadores españoles.
El desarrollo de la historia mitológica de España no alcanzó su
momento culminante hasta Ocampo. Ocampo fue alumno de Nebrija.
Sin embargo, no sentía prejuicio alguno, como su maestro, contra las
crónicas romances de la Península. A sus ojos, sus indicaciones son
tan valiosas para su propósito como los hechos suministrados por los
historiadores clásicos. A pesar de apelar constantemente al espíritu
crítico, Ocampo utiliza de hecho, sin discriminación, testimonios fide-
dignos, no fidedignos y hasta apócrifos. Todo era molienda para su
propio molino: amasaba toda tradición existente en un imponente
conjunto heroico. Recuerda, en efecto, el procedimiento de la misma
Primera Crónica General. Su manera de abordar el tema se describe
hábilmente en el Prefacio: "No se dará cosa tocante a España, en
quantos libros hoy sabemos.. . Latinos, Griegos, ni Españoles que
tengan autoridad, ni aún Arábigos tampoco, que en esta Crónica no
se halle" 32 • La limitación de "que tengan autoridad" es enteramente
superflua cuando recordamos que dos fuentes no existían más que
en la fértil imaginación de Ocampo. La mitología de España viene
a ser más imponente que antes, casi poética en su fausto. A pesar
de los ataques a la autenticidad de Annius, utiliza ampliamente, y
hasta elabora, la lista de veinticuatro reyes apócrifos. Ocampo fue más
consciente que su predecesor de la aureola que confiere la historia
mítica. Creaba un pasado para acomodarlo al ego hinchado del pre-
sente. Manejando tanta literatura histórica grecorromana como hoy
disponemos, Ocampo no hace una obra a base de selección y com-
paración del material, sino una creación literaria, un símbolo espiri-
tual de la España del siglo dieciséis. Tal era la respuesta dada final-
mente al requerimiento de los miembros de las Cortes de componer

32 Crónica de España (Zamora, 1 S43), Pref.

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30 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

una historia general de España mucho antes de que Ocampo fuese


nombrado historiador oficial 33•
En su Crónica, cada protagonista de la antigüedad toma la aureola
de un dios. Tuba! viene a ser una especie de Júpiter que distribuye
los secretos y las ciencias del universo a los españoles, "los secretos
de la naturaleza, los movimientos del cielo, las concordan~s y mys-
terios de la música". Los españoles fueron "de los primeros hombres
que supieron sciencias y música... y buen vivir" 34• Perdido en el tiempo
anterior al nacimiento de los dioses griegos, se deleita con las etimolo-
gías caldeas. Los dioses egipcios hacen visitas a la Península; Osi-
ris, identificado con Dionisio, hace una peregrinación a España para
liberar al país de la tiranía de Gerión. Para vengar la muerte de
Osiris a manos de Tif eo, Hércules, el libio, no el héroe argivo, viene
también a España y mata a tres hijos de Gerión. Ocampo, como Lope
después de él, pintaba sobre este vasto lienzo la épica del pueblo
español. La medida de su éxito se puede determinar por la descon-
fianza con que Ambrosio de Morales confrontaba su tarea de con-
tinuador, negándose a refundirla, a pesar de las peticiones de una
minoría; y añactendo casi apologéticamente que el producto de su
esfuerzo se lee más bien como una historia de Roma que como una
historia de España 35 •

VI

Si se prosiguiese este breve examen de las "mitologías" emplea-


das por los historiadores españoles, quedaría patente que su vitalidad
no cesa con Ocampo. Beuter en 1546, Pedro de Medina en 1548,
Garibay en 1571 todavía siguen el texto de Annius. Éste tuvo sus
émulos en España. Los cronistas imaginarios Déxtero y Máximo son
citados por Rihuerga por los años veinte y reaparecen en la Crónica

33 A. Morel-Fatio, Historiographie de ChaTles V (París, 1913), p. So.


34 Crónica, cap. IV.
35 Véase su prólogo a la continuación de Ocampo.

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Mitología en la historiografía española 31
de España de Lorenzo de Padilla, unos cincuenta años más tarde 36,
y Ocampo utilizó sus obras inexistentes en apoyo de muchas de sus
afirmaciones. Con el resultado de que, hacia finales de siglo, Ramón
de la Higuera elaboró una serie de crónicas apócrifas atribuidas a
Déxtero y Máximo, cuyos nombres eran citados como autoridades
bien avanzado el siglo XVII.
La primera persona que atacó a Annius de manera constructiva
en una historia general de España fue Juan de Mariana. En su obra
se puede ver el desarrollo de ese escepticismo crítico que conduce a
las historias mayores del siglo dieciocho 37• Mariana, sin embargo, no
iría tan lejos como para rechazar a Tubal, Osiris, Gerión y su fami-
lia, Hércules, Hispalo o Hispano, Atlas, Sículo, etc. En favor de estos
nombres podía invocar autoridades clásicas respetables, aunque no
incontrovertibles. Por desgracia, como Cirot dice, es imposible hacer
una defensa cerrada de Mariana 38• Diodoro Sículo no afirma que Osi-
ris vino a España o que Hércules, el egipcio o el libio, era hijo de
Osiris. La única fuente que trata de la historia de Osiris, su lucha
con Gerión y la venganza de Hércules son las obras de Annius re-
petidas por Ocampo. De suerte que la leyenda de Hércules, refres-
cada y elaborada en los Commentaria, conservaba todavía su fuerza
en el mismo Mariana, el adversario de Annius. Es sólo en el siglo XVIII
cuando comienza la reacción total, siendo tan violenta entonces que
lleva a Masdeu a declarar que la figura del Cid es también fabulosa.

VII
Concluyendo, hemos intentado mostrar el propósito que yace de-
trás del empleo del mito clásico en los prólogos a las historias gene-
rales de España, y las variadas interpretaciones a las que estuvo so-
36 Cfr. G. Cirot, "Lorenzo de Padilla et la Pseudo-Histoire", BHi, XVI
(1914), pp. 405-447.
31 Historia General de España (Toledo, 1601), cap. X: "Yo estoy de-
terminado de mirar más aína lo que es justo se ponga por escrito, y lo que
va conforme a las leyes de la historia, que lo que haya de agradar a nuestra
gente".
38 Mariana historien (París, 1905), pp. 289-293.

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32 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

metido como resultado de los cambios en el espíritu de la nación.


Castilla, en dos momentos de su historia espiritual, sintió la necesi-
dad de refundir la mitología clásica en provecho propio. El primer
paso lo dio el Toledano; el segundo, Annius de Viterbo, o con re-
ferencia propiamente a España, Antonio de Nebrija. En el primer
caso, se elaboró la leyenda de Hércules para simbolizar una conexión
respetable entre Hispania y la mitología clásica heredada general-
mente por los países románicos. Corresponde esto a una época en
que el reino de Castilla estaba interesado por su influencia política
en Europa. Pasado el reinado de Alfonso X, declinó el interés por la
política europea a gran escala; así ocurrió con el interés del historia-
dor por el mito clásico y por escribir en una lengua internacional.
La actividad literaria en la Península durante esta época no muestra
una gran correspondencia con los géneros europeos. Siguió una época
de malestar en el siglo xv, que serefleja en la incapacidad del his-
toriador para reconciliar las aspiraciones de Castilla con el aceptado
modelo clásico de la antigüedad. No se halló la solución hasta finales
del siglo en que los comentarios de Annius coincidieron con otra ten-
tativa de Castilla por forzar su entrada en Europa, y la obra de An-
nius, transmitida por los historiadores oficiales de Femando el Cató-
lico, vino a ser el acompañante cultural de los sueños expansivos de
la política castellana. El mundo mitológico grecorromano, satisfacto-
rio para la Edad Media, agobió al español de la época siguiente y
llevóle a investigar por encima y detrás de él. Las extensas elabora-
ciones de Ocampo a partir del mito pre-griego vienen a coincidir con
la cima de la influencia de España en Europa.
Las figuras de la mitología clásica tal como las emplean los his-
toriadores no son, por lo tanto, figuras fijas o estilizadas, cuyas ac-
ciones se transmiten incambiables de generación en generación. Como
sucede en la literatura de ficción, han sido elaboradas para reflejar
necesidades espirituales de la época. , Aun cuando el Renacimiento
operó una revolución en la manera de abordar críticamente las fuen-
tes, el historiador continuó respondiendo a los requerimientos de una
tradición nacional adecuada, y ello llevó a historiadores como Ma-
riana a elaborar, dentro de los límites de una sola obra, lucubracio-
nes visionarias junto a lo que era producto de una investigación me-
ticulosa.

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LóPEZ DE AYALA, ¿HISTORIADOR HUMANISTA?

Las Crónicas de López de Ayala, que aparecen entre las de Al-


fonso XI y las de Juan 11, marcan una desviación del modelo general
de crónica real en cuanto están escritas por un miembro eminente
de la nobleza, que tuvo a su cargo importantes funciones administra-
tivas, que leyó y viajó mucho en comparación con sus compañeros
nobles. Todo el mundo está de acuerdo en que, por la configuración
de la narrativa y por el penetrante poder de análisis de los motivos
humanos, estas historias sobrepasan la obra de su predecesor anóni-
mo y la de su sucesor, Alvar Garda de Santa María. Los críticos li-
terarios han tenido por costumbre anunciar una nueva época, no so-
lamente en la historia, sino también en la literatura en general, con
el advenimiento del Canciller de Castilla, que corresponde en gran
medida a la iniciada en Portugal por Femao Lopes y en Cataluña
por Bemat Metge. Tal era la opinión de Menéndez y Pelayo sobre
Ayala : "escritor eminente en prosa, y el primero de la Edad Media
en quien la historia aparece con el mismo carácter de reflexión hu-
mana y social que habían de imprimir en ella mucho después los
grandes narradores del Renacimiento italiano" 1• Las implicaciones de
este juicio se hallan elaboradas en la Historia de la historiografía es-
pañola de Benito Sánchez Alonso, en la que se reconoce una época
de pre-h1.JJDanismoen la historiografía peninsular que corre desde
Ayala hasta Juan Margarit, el precursor del Renacimiento en España.
En su opinión, Ayala "acabó con la crónica medieval e inicia la his-
1 Antología de poetas líricos castellanos, I, p. 345 (Obras completas,
XVII).
HISTORIOGRAFÍA PBN., 3

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34 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
toria a la moderna, que no se detiene en lo exterior sino que aspira
a penetrar en las almas" 2• Otros críticos no han aventurado juicios
tan categóricos. Fueter borra la línea divisoria entre la Edad Media
y el Renacimiento. Aunque dice que "la obra de Ayala está conce-
bida con un espíritu enteramente diferente de las Historias de Bruni
y sus discípulos", matiza esto añadiendo que "basta pensar única-
mente en la veneración de Petrarca por Livio para descubrir una
influencia al menos del primitivo humanismo en los esfuerzos de
Ayala" 3 • Lapesa, entre los eruditos más recientes, cuida de no com-
prometerse, pero llega, sin embargo, hasta hablar de una "nueva orien-
tación" : "su.obra se caracteriza por manifestar ya rasgos de la nueva
orientación, sin desprenderse de las formas artísticas e ideológicas
anteriores; esos sistemas de pensamiento y arte son lo que resta de
Edad Media en él y lo que no subsistirá después, cuando el indivi-
dualismo se revele de cuerpo entero en la literatura del siglo xv" 4 •
No se puede negar que es un tanto difícil captar el sentido de este
juicio. Américo Castro tiene algunas cosas muy reveladoras que de-
cir acerca de Ayala, pero despista al lector con su definición idlo-
sincrática de "individualismo", un concepto asociado tradicionalmente
con el humanismo y el Renacimiento: "López de Ayala es nuestro
primer escritor moderno, en efecto, mas lo fue sencillamente por
haber hallado modo de encamar en su estilo un propósito de inte-
riorización ... No quiero decir que el Canciller Mayor supiese qué es
ser individuo ni qué es ser autónomo, racional o teóricamente... López
de Ayala posee una mente y una imaginación 'antiguas', y por eso
sus temas de vida y de arte son todavía los medievales" 5•
Parece como si la mayoría de estos críticos se hubiesen dejado ob-
sesionar por el deseo de establecer períodos en la literatura castellana
y hacer distinciones artificiales entre el tardío siglo x1v y el siglo xv,
contando para su evidencia no tanto con datos literarios cuanto con

2I, p. 298.
3Geschichte der neueren Historiographie (München und Berlin, 1911),
página 227.
4 "L6pez de Ayala", en G. Díaz-Pl::lja, ed., Historia de las literaturas

hispánicas, I, p. 512.
s ''Lo hispánico y el erasmismo", RFH, IV (1942), pp. 5-6.

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López de Ayala, ¿historiador humanista? 35


ambigüedades sugestivas del género de "hombre moderno", "nueva
orientación", "historia moderna", que presuponen todas ellas un co-
nocimiento notable de los procesos mentales de los individuos duran-
te este período 6• P9drí~ parecer, efectivamente, que puesto que Ayala
es, artísticamente hablando, mejor historiador que sus predecesores,
tiene mucho en común con el historiador humanista 7• En las breves
observaciones que van a continuación el autor ha intentado evitar
frases como "nueva alma" o "nuevas direcciones" y, comparando la
obra histórica de Ayala con la de sus vecinos contemporáneos de
Castill~ e Italia, espera poder indicar otros posibles puntos de vista
que pueden resultar fructíferos para calibrar el mérito de Ayala como
historiador.
Comparado con los cronistas anteriores de la casa real y, cierta-
mente, con todos sus sucesores en el siglo xv, Ayala gozó de una
posición social superior y participó con su influencia en los aconteci-
mientos que dejó consignados en sus Crónicas 8• Era descendiente de
una familia de funcionarios reales ; su padre fue Canciller de Castilla,
y su tío, Don Pedro Barroso, cardenal y obispo de Cartagena, se-
gún la Continuación anónima de la genealogía de los Ayala, fue el
responsable de su formación, que tuvo lugar probablemente en To-
ledo. Se duda si fue con su tío a Aviñón, ya que tenía trece años
cuando murió allf su tío, hacia 1345. Haya o no haya dejado a su
patria en su juventud, fue más tarde enviado a Pedro 111de Aragón

6 Cfr., por ejemplo, J. L. Romero, "Sobre la biografía española del si-


glo xv y los ideales de la vida", CHDB, 1-11 (1944), pp. 115-138.
7 "Un hombre que se anticipa así en dos siglos a sus contemporáneos",
dice C. Sánchez Albornoz, "El canciller Ayala, historiador", H umanitas,
año I, n. 0 2 (1953), p. 14.
s Cfr. sus biógrafos: Floranes, Vida literaria del Canciller Pedro López
de Ayala, en CODO IN (Madrid, 1852), XIX, pp. 5-575; XX, pp. 5-49;
Lozoya, "El cronista Don Pedro López de Ayala", BAH, CII (1933), pá-
ginas 115-157, e Introducción a la biografía del canciller Ayala (Bilbao, 1950);
López de Meneses, "Nuevos datos sobre el canciller Ayala", CHDB, X
(1948), pp. 112-128; E. Meregalli, La vida política del ._cancillerAyala (Mi-
lano, 1955); L. Suárez Femández, Bl canciller Ayala y su tiempo (Vito-
ria, 1962). .

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Ensayos sobre la hisloriografía peninsular del s. XV
(1379), Carlos V y Carlos VI de Francia (1380, 1384) 9• Como re-
sultado de estos viajes, pudo acercarse a un campo más vasto de ex-
periencias que el moralista político Don Juan Manuel 10• En diversos
aspectos tuvo más facilidades para su obra literaria; la objeción social
a un miembro de la nobleza por escribir no era tan fuerte como
había sido antes; tenía una formación más amplia y durante breves
años al final de su vida logró dividir el tiempo entre la vita activa de
la cancillería y la 'Oitacontemplativa del monasterio jerónimo de San
Miguel del Monte, resumiendo las lecciones del pasado en prosa y
poesía 11• Es un modelo de vida que Don Juan intentó seguir en sus
relaciones con los dominicos y que fue repetido más tarde, por diver-
sas razones, por Femán Pérez de Guzmán, Pedro Femández de Ve-
lasco e tñigo de Mendoza.
Sus ideales morales y políticos estuvieron inevitablemente bajo la
influencia de los cataclismos de la última mitad del siglo XIV, el
Cisma papal, la Guerra de los Cien Años, las disensiones internas de
los reinos de la Península y, particularmente, las tirantes relaciones
entre las principales fuerzas de poder político, el trono, la nobleza
y el naciente elemento urbano 12• Como señala Peter Russell, es aquí
donde podemos buscar no solamente la clave del carácter político de
la guerra civil castellana, sino también las circunstancias que forma-
ron los patrones de enjuiciamiento de Ayala. El Canciller hablaba
como representante de la clase noble, que no había cesado en su in-
tento de frustrar los esfuerzos de la Corona para consolidar el poder,
y que había protestado contra el favoritismo de los advenedizos so-
ciales, no solamente durante el reinado de Pedro, sino también du-
rante todo el siglo xv. La ejecución de Don Alvaro de Luna fue su

9 P. Russell, Bnglish Interoention in Spain and Portugal in the Time


of Bdward 11 and Richard 11 (Oxford, 1955), pp. 244, 285-286, 367, 522-524.
1º Castro atribuye el tono de intimidad religiosa en algunas partes del
Rimado a su experiencia de ciertos movimientos espirituales (indefinidos) en
Francia (art. cit., p. 7).
11 Sobre las creencias religiosas de los jerónimos, dr. Castro, ibid., pá-
ginas n-23.
12 E. B. Strong, "The Rimado de Palacio: López de Ayala's proposals
for ending the great schism", BHS, XXXVIII (1961), pp. 64-77; L. Suárez
Fernández, op. cit., passim.

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canto de cisne. La expresión de sus opiniones en la historia oficial,
señala ciertamente un punto de partida que comienza en los escritos
de Don Juan Manuel y se extiende a crónicas tales como el Victorial
y las Generaciones y Semblanzas, en oposición a los sentimientos de
la Crónica de Don Alvaro y de la Crónica de Don Enrique IV. fedro I,
por otro lado, tuvo poca paciencia con los nuevos ideales caballe-
rescos sostenidos por Ayala. O . ef- Príncii,e Negro 13J Además de de-
fende:u_u ~ propia.clase, Ayala .·e~cribióla Crónica de Don- Pedro· mu-
ch~-~2s desp~és, siendo- tanto ·--una ·justificación personal de un in-
co!1!1°ºvertiblequebrantamiento· de fidelidad como un acta oficial de
la política de los Tr~stámara. Russell, que ha comparado la docu-
mentación de la época con las opiniones de la Crónica, concluye que
es "hasta cierto punto una cauta tentativa de Ayala para justificar su
propia carrera violentando al mismo tiempo lo menos posible la ver-
dad histórica" 14• Todas estas circunstancias infunden a su obra una
angustia y una desilusión que la distingue de la piedad y fe en la
I'8Zón'iiümana~-que-informan el Libro de los estados o de la creencia
entusiasta en el republicanismo romano que vivifica los folletos his-
tóricos de los publicistas florentinos en su lucha contra Milán 15•
Todos los críticos están de acuerdo en que Ayala logra hacer bri-
llantemente un análisis vívido de los motivos políticos de sus con-
temporáneos. Puede atribuirse esto en parte a la naturaleza contra-
dictor~- -4~_SQ tesis y en parte al sentido de responsabilidad del es-
critor que construye la narración partiendo de un informe legal o
diplomático. Detrás del autor de las Crónicas yérguese el autor del
Rimado de palacio, en el que los sufrimientos personales se funden
con los tópicos generales del De contemptu mundi. Este poema no
solamente nos informa abundantemente acerca de la formación lite-
raria de Ayala, sino que nos da también una visión de su poco gusto
13 Russell, pp. 63-69, 106, 109-114; Meregalli, op. cit., pp. 144-164.
14 Ibid., p. 18. Esta opinión contrasta con la de Sánchez Albornoz que
defiende la veracidad de la narración de Ayala, expuesta con "aparente, total
imparcialidad", art. cit., p. 28, un juicio bastante aterrador en vista del hecho
de que las fuentes documentales sobre el reinado de Pedro son extremada-
mente escasas. Cfr. Russell, p. 18, n. 1.
15 H. Baron, Humanistic and Political Literature in Florence and Ve-
nice at the Beginning of the Quattrocento (Harvard, 1955), Pref.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
por moralizar en abstracto y su preferencia por las lecciones de la
experiencia. La Crónica, además de una tesis, es, como el Rimado, un
manual de educación política, una instrucción acerca de la manera
de observar y juzgar los actos diarios de nuestros vecinos:
En f echos temporales que pasan cada día
Deuemos trabajar nos, "t poner mejoría
Con buena ordentmfa; todo lo al seria
Orgullo "t soberuia, "t fablar en thologia.

En otras ocasiones muestra su aversión al sermoneo:


Sy fazian sermon, oyr non lo queria
Diziendo: Non lo entiendo, que fabla teologia16•

Sobre un fondo de preceptos morales diseña las intrigas de la


facción aristocrática. Intenta sugerir las lineas de pensamiento se-
guidas por los participantes para llegar a sus decisiones. En la dis-
cusión sobre política con el legado papal, recibimos la impresión de
un debate y de una conversación reales, el choque de argumentos y
móviles (1359) 17• Expone lo que motivó la alianza de Navarra y Cas-
tilla en 1362. Es un capítulo que constituye un juego complicado de
ajedrez: "El rey de Navarra... tovo que por quanto en Castilla ma-
taron a la reyna Doña Blanca... que non se querian bien el rey de _
Castilla e el rey de Francia... e desta pleytesia estaba el rey de Na-
varra bien pagado e muy alegre, ca veia que el rey de Castilla non
tenia guerra, nin le parescia averla... e asi parescia al rey de Navarra
que esta alianza... le era muy provechosa" 18•
Nos sitúa repetidas veces dentro de la mente de Pedro: "El rey
don Pedro siempre tenia su voluntad en la guerra de Aragon, ca
tenia que la paz que se ficiera entre el e el rey de Aragon por el Car-
16 Ed. Kuersteiner, I, pp. 640, 163. Adviértase la frialdad respecto al
razonamiento abstracto, que se refleja también en los escritos de su sobrino,
Fernán Pérez de Guzmán, Generaciones y semblanzas, ed. R. B. Tate, In-
troducción, p. XVI.
17 Cito las ediciones de las Crónicas en BAB, LXVI, LXVIII. BAB,
LXVI, pp. 487-488.
1s lbid., p. 521.

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López de Ayala, ¿historiador humanista? 39
denal de Boloña, legado, que la non ficiera de su talante ... e ninguno
podia entender que el rey queria facer guerra a Aragon; ca todos
cuidaban que eran paces entre el rey de Aragon e el" 19• Como se
puede ver por la última frase, el prejuicio del autor contra Pedro co-
lora hasta los más pequeños detalles. Sobre el asesinato del Maestre
de Santiago añade con un ojo puesto en los acontecimientos futu-
ros: "mucho mal e mucha guerra nascio en Castilla por esta razon" 20 •
Después que el rey explica por qué ha matado a Gutier Ferrández,
Ayala refuta su explicación: "empero la verdad es esta, según todos
lo sabian, que Gutier Ferrandez fue muerto por ser atrebido en decir
al rey algunas cosas" 21• Diez años antes de la muerte de Pedro hace
predecir a un sacerdote de Santo Domingo de la Calzada su final
sangriento, lección saludable para la posteridad, glosada más tarde
por Ayala en su conclusión: "Por ende diximos aquí lo que dixo el
profeta David: agora los reyes aprended, e sed castigados todos los
que juzgades el mundo, ca grand juicio e maravilloso fue esto, e muy
espantable" 22•
Esta manera de enfocar el tema es nueva, sin duda, en la histo-
riografía castellana, pero no puede atribuirse a un humanismo na-
ciente ni tampoco el énfasis que pone en los asuntos temporales. Sería
una gran injusticia con Don Juan Manuel decir que Ayala fue el
primero en valorar en prosa castellana los motivos que hay detrás de
la conducta humana. La infancia de Ayala coincidió con la madurez
del Infante; pertenecían a la misma clase, defendían los mismos pri-
vilegios y afrontaban muchos problemas semejantes de lealtad a los
superiores. La diferencia más importante entre ellos es que para Don
Juan la estructura de la sociedad era segura en último término, y que
escribió para edificación de su familia inmediata más bien que para
un "público ilustrado". En el Conde Lucanor, el Libro de los estados,
el Libro infinido y el Tratado de las armas, explóranse con delica-
deza los hábitos mentales y morales de sus contemporáneos. Los exem-
pla supuestamente históricos del primero están concebidos con la

19 Ibid., pp. 520-521.


20 Ibid., p. 413.
21 Ibid., p. 509.
22 Ibid., p. 504 (cfr. Russell, p. 93, n. I) Y p. 593.

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40 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

misma atención al efecto dramático que los de las crónicas del can-
ciller; ponderan la eficacia de diversas tácticas políticas, como en el
ejemplo ~5, sobre los acontecimientos durante el asedio de Sevilla,
o el 25, sobre la liberación del Conde de Provenza por Saladino,
o el 28, en que Lorenzo Suárez arriesga la vida por defender su re-
ligión. El "sabio moro" que interviene en las Crónicas tiene su contra-
partida en el Libro de los estados. Los sentimientos puestos de ma-
nifiesto en las lineas antes citadas del Rimado tienen su eco en el
Tratado de las armas, "todo el pro et todo el daño na~e e viene de
quál el homme es en sí, de qualquier estado que sea" 23• No pretendo
decir que Juan Manuel y A,ala eran hermanos por temperamento,
sino que, desde un punto de vista literario, la opinión de Menéndez
y Pelayo sobre el último es todavía notablemente precisa : "bajo el
manto del historiador, persiste el moralista de la escuela de don Juan
Manuel" 24•
Desde su atalaya como moralista e historiador, Ayala repite los
tópicos trillados de los tratados políticos de su tiempo: "porque la
cobdicia es raíz de todos los males del mundo, puso al rey don Pedro
en corazón todo lo que adelante oiredes que se fizo" 25 • Añade sobre
el mismo tema: "El rey que quiere adereszar sus regnos en los algos
de sus gentes, semeja al que quiere labrar sus caroaras con los ci-
mientos de sus palacios". Repite el tópico de Tomás de Aquino:
"la ley es cosa general, e es la ley verdadera, e el rey su siervo e su
guarda ... que el rey non ha juez que le juzgue, salvo su omenage a
su ley". Las vicisitudes de la Fortuna inspiran su aforismo : "el mun-
do es tal que juega con las gentes asi como juega el ambaydor con
sus juegos" 26• Símiles de esta naturaleza son la norma estilística de
la literatura del exemplum de los siglos XIII y XIV, y Ayala había sido
criado en una sociedad que sacaba su inspiración de las historias na-
rradas por los predicadores y diseminadas por los colectores de fa-

23 El Conde Lucanar, ej. 25, ed. J. M. Blecua (Madrid, 1969), p. 151.


24 Op. cit., p. 363.
25 BAE, LXVI, p. 518.
26 lbid., pp. 569, 570.

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López de Ayala, ¿historiador humanistai 41


bulae v. A su tío ha sido atribuido el Libro de los consejos e de los
consejeros, y en el Rimado hay muchos vestigios tanto de la influencia
de este género, como también, directa o indJ.Iectamente, de las ver-
siones en romance del De regimine principum de Egidio Romano 28•
Esta fon:na ~ ~strucción por medio del exemplum se hace presente
en muchos puntos de la narración histórica, particularmente en los
pasajes de discusión política, como en la Partición de reinos propuesta
por Juan l. El interlocutor (el mismo Ayala) comenta sentenciosa-
mente: "muchos omes en un regimiento nunca se acuerdan como
cumple, e por esto antiguamente acordaron que aya uno solo en el
regimiento para se bien regir. E aun naturalmente vemos que de las
abejas una sola es príncipe e regidor, e quando muchos regidores a,
la cosa non va como cumple" 29•
En ningún momento fue la literatura del exemplum tan poderosa
como hacia el final del reinado de Pedro, en que el fluir de la narra-
ción queda totalmente interrumpido por la introducción de un per-
sonaje ficticio, de origen oriental : el sabio visir moro, "consejero del
rey de Granada ... [que] enviole [Pedro] respuesta con castigos ciertos
e buenos". Esta interpolación, aunque extensa, es excepcional, pero
muestra de qué manera el hecho histórico está entretejido con la
forma literaria contemporánea. El "grand sabidor e grand filosofo"
argumenta con proverbios de colecciones gnómicas: "Sabed, que los
males son en caso semejante de las melecinas, amargas e pesadas para
el que las bebe, é son aborridas dél, mas el que las puede sofrir é
atender é penar el su mal sabor, está en esperanza de bien é de salud".
Algunas veces estos proverbios toman la forma de obiter dicta:
"Dixo un sab1dor consejando al honrado: que olvide los yerros que
le son fechos. E dixo otro sabidor: si oviese entre mí é las gentes un

r, "Muchos tales enxiemplos en los libros ley, /-e de fechos muchos


por los mis ojos vi", Rimado, I, p. 699 (cfr. también I, p. 887).
28 A. Rey, "Libro de los consejos e de los consejeros", en RPh., V (1951-
52), pp. 211-219; VIII (1954-55), pp. 33-39; H. L. Sears, "The Rimado
de Palacio and the 'De Regimine Principum' tradition of the Middle Ages",
HR, XX (1952), pp. 1-27; Meregalli, op. cit., p. 22.
'19 BAB, LXVIII, p. 128.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

cabello, non se cortaría, ca quando ellos tirasen, yo afloxaria, é quan-


do ellos afloxasen, yo tirarla".
O se expanden también en breves historias, como la del rey y su
visir, o el glotón que come más de lo que puede soportar su estó-
mago. Más características son las fábulas de animales. La digresión
que comienza "la manera del rey con sus gentes es semejada al pastor
con su ganado" se elabora en forma de diálogo dramático a la ma-
nera de Raimundo Lulio o Juan Manuel. La actilud del rey respecto
a los extranjeros se compara "al ome que criaba un leon, e cazaba
con el animalias, e aprovechabase del". La segunda carta del moro
responde a una sugerencia de un tema contemporáneo, las profecías
de Merlín, frecuentes en los romances caballerescos que Ayala con-
fiesa haber leído, aunque con poco provecho, en su juventud 30•
Las normas de conducta que informan sus escritos históricos son,
sin embargo, muy semejantes a las del código de caballería. Están
basadas sobre el honor y la prez del caballero. Los ideales de la Cró-
nica de don Al/ onso XI podrían aplicarse sin alteración a la Crónica
de don Pedro 31• Las últimas palabras del rey Bermejo, asesinado en
Sevilla, condenan una quiebra de la confianza entre cristianos y moros :
"oh, que pequeña caballería feciste" 32• Ayala registra en su totalidad
los intercambios galantes entre el Príncipe de Gales y su prisionero
Bertrand du Guesclin, justificando al mismo tiempo su inclusión en
una narración histórica : "E acordamos de poner este fecho en este
libro como paso ... por contar los grandes e nobles fechos que los
buenos facen... ca las franquezas e noblezas e dadivas de los reyes
grand razon es que siempre finquen en memoria e non sean olvida-
das; otrosi las buenas razones de caballería" 33• Se trata de un pro-

30 Ibid., LXVI, pp. 567-570; 586-588.. Rimado, I, p. 162. Es digno de


notarse que Petrarca, en su lista favorita de historiadores, omite toda refe-
rencia a los compiladores de exempla. Cfr. B. L. Ullman, Studies in the
Italian Renaissance (Roma, 1955), p. 129.
31 D. Catalán, "Ideales moriscos en una crónica de 1344,,, NRFH, VI
(1953), pp. 570-582.
32 BAB, LXVI, p. 519.
33 Ibid., p. 562. Meregalli hace constar que estos intercambios son tan
imaginarios como los habidos con el "sabio moro Benahatín,,, op. cit., pá-
gina 140.

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López de Ayala, ¿historiador humanista} 43


pósito honrado más en teoría que en la práctica, pero que ha de ser
tomado en serio puede colegirse de su mismo prólogo, donde su de-
finición de historia es ·primordialmente aristocrática: "Fue despues
usado e mandado ... que fuesen fechos libros, que son llamadas Cro-
nicas e Estorias, do se escribiesen las caballerias" 34•
Ayala tiene poco que comentar sobre la naturaleza de la historia,
nada en modo alguno que pueda referirse al humanismo. Su prólogo
indica sus _opiniones conservadoras. Es fundamentalmente la repeti-
ción del prólogo de la Primera Crónica General, considerándose Ayala
a sí mismo como uno que está perpetuando una tradición : "e por
ende yo Pero Lopez de Ayala con el ayuda de Dios lo entiendo con-
tinuar asi lo mas verdaderamente que pudiera de lo que vi" 35• Por
las referencias textuales, no parece que haya estudiado una historia
que no sea la de sus antepasados. En ninguna parte hay reminiscen-
cias de Livio o Boccaccio; las únicas obras históricas mencionadas
son las de Isidoro y Vicente de Beauvais, sin que ninguna haya po-
dido servir de modelo para sus propias Crónicas. Hay, sin embargo,
muchas más referencias al valor del conocimiento histórico que en
las crónicas reales anteriores. Recuerda a Juan I en las Cortes : "vos
sabedes por Coronicas e libros de los fechos que son en la vuestra
camara, e los leen delante vos quando a la vuestra merced place'' 36•
En presencia del mismo rey apoya por boca de un noble innomina-
do, con ejemplos de los reinados de Alfonso X, Sancho IV y Alfon-
so XI, una llamada a la clemencia en favor del Conde don Alfonso,
hermano de Juan I, que había sido puesto en prisión por intrigar con
el rey de Portugal 37•
Habiendo puesto de relieve las características de la obra de Ayala
según las normas literarias de su tiempo, examinemos ahora los ele-
mentos que se han atribuido a la penetración del humanismo. Russell
repite en su hbro un juicio que viene admitiéndose como cierto desde
el siglo diecinueve. Dice de Ayala que "su interpretación de la fun-

34 Ibid., p. 399. La distinción establecida por Sánchez Albornoz (art.


cit., p. 23) entre "crónica" e "historia" es puramente arbitraria.
35 BAB, LXVI, p. 400.
36 Ibid., LXVIII, p. 126.
n lbid., pp. 94-96.

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44 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

ción del cronista estaba ... basada sobre el modelo no enteramente


apropiado de Livio" 38• Está permitido suponer que Ayala tenía con-
cebido algún propósito cuando comenzó la traducción de las Décadas,
pero no está justificado, en mi opinión, suponer que este acto está
vinculado a una influencia estilística del uno en el otro.
La difusión de los manuscritos de las Décadas en la Península está
ligada indudablemente a la traducción francesa hecha por Pierre Ber-
suire, un monje benedictino de St. Aloy de Paris, para Jean le Bon,
empresa que puede atribuirse al entusiasmo que Petrarca había sus-
citado en el francés durante su visita a Aviñón hacia 1350 39• Esta
traducción quedó terminada en 1359, y Bersuire expone en el pró-
logo las razones que le indujeron a realizarla: "C'est tout certain,
tres souuerain seigneur, que tout excellent prince, de tant comme il a
l'engin plus clervoyant et de plus noble et viue qualite, de tant veult
il plus volentiers enchercier et scauoir les vertueux fais et les nona-
bles euures des princes anciens et les sens d'armes, raisons et indus-
tries par les quelles ilz concquiestrent iadis les pays et les terres" 40 •
En la época que sigue a esta ttaducción, los reyes aragoneses, par-
ticularmente Juan I, hacen repetidos intentos por adquirir una copia
de las Décadas, y es posible que la magnífica traducción catalana, al
presente en el British Museum, haya sido encargada por él 41• Fuera
de Cataluña, las Décadas hacen su primera aparición en la traduc-
ción castellana de Ayala, dedicada a Enrique 111 (m. 1406) 42 • Está
basada en el texto de Bersuire, cuyos preliminares se incluyen tam-
38 P. ix.
39 C. Samaran, Pierre Bersuire (Paris, 1962), en Histoire littéraire de
la France, XXXIX.
40 British Museum MS 15. D. VI. f. 7b (finales del siglo XIV, cfr. Cata-
logue of Western MSS in the Old Royal and King' s Collections, II, pági-
nas 174-175). Cfr. J. Rychner, "Observations sur la traduction de Tite Live
par Bersuire", en A. Fourrier, L'humanisme médiéval dans les littératures
romanes du XIIJe au XJVe siecles (Paris, 1964), pp. 167-192.
41 MS Harley 4893. Contiene siete libros de la primera Década. Sobre
Livio en Cataluña, cfr. Rubió i Lluch, Documents pe, l'historia de la cultura
catalana migeval (Barcelona, 1908-21), I, pp. 307-308; M. Riquer, L'hu-
manisme catala (Barcelona, 1934), p. 94.
42 Para una descripción del MS, cfr. Schiff, La Bibliotheque du M. de
Santillane (Paris, 1905), pp. 96-99.

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López de Ayala, ¿historiador humanistat 45
bién en la traducción. Se ha sugerido que Ayala tuvo acceso a la tra-
ducción anónima catalana, pero una comparación rápida revela lo
improbable de esta teoría 43• Lapesa, que sostiene que deriva del ori-
ginal latino y secundariamente del francés 44, llegó probablemente a
esta conclusión por las declaraciones ambiguas en la dedicatoria de
Ayala 45, pero la inclusión del prólogo y glosa de Bersuire, lo mismo
que la identidad comparativa de los dos textos romances, parecería
indicar que aun cuando Ayala haya tenido acceso al .original latino,
se confió exclusivamente a la traducción francesa. Ha de recordarse
también que Ayala tuvo relaciones personales estrechas con Carlos VI,
que le hizo en 1382 su camarlengo con una pensión anual de 1.000
francos oro.
La traducción castellana está hecha con las miras puestas menos
en la instrucción exclusiva de la familia real que en la aristocracia.
Las Décadas, sostiene, son de valor político inmediato para la no-
bleza de Castilla, particularmente para aquellos que no han tenido
experiencia práctica en campañas militares. El hombre puede desear
la paz, que es el fin propio hacia el que ha de tender 46, pero en su
ausencia ha de aprender a defenderse a sí mismo y a actuar adecuada-
mente como representante de su propia clase en todas las ocasiones.
A este fin Livio suministra una instrucción inapreciable particular-
mente a base de ordenanfa y defiplina, principios de organización
militar que Ayala exalta repetidamente en su prólogo: "Por ende
quien quisyere aver et tener ordenan~a et la d~iplina de la caualleria
conujene que la aya et cobre usandola et aujendo la espiren~ia dello
43 Riquer, p. 94. He comparado el MS Harley con el MS 12732 de la
Biblioteca Nacional, Madrid.
44 En Díaz-Plaja, op. cit., I, p. 496.
45 "Et plogovos que lo tomase en el lenguaje de Castilla el qual estaua
en latyn por vocablos ignotos et oscuros", f. Jv. Pero véase más adelante en
el mismo folio : "et el vuestro buen deseo del gouemamjento de vuestros
Regnos ... vos puso en onesta necesidat de me mandar trauajar que este
libro trasladase de latyn en frances en la lengua de Castilla". Meregalli ha
publicado el texto completo de la dedicatoria como un apéndice de su obra
antes citada.
46 "Por ende debe home excusar cuanto pudiere de non haber guerra,
et todas las otras cosas debe home ante sofrir que comenzar guerra" (Juan
Manuel, Libro de los estados, en BAB, LXX, p. 319).

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
o si esto por espirencia non pudieron auer, convjenc et es ~sario
et onesto que lo aprendan leyendo los antiguos libros et estorias que
los nobles principes et Reys mandaron fazer por que fincasen en me-
moria pora adelante para los que aujan de usar las armas et la caua-
lleria" 47•
Aunque en un contexto diferente, este prólogo de Ayala recuerda
el prefacio de Antonio Canals a su traducción de Valerio Máximo.
En él contrasta las ventajas sumamente diversas que se obtienen de
la lectura de los clásicos latinos y de las novelas en prosa 48• Ayala
pone también de relieve la utilidad de Livio, y destaca al mismo
tiempo en el Rimado de qué manera había malgastado su juventud
con "libros de devaneos "t mentiras probadas", como Amadís y Lanza.-
rote 49 • Aquí cesa el paralelismo, ya que mientras Canals pretendía
enseñar principios morales a los ciudadanos de una sociedad urbana,
\ Ayala quería popularizar los preceptos de caballería para una sola
· clase. No es difícil ver quién hizo más justicia al espíritu del original.
Para la clase a que Ayala pertenece el latín es una barrera; Livio
yace escondido "en latyn por vocablos ignotos et oscuros... yazia
escondido et nunca jamas fue traydo nin leydo en los vuestros Reg-
nos". La incomprensibilidad del latín no es un decir que se puede
poner fácilmente en labios de un humanista. Era intención de Ayala,
por Jo fanto, hacer las Décadas accesibles en lengua vernácula como
un "regimiento de Príncipes y Nobles": " ... que sea traydo agora en
publico por que los principes et los cavalleros que lo oyeren tomen
buen exemplo et buena esperan~a et esfuer~o en sy, catando quanto
prouecho et quanta onrra nace dela buena ordenan~a et dela buena
ct!sciplina" 50 •
Esta sustitución de los libros de caballerías por los historiadores
clásicos es un primer paso en el cambio de los hábitos de lectura
entre los nobles de Castilla. Desde el reinado de Juan II en adelante

47F. 2 r.
48 Libre anomenat Valeri Maximo traduit t,eT fTae Antoni Canals (ed.
Miguel y Planas, Barcelona,1914), 2 vols., y su prefacio a la Carta de Sant
Bemat a sa germana, en CDIACA, XIII, p. 415.
49 Rimado, I, p. 162.
so F. iv.

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______ __...r-r-,m. ~ - ----- -
LE

López de Ayala, ¿historiador humanista? 47


proliferan los manuscritos de la traducción de Ayala. En 1439 hízose
una versión abreviada para el Conde de Benavente, en cuya casa
denunció Marineo Sículo la presencia de ocho copias de las Décadas.
Santillana poseyó diversos manuscritos, así como el compendio de
Anneo Floro, y se desparramaron por lugares tan dispersos como las
bibliotecas de Alvar García de Santa María, Carlos, Príncipe de Via-
na, y la Cartuja de Santa María de las Cuevas, por no mencionar
más que unos cuantos 51• Pero no se ha de poner esto en relación
demasiado estrecha con una actividad humanista. Desde Ayala hasta
Alvaro de Luna todavía se presentaba a Livio como un escritor ala-
bado por San Jerónimo, y lo que el lector buscaba no era tanto los
principios más amplios de la lealtad cívica y del respeto a la tradi-
ción milenaria, cuanto las lecciones especiales de táctica y conducta
caballerescas 52 • No eran éstas exactamente las características alabadas
por Coluccio Salutati y Leonardo Bruni durante las primeras etapas
de la nueva historiografía florentina 53•
No se puede suponer, según pienso, que lo que fue en Ayala "ob-
sesión por la política y la guerra interna" 54 pueda tomarse como imi- ·
tación consciente de Livio, a no ser que se convenga en aceptar al
autor ~e;Jª-_9!4f!ica de don Alfonso XI como otro discípulo. Pres-
cindtendo del caso especial del corpus histórico alfonsino, estos temas

51 Beer, Handschriftenschiitze Spaniens (Wien, 1894), p. 448.


52 Ayala se refiere a Livio en su dedicatoria como a "vn ystoriador an-
tiguo et famoso del qual faze mencion sant Geronjmo en el prologo de la
Vibria loando la su alta manera de fablar", f. }r. Alvaro de Luna se hace
ceo de esto en su Libro de las claras e vertuosas mugeres (ed. Madrid, 1891),
páginas 110-111: "Aquel varan romano Tito Livio es de tanta autoridad en
sus historias, e tan maravilloso en la polida manera de fablar que San Je-
ronimo en el Proemio o comienzo de la trasladación de la Biblia, embiado
a Paulino, dice del estas palabras ... ". Para otras referencias a Livio, cfr.
páginas 121, 12s, 126, 137, etc.
53 Cfr. la epístola de Salutati a Juan Femández de Heredia en su Bpis-
toz.rio (cd. F. Novati, Roma, 1893), II, p. 289; L. Bruni, De Studiis et
litteris, en Sammlung selten gewordener piidagogischer Schrif ten des 16.
und 17. 1ahrhunderts, n.0 6 (Zschopau, 1880); H. Baron, "Cicero and thc
Roman Civic Spirit in the Middle Ages and the Renaissance", Bulletin of
the 1ohn Rylands Libra,y, XXII (1938), pp. 72-97.
54 Russell, p. xi.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
estaban dictados en general por la tradición medieval, que en Castilla
brota del Toledano y más tarde del código de la caballería. Es ex-
traño, por lo demás, que mientras los primeros historiadores huma-
nistas se sienten obligados a exponer sus modelos y autoridades, no
haya ni una sola frase o referencia en las Crónicas de Ayala que pueda
considerarse como eco directo de las Décadas.
En lo que se refiere a la estructura, parece inconsecuente tomar
la división de las Crónicas en años como reminiscencia de Livio,
cuando esto ocurre, aunque no sea de manera constante, en la Pri-
mera Crónica General. El mismo sistema se emplea en las "crónicas
particulares", a lo largo de la de Sancho IV, y con menores excep-
ciones en la de Femando IV. De suerte que se puede decir, a lo
sumo, que Ayala está perpetuando más bien que innovando una
fórmula 55• También se ha sostenido por Sánchez Alonso que Ayala,
más que ningún cronista anterior, trata de "temas sociales y admi-
nistrativos, antes letra muerta para los cronistas, como lo que nos ex-
plica de las behetrías, del funcionamiento de las Cortes", así como
de finanzas, acuñamiento de moneda, etc. Con toda razón critica la
declaración de Fueter en contrario 56• Pero estas digresiones no lla-
maron en modo alguno la atención de los historiadores humanistas,
exceptuando posiblemente a Flavio Biondo. Son más bien preocupa-
ciones de los historiadores del siglo XIX. El único concepto que los
humanistas contribuyeron a destruir fue el de historia como una es-
pecie de enciclopedia con todas las digresiones que una tal definición
entraña. Si no se concentraron en detalles minuciosos de este tipo, no
fue por inadvertencia, sino porque no reconocieron la importancia de
tales datos heterogéneos. Su atención se concentraba en los studia

55 En general, la década no fue aceptada en modo alguno como la mejor


composición formal por los historiadores humanistas. En una carta a Juan
[¿Tortellius?] explica Bruni: "Hujus quoque in ... regum Romanorum ges-
tis referendis non annos prosequitur sed rerum summam. ldem Polybius
facit. Et ipse quidem probatur auctor cuius auctoritatem secuti sumus". .
Bpist. [ed Mehus], IV, p. 20.
56 Op. cit., p. 298.

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so Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

den considerarse como composiciones libres, escritas por el historia-


dor e insertadas en pasajes en que dan más relieve a las acciones y
pensamientos de un personaje histórico. El discurso es, por ello, un
medio de que se vale el historiador para apelar a la imaginación del
lector, no solamente dando vida a personas en situaciones cruciales,
sino también transmitiendo su carácter moral y político. Esto explica
la observación de Quintiliano acerca de Llvio de que todas sus aren-
gas ("quae dicuntur,,) están "cum pcrsonis tum rebus accommodatae,,
(lnst., X, i, 101).
o Sería inexacto decir que la arenga, como otras técnicas retóricas
del historiador clásico, desaparece totalmente de las historias medie-
~

'O vales, pero su empleo consciente y repetido para los fines descritos
.• f-- antes no se da más que de una manera intermitente y con más fre-
C:~ cuencia en los escritores latinos. Su presencia es un indicio de que
j -·

~
~ -~

~,
21t t; el autor ha tomado su arte con más seriedad. En la historia medieval
peninsular, la calidad literaria de la crónica de Juan de Toledo, con
los prolongados discursos de Wamba sobre la depravación moral de
G :5 Pablo el rebelde, marca un contraste cuando se inserta en la simple
u ~ narrativa del Chronicon mundi de Lucas de Túy. Casos semejantes
~ de repetición tomados de fuentes más antiguas figuran en la Historia
gothica y en la Primera Crónica General 61, en que se hace poco es-
fuerzo por asimilar el recurso de la arenga.
Al aparecer la crónica en romance, hay que distinguir entre arenga
y oratio recta. Ambas tienen fines diferentes; la primera se presenta
como una invención palpable; la segunda, como realidad, aunque pro-
bablemente imaginaria. Es difícil, naturalmente, mantener una distin-
ción precisa, especialmente cuando no se tiene más que una infor-
mación oscura acerca de las intenciones del historiador, pero una
consideración juiciosa de todos los elementos literarios de cada his-
toria ayudaría a distinguir entre la imitación consciente de los pre-
cedentes clásicos y el deseo de transmitir lo que el orador ha dicho
realmente.

6t Ed. Schott, Hisp. IUustr., IV, p. 6o. El Chronicon mundi, p. 72, es


reproducido en Ximénez de Rada, Hist. Goth., ed. cit., I, p. 54 y tradu-
cido en la Primera Crónica Gmeral, cd. Mcnmdcz Pida!, cap. 516.

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López de Ayala, ¿historiador humanista? 49
humanitatis, que les condujeron a renunciar a lo particular en favor
de lo general para suministrar lecciones de validez universal 57 •
Lapesa se refiere al "retrato" que hace su aparición en la histo-
riografía castellana 58• La tradición de Suetonio no era en modo al-
guno desconocida en Castilla si se recuerdan los diversos esbozos ex-
traídos del biógrafo romano en la Primera Crónica General. Hay que
distinguir, sin embargo, entre la simple traducción de Suetonio y re-
tratos a su estilo. Un procedimiento tal no es característico de la
Primera Crónica General, ya que fuera de la época cubierta por las
vidas de los Césares no hay pasajes que puedan adscribirse a imita-
ción deliberada, ni es ello un rasgo constante de las crónicas reales
siguientes. ¿Siguió Ayala la práctica de Suetonio en virtud de su po-
sición como historiador clásico, o prestó atención a la tradición local?
La última solución parece la más probable, teniendo en cuenta los
resultados de las investigaciones hechas por López Estrada y Carlos
Clavería en las Generaciones de Pérez de Guzmán 59• Con todo ello,
los tres retratos que aparecen en las Crónicas forman una parte acci-
dental de la obra de Ayala, y, considerando su adhesión. a las prác-
ticas-de-1aPrímera· Crónica General en otros aspectos, es muy pro-
bable que haya adquirido en ella la técnica del retrato histórico.
El empleo que hace Ayala de la oratio recta ha sido quizás la
razón más común para compararlo con Livio. No es éste el lugar de
valorar la función de la arenga en la historia clásica y humanista 60•
Baste decir que tales pasajes no pueden tomarse normalmente como
documentos auténticos. No son ni reproducciones ni resúmenes de
discursos reales --o, al menos, sólo raras veces-, de suerte que pue-

57 Cfr .. B. L. Ullman, "Leonardo Bruni and Humanistic Historiography",


en Studies in the Italian Renaissance (Roma, 1955), pp. 321-344.
S8 Art. cit., p. 512.
59 F. López Estrada, "La retórica en las Generaciones y semblanzas
de Femán Pérez de Guzmán", RFB, XXX (1946), pp. 310-352; C. Qavería,
"Notas sobre la caracterización de la personalidad en las Generaciones y sem-
blanzas", en Anales de la Universidad de Murcia, X (1951-52), pp. 481-526;
R. B. Tate, introd. a la ed. de Generaciones, pp. XVII-XVIII.
liO Cfr. R. Ullman, "La technique des discours dans Salluste, Tite Live
et Tacite", Skrifter utgitt av det Norsker Videns-kaps-Akademi i Oslo (Oslo,
1927), pp. 1-249; M. Grant, Roman Literature (Cambridge, 1954), pp. 84-90.
PBN., 4
HISTORIOGRAFÍA

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López de Ayala, ¿historiador humanista} 51
Críticos como Ticknor, Amador de los Ríos y Cirot han tomado
la oratio recta en Ayala como evidencia de la imitación de Livio 62 •
En este punto disiente Sánchez Alonso: "Conoce, en fin, el secreto
de dar amenidad al relato... intercalando coloquios y discursos bre-
ves, que parecen reales y no tienen la apariencia de amañadas aren-
gas al modo clásico" 6.3. El discurso directo, algunas veces en forma de
cartas, se emplea principalmente para expresar la aprobación o des-
aprobación que hace Ayala de ciertas medidas políticas, emanadas
normalmente del consejo real. De este modo, Qutier Ferrández de
Toledo ofrece su consejo a Pedro el Cruel a punto de morir, "en tal
ora estó, que non debo decir si non verdad" 64• Dos nobles innomi-
nados del consejo real proponen un plan, respaldado por preceden-
tes históricos, para negociar con el hermano de Juan I, el Conde don
Alfonso 65• En estos y otros casos 66 es Ayala quien aprovecha la
oportunidad para adelantar sus opiniones. Hay otras variedades. El
razonamiento sobre la herencia del trono de Castilla y el mensajero
Alvar Martínez no es más que una cómoda recapitulación de la dis-
cusión 67• Las pláticas cortesanas entre el príncipe de Gales y Ber-
trand du Guesclin son un debate caballeresco sobre ciertos puntos de
conducta, sobre "las buenas razones de caballeria" 68•
Es verdad que la arenga clásica tendría propiamente su razón de
ser tratándose de un tema político o de una acción militar, pero en
las Crónicas pueden percibirse en seguida diversas diferencias. En
primer lugar, el discurso está en relación muy vaga con la persona \·
que lo hace; en --muchoi-casos ··1os oradores sori anónimos~·-En se-
gunaolugar, no puede decirse que aclara el carácter del orador. En
tercer lugar, si es que se dan, son pocos los imperativos morales (a
la manera de Livio) en el transcurso de la exposición. Los principios

62 Ticknor, I, p. 188; Amador de los Ríos, V, pp. 144-7; Cirot, Btudes


sur l'historiographie espagnole. Les histoires générales d'Bspagné- entre Al-
phonse X et Philippe 11, 1284-1556 (Bordeaux, 1904), p. 45.
63 Op. cit., I, pp. 298-299.
64 BAB, LXVI, p. 507.
65 Ibid., LXVIII, pp. 94-96.
66 lbid., pp. 103, 126-129.
61 lbid., pp. I 11-114.
61 Ibid., LXVI, p. 561.

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52 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
éticos están iluminados por los exempla dcsaitos antes. En cuarto
lugar, es difícil definir al orador en cuanto tal, aun en el sentido
más amplio, ya que el contenido de muchos de estos discursos se
expone en una serie más bien monótona de encabezamientos unidos
por conjunciones tales como otrosi y desprovistos de toda retórica
persuasiva. Ni se nos informa, como es usual, sobre el cfccto de las
palabras del orador en los que se hallan presentes. Finalmente, no
aparece en absoluto la arenga como incitación a la batalla flJ.
Toda tentativa de relacionar a Ayala con la aparición del histo-
riador humanista no puede apoyarse en nada que no sea más que
una endeble evidencia literaria. Es superfluo señalar que difícilmente
había sido formulado ya un cuerpo de doctrina humanista, y que
éste estaba inseparablemente unido a la veneración sentida por la
claridad y el equihorio del latín ciceroniano; los humanistas no ha-
brían descrito el lenguaje de Livio como lleno de "obscuros et ig-
notos vocablos". Es verdad que Ayala tradujo parte de las Décadas
y de De casibus, así como la Historia de Troya por Guido delle
Colonne, pero los dos primeros no parecen haber dejado huella clara
en sus obras históricas, lo que puede significar de hecho que fueron
compuestas por un amanuense bajo sus órdenes. Tales obras no co-
mienzan a citarse más que en las historias de la segunda mitad del
siglo xv 70• Ayala estaba ligado culturalmente al pasado, sobre todo.
Repite las definiciones de historia expresadas por la Primera Crónica
General y emplea muchas de sus técnicas históricas menores 71• Su es-
69 Bell pretende que Femio Lopes imitó muy de cerca a Ayala en el
empleo de la arenga (Femio Lopes, Oxford, 1921, p. 7). Se ha sugerido que
Ayala, lo mismo que Femio Lopes, hizo un empleo extenso de material
documental en la preparación de las Crónicas (Russell, p. xi, n. 1). Es este
un punto importante que necesita ser investigado exhaustivamente, pero cae
fuera de los límites del presente ensayo, que trata primordialmente de las
influencias literarias.
70 El apóstrofe a Boccaccio al final de la Crónica tÜ don 'Juan 11 (BAB,
LXVIII, p. 691) es significativo, pero excepcional.
11 Me refiero, por ejemplo, a la manera de datar o al sistema de añadir
concurrentia de países extranjeros al final de cada año: "porque segund la
buena ordenanza de las Cronicas es usado e acostumbrado que en fin del
año, desque la Historia es acabada se cuenten algunos fechas notables e
grandes que acaescieron por el mundo en otras partidas en aquel año; por

..
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Lópes de Ayala, ¿historiadorhumanista¡ 53
tilo deriva de la tradición de la literatura del exemplum o de los tra-
tados teóricos sobre el gobierno. Sus normas de actuación son las
propias de una sociedad caballeresca, y los personajes históricos que
retrata carecen del significado arquetípico de las grandes figuras de
la historia clásica. Es verdad que su época estuvo marcada por gran-
des cambios sociales y políticos, pero éstos no se pueden conectar
con un . cambio literario; y en lo que se refiere a la iniciación de
una nueva fase en la historiografía castellana, difícilmente se puede
decir que su ejemplo haya sido fértil 72 • Donde difiere del pasado es
en tomar sobre sí, como Canciller, la función de historiador y en su
habilidad para combinar el métier de moralista e historiador. Esto
da un tono diferente a sus crónicas, pero no implica la búsqueda de
nuevos modelos literarios. Como dice Castro : "no crea un arte nuevo,
no destruye nada antiguo, mas posee un 'ánimo nuevo', barrunta que
las vías fecundas han de ir hacia la intimidad del hombre y no hacia
fuera de él" 73• ¿Humanismo en el sentido más vago posible? La crí-
tica literaria es incapaz de probarlo, y el mismo Castro, que escribió
estas líneas antes de 1942, modificaría ahora, me imagino, su signi-
ficado, después de afirmar que encuentra un lazo de unión entre los
procesos mentales de Ayala y sus predecesores, Juan Ruiz y Don Juan
Manuel, por no decir nada de Sem Tob 74 • Más concretamente, las
investigaciones de Diego Catalán en la crónica de Alfonso XI nos
permiten ver la obra histórica de Ayala en una perspectiva más ver-

ende nos queremos tener aqui este estilo e ordenanza" (BAB, LXVI, p. 424).
Adviértase el conservadurismo de estas observaciones.
72 Alvar Garda no menciona por alguna razón el nombre de Ayala en
el Proemio a su crónica : "La qual coronica fue despues continuada e fecha
por el historiador a quien por el dicho senor rey don Enrique [II] fue en-
comendada ... en cuyo tiempo [Enrique 111] e reinado, el dicho estoriador
ceso, por ocupacion de vejez e de dolencia, que fino" (Pref. a MS 85-5-14
de la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla). Con el debido agrade-
cimiento a don Juan de Mata Carriazo por la transcripción.
73 Art. cit., p. 6.
74 "El que la prosa comience en el siglo XIV a expresar la realidad ín-
tima de quien en ella aparece hablando personalmente, es un fenómeno con-
temporáneo del lirismo del Arcipreste de Hita y de la poesía del judío don
Sem Tob de Carrión", La realidad histórica de España (México, 1954), pá-
gina 372.

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54 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
dadera. Una vez que se ha leído de cerca la versión original de esta
historia, afirma Diego Catalán, su "pobreza de recursos literarios des-
aparece totalmente... el historiador de Alfonso XI está, en efecto,
muy ,ejos de Ayala en cuanto al estilo, pero no en un plano artístico
inferior" 75• De aquí en adelante será imposible sostener sin reservas
la opinión tradicional de que Ayala fue un innovador de considerable
importancia para el siglo siguiente.
1s Gran Cr6nica de Alfonso XI (La Laguna, s. d.), p. 131.

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LA ANACEPHALEOSIS DE ALFONSO GARC1A


DE SANTA MAR1A, OBISPO DE BURGOS, 1435-1456

La ascensión meteórica de Castilla de reino peninsular, azotado


durante décadas por discordias civiles, a poder europeo y colonial ha
sido siempre fascinante para el historiador. Los historiadores del Siglo
de Oro han de ser, naturalmente, los acreedores del interés desper-
tado. Sin embargo, no crearon ex nihilo el concepto del destino y de
las obligaciones de la nación "española" que estaría en boga en la
Europa de los siglos XVI y XVII. Fue producto de una lenta elabora-
ción de los siglos anteriores, que debe menos de lo que se podría
imaginar a los descubrimientos o a los éxitos políticos de los Reyes
Católicos, de Carlos V o de Felipe 11. Según algunos historiadores
castellanos más antiguos, la casa real y el país estaban en posesión
de virtudes que predicen su futuro mucho antes del siglo XVI. Sus
vagos presentimientos, nacidos del pasado de Castilla, histórico y le-
gendario, hállanse difusamente esparcidos a través de su literatura
latina y vernácula, pero sólo adquieren cuerpo y sustancia durante una
época de vitalidad política y económica que ha sido considerada con
demasiada frecuencia como anárquica y confusa. En la historiografía
contemporánea de Portugal y Aragón no es posible hallar vestigios
de aquel grado de convicción que invade particularmente las cróni-
cas latinas de Castilla a mediados del siglo xv. En cierto sentido era
de esperar, ya que escnoir historia en latín presupone en el autor un
nivel cultural más elevado que el medio y una mayor sensibilidad

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

respecto a corrientes de opinión extranjeras. En este sentido merece


especial consideración la segunda mitad del siglo xv, ya que durante
esta época la historiografía latina renace después de un siglo de
poca calidad. Puede parecer a primera vista que el renacimiento de
la historia latina como vehículo de tales demostraciones de senti-
miento nacional podría asociarse con la aparición del humanismo, pero
pienso que los hechos no pueden probar más que una conexión muy
débil entre estos dos fenómenos. En este ensayo quiero hacer unas
cuantas observaciones sobre la obra que inicia este período de histo-
riografía latina, las circunstancias en que fue escrita y los presupues-
tos sobre los que está basada.
La Anacephaleosis, o recapitulación, por Alfonso García de Santa
María, Obispo de Burgos, llama la atención no por su originalidad
de materia o forma, sino porque muestra de qué manera fueron re-
modeladas suposiciones tradicionales para salir al encuentro de situa-
ciones contemporáneas. Es, en efecto, uno de los primeros testimo-
nios explícitos de la toma de conciencia de Castilla de su propio pa-
sado y del papel particular que reclama para sí durante la tardía Edad
Media. Si el autor hubiese tenido la oportunidad de completar la obra
que originalmente planeó, estaría en la misma relación con esta época
que la que tiene la Historia Gothica de Ximénez de Rada con el si-
glo x111, obra ésta cuyo significado no deja de reconocer el Obispo.
rEscrito poco antes de su muerte, este breve compendio expresa las
1
múltiples experiencias del teólogo, del diplomático y del filósofo mo-
. ral, y contiene sus opiniones sobre la historia pasada y presente de
_Castilla, a la que pone como apéndice sus esperanzas para el futuro.
Pero mientras Nebrija no actuó más que como editor y traductor al
latín de la crónica de Pulgar, la Anacephaleosis se relaciona con ciertos
acontecimientos de la propia carrera del Obispo. Espero mostrar de
qué manera ayudó cada uno de estos acontecimientos a remodelar la
Historia Gothica dándole una forma mucho más impresionante para
sus contemporáneos y sucesores.
Alfonso García de Santa María se formó en Castilla durante una
época de aguda crisis interna. Los ataques a los ghettos habían des-
truido la solidaridad de la judería castellana, cuyo poder pasó a ma-
nos de conversos, de los que la famma Santa María fue un ejemplo

1 1 1 1 1 1
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ir•---~---
La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 57

destacado. Los esfuerzos de la monarquía por lograr un modus 'Di-


-aendi efectivo con una clase de nobles recientemente creada, envol-
vieron al país a lo largo de un siglo en una lucha entre bandos aris-
tocráticos opuestos que cambiaban constantemente de carácter y filia-
ción. Sin embargo, la presencia de los Trastámara en el trono ara-
gonés echó la base para una futura monarchia hispana, al mismo tiem-
po que en la costa atlántica la ocupación de las Islas Canarias marcó
el comienzo de la empresa colonial castellana.
El periodo mejor conocido de la carrera de Alfonso abarca unos
veinte años, del 1420 al 1440. Corresponde a la ascensión de Alvaro
de Luna, cuya tentativa inoportuna de ligar la monarquía a su propio
partido terminó en trágico fracaso unos años antes de la muerte de
Alfonso. A pesar de la parca documentación, Serrano y Cantera _Bur-
gos han conseguido hacer un esbozo de su biografía 1• Pasó unos diez
años en la Universidad de Salamanca. Como hijo de Pablo de Santa
Maria, el converso Obispo de Burgos y miembro del consejo de re-
gencia de Juan 11, entró pronto en contacto con círculos de la corte,
y a partir de 1419 se hacen muchas referencias a él en la Crónica
de 'Juan 11. Desarrolló una particular actividad en 1420-21 no sólo
intentando solucionar las diferencias entre los Infantes de Aragón,
sino también las existentes entre Juan II de Castilla y el Infante Don
Juandespués del golpe de estado de Tordesillas, cuando el Infante
Don Enrique intentó adquirir el control del reino. En premio a su
habilidad como negociador fue nombrado miembro del consejo real.
Poco después actuó como emisario cerca del Infante Don Enrique
cuando este príncipe intentó tomar posesión del Marquesado de Vi-
llena. Sus actividades subsiguientes le muestran como partidario casi
constante del rey en su oposición a las maniobras de Alfonso V de
Aragón.
Esta actitud pro-monárquica no se altera al regresar en 1439, des-
pués de seis años de estancia en el extranjero. De hecho, la ciudad
de Burgos parece haber continuado durante su ausencia en favor de
Don Alvaro de Luna, y, a pesar del manifiesto contra el favorito pu-

1 L. Serrano, Los com,nsos Pablo de Santa Maria y Alonso de Carta-


gena (Madrid, 1942); F. Cantera Burgos, Al"ar García de Santa María (Ma-
drid, 1952).

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

blicado por los señores rebeldes en Arévalo (1441), no hubo demos-


tración contra él en la ciudad catedralicia. A lo largo de este año Al-
fonso actuó como mediador entre el rey y Don Alvaro, por un lado,
y los rebeldes, por otro, pero fracasó por completo al ser el rey hecho
prisionero en Medina del Campo y forzado a desterrar al Condes-
table. En los años siguientes no hay indicios de cambio en su lealtad,
particularmente durante la amenaza de ataque a Burgos en marzo de
1445 por parte de los ejércitos de los Infantes, poco antes de la vic-
toria real de Olmedo y del retomo al poder de Don Alvaro como
Maestre de Santiago.
Hay poca información acerca de los años 1445-50. Durante esta
época permanecen sumamente oscuras las relaciones entre Alfonso y
Don Alvaro, cosa que suscita amplias diferencias de opinión entre los
críticos. Amador de los Ríos ve en Alfonso al perjuro traidor de Don
Alvaro, amigo liberal de los conversos, mientras que Cantera sostiene
que Alfonso no tuvo parte destacada en la rendición de Don Alvaro
en Burgos y en la ejecución subsiguiente, fuera de persuadirle a sa-
tisfacer las demandas iniciales del rey. Pero a pesar de la ausencia de
datos, parece que Alfonso se las haya arreglado para evitar . el vio-
lento parti-prisde los principales grupos y para mantener al mismo
tiempo, no obstante, una alianza ininterrumpida con el rey. La figura
del monarca, si hemos de aceptar los argumentos del Defensorium,
es claramente la del representante de Dios en la tierra 2• Por otra
parte, en una época en que la actividad política estaba marcada por
un rechazo o aprobación abiertos del favorito, sus propias acciones
muestran una aprobación tácita de las lineas más destacadas de la
política de Don Alvaro. En ninguna parte de sus escritos, ni siquiera
después de la muerte de Don Alvaro, tropezamos con ataques tan
abiertos como los que pueden encontrarse en el Doctrinal de PrifJa-
dos o en las Generaciones y Semblansas.
En contraposición a los autores de estas dos obras, Alfonso no
adquirió su experiencia política solamente en las complicadas corrien-
tes de facción dentro de Castilla. Su padre y hermano mayor, a quien
llamaba su mentor, habían estado profundamente envueltos en la po-
2 Cfr. A. Sicroff, Les controt1erses des statuts de "pureté de sang" m
Bspagne (Paris, 1960), p. 59.

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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 59
lítica conciliar en Constanza. En los albores de su carrera representó
a la Corona en las prolongadas conversaciones con los portugueses a
partir de 142x, habiéndose ocupado durante ese tiempo de la forma-
ción de Duarte, el heredero del trono. Fue también la ocasión de su
primera toma de contacto con las obras del humanista florentino Leo-
nardo Bruni, debido a un encuentro casual con algunos estudiantes
que regresaban de Bolonia3• Pero uno de los problemas que deben
haber retenido su atención durante su estancia en la corte portuguesa
fue la reclamación de las Canarias por parte de los portugueses. Su
conocimiento de este problema le valió para llegar a ser unos diez
años más tarde miembro de la delegación castellana en el Concilio
de Basilea. Su asistencia a este Concilio es quizá la época más amplia-
mente conocida de su carrera, aunque permanecen todavía oscuros los
detalles de su actividad 4• Los dos tratados que escribió en defensa
de los derechos de la Corona de Castilla contra los portugueses y los
ingleses, sus aliados, han sido materia de muchos comentarios, pero
puede ser provechoso hacer un bosquejo de los sucesos que condu-
jeron a la hostilidad entre ingleses y castellanos.
Los. antagonismos de la Guerra de los Cien Años fueron impor-
tados a la Península al ponerse Francia al lado de los Trastámara y
los ingleses al lado de Pedro I y más tarde de los portugueses. Alju-
barrota dio lugar a una alineación de poderes que habría de durar
hasta bien avanzado el siglo xv. El apoyo prestado al Concilio de Ba-

3 A. Birkenmaier, Der Streit des Alonso von Cartagena mit L. B. Are-


tino, en Beitriige zur Geschichte der Philosophie des Mittelalters (München,
1917), XX, Heft S, p. 162.
4 Las fuentes básicas hállanse en las minutas oficiales del Concilio pu-
blicadas por Haller, Concilium Basiliense (Basel, 1896), espec. vol. 111; Juan
de Segovia, Historia Gestorum Generalis Synodi Basiliensis, en Monumenta
Conciliorum Generalium (Viena, 1857-60), vols. 11, 111; A. Zellfelder, Bn-
gland und das Basler Konzil (Berlin, 1913), en Historische Studien, ed. E.
Ebering, vol. 113; E. F. Jacob, ''The Conciliar Movement in recent study",
B'/R, XII (1958), pp. 26-53. El importante y voluminoso códice X-1711 de
Simancas, antes en la Biblioteca Nacional de París, ha sido estudiado últi-
mamente por L. Suárez Femández, Castilla, el cisma y la crisis conciliar
(Madrid, 196<>).La Biblioteka Universytecke Wroclaw me informa que se
han extraviado dos sermones predicados por Alfonso en Basilea, 1435, con-
tenidos en el cod. Vratislav, Rhedig. 117, ff. 111r-112r.

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6o Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

silea por Carlos W acarreó, por )o tanto, la adhesión de sus aliados.


Por otro lado, Torquemada presionó con éxito para obtener una re-
presentación castellana en el Concilio, ausente desde el 18 de diciem-
bre de 1431, en que Eugenio había intentado disolverlo y trasladarlo
a Bolonia. Se dieron instrucciones a esta delegación de guardar la
máxima solidaridad; contenía, de hecho, además de los enviados rea-
les, representantes de todos los Obispados de Castilla, en total unos
27 prelados y funcionarios del clero. Bajo la guía del Obispo de
Cuenca, e incluyendo a Alfonso Garda y Sánchez de Arévalo, la de-
legación partió de Castilla en mayo de 1434 y llegó a las cercanías de
Basilea en agosto del mismo año. La primera delegación inglesa había
llegado ya a finales de febrero de 1433 por instigación de Humphrey
de Gloucester. Pero la oposición del Arzobispo de Canterbury fue
tan fuerte que antes de junio retomaron todos los miembros, excepto
uno, negándose a sentarse en comités internacionales mixtos en gran
parte al lado de los franceses, enemigos políticos que no tenían de-
recho a estar allí a los ojos de los ingleses. No obstante, se juzgó pru-
dente reforzar la delegación en 1434, y fue en este año cuando se
perdió la mejor oportunidad de paz con Francia. De hecho, la re-
clamación de Enrique VI del señorío de Inglaterra y Francia y la ex-
clusión de Carlos VIl fue en parte la causa de que se aliasen el
Duque de Borgoña y Carlos VII 5•
Una razón más del disgusto inglés con el Concilio y el consi-
guiente apoyo al Papa fueron las constantes afrentas padecidas por
la embajada inglesa en Basilea, particularmente por parte de france-
ses y castellanos, quienes, según un espectador anónimo, agraviaron
de manera desconsiderada los derechos ingleses 6• Esta oposición en-
tre ingleses y castellanos, alentada por Francia, se convirtió en an-
tagonismo declarado en el debate sobre precedencia, en el que ambos
países reivindicaron un puesto de honor inmediato a los franceses.
Se nombraron determinadas comisiones para resolver esta diferencia

5 N. Valois, Le Pape et le Concile (Paris, 1909), passim: E. F. Jacob,


Henry Chichele and the Bcclesiastical Politics of his Age (London, 1952).
6 Valois, 11, p. 129, sugiere que este espectador, el autor del MS Lat.
Vat. 4136, pudo haber sido Piero da Monte, el Colector Papal en Ingla-
terra.

7 1 1
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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 61
antes de que ambas partes viniesen a hacer su respectivo alegato. No
era la primera vez que se había discutido este tema. Tenía un pre-
cedente, quizá indirecto, en los conocidos argumentos del Concilio de
Constanza sobre el derecho de los ingleses a constituir una de las
cuatro nationes1, y se llegó a una situación abiertamente violenta
durante la Misa Mayor el Domingo de Pascua de 1422, en San Pedro
de Roma, cuando los embajadores inglés y castellano vinieron a las
manos 8• En Basilea los castellanos exigieron puestos de honor inme-
diatos a los franceses que se sentaban en la nave derecha de la cate-
dral, lugar dedicado a las congregaciones y sesiones. Después de un
notable altercado, se elaboró un complicado arreglo de puestos, insa-
tisfactorio para ambas partes; pero el tema continuó siendo discutido
desde finales de 1434 hasta mediados de 1435 sin que se decidiese
nada claro. Los castellanos presentaron de nuevo su demanda en no-
viembre de 1435, cuando los miembros de su delegación intentaron
desalojar de sus puestos a los ingleses por la fuerza 9• Esta quisquillo-
7 Se ha de recordar que fueron los ingleses los que apoyaron el proce-
dimiento de votar por nationes más bien que por diócesis o provincias. Como
dice J acob, la natio para los ingleses significaba más que la ecclesia Angli-
cana; representaba también el regnum Angliae, un microcosmos de Iglesia
y Estado, una unidad de imperio que reflejaba la soberanía de su dueño
(Essays in the Conciliar Epoch, 2.ª ed., Manchester, 1953, p. 53). Aunque
este sistema fue modificado a continuación, es claro, por la índole de laa
expresiones de Alfonso, que los castellanos concibieron su representación un
tanto en los mismos términos que los ingleses.
8 Haller, England und Rom unter Martin V (Roma, 1905), p. 2~9.
9 Serrano dice que este incidente tuvo lugar inmediatamente después
del discurso de Alfonso el 14 de septiembre de 1434.. Pero Juan de Segovia
insiste en que tuvo lugar el 12 de noviembre de 1435. Cfr. Concilium Basi-
liense, III, p. 565, y Juan de Segovia, op. cit., II, p. 833; "cumque Con-
chensis et Burgensis expulissent eum [el Obispo de Dax] a loco, adstatim
intrauerunt locum congregacionis familiares, qui latitabant retro sedes in naui
ecclesiae, quorum alter, vt descripsit notarius referens, magnum et niger
gladium evaginatum vibrauit supra Aquensem episcopum". Beltrán de He-
redia rechaza la leyenda de que el discurso de Alfonso precipitó el desaloja-
miento violento de los representantes ingleses de sus puestos. Según él, esto
es cronológicamente imposible; hay prueba documental de que don Juan
de Silva, conde de Cifucntes, que generalmente se supone efectuó la ex-
pulsión, estaba por esas fechas en la Corte Pontificia, donde permaneció hasta
mayo, 1436. Cfr. "La embajada de Castilla en el Concilio de Basilea y su

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62 Ensayos sobre la historiogrcfía peninsular del s. XV
sa beligerancia acarreó un entredicho de tres días a la ciudad. Por
este tiempo, viendo los ingleses que, en general, la atmósfera del Con-
cilio estaba contra ellos, lo fueron abandonando gradualmente, y en
1436 se permitió a los castellanos cruzar a la nave izquierda de la
catedral y ocupar los que fueron puestos ingleses 10•
A Alfonso le había correspondido la presentación del caso caste-
llano. Según Serrano, su discurso inicial fue el ~4 de septiembre de
1434. Robert Fitzhugh, Obispo de Londres, expuso su caso el 23 de
febrero de 1435 11• El debate tuvo lugar, naturalmente, en latín, pero
Alfonso, a requerimiento de otro miembro de su delegación, hizo
una traducción de su propio discurso al castellano, que, si sirve de
indicio el número de copias, debe haber despertado gran interés 12•
No intento aquí hacer un análisis completo, sino destacar nada más
aquellos elementos que pasan a la Anacephaleosis.
Su finalidad principal era establecer la mayor antigüedad de la
monarquía castellana, haciéndolo principalmente a base de manipular
la mitología y los hechos históricos tomados de la Historia Gothica y
otras compilaciones medievales. Por ejemplo, Ximénez de Rada in-
cluye en los primeros capítulos un relato de uno de los trabajos de
Hércules, la derrota de Gerión, el monstruo tricéfalo que la tradición
había localizado en Hesperia o España. La interpretación euhemeristi-
discusión con los ingleses acerca de la precedencia", en Hispania Sacra, X
(1957), 24 n. 53.
10 28 de julio, 1436, Concilium Basiliense, IV, p. 225; Segovia, II,
página 897.
11 Zellfelder, pp. 265-71. Los ingleses se apoyan fuertemente en ar-
gumentos canónicos y de procedimiento, particularmente en el hecho de
que se habían sentado a continuación de los franceses en el Concilio de
Constanza. Alfonso se refiere a esta observación y a otra hecha por el
Obispo de Londres el 18 de septiembre de 1434 JConcilium Basiliense,
111, p. 207). Su discurso debiera datarse, según parece, entre febrero y
noviembre de 1435.
12 He empleado la transcripción hecha por Blanco García del manus-
crito del Escorial MS h. 11, p. 22, reprod. en Ciudad de Dios (1894),
XXXV, pp. 122-9; 221-77; 337-53; 523-42. Sobre otros manuscritos, véase
Martínez Añibarro, Intento de un diccionario... de autores de la provin-
cia de Burgos (Madrid, 1889), pp. 109-110; Gayangos, 1, pp. 421, 42S;
Zarco, Catálogo, I, p. 204, y 111, 130; Serrano, 140; Cantera, 450; Simón
Díaz, 111, núms. 4742, 52.

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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María

ca de esta leyenda es que Gerión fue rey de España, dueño de tres


provincias, Extremadura, Andalucía y Galicia, debiendo por ello ser
conocido con más propiedad como el antiguo rey de Castilla. Este
reino es, por consiguiente, más antiguo que el de Inglaterra 13• Este
argumento supone como corolario que el rey de Castilla es el monar-
ca más importante de la Península, y que los otros reinos son más
recientes y por ello subordinados 14•
Hay otros argumentos, más especiosos, y amañados en gran parte,
dirigidos a este mismo fin, pero es importante observar que las teorías
que se refieren específicamente a la Península persistieron aún des-
pués que la controversia se había apagado, y pasan no solamente a
la Anacephaleosis,sino también, en forma más elaborada, a la Com-
pendiosa Historia Hispanica de Ruy Sánchez de Arévalo y a las his-
torias y cartas de Diego de Valera a finales del siglo 15• No es esto
todo; la manipulación de los mismos datos puede emplearse como so-
porte legal de la expansión territorial de Castilla. El segundo tratado
de Alfonso, al mismo tiempo que se ocupa primordialmente de jus-
tificar la reivindicación de las Islas Canarias, es también expresión de
una política expansionista en el Norte de África, amenazada seria-
mente por las expediciones portuguesas 16•

13 "ante de Hercoles ouo reyes en Castilla e assi de Gerion rey de


España, o mas propiamente fablando rey de Castilla, que en aquella parte
regnaua que agora llamamos Castilla... E non dubdo que ante de aquel
Gerion ouo otros reyes avn que non ssabemos ssus nombres por la gran
antiguedat. E assi el regno de Castilla es de los mas antiguos regnos del
mundo", p. 339.
14 Ibid., pp. 211, 338.
15 Cfr. p. 101.
16 Hay tres copias de MSS del siglo xv: a) Bibl. Vat. cod. lat. 4151,
f. 18-37; b) Simancas, fondo estado, K 1711, f. 131-146; c) Escorial, A. IV.
14. Cfr. De Witte, "Les Bulles Pontificales et l'expansion portugaise au xve
siecle", Rn. d'Hut. Bcclés., XLVIII (1953), p. 703. Sobre otros MSS, cfr.
Martínez Añibarro y Serrano. He empleado el MS 11341 de la Biblioteca
Nacional de Madrid y la copia del siglo xvm. El último anículo sobre este
tema es de L. Suárez Femández, "La cuestión de los derechos castellanos
a la conquista de Canarias y el conflicto de Basilea", Anuario dB estudios
Atlánticos, IX (1963), pp. 11-22.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Enrique el Navegante, en sus tentativas de doblar el Cabo Boja-
dor en 1421-33, había explorado Madeira y las Azores, e inten-
tado obtener las Canarias. En 1424 se envió una expedición a Gran
Canaria, sin éxito. Alfonso, que había venido a la corte portuguesa
para inspeccionar la ejecución del tratado de paz de dos años antes
con Castilla, se las arregló para impedir la partida de una segunda
flota de exploración. Una demanda presentada por Duarte al Papa en
1436 mostraba que se había hecho otra tentativa en 1434, y basaba el
derecho a la apropiación en el simple motivo de que las islas se ha-
llaban más cerca de la tierra firme portuguesa que de cualquier
otro reino peninsular. Juan II de Castilla reaccionó pidiendo a sus
representantes en Basilea que preparasen un memorándum para su
procurador en la Corte Pontificia, Dr. Luis Alvarez de la Paz. El resul-
tado fue que el 27 de agosto de 1436 Alfonso envió un amplio in-
forme a Bolonia (donde el Papa había establecido el Concilio según
su propia versión) titulado Allegationes... super conquesta lnsularum
Canarie contra Portugalenses anno domini 1435. En él vuelve a re-
currir a la ayuda de Ximénez de Rada y al pasado histórico de la
Península durante el tiempo de los romanos y de los godos. Según su
exposición, entre las provincias incluidas bajo el nombre de Hispania
estaba Tingitania, situada en la región de Tánger y limitada al Oeste
por el Atlántico, la cual se conocía en aquel tiempo bajo el nombre
de Benemarín. Añade que Isidoro describió ciertas islas de la costa
como las Islas Afortunadas, que por identificación de lugar han de
ser las Islas Canarias, una de las cuales lleva precisamente el nombre
de Fuerteventura. Podría objetarse, naturalmente, que Tingitania for-
maba parte del Imperio Romano, no siendo parte integrante de His-
pania. A esto replica que la división pdministrativa del Imperio hecha
por Justiniano menciona todas las provincias africanas, con excepción ·
de Tingitania. Esta provincia fue ocupada más tarde por los vánda-
los, cuyo territorio pasó a los visigodos por derecho de conquista.
Alfonso propone entonces como hecho conclusivo el mito, largo tiem-
po establecido, de que Castilla fue el único heredero legítimo del
reino visigodo y que el título de Rex Hispaniae,empleado frecuente-
mente por poderes extranjeros para designar al rey de Castilla, tenía
validez histórica (56v). Se ocupa particularmente en probar que hay,

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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María

de hecho, una linea continua de descendencia desde la monarquía


más antigua hasta el presente rey, "quod ita singularissimum est, ut
in tota Europa non valeret simile reperiri" (36v), y esto, juntamente
con la equivalencia de Rex Gothorum, Rex Hispaniae y Rex Caste-
llae, constituye una reivindicación justa de Tingitania y de las islas
de sus costas, por extensión. Es evidente que una línea tal de argu-
mentación podría llevar a una reivindicación de las posesiones origi-
nariamente visigodas al norte de los Pirineos, pero Alfonso no quería
perturbar las relaciones amistosas entre Francia y Castilla, o suscitar
sospechas por parte de los aragoneses 17• Detrás de estos dos tratados
yace, pues, la inspiración común que informará la Anacephaleosis.En
esta obra, en que los argumentos están disociados de su contexto ori-
ginal, elabora más ampliamente esta nueva interpretación de la su-
premacía de Castilla dentro de la Península desde la invasión árabe,
teoría que halló aceptación entre los escritores contemporáneos y pos-
teriores, tales como Pérez de Guzmán, Sánchez de Arévalo, Rodríguez
de Almela y Diego de Valera 18•
Vista esquemáticamente, la Anacephaleosis es un bosquejo de la
historia primitiva de la Península hasta los tiempos romanos, con una
consideración más detallada del dominio visigodo, seguida de una
serie de breves capítulos en cada uno de los cuales se ponen sumaria-
mente el linaje y las principales características de los reyes de Astu-
rias, León y Castilla hasta Enrique IV, con sólo referencias menores
a otros reinos peninsulares 19• Como Cirot señaló, esta reducción del
17 Lo había mencionado anteriormente en su discurso sobre la prece-
dencia, p. 216 : "En el tiempo de los godos muchos de los príncipes de
España ... regían ... a aquella parte de Francia que enton~e llamauan Galla
Gothica que oy dizen Lengua de Hoc, fasta Nemes. E aquel grande hede-
ficio que ende esta, por prin~pes de España sse dize sser hedeficado".
18 Generaciones y Semblansas, ed. Tate, p. 52: Compendiosa, pp. 135,
153, 155; Compendio Historial, Bibl. Nac., Madrid, MS 1125, f. 1v; Valera,
Crónica AbTeviada, cit. Cirot, H ist. Gen., p. 68, n. 4.
19 He empleado la edición de Schott, comparándola con el MS de la
Bibl Nac. de Madrid Vit. 1gl que contiene las miniaturas. Este último sirve
para aclarar algunas lecciones malas y errores de imprenta, pero el texto
impreso es fiel en su conjunto a la tradición del manuscrito. El otro manus-
crito conocido es el de la Bibl. Nac. de Madrid 7432. Otra versión latina,
con material añadido, escrita en el None de Italia hacia 1492, hállase en
HISTORIOGRAFÍA
PBN., 5

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66 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
campo es una peculiaridad de la mayor parte de las imitaciones pos-
teriores de la Historia Gothica 20, pero aquí viene impuesta evidente-
mente por la naturaleza del tema central: probar claramente que la
casa real de Castilla desciende en linea ininterrumpida de los reyes
visigodos. En cada uno de los diferentes capítulos va en forma de
apéndice una lista de concurrentia escogidos, en este caso una serie
de papas, emperadores romanos, reyes de Francia y obispos de Bur-
gos, que reflejan a su modo su veneración particular de la autoridad
papal, la alianza tradicional con Francia, hasta entonces ininterrum-
pida, y los asuntos de la propia diócesis de Alfonso. Esta inserción
de concurrentiaha sido calificada de innovación : es, por el contrario,
una práctica largo tiempo establecida de los historiadores medievales 21•
El texto mismo no puede leerse independientemente de la serie de
miniaturas que lo acompañan en ciertas tradiciones manuscritas, ya
que contiene datos sobre el retrato de cada uno de los reyes, sus mu-
jeres, descendientes y amantes, y otras figuras importantes de su reino,
dispuestas jerárquicamente y en actitudes que simbolizan su papel his-
tórico.
Se podrá apreciar que no es una obra que se distingue por su
coherencia; ocupa, en realidad, una indefinida posición media entre
el simple árbol genealógico y una historia más prolija, pero el prólogo
da a entender que se trata de un extracto de una historia más grande,
pero que nunca completó. Como tributo a la monarquía puede pare-
cer extraño que esté dedicada al cabildo de Burgos, pero Alfonso
explica que iba a ser dedicada a Juan 11, que murió antes de que
estuviese acabada. ¿Por qué no la dedicó entonces a Enrique IV?
La conclusión contiene muchas observaciones laudatorias sobre los pri-
meros años de su reinado, pero se recordará que Juan y su hijo no
estaban en las mejores relaciones, y que, al ascender al trono, Enri-
que trastrocó gran parte de la política de su padre. ¿Podría ser esto
una explicación de la desaparición de Alfonso de la escena política
en los últimos años de su vida?

la colección de Philip Hofer, en la Biblioteca Houghton de la Univenidad de


Harvard.
20 Hist. Gen., p. u.
21 Ibid.

. . 11 - . . ... - 1
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La "Anacephaleosis"de Alfonso García de Santa María 67

Las anotaciones académicas en la dedicatoria sobre la naturaleza


de la historia, no son de gran importancia. Hablando como uno para
quien la teología es la ciencia suprema, Alfonso expone que la his-
toria se. ocupa de las contingencias y no de aquellas consideraciones
"quorum directio humano judicio non subest"; que requiere si no
una mente aguda, sí, al menos, una inteligencia más que mediocre.
Es ésta una revelación que dice más de su actitud respecto a escribir
historia que la siguiente cita de Terencio, "homo sum, nihil humani
alienum a me puto", empleada frecuentemente por los críticos para
mostrar su parentesco con el historiador humanista italiano 2'2. En ver-
dad, si profundizamos un poco más, el examen de la Anacephaleosis
mostrará que no se dan a luz nuevos datos históricos sacados de las
fuentes clásicas. Es cierto que Alfonso lamenta la falta de fuentes,
pero a propósito de la época antes del Diluvio, y se ocupa más de
completar su tesis que de intentar disipar las oscuridades de toda la
época prerromana (p. 247).
Los capítulos introductorios revelan ya lo que han de ser sus prin-
cipales preocupaciones. La tradicional perspectiva histórica es de lo
más breve; explica que se limita únicamente a aquella parte de Eu-
ropa de donde vinieron los godos y a la parte donde se asentaron.
Cuando vuelve a España, cuida de incluir Tingitania en el marco de
su jurisdicción (p. 249), observando al mismo tiempo que en otra
parte ha prestado atención a este punto. Su incipiente provincialismo
se refleja también en su oposición a la división clásica, Hispania cite-
rior y ulterior, que afirma ser términos puramente relativos, no pu-
diendo, por lo tanto, ser universalmente aceptados. Sus datos sobre la
repoblación del mundo después del Diluvio y la descendencia de los
hispanos de Tuba!, están todos copiados de la tradición isidoriana de
Ximénez de Rada, siendo algunas veces la copia tan literal que con-
serva la estructura de la frase isidoriana. Se omite gran parte de la
Historia Gothica, siendo difícil con frecuencia determinar si esto se
debe a economía o a una modificación deliberada. Pero lo más im-
portante es que, aquí y allá, se adultera el texto base con leyendas
vernáculas 23• De la Primera Cr6nica General acepta la teoría de que

22 Se cita a través de Cicerón, De Off., I, p. 9.


23 El hecho de que inserta al rey visigodo entre el reinado de Witiza y

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68 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

Hércules vino a liberar a las gentes de España de la tiranía de Ge-


rión, siendo claro que Alfonso está ahora más interesado por Hispano,
el sucesor legendario de Hércules, ya que él fue "primus quem in
Hispania regium titulum assumpsisse historiae narrant". Las leyendas
de Liberia y Pirro, también de la Crónica, están probablemente in-
terpoladas para prolongar la sucesión genealógica de Hispano. De
ahora en adelante sus observaciones reflejan la tesis de Ximéncz de
Rada de que España se rebeló en vano contra la invasión de diversos
colonizadores hasta la llegada de los godos, cuyos sucesores reinaron
"non iam Gothorum, sed Hispanorum sub diversis titulis reges vo-
cati" (p. 251).
Esta tesis "neo-goda", como ha sido llamada, tomó por vez pri-
mera forma coherente y explicita en la Historia Gothica. Maravall ha
reunido una gran cantidad de material sobre su evolución y ha sub-
rayado justamente su significado para el trono de Castilla, pero no
aprecia plenamente, según pienso, que se esfumó por completo, en lo
que afecta a la historia oficial, entre los siglos XIII y xv, y que es pre-
cisamente después de la Anacephaleosis cuando los godos comienzan
a figurar ampliamente otra vez más en la literatura castellana 24• Ni ob-
serva el destacado tono apologético de la obra de Alfonso, de que ca-
rece la de Ximénez de Rada. De hecho, el comentario de Alfonso
sobre el pasado histórico se propone como fin, en gran parte, robus-
tecer algunos de los puntos más débiles de la tesis de la antigüedad
goda de la casa real.
El resumen de la historia goda antes de su colonización de Es-
paña está hecho en términos altamente elogiosos. La fundación de la
casa reinante es anterior a los tiempos de Hércules, y sus conquistas
subsiguientes están concebidas como extendiéndose sobre la mayor
parte de Asia y África. Pero su mayor triunfo fue la toma de Roma.
La devastación de Italia tanto como la separación de España del Im-
perio son tópicos que vienen a constituir una parte integrante de la

Rodrigo muestra que las "Historiae vulgari sermone conscriptae", que cita
en la p. 266, deben haber sido una versión de la Crónica de I 344,; cfr. ed.
Lindley Cintra, 11, p. 297.
24 A. Maravall, Bl concepto de Bspaña en la Bdad Media (Madrid,
1954), espec. el capítulo titulado "La tradición de la herencia goda".

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...... L....::-L -

La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 69


historia de Castilla 25• Éstas son pruebas de la superioridad de los
godos que, después de este despliegue de destreza militar, son capa-
ces de asentarse y practicar las artes de una manera civilizada como
los romanos. Alfonso llega hasta omitir los ataques más violentos de
Ximénez de Rada a su arrianismo. Ya en su discurso sobre la prece-
dencia había expuesto que los godos nunca fueron, como raza, he-
rejes, y habla únicamente de "algunos enf eccionados de la heregia
arriana" (p. 537). Un punto más delicado era la política de la con-
versión forzada de los judíos, también criticada por Ximénez, pero
Alfonso se niega a añadir, como la Historia Gothica, que Sisebuto, un
célebre perseguidor de Israel, fue "vir sapiens et nimium literaturae
deditus" (p. 261).
Sigue la teoría corriente de que la invasión árabe tuvo carácter
~e castigo a un reino que vino a ser decadente, aunque se cuida de
dejar perfectamente claro que Rodrigo, aun siendo el último rey de
los godos, no fue el último miembro de la línea. El mismo día que
Rodrigo fue asesinado, alega, Pelayo le sucedió por dispensación di-
vina. "Ne tamen interruptionem ponamus, congruenter dici potest,
quod ex eo die que Rodericum infoeliciter regnum amisit, Pelagium,
nutu divino in regno foeliciter subrogatum putemus" (p. 268), y el
blasón que llevó fue el de León. Insiste también en que el abandono
del nombre de godo es de poca importancia al lado del mantenimiento
de la línea real. "Nam licet Hispaniae reges a rege illo [Pelayo] des-
cenderant, titulum tamen Gothicum dimiserunt, aliis regiis titulis sunt
insigniti" (p. 268). Paso a paso traza la línea de descendencia desde
Pelayo a los reyes de Asturias, León y Castilla, y su extensión a otros

25 Cfr. Sánchez de Arévalo, Líber de origine et de differentia princi-


patus Imperialis et Regalis (Roma, 1521), p. 54. Rodríguez de Almela des-
cribe la invasión goda de Italia en los términos siguientes: ''Tomaron a Ytalia
e destruieron gran parte della; la gran ciudad de Roma entraron e toma-
ron por fuer~, e la touieron e señorearon tres dias e destruieron algunos
delos beneficios della, señalladamente el coliseo que era un famo[so] hede-
fi~o; enlo que del quedo por desfazer e derribar paresce en el hoy en dia
muchos señales en las junturas de las piedras e paredes del que oy dia pa-
re~en que los godos fizieron quando tomaron a Rroma en señal de vitoria
e vencimiento". Compendio historial, MS cit., f. 61r. También Enríquez del
Castillo, prefacio a la Crónica de Enrique IV, ed. BAB, LXX, p. 99.

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70 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

reinos peninsulares, con el evidente propósito de demostrar, como lo


hizo en un discurso anterior, que el rey de Castilla "non ssolamente
desciendede los reyes de los godos e de las cassas de castilla e leon,
mas avn de linage de todos los reyes de España. E antes mas propia-
mente fablando, los reyes de España descienden de ssu casa" (p. 211).
El mismo asunto, nos dice Rodríguez de Almela, constituyó el tema
del sermón de Alfonso en el entierro de Juan Il 26•
Pero lo que más claramente distingue la Anacephaleosisde la
Historia Gothica es la falta de atención a otros relatos peninsulares.
Donde Ximénez hace preceder al reino de Sancho el Mayor de Na-
varra unas cuantas observaciones sobre sus antecedentes, Alfonso se
ocupa más bien de mostrar cómo Castilla fue elevada a categoría de
reino y la historia de su independencia virtual de León desde los
tiempos de Ordoño 11 (p. 276). Afirma que la separación de León de
Castilla, hecha por Alfonso VII, desagradó sumamente a sus súbdi-
tos, mientras que fue la mano de Dios la que los reunió bajo Fer-
nando 111 (p. 282). Es este monarca, naturalmente, el que ejemplifica
todo lo que ha de ser un rey castellano. La historia subsiguiente está
ideada sobre lineas menos controvertidas. Llegando a tiempos más
recientes, da un relato muy simplificado de la guerra civil en el rei-
nado de Pedro I, concluyendo con una declaración un tanto dudosa:
que la muerte de Pedro puso término a la contienda interna y que
la subida al trono de Enrique II fue universalmente bien acogida.
Sus propias opiniones políticas refléjanse en los acontecimientos que
selecciona del reinado de Juan 11. Atribuye la discordia de estos años
a Enrique, Maestre de Santiago, y a su hermano Juan de Navarra,
y aunque recuerda detalladamente la ejecución de Don Álvaro como
amonestación para todos los que confían en la Fortuna, es significa-
tivo que no pueda interpretarse ninguna de sus declaraciones como
condena de Don Álvaro ni como justificación de Juan 11 (p. 288).
Comparando la Anacephaleosiscon la historiografía del siglo XIV
y de la primera mitad del xv, se observará que los historiadores cas-
tellanos de esa época ignoraban o no estaban dispuestos a escnbir
en laún. Su formación era limitada, leían a los clásicos en traduccio-

26 MS cit., f. tv.

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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 71


nes, si es que los leían, y su horizonte cultural estaba limitado por
la Meseta. Alfonso, sin embargo, perteneda a una clase distinta, por
cuanto había salido al extranjero y había tenido la oportunidad de
trabar diálogo y correspondencia con algunos de los hombres más
eruditos de su tiempo. Sin embargo, aun siendo esto así, es dudoso
que se pueda encontrar vestigio alguno de influencia extranjera en su
obra histórica. La inspiración de escribir sobre la historia de Castilla
en latín puede haberse debido ciertamente, en parte, a ignorancia o
a malas interpretaciones que encontró en Basilea o en algún otro
lugar, pero el modelo al que más debe es al historiatorpontifex Rode-
ricus n. De tal suerte que no se debe sobrevalorar su empleo del
latín como influencia de la doctrina humanista. Es verdad que Poggio
Bracciolini le escribió pidiéndole ayuda en la investigación de códices
clásicos en el monasterio de Alcoba'ra (1441) y que estuvo en corres-
pondencia con Piero Candido Decembrio. Además, fue el primero en
establecer correspondencia con Leonardo Bruni y recomendarlo a
Juan 11, pero los términos del debate sobre la traducción hecha por
Bruni de Aristóteles revelan un anticiceronianismo que no es carac-
terístico del primitivo humanismo 28• Ningún humanista italiano del
siglo xv pudo haber escrito : "Desplázeme quando veo tender [la
elocuencia] a aquel estillo antiguo, gentil e pagano e con grande stillo
ynquerir aquellas oraciones e viejos tractados que fizieron los grie-
gos e aun los romanos ante que la santa fee rres~ibiesen, e arrédrase
de la suave e sana eloquencia de los santos doctores que agora nom-
bré, e de otros muchos que los siguieron, mesclando en sus fablas e
scripturas actorizables dichos del canon muy sacro" 29•

r, Ana., p. 267; Allegationes, f. 45v.


28 Poggio Bracciolini, Epistolae, ed. T. Tonelli (Florencia, 1832-61), 11,
páginas 236-238; también, A. Soria, Los humanistas de la corte de Al/ onso
el Magnánimo (Granada, 1956), p. 223; V. Zaccaria, ''P. C. Decembrio,
traduttore della Republica di Platone", Ital. med. et um., 11 (1959), pp. 179-
206; los manuscritos de las cartas están catalogados por P. Kristeller, Iter
Italicum, I, pp. 205, 245, 326, 327. Sobre Bruni, cfr. Birkenmaier, op. cit.
Bruni no tenía una opinión elevada de la erudición clásica de Alfonso, cfr.
Bpistolae, ed. Mehus (Venecia, 1741), p. 88.
29 Oracional, cit. López Estrada, "La retórica en las Generaciones y
Semblanzas de Femán Pérez de Guzmán", RFB, XXX, p. 345.

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La "Anacephaleosis" de Alfonso García de Santa María 73
su teoría original, una modificación importante para el futuro desarro-
llo del tema. ¿No es algo extraordinario, pregunta, que esos godos
que se quedaron en casa reclamen ser superiores a los que la dejaron?
La reputación de los visigodos no proviene de su propia tierra, sino
de sus hazañas en los países que conquistaron, y esto implica que los
godos no exaltaron a España por el mero hecho de su presencia; por
el contrario, la conquista de este país los ennobleció (Ana., p. 254).
De esta suerte, más allá de la necesidad inmediata de probar la su-
perioridad de Castilla, emerge no sólo un interés nuevo por el pasado
histórico de España 33, sino también un concepto más transcendental
de la misma Hispania que, en historias posteriores de la misma tra-
dición, iba a obtener validez independientemente de las razones polí-
ticas que le dieron a luz.
en la p. 273, n. 3. Es interesante notar que la reivindicación de la antigüe-
dad del reino de Suecia se formula literariamente en Basilea, desarrollándose
como fuerte tema nacional en el siguiente siglo bajo la pluma de Johannes
Magnus. Los discursos de Ragvaldi circularon ampliamente en forma de
hojas sueltas. Cfr. M. Roberts, Gustavus Adolphus (London, 1953), p. 509.
33 En el extranjero, los discursos de Alfonso llevaron a Eneas Silvio a
hacer un extracto de la Historia Gothorum de Jordanus, que dedicó a Car-
vajal, uno de los cardenales castellanos presentes en Basilea. La dedicatoria
contiene un memorándum del debate. Cfr. Sylvius, Hist. Goth., cap. 1, en
Biga LibTorum Rariorum, ed. A. R. D. Raymundus Duellius (Frankfurt-
Leipzig, 1730).

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.....
72 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
La Anacephaleosises sobre todo una apología de la función rec-
tora de Castilla en los asuntos peninsulares basada en una interpre-
tación de la Historia Gothica. Según la opinión del autor, la supre-
macía política de Castilla no era solamente un hecho histórico, sino
también una parte del plan divino. La continuidad de la fe cristiana
desde la conversión de la Península no había sido rota por el arria-
nismo godo. Se identifica a Castilla con el poder que había de forjar
el futuro destino de España en virtud de sus especiales obligaciones
históricas y de su contribución a la Reconquista 30• La ascensión de
Castilla es el resultado de una intervención sobrenatural, como lo es
su unión con León bajo Femando 111. La historia termina con una
ferviente oración a Dios, en calidad de Señor de los ejércitos del An-
tiguo Testamento, para que preste su ayuda a la expansión de Castilla
bajo el estandarte d~ la Santa Cruz 31• Como bien se verá más tarde,
no es Alfonso el único que mantiene estas opiniones.
Hay un último punto. La reivindicación de la antigüedad goda
suscitaba más problemas que lo que a primera vista parecía. En Ba-
silea, el Obispo Vaxjo, Ragvaldi de nombre, representante del Rey
de Dinamarca, Suecia y Noruega, destaca la reivindicación pedecta-
mente justificable de que no hay casa reinante que pueda hacerse
descender más directamente de los godos que la que gobernaba en su
país de origen 32• Esto obligó a Alfonso a modificar la simplicidad de

30 El que Castilla hubiese combatido en una guerra santa contra los


infieles desde la invasión mora, y que continuase haciéndolo así, prestaba
ayuda adicional a la reivindicación castellana de precedencia. Cfr. el dis-
curso sobre la precedencia.
31 Ana., p. 290. Lucena cita a Alfonso diciendo en la Vita Beata: "Que
fama de vasallos, que corona de Spaña, sy el clero, religiosos y sin regla,
fuessen contra Granada, y los cavalleros con el rey erumpiessen en Africa"
(ed. Bertini, Torino, 1950, pp. 148-9). En una carta a Juan de Córdoba. un (
jurista, impresa al final de su Tractado... de las batallas campales (Murcia,
1487), Rodríguez de Almela observa que Alfonso babia dicho en el Duode-
nario, "que si pluguiese a la divina potencia que si en sus tiempos se con-
quistase y tomase por los christianos el regno de Granada ... que [el rey]
se llamase e intitulase rey de España, dexando todos los otros títulos que
ponía en su dictado".
32 J. Nordstrom, "Goter och Spanjorer", Lychnos (1944-5), da toda
clase de detalles de la discusión. La declaración del Obispo está copiada

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RODRIGO SÁNCHEZ DE ARÉVALO (1404-1470)
Y SU COMPENDIOSA HISTORIA HISPANICA

La razón por la que Sánchez de Arévalo nunca ha figurado de


manera destacada en la historia cultural de Castilla es que, como otros
clérigos contemporáneos y compañeros suyos, Carvajal, Torquemada
y Juan de Mella, pasó los años más activos de su vida en Italia al
servicio del Vaticano, y sus numerosos tratados se ocupan de los pro-
blemas específicos de la época conciliar o de los principios morales
generales de la fe cristiana 1• Su lengua literaria fue normalmente el
latín: escribió raras veces en lengua vernácula, mucho menos que Al-
fonso García ; sus dos pequeñas obras en castellano fueron escritas
por los años cincuenta del siglo xv, antes de haber fijado su residen-
cia permanente en Roma. Sin embargo, mientras los cardenales que
he mencionado no dejan traslucir en ninguno de sus escritos su ori-
gen castellano, Arévalo fue siempre un expatriado nostálgico, impedi-
do de atender a las ocupaciones diocesanas por asuntos más urgentes
de Roma. Su visión histórica de Castilla se debe en gran parte a
una ausencia que, como él aseguró a su amigo franciscano Alonso de
Palenzuela, fue obligatoria. Si hubiese escrito la Compendiosa His-

1 Noticias sobre su vida en T. Toni, "Don Rodrigo Smchez de Aré-


valo", Anuario de historia del derecho español, XII (1935), pp. 97-360;
R. H. Trame, R. Sánches de Arévalo, Spanish Diplomat and Champion o/
the Papacy (Washington, 1958), y "La carriere d'un diplomate espagnol au
xve siecle (1435-1470)", Rewe d'Hist. diplomatique, III (1962), pp. 1-28.

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Arévalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 75
toria Hispanica en los palacios episcopales de Oviedo, Palencia o Ca-
lahorra, pienso que habría carecido en gran parte de su hipérbole ca-
racterística. Pero la vida cultural de Roma contribuía también positi-
vamente a la formulación y divulgación de esta historia. Es el pri-
mero entre los historiadores peninsulares que se aprovecha de los
textos recientemente traducidos de los geógrafos griegos, y es el
primer castellano que tuvo más de una obra impresa en vida.
Fue su compatriota Juan de Torquemada quien, siendo abad in
commendam del monasterio benedictino de Subiaco, invitó a los mon-
jes alemanes, Sweynheim y Pannartz, a montar allí una imprenta
hacia 1465. Dos años más tarde se trasladaron a Roma, y en medio
de un desfile impresionante de obras clásicas que salen de su im-
prenta, figura allí el Speculum Vitae Humanae de Arévalo. Es de
suponer que Torquemada perdiese luego interés por la firma, que se
declaró pronto insolvente al depender, como era el caso, del patro-
cinio de la Curia; decidido a imprimir una de sus obras, las Medi-
taciones, puso esta vez sus ojos en la imprenta alemana rival de Ulrich
Hahn 2• Arévalo parece haber seguido sus pasos, ya que fue el mismo
impresor quien publicó, probablemente en 1470, la Compendiosa
Historia Hispanica, que goza así de la doble distinción de ser la pri-
mera historia importante de España desde la Historia Gothica de Xi-
méncz de Rada y la primera historia de España de cualquier tipo
que se imprimió, unos veinte años antes de la aparición del incunable
De Laudibus Hispaniae Libri VII de Lucio Marineo Sículo. No fue
reeditada hasta que Sancho Nebrija hizo una colección de las histo-
rias latinas de España, en 1545, en la que ocupó un lugar al lado de
las obras de Ximénez de Rada, Alfonso Garda y Juan Margarit.
Arévalo fue un escritor extremadamente rápido y prolífico, capaz
de lanzar un opúsculo bien documentado en pleno vuelo polémico.
Como espero mostrar, su historia recogió el ideario de un hombre al
que estuvo unido desde los primeros años de su madurez Alfonso
Garda de Santa María, el Obispo converso de Burgos. Cuando no
estaba en el extranjero, residía habitualmente en esta ciudad, y en
ocasiones actuó como vicario general del Obispo. Tanto Toni como

2 V. S. Scholderer, Printers and Readns in Italy in ths Fiftemth Cm-


ha)' (London, 1949), p. 3.

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76 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

Serrano dan a entender que hubo una gran intimidad entre los dos 3,
y, aunque esto es una hipótesis muy justificable, es curioso, sin em-
bargo, que Arévalo no mencione su nombre en sus escritos más que
una o dos veces. Entró temprano en círculos cortesanos, bien por in-
fluencia de Alfonso Garda, o porque, como B. hace constar, su for-
mación fue sufragada por la madre de Juan II de Castilla 4• Es más
que posible, sin embargo, que su presencia entre los delegados de
Castilla al Concilio de Basilca entre 1433 y 1438 pueda deberse al
Obispo de Burgos. Aunque las primeras intervenciones registradas
de Arévalo en el Concilio muestran su tendencia hacia el bando con-
ciliar, la presión de la política internacional y eclesiástica, que llevó
al Concilio a amenazar la supremada papal, forzó a la legación cas-
tellana a abandonar su benevolente neutralismo por una oposición
abierta, retirándose los enviados de la asamblea en 1439. Arévalo,
premiado por sus servicios con una canonjía en el cabildo de Bur-
gos (diciembre, 1439), se embarcó en una carrera diplomática que
comenzó con una serie de misiones destinadas a distanciar a Fede-
rico 111, Carlos VII, Alfonso V y Filippo Maria Visconti del Con-
cilio de Basilea y del Anti-papa, política que dio sus frutos un año
o algo así más tarde con el cambio de intención de Alfonso y Filippo
Maria después de los éxitos del primero en el reino de Nápoles. Hay
todavía algún desacuerdo sobre las fechas y las consecuencias de sus
diversas visitas a las cortes europeas; Trame, su último biógrafo, se
inclina a creer que comenzó visitando a Federico en Viena, luego
Francia, Florencia, posiblemente Nápoles y después Milán. Durante
3 Cfr. L. Serrano, Los cont1ersos don Pablo de Santa Maria y don Alfon-
so de Cartagena (Madrid, 1942). Pelzer registra en Codices Vaticani Latini,
vol. 11, un códice del siglo xv, MS 1018, como llevado por Arévalo de Bur-
gos a Roma. Contiene dos discursos de Demóstenes y el pseudo-Esquines
traducido por Leonardo Bruni al latín. Ahora bien, cuando Alfonso de Car-
tagena estuvo en Portugal en 1422, unos estudiantes portugueses de leyes,
que habían regresado de Bolonia, mostráronle traducciones hechas por Bruni
de esos mismos dos autores. Como las traducciones hechas por Bruni del
griego eran raras en España, según lo que sabemos, antes del año 1450, pa-
rece más que probable que la iniciación de Arévalo en las obras del hu-
manista florentino fue por medio de Alfonso García. Cfr. Birkenmaier, art.
cit. en n. 13, pp. 138-9.
4 Compendiosa Historia Hispanica, en Hisp. Illusw., I, p. 233.

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-------- .... ···•· ·

Arévalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 77


estos arduos viajes Arévalo escribió y habló sin parar, entrando en
contacto con muchas figuras destacadas de la época, como Nicolás de
Cusa y Eneas Silvio. Después de un corto plazo de actividad admi-
nistrativa y política en Burgos, en su mayor parte en compañía de
Alfonso García, partió para Roma en 1448, posiblemente, como Toni
sugiere, para exponer los planes de Juan II de una campaña contra
Granada. Allí aparece como cubicularius de Nicolás V, por cuyo en-
cargo visitó a Felipe de Borgoña, regresando a Roma y luego a Burgos
de nuevo en 1450. En 1454 estuvo otra vez en Francia, esta vez en
la corte de Carlos VII, con motivo de una disputa de fronteras; du-
rante esta estancia tuvo noticias de la muerte de su soberano, Juan 11
de Castilla.
Al comenzar el reinado de su sucesor, Enrique IV, Arévalo había
reunido ya una biblioteca importante 5 y escrito diversos tratados
cortos sobre temas muy variados. La mayor parte de estos versan
sobre problemas conciliares, De Remediis Schismatis, Contra tres Pro-
positiones Concilii Basiliensis,y en ellos anticipa las doctrinas de Tor-
quemada sobre la constitución monárquica de la Iglesia, el derecho
exclusivo del Papa a convocar un concilio cuando lo considere con-
veniente y la herejía de permanecer neutral vis-a-'Disdel cisma exis-
tente. Sus remedios para acabar con el cisma son represivos y vio-
lentos: a saber, encarcelamiento y confiscación de bienes de los ene-
migos herejes. Había tomado temprano su decisión, y nunca la cambió,
como se puede ver por sus últimos escritos. El Vergel de los prínci-
pes, su primera obra en lengua vernácula en la tradición de De re-
gimine principum, dedicada a Enrique IV, exige atención porque in-
cluye temas y posiciones desarrolladas de manera más completa en
su historia de España. Manifiesta una fuerte desaprobación de los
feudos entre los nobles, de su conducta relajada y anti-militar, y de
la tregua reciente con los moros. Ocupación propia del monarca es
"mudar la paz deshonesta en justa discordia e guerra loable" y pr~
mover la conquista de las provincias del Norte de África, herencia

5 Cfr. la introducción a su tratado de educación, De arte, disciplina...


enuliendi /ilios (hacia 1453), ed. Keniston, BHi, XXII (1930), p. 203.

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78 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
legal de un descendiente de la monarquía visigoda 6• El primer tema,
tan característico de su temperamento, se amplia en el último diálogo
de De Pace et Bello, en el que expone la aprobación divina de la
guerra y las virtudes que engendra, así como la desaprobación de la
calidad viciosa de la paz tal como la conocemos en la tierra. La beli-
gerancia de su tratado va acompañada de una valoración sombría de
la naturaleza humana y está provocada por circunstancias similares a
las mencionadas en la dedicatoria del primero, es decir, la conclu-
sión de un tratado de paz general en Italia bajo los auspicios de
Paulo 117• Para Arévalo no hay respiro en la lucha contra la obra in-
sidiosa del maligno y contra el peligro de la herejía. Las consecuen-
cias de la paz, un vivir sofisticado y ocioso, contienen las semiUas de
la auto-destrucción del hombre.
Desde finales de los años cincuenta hasta su muerte en 1470, Aré-
valo vivió casi constantemente en Roma, pasando a ser sucesivamente
Obispo de Oviedo, Zamora, Calahorra y Palencia, ninguna de cuyas
diócesis pudo honrar con su presencia. El cargo que lo retuvo en
Italia fue el de referendariusde Paulo 11 (una especie de secretario par-
ticular) y alcaide de la fortaleza papal de Sant' Angelo. Durante esta
época de relativo ocio trabó la mayor parte de sus amistades y com-
puso la mayor parte de sus escritos, que reflejan a su vez los mayores
acontecimientos de estos años. Las dos situaciones cruciales apareci-
das entre los años cincuenta y sesenta fueron la creciente amenaza
turca desde l453 y la lucha religiosa en Bohemia. Ambas favorecie-
ron las demandas imperial y papal de una paz general en el Oeste
de Europa y particularmente en Italia, pero tales ruegos encontraron
normalmente débil eco en aquellos poderes que, como Francia, em-
plearon la amenaza de adhesión al Concilio para obtener concesiones.
Arévalo redactó sus principales argumentos contra los sostenedores
del movimiento conciliar en repetidos tratados y opúsculos, de los
cuales los más importantes son De remediis afflictae ecclesiae y De
septem quaestionibus. Juntamente con De origine ac differentia prin-

6Vergel de los princip,s (1456-7), ed. Fr. de Uhag6n (Madrid, 1900),


página 7.
7 De Pace et Bello (1468), ed. T. A. Vairani, en Cremonensium monu-
menta Romae extantia (Roma, 1778), I.

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AréfJaloy su "Compendiosa Historia Hispanica" 79
cipatus imperialis et regalis, conocido también como De monarchia
orbis, dedicado a Rodrigo Borgia, estas obras presentan una visión
extremista de la omnipotencia papal tanto en la esfera temporal como
en la espiritual. No puede dudarse que la voz de Arévalo no fue la
de un teólogo cualquiera de su tiempo, sino una voz que el Papa
Paulo II había alentado y favorecido, como puede verse por la rá-
pida serie de ascensos con que fue favorecido a partir de 1464.
Murió en septiembre u octubre de 1470, en Roma, poco después
de la caída de Negroponte en manos de los turcos. Los efectos de
este rápido avance del Islam, una anticipación de su posterior ataque
en tierra firme italiana, están registrados en una carta de condolencia
al anciano cardenal griego Bessarion, en la que le pide que sufra en
silencio y se someta a los designios ocultos de la Providencia. Esta
experiencia personal, esta fe inamovible en las virtudes salvadoras de
la guerra justa, tal como se mantenía en España contra los musul-
manes, esta convicción de que la monarquía, papal y real, es la única
institución temporal que habrá de preservar a la sociedad de la anar-
quía y obligar a la humanidad a obedecer a la ley divina, todas estas
ideas constituyen el fondo general de la Compendiosa Historia His-
panica, pero no explican por sí mismas por qué emprendió la tarea
de escribir esta historia extensa de su propio país mientras residía
en Roma.

11

En el ensayo anterior he señalado el significado de las experien-


cias de Alfonso Garda de Santa María en Basilea para la composi-
ción de su obra histórica, la Anacephaleosis8• En términos generales,
las circunstancias que originaron esta crónica son semejantes a las
que dieron origen a la Compendiosa Historia Hispanica9• Ambos au-
tores fueron representantes de su nación en el extranjero. Ambos
8 Cfr. pp. 55-73.
9 Para una descripción de los MSS de la Compendiosa, cfr. Menéndez
Pidal, Crónicas generales de España (Madrid, 1918), pp. 175-8; Cirot, BHi,
XVI (1912), pp. 34-5. En último término son todos ellos copias del incu-
nable impreso en Roma por Ulrich Hahn, hacia 1470; cfr. Palau, Manual ...

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80 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

habían encontrado en Basilea y Roma una profunda ignorancia de


su país, que les había punzado e irritado. No aparece esto en la in-
troducción a la Anacephaleosis,añadida mucho después de haber sido
compuesta, pero se expresa no solamente en el título, sino también en
el tono abiertamente polémico de la dedicatoria de Arévalo al mo-
narca reinante de Castilla, Enrique IV. Su argumento está elaborado
a base de una comparación clásica. Salustio había alegado que los
griegos debían su fama al arte de sus historiadores más que a sus
propios méritos, mientras que entre los romanos, "ingenium nemo
sine corpore exercebat". Arévalo transpone esto al contexto de la his-
toria española, mostrando que apoyaba el conocido tópico (bastan-
te extendido en este tiempo) de que sus conciudadanos consumían
también menos tiempo escribiendo que actuando 10• Pero va más allá
todavía, sugiriendo que la fama de los persas, griegos y ciertamente
de los romanos puede ser una exageración piadosa. Hay muchos,
añade, que se desinteresan o ignoran deliberadamente la geografía, las
razas, la religión, las costumbres y las hazañas militares de los es-
pañoles. Sostienen otros que poco puede haber interesante en un país
tan lejano. No menciona por su nombre a estos críticos, pero el giro
de la frase recuerda una discusión de unas décadas antes.
Sus insinuaciones pueden comprenderse fácilmente a la vista del
célebre debate (por los años cuarenta) entre el erudito italiano Leo-
nardo Bruni y Alfonso Garda sobre la traducción hecha por el pri-
mero de Aristóteles 11• El punto principal del debate centrábase en la
defensa del Obispo de Burgos de la traducción anterior de Williarn

(Barcelona, 1926), VI, p. 307. La referencia a una copia impresa por Sweyn-
heim y Pannartz en Roma, 1468, en Simón Díaz, Bibliogr., 111, item 569<>,
tiene que ser un error. Las referencias a ambas, la Anacephaleosis y la Com-
pendiosa Historia Hispanica (en adelante abreviada: Compendiosa) serán
tomadas de Hisp. Illustr., l.
10 Cfr. los comentarios de M. R. Lida, La idea de la fama en la Edad
Media castellana (México, 1952), p. 272, n. 106. Puede hallarse otra refe-
rencia en el prólogo a la versión castellana de De Bello ltalico de Leonar-
do Bruni: "los españoles en el escrevir o rrelatar fueron perezosos o ne-
gligentes. Ca por la mayor parte mas se ayudaron de los puños que de los
pulgares e mas usaron de obras que no de palabras". MS 7562, sin foliar,
Bibl. Nac. de Madrid.
u Para los detalles del debate, cfr. A. Birkenmaier, op. cit.

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Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 81


de Moerbeke,pero en algunas ocasiones salieron a la superficie anta-
gonismos de fondo. Alfonso García había excusado la falta de erudi-
ción de España en casi los mismos términos que Arévalo, a quien re-
plicaba Bruni quisquillosamente dirigiéndose a su amigo: "lliud etiam
leve, quod Italicos statim calamum arripere, inquit, quod otiosi sunt.
Hispanos vero, quod regia cura sint occupati, calamo vacare non posse.
Quasi vero Itali non Cwiam habeant Romanam multo certe majorem
quam sit regia, et infinitas publicarum privatarumque rerum occupa-
tiones. Nec sane consentaneum est ut in extremo mundi angulo plus
humanarum occupationum sit quam in medio".
Estas últimas observaciones pueden haber enojado a Alfonso Gar-
cía, ya que en una carta posterior escribe Bruni que aquél le ha-
bía reprochado sus comentarios acerca de España, situada en "ex-
tremo mundi angulo... asserit enim mundum non habere angulos ac
me redarguit quasi geometriae ignarum", y cuando el español le acusa
de ignorar la historia y geografía de España, añade sucintamente:
"Alphonsus autem noster ... nimio patriae detinetur amore; itaque
magnam putat quae exigua est". Así, mientras se coloca a Italia en
el centro de Europa, España es relegada al margen. El eco literal de
estas observaciones en la dedicatoria de la Compendiosa da una visión
bastante clara de las causas inmediatas de su composición y revela al
mismo tiempo la comunidad de espíritu entre los dos castellanos 12•
El fin principal de Arévalo es, por lo tanto, oponerse a las concep-
ciones erróneas corrientes continuando la obra histórica de Isidoro,
Lucas de Túy y Ximénez de Rada hasta el tiempo de Enrique IV,
y escogiendo como fuentes a los clásicos que eran respetados por
todos, y, en la medida de lo posible, a aquellos que escribieron con
datos de primera mano, entre los cuales se encuentra él mismo.
Es claro, por el sumario de la historia que se da en la conclusión
de la dedicatoria, que ha adoptado el modelo tradicional de la His-

12 La frase de Arévalo es : "Nonnulli bonarum artium ac rerum inex-


perti, quod in angulo mundi (ut aiunt) Hispania sita esse videatur, conten-
dunt quod in angulo mundi (ut eorum verbis utar) ab orbis gloria aliena
videatur". Compendiosa, p. 121; Bruni, Epistolae, ed. Mehus (Venecia, 1741),
11, p. 83; Birkenmaier, pp. 198-9. La frase "in mundi angulo posita" se
aplica tradicionalmente a Inglaterra, cfr. Greg., Epist., VIII, p. 29 : "gens
Anglorum in mundi angulo posita".
HISTORIOGRAFÍAPBN., 6

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82 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
toria Gothica de Ximénez de Rada. Se divide en cuatro partes. Las
partes II y m son una elaboración de esta obra, y abarcan desde la
llegada de los visigodos a España hasta el reinado de Femando 111,
en el siglo XIII. La parte IV comienza donde termina la Historia Go-
thica y continúa hasta la época del autor. El título podría llevar a uno
a creer que la Compendiosa abarca la historia de todos los reinos
peninsulares, pero el eje de la narración se halla localizado claramente
en Castilla y hay pocos datos adicionales sobre otros reinos más allá
de los suministrados por la Historia Gothica, en la que únicamente
se describen con detalle sus orígenes. La parte I es, con mucho, la
sección más personal y la menos verdaderamente histórica, siendo por
muchas razones la más reveladora de las tendencias del pensamiento
contemporáneo. Interesante por la variedad de fuentes empleadas y
por las tesis discutibles presentadas, anticipa la sustancia de toda la
obra y puede muy bien describirse como una fusión de la tradicional
Laus Hispaniae con detalles geográficos suministrados por la erudi-
ción humanista reciente. De ella emerge el retrato moral del homo
hispanicus, un antepasado lejano del castellano "esencial" evocado
por Unamuno, Ganivet y Menéndez Pidal a finales del siglo XIX y
comienzos del xx.
La Laus Hispaniae tenía un lugar tradicional en las historias más
antiguas, pero más allá del famoso elogio de Trogo Pompeyo, em-
pleado corrientemente desde los tiempos de Isidoro, había poco que
pudiese provocar el interés del lector informado de la Italia del si-
glo xv. Un De Excellentia Hispaniae precedía al Chronicon Mundi
de Lucas de Túy, siglo XIII, en el que se fundamentan las ventajas
de la Península sobre datos hagiográficos; las pocas líneas consagra-
das a la toponimia y a los productos naturales están sacadas de fuen-
tes escriturarias. La Commendatio Hispaniae de la Historia Gothica
sigue la misma tradición, pero con un cambio de acento, ya que en
lugar de servir como introducción, se coloca inmediatamente después
de la invasión de los moros y lamenta la pérdida de un paraíso te-
rrestre en manos del invasor herético. La idea de que los godos vinie-
ron a España a causa de sus abundantes riquezas ha sobrevivido desde
Isidoro, pero está subordinada aquí a una homilía sobre la distri-
bución de los dones de Dios a lo largo del mundo y la consiguiente

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&_ UNW D •

Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica"


obligación de sus habitantes de rendirle homenaje. La Primera Cró-
nica General alfonsina, que imita el plan de la Historia Gothica, in-
cluye también una "Loor de Espanna" en el mismo lugar, pero en
ambos casos la finalidad del pasaje no permite una descripción más
detallada de la Península, ni en los tiempos antiguos ni en los con-
temporáneos.
Arévalo es a todas luces sensible a la posible crítica de no haber
empleado más que fuentes españolas, y por esta razón modifica en
parte la tradición historiográfica. Para Alfonso García, su predecesor
inmediato, la información de Ximénez de Rada era todavía satisfac-
toria. Es verdad que menciona el "antiquitatis abyssus", pero hace
poco o nada para tender un puente sobre él, ya que la única fuente
distinta de su obra es la Crónica de 1344 en lengua vernácula. En
Arévalo pesan fuertemente otras consideraciones13• España figuraba
ampliamente en las obras cosmográficas de los antiguos, de manera
mucho más destacada que en sus equivalentes medievales, y lo que
es quizá más importante de todo, con ello se abre la oportunidad de
ampliar una teoría ari&iotélicaque se acomodaba bien a su propósito
básico, es decir, que los factores geográficos son importantes para
formar el temperamento moral. Como fuentes menciona a Estrabón,
Ptolomeo, Mela, Plinio, Justino (que resumió a Trogo Pompeyo) y
Solino. Es ~a bibliografía más imponente que la que hasta enton-
ces se había reunido, pero la impresión inicial es desorientadora. No
se puede hallar en el texto vestigio alguno de referencia especifica a
Plinio, hay una referencia casual a Solino y no hay citas textuales de
Ptolomeo o Mela. A Justino, sin embargo, se le cita repetidas veces.
Más significativa es la aparición en la historia española, por vez pri-
mera, de los nombres de Heródoto, Polibio y Estrabón, tres textos
traducidos recientemente al latín por Valla, Perotti y Guarino, y em-
pleados por Eneas Silvio en su historia, sin terminar, de Europa y la
cosmografía del mundo. Así, en lugar de un corto capítulo como en
la Anacephaleosis,Arévalo consagra seis a los diversos aspectos de la
topografía y de la geografía histórica española. El elogio de Isidoro

13 "Verum ne domesticae laudes ab Hispano viro allatae, Hispaniae glo-


riam minuant, dabunt fidem historiae rebusque enarrandis viri sapientes a
saeculo famosi, praccipue Strabo etc.". Compendiosa, p. 122.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

y de Ximénez de Rada se ha desarrollado ahora en forma de examen


relativamente detallado de la Península, basado no solamente en los
geógrafos clásicos, sino también en sus observaciones personales 14•
Los puntos tratados recorren desde el dima, con un comentario a
base de datos simpáticos de Estrabón, Justino y Paladio Rutilo, hasta
la fertilidad del suelo y sus productos naturales. A esto añade un co-
mentario contemporáneo sobre el floreciente negocio de vinos de Es-
paña con Flandes, Inglaterra y Escocia, y sobre la abundancia de
plantaciones de olivo, el curtido y curación de pieles y la pesca de
atún en las costas meridionales. Pero no es la riqueza agrícola del país
lo que absorbe su atención. Saca de Estrabón y Justino desaipciones
de la explotación de metales, hierro, plomo y particularmente plata
y oro, a lo que añade su experiencia personal. Nos asegura que era
tal la extensión minada que las excavaciones, grandes como montañas,
habían permanecido hasta aquellos días. El trabajo había declinado
en su mayor parte, no por haber descendido la demanda, sino por
haberse perdido la habilidad para localizar los depósitos. Sin embar-
go, continúa todavía la explotación de la superficie, y habla de hom-
bres y mujeres examinando cuidadosamente las arenas del Tajo en
el crepúsculo o de felices hallazgos hechos por los labradores en los
campos. Además de esto hay grandes minas de mercurio y toda una
serie de productos químicos de utilidad para los alquimistas (pp. x24-5).
La descripción topográfica es corta y está basada en Justino, Mela
y Estrabón. Además de la perspectiva histórica, puesta de manifiesto
por la comparación de las divisiones clásicas de España con los reinos
modernos, añade dos observaciones por su cuenta, movido acaso por
las observaciones de Bruni mencionadas antes. En primer lugar, los
cosmógrafos clásicos comienzan sus obras con España, ya que la Pen-
ínsula se halla, por así decir, a la entrada del mundo, y, en segundo
lugar, la Providencia había colocado los Pirineos a lo largo de su 1

única frontera terrestre, dificultando su invasión (p. 127). Expone


muchas opiniones personales sobre sus habitantes y sus costumbres,
comparándolos, como Estrabón, con la tierra en que viven. Pero, a
diferencia del griego, que distingue las tribus empobrecidas y pen-

14 "Hispaniarum oras, littoraque et angulos a mari usque ad mare, sc-


riose ac personaliter peragravi atque conspexi". Compendiosa, p. 122.

- 1

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Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica"

dencieras de la mayor parte de la Península de los núcleos de vida


más civilizada, traza un cuadro sintético enteramente favorable de
una comunidad físicamente robusta, sobria y amante de la hoertad,
opuesta a todos los invasores.

Ill

Aunque la Compendiosa sigue el modelo marcado por su fuente


principal, la Historia Gothica, insertando juiciosamente otros materia-
les tanto latinos como romances (y posiblemente tradiciones orales),
está construida para servir a dos propósitos a un tiempo. Por un lado,
expone una doctrina de organización política y arte de gobierno, des-
tinada a tener aplicación universal ; por otro, aparecen un cierto nú-
mero de teorías acerca del papel histórico de Castilla, en el que jue-
gan sus papeles respectivos la ética individual y la tradición colectiva.
El comentario interpretativo ejerce frecuentemente una presión tan
fuerte que oscurece el carácter narrativo de la historia, convirtiéndola
en una serie de tratados embrionarios, que echan mano de una eru-
dición más asombrosa por su amplitud que por la propiedad con que
se cita. C-on cierta probabilidad esto se debe a su formación de ca-
nonista, lo que explica que la presentación tiende a ser en general
verbosa y reiterativa, rematada por un cúmulo fastidioso de citas, equi-
valente verbal de la arquitectura plateresca de su país.
Su intención declarada es escoger únicamente las hazañas más
ilustres y asociarlas a los "praeclara ac relatu digna gesta et dicta tam
ex sacra scriptura quam ex annalibus Romanorum priscorum ac Grae-
corum simj]ia exempla... moraliaque documenta et sapientium sen-
tentias, ut qui hanc Hispanicam historiam percurrerit, caeterarum etiam
partium clariora facta legisse laetetur et aliquid ad humanae vitae in-
formationem attigisse videatur" (p. 191).
Es como si el autor hubiese querido cscnbir un Dicta et Pacta
moderno dentro del esquema de una historia de España, en la cual
se pone el acento en los principios políticos, éticos y religiosos de la
monarquía. No es difícil ver por qué tal tema ha llamado su aten-

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86 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
ción. A lo largo de todos los años de su juventud y madurez, la Co-
rona de Castilla, y ciertamente la de Aragón, estuvo pasando un pe-
riodo de aguda crisis que, en ausencia de conflictos externos de mayor
relieve, había mantenido al país en un estado de contienda civil prác-
ticamente permanente. Una serie de largas minorías, de las que la
última y más violentamente agitada fue la de Juan 11, había permi-
tido a las principales familias nobles una libertad de acción no con-
tenida por sentido alguno de lealtad y obediencia a la Corona. m
resultado fue que ésta vino a ser meramente otro elemento más en
la lucha de los nobles por medrar en provecho propio. La unión del
rey con los advenedizos exacerbó la situación, de suerte que durante
el reinado de Juan II, según Pérez ele GuzrnSn,"fueron en Castilla
tantas rebueltas e mouimientos e daños e males e peligros quantas no
ovo en tienpo de reyes pasados por espacio de dozientos años", o,
con las palabras del mismo Arévalo, la nación estuvo "lacrimosa e
mucho turbada por la intertestina discordia de bolli~os domesticos" 15•
El poder real declinó en el reinado de su hijo, decayendo de tal ma-
nera que una facción noble rival presentó su caso al Papa para de-
poner a Enrique y reconocer a su hermano, el Infante Alfonso. Se ha
sugerido que esta tentativa frustrada de lograr la intervención papal
puede haber incitado a Arévalo, que residía en Roma en aquel tiem-
po, a escribir su De monarchia y el tratado De ,egno dividendo. Los
partidarios de Alfonso, recibidos en Roma sin simpatía, sostenían que
el Papa no tenía derecho a legislar sobre este punto. Arévalo se en-
carga de impugnar esta aserción en su De mona,chia con una formu-
lación general de los principios que rigen las relaciones entre Empe-
rador, Rey y Papa 16• En la Compendiosa, sin embargo, Arévalo no
se ocupa tanto de la obediencia del rey a una autoridad más alta
cuanto de las obligaciones mutuas de monarca y subordinados.
En la obra anterior, el Vergel de los príncipes, en la Suma de po-
lítica y en otros tratados menores había consignado sus opiniones sobre

1s Pérez de Guzmán, Generaciones y Semblanzas, ed. Tate, p. 39: 21 ;


Vergel de los principes, p. 7; cfr. también Bpistola sive tractatus ... ad quen-
dam venerand141n religiosum Cartusiensem, Salamanca, Cod., 2-c-4-181, f.
43v-44r.
t6 Trame, pp. 168-70.

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Arhalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 87
el origen y la naturaleza de la monarquía cristiana, empleando argu-
mentos aristotélicos y canónicos. Se esfuerza en señalar la antigüedad
de la institución y la protección divina que se le había dispensado
desde el comienzo. Ve al rey ante todo como jefe militar: "el rey es
cabe~ e fundamento de su Republica, de cuya virtut todos los miem-
bros res~iben influencias virtuosas e cuyos fechos son a su pueblo
necessarios enxiemplos... el primer exercicio e deporte real. .. es el
magnífico fecho de la gloriosa milicia" 17• Vista a la luz del tratado
anterior, De Pace et Bello, donde se concibe a la guerra como ins-
trumento que forja las supremas virtudes cristianas, la Reconquista
es considerada no solamente como una obligación divina, sino tam-
bién como la cuna de las virtudes necesarias para el buen gobierno 18•
Es, por consiguiente, el rey guerrero quien atrae sus hipérboles en
la Compendiosa. Los primitivos reyes asturianos y leoneses son exal-
tados a tenor de sus hazañas contra los moros y provocan su compa-
ración con el panteón griego y romano. El reverso de la medalla de-
muestra que no hay un crimen mayor que el sacrilegio, la impiedad
y el compromiso con los paganos, siendo condenados por sus peca-
dos los impíos como Rodrigo, Mauregato y Silo. La profanación de
las iglesias y todo intento de poner las manos en el tesoro ecle-
siástico acarrea efectos fatales tanto para los paganos como para los
cristianos. Almanzor, que hizo desmontar las campanas de la catedral
de Santiago de Compostela para que fuesen empleadas como lámpa-
ras de aceite en la mezquita de Córdoba, fue derrotado y asesinado
poco después. A Urraca, hija de Alfonso VI, se la pinta con matices
mucho más negros que en la Historia Gothica o en la Anacephaleosis
por el robo que cometió, según dicen, en la iglesia de San Isidoro
de León (p. 177).
Para poner de relieve y destacar las directrices morales de la his-
toria, Arévalo se aleja frecuentemente de sus fuentes latinas normales

11 Vngel, p. 21.
ta Sobre De Pace et Bello, cfr. Toni, pp. 308-42; G. G. Butler, "Bishop
Roderick and Renaissance Pacifism", Studies in Statecraft (Cambridge, 1920);
Trame, pp. 182-s; "o quan alto e glorioso cora~n es mudar la paz des-
honesta en justa descordia e guerra loable, de Dios ac~epta e de la fe ca-
tholica muy desseada". V ngel, p. 7.

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88 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
para acercarse a las crónicas vernáculas posteriores, más ricas en cuen-
tos ilustrativos y en reminiscencias ~picas. &tas, que figuran general-
mente bajo el título escueto de Hispanonan annalia, remontan casi
invariablemente hasta la Cr6nica de 1344, y las cr6nicas particulares.
He aquí unos cuantos ejemplos. En apoyo de su opinión de que es
el individuo endurecido, sin sofisticar, el que mejor soporta los ri-
gores de la monarquía, incluye la leyenda del descubrimiento de
Wamba, el futuro rey visigodo, de quien se predijo proféticamente
que se encontrarla entre sus bueyes en un rincón remoto de España 19•
O elabora la leyenda de Ramiro el Monje, rey de Aragón, devuelto
del monasterio al trono, poniendo freno a los nobles y amonestándo-
los con refranes populares 20• Los acontecimientos épicos le ofrecen
oportunidad para ampliar las relaciones entre rey y vasallo noble. Así,
el espacio destinado al héroe castellano Bernardo del Carpio está com-
plementado con detalles de la Cr6nica de 1344,, que acentúan par-
ticularmente las crueles consecuencias de la envidia en el rey, la cual,
según la leyenda, había desterrado a su súbdito. En ~e y en otros
casos en que el tópico del vasallo rebelde aparece en fuentes legen-
darias, los incidentes irrespetuosos con la monarquía se reinterpretan
o se reducen a pocas palabras. En la parte IV, en la que la historia
se basa exclusivamente en crónicas romances, cada monarca deja de
ser la ejemplificación de un vicio o una virtud particular, haciéndose
más flexible la intervención de la Providencia. Si se aprueba, por un
lado, a Alfonso el Sabio en el campo de batalla, se muestra que sus
aspiraciones a convertirse en un modelo de saber tienen consecuen-
cias desastrosas. Se achaca a la creencia presuntuosa de que pudo
haber mejorado la creación divina (un rumor salido probablemente
de círculos aragoneses) juntamente con su pretensión al Sacro Im-
perio Romano, la muerte de su primogénito y la rebelión de su otro
hijo, Sancho. Y si el último ganó reputación de ordenancista por re-

19Compendiosa, p. 150; Cr6nica Geral de Bspanha de 1344, (Lisboa,


1956), II, pp. 230-2.
20 Compendiosa, p. 178 : el texto latino trae el proverbio veméculo:
"non sabe la volpeia con quien trobeia". Pidal adviene que este proverbio
y algún detalle que lo acompaña fue añadido al MS IA de la Primera Cró-
nica General; cfr. su ed., Madrid, 1955, II, pp. 477-8.

1
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Arévalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 89
primir, sin armas, un motín militar, sufrió persecución y zozobra du-
rante su reinado por crueldad y falta de respeto a su padre en cuan-
to rey.
Al abordar su propio tiempo, Arévalo parece confiarse menos en
fuentes escritas y más en ficciones y tradiciones orales que encajan
bien con su finalidad didáctica. Un ejemplo revelador es el reinado
de Pedro el Cruel, cuya lucha fatal con su hermano bastardo, Enri-
que de Trastámara, arrastró consigo a las mayores potencias de la
Europa occidental. Aunque presta su asentimiento al juicio principal
de López de Ayala, de cuya crónica acumula una lista interminable
de las fechorías de don Pedro, incluye también un número de inci-
dentes a todas luces inventados, quizá romances concebidos origina-
riamente como propaganda para los Trastámara. Se refieren a la
muerte y al entierro de Alfonso XI, padre de don Pedro, donde
un consejero griego (¿por qué esta curiosa elección de nacionalidad?)
profetiza el futuro miserable de Castilla y la muerte de Pedro a
manos de su hermano; a la leyenda del cinturón de serpiente em-
brujado, regalo de don Pedro a su primera mujer; y a la historia del
bufón que, dirigiéndose a don Pedro mortalmente herido en el suelo
de la tienda de Bertrand du Guesclin en Montiel, sugiere que ha ha-
bido una amistad contra natura entre ellos. Entwistle pensaba que el
incidente del cinturón de serpiente pudo haber sido tomado de un
romance perdido, pero no prosiguió sus investigaciones de esta cró-
nica 21• Las prof edas del griego tienen algunos puntos de afinidad,
pero muy remotos, con las que se hallan en la crónica de Ayala, que
tienen también su origen, según Entwistle, en romances. La acusación
de homosexualidad (si mi interpretación es correcta) dirigida contra
don Pedro, no aparece en ningún texto conocido. La conversación
en el lecho de muerte de Alfonso XI podría haber venido de la mis-
ma plum.a de Arévalo, por cuanto aclara su teoría personal sobre la

21 El editor de la C,6nica de Pedro I de Ayala sostiene que la versión


más antigua conocida se halla en la vida anónima de Inocencio VI (1352-
62), publicada por S. Baluzius en Vitae paparum at1enionensium (ed. G.
Mollat, Paris1 1914-22); cfr. BA.B, LXVI, p. 433, n. 2; Entwistle, "The
Romancero del Rey Don Pedro", MLR, XXV (1930), p. 316, y Buropean
Balladry (Oxford, 1939), p. 159.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

naturaleza inviolable de la monarquía que dejó consignada en el li-


bro II de De Monarchia. Declara a11íque no hay súbdito que pueda
alterar las leyes de sucesión ni deponer a un monarca legítimo: ha-
cerlo así le deja expuesto a la acusación de sacrilegio 22• De hecho, en
los dos capítulos que siguen al reinado de don Pedro propone la
teoría de que deben ser tolerados los crímenes del rey, aunque no los
perdona en modo alguno (pp. 215-8). Si un pueblo tiene la mala
fortuna de ser gobernado por un rey cruel, lo es por decreto divino
y no humano, y todo súbdito ha de someterse, aunque haya sido in-
juriado personalmente por el monarca. La única persona que puede
deponer legalmente a un rey que lo ha sido por derecho de sucesión,
es el Papa. De manera un tanto sorprendente, Arévalo no rechaza la
opinión de que don Enrique de Trastámara mató a su hermano por
ambición y no exclusivamente por un sentido de justicia ultrajada.
A sus ojos, don Enrique fue un instrumento de justicia, sin saberlo,
que por su propio acto había necesariamente de atraer el castigo de
Dios sobre sí mismo y sobre sus hijos. Esto se pone de manifiesto en
la muerte del hermano de don Enrique, don Sancho, en un levanta-
miento popular de Burgos, en el desastre de Aljubarrota y en la in-
vasión de Galicia por Juan de Gante en apoyo de su reivindicación
del trono de Castilla.
Como ilustración final del propio tiempo de Arévalo, se hace
hincapié en la carrera de don Alvaro de Luna, favorito de don Juan 11,
un tema que había fascinado a muchos de sus contemporáneos. El
juicio de Arévalo, claramente en favor del decreto real de ejecución,
es al menos leal y generoso, coincidiendo con las opiniones expre-
sadas por Alfonso Garda de Santa María. Arévalo no quería identi-
ficarse con la facción de la nobleza que, en oposición a don Alvaro,
tanto en este reinado como en el siguiente, amenazaba reducir el
poder del trono. Al mismo tiempo, no podía menos de dejar de ver
en el ascendiente de don Alvaro una claudicación de la prerrogativa
real. Su suerte viene a ser una ilustración ejemplar de cómo el anhelo
de poder deforma una mente prudente e inteligente, y una prueba,

22 Roma, I s21 : "Barones et subditi regis propter quodcumque delictum


non possunt regem expeliere aut deponere ... et qui de talibus viribus pu-
blicis conaretur disponere committeret crimen sacrilegü", p. 73v.

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Arévalo y su "Compendiosa Historia Hispanica'' 91
simultáneamente, de la afirmación bíblica de que no se debe confiar
en el poder de los príncipes. El pensamiento de las arengas que acom-
pañan el relato de su ejecución está tan cerca de la doctrina moral
del autor, que podemos suponer, como en muchos otros casos, que
el elemento histórico es débil. Los puntos principales del testamento
moral de don Álvaro, a saber, que una carrera colmada de éxitos deja
a uno sin preparación para hacer frente a la adversidad, coinciden con
las opiniones atribuidas a Arévalo por Platina, el historiador papal,
en su diálogo con el Obispo, De falso et 'IJerobono 23•
En este análisis sumamente selectivo de la Compendiosa he in-
tentado mostrar de qué manera va ensartando Arévalo a lo largo del
esquema básico de la Historia Gothica leyendas, historias y glosas
destinadas a dar consistencia a sus propias ideas ético-políticas. No se
puede afirmar que intentó, como historiador, revalorar los datos de
sus predecesores. Es la insuficiencia más bien que los errores de la
Historia Gothica o de la Anacephaleosis lo que explica estas excur-
siones frecuentes hacia compilaciones romances o fuentes ficticias
desconocidas. Su afirmación de que pretendía escribir una continua-
ción de la Historia Gothica puede ser verdad en gran parte, pero no
es en modo alguno toda la verdad. A una historia existente añade
datos verdaderos y legendarios que conciernen a la función propia del
príncipe y a sus relaciones con los súbditos. Las decisiones políticas,
aunque están concebidas para salir al encuentro de las necesidades
del momento, son juzgadas por él a la luz de motivos transcenden-
tales. Se supone que un rey visigodo del siglo VII es capaz de res-
ponder a los mismos principios éticos que los monarcas castellanos
del xv, siendo consideradas las acciones de ambos como orientación
significativa para los futuros gobernantes de la Península. Sea o no
moralmente responsable, el rey, como guardián de la comunidad apro-
bado por Dios, ha de exigir la obediencia más estricta de todas las

2.1 Galindez de Carvajal en el prólogo a la Crónica de 'juan II consi-


dera el propósito de la historia de Arévalo como una amonestación a los
reyes para que eviten la negligencia en el gobierno y en la administración
de la justicia, y, en particular, el traspasar demasiado poder a los favoritos,
BAB, LXVIII, p. 275. Cirot afirma que puede atribuirse a Galíndez la copia
de la crónica en el MS G1 de la Real Academia de la Historia, "Une chro-
nique latine inédite des Rois de CastiHe", BHi, XIV (1912), pp. 35-6.

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92 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV

clases sociales y buscar a su vez la bendición de Dios prosiguiendo


la Reconquista. Aun en el caso de que deje de observar los dogmas
de la fe por arrogancia, como ocurrió con Alfonso X o Juan I, por
debilidad de carácter, como en el caso de Juan 11, o por sed de ven- -
ganza y búsqueda de poder, como sucedió con Sancho IV o Pedro
el Cruel, no se permite la usurpación de su autoridad, por meritorio
que pueda parecer el fin. Dios puede permitir tales usurpaciones para
completar un plan divino, pero la inteligencia burnana, presa de pa-
siones en conflicto y de egoísmos, no puede tomar sobre sí la fun-
ción de modificar el curso de la historia.
El conflicto de los dos conceptos de monarquía, del monarca como
elegido y responsable ante sus súbditos y del jefe consagrado por
Dios, tiene, naturalmente, una larga y complicada historia tanto den-
tro como fuera de España, pero en esta época particular el debate
adquirió un significado todavía más intenso con el choque, a nivel
más elevado, entre la autoridad del Papa y la del Concilio, entre el
principio "autoritario" y el "democrático", entre la doctrina de la
naturaleza sobrenaturalmente determinada e inalterable de la estruc-
tura de la sociedad humana y la doctrina del bien común (bonum
commune) que tendía a considerar al soberano como ejecutor escogido
de la ley y a las instituciones eclesiástica y política, no como encar-
naciones de la voluntad divina, sino como instrumentos del interés
humano. Ya he indicado a qué parte se inclinaban las simpatías de
Arévalo y no es una hipótesis desviada ver en la Compendiosa una
prueba a base de argumentos históricos de las opiniones contenidas en
De libera et irrefragabili auctoritate Romani Pontificis, en el Def en-
sorium Bcclesiae o en De septem Quaestionibus Concilii Generalis.

IV

La Compendiosa no es únicamente, sin embargo, una combina-


ción del De Regimine Principum con el Speculum Vitae Humanae.
Aunque Arévalo niega a otros inteligencia para concebir el plan di-
vino, pre~ende ver en el pasado el modelo que ha de acrecentar y

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111 1 11 1 1
94 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
una linea real antes del nacimiento de Hércules, conocido entonces
como un hito importante en la historia mitológica de la España pri-
mitiva. Se sostenía que las amazonas se habían enlazado con ellos,
compartiendo, por ende, los godos las victorias de la reina Tomyris
sobre Ciro. Los getas, cuyo nombre se sostenía que reflejaba una
forma primitiva de Gothi., después de asentarse en Escitia, pusieron
en fuga a Vexoris, rey de Egipto, sometieron a Asia y derrotaron a
los griegos. Irrumpieron después en Europa, Francia e Italia, en cuyo
país fundaron Verona, "quasi vae Roma, in odium Romanorum" 25 •
Su reputación en el mundo antiguo se resume generalmente en las
palabras de Orosio : "Hos Alexander vitandos docuit, Pyrrhus per-
timuit, Caesar exhorruit". Todas estas observaciones se hallan acumu-
ladas en Arévalo, acentuando de manera particular la destrucción de
Roma por oleadas sucesivas de invasores. Pero la conquista, o mejor,
como él diría, la colonización pacífica de España constituye el mayor
derecho de los godos a la fama: "putantes totius Europae monarchia
potiri facile posse, si gentis Hispaniae aut subjectionem aut amicitiam
nanciscerentur" 26 • Por otro lado, la imagen de los godos como una
banda de salvajes sólo se refiere a los tiempos más primitivos. Los
godos paganos se hicieron pronto humanos, magnánimos, liberales,
consagrándose a las artes y a las ciencias.
La aceptación de los godos como predecesores de la monarquía
de su tiempo suscitaba numerosos problemas, siendo el más delicado
para un clérigo su arrianismo. Una ascendencia herética se combina-
ba mal con la tradición, ampliamente aceptada de igual modo, del
castellano como cruzado por excelencia. Alfonso García, esforzándo-
se en Basilea por presentar a sus compatriotas constantemente orto-
doxos desde el tiempo de su conversión por Santiago, habla única-
mente de "algunos enfecionados de la heregia arriana" n. Para Aré-
valo, por otro lado, fueron los vándalos los inicialmente responsables
de difundir el arrianismo en España y África, y apenas lo menciona
hasta los reinados de Leovigildo y Recaredo, después de cuya profe-

25Ana., p. 253; Compendiosa, p. 131.


26Compendiosa, p. 131: esta opinión no se halla expresada en la Ana-
cephaleosis.
rt Proposici6n, p. 537.

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Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 93
exaltar el honor de Castilla entre los pueblos de la Cristiandad. En
la última mitad de la parte I y a intervalos a lo largo de la narración
histórica, sostiene las tesis siguientes: que los godos tienen derecho
a ser universalmente reconocidos por su antigüedad, por sus proezas
militares y por sus virtudes personales; que los reyes de Castilla y
León descienden directamente de la línea visigoda sin interrupción;
que todos los derechos territoriales de los últimos pasan, como resul-
tado de ello, a los primeros. Pueden tomarse todas estas circunstan-
cias particulares para justificar la reivindicación de Castilla de un
puesto preeminente entre los reinos peninsulares. Ninguno de estos
puntos fue elaborado por vez primera por Arévalo. Habían estado
latentes en Isidoro, Ximénez de Rada y sus seguidores, pero sus con-
secuencias fueron plenamente elaboradas por medio de los discursos
pronunciados por el Obispo de Burgos en el Concilio de Basilea o
en otros memorándums e incorporados parcialmente en su crónica 24•
A Arévalo no le quedaba más que llevarlos a sus últimas consecuencias.
Como residente en Roma en los primeros años del movimiento
"humanista", debe haber sido consciente del carácter infamante que
tenía para los italianos el nombre de godo. A partir de Petrarca y
Boccaccio los eruditos habían expuesto la idea de que los godos fue-
ron los responsables de la destrucción del Imperio Romano, inician-
do a continuación un reinado de oscuridad cultural que había comen-
zado a desaparecer únicamente en el tiempo presente. Este tema llega
a su cima en el poema épico de Trissino, Italia liberata dai Goti, pa-
sando a ser desde entonces un tópico trillado. Una tal interpretación
del pasado no pudo tener eco alguno en la Península donde la nobi-
litas Gothorum había sido una frase repetida desde los días de Isi-
doro. Pero esta circunstancia no fue nunca ocasión de una confron-
tación de opiniones históricas hasta el siglo xv, en que la política
conciliar prestó de nuevo interés acusado a las cuestiones de prece-
dencia nacional.
Los cronistas de Castilla, siguiendo a Isidoro, se habían empeña-
do con gran ingenuidad en rellenar el pasado legendario de los godos.
Alfonso Garda había proclamado ya que los godos habían poseído
I

24 Cfr. pp. 62, 64.

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Arévalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 9S
sión de fe "nulla haeresis reperitur in Hispania orta aut defensa"
(pp. 131, 147).
El colapso de la monarquía visigoda había sido interpretado, desde
los tiempos de Ximénez, como un castigo divino por los pecados del
último rey, Rodrigo, cuya responsabilidad personal fue exagerada por
las leyendas de depravación moral que crecieron en tomo a su nombre.
Ahora bien, uno de los principales fines de la Anacephaleosis y la
razón de su forma genealógica es acentuar la identidad de perspectiva
y la continuidad de linea entre los godos y Pelayo, el primer rey del
nuevo reino cristiano de Asturias. Esto es esencial para la afirmación
de Alfonso García de que el reino de Castilla gozaba de una línea
ininterrumpida de descendencia que no tenía paralelo en ninguna otra
parte de Europa, tema también elaborado por Arévalo 28• Insiste con
cierta amplitud que el título tradicional de Rodrigo de "último rey
godo'' no se ha de interpretar como si significase que la linea hu-
biese sufrido un corte en este punto (p. 155). Ello no hace más que
indicar que se dejaban a un lado el título de Rex Gothorum y sus
emblemas. Los monarcas visigodos recibieron sucesivamente el título
de reyes de León, Asturias y Castilla: "posteri sui non fuerunt in-
titulati Reges Gotthorum, sed sumpserunt títulos Legionis et deinde
Asturiarum, deinde Castellae" (p. x69). El objetivo primordial de
esta linea es "Hispaniam restaurare et recuperare". Detrás de esta
teorización rebuscada hállase una explicación más mundana y con-
temporánea. Alfonso García había ideado un fundamento histórico
para la reivindicación por Castilla de todos los territorios ocupados
originalmente por los visigodos, con las islas adyacentes, o, con más
exactitud, de las tierras que los portugueses estaban en proceso de
colonizar, las Canarias y la costa del Norte de Africa. Esta hipótesis
presentada a la corte papal entra ahora con Arévalo en el dominio
de -los hechos históricos, y la soberanía de estos territorios pasa, según
él, a Castilla en el reinado de Femando I, hijo de Sancho de Navarra 29•
Tal es la razón por la que sólo el rey de Castilla puede utilizar
legalmente el título de Rex Hispaniae. Aunque Alfonso García no

28 Allegationes, f. 36v; Ana., p. 268; Compendiosa, p. 139.


29 Allegationes, f. 49v-5ov; Ana., p. 249; Compendiosa, pp. 128, 140,
169.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
trasladó esta declaración de las Allegationes sobre los derechos de Cas-
tilla a las Canarias a la Anacephaleosis,hállase aquí repetida por Aré-
valo, lo que muestra de manera concluyente que debe haber leído
atentaIDente los escritos de su antiguo protector 30• Otra prueba de
su legitimidad puede inferirse del empleo común del tratamiento ofi-
cial por parte de las potencias extranjeras cuando tienen correspon-
dencia con el rey de Castilla. A los otros reyes se les conoce única-
mente por el nombre de sus reinos, Aragón, Navarra, Portugal, etc.
Su proposición final está basada en Ja práctica legal; quien es dueño
de la mayor parte de una cosa puede llamarse dueño de toda ella, y el
rey de Castilla gobierna sobre cuatro de las seis provincias originales
de la Península.
Los visigodos, sin embargo, no son la única fuente de promoción
moral y política de la Castilla moderna. Arévalo pasa de los argumen-
tos basados en la historia romana o visigoda a las tribus primitivas
de la Península. Impresionado quizá por el relato de Estrabón, es uno
de los primeros historiadores que busca una constante temperamental
en el carácter español a lo largo de los tiempos antiguos hasta los
modernos. ¿Quiénes y qué eran estos Hispani que, fundiéndose con
los godos, formaron la actual población de España? Alfonso Garda
había comentado la cuestión en la Anacephaleosis,pero en el discurso
de Basilea la naturaleza de su tesis le había conducido a postular la
existencia aún más antigua de una linea real que gobernaba la parte
de España equivalente territorialmente a Castilla, y de cuyos reyes no
fue el mítico Gerión, probablemente, el primero 31 • La tradición, por
medio de la Historia Gothica, había localizado la batalla de Hércu-
les con el tricéfalo Gerión en España, haciendo de aquél el primer rey.
Ahora iba a reemplazarle Gerión como jefe de los Hispani. Cual-
quiera que haya sido la interpretación que dio Alfonso Garda de esta
raza, no puede dudarse de que para Arévalo es un grupo étnico con

30 Allegationes, f. 56v; Compendiosa, p. 140. En el pensamiento de


Alfonso Garda la acepción del título de "Rey de España" está en estrecha
conexión con la terminación de la Reconquista. Un disdpulo suyo, Rodrí-
guez de Almela, repite sus opiniones en una carta en la conclusión de su
Batallas campales (Murcia, 1487). Cfr. p. 72 n. 31.
31 Propasición, p. 338.

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.Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 97
virtudes morales bien definidas que coinciden notablemente con las
que poseían los godos. Repite y redondea la hipótesis de una linea
antigua de reyes peninsulares. A Gerión se le "euhemeriza" como rey
de Castilla y de otros tres reinos, Andaluda, Galicia y Extremadura,
correspondiendo al significado de su epíteto tricipite. "Nec est dub~-
tandum ante Geryonem reges fuisse in Hispania, licet propter nimiam
antiquitatem eorum nomina non retineamus" (p. 130). Estas asercio-
nes se hacen posibles por la adición de Justino como fuente en la
que pueden hallarse los nombres de Teucer, Gargoris, Abidis y otros
personajes sacados de los escritos griegos. La exploración más inspi-
rada de este período prehistórico no llega, sin embargo, hasta la pu-
blicación de los apócrifos de Annius de Viterbo a finales del siglo xv.
La manera de abordarel tema conduce a Arévalo por caminos dife-
rentes.
Comienza su caracterización de los Hispani empleando el argu-
mento aristotélico de que no hay nada en el intelecto que antes no
haya estado en los sentidos, estando los sentidos condicionados di-
rectamente por lo que naturalmente los rodea (p. 125). En otra parte,
en la Suma de política, valora las capacidades de los pueblos con re-
ferencia al clima y a las circunstancias geográficas. Contrasta las cua-
lidades de los nórdicos europeos 1 de los asiáticos que representan
los dos extremos temperamentales de las tierras del Ártico y del Tró-
pico, siendo los primeros "animosos e audaces e impetuosos", y los
últimos gentes "intelectivas e industriosas e ingeniosas", pero faltos
de beligerancia y de esta manera sometidos en general a otras poten-
cias. Atribuye la expansión, coronada de éxito, de los imperios griego
y romano a una posesión equilibrada de estas cualidades y su colapso
subsiguiente a una inclinación a lo refinado y a lo sofisticado32• Lle-
vando este argumento un paso más adelante, se vendrá a ver que un
país como España, a medio camino entre el Norte y el Sur, ha de
gozar de inmensas ventajas naturales. Parece aceptable argüir que la
descripción geográfica de España en la Compendiosa está ideada, al
menos en parte, para explicar la sobriedad, el vigor y la virilidad
de los hispanos que, como aprende de Justino, evitan las delicias

32 Suma de política, ed. R. Bcncyto Pérez (Madrid, 1944), pp. 41, 42, 47.
HISTORIOGRAFÍA
PBN., 7

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98 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
afeminadas del vino y de los baños calientes que introdujeron los
romanos despu~s de la segunda Guerra Púnica 33• La ocupación ro-
mana la concibe como una lucha contra un invasor que intentaba
mjoar la sencillez rural de la existencia hispánica con los vicios de
una civilización avanzada, y busca en la historia pasada para hallar
ejemplos de revueltas y rebeliones entre los lusitanos, los rmmantinos
y los calagurritanos. El Viriato de Livio, "primum pastor, inde latro",
se transforma en el "acerrimus dux... tantos enim ad bellum popu-
los concitavit et saepe Senatus res Hispanicas descrere cogitaret"
(p. 126). Repetidas veces, en las últimas fases de la historia de Cas-
tilla, establece un paralelismo entre las banñas de los reyes y nobles
y las de los "priscos Hispanos" (pp. 176, 194, 199, etc.); Alfonso VI
destruye las thermae y prolu'be toda clase de placeres que debiliten
su ejército (p. 176); Enrique IV, a quien está dedicada la historia,
se transforma (un tanto contra la evidencia histórica) en un resumen
de virtudes masculinas por cuanto evita el jabón y el agua, cosmé-
ticos y vino, "qwbus delicamentis nihil corporibus humaois funestius
atque crudelius esse potest, veluti quae corpus debilitant, animosque
eff oeminant, atque res bellicas imbecilles et fragües homines reddunt"
(página 243).
La preeminencia de Castilla no está basada solamente en hechos
históricos y en las virtudes morales de sus habitantes, sino también
en un favor sobrenatural. Esta creencia de que la nación ha sido esco-
gida por Dios para cumplir una parte de un designio providencial,
cobra importancia a medida que se va desplegando el siglo xv. Poco
antes e inmediatamente después del comienzo del reinado de los
Reyes Católicos, el aire está cargado con profedas de la futura gran-
deza indefinida de Castilla. Se la identifica con el poder que va a
forjar el destino futuro de España en virtud del papel que se le atri-

33 Trogo Pompeyo, XLIV, pp. 2, 7-8; Compendiosa, pp. 125-6. Esta in-
terpretación del carácter español viene a resultar un tópico bien arraigado
en el siglo XVI. Cfr. el comentario de Mariana en su Tratado contTa los jue-
gos públicos: "Grande e invencible es el ánimo de nuestra gente; los cuer-
pos, con la manera de vida áspera y por beneficio de la naturaleza, son su-
fridores de trabajo y de hambre, con las cuales vinudes se han vencido
grandes dificultades por mar y tierra". En BAB, XXXI, p. 459.

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':-~- -

Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 99


huye en la Reconquista, desde los tiempos más antiguos, por histo-
riadores y panfletistas políticos. Este "impulso mesiánico", como lo
ha definido Américo Castro 34, puede detectarse en la Anacephaleosis
de Alfonso García, que sostiene que los reyes de Castilla están obli-
gados por un deber sagrado a llevar adelante la Guerra Santa. De he-
cho, una de las razones alegadas por él en Basilea a propósito de la
superioridad de la familia real castellana respecto de la inglesa es que
son los jefes elegidos de una cruzada, y la piadosa esperanza de que
Castilla se una un día sólidamente contra los moros está tan íntima-
mente identificada con él, que se halla registrada en términos inequí-
vocos en la Yita Beata de Lucena, escrita unos años después de su
muerte 35• En la Anacephaleosis,la Reconquista se hunde o florece
según que el vicio o la virtud prevalezca entre los castellanos. La unión
de Castilla con León fue ordenada por Dios, y la crónica concluye
con una oración ardiente al Todopoderoso, en calidad de Señor de
los ejércitos del Antiguo Testamento. En su vida y obras Arévalo he-
reda una fuerte adhesión a la misma causa, adaptándola a un con-
texto más amplio, europeo. En el Congreso de Mantua pronunció un
discurso en defensa del ideal de la cruzada, y fue uno de los pocos
en acompañar a Pío II a Ancona, donde murió el Papa desalentado
después de un vano esfuerzo para promover una expedición naval
concertada contra los turcos. La calidad sagrada de una guerra de
ese género constituye el tema principal de uno de los diálogos de
Arévalo, en el que Plalina, el humanista, ensalza las virtudes de la
paz, mientras que el castellano señala lo inevitable de la guerra como
parte de la condición humana en una glosa de la frase bíblica, militia
est tñta hominis super lerram36•
Como anticipación a la obra de cruzada de Castilla, Arévalo ve la
protección de Dios en los más variados detalles de la historia de la
Península. Su situación geográfica, protegida por el mar y los Piri-
neos, está determinada por Dios (p. 127). La sucesión ininterrum-
pida de gobernantes desde los godos a los castellanos es un premio

34A. Castro, Aspectos del mf1i1'hispdnico, Buenos Aires, p. 21.


35Proposici6n, p. 352; Lucena, V#a Beata, ed. Bertini, Torino, 1950,
p4gina 148.
36 Trame, p. 100; Toni, p. 320.

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100 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
sobrenatural por el mantenimiento del culto de Santiago y de los
dogmas de la Iglesia Católica (p. 139). El trayecto total de la Recon-
quista es interpretado a esta luz. Tanto en la Anacephaleosiscomo
en la Compendiosa, Pelayo, primer rey de Asturias, es preservado
por intervención divina (Anacephaleosis,p. 268; Compendiosa, pá-
gina 151). Las invasiones normandas a principios de la Edad Media
fueron rechazadas por la gracia de Dios, y la muerte de A]manror
en la cumbre de su fama militar es providencial (pp. 159, i;67), como
lo es la ascensión de Castilla desde el momento de su rebelión contra
León para lograr la independencia y la separación de este reino (pá-
gina 169). La unión permanente de estos dos reinos, descrita como
la "reintegrarlo monarchiae Hispaniae", se efectúa merced al intento
de Femando de ampliar los límites de su reino, no a título de gloria
personal, como se interpreta la presuntuosa 1)retensión de su hijo
Alfonso X al Sacro Imperio Romano, sino para la mayor gloria de
Dios.

¿Podemos ahora, después de este análisis de la Compendiosa, fijar


la posición de Arévalo entre las diversas corrientes de la historio-
grafía contemporánea? Su deuda con la forma tradicional de la cró-
nica general es evidente, pero esto no quita fuerza a la reivindicación
de que él fue el primer historiador del siglo xv que sintió la nece-
sidad de volver a escribir, glosar y poner al día la crónica de Ximé-
nez de Rada del siglo XIII. Por otro lado, no se ha de olvidar la im-
portante influencia ejercida por su antiguo superior, el Obispo de
Burgos. Fueron en realidad las tesis del último las que dieron verte-
bración y cuerpo a la Compendiosa. Fue él quien sugirió la creación
de una antigüedad mitológica de Castilla; fue él quien resucitó la
tesis "neo-goda", proclamando por medio de ella el derecho de los
reyes castellanos a la mayor parte del antiguo reino visigodo. Se
podría sugerir, en efecto, que aunque Arévalo reconoció abiertamente
su deuda con el Arzobispo de Toledo, fue el ejemplo inmediato, si
bien oculto, del Obispo de Burgos el que le incitó a escribir una his-

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UNIVERSITYOF MICHI AN•••••
1 1 1 11 1
Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" IOI

toria de· España. Naturalmente, él fue más allá de la simple forma


genealógica de la Anacephaleosis. La Compendiosa contiene una vi-
sión más grande, más presuntuosa. Lo que es más, es una visión que
anticipa la de los historiadores posteriores. Casi todos los aconteci-
mientos mayores, cada catástrofe o victoria, cada cambio de poder es
interpretado a la luz de la glorificación final de Castilla, un país que
ha recibido en herencia una misión sagrada. U na manera tal de mo-
delar la historia, atribuida a la intervención de la Providencia, se
puede encontrar en las crónicas posteriores de Palencia, Valera, Pulgar
y Lucio Marineo Sículo 37• Hay, sin embargo, una diferencia impor-
tante. Arévalo estaba esperando todavía la realización de esta misión.
Los historiadores posteriores, que escriben en el reinado de Femando
e Isabel, proclaman su cumplimiento, que ven con sus propios ojos.
Si se juzgan las crónicas a la luz de los cambios culturales impor-
tantes que estaban teniendo lugar en .Italia, ¿es posible detectar en
la manera historiográfica de abordarlos la influencia del humanismo,
como han hecho algunos críticos? Se trata de un problema muy di-
fícil e importante para la historia literaria. Los argumentos avanzados
por Cirot en favor de una tal opinión no son muy convincentes 38•
Es verdad que se podría señalar la omisión que hace Arévalo de ele-
mentos abiertamente ficticios introducidos originalmente por la Pri-
mera Crónica General, su empleo de Estrabón y las citas atribuidas
a Polibio; pero he intentado probar que subordina los datos de Es-
trabón a su propia tesis, sin disipar las oscuridades que rodeaban la
historia de la España prerromana, como iba a hacer Margarit, el his-
toriador catalán 39 • Las observaciones sacadas de Pohbio son apoteg-
37 Palencia, Crónica de Enrique IV, trad. por Paz y Melia, Madrid,
1904-8, 11, pp. 159-63, 367-71; 111, pp. 309-10; Valera, Epístolas, Madrid,
1878, pp. 35, 47, y las citas alegadas en el prólogo a la edición de Carriazo
de su Crónica de los Reyes Católicos, Madrid, 1927, p. LX; Pulgar, Crónica
de los Reyes Católicos, Madrid, 1943, I, p. 3, y Cepeda Adán, "El provi-
dencialismo en los cronistas de los Reyes Católicos", Arbor, XVII (1950),
páginas 177-90; Marineo Sículo, De Laudibus Hispaniae (s. l., s. a.), f. 38;
De Rebus Memorabilibus, en Hisp. Illustr., I, p. 504.
38 Cirot, Histoires générales d'Bspagne, Bordeaux, 1904, pp. 44-5; Me-
n~ndez y Pelayo, Bibliografía hispano-latina clásica, Santander, 1950, 111,
páginas 186-9; Toni, p. 221; Trame, p. 205.
39 Cfr. pp. 135-138; 168-182.

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102 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV

máticas por naturaleza; hasta aquí no me ha sido posible locaJinrlas


en la traducción latina contemporánea hecha por Perotti. Podría com-
pararse al efecto la manera más eficaz con que Lorenzo Valla emplea
la filosofía de la historia del griego en su biografía latina de Fer-
nando I de Aragón 40• Se podría argüir también que el papel que
Arévalo atribuye a la Providencia y la manerapesada con que glosa
los acontecimientos históricos, difícilmente podría parangonarse con
el enfoque de un Bruni o un Poggio. Bruni esaibe la historia de
Florencia teniendo presentes sus lecturas clásicas, la situación política
inmediata y su experiencia como canciller. Arévalo, por su lado, es-
cribe como canonista y filósofo moral, como autor del Speculum Vitae
Humanas, mostrando su obra una fami]iaridad mayor con los Dicta
et Pacta de Valerio Máximo, las Vitae Philosophorum de Diógenes
Laercio, el Polycrator o De nugis Philosophorum de Juan de Salis-
bury, que con los patrones clásicos. Es verdad que cita de vez en
cuando a Livio, pero el provecho que saca de las Décadas es escaso.
De su biografía se puede sacar otra prueba de su ignorancia o
falta de simpatía por los fines más amplios perseguidos por los hu-
manistas. Dos acontecimientos nos enseñan algo acerca de la actitud
de Arévalo respecto de la formación intelectual por medio de los
clásicos : la abolición del Colegio de Abreviadores en I 464, con el
despido de los nombrados por Pío 11, y la supresión por Paulo 11
de la Academia Romana en 1468. El indignante e insultante secre-
tario Platina y el fundador de la Academia, Pomponio Leto, hallá-
ronse en el Castillo de Sant' Angelo bajo la custodia de Arévalo. El Papa
habíase declarado en aquel entonces opuesto violentamente a los stu-
dia humanitatis en las escuelas. En su De Remediis Arévalo se hace
eco del punto de vista papal, aconsejando la posposición de la en-
señanza de los clásicos seculares y paganos hasta después de un pe-
riodo de instrucción religiosa, para que la juventud no se descarríe 41•

«> En Hisp. Illustr., I, pp. 727-85.


Pastor, History of the Popes, London, 1894, IV, pp. 38-65, y apén-
41
dice 21, p. 491; Creighton, The History of the Papacy, London, 1911, IV,
páginas 10, so-6; H. Jedin, "Sánchez de Arévalo und die Konzilsfrage unter
Paul II", HistQrisches 1ahrbuch, LXXIII (1954), p. 111; sobre la cuestión
de la prohibición del estudio de la literatura pagana en la Edad Media, cfr.

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• ; :za a z --

Aréoalo y su "Compendiosa Historia Hispanica" 103

Las razones de este curioso estallido por parte del papado no se


hallan expuestas claramente en ninguna parte, pero es de creer que
Paulo II haya temido una explosión local de sentimiento anti-papal
bajo el disfraz de un republicanismo romano renacido. En la corres-
pondencia entre carcelero y prisionero, Pomponio Leto (una especie
de académico Cola di Rienzi moderno), se ejemplifican nítidamente
el temperamento del humanista y el del canonista. El primero, sin
libros en su celda, se explaya retóricamente sobre el amor de la lite-
ratura, "profundus, immensus, insatiabilis ita est ut non tantum me
incitet, sed obruat". Por deferencia a los gustos de Arévalo, sugiere
que se le podría permitir tener a Lactando (el "Cicerón cristiano")
o Macrobio. La respuesta del carcelero es enviarle un tratado suyo
condenando el partido conciliar 42•
Podría sugerirse que si la estancia de Arévalo en Roma tuvo algún
efecto es que volvió más aguda su sensación del foso que separaba la
tradición cultural de lo cristiano/godo y lo cristiano/romano. La Com-
pendiosa y la Historia del Pueblo Florentino pueden ser consideradas,
es cierto, como respuestas a las situaciones políticas locales, al man-
tenimiento de la independencia florentina en presencia de una ame-
naza milanesa o a la defensa del control de una monarquía débil por
parte de Enrique IV, pero la imagen que trazan del pasado y del pre-
sente ofrece un contraste chocante. Una veía el renacimiento de las
virtudes de la civitas romana, la otra pedía el retorno a los ideales
de la raza que había desafiado y derrotado al Imperio Romano.
Concluyendo, en la Compendiosa podemos descubrir las huellas de
las experiencias del jurista, del filósofo moral, del embajador y del
político papal. El núcleo de la narración es una amplificación de las
teorías de Alfonso García al mismo tiempo que una transposición de
las ideas políticas y morales del Obispo en un esquema histórico, una
defensa y una apología de las conquistas de su propio país. Conside-
radas sobre el fondo más amplio de la Europa del siglo xv, puede
decirse que estas dos historias, la Anacephaleosis y la Compendiosa
Historia Hispanica, deben su existencia al mismo conjunto de circuns-

G. G. Meerseman, "In libris gentilium non studeant ... ", Ital. Med. et Um., I
(1958), pp. 1-13.
42 Creighton, ap. cit., III, p. 279.

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104 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
tandas, la creciente vitalidad política y la auto-afirmación de C.astilla
no solamente en la Península, sino también en Europa. En las asun-
bleas papales y conciliares reacciona vigorosamente contra las acusa-
ciones de atraso e ignorancia, hechas particularmente por los italianos.
Esta reacción encontró su expresión en el desafío a la herencia de
Roma. Los romanos, movidos por "superbia et ambitionc d<lminandi
et aviditate gloriae mundanae", pudieron sobreponerse a los tercos
hispanos sólo con dificultad y sucumbieron por último al valor de
los godos 43• Es verdaderamente curioso que ningún otro reino penin-
sular (y todos podían apelar al mismo fondo histórico) se preocupó
de justificarse a sí mismo en estos tmninos. Uno puede desorien-
tarse fácilmente por el hecho de que Arévalo haya permanecido largo
tiempo en Roma o por su conocimiento de los humanistas o de
textos humanistas, sin darse cuenta al mism'> tiempo de que tales
contactos pudieran perpetuar también diferencias de perspectiva · sub-
yacentes y profundamente arraigadas.

43''Pugnabant Hispani pro libertatc quam vita cariorem habent, adeo


quod nullus ex ducibus Romanorum reperiebatur qui acceptare auderet se
mitti adversus eos. lbi cecidit Sergius Galua consul; ibi Scipio Africanus
in finibus Galecie mortuus est [ ! ], vbi adhuc hodie eius cxistit honorabilis
tumulus ... Indita et nobilis militie Gothorum gens, non ignorans summj
dei esse preceptum 'libera eum qui iniuriam et violentiam patitur', prcdictos
Alanos et Suevos et demum ipsos Romanos vi et armis ab Hispanis expulit".
De monarchia, f. 54r.

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-- 1 __. 1
UNA APOLOGÍA DE LA MONARQUÍA

(Estudio de un opúsculo histórico castellano inédito del s. xv)

El ensayo anterior estuvo consagrado a la descripción de la obra


histórica mayor de Ruy Sánchez de Arévalo y a las ideas principales
que constituyen el fondo de su concepción. El presente se ocupa del
crecimiento y de la elaboración de la Compendiosa Historia Hispa-
nica y del impacto de los acontecimientos contemporáneos y los con-
siguientes cambios de estructura y de propósitos. Los datos acumu-
lados en los años recientes han mejorado nuestro conocimiento de
las circunstancias que rodean la composición de la historia en el trans-
curso de los años 1462-69, desde las últimas etapas del Congreso de
Mantua hasta poco antes de la muerte de Arévalo; en otras pala-
bras, el período que corresponde a su estancia permanente en Italia.
El Libellus de situ et descriptione Hispaniae et de regibus et reg-
norum ortu et successu ac de clarioribus bellis et gestis in ea, dedi-
cado a Pío 11, puede adscribirse, como Trame ha señalado, al año
I 463 1• Guarda estrecha relación, literal en algunas partes, con la
Compendiosa tanto en los hechos como en la interpretación, pero,

1 MS A 4S (s. XV) de la Biblioteca Capitular de Padua, ff. 55v-67r.


La otra copia (s. XVI) mencionada por A. García García en "Un opúsculo
inédito de Ruy Sánchez de Arévalo ... ", Salmanticensis, IV (1957), p. 477,
está en la Ambrosiana (Milán), Cod. Lat. D 144 Inf., ff. 1r-1&'. Las dife-
rencias entre las dos, según García, son pequeñas; él cree que derivan
ambas de una tercera. Cfr. también Trame, R. Sánches de Arévalo (Wash-
ington, D. C., 1958), p. 115.

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1o6 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
en contraste con ella, es extremadamente breve, absteniéndose del con-
tinuo teorizar moral y político que obstaculiza la narrativa histórica
de la última. El Apéndice I muestra de qué manera resultan com-
parables sus 14 cortos capítulos con las partes 1-IV de la Compen-
diosa. Hablando en términos generales, el Libellus suministra a esta
última obra la introducción y la conclusión, que vienen a ser esen-
cialmente teorías sobre el origen y la jerarquía de los reinos peninsu-
lares y un breve examende la dinastía de los Trastárnara hasta En-
rique IV, rey en aquel tiempo de Castilla. Entre estas dos scccioDCS
se extiende un vasto foso cronológico, rellenado en la Compendiosa
por la historia de los visigodos y de los primitivos reinos cristianos
(particularmente Castilla) ~asta Alfonso XI. De esta suerte, el Libellus
está ciertamente en contradicción con lo que se describe en su título ;
el análisis que va a continuación intentará, en parte, explicar el én-
fasis aparentemente deliberado puesto en las épocas primitivas y tardía
de la historia peninsular. También haré una estrecha comparación de
las secciones de las dos obras que se corresponden, señalando adi-
ciones y cambios de actitud.
En el corto preámbulo del Libellus, impreso aquí por vez prime-
ra en el Apéndice I, aparece una cita de las cartas de San Jerónimo,
cuya elección necesita una explicación. Ello es debido a que ha sido
tomada de un contexto distinto. Fue empleada por vez primera por
Arévalo, unos meses antes, en relación con un acontecimiento que
abulta de manera desproporcionada en la conclusión del Libellus, la
recuperación final de Gibraltar en 1462 de las manos de los moros,
bajo Enrique IV. La campaña de Gibraltar debe haber tenido un sig-
nificado más allá de lo ordinario en un siglo en que el "espíritu" de
la Reconquista había sufrido tal quiebra que la toma de Antequera
en 1410 y unas cuantas escaramuzas fronterizas tomaron proporcio-
nes considerables en las páginas de los escritores contemporáneos.
Arévalo, en calidad de procurator de Enrique en el Vaticano, recibió
el encargo de informar al Papa acerca de los detalles 2• Se ha de re-
cordar que en el malogrado Congreso de Mantua, convocado por

2 Orario habita ad Pium 11 de felicissima recupnatione famose ciuitatis


et castri de Gibraltar: Cod. Vat. Lat. 4881, ff. 225r-227r. Cfr. también
Trame, pp. 96-103, I 14-

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~ -
Una apología de la monarquía 107

Pío II para llamar la atención de los príncipes de Europa sobre la


creciente amenaza turca, Arévalo había reiterado en diversos discur-
sos la preocupación dominante en Castilla por la continua amenaza
islámica a la Cristiandad desde el noroeste de Africa. Tal había sido,
naturalmente, el argumento de Enrique IV en los comienzos de su
reinado, habiendo dado toda clase de señales de querer continuar la
obra de la Reconquista, pero el dinero reunido para la guerra se es-
capaba frecuentemente en donaciones obligadas al Arzobispo de Se-
villa, Beltrán de la Cueva, y a otras personalidades cuyo apoyo era
esencial para el rey. Es un hecho que en 1456, como Zurita observó,
los embajadores castellanos en Roma habían encontrado al Vaticano
escandalizado "por auerse publicado que el Rey de Castilla, por di-
nero, auía hecho paz y tregua con el Rey de Granada, en tiempo que
tanto fauor se daua a la empresa contra el Turco" 3 • El clero caste-
llano, catalán y portugués, cargado con diezmos redoblados, no era
entusiasta de las nuevas contribuciones impuestas por Pío en las fases
inaugurales del Congreso de Mantua, y el colector papal en Castilla,
Antonio de Veneris, encontrábase frente a un cuerpo de opinión presta
a discutir por extenso el caso en Roma. Además, las presiones polí-
ticas en los flancos norte y este de Castilla difícilmente dejaban a .
Enrique libre para concentrar su atención en Granada. En este mo-
mento se realizó una ambición acariciada por la famiUa Guzmán, y
Gibraltar cayó en manos de una fuerza capitaneada por el Duque de
Medina Sidonia y Alonso de Arcos, algo que vino como anillo al dedo
para la reputación de Castilla en el Vaticano. De esta suerte ofreció-
sele a Arévalo la oportunidad de sugerir al Papa en un discurso te-
nido a finales de 1462, que no tenía ya motivo para estar disgustado.
Estas circunstancias explican por qué la mayor parte de su discurso
se halla literalmente trasladada al capítulo l3 de nuestro texto. El
que el significado de este acontecimiento ejerciera, un año más tarde,
una influencia decisiva en la composición de este opúsculo puede ilus-
trarse de manera definitiva con las palabras finales del discurso sobre
la caída de Gibraltar :

3 Cfr. Eloy Benito Ruano, "Granada o Constantinopla", Hisp., XX
(196<>),p. 9.

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108 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

"Rccipe insigne sacrificium hoc acceptabilc holocaustum quod tue


Sercnitati occidens Hispania transmictit ut illud jheronimi verissimum
de ca diccre ualcas quia in occidente sol justicie et fidei oritur. Non
enim cius terre gleba inanis iacet et uacua; sed nec cjus frumenta in
lolium aucnasque dcgcncrant, set in cius cespite tcrra fecundo do-
minici seminis puritatem centeno fidei fructu accumulat ad gloriam
Dei omnipotcntis qui est bcncdictus in sccula" (f. 2271}4•
"En el Oeste se ha levantado el sol de justicia". Esta imagen
bíblica conduce derechamente al núcleo de la introducción del Libe-
llus, dirigida, como la oratio, a Pío 11. Sea o no que el Papa le haya
encargado escribir el opúsculo, como él mismo pretendía, se agarró
al único punto que podía impresionar al último cruzado papal en el
desierto del pesimismo mantuano y que justificaba igualmente la falta
de apoyo positivo de Castilla en el Congreso. En su carta original,
Jerónimo había contrastado el celo espiritual del Oeste, i. c. Roma,
con la estéril discusión teológica en el Este, la gloria de Cristo frente
al Príncipe de las Tinieblas. La antítesis del sol que se levanta y de
Lucifer se traslada al contexto del "renacimiento" de la cruzada cas-
tellana, como reacción frente a los inquietantes éxitos turcos en Les-
bos y Bosnia. El Libellus proviene de esta suerte de los esfuerzos de
Arévalo para poner estos acontecimientos contemporáneos en una ade-
cuada perspectiva histórica, pudiendo ser calificado por ello como la
primera tentativa hecha por un castellano de interpretación de la his-
toria de España para los círculos eclesiásticos de Roma.
Como Trame sugiere, bien pudo suceder que el interés de Pío
por asuntos históricos y geográficos, ampliamente documentado en
sus obras, se haya extendido a España por el discurso de Arévalo
sobre Gibraltar. El Obispo hada gala de íntima amistad con el Papa
y nos haría creer que Pío le daba a leer sus borradores antes de que

4La referencia está tomada de una carta (XV, 1) de San Jerónimo al


Papa Dámaso : "lbi [Roma] .caespite terra fecundo dominici scminis puri-
tatem centeno fructu refert, hic obruta sulcis frumenta in lolium auenasque
degenerant. Nunc in occidente sol justitiae oritur, in oriente autcm lucifer
ille qui ceciderat super sidera posuit thronum suum. 'Vos estis lux mundi,
uos sal terrae', uos uasa aurea et argentea; hic testacea uasa ucl lignea uir-
gam ferream et aetemum oppcriuntur incendium".

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"'r..--
fii ¡ ¡¡¡
Una apología de la monarquía 109

fuesen finalmente redactados (Compendiosa, p. 244). Concluyendo,


su introducción declaraba que estas reivindicaciones de un indígena
en favor de su país hallarían justificación en el propio vasto conoci-
miento de Pío, y es más que posible que el Papa, leyendo el Libe-
llus, pudiera haber sugerido a Arévalo material adicional de lectura
que entraría más tarde en la Compendiosa. Se puede medir, en efecto,
el impacto de su estancia continuada en Italia comparando las intro-
ducciones de las dos obras. Permaneciendo como queja la ignorancia
de los extranjeros y el prejuicio contra España, el autor prefiere en
último término atribuir este estado de cosas a la falta de interés de
los españoles por una auto-justificación literaria o histórica. La com-
paración salustiana de los romanos activos con los griegos contempla-
tivos desaloja la imagen de Lucifer y el sol de justicia 5• Esta susti-
tución de argumentos basados en los escritos patrísticos por uno de
naturaleza más marcadamente humanista señala un cambio de enfo-
que; esto se apoya en la declaración subsiguiente de Arévalo de que
intenta emplear fuentes no españolas (e. g. clásicas) para que los lec-
tores no duden de la exactitud de sus declaraciones (Compendiosa,
página 122). Se puede suponer, por lo tanto, que se disponía del co-
nocimiento de tales fuentes desde 1463, una hipótesis que corrobora
el argumento de que Pío puede haber sido responsable de dirigir a
Arévalo a los geógrafos griegos y romanos que el Papa mismo había

5 "Sed quia prouenere ibi scriptorum magna ingenia, per terrarum or-
bem Atheniensium facta pro maxumis celebrantur. Ita eorum qui ea facere
uirtus tanta habetur, quantum ea uerbis potuere extollere praeclara ingenia.
At populo Romano numquam ea copia fuit, quia prudentissimus quisque
maxume negotiosus erat; ingenium nemo sine corpore exercebat" (Cat.,
VIII). Permítaseme añadir a mi ensayo sobre la Compendiosa, p. 80, otros
datos sobre la persistencia de este tema de los silenciosos pero heroicos
españoles en el siglo XVI y XVII; cfr. Francisco de Medina en un Prólogo
a Anotaciones a Garcilaso de Femando de Herrera : "Habiendo los buenos
espíritus atendido con más fervor a recobrar la libertad de la patria que a
los estudios de las ciencias liberales''; Quevedo : "España, cuya gente en
los peligros fue siempre pródiga de la alma, más atendía a dar que a es-
cribir ... destas [acontecimientos durante la colonización romana] y de otras
innumerables hazañas nada escribieron; todo lo escribieron los romanos ...
dejaron a los latinos el decir; en tanto que no supieron ser historiadores,
supieron merecerlos" (La hoTa de todos, ed. Clás. cast., pp. 203-204).

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110 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
empleado. Lo que más impresiona cuando se compara el Libellus con
la Compendiosa es la inmensa cantidad de lecturas que Arévalo debe
haber acumulado despu~ de haber preparado el primer esbozo: ya
que en ~te, prescindiendo de Justino, no hace ninguna cita por ex-
tenso de autoridad alguna, y los errores elementales acerca de la
historia de su propio país parecen indicar que se había confiado a una
memoria imperfecta o a fuentes inadecuadas de segunda o tercera
mano.
El último capítulo del Libellus, no el primero, es el que contiene
el núcleo real de las dos obras históricas, ya que se conal>e como
una tradicional Laus Hispaniae,tratando, como el elogio de Isidoro
siglos antes, de las ventajas naturales de la tierra y de las virtudes de
sus habitantes. Se basa, además, en la misma fuente, Justino, que
había acentuado el valor de los españoles, su aversión al mucho beber
y a cualquier otra cosa que pudiese debilitar su primitiva tenacidad.
A esta cualidad añade Ar~alo una ortodoxia religiosa que les había
hecho intolerantes respecto de las novedades desde los días de la vi-
sita de Santiago. Estos rasgos característicos, con las razones para su
adopción, vienen a ser más tarde un tema destacado de la Compen-
diosa. Sin embargo, en los capítulos introductorios de ~ta desviase
Arévalo del modelo tradicional de las historias más antiguascon sus
preliminares bíblicos para esbozar una introducción cosmográfica, men-
cionando a los "antiqui cosmographi" Plinio, Solino, lo mismo que a
los historiadores Justino y Orosio. La elección de los dos últimarnmte
nombrados está dictada por una pref ercncia por los testigos reales,
que es lo que tradicionalmente se supone que ellos fueron. Aunque
puede haber estado intentando mostrar las cinco provincias de la an-
tigua España en un marco contemporáneo, la forma de exposición y
parte del contenido recuerdan inevitablemente los argumentos de Al-
fonso Garda, en el Concilio de Basilea, acerca de que la provincia de
ultramar de la Mauritania, Tingitania, es parte integrante de España 6•
La medida de la ampliación de estos datos en la Compendiosa
puede colegirse del hecho de que el último capítulo del Libellus vie-
ne a ser los cuatro primeros de la obra más larga. La ampliación se
6
La fuente utilizada aquf, sin embargo, es Pesto Rufo, Breuiaritlffl r,-
n,m gesttn'Um populi Romani (ed. Foerster, Viena, 1874), p. 8. ar. p. 64-

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Una apología de la monarquía 111

realiza de una manera un tanto tosca, ya que el sistema del autor no


es alterar la sucesión original de materias, sino interpolar sus lec-
turas más recientes y, en la medida de lo posible, sustituir un nom-
bre de más autoridad como fuente, por ejemplo, Estrabón en lugar
de Justino. Al comentario del último sobre las ventajas del clima es-
pañol añade las observaciones de Estrabón sobre la pureza del aire
y la ausencia de peligrosas bestias salvajes (Geogr., 111, 2, 13, y 6);
esto lleva a sugerencias sacadas de la Política de Aristóteles y de la
Agricultura de Paladio Rutilo sobre los factores que contribuyen a
una población sana. Estrabón, utilizado por vez primera en una his-
toria peninsular, le suministra naturalmente datos excelentes sobre la
inmensa riqueza natural del país, prestando apoyo a sus teorías sobre
el efecto del clima en el carácter, que deben haber sido formuladas
después de la redacción del Libellus. La caracterización de los prisci
Hispani incluye una digresión sobre la lucha persistente y obstinada
de los Hispani contra el invasor extranjero, particularmente los ro-
manos. Cosa significativa, la época romana en España, tan funda-
mental para el desarrollo subsiguiente del país, no merece en los
cuatro libros de la Compendiosa más que una referencia de pasada
a la lucha incesante y a menudo ineficaz del Imperio con los indí-
genas. La lealtad de las tribus ibéricas en Sagunto puede haber con-
tribuido a la ruina de los cartagineses 7, pero después del asedio de
Numancia los romanos salieron "potius victos quam victores". El ase-
sinato traidor de Viriato, tomado de Justino (XLIV, 2, 7-8), se atri-
buye ·a sus aliados africanos y no a sus mismos conciudadanos.
La idea central, que el reino principal de toda España es Castilla
con León, ha sido elaborada ya en los capítulos 3-4 del Libellus,
juntamente con su interpretación de los orígenes de la monarquía que
en tiempos mitológicos gobernó en toda España. La existencia de tal
monarquía se sugiere por medio de las figuras míticas de Teucer, Gar-
goris y Abidis, mencionados por Justino sin una indicación clara

7 Esta sección sobre las relaciones de los iberos con los romanos for-
maba originalmente parte de su tratado sobre el mando y administración de
la fonaleza, escrito por el tiempo en que estuvo encargado de la fortaleza
papal de Sant'Angelo (compuesto entre diciembre de 1465 y octubre de
1467), MS Vat. Lat. 4881, ff. 11Sv-119v.

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112 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

acerca de su imperium. Se les considera como anticipaciones de la


aparición de Hércules y Gerión, que en las historias más antiguas de
España tendieron un puente sobre el foso entre la leyenda clásica y
la auténtica historia de la Península. Pero al componer los capítulos
correspondientes de la Compendiosa, Arévalo debe haber percibido que
ciertos argumentos necesitaban ser corroborados. Lo consigue con
ayuda del discurso de Alfonso García sobre la precedencia en el Con-
cilio de Basilea, del que toma la hipótesis de que ha habido reyes en la
región llamada ahora Castilla antes de la destrucción de Troya, que 1

Gerión no fue un monstruo tricéfalo, sino gobernador de tres pro- ·


vincias, y que Hércules, después de la derrota de Gerión, puso a su
nieto Hispano en el trono. El otro desarrollo extenso se halla en el
campo de la historia goda, descuidado en el Libellus e interpolado
aquí literalmente de la Historia Gothica de Ximéncz de Rada y del
Speculum de Vicente de Beauvais. Podemos estar casi ciertos de que
el Libellus fue escrito sin referencia directa al Arzobispo de Toledo,
ya que en él se hace referencia a los vándalos responsables de intro-
ducir la herejía arriana en España 7 se supone que el reinado efectivo
visigodo comienza con Teodorico, que derrotó a los suevos y expulsó
a los vándalos. En la Compendiosa, lo mismo que en la Historia Go-
thica, la narración de la historia visigoda comienza propiamente con
Atanarico, pero Teodorico conserva todavía un puesto destacado, ya
que se considera haber tomado posesión de .Mauritania,un hecho que
sirve de apoyo a la reivindicación contemporánea de Castilla del li-
toral africano, propuesta anteriormente por el Obispo de Burgos.
El capítulo 5 da una versión extremamente confusa de la his-
toria antigua de los reinos cristianos imposible de relacionar con una
fuente anterior y ni siquiera remotamente conectada con la Historia
Gothica. Pero hay una cierta lógica loca en una historia que estable-
ce que un rey de León hizo a su hijo conde de Castilla y que un
rey posterior, Alfonso de Castilla, envió a su hermano a conquistar
Cantabria y Celtiberia, naciendo como resultado de ello el reino de
Navarra. En lo que afecta a Aragón y Valencia, Arévalo ve al Cid ac-
tuando bajo las instrucciones de Alfonso VI en la conquista de estos
dos territorios, en los que pone como rey al segundo hijo del mo-
narca leonés. La aparición de Portugal como estado independiente se

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Una apología de la monarquía II3

considera debida, naturalmente, a Alfonso VI, y se pone ulteriormente


de relieve que Castilla, en cuanto distinta de otros reinos, hizo toda
clase de esfuerzos para conquistar los territorios moros cerca de sus
fronteras. Ahora bien, todo este tejido de mentiras y medias verdades,
bien sea algo amañado o inconsciente, tiene por fin establecer un
hecho:
"Reges omnes qui post cladem Hispanie erecti sunt ex trunco at-
que stipite regni Hispanie quos nunc reges Castelle appellamus, des-
cendisse et originem tulisse, nonnulli tamen remotius, aliqui propin-
quius" (f. 59I).
El capítulo 6 se adentra algo más en los argumentos con los que
se atribuye la hegemonía a Castilla y León. Coincide esto literalmente
con la parte I, capítulo 17 de la Compendiosa, mostrando que los años
que habían pasado no le habían persuadido a modificar ninguna de
sus opiniones. De la costumbre aceptada de escribir Hispania por
Castilla arguye que el rey de Castilla es el único titulado a llamarse
rey de España, mientras que los demás emplean los nombres de sus
reinos particulares. Además, como consecuencia de la historia de Cas-
tilla, heredera de los visigodos, el territorio actualmente ocupado por
los moros y las Islas Canarias pertenecen por derecho a ese reino.
Esto es una versión casi literal de los argumentos aducidos por Al-
fonso Garda (Allegationes ... super conquesta lnsularum Canarie con-
tra Portugalenses) y una indicación más de la deuda ideológica de
Arévalo. Es claro, pues, que las tesis básicas avanzadas en la Com-
pendiosa se hallan ya presentes en el Libellus. En el último, este
entusiasmo excesivamente activo y un conocimiento esquemático de
la historia le llevaron a exagerar su tesis, hecho que debe él mismo
haber reconocido cuando leyó más tarde la Historia Gothica, ya que
en la primera se eliminan todos los absurdos manifiestos y se sustitu-
yen casi palabra por palabra con cosas copiadas de Ximénez de Rada.
El Libellus y la Compendiosa marchan parejos a partir de la pri-
mitiva historia de _Castilla.La historia posterior, en las partes 11, 111
y en la primera sección de la parte IV, abarca los reinados de los
visigodos y de los primitivos reyes leoneses y castellanos hasta Al-
fonso XI. Se sacan estos datos en último término de la Historia Go-
thica, de la Crónica de 1344 y de los concurrentia de Ptolomeo de
PBN., 8
HISTORIOGRAFÍA

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114 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
Lucca y Martín de Troppau (a la manera de la Anacephaleosis).El
problema más interesante es el que presenta el empleo de la compi-
lación vernácula. En muchos lugares, Arévalo, como Alfonso Garda
antes de él, cita una fuente llamada Hispanorumannalia, que se pue-
de idet,tificar fácilmente con la Cr6nica de 1344. El empleo más
constante de esta fuente tiene lugar en los reinados de Fernando 11
de León y Alfonso vm o/ Castilla, en que Arévalo incluye 1a larga
historia de los cuatro votos de Lope Díaz de Haro en Alarcos, el ase-
sinato de Lope de Arenas en <;orita (i. e. Zorita) y la extraordinaria
lealtad de un Marco Gutiérrez en defensa del castillo de Guiar (Com-
pendiosa, pp. 181-186). Estos dos últimos casos fueron empleados ori-
ginalmente como ilustraciones del tratado De Castellanis (MS Vat.
Lat. 4881), donde figuran en los ff. 129v y 199-200v, respectivamente.
La precedencia de De Castellanis se prueba por la inclusión en la
Compendiosa de varias observaciones introductorias que pertenecen
únicamente al contexto del tratado más antiguo.
La difusión de la Cr6nica de 1344 como fuente de los historia-
dores del siglo xv es, según pienso, un problema importante, mere-
ciendo por ello aquí un examen detenido. Cirot dio con el rastro al
tratar de los dos primeros incidentes mencionados antes en sus "Anec-
dotes ou légendes sur l'époque d'Alphonse VIII", BHi, XXVIIl-XXIX
(1926-27), donde señalaba de manera particular el paralelismo entre
los textos de Arévalo y el Valerio de las historias por Rodríguez de
Almela, otro discípulo de Alfonso García. Se inclinaba a aeer que
ambos emplearon una fuente común y no eran interdependientes, te-
niendo presentes las fechas de publicación de las dos obras, la Com-
pendiosa (Roma, hacia 1470) y Valerio (Murcia, 1487); escrita antes
de 1472). La distancia entre estos dos lugares de imprenta y su igno-
rancia de todo lazo de unión entre los dos autores le hicieron estar
sobre aviso. Pero hay en ambas obras una semejanza curiosa de ori-
gen y forma. El prólogo de Almela da claros indicios de su inspira-
ción. En su juventud había estado en estrecho contacto con Alfonso
García, y el Obispo de Burgos le había hablado de su intención de
escribir un equivalente latino de la célebre compilación de Valerio
Máximo donde la historia bíblica y española sustituyeran a la romana
y griega. Basado en obras de la biblioteca de Cartagena, el Valerio fue

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---•t~a•s~a....

Una apología de la monarquía 115


un producto de esta confidencia. Puesto que el Obispo de Burgos
murió en 1456, el borrador estaba escrito probablemente mucho antes
de su fecha de publicación. El paralelismo entre Valerio y la Com-
pendiosa es mucho más impresionante de lo que Cirot comprobó, ex-
tendiéndose más allá del campo de la Crónica de 1344. En De Caste-
llanis hay pasajes relativos a épocas muy diferentes que contienen
anécdotas que se pueden encontrar en Valerio; y en el Compendio
historial (Bibl. Nac. de Madrid, MS 1525), otra obra de Almela, se
cita a Estrabón en el mismo contexto que en la Compendiosa (f. 16r;
páginas 124-125).
¿Quién copió entonces de quién? Se puede hallar la solución,
según pienso, en las dos observaciones siguientes. Cirot basó la fecha
de 1472 para el Valerio en una carta incluida en el material que sirve
de prefacio a esa obra; pero en las dos ediciones más antiguas im-
presas (Murcia, 1487, y Medina del Campo, 151x) se da como fecha
de esa carta el año 1462. Desde la edición de Toledo de 1520 parece
prevalecer la fecha de 1472. La primera fecha, 1462, está confirmada
por J. Torres Fontes en el Prólogo a su edición de la Copilación de
los milagros de Santiago, de Almela (Murcia, 1946, p. XXIII), donde
advierte que Almela fue a Roma por asuntos de capítulo en 1464.
A juzgar por los gastos pagados, debió haber permanecido allí por
algún tiempo, regresando antes de 1468. Esto explicaría la inclusión
de datos del Valerio en De Castellanis (escrito, según Trame, hacia
1465-67). También queda demostrado que el Compendio fue una de
las últimas obras de Almela. En una carta a Diego de Carvajal, co-
rregidor de Murcia, con fecha del 30 de enero de 1484, hace constar
que está ocupado en la terminación de una "copilación de las coró-
nicas e estorias de España" (Brit. Mus., MS Egerton x173, f. 54r).
Resulta claro, por consiguiente, que Arévalo no tuvo acceso a una
copia de la Crónica de 1344; en lugar de ello empleó la compilación
de Almela sacada de esa obra, y Almela, a su vez, copió de una
versión de la Compendiosa. Vinieron a encontrarse, evidentemente, en
Roma por ser ambos amigos de Alfonso García, que había ejercido
en ellos una profunda influencia con sus ideas. Almela lo confiesa
abiertamente, mientras que Arévalo cuida de echar un velo, en la me-
dida de lo posible, sobre sus fuentes contemporáneas. Su deseo común

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116 Ensayos sobre la historiografía~ dsl s. XV
de UD reino fuerte y unificado bajo UD solo monarca, responsable úni-
camente ante Dios, su interpretación del pasado de Castilla, deben
haber sido ideas impresas en sus mentes por el Obispo de Burgos,
que podría ser considerado, por ello, responsable en parte de la vasta
difusión del contenido de la Cr6nica de 1344 entre los historiadores
castellanos del siglo XV.
Volvamos ahora al Libellus y al reinado de Pedro el Cruel. Se
recordará que Arévalo pasa dehDCl'8damente de UD salto de los pri-
meros siglos de los reinos cristianos a finales del siglo XIV. Si escoge
esta época como ilustración de las disensiones violentas entre los ais-
tianos, lo hace así en provecho de·1os Trastámara, aun llegando a sos-
tener que estaba en tela de juicio la ilegitimidad del primer Enrique.
Las diversas suertes corridas po~ cada campo son de menor interés
que el trágico y salvaje drama de Montiel, y su relato de la confron-
tación de los hermanos debe atribuirse en último término a autosu-
gestión o al empleo de la leyenda popular. En su relato, ambos her-
manos, conscientes por igual de que toda Castilla vendría a quedar al
final totalmente devastada, decidieron resolver la cuestión a base de
un duelo 8• El célebre encuentro en la tienda de Bertrand du Gues-
clin se presenta como un duelo en pie de igualdad y no como un ase-
sinato particularmente brutal que la actuación anterior de Pedro pudo
difícilmente justificar. No puede decirse que la exposición mucho más
elaborada de la Compendiosaindique cambio alguno en la actitud de
Arévalo en lo que afecta a los problemas básicos del conflicto. Enne-
grece ciertamente todavía más el carácter de Pedro al incluir leyen-
das poco halagüeñas sobre su comportamiento con su padre y su
mujer, una de las cuales es la historia del cinturón de oro que le había
regalado Blanca, hechizado más tarde por María de Padilla. Este re-
lato aparece por vez primera en una vida anónima de lnocencio VI 9,
de donde pasa a una continuación de la historia de Ptolomeo de

8"Tandem post iterata bella et desolaciones Petrus ipse et Hemicus ne


ipsorum disidio tota perirct Hispania C\UD aliter finis tam periculosc dari
non posset, concorditer per aliquorum nobilium intermedia pepcgerunt ut
discordia ipsa per singularc certamen terminari debet. Inusitata ccrte res
in ter principes sed populis non inutilis" (f. 6ov).
9 Ed. E. Baluzc, en Vita Papan,,,nAf1mionensium (Paris, 1693).

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118 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
mitad de 1459, en que el Papa hizo público a los delegados franceses
su aprobación de los derechos de Ferrante al trono de Nápoles (folio
64"). En la Compendiosa anota sus antiguas misiones por mandato de
Eugenio IV para consolidar el apoyo anti-conciliar (Trame, p. 28).
En cuanto al último reinado, el de Enrique IV, únicamente distingue
a los dos textos una diferencia de acentuación; ambos revelan un
indulgente eclecticismo documental y demuestran una activa simpatía
hacia el rey. Los críticos han basado muchas de sus opiniones sobre
la historia de Arévalo en esta sección final de la Compendiosa, con-
siderando la mayoría que la valoración de Arévalo de las cualidades
físicas del rey, de su perseverancia, sabiduría, humildad, etc., era ex-
cesiva, y sus omisiones poco menos que escandalosas. Esto es verdad
hasta cierto punto. Recordemos que Enrique ha tenido una posteridad
historiográfica casi tan desastrosa como Pedro I, habida cuenta de los
acontecimientos subsiguientes. Arévalo no se abstiene enteramente de
criticar, pero tengo para mí que los rasgos caracteriológicos que es-
coge para poner de relieve en Enrique están seleccionados como res-
puesta a un ideal compuesto del monarca castellano basado en su in-
terpretación del pasado histórico, que él esperaque Enrique intentará
emular. Finalmente, desde su punto de vista personal, confirmado por
la investigación moderna, los primeros años del reinado de Enrique
fueron años de promesa, preconizada por la reconciliación del rey
con algunos de los elementos aristocráticos más bulliciosos y la ex-
clusión temporal de Juan de Navarra de los asuntos castellanos por
medio de la tregua de Agreda, que representó un triunfo diplomá-
tico para el Marqués de Villena.
Deliberadamente o no, Arévalo no avanza en ambas obras más
allá del año 1463. Los últimos acontecimientos concernientes a Cas-
tilla mencionados en la Compendiosa son la entrev~ta de Enrique y
Luis XI de Francia en el Bidasoa (mediados de abril de 1463), en la
que el primero renunció a sus pretensiones al trono de Aragón, y la
toma de Estepona y Archidona a los morps. Es verdad que los capí-
tulos finales, que tratan principalmente_.de la vida personal de Arévalo
y de la política papal, llegan hasta 1469. Bien sea que la considera-
ción de Isabel como hija de Enrique IV y heredera del trono (Com-

'

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Una apología de la monarquía 117

Lucca que cita Arévalo como fuente. En lo que concierne al inci-


dente de Montiel, sin embargo, lecturas posteriores condujéronle a
rechazar su versión primera, y hasta expresó dudas acerca de la mo-
ralidad de todo el asunto.
Me permito pensar que las circunstancias que le hicieron dete-
nerse en este caso de regicidio estuvieron en relación con el desafío
contemporáneo hecho al poder de Enrique IV por los nobles que en
1465 habían proclamado rey a Alfonso, su hermano menor, en Avila.
Esta situación se asemeja a la que había amenazado a Pedro, con la
intervención inevitable de Aragón al lado de los rebeldes. Con este
motivo, sugiere Trame, escribió Arévalo su De Monarchia (acabado
a finales de 1466), que determina que sólo el Papa podría deponer a
un rey hereditario (p. 152). Si Trame tiene razón, entonces Arévalo,
consciente de las peligrosas implicaciones de su primer relato sobre el
reinado de Pedro, tendió a prevaricar en la versión revisada de la
Compendiosa, que incluye un capítulo adicional basado en las doc-
trinas de De Monarchia, pero se abstuvo deliberadamente de explo-
rar más la situación. Se ha apartado, por lo tanto, de manera signifi-
cativa de la opinión aristocrática de la monarquía que expresó López
de Ayalaen sus historias y en su Rimado de palacio:
Bl que bien a su pueblo gooierna e defiende
Este es rey fJerdadero,tírese el otro dende
(ed. Kuersteiner, 11, 236).

En verdad, Arévalo en la Compendiosa llega hasta sostener que


Enrique mató a Pedro no por puro amor de justicia, sino con un ojo
puesto en su provecho personal; que ambos, Pedro y Enrique, fueron
castigados por la Providencia, el primero con la muerte que trajo
sobre sí, el último con el asesinato en Burgos de su hermano Sancho,
Conde de Albuquerque, y que los crímenes de esa generación fueron
expiados por los desastres del reinado de Juan l.
La comparación de los capítulos finales no ofrece material para
un comentario significativo. La nota autobiográfica tiende a aparecer
en ambas obras hacia el final. En el Libellus el autor nos recuerda su
viaje de Castilla a Mantua y destaca con aprobación un discurso de
Pío Il que él oyó allí, probablemente en el consistorio de la últim~

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Una apología de la monarquía 119

pendiosa, p. 239) sea un error debido a un simple lapso 10 o que haya


cambiado el nombre de Juana en Isabel después del tratado de Gui-
sando (septiembre de 1468), queda como un hecho que su retrato de
Enrique IV está basado en el momento más caluroso de su reinado,
antes que la "farsa de Ávila" y el poder renaciente del partido ara-
gonés debilitasen su autoridad real.
Resumiendo, se puede· trazar con mayor o menor claridad la ma-
nera con que la Compendiosa evoluciona desde las declaraciones fina-
les de la oratio de Arévalo sobre la toma de Gibraltar. Lo que fue
inicialmente una muestra de la seriedad castellana en la prosecución
de su propia cruzada, se convirtió en una interpretación histórica del
papel de la dinastía real castellana y en una defensa de las actuacio-
nes de la línea de los Trastámara. Esto se divide en dos partes :
a) una breve descripción de la España antigua, juntamente con la
exposición de ciertas teorías sobre los orígenes y el imperium de las
monarquías peninsulares; b) una historia de los Trastámara desde
Enrique II a Enrique IV. La primera está basada en fuentes cono-
cidas; la última, en alguna fuente contemporánea muy parcial. Se
puede suponer que la elección de épocas históricas estuvo motivada
por un latente antagonismo a la dinastía castellana en círculos diplo-
máticos allegados al Papa. Sea de ello lo que fuere, es claro que por
este tiempo las teorías básicas de Arévalo acerca de la historia pen-
insular estaban plenamente desarrolladas, y en el momento en que se
decidió a ampliar el tratado no hizo más que elaborar la estructura
elemental interpolando sus lecturas posteriores. Las únicas modifica-
ciones importantes son la sustitución de fuentes tradicionales por los
geógrafos clásicos de más autoridad, la corrección de errores histó-
ricos demasiado.\'.ev}dentes
y un cierto enfriamiento del entusiasmo por
los Trastámara ·'P~ antiguos. El trabajo de selección de ilustraciones
históricas, tomadas :de vastas compilaciones, tales como la Crónica de
1344, fue facilitado más que probablemente por una antigua versión
del Valerio de Almela. Coláronse también simultáneamente las teorías
expuestas en sus tratados morales y políticos posteriores 11, junta-

10 Un error ya señalado por Gallndez de Carvajal a finales del siglo XV.


Cfr. Cirot, BHi, XIV (1912), pp. 34-36.
u Speculum tJitae humanae: Compendiosa, pp. 223, 232, 241. De auc-

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120 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

mente con una gran cantidad de ornamentos retóricos. De esta ~


la obra fue creciendo, de manera irregular y pesada, como si hubiese
ido absorbiendo más y más detalles heterogéneos y anecdóticos de
dudoso stgnificado, hasta que Arévalo la entregó al editor. Es, por lo
tanto, una obra compuesta en cierto modo al margen de sus activi-
dades intelectuales normales, pretenciosa y afirmativa, reflejando a su
vez las diversas facetas de su carrera profesional 12•
De las obras analizadas aquí y de las de otros discípulos de Al-
fonso García pueden sacarse dos conclusiones. La primera concierne
a las modificaciones culturales que se derivan de la aparición de las
doctrinas humanistas en Italia. Los tres escritores, Garda de Santa
María, Ar~valo y Almela, habían estado en Italia, y dos de ellos tu-
vieron contactos señalados con exponentes del humanismQ. Arévalo,
en particular, estuvo bien situado para aprovecharse de las fuentes de
información desde hada poco tiempo disponibles. Me parece, sin cm-

toritate Romani Pontificis, De remediis schismatis, Def msorium eccusiae;


ibid., p. 237. Commentum super bulla cruciatas indicia, pn Pium II: ibid.,
página 239. Commentum supe, bulla depositionis regis Bohemiae: ibid., pá-
gina 232; aparte la bibliografía de sus propias obras en la conclusión de la
Compendiosa.
12Después de haberse escrito este ensayo, vino a luz una versión más
de la Compendiosa en la Biblioteca Laurenziana, Florencia, bajo la sigla
Ashbumham, 1282, f. 1-66. Aunque inscrito en el catálogo como "Rodcricus,
Historia Hispanarum, cod. membr. in folio XIV scc.", es, de hecho, un có-
dice del siglo xv, cuidadosamente escrito con encabezamientos de capítulo
y mayúsculas en tinta roja y azul. El MS es incompleto, a pesar de la nu-
meración consecutiva de los folios. Falta la historia antigua de la Península
hasta el tiempo de los visigodos. Esta versión, como la impresa, llega hasta
1463 aproximadamente y está dedicada a Enrique IV, pero, como se puede
ver fácilmente por el número de folios, no tiene nada de la rica elaboración
de la crónica impresa. Una rápida ojeada al contenido muestra que contiene
tres panes y no cuatro (la monarquía visigoda no ocupó hasta ahora una
sección por sí misma) y que muchas de las fuentes citadas CD la versión
final, principalmente la Crónica de 1344 o un intermediario, todavía no
las tenía a su disposición. En la introducción refiérese Arévalo a sí mismo
como Obispo de Calahorra, no de Oviedo, como CD el Lib,llus, de tal suerte
que la redacción puede datanc después de octubre de 1467; la sustitución
de Enrique IV por Pío II habría tenido lugar después de la muerte de Pío
en agosto de 1464. Observaciones más sustanciosas han de esperar un exa-
men más detallado del texto ftorcntino.

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Una apología de la monarquía 121

bargo, que o bien hizo deliberadamente caso omiso de ellas o las hizo
servir a sus propias teorías acerca del pasado. Si mis deducciones son
exactas, su obra es esencialmente una colección de dicta y facta que
giran en tomo a temas de filosofía moral, ilustrados con incidentes
de la Crónica de 1344, y está desprovista 4c todos los demás datos
históricos que podrían desviar al lector del tema central, la solidari-
dad y continuidad de la familia castellana reinante. Esto está vincula-
do a la conclusión segunda y más importante, que se refiere al sig-
nificado ideológico más amplio de tales escritos. El culto genealógico
del siglo XIV-XV, con su insistencia en la herencia visigoda, no es más
que una faceta de la lucha política entre la monarquía y la nobleza,
hábilmente analizada por Luis Suárez Femández en Noblesa y mo-
narquía (Valladolid, 1959). El pactismo oligárquico de la Corona de
Aragón obra poderosamente en la aristocracia castellana. Sus fami-
lias privilegiadas reconocieron y aceptaron la estructura social en
cuanto monárquica, pero intentaron contener al rey con una serie de
obligaciones contractuales que asegurasen su dominio continuo. El si-
glo XIV fue el siglo aristocrático por excelencia. Sus leyendas y su
literatura, las hazañas de los Lara y de los Castro, el Rimado de pa-
lacio o las Mocedades de Rodrigo, e innumerables anécdotas de la
Crónica de 1344, giran en tomo a la independencia del señorío casi
auto-suficiente. Hasta crónicas tales como la de Alvar Garda de Santa
Maria perdieron al rey de vista en medio de la magnificencia de sus
cortesanos, y Alvaro de Luna hácese cargo del trono a la manera de
uno que espera ser más que un primus ínter pares. Hay poca nos-
talgia por el pasado lejano en los años de preeminencia nobiliaria,
pero a lo largo del siglo xv crece gradualmente el número de apolo-
gistas del trono, cuyo anhelo por la idea imperial es algo más que
una mera veneración de su grandeza. Es un deseo de restauración de
las relaciones entre vasallo y rey, tal como estaban representadas por
el concepto romano y eclesiástico de Imperio y Reino, tomado de las
Decretales y del Derecho Canónico, viniendo a ser materia de pro-
paganda política y literaria por la aplicación de incidentes históricos
seleccionados del pasado próximo y remoto. La casa de Trastámara
puede haber creado una nobleza nueva e indócil con pretensiones
no menguadas a la autoridad, pero atrajo también a sí un número de

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122 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

servidores interesados que buscaban dotar al trono de un aura de


permanencia y altura que sus mismos orígenes paredan negarle. El rey
es considerado cada vez más como una persona nombrada por Dios,
no solamente investida con el derecho a ejercer el poder real, sino
también con obligaciones respecto a cada uno de los miembros de
la comunidad, siendo venerado juntamente con sus antepasados como
guardián del bien común. Si esta imagen no responde a la realidad
durante tres cuartos del siglo xv, se aproxima a ella de manera más
estrecha en los tiempos de Fernando e Isabel, rodeados ellos mismos
significativamente por un número creciente de escritores de opúsculos
y de historiógrafos profundamente conscientes de las ideologías di-
fundidas por Alfonso Garda de Santa Maria y sus disdpulos, de los
cuales el más extremista y el más voluble fue Rodrigo Sánchez de
Arévalo 13•

13Hay pruebas de la circulación continua de la Compendiosa hasta


finales del siglo xv. Menéndez Pidal alude a una copia en la Biblioteca de
Palacio (2-C-4) con adiciones que empiezan en el f. 130 hasta los tiempos
de Femando el Católico, Cr6nicas generales, pp. 177-8; Oemencín tuvo no-
ticia de un MS semejante que él vio en la biblioteca de Enriquez Flórez,
Blogio, pp. 569-572; Vaseo vio una copia en la biblioteca de Hernando
Colón en Sevilla y en la del Cardenal Pedro González de Mendoza en Va-
lladolid, Rerum Hisp. Cronicon, en Hisp. Illustr., I, p. 579; el 8 de abril
de 1501 P. M. Carbonen dio a un librero una lista de libros a comprar en
la feria de libros de Lyon, en el sur de Francia. ~sta incluye la Compen-
diosa, cfr. M. Maduren Marimón y J. Rubió Balaguer, Historia de la im-
prenta en Barcelona, 1474-1553 (Barcelona, 1955), pp. 341-2; hay una tra-
ducción italiana registrada por Gutiérrez del Cano, Catálogo de los MSS en
la UnitJersidad de Valencia (Valencia, 1913); una de las leyendas acerca de
Alfonso el Sabio pasa a través de este canal a un cuento de Bandello; cfr.
T. G. Griffiths, Bandello's Fiction (Oxford, 1955), pp. 117-8. Finalmente,
en la lista de libros solicitada por Felipe II del Capítulo Real de Granada
para la biblioteca del Escorial, figura el Speculum 'Vitae humanas y la Com-
pendiosa; cfr. MS 5734, f. 327r, Bibl. Nac., Madrid.

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EL PARALIPOMENON DE JOAN MARGARIT,
CARDENAL OBISPO DE GERONA

El testimonio de los estudios precedentes ref orzarfa la convicción


de que el impacto del humanismo italiano en los historiadores caste-
llanos hasta la época de Enrique IV es, sin exageración, exiguo, y ha
de llevar a modificaciones de la opinión corriente en las historias ge-
nerales de literatura. Se ha de esperar hasta Nebrija para tener una
expresión local del contraste entre la cultura de la Edad Media y los
tiempos contemporáneos. A pesar de la vulgarización de varios his-
toriadores clásicos y de las traducciones de Dante, Petrarca, Boccaccio,
Bruni, Manetti, etc., a las diversas lenguas peninsulares, los pocos li-
teratos que mostraron interés por la cultura italiana tuvieron una
idea más bien superficial de los propósitos humanistas. Ha sido fre-
cuentemente materia de comentario la falta de simpatía entre las dos
culturas 1• Es cierto que se operó una toma creciente de conciencia
del valor de la latinidad, pero la imitación un tanto aparatosa de las
estructuras latinas en el romance, como en el caso de Juan de Mena,
iba intrincadamente entretejida con las prácticas tradicionales de los
retóricos medievales 2• El renacimiento de la historiografía latina es
1 N. G. Round, "Renaissance culture and its opponents in fifteenth cen-
tury Castile", MLR, LVII (1962), pp. 204-215.
2 Maria Rosa Lida de Malkiel, 'Juande Mena (México, 1950), passim;
se han de hacer, sin embargo, algunas excepciones a propósito de la costa
oriental, cfr. Jordi Rubió, "Influencia de la sintaxi llatina en la cancellcría

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124 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
un hecho, como hemos visto, pero el interés por la cultura grecorro-
mana y su impacto en Españaestá subordinado frecuentemente a p~
blcmas más domésticos. Los autores de las dos principales historias
latinas son conscientes ciertamente de una falta de información sobre
los siglos más antiguos. Alfonso Garda de Santa Maria lamenta que
no haya nadie que pueda decir quién reinó en la Península antes del
Diluvio y Sánchez de Arévalo atribuye la escasez de información al
desinter& de los eruditos y a la lejanía de España 3• Este último tema
fue repetido por los escritores vernáculos como P&ez de Guzmán.,
Se queja del historiador Trogo Pompeyo:
Aunque gran historial
Y o le reprehendo e acuso
Porque en sus obras non puso
La su patria occidental4•

También Lucano, en su opinión, hace de menos a su pafs:


Aya tJerguensaLucano
Natural desta nacion
Que tan singular mencüm
Fizo del cauto romano
B asi encogio la mano
Que quando alli la escribio
De libertad olmdo
La rnrtud del reyno hispano5•

No solamente los historiadores clásicos habían dejado de conme-


morar las hazañas españolas, sino también Castilla misma había te-
nido siempre poco interés por la antigüedad, añade en las Generado-

catalana del segle rv'', VII Congreso Intnnacional d, lingüútica románica


(Barcelona, 1955), II, pp. 357-364, y "Sobre Sallusti a la cancclleria cata-
lana", Spanische Porschungen dn Gorr,sg,seUschaft, nst• Reihe, G,sam-
melte Auf siitze sur Kulturgeschichte Spaniens, XXI (1963), pp. 233-249.
3 Ana., p. 249; Comp,ndiosa, p. 121.
4 Canc. Casi., I, p. 714-
5 Foulché-Delbosc, op. cit., I, p. 709.

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...

El "Paralipomenon" de Joan Margarit 125

nes y Semblanzas 6• Su sentimiento halla eco en el traductor castella-


no de De Genealogía Deorum, de Boccaccio: "O gloriosa hedad la
passada, quando ningun famoso fecho passava con somnolento si-
lencio syn se perpetuar o por hedificio o por escriptura. . . O perversa
condicion del tiempo, la en que somos. O mundo inico el presente
que antes se fallaran mili reprehensores que hun loador" 7•
A pesar de tal declaración no aparece, sin embargo, historiador
alguno que haya sido movido a comenzar el estudio de la antigüedad
clásica de Castilla. En el este, la presencia general del humanismo se
evidencia en Cataluña antes que en Castilla, siendo de esperar que
la penetración de las ideas humanistas hubiese tenido algún efecto en
el estudio de la historia. En términos generales, esto no se dio. La his-
toriografía catalana del siglo xv no da muestras de interés alguno por
la antigüedad clásica. Actualmente se da por supuesto que el Libre
de Feyts d'Armes de Catalunya, que reveló una vasta erudición clá-
sica, es una falsificación literaria del siglo XVII 8•
Sin embargo, pertenece a un catalán el honor de haber sido el
primero en esbozar en una obra histórica las actitudes de los huma-
nistas italianos respecto a la historia, adaptadas al estudio de la Es-
paña antigua. El día en que Joan Margarit i Pau, lamentando el poco
eco que España había encontrado en Trogo Pompeyo y Paulo Orosio,
se apartó del tan gastado plan de crónica peninsular. trazado por el
Toledano y se sumergió en las historias y geografías de Estrabón,
Ptolomeo, Livio y César para elaborar su Paralipomenon Hispaniae,
marca una nueva fase en la historiografía española. Fue el primer eru-
dito de la Península capaz de expresar su patriotismo en su obra sin
deformar la herencia clásica transmitida por Grecia y Roma, como
hemos visto ejemplificado en la obra de Ruy Sánchez de Arévalo.

6 Ed. Tate, p. 18 : 8 : "En Castilla ovo siempre e ay poca diligencia de


las antigüedades, lo cual es grant daño".
7 M. Schiff, La Bibliotheque du Marquis de Santillane (Paris, 1905),
páginas 336-337.
8 C.011i Alentom, Bl Problema de l'Autenticitat del "Libre de Feyts d' Ar-
mes de Catalunya".

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126 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

n
Las actividades de Joan Margarit i Pau se extienden por la última
mitad del siglo xv. Había nacido en o cerca de Gerona hacia 1421
y murió en Roma en l484- Sus obras, sin embargo, no reflejan la
vida intensamente activa que llevó como embajador y canciller bajo
Alfonso V y Juan II de Aragón. Como clérigo, Cardenal y Obispo de
Gerona, se ocupó de los valores transcendentales; como humanista,
su lengua fue el latín, la lengua universal. Las únicas publicaciones
que poseemos de él en romance son las diversas cartas en catalán con-
tenidas en los Archivos Municipales de Gerona y el discurso que
pronunció en las Corts de Barcelona, en 1454, para dar la bienvenida
a Juan de Navarra como lugarteniente del Principado de Cataluña 9•
Las obras latinas de Margarit que han llegado hasta nuestros días
pueden dividirse en tres categorías: político-morales, oratorias e his-
tóricas. Su doctrina política y moral hállase contenida en T emplum
Domini y Corona Regum. La primera, escrita a finales de 1464, abar-
ca en retrospectiva histórica las relaciones de Iglesia y Estado desde
los tiempos bíblicos hasta sus días. La segunda es un espejo de
príncipes dedicado a Juan Il de Aragón. La obra oratoria consiste
en un discurso al Senado de Venecia en 1481, en calidad de emba-
jador de Femando e Isabel 10• Pero son los diez hbros de historia de
la España antigua los que constituyen el derecho de Margarit a una
posteridad literaria 11• Esta obra marca un hito en la penetración del
9 Cfr. R. B. Tate, Joan Margarit i Pau (Manchester, 1954).
10R. B. Tate, op. cit., p. 142, y también Elias de Tejada, Las doctrinas
Políticas de la Cataluña medietJal (Barcelona, 1950). Después de haber sido
escrito este estudio, han sido localizados otros dos discursos de Margarit.
Derivan de su época de representante de Juan II de Aragón en el Congreso
de Mantua y están dirigidos a los florentinos (Firenze, Archivio di Stato:
Signori, Legazioni e Commissarie, Elezioni, Istruzioni e Lettere, I, cart. mise.
XV, f. 44v) y a Francisco Sforza, duque de Milán (Bibl. Ambrosiana, L 69
sup. membr. mise. XV, f. 98v).
11 Se cita constantemente según la edición de Sancho Nebrija (Grana-
da, 1545).

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RI "Poralifomcnon"de 1oan IKargaril 127

tmmanismo .italiano en España WJ Cataluña. Dejando a un lado la


supuesta existencia de los Dies libros de las antigüedades de España
de Alfonso de Palencia, el Paralipomenones anterior en su concepción ,
y datación a las Antigüedades de España de Nebrija. Simboliza la
creación de un pasado venerable de España para emular el ejemplo
de la investigación erudita italiana en la antigüedad clásica, pero sin
la ayuda artificial de invenciones tales como las que aparecen en las
historias de Annius de Viterbo y Florián de Ocampo.
Según las observaciones de sus obras restantes, el Paralipomenon
debe haber ocupado a Margarit durante la mayor parte de su vida 12•
Iba refundiéndolo constantemente, como muestran los fragmentos de
cinco versiones diferentes del manuscrito 5554 de la Biblioteca Na-
cional de Madrid 13• Su muerte pudo haberle impedido elaborar una
redacción final, pero la versión contenida en el Codex G-1 de la co-
lección de Salazar en la Real Academia de la Historia, abarcando una
serie de historias peninsulares medievales, está todavía por estudiar.
No fue la versión empleada por Sancho Nebrija para su colección de
crónicas impresa en Granada en 1545, ya que no conocía el nombre
del autor, únicamente que era Obispo de Gerona. La copia que empleó
era defectuosa, según propia confesión, y su aparición no suscitó co-
mentario alguno de interés, a no ser que algunos de los juicios más
superficiales tropezaron con el disgusto de sabios que tenían sobre
Margarit la ventaja de medio siglo de investigación y técnica.
Las únicas opiniones que se pronunciaron en su favor fueron las
de sus contemporáneos, mejor situados para apreciar los avances que
había hecho. Hilarión Corbetta de Verona, el teólogo benedictino y
erudito griego, a quien él envió el manuscrito para su aprobación,
dijo que le hacía revivir a España, pidiéndole que lo hiciese impri-
mir en Italia 14• Carbonen, archivero e historiador catalán, en su De
Viris lllustribus Catalanis lo califica de volumen digno sin entrar en
12 Hace referencia a él en Templum Domini, cf. Fita y Colomer, El Ge-
TUndense y la España primitiva (Madrid, 1879), p. 179, "libro quem de oblita
antiquitate Hispaniae futurae posteritati conscripsi".
13 Cfr. p. 153.
14 MS 5554, f. 82r. Cfr. también Fita, op. cit., p. 396. "Fecisti, fateor,
me eam oram Hispaniae non tam legere quam oculis ipsis quodammodo
cemere et contemplari ... es [librum) doctum, eruditum, elegans et facundum".

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128 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV

más detalles 15• Vespasiano da Bisticci, el biógrafo florentino y emi-


nente hombre de letras, emite un juicio favorable que refteja la amis-
tad existente entre el autor y el bibliotecario 16•
Desde mediados del XVI hasta finales del siglo XIX no aparece más
que la crítica más dura y en su mayor parte por las mismas razones.
Ocampo recomienda que se desconfíe del Obispo, clasificándole como
un cronista de tercera categoría Fray Juande Rihuerga 17• El -princi-
pal origen de los errores del obispo puede atribuirse a simples malas
interpretaciones del texto clásico. Ocampo, por otro lado, tenía en su
haber una imaginación fecunda; ¿hemos de atribuir entonces gran
peso a su opinión? El historiador flamenco Juan Vaseo fue el pri-
mero en imputar errores al texto publicado del Paralipomenon, "non
satis emendatum" 18• Nicolás Antonio es ponderado en su juicio: que
el Obispo sería digno de alabanza, si no hubiese introducido varios
errores intolerables 19• Es una desgracia que Nicolás Antonioconsagre
mucho más espacio a los errores que a los motivos de alabanza. Una
de las autoridades que cita, Gaspar Escolano, desearlad Paralipo-
menon como un "manifiesto borrón". Una ojeada a su propia obra,
la Historia Valentina, indica que no se hallaba en situación de criticar
a los demás 20• El peligro de tales valoraciones, como las de Nicolás
Antonio, es que adquieren proporciones distintas cuando se las tras-

1s CDlACA, XXVII-XXVIII (Barcelona, 1852-1864), p. 239.


16 Vite (ed. Paolo d' Ancona, Milán, 1951), p. 115. "O>mpose la storia
del reame di Spagna, dove si trova ogni cosa degna di memoria infino a•
t-empi sua". (Parecería que Vespasiano no había visto muy de cerca el vo-
lumen.)
17 Cirot, G., Les Histoires Générales d'Bspagne entre Alphonse X et
Philippe 11 (Bordeaux, 1904), p. 143.
18 Las observaciones de Vasco son en su totalidad favorables: "Labo-
ravit in eodem argumento latine Joannes Gcrundensis cpiscopus et ita la-
boravit, si quam ille diligenter et crudite plcraque scripsit, tam emendate
fuisset opus impressum. Sed ad ea quoque quae ille pulchre ac docte co-
llegit, plwima addemus, quae ipsum scculi vitio, vcl librorum penuria fefe-
llerunt, aut quae alia quavis de causa ponenda non putavit". Hispaniu Cro-
nicon, en Hisp. lllustT., I, p. 574-
19 Bibl. Hisp. Vet., 11, p. 320.
20 Historia Valenti~ I, coL 172, n. 7.

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El "Paralipomenon" de Joan Margarit 129
lada a compendios como la enciclopedia de autores catalanes de Torres
Amat, quien no tuvo un conocimiento personal de la obra 21•
España Sagrada y el Viaje Literario de Villanueva no ofrecen co-
mentarios de importancia. Hasta que Fita y Colomer elaboró su edi-
ción de las Actas Capitulares de Alf onsello, vicario general de Mar-
garit en Gerona, no se hizo una tentativa de estudiar la obra en de-
talle 22• La defensa entusiasta que Fita hace de Margarit contra sus
censores fue seguida unos años después por un breve discurso en el
que describía el manuscrito del Paralipomenon de manera muy su-
maria, acompañándolo de un primer ensayo biográfico23• Esta vindi-
cación del Obispo llevó probablemente a Fita más allá de los límites
de un legítimo entusiasmo, pero a él se debe que Cirot fuese capaz
de valorar el verdadero mérito del Paralipomenon y de asignarle un
lugar destacado en la historiografía española. Escribió : "desde el punto
de vista de la historiografía, Juan de Gerona parece haber sido el
principal innovador y e) primer representante indiscutible del Rena-
cimiento en España. Los que le han precedido, aunque algunos hayan
estado imbuidos por el humanismo, pertenecen todavía a la Edad
Media, de la que tienen el espíritu y la forma escolástica y a cuyas
tradiciones acomodan generalmente sus ideas referentes a los oríge-
nes, sin aportar nada nuevo" 24•
A partir de esta época, Margarit ha ocupado un puesto de impor-
tancia cada vez mayor. Fueter, en 1914, le reivindicaba como el pri-
mer discípulo español de Leonardo Bruni 25• Sánchez Alonso le asigna
un puesto de primer orden en la época historiográfica que se extiende
desde el Paralipomenon a las crónicas de Ocampo 26• En su opinión,
esta ciencia sufrió mucho con la desaparición de esta obra en el tiempo
de la popularidad de los anales de Annius de Viterbo, que volvieron
a introducir tantísimas fábulas en la concepción de la antigüedad es-
pañola.

21 Artículo Magarit y Moles.


22 Los Reys d'Arago y la Seu d, Girona (Barcelona, 1873).
23 Cfr. Bl Gerundense y la Bspaña PrimititJa (Madrid, 1879).
24 Cirot, op. cit., p. x.
25 Histoirs de l'historiographis (ed. francesa, París, 1914), p. 275.
26 Historia de la historiog,-a/ía ,spañola (Madrid, 1941), I, p. 361.
PBN., g
HISTORIOGRAPÍA

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130 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

No es nuestra intención examinar aquí el valor científico del modo


de obrar de Margarit ni apoyar o refutar las censuras hechas a su
ignorancia de la geografía antigua, ni valorar tampoco la verdad de
sus teorías personales comparadas con el saber moderno. Nos con-
tentaremos con establecer en qué medida refleja el Paralipomenonla
penetración de nuevas ideas venidas de Italia, marcando así una nueva
época en la historiografía española.

111

Las principales diferencias entre el Paralipomenon de Margarit


y la historiografía española contemporánea son debidas en primer
lugar a su relación con Italia. Es verdad que varios historiadores com-
pañeros suyos pasaron también largas temporadas allí, pero parece
que han sido insensibles en gran parte al revivir de los estudios clá-
sicos. Recapitulemos brevemente las relaciones de Margarit con Italia.
Fue uno de los pocos historiadores que se formaron por aquel tiempo
en Italia, en la universidad de Bolonia, en la que se doctoró en de-
recho canónico n. A continuación sirvió en las cortes de Alfonso V
y Nicolás V, que se destacaron, como ya hemos mencionado, por
el aliento prestado a los estudios históricos. Margarit estaría también
en Roma por el tiempo en que se estaban realizando las principales
traducciones de los historiadores y geógrafos griegos 28• Abarca éste
la primera parte de su vida, de 1447 a 1453. Pasó los años 1459-1461

r, Bolonia es la primera universidad en establecer una cátedra de hu-


manidades a comienzos del siglo XVI, que se ocupaba principalmente de las
romanae antiquitates. Cfr. G. Zaccagnini, Storia dello Studio di Bologna du-
rante il Rinascimento (Ginebra, 1930), p. 274.
28 En la dedicatoria de su Ortographia a Nicolás V, Giovanni Tortcllo,
el bibliotecario, menciona la importancia de estas traducciones históricas.
La jerarquía que impone a las diversas actividades del Papa es interesante.
Cfr. Müntz et Fabre, La Bibliotheque du Vatican au xveme siecle (Paris,
1887), p. 36. "Video enim quantis impensis et sumptibus quantaque diligentia
greca oratorum volumina historicorum et philosophorum atque summorum
theologorum in latinam linguam traduci procuras".

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El "Paralipomenon"de Joan Margarit
como embajador de Juan II en el Congreso de Mantua, presidido por
otro gran historiador, Eneas Silvio, ahora Pío 11, y al que asistieron
otros eruditos, tales como Flavio Biondo, Francisco Filelfo, el Car-
denal Bessarion y Rúy Sánchez de Arévalo de Castilla. Durante parte
de sus viajes, Margarit estuvo acompañado por Vespasiano da Bis-
ticci, historiador y librero florentino.
La relación personal de Margarit con los humanistas de la época
es todavía extremamente oscura. Prescindiendo de Vespasiano, del
que puede haber adquirido la veneración por Leonardo Bruni 29, man-
tuvo correspondencia con el erudito griego Hilarión de Verona. En la
última parte de su vida, hacia 1470, tuvo un secretario italiano lla-
mado Guarino di Novellis.
De 1461 a 1481 permaneció en Cataluña, escribiendo durante este
tiempo otras dos obras, Templum Domini y Corona Regum, conti-
nuando presumiblemente la composición del Paralipomenon.Pasó los
restantes años de su vida, 1481-1484, en -la corte pontificia. Murió en
Roma en noviembre de x484.
A este contacto con la Italia humanista ha de atribuirse su con-
cepción del Paralipomenon.La recreación de la Roma antigua era
considerada por los humanistas en general como una perspectiva bá-
sica de la historia universal y en particular como la herencia que
colocaba a Roma y al Vaticario en el centro del mundo. Margarit,
como súbdito de un reino en la periferia de ese mundo, al mismo
tiempo que reconoda la deuda contraída con la cultura clásica, per-
cibía que la antigüedad de Hispaniano debía rendirse ante ninguna
otra en su augusta grandeza 30•
Margaritse yergue así con un pie en Italia y el otro en España.
Su finalidad es acrecentar el valor de la península, su técnica es la del
humanista italiano.

29 Paralipomenon, f. 7r, ''nostre aetatis historiographorum princeps".


30 "Quum vero compererint inter omnes mundi provincias maximam
nobilissimamque Hispaniae antiquitatem maximis laudibus extollendam et
exterarum gentium commentariis ac variis libris atque descriptionibus labore
maximn comprobatam, non potui calamum continere". Paralipomenon, f. 1•.

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132 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

IV

Las obras de Margarit, en general, como las de la mayoría de los


• humanistas, revelan una preocupación por las perspectivas más am-
, plias de la historia. En el mismo discurso ante las Corts de Barce-
lona, en 1454, recordaba la gloria de Grecia, un reino que habían
conquistado sus ilustres predecesores; y Juan II de Aragón adquirió
por su oratoria la aureola de un héroe romano, un Fabricio o un Ca-
milo. Unos diez años más tarde se concibe el Templum Domini como
estudio de la posición de la monarquía respecto de la autoridad espi-
ritual desde los tiempos más antiguos hasta el día presente. La Coro-
na Regum, no obstante su plano ético, está llena de digresiones his-
tóricas 31•
Esta penpectiva se apoya en una conciencia profunda de la im-
portancia del pasado. Por pasado parece entender no el pasado re-
ciente, sino el estudio de los orígenes. "Quis enim", declara con un
aire ciceroniano, "futuram agere vitam excogitat, qui diem suae nati-
vitatis ignorat aut quis quo tendat scire potest, qui unde venit nes-
ciat?" 32• Encuentra difícil por ello perdonar a los historiadores pasa-
dos, cualesquiera que hayan sido sus intenciones, por deslizarse a la
ligera sobre las etapas más antiguas de la historia de España. Acusa
en particular al Toledano de pasar por encima de esta época como si
fuese "super prunas gradiens" 33• Esta preocupación por los orígenes
ha de considerarse como una identificación primaria de la perspectiva
de Margarit con la de los humanistas.
Margarit tenía que crear, por lo tanto, un nuevo plan para su
historia por medio del cual se descentralizase la historia antigua de
España del marco universal de obras tales como la de Trogo Pom-

31 Cfr. R. B. Tate, 1oan Margarit i Pau, pp. 102-116.


32 Paralipomenon, f. 1r.
33 lbid., f. 1r. Cfr. tambim f. sr. "Rodericus Toletanus antiquitatem
Hispaniae subticens vel ignorans ncminem ante Gcryonem ... Gcryonis gesta
sicco pede pertransit, tanquam qui pcr ignotam provinciam fugitivus cupit
ad notam sibi pcrtingcre".

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1 1 111111
Bl "Paralipomenon" de 1oan Margarit 133
peyo y sirviese al mismo tiempo de prólogo a las varias historias de
los godos en España. Establece explícitamente que no intenta ir más
allá de los comienzos del reino godo, dado que el asunto había sido
tratado de manera tan completa por escritores anteriores.
Este nuevo plan parece responder a la incidencia de dos fuerzas :
en primer lugar, el ideal humanista contemporáneo de "patria", ex-
presado en el tipo de historia llamado por Fueter "publicista", como
la historia de Florencia de Bruni o la Roma Triumphans de Flavio
Biondo, y, en segundo lugar, un conocimiento más profundo de los
textos clásicos que brindaba ahora en cantidad suficiente nuevo ma-
terial con el que se hada posible un plan de este tipo.
El Paralipomenonpuede dividirse en cuatro partes :
a) Una sección etnográfica y topográfica Lloro I
b) La historia de España en la época precarta-
ginense Libros 11, m
c) Las Guerras Púnicas en España Libros IV-VII
d) La dominación romana hasta César Augusto Libros VIII-X

Había pensado extender su obra hasta los tiempos de los Empera-


dores Arcadio y Honorio 34, la época considerada normalmente por
los humanistas como el comienzo de la Edad Oscura 35, pero por al-
guna razón nunca se llevó esto a efecto. Dado que el MS de Madrid
y la edición de Nebrija terminan ambos en el mismo lugar exacta-
mente (el último párrafo del MS es un autógrafo), es posible que el
resto no se haya perdido, sino que nunca se haya completado.
Las secciones que tratan de las Guerras Púnicas y de la conquista
de Roma pertenecen al campo bien trabajado de la historia clásica.
Pero es bastante significativo que esta época sea tratada detallada-
mente con material sacado de Livio, César, Suetonio y otros, por vez
primera, si se prescinde de la Primera Crónica General. Margarit se-
lecciona en estas fuentes el material pertinente, uniendo de manera
34 Ibid., f. 2r.
35 Biondo, Decades (Basilea, 1531), I, p. 3. "Culmen vero ipsum et tan-
quam vcrticem, Theodosü supcrioris quadragcsimi tertii, ac deccm annis
postea Archadii et Honorii illius filiorum temporibus fuisse dicimus, quia
licct multas cladcs, multa incommoda sacpc antea passa cssct res Romana".

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1 34 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
apropiada los episodios con las circunstancias externas para evitar la
discontinuidad 36• No adopta una actitud tan apologética ante el em-
pleo de las fuentes puramente romanas de la historia de España en
esta época como Ambrosio de Morales, quien, más consciente del
hecho de que un país ha de poseer sus propios datos históricos, ex-
plica que no es culpa suya si los primeros libros parecen ser más
bien una historia de Roma que de Espa!a. La diferencia entte las dos
obras yace en el hecho de que Margarit obraba bajo la influencia de
la finalidad didáctica de la historia, que tenía para el humanista su
mejor ilustración en las hazañas de los héroes de Grecia y Roma;
mientras que Morales, tanto por motivos patrióticos como científi-
cos, fue llevado a tratar exclusivamente de España. Margarit intenta
guardar un camino medio entre la historia de Roma y la de España,
pero su criterio humanista tolerante perm.ítele ampliar este propósito
una y otra vez. Hace esta observación sobre las proezas de César :
"eius f acta adeo magna sunt, et a viris illustnbus commendata ut
debite debeant interseri, ne ab Hispanis ignorentur" 37•
Las secciones más originales e interesantes son (a) y (b). Aquí des-
pliega Margarit toda su habilidad para someter el nuevo material a
su propósito. La sección (b) puede incitar en gran parte a críticas,
pero no hemos de olvidar que estaba roturando un terreno nuevo con
escaso aparato científico que le guiase. Sin embargo, mediante un
examen cuidadoso de los textos, logró eliminar una gran cantidad de
fábula y leyenda.
Este plan está influenciado por la historiografía humanista, con
su interés predominante por la investigación de la antigüedad, con
capítulos extensos sobre topografía y con la preocupación por las
hazañas de los griegos, de los romanos y de los cartagineses. Como
verdadero erudito, Margarit consideraba también su obra como un
regalo a la posteridad, una obra de arte lanzada al futuro, de la que
otros podrían aprovecharse. "Nos vero omnem antiquitatem amplec-

36 Paralipomenon,f. 72r. "Hunc tamen in eis explicandis observabimus


modum, ut res extra Hispaniam gestas brevi relatione perstringam ceterae
vero quae ad Hispaniam peninent copiosa relatione describerentur".
31 Ibid.

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El "Paralipomenon" de 1oan Ma,garit 13S

tentes vetustiora Hispaniae gesta, quatenus ex approbatis scriptoribus


comprobare potuimus, futurae posteritati decrevimus annotare'' 38•
Tal es el puente que salva el foso entre Trogo Pompeyo y la his-
toria peninsular de tipo isidoriano-toledano. Es la primera tentativa
moderna de construir una introducción adecuada de la historia de
España.

Una de las diferencias esenciales, en lo concerniente a la técnica, <


entre el cronista medleval y el historiador humanista era la selección
y el modo de tratar las fuentes. El erudito quattrocentista subrayaba
la falta de sistematismo en el manejo anterior de fuentes de cualquier
tipo. No había correlación critica adecuada, ni, sobre todo, sentido
de co~po~ición. Esto queda claramente expresado en un diálogo·ae
Eneas Silvio: "No se ha de creer necesariamente todo lo que se es-
cribe, y únicamente las Escrituras canónicas tienen autoridad indu-
dable. En otros casos se ha de descubrir quién es el autor, qué vida
ha llevado, a qué secta ha pertenecido, y cuál es su mérito personal.
Es necesario también considerar con qué otros relatos está de acuer-
do, y de cuáles difiere y si lo que dice es probable y está de acuerdo
con el tiempo y el lugar de los que trata" 39•
Esta doctrina no podría aplicarse con todo su rigor en el campo
de la historia antigua. Sin embargo, el historiador humanista cuidará
de escoger los autores más próximos a los acontecimientos de que
trata. En el quattrocento se consideraba que tales autores eran, natu-
ralmente, los historiadores griegos y romanos, que brindaban al mismo
tiempo un modelo para la presentación literaria de la historia. El hu-
manista prefiere también consultarlos en sus textos originales, si es
posible, y no a través de compilaciones medievales. De esta suerte,

38 Ibid., t. 8•.
39 C. M. Ady, Pius 11 (London, 1913), p. 299.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
los clásicos vinieron a ser al misrn'> tiempo los testimonios más anti-
guos y los "autores probados" 40 •
En España, durante la mayor parte del siglo xv, los historiadores
que se ocupaban de la historia antigua de la Península no contribu-
yeron a la investigación sistemática de las épocas primitivas mediaore
el empleo de los textos clásicos recienrcmenr.c descubiertos. Por otro
lado, el deseo de Margarit de desarrollar y revalorizar las fuentes em-
pleadas por los cronistas anteriores se evidencia desde su introducción
al Paralipomenon. En primer lugar, rechaa a los historiadores me-
dievales. Se refiere al Toledano como a una autoridad meramente
"tolerable" y a los escritores siguientes como a una horda ignorante,
propagadores de sueños y profecías 41• No es sorprendente que no
mencione a ninguno de los historiadores locales posteriores a él. Los
historiadores dignos de crédito, españoles de nacimiento, son, según
su juicio, Trogo Pompeyo, Orosio e Isidoro. Estas observaciones sobre
el Toledano y sus seguidores son, si no la primera, una de las pri-
meras manifestaciones de un cambio de actitud en la crítica del pa-
sado inmediato que constituía la razón de ser del humanismo.
Sus fuentes, siguiendo también el plan humanista, serán "los tes-
timonios más antiguos", los filósofos, historiadores y geógrafos. Es uno
de los primeros entre sus contemporáneos en dar una bibliografía,
aunque tiene la presunción, como ha observado Nicolás Antonio, de
agotar todo el material clásico. Nebrija pone una lista semejante en
el comienzo de la muestra para Las Antigüedades de España.

40 Bruni, Epistolas (Basilea, 1535), p. 318. "Nullum denique nisi proba-


tum et ab optimis auctoribus michi commendatum recipio". Cfr. también
las observaciones de Pío II sobre las antiguas crónicas alemanas que él había
empleado para su historia de Federico 111. Concluyendo : "cum rursus ex
historiis approbatis Imperatorum et Pontificium nonnulla inserta compereris",
ed. cit., p. 5.
41 Paralipomenon, f. 1v. "Et quoniam inter omnes, quos memoria hac-
tenus celebravit, quattuor recoluntur, quorum tres laudibiles, quartus vero
tolerabilis iudicantur. Laudabilis enim Trogus Pompeius Hispanus, quem
Iustinus mirabili eloquentia abbreviavit. Paulus Orosius Tarraconensis, et
lsidorus Hispalensis: tolerabilis Rodericus Toletanus". No menciona en
parte alguna el hecho de que Pomponio Mela había nacido en España. Con-
tinúa la declaración anterior: "Caeteri vero ignorantium caterva plurima, qui
divinationes et somnia contextuerunt".

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Bl "Paralipomenon" de 1oan Margarit 1 37

La lista de libros que da en este prólogo es sintomática de la época


en que se mueve. De la veintena de nombres que cita, catorce son
griegos. Aunque no hay indicios de que Margarit conociese más que
el alfabeto griego, perteneció a una época que estaba comenzando a
venerar la cultura griega como fuente de la grandeza romana 42•
Un examen más detallado de la bibliografía revela que conoció
pocos de sus autores de primera mano. Hiparco, Eudoro (¿Eudoxo?),
Schosus (¿Sebosus?), Heratóstenes, Baeto, Themaus (¿Timaios?), Ar-
temidoro, Posidonio, Polibio le eran conocidos a través de las obras
de Diodoro, Ptolomeo, Plinio y Estrabón.; Por lo demás, no se vuel-
ven a mencionar en el texto los nombres de los tres primeros, el quinto
y el sexto. Esta aparatosidad no va en detrimento de su posición
como innovador. Su mérito no se halla tanto en la presentación de
nuevo material como en la habilidad para localizar textos a medio
conocer, ligándolos en un cuerpo más o menos homogéneo 43•
Sus principales fuentes de información son Estrabón, Ptolomeo 44,
Diodoro Sículo, Plutarco, la abreviación de Justino de Trogo Pom-
peyo, Plinio, Mela, Livio 45, César 46 y sus abreviadores, Floro : con
menores referencias a Dionisio Periegetes, Solino, Heródoto 47, Macro-
bio, Cicerón, Salustio, Apiano, Arriano, Flavio Josefo, Aulo Gelio,
42 Bonilla y San Martín admite la posibilidad de que tuviese conoci-
miento del griego. Cfr. Femando de C6rdoba (Madrid, 1911), p. 26, y se
nowá que el establecimiento de la cátedra de griego en la Universidad de
Bolonia data precisamente de los años en que Margarit asisúa a clase. Cfr.
Zaccagnini, op. cit., p. 112. Pero, según demuestran sus obras, parece muy
dudoso. Sin embargo, mostró siempre UD acusado interés por los griegos
y su historia. El MS del Paralipomenon contiene todo UD capítulo sobre
"Undc Greci origincm trahunt", suprimido más tarde. Cfr. ff. 69v-75r.
43 Para un análisis de esta bibliografía, cfr. p. 169.
44 Paralipomenon, f. 2v. "Totius artis splendorem et constantem artifi ..
ccm Oaudium Ptolomeum".
4S Ibid., f. 30v. "Cui magis standum cst".
46 Corona Regum, f. 25v. "Vir et littcris eruditissimus et cloquentissimus
cui testimonium prestant ciusdem Cesaris comentaria sua propria manu cons-
cripta". Esto puede ser UD ceo de la veneración de Bruni. "Livium dico et
Sallustium Tacitumquc et Curtium et in primis Cesarcm ipsum et res gestas
suis commentarüs surnroa facilitate vcnustateque cxplicantem". De Studiis et
Litteris, ed. cit., p. 10.
47 Paralipomenon, f. sr. "Autem Grecorum historicorum rnaxirnus".

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
Suetonio, Valerio Máximo, el itinerario de Antonino Pío y los poetas
Virgilio, Lucano y Ovidio. Las fuentes eclesiásticas no son m11cbas,
evidentemente, dada la época estudiada. Ademásde San Agustín, Oro-
sio y Firmiano Lactancio se mencionan Isidoro y Guillermo Durando.
Los modernos a los que se digna citar son todos ellos humanistas
italianos, Petrarca, Boccaccio, Leonardo Bruni y Sozómeno de Pistoia.
Este último merece una mención especial. E Chronicon Uni.iver-
sale de Sozomenus Pistoriensis, que contiene la historia del mundo
conocido desde la creación hasta sus mismos días, estuvo muy en boga
en Europa durante el siglo xv. El primer volumen, que termina en la
batalla de Farsalia, es el único hbro que queda de la biblioteca de
Margarit 48•
La facilidad con que Margarit maneja estas fuentes revela que
había estudiado a fondo el material. Excelente ilustración de su modo
de obrar es la manera con que maneja datos de diversa procedencia
para probar que el límite septentrional de España es la frontera norte
del Rosellón 49 • Cuando dos autoridades entran en litigio, como, por
ejemplo, Estrabón y Ptolomeo en la distribución de las tnbus en el sur-
oeste de España, da su opinión personal 50• Estrabón y Ptolomeo pa-
recen ser sus autoridades favoritas, pero sacrifica las afirmaciones del
primero al testimonio de los Concilios eclesiásticos 51 y a las cartas de
navegación, lo que es una innovación interesante 52• Aquí y allá, como
en la introducción, Margarit hace desfilar referencias que no añaden
nada de provecho al texto. Tal es el caso con Dionisio Periegetes y
Solino.

48 MS 758 de la Biblioteca de la Universidad de Barcelona. Es una


costosa obra copiada en vitela y papel, con una portada que lleva las insig-
nias del obispo. El contenido de la biblioteca de Margarit está registrado
por Maduren Marimón y J. Rubió, Historia de la imPTenta en Barcelona
(Barcelona, 1955), pp. 488-500.
49 Paralipomenon,f. &'.
so Ibid., f. ur.
51 Ibid.
52 Ibid., f. 3r : ''Quod ipsi probavimus C\1ID carta navigabili", v f. 3v :
''Nostra autem mensuratio experimento numera ta est ex carta navigantium".

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esta combinación de las dos ciencias había dado obras tales como la
Italia lllustrata y Roma lnstaurata, que vendrían a servir de guías
para una especie de geografía histórica, en la que el pasado se pro-
yecta en pcnpcctiva desde el presente por la identificación de nom-
bres antiguos y modernos, "conferendis priscorum cum praesentibus
locorum nomimous" 57• BUTopay Asia, de Eneas Silvio, son ejemplos
también del interés creciente por la geografía y la etnografía. A donde
quiera que el Papa se dirigiese, había algún nombre que le devolvía
el eco de la historia antigua, y su fin último era elaborar con los
fragmentos de estas dos obras una extensa Historiarenan ubique ges-
tarum locorumque descriptio 51•
Antes de Margarit se encuentran en España pocas pruebas del
empleo de este método. Las descripciones que servían de introduc-
ciones a las aónicas del siglo xv eran normalmente breves y se ocu-
paban de las divisiones tenitorialcs modernas 59• Margarit trata los
aspectos geográficos, etnográficos e históricos de la España antigua en
serie. Su método consiste en relacionar el establecimiento de colo-
nias particulares con cada grupo invasor sucesivo, después de haber
trazado los orígenes de los invasores. Hasta la época romana había
habido seis invasiones : los cetubales, igletas, sicanos, iberos 60 y cel-

57 B. Nogara, "Scritti inediti e rari di Biondo Flavio", Studi e testi


(Roma, 1927), XL VIII, p. 163. Cfr. también el prefacio a Italia IUustrata
(Basilca, 1531), p. 293. "Tentare volui si, per cam quam sum nactus Italiac
rerum peritiam vetustioribus locis eius et populis nominum novitatem, novis
autoritatem, deletis vitam memoriae dare, dcniquc rcrum Italiac obscwita-
tem illustrarc potero". Para un examen de la técnica de Biondo como his-
toriador, cfr. D. Hay, "Flavio Biondo and the Middle Ages", en Proceedings
of the British Academy, XL V (1959), pp. 97-128; R. Wciss, "Biondo Flavio
archeologo", Studi Romagnoli, XIV (1963), pp. 335-341.
58 Cfr. Voigt, Bnea Silvio (Berlín, 1856), 11, pp. 302-303, y Il RisOTgi-
mento dell'Antichita Classica (trad. italiana, Florencia, 1888), 11, pp. 497.
59 La Anacephaleosis no tiene más que un folio, pp. 248-249. La Com-
pendiosa tiene dos capítulos, pp. 127-130.
60 Sánchez Alonso le alaba por afirmar el origen asiático de los iberos,
op. cit., I, p. 362. Este descubrimiento parece ser debido a que se encuen-
tra otra Iberia en el Oriente Medio, en el libro V de la Cosmografía de Pto-
lomeo. La emigración de los iberos a Irlanda y de aW a España se debe
a Prisciano. En años posteriores se vino a invertir la posición, y Gcroni
Pau, citando a Dionisio Pericgetcs, establece que los iberos procedentes de

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El "Paralipomenon" de Joan Ma,garit 139


Fue su preocupación por la antigüedad de sus fuentes lo que le
llevó a despliegues de erudición ostentosa 53• Esta persistencia en el
empleo, donde es posible, del relato más antiguo cobra mayor relieve
cuando se compara el MS con la obra impresa. Por ejemplo, emplea
la biografía abreviada de Petrarca para los primeros años de la vida
de César. Pero, para las descripciones más detalladas de las campa-
ñas, retrocede a las fuentes originales de De Bello Citnli o De Bello
Hispaniense54• En las primeras versiones saca sus referencias de los
historiadores medievales con mayor frecuencia. En las últimas tien-
den a desaparecer los nombres de Prisciano, Isidoro y Vicente de
Beauvais, siendo sustituidos por historiadores clásicos55 •

VI

Desde los días de Petrarca el estudio de la geografía comenzó a


tener un papel más importante en la ciencia historiográfica. Se veía
esto inicialmente en la historia de Italia, donde el deseo de volver a
crear las campañas y viajes de los antiguos héroes condujo a posibles
identificaciones de los nombres modernos con los antiguos y a acla-
rar el sentido de los nombres originales de lugar. El poeta, en el sen-
tido amplio que atribuye Boccaccio al término, ha de poseer, además
de otros conocimientos, "un vocabulario fuerte y copioso, contemplar
los monumentos y reliquias de la antigüedad, ·retener en la memoria
las historias de las naciones, y famj)farizarse con la geografía de las
diversas tierras, mares, ríos y montañas" 56 •
Boccaccio suministró un modelo de vocabulario geográfico, y se
pensó que Petrarca colaboró en un mapa de Italia. Durante el siglo xv,

S3 Ibid., f. 2v: "Utarque praeter antiquorum morem testimonio scrip-


torum maxime circa antiquiora ne legentes me deliberasse aut confinxisse ve-
tustiora opincntur".
54 Ibid., f. 69v."Ideo Caesarem sequar in C.Ommentarüs quem in om-
nibus potissimum sum secutus".
55 Cfr. pp. 157-158.
56 De Genealogía Deorum, XIV, 7.

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--~-.

El "Paralipomenon"de Joan Margarit


tas, griegos y cartagineses. De las colonias más antiguas tiene cuida-
do en no admitir más que Scalabius, actualmente Lisboa, por su
conexión con Abius, Gerona, por medio de Gerión, en relación con
Caco, y una Iberia en la desembocadura del Ebro que afirma haber
encontrado en Livio. A esto añade la prudente conclusión: "Et si
quae aliae sunt, quia de illis probata non mostrantur testimonia, om-
mittuntur" 61 • Luego relaciona estas colonias antiguas con su loca-
lización presente. "Plurimi sunt qui sua nomina mutaverunt taliter
quod dificillimam reddant lectionem rerum" 62• El propósito de una
serie de capítulos sobre los ríos, las montañas, las provincias y las
ciudades de la España antigua es conectar la historia pasada con la
presente, "ne legentes avertantur a sensu historiae". Éste es el pri-
mer ejemplo de un tipo de historia de España en el que los nombres
clásicos se yuxtaponen sistemáticamente a los modernos 63• Así, Belon
es ahora Tarifa; Mellaria, Algeciras; Sisapo, Jerez; Lavara, Oporto;
Agrippa, Zaragoza, y Octogesam, Hitona, por no mencionar más que
unos pocos. En algunos casos se trata de errores evidentes, como la
identificación de Coimbra con Munda, la localización de Bílbilis en
Urgel y de Medinaceli entre los ilergetes. También se interesa por
ciudades que no existen ya, sombras de la grandeza pasada de España.
Consagra un capítulo aparte a las mismas, citando la declaración de
Estrabón de que se suponía que muchas habían sido destruidas por
los romanos. Eslrabón, sin embargo, permanece escéptico en este
punto, pero Margarit parece creer más fácilmente en la extensión
de la destrucción romana. No menciona, empero, más que trece,
varias de las cuales son fabulosas. Tales son Calpe o Heraclea, que
Estrabón no menciona como colonia. Se preocupa particularmente de
España colonizaron aquella parte de Asia. De Fluminibus, etcétera, Hisp.
Illustr., 11.
61 Paralipomenon, f. ST. -
62 lbid., f. 10•.
6.l Paralipommon, f. 13r. Alfonso de Palencia había planeado también
una obra de este género. De los nombres ya ol'IJidadoso mudados de las
provincias y rios de España. Cfr. A. Mundó, "Una lletra d'Alfons de Pa-
lencia ... ", en Studi ... in onoTe di T. de Maninis, 111, p. 273. Geroni Pau
llevó este tipo de obra, corriente en la Italia del Renacimiento, a fines más
poéticos que geográficos en su De Fluminibus et Montibus Hispaniae, en
Hisp. Illustr., II.

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142 Ensayos sobre la historiogra/fapeninsular del s. XV
la identificación de Cartago Vetus, que encontró en Ptolomeo, con
Villafranca del Panad~ por la identidad de Poenitensc-Panadés.
Las colonias más interesantes son, sin duda, las de Sagunto, Em-
porio, Rodas y Nurnancia, ya que aduce en cada caso que ha visitado
los lugares. Este es seguramente uno de los primeros indicios de inte-
r~ por las ruinas de la época clásica en la Península. Intenta ante todo
localizar a Sagunto, deduciendo de Ptolomeo, Estrabón y Livio que
ha de estar a unas cuatro leguas de Valencia y a pocas millas de la
costa, rechazando así las teorías de que era Segontia o Medinaccli.
Hoy día, concluye, no quedan más que las antiguas construcciones
de barro de la dudad 64• Utiliza a Ptolomeo, Estrabón y Floro para
refutar la hipótesis de que Numancia era Zaragoza o Zamora 65 • Por
desgracia, iba un tanto despistado al aceptar la declaración de Estra-
bón, que se hallaba a 800 estadios de Zaragoza, a la orilla justamente
del Ebro. Es mérito suyo, sin embargo, haber examinado esta afirma-
ción de Estrabón sobre el terreno. "Vidimus ipsi oculis situm pre-
missis autoribus concordantem" 66• Copia la descripción de Emporión
en el célebre pasajede Livio sobre la llegada de Marco Porcio Catón
a España. Está personalmente muy impresionado por la vista de las
ruinas : "Quanta fuerit ostendunt ruine ac vestigia collapsae urbis" 67•
Comparado con esto ha quedado poco del lugar cercano de Rodas,
que había tenido un obispado durante 6oo años 68•
Son estas disertaciones geográficas las que caracterizan de manera
más personal el Paralipomenon. A pesar del e&r4cter general de la
obra, se puede percibir una preocupación natural por Cataluña. Nadie
más que un catalán consagraría todo un capítulo a probar que el Ro-
sellón se halla dentro de los límites de España, clara reacción ante
las tentativas de Luis XI de Francia para incorporarlo a sus domi-

64 Ibid., f. 1,v. "Sola antigua arcis menia extant, unde a successoribua


muri veteres dicti sunt, et a modernis Murvietus oppidum dictum est".
65 Zamora había sido identificada popularmente con Numancia desde muy
antiguo. Menéndez Pida! cita un epitafio de Sancho el Fuerte "occisus apud
Numantiam", La Bspaña del Cid (Madrid, 1947), I, p. 186. Este error dura
hasta comienzos del siglo XVI.
66 Paralipomenon, f. 18v.
67 Ibid., f. 19v.
68 Ibid., "eiusque pauca admodum vestigia manent".

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El "Paralipomenon"de Joan Margarit 1 43

nios 69• Margarit trata de las campañas de César en tomo a Lérida


con detalles mucho más precisos que las del resto de España. En la
sección geográfica, Montseny, Montjuich, la Costa de Garraf, Jun-
quera, Tarragona, Villafranca del Panadés, Gerona: de todas ellas se
hace una mención especial. Y concluyendo, ¿no podría ser la loca-
lización de Numancia cerca de Zaragoza, y de Bílbilis, lugar del na-
cimiento de Marcial, en U rgel, un esfuerzo para asociar su gloria a
la del reino de Aragón y Cataluña?
Margarit fue el único en la Península en emplear constantemente
a los geógrafos clásicos, comparando sus declaraciones y emitiendo
luego, en algunos casos, un juicio decisivo como testigo ocular. Como
los humanistas italianos, fue consciente del eco de la antigüedad en
sus alrededores. Lo que antes había evocado a los godos y a la Re-
conquista, llevaba ahora los recuerdos augustos de los griegos y ro-
manos.

VII

Tratándose de historia antigua, el cronista estaba obligado en


muchos casos a confiarse al mito en ausencia de una fuente más con-
creta. La Edad Media no consideraba esta información como pura in-
vención, sino que la absorbía en su propio esquema de cosas, ha-
ciéndola asumir una realidad más profunda, en sí misma, otro aspecto
de las verdades cristianas esenciales. Los sistemas de interpretación
de los mitos clásicos siguieron de algún modo las mismas líneas a lo
largo de la Edad Media hasta que un interés creciente por las civi-
lizaciones de Grecia y Roma elaboró la correlación y explicación sis-
temática de la antigua mitología en el De Genealogia Deorum, de
Boccaccio.
De las diversas teorías en punto a mitología, Boccaccio emplea
con la mayor frecuencia la interpretación literal, moral y anagógica.
El poeta y el artista creador estaban más interesados por las dos úl-
timas, mientras que el historiador prefería la primera. La explica-

69 Ibid., f. ;,. "De terra Ruscilionis an sit in Hispania".

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144 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
clón euhemeristica era ya una corriente pronunciada dentro de las
obras patrísticas desde la interpretación augustiniana de la doctrina de
Varrón en La ciudad de Dios. Juntamente con las observaciones de
Lactando sobre la libertad poética en sus lnstitutiones DitJinae, for-
man la base de la teoría de que los dioses eran en realidad hombres
eminentes deificados por la leyenda 70•
Margarit aborda la cuestión del mito a través de Boccaccio. Pro-
pone la interpretación literal y la moral. En los capítulos V y VI del
T émplum Domini restablece estas teorías con citas de Agustín, Lac-
tando, Orosio, Diodoro Sículo y Virgilio más bien que de Boccaccio.
Describe el nacimiento del culto del sol entre los caldeos, que se ex-
tendió a Egipto en forma de adoración de Isis y Osiris. Nino fue el
primero en comenzar el culto de las cosas temporales al crear el culto
a su padre. Cadmo llevó estos ritos a Grecia cuando llegó allí en
busca de su hermana Europa, raptada por Júpiter, hijo de Saturno y
rey de Creta. Estos y otros incidentes históricos posteriores, declara,
han sido oscurecidos por los poetas, especialmente por los griegos,
que los han vestido con una serie de versos sicofánticos llenos de
errores y mentiras. Pero uno no se ha de desorientar, "nec tamen
dubium est eos omnes homines fuisse mortales, de quibus quae cons-
aipsi veraci historia comperiuntur ennucleandum est" 71• Ya que es
oficio del poeta explicar las cosas de una manera indirecta y velada 72•
Se evidencia por las observaciones anteriores que Margarit no
atribuyó a los poetas griegos toda la nobleza 7 dignidad que tenían a
los ojos de Boccaccio. Se inclina de manera muy particular a la in-
terpretación histórica y casi nunca a la alegórica. En este punto se
halla muy influido por los duros juicios que encuentran en Lactando
los dioses paganos, a los que trata como medio bárbaros.
La principal digresión mitológica del Paralipomenones un estudio
de la presencia de Hércules en España, cuyo fin principal parece ser

70 Cfr. C. G. Osgood, Boccaccio on Po,rry (Princcton, 1930), Intro-


ducción.
11 Tnnplum Domini, p. 115.
72 Paralipom,non, f. 1&'. "Officium poetae in co sit, ut ea quae vere
gesta sunt, in alias specles obliquis figurationibus cum decore aliquo con-
versa traducet". Esto está tomado de Lactando, Instittaionss Dioinu, I, 2.

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El "Paralipomenon" de Joan Ma,garit 145

la condenación de este héroe mitológico 73• Sigue en ello una inter-


pretación que había quedado en olvido desde Lactando 74• Distingue,
en primer lugar, como Boccaccio, diversos Hércules, deduciendo que
se trata de un nombre genérico. Pero, en lugar de cuatro Hércules,
Margarit elabora siete, identificando con Sansón al más importante
de ellos, esto es, al de los doce trabajos. Va seguido por el Hércules
de la mitología griega, hijo de Júpiter, rey de Creta. El Hércules es-
pañol fue una pobre imitación de sus antepasados, nacido de adulterio
y llevado a España por el olor del botín, después de una serie de
escapadas criminales, como la persecución del Vellón Dorado 75• Mar-
garit le llamó "sceleratissimus sceleratissimorum" y le pinta llegan-
do como jefe de una banda de griegos, sediento de fama, levan-
tando las columnas en el estrecho a imitación de las··levantadas por
el Hércules egipcio, y matando a Gerión y Caco por puro interés. In-
terpreta la referencia de Justino a la batalla de los titanes y de los
dioses en España como una derrota de una tribu local guerrera por
Hércules, que se había hecho pasar por el otro Hércules, hijo de Jú-
piter. Desdeña, finalmente, la leyenda de que el Hércules español cavó
el estrecho para encarecer su nombre.
Margaritno revela en ninguna parte el motivo que le hace apar-
tarse en este caso de la tradición popular para aceptar las opiniones
particulares de Lactando. Puede ser que haya habido un determinado
motivo patriótico semejante a los que hemos perfilado ya en la Sec-
ción 11, pero que hubo otros argumentos críticos se evidencia en otras
partes de sus obras. En el T emplum Domini omite la leyenda de Ro-

73 Los tres primeros capítulos del libro II del Paralipomenon se titu-


lan De advmtu Herculis, De origine Herculis nostri et eius sceleribus, De
pluribus aliis Herculibus. Se ha esforzado en consultar una vasta serie de
fuentes, hasta "gratis scriptoribus fragmenta" (Paralipomenon, f. 21v). "gra-
tis" es un error de imprenta por "graecis". Cfr. MS f. 36r y t. p. 167 n. 32.
74 Lactando, op. cit., I, 9. "Hcrcules, qui ob virtutem clarissimus et
quasi Africanus inter deos habetur, nonne orbem terrae, quem peragrasse
ac purgasse narratur, stupris adulteriis libidinibus inquinavit? nec mirum,
cum esset adulterio genitus Alcimenae".
75 Paralipomsnon, f. 20•. "Non ergo quisquam putet hunc Herculem
nostrum illum esse qui illa XXI [sic] pericula superavit. Hic enim nostcr
sceleratissimorum sceleratissimus et omnium sui nominis deterrimus fuit'~
HISTORIOGRAPÍA
PBN., 10

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

drigo y la CavL En el Paralipomenon recba:za a los almonifides, la


raza fabulosa que había invadido a España después de los griegos y
cuya existencia permaneció incontrovertida desde la Primera Crónica
General hasta la historia de Carlos de Viana 76• Rechaza también cau-
tamente la antigua leyenda de que cuando se incendiaron los Pirineos
corrieron ríos de oro y plata. La fantasía de su compatriota Thomicb.
sobre las épocasromana y cartaginense no tiene lugar aquí, ni giran ,
una visita a España Dionisio o Llber Pater, como en el prólogo de
las Décadas de Nebrija.
Margarit, por lo tanto, en su prcf erencia por la exposición euhe- ,
meristica de la mitología, refleja el punto de vista de Leonardo Bruni,
que tendía a rechazar la leyenda innecesaria tanto en la antigüedad
como en los tiempos modernos. Existe, sin embargo, un matiz que
vendrá a favorecer en el futuro la introducción de la fábula, cuya fina-
lidad será ampliar y encarecer el fondo de la antigüedad española.

VIII

Aunque la filología requerirla todavía otro siglo para desarrollarse


como ciencia fecunda, el estudio de los nombres de lugar como llave
para su origen se había mantenido activo desde los comienzos de la
historia escrita. Los escritores estoicos fueron extremadamente amigos
de este procedimiento y el interés creciente por la historia y la geo-
grafía clásicas ayudó a su desarrollo. En De Genealogia Deorum las
explicaciones etimológicas fueron útiles disolventes del mito, pero
hasta el siglo siguiente no aparecieron modos más sistemáticos de en-
focar el tema. Durante el quattrocento, el interés por la gramática, ,
combinado con el examen histórico de la lengua, había dirigido la ~
atención principalmente a los significados y etimologías de las pala-
76 Primera Cr6nica General, cap. 14,. "De cuemo los almuiuces (o al-
monices) ganaron Espanna et fueron sennores della". Alonso García de Santa
Maria, op. cit., p. 250. ''Post baec gentes quaedam extraneae quae Almonizi
vocabantur Hispaniam inuantes Graecos expulerunt et regnarunt in ea qua-
draginta annis".

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Bl "Paralipomenon"de 1oan Margarit 147

bras. Tal tendencia es evidente en las obras de Valla, de Bruni y de


Pío 11, aunque el último no era muy optimista acerca del futuro de
esta ciencia, "sed est omnis de nomine vana quaestio" 71•
Margarit se entusiasmó, sin embargo, con la aplicación del mé-
todo. Había caído en descrédito la época de las invenciones imagina-
rias, como la de Secus Cobia por Segovia 78, Ce Mora por Zamora
y Toledo derivado de To y Ledo 79 • Margarit siguió el camino tradi-
cional más seguro, que las ciudades recibieron el nombre de sus fun-
dadores o nombres de rfos. Para justificarlo brinda largas listas de
ejemplos a lo largo del mundo, afirmando además que las tribus inva-
soras dieron a las nuevas colonias nombres topográficos de su propio
país. Así, entre otros ejemplos, declara que Salamanca debe tener
origen griego, ya que Actici es una provincia cerca de Atenas.
En el examen lingüístico de los nombres de lugar parece más
avanzado. La etimología popular de Barchinona (Barcelona) derivaba
de una leyenda que implicaba el barco nono de una tropa de griegos 80•
Esto lo haría un sustantivo de la primera declinación. Pero Margarit se
da cuenta de que en las historias antiguas se escribe normalmente
Barchino, que es un nombre de tercera declinación de raíz griega,
confirmando así la fundación de la ciudad por los griegos, pero re-
chaV1Ddo la leyenda como inútil. "Hoc tamen fabulosum existimo,
doctissimorum auctoritati assenciens" 81• Aplica el mismo sistema al
nombre de Tarragona, escrito normalmente Tarraco. Es curioso, afir-
ma, que Escipión, un romano, supuesto fundador de la colonia, le

11 Historia Rnum Priderici Tntii (Ed. Boeclerus, Estrasburgo, 1685),


página 3. Sigue una discusión sobre la etimología de Viena. Cfr. también
las observaciones de Bruni sobre el origen de Milán: Bpistolae (Basilea,
1535), p. 325.
78 Cfr. el Toledano, De rebus Hispaniae libri X, ed. cit., pp. 30, 32.
Y también: "Et quia bellis urgebat [Hercules] civitatem Urgellum aedifica-
vit eisdem", ibid., p. 31.
79 Thomich, Historias e conquestas dels Bxcellentissims e Catholics Reys
d' Arago, cap. 7 (escrito en 1448). Segovia recibió el nombre de dos caba-
lleros, Segorbiu y Cobia, mientras que Leyda significa "cap de leys".
ao Toledano, op. cit., I, p. 31. "Hercules ... ex novem navibus sui pedisse-
quis caeteris ad Galleciam applicatis, nona ad littus applicuit Celtiberiae, ubi
civitatem aedificavit, quam ex nona barcha Barchinonam appcllavit".
81 Paalipomenon, f. 22v.

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Bmayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
haya dado un nombre claramente griego. Por esta razón Isidoro lo
había considerado siempre un nombre de la segunda declinación. Pero
esto es inadmisible. Margarit, insistiendo en el origen griego del tér-
mino, supone que fue fundada por Hércules, contra la autoridad de
Estrabón y Plinio. Busca entonces una etimología apropiada en los
Aconiti, una tnbu tiria que supone compañera de Hércules, y com-
pone el nombre de lugar Terra Acon 82•
En resumidas cuentas, percibimos las vagas posibilidades de la eti-
mología gramatical en oposición a la etimología simbólica. Avanzó
un poco más que sus contemporáneos en este campo, pero como en
otros varios, empleó una mayor conciencia aitica. Como dice Cirot,
después de Isidoro no hubo un etimólogo más serio que Juan de
Gerona.

IX

Prescindiendo de las diferencias de construcción, el ambiente de


la crónica de Margarit se distingue del de sus contemporáneos. Aun-
que se concentra en la historia española bajo el mismo enfoque que
los historiógrafos italianos, no fuerza en modo alguno la cuestión para
obtener conclusiones tales como las de Ruy Sánchez de Ar~valo y Fa-
bricio de Vagad. El castellano y el aragon& fueron movidos por mo-
tivos más espedficamente provinciales que el catalán, quien, a pesar
de la glorificación de Hispania,todavía admiraba y veneraba las glo-
rias de la historia romana y a sus comentadores italianos.
A pesar de la amplitud de esta perspectiva, el Paralipomenon iba
a tener una posteridad particularmente desafortunada. No es posible
apreciar, a no ser por purísima deducción, el efecto que tuvo en sus
contemporáneos inmediatos. Sánchez Alonso declara que Miguel Car-
bonell siguió la escuela o el texto de Margarit 83• Es verdad que du-
82 Ibid., f. 31v.
83 Op. cit., I, p. 387. Carbonen participó, en particular, de la descon-
fianza de Margarit respecto al Toledano. " ... no havent cognicio de bons
auctors... facilment podia errar". ChToniquas d'Bspanya (Barcelona, 1547),
capítulo 2.

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....
-.....
---·=-
...
El "Paralipomenon" de Joan Margarit 149
rante algún tiempo Carbonell poseyó el MS del Paralipomenon, ac-
tualmente en Madrid, pero no hay indicios directos de que lo utili-
zase como fuente para su historia. Atribuye todo su conocimiento clá-
sico a su primo Geroni Pau, el helenista.
En la generación que va desde Margarit a Geroni Pau podemos
rastrear los cambios graduales que habían ido teniendo lugar en la
actitud respecto a la antigüedad clásica. Margarit estaba todavía obs-
taculizado por una herencia medieval; Carbonell era un burgués pre-
tencioso, ávido de todo cuanto sabe a cultura; Geroni Pau era el eru-
dito refinado y sensible, cuyo De Fluminibus et Montibus Hispaniae
interpretaba el contenido poético de la mitología clásica. Erudito
eminente en latín y griego, se había sumergido todavía más que Mar-
garit en la atmósfera del Renacimiento 84•

Hemos dicho que el Paralipomenon fue concebido para propor-


cionar a España un renombre igual al exigido para Italia por los his-
toriadores humanistas a través de la resurrección de la historia clá-
sica. Este renombre iba a obtenerse de la misma manera, por medio
del testimonio de los grandes historiadores de Grecia y Roma. El im-
pulso humanista y el patriótico están íntimamente unidos en el pre-
facio de su obra, en el que Margarit la dedica a Femando e Isabel.
Fue una de las últimas partes en componerse del Pa,alipomenon, vi-
niendo a constituir, por lo tanto, una despedida al monarca que había
conocido y venerado desde la niñez. Hácese allí referencia a la Unión
de Castilla y Aragón con los términos clásicos de Hispania Citerior
y Ulterior 85 • Se recuerda la pérdida de la unidad de España desde
los días de la invasión árabe. Pero mientras el Toledano había soste-
84 Cfr. J. M. Casas Homs, introd. a Jeroni Pau, Barcino (Barcelona.
1957), pp. 7-15.
85 Paralipomenon, f. 1r. "Qui [Femando e Isabel] succedentes paternis
et avitis regnis, ipsa coniugali copula, utriusque citerioris et ulterioris unio-
nem fecistis".

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150 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

nido en su historia que los godos fueron los grandes gobernantes de


la España unific.ada,Margarit pone de relieve por medio del Para-
lipomenon la unidad anterior rcaJiuda por los romanos. De la misma
manera que había examinado históricamente la unión de toda Es-
paña como una lenta dominación de los aborígenesrecalcitrantes bajo
la mano fuerte de Escipión, César y Augusto, así había visto en per 4

sona el paso de los años que habían llevado a la diarquía de Castilla


y Aragón.
El que la veneración de la antigüedad provocase este set1rirniento
más profundo por el propio país, o viceversa, es algo que no tiene
importancia. Sea de ello lo que fuere, Margarit llegó a un estudio más
profundo de las fuentes históricas de la antigüedad clásica que el que
anteriormente se había realizado en la Península,rechazando a este
fin las obras del Toledano y sus imitadores. Comenzando de nuevo,
fue el primero en dar con algún detalle una serie sucesiva de imá-
genes de España bajo los griegos, los cartagineses y los romanos por
medio de una cautelosa interpretación del mito y una selección lúcida
de fuentes posteriores dignas de crédito. Fue el primero que se es-
forzó por identificar sistemáticamente las colonias antiguas con sus
descendientes modernos, utilizando por añadidura cartas de navega-
ción para medir, y visitando los lugares originales cuando era posible.
Esta concepción de la historia, unida a su formación y prolonga-
das estancias en Italia, no puede conducir más que a una conclusión,
que Margarit había respondido de manera más sensible que ninguno
de sus contemporáneos a las influencias del humanismo itaHano y,
como resultado, que había dado el primer paso en la historiografía
renacentista de la Península. Pero como otras muchas influencias ex-
teriores, era demasiado prematuro para que echase inmediatamente
raíces en su suelo nativo. Había que esperar la primera ola de hu-
manistas que viniesen de Italia, como Pedro Mártir o Marineo Sículo,
o la difusión de las doctrinas de Nebrija desde Salamanca. El piadoso
deseo de Margarit de que él podría hacer a la posteridad una con-
tribución notable, puede haber fallado, pero actualmente se le reco-
noce como uno de los pioneros de la ruta que había de seguir más
tarde Ambrosio de Morales.

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EL MANUSCRITO Y LAS FUENTES
DEL PARALIPOMENON HISPANIAE

El problema de las repercusiones del Renacimiento sobre el pen-


samiento de Margarit ha sido estudiado brevemente en el ensayo an-
terior, que examina la significación de su obra histórica Paralipome-
non Hispaniae. Esta obra caudal es, sobre todo, importante por la
utilización que en ella hace el autor de historiadores y geógrafos clá-
sicos hasta entonces dejados a un lado por los cronistas peninsulares.
En este sentido, se reconoce actualmente que es la primera historia,
escrita por un autor ibérico, que refleja las tendencias de los histo-
riadores humanistas de la antigüedad clásica. La concepción de la obra
fue provocada por un deseo de crear un pasado venerable para His- -- ---
pania, equivalente al que ya gozaba Italia. Es importante, por tanto,
para el estudio de la ideología del siglo xv en la Península Ibérica,
estudiar cómo fue concebida la idea central de la obra mencionada
y cuándo y cómo maduró y se desarrolló durante la vida del autor.
Es posible un examen de esta naturaleza, porque en la Biblioteca Na-
cional de Madrid hay un manuscrito que contiene diversas versiones
del Paralipomenon.
Antes de entrar a examinar el códice en sí, resumiremos otros
hechos que pueden tener influencia en la evolución de esta obra. En
su primera producción literaria conocida, el Templum Domini (1464),
Margarit dice haber escrito un tratado sobre "las cosas olvidadas de
España" 1• No hay ninguna referencia más al Paralipomenon,y, como
t Vid. p. 127 n. 12. Un estado anterior de la obra puede estar conte-
nido en un MS del siglo xv (M 33 sup. de la Bibl. Ambrosiana de Milán)

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
el manuscrito de que hablaremos está inconcluso, debe de haberlo
conservado en su poder hasta su muerte, acaecida en Roma el año
1484. A partir de este momento, su historia es problemática. Margarit
no menciona sus manuscritos ni sus libros en su testamento, y la
obra debe de haberpermanecido desconocida durante un tiempo con-
siderable, ya que sus contemporáneos muestran un conocimiento es-
caso de su contenido. Vespasiano da Bisticci, el hbrero florentino
amigo del obispo, sólo debió conocer el libro por referencias, porque
en su Vida de Margarit manifiesta equivocadamente que llega hasta
los mismos tiempos de Margarit 2• Según Fita 3, Pere Miquel Carbo-
nell, archivero de la Corona de Aragón a fines del siglo xv, tuvo este
manuscrito en su poder durante algún tiempo. En sus sucintas bio-
grafías de catalanes ilustres no menciona, sin embargo, más que el
título 4• Es más, no usa el libro de Margarit como fuente en su propia
historia de Cataluña y Aragón, que comenzó en 1495. Teniendo en
cuenta que Carbonell era dado a exlubir sus conexiones eruditas, pa-
rece probable que este manuscrito iría a parar a sus manos después
de haber acabado su obra, hacia el principio del siglo.
El Paralipomenon no fue publicado hasta 1545, cuando Sancho
Nebrija editó una selección de obras históricas españolas en latín,
algunas de las cuales aparedan por primera vez. Hace notar en el
prólogo de esta historia que el manuscrito usado por B se hallaba
en muy mal estado, y esto se manifiesta en el texto impreso, que con-
tiene muchos errores de gramática y ortografía. Una comparación del
manuscrito de Madrid con la versión impresa muestra que Sancho
debía de haber poseído un original diferente, puesto que ignoraba el
nombre del autor, el cual se repite varias veces en el manuscrito con-

titulado De origine regum Hispaniae et Gotorum. Vid. P. Kristeller, lter


1talicum, 1, p. 30 I.
2 Vespasiano da Bisticci, Vite, ed. cit., loe. cit.: "la storia del reame di
Spagna, dove si trova ogni cosa degna di memoria infino a' tempi sua".
3 Fita y Colomer, Bl Gnundense y la España PrimitiN (Madrid, 1879).
4 De Viris lllustribus Catalanis, CDIACA, XXVIII, p. 239.

Original from
º'.gitize~ -b~ Go 9gle -..- . 1 UNIVERSITYOF MICHIGAN
Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 1 53

servado 5• El códice usado por Sancho parece haber desaparecido;


Fita dice que, en 1842, Aureliano Fernández Guerra y Bartolomé
Gallardo buscaron en vano los códices usados en la imprenta por
aquél, en Granada 6•
No se sabe muy bien cómo llegó el presente manuscrito a la Bi-
blioteca Nacional. Está anotado dos veces por Carbonen. El nombre
de Galcerán Albanell también aparece en el MS. Según J. Rubió,
este Albanell, canónigo de la catedral de Barcelona y miembro de la
familia de Jeroni Albanell, jefe de la cancillería real y abuelo de
Antonio Agustín, llevó la biblioteca y efectos de Margarit de Gerona
a Barcelona para que fuesen vendidos en pública subasta. El inven-
tario que da la lista de libros dejados por Margarit cuando partió para
Roma en 1481 acaso no represente la totalidad, pues varias de las
obras consultadas para el Paralipomenonno aparecen en ella. Sabe-
mos también que Albanell poseía dos de las obras de Margarit, el
Templum Domini y un tratado perdido, mencionado por Nicolás An-
tonio. Puede ser que, por medio de él, llegara el MS. del Paralipo-
menon a Madrid y quizá a la Biblioteca Nacional.
. El códice, MS. 5554, de la Biblioteca Nacional, Madrid, consta
de 251 folios en cuarto, que tienen 200 X 300 milímetros. Está es-
crito por diversas manos, que datan aproximadamente del fin del
siglo xv. La encuadernación, de cuero marroquí, es unos doscientos
años más moderna que el códice, el cual contiene cinco versiones in-
completas del Paralipomenon.La extensión de cada versión se indica
esquemáticamente en el apéndice II al presente volumen. Examinadas
superficialmente, estas versiones pueden parecer complementarias;
pero un estudio más profundo tiende a confirmar que de hecho se

5 "Nos de huius auctoris proprio nomine (nam exemplar non habebat)


plaerosque viros doctos frustra consuluisse, illud tamen ex eius scriptis co-
lligere licuit, Gerundensem fuisse episcopum hisque decem libris Paralipo-
menon, hoc est, relictorum Hispaniae titulum indidisse", prólogo.
6 Nos hemos referido en el ensayo anterior a un MS de la Biblioteca
de la Real Academia de la Historia, Madrid, G1, f. 153-280. Aparece en
una colección de crónicas, probablemente preparada por Galindez de Car-
vajal, y puede representar un estado de desarrollo posterior. La noticia de
este MS y del de Milán (nota 1) llegó demasiado tarde para un estudio
que pudiera ser incluido en este ensayo.

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154 Ensayos sobre la historiografía peninsulardel s. XV

trata de redacciones sucesivas. Estas redacciones no comprenden uni-


formemente la totalidad de los diez libros de que consta la obra ; los
dos primeros, es decir, los que tratan de la geografía de la Península
y de su historia en los tiempos más primitivos, son los que aparecen
en ellas con más frecuencia. Esta parte es indudablemente la más ori-
ginal y más interesante de todo el horo de Margarit. Los otros ocho
libros sólo se encuentran, y parda]rncnte, en dos de las cinco redac-
ciones, por razones que se explicarán más adelante.
Por este motivo nos ha parecido mejor dividir nuestro estudio del
manuscrito en dos partes: una que trata de las cinco versiones que
presentan los dos primeros libros, y la otra que se refiere a los h'bros
Ill al X, que sólo aparecen en las dos primeras versiones. Seguiremos
el método de Fita 7, designando las diversas redacciones con las siglas
ex, f3, y, 6, E. Las versiones no aparecen consecutiva ni separada-
mente en el volumen. Los cuadernos parecen haber estado ligados de
cualquier manera, de modo que el folio 1r corresponde al folio 36T
de la edición de Nebrija 8, mientras que el folio inicial de a aparece
en el folio 125r del manuscrito.

EL MANUSCRITO(LIBROS I Y II)

I.Como se puede ver en el diagrama del apéndice, ex es la ver-


sión más completa. La dedicatoria y el prólogo faltan, pero tenemos
prácticamente la totalidad del libro I y el libro II menos el final. En-
tonces viene una laguna que va desde el fin del boro II hasta la
mitad del libro V. El resto, desde el hbro V al boro X, sólo existe
en esta primera redacción, y la conclusión es similar a la de la edi-
ción; el párrafo final está añadido a mano en el folio 82v.
La primera deducción importante es evidente. Las líneas princi-
pales de la construcción del Pa,alipomenonya aparecen en la versión
a, a pesar de las diversas lagunas. Si dejamos a un lado las enmien-
das, se puede apreciar en seguida que el texto básico responde, ya
en este estadio, a los motivos indicados en los prólogos de las ver-
1 op. cit..
8 De ahora en adelante nos referiremos a esta edición con la sigla N.

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1
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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 1 55

siones posteriores, particularmente al deseo de presentar adecuada-


mente la herencia histórica de España. En general, el orden de los
capítulos en el libro I es el mismo que en N. Comienza con una ex-
tensa descripción geográfica, aunque no tan larga como en la edición,
seguida de una investigación de los primeros habitantes, sus reyes y
los nombres que dieron a su país. Esto no es, en sí, nada nuevo en
la historiografía medieval; pero aquí el aumento de énfasis lleva a
una nueva actitud frente al material. No estamos ante el tradicional
preludio al cuerpo principal de la obra, repetido insistentemente por
los historiadores peninsulares desde los días del Toledano. Esta in-
troducción ha llegado a ser ahora auténtico objeto de investigación.
Desde el comienzo, también, su interés local ha prevalecido. El pá-
rrafo separado sobre el condado del Rosellón, que denota un autor
catalán, aparece aquí desde el principio, aunque carece de la serie de
argumentos que prueban que aquel territorio se encuentra dentro de
las fronteras de España. Un vestigio de la tradicional historia medie-
val aparece en el capítulo titulado Laudes Hispaniae; pero posterior-
mente su contenido es absorbido por otra sección. El libro I acaba
con una revista de antiguos emplazamientos destruidos en la Penín-
sula, incluyendo la teoría predilecta de Margarit según la cual Villa-
franca del Panadés es Cartago Vieja. Esta incipiente exploración ar-
queológica de la antigua Hispania, aunque de fuentes literarias, marca
el punto de vista crítico del autor ya desde su primera versión.
Las fuentes de que Margarit disponía a estas alturas son pocas,
comparadas con versiones posteriores. Pesadas anotaciones y largas
adiciones marginales revelan que no estaba satisfecho con la inf or-
mación que poseía. No obstante, hizo un esfuerzo mayor que sus con-
temporáneos, coleccionando información de los historiadores y geó-
grafos conocidos por entonces. Están presentes en el cuerpo del texto
(después trataremos de las adiciones) Ptolomeo, Justino, Plinio, Mela,
Orosio, Isidoro y Vicente de Beauvais. Hay dos interesantes autores
nuevos, ambos griegos: Diodoro Sículo y Heródoto. El primero es
citado extensamente. Por lo que atañe al segundo, que sólo es utili-
zado una vez, no es seguro que Margarit tuviese conocimiento directo
de una traducción latina del griego. El resultado es que los capítulos
más originales de la edición -De urbibus Hispaniae quae propria

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
nomina mutafJerunt;De urbibus quae quondam in Hispania floren-
tissimaesunt deletae; Dirnsio Hispaniae- tienen escaso valor en a.
El capítulo sobre las ciudades destruidas contiene una referencia a
Livio; según este historiador, ninguna ciudad fue destruida en la
Bética durante el período de su conquista 9• Habla poco de Cástulo
y Nuroancia. La ciudad de Sagunto es un olvido de importancia. Las
dos únicas ciudades tratadas con detalle son Villafranca y Ampurias,
la colonia griega. Con todo, en el caso de esta última hay una larga
nota marginal.
El horo II comienza con un largo capítulo sobre los griegos, ba-
sado en la mitología. Los griegos, declara, son descendientes de los
hijos de Noé, y los identifica con los galacios. Añadea esto una des-
aipción de Grecia y de sus provincias, con citas de Virgilio, Josefo
y San Agustín. Intenta otro acercamiento de la historia pagana a la
cristiana haciendo el establecimiento de los griegos en Egipto con-
temporáneo de Moisés. Con referencia a Egipto mismo, discursea
sobre Apis y Serapis, y explica sus teorías sobre la interpretación
euhemerística del mito que había recogido de Firmiano Lactando y
de Boccaccio. Este capítulo, tan revelador del gusto de Margarit por
la antigüedad y, especialmente, del interés contemporáneo por las
cosas griegas, existía tanto en a como en (3. No perdura en la edi-
ción, a causa, quizá, de un deseo de formar una composición más
ceñida. Aparte de esto, la única diferencia fundamental entre a y N
radica en la ordenación de los capítulos.
2. Las numerosas correcciones y anotaciones de a prueban que
éste era usado como borrador. Un análisis interno indica que Mar-
garit todavía añadía aquí notas marginales incluso después de haber
acabado la versión (3. Así, encontramos aquí muchas enmiendas que
no son incluidas hasta la versión y. El procedimiento parece haber
sido el siguiente : la primera serie de enmiendas añadidas a a por
la mano del mismo Margarit fue pasada a los márgenes de f3por
otra persona y fue incluida, junto con notas posteriores, en y.

9 "Ideo urbes quondam mcmorabilcs Hispanic statim recenscre in Bc-


ticha itaquc nullam ab bis temporibus quibus Titus Livius cloquentissimam
historiam texit nulla urbs collapsa rcfertur", manuscrito, f. 190•. Después
borró tanto 'itaque nullam' como 'nulla '.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 1 57

Estas enmiendas de a incluyen otra serie de comentarios tomados


de Ptolomeo, Plinio y Mela. La fuente nueva más importante es la
Geografía de Estrabón, pero hay otros toques de gusto renacentista
como Silio Itálico y Macrobio. Estrabón fue el que ejerció una in-
fluencia más profunda sobre su obra, porque Margarit encontró en él
testimonios que confirmaban sus teorías sobre las antigüedades de Es-
paña. En contra de lo que había pensado antes, el geógrafo griego le
reveló la posibilidad de que los romanos hubiesen destruido gran nú-
mero de poblaciones hispánicas. El capítulo De urbibus quae quon-
dam in Hispaniasunt deletae cobra, por tanto, un auténtico valor 10•
De Pomponio Mela viene gran número de comentarios descripti-
vos en el capítulo De terra Ruscilionis; pero esto no se mantiene más
allá de la versión ~- En notas posteriores al pie de página, el capítulo
comienza a adquirir un aire antifrancés y aduce un montón de prue-
bas sobre la inclusión obligada del Rosellón en el territorio de His-
pania, promovidas presumiblemente por los esfuerzos de Luis XI
para posesionarse de este condado 11•
Ya en los primeros estadios de la redacción, como hemos dicho
más arriba, Margarit debía considerar que el capítulo Unde Graeci
originem trahunt era superfluo, y lo suprimió, porque la versión final
del principio del libro II está incluida marginalmente, mientras que
los capítulos son numerados de nuevo a fin de proporcionar el es-
quema adoptado en y y N.
Otra característica esencial de cómo Margarit se sirve de sus au-
toridades es la supresión, hasta donde le es posible, de las fuentes
de segunda mano, como Isidoro, Papias, Vicente de Beauvais, y su

10 Corrige ingeniosamente su afirmación anterior (vid. n. 9): " ... statim


recensere praemittens quod multe fuerant in Hispanie urbes et oppida de-
leta, que in veteribus historüs mominantur de quibus recensere libet, quod
refert Strabo Polybium dicere in tertio libro T. Tiberium Gracchum in
Celtiberia trecentas urbes evertisse. In Beticha primam omnium urbium de-
letarum Calpe urbem esse... de que meminit Strabo libro tertio estque mons
Calpe et quondam urbs in Turdetania. Ab eo monte in Novam Carthagi-
nem tenditur ab bis temporibus quibus Titus Livius eloquentissimam his-
toriam texit (milla boTTado) urbs collapsa refertur ... ", manuscrito f. 190v.
11 F. 195•.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
sustitución por otras más originales 12• Esta exclusión del compilador
medieval sustituyéndolo por una fuente clásica más remota distingue
a Margarit de sus contemporáneos. En la versión f3, esta sustitución
se comprueba más claramente.
3. El texto de f3no es otra cosa que el texto original estilística
y gramaticalmente corregido, sin incluir las enmiendas. Hay en él, sin
embargo, dos diferencias materiales. La primera es la inclusión de un
prólogo que comienza: "Paralipomenon Hispanie per Joannem de
Margarit gerundensem Episcopum liber. Foeliciter incipit proemium".
La palabra proemiumestá añadida por mano del propio obispo y nos
facilita la más antigua prueba incontrovertible de que Margarit es el
autor del libro. Este prólogo corresponde a la introducción en N> la
cual lleva el epígrafe De historiographisHispanias. Pero esta versión
no posee la bibliografía clásica que cierra el prólogo impreso.
El otro hecho importante que aparece en f3es una serie de ca-
pítulos que amplían la base geográfica de la obra. Tratan de las pro-
vincias, montañas y rios de España que han cambiado sus nombres,
y son concebidos de una manera paralela al ya ezistente De urbibus
Hispaniaequae proprianomina mutafJerunt13• Este género de estruc-
tura literaria, con reminiscenciasde Petrarca, Boccaccio y del primer

12 a) "De quibus massilicnsibus mcminit Justinus libro trigcssimo scp-


timo. De emporio vero meminit Sozomcnus scquutus Valcrium Antiam Fla-
vium ... ", manuscrito, f. 24v; b) "De quibus utrisque mcminit Strabo libro
tertio nosquc de eis satis supra retulimus in capite de dclctis urbibus. Alli
vero secuti Valerium Antiam Flavium ... ", N. f. 25r. -a) "Carthago Spar-
taria sccundum Isidorum appellata... ", manuscrito, f. 28v; b) "Spartaria
secundum Strabonem appellata... ", N. f. 27r. -a) "ncquc illum qui An-
theum in oeta monte percmit ut voluit Viccntius de Beauvais in Historüs";
b) A partir de ''ut voluit'' todo borrado, manuscrito, f. 72r. - a) "Roma-
norum collonia effecit ut placet Ysidoro.XV. libro"; b) A partir de "ut
placet" todo borrado, manuscrito, f. 76v. -V. también Papias borrado en
el f. 77r, Isidoro borrado en el f. 64r, Prisciano borrado en el f. 45r.
13 En el manuscrito, quiso tratar primero de las regiones y provincias
que habían cambiado sus nombres; CD segundo lugar, de las ciudades, y
en tercer lugar, de las ciudades destruidas (f. 52v), mientras que en la ver-
sión impresa menciona CD primer lugar los habitantes, las provincias y las
regiones; en segundo lugar, las ciudades; en el tercero, los ríos; en el
cuarto, las montañas, y en el quinto, las ciudades destruidas (N. f. 12r).

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 159
Renacimiento, ofrece una compacta integración de la época presente
con la mitología pasada. Este último capítulo carece todavía de una
gran cantidad de información que el autor había de obtener poste-
riormente de Estrabón. En estos capítulos nuevos, sin embargo, hace
un atrevido intento inicial de establecer una lista de las tribus de la
España pregoda, basada en la información de Ptolomeo. Hay un
sabor contemporáneo mucho más marcado en esta versión que en la
edición. Por ejemplo, se facilita información sobre la distribución de
las tribus en los modernos reinos y se dan con mucho más detalle las
descripciones regionales, aun mencionando muchas más ciudades pro-
vincianas de poca importancia histórica, como Madrid, Medina, Be-
navente, Guadalajara, etc. Parece que la supresión posterior de gran
parte de este material y la edición de ciudades tales como Tartessos,
Mendalia, Belon, Portus Mnesthei, Charteia, Sisapo, es debida al deseo
de clasicizar el texto lo más posible, para que no se convierta en una
mera geografía de localidades sin ninguna conexión con la antigüedad.
Otra adición no presente en a es De urbibus ante Herculis ad-
fJentum. Su texto varia también considerablemente del de N. Fuera
de esto, el orden de los capítulos de los libros I y II es idéntico al
de a. En (3 han sido añadidos los dos capítulos finales del libro 11
y todo el Ill. Un examen del libro II confirma nuestra aserción an-
terior de que f3contiene en el texto muy pocas de las enmiendas
hechas en a. Sólo han sido incorporadas aquí unas cuantas notas bre-
ves, sobre todo de Plinio. Las principales adiciones marginales en a
permanecen marginales en (3.
Ha sido llevada a cabo otra supresión de información procedente
de Prisciano, Vicente de Beauvais y Sozómeno de Pistoia, historia-
dor italiano del siglo xv. El continuado estudio de Estrabón por parte
de Margarit se manifiesta en su observación sobre la antigüedad de
los turdetanos y la existencia de una raza arcaica que invadió la Pen-
ínsula, según el obispo, después de los cetúbales. La tesis va cobrando
forma lentamente.
4. Desgraciadamente, poseemos muy poco del libro I en la ver-
sión y : sólo los cinco últimos capítulos. En éstos han sido incorpo-
rados todos los comentarios marginales de las versiones anteriores, "j

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I6o Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
así se ha obtenido en lineas generales el texto final. La lengua misma
ofrece pocas variaciones de la de N.
Las enmiendas en y, que son pocas, junto con la inserción de
los títulos de los capítulos, han sido hechas por Margarit personal-
mente. En esta versión hace referencia marginalmente a la traducción
de Dionisio Alejandrino (Periegetes) hecha el año 1477 por el hu-
manista Antonio Beccaria, en Venecia.
5. La versión 6 tiene la apariencia de una versión definitiva.
La escritura es clara y cuidada. Las mayúsculas están decoradas, aun-
que sencillamente, y los títulos de los capítulos están escritos con
tinta roja. En cuanto a los libros I y 11, contiene los capítulos que
faltan en y, prácticamente sin lagunas. Como la redacción de la úl-
tima es muy superior, creemos mejor considerarlos como dos versio-
nes diferentes. Hay también diferencias internas.
Esta versión es la primera que incluye en el proemio un catálogo
de las fuentes consultadas, que es idéntico al contenido en N. Ade-
más, los capítulos han sido definitivamente reordenados : el capítulo
titulado Hispaniae Laudes ha tomado el nombre de Hispania quot
nominibus appellata sit ab antiquis scriptoribus; el que originaria-
mente llevaba este último título ha sido añadido a Quot nationes us-
que ad nostra tempora Hispaniam obtinuerunt; el capítulo De terra
Ruscilionis, con la incorporación del material marginal anterior, añade
a su título la frase polémica an sit in Hispania14; finalmente, se in-
sertan dos capítulos geográficos nuevos -Hispaniae descriptio et ter-
minatio per maritima littora et Pyreneum y Descriptio Hispaniae per
Mediterranea-, que contienen las dimensiones geográficas de Es-
paña en su periferia y una explanación de la distnbución moderna de
los reinos, donde lo clásico se equilibra con lo moderno: "Omni au-
tem Citeriori Hispanie et Celtiberis, excepto Navarre regno, solitus
erat imperare Aragonie rex. Ulteriori vero Castelle, Portugallie et Gra-
nate reges". Hay también una lista de catedrales peninsulares, pero
no es aún tan completa como en el texto impreso 15• En esta versión
menciona el matrimonio de Fernando con Isabel.

t• F. 91r.
15 Cf. (. 89v, y N, f. 5r.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 161

Hay unas cuantas enmiendas a 6, ninguna de las cuales es de


mano de Margarit, excepto, quizá, la única palabra griega del ma-
nuscrito, clonav{a 16, destinada probablemente a ilustrar la grafía
lspania. En consecuencia, un buen número de h iniciales han sido bo-
rradas en esta parte del texto; pero esta práctica es interrumpida y
no aparece en E· En las últimas versiones también omite rechazar la
leyenda de que Ambal en su marcha sobre Italia, pasó a la Galia a
través de Roncesvalles 17• Aquí y allá aparecen comentarios margina-
les, más que adiciones, de Pedro Miguel Carbonell, el historiador y
archivero de la Corona de Aragón. Consisten, sobre todo, en versos
sacados de Ovidio u Horacio, que ilustran las referencias mitológicas
del texto 18•
6. La versión final é consta de la totalidad del libro I menos el
último capítulo. Escrita por una mano diferente de todas las versiones
anteriores, en una letra rápida y muy compacta, no da la impresión
de haber sido preparada para la imprenta. No obstante, es la única
versión que contiene la dedicatoria a Femando e Isabel 19• Ésta va
seguida por el proemio: "Paralipomenon Hispanie per Joannem de
Margarit gerundensem episcopum liber. Feliciter incipit cum Dei no-
mine qui leget feliciter perlegat proemium". Como se puede notar,
no se da el título de cardenal; esta versión, por tanto, debe de haber
sido hecha antes de su elevación al cardenalato en noviembre de
1483. La lengua, excepto algunas pequeñas diferencias de estilo y li-
geras variaciones del contenido, es idéntica a la de N 20• El comienzo
de De terra Ruscilionis, etc., indica que esta versión sustituye a la
versión 6. En otros detalles, sin embargo, E conserva las caracterís-
ticas de 6, indicando además que no se ha utilizado una copia de E
para imprimir N. Un progreso final en la organización del material
es el producido por la separación de la última sección de Que de
Celtiberis scripserunt antiquiores en un nuevo capítulo independiente,

16 F. 93r.
17 F. ssr.
ti F. 85r, 9&',9919.
19 F. 103r.
20 La lista de catedrales del f. 107r es ahora similar a N. Los dos blan-
cos del texto impreso también aparecen en el f. 11&'.
HISTORIOGRAFÍA PBN•• 11

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon"

Fita dividió las cinco versiones del manuscrito en dos grupos: uno
de formato para a, f3y y, y otro para 6 y é ; diferenciaba el pri-
mero del segundo, porque aquél fue enmendado de mano de Mar-
garit y consta sólo de ocho libros. Aunque esta división puede ser
justificada por el hecho mencionado en primer lugar, bien mirado no
es necesaria en cuanto al número de libros, porque f3ya da una lista
de capítulos, en su proemio, que contiene diez libros.
Examinemos la numeración de los libros en a, sin tener en cuenta
las enmiendas. El libro V se extiende desde el tiempo siguiente a la
expulsión de los cartagineses hasta las guerras civiles de Mario y Sila
(libros VI y VII de N). El horo VI trata de las guerras civiles de
Mario y Sila y de la lucha de César y Pompeyo hasta la llegada de
Augusto (libros VIII y IX de N). No obstante, el número del próxi-
mo y último capítulo en a es X. Esto no parece una adición poste-
rior. Margarit, habiendo llegado casi a completar la versión a, debe
de haber cambiado de idea sobre el número de los libros. Una lec-
tura de las enmiendas a a aclara el problema e indica que un arreglo
definitivo fue muy pronto conseguido. En dos lugares distintos la
numeración del libro V es cambiada en VII o en VI, y esta última es
la que perdura, porque el libro VII trata de la tercera guerra púnica
y la destrucción de Cartago y Numancia. Así, pues, el que origina-
riamente era libro VI se convierte en libro VIII, pero ahora se ex-
tiende hasta el linaje de César, que constituye la introducción del
libro IX, dedicado a las guerras de César y Pompeyo. Por consi-
guiente, apenas hay razón clara para considerar que a, f3y y están
constituidas por ocho libros, puesto que las correcciones que dan la
forma definitiva de la obra ya se hallan en la versión a enmendada.
2. Las más importantes adiciones de texto a a son las de los ca-
pítulos sobre Tarragona y Numancia. En la versión original, sin dis-
poner de la información de Estrabón ni de Plinio, intenta descifrar
la fundación de Tarragona. Aparte de Isidoro, no menciona más que
opiniones personales, que en muchos casos son extraordinariamente
rebuscadas y singulares22• Esta manera de hacer historia sin funda-
22 "Et quoniam multi res hispanicas describentes inter quos est Ysido-
rus libro XIIII Etymologiarum afirmare voluerunt Scipiones urbem Terra-
chonam construxisse eamque terram Agonis appellasse uti qui apud eam

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162 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
De Pyreneis montibus. De otro lado, De Citeriori Hispania, capítulo
autónomo en N, sigue incluido aquí en el cuerpo del capítulo De pro-
mnciis Hispanie, etc.
A pesar de estas pequeñas diferencias, es probable que, aunque E
no fuese usada para la versión impresa, N se haya basado en una
versión que apenas difería de aquélla.

EL MANUSCRITO (LIBROS III AL X)

1. En la primera parte nos hemos ocupado de los libros I y 11.


Examinemos ahora la construcción de los libros 111 al X. De estos
últimos, que forman el núcleo más nutrido del Paralipomenon,no se
conserva rastro en las versiones y, 6 y E, mientras que en a sólo
hay desde la segunda mitad del hbro V hasta el final, y en f3, los
libros 111al V, la conclusión del cual, sin embargo, también falta.
La parte del libro V que se repite en a y en f3es en todo idén-
tica. Pero esto es comprensible si se tiene en cuenta que el material
se saca en gran parte textualmente de historiadores clásicos. La única
diferencia fundamental entre a, f3y N radica en la numeración de 1

los libros 21•


21Hay, sin embargo, pequeñas variaciones entre el manuscrito y N:
a) La localización de Cartago Vieja ha sido cambiada. Según la versión f3
(manuscrito, f. 28v) : "Primmi omnium urbem memorare libet Veterem
Carthaginem Hispanie quam ex suo nomine denominarunt in Citeriori His-
pania inter letanos et anchetanos quondam antiquorum populos". N, f. 27r
dice : "Haec in Citeriori Hispania situm habuit inter Elarqueones secundum
Oaudium Ptolomaeum". - b) Su descripción del sitio de Sagunto y sus
esfuerzos para localizarlo (N, f. 3or) no aparecen en la versión f3,f. 238r. -
e) Merece notarse otra adición a una afirmación hecha en a. A medida
que progresaba en sus estudios, Margarit iba convenciéndose de que los ro-
manos apenas fundaron ciudades en España, sino que desarrollaron las que
ya existían. Versión a, f. 140v: "Pertinet insuper ad romanos Villafrancha
Penorum post eversam Veterem Cartaginem Hispanie ad ipsos eciam spec-
tat sardonium oppidum et Julium in ceretanis". N, f. 31v dice: "Pertinet
insuper ad Romanos Villa Franca Poenorum Sardoniumque oppidum et Ju-
lium in Ceretanis, quae omnis non a Romanis prius fundata sed vel am-
pliata, vel instaurata fuisse constat". También hace observaciones seme-
jantes sobre Tarragona.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

mento no es característica de Margarit,el cual la sustituye después


por materia entresacada de las fuentes clásicas antes mencionadas y
suprime la introducción primitiva. No hace desaparecer, sin embargo,
su teoría personal de que Tarragona ya era vieja en tiempo de los
dos Escipiones, a pesar de que tanto Estrabón como Plinio afirman
que fueron los romanos los que fundaron la ciudad. La afirmación del
obispo se basaba en una explicación filológica, y es significativo que
le diese más valor que al testimonio de los historiadores clásicos.
En cuanto a Nurnancia, había intentado utili7Jll" otra vez la des-
cripción de la ciudad que ya aparecía en el capítulo sobre las ciuda-
des destruidas 21, pero ésta fue suprimida y sustituida por informa-
ción tomada de Floro, Estrabón y Mela. Como tributo, añade un co-
mentario de su propia mano a la victoria romana : "sed tantum de
nomine triumphatum est, Nurnantium enim victoris catena non te-
nuit" M.
El último capítulo, acerca del edicto de Augusto que establece
el impuesto universal, tiene pequeñas variantes frente al texto de N.
La copia del escribano acaba justamente antes del párrafo final, que
es añadido unos folios más adelante, autógrafo, en una página en
blanco 25 • El anverso de este mismo folio contiene el juicio de Hila-
rión de Verona sobre la historia del obispo.

maximos Agones bellorum preliorumque sustinuisset terram Agonis appcllari


insserunt. Ego vero illis non assencio... (porque Tarragona ya existía antes
de la llegada de los romanos]... et quoniam diximus (f. 140v) antiquiorem
Terrachone fuisse originem quam a Scipionibus audivisse a perito judeo que
in Deuteronomio legitur ubi exponuntur reges quos populi Israel superarunt
in Caldeo legitur superasse Terrachonam dicentes ipsam urbem fuisse sub
och Rege bassan [Deuteronomio, 3] quod tamen verum esse non puto.
Retulit et insuper in quibusdam hebreis codiclbus inveniri hanc urbem sub
Salomone rege fuisse quod eciam non autenticum video... ", manuscrito,
f. 14or. Las referencias a la leyenda de Tarragona como la ciudad de los
judíos, de los códices hebreos y de los sabios judíos, son residuos intere-
santes de la sociedad en que vivía Margarit. La judería de Gerona había
poseído en el pasado gran número de eruditos.
21 F. 191v.
24 F. 204v.
25 Acaba: "... et si qui plutes addunt annos errarunt et non medio-
criter", manuscrito, f. 82v. N acaba: " ... et si qui piures addunt annos
errant vehementer", f. 7T'•

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon"

La versión (3 de los capítulos 111, IV y V tiene poco interés desde


el punto de vista de las variantes. El capítulo Quomodo Carthaginen-
ses Hispanie post Graecos dominium obtinuerunt contiene una repe-
tición del capítulo del libro I titulado De Pyrineis montibus ac metallis
eorum 26• Desaparece en la edición.

LA REDACCIÓNDEL MANUSCRITO

1. Hasta ahora sólo poseemos testimonios muy débiles que nos


ayudan a fechar las diferentes versiones. En su T emplum Domini, el
obispo se refiere a "alio tractatu obliterarum Hispaniae". Por tanto,
debe de haber existido antes de 1464, fecha aproximada de esta obra,
una forma del Paralipomenon. Las enmiendas a (3 no contienen la
referencia a un viaje hecho a Guipúzcoa el año 1477, sólo mencionado
en N 27• Una enmienda a y menciona una obra impresa en 1477. La
dedicatoria de E nos sitúa al comienzo de la campaña de Granada,
es decir, cerca del fin del año ~481. Éstos son todos los testimonios
directos de que disponemos.
En cuanto a los testimonios indirectos, hay dos puntos importan-
tes que conviene considerar. En primer lugar, Margarit se refiere ini-
cialmente a un tractatus. Este término es poco apropiado para des-
cribir una obra de la extensión de la versión a, planeada para cons-
tar de diez libros. Además de esto, la versión a contiene, incorporadas
al texto, largas citas de Diodoro Sículo. Este historiador fue traducido
del griego al latín por primera vez en 1472, y esta traducción es idén-
tica a la usada por Margarit.
La única conclusión aceptable es que el tractatus se ha extraviado
y que la versión inicial del Paralipomenon fue compuesta después de
147228.
Esto está más de acuerdo con los acontecimientos políticos, por-
que el obispo tuvo poco tiempo para ocuparse de literatura durante
26 F. 27v.
-z, F. 25r.
28 El título del MS de Milán parece corresponder a un tractatus. Vid.
página 1S2, D. l.

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166 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
las vicisitudes de la guerra de Cataluña contra Juan Il, en la que él
desempeñó un papel tan importante. La versión (3, que no ofrece
grandes variaciones frente a a, debe de ser de tiempo muy próximo al
de ésta. La versión y, sin enmiendas, fue compuesta antes de 1477
o cerca de esta fecha. En cambio, 6 no nos ofrece ningún indicio para
su datación, lo cual es de lamentar, porque habría sido interesante
saber si el obispo la comenzó antes de su partida final para Italia, a
comienzos de 1481. La última versión, E, fue redactada en Italia,
antes de su elevación al cardenalato en noviembre de 1483.
2. En resumen, un estudio del manuscrito demuestra que la idea
del Paralipomenon debe de habérsele ocurrido a Margarit en su ju-
ventud, posiblemente antes de que volviese de Italia a Cataluña en
1453, y maduraría a lo largo del resto de su vida. No podía dejar
pasar, durante su estancia en Italia, la oportunidad de acumular una
biblioteca destinada a este fin 29 • La manera periódica de regresar a
sus fuentes demuestra que la idea de investigar la antigüedad clásica
de España se le ocurrió antes de estar muy versado en el material
necesario para su tesis. Por ejemplo, no parece haberse dado cuenta,
antes de completar a y f3,de la cantidad de información que se puede
obtener de Estrabón. Por tanto, Margarit debió de sentirse profunda-
mente influido por la devoción a la antigüedad que había observado
en los estudiosos italianos, hasta el punto de decidirse a coIDen:,,ar
una obra para la cual no estaba plenamente documentado.
El material que recogió refleja aquí y allá, es verdad, una hJmana
vanidad en la acumulación de conocimientos estériles. Mas, por otra
parte, conviene tener presente hasta qué grado retocó y modificó Mar-
garit las versiones iniciales, suprimiendo incluso capítulos enteros, con
tal de producir una obra adecuada y con unidad. Fue la fascinación
que le produjeron los griegos la que provocó sus citas superfluas.
A pesar de todo, este mismo entusiasmo por los clásicos le indujo a
rechazar los escritores de la Edad Media en su búsqueda de infor-
mación. El enciclopedista medieval da paso a la fuente original.
Margarit ha sido criticado por los numerosos errores de nomen-
clatura hallados en la versión impresa de 1545. El objeto de la edi-
29 Sobre la biblioteca, v. Maduren y Marimón y Rubió, op. cit., pági-
nas 490-500.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 167
ción posterior de Schott fue, de hecho, una revisión de estos errores.
Algunos de ellos pueden ciertamente remontarse hasta el manuscrito,
tal como Lapacia.norum Scutrilentum 30 por Lapatia coru promonto-
rium seu Trileucum 31• Pero la mayoría son debidos a la lectura des-
cuidada por parte del impresor de la primera edición 32•

30 N., f. 4r.
31 Ptolomeo, 2, 5.
32 La afirmación que aparece en N, f. 2Sr sobre la lengua vasca es,
evidentemente, errónea : "Hi proprium idioma barbaricum a latino non ad-
modum distans affecerunt". El manuscrito, f. 31r, no tiene el "non". A pro-
pósito de Hércules, el manuscrito, f. 36r, dice : "tamen remanent qua e ad
nos quorundam relationibus sive scriptionibus maxime graecis fragmentata
transmissa sunt". N, f. 22r, dice por error "gratis" en lugar de "graecis".
La lectura corrompida a que se hace referencia en N (f. 21r) por parte del
editor habría de ser : "refert illum fuisse tempore Moysi anno ab orbe con-
dito tribus millibus sexcentis quinquaginta duobus istumque Herculem aiunt
Syrum". Cfr. manuscrito, f. 35r. En el capítulo De urbibus Hispaniae ante
Herculis adventum de la versión impresa, hace notar que sólo hay dos ciu-
dades que todavía sobreviven de este período, de las cuales menciona a Sca-
labius (Lisboa). A continuación habla de una tercera, llamada Iberia. La omi-
sión de referencia a una segunda ciudad es debida al hecho de que Gades
es borrada del texto del manuscrito y transferida a otro capítulo. Todo esto
demuestra que Margarit, al morir, no había producido un texto definitiva-
mente revisado para la imprenta. - Las siguientes lecturas del manuscrito
corrigen malas transcripciones de la edición. Sólo he escogido unas cuantas,
sobre todo entre la nomenclatura :
N Manuscrito
F. 27v Gerionarum F. 3or Germanorum
13v Uliscam 43r Ulyseam
13r Valerii 42r Phalerii
14v Vieatus Cluvianus 44r mearus Clodianus
I6V Lucentino 47v Lusitano
16r aliis diis
17r Lausum 49r Bausum
17v Aseva 49v Ascua
&' Hosipos lgletas u9v Hos ipsos igletas

Las lecturas del manuscrito dan la reproducción correcta del nombre de


lugar clásico. Fueron estos errores, tan obvios en la mayoría de los casos,
los que indujeron a Vaseo, el historiador flamenco del siglo XVI, a censu-
rar al impresor más bien que a Margarit en su juicio del Paralipomenon, por

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168 Ensayos sobre la ltisloriografíapeninsw,r del s. XV
Esta falta de atención no podría ser atribuida a Margarit. Basta el
hecho de que haya cinco versiones fragmentarias del Paralipomenon
(con la posibilidad de que haya habido más, porque el manusaito
sobre el cual se basó N se ha perdido) para demostrar el cuidado
y el entusiasmo que prodigó en el trabajo de toda una vida.

LAS FUENTES

I. A pesar de vivir en un tiempo de investigación erudita del


pasado, Margarit menciona raramente el trabajo de sus contemporá-
neos. Hay, por tanto, pocos datos que nos permitan descubrir un po-
sible modelo del Paralipomenon.Pero la mención de una figura de
notable importancia para la historiografía del Renacimiento nos per-
mite ahondar más en la valoración que el obispo otorgaba a la eru-
dición contemporánea. Se refiere dos veces a Leonardo Bruni como
el príncipe de los historiadores italianos. Bruni no era desconocido en
España, porque había estado en relación con Juan II de Olstilla y
Alfonso García de Santa María, obispo de Burgos; pero su obra como
historiador había tenido poca repercusión, o ninguna, hasta fines del
siglo xv 33•
Su personalidad y su método histórico explican la alabanza que
le dirige Margarit. Los dos eran políticos y hombres de letras; Mar-
garit era consejero de Juan ·11 de Aragón; Bruni, consejero de Flo-
rencia, y la finalidad de éste en su historia de la República -obra
particularmente mencionada por Margarit- fue la conmemoración de
los orígenes históricos y del crecimiento de su país nativo. &ta es
también la atmósfera del Paralipomenon.El amor a su tierra le había

lo demás favorable: "Hic quoque typis excusus, sed non satis emendatus",
Hispaniae Chronicon, en Hisp. IllustT., I, p. 579.
33 Sobre Bruni, vid. Santini, Leonardo Bnmi e i suoi Historianan Flo-
rentini, ARSNSP, XXII (1910). H. Baron, Leonardo Bnmi Aretini huma-
nistische philosophische Schriften (Lcipzig, 1928). N. Rubinstein, "The begin-
nings of political thought in Florence", 1ovmal of tite Warbmg and Court-
auld Institutes, V (1942). - En el Templum Domini, caps. X, XII, XIII,
Margarit cita su De Bello Italico adf1nsus Gothos y los Historianun FloTen-
tini Populi libri XII.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 169
hecho pasar de la literatura a la política. El requisito previo para el
honor de un país era un pasado noble, y Margarit, como Bruni, es-
taba preocupado por la dificultad de "ritrovare le cose passate" y por
la concreción de las relaciones entre los romanos y su patria.
Era característico de la época el entusiasmo de Bruni por los grie-
gos y por sus monumentos literarios, que manifestó en una prodigio-
sa serie de traducciones. Margarit, sin las dotes de erudito de Bruni
y sin ningún conocimiento de la lengua, mostró una indiscutible de-
voción, igual que los poetas y eruditos de la corte de Juan II de
Castilla, por cualquier palabra griega que oyese pronunciar. Por esto,
en su prólogo, a fin de dar el tono de su historia, Margarit exhibe,
con aire de prestidigitador, una serie de fuentes consultadas que le
habrían convertido en el humanista más eminente de su tiempo si
realmente las hubiera podido consultar. Hiparco, Eudoxo, Eratóste-
nes, Timeo, etc., eran nombres de autoridad; pero su utilización es
raramente confirmada por el material conterudo en el cuerpo del texto.
Este despliegue de pomposa erudición le fue criticado por Nicolás
Antonio, y con razón, porque Margarit no llegó siquiera a extraer
estos nombres de las fuentes que había manejado personalmente. Los
reprodujo, en efecto, de una lista facilitada por Giovanni Andrea de
Bossi, obispo de Aleria, en la edición de Estrabón hecha en Roma el
año 1469, hasta el extremo de copiar de ella los adjetivos, pero omi-
tiendo el nombre de Estrabón en el contexto 34• Esto produce la im-

34 Prólogo a la edición de Estrabón : "... ob eam rem divino ingenio


atque eruditione viri Hipparchus, Eudoxus, Eratosthenes, Hippias, Sebosus,
Bion, Xenophon Lampsacenus, Beton, Timeus, Dionysius. Et artis totius
splendor et constans artifex Ptolomeus et ante illum Plynius ac Mella. Au-
gustique temporibus Strabo aliique per piures numquam satis laudati pro-
diere ... non minus historicus quam geographus atque philosophus et Home-
rice majestatis illustris expositor ... ", f. 1r. -Prólogo al Paralipomenon:
"Utarque praeter antiquorum morem testimonio scriptorum maxime circa an-
tiquiora, ne legentes me deliberasse, aut confinxisse vetustiora opinentur.
Sequarque ut plurimum autores antiquissimos tam Philosophos quam Geo-
graphos, Hipparcum, Eudorum, Heratosthenem, Hyppiam, Schosum, Bion-
tem, Xenophontcm, Betonem, Themaum, Dionysium et totius artis splendo-
rem et constantem artificem aaudium Ptolomeum, Plinium, insuper Pom-
poneum Mellam", N, f. 2r.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

presión de que quiere atribuirse los resultados de la investigación de


los demás; no es esta la única vez que borra su rastro.
Una rápida ojeada al texto de su obra es suficiente para descartar,
como fuentes directas, además de las mencionadas más arriba, a Hi-
pias, Seboso, Bión, Jenofonte de Lampsaco, Baitón, Polibio, Artemi-
doro y Posidonio.
Las fuentes principales para los libros I y Il son Ptolomeo, Estra-
bón, Mela y Plinio. Todos ellos, excepto Estrabón, aparecen en la
versión a, aunque no son plenamente aprovechados, ni con mucho.
Pero, aun así, Margarit sacó de ellos más rendimiento que sus con-
temporáneos, dedicados todavía a describir la herencia gótica de la
Península. Aparece como el primero que profundiza en los datos faci-
litados por Ptolomeo y los confronta con otras fuentes 35• Sus listas
de tribus, ríos y ciudades se basan visiblemente en este geógrafo, es-
pecialmente las que se refieren al litoral noroeste de España. Incluye
aquí y allá, bajo el nombre de Ptolomeo, comentarios que no apare-
cen en el texto original. Es posible que haya usado un texto comen-
tado; de ello tenemos un ejemplo en los comentarios sobre urbs Le-
maceni36• Interpreta malamente al escritor griego al localizar a los
bástulos n, y es difícil comprobar si se trata de un error voluntario o
meramente de una aceptación de la interpretación de un comentador.
La autoridad de Ptolomeo, en otros casos, no le priva de mostrarse
en desacuerdo con él. Contradice a Ptolomeo y a Estrabón al declarar
que Calahorra es la capital de los autrigones, mientras que estos dos
geógrafos declaran que es la capital de los bascones. Pero el plan ge-
neral de Ptolomeo es aquí patente, a grandes rasgos.
Plinio el Viejo fue probablemente el geógrafo clásico más leído
durante la Edad Media, a pesar de que, por ser su obra un puro
catálogo, es inferior en interés a Estrabón y Mela. Plinio nos da cua-
trocientos nombres geográficos, en contraste con los doscientos de
Estrabón y los ciento cincuenta de Mela. A pesar de esto, Margarit
no lo utiliza tanto como a Estrabón o Ptolomeo. Esto puede deberse

35 Ptolomeo había sido ya utilizado antes, pero muy poco, por Rodrigo
Sánchez de Arévalo en su Compendiosa, en Hisj). Illustr., I, pp. 122-124-
36 N, f. 18r.
37 N, f. 11 ; Ptolomeo, 11, 4, 6.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon"

a preferencia por la fuente griega, o también al hecho de haber se-


leccionado sus nombres de lugar entre los que podía identificar con
equivalentes modernos, fuesen o no procedentes de fuente griega. Como
quiera que sea, Plinio, el manual medieval de Historia Natural, no
ocupa un lugar destacado en el Paralipomenon.Margarit no está aquí
de acuerdo en cuanto a la fundación de Tarragona 38, y uno de los
errores importantes del Paralipomenon, el de situar a Munda, esce-
nario de la derrota de los pompeyanos, en la costa de Lusitania, en
lugar de localizarlo en la Bética, puede haber derivado de la afir-
mación de Plinio "ab Durio Tagus. CC. interveniente Munda ... ".
Esto último se refiere en realidad al Mondego.
Pomponio Mela es utilizado todavía menos que Plinio. A pesar de
la considerable información que da sobre el litoral cantábrico, Mar-
garit prefirió a Ptolomeo. Quizá habría sido más indulgente si hu-
biera sabido que Mela había nacido en España. No es probable que
Margarit omitiese esta información deliberadamente, pues su inten-
ción era favorecer la causa de la antigüedad de España. Además, como
en el caso de Plinio, también aquí está en desacuerdo en puntos de
poca importancia. No acaba de ver, por ejemplo, cómo Carteia puede
identificarse con Tartessos.
Pero estas fuentes se hallan a disposición de cualquier historiador
medieval curioso. La atmósfera cultural de la época llevó a Margarit
por caminos más nuevos. Él es el primer hombre de letras peninsular
que utiliza la Geografía de Estrabón con fines eruditos 39• Las dos
traducciones más importantes de esta obra en el siglo xv fueron he-
chas por los florentinos Jacopo Angelo da Scarparia y Guarino Ve-
ronese. La primera fue utilizada por Flavio Biondo. Pío II y Mar-
garit prefrc.kron la última y más reciente, completada en 1456 a ins-
tancias de Nicolás V e impresa por Conrado Sweheym y Amoldo
Pannartz en Roma, hacia 1469. Aparecieron nuevas ediciones en 1472
y 1480. La edición original lleva un prólogo del obispo de Aleria,

38 Cf. supra, p. 163 n. 22.


39 El año 1410 Palla Strozzi, discípulo de Crisolara, llevó a Italia un
texto griego del geógrafo, que después fue traducido por Jacopo Angelo de
Scarparia. Véase G. Voigt, ll resorgimento dell'antichita classica (trad. ita-
liana, Firenzc, 1888-1897), I, p. 227.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
dedicado a Paulo Il. A pesar de los cambios en la fraseología efec-
tuados por Margarit, el hecho de que éste cite en otros sitios este
prólogo no permite dudar que su fuente resida concretament.e en este
texto. Aparte de las listas de nombres tornadas de Ptolomeo y otros,
la descripción generalde la Península Ibérica deriva de Estrabón. El
plan de Margarit es más bien desordenado si se compara con las dcs-
aipcioncs muy metódicas de la costa contenidas en el libro m. Trata
de seguir el original, pero se desvía de él, en el capítulo sobre la
costa mediterránea, al hacer súbitamente un examen de la Hispania
Citerior y de la Ulterior, que acaba con una lista de las divisiones
eclesiásticas modernas. El título, Descriptio Hispaniae per Mediterra-
nea, resulta, pues, más bien desorientador. A pesar de su preferencia
por Estrabón, no lo cita de una manera íntegra, probablemente por-
que la estructura de su historia había sido más o menos establecida
antes. Los dos principales párrafos tomados íntegramente se refieren
a los famosos turdetanos y a las minas de metales preciosos de los
Pirineos 40• Ya hemos indicado antes el descubrimicnr:o, por parte de
Margarit, de la tribu de los igletes, invasores de la Península después
de los cetúbales 41• Pero Estrabón es importantísimo para la informa-
ción que da sobre ciudades y colonias primitivas. Margaritacepta el
juicio escéptico de Estrabón sobre la destrucción de trescientas ciu-
dades de la Celtiberia por Tiberio Graco; pero no se mofa tan abierta-
mente como Estrabón de la lírica descripción de Posidonio sobre la
riqueza de metales preciosos en las minas de los Pirineos.
Como en otros casos, Margarit selecciona al escoger la informa-
ción y se ve obligado a disentir en diversos puntos. No está de acuer-
do con la localización de las Casitérides, y declara que se hallan al
sur del puerto de Arotreba (noroeste de Galicia), de acuerdo con las
cartas de navegación, mientras que Estrabón dice que están al norte 42•
Ninguno de los dos explica qué eran realmente estas islas, pues el
rniSJDQEstrabón las localiza vagamente. Por tanto, Margarit consi-
dera justificado no incluir su larga descripción de los habitantes. Tam-

40 111, 2, 7-9.
41 111, 4, 19.
42 N, f. 4r; Estrabón, 111, S, u.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 173
bién le parece inaceptable la relación de la fundación de Cádiz 43 y
omite extensos pasajes sobre las columnas de Hércules 44• Estas omi-
siones son a veces reveladoras. Estrabón daba gran fe al valor histórico
de los poemas épicos y narraba el viaje de Ulises a España al lado
de una discusión sobre si Tartessos era Tartaros. Nada de esto apa-
rece en el Paralipomenon. Quizá el desconocimiento de los temas ho-
méricos le hizo abstenerse de repetirlos. Entre otros pasajes omitidos
están los que tratan de los productos naturales de España -utiliza-
dos con frecuencia por historiadores anteriores en alabanza de Es-
paña-, de los vestidos del país 45 y muchos ejemplos de indómito
valor de los indígenas 46• Finalmente, no menciona los nombres de
ciudades bien conocidas en la antigüedad como Itálica, Ilipa, Carmo-
na, Ategua 47 o Asta, Nebrissa 48•
Entre las referencias secundarias, mencionaremos sólo a Dionisio
Alejandrino (Periegetes)49 y el Itinerario de Antonino Pío 50• Son de
poca importancia. El primero es utilizado en sustitución de Prisciano
al hablar de Gades y, sacada del segundo, es añadida una nota di-
ciendo que Banyoles era conocida como Aquae Votonis.
2. Después de los geógrafos, los dos principales historiadores uti-
lizados en los libros I, 11 y 111son Diodoro Sículo y Trogo Pompeyo
a través del resumen de Justino. Esta última fue una fuente básica
de información durante la Edad Media y tenía un interés especial
para el escritor catalán por sus sinceras alabanzas de la Península.
Todo el libro último es prácticamente reproducido, o bien en citas
largas, o bien en citas breves, excepto los datos sobre las guerras pú-
nicas, demasiado vagos para que tuviesen valor. Justino, por tanto,
le proporciona toda la historia de la España prehercúlea, desde Gar-
goris 51 hasta el origen de los cartagineses y de los gaditanos. Este

43 N, f. 15r; Estrabón, 111, S, 3.


44 111, S, s.
45 111, 4, 16-17.
46 111, 4, 18.
~ 111, 2, 2.
48 111, 1, 9.
49 Manuscrito, f. 45", versión y.
50 Manuscrito, f. 1901", veraión a.
51 N: Gorgonius.

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174 Ensayos sobre la historiografía peninsulardel s. XV
último fragmento de la historia antigua solfa ser omitido por los cro-
nistas peninsulares; pero Margarit, con la preocupación por los orí-
genes remotos de su país, no lo podía pasar por alto. Margarit suele
mencionar esta fuente, excepto, cosa curiosa, en el conocido y fre-
cuentemente repetido pasaje en alabanza de España, que inserta com-
pleto 52• Es interesante notar, finalmente, que no menciona la alabanza
que Justino hace de Viriato 53, donde se pretende que fue el único
general ibérico que pudo combatir con éxito contra los romanos. Las
observaciones de Estrabón sobre el mismo tema son también omitidas.
Parece como si Margarit, en contraste con Sánchez de Arévalo, des-
confiase de cualquier prueba que concediese a las razas peninsulares
un talento militar superior a los romanos, a los que él, como huma-
nista educado en Italia, tenía en la más alta estima.
Margarit prosigue con los celtíberos su investigación de las tnous
que contribuyeron a la formación de España. Se le debe reconocer
también que fue en esto un innovador en la utilización de Diodoro
Sículo para la historia peninsular. La principal traducción de Diodoro
fue llevada a cabo por Poggio Bracciolini e impresa en Bolonia el
1472. Una comparación de los textos revela que, fuera de unas pe-
queñas modificaciones en el vocabulario, el lenguaje es el mismo.
Prácticamente todo el capítulo Que de Celtiberis scripserunt antiquio-
res 54 procede textualmente de esta fuente. El escritor siciliano es apro-
vechado también para sus observaciones sobre los Gallatae, las minas
de los Pirineos y el itinerario de Hércules. En cuanto al héroe griego,
conviene notar que Margarit no se abstiene de omitir partes impor-
tantes de la narración a fin de no perjudicar a su tesis de un Hércules
español malvado.
No es sorprendente, en un trabajo humanista, hallar testimoniada
la importancia de Firmiano Lactando, el Cicerón cristiano. Su obra
impone una interpretación racionalista de la mitología pagana, con la
humanización de los antiguos dioses, principalmente Hércules y Sa-
turno. Margarit cita libremente sus. Institutiones Divinae, libro I 55•

52 N, f. &'.
53 XLIV, 2.
54 Manuscrito, f. 195v, vcni6n a.
55 Su identificación del primer Hércules con 'Sansón en el Antiguo Tea--

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 175
3. El resto del Paralipomenon, libros IV al X, desde la conquista
de España por los cartagineses hasta el advenimiento de Augusto, es
sacado textualmente de historiadores latinos bien conocidos, princi-
palmente Livio y César.
Aunque Livio fue muy bien conocido de nombre en la Península
durante el siglo xv, el resumen de Floro fue el único texto utilizado
como fuente; con todo, se mostró poco interés en seguir las campa-
ñas de la España romana. La primera persona que aparece atraída
por la obra del historiador es Juan I de Aragón, el cual, en 1370, ob-
tuvo una copia de Livio en siciliano.
A partir de entonces se efectúan en la Península una serie de tra-
ducciones difundidas desde Cataluña. Se supone que Guillermo de
Copons hizo, en 1383, una traducción de la francesa de Pierre Ber-
~e. Martín de Riquer sostiene que la traducción de López de Ayala
se basó en esta versión catalana. Como quiera que sea, en el British
Museum hay una traducción catalana del siglo xv 56• También es po-
sible que Livio fuese conocido por el catalán Antonio Canals, que se
refirió a él en sus obras (hacia 1410). Femando Valentí en su tra•
ducción de las Paradoxa de Cicerón se refiere a una versión traducida
(¿en catalán?). Hay otros puntos de contacto entre Livio y la mitad
oriental de la Península: Alvaro García de Santa María, el Marqués
de Santillana y Rodrigo de Pimentel, conde de Benavente, poseían
una o más versiones de él. Las traducciones de López de Ayala junto
con un resumen de las Décadas 1-111 por el conde de Benavente,
hecho probablemente sobre los ocho manuscritos que tenía en su
poder, pasaron a la biblioteca de Santillana. El Livio de Alvaro Garda
fue transferido al marqués de Tarifa, el Viejo, junto con todas sus
obras, y después pasó a la Cartuja de Santa María de las Cuevas.
En la última mitad del siglo, el número de bibliotecas privadas que
tenían a Livio en latín o en vulgar había aumentado. Hay cinco
ejemplares del xv en la biblioteca del duque de Calabria, dos de los
cuales están ahora en la Biblioteca Universitaria de Valencia. Carlos

tamento puede haber sido causada por el comentario de que Omphale, una
mujer no casta, hizo que Hércules se sentara a sus pies vestido con la ropa
de ella.
56 Cf. p. 44 n. 41.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
de Viana poseía versiones latinas y francesas de Livio ; el condestable
de Portugal, dos versiones latinas. Descontando un ejemplar existente
en la biblioteca de Duarte de Portugal, se puede ver que Livio con-
tinuaba siendo mucho más conocido en la parte nordeste de la Pen-
ínsula. Margarit, aunque fue el primero en utiUzar extensamente a
este historiador como fuente, fue también un producto de la tempra-
na tradición humanística de su país. Además, la utilización extensiva
de todas las referencias a España de Llvio, Floro y César es un pre-
cedente que apunta a las investigaciones más profundas del siglo XVI.
La utilización de Livio es corriente en la versión a y apenas se
hallan más cambios que los estilísticos que la diferencien de la im-
presión. Pero el mismo texto de Livio, aun permaneciendo inalterado
en su contenido y en la ordenación de los acontecimientos, ha sufri-
do muchas modificaciones, abreviamientos y cambios lingüísticos y
de construcción. Estas alteraciones ¿fueron efectuadas por el mismo
Margarit o son producto de una fuente intermedia? Sabemos que
nuestro autor poseía el Cronicon UnifJersalede Sozómeno de Pistoya,
el cual tampoco utiliza a Livio sino para las Guerras Púnicas. Si com-
paramos fragmentos de Sozómeno y del historiador romano, es obvio
que el primero transcribe a Livio literalmente 57• Por tanto, Margarit

SI Livio, XXXIV, 17 : "Consul, interim rebellione Bergistanorum ic-


tus, ceteras quoque civitates ratus per occasionem idem facturas, arma om-
nibus cis Hiberum Hispanis adimit. Quam rem adeo aegre passi ut multi
mortem sibimet ipsi consciscerent, ferox genus, nullam vitam rati sine armis
csse. Quod ubi consuli renuntiatum est, senatores omnium civitatium ad se
vocari iussit atque lis ... inquit ... ". -Sozómeno, manuscrito, f. 291v (Biblio-
teca de la Universidad de Barcelona): "Consul Cato interim rebellione Bcr-
gustanorum ictus ceteras quoque civitates ratus per occasionem idem fac-
turas : arma omnibus cis Hiberum Hispanis ademit. Quam rem adeo aegre
passi ut multi mortem sibi metipsi consciscerent: ferox gens nullam vitam
rati sine armis esse. Quod ubi consuli nuntiatum est. Senatores omnium ci-
vitatum ad se revocare iussit. Atque iis non nostra inquit ... ". - Paralipo-
menon, f. 51v: "Interca Catoni consuli in Turditaniam properanti nuncia-
tum est rebellasse Bargustanos, que gens ea est, que inter Valentiam et
Carthaginem Spartariam sive Novam Carthagincm sita est, ipseque consul
ratus caeteras Hispaniae urbibus, quae cis Ibcrum erant, arma ademit, quam
rem adeo provinciales aegre passi sunt, ut multi ex eis mortcm sibi intule-
rint, gens si quidem ferox, ut ab antiquis scriptoribus traditum est, nullam
vitam sine armis esse arbitrantes; quod ubi consuli nunciatum esse, sana-

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 1 77

no habría necesitado un texto original de Livio, hipótesis confirmada


además por el hecho de que él modifica el Cronicón de una manera
semejante en los fragmentos de éste no basados en Livio. Como no
menciona en ningún sitio la relación entre los dos autores y al mismo
tiempo reforma el material que recoge, parece probable que se trate
de un intento de ocultar el plagio. No es que Margarit fuese enemigo
de reconocer la transcripción directa de fuentes clásicas, pues siem-
pre delimita perfectamente éstas de lo que es su propio texto; pero
en este caso, donde la utilización de Livio (y César) es básica y pro-
longada, tiende a añadir su toque personal a este material. Alterar el
estilo de Livio le habría parecido herético a un humanista; pero Mar-
garit, aun sin ser hipersensible en materias de forma y expresión, con-
sigue hacerse distinguir del historiador latino medieval. Sancho Ne-
brija señala en el prólogo a la edición : "Sane eius stylus longe ter-
sior, quam Roderici oratio, quae nihil nisi Gothicum sonat".
Livio aparece primero como una de las sucesivas fuentes del li-
bro IV del Paralipomenon,que contiene las breves observaciones del
historiador latino sobre la primera guerra púnica. El libro XXI, sobre
la segunda guerra púnica, es el eje del libro V del Paralipomenon.
Margarit se limita a interrumpir la fluencia de la narración para in-
troducir disertaciones geográficas sobre poblaciones romanas, como
Tarragona, siguiendo su práctica habitual, o añadiendo una pincelada
tópica a la campaña de Escipión contra los ilergetes, que titula De
gente Navarrorum et urbe Atanagro quae hodie Pampilona dicitur.
Esto fue motivado probablemente por los intereses que tanto Juan 11
como Femando el Católico tenían en este reino. Margarit abrevia
generalmente a Livio, omitiendo la mayoría de los parlamentos di-
rectos y las descripciones de batallas. El contenido significa para él
más que el método de exposición. Hay, sin embargo, numerosas ex-
cepciones, y en algunos casos podría parecer que divaga si no hubiese
la certeza de que un plan guiaba su selección. En las campañas de
Italia, por ejemplo, la derrota de Cannas es mencionada brevemente
-lo cual no es ilógico en una historia que trata de España-, pero el
sitio de Plasencla y la muerte de Asdrúbal son tratados con más de-
tores omnium urbium ad se vocari iussit, quibus in hanc sententiam verba
fecit".
HISTORIOGRAFfAPEN•• I 2 ,

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
talle del necesario. Además, uno de los pocos discursos directos que
son transcritos enteramente es el de Publio Cornelio Escipión a los
rehenes españoles, en el cual explica meticulosamente las ventajas del
dominio de Roma. Hay muchos ejemplos como éste del deseo de
Margarit de destacar la superioridad rmiana en el terreno militar y en
la administración.
Margarit sigue aprovechando a Livio aproximadamente hasta el
comienzo del libro XXIX. Los libros XXIX y XXXII, que tratan de
la expedición a Cartago y de las guerras de Macedonia, son pasados
por alto, y el libro VI del Paralipomenon recomienza en el libro
XXXIV de Livio con las campañas de Marco Porcio Catón y de otros
contra los turdetanos, celn'beros y lusitanos. La única interrupción es
un interludio sobre el panorama de Emporion. Seguidamente, Livio
es resumido hasta el libro XL, mientras que, al hablar de la tercera
guerra púnica, el autor se refiere sobre todo al sitio de Numancia 58
y a la lucha por su captura.
Margarit no vacila, a través de toda su adaptación de Livio, en
aceptar el punto de vista romano. Viriato es un mero salteador de
camino real, las tribus españolas son desorganizadas, traidoras y ca-
recen de auténticos caudillos. Confirma el juicio de Justino, según el
cual son tan amigos de luchar entre sí como de rechazar al invasor.
Pero su valor no es puesto en duda. La resistencia esporádica en las
montañas y la desesperada defensa de Numancia son bastante carac-
terísticas de su comportamiento.
Después de Livio y de las guerras púnicas, el boro VIIl continúa
con las guerras civiles de Mario y Sila. Margarit decide citar entre
paréntesis el comentario de San Agustín, según el cual las guerras
civiles son las más bárbaras de todas ; estas palabras eran apropiadas
en boca de quien había vivido los diez años de luchas intestinas en
Cataluña. Es difícil determinar las diversas fuentes para este período.
Margarit cita las biografías de Plutarco 59, Suetonio y las obras de Sa-
ss "Quae fuit quondam Hispaniae decus", N, f. 54r.
59 Aparecen citas de las vidas de Plutarco (Sertorio, Publio Camelio,
Escipión y Pompeyo), manuscrito, f. 3.SV,181v y 211•. Pero estas citas han
sido tomadas, muy probablemente, de los resúmenes de Pctrarca. Véase la
referencia a "Franciscus vero Petrarca post Plutarcum in descriptione vitae
Publii C:Omelii Scipionis", manuscrito f. 168•.

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Manuscrito y fuentes del "Paralipomenon" 179
lustio; pero los hechos están sumamente abreviados y barajados de
manera que es imposible decir si utilizó fuentes de primera mano o no.
Sin embargo, cuando comienza el libro IX sobre las guerras civiles
entre Pompeyo y César, recurre a la vida abreviada de este último
hecha por Petrarca. El texto es prácticamente idéntico al de Petrarca
hasta la conspiración de Catilina. Aquí Margarit comienza a abreviar
y omite totalmente los capítulos sobre la guerra de las Gallas. Sigue
con un resumen del comienzo de la guerra civil con Pompeyo, donde
la figura de César adquiere un relieve más grande. Es evidente que
simpatiza con las acciones políticas autoritarias de César cuando re-
pite sin comentario la defensa que de ellas hace Petrarca contra las
acusaciones de Cicerón.
Tratando de las campañas de César en España, Margarit declara
que prefiere la relación más detallada de los Comentarios al resumen
de Petrarca. Con la partida del general romano hacia España pasa al
De Bello Ci'DililiO. Como en el caso de Livio, Margarit és el primero
en acudir a la fuente directa. Había en la Península buen número de
manuscritos de los Comentarios ~l más antiguo de los cuales es una
versión de la Guerra de las Galias del siglo XIV 61- y diversas ver-
siones completas del siglo siguiente. Carlos de Viana y Pedro de
Portugal tenían copias 62 y el marqués de Santillana poseía una tra-
ducción a través de la italiana de P. C. Decembrio. Pero tampoco se
hizo uso de estos manuscritos como material histórico.
La campaña inicial de Pompeyo tuvo lugar en Cataluña, en la co-
marca de Lérida; por consiguiente, un interés local pudo dar lugar a
esta extensa relación de las operaciones militares. Después de la de-
rrota de los generales pompeyanos Afranio y Petreyo, Margarit vuelve
a las líneas más generales de Petrarca para describir la persecución
de Pompeyo y las batallas de Durazzo y Farsalia.
La inclusión de estas incidencias, impropias de una historia de Es-
paña, sirve para subrayar el carácter de César. La atmósfera del gue-
rrero ejemplar y del hombre de letras se infiltra y causa una digre-
sión del plan principal de la obra. En el caso de César, esto es jus-

~ N, f. 64v; De Bello Cimli, I, 37, 1.


61 Menéndez y Pelayo, Bibl. Hisp. Clás., I, 395.
62 lbid., 395-396.

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180 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
tificable : "Eius f acta adeo magna sunt, et a viris illustnous commen-
data ut debite debeant interseri, ne ab Hispanis ignorentur" 63 •
Paulo Orosio proporciona el puente desde la muerte de Pompeyo
hasta el comienzo de la segunda campaña de César en España contra
los hijos de aquél. Para la batalla de Córdoba contra Cneo y Sexto,
Margarit vuelve al De Bello Hispaniensi64• Pero Petrarca es resu-
mido para la batalla de Munda, que el obispo considera erróneamente
situada cerca del río Mondego, al norte de Portugal. La limpieza final
de la Península es tomada nuevamente del De Bello Hispaniensi,y,
como conclusión, contiene entera la condena que César hace del des-
agradecimiento de las tribus españolas por las reformas que él había
forjado y del hecho de que ellas siempre habían odiado la paz, a
pesar de lo cual les había faltado valor en la guerra. No podían es-
perar derrotar a las inmortales legiones romanas 65 • El hecho de que
reproduzca entero este discurso, cuando tantos otros han sido omiti-
dos, da una clara muestra de la opinión de Margaritsobre la colo-
nización romana de España 66• Si no reconodan un jefe, los españoles
no tenían porvenir. Las características principales de los indígenas
son, como Livio había mencionado antes, obstinación desesperaday
oportunismo guerrero. Sólo la firme autoridad podía soldar unos ele-
mentos tan dispersos en una apariencia de unidad.
Las dos figuras que intentan esta unidad a través del valor militar
y la virtud personal son Escipión el Africano y Julio César. Son pin-
tados como hombres rectos, ambiciosos, justos y que no toleraban
señor; sus juicios son reproducidos íntegramente. Son los héroes fa-
voritos de Petrarca, y el Renacimiento posterior los confirma como

63N, f. 72r.
64I, 3, 3; N, f. 73v.
65 Paralipomenon, f. 75v: los españoles "... meminissc dcbuisscnt Ro-
manum Populum immortalem ac sibi superesse decem legiones, quae non
modo Hispalenses et Hispaniam domare, sed caelum quoque evertere suffi-
cientes forent". - De Bello Hispaniensi, I, 42, 7; César habla en primera
persona : "An me deleto non anim_um advertebatis decem habere legiones
populum Romanum, quae non solum vobis obsistcre sed etiam caelum di-
ruere possent? ". El adjetivo immortalem es una interpolación de Margarit.
66 Fuera del texto del manusaito, hay una nota de mano de Margarit:
"Orado Cesaris ad hispanos", manuscrito, f. 249•.

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Manuscrito 'Y fuentes del "Paralipomenon" 181

modelos de excelencia política y moral. Escipión salvó a su país de


los invasores africanos, y César aplastó las guerras civiles que amena-
zaban la vida de la República Romana, "unde Caesaris dictatoris no-
mine mulla quoque constituit in quibus pro lege voluntas fuit'' 67•
El úllimo libro está calcado sobre una combinación de Anneo
Floro, Eutropio y Orosio. Describe sin modificaciones la culminación
del dominio romano en España con la llegada del emperador Augusto,
la derrota de los cántabros y la unificación de la Península en una
sola provincia.
Aunque Margarit había dicho en otra parte que continuaría hasta
el reinado de Arcadio y Honorio (y, haciéndolo así, enlazaría la his-
toria de los romanos con la de los godos), tanto el manuscrito como
la edición acaban en el mismo punto : la proclamación de la paz uni-
versal y el nacimiento de Cristo.
Ésta es la misma nota con que había abierto la dedicatoria a Fer-
nando e Isabel. Allá, observa Margarit, Citerior y Ulterior habían
estado unidas. Aquí, en el pasado, un emperador dominaba el mundo
desde Tarragona 68• Aunque Margarit no traza en ningún sitio un
paralelo entre estos dos períodos de la Historia, no se puede dejar
de tener la impresión de que no podía evitar presentir la lección moral
para el futuro. La experiencia de su juventud en una provincia in-
quieta, falta de autoridad real estable, y los efectos de la guerra civil
de Cataluña, seguida de los disturbios en Castilla, contribuyeron pro-
bablemente al desarrollo del tema del príncipe poderoso, eficiente, se-
guro de sí mismo.
Desde el punto de vista literario, Margarit presenta un complejo
de nociones. Inicialmente, responde al sentido de hispanidad que pre-
valecía en otras crónicas de la época, especialmente en las próximas

67 N, t. 65v.
68 Compárese "Postea vero Augustus superatis Vaccaeis, Illiturgibus et
Cantabris, illam Hispaniam in unam redigit provinciam" (N, f. 3r), con
"Omni autem Citeriori Hispaniae et Celtiberis, excepto Navarrae regno, so-
litus erat imperare Aragoniae rex. Ulteriori vero Castellae, Portugalliae et
Granatae reges. Hac autem nostra aetate coniuncta sunt haec duo regna
Castellae et Aragonum per copulam matrimonii inter serenissimos Ferdinan-
dum . . . et Elisabeth" (N, f. 4v).

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NEBRIJA, HISTORIADOR

De todos los eruditos de la España del siglo xv que vinieron a


entrar en contacto con la ilustración humanista, Nebrija es el único
1

¡que se asemeja a los polifacéticos italianos. Extendíase su interés a


1

todos los campos de la erudición considerados importantes en aquel


1tiempo y su conocimiento del hebreo anuncia la llegada de Erasmo y
de la exégesis trilingüe. Pero, juntamente con muchos de sus con-
1temporáneos menos dotados, nunca logró tener publicada más que una
1parte de sus trabajos, y la mayoría de los eruditos europeos quedaron
1sin saber de sus realizaciones. De ello fue él mismo responsable, en
parte. Muchas cosas que se había propuesto hacer nunca las com-
pletó, especialmente en el campo histórico. Los mismos textos impre-
sos que han sobrevivido, además de ser defectuosos, no fueron pro-
bablemente más que borradores.
Aunque hace unos cuarenta y cinco años se fundó un instituto
de investigación con el nombre de Antonio de Nebrija, no tenemos to-
davía una edición autorizada de sus obras. Esta situación no se debe
a una subvalorización de su importancia, puesto que críticos como
González Llubera habían trazado ya por los años veinte líneas fecun-
das de investigación 1• Sin embargo, a pesar de lo que se ha realiza-
do en los años in¡ermedios, quedan todavía blancos considerables en

1 BSS, IV (1927), pp. 89-92.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

al trono; pero el entusiasmo en este sentido no le lleva a la aeación


de nuevas leyendas, sino al examende nuevos hechos.
Su utilización de Estrabón, Diodoro Sículo, etc., implica una res-
puesta cercana a la de los eruditos investigadores italianos y no al
teorizar patriótico de un Ruy Sánchez de Arévalo. Su actitud pro-
porciona un avance de la atmósfera latinizante de la corte de los
Reyes Católicos y de historiadores del tipo de Marineo Sículo, que
redujeron la cultura española a un simple rebrote de Ronia.
El manuscrito muestra de una manera indirecta el desarrollo de
sus ideas; primero la investigación de las obras de historiadores co-
nocidos, después la búsqueda de nuevos campos y la gradual depu-
ración de la autoridad medieval sustituyéndola por la clásica, pref e-
rentemente griega. En narración histórica rectillnea, la selección que
hace descubre su apreciación del genio español y su consiguiente in-
clinación política.
El códice da también testimonio de su asiduidad, de su constante
refundición de materiales y su continua elaboración del Paralipomenon.
1

Cinco versiones, la mayoría intensamente revisadas, son el producto


1

de un erudito, no de un político eclesiástico diletante.

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_I

:1
Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

nuestro conocimiento de la contribución de Ncbrija a la difusión de


las doctrinas b,unaoistas en España.
González Llubera señaló que los dos rasgos mlssignificativos del l
carácter de Nebrija, sugeridos por Menéndcz y Pelayo, son una "po-
derosa virtud asirniJadora" y un "ardor propagandista". Esto puede
tomarse en el sentido de que, en primer lugar, Nebrija ha de ponerse
·· sobre el fondo del quattrocento iraliaoo, y, en segundo lugar, que
únicamente podemos comprender el significado de su obra en la his-
toria de la literatura peninsular si podemos ·ver de qué manera aplicó
los conocimientos que había adquirido a los problemas con que se
enfrentaban sus colegas en Castilla. Este artículo ofrece algunas re-
flexiones sobre la manera con que Nebrija, en el curso de sus estu-
dios históricos, modificó la práctica historiográfica corriente.
A no ser en obras de referencia general, se ha prestado poca aten-
ción a este aspecto de sus estudios. Sánchez Alonso ha escrito una . 1

monografía que trata principalmente de las Décadas. Juan de Mata 1

Caniazo, en Ja introducción a su edición de la Crónica de los Reyes


Católicos, de Pulgar, toca la relación de estas dos historias, y López
de Toro comenta brevemente su habilidad como traductor en el pró-
1

logo a s\l edición de De Bello Navariensi2• Esta pobreza de crítica


no es sorprendente, ya que el interés de Nebrija por la historiografía ~
fue únicamente secundario, originándose en sus trabajos editoriales, 1

en su exégesis bíblica y en la acumulación de datos para sus gramá-


ticas y léxicos. Sin embargo, el desarrollo de un método para abor- f
dar la historia y particularmente la antigüedad forma parte integrante 1

del programa humanista que fue modelado no sólo por bien sabidos
ideales culturales, sino también por los fines políticos de las ciudades-
estados italianas. Esto se ha hecho claro con abundancia de datos en
los análisis de Flavio Biondo por Nogara y Hay, y de Leonardo Bruni
y los publicistas florentinos por Baron y Santini 3•
2 Sánchez Alonso, "Nebrija historiador", RFB, XXIX (1945), pp. 129-
52; Historia de la HistOTiografíaEspañola (Madrid, 1941), I, pp. 371-72,
379-98, 410-n; Femando de Pulgar, Cr6nica de los Reyes Católicos, ed. y
estudio por Juan de Mata Carriazo (Madrid, 1943), 2 vols.; Antonio de Ne-
brija, Historia de la Guerra de Navarra, ed., traducción y estudio por J. Ló-
pez de Toro (Madrid, 1953).
3 B. Nogara, "Scritti inediti e rari di Biondo Flavio", Studi • Tes ti,

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Nebrija, historiador
Los contactos de Nebrija con los humanistas italianos son todavía
materia de conjetura, pero es digno de notarse que el curriculum uni-
versitario de Bolonia fue también responsable en parte de alentar al
historiador catalán, Juan Margarit, a emprender la investigación de la
historia primitiva de la Península una generación antes 4• Lo mismo
que en el caso de Margarit, quizá fue un fuerte sentido de patriotis-
mo lo que condujo a Nebrija a estudiar la historia, pero esto no fue
necesariamente un impulso original, ya que es inseparable de las obras
de los mayores historiadores italianos. Es cierto que Nebrija fue ex-
traordinariamente sensible al desdén que mostraban los eruditos ita-
lianos por las tradiciones culturales de España, pero deploraba al
mismo tiempo el provincianismo estrecho que viciaba la obra de sus
propios colegas. Una tal actitud mental debió haberle espoleado a
difundir al exterior un conocimiento más amplio de la historia antigua
y moderna de España de tal forma que recabase reconocimiento fuera
de la Península. Con ello no solamente seguía las huellas de Ruy
Sánchez de Arévalo 5, sino que emprendía también una misión a la
que habrían de prestar decidido apoyo los Reyes Católicos.
Nebrija, sin embargo, no reconoció los avances exploratorios he-
chos por sus predecesores y llevó a sus escritos históricos las mismas
convicciones que guiaron el resto de sus estudios, a saber, que nada
de lo que se había hecho antes era en modo alguno de valor perma-
nente, una actitud que ejemplifica claramente su negativa a citar, a no
ser irónicamente, las obras de los historiadores anteriores de la Pen-
ínsula, en latín o en romance.
Es significativo que tanto el historiador castellano Alfonso de Pa-
lencia como Nebrija comenzaran sus carreras profesionales en Sevilla
después de su regreso de Italia, el primero hacia 1453, el segundo
hacia 1470, y que la persona que les ofreció apoyo fuese el Arzobispo

n. 0 48 (Roma, 1927); D. Hay, "Flavio Biondo and the Middle Ages", Pro-
ceedings of the British Academy, XL V (1959), pp. 97-128; la introducción y
bibliografía de Santini en la edición de Leonardo Bruni Aretino, Historiarum
Plorentini papuli libri XX, en Rn. Ital. Script. (Citta di Castello, 1914-26),
XIX; Hans Baron, Humanistic and political Literature in Florence and Ve-
nice at the beginning of the Quattrocento (Harvard, 1955).
4 Cfr. p. 130.
5 Cfr. pp. 8o-81.

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186 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
de Sevilla, Alfonso de Fonseca 6 • Las obras más antiguas conocidas de
Nebrija, las elegías Salutatio ad Patriam y De Patrias Antiquitate,
compuestas probablemente en Sevilla, muestran que había visto ya su
patria chica en la perspectiva de un pasado clásico7• Identificó el
lugar de su nacimiento con la Nebrissa fundada por Baco o Dionisio,
y escogió el nombre Aelius de las inscripciones funerales en las lá-
pidas sepulcrales esparcidas por los campos en tomo a su ciudad
natal 8• Después de la muerte de Fonseca partió hacia el Norte para
comenzar su cruzada "para desarraigar la barbarie" desde la Univer-
sidad de Salamanca, pero al reconocer que sus obligaciones docentes
le alejaban de la verdadera erudición aceptó el ofrecimiento de una
tutoría en la casa de Don Juan de Z•íóiga, Maestre de Alcántara, unos
doce años más tarde. El aliento dado por Z1Jñiga a Nebrija en su
edición de los clásicos y en sus estudios lexicológicos p-gede haberle
llevado a escribir su primer ensayo verdaderamente histórico, la Mues-
tra de la Historia de las Antigüedades de España, mencionada -por vez
primera como en fase de preparación en el prólogo a la tercera edi-
ción de las lntroductiones (1495). Se define de manera característica
en el prefacio al Lexicon luris Cimlis (1506) como un desafío a la
opinión recibida : "hbros quinque de Hispanis antiquitatibus contra
illorum omnium opinionem, qui sub hoc titulo ac professione aliquid
de illis scripserunt" 9•
La Muestra estaba dedicada a la reina Isabel y fue impresa en
Burgos en 1499. El hecho de que haya sido escrita en romance indica
que el autor anduvo buscando apoyo para su aventura fuera de drcu-
los académicos, más que probablemente de la Corona'-----misma.· Su pro-
~

pósito declarado era "descubrir i sacar a luz las antigüedades de Es-


paña que hasta nuestros dias han estado encubiertas; i para que pu-

6 Alfonso de Palencia, Batalla Campal de los lobos y peTTos, ed. Fabié


(Madrid, 1876), pp. 103-4; cfr. también una carta sobre las relaciones del
Arzobispo con el librero florentino, Vespasiano da Bisticci, en F. Fossius,
Monumenta ad Alamanni Rinuccini tJitam (Florencia, 1791), pp. 60-63; para
la biografía de Nebrija, dr. Lemus y Rubio, "El Maestro Elio Antonio de
Lebrixa", RH, XXII (1910), pp. 459-508 (utilizo la separata, pp. 1-50).
7 Reimpresas en RFB, XXIX (1945), pp. 11-16.
8 Lemus y Rubio, apéndice F.
9 Ibid., p. 16, D. 2.

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Nebrija, historiador 187
diesse, como dize Vergilio, pandere res alta terra et caligine mersas" 10•
Es éste uno de los pocos casos que se dan en España del empleo de
la metáfora de la luz y las tinieblas utilizada tan frecuentemente en
Italia desde el tiempo de Petrarca para describir el fenómeno del Re-
nacimiento 11• La Muestra refleja las preocupaciones de Alfonso de
Palencia y Juan Margarit y se compara en su último libro al De Lau-
dibus Hispaniae, que estaba preparando al mismo tiempo en la corte
Lucio Marineo Sfculo. En el incunable que ha sobrevivido falta todo
un pliego, pero este hueco puede llenarse hasta cierto punto con una
versión latina posterior que hace de prólogo a las Décadas, lo que es
indicio de que nunca se llevó a efecto la intención original de Ne-
brija de escribir una historia extensa independiente de la España pre-
goda. De nada sirve especular sobre si Nebrija supo del Paralipo-
menon de Margarit, pero su plan abarca gran parte del mismo campo,
y antepone al texto actual una bibliografía de obras a consultar. Como
en la obra de Margarit, hay una exhibición un tanto aparatosa de eru-
dición y algunos elementos no pueden resistir un análisis de cerca.
Nebrija registra 36 autoridades latinas y griegas -geógrafos, his-
toriadores y poetas-, un aparato impresionante. Nueve de ellas eran
bastante bien conocidas como fuentes en la España del siglo xv -Jus-
tino, Lucano, Plinio el Viejo, Floro, Quinto Curdo, Servio, Priscia-
no, Eusebio y Martín de Troppau. Otras dan testimonio de la obra
de traducción y edición de los humanistas italianos -Heródoto, Po-
libio, Diodoro Sículo, Ptolomeo, Estrabón, Homero, Platón, Josefo,
Livio, Mela, el ltinerarium Antoninianum. Sánchez de Arévalo había
hecho uso ya de Mela, Polibio, Livio, Estrabón, Solino; y Margarit,
de Ptolomeo, Diodoro Sículo, Plinio y Estrabón. Otras autoridades
podían ser consultadas únicamente a través de algunos de estos textos
clásicos, ya que sus obras han sido irreparablemente perdidas -Ascle-
piades, Artemidoro, :aforo, Timeo, Posidonio, Estesícoro, Trogo Pom-
peyo, Filistides, Anacreonte, Sileno, Varrón. Esto da un balance de
sólo tres fuentes nuevas. Nebrija ha tenido el honor juntamente con

to Ed. González Uubera con GTam4tica de la Lengua Castellana (Ox-


ford, 1926), p. 205.
11 Mommsen, "Petrarch's conception of the Dark Ages", Sp, XVII
(1942), pp. 226-42.

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188 Bmayos. sobre la historiografíaf'eninsular del s. XV
Geroni Pau, el bibliotecario catalán del Vaticano, de introducir en
España el Itinerariode Antonino y Silio Itálico; Riginio fue utili-
zado también como fuente por el mismo tiempo aproximadamente ,
por Lucio Marineo 12• Es extraño que hayan sido omitidos algunos
textos que podrían haberle suministrado gran cantidad de informa-
ción, como César, pero es más digno de notarse el hecho de que .
hayan sido dejadas fuera las autoridades favoritas medievales, Orosio
e Isidoro. Eusebio, Prisciano y Martín de Troppau son las únicas
fuentes posclásicas mencionadas, aunque Nebrija debe haber inten-
tado utilizar a San Agustín, el único texto en el que podían consul-
tarse in extenso las palabras perdidas de Varrón. No se menciona 1
ningún autor peninsular de la ~poca cristiana: de hecho, el único ,
texto moderno citado es del siciliano Giovanni Tortelli d' Arezzo (pá-
gina 212).
La primera parte de la Muestra sigue el modelo hecho familiar ,
por el excurso de Boccaccio sobre la geografíaclásica de Italia. Incluye
una descripción de las provincias, montañas y ríos de la Península,
y muestra el mismo entusiasmo por las autoridades humanistas clá-
sicas que recomienda a los demás en el prefacio en verso de su edi-
ción de la Cosmograf'hia de Mela (1498). Por desgracia, esta des-
cripción es incompleta en las versiones latina y romance : las seccio- ,
nes mencionadas antes se hallan casi completas en la última; en la
primera se añadieron encabenrnientos a las secciones sobre pueblos
y ciudades, pero éstas no han sobrevivido o nunca fueron escritas.
Tales descripdones han originado siempre dificultades terminológicas
y Nebrija fue el primero en discutir explícitamente los inconvenientes
prácticos de utilizar los nombres de las divisiones clásicas de la Pen-
ínsula correspondientes a los reinos modernos. Fue costumbre de Ma-
rineo Sículo utilizarlos en su estricto significado clásico, pero esto
desorientaba a quienes se habían acostumbrado a aceptar como sinó-
nimos, por ejemplo, Portugal y Lusitania.Esto no es verdad en modo
alguno, comenta Nebrija, ni son lo mismo Baeticay Andalucía, Tarra-

12 Cfr. Hinonymi Pauli Barcinonnasis da Pluminibus et Montibus His-


paniae, en Hisp. Illustr., II, pp. 834-40; Menéndez y Pelayo, Bibliografía
Hispano-Latina Clásica (Santander, 1950-3), I, p. 69; Marincus Siculus,
De Rebus Hispaniae Memo1"abilibusOl>KS,en Hisp. Illusw., I, pp. 291-517.

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Nebrija, historiador

conensis y Aragón. Lo cual, sin embargo, no le impide referirse a


continuación al rey de Portugal como Rex Lusitanorum, a los nava-
rros como Vascones y a los castellanos como Hispani 13• El punto an-
terior servirá para ilustrar la diferencia entre el humanismo de Ma-
rineo y el de Nebrija. En sus descripciones geográficas, el primero es-
cudriñó la Península desde la ventana de su biblioteca; el recono-
cimiento de los cambios que dividen el pasado del presente no afectó
materialmente a su terminología. Nebrija, por otro lado, podía acep-
tar lógica pero no instintivamente estos términos de origen clásico.
Como Margarit, confronta sus lecturas con el mundo exterior y com-
bina su propia experiencia con los datos sacados de Plinio o Estrabón.
Nebrija continúa la critica, hada poco tiempo iniciada, de las
fuentes medievales. Lucas, Obispo de Túy, y Gil de Zamora son
"escritores oscuros, que yo nunca he leído, y no me avergüenzo de
la omisión". Reprocha a sus colegas de Salamanca, no su falta de in-
terés, sino la estrechez de su saber, que sacaron en su mayor parte de
las compilaciones de Alfonso el Sabio, "e intentan asustarnos con la
autoridad real de la General Estoria" (Dec., 842 l. 28). Como gramá-
tico ataca de frente los errores tradicionales de etimologías. ¿ Cómo
pudo Tubal, por ejemplo, uno de los supuestos colonizadores bíbli-
cos de España, dar a la Península el nombre de Cetubalia, cuyos com-
ponentes eran coetus Tubal, no existiendo en aquel tiempo el latín?
(Muestra, 211). Hispania no es una derivación del mítico Hispano,
sino de Hispalis, cuya forma moderna, Sevilla, es debida en parte a
influencia árabe, un dato que había aprendido de Tortelli, el gramá-
tico siciliano. Estos y otros errores habían quedado sin discutir desde
los tiempos de Isidoro, Ximénez de Rada y la Crónica de Alfonso X
hasta que Margarit, Geroni Pau y Miquel Carbonell no dieron co-
mienzo a sus investigaciones históricas en Cataluña, seguidos de cerca
por Marineo Sículo y Nebrija en Castilla. El último sopesa la auto-
ridad de Prisciano frente a la de Varrón y Plinio, encontrando la pri-
mera deficiente y deshaciendo así una confusión que había existido
entre los lberi de España y los lberes, un pueblo de Asia (Muestra,

13 Rerum a Perdinando V et Elisabe Hispaniarum Regibus gestarum De-


cades 11, en Hisp. IUustr., I, p. 793, l. 9-20. Sigla de referencia en ade-
lante: Dec.

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190 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

209). Como Margarit, deja fuera de consideración a los almonides o


almujuces, una raza nórdica que, según la suposición de los compila-
dores de la Cr6nica de Alfonso, interpretando mal una fuente árabe,
había colonizado a España con anterioridad a los griegos; "Quinpotius
ausim affirmare, nunquam fuisse tale genus hominum, sed totum fuis-
se confictum ab aliquo fabularum concinnatore" (Dec., 789, L 57).
Corrige o confirma otros detalles a base de su propia experiencia.
No cree, por ejemplo, que sean totalmente falsas las leyendas sobre el
oro en el Tajo, ya que él personalmente ha visto reflejos amarillos en
las aguas del río. Soluciona el problema de la localización de Nebrissa
y Asta apelando a su conocimiento de la acumulación de fango en los
canales del estuario del Guadalquivir. Como Margarit y Marineo, adu-
ce pruebas de restos arqueológicos. Hace esta observación sobre avo-
ra: "la ciudad de Ebora, las ruinas, rastros i señales dela qual io vi,
i bolle, i reconoci muchas vezes". Cazlona es una "ciudad que fue
antiguamente famosa i notable; agora no parece sino las señales i
rastro de su grandeza e unos villares, quatro leguas de Baeza contra
el occidente" (Muestra, 228).
El resto de la Muestra continúa con un relato de las diversas olea-
das de colonizadores e invasores desde las figuras mitológicas -primi-
tivas hasta los celtas. La mayor parte de él corresponde al pliego que
falta y puede completarse con el prólogo de las Dlcadas. Una de las
principales fuentes de este último son los Commentaria de Annius
Viterbensis, colección de supuestos fragmentos de historias clásicas
perdidas, que fue publicada en Roma en 1498 y dedicada a los Reyes
Católicos en un tiempo en que la influencia castellana y aragonesa en
el Vaticano estaba en su culmen. He desaito en otra parte el signi-
ficado de los Commentaria para la historiografía española 14• Se des-
conoce cuándo y cómo vino Nebrija a tener conocimiento de ellos;
no se utilizan como fuente en lo que ha sobrevivido de la Muestra,
sino sólo en las Décadas(I 510); dos años más tarde Nebrija editó una
selección de los Opusculade Annius en Burgos. No solamente utilizó
Nebrija a Annius como fuente, sino también le imitó, atnouyendo a

14 Cfr. pp. 25-27.

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Nebrija, historiador 191

las tribus orientales una parte mucho mayor en la colonización de la


Península.
En t,ocas -palabras, Nebrija concilia la deuda que tenía contraída
con el humanismo italiano con su lealtad patriótica a España. Aplica
la técnica de la crítica textual a los antiguos historiadores españoles,
pero acepta al mismo tiempo pruebas cuestionables en apoyo de teo-
rías personales favorables a su propio país. No pone el acento, como
Margarito Marineo, en la contribución romana a la cultura española,
sino, como Sánchez de Arévalo, busca para España una antigüedad
milenaria engalanada con los nombres de los héroes famosos del pa-
sado.
Como hemos visto, la investigación de la España pre-goda en la
historiografía española del siglo xv avanza a lo largo de dos frentes
que, en ocasiones, se encuentran y combinan. En ambos casos, la in-
formación suministrada por Ximénez de Rada se considera insufi-
ciente, y algunos historiadores, como Sánchez de Arévalo en Castilla
o Fabricio de Vagad en Aragón, rellenaron los huecos con hipótesis
fantásticas. Otros sustituyen los datos de la Historia Gothica por he-
chos extraídos de los historiadores y geógrafos griegos y romanos,
como Margarit, Pau y Carbonen. El humanista italiano, residente en
España, acentúa el fondo romano de la escena contemporánea y hace
uso al mismo tiempo de los apocrypha de Annius, que son en cierto
sentido una respuesta más académica a la búsqueda vana de datos
satisfactorios sobre la época pre-cartaginense. Nebrija, al mismo tiem-
po que omite el prejuicio de ~arineo Sículo respecto a una herencia
exclusivamente romana, amolda también Annius a su propósito, pero
esta vez con la intención de disociar, por así decir, los reinos de Es-
paña de una dependencia excesiva del símbolo de la Roma clásica.
El valor de las correcciones de Nebrija ha de considerarse no por
separado, sino juntamente con su aceptación incuestionable de An-
nius. Es normal juzgar la eliminación de los almujuces como eviden-
cia de una facultad crítica más aguda y la aprobación de Annius como
un error momentáneo. Esto es verdad hasta cierto punto, pero ha de
recordarse que el humanista sigue fundamentalmente la práctica me-
dieval de aceptar la autoridad escrita. únicamente difiere de sus pre-
decesores, en cierto sentido, en la elección de autoridades, recha-

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Ensayos sobre la historiografía peninsulardel s. XV
1
192
zando las opiniones medievales cuando éstas no pueden ser compro-
badas en los historiadores clásicos. No se ha de ver en esta nueva
manera de abordar el tema una anticipación de los criterios históricos
del siglo XIL La leyenda desprovista de signifirat\o para el presente
está llamada a desaparecer, pero las nuevas circunstancias pueden
crear nuevas conveniencias, tanto más aceptables cuanto más directa-
mente derive su validez de las autoridades clásicas.

11

Una vez terminada la Muestra, Nebrija declaró que pensaba con-


sagrarse exclusivamente a los estudios bíblicos, esto es, a la aplica-
ción de los principios humanistas de crítica textual a la Sagrada Es-
critura 15• Es sorprendente, por ello, encontrarle nombrado historia-
dor real de la Corona de Castilla el 21; de marzo de 1509 16• Dado que
la reina Juana había dejado de tomar parte activa en el gobierno a
partir de 1507, puede suponerse que el nombramiento fue autorizado
por el mismo Fernando. Los dos protectores principales de Nebrija,
Zúñiga e Isabel, habían muerto ya, y Cisneros todavía no le había
invitado a colaborar en la impresión de la Biblia Políglota, de suerte
que Nebrija había vuelto a la enseñanza universitaria en I 505, des-
pués de un lapso de 20 años 17• No se conoce la causa de su partida
de Salamanca a finales de 1508, pero la Junta de consiliarii de la
Universidad declaró su cátedra vacante el 19 de febrero de 1509, por
cuanto el propietario de la misma había estado ausente de sus obliga-
ciones durante más de cuatro meses.
Cuatro semanas más tarde Nebrija era cronista real. Marchó a Va-
lladolid a dar personalmente las gracias a Femando, y pocas semanas
después, el I 3 de abril, escribía una carta dedicando la historia que
proyectaba hacer al rey de Aragón. ¿Puede suponerse, con Félix 01-

1s Lemus, 12.
16 La carta de autorización se reproduce en Lemus, p. 18, n. 1.
17 Bataillon, Brasmo y España (México, 1950), I, pp. 33-41.

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N ebrija, historiador 193
medo, que este nombramiento fue una compensación por la pérdida
de la cátedra de Salamanca?, ¿o que fue para compensar su des-
contento por el empleo de Marineo en una función semejante?, ¿o es
verdad suponer, como lo hace Llubera, que él había buscado por
aquel entonces el puesto? Esta última teoría va contra su intención
expresa de continuar los estudios bíblicos, pero en la dedicatoria ob-
servaba que había estado reuniendo material con el fin de escribir una
historia 18• Parece lo más creíble que el ofrecimiento vino del propio
Rey, y que estuvo inspirado por los mismos motivos que le condu-
jeron a emplear a Marineo, Gonzalo Ayora y Gonzalo García de
Santa María. Reconoció en Nebrija al erudito y al gramático y le
ordenó, por consfderaciones relacionadas con la política real, que pre-
parase una crónica latina sobre el reinado de los Reyes Católicos.
Durante este reinado, la Corona prestó especial atención a la his-
toriografía. La Corona de Aragón, en particular, extendía su patro-
nazgo a escritores que no eran políticos, diplomáticos ni funcionarios
públicos, sino eruditos de origen universitario. ¿Puede atribuirse ello
a circunstancias particulares? Es verdad que el resto de Europa sabía
poco de España a través de las obras de los españoles. Circulaban
con mayor profusión tratados y poemas latinos compuestos por ita-
lianos sobre la caída de Granada, por ejemplo ; en esta misma época,
eruditos italianos emigrad.os eran contratados por los monarcas eu-
ropeos para escnoir las historias de las casas reales, como Tito Livio
da Forli y Polidoro Virgilio en Inglaterra, Pietro Ranzano y Antonio
Bonfini en Hungría, Filippo Buonaccorsi en Polonia y Paolo Emilio
en Francia 19• Las mayores ventajas de los italianos eran su habilidad
para escribir un latín fluido y elegante y su. conocimiento de la forma
y del estilo de los historiadores y geógrafos clásicos. Tales aulores
podían garantizar la elaboración de obras de interés mucho más am-
plio que los escritores locales. Esta fue la razón por la que Marineo
18 Sánchez Alonso, art. cit., 130, n. 5; Llubera, xxxv; Dec. 787, l. 38.
En todo caso, no perdió el puesto en la Universidad. Solicitó y obtuvo la
cátedra de Retórica, de la cual se posesionó el 3 de octubre, ocupándole de
tal manera el tiempo que, como hada observar el Obispo de Burgos, única-
mente en las vacaciones podía dedicarse a componer las Décadas. Lemus, p. 18.
19 Cfr. B. Reynolds, "Latin Historiography; a survey 1400-1600", Stu-
dies in the Renaissance, II (1955), pp. 7-65.
HISTORIOGRAFÍAPBN., 13

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194 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Sículo recibió su primer encargo de la Universidad de Salamanca, y
la prisa con que De Hispaniae Laudibus se precipitó a la imprenta
dejó asombrado al mismo arrogante italiano. Pero el mayor número
de encargos vino de la Corona. Fue precisamente en esta época cuan-
do se reconoció la importancia política de la historiografía, e hicieron
presión en la cancillería en este sentido itaHan'ls visitantes, como Gi-
rolamo Plutino, que consideraba ser obligación del rey nombrar erudi-
tos debidamente entrenados (como él mismo) a fin de conmemorar sus
hechos 20 ; el Proemio de Galíndez de Carvajal a sus Anales breves con-
tiene la primera consideración extensa de los problemas implicados en
la selección de un historiador real 21•
Si examinamos las circunstancias que rodean la composición de
estas historias latinas, la responsabilidad de la Corona se evidencia
por sí misma. Fue Femando quien recomendó que la biografía de
su padre, por García de Santa María, fuese escrita primero en latín
y luego en romance 22• Marineo Sículo, que iba a escribir sobre el
mismo tema más tarde, en el reinado de los Reyes Católicos, afirma-
ba que a él también se le había ordenado escribir en latín 21• Nebrija
registraba un requerimiento semejante, hecho por Femando, en la
dedicatoria de las Décadas24• Tenía plena conciencia del hecho de
que había sido escogido como español con preferencia a un itaHano,
que hubiese sido la elección normal, ya que había pocos capaces de
llevar a efecto tal obra en España : ·
"Sed quod apud nos huiusmodi viri non facile reperiuntur, in
ltaliam puto eundum fuit, ut Angelus Politianus, ut Picus Mirandolus,
ut Antonius Flaminius, ut Aldus Romanus inde adsciscerentur" (Dec.,
786, l. 57).

20 En Marineus Siculus, Bpistolae PamiliaTes, VIII, 14, en la selec-


ción publicada por P. Verrua, L'Epistolario di Lucio Marineo Siculo (Citta
di Castello, 1940).
2 1 Anales breves del reinado de los Reyes Católicos, en BAB, LXX,
página 536.
22 Cfr. p. 230.
23 Bpist. Fam., IX, 10.
24 Dec., 786, l. 22. Ocampo dice que fue Isabel quien ordenó a Nebrija
escribir la Muestra: Lemus~ 16, n. 2.

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Nebrija, historiador 195
Después de este pequeño gesto de vanidad personal cuestiona Ne-
brija, por vez primera en la literatura castellana, lo cierto de este pre-
juicio en favor del italiano. Traiciona ciertamente un rasgo muy cas-
tellano en esta actitud respecto a los italianos (puesto ya de manifiesto
en la Historia Hispanica de Ruy Sánchez de Arévalo), la creencia de
que su cultura está, en cierta manera, corrompida: "quodque M[ar-
cus] C[ato] ad filium de Graecis scribens, possum.us et nos de Italia
dicere, quandocumque gens ista nobis letras dabit, omnia corrumpet".
Su crítica más directa es, sin embargo, que el italiano es por natu-
raleza republicano, no siendo apto en cuanto tal para preparar la his-
toria de una monarquía:
"Sed esto, aeque illis ac nobis res Hispaniae sint notae, utri magis
ex animo res ipsas scribent, illi qui simulatae cuiusdam libertatis
amore regium nomen odere, regumque imperia detrectant, an nos qui
sine Regibus degere nescimus, qui religiose Reges salutare consueui-
mus, de quorum salute non minus quam de nostra soliciti sumus, quos
non minori obseruantia colim.us quam ducem suum apiculae?" (Dec.,
787, l. 10-13).
El objeto primario de los historiadores humanistas de esta época
fue reorganizar y volver a escribir el "corpus" de las crónicas ver-
náculas que, en su estimación, no poseían valor real literario, hacien-
do por ello poca justicia a los acontecimientos que narraron. Alfonso
de Herrera, profesor en la Universidad de Alcalá de Henares, se queja
del bajo nivel de la historia de España. Pero hace notar de manera
particular que con la llegada de Marineo Sículo había alguna espe-
ranza para el futuro : no se ha ahorrado gasto ni fatiga, dice, para
sacar la historia fuera a la clara luz del día y para vestirla con las
prendas de la verdadera latinidad 25• Este empleo del latín es, na-
turalmente, un punto clave en la doctrina humanista. Pero pienso que
se puede distinguir entre las opiniones de Marineo Sículo y las de
Nebrija sobre este tema. El pedante siciliano consideraba todas las
lenguas vernáculas como antiguas corrupciones de una sola lengua,
desdeñándolas como vehículos para cualquier tipo de expresión lite-
raria 16• Nebrija, sin disentir de la opinión recibida acerca del valor del
25 Prol., De Re bus (Alcali, 1530).
26 De Rebus, en Hisp. Illustr., I, p. 330.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
latín, ponía a éste y al romance como categorías separadas, cada una
con sus propias reglas. El empleo frecuente de la fraseología clásica
en las Décadas no es debido a la veneración con que era tenido el
latín por Marineo, sino a una tentativa lógica de transmitir concep-
tos puramente locales a un auditorio internacional. Además, Marineo
sostenía la usual opinión de que únicamente un italiano podía escri-
bir bien el latín -zr,a lo que se oponía Nebrija afirmando que Colu-
mela, los dos Sénecas, Lucano y Silio Itálico eran de estirpe española
(Dec., 787, l. 35).
Sacando ventaja de su experiencia como lexicógrafo, Nebrija presta
atención particular al tema de la terminología histórica en el pre-
facio de las Décadas (Dec., 791-92). Al intentar interpretar fenóme-
nos peninsulares por medio de equivalentes latinos, quería reconciliar
las exigencias de claridad y pureza de lenguaje. 11 término latino no
ha de ser, como lo era en las obras de muchos historiadores pasados,
una mera latinización de un término romance, ni una expresión apro-
bada por autoridades clásicas que no pasaban de aproximarse al sig-
nificado del término vernáculo. Hay, naturalmente, simples casos de
correspondencia. En otros casos en que no hay equivalentes entre las
dos lenguas, como en dictator o censor en latín, o ''marqu&" y "al-
mirante" en castellano, se imponen los neologismos, y han de fabri-
carse de tal suerte que se conformen a la naturaleza del latín y que
sean auto-explicativos por medio de sus componentes, i. e. marchio de
marca y classis praefectus o archithalassus.El argumento de Nebrija
puede ampliarse de la siguiente manera. Un extranjero que lee una
historia de España seria inducido a confusión con "contador mayor",
pero no con quaestor maximus; lo mismo se aplica a caduceatores,
"reyes de armas", praefectus limitaneorum, "adelantado", societas,
"hermandad". Esto está expuesto, naturalmente, a exageración. ¿ Quién
podría identificar bajo el nombre de Dux Areoaconan al Duque de
Ar~valo, o sospechar que Comes Hemerocalios oculta la identidad del
Conde de Buendía? La perfección académica con que Nebrija per-
sigue este ideal deforma los fines de la historia. Si hubiese tenido
mejor conocimiento de las historias de los humanistas italianos, par-

rt Bpist. Fam., VII, I: cfr. también X, 3, 20.

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Nebrija, historiador 197
ticulannente de las de Valla y Biondo 28, habría comprobado que
éstos, más expertos, no se resignaron a verse obstruidos por adherir-
se de una manera excesivamente servil al vocabulario de la historia
de Roma. Nebrija peca por exceso y muestra que no escribía primor-
dialmente como historiador, sino como gramático.
Desde los tiempos de Nebrija han sido consideradas las Décadas
como una traducción o adaptación de la Crónica de los R~es Cafó-
licos de Pulgar 29• Es difícil valorar los motivos reales de la omisicfn
del nombre de Pulgar en la edición latina. Prescindiendo de) hecho de
que esta última pudo haberse basado en un borrador sin acabar, lpo-
demos suponer que se trata de un plagio corriente, como han soste-
nido Matamoros y Zurita? Las circunstancias del caso parecen haber
sido sobradamente conocidas en aquel tiempo para que esto sea ver-
dad. tOvamos a suponer que el nombre de -plagio, en sentido moderno,
resulta demasiado detractor para aplicarlo a la traducción de Nebrija?
Cualquiera que sea la explicación que se dé, una cosa es cierta : el
nombre de Pulgar no habría significado nada para los lectores a los
que intentaba dirigirse Nebrija. Las Décadas nunca fueron terminadas
y es improbable que el autor haya pretendido publicarlas en vida.
El manusaito fue descubierto entre sus papeles, en un estado poco
satisfactorio, por su hijo Sancho e impreso en 1545 en Granada 30•
Desde el siglo XVII se reconoda que no se trataba de un caso de
simple traducción 31 ; pero fue en 1945 cuando Sánchez Alonso hizo
por vez primera una comparación de los dos textos. Llegó a la con-
clusión de que Nebrija, sin recurrir a fuente histórica tradicional al-
guna, se limitó a alterar los detalles para presentar el tema de una
forma más atractiva y dramática, y al obrar así omitió todo cuanto no
era apropiado para sus fines literarios 32•
28 Cfr. Valla, De Rebus a Ferdinando .. ., en Hisp. Illustr., I, p. 729, y
Biondo, Italia Illustrata (Basilea, 1531), pref.
29 "scripsit et Hispano sermone Ferdinandus Pulgarius ... cuius mag-
num volumen in Latinum vertit Antonius Nebrissensis", Marineus Siculus,
De Rebus, p. 489,l. 44, y Galindcz de Carvajal, Anales bretJes, p. 537.
30 2.ª cd., 1550. Reimpresa más tarde en Rerum hispanicarum scriptorum
(Frankfurt, 1579), e Hisp. Illustr., I.
31 Salazar de Mend07Jl, Crónica del gran Cardenal de España (Toledo,
1623), p. 154.
32 Art. cit., pp. 134-36, 145.

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198 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
La primera cuestión a solucionar es si Nebrija utilizó el texto que
sirvió de base a la edición reproducida en el volumen LXX de la
Biblioteca de Autores Bspa&,Jes, o la versión completa, editada en
1943 por Carriazo. Esfe último editor, después de uaminar la tra-
dición de los textos impresos de la Cr6nica, concluye que todos ellos
derivan de la copia preparada por Galindez de Carvajal; y puesto que
fue él quien suministró a Nebrija la historia, esta versión abreviada
debe haber sido la base de su traducción 33• La validez de esta teoría
se apoya en la comparación de los textos latino y romance. En ge-
neral, debajo de la superficie de las Décadas de Nebrija puede des-
cubrirse la división en capítulos y partes de la Cr6nica, siguiendo el
texto latino la versión más corta, donde difieren las dos versiones ro-
mances. La adaptación de Nebr9a es ciertamente muchísimo más
corta que la copia que le entregó Galindez. La primera Década, que
no llega más allá del libro séptimo, ocupa hasta 11, lxxv de la edición
BAB (i. e. x478); la segunda Década comprende cuarenta y dos ca-
pítulos de la 111Parte (i. e. 1482-5), deteniéndose en mitad del h'bro
cuarto. Es claro que hasta nosotros no ha llegado más que un frag-
mento, y todo juicio sobre el contenido ha de tener esto en cuenta.
Nebrija sigue bastante de cerca la narrativa cronológica, un tanto
rígida, de Pulgar, pero expurga sin compasión, especialmente cuando
Pulgar hace digresiones sobre la política doméstica en los estados de
Francia e Italia. Se han dejado fuera los años 1479-81 en la conclu-
sión de BAB, 11. Sánchez Alonso piensa que Nebrija dejó delibera-
damente sin terminar la Década I para proseguir con la campaña de
Granada en la Década 11, pero es significativo que los principales
acontecimientos de estos treinta y tantos capítulos no sean directa-
mente relevantes para las actividades personales de los Reyes Cató-
licos, a saber el episodio de los judaizantes en Sevilla, la conspiración
Pazzi en Florencia, la amenaza turca a Otranto y la preparación de
una flota para oponerse a ella. Nebrija busca primordialmente dar una
mayor cohesión de plan a la narración frecuentemente inconexa de la
Crónica. El mismo criterio se sigue en el resto de la Década 11. Los
acontecimientos que se relacionan de lejos con la campaña son abre-

33 Carriazo, introd. a la ed. Pulgar, Crónica, I, lxiv.

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Nebrija, historiador 199
viados constantemente, suprimiéndose los que rompen el hilo de la
narración, como la tentativa de Rodrigo Borgia para obtener el Arz-
obispado de Sevilla, una consideración de la función del corregidor
y la embajada del rey de Fez (111,xxxvii-xli). Ocupa su lugar una
introducción a la Década 11, iv.
Después de haber suprimido la mayor parte del material extraño,
Nebrija comprime aún más la narración central. El largo preámbulo
del Pulgar es iterativo en ciertos puntos. La repetida condenación de
la moral y de la política de Enrique IV había perdido probablemente
actualidad en gran parte. Se trata sumariamente de ello, juntamente
con la discusión sobre problemas de sucesión al trono, la reacción de
Isabel a los diversos proyectos de matrimonio que se le habían pre-
sentado y las etapas iniciales de la campaña portuguesa. Se aminora
el relieve dado a personajes de segunda categoría, como el Condesta-
ble de Castilla, y no queda el menor vestigio de algunas de las acti-
vidades militares de interés secundario. Cosa bastante extraña, este
modo de proceder es menos marcado al tratar de la campaña de Gra-
nada, en que la única omisión completa es el episodio de la traición
de Juan de Corral; esto puede deberse al hecho de que el respeto
mutuo entre cristianos y moros era frecuentemente considerado con
frialdad en el extranjero {111,xvii). Pero sólo un pequeño fragmento
de la Década II ha llegado hasta nosotros. El criterio de Nebrija es,
por ello, omitir todos los incidentes que no guardan conexión estrecha
con la participación real de Femando e Isabel, y apartar aconteci-
mientos menores que pudiesen oscurecer la constante actividad del
trono. De esta manera se ponen mucho más fuertemente de relieve
estas dos figuras principales, en lugar de sumergirse y en ocasiones
de ausentarse de la escena durante largos períodos, como sucede con
frecuencia en Pulgar y en otros historiadores reales que escribieron
en lengua vernácula. Para un historiador moderno esto iría en detri-
mento de una comprensión más plena de esos años, pero se ha de
recordar que Nebrija no intenta suministrar un comentario detallado.
Como la mayor parte de los historiadores humanistas, enfoca aquellos
hechos públicos que, según su opinión, deberían reclamar la atención
de estadislas posteriores. En cuanto a la forma, las Décadas son un
mejoramiento de Pulgar, que siguió frecuentemente la práctica tra-

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200 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
dicional de incluir a intervalos información sobre países extranjeros
sin relación con su tema principal.
Nebrija, sin embargo, no se contentó meramente con abreviar el
relato ya acortado que Galíndez de Carvajal le había entregado. Hace
por su cuenta un número de adiciones, pudiendo éstas ser definidas
como aclaraciones necesarias para el lector extranjero. Cada Década
va precedida de un prólogo explicativo. El primero contiene sus opi-
niones sobre el método histórico J una ojeada a la historia pasada
de España. El segundo subraya el significado de la guerra contra
Granada. Estos argumentos y justificaciones, ausentes de Pulgar, ha-
brían sido superfluos en una crónica destinadaa tener circulación
local. Otras observaciones esparcidas por un sitio y otro evocan su
placer en destacar el fondo clásico. Durante el asediode Toro, inter-
pola una digresión sobre la ciudad vecina de Zamora, para corregir
la creencia corrientemente mantenida de que era el lugar original de
Nuroancia 34 • Un cruce semejante de referencias a la antigüedad se
da en el capítulo sobre las Islas Canarias, en que había combinado
dos secciones distintas de la Cr6nica en una (BAE, 11, luvi; m,
xvili; Dec., 882-83). Aquí registra las observaciones hechas por Pli-
nio, Ptolomeo, Martín de Troppau y otros, lamentando que ninguno
de los textos incluya una descripción de los habitantes o de sus cos-
tumbres. Intenta hacer un análisis de los nombres de las islas basán-
dose en sus conocimientos etimológicos. Refiere FuertetJentura a la
"f ortis fortunae" de Columela; su interpretación de "lanceam rup-
tmn" por Lanzarote no presta consideración al hecho de que reaoió
el nombre de un explorador genovés de comienzos del siglo XIV.
Finalmente, a imitación de los geógrafos clásicos, intenta presentar un
informe sobre la vida y costumbres de los aborígenes, a lo que añade
algunos recuerdos personales de su vida en Sevilla.
Siguiendo los precedentes clásicos, se asigna un lugar importante
a la historia militar. Las batallas campales y los asedios píntanse con
los sombríos colores emotivos de Virgilio, Lucano y los tardíos escri-
tores latinos. Se esfuerza por volver a crear la escena real de la ba-
talla de Toro (Dec., 842, l. 7); y cuando los portugueses se retiran
34Justifica la interpolación refiriéndose a la prActica clásica, Dec., p. 842,
línea 9.

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Nebrija, historiador 201

c'desbaratados,,, como Pulgar pone lacónicamente, Nebrija regocijase


en una descripción sangrienta de la confusión : "Lusitanos suos fusos
fugatosque, inermes, caesos, mutilatis membris truncos,,. En Pulgar,
su jefe, el Duque de Guimaries, "los reprehendía gravemente,,, mien-
tras que las Décadas lo pintan en un estado de desesperación agóni-
ca : "at non Guimaranus dux... potest se continere, quin omnibus
manifesta doloris signa depromat, prorumpit in lachrymas, pulsat
pectus, canas vellit, vestes dilacerat, atque in quoscunque obvios de-
serti Regis invidiam concitat" (Dec., 845-46). La escalada de las mura-
llas de Alhama por Juan de Ortega y Martín Galindo, expuesta en
oratio obliqua por Pulgar, se dramatiza con la inserción de intercam-
bios verbales de mutua rivalidad (Dec., 871, l. 33-34).
Se presentan en un molde clásico el equipo y las formaciones del
ejército del siglo xv, y Nebrija se deleita en hacer que las tropas
efectúen sus movimientos según la estrategia consignada en De Re Mi-
litan, de Vegecio, que vino a ser más tarde un manual de instrucción
militar. En la preparación de la defensa de Sepúlveda, Pulgar nota
que "los de la villa de Sepúlveda, que estauan avisados de esta mer-
ced, se defendieron de tal manera, que el maestre no la pudo aver''.
Esto se traduce así: "Sepulvedani itaque facti certiores de municipii
sui alienatione munire oppidum vallo et fossa, reficere muros et pin-
nas, disponere pluteos et propugnacula, intendere tormenta et ma-
chinas, parati vitam pro liberta te pacisci,,, un pasaje en que su acti-
vidad está subrayada por un patriotismo emotivo a la romana (BAB,
244; Dec., 808). Donde Pulgar utiliza la terminología local, como
esquadras, mano derecha, batalla, peonaje, en las Décadas Femando
despliega sus fuerzas a la manera romana: " ... instrui quoque imperat
sex alias cohortes, quas ad dextram praetorianiae, ordine suo dispo-
nit ... inter haec duo comua sclopetarios, sagittatores, hastatos, veli-
tes, omnemque peditatum collocat,, (BAB, 293-94; Dec., 842). Esta
atmósfera literaria se acentúa con referencias a la historia clásica. Se
compara de manera desfavorable al Maestre de Santiago en su lecho
de muerte con Epaminondas de Tebas; el asedio de Alhama recuer-
da el incidente de los gansos capitolinos. El Conde de Tendilla, en
la fogosa defensa de esta ciudad asediada, es comparado con Escipión
Emiliano y Quinto Metelo. Se meten en la narración, a modo de mo-

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202 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

saico, frases de Cicerón y de Virgilio 35• Esto marca un fuerte con-


traste con la Cr6nica, que, a pesar de la aseveración de Sánchez
Alonso, muestra poca afinidad con la práctica humanista, si es que
muestra alguna 36• Además de seguir en el camino de los historiadores
castellanos anteriores, Pulgar explora la Sagrada Escritura en busca
de inspiración. Nebrija, por otro lado, tiende a sustituir los comen-
tarios de Pulgar de inspiración bíblica por otros sacados de los clá-
sicos. El último explica una victoria de los moros como resultado de
la excesiva confianza de los cristianos en sus propias fuerzas, y no en
su fe. Nebrija añade en lugar de ello un apéndice virgiliano (BAB,
385; Dec., 886). El discurso del Obispo de Cádiz a Isabel en Sevilla,
glosado de manera tan pesada con citas del Antiguo Testamento en
la Cr6nica, concluye en las Décadas con una línea de la Farsaliay una
extensa cita del Hercules fu,ens de Séneca sobre el tema del perdón
(BAE, 324-25; Dec., 864).
Todo esto, sin embargo, es más o menos un adorno de lo ver-
náculo, una especie de indumentaria de respetabilidad. Es en el ma-
nejo de la arenga donde Nebrija se permite mayor libertad Podría
deducirse de la critica de Galindez de la "retórica vana" de Pulgar
que era enemigo del empleo de la arenga, pero con más probabilidad
lo que él no podía tolerar eran los comentarios moralizantes de Pul-
gar. No parece haber impuesto tal restricción a Nebrija, que en los
capítulos preliminares ha aprovechado todas las ocasiones de poner
las figuras históricas en conversación directa y de reducir la narra-
ción descriptiva al mínimum. Pero este método, que no se sigue de
manera constante, puede asignarse a un primer brote de entusiasmo.
A continuación se dedica, más aún que Galíndez, a expurgar, aunque

35
Dec., pp. 815, 876, 894; 385, 874, 863. Su doctrina estilística se ex-
presa sucintamente en la introducción a su ed. de Prudencio : "ludicium
meum semper fuit synceri atque puri sermonis eos tantum fuisse autores qui
floruerunt ante ducentos annos qui sunt ab aetate Ciceronis ad Antonium
Pium, et ad phrasim eloquentiae faciendam hos tantum esse proponendos
imitandosque", cit. Lemus, p. 17.
36 Hist. Historiogr., I, p. 395; cfr. también Fueter, Geschichte dn neu-
em Hisioriographie, ed. francesa (París, 1914), p. 280, y una reseña de sus
opiniones en Carriazo, introd. a su ed. de Pulgar, Cr6nica, I, xi-xii, cxlvii-
cxlix.

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Nebrija, historiador 203
respeta los pasajes más famosos 37• El tan conocido debate sobre la
libertad de Boabdil se reproduce casi entero, pero, por otro lado, la
petición de perdón del Obispo de Cádiz a causa del elemento faccioso
en Sevilla se traspone en parte en oratio obliqua, refiriéndose a ella
como a una serie de lugares comunes 38•
Prescindiendo de los primeros capítulos, únicamente en casos ais-
lados compone Nebrija nuevas arengas. La más importante es el dis-
curso del Gran Cardenal en la batalla de Toro. En él expone unas
cuantas observaciones sobre estrategia práctica con mayores vuelos
retóricos (BAE, 294; Dec., 843-44). El Cardenal lanza una gran in-
vectiva contra la cobardía del enemigo como raza, y describe el di-
lema moral en el ánimo de los portugueses, cogidos entre el deseo de
retirarse y el miedo al deshonor. Acentúa el significado de la próxima
batalla en la historia de la rivalidad entre las dos naciones; cómo
todos cuantos están comprometidos en la lucha tradicional habrían
deseado tomar parte en este momento decisivo; y cómo las genera-
ciones futuras continuarían dudosas si no se decidiese el resultado de
una vez por todas. Concluye asegurando de manera conmovedora que
ante Femando se halla la alternativa clásica, un trophaeum, si el ene-
migo huye, o un triumphum, si queda expuesto a la derrota. En estas
arengas, Pulgar argumenta con ejemplos bíblicos o apelando a exi-
gencias políticas inmediatas, mientras que Nebrija discurre sobre un
fondo de entusiasmo ético. Compárense las dos declaraciones de Isabel
de fe en su marido, y adviértase la marcada diferencia entre el fin
práctico del mandato de Femando a sus hombres en Burgos en la
Crónica y la exhortación a mantener las normas de la virtud militar
en las Décadas. Cuando el Duque de Medina calma una riña a causa
de la distribución del botín amonestando a sus hombres contra el
poder del maligno, Nebrija pone en su boca un proverbio ciceroniano
y una condenación de la "auri sacra fames" 39•

31 BAB, LXX, pp. 255-56; Dec., p. 816; BAB, LXX, pp. 283-84;
Dec., p. 834.
38 BAB, LXX, pp. 390-92; Dec., pp. 890-93; BAB, LXX, pp. 324-25;
Dec., p. 864.
39 BAB, LXX, p. 255; Dec., p. 816; BAB, LXX, p. 277; Dec., p. 828;
BAB, LXX, p. 369; Dec., p. 874.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
Concluyendo, la versión que hace Nebrija de Pulgar no acentúa
ni el aspecto empírico de la acción política ni las relaciones entre hom-
bre y Dios tal como se expresan en el Antiguo Testamento. Susti-
tuye, por un lado, el argumento de múltiples casos particularespor
proposiciones morales generales, acentuando, por el otto, los valores
~s que había aprendido en los poetas y oradores clásicos. Los his-
toriadores clásicos nunca fueron intensamente leídos por Nebrija, ya
que no constituían el objeto principal de su estudio. Esto se despren-
de claramente del preámbulo a las Décadas, en que sus preocupacio-
nes principales son la lengua y la lexicología. Por otro lado, ocúpase
primordialmente de la dicción retórica y de la presentación simpática
de los fines y de la política de Fernando e Isabel a un público inter-
nacional de lectores 40•

111

Hasta 1946 se aceptaba generalmente que De Bello Ntmariensi,de


Nebrija, era una obra original. Sánchez Alonso hada observar en 1945
que "aquella rápida campaña, que incorporó a España el reino de
Navarra, era bien conocida de nuestro humanista. Asistió, incluso, a
buena parte de ella. No necesitaba, pues, basarse en fuentes ajenas" 41 •
Sólo un año más tarde se avanzó la teoría de que esta crónica podría
haberse originado de la misma manera que las Décadas, pero no se
tuvo una prueba de ello hasta 1953, cuando López de Toro publicó
una edición y traducción de la historia de Nebrija 42• En la introduc-
• "Erit itaque historia tanquam pictura, pulchra extollet, turpia, si to-
lerabilia sunt, dissimulabit, si latere non possunt, mitiori vocabulo nomina-
bit, fallatque potius vitium specie virtutis et umbra, quam is qui sit fortis,
a timido vocetur audax, ab audaci timidus". Dec., p. 787.
41 "Nebrija historiador", RFB, XXIX (1945), p. 149; cfr. también Hist.
Historiogr., I, pp. 410-11. No hay biógrafo de Nebrija que registre una es-
tancia prolongada en Navarra.
42 A. Odriomla, "La caracola del bibliófilo nebrisense", Rn,. de BibL
Nacional, VII, fase. 1-4; Historia dB la gunra de Nawma, estudio y tra-
ducción de J. López de Toro (Madrid, 1953).

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Nebrija, historiador 205
ción mostraba, mediante la comparación de unos cuantos pasajes es-
cogidos, que estaba basada en La Conquista del Reyno de NafJarra,
de Luis Correa, impresa en Salamanca en 1513. Prometió entonces
preparar una comparación detallada de los dos textos, pero, que yo
sepa, no se ha hecho nada más hasta la fecha. Poco se sabe de Co-
rrea fuera de unas cuantas notas añadidas por Yanguas a la única
edición posterior de la crónica vernácula (Pamplona, 1843). Se trata
de una corta obra de unos 30 folios que abarca la campaña de Na-
varra (junio 1512-julio 1513) desde un punto de vista militar. Protec-
tor del autor fue Gutierre de Padilla, comendador mayor de la Orden
de Calatrava y miembro del Consejo Real de Castilla, a quien la cró-
nica está dedicada. Este noble tenía un interés personal por la obra,
ya que conmemora el papel jugado por su sobrino, Fadrique de To-
ledo, Duque de Alba, comandante de las fuerzas castellanas, cuyas
virtudes y destreza militar son alabadas en un breve epílogo.
Correa no fue un erudito de primer rango, pero no le faltó eru-
dición. Su concepción de la historia deriva en último término de la
tradición medieval de Aristóteles, estando adaptada aquí a los prin-
cipios del código de caballería. Se ocupa menos, por lo tanto, de los
valores espirituales que de los temporales 43• La crónica posee una
unidad bien definida: la introducción suministra el fondo histórico
de la invasión de Navarra y el epílogo valora el papel del Duque de
Alba. Don Fadrique se destaca como la única persona que muestra
las cualidades de esfuerfo y discreción, tanto en la prosperidad como
en la adversidad. En tres ocasiones es presentado como un orador
inspirado, dirigiéndose a los ciudadanos de Pamplona, a la guarnición
desesperada asediada en St. Jean Pied du Port y poco antes del clímax
de la historia alienta de nuevo a los defensores de Pamplona recor-
dándoles la derrota de Carlomagno a manos de Alfonso el Casto 44•
Por este breve examen puede verse que la biografía no es una simple
narración. El autor ha manejado hábilmente el material, tejiendo en
el relato recuerdos, probablemente indirectos, de César y Livio, de
los que saca normas de conducta militar. Encontramos en esta cró-
nica, por vez primera en la historiografía castellana, a los historia-
43 F. 1v; cito la ed. de 1513.
44 F. SV,10v, 24v.

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Nebrija, historiador 207

historiadores y geógrafos clásicos, como Margarit había hecho para el


Rosellón 50, afirma que Navarra no puede separarse de Hispania. Si
Rosellón y Cerdeña no pueden separarse, "Navariam, quis aequus
rerum aestimator iudicet, ab Hispania posse distingui?". Como conse-
cuencia de esto, Nebrija presenta la campaña no simplemente como
un relato de las hazañas del Duque de Alba, sino como la recupera-
ción legal de un territorio inalienable. Ha puesto su erudición al ser-
vicio de una causa política, y a las pruebas sacadas de los clásicos
añade la dispensación de Dios, ya que, según su opinión, la Provi-
dencia había querido siempre que Navarra fuese parte de Castilla
(De B., 907).
A este fin se interpretan sugestivamente ciertos aspectos de la
narración de Correa. Al discutir los acontecimientos internacionales
que conducen a la condenación de Jean d' Albret como hereje, Ne-
brija colorea el relato del choque entre las fuerzas francesas y pa-
pales en Italia para poner las primeras a una luz menos simpática.
Hay repetidas alusiones a la perfidia de los franceses como raza. Se
describe a Luis XII como "Gallorum Rex more gentis suae horno le-
vissimus"; los éxitos militares hacen a sus súbditos despóticos, "ex
victoria Galli 'Oitiogentis suae facti insolentiores". Ennegrece su con-
ducta en Rávena con historias de saqueos de iglesias y compara al
Papa al frente de sus fuerzas dispersas con el joven Comelio Escipión
jurando arrojar a sus enemigos de Italia. Correa, aunque no es en
modo alguno objetivo en sus juicios sobre los franceses, no mani-
fiesta sus ideas a nivel nacional, ni apela al patriotismo presentando
al Papa como volviendo sus ojos a España, la defensora tradicional
de su causa (De B., 908-10).
Para el avance de Alba a través de los Pirineos Nebrija sigue la
narración de La Conquista, omitiendo episodios secundarios, como la
explicación del Obispo de Zamora sobre la naturaleza de la herejía.
Omite también un episodio importante en la carrera de Alba, la de-
fensa de St. Jean Pied du Port, a causa de la defección de los in-
gleses aliados de Femando, un corte hecho sin el debido cuidado, ya
que deja sin apoyo referencias a los acontecimientos durante esta parte

50 Cfr. p. 142.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

dores clásicos tratados como guías de estrategia militar y no mera-


mente como ilustraciones de una conducta virtuosa. Anticipa la cre-
ciente popularidad de César como autor entre los militares a comien-
zos del siglo XVI 45• La organización formal y el empleo de ciertos re-
cursos literarios le da un brillo mayor que la Cr6nica de Pulgar .t6.
Por lo tanto, la traducción latina sigue al original romance con exac-
titud creciente 47•
De Bello NtJtHJriensi es una traducción completa de la historia de
Correa, sin adiciones de otras fuentes históricas y con menos inter-
polaciones que las Décadas48 • Nebrija no ha interferido las líneas bá-
sicas de la narración y hasta ha respetado la mayor parte de los dis-
cursos insertados. Pero difiere de Correa en un punto importante.
Omite el prólogo y el epílogo y coloca una introducción semejante en
intención a la que precede a las Décadas. En ella se hace un breve
bosquejo de la geografía e historia de Navarra (De B., 906).Su prin-
cipal propósito es presentar el caso de la integridad territorial de
Hispania, que incluye Navarra, el Rosellón y Cerdeña, amenazados
todos ellos por los franceses. Al extremo mediterráneo de los Pirineos
habían ocupado éstos anteriormente las dos últimas provincias; al otro
extremo habían afirmado su pretensión a Navarra por medio del ma-
trimonio de Catalina de Foix con Jean d' Albrel. Esto, según Nebrija,
había trastornado los planes de Isabel, que había pretendido que fuese
mujer de su hijo Juan. Nebrija se había referido ya en las Décadas
a esta unión como una amenaza para Castilla que los Reyes <:atóli-
cos no podían pasar por alto 49• Argumentando con pruebas de los

4S Cfr. Menéndez y Pelayo, op. cit., 11, pp. 192-99.


46 Cfr. Hist. Historiogr., I, p. 411.
47 Correa es consciente de las limitaciones del romance. Dice en el epf..
logo: "Suplico a vuestra señoria, perdone el romance, que abra~dome con
lo moderno que es conveniente deseche el retoricado estillo del quintiliano",
f. 30v.
48 Prescindiendo de la ed. de López de Toro, De Bello N tlfJariensi ha
sido impresa siempre con las Décadas. Cito según la ed. de Hisp. Illustr.,
I, pp. 906-26, bajo la sigla De B.
49 "Putabant ereptam sibi partem illam Hispaniae, quam ex corpore auul-
sam dotis nomine, pro certo habebant, in suum corpus redituram." Dec., pá-
gina 897.

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208 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s.. XV
de la campaña. La razón es obvia cuando se considera más de cerca
el texto de Correa. La defensa de Alba se hace insegura por el amo-
tinamiento de una parte considerable de las fuerzas castellanas, des-
encadenado por las penalidades que habían tenido que soportar. Se
permite a estos soldados partir sin ser castigados porque, como Alba
recuerda a los veteranos que quedan, la gloria redundaría ahora en
crédito de unos pocos, como había acontecido a los griegos en las
Termópilas. Nebrija, escribiendo como historiador oficial, no podía
permitir que una reflexión de este género sobre el carácter de la in-
fantería castellana pasase al De Bello. Este pasaje muestra claramente
la diferencia de propósito entre la historia bumanista y la biografía
laudatoria.
El tratamiento de la campaña a nivel nacional se pone claramente
de manifiesto en el relato del saqueo de un convento J el mal trato
a las monjas por parte de los mercenarios alemanes, en contraste con
la conducta de los castellanos, que las devolvieron a su morada. Para
suscitar mayor indignación combina en el mismo párrafo diversos
ejemplos semejantes dispersos en el texto de Correa y los prologa
con un apóstrofe para el lector (De B., 918). En el asedio final de
Pamplona por los franceses y alemanes aprovecha también la ocasión
para presentar al Duque de Alba no tanto como un comandante ejem-
plar cuanto como representante destacado de la nación castellana.
Partiendo del texto de Correa compone dos pláticas entre los mer-
cenarios alemanes y el Duque sobre la propuesta rendición de Pam-
plona. En estos pasajes establece un fuerte contraste entre. las cua-
lidades de las dos razas, alemanes y castellanos, como antes lo había
hecho con castellanos y franceses. Selecciona los rasgos consagrados
por los poetas clásicos, salvaje beligerancia por un lado, resistencia
fanática por el otro. Alba replica a los emisarios alemanes : "Nescie-
batis Hispanos in fame similes esse lupis, quos improba ventris exegit
caecos rabies, per ignes, per tela, per hostes cibum, si desit, quaere-
re?". Nebrija comenta con las palabras de Virgilio: "nam quod de
populo Romano scriptum reliquit, Hispani possunt sibi iustius usur-
pare, parcere subiectis et debellare superbos" 51•
s1 Bneida, II, 853. La cita anterior es también de la Bneida, II, 3SS-6o;
De B., pp. 922-23.

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Nebrija, historiador 209
Como resumen de este estudio de las obras históricas de Nebrija,
es evidente que hay diversos factores que distinguen la historiografía
de esta época con la de los reinados precedentes. En primer lugar, la
Corona da muestras de un interés creciente por la historia, tanto en
romance como en latín, surgiendo como resultado de ello el debate
sobre lo que ha de exigirse del historiador real y las calificaciones ne-
cesarias para el puesto, ejemplificado en las observaciones de Galín-
dez de Carvajal, Marineo Sículo, Girolamo Plutino y Alfonso de Herre-
ra. En segundo lugar, se nombran historiadores que no son, como era
costumbre, secretarios reales 52, sino personas calificadas por haber re-
cibido formación académica, preferiblemente en el extranjero. Se mul-
tiplica el número de tales historiadores asalariados, una situación que
continúa hasta el reinado de Carlos V. En tercer lugar, se encarga a
estos historiadores tanto la preparación de obras, principalmente en
latín, como la traducción de las crónicas vernáculas a esta lengua.
Todo esto apunta a un cambio de enfoque que puede ponerse en
conexión con la práctica en otros países europeos. Aunque no hay
referencias explicitas al propósito ulterior de su patrocinio, parece
claro que los Reyes Católicos, particularmente Femando, que podía
haber tenido presentes las realizaciones de la corte de su sobrino en
Nápoles, deseaban publicar en el extranjero la historia de su país.
Esperaban disipar de esta manera la leyenda de una España bárbara
y acrecentar su propia reputación como monarcas ilustrados y cultos.
Nebrija simpatizó en palabras y obras con este proyecto. Aunque
no era historiador por vocación, buscaba disolver la ignorancia de sus
compatriotas y desafiar la pretensión de superioridad cultural de los
eruditos italianos. En lo que a Castilla concierne, no fue el primero
en expresar sus sentimientos sobre este tema, pero tenía a su dispo-
sición la erudición y el entusiasmo necesarios. Además, rodeó la his-
toria antigua de España de un nuevo halo mítico que iba a tomar
extraordinarias proporciones en la obra de su disdpulo, Florián de
Ocampo 53• En este punto puede contrastarse con su conciudadano
Pulgar. Pulgar pensó y escribió dentro de las tradiciones culturales

52 Las obligaciones del cronista-secretario las describe en parte Bernál-


dez, Historia ds los R,yss Cat6licos, en BAB, LXX, p. 580.
53 Florián de Ocampo, Cr6nica General, I, f. 57r.

HISTORIOGRAFfA PEN., 14

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210 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
de Castilla; su historia iba dirigida únicamente a sus colegas caste-
llanos y no quería explícitamente enseñar a la posteridad. Para él las
fuerzas que modelan los acontedmaentos eran los planes insondables
de la Providencia y la presión de la política práctica. Ambos estaban
unidos ~n misteriosa alquimia al destino de Castilla. Los rígidos prin-
cipios éticos sobre los que se había levantado el estado romano, cau-
sando el suicidio de Catón o la ejecución por Bruto de sus hijos, no
le atrajeron 54• La herencia greco-romana y sus doctrinas estoicas eran
menos atractivas para la tradición hispano-semita que se apoyaba en
los valores del Antiguo Testamento y en una capacidad para abordar
cada problema vital, "aviendo respeto al tiempo, al logar, a la per-
sona e a las otras circunstancias e nuevos casos que acaescen" (Claros
Varones, p. 43). Nebrija, aunque no podía menos de responder a
ciertos motivos de la historiografía castellana, tuvo un horizonte cul-
tural más amplio. La Conquista del Reyno de Navarra se coloca en
un contexto mucho más espacioso que las hazañas de un noble cas-
tellano. Se considera la invasión como un episodio en la defcnsa de
Hispania contra las incursiones de los aliados franceses y alemanes.
Este término ha pasado a ser de expresión meramente geográfica un
ideal político vivo. Femando y sus sucesores son ahora, por emplear
su propia frase, "orbis moderatores" ss. El título imperialque se ori-
ginó cerca del Jardín del Edén y fue transferido a continuación de
los asirios a los romanos ha venido a posarse eventualmente en los
españoles. Aunque el título se halla legalmente en favor de los ale-
manes, el centro efectivo del Sacro Imperio Romano es España, ahora
en plena expansión por África, Italia y América56•
Nebrija y sus compañeros sólo parcialmente alcanuron sus obje-
tivos en su tiempo, pero más tarde sus obras cumplieron sus deseos
de difundir en el extranjero los nuevos mitos de España y de los
Reyes Católicos. Sólo una de las crónicas latinas fue publicada por
entero en vida del autor, la De Rebus Memorabilibus de Marineo

54
Claros V aron,s, ed. Domfnguez Bordona (Madrid, 1923), pp. 27, 3~
Cfr. también pp. 45, 107, 114.
ss De B., p. 910.
56 Dec., p. 790. La idea básica puede encontrane en De Fortuna Ro-
manorum de Plutarco, y la utiliun también Campanella y Maquiavelo.

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N ebrija, historiador 211

Sículo. Las de Margarit y Nebrija, así como las de Ximénez de Rada


y Alfonso Garda de Santa María, tuvieron que esperar hasta 1;545, en
que fueron editadas por Sancho Nebrija, mientras que las de Alfonso
de Palencia y Garda de Santa María no aparecieron en prensa hasta
el siglo XIX. Pero a partir de 1545 los nombres de Nebrija, Lucio Ma-
rineo y Sánchez de Arévalo comienzan a figurar como autoridades
en obras escritas fuera de España, como las de Bodin, Giambullari,
Luis le Roy y Paolo Giovio, de donde pasan a la corriente general
de la tradición histórica europea 57• No hemos de subestimar por ello
la influencia que tales obras han ejercido en los siglos siguientes en
la formación de ideas sobre España y su evolución.

57 Bodin, Methodus ad facilem historiarum cognitionem, trad. por B.


Reynolds (New York, 1945); Louis le Roy, Douze livres de la vicissitude
ei variété des choses en l' univers et concuTrence des armes et des lettres
(Paris, 1576); E. Mete, "Le fonti spagnuole della 'Storia dell'Europa' del
Giambullari", GSLI (1912), LIX, pp. 359-74; Paolo Giovio, Elogia mroTUm
literis illustrium (Basilea, 1577), p. 77.

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GONZALO GARctA DB SANTA MAR1A,
BIBLióFILO, JURISTA, HISTORIADOR

Al Rabí Sem Tob debemos una alabanza de los hbros y del saber
sorprendentemente moderna para el siglo XIV, y que sólo halla débil
eco en las obras de sus casi contemporáneos Don Juan _Manuel y
Pero López de Ayala. Hasta el tiempo de Nebrija no dejan de ser
excepcionales declaraciones de este tipo en lengua corriente. Una tal
devoción a la erudición expresada en lengua vernácula es algo que
uno pone automáticamente en conexión con la llegada del Renaci-
miento; sin embargo, en la España medieval nos vemos obligados a
reconocer la especial contribución a esta tradición por parte del judío
y del converso, trabajando bajo la protección de un noble o de la
corte real. En este contexto es de no poco significado la figura de
Gonzalo García de Santa Maria, el jurista converso de Zaragoza.
Américo Castro, en una primera serie de ensayos, comentó el carác-
ter excepcional de su testamento, en el que el amor apasionado de
los libros desplaza las obligaciones de un padre para con su hijo.
Collijn y Staaff llamaron también la atención sobre su sensibilidad
hacia la lengua escrita, en este caso latín y castcllano, "sentido muy
raro de encontrar en los autores de aquel tiempo". Pero sólo en años
recientes han intentado los eruditos interpretar sus obras en la pers-
pectiva de su época. Marghcrita Morrcale ha investigado su técnica
de traducción de la Biblia; Eugenio Asensio ha mostrado de, qué
manera las célebres observaciones de Nebrija sobre el lenguaje y el
imperio podrían tomarse como un eco de las opiniones mis antiguas

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Gonzalo García de Santa María 213

de Gonzalo (hacia 1485) 1• Por ello, en virtud de las diversas tradi-


ciones que convergen en su persona, ha llegado el tiempo de inves-
tigar la contribución de otro miembro más de la famosa familia Santa
María. Presento a este fin unas cuantas observaciones con la espe-
ranza de que estimularán el pensamiento acerca del fondo intelectual
de un grupo marcadamente vigoroso de eruditos en la capital ara-
gonesa en el curso del siglo xv 2•
Durante estos años de pos-guerra la historia del converso en la
época crucial desde las persecuciones de finales del siglo XV hasta el
establecimiento de la Inquisición ha sido estudiada por Castro, Can-
tera Burgos, Márquez Villanueva, Domínguez Ortiz, López Martínez
y otros, concluyendo con la reciente historia de los judíos en España,
en dos volúmenes, de Yitzhak Baer. En lo que se refiere a Aragón,
el esquema general bosquejado por Serrano y Sanz está siendo gra-
dualmente rellenado y modificado por las investigaciones de, por citar
unos cuantos nombres, F. Vendrell, Cabezudo Astraín, David Ro-
mano, Ubieto Arteta y Sánchez Moya. Hasta ahora es poco lo que
ha salido a luz acerca de la historia de la rama aragonesa de los Santa
María; hay que retroceder en busca de detalles a las autoridades más
antiguas, Zurita, Dormer, Uztarroz, Latassa, Amador, Lea y el mis-
mo Serrano.
No es éste el lugar de fijar las estrechas y variadas relaciones que
existieron a diversos niveles entre cristianos, judíos y conversos en
Aragón y su capital, Zaragoza, durante el siglo xv, hasta el estable-
cimiento de la Inquisición española (Serrano, Orígenes, pp. 5-64). Uno
se mueve de una época de un grado relativamente alto de tolerancia

t A. Castro, Santa Teresa y otros ensayos (Santander, 1929), p. 199;


l. Collijn y E. Staaff, lntrod. a Gonzalo García de Santa María, Evange-
lios e epistolas, "Skrifter ... Human. Vetensk." (Uppsala, 1908), p. XLII; M.
Morreale, ''Los evangelios y epístolas de GGSM y las Biblias romanceadas de
la Edad Media", AFA, X-XI (1958-59), pp. 277-289; E. Asensio, "La len-
gua compañera del imperio : historia de una idea de Nebrija en España y
Portugal", RFE, XLIII (1960), pp. 399-413.
2 Hace más de cuarenta y cinco años que Serrano y Sanz había ya su-
gerido que habían de investigarse en detalle las biografías de Gonzalo y
Andrés Heli, un contemporáneo, Orígenes de la dominaci6n española en
América, I (Madrid, 1918), p. 50.

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214 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

a otra de pánico y confusión, que culmina con el asesinato del primer


inquisidor aragonés, Pedro de Arbués. Este crimen produjo una amar-
ga reacción en la población, y aunque el gobernador, el Arzobispo
Alfonso de Aragón, actuó con tacto y decisión, la Inquisición desvió
la furia popular en provecho propio y en el curso de las dos décadas
siguientes casi extirpó algunas de las eminentes familias de conversos
como las Caballería, Sánchez, Santángel y Ram.

1. A dos de tales familias estaban unidos por matrimonio los


Santa María de Zaragoza. Nuestra principal fuente de información
es, como ocurre frecuentemente, el célebre Libro tJerde de Aragón.
Como muestran las contradicciones de sus dos versiones, ha de uti-
lizarse con cautela; pero en determinados casos las declaraciones re-
ciben el apoyo de otras autoridades. El autor no identificado del Libro
afirma que Tomás Garda de Santa María fue bautizado en Soria
(probablemente hacia comienzos de siglo), trasladándose más tarde a
Zaragoza. Sste parece ser el mismo Tomás que aparece en un do-
cumento de 1416 como "físigo, ciudadano de <;arag~", aunque no
se sabe que sus descendientes hayan practicado la medicina (Serrano,
Orígenes, p. 502 y n. 1). Venimos ulteriormente en conocimiento de
que Tomás era hermano de Pablo de Santa María, una declaración
aceptada por Amador y Serrano, pero rechazada por Cantera, que
considera sin probar hasta ahora el nexo entre los Santa Maria de
Burgos y de Zaragoza 3• Es el mismo Gonzalo quien da la respuesta
en el prólogo a una de sus obras. Reivindica, en verdad, el paren-
tesco con notable orgullo :
"Nonnulli [judei] enim qui apud eos fuerunt excellentes viri pos-
tea illuminati et ad fidem catholicam conversi arcana eorum retexe-
runt. Cuius quidem rey domestico ipse cognationis mee abundo exem-
plo. Reverendus enim Pater dominus Paulus de Sancta Maria Bur-
gensis Episcopus patris mei amitinus in suo illo divino libro quod
Scrutinium Scripturarum inscribitur testatur apud judeos esse libe-

3 J. Amador de los Ríos,


Historia de los judíos de España y Portugal,
111 (Madrid, 1876), p. 93, n. 1; Serrano, "Testamento de GGSM", BRAB,
I (1914), p. 471; Cantera Burgos, Alvar García de Santa Maria (Madrid,
1952), p. 379.

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Gonzalo García de Santa María 215
llum quendam generationis Jesu Nazareni ubi multa falsa et absurda
contra Christum eiusque discipulos contfnentur" 4 •
De esto se deduce claramente que Pablo descendía de una her-
mana de Tomás, i. e., Pablo era primo hermano del padre de nuestro
Gonzalo.
La primera generación de los Santa Maria de Zaragoza mantuvo
relaciones matrimoniales con los judíos 5• Entre los de la segunda
generación tenemos la documentación más amplia sobre Gonzalo
padre. Este hijo de Tomás fue bautizado, siendo niño, con sus pa-
dres y pueden haberse trasladado temprano a Zaragoza. Su segunda
mujer fue Brianda, hija de Luis Sánchez (Alazar Yusuf antes de la
conversión). Por su primer matrimonio entró en relación con los Ca-
ballería, y el hijo de esta unión se casó con la hija tenida en segundas
nupcias, Violante de Santa María, hermana de Gonzalo hijo, tema de
nuestro estudio. Esta serie de lazos muestra cuán estrechamente en-
trelazada está la historia de estas familias. Por lo demás, los contac-
tos entre los Santa María de Burgos y de Zaragoza no desaparecieron
con la división geográfica de las ramas. Los complejos intereses polí-
ticos de Juan de Navarra exigían amplio apoyo financiero; y uno
de los individuos que le prestó este apoyo fue Alvar García de San-
ta María, su contador (1428-42). En el testamento del último se
da a Gonzalo padre el poder de cobrar una deuda de Pedro Nú-
ñez Cabeza de Vaca, otra figura clave en las negociaciones diplo-
máticas de Juan (Cantera, p. 172). Gonzalo se asocia de nuevo con
Alvar y Juan en la época critica poco antes de Olmedo, al tiempo
que una débil tregua con Juan II de Castilla asignaba la ciudad fron-
teriza de Belorado, a medio camino entre Burgos y Logroño, a un
tercero, "Gonzalo García de Santa María, ciudadano de Zaragoza" 6•
Otros documentos presentan a Gonzalo padre como mercader,
dueño de propiedades y prestamista desde temprana edad, con un
vasto campo de operaciones. En 1430 un ciudadano de Luna le debía

4 Dialogum pro ecclesia contra synagogam (s. l., s. d.), f. a für.


5 "Juce Abemos, alias Margallón, judío, dice ser procurador de su sue-
gro Francisco de Santa María", Serrano, Orígenes, loe. cit.
6 Zurita, Anales, lib. XV, cap. 30, ed. Glorias Nacionales (Madrid, 1853),
página 254.

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216 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. Xl"
100 florines oro. En 1450 Luis de Santángel, jurista, compró propie-
dades en la plaza del mercado de Zaragoza limitando con las de Gm-
zalo padre (Serrano, Orígenes, pp. 494 n. 3, 502 n. l). Otro docu-
mento se refiere a una deuda real de Juan, actualmente rey de Aragón.
En alguna fecha después de 1458 hizo a su mujer Juana Enríquez
donación de Elche y Crcvillén de Tárrega, que le suponían un pago
de 6o.ooo sueldos a Gonzalo 7• Es el último documento que se refiere
al padre, quien, según informa su hijo, fue enterrado en el monas-
terio de San Francisco, en Zaragoza, donde estaba, según parece, el
cementerio familiar 8•
La historia de la generación siguiente, la de Gonzalo hijo, no en-
cuentra una exposición demasiado clara en las diversas autoridades.
El Libro fJerde,en ambas versiones, no menciona más que dos hijos
de Gonzalo padre : Gonzalo hijo y la mujer de Galacián Cerdán. En
su testamento refiérese Gonzalo hijo a otros hermanos. Si suponemos,
con Serrano, que se mantenían rígidamente los nombres de familia, se
pueden añadir dos hermanos, Juan y Nicolás Garda de Santa Maria.
Lea menciona a Violante Ruiz, viuda del primero (fallecido antes de
1462) como mujer (1486) de Nicolás García -un caso de homoni-
mia, con toda seguridad 9• Posiblemente fueron hermanas Violante
de Santa Maria, casada con un Francisco de Caballería, y Leonor,
"hija de Gonzalo Garda de Santa Maria quondam" (Serrano, Oríge-
nes, pp. 48 n. y 502 n. 1). Todo esto queda por el momento en pura
hipótesis. Lo que sabemos de Gonzalo hijo viene de su testamento,
del Libro verde, de dos documentos de los archivos de la Corona
de Aragón y de los archivos de Zaragoza, y de los prólogos a sus
obras. Argumentando con el testamento, Serrano rechaza con razón
la opinión de Amador de que Gonzalo hijo fue llevado a Zaragoza
siendo niño (confusión de padre e hijo) y distingue acertadamente

1ACA, R. 3417, f. 171v, dat. 6-3-1460. Estoy en deuda con el Dr. Rubió
i Balaguer de Barcelona por este y otros documentos de los archivos.
a Serrano, "Testamento ... ", p. 472. El monasterio de San Francisco
parece haber sido el cementerio preferido de los conversos. Alfonso de Ca-
ballería, vicecanciller del rey Femando, pidió en su testamento ser ente-
rrado allí (1506); cfr. Serrano, Origenes, p. 195.
9 Serrano, op. cit., p. 502, n. 1; Lea, History of the lnquisition in
Spain, I (London, 1922), p. 598.

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Gonzalo García de Santa María 217
entre dos homónimos de la misma generación. El otro Gonzalo, cuyo
parentesco permanece vago, se hizo cartujo en junio de 1510 y fue
enterrado en la Seo de Zaragoza 10•

2. Gonzalo hijo había nacido el 31 de mayo de 1447, según su


testamento (publicado por Serrano) con fecha 10 de mayo de 1519,
y murió en su casa el 2 de julio de 152l. El más antiguo documento
existente (1469) indica que fue conocido ya de Juan II de Aragón
como un erudito ("dilectus noster Gondisalvus Garsia de Sancta Maria
junior summa industria ad literas deditus") que asistía a reuniones
literarias en Lérida y se metía simultáneamente en oscuras y probable-
mente ilegales manipulaciones de moneda 11• El 20 de febrero de 1471
hallábase envuelto en un pleito con el famoso Luis de Santángel,
tesorero de la Infanta de Aragón 12• Por el 1484 se pone en evidencia
su profesión de jurista, por cuanto figura en el consejo de Juan de
Lanuza, justicia de Aragón, ascendiendo a lugarteniente de la justi-
cia, una posición que ocupaba en 1497 cuando fue acusado de aban-
donar el deber en ciertas transacciones de propiedades 13• Sus nego-
cios profesionales expusiéronle a riesgos un tanto más graves fuera
del marco del tribunal en 1499, al quejarse al rey Femando que los
bravos de Francisco de Só y de Castro, Vizconde de Evol, urdían
asesinarle 14• El Libro 'Oerdelo describe también como asesor o con-
sejero del gobernador de Aragón, el Arzobispo Alfonso (Serrano, Orí-
genes, p. 502). Finalmente, en 1501, aparece como jurado de Zara-
goza, año en el que Femando le invitó a ser el biógrafo oficial de su
padre Juan 1115•

10 Serrano, "Testamento ... ", p. 470; Dormer, Progresos... (Zaragoza,


1680 ), p. 583.
11 ACA, R. 3450, f. 10v, dat. 8-5-1469.
12 Ibid., f. 145v, dat. 20-2-1471.
13 Collijn y Staaff, Evangelios... , prólogo del autor, p. XXXIX; A. Ubie-
to Arteta, "Procesos de la Inquisición de Aragón", RABM, LXVII (1959),
página 582.
14 En una carta que encabeza el MS 9571 de la Bibl. Nac. de Madrid,
transcrita por Paz y Mella, CODOIN, LXXXVIII, xiv, y Serrano, BAH,
XXV (1899), pp. 335-355.
15 Cfr. p. 230.

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218 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. Xr
Estos hechos y la relativa opulencia en que murió (testigo, su tes-
tamento) difícilmente reflejan los críticos tiempos por los que atrave-
saron los conversos después de la introducción del Santo Oficio. El
Libro tJerde añade una dimensión más siniestra a su vida, haciendo
constar que la Inquisición le castigó a él y a su mujer, una conversa
valenciana, Violante de Bellviure; una vez a la mujer en 1486 y tres
veces a Gonzalo. En la tercera ocasión fue condenado a confinamiento
perpetuo en su propia casa, donde murió protestando fidelidad al ca-
tolicismo. Se trataba de un tipo corriente de sentencia a que se veían
obligadas las autoridades por falta de espacio en la prisión. Un so-
brescrito en su testamento localizaba su casa en la parroquia de San
Pedro, frente a la de Femando de Caballería, probablemente la pa-
rroquia de San Pedro Nolasco, bastante dentro de los límites del ghetto
antiguo y cerca de la sede tradicional de la familia Caballería. Cole-
gimos de ello que, a pesar del evidente peligro de vivir cerca de con-
versos y judíos sospechosos, Gonzalo debió mostrarse poco inclinado
a trasladarse, no siendo ello obstáculo serio para su progreso social
ni para el respeto que le mostraba Femando, ni para su opulencia,
ya que a su muerte había acumulado una biblioteca por valor de unos
S.ooo sueldos 16•
Una situación tal no carecía de precedentes. Alfonso de Caballería,
vicecanciller de Femando, había caído ya en las manos del Santo Ofi-
cio sin perder su puesto oficial, y aunque el rey comprobara que la
autoridad real no podía contravenir por sí misma el ejercicio del poder
inquisitorial, lograba que se pasasen por alto ciertos alegatos contra

16 Serrano, "Testamento ... ", p. 478. He obtenido información ulterior


sobre los Santa Maria de dos documentos en el Archivo Histórico Notarial
de Zaragoza por cortesía de D. José Cabezudo Astraín. El primero, dat.
17-12-1504 {Notario Juan Abat), menciona que "Pedro García de Santa
María, habitante en Zaragoza, recibe de Micer Gonzalvo Garda de Santa
María, jurista, assessor de la Govemación de Aragón, ocho cientos sueldos
que le debe, de los cinco mil sueldos que el Rey les hizo gracia a él y a
sus hermanos, de dote de mi madre". El segundo, dat. 1505 (Notario Mi-
guel Villanueva), contiene el testamento de Pedro García, hijo de Gonzalo
y Violante de Bellviure. Hizo a su madre única legataria y debe haber muerto
antes que su padre hiciese testamento en 1519. Este documento no men-
ciona más que un hijo, Gonzalo, y una hija, Brianda.

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Gonza/,o García de Santa María 219
los que él, con su favor, salvaba de caer en desgracia o inhabilitación
públicas. Así, había tantos funcionarios de confianza de linaje judío,
dice Lea (pp. 295 f.), que, para retener sus servicios, podía bien in-
tentar protegerlos. Además de unos cuantos detalles autobiográficos
en los prólogos, es esto todo cuanto sabemos de la vida de Gonzalo
hijo. Como doctor en derecho debe haber cursado estudios universi-
tarios, pero dónde es cosa de conjetura. Un examen más detenido de los
archivos de Zaragoza podría explicar la formidable calidad de su
biblioteca que, tomada juntamente con la de su amigo Pedro Tolón,
limosnero del Arzobispo de Zaragoza (Serrano, "Testamento", pági-
nas 474 s.), representa la más grande biblioteca humanista reunida por
un letrado en el siglo xv. La medida de su alta estima personal de
esta colección nos la da el hecho de que la mayor parte de su testa-
mento suministra instrucciones para disponer de ella. Éstas revelan
que, a pesar del valor en mercado (1.000 florines oro antes de la in-
troducción de la imprenta, según su propia valoración), no era su
intención que se vendiesen los libros hasta que su nieto tuviese edad
para decidir si los necesitaría o no. La limitación de espacio me im-
pide tratar de los libros con detalle; basta decir que la mayoría pa-
recen ser MSS latinos, y en lo que se refiere a los temas, se dividen
igualmente entre derecho y artes liberales. Hay unos cuantos en griego
y en romance, pero no nos da los títulos. Los que él especifica pare-
cen representar únicamente el núcleo altamente apreciado de la co-
lección. A pesar de su confesión de que la imprenta había hecho bajar
el precio de sus libros, no se puede pasar por alto su entusiasmo por
lo que debe haber parecido una novedad incierta. Trabajó largo tiem-
po con Pablo Hurus y sus sucesores, más que probablemente como
corrector, como lo hizo más tarde en gran parte Sobrario para Jorge
Coci, e hizo constar que había inducido personalmente a Hurus para
que se quedase en la capital : "Que si yo [ ... ] no le detuviera, ya se
hoviere ido e quedara esta republica manca de un miembro tan noble ...
si él toviesse el papel que hay en Venecia, su obra se podría muy bien
cotejar con aquella. A lo menos es causa más que cierta que de lo
que en Hespaña se face, su obra tiene la ventaja en letra y correctión" 17•
17 Pr61. a El Catón en latín e en romance, transe. en Gallardo, Ensayo ... ,
111, n. 2316. Sobre el papel de corrector en España hacia 1500, cfr. D. W.
0

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220 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

3. La reputación de Gonzalo como autor fue más que nada local,


aunque se habían efectuado cdicloncs subsiguientes de sus traduc-
ciones en Valencia, Salamanca y Lisboa. La mayor parte de éstas
sobrevivieron en incunables; de algunas no existen más que unas
cuantas copias (debido ello acaso a su prolubición posterior por la
Inquisición), de otras no se conoce más que el título. Comprenden
principalmente traducciones de obras latinas de carácter moral o li-
túrgico. La más antigua, estudiada recientemente por M. Morreale,
es una traducción en romance de Postilla supe, epistolas et eoangelia de
Guillermo de París (1! cd. lat., Augsburg, 1475; también, P. Hurus,
Zaragoza, 1495). Según el colofón, los BNngelios y epístolas, termi-
nados el 24 de diciembre de 1484, fueron impresos en Zarago2:a por
P. Hurus el 20 de febrero de 1485. No han quedado copias; se co-
nocen algunos detalles únicamente por medio de las ediciones subsi-
guientes. El único ejemplar existente de la ed. de Salamanca (1493)
pertenece a la Universidad de Uppsala; la edición portuguesa (Lis-
boa, 1510) es la única que contiene el prólogo del traductor. Dio el
imprimatur Pedro Arbués, primer inquisidor apostólico de Aragón.
Sigue una traducción de las Vitae Patrian de San Jerónimo (Vidas
de los santos religiosos; s. l., s. d.); de las dos copias, una está en
posesión de la Biblioteca del Congreso (Stillwell H 215), la otra per-
tenece a la Hispanic Society of America (Penney, p. 135); sólo la
última incluye el prólogo del traductor, analizado de manera tan
hábil por Asensio 18• También de 1491, y del mismo impresor, hay
una traducción en lengua vernácula de otro manual bien conocido de
devoción espiritual, De quatuor nooissimis, por Dionisio Cartujano:
Cordial de las quatro cosas postrimeras. En el Escorial no existe más

McPheeters, Bl humanista español Alonso de Proaa (Valencia, 1961), pá-


ginas 184-5.
18 Cfr. Beer, Handschriftm, p. 588; SAnchez, n. 0 23; Haebler, G,-
schichte ... (1923), p. 294; Bataillon, Brasmo y España, I, p. 55. Haebler lo
atribuye a 1486-91, y Vindel a 1491 en Arte tipagráfico,VIII, p. 233, donde
se reproduce la primera página del prólogo. C:Ollijn y Staaff atribuyen la
impresión a Juan Hurus, hacia 1490; la mayoría prefieren a Pablo. Latassa
vio una copia que contenía el prólogo de Gonzalo en la biblioteca de don
Manuel Turmo y Palacios, con un colofón por Juan Jofre, Valencia, 26-11-
1519 (1, p. 597); no hay vestigio de ella.

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Gonzalo García de Santa María 221

que una copia de la edición príncipe; hay otras tres ediciones: P. Hu-
rus, Zaragoza, 7 de mayo 1494 (Bibl. Nac., Madrid); P. Hurus, Za-
ragoza, 1499 (Escorial); Eguía, Alcalá de Henares, 1526 19• Según
N. Antonio, en ~494 apareció un Tratado de las diez cuerdas de la
'Danidad del mundo; no se han dado a luz más detalles. Todos los
bibliógrafos subsiguientes no han hecho más que copiar esta afirma-
ción, entre ellos Latassa, que lo califica de versión vernácula de una
obra de San Agustín 20 • N. Antonio atribuye también a Gonzalo una
traducción del italiano titulada La supleción de los modernos a la
cosmografía antigua y crónica de la parte de Asia, un texto descono-
cido de Haebler y descubierto por A. Odriozola en 1942 en la biblio-
teca del Seminario de Vitoria (J. Hurus, Zaragoza, 1488-91). El autor,
Grifón, un franciscano belga, había vivido en Roma y en Tierra Santa.
Nunca ha aparecido una versión italiana; el texto castellano incom-
pleto de unos 16 folios no menciona a Gonzalo 21• Desde el punto de
vista del prólogo es más interesante el Catón en latín e en romance que
Gonzalo intentó componer con "coplas de arte mayor" para P. Hurus
en el verano de 1493 cuando la peste amenazaba a Zaragoza y había
interrumpido su actividad normal. Esta tarea, que difícilmente podía
satisfacer a un erudito y escritor en prosa, según su propia confesión,
pudo representar una concesión al impresor y editor. En verdad, Gon-
zalo aclara que la obra no es producto de ningún escritor clásico de
ese nombre 22•
Finalmente, Gonzalo aparece como editor y corrector de los Fori
Aragonum tam antiqui quam nouissimi, P. Hurus, 8 de agosto de
1496 23, y de las constituciones sinodales del Arzobispado de Zara-

19 Cfr. Gallardo, III, núms. 2313-14; Sánchez, n.0 30.


20 N. Antonio, Bibl. Hisp. NotJa, I, p. 425; Latassa, II, p. 597; Sán-
chez, n.º 77.
21 Antonio, I, p. 556; Vindel, Arte tipográfico (Zaragoza), pp. 98-101;
Amador, Hist. crit., VI, p. 45.
22 Gallardo copia el prólogo, III, n. 0 2316; reproducido también por
J. Pérez de Guzmán, RetJ. Hisp. Mod., VII (1895), p. 155. Cfr. también An-
tonio Pérez y Gómez, Versiones castellanas del pseudo-Catón (Valencia, 1964).
23 Antonio, I, p. 556; Serrano y Sénchez (n.0 47) menciona una ed. del
1sde marm de 1494, pero no hay vestigio de edición alguna anterior a 1496.

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222 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

goza, prólogo por el Arzobispo Alfonso de Aragón, con fecha de


1498 e impresas por J. Coci, Zaragoza, 31 de abril, 1500 24•
De todos estos prólogos idiosincráticos y anecdóticos no es el me-
nos importante el del Dialogus pro ecclesia contra Sinagogam (s. 1.,
s. d.), datado por Vindel en 1497, P. Hurus, Zaragoza. Gonzalo expli-
ca de qué manera le persuadió a editar esta obra de un autor des-
conocido para él (pero atribuido por Haebler a Teobaldo, un domi-
nico converso del siglo XIII) Alfonso de Alarcón, canónigo de Pa-
lencia e inquisidor, que aparecía entre el personal de la Inquisición
aragonesa en agosto de 1487, cuando este cuerpo se trasladó a la Al-
jafería a interrogar a los asesinos de Pedro Arbués. Gonzalo quiso
dedicarla al Arzobispo de Sevilla porque el Santo Oficio había teni-
do su origen en esta ciudad. La mejor copia, que lleva el escudo de
Diego Hurtado de Mendoza, hállase en el Escorial; otra copia, en la
Bibl. Nac. de Madrid 25• El prólogo explica por qué un hombre tan
hábil como él quiso malgastar el tiempo traduciendo obras trilladas
de devoción. Habla con cierto desagrado de tres años perdidos "in
interpretandis transferendisque e latino in Hispanum ydioma libris ...
ut plebi ydiotisque satisfacerem" (f. a. ivr). Resulta claro que el tra-
bajo en lengua vernácula, una ocupación secundaria, no le atraía más
que por la oportunidad que ofreda de perfeccionar su técnica de tra-
ducción. Asensio distingue entre la manera que tienen Gonzalo y
Nebrija de abordar el español, acentuando el respeto del primero al
latín : una "emperadriz, guía e goviemo", una atinada observación,
pero en lo que afecta a la traducción, Gonzalo, como Nebrija, es muy
consciente de la calidad típica de cada lengua. Es irreductible en su
desaprobación de la traducción literal; por esta razón, difícilmente
puede ser responsable de la versión trabajada y latinizada de su pro-
pia biografía de Juan 1126• Aceptando, pues, la anterior cronología,

24 Dormer, p. 583; Latassa, 11, p. 595, copia el colofón.


25Vindel, Arte tipográfico (Zaragoza), p. 255; Haebler, Gesamtkatalog,
VII, col. 384.
26 Bibl. Nac., Madrid, MS 1891. Cfr. pp. 254-258. Serrano atribuye tam-
bién a Gonzalo una introducción a su biografía de Juan II. Hizo imprimir
este texto romance de un MS de la Bibl. Nac., Madrid (sin dar detalles),
en RABM, IX (1903), pp. 460-464. Esta adscripción es dudosa en cuanto el

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_j

- -- -
Gonzalo García de Santa María 223

parece probable que Gonzalo, después de un tiempo de trabajo de


peón como traductor y corrector para Hurus, tornó su atención a la
erudición histórica más seria.

4. Las tres obras históricas que se le adscriben tienen dos rasgos


en común : todas están escritas en latín y todas están en relación con
la familia real de Aragón. Discutiré por separado la mejor conocida,
la biografía de Juan II de Aragón. La más antigua, el "árbol de la
sucession de los reyes de Aragon" (dr. su carta al rey Femando),
puede datarse entre octubre de 1497, en que murió el Príncipe In-
fante Juan, y 1;499, fecha de la carta pertinente n. Recuerda en ella,
como medida de la deuda que el Rey tiene contraída con él, que "el
primer letrado que scrivió algo e embió el árbol de la succession de
los reyes de Aragón e mostró que mujer podía succeder en estos rei-
nos fue yo". La única información que tenemos sobre este tratado,
que señala a Gonzalo como firme partidario de la unión continuada de
Castilla y Aragón a toda costa, viene del sumario en los Anales de
Zurita (Hist. Ferd., Lib. 111,cap. 30). Femando e Isabel en persona
habían exigido a las Cortes de Aragón, como asunto urgente, jurar
fidelidad a su hija la Reina de Portugal después de la súbita muerte
del Príncipe Juan en 1497. La oposición declarada a admitir una
mujer como heredera motivó la célebre observación de Isabel, que
seria mejor conquistar Aragón que aguantar las dilaciones y falta de
respeto de las Cortes. Zurita insinúa que Gonzalo trató la cuestión
de la sucesión históricamente y con cierta extensión, desde los tiem-
pos de Garci Jiménez e tñigo Arista hasta sus mismos días. El ma-
terial para el opúsculo venía probablemente de las investigacionesque
Gonzalo había estado haciendo con miras a escribir una historia ge-
neral de los reyes de Aragón. Zurita también había examinado esta
obra, declarándola una traducción latina expurgada de la Crónica de
Aragón de Fray Gauberte Fabricio de Vagad (P. Hurus, Zaragoza, 12
de septiembre de 1499), "dexando la rhetórica vana del dicho padre
y sus grandes impertinencias" (dr. Gallardo, 111,n.º 2315).

texto coincide literalmente con la traducción vernácula de De rebus memo-


rabilibus de Marineo Sículo (Alcalá, 1539), fs. üv-filv.
Z1 Impreso por Paz y Mella en CODOIN, LXXX, p. xiv n. 1.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
Según los prólogos largos y tendenciosos del fraile, la Crónica de
Aragón fue escrita a requerimiento de ciertos diputados y del Arz-
obispo Alfonso de Aragón. El autor de esta compilación curiosa y
chauvinista saluda con familiaridad a los clásicos, hace constar que
ha utilizado los archivos de Barcelona,San Victorián de Montearagón
y Poblet, así como otras crónicas, manifestando, sin embargo, tal
desdén del sentido común y de un juicio equilibrado que se sospecha
de sus motivos y de su talento 28• Aunque cita con profusión a Jus-
tino (una práctica todavía no común), Salustio, Livio y Josefo; aun-
que menciona a Homero, Estrabón, Marcial, Tácito, Mela, Plutarco,
Valla y Giovanni Tortelli de Arezzo, y corrige al mismn tiempo la
Primera Crónica General y a Valera, a pesar de todo esto da a su
material una interpretación violentamente deformada por los antago-
nismos políticos contemporáneos. Es imposible decir hasta qué punto
esta historia, ''despues recogn~ y en algo examins¡da por el mag-
nífico y egregio doctor mi~ Go~o Garda de Santa Maria", fue
aprobada por el jurista (Vagad, op. cit., colofón, f. 18d); cosa signi-
ficativa, muchos de los clásicos mencionados antes figuran también en
la biblioteca del último.
La historia de Gonzalo, juntamente con las observaciones de Zu-
rita que la acompañan, fue descrita últimamente por Gallardo. Según
él, el MS del siglo xv comienza así : "Expugnatae a Mahometanis
U niversia [sic] Hispania", y termina : " ... regnavit annos fere tres et
quadraginta". La cubierta lleva un título descriptivo de Zurita, a
mano : "Crónica del reyno de Aragón desde sus principios hasta la
muerte del rey don Alonso de Nápoles, cuio autor fue micer Gonza-
lo Garda de Santa María". Otras notas transcritas sugieren, sin em-
bargo, que se extendía hasta 1492. Desde Gallardo no se ha encon-
trado vestigio de este MS. Pero dos MSS del siglo XVII pueden clari-
ficar de algún modo la situación :
a) Juan Francisco Andrés de Uztarroz, que en 1639 copió una
serie de notas para un libro sobre los historiadores antiguos y moder-
nos de Aragón, el que había de ser Progresos de la historia... (MS
9457, Bibl. Nac., Madrid), cita la biografía de Juan II de Gonzalo

28 Cfr. pp. 24, 276.

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Gonzalo García de Santa María 2.25

y su historia general, informando haber leído ambos en la biblioteca


del bibliófilo zaragozano D. Bartolomé Morlanes y Malo. Estas obras
parecen haber sido propiedad de Zurita. De la historia que copió no
conocemos más que dos fragmentos, el primero sobre la elección de
Garci Jiménez, el segundo sobre la elección de iñigo Arista :
(i) "Post mortem enim sancti cuiusdam heremitae Joannis vo-
cati, qui prius degit in cavea illa sive spelunca sancti Joannis de Rupe:
eo se contulerunt illo duo fratres Otto et Felicius caesaraugustani ut
testatur Historia quaedam regia in armario et cartophilacio Barchino-
nae recondita eorumque consilio in Suprarbio : hic Rex fuit electus
ut supra memoravimus sepulchrumque apud eandem praefatam sancti
Joanni, non apud Pompelonem" (f. 3or).
(ii) "Hunc post obitum sanctii Garcezü qui tune in Suprarbio
Ribacurtia et Cantabria regnabat fuisse electum in monasterio sancti
Victoriani quod est ordinis sancti Basilii quodquidem templum prius
vocatum fuit sancti Martini de Saras, ibique haec historia latius ha-
betur ac dicitur hunc fuisse prius Bigorrae comitem aut saltem filium
illius qui veniens auxilio christianis cum centum equitibus cum pri-
mum applicuit Arahuestum" (f. 30v).
b) El MS 18, 723/13 de la Bibl. Nac., Madrid, es una colección
de unos 100 folios sobre problemas de la antigua historia aragonesa.
Incluye también extractos de historiadores hechos por Andrés y co-
rrespondencia contemporánea, incluso cartas de Donner. F. 14r se
refiere a la crónica de Martín García Caspense, "obispo de Bar-
celona i canónigo de la iglesia metropolitana de la ciudad de <;a-
rag~a, la qual recopiló de las memorias que alió en los libros que
como inquisidor de Aragón tomó a Gon~alo de Santa María i llega
asta la vida del rei don Pedro el cuarto, asta los primeros años de
sus reinos".
Esta obra, titulada "Historia i crónica de los reyes de Aragón i
de muchos caballeros que icieron cosas muy señaladas en servicio de
ellos", continúa el MS, contaba unos 134 fs. de letra no muy antigua
y en x634 pertenecía a Roberto Duport, un librero zaragozano. Los
extractos en lengua vernácula abarcan el mismo campo que los pa-
sajes latinos antes citados, pero extiéndense al reinado de Pedro I de

HISTORIOGRAFÍA PBN., IS

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226 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Aragón; además, coinciden más o menos con pasajes paralelos de
Vagad, a no ser donde el fraile emplea la primera persona.
¿Qué conclusiones se pueden sacar sobre la historia perdida de
Gonzalo? De la observación de Zurita sobre el contenido del "árbol
de sucesión" se infiere que este tratado abarcaba sin duda el mismo
terreno que la obra más grande. Gonzalo debió haber estado traba-
jando ya sobre el tema antes de 1498, i. e., después de abandonar su
obra de traducción. No es imposible, por ello, que las antes mencio-
nadas "memorias" formen la base de la Crónica de Vagad y de Martín
García. El último tuvo una gran oportunidad de entrar en contacto
con Gonzalo, ya que sustituyó a Pedro Arbués como inquisidor ge-
neral de Aragón inmediatamente después de su asesinato y pudo haber
estado personalmente implicado en las acusaciones del Santo Oficio
contra el jurista 29• En lo que se refiere a la composición y manera
de abordar el tema, difícilmente se puede argüir con pruebas tan es-
casas. Grosso modo, el autor podía haber seguido, al tratar de la mo-
narquía, sus deberes, derechos y obligaciones, una línea de pensa-
miento que ya había expresado en su biografía de Juan II y en el
"árbol de sucesión".
Si los judíos y conversos de la España del siglo xv participaron
en una serie de opiniones, es ciertamente en el tema de la monarquía
donde fueron más coherentes. Desde Sem Tob a través de los folletos

29Cfr. Dormer, p. 266. Martín García (n. en Caspe en 1441, de origen


labriego, murió en 1521) se formó a sí mismo pastoreando ovejas. Como
"seis" de la Seo de Zaragoza se le ofreció la beca que había tenido previa-
mente Pedro de Arbués en el Colegio de San Oemente, Bolonia. Después
de graduarse (1480), regresó a Zaragoza y fue nombrado por último, a
la muerte de Arbués, inquisidor general del Reino y confesor de Isabel.
Asumió el título de Obispo de Barcelona en 1512, administrando la diócesis
hasta 1519. Fue célebre por sus sermones y por su traducción de los Dís-
ticos : Traslación del doctor Chatón (Sánchez, n. 0 78). Debemos su biografía
a un franciscano, Antonio de Hebrera (Zaragoza, 1700 ). Cantera (Alvar
García, p. 380) menciona una posible nota ológrafa de Gonzalo en la Bibl.
Nac. de Madrid, MS 2084, que contiene una historia de Sicilia en catalán
datada en 1413: "Este libro no está prohibido, trata de la conquista de
Sicilia que hicieron los reyes de Aragón ... Dr. García". Más probablemente
fue escrita por el inquisidor.

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Gonzalo García de Santa María 227

e historias de Alfonso Garda de Santa Maria 30 y sus disdpulos hasta


Pulgar, hubo una fuerte corriente de opinión que reconocía en el mo-
narca atributos del Antiguo Testamento, responsable directo ante Dios
y el Papa, que es el único que le puede deponer. En la épocainquieta
que precedió a la aceptación de Femando e Isabel como soberanos de
Aragón y Castilla, los judíos y conversos pusieron sus capacidades y
capitales a disposición de los Reyes Católicos. Su interpretación del
plan providencial que guía la real pareja al trono fue aceptada, glosa-
da y difundida a lo largo del siglo xv1 por cristianos nuevos y viejos,
por igual. Es en este contexto donde adquieren su importancia los
escritos de Gonzalo, tanto por su adopción del ''lenguaje del imperio"
como por su interpretación de la guerra civil catalana, no como mero
acto de desobediencia civil, sino como sacrilegio contra el represen-
tante de Dios en la tierra 31•

30 Cfr. Defensorium de Alfonso, cit. A. A. Sicroff, Les controverses des


statuts de "pureté de sang" en Espagne (París, 1960), p. 59.
3 1 "Oportet igitur contra eos... tanquam contra latrones et Maiestatis
reos manifestosque proditores agere ... idolatris et patriae Maiestatisque nos-
trae parricidis ... quos non ego solum verum etiam Deus adversatus est"
(palabras puestas en boca de Juan 11); 1oannis Secundi Aragonum Re gis
vita, ed. Paz y Melia, op. cit., p. 211.

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Una biografía de 'juan 11 de Aratln 229

antes de que se puedan sacar conclusiones generales, de lo que cons-


tituye un magnífico ejemplo el análisis de la obra de Juan de Mena
por María Rosa Lida. Espero que el presente ensayo venga a llenar
en parte este hueco. Se ocupa de una biografía original latina de
Juan II de Aragón, escrita en los primeros años del siglo XVI por un
jurista de Zaragoza, Gonzalo García de Santa María; me esforzaré
en mostrar por qué considero esta obra, aunque puede ser de fecha
tardía, como el ejemplo más acabado de biografía humanista que ofre-
ce la Península Ibérica en el umbral del Renacimiento 2•
Se podría pensar que el autor de esta biografía latina difícilmente
pudo ser el mismo que tradujo laboriosamente a la lengua vernácula
a Guillermo de París, Dionisio el Cartujano y los llamados Dísticos
de Catón, pero es él mismo quien soluciona esta anomalía en el pre-
facio a una edición del antisemita Dialogus pro ecclesia contra syna-
gogam, en el que habla de tres años perdidos "in interpretandis trans-
ferendisque e latino in Hispanum ydioma libris... ut plebi ydiotisque
satisfacerem" (f. a. iv~. Si sirven de guía el contenido de su biblio-
teca, el epitafio que compuso para su lápida sepulcral y la calidad de
su estilo latino, la estimación que Gonzalo tenía de la literatura se
halla más cerca de la del movimiento humanista en Italia, donde fue
ciertamente significativa y constante la contribución del jurista pro-
fesional a las nuevas tendencias culturales.
El MS 9571 de la Biblioteca Nacional de Madrid (numerado an-
tiguamente Dd 184) es un códice de vitela de unos 80 folios encua-
dernados en cartón trabajado en oro. En el fondo de la primera pá-
gina se puede ver una iluminación con las insignias de Femando
-los blasones de Aragón y Castilla, sobre los que están colocadas
una corona y una granada en campo de plata. La corona está soste-
nida por dos querubines, cada uno de los cuales lleva un yugo o una
correa. El margen interior está nutridamente decorado con motivos
de flores y de aves sobre fondo de oro, estando la mayúscula inicial
delicadamente incrustada. El título va en mayúsculas en la parte su-
perior de la página: Serenissimi Principis 1oannis Secundi Aragonmn
Regis mta per GondissalfJfJfflGarsiam de Sancta Maria imisconSfJlt'Dffl

2 Para esta biografía y otras obras, cfr. el ensayo precedente.

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UNA BIOGRAFtAHUMANISTA DB JUAN II DB ARAGóN

Los investigadores de la primera época del Renacimiento en la


Península Ibérica, en contraste con sus colegas de Francia e Italia,
se han mostrado poco propensos a estudiar los testimonios de la acti-
vidad literaria humanista en la lengua en la que, con mucha más
razón que en ninguna otra, se esperaría encontrarlos. Es cierto, na-
turalmente, que no abunda excesivamente la literatura original latina,
de suerte que la búsqueda de aspectos humanistas se ha limitado prin-
cipalmente a la lengua vernácula. En consecuencia, ha habido una
tendencia a sobrevalorar aquellos elementos estilísticos que parecen
apuntar al Renacimiento maduro del siglo XVI. Esto se nota en la
mayor parte de los estudios historiográficos en el siglo xv, y más
concretamente dentro de los límites restringidos del género biográ-
fico. Resulta bastante fácil explicar la causa por la que este género
ha figurado de manera destacada en las valoraciones generales de
las tendencias humanistas. Durante mucho tiempo ha sido consi-
derado como uno de los géneros característicos del Renacimiento, y
la aparición de numerosos ejemplos vernáculos en la literatura penin-
sular del siglo xv ha sido tomada frecuentemente como prueba, a
primera vista, de la penetración efectiva de los ideales humanistas.
Esto es, a lo sumo, una verdad a medias; en un artículo de revista
he intentado poner de relieve las dificultades de partir de tal pre-
misa 1• Se requiere un análisis mucho más profundo de cada texto

1 "The literary pnsona from Díez de Games to Santa Teresa", RPh,


XIII (196<>),pp. 298-304.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

citJemCesartmpstanmn edita. En los folios siguientes no hay ilumi-


naciones, hallándose todo el texto contenido en una nítida estructura
de caja de rayas paralelas, que dejan espaciosos márgenes. Las letras
son de forma hermosamente clara y redonda, ejecutadas con gran cui-
dado y precisión, y netamente humanistas en sus rasgos. Parece en-
teramente posible que las iluminaciones de la primera página sean de
dos fechas distintas. La de la mayúscula inicial parece ser contempo-
ránea del texto en su fino trazado. Los dibujos marginales y las in-
signias parecen haber sido añadidos más tarde imitando el estilo, dé-
biles de color y de ejecución vacilante.
Según Dormer, el códice hallábase en su tiempo en la biblioteca
del Conde de San Clemente. La primera alusión a la biografía apa-
rece, sin embargo, en una carta de Femando a su protonotario Felipe
Clemente, fechada en Granada en enero de 1501, de la que resulta
claro que Gonzalo había sido ya abordado para escribir una aónica
de Juan II y que había tenido lugar alguna discusión sobre la lengua
adecuada para semejante historia. Parece cierto que la decisión de
que se escribiese en latín fue personal de Femando, el cual había
escrito directamente a Gonzalo sobre este asunto. Hasta tiempos rela-
tivamente recientes, esta carta real era conocida únicamente a través
de la copia hecha por Andrés de Uztarroz 3• Ahora han venido a luz
el original y otras dos cartas de la colección Salazar de la Real Aca-
demia de la Historia, Madrid. La primera carta se conserva en el
original y dice :
"Prothonotario : vuestra carta recebimos e tenemosvos en servicio
la diligencia e buena manera que tovisteys en la publicación de los
officios dessa ciudat que os scrivimos fiziessedes, de lo qual eramos
bien cierto de vos quando os lo encomendamos. A lo que nos screvis
sobre la coronica del Rey mi señor, que sancta gloria haya, nos pa-
resce sera mejor se faga en latin, pues tanta abilidat tiene para ello
mjcer Goncalo, que mas facil sera despues de tomarla en romance
que de romance en latin e assi gelo screvimos. Darledes nuestra letra
que sera con la presente y entrevemejs en todo de la manera que de
vos bien confiamos. Datis en la ciudat de Granada a XVI dias del

3 Dormer, Progresos, p. 625.

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Una biografía de 'juan II de Aragón 231
mes de enero en el anyo Mil quinientos e uno". [Firma del rey].
(Ms A-11, f. 292r).
La segunda carta (una copia) está escrita por Femando a Gonzalo
acusando recibo de la obra terminada:
"Amado nuestro. Recebimos vuestra carta y en ella la coronica
del serenissimo rey don Juan nuestro padre de gloriosa memoria, la
qual os tenemos en acepto servicio. Nos la mandaremos ver y de
vuestro trabajo y buena voluntad tendremos la memoria que conviene.
Datis en la ciudad de Burgos a 30 dias del mes de mayo del ano
1515. Yo el rey" (MS A-14, f. 218v).
Gonzalo pregunta al rey si ha de proceder a traducirla en lengua
vernácula. El rey contesta :
"Al amado nuestro Micer Gonzalo Garcia de Santa Maria, doctor
en derechos.
Amado nuestro. Recibimos vuestra carta de 21 de julio, respuesta
a lo que nos hovimos escrito sobre la coronica que nos embiastes y
vemos como por lo que supistes de nuestra voluntad que era verla
traducida en romance, os quereis disponer a ello y quereis saver de
nos si seremos servido que lo hagais. Vos decimos que nos lo teme-
mos a mucho servicio por que veamos por obra el contentamiento que
de credulidad tenemos por la relacion que dello nos ha seido fecho.
Data en la villa de Aranda de Duero a 2 dias del mes de agosto
de J515 anos. Yo el rey" (MS A-14, f. 2oor).
De lo anterior parece como si hubiesen transcurrido unos diez
años antes de que la obra fuese entregada a la Corona para su exa-
men, y no hay indicación en la última carta de que Femando la haya
leído nunca personalmente. En Aranda sufrió un ataque cardíaco del
que nunca se recuperó en realidad : unos seis meses más tarde, en
enero de 1516, murió. Esto puede explicar por qué no se adelantó
el asunto. La biografía quedó sin estudiar ni utilizar como fuente
a no ser por Lucio Marineo Sículo y Zurita (véase el estudio siguien-
te). Después de un lapso de unos trescientos años, reapareció en la
historia literaria de Amador de los Ríos, en el año 1865, que repro-
duce los datos de Dormer. El primer erudito que consagró seria
atención al MS y a su traducción aragonesa fue A. Paz y Mella, que
editó ambas versiones para la Colección de documentos inéditos para

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
la historia de España, vol. 88 4• Su prólogo da el primer relato ex-
tenso de la vida y de las obras de Gonzalo, pero apenas se entra en
el análisis de la biografía. Desde entonces los únicos críticos que le
han prestado atención son Sánchcz Alonso y Viccns Vives. El pri-
mero, hablando como historiador, está impresionado por la habilidad
del autor : "obra clara y ordenada, elegante sin rebuscamiento, pre-
cisa y escueta, es muy grata a la lectura". El último, preocupado más
por los facta que por los dicta, no aee que contribuye gran cosa al
relato definitivo de la vida de Juan 115• El dtulo de la biografía es,
de hecho, un tanto desorientador, ya que la sustancia de la obra no
abarca más que la mitad de la época comprendida en el estudio mo-
derno de Viccns Vives sobre Juan 11. Es realmente la historia de las
actividades del rey durante la Guerra Civil de Cataluña, expuestas
desde el punto de vista de un monárquico extremista, con un breve
prólogo que resume la carrera de Juan hasta comienzos de la guerra,
y un epílogo todavía más breve que hace e.scasajusticia a sus últi-
mos años 6•
El plan es brevemente como sigue. Dcspu~ de una corta sem-
blanza moral de don Juan y una lista de sus descendientes inmedia-
tos, el autor se hace ceo, de pasada,de los principales acontecimien-
tos de la vida de su personaje como Infante de Aragón -las con-
tiendas con Juan II de Castilla y la derrota en Olmedo, el antago-
nismo entre él y su hijo Carlos de Viana por Navarra. Pero la narra-
ción propiamente dicha comienza con una nota más feliz, con el
regreso del hijo a Barcelona desde Italia. Esta atmósf cra optimista,
4 Amador de los Ríos, Historia d• la lit. •sp. (Madrid, 1865), VI, p. 319.
Cfr. también Serrano y Sanz, "Testamento de Gonzalo Garda de Santa
María", BRAB, I (1914), pp. 470-78. Cito la edición de Paz y Melia. Hay
algunos errores de transcripción, no muy serios, que no justifican una nueva
edición del texto.
s Sánchez Alonso, Hist. de la Historiogr. •sp., I, pp. 4o6-o7; Vicens
Vives, 'Juan 11 de Aragón (Barcelona, 1953), p. 396.
6 No pretendo entrar en el problema de las fuentes contemporáneas.
Es posible que Gonzalo tuviese acceso, por permiso real, a los registros ofi-
ciales. El MS catalán atribuido a Joan Boscá, barcelonés y testigo contem-
poráneo, muestra ocasionalmente identidades de detalle y una perspectiva
política semejante, pero no ofrece inspiración literaria a Gonzalo (BibL Nac.,
Madrid, MS 1803, ff. 176v-77"J.

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Una biografía de 'juan II de Aragón 2 33

tan prometedora en este tiempo, se sustituye pronto por otra de sos-


pecha y reproche. El arresto de Carlos por su padre bajo acusación
de pretender organizar un golpe de estado motiva el que los elemen-
tos más extremistas de Cataluña busquen un entendimiento con el
rey que permita al Principado una independencia, si no completa,
casi completa en ciertas esferas. Aunque se pinta a Carlos como ávido
de poder y de fama, sus experiencias en Barcelona después de ser
puesto en libertad se suponen haber abierto sus ojos a las verdaderas
intenciones de los catalanes, y su fatal enfermedad es una consecuen-
cia inevitable de la desesperación engendrada por el engaño y malicia
de éstos. La llegada a continuación de la Reina, Juana Enríquez, con
su hijo Femando a Barcelona, después de habérsele arrancado condi-
ciones imposibles en Villafranca del Panadés, incita a los diputats a
un despliegue más descarado de antagonismo. Su partida para Gerona
les ofrece la oportunidad de llevar a efecto un plan para darles muerte
en esta ciudad. Al mismo tiempo, don Juan, sin hacer caso del acuer-
do de Villafranca, entra con un ejército en Cataluña, cerca de Bala-
guer. Estos dos acontecimientos desencadenan la Guerra Civil.
El cuerpo principal de la narración se ocupa ahora de las activi-
dades personales del rey en el campo de batalla desde su primera
entrada en Cataluña hasta el éxito de la operación de ayuda a Perpiñán
en 1471. A juzgar por la importancia dada en estudios recientes a las
campañas cruciales de la Guerra Civil, podría parecer que el autor se
ha concentrado con mayor entusiasmo en los primeros años que en
los últimos. Después de la primera ofensiva real con éxito en la región
de Lérida, la rendición de Castelldasens, la batalla de Rubinat en
julio de 1462 y la resistencia, igualmente con éxito, de la Reina en
Gerona, la narración pierde ímpetu hasta que los monárquicos irrum-
pen desde el sur, siguiéndose la conquista de Castellón d'Amposta y
de Tortosa. Las dificultades de don Juan durante esta época, la pér-
dida de la vista, la defección del Ampurdán, la derrota de Femando
en Vilademat, no están más que ligeramente tocadas. De suerte que
no hay más que un paso de la muerte del Duque de Calabria al ase-
dio y a la rendición de Barcelona. Después de esto, el único aconte-
cimiento de interés descrito detalladamente es la tenaz resistencia de
Perpiñánal asedio francés bajo la dirección personal de un rey octo-

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234 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
genario. La biografía concluye con la simple mención de su muerte
en Barcelona y el traslado de sus restos a Poblet. No hay exordio ni
epilogo de ninguna clase, un resumen de los sufrimientos y éxitos
de don Juan, ni una condenación final de los catalanes equivocados.
De esta suerte, la primera característica de la biografía es la selec-
tividad, concentrándose, como lo hace, en la Guerra Civil y giran-
do en tomo a ciertos asedios importantes dirigidos por el rey, en
Castelldasens (con Rubinat), Lérida (con Calaf), Tortosa, Barcelona
y Perpiñán.
El autor ha puesto, ciertamente, limites estrechos a su relato si
se consideran las vastas posibilidades del tema, tal como se revelan
en la obra de Vicens Vives. Toda la serie de actividades de don Juan
en Castilla, la lucha con Alvaro de Luna, la Guerra Civil en Navarra,
sus dificultades como lugarteniente del Principado y los primeros años
como Rey de Aragón, es algo que merece poco espacio. El compli-
cado juego de ajedrez con Enrique de Castilla y Luis de Francia, con-
cluyendo con el tratado de Salvatierra, se reduce a los términos sin
comentar del acuerdo, y lo mismo puede decirse, más o menos, del
tratado de Bayona en x463. La Guerra Civil en Cataluña produce
repercusiones profundas en la política extranjera; sin embargo, no
se hace más que una mención muy ligera de las maquinaciones que
conducen al matrimonio de Fernando e Isabel o de la lenta creación
de una alianza internacional contra Luis XI que sigue a la entrada
en guerra de la Casa de Anjou.
El autor omite la caída de Perpiñán en manos de los franceses
en 1475, en que el rey sacrifica a la ciudad, como lo hizo con Ge-
rona en 1469, con la esperanza de obtener mayores ventajas en Cas-
tilla. El encuentro posterior con Fernando, ahora rey de Castilla, en
Vitoria, descrito patéticamente como el último encuentro de padre e
hijo 7, no se relaciona con los planes de una extensa "alianza fami-
liar" de las ramas de los Trastámara en Castilla, Aragón e Italia. Pero
ver estas limitaciones como defecto seria interpretar mal el propósito
de la biografía. Cualquier tipo de digresión de las mencionadas antes
debilitaría inevitablemente la sólida antítesis sobre la que está basada

7 La relación entre ellos se compara a la que existió entre Eneas y An-


quises. Cfr. Bneida, 11, 705-07.

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Una biografía de 'fuan 11 de Aragón 2 35
la obra -la oposición política obstinada de los catalanes represen-
tados por la Generalitat al espíritu de la monarquía interpretado por
don Juan de Aragón. La Guerra Civil es considerada, por ello, no
como una división dentro de Cataluña, sino como una conspiración
revolucionaria conducida imprudentemente por Barcelona contra los
otros miembros leales de la Corona de Aragón. Estos dos partidos
intransigentes se enfrentan desde el principio, con el resultado de
que se reduce proporcionalmente el significado de las funciones de
los poderes extranjeros, Francia y Castilla.
Los catalanes, particularmente el elemento oligárquico, se carac-
terizan desde el comienzo como indóciles, vanos, insatisfechos, impa-
cientes con la autoridad y las costumbres. Esta falta de respeto a la
tradición marcha de la mano con la presunción nacida de fortunas
privadas amasadas a base de tráfico marítimo. Se puede ver aquí, na-
turalmente, el antagonismo proverbial entre los hacendados aragone-
ses y los comerciantes catalanes, y una persistencia del mito de que
a mediados del siglo xv las finanzas catalanas se hallaban todavía en
buen estado. Sea de ello lo que fuere, se supone que son estos fac-
tores, y no simplemente las doctrinas heredadas de pactismo, los que
llevan a los catalanes a rebajar el valor de la monarquía, y se atri-
buye esta actitud, sin excepción, a todos los rangos de la sociedad
barcelonesa (p. 181). Además, la embajada enviada al rey para pre-
sentar el caso de los catalanes está dominada en la biografía por uno
de los partidarios más extremistas de Carlos de Viana, el Abad de
Ager. Hablando históricamente, no hay prueba de que monarca y
clérigo se hayan enfrentado nunca. Es verdad que se hizo una decla-
ración radical a Juan por parte de Guerau Alemany de Cervelló el 5
de febrero de 1461, y que el Abad de Ager en una sesión de la Dipu-
tación apoyó a los extremistas contra los moderados con tal violen-
cia que fue puesto en arresto por sus mismos compatriotas. Gonzalo
toma así poco en cuenta el sentimiento de aquellos que no tuvieron
intención, al comienzo, de romper el juramento de fidelidad a don
Juan. En lugar de ello, para efectos dramáticos, prefiere la confron-
tación de las opiniones extremas. El Abad puede recordar en su
discurso el poder y la riqueza ,.del imperio mercantil catalán, pero
Gonzalo, por implicación, acentúa repetidamente en el curso de su

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
obra la ruina moral y política producida por una veneración perver-
tida de esta herencia. Este orgullo nostálgico hace que los catalanes
se mantengan lejos de la creencia en la monarquía, aun cuando ell<>
sea dentro de los limites de un pacto reconocido entre súbditos y rey,
según el concepto de una "rcmpublicarn liberam ... abiecto regio scep-
tro, exactoque rege ... " (p. 229), a la manera de las ciudades-estados
italianas, "multarum civitatum Italiac more" (p. 190 ). Las últimas
consecuencias de tales ambiciones, insinuadas en un examen posterior
de la situación precaria despu& de tres o cuatro años de guerra, no
son que las circunstancias adversas habrán de llevar a los conspira-
dores de nuevo a la obediencia, sino que el empleo constante del
engaño y de la corrupción había destruido aquellas virtudes que se
atribuían a los catalanes. Su conciencia, endurecida por el aimen,
se niega a someterse. La compasión es e1iminada de la mente por el
miedo a la retribución, la virtud de la fortalcza se convierte en vicio
de obstinación., y las fortunas, reunidas a lo largo de años, dispér-
sanse en un esfuerzo salvaje de auto-conservación. Las normas mora-
les entre hombres y mujeres, que han sido en el pasado un ejemplo
para otras naciones, se hunden en la desintegración general.
La asociación de normas morales con intenciones políticas se lleva
al extremo. Si el egoísmo conduce al republicanismo y a la conspi-
ración contra el estado, conduce también a crímenes contra la ley
natural y divina. Los catalanes no son solamente ladrones (latrones)
y criminales (reos), sino también seguidores de dioses falsos (idolatres)
y culpables de los crímenes más inicuos (parricides), "quos non ego
[Juan] solum etiam Deus adversatus est" (p. 211). La acusación de
parricidio y sacrilegio es repetida no solamente por el rey, sino tam-
bién por aquellos pocos catalanes nobles que estaban preparados a
renunciar a sus fortunas y familias para sostener la autoridad natural
del monarca (pp. 204, 206). Es, de hecho, un juicio divino lo que
los catalanes aceptan en la rendición de Barcelona, "nos divino quo-
dam iudicio cecidim.us" (p. 236). En ciertos puntos, y únicamente en
ciertos puntos, se asocia Barcelona con la estrechez mental de Pedro,
y don Juan,con la magnanimidad de Cristo. Barcelona acepta la de-
rrota, pero, como el Pedro de última hora, con una nueva convicción
de un futuro mayor y más glorioso. Los catalanes habían negado a

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Una biografía de 'juan 11 de Aragón 2 37

su rey, como Pedro lo había hecho con su maestro, "ut fideliores vas-
salli ac subditi in posterum surgeremus more Petri ... " (p. 263). Don
Juan es considerado también por su hijo, al final de su vida, como
habiendo triunfado "super aspidem et basiliscum gradientem, leonem
et draconem, id est, omnium calamitatum genera superasse", que todo
lector de los comentarios bíblicos de Isidoro reconocería como las
imágenes de la muerte, del pecado y del mal (p. 273; Isidoro, Qu. in
Gen., V, 8).
Nadie, sin embargo, podría estar tan desorientado por unas cuan-
tas citas directas o imágenes bíblicas o por los argumentos canónicos
sobre la naturaleza de la monarquía como para suponer que esta obra
sacaba su inspiración de sectores medievales tradicionales. La Fortuna,
tanto como la Providencia, moldea el destino de sus protagonistas his-
tóricos, y si es cierto que estos dos temas ocupan un lugar destacado
a lo largo de la literatura del siglo xv, es raro que a la Fortuna se
le asigne el puesto significativo que se le atribuye en esta biografía.
Comprender esta situación privilegiada nos dará la clave no solamente
del propósito moral y político de la biografía, sino también de su
forma artística. Queda fuera de discusión que deriva de un modelo
clásico, pero cuál sea exactamente este modelo, y cuán profundo sea
su impacto, es algo que ha sido estudiado sólo superficialmente. Ama-
dor sugiere a Livio y Fazio; Sánchez Alonso está también en favor
de Livio 8, pero ningún crítico ha conectado esta biografía con la
intensa tradición salustiana en la parte oriental de la Península.
Según Hamel, había un códice de caracteres unciales en Montse-
rrat; en 1147 se menciona a Salustio en un inventario de la Seo de
Urgel. Pero hasta el siglo XIV no proliferan los MSS, las traduccio-
nes y las citas. Prescindiendo del empleo hecho por Eiximenis de la
Conjuración de Catilina, tenemos la traducción catalaná de la Guerra
de Yugurta utilizada por Femández de Heredia en la Grant Crónica
de Espanya. Dentro y fuera de la cancillería real, que Rubió consi-
dera como "el primer centre de l'humanisme llatf a Catalunya", un
grupo selecto de secretarios desde los tiempos de Alfonso el Magná-
nimo hasta Femando el Católico, como Ferrán Valentí o Bemat An-

8 Hist. lit. esp., VI, p. 319; Hist. de la Historiogr. esp., I, pp. 406-07.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

dor, repasan, anotan y traducen al historiador romano. A finales del


siglo xv, durante el asedio de Barcelona antes mencionado, fue co-
piado por Carbonell, el archivero real, el MS 448 de la Biblioteca de
Cataluña. No se trata meramente de una transcripción, sino de un
cotejo de dos textos, propiedad de Jaume García y Martí, secretarios
de Juan de Aragón. Vidal de Noya, tutor de Femando el Católico,
revisó la traducción castellana hecha por Vasco de Guzmán de la
Conjuración de Catilina (impresa en Zaragoza en 1493). De suerte
que a Salustio se le tributan múltiples honores. Es el primer autor
clásico que merece una atención crítica en la Península; con César
sus obras son reeditadas antes de finales de siglo, y el segundo libro
impreso en España con fecha confirmada contiene las Opera latinas,
basadas en la edición veneciana de Vindelino da Spira (Valencia,
1475). Finalmente, mereció gran consideración como estilista entre
los humanistas de la Corte de Fernando 9•
Tengo para mí que la Conjuración de Catilina es de capital im-
portancia para comprender la manera como Gonzalo aborda su tema.
La situación política y social descrita por Salustio no ha de tomarse,
naturalmente, como réplica exacta de los acontecimientos de la Gue-
rra Civil de Cataluña. Gonzalo ha sido muy libre en su adaptación,
y en ninguna parte hace referencia alguna abierta a Salustio o a
otras fuentes en relación con este tema. Pero debió haberle chocado
fuertemente un paralelismo básico : las consecuencias morales que
acompañan la expansión política romana y catalana. Barcelona en la
cumbre de su poder se compara explícitamente a Roma por la cali-
dad y excelencia de sus leyes y 3dministración, y recuerda la nostal-
gia de Salustio por la grandeza perdida del pasado romano en con-
traste con la degradación del presente (Cat., X, 1-6). Lamenta que
las virtudes que habían conquistado Cartago hayan abierto el cami-
9 J. M. Pab6n, "Las primeras traducciones españolas de Salustio", Bme-
rita, XX (1952); Maduren Marim6n y J. Rubi6, passim y esp. p. 796;
Regina af Geijerstam, "Un esbozo de la Grant Cronica de Bspanya de
J. Femandez de Heredia", Studia Neophilologica, XXXII (1960), pp. 80-
105; J. Rubi6, "Sobre Sal.lusti a la cancelleria catalana", Gesammelte Auf-
siitze zur Kulturgeschichte Spaniens, XXI (1963), pp. 233-249; sobre las
opiniones de Pedro Mártir, cfr. su Opus epistolarum, I, n.0 so (ed. L6pez
de Toro, p. 72).

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Una biografía de 'Juan11 de Aragón 239
no a la avaricia y a la ambición, estando la amistad regulada por el
interés propio y no por el mérito. La sofisticación había ablandado
el espíritu de su ejército y la castidad de sus mujeres, creando una
situación madura para una revolución del tipo de la que dirigió Cati-
lina, saludada por igual por la jeunesse dorée y por los más bajos
niveles de la plebe, que, teniendo poca veneración por el pasado, es-
taban ávidos de novedad y cambio. Así, los nobles catalanes, después
del arresto de Carlos :
ita accensi, ut vetera omnia odis- Nam semper in ciuitate quibus opes
sent, nova exoptarent nullae sunt bonis inuident, malos
(p. 181) extollunt, vetera odere, nova exop-
tant
(Cat., XXXVII, 3)
Como en Roma, el espíritu mercenario estaba tan extendido, la
conspiración contra la autoridad tan unida, que nadie podía sentirse
llevado a delatar :
tamen tanta vis morbi cunctorum Namque duobus senati decretis ex
animos invaserat ut nemo premio, tanta multitudine neque praemio in-
precibus aut metu inductus, conspi- ductus coniurationem patefacerat ne-
rationem Regi patefaceret que ex castris Catilinae quisquam
(p. 186) omnium discesserat
(XXXVI, s)

No se niega a los capitanes catalanes el empleo de algunas de las


más célebres citas de Salustio sobre la libertad, tomadas, por ejemplo,
del fogoso discurso de C. Manlius, uno de los rebeldes plebeyos, al
senador Q. Martius, o de la primera arenga persuasiva de Catilina a
sus seguidores y de su última exhortación a la batalla poco antes de
su muerte. De esta suerte, puede verse que Gonzalo no andaba sim-
plemente al pillaje de citas impresionantes, sino que buscaba la frase
apropiada en la situación apropiada, y la modelaba a su propósito :
Pulchrius est atque antiquius pro ve- Nonne emori per uirtutem praestat
ritate et libertate mortem appetere quam uitam miseram atque inhones-
quam ignominiosam vitam vivere. tam... per dedecus amittere?
Nos pro libertate pugnamus quam (XX, 9)
oemo bonus nisi cum anima amittit ...
(p. 210)

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240 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
Los discursos del rey están también tachonados con recuerdos de
Salustio, recordando las victorias del pasado y la intención aiminal
de BUS enemigos:
Mementote etiam vos saepe magnas Memorare possum quibus in locis
hostium copias parva manu fudisse ... muumas hostium copias populus
Oportet igitur contra eos... tanquam Romanua pama manu fuderit ...
ex>ntra latrones et Maiestatis reoa (VII~ 7)
manifestosque proditores agere
(p. 211) rogat ut meminerint se contra la-
tronea inermos pro patria... ccrtare
(LIX, s).
La caza de citas no revela, sin embargo, toda la profundidad de
la imitación de Salustio. Hay un tema que está intrincadamente unido
a la biografía, y que revela al mismo tiempo cuán profundamente
compenetrado estaba Gonzalo con la perspectiva moral del romano.
No se limitó simplemente a leer a Salustio en busca de salidas epi-
gramáticas y de sententiae expresivas : entretejió en aquella trágica lu-
cha las opiniones salustianas sobre la naturaleza caprichosa de la For-
tuna y sus efectos en los asuntos humanos. Del romano se aprende de
qué manera el azar frustró aun a los más dotados, y de qué manera
los imperios más poderosos vinieron a hundirse en la oscuridad Pero
también se aprende de qué manera la fortaleza y un espíritu homado
pueden dominar los caprichos de la vida. Gonzalo copia la frase de
Salustio, que la Fortuna "in omni re dominetur" (p. 179; Cat., Vlll,
1), pero se esfuerza en señalar cómo el débil carácter moral de Carlos
de Viana y de los catalanes los deja a merced de las circunstancias más
que la resolución obstinada del rey. Cuanto más intranquila e impa-
ciente sea una sociedad con la autoridad, cuanto más ávida sea de
bienes temporales, tanto menos capaz es de prever las consecuencias
de sus actos. Así, los catalanes, que en los comienzos del reinado de
don Juan contaron con toda clase de ventajas materiales, tuvieron que
rendirse al final a aquellos poderes extranjeros que antes habían cedi-
do a su fuerza superior. Los catalanes se pegaron tan ciegamente a
sus perversas convicciones, aceptaron tan mansamente la "influencia
de los astros", que fueron insensibles a la fuerza de la conciencia.
Pedro de Portugal, su rey por adopción, "adversam fortunam magni-

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Una biografía de 'juan 11 de Aragón
tudine animi atque constantia superare contendens" (p. 241), apenas
concibió como posible escapar al decreto del hado en la prosecución
de sus intereses egoístas.
Don Juan, por otro lado, parecía estar destinado a padecer en
manos de la Fortuna durante todo el curso de su vida. Desde el de-
sastre de Olmedo hasta la tragedia del encarcelamiento de Carlos,
desde el comienzo de su ceguera hasta la pérdida de su mujer en un
momento crucial de la campaña, la Fortuna, como Gonzalo lo pone,
es tan áspera con él como una "noverca", en contraste chocante con
el modo de tratar a su cuñado Alfonso V (p. 177) y a su hijo Fer-
nando, "qui secundis sideribus natus adversis patris fortunam suis
fortunatissimis eventis semper resarsit" (p. 258). Pero de manera dis-
tinta de los catalanes y aun de sus propios soldados y consejeros, don
Juan no hace caso de agüeros, evita compromisos y, finalmente, a
edad avanzada, se sobrepone a las desgracias del pasado (p. 273). Nos
hallamos así considerablemente lejos de la interpretación providencia-
lista de la historia que informa la obra de los contemporáneos de
Gonzalo, Pulgar, Diego de Valera o el mismo Nebrija. Aquí el acento
no carga sobre la ejecución de un plan divino por un instrumento
escogido por Dios, sino sobre el valor moral requerido en un indi-
viduo fiel a sus obligaciones en presencia de circunstancias excepcio-
nales. Se podrían unir las enseñanzas de Séneca con las de Salustio,
particularmente del Séneca de De PrO'Videntia, en que se nos enseñan
las ventajas morales de la adversidad. Frases tales como "omnia ad-
versa exercitationes putat" o "magnum exemplum nisi mala fortuna
non invenir" contienen una doctrina de la que la vida de don Juan,
tal como aquí se pinta, es una ilustración perfecta. La situación total
de la Guerra Civil podría resumirse en la observación : "Hos itaque
Deus quos probat, quos amat, indurat, recognoscit, exercet; eos autem
quibus indulgere videtur, quibus parcere, molles venturis malis ser-
vat" (IV, 7).
En un plano formal, la influencia de Salustio no es menos evi-
dente. Como en el modelo, para dramatizar el choque de los princi-
pios, Gonzalo hace girar su biografía sobre una serie de arengas y
discursos. En ninguna otra obra anterior en la Península se ha subor-
dinado el modo de narración tan claramente a la oratio recta. La oca-
HISTORIOGRAPfAPEN.t 16

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
sión de su empleo recorre todo el campo del obrar burnano, desde
el íntimo intercambio doméstico hasta el discurso teatral de batalla,
todos ellos penetrados de una intensa llamada emotiva. En el co-
mienzo Gonzalo ha ideado una situación en la que el deberreal y el
afecto paterno entran en conflicto. En la conversación íntima entre el
rey y su hijo se hace sufrir a don Juan por la severidad con que es
obligado a oponerse por fuerza a las inclinaciones naturales de padre
(página 180). Contra su voluntad se hace salir a luz pública la tra-
gedia doméstica por el deseo de los catalanes de verse libres de su
autoridad. El camino hasta la ruptura definitiva está marcado por
dos hitos : el primero, una petición de clemencia en favor de Carlos
por Pedro Ximénez de Urrea, Arzobispo de Zaragoza. El rey, según
su réplica, está determinado a hacer de Bruto con todo súbdito, sea
el que fuere, que conspire contra el trono. Al Abad de Ager se le
hace entonces perfilar los términos de la doctrina pactista, según la
cual un rey que actúa sin el debido apoyo de la ley se convierte en
un tirano expuesto a ser tratado de la misma manera que otros cri-
minales. Esta amenaza va respaldada por un panegírico del poderío
catalán en el pasado y en el presente, y sobre todo por la riqueza
potencial de Barcelona (p. 185). Este discurso, en la forma en que
se halla, no es un eco de la orgullosa declaración de Muntaner un
siglo antes; es el desafío de la Florencia contemporánea a Milán, la
respuesta de la república al tirano, Roma contra los reyes. Es casi una
negación de la monarquía, propuesta por la clase comerciante, que
rompe la estructura social medieval "clásica" según muchos tratados
del día 10• Por lo demás, hace frente a esta explosión la serena firmeza
de la réplica del rey, que confía en la legalidad de sus intenciones
y en las virtudes de su cargo.
Cuando la cámara de consejo es sustituida por el campo de ba-
talla, se encuentran otras situaciones que ilustran las virtudes morales

10 Según la Suma de Política de Sénchez de Arevalo, las principales


debilidades de una ciudad marítima son que necesita "muchos mercaderes e
muy rezios negociadores, e la tal muchedumbre de negociantes es contraria
a la buena e noble policia, porque la ley de los negociadores qujere que las
riquezas sean mas preciosas que la virtud", ed. Beneyto Pérez (Madrid, 1944),
página SS·

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Una biografía de Juan 11 de Aragón 243
e intelectuales de don Juan: su prudencia al retirarse ante el colérico
populacho de Lérida (pp. 187-88), o su reacción positiva al aviso
contradictorio que le brindan sus capitanes Rodrigo de Rebolledo y
Martín de Lanuza (pp. 191-92). Con diferente vena, pero igualmente
impresionantes por su tono emotivo, hállanse los dos largos discursos
al consejo de la ciudad de Gerona por su mujer, Juana Enríquez,
presentada primero como la madre débil y abandonada que apela en
defensa de los que no tienen protección, y luego como la clásica
Amazonas, una Tomiris a punto de hacer frente a Ciro 11•
Los tres discursos de campaña atribuidos a don Juan tienen un
tono diferente. La cualidad primordial acentuada en el primero es
la habilidad del rey como estratega militar en el asedio de Castell-
dasens; el segundo es una exhortación a la victoria en Rubinat, ba-
sada en un examen de todos sus triunfos en el pasado, desde Medina
del Campo en 1441 hasta Aybar en l451. El tercero y más efectivo
prologa la mayor arremetida hacia el norte desde Castelló d' Amposta
y Tortosa en 1465. Dirigido a un ejército debilitado por un invierno
agotador y un cerco violento, está construido sobre una serie de ame-
nazas, mitad insulto, mitad lisonja, con el fin de tocar a las tropas en
lo vivo de su virilidad 12• Sigue, cosa bastante significativa, una pro-
testa de los tortosanos que habían atacado el horror y la brutalidad
de la guerra empleando los argumentos pacifistas del comerciante y
del labriego que, absorbidos por sus propios intereses, no aciertan a
comprender otros asuntos más graves en peligro.
Hay otro tipo de discurso, el debate forense, que aparece en dos
lugares; el primero, después de la rendición de Castelldasens; el se-
gundo, después de la rendición de Barcelona. En ambos casos los
defensores conquistados argumentan que las circunstancias extenuan-
tes deberían llevar a ejercer clemencia. El primero, puesto en boca
de un tal Juan Agulló, es un discurso remoldeado de César ante el

u Aquí aparece de nuevo la nota virgiliana, durante la frenética bús-


queda que hace la reina de su hijo mientras tiene lugar el asedio de la for~a
o reducto exterior: "pulchras genas unguibus laniabat", p. 201. Cfr. Eneida,
XII, 606.
12 "quae amenitas loci vestros feroces animos ita mollire potuit", p4•
gina 250. Cfr. Cat., XI, 5.

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Ensayos sobre la historiografía peninsulardel s. XV

Senado, abogando por el tratamiento benigno de los partidarios de


Catilina. Gonzalo no ha traspuesto en modo alguno la oratoria de
César en bloc, ya que, aunque pinta a Agulló como un hombre con
no pequeñas dotes de persuasión, su fin es revelarlo como traidor
que quiere cambiar los secretos de sus compañeros por un perdón
real. Podía esperarse que esto fuese seguido, en la boca del rey, por
una versión de la rq>lica inflamada de Marco Porcio Catón pidiendo
la pena de muerte, pero esto habría destruido la imagen de un mo-
narca compasivo que se pone de relieve aún más fuertemente en el
intercambio de opiniones durante la rendición de Barcelona 13• A los
barceloneses se les permite declararse culpables de los mismos vicios
de terquedad en un discurso excepcional por sus ecos del Antiguo
Testamento más bien que de los clásicos. No acierto a enjuiciar este
cambio de tono, que podría considerarse una imperfección artística,
pero quizás se sintiese obligado Gonzalo a introducir una nota pro-
fundamente solemne en las fases finales de su obra. Sea como fuere,
en el corazón de la declaración de sumisión se puede encontrar una
aceptación de la política implicada en todas las actividades de don
Juan como rey de Aragón: que unidos con Aragón los catalanes ha-
bían sido siempre victoriosos y prósperos, que aparte se habían re-
signado a ser las víctimas de sus enemigos tradicionales, los geno-
veses, los franceses y los castellanos 14• Como apéndice a la misma

13 Las distintas actitudes de César y Catón nos las interpreta Pedro


Mútir en una carta al conde de Cabra, con fecha de diciembre de 1494-
La parte relevante esti tomada del Opus Bpistolanan en la traducción de
López de Toro : "~ste [Catón], siguiendo a los estoicos, discípulos de
Zenón, aprendió de sus maestros que el sabio no se debe dejar influir por
la benevolencia; que los pecados todos son iguales; que se debe juzgar
todo; que de ningún modo conviene perdonar al delincuente... que no es
decoroso practicar la misericordia, y finalmente, que se debe ser inexorable
e implacable en la vida. De manera muy diferente César aprendió de los
peripat~ticos y de los estoicos que alguna vez que otra puede tener la mi-
sericordia algún valor en el sabio; que las distintas clases de pecados re-
claman variedad de castigos; que asimismo se permite al hombre bueno la
compasión, el perdón, la súplica, el aplacarse, mudar de parecer conforme a
• .
la s arcunstanaas... "I. , n.o 145, p. 2u,.
'-,,.
14 La paz impuesta desde arriba es contrastada deliberadamente con
la anarquía de la Italia contemporánea, una opinión puesta en boca de Fe-

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Una biografía de Juan11 de Aragón 2 45

clase de arengas pueden añadirse las pronunciadas en el primer cerco


de Perpiñán. Tanto por el tema como por la situación recuerdan los
pasajes iniciales sobre la campaña de don Juan en Cataluña. Aun-
que el rey se halla ahora "decrepitus, inops ac valetudinarius", no se
le disuadirá más que antes de permanecer al frente de sus tropas.
Gonzalo transmite la impresión de un anciano sumamente resuelto
que confía en su propia presencia, y no en la fuerza militar, para
ganar batallas. Hay en él más de un rasgo de Julio César, no sola-
mente aquí en este último compromiso, sino también en su deseo de
mando personal, en su habilidad para sacar provecho de una situa-
ción difícil y en la destreza manifestada por igual en el campo de
batalla y en la tribuna.
Esta vuelta a lo clásico resulta evidente no sólo por la disposición
y naturaleza de los discursos, sino también por el estilo y el vocabula-
rio. La práctica de Salustio también se repite en la ausencia completa
de citas explícitas de autoridades reconocidas; no se hace esfuerzo al-
guno para inspirar veneración apelando a los nombres de los grandes
historiadores u oradores del pasado. La conclusión lacónica y abrupta
de la Conjuración de Catilina puede haber movido también a Gon-
zalo a evitar un epílogo largo. Concisión, en resumidas cuentas, es
la principal característica de su exposición. Una crítica fundamental
de su manera de escribir (que podría hacerse ciertamente de muchos
de sus contemporáneos, tanto españoles como italianos) es su tenden-
cia a traducir en términos clásicos toda institución, todo nombra-
miento, toda táctica militar. Habla de cohortes, armigeri, pedites, ca-
ligati, quadrigae y redae. Utiliza hero o eques por noble, quaestor
por alcalde, curia por cortes y senatus por consejo; Navarra pasa a
ser Cantabria y Calatayud Bilbilis. A la manera de Livio, incluye una
descripción del lugar antes de que se dé la batalla. Como Virgilio
y Lucano, siente a menudo atracción por los detalles más gráficos de
la carnicería y del sufrimiento en el campo, o por la pompa y el re-
gocijo de una entrada triunfal 15•

rrante de Nápoles: "Nunquam enim Italia hospes fuit tutus ab hospite;


nunquam socer a genero, rarissimeque frater de fratre confidit", p. 268.
15 "lbi poplices succisos et facies; ibi capita conquassata; ibi intestina
per vulnera erumpentia; alios supinos, alios in faciem iacentes videres.,, pá-

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

Son las arengas, sin embargo, las que constituyen la sustancia de


la biografía. El elemento narrativo, con excepción de unos cuantos
pasajes, tiende a ser llano y sin inter&, especialmente cuando el rey
se ausenta del centro de actividad Con la sola excepción de la elo-
cuencia de Juana Enriquez en Gerona, estas arengas retratan al rey
en buen número de diferentes situaciones dramáticas, siendo cada una
de ellas una prueba de sus virtudes personales, bien sea amenazado
por un ejército rebelde o por la nobleza descontenta, o presentado
dictando juicio contra su propio hijo. No es posible imaginar esta
biografía como una historia política o social en el sentido de que dis-
cute los problemas domésticos o internacionales que afrontaron ambas
partes. No se puede decir que deforme los hechos por medio de la
oratoria empleada más que lo han hecho los historiadores modernos
en sus llamadas tentativas de historia "objetiva". Toda historia es,
como ha dicho Croce, una historia contemporánea, y no hay duda
de que el público al que Gonzalo dirigió su obra se habrá beneficia-
do de la propiedad de los paralelismos implicados, ya que tanto para
el escritor como para el lector todos los problemas son en último
término problemas éticos. Cada situación podría haberse ideado de
manera que don Juan fuese considerado un ejemplo de virtud, pero
siempre es visto como un ser humano, expuesto a las tentaciones de
la carne y llamado a hacer los sacrificios más duros. Como padre ha
de echar a un lado el afecto paternal; como gobernante ha de obrar
con severidad, hasta con crueldad. En él se contrasta el espíritu de
la monarquía con el de la tiranía, ejemplificada en la figura de Pedro
de Portugal : "nihil erat quod non suo commodo interpretaretur''
(página 229 ), o con el egoísmo de una república fundada sobre in-
tereses materiales : "illis [los catalanes] annis atque divitiis omnia
consenuere" (p. 206; Cat., XX, 10). Sacrificando el amor que siente
por Carlos a su sentido del deber, no cuidándose de su propia sal-
vación en el campo de batalla, controlando su propio cuerpo que-

gina 214. Cfr. Bneida, II, 257. Hay otros ejemplos en las páginas 213,
217, 267. Durante el asedio de Lérida, cuando los habitantes se ven obliga-
dos a comer ratas, aprovecha la ocasión para hacer una digresión sobre el
miedo de los elefantes a estas criaturas -un caso raro de lo irrelevante-,
tomada de Plinio, Nat. Hist., VIII, 10, 29.

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Una biografía de Yuan 11 de Aragón 247
brantado y soportando la pérdida de su mujer, ejemplifica al estoico
cristiano vencedor de la adversa fortuna. Esta es la única manera
satisfactoria de interpretar la biografía de Gonzalo.
No se puede dudar que por la manera de abordar el tema, por la
selección de los acontecimientos, por la construcción de las situacio-
nes dramáticas, por la acentuación de ciertas virtudes morales, por
el empleo consciente y controlado de la imitatio, la historia de Juan 11
es la primera biografía claramente humanista que se escribió en la
Península. En otra parte he expresado mis reservas acerca de las cua-
lidades humanistas de las biografías de Pérez de Guzmán, la Crónica
de Miguel Lucas de 1ranzo y los Claros varones de Pulgar 16 • En estas
obras pueden encontrarse ciertamente vestigios de nuevas formas, y
en ninguna parte es más evidente el esfuerzo artístico consciente por
algo nuevo que en la Crónica de don Alvaro de Luna, que es la única
biografía de grandor natural que podría compararse propiamente con
la presente obra 17• En ambos casos la cronología está reducida a un
período significativo de unos diez años. En ambos recurren los temas
del bien común y de la Fortuna, y las carreras de ambos se presen-
tan como el triunfo de la fortaleza sobre las vicisitudes de la vida,
si dejamos a un lado el fin trágico del Condestable 18• La manera de
manejar la arenga distingue a ambas de la mayor parte de las crónicas
del siglo xv, y particularmente la forma de graduar la impresión cau-
sada en el auditorio 19• Pero la obra vernácula no mantiene el enfoque
humanista y apunta a menudo retrospectivamente a una tradición retó-
16 Cfr. RPh, XIII (1960), pp. 298-304, y mi introd. a la ed. de Pérez
de Guzmán, Generaciones.
17 Otra obra que podría clasificarse en el mismo grupo es la de Luis
Correa, La conquista del reyno de Navarra (Salamanca, 1513). Cfr. p. 205.
18 "assi quisiste tu fazer en tus fechos e resistir con virtud e con for-
taleza de animo a las adversas mudan~as mundanas", ed. Carriazo, p. 361.
19 Compárese la observación del autor después del célebre arrebato de
despedida de don Alvaro en el momento culminante de la crónica : "¿ Quién
fuera aquel que pudiera contener e refrenar las lágrimas, veyendo el llorar
e el sollozar e el doloroso clamor que todos aquellos criados suyos fazian"
(p. 404), y la reacción a la súplica del Arzobispo de Tarragona pidiendo li-
bertad para Carlos : "Ubi autem vir il1e gravissimus finem orationi f ecit, co-
llegae eius et omnes astantes fletu et singultu ac lacrimis regium cubiculum
complerunt", p. 182.

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248 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
rica más antigua (tal como se halla ejemplificada en el Victorial) de
reunir incidentes seleccionados bajo el encabezamiento de un aforis-
mo. Concluyendo, en ninguna parte ha asimilado autor alguno del
siglo xv de manera tan profunda y consciente la forma clásica como
lo ha hecho Gonzalo en su , adaptación de Salustio. Otros pueden
haber intentado salidas ocasionales a la manera de Livio (por ejemplo,
Pulgar),pero el modelo escogido nunca ha iluminado con tanto éxito
un capítulo de historia contemporánea. Hay que ir más allá de Lucio
Marineo Sículo y Ncbrija, a Hurtado de Mendoza y la Guerra de
Granada, para encontrar una aproximación semejante a una fuente
clásica. Se halla ciertamente muy por encima de cualquier obra his-
toriográfica de los humanistas de la corte de Fernando como obra
original, y su influencia extiéndese hasta los Anales de Zurita 2(), su-
ministrando a través de ellos una interpretación fundamental de la
Guerra Civil en Cataluña hasta la ~poca de la Renaixenfa.
20 "los autos de aquel tiempo que yo sigo en estos Anales, y Gonzalo
Gar~ia de Santa María uno dellos", Anales, IV, 18, 18.

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LUCIO MARINEO SiCULO
Y GONZALO GARCiA DE SANTA MARiA

En el ensayo anterior he analizado la calidad literaria de la bio-


grafía latina de Juan II de Aragón escrita por el jurista e historiador
zaragozano Gonzalo Garda de Santa María a principios del siglo XVI.
Mis observaciones finales aludían a la influencia de que gozó esta
pequeña obra como fuente para la Guerra Civil de Cataluña hasta la
Renaixenfa. A pesar de que no fue editada hasta finales del siglo x1x,
el retrato moral del rey don Juan diseñado en las páginas de los ma-
yores historiadores de los siglos XVI y xvn deriva inequívocamente,
aunque no exclusiva ni directamente, de este documento latino. Sin
embargo, la única obra que hizo de ella valor corriente entre los his-
toriadores no menciona ni una sola vez el nombre del autor. Me re-
fiero, naturalmente, a De Rebus Hispaniae Memorabilibus Opus, de
Lucio Marineo Sículo, el humanista siciliano, historiador de la Corte
de Femando e Isabel y profesor en la Universidad de Salamanca en
tiempos de Nebrija. Mi propósito en este breve ensayo es tratar de
las relaciones entre la biografía de Gonzalo y los libros XII-XVIII
de este compendio de historia de España.

Es una coincidencia notable y hasta ahora inexplicable que, hacia


el año 1500, haya encargado Femando una vida de su padre a dos
eruditos, ninguno de los cuales parece haber sido sabedor de la in-

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

tención ni siquiera de la existencia del otro. En una carta fechada en


septiembre de I 500, Marineo menciona que había sido requerido por
Femando para emprender esta tarea 1• Es verdad que no disponemos
de una carta oficial sobre el asunto, pero la correspondencia subsi-
guiente tiende a confirmar la verdad de su declaración. A Gonzalo se
le había pedido hacer exactamente lo mismo antes de enero de 1501,
y no hay medio de decir quién fue el primero en ser abordado.
Cuando Fernando se retiró a Aragón después de la muerte de
Isabel, Marineo siguió a la Corte. Su correspondencia menciona visi-
tas de duración variable a Zaragoza desde mediados de 1506 hasta
finales de 1508, en cuyo tiempo había terminado su biografía, y pa-
rece poco razonable suponer que, en una pequeña ciudad como Zara-
goza, hayan podido permanecer los dos biógrafos durante largo tiempo
sin tener conocimiento uno del otro, particularmente siendo conoci-
do de ambos Alfonso de Aragón, el Arzobispo de Zaragoza.
Como hemos dicho, no hay carta de Femando que autorice espe-
dficamente a Marineo para emprender una biografía de Juan 11, pero
el siciliano mencionó repetidas veces en su correspondencia que había
recibido orden de la Corona 2• Como recompensa, añadía, recibía man-
tenimiento y poco más, lo que le dejaba poco margen de comodidad 3•
Durante la época de composición, dice, anduvo por Castilla y Aragón
con la Corte, reuniendo información de todo testigo ocular con que
tropezaba 4• Consagraba a esta obra todos sus ratos perdidos, "mecum
semper ibat, mecum discumbebat, mecumque dormitabat" 5• Esta
época parece haber durado desde septiembre de I 500 hasta la segun-
1 Epistolario di L. Marineo Siculo, ed. P. Verrua (Citta di Castello,
1940), IX, 10.
2 En una carta a Alfonso de Aragón declara : "Servio enim Ferdinandi
Regi patri tuo, qui nuper Joannis avi tui vitam et res gestas latine conscri-
bendas mihi demandavit". Bpist., I, 14; 11, 1, 10; VIII, 5.
3 Hace observar al rey, "Scriptores et vates egregios, Altissime Rex, ut
satyrographus ait, anxietate carens animus facit... respice tu igitur, poten-
tissime Rex, historiographum tuum Siculum et rebus adiuva necessariis ut
Joannis tui patris ... gestae ... latinis litteris ... in memoriam deducantur ae-
temam". Epist., I, s; fechada 1508.
4 "multa ... hicinde diligenter et a veracissimis hominibus et qui rebus,
quas eram scripturus, interfuissent, quaerere fuit necesse". Bpist., 11, 1.
s Bp,st.,
· loc. cit.•

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252 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

pero a escala mucho mayor. El retrato físico es breve y objetivo; su


carácter moral, por otro lado, se ilustra ampJiarnenf'.e con ejemplos
escogidos de una conducta modelo. Marineo se fija en su sentido
personal de lealtad y su habilidad para excitar y enardecer a las tropas
con su oratoria. Su generosidad está atestiguada por gestos de aten-
ción con Rodrigo de Rebolledo, Bernatde Vilamarí y Juan de Gam-
boa, su ayudante personal. Su permanencia en las Cortes de Monzón
durante más de un año, respondiendo a preguntas de los represen-
tantes, es un ejemplo de su paciencia. Pero la virtud que mejor le
caracteriza es la clemencia, que practicó despu~ de las victorias de
~rvera, Lérida y Barcelona. Esta exposición del carácter, basada en
ilustraciones de la vida privada y pública, es típica de los modelos
biográficos seguidos por Marineo, particularmente Beccadelli y Bar-
tolomco Fazio.
Prescindiendo del breve prólogo, no puede menos de advertirse
la identidad del contenido, tema y forma con la obra de Gonzalo.
No solamente restringen ambos su atención a los años de la Guerra
Civil en Cataluña, sino convienen tambim en los motivos que con-
dujeron al conflicto, en particular el orgullo terco de Barcelona, el
interés de sus representantes y la irresponsabilidad de la mayor parte
de la población. En la última obra hay, sin embargo, modificaciones,
que se podrían atribuir al ambiente cultural del siciliano. La alabanza
de Barcelona y de sus habitantes es mucho más cálida. Marineo llama
la atención, como Gonzalo, sobre el paralelismo entre las mores de
la Roma clásica y esta ciudad, sobre la honestidad de sus comer-
ciantes y la ausencia de envidia y litigio porque la mayoría vivía ''ra-
tione potius natu,aque quam legibus" (p. 417). Se sospecha mucho
menos de la comunidad mercantil y de sus cualidades morales que
en Gonzalo y en sus contemporáneos peninsulares, aunque Marineo
llama también la atención sobre la adhesión peligrosa de un grupo
determinado a los ideales republicanos. Es todavía a la Fornma, sin em-
bargo, a la que se culpa de romper las relaciones entre un rey hon-
rado y una metrópolis que medra 11• Esto podría indicar quizás una
11
Zurita en los Anales, al mismo tiempo que emplea como fuentes a
Gonzalo y Marineo, no deja en absoluto lugar para el tema de la Fortuna.
Como admirador de Tácito más que de Salustio, parece admitir la posibi-

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Marineo S{culo y Gonzalo Garcla de Sanbz Mar{a

da mitad de ~508 6• Pidió entonces a Alfonso de Aragón que la re-


visase y la recomendase al rey. Así hizo el Arzobispo, y como re-
sul tado de ello el rey escribió desde Valladolid a comienzos de 1509
expresando su satisfacción y requiriéndole a remitir el manuscrito 7•
No es irrazonable suponer que, como De Laudibus y De Genea-
logia Regum Aragonum, que fueron incluidas también más tarde en
De Rebus, esta obra haya sido originalmente compuesta para ser pu-
blicada separadamente, cosa que, inexplicablemente, nunca acaeció.
Por ello, no podemos saber en qué medida cambió Marineo su re-
dacción original entre 1508 y la primera edición de De Rebus en
i: 5 30 8 • Sabemos por Marineo que se hizo una traducción castellana
(bajo las instrucciones de Femando, hacia 1510) con ayuda de Ro-
drigo Alvarez de Medellin, secretario de Gómez de Toledo, Obispo
de Plasencia 9• De esta traducción no ha sobrevivido más que la in-
troducción, aunque haya sido equivocadamente atribuida a Gonzalo
García de Santa María 10•
La biografía de Juan II constituye la unidad más extensa de De
Rebus, donde ocupa siete libros (Hisp. lllustr., I, 408-466). Sigue
inmediatamente después del reinado de Alfonso V y comienza, como
en el caso del reinado anterior, con un retrato físico y moral del rey,
6 Epist., IX, 10; VIII, 1, 5; I, 22, 24.
7 Epist., 11, 4. ¿Es ésta la obra que Femando le ordena someter
1, 2,
a Galíndez de Carvajal para su examen? Ibid., 5.
s El original, según Marineo, no era más que "comentarios o minutas
que asy yo he texido quasy de un casero y comun hilado", que esperaba
que Fernando ordenase que fuesen ampliados. Cfr. n. 10.
9 Carta de Marineo a Alonso de Segura, explicando que acaba de pasar
siete meses en Plasencia, "quo me Rex Ferdinandus misit ut historiam, quam
Caesaraugustae latine confeceram, in hispanum sermonem converterem". Bpist.,
XIII, 10; también, XV, 14, hacia octubre de 1510.
10 Impresa por Serrano y Sanz en RABM, IX, pp. 460-4. No hace re-
ferencia al manuscrito que él utilizó. El que no sea de Gonzalo puede pro-
barse comparándola con otra traducción castellana de De Rebus (1533), im-
presa en Alcalá en 1539, f. vii-viü, en que corresponde a la sección titulada
De historiae laudibus, en De Rebus. La versión publicada por Serrano y
Sanz coincide con la traducción al romance de I 539, con una excepción. Las
referencias específicas a Juan 11, contenidas en el texto de Serrano, han
sido eliminadas del texto de I 539 para acomodarlo al prólogo general de
De Rebus.

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Marineo Sículo y Gonzalo García de Santa María 253
fuente común; pero ambos hacen el mismo empleo de la oratio recta;
y los pasajes novelescos tienen estrecha semejanza entre sí. Los in-
tercambios entre Juan y autos se llevan a cabo dentro del mismo ám-
bito familiar; las discusiones entre el rey, el Arzobispo de Tarra-
gona y el Abad de Ager contienen los mismos temas desarrollados
en el mismo orden. El consejo contradictorio que le ofrecen Rodrigo
de Rebolledo y Martín de Lanuza sobre la cuestión de la presencia
del rey en el campo, una palpable invención retórica, tiene lugar en
el mismo punto en ambas narraciones. Lo mismo vale de los dis-
cursos de la reina en Gerona, de los del rey durante las primeras
campañas en tomo a Balaguer y Lérida, su recepción de Juan Agulló
y la invitación a Barcelona para que se rinda 12• Aunque no hay casos
de copia literal, los sentimientos y hasta las metáforas arguyen una
dependencia deliberada, aunque velada, de un texto respecto del otro.
Ahora bien, en las páginas de su biografía Marineo nunca se re-
fiere a una fuente latina contemporánea. Por el contrario, consideraba
su obra como algo único. De su carta, septiembre de 1500, podría
colegirse que existía una biografía vernácula de escaso valor 13 y ésta
posiblemente sea la obra que menciona más tarde en De Rebus como
escrita por Gonzalo de Avila y Juan Rocaberti:
"Ceterum de hoc bello [en este caso, la guerra entre las facciones
beamontesa y agramontesa en Navarra] quod ego iussu Ferdinandi
Regis scripturus sum, prius Hispano sermone scripserant equites duo;

lidad de que los seres humanos ejerzan un control mayor sobre la marcha
de sus asuntos, excepto a niveles más bajos de la sociedad. La nueva nota
en Zurita es el horror del populacho indisciplinado y de la demagogia, del
"furor y soltma del pueblo", de la ''liviandad y furor de la gente popular,
que de la misma manera se levanta y altera como la mar, con cualquier
mudanza y revuelta de vientos". Anales, XVII, cap. 42 (Zaragoza, 1579),
página 116.
12 Es interesante ver cómo Zurita, por la misma época, evita cuidado-
samente el empleo de la arenga, a la que se oponía fuertemente; o más
exactamente, admiraba su empleo en los antiguos, pero no en los modernos
como Femando del Pulgar y Guicciardini. Cfr. Dormer, Progresos, pp. 415,
433.
13 "Rex quoque mihi sui patris vitam et res gestas latinis scribendas
litteris demandavit, ne ... nomen ingens hispano ac barbara male celebrato
sermone caderent in oblivione". Bpist., IX, 10.

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254 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

Gonsalus scilicet ab Avila cognominatus, et Johannes Rochabertinus


qui Castellanus Ampostae dicebatur, qui Regis [Juan 11] castra se-
quebantur ... quorum scripta vulgaria quasi commentaria mihi tradi
iussit Rex Ferdinandus, quae partim ad verbum, partim ad sensum
Latinitate donabo" (ed. cit., p. 415).
Si se trata de la misma obra, "hispano ac barbara male celebrato
sermone", mencionada en su carta de 1500, entonces ·la composición
de la biografía seria una tarea humanista corriente, la transformación
de una obra vernácula en latín. Pero no hay una certeza absoluta
acerca de esta identificación. En primer lugar, no puede seguirse la
pista de los autores de estos supuestos commentaria. No existe in-
formación sobre un Gonzalo de Ávila, ni como seguidor de Juan 11
ni como historiador. El alcaide de Amposta que acompañaba al rey
de Aragón durante la Guerra Civil no era Juan, sino Bernat Huc de
Rocaberti.

11

El MS 1891 de la Biblioteca Nacional de Madrid, un volumen de


69 folios, en caracteres de comienzos del siglo XVI con mayúsculas
decoradas, contiene una versión incompleta de la traducción romance
de la biografía latina de Juan II hecha por Gonzalo 14• No tiene prin-
cipio ni fin, y las dos notas marginales en letra del siglo XVII al co-
mienzo y al final indican poco sobre las lacunae. Comienza con la
reconciliación de don Juan con Carlos de Viana y su entrada apa-
rentemente feliz en Barcelona en mayo de 146o, terminando a medio
camino con un discurso por uno de los enviados de la ciudad de Bar-
celona, Luis Setanti, enviado a Pedralbes en octubre de x472 para
preparar la rendición al rey. En el folio ¡r la nota marginal declara:
"falta oja i media del latín del original del capellán Morlanes. E autor
es Gon~alo Garcia de Sancta María, Letrado, vecino i ciudadano de
14 Sánchez Alonso, Fuentes, n. 2344, refiérese a otro MS 1851, Bibl
Nac. de Madrid. Esto debe ser un error, ya que únicamente contiene una
Crónica del reyno de Navarra por el licenciado Mosén Diego Ramirez de
Avalos la Piscina, con fecha de 1534-

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Marineo Sículo y Gonzalo García de Santa María 255
c;arag~a. El título Vita sereniss 1oannis 2". Al final del folio 69v
aparece una nota semejante, "casi diez ojas en el latín aí faltan; ocho
ojas en el latín que tuuo <;urita i aora le tiene el capellán Morlanes
en 1. Abril de 1639". Dan una orientación confusa estas notas que
0

parecen ocuparse de dos copias, incompletas, del original latino en


manos del bibliófilo zaragozano Diego de Morlanes, que vivió a finales
del siglo XVI y comienzos del XVII 15•
La lengua del texto sugeriría que fue su autor un aragonés con
conocimientos de catalán. El principio seguido para casos de dipton-
gación es muy impreciso, y hay tendencia a convertir los pretéri-
tos fuertes en débiles; pero el aspecto más curioso del texto es su
estilo, que intenta reproducir no ya el vocabulario del original en
forma de cultismos, sino también su sintaxis. Esto va contra el pro-
cedimiento normal de traducción de la época, que, al mismo tiem-
po que tolera los neologismos, no se preocupa de sobrecargar la es-
tructura del romance. Se puede colegir algo del esfuerzo efectista en
los dos extractos siguientes:
"Planella autem Castri illius Prefectus, qui cum quinquaginta se
maximo dedecore in arce Sancti Joannis incluserat, clementiam Regis
lacrimis gemitu piisque vociferationibus implorabat, septus enim erat
flaminis quibus undique arx illa, quamvis lapídea, conftagrabat. Tan-
dem cum promitteret se operam daturum ut Dertusa in Regis di-
tionem veniret. Rex solita victis clementia... non solum Duci verum
etiam militibus illis quinquaginta pepercit ... " (G, p. 252) 16•
"Planella, capitán, con cincuenta combatientes vergon<;osamente
en la torre de Sant Johan se recogiera, la clemencia del Rey invo-
cando, piadosas palabras acerqua la misericordia decía, bien que aque-
xado del gran fuego, la torre de piedra en toda parte ardía, Tortosa
ofreciendo, de la vida perdonado. El Rey de la clemencia vencido, a
todos perdonó" (GR, p. 333).

ts Latassa, Biblioteca de autores aragoneses, Zaragoza (1884), I, p. 596.


16 Las referencias al texto original latino y a la traducción romance
están tomadas de la edición de Paz y Melia en la CODOIN, vol. 88. De
aquí en adelante se haré referencia a la obra latina por Gonzalo con la
sigla G, a la traducción romance con la sigla GR y a la historia de Ma-
rineo con la sigla M.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Puede verse que el traductor ha comprimido más el sentido em-
pleando construcciones particlpiales aun cuando no se empleen en
latín, sin ganar, en consecuencia, nada en claridad. En simples frases !

latinas crea complicaciones : i

"Regina pleraque loca et castella expugnavil Cumque oppidum


Gerunda commeatu careret, ei succursum est'' (G, p. 256).
"la Reina ganó Girona; de vitualJas careciendo, socorriera,, (GR,
p. 335).
Y donde el original habría consentido una traducción casi directa,
como:
"misit utrinque exercltus ut excursiones in agro Ilerdensi face-
rent, unde nonnullis Ilerdensis captis, aliis interemptis, optimis spo-
liis Regis milites rediere" (G, p. 204).
se comprime en:
"e de continente la gente d'armas por dos partes, Lérida comda,
algunos muertos e otros presos con gran cabalgada volvieron" (GR,
página 295).
Los ejemplos anteriores, tomados de una sección limitada del
texto, muestran las principales características del estilo, que difícil-
mente puede llamarse elocuente y es algunas veces enteramente im-
preciso. En conjunto podría llamarse mejor no traducción directa, sino
un epítome con algunas ligeras modificaciones en la forma y unas
cuantas interpolaciones dispersas, estando estas mismas interpolacio-
nes redactadas en el mismo estilo artificioso. Se conservan los dis-
cursos y las arengas, que forman una parte tan importante del ori-
ginal. Están abreviados con pesadez, y algunos han sido trasladados
de la oratio obliqua a la oratio recta, y viceversa. Por aquí y por allá
hay glosas esparcidas que varían de frases aisladas, a menudo en
forma de sententiae, a amplificaciones de ciertos temas, tales como
el de la Fortuna. No hay indicio de que el traductor reconozca el eco
de Salustio en la prosa 17; se revisan muchas de las observaciones

11 En lugar de Salustio, Cat., VIII, 1, citado en G., p. 179, sustituye:


"pero la fortuna, que a sus varias e acostumbradas obras nunca perdona,
en los humanos estados mudamiento buscando, invidiosa de tanta felicidad,
en así grave dolor e tristeza su rueda volvió cual nunca debajo de la re-
dondeza de Apolo fue visto" (GR, p. 279). Está tan encariñado con el tema

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Marineo Sículo y Gonzalo García de Santa María 257
clásicas bien conocidas, apareciendo en lugar de ellas un despliegue
de ese saber común y mal digerido que es corriente en los compen-
dios medievales. Por ejemplo, ·cuando Gonzalo dice que no pudo en-
contrar información sobre el pasado más remoto de Gerona, el tra-
ductor omite la confesión y añade por su cuenta:
"nin griegos nin godos por fuerza, por fambre si aquella tomaron.
En ella César vencido, los Cipiones avergonzados, e por ella Aníbal
en voz de amigo passó" (GR, p. 291) 18•
Esto lleva a uno a dudar de la afirmación de Amador (repetida
por Sánchez Alonso), que Gonzalo fue también el autor de la tra-
ducción. Amador argumenta probablemente con la carta de Fernando
a su secretario en 1501 19• Gonzalo, además de poseer un estilo latino
fluido, tenía opiniones sanas sobre la traducción al romance, que in-
cluyó en el prólogo a su versión romance de la Postilla super epistolas
et evangelia (Hurus, Zaragoza, hacia 1485), de Guillermo de París.
En primer lugar, condenaba la traducción estrictamente literal, insis-
tiendo, en segundo lugar, que la traducción debía hacerse en térmi-
nos contemporáneos20• El presente texto no posee ninguna de las
cualidades que él pide, teniendo un tipo de glosa que discurre en
contra del estilo y del espíritu del original. En cuanto al autor, no

como Gonzalo, y no pierde oportunidad para deslizarse en frases como


"sin pies e con alas entre nosotros la fortuna debate" (p. 283), o "la for-
tuna la qual en ningún tiempo perdona de mudar las cosas prósperas en
adversidat" (p. 335).
18 Comenta de la misma manera la fundación de Barcelona (GR, pá-
gina 313), el río Segre (p. 316), una ominosa nube de cigüeñas (p. 319) y
las serpientes en el asedio de Amposta (p. 329).
19 Amador, Historia literaria, VII, p. 320; Sánchez Alonso, Historia de
la Historiografia, 1, p. 409; Dormer, Progresos, p. 625.
20 El prólogo del traductor no se conserva más que en la edición de
Lisboa de 1510: "Nom quis siguir o erro de muytos que pallaura por pa-
llaura trelladam. Porque o trellador deue teer respeyto que sem mudar o
siso donde tira em lingoagem que o pooe soóe bem, e aos que o leem pre-
cure prazer; mas os que escreuerom nam errarom em scripuendo segundo
seu tempo ... , da lingoa latyna o mais propio e ~erto que nos fica he o que
mudar nam se pode de latym em lingoagem... o que trellada segundo a
terra e lingoa donde mora o ha de poer em maneira que se entenda e ao
sentido par~ bem". Evangelios e epístolas, ed. l. Collijn y E. Staaff, "Skrif-
ter utgüna af K. Humanistika Vetenskaps", vol. ii, n. 0 3, Uppsala, 1908, X.
HISTORIOGRAFÍA PEN., 17

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
se revela en absoluto su identidad, aparte del hecho que parece co-
nocer la geografía y la topografía de la ciudad de Gerona 21 • ¿Puede
ser esta curiosidad estilística la obra "hispano ac barbaro male cele- 1

brato sermone" que Lucio Marineo Sículo hada constar que era la
única escrita sobre la vida de Juan II antes de que se le pidiese a
él aceptar un encargo semejante?

111

Sin embargo, surgen graves dificultades al considerar la sucesión


cronológica de los textos mencionados. La evidencia textual favorece
la opinión de que la biografía de Gonzalo y la traducción romance
preceden a la biografía de Marineo. Esta última es la más extensa; en 1

muchos lugares parecen darse amplificaciones de datos contenidos en


G juntamente con transposiciones menores del material, y la con-
clusión de G, que es en verdad una especie de anti-clímax, está ela-
1

horada de una manera más apropiada, revestida con detalles del en- 1

tierro obtenidos del secretario real Juan Colomer (p. 466). Sin em-
bargo, las indicaciones de la correspondencia de Femando, Gonzalo
y Marineo presentan un cuadro de cosas diferente. Marineo hace
constar que su versión estaba terminada en 1508, e imprime una carta
del rey, fechada a comienzos de 1509, ordenándole que presente el
manuscrito. Estas cartas fueron publicadas por vez primera en Va-
lladolid, en 1514. Por otro lado, no parece que Femando haya reci-
bido la obra de Gonzalo hasta 15x5. Desde esta fecha hay un largo
espacio en blanco hasta 1530, en que aparece en De Rebus la vida
de Juan II de Marineo. Consideremos más detenidamente los detalles
de la traducción castellana y el latín de Marineo. Se dan, ciertamente,
coincidencias interesantes. Por ejemplo, el primer discurso directo de

21 Por ejemplo, en una glosa sobre Gerona añade: "pusieron nombre


los antigos a la su entrada Q>ngoste, que vulgarmente decimos camino de
tristeza" (GR, p. 291); y en otra ocasión la expresión latina "iis qui in sub-
urbanis" se traduce por "los del Mercada!" (p. 305).

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Marineo Sículo y Gonzalo García de Santa María 259
la reina a los habitantes de Gerona (G, p. 197) se halla en oratio
obliqua en GR (p. 290); lo que se aplica también a M (p. 425). El
discurso del Abad de Ager, muy reducido en GR (p. 283), es se-
guido literalmente por Marineo, incluyendo una referencia a la pe-
netración francesa hasta Gerona, que no se menciona en G. Antes
de cruzar el Ebro en dirección a la sitiada Amposta, Juan pronuncia
un discurso a sus hombres (G, p. 246) que falta en GR (p. 328) y
en M (p. 447). En G, antes de la batalla de Calaf, Femando no se
dirige al ejército (p. 239); pero lo hace en GR (p. 321) y en M (pá-
ginas 441-2); en este último caso es muy íntima la identidad de
contenido 22• Como complemento, la forma de muchos topónimos y
patronímicos lleva a uno a creer que Marineo los había visto origi-
nalmente en romance y no en latín. Si hubiese conocido los equiva-
lentes latinos, con toda certeza los habría copiado 23•
Hay indicios también de que Marineo ha elaborado su original
con embellecimientos humanistas. Ha hecho uso de la arenga o in-
sertado cartas para sacar partido de las situaciones dramáticas en que

22 GR: "Donde la speriencia e edat fallesce mas propiamente recebir


que dar doctrina o consejo pertenesce", p. 32 I.
M comienza : "Omnes homines quibus aetas et rerum experientia desunt,
fortissimi viri non dare quidem, sed accipere doctrinam et consilium decet",
página 441.
G : "Si ob ordines quos in instruenda acie consideraui, roioime forte
probantur... totamque aciem et pugnandi rationem vobis mutare, vestroque
iudicio liberius instruere liceat", p. 442.
GR: "No es de poner temor alguno en el demasiado número, pues con
menor poderío habeis en ellos dispargida sangre".
M : "Quod si hostes hominum multitudine et exercitu numeroso plu-
rimum posse videntur, non tamen timori nobis esse debent". Hay también
una identidad más íntima entre el discurso de GR, p. 299, y M, p. 432
que entre el último y G, p. 202.
23
G GR M
Podium Puig Peccium
Petrus Turruellus Pere Torrella Petrus Torrella
Villam Rotundam Villa Redonda Oppidum Redonam
Bernardo Vascone Bernat Gaston Bemardum Gastonem
Guerauus Cervillionus Grau de Cervello Graus Cerbellon
Johannem Embunium Johan Denbun Ioannem Dembum

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26o Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Gonzalo no se ha fijado 24• Don Juan, en un discurso conmovedor,
postrado en lo más bajo de su fortuna y casi ciego, encomienda a su
hijo Fernando a un grupo de nobles llorosos (M, p. 452). En su lecho 1

de muerte, la Reina, Juana Enriquez, emplaza la corte sobre su honor


a seguir lealmente a su marido e hijo; en correspondencia, el Arz-
obispo de Tarragona le asegura apasionadamente que lucharán hasta
que se logre la victoria. Después de haber pronunciado ella las últi-
mas palabras, describe Marineo la escena de violenta angustia y la-
mentación (pp. 457-8). La misma fórmula se emplea para la muerte
de Juan 11, esta vez en forma de una carta a Fernando, exhortándo-
le a que atienda sus consejos, conserve la reputación de la casa,
bata fuertemente a sus enemigos, y sobre todo no ponga su con-
fianza en intereses temporales. Las palabras de don Juan moribun-
do son una exposición de la doctrina estoica. Todos sus reinos, con-
fiesa, no le han dado un día de felicidad; tuvo la desgracia de apren-
der demasiado tarde que el mundo no es más que una ilusión (pá-
ginas 465-6). Estos no son más que dos ejemplos entre muchos para
mostrar que Marineoha seguido a Gonzalo en su manera de apelar
a las emociones del lector. En los pasajes narrativos, particularmente
en escenas tumultuosas o de batalla, los detalles gráficos de terror,
entusiasmo, desesperación o sufrimiento físico se escogen por su im-
pacto visual y sensitivo. Ya se ha notado esto como una caracterís-
tica de Gonzalo, pero como en los casos de oratoria individual, Ma-
rineo ha aumentado el número de los cuadros que inspiran piedad y
horror. Al entrar en la conquistada L~ida, el rey y la reina se ven
rodeados por una multitud muerta de hambre y andrajosa (p. 439).
Amplifica una sola línea del texto anterior para describir el terror
de los sitiados en Cervera en forma de un aullido salvaje de dolor
terrible (G, p. 246; M, p. 446). Hay una vívida descripción referente

24 Marineo inserta una réplica de don Juan a la reivindicación fran-


cesa del Rosel16n y Cerdaña después de concluir la Guerra Civil, p. 462;
en Perpiñán, reemplaza el discurso del conde de Prades en G (p. 269) con
un tema y orador enteramente diferentes, protesta de lealtad por un noble
anónimo de Perpiñán, p. 463. Elabora también a su modo el papel desem-
peñado por los sicilianos en la campaña {pp. 439, 443, 4S4, etc.).

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Marineo Sículo y Gonzalo García de Santa María 261
al último sitio de Perpiñán por los franceses, que recuerda algunos
de los pasajes más macabros de Lucano 25•
¿Cómo se han de interpretar los hechos a la vista de esto? Se
podría suponer que los dos biógrafos comenzaron en la misma fecha,
llegando de manera asombrosa a idénticos resultados, un caso que
no encuentra el menor eco en la correspondencia que ha llegado hasta
nosotros. O se podría sospechar que Gonzalo tomó prestado o copió
de Marineo, lo que parece improbable, ya que difícilmente presen-
taría a la corte una redacción semejante unos seis años más tarde que
Marineo. Hay la posibilidad de que Marineo elaborase una primera
versión, los "comentarios o minutas" a que nos hemos referido an-
teriormente, que abandonó más tarde en favor de la versión romance
más completa basada en el latín de Gonzalo. Ésta apareció sólo mu-
cho después de la muerte de Femando y Gonzalo. Zurita parece
inclinarse ciertamente a la opinión de que fue Gonzalo quien sumí;.
nistró el original. En una réplica a Federico Font i Pastor, que le ro-
gaba evitase las falsedades de la historia de Marineo (marzo, 1563),
hace la siguiente observación: "Un gran letrado deste Reyno que
pudo alcan~ar aquellos tiempos, y se llamó Micer Gon~o García
de Santa María, escrivió en un volumen la misma historia con muy
poca diligencia, a quien parece aver seguido Marineo Sículo, que lo
escrivió de la manera que v. m. en su carta apunta" 26 •
Para apreciar lo que Marineo debe a su fuente y lo que debe
a su propia minerva, ha de recordarse que trabajó sobre una tra-
ducción romance y no sobre el latín de Gonzalo. La definición de
"barbarie" podría tomarse para aplicarla no solamente al hecho de
que se escriba en lengua vulgar, sino también a la naturaleza de-
formada de un castellano super-latinizado. En este punto hay motivos
para estar de acuerdo con el siciliano, pero en otros aspectos se ma-

25 Da detalles horripilantes del estado de agotamiento por hambre, de


la caza de gatos, perros y ratas por las calles, siendo comidos los cuerpos
de los niños recién nacidos. Sus descripciones no se limitan a cosas horro-
rosas; describe también el regocijo de la corte por haber recobrado el rey
la vista (p. 443), o la atmósfera de la batalla con motivo de la derrota de
Vilademat, con exhortaciones y contra-exhortaciones, y los gritos del duque
de Calabria para que se cogiese vivo a Femando (p. 454).
26 Dormer, Progresos, pp. 582-4.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
nifiesta como un erudito insensible y, ciertamente, no lo bastante
critico. En primer lugar, es sorprendente que una persona tan ins-
truida como 61 afirma ser, y con una gran admiración por Salustio,
no haya acertado a reconocer en la forma confusa del romance que
le sirvió de base citas famosas de la Conjuración de Catilina. En se-
gundo lugar, es impropio que B alabe su obra como algo único
cuando, de hecho, introdujo pocos cambios en la estructura formal
que llegó a sus manos por medio de la traducción. Tuvo tal aprecio 1

de esta estructura, que la incorporó en su totalidad, elaborándola y ·


ateniéndose a su esquema en la versión extensa. Sólo en un número
reducido de casos cambió la secuencia de los acontecimientos o com-
primió la simple narración de los hechos para poner más de relieve
las acciones del rey rr. Es una curiosa jugada del destino que Marineo 1

haya deplorado en su propio tiempo la ignorancia y la torpeza de


los eruditos españoles siendo así que la posteridad celebra como ejem-
plo neto de biografía bnmanisra italiana la que fue en gran medida
un reflejo de la obra de un jurista de Zaragoza. ¿Pensaba Nebrija
en Marineo cuando declaraba que la historia española deberla ser
escrita por españoles? 28•
71 G (desde la parte de arriba de p. 219 a la parte de arriba de p. 221)
se reduce a una sola frase, "Eodem tempore spacio multa bella diversis locis
gerebantur", p. 436; o también, "multa praeterea tum praelia que compre-
hendi nequeunt, et aliis in locis principatus gesta fuere", p. 438. Esta frase
de M corresponde a una visión inconexa de las campañas por toda Cata-
luña desde la elección de Pedro de Portugal hasta el sitio de Lérida. El prin-
cipal motivo de esta reducción aparece en su frase, "bis igitur omissis quo-
niam quae millo ordine gesta fuerunt, in ordinem redigere litcrisque man-
dare non facile est, ad Aragonum Regum revertor" (M, p. 438).
28 Cfr. pp. 194-5.

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LOS ESCRITOS HISTóRICOS DE FR. GAUBERTE
FABRICIODE VAGAD

"Por falta de escripturas, los hechos y cosas antiguas del Reyno


de Aragón están olvidadas: su Alteza, de voluntad de la Corte esta-
tuece que se de un salario, qual pareciere a los Diputados, a una per-
sona experta, sabia y próvida en corónicas, y historias, natural del
Reyno de Aragón: el qual tenga especial cargo de escrevir, recopilar
y ordenar todas las cosas notables de Aragon, assi passadas, como pre-
sentes, segun que a coronicas de semejantes Reynos conviene" 1•
Tal es en sustancia el famoso decreto de las Cortes Aragonesas
de 1547 que condujo al nombramiento de Jerónimo de Zurita como
historiador oficial del reino de Aragón, unos diez años más tarde
que Florián de Ocampo, que fue llamado para ocupar un cargo se-
mejante en Castilla después de ser hechas las instancias por las Cortes
de Toledo en 1538. Como hacía observar Morel-Fatio en su Histo-
riographie de Charles V, uno de los desarrollos significativos de la
historiografía de la España del siglo xv1 se relaciona con el sentido
creciente de responsabilidad de los cuerpos representativos del reino
respecto a su historia pasada 2• Una de las primeras consecuencias de
este sentimiento de patria, que emerge en las partes constituyentes
del reino de España, fue el debate que siguió a la publicación de los
Anales de Zurita, principalmente entre los historiadores castellanos.
El principal antagonista de Zurita fue Alonso de Santa Cruz, a quien
había pedido el Consejo de Castilla revisar los Anales. Lo esencial
1 Dormer, Progresos, p. 64.
2 A. Morel-Fatio, Historiogras,hie de Charles V (París, 1913), pp. 14-15.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
de su objeción, en palabras de uno de los defensores de Zurita, con-
sistía en que encontraba a Don Jerónimo demasiado estrecho en su
patriotismo, "y como no halla en las historias de aquellos Reynos lo
que se escribe, lo da todo por ficción y burla y lo condena por tal,
y vsa deste argumento, por donde muestra quan buen lógico es; esto
no está en las historias de Castilla, luego es fábula, y el autor se lo
inventa". Una carta de Gabriel de Zayas, secretario de Estado de
Felipe 11, a Diego de Guevara, hijo de Felipe, principal defensor de
Zurita, confirma el prejuicio critico de Alonso de Santa Cruz. Uno de
los amigos del último le había informado que "no habla bien en la
historia de Zurita, y lo principal que le acusa es, que escrive muy
como Aragonés en lo que toca a las cosas de Castilla" 3•
Este debate entre los historiadores, tan bien documentado por
Juan Andrés de Uztarroz en el siglo siguiente, no es un punto aislado
de discusión entre profesionales; refleja las relaciones políticas entre
Aragón y Castilla durante el reinado de Felipe 11. El fin de este en-
sayo es estudiar los escritos de un historiador aragonés poco cono-
cido, cuyas actitudes y prejuicios horemente expresados pueden con-
tribuir en parte a bosquejar los comienzos de este debate, a finales
del siglo xv. Por ello, el marco de fondo del presente estudio es
Aragón en los últimos años del siglo xv, o más exactamente Zara-
goza, una capital que puede hallarse que a fines de siglo acusa más
vida intelectual de lo que hasta ahora se ha creído de ella; el género
literario en discusión es la crónica general oficial o cuasi-oficial del
reino; el autor, un monje cisterciense, por nombre Gauberte Fabri-
cio de Vagad, del monasterio de Santa María de Santa Fe, en las
cercanías de la ciudad antes mencionada, nombrado oficialmente cro-
nista real de Juan II el 14 de julio de 1466.
La naturaleza del cargo de historiador puede ser un factor sig-
nificativo para determinar las actitudes del cronista. Hasta la fecha
sabemos poco acerca de las obligaciones, salarios y tradiciones de
tales cargos en la Corona de Aragón y en sus partes constituyentes.
Se ha dirigido naturalmente la atención con mucha más frecuencia

3 Dormer, Progresos, p. 182. Cfr. tambim el prefacio de Juan de Mata


Carriazo a su edición de Alonso de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Cató-
licos (Sevilla, 1951), I, pp. cxvii-ccili.

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad

a las épocas que preceden y siguen al siglo xv, ya que tanto el siglo XIV
como el XVI habían hecho contribuciones fundamentales a la histo-
riografía. Sin embargo, hay que distinguir, evidentemente, entre la
posición y el modus operandi de un Desclot, un Dezcoll y un Zurita,
un Blancas o un Costa. Coll i Alentom, en su edición de la Crónica
de Desclot, le considera tesorero de la casa real 4• Gubern describe
a Dezcoll como el lloctinent de mestre racional, una de las personas
que el rey había nombrado para reunir y poner por escrito el ma-
terial que él luego revisaba personalmente a la manera, al menos
teóricamente, de Alfonso X 5• En el siglo XVI el cargo de historiador
oficial de la Corona de Aragón fue solicitado por las Cortes (1547),
siendo su principal intención establecer un cargo permanente para
un erudito profesional que se ocupara de manera exclusiva de dar
nueva forma y redactar de nuevo la historia general de Aragón, un
sentimiento que halla más tarde eco en las Cortes de Barcelona (1564),
que encargaron una crónica en latín y catalán 6 • Tales encargos pro-
cedían no de la Corona, sino de representantes locales, de ciertos ele-
mentos sabios y culturalmente conscientes de familias nobles, cuida-
dosos de sus propias tradiciones literarias y personales.
Entre estas dos épocas, la imagen es vaga y frecuentemente am-
bigua. En el reino de Aragón no se puede señalar una sucesión de
nombramientos por la cancillería real como se evidencia en Castilla
o en Portugal, de manera más o menos ininterrumpida, desde los
tiempos de López de Ayala y Femao Lopes hasta Femando del Pul-
gar y Duarte Galvao, y ello a pesar de las difíciles situaciones polí-
ticas en ambos reinos. En el reino oriental, es verdad, los cataclismos
sociales y políticos fueron tan violentos que Rubió Balaguer, Vicens
Vives y Ruiz Calonja vinieron a sugerir una especie de "trahison
des clercs" -una defección de las clases cultas- que se ofrece como
explicación de por qué había pocas narraciones contemporáneas, ha-
ciéndose más patente que en los años anteriores la nostalgia del pa-

4 Coll i Alentotn ed., Crónica de Bernat Desclot (Barcelona, 1949), I,


página 171.
s R. Gubem, "Notes sobre la redacci6 de la crónica de Pere el Cere-
moni6s", BR, 11 (1949-50 ), p. 2.
6 Dormer, op. cit., p. 64.

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266 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
sado remoto 7• Cualquiera que sea la verdad de esta afirmación,hay
pocos testimonios a favor de un interés oficial constante por la his-
toria de Aragón en comparación con lo que acaece a finales del si-
glo x1v. Cuando Juan Andrés de Uztarroz se puso a escribir sobre
la historiografía aragonesa en el siglo XVII, no pudo señalar un nom-
bramiento más antiguo para Aragón que el de Vagad 8• Puede que
nuestros registros sean todavía incompletos en lo que toca a este
punto, ya que sabemos que Miguel Carbonell, archivero real, no-
tario público y bibliófilo (1;476-1512) se refiere a historiadores con
sueldo de Femando el Católico 9• Pero sabemos poco de las circuns-
tancias en las que su propia crónica catalana, Ch,oniques de Espanya,
recibió la aprobación real después de haberla comenzado, y menos
aún de las actividades históricas de su predecesor como archivero,
Jaiine García, cuyas obras únicamente son conocidas a través de re-
ferencias de segunda mano. En lo que se refiere a sus contemporá-
neos, Carbonell pudo haberse referido a Lucio Marineo Sículo y a
Gonzalo García de Santa María, que nos han dejado en sus escritos
lo poco que sabemos de la naturaleza e importancia del cargo de
historiador oficial. El último, un jurista, aportó sus conocimientos
profesionales e históricos para tratar de problemas específicamente
políticos y contemporáneos. El primero, un "extranjero" definido más
claramente como publicista, dejó testimonio elocuente de su disgusto
por el salario y la poquísima importancia atribuida a sus talentos li-
terarios 10•
Una importante figura contemporánea pareda llamada a mejorar
la situación. Es Alonso de Aragón, Arzobispo de Zaragoza, hijo na-
tural de Femando el Católico y protector de muchas figuras litera-
rias de menor relieve en la capital. Su nombre va unido a los de
Gonzalo García de Santa María, Lucio Marineo Sículo y Vagad Fue
7 Vicens Vives, Bls Trastamares (Barcelona, 1956), pp. 19, 26, 62-3;
J. Ruiz i Calonja, Hist. de la lit. catalana (Barcelona, 1954), p. 342.
s Dormer, p. 151.
9 Chroniques de Bspanya (Barcelona, 1546), f. 257v; Opúsculos inéditos,
en CDIACA, XXVII, p. 242; J. E. Martínez Ferrando, "Un archivero del
palacio real de Barcelona a fines del s. xv'', Studi in onore di Riccardo Fi-
langieri, II, pp. 197-212.
10 Bpist., VIII, 1.

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 267
él quien prestó su ayuda para la promoción de De genealogía regum
Aragonum (ed. 1509) de Marineo, como también de la Crónica de
Aragón (ed. 1499) de Vagad 11• Andrés de Uztarroz sugiere que fue
esa misma persona la que presionó para el nombramiento de Vagad
para el puesto de cronista oficial del reino de Aragón en 1495. Apare-
ce de los datos que se ha de distinguir entre el puesto de historiador
oficial, requerido por los diputados, entre los que se encontraba Don
Alonso, y el de historiógrafo real, un puesto que ya había ocupado
Vagad. El testimonio más antiguo del nombramiento de este último
es lacónico en extremo. Aparece en el Patrimonio Real de los archi-
vos reales y no suministra más que el título, el nombre, "Gauberte
de Vagá, natural de Carag~a", la fecha y el lugar, "en Tarragona,
xiiii dies de juliol de lxvi", esto es, un mes aproximadamente después
de la muerte de Pedro de Portugal y del cambio de curso de la gue-
rra en favor de Juan II de Aragón 12• Más tarde hay referencia a
Vagad como "cronista mayor" de Femando el Católico, pero no hay
prueba documental de esta afirmación 13•
Se sabe poco acerca del autor. Los únicos datos que tenemos nos
los suministra él mismo; su padre estuvo en el sitio de Setenil con
Femando de Antequera (1411) y él se hallaba en Italia cuando Pío 11
intentó organizar una cruzada europea en Mantua (1459). Fue tam-
bién alférez de Juan de Aragón, Arzobispo de Zaragoza y hermano
de Femando el Católico (m. 1475) y monje benedictino cisterciense
del Monasterio de Nuestra Señora de Santa Fe 14• Este monasterio,
fundado a comienzos del siglo XII por Jaiine I junto al río Cinca, a 30
kilómetros de Barbastro, había gozado siempre de la protección del
rey y de la nobleza. Más tarde fue trasladado a una ermita a las afue-
ras de Zaragoza.
La única obra en prosa por la que se le conoce es la Crónica de
Aragón, impresa por Pablo Hurus en Zaragoza en 1499, siendo la
primera crónica general de Aragón que se imprimió en lengua ver-
nácula. No tenemos la intención de entrar en su descripción dete-
nida. Baste decir que va desde la elección de fñigo Arista hasta la
u Dormer, pp. 68-9.
12 ACA, RP 939, f. 78.
13 Crónica de Arag6n, f. ¡r, cvir.
1• Ibid., f. clvür y cluvii•.

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1 1 • • U.L L
268 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
muerte de Alfonso V. Hay en ella referencias implícitas a los acon-
tecimientos del reinado de Federico de Nápoles que nos llevan hasta
el año 1497 o más tarde; otras observaciones sugieren que ha exis-
tido una versión más antigua, quizá unos veinte años antes. Basada,
según se supone, en los manuscritos de los archivos reales de Bar-
celona, San Victorián, Poblet, Montcaragón, revela también un cono-
cimiento de los mayores historiadores catalanes, particularmente de
Desclot. Además de la narración actual hay prólogos complementa-
rios muy extensos. Como dice Vasco, el historiador flamenco de Es-
paña, "si laudes immodicas et non necessarias detrahas, in exiguum
redigatur opusculum" 15• Estos preliminares siguen el modelo lauda-
torio familiar, una especie de Laus Hispaniae,y una mucho más im-
portante y original Laus Aragoniae. Objeto principal de nuestra aten-
ción será la fuerte nota provincial que caracteriza la obra como un
todo. Hacia el final inclúyese una lista de los que hacen suya la
empresa, debiendo considerarse que simpatizan con el tono y el en-
foque del autor. Prescindiendo de Alonso de Aragón y de diversos
diputados de las Cortes aragonesas, se mencionan tres miembros de
destacadas familias aristocráticas: Luis de Hijar, conde de Belchite;
Felipe de Castro, Vizconde de ma, y Femando de Bolea Abarca de
Galloz, antes mayordomo mayor de Carlos de Viana 16•
El nombre de este último aumenta de significado a la luz de una
crónica en verso de Vagad, antes desconocida, localizada en los Ar-
chivos de la Hispanic Society of America, Nueva York 17• Se trata
de un MS del siglo XVI de unos cincuenta folios en pergamino, co-
pia de un original del siglo xv hecha por Tomás de Lambea, otro
monje de Santa Fe, y dedicada por él a otro miembro de la famfüa
Bolea, Don Martín Abarca de Bolea y Castro, Barón de aamosa,
Torres, etc ... , en recuerdo de las conexiones familiares con el mo- 1

15 J. Vaseus, Rennn HispanictJTUmCronicon, en Hisp. Illustr., I, p. 580.


La primera edición está hecha en Salamanca, 1552.
16 Crónica de Aragón, f. cvir.
17 A. Rodriguez-Moñino y María Brey Mariño, Catá/,ogo de los MSS
poéticos castellanos de The Hispanic Society of America (New York, 1965-
66), II, pp. 459-460, n.° CCXXV. El texto está reproducido en el Apén-
dice III. La transcripción ha sido realizada de acuerdo con las Normas d,
transcripción de textos y documentos (Madrid, CSIC, 1944).

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 269
nasterio cisterciense desde tiempos muy antiguos (el lugar más antiguo
del monasterio, junto al río Cinca, estaba de hecho cerca, si no den-
tro, del territorio de los Bolea). Lambea explica que había encon-
trado "entre los papeles viejos y curiosos deste conbento ... un ma-
nuscrito de aquel tan antiguo coronista Fr. Gauberto, profeso reli-
gioso desta santa casa que ya muchos años atrás havía sido impre-
so, y pareciéndome obra (aunque pequeña) digna de que no se aca-
base su memoria, la he querido de nuevo sacar a luz ... ". El recuerdo
de Lambea era, evidentemente, erróneo, ya que hasta entonces única-
mente se había impreso la Crónica de Vagad. La obra que aquí se
copia, juntamente con la propia dedicatoria de Vagad a Femando de
Bolea, es una crónica en verso de 208 quintillas de mínimo valor
poético, que comienza con la invasión árabe de España (posible-
mente falten algunos versos al principio), registrando brevemente
los reyes de Aragón y sus atributos, y terminando con la muerte de
Carlos de Viana. Esto hace que se le asigne como terminus post quem
el mes de septiembre de 1461; el probable terminus ante quem sería
la muerte de Juan II de Aragón, enero de l479· De otras pruebas
internas podría parecer que existía con anterioridad al poema una
versión de la Crónica de Aragón en prosa. Esto significa que la obra
histórica de Vagad es de fecha anterior a toda conexión entre él y la
Corona o las Cortes 18•
Puede ser entonces que la familia Bolea, uno de los más antiguos
linajes de la nobleza aragonesa, influenciase en cierta medida la po-
sición del cronista. Es claro, en todo caso, que la familia establece
una conexión entre la Crónica, el poema (que llamaremos, como él
lo hace, Epílogo de los reyes de Aragón o Epílogo en abreviatura)
y la copia que sobrevive del siglo xv1. Se hace mención especial del
mismo Femando en el epílogo de la Crónica de Aragón como el
"primer inventor desta magnífica empresa", que se podría tomar bien
como refiriéndose a la versión más antigua de la empresa unos treinta
18 Vicens Vives le adscribe otro poema escrito en castellano con ocasión
de la entrada triunfal de Fernando el Católico en Barcelona en agosto de
1472, Fernando 11 de Aragón (Zaragoza, 1962), p. 314, nota 1016. Soldevila
había argumentado anteriormente que el autor era catalán, Historia de Ca-
talunya, 11, pp. 124-5. Una comparación de ambos poemas hace improbable
la hipótesis de Vicens y más creíble la de Soldevila.

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años antes de la impresión. Femando de Bolea fue él mismo un es-
critor de cierta estima y experimentado en asuntos de estado 19 • Su
asociación con Carlos de Viana sugiere un f'arti pris en la política
interna aragonesa por la que sufrió a continuación, si hemos de creer
al Bpílogo:
198 Y f'ues que "ºs a su lado
os msteis en toda afrenta,
el de Bolea priwdo,
contadnos de lo f'asado
pues tan bien sabéis la quenta.
199 Vuestra gran fidelidad
os hizo que padezisteis
trabajos sin igualdad,
el hazienda que perdisteis
bien dirá la fJerdad.

Martín Abarca de Bolea y Castro, a quien Tomás de Lambeade-


dicó su copia del Epílogo 20, fue también soldado y una figura literaria
de méritos propios, que incluyó Lope de Vega en el Laurel de Apolo.
Gil Polo dedicó la Diana enamorada a su madre y el hijo escribió sin
éxito una continuación del Orlando Furioso de Ariosto, así como
una traducción de los Viajes de Marco Polo. Fue hija suya la poetisa
Ana Francisca Abarca de Bolea y Mur 21 : una farnUia,por lo tanto, en
que se dieron como tradición constante intereses políticos y literarios.

19 Cfr. en Latassa los diversos Abarca de Bolea; también, las cartas de


Femando de Bolea publ. en CDIACA, XXVI, y Desdevises du Desert, Don
Carlos d' Aragon (París, 1889), pp. 137, 166. Véase también el poema de
1

Andrés de Uztarroz, Aganipe de los cisnes aragoneses celebrados en ,l clarín


de la fama, 1.ª ed., Amsterdam, 1781; reimpreso en Zaragoza, 1890, pp. s0-54-
20 Cfr. Apéndice 111, p. 303.
21 Lope de Vega, Laurel de Apolo (Madrid, 1630), f. 23v; el verso de
Polo a doña Jerónima de Castro y Bolea dice así: "Con Bolea ha de tener /
acabada perfición / siendo encumbrada mujer / del gran vicecanciller / de
los reinos de Aragón". En Diana enamorada, ed. Clás. Cast., p. 8; sobre
doña Ana, cfr. Manuel Alvar, "Estudios sobre el 'Octaviario' de Doña Ana
Abarca de Bolea", AF A, Serie A, II (1945).

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad

Si abordamos el Epílogo teniendo presentes estos datos, quedarán


explicadas ciertas modificaciones en la manera normal de tratar la ge-
nealogía de los reyes de Aragón. El MS, probablemente sin comienzo,
principia con el tópico tan gastado del pecado de Rodrigo (estr. 1-2),
y los versos que siguen dan a entender claramente que no es intención
del autor suministrar un sumario general :
6 Solamente tomaré
lo que más me satis/ a:ze,
'Y lo demás callaré
'Y la razón es porque
a nuestro caso no ha:ze.

El hecho de que el primer episodio de relieve sea la toma de Bolea


(30 km. al NO de Huesca) en el reinado de Sánchez Ramírez indica
la orientación de su pensamiento. Dos hermanos de nombre Torres,
cuyo heroísmo lleva a su rendición (datada aquí en 1081), reciben el
consentimiento real de tomar el nombre de Bolea. En los versos ante-
riores se supone que la familia Torres desciende del hijo de un "Lanz-
grave de Alemaña" 22, quien adoptó como blasón de familia una torre
blanca sobre campo azul en recuerdo de la defensa de su castillo en
Vizcaya contra la primera oleada mora en tiempos lejanos (estr. 24).
Hay un segundo episodio que une la famma Bolea, de manera un
tanto descarada, con uno de los sucesos más dramáticos de la historia
de Aragón, el famoso y caballeresco "desafiament de Burdeus". Los de-
talles del retomo de Pedro el Grande de Cerdeña, cruzando Aragón a
caballo, de incógnito, hasta llegar a los Pirineos, están demasiado bien
documentados para que sean repetidos aquí. En su Crónica, Vagad
registró el grupo históricamente aceptado de los cuatro compañeros del
rey, Domingo de la Figuera, Blasco de Alagón, Bernat de Peratallada

22 Cualquiera que sea la verdad de esta afirmación, era de dominio


común que la nobleza alemana se hallaba entre la más antigua de Europa.
Otro historiador aragonés, Pedro Abarca, en su Reyes de Aragón en los
anales históricos (Madrid, 1682), introducción (sin foliar), declara: " .. .la
nobleza catalana, de tanta y tal antigüedad, que en justo juizio de los mas
severos escritores es la más confirmada y sabida que ay en toda España;
y no puede embidiar a la de Alemania".

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 273
devoción sin limites de un noble vasallo a su señor 23• Estos episodios,
tomados juntamente con el ejemplo final de lealtad en la adversidad
de Femando de Bolea anteriormente mencionado (estr. l98-9), sugie-
ren que las cualidades y virtudes de la nobleza aragonesa ejemplifica-
das en la familia Bolea abultan de manera desproporcionada en una
genealogía de los Reyes de Aragón. Pero un verso, en particular, su-
giere horizontes más amplios. Al referirse al acto de Pedro Martínez,
añade Vagad:
166 Dígalo por las historias
catalanasque nombraron
aquesta [hazaña]entre sus memorias,
siendo quien agenas glorias
en todos tiempos callaron.

Esta nota tendenciosa implica que los cronistas catalanes habían


sido de manera inusitada generosos en este caso con una nación cuyas
hazañas merecen más publicidad que la que hasta ahora se las ha
atribuido. Esta queja contra el egoísmo de los historiadores catalanes
se halla elaborada de manera más completa en los capítulos corres-
pondientes de la Cr6nica, donde se afirma que durante los años an-
teriores a la invasión francesa de Cataluña, el rey Pedro se había
visto obligado a imponerse a los derechos y privilegios locales de la
nobleza aragonesa, y que ~ta a su vez había motivado la protesta de
que se negarían a prestarle ayuda en sus expediciones fuera de Ara-
gón, de las cuales fue la más importante la aventura siciliana (f. cxv").
Por otro lado, los cronistas catalanes, y se supone que se refiere a
Desclot, reprochan a los aragoneses el que nieguen su ayuda en la
23 El único texto catal4n que incluye este episodio es, según Rubió
Balaguer sugiere, el MS más antiguo del grupo que constituye la Cr6nica
tU San 'J1Mffl de la Peña ("La versió llatina de la crónica general de Ca-
talunya i Aragó", Hom. a A. Rubió i Lluch, I (Barcelona, 1936), p. 9). Apa-
rece también en los textos latín y aragonés publicados por Ximénez de
Embún (1876) y en el latino de Ubieto Arteta (1961), pero no en Desclot
ni en el texto posterior catalán de SJP publicado por Soberanas (196<>).La
forma de dWogo con que aparece el episodio en la versión catalana más
antigua peniste a través de los textos subsiguientes. Una forma tal es común
a las historiascataJauas,pero no lo es en la de San 'J1MffltU la Pnia.
PBN., 18
HISTORIOGRAFÍA

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y Conrad Llan~ (f. cüüv). En el poema corrige lo que debe haber sido
una versión más antigua de la Cr6nica, reduciendo a tres el grupo ori-
ginal de cuatro, omitiendo a Conrad Llan~ y añadiendo a Pedro
Martínez de Bolea. Sus razones son como sigue:
99 Este [Figueras] qual señor mandaba
y su noble camarero,
el de Bolea cosinero,
Alag6nmayordometJfJa
y el Rey era el despensero.
100 Y aunque puse en mis historias
en lugar del de Bolea
otro que fue a esta pelea,
después hallé otras memorias
ciertas que afirman que él sea.

Por persuasivas que fuesen estas memorias indefinidas, la alteración


no logró sobrevivir en la Cr6nica impresa.
Sin embargo, el mayor episodio que va a continuación, ocupando
una tercera parte del poema, concierne al mismo miembro de la fa-
milia Bolea. En resumidas cuentas, viendo Pedro Martínez cuán seria
se había puesto la situación para Pedro después de la defección de su
hijo político Sancho IV de Castilla pasando a los franceses invasores,
persuade al rey de Aragón a que le deje ir a Castilla para intentar
disuadir a aquél de actuar agresivamente al menos durante seis me-
ses. Sin autoridad real, Pedro Martínez ofrece a Sancho Calatayud y el
territorio circundante, explicando el ofrecimiento como el último gesto
de gracia de un monarca que se sabía ya vencido (estr. 120-1). Des-
pués de la victoria aragonesa sobre los franceses, Sancho recuerda la
promesa a un Pedro inocente, que requiere furiosamente a su presen-
cia a otro Pedro imperturbable. El último explica con calma su gesto
como un engaño necesario para salvar a su señor, y se declara pronto
a retomar a Castilla a sufrir cualquier castigo que le espere. Vagad
señala que había dos alternativas para finalizar el episodio (en sí, una
variante del mito asociado con Quinto Régulo y Egas Moniz), o que
Sancho le despachó con rabiosa violencia, o que recobró su dignidad
real en grado suficiente para prestar reconocimiento apropiado a la

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274 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
crisis siguiente. Dice el rnisrno Desclot: "e ds cavallers d·Arago e les
gents a peu dixercn-li que no hi irien si di no faia la llur volentat de
~ que li demanaren" (cd. Coll, IV, 6, 15). La réplica de Vagad es
que los aragoneses "le defenderían de los adversarios en toda ma-
nera del reyno; mas que fuera de Aragón passo no echarían fasta les
restitujr sus libertades y previlcgios" (f. ciili~.
Soldevila, en sus dos libros sobre esta época, diseña la enemistad
entre los nobles aragoneses y el rey en iguales o semejantes tér-
minos, señalando de qué manera deseaba la aristoaacia aragonesa
sacar provecho de las dificultades del rey Pedro 24• Se haáan acusa-
ciones en el sentido de que el rey había faltado a la consideración
de sus privilegios, introduciendo en Aragón jueces siciJianos y cata-
lanes. Esto contribuye a la formación de la Unión y a la demanda de
que Pedro apruebe el Prioilegio General. El rey, a su vez, tuvo que
hacer concesiones que endemoniaron los reinados de sus inmediatos
sucesores. Soldevila no menciona el supuesto episodio de Martinez,
pero advierte que Pedro tuvo que ir a Bolea en 1293 a dar satis-
facción a las quejas contra su actuación. Es posible, por cllo, que este
sospechoso episodio haya surgido en círculos próximos a la familia
Bolea para compensar los rumores que circulaban acerca de la leal-
tad aragonesa al trono. Lo que Vagad ha escogido para ilustrar en
el Epílogo, el tema de la lealtad incondicional al trono, ha venido a
ser en la C,6nica un asunto mucho mayor, los derechos de los ara-
goneses a sus privilegios tradicionales, una refutación de la preten-
sión de los catalanes de que sus causas eran inevitablemente causas
aragonesas y la contracarga de que los catalanes minimizaban la con-
tribución aragonesa en sus historias. Están molestos, hace constar,
"porque no las ayudamos en sus tantas afruentas, y no miran si toui-
mos causas para ello... teniendo endemás el adversario tan poderoso
y tan grande y tan fambriento y codicioso de ganar Aragón, el rey
de Castilla, digo. Sé que no fuera seso, no fuera razón ni cordura
desanparar sus faziendas, sus fijos y mugeres los aragoneses su patria
y su nación por yr a valer a Catalueña ... dirán a la postre que ningún
Aragonés gozó de la gloria de sus tantos vencimientos, que ninguno
24 Historia ds Caialunya (Barcelona, 1934), I, p. 276; Jaaans I, Pn, ,l
Chan (Barcelona, s. d.), pp. 120-136.

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 275
desse reyno se nombra en las corónicas catalanas. Podiera yo res-
ponder que lo callaron qui~ porque mas quisieron escreuir de los
suyos que no de los otros" (f. cxvr - v).
Si consideramos los puntos antes seleccionados juntamente con
otros del Epílogo y de la Crónica, resultará claro de qué manera las
deformaciones que hace Vagad de la historia, desde la invasión árabe
hasta los tiempos contemporáneos, no responden simplemente a un
elogio de la familia Bolea, sino también a un deseo mucho más pro-
fundamente enraizado de exponer el papel de Aragón dentro de la
así llamada federación catalano-aragonesa. Por ejemplo, su interpre-
tación de la resistencia a la invasión árabe es que sobreviven tres
elementos de igual valor en el Norte: Asturias, Sobrarbe y Riba-
gorza, y Cataluña; adviértase el orden :

45 Tres principados quedaron,


hecha la destruifión;
el uno que levantaron
es el Rey de Aragón,
que de Sobrarbe llamaron.
46 El otro de gran semblante
por sus animosas furias
es don Pelayo el Infante,
de pecho bravo y constante,
Príncipe de las Asturias.
47 Prefeto de Cataluña
el terfer estado fue,
de moneda tubo cuña,
llamóse don Sinofré,
es imperial su alcuña.

En la Cr6nica, de todos los compañeros de Pedro el Grande en


el viaje a Bordeaux, únicamente Domingo de la Figuera merece el
epíteto: "Era natural de Aragon, que si de otra parte fuera qui~
no fiara su persona de aquél" (f. ciiliY).En el Epílogo no se mencio-
nan más que los aragoneses. El episodio de Calatayud se toma como
prueba de la lealtad superior de los aragoneses: "Ved quanto apro-

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vechó el discreto y tan subido y esfor~do remedio que el magná-
nimo fidclissimo y valiente aragonés despertó ... que tan a peligro de
su vida hbró todo Aragón de las manos del tirano. ¿Qu~ digo Aragón?
mas horó toda Catalucña y todo el real estado del rey... cotejemos
pues este solo aragonés con todos los catalanes y verés la ventaja
desigual que les toma" (f. av•-cxvi'). Al explicar los acontecimientos
del reinado de Pedro el Ceremonioso se las compone para echar todas
las culpas a Bernat de Cabrera y a los letrados interesados que rodean
al rey. Se las amaña para presentar al mismo rey como muy favora-
ble a los aragoneses, que a su vez apreciaban su reconocimiento de
que la coronación en Zaragoza debía preceder a la prestación de jura-
mento en presencia de las Corts en Barcelona, "porque es cierto que
Aragón es cabe~ del reyno que no Catalucña, y en Carag~ se re-
abe la corona real que no en Barcelona" (f. cxxxvi'). Se puede con-
cluir esta serie de observaciones con su famosa chauvinista alabanza
de España y Aragón en el prólogo, la más exagerada hasta la fecha
en la reivindicación del predominio de Españaen Europa y de la pre-
eminencia de Aragón en la Península, cuya mayor figura es a sus ojos
Alfonso V: "Mas futa en la Ytalia que solla ca~ ser del universo
bovo enviado un rey don Alfonso de tan immortal memoria... que
de antes no sabían los príncipes de Ytalia del recebir tan magnífica-
mente los ambaxadores, ni menos del mesurado festejar de estran-
geros quanto después han desprendido del serenfssimo festcjador so-
berano y magnánimo rey don Alfonso. Y si dezfs, mas fue bastardo
el successor que dexó, respondoos: que ahun esso fue mayor gloria
y favor de la Hespaña. . . que ahun fasta los bastardos de aquella son
para regir y reynar" (f. Aviii-Avilii. De Calixto m y Alejandro VI
dice: "de nuestra Borja salieron, que de ahí se llaman Borjas, que
no de Valencia, y si dezís que en el reyno de Valencia, no en el de
Aragón nascieron, respondoos que ahun esso es mayor gloria de nues-
tro Aragón que fasta de sus aiados faze papas de Roma, que Va-
lencia aiada es y fija de nuestro Aragón" (f. Dv~.
El antagonismo entre aragoneses y catalanes, perceptible en el
Epílogo y en la Cr6nica, en particular con referencia a los histo-
riadores catalanes, puede compararse con la desconfianu respecto a '
los historiadores castellanos, como Alfonso X, Femén P&ez de Guz-

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 277

mán y Diego de Valera. Vagad elimina al último porque empequeñe-


ce la antigüedad de Zaragoza; Pérez de Guzmán es reprendido por
haberse negado a tratar objetivamente de Alfonso el Batallador y
de su mujer castellana. Al comparar la historia castellana del Cid
(no es explícito en lo que atañe al título exacto) con las versiones ca-
talana y latina de la Crónica de San Juande la Peña, encuentra que
las dos últimas hablan de la derrota del Cid al frente del ejército
moro (sic) en Morella en 1088 por Sancho Ram.írez, después de lo
cual "le besó las manos el ~yd y se le offre~ió como su mucho criado
y acató siempre a la casa de Aragón y recurrió en sus necesidades a
ella y la reconoció mucho por su bienfechora. La corónica del ~yd
affirma que él ven~ó al rey de Aragón mas yo más quise creer a las
dos corónicas assí a la de Barcelona como a la de Pobled que no al
solo castellano que escriuió la del ~yd, porque de razón más es de
creer a dos testigos que a uno, y por lo comun antes osan y acos-
tumbran dezir demasías los castellanos que los catalanes ni aragone-
ses; que los nuestros, de comedidos y callados dexan muchas vezes
de poner tan adelante lo suyo" (f. xxxir-v). Se indigna igualmente de
que muchas crónicas castellanas, incluyendo la de López de Ayala,
nombren a Murcia como una conquista de Alfonso X: "Mas los
castellanos coronistas callan lo ageno y ponen adelante lo suyo" (f.
lxxii~.
¿Qué es, se puede preguntar, lo que pudo haber conducido a
estas acaloradas declaraciones en esta época particular? No se pue-
den explicar sin más como emergencia de un sentimiento patriótico
local, ya que esto plantea la cuestión de por qué habría de aparecer
en estas circunstancias. Es más fácil explicar la mezcla de sentimien-
tos anti-catalanes y pro-aristocráticos invocando la experiencia pasada
de los Boleas bajo Pedro el Grande y el Ceremonioso y la asociación
reciente con la corte de Carlos de Viana. En verdad, a comienzos del
siglo XVI, el hijo de Femando de Bolea, migo, siguió la causa igual-
mente desastrosa de Juana la Loca. Los sentimientos anticastellanos
pueden ser de fecha más reciente, siguiendo la introducción de la
Inquisición en 1484 y de la Santa Hermandad en 1487, ambas par-
ticularmente fastidiosas para la nobleza local. Pero la principal causa
de tensión en la década siguiente fue la urgencia en que los Reyes

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Católicos pusieron a las Cortes aragonesas de aceptar a Isabel, mujer
de Manuel el Afortunado, como heredera del trono. Es poSible ilna-
ginar la reacción de Vagad a este paso, que cae naturalmente fuera
del campo de su Cr6nica, examinando su actitud respecto a las ma-
niobras de Pedro el c:eremonioso para que su hija fuese la heredera
en lugar de su hermano Jaüne 25• Su desdm de los letrados burocrá-
ticos que apoyaban la justicia del acto real contra la creencia tradi-
cional aragonesa en la ley sálica podía dirigirse igualmente contra su
contemporáneo, Gonzalo Garda de Santa Maria, el jurista zaragoza-
no, biógrafo humanista y real, que en el curso del debate antes men-
cionado afirmaba haber sido el primero en probar que una mujer
podía ser heredera del trono de Aragón 26• La muerte de la reina de
Portugal al dar a luz hizo que se detuviese temporalmente el asunto;
pero su hijo Miguel, nacido el 23 de agosto de 1498, estaba obligado
a su vez a respetar, por medio de sus representantes, los procedi-
mientos tradicionales. La actitud quisquillosa de Isabel, la madre, es
bien conocida en los boros de historia. Un mes más tarde, el 22 de
septiembre, ella y Femando hicieron el juramento final que Miguel
habría de jurar proteger los fueros de Aragón antes de entrar en
posesión de los derechos de soberanía.
Sabemos que el antagonismo recíproco entre aragoneses y caste-
llanos se desarrolla a finales del reinado de Carlos V en forma de
desprecio descarado de aquéllos por parte de éstos, aumentando, por
consiguiente, las sospechas sobre las intenciones castellanas entre ara-
goneses y catalanes. Como dice Elliot en Imperial Spai.n,los caste-
llanos dieron la impresión de que la corona de Aragón vendría a ser
gobernada con el tiempo por las leyes de Castilla, el mjsmo senti-
miento, en realidad, que tenían los catalanes acerca de los aragoneses
en el reinado de Pedro el Grande 27 • Tanto más significativo es, por
lo tanto, que el tío de la persona a quien Tomás de Lambeadedi-
cara su copia del Epílogo, según Juan Andrés de Uztarroz, contri-
buyera de manera señalada a la demanda de un historiador oficial para 1

2S f. cxxxvüv; estos dos incidentes est4n también unidos en la historia


de Abarca, op. cit., 11, f. 334v.
26 Cfr. p. 223.
n J. H. Elliot, Imperial Spain, 1469-1716 (Londres, 1963), pp. 249-250.

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Escritos históricos de Fabricio de Vagad 279
el reinado de Aragón, para salvar del olvido su historia pasada y sus
antigüedades, un historiador oficial que había de ser natural del reino.
Zurita, después de ser nombrado, en una carta a los diputados en
I 576, alaba a don Jerónimo de Bolea por su obra de historiador y
como anticuario, consciente de la importancia de preservar la tradi-
ción del pasado 28•
Hemos llegado así de nuevo al punto de partida, con una ilus-
tración parcial del temperamento aragonés en el siglo xv a través de
las obras de Gauberte Fabricio de Vagad. El Epílogo y la Crónica
resuenan con resentimientos y reivindicaciones aristocráticos frente a
la usurpación real, siendo ellos mismos un prólogo a la auto-concien-
cia todavía latente en ciertos sectores aragoneses a mediados del si-
glo XVI acerca de su propio pasado.
28 "Con la misma afición, en lo que tocava a que el Reyno proveyesse
en esto [el cargo de cronista], insistió entonces Don Gerónimo de Bolea...
porque tuvo Vna singular memoria de las hazañosas obras que avían suce-
dido en las Provincias de España, y de los principios, y origen de las Casas
ilustres destos Reynos ... y con estremado cuydado se ocupava en estas letras,
y estudios, y dexó escrita la historia deste Reyno, con más dignidad, y or-
namento que ninguno de los autores passados ... y fue en los Cavalleros desta
casa como herencia, el cuidado y estudio de la conservación de las cosas
públicas, que eran dignas de memoria". Cit. en Dormer, p. 639.

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LA HISTORIOGRAFtA EN LA ESP~A DEL SIGLO XV

Si el curso del siglo xv se caracteriza, como Huizinga ha notado 1,


por la formalización de ciertas tradiciones literarias, es ello debido
principalmente a que la aristocracia, ya no tan fuerte como en los
siglos pasados, promueve todavía una literatura que elabora las ac-
ciones rituales de sus predecesores épicos. Según se va diluyendo la
linea de demarcación en la sociedad entre nobles y plebeyos, la litera-
tura nobiliaria se esfuerza cada vez más por aumentar la separación.
Para la mayoría de los cronistas occidentales se trata todavía de una
época caballeresca en que la aristocracia del Occidente forma una es-
pecie de camarilla cerrada ; el espíritu de Froissart ha pasado a Chas-
tellain y Olivier de la Marche, los grandes historiadores borgoñcses.
Pero aunque esta época vio la aparición del Amadís de Gaula, del
Artús de Malory y de los retratos literarios del Mariscal Boucicault
y Carlos el Temerario, es también la época en que, por un lado, la
imagen literaria de César y Alejandro adquirió un nuevo y marcado
perfil en Borgoña y Milán, y, por otro, Florencia, amenazada por el
imperialismo expansionista de Milán, se defendió a sí misma en una
guerra de papel con una imagen nueva e impresionante de republi-
r· canismo romano. Al ir pasando los años, el historiador se hizo más
~ sensible a una serie más amplia de modelos y arquetipos literarios,
puesto que no era ya el noble de segunda categoría, el escribiente o

t J. Huizinga, Bl otoño de la Bdad M,dia (Madrid, 1930), cap. V.

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La historiografía de la España del s. XV
notario adscrito a una casa de príncipes o nobles, sino más frecuente- ,
mente un erudito formado en la universidad con un cargo ;¡dminis-
trativo, o un maestro independiente dispuesto a recibir encargos de
la Corona, quien se ocupaba de la historiografía. Llegado a la cumbre
de su vocación, se hizo capaz de distinguir entre un Alejandro me-
dieval y el clásico, de f onnular su obra con independencia de una serie
de historias pasadas, de defender el valor de una narración histórica
coherente como manual de conducta tanto contra el género "Espejo
de Príncipes" o el "De Regimine Principum", por un lado, como
contra la ficción pseudocaballeresca, por el otro. Tal es el foso que
separa a Villani de Leonardo Bruni en Italia, Wauquelin de Gaguin en
Francia, Otterboume de Polidoro Virgilio en Inglaterra, Martín de
Troppau de Tritem.io en Alemania 2•
En la historiografía medieval de la Península Ibérica no hay ningún
siglo que pueda competir con el xv en variedad de formas y en las
diversas maneras de abordar temas históricos. Es verdad que este
siglo no produjo un solo historiador que se destacase por su brillan-
tez u originalidad. Exceptuando posiblemente a Fernao Lopes, nin ..
guno llega al nivel de Ximénez de Rada, del corpus alfonsino o de
Muntaner; pero nunca antes había atraído tanto la atención de no-
bles, clero y clase letrada la historiografía en latín y lengua vernácula.
Intentar dar una explicación de este interés apasionado refiriéndolo al
fondo social, político y literario exigiría un conocimiento mucho más
profundo de la época que el que al presente se halla a nuestro al-
cance. Muchas de las obras individuales presentan, como era de es-
perar, una fusión tan compleja de tendencias antiguas y nuevas que
todo intento de clasificarlas supone una injusticia a las intenciones del
autor. Resulta impresionante, sin embargo, la cantidad creciente de
historiografía no oficial, esto es, de historia escrita al margen de la
cancillería real, que ofrece interpretaciones diversificadas y a menudo
contradictorias de los acontecimientos pasados y contemporáneos. Es
un testimonio de los cambios en la escena política y social, que se
refleja tanto en los historiadores oficiales como en los independientes.
Ello no obstante, llama la atención la manera en que el enjuicia-
2 Barbara Reynolds, "Latin Historiography: a survey, 1400-16oo", Stu-
dies in the Renaissance, II (1955), pp. 7-66, con bibliogr.

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

miento múltiple de los acontecimientos, que se refleja en los escritos


de los primeros tres cuartos del siglo xv, se funde en uno casi uni-
forme según se va afirmando el poder de la monarquía, transforman-
do el historiador sus fines políticos en visiones nuevas del pasado y
del presente. A finales del siglo, no trabaja tanto bajo el control di-
recto del rey, sino opera independientemente bajo su consejo. Su pro-
. pósito vendrá a ser no la continuación de un cuerpo establecido de
crónicas, sino la reelaboración escrita, en latín y en romance, de los
. acontecimientos recientes y lejanos en vista de una perspectiva más
amplia de la misión espiritual y temporal de su país. Y vendrá a ser
especialmente senS1ole, positiva y negativamente, a los cambios co-
rrientes en los modelos culturales de la literatura occidental.

11

Las consecuencias de la aparición de una nueva linea real en Por-


tugal, Castilla y Aragón ofrecen un comentario interesante de la po-
sición del historiador oficial de la corona en cada reino. En Portugal,
el primer historiador mayor de la corona procede de la clase artesana
baja; en Castilla es miembro de una antigua fami]ia aristocrática, el
canciller del reino ; en Aragón, en absoluto contraste con el siglo an-
terior, se presta inicialmente poca atención oficial a la historiografía.
La aparición de la dinastía de Avis en Portugal contnouye a la
formación de la primera tradición plenamente desarrollada de la his-
toria oficial del reino. El establecimiento de los archivos reales en la
capital, Lisboa, va seguido del nombramiento de un notario público
como archivero, que habría de ser al mismo tiempo historiador oficial.
La historia de la monarquía, nunca antes concebida como narración
única independiente, estaba planeada a la sombra de la invasión hecha
por Castilla, políticamente el elemento más poderoso en la Península.
En una época caballeresca, la historia de Femio Lopes de Joio I es
la historia menos caballeresca. El reto del monarca castellano y la
inicial respuesta indecisa de los portugueses no se interpretan a base
de los valores corrientes de la caballería. Lopes busca una serie más

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impresionante de imágenes para dramatizar la fase critica, eliminando


el tópico del combate militar individual, que constituía tan a menudo
la unidad básica de la historia caballeresca :
"Pera que diremos guolpes ne ff or~as ne outras rezoees compostas
por louvor dalguús, ne aformosetar estoria que os sesudos nao hao de
creer, de guisa que destorias verdadeiras fa~os fabulas patran-
nhosas".
En esta frase, se contraponen las hazañas de la caballería y la ver-
dad de la historia. En otra parte, en lugar de poner de relieve la
figura del héroe, tiene la costumbre de condensar una emoción ge-
neral en la frase de un espectador anónimo, un curtidor, una mujer
anciana, un observador casual y sin importancia. Su visión de la re-
sistencia frente a los intrusos no es la de un noble frente a otro noble,
o la de un rey frente a otro rey, sino la de las masas anónimas que
defienden su trabajo y vida contra el aristócrata egoísta y el invasor
extraño:
"Tamto esfor~ dava Deos nelles, e tamta covardi~e nos outros,
que os castellos que os amtügos rreis per lomgos tempos jazemdo
sobrelles, com for~a darmas, nom podiam tomar, os poboos meudos,
mall armados e sem capitam, com os vemtres ao soll, amte de meodia
os filhavom por forca".
La aliada de Portugal, Inglaterra, entra en otra parte con el mis-
mo tratamiento. Su nobleza puede haberse llamado la flor de la ca-
ballería, pero Femao Lopes ve la llegada de los ingleses a Lisboa
con ojos de cínico :
"Esta gente dos Ingleses, que dissemos, quando se instalaram em
Lisboa, procedendo nao como homens que vinham para ajudar a
defender a terra, mas como se tivessem sido chamados para a des-
truir e ocasionar todo o mal e desonra aos moradores dela. . . mos-
trando tal dominio e desprezo de todos que se diria que eram seus
mortais inimigos e vinham para se assenhorear do Reino".
Compárese esto con su visión del "menu peuple" :
"Se levantarom os poboos cm outros logares, seemdo gramde ~is-
ma e divisom amtre os gramdes e os pequenos. O quall ajumtamento
dos pequenos poboos, que sse estom~ assi jumtava, chamavom na-
quell tempo arraya meuda. Os gramdes aa primeira escame~ndo dos

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Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
pequenos, cbamsivolhe poboo do Mexias de Lixboa, que cuidavom
que os avia de rrcmür da sog~ del Rci de Castella".
Su única esperanza báUase en seguir lo que llama el "evangelho
portugues" y liga su cronología a esta imagen, de suerte que el Maes-
tre de Avis anuncia la llegada de la séptima q,ocacomo Cristo anun-
ció la llegada de la sexta:
"E assi como o Filho de Deos charnou os seus Apostoll~ di'ZC!D-
do que os faria pescadores dos homees, assi muitos destes que o
Maestre acrecemtou, pescarom tamtos pera ssi per seu gramdee hom-
roso estado" 3•
Al conflicto inmediato de Portugal y Castilla sobreañade la ima-
gen de Israel en la era de las persecuciones. Esta llamada al pueblo,
este mensaje compuesto de evangelismo religioso y de devoción a la
nueva dinastía y a sus servidores es lo que da poder y empuje a las
historias de Lopes que han sobrevivido. En técnica e ideología está
en un mundo distinto del de Froissart, y las particularidades de su
obra no escaparon al ojo de los monarcas siguientes que ordenaron
que fuese reelaborada la composición de la mayor parte de su obra
en términos menos extremos.
En Barcelona, una crisis económica ocurrida durante la misma
época y poco después hizo lanzarse también a los plebeyos a la calle
y al campo buscando venganza de las clases superiores, pero al no
encontrar el sentimiento de malestar un blanco eficaz, no se convirtió
en problema historiográfico. Al ir pasando los años, la minoría in-
telectual condenó de manera más rotunda la exasperación popular,
pero no por medio de la crónica. Uno se encara más bien con lo que
ha sido llamado "una defección de las clases educadas". &tas renun-
cian a su papel de guía de la conciencia histórica de la nación, y su
literatura histórica está revestida de nostalgia arqueológica 4•

3 a) Cr6nica del Rei Dom Joham (Lisboa, 1945), II, cap. xü, p. 106.
b) Ibid., I, cap. xlili, p. 87.
e) Ibid., p. 86.
d) As cr6nicas de Pemio Lopes, sel. por A. Saraiva (Lisboa, s. d.),
páginas 139-140.
e) Crónica del Rei Dom 1oham, II, cap. clxiii, p. 350.
4 Cfr. pp. 265-6.

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La historiografíade la España del s. XV
Mientras en Castilla se registran de una manera minuciosa y apa-
sionada las disputas políticas del día, en la Corona de Aragón des-
ciende una niebla espesa sobre acontecimientos dramáticos tales como
la Guerra Civil de Cataluña, y los pocos individuos que manifiestan
sus opiniones quedan aislados del mundo en tomo a ellos en sus es-
tudios, poniendo fin a sus historias mucho antes de esta época crucial.
En Portugal, la amenaza de invasión había motivado que Femio
Lopes viese la historia de su país a una luz especial, rebajando los
fines y los ideales de la nobleza encumbrada. En Castilla, la aristo-
cracia de los Trastámara, progresando en el terreno económico y cons-
tituyendo el principal apoyo de la nueva dinastía, es la encarnación
del espíritu que alienta a través de las crónicas contemporáneas. De
hecho, tres o cuatro de ellas llegan hasta nosotros bajo los nombres
de nobles políticamente importantes; y las crónicas oficiales, más bien
que sugerir una estrecha identidad con la política real, registran una
oscilación imprevisible de una facción noble a la otra, irrumpiendo
en ocasiones en relatos detallados de pasajes de armas entre caballe-
ros particulares y anulando la figura del rey. Llega un tiempo en
que hay dos historiadores "oficiales", cada uno de los cuales está
respaldado por un clan aristocrático y proclama como legítimas sus
opiniones. Son obras éstas rudamente polémicas a veces, con su pro-
pio concepto del poder real y nobiliario, basadas en una documen-
tación muy parcial y coloreadas con fantásticas pretensiones. El si-
lencio de los archivos reales, municipales o particulares respecto a los
hechos contemporáneos ha hecho que ellas constituyan la principal
fuente de información para los siglos posteriores.
Las crónicas de López de Ayala, el Canciller de Castilla, pueden
considerarse como una justificación personal escrita en la ancianidad
por un noble que había cambiado de partido en medio de una guerra
civil particularmente amarga. Como noble, su sentido del honor y
del decoro deriva de sus lecturas juveniles del ciclo de Lanzarote, las
profedas del sabio Merlín y las crónicas medievales de Troya. Su ob-
jeto es crear un retrato no caballeresco, antiheroico, del asesinado rey
Pedro el Cruel, que ha quedado impreso en la historia de España por
siglos, inversión total de la imagen creada por Chaucer en el cuento
del Monje. Ayala esmalta su narración con modelos contrastantes de

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286 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
conducta, la avaricia y espíritu de venganza del rey Pedro frente a
los gestos obsequiosos de respeto mutuo entre el Príncipe Negro y
Bertrand du Guesclin. La avaricia puede ser la raíz de todos los
males, pero la caballería enseña el desprecio del nuevo rico y del co-
merciante. El traductor de Livio ve a Roma como la madre de la
caballerosidad (una creencia corriente en la Edad Media) y a las Dé-
- cadas como un manual de doctrina militar para nobles que tenían
poca experiencia directa de táctica bélica. ¡Qué distinto del floren-
tino contemporáneo para el cual el historiador romano predicaba la
doctrina del auto-sacrificio por el Estado 1 5• .
No sorprenderá que uno de los géneros históricos de más éxito
sea la biografía, a modo de simple narración de hechos, de los prin-
cipales aristócratas, sombras de los nobles épicos batalladores de los
siglos más antiguos. Es fácil hallar paralelos en Francia y en Borgoña.
Toman forma de genealogías, como los Liwos de linhagens portu-
gueses o el Árbol de la casa de Ayala, escrito por Ayala y por su
padre; o la biografía individual, como la vida y los amores del Conde
de Buelna, El Victorial, en que don Pero Niño pertenece a la misma
augusta familia que los Neuf Preux o el Alejandro medieval; o la ga-
lería de retratos realizada según una tradición suetoniana hada tiempo
existente. En los ejemplos más ilustrados y ambiciosos de este gé-
nero se puede detectar un cambio en la tradición literaria que pre-
supone una conciencia de responsabilidades más amplias que el man-
tenimiento del propio linaje. Bajo la influencia de compilaciones tales
como la de Valerio Máximo, los imperativos éticos comienzan a de-
rivarse no de los héroes-modelo de la alta Edad Media, sino de las
acciones de Escipión, Quinto Metelo, Mudo Escévola y Bruto, cuyo
sentido del deber no proviene, ni mucho menos, de la búsqueda de
su prosperidad personal 6•
El culto genealógico del siglo xv, tal como se refleja en las bio-
grafías vernáculas, contrasta con la elaboración simultánea de las
• historias generales de Castilla en latín, cada vez más grandes e im-
ponentes, cuyos autores provienen de distintos estratos sociales y po-

5Cfr. p. 47.
6Cfr. Femán P&ez de Guzm4n, Gmnaciones )' s,mblauas, ed. R. B.
Tate, prefacio.

-- . ~ ~ Go ogle -
Original from
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.,....- ~
.
La historiografía de la España del s. XV
': líticos. Ambos grupos de escritos se hacen eco de la lucha política
entre la monarquía y la facción noble, y si los primeros se ocupan
de la defensa de sus privilegios personales, los últimos son el pro-
ducto de un grupo de fo~m_aciónmás elevada de eruditos, laicos y
clérigos, cercanos al trono. La casa de Trastámara puede haber tole- •
1

rado una nobleza nueva y · ambiciosa con pretensiones no atenuadas


al poder, pero atraía a sí también cierto número de servidores inte-
resados que buscaban en sus escritos someter las historias pasadas a
las teorías sobre la monarquía castellana, sus predecesores lejanos,
su misión pasada y ,presente y su finalidad futura. Su intención parece
haber sido dotar a la mon~quía de un aire de continuidad y per-
manencia que sus orígenes inmediatos parecían negarle. Si esto no
corresponde a la realidad histórica de tres cuartos del siglo xv, es una
tendencia que los apologistas históricos de Femando e Isabel reco-
gerán y elaborarán, imponiendo a los oscuros y confusos años de
lucha interna un modelo claro de causa y efecto que conduce a un
clímax brillante a finales de siglo. ·

Ill

En verdad, en la última parte del siglo xv, las tres monarquías


peninsulares están desgarradas por serias luchas políticas, que deri-
van principalmente de problemas de sucesión real. En Portugal se
resuelve el problema de manera brutal en la batalla de Alfarrobeira,
en que se mata al regente Infante Pedro, poniendo fin a las emo-
ciones históricas que se reflejan en las páginas de Femio Lopes. A par-
tir del reinado de Alfonso V, el material de este historiador es reela-
borado en forma de una nueva tradición historiográfica que no sim-
patiza con el menu peuple, estando orientada de manera más signifi~
cativa al papel de evangelización en Africa, siendo testigo de ello la
obra de Eannes de Azurara 7• En Aragón, después de la Guerra Civil
en Cataluña, la única historia nueva contemporánea de relieve con-

7 Costa Pimplo, Idade Média (2.ª ed., Coimbra, 1959), pp. 280-281.

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288 Ensayos sobre la historiogy-afíapeninsular del s. XV
dena al patriciado urbano de Barcelona por su tentativa de imitar la
forma italiana de ciudad~tado y presenta al monarca como víctima
de una moderna conspiración catilinaria 8• En Castilla, unas dos dé-
cadas más tarde, un solo hombre, Galindez de Carvajal, empren-
derá la tarea de reorganizar de manera más radical los relatos histó-
ricos ya existentes, bien sea a base de revisión y censura, o en la
ttaducción latina, o mediante una redacción enteramente nueva.
En todos estos esfuerzos se puede descubrir una tentativa de
legitimar las pretensiones de la facción isabelina, y de condenar o
silenciar la literatura de los antagonistas. Puede medirse el éxito
por la aceptación casi universal en las generaciones siguientes de
los conceptos de luz, paz y prosperidad que irrumpen en una época
de egoísmo, brutalidad y corrupción 9• Los principales recursos de esta
propaganda histórica son la severa condenación moral de los reina-
dos de Juan II y Enrique IV, o al menos la selección de 1464 como
marcando el nadir de la monarquía castellana, juntamente con la
explicación de la sucesión de Isabel a base de una intervención pro-
videncial. Algunos críticos modernos han atribuido el nuevo senti-
miento de expectación entusiasta a una latente tendencia mesiánica
entre los escritores conversos. No hay dos esaitores que tengan un
fondo, una experiencia o una formación tan diferentes como Pulgar
y Lucio Marineo Sículo, siendo, sin embargo, idéntico el sentido de
salvación dramática a que dan expresión. El primero adapta las pa-
labras del Salmo 77 :
"Quia repullit Deus Tabemaculum Enrici, et tribum Alfonsi non
elegit; sed elegit tribum Elizabet quam dilexit".
Marineo, en su De Laudibus Hispaniae,es igualmente explicito:
"Ita enim Deus omnipotens eos coniunxit, ut cunctis mortahbus
et vitae essent et virtutis exemplo, et qui non ut principes sed ut
coelestes et christi vicem gerentes ac vere divinitates participes ab
ommbus venerarentur in terris" 10•

8 Cfr. p. 240.
' La imagen aparece en Pulgar, Alfomo de Palencia, Marineo Sfculo y
Nebrija, entre otros.
10 Pulgar, Letras, ed. a,s. Cast. (Madrid, 1949), p. so; Marineus Sicu-
lus, De Laudibus Hispaniae (hacia 1495), f. 38.

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La historiografía de la España del s. XV

La unanimidad de opinión, el calor de convicción, son por sí


mismos indicios del deseo de persuadir al lector a aceptar un vere-
dicto disputado. Resulta instructiva la yuxtaposición de la interpre-
tación de las discordias domésticas castellanas y las Guerras de las
dos Rosas de Inglaterra. Una visión semejante de un país desgarrado
por la contienda hasta la victoria de Enrique Tudor fue ideada por
historiadores tales como Hall y Holinshed y ampliamente difundida
por los dramaturgos elisabetianos 11• La historia castellana no tiene
una batalla de Bosworth (l485), pero la batalla de Toro es explícita- ·
mente contrastada con la de Aljubarrofa por ·e1bachiller Palma en su
obra significativamente titulada Divina relribución sobre la caída de
España en tiempo de 'Juan l, viniendo a señalar, política si no mi-
litarmente, un punto semejante en la historiografía castellana 12•

IV

La interpretación cu]minativa o apocalíptica de la historiografía


castellana puede ser considerada de otra manera : sobre el fondo de
los cambios operados en la tradición literaria. Estos cambios fueron
ciertamente más evidentes para el escritor semita. Ya en 1424, Mose
lbn Arragel, al mismo tiempo que traducía la Biblia para el Maestre
de Alcántara, hacía observar que "atanto es ya la sciencia e lengua
latina espandida en Castilla, que los caualleros e escuderos e ciuda-
danos han dexado el puro castellano, e con ella han mixto mucho
latino, atanto que el latín es convertido en castellano" 13• En lo que
u R. Storey, The Bnd of the House of Lancaster (London, 1966), pá-
ginas 2-3.
12 "E por esto fue capturado e ligado el Mi pueblo, porque non tuvo
saber de discri~ion. El Rey, nuestro sennor [Fernando], vino a la desatar e
poner en libertad los pueblos de Castilla, segunt que a el pertenece por
autoridad del derecho ... E asi fue vengada la desonrra e caymiento quel rey
don Johan rre~ibiera en la pelea de Aljubarrota por los venturosos Rey e
Reyna, nuestros sennores". Ed. Bibliófilos Españoles, Madrid, 1879, pági-
nas 24, 65.
13 Cit. A. Castro, La realidad hist6rica de España (México, 1954), pá-
gina 465, n. so.
HISTORIOGRAFÍA PBN., 19

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Bnsayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
afecta a la historia, cuando López de Ayala quiso escoger a princi-
pios de siglo un int~retc de sus propios comentarios, introdujo la
figura del sabio semita, el visir, el consejero sabio, que habla a base
de parábolas, animales y profedas. Pero cuando don Alvaro mucre
en el patíbulo, la figura marginal invocada por el autor de la Crónica
de JuanII es Boccaccio, la autoridad corriente en cosas de fama y
fortuna 14•
La presión de la herencia clásica en el modo de escnoir la his-
toria se evidencia al máximo en las obras escritas en tomo a Al-
fonso V de Aragón, despu~ de haber concluido con éxito sus cam-
pañas en Italia y de haber fijado en Nápoles más bien que en Bar-
celona el pivote de sus dominios. En el arco triunfal de Nápoles se
lee la inscripción : "Alphonsus rex Hispanicus, Siculus, ltalicus, pius,
clemens, invictus,,. Si, como Hans Baron ha propuesto, ha sido la
amenaza del dominio mi]an~ por el norte la que motivó el republi-
canismo romano de la historiografía florentina. entonces puede tomar-
se la historiografía del reinado de Alfonso V como la transposición
de la era imperial a su propio tiempo. Sus biógrafos italianos trans-
miten a la posteridad las hazañas de un estratega instruido, un Ale-
jandro maduro, un Julio César a gusto en el estudio o en el campo
de batalla, popular para el estadista y para el soldado raso, árbitro de
la Pax ltalica. No hubo rey que buscase con más avidez dejar sus
actos consignados a la posteridad por medio de la historia. Flavio
Biondo, que le honra con la primera dedicatoria de Italia lllustrata,
dice de él "historiam omncm h1>cnter lectitct" 15• PorceUi de Pandoni
compuso en 1443 un Triumphus Alphonsi Regis Aragoniae devicta
Napoli. Bartolomeo Fazio completó en 1455 su biografía del rey, que,
según él dijo, no era un relato cronológico de su vida ("me non
vitam ejus, sed res a se gestas scribcre proposuisse") 16, sino la adap-
tación de una figura de héroe al contexto de una campaña militar.
14 Crónica d, Don Juan11, en BAB, vol. 68, p. 691.
15 B. Nogara, "Scritti inediti e rari di Biondo Flavio", Studi • Testi,
n. 0 48 (Roma, 1927), p. 163.
16 Vespasiano da Bisticci decía de la historia de Pazio, "Benche la vita
sua sia iscritta in dieci libri egli prese solo a scrivere i fatti dell'armc ... de"sui
costumi domestici non se acrive nulla". Vite di IIOfflini illusni (Firenze,
1938), p. 58.

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La, historiografía de la España del s. XV 291

Eneas Silvio observa más tarde que Fazio fue llevado inevitablemente
a la elección de los Comentarios como modelo, dada la admiración
de Alfonso por César. Beccadelli recuerda cómo era constante com-
pañía de Alfonso durante sus campañas militares una copia de los
Comentarios, así como una guía para los studia humanitatis 17• Como -
observó Carbonell, el archivero e historiador catalán por los años
noventa: antes de Alfonso "en lo parlar y escriure no tenien ele-
gancia ni la sciencia que apres per los sobredits poetes y oradors han
haguda, e han encara alguns en aquests regnes e Principat del dit
sapientissimo Rey don Alfonso, qui es estada causa per lo que es dit
de suscitar aquestes sciencies qui estaven dormides. Y en escriure y
ordenar en lati. . . nosaltres vassalls del dit Rey de Arago usavem molt
de la barbaria, ne teniem aquella suavitat y elegancia que... tenem
vuy alguns... e per ~o tots som obligats... al dit Rey Alfonso qui
axins ha despertats" 18•
Es con Alfonso con quien se ha de asociar la primera tentativa
de tratar de un tema histórico peninsular en términos humanistas.
La obra de Lorenzo Valla De Rebus a Ferdinando Aragoniae Rege
Gestis Libri Tres 19 está basada en su mayor parte en la Crónica de
'fuan 11 de Alvar Garda y no deja de ser instructiva una compara-
ción de la manera de obrar de cada autor. Poco o nada se ha hecho
sobre este tema. Baste decir aquí que el original romance, de ca-
rácter tan difuso, está reorganizado para mantener claramente en primer
plano la figura de Femando, y las campañas moras están intercaladas
con reminiscencias de la épica griega y troyana, de las guerras grie-
gas y persas 20• De suerte que cuando Femando el Católico ordenó en
i: 500 que fuese escrita a su vez la biografía de su padre, es posible
que tuviese impreso en su mente el ejemplo de su tío, no solamente
en lo concerniente al lenguaje que había de ser empleado, sino tam-
bién al modo y al autor. No era ya el archivero, el notario, el can-

17 Beccadelli, De dictis et factis (Wittenberg, 1585), pp. 48, 418.


18 Chrcmiques de Bspanya (Barcelona, 1547), f. 226•. Ha de señalarse
que se trata, efectivamente, de una ttaducción de las propias palabras de
Beccadelli, o,p. cit., p. 23.
19 Olmpletada hacia 1445 e impresa por vez primera en Roma, 1520.
~ Cfr. Hisp. lllustr., I, pp. 739, 744, 747, etc.

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292 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
cillcr, el cape114n o uno cualquiera de los secretarios reales quien
asumía la tarea de historiador añadida a sus obligaciones reales. Era
1

~. un trabajo que se ofrcda, en la mayoría de los casos, a graduados


'1 '·

r., de las universidades jta)ianas, o a tutores italianos expatriados, un


fenómeno que se repite en la mayoría de los países europeos, desde
Inglaterra hasta Polonia.
Una elección semejante opera cambios en la interpretación de la \
historia pasada y presente. Es en el contexto de la historia imperial
romana en el que se ven las actividades de Fernando e Isabel. El pri-
mer ejemplo que salta a la mente está tomado del Paralipomenonde
Juan Margarit, con su dedicatoria preJirninu a los Reyes C.atólicos
y las referencias a la unión de la Hispania citerior y ulterior, los dis- ,
, cursos de Julio César a las cizañeras tribus ibéricas y la política de
Augusto César con la que se cierrael horo. La Pax Augusta viene a
ser, por así decir, la Pax Hispanica21• Y lo mismo que Margarit ar- ·
gumentaba de fuentes clásicas que el Rosellón se hallaba dentro de
las fronteras españolas, de la misma manera reclamaba Nebrija a Na-
varra en su reelaboración de la historia de Correa, mientras en otros
escritos suyos presenta a España como la última etapa de la translatio
imperii 22• Lucio Marineo Sículo, apartándose de la admiración con-
vencional y provincial por los visigodos, ve a Roma como la madre
del idioma, de las leyes y de las costumbres españolas, y a los caste-
llanos como los descendientes de los castellani romanos o goberna-
dores militares provinciales. En pocas palabras, "quicquid in Hispa-
nia memorabile vidimus, Romanorum esse rninime dubitamus". Cu- 1

briéndolo todo, la sombra de Roma se proyecta bastante más allá de


los limites de la Península. ¿Qué es lo que encontraron, pregunta,
en las playas de América los exploradores) Una moneda acuñada del
Emperador Augusto 23.. Marineo, en el desarrollo gradual de sus tesis
históricas a lo largo de De Laudibus, De Genealogiay De Rebus, logra
una síntesis de la interpretación humanista y providencial del reinado
de Femando e Isabel ya en los capítulos conclusivos de la primera
obra:

21 Cfr. p. 181.
22 Cfr. p. 210.
23 D, Rebus Memorabilibus,en Hisp. IUustT.,I, pp. 318, 320, 331, 478.

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La historiografíade la España del s. XV 293
"Quicquid enim historiarum scriptores tradiderunt, quicquid vates
carminibus cecinerunt, quicquid fabularum inventores fingere potue-
re; non mirabile quidem sed quid exiguum videri debet omnino sub
comparatione facinorum quae nostri principes egregia fecere ... hace
unquam, hace nostrorum principum immortalis facinora tota mente
nec sine summo stupore contemplemur quae Deus omnipotens per
principes nostros Ferdinandum et Helisaben christianissimos velut per
suos legatos atque duces geri permisit in terris... Ferdinandi namque
simul et Helizabes virtutibus roaximis et meritis innumeris nobis illa
quam fuisse Saturni tempore vates prisci testantur Hispaniae rediit
surnroa fertilitas quando enim Hispaniae rerum omnium abundantia
maior ea quae nostris datur temporibus" 24•
Pero un pasado dentro de los limites de la historia romana no era
lo que algunos cronistas indígenas, en contraposición a los italianos o
sicilianos importados, -parecen haber buscado. En un aparte revelador
Nebrija alega que el erudito ita]iano, por ser republicano, es inapro-
piado para escribir la historia de la España monárquica, y proclama
la creencia general, divulgada en aquel tiempo por Annius de Vi-
terbo, que lo que Catón dijo despectivamente acerca de los griegos
podrían aplicarlo los españoles a los italianos 25• En un ensayo anterior
hemos comentado ya el fuerte antagonismo que expresa Fabricio de
Vagad a las actitudes de los historiadores italianos (incluyendo a los
romanos) en relación con la Península 26• Los romanos fueron, después
de todo, los invasores y los colonizadores, y el historiador nativo pa-
rece haber despertado a un sentido nuevo de la integridad de su país 1
y de la unicidad de su experiencia histórica r1. · Historiadores como '
Sánchez de Arévalo concibieron las incursiones romana y cartagi-
nense como invasiones brutales, y ensalzaron a los numantinos o a
Viriato a la categoría de héroes locales. Se presentaba a los romanos
como minando las virtudes rudas de los p~imitivos iberos al introdu-
24 De Laudibus, f. 38.
25 Cfr. p. 19s.
26 "Los mismos ytalianos que siempre por invidia nos fueron tan ene-
migos que dissimularon quanto podieron, mas escondieron a mas no poder
las excellencias de nuestra Hespaña". CT6nica de ATagón, f. Bii•; cfr. tam-
bién pp. 24, 276.
r, Cfr. pp. 72, 100, 122.

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294 Bm~ sobre la historiografíapeninsular del s. XV
cir placeres alcrnrnadoa y sofisticados tales como los baños de agua
caliente y el beber vino. A los visigodos, aunque igualmente coloni-
zadores, se les mira como hermanos espirituales de los iberos, siendo
alabados por su virilidad y su fuerte vigor, causa en último tér-
mino del derrumbamiento de la Roma decadente. De esta manera, los
cataclismos que significaron para el resto de Europa el comienzo de
la Edad Oscura proclamaron la aparición de una Hispania heroica,
auto-suficiente. Pero el mito cuidadosamente desarrollado del poderío
godo no era considerado suficientemente grandioso en sí mismo por
carecer de verdadera antigüedad 28• De esta suerte se comienza a su-
gerir la existencia anterior de un reino indígena que por una astuta
manipulación del mito y de la geografía clásicos podría sobrepasar en
edad a la fundación de Roma y de la misma Troya. Exactamente de
la misma manera que Leonardo Bruni había complementado sus teo-
rías acerca del nacimiento de Florencia apelando a la herencia de
Etruria lo mismo que a la de la República Romana, así los historia-
dores castellanos indígenas añadieron una serie fabulosa de dignidades
ibmcas a las hazañas de los godos. A pesar de la naturaleza clara-
mente apócrifa de estas invenciones, puede apreciarse en qué medida
respondían al espíritu de la época por la rapidez .de su propagación
y su inclusión en las historias más dpicamente bnrnaoistas. El histo-
1 riador humanista, venerado frecuentemente como el padre de la "bis-
,' toria objetiva" moderna, no resiste a la sustitución de un mito por
-> \ otro para servira los ideales políticos y culturales de sus protectores.
Lo único que le distingue de sus predecesores es que lo saca de un
área diferente del pasado.

Es difícil establecer diferencias significativas entre el modo de en-


focar la historiografía en los tres reinos peninsulares sin hacer injus-
ticia a las obras tomadas individualmente. Lo que es ciertamente común

28 Cfr. pp. 26, 96.

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La historiografíade la España del s. XV 295
a toda España es la ausencia de un cuerpo nutrido de crónicas con
origen en instituciones monásticas. Es un siglo, por otra parte, en el
que el aumento de bibliotecas aristocráticas y capitulares, así como
la estabilidad gradual -de los archivos reales, ejercen una influencia
modesta y creciente. Pero nada es tan importante como el sennmiento
de un propósito político colectivo que da cuerpo y vitalidad a toda
historia general de la comunidad. Por ejemplo, a pesar de la excelen-
cia de los archivos_~de- la Corona de Aragón y de una burocracia re-
lativamente bien organizada, la situación política no dio alas al man-
tenimiento de la tradición historiográfica vernácula del siglo anterior
en la Península hasta los tiempos de Femando el Católico. En Por-
tugal, por otro lado, el establecimiento de los archivos reales en la
capital, el nombramiento por vez primera de un archivero e histo-
riador real se combina con una grave crisis política para crear prác-
ticamente ex nihilo una historiografía fuertemente nacionalista y de /.
base popular, encauzada pronto, es verdad, de manera menos dema-
gógica. Al mismo tiempo que la monarquía castellana se reafirmaba .i

a sí misma como una fuerza política que va ganando cuerpo, las dis-
persas apologías personales de la nobleza castellana retroceden ante
una historiografía oficial que impone un designio unificado al pasado
y al presente. Tales convicciones fueron respaldadas por la fusión de
la interpretación providencial de los acontecimientos recientes con el
concepto clásico de retomo a la Edad de Oro. Este proceso iba con-
solidándose al extender los Reyes Católicos su protección a eruditos
de origen universitario, con conocimientos de retórica y de los clá-
sicos griegos y romanos. Es en este momento precisamente cuando
los historiadores comienzan a escribir prólogos teóricos sobre la na-
turaleza de la historia y su superioridad frente a la filosofía moral y
otras compilaciones ejemplares como manuales de instrucción de prín-
cipes; manuales no tanto para el campo de batalla cuanto para la
cámara de consejo, destinados no tanto a la aristocracia militar cuanto
a los diplomáticos 1 embajadores.
El historiador humanista, aunque escribe para un público más
reducido, intenta dos cosas. En primer lugar, desmantelar una mito-
logía medieval que ha perdido su eficacia y sustituirla por una nueva.
Y, en segundo lugar, mediante ello, reforzar el nuevo clímax de la

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APÉNDICE I

Compendiosa Historia Hispanica

Introducción Introducción

Cap. 1 Situación y clima Parte I, Cap. S


,, 2 Provincias romanas Cap. 6
,, Cap. 6
,, 3 Reinos modernos
4 Orígenes de la monarquía
,, castellana Cap 7
s Los reinos castellanos des-
pués de la derrota de los
,, visigodos Caps. 11-16
6 Hegemonía de Castilla en la
,, Península Cap. 17
7 Reinado de Pedro I hasta
,, Juan I Parte IV, Caps. 14-20
,, 8 Enrique III a Juan 11 Caps. 23-25
9 Fernando y la corona arago-
,, nesa; el cisma resuelto Caps. 26-27
10 Guerras civiles y Alvaro de
,, Luna Caps. 28-29
I I Acontecimientos hasta la ba-

,, talla de Olmedo Caps. 30-31


12 Alvaro de Luna. su vida y
,, muerte Cap. 33
13 Reinado de Enrique IV; Gi-
,, braltar capturado Caps. 38-39
14 Alabanza de España Parte I, Caps. 1-4

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Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
historia que se considera haber sido aeado por aquellos personajes
históricos cuyas biografías ha expuesto. Femando cspecialmente, he-
redero de las experiencias napolitanas de su tío y diseiiador él mis-
mo de un nuevo mapa de España, deseaba transmitir a los extran-
jeros una justificación de su política, disipando al mism'> tiempo el
concepto de una España situada "in extremo mundi angulo" 29 •
La visión espcáfica que surge de las historias de finales del siglo xv
y comienzos del XVI no puede concebirse como una simple transcrip-
ción de la política doméstica y extranjera de Fema_µdo. La compli-
cada red de alianzas organizadas por Juan II de Navarra, Fernando
e Isabel es el resultado de un plan preciso y limitado para contener
a Francia a lo largo de los Pirineos y en el Mediterráneo occidental.
Este plan dejaba espacio para maniobrar en el sur. Pero, a otro nivel,
esta misma política es presentada por ciertos historiadores influyentes
, a base de una recuperación de la unidad romana y goda, perdida du-
rante más de setecientos años. El mismo Femando, al final de su vida,
se hada ilusiones con esta visión y con su propia contribución a la
reintegratio Hispaniae. "Ha mas de setecientos anos", declaraba en
1514, "que nunqua la corona de España estuvo tan aaecentada ni
tan grande como agora, assi en Poniente como en Levante, y todo,
despues de Dios, por mi obra y trabajo" 30• El confuso laberinto de
contiendas domésticas y de estrategia exterior viene a ser para el his-
toriador el modelo claro de una misión providencial. El recuerdo de
Roma y el de los godos combínanse para infundir a_la historiografía
española del siglo XVI un espíritu de realización épica que la distin-
gue de obras semejantes en el resto de Europa. En términos de Ne-
brija : "Hispania tota sibi rcstituta est".
29 Cfr. p. 81.
:t0 J. M. Doussinague, Bl t,stammto político tÜ Pnnando el Cat6lico
(Madrid, a. L), doc. 7, p. 212.

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
Introducción al LibeUus (Ma A 45 Biblioteca Capitular, Padua, f. s_sv).
Ad sanctissimum patrem pontificemque maximum dominum Pium papam
secundum libellus incipit de situ et descriptione Hispanie et de regibus et
regnorum ortu et successu ac de clarioribus bellis et gestis in ea, succinte
edictus a Roderico Episcopo Ouetensi Hispano apostolico refferendario.
Falluntur plurimum, beatissime pater ac cunctorum principantium sace-
rrime princeps, qui Hispanianan laudes, patris situm, gentis Teligicme,n et
cultum atque viTtutes et studia, belloTUm mcuniasignoTaTe11olunt aut scire
negligunt eo nTOTe ducti quod ut nonnulli Tnum inexpnii in angulo mtmdi
et plaga occidentali, ut aiunt, Hispania sita wleatur cuque extTa oTbem positi,
ut eOTUmun bis utaT, ab orbis gloria alieni videamur. Qui igitur talla ga-
rriunt primo se inexpertos fatentur. Sed nec Jheronimum legisse fatentur qui
longe secus de occidua Sperie regione loquitur dum ait: In occidente sol
iusticie oritur, in oriente autem Lucifer ille qui ceciderat supra sidera posuit
thronum suum. Et rursus in occidente cespite terra fecundo doroinici se-
minis puritatem centeno reffert, dum alibi cernimus quia frumenta in lolium
avenasque degenerant. Ut igitur huiusmodi hominum ffTOT tanto uehemen-
cius a mentibus sensatoTUm exulet, quanto a ueritai, remotioT existir, breuis-
simis quibusdam, ut ita dixmm, silabis inter plurima que huiusmodi prouin-
ciam concnnne et actollere videntur, paucula quedam subiciam. Satisf aciam
igitur non quidem desiderio sed f1recepto tue Serenitatis qui mihi eiusdem
regionis indigene iniunxit ut breuiter succlnteque flosculos rerum in Hispa-
nia gestarum circa successionum et regnorum ordinem scriptis redigam. Daba
ergo disnende rei testimonium uerissimum si patrie dulcis amor non fallat.
Sed cogito quia tue Serenitatis ad quam loquor surnrna majestas cuiuslibet
affectus suspicionem tollet eo maxime quia eorum qui preciare de orbis des-
criptionem loquit sunt ea ipsa que breui diseram longioribus atque elegan-
tioribus ipsis uerbis conffirmabunt.
Las frases en cursiva se repiten en la Compendiosa.

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.,.._ ·----- -~ ó'
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APaNDICE 11

En los esquemas siguientes, los títulos entre paréntesis indican que el


texto contiene el material citado, pero que no se le ha puesto título.
Las mayúsculas situadas delante de los títulos de la versión a indican
la nueva disuibución del orden de los capítulos que Margarit proponía en
el manuscrito.
Versión impresa
en 1545 Versión a Versión 13
Capítulos
1, 3 Europe Divisio. Id.
4 Terminatio Hispanie. Id.
s Divisio Hispanie. Id.
9 B Hispanie laudes. Id
IO C Quot nationes usque ad
nostra tempora Hispaoiam
obtinuerunt. Id.
II E De prioribus Hispanie po-
pulis. Id.
12 F De hiberis et celtis unde
celtiberi. Id.
10 D Hispania quot nominibus
appellata sit ab antiquis
scriptoribus. Id.
14 H De regibus qui regnarunt
in Hispania ante Hercu-
lis adventum. Id.
13 De civitatibus Hispanie an-
te Herculis adventum.
17 De provinciis Hispanie que
propria illorum nomina
mutaverunt.
18 (De Citeriori Hispanie.)

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300 Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
Versión impresa
en 1545 Versi6n a Versión p
Capítulos
I, 19 De montibus Hispanie qui
nomina mu.tavcrunL
20 De finminibus que nornina
mutaverunt.
21 De urbibua Hispanie que .
.. llJ"

propia nomina muta-


verunt. Id.
22 De urbibus que quondam
in Hispanie ftorcntissime
sunt delete. Id.
8 De terra Ruscilionia. Id.
15 Que de celtiberia scripse-
runt antiquiores Id.
16 (De Pyreneis montibua ac
metallis eorum). Id.
II, Explicit liber primua de
priori antiquitate incipit
secundus de adventu
Herculis et grecorum ac
illorum que per grecos in
Hispania gesta sunt. Id.
Unde Greci originem tra-
hunt. Id.
2 B De origine Herculia nostri
et cius sceleribus. Id.
3 e De pluribus aliis Herculia. Id.
I A De advcntu Herculia in
Hispania. Id.
4 D De urbibus ab Hcrcule in
Hispania conditis. Id.
s Que de Herculis reditu in
Greciam scripsere prio-
res historiographi atque
pocte. Id.
6 De Thcuao filio Thclamo-
nis et eius in Hispaniam
advcntu et provinciam
Galledam. Id.
7 De Galatis.
8 De adventu focensium in
et urbe Em-

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Apéndice 11 301

Versión impresa
en 1545 Versión a Versión f3
Capítulos
Explicit liber secundus in-
111, 1 cipit tertius de Tyriis et
Sidonis unde Carthagi-
nenses et Gadetani ori-
ginem habuit.
2 Quomodo Carthaginenses
Hispanie post Grecos do-
minium obtinuerunt et
per longa secula te-
nuerunt.
I, 16 (De Pyreneis montibus ac
metallis eorum.)
III, 3 De coloniis et urbibus a
Carthaginenses in Hispa-
nia constructis.
IV. 1 Explicit líber tertius inci-
pit quartus de bis que
gesta sunt in Hispania
durante primo bello pu-
nico. (Continúa como en
N hasta
V, I De secundo bello punico.
8 De morte duorum Scipio- De morte duorum Scipio-
num. (Continúa como en num. (Continúa como en
N hasta N hasta
23 Ascapa urbe Carthaginen-
sium igne ferroque vas-
tatur.
24 Infirmitas Scipionis et que
mala pertulit.
25 Quomodo puniti sunt tantae
seditionis autores. (Con-
tinúa como en N hasta el
fin del libro X.)

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302 Bnsayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
Versión impresa
en 1545 Versión y Versión 6 Versión E

Capítulos
Dedicatoria (1, 1) Dedicatoria
Introducción (I, Proemio. Id.
2)
1, 3 Europa divisio. Id.
4 Hispanie terminatio. Id.
s Hispanie divisio. Id.
6 Hispanie descriptio
et terminatio per
marítima littora et
Pyreneum. Id.
7 Descriptio Hispanie
per Mediterra-
neam. Id.
8 De terra Ruscilionis
an sit in Hispania. Id.
9 Hispania quot nomi-
nibus... (Titulo
anterior: Hispanie
laudes.) Id.
10 Quot nationes ... ob-
tin uerunt. (Ade-
más, Hispania
quot nominibus.) Id.
11 De primis Hispania
incolis. Id.
12 De iberis et celtis. Id.
13 De urbibus . . . Her-
culis adventum. Id.
14 De regibus . . . Her-
culis adventum. lcL
IS Que de Celtiberia ...
antiquiores. IcL
16 (De Pyreneis mon- De Pyreneis
tibus.) montibus.
17 De provincüs ... mu-
taverunt. Id.
18 (De Citeriori Hispa-
nie.) Id. Id.
19 De montibus ..• mu-
taverunt. Id.

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Apéndice II
Versión impresa
en 1545 Versión y Versión 6 Versión E

Capítulos
I, 20 De fluminibus ...
mutaverunt. Id.
21 De urbibus . . . mu-
taverunt. Id.
22 De urbibus que ...
delete.
II, I De adventu Hercu-
lis.
2 De origine Herculis.
3 De pl uribus aliis
Herculis.
4 De urbibus ab Her-
cule . . . conditis.
S Que de Herculis rc-
ditu ...
6 De adventu theucri
et aliorum greco-
rum et urbibus ab
eis conditis.
7 De Galatis et eorum
nomine et undc
prodierunt.

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........... •• ,l ••• ••
APJ!NDICB 111

MS de la Hispanic Society de NUBfJaYork, Colección Archer M.


Huntington; 180 mm., pe,g., letra del s. XVI-XVII. Los primeros
cuatro folios con la materia preliminar no tienen foliación. El poema,
sin cabesa, empiesa en el f. I y teunina en el f. 51" (el copista ha re-
petido el f. 46). Indico la foliación como es, y para eoitar confusiones
numero las estrofas.
He transcrito el MS de acuerdo con las Normas de transcripción
de textos y documentos (Madrid, CSIC, 1944), modernizando el uso
de u, ", i, i y la puntuación.

f. 1* Línea de los reyes de Aragón, compuesta por Fray Gauberto Fa..


bri~io de Vagad, religioso de la orden de los Cisteles en el monaste-
rio de nra. sa. de Santa Fee, coronista del sereníssimo Rey de Ara-
gón don Juan el Segundo, dirigida al muy noble sr. don Femando
de Bolea Abarca y Galloz, mayordomo mayor del sereníssimo Prín~-
pe don Carlos de Aragón y de Navarra y de su consejo, agora de
nuevo sacada a luz por Fr. Tomás Lambea,religioso del mismo con-
vento y dirigida a Don Martín Abarca de Bolea y Castro, Barón de
Clamosa, sr. de la villa de Siétamo y sus baronías.
f. 2 * Al muy noble y muy magnífico sr. don Femando de Bolea Abar-
ca de Galloz, mayordomo mayor y del consejo del sereníssimo Prín-
cipe don Carlos de Aragón y de Navarra, hijo primogénito del muy
alto y magnánimo sr. don Juan el segundo, Rey de Aragón, Fr. Gau-
berte Fabricio de Vagad, monge indigno de la orden de Cisteles, pro-
feso en el monasterio de Sta. María de Santa Fee y coronista del
dicho Sr. Rey de Aragón.

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Apéndice III

Muy noble y muy magnífko sr. Considerando los grandes peligros


e trabajos que no sin mingua de salud y / hazienda han sostentado
los que arrimándose a la obligación de sus cargos, assí en próspera
como en adversa fortuna, han seguido en vida y muerte la Vandera
de aquel famoso luzero de España (que digo del mundo), el tan afa-
mado magnánimo y excelente señor y prín~ipe don Carlos de Aragón
y Navarra, hijo primogénito del muy alto y esclare~do sr. don Juan
el segundo, rey de Aragón, y viéndolos agora huérfanos de su vista,
con dolor intenso del corazón de los que con fidelidad le acataron e
sirvieron como a su prín~ipe y señor, tengo en mí un lastimero re-
cuerdo que como tan su aficionado me desvele de contino bienque
el / ver su tan santa muerte y loable fin y los muchos señales y fa-
vores que Dios muestra do están sus huesos cada día, es un nuevo
regosijo del alma para los que sentimos tanto su ausen~ia y como sea
uno dellos vuestra nobleza por lo bien que le servisteis en consejero
y su mayor dombre mayor, assí en paz como en guerra, para vues-
tro consuelo quize de mi pobre talento hazer un breve epilogo y re-
cuerdo de los magnánimos y valerosos reyes de Aragón desde el pri-
mero hasta cerrar con nuestro príncipe afamado don Carlos, cifran-
do en breve suma lo que en largo compendio he ya escrito. Dedíco-
voslos como tan vuestro por las dichas razones y por acordarme de lo
., que este / mi santo conbento deve a vuestra casa, pues vuestros pa-
sados con espensas de salud y haziendas no solamente lo fundaron
pero lo dotaron, quedando en él para vuestra merced y los vuestros
uno de los más homados entierros que ... puede ser, y pues tarde
[o] temprano hemos de morar juntos para siempre en vida, os ruego
y suplico os acordéis de este vuestro can más que hermano e humil-
de capellán, que yo en mis pobres e indignas oraciones no falle~ere
de encomendaros al señor de misericordias ; él ¡uarde vuestra noble
persona como desea este vuestro capellán y perpetuo orador Fr. Gau-
berto Fabri~o de Vagad.
A Don Martín de Bolea y Castro, Barón y Sr. de la villa de Sié-
tamo y sus baronías, Fr. Tomás Lambea, monge de Sta. Fee.
Entre los papeles viejos y curiosos deste conbento he hallado un
manuscrito de aquel tan antiguo coronista Fr. Gauberto, profeso re-
ligioso desta santa casa que ya muchos años atrás havía sido impre-
so, y pareciéndome obra (aunque pequeña) digna de que no se aca-
HISTORIOGRAFfA
PBN., 20

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Ensayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV

base su memoria, la he querido de nuevo sacar a luz, ofreciéndola a


vuestra merced como tan señor desta casa y mío en particular y por
las razones que Fr. Gauberto dize en la dedicatoria que hizo a su
visabuelo / de vm. don Fernando de Bolea, r~ba vm. mi voluntad
f. 4T"A-
que ~ta es la que siempre bive para servir a quien tanta obliga~
tiene como es a vm., a quien nuestro señor guarde con la felicidad
y augmento de estados que este su servidor y capellán desea. De San-
ta Fee.
f. I I. Quando fue el cruel castigo
de Juliánconde malvado,
por el pecar de Rodrigo,
el Rey fue tan castigado
que sus reinos son testigo.

2. Metió luego por España


la morisma de rondón,
que se dio tan buena maña
que la guerra fue tamaña
como lo fue la trai~ón.

f. ¡v 3· Con la Caba hija del Conde


tropezó el lascivo Rey.
Este pecar fue de hombre,
mas pecar contra la Ley
sólo al conde toca el nombre.

4· Si por hallarse agrabiado,


tan gran trai~ión ordenó,
con ella quedó afrentado,
del Rey pudo ser sobrado
pero deshonrado no.

f. 2 S· Mil cosas de admiración


me vienen a la memoria,
mas decillas no es razón :
quédense para su historia,
pues es otra mi intención.

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Apéndice 111 307
6. Solamente tomaré
lo que más me satisfaze,
y lo demás callaré
y la razón es porque
a nuestro caso no haze.

f.2v 7. Executan por sus manos


la gran trai~ión del Conde;
asaltaron los christianos,
que es dicha del que se esconde
del poder de los paganos.

8. El Conde con su inten~ión


atrae al Rey y combida
a que mande hazer pregón:
armas no traiga varón
so la pena de la vida.

f. 3 9. Los moros vienen sobrados


con tropeles poderosos;
los christianos descuidados,
los enemigos cuidadosos
y de pertrechos armados.

10. Causó muertes muy crecidas,


trai~ión tan desmesurada
a gentes no apersevidas
y las armas defendidas
para defender la entrada.

f. 3v IJ;. Caudillos moros valientes


un Mu~a y Tarife an sido,
pero viendo a nuestras gentes
que en defender su partido
los han mostrado los dientes.

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308 Bnsayos sobre la historiografíapeninsulardel s. XV
12. Sus hues an ordenado
con orden muy singular;
la vitoria han alcan=iado,
que al fin lo que es tan sobrado
¿qué pudo sino sobrar?

f. 4 13. Muchas batallas se dieron,


algunas dellas ganaron
y algunas otras perdieron
con los llanos se quedaron
por el poder que tubieron.

14- Llegados a lo fragoso,


que son las fuertes montañas,
contra el poder poderoso
hazen (que aun contar no oso)
los godos grandes ha?.añas.

f. 4• 15. Pero viendo Dios que está


su castigo por la tierra,
para los suyos se va
y assí en la falda de la sierra
los ven~dos ven~ ya.

16. Los moros se detubieron


viendo buelta la fortuna;
los nuestros se rehizieron,
muchas batallas vencieron
aunque perdieron alguna.

f. s 17. Por los Pirineos todos


dan tales escaramuzas
los españoles y godos,
que no les valen sus Muzas,
sus Tarifes ni sus modos.

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Apéndice III 309
18. Con el uso del ven~er,
en matar encarnizados,
sus cosas quieren hazer
del arte que suelen ser
mas halláronse burlados.

f. 5v 19. Siendo vitoria trocada,


la morisma ya desmaya,
pues r~iben so barbada
en frontera de Vizcaya
de una cassa torreada.

20. Alrededor la cercaron,


tres vezes la conbatieron,
pero nunca la ganaron
sino miedo que cobraron,
pues que para tras bolvieron.

f. 6 21. Los moros están corridos


viendo lo que no solía;
acometen mil partidos,
mas aquel que la tenía
hizo sordos los oídos.

22. El qual supo guardar


es capitán muy lucido
por hecho tan singular,
éste quedó su solar
y Torres por apellido.

f. 6V 23. Del Lanzgrave de Alemaña


hijo fue este caballero,
que se dio tan buena maña,
en la casa que primero
se le encomendó en España.

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310 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV

24- Con escudo azul quedó


de las armas que tenía;
la torre blanca tomó,
la misma que defendió
por sus manos aquel día.

f. 7 25. Hubo muy claros varones,


desendientes de tal hombre,
de sus mismas condiciones,
de sus armas y su nombre,
valientes como leones.

26. Hechos notables hizieron


los de tan noble ralea;
dellos mismos desendieron
otras casas y salieron
los del nombre de Bolea.

f. 7v 27. Tomando pues la historia


que dexamos de los moros,
quedaron con la vitoria,
con riquezas y con tesoros
que no alcanza la memoria.

28. Entiéndese por los llanos


que por sierras no ban buenas
las empresas de paganos,
pues por allí los christianos
les dieron las manos llenas.

f. 8 29. En España apoderados


las iglesias, las ermitas,
que son templos profanados
pues se bolvieron mezquitas
y en alfaquís sus perlados.

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Apéndice 111 311

30. Hecha ya la destrui~ión,


qual digo por tal quadrilla,
dexaron sólo un rincón
las montañas de Aragón,
las de León y Castilla.

f. sv 31. A Vizcaya no ganaron,


ni las Asturias de Oviedo;
mucho menos las tomaron,
no de voluntad mas miedo,
que el hecho bien lo provaron.

32. Poblaron estos lugares


nuestra gente prin~ipal,
hijos de algo singulares
donde tienen sus solares
de que hazen hoy caudal.

f. 9 33· En Asturias noble gente


se acoge con don Pelayo,
infante muy excelente,
de los godos bivo rayo,
de sus reyes descendiente.

34. Púsose en la delantera


con un ánimo real,
en la mano la bandera,
que una cruz de ceros (?) era
por su divisa y señal.

f. 9v 3S· Tan valiente corazón,


como don Pelayo tiene,
no consiente dela~ión;
y assí marchándose viene
hazia el reino de León.

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312 Ensayos sobre la historiog,-afíapeninsulardel s. XY
36. Hizo cosas señaladas
con sus gentes sin abrigo;
ganaron villas ~cadas,
fortalezas pertrechadas,
que la historia es buen testigo.

f. 10 37• Hechos un grande tropel


muchos cavalleros godos,
con énimo y pecho fiel,
ordenaron entre todos
allá en la Peña de Urucl,

38. por ser lugar de montaña


y a Jaca muy apegado,
donde la mora canalla
jamás por fuerzas o por maña
acometer an osado,

f. 10v 39. de ~ rey que los rigicsse


y a quanta gente allí havfa
y la tierra do andubiessc,
pues todo se perderla,
si de esta arte no se hiziesse.

40. Y echados en o~ón


sobre qual eligirlan,
eligieron un varón,
godo de propia na~ón
tal qual ellos lo pidfan.

f. 11 41. Como rey que tiene amor


a virtud y no a mali~
por si usase de rigor
quizo que huvicsse un Jus~
entre el reino y su señor.

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Apéndice III 313
42. Este noble cavallero
Garci Ximénez se llama;
de Sobrarbe rey primero,
fue prin~pio verdadero
de vitorias y de fama.

f. IIV 43. Por su línea y su~esión,


ya descendía de reyes,
y assí quiso la razón
del vengar los de Aragón
para sustentar sus leyes.

44· Hechas estas cosas ya,


aprestado cada día,
a buscar los moros va;
tales combates les da
que ganó más que tenía.

f. 12 45. Tres principados quedaron,


hecha la destrui~ión;
el uno que levantaron
es el Rey de Aragón,
que de Sobrarbe llamaron.

46. El otro de gran semblante


por sus animosas furias
es don Pelayo el Infante,
de pecho bravo y constante,
Príncipe de las Asturias.

f. J2Y
41· Prefeto de Cataluña
el ter~er estado fue,
de moneda tubo cuña,
llamóse don Sinofré,
es imperial su alcuña.

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314 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. Xl'

48. Aunque no tubo corona


de virtudes se la dieron
méritos de su persona;
los condes de Barcelona
dcste tronco descendieron.

f. 13 49. Para quien fuere discreto


ya dixe los tres ditados,
el uno solo con cetro,
y son todos tres nombrados
Rey y Prin~pe y Prefeto.

50. De dos de ellos no hablar~


pues hablé donde cumplía;
do no importa callaré,
de Sobrarbe nombrar~
todos los reyes que havía.

f. 13v 51. Vino tras el rey primero


don Garzi tñigo después,
y luego el otro tercero,
dicho don Fortún Gar~s,
animoso y gran guerrero.

52. El quarto rey que conquista


don Sancho Garcés se llama,
mas no lo pierde de vista
el Rey don 1ñigo Arista,
quinto que ganó gran fama.

f. 14 53· Sexto rey desta comarca


Rey don Garzi tñiguez fue;
el séptimo de gran marca
se dixo don Sancho Abarca,
augmentador de la fe.

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Apéndice III 31 5
54. El ocheno valeroso
que alcanzó grande primor
fue don García el Tembloso;
y al nobeno poderoso
dizen don Sancho el Mayor.

f. 14v
SS· Don Ramiro, rey dezeno,
hijo del mayor don Sancho,
fue valiente rey sereno,
del estrecho buelbe ancho
y del chico reino bueno.

56. Fue de alto corazón


este rey bravoso y fiero;
siguió mucho la razón,
llamóse rey de Aragón,
de Aragón fue rey primero.

f. 15 57. Sánchez Ramírez segundo,


de los Sanchos fue rey quarto,
de consejo muy profundo,
por ser tal conquistó harto
y se nombró por el mundo.

58. Sabiendo los estrangeros


que hecha moros de la sierra,
se le ajuntan caballeros
con sus gentes y dineros
para servirle en la guerra.

f. 15v 59. Entre muchos que venían


dos vienen muy señalados,
quinientos hombres traían
de su casa eran dezían
sus vasallos y criados.

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316 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
6o. Olpitanes generosos
son y de memoria dignos,
hermanos muy animosos,
de Torres son valerosos
del solar que ya dwmos.

f. 16 61. Toda la gente al mayor


tñigo Martínez llama,
y al otro que es el menor
Martín de Torres que ganó
con su b~ grandehonor.

62. Año de la CD~


del mil y ochenta y más uno,
entraron en Aragón
con sus gentes en buen son
sin que les faltase alguno.

f. 16• 63. Quando estos dos allegaron,


el Rey en campo se halla,
sus albas manos besaron,
sobre Bolea lo hallaron
ya para dar la batalla.

64. Menester fueron las manos


en lugar fuerte murado;
bien pelean los paganos,
pero estos dos hermanos
anse más aventajado.

f. 17 65. Sobre la cerca se vido


quanto más se combatía,
un estandarte tendido;
por las armas que ten.fa,
azul es bien cono~do.

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~===--
318 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
72. Entra luego el más primero
mas otras puertas halló,
caidoras son empero,
valióle al buen cavallero
el esfuerzo que tomó.

f. 19 73· Dos caudillos los (las?) guardavan


con sus escudos dorados,
muchos los acompañavan
que con alfangcs al~dos
al don~el amenazavan.

74. Mas para ellos se va


con ánimo denodado,
del primer golpe que da
el un caudillo ya está
con el un brazo cortado.

f. 19• 75. El caudillo tal quedó


que desmayado cayera,
el otro le socorrió,
el de Torres le cogiera,
la cabeza le cortó.

76. Las puertas desampararon


la morisma desmayada,
él y sus gentes entraron
por las otras que cabaron;
Bolea quedó ganada.

f. 20 77. Y las puertas que ha ganado


caedoras al Rey plaze
en el escudo dorado
del moro que muerto yaze
aya por armas tomado.

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Apéndice III 317
66. Puesto lleva un rico arnés,
quien lo tiene un gran guerrero
que no tiene algún travéz,
que íñigo Martínez es,
el hermano más primero.

f. 17v 67. Con el estandarte alzado,


con otro brazo pelea,
en tono muy denodado
comenzó a gritar Bolea
en hecho tan señalado.

68. Viendo que la cosa era


digna de tanto renombre,
el pendón es su ~imera;
lo que con vozes dixera
le quedó por sobrenombre.

f. 18 69. Martín de Torres valiente,


sabio y varón esforzado,
él no duerme ni su gente,
viendo juego tan trabado
su esfuerzo y valor se siente.

70. A las puertas de la villa,


su persona bien armada
dio fuego con su quadrilla,
que fue una gran maravilla,
hazaña tan arriscada.

f. 18v 71. En las puertas bien ~erradas


por sus manos pone fuego;
defiéndenlas a puñadas
mas no se ríen del juego
que bien abre sus entradas.

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Apéndice 111 319
78. Púsolas con las que son
de su casa y su ralea;
del Rey huvo gualardón,
por justicia y por razón
es muy justo que assí sea.

f. 20v 79. Por su estremado valor


a Íñigo hermano primero
hizo su alférez mayor
el Rey, por ser cavallero
digno de tan grande honor.

80. Y en nombre de esta pelea


y porque el Rey lo ha ordenado,
de Bolea se ha llamado,
de donde los de Bolea
de~ienden de grado en grado.

f. 21 81. Tomemos pues a Aragón


y al linage de sus reyes,
a tan alta su~essión
no lo permiten las leyes
se le haga sin razón.

82. El rey don Pedro se llama,


de don Sancho hijo heredero
que justicia sigue y ama,
de los Pedros el primero
que en Huesca el nombre derrama.

f. 21v 83. Don Alonso después vino,


fue rey de muy buena maña;
enperador de contino
fue nombrado por España;
de más desto fuera digno.

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11 : 1 1 111 1 11 •• i 1 1.
320 Bnsayos sobre la historiografiapeninsular del s. XV

84- Llegó después a reinar


don Ramiro rey segundo;
fue príncipe singular,
supo tanbim gobernar
quanto[ s] son rey[ s] en el mundo.

f. 22 85. Reinó después don Ramón


que llamaronBelenguer.
Fue la causa y la razón
Petronila y su mugcr,
hija del Rey de Aragón.

86. Por valor de su persona


don Ramiro los casó
al Conde de Barcelona
con su hija y la corona
de sus reinos le entregó.

f. 22v 87. El reino luego se o~


al Rey don Alfonso el Olsto,
su merecer más ~
fue de virtudes abasto
quanto ser lo pertencze.

88. En los reinos su~ió


el Rey don Pedro el segundo;
Cathólico se llamó,
en el Muladar ven~ó
como se sabe en el mundo.

f. 23 89. El Rey don Jaimeel primero


en estos reinos su~;
de ardid y mañas guerrero
bien usaba lo que puede,
como rey y caballero.

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Apéndice III 321

90. Quatro reinos conquistó


con su saber y prudencia;
el de Menorca tomó
y el de Mallorca ganó
con el de Mur~ y Valencia.

f. 23v 91. Todos los reinos vinieron


a dar en don Pedro el Grande;
pues sus hechos grandes fueron,
no cumple que se desmande
porque tal nombre le dieron.

92. Muchas batallas ven~ió,


con trabajo se ven~ieron.
Los tiranos destruyó,
los indómitos domó
hasta que le obede~ieron.

f. 24 93. Nunca hartó de ven~er


el osado corazón ;
a Sicilia con poder
libró de la suje~ión
sin faltar a su deber.

94. Al Rey don Carlos hechó,


de Sicilia, rey tirano,
en su ser la restauró;
los enemigos venció;
con el espada en la mano.

f. 24v 95. El Rey don Carlos hechado


de Sicilia de rondón,
sus carteles a im.biado
al alto Rey de Aragón
en que le ha desafiado.

HISTORIOGRAFÍAPEN., 21

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322 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV
96. De junio día primero
en Bourdeos campo aplazó;
ordenó como mañero,
de prender al Rey guerrero
pero no le aprovechó.

f. 2s 97. Por ser en tierras cstrañas,


el desafío aplazado
en Montearagón cerrado,
por mostrar más sus hazañas
doliente el Rey se ha mostrado.

98. De donde oculto partió,


llevando por compañeros
dos muy nobles caballeros
y un tal Figueras que halló,
francés de buenos hazcros.

f. 2ST 99. Este qual señor mandaba


y su noble camarero,
el de Bolea cozinero,
Alagón mayordomeava
y el Rey era el despensero.

100. Y aunque puse en mis historias


en lugar del de Bolea
otro que fue a esta pelea,
después hallé otras memorias
ciertas que afirman que él sea.

f. 26 IOI. Con esta traza no oída,


llegó a Burdeos do a comdo
el campo y patente havida
del juez que bien lo vido,
dio gran prissa a su partida.

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Apéndice 111 32 3
102. Los reyes muy enojados
el de Nápoles y Fran~ia,
con hechos tan señalados
fuéronse muy espantados
de ver tan poca ganan~ia.

f. 26V 103. Tomó el Rey tan grande espanto


de Nápoles que se parte
a pedir al Padre Santo
socorro, que de tal arte
contra moros no dio tanto.

104. Como quien no dize nada


sin más determina~ión,
a sangre fue pregonada
y aun a fuego la cruzada
para entrar en Aragón.

l. 27 ~05. El Rey don Carlos juntó


gran poder a maravilla;
el rey francés no faltó,
el papa y el de Castilla
y el nabarro le acudió.

106. Otro rey tanbién christiano


le ha valido y sin razón,
y dio paso por su mano
el de Mallorca, hermano
del mismo Rey de Aragón.

f. 2-r 107. El rey moro de Granada


quando tal llegó a saber,
en Aragón su embaxada
imbió y junto a sí ofrezer;
pero el Rey no quiere nada.

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324 Ensayos sobre la historiograffapeninsular del s. XV
108. Mas antes le imbi6 a dezir
por un Rey solo que quiere
también con él competir,
porque piensa de salir
oon todo quanto quisiere.

f. 28 109. Aunque nuestro Rey mostrava


tan crezido corazón,
Dios sabe lo que pasaba
en~do en su rincón
y lo mucho que velava.

110. Pero lo que no podía


visitar bien por entero,
a Castilla hera dezfa
porque por detris venía,
pero gradó al camarero;

f. 28• 111. Que en ver su Rey natural


tan ageno de consuelo,
el camarero real
habló postrado en el suelo,
dando de su amor señal:

112. "A vos, suprema exel~


no pido lugar ni villa,
sino carta de crchen~
y déxeme tu clemen~
con el gran Rey de CastillL"

f. 29 1•3· La me~d le fue otorgada,


viendo la buena intención,
y la carta le fue dada
al baleroso barón,
con sello real sellada.

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Apéndice 111 32 5
114. De Castilla descuidado,
a Cataluña partió
el Rey muy acompañado;
su campo bien aprestado
quanto nunca lo llevó.

f. 29v 115. A Castilla pues llegado


este real camarero,
la mano al Rey a besado
como cortés cavallero
y la real carta ha dado.

116. Hallólo muy en mal son


junto ya de la frontera,
para entrar en Aragón,
y estorbóle su intención
hablando desta manera:

f. 30 117. "Alto príncipe y señor,


de Castilla Rey sereno,
la sangre leal y amor
por lo más suele ser bueno
para aplacar el rencor."

118. "Y pues sois Rey tan christiano


tened considera~ión
al parentesco ~ercano
del rey que tan a la mano
tiene su destruición."

f. 30v ll9• "Si por seis meses queréis


al~ar mano de tal guerra,
del Rey mi señor habréis
Calatayud y su tierra
sin que un dinero gastéis."

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•• 11 1 11 •• i •••
326 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
120. "Para esto tengo poder,
para esto fue mi camino;
quísolo mi Rey hazer,
pues sabe se ha de perder,
darlo a vos como a sobrino."

f. 31 121. El Rey don Sancho que vido


cosa tan aventajada,
'
aceptóle tal partido
pues sin costa de lanzada
tan bien havía salido.

122. La carta real guardó


por prenda del cavallero,
y del rey que lo inbió;
y con tanto se partió
don Pedro el buen camarero.

f. 31v 123. Ya que nuestro Rey pasó


más allá de Barcelona,
sus enemigos halló
que havían ganado a Girona,
aunque bien se defendió.

124. Entran todos profanando


iglesias y . monasterios,
lo divino no acatando
pero no salen burlando
de los secretos misterios.

f. 32 125. Siendo su daño muy fuerte,


su desventura quiso
que quebrassen por su suerte
el bra~o de San Narcisso
para que les diese muerte.

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Apéndice 111 32 7
126. Del sepulchro deste santo
muy muchas moscas manavan,
pusieron muy grande espanto
y con gran razón fue tanto
pues en picando matavan . .

f. 32v 127. La pestilencia cre~ió


en los franceses mortal,
qual nunca jamás se vio;
a la posta de tal mal
el Rey de Francia murió.

128. Como vieron al Rey muerto,


la gente desbaratada
huye sin ningún concierto
pero [ ... ] por cierto
nuestro Rey en el espada.

f. 33 129. Los otros reyes que vieron


la manera del ven~er,
en huida se pusieron
a quien más puede correr,
según el temor tubieron.

J30. Entró luego muy triunfante


nuestro Rey en Bar~elona,
los ven~imientos delante;
no hay hombre que no se espante
de ver la real persona.

f. 33v 131. Esta nueva publicada,


el Rey de Castilla luego
embió una grande embaxada,
y, por no salir del juego,
la real carta sellada.

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328 Bnsayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

132. Lo principal contenido


en ella y lo más primero
es de que cumpla el partido
que le fuera prometido
por su mayor camarero;

f. 34 1 33· De que si enton~ dcxava


de huer a su Rey la guerra,
de su parte le mandava
Calatayud y su tierra,
porque ordenado le estava;

134- Y que assf le prometía


B mismo la entregar
en el punto y hora y día
que capitulado havía,
sin un momento faltar.

f. 34• 1 35· Quando tal el Rey oyó


dello fue muy espantado,
y con razón se espantó,
pues no lo havía mandado
ni menos mandar pensó.

136. Mandó luego allf llamar


a su leal camarero,
comenzóle a preguntar,
mas no puso en negar
el tan noble cavallero.

f. 3S 137• E Rey le dixo: "¿ Porqu~


prometisteis de mi parte
cosa que yo no man~
un negocio de tal arte
qual jamás yo lo penR?"

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Apéndice 111
138. Nada se alteró por esto
el denodado varón,
antes con sereno gesto
alli entre manos de presto
se declaró su inten~ión:

139. "Alto Prín~ipe real,


como vide el perdimiento
de mi señor natural,
no me bastó sufrimiento
para esperar tanto mal."

140. "Que viéndoos tan ocupado


en Cataluña por guerras,
y a ese don Sancho Rey armado
con su gente aparejado,
temí mucho vuestras tierras."

f. 36 14~. ''Por echar tal poderío


quise yo, señor, usar
deste mi fiel albedrío;
si castigo se ha de dar
conosco, señor, que es mío."

142-. "No me mandasteis a mf


tal cosa, muy bien lo sé,
no cumpláis lo que ofre~,
que pues yo lo prometí,
yo mismo lo pagaré."

143. "Por justicia y por razón,


pues fui sin vuestro mandado,
fuera sois de obliga~ión,
yo solo soy obligado
de cumplir con mi inten~ión."

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330 Ensayos sobre la historiografía peninsular del s. XV

144. "Si se querrá entregar


en mí el gran Rey de Castilla,
dexadme, señor, andar,
tal morir es descansar,
no tengáis de mí mansilla."

f. 37 1 4S· "Pues que tantas vidas dio,


vida llamo yo mi muerte,
pues tanto mal escusó,
venturosa fue la suerte
del que su patria horó."

146. m Rey fue muy espantado


de ver varón tan romano,
mas al fin le fue forzado
que partiesse sin su grado
al poder del Castellano.

f. 37v 147. Con esta misma embaxada


para Castilla partió,
la vida determinada
de perderla, pues hbró
la patria tan codiciada.

148. Y allegado el valeroso


y prudente camarero
ante un rey tan poderoso,
acatamiento primero
le hizo con gran reposo.

f. 38 149. Más osado que con miedo


al Castellano habló assí,
atentado y con denuedo :
"Yo, señor, os prometí
cosa que cumplir no puedo."

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Apéndice 111 331
150. "Díxelo sin lo mandar
mi propio Rey ni saber,
con deseo de librar
mi patria y de contrastar
buestro crezido poder."

f. 38v 151. "Y o conosco que merezco


de vos, señor, el castigo;
a vos, gran señor, me ofrezco,
contentaos, señor, conmigo,
que muy contento padezco."

~52. "Y pues que yo solo fui


el que pequé con la lengua,
entregaos, señor, en mí,
que quando en tal me metí
olvidé bevir y mengua."

f. 39 153· "Aunque mengua yo bien sé,


no la da ninguna ley
a quien libra a quien libré,
que fue mi señor y Rey
por el mal que le estorbé."

1 54· "Que me quitéis el bivir


téngalo por gran ventura,
pues natural es el morir,
de vos habré de sufrir
lo que de la calentura.,,

f. 39v 155· El Rey fue muy espantado


de ver tan gran corazón
en varón que tan de grado
permite por su na~ión
morir sin culpa culpado.

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332 Bnsayos sobre la historiogra/fapeninsular del s. XV

156. El Rey don Sancho culpar


DO le quizo de tal cosa,
antes le hizo jurar
por más se certificar
de una hazaña tan honrrosa.

f. 40 157• Este Rey fue satisfecho,


bien mirada la razón,
y el nuestro con su provecho
y fuera de ob~ón,
como lo quedó de hecho.

158. Uvo quien osó escnbir,


si lo lé[e ]is y mirtis,
al Rey le plugo dezir :
"camarero, pod& ir
en malora y assf os vais."

f. 40• 159. Averiguan ser verdad


que dixese esta razón:
"Nos perdimos a Aragón
por vuestra fidelidad
bien assf contra razón."

16o. Mas los más dizen [que no]


dixese palabra tal,
mas que lo remuneró
con dádivas que le dio
de su tesoro real.

f. 41 161. Aquesta opinión postrera


yo la admito para mí
por más justa y verdadera
que la otra que esaiví,
que cosa de Rey no fuera.

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Apéndice III 333
162. Hazaña tan bien obrada
es don de quien la mereze,
que de todos es loada,
de contrarios es amada
de bien que a todos par~e.

163. Este noble camarero


don Pedro Martínez fue,
de Bolea cavallero
que tuvo tan grande fee
con don Pedro el Rey ter~ro.

164. Gloria y honrra con razón


mer~ió fama y nombre
pues que libró su na~ión,
Rey y reinos de Aragón
tan sin hombre, sólo un hombre.

f. 42 165. Fue mejor entre la[s] buenas


y más digna de loar,
hazaña que bien apenas
procuró siempre callar
y aun la sangre de las venas.

166. Dígolo por las historias


catalanas que nombraron
aquesta entre sus memorias,
siendo quien agenas glorias
en todos tiempos callaron.

f. 42• 167. Mas como instable fortuna


qui~o a este noble varón
quitarle la suc~esión,
quando ... (?) con la luna
en fama y reputa~ión.

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334 Ensayos sobre la historiografíapeninsular del s. XV
168. Sola una hija le dio
de doña Beatriz de Urrea,
donde el renombre acabó
de la casa de Bolea
y el de Abarcacomenzó.

f. 43 169. Doña Juana la llamaron


la que el ser gallardo abarca,