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4 de marzo de 2021.

La fe del centurión (Lc. 7:1-10).

Leer después de introducción.

Introducción

El pueblo de Israel era el pueblo de Dios, y claro, ellos se lo habían


tomado muy a pecho; solían despreciar a los gentiles. La Biblia nos muestra a
pueblos gentiles que debían ser destruidos por su rebeldía e idolatría; pero
también nos muestra casos, en que los gentiles, nos dan lecciones a nosotros, el
pueblo de Dios.

En general, la imagen del ejército romano o de un soldado romano por


supuesto no era buena ante el pueblo de Israel; y no era para menos, estaban
cautivos bajo su gobierno opresor. Pero existen casos aislados, como el de
nuestro pasaje, donde este centurión romano nos deja unas cuantas lecciones.

Desarrollo del tema.

1. Lo posible de las buenas relaciones.

Un paréntesis: Algunas personas desvirtúan ese “gran aprecio”, dicen que era
un amor homosexual y que Jesús no lo prohibió. La palabra ἔντιμος es
honorable, valeroso. Y su sentido es que este siervo era valiosos y estimado ante
su amo.
a. Amo – esclavo.

La palabra siervo del v.2 en el original es doulos (esclavo). El gran aprecio


y alta estima entre ellos habla bien de ambos. Un amo al quien servían
fielmente, y un siervo que se ganaba la estima y era muy valiosos para su amo.
b. Ancianos del pueblo – centurión

Sabemos que los ancianos en ese tiempo y contexto eran sinónimo de


autoridad y sabiduría. Por lo que llama la atención que estos insistieran y
rogaran a favor del centurión. Incluso decían: “merece ser ayudado”.
c. Centurión romano – pueblo de Israel.

v. 5. El centurión no es que solo tuviera buena relación con unos pocos judíos,
no, apreciaba a la nación, incluso les había construido una sinagoga.
Podía haber buenas relaciones entre ellos que eran “distintos” y hasta
nominalmente enemigos. Cuánto más debe haber unidad y buenas
relaciones entre los que tenemos al mismo Dios, mismo Espíritu, misma fe,
mismo Señor.

2. La importancia de la conciencia de pecado.

Los ancianos dijeron: – “Es digno de que le concedas esto” (v.4). El


centurión decía: – “No soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun
me tuve por digno de venir a ti” (vv. 6-7). Este hombre había oído de Jesús.

“El hombre no era digno de ser salvo, pero era digno de


Dios salvar al hombre”

Es elemental tener una clara conciencia de quiénes somos y cómo


estamos, ¿Quién da este diagnóstico? Dios, Él y sólo Él es quien tiene la última
palabra.

3. Lo necesario del buen testimonio y la fe.

 Se preocupaba por sus trabajadores (v.2).


 Pedía las cosas con humildad (v.3).
 De buen testimonio ante los judíos y filántropo (vv.4-5).

 Pero sobre todo era un hombre de fe.

Conclusiones.

Este centurión era romano, tenía todo lo necesario para no agradar a


Dios, y sin embargo Jesús “se maravilló de él” (v. 9). No nos debe determinar la
cultura, o el oficio, por ejemplo. Nos debe determinar que somos hijos de Dios.

Algo que molestaba muchos a los judíos es cuando Jesús mostraba que
los gentiles, en ocasiones, hacían mejores cosas que ellos. Debe “molestarnos”
en el buen sentido.

 Oremos por unidad y buenas relaciones.


 Oremos por una conciencia en el estándar de Dios.
 Oremos por un buen testimonio y una fe firme.

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