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Cartilla Agustiniana

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Material Gráfico y Fotografía
Johanna Ma. Ramírez Prieto
Colegio Agustiniano Norte
Colegio Agustiniano San Nicolás
Colegio Agustiniano Salitre
Colegio Agustiniano Suba
o q u e a d e más se
b r e n o s ó lo nace, sin nto es
El hom s t e p e n s a m ie
u n c la r o e jemplo de e u cons-
hace y q u ie n e n s
e S an Agustín,
nuestr o p a d r
v iv ió y f u n damentó
d a de la verdad
tante b ú s q u e
s q u e s e convirtie-
d e experiencia
un sin n ú m e r o
n u e s t r o p atrimonio
n la c o n s t rucción de cer a lo
ron e o d r á s c o n o
u a l; e x p e r ie ncias que p lugares,
espirit b r ie n d o lo s
d e e s t a c artilla, descu entos de
largo s y lo s m o m
lo s obstáculo
las p e r s o n a s ,
r o n d e S an Agus-
le x ió n que hicie
profu n d a r e f
u c h a s a lm a s, siendo
y pastor de m
tín e l m a e s t r o
x p r e s ió n d e máxima
c a r a c t e r ísticas su e
esta s
o r p o r s u s hermanos.
ios y am
plenitud en D
Agustín Catequista

La Iglesia en San Agustín............................... 9


San Agustín y la Eucaristía............................31

Ascesis Agustiniana...................................... 48

El pecado en San Agustín............................ 57

Libertad y gracia en San Agustín................ 65

Te cuento… .................................................... 80
Nuevas Palabras ............................................ 82
Bibliografía..................................................... 84
La Iglesia en San Agustín

http://fimia.blogspot.com/2010/11/iglesia-de-san-agustin-cordoba.html

“La Iglesia tiene conocimiento


de dos vidas que le han sido predicadas
y encomendadas por divina inspiración, de las cuales
una vive en la fe y la otra en la contemplación;
la una en el tiempo de peregrinación, la otra en la eternidad
de la mansión; la una en el trabajo, la otra en el descanso...”
(San Agustín, Tratado del Evangelio de san Juan 124,5)

9
Reflex

ion
¿Queé sabemos de la Iglesia?
a...

1. ¿Qué es la Iglesia?

2. ¿Quiénes conforman la Iglesia? ¿Qué hicieron para pertenecer a ella?

3. ¿Consideras que la Iglesia es importante para la salvación del hombre?


Justifica tu respuesta.

10
Encuentra las respuestas en la sopa de letras y escribe el mensaje oculto
1. Fiesta litúrgica en la que nació la Iglesia Cristiana Católica.
2. Fundador de la Iglesia.
3. Ciudad donde nació la Iglesia.
4. Es la cabeza de la Iglesia.
5. Integraron la primera comunidad cristiana.
6. Fue el primer jefe de la Iglesia.
7. Significado de la palabra Cristo.
8. Acompañó a los apóstoles en la misión y aún hoy conduce a la Iglesia.

L P A I G L E S I A E O S E
L C E U E R P O D E T C R I
S T O N S E L O T S O P A U
N A S A T J N T I A E C A T
O L I C A E Y R A D P O S T
O L I C A S C Y R E N E L L
R E N E L S A M S O R Q U E
N O S E N S E Ñ O T S A N A
G U S N E L A S U R E J T I
O T N A S U T I R I P E S N

Mensaje oculto:

11
Leo y apr
1.1. Somos convocados
end
o

¿Acaso era gran daño


para tus pequeñuelos el que fuesen
de ingenio mucho más tardo, si no se
apartaban lejos de ti para que, seguros en
el nido de tu Iglesia, echasen plumas y le
creciesen las alas de la caridad con el sano
alimento de la fe ?
(San Agustín, Cf. Las Confesiones 4,16,31).

12
La palabra “Iglesia” significa
“convocación”. Designa asambleas
del pueblo, en general de carácter religioso. Es el
pueblo elegido por Dios como su pertenencia. En el lenguaje cris-
tiano, la palabra “Iglesia“ designa no sólo la asamblea litúrgica, sino también la
comunidad local o toda la comunidad universal de los creyentes. Así la Iglesia es el
pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo
de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.
En el Antiguo Testamento el término Iglesia es utilizado para designar a la asamblea
del pueblo elegido y congregado frente al monte Sinaí, en donde Israel recibió la Ley
y fue constituido por Dios como su pueblo elegido (Ex. 19).
En el Nuevo Testamento, desde el día de Pentecostés, la primera comunidad de los
creyentes en Cristo, se reconoce como la prolongación en la historia de la asamblea
de Israel y se da a sí misma el nombre de Iglesia.
De esta manera, la palabra “Iglesia” designa a la Iglesia universal, a la diócesis, a la
parroquia y a la familia, llamada “Iglesia doméstica” que nace y crece como comu-
13
nidad de los hijos de Dios. La Iglesia nace de la Palabra de Dios, vive de la Eucaristía
y crece por la Eucaristía.
San Agustín, tiempo previo a su conversión, no entendía el significado de la Igle-
sia que acabamos de exponer, motivo por el cual andaba como ciego buscando
dónde hallar la verdad y se confunde en grupos religiosos que decían tener la ver-
dad, pero que poco a poco se fueron quitando las escamas de sus ojos y pudo
comenzar a ver con claridad, según él mismo nos lo cuenta, después de leer el “Hor-
tensio” de Cicerón: “Semejante libro cambió mis afectos y mudó hacia ti, Señor, mis
súplicas e hizo que fueran otros mis deseos y aspiraciones” (San Agustín. Cf. Las
Confesiones 3,4,7). Fue llevado así a buscar primeramente la sabiduría por medio
de la lectura de las Sagradas Escrituras y en segundo lugar, hacer parte de aquel
grupo que tuviera la verdad, la que encontró, años después, en la Iglesia cristiana
católica y muestra su agrado diciendo: “entonces contemplaba la Iglesia llena y que
uno andaba de una manera y otro de otra. A mí me desagradaba lo que hacía en
el siglo; esa vida me era una carga muy pesada, puesto que ya no me inflamaba
la codicia como antes, cuando esperaba que el honor y el dinero me ayudarían a
soportar aquella pesada servidumbre. Aquellas cosas ya no tenían atractivo para
mí comparadas con tu dulzura y la hermosura de tu casa (Iglesia) que yo amé”
(San Agustín, Confesiones 8, 1, 2).
San Agustín y Santa Mónica

14
“Pues
camb bien, a
ió mi
hacia s afec quel libro
t
e hizo ti, Señor os, y mu
que fu , mis p dó
deseos eran o reces
y asp tros m
iracio
nes” is
L (San
as Co A
nfesio gustín. C
nes 3 f.
,4,7)

Descubrirás, por tanto, que san Agustín no amaba a la Iglesia porque no había te-
nido contacto con ella y por ello mismo la desconocía, prefiriendo vivir sumergido
en lo que el mundo le ofrecía, pero que no le satisfacía plenamente, llevándole
a aceptar que nadie ama lo que no conoce: “Lo que en absoluto se ignora, bajo
ningún concepto se puede amar” (San Agustín. Cf. Sobre la Trinidad 10,1,1), que es
precisamente lo que le sucede a muchos de nuestros cristianos y por ello vemos
los templos vacíos o personas llenas de excusas para no acudir a la Iglesia diciendo
que «van es cuando les nace». Pues, nunca les nacerá, porque este afecto nace en la
medida que se tiene el contacto y no al revés, con su ausencia.

15
Descu

bre 1. Completa el siguiente texto con las palabras que


aparecen en la columna derecha:

Identidad
La es el Pueblo que Dios reúne en el
mundo entero.
Ley
La Iglesia, Pueblo de Dios, tiene como
la dignidad de los hijos de Dios en cuyos corazones
habita el Espíritu Santo; como , el Iglesia
mandamiento nuevo de amar como el mismo Cristo nos
ha amado; como , acoger la salvación Destino
y llevarla a los hombres y como , el
Reino definitivo de Dios, del que ya es germen.
Misión

2. Consulta y escribe los significados y diferencias entre:


Diócesis

Iglesia

Parroquia

16
Templo

Santuario

3. Ordena la siguiente expresión de Agustín acerca de la Iglesia y expresa tu


opinión acerca de ella:

no solamente por lo que hemos cristianos

y demos gracias Felicitémonos llegado a ser,

sino el propio Cristo.

17
Reflex

ion 1.2. Notas características de la verdadera Iglesia


a...

Como has podido comprender en el texto anterior, San Agustín reconoce


que la Iglesia sin sacramentos no existe, lo que te confirma que, al ser la Igle-
sia cristiana católica la única que vive los sacramentos, es con sobrada razón la
verdadera fundada por Cristo; y refiriéndose a este aspecto señala: “de su costa-
do, traspasado por la lanza brotó sangre y agua hasta llegar a la tierra. En ello, sin
duda alguna, hay que ver los sacramentos, que constituyen la Iglesia, semejante
a Eva, que fue formada del costado de Adán, figura del Adán futuro, mientras él
dormía” (San Agustín. Cf. Sermón 218, 14).
Como verás, la Iglesia vive por la Palabra de Dios y por los sacramentos, funda-
mentos que dan consistencia a nuestra fe, a lo que afirma san Agustín refiriéndose
a las Sagradas Escrituras: “no habrías otorgado a esa Escritura una tan señalada
autoridad en todo el mundo, si no hubieras querido que por medio de ella se cre-
yese en ti y por medio de ella se te buscase” (San Agustín, Las Confesiones 6,5,8).
Y si bien la Palabra de Dios nos conduce a
la fe, es en la Iglesia donde se encuentra la
verdad y está universalmente extendida,
la encargada de interpretar dicha Palabra
y darla a conocer (San Agustín, Cf. La
Verdadera religión 6,10).

18
Además de hacer notar que la Igle-
sia es la portadora de la verdad y la
encargada por el mismo Jesucristo
para la difusión de su Evangelio,
San Agustín se preocupa por
mostrar una Iglesia de comu-
nión y por ello nos presenta la
comunión de los sacramentos,
en donde Cristo es celebrado
y es él mismo quien los ce-
lebra: “nos hemos convertido
en Cristo. Pues si él es la Cabeza, nosotros so-
mos sus miembros; el hombre total somos él y nosotros” (San
Agustín. Tratado sobre el Evangelio de san Juan 21,8). Así las implicaciones de la
comunión son la unidad, la universalidad, la apostolicidad y la santidad.
Con la profesión de fe que hacemos en la Misa los domingos, decimos: Creo en la Iglesia
que es una, santa, católica y apostólica, lo cual equivale a decir: creo en Dios Padre, Hijo
y Espíritu Santo. “Una misma es nuestra fe bajo el nombre de Cristo, y una misma la
casa donde vivimos, la Iglesia, y uno mismo el Señor, Cabeza del cuerpo único, del que
todos nosotros formamos parte, y uno mismo el Espíritu que nos anima” (San Agustín.
Cf. Sermón 52,8).

UNA

APOSTÓLICA LA IGLESIA SANTA


ES

CATÓLICA

19
La Iglesia es una y única “Los miembros de Cristo
están unidos entre sí por la caridad
de la unidad, que a la vez los ligacon
su cabeza, que es Cristo Jesús”
(San Agustín. Cf. Unidad de la Iglesia 2,2).

La Iglesia es una y única porque es


reflejo de la Trinidad que siendo tres
personas, son un solo y único Dios.
La Unidad de Dios es el modelo de la
unidad de la Iglesia y así nos lo hace
comprender San Agustín: “La comu-
nión de la unidad de la Iglesia (…) es casi una obra propia del Espíritu Santo con
la participación del Padre y del Hijo, pues el Espíritu mismo es en cierto modo la
comunión del Padre y del Hijo (…). El Padre y el Hijo poseen en común el Espíritu
Santo, porque es el Espíritu de ambos” (San Agustín. Cf. Sermón 71,20,33). Es una,
aunque difundida por toda la tierra. La Iglesia es una y única porque es la prolon-
gación de Cristo en la historia y Cristo es uno y único; y es el Espíritu Santo el que
realiza la comunión de todos y los une en la unidad de un solo cuerpo (SPAC), los
une por medio de la caridad: “la caridad es el camino más excelente, es mayor que la
sabiduría y está sobre todos los preceptos” (San Agustín. Cf. Tratado sobre el Evan-
gelio de San Juan 118,4).

20
Es apenas lógico que San Agustín combata el cisma y la herejía, motivo por el que es
conocido como el martillo de los herejes, pues considera que nada puede romper
la unidad establecida desde la Trinidad y máxime en el amor, por lo que afirma en
delicada invitación a todos los que formamos parte de esta única Iglesia: “Cristo es la
Verdad que sobrepuja a todas las cosas, es el Verbo de Dios, es la sabiduría de Dios,
por quien fueron hechas todas las cosas; tiene sus amadores y el cristiano no clama
en la Iglesia que sea amada con él la Verdad de Dios. Excitad el amor en vosotros,
hermanos… Si amáis a Dios, arrebatad al amor de Dios a todos los que con vosotros
estáis unidos y a todos los que se hallan en vuestra casa. Si por vosotros es amado
el cuerpo de Cristo, es decir, la unidad de la Iglesia” (San Agustín. Cf. Comentarios a
los Salmos 33,2,6).

21
Expresa brevemente qué cosas podrían atentar contra la unidad de la Iglesia y
cómo se puede mejorar.

22
La Iglesia es Santa
“En esta vida la santidad de cada uno
consiste en que el hombre esté sometido a Dios
con docilidad, el cuerpo lo esté al alma y las
inclinaciones viciosas a la razón”.
(San Agustín. Cf. La Ciudad de Dios 19,27).

La verdadera enseñanza que


transmitimos es lo que vivimos;
y somos buenos predicado-
res cuando ponemos en práctica
lo que decimos.
San Francisco de Asís

La santidad de la Iglesia no quiere decir que nunca haya cometido errores, pues
recordarás que el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, pidió perdón por las faltas
cometidas a través de la historia. Es santa porque es el pueblo elegido y convocado
por Dios que es santo; está unidad a Cristo, su cabeza, quien es santo por excelen-
cia; está animada por el Espíritu Santo, que habita en cada fiel; posee los medios de
santificación dejados por Cristo, los sacramentos. Todos los miembros de la Iglesia
estamos llamados a la santidad (Cf. Vaticano II, Lumen Gentium 39-42) por el mis-
mo Cristo; si entendemos buenamente lo que nos expresa San Agustín al respecto:
“porque a nosotros los cristianos, se dio esta regla de vida, que consiste en amar a
Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu, y después al pró-
jimo como a nosotros mismos; y estos preceptos son el resumen de toda la Ley y los
Profetas” (San Agustín. Cf. Sobre las Costumbres de la Iglesia y la de los maniqueos
1,62). Puesto que los frutos de la santidad de la Iglesia son el amor o caridad y la
unidad, que conllevan a la comunión de los santos, de donde quien tiene caridad
no rompe la unidad: “Mas, si no tengo caridad, dice el apóstol, nada soy, (1 Co. 13,2).
Ahora veamos si tienen caridad. Lo creería si no hubiera hecho pedazos la unidad”
(San Agustín. Cf. Tratado del Evangelio de San Juan 13,17).
23
1. ¿Tu qué opinas de la Santidad en los tiempos actuales?

2. ¿Crees qué es posible llegar a la santidad?

3. ¿Conoces la vida de algún santo? Enuncia sus principales virtudes.

24
La Iglesia es católica

“La Iglesia está extendida por todo


el orbe de la tierra; todos los pueblos
poseen la Iglesia. Que nadie os engañe:
ella es la auténtica, ella la católica. A
Cristo no lo hemos visto, pero sí a ella:
creamos lo que se nos dice de él”
(San Agustín. Cf. Salmo 238,3).

La palabra católica significa uni-


versal, especificado así por nuestro
padre San Agustín: “Iglesia es la que
acabo de llamar mi única; esto es,
la única católica, que se difunde
copiosa por todo el orbe, que se di-
lata creciendo hasta en las últimas
naciones, por lo que dice el Evan-
gelio: Y se predicará este Evangelio en todo el orbe, como testimonio para todas
las gentes, y entonces vendrá el fin (Mt. 24,14)” (San Agustín. Cf. Carta a Honorato
n.140, 17, 43) ...Es la Iglesia católica, así llamada del término griego catoliké, porque
se difunde por todo el orbe de la tierra (San Agustín. Cf. Cartas 52,1).
Es católica porque Cristo la estableció por todos los pueblos, razas y culturas de
todos los tiempos con la misión de anunciar el Evangelio a todas las naciones y de
comprometer a todos los seres humanos en la unidad de un mismo Espíritu en la
caridad, por lo que los herejes no la han podido dividir: “pudieron los herejes dividir
los sacramentos, mas la caridad no la dividieron. Y porque no pudieron dividirla, se
apartaron; luego ella permanece íntegra” (San Agustín. Cf. Comentarios a los Salmos
21,2,19).
25
Enuncia brevemente la diferencia entre ser cristiano y ser católico, si la hay:

26
La Iglesia es apostólica

“Había de nacer la iglesia del costado


de Cristo cuando dormía en la cruz, del
costado del que estaba durmiendo”.
(San Agustín. Cf. Tratados sobre
el Evangelio de San Juan)

La Iglesia es apostólica porque Cristo la fundó sobre los apóstoles y porque su razón
de ser es el apostolado (La misión). Asistida por el Espíritu Santo, la Iglesia guarda
y transmite la enseñanza confiada por Cristo a los apóstoles (2 Tm. 1,13-14), según
nos lo enseña San Agustín: “todo lo que observamos por tradición, aunque no se
halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se
guarda por recomendación o precepto de los Apóstoles o de los Concilios Plenarios,
cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia… Lo mismo diremos de cualquier otra
práctica que se observe en toda la Iglesia universal” (San Agustín. Cf. Carta 54,1,1).
Es enseñada, santificada y dirigida por los obispos, sucesores de los apóstoles, hasta
el final de los tiempos. Los obispos, ayudados por los sacerdotes, los diáconos, los
laicos y los religiosos, en estrecha relación con el Papa, realizan la apostolicidad de
la Iglesia. Se llama apostolado a toda actividad o servicio que tienda a difundir y a
establecer el Reino de Cristo en el mundo.

27
1. ¿Conoces los apostolados que realizan los Agustinos Recoletos? Enumera
algunos.

2. Consulta en qué lugares del mundo tienen misión los Agustinos


Recoletos. Luego, en un mapamundi, señala y recrea estos centros de
misión.

28
3. A continuación te presentamos algunos conceptos erróneos que los
jóvenes tienen acerca de la Iglesia. Analízalos y comparte tu opinión:

“¿Para qué los “yo creo “La Iglesia


sacerdotes, si yo
puedo comunicarme
en DIOS, es un
directamente con pero no en invento”
Dios?” la Iglesia?”

29
Tu gu

ía LA IGLESIA

es
una y única porque es reflejo
de la Trinidad.

el pueblo elegido
por Dios como su
pertenencia. santa porque es
el pueblo elegido y
convocado por Dios.
en el Antiguo
Testamento Iglesia designa a
la asamblea del pueblo católica porque Cristo
elegido. la estableció por todos los
pueblos, razas y culturas.

en el Nuevo Testamento,
con el acontecimiento apostólica porque Cristo
de Pentecostés la la fundó sobre los
prologación de apóstoles y porque su
la asamblea de Israel. razón de ser es el
apostolado.

30
San agustín y la Eucaristía

“La fuerza que en él se simboliza es la unidad,


para que agregados a su cuerpo,
hechos miembros suyos, seamos lo que recibimos.
Entonces será efectivamente nuestro pan de cada día”.
(San Agustín. Cf. Sermón 57,7).

31
Cuento Oriental
Un discípulo se acercó un día a su maestro y le dijo: “Maestro, yo
deseo encontrar a Dios”. El maestro contempló al joven sin decir nada
y le sonrió.
El joven volvía cada día repitiendo que deseaba la religión. Pero el
maestro sabía mejor que él a qué atenerse.
Un día que hacía mucho calor pidió al joven que lo acompañara al río
para bañarse. Se lanzó el joven al agua y el maestro hizo otro tanto,
sujetándolo luego por la fuerza bajo el agua.
Cuando el joven hubo durante algún tiempo tratado de librarse, el
maestro le soltó y le preguntó qué era lo que más había deseado
cuando estaba debajo del agua.
-¡Oh! ¡El aire! ¡El aire!- respondió el discípulo.
-¿Deseas a Dios de ese mismo modo? -preguntó el maestro-, Si
lo deseas así, lo encontrarás... Si no tienes este deseo y esta sed,
aunque busques, aunque luches en tu inteligencia, e incluso con todas
tus fuerzas, no podrás encontrar la religión.
En tanto no se despierte en ti esa sed, tú no vales más que un
ateo. ¡Muchas veces el ateo es sincero y tú no lo eres!
Esta lectura nos invita a revisar nuestros puntos de vista personales, en torno a varios
aspectos:
1. ¿Cuál es el nivel de responsabilidad en la profesión de mi fe?

2. ¿Cuál es mi posición ante la celebración de la Eucaristía?

3. ¿Es para mi la Eucaristía, un acto de costumbre, rutina cristiana o un


encuentro de entrega y comunicación sublime con Jesucristo, muerto y
resucitado?

4. ¿A partir de la Eucaristía, cómo manifiesto el compromiso cristiano,


conmigo mismo y con los demás?

33
Leo y apr
end
o 2.1. La Eucaristía como Sacramento.

El sacramento de la Eucaristía expresa su riqueza y significado en los


diversos nombres que se le han dado:
• Eucaristía
Porque es acción de gracias a Dios por sus obras realizadas.
• Banquete del Señor
Porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípu-
los la víspera de su pasión.
• Fracción del pan
Porque Jesús utilizó este rito, propio de la fiesta judía, cuando
bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia.
• Asamblea eucarística
Porque la Eucaristía es celebrada en la asamblea de los fieles,
expresión visible de la Iglesia.
• Santo sacrificio
Porque actualiza el único sacrificio de Cristo en la cruz.
• Santa y divina Liturgia
Porque es el centro de toda celebración litúrgica.
• Comunión
Porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace
partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuer-
po, la Iglesia.
• Santa Misa
Porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación
se termina con el envío de los apóstoles (“missio”) a fin de que
cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana1 .

1
Catecismo de la Iglesia Católica N° 1328-1332

34
Representa por medio de un dibujo los distintos nombres que se le dan a la Eucaris-
tía. Recuerda ser creativo.

Acción de Gracias Banquete Fracción de pan

Santo sacrificio Comunión Asamblea

35
Institución de la Eucaristía

Y Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo, bajado del Cielo. Si uno come de ese pan, vivirá para
siempre... el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna... permanece en
mí y yo en él” (Juan 6,51).
Debemos recordar así que “Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche en que
fue entregado instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre para
perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su
esposa amada, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección, sacramento de
piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a
Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura”. Vaticano
II (Sacrosanctum Concilium, 47). Por ello, la Iglesia continúa celebrando la Eucaristía
para no ser infiel a la misión encomendada por Jesús a sus apóstoles y hacer siempre
presente el alimento espiritual para la vida eterna. (Cf. 1 Cor 11, 23-35)
Amigo, así como al digerir los alimentos que recibimos todos los días para nutrirnos
y no morir de hambre, de los cuales no sentimos que sus vitaminas se distribuyen
por todo nuestro cuerpo, pero que existe una realidad evidente, nuestro crecimien-

36
to y fortificación, también la Eucaristía es una necesidad, que aunque espiritual, es
necesaria para robustecernos en la fe y poder tener vida eterna: “El Verbo se hizo
hombre y habitó entre nosotros. Y así es como podría el hombre llegar a comer el
pan de los ángeles, a pesar de no ser aún igual a los ángeles, dignándose hacerse
hombre el mismo pan de los ángeles. Y, haciéndose hombre, no descendió hasta
nosotros para abandonarlos a ellos, sino que, dándose por entero a ellos y también a
nosotros, nutriéndolos a ellos interiormente con su divinidad y enseñándonos exter-
namente a nosotros por medio dela Humanidad, nos dispone por la fe a participar,
como los mismos ángeles, del alimento de su visión beatífica” (San Agustín. Cf. Del
Libre albedrío 10,30).
Como notarás, así lo entendió San Agustín y aceptaba con gran amor como su sus-
tento cotidiano, además, para no desfallecer ante las dificultades por las que, al igual
que a nosotros, le correspondía afrontar: “La Eucaristía es pan nuestro cotidiano, pan
del tiempo; y hemos de recibirla no sólo como vianda que alimenta el vientre, sino
también la mente. La virtud que dicho pan encierra es la unidad, para que nosotros
mismos seamos lo que recibimos: miembros de Cristo integrados en su cuerpo. Sólo
entonces será pan nuestro cotidiano”. (San Agustín. Sermón 57,7).
De lo anterior puedes concluir porqué la celebración de la Eucaristía ocupa el cen-
tro de la Iglesia peregrina, es la cima a la que los cristianos aspiramos y la fuente
de la que fluye toda la energía divina. Para san Agustín la Eucaristía es el pan de la
comunidad cristiana celebrante, es el alimento
que nos fortalece en el camino, es el alimen-
to para el crecimiento completo de la vida en
Cristo hasta que todos lleguemos a la unidad
en nuestra fe y en nuestro conocimiento del
Hijo de Dios, hasta convertirnos en el hombre
perfecto, plenamente maduro con la plenitud
del mismo Dios. Por esto, en la Eucaristía se
expresa lo que somos y lo que llegaremos a ser,
a través de ella podremos entrar en la posesión
de los bienes comunes que Dios nos tiene re-
servados, en el gozo del Bien Común que es Él
mismo y nos regala, como primicia del futuro,
la contemplación personal de la Trinidad.

37
¿Qué tanto sabes de la Eucaristía?
A continuación te proponemos un elenco de preguntas para que las respondas. En
caso de no saber con certeza consulta en la web.
• ¿Cómo se llama la conversión del pan de trigo y el vino de uva al Cuerpo y
la Sangre de Jesucristo?

• ¿Quién puede consagrar el Pan y el Vino en caso de urgencia?

• ¿En caso de que no haya pan y vino, puede el sacerdote utilizar otros
alimentos distintos?

38
Somos el cuerpo de Cristo...

S
eguramente estarás entendiendo ahora que Jesucristo instituyó la Eucaristía en
forma de comida, pues, así es. Las comidas se realizan en familia y entre ami-
gos que quieren manifestarse su amor y conocerse más, compartir, hacer más
fuertes los vínculos de hogar y de amistad; también nuestra Misa, según deseo del
Señor, es un encuentro de cristianos que tienen conciencia de ser hermanos, que
sienten la necesidad de unir más los vínculos de la fraternidad, que quieren ayudarse
mutuamente a fin de hacerse más familia de Dios.
Quien participa concientemente de la Eucaristía sabe que al recibir el Cuerpo de
Cristo adquiere también el compromiso de entregarse efectivamente a favor de los
demás, de unirse a las alegrías y a los dolores, a los triunfos y a las necesidades de
todos sus hermanos (Cf. Catecismo básico para adultos, 307). Así nos lo hace saber
San Agustín, haciéndonos un llamado a vivir en la unidad: “Así como de muchos
granos reunidos, y en cierto modo mezclados entre sí mediante el agua, se hace un
solo pan, de idéntica manera, mediante la concordia de la caridad, se crea el único
cuerpo de Cristo. Lo que se ha dicho de los granos respecto al cuerpo de Cristo,
ha de decirse de los racimos respecto a la sangre, pues
también el vino fluye del lagar, y lo que se hallaba en
muchas uvas por separado, confluye en la unidad y
se convierte en vino. Así, por tanto, lo mismo en el
pan que en el vino se encuentra el misterio de la
unidad” San Agustín (Sermón 229A,2).
En la Iglesia, unidos por la Eucaristía, somos todos
iguales, no hay distinción entre ricos o pobres,
razas, lenguas, todos somos uno, el cuerpo de
Cristo. El fin último de la Eucaristía es convertir-
nos cada vez más en el Cuerpo de Cristo.
La Eucaristía realiza una íntima unión con el Señor. Aunque es algo más que un
encuentro personal, expresa y alimenta al Cristo total. Hay un solo pan y un solo
cuerpo, y nosotros, aunque muchos, formamos ese único Cuerpo (1 Cor 10,17):
“Vean cómo el conjunto de muchos granos se convierten en un único pan que es
Cristo. De igual manera, sean también ustedes una sola cosa, amándose, teniendo
una misma fe, una única esperanza y un mismo amor” (San Agustín. Sermón 229,2).

39
• Consulta en la Biblia y completa la frase que inicia cada recuadro:

1 Pedro 2,5 1 Corintios 12,21-22


También Vosotros… El ojo no puede…

Romanos 12, 5 Efesios 4,16


Todos unidos… Todo el cuerpo…

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La presencia real
Seguramente hasta ahora has entendido en tu vida que una cosa u objeto es real sola-
mente porque lo ves, pero no es así, algo es real, no en cuanto se vea sino en cuanto que
existe. Es decir, cuando vas por la calle y ves un símbolo, como por ejemplo una cruz
roja, la realidad que ves es la cruz y con su color particular, pero que nos está diciendo
que existe otra realidad más grande como es la institución de la Cruz Roja, la cual es un
organismo de ayuda humanitaria internacional y está extendida por todo el mundo, la
cual consta de innumerables personas que la sustentan, lugares, carros, etc y por el he-
cho de no verlos todos allí reunidos no puedes decir que no son reales, por el contrario,
los símbolos y signos
nos manifiestan la
grandeza de la reali-
dad existente, pero
que no vemos inme-
diatamente. Así son
los sacramentos y
de manera particular
la Eucaristía, es un
signo que nos pre-
senta una realidad
inmensamente rica,
la presencia real, exis-
tente de Dios amor y
alimento.
El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eu-
caristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella “como la perfección de la
vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos” (Santo Tomas de Aquino).
En el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y subs-
tancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor
Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero (Cfr. Catecismo 1374).
Siguiendo el mandato de Cristo, la Iglesia continúa celebrando la Eucaristía, en donde
por medio de las mismas palabras de Jesús en la última Cena, pronunciadas por el sa-
cerdote en el momento de la consagración, el pan se convierte en el verdadero Cuerpo
de Cristo y el vino en su auténtica Sangre, como bien lo reconoce San Agustín cuando

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afirma: “Si quitas la palabra, no hay más que pan y vino, pronuncias la palabra, y ya
hay otra cosa. Y esa otra cosa, ¿qué es? El cuerpo y la sangre de Cristo. Elimina, pues,
la palabra: no hay sino pan y vino; pronuncia la palabra, y se produce el sacramen-
to” San Agustín (Sermón 229,3). Con lo cual nos está afirmando que Cristo se hace
realmente presente de una vez y para siempre, invitándonos a no dudar más: “Tal
como lo veis, es aún pan y vino; cuando llegue la santificación, el pan será el cuerpo
de Cristo, y el vino su sangre. El nombre y la gracia de Cristo hacen que se siga viendo
lo mismo que se veía antes y que, sin embargo, no tenga el mismo valor que antes.
Antes, si se le comía, saciaba el vientre; si se le come ahora, edifica la mente” San
Agustín (Sermón 229A,1).
El Señor no está simplemente presente, sino que se hace presente a sí mismo en el
cristiano y en la comunidad cristiana como alimento y bebida para el camino. La
sola presencia real estática no puede ser el único objeto de la Eucaristía. Presencia es
la presencia del uno en el otro. La presencia del Señor en la Eucaristía es su presencia
dinámica en su pueblo. Así, cada vez que recibimos el sacramento de la Eucaristía
nos transformamos en aquello que recibimos: la Palabra, “En ella estaba la vida”
(Jn. 1,4), pues la palabra misma asumió al hombre, es decir, al alma y a la carne del
hombre, y se hizo hombre permaneciendo Dios. Y, puesto que sufrió por nosotros,
nos confió en este sacramento su cuerpo y sangre, en que nos transformó también
a nosotros mismos, pues también nosotros nos hemos convertido en su cuerpo
y, por su misericordia, somos los que recibimos” San Agustín (Sermón 229,1). De
donde habrás oído afirmar que Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera
como Dios; razón por la que San Agustín nos invita a vivir una plena relación con el
Señor presente dinámicamente en la Eucaristía, no sólo durante la celebración sino
también en la vida de cada día.
Ahora tenemos claro que el Pan Eucarístico debe ser para nosotros el pan que nos
alimente diariamente. Porque la eficacia de la Eucaristía produce la unidad. Esto
significa que después de haber recibido el Cuerpo de Cristo y convertirnos en sus
miembros, somos lo que henos recibido. Es entonces cuando la Eucaristía se con-
vierte realmente en nuestro pan de cada día. (San Agustín. Cfr. Sermón 57,7).
La presencia eficaz del Señor en la Eucaristía es una invitación a responder a la dona-
ción total de sí mismo, cada uno de nosotros con su propio yo soy, con su entrega
total. “Yo soy el alimento de los fuertes. Creced y me comeréis. Y no me cambiaréis
en vosotros como el alimento corporal, sino que vosotros seréis transformados por

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mí” San Agustín (Confesiones 10,16). De esta manera nuestra vida podrá responder a
las exigencias de todo buen cristiano: “¿Cómo ha de ser comido Cristo? Como él mismo
dice: Quien mi carne come y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él (Jn. 6,56). Esto
es conocerle, esto es beberle; porque si alguien no permanece en mí ni yo en él, aunque
reciba el sacramento, sólo es para su tormento. Y quién sea el que permanece en él,
dícelo en otro lugar: el que cumple mis mandamientos, ése permanece en mí y yo en él
(Cfr. 1 Jn. 3,24)”, (San Agustín. Cf. Sermón 129,2).

Por ello la necesidad de comer el cuerpo y la sangre de Cristo con pureza de corazón
y la buena intención de ser cada vez mejor persona, mejor cristiano: “Ahora, rociado
vuestro corazón con la conciencia limpia y lavado vuestro cuerpo con el agua pura,
acercaos a él, y seréis iluminados y vuestros rostros no se avergonzarán (Sal. 33,6).
Si recibís santamente este sacramento que pertenece al Nuevo Testamento y os da
motivo para esperar la herencia eterna, si guardáis el mandamiento nuevo de ama-
ros unos a otros, tendréis vida en vosotros, pues recibís aquella carne de la que dice
la Vida misma: el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Cfr. Jn. 6,51);
y Quien no coma mi carne y beba mi sangre, no tendrá vida en sí (Jn. 6,54)” (San
Agustín. Cf. Sermón 228,B,2). Por tanto, es bueno confesarse antes de recibir este
sacramento si se tiene conciencia de pecado grave o mortal.

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1. A continuación encontrarás unos consejos de San Agustín para disponerte
a tu encuentro con Jesús sacramentado:

“Atención, hermanos; ¿dónde quiso que lo reconocieran? En la fracción del


pan. No nos queda duda; partimos el pan y reconocemos al Señor. Pen-
sando en nosotros, que no le íbamos a ver en la carne, pero que íbamos a
comer su carne, no quiso que lo reconocieran más que allí (los discípulos
de Emaús). La fracción del pan es causa de consuelo para todo fiel, quien-
quiera que sea; para todo el que lleva el nombre de cristiano, pero no en
vano; para todo el que entra en la Iglesia, pero con un por qué; para todo
el que escucha la palabra de Dios con temor y esperanza. La ausencia del
Señor no es ausencia. Ten fe, y está contigo aquel a quien no ves. Cuan-
do el Señor hablaba con aquellos, no tenían ni siquiera fe, puesto que no
creían que hubiese resucitado, ni tenían esperanza de que pudiera hacerlo.
Habían perdido la fe y la esperanza. Muertos ellos, caminaban con él vivo;
los muertos caminaban con la vida misma. La vida caminaba con ellos,
pero en sus corazones aún no residía la vida. También tú, pues, si quieres
poseer la vida, haz lo que hicieron ellos para reconocer al Señor. Lo recibie-
ron como huésped. El Señor tenía el aspecto de uno que iba lejos, pero lo
retuvieron. Cuando llegaron al lugar al que se dirigían, le dijeron: Quédate
con nosotros, pues el día ya declina (Lc. 24,29). Dale hospitalidad, si quie-
res reconocerlo como salvador. La hospitalidad les devolvió aquellos de lo
que les había privado la incredulidad. Así, pues, el Señor se hizo presente
a sí mismo en la fracción del pan. Aprended dónde debéis buscar al Señor,
dónde podéis hallarlo y reconocerlo: cuando lo coméis”
(San Agustín. Sermón 235,3).

¿Qué consejo similar, desde lo aprendido y experimentado, podrías dar a tus familiares
y amigos? Elabora un grafiti.
44
45
2. Resuelve el siguiente crucigrama relacionado con el sacramento de la
Eucaristía. 5.
5.

2. 6.

7. 1.

4. 1.

2.

3.
4.

3.

6.

1.

Horizontales Verticales
1. El domingo, la mayoría de 1. Si nos cortamos, sale de
los cristianos celebran la.... nuestro cuerpo.
2. Alimento que tomamos 2. El lugar donde nos
para acompañar a las reunimos para escuchar la
comidas. Palabra de Dios.
3. El Hijo de José y María . 3. Juan, Pedro, Mateo, Judas y
Santiago eran cinco de ellos.
4. Se dice de la persona que
ha salvado a alguien. 4. Pacto que realizó Dios con
Moisés.
5. Está formado por cabeza,
tronco y extremidades. 5. Modo de llamar a Dios.
6. El Creador. 6. Seguidores de Cristo.
7. Jesús se despidió durante
esta celebración.

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Es uno de los siete sacramentos,
LA EUCARISTÍA instituido por Jesucristo en la
última cena.

• Acción de gracias.
Expresa su riqueza en
• Comunión.
los diversos nombres
• Fracción del pan
que se le han dado
• Asamblea

Esto significa que después de haber re-


Su eficacia produce cibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo,
la unidad nos hacemos uno con Él.

La Iglesia continúa celebrando


la Eucaristía usando las mismas palabras
Siguiendo el
de Jesús en la última Cena, pronunciadas
mandato de
por el sacerdote en el momento de la
Cristo
consagración.

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Ascesis agustiniana
Ingresa al siguiente enlace http://mercaba.org/Rialp/A/ascetismo_i.htm y
explica el concepto de ascetismo para: Los judíos, hindúes, budistas y
musulmanes.

48
Leo y ap

ren
Definiciones y significado de la ascesis
do
Amigos, dentro del proceso de perfección cristiana y para poder re-
cibir la santidad como regalo de Dios, se necesitan unos elementos
prácticos en los que debemos ejercitarnos e ir adquiriendo así poco a poco la fortaleza
necesaria para vivir en la virtud, los valores cristianos y agustinianos, a la manera como
hacen los deportistas que
tras un esmerado y conti-
nuo esfuerzo de ejercicios
se hacen los mejores en
sus respectivos deportes;
a esta ejercitación se le co-
noce comúnmente como
ascesis cristiana, pero vea-
mos ahora un poco más
precisos los términos:
Ascesis viene del griego
“askeo”, ejercitar, y es en-
tendido como reglas y
prácticas encaminadas a la
liberación del espíritu y el
logro de la virtud. Siendo
así que asceta procede del
griego “asketés” y signifi-
ca profesional, atleta, y lo
podemos concebir como
la persona que hace vida
ascética.
En un sentido muy amplio,
se puede afirmar que “as-
cesis” significa cualquier
esfuerzo que el hombre
hace para alcanzar un fin propuesto, así: el atleta y el deportista en general saben que,

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sin disciplina y muchas privaciones, nun-
ca podrá, no digamos que ganar el primer
premio, pero ni siquiera competir; sería en-
tonces la ascesis deportiva. La modelo debe
hacer ejercicios adecuados, alimentarse
convenientemente y llevar un ritmo de vida
exigente para conservar una buena figura
física; es la ascesis propia de este arte. El em-
presario, el político y el industrial saben que,
sin ascesis apropiada a su identidad como
tales, es imposible ser lo que son o lo que
aspiran a ser.
Cualquier esfuerzo, pues, por mínimo que
parezca, está marcado con el sello de lo as-
cético: el obrero que madruga a tomar el
bus para cumplir con el horario de trabajo;
el padre de familia que hace alcanzar, a fuer-
za de privaciones, el salario mínimo para
alimentar a la familia y conseguir vivienda;
la lucha diaria para triunfar en la vida, etc.,
todo es una continua ascesis. Hasta los ami-
gos de hacer el mal necesitan ascesis para lograr sus nefastos objetivos. Por ello expresa
san Agustín frente a la lucha contra todo lo malo que nos pide el cuerpo: “Cuando em-
pieces a sentir cansancio en tu lucha contra los deseos de la carne, camina en el espíritu,
invoca al Espíritu, busca el don de Dios. Y si la ley residente en los miembros se opone a la
ley de tu mente desde la parte inferior, es decir, desde la carne, teniéndote cautivo bajo la
ley del pecado, también esto será enmendado y se contará entre los haberes del vencedor.
Tú grita solamente, tú invoca. Conviene orar siempre y no desfallecer. Invoca sí, invoca
ayuda” (San Agustín. Cf. Sermón 163, 12).
Salta a la vista, entonces, la conclusión: en cumplimiento de la ley evangélica del trabajo
(Cfr. Gén. 1,28), todo hombre debe ser, por naturaleza, un asceta.
En un sentido más estricto, religioso en general, se entiende por ascesis cualquier forma
de colaboración del hombre con Dios en la obra de la santificación propia.

50
Ubica en dos columnas:
Los valores-virtudes que posees... Los aspectos a mejorar...

Menciona la manera cómo el mundo podría ser mejor y el cómo lo lograría.

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Desde un principio el cristianismo ha sido consciente de los efectos que tuvo la irrup-
ción del pecado en el mundo: ruptura de la criatura con el Creador, dejando al hombre
en un continuo conflicto. Este estado de conflicto deja nuestra libertad condicionada
y a veces casi indefensa frente a las exigencias de la lucha. Sin embargo, la muerte re-
dentora de Cristo nos devolvió la capacidad de gozar de nuevo de la vida de la gracia
y de alcanzar, mediante ella, nuestro fin sobrenatural. Pero las capacidades puramente
naturales, disminuidas por el pecado, no re-
tornan ya a su salud y vigor primitivos; por lo
menos no totalmente ni de repente. La obra
de Cristo, aunque fue perfecta, necesita ser
completada en mí (Cf. Col. 1,24), y esto se ha-
ce mediante la ascesis.
Ayer, hoy y siempre la perfección cristiana
consiste en la unión con Dios, y para esto se
requiere:
a. Renuncia, o lo que san Agustín llama
derramar el líquido malo para llenar
el vaso con líquido bueno (Cf. Actas
del debate con el maniqueo Félix
1,13). El método de la espiritualidad
agustiniana es eminentemente
ascético; es emprender el camino de
regreso, como el hijo pródigo, que es
el más difícil pero el más efectivo, siguiendo estas etapas: De la dispersión
pasar a la unidad, y de ésta a la trascendencia; de la vejez a la novedad,
y de ésta a la visión; del desorden causado por el pecado a la felicidad
de quien ordena sus afectos, convirtiéndose a Dios. De esa manera se va
limpiando el corazón y se va preparando para ver a Dios; he aquí el fin
principal de la ascesis, en sentido agustiniano.
“Nosotros, si estamos con Dios, vencemos al diablo. Pero, si tú solo luchas contra el diablo,
serás vencido. Es un enemigo adiestrado ¡con cuántas victorias!” (San Agustín. Cf. Exposi-
ción de la Ep. a los Partos 4, 3).
Por lo tanto, la obra de Cristo es una obra liberadora, y en esa línea se enmarca también
la ascesis cristiana, que quiere decir compromiso personal, consciente, voluntario, libre,

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amoroso en el camino hacia
la perfección de la vida espiri-
tual con el cúmulo de fatigas,
mortificaciones, penitencias,
oraciones, trabajo, renuncia,
desapegos, sacrificios que
dicho itinerario comporta
y exige. De esta manera, as-
cesis o ascetismo significa el
esfuerzo personal y fatigoso
que, sostenido por la gracia
de Dios, el cristiano debe lle-
var a cabo para alcanzar la
perfección sobrenatural.
Dice San Agustín en varias
de sus obras, respecto a la
ascesis-ayuno cuaresmal,
especialmente en “Confesio-
nes” 10,31,44: “Por ahora me
resulta dulce esta necesidad
(del alimento) y contra esa
dulzura lucho para no ser su
prisionero; cada día le hago
la guerra con el ayuno, y con
mucha frecuencia reduzco
mi cuerpo a servidumbre.
[…] Me esfuerzo por resistir a estas tentaciones cada día”.
b. Penitencia y mortificación, que son consecuencia lógica y como la expresión
externa de la renuncia. La mortificación tiene tres funciones: educativa, purifica-
dora y expiativa. En cuanto que es educativa, se identifica con la disciplina y el
orden. En cuanto que es purificadora, la podemos identificar con el discernimiento
(examinarlo todo y quedarse con lo bueno). Y en cuanto que es expiativa, nos
ayuda a pagar las deudas contraídas por nuestros pecados, errores, “metidas de
pata”, imprudencias, etc. ¿Quién no necesita de estas tres funciones? Todas están
en relación con el desarrollo de la personalidad del hombre; la llevan a su plena
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expansión. Por ende, hagamos
caso a san Agustín quien nos
invita a luchar de manera cons-
tante y comprometida: “Se han
de obrar gradualmente bajo la
gracia para ejecutar por el espí-
ritu lo que queremos, aunque
no podamos debido a la carne,
es decir, no obedezcamos a los
deseos del pecado, prestándo-
le nuestros miembros como
armas de iniquidad. Aunque
no tengamos el poder de hacer
que no existan estos deseos, de
tal modo que, a pesar de que
no estemos todavía en aque-
lla paz eterna y perfecta de
todo el hombre, sin embargo,
dejemos ya de estar bajo la ley,
donde la mente se tiene por
rea de prevaricación, cuando
la concupiscencia de la carne la lleva cautiva al consentimiento del pecado”. (San
Agustín. Cf. xposición de la Ep. A los Gá., 46)
San Agustín enseña una ascesis contra el mal que todavía permanece en nosotros,
ascesis que no es sino la fidelidad al Espíritu Santo que nos transmite la vida y el
amor de Cristo Salvador y que nos ordena y pacifica interiormente. La ascética
agustiniana es fundamentalmente cuidado con los afectos que implica cierta
renuncia o desapego, equilibrio y mesura, purificación del corazón sometiendo sus
movimientos al orden, a la verdad y el amor de Cristo, porque sólo los limpios de
corazón han de ver a Dios: “¡Viva nuestra cabeza y nada podrás hacerme!; porque
nuestro protector es nuestra cabeza y nosotros, miembros suyos. Apoyados en él,
nadie podrá separarnos sean cualesquiera los males que nos sobrevengan en este
mundo; y por el camino de los males llegaremos a los bienes que no pasan” (San
Agustín. Cf. Sermón 130, 5).

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Haz una lista de los placeres que ofrece el mundo y elabora con recortes de periódicos
y revistas un collage en el que representes la manera ascética de contrarrestarlos y así
poder unirte a Dios.

55
La ascesis es entendida como las
reglas y prácticas encaminadas a
la liberación del espíritu.

También se entiende Así mismo pone la pe-


como cualquier esfuerzo nitencia y mortificación,
que el hombre hace para ASCESIS
como la expresión externa
alcanzar un fin propuesto. de la renuncia.

Agustín alude al es-


fuerzo por resistir a las
tentaciones cada día.

56
El pecado en
San Agustín

La anterior imagen muestra cómo el pecado puede causar daño al ser humano. Explica
con tus palabras lo que entiendes acerca de esta actitud y construye una caricatura en
la que expliques por qué el pecado nos aparta de Dios.

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Leo y ap
San Agustín escribió
ren
do en su famosa obra “Las
Confesiones”, además
de su vida y el amor
experimentado por su
Creador, la manera co-
mo había ofendido ese amor de Dios,
lo cual hace notar como pecado extre-
madamente grave cuando él mismo se
declara “el más pecador de los hom-
bres”, “un abismo de corrupción” o “un
monstruo de iniquidad” (Cf. Prólogo a las
Confesiones B.A.C. Tomo II); estas frases
no tienen en él más sentido que el que
tienen en boca de los santos, que no im-
plica sino un aspecto parcial y relativo de
la realidad objetiva.
Entonces ¿qué es el pecado y cómo se
concibe? San Agustín nos dice que el pecado es alejamiento de Dios: “E indagué qué
cosa era la iniquidad, y no hallé que fuera sustancia, sino la perversidad de una voluntad
que se aparta de la suma sustancia, que eres tú, ¡oh Dios!, y se inclina a las cosas ínfimas,
y arroja sus intimi-
dades, y se hincha
por fuera” (San
Agustín. Las Con-
fesiones 7,16,22).
Es saber que Dios
es el amor por ex-
celencia y se le
cambia por amor a
las cosas pasajeras,
es aversión a Dios
y vuelta a las cria-
turas, preferir los
simples placeres a

58
la felicidad auténtica que procede de Dios.
Que fue precisamente lo que le sucedió
al hijo pródigo del Evangelio, quien recha-
zó el amor del padre, por rebeldía, orgullo
y deseo de disfrutar placenteramente; del
mismo modo nos sucede a nosotros con
frecuencia y sería bueno exclamar con este
hijo: “Padre, pequé contra el cielo y contra
ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lc.
15, 21).
Dios nos habla a los seres humanos en
nuestro sagrario más íntimo que se llama
conciencia; la conciencia nos dice que un
acto es malo y no lo debemos hacer, o que
es bueno y puede hacerse. El mal es lo que
llamamos pecado. Es decir no a Dios. Es una elección personal y libre que hacemos
contra nosotros mismos, contra el prójimo y por lo mismo contra Dios. Es desconocer
el amor de Dios, ser desagradecidos con él y ofenderlo desobedeciendo sus manda-
mientos. El pecado termina por degradarnos y deshumanizarnos, por lo cual nos dice
San Agustín: “Pero ¿qué pecados puede
haber en ti, que no sufres corrupción? ¿O
qué crímenes pueden cometerse contra ti,
a quien nadie puede hacer daño? Pero lo
que tú vengas es lo que los hombres perpe-
tren contra sí, porque hasta cuando pecan
contra ti obran impíamente contra sus al-
mas y se engaña a sí misma su iniquidad, ya
corrompiendo y pervirtiéndose su natura-
leza —la cual has hecho y ordenado tú—,
ya usando inmoderadamente de las obras
permitidas, según el uso que es contra na-
turaleza” (San Agustín. Cf. Las Confesiones
3,8,16).

59
Consulta y escribe cuáles son los pasos para realizar una buena confesión y cómo
se debe hacer un buen examen de conciencia, para acceder al sacramento de la
reconciliación; compártelo con tus compañeros de grupo.

60
Pese a que pecado es pecado, San Agustín distingue diversas clases de pecados:
“Cristo está dispuesto a perdonar, pero a quienes se reconocen y se castigan; mas
no a los que se defienden y se jactan de su justicia y se creen algo siendo nada. El
que anda en su amor y en su misericordia, libre ya de aquellos mortales y grandes
pecados, como son crímenes, y homicidios, y hurtos, y adulterios, no deja por eso
de hacer la verdad y de venir a la luz con las obras buenas, confesando pecados que
parecen pequeños, como son los de la lengua, o del pensamiento, o de la falta de
moderación en cosas lícitas, ya que muchos pecados pequeños, cuando se descui-
dan, matan” (San Agustín. Cf. Tratado Evangelio de san Juan 12,14). Aquellos que se
defienden y se jactan, pueden ser comparados hoy con los que se excusan frente a
no confesarse aduciendo que no tienen pecados y dicen que es que no roban, no
matan, etc., pero olvidando que todos somos pecadores y necesitamos de la gracia
de Dios.

¡Escucha!!!
“Todos hemos nacido con pecado; todos durante la vida hemos añadido otros al pecado de origen, y
nos hemos hecho más del mundo que éramos cuando nuestros padres nos dieron el ser. ¿Y dónde estaría-
mos si Aquel que no tiene ni sombra de pecado no hubiese venido para destruir todo pecado?” (San Agustín.
Cf. Tratado Evangelio de San Juan 38,6). Por tanto, reconozcamos los pecados con humildad para recibir la
grandeza de la felicidad y no engañarnos a nosotros mismos como nos lo dice san Agustín: “Ya que no pode-
mos vernos exentos de los pecados, no dejemos de aborrecerlos. Evitemos, sobre todo, los pecados graves, y
en cuanto podamos, también los pecados leves. «Yo, dice no sé quién, no tengo pecados». Pero a sí mismo
se engaña, y la verdad no está con él. Oremos. Oremos nos los perdone Dios, mas hagamos lo que decimos;
perdonemos también nosotros a nuestros deudores (Mt. 612). Cuando perdonamos, se nos perdona. Todos
los días lo decimos, todos los días lo hacemos y todos los días se nos hace la misma gracia. Incapaces de
vivir sin pecado, saldremos de aquí sin ellos” (San Agustín. Cf. Sermón 18,18).

En esas clases de pecados vemos referenciada la distinción que la Iglesia hace hoy,
clasificándolos en pecados mortales, veniales y capitales, o graves, leves y capitales.
Vale la pena que los sepas distinguir a continuación:
• Pecado mortal: Es un acto que el hombre realiza libremente y dándose cuenta
de que con él se aparta de Dios, que lo llama amorosamente a vivir su vida
divina. En otras palabras, podemos entender que es aquello que sabiendo que
es malo, libre y conscientemente lo hago sin importarme el mal que haga o me
haga a mí mismo.

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• Pecado venial: Es un acto relativamente superficial que supone sólo una liber-
tad y una voluntad débil y por eso no destruye en él el amor de Dios, pero sí lo
disminuye y lo dispone poco a poco para cometer el pecado mortal.
• Pecado capital: Así ha llamado la Iglesia a ciertas actitudes o inclinaciones que
por sí mismas son fuente (cabeza) y origen de los pecados personales. Contra
ellos debemos trabajar más para evitar los pecados personales. Los pecados
capitales son fáciles de distinguir:

La soberbia La envidia

La lujuria La pereza

La gula La avaricia

La ira

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1. Observa con tu grupo la película “Seven”, y define los pecados capitales.
Realiza un análisis distinguiendo: protagonistas, temas centrales de la
película y el mensaje que te deja.
2. En grupos elaborar un mural y exponer las consecuencias que se derivan
de una vida en pecado.

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El mal es lo que llamamos pecado.
Es decir no a Dios.
Es una elección personal y libre que hacemos
contra nosotros mismos, contra el prójimo
y por lo mismo contra Dios.

Pecado Pecado Venial:


Mortal: es una ofensa que no
separa a la rompe la relación con
persona Dios pero si la debilita.
de la amistad
con Dios. Pecado capital: Pecamos cuando
ciertas actitudes asentimos
que son fuente de los a la tentación.
pecados personales.

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Libertad y gracia en San Agustín
"La gracia es la que hace a los santos".
(San Agustín. Sermón 145,3)
La Iglesia se mantiene en pie con la oración para ser
purificada por la confesión"
(San Agustín. Sermón 181,7)

65
Después de haber observado la imagen, contesta las siguientes preguntas:

1. ¿Qué entiendes por libertad?

2. ¿Qué es libertinaje?

3. ¿Cómo influyen las decisiones que tomamos en nuestra vida?

66
5.1. Concepto de libertad.

El concepto de libertad, especialmente a nivel personal, presupone la disposición de una


posibilidad de elegir. Esa posibilidad de elegir admite a su vez la de disponer de elemen-
tos de juicio, según la razón, que conduzcan a la elección; lo que requiere la posesión
del conocimiento de los componentes de esos elementos de juicio, y de la inteligencia
adecuada para valorarlos debidamente y discernir acerca de la conveniencia de la
elección. Al mismo tiempo, la li-
bertad no es absoluta; el
hombre no dispone de
una posibilidad absoluta
de elegir: no es posible
elegir en contra de lo que
disponen las leyes de la
naturaleza; ni es admisible
ejercer una supuesta liber-
tad en perjuicio de otros,
además, la libertad de ca-
da uno llega hasta donde
comienza la de los demás.
Para San Agustín, debe
distinguirse entre el libre
albedrío, consistente en la
existencia de una posibilidad de elección, y la libertad, que consiste en la efectiva rea-
lización del bien con un objetivo de alcanzar la beatitud. Siendo el libre albedrío una
posibilidadde elección, está admitido que la acción voluntaria del hombre pueda incli-
narse hacia el pecado; cuanto se actúa sin la ayuda de Dios. La cuestión de la libertad,
entonces, consiste en determinar de qué modo puede el hombre usar su libre albedrío
para realmente ser libre, es decir, para escoger el bien. Naturalmente, ello conduce
directamente a la cuestión relativa al modo en que puede conciliarse la posibilidad de
elección constituida por el libre albedrío, con la predeterminación divina. San Agustín,
se refiere a esta cuestión como “el misterio de la libertad”; y considera que si bien Dios
tiene el conocimiento previo de qué elegirá el hombre, ello no determina que de todos
modos sea el hombre el que elige, con lo que sus actos no son involuntarios.

67
Es decir que San Agustín distingue entre la libertad de (ausencia de coacción, poder
hacer lo que yo elijo, el libre albedrío) y la libertad para (libertad para el compro-
miso, responsable, que me hace dueño de mi mismo y capaz de hacer lo que yo
quiero porque tiene sentido humano y es bueno, aun en contra de mis impulsos
primarios o caprichos). Según nuestro padre San Agustín, no somos completamen-
te libres porque podemos pecar (hacer lo que deseamos aunque sea malo), sino
cuando podemos no pecar (hacer el bien que queremos a pesar de las pasiones y
tentaciones). Cuando somos dueños de nuestros propios actos y nos liberamos de
la esclavitud del mal, liberación que es fruto de la gracia (OSA, Elementos de una
formación Agustiniana).
Hasta que no llega a encontrarse definitivamente con su bien último que es Dios, la
libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer
en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente hu-
manos. Se convierte en fuente de alabanza o de reproche, de mérito o de demérito.
La libertad es el poder, radicado
en la razón y en la voluntad, de
obrar o no obrar, de hacer esto o
aquello, de ejecutar así por sí mis-
mo acciones deliberadas. Por el
libre albadrío cada uno dispone
de sí mismo. La libertad es en el
hombre una fuerza de crecimien-
to y de maduración en la verdad
y la bondad. La libertad alcanza su
perfección cuando está ordenada
a Dios, nuestra bienaventuranza.
En la medida en que el hombre
hace más el bien, se va haciendo
también más libre. No hay verda-
dera libertad sino en el servicio del
bien y de la justicia. La elección de
la desobediencia y del mal es un
abuso de la libertad y conduce a la
«esclavitud del pecado» (Cf. Rm.
6,17).
68
La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son
voluntarios. El progreso en la virtud, el conocimiento del bien, y la ascesis acrecien-
tan el dominio de la voluntad sobre los propios actos (Catecismo 1731 - 1734). De
cualquier forma, la libertad no puede entenderse sino desde el fundamento del amor,
por ello afirma San Agustín que “la ley de la libertad es la
ley del amor” (San Agustín. Cf. Carta 167,19).
Es decir, que sólo desde el amor la libertad
humana es realmente humana. La libertad
forma parte de la vocación esencial del ser
humano, le distingue de los animales y es la
raíz de su dignidad. Pero la libertad humana,
por el mismo hecho de ser humana, no es ab-
soluta ni perfecta. Más aún, abandonada a sí
misma puede conducir a la esclavitud. “Sin el
libre albedrío no podía vivir el hombre rectame-
nete”. (San Agustín. Libre albedrío).
Entonces, afirma San Agustín, “La libertad sin la
gracia no es libertad si no obstinación”.
(San Agustín. Cf Carta157, 3.16)
69
1. Reflexiona sobre la siguiente frase de San Agustín y da una explicación
desde la libertad agustiniana:

“Hay cosas para gozar y cosas para usar. Los objetos de goce
nos hacen felices. Los objetos de uso nos ayudan en la búsqueda
de la felicidad. Si tratamos de gozar lo que simplemente
debe usarse, somos retenidos en nuestro caminar y, a veces,
nos extraviamos del camino. Atrapados en la trampa
de los bienes más pequeños, nos retrasamos o incluso
nos volvemos atrás en la búsqueda de los bienes más grandes.
Gozar de algo significa poseerlo por amor de sí mismo.
En cambio, usar una cosa es emplearla para lograr
el goce de algo mejor”
(San Agustín. Cf. La Doctrina Cristiana 1,3,3).

70
2. Lee el siguiente texto y reponde las preguntas que vienen al final:

El perro indeciso

A una y otra orilla


de un caudaloso
río había sendos mo-
siempre debemos
escoger aquello
que nos sirve para
nasterios. Un perro el bien propio y co-
dócil y entrañable para munitario, que nos
los monjes comía a su haga crecer y no
antojo en uno u otro atente contra la dig-
monasterio. Cuando nidad humana, por
sonaba la campana avi- lo cual San Agustín
sando para la comida nos enseña: “Todo
de los monjes, el perro, estuviera en una cuerpo, por su propio peso, tiende al lu-
u otra orilla del río, iba a uno u otro mo-
gar que le es propio. El fuego tiende hacia
nasterio, donde le daban las sobras. Pero arriba, la piedra hacia abajo. Accionados
en una ocasión estaba bañándose en el por su propio peso, buscan su propio lu-
río cuando oyó la campana del monas- gar. El aceite echado debajo del agua, sube
terio a la orilla derecha. Empezó a nadar encima de ella. El agua derramada sobre
hacia dicha orilla para ir a comer y en- el aceite se coloca debajo del aceite. Ac-
tonces escuchó que tañía la campana cionados por sus propios pesos, buscan
del monasterio de la orilla izquierda, lo el lugar que les corresponde. Las cosas
que le hizo cambiar de rumbo e ir hacia menos ordenadas están algo así como in-
el otro lado del río; pero ambas campa- quietas. Al ordenarlas, hallan su descanso.
nas seguían sonando. El perro empezó a Mi amor es mi peso; él me lleva a donde
reflexionar sobre qué clase de comida le soy llevado...” (San Agustín. Cf. Las Con-
apetecía más y no se decidía por una o fesiones 13,9,10). Habrás entendido que
por la otra. Iba hacia un lado del río y lue-
los seres humanos no nacimos para estar
go hacia el otro, hasta que finalmente le bajo la tierra, sino que por nuestra con-
faltaron las fuerzas, se hundió en las aguas
dición estamos echos para el cielo, luego,
y tristemente murió. nuestras obras deben estar según aquello
Amigos, según sean nuestros intereses, a lo que tendemos, estar en la presencia
así será nuestra opción en libertad, pero amorosa de Dios.

71
• ¿Qué hace el perro para decidir en libertad y no morir de hambre?

• ¿Qué conceptos tiene la paradoja del perro?

• ¿Será acaso que los seres humanos somos como el perro de la fábula, nos
brindan la oportunidad de escoger a diario pero nos da miedo sentirnos
libres? ¿Qué crees que pasa?

• Hay muchos jóvenes como tú, pero no saben o no han experimentado la


verdadera libertad, ¿Qué les dirías al respecto?

72
5.2. La gracia

“Oculto como Dios y visible como hombre, para hacer


dioses a los que eran hijos de los hombres; y el que era Hijo
de Dios se hizo Hijo del hombre con el fin de hacer hijos de
Dios a los que eran hijos de los hombres” (San Agustín. Cf.
Tratado del Evangelio de San Juan 21,1).

Según el axioma anterior, que lo entendemos de manera más simple cuando hemos
escuchado que «Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera como Dios», de-
bemos trabajar desde
nuestra libertad para po-
der asumir aquello a lo
que debemos tender, ser
cristificados, santificados,
con comportamientos
según el querer de Dios;
por ello es importante
orar para descubrir cómo
piensa Dios, como siente,
y qué es lo que él desea
de nosotros, que no sería
otra cosa que descubrir
su amor para con todos
y cada uno de nosotros
de forma exclusiva, pues
Dios tiene la capacidad de
amarte como único, con
privilegio, en vista que “él,
por su acción, comienza
haciendo que nosotros
queramos; y termina coo-

73
perando con nuestra voluntad ya convertida” San Agustín (Tratado sobre la Gracia
17). Dios siempre está pendiente amorosamente de nosotros y esperando que cam-
biemos para el bien obrar.
También el cristiano necesita la gracia para poder obrar y elegir según el plan de
Dios: “Nadie puede obrar bien sin la ayuda divina ni obrar mal si un justo juicio de
Dios no lo permite” (San Agustín. La Ciudad de Dios 22,1,2); “Dios, con tu gracia evi-
tamos el mal y hacemos el bien” (San Agustín. Cf. Soliloquios 1,1,3). Inferencia lógica
también es que si la gracia es “el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para poder
responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios (…). Es una participación en la vida
de Dios” (Cf. Catecismo 1996 - 1997), disfrutar de su presencia amistosa en nosotros;
necesitamos vivir en esta gracia por medio de los sacramentos y de manera princi-
pal la recepción de la Eucaristía y la confesión frecuente de nuestros pecados; sólo
así podrás evitar posibles errores que afecten tu vida y te aparten del amor y favor
de Dios, integrando tu vida en la presencia divina que nos refiere San Agustín: “!Ojalá
lleguen a ser lo que no son, a fin de seguir siendo lo que son; ojalá, digo, se hagan
católicos a fin de seguir siendo hombres; ojalá reciban la gracia, porque no se pierda
en ellos la hechura de Dios!” (San Agustín. Cf. Sermón 139, 5).

74
A este punto habrás entendido que para poder obrar con auténtica libertad nece-
sitamos de la gracia, ya que “la gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a
nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios
ha puesto en el corazón del hombre. (…) Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo
nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su
obra en la Iglesia y en el mundo” (Catecismo 1742). Pero también te habrás dado
cuenta que Dios respeta nuestra libertad y permite que seamos nosotros quienes
escojamos entre una u otra cosa que se nos presenta, otorgándonos la capacidad de
discernir lo que es bueno y aceptarlo e invitándonos a abandonar lo que es malo; así
entenderás que quien te hizo sin ti, es decir, por puro y exclusivo amor, no te salvará
sin tu concurso y ayuda: “Más te vale ser justo que ser hombre. Si, pues, te hizo Dios
hombre y eres tú quien te haces justo, tú haces una cosa mejor que la de Dios. Pero
no; Dios te hizo sin ti, porque no diste suerte alguna de consentimiento para que
Dios te hiciese.
¿Cómo ibas a consentir no existiendo? Quien, pues, te hizo sin ti, no te justificará sin
ti. Te hizo sin tú saberlo y no te justificará sin tú quererlo. Sin embargo, quien justifica
es él, para que la justicia no sea tuya; para que no vuelvas a los daños, a las pérdidas,
a la basura; para encontrarte en él, no en posesión de tu justicia” (San Agustín. Cf.
Sermón 169,13).

75
Elabora un escrito acerca de lo que entendiste por: “Libertad y Gracia”

76
77
Tu gu
ía

LIBERTAD GRACIA

Presupone la disposición Es una participa-


de una posibilidad de ción en la vida de
elegir. Dios.

Para San Agustín, debe El cristiano necesita


distinguirse entre el libre la gracia para poder
albedrío y la libertad. obrar y elegir según el
plan de Dios.

La cuestión de la liber- En conclusión, la gracia


tad, entonces, consiste en no se opone a nuestra
determinar de qué modo libertad cuando ésta
puede el hombre usar su corresponde al sentido
libre albedrío para real- de la verdad y del bien
mente ser libre, es decir, que Dios ha puesto en
para escoger el bien. el corazón del hombre.

78
79
o sto la d o parroquial
p
to s y el a
o l e
Re c
sti n o s
Lo s A g u

Otro de los apostolados que tiene la Orden Agustino Recoleta en la Provincia de Nuestra
Señora de la Candelaria es el ministerio parroquial.
Desde sus orígenes, los Recoletos no vieron incompatibilidad alguna entre el apostola-
do y la vida común, entre la ascesis y el amor a las almas, entre el retiro del mundo y la
presencia salvadora; más bien creyeron que ambos polos de la vida religiosa son inter-
dependientes y reciben aliento de un mismo núcleo o ecuador, que es el amor de Dios”
(Martínez Cuesta Ángel, La Historia de los Agustinos Recoletos. Vol. 1. España, 1995).
Sin desligar la acción y la contemplación, los Agustinos Recoletos trabajan en 16 parroquias
5 de las cuales están ubicadas en territorio de misiones, que trabajando en sintonía con las
diócesis y arquidiócesis respectivas siguen extendiendo su carisma en medio de sus fieles,
y direccionando el apostolado con un Ideario de pastoral, se esfuerzan para que las parro-
quias “sean una comunidad de fe, de liturgia y de caridad, en la que nadie se sienta extraño
sino que todos se consideren miembros de una familia y den testimonio de unidad y de
caridad” (Constituciones 306).
A la vez con la presencia de los Agustinos Recoletos en cuatro santuarios, (Paz de Ariporo,
Desierto de la Candelaria, La Popa Cartagena y La Candelaria Bogotá), continuan promo-
viendo el amor y la devoción de nuestra Señora la Virgen María bajo advocaciones que son
propias de la Provincia Recoleta en Colombia, puesto que el religioso Agustino Recoleto es
por naturaleza amante de la Virgen María .
Nuevas
Palabras

Ágape: Concilio:
Comida de confraternización que Asamblea de obispos convocada
los primeros cristianos celebraban para debatir asuntos importantes
durante sus asambleas para pro- referentes a la doctrina y disciplina
fundizar sus lazos de concordia. de toda la Iglesia o de parte de ella.

Apostolado: Herejía:
Enseñanza de la doctrina cristiana Connota, desde el punto de vista
y propagación del Evangelio. etimológico, tanto el acto de elegir
como la cosa elegida. Sin embargo,
su significado se ha reducido a la
Cisma: elección de doctrinas religiosas o
Palabra que significa división, dis- políticas, a la adhesión a iglesias o
cordia o desavenencia entre los partidos políticos.
individuos de una misma comuni-
dad.
Iniquidad: Precepto:
Injusticia o maldad pero en térmi- Regla o declaración que aconseja o
nos superlativos, es decir, es una in- establece un principio o principios;
justicia enorme. un curso de acción acerca de la con-
ducta; instrucciones que se entien-
den como reglamento o reglas de
Liturgia: conducta.
Es la celebración del Misterio de
Cristo y en particular de su Misterio
Pascual.
Bibliografía

Ángel Martínez Cuesta. La historia de los Agustinos Recoletos.


Vol 1. Madrid, 1995.

Carlos Enrique Cardona Sánchez. Agustinismo en 20


lecciones. 3ed. Bogotá, D.C.: Kimpres Ltda., 2003, 352p.

Catecismo de la Iglesia Católica. Bogotá D.C.: San Pablo,


2000

José Oroz Reta. El pensamiento de Agustín para el hombre


de hoy. Valencia: Ed. Edicep, 1998

Nuestra Sagrada Biblia. Bogotá D.C.: San Pablo, 2008, 1599p.

San Agustín. Comentario a los Salmos. T. XIX. Madrid: BAC,


1964, 780p.

San Agustín. Comentario a los Salmos. T. XX. Madrid: BAC,


1965, 1010p.

San Agustín. El Libre Albedrío. T. III. 5ed. Madrid: BAC, 2009, 191-
432p.

San Agustín. La Ciudad de Dios.T. XVII. 3ed. Madrid: BAC, 1978,


1076p.

San Agustín. Las Confesiones. T. II. 6ed. Madrid: BAC, 1974,


612p.

San Agustín. Sermones. T. VII. 4ed. Madrid: BAC, 1981, 767p.

San Agustín. Sermones. T. XXIV. 2ed. Madrid: BAC, 2005, 878p.

San Agustín. Sobre la Doctrina Cristiana. T. XV. 2ed. Madrid:


BAC, 1969, 50-285p.

San Agustín. Soliloquios. T. I. 6ed. Madrid: BAC, 1994, 427-533p.


Cibergrafía

http://www.ompvenezuela.com/temas/euc.htm
http: //www.agustinosrecoletos.com.co