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CONSAGRACION

La palabra consagración no es una palabra que se utilice con frecuencia, aun así, es posible que
tengamos un concepto de lo que significa. En la religión, la palabra consagración se usa en relación
al ordenamiento oficial de una persona que está a punto de ser un predicador, sacerdote o
misionero. Este uso implica que la consagración es solamente para una categoría especial de
personas.

Sin embargo, la consagración revelada en el Nuevo Testamento es para todo creyente en Cristo.
No es solamente para aquellos cristianos que poseen un gran conocimiento o para los que se
consideran maduros. De hecho, como veremos más adelante, no podemos conocer la vida de
Cristo de forma subjetiva en nuestro ser o alcanzar la madurez espiritual sin antes habernos
consagrado al Señor. Esto se debe a que la consagración es la base de cada experiencia espiritual.

Romanos 12:1

Cuatro razones por las cuales debemos consagrarnos al Señor:

1. Para que andemos en la senda del Señor

Antes de ser salvos, nos comportábamos según nuestra propia manera, tomábamos
nuestras propias decisiones y escogíamos nuestra propia dirección. Sin embargo, después
de ser salvos, Dios desea que andemos según Su senda, le sigamos y seamos guiados por
Él. No obstante, si no nos entregamos a Él, ¿cómo sabemos cuál es Su senda? ¿De qué
manera nos puede Él guiar? Consagrarnos a Él nos guarda en Su senda y nos salva de
tomar nuestra propia senda. Podemos orar: “Señor, no quiero tomar mis propias
decisiones o tomar mi propia senda. Quiero ser guardado en Tu senda. Así que Señor
Jesús, me entrego a Ti”.

2. Para que crezcamos en vida

En cualquier clase de vida física, después del nacimiento viene el crecimiento. Del mismo
modo, cuando Cristo entra en nuestro ser Su intención es que Su vida divina en nuestro
ser crezca. No obstante, cualquier tipo de vida, aún la vida divina de Cristo en nuestro ser,
necesita el ambiente apropiado y la oportunidad de crecer.

Rendirnos al Señor le provee la mejor oportunidad para que[Su vida crezca en nosotros]
(blog.biblesforamerica.org/es/que-significa-el-crecimiento-cristiano/). A medida que
rendimos cada parte de nuestro ser y cada aspecto de nuestras vidas a Él, le damos a Su
vida la mejor oportunidad de crecer en nosotros.
Entregarnos al Señor o no, marcará una gran diferencia en nuestra experiencia de
Cristo.Cuando nos abstenemos de entregarnos al Señor y no nos consagrarnos a Él, es
probable que no tengamos ningún sentir de que está mal practicar ciertas cosas. Nuestra
falta de consagración estorbará a la vida que está en nosotros. La vida en nuestro ser
sencillamente deja de funcionar bien debido a que no tiene la oportunidad de crecer y
desarrollarse.

Sin embargo, cuando nos rendimos al Señor, le proveemos la mejor oportunidad para que
Su vida crezca y se desarrolle en nuestro ser. Espontáneamente podemos sentir lo que le
agrada a Él y lo que no le agrada, lo que es de Dios y lo que no lo es. Esta sensación viene
cuando la vida divina de Dios en nuestro ser comienza a funcionar. Nuestra consagración
es la que activa esta función de vida que nos da el sentir de la vida de Dios en nosotros.
Mientras seguimos y obedecemos a Dios por medio de este sentir, crecemos en la vida
divina de manera verdadera y práctica.

3. Para que Dios pueda obrar en nosotros

Antes de que intentemos obrar para Dios, es necesario que Dios obre en nosotros.
Aunque somos salvos, debemos admitir que todavía Dios tiene mucho por obrar en
nosotros a fin de conformar nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y nuestra
disposición interna —todo nuestro ser—a la imagen de Su Hijo.

Dios es ciertamente omnipotente, pero en Su relación con nosotros, no actúa como un


dictador. Él respeta nuestra voluntad humana y no impone su obra en nosotros. Él desea y
necesita nuestro consentimiento a fin de obrar libremente en nosotros. Nuestra
consagración es nuestro consentimiento.

Debido a que Dios solamente obrará en nosotros si se lo permitimos, esto explica cómo
una persona puede ser salva de forma genuina por años y aún así tener poco o nada de
crecimiento en la vida divina y experimentar muy poco cambio en su ser. Dios esperará
hasta que le permitamos forjarse en nuestro ser para Su propósito.

Así que en vez de dejar pasar el tiempo o resistir Su obrar en nosotros, podemos orarle al
Señor: “Señor te doy permiso de que obres en mí. Me ofrezco a Ti voluntariamente.
Señor, Te abro las puertas de mi corazón. Entra a cada parte de mi corazón y confórmame
a Tu Persona amada en todo sentido”.

4. Para que disfrutemos las riquezas de la salvación de Dios

La salvación de Dios está llena de riquezas. Ciertamente, incluye ser salvos de la perdición
eterna, pero la salvación de Dios abarca mucho más. Cuando fuimos salvos, Dios nos
bendijo en Cristo con toda bendición espiritual. La vida divina, la humanidad perfecta y el
vivir perfecto de Cristo, Su muerte efectiva, Su resurrección poderosa, Su victoria sobre
Satanás, Su ascensión sobre todas las cosas: todas nos pertenecen. Sin embargo, si no nos
consagramos a Él, no hay manera de que seamos introducidos al disfrute de todas estas
bendiciones. En realidad, las tenemos, pero para que las podamos disfrutar es necesario
que nos consagremos a Dios.

En este sentido, la consagración es como un portal o una puerta. Para entrar a un edificio,
debemos primero entrar por la puerta. Si no lo hacemos, no importa cuántas cosas
maravillosas nos esperen al otro lado, no las podemos disfrutar o participar de ellas. Las
cosas están allí, pero nosotros permanecemos afuera. La consagración es la puerta para
que entremos y disfrutemos todas las riquezas de la salvación de Dios. Cuando nos
entregamos al Señor, Él nos llevará a experimentar las riquezas de estas bendiciones ricas
de la salvación completa de Dios.

Podemos orar: “Señor, no solamente deseo saber acerca de Tus riquezas en cuanto a la
salvación; quiero disfrutarlas. Así que, aquí estoy, me entrego completamente a Ti. Te
pertenezco. Guíame por Tu Espíritu a la experiencia y disfrute de todo lo que Tú tienes
para mí en Tu salvación”.

Tomar el siguiente paso

Al ser salvos hemos completado el primer paso de nuestro recorrido espiritual. ¡Le damos
gracias al Señor por eso! Pero éste es solamente el comienzo. El próximo paso es
consagrarnos al Señor. Cuando lo hagamos, Dios nos guardará en Su senda, creceremos en
Su vida, permitiremos que Dios obre en nosotros y disfrutaremos las riquezas de Su
salvación.

Sea que tengamos poco o mucho tiempo de ser salvos, cada uno de nosotros podemos
entregarnos al Señor. Aún si nunca habíamos escuchado acerca de la consagración, aún así
podemos presentar nuestros cuerpos al Señor hoy mismo. ¡Él está alegre y dispuesto a
recibir nuestra consagración a cualquier hora!

Si quiere saber más sobre la consagración y como consagrarse a Dios, tome un momento
para ver estás demás entradas:¿Cómo me consagro al Señor?, La consagración y el amor
de Dios y amar a Jesús con lo mejor de nosotros.

HERIDAS EMOCIONALES

1. Sentirse abandonado

Un niño necesita del apoyo y el cariño de otras personas para crecer. Solo a través de sus
relaciones interpersonales, primero con sus padres y más tarde con otros miembros de la
familia y amigos, podrá darle forma a una personalidad saludable y mantener un equilibrio
emocional. Sin embargo, cuando un pequeño se siente abandonado, ya sea porque sus
padres siempre han estado ausentes o porque no les han dedicado suficiente tiempo,
desarrolla una gran inseguridad y temor ante la vida que mantiene incluso en la adultez.
De hecho, la mayoría de las personas que fueron víctimas de abandono en su infancia
suelen ser inseguras y dependientes emocionalmente ya que viven con un miedo
constante a que les vuelvan a abandonar.

2. Ser humillado

Convertirse en el centro de críticas y comentarios negativos puede ser sumamente difícil


para un niño, sobre todo si esas opiniones provienen de personas cercanas. De hecho, se
ha demostrado que la sensación hiriente que genera la humillación puede llegar a ser
similar a la que se experimenta cuando se sufre un dolor físico ya que ambas vivencias
comparten los mismos circuitos cerebrales. Obviamente, si se trata de una situación que
se repite continuamente, es probable que ese niño termine muy lastimado
emocionalmente y que al crecer desarrolle una baja autoestima y se subvalore
continuamente. Muchos de los adultos que fueron humillados de niños, ya fuera por sus
padres, amigos o profesores, suelen ser personas retraídas, que les cuesta confiar en los
demás y que no son capaces de valorar sus propias capacidades.

3. Ser presionado constantemente

Cuando pensamos en el abuso psicológico acude a nuestra mente la imagen de los gritos y
la humillación pero lo cierto es que los niños muy susceptibles también pueden reaccionar
muy mal ante la presión que les imponen los padres: la presión por alcanzar mejores
calificaciones, por cumplir con todas sus actividades extraescolares y por ser un niño
ejemplar. Arrebatarles la infancia, poniendo sobre sus hombros demasiadas
responsabilidades que los niños no son capaces de cumplir solo puede generar frustración
y la sensación de que no son lo suficientemente buenos, una sensación que puede
perdurar en la etapa adulta y que lastrará enormemente sus potencialidades.

4. Sentirse traicionado

A nadie le gusta sentirse traicionado, pero cuando te traicionan siendo niño, la decepción
es mucho más grande ya que durante la infancia no contamos con las suficientes
herramientas psicológicas para hacerle frente a la frustración. Además, una gran traición
puede generar en el niño la idea de que el mundo o las personas que le rodean son poco
fiables, lo cual le convertirá en una persona desconfiada. De hecho, muchos de los niños
que fueron traicionados durante los primeros años de su vida se transforman en adultos
distantes y fríos, a los que les cuesta comprometerse emocionalmente con otras personas,
de manera que crean un muro en sus relaciones interpersonales para no dejar que nadie
se acerque.

Heridas emocionales infancia

5. Sufrir una injusticia

Desde que el niño es muy pequeño desarrolla el sentido de justicia y comprende cuándo
los demás son justos con él y cuándo no. Obviamente, si se convierte en una víctima de
injusticias constantes, crecerá siendo una persona insegura y desconfiada. Es probable
que no se sienta merecedor de la atención de los demás, que perciba que nada de lo que
hace vale la pena y empiece a tener una visión negativa de la vida. De adulto es probable
que tenga problemas para establecer relaciones interpersonales saludables porque
pensará que todos le tratarán mal, por lo que le costará confiar en ellos y darles un voto
de confianza.

6. Ser invalidado emocionalmente

A medida que el niño crece, su abanico de emociones se va ampliando. Más allá de la


tristeza y la alegría aparece el enfado, la angustia, la decepción, los celos… Ninguna de
estas emociones es negativa, solo es necesario comprenderlas y canalizarlas. Sin embargo,
cuando los padres niegan o hacen caso omiso de las emociones infantiles están
transmitiéndole un mensaje muy claro: esas emociones no son aceptadas y, por tanto, se
deben reprimir. Como resultado, es probable que ese niño, al convertirse en adulto, no
sepa lidiar adecuadamente con sus emociones, que se comporte de manera indiferente o,
al contrario, que sea extremadamente impulsivo.

7. Ser rechazado

Desde que el niño es muy pequeño empieza a buscar la aceptación de las personas que
son importantes para él, sus padres. Se trata de una respuesta adaptativa que le hace
sentir más seguro, confiado y, sobre todo, amado. Pero si sus padres le rechazan, se
creará una herida muy difícil de sanar ya que el pequeño sentirá que no es digno de ser
querido por los demás. En muchos casos el rechazo repercute negativamente en su
autoestima, haciendo que de adulto se convierta en una persona que necesita
continuamente la aprobación de los demás. De hecho, muchas de las personas que fueron
rechazadas cuando eran niños suelen tener un gran miedo al fracaso y siempre están
pendientes de las opiniones de los demás.

7. Temor a lo desconocido, una barca sin puerto


Muchos padres alentamos a nuestros niños a perder el temor a la oscuridad o a los
lugares desconocidos, o subestimamos sus miedos diciendo que no sean cobardes, miedo
al agua, etc. Los niños requieren un poco de paciencia, y la inmersión violenta en
ambientes desconocidos solo generará individuos inseguros, con temor al cambio, y
resistentes a la diferencia.

Violencia Intrafamiliar, un caos interior

Culturalmente, se nos ha enseñado que golpear a los niños en una conducta aceptable, sin
embargo, existen muchas investigaciones que nos hablan de lo contrario, golpear
enseñará a los niños a resolver sus conflictos con violencia, a no manejar adecuadamente
sus estallidos de ira, a resolver sus conflictos familiares por la vía de la “Ley del más
fuerte”, estas secuelas y heridas emocionales de la infancia, serán llevadas a la edad
adulta y afectaran, generando esposas y esposos maltratadores.

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