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Mat 11al pr-:,tegldo por deroc'70s d autor


2
MICHAEL H . .IAMESON

EL TRABAJO AGRÍCOLA EN LA GRECIA


ANTIGUA*

Aunque condiciones medioambientales, socioeconómicas e histó-


ricas variadas produjeron en e l mundo griego formas diversas de tra-
bajo agrícola, pueden observarse ciertos patrones. En vastas áreas de
la vieja Grecia y las regiones colonizadas, la tierra era explotada ex-
tensivamente por una población de siervos que producía primaria-
mente granos para su propio sustento y para una población de elite
(e.g., Esparta, Creta, Tesalia, el Ponto). Otras regiones se caracteriza-
ban por granjas privadas relativamente extensas de agricultura mixta
así como más especializada, trabajadas princ ipalme nte por grupos de
esclavos-mercancía. En general, se supone que en la mayoría de las
ciudades-estado de Grecia, la mayor parte de la tierra era poseída y
trabajada por pequeños granjeros independientes. Sostuve hace algu-
nos años que en el Ática clásica e l patrón prevaleciente era el de gran-
jeros independientes que trabajaban su propia tierra intensivamente y
eran comúnmente asistidos por esclavos pertenecientes a su hogar. En
presencia de agudas discrepancias, ciertas consideraciones adiciona-
les y otras investigaciones han reforzado el caso de un tipo de agri-
cultura re lativamente complejo y exigente y el uso común de dicho
trabajo. Sin embargo, yo también he llegado a creer que la condición
sociaJ y económica y la prosperidad de la mayor parte de los granje-
ros era más alta de lo que se había supuesto. Para la Atenas clásica, lo
que necesita establecerse no es el esclavo que trabaja la tierra sino el
pequeño granjero que depende principalmente de la tierra. Éste puede

* Este texto ha sido extraído de B. Wel ls (ed.), Agriculture in ancient Greece. Procee-
dings o/ rhe Seventh lnrernational Symposiu111 at rhe Swedish lt1stilure at Athens, /6-17
IIIG)\ /990, Estocolmo, Svcnska lnstitutct i Athcn, 1992, 135-46.

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ser tambié n el caso para la mayor parte de las regiones de Grecia más
densamente pobladas.
¿Cómo era trabajada la tierra de los antiguos griegos? Si creemos
q ue la economía de los griegos se basaba muy ampliamente en la agri-
cultura y que su estructura social y su economía estaban estrecha-
mente unidas, la pregunta sobre quién realizaba la labor agrícola y
bajo qué condiciones tiene importantes implicancias.
Dado que las condiciones naturales y culturales del mundo griego
variaban considerablemente, así también lo hacía el carácter del tra-
bajo agrícola. La tierra y el clima variaban y con ellos los cultivos y
regímenes agrícolas apropiados. Los sistemas sociales y económicos,
incluyendo los patrones de asentamiento y el tamaño y distribución de
la población, el acceso a y el control de la tierra, y especialmente la
disponibilidad de trabajo, no fueron uniformes. Las variaciones ocu-
rrie ron e n e l tie mpo así como en e l espacio, con circunstancias histó-
ricas particulares q ue tuviero n su parte. La visión conve ncional de la
agricultura griega como estática e inflexible es extremadamente enga-
ñosa.
No obstante, ciertos patrones pueden ser detectados: cuando en un
medio ambiente particular se practica un régimen agrícola particular,
podemos buscar las mismas condiciones económicas y sociales, inclu-
yendo el tipo de trabajo, que son halladas en otras partes del mundo
griego bajo circunstancias similares. La causa específica y las relacio-
nes históricas son problemáticas, y generalmente intentaré mantener-
me alejado de ellas en este trabajo. Por ejemplo, explicar las cond.i-
ciones agrícolas de la Atenas de los siglos v y IV por medio de una
interpretación de las reformas de Solón me parece algo aventurado,
considerando lo poco que sabemos sobre éstas.
Para responder la pregunta con la cual comencé necesitamos no
menos que una serie de estudios regionales que combinen los resulta-
dos de investigaciones geológicas, botánicas y arqueológicas con un
nuevo examen de textos literarios y epigráficos. Los actuales trabajos
presentados en esta conferencia y el estudio fundamental de Amou-
retti sobre el cultivo del cereal y el olivo muestran cuánto progreso se
ha hecho en los últimos años 1• Aquí me g ustaría esbozar algunas hipó-

1
M.-C. Amouretri, l e pain et t'lwile da11s la Grece a111ique, París, 1985, 199-222, con
un exce lente tratamiento del tema del presente escrito. Entre otras valiosas colaboraciones
al estudio de la agricultura griega están R. Osborne, C/assical /a11dscape wilh figures. The
a11cie111 Greek city a11d its cow1tryside, Londres, 1987, y P. Halstead, «Traditional and
ancient rural economy in Mediterranean Europe: plus 9a change?,,, JHS, 107 (1987), 77-87.
En lo que sigue hablo poco sobre la cría de animales. En ninguna de las áreas examinadas,
salvo posiblemente Mantinea, es el elemento dominante en el régimen agríco la. Encuentro
convincente la visión de Stephen Hodkinson acerca de que la cría de animales en pequeña

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tesis a ser probadas por las discusiones e investigaciones futuras. En
la primera parte de este escrito delinearé unos cuantos regíme nes agrí-
colas de varias partes de l mundo griego junto con los sistemas socio-
económicos concomitantes. Se pondrá Ja atención e n prospecciones
arqueológicas recientes que traen la promesa de probar hipótesis cons-
truidas sobre estudios históricos y etnográficos, aunque los problemas
para interpretar este tipo de evidencia no son para desestimar2• En la
segunda parte del escrito volveré al problema más de batido de la natu-
raleza del trabajo agrícola ateniense, un problema que, según creo,
necesita ser visto en el contexto de la gama de posibilidades halladas
en cada lugar. En ambas partes evitaré usar el término «campesino»,
para el cual no hay, significativamente, un equivalente griego antiguo.
Cuando es usado para e l mundo g recorromano, «campesino» tiene
q ue ser constante mente redefinido para disting uir a la gente que se
describe de los grupos muy diferentes del mundo medieval y moder-
no y para concordar con la pro pia reconstrucción de l auto r3 •
Para vastas áreas ocupadas por los griegos hay poca controversia
sobre quiénes trabajaban la tierra. Una ehte, a menudo representada
como conquistadores, extraía un excedente del trabajo agrícola de los
nativos. Este era e l caso en Laconia y Mesenia, Creta y Tesalia, y, en

escala era una parte integral de la agricultura mixta: «Animal husbandry in the Greek
polis», e n C.R. Whillaker (ed.), Pastoral eco11om.ies in classical a111iqui1y, Cambridge,
1988, 35-74.También existe el caso de grandes terratenientes que eran los dueños de gran-
des rebaños, lo cual parece haberse convertido en un fenómeno impo11ante en el periodo
helenístico y el romano. En los márgenes de los estados más pequeños y en las regiones
inter iores montañosas de los más extensos debían encontrarse pastores especializados, cf.
M.H. Jameson, «Mou ntai ns and the Greek city-states», en J.F. Bergier (ed.), Mo111ag11es,
fleuves.forels, St. Katharincn, 1989, 7-17, esp. 9-1 2, y R. Osborne, op. cit., 47-52. (Los tra-
bajos presentados en la confere ncia a los que alude el autor son los editados en el volumen
del que hemos extraído este escrito [nota del editor].)
1 La d iscusión más valiosa sobre estos problemas que yo conozco está en J.F. Cherry,

J.L. Davis y E. Mantzourani, Landscape archaelogy as long-term history: 11or1hem Keos in


the Cycladic is/all(/s, Los Angeles, 199 1. Doy las gracias a los autores por la oportunidad
de leer su libro antes de su aparición.
3 Por ejemplo, E.M. Wood, «Agricutural slavery in classical Athens», AJAH, 8 (1983),

1-47, en 8-9, y Peasant-cilizen a111l slave. The foundations of Athenian democracy, Lon-
dres, 1988, passim, para qu ien la característica distintiva del campesino ático es el grado
limitado en que estaba sujeto a las obligaciones impuestas desde afuera de su comunidad,
que generalmente son tomadas como un componente importante para la definición de un
campesino (cf. E.R. Wolf, Peasanls, Nueva Jersey, 1966, 10: «una relación estructural asi-
métrica entre los productores de excedente y los dominadores»; T. Shanin, «The nature and
logic of thc peasant economy, 1: a gcncralisation», JPS, 1 ( 1973), 64, «una sujeción multi-
direccional a los poderosos de afuera»). La relativa libertad de impuestos, rentas y trabajo
parece ser característica de los granjeros libres en todo el mundo griego o en su mayor parte
en el periodo clásico, hasta lo que podemos ver. Cf. las advertencias de R. Osborne sobre
el uso del térm ino «campesino» para el Ática clásica, Demos: the discovery of classical
Attika, Cambridge, 1985, 142.

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ultramar, en varias poleis griegas a lrededor del Mar Negro, en Asia
Me nor y en Sicilia4 . En algún mome nto, tales sistemas pueden haber
sido considerablemente más comunes. Muchos de aque llos mencio-
nados por los autores clásicos y posteriores eran restos curiosos, y los
detalles que se dan probablemente no sean dignos de confianza.
La condición de los nativos es esencialmente la de siervos. Se
reconoce su derecho a continuar viviendo en el territorio que labran y
a sustentarse a sí mismos así corno a la elite de esa tierra, pero están
excluidos de los privilegios políticos y de muchos sociales. Ellos son
o miembros subordinados de la comunidad o explícitamente conside-
rados como extranjeros. Recordemos la famosa declaración anual de
guerra de los éforos espartanos contra los hilotas (Plutarco, Licurgo,
XXVITI, 7, c itando a Aristóteles, fr. 538).
En alg unas de estas regio nes, al menos, hubo extensiones relativa-
mente grandes de tierra apta, s in necesidad de hacer terrazas, para e l
cultivo extensivo de cereales (como e n Tesalia, los valles del Eurotas
y Esteniclaro en el Peloponeso, y el territorio de unos cuantos asenta-
mientos colo niales). En su mayor parte, ellas no son conocidas por sus
otros productos agrícolas, pero el vino y, donde el clima Jo permitía,
las aceitunas y otras frutas eran ciertamente producidos para e l con-
sumo local. En el periodo arcaico y a comienzos del clásico al menos,
éstas no parecían haber sido regiones de agricultura especializada o
intensiva.
El tamaño de estas operaciones agrícolas era necesariamente amplio.
Cada hacienda debía proveer a las familias de los trabajadores así como
a las famil ias de los amos. Tenemos sobre esto buena evidencia arqueo-
lógica para Crimea pero no infonnación proveniente de textos. Para
Esparta hay muchos detalles históricos; sin embargo, cuanto más osten-
siblemente precisos y numéricos son, más probable que sean engañosos.
En Esparta la fuerza de trabajo consistía en los bien conocidos hilotas.
De manera teórica, estaban ligados a la hacienda y no al espartiata que
tenía el beneficio de la hacienda. De manera teórica, nuevamente, una
hacienda (kleros, «lote»), igual en tamaño a todas las otras, era asignada
a cada ciudadano varón y debía proveerle a él 70 medimnoi de cebada al
año, otras 12 para su esposa, y vino y aceite en proporción (Plutarco, Li-
curgo, VIII, 7). Sólo el grano llegaba a más de cinco veces lo que era
considerado como una ración nonnal de un varón adulto, y a ocho veces
esa ración si las medidas infonnadas no son las del estándar ático 5• Ade-

• Una d iscusión reciente es la de Y. Garlan, Slavery in a11cie111 Greece, lthaca, 1988,


88-106; cf. M.-C. Amourelli, Pai11 et hui/e (op. cit. n. 1), 208-12.
' Sobre la ración normal, L. Foxhall y H.A. Forbes, «Sitomecreia: thc role of grain as
staple food in classical antiquity», Chiro11, 12 ( 1982), 4 1-90, en 51-7; cf. T.J. Figucira,

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más, la hacienda debía proveer al me nos la subsiste ncia de los traba-
jadores hilotas que labraban y sus fami lias, suponiendo que no tuvie-
ran acceso a ninguna otra porció n significativa de tierra arable6 .
Desafortunadamente, toda la noció n de repartos de tierra iguales y
estables que volvían al estado para su reasignación a la muerte de l
titular, y, así, de un pago uniforme para cada familia espartiata, pare-
ce haber sido ampliamente teórica y, para el periodo clásico al menos,
ahistórica 7 • En realidad, es probable que haya existido una considera-
ble gama de tamaños de propiedad. Existe tal vez una mejor posibili-
dad de que haya una base histórica para la idea de que la paga de los
hilotas fuera la mitad del producto de la hacienda, un sistema de apar-
cería (métayage o mezzadria) en el cual los trabajadores de la granja
deben producir al menos dos veces lo necesario para satisfacer su pro-
pia subsistenc ia 8 . La proporción de siete hilotas para cada espartiata
(sugerida por la c ifra de Heródo to [TX, 1O, 1; 29, 1] para los hilotas que
acompañaban a los ho plitas espartanos en la batalla de Platea) es una
de las más bajas que se han propuesto para la población en su con-
junto. Si tal proporción es aplicable al número que depe nde del pro-
ducto de una hacienda, esto indica haciendas lo suficientemente gran-
des como para sustentar al menos a catorce personas sobre la base de
una aparcería por partes iguales, lo cual es comparable al doble de lo
que la última teoría, aunque no sea un hecho histórico, reportaba que

«Mess contributions and subsistence at Spa1ta», TAPhA, 114 ( 1984), 87-1 09, en 90 s. (El
medimnos es una medida de capacidad que en el Álica equ ivale a unos 52 ó 53 litros, apró-
xi madamente igual a la fanega que equivale a 55 litros y medio [nota del editor].)
0 Ver también infra, n. 12.

7
El número supuesto de kleroi muy probablemente se derivaba de la teoría posterior
y de los intentos helenísticos de reforma; cf. H. Michell, Sparta, Cambridge, 1952, 224-6;
P. Cartledge, Sparta wrd Lakonia, Londres, 1979, 165-1 70; T.J. Figueira, «Mess contribu-
tio ns» (op. cit. n. 5), 100-2, con más confianza hacia la tradición; S. Hodkinso n, «Land
tenurc and inhcritance in classical Sparta», CQ, 36 (1986), 378-406, muy escéptico.
8
Tirteo, fr. 6 West, extraído de Pausanias, IV, 14, 4-5; cf. Eliano, Historias varias, VI,
l . P. Cartledge, Agesilaos, Londres, 1987, 173, descuenta la existencia de tal sistema, salvo
en Mesenia antes de la segu nda guerra mesenia. La investigació n más completa del tema
es de Stephen Hodkinson en un trabajo de próxima aparición: «Sharecropping and Sparta's
econom ic explo itation of the helots», que amablemente me ha permitido leer. (Texto publi-
cado en J. Motyka Sanders (ed.), Lako11ia11 Studies in Ho11011rof Hector Catling, Atenas, 1992,
123-34 [nota del editor].) En la Atenas del siglo 1v, algunos arrendamientos de propiedad
agrícola muestran que en caso de acción enemiga, lo que quedara de la cosecha estaba des-
tinado a compartirse e n partes iguales e ntre el propietario y el arrendatar io en lugar de la
renta usual (por ej emplo, /G, !P, 2492, línea 11). En otro arrendamiento, para una empre-
sa desconocida, arrendador y arrendatario toman toda la ganancia en años alternados (ena-
1/ax, IG, 11', 411). En efecto, las ganancias se d ividen por la mitad. Éste puede haber sido
un método bastante extendido para calcular la renta. Los acuerdos de aparcería son flexi-
bles (por ejemplo, respecto de quien provee el equipamiento y las semillas) y no son nece-
sariamente severos en su impacto sobre los cultivadores.

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una familia espartiata de bía recibir (i.e., entre c inco y ocho veces la
ración normal de un varón adulto)9. Ento nces, las haciendas esparta-
nas fueron concebidas idealmente como al menos tan g randes y pro-
ductivas como las propiedades arcaicas atenienses que producían no
menos de 200 medimnoi por cada año (Aristóteles, Constitución de
Atenas, VII, 4: «áridos y líquidos») para lo más bajo de los tres ran-
gos superiores atenienses, los zeugitai, generalmente igualados a los
hoplitas.
Para tener un sentido de la escala que estas cifras implican podemos
comparar lo que se piensa que fue el tamaño de la granja familiar usual
en Grecia -una propiedad de entre 40 y 60 plethra antiguas (un plethron
es 100 pies cuadrados), que vienen a ser 3,6-5,4 hectáreas, lo suficiente-
mente grande, según se cree, para mantener a una famil ia nuclear- . Una
granja de un espartiata efectivamente func io nando habría tenido al
menos dos veces ese tamaño, dado que suste ntaba, probablemente, a la
fami lia espartiata con un estándar más elevado y sustentaba, c ie rtamen-
te, al menos a una familia hilota, y probablemente a varias, también.
Habrá tenido más de 120 plethra en ta maño, y muy verosímilmente
cerca de 200, i.e. entre 10 y 18 hectáreas 10 •
En cuanto al régimen agrícola, usualmente se estima al sistema
servil como considerablemente menos eficiente que uno en el que el
dueño o arrendatario labra la tierra por sí mismo con su propia fuerza
de trabajo, aunque puede discutirse la productividad relativa de la
aparcería ya sea mediante el uso de siervos u hombres libres11• Ade-
más, aunque e l vino, el aceite y la carne son también me ncio nados
como suministrados por e l espartiata para su comida en común, y por
ende por los hilotas a é l, ésta es una situación en la que e l énfasis está
puesto en los cerea les de subsistenc ia y no hay un incentivo particular
para la producción para la venta local o para la exportación, ni para la
concentració n en viñas, olivos u otros frutos 12• Se esperaría, pues, un
régimen conservador con cultivo extensivo y énfasis e n los cereales.

9 Cf. P. Cartledge, Agesilaos (op. cit. n. 8), 173-4. T.J. Figueira, «Mess contributions»

(op. cit. n. 5), 102-6 y «Population patterns in late archaic and classical Sparta», TAPhA, 116
(1986), 173-213, en 169-70, propone una c ifra mucho más baja de hilotas que la que usual-
mente se estima. Por otros caminos, llega a la cifra de 7,7 hectáreas para un kleros a partir
del cual se sustentaba la familia espartiata, correspondiente aproximadamente a la misma
cantidad de tierra para el sustento de los h ilotas, i.e., ca. de 15,4 hectáreas o 171 plethra.
'º P. Cartledge, Agesilaos (op. cit. n. 8), apare nteme nte encuentra razonables estas
estimaciones, que sugerí e n un texto inédito presentado en la Universidad de Tokio en 1979.
Una revisión de estimaciones previas en H. Michell, Sparta (op. cit. n. 7), 227, n. 1, quien
comentaba: «No hay forma por la cual podamos llegar a alguna conclusión racional res-
pecto del tamaño o e l número de kleroi ...».
" Cf. S. llodkinson, «Sharecropping» (op. cit. n. 8).
12 Plutarco, Licurgo, XII, 3, y Dicearco, fr. 72 Wehrli, probablemente de una fuente

común del siglo IV; cf. P. Cartlcdge, Sparta (op. cit. n. 7), 170, y T.J. Figucira, «Mess con-

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Para e l periodo he lenístico más tardío, sin embargo, hay indica-
c iones de que incluso e n Laconia, donde la moneda había s ido resisti-
da largamente, la agricultura apuntaba a mucho más allá de los niveles
de subsistencia, y su éxito era admirado 13. Estos desarrollos probable-
mente tengan que ser relacionados con otros cambios en el sistema,
que no pudo nunca haber llegado cercanamente al ideal. Ya temprana-
mente la elite utilizaba el excedente q ue controlaba para adquirir pose-
siones personales, incluyendo esclavos. Probablemente, el mercado
siempre fuera un elemento restrictivo pero no insignificante en la eco-
nomía.
Los espartanos poseían las tierras en la cuenca del valle del Euro-
tas, donde estaban situadas las cinco aldeas originales, en la llanura de
Helos al sur («el territorio más hermoso y extenso de Laconia», según
Polibio, V, 19, 7), y en Mesenia al oeste, todos tradicionalmente terri-
torios conquistados, siendo el de Mesenia e l te rritorio más recie nte.
Pero alrededor de la costa y en ciertos valles más pequeños perdura-
ban comunidades de hombres libres bajo el dominio espartano, los
perioikoi. Se piensa que las haciendas de los espartiatas sólo se halla-
ban en los tres grandes valles, aunque los reyes espartanos (Jenofon-
te, República de los lacedemonios, XV, 3), y se sospecha fuertemente
que otros ricos espartanos, tenían haciendas privadas en territorio
perieco. Una razón para esto, según creo, era que un sistema servil
funcionaba bien sólo en grandes haciendas de la mejor tierra. Aun así,
se puede ver por qué los dos territorios al este del monte Taigeto rápi-
damente resultaron ser insuficientes. Un cálculo muy aproximado y
conservador sugiere q ue no proveían más de 2 1.000 hectáreas de la
tierra requerida. No toda la tierra con huertos y viñedos abundante-
mente plantados de hoy en día habría estado disponible para e l sistema
espartano. Esto dejaría espacio para menos de 2.000 de las haciendas
de 120 plethra (10,8 hectáreas) y para menos de 1.200 de las hacien-
das de 200 plethra (18 hectáreas) que hemos postulado, y puede expli-

tributions», (op. cit. n. 5). Es muy probable que la cantidad considerable de colinas y cam-
pos escarpados en las cercanías de los kleroi de los espartiatas fuera usada por los hilotas
para pasturas, mientras que pequeñas parcelas de tierra cultivable en estas áreas margina-
les eran usadas para vides, frutos y cosechas de campo. El grado en que esto ocurría habrá
estado determ inado por las necesidades dentro de las comunidades hilotas, que habrán
aumentado en la medida en que su población crecía, y por la posibilidad de venta más allá
de aquéllas. Ambas fue ntes antiguas mencionan una pequeña cantidad de moneda, 12 óbo-
los eginetas a l mes según Plutarco, lo cual indica alguna conversión del producto en efec-
tivo para esta época.
13 M.-C. Amouretti, Pai11 et hui/e (op. cit. n. 1), 210 s., sobre Laconia y Tesalia. Unos

cuantos hi lotas así como penestai habían acumulado recursos para el momento que logra-
ron la emancipación. Po libio (V, 19 1, 1) señala los numerosos árboles en el área de Ami-
elas así como sus finas cosechas.

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car en parte la expansió n hacia e l valle de Esteniclaro de Mesenia, al
oeste del monte Taigeto, i.e. la conquista y absorción de un vasto territo-
rio vecino, algo inusual en la historia de las ciudades-estado griegas 14 . La
ampliación en Esparta de su base ciudadana, su temprana de mocracia,
sólo pudieron combinarse efecüvamente con el sistema servil por e l
considerable aumento de la cantidad de üerra bajo su control. Los
colonos de la temprana y única colonia de Esparta, en Taras (Tarento),
habían sido menos que los ciudadanos plenos en su país. El asenta-
miento habría sido una solución para tratar con los pobres libres que
no tenían asignadas haciendas ni eran tratados como hilotas 15•
¿Cuál era e l patrón de asentamiento en el sistema espartano? En el
campo en los alrededores de Esparta, el acomodado, al menos, tenía
casas «llenas de muc has cosas buenas» (Jenofonte, Helénicas, VI, 5, 27).
Pro bablemente, deberíamos pe nsar que los trabajado res hilotas vivían
con sus familias en sus propias comunidades, ya sea e n caseríos adjun-
tos a las haciendas (cf. la khoria en ibid., HI, 3, 5) ya sea en aldeas
(cf. la descripción de Livio, XXXIV, 27, 9, como castellani, agreste

14 Mis estimaciones se basaron en las cifras de Résultats du rece11seme111 de l'agricul-

ture-élevage effectué le 19 mars / 96 /, vol. 3, 5 1, fase. 3, Péloponnese, publicado por el


Serv ic io Estadístico Nacional, Atenas, 1966. Inevitablemente la elección de comunas que
incluí o excluí fue bastante arbitraria. P. Cartledge, Agesitaos (op. cit. n. 8), 173, ofrece una
cifra mucho m,ís alta, entre 50.000 y 75.000 hectáreas para el valle del Eurotas (presumi-
blemente comprendiendo el área alrededor de Esparta y la llanura de Helos), adecuadas
para unos 4.000 kleroi de entre 11 y 18 hectáreas (120-200 p/ethra). El censo de 1961 da
un total de 47.153 hectáreas de tierra cultivacfa para toda la Eparkhia Lakedaimonos, que
incluye ambas áreas agrícolas buenas, en las cua les me he concentrado, pero también
mucho de l territorio montañoso y algo del perieco. Además, la llanura de Helos era consi-
derablemente más pequeña en el periodo clásico que lo que es ahora; contrástese las cifras
3,5 y 3,8 en J.M. Wagstaff, The deve/opment ofrural se11/eme111s. A srudy ofthe He/os ptai11
in so11them Greece, Amersham, 1982. S i los kleroi estaban lim itados e n los siglos tempra-
nos a las mejores tierras, como pienso que probableme nte ocu1Tiera, la esti mación de Car-
tledge parece alta. Otra propuesta es trabajar desde el número de k/eroi que se dijo haber
sido distribuido o se propuso para redistribución en varios momentos, sobre los cuales
véase las referencias supra, n. 7. Aristóteles, Política, 1270a J5- l270b 6, que describe la
caída ea números de los ciudadanos espartanos plenos, dice que sus tierras podían susten-
tar a 1.500 soldados de caballería y 30.000 hoplitas, lo que significaría unas 170. 100 hec-
táreas para 31.500 haciendas relativamente modestas de 60 plethra. La totalidad de la
moderna Nomos Lakonias más la Epark.hia Kynourias (actualmente en Arcadia), adujeron
sólo 117.536 hectáreas de tierra cultivable en 1961. La moderna Nomos Messinias tiene
unas I 20.000 de tierra cu ltivada. Los comentarios de Aristóteles pueden remontarse a una
especulación sobre qué podía haber sustentado todo el territorio controlado por los espar-
tanos, antes del 371 a.C., si fuera una polis normal. Se esperaría que a partir del siglo I V,
el tamaño de las distribuciones reales y propuestas habría estado dentro del rango de lo tes-
timoniado para la Far.salo helenística en Tesalia, 60 plelhra (5,4 hectáreas), E. Schwyzer,
Dialeclorum Graecarum exem¡,la, Leipzig, 1923, Nº 567, y A. Burford, «The family farm
in ancient Greece», CJ, 73 (1977), 162.75, en 163.
15 La evidencia antigua se da en H. Michell, Sparta (op. cit. n. 7), 84-8.

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genus), de las que salían para labrar. Ambos tipos de asentamie nto son
conocidos a partir de la G recia medieval y mode rna temprana 16 . Qui-
zás los resultados completos de la prospecció n británico-holandesa de
Laconia contribuya a responder a esta c uestión 17 •
La combinación laconia de una elite militar, comidas públicas en
común y una población de siervos trabajadores agrícolas era derivada
en la antigüedad de las instituc iones de otra región doria, la isla de
Creta. Existen similitudes y difere ncias. En Creta los siervos estaban
atados tanto a las tierras públicas como a las privadas, debían pagar un
estater egineta (presumiblemente cada año y por cada familia sierva)
y podían poseer ganado; también tenían suficientes recursos para
pagar pesadas multas monetarias. Parecería haber sido una relación
personal entre una fami lia de siervos y una ciudadana algo di ferente a
la de Esparta puesto que bajo cie rtas circunstancias los siervos podían
heredar hac iendas y casarse con mujeres ciudadanas. Necesitamos
saber mucho más sobre e l régimen ag rícola y los patrones de asenta-
miento, y aquí nuevame nte la arqueología puede ser útil. El vínculo
con las familias ciudadanas y la posesión a veces de una casa pueden
sugerir caseríos en haciendas privadas. Se esperaría una agricultura
conservadora en lo que fue una parte aislada y relativamente atrasada
de Grecia a lo largo del periodo clásico 18•
Una tercera región doria con fuertes lazos con Creta y profunda-
mente conservadora social y políticamente hasta el segundo cuarto del
siglo v a.C. fue la llanura argiva, la Argea. Aquí también un grupo
dependiente conocido como los gymnetai tenía fuertes vínculos perso-
nales con la fam ilia ciudadana. Aunq ue no es improbable que existie-
ran gradac iones de condic iones y una terminología correspondiente
que está aho ra perdida para nosotros, creo que los gymnetai e ran los
douloi de Heródoto (VI, 77, l), que se hicieron cargo de la conducción
de Argos luego de la pérdida de muchos jefes de hogar en la desastro-
sa derrota contra los espartanos en Sepia a principios del siglo v, y que
los woikiatai (= oiketai), que acompañaron a Calipo el ciudadano
suplicante argivo a Epidauro unos pocos años más tarde, eran análo-
gamente siervos ligados a un hogar de elite 19• Las comidas en común

16 Para una historia del estudio de los asentam ientos griegos y una rev isión de los tipos

de asentamientos, véase J.M. Wagstaff, Rural se1tleme111s (op. cit. n. 14), cap. 1.
17 En informes preliminares, sólo se menciona al ahora familiar aumento de sitios

rurales a fines del periodo clásico y en el helenístico, una época en que el sistema hilota
estaba quebrándose (A R, 1984-85, 24). El área intensivamente estudiada es considerada
como perieca (AR, 1985-86, 30).
'~ Cf. R.F. Willets, The arcl,aic sociery of a11cie111 Crete, Londres, 1955, 20 s., y 46-5 1,
y 17te /aw code of Gortyn, Berlfn, 1967, 13-7.
" To Ergon, 1977, 105; B. Lambrinoudakis, Arclwiognosia, 1, 1980, 58 s.

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sólo están atestiguadas en las inscripciones de Tirinto de ca. 600 a.C.,
pero no hay razón para suponer que Tirinto fuera única a este respecto 20.
El sistema e n su totalidad, la relación interna de los argivos con sus
siervos y la relación externa de Argos con las comunidades vecinas
(Tirinto, Micenas, Midea), colapsó en e l segundo cuarto del siglo v
cuando la elite de los epigonoi recuperó su poder en Argos y oprimjó,
después de un tiempo, a Tirinto, donde los siervos se habían refugia-
do, y a Micenas21. Hasta ese momento se tiene la impresión de una
región con centros de culto y cívicos tradicionales, tales corno las
acrópolis de Tirinto y Micenas, donde se han hallado inscripciones
religiosas y cívicas importantes, pero sin poblados o incluso grandes
aldeas. Esto sería congruente con una sociedad de grandes haciendas
privadas e n las que tanto los amos como los trabajadores vivirían e n
pequeños asentamientos. La prospección Berbati del Instituto S ueco
puede ser capaz de probar esta reconstrucción.
Se ha dicho suficiente para mostrar que en la vieja Grecia habían
sobrevivido dentro del periodo clásico sistemas de trabajo servil en
grandes propiedades en beneficio de una ehte relativamente pequeña.
También hay referencias a términos que describen el trabajo agrario
dependiente, en una condició n <<e ntre esclavitud y libertad», en otros
estados. Los ejemplos en Sición y Lócride son interesantes porque no
están en regiones que obviamente se presten por sí mismas al c ultivo
de cereales a gran escala, como tiene Tesalia, por ejemplo, a lo largo
de la historia. En Sición nos enteramos de los katonakophoroi, «ves-
tidos con túnicas de pie l de oveja», una ropa típica de los rústicos grie-
gos, que eran comparados con los epeunaktoi espartanos, una clase de
hilotas cuya condic ió n había sido modificada22 • En la Lócride ozolia

20 N. Verdelis, M.H. Jameson y l. Papachrislodoulou, ,<Arklwi kai Epigraphai 7iryn -

thos», ArchEph, 1975, 150-205; R. Koerner, «Tyrins als Beispiel einer frühen dorischen
Polis», Klio, 67 ( 1985), 452-7. No puedo aceptar la interpretación de estos textos pura-
mente ritual de L. Dubois, REG, 93 (1980), 250-6. Es digno de notar que la multa impues-
ta de 30 medimnoi puede bien ser el doble del pago normal de 15 medimnoi o 720 khoini-
kes que es la ración de un aiio para un varón adulto norma l. T.J. Figueira, «Mess
contributions» (op. cit. n. 5), 98, n. 3 1, advierte que las comidas pueden involucrar a «una
pequeña elite» más que «un fenómeno de masas». Dudo que el damos de la Tirinto arcai-
ca, que tenía la última palabra sobre estas leyes, pudiera haber sido otra cosa que pequeño
y, en términos de la población total, una elite, como Jo era e l damos espartano.
21 La discusión sobre los no libres de la Argea es copiosa; ver esp. D. Lotze, Chiron, 1

( 1971), 95- 109, y más recientemente, A. Andrewes, «Perioikoi», en E.M. Craik (ed.), Owls ro
Athe11s. Essays 011 classical subjects presented to Sir Ke1111eth Dover, Oxford, 1990, 171-8.
22 Tcopompo, FGH, 115, F 176, apud Ateneo, VI, 271a. Cf. D. Whitchcad, LCM, 6

( 1981), 37-41; D. Lotze, M eraxu eleuthero11 kai doulon, Berl ín, 1959, 54 y 79; Y. Garlan,
Slavery (op. ci1. n. 4), 99. Whitehead ve las connotaciones de la vestidura de siervos, pero
son rústicas para E. Levy, «Les csclaves chcz Aristophanc», en Acles du col/oque /972 sur
t'esclavage, París, 1974, 29-46, en 39.

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(Occidente), en la G recia central, los woikiatai conocidos a partir de
una inscripc ión del siglo v parecen ser trabajadores dependientes más
q ue esclavos-me rcancía23 . De hecho, puede ser que, de una fo ,ma u
otra, el trabajo dependiente estuviera difundido en la Grecia arcaica.
Se ha argumentado que los hektemoroi y los pelatai de la Atenas pre-
solo niana pertenecerían a esta categoría24 •
La distinción entre grandes hac iendas trabajadas con alguna forma
de trabajo dependie nte y que utihzan esclavos-mercancía no sie mpre
es clara. En el Quersoneso en Crimea, las condiciones naturales y un
estudio cuidadoso de muchos años han revelado dos patrones de gran-
jas y casas rurales. Una pequeña parte de la península heraclea estaba
dividida en 80 granjas de 4,5 hectáreas, es decir, 50 plethra cada una,
teniendo cada una, aparenteme nte, su propia casa rural o grupo de
construcciones rurales. Esta puede ser el área más antig ua, q ue repre-
sentar ía la divisió n inicia l de tie rras de los colo nos. No necesitamos
suponer que los d ueños poste riores estuvieran limitados a estas 50
plethra. La parte más amplia del territorio estaba dividida quizás en
algo así como 380 lo tes de 300 plethra cada uno (seis veces e l tama-
ño de una «granja fam iliar>> putativa), cada una, nuevamente, con una
gran casa rural. Tanto el tamaño de las haciendas como el de las cons-
trucciones en ellas muestran que este segundo grupo era labrado por
medio de una amplia fuerza de trabajo, que vivía una parte del tiem-
po al menos en la hacienda. Asimismo, ambos tamaños de granj a mos-
traron un fuerte registro de árboles frutales y especialmente de vides,
que requieren s ignificativamente más trabajo que los cereales25 •
¿Q uiénes eran estos trabajado res? Lo más probable es que fueran
nativos e n alguna re lación dependiente, como en otras partes de los
asentamientos g riegos sobre e l Mar Negro26 . De ser así, e llos pueden
haber dividido su tiempo entre sus propias aldeas en el territorio inte-
rior y las granjas de los griegos. Pero no había nada que impidiera que
las g randes construcciones de las granjas hubieran estado habitadas
por esclavos-mercancía pertenecientes a los dueños. Lo único que

23 R. Meiggs y D.M. Lewis, Greek historical ir1scriprio11s, Oxford, 1969, Nº 20.


24 Cf. M.I. Finley, «Debt bondage and the problem of slavery», en Eco11omy and
society i11 a11cient Greece, Nueva York, 1982, 150-66. (Sobre ambos grupos sociales, véase
el texto de E.M. Wood en e l cap. 9 del presente volumen [nota del editor].)
25 Véase a J. Pecírka, «Country estares in the polis of Chersonesos in the Crimea», en

Ricerche storiche ed eco11omiche in memor ia di Corrado Barbaga/lo, 1, Nápoles, 1970,


459-77; «Homcstcad farms in classical and hcllcnistic Hcllas», en M.l. Finlcy (ed.),
Problemes de l a terreen Crece ancie1111e, París, 1973, 113-49, en 140-7; M. Dufkova y
J. Pecírka, ,,Excava1ions of farms and farmhouses in the chora of Cherso nesos in Lhe Cri-
mea», Eirene, 8 ( 1970), 123-74.
10 M. Pippidi, «Le problémc de la main-d' oeuvrc agricole dans les colonics grecqucs

de la Mcr Noirc», en M.I. Finlcy (cd.), Problemes ( op. cit. n. 25), 63-82.

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puede considerarse como c ie rto es la ausencia de c ualquier contribu-
c ión sig nificativa, ya sea sobre una base de tiempo completo o parc ia l,
de una clase baja de c iudadanos libres. Lo que es interesante en este
punto es la combinación de trabajo depe ndiente o esclavo con grandes
propiedades con un régimen agrícola más divers ificado de l que hemos
postulado para las regiones dorias de Grecia, en un área colonial, no
obstante, y en una fecha helenística temprana.
En el Quersoneso es probable que todas las propiedades c iudada-
nas fueran de un tamaño sustancial. En otras partes, en regiones con
una historia más larga de asentamiento griego, es posible una mayor
proporción en el tamaño de las posesiones ciudadanas. Sin embargo,
las grandes haciendas probablemente influyeran fuertemente en cual-
quier lugar sobre e l trabajo no libre. En la isla de Renia al otro lado de
De los, e l dios Apolo poseía ocho haciendas pro mediando menos de 78
hectáreas e n tamaño, o alrededor de 860 plethra, esto es, ce rc a de
quince veces e l tamaño de una «granja familiar». Tales hac ie ndas, cla-
ramente, eran explotadas como grandes e mpresas comerciales por
arrendatarios ricos que tenían dinero suficiente para la garantía y para
la adquisición del considerable trabajo requerido por las haciendas de
este tamaño. Las viviendas de las haciendas muestran que un grupo de
trabajadores perm anecía en la tierra, y dado que no existía una aldea
cercana debemos asumir que se empleaba trabajo esclavo 27• Estas pro-
piedades pertenecían al dios. ¿Sólo el dios tenía grandes haciendas?
Parece improbable que la clase a la q ue pertenecían los arrendatarios
ricos no mviera acceso a o tras g randes hacie ndas. Pero, por supuesto,
estas hac iendas son de época hele nística, un periodo para e l cua l exis-
ten otros indicios de concentrac ión de la posesió n de la tie rra en pocas
manos28.
Anteriormente, desde los siglos v y 1v hay casos de vastas islas con
agricultura floreciente caracterizada por la fuerte utilizació n de escla-
vos. Se decía que Quíos había sido la primera c iudad griega en intro-

27 J.H. Kent, «The temple estates of Delos, Rheneia and Mykonos», Hesperia, I 7

( 1948), 243-338; J. Pecírka, «Homestead farms» (op. ciT. n. 25), 137-40; R. Osborne, «The
social and economic implications of the leasing of land and property in classical and helle-
nistic Greece», Chiro11, 18 (1988), 279-323, en 297-303.
2 8 J.K. Davies, en F.W. Walbank et al. (ed.), The hel/e11sitic world, CAH2, VII, 1, Cam-

bridge, 1984, 257-320, en 291 -4, argumenta a favor de una continua ampliación de las
posesiones de propiedad. Sin duda, hubo una gran variación regional. En el sur de la Argó-
Jide, la evidencia de la prospección claramente muestra una tendencia hacia propiedades
más grandes (cf. inji"a, n. 42), con la que concuerda la información de la prospección
reciente mente completada del noroeste Ceo, J.F. Cherry et al., Landscape archael ogy (op.
cit. n. 2), esp. caps. 17 y 22. En el periodo romano este patrón prevaleció en muchas par-
tes de Grecia, cf. S. Alcock, «Roman impcrialism in thc Greek landscapc», JRA , 2 (1989),
5-34.

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<lucir muchos esclavos y en haber tenido más de ellos que cualq uier
otra polis griega, excepto Esparta29. La tie rra se adaptaba mejor a la
agricultura mixta que a la concentración en los cerea les, y sabemos
que su vino e ra ampliamente exportado30. En el 406 a.C . un coman-
dante espartano con unas 100 naves pasó varios meses en la isla y ali-
mentó a sus ho mbres haciéndolos trabajar la tierra hasta que llegó e l
invierno. Pero entonces ellos se encontraron sin alimento, aparente-
mente porque no había más trabajo para ellos y los quiotas no com-
partirían sus propias reservas de alimentos sin algo a cambio. Al final,
después de que se registrara un motín, decidieron prudentemente ayu-
dar a sus visitantes (Jenofonte, Helénicas, 11, 1, 1)31 •
Aquí tenemos la afluencia de una fuerza de trabajo de poco menos
de 18.000 hombres hacia una isla ya excepcionalmente bien provista
de esclavos, un fuerte indicio de la demanda de trabajo requerido en
este tipo de agricultura. Se esperaría que las propiedades re lativamen-
te grandes fue ran comunes y, por cierto, un buen número de g randes
granjas aisladas ha sido hallado, desde comienzos de la segunda mitad
del siglo v 32. La constitución quiota ha sido descrita como «una oli-
garquía con algunas características de mocráticas»33• Ésta no fue una
sociedad en la que los pequeños granjeros independientes parezcan
haber sido numerosos o poderosos. En su flota, también, los quiotas
empleaban esclavos34.
La tierra en la isla de Corcira estaba «espléndidamente trabajada y
cultivada (i.e. con árboles frutales y vides)» y había «grandes casas
equipadas con bodegas de vino en el campo» (ibid., VI, 2, 6) cuando
las tropas de l espartano M nasipo se desenfrenaro n en ellas en e l 373
a.c . La abundanc ia e ra tal que ellos sólo bebían vino con un fino
aroma. Gran número de esclavos y re baños fueron capturados. Corcira
parece haber tenido también una gran población esclava en el siglo v,
a juzgar por el hecho de que los esclavos eran utilizados como remeros

29
Tucfdides, VIII, 40, 2; Teopompo, FGH, 115, F 122, Ateneo, VI, 265b-266f. Tucf-
dides (VIII, 24, 4) tambié n compara a Quios con Esparta por su prosperidad, prudencia y
estabilidad.
30 J.F. Barron, en J. Boardman y C.E. Vaphopou lou-Richardson (eds.), Chios. A con-

ference at rhe Homereion in Chios 1984, Oxford, 1986, 94-6.


31 Menos de 50 naves parecen haber sobrevivido a la derrota de Ca!icrátidas en las

Arginusas para unirse a Eleonico y sus 50 y dirigirse a Quios (Jenofonte, Helénicas, 1, 6,


26 y 34).
12 E. Yalouris, «Notes on the topography of Chios», en J. Boardman y C.E. Vapho-

poulou-Richardson (cds.), Cilios (op. cir. n. 30), 141-68, y V. Lambrinoudakis, «Ancient


farmhouscs on Mount Aipos», en ibid., 295-304. J. Boardman, ABSA , 51 ( 1956), 46-54,
destaca la coi ncidencia de las aldeas y las granjas importantes en Quios, quizás las resi-
dencias de los trabajadores y los propietarios, respectivamente.
33 T.J. Quinn, Hisroria, 18 (1969), 23-6; cf. Tucfdides, VIII, 24, 4 .

'" Tucídidcs, VIII, 15, 2, y L. Robert, 80/, 59 ( 1935), 453-9.

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en su gran flota (Tucídides, T, 55, 1). Pero aquí también, unos meses
más tarde, un gran número de remeros, más de 6.000 hombres, prove-
nientes de la flota atenjense que expulsara a los espartanos, encontró
empleo en la tierra (georgountas, Jenofonte, Helénicas, VI, 2, 37)35.
Esta vez, no obstante, puede verse una necesidad excepcional de tra-
bajadores, puesto que muchos esclavos habían sido capturados y ven-
didos por Mnasipo, y sin dudas hubo que hacer reparaciones luego de
sus depredaciones36.
Para Corcira en el periodo clásico se espera grandes granjas mix-
tas con amplias casas y vastos grupos de esclavos ligados a ellas. El
reciente informe del descubrimiento de un horno para la manufactura
de ánforas corintias tipo B para almacenamiento y transporte sugiere
una atención a la producción y exportación de vino o aceite, o ambos37 .
Había un demos corcirense, y durante el siglo v fue apoyado por la
mayoría de los esclavos (oiketai) contra « los pocos» (oligoi: Tucídi-
des, III, 73). Pero es un problema dónde encaja el demos en e l paisa-
je de la isla. Ciertamente, puede haber habido una buena cantidad de
granjas y casas más pequeñas que eran objetivos menos atractivos
para los soldados de Mnasipo pero no se podría creer que éstas pre-
dominaran. Debería buscarse al demos más bien en el próspero pobla-
do portuario.
Pueden encontrarse ejemplos de grandes propiedades de los aco-
modados a lo largo del mundo griego, incluyendo el Ática, que pocos
dudarían en que estaban trabajadas por esclavos más que por trabaja-
dores libres o dependie ntes o sólo con ayuda ocasional te mporaria.
(Doy por sentado que e n los picos estacionales el inte rcambio de tra-
bajo o la contratación de trabajo era virtualmente universal, pero esta-
ba muy lejos de cubrir e l trabajo que de bía realizarse.) Mi propósito
no es agregar más ejemplos de grandes haciendas sino sugerir que en
muchas de las regiones de Grecia más pobladas y más desarrolladas
este tipo de explotación era común y considerar las impl.icancias que
esto tiene para las presunciones usuales acerca de la manera en que la
tierra era distribuida entre las clases económicas. Los megarenses al

35
La flota de Iffcrates consistía originalmente en 70 naves pero George Grote creía
que las naves que habían estado custodiando la costa ática fueron enviadas de regreso cuan-
do se dieron cuenta de que los espartanos habían sido vencidos, History of Greece, VIII,
Londres 1888, 142; he reducido a la mirad el número de embarcac iones, lo cual probable-
mente sea demasiado drástico.
6
' Cf. G. Grote, Nistory o/Greece (op. cit. n. 35), 144. Sobre la explotación de la tie-
rra de la isla, véase a J. Partsch, Die lnsel Korjit, Gotha, 1887, 83-92.
37 K. Preka, «Ergasterio kerameike.1· sto Phigareto Kerkuras», en F. Blondé y J.

Perrault (eds.) , Les atelier.1· du potier d(ms le monde grec aux époque.1· géométrique,r,
archai'ques et classiques, París, 1990. Debo agradecer al Dr. C. Koehler por esta informa-
ción.

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lado de l Ática, de acuerdo con Isócrates (VIII, 117), no tenían tierra u
otros recursos pero mediante las «piedras de labranza» consiguieron
«los oikoi más grandes de Grecia», de lo c ual extraigo que quiso decir
que al trabajar una tierra relativamente pobre, en contraste con la de
los tesalios, e llos construyeron haciendas lucrativas. El admitido con-
traste retórico de lsócrates es con la rica tierra de Tesalia, que susten-
taba a muchos soldados de caballería (los ricos) e incontables peltas-
tas con armamento liviano (los pobres). La impbcancia es que la
Megara estaba caracterizada por un régimen de granjeros indepen-
dientes de rango medio, que servían como hoplitas y no estaban al
borde o cerca del nivel de subsistencia - nonnahnente no tenían que
vender a sus hijas como cerdos- .
Quíos y Corcira eran ciudades marítimas. Megara estaba al lado de
la inmensa población de Atenas. Corinto era populosa en sí misma y
una ciudad puerto, tal como lo era la Egina arcaica y del siglo v, y
ambas merecen atenc ió n. Pero e n algunas regiones interiores con poco
comercio, los pequeños poseedores y los trabajadores de granjas libres
tampoco son conspicuos. Beocia y Arcadia eran reputadas en el perio-
do clásico como la fuente de hoplitas de armas pesadas. Las tenden-
cias políticas de los beocios eran generalmente oligárquicas (hasta el
segundo cuarto del siglo 1v), pero en la batalla de Delion en el 424 a.C.
ellos armaron a 10.000 hombres con armamento liviano así como a 7.000
hoplitas y 1.000 soldados de caballería, y la campaña ateniense dependió
de la subversión en las ciudades de los proaten.ienses democráticamente
inclinados, lo cual no sucedió 38. Los hoplitas y los ricos, aparentemen-
te, estaban ejerciendo un control no enteramente finne sobre los menos
acomodados que, en Beocia, habrían estado mayoritariamente dedicados
a la agricultura.
Para los arcadios un recurso importante era el ganado. En el 362
a.c. cuando el ene migo se aproximaba a su pueblo, los mantineos en
armas así como los hoplitas pidieron a los soldados de caballería ate-
nienses que rescataran sus rebaños, sus trabajadores (ergatai) y los
jóvenes y viejos libres que estaban afuera de los muros (Jenofonte,
Helénicas, VII, 5, 15: los ergatai eran claramente no libres). Los pelo-
ponesios (aparte de los espartiatas, por supuesto) eran descritos por
Pericles como autourgoi, i.e. que trabajaban su propia tierra (Tucídi-
des, I, 141, 3). Se necesitaba su presencia en las granjas y esto era una
garantía durante la época en que ellos podían pasar destruyendo e l

38 La naturaleza del asentamiento clásico en Beocia está comenzando a emerger gra-

cias a la expedic ión de Cambridge/Bradford, cf. J. Bintl iff y A. Snodgrass, JFA, 12 ( 1985),
123-61. R. Osborne ha vuelto a estudiar el registro de arrendamientos helenísticos en Tes-
pías en la Béotie a11tique, París, 1985, 317-23.

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Ática. (El contraste con los atenienses no es simp lemente que los últi-
mos no trabajaran su propia tierra en el mismo grado, sino aun más
que podían sobrevivir con granos impo rtados39.) Los peloponesios,
como hemos visto, no carecían de trabajadores esclavos, muchos de los
cuales, seguramente, puede n haber sido pastores40 • El propio hecho de
ser hoplitas traía consigo que al me nos un esclavo estuviera ligado al
oikos, y no hay razón para suponer que, si los marinos atenie nses y
peloponesios libres podían trabajar la tierra cuando era necesario, los
esclavos de los hoplitas estuvieran dispensados4 1.
Hasta aquí no hemos considerado las condiciones en las que bien
puede haber estado la mayor parte del mundo griego - pequeñas ciu-
dades-estado con un territorio limitado y pueblos pequeños, esencial-
mente a ldeas, que explotaban desde la ciudad mucha de la tierra de la
polis e ntera-. Así son las comunidades del sur de la Argólide, en cuyo
estudio he estado ocupado durante muchos años. Allí, cabría supone r,
la mayor parte de la población e ran pequeños poseedores libres,
muchos de los c uales caían por debajo del nivel hoplita cuando llegó
la guerra42 • Ésta es una parte del mundo griego donde probable mente
no había ni la necesidad, ni la opo rtunidad, para la mayoría de las

39 Sobre la declaración de Pericles, véase A.W. Gomme, A historical comme111a1)' 011


Thucydides, 1, Oxford, 1945, 12 y 455. Respecto de las condiciones ecológicas y econó-
micas de Manti nea, ver H. Hodkinson y S. Hodkinson, ABSA, 76 (1981), 239-96.
40 A pesar de la imagen épica del joven príncipe como pastor, en época histórica el

pastoreo parece haber sido ampliamente el trabajo de esclavos (por ejemplo, Jenofonte,
/-le/é11icas, IV, 6, 4) o de los más pobres entre los libres, e implicaba un estigma social,
excepto, sin duda, en aquellas áreas donde era la principal ocupación.
' 11 El uso de ayudantes, al menos uno por hoplita, ha sido claramente establecido.
Véase W.K. Pritchett, The Greek cily cu war (= Ancient Greek m itiwry practices), 1, Ber-
keley, 1971, 49-5 1; cf. R.L. Sargcnt, CP/t, 22(1927),201 -20; K.J. Dover, en Gommc et al.,
711ucydides (op. cit. n. 39), l Y, Oxford J 970, 452. Contratar a un esclavo ayudante debe
haber sido una práctica común aunque realmente no nos enteremos de esto. W.K. Pritchett,
op. cit., 50, habla de un caso que conocemos, en el cual un hombre libre servía como ayudan-
te (!seo, Y, 11), como demostrando que «un hombre no suficientemente rico para poseer uno
(un esclavo) ... podía buscar los servicios de un pariente joven». Esto puede haber sido cie1to,
pero todo lo que se nos dice es que un tío llegó a tal grado de hybris y miaría que, a pesar de
la riqueza de la cual había supuestamente despojado a su sobri no, obligó a éste, presumible-
mente por su necesidad financiera, a acompañar al hermano de este tío como ayudante. La
implicación es que los tfos ricos no estaban dispuestos a arriesgar a uno de sus propios escla-
vos o eran demasiado avarientos para contratar al de otro.
4 2 Las cifras informadas para el servicio como hoplitas y sobre las naves sugieren una

proporción de un tercio de hoplitas a dos tercios de hombres de la tripulación para rodo


el Acte argó lico, salvo Troizen donde la proporción era casi igual (Heródoto, IX, 28, 4 y
IX, 43). Pero debe hacerse una concesión para el uso a bordo de no ciudadanos, tanto escla-
vos como hombres libres. Cf. M.H. Jameson, C. Runnels y T. van Andel, A Greek coulltry-
side, Stanford, 1994, apéndice B. Los konipodes, «de pies sucios», de Epidauro (Plutarco,
M oralia, 291d-e) eran «la mayoría del demos que pasaban su tiempo en el campo»; algu-
na vez pueden haber sido siervos, cuando e l cuerpo ciudadano fue restringido a 180 hom-
bres, según lo expuesto por Plutarco.

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fam ilias de hacer más que lo que dependía de e llos y sus vecinos para
e l trabajo de la granja. Tambié n existen regio nes donde uno se sor-
pre ndería al enterarse de a lgunas formas de democracia pero de lo más
conservadoras.
Algunas advertenc ias siguen a continuación. Primero, se conoce la
presencia de propiedades de granja en el extremo más alto de la esca-
la en tamaño y, en consecuencia, en su necesidad de recursos humanos.
En un área de tierra altamente apreciada, en el territorio de Halieis en
el sur de la Argólide, nuestro proyecto de prospección fue capaz de
distinguir un cantidad de construcciones de granjas del siglo IV a.C.,
distribuidas de forma tal como para sugerir que estaban situadas
en una serie de propiedades contiguas. En tamaño se ubicaban entre
ca. 5,5 y 22,5 hectáreas (61-250 p lethra) cada una, con un promedio
de 13,8 hectáre as ( 153 pleihra)43 . Esto es más de l doble del tamaño de
la «granja familiar» putativa. Además, tal propiedad no necesita haber
sido la única tierra perteneciente a su dueño - éste e ra e l mínimo-.
A uno le gustaría saber cuán comunes eran las propiedades de tal
tamaño y qué quedaba para los hombres libres situados en el extremo
inferior de la escala. ¿Han obtenido otras prospecciones una informa-
ción comparable o más completa44? En gene ral, la presencia de un
buen número de tales propiedades relativamente grandes en cualquier
comunidad requiere de nosotros considerar el tema de la tierra infe-
rior, ya sea con suelo pobre o pobre accesibilidad. ¿Cuándo son pues-
tas en cultivo, cómo son cultivadas y por quiénes? Paralelos etnográ-
ficos sugerirían que caían e n el marco de los propietarios de tierras
m ás pobres, siendo desventajosas para los más acomodados, a menos
q ue fueran arrendadas para ser trabajadas por los más po bres45 •
La segunda advertenc ia de riva de observar dichas áreas en e l tiem-
po. Todavía se escucha decir que los antiguos griegos vivían siempre
o normalmente en asentamientos nucleados, no en granjas dispersas46 •

43
El área es la de Flamboura, véase M.H. Jameson et al., Greek cou.11tryside (op. cit.
n. 42), cap. 6, 2, 3; sobre e l proyecto de prospección en general, cf. T. van Andel y C. Run-
nels, Beyo11d the A cropolis, Sta nford, 1987.
44 El trabajo de J.C. Carter en Metaponto en el sur de Italia ha demostrado la predo-

minancia de granjas de 16,6 hectáreas, pero por supuesto en una siniación colonial, «Meta-
pontum: land, wealth and population», en J.-P. Descoeudres (ed.), Greek co/011ists and nati-
ve populations, Canberra, 1990, 405-4 1.
45 Tales fueron mis obser vaciones para Elimbo (Olimpo) en e l Carpato en 1954 y

1958. Desarrollos comparables son informados para Ceo por J .F. Cherry et al., La11dscape
archae/ogy (op. cit. n. 2), cap. 22.
•• Así, por ejemplo, R. Osborne, Demos (op. cit. n. 3), esp. cap. 2 para el Ática, pero
con una aproxi mació n más liberal en C/assical landscape (op. ci1. n. 1); E.M. Wood, Pea-
sant -citizen (op. cit. n. 3), 102. Contra, por eje mplo, Y.O. Ilanson, Agriculture and wwfa-
re in classical Greece, Pisa, 1983, 38-41; J. Ober, en su revisión de R. Osborne, Demos (op.
cit. n. 3), CPh, 83 (1988), 75 y n. 7.

59

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La mayor parte de las prospecciones de superfic ie q ue conozco mues-
tran un gran aumento en el núme ro de pequeños sitios dispersos
correspondientes tanto al s iglo v como, más comúnmente, al siglo 1v
a.C ., y raramente perduraron en el tercero. La presencia de una cons-
trucció n en el campo no sig nifica necesariamente que fuera la resi-
dencia principal del cultivado r de la tierra circundante. Pero indica
una inversión en tie mpo y recursos en la tierra y un aumento relativo
en el tie mpo transcurrido allí. En el sur de la Argólide, al menos, tene-
mos un buen ejemplo de q ue esto ocurrió en momentos de un interés
creciente por el cultivo del olivo. Otras regiones tenían otras cosechas
y regímenes agrícolas. Pero, en general, podemos decir que en ciertos
momentos, bajo ciertas condiciones, la cantidad de atención, tiempo y
recursos humanos dedicados a la tierra cambiaba, y no es probable
que esto haya ocurrido sin los cambios económicos y sociales conco-
mitantes. De esta mane ra, e n un lugar unifonne tan apartado como e l
sur de la Argólide, la proporció n entre los peque ños poseedores libres
y los grandes poseedores a comienzos del siglo v a.c. y a fines del 1v
bien puede haber sido marcadamente diferente. Finalmente, para
todos los periodos, necesitamos estar alertas a las variaciones dentro
de una misma región.
En el mundo griego, en el extremo opuesto a la pequeña ciudad-
estado con su economía agrícola más o menos autosuficiente está Atenas
y el Ática, y es aquí donde tiene lugar con más furia la mayor contro-
versia sobre el trabajo agrícola. El territorio del Ática es relativamente
amplio, su po blació n rural y urbana en la antigüedad era vasta y su
poblac ión servil y no-ciudadana e ra excepcionalmente grande. Ning u-
na analogía directa puede trazarse entre e l Ática y otras regiones, pero
los facto res naturales, económicos, sociales y tecnológicos, no eran,
por cierto, completamente diferentes.
Hace algunos años sugerí que la exclusión común por parte de los
estudiosos de la població n esclava de cualquier impacto sobre la agri-
cultura ática salvo en las haciendas de la elite era un concepto erró-
neo47. El régimen agrícola era más complejo, la propiedad de esclavos
estaba inusualmente extendida y estos dos factores estaban relacionados.
El intento de sugerir, históricamente, cómo sucedió esto puede en ver-
dad haber sido demasiado simple y muy confiado: he sostenido que la
població n del Ática aumentó notoriame nte en e l siglo v a.C., y que con
propiedades relativamente peq ueñas de entre 40-60 plethra (3,6-5,4
hectáreas) los pequeños poseedores áticos intensificaron sus cultivos.
(Estaba particularmente inte resado e n mostrar q ue la intensificació n
de las cosechas de campo fue posible; la atención a las vides había

"' M.H. Jamcson, «Agriculturc and slavcry in classical Athcns», CJ, 73 (1977), 122-45.

60

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sido reconocida, especialmente por las referencias de la comedia.)
Ellos lo hiciero n así con e l fi n de mantenerse a sí mismos económica
y socialmente, a través de la participación en las muchas facetas de la
vida pública de Atenas, y lo lücieron así coa la incorporación de tra-
bajo esclavo a su propio trabajo, a un grado hasta ahora no apreciado.
Casi al mismo tiempo, desde una perspectiva diferente, Geoffrey de
Ste. Croix llamó la atención sobre la importancia del trabajo esclavo
en la agricultura y, con su minuciosidad acostumbrada, reunió la
mayoría de la evidencia relevante48.
El razonamiento cayó en algunos oídos comprensivos pero en
otros lugares la reacción fue poco menos que indignación49 • Quizás
esta vehemencia fue provocada porque nuestras opiniones cuestiona-
ban la convicción de que los logros de la democrac ia ate niense no se
re lacionaban con el imperialismo, el comercio y la esclavitud, y se
basaban, en cambio, en dar e l poder a lo que es denominado de modo
más bien vago como «el campesino normal», un pequeño granjero
autosuficiente que poseía su propia tierra pero no esclavos, ni tampo-
co estaba sujeto a ni obligado por los poderosos patronos propietarios
de tierras o los aparatos del estado. Trataré aquí de evitar repetirme
aunque necesitaré volver a mencionar un cantidad de hechos esencia-
les (según a mí me parecen) antes de concentranne en el problema
central para la discusión del trabajo agrícola, a saber, cómo estaba dis-
tribuida la propiedad de la tierra en la sociedad ateniense. Mis con-
clusiones requerirán alguna modificación de mis o piniones anteriores,
pero probablemente no en una dirección que aplaque a los críticos.
La evide ncia para el uso de esclavos en la agricu ltura no está oscu-
recida por la «confusión ling üística» -es inequívoca-. Los griegos
tendían a utilizar términos que describían la actividad de la pe rsona
más que su condición salvo que la condición fuera sig nificativa para
lo que se estaba diciendo. Pero de todos los términos usados para

48 G. de Ste. Croix, The class s/ruggle i11 rhe ancient Greek world, Londres, 1981, 505-9.

U n pasaje que podría agregarse es Hiperides, fr. 29 (= Suda, 3 111 Adler; A11ecd. Bekk., 216,
18) que, después de la derrota de Queronea, insistió en el reclutamiento de los privados de
derechos y los esclavos, los últimos en una cantidad de «más de 150.000 (la cifra bien
puede estar corrompida) de las explotaciones de plata (i.e., las minas) y del resto de la
khora». T. Weidemann, Greek a11CI Roma11 s/avery, Londres, 1981, 98, traduce demasiado
libremente: <<todos aquellos (esclavos) que trabajan en la agricu ltura y en las minas de plata
y en cualquier otro lugar del campo», pero la implicación es que hay dos grandes grupos
de esclavos disponibles, en las minas y en el resto del territorio del Atica. El uso de khora
es comparable al del muy discutido pasaje de Tucídides, V11, 25.
49 Ver esp. E.M. Wood, «Agricultura! slavery» (op. cit. n. 3), 1-47, y Peasant-citize11

(op. cit. n.3), 5 1-80; J. Ober, Fortress Allica, Leiden, 1985, 2 s., para el que «la mayoría de
la tierra agrícola ática estaba dividida en lotes relativamente pequeños, poseídos por fami-
lias ciudadanas que cultivaban sus posesiones sobre una base de subsistencia...» .

61

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hombres que realizaban trabajos de labranza no para sí mismos, hay
claros eje mplos de condic ió n servil y ninguno de libre, excepto para
aquellos explícitamente descritos como ayuda contratada, misthotoi
(sobre quienes diré algo más en un momento). La confusió n más desa-
fortun ada se refiere al oiketes, del cual no se puede demostrar que sig-
nifique «sirviente doméstico», esclavo o libre. La persona es alguien
no tanto ligada a una oikia, «casa», como a un oikos, <<hogar, familia»
(cf. Je nofonte, Económico, l, 5). En el uso clásico se había convertido
en un término general para el trabajador servil. En la historia del len-
guaje esto es, por supuesto, un fenómeno perfectamente familiar. Ya
no esperamos que todas las «solteras» sean vírgenes, ni que todas las
«nodrizas» den leche50•
Los misthotoi son extraños, no se vinc ulan, por defin ición, a un
g ranjero libre, y pueden ser esclavos o libres51 • La puesta en alquiler
de esclavos para toda clase de trabajos no necesita ilustrac ión, y en
Atenas con su actividad económica variada a lo largo de l año, no
había escasez de empleo para los esclavos físicamente dotados cuan-
do e l oikos hacía menos uso de ellos o necesitaba dinero en efectivo.
En contraste, a los griegos libres no les gustaba trabajar para otro. Para
un hombre libre trabajar co mo recolector de aceinmas era disminuir-
se, aun cuando sólo hubiera sido por un breve tiempo (Aristófanes,
Avispas, 712), y Demóstenes (XVIII, 51) comparó despectivamente la
supuesta amistad de Esquines y Filipo con la relación de un cosecha-

50
Cf. F. Gschnitzcr, Studie11 zur griechische11 Termi110/ogie der Sk/averei. 1: Grun<lzii-
ge der vorhellenistische Sprachgebrtü,ci,e (AbhMai11z 130, 1-30 [= 1281-310)); también,
« Belegste llenverzeichnis al1griechischer sozialer Typenbegriffe von Homer bis Aris101e-
lcs, 2», en E.C. Wclskopf (cd.), Soziale11 Typenbegrijfe im a/tell Grieche11/a11<1 u11<1 ihr For-
rlebe11 in de11 Sprachen der Welt, 1, Berlín, 1985, 1299-31 1; U. Kastner, «Bczcichnungen
für Sk laven>,, en E.C. Welskopf (ed.), op. cit., !IJ, Berl ín, 1981 , 298-300. El uso de oiketai
para referirse primari amente a mujeres y niños, sin excluir necesariamente a los esclavos,
parece limitarse a Heródoto, libro VIII (44, 1; 62, 2; 106, 2; 109, 4 ; 144, 3). Probablemente
yo estuviera equivocado al suponer, en mi artículo «Agriculture» (op. cir. n. 47), 137, n. 75,
que tanto los niños como los esclavos son referidos en Tucídides, II, 4, 2 y V, 82, 6, donde
se menciona a las mujeres en forma separada.
51 Sobre el trabajo libre en general, Y. Garlan, «Le travail libre en Grece ancienne», en

P. Garnsey (ed.), Non -slave labor i11 /he Graeco-Roman world, Cambridge, 1980, 6-22; G.
de Ste. Croix, The c/ass srrngg/e (op. cir. n. 48), 179-92; A. Dreizehnter, ,,Zur Entstehung
der Lohnarbeit und deren Terminologie im Altgriechischen», en E.C. Welskopf (ed.),
Soziale11 Typenbegriffe (op. cit. n. 50), 111, 269-81; M.-C. Amouretti, Pai11 er hui/e (op. cir.
n. 1), 2 14 s. Para el intercambio de trabajo en el Kolonos agoraios (o ergarikos o misrhios),
A. Fuks, Eranos, 49 (1951 ), 171 -3, sin discusión ele la condición de los trabajadores, aun-
que señala ( 173, n. 4) que también podían encontrarse prostitutas allí. En Menandro, Dís-
colo, 329-33 1, el misthoto;- es probablemente más un esclavo que un hombre libre dado que
el excéntrico Knemon «no tenía ni su propio esclavo (oikete11 oikeio11) ni un 111.üthotos del
vecindario ni un vecino» que lo ayudara. La persona más obvia para ayudarlo seria su pro-
pio esclavo.

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dor u otro jo rnalero asalariado con su empleador. De trabajadores asa-
lariados inequívocamente libres e n una granja, diferentes de los cose-
chadores estac ionales o recolecto res de ace itunas, parece haber un
único ejemplo en e l Labrador de Menandro (18-9); penia (ibid., 77)
parece haber traído a un joven libre para trabajar junto al dueño de una
viña que tiene oiketai y barbaroi de su propiedad (ibid., 55). El rústico
de Teofrasto (Caracteres, IV, 2-3) comparte asuntos importantes con
sus oiketai y les dice qué sucedió en la asamblea a los misthotoi que
trabajan para él en su tierra. No podemos decir si los últimos eran
esclavos u hombres libres que no podían asistir a la asamblea por sí
mismos porque necesitaban los salarios. A veces e l silencio en nues-
tras fuentes sobre el trabajo asalariado habla, como la descripción de
Je nofonte sobre la administración de una hacie nda de elite en el Eco-
nómico52. E l tema tiene poca importanc ia para aque llos que no ven
ninguna necesidad de brazos extra salvo para la cosecha, pero vale la
pena resaltar cuando recordamos a Quíos con su inve rsión en vides y
su capacidad para usar una gran cantidad de mano de obra asalariada.
Sin e mbargo, para las pequeñas posesiones, Osborne ha llamado
correctamente la atención sobre la probable importancia del intercam-
bio de trabajo entre parientes y vecinos53 .
La propiedad de esclavos por los atenienses estaba bastante exten-
dida. El fenómeno es suficientemente claro aun cuando las economías
no lo fueran . No he tratado de sugerir el mínimo ingreso o patrimonio
neto de los propietarios de esclavos. Posiblemente hayan fluctuado
abruptamente con las condiciones económicas. Es c ierto, como se ha
señalado, que e l precio de compra de un esclavo era alto en términos
de l costo de los alimentos princ ipales, quizás más de tres veces e l
costo de l trigo para un adulto durante un año a fines de l siglo V, y que
esto estaba más a]]á de los medios de una granja de subsistencia54•
Pero la propia noción de granjeros de subsistencia como el elemento

" Cf. Y. Garlan, S/avery (op. cit. n. 4), 63; S. Pomeroy, «Slavery in the Greek and
Roman economy in the light ofXenophon 's 'Oeconomicus' », lndex, 17 (1989), 18, n. 3. R.
Osborne, Demos (op. cit. n. 3), 144, cree «que el trabaj o asa lariado era genera lmente utili-
zado por algunos señores terratenientes», lo cual es probable pero no evidente. Discute la
elaborada analogía de Jenofonte entre la guerra y la agricultura (Económico, V, 14) como
una comparación del trabajo agrícola con hombres libres con el liderazgo de hombres libres
en un ejército. Pero cuando Jenofonte es específico, habla sólo de esclavos y no hay nin-
guna referencia a ayuda contratada e n ninguna parte del ensayo. Sugiero que para un caba-
llero hablar seriamente sobre «relaciones laborales» con esclavos era una empresa bastan-
te imprudente, que se hacía más aceptable mediante la vaga a nalogía con el liderazgo en la
guerra.
53 R. Osborne, Demos (op. cit. n. 3), 52.

"" J. Ober, Fortress Allica (op. cit. n. 49), 23, calcula que el costo de esclavos era tal
que «eran un lujo que la mayoría de los campesinos atenienses no podían afrontar». En las
Estelas Áticas, el precio de un esclavo promedio era de 174 dracmas, del trigo alrededor de

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predominante, y aun como un e leme nto s ignificativo, de la sociedad
atenie nse está en discusió n. Para aque llos que podían labrar con éxito
po r enc ima del nivel de subsiste ncia, sigo pensando que el uso de tra-
bajo esclavo, en adic ión al propio y al de sus familias, era co mún. Sin
embargo, si la labranza del Ática como medio de vida no se extiende
tan abajo en la escala eco nómica co mo se ha pensado, entonces el
asunto de l propietario de esclavo rural po bre es discutible.
Se ha discutido mucho qué significa «hombre pobre», un penes.
Dejando de lado los esfuerzos de los liturgistas por caracterizarse a sí
mismos como penetes para su propio beneficio, puede convenirse que
generalmente se refiere a aquellos que tienen que trabajar para vivir,
no a los necesitados o al indigente 55 . La suposición del orador en
Lisias XXIV (Para el lisiado) de que un «hombre po bre» tendría un
esclavo, ha inc itado un ataque e nérgico pero desviado sobre la verac i-
dad de este discurso56. Podemos darnos una mejo r idea argumentando
que los o radores ate nienses podían ad ular a su audie ncia sugiriéndole
que estaban en una clase eco nómicamente más alta, asumiendo que,
por supuesto, todos ellos tenían esclavos57• El mismo enfoque podría
to marse sobre la predo minancia de esclavos e n la comedia 58. Pero
cuando el representante de los penetes, el héroe del Pluto de Aristófa-
nes, tiene un esclavo, la adulación no es más relevante que en el caso
del lisiado.
En cuanto al trabajo real, no hay justificación para la idea de que
los atenienses usaban esclavos varones única o principalmente como
«sirvie ntes domésticos» (para los cuales, po r c ierto, no había un tér-

6 1/ 2 por un medimnos (W. K. Pritchetl, «The Allic stelai, parte 11», H esperia, 25 (1956),
178-317, en 197 y 276). A un klioinix por día (1/48 de medimnos) el costo es 50 dracmas
por persona al año. No se sabe cómo adquirían sus esclavos la mayor parte de los atenien-
ses propietarios de esclavos, pero es probable que e l proceso se haya relacionado con el
poder militar aten iense. La H el énica de Oxirrinco, XII, 5, cuando habla de asegurarse ense-
res y equipamiento, dice que los atenienses traían a sus granjas (agrous) lo que tomaban de
los gr iegos.
55 Y. Garlan, «Travail libre» (op. cit. n. 51), 17; A. Dreizehnter, «Lohnarbeit» (op. cit.

n. 51), 280. Cualquiera sea la validez de la declaración de Ober sobre el uso de los orado-
res de que «cualquiera que no fuera un plousios era un pe11es ...» (J. Ober, Mass and elite i11
democratic Athens, Princeton, 1989, 195), es confuso e inconsciente traducir al último
como «trabajador» u «hombre que trabaja» (ibid., 20 y 194).
56 E.M. Wood, Peasant-citizen (op. cit. n. 3), 178-80; K.J. Dover, Lysias and the cor -

pus Lysiacum, Berkeley, 1968, que es pesim ista en atribuir mucho del corpus lisiaco al
Lisias histórico, encuentra poco en XXIV (<<Un discurso tan elegante», p. 189) que difiera
en vocabulario o estilo al de Lisias VI, y nada para sugerir, c iertamente, que no provenga
de la Atenas del siglo IV. S. Ushcr, JflS, 91 (1971), 149, es más positivo -el XXIV es un
discurso de gran logro; no se habría permitido que desapareciera la identidad del orador-.
$
7 Cf. J. Ober, M as.1· (op. cit. n. 55), 221 -6, excluyendo especialmente a Lisias XXIV.
53 E.M. Wood, Peasa111-ci1ize11 (o p. cit. n. 3), 173-6, pero cf. E. Lévy, «Esclaves» (op.

cit. n. 22), 29-46.

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mino griego), q ue podrían encontrarse «dando una mano en los campos
de vez en cuando» 59. Tampoco deberíamos suponer que el g ranjero q ue
trabajaba encontraba despreciable el aumento de trabajo del 100% a
partir de un solo esclavo (o más, puesto q ue el granjero ciudadano,
a diferencia del esclavo, tenía obligaciones sociales)60 • El hecho de
que se piense si había trabajo para brazos extra depende de la visión
de cada uno del carácter de la agricultura en la Atenas clásica. Mi pro-
pio ensayo era breve e inevitablemente incompleto, pero me someto al
hecho de que está en conformidad con el cuadro q ue otros han estado
trazando 61 • La evidencia de intensificación de la agricultura en la
Ática clásica, según se ve en las alusiones de la comedia, los orado-
res, Jenofonte y las inscripciones de arrendamientos, es abrumadora.
La labranza m ixta, la plantación entremezclada de cereales con vides
y olivos, la atenció n a las cosechas de campo incluyendo legumbres y
e l vergel de hortalizas, todos pueden encontrarse. Ya hemos visto la pre-
sencia de tales regímenes complejos en otras partes de Grecia. Suponer
que el campo ático, que dio lugar a la más alta concentración de gente
en el mundo griego, estaba do minado por la agricultura de subsistencia,
el cultivo extensivo de cereal y el subempleo es negarse a ver.
Aristóteles (Política, 1319a 4-19), hablando en forma general,
consideraba a la democracia de granjeros como la versión menos obje-
table de esa forma política, porque ellos estarían tan preocupados con
su trabajo que participarían poco en la vida pública62. En tanto y en

" E.M. Wood, Peasa111-citize11 (op. cit. n. 3), 46 s.


60 Se ha pensado que las posesiones dispersas características de la Atenas clásica

habrían hecho esto dificultoso para algunos que no fueran ricos, quienes podían afrontar un
epi/rotos, supervisar a los esclavos que trabajaban la tierra. Sin embargo, mucho de la dis-
persión parece provenir de pequeños lotes en adición a un centro de propiedad (no necesa-
riamente un único trozo de tierra) en el demo hogar del propietario (cf. R. Osborne, Demos
[op. cit. n. 3], cap. 3). En este último probablemente se halle la mayoría de las construc-
ciones que están convirtiéndose en más evidentes en el campo (cf. supra, n. 46). La mayor
parte del trabajo habría estado concentrado. Mientras que mucho del trabajo se habría
hecho con el amo, sabemos de esclavos en el campo sin sus amos (por ejemplo, [Demós-
tenes], XLVII, 60). Los esclavos trabajaban de manera relativamente independiente en otras
profesiones, con el incentivo monetario, si n embargo, de lo que ganaban por encima de la
apoplwra rendida al amo; véase Y. Garlan, Slavery (op. cit. n. 4), 70 s. Prácticamente, aun
el administrador de un hombre rico no estaba en una posición mucho mejor que la del más
modesto granjero para supervisar el trabajo e n un lote lejano.
61 Por ejemplo, los trabajos citados supra, n. 1, y los comentarios de P. Garnsey, Fa-

mine a11d food supply in !he Gracco-Roma11 world, Cambridge, 1988, 83. E.M. Wood pre-
fiere el acercamiento uti lizado por C.G. Starr, The eco110111ic and social growth of early
Greece, Nueva York, 1977.
62 J. O ber, Mas,· (op. cit. n. 55), 137, n. 85, descarta este pasaje sobre la base de que

Ar istóteles está hablando de un «hipotético estado ideal izado que es contrastado específi-
camente con el orden ateniense existente». El contraste no es explícito, y la presunción de
que la democracia ateniense era una de granjeros es de Ober y no de Aristóteles. En cual-

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cuanto los granjeros participaban activame nte en la democracia ate-
niense, en sus varios niveles, más allá de asistir ocasio na lmente a la
asamblea de la c iudad, ellos debían acceder a a lguna ayuda en sus
granjas. En tanto y en cuanto los ciudadanos más pobres participaban,
sugiero que la labranza no era su única o primera fuente de subsisten-
cia y que muchos no eran en absoluto granjeros.
Una seria objeción al modelo que propuse, y una sobre la cual he
llamado la atenc ión, es que las granjas pequeñas, de entre 40-60 pleth-
ra (3,6-5,4 hectáreas) o menos, habrían sido demasiado pequeñas para
sustentar a una familia nuclear y a uno o más esclavos63 • E incluso la
reconsideración del problema me lleva a argumentar que la mayoría
de los granjeros áticos, i.e. aquellos que derivaban la mayor parte de
su manutenció n e ingresos de la tierra, pertenecían a la clase hoplita o
superior y que, a causa de su considerable superioridad en número y
su inte rés en poseer la tierra, la mayoría de sus propiedades, en total ,
estaban e n o cerca de este rango, necesariamente.
Hemos sacado provecho en esta conferencia de la importante
información sobre la investigación arqueológica reciente, que cierta-
mente se ha referido al tamaño y el valor de las propiedades rurales y
que deberá agregarse a aquella derivada de estudios topográficos ante-
riores, tales como el de John Young, para crear un cuadro más comple-
to y preciso del campo ático. Por ahora, me limito a los razonamientos
históricos. Finley señaló que si la mayoría de los atenienses poseyó
tierras, entonces hubo muy poca para cada uno 64• Que la mayoría de
los que pose ían tierras eran hoplitas y hippeis está demostrado por la
c ifra que se nos da de 5.000 atenienses que habrían perdido su ciu-
dadanía si una medida que requería la propiedad de tierras se hubiera
convertido e n ley e n e l 403 a.C. La cifra deriva de los comentarios de
Dionisio de Halicarnaso (Lisias, XXXIl) en un discurso, no preserva-
do completamente, atribuido a Lisias (XXXIV), y que probablemente

quier caso, ¿por qué Aristóteles construiría su razonamiento sobre la base de Jo palpable-
mente improbable o incierto? Ninguna sociedad griega se acercó a Atenas en la elaboración
de su vida política y ritual. Además de la asamblea, los tribunales, las muchas funciones del
estado y el calendario religioso de la ciudad, existían las actividades formales de las
muchas organizaciones políticas y de culto menores. Que otras sociedades hayan encon-
trado otras formas de ganarse la vida y comprometerse e n la vida social y ritua l sin basar-
se en la esclavitud, como es remarcado por E.M .Wood, Peasa111-ci1ize11 (op. cit. n. 3), no
viene al caso. Para los griegos, era considerado como deseable hacer ambas cosas a través
de la confianza en la ayuda servil, y para muchos era posible.
6 3 Hamish Forbes, comunicación personal; R. Osborne, Demos (op. cit. n. 3), 143; cf.

C.G. Starr, ,,Economic and social conditions in the Greek world», CAlf2, 111, 3, 423. Sin
embargo, M.-C. Amouretti, Pai11 et Imite (o¡,. cit. n. 1), 204-8, ha defendido firmemente, y
para mí persuasivamente, la viabilidad de propiedades y hogares de este tamaño.
64 M.I. Finlcy , Srndies in /a11d and credit in ancienr Arhens, Ncw Brunswick, 1952, 58.

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fue tomada de l discurso mismo. La medida, respaldada por los espar-
tanos y propuesta por un terameniano, seguramente tenía co mo o bje-
tivo a la clase más baja65 . El o rador que se oponía a la medida recla-
maba que un requerimiento de posesión de tierras para la ciudadanía
privaría de derechos a muchos hippeis, hoplitas y arqueros (ibid.,
XXXIV, 4), un razonamiento que intentaba distinguir esta propuesta
del ideal «oligárquico moderado» de una ciudadanía de aquellos en
armas (hopla parekhomenoi) y conseguir que los hoplitas y los hippeis
votaran contra ésta. (El discurso no estaba, evidentemente, destinado
a ser leído ante la asamblea completa66.) Nadie podía haber sabido con
exactitud cuántos atenienses de cada clase estaban sin tierra, pero para
ganar el apoyo hoplita contra la medida, es improbable una estimación
incre íble mente baja. Si la recie nte estimación de Strauss de que sólo
5.000-7 .000 thetes (adultos varones) estaban vivos al final de la g ue-
rra del Pe loponeso se acerca a la verdad, e l efecto de la propuesta
habría estado cerca de e liminar esa categoría entera de ate nienses
como ciudadanos67. La conciencia de la debilidad de la multitud de
thetes podría haber fomentado este movimiento contra ellos. Si bien
algunos hoplitas estaban amenazados por la propuesta, y el orador de
Lisias XXXIV se aprovechaba de este temor, si sólo 5.000 atenienses
estaban sin tierras, entonces la mayor parte de ellos debería, proba-
blemente, haber sido thetes, y la mayoría de los propietarios atenien-
ses estaría por encima de ese rango. Además, cuanto más grandes
supongamos que eran las propiedades poseídas por las clases altas,
meno res serían aquellas a ser asignadas a los thetes poseedores de tie-
rras, y éstas habrían sido posible mente de las tierras menos deseables
y menos productivas.
Las estimaciones sobre e l núme ro de atenie nses de difere ntes ran-
gos y de la cantidad de tierra cultivable en el Ática varía tan grande-
mente que los cálculos basados en ellas deben tratarse con no menos
cuidado que la mayoría de las otras aplicadas a la demografía de la
Grecia clásica, aunque ayudan a establecer límites. Strauss estima
cerca de 20.000 hoplitas y e l mismo número de thetes al comienzo de
la guerra del Pe loponeso en el 431 a.C. 68. Si todos estos hoplitas po-

65 Sobre Formisio, véase M. Ostwald, From popular sovereig11ty ro the sovereignty of

law, Berke ly, 1986, 473 s. Ten\menes veía poca diferencia entre la clase m,\s baja y los
esclavos, Jenofonte, Helénicas, 11, 3, 48.
<í<> Cf. U. Wilamowitz, Arisroreles and Athen, Berlín, 1893, 11, 225 s., y M. Bizos, en
Lisias, Discours, 11, ed. L. Gcrnet y M. Bizos, París, 1926, 207.
67 B.S. Strauss, A1he11.,· after the Pelopor111esia11 war, lthaca, 1986, 78-81.

M !bid. El número de so ldados activos no es el mismo que el de poseedores de pro-


piedad de la misma clase, pero la d iscrepancia es menor comparada co n otros gra ndes már-
genes de error de nuestras estimaciones.

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seían tierras y usamos la estimación actual más grande para la tierra
cultivable del Ática (96.000 hectáreas) y suponemos que sus propie-
dades promediaban 50 plethra (4,5 hectáreas) en tamaño, ellos habrí-
an poseído 90.000 hectáreas, quedando unas 6.000 hectáreas para los
más ricos y los más pobres69 • De hecho, la mayoría de ellos, aunque
no todos, poseía tierras, y así el remanente hipotético es mayor; pero
dado que los 1.000 hippeis ricos son, de entre todos los atenienses, los
que con mayor probabilidad han poseído tierras y con ello grandes
propiedades, la escasez de tierras para los thetes no es evitable 7°. Cla-
ramente, algunas de nuestras suposiciones son imperfectas - tenemos
que suponer que había más tierra en cultivo que en el presente siglo
(lo cual me parece muy probable), o que las pequeñas propiedades
eran desde luego más remunerativas que lo que se ha supuesto usual-
mente, o que muchos de los hoplitas y hippeis se sustentaban a sí
mismos por otros medios que la labranza-. Conjeturaría que estas tres
son todas verdaderas en cierto grado, y por supuesto es concebible que
la cifra de 5.000 para los sin tierra en el 403 a.c. sea demasiado baja,
de modo tal que, en realidad, había más para aquellos que sí poseían
tierras. Si se puede hallar más tierra cultivable en propiedad privada,

69
Cf. P. Garnsey, Famine (op. cit. n. 6 1), cap. 6, y «Grain for Athens», en Crux. Essays
p rese/lled ro G.E.M. de Sre. Croix 011 his 75''' birthday, Essex, 1985, 62-75, quien conside-
ra el territorio del Át ica clásica de ca. 2.400 km2 con un 35-40% cultivable, es decir,
84.000-96.000 he.ct,\reas.
'º El número de soldados de caballería atenienses extraído de los hippeis (en términos
solonianos, hombres cuya propiedad produc ía más de 300 medimnoi, líquidos y áridos, por
año) fue aumentado de 300 a 1.000 a comienzos del siglo 1v, G. Bugh, The horsemen of
Arhe11s, Prince1on, 1988, 75-7. Un factor que redujo la 1ierra disponible para propiedad pri-
vada fue la cantidad de tierra poseída públicamente. Cf. V.N. Andreyev, «Sorne aspects of
agrarian conditions in Attica in the fifth to third centuries BC», Eire11e, 12 (1974), 5-46, en
43. No es claro cuánto. Andreyev sugirió el 10%. Aú n no hay indicios de que los arrenda-
mienlos de la tierra públ ica, con su requisito de seguridad, fueran una opción práctica para
los propietarios de tierras más pequeños o los rheres sin tierras. Tampoco sabemos nada res-
pecto de los pobres como te nedores agricolas de los ricos. C.G. Starr (Early Greece [op.
cir. n. 61 ], 155), escribiendo sobre los comienzos del siglo VI, cuando la población era en
buena medida más pequeña que en el periodo clásico, llegó a la conclusión de que «una parte
muy vasta de la población ateniense no tenía tierras o sus lotes eran demasiado pequeños para
una subsistencia segura, y por ello constituían una gran reserva de trabajo para las demandas
estacionales de sus vecinos más ricos»; cf. idem, «Greek world» (op. cit. n. 63), 423: «. ..los
rhetes sin tierra, que formaban algo así como la mitad de la población del Ática». Starr esti-
ma en 69.000 las hectáreas del Ática clásica. Considera 12 hectáreas como el mínimo para
un hopl ita y sugiere que 4.000 de ellos poseían 48.000 de las 69.000 hectáreas cultivables,
mientras que los rheres en el siglo 1v eran por lejos, aproximadamente, mucho menos de la
mitad de la ciudadanía que lo que fueron. Si la hacienda de 12 hectáreas se proyectara al
periodo clásico, entre la mitad y un tercio (si consideramos unas 96.000 hectáreas como
cu ltivables) de iodos los hoplitas estarían sin tierras, y no estaríamos admitie ndo a ningún
otro poseedor de tierras. Dicha fracción no puede ser reconci liada con las consecuencias
esperadas a partir de la medida propuesta por Formisio.

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sospecho que se pensará en que las hacie ndas hoplitas habrán sido
más grandes, no las posesiones de los thetes71 .
En todo caso, la noción de una masa de granje ros de subsistencia
independientes y autosuficientes como la columna vertebral de la
sociedad ateniense resulta muy cuestionable. Parece mucho más pro-
bable que el conjunto de los granjeros atenienses clásicos estuviera en
la clase hoplita, tuviera al menos un esclavo y viviera generalmente
por e ncima del nivel de subsistenc ia, como en la mayoría de las zonas
de Grecia más pobladas y prósperas. Los atenienses más pobres desde
luego deberían haber tenido algún beneficio de sus posesiones más
pequeñas, especialmente si practicaban una agricultura relativamente
intensiva. Pueden haber dado la bienvenida al trabajo de labranza esta-
cional con paga, a pesar de l desdén con e l q ue se lo consideraba, pero
esto era sólo uno de muchos supleme ntos que buscaban, no me nos de l
estado. Es más, su subsistenc ia no se basaba e n e l campo s ino en la
c iudad y en e l puerto72.
El último punto a señalar es que una clase (o grupo más amorfo)
de habitantes del campo pobres y trabajadores de granjas no emerge
de lo que es, después de todo, un considerablemente vasto cuerpo de
terminología e imágenes que se nos ha transmitido. Dos pasajes dis-
cutidos con frecuencia contrastan a los granjeros (georgountes, geor-
goi) y los ricos (plousioi), por un lado, con el pue blo (demos) y los
pobres (penetes), por el otro ([Jenofonte], República de los atenienses,
11, 14; Aristófanes, Asambleístas, 197 s.). Han existido intentos de elu-
dir el s ignificado evidente de los dos pasajes, pero lo que no puede
negarse es q ue en ningún caso el pueblo o los pobres están asociados
con la tierra o la labranza73 . También deberíamos apuntar que si, como
generalmente se conviene, no se reconocía ning una división abrupta
entre los granjeros en mejor posición y los más pobres74 , los granjeros

7
' 60 plethra de tierra eran descriptas como pocas por un orador que trataba demos-
trar que una hacienda rica había sido dilapidada ([seo, V, 22); no necesita haber menciona-
do la cifra precisa si no ayudaba a su causa.
72 Para indicaciones de que no se pensaba que el trabajo de los pobres fuera princi-

palmente agrícola, cf. Aristófanes, Pluto, 510-6, donde «quebrando la superficie de la tie-
rra con arados» es lo último de una lista de la clases de trabajo que nadie hará si la pobre-
za es abolida.
73 Cf. muy recientemente B.S. Strauss, Athe11s (op. cir. n. 67), 61 -3. También Demós-

tenes, XXIII, 146, parece incluir a los georgoi entre los acomodados. lsócrates, VII, 4 s.,
contrasta a aquellos cuyas fortunas están en un estado inferior (hypodeestero11 prat/011tas)
y se pasan a la agricultura (georgia) y al comercio (emporia) con los ricos, que ya tienen
suficientes medios de vida y pueden dedicarse a la equitación, la gim nasia, la caza y la filo-
sofía. Los primeros sólo son pobres cuando se los compara con los ricos.
74
Por ejemplo, G. Audring, «Grenzen der Konzentration von Gnrndeigcntum in Attika
wahrcnd des 4 . Jh. v.u.Z.», Klio, 56 (1974), 447 s.; R. Osborne, Demos (op. cit. n. 3), 142.

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más pobres, aquellos que no podían ganarse e l sustento a partir de su
tierra, parecerían haberse agrupado con los pobres en general. Los
granjeros, georgoi, e ran aque llos que se ganaban el suste nto a partir de
la tierra, y un sustento dece nte. Pero, desde una perspectiva moderna,
no necesitamos abandonar nuestra admirac ión por Atenas para volver
al cuadro de una plebe naval y ociosa, que fue propuesto por los ene-
migos de la democracia, sino que deberíamos reconocer que uno de
los grandes logros de Atenas fue dar plenos derechos a hombres Libres
cuyo papel como ciudadanos, para usar un lenguaje completamente
anacrónico, no consistía en un título sobre un trozo de tierra.
En resumen, entre una variedad de regímenes agrícolas, dos son
claramente distinguibles: primero, aquel de las regiones social y eco-
nómicamente conservadoras como Esparta, Creta y Tesalia, caracteri-
zadas por grandes hac iendas trabajadas por siervos, quizás común-
mente como aparceros, y po r una producción adaptada principalmente
para proveer cereales en excede nte para elites a la vez q ue satisfacer
las necesidades de subsistencia de la mayoría. Segundo, existía el
régime n de áreas que miraban más hacia afuera, tales como Quíos y
Corcira, donde las grandes haciendas privadas eran trabajadas por
esclavos para una producción más o rientada al mercado. El Ática clá-
sica se ubica en alguna parte entre el segundo y un postulado tercer
tipo, aquel de las pequeñas granjas familiares trabajadas mayoritaria-
mente sin ayuda externa y que no apuntaban mucho más allá de la
subsistencia. En el Ática la tierra total poseída por la mayoría de las
familias era pequeña, pero durante el periodo clásico más tardío fue
trabajada intensivamente con una gran inversión de trabajo dirigida a
obtener un excedente para ser intercambiado y no meramente para la
subsistencia.
No hay razón alguna para pensar que estos tipos agotan las posibi-
lidades. Queda bastante por aprender, especialmente, pienso, de la
arqueología, a pesar de los problemas de interpretación, así como de
una mirada renovada de la evide ncia escrita para la agriculn1ra y de los
estudios comparativos, particularme nte entre las regiones del mundo
griego con su contexto cultural común y a lo largo de su historia en
casi el mismo contexto natural.

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