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CURSO SOBRE EUCARISTÍA

"Eu" significa bien, bueno, es decir, hacer algo como corresponde y la palabra " jarístai, signifíca,
dar gracias, que a su vez viene de " járis" que significa, gracia.
La palabra eucaristía, posee desde su origen un gran significado que es una "acción de Dios
revelado y comunicado, una acción del misterio de Cristo, mediante una oración especial que une,
tanto la irrupción de Dios en la historia del hombre, como su re-presentación, en una acción cultual
(sagrada) que se convierte en el corazón de toda la vida cristiana.
La Eucaristía es un acontecimiento de vida, de una vida con interioridad y con una profundidad y
una unidad sin igual. La Eucaristía, más que una proclamación o una celebración, es una vida con
múltiples expresiones, una vida que parece una sinfonía tanto por su armonía como por su variedad
de temas.

DE LA LITURGIA JUDÍA A LA CELEBRACIÓN CRISTIANA.


Para comprender el origen de la eucaristía, hemos de comenzar por acercarnos a las fuentes judías.
Es indudable que la Eucaristía es una creación de caracteres muy originales en el cristianismo, pero
no es una creación "ex nihilo" como si no hubiese tenido todo un pasado que debemos conocer.
Así como no partimos de cero con el Evangelio, tampoco partimos de cero con la Eucaristía pues
hay un pasado, un Antiguo Testamento que respalda la original construcción del edificio en
mención.
La columna vertebral de la Eucaristía es la liturgia judía, pues Jesús no solo fue formado en ella
sino que retomó la celebración pascual y la transformó en nueva alianza .
"No he venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento" es decir, he venido para explicarles su
verdadero sentido.
La eucaristía y todas las "novedades de cristianismo", son un misterio enraizado no solo en el
Antiguo Testamento sino en las tradiciones cultuales, bendiciones u oraciones que hacían aquellos
que esperaban la consolación de Israel.

LAS BENDICIONES JUDIAS O BERAKOTH COMO RESPUESTAS A LA PALABRA DE


DIOS.
El elemento de la liturgia judía que más nos interesa, es ese grupo de oraciones llamadas en hebreo
las Berakoth y que en griego traducimos por "eujaristoi", y en castellano, unívocamente traducida
como, acción de gracias. Las oraciones judías más que acción de gracias, son unas bendiciones,
unas alabanzas, una renovación de la alianza.
La eucaristía, como las berakoth, es una proclamación, es una confesión de la acción de Dios en la
vida y en la historia del pueblo.
Las berakoth son oraciones del pueblo judío que no se contentan con bendecir a Dios. La bendición
viene propiamente de Dios y significa la manera como Dios se comunica con su pueblo, para crear
una relación especial. La bendición supone entonces una alabanza por parte del pueblo que vive la
bendición o sea la acción de Dios.

Fueron figuras de este sacramento de la Eucaristía en el Antiguo Testamento:

• El maná con el que Dios alimentó a los israelitas durante cuarenta años en el desierto (Éxodo
16), y al que Jesús se refiere explícitamente en el discurso eucarístico de Cafarnaúm (Juan
6,31ss).

• El sacrificio de Melquisedec, gran sacerdote, que ofreció pan y vino para dar gracias por la
victoria de Abraham (Génesis 14,18); gesto que luego será recordado por San Pablo para hablar
de Jesucristo como de "sacerdote eterno..., según el orden de Melquisedec" (Hebreos 7,11).

• Los panes de la proposición, que estaban de continuo expuestos en el Templo de Dios,


pudiéndose alimentar con ellos sólo quienes fueran puros (Éxodo 25,30).

• El sacrificio de Abraham, que ofreció a su Hijo Isaac por ser ésa la voluntad de Dios (Génesis
22,10).

• El sacrificio del cordero pascual, cuya sangre libró de la muerte a los israelitas (Éxodo 12).
La Eucaristía fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento:

• Salomón en el libro de los Proverbios: "La Sabiduría se edificó una casa con siete columnas (los
siete sacramentos), preparó una mesa y envió a sus criados a decir: "Venid, comed el pan y
bebed el vino que os he preparado" (Proverbios 9,1).

• El profeta Zacarías predijo la fundación de la Iglesia como una abundancia de bienes


espirituales, y habló del "trigo de los elegidos y del vino que hace germinar la pureza" (Zacarías
9,17).

• El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios de la ley antigua, puso en
boca de Dios este anuncio del sacrificio de la nueva ley: "Desde donde sale el sol hasta el ocaso,
grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre una
oblación pura" (Malaquías 1,10ss).
La verdad de la Presencia real, corporal y substancial de Jesús en la Eucaristía, fue profetizada por
el mismo Señor antes de instituirla, durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de
Cafarnaúm, al día siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y de los
peces:
"En verdad, en verdad os digo, Moisés nos os dió el pan del cielo; es mi Padre quien os dará el
verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al
mundo. Le dijeron: "Señor, danos siempre este pan". Les respondió Jesús: Yo soy el pan de
vida...Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi carne, para la
vida del mundo" (Juan 6,32-34, 51).
LO QUE DEBE SIGNIFICAR "PALABRA DE DIOS" PARA UNA CORRECTA
COMPRENSION DE LA EUCARISTIA.
Hemos avanzado en la comprensión de lo que significa la Palabra de Dios y entendemos que ella es
una realidad viva, dinámica y operante y así fue como el pueblo judío la entendió, es decir, algo
profundamente vivo, no como una idea o una compilación de ideas, ni como una doctrina, ni como
una mina de donde se sacan piedras preciosas para adornar la vida. La Palabra de Dios es un
"acontecimiento", es decir, una intervención de Dios en la existencia. Nunca podremos identificar
entonces acontecimiento con doctrina o con pensamientos de Dios. Dios no habla como dictando
una conferencia, Dios habla entrando en la vida de un pueblo, en una palabra Dios habla actuando,
por eso la Palabra de Dios es una experiencia no una serie de conceptos que se expresan para ser
entendido o interpretados.
"Escucha Israel, yo soy el Señor tu Dios" Deuteronomio 6, 4.
Dios irrumpe en nuestra historia, se hace tangible, se hace presente, hace sentir su presencia, por lo
tanto su Palabra no es un discurso, sino una acción en el pueblo y desde que llega, realiza su
proyecto y su designio, como nos lo dice Isaías 55, 10ss "como la lluvia y la nieve caen del cielo y
no vuelven a él sin haber fecundado la tierra y hecho germinar las plantas, así es la Palabra que
sale de mi boca, no vuelve a mí, sin haber cumplido mis proyectos "
La Biblia entonces, no es un documento para leer o escuchar solamente, ni tampoco es una
compilación de indicaciones de carácter moral o ético, sino una acción permanente de Dios en la
vida del hombre.
Conocer en la Biblia es amar, es abajarse al nivel más profundo de uno mismo, por eso, Dios se
comporta con Israel como un hombre enamorado de una mujer indigna que poco a poco la va
volviendo digna (Oseas 3), en fin, la unión de los esposos es el conocimiento por excelencia, por
tanto el conocimiento de Dios se concreta en el diálogo con el hombre, o sea, el conocimiento se
comprende como el Dios que habla al hombre y el hombre que le responde con fe a su Palabra.
Comprendida asi la Palabra de Dios, las berakoth son la respuesta progresiva a la acción de Dios en
la historia y son la máxima expresión del conocimiento de Dios en el corazón de un pueblo.
De ahí que los salmos constituyen la gran berakha, pues el esquema de la oración judía es ante todo
una respuesta a la Palabra de YWHW, por tanto el " salterio " alimenta como esquema la oración
judía y la eucaristía cristiana.

El Concilio Vaticano II y la evolución teológica de la eucaristía


Es en Diciembre del año 63 cuando se promulga, cuatro siglos después de la reforma sugerida por el
Concilio de Trento sobre la eucaristía.
Es en el capitulo segundo de la Constitución Sacrosanctum Concilium, en donde se formula una
serie de directrices referentes al misterio de la eucaristía la cuáles se enmarcan en breves síntesis de
teología bíblica que le dan al Documento todo el peso para la comprensión de dicho misterio.
En este capítulo el principal punto teológico radica en que el sacrificio eucarístico, es el memorial
de la muerte y resurrección de Cristo, nuestro banquete pascual. Se precisa que mediante la
institución del sacrificio eucarístico se perpetúa el sacrificio de la cruz, confiándole a la Iglesia el
memorial de la muerte y resurrección del Señor como signo de unidad y vínculo de caridad, es
decir, como banquete pascual.
En él se contiene el bien espiritual de la Iglesia, a saber Cristo, nuestra pascua, que da la vida a los
hombres por el Espíritu Santo. Por esto el Concilio declara, que la eucaristía es la fuente y la
culminación de toda la predicación evangélica.
Es tener la convicción de la “permanencia” del Señor glorificado en los signos eucarísticos,
permanencia que se basa en la Palabra del Señor y en la actuación del Espíritu santo sobre el pan y
el vino. Se trata de expresar la fe en la presencia real de Cristo en el pan y el vino. Cristo se hace
presente en primer lugar en la asamblea de los fieles congregados en su nombre, luego en su
Palabra, después en la persona del ministro y por supuesto en las especies eucarísticas.
El objetivo central de la eucaristía es que, logremos asimilar la comunión de vida que Cristo nos
ofrece para participar en su vida, para participar en su alianza y para participar en su sacrificio
pascual. El culto a la eucaristía debe ser entonces, un tomar en serio la donación eucarística y
sacrificial de Cristo.

La celebración de la eucaristía a partir del Concilio Vaticano II.


Con el "rito de entrada" los cristianos nos "reunimos" y debemos tomar conciencia de que
constituimos una asamblea, una comunidad celebrante.
Una vez congregada como verdadera asamblea, escucha, celebra y se alimenta de la Palabra de Dios
y acompañada del eco del canto meditativo, utilizando el salmo, el papel fundamental de la homilía
como respuesta actualizadora a la Palabra y aproximación a las realidades concretas de los
bautizados…
Con las ofrendas, la plegaria eucarística y la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo, se
descubre el tercer elemento central de la celebración: la celebración sacramental. Para terminar con
un esquema de despedida de la asamblea que, una vez alimentada con la Palabra y la Eucaristía,
regresa a sus quehaceres cotidianos para cumplir una misión en la sociedad de proclamar el
evangelio para la construcción permanente de la Iglesia, allí donde cada bautizado se encuentra.
Es en resumen, un memorial vivido, mediante aquello de "celebrar el encuentro" (ritos de entrada),
de "celebrar la Palabra" (liturgia de la Palabra), de "celebrar el sacramento" (liturgia de la
eucaristía) y en fin, de " celebrar el envío" (ritos de conclusión).

La Eucaristía en nuestras culturas latinoamericanas. Nuevos retos en la vivencia y celebración


eucarística.
Hoy Latinoamerica es una realidad muy compleja, fruto de diferentes tendencias, mentalidades y
modos de obrar de aquellos que la habitamos, la compartimos, la gozamos y la sufrimos. Es
precisamente en ésta situación real y concreta en donde hemos de encontrarnos con Jesucristo. Es
en una cultura y en una situación específica en donde el hombre y la mujer latinoamericanos, hemos
de encontrar el sentido y la razón de ser de la eucaristía y de su misterio salvífico.
Los comensales de nuestras eucaristías son hombres y mujeres, nacidos en una situación
pluricultural, estamos en medio de unas culturas y sub - culturas de vida y de muerte, de entrega y
de donación, de exclusión y rechazo, de injusticia y de explotación.
Existen múltiples retos y desafíos en nuestro medio, no solo por la multiplicidad de culturas y por la
violencia y la corrupción política y social, sino también por el crecimiento incontrolado de la
superstición, la magia, el fetichismo, la brujería, el satanismo y el espiritismo.
Igualmente proliferan los nuevos movimientos religiosos libres llamados "sectas" que originan el
aislamiento, la indiferencia por la situación política y económica de la región y el enclaustramiento
que trae consecuencias alienantes para nuestro desarrollo, razón por la cual el neoliberalismo
norteamericano los protege y apoya. En el fondo las sectas son un reduccionismo que excluye a
aquellos que no piensen igual o que sean diferentes.
Especial mención merece la presencia del satanismo que ha tomado mucho espacio en algunos
grupos de adolescentes y jóvenes universitarios.
Ante estas realidades, se celebra la eucaristía dirigiéndola al servicio fraterno, pues la fraternidad es
la que constituye la presencia de Jesucristo resucitado. No es posible entonces separar la vida de la
eucaristía, ni la ética del culto, pues toda celebración debe ser un compromiso que lleve al logro
permanente de la justicia y a la construcción sin tregua de la fraternidad.

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