Está en la página 1de 28
Sin porvenir. Nifios que no Ilegaran a nada. Nifios desesperantes. La escuela, después la secundaria, el bachillerato, yo tam- bién crea absolutamente en esta existencia sin porvenir. Yo diria que era incluso lo primero de lo que se convence un mal alumno. —;Con semejantes notas qué puedes esperar? —,Crees que pasaras a primero de secundaria? (A segundo, a tercero, a cuarto, a quinto, a sexto...) —Qué tanto por ciento de posibilidades crees que tienes de pasar el bachillerato? Calcilalo ta. ¢Qué porcentaje? O aquella directora de colegio, con un auténtico grito de alegria: ~jEl certificado de estudios, Pennacchioni? {No lo obten- dra nunca! gMe oye usted? jNunca! Y vibraba. iEn todo caso no seré como td, vieja loca! Nunca seré profe, arafia envuelta en su propia tela, carcelera atornillada a la mesa de tu despacho hasta el final de sus dias. ; Nunca! jNo- sotros los alumnos pasamos; vosotros os quedais! Somos libres Y a vosotros os han condenado a cadena perpetua. Nosotros, los malos alumnos, puede que no lleguemos a ninguna parte, Pero nos movemos. La tarima no seré el lamentable reducto de nuestra vida. Desprecio por desprecio, me agarro a es€ consuelo per- verso: nosotros pasamos, los profes se quedan; es una conver— sacion frecuente entre los alumnos del fondo de la clase. Los zoquetes se alimentan de palabras. : Ignoraba yo entonces que, a veces, también los profeso- res experimentan esa sensacion de perpetuidad: repetir in- definidamente las mismas clases ante aulas intercambiables, derrumbarse bajo el fardo cotidiano de los deberes (ino es posible imaginar un Sisifo feliz con un monton de deberes que corregit!), yo ignoraba que la monotonia es la primera raz6n que los profesores invocan cuando deciden abandonar el oficio, no podia imaginar que algunos de ellos sufren te- niendo que permanecer alli, mientras ven pasar a los alum- raba que también los profesores se preocupan por nos. Ignot terminar la tesis, entrar en la el futuro: ganar la oposicion, facultad, emprender el vuelo hacia las cimas de las clases pre- paratorias, optar por la investigaci6n, largarse al extranjero, dedicarse a la creacion, cambiar de sector, abandonar de una vez a todos esos amorfos y vindicativos granujientos que pro- ducen toneladas de papel... yo ignoraba que cuando los profe- sores no piensan en su porvenir es porque piensan en el de sus hijos, en los estudios superiores de su prole... Ignoraba que la cabeza de los profesores est saturada de porvenir. Creia que estaban alli solo para impedir el mio. Prohibido el porvenir. A fuerza de oirlo me habia hecho una representacién bas- tante concreta de mi vida sin futuro. No era que el tiempo de- jara de pasar, ni que el futuro no existiese; era que yo seguiria siendo el mismo que soy hoy. No el mismo, claro esta, no como si el tiempo no hubiera corrido, sino como si los afios se hubieran acumulado sin que nada cambiase en mi, como si mi instante futuro amenazase con ser del todo semejante a mi presente. eDe qué estaba hecho mi presente? De un senti- miento de indignidad que saturaba la suma de mis instantes panies Nees aa eae escolar... y nunca habla dejado de Mpo pasaria, y el crecimiento, y los 52 ecimientos, i ae y la vida, pero yo pasaria por esta existencia sin obtener nunca resultado alguno. Era mucho ma Sens cho mas que una Algunos chicos se persuaden muy pronto de que las cosa: i, YS i : son as aA pec siaian a nadie que los desengafie, como no pues vivir sin pasion, desarrollan, a falta de algo la pasion del fracaso. ee El porvenir, esa extrafia amenaza-.- Anochecer de invierno, Nathalie baja solozando as == ras del colegio. Un pesar que quiere hacerse of. Que el cemento como caja de resonancia. Es ee cuerpo deja caer su peso de antiguo bebé sobre los reso peldafios de la escalera. Son las cinco y media, casi todos los alumnos se han marchado. Soy uno de los altimos que quedan por alli. El tam-tam de los pasos en los peldatios. x estallido de los sollozos: jhala, mal de escuela, piensa el profe- te desproporcionado! Y Nathalie aparece al pie de la escalera. Bueno, Nathalie, bueno, bueno, za qué viene tanto pesar? Co- nozco a b alumna, ha tuve el afio anterior. Una nifia insegura, a la que habia que tranquilizar a menudo. ;Qué ocurre, Natha- lie? Resistencia por principio: Nada, sefior, nada. Entonces, es mucho ruido para nada, jchiquilla! Los sollozos se multiplican, y Nathalie finalmente expone su desgracia entre hipidos: Se... se... sefior... no lo... no lo consigo... No consi- g9... com... com... No consigo comprender. ~ceomnprendes uti Qué es lo que no consigues com- ~Lapro.... lapro... ¥ de pronto el tapén salta, todo sale de ors ca : golpe: = spr POnCtOn-subordinada-conjuntiva-adversativa- Silencio, Tee 54 oe lhe ab hel Ole Pe Nada de reirse Sobre todo no reirse. -dla proposicion subordinada conjuntiva adversativa y concesiva? cEso es lo que te pone en semejante estado? Alivio. El profe se pone pensar muy deprisa y muy seria- mente en la proposicién de que se trata; como explicar a esta alumna que no hay motivo para hacer una montaiia, que uti- liza, sin saberlo, esa jodida proposicién (una de mis preferi- das, por otra parte, si es que puede preferirse una conjuntiva aotra...), la proposicién que hace posibles todos los deba~ tes, primera condicién para la sutileza, tanto en la sinceridad como en la mala fe. Bien hay que reconocerlo, pero, a fin de cuentas, no hay tolerancia sin concesién, pequefia, todo esta ahi, basta con enumerar las conjunciones que introducen esta subordinada: aunque, sin embargo, no obstante, tras seme- jantes palabras te das cuenta de que nos encaminamos hacia la sutileza, de que vamos a buscarle los tres pies al gato, de que esa proposicién te convertira en una muchacha mesura- da y reflexiva, dispuesta a escuchar y a no responder a tontas ya locas, en una mujer de argumentos, una filésofa tal vez, jen eso va a convertirte la conjuntiva concesiva y adversativa! Ya est, el profesor se ha puesto en marcha: ¢c6mo conso- lar a una chiquilla con una leccién de gramatica? Vamos a ver... ¢Tienes cinco minutos, Nathalie? Ven que te lo expli- que. Clase vacia, siéntate, esctichame, es muy sencillo... Se sienta, me escucha, es muy sencillo. zYa esté? ¢Lo has enten- dido? Ponme un ejemplo para que yo lo vea. Ejemplo acer- tado. Ha comprendido. Bueno. GEstas mejor? jPara nada, no est4 para nada mejor! Nueva crisis de lagrimas, sollozos asi de grandes y, de pronto, una frase que nunca he olvidado: 0 ~Es que usted no se da cuenta, sefior, tengo ya doce afios y medio y no he hecho nada. ando la frase. Pero zqué ha podido 2? «No he hecho nada...» En todo nte Nathalie. Regreso a casa rumi querer decir la chiquilla caso, no ha hecho nada malo, la inoce! _ digesta ee WISE Tendré que aguardar a la tarde siguiente para informar- me y saber que al padre de Nathalie acaban de despedirlo tras diez aiias de buenos y leales servicios como ejecutivo de una empresa de no sé qué. Es uno de los primeros ejecu- uvos despedidos. Estamos a mediados de los aftos ochenta: hasta ahora, el paro era cosa de la cultura obrera, si se puede decir asi. Y este hombre, joven, que nunca dud6 de su papel en la sociedad, ejecutivo modelo y padre atento (el afio ante- mor le vi varias veces preocupado por su hija, tan imida e in- segura), se ha derrumbado. Ha establecido un balance defini- vo. En la mesa familiar no deja de repetir: «Tengo treinta y canco aiies y no he hecho nada. El padre de Nathalie inauguraba una época en la que ni si- quiera el futuro parecia tener futuro; una década durante la que los alumnos lo oirian repetir cada dia y en todos los to- nos: jChicos, se acabaron las vacas gordas! ;Y se acabaron los amores faciles! Paro y sida para todo el mundo, eso es lo que os espera. Si, eso es lo que padres o profesores les inculcamos durante los afios siguientes para «motivarles» mas. Un discur- so como un cielo cargado de nubes. Eso era lo que hacia llo- rar a la pequefia Nathalie; sentia pesar por anticipado, lloraba su futuro como si fuera un joven muerto. Y se sentia muy culpable de matarlo un poco mis cada dia, con sus dificulta- des en gramatica. Cierto es que, por otra parte, su profesor habia creido oportuno asegurarle que tenia «agua sucia en el craneo». gAgua sucia, Nathalie? Déjame escuchar... Habia sacudido su cabecita poniendo cara de atento matasanos... No, no, no hay liquido aqui, y menos agua sucia... Timida sonrisa, de todos modos. Aguarda un poco... y habia golpea- do su craneo con el indice doblado, como quien llama a una puerta... No, te lo aseguro, lo que se oye es un buen cere- bro, Nathalie, excepcional incluso, un sonido muy bueno, exactamente el que hacen las cabezas llenas de ideas. Risita, por fin. jCuanta tristeza les metimos en el alma durante todos esos afios! Y como prefiero la risa de Marcel Aymé, la buena risa campechana de Marcel cuando alaba la prudencia del hijo que se ha olido el paro antes que todo el mundo: Sel Gee deere