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La Keará y el alimento espiritual de la Pesah, la Pascua judía

Blanca de Ugarte
Abr 14, 2017

tomertu
Pan, vino, cordero y otros alimentos que cobran un fuerte simbolismo religioso
La cena más popular de la historia, que millones de veces ha sido y seguirá
siendo representada, siguió la tradición de la Pesah, la Pascua judía. Esta
fiesta comienza, según el calendario hebreo lunisolar, el día 15 del mes de Nisan
(marzo o abril, en nuestro calendario), coincide con la llegada de la primavera boreal,
tiene una duración de 8 días y concretamente en 2017 comenzó la noche del 10 de
abril y terminará durante la noche del martes 18 de abril. 

La cena de Cristo con sus apóstoles se celebró el primero de los siete días de los
Ácimos, en los que según la Ley hebrea, los judíos recuerdan la liberación del pueblo
de Israel de la esclavitud en Egipto. Era la noche de la Pesah, que significa “salto” por el
“salto que dio Dios sobre las casas del pueblo de Israel” cuyas jambas y dinteles habían
sido pintadas con sangre de cordero para así salvar a los primogénitos israelíes de la
plaga que terminó matando, según cuenta la Torá, a todos los primogénitos egipcios,
incluido el hijo del Faraón. Ese acontecimiento marcó la salida de Egipto del pueblo de
Israel y su liberación y selló una alianza entre Dios y su pueblo.

Lee más: Arqueólogos descubren lo que se sirvió en la Última Cena de Cristo


La Torá centra su mensaje en esta alianza y exige a los judíos recordar estos
acontecimientos y transmitirlo a las generaciones venideras. Por ello, en cada casa
judía donde se celebra la Pascua, el más pequeño de la familia pregunta al patriarca:
“¿Qué diferencia hay entre esta noche y todas las demás?”.

Como respuesta, se empleará el alimento que esa noche cobra un fuerte simbolismo
religioso. Hablamos de alimento espiritual que permite a los que lo toman el desarrollo
de una profunda identidad. Así, el alimento se convierte en un elemento espiritual en
cuanto se bendice y se agradece a Dios, e indica la superación de lo terreno por medio
de la fe.

La Ley judía considera además que hay alimentos que alejan al hombre de Dios como
las carnes impuras (cerdo), el marisco, la mezcla de la leche con la carne… y, por otra,
establece el ayuno para preparar el encuentro con Dios, como señal de luto o de
arrepentimiento por los pecados cometidos.

Por otra parte, el hambre y la sed son los máximos indicadores del sufrimiento y de la
infidelidad. De ahí que sea sagrado ayudar al hermano y que esta ayuda se
ejemplifique básicamente con el gesto de dar pan y agua. Pero el hambre y la sed no
son simplemente físicas, también son espirituales, pues el hombre tiene necesidad de
Dios que es el que puede saciar ese hambre y apagar esa sed.

Pan y vino

Volviendo a la cena de Pascua, los dos alimentos más importantes de aquel banquete
espiritual son los más sencillos: el pan y el vino. El vino, que ha tenido siempre un
papel importante en la cultura mediterránea,  es el primer alimento que se bendice en
la Pesah y es servido en una única copa para toda la mesa pues se da a beber a todos
los comensales para que esa bendición llegue también a ellos. Es un canal de
bendiciones.

Actualmente,  el vino está presente en la mayoría de las celebraciones judías: en la


sinagoga, se ofrece vino a los novios; en la circuncisión; la boca del niño es manchada
con unas gotitas de vino; todos los shabats arrancan con la bendición del vino…
Y Jesús, durante su vida, conviertió el agua en vino en las bodas de Caná y en sus
parábolas se menciona como fruto de la verdadera vid, mientras que Dios Padre es el
viñador y sus discípulos, los sarmientos.

A lo largo de Pesah se toman cuatro copas de vino para agradecer a Dios la liberación
de la esclavitud y todos, niños y mayores, lo prueban.

En cuanto al pan, la Pesah es también la fiesta del pan ácimo, el Matsot. La Torá
ordena tomar durante siete días este pan no fermentado para recordar la huida de
Egipto que obligó al pueblo de Israel a salir con el pan horneado pero no lo suficiente
y, por falta de tiempo, no pudo elevarse. El pan es el alimento más básico para el
hombre. Ya es mencionado en el Génesis: “Con el sudor de tu frente comerás el pan
hasta que vuelvas a la tierra pues de ella fuiste sacado”.

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El pan ácimo en concreto fue la comida ideal concebida por los egipcios para sus
esclavos judíos. Era barato, de sencilla preparación y lenta digestión. Por todo ello es
considerado el pan de los pobres y a los judíos les recuerda la condición humillante de
su cautiverio, su amargura y sufrimiento. Pero también tras la huida, el mismo pan sin
fermentar, que fue su primera comida al salir de Egipto, adquirió otro gusto, el de la
libertad, y así lo llaman también, el pan de la libertad.

La celebración de la Pascua, con tres panes en la mesa, continúa con la bendición de


uno de los panes. Se alza, se contempla y se dice “hemos sido esclavos”. Después se
parte y se comparte, cómo lo harían los pobres, porque la forma de vivir del pobre es
recibir un trozo, y no un pan entero, de mano de aquel cuya puerta ha tocado.

La fermentación ha sido comparada por los judíos con la soberbia: la masa por sí
misma comienza a agrandarse al igual que el hombre engrandece su ego. Por Pascua,
los judíos quieren eliminar todo vestigio de soberbia de sus corazones. Al tiempo que
limpian sus casas y pretenden quitar de su cuerpo de cualquier tipo de impureza. Este
es el origen del lavatorio de manos tantas veces representado también en la Historia
del Arte. Por eso también, antes de que llegue el 15 de nisán, tienen que sacar de sus
casas todo alimento que esté fermentado: pan , pastas, pastelería, galletas, fideos,
whisky, cerveza…

Cordero
Pero sobre la mesa en un banquete no sólo encontramos pan y vino. La Pascua se hace
también en nombre de la ofrenda del cordero pascual que comieron los judíos en
Egipto durante la noche de la muerte a los primogénitos. Como marcan las escrituras,
cada familia debe sacrificar un cordero macho, sin defectos y menor de un año,
siguiendo el rito marcado por la Torá. Ese cordero será asado y comido en la noche de
Pascua. Nada puede sobrar. Por ello, si la familia es pequeña, se comparte con los
vecinos. Lo que quede, es considerado impuro, y debe ser quemado.

La Keará: el plato ritual de la Pesah


Pero, además, en la tradición judía de la Pesah, encontramos otros
alimentos simbólicos. Tras la bendición del pan y del vino, los judíos realizan el ritual
de la Keará. A través de alimentos-símbolo reviven las experiencias de la esclavitud, el
éxodo y la libertad. Es un rito que consiste en siete platos, colocados todos en una
fuente redonda, con el pan ácimo en el centro, con el que se imaginan saliendo de
Egipto.

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La Keará está formada por los siguientes elementos:

Maror: Hierbas amargas, hojas de lechuga, en recuerdo de la amarga vida causada por
los egipcios a los hijos de Israel.
Haroset: Mezcla de manzanas, nueces, dátiles, especias, pasas y vino que simboliza la
argamasa que utilizaban los hebreos para la construcción de las pirámides.
Karpás: Apio que simboliza el verdor de la primavera y su florecimiento.
Hazaret: Tronco de lechuga, simboliza la dureza y amargura de la esclavitud
Beitsá: Huevo duro, el huevo cuanto más se cocina más se endurece, tal como se hacía
más dura la esclavitud a medida que pasaban los años.
Zroa: trozo de carne de cordero que simboliza la antigua ofrenda.
Tres matsot: pan de la pobreza y de la libertad.

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La Cuarta Copa que bebió Jesús


Es hermoso ir descubriendo cómo Jesús fue dejando huellas en su vida que sólo
pueden ser descubiertas analizando las raíces judías, su propia identidad.
por Luciana Rogowicz  06 agosto 2017
TAGS: Biblia Judaísmo
Estudiando el tema de las raíces judías de la eucaristía, y los perfectos paralelismos
entre la Pesaj (Pascua judía) y la Pascua católica, me encontré con un dato que me
pareció fascinante.

 
Es evidente que Dios tiene todo planeado, y su plan es perfecto hasta en las cosas que
nos parecen más extrañas. Y cuando puedo ver un poquito de ese plano y comprender
algo de la manera en cómo él obra, me sorprende, me maravilla, me emociona.
 
Este texto lo escribo en base a la conferencia de Scott Hahn sobre “la Cuarta Copa” y
también al capítulo sobre la cuarta copa del libro de Dr. Brant Pitre Jesus and the
Jewish roots of the Eucharist.
 
“Todo se ha cumplido” (Jn 19, 30)
¿A qué se refiere Jesús con estas palabras, las últimas pronunciadas antes de “entregar
su espíritu”?

 
En un primer análisis, o según una interpretación clásica, se le atribuye a la redención
del hombre. Se ha cumplido, consumado la salvación. Sin embargo, para esto era
necesario que Jesús resucitara (Rom 4, 25).
 
La salvación, la justificación, como dice San Pablo, no se consuma con la muerte de
Jesús, sino con su resurrección. De este modo podemos afirmar que Jesús no se podría
haber referido a eso con la frase “todo se ha cumplido”.
 
Para poder entenderlo hay que ir más atrás, y comprender el contexto en donde esto
fue dicho, y sobre todo conocer con más profundidad el judaísmo de Jesús. Y en
particular, una singularidad de la celebración de la pascua judía.

 
La Pascua judía, Pesaj, es la festividad más importante del judaísmo, donde se
conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Esta libertad
fue conseguida gracias a la intervención de Dios.
 
Con la última plaga de las diez, la muerte de los primogénitos, Dios da específicas
indicaciones acerca de cómo debían celebrar la Pascua los israelitas esa noche. Indica
detalladamente los ritos que debían hacer y cómo tenían que comer el cordero
pascual. En el capítulo 12 del libro del Éxodo están todas las regulaciones y lo que se
debía hacer esa noche, cuando finalmente el faraón iba a permitir al pueblo de Israel
que se fuese.
 
En este relato no sólo se cuenta la historia, sino que al mismo tiempo se establece
la liturgia pascual, que debía ser llevada a cabo por el pueblo hebreo esa misma noche
y conmemorarlo todos los años, para siempre.
 
Hoy en día se sigue celebrando cada año esta festividad, y desde sus inicios se le han
sumado también tradiciones que es esencial analizar y conocer para comprender el
modo en que se celebraba la Pascua en la época de Jesús.
 
La cena de Pascua se llama Seder, que significa orden. Y éste se constituye en torno a
cuatro copas de vino:
 
“En la víspera de pascua, cuando se avecina el tiempo de Minjá (sacrificio vespertino),
nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de Israel no comerá
mientras no esté reclinado en la mesa, y no tendrá menos de cuatro copas de
vino, aunque sea de los de la olla popular” (Mishná, capítulo 10, Masejet Pesajim).
 
Tomar las cuatro copas de vino era obligatorio para todos, incluso hasta para el más
pobre, a quien le resultaba muy difícil poder acceder al vino.
 
Breve descripción de los rituales de las cuatro copas
La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa de la bendición, el
Kiddush.
 
La segunda copa se sirve y da inicio a la liturgia pascual, donde se relata la historia de
lo que pasó en el éxodo a través de un orden particular, y otros ritos entre el padre de
la mesa y el niño menor. Se explican los símbolos de las comidas especiales de este día
y se canta el salmo 113.
 
La tercera copa está relacionada con la cena, la comida. El pan sin levadura, las hiervas
amargas, y demás.
 
De acuerdo a la Mishná, está prohibido tomar vino entre la tercer y cuarta copa
(Mishná, capítulo 10.7, Pesajim). Entre éstas, se cantan los salmos del 114 al 118 y al
finalizarlos se toma la copa final.
 
La cuarta copa, la copa de la alabanza, da fin a la celebración y completa el rito
pascual.
 
¿Cuántas copas hubo en la Última Cena de Jesús?
Los estudiosos de la Biblia, analizando la última cena en los Evangelios, identificaron la
presencia de tres copas.
 
“Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado
ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro
que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de
Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre
ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta
que llegue el Reino de Dios» .Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en
memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es
la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes» (Lc 22, 14)".
 
De acuerdo al evangelista Lucas, esta copa fue la que se tomó luego de la comida:
“Después de la cena hizo lo mi
 smo con la copa” (Lc 22, 20), lo que implica que fue la tercera copa.
En el evangelio de Marcos (Mc14, 24) y en el de Mateo aparece lo mismo y luego
cuenta que “Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos”
(Mt 27, 30), indicando una vez más que no se tomó la copa final.
San Pablo, en su primera carta a los Corintios, hace referencia a la copa de la
bendición, que es la tercera, cuando habla de la copa eucarística de la sangre de Jesús:
“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de
Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?” (10, 12)
 
Teniendo en cuenta esto podemos ver que no sólo Jesús no tomó la cuarta copa,
sabiendo el significado que eso tenía, sino que aseguró que no volvería a beber del
fruto de la vid hasta que llegase el reino de Dios. Viéndolo desde el punto de vista
judío, Jesús no finalizó la celebración de la Pascua judía, y por lo que pudimos evaluar,
lo hizo intencionalmente.
 
¿Por qué Jesús no tomó la cuarta copa en la última cena?
Continuemos el trayecto de esa noche.
 
Cuando salieron de la cena, del cuarto donde estaban celebrando la pascua, se
dirigieron al jardín de Getsemaní donde Jesús “cayó con el rostro en tierra, orando así:
«Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya» (Mt 26, 39).
 
 Y nuevamente… “Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar
este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad» (Mt 26, 42). "Nuevamente se
alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras" (Mt 26, 44).
 
En el jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del
“cáliz”. Es normal asociar esto hoy a la cruz, a la pasión, pero ¿no era algo extraño para
ese momento acaso, comparar esto con un cáliz, con una copa?
 
Jesús está hablando sobre la cuarta copa, la copa que lleva a la culminación la liturgia
pascual.
 
¿Cuándo tomó Jesús la cuarta copa?
En el camino de la pasión: “Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa
«lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso
tomarlo” (Mt 27. 31).
 
Y luego de ser crucificado nos encontramos al final de todo con esta escena tan
conmovedora descripta por el evangelista Juan: “Después, sabiendo que ya todo
estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: «Tengo
sed». Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron
a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo
Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn 19, 23-
30).
 
Retomando la pregunta inicial acerca de a qué se refirió Jesús con «Todo se ha
cumplido», podemos ver que aquí Jesús toma la cuarta copa, y culmina así la
celebración pascual, su sacrificio pascual. 
 
Jesús no finalizó la celebración pascual en el cuarto de la Última Cena, él la extendió
para consumarla en la cruz, con su propia muerte, el sacrificio pascual por excelencia.
 
El sacrificio de Jesús no comenzó con la pasión, sino en la cena de Pesaj. Y esta
celebración a la vez, no terminó en el cuarto de arriba, sino en el Calvario.
 
Jesús une la cena de Pascua con su muerte en la cruz y lleva los sacrificios pascuales de
la Torá a su plenitud.
 
“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a
dar cumplimiento” (Mt 5, 17).
 
Reflexión personal
Es hermoso ir descubriendo cómo Jesús fue dejando huellas en su vida que sólo
pueden ser descubiertas analizando las raíces judías, su propia identidad.
 
Meditando este tema de las cuatro copas, pienso que de algún modo Jesús se nos
ofrece Él mismo como la cuarta copa. Por eso al “traspasarlo” brotan de su interior
sangre y agua, del mismo modo que las copas de vino del Seder de Pesaj eran diluidas
con un poco de agua.
 
Jesús se brinda tomando la cuarta copa en la cruz, y a la vez se hace para nosotros ese
cáliz. Para que podamos beber de él, ya no una vez al año en la Pascua, sino todos los
días. Recordando y dando gracias por el nuevo éxodo, la nueva liberación, la “nueva
alianza”. Saboreando este nuevo maná, llevado a la plenitud, mediante el cual “jamás
volveremos a tener sed”.
 
Cena

RL
rafael lora <carsecas1257@gmail.com>
Jue 16/04/2020 5:06 PM



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La Pascua judía y los niños


RABINO ISAAC COHEN. Pésaj (la Pascua judía) es una de las más hermosas y entrañables
festividades del pueblo judío. Fiesta de la liberación, la más alegre y sagrada de la familia judía.

Diario El Universal
23/03/2018 02:18 pm
RABINO ISAAC COHEN

Pésaj (la Pascua judía) es una de las más hermosas y entrañables festividades del pueblo
judío.  Fiesta de la liberación, la más alegre y sagrada de la familia judía.  El 30 de marzo de
este año, por la noche, los judíos de todo el mundo estarán sentados alrededor de las mesas de
sus hogares, leyendo el relato del éxodo judío de Egipto, en uno de los más queridos y
populares libros de nuestro pueblo (La Hagadá).

La Torá colocó a los niños en el centro de esta gran fiesta. Desde sus primeros pasos en la
historia, el pueblo judío valoró la importancia de la educación de sus hijos.  Entendió que el
mayor tesoro son los niños, quienes constituyen el futuro.  La mesa pascual y el relato del
éxodo judío de Egipto (la Hagadá) están dedicados a ellos y a la familia como núcleo.

Esta cena pascual produce un enorme impacto espiritual en el seno de la familia.  Según la


tradición, el más joven de la familia formula preguntas, con el propósito de que el padre tenga
la oportunidad de relatarle la salida de Egipto y a la vez hacerle conocer la historia de nuestro
pueblo.

En el relato del éxodo judío de Egipto (la Hagadá), no sólo se describe un episodio del pasado,
sino que se refleja también nuestro tiempo, el presente.  Así, cuando dice: “No fue la única vez
que aparecieron enemigos que quisieron aniquilarnos”, podemos relacionarlo con la situación
actual del Estado de Israel, continuamente amenazado por el terrorismo.

El mismo empeño fue puesto por nuestros enemigos en todas las épocas de la historia. Es por
eso que se recita: “En toda generación se repetirá”. Mas termina diciendo: “Pero el
Todopoderoso nos salva de sus manos”. Es así como los milagros de la salida de Egipto
constituyen un rayo de esperanza.

Esto debe llamarnos a la reflexión, que en cada generación el pueblo de Israel ha sido
amenazado por enemigos, que de diferentes maneras han exteriorizado su deseo de
eliminarnos. Ayer estuvimos amenazados por la destrucción física y hoy por la espiritual, a
consecuencia de la asimilación que devora sin cesar un número importante de nuestros jóvenes.

El relato pascual nos enseña que en cada generación está latente y viva la salvación, que no es
más que la transmisión de nuestros preceptos a las futuras generaciones.  El padre tiene el deber
de educar a sus hijos: al sabio, al rebelde, al inocente y al que no sabe preguntar. La misma
Torá ya advirtió a los padres que si no lo hicieran así, nuestro pueblo quedará condenado al
olvido y a la extinción. En Egipto la lucha principal fue por y para el niño judío, a quien el
enemigo quiso aniquilar.

No caben dudas de que hoy vivimos una época en que los jóvenes tienen profundas necesidades
espirituales que debemos atender, no solamente en Pésaj (la Pascua judía), sino también durante
el resto del año. De la educación tradicional, de la unión al viejo tronco y del amor por la tierra
de Israel dependen nuestra existencia y nuestro devenir, muy especial el del niño judío, pues él
constituye nuestro futuro.

Nuestro pueblo fue redimido en el mes de Nisán, mes en el que aconteció la salida de Egipto y
la liberación del yugo de la esclavitud, y en Nisán, dicen nuestros sabios, volveremos a ser
redimidos. 

Si a la redención total aspiramos, es nuestro deber unirnos y cerrar filas alrededor de nuestra
sagrada Torá, de nuestros preceptos y                                           tradiciones, de nuestra
comunidad y del Estado de Israel. Así como también, servir de ejemplos vivos y educadores de
nuestros hijos y nietos, eliminando el odio, la envidia, el orgullo, y sólo entonces haremos que
se produzca la tan anhelada redención.

ric1venezuela@gmail.com

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23/03/2018 02:18 pm
RABINO ISAAC COHEN

Pésaj (la Pascua judía) es una de las más hermosas y entrañables festividades del pueblo
judío.  Fiesta de la liberación, la más alegre y sagrada de la familia judía.  El 30 de marzo de
este año, por la noche, los judíos de todo el mundo estarán sentados alrededor de las mesas de
sus hogares, leyendo el relato del éxodo judío de Egipto, en uno de los más queridos y
populares libros de nuestro pueblo (La Hagadá).

La Torá colocó a los niños en el centro de esta gran fiesta. Desde sus primeros pasos en la
historia, el pueblo judío valoró la importancia de la educación de sus hijos.  Entendió que el
mayor tesoro son los niños, quienes constituyen el futuro.  La mesa pascual y el relato del
éxodo judío de Egipto (la Hagadá) están dedicados a ellos y a la familia como núcleo.

Esta cena pascual produce un enorme impacto espiritual en el seno de la familia.  Según la


tradición, el más joven de la familia formula preguntas, con el propósito de que el padre tenga
la oportunidad de relatarle la salida de Egipto y a la vez hacerle conocer la historia de nuestro
pueblo.

En el relato del éxodo judío de Egipto (la Hagadá), no sólo se describe un episodio del pasado,
sino que se refleja también nuestro tiempo, el presente.  Así, cuando dice: “No fue la única vez
que aparecieron enemigos que quisieron aniquilarnos”, podemos relacionarlo con la situación
actual del Estado de Israel, continuamente amenazado por el terrorismo.

El mismo empeño fue puesto por nuestros enemigos en todas las épocas de la historia. Es por
eso que se recita: “En toda generación se repetirá”. Mas termina diciendo: “Pero el
Todopoderoso nos salva de sus manos”. Es así como los milagros de la salida de Egipto
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Esto debe llamarnos a la reflexión, que en cada generación el pueblo de Israel ha sido
amenazado por enemigos, que de diferentes maneras han exteriorizado su deseo de
eliminarnos. Ayer estuvimos amenazados por la destrucción física y hoy por la espiritual, a
consecuencia de la asimilación que devora sin cesar un número importante de nuestros jóvenes.

El relato pascual nos enseña que en cada generación está latente y viva la salvación, que no es
más que la transmisión de nuestros preceptos a las futuras generaciones.  El padre tiene el deber
de educar a sus hijos: al sabio, al rebelde, al inocente y al que no sabe preguntar. La misma
Torá ya advirtió a los padres que si no lo hicieran así, nuestro pueblo quedará condenado al
olvido y a la extinción. En Egipto la lucha principal fue por y para el niño judío, a quien el
enemigo quiso aniquilar.

No caben dudas de que hoy vivimos una época en que los jóvenes tienen profundas necesidades
espirituales que debemos atender, no solamente en Pésaj (la Pascua judía), sino también durante
el resto del año. De la educación tradicional, de la unión al viejo tronco y del amor por la tierra
de Israel dependen nuestra existencia y nuestro devenir, muy especial el del niño judío, pues él
constituye nuestro futuro.

Nuestro pueblo fue redimido en el mes de Nisán, mes en el que aconteció la salida de Egipto y
la liberación del yugo de la esclavitud, y en Nisán, dicen nuestros sabios, volveremos a ser
redimidos. 

Si a la redención total aspiramos, es nuestro deber unirnos y cerrar filas alrededor de nuestra
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Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología

MENÚ

INDIGNAMENTE, INDIGNO
A. ADVERBIO anaxios (ajnaxivw”, 371) se usa en 1Co 11:27, de participar indignamente
de la Cena del Señor; esto es, tratándola como una comida común, el pan y la copa
como cosas comunes, no entrando en la conciencia de su solemne significado
simbólico. En los mss. comúnmente aceptados no se halla en el v. 29, donde sí aparece
en TR.¶ B. Adjetivo anaxios (ajnavxio”, 370), (a, privativo; n, eufónico; axios, digno), se
usa en 1Co 6:2: En griego moderno significa “incapaz”.¶
Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento

¿QUÉ SIGNIFICA COMER Y BEBER INDIGNAMENTE?


reflexión
¿QUÉ SIGNIFICA COMER Y BEBER INDIGNAMENTE?

La iglesia ha interpretado de diversas formas la palabra “indignamente.” El primer error


es tomar el término como un adjetivo en lugar de tomarlo como un adverbio. Por lo
tanto, algunos creen que deben ser “dignos” para poder participar de la Cena, en otras
palabras, tienen que haber vivido una vida pura y ejemplar antes de venir a la mesa. Es
una realidad que muchas iglesias han enfatizado la necesidad de una examinación
introspectiva profunda o una examinación eclesiológica (i.e. la examinación
proveniente de un ministro o pastor) antes de participar de la comunión, y no hay
nada de malo con tal práctica. Puede ser una buena práctica. No obstante, esta
práctica puede crear una cultura en la que muchos decidan no participar de la mesa
del Señor porque se sienten “indignos” por sus debilidades o puede ser que no
participen de la comunión hasta que reciban absolución de alguien más.

Pero la palabra que Pablo usa en 1 Corintios 11:29 es “indignamente” o “en una
manera indigna,” el adverbio describe la manera en la que la persona come; no
describe el estatus o condición de la persona que está comiendo. En un sentido, todos
son indignos de acercarse a la mesa de comunión. Nadie merece sentarse en la mesa
del Rey. Todos necesitan acercarse a la práctica de la comunión con humildad y
gratitud, y NUNCA debemos participar de los elementos basándonos en nuestra
“dignidad.” No tenemos tal dignidad. No somos dignos, si lo que queremos decir con
“somos dignos” es que hemos asegurado un puesto en la participación de la mesa del
Señor. 


En un sentido, todos son indignos de acercarse a la mesa de comunión. Nadie merece
sentarse en la mesa del Rey. Todos necesitan acercarse a la práctica de la comunión
con humildad y gratitud, y NUNCA debemos participar de los elementos basándonos
en nuestra “dignidad.”
Desafortunadamente, este pensamiento ha llevado a muchas personas a alejarse de la
mesa del Señor porque son “indignos” en lugar de acercarse confiados a la mesa bajo
la gracia y misericordia de Dios. Las palabras de Lutero son particularmente benéficas
en cuanto a esto:
 

Pero imagina que dices, “¿Qué pasa si no encajo?” Respuesta: Esta es también una
tentación con la que yo lucho, especialmente con la tradición antigua que está bajo el
papa cuando nos torturamos a nosotros mismos para convertirnos en perfectamente
puros de tal manera que Dios no encuentra ni la más mínima mancha en nosotros. Por
esto, nos hacemos tan apocados que muchos concluyen: “¡No soy digno!” Después la
razón y la naturaleza comienzan a contrastar nuestra indignidad con la grandiosa y
preciosa bendición, y parece un lado oscuro en contraste con el brillo del sol, o como
estiércol en contraste con joyas preciosas. Ya que la razón y la naturaleza ven esto,
muchas personas deciden no participar de este sacramento y deciden regresar cuando
se siente preparadas, y así pasan las semanas y los meses. Si decides enfocarte en cuan
digno eres, y de esa manera no tengas problemas de conciencia, nunca vas a
participar. El que desea gracia y consolación debe seguir adelante diciendo, “Me
gustaría ser digno, pero no encuentro en mi nada digno, pero recibo la dignidad de Su
Palabra, porque como él lo mando, quiero ser Su discípulo, no importa mi indignidad” .
. . Si te sientes cargado y estás consiente de tu debilidad, ve con gozo a la mesa del
Señor y recibe aliento, confort y fuerza.1

Cuando nos sintamos indignos o cargados acerca de nuestro “poco valor” para venir a
la mesa, este es precisamente el momento correcto de correr hacia ella. No debemos
alejarnos de la mesa, sino correr hacia ella cuando nos sintamos cargados con la culpa
y la tristeza.

Al mismo tiempo, debemos participar del pan y el vino de manera DIGNA. El contexto
especifico en 1 Corintios 11 es la división en la asamblea. Los ricos estaban comiendo
sin los pobres. La asamblea estaba dividida por factores socioeconómicos. Los corintios
comían de manera indigna cuando comían en grupos que estaban divididos y en
contra unos con otros. Pablo no sugiere un tipo de introspección privada como
solución a este problema. Por lo contrario, comer dignamente es una instancia
comunal y pública. La iglesia come y bebe “dignamente” cuando come y bebe como
un solo cuerpo.

Desafortunadamente, algunos otros piensan que “indignamente” se refiere a los


pensamientos privados que cada individuo tiene al participar. Para algunos, los
creyentes comen y beben “indignamente” cuando, por ejemplo, no están lo
suficientemente concentrados en la muerte de Cristo, o cuando no “disciernen” el
cuerpo en el pan y la sangre en el fruto de la vid, o cuando no meditan en silencio, o
están pensando en otras cosas, o no están reflexionando en sus pecados y pidiendo
perdón a Dios. En otras palabras, para los que piensan de esta manera, “indignamente”
tiene que ver con concentrarnos en lo correcto a la hora de participar.

Definimos “indignamente,” muchas veces por nuestras ideas preconcebidas de lo que


creemos que es la Cena del Señor. Vencer estas ideas requiere que primero tengamos
un buen entendimiento teológico antes de que decidamos lo que significa
“indignamente” en nuestro contexto contemporáneo. Así que, si pensamos que la
Cena es un acto privado, silencioso e introspectivo, entonces comeríamos
“indignamente” cada vez que esa “piedad” sea violada con nuestros actos (como
cantar, hablar, convivir, orar o leer la escritura durante la cena).

En el contexto bíblico, el énfasis de “indignamente” es comunal. En este contexto,


comer indignamente es comer en tal manera que niega el mensaje del evangelio que
es proclamado en la mesa. En Corinto, negaban el mensaje del evangelio por sus
divisiones sociales y económicas en donde los ricos comían antes que los pobres.
También, comían en dos diferentes mesas – la mesa de los demonios y la mesa del
Señor (1 Corintios 10:14-22). Aunque participaban de la mesa del Señor, ellos negaban
el evangelio con sus inmoralidades e idolatría.

“Indignamente,” por lo tanto, no es una cuestión cognitiva en el momento de comer y


beber. La consecuencia de este enfoque es que nos cuestionamos a nosotros mismos
con preguntas interminables (“¿estoy concentrado? ¿estoy distraído? ¿debo leer la
Biblia? ¿bebí el vino cuidando a mis hijos al mismo tiempo? ¿puedo hablar a la persona
que está a mi lado? ¿podemos cantar?”).

Más que todo, se trata de la manera en la que comemos en relación con la comunidad
que nos rodea y nuestro estilo de vida. ¿Participamos de los elementos con una doble
moral? ¿Participamos de la cena en comunión con Jesús y con sus discípulos?
¿Tenemos prejuicios contra algunos hermanos en Cristo mientras comemos?
¿Participamos de la cena sabiendo que al siguiente día saldremos a buscar nuestros
intereses sin tomar en cuenta a los demás? ¿Tomamos la cena sabiendo que nuestro
estilo de vida deliberadamente negará el mensaje del evangelio el resto de la semana?
Comer de esa forma es comer y beber condenación para nosotros mismos.

Fundamentalmente, comer “indignamente” es similar a vivir “indignamente” (Filipenses


1:27). Mientras vivimos, tenemos que vivir representando el mensaje del evangelio de
Cristo. La Mesa debe reflejar el evangelio; debe reflejar el carácter del anfitrión de la
cena, Jesús. Cuando nos sentamos en la mesa en una forma que niega el mensaje del
evangelio, comemos indignamente. Participamos “dignamente” cuando reflejamos el
evangelio en la mesa del Señor, y el anfitrión nos recibe con su gracia, Jesús el Mesías
de Dios, y experimentamos la comunión con el Espíritu Santo mientras participamos en
la presencia del Padre. 

1.     Martin Lutero. “Catecismo Largo” en El Libro de Concord: Las Confesiones de la


Iglesia Evangélica Luterana (Philadelphia: Fortress Press, 1959), 471.

2.     Reflexiones en su mayoría del libro, Come to the Table [Ven a la Mesa] de John
Mark Hicks (Leafwood Press, 2001). 

Tagged: eucaristía, santa cena, unidad, Pablo, reflexión

¿QUÉ SIGNIFICA “TOMAR INDIGNAMENTE DE LA SANTA CENA”?


Publicado por Mateo Bixby | 1 Feb 2018 | Iglesia | 12  |    

La Santa Cena es uno de los momentos más solemnes de la vida del cristiano. Muchas
veces Dios me ha dado gran bendición espiritual al participar de los elementos. Como
pastor, he compartido muchas reflexiones a fin de preparar a los creyentes para
participar de la Santa Cena.

Una de las frases más impactantes, y hasta aterradoras, del Nuevo Testamento aparece
en el contexto de la Santa Cena. El Apóstol Pablo advierte en contra de «tomar
indignamente» de ella. Si lo haces, eres culpado del cuerpo y de la sangre de Cristo,
serás juzgado por Dios e incluso pudieras enfermar o morir (1 Co. 11:27-32).

Esta severa advertencia nos lleva a preguntar: ¿Qué significa «tomar indignamente de
la Santa Cena»? ¿Cómo puedo tomar dignamente de la Santa Cena y evitar ser juzgado
e incluso morir?

He escuchado a muchos pastores explicarlo así: “Si esta semana no has vivido en
santidad, no tomes de la Santa Cena. La persona que participa de la Santa Cena debe
estar caminando con Dios y andando dignamente de su vocación”. Me temo que, en el
pasado, yo mismo llegué a explicar estos versículos de la misma manera.

Aunque esta aseveración suena lógica a primera vista, una reflexión más profunda nos
indica que no refleja la enseñanza bíblica.

EL TRASFONDO DEL ANTIGUO TESTAMENTO


Para entender esta enseñanza, tenemos que remontarnos al significado de los
sacrificios en el Antiguo Testamento.

En la primera Pascua, Jehová ejecutó al primogénito de toda casa que no tenía el


marco manchado por la sangre de un cordero. El cordero era el sustituto que moría
para salvar al primogénito. Años después, en el Templo, todos los días se sacrificaba
un cordero en la mañana y otro en la tarde.

¿Por qué tanto sacrificio? (1) Porque el hombre es pecador y merece morir, y (2)
porque, en su condición pecaminosa, no puede acercarse a un Dios santo.

Los corderos ofrecidos diariamente morían como sustitutos de la nación de Israel y


preservaban la presencia de Dios con Israel.

Todo este sistema enfatizaba algo: nadie merece acercarse a Dios por sus propios
méritos. Todos somos pecadores y merecemos morir.

RELACIÓN CON LA SANTA CENA


¿Qué tiene que ver todo eso con comer y beber indignamente de la Santa Cena?
Reflexionemos un poco.

Cuando escuchamos las palabras de Pablo sobre participar indignamente de la Santa


Cena, instintivamente evaluamos nuestro comportamiento en los días anteriores a la
Santa Cena. Llevamos a cabo un pequeño recuento mental. Va algo así: “¿Fui lo
suficientemente bueno la semana pasada?” Si leí mi Biblia, si oré, si fui a la iglesia, si no
cometí algún pecado escandaloso, entonces pienso que puedo tomar de la Santa
Cena.

Pero note la deficiencia de tal perspectiva. ¿Cuán bueno tengo que ser para poder
tomar de la Santa Cena? Es algo totalmente subjetivo. Si tomo o no tomo depende
totalmente de cómo me siento, y cómo me siento depende totalmente de la vara de
medir que yo mismo me pongo.

Por ejemplo, ¿cuántas veces debí leer mi Biblia para ser digno de tomar? ¿Siete días?
¿Qué pasa si leí cinco?

Quizás una persona dice: “Leí mi Biblia cinco días esta semana. Me siento bien porque
eso es un avance para mí”.  Y por eso toma de la Santa Cena.

Otra persona dice: “Leí mi Biblia cinco días esta semana. Me siento mal porque debí
leer mi Biblia todos los días”.  Y por eso no toma.

Se presenta otra dificultad: ¿por cuánto tiempo tuve que ser bueno para poder tomar?
Si me porté mal hace un día, probablemente siento que no puedo tomar. Pero, si me
porté mal hace diez días, ¿puedo participar o no? ¿Cuándo caduca la culpa por mi
pecado?

¿A qué quiero llegar? Si basamos nuestra participación de la Santa Cena en si fuimos


buenos o no, es algo totalmente subjetivo e ilógico. Si queremos una base que sea
objetiva, entonces tendríamos que exigir la perfección absoluta. O sea que solo la
persona que ha sido perfecta puede tomar de la Santa Cena.

Esta perspectiva contradice totalmente la enseñanza de la Pascua, de los sacrificios


diarios en el Templo, de la Cruz de Cristo y de la Santa Cena.

¿Qué nos enseñan? Que nadie puede acercarse a Dios por mérito propio. Nadie es
digno. Nadie es perfecto. Todos tenemos que reconocer nuestro pecado y nuestra
indignidad. El cristiano más maduro, el que tuvo una semana espléndida en su vida
espiritual, no fue perfecto y no puede acercarse a Dios por mérito propio.

Pero esto no es lo único que nos enseñan. También nos enseñan que Dios proveyó un
Sustituto para que podamos acercarnos a Él a pesar de nuestra indignidad. Esa es
nuestra gloriosa esperanza.

¿QUÉ SIGNIFICA TOMAR INDIGNAMENTE?


No significa haber sido bastante bueno los días anteriores a la celebración de la Santa
Cena. Entonces, ¿qué significa? Creo que hay dos maneras en las que pudiéramos
tomar indignamente.

La primera es la más obvia: tomar de la Santa Cena con indiferencia hacia tu pecado.
Esto ocurre cuando una persona ha pecado y no le importa. Cuando manifiesta
negligencia y pasividad hacia su pecado. No ha confesado su pecado. No se ha
lamentado por su pecado. No tiene intención de dejar su pecado. Y, aun así, extiende
su mano y toma de la Santa Cena.

Pablo nos dice que esta persona come y bebe juicio para sí. Esta persona será
disciplinada y castigada.

Hermano, no tomes indignamente, con liviandad o ligereza. Entiende la gravedad de


tus pecados contra Dios y la solemnidad de tomar de la Santa Cena.

La segunda manera en que tomamos indignamente de la Santa Cena: participar de la


Santa Cena creyendo que he sido lo suficientemente bueno como para tomarla.
Es más sutil, pero me pregunto si Pablo tenía también en mente esta perspectiva
errónea que algunos de nosotros tenemos.

Creo que esto es tomar indignamente porque menospreciamos la gravedad del


pecado y la magnitud de la cruz de Cristo.

Cristo murió porque nadie es digno. Todos necesitamos el cuerpo molido y la sangre
derramada de Cristo.

¿QUÉ SIGNIFICA TOMAR DIGNAMENTE?


Déjame darte tres conceptos para meditar sobre ellos.

Debo reconocer mi pecado e indignidad.


Soy pecador. Nunca seré lo suficientemente bueno como para tomar de la Santa Cena
con base en mis méritos. Peco. Todos los días peco. Puedo hacer buenas cosas. Puedo
ser fiel a Dios. A veces tengo días, semanas o incluso meses más o menos buenos. Pero
ni esas “épocas doradas” son suficientes, porque no soy perfecto.

Debo aferrarme a la persona y obra de Cristo.


Puedo acercarme a Dios y tomar de la Santa Cena porque Cristo murió en la cruz por
mis pecados. Como Cordero Divino, Cristo pagó por mi maldad.

Porque Dios acreditó la justicia de Cristo a mi cuenta ahora puedo acercarme a Él. 
Dios me vistió de la santidad de su Hijo. Me puedo acercar a Dios solamente por la
persona y obra de Cristo.

Esto me debe humillar. Debe apagar mi orgullo y fariseísmo. Yo no soy digno, pero
puedo acercarme a Dios y participar de la Santa Cena por los méritos de Cristo y el
perdón que Él ganó por mí.

Debo confesar mis pecados específicos.


Igual que el Apóstol Pablo, quien puso su dedo sobre un pecado específico de la
iglesia de Corinto (1 Co. 11:18-22; 1 Co. 11:33-34), nosotros debemos obedecer su
instrucción de examinarnos a nosotros mismos para no ser disciplinados por Dios.
Esto implica que la Santa Cena debe ser un momento de reflexión y autoevaluación.
De esta manera, reconocemos la gravedad de nuestros pecados, los confesamos a Él, y
pedimos que la sangre de Cristo nos limpie. Al comer y al beber, estamos proclamando
esta realidad: seguimos necesitados de la persona y obra de Cristo.

CONCLUSIÓN
La siguiente ocasión que vayas a tomar de la Santa Cena, evalúa tu vida, pero no para
ver si tienes mérito para tomar, sino para reconocer tu indignidad, confesar tus
pecados, y confiar en la obra del Cordero de Dios que quita tus pecados.

Pastores, no usen la Santa Cena para imponer culpa sobre el rebaño, sino para dirigir
su atención a la maravillosa obra de Cristo que les hace dignos de tomar de ella y
acercarse a un Dios perfectamente santo. Dejen que la maravillosa gracia y
misericordia de Dios les motiven a la santidad.

Cena

RL
rafael lora <carsecas1257@gmail.com>
Jue 16/04/2020 4:01 PM



 Usted

¿A QUÉ SE REFIERE CUANDO DICE “INDIGNAMENTE” 1ª COR. 11:27, 29?

         Otro punto importante que se ha mal interpretado, ha sido mal entendido, es, la palabra
“...indignamente...” en el versículo 27 de 1ª Cor. 11.  Muchos ministros que enseñan de la
Biblia, y aún, predicadores de la iglesia del Señor –¡y qué decir de las denominaciones!-, han
enseñado que el apóstol Pablo habla de que si cometiste algún pecado, ya sea durante la semana
o, poco antes de participar de la Cena del Señor, no pueden tomar de ella.

        Este es el principal error que se ha cometido al no entender la palabra de la cual estamos
hablando –indignamente-. Para entender esta palabra debemos examinar los versículos 17,
hasta el versículo 33.
 

I.- EXPONIENDO EL CONTEXTO (17-34)

        Debemos entender que lo que trata el apóstol Pablo en toda la carta, son respuestas a una
carta que le escribieron y de algunos abusos que ocurrían en la congregación (lea 1ª Cor. 1:11 y
7:1), y al llegar al capítulo 11, versículo 17, en adelante tratará los abusos en cuanto a la Cena
del Señor.

V. 17. Se congregaban para lo peor.

Vs. 18, 19. En estos versículos explica a qué se refiere “lo peor” del versículo 17. se hacían
divisiones y contiendas entre los corintios, en la reunión.

V. 20. En este versículo muestra que el hacer contiendas y divisiones, no es comer la Cena del
Señor.

Vs. 21, 22. Menciona el desorden que se hacía en la reunión cuando iban a participar de la Cena
del Señor. Estos versículos son de especial atención; parece que los corintios, cuando hacían su
llamados “agapes” –convivencia- se terminaba en disensiones, divisiones, desorden al
participar de esa comida, unos se adelantaban, mientras que otros menospreciaban a los que no
tenían nada que ofrecer, y haciendo esto, menospreciaban a la iglesia del Señor (v. 22). Por tal
motivo les recuerda que le Cena del Señor NO ES UNA COMIDA ORDINARIA –como las de
casa-, es decir, la Cena del Señor no es algo que se saborea, que se disfruta, algo que llene el
estómago, algo que satisfaga el hambre, pues en esto lo estaban convirtiendo ellos. Ellos no
estaban participando de la Cena del Señor correctamente, ellos no pensaban el significado tan
grande que tiene el sacrificio de Cristo; y el lugar de pensar en la importancia del sacrificio, del
significado que tiene, formaban pleitos y contiendas entre ellos, de esta forma menos preciando
la muerte de Cristo. Les recuerda que en la casa en donde deben satisfacer su hambre y no en la
reunión.

Vs. 23-26. Les recuerda lo que les ha enseñado sobre la Cena del Señor, la importancia del
Sacrificio de Cristo, cómo deben actuar cuando participen de la Cena del Señor. 

         En los versículos 24 y 25, encontramos las frases: “...haced esto en memoria de mí.” “...en
memoria de mí.”. Es aquí donde el apóstol Pablo les recuerda que el participar de la Cena del
Señor, es recordar lo que representan el Jugo de uva y el pan sin levadura, es decir, recordar el
cuerpo que fue partido (v. 24), y la sangre que fue derramada para la remisión de nuestros
pecados. Es meditar en todo lo que conlleva el sacrificio de Cristo en la cruz, es el recordar que
hemos sido libertados de nuestros pecados gracias a su muerte, es recordar que a él poco le
importó su vida, con tal de que nosotros fuésemos libres de la perdición en que nos
encontrábamos a causa de nuestros pecados (lea. Heb. 12:2, 3, donde se nos habla un poco de lo
que sufrió Cristo, aunque aquí el tema principal es el exhortarnos a resistir los problemas, a no
dejarnos vencer por ellos, pero en estor versículos nos dice un poco de lo que sufrió Cristo.), de
esa vida de de pecados y delitos en la que vivíamos (lea, Efesios 2:1- 12) es recordar que antes,
vivíamos si esperanza y sin Dios en el mundo (Ef. 2:12). Pero cuando aceptamos el sacrificio
de Cristo, fuimos libres del pecado y tenemos una nueva vida (2ª Cor. 5:17), gracias al
sacrificio que hizo Cristo en la cruz, por nosotros. Esto es en lo que debemos estar pensando
cuando estemos participando de la Cena del Señor, Pablo nos dice aquí, que la Cena del Señor,
es un recordatorio de la muerte de Cristo, que debemos participar de ella, recordando el
sacrificio que hizo por nosotros, esto es lo que significan las palabras “...haced esto en memoria
de mí.”.

        Para entender esto un poco más –que ya debería ser entendido- voy a contar la siguiente
anécdota. Se dice que un día estaban en una familia, despidiéndose el papá, de su esposa y sus
hijos para salir a trabajar; le dan un beso a su esposa y otro a cada uno de sus hijos y sale hacia
el trabajo. Posteriormente, la esposa recordó que, en ese día cumplían un año más de
matrimonio y preparó un pastel para compartirlo con su esposo e hijos a la hora de la comida.
Después de terminar el pastel, dijo a sus hijos, -sobre el pastel- “lo he preparado con mucho
amor para ustedes y su padre”, después salió a comprar lo necesario para preparar la comida de
ese día.  A las 4 de la tarde llegó el papá y preguntó a sus hijos por su madre al no verle en
casa; a lo que ellos respondieron que había salido desde temprano a comprar las cosas para
preparar la comida de ese día...

        Pronto dieron las 7 de la noche y sonó el teléfono, era una llamada en la que le
comunicaban que su esposa había muerto por atropellamiento, él, pronto colgó el teléfono y
corrió a ver el cadáver de su esposa...

        Después regresó a casa triste y cabizbajo por lo sucedido... sus hijos le dijeron que tenían
hambre mientras él seguía pensando en lo ocurrido... Sus hijos insistían en que tenían hambre y
no había algo que comer, solamente el pastel que su madre había preparado para ellos con
mucho amor. El padre, caminando tranquilamente, se aproximó al refrigerador, abrió la puerta,
tomo en sus manos el pastel, lo llevó a la mesa, y dijo a sus hijos: “coman esto que fue lo
último que su madre preparó con mucho amor para ustedes, pues ella... no regresará más... pero
este pastel, es lo último que hizo para nosotros y lo hizo con mucho amor, así que, coman
recordando el amor de su madre...

        Interesante historia que nos muestra que ellos recordaron ese amor con que preparó el
pastel su mamá. De esta manera, el cristino debe recordar el sacrificio de Cristo, mientras
participa de la Cena del Señor, debe recordar ese amor tan grande que nos lo mostró al morir en
la cruz. Esto es lo que el apóstol Pablo les dice en estos versículos.

V. 26. Pablo nos recuerda que cuando participamos de la Cena del Señor, estamos proclamando
la muerte de Cristo, estamos anunciando al mundo que Cristo murió para perdonar los pecado a
toda la humanidad –para que esto se cumpla hay requisitos que menciona la Biblia- Esto lo
muestra por el verbo “...anunciáis...” que también pude traducirse como proclamáis. La llamada
“Biblia de estudio, Dios habla hoy, traduce este pasaje de la siguiente manera: “De manera que,
hasta que venga el Señor, ustedes proclaman su muerte cada vez que comen de este pan y
beben de esta copa.”

V. 27. En los versículos anteriores (23-26) les recordó cómo deben participar de la Cena del
Señor –haciéndolo en memoria de Cristo-, esto es importante mencionarlo pues, lo que a
continuación explica, es continuación de lo que mencionó antes. “De manera que...”, esta frase
está haciendo referencia a los versículos anteriores y a continuación va a explicar lo que viene
como consecuencia; otras versiones traducen esta frase de la siguiente manera: “por lo cual, por
tanto, por consiguiente”. La palabra griega que se traduce aquí, es la palabra HOSTE ( ]Wste)
es una palabra que expresa consecuencia o resultado, y Pablo va, a lo siguiente: “...cualquiera
que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de
la sangre del Señor.”. Esta es la consecuencia que explica Pablo. Aquí es donde debemos
preguntarnos a qué se refiere la palabra “...indignamente...”. Note que Pablo está hablando de
comer y beber los elementos de la Cena del Señor, y la palabra “...indignamente...” se refiere,
NO a que uno sea digno de tomar la Cena (como muchos lo han enseñado), sino que, se refiere
al comer y beber los elementos de una manera... ¿cuál es esa manera? “...indignamente...”.

        La palabra, “indignamente”, es un adverbio que está calificando, o describiendo los verbos
comer y beber, de modo que Pablo dice que el que participa indignamente, juicio come y bebe
para sí, es decir, hay un juicio para el que participa indignamente. La palabra indignamente es
una “Acción reprobable, impropia de las circunstancias del sujeto que las ejecuta”
(Enciclopedia Salvat, Tomo 7, Hare-Juss, Salvat Editores, S. A.). Esto Es lo que estaba pasando
con los corintios; la acción de participar de la Cena del Señor que ellos hacían, era incorrecta,
era una acción reprobable, ¿por qué reprobable? Porque, cuando participaban de los elementos,
no “discernían el cuerpo del Señor”, (v. 29). La palabra discernir significa: “Distinguir una cosa
de otra, señalando la diferencia que hay entre ellas” (Enciclopedia Salvat, Tomo 4, Con-Dzun,
Salvat Editores, S. A.), y, precisamente, este era el problema de los corintios en la Cena del
Señor, el NO DISTINGUIR entre la comida ordinaria de las casas o sus “agapes” y la Cena del
Señor; el pensar que la Cena del Señor es algo que satisface el estómago, algo que termina con
el hambre. Ellos no discernían correctamente, es decir, no pensaban en el sacrificio de Cristo al
participar de la Cena, sino en alimentar su estomago y menospreciar a otros (vs. 21 y 22).

        Es a esto, a lo que se refiere la palabra “...indignamente...”, y no a si uno es digno de tomar


la Cena o no. En cuanto a la palabra indignamente, E. W. Vine, erudito en griego, nos dice lo
siguiente: “se usa... de participar indignamente de la Cena del Señor; esto es, tratándola como
una comida común, el pan y la copa como cosas comunes, no entrando en la conciencia de su
solemne significado simbólico.” (Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo
Testamento. Editorial Caribe.) (énfasis agregado).

V.28. Pablo, dice, lo que debe hacer uno para que no sea culpado del cuerpo y la sangre de
Cristo. Debemos, probarnos cada uno, a nosotros mismos. Y después de probarnos, debemos
comer y beber de los elementos. La palabra “probar” es la palabra  dokimazeto (dokimaze,tw),
del verbo griego, “dokimazo”, que significa: “someter a prueba, probar, examinar, con el fin de
decidir. (Dicc. de palabras del A. y N. Testamento, E. W. Vine, Editorial Caribe.) De manera
que, Pablo está diciendo que debemos examinarnos con el fin de decidir en cuanto a lo que
vamos a hacer en la Cena del Señor.

V.29. Repite Pablo, lo que sucede cuando no discernimos el sacrificio de Cristo correctamente,
es decir, cuando participamos “...indignamente...” (esto es: no pensando en el sacrificio de
Cristo, sino, tomar la Cena del Señor, pensando que satisface el estómago, que es una comida
ordinaria, y menospreciar a los demás.) La palabra “juicio” de este versículo es la palabra
griega “kríma” (kri,ma); esta palabra, no significa “condenación”, sino, “materia de juicio, o de
acusación”, de modo que, Pablo dice que la persona que no juzga o discierne correctamente,
que no hace una distinción correcta de lo que significa, la Cena del Señor, está cometiendo un
error muy grande, se está juzgando a sí mismo al NO pensar correctamente sobre la Cena del
Señor. En este versículo, Pablo aclara a qué se refiere la palabra indignamente, y es a no
discernir correctamente el sacrificio de Cristo. ¡más claro no puede ser!

V. 30 El resultado de participar indignamente, es decir, no discerniendo correctamente la Cena


del Señor, es inmediato y, al parecer, puede ser en el juicio final, por lo que dice el versículo
27: “...será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.”. Esto apunta al juicio final, por la
palabra “será” que está en tiempo futuro. Pero en este versículo (30), hay consecuencias que
vienen inmediatamente, cuando uno no participa correctamente de la Cena del Señor, a saber:
“muchos enfermos y debilitados... y muchos duermen.”. Por supuesto, que todo lo aquí
mencionado, se refiere, no a algo físico, sino espiritual, -interior- que produce efectos físicos.
Pablo se refiere a desánimo espiritual a las cosas de Dios, por ejemplo, no asistir a las
reuniones, poco estudio de la Biblia, poca oración, poca comunión con Dios y con los
hermanos, hasta otros que han dejado de asistir. ¡NO ES GRAVE!

V. 31. Pablo dice que si, al participar de la Cena del Señor, estamos pensando en el sacrificio
de Cristo y lo que implica, NO NOS PASARÍA LO QUE MENCIONÓ ANTERIORMENTE.
Esto es lo que quiere decir aquí.

V. 32. En este versículo Pablo dice que si meditamos correctamente, somos “corregidos”,
“educados” por el Señor, para no ser condenados con el mundo. En el griego, no se traduce la
palabra “castigados” en este versículo, de esa manera, literalmente dice: “educados por el
Señor”, (vea la nota que viene en el N. T. Interlineal de Francisco Lacuela, Editorial Caribe.) lo
cual nos indica que, cuando participamos de la Cena del Señor correctamente, estamos siendo
enseñados por el Señor, -seguimos la enseñanza que dejó- sobre el pensamiento correcto de esta
Cena.

 
V. 33. Da una indicación sobre la Cena del Señor, debemos tomarla todos al mismo tiempo.
Esto es algo en el cual, la mayoría de las denominaciones y algunas congregaciones de la
iglesia del Señor Jesucristo, no toman mucha importancia. He estado en congregaciones donde
hacen una fila de hombres y una de mujeres y pasan al frente donde están los elementos de la
Cena, y conforme avanzan, van participando y después pasan a su lugar a sentarse mientras
esperan que terminen los que faltan de participar. En otras congregaciones donde, conforme
pasa el que la está repartiendo, van participando cada uno de los miembros. Pablo dice que
todos debemos participar de la Cena del Señor al mismo tiempo, todos debemos comer del pan
y beber la copa al mismo tiempo, Cristo tomo primero el pan y lo repartió a sus discípulos y
participaron de él primero y luego del jugo de la vid. Esto es lo que debemos hacer nosotros. El
participar de la Cena del Señor como uno quiere, sin esperar a otros, es algo incorrecto. En esto
también se debe tener cuidado.

V. 34. Termina con un mandato –comer ordinariamente en su casa- y, que iba a corregir las
demás cosas que le escribieron, cuando él fuera personalmente.

CONCLUCIÓN:

¿A qué se refiere la palabra: “...indignamente...”? Es claro, por lo demostrado anteriormente,


que se refiere al participar con un pensamiento ajeno a lo que implica sacrificio de Cristo, y no,
a que i somos dignos o no, de participar de la Cena del Señor, o que si hemos cometido algún
pecado en la semana. Participemos de la Cena del Señor, pensando en el sacrificio tan grande y
precioso que hizo Jesucristo por usted y por mí, y por todo el mundo, al morir en la cruz por
nuestros pecados y brindarnos una nueva forma de vivir y la vida eterna.

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