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HACER O QUÉ HACER: ESA ES LA CUESTIÓN.

DE LA TEORÍA A LA ACCIÓN POLÍTICA

Autores: Lic. D´Alessandro Mercedes - Kejsefman Igal (FCE – UBA)

Es natural pensar que, en epistemología de la economía, o bien de la discusión acerca del


carácter científico del conocimiento económico, la teoría y la acción son dos momentos
separados e independientes. Milton Friedman por ejemplo, plantea que hay una ciencia positiva
y otra normativa, donde la una sirve de base para las decisiones que se toman en la otra, pero
están separadas entre si y el científico que desarrolla la ciencia positiva se escinde (y exime)
de la puesta en marcha de sus productos teóricos. Popper expone un criterio de justificación en
el cuál solo los argumentos son sometidos a contraste empírico mientras que quién los esgrime
es independiente de ellos. En general se asume que la ciencia tiene un carácter independiente
de los procesos políticos y sociales, es un conjunto de hipótesis, conceptos y relaciones, leyes
de carácter universal que se hallan abstraídas de la realidad concreta material de sus
portadores, y por tanto su uso es instrumental. Son herramientas que el científico entrega al
mundo con el propósito de entenderlo para que el “hacedor de política” las tome como base o
justificación de su acción.

De esta manera, pareciera que la ciencia es una creación intelectual pura, objetiva, y neutral
que si bien modifica nuestra realidad, lo hace cuando deja de ser ciencia y se convierte en
práctica (política). Sin embargo, esta manera de comprender la cosa, sólo nos revela el
carácter poco comprometido, o ingenuo en el mejor de los casos, del científico que no sólo
necesariamente se encuentra condicionado por el carácter mercantil de la producción científica,
sino que al hacer ciencia tiene una acción sobre el mundo, genera conocimiento, transforma la
realidad, reproduce el sistema de pensamientos, etc. Esta aparente neutralidad desde nuestro
punto de vista es justo su contrario: la teoría neoclásica es una teoría que actúa sobre el
mundo, porque no lo cuestiona, porque reproduce en la teoría y en la práctica las relaciones
sociales capitalistas. Su modo de presentarse como mera caja de herramientas desentendida
de la política es sólo una forma de naturalizar y reproducir acríticamente las relaciones sociales
vigentes bajo la protección de un discurso que se presenta como científico.

Desde nuestro punto de vista, todas las teorías científicas actúan sobre el mundo y nada tienen
de neutrales. La diferencia radica en sus objetivos políticos: la teoría neoclásica concibe el
sistema social como un sistema de equilibrio que se consigue a través de la acción individual
guiada por la racionalidad maximizadora de los sujetos (o el sujeto, en singular, ya que su
método la condena a abstraer las relaciones sociales en un Robinson en una isla). Este
individuo guiado por su búsqueda de placer, siempre que lo dejemos totalmente libre de
cualquier restricción llevará al mundo a la armonía1, por lo tanto toda acción que vaya en contra
de la maximización del placer y de la ganancia capitalista, esta condenada en la teoría. Sin
embargo en la práctica vemos una y otra vez el desempleo, la pobreza y la marginalidad de
gran parte de la sociedad como consecuencia de la búsqueda de ganancia de la empresa. Esta
armonía teórica y práctica es cuestionada en 1936 en la obra de Keynes, quien advierte que el
proceso de ajuste automático no se produce en el mercado de trabajo y acusa a los
neoclásicos de "geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, quienes al descubrir
que en la realidad las líneas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, las critican
por no conservarse derechas"2. La teoría keynesiana entonces, advirtiendo que no hay tal cosa
como un equilibrio intrínseco, expone la necesidad de la política económica, pero no como el
resultado de una acción organizada de las clases sociales, o como resultado de sus luchas
políticas. El Estado aparece como una especie de parche teórico allí donde la explicación
neoclásica no puede dar cuenta de la acción de su Robinson ya sea que se encuentre
confundido por señales erróneas del mercado, o por falta de información, o por perturbaciones
en el sistema. A pesar del interés que nos despiertan los distintos mecanismos por los cuales la

1 Idea tomada de Adam Smith en La riqueza de las naciones donde plantea que impulsados por el
egoísmo individual y el propio interés, el intercambio de los productos del trabajo lleva a la armonía y el
beneficio mutuo.
2 Keynes, John Maynard (1937), “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”, Cap. 2, Pág.26.
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
ciencia tradicional oculta sus formas concretas de acción y las muestra como simples
resultados teóricos, casi incuestionables o incluso acusa de despóticas a aquellos sistemas
que asumen abiertamente su unidad de teoría y acción, vamos a centrarnos en estas ultimas,
porque nos interesa contribuir a la construcción de ellas, entendiendo la necesidad de una
transformación conciente del mundo.

Si entendemos que la acción transformadora sobre el mundo se potencia con nuestro saber de
él, y este saber se plasma en la teoría científica, entonces es central entender el vínculo entre
cómo este saber encarna en la acción y cómo la acción lo transforma. Es decir, dado que
entendemos que la creación de conocimiento científico es una forma de acción política, sirve
de base para ella, la potencia, etc., entonces la cuestión es acerca de cuál es el vínculo de la
teoría con la acción, o bien, cómo resolvemos la separación de estos dos momentos en una
unidad. Este es uno de los puntos centrales en el marxismo: el Qué hacer de Lenin es un
ejemplo de su importancia.

Esta inquietud, que brota no sólo de la cabeza, o del amor al saber, es lo que nos llevó a
preguntarnos cómo el marxismo desde sus formas más revolucionarias hasta las más
cientificistas se enfrenta a la cuestión.

"SEAMOS REALISTAS, HAGAMOS LO IMPOSIBLE”

Cuando Lenin nos advierte que “sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento
revolucionario”3 no hace otra cosa que poner en primer plano la unidad entre teoría y práctica,
entre sujeto y objeto. Las lecturas que se realicen de las condiciones materiales tendrán un
efecto directo sobre las distintas tácticas y estrategias políticas -alternativas de acción- para la
transformación ante un mismo problema (la explotación del hombre por el hombre), lo que
muestra la relevancia de este problema que en apariencia es teórico. Abordemos algunos
ejemplos concretos.

Durante 1929 se llevó adelante en Buenos Aires la primera conferencia latinoamericana de la


Internacional Comunista. La posición que llevaron los Partidos Comunistas alineados con la
URSS para la estrategia socialista en América Latina se fundamentaba en que nuestra región
era fundamentalmente feudal y que su retraso se explicaba por una falta de capitalismo. Su
posición, que coincidía con las lecturas reformistas (por ejemplo el APRA peruano), conocida
con el nombre de etapismo, desprendía de esta lectura que la lucha debía ser
fundamentalmente anti-imperialista y planteaba diferentes alianzas tácticas con las burguesías
locales para realizar una revolución democrático-burguesa, que permitiría instalar en nuestra
región un capitalismo pleno formando una clase obrera inexistente en nuestro territorio,
agudizando las contradicciones, preparando el terreno para una revolución socialista.

Años después, la lectura de la Unión Soviética era otra, y otra era su lectura sobre la estrategia
revolucionaria. Durante lo que se conoció como la “vía pacífica al socialismo”, los Partidos
Comunistas afirmaban que las condiciones (bases materiales) no estaban dadas para
revoluciones violentas como lo fue la revolución bolchevique y que existía la posibilidad de
efectuar un tránsito democrático y no violento al socialismo utilizando la legalidad del Estado
burgués. ¿Qué proceso histórico derivó de esta teoría revolucionaria? El gobierno de la Unidad
Popular en Chile quien pretendió llegar al socialismo por la vía pacífica. Su fracaso abre
interrogantes para muchos actuales procesos latinoamericanos que, al menos discursivamente
plantean la transformación de orden actual.

Por último, otras teorías como las que inspiraron a la Revolución Cubana y tantos otros
movimientos revolucionarios a lo largo del mundo entienden el modo de producción en los
países subdesarrollados no es feudal sino capitalista. Desde ese punto de vista, la lucha no
sólo debía ser anti-imperialista sino también anti-capitalista. Entender que en nuestro territorio
la relación social general es el capitalismo y que en todo caso, como decía Mariátegui, “se ha
encargado al espíritu del feudo -antítesis y negación del espíritu del burgo- la creación de una

3
Lenin, V. I. (2007) “Qué hacer”, Pág.119, 1er edición, Buenos Aires, Luxemburg.
economía capitalista”4 tiene como consecuencia política descartar de plano cualquier tipo de
alianza con la burguesía nacional. En este sentido Ernesto “Che” Guevara decía que “las
burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo –si alguna
vez la tuvieron– y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución
socialista o caricatura de revolución”5.

Todas estas diferentes lecturas sobre la transformación del orden actual entienden que en su
seno están las condiciones de su superación. Como dice Marx, “si la sociedad tal cual es no
contuviera, ocultas, las condiciones materiales de producción y de circulación para una
sociedad sin clases, todas las tentativas de hacerla estallar serían otras tantas quijotadas"6. Sin
embargo, la proliferación de organizaciones políticas dispuestas a la transformación se debe a
las diferentes formas de entender “las condiciones materiales” y las formas de “hacer estallar”
el capitalismo.

Otra de las formas de entender las condiciones materiales es el determinismo o el


economicismo, que es lo que nos intensa abordar y discutir en este trabajo porque entendemos
que lleva a la (in)acción política. Esta postura la podemos encontrar en el libro El capital: Razón
histórica, sujeto revolucionario, y conciencia, de Juan Iñigo Carrera (JIC)7.

EL PROBLEMA DE LA (IN)ACCIÓN COMO ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA (Nothing


gonna change my World)

JIC parte de la exposición del metabolismo social (forma en la que se organiza la sociedad
para garantizar su reproducción) donde expone la historicidad de la forma de las relaciones
sociales a través de las cuales ésta se reproduce es decir, el modo de (re)producción. Marx,
comienza de esa misma manera el capítulo dedicado a Feuerbach en la La ideología alemana
donde demuestra que el “modo de producción no debe considerarse solamente en el sentido
de la reproducción de la existencia física de los individuos. Es ya, más bien, un determinado
modo de la actividad de estos individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un
determinado modo de vida de los mismos. Los individuos son tal y como manifiestan su vida.
Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con
el modo de cómo producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones
materiales de su producción”8.

De esta exposición, JIC deduce que “le guste o no, semejante enajenación de sus potencias
genéricamente humanas, a la burguesía y al proletariado no les cabe sino personificar estas
potencias que le pertenecen al capital. (…) El capital les da forma concreta a la burguesía y al
proletariado”9. La utilización del termino “personificaciones” no es casual, sino que invoca una
metáfora del prólogo de El capital donde Marx planteaba que “aquí sólo se trata de personas
en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de
determinadas relaciones e intereses de clase”10. E Incluso más: entender esta metáfora de
forma literal será la base y sustento de su teoría y lectura sobre la trasformación necesaria del
mundo. Para JIC los actores son portadores y soportes del capital. El papel que juegan en la
obra está determinado por este. Desde este punto de vista, el obrero no puede más que

4
Mariategui, J. C. (1999) “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, Pág. 34. Editora
Amauta, Lima, 66ta. edición.
5 Guevara, E. Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna. Mensaje a los pueblos del mundo
a través de la Tricontinental, 1967. http://www.marxists.org/espanol/guevara/04_67.htm
6 Marx, K (1989ª) “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-
1858”. Siglo XX, México.
7
La elección del texto de Juan Iñigo Carreras como referencia alude no sólo a la crítica que queremos
desarrollar aquí, del cual el presente documento es sólo un avance y pretende abarcar otros autores
dentro del marxismo; sino que también se enmarca en que este trabajo fue presentado en las XV
Jornadas de Epistemología de la Economía, en la mesa de “Contribuciones críticas a la Epistemología de
la Economía”, en donde se abrió una discusión con Iñigo Carreras acerca de lo aquí planteado.
8 Marx, Karl. y Engels, F. (2004) “La ideología Alemana”, Pág.12, Editorial Nuestra América. 1er edición
Buenos Aires
9 Iñigo Carrera, Juan (2008) “El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia”, Pág.241,
Imago Mundi, Buenos aires, primera edición. Cursivas nuestras.
10 Marx, Karl.(1999) “El Capital”, Pág 8, Tomo I, Volumen I, 23 edición en español, Siglo XXIl, Madrid
revalorizar valor, reproducir el capital. Su conciencia, enajenada, sólo puede ser parcial como
el producto que produce y alienada, es decir pertenecer a otro, como el producto del trabajo del
obrero que pertenece, en el capitalismo, a otro. Su conciencia es la de otro: la de la clase
dominante. Por eso, JIC plantea que el obrero posee una conciencia “abstractamente libre” lo
cual quiere decir, una conciencia que se manifiesta como libre pero que su realidad es lo
opuesto: está determinada por el capital. Los obreros que luchan contra la opresión capitalista
caen, según su postura, en la misma desgracia. Y aún más: entiende que esa lucha, en todo
caso, se enmarca en el proceso de reproducción del capital. Por lo que en definitiva podríamos
entender que la lucha (obrera, campesina, estudiantil, de género, etc.) no tiene sentido en tanto
es parte de la reproducción del capital.

Coincidimos con Marx en que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en
cada época”11. Sin embargo no creemos que la lucha contra la opresión capitalista sea una
idea dominante (ni generalizada) y por lo tanto no entendemos que esta pertenezca a la clase
dominante. En este punto, JIC preguntará: ¿Si la conciencia del obrero no brota del proceso
productivo, de la base material, de dónde? En lo que sigue de este trabajo, trabajaremos
algunas posibles respuestas a esta cuestión.

Si la acción del obrero está siempre circunscripta a la reproducción del capital, ¿quién es el
sujeto de la transformación para JIC? ¿De qué forma se convierte el obrero en el sujeto de
transformación? JIC lo plantea desde el título de su libro: “El capital: razón histórica, sujeto
revolucionario y conciencia”. Es decir, el capital es quien a través de su razón histórica
(desarrollo de las fuerzas productivas para la obtención de plusvalía relativa) determina la
conciencia del personaje que hará la revolución (la clase obrera). Entonces el capital es el
sujeto revolucionario. Esto es así porque “El capital lleva consigo la necesidad de aniquilarse a
si mismo como una potencia que le es propia”12.

Puesto así, para nosotros, JIC plantea sujetos pasivos. Es importante discutir la tesis que
sostiene que el capital se aniquila así mismo por las consecuencias políticas que esto puede
tener sobre la lucha revolucionaria. La burguesía no es un sujeto pasivo que acepta la llegada
de su hora sino que continuamente busca la forma de garantizar su dominación sea mediante
formas más sutiles (por ejemplo, mediante la producción teórica reproductiva y naturalizadora
tal como señalamos al principio) o más expresas como pueden ser los golpes de Estado13. Y es
por esto mismo que los oprimidos no pueden quedarse de brazos cruzados esperando que el
capital les asigne una línea en el guión que les indique que llegó la hora de su personaje.
Incluso llegado ese momento, la burguesía no aceptaría de buen grado y pelearía por la
modificación del guión. Debemos recordar que la burguesía es una clase en sí y para sí
justamente por el reconocimiento de sus objetivos políticos como colectivo y por su capacidad
de organización (más allá de la pelea entre sus fracciones que responde a la pelea por
apropiación de plusvalía). La burguesía se organiza (mediante diferentes aparatos ideológicos
y represivos) para luchar contra su fatalidad histórica. Si la acción de los oprimidos es una no-
acción en la espera de la hora que llegará por el desarrollo mismo del capital, en lugar de
fomentar la pronta organización de los de abajo quizás estos nunca lleguen a conocer una
nueva sociedad. Por esto entendemos que en Marx, “personificaciones” refiere a una metáfora
y que no hay literalidad.

Por supuesto, que el peligro está en caer en el polo opuesto: el voluntarismo, o el dominio de
las condiciones subjetivas sobre las objetivas. Creer que por la propia voluntad, y por haber
conocido su condición de explotado, el saberse mercancía (el ser contemporáneo de sí mismo,

11 Ideología Alemana, op.cit, Pág. 43


12 Iñigo Carrera, Juan (2008), Op.cit, Pág. 242
13 Declaración del Embajador estadounidense en Chile durante el golpe de Estado que derroca a
Allende, Edward Korry “Allende expresó claramente sus deseos desde un primer momento y se estaba
adentrando en un camino que desconocía sin precedentes, si ejemplo a seguir. Quería crea un socialismo
hasta llegar a una sociedad marxista-leninista por una vía pacifica. Quería que la burguesía se
suicidara sin chistar (…) Incluso el propio Castro le dijo a Allende al principio: a menos que elimines el
ejército, que lo conviertas en tu instrumento, la revolución no podrá llevarse a cabo. Esa lección la
aprendió de Lenin. Es sencillamente imposible”.En la película de Patricio Guzman (2004) “Salvador
Allende”, Chile.
como plantearía Hegel) ya están dadas las condiciones para la transformación del orden de las
cosas. Claro que eso también sería una quijotada.

Al respecto de este debate, Marx plantea en el 18 brumario de Luis Bonaparte que “los
hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran
directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”. Respecto del debate que
venimos sosteniendo es importante remarcar en esta frase que para Marx son los hombres
quienes hacen la historia y no algún sujeto (en este caso el capital) externo a ellos. En fin,
entender a los hombres14 como meros soportes, sujetos a leyes necesarias e independientes
de la praxis humana termina, en muchos casos, legitimando la pasividad15. Sin embargo, el
resultado de la lucha de clases, el éxito de la revolución, va a depender de la correlación de
fuerzas y la lucha política: “Entonces se produce la evolución, no por sí misma, como una
salida o puesta del sol sino gracias a la acción humana, gracias a la lucha conjunta de los
hombres reunidos en clases”16.

También Engels en su carta a Bloch responde a los argumentos que le dan una determinación
absoluta a la base material: “Según la concepción materialista de la historia, el factor que en
última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx
ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor
económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta,
absurda. (…) De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil
que resolver una simple ecuación de primer grado. (…) También desempeñan su papel,
aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición (…)”. En esta misma
carta Engels argumenta que Brandemburgo no se convirtió en una gran potencia entre los
pequeños Estados de Alemania por una necesidad económica sino por la intervención de otros
factores, como ser las relaciones políticas internacionales.

La lección que deja Engels para quienes luchan por la transformación es recogida por Gramsci:
pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad. Esto no es más que decir que ante la
hegemonía de las clases dominantes debemos, siempre, aún cuando las condiciones
materiales son las más adversas construir contra-hegemonía, organizar a los oprimidos para la
transformación del orden vigente.

En cualquiera de los casos presentados en el apartado anterior, en donde expusimos distintas


formas de leer la realidad cada una desprende una política para la trasformación. Cada una de
ellas considera externa al movimiento de la historia a toda acción política que no se desprenda
de su programa. Aquí no vamos a debatir ni dar respuesta sobre qué hacer, ni cuál es el
programa verdadero. Pero sí consideramos problemática la postura que considera a toda
acción política como una acción externa, como una ingenuidad de la conciencia
“abstractamente libre” y que en definitiva es reproductora del capital. En este sentido, la
Segunda declaración de la Habana afirmaba que “Se sabe que en América y en el mundo la
revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver
pasar el cadáver del imperialismo”17.

"LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD"

¿Cual es entonces el lugar que le queda a la teoría revolucionaria? El rol de la teoría científica
revolucionaria es, en todo caso, una herramienta para realizar una correcta caracterización de
las condiciones materiales, de esas circunstancias con las que nos encontramos para
transformarlas. "Los filósofos se han limitado a interpretar al mundo de distintos modos, de lo
que se trata es de transformarlo"18. Consecuentemente con lo que plantea, la Tesis 11 de Marx

14 A los hombres (con minúscula), de carne y hueso. No los Hombres.


15 Kohan, Néstor (2005), “Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder”. Bs.As., Nuestra América.
16 Trotsky, León (1973) “Una escuela de estrategia revolucionaria”, Pág. 85, Ediciones del siglo.
17 “Segunda declaración de la Habana”, 1962.
www.pcc.cu/documentos/otros_doc/segunda_declaracion_habana.pdf
18 Marx, K. (1985) “Tesis sobre Feuerbach” en “Trabajo asalariado y capital”, Pág. 33, Editorial Planeta-
De Agostini, Barcelona
sobre Feuerbach ha sido interpretada casi tantas veces como filósofos o marxistas hay... Sin
embargo la transformación de nuestro mundo nos pone por delante, como sujetos portadores
de un saber científico, como miembros de la clase obrera, la cuestión esencial del qué hacer, y
cómo vincular ese saber acerca de nuestro mundo con nuestra acción sobre él.

La teoría científica se nos aparece como la forma en que nos representamos la realidad
mediante el pensamiento, pero esto no es una mera representación, ya que como hemos
señalado, la ciencia es acción, por tanto esta representación que nos hacemos es también la
reproducción de aquello representado y por tanto colabora en la construcción de nuestro
mundo. Sin embargo, esto no significa que la representación que nos hacemos del mundo sea
lo que él es, como diría Marx en el Capital la ciencia sería superflua si la apariencia y la
esencia de las cosas coincidieran de manera inmediata.

El hecho de que la producción de ciencia forma parte de la producción mercantil, y por tanto la
ciencia misma tome el carácter de mercancía y entre directamente en el proceso de
valorización del capital incrementando las posibilidades de extracción de plusvalor a través del
desarrollo de las fuerzas productivas que permiten disminuir el salario de los trabajadores, y
por tanto sometiendo en ese acto a la clase obrera a continuar nutriendo al capital con su
nervio, cerebro y músculo, no se contradice con sus potencias liberadoras. La ciencia al tiempo
que nos somete a este proceso de producción social, cuando es revolucionaria, nos libera de
las falsas representaciones de nuestro mundo y desnuda el carácter transitorio y mutable de
nuestras relaciones sociales; nos permite apropiarnos de la naturaleza y revolucionar nuestro
pensamiento, nos permite, como dice Marx en la Miseria de la filosofía, “mitigar las penurias de
las clases oprimidas”19, improvisando sistemas y entregándonos a una ciencia regeneradora.
Aquí encontramos el sentido de preguntarnos acerca de como traspasar esta dualidad del
conocimiento científico... cómo potenciar este aspecto revolucionario de la teoría científica para
superar el modo de producción capitalista.

Retomando la discusión con JIC, en su planteo pareciera expresarse como condición de la


superación del modo de producción capitalista el avance de la conciencia de la clase obrera
sobre sus propias determinaciones: "Pero, cuanto más el desarrollo de la capacidad productiva
del trabajo puesto en acción privadamente tiene a la organización conciente directa del trabajo
social por condición material, mas profundamente debe penetrar la conciencia en las
determinaciones del trabajo social para poder regirlo. Y las determinaciones del trabajo social
en el modo de producción capitalista no son sino las determinaciones de la conciencia
enajenada de la clase obrera"20. Entendemos que la conciencia sobre el proceso de producción
es la forma en la cual la clase obrera se prepara para la posibilidad de la organización social
del trabajo, pero no encontramos la necesidad estricta de esta conciencia del proceso para
superarlo. De hecho, entendemos que la propia superación en la práctica de las formas de
producción del capital transformarían asimismo las formas de entender el proceso, ¡ya que uno
nuevo estaría frente a nosotros! Como señala Marx: “Pero a medida que la historia avanza, y
con ella empieza a destacarse con trazos cada vez mas claros la lucha del proletariado,
aquellos no tienen ya necesidad de buscar la ciencia en sus cabezas: les basta con darse
cuenta de lo que se desarrolla ante sus ojos y convertirse en portavoces de esa realidad (…)
Una vez advertido este aspecto, la ciencia, producto del movimiento histórico en el que
participa ya con pleno conocimiento de causa, deja de ser doctrina para convertirse en
revolucionaria”21.

Es necesario entonces despojarnos del cientificismo abstracto, sea en su forma tradicional o


sea en una dialéctica vacía, si queremos hacer una teoría revolucionaria, y entender que ella
misma esta sometida a las experiencias que realiza la clase obrera a lo largo de su historia.
Para hacer teoría revolucionaria la condición es la acción revolucionaria que la nutra. Lenin
plantea que “el marxismo admite las formas mas diversas de lucha; además no las “inventa”,
sino que sintetiza, organiza y hace concientes las formas de lucha de las clases revolucionarias

19 Marx, Karl, (1987) “Miseria de la filosofía. Respuesta a la Filosofía de la Miseria de P.J. Proudhon”,
Pág. 81, 10ma edición, Siglo XXI
20 Iñigo Carrera, Juan (2003) “El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia”, Pág. 29, 2da
edición, Ediciones Cooperativas.
21 Marx, Karl, (1987) “Miseria de la filosofía. Respuesta a la Filosofía de la Miseria de P.J. Proudhon”,
Pág. 81, México, Siglo XXI.
que aparecen por si solas en el curso del movimiento. Enemigo absoluto de toda formula
abstracta, de toda receta doctrinaria, el marxismo exige atención a la lucha de masas que esta
empeñada, lucha que da origen a métodos de defensa y ataque mas nuevos y diversos cada
día en la medida que el movimiento se va extendiendo (…) Por eso el marxismo no rechaza de
plano ninguna forma de lucha (…) lejos de pretender enseñar a las masas las formas de lucha
inventadas por ‘sistematizadores’ de gabinete, el marxismo aprende, si es licito expresarse así,
de la practica de las masas”22.

22 Lenin, V.I. “La guerra de guerrillas”, Pág. 2, en “V.I.Lenin, Obras completas” (1983) Tomo 14. Moscu,
Editorial Progreso
Bibliografía:

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- Guevara, Ernesto (1967) “Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna” (Mensaje a los
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Editorial Progreso.
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tomos (1981), Editorial Progreso, Moscú, Tomo I, páginas 404 a 498.
- Marx, Karl, (1987) “Miseria de la filosofia. Respuesta a la Filosofía de la Miseria de P.J.
Proudhon” 10ma edición, México, Siglo XXI
- Marx, K. (1985) “Trabajo asalariado y capital”, Editorial Planeta- De Agostini, Barcelona
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- Trotsky, León (1973) “Una escuela de estrategia revolucionaria”, Ediciones del siglo.
- Weber, M. (2003) El político y el científico, Prometeo Libros,Buenos Aires