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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO

(UASD)

Nombre:

Rebeca Santos Meléndez

Matrícula:

100271360

Trabajo de:

Literatura Dominicana Contemporánea

(LET4420-5)

Tema:

 La literatura dominicana desde1960 al 2000.

Instructor (a):

Jaqueline Pimentel Pérez

Fecha:

28/Abril/2021

HISTORIA DE GRUPOS, TENDENCIAS Y GÉNEROS


EN LA LITERATURA DOMINICANA CONTEMPORÁNEA 1960-2000

La Generación del 60

   A partir de 1960 y, sobre todo, después de la caída del gobierno de Trujillo,


emergió la Generación del 60, compuesta por narradores, poetas, dramaturgos,
ensayistas, historiadores, periodistas, oradores y críticos literarios con una
floración de entusiasmo que activó la creación literaria, propició un nuevo
impulso al cultivo de las letras e incentivó la gestación de varios grupos
literarios.

Los grandes escritores dominicanos del siglo xx lograron, en la segunda mitad


de esa fecunda centuria, el mayor influjo de sus obras y muchos publicaron
valiosas creaciones literarias. Me refiero a autores de la talla de Max Henríquez
Ureña, Domingo Moreno Jimenes, Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Flérida de
Nolasco, Andrés Avelino, Carlos Federico Pérez, Manuel A. Amiama, Tomás
Morel, Emilio Rodríguez Demorizi, Pedro Troncoso Sánchez, Manuel del
Cabral, Rubén Suro, Mario Bobea Billini, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro
Mir, Alfredo Fernández Simó, Hilma Contreras, Franklin Mieses Burgos, Aída
Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Rafael Américo Henríquez, Mariano
Lebrón Saviñón, Pbro. Oscar Robles Toledano, Freddy Prestol Castillo, Rafael
Herrera, Manuel Rueda, Freddy Gatón Arce, Antonio Fernández Spencer,
Antonio Zaglul, Lupo Hernández Rueda, Máximo Avilés Blonda, Víctor Villegas,
Rafael Valera Benítez, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y otros.

PROM
   Algunos de esos prestantes autores fueron mentores de los grupos literarios
que surgieron en la etapa posterior a la revuelta de abril de 1965. La existencia
de los grupos literarios se produce en los países con un notable desarrollo

OCION
cultural mediante la participación de sus escritores en las actividades
organizativas, creativas y promocionales. La organización de grupos literarios
auspicia un espacio adecuado para compartir inquietudes y motivaciones,

ES Y
promover la obra literaria y desarrollar la creatividad espiritual y estética. La
literatura dominicana ha contado con numerosos grupos literarios, algunos de
los cuales han seguido determinadas tendencias estéticas. De hecho, la

GRUP
mayoría de nuestros escritores, del pasado y del presente, han formado parte
de alguna agrupación literaria. Todos se inscriben en una generación histórica
y algunos suscriben una determinada tendencia estética.

OS
LITER
ARIOS
Los integrantes de la Generación del 60 crecieron bajo el influjo de los
escritores arriba citados. En sus creaciones literarias se instrumentaron de las
técnicas más actualizadas y de las orientaciones intelectuales y estéticas
predominantes en los centros culturales de Europa y América para testimoniar
la realidad social y cultural dominicana con la meta del desarrollo en libertad.
Varios factores concurren en la gestación de una generación literaria. Entre
esos factores figuran guerras, alteraciones sociales y grandes cataclismos
provocados por las transformaciones que impactan en la marcha de los
acontecimientos y en la gestación de la obra artística o científica. Asimismo,
influyen la aparición de ideologías o corrientes de pensamiento como
elementos de una nueva cosmovisión y el surgimiento de grandes liderazgos
que influyen con su pensamiento. En toda generación hay mentores que
inspiran la creación de las letras.

Hans Jeschke plantea una serie de factores que determinan la aparición de una
generación literaria.

Esos factores son:

 1) Un contexto histórico

 2) Un contexto ideológico

 3) Un acontecimiento aglutinante

 4) Un modelo literario compartido

 5) Mentores o guías intelectuales que actúan como inspiradores.

Bajo el liderazgo intelectual de Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco y


Federico Henríquez Gratereaux, los integrantes de la Generación del 60 fueron
Ramón Emilio Reyes, Carlos Esteban Deive, René del Risco, Miguel Alfonseca,
Antonio Lockward Artiles, Juan José Ayuso, Frank Moya Pons, Jeannette
Miller, Iván García, Miguel Guerrero, Bruno Rosario Candelier, Fernando Pérez
Memén, Santiago Estrella Veloz y otros.

Los escritores de la Generación del 60 se caracterizaron por escribir una obra


nacionalista y de contenido social; con características particulares: creencias y
posiciones sociopolíticas como tema literario; el uso del versolibrismo en
poesía y las técnicas renovadoras en narrativa; el desdén por temas subjetivos
y espirituales, en algunos casos; el rechazo de los procedimientos surrealistas,
considerados evasivos, en algunos sectores; la inquietud formal mediante la
incorporación de nuevos procedimientos expresivos; enfoque de lo dominicano
como expresión de lo nacional con temas, motivos y personajes inspirados en
la realidad sociocultural local, desde la asunción de un lenguaje llano y directo;
preferencia por procedimientos realistas para optar por la expresión de lo
nacional y ponderación de la dimensión estética de la creación mediante el uso
de los nuevos procedimientos compositivos.

Con los aires de libertad y crecimiento económico, en esta generación literaria


surgieron varios grupos literarios en Santo Domingo y en diferentes
poblaciones del país. Los grupos que han tenido una presencia significativa
son:

GRUP Casi en las postrimerías del régimen de Rafael


Trujillo, un grupo de poetas de Pimentel
celebraban reuniones con lecturas en común,

O debates intelectuales, análisis de textos, estudio


de autores y tendencias hasta cuajar, en 1961, en
la agrupación literaria Amidverza (Amigos de la

AMIDV Verdad y la Belleza), cuyo órgano literario los


identificaba. Capitaneados por Manuel Mora
Serrano, esos inquietos muchachos de provincia

ERSA constituyeron un fenómeno aldeano, inusual y


sorprendente, al consagrarse al cultivo de las
letras, a pesar de las condiciones adversas de la

DE época y del medio. Procuraban la conjunción de lo


popular y lo culto; revelaciones originales; cultivo
de metáforas deslumbrantes; ahínco en las raíces

PIMEN tradicionales, campesinas y folklóricas;


ahondamiento de los logros de la tradición literaria
nacional y contactos con los escritores nacionales

TEL de todas las tendencias. Sus dos principales


integrantes, Manuel Mora Serrano, con Juego de
dominó y Francisco Nolasco Cordero, con Caricias
de Lumbre, tendrían luego una activa vida literaria.

GRUP
La
O EL Generación del 60 inspiró en Santo

primero PUÑO Domingo varios grupos literarios, el


de los cuales se llamó El Puño.
Encabezado por Ramón Francisco,
cobró fuerza después de la revuelta de abril de
1965. Sus miembros celebraban reuniones en
la residencia de su coordinador, donde leían y comentaban sus creaciones y
desataban sus inquietudes intelectuales y estéticas. Tertuliaban sobre temas
culturales, políticos, artísticos y literarios y, en sus creaciones, procuraban
expresar lo dominicano con una actitud de denuncia mediante un lenguaje
transparente, un sentimiento patriótico y una vocación creadora bajo un criterio
de fidelidad al ideal estético de la literatura. Formaban el grupo Ramón
Francisco (Odas a Walt Whitman, La patria montonera); Marcio Veloz Maggiolo
(La vida no tiene nombre, Los ángeles de hueso); René del Risco (El viento
frío, En el barrio no hay banderas), Miguel Alfonseca (La guerra y los cantos);
Juan José Ayuso (Bienaventurados los cimarrones); Iván Historia general del
pueblo dominicano 649 García (Más allá de la búsqueda); Jeannette Miller
(Fórmulas para combatir el miedo); Enriquillo Sánchez (Pájaro dentro de la
lluvia).

Formado en 1966 por Bruno Rosario Candelier en


la Escuela Normal de Licey, de la provincia de
TALLE Santiago, constituyó el primer grupo literario del
país que se dio a conocer con el nombre de taller,
creado para cultivar la creación poética entre sus
R miembros, enfatizando el estudio de los autores
nacionales y el uso de la lengua literaria. En este
grupo se formaron José Enrique García, Belarmino
LITER Díaz, Luis Ernesto Mejía y otros. Con el propósito
de promover la creación literaria entre sus
integrantes, celebraban sus reuniones con un plan
ARIO de estudio y de análisis de obras. Periódicamente,
el director del grupo invitaba a intelectuales y
escritores a dictar conferencias a los estudiantes
DE del grupo y del plantel escolar para incentivar la
formación intelectual.

LICEY
AL
MEDIO
GRUP
Integrado por creadores bajo la
conducción de Antonio Lokward Artiles,
O LA hacia
1967 sus miembros acudían a la
con una actitud cuestionadora y una
nacionalista para dar un testimonio de
ISLA literatura
tendencia
denuncia
y de protesta contra las injusticias, una forma de
canalizar inquietudes y rebeldías mediante un arte de intención social y una
literatura comprometida. Este grupo celebró en 1971, en la UASD, un
importante congreso literario que, con el nombre de Congreso de la Joven
Poesía, contribuyó a la renovación de los estudios literarios desde una visión
científica de la literatura. Integraron este grupo Antonio Lockward Artiles,
Norberto James, Andrés L. Mateo, Wilfredo Lozano y Fernando Sánchez
Martínez.
.Hizo una activa vida cultural y literaria hacia
finales de la década de 1960 y sus miembros se
GRUP instrumentaron de la palabra para formalizar un
testimonio social, intelectual y estético. Integraron
este grupo Héctor Díaz Polanco, Freddy Ginebra,
O LA Aquiles Azar y Lourdes Billini. Grupo La Antorcha.
Dirigido por Mateo Morrison, a partir de 1967 unos
jóvenes poetas asumen la creación literaria como
MÁSC alternativa en la lucha por la esperanza viendo en
la poesía una antorcha para encender su utopía.
Entre sus integrantes figuraban Soledad Álvarez,
ARA Enrique Eusebio, Rafael Abreu Mejía, Johnny A.
Gómez y Fernando Vargas.

A finales de los años 60, varios poetas


procedentes de diversos grupos y tendencias
EL integraron la Joven Poesía, cuya 650 Literatura
dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y
géneros literarios, 1960-2000 producción poética
GRUP revela una preocupación social y una inquietud
intelectual, con una orientación ideológica
progresista, que se tradujo, en el plano artístico,
O DE en la intención de llegar al pueblo. Sus creaciones
se inspiraban en la tradición realista de la literatura
nacional enfocando temas elaborados con sentido
LA crítico. Postulaban una línea socio-realista con
compromiso social mediante lenguaje directo con
humor e ironía; desmitificación de los valores
JOVEN establecidos; actitudes y temas urbanos y
populares, con las frustraciones colectivas;
rebeldía contra el statu quo mediante un léxico
POESÍ bélico y una actitud crítica. Sus integrantes fueron
Andrés L. Mateo: La otra Penélope, Pisar los
dedos de Dios; Norberto James: Sobre la marcha,
A La provincia sublevada; Mateo Morrison:
Aniversario del dolor, Visiones del transeúnte;
Alexis Gómez: Oficio de postmortem; Federico
Jóvine Bermúdez: Huellas de la ira; Enriquillo
Sánchez: Sheriff on ice cream soda, Convicto y confeso; Tony Raful: La poesía
y el tiempo, Gestión de alborada, Abril, nacen alas delante de tus ojos, Visiones
del escriba; Enrique Eusebio: Desde la presencia del mar hasta el centro de la
vida; Soledad Álvarez: Primer canto a la ternura; Radhamés Reyes Vásquez: El
imperio del grito, etc.
Integrado por narradores, poetas y ensayistas de varias poblaciones cibaeñas:
(Alberto Peña Lebrón, Bruno Rosario Candelier, Sally Rodríguez y Pedro
Pompeyo Rosario, de Moca; José Enrique García, Rafael Castillo y Pedro José
Gris, de Santiago; Pedro Camilo y Emelda Ramos, de Salcedo; Héctor
Amarante, Orlando Morel y Cayo Claudio Espinal, de San Francisco de
Macorís; Manuel Mora Serrano y Francisco Nolasco Cordero, de Pimentel).
Orientado por Manuel Mora Serrano y Bruno Rosario Candelier, los miembros
de esta agrupación desarrollaron una fecunda actividad literaria. Antes de
cristalizar en libros, publicaron en revistas y suplementos culturales.
Celebraban jornadas literarias mediante tertulias y encuentros informales.

Desde el año 1974 sus participantes asumieron el cultivo literario, el interés por
el lenguaje y la vanguardia artística del país, con obras avaladas por premios
literarios nacionales e internacionales.

Características
 1. Reacción contra la inmediatez localista en procura de la universalidad.

 2. Interés por el lenguaje a favor de un desarrollo depurado de la


literatura.

 3. Asunción de una actitud crítica avalada por las orientaciones teóricas.

 4. Rigor formal mediante técnicas, estilos y recursos apropiados.

 5. Revalorización de lo dominicano en sus diversas manifestaciones


socio-culturales, folklóricas y literarias, tanto de la cultura viva del pueblo
como de la cultura intelectual.

 6. Integración de logros aportados por las diferentes tendencias y


corrientes.

 7. Planteamiento de una actitud humanista Historia general del pueblo


dominicano 651 y trascendente.

 8. Profundización de la línea imaginativa con el acento en lo maravilloso


(lo fantástico, lo mágico y lo mítico) como expresión viva de nuestra
cultura.

 9. Valorización de las vertientes de la crítica, la teoría y la ficción.

 10. Síntesis de los logros clásicos y modernos, imbricados a la propia


realidad socio-cultural.
Autores y obras
Manuel Mora Serrano: Juego de dominó, Goeíza, Decir samán.

Bruno Rosario Candelier: Ensayos críticos, La imaginación insular, La


creación mitopoética

Francisco Nolasco Cordero: Tracaveto, Tu sombra 3

Cayo Claudio Espinal: Banquetes de aflicción, Utopía de los vínculos;

Héctor Amarante: Retrato, Ritos

José Enrique García: Meditaciones alrededor de una sospecha

Pedro José Gris, Las voces

Rafael Castillo: La viuda de Martín Contreras y otros cuentos

Emelda Ramos: El despojo o por los trillos de la leyenda

Sally Rodríguez, Luz de los cuerpos.

Pedro Camilo, Cuentos;

Orlando Morel, Ciguapapoesía.

El Grupo Literario Octavio Guzmán


Carretero. Fundado y dirigido por Bruno Rosario
ORG Candelier en Moca, emergió al escenario literario
el 21 de marzo de 1979. Motivado en el propósito
de formalizar, a través de la literatura, un ideal de
ANIZA creación, sus miembros celebraban reuniones y
tertulias mediante un plan de trabajo para la
formación intelectual, el estudio de los escritores
CIONE establecidos y el análisis de sus creaciones, entre
los cuales figuraron, en diversas promociones,
Pedro Ovalles, Iki Tejada, Sally Rodríguez,
SY Eugenio Camacho, Artagnan Pérez Méndez,
Carmen Comprés, Basilio Belliard, Fari Rosario y
Rosalba Escaño.
TENDE  El Taller Literario César Vallejo.

NCIAS Fundado por Mateo Morrison hacia octubre de


1979 en la Universidad Autónoma de Santo
Domingo con intención socio-realista, aglutinó a

ESTÉTI numerosos jóvenes con inquietudes literarias,


algunos de los cuales se convertirían en líderes
intelectuales, como José Mármol, Rafael García

CAS
Romero, Franklin Gutiérrez, Plinio Chahín, Miguel D. Mena, Tomás Castro,
César Augusto Zapata, Dionisio de Jesús, Juan Freddy Armando, José
Carvajal, Miguel Collado, Julio Cuevas, Ilonka Nacidit y otros. En los dos
decenios finiseculares hay varias vertientes, entre las cuales están los
galardonados con el Premio Siboney (Manuel Marcano Sánchez, Rafael García
Bidó, Juan Carlos Mieses, Manuel García Cartagena…); los miembros 652
Literatura dominicana contemporánea.

 El Atalaya, de Constanza (Julio Adames).

 La Matrácala, de La Vega (Pedro Antonio Valdez), el Círculo de


Mujeres Poetas, de Santo Domingo (Chiqui Vicioso, Carmen
Sánchez, Sabrina Román, Carmen Imbert Brugal, Dulce Ureña,
Mayra Alemán, Miriam Ventura) y el Grupo de Mujeres Creadoras
(Ángela Hernández, Irene Santos, Marianela Medrano, Aurora
Arias, Nelly Ciprián y Mayra Gutiérrez). Paralelamente a las
tendencias estéticas, figuran voces claves del quehacer
intelectual, como Jacinto Gimbernard Pellerano, José Alcántara
Almánzar, José Israel Cuello, Cándido Gerón, Edgardo
Hernández Mejía, Hamlet Hermann, José Miguel Soto Jiménez,
Jesús de la Rosa, Carmen Heredia, Pedro Conde, Orlando Gil,
Nelson Minaya, Marino Berigüete, Celsa Albert, Freddy Bretón
Martínez, Miguel Franjul, Mario Emilio Pérez, Ivelisse Prats de
Pérez, Bienvenido Álvarez Vega, Mario Bonetti, Juan Aulio Ortiz,
Orlando Inoa, Tony Raful, Odalís Pérez y otros.

 El Grupo Literario de la Pucmm, de Santiago, fundado en 1980


por Bruno Rosario Candelier, del que egresaron Pedro José Gris,
Juan la Mur, Zaidy Zouain, Sally Rodríguez, Oscar de León
Silverio, Anelsa Vásquez, José López Larache, Virgilio López
Azuán, Luis R. Santos, Fernando Cabrera y otros.

 El Círculo de Estudios Literarios Azuanos. Grupo que


integraron Virgilio López Azuán, Emilia Pereyra, Bernardo Silfa y
Otto Milanese. Estos narradores y poetas han testimoniado la
realidad doliente del Sur del país, con su naturaleza agreste, su
nostalgia y su dolor. Emilia Pereyra potenció su nombradía con su
novela Cenizas del querer, finalista en el Concurso Planeta de
Barcelona. Virgilio López, con Incendios del agua, mantiene viva
la tradición cultural y literaria en esa importante zona sureña.

 El Grupo Luciérnaga de La Romana. A principios de los


ochenta se formó en La Romana el grupo Luciérnaga integrado
por narradores y poetas que asumieron la creación literaria con
un sentido regional en busca de lo dominicano.

 Colectivo de Escritores Romanenses, integrado por Frank


Núñez, Avelino Stanley, Isael Pérez, Daniel Johnson Benoit,
Gabino Severino y Miguel Ángel Gómez.
 Los grupos de San Pedro de Macorís. San Pedro de Macorís
fue en el pasado una mina de creadores literarios y aportó al país
importantes figuras nacionales. En los últimos años un renacer
literario puja en la Sultana del Este con Miguel Phipps, Robert
Berroa, Benito Ángeles Nieves, Simeón Historia general del
pueblo dominicano 653 Arredondo, Rafael Ramírez Sepúlveda,
Ana Teresa Martínez, Justiniano Estévez Aristy, Alfonso Trinidad,
Julio Rafael Anglada y Ramón Perdomo. El Ateneo Insular tiene
en esa localidad oriental el Grupo Literario Freddy Gatón Arce,
que coordina Ana Teresa Martínez. El Taller Literario Minerva
Mirabal, de Salcedo, formado en 1981 por Emelda Ramos, lo
integraban Pedro Camilo, Jaime Tatem Brache y Zaida Corniel.
Este grupo puso ahínco en el estudio de los clásicos, énfasis en
la valoración de los autores nacionales y análisis de sus
producciones poéticas con una vocación de fraternidad entre sus
miembros.

 El Colectivo de Artistas de Santiago, formado en 1984 por


Fernando Cabrera e integrado por Jim Ferdinand, Manuel Llibre,
Puro Tejada, Máximo Vega, José D´Laura, Ramón Peralta,
Dionisio López Cabral, Sara Pérez y Ruth Acosta. Procuraban
restablecer la tradición literaria en Santiago.

 El Grupo Litera, de la Alianza Cibaeña, de Santiago, fue creado


en 1985 por José Acosta, Cabral de la Torre, Pedro Pablo Marte,
Enegildo Peña, Abersio Núñez y Andrés Acevedo.

 El Grupo Literario Yocahú, de San Francisco de Macorís,


constituido en 1990 por Noé Zayas, lo integraban Juan Gelabert,
Ramón Antonio Jiménez y Víctor Saldaña. Buscaban hacer de
sus sueños una cantera de creación con un ideal centrado en la
búsqueda del hombre interior.

Entre sus rasgos fusionaban lo telúrico, lo surrealista y lo


metafísico.

 El Grupo de Narradores de Santiago, formado en las


postrimerías de los 90 por Máximo Vega, lo integraban José
Adolfo Pichardo, Rosa Silverio y Altagracia Pérez.

 Grupo Ondina, de Santiago, integrado por mujeres bajo la


coordinación de Silvia di Franco.

Al mismo tiempo surgieron en Santo Domingo otras agrupaciones


de diversas tendencias, como el grupo Juan Sánchez Lamouth,
con Nicolás Mateo; el Cardúmenes, con Roberto Sánchez; el
Manuel del Cabral, con Frank Martínez, y La Carretilla, de Intec,
que coordinó Maricécili Mora Ramis. El Colectivo de Escritores
Hábeas Corpus, de Santo Domingo, publicó una antología con
ese mismo título en 1986 y lo integraban Rafael García Romero,
Tomás Castro, Carmen Sánchez, Juan Freddy Armando, Franklin
Gutiérrez y Edwin Disla.
A principios de los 90 surge en Santo Domingo:

 Grupo de la Metapoesía, dirigido por Jorge Piña, de


orientación psicoanalítica.

 Grupo Literario de Literatura Infantil y Juvenil Pedro


Henríquez Ureña, coordinado por Oscar Holguín-Veras e
integrado por Lucía Amelia Cabral, Aída Bonnelly de Díaz,
Eleanor Grimaldi, Margarita Luciano, Brunilda Contreras,
Rafael Peralta Romero, Carol Cárdenes y Leibi Ng.

 Grupo Javier Angulo Guridi, con Manuel Salvador


Gautier; el Franklin Mieses Burgos, con Valentín Amaro y
Gahston Saint-Fleur; y el Manuel Valerio, con Eduardo
Gautreau de Windt.

 La Generación del 90. Los factores que gestaron la


Generación del 90 son los siguientes:

1. Contexto ideológico: La crisis de las ideologías.

2. Contexto histórico: La caída del socialismo.

3. Contexto social: La crisis económica bajo el neoliberalismo y,


como acontecimiento aglutinante, la frustración colectiva, la falta
de horizonte y la Historia general del pueblo dominicano 655
disolución de paradigmas.

Esos factores produjeron una reconsideración de los ideales de la existencia y,


frente a la necesidad de una propuesta cónsona con la naturaleza humana, se
produjo un repliegue interior, con una ponderación de los valores trascendentes
y una vuelta a la identidad y la espiritualidad como alternativas contra el vacío,
la soledad, la falta de horizonte y el apremio de una vida fincada en ideales
inspiradores.

La generación literaria de 1990 la conforman autores que comienzan a publicar


en esa década, sin importar la edad, aunque la mayoría está integrada por
jóvenes. Esa generación surge sobre los escombros de los ideales frustrados
de los proyectos de renovación social y la pérdida de valores morales y
espirituales. Ante ese cuadro sociocultural, la Generación del 90 tiende a la
introspección recalando en la propia interioridad con énfasis en la identidad
cultural, los valores interiores y la dimensión trascendente. Los integrantes de
esta generación se sintieron apelados por la identidad interior, lo que
demandaba actitudes metafísicas con la profundización en la búsqueda del
sentido. Sus escritores tuvieron como motivación el sentido de la existencia.
A los hombres y mujeres de esta generación les correspondió vivir un mundo
en el que se cuestionaban las utopías, se subvaloraban los ideales y se
despreciaban la creatividad y la participación solidaria, frente al contraejemplo
del dinero fácil, las acciones indecorosas, la falta de fe con la consecuente
mengua del entusiasmo, hecho que se acentuaba con la urgencia de los
reclamos materiales al tiempo que se aupaban el vacío, la apatía, la falta de
horizontes y estímulos orientadores para la búsqueda de alternativas
creadoras. Las últimas promociones literarias del siglo xx fueron partícipes de
esa herencia que contribuía a socavar los valores y creencias en los cuales
nuestros antepasados fundaban sus vidas. Con el desarrollo de la tecnología y
los medios de la comunicación, el ser humano se ha sentido menos vinculado a
los valores interiores y en su lugar se instauran otras apelaciones, aunque el
sentimiento frente al horror vacui, la soledad y la angustia hacen que el hombre
reflexione, pondere el sentido de la existencia e indague el sentido de la
trascendencia.

De ahí que muchos intelectuales y creadores de esta generación tienen clara


conciencia de la búsqueda trascendente, hecho que motivó la búsqueda de la
identidad.

Las características de esta generación las sintetizo en los siguientes rasgos:

1. Conciencia de que la creación literaria reclama disciplina y formación


profesional, ya que sus cultores están llamados a desempeñar un rol en la
creación de la cultura, los valores espirituales y el desarrollo de las artes y las
2. Valoración de la participación grupal y el intercambio de motivaciones e
ideales para cumplimentar los requerimientos de la vocación artística, fortalecer
la vocación creadora y potenciar el desarrollo de la literatura. Entre los factores
que contribuyen a vigorizar el trabajo intelectual y estético hay que señalar,
como elementos negativos, una mayor competencia en asuntos extraliterarios
que afecta la dedicación y la consagración al trabajo creador, como la demanda
económica, las numerosas tentaciones para la vida fácil y la diversión, la
preeminencia de reclamos sociales, pero en su aspecto positivo hay que
señalar la facilidad para conseguir el libro o la información por la vía moderna
de comunicación, como el internet y el correo electrónico.

3. El desarrollo creciente de la tecnología y la concurrencia multidisciplinaria,


que favorecen un mejor desenvolvimiento académico, formativo y documental,
propicio para el trabajo creador.

4. Con la aparición del Contextualismo y el Interiorismo, el Cibao se convirtió en


epicentro intelectual de la Generación literaria del 90, que hizo de San
Francisco de Macorís, Salcedo, Moca, La Vega, Santiago y Puerto Plata,
comunidades con un prestante liderazgo cultural. Los líderes literarios de la
Generación del 90, Cayo Claudio Espinal y Bruno Rosario Candelier, actuaron
secundados por importantes creadores de la región, como Pedro José Gris,
José Frank Rosario, Iki Tejada, Pedro Antonio Valdez, Julio Adames, Sally
Rodríguez, Ramón Antonio Jiménez, José Acosta, Tulio Cordero, Rafael
Hernández, Henry Santos Lora, Pedro Camilo, Carmen Comprés, Artagnan
Pérez Méndez, Oscar Holguín-Veras, Carmen Pérez Valerio, Pedro Ovalles,
Jaime Tatem Brache, Manuel Llibre, Víctor Saldaña, Rafael P. Rodríguez, Jim
Ferdinand, Guillermo Pérez Castillo, Ángel Rivera Juliao y Roberto José
Adames, entre otros.
5. Los grupos literarios han jugado un rol significativo en la Generación del 90,
entre los cuales hay que citar: el Grupo Atalaya, de Constanza, con Julio
Adames; el Federico García Godoy, de La Vega, con Rafael Hernández; el
Grupo de Escritores de Santiago, con Fernando Cabrera; el Virgilio Díaz
Grullón, de Santiago, con Enegildo Peña; el Domingo Moreno Jimenes, de
Santiago, con Carmen Pérez Valerio; Narradores de Santiago, con Máximo
Vega; el Manuel Valerio, de Santo Domingo, con José Frank Rosario; el Chery
Jimenes Rivera, de Monte Cristi, con Vidal Adolfo Cabrera; el Franklin Mieses
Burgos, de San Francisco de Macorís, con Ramón Antonio Jiménez; el Virginia
Elena Ortea, de Puerto Plata, con Guillermo Pérez Castillo; el Flérida de
Nolasco, de La Romana, con José López; el Octavio Guzmán Carretero, de
Moca, con Pedro Ovalles; y el Manuel del Cabral, de Constanza, con Roberto
José Adames.

Un movimiento literario se funda en una tendencia


estética que comparten diversos creadores para
LOS hacer una obra conforme los principios inspirados
en un ideal de creación. La tendencia literaria se
fundamenta en una orientación estética y suele
NUEVO prohijar una corriente literaria como variante de un
movimiento. Por ejemplo, el Indigenismo es una
corriente del Romanticismo, que es el movimiento
S literario inspirador.

Cuatro tendencias estéticas vieron la luz en los

MOVIM últimos decenios del siglo XX: El Pluralismo de


Manuel Rueda, la Poética del Pensar de José
Mármol, el Contextualismo de Cayo C. Espinal

IENTO y el Interiorismo de Bruno Rosario Candelier.

S EL
LITER PLURA
ARIOS En 1974 LISMO
irrumpió el
Pluralismo, movimiento literario de
vanguardia creado por Manuel Rueda en la
capital dominicana. Las reacciones de adhesión y de rechazo surgieron de
inmediato y hubo firmantes del Manifiesto Pluralista, que avalaron la propuesta
de creación ilustrada en Con el tambor de las islas. Diferentes suplementos
literarios dieron cabida a los textos de la nueva poética, como el suplemento
cultural de El Nacional, en el que aparecieron las «Bases teóricas del
Pluralismo», cuyo creador dio a conocer sus postulados en conferencias,
charlas y tertulias.

Características:
1. Creación de una corriente literaria integradora que aúna diferentes aportes
técnicos de la Modernidad.

2. Elaboración del bloque poético o pluralema para la expresión de la


multivocidad.

3. Superación del verso lineal, mediante un bloque que integra formas


aleatorias de lecturas e interpretación.

4. Empleo de recursos experimentalistas.

5. Incorporación de diferentes formas musicales, cromáticas, gráficas y


verbales.

6. Adecuación de la formalización literaria a una veta temática enraizada en la


tradición nacional, desde el folklore hasta la expresión erudita.

7. Uso de la lengua en su potencia creadora, desde los recursos


onomatopéyicos hasta sus connotaciones simbólicas.

8. Acopio de la palabra como «célula polisémica» en la que un término genera


su contrario, mediante motivos y contramotivos.

9. Recreación del mito y de los recursos imaginativos del decir poético.

10. Poética generativa a partir de la cual una palabra genera asociaciones y


aleaciones sonoras, sintácticas y semánticas.

Autores y obras pluralistas


Manuel Rueda Cayo Claudio Espinal

Con el tambor de las islas. Banquetes de aflicción.


Las edades del viento. Utopía de los vínculos.
Alexis Gómez Rosa José Enrique García

Pluróscopo. El fabulador.

Enrique Eusebio

Consignas y subversiones.

En la década de los 80 cobra fuerza la promoción

POÉTI
poética que emerge al inicio de esa década en la
capital dominicana bajo la orientación de José
Mármol. Con el nombre de POÉTICA DEL

CA
PENSAR emergió al escenario literario una
vigorosa promoción de creadores que articularon
una nueva tendencia estética con todas las

DEL
características de un movimiento literario.

Es la línea dominante de la llamada Generación


de los 80, que en realidad es una promoción
PENSA literaria surgida con la crisis de los valores, el

R
cuestionamiento a los postulados socializantes y la frustración de expectativas
y utopías. Los integrantes de esta promoción se han replegado en sí mismos
para buscar respuestas a sus inquietudes existenciales, pero al no secundar
los valores trascendentes de la espiritualidad, aumenta su angustia, que se
traduce en desgarradores testimonios reflexivos de sus estados de conciencia.
Centrada en una creación poética de inspiración existencialista, los miembros
de esta promoción de intelectuales encabezados por José Mármol y Plinio
Chahín fincan su visión literaria en el lenguaje mismo con la consiguiente
reflexión sobre el hombre y su obra mediante la exploración de motivos de
corte introspectivo y tono angustioso, con los temas de la soledad, el miedo, la
angustia, la muerte y el horror vacui enfocados con los recursos imaginativos
de la palabra y la onda estética y simbólica de su creatividad.

Ahondan en el pesar, la angustia existencial y la crisis de conciencia.


Admiradores de J. L. Borges, Fernando Pessoa y Constantino Cavafis, son
analíticos y reflexivos sobre temas de la cotidianidad, con el humor y el
desgarro, al tiempo que ponen la fe en la creación literaria como fuente de
realización personal. Entre las obras de su líder principal, José Mármol, se
destacan Encuentro con las mismas otredades, La invención del día y La
Poética del Pensar. Integrantes: José Mármol, Plinio Chahín, Dionisio de Jesús,
Médar Serrata, Miguel D. Mena, Tomás Castro, Miguel Collado, Adrián Javier,
Rafael García Romero, Ramón Tejada Holguín, René Rodríguez Soriano, José
Bobadilla, Fernando Cabrera, José Alejandro Peña, Juan Manuel Sepúlveda,
Martha Rivera, León Félix Batista, César Zapata y otros.

La Generación del 90 del siglo xx vio el nacimiento de dos nuevos movimientos


literarios:

Fue creado en San Francisco de Macorís por


Cayo Claudio Espinal; y el Interiorismo, de
EL inspiración clásica y orientación mística bajo el
modo de ficción trascendente, fue creado en Moca
por Bruno Rosario Candelier.
CONTE El Contextualismo es un movimiento
experimentalista que aspira a implantar una nueva

XTUAL modalidad estética fundada en una teorización


sobre el quehacer poético. Esta nueva pauta
creadora pretende una ruptura con las poéticas

ISMO prevalecientes. El creador de este movimiento,


Cayo Claudio Espinal, había ampliado el abanico
poético hacia los dominios imaginarios y
trascendentes con Acontecen neblinas, pero
cuando apareció el Pluralismo se alió a ese movimiento con su poemario
Banquetes de aflicción. Mediante «La mampara», el poeta asume la idea de
contexto (razón por la cual el suscrito denominó contextualista su poética),
como confluencia de planos y niveles y al advertir que el texto, como la
realidad, tiene múltiples facetas y texturas, cada una de ellas revela la peculiar
condición que hace de su suma una realidad compleja, diversa y contradictoria,
intento que podría ofrecer nuevas posibilidades expresivas.

Sin embargo, el aliento estético se ve sofocado por los endosos


contextualizadores. La apelación para decidir entre «la aventura y el orden»,
según los términos de Guillaume Apollinaire, esa lucha en que se han debatido
algunos creadores entre la tradición (orden) o la renovación (aventura), polariza
la ruta de la imaginación. Aunque la experimentación no alienta el placer
estético, entendemos que debe haber creadores que se casen con la
vanguardia y que indaguen senderos expresivos con nuevos caminos formales
para enrumbar la literatura hacia la modernidad. Desde luego, la gran literatura
de todos los tiempos es aquella que aporta, desde el trasfondo espiritual de su
búsqueda, un nuevo sentido al cultivo de la belleza y el flechazo del misterio
bajo la motivación profunda de la inspiración creadora. Como aliado del
Pluralismo, Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal, representó la
primera variante pluralista significativa, con la angustia metafísica como
trasfondo. Con la técnica plural cobra potencia la multivocidad y, en
consecuencia, el lenguaje poético se carga de una propiedad mágica: multiplica
sus sentidos, preña de misterio la significación y no se agota en una lectura su
caudal de connotaciones. En Cayo Claudio Espinal la pluralidad formal se
asocia a una pluralidad conceptual, puesto que su máxima aspiración es dar
con la fórmula que explique la condición infinita del hombre, según su visión
poética. De ahí su interés en penetrar en la esencia de la naturaleza, en la
lucha que libran los seres para ser y existir, con el fin de superar el conflicto
entre la vida interior y la exterior, la confrontación de los contrarios que subyace
a su creatividad. Cayo Claudio Espinal alcanzó notoriedad con «Acontecen
neblinas», publicado en El Nacional en 1975 y con tres libros de corte
pluralista: Banquetes de aflicción, Utopía de los vínculos y la obra
contextualista Comedio, de 1993. En Banquetes de aflicción, Espinal se da a
conocer como un joven poeta maduro, no solo por la densidad de sus
planteamientos filosóficos, sino por la forma de asumir los influjos del
Surrealismo, las huellas culturales de autores griegos como Platón, Eurípides y
Homero, los ecos nutrientes de poetas modernos como William Blake, Artur
Rimbaud y Rainer María Rilke y de los nacionales Rafael Américo Henríquez,
Franklin Mieses Burgos y Manuel Rueda, con un arsenal cultural de Oriente y
Occidente, que se remonta a la cultura persa y la hindú y desciende a las
raíces folklóricas nacionales, entroncándolos al mito criollo de la ciguapa y
algunos elementos de la fauna y la flora dominicanas. En «La mampara», que
el suscrito dio a conocer en Coloquio, el suplemento literario de El Siglo, el 14
de octubre de 1989, Cayo Claudio Espinal se propuso ampliar el texto con
nuevos contextos, para lo cual: a) busca mecanismos de asociación con el
concurso de diferentes disciplinas (artísticas, científicas y filosóficas); b) crea
una idea del universo en su heterogeneidad y multivocidad; c) aplica la teoría
de la desconstrucción (Derrida, Greimas, Wittgenstein); d) trabaja la
confluencia de géneros, discursos, corrientes, creencias y teorías; e) usa los
recursos del metatexto y la metapoesía, con superposiciones
espaciotemporales, motivos delirantes y reflexiones sobre la creación poética.
En su intento de crear varios planos que se modifiquen o se complementen,
añade formas y sentidos por la vía de contextos o yuxtaposiciones
referenciales por lo que se acentúa, sin embargo, la parte conceptual no
poética en menoscabo de la dimensión estética mediante el empleo de un
lenguaje técnico y especializado de la corriente experimentalista que acentúa el
papel de la inteligencia en detrimento de la sensibilidad. Por esa razón, a esta
tendencia se le puede objetar que su poética constituye: a) una variante del
Pluralismo; b) un predominio de lo conceptual en detrimento de la vivencia
estética; y c) un rejuego verbalista mediante vacuos entretenimientos
experimentalistas que actúan como retruécanos de la conciencia. Integrantes:
Cayo Claudio Espinal, Comedio; Manuel Llibre, Serie de senos; Víctor Saldaña,
Sombra de nada y Pastor de Moya, Cuentos. Historia general del pueblo
dominicano 661 El Interiorismo Movimiento literario creado y orientado por
Bruno Rosario Candelier bajo un nuevo modo de ficción trascendente. Esta
nueva tendencia estética, impulsada por el Ateneo Insular, la organización de
escritores y grupos literarios que promueve la Poética Interior, ha implantado
una nueva sensibilidad mediante el cultivo literario. Esta tendencia literaria
promueve el enfoque de la realidad trascendente, testimonia el impacto de lo
real en la conciencia y procura la intuición de verdades profundas mediante la
expresión de la belleza trascendente y el cultivo de los valores interiores a favor
de una visión espiritual y estética. El Movimiento Interiorista aglutina a los
escritores con vocación por la interioridad y la trascendencia con el fin de
potenciar la creación literaria hacia dimensiones profundas y esenciales. La
opción estética del Interiorismo induce a que cada escritor se encuentre a sí
mismo y se instale en el interior de la cosa mediante la contemplación de lo
viviente para hacer la obra que formalice la voz interior, los efluvios de la
realidad trascendente y la dimensión interna y mística de lo real, de manera
que pueda hallar su propio camino interior y orillarlo desde su propia
sensibilidad con el concurso de la intuición, el lenguaje, la memoria y las
vivencias para testimoniar su peculiar percepción del mundo mediante la
expresión de la verdad poética, que es siempre personal y la canalización de la
voz universal, como legado de la sabiduría cósmica. El creador interiorista se
instala en el interior de la cosa para atrapar su valor y su sentido, bajo los
siguientes principios: a) enfoque de la realidad trascendente para testimoniar la
dimensión interior de lo existente con el sentido de hechos, fenómenos y cosas;
b) canalización de la reacción interior que lo real produce en la conciencia; c)
objetivación de la faceta esencial de lo real mediante la imagen que evoca o
sugiere su rasgo sustancial; d) interiorización y coparticipación de la vertiente
interna y mística de lo viviente en procura de la verdad profunda y la belleza
sublime. Como estética literaria de introspección y trascendencia, el
Interiorismo revela la verdad subjetiva de las cosas expresada como certeza de
la conciencia mediante el lenguaje de la intuición. La Poética Interior recupera
el sentido originario de la creación: postula que las cosas son conocibles en su
interioridad y esa dimensión entrañable la asume como sustancia de la
creación; enfatiza que la creación literaria ha de fundar una realidad estética,
interior y profunda, que es igual y distinta de la cosa que la inspira, que
convierte en sustancia de la creación literaria; y confirma que la obra del
creador produce en la conciencia una verdad o sabiduría que entusiasma,
ilumina y edifica.

El Interiorismo procura crear una literatura profunda y trascendente mediante:


1. Instalación del sujeto creador en el interior de la cosa para asumir su
esencia, su sentido o su valor. 2. Ponderación del impacto del mundo
circundante en el interior de la conciencia. 3. Identificación sensorial,
intelectual, afectiva y espiritual con lo viviente. 4. Expresión de los valores
interiores, como empatía universal, ternura cósmica, soledad sonora y silencio
contemplativo. 5. Creación o revelación de la verdad profunda y la belleza sutil.
6. Exaltación de los valores universales, como la verdad metafísica, la belleza
sublime o el bien supremo. 7. Aplicación de los poderes interiores (intuición,
memoria, reflexión, aliento creativo y visión amorosa del Mundo). 8.
Canalización de la voz interior y la voz universal. 9. Sentimiento de pertenencia
a la Totalidad. 10. Convicción de nuestro vínculo entrañable con la Fuerza
Espiritual del Universo. Para lograr una creación interiorista es necesario: 1.
Tomar conciencia de la instalación del sujeto creador en el interior de cosas y
fenómenos para asumir interiormente lo contemplado. 2. Articular, en una
visión integral y armoniosa, formas, procedimientos y valores plasmados en las
grandes creaciones de la literatura universal. 3. Recrear el entusiasmo lírico
que transmite una visión amorosa, original y auténtica de nuestra percepción
singular del mundo en su dimensión esencial, interna y mística. 4. Asumir un
tono empá- tico para establecer un vínculo de identificación intelectual y
emocional con la cosa. 5. Elaborar la imagen interior que fusiona lo sensible y
lo intangible para la percepción de la realidad trascendente. El Interiorismo es
el primer movimiento literario dominicano que ha logrado una proyección
internacional en Latinoamérica y Europa. Con el apoyo del Ateneo Insular, tiene
una red de grupos y escritores aglutinados bajo un plan de acción cultural. Es
la primera organización de escritores que ha fundado quince grupos literarios
en el país y otros tantos en el exterior. Sus creadores sesionan periódicamente
en diferentes poblaciones del país y celebran sus convivencias literarias con un
sentido de crecimiento, armonía y creatividad. Integrantes: Bruno Rosario
Candelier, Pedro José Gris, José Frank Rosario, Iki Tejada, Sally Rodríguez,
Ramón Antonio Jiménez, Tulio Cordero, José Acosta, Guillermo Pérez Castillo,
Carmen Pérez Valerio, Ángel Rivera Juliao, Johanna Goede, Manuel Salvador
Gautier, Pura Emeterio Rondón, Emilia Pereyra, Oscar Holguín-Veras,
Artagnan Pérez Méndez, Rafael García Romero, Teresa Ortiz, Carmen
Comprés, Roberto José Adames, Jaime Tatem Brache, León David, Joifre
Pimentel, José López Larache, Miguel Solano, Isael Pérez, Emilia Pereyra,
Ofelia Berrido, Bárbara Moreno, Arsenio Díaz, Rosa Julia Vargas, Fausto
Leonardo Henríquez, Minelys Sánchez, Valentín Amaro, Historia general del
pueblo dominicano 663 Leopoldo Minaya, Eduardo Tavárez Justo, Eduardo
Gautreau de Windt, Fari Rosario, Farah Hallal, Gahston Saint-Fleur, Sélvido
Candelaria, Henry Santos Lora y otros. Desde su fundación en 1990, el Ateneo
Insular ha fomentado la formación de grupos literarios, como el Octavio
Guzmán Carretero, en Moca; el Salomé Ureña y el Virginia Elena Ortea, en
Puerto Plata; el Chery Jimenes Rivera, en Monte Cristi; el Juan de Jesús
Reyes, en Mao; el Domingo Moreno Jimenes, en Santiago; el Franklin Mieses
Burgos, en San Francisco de Macorís y Santo Domingo; el Federico García
Godoy y el Rubén Suro en La Vega; el Máximo Avilés Blonda, en Jarabacoa; el
Manuel del Cabral, en Constanza; el Javier Angulo Guridi y el Manuel Valerio,
en Santo Domingo; el Flérida de Nolasco, en La Romana; el Freddy Gatón
Arce, en San Pedro de Macorís; el Tomás Morel, en San José de Las Matas; el
Hilma Contreras, en San Francisco de Macorís y otros en el exterior que
funcionan en calidad de Correspondientes del Movimiento Interiorista del
Ateneo Insular Internacional. El Interiorismo ha estimulado la gestación de
autores fundamentales en las letras dominicanas, entre los cuales figuran
Pedro José Gris, José Frank Rosario, Tulio Cordero, Iki Tejada, Sally
Rodríguez, Carmen Comprés, Manuel Salvador Gautier, Pura Emeterio
Rondón, Julio Adames, José Acosta, Guillermo Pérez Castillo, Emilia Pereyra,
Nelson Minaya, Jaime Tatem Brache, Pedro Camilo, Rafael García Romero,
Ramón Antonio Jiménez, Roberto José Adames, Blas Jiménez, Carmen Pérez
Valerio, Ángel Rivera Juliao, Ofelia Berrido, Fausto Leonardo Henríquez y
Leopoldo Minaya, entre otros. Autores y obras: Bruno Rosario Candelier: El
sueño era Cipango, La búsqueda de lo Absoluto, El Movimiento Interiorista, La
pasión inmortal, Poesía mística del Interiorismo y otras. Pedro José Gris: Las
voces, Salmodia de los saltos; José Frank Rosario: Entre el polvo y la ceniza;
Ramón Antonio Jiménez: Crónica circular, Apología del insomnio, La presencia
del miedo; Oscar de León Silverio: Nostalgia de lo Eterno; Iki Tejada: Un latido
en el bosque; Julio Adames: Huéspedes en la noche; León David: Parábola de
la verdad sencilla; Tulio Cordero: Si el alba se tardara, Latido cierto, La sed del
junco, La noche, las hojas y el viento; Johanna Goede: Aún no sé qué nombre
ponerle; Ida Hernández: Viajera del polvo; Carmen Sánchez: Descalza entre
piedras; Roberto José Adames: Antología del suicidio; José Acosta:
Destrucciones; Carmen Pérez Valerio: Rumor cotidiano; Ángel Rivera Juliao:
Ángel de luz, Memoria de la sal; Guillermo Pérez Castillo: Insondable acecho;
Manuel Salvador Gautier: Serenata, Balance de tres, Celebración de la
primavera, El asesino de las lluvias; Emilia Pereyra: Coctel con frenesí; Fausto
Leonardo Henríquez: La isla presentida; Jaime Tatem Brache: Rituales de la
lluvia; Ofelia Berrido: El Sol secreto. 664 Literatura dominicana contemporánea.
Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 El Interiorismo tiene el
mérito de aglutinar decenas de grupos literarios creados bajo su inspiración
estética con la mayor matrícula de integrantes en el territorio nacional y, sobre
todo, constituye el primer movimiento literario dominicano que ha alcanzado
una proyección internacional, razón por la cual la nueva acepción que este
movimiento ha aportado al ánfora del lenguaje ya ha sido registrada en varios
diccionarios, incluido el de la Real Academia Española, lo que le acredita el
reconocimiento como tendencia estética de nuestra lengua, categoría que
avala el aporte de su formulación estética y el legado literario de sus creadores.
Las dos grandes tendencias estéticas finiseculares, el Contextualismo y el
Interiorismo, aglutinaron a los mejores creadores de la Generación del 90. Sin
embargo, valiosos integrantes de esa generación optaron por una orientación
ecléctica y abierta a diferentes influjos estéticos, como Nan Chevalier, Basilio
Belliard, Modesto Acevedo, Homero Pumarol, Rita Indiana Hernández, Frank
Martínez, Máximo Vega, Eloy Alberto Tejera, Pedro Antonio Valdez y Ángela
Hernández, entre otros. Géneros literarios: narrativa, poesía y teatro El auge de
la novela La creación de la novela, el género literario que mejor da cuenta de la
realidad histórica y cultural de un país en virtud del caudal de referencias
antropológicas, lingüísticas y sociográficas en cuya temática aflora lo nacional,
lo popular y lo culto, responde al desarrollo material y social de un país y en las
últimas décadas del siglo xx se ha intensificado con el avance de las técnicas
novelísticas, la cosmovisión de los autores con su peculiar sensibilidad y la
invención de la imaginación aliada a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Las
novelas importantes de nuestro pasado literario, como las de Pedro Francisco
Bonó, Manuel de Jesús Galván, Francisco Gregorio Billini, Federico García
Godoy, Tulio M. Cestero, Juan Bosch, Alfredo Fernández Simó, Ramón Lacay
Polanco, Manuel A. Amiama y Julio Vega Batlle en la primera mitad del siglo
xx, alimentaron las creaciones novelísticas de autores contemporáneos como
Carlos Federico Pérez, Freddy Prestol Castillo, Marcio Veloz Maggiolo, Carlos
Esteban Deive, Ramón Emilio Reyes, Ángel Hernández Acosta, Aida
Cartagena Portalatín, Pedro Mir, Virgilio Díaz Grullón, Manuel Mora Historia
general del pueblo dominicano 665 Serrano, Pedro Vergés, Diógenes Valdez,
Andrés L. Mateo, Ricardo Rivera Aybar, Julia Álvarez, Bruno Rosario Candelier,
Manuel Matos Moquete, José Enrique García, Emilia Pereyra, Manuel Salvador
Gautier y Ofelia Berrido en la segunda mitad de la vigésima centuria, mediante
la creación de novelas que reflejan al hombre y el paisaje dominicanos con sus
rasgos lingüísticos, su talante cultural y la realidad histórica y social. La novela
dominicana tiene, según mi valoración teórica, tres grandes tendencias en su
trayectoria creativa: • La tendencia histórica, con tres corrientes: a) Novela
indigenista (Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván, y Toeya, de Virginia de
Peña de Bordas); b) Novela costumbrista (Baní o Engracia y Antoñita, de
Francisco G. Billini y Medalaganario, de Jacinto Gimbernard Pellerano); y c)
Novela histórica (Guanuma, de Federico García Godoy y El sueño era Cipango,
de Bruno Rosario Candelier). Con ese sentido del pasado, la tendencia
histórica cuyos lineamientos programáticos fueron prestigiados por Walter Scott
y que en nuestro país aplicó ejemplarmente Manuel de Jesús Galván en
Enriquillo, ha sido la tendencia dominante en la evolución del género en las
letras dominicanas. • La tendencia social, con tres corrientes: a) Novela socio-
realista (La Mañosa, de Juan Bosch y Tiempo para héroes, de Manuel Salvador
Gautier); b) Novela socio-política (Over, de Ramón Marrero Aristy, y Cuando
amaban las tierras comuneras, de Pedro Mir); c) Novela criollista (Guazábara,
de Alfredo Fernández Simó y Tracaveto, de Francisco Nolasco Cordero); y d) la
vertiente existencialista (En su niebla, de Ramón Lacay Polanco y Nostalgia de
la nada, de Teté Robiou). • La tendencia experimental, con tres corrientes: a)
Novela urbana (Lucinda Palmares, de Diógenes Valdez y La ciudad herida, de
Carlos Federico Pérez; b) Novela vanguardista (Los ángeles de hueso, de
Marcio Veloz Maggiolo, y Goeíza, de Manuel Mora Serrano) y c) Novela
cosmopolita (Escalera para Electra, de Aída Cartagena, y Mutanville, de Arturo
Rodríguez Fernández). • La tendencia interiorizadora, que gestó la vertiente
identidista con Julia Álvarez en De cómo las chicas García perdieron su acento
y la vertiente mística impulsada Bruno Rosario Candelier con El sueño era
Cipango. Esas tendencias y vertientes novelísticas se entroncan con sus
respectivas generaciones literarias: la tendencia histórica, con la Generación
Romántica de 1870; la tendencia social, con la Generación Socio-Realista de
1930; la 666 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y
géneros literarios, 1960-2000 tendencia experimental, con la Generación
Mágico-Realista de 1960 y la Tendencia Interiorizadora, con la Generación
Identidista de 1990. Por su entronque con la realidad social,3 el novelista es el
escritor que da el testimonio más completo de su tiempo, al explorar los
secretos de la intrahistoria o bosquejar la radiografía espiritual de su sociedad.
Según Georg Lukács, la novela responde a una búsqueda «demoníaca» de los
verdaderos valores que transforman el mundo degradado, de manera que el
héroe se comporte como ser antagónico respecto a la realidad que cuestiona o
rechaza.4 Si la novela es un reflejo de la madurez sociocultural de un pueblo, el
novelista capta la realidad en sus expresiones antropológicas, sociales,
psicológicas y culturales. El novelista toma en cuenta aspectos que a menudo
margina el historiador, el periodista o el sociógrafo, pues como dijera Alberto
Zum Felde, «la intrahistoria no la escriben los historiadores sino los
novelistas».5 La intrahistoria comprende lo que no se ve, lo que subyace en la
base de hechos y conflictos que, al menos para el novelar que ausculta el
trasfondo de la historia, es más importante que lo que se ve. Desde el punto de
vista del modo de ficción, la novela dominicana ha oscilado entre el modo
realista y el modo imaginario, con una ocasional incursión del modo
trascendente.6 Hasta la fecha el tercer modo de ficción, el modo trascendente
o metafísico, solo cuenta en la novelística dominicana con cuatro novelas
adscritas al ámbito de la realidad trascendente: Frondas alucinantes de Alfredo
Fernández Simó, El sueño era Cipango de Bruno Rosario Candelier, La mosca
soldado de Marcio Veloz Maggiolo y El Sol secreto de Ofelia Berrido. El
novelista ha de pensar como narrador, en cuya virtud crea mundos imaginarios,
escenas narrativas ficticias, personajes inventados. Si corresponde al poeta
pensar en imágenes sensoriales, el novelista ha de crear mundos imaginarios a
través de los cuales formaliza hechos, personajes y ambientes que concibe su
ficción, que mediante la estructura del género, organiza obsesiones y
proyectos, funda tramas y vivencias, coordina hechos y apelaciones creadoras.
El novelista nutre su ficción en los fondos dramáticos de los conflictos
profundos, razón por la cual ha de ahondar en las raíces de los
acontecimientos que afectan a la sociedad. Pero como nos advierte Lionel
Trilling: «[…] somos criaturas de la época, criaturas del sentido histórico, no
solo como lo fueron siempre los hombres, sino en un nuevo sentido desde los
tiempos de Walter Scott.7 La realidad sociográfica dominicana pautó en el
pasado la primacía de la novela tradicional con el predominio de la sociedad
rural y, con el auge de la sociedad urbana en los tiempos contemporáneos, la
primacía de la novela moderna. La modernidad en la novelística cuenta con un
valioso precursor Historia general del pueblo dominicano 667 en la figura de
Ramón Lacay Polanco, que aplicó por vez primera en la novelística dominicana
recursos modernizantes del novelar, al introducir el Existencialismo en las
letras dominicanas con las novelas Hombre de piedra y En su niebla.
Corresponde, sin embargo, a Marcio Veloz Maggiolo, como líder de la
vanguardia novelística dominicana, el título de introductor de la
experimentación novelística con El buen ladrón, La vida no tiene nombre, Los
ángeles de hueso, De abril en adelante y Materia prima, entre otros títulos. Los
70 implantan definitivamente la ruptura de los viejos moldes narrativos con
Escalera para Electra, de Aida Cartagena Portalatín; Anadel, de Julio Vega
Batlle; El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo; Lucinda Palmares,
de Diógenes Valdez; Cuando amaban las tierras comuneras, de Pedro Mir;
Carnavá, de Ángel Hernández Acosta; Mutanville, de Arturo Rodríguez
Fernández; Currículum de Efraím Castillo; Solo cenizas hallarás (Bolero), de
Pedro Vergés; Goeíza, de Manuel Mora Serrano y Tu sombra 3, de Francisco
Nolasco Cordero. El proceso de desarrollo de nuestra novelística ha visto la
gestación de cuatro ciclos narrativos significativos: • El ciclo de la montonera
(La Mañosa de Juan Bosch, La Cacica de Rafael Damirón, Guazábara de
Alfredo Fernández Simó). Las novelas de las revoluciones montoneras cobró
impulso al inicio del régimen político ejercido en el lapso de 1930-1961 cuyo
gobierno aplasta los levantamientos armados que protagonizaban las
revoluciones montoneras y decapita a los caudillos revolucionarios que se
levantaban contra los gobiernos establecidos (Desiderio Arias, Ciprián
Bencosme, Juancito Rodríguez) y, desde luego, se aúpan las novelas que
combaten los levantamientos armados y contribuyen a sostener el status quo
del ré- gimen establecido (Enriquillo de Manuel de Jesús Galván, Guanuma de
Federico García Godoy, La sangre de Tulio Cestero, La Mañosa de Juan
Bosch). • El ciclo de la caña (Cañas y bueyes, de Francisco Moscoso Puello;
Over, de Ramón Marrero Aristy; El terrateniente, de Manuel A. Amiama). El
ciclo sobre las novelas de la caña, que florece al principio del régimen tiránico
como una reacción interna contra la explotación que las leyes amparaban en
desmedro de los asalariados de los ingenios azucareros. La novela de la caña
inspiró después La vida no tiene nombre, de Marcio Veloz Maggiolo y Tiempo
muerto, de Avelino Stanley. • El ciclo de tema bíblico (El Buen Ladrón, de
Marcio Veloz Maggiolo; Magdalena, de Carlos Esteban Deive y El testimonio,
de Ramón Emilio 668 Literatura dominicana contemporánea. Grupos,
tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Reyes). Este ciclo crea un novelar
inspirado en temas y personajes bí- blicos, que surge en los finales del
gobierno de Trujillo, constituye un vehículo, indirecto y traslaticio, de denuncia
de los abusos del régimen dictatorial mediante un procedimiento simbólico que,
al tiempo que formulaba subrepticiamente una denuncia, evitaba que peligrara
el pellejo de sus autores porque esas novelas se situaban en tiempos de Jesús
y, por tanto, los males apuntados eran los del Imperio romano. Esas tres
novelas son obras ejemplares por la dimensión espiritual de su contenido y la
caracterización de sus personajes, ubicados en la Galilea del Nazareno. Son
novelas inspiradas en la Biblia y denuncian los asesinatos y la prepotencia de
las autoridades imperiales y a través de esa denuncia condenaban sutilmente
los atropellos del régimen que sus autores conocían vivencialmente. • El Ciclo
del dictador desarrolla hechos y actitudes bajo la dictadura, directa o
indirectamente (En tiempos de las mariposas, de Julia Álvarez; Ritos de
cabaret y Uña y carne, de Marcio Veloz Maggiolo; La balada de Alfonsina
Bairán, de Andrés L. Mateo; Juro que sabré vengarme, de Miguel Holguín-
Veras; Domini canes, de Bernardo Vega; Al cruzar el Viaducto, de Artagnan
Pérez Méndez; Musiquito, de Enriquillo Sánchez; Tartufo y las orquídeas, de
Diógenes Valdez; Bienvenida y la noche, de Manuel Rueda; Toda la vida y
Tiempo para héroes, de Manuel Salvador Gautier. • El ciclo de novelas del
dictador cobra fuerza con la generación de escritores que surgieron tras la
caída de Trujillo, ya que tiene no solo distancia y perspectiva para enfocar la
naturaleza de ese régimen político sino que, además, sus autores están libres
del miedo que inspiraban sus secuaces y verdugos, lo que les permitió escribir
libremente sobre la realidad de un despotismo despiadado. Esas novelas
enfocan al dictador desde el dominio omnipresente de su figura todopoderosa
hasta las secuelas en la población que producía esa manera de ejercer el
poder. Los autores de esas novelas, lo mismo si sufrieron las penas del exilio
(Julia Álvarez con En el tiempo de las mariposas, Manuel Salvador Gautier con
Toda la vida) o si fueron beneficiados por el régimen (Manuel Rueda con
Bienvenida y la noche, Virgilio Díaz Grullón con Los algarrobos también
sueñan) condenan, mediante la ficción, la realidad nefasta que la dictadura
prohijó. Después del régimen de los 30 años, autores que vivieron la época
publicaron novelas con el tema del dictador, como La ciudad herida, de Carlos
Federico Pérez; Papaján, de Francisco Nolasco Cordero; Los algarrobos
también sueñan, de Virgilio Díaz Grullón; Bienvenida y la noche, de Manuel
Rueda y Historia general del pueblo dominicano 669 otras. En pleno régimen
dictatorial se habían publicado algunas novelas sobre la dictadura, como
Cementerio sin cruces, de Andrés Francisco Requena o Trementina, clerén y
bongó de Julio González Herrera, que circularon con más profusión tras la
caída del Jefe. La década de los 90 del siglo xx vio un florecimiento del ciclo del
dictador como tema central o tema de trasfondo con la presencia del caudillo
gobernante en la vida social del pueblo dominicano y las implicaciones
emocionales de la dictadura en la psicología colectiva sofrenada por el miedo.
El tema de la dictadura enfoca los efectos del régimen en la conducta de los
personajes o las reacciones emocionales de la gente ante el poder avasallante.
La producción de novelas es imparable. Autores de promociones precedentes,
como Manuel del Cabral (El presidente negro); Juan Bosch (El oro y la paz),
Aida Cartagena Portalatín (La tarde en que murió Estefanía); Freddy Prestol
Castillo (Pablo Mamá); Joaquín Balaguer (Los Carpinteros); Virgilio Díaz
Grullón (Los algarrobos también sueñan) y de las promociones
contemporáneas, como Teté Robiou (La nostalgia de la nada); Marcio Veloz
Maggiolo (Biografía difusa de Sombra Castañeda, La mosca soldado o El
hombre del acordeón); Andrés L. Mateo (La balada de Alfonsina Bairán, El
violín de la adúltera); Pedro Peix (El brigadier o La fábula del lobo y el
sargento) y Diógenes Valdez (Tiempos revocables) remozan el cultivo de la
novela. Otras novelas importantes por la historia que narran, como Escalera
para Electra de Aida Cartagena, De abril en adelante de Marcio Veloz Maggiolo
o Cuando amaban las tierras comuneras de Pedro Mir, parámetros de la
modernidad, sin embargo flaquean por el exceso de experimentación o por
ignorar la ley de la transformación, fundamental entre las leyes novelísticas. El
hecho de que en 150 años de historia del género, apenas 10 o 12 novelas
complementan cabalmente las exigencias del género, revela el precario
desarrollo de nuestra novelística y manifiesta el porqué no hemos podido
colocar una novela dominicana en la competencia internacional.8 Varias
novelas impactan por la asunción de una temática vinculada a la realidad
social, como El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo; Solo cenizas
hallarás (Bolero), de Pedro Vergés; Cuando amaban las tierras comuneras, de
Pedro Mir; Balance de tres, de Manuel Salvador Gautier o El hombre del
acordeón de Marcio Veloz Maggiolo. Aunque hay muchos novelistas, los
escritores dominicanos con una sólida ejecutoria novelística son Marcio Veloz
Maggiolo, Roberto Marcallé Abreu y Manuel Salvador Gautier. Hay novelas
importantes por su historia en sí misma y la forma de conducirla, como Las
devastaciones, de Carlos Esteban Deive; Materia prima, de 670 Literatura
dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-
2000 Marcio Veloz Maggiolo; La balada de Alfonsina Bairán, de Andrés L.
Mateo o El testimonio, de Ramón Emilio Reyes. Mientras La vida no tiene
nombre, de Marcio Veloz y El terrateniente, de Manuel A. Amiama, ubican sus
historias en el Este del país; Carnavá, de Ángel Hernández Acosta; Pablo
Mamá, de Freddy Prestol Castillo y Los Carpinteros, de Joaquín Balaguer,
reviven el ámbito cultural sureño de la tierra dominicana. En cambio, novelas
como Goeíza, de Manuel Mora Serrano; El rastro de Caín, de Rosa Julia
Vargas, y Al cruzar el Viaducto, de Artagnan Pérez Méndez, se desarrollan en
el Cibao. En las letras dominicanas actuales hay un impulso del novelar con
autores consagrados y bisoños. Citamos los nombres de Eduardo Álvarez (El
Fuerte de la Navidad); Tirso Toribio (La muerte de Jacinto Mendoza); Sueko
(Rapto); Andrés L. Mateo (La balada de Alfonsina Bairán); Frank Núñez (La
brega); Manuel Rueda (Bienvenida y la noche); Bruno Rosario Candelier (El
sueño era Cipango); Avelino Stanley (Catedral de la libido); Máximo Vega
(Juguete de madera); Rafael Peralta Romero (Residuos de sombra); Manuel
Salvador Gautier (Tiempos para héroes, Serenata, El asesino de las lluvias);
Edwin Disla (Vida de un tormento, Período de sombras); Manuel Matos
Moquete (Los amantes de abril); José Enrique García (Una vez un hombre);
Efraim Castillo (Guerrilla nuestra de cada día); Luis R. Santos (Un amante
discreto) y Miguel Solano (Las lágrimas de mi papá). Los novelistas de la
Generación del 90, animados por la búsqueda de la identidad, han tenido una
importante presencia en la diáspora dominicana en los Estados Unidos de
América con Julia Álvarez (De cómo las muchachas García perdieron el
acento, En el tiempo de las mariposas, En el nombre de Salomé); Viriato
Sención (Los que falsificaron la firma de Dios) y Tomás Modesto (Los cuentos
de Mount Hope). La voz de la mujer se ha destapado en la novelística criolla
con los nombres de Carmen Imbert Brugal (Distinguida señora), Emelda
Ramos (El despojo); Emilia Pereyra (El crimen verde, Cenizas del querer,
Coctel con frenesí); Martha Rivera (Se me olvidó tu nombre), Mélida García
(Laberinto); Ofelia Berrido (El Sol secreto) y otras. Lo que no tenía nuestra
novelística del pasado, que ya lo tiene en el presente, es un pensamiento
fraguado en sus alforjas narrativas. Carecimos de una visión del mundo
expresada en la novelística nacional. Lo que los alemanes llaman
Weltannschauung, ese horizonte conceptual o filosófico a través del cual
canalizamos verdades profundas en la manera de asumir e interpretar la
realidad, tuvo una débil presencia en nuestras novelas anteriores. Ciertamente
las novelas constituyen un canal de la dianoia, es decir, una expresión de las
ideas que mueven las corrientes intelectuales o las motivaciones Historia
general del pueblo dominicano 671 que subyacen en la intrahistoria, veta
copiosa de las narraciones de largo aliento. La cosmovisión refleja el soporte
ideológico de la condición humana, ámbito privilegiado del novelar que muchos
de nuestros novelistas no han sabido aprovechar narrativamente. La
cosmovisión entraña la búsqueda de un sentido del pasado, con el trasfondo
conceptual que sustentan la acción, la conducta de los personajes o la filiación
de los acontecimientos. Además del plano de la historia y el plano sociocultural,
en la novela hay un plano simbólico y otro filosófico que comprenden el
sustrato más hondo de la novela y a menudo motivan la creación de mundos
imaginarios que dan cuenta de la rebelión del narrador, de la realidad nefasta
que rechaza o cuestiona y del mundo ficticio o utópico que propone como
antídoto del mundo degradado que adversa. Ya hay varias novelas que
reflejan, mediante su cosmovisión, un planteamiento filosófico o espiritual
profundo, como Las devastaciones, de Carlos Esteban Deive; Goeíza, de
Manuel Mora Serrano; El sueño era Cipango, de Bruno Rosario Candelier; El
reino de Mandinga, de Ricardo Rivera Aybar; La mosca soldado, de Marcio
Veloz Maggiolo; Génesis si acaso, de Ángel Garrido; El Sol secreto, de Ofelia
Berrido; Al fin del mundo me iré, de Avelino Stanley y Ubres de novelastra, de
Federico Henríquez Gratereaux, por cuanto reflejan un cuerpo conceptual que
las sustenta, paralelo al sustrato sociográfico y cultural con su fotograma
histórico, epocal y ambiental, desde su dimensión social y estética. También
están Bonaparte Gautreau Piñeyro, con la novela Al final del arco iris; Roberto
Marcallé Abreu con Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado,
Espera de penumbras en el viejo bar; Manuel Mora Serrano con la novela
mágico-realista Goeíza; Diógenes Valdez, con Lucinda Palmares. La
Universidad Católica Madre y Maestra publicó en 1966 Anadel, de Julio Vega
Batlle. En las nuevas promociones de novelistas figuran G. C. Manuel, Pedro
Peix, Manuel Salvador Gautier, Pedro Camilo, Avelino Stanley, Frank Núñez,
Luis R. Santos, Sueko (Orlando Suriel), Miguel Holguín-Veras, Julia Álvarez,
Emilia Pereyra y Ofelia Berrido entre otros. El canon de la novela dominicana
presenta las siguientes características: La aparición de la novela dominicana es
el producto del desarrollo material, social y cultural del pueblo dominicano
pautado por los procesos históricos, razón por la cual carecemos de novelas en
la época colonial. El desarrollo de la pequeña burguesía es el factor propicio
del novelar dominicano, desde El montero, de Pedro F. Bonó, primer novelista
dominicano, hasta La mosca soldado de Marcio Veloz Maggiolo, el primero en
el rango de la calidad. La novela 672 Literatura dominicana contemporánea.
Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 dominicana revela facetas
históricas, sociográficas y antropológicas con su perfil socio-cultural, ratificando
al novelista como vocero de la sociedad. El molde clásico del género, en el que
predominan las historias narradas, está presente en la mayoría de las novelas
dominicanas, desde Enriquillo de Galván hasta El Sol secreto de Ofelia Berrido.
El género novelístico ha seguido las estéticas y corrientes en boga, a menudo
con cierta arritmia o retraso en el tiempo aplicando alternativamente principios
románticos, modernistas, criollistas, socio-realistas, surrealistas,
existencialistas, mágico-realistas e interioristas. Las más importantes novelas
nacionales fincan su temática en las tragedias que han afectado a la población
dominicana en sus respectivos tiempos y circunstancias, desde Guanuma, de
Federico García Godoy hasta La mosca soldado, de Marcio Veloz Maggiolo. El
empleo de la novela como vehículo de edificación moral, filosófica o didáctica
(como Tertulia de los solterones, de Emilio Rodríguez Demorizi; Domini canes
de Bernardo Vega; Anadel de Julio Vega Batlle y Medalaganario, de Jacinto
Gimbernard) apuntala el valor documental. La aparición tardía de la novela
dominicana ha propiciado la vuelta al pasado en la asunción de temas y
motivos de nuestra vida colonial de los más importantes narradores nacionales.
Los ciclos temáticos que registra la novelística dominicana, como la novela de
las revoluciones, la novela de la caña, la novela bíblica o la novela del dictador,
refuerzan el cultivo del género en sus procesos de diversificación y desarrollo.
El clima cultural ha condicionado el desarrollo de un género literario tan
complejo y exigente como la novela que representa el más alto desarrollo
literario de un país. La circunstancia de que nuestra novelística registre tantos
novelistas de ocasión, sin la adecuada preparación o sin la vocación para
emprender con rigor y perseverancia el cultivo de la novela ha producido obras
con historias carentes de garra narrativa vigorosa o formas débiles en la
aplicación de técnicas. La novela tradicional responde al predominio de la
población rural y la moderna, a la primacía de lo urbano, que se ha
correspondido con el desarrollo de la burguesía nacional, siendo generalmente
pequeño-burgueses los cultores del género novelístico. Las prácticas
vanguardistas de la experimentación narrativa, si bien son saludables para la
apertura del género cuando se emplean con mesura, confirman el mimetismo
del escritor en cuanto a la aplicación de técnicas y recursos. Con las
excepciones de Marcio Veloz Maggiolo, Roberto Marcallé Abreu y Manuel
Salvador Gautier, nuestros novelistas carecen de una fecunda Historia general
del pueblo dominicano 673 ejecutoria que avale la consagración al género de
más largo aliento. Autores que han dedicado su vida al cultivo de la poesía o el
ensayo han sorprendido con la publicación de una novela, como Pedro Mir con
Cuando amaban las tierras comuneras, Manuel del Cabral con El presidente
negro, Manuel Rueda con Bienvenida y la noche. La obra novelística de
nuestro novelista más eminente, Marcio Veloz Maggiolo, pone de manifiesto la
veta creativa de la identidad y la memoria. Como dije en su oportunidad, hay un
tipo de memoria, que llamo memoria vicaria, mediante la cual el recuerdo ajeno
despierta la memoria propia y, en su defecto, permite aprovechar la experiencia
ajena y convertirla en materia para la creación literaria, como sucede con la
memoria histórica que permite husmear en el pasado hasta convertirla en
fuente y sustancia del novelar. La memoria vicaria no ha sido explotada, como
recurso creativo, en la novelística dominicana, como lo ha hecho el autor de La
mosca soldado. Los grandes problemas nacionales sectorizados en las zonas
regionales del país han gravitado en la novelística criolla, razón por la cual ha
predominado la tendencia histórica con el inexorable modo de ficción realista,
pero con el advenimiento del Movimiento Interiorista ha comenzado la aparición
de novelas inspiradas en el modo metafísico de ficción. Las novelas
dominicanas más representativas son: Enriquillo. de Manuel de Jesús Galván;
La sangre, de Tulio M. Cestero; La Mañosa, de Juan Bosch; Over, de Ramón
Marrero Aristy; Guazábara, de Alfredo Fernández Simó; En su niebla, de
Ramón Lacay Polanco; Escalera para Electra, de Aída Cartagena Portalatín;
Solo cenizas hallarás, de Pedro Vergés; Las devastaciones, de Carlos Esteban
Deive; Lucinda Palmares, de Diógenes Valdez; Goeíza, de Manuel Mora
Serrano; El reino de Mandinga, de Ricardo Rivera Aybar; En el tiempo de las
mariposas, de Julia Álvarez; El asesino de las lluvias, de Manuel Salvador
Gautier; La mosca soldado, de Marcio Veloz Maggiolo y Memoria del horror
hermoso, de José Bobadilla. En fin, en tanto narrador que ausculta la voz de su
pueblo, la impronta epocal y la huella de la intrahistoria, el novelista se nutre de
realidades, auxiliándose de la tradición, el lenguaje, la memoria, la imaginación
y la pasión. El sentido etimológico del epos griego, base de la épica que anima
la «narración verbal» o la «palabra narrante» de la epopeya cuya evolución
desembocó en el novelar moderno como enseña Wolfgang Kayser, despierta la
curiosidad histórica por los orígenes, inclinación que subyace la vocación de
novelista y lo motiva a escribir aventuras y pasiones. Lo que una historia de
aventuras y pasiones puede aportar ha de estar engarzado al sueño de la
sociedad, motivo de creación novelística. Ya no 674 Literatura dominicana
contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 son la
experimentación de nuevas formas ni la violencia contra la estructura
tradicional del género lo que estimula la imaginación del novelista: son historias
plenas de vitalidad persuasiva, el aliento de vidas completas, los valores que
sustentan la existencia humana, el horizonte de ideales que sacuden la
modorra espiritual y los hallazgos de intuiciones que hacen del novelar una
fuente de reflexión con un alto contenido trascendente. El sentido del pasado
subyace en los hechos del presente para que surquemos con reveladora
certidumbre las veredas del presente. El cuento y el relato Hay tres clases de
cuentos: el cuento maravilloso (cuento de hadas), el cuento folklórico (cuento
de caminos) y el cuento literario (cuento erudito). De esos tres tipos de cuentos,
las últimas dos modalidades se han desarrollado en la República Dominicana.
El cuento folklórico llegó al país con los conquistadores españoles, de manera
que tiene una impronta hispánica, aunque al aclimatarse al medio local sufriera
variantes según las condiciones socioculturales. Los cuentos de caminos, casi
siempre relatos porque narran más de un hecho, fueron las primeras
manifestaciones narrativas que conoció nuestro pueblo, mucho antes de que se
creara en el país la primera narración de factura culta. Mientras José Ramón
López es el más importante representante del cuento tradicional en la
tendencia realista, Fabio Fiallo lo es en la tendencia fantástica de corte
modernista. Si José Ramón López es realista y Sócrates Nolasco es
naturalista, Juan Bosch, que llevará el cuento dominicano a su máximo
desarrollo literario, es al mismo tiempo criollista, socio-realista y mágico-
realista, líneas que seguirán los cuentistas de su generación y que de alguna
manera siguen su magisterio, como los demás cuentistas de los años treinta y
cuarenta del siglo veinte. Justamente Bosch opera el salto entre el cuento
tradicional y el moderno, siendo el más alto representante de la tendencia
realista, como Virgilio Díaz Grullón lo fue para la tendencia fantástica del
cuento moderno. En los años cuarenta y cincuenta Julio Vega Batlle, Hilma
Contreras y Tomás Hernández Franco cultivan el cuento surrealista. Virgilio
Díaz Grullón, que comienza como realista en Un día cualquiera, se vuelca
hacia la tendencia fantástica cuya mejor creación es Más allá del espejo. En la
década de los 60 se cultiva una tendencia neo-realista, como la de René del
Risco y Armando Almánzar. En los 70 y 80 la línea real fantástica de Pedro
Peix, Marcio Veloz Maggiolo y José Alcántara Almánzar cobra fuerza. Los
cuentos que aparecen con el patrocinio de Casa de Teatro en los últimos
treinta años representan Historia general del pueblo dominicano 675 las
diferentes tendencias, con nombres establecidos o principiantes, como Manuel
Rueda, Arturo Rodríguez Fernández, Armando Almánzar, Rafael Castillo,
Pedro Peix, Diógenes Valdez, José Alcántara Almánzar, Rafael García
Romero, Ángela Hernández y Pedro Camilo, entre otros. A pesar de que el
cuento, en principio, enfoca conflictos, no floreció entre nosotros el cuento
psicológico, que introdujera en Santo Domingo Ángel Rafael Lamarche; sin
embargo, fue el cuento de orientación criollista, enraizado en la problemática
social, el que tomó la delantera y la primacía por la maestría con que Bosch lo
cultivó. En sus cuentos ocupan atención prioritaria el drama del campesino
humilde, el enfrentamiento del hombre con la Naturaleza y la explotación de
amos contra peones. A pesar de que en la narrativa boschiana hay aspectos
psicológicos y fantásticos, mágico-realistas y criollistas, es la lí- nea socio-
realista la dominante en su ficción. En un cuento como «Los amos», se aprecia
el trato cruel e injusto que recibe el campesino pobre, representado por el peón
que simboliza al hombre explotado y maltratado que aún en las peores
condiciones (enfermedad, desvalimiento, incapacidad) debe servir al amo a
costa de su propia vida. La objetividad con que se narra este y los restantes
cuentos de Bosch, el manejo diestro del lenguaje y la forma de emplear
recursos y procedimientos logran persuadirnos no solo de su verosimilitud sino
de su conceptuación con su valiosa dimensión estética y social. Los cuentistas
que se desarrollaron bajo la sombra de Bosch, como José Rijo, Freddy Prestol
Castillo, Ramón Marrero Aristy, Ramón Lacay Polanco, Néstor Caro, Ángel
Hernández Acosta, Hilma Contreras, Eurídice Canaán, Aida Cartagena
Portalatín, Virgilio Díaz Grullón y la restante cuadrilla de narradores
contemporáneos, entre los cuales figuran las más jóvenes promociones,
escriben o narran según el patrón estructural del cuento. Entre los narradores
importantes de la promoción del 70 figuran Diógenes Valdez, José Alcántara
Almánzar, Arturo Rodríguez Fernández, Andrés L. Mateo, Rafael Castillo,
Roberto Marcallé Abreu, Pedro Peix y Bonaparte Gautreaux Piñeyro. Autores
como José Alcántara Almánzar, autor de La carne estremecida, Callejón sin
salida, Las máscaras de la seducción y Testimonios y profanaciones, Diógenes
Valdez, con El silencio del caracol, La pinacoteca de un burgués, Todo puede
suceder un día, y Manuel Rueda, con Papeles de Sara y otros relatos, le han
dado una alta categoría al género corto de la narrativa. Otros autores
importantes, como Armando Almánzar, Aída Bonnelly, Pedro Peix, José
Enrique García, León David, Emilia Pereyra y Ángela Hernández han sido
fecundos y ejemplares en el cultivo del cuento. Esos creadores tienen la
sensibilidad artística para captar y expresar los fenómenos del mundo interior
de sus personajes, que plasman sus vivencias imaginarias en imágenes
narrativas. 676 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y
géneros literarios, 1960-2000 Enmarcados en la línea de creación de los
grandes narradores hispanoamericanos (José María Arguedas, Juan Rulfo,
Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez),
estos narradores dominicanos cimentan su mundo narrativo en una materia
real-imaginaria proveniente de la realidad sociocultural dominicana y,
obviamente, del mundo de sus propias experiencias, obsesiones y vivencias.
Continuadores de la mejor tradición latinoamericana, enrumban sus
narraciones hacia una literatura bajo los tres grandes modos de ficción. En gran
parte de los textos narrativos dominicanos, los personajes se hallan dominados
por una sensación de fracaso, de miedo, de soledad, donde el narrador asume
el punto de vista de sus personajes a través de hechos, actitudes, creencias y
comportamientos propios de sujetos de capas sociales urbanas, populares y
barriales identificables en pueblos y ciudades de países subdesarrollados como
Santo Domingo. Con una variada artillería narrativa en la que están presentes
la imbricación de planos y puntos de vista, retrospecciones y evocaciones,
superposiciones espacio-temporales, aunados a cierto costado de crítica social,
los nuevos narradores presentan un cuadro sociográfico de la realidad
dominicana: Personajes signados por la vorágine de un mundo conflictivo,
atrapados en la angustia derivada de una precaria realidad material y espiritual,
con hechos perfilados por una ausencia de moral en un mundo que aporta la
materia narrativa a su ficción mediante la cual proyectan sus matices humanos,
lingüísticos, psicológicos y culturales, en una conformación de personajes con
trazos firmes y vigorosos, sobre todo jovenzuelos inmersos en la
desesperación, la violencia y el desgano con una formalización narrativa en un
lenguaje coloquial impregnado de expresiones populares. Entre los cuentistas
de los 80 se destacan Rafael García Romero, Rafael Castillo, René Rodríguez
Soriano, Ramón Tejada Holguín, Rafael Peralta Romero, Ángela Hernández,
Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet, Mélida García, Osiris Madera, Eric
Simó y Fernando Valerio Holguín, entre otros. Entre los autores consagrados
que publicaron sus cuentos en los últimos cincuenta años figuran Juan Bosch,
con Cuentos escritos en el exilio, Cuentos escritos antes del exilio y Más
cuentos escritos en el exilio; Hilma Contreras, con Entre dos silencios; Ramón
Lacay Polanco, con No todo está perdido; Virgilio Díaz Grullón, con Crónicas
de Altocerro, Más allá del espejo y De niños, hombres y fantasmas; Manuel del
Cabral, con Cuentos cortos con pantalones largos; Marcio Veloz Maggiolo, con
Seis relatos, La fértil agonía del amor y Cuentos, recuentos y casi-cuentos;
Aida Cartagena Portalatín, con Tablero; Manuel Rueda, con Papeles Historia
general del pueblo dominicano 677 de Sara y otros relatos; Carlos Esteban
Deive, con Museo de Diablos; Pedro Mir, con La gran hazaña de Límber y
después otoño. Varios autores alcanzaron notoriedad con libros de cuentos,
como Armando Almánzar, con Límite e Infancia feliz; Efraim Castillo, Viaje de
regreso; Miguel Alfonseca, El enemigo; Mario Emilio Pérez, El miedo cerró las
puertas; Roberto Marcallé Abreu, Las dos muertes de José Inirio, Sábado de
sol después de las lluvias, El minúsculo infierno del señor Lukács, Cinco
bailadores sobre la tumba caliente del licenciado, Espera de penumbras en el
viejo bar, Ya no están estos tiempos para trágicos finales de historias de amor
y Alternativas para una existencia gris; José Alcántara Almánzar, Viaje al otro
mundo, Callejón sin salida, Testimonios y profanaciones y Las máscaras de la
seducción; Arturo Rodríguez Fernández, La búsqueda de los desencuentros;
Santiago Estrella Veloz, Igual que antes; René del Risco Bermúdez, En el
barrio no hay banderas; Ángel Hernández Acosta, Otra vez la noche; Lucía
Amelia Cabral, Hay cuentos que contar; Pedro Peix, Las locas de la Plaza de
los Almendros y La noche de los buzones blancos; Diógenes Valdez, El silencio
del caracol; Rafael Castillo, La viuda de Martín Contreras y otros cuentos; Aída
Bonnelly de Díaz, Variaciones; Pircilio Díaz, Una manera extraña de morir;
José Enrique García, Contando lo que pasa; y Rafael García Romero, con
Ruinas, Los ídolos de Amorgos y La sórdida telaraña de la mansedumbre. En
la narrativa cobran fuerza narradores de diversas edades y tendencias, como
Pedro Antonio Valdez, Julio Adames, José Frank Rosario, Luis Martín Gómez,
Eugenio Camacho, Pastor de Moya, Luis Toirac, Osiris Madera, Eric Simó,
Mélida García, Máximo Vega, Luis R. Santos, José Acosta, Rita Indiana
Hernández, Martha Rivera, Emilia Pereyra, Ángela Hernández, Juan Manuel
Prida, Luis Arambilet, Manuel Salvador Gautier, Ofelia Berrido y Miguel Solano.
Están también la colección de Cuentos premiados de Casa de Teatro (1977-
2000), cuyo concurso ha incentivado el cultivo de la narrativa y la poesía.
También han tenido su incidencia los concursos patrocinados por la Secretaría
de Educación primero y después por el Ministerio de Cultura, así como los
concursos literarios de la Alianza Cibaeña, de Santiago, Renovación, de Puerto
Plata, Radio Santa María de La Vega y Universidad Central del Este, de San
Pedro de Macorís. La creación poética El género poético ha sido el más
cultivado en las letras dominicanas en toda su historia. Durante todo el siglo xx
hubo una significativa producción en cantidad y en calidad, en todas las
tendencias y vertientes de esa singular forma creación, que en la dimensión
lírica ocupa el más alto peldaño en obras representativas. Mediante la intuición,
la memoria y las vivencias, los poetas canalizan la más honda creación estética
que ausculta el sentido sutil de lo viviente, los hallazgos de la conciencia o la
revelación de verdades de la cantera del infinito que, aunadas a la belleza y el
misterio, la poesía mitificante, metafísica y mística formaliza con el lenguaje de
los símbolos y la forma estética de la expresión. Las tendencias poéticas
dominantes en la segunda mitad del siglo xx responden a la orientación
estética del Postumismo, La Poesía Sorprendida, Independientes del 40 y la
Generación del 48, cuyos integrantes siguieron vigentes algunas décadas
después de su tiempo de gestación, así como los movimientos posteriores,
como el Pluralismo, la Poética del Pensar, el Contextualismo y el Interiorismo,
han dominado el escenario de la creación poética. Los creadores de poesía de
la Modernidad respondían al modelo de creación establecida por los poetas de
la Poesía Sorprendida (Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer,
Manuel Rueda, Manuel Valerio, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce)
con una estrategia poética combinada mediante fórmulas simbolistas,
surrealistas y creacionistas; también de los Independientes del 40 (Manuel del
Cabral, Pedro Mir, Héctor Incháustegui Cabral, Tomás Hernández Franco,
Octavio Guzmán Carretero, Francisco Domínguez Charro, Alfredo Fernández
Simó, Chery Jiménez Rivera y Carmen Natalia), con una preocupación por el
hombre y el paisaje dominicanos, expresada en una poesía de tendencia social
y a veces de protesta, que pone su evidencia de un lado en la esencia de lo
dominicano siguiendo en cierto modo la tradición de Domingo Moreno Jimenes.
Por otra parte combaten y denuncian las injusticias sociales con estilos y
tendencias muy distintos: directo y reflexivo en Héctor Incháustegui Cabral y
Octavio Guzmán Carretero: lírico y social en Pedro Mir y Chery Jiménez Rivera;
real-imaginario con trasfondo metafísico en Manuel del Cabral, Tomás
Hernández Franco y Alfredo Fernández Simó.9 Valiosas obras de autores
mayores se publicaron después de la caída de Trujillo, como Poemas de una
sola angustia, de Héctor Incháustegui; Contracanto a Walt Whitman, de Pedro
Mir; La espada metafísica, de Manuel del Cabral; Por los mares de la dama, de
Manuel Rueda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Geografía de una
inquietud, de Chery Jiménez Rivera o País de vendimia, de María Luisa
Sánchez. Historia general del pueblo dominicano Aunque a mediados del siglo
xx La Poesía Sorprendida ya no existía como grupo, sus antiguos integrantes
seguían activos e influyentes con una creación poética inspirada en una sólida
tendencia literaria: 1) Cultivo del modo subjetivo en la poesía; 2) potenciación
de los procedimientos imaginativos (simbolistas, creacionistas y surrealistas);
3) apertura y trascendencia con el lema «Poesía con el hombre universal»; 4)
rigor formal a la expresión de temas eternos como el dolor, la soledad, la
muerte y el amor; 4) divulgación de los movimientos poéticos renovadores,
como el Simbolismo, el Surrealismo y el Creacionismo; 5) valorización de la
tradición de la gran poesía de todos los tiempos y culturas, mediante la
reproducción de sus creaciones (clásicos españoles principalmente). Este
grupo tenía una tendencia hacia la subjetividad, unida a la preocupación por la
perfección formal.10 Autores como Domingo Moreno Jimenes, Manuel del
Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Franklin Mieses Burgos, Melba Marrero de
Munné, Antonio Fernández Spencer, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón
Arce, Aida Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Manuel Rueda, Hilma
Contreras y Héctor Pérez Reyes dieron a la estampa importantes obras líricas
en la etapa democrática. Freddy Gatón Arce publicó Poblana, Magino
Quezada, Retiro hacia la luz, Son guerras y amores, Y con auer tanto tiempo,
El Poniente, Estos días de Tíbar; Aida Cartagena Portalatín, La tierra escrita;
Antonio Fernández Spencer, Obras poéticas; Manuel Rueda, La criatura
terrestre, Con el tambor de las islas, Por los mares de la dama, Las edades del
viento, Congregación del cuerpo único; Mariano Lebrón Saviñón, Tiempo en la
tierra. El grupo de la Generación del 48, con la revista Testimonio (1964-1966),
potenció su influjo cultural en los ambientes literarios. Sin desdeñar la tradición,
esta agrupación constituye una síntesis en la evolución poética dominicana, en
tanto sus integrantes asimilaron la inquietud humana del Postumismo y la
preocupación formal de La Poesía Sorprendida, para expresar en lenguaje
simbólico las tendencias de su tiempo, el ansia de libertad, la sed de justicia y
los valores esenciales del hombre. Se ha señalado en este grupo la tendencia
a la introversión mediante el lenguaje subjetivo como consecuencia del régimen
político de la época.11 Sus principales integrantes, como Lupo Hernández
Rueda, publicaron Santo Domingo vertical, Crónica del Sur, Por ahora, Con el
pecho alumbrado; Máximo Avilés Blonda, Cantos a Elena, Centro del mundo,
Del comienzo a la mitad del camino y Los profetas; Víctor Villegas produjo
Diálogos con Simeón, Charlotte Amalie, Juan Criollo y otras antielegías, Poco
tiempo después y Muerte herida. Los nuevos autores que surgieron después de
los 60 engarzaron a su creación el enfoque de lo humano universal y lo
dominicano en particular.

Con el advenimiento de la Generación del 60 y las promociones siguientes


finiseculares, la poesía dominicana se acopló a las corrientes neorrealistas,
existencialistas, mágico-realistas, subjetivistas, experimentalistas e interioristas
con el endoso de la realidad natural, las vivencias psicológicas y los estados de
conciencia propios de la mentalidad sociocultural moderna. Después de la
breve irrupción del Pluralismo y las corrientes de vanguardia, que no
prosperaron, se volvió al patrón clásico y a las formas de creación acopladas a
las tendencias estéticas establecidas de las letras universales. El propio
Manuel Rueda, después de aupar su proyecto experimentalista, renunció a su
propuesta al advertir, con su lúcido talento crítico, que los fueros renovadores
carecen de sentido si no están avalados por un contenido trascendente, un
encanto inherente y una forma hermosa afín a la belleza, la verdad y el
misterio, los polos convocantes de la creación poética. Los creadores de
poesía, conforme a las pautas estéticas de la Clasicidad y la Modernidad,
adecuaron su creación poética a las fórmulas líricas establecidas de amplio
consenso espiritual y estético. Así lo han evidenciado las obras de Marcio
Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, Juan José Ayuso, Soledad Álvarez, José
Enrique García, Pedro José Gris, Radhamés Reyes Vásquez, José Mármol,
Plinio Chahín, José Frank Rosario, Dionisio de Jesús, Medar Serrata, Freddy
Bretón, Tulio Cordero, Fernando Cabrera, José Acosta, León David, Sally
Rodríguez, Julio Adames, Ángela Hernández, Carmen Sánchez, Carmen
Comprés, Iki Tejada, Ángel Rivera Juliao, Soledad Álvarez, Chiqui Vicioso,
Armando Almánzar Botello y Jaime Tatem Brache, entre otros. Obras poéticas
fundamentales, publicadas en el último medio siglo: son La criatura terrestre,
de Manuel Rueda; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; Los profetas, de
Máximo Avilés Blonda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Las voces, de
Pedro José Gris; Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal; El
fabulador, de José Enrique García; Luz de los cuerpos, de Sally Rodríguez;
Huéspedes en la noche, de Julio Adames; Entre la voz y el fuego, de Freddy
Bretón; La sed del junco, de Tulio Cordero; Un latido en el bosque, de Iki
Tejada; Viajera del polvo, de Ida Hernández; Destrucciones, de José Acosta;
Entre el polvo y la ceniza, de José Frank Rosario; Temblor de árbol, de Teresa
Ortiz; Ángel de luz, de Ángel Rivera Juliao; Será otro azul, de Carmen
Comprés; Rituales de la lluvia, de Jaime Tatem Brache; y La isla presentida, de
Fausto Leonardo Henríquez. El género teatral El teatro ha tenido una presencia
significativa en la presentación de obras de autores dominicanos, entre los
cuales se han destacado Manuel Rueda, Historia general del pueblo
dominicano 681 Héctor Incháustegui Cabral, Máximo Avilés Blonda, Franklin
Domínguez e Iván García. Manuel Rueda dio a conocer La trinitaria blanca,
Vacaciones en el cielo y El rey Clinejas. Héctor Incháustegui Cabral publicó
Filoctetes, Prometeo e Hipólito. Máximo Avilés Blonda tiene una producción
dramática significativa, como Las manos vacías y Yo Bertolt Brecht. Franklin
Domínguez dio a conocer Se busca un hombre honesto, Lisístrata odia la
política, Los borrachos y varias más. Iván García publicó Más allá de la
búsqueda, Fábula de los cinco caminantes y Los tiranos, entre otras. Mariano
Lebrón Saviñón es también autor de tragedias y comedias, como Cuando el
otoño riega las hojas, Mirtha Primavera y Don Pedro el Cruel. Carlos Acevedo
publicó Los clavos, Gilgamés y Sísifo. Juan Carlos Mieses incursionó en la
dramaturgia con La cruz y el cetro y Mu-kieng Adriana Sang, con Yo soy
Minerva. Figuras importantes en el género dramático son Giovanni Cruz, Haffe
Serulle y Jimmy Sierra. Este último ha escrito libretos para filmes y telenovelas.
Otros autores de teatro son Carlos Castro, Sabrina Román, Reynaldo Disla,
Ángelo Valenzuela y Máikol Ronzino. Los grupos culturales han inspirado la
creación y puesta en escena de obras teatrales de autores criollos y
extranjeros, con la participación de Franklin Domínguez, Iván García, Danilo
Ginebra, Teófilo Terrero, Yanela Hernández, Rafael Villalona, Delta Soto,
Rómulo Rivas, Elvira Taveras, Yamilé Scheker, Carmen Rosa Hernández, Juan
Grullón, Edilí y Elvira Grullón, entre otros. El Teatro Rodante ha impulsado la
vivencia teatral con Salvador Pérez Martínez, Monina Solá, Víctor Pujols y
Roberto Salcedo, entre otros. La mujer ha tenido una participación activa y
fecunda en el quehacer literario. Si antes fueron significativos los nombres de
Virginia Elena Ortea, Melba Marrero de Munné, Virginia de Peña de Bordas,
Aida Cartagena, Eurídice Canaán, Hilma Contreras, María Ugarte, María
Prodoscimi y Marianne de Tolentino, en el presente tienen una notoria
relevancia figuras de la talla de Emilia Pereyra, Ángela Hernández, Soledad
Álvarez, Pura Emeterio Rondón, Ofelia Berrido, María José Rincón, Carmen
Pérez Valerio, Johanna Goede, Emelda Ramos, Sally Rodríguez, Carmen
Comprés, Ana Margarita Haché, Celsa Albert, Carmen Heredia y Margarita
Cordero, entre otras. Otros géneros y autores Paralelamente al desarrollo de
los géneros literarios, importantes obras de temas sociales, históricos,
educativos, políticos y jurídicos han visto la luz pública bajo la firma de José
Miguel Soto Jiménez, Jesús de la Rosa, Rafael Emilio Yunén, Rafael Darío
Herrera, Fabio J. Guzmán, Jottin Cury, Orlando Inoa, Rafael Ciprián, Juan
Bartolo Domínguez, Euclides Gutiérrez Félix, 682 Literatura dominicana
contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Carlos
Salcedo, Edwin Espinal, Ignacio Nova y Juan Bolívar Díaz, autores que han
hecho una valiosa contribución en el área de sus conocimientos. Valiosas
figuras del quehacer intelectual dominicano testimonian sus creaciones,
además de sus libros, en publicaciones periódicas, como Aristófanes Urbáez,
José Báez Guerrero, Miguel Guerrero, Xiomarita Pérez, Fernando Casado,
Julio César Castaños Guzmán, Josefina de la Cruz, Héctor Amarante, José
Alcántara Almánzar, Jacinto Gimbernard, Jorge Tena Reyes, Hamlet Hermann
y León David. Entre los autores jóvenes que han editado libros importantes
sobresalen Alejandro Arvelo, Fernando Cabrera, Noé Zayas, Víctor Saldaña,
Puro Tejada, Ramón Peralta, Alejandro González, Sarah Leyla Puello, Rey
Andújar, Lissette Ramírez, Patricia Minaya, Fari Rosario y Farah Hallal, entre
otros. Un capítulo importante de la literatura dominicana es la obra escrita fuera
de nuestra frontera geográfica. Desde los años 90 del siglo pasado hasta el
presente se han destacado en las letras de ultramar, especialmente en los
Estados Unidos, los escritores dominicanos Julia Álvarez, Silvio TorresSaillant,
Daissy Cocco de Philippis, Viriato Sención, Franklin Gutiérrez, Tomás Modesto
Galán, Esteban Torres, José Carvajal, Miguel Ángel Fornerín, Berta Graciano,
Manuel Ossers, Clara Jorge, Junot Díaz, José Frank Rosario, Teonilda Madera
y Leopoldo Minaya. Y en Europa, Altagracia Pérez, Dunia de Windt y Bárbara
Moreno García. Una faceta clave en la literatura de un país es la crítica
literaria.12 En las letras dominicanas, los grandes maestros del género de la
labor exegética, en la primera mitad del siglo xx, fueron Pedro Henríquez
Ureña, Federico García Godoy, Max Henríquez Ureña, Flérida de Nolasco y
Joaquín Balaguer. Y en la segunda mitad de la pasada centuria, los más
importantes críticos literarios han sido Antonio Fernández Spencer, Héctor
Incháustegui Cabral, Ramón Francisco, Bruno Rosario Candelier, Diógenes
Céspedes y José Alcántara Almánzar. Obras importantes de la ensayística
dominicana publicadas en este período son De literatura dominicana siglo XX,
de Héctor Incháustegui Cabral; Historia de la cultura dominicana, de Mariano
Lebrón Saviñón; Caminando por la literatura hispánica, de Antonio Fernández
Spencer; Rutas de nuestra poesía, de Flérida de Nolasco; Literatura
dominicana 60, de Ramón Francisco; La feria de las ideas, de Federico
Henríquez Gratereaux; Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, de Bruno
Rosario Candelier; Lenguaje y poesía en Santo Domingo en el siglo XX, de
Diógenes Céspedes; Estudios de poesía dominicana, de José Alcántara
Almánzar; La conjura del tiempo, de José Rafael Lantigua y La cultura de la
lengua, de Manuel Matos Moquete, etc. Historia general del pueblo dominicano
683 Importantes historiadores y sociógrafos dominicanos, como Juan Bosch
con Composición social dominicana, Frank Moya Pons con La Española en el
siglo XVI, Hugo Tolentino Dipp con Biografía de Gregorio Luperón, Roberto
Cassá con Historia social y económica de la República Dominicana y Manuel
Núñez con El ocaso de la nación dominicana, entre otros, han influido en la
concepción de valiosas obras

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