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RELAJACIÓN PROGRESIVA DE JACOBSON.

EL MÉTODO DE
RELAJACIÓN POR LOS MOVIMIENTOS PASIVOS DE WINTREBERT
Tomado de Masson, S. (1985): Las relajaciones. Barcelona: Gedisa. Páginas
37-40; 47-48.

RELAJACIÓN PROGRESIVA DE JACOBSON


A pesar de que parezca muy alejado de estas relajaciones
psicoterapéuticas, el método de Jacobson intenta alcanzar metas afines pero
por medio de procedimientos diferentes. Su autor piensa que puede ser
confiada no solamente a los médicos, sino a paramédicos, profesores de
educación física, maestros, a todos aquellos que, después de haber asimilado
y realizado todas las etapas de esta relajación llegan a ser capaces de dirigir
una cura. Se trata, para Jacobson, de una relajación científica que se apoya en
los trabajos de neurofisiología muscular y eventualmente en la psicofisiología.
Esta tiende a reducir el tono muscular y, en consecuencia, a disminuir la
excitabilidad cerebral y a poner el córtex en reposo.
De esta manera, se conseguirá evitar la pérdida de energía y se actuará,
además, sobre la personalidad del sujeto sin jamás intentar interpretar las
manifestaciones afectivas que eventualmente pueden surgir. En efecto,
además del elemento de calma, de disminución de la tensión y de la ansiedad,
este método también puede liberar algunos problemas afectivos más o menos
inconscientes. Pero de hecho exige del sujeto, al contrario de los métodos
derivados de Schultz, una extrema atención y un estado de vigilancia muy
agudo.
Propone una educación muy profunda de la sensibilidad propioceptiva y
kinestésica que permitirá el dominio del tono y, como consecuencia, el dominio
de sí mismo.
Se dirige al sujeto plenamente consciente y no utiliza ni tranquilizantes
asociados, ni hipnosis, ni sugestión.
“Apunta especialmente al plano fisiológico de la relajación y se apoya en
el ramal periférico del complejo neuromuscular, es decir, que exige la relajación
de la musculatura periférica”, dice Durand de Bousingen.
Se ha demostrado que las emociones se manifiestan en procesos de
contracciones transitorias y variables, localizadas en las diversas partes del
sistema muscular y visceral.
Algunos trazados electromiográficos permiten trazar en escala
microscópica una especie de pauta con reducción de los actos reales, que son
las expresiones neuromusculares de los procesos de la nerviosidad, de la
emoción, de la reflexión, de la imaginación y de cualquier proceso mental.
Por consiguiente será necesario reducir estas tensiones disminuyendo la
actividad del músculo y su tono, lo que se adquiere por medio del aprendizaje.
La relajación puede ser obtenida y definida como la ausencia de
cualquier contracción muscular, que desde el punto de vista electromiográfico,
se expresa con un silencio eléctrico absoluto. Esta ausencia de contracción
infraliminar y este reposo absoluto permiten la extensión de la calma hacia el
campo psíquico.
Jacobson considera que el sujeto debe hacerse cargo de su propia
relajación y procura que el que va a emprender el aprendizaje de la relajación
tenga el máximo de autonomía. El reeducador deberá explicar las cosas y, a
modo de introducción, dará indicaciones generales sobre el concepto de
relajación. Dice el alumno que cualquier persona puede aprender a dominar su
tensión, del anciano al niño, y que lo que hay que aprender es a reducir el tono
en cada parte del cuerpo a través de la experiencia personal. Para esto, es
necesario sobre todo desarrollar el sentido muscular que permite experimentar
tensiones cada vez menores y así tomar conciencia de estas tensiones que
reducen la actividad, disminuyen la eficacia y perturban todas las
manifestaciones emocionales. En la práctica hay que hacerle sentir al sujeto
grados de tensión cada vez más débiles e inducirlo a que perciba esta
gradación:
1. Entre una contracción o tensión fuerte: por ejemplo, cerrar un grifo y sentir
la tensión en el antebrazo.
2. Localizar una tensión menor: la tensión del hombro o del brazo al estar de
pie.
3. Sentir contracciones mínimas (liminares). La percepción de estas
sensaciones liminares se aguza y se rebaja el umbral gracias al
entrenamiento, que permite sentir la tensión residual que persiste aun
después de la posición acostado de espaldas.
En suma, parece que se quisiera hacer sentir al sujeto los tres tipos de
tono descritos por los autores clásicos: de sostén a lo largo de una contracción,
de posición y de reposo. Se le pide también al sujeto que sienta en forma
independiente la tensión muscular y las sensaciones articulares. De esta forma,
la educación de la sensibilidad profunda es extremadamente fina.
Hechas estas experiencias y estas explicaciones preliminares,
pasaremos a la práctica propiamente dicha de la primera sesión. Dos
posiciones son factibles: sentado, en posición de cochero de punto, o acostado.
Se pide al sujeto que se relaje lo máximo posible, a poder ser, con los ojos
cerrados, durante cuatro o cinco minutos.
El trabajo comienza por el entrenamiento de uno de los miembros
superiores. El terapeuta da la instrucción: doblar la mano hacia atrás. Se invita
al paciente a tomar conciencia de la sensación de contracción del grupo
muscular participante, de la desaparición de esta contracción y de cuando se
relajan los músculos. La contracción pedida es estática y se mantiene entre los
diez y quince segundos. Generalmente se experimenta la sensación de
contracción, su localización, la relajación muscular y la impresión de
disminución progresiva de la tensión que le sigue y que persiste algunos
segundos. Se recomienza este mismo ejercicio con una contracción media
alrededor de veinte minutos después y luego con una contracción liminar. Y
cada vez se toma conciencia de la desaparición de esta tensión: “Sientan cómo
se va la tensión”.
Estas contracciones, llamadas de referencia, se repiten de dos a tres
veces a lo largo de la sesión, que dura unos cuarenta minutos como media.
Durante el intervalo el sujeto intenta relajarse al máximo; la consigna es: “No
hacer nada”.
La contracción muscular es percibida más o menos fácilmente, según los
sujetos, así como la relajación que le sigue; del mismo modo la apreciación de
las diferencias entre contracción muscular y estiramiento de ligamentos.
El aprendizaje afina estas percepciones a tal punto que el sujeto que,
poco a poco toma conciencia de las tensiones más mínimas y de la tensión
residual, sabrá hacerlas desaparecer y, así, disminuir su tono a voluntad.
Las sesiones siguientes serán dedicadas al trabajo de otros grupos
musculares. Jacobson propone un orden riguroso y sistemático de progresión.
Se darán treinta y seis “instrucciones” dirigidas a treinta y seis grupos
musculares. En una formación didáctica a razón de dos sesiones diarias, tres
semanas, permitirán la excitación de todos estos grupos; en el sujeto normal
este aprendizaje se realiza bastante bien. El respeto de la progresión es
esencial. Se trabajarán sucesivamente:
Los grupos musculares de los brazos, de las piernas, del abdomen y los
músculos paravertebrales, los músculos respiratorios, los músculos de la
espalda, de los hombros y del cuello;
Los músculos de los ojos, de la cara y de la lengua, en los que Jacobson
insiste especialmente.
“Es más fácil abordar la relajación de los músculos pequeños cuando se
ha educado la facultad de relajación de los músculos grandes”, dice Jacobson.
Insiste en el trabajo de los músculos pequeños de la cara, de los ojos y de la
lengua, que tienen una estrecha relación con la expresión del pensamiento y de
la afectividad. Cuando el sujeto realiza una relajación correcta, todo
pensamiento desaparece del campo de la conciencia.
“No hacer nada, no pensar en nada, no moverse.”
El ritmo respiratorio disminuye y se vuelve cada vez más fácil.
La temperatura desciende.
Algunos sujetos se duermen. Los alumnos que hacen esfuerzo para no
dormirse se oponen a la instrucción “No hacer ningún esfuerzo”. Por
consiguiente, no se debe intentar no dormirse si por casualidad el sueño
sobreviniera, pero en general la relajación no da sueño.
La posición sentada parece dar mejores resultados que la de acostada,
pero el método no indica que una posición sea mejor que la otra.
El método no se dirige directamente a los síntomas, debe seguirse
integralmente; no se debe privilegiar ningún grupo muscular, aun si algunos
parecen tener más estrecha relación con los signos clínicos presentados.
La mayoría de las veces el entrenamiento se hace en grupo, pero se
puede hacer igualmente en forma individual en algunos casos particulares.
Los progresos son tanto más rápidos cuanto más se entrenen los
alumnos solos en sus casas regularmente.
Superada esta etapa, se educa la relajación diferencial que permite la
transferencia de esta capacidad de relajación a los actos de la vida cotidiana:
caminar, sentarse, descansar, con un mínimo de esfuerzo para el máximo
rendimiento. Sin pérdida de energía.
Finalmente, una vez que el paciente tomó conciencia de las tensiones
musculares que provocan estos movimientos afectivos y sus dificultades en la
vida (angustia, miedo, timidez), la última fase del tratamiento le permitirá, a
continuación, la reducción de las tensiones musculares localizadas y, como
consecuencia, lograr la desaparición del trastorno afectivo.
En efecto, Jacobson condujo a sus pacientes a la relajación psíquica
enseñándoles a controlar las ligeras contracciones de sus ojos, de sus
aparatos de fonación y de otros aparatos expresivos que acompañan a
pensamientos y sentimientos.
Si el sujeto soporta o piensa que debe someterse a un stress de
cualquier naturaleza, entonces podrá o relajarse o luchar mejor contra él y
adaptarse mejor. En efecto, se reducirán las consecuencias del stress, a la vez
psíquico y psicosomático, y el sujeto sufrirá menos con motivo de estas
agresiones.
El aprendizaje de la relajación progresiva es bastante largo comparado
con los métodos de autoconcentración. Exige sesiones de media a una hora
que, según el objetivo y las dificultades, se repetirán de una a tres veces por
semana durante semanas, meses o incluso, en algunos enfermos, durante un
año o más.
Las dificultades en el plano motor expresan la existencia de dificultades
psíquicas, pero éstas no serán abordadas en el sentido de las psicoterapias
clásicas.
Se permanecerá voluntariamente en el nivel periférico y poco a poco se
verá cómo se resuelven las hipertonías y los problemas, sin abordarlos y sin
que el sujeto tome conciencia de ellos. A veces esto puede ser muy largo, pero
parece ser tanto más eficaz cuanto el trabajo se hace en profundidad e
inconscientemente.
Lennon, adjunto de Jacobson, encargado de la difusión del método en
Europa, piensa que no tiene ninguna contraindicación en el campo de las
enfermedades mentales. Por el contrario, estima que en el tratamiento de
enfermedades orgánicas, como las enfermedades cardíacas, su aplicación
debe ser vigilada, y, el entrenamiento, a veces interrumpido debido a una
resonancia neurovegetativa y cardiovascular demasiado grande. Sin embargo,
este método puede ser puesto en manos de reeducadores bajo el control de
médicos especializados, y hemos visto cómo Jacobson inicia en su técnica a
personal no médico.
EL MÉTODO DE RELAJACIÓN POR LOS MOVIMIENTOS PASIVOS DE
WINTREBERT
Wintrebert expone su método de la siguiente manera.
Este método comprende dos tiempos esenciales:
El primer tiempo, de “regulación del tono por medio de los movimientos
pasivos”, busca obtener un estado de relajación haciendo desaparecer
todas las resistencias y participaciones musculares inoportunas;
El segundo tiempo, de “readaptación de los movimientos”, tiene por
objeto asociar todos los movimientos y posturas de la vida diaria con
estos estados de relajación.
Se crea ante todo cierto clima psicológico (silencio y semioscuridad).
Estando el sujeto extendido y con los ojos cerrados, se le pide que haga
desaparecer las principales tensiones que subsisten y que son visibles en su
cara o en los miembros. Luego se le imprimen movimientos pasivos, que se
repiten de modo regular y lento, a un segmento de un miembro. Se continúa
sucesivamente con balanceos de la mano, del antebrazo, del brazo del lado
dominante; luego, la cabeza, el cuello, el miembro superior del lado opuesto y
por último, los miembros inferiores. Otros movimientos permiten la relajación a
nivel del rostro, en particular ojos y mandíbula. La repetición de estos
movimientos desemboca con mayor o menor rapidez en un estado de
relajación que se puede dejar prolongar durante algunos minutos.
Durante este período, mientras el sujeto permanece inmóvil, se le
indican, por medio de contactos ligeros, las diversas partes de su cuerpo y se
le dice:
“Piensa en tu mano que está relajada, en tu antebrazo que está
relajado…” y esta inducción a la relajación por medio de estímulos táctiles y
verbales es muy útil en los niñitos que tienen dificultad en localizar las distintas
partes de su cuerpo cuando están con los ojos cerrados.
Se le pide entonces al niño que levante él mismo los diversos segmentos
de sus miembros y que los deje caer pesadamente sobre el suelo. Se insiste en
la necesidad de la relajación muscular que debe seguir a esta caída. El orden
de los movimientos es el mismo que el de la movilización pasiva.
El niño toma seguidamente una serie de posturas, a las que les sigue
una relajación muscular completa. A lo largo de estos ejercicios, pasa
gradualmente de la posición acostada a la de estar de pie, y por otra parte,
después de cada una de estas posturas conserva la idea de relajación que
había adquirido en los movimientos precedentes. Después de haber
conservado una postura realizada en posición acostada, sentada o de pie,
debe hacer una relajación muscular tan completa como sea posible.
En el transcurso de este aprendizaje se le pide al sujeto que controle su
respiración y que la adapte a cada movimiento.
Cuando finalmente el niño se acostumbra a realizar bien este conjunto
progresivo de ejercicios, se le ayuda a obtener la relajación muscular en
posturas que toma a lo largo de ciertas circunstancias críticas en la escuela o
en la casa. Él las imita y debe aprender a dominarlas utilizando los ejercicios
que se le han enseñado.
El examen clínico, antes y después de la sesión, permite determinar la
mejoría del estado psíquico (ansiedad, excitabilidad e inestabilidad) y se
efectúa el control del método por medio de las modificaciones fisiológicas, tanto
en el nivel del tono muscular (contracción, excitabilidad y temblores) como en el
de los órganos (pulso y respiración).