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Caja de arena

Frente a una caja de arena de 57 x 72 x 7 cms, con arena, agua y una cantidad de objetos en
miniatura como plantas, animales, seres humanos y casitas, el paciente pregunta: “Y qué se
supone que yo haga con esto?” , dividido entre la curiosidad, la inhibición y el miedo de no
conocer las reglas del juego. Dora Kalff, creadora de la Caja de arena, normalmente hubiera
respondido: “Sólo mira las figuritas, y a lo mejor vas a notar alguna que te llame la atención”. De
esta manera, ella prepara el camino para dejar que el inconsciente se exprese de manera
tridimensional. Durante el juego con la Caja de Arena, el paciente se aventura en una atmósfera
como de trance en la cual los objetos están vivos. Un árbol en miniatura se convierte en la
esencia misma de la “arboledad”. También es posible que no se dirija la atención deliberada
hacia las miniaturas sino que más bien se estimule una conciencia alerta de la experiencia
interna con la ayuda de la arena. “Cierra los ojos si lo deseas y toca la arena; trata de
experimentar de manera conciente como se siente. ¿Puedes sentir si tus manos anhelan algo?” .
Este es un intento por alcanzar un estado psicológico en el cual el contenido del inconsciente se
exprese no sólo en forma de imágenes sino más bien de una experiencia sensorial, todo un
estado del cuerpo.

Sobre la base de estas dos maneras diferentes de entrar en el juego con la Caja de Arena, se
evidencian dos enfoques teóricos. En el primero, el énfasis está en ver la Caja de Arena como un
medio no verbal de expresar las imágenes simbólicas y arquetípicas que pueden originarse
desde el inconsciente colectivo o desde el inconsciente personal. El segundo enfoque busca
acceder a un área pre-simbólica de la psique, la cual es similar a la manera holística,
“psicosomática”, en que experimentamos la vida en la primera infancia.

Dora Kalff escribió sólo un corto trabajo con una selección limitada y sin embargo impresionante
de estudios de caso. No obstante, en las últimas décadas han aparecido numerosas
publicaciones en los Estados Unidos, Italia, Inglaterra, Alemania y Japón, con extensas
descripciones de la teoría y la práctica de la Caja de Arena. En particular, en cuanto a sus
campos de aplicación, la Caja de Arena ha experimentado un incremento significativo. Mientras
en los 80s, los y las terapeutas eran muy cautelosos frente a su uso para tratar psicosis, hoy es
utilizada en los hospitales psiquiátricos en distintas partes de Estados Unidos, Italia, Alemania y
Japón, para tratar no sólo desórdenes emocionales sino también otros síndromes clínicos como
la anorexia nerviosa, las conductas adictivas y la psicosis. En el año 2007 un estudio sobre la
Caja de Arena con niños y adolescentes, a quienes se les brindó terapia con Caja de Arena,
mostraron una reducción altamente significativa en sus conductas problemáticas (von Gotard,
2007). La Caja de Arena puede fácilmente combinar diferentes enfoques teóricos. Algunas veces
puede verse como una teoría tri-dimensional, como una encarnación física de la teoría
psicoanalítica. Donald Kalshed plantea en su estudio sobre el trauma y el “sistema arquetipal de
auto-cuidado” cómo los mecanismos arcaicos de defensa en ocasiones parecen centinelas
gigantes, primitivos, que reaccionan ciegamente frente a cualquier experiencia emocional nueva,
como si fuera un nuevo trauma cada vez. Muchos terapeutas que usan la Caja de Arena
recuerdan haberse encontrado una figura monstruosa en las imágenes de la Caja de Arena –un
inmenso y ambivalente guardaespaldas protegiendo el ego contra nuevos enemigos, pero al
mismo tiempo manteniéndolo aprisionado– aunque posiblemente sin comprender su completa
significación teórica.
Nuevas reflexiones teóricas, provenientes especialmente de las neurociencias, han ayudado a
fortalecer las prácticas a menudo intuitivas de la Caja de Arena, a través de una sólida base
teórica que les permite trabajar de manera más efectiva sobre bases más firmes.

En los siguientes apartes me gustaría describir tres elementos de la Caja de Arena que no
comparte con el análisis: en primer lugar, está la sustancia misma, la arena; en segundo lugar, la
naturaleza triangular de su escenario; y en tercer lugar, una forma especial de regresión que
puede ocurrir durante la sesión con Caja de Arena.

¿Por qué razón se escoge exactamente la arena como material? Porque permite una gama más
amplia de posibilidades de diseño en las que se puede construir y deconstruir sin que sea
necesario contar con habilidades manuales especiales. Con sólo dibujar unas pocas líneas en la
arena seca, se dejan unas huellas que jamás parecerían torpes o inexpertas. La precisión con la
que los granos de arena reaccionan incluso al más leve movimiento o se reacomodan, crea una
atmósfera de delicadeza. La arena se comporta como un artefacto receptor muy sensible que
puede registrar la más mínima influencia con exactitud infinita; es como si un millón de granos de
arena estuviera escuchando con toda atención y luego respondiendo al unísono en una perfecta
sincronía. Poco a poco los gestos de los pacientes se vuelven más evidentes sintonizados con
este clima de vivacidad. Se mueven de manera más consciente, escuchan su propia voz, su
tono, e incluso oyen sus palabras en una forma diferente. Adicionalmente, la arena ofrece de
igual manera tanto la adaptación como la resistencia; representa la materia en su forma más
elemental, molidas sus partículas miniatura que no registra el ojo humano, con viento y agua, en
un lento proceso infinito. Estos granos minúsculos de arena están en permanente movimiento,
luchando por llenar cada vacío como si ellos mismos fueran algo líquido. La madera es un
material sólido pero en forma de fluido; su consistencia única los hace perfectamente adecuados
para visualizar procesos psicológicos.

La arena puede contener todo un continuo de polaridades de manera poco complicada.


Dependiendo de cuánta agua se le mezcla, la arena puede ser brillante, seca, luminosa, o por el
contrario, oscura, húmeda y pesada. La arena puede verse limpia y pura, simbolizando el orden,
y también aparece sucia y turbia representando el caos. Estas pocas cualidades opuestas son
suficientes para permitirnos ver condiciones psicológicas como la depresión, la manía o la
conducta compulsiva, expresadas en la arena. La arena puede ser compacta y adecuada para
construir, pero también ser tan inmanejable que todo lo que construya con ella inmediatamente
comienza a desmoronarse. La arena puede percibirse como persecutoria cuando quedan restos
de ella en las uñas de las manos, o puede adquirir una función sanadora al refrescar las palmas
de las manos calientes. A veces la fina textura de la arena trae a la mente el contacto de la piel y
despierta un deseo de tocar y ser tocado; otras veces la arena tiene que aguantar el que se la
comprima bruscamente, se la machaque e incluso se la golpeé. Puede ser batida tan fuerte que
lo que está encima quede abajo y los gestos arrasadores, explosivos que produce, pueden traer
un sentimiento de liberación y de regeneración. Con unos pocos movimientos se crean
montañas, valles, ríos o desiertos, pero lo más importante es que se han creado lugares
profundamente familiares y a la vez en los que nadie ha vivido nunca. Las formaciones de arena
se pueden cambiar fácilmente; cada destrucción conduce casi orgánicamente a una nueva
creación. Nada se pierde. Nunca se bota nada. Es la misma arena siempre dispuesta a ser re-
utilizada y siempre presta a ser transformada una y otra vez en su opuesto. Se puede ver con
claridad lo similar que es la arena a aquello que podríamos llamar la sustancia psicológica, o en
términos alquímicos, una sustancia con propiedades mercuriales.
A menudo el inconsciente se constela inmediata y directamente, justo después de unos pocos
movimientos no intencionales de la mano, un rostro aparece de repente mirándonos desde la
seca arena. El paciente es tomado por sorpresa y pregunta: “¿Yo hice esto?” (no me puedo
hacer responsable de esto). Naturalmente este obvio estado de sorpresa es el mismo criterio por
el que el/la terapeuta puede asegurar si procesos más profundos y más auténticos están
ocurriendo, o si el juego del paciente hasta el momento está todavía dominado por la resistencia.
No es que no se puedan tener sorpresas, incluso durante la fase de resistencia, pero éstas
estarían probablemente provocadas por la intervención del/a terapeuta, como por ejemplo
cuando él/ella señala un aspecto inesperado de algo que ha sido dibujado en la arena.

Una regla básica es que el contenido de la Caja de Arena en sí mismo nunca puede ser
interpretado o comentado directamente por el terapeuta. Se supone que todo lo que se forma en
la Caja de Arena no solamente tiene una razón sino también un propósito, la dirección que aún
tiene que revelarse con el tiempo. Este proceso puede ser interferido severa e irreversiblemente
por una intervención prematura. El pensamiento y el sentimiento empáticos del/a terapeuta
pueden denominarse como interpretación silente, y se reconoce que esto tiene una influencia
importante en los resultados de la sesión con Caja de Arena. Las descripciones de un campo
interactivo entre terapeuta y paciente han aportado más luces sobre estos fenómenos (ver
artículo sobre Contratransferencia e Intersubjetividad). Naturalmente esto quiere decir que el
acto de jugar y sus resultados están enraizados en el campo intersubjetivo entre el consciente y
el inconsciente de las dos partes.

Ahora me referiré a una dinámica especial de la Caja de Arena: la constelación triangular del
contexto. En un contexto analítico normal, dos personas tratan de elaborar una tercera región de
comunicación, que es la dimensión simbólica. Juntas tratan de crear un campo de energía que
se enriquece con los elementos inconscientes, de los cuales tratan de aprehender unos pocos y
traerlos a la conciencia. Si no lo logran, su conciencia compartida tenderá a la actuación o acting
out. Con la Caja de Arena (Sandplay) sucede algo muy diferente. Este tercer espacio,
potencialmente simbólico, es anticipado y está presente desde el comienzo, como algo concreto
y material. Simplemente está ahí. Esta situación a menudo produce una repentina constelación
del Otro del paciente, su lado oculto. La Caja de Arena ofrece un espacio concreto, adicional,
que es mucho más neutral de lo que cualquier analista podría ser. El paciente tiene una
sensación de estar más solo consigo mismo, más en privado. Cualquier cosa que sea dolorosa o
que esté produciendo emociones como miedo o ira, puede ahora hacer su aparición. El analista
no interfiere con la expresión de los afectos. Para el paciente lo que sea malo está ahí en la
arena y no solamente dentro del sujeto.

El paciente puede temporalmente crear una cierta distancia del afecto, y a la vez permanecer
conectado y expresivo con el afecto. Para pacientes cuyas psiques constelan intensas
transferencias, esto significa que ellos también han llegado a estar en posesión de una parte del
analista y que pueden calmada y tranquilamente tomar el control, sin miedo a que el analista
pueda sentirse herido, abrumado, o intensamente amado. Todo, incluso lo inimaginable, puede
ocurrir primero en la arena, y solamente más tarde correr el riesgo de adquirir voz dentro de la
relación.

Incluso antes de que algo sea expresado en la arena, esta situación triangular puede también
activar tendencias primitivas hacia la escisión de la personalidad. Normalmente suponemos que
los contenidos inconscientes permiten que se les de una representación tridimensional en el
Juego con la Caja de Arena. Esto es cierto para los contenidos que están cercanos a la
conciencia y que ya existen en forma de imágenes. Pero hay también elementos inconscientes
que no tienen forma en absoluto ni conexión con imágenes; pueden no poseer todavía sustancia
psicológica. En los sueños no se presentan como imágenes, sino que estan localizados en la
estructura subyacente de ciertos sueños, fuerzas invisibles que son altamente determinantes.
Tales elementos tienen una tendencia a explotar fuera de proporción y volverse
inconmensurables. En estas situaciones encontramos escenas como la siguiente: en una sesión,
el paciente juega con la arena y está lleno de iniciativa. Percibe la arena como agradable,
maleable y protectora, y se siente en libertad. “Si sólo la analista no estuviera aquí, molestando
mientras toma notas en su cuaderno” piensa. “Ella me bloquea la creatividad. Me hace
seguimiento de cada movimiento. Si no estuviera aquí, yo podría hacer todo lo que quisiera” . En
la siguiente sesión, el mismo paciente comienza expresando que la arena se siente fría y burda.
Incluso su color le parece diferente: es más oscura. “¿Qué ha sucedido? Nada parece querer
tomar forma. ¿Y las miniaturas? Siempre han sido tan amigables pero hoy están ahí paradas y
se ven tan ridículas. Puro kitsch! Afortunadamente la analista está aquí; se sienta de manera tan
tranquila. Al menos ella es alguien con quien se puede hablar. Ella comprende” . Una vez, la
arena está bien y la analista mal. En otra ocasión, la arena está mal y la analista bien. El
paciente experimenta de manera personal, con todos sus sentidos, que la misma arena y la
misma analista pueden repetidamente cambiar de lado e invertir sus cualidades; puede saber de
su propio fenómeno de división del inconsciente mientras esto sucede. La analista permite ser
utilizada como un objeto neutral; puede tener las correspondientes reacciones de
contratransferencia, sintiéndose unas veces pobre e inútil, y en otras, importante y requerida,
pero darse cuenta de lo que está sucediendo y saber que los dos sentimientos son en verdad
dos caras de la misma moneda.

La tercera característica del juego con la Caja de Arena que la distingue del análisis, proviene del
método mismo. El juego con Caja de Arena ofrece una tendencia distinta hacia la regresión
psicológica, una que no está restringida a la propia infancia del paciente sino desde el punto de
vista de nuestra historia de desarrollo colectivo como especie, una regresión de la misma
conciencia humana.

Dora Kalff le da un uso concreto –a veces concretizante– a las ideas de Jung. Ella creó
condiciones en las cuales los contenidos del inconsciente pueden ser recuperados de la materia
misma. En términos de la historia de la conciencia, esto equivale a la regresión. Para que un
objeto concreto sea cargado con sustancia psicológica y no se vuelva simplemente una imagen
de algo más, sino que de hecho tenga “poder” para trabajar por su cuenta como un “pars pro
toto” (designar el todo por sus partes), remite a una fase distante del desarrollo humano. Jean
Gebser, quien brinda una completa descripción de cinco fases de la conciencia humana, la llama
la fase “mágica” (Gebser 1986). Parecería que el juego con la Caja de Arena nos da la
posibilidad no sólo de penetrar hasta la infancia del individuo, como hace el análisis, sino de
regresar a profundidades análogas de las infancias colectivas de la humanidad.

Esto constituye una ventaja incomparable frente a otras prácticas psicoterapéuticas a la vez que
conlleva algunos peligros. Puede explicar por qué el juego con la Caja de Arena, de una parte,
está siendo propagado rápidamente por todo el mundo y de otra, desechada como una forma
mistificada de terapia.

Con certeza una de las ventajas citadas con más frecuencia es que puede constelar
directamente contenidos inconscientes o semiconscientes que no son expresables verbalmente.
Más aún, como ya he mencionado, que puede alcanzar las llamadas regiones pre-simbólicas de
la psique. Según el grado de disposición del paciente para aceptar el ofrecimiento de regresión
en un “espacio libre y protegido”, ocurren diferentes niveles de experiencia, independientemente
de las instrucciones del terapeuta. Los recuerdos personales pueden emerger, tales como “Esto
es como cuando yo jugaba en la playa cuando niño…” ; o imágenes simbólicas como: “yo quiero
apilar la arena para hacer una montaña…” . También pueden darse sensaciones no-pictóricas,
sin forma, totalmente corporales, o estados mentales como “algo me hala hacia abajo”, “me
siento frío y encogido”, “todo está mortalmente silencioso, y nada respira” . Estos son a menudo
intensas experiencias de los sentidos que no pueden conectarse con ningún recuerdo específico.
Estos son dominios en los cuales la “cura hablando” del análisis se logra muy rara vez. Episodios
traumáticos que estuvieron encapsulados, sin voz y sin forma, a menudo se hacen accesibles a
la experiencia conciente. El término “pre-simbólico” describe algo que yace más allá de las
fronteras de la simple representación. A menudo, la única manera de agarrar estos elementos es
a través de la identificación proyectiva. Esto significa que un terapeuta debe primero contactarse
en su propio cuerpo y en sus emociones, con la experiencia traumática del paciente. Si el
terapeuta logra procesar esta experiencia a través de comprender que es una parte de la vida
del paciente, y a la vez filtrar la porción de su propia historia de vida, entonces el paciente puede
comenzar a representar lo “inexpresable” en la arena y confrontarlo desde fuera. El yo interno del
paciente sale reflejado de la arena, y aunque el paciente lo formó, hasta ahora había sido
desconocido y sin nombre. Tan pronto como algo es formado en la arena, ya ha comenzado el
proceso de cambio. Esta es la razón por la cual lo que se hace durante el juego con la Caja de
Arena, no solamente describe el “status quo” sino que ya ha comenzado igualmente a
procesarlo.

El juego con la Caja de Arena nos posibilita constelar un proceso creativo sin el requisito de
contar con conocimiento previo sobre cualquier técnica. Esto constituiría un atajo a un estado en
el cual es posible el cambio psicológico. Las limitaciones del juego con Caja de Arena tienen que
ver con regresión, con la posibilidad de devolverse a un estadio en el cual materia y psique no se
han separado aún. Los daños posibles son “pensar en términos mágicos", identificación con
contenidos inconscientes, idealización del método, e inflación. Es precisamente debido a que el
juego con Caja de Arena puede liberar una energía psicológica altamente potente de un nivel
anterior de conciencia en nuestra historia de desarrollo, que se requiere estar firmemente
asentado en el sistema coordinado de principios psicológicos y psicoanalíticos básicos. El juego
con Caja de Arena es más efectivo cuando se lleva a cabo dentro del contexto del análisis.

Juego de caja de arena con niños

El juego de Caja de Arena hace uso de una conducta innata, común a todas las culturas, con la
cual los niños reaccionan natural y espontáneamente a cualquier dificultad, trauma, miedo o
inseguridad, básicamente jugando. El juego pertenece al repertorio de conductas sanas del niño,
y es su forma más recóndita de aproximarse al mundo. Podemos incluso decir que los niños
experimentan el mundo a través del juego. Es como un filtro a través del cual todos los nuevos
impulsos y experiencias se traducen al lenguaje propio del niño y sólo entonces pueden ser
apropiados. Ser un niño y jugar es una y la misma cosa. El juego se ubica en la frontera entre la
realidad y la imaginación, lo que Winnicott describe como el espacio transicional. Dentro de esta
área especial, la sustancia psicológica es moldeable y la psique es capaz –con ciertos límites- de
curarse. A través del juego se operan ciertos cambios en la psique que ayudan al crecimiento
psicológico y a la diferenciación. Las malas experiencias podrían, por ejemplo, entrar en el juego
con la frecuencia que se requiere para debilitar su carga emocional. Al jugar, se refinan y
ensayan nuevas estrategias de conducta, hasta lograr una mejor adaptación al mundo. Aparte de
la genuina alegría de experimentar y expresarse a sí mismo, también hay un propósito en el
jugar. Los juegos aburridos no se juegan por largos ratos. El jugar demanda riesgos, nuevos
desafíos, encontrar sus propios límites y ensayar nuevas variaciones de las cosas ya familiares.
Todo esto sucede por si solo.

Si a un niño se le estimula suficientemente en su desarrollo, el juego del niño florecerá


libremente con variantes infinitas, creativas, y se regocijará en el mismo juego como con un
trabajo de arte, o con el vuelo de un pájaro. No obstante, si este proceso es detenido, el juego se
pondrá entonces completamente al servicio del desarrollo psicológico del niño. Los temas de un
juego inmediatamente se van a cerrar alrededor de lo que constituye el bloqueo. En variaciones
siempre nuevas y a menudo dramáticas, el niño ilustra lo que está mal, lo que está fuera de
lugar, y cómo serían las cosas si no fuera por el bloqueo. Una gran cantidad de energía
psicológica se moviliza de muchos lados para enfrentar la obstrucción interna y externa. Una y
otra vez, el conflicto se representa en el juego; si no se ofrece ayuda externa, estas
representaciones se tornarán más y más dramáticas, caóticas y crípticas para el observador. Si
el desarrollo psicológico del niño no mejora, su juego se limitará cada vez dentro de fronteras
más reducidas. Las variaciones serán menores hasta que quedan muy pocos elementos
repitiéndose. La situación que rodea al niño puede volverse tan amenazante que el juego cesa
totalmente. En estos casos, la vida psicológica del niño está seria e irreversiblemente
amenazada. Tan pronto como se presenta una mínima posibilidad de cambio, variantes y
posibilidades de aumentar esta chispita de esperanza serán ensayadas sin descanso, y con
frecuencia, emergen espontáneamente símbolos durante el juego, que permiten alcanzar un
nuevo nivel de desarrollo. En estos casos, la psique se ha curado a través del juego.

En el juego de Caja de Arena, el hecho de ofrecer un espacio libre y protegido así como la
presencia de un adulto que acompaña, intensifica el proceso, y esto ha salvado las vidas de
muchos niños en condiciones extraordinariamente precarias. A través del juego de Caja de
Arena, ellos cuidadosamente comenzaron a aproximarse nuevamente a la conducta sana que
habían perdido temporalmente, incluso si esto equivale apenas a amasar arena por semanas y
semanas. Algo particularmente especial del juego de Caja de Arena se hace evidente aquí. Un
niño emocionalmente golpeado y traumatizado difícilmente querrá usar lápices de color, o tiza o
participar en actividades de grupo. Pero sentarse junto a la caja de arena -un área separada,
cerrada y protegida- y sólo acariciar la arena, como si su misma existencia tuviera que ser
probada primero para poder responder la pregunta de si queda algo en el mundo a lo cual
aferrarse, posibilita aunque sea sólo esto. La arena es adaptable pero también sólida. Puede
trasmitir un sentimiento tranquilizador de ser algo simple -elemental-, no aterrorizador, que no
espera nada de uno, y sencillamente es lo que es.

Juego con Caja de Arena para niños. Nuevos desarrollos.

En Johanesburgo, Sudáfrica, y en Guangzhou en el Sur de China, una forma simplificada


llamada “Juego expresivo con Caja de Arena” ha demostrado ser de gran ayuda en varios
proyectos de ayuda a niños. Los niños en Johanesburgo provienen de los barrios más pobres, de
los tugurios, criados en malas condiciones y emocionalmente traumatizados. Estos niños nunca
habían hablado con un/a trabajador/a social acerca de sus problemas pero sí describían sus
condiciones de vida en la arena y no eran tímidos para explicar lo que representaba cada una de
las figuras. Aquí, las imágenes de Caja de Arena deben básicamente tomarse de manera literal.
Una casa es su casa actual, y las figuras son personas de las vidas de los niños, pero a la vez,
dan siempre pistas sobre significados alegóricos o simbólicos. Un niño de seis años representó
en la arena la forma como vive en una choza con sus dos hermanos. La figura representa al
hermano mayor con una cadena alrededor del cuello. El niño explicó que este hermano estaba
casi siempre borracho, golpeaba a los otros niños, y la cadena significaba que estaba
aprisionado por el trago. Al preguntársele si no había adultos viviendo con ellos, respondió que
los padres los habían dejado hacía mucho tiempo. Toda esta información resultó cierta y así los
niños pudieron ser ayudados por los trabajadores sociales. El poder trabajar con arena ayudó a
este niño a superar su sentimiento de vergüenza y fue más efectivo de lo que cualquier
interrogatorio hubiera logrado.

En otro caso la ayuda llegó demasiado tarde. Un niño de siete años representó a su padrastro
golpeando a la madre y amenazándola con matarla. Había una casa, la madre, el padrastro, y el
niño mismo corriendo hacia la estación de policía. Tres días después de esta sesión, la madre
murió asesinada por el padrastro. Afortunadamente, el niño recibió protección y también pudo
continuar con las sesiones de Caja de Arena. En las siguientes sesiones, representó su duelo de
varias maneras; representó la tumba, y también a él mismo jugando con un cocodrilo. Podría
pensarse que en este contexto el cocodrilo puede simbolizar su traumatizado mundo emocional,
o igualmente la agresividad inhumana y a sangre fría a la que el niño está expuesto, la cual
necesita procesarse para prevenir que un día se convierta en agresor. De otra parte, como todo
símbolo, el cocodrilo tiene un significado opuesto –en este caso, la protección materna. En las
historias que las madres cuentan a los niños en África, el cocodrilo a menudo es descrito
llevando a sus hijos en la boca en la que están a salvo detrás de unos dientes afilados.

Estos dos ejemplos son apenas una mínima muestra para mostrar el inmenso potencial que
puede ofrecer el Juego expresivo con caja de Arena en situaciones como éstas, en las que la
psicoterapia normalmente no llega.

En el sur de China, este juego, en pequeños grupos, se ofrece en los jardines infantiles privados.
El éxito de este proyecto permitió introducirlo en tres orfanatos estatales. No sólo
psicoterapeutas trabajan allí con los niños sino también profesores, estudiantes de psicología y
trabajadores sociales. No significa remplazar la psicoterapia, pero produce cambios de conducta
en un tiempo asombrosamente corto, en niños emocionalmente perturbados, siempre y cuando
también tuvieran garantizadas las necesidades básicas (alimentación, un mínimo de atención
emocional, y juego). El principio básico del juego con Caja de Arena es el mismo en estas
situaciones. Un espacio libre y protegido es brindado por un adulto que ha aprendido a
aproximarse a un niño no de manera pedagógica, sino permitiendo libertad de expresión
absoluta, independiente de qué tan incomprensible o caótica pueda parecer.

Quisiera terminar con un ejemplo del proceso con Caja de Arena – en este caso un niño de tres
años de una familia de clase media de los Estados Unidos- que muestra cómo, incluso niños
muy pequeños, ya saben qué es lo que necesitan. El niño no había comenzado a hablar, aunque
oía muy bien y sus habilidades cognitivas eran normales para su edad. En la primera sesión con
Caja de Arena, tomó dos tazas de plástico y comenzó a pasar arena de una a la otra. Esto se
repitió por muchas sesiones, sin que tomara en cuenta a la terapeuta, quien o bien le hablaba o
bien lo miraba en silencio. En cualquiera de los casos, ella dejó en claro que no se esperaba del
niño nada diferente a lo que estaba haciendo, y que sus acciones eran percibidas y reflejadas
sobre otra persona, a veces expresadas también verbalmente. Después de unas pocas
sesiones, el niño comenzó a mirar a la terapeuta con más frecuencia, y el contacto visual se fue
alargando en la medida en que progresaban las sesiones. Su juego con la arena y las tazas
continuó de la misma manera. Después de tres meses, el niño comenzó a hablar y nunca tuvo
una recaída.

El significado de su acción es fácilmente comprensible. Es una sorprendente representación


sencilla de la comunicación: algo necesita ser pasado de una persona a otra. Aparentemente
este principio tenía que ser primero trabajado físicamente, con la mano, como si el niño
necesitara ganar certeza de que esta forma de paso y traspaso pudiera siquiera ser posible.
Cualesquiera hubieran sido las razones para el retraso en el desarrollo del niño, puede afirmarse
que primero aprendió a hablar y lo practicó en un nivel pre-lingual con ayuda de la Caja de
Arena. Ninguna estrategia orientada a los síntomas fue utilizada en este caso, como tampoco se
puso activamente en práctica ningún intento para buscar las razones psicológicas subyacentes al
síntoma. Todo lo que hizo la terapeuta durante las sesiones con Caja de Arena fue asegurar al
niño este libre y protegido espacio, y poner su propia personalidad a disposición del niño, en el
sentido de ofrecerle una relación. Con toda la calma y quietud, y a su propio ritmo, el niño pudo
asegurarse el hecho de que, en efecto, es posible que las cosas puedan ser trasmitidas de una
persona a otra: primero arena de una taza a la otra, luego el contacto visual entre dos seres
humanos, y finalmente, las palabras habladas. Una vez vivida esta experiencia, estaba listo para
hablar.

A través de los años, la Caja de Arena se ha establecido como parte inherente de la práctica
jungiana. En algunos institutos de entrenamiento, la experiencia con Caja de Arena es parte del
curriculum, pero también se ofrece como uno de los muchos medios de expresión en diversos
tipos y disciplinas de la psicoterapia. Sin embargo, esta última forma de uso es a veces
problemática, por cuanto en este juego, incluso desde la primera sesión, ya se pone en marcha
un proceso. Después de que los niños han terminado la sesión de diagnóstico y han puesto el
alma y el corazón en trabajar, con razón a menudo se sienten traicionados porque el proceso, no
totalmente comprendido por quienes hacen el diagnóstico, no continúa. La Caja de Arena no
puede ser jamás una descripción de un estado actual sino siempre tiene que ser el comienzo de
un proceso y de un cambio. Utilizar la Caja de Arena simplemente para cumplir metas de corto
plazo es como alimentar la chimenea con muebles antiguos. Con seguridad el cuarto estará
cálido y caliente, pero una escala completamente diferente de potencial, no sólo se pasa por alto
sino que corre el riesgo de perderse.

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