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Psicología del Amor-Parte I

Dar amor nunca nos empobrece, sólo nos enriquece

Todo ser humano necesita amar y ser amado. La falta de amor produce una sensación de
aislamiento y no pertenencia y un sentimiento de vacío difícil de llenar.

Muchos creen que el amor es cuestión de suerte, como una lotería, sin embargo no es así,
porque el amor verdadero exige esfuerzo y sabiduría.

El tema del amor ocupa mucho lugar en nuestras vidas; cataratas de palabras se han escrito
sobre el amor, miles de canciones están basadas en el amor y hasta las tragedias pasionales
tienen que ver con el amor.

La mayoría de las personas pretende ser amada y todo el esfuerzo está orientado a atraer a
alguien que la ame dispuesto a satisfacer su necesidad de afecto, sin tener en cuenta la
propia capacidad de dar amor.

Nadie cree que sea necesario aprender algo sobre el amor porque lo consideran un arrebato
propio de la naturaleza, confundiendo de esta manera una ocasional experiencia emocional
con el amor verdadero.

Tampoco nadie quiere renunciar al amor romántico y desean que luego se consolide y se
transforme en algo siempre romántico pero también serio, comprometido y que logre
trascender los avatares del tiempo.

Estamos inmersos en una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende para ser
usado. La línea divisoria entre objeto y persona ya no es tan nítida como solía serlo cuando
no todo se podía comprar.

Las elecciones de pareja ya no se basan en sentimientos sino en requisitos que hay que
cumplir dentro del espectro de la demanda general, determinado por la cultura y las modas.

De esta manera cada uno ofrece su mercadería tratando de que en el intercambio no exista
un desequilibrio de valores que pueda interferir en la relación.

Es un modo de establecer vínculos casi tan parecidos como los matrimonios arreglados de
antaño, que nos parecían tan ridículos y fríos.

Sin embargo, a pesar de tomar previsiones de toda índole y tratar de encontrar alguien con
intereses compatibles, las parejas fracasan.

Estos fracasos nos demuestran que mantener un amor verdadero no es innato ni


prefabricado sino que exige un aprendizaje. Se puede aprender a amar para siempre a
alguien si tenemos mayor conciencia de nosotros mismos.
El sentimiento de aislamiento es propio de la naturaleza humana y es el origen de la
angustia. La vida del hombre de hoy se centra en cómo superar su soledad.

Resulta difícil lograr superar el estado de separación y lograr recuperar el anhelo de


pertenencia y unión, en una sociedad donde el individuo no se puede diferenciar del otro.
La masificación atenta contra la identidad y nos convierte en objetos que son más valorados
y aceptados en la medida que hacen, dicen, usan, y piensan lo mismo.

Lo único que puede salvar al hombre del mundo robotizado que ha creado es el verdadero
amor, interpretado como una unión cuya condición esencial es el respeto por la propia
individualidad.

Psicología del Amor -Parte II

No puede hablar del amor quien no haya amado, ni del dolor no padecido, sólo la verdad
se ha revelado con la experiencia que ha tenido.

La unión amorosa que respeta la individualidad es la única que puede evitar la angustia que
provoca el aislamiento y que al mismo tiempo le permite a una persona ser ella misma.

El amor no puede ser nunca un arrebato pasional, sino un acto de entrega donde dar es más
importante que recibir.

No significa una forma de dar sacrificándose o sufriendo sino dar lo mejor de si mismo
convirtiendo al otro también en un dador y creando felicidad para los dos.

El amor es un poder que produce amor, siempre que ninguno de los dos sea tratado como
un objeto de uso.

Si una persona no ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista y su deseo de


manipular para conseguir sus propios fines egoístas, tiene miedo de darse y por lo tanto
también miedo de amar.

Porque amar exige cuidado, atenciones, responsabilidades, respeto y sabiduría; y la esencia


del amor es hacer el esfuerzo necesario para hacerlo crecer.

La responsabilidad implica estar dispuesto a responder y no significa un deber o algo


impuesto desde el exterior.

Respetar a una persona significa la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener
conciencia de su individualidad única y preocuparse por que la otra persona crezca y se
desarrolle tal como es, no como el otro necesita que que sea, como un objeto para su uso.
La sabiduría es imprescindible para entender al otro en sus propios términos y para llegar a
conocerlo a través de la unión amorosa, sin necesidad del pensamiento.

Es como la experiencia de Dios, que no se trata de un conocimiento intelectual sino de un


sentimiento de intimidad y unión con él, y el amor al otro es es primer paso hacia la
trascendencia.

El temor o el odio al otro sexo son la base de las dificultades que no permiten a una persona
entregarse por completo y la espontaneidad y la confianza diluyen los problemas.

El amor verdadero no implica ausencia de conflicto. Los conflictos reales de la realidad


interna de cada uno contribuyen para aclarar y liberar energías y para fortalecer a la pareja.

El amor sólo es posible cuando la comunicación entre dos personas no se realiza desde la
superficialidad del ego sino desde la parte esencial de ellos mismos. No es algo estático ni
tranquilo, es un desafío constante de dos libertades que quieren por sobre todas las cosas
crecer y estar juntos.

Amor y Obsesión

El amor no es prisión, ni desconfianza ni dolor, es la unión con fe de dos.

Amar a alguien es una emoción humana capaz de ayudar a reconciliarse con la vida,
producir un cambio en la percepción y poder ver todo más bello.

Pero también, el que cree amar, puede volverse posesivo y cruel hasta el punto de poner en
peligro la relación.

El falso amor se puede transformar en obsesión en personalidades depresivas que tienden a


relacionarse en forma simbiótica.

Necesitan sentirse dueños del otro, como parte de sí mismos, para poder controlarlo y
manipularlo y cualquier actitud de independencia es interpretada como falta de amor.

Pero si esa persona no puede crecer ni tener una vida propia, además de perder la
oportunidad de desarrollar su potencial, pierde su identidad, enajenando su propia vida para
mantener una relación enferma.

La obsesión en el amor se caracteriza por el intento de control de la relación y de la pareja


que representa un objeto más de propiedad del sujeto.

La obsesión en el amor no es amor, consiste más bien en tener a alguien seguro para usarlo.

No hay nada peor en el amor que convertirlo en una cárcel por el miedo a perderlo.
La angustia que provoca el miedo a la pérdida es la falta de fe, porque para amar a alguien
de verdad hay que tener fe, y para tener fe hay que tener coraje, ser capaz de correr riesgos,
estar dispuesto a soportar el dolor y la desilusión como parte de la vida y a comprometerse
sin garantías.

El que se obsesiona considera a la seguridad y la tranquilidad como elementos esenciales en


la vida, donde las posesiones, tienen primacía, sin darse cuenta que también él es un
prisionero.

La fe en la vida y en los otros se adquiere cuando uno mismo es digno de fe.

El Miedo al Amor

La ciencia ha descubierto ahora, que el corazón piensa y tiene neuronas.

Hay gente que vive a la defensiva para no sufrir. El sufrimiento es parte de esta vida y no se
puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados
los afecta.

El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a


sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido,
puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única
compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera
automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica
del no compromiso.

Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer


compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado
psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.

Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de
bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda
la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.

Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil
como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.

La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino
también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que
conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total,
tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se
comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo,
reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.

Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a


conocerla.

Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que
basarse en la sinceridad y la honestidad.

La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman


parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el
sufrimiento.

El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está
incompleta.

Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más


perfecta de comunicación con los otros.

Psicología del amor

El amor es una emoción que junto a la ira y el miedo forma parte de las emociones básicas
humanas.

El amor es instinto de vida, tiende a la unión, a la unidad de lo femenino y lo masculino, es


una fuerza poderosa que mantiene la cohesión.

El amor materno es el primero y fundamental y es el que va a establecer el patrón de


comportamiento para las relaciones amorosas adultas.

El amor es la esperanza de la humanidad, especie que se encuentra en peligro de extinción


más por desamor que por contaminación. Es el principio de la vida, posibilita el
crecimiento y desarrollo normal de un ser humano y es el que permite su independencia.

Las relaciones humanas siempre son ambivalentes, el amor y el odio coexisten y se


manifiestan en algún momento de alguna forma.

El amor de pareja es respeto, aceptación, diferenciación yo-no yo. El otro no es la


prolongación de uno sino otro separado.

En el amor apasionado se ama porque se necesita al otro, en el amor verdadero se necesita


al otro porque se ama.
Más que un sentimiento hacia alguien es una cualidad que permite comunicarse con todos
los otros en forma comprensiva y considerada, entendiéndolos.

El amor es desinterés, no especula, no negocia ni saca ventajas, y el amor más importante


es el amor propio. Se comienza por amarse a uno mismo para poder amar a otro y el otro es
el primer paso hacia Dios.

El amor propio es el respeto por uno mismo mientras que el egoísta utiliza a los otros para
su propio beneficio.

Dice San Agustín: “Ama y haz tu voluntad”. Parecería una contradicción. ¿Cómo hacer la
propia voluntad sin comprometer la relación con el otro?

El otro está dentro de mí, lo considero, lo tengo en cuenta, no lo dejo de lado para hacer mi
voluntad. Participa porque elijo estar con él, amarlo y que me ame, y si se opone a mi
crecimiento tengo que convencerlo con mi férrea convicción y mi coherencia interna.

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