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Día de los trabajadores 2021

Este año es el primero en que ya no formo parte de las filas de los trabajadores
activos por estar recientemente jubilada. Trabajé mucho, a tal punto de no tener
tiempo libre, ni muchas horas de sueño. Fui docente: muchas horas de clase,
muchos viajes en colectivo, muchas horas de diseño de material didáctico, de
planificación, de corrección, de capacitación, entre otros. De mi padre aprendí que
hay que trabajar mucho e intentar ahorrar porque nunca se sabe si uno puede perder
el empleo.
Los treinta y ocho años en relación de dependencia se superpusieron con casi
treinta de trabajo por cuenta propia, lo que hoy se llama emprededorismo, el espejismo
del siglo veintiuno donde te quieren hacer creer que ser tu propio jefe tiene ventajas y
te disfrazan la inestabilidad laboral, la falta de un ingreso estable y de un sistema de
sostén. En algunas épocas de despidos con indemnizaciones el camino era el maxi-
kiosco o el locutorio donde muchos desperdiciaron su capital, su tiempo y sus
ilusiones.
De mis días de trabajo solo quedan el recuerdo y las convicciones. Por un
lado, la diversidad de momentos vividos de los cuales hoy traigo a la mente de tanto
en tanto anécdotas felices junto a los alumnos y los colegas. He enterrado casi por
completo situaciones de maltrato, de desvalorización y de angustia.
Sigo creyendo que, en la necesidad de ganarse el pan, las personas
desestiman las humillaciones y se centran en lo urgente: conseguir los recursos para
sostenerse a sí mismas y a su familia de la mejor manera posible. Son las personas,
los trabajadores, quienes hacen avanzar a la sociedad, no sus patrones. La cuestión
es con qué costo personal y con qué retribución por semejante proeza.
Los primeros de mayo se suele saludar a los amigos y publicar frases y fotos
en las redes. Me pregunto si será una confusión o una estrategia de larga data y muy
bien diseñada la que hace que muchos saluden por el día del “trabajo” y que también
saluden a las amas de casa supongo que en su rol de “trabajadoras informales”.
Creo que la sociedad avanza en algunos aspectos y los patriarcales están aún
rezagados. Si lavara, limpiara e hiciera las compras para un cónyuge despótico que
utilizara mi tiempo en su beneficio, eso no se llamaría trabajo, se llamaría esclavitud.
Alguna vez una persona cercana que se dedicó a ser ama de casa durante un tiempo
cuando su hijo era chiquito mientras su marido tenía un trabajo de oficina me hizo
razonar que los aportes jubilatorios cuando una pareja decide que uno de ellos se
quede en casa debería ir dividido en partes iguales a la caja previsional de cada uno.
Eso sería un justo avance.
Confundir trabajo con trabajador o quehaceres con trabajo aleja el concepto de
lo que es: un homenaje a los mártires de Chicago, que pedían poco y nada comparado
con la fortuna que levantaban con pala sus patrones y su reclamo recibió como
"premio" desde perpetua, pasando por pena de muerte y hasta un supuesto suicidio.
Hoy también nos toca seguir defendiendo nuestros derechos. En otro tipo de
sociedad donde no primara el capitalismo salvaje, no existirían ni los trabajadores ni el
trabajo, ya que cada uno colaboraría con la comunidad en su conjunto de acuerdo con
sus capacidades, dones y posibilidades. Se trata de cooperar y compartir. No
existirían las personas en situación de calle, ni los pobres, ni ninguna de las
desgracias de la sociedad tal como la concebimos en la actualidad.
© Edith Fiamingo 2021