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#cartasdeamor

Odio las cartas literarias, cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas a copiar; yo me


siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos”
Julio Cortázar, 1942

De YOKO ONO A JOHN LENNON (2007)

Te extraño, John. 27 años han pasado, y todavía deseo poder regresar el tiempo hasta
aquel verano de 1980. Recuerdo todo -compartir nuestro café matutino, caminar juntos en
el parque en un hermoso día, y ver tu mano tomar la mía- lo que me aseguraba que no
debía preocuparme de nada porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida
estaba a punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso dolor de
perder un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener el tiempo para un último
abrazo y la oportunidad de decir "Te Amo" por última vez. El dolor y la conmoción de
perderte tan de repente está conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué tu lado
en nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta de que seguía tibio.
Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años -y seguirá conmigo por siempre.

***

De ADOLFO BIOY CASARES A ELENA GARRO

(Desde 1949 y por veinte años mantuvieron una relación secreta. Estaban casados
respectivamente con Silvina Ocampo y Octavio Paz).

Mi querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor
Hugo. Sin embargo, te quiero más que a nadie... Desconsolado canto, fuera de tono, Juan
Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera
parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte. Extraño las
tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Elena. Has poblado tanto mi vida en
estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer,
cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado,
pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo. Te digo
esto y enseguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo
sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos modos
cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá
que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia...
Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además,
recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos
divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes
demasiado... Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas.
Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie
como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me
emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería
muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis
necedades.

Adolfo

* Las 91 cartas, telegramas y postales que Bioy Casares le escribió, se encuentran en la


universidad de Princeton, en Estados Unidos, especie de caja fuerte con santo sanctórum de
los artistas.

***

De SALVADOR DALÍ a FEDERICO GARCÍA LORCA (1928)

... Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. La última temporada en Madrid
te entregaste a lo que no te debiste entregar nunca. Yo iré buscarte para hacerte una cura de
mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te
acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de
retratar ....

***

De JUAN D. PERÓN a EVA DUARTE, 14 de octubre de 1945, Isla Martín García

Mi tesoro adorado:

Sólo cuando nos alejamos de las personas queridas podemos medir el cariño. Hoy sé cuánto te
quiero y que no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad sólo está llena con tu recuerdo. He
escrito a Farrel pidiéndole que me acelere el retiro; en cuanto salga nos casamos y nos vamos
a cualquier parte a vivir tranquilos (…) Esta carta te la mando por un muchacho porque es
probable que me intercepten la correspondencia. (…) Debes estar tranquila y cuidar tu salud
mientras yo esté lejos, para cuando vuelva. Yo estaría tranquilo si supiera que vos no estás en
ningún peligro y te encuentras bien (…) Viejita de mi alma, tengo tus retratos en mi pieza, los
miro todo el día con lágrimas en los ojos. Que no te vaya a pasar nada porque entonces habré
terminado mi vida. Cuidate mucho y no te preocupes por mí, pero quereme mucho que hoy lo
necesito más que nunca.

***

De SIGMUND FREUD a MARTHA BERNAYS (1885)

“Créeme: es natural que yo ponga más objeciones que tú a nuestra prolongada espera.
Sucede únicamente que yo la soporto con más esfuerzo, lo cual no es extraño, pues por regla
general, las novias son más resignadas que los novios”.

“Aunque durante todos estos años he sido pobre, he conseguido lograr aquellas cosas que
significaban algo para mí y, por otra parte, me siento a salvo del más desolador de los destinos:
la soledad”.

“Por lo demás, no pido ni espero demasiado de la existencia. Soy muy obstinado y temerario y
necesito grandes estímulos, habiendo hecho muchas cosas que cualquier persona sensata
consideraría osadas. Una de ellas fue la de emprender la senda médica siendo pobre. Otra, la
de, siendo pobre, capturar el corazón de una pobre chica… Pero así ha de continuar siendo mi
vida: mucho riesgo, mucha esperanza, mucho trabajo. Para la sensatez de la burguesía media
me he perdido hace mucho tiempo”.

***

De MANUELA SÁENZ (Quito, Ecuador 1795 – Paita, Perú 1856) A SU ESPOSO J. THORNE (1825)

No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución?

¡Mil veces no! Señor mío, eres excelente, inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que
te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin sus méritos no sería nada.

¿Crees por un momento que después de haber sido amada por este hombre durante años, de
tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o
del Espíritu Santo, o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del
honor, como tú las llamas, pero, ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y
no mi marido?

Déjame en paz, mi querido inglés. Amas sin placer. Conversas sin gracia, caminas sin prisa, te
sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Son atributos divinos, pero yo
miserable mortal que puedo reírme de mí misma, me río de ti también, con toda esa seriedad
inglesa. ¡Cómo padeceré en el cielo! Tanto como si me fuera a vivir a Inglaterra o a
Constantinopla. Eres más celoso que un portugués. Por eso no te quiero. ¿Tengo mal gusto?

Pero, basta de bromas. En serio, sin ligereza, con toda la escrupulosidad, la verdad y la pureza
de una inglesa, nunca más volveré a tu lado.

“Manuelita Sáenz inició sus acciones independentistas a los 22 años, antes de conocer a Simón
Bolívar. Ha sido excluida de la historia y su papel reducido al de amante del Libertador Simón
Bolívar. Pero el tiempo la reivindicó y ahora su enorme rol en la gesta emancipadora de
América Latina es admirado y estudiado”.

Ver más: https://www.telesurtv.net/news/manuela-saenz-heroina-libertadora-america-latina-


20191123-0002.html

***

De EMILIA PARDO BAZÁN a BENITO PÉREZ GALDÓS (188… aprox.)

Hotel Victoria de Domingo Reguero, Madrid.

Mi siempre amado (siempre, siempre), ¡tu cartita me da un rato más bueno! Contaba con ella
como epílogo a los sabrosos marrons glacés del último día. He encontrado este papel, y por
recordar épocas gratas para los dos y darte a mi modo una sorpresita, en él te escribo.

De mis picardías, ¿qué quieres que te diga? Tu eres más indulgente para ellas que yo misma; tú
las explicas y las perdonas, yo tengo instantes en que no las sé perdonar aunque me las
explique aquella lógica interior que nos ayuda a comprender nuestras propias acciones por
más disparatadas que sean. Lo que debe constar y no se escapa a tu inteligencia es que nada
hay de humillante para ti, en lo ocurrido. Bien te alcanza la filosofía y la razón para
comprender que a nadie humilla lo que hace otro, y que sólo las acciones de uno mismo
honran o avergüenzan. Máxime aquí en que no hay que rendir tributo a las preocupaciones de
la gente, que ignora el lazo que nos une. Si el público supiese que tú y yo… vamos, entonces
aún se podría compaginar eso de las humillaciones pero el público, gracias a tu maquiavelismo,
está hecho un papanatas, así que nada de lo malo que yo cometa refluye en desdoro tuyo. Me
basta haber lastimado tu corazoncito sin que además tenga sobre mí el remordimiento de
haber dado ocasión a que ningún estúpido se permita reírse de ti. Gracias a Dios, eso no
sucederá nunca.

Ensancho el renglón, porque este enrejado me marea y paso adelante, miquiño.

Por lo que toca al arrastrado éxtasis de Barcelona, creo que fue una de esas cosas impensadas
y casi inconscientes, que la más pintado le ocurren. Allí sí que no pequé contra el amor que te
tuve y tengo, como aseguras tú que no pecaste contra el mío en Nápoles ni en Venecia. Claro
está que dadas mis faltas no podía haber Nápoles ni Venecia para mí, o al menos que la
Venecia y el Nápoles habían de ser de otro corte muy distinto; pero en el fondo fue mi
imaginación, y no mi alma, lo que allí te abandonó o por mejor decir te hizo traición. Ante la
moral oficial no tengo defensa, pero tú y yo se me figura que vamos un poco para nihilistas en
eso.

En fin, tú me has perdonado, tú me has estrechado contra el corazón prodigándome nombres


dulces y cariñitos inefables; aquella pasión que yo creía amortiguada se ha revelado como la
pasión debe ser, viva, ardiente, y hasta absurda, divinamente absurda; tu absolución y mi
franqueza, aunque tardía, siempre meritoria, me han reconciliado conmigo misma. Lo
imposible y lo temible era que no nos viésemos, que suprimiésemos la comunicación cuando
nuestras almas se necesitan y se completan y cuando nadie puede sustituir en ese punto a tu
Porcia. No deseo ciertamente que me hagas una infidelidad, no; pero aun concibo menos que
te eches una amiga espiritual, a quien le cuentes tus argumentos de novelas. A bien que esto
es imposible, ¿verdad, mi alma, que es imposible?

Ya veo que tuerces el hocico, pensando “aquí sale el cariño eterno y santo. Reniego de él”. No
es eso, fachita, no es eso. Es que estimo en ti lo que sólo en ti se encuentra, sin dejar de
saborear lo otro, que es mejor por ser tuyo. En prueba te abrazo fuerte, a ver si de una vez te
deshago y te reduzco a polvo. En cuanto yo te coja, no queda rastro del gran hombre.

¿Me buscas casa? Creo que la gente de aquí no está alarmada todavía, y por lo mismo
chiquillo, conviene desalojar lo más pronto, antes de que alguna chismosa o algún necio
levante la liebre. ¡Cuánto tengo que agradecerte! Ya sé que con tu apoyo saldré bien de los
casos difíciles en que mi destornillada cabeza (que sólo tiene la mar de tornillos para tratar de
Rabelais y de otras cosas estrafalarias) me ponga. A ver cómo vamos sorteando los escollos. El
quererme a mí tiene todos los inconvenientes y las emociones de casarse con un marino o un
militar en tiempo de guerra. Siempre doy sustos.

Por el camino he pensado una novela; pero no se titula “El hombre”, se tiene que titular (a ver
si te gusta) Titi Carmen. Es la historia de una señora virtuosa e intachable; hay que variar la
nota, no se canse el público de tanta cascabelera. El Hombre de todos modos es un buen
título. He pensado también hacer una novela sobre “El Verdugo”; el verdugo actual. ¿Qué
opinas?

¿Y por qué me quieres tanto, di, ratón? No lo merezco, bien lo sabes, aunque te quiero
también mucho y muy hondo. ¿Qué haces? Mira que espero tus letras el sábado. No dijiste
que los jueves me escribirías. Dime en qué te ocupas. No hagas conquistas, no te vengues en
eso. Lo que te amo te basta. Mira que yo en un minuto te puedo dar más bienes y alegrías que
nadie, sobre todo a mí es a quien quieres, no lo olvides. ¿Cómo andas de sueño? ¿Y de comer?
Te muerdo un carrillito y te doy mucho besos por ahí, en la frente, en el pelo y en la boca.
Gracias por tus bondades todas, y no me destierres al fin de ese corazón mío.

NOTAS BIOGRÁFICAS

Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921). Hija única de una familia gallega
aristocrática y progresista, recibió una educación notable, que completó con viajes, lecturas e
idiomas. Escribió cerca de 600 cuentos y una veintena de novelas y libros de viajes. Publicó
artículos en medios españoles, americanos e ingleses. Fundó y dirigió la revista Nuevo Teatro
Crítico y la Biblioteca de la Mujer, donde tradujo al feminista Stuart Mill. Se casó con José
Quiroga y tuvo tres hijos (Jaime, Carmen y Blanca). Tras su separación tuvo relaciones con el
escritor catalán Narcís Oller, el futuro coleccionista José Lázaro Galdiano y, por supuesto,
Galdós.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920). Escribió un centenar de
novelas, 18 obras de teatro y un sinfín de artículos, estuvo a punto de recibir el Nobel de
Literatura en 1915, cuando le geopolítica volcó la decisión hacia Romain Rolland, un francés
pacifista, según cuenta Pedro Ortiz-Armengol en Vida de Galdós. Fue diputado progresista
(primero) y republicano (después). Ingresó en la RAE al segundo intento. Nunca se casó ni vivió
con sus amantes. Sus relaciones más conocidas fueron con la modelo Lorenza Cobián (tuvieron
una hija, María), la actriz Concha Morell y, al final, Teodosia Gandarias.

***

De ANDRÉ GORTZ A SU MUJER DORINE KEIR (2006)

(André Gorz, seudónimo de Gerhart Hirsch, fue filósofo y periodista. 1923, Viena, Austria -
2007, Vosnon, Francia)

Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de
cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años
que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo siento en mi pecho un vacío devorador
que sólo colma el calor de tu cuerpo abrazado al mío.... Necesito reconstruir la historia de
nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro
y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos.

…No teníamos prisa. Te desnudé con cuidado. Y descubrí, maravillosa coincidencia de lo real
con lo imaginario, la Afrodita de Milos encarnada. El fulgor nacarado de tus pechos iluminaba
tu rostro. Durante mucho rato contemplé, mudo, ese milagro de vigor y suavidad. Tú me
enseñaste que el placer no es algo que se tome o se dé, sino una forma de darse y demandar la
propia donación del otro. Nos entregamos mutuamente por completo.

…Lo que me cautivaba de ti era que me hacías acceder a otro mundo. Ese mundo me
encantaba. Podía evadirme entrando en él, sin obligaciones ni pertenencias. Contigo me
encontraba en otra parte, en un lugar extranjero, extraño a mí mismo. Me ofrecías el acceso a
una dimensión de alteridad suplementaria, a mí que siempre rechacé cualquier identidad y fui
acumulando identidades que no me pertenecían. Estoy tan atento a tu presencia como en
nuestros comienzos y me gustaría hacértelo sentir. Me entregaste toda tu vida y todo lo tuyo.
A mí me gustaría poder darte todo lo mío durante el tiempo que nos quede.

Por las noches veo a veces la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje
desierto, camina detrás de un coche fúnebre. Es a ti a quien lleva esa carroza. No quiero asistir
a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Espío tu respiración, mi mano te
acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo
nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos.

André

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