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Cronología de la educación argentina.

Los primeros gobiernos independientes en la Confederación Argentina han desarrollado un


modelo de educación, sostenido en la enseñanza de ciencias básicas y de aspectos que
fortalecían a la nueva nación.

Después de la sanción de la Constitución en 1853, se inicia en Argentina un período donde se


debía conformar un Estado Nacional, a pesar de los enfrentamientos internos que afectaron hasta
1861.

La consolidación de la paz como bien político y social, la incorporación de Argentina al mercado


económico mundial, el fomento de la inmigración europea a los efectos de poblar el país e
incorporar mano de obra para la producción de cereales y oleaginosas, fue acompañado por la
creación de un sistema jurídico y del fomento y apoyo a la educación traducido en la creación de
los colegios nacionales con Bartolomé Mitre, con la creación de numerosas escuelas primarias,
las escuelas normales para mujeres y de la escuela naval con Domingo Faustino Sarmiento y de
apoyo directo a las innovaciones europeas por parte de Nicolás Avellaneda, conformando en
conjunto el período de presidencias fundacionales.

Los gobiernos conservadores-liberales entre 1880 y 1916 en Argentina dieron prioridad a la


sanción de leyes laicas, separando a la Iglesia de cuestiones claves como la educación y el
dominio del registro civil. Evidentemente, la filosofía positivista, unida a la concepción de progreso
y cambio, dominaron a Argentina en el período señalado, mientras ingresaban al país millones de
inmigrantes europeos, que cambiarían la población argentina, incorporando no solo fuerza de
trabajo, sino dando origen a la clase media argentina a través de los descendientes de los
inmigrantes, pero nacidos en nuestro país, que accedieron a la educación universitaria.

En el contexto señalado, en 1884 se sancionó la ley de educación común Nº1420, estableciendo


la educación primaria obligatoria, laica y gratuita, teniendo como objetivo de dotar de “una
formación e identidad nacional” a los millones de inmigrantes que vivían en Argentina y que
buscaban un futuro mejor.

No obstante, la educación superior era exclusiva de los sectores sociales adinerados de


Argentina, cambiando en parte con la Reforma Universitaria de 1918 en nuestro país, hecho
imitado por varios países latinoamericanos posteriormente.

Mientras avanzaba la modernización del país, el Estado se debatía entre fórmulas nacionalistas y
conservadoras, siendo el motor de crecimiento el modelo agroexportador, que insertaba a
Argentina en el sistema de relaciones internacionales.

El modelo político, social y económico cambia con la llegada al poder del peronismo, dando lugar
un modelo popular, con fuerte participación del Estado en todos los aspectos del quehacer
humano.
El fuerte apoyo dado a la educación primaria, al desarrollo de las ciencias básicas, la creación de
los colegios técnicos secundarios, el fomento de las bibliotecas populares, la creación de
facultades para los hijos del sector obrero (UTN) y otras reformas favorecieron al crecimiento del
país hacia adentro, a pesar de fuertes críticas por el modelo peronista impuesto.

En el período militar postperonista, es decir, después de 1955, la educación se fue amoldando a


los diferentes gobiernos, no solo en los planes de estudio sino en sus concepciones y criterios.
Sin embargo, el camino errático de enfrentamiento entre militares y civiles proyectaba una gran
inestabilidad institucional, sumándose el enfrentamiento entre los sectores de izquierda y sectores
de derecha que convivían con los gobiernos anteriores a 1976.

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Durante el gobierno militar entre 1976 y 1983, la educación fue controlada fuertemente por la
dictadura militar, cumpliendo los docentes solamente el rol de docentes y los alumnos, solamente
el rol de alumnos.

Ya recuperada la democracia en 1983, el Congreso Pedagógico realizado durante el gobierno de


Raúl Alfonsín mostraba aspectos que debían subsanarse para lograr mejor calidad y mayor
equidad.
Mientras tanto, Latinoamérica salía lentamente de la experiencia militar, llevando consigo
profundas desigualdades, cristalizadas disparmente en las oportunidades al mundo laboral y al
acceso a la educación.
Durante la experiencia neoliberal menemista, la implementación de la Ley Federal de Educación,
la red federal de educación y la puja entre el conductismo y el constructivismo, escondía grandes
brechas entre las provincias, desarrollando un modelo de educación básica y un nivel orientado
denominado nivel polimodal en la escuela secundaria. Lo comentado era producto de la falta de
una política nacional homogénea, siendo el estudiante el protagonista de todos los cambios y
reformas encaradas.

Dentro de la evolución de la educación argentina, el modelo kirchnerista impulsó y sancionó la ley


que establecía la obligatoriedad de la educación secundaria, hecho que representa “un reajuste”
del país y la adecuación a las nuevas exigencias del mundo contemporáneo. Así la educación
argentina era testigo de una inyección curricular y presupuestos nuevos, incorporando las
Tecnologías de la Información y Comunicación a la enseñanza, y estableciendo un tiempo de
adaptación a las nuevas cajas curriculares.

Lamentablemente en todo el proceso comentado, el estudiante ha bajado su nivel de


conocimiento, de incorporación de saberes y de adquisición de capacidades, habilidades y
competencias, hecho que representa un dato muy negativo, pues representa problemas reales de
acceso a la educación superior y con efectos en la hora de conseguir empleo.

Hoy día, el Gobierno actual debe recomponer los flancos débiles y mejorar los estándares de
educación, mejorar la calidad de los aprendizajes, fortalecer innovaciones, incluir plenamente las
TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) en la enseñanza de los diferentes espacios
curriculares, generar una actitud de cambio positivo en cada maestro y profesor, favorecer la
incorporación al currículo de la lengua madre de cada región, fortalecer la enseñanza del inglés y
de otro idioma, fortalecer las trayectorias escolares flexibles y entender que los nuevos
escenarios educativos han cambiado, favoreciendo la igualdad de oportunidades, y favoreciendo
el reingreso escolar de miles jóvenes y adultos que trabajan y que presentan vulnerabilidad, a fin
de mejorar verdaderamente una educación de verdad.

Los estudiantes del siglo XXI representan a los nuevos tiempos con nuevas exigencias, altamente
demandantes de una educación mejor y fuertemente cuestionadores de la realidad, hecho que
representa un desafío, no solo desde la enseñanza de capacidades y habilidades, sino en la
enseñanza de valores y representaciones.