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Nombre: Arlin Isabela

Apellido: De La Cruz Ortiz

Matricula:100614307

Trabajo: Ética y moral

INTRODUCCIÓN

El interés por la una teoría de los valores ha crecido considerablemente a partir de la


segunda guerra mundial, sin embargo los tratados principales se centran en tópicos
concretos relativos a los valores, dejando a un lado las cuestiones fundamentales que
sólo pueden ser abordadas desde una visión sistémica. En la presente obra estamos
sobrepasando esas expectativas ya que estamos aportando para redondear
sistémicamente el asunto de los valores.

EL campo de lo ético-moral

-La ética y su objeto de estudio:

El mundo humano está envuelto en un ámbito ético-moral, puesto que vivimos


valorando en la medida que mediante nuestras acciones estamos siempre eligiendo
entre las más variadas alternativas. La ética es la disciplina filosófica que se ocupa del
estudio de los principios, los valores e indicadores éticos, así también de las normas
éticas y morales, como de las acciones humanas en cuanto a que son valoradas por la
sociedad. El valor ético, derivado de determinados principios, incluido en las acciones
cotidianas es el que sirve de norma o paradigma al accionar moral humano. La ética,
como cada ciencia, no crea su objeto de estudio, sino que lo encuentra como un hecho
dado, por lo que trata de identificarlo, conocer su naturaleza y sus relaciones, así
también de reflexionar sobre las diferentes implicaciones que tiene para la vida
individual y social.

iniciosDesde sus , la ética trata de determinar la mejor forma de vivir para el ser
humano, la vida buena como dijo Aristóteles, de modo que pueda aportar a la auto-
realización de la vida humana. El objeto de la ética ha sido el mismo, desde Sócrates
hasta nuestros días, gozando cada vez de mayor precisión. Desde el principio, y en el
sentido más generalizado, la ética se centró en el estudio de «lo bueno» o del «Sumo
Bien» presuponiendo su significado como idea suprema entre todas las ideas posibles ,
elevándolo de ese modo a la categoría de principio y, posteriormente, descubriendo
otros comportamientos cubiertos por él que antes no habían sido visualizados. El objeto
de la ética precisaba de mayor exactitud.

¿Qué es lo que se exige y se recomienda tanto en el plano local como en el universal?

Un acercamiento para responder a esa pregunta podría consistir en cerciorarse, en


primer lugar, acerca de las acciones y luego ascender para constatar, en segundo
lugar, cuales son las formas de actuar que existen en pueblos y en tiempos diferentes y
que han defendido las diferentes organizaciones, diversos sabios, fundadores
religiosos de todas partes y virtuosos filósofos de todos los tiempos. En caso de que
esto proceda, de ese modo podríamos dar al traste con categorías ético-morales
universales, para las que habría que preguntarse sobre su procedencia o fundamento
dentro de la naturaleza misma. Ese proceder nos acerca al objeto material de la ética,
en caso de que no exista otro método más efectivo, en cuanto se detecten
coincidencias generales y rasgos comunes de conceptos valorativos, y se puedan
agrupar según categorías por su afinidad. Hay acciones que son recomendadas y
exigidas como acciones éticas o acciones morales en cualquier sociedad humana,
como es el caso, por ejemplo, de acciones solidarias .

En este sentido, bajo los conceptos «solidaridad», «confiabilidad» y «amabilidad» son


valoradas como «buenas» las acciones y comportamientos que los hacen evidentes,
favoreciendo a la sociedad, independientemente del espacio cultural y del tiempo
histórico de referencia. En esencia, tanto las diferentes filosofías más representativas,
como las grandes corporaciones religiosas de la humanidad, coinciden en concebir al
comportamiento ético-moral como aquellos actos libres de maldad, porque son
expresión de algún principio ético. Los principios orientan universalmente las acciones
humanas, aunque a la vez encuentran diferentes manifestaciones morales, según el
contexto de referencia. En este sentido, la poligamia y la monogamia parecen ser
casos de morales adversas o contrarias, pero ellas no deben ser valoradas por sí
mismas, ya que no representan metas en sí, sino diferentes formas o medios para
alcanzar el amor, pero en diferentes contextos.

La energía que hace realidad a la acción ético-moral proviene de los principios que
conforman el universo. Se anticipa una base natural para todo nuestro proceder,
orientado en un sistema valorativo, según el cual son medidas todas las acciones
humanas. De aquí que toda la historia de la ética se haya referido a la existencia de
una supuesta «Ley Moral», y muchos habían afirmado que por naturaleza somos seres
ético-morales, aunque no determinaron exactamente el lugar de esa naturaleza ni la
forma de localizarlo. Las normas que sirven de base a la moral contienen un carácter
obligatorio aunque no exista algún poder coercitivo para imponerlas.

Muchos filósofos, como habíamos señalado, se han preguntado acerca de la existencia


de alguna regla en la que se fundamentan las acciones humanas. Es así como varios
pensadores han arribado a formular «la regla» a la que responde la acción moral. Es
decir, que las normas éticas son intentos filosóficos por explicar en su conjunto cuales
son los fundamentos y la dinámica de todos los hechos morales. Hasta el momento
actual, ninguna de las normas éticas formuladas por los pensadores ha dado en el
núcleo relativo a la totalidad de los hechos morales, sencillamente porque ninguna de
ellas se centró en el Amor, que es su base y compendio, tal como mostraremos más
adelante.

Quizás, la norma ética más certera podría ser expresada con la máxima inmortal de
San Agustín «ama y haz lo que quieras». Una de las formas de expresión de las
normas morales más generales de la humanidad son los tabúes culturales, por
ejemplo, el tabú del incesto, que estigmatiza las relaciones sexuales entre familiares.

La acción moral y sus presupuestos humanos.

Todas las filosofías señalan de una forma u otra que la conducta social humana tiene
implicaciones morales, no solo aquellas conductas que exhiben características
extraordinarias.

Entendemos, además, que sobre la base de su estructura de necesidades cada vez


crecientes, el ser humano es propenso a negar o violentar algunos valores éticos, como
es el caso de matar para sobrevivir, o de prostituirse por beneficios económicos. Es
pues criticable el fundamento de los valores éticos sobre el supuesto de que el humano
es un ser social con necesidades, como hicieron Platón, Aristóteles, los sofistas y
demás escuelas filosóficas de la antigüedad, y aún hoy en día lo hacen
desacertadamente casi todos los exponentes de la ética y la moral. Para adentrarnos a
presentar más estrechamente la temática, señalamos algunos presupuestos humanos
que posibilitan la manifestación del hecho moral, los cuales han sido señalados en la
historia de la ética. Veamos que están vinculados a los principios éticos.

Es esencial conocer la teleología de la acción ya que, por ejemplo, acciones que


expresan confiabilidad o cooperación, por sí solas, no constituyen valores éticos, sino
que pueden dirigirse más bien a la obtención de ventajas o prerrogativas particulares,
en detrimento de la sociedad. Sólo las buenas finalidades pueden identificar a las
ventajas sociales con valores éticos. En el mismo tenor y dicho con otras palabras, las
buenas finalidades requieren de medios favorables o afines a los principios y a los
valores éticos para ser tales. Los presupuestos de la acción moral humana son
evidentemente los principios éticos y la voluntad. Concluimos que no es lo mismo la
ética que la moral.

Principios, valores e indicadores de valores


Los principios éticos:
La elaboración de normas morales no es más que un intento de fijar algún principio
abstracto, inaccesible empíricamente, pero perceptible en todos los peldaños del ser.
Por ejemplo, las normas morales que llamamos «Los Mandamientos de Moisés»,
escritos básicos de la tradición judeo-cristiana, traducen ciertos principios éticos en
mandatos morales , con la finalidad de hacerlos accesibles a la praxis humana.

En el orden de las ideas, tal como lo expresa Moritz Schlick, si comparamos entre sí las
normas disponibles, entonces las podemos ordenar y agrupar en clases, según las
semejanzas y/o afinidades que presenten. Aunque Moritz Schlick conocía el
procedimiento metodológico para dar al traste con el principio ético, sin embargo él
mismo no fue afortunado en establecer principio ético alguno, porque sólo pensó en
ordenar normas. Pero hay que reconocer que Schlick intuyó y aportó el camino posible
para dar de frente con los principios. Nosotros hemos seguido esas directrices
metodológicas y sostenemos haber encontrado cinco principios éticos que
mencionaremos más adelante.

Desde que Aristóteles los postuló, los principios hacen referencia a lo que es primero
en el tiempo como origen, indicando a aquello de donde procede alguna cosa o hecho,
siendo así el fundamento inmutable y absoluto de lo que sobre ellos se desarrolla. Es
por eso que el principio ético es la cima en la jerarquía del ámbito valorativo, indicando
la dirección en que se desarrollan sus vástagos, los valores. Los principios éticos son,
pues, arquetipos que sirven de paradigma para el desarrollo posterior del hecho moral.
Ellos son el ideal que orienta para las acciones y son las fuentes inagotables que
soportan al ser y ocasionan su emergencia, los principios son el sostén de toda
realidad.

No pueden decaer los principios sin que decaigan las acciones positivas de su
referencia. Ellos simplemente son, pues si algo los originara, entonces ese algo fuera
superior a ellos, lo cual contradice al concepto. Pero, por otro lado, si existieran
principios independientes de la realidad del mundo entonces no tendrían valor alguno,
puesto que no tendrían vínculos con la praxis humana. Queda claro que los principios
no pueden resultar de convenciones y acuerdos humanos, ya que no podrían pretender
ser el sustento absoluto de las acciones.
Ellos son de facto los supuestos de todo accionar humano. Jürgen Habermas acertó en
señalar tres principios, aún sin tener conciencia que eran tales, pues los limitó a una
sola área . En efecto, según él las ideas de Verdad, Libertad y Justicia son normas
fundamentales enclavadas en las estructuras lingüísticas. Pero Habermas, aunque
caminó por la vía correcta con esos tres conceptos, no pudo visualizar la totalidad de
los principios , como tampoco percibió que ellos no sólo están presentes en las
estructuras lingüísticas, sino en toda estructura de la actividad humana y en toda la
naturaleza, sin excepción.

En efecto, le faltaron la Unidad y la Bondad como normas fundamentales de la


sociedad humana, a la vez que estos conceptos están presentes en todos los estratos
del ser. La experiencia muestra que alrededor de estos principios tenemos cierto
conocimiento a priori –podemos observar que también la ciencia opera sobre su base-,
pues es con esas imágenes primigenias que comparamos, contrastamos y medimos el
valor de nuestras acciones prácticas, las cuales son el desglose o la expresión de
alguno de esos principios. De otro modo, no se podría explicar por qué valoramos las
acciones de los demás y las propias, si no tomamos esos principios como punto de
partida.

¿Cómo pudimos determinar metodológimente la omnipresencia de esos cinco


principios?

El primer proceder consistió entonces en acudir a la historia de la filosofía a verificar si


algún filósofo había respondido a esas preguntas de manera satisfactoria. Para arribar
a los Principios, nosotros hemos seguido un procedimiento de «pensamiento sintético
por convergencia» entre inducción y deducción ya intuido, en parte, por otros
pensadores de la ética, como Moritz Schlick, ya mencionado anteriormente.
Evidentemente estamos justificando una teoría de la objetividad de los principios y los
valores, contrario a la «aparente objetividad de los valores» que pretende
desenmascarar Mackie. Terminada la fase empírica de recolección de conceptos
utilizados para valorar, disponíamos entonces de una lista de cerca de 220 conceptos
mezclados, que eran tenidos como valores o como principios.

Además, tienen en común que ellos son utilizados para hacer exigencias y
reclamaciones de una conducta ideal esperada, pero que queda ausente en la acción,
y para recomendar, como afirmaba Hare. Nos preguntamos entonces si todos esos
conceptos tenían igual extensión o si algunos de ellos podían ser abarcados por otros.
Así fuimos ordenando grupos de conceptos según afinidad de menor a mayor y
viceversa, resultando cinco columnas de conceptos afines. Los conceptos que
resultaron a la cabeza de cada columna eran los que comprendían a todos los demás
de su clase.
Esos eran los principios, pues sobre ellos no había ya ningún concepto. Ellos resultaron
ser el inicio o la base de los demás conceptos que ellos comprendían. Hay que
observar que hasta el momento actual no ha aparecido un solo concepto valorativo que
no esté incluido en uno de los cinco principios. El asunto de los principios parece estar
redondeado.

La estructura ético-moral nos parece descifrada, de igual modo que nuestra generación
ha podido descifrar la cadena elíptica del genoma humano y la estructura del átomo.
Podemos afirmar que aún aparecerán valores e indicadores que no están incluidos en
la lista que presentaremos más adelante, pero ellos probablemente podrían ser
ordenados dentro de los cinco principios. De hecho, desde que hicimos el primer
bosquejo de nuestro nuevo paradigma de principios, valores e indicadores, han ido
apareciendo nuevos conceptos de valores e indicadores que han sido integrados en los
principios concebidos, mientras que otros conceptos han sido removidos de lugar, hacia
otro principio o hacia otro valor, debido a que así resulta un esquema más coherente,
según la lógica de ordenamiento. Ese ha sido el proceder mediante el cual emergió un
nuevo paradigma del sistema ético moral, el cual sigue aún ganando mayores niveles
de coherencia.

Había entonces que acudir a las ciencias de la naturaleza para responder a esas
preguntas, pudiendo constatar que todo ser responde a los cinco principios, los cuales
están en toda la naturaleza y, por ende, en el ser humano que es parte de ella. Los
principios se identifican con las dimensiones esenciales de la totalidad del ser del
mundo, al cual sirven de fundamento. El principio Bondad hace referencia al dar de sí
mismo y del forraje propio. Como dimensión del ser total, la Bondad se refiere al aporte
que realiza cada elemento para con otros mediante su relación .

La Bondad consiste en dar, por lo que la acción de cada partícula del mundo está
dirigida hacia otras. Las plantas dan frutos y sombras, dan albergue a los pájaros con
sus nidos, etc. Cuando una fiera amamanta a sus criaturas está implementando actos
de bondad, aunque no conozca el concepto. La bondad se extiende desde lo más
pequeño hasta las gigantescas galaxias. Sin Bondad el sol no aportara su energía para
que haya vida y se mantenga sobre la faz de la tierra.

Sin lugar a dudas, todo el universo es Bondad. A la negación del principio Bondad le
llamamos egoísmo. La Bondad evita tanto la retención que paraliza al ser como el
aislamiento y la soledad. El ser, al aportar a otros se abre a la unidad con los demás, a
la vez que al vaciarse de sí mismo abre espacio para poder también recibir.

Los valores que implica el principio Bondad se expresan como entrega de sí mismo y
como acciones que realizamos a favor de los demás. El principio Justicia es el balance
y la proporcionalidad organizada entre los diferentes elementos del mundo. La Justicia
hace que cada cosa se limite a ser lo que es, para así poder cumplir con sus
finalidades. La Justicia es la reina de la diversidad y de las diferencias.

La Libertad es la que libera al ser de quedarse anquilosado en el tiempo presente, por


lo que se presenta siempre como aspiración y posibilidad de realización de novedades.
Podemos decir entonces que la Libertad es una búsqueda constante de perfección y
plenitud del ser, por lo que ningún hecho o motivo se repite. Como dimensión dinámica
del ser, la Libertad expresa la no permanencia de las cosas en un solo estado, pues
todo lo que nos rodea, y nosotros mismos, estamos expuestos a transformaciones
constantes. El «principio incertidumbre o de indeterminación» de la materia, al que se
refirió el físico alemán Heisenberg, en el año 1927, y al que hace reverencia toda la
física cuántica, expresa la libertad del ser como apertura y posibilidad.

Gracias a la dimensión de la Libertad, el porvenir nunca está enteramente prefigurado


en el pasado. Los valores propios de la libertad se expresan como movimiento,
transformación, apertura o acción futura. El principio Unidad refiere al ser como una
totalidad inseparable, donde sus elementos, en pertenencia mutua, están destinados a
interactuar, por poseer algo en común que los mantiene cohesionados. El principio
Unidad implica el enrrollamiento de la totalidad y la identidad del mundo y de cada ser
consigo mismo.

Hay canales y medios que comunican los extremos del universo, por eso recibimos
radiaciones desde los más alejados lugares del mundo y podemos comunicarnos a
grandes distancias mediante diferentes ondulaciones. La expresión «universo» expresa
que por más diversos que se presenten los seres del mundo, no obstante, guardan en
el fondo la unidad. La teoría de la evolución del mundo y de las especies presupone
que el universo deviene de una realidad única y que las diferentes especies y géneros
proceden de un origen común. De hecho, si descartáramos el principio Unidad
entonces decaería toda idea de evolución y toda la ciencia.

Los valores propios del principio Unidad se expresan como compactación, integración,
interconexión y apaciguamiento. Con el concepto Certeza expresamos que damos al
traste con la verdad de algo y esa verdad es la que nos permite hacer o realizar una
praxis acertada. Aquí se testifica el vínculo íntimo de la verdad con los demás
principios. Los valores propios del principio Verdad se expresan en conceptos relativos
al pensamiento, a la captación del ser y a las expresiones lingüísticas.

Los cinco principios presentados constituyen las cinco dimensiones básicas del ser del
mundo, que lo compendian, a la vez que incluyen en ellos los demás aspectos
posibles. Esto es precisamente lo que determina que un concepto sea considerado
como principio, ya que lo convierte en fundamento del mundo real. La acción humana
está supeditada a la lógica estructural de los fundamentos del universo. La conjunción
de los cinco principios es lo que denominamos Amor, pues siempre que usamos este
concepto es para referirnos a algún principio o a alguna dimensión de los principios.

Los principios éticos son los mismos principios identificables en el ser del mundo. Los
animales no pueden orientar su accionar según principios éticos, puesto que serían
entonces seres racionales, ellos simplemente los padecen, al igual que los vegetales y
los minerales. Dado que los principios se identifican con las dimensiones esenciales de
la totalidad del ser, entonces se infiere que la nada sería su contraparte, o su negación.
Los principios se distinguen porque engendran a su parte opuesta – la nada – mediante
su propia ausencia.

No son posibles los valores negativos, pero sí la negación de los valores. La


degradación de los valores sólo puede ser su propia ausencia en las acciones
humanas. El concepto «inversión de valores», extendidamente usado actualmente, sólo
tiene sentido si se usa como sinónimo para la «negación de valores». El uso del
concepto que expresa un principio es sólo la forma de expresar lo indefinible e
inexpresable, de modo que al escuchar el vocablo, por ejemplo, Justicia, nos ubicamos
imaginándonos determinadas acciones más o menos justas, pero el concepto es
siempre más que todos los actos justos que podemos imaginarnos y sobrepasa todos
los marcos jurídicos.

El Amor es el sentimiento y la realización plena de todos los principios a la vez. Es el


principio de los principios éticos, que los penetra, traspasando los valores para
operacionalizarse en las acciones sociales. El Amor es la fuente de donde emanan los
principios y los sintetiza. Gracias al Amor hay un universo, el nuestro, con cinco
dimensiones básicas, que son los principios.

Nadie está libre de los principios. Sólo es posible denigrar a los principios partiendo de
un paradigma basado en principios.

El amor es la energía más básica y dominante que existe. Es la esencia de nuestro ser
y nuestro universo. La energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier
bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos podido
aprovechar esa energía tan básica y pura.

Principios y organización social

La sociedad no es más que la organización ética de los seres humanos. Mandatos


morales como no matar, no mentir, no robar son los que posibilitan la organización
social y en ellos se basa la convivencia. En efecto, estudios sociológicos han
demostrado que el fundamento de toda sociedad es la confianza en el otro. Repetimos,
que la sociedad es la organización ética de los seres humanos.

Eso es lo mismo que creer que las noticias negativas extraordinarias que difunden los
noticiarios sean toda y la única realidad de la sociedad. Es así pues, que los principios
sirven de horizonte o de marco referencial para la conformación de las diferentes
instituciones y funciones que surgen en la sociedad. Relativo al Principio Justicia, toda
sociedad posee un sistema legislativo, jurídico y policial, compuesto por magistrados,
fiscales, abogados, alguaciles, policías, etc. que se encargan de matener balance
social y equilibrio entre todos los miembros, aunque no logren su finalidad. Tanto el
sistema productivo como el de distribución de los bienes y servicios obedecen al
Principio Bondad, de igual manera que los planes sociales del Estado y las fundaciones
caritativas.

Cabe observar que ciertas corrientes de pensamiento habían establecido que la


economía es la base de la sociedad, es decir, su infraestructura. Observamos que el
sistema económico responde directamente a uno de los cinco principios , por lo tanto,
no puede ser la base de toda la sociedad. Nosotros sostenemos que la real
infraestructurra de la sociedad son los principios y los valores, ya que ellos abarcan y
organizan la totalidad de la vida social, siendo así la base real de la sociedad humana.
De hecho, no encontraríamos una sola entidad pública o privada que tenga su misión o
esencia fuera de los cinco principios.

De aquí que se haga plausible la afirmación que la sociedad es la organización ético-


moral de los seres humanos. En ese sentido, el sistema ético- moral es la base de la
sociedad, es su verdadera infraestructura, y no la economía, como hasta ahora se
había pensado . Del olvido de tan noble verdad se derivan el desorden social y toda
miseria, pues la economía sóla no puede aportar a la solución de la miseria humana y
del enigma humano. Es inaceptable plantear un sólo principio o algún valor derivado de
algún principio como infraestructura de la sociedad.

El sistema de principios y valores permea todos los estratos de la sociedad, por lo que
se desarrollan expectativas ético-morales para las acciones sociales. Los seres
humanos organizados en sociedades se orientan en el deber-ser de la acción social y
aunque las situaciones sean deplorables se espera la aparición de un correcto orden,
según ese ideal de los principios. Los principios y los valores son el trasfondo de
nuestras expectativas sociales. La sociedad podrá dar un giro positivo sustancial en el
momento que hagamos conciencia del hecho que tanto el individuo como la
organización social están en este universo para entrar en relación con los principios
que lo fundamentan, mediante las acciones sociales.

Tanto en el ámbito público como en el privado, se precisa comprender que simplemente


somos receptores y reproductores de principios y valores eternos en el accionar social,
aunque estos dejan suficiente espacio para la originalidad, el cambio y la novedad .
Principios, Actitudes y sus Resultados
Las actitudes son predisposiciones, o dicho con más precisión, ellas son la disposición
de ánimo que tiene todo ser humano para dirigir sus actividades o acciones mediante
los cinco principios del ser. Las actitudes son determinantes para decidir que una
acción tenga caracter moral o no. La introducción de los cambios deseados en la
conducta de los individuos tiene necesariamente que comenzar en la vitalización de las
actitudes que los generan. Si los principios que conforman el ser del mundo relucen por
naturaleza en el ser humano, entonces es necesario que éste disponga de actitudes
tambien naturales tendientes a asumir a aquéllos en las acciones sociales, de lo
contrario no tendrían sentido.

En esa perspectiva, las actitudes potencializan o energizan todo ser humano para que
dirija sus actividades acorde con las dimensionesque le son inherentes. Muchas
actitudes, como la entereza, la ecuanimidad y la curiosidad, han sido confundidas,
hasta el momento actual, con principios y con valores. En este mismo sentido, en
muchos textos relativos a los valores predomina un paradigma de valores y actitudes,
sin principios ni indicadores. Según esa versión de la ética, muchas expresiones de
indicadores pasan a ser simplemente actitudes.

Esto nos aporta razones suficientes para concebir y aportar una concepción nueva de
las actitudes, que responda a un paradigma diferenciado, flexible, innovador y con una
alta consistencia lógica.

Como actitud natural hacia la realización de actos de Amor, la Entereza es la actitud


ética general, la cual compendia a todas las actitudes , debido a que nos energiza para
la interiorización del Amor. En este sentido y como ya habíamos afirmado, la negación
de la Entereza es la Maldad, que es lo mismo que la disposición para no amar. Por
consiguiente, dado que la Maldad no es parte del reino del Ser, con la presencia normal
y activa de ciertas neuronas en sus funciones vitales, las personas practicarían
esencialmente actos de Amor. La Entereza puede aportar frutos, los cuales se
expresan como resultado en el concepto Integridad.

Por consiguiente, la Entereza nos lleva a asumir por convicción propia, en todo
momento y en todo lugar, una vocación ético-moral, nos observen otros o no. La
persona íntegra, por su parte, es aquella que se esfuerza por orientar todas sus
acciones, y no sólo algunas de ellas, según los principios éticos. Lo que importa es la
moral hecha vida, no el discurso sobre ella, es decir que lo que importa es la
realización de una vida del Amor. De este modo, en la vida moral se disuelve el abismo
erigido por muchos sistemas de pensamiento entre lo exterior y lo interior, entre la
palabra y el espíritu.
En muchos momentos de la historia de la ética se han hecho referencias a la
Conciencia Moral, en este texto precisamos que dicha conciencia consiste en el
conjunto de actitudes ético-morales que nos sirven de equipamiento para aprobar o
rechazar determinadas acciones, presentes o futuras, propias o ajenas. De hecho, es
despues de realizar las acciones que reflexionamos sobre ellas y sacamos
conclusiones para repetirlas o para no volver a ejecutarlas en el futuro. En algunas
reflexiones acerca de la conciencia moral se confunde a los hábitos y a las costumbres
con los valores y principios que le sirven de base, por lo que se infieren conclusiones
desgarradas. El hecho que en la sociedad árabe se permita legalmente el matrimonio
de un hombre adulto con una niña no implica que eso sea lo ideal en esa sociedad, ni
tampoco lo común.

Principios y Neurociencia

Se ha definido como tareas de las Neurociencias “aportar explicaciones de la mente y


conducta en términos de procesos del encéfalo. ¿Cómo actúan millones de células
nerviosas que generan procesos mentales y comportamentales?” En consonancia con
los resultados de las investigaciones de las Neurociencias se ha venido desarrollando
la neuroética, que se refiere a los procesos mentales y a las áreas cerbrales
involucrados en las intuiciones, juicios y acciones morales, los cuales están en
consonancia o no con determinados principios y valores éticos.

El punto de partida oficial de esta disciplina data del mes de mayo del año 2002. en
este entonces la Fundación Dana convocó a especialistas de las Neurociencias,
profesionales de la medicina, del derecho, de las humanidades, de la política y de otras
áreas afines a la ética, con el fin de presentar y discenir acerca de los hallazgos
científicos sobre el cerebro humano y sus implicaciones para con las diferentes áreas
de la sociedad, en el sentido ético-moral. Con esto, la Neurociencia viene a enriquecer
y a precisar el acervo de conocimientos relativo a la ética, pero de ninguna manera
podrá sustituir el papel de visión de la totalidad, así también de precisión y análisis de
los conceptos y paradigmas ético-morales, que son propios de la Filosofía. Advertimos
que La Neurofilosofía corre desde su nacimiento gran riesgo de sesgarse o de
convertirse en un horizonte limitado, si no sólo integra en sus reflexiones acerca de la
moral los conocimientos aportados por las Neurociencias, sino que los toma como
punto de partida, lo cual no permitiría un abordamiento de lo ético-moral desde otros
puntos de partida más amplios.

Valores éticos
La necesidad puede negar los principios; por lo tanto, no se puede derivar algún valor
de ella. La necesidad no causa ni agrega valor ético a acción alguna. Ella es indiferente
con relación a los fundamentos de la moral.

¿Por qué es valiosa una acción o actitud? La respuesta es sencilla: una acción o
actitud es sólo valiosa porque emana de algún valor ético y no porque resuelva alguna
necesidad. En este tenor, se puede resolver necesidades mediante acciones que no
merecen el adjetivo de valiosas. Por ejemplo, un estúpido cualquiera se encuentra en
un momento en un lugar donde de repente está cayendo una rama de un árbol que va
directamente a la cabeza de otra persona. El estúpido se defiende por impulso y
bloquea la caída de la rama, desviando su trayectoria, por lo tanto, no cayó en la
cabeza de la otra persona

Indicadores Morales
Los indicadores de los valores hacen referencia a las conductas y acciones mediante
las cuales se expresa de manera empírica un valor determinado, dentro de un espacio
cultural y un tiempo histórico, y de acuerdo con las etapas de desarrollo personal de los
actores.
Los indicadores de los valores son el producto final que resulta del desglose de los
conceptos que componen el sistema ético-moral. En otras palabras, contamos como
indicadores sólo a aquellos conceptos que no pueden ser subdivididos o desglosados
en otros, sino que definen una acción concreta y se disuelven en ella. Reiteramos que
los conceptos desglosables en indicadores son los valores.

Esquema del Sistema Ético-moral


Sostenemos que todo valor ético puede ser ordenado principalmente, aunque no de
manera exclusiva, debajo de uno de los cinco principios. Este ordenamiento, es un
hallazgo innovador en el campo de la ética y la moral, perfeccionando así los intentos
de sistematización emprendidos por tres grandes pensadores alemanes, como lo son:
Max SCHELER, Nikolai HARTMANN y Dietrich VON HILDEBRAND. Nuestro esbozo no es un
dogma, sino un marco racional propenso a ser enriquecido y precisado.

Ya que cada pueblo, sociedad y grupo social expresan y reproducen a su propio estilo
los indicadores morales, se puede dar ejemplos de ellos, pero no fijarlos. Por lo tanto,
en las expresiones de indicadores de valores se asienta la libertad humana y la
autonomía cultural.

Nuestra sistematización responde a una necesidad conceptual, ya que los estudios y


las reflexiones ético-morales, que se han referido a esta temática, han permanecido en
la ambigüedad y la imprecisión, debido a la indiferenciación prevaleciente, relativa a los
diferentes estadios del sistema ético-moral. Esa indiferenciación ha traído muchas
confusiones en el ámbito ético-moral que le restan energía para su puesta en práctica
de manera efectiva.
Valores, actitudes y resultados
Habíamos anticipado que los valores están acompañados de actitudes que por su
naturaleza les son propias. Muchas de estas actitudes habían sido consideradas como
valores o como principios en escritos y discursos relativos a la ética y a la moral.

Dios, principios y valores

Según hemos podido observar, el sistema ético-moral es tan amplio y complejo,


podemos afirmar, que nadie vive enteramente todo el universo de principios y valores
durante toda su vida, a menos que sea una deidad o un virtuoso privilegiado divino. El
sistema ético-moral revela obviamente dimensiones de nuestro mundo natural, en el
que somos y existimos. El individuo muestra siempre límites relativos a la totalidad del
sistema ético-moral, de modo que quien es humilde en un contexto, puede que en otro
no lo sea, quien es coherente en una situación puede que no lo sea en otra. La relación
del individuo con el sistema ético-moral es un vínculo con lo trascendente, que en
realidad está ahí y se percibe, pero a la vez se escapa en su totalidad.

Podría significar una revolución copernicana, el día que las cabezas ilustres de las
ciencias fácticas, hastiadas de un círculo vicioso relativista acerca de los fundamentos
del ser del mundo, puedan orientarse según el paradigma del sistema ético-moral,
asumiendo como entidad existente a «lo inconmensurable» como la fuente inagotable
de los principios que fundamentan todo ser.

Una pregunta importante para los ciudadanos de una época pragmatista y utilitarista,
como lo es la nuestra, puede ser la siguiente: ¿En qué puede beneficiar a cada
individuo una vida ético-moral, que se orienta en principios y valores?
A esta pregunta se puede responder enumerando algunos de los beneficios que nos
dictan la experiencia y los tratados sobre la ética, y que propagan las creencias
religiosas:

· Nos colma de tranquilidad y distensión del alma, dando satisfacción interior.


· Se adquiere libertad interior, con la cual se evita ciertas patologías psíquicas.
· Nos humaniza y nos pone en sintonía con la naturaleza.
· Las religiones sostienen que se obtiene la bendición divina y la unión con Dios.
· El ámbito de los valores es el punto de encuentro del ser humano consigo mismo.
Para un desarrollo más efectivo del sistema ético-moral en cada individuo, podría
resultar reconfortante, moralmente, si los demás nos señalaran y nos reconocieran
asiduamente nuestras acciones valiosas, como constantemente nos señalan nuestras
faltas, errores y debilidades. Tal actitud en la relación social potenciaría cada vez más
la posibilidad de acrecentar de manera contagiosa la acción moral en círculos cada vez
más amplios.