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á

E L P. M A R T IN E Z V IG IL ,

DISCURSO
de la Orden de Predicadores.

ENDISCURSO
HONOR E N HONOR DE

SANTO DE TOMAS DE
Y A R T Í C U L O S BIB LI O GR ÁFIC O S
AQUINO

SANTOSO BRE LA S F U E N T E S DE SU DO CTRIN A.

TOMÁS DE
AQUINO

P. Martínez Vigil O. P.
M A D R ID
L IB K E R 1 A DE AGUADO, L IB R E R I A D E OLAM EN DT,

: ' Pon tejos, H. P a z , 6.

1880
1880
Precio: una p e se ta .— C orreo; r,25 peseta.
á
E L P. M A R T IN E Z V IG IL ,
de la Orden de Predicadores.

DISCURSO
E N HONOR DE

SANTO TOMAS DE AQUINO


Y A R T Í C U L O S BIB LI O GR ÁFIC O S

SO BRE LA S F U E N T E S DE SU DO CTRIN A.

M A D R ID
L IB K E R 1 A DE AGUADO, L IB R E R I A D E OLAM EN DT,

: ' Pon tejos, H. P a z , 6.

1880
Precio: una p e se ta .— C orreo; r,25 peseta.
D ISCU RSO
MN HPNP1Í :>B

SANTO TOMAS DE AQUINO


y

A R T Í C U L O S B I B L IO G R Á F IC O S .
(

DISCURSO
QUE

EN L A S E S IO N E X T R A O R D IN A R IA
CELEBRADA

EL 7 DE MARZO DE l88o

pon
LA JU VE N TU D C A T Ó L IC A DE M A D R ID
EN HONOR DE

STO. TOMAS DE AQUINO


LE Y Ó

EL R. P. RAM ON M A R T IN E Z V IG IL
de la. Orden de Predicadores.

VAN A Ñ AD ID O S LO S A R T ÍC U L O S DEL MISMO A U T O R SO BR E


LA R E S T A U R A C IO N TO M ISTA.

M A D R ID
IMPRENTA DE LA VJUDA É HIJO DE AGUADO,

calle de Pottfejos, 8.

1880,
I L M O , Y R M O . S R . (*)

se ñ o r e s :

Q ué origen tan noble, y qué condicion tan m i­


serable la de la razón hum ana! P a rticip a ció n de
la razón divina, destinada á medir el anchuroso
océano de sus obras, á ca n ta r las arm onías de
los cielos y la fecundidad de la tierra, e m puñaba
el cetro de la creación, d ic ta b a leyes á los m o ­
radores todos del globo, que se le diera como
escabel de su grand eza y llen a b a el coi'azon de
afectos puros, p a ra le va n ta r al fin su vuelo hasta
el trono de D io s en las alturas, y d esca n sa r allí
á sus plan tas en la clara intuición de su h e rm o ­
sura. E m p ero , d ivo rciad a de D io s por el pecado ,
c a yó de su m ano el cetro augusto, eclipsóse la
luz que la anim aba, y en corva d a h á c ia la m uer­
te, vióse extran jera en sus estados, y su a u to ri­
dad m enospreciada por el corazon y las pasiones,
y hasta por el mundo exterior, que desconoce á
su an tigu a soberana. D e s d e entonces la razón

(*) El Sr, Obispo de Tam aulipas (M éjico).


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hum an a y a no fué la luz indeficiente; desde en­
tonces, oscurecido su brillo por afectos impuros,
si se rem onta alguna v e z h asta el Eterno, y bebe
allí la ciencia de Dios, de la cual vive, se a rras­
tra las m ás por ese suelo y es ju g u ete de la c a r­
ne y es e scla va de aquellos mismos a fe c to s , que
debiera regular con su consejo. D e ahí, señores,
esa lucha perpétua y titán ica del error y la-ver­
dad, que se disputan sin tregua, sin descanso y
sin sosiego el predominio relativo de la pobre
razón hum ana. D e ahí esas vicisitudes, ja m á s
interrum pidas, de gloriosas ascensiones y de ig ­
nominiosas caidas, en las cuales nuestra in te ­
ligencia noble pa rece unas veces haber adecuado
cuantas herm osas verdades son objeto de sus
ánsias, miéntras que otras se apacienta, infatua­
da y orgullosa, de sistem as tenebrosos, de ab su r­
d o s, de aberraciones, que la hacen descender
hasta el nivel del mono antropóide, ó de las cris­
talizacion es orgánicas, que flotaban allá en tiem ­
pos remotos sobre la agitad a superficie de las
aguas.
Dios, sin em bargo, no h a abandonado en
ningún tiem po por com pleto el apostolado de la
v erd ad al reprobo sentido de la inteligencia, que
se prostituía á sí m ism a al am or de la materia.
D e s d e el E d é n h a sta el diluvio, desde las lla n u ­
ras del S e n a a r hasta las de la C a ld ea , desde la
tierra de G esen y desde el Sínaí h a sta Sion y
el C alvario , levantó de siglo en siglo en las e d a ­
des genios poderosos que la conservaron y la
trasm itieron á las generaciones posteriores. Y al
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lado de esos p a triarca s de la antigua alianza,
suscitó tam bién en otros pueblos de la gran fa ­
milia hum ana, lum breras como Zoroastro y Pi~
tágoras, P la tó n y A ristó teles, C icerón y Séneca,
que alim entaron entre tinieblas y som bras el
fuego sagrado de una revelación prim itiva, p u ri­
ficando las tradiciones populares en el crisol
poderoso de su inteligencia extraordinaria. E m ­
pero, á pesar de estos auxilios, la hum an a razón
volvía al abism o de la ignorancia y del error y
del odio á la verdad racional y á la verd ad re ve ­
lada, h asta que en la plenitud de los tiem pos la
m ism a V e rd a d eterna tomó forma sensible, se
hizo comensal de los hombres, con ellos conver­
só, y los esparció por el mundo al im pulso m is­
terioso de esta inspiración divina: Id, y enseñad
á todas las naciones: yo soy el camino, la verdad y la
vida; yo estoy con vosotros hasta la consumación de
los siglos. L a verdad divina tuvo desde en to n ­
ces su asiento en la roca del V a tican o , y desde
a llí brilla inextinguible sobre todos los ám bitos
del orbe; y á la som bra de esa verdad, absoluta,
inm utable, eterna, inicióse la restauración de la
oscurecida é incom pleta verd ad hum an a, repre­
sentada prim eram ente en Justino, T ertu lia n o
y L a c ta n c io , C lem en te y O rígenes, los Gregorios,
S a n A g u stín y S a n Isidoro. O tros ilustres a d a ­
lides de la verdad continuaron esa grandiosa
epopeya, esa restauración gloriosa para las cien ­
cias hum anas, deificación en cierto modo de la
razón del hombre, que se elevó en alas de la fe
á la solucion co m p leta y a c a b a d a de cuantos
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problem as habían torturado los ingenios por


m ás de cinco m il años, y que llegó á los últim os
límites de lo posible bajo el genio portentoso de
Sa n to T o m á s de A quino , de ese v a te pred esti­
nado para ca n ta r en d ulce éxtasis las armonías
de la razón y de la fe, y para 'unir en alian za
perdurable la religión y la ciencia, la filosofía y
el dogma, dándoles por asiento y por a lc á za r el
monumento incom parable de la teología esco lá s­
tica.
S í , señores; S a n to T o m á s de A q u in o es la
encarnación y la síntesis de la teología ca tólica
delineada por los Padres, y de la filosofía c r is ­
tiana, d epurada por él de los errores del paga­
nismo, que la oscurecían en la E d a d M edia,
desarrollada, desenvuelta y c o m p leta d a por su
genio incom parable. S a n to T o m á s de A q u in o es,
con todo el rigor de la palabra, el pad re de la
teología católica y de la filosofía cristiana; y, lo
que es más, el creador de esa otra ciencia n o b i­
lísim a , universal, que une las dos con fuerte
lazo: S a n to T o m á s es el o rgan izador de la e s c o ­
lástica. C ie n c ia soberana que, le va n ta d a por el
A n g élico D o c to r como antorcha esplendorosa en
la cúspide de los siglos cristianos, iluminó al
mundo antiguo, disipando el paganism o de las
hordas del norte, y dando fin á la barbarie de
los pueblos orientales, é inauguró la edad m o ­
derna, en la cu al el árbol de la civilización cris­
tian a se desarrolló robusto, pendiendo de sus
ram as bienhechoras los regalados frutos del bien,
de la verdad y de la vida, y brotando á sus piés,
com o flores de b elleza prim averal, las m ayores
m aravillas del arte cristiano, las lenguas v u lg a ­
res, las catedrales ojivales, la D ivina Comedia,
las excelsas concepciones de la b e lle z a ideal de
F r . A ngélico, y las repúblicas m o d eladas sobre
el cristianism o por Jerónimo Savo n aro la.
¿Q uién sabe, señores, á dónde hubiera lle ­
gado la E u ro p a, fiel al movim iento ascensional
que recibiera del A n g e l de las E sc u e la s? L a e s ­
clavitud se modificaba; el feudalism o la n g u id e ­
cía; a lzá b a se el m unicip io; prom ulgábanse c ó ­
digos; los pueblos m an d aban consejeros á los
R eyes; o rganizábanse las p rim eras milicias; al
monje sedentario sucedía el fraile activo, p re d i­
cador, confesor, doctor, que se id e n tifica b a con
el pueblo, haciendo su y a su causa; é instituíanse,
por fin, esas grand es y públicas universidades,
que abrían á la activid a d febril de la inteligencia
hum an a nuevos y d ilata d o s horizontes. L a era
m oderna, en una p a la b r a , se in a u g u ra b a con
todas sus grandezas, y exenta de los peligros que
hoy entraña. E m p ero , para d esg ra cia de la civ i­
lización y de la ciencia, lanzó O c k a n á la a ren a
candente de la discusión, en son de rebelión y
de protesta contra la filosofía escolástica, su n o ­
m inalism o y su criticism o escéptico, y h a la g a n d o
á la potestad real, deprim iendo al Pontificado, y
negando la inm utabilid ad y h a sta la existen cia
de la ley eterna, encontró sectarios infatigables. A
éstos prestaron concurso poderosísim o en contra
d é l a escolástica, el panteísm o de Jordano B runo,
el criticism o exagerado de C a m p a n e la , el em pi­
rismo de B a co n , el renacimiento pagano, las p a ­
siones todas patrocinadas por un sistem a filosófi­
co, siendo el resultado de tan m últiples factores el
protestantism o de L u tero , el absolutism o de M a-
q u ia v e lo y el racionalism o de D esca rte s. P erdid o
así el norte de tod a verd ad en religión, en p o lí­
tica y en filosofía; arrojada la sem illa en un
terreno preparado, el fruto era sólo efecto del
tiempo, y vióse al protestantism o d egenerar en
indiferentismo, al absolutism o en cesarism o, y
al racionalismo en positivism o m aterialista: c o n ­
secuencias lógicas y necesarias de todo sistem a
racionalista, el cual es ho y la fórmula, como fué
el factor, de todos esos absurdos que minan sin
descanso los fundam entos de la fam ilia, de la
sociedad, de la religión y de la ciencia.
Conocéis, señores, la n a tu ra leza del m al y
su origen y su historia: es un organism o vig o ro ­
so, apoyad o por sociedades tenebrosas, tolerado
por la culta E u ro p a , que es en parte obra de sus
logias, y que ha com enzado su carrera arrancando
á los católicos la filosofía esco lástica, única arm a
cap a z h o y de resistir á los em bates del r a c io n a ­
lismo triunfante, y de desposeerle de sus trin­
cheras. Y ve d por qué, señores, la Iglesia, que
ha m edido la profundidad de la lla g a social y
que la ha encontrado inm ensa, pero que cree á
los pueblos sanables, vuelve los ojos hácia el
Angel de las E s c u e la s , y nos exhorta ve h e m e n ­
tem ente á que abracem o s esa arm a im pru d en te­
mente a band on ad a ; en la seguridad de que la
filosofía de S a n to T o m á s , h o y , com o en el si­
glo X I I I , salvará los fueros de la fe sin m e ­
noscabo de los fueros de la razón, y renovará
la concordia de estas dos hijas del cielo. T e n é is ,
señores, indicado el pensam iento de mi discurso.
L a dictadura de un genio es la g a ran tía de la
libertad en las profundas crisis de la historia;
en el período agitadísim o y turbulento por que
h o y atravesam os, nadie reúne los títulos de S a n ­
to T o m á s de A q u in o p ara ejercer una d ictadura
racional y prudente, en favo r de la fe m e n o sp re ­
ciad a y de la razón vilipendiada; porque de n a ­
die se puede decir con tan ta ju sticia , que le dio
el Señor los preceptos y la ley de vida y de disciplina,
para enseñar su testamento á Jacob y sus juicios á
Israel.
P o r eso, señores, correspondiendo tím id am en­
te á la honrosa é inm erecida invitación que m e ha
hecho el P residen te de esta Juventud C ató lica,
é inspirado en la adm irable E n c íc lic a de nuestro
Srao. P a d re el P a p a L e ó n X I I I , intentaré m a n i­
festaros que la filosofía del A n g é lic o D o cto r es
una ciencia c o m p le t a , es el único organismo
científico de filosofía cristiana, al cual, si es p o ­
sible a ñ a d ir nuevas verd ades a rran ca d a s de los
secretos de la n atu raleza, ja m á s podrém os cer­
cenar, variar ni corregir nada, sin minar p ro ­
fundam ente el edificio de la ciencia. S a n to T o ­
más, «señores, es el P rín cip e de los filósofos. O s
lo dem ostraré exam inando rápidam ente las p rin ­
cipales conclusiones de su filosofía, y p re se n tá n ­
doos como un precioso ra m illete de las a la b a n ­
zas que le han tributad o los sabios,
I.

L a ciencia, en general, nos dice el A n gélico


D o cto r, es el conocim iento de las cosas por sus
causas; y tanto m ás noble, más digna y más
e levad a es una ciencia, cuanto más universal
sea el objeto y más alta la c a u sa que investi­
gue: la ciencia de las prim eras causas, la m e ta ­
física, es la prim era de las ciencias. M a s como
la ciencia tenga por objeto la verd ad, y ésta sea
la iguald ad del entendim iento con la cosa conoci­
da, ántes de engolfarse el hom bre en el inmenso
océano de la filosofía, debe asegurar el punto
de partida, escrutar y determ inar las leyes del
conocimiento y de la indagación de la verdad.
L a ló g ica es p a ra el A n g e l de la s E s c u e la s la
prim era de las ciencias en el órden cronológico.
Proporcionada á su elevación, á su a b s t r a c ­
ción, á su independencia de la m ateria, es en
las criaturas la virtud cognoscitiva, continúa el
S a n to D o cto r. L o s m inerales y las plantas,
c o m p leta m en te m ateriales, carecen de todo c o ­
nocim iento; los brutos, superiores á ellos, c o n o ­
cen las cosas singulares, sin remontarse ja m á s á
la gen era lid a d de una idea, porque su alm a y
sus potencias y sus funciones todas dependen
de la m ateria y de sus órganos, aunque con
cierta sobreabund an cia de vitalid ad , para esta­
blecer relaciones exteriores. E l a lm a del h o m ­
bre, espiritual, h ija del cielo y d o tad a de in teli­
gencia es c a p a z de tod a clase de conocimientos,
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por ab stra cto s y universales que ellos sean, y
tiene virtud propia p a ra depurar los conceptos
de toda m aterial concreción, y contem plarlos á
solas en el santuario del pensam iento, sin que el
cuerpo hum ano le preste otro concurso que la
abundante m ateria para esas misteriosas trasfor-
m aciones. S u p erio r al hom bre es el ángel, que
no tiene cuerpo, que es a bso lutam ente in d ep en ­
diente de la .m a te ria , sin que recib a de e lla ni
las formas, ni los fantasm as. D io s le infunde
ideas lim itad a s en universalidad y número, que
son la norma y la m ed id a de su extenso co n o ci­
miento. S o lo D ios, cu ya mente purísim a y libre,
es inmune de tod a com posicion y es ella m is ­
m a su propia idea, tiene noticia de todo, sa b id u ­
ría infinita, intuición sim plicísim a: solo D io s es
om nisciente. Quia Deus esí in summo imniaierialt-
tatis, ssquitur quod sit in summo cognitionis.
A s í a n alizad a, bajo ese concepto elevadísi-
mo, la 'n o c io n de la virtu d cognoscitiva, p ro si­
gue el D o cto r A n gélico la definición de la c ie n ­
cia, estableciend o cuatro géneros de causas:
m aterial, formal, eficiente y final.
L a antigua filosofía no había podido e m a n ­
ciparse por un solo m om ento de esa cuádruple
causalidad: el A g u ila de Aquino remonta aquí
su vuelo sobre P la tó n y A ristó teles para a n u n ­
ciar al mundo entero, que el S e r por esencia, el
acto purísim o, la causa prim era, p u ed e p re sc in ­
dir de la m ateria, si le place, y pued e pro d u cir
ex nihilo. L a creación de la nada, ese misterio
inaccesible á tod a la antigüedad pagana, pero
consignado en las prim eras p a la b ra s del G é n e ­
sis, perteneció desde entonces al dominio de la
filosofía. S a n to T o m á s había descorrido el velo
que o cu lta b a el origen del universo, dem ostran­
do la po sibilidad de la creación y sus motivos,
y realizando un progreso en la ciencia racional,
que ni habían soñado los siglos. P e ro la c re a ­
ción es propia y exclusiva de la D ivin id ad , es su
atributo incom unicable, personalísimo, como lo
es ta m b ién la causalid ad primera, en el órden á
la producción y conservación de los seres, y en
el órden á cuantos actos positivos y reales e je ­
cutan estos seres en el mundo, bajo la mocion,
dirección y aplicació n de e sa causa primordial,
soberana, universalísim a.
L a s cosas que las ciencias conocen por sus
causas se dividen en séres sustanciales y a c ci­
dentales: los últimos son modificaciones de los p r i­
meros. L a s sustancias, objeto primordial de la fi­
losofía, se subdividen en tres grandes ram ificacio ­
nes: las prim eras tienen causa formal solo infor­
mante, sustancias m ateriales; las segundas tie ­
nen ca u sa form al informante y subsistente, su s ­
tancias m ixtas, el hombre; y las terceras son
formas solo subsistentes, sustancias espirituales,
ángeles. Y por encim a de todas esas categorías,
en la cúspide de todos esos séres, dominando
e sa g ig a n te sca y profunda clasificación del o b ­
je to de la ciencia, el S é r supremo, el Sér por
esencia, la su stan cia sim plicísim a, D ios, ca u sa
prim era, prototipo y causa final y últim a de
toda la creación.
13
Si querem os ahora entrar de lleno en la
filosofía tomista, encontrarémos que su objeto
ha de tom arse um versalm en te considerado,
h e c h a abstra cció n cuand o ménos de la materia
singular, que, efímera y contingente, no puede
servir de fundam ento al eterno y sólido edificio
de la verdad filosófica. A ún más: lo primero
que el hom bre percibe en ese objeto es la razón
comunísima de ente; y sobre ese universal de los
mismos universales, sobre esa nocion universalí-
sima, establece el A n g é lico D o cto r el famoso
principio de contradicción, piedra angular de
toda filosófica dem ostración, y superior á todas
luces al principio de la repugnancia de K a n t,
no ménos que al de la razón suficiente de L e i b ­
nitz. Y notad de paso, señores, que la teoría lu ­
minosa de S a n to T o m á s sobre los universales,
como base de nuestras dem ostraciones científi­
cas, es la única arm a 'que puede esgrimirse con
ven taja p a ra pulverizar el panteísm o m a teria lis­
ta, que desde la escuela neo-platónica de A l e ­
jand ría, ha sta la ecléctica contem poránea de
Coussin, viene fascinando á m uchas inteligen ­
cias descreídas. Pero donde S a n to T o m á s rayó
á una a ltu ra hasta la cual no ha sido posible se­
guirle, m atando en la raíz todo germen de p a n ­
teísmo y de sensualism o, fue en la profunda e x ­
plicación de la bondad de las criaturas, p ro b a n ­
do lum inosam ente, que la bondad absoluta y
com pleta que resplandece en los diversos grados
de la creación, es u n a bondad participad a, es
un accidente y nada más, que sobreviene á la
bondad propia y sustancial de c a d a ser. L o c k e
deprime la idea de la bondad, identificándola
con el deleite; Santo T o m á s la depura, la eleva,
y la h a c e depender de una rela ció n de se m e ja n ­
za con la infinita bondad de Dios. S u b lim e com o
la teoría de la bondad, es la teoría de la belleza,
que S a n to T o m á s p la n tea , distingue, precisa,
define, y á la cual se ñ a la misión y concepto
propio, respecto á la facu ltad cognoscitiva, que
d ebe reposar tranquilam ente en la intuición de
la arm onía que resulta d e las partes varias, d is­
tintas y m últiples del objeto bello. P a r a S a n to
T o m á s , el bien m ueve el apetito; el co n o cim ien ­
to d escansa en la belleza. D e c i d m e , señores,
por gracia, ¿si en cuanto se viene escribiendo
h a c e seis siglos, si en las herm osas págin as de
V íc to r Coussin, encontráis un solo concepto
que no se h alle delineado en la filosofía de S a n to
T o m á s , respecto á la esencia y condiciones y
objeto de la belleza?
O tro problem a, no encan tad or com o los que
se refieren á lo bueno y á lo bello, sino fo rm id a ­
ble y tenebroso, venía agitando los espíritus
desde el origen de la historia. D e c la ra d a im p o ­
tente la razón hum an a para dar una solucion
satisfactoria, h abíase confiado ésta m uchas v e ­
ces al fragor de los com bates. ¿Q ué es el mal?
¿ C u á l es su causa? S a n to T o m á s dejó caer de
su plu m a esta respuesta imponente y severa,
como el ruido de las grandes aguas. E l m al no
existe, el m al no tiene causa. E l m al es la p ri­
vación, es la ausencia del bien; el m al es la
15
nada. L a ca u sa del m al es el bien defectible,
limitado, que intenta producir otro bien, y que
no llega á efectuarlo por com pleto á ca u sa de su
ineficacia; la causa del m al es el bien, que pro­
d uce de paso y casualm ente un desorden, un
mal, teniendo por objetivo el bien. Conocéis,
señores, que sólo puedo recojer algunas espigas
de la abundante mies que se presenta á mi a l­
cance. E l m aniqueism o, esa herejía filosófica,
social, política, religiosa; ese antagonism o de los
dos principios coeternos, en lu ch a siem pre y
siem pre sem brando la discordia entre los hijos
de los hom bres, aquí expiró, señores, e stre ch a ­
do p a ra siempre por la vigorosa argum entación
del gigante de la filosofía cristiana.
E m p e ro y a es hora de a b a n d o n ar esas a ltu ­
ras de la cien cia ontológica, si hem os de o c u ­
pa m o s, siquiera sea ligeram ente, de este mundo
prodigioso, que el S e ñ o r nos h a dado en parte
cóm o va lle de penitencia, de oracion y caridad.
E l mundo, el universo, el conjunto armonioso
de globos, de luz, de éter; todas las sustancias,
en una palabra, y todas las fuerzas que afectan
nuestros sentidos, han sido sa ca d as p o r D io s de
la nada, y son real y su sta n cia lm e n te distintas
de la D ivinid ad ; ni su m ateria es eterna, ni mé-
nos independiente del m ism o D io s . E l mundo
es hermoso, es bello, es perfecto, es óptim o por
razón de su fin, m as no es el m ejor de los m u n ­
dos posibles para la O m n ip o ten cia divina, com o
ha pretendido L e ib n itz . L a filosofía cristiana tie ­
ne de D io s m ás elevado y m ás verídico concep-

to, y profesa el optim ism o de que á D io s le


quedó el brazo sano despues de la.creacion, p ara
crear aún infinitos mundos siempre mejores,
siempre más sem ejantes á su creador, pero sin
llegar ja m á s al optimismo de una sem ejanza
ad ecu a d a . Y no sólo es distinto de D io s este
m undo que venimos exam inando á la luz de la
doctrina del A n g e l de las E sc u e la s, sino que se
compone de sustancias distintas entre sí, que
nacen y se reproducen y se descom ponen y
mueren y dan lugar á la producción de nuevos
séres, sin que se pierda una fuerza, ni se a n iq u i­
le un sólo átomo, aportando el S a n to D o cto r en
apoyo de estas conclusiones, conformes por otra
parte al común sentir de la hum anidad, ó d e ­
m ostraciones concluyentes, ó razones p la u sib les,
según la m ayor ó menor certidum bre que p e r ­
mite la materia.
M anifiéstase la vid a por un movimiento in­
terior de los vivientes, como las plantas, que se
nutren y crecen y florecen y fructifican: mién-
tras que los anim ales se levantan un grado más,
tienen un a lm a cogn oscitiva y a p e titiv a , m a ­
terial, m as no subsistente, como ha pretendi­
do el ilustre B a lm e s, evitando nuestro S a n to
el escollo del filósofo español, como la paradoja
del autom atism o de G ó m e z Pereira y de D e s ­
cartes. S i á estas indicaciones añ ad ís la gran ­
diosidad con que Santo T o m á s presenta y re­
suelve las profundas y trascend en tales cuestiones
del tiem po y del espacio, veréis que su doctri­
na cosm ológica es la refutación com pleta d e e s a
17
herejía absurda, que viene siendo, no obstan­
te, ia herejía de todos los tiem pos y de todos los
países, la herejía de los filósofos todos que se
apartan de la verdad revelada; de ese panteísmo
obstinado en persuadirnos que el mundo es
D ios y D io s el mundo, y nosotros dioses ó
m oléculas cuando ménos ó m odificaciones del
gran todo, del gran D ios. P a r a esos filósofos, a l ­
gunos de los cuales e d ucan á vuestros hijos en
las Universidades del reino; para esos corrupto­
res del corazon y el pensam iento, de la moral y
de la ciencia, el cuerpo y el espíritu, la verdad
y el error, el bien y el mal, la muerte y la vida,
el adulterio y la c a rid a d , D io s y el hombre, el
sér y el no sér, se identifican, se confunden, son
la m ism a cosa, porque son la m ism a substancia,
ó porque son la m ism a idea que objetiva sus
conceptos. P u e s bien, señores, esos absurdos,
qxie vuestra razón instintivam ente rech aza, los
hallaréis reducidos á im p a lp a b le polvo en la
Suma filosófica y en la Suma teológica de S a n to
T o m á s de A quíno . D e s d e el panteísm o de los
indios y los chinos h a s ta el panteísm o g e rm án i­
co, desde el em anatista grosero de B r a h m a y de
S p in o z a h asta el idealista ó re alista de los V ed as,
Jordano B runo, F ic h te , H e g e l, K ra u se, etc., t o ­
dos han sido analizados, prevenidos y vigo rosa­
mente im pugn ad o s por nuestro A n g é lico M aestro.
H á se hecho un cargo á S a n to T o m á s por
haber descuidado el m étodo experimenta],
m iéntras que le acu san otros de patro cin ar el
m aterialism o, por d erivar de los sentidos todos
nuestros conocimientos; extrem os que se d estru­
yen, y evidencian la fa lta de preparación de los
que así ju z g a n la filosofía cristiana. E l método
experim ental psicológico es el punto de partida
de cuantas dem ostraciones lleva á feliz término
el A n g e l de las E sc u e la s en m uchísim as c u e s­
tiones de la primera y -segunda parte de su in ­
com parable Suma; el método experim ental físi­
co en su verdadero y científico desarrollo pa ite
de A lberto M agno, y S a n to T o m á s de A quino
utiliza ambos procedim ientos p a ra elevarse á la
síntesis, pa ra asentar verdades eternas, investi­
das de los caracteres de necesidad y universali­
dad, que puedan servir de b a s e p a ra construir
ciencia verd adera. S in síntesis no h a y ciencia,
sin análisis no h a y conocim iento cierto; por
eso el método de S a n to T o m á s no es sintético
ni analítico, sino analítico y sintético, e x p e r i­
mental y ontológico 3 inductivo y deductivo,
según el objeto y la necesidad de la d em o s­
tración. L é jo s de los escritos del A n g é lic o ese
psicologism o c a rte s ia n o , base m oved iza de su
pretendida ciencia y que preparó el cam in o al
escepticism o; al sensismo y al panteísmo; léjos
tam bién de su doctrina el em pirism o de B a co n ,
precursor funesto de L o c k e y de C o n d illa c y de
los m a teria lista s del pasad o siglo.
¡Y qué aplicación tan lum inosa hace de su
doble método el A n g élico D octor, al resolver los
problem as que tienen al hom bre por objeto! P a ra
S a n to T o m á s el alm a h um an a no es cuerpo, no
es materia, no tiene siquiera com posicion m a te ­
19
rial; el alm a es una substancia inm aterial, e sp i­
ritual en el sentido completo de la palabra, y
como espiritual sim ple, incorruptible, inmortal,
inteligente, racional, volente y líbre, que no se
propaga ni por generación ni por traducion, sino
por creación en el acto mismo de la concepción
del hom bre; y todo esto, señores, dem ostrado
vigorosam ente por el A n g é lic o P receptor, p a r ­
tiendo de la base de la experiencia psicológica,
y levantando la dem ostración con razones n a tu ­
rales, sin acudir p ara nada á la divina re v e la ­
ción. ¡Cuestión espinosísim a en la que nuestro
S anto , con la serenidad de un piloto peritísimo,
salvó los fueros de la fe y de la razón, y evitó
los e s c o llo s , y se apartó igualm ente de las
encontradas corrientes del tradicionalism o, del
racionalismo y del m aterialism o! E l alm a es a d e ­
más para S a n to T o m á s de A q u in o forma sus­
ta n cia l del cuerpo hum ano; conquista filosófica
de im ponderable valor, que ha sido más tarde
e le v a d a á dogm a de fe católica en el Concilio
ecum énico de V iena.
A las sustancias m ixtas siguen las su sta n ­
cias espirituales: sobre el hom bre está el ángel;
y si S a n to T o m á s de A q u in o resolvió científica­
mente to d as las cuestiones fundam entales de la
antropología, áun aquellas que .atañen á la parte
material del organismo hum an o, remontóse s o ­
bre todos los doctores de la antigüedad al o c u ­
parse de los angélicos espíritus. «Santo T o m á s ,
h a dicho el sabio L a b b é , habló de los ángeles
como si lo fuese;» y el orbe entero no es m ás que
el eco de esta sentencia al lla m a rle A ngel y A n ­
gélico, por la pureza de su v id a y por su doctrina
incom parable sobre esos espíritus excelsos. L o s
ángeles, según ese A n g e l de la tierra, son sus­
tan cias inmateriales, espirituales, subsistentes,
incorruptibles, in te lig e n te s, volentes y libres.
C re a d os por D io s en el p rincip io del tiem po y
en g ra cia santificante, recibieron de la in a g o ta ­
ble bondad divina ideas más ó ménos universales,
en m a yo r ó menor número, que determ inan sus
jera rq u ía s y coros, y que los ponen en intuición
directa del objeto y de los principios y sus s e c u e ­
la s, sin la im perfección del raciocinio. E l m o v i­
miento de los ángeles, su locucion, su influencia
sobre las cosas m ateriales y sobre el hombre
mismo, son el objeto de otros tantos problem as
que S a n to T o m á s resuelve cu al ninguno. P e c a ­
ron m uchos de esos espíritus por soberbia, y fu e­
ron condenados al infierno, donde obstinados en
el m al tientan á los hombres, y h asta pueden t e ­
ner con ellos im plícito ó explícito com ercio. D e
ahí la m agia y la teurgia de la antigüedad, la
brujería de la E d a d M edia, y el mesmerismo,
m agnetism o y espiritismo de nuestro siglo, e x ­
plicados en sus causas y en sus efectos en las
páginas angelicales del A n g el de los D octores.
Y como base, señores, y com o cim a y como
centro de este edificio grandioso de la ciencia
filosófica, que va n a m en te he intentado b o s q u e ­
jaros, se encuentra la idea de Dios, verd ad p ri­
mera, bondad suma, belleza infinita, de quien
todas las criaturas reciben el sér y la verdad y
la bondad y la b e lle z a y cuantas perfecciones
arrebatan nuestra inteligencia, em belesan n u e s­
tros sentidos, hacen vibrar las libras de nuestro
corazon, y en las que descansan nuestras fa c u l­
tades cognoscitivas, haciendo de ellas como otras
tan tas etapas para remontarse al conocimiento
y al am or y á la posesion de esa b ien a v en tu ­
ranza final que sin cesar las solicita. P a r a S a n to
T o m á s de Aquino, que «habló de D io s com o si
le viese,» D ios tiene en sí mism o la razón n e c e ­
saria de su existencia, es acto puro, causa p r i­
mera, primer motor y fin últim o de todos los
seres. D em u éstrase su existencia y su unidad
por diferentes procedim ientos racionales. D ios
es ad em ás personal, creador, conservador y pro ­
vidente; contiene en sí las perfecciones de todos
los séres existentes y posibles, y solo É l es c a ­
p a z de com prender el océano de su inm ensidad.
É l es su m ism a sabiduría y su V erbo expreso,
personal, coeterno y co n sustan cial, m edida y
tipo de todos los séres presentes y pasados, fu ­
turos y posibles. Poned, señores, al lado de esta
teodicea lum inosa, esplendente, celestial, los
sistem as de la lla m a d a ciencia novísim a de K a n t
y H egel, Sch ellin g , F ic h te y K ra u se , y de c u a n ­
tos esterilizan y pervierten la in telig e n cia de
nuestra ju v en tu d desde ciertas cá ted ra s y desde
determ inados periódicos, y veréislos d e sva n e cer­
s e - c o m o sombras, como se desvanecerían las
b ru m a s de la n ebulosa A le m a n ia si fueran h eri­
das por los rayos del herm oso sol de nuestra
p á tr ia .
Señores, he enum erado rápidam ente algunas
de las principales conclusiones de la filosofía
cristia n a , personificada en Santo T o m á s de
Aquino. L a definición de la c ie n cia y su objeto,
el mundo, el hombre, el ángel y D ios. P a ra c o ­
nocer esa doctrina adm irable, no h a y otro medio
que el de a cu d ir á sus propias fuentes; si q u e ­
réis saber lo que fué T o m á s , leed sus obras. A s í
veréis cuán pálido es el cuadro por mí trazado,
y cuán m al corresponde á la gra n d eza del a s u n ­
to; sólo así tocaréis por vosotros mismos la filo­
sofía del A n gélico D o cto r, para p ro clam arla
ciencia com pleta y único organismo de filosofía
cristiana, al cual no es posible cercenar, ni v a ­
riar, ni corregir nada, sin m inar profundam ente
el edificio de la v e r d a d ; solo así podréis excla ­
m ar llenos de emocion santa: ¡Santo T o m á s es
el primero entre todos los filósofos! A sí lo han
confesado los santos y los sabios por más de
seiscientos años, como os mostraré con la b re v e ­
dad posible, si me prestáis atención por unos
momentos más. Procuraré no abusar de v u e s tra
benevolencia.

II.

L a filosofía de Santo T o m á s , levantada en el


centro de la edad media, como la luz en el seno
de las tinieblas que cubrían los orígenes de la
tierra que habitam os, disipó los errores todos que
venían hacía tres siglos tra b a ja n d o los espíritus;
y del fondo de aquellos siglos de perturbación y
23
de ignorancia, surgió el siglo X I I I , que animado
por el genio portentoso de S a n to T o m á s de
Aquino, fue por excelen cia el siglo de fe y de e n ­
tusiasmo religioso, el siglo de la ciencia racional
y de la ciencia teológica, el siglo que se alzó en
el desierto de la historia de la filosofía, esplen­
dente y majestuoso, com o la colum na de fuego
que gu ia b a á losh ijos de Israel hácia la tierra pro ­
metida. N o h a y problem a racional al que no h a ­
y a dado solucion com pleta y científica ese h u ­
milde hijo de Santo D om ingo, atento desde el
silencio de su pobre celd a á todas las contiendas
sociales y religiosas^ filosóficas ó teológicas, é
imponiéndose por su santidad excelsa y por su
universal sabiduría á reyes y á papas, á univer­
sidades y á pueblos. J am á s el cetro del saber tu ­
vo tan vastos dominios; pero ja m á s rey tan sabio
ha em puñado ese cetro divino. L a filosofía que
como la a ltiv a A g a r se h a b ía divorciado de la
fe, y erraba llorosa y sin sustento por la esterili­
dad del paganism o, es reducida por ese ángel á
la ca sa de A b ra h a m , mas pa ra que sirva á Sara;
y establecid a la concordia entre la señora y la
sierva, si la fe ha m enester de los servicios de ia
razón, ésta ve que en recom pensa se alejan cada
dia m ás los límites de su horizonte, iluminados
por los esplendores de la ciencia revelada. La
teología natural conquista aquellas verdades
que eran ántes patrimonio de unos pocos, que á
fuerza de fatigas intelectuales, las poseían á m e ­
dias y nunca exentas de errores. L a s herejías y
los cism as fueron para siempre debelados; las p o ­
24
testades deslindadas; señalados los deberes y
prefinidos los derechos de los reyes y los pueblos;
informadas las costum bres de los fieles, d irig i­
das y ordenadas con los preceptos de una ética
cristiana.
A s í la voz del A n gélico D octor, calm ando la
anarquía de los espíritus, pareció á todos como
el eco de una m ultitud de voces, y como la vo z
del ángel que h a b la b a á D aniel junto al Eufrátés;
porque era la voz de la ciencia y la voz de la re ­
ligión, la voz de las E sc ritu ra s divinas y la voz
de los S a n to s Padres, que c a n ta b a el epitalam io
de la fe y de la razón, y unía en ósculo de paz la
religión y la ciencia en sus gigantescas Sumas y
en su Cadena de oro. L a voz de T o m á s es la vo z de
todos los siglos y de todas las escuelas, porque
es la voz depurada y arm ónica de la verdad que,
do quiera que se halle, es una participación de
la verd ad prim era y absoluta. E s su voz como
aquella rueda misteriosa que vió E c e q u ie l junto
á los cuatro anim ales, que tenía cuatro caras;
porque la doctrina del A n g é lico D o cto r sintetiza
la verdad racional y la verdad revelada de las
cuatro grandes m anifestaciones de la historia: la
filosofía pagana, la revelación ju d áica, el nuevo
testam ento, y los escritores todos de la era c ris­
tiana.
¿Qué extraño es, por consiguiente, que el
mundo entero salud ara con jú b ilo su aparición
sobre el horizonte de la vida, y le a c la m a ra sol
de las inteligencias, y que cuantos sabios v e r d a ­
deros han sido despues del A n gélico D o cto r in­
25

tentaran tan sólo describir órbitas m ás ó ménos


grandes, pero siempre en derredor de este centro
del saber humano? «Compendio de misterios, di­
jo un sabio bien conocido, es la Suma de S a n to
T o m á s . E n ella está reunido cuanto se puede sa­
ber y enseñar; en ella están encerrados los A m ­
brosios, los Jerónimos, los Agustinos, los G r e ­
gorios; en ella está encerrado el mismo A n g é lico
Doctor, m ayor y menor que él mismo: resumen
de extraña ciencia y compendio de la propia. A
todos los sabe quien entiende á Tomás.»
¡F e liz escuela la del D o cto r de Aquino! e x ­
clam a otra ilustración; y más feliz aún la Iglesia,
si cuantos en ella se dicen D o cto re s fuesen é m u ­
los del A n g é lico D o c to r en su a m o r á la a n ti­
güedad, á la autoridad, á la arm onía y á la u n i­
versalidad de la ciencia! A sí lo hicieron en sus dias
de g lo ría la s célebres universidades de P arís, S a ­
lam anca ( i ) , A lc a lá , Z a ra g o z a , H u e sca , T o le d o ,
V alen cia, P am plo n a, S evilla, M éjico, L im a , C o-
himbra, D u a y , T o lo s a , Bolonia, N áp o le s, P a d u a ,
T urin, B u d a , C am brid ge, Oxford, Doelingen, A vi-
ñon, y cuantas en épocas mejores merecieron el t í ­
tulo de tales. ¿Qué se hizo de su corona de gloria?
A s í lo hicieron y siguen haciendo las de L o v a in a

( i) V éase más adelante el juram ento de esta célebre U niversidad.


Con motivo de la presente festividad de Santo T om ás enviaron su adhe­
sión á la En cíclica ¿Eterni Patris y á S« Santidad León X I I I cuarenta
y dos profesores de la Universidad é Institutos de M adrid, y utros lo hu ­
bieran hecho, á la menor noticia del acto que llevaban á cabo sus com ­
pañeros. En la reunión literaria de la Juventud C atólica estuvieron algu.
nos de los profeBores que habían firmado la citada adhesión.
26

y M anila, m i madre am antísim a, que a c a b a de


dar al mundo un restaurador infatigable de la
doctrina del gran M aestro; y así lo hacen t a m ­
bién esas A c a d e m ia s libres de B olonia, N ápoles,
R o m a, L il a , P a rís y otras, benditas por la I g le ­
sia, patrocinadas por los O bispos, y esperanza
consoladora de todo el C atolicism o. Y si de los
centros de enseñanza pasam os á los centros del
saber, de la oracion y del sacrificio, unánime
a clam ació n se levanta de los cuatro vientos del
globo en testimonio y en defensa del D o cto r A n ­
gélico, m aestro un iversal de casi todos los In s ­
titutos religiosos. L o s erm itaños y los canónigos
de S a n A gustín, la sapientísim a congregación de
S a n M a u ro con todos los B en ed ictin o s del
mundo, los M ercenarios, los M ínim os, los C a r ­
m elitas d escalzos de la Seráfica S a n ta T e re sa ,
la ínclita C o m p a ñ ía de Jesús, los B a rn ab ita s, los
Prem onstratenses, los O ratorianos, los E s c o la ­
pios de la M adre de D io s, los Jerónimos, y esa
pléyad e incon table de santos y sacerdotes y
jurisconsultos y filósofos de los siglos de oro, que
han enseñado y que han escrito cuanto de n o ta ­
ble encierran las bibliotecas de a m b o s mundos,
todos han hecho profesion pú b lica y solemne de
seguir la doctrina de S a n to T o m á s de A quino, y
generalm ente han cum plido como buenos ese
deber que los honra. N a d a os diré de mi S a g r a ­
da O rden de Predicado res, que. debe á D io s el
beneficio insigne de h a b er formado en su seno al
A n g e l de las E s c u e la s , y que será grande y fe ­
cunda miéntras que se conserve en el m u n ­
27
do un solo ejem plar de la Suma de Santo T o ­
más.
¿Os parecen bastantes estas autoridades
para tom ar por gu ía y preceptor en la in q u isi­
ción de la verdad al S a n to D o c to r que venís á
honrar en este dia?
¿Va abriéndose paso á vuestro espíritu la
idea de que S a n to T o m á s sea el primero entre
todos los filósofos? S eg u id m e un m om ento más,
que aún nos restan autoridades de m ás peso.
U n solo decreto aprobatorio de una C o n g re ­
g ació n rom ana, ha vulgarizad o en nuestras e s ­
cuelas la teología moral de S a n Alfonso de L i -
gorio, discípulo de nuestro S a n to . . Y o podría
citaros un centenar de bulas de los S u m o s P o n ­
tífices, en las cuales no se contentan ,con aprobar
la doctrina del A n gélico D o cto r, sino que m a n ­
dan seguirla, proclam ánd ola verídica y católica,
superior á todas, excepto la canónica, por el
método de exposición y por la v e ra cid a d de sus
sentencias; de tal m a n e r a , que n u n ca haya
errado quien fielmente la h a y a seguido, y siem ­
pre h a y a sido sospechoso de error, cu a lq u iera
que la h a y a im pugnado. H a n la llam ad o útil,
am plia, angélica, divina, exenta de van as cu rio ­
sidades, . segurísima, inconcusa, adquirida por
infusión sobrenatural, y llena de tantos m ilagros
como artículos contiene. P o r eso P ió IX , el
Pontífice del Syllabus, de la In m a c u la d a y de la
infalibilidad, d e clara b a á la faz del m undo, que
no había otro medio para reparar los estragos
del m aterialismo, que la vuelta á los principios
28
de la ciencia tomista; y nuestro Srao. Padre, el
P a p a L e ó n X I I I , realizando el pensam iento de
su dignísimo antecesor, hace de la filosofía de
S anto T o m á s el program a oficial de las escuelas
católicas, funda A c a d e m ia s b a jo el nombre y
patronato d el mismo S a n to D octor, pa ra la d i­
fusión de sus doctrinas, y émulo de la g lo r ia y
del celo del gran S a n P ió V ordena que con los
caractéres m ás hermosos y los códices m ás a u ­
torizados que sea posible encontrar, se e d i­
ten todas las obras del S a n to y de sus m ás
renombrados comentadores, y a c a b a de eleva r
su festividad al rito de prim era clase, ig u a lá n d o ­
la á las principales de la Iglesia. ¿ Y sabéis por
qué? Po rque la filosofía de S a n to T o m á s , dice
el sábio Pontífice, ha llenado á m pliam ente la
m edida de su dictad o, y es plenam ente confor­
me á l a s verd ades de la fe.
P o r eso tam bién ese ilustre Prelado, pastor
am antísim o de un pueblo que lleva en sus
v en as la sangre de nuestro pueblo, y al cu al nos
unen adem ás los vínculos de la historia, de la
lengua y de la religión; y esos em inentes p ro fe ­
sores y literatos, gloria de las ciencias y de las
letras patrias, no satisfecho su entusiasm o y su
ardimiento en favo r de la doctrina de S a n to T o ­
más, profesándola y propagánd ola según sus
fuerzas y su posicion social, han venido á este
centro literario y católico de, la capital de E s ­
paña, para asociarse al hom enaje de adhesión y
de amor que la Juventud C a tó lic a de M ad rid
tributa hace ocho años al A n g e l de las E sc u e la s.
2CJ
¡Ah! señores, que este concierto de a p r o b a ­
ciones por espacio de m ás de seis siglos es so ­
bre toda ponderación elocuente y decisivo. Pues
unid á él la vo z elocuente, solemne, colectiva
y m ajestuosa de esos concilios au g u sto s ce le b ra ­
dos con la asistencia del E sp íritu S a n to en
L y o n , V ie n a , C o n stan za, B a s ile a , F lo re n c ia y
últim am ente en R o m a, y el concierto de a la b a n ­
zas se reviste de un ca rácter que se impone por
su grandeza; porque en todas esas asam bleas
católicas, com o d ecía el orador del T rid en tin o ,
los escritos de S a n to T o m á s fueron la piedra de
toque para conocer la ortodoxia de las d o ctri­
nas. ¿ Y cómo os ponderaré, Señores, la gloria
que tributó á T o m á s el Co n cilio T rid en tin o ?
¿esa asam blea sin igual, que legó al mundo un
C ód igo sin ejemplo? A lz a s e en el centro de su
altar la efigie del C ru c ific a d o , á la derecha
de éste la S a g ra d a B ib lia , y á la izq u ie rd a ......
¿qué? ¡Oh gloria del A n g é lic o D o cto r, te stim o ­
nio irrecusable en favor de su doctrina! A la iz­
quierda la Suma Teológica de S a n to T o m á s de
Aquino. E ste honor, observa el reinante Sum o
Pontífice, no se ha concedido á ningún otro d o c ­
tor católico, y es la aureo la m ás refulgente con
que h a podido la Iglesia orlar las sienes de S a n ­
to T o m á s de A quino . ¡T o m á s despues del E s p í ­
ritu Santo! ¡ L a p alabra de T o m á s despues de la
p a la b ra de D io s p ara dirimir las controversias!
A s í fué, en efecto. U n fallo do gm ático ib a á
ser pronunciado sobre la institución del sa cerd o ­
cio; álguien cree (el arzobispo de G ran ad a) que
30
el acuerdo pro yectad o disiente de S a n to T o m á s ,
y el S a n to Concilio suspende sus trabajo s para
otra sesión, ordena el estudio del texto de mi
A n gélico D o cto r, y no pronuncia sentencia h a s ­
ta cerciorarse de su abso lu ta conform idad con
los escritos del S a n to ( i ) .
E s to s testim onios son irrecusables, señores,
pero me resta otro, aducido por autoridades
como S . P ió V , S. V ic en te F errer, S. A ntonino
de F lo ren cia , C le m e n te V I I y B e n e d ic to X I I I ,
que los excede, que los a b a rca , que los explica
todos. P ro fu n d am en te conm ovido el Angélico
D o c to r por la gravedad de las cuestion es que
salían diariam en te resueltas de su plum a fecnn-

(i) Aunque nos habíam os propuesto no recargar este discurso con


notas, hemos de permitirnos aquí una excepción, pues no falta, por des­
gracia, quien h aya intentado rebajar esta gloria de Santo Tom ás: Qiinc
müxhtitt cs£ et Themac proprUt. nec ciiin quoptatti ex doctoríbas cnlholicis
camnumicata, como afirma L eó n X I I I, D icese que también estaban allí
los D ecretos pontificios, ¡ Gran descubrim iento! L o dice el mismo
León X I I Í : Una c:im divincie Scripturae codUlbus et Pontijicum M axi-
morum dccretis Stjmmam Tkomac Aqniaatis stiper aitari patera volucrnnf,
unde coiisiUtim, rationes, articula peterattur. Y antes que el Papa actual,
habialo afirmado el C anónigo regalar de Ñ apóles D . T om ás de Aquíno,
deudo del Santo Doctor, y habialo divulgado por el mundo el dominico
P. Touron, citando las palabras de aquel escritor de Politia Christinun
{ i. z, cap.b}', hélas aquí: F id e diguiss'uni retulerunt in magnae aulac me­
dio, nb¡ eratit eongregati Sanctae Tridentinae Synodi rcHgiasisximi Prne-
sult’S, ac dúdissim i Paires, mensain extitisse ¡aero Ubrorum pondere grn-
van, ¡n qna hi sneri códices conspkiebantur·. S acra S criptu r a , D ecreta
P ontificltm , et S ancti T homae S umma. (P. Touron, Vida histórica de
Santo T om ás de Aquino, tom. 2, líb, 5, cap. 7.)
A pesar de esta declaración del m ás com petente biógrafo del A n gel
de las escuelas, los admiradores del Santo continuaron repitiendo: In
,
Trideutina paululum quaeso, hnmoremnr. Scriptnraui Sitcram snper al­
tari una. ex parte, Sumiiiamthealogkam Sancti Thomae ex altera, media
Servatoris in cruce su ffixi imagine, eolloeatnm. Historiae p ro d itn t ..nt
31
da, póstrase ante la im ágen de Jesús C ru c ific a ­
do, d erram a á sus piés su a lm a y su corazon, y
pídele confiado y reverente la tra n q u ilid a d de
sus ansias. ¡Oh m om ento sup rem o y decisivo!
Egressa est gloria Dom ini a limite tetnpli, et stetit
super cherubim. E l Crucifijo se anim a, la oracion
del ju sto h a llegado al trono del A ltísim o y re ­
cibe del V erbo de D io s esta r e s p u e s t a , que
debió conm over las je ra rq u ía s celestiales: Benc
scripsisti.de me, Thoma. T o m á s , has escrito bien
de mí. E l V erbo del P a d r e ap ru eb a la escritura
del hombre; en m u d ezca toda len gu a cuando es
C risto quien a la b a . L la m e n otros á S a n to T o ­
más el A n g e l de la T e o lo g ía y el P rín cip e de los

jttd icii honorc cum Verbo D ei ejns doctrina pariiciparet (H istoria cccle-
siastica, N at. A lex., tom. 8, pag. 648; edit. L u cae, 1752); ...... Cnjv-s
Paires (Tridentim) Scripturne Saerae..... unicam Sancti Tkomae Swmmam
adjici volncruiit (Goudin, P h il. tom ., voi. 1, D iss. 2, §. 1'; In medio al·
taris cm iiut Crucifixi effigiís, « di'.xirL· Scriphtranan codcx reponitttr, «
slnixtris quid? ..... Thomac Sumina iheologica. Locus M i sentndtts á R ige
(Billuart, Orat. in laúd. D iv. ThomaeJ; Hanc doctr'umm (tridentinam) ex
Sai/cto Thoma dspreiupíam esse; tnia ex ejns verbis peni coutextam posten
demonstnibitnus, etc. (tíossuet, T ra ct. de D ilect, D ei, p ág. 22.) Podría­
mos m ultiplicar la s autoridades sobre este hecho glorioso hasta la sacie­
dad, haciendo ver, que todos le conceden im portancia suma y, por
decirlo asi, trascendental. ¡E s porque no conocían el texto del Canónigo
napolitano, 6 porque no le creyeran verídico? N ada de eso: es simple­
mente porque aquella circunstancia en nada desvirtúa el testim onio que
la Smnma recibió en T ren te H é aquí cómo se explica á sí mismo el
citado Canónigo Aquino: Expende rjuo honore habita (Sumina), qnne Ín­
ter códices divinas uumeratur. Par crat ut post divinos libros A n g d ici
recatswtiiítur (loe. cit.) Es decir, que los D ecretos pontificales que con tie­
nen las decisiones dogm áticas y la doctrina de la Iglesia, no son un c ó ­
digo humano, sino divino, y como la continuación de los libros can ón i­
cos: después de éstos, y por encima de toda humana concepción, la
Snma Uolngica de mi A n gélico M aestro. -
32
filósofos; confiese Juan X X I I , que la Suma tiene
tantos m ilagros como artículos: todo esto es p á ­
lido al lado de esta p a la b ra bene. C risto es el
V erbo del Pad re, T o m á s el adverbio del H ijo.
Bene scripsisti de me, Thoma. U n solo V erbo a g o ­
tó las perfecciones del P a d re, y con un solo v e r ­
bo agotó Cristo las a la b a n zas de T o m á s . T o d o se
le prom ete al ju s to cuando se le dice por el P r o ­
feta que bien; to d as las a la b a n zas de T o m á s se
afirman al decirle, scripsisti bene. V ió D ios todo
cuanto había creado, y lo encontró m uy bueno;
vió C risto cuanto había escrito T o m á s , y lo e n ­
contró digno de a la ba n za. lile enim probatus est,
quem Deus commendat.
G ra n d e es el mérito intrínseco que la razón
hum ana descubre en las obras de Santo T o m á s
de Aquino; grandes, inusitadas las ala b a n zas que
le han tributado los sabios y los santos, las
universidades y las órdenes religiosas, los p a ­
pas y los concilios y ha sta los escritores h e te ­
rodoxos; pero todas las supera, todas las agota,
á todas les sirve de corona el elogio de Cristo
Jesús S eñor nuestro. Y o nada puedo añadiros
para p roclam ar al A n g élico D o c to r como el pri­
mero entre todos los filósofos, y presentaros su
doctrina com o u n a ciencia com pleta, y com o el
único organismo científico de filosofía cristiana,
sino suplicaros q u e , p e g a d a vuestra frente al
polvo, os hum illéis ante el genio portentoso de
S a n to T o m á s de A quino , bendigáis á D ios en sus
obras, y exclam éis poseídos de profundo recono­
cimiento: Bene scripsisti de me, Thoma. Si lo h a ­
33
céis, podréis tam bién decir al Señor, im itando á
Ricardo de San Víctor: Domine, si error est quod
amplectimur, á te decepti sumus; porque en el
aluvión de errores que a m en azan sumergirnos,
abrazais la filosofía aprobada por el R ed ento r
pendiente de la Cruz, y repetidas veces re c o ­
mendada por la S a n ta Ig lesia de Dios.

IL M O , Y RM O, s e ñ o r :

H e abusad o de vuestra indulgencia, repitien­


do lo que vos y a sabéis, y lo que y o he aprendido
de O bispos eminentes; réstam e manifestaros el
eterno agradecim iento de esta A c a d e m ia , de mi
sagrada O rden de Predicadores, y de todos los
a m antes de la filosofía cristiana, por el prestigio
de que vuestra presencia ha rodeado esta solem ­
nidad literaria, y rogaros, lim o . Señor, que c o n ­
tinuéis enseñándonos, alentándonos y bendicién-
donos.
Y vosotros, jóvenes acad é m ico s, esperanza
de la religión y de la pátria, asp irad á h e re d ar
el doble espíritu de ciencia y de piedad que a n i­
mó la escuela de S a n to T o m á s de Aquino; to ­
m ad las obras del S a n to con el respeto que se
merecen, por haber sido aprobadas por C risto;
leedlas con recogim iento, con devocion, con la
3
34
pureza de intención que guió la p lu m a del A n ­
gélico Preceptor. U nid, como él, la oracion al
estudio y el ayuno á la oracion, para que, a lig e ­
rada la carne de m undanales afectos, fácilm ente
se levante á las serenas regiones de la verd ad y
del bien. = He dicho.
DE LA R E ST A U R A C IO N

EN L A S E S C U E L A S C A T Ó L I C A S

DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA,
SEGU N E L PENSAMIENTO

D E L D O C T O R A N G É L IC O SA N T O T O M Á S D E A Q U IN O ( i ) .

r.
L a E n c íc lic a A E ie r n i Patris de nuestro Santísim o
Padre el P ap a León X I I I h a abierto los ojos de muchos
católicos sobre el peligro que entrañan ciertas opiniones
filosóficas que, si bien no son claram ente contrarias al
dogm a católico, dificultan, empero, grandem ente su ex­
plicación, y apartan poco á poco de los senderos de la fe.
L a razón y la fe, la ciencia y la revelación, la filosofía y la
teología se hallan tan íntim am ente ligadas, como m ani­
festación distinta de la m ism a verdad m uchas veces, y
como procedentes del mismo principio eterno siempre,
que no es posible, en cuestiones capitales y de principios,
errar en la ñlosofía sin que la teología sienta como el
contragolpe de la herida que se ha inferido á la verdad
en una de las fases por la que es accesible al hom bre.
Por otra p a iie , el conocim iento verdadero de las c a u ­
sas naturales, y del m útuo y natural enlace que tienen
con sus efectos (en lo cual consiste la filosofía), predis­
pone el ánimo para un conocim iento m ás profundo y

(i) Com placiendo á distinguidos am igos, reproducimos aquí, algún


tanto retacados, los artículos publicados en L a F e , y copiados por toda
la prensa cató lica de España y del extranjero, sobre la s fuentes de la
doctrina de S an io Tom ás de Aquino.
36
m ás extenso de las cosas sobrenaturales, y para presen­
tarlas formando un cuerpo com pacto y arm ónico de d oc­
trina, que resista, acom eta y venza todas las fuerzas del
error.
A este glorioso y altísim o fin han dirigido sus g ig a n ­
tescos esfuerzos los escolásticos de la E dad Media, cu l­
tivando todas las ram as del saber humano, y haciendo
converger los frutos todos de sus vigilias, de sus contro­
versias y de sus triunfos, al esplendor y al triunfo de la
ciencia teológica.
Y todas estas vigilias ■ y todas" esas controversias y
esos triunfos todos de la verdad- revelada sobre el-error
y la falsa filosofía, resum idos se hallan y compendiados
y expuestos y encadenados con orden, precisión y b e­
lleza sum a en los escritos del A ngélico D octor Santo
T om ás de Aquino, ángel de la teología, sol de las es­
cuelas católicas y verdadero rey de los escolásticos, á
quien'éstos han rendido en todo tiem po los honores pro-
pios de un soberano, que extiende su señorío al corazon
y al pensam iento. L a Suma teológica es el alcázar m ás
fuerte y m ás hermoso en que puede atrincherarse el de­
fensor, no solo de la verdad teológica, sino tam bién de
la verdad filosófica y de la verdad social, para defender
desde él estas verdades, y derram arlas por todo el m un­
do. L a Suma de Santo Tom ás es el tton plus ultra del
ingenio, de la laboriosidad y del método humano. E s un
compendio de misterios, dice el eruditísim o L ab b é, y en
ella juntó el Doctor Angélico cnanto es posible saber y ense­
ñar: en ella encerró d los Ambrosios, á los Jerónimos, d los
Agustinos, d los Gregorios; se encerró d sí mismo, mayor y
menor que él mismo. H izo en ella un epítome de sabiduría
ajena y -un compendio de la propia. A iodos los aprendió
quien entendió á Tomás.
N o tem an nuestros lectores que nos extendam os aquí
en recordar los testim onios, los elogios, los hom enajes,
las apoteosis, por decirlo así, de que ha sido objeto la
Sttma de Santo T om ás por espacio de seis siglos. Punto
37
es este que el reinante Pontífice L eón X I I I ha tratado
con una elevación de m iras, con riqueza de datos, con
elocuencia tan arrebatadora y con la autoridad que le
da su augusta potestad, de m anera que ya apenas puede
decirse más de la doctrina ni del método de Santo T o ­
más de Aquino, ni cuanto se dijera revestiría el carácter
sagrado y prescriptivo del docum ento pontificio. Nuestro
pensam iento es m ás sencillo, y por el momento más
práctico.
E t Sum o Pontífice exhorta vehem entísim am ente á lo s
Sres. Obispos á que, para defensa y honor de la fe cató ­
lica, para bien de la sociedad y para increm ento de las
ciencias, restablezcan y propaguen con la m ayor exten­
sión posible la áurea sabiduría de Santo T o m á s......, y
que procuren los'profesores, elegidos prudentem ente por
los Obispos, insinuar la doctrina de Santo T om ás en los
ánimos de los discípulos, poniéndoles de m anifiesto su
excelencia y solidez sobre todas las demás (y no ante iodo,
como tradujo L a Ciencia cristiana) ( i) . Que las A cad e­
m ias instituidas ó que se instituyan la ilustren y la de­
fiendan, y usen de ella para la im pugnación de los erro­
res que pululan por todas partes. «Y porque no es
razón, concluye el Soberano Pontífice, que en lugar de
la verdadera y sincera doctrina sea recibida la falsa y
adulterada, procurad que la sabiduría de Santo Tom ás
sea bebida en sus propias fuentes, ó á lo menos en aquellas
corrientes que de ellas proceden íntegras y puras, según
sentencia cierta y unánim e de los doctores; pero procu­
rad tener alejados los ánimos de los jóvenes de esas otras
com en tes que, aunque se llam en derivadas de aquellas
fuentes, crecieron en realidad recibiendo aguas ajenas
y no ciertam ente saludables.»
E sta s últim as palabras del documento pontificio en-

( i) En la m ism a inexactitud in cu rrió L a Ilustracioit Católica en su


interesante número del 7 de M arzo de 188a.

trañan una gravedad y trascendencia que no hay para
qué ponderar. H ace m eses nada más, algunos escritores
católicos, creyendo equivocadam ente que no habría quien
saliera á la defensa del A ngélico D octor, se atrevieron á
im putarle doctrinas, opiniones y principios que habían
sido introducidos en las escuelas, confesando sus au to­
res que eran contrarios á Santo T om ás. Aun más: llegó
la im prudencia h asta el exceso de preguntar si los tomis­
tas eran tomistas. Por supuesto que la respuesta no se
dejó esperar m ucho tiem po, para confusion de los d e­
tractores del A ngel de las E scu elas, y la advertencia
con la cual el Rom ano Pontífice cierra el im portantísim o
documento que nos ocupa, no deja lu gar á dudas sobre
el pensam iento de la S anta Sede.
E n gracia, pues, de las personas que han m anifes­
tado deseos de conocer las obras de más fácil adquisi­
ción por el m om ento, y que contengan pura é íntegra la
sabiduría del Santo D octor, vam os á presentar á conti­
nuación una nota de las m ás conocidas, y de las que se
puede asegurar que son corrientes puras é íntegras que
em anan.de la propia fuente de Santo Tom ás de Aquíno.
No otro ha sido el pensam iento que nos puso la plum a
en la mano.

II.
F IL O S O F IA .
O b r a s de t e x t o .

P. C e fe r in o O. P . — Philosophia elementaría
G o n z á le z ,
ad tisum academicae ac prciesertim ecclesiasticae juventu-
tis. Segunda edición, dos tomos en 4.", rústica.— M a ­
drid (1), l-ibrería de Olam endi, P a z 6. N ueve pesetas.

(i) Para evitar repeticiones nos referiremos á la librería de Olamsn-


rii, siempre que otra cosa no se exprese. En la librería de Agitado, Pon-
tejos 8, se encontrarán también muchos de los libros que aqui reco­
mendemos.
39
— Filosofía elemental, por el m ism o autor. Segunda edi­
ción, dos tomos en 8,° m ayor, rústica. N ueve pesetas.
L a benévola acogida que en E sp añ a y en el extran­
jero han tenido las obras filosóficas del sábio Obispo de
Córdoba, verdadero iniciador de la restauración tom ista
en nuestra patria, excusan toda recom endación.
Z i g l i a r a (Tom ás María), O. P .— Sitmma philosopUca ad
usum. scholarmn.— E dición 2.n, L yo n , 1878; 2 volúm e­
nes en 8.“ m ayor. Precio en casa de Aguado, doce p e­
setas cincuenta céntim os en rústica.
— Della luce intelleckiale e delVontologismo secando la
dottrina de'santi Agoslino, Bonaveníura e Tammaso di
Aqutno. Rom a, tipogr. C atto lica. D os vol. 4 .0, once
pesetas.
E ste incom parable curso de filosofía, notable por la
claridad y concision de su exposición de la doctrina de
Santo Tom ás, h a sido declarado de texto en el Sem ina­
rio de Perusa por el actual Pontífice León X I I I , que era
Obispo de aquella diócesis. N i fué esta la única prueba
de estim ación que dió al autor el em inente Pontífice,
sino que le confirió la púrpura cardenalicia á la edad de
cuarenta y cinco años, y anunció que sería el espejo del
Sacro Colegio.
E l P. Z ig lia ra escribió adem ás un tratado en latín
acerca del alcance de la definición dogm ática del Con­
cilio de V ien a sobre la unión del alm a y el cuerpo hu­
m anos, contra algunos filósofos, que pretenden ser, no
solo católicos, sino paladines del catolicism o, adm itien­
do principios filosóficos incom patibles con las verdades
de la fe. E s un precioso libro de consulta para com pren­
der bien la teoría escolástica sobre los principios cons­
titutivos de los cuerpos.
L é p i d i (Alberto), O . P .— Elementa Philosophiae christia-
nae.— T res tom os. L o vain a, rué N am ur 22.— Quince
pesetas.
E l P. L épidi es un profesor distinguido de !a U n i­
versidad cató lica de L ovain a, que ha m antenido izada
40
la bandera tradicional de la escuela tom ista en aquel
centro de enseñanza, con sus lecciones y con sus escri­
tos, E s autor además de una im pugnación vigorosa del
ontologism o. De ontologismo, etc.
G o u d i n (Antonio), O. P .— Philosophict juxta inconcusa
íidissimaque divi Thomae dogmata, logicam, physicam,
moralem et rnetaphysicam quatiiov tomis complectens. Auc-
tore, P. F . Antonio Goudin, Ordinis P raedicatorum ,—
Madrid, 1762; 4 volúm enes en 4.0
N um erosas son las ediciones que en E sp aña y fuera
se han hecho de este curso de filosofía, que sirvió de
texto en nuestra pátria hasta hace cuarenta años. L a
obra del P. Goudin, á pesar del tiempo trascurrido desde
su aparición, tiene tratados que deben de ser estudiados,
hoy, si han de dominarse por com pleto ciertas cuestio­
nes, y si se quiere alcan zar el pensam iento de Santo
Tom ás. A sí se comprende que al renacer los estudios
cristianos en Francia la hayan traducido al francés, y
además hecho una edición económ ica en latin. París,
1869, librería de Sarlit, rué Tournon 19, E n E sp añ a se
hallan aún ejem plares de las ediciones m atritenses.
A m at (F élix).— Institutionesphiíosophicae ad mentem D ivi
Thomae.
Buen método, concision en las pruebas, y doctrina
pura. E s ta obra, que fué de texto en M anila h asta 1867,
tiene un tratado de m atem áticas elem entales que abraza
hasta las secciones cónicas.
P u i g s e r v e r (Felipe), O. P .— Philosophia Sancti Thomae
Aquinatis auribus hujm temporis accommodata. — Tres
volúm enes en 4 ,0— M adrid, 1824, y V alen cia, 1820.
E ste curso de filosofía, escrito por órden del R e v e ­
rendísimo Guerrero, V icario general de la Orden de
Predicadores en E spaña, y dedicado al Infante D . Cár-
los de Borbon, está escrito en latin suelto, no sin cierta
elegancia, y pueden estudiarse con provecho la ló gica y
la m etafísica; la física no satisface, ni con m ucho, las
necesidades y exigencias de la instrucción en nuestros
41
dias. L a obra es im portante para conocer los pasajes de
Santo Tom ás y otras fuentes que deben consultarse, y
que se hallan en ella indicadas oportunam ente.
F e r r a iíis .— L a s instituciones filosóficas de este domi­
nico, escritas en latín .y publicadas en R om a, son su ­
m am ente concisas, y sólo aceptables para carreras
cortas. T o m ista puro.
L i b e r a t o r e (M ateo), S . J.— Inslituiicnesphilosophicae.— ■
T res tomos.— Ocho pesetas cincuenta cénts.
E sta s Instituciones, bien conocidas en nuestra pátria,
se recomiendan por varios conceptos y se recom endarían
en absoluto si despues que tan repetidam ente ha m odi­
ficado el autor m uchas de sus opiniones, hubiera acep­
tado de lleno la doctrina del A ngélico D octor, á quien
venera y cita m ucho, pero á quien no sigue en la cues­
tión De Causis.
E n vista de la actitud resuelta que ha tom ado este
ilustre escritor, y de la parte gloriosa que le cabe en la
restauración tom ista, es de esperar que desaparezcan de
sus escritos esas medias tintas.
P r is c o .— Elementos sobre la filosofía especulativa, según
las doctrinas de los escolásticos, y singularmente de Santo
Tomás de A quino.— D os tom os en 4.0, diez pesetas.
Con decir que P risco es uno de los prim eros restau­
radores de la filosofía tom ista en Ita lia , está hecho el
elogio de esta obra, que fué vertida al español por el se­
ñor Tejado.
R o s s e t . — P.rima scientianm principia, seu philosophia
catholica juxta Divum Thomam, ejusque interpretato-
res, etc.; editio secunda, París, casa de V iv e s .— Dos
volúm enes en 8.°, siete pesetas.
C o rn o ld i.-— Lezioni di philosophia scholastica di G. M .C or-
noldi, D . C . D . G . — Segunda edición. — B olon ia,
Instituto tipográfico, vi-a G alliera (correo), cinco p e­
setas.
— Institutiones philosophiae speculatívaa ad mentem Sancti
Thomae Aquinatis, aucto're J. M, Cornoldi, S. J ., in
+2
latinum versae ab E xcm o. et Rm o. D om inico A gosti-
n i , V enetiarum P atriarch a, et ab auctoré recognitae
et auctae. Bononia, ex officina P ontificia M areggia-
na.— U n tomo, cinco pesetas.
E l nombre del P . Cornoldi es sim pático para todos
los am antes de la filosofía de Santo T om ás. P rescin ­
diendo de la parte activa que tom a en la redacción de
L a Sciensa Italiana, revista de filosofía, m edicina y cien ­
cias naturales que publica la A cadem ia filosófico-m édica
de Santo T om ás de Aquino de B olonia, el P. Cornoldi
ha publicado varios tratados encam inados á vu lgarizar
la doctrina purísim a del A ngel de las escuelas, y á m os­
trar á la faz del mundo sabio que sus principios explican
m ejor que los sistem as atom istas los progresos de la
quím ica moderna, en lo que éstos tienen científicam ente
establecido. Recom endam os m uy particularm ente L a
Conciliación de la fe católica con la verdadera ciencia, v e r­
tida al español y adicionada con una introducción filo-
sófico-histórica por nuestro queridísim o am igo el ilu s­
trado presbítero D . José Fernandez M ontaña.— U n tomo,
tres pesetas.
B a t t a g l i n u s . — Logicae, Metaphysicae, Bthicae, institu-
tiones quas in usum Tyronmn Seminarii Bononicnsis se-
cundum D iv. Thomae A q . doctrinas tmdebaí Franciscas
Battaglimís, sacerdos.— B olonia, siete pesetas.
E sta obra viene recomendada en la citada revista L a
Scienza Italiana, y ésto basta para que la presentem os
como curso genuinam ente tom ista, aprovechando la oca-
sion para encarecer la conveniencia de conocer por la
m encionada revista mensual los progresos de la filosofía
tom ista, y lo bien que corresponde á las necesidades de
nuestros tiem pos.
43

III.

F IL O SO F IA .

Obras de consulta·.

S a n t o T o m á s D E A q u i n o . — Preciso es que el profe­


sor ansioso de conocer la doctrina del Angélico Doctor
la estudie en sus propias obras. No es este el lugar de
recomendar esta ó la otra edición de entre las numero­
sas que cada día aparecen; pero sí el de señalar las obras
del Santo, que han de ser con preferencia estudiadas
bajo el punto de vista filosófico. Son: A n g elici Doctoris
S . Thomae A quinatis Sum m a Theologica- cum commmtariis
Thomae de V io, Card. Caj&tani, et clucidationibus liíterali-
b u s P . Seraphini Ccipponi a Por/eota, Ord. Praed. (i)
L a mejor edición es la llamada imperial, diez tomos
en folio' mayor, de hermosísimos tipos y papel fuerte.—
Rom a, M D C C L X I I I .
Sum m a philosophica contra gentilium errores, con los
comentarios del P. Ferrans, O. P . — Quacstiones dispu-
tatae: nempe de potentia D e i , de malo, de spiritua-
libus creaturis, de anima, de unione Verbi, de virtuti-
bus in communi et de veritate.— Commentaria in tres l i ­
bros Aristotclis de anim a. — Idem in Ubrum Periherme-
uias .— Idem in tredecim libros M etapkysicorum .— Idem
in tibrum de D iv in is nom inibus. — Idem in Ubrum de H eb -
domadibus .— Idem in decem libros B th icoru m ,— Idem in
octo libros Physicorum .— D e setisu et sensato.— D e memoria

(i) N uestro distinguido am igo el ilustrado j&ven abogado D . H ila­


rio A bad y A paricio publica en la actualidad una acabada traducción
española de la S u m a T e o lóg ica , ilustrada con interesantes notas.
L a e d ic ió n latina matritense de 1 8 2 7 , d o c e tom o s p a sta , se ven d e
h o y en la lib rería de Olantcnili al Ínfim o p recio d e v e i n t e peseta s,
4-4
et reininiscentia.— D e ente et de essentia.— E xp o sitic in íi-
brunt de Trim tate.— D e differcntia Verbi divini et hu-
m oni.— D e natura verbi intellectiís.— D e imítate intellec-
I iís .— D e sitbstantiis separatis.— D e aeternitate m undi .—
D e fa lo .— -De principio individuationis.— D e coelo et m un­
do.— D e m ixiione elementorum.— D e principiis naturas,
con comentarios del P . Cornoldi , — D e motu cordis.— D e
iustantibus.— D e pluralitate formarum, recientemente co­
mentado por el P. Cornoldi, S. J., etc., etc.
E n la casa editorial de V ives, París, rué C e la m ­
bre 13, se ha hecho últimamente una completa edición
Doctoris A n g elici Opera omnia, 33 vol. en 4.0 mayor al
precio de 400 pesetas, ó de 540 la de papel superior.
R o s e l l i (Salvador), O. P . — Summa. Philosophica. — E s
una obra magistral de admirable método y concision, é
ilustrada con notas de una erudición pasmosa, y con
numerosos grabados para la mas fácil inteligencia del
texto, especialmente de la física particular, mecánica,
hidráulica, astronomía, etc., etc.; verdadero arsenal
de ampliaciones, explicaciones y argumentos para los
que se consagran al profesorado.— Consta de seis
gruesos volúmenes en 4." H ay edic. de Madrid.
P. C e f e r i n o G o n z á l e z , O . P . — Estudios sobre la filoso­
f ía de Santo Tom ás. — T re s tomos en 4.“ — Manila,
1864. E n Madrid, rústica, quince pesetas.
— Estudios religiosos, filosóficos, científicos y sociales , con
un prólogo de D. Alejandro Pidal y Mon.— D os tomos
en 4."— Madrid, 18 73.— Siete pesetas cincuenta cénts.
— H istoria de la F ilo so fía . — T res tomos en 4.0— M a­
drid, 1878. — V einte pesetas.
L a s obras del P. Ceferino, actual Obispo de Córdo­
ba, y principal restaurador entre nosotros de la filosofía
tomista, contienen la Doctrina del Angélico Doctor,
bebida en las puras corrientes de la tradición tomista; y
como el autor reúne á sus profundos conocimientos de
la escolástica, un conocimiento tan extenso como com­
pleto dé todos los filósofos antiguos y modernos, el estu­
+5
dio de sus luminosos escritos facilita sobre manera el
camino para aplicar los principios del Angel de las
Escuelas á la refutación de todos los errores filosóficos,
y para conocer también los descuidos ó las ilusiones de
que han sido víctimas algunos de los discípulos de Santo
Tom ás de Aquino. Hállanse en las librerías de Olamen-
d i , Aguado, Tejado, P la za y M oya, y otras de esta córte.
K á u l i c a (Ventura de).— L a filosofía cristiana-, tres tomos
en 4.° en rústica.— Diez y siete pesetas cincuen­
ta cénts.
— L a Tradición, un tomo en 4.°, rústica, siete pese­
tas cincuenta cénts.
E l P. Ventura de Ráulica, uno de los sabios más
eminentes de este siglo, es también uno de los admira­
dores más entusiastas y de los más infatigables propa­
gadores de la doctrina de Santo Tom ás. No solo las
obras que hemos citado, sino todas las que han salido
de su pluma fecunda y elocuente, pueden ser consulta­
das con provecho. No alcanzó, sin embargo, el verdade­
ro pensamiento del Santo D octor en algunos puntos
concretos del tradicionalismo, de la política, de la mo­
ral, y aun del carácter de la filosofía.
B a l m e s (Jaime), Pbro.— F ilosofía fundam ental. — Cuatro
' tomos, rústica, ocho pesetas.
E ste escritor fecundo, elegante y admirador y discí­
pulo de Santo Tom ás, prestó un verdadero servicio á la
restauración de la filosofía cristiana, atendida la época
en que escribió. Su método no es escolástico, quizás
porque creyó necesario transigir en parte con las pre­
ocupaciones del tiempo: y aunque en el fondo se apartó
de su Maestro en algunas cuestiones, como la del espa­
cio, alm a de los brutos, teorías políticas, etc., po­
demos asegurar que las tendencias del eminente filósofo
español, no entrañan el peligro de las novedades de
Rosmini. E l Criterio , las Cartas á un escéptico, y sobre
todo, el Protestantismo comparado con el Catolicismo en sus
relaciones con la civilización europea, son, además de la
+6
y a citada, las obras más notables de este escritor, que
murió á los 38 años de edad.
J u a n d e S a n t o T o m á s (en el siglo Poinsot), O· P . —
E ste ilustre dominico, hijo del convento de A tocha de
Madrid, es uno de los filósofos mas profundos y mas c la ­
ros que han ilustrado la Escolástica. Sus obras numero­
sas se imprimieron casi á la vez en Madrid, A lcalá, Roma.
L y o n y otros puntos, por el interés con que fueron reci­
bidas del mundo sábio en el siglo X V I I . D e b e n consul­
tarse principalmente para comprender á S a n t o Tom ás,
las siguientes: A rtis logicae, pars prim a et secunda. N a--
turalis Philosophiae, pars 1, 11, 111 et iv, y el Speculum
sine maciíla, idest, Tractatus de approbatione, auctoritate et
puritate docírinae D . Thomae A quinatis. Escribió además
u na Teología en ocho tomos, según el método de la
Sum a, y otras obras ascéticas en español. No es fácil
encontrarlas en las librerías, pero sí en las bibliotecas.
S u a r e z (Franc.), S . J . — Dispulalioncs metaphysicae, et
L ib r i v de A nim a .
E ntre las numerosas obras de este filósofo, escritor
sólido, fecundo y universal, las dos anteriormente cita­
das han de merecer la preferencia de todo profesor to ­
mista. «Suárez, dice el P . Ceferino, es acaso el filósofo
más escolástico de todos los escolásticos, si se exceptúa
á Santo Tom ás, en pos de quien marcha, exponiendo
sus ideas, comentándolas y desenvolviéndolas con luci­
dez notable.» Compromisos del momento, y el deseo de
vivificar el sistema de Molina, que languidecía en su
misma cuna, arrastraron á Suárez á apartarse del A n g é ­
lico Doctor en la explicación del concurso divino en la
.acción de las criaturas; pero sin pretender (Mctaph
disp. 22, sect. II), como lo hizo su discípulo el P. Be*
Ion, que Santo Tomás no fu era tomista. H ech a esta salve­
dad, y alguna otra ménos importante, porque no se
refiere á principios, la doctrina de Suarez, decurrit inte­
gra ab ipsa fm te Doctoris Angelici deducía; y si alguna
agua ajena recibe en su curso para acrecentar el caudal
47
6 para enturbiarlo, es solamente la indicada de la pre­
moción física, ciencia media, distinción, entre laciencia y
la existencia y teoría del conocimiento intelectual de los
singulares.
V á z q u e z (Gabriel), S. J .— Disputationes metaphystcae.—
E s obra de útil consulta y casi completamente to ­
mista.
S o t o (Domingo de), O . P . — Sum ulae (Lógica). — I n ocio
libros Physicorum coimncniarn ti quaesliones.— D elibera-
tío in causa pauperum, seu de non inhihendo publico mendi-
cabulo (latin y español ) .— -Cómo se ha de evitar el uso
del juramento (latin, español é italiano ) .— D e ju stitia et
ju re, libri X , ad Carolum H ispaniam m Principem .— ■
Varias ediciones, que se hallan en casi todas las bi­
bliotecas.
E s te celebérrimo teólogo y ülósofo, hijo del conven­
to de dominicos de Burgos, fué en el Concilio de Tren-
to teólogo del Emperador, de su Orden, y hasta repre­
sentante del Maestro general de su instituto. Confeccio­
nó algunas de las sesiones del Concilio, y prestó en él
otros importantísimos servicios, que le merecieron reci­
bir una condecoracion dada por los Padres, con esta
empresa: F ides quae per címritatem opcratur. Aunque t o ­
das las obras citadas son notables, lo es, sobre toda
ponderación, la D e J u stitia et Ju re, muchas veces im-
présa en E sp a ñ a y en el extranjero.
J a v e l l i (Crisóstomo), O. P .— fijar, opera tribus tomis
comprehensa.— Ediciones de Venecia y de L yo n , 1567
á 1580.
E stos tres grandes in fo lio , tratan exclusivamente de
filosofía, exceptuando un tratado sobre la Concepción
de la Santísim a Virgen, y otro sobre la predestinación
{en el cual se apartó de la doctrina de Santo Tomás).
A Javelli se debe además la refutación de Pomponacio,
de Dolzado de V icencia y de Nifo en la celebérrima
controversia acerca de la inmortalidad del alm a según
las doctrinas de Aristóteles, en la cual alcanzó un triun­
+8
fo brillantísimo. Sus libros D e Á n im a , D e Causis, y el
intitulado Phüosophiae políticas sive civilis christianae
dispositio, merecen ser estudiados. H a y ediciones p a r ­
ciales de estos tratados.
A r a u j o (Francisco), O. P . — Commentariorum in univer­
s a s Aristotelis Metaphysicam, tomi dúo.
E s te sabio y piísimo dominico, natural de Verin
(Galicia), y Obispo de Segovia, publicó, además de las
obras filosóficas, seis tomos de comentarios sobre la
Sum a de Santo T om ás, acerca de los cuales nos permi­
timos advertir que el tratado de la gracia no es suyo. E l
trabajo de este Padre sobre la materia no se publicó á
causa de las circunstancias de los tiempos, consecuencia
de la celebérrima controversia D e A u x iliis . (Véase
E c h a r d : Scriptores Ord. P raed., tomo II, pág. 611.)
P a r r a (Jacinto de la), O. P . — A rtiu m cursas, scilicet
dialéctica, lógica et physica, 4 tom os . — D e generatione
et corruptione, et de anim a, 2 tomos.
F u é el P. Parra natural de Madrid, é hijo del con­
vento de Santo Tom ás. L a última de las obras citadas
se imprimió en Roma, en vida del autor, atribuyéndose
al P. Cosme de L erm a, contra lo cual protestó el Padre
Parra.
S a n s e v e r i n o (Cayetano). — Philosophia christiana cum
antiqua et nova comparata. — N ápoles.— Seis tomos, 4.0,
rústica.— Treinta pesetas.
¡Lástima grande que esta obra incom parable haya
quedado sin concluir por la muerte de su autor, el pri­
mero y más entusiasta de los restauradores de la filoso­
fía cristiana ó tomista en Italia! E l E xcm o, Sr. Doctor
D . Fr. Ceferino González, Obispo de Córdoba, hace en
la H istoria de la F ilo so fía un elogio tan completo como
justo y autorizado de esta obra magistral.
H a y un compendio de la misma obra para cursar,
cuyo título es Elem enta Phüosophiae christianae. D os to ­
mos en 8.° mayor, p a s ta .— Siete pesetas cincuenta cénts.
P i c c i n a r d i (Seraphinus\ O. P . — Phüosophiae dogmáticas
49
peripiitcticac-christianac , libri novem. Patavii, 1 6 7 1 .— -
Apocrisis ___ pro scholasticis. Idem 1683 . — D e approba-
íione doctrinas Sancti Tomae A q n in a tis , libri septcm.
Idem, 1683.— T res tomos en fólio.
N o se limitó el P. Piccinardi á exponer la filosofía
escolástica, sino que arremetió valerosamente contra
Campanella, Magnelio, Descartes, Gassendi, V an Hel-
mont, Caro y otros innovadores. Otro curso de filosofía
tomista tenía preparado este autor fecundo, que cons­
taba de siete volúmenes, y que 110 dió a la imprenta ne
ligua in silvam a ffer n t , nos dice él mismo.
P in y (Alejandro). O. P .— Cnrsus philosophicus thomisii-
cus, Lyon, 5 tomos, 1670 .— Quaestiones agítatele ínter
Thomistas et M otinistas, Id. 1666.
E ra este autor, no solo un sabio sino un varón apos­
tólico, inflamado en celo por la salud de las almas, para
cuya dirección compuso varios libros ascéticos, que se
hallan traducidos al español.
F iló s o fo R a n c io(Francisco Alvarado), O . P .-— Cartas
filosóficas y Cartas críticas sobre diferentes asuntos de
interés general, como el Pacto social, la Inquisición, el
Jansenismo, las Fuentes angélicas, los Tribunales pro­
tectores, los B ienes eclesiásticos, la Constitución filosófica,
la Reforma de los regulares y los Peligros de \a filosofía
moderna, etc., e tc .— Cinco tomos 4.0— Diez pesetas.
E l P. Alvarado, sacerdote lleno de ciencia y de
piedad, ha presenciado todas nuestras luchas defines del
pasado siglo y principios del presente, y siempre en la
brecha para la defensa de la Religión y de la Patria,
fué adversario terrible de todas las manifestaciones del
error. Sus cartas no han perdido la actualidad y pue­
den ser consultadas con provecho por los amantes de la
filosofía cristiana, especialmente las que en nombre de
Aristóteles dirigió al Sr. Custodio, consiguiendo apar­
tarle de la pendiente racionalista. E l estilo festivo, varia­
do y satírico del Rancio, discretamente aceptado, pue­
de amenizar las explicaciones de las cátedras.
50
M a r t í n e z i je P r a d o , Juan), O. P . - - -Controversias Meta-
physicae Sacrae Theologiae minístrete. Alcalá, 1649.
— Dialecticae institntiones quas suimmílas vocant. Id, 1650
y 1651.
— Quaestiones lógicas in tres libros distributae. Id. 1651
y l 6 55·
— Quaestiones Philosophicae naiiiralis super ocio libros phy-
sicorum . Id. 1651.
— Quaestiones super dúos libros A ristotelis de generatione ct
corruptione. Id. 1651.
— Quaestiones super tres libros de A n im a . Id. 1652.
Varón eminente, adornado de todas las virtudes,
amantísimo de la doctrina de Santo T om á s, de los S a n ­
tos Padres y de las Escrituras,divinas, las que recitaba
literalmente, merced á su prodigiosa memoria. F u e
este Padre hijo del convento de Segó vi a, como otros dos
escritores del apellido M artínez, que mencionarémos
al hablar de los teólogos. Siendo P rovincial de E s ­
paña (1663) dirigió á los religiosos una E pístola encícli­
ca, encargándoles que al principio de los sermones a la­
basen y bendijesen á la Santísim a Virgen sine peccatn
oríginali conceptas. Sobre la misma materia de la C o n cep ­
ción inmaculada, y sobre diferentes asuntos morales es­
cribió otros tratados.
D i v u s T h o m a s , Commentarium academiis et Ucaeis scho-
lasticam sectantibus inserviens. (Revista tomista.')— Pía-
sencia (Italia), tipografía de Ted esch i.— Suscricion én
España, cinco pesetas al año.
E l 7 de Marzo último, festividad de Santo T o m á s de
Aquino, apareció el primer número de esta interesante
revista mensual, destinada á ser el lazo de unión entre
las diferentes Academias tomísticas que cada dia se es­
tablecen, obedeciendo al impulso dado por la Encíclica
A E te r n i P atris, y que tiene también por objeto ampliar
las explicaciones de los Profesores. Cada entrega cons­
tará de 16 páginas en folio, aunque la primera tiene 24;
cuatro páginas están consagradas á la exposición de a l­
5i
guna de las cuestiones del Santo Doctor. Figuran entre
sus redactores el P. Del-Corona, O. P., Obispo de Dras,
Monseñor F ilip i , Arzobispo de Aquila, Monseñor M au-
ri, O. P.. Obispo de Rieti, Monseñor B ataglin i, Obispo
de Rímíni, el Sr. Signoriello, el Dr. V an-W eddingm , el
Sr. Bonaldo. el Sr. U ccelli, el P. L cp id i, O. P., y el S e ­
ñor L ara y V alle. Entre otras ventajas tendrá esta R e ­
vista la importante de extender los conocimientos de la
lengua del Lacio.
T á la m o (S .í— L 'A ristotelísm o della Scolasíica.— Ñ a p ó ­
les, 1873.
E s una introducción al estudio de la escolástica,
muy propio para desvanecer preocupaciones esparcidas
por los que, sin haber estudiado las obras de Santo T o ­
más y de sus discípulos, dicen con mucha formalidad
que la filosofía de la E scu ela es la filosofía del Estagiri-
ta concordada con la fe. L a escolástica es una filosofía
tradicionalista (no en el sentido reciente de esta pala­
bra), y Santo Tom ás ha tomado la verdad de todos los
antiguos, no solo de Aristóteles, sino de Algacel, An-
drónico, Avicena, Averróes, Demócrito, Empedócles,
Epicuro, Euclídes, Heráclito, Leucippo, Sócrates, P la ­
tón, P itágoras, Ptolomeo, Porfirio, Trismegisto, Var-
ron, Cicerón, etc., sin hacer mención de los filósofos
cristianos. Por manera que Santo Tom ás es algo más
que un gran metodizador de la filosofía, con perdón sea
dicho de un eminente literato de nuestra pátria.
E l Sr. Tálam o es el discípulo más aventajado de
Sanseverino, y ha sido honrado con una cátedra de filo-

sofía por el actual Pontífice León X I I L
V a n W e d d i n g e n (A.)— E ssa i sur la pMlosophie de S . A n -
selme.
E n este importante t r a b a j o , inserto en las M em o­
rias premiadas de la Real Academia de Bélgica,
tomo X X V , 1875, se vindica al sabio y santo escolásti­
co de la nota de ontologismo, con que últimamente se
le ha querido presentar.
52

IV.

T E O L O G IA .

O bras de te x to .

S a n c t i T h o m a e A q u i n a t i s , O . P . — S ttm m a th e o lo g ic a .—
Dos son las ediciones más manuales y fáciles de a d ­
quirir por el momento: la de. Madrid, que consta de
doce tomos, Olamendi, pasta, veinte pesetas, y -la de
Barle-D uc, ocho tomos, pasta, cincuenta pesetas.
No necesitamos encarecer la conveniencia y hasta la
necesidad de que los estudios teológicos se hagan por la
Suma del Doctor Angélico. E n igualdad de circunstan­
cias, el que haya cursado por este libro admirable, será
m uy superior al que lo haya hecho por cualquiera de los
mejores tratadistas ó comentadores del Santo Doctor,
porque hay en la concision, precisión, enlace y armonía
de la razón y de la fe que resplandecen en la Suma,
algo extraordinario que á nadie ha sido dado imitar.
L a s razones teológicas son en ella incomparables. A
los que dicen que es demasiado extensa, les podríamos
contestar que es la misma que formó los alumnos del
siglo X V I , y que la extensión del dogma y de la moral
no se contrae ni se reduce porque se estudie en libros
compendiados; lo que hay es que sólo se estudia una
parte, porque ningún autor es tan conciso como Santo
Tom ás. Pero, aparte de estas consideraciones, es indu­
dable que en las Academias ó Seminarios, en los cuales
se consagren tres ó cuatro años al estudio del dogma, se
puede muy bien tomar por texto la Sum a, haciendo pre­
viamente el programa de las cuestiones y artículos que
han de llevarse de lección, dejando los restantes para la
lectura y estudio privado del alumno. E ste método será
ocasion para que el estudiante emplee en la lectura de
53
la Suma el tiempo que le ocuparía la lectura de libro«
menos provechosos. E l Sr. D. Vicente de la Fuente pu­
blicó en L a Cruz (1874) el programa de la Universidad
de Alcalá, que pudiera servir de pauta á nuevos progra­
mas. E n nuestros colegios de E spaña se enseña también
por un programa semejante.
C a n o (Melchor), O . P .— D e locis theologicis, libri duode-
cim .— Numerosísimas ediciones antiguas y modernas,
nacionales y extranjeras.
Cano, honra y pre? de nuestra patria, de la Orden de
Predicadores y de la universidad de Salamanca, fué un
varón peritísimo en las letras divinas y humanas. D isc í­
pulo del P. Vitoria, lia de ser considerado como el pri­
mero y más opimo fruto debido á las vigilias de aquel
infatigable restaurador de los estudios escolásticos en
E spaña. Delegado del Emperador en el Concilio de
Trento, brilló con luz tan esplendente, y adornó sus ar­
gumentos con tan elegantes giros oratorios, que Julio III,
al preconizarle Obispo de Canarias, le llamó prae-stantis·
sim w n theologum. L a obra D e locis es una creación del
genio de Cano, quien dilató en ella los horizontes de la
teología, abriéndole nuevos y desconocidos derroteros
para la explicación del dogma católico, para su defensa,
para apreciar en su justo valor los argumentos en pro y
en contra, y para tener siempre á mano un arsenal pro­
visto de armas invencibles que oponer á los enemigos.
Cuantos despues han escrito sobre la materia, son discí­
pulos de Cano.
P u i g e t X a r r i é ( N a rc is o y F r a n c is c o ) , O. P . — I n s t i t u -
tiones theologicae ad m entem ..... A n g elici Praecepiork
d iv i Thomae A quinatis, e t c . — B a rc in o n a e, 18 6 1-18 6 5 .
Cuatro tomos en 4.0 y un cuaderno sobre los errores
co ntem po ráneos: en p a sta , diez pesetas.
L o s maestros en teología, P P . Puig y Xarrié, que
despues de la exclaustración en E sp a ñ a pasaron á I ta ­
lia, donde se dedicaron á la enseñanza en los conventos
de su Orden, adquiriendo justo renombre de sabios, han
54
escrito estas Instituciones porórden expresa de sus supe­
riores; y podemos afirmar que, sin ostentar la erudición
de que hoy se hace gala, distrayendo la atención de los
alumnos, la obra de estos beneméritos ancianos enseña
más teología que cuantos textos han salido últimamente.
E l Consejo de Instrucción pública declaró estas In s­
tituciones de texto para las universidades, y lo son en
algunos Seminarios. L a doctrina es tomista pura, y el
primer tomo está consagrado á los fundamentos de r e ­
ligión, tratados de una manera brillante, y á los lugares
teológicos.
L a importante rebaja que se hace en esta obra tiene
por objeto hacerla accesible á los seminaristas pobres.
E l P apa recomienda, no solo la doctrina, sino el método
de Santo Tom ás, con cuyo segundo requisito no están
conformes algunos de los textos que hoy se usan, ni es
posible que los profesores subsanen tan grave defecto,
según la experiencia viene demostrando tristemente.
Harto más fácil es suplir algunas cuestiones secundarias
y de actualidad, que faltan en estas Instituciones, satu­
radas, por decirlo así, de la doctrina, del espíritu y de
la forma del Angélico Doctor.
B i l l u a r T (Cárí. Renato), O. P . — Sumnta Sancü Thomar,
A qiíinatis hodiernis academiarum moribus accommoda-
ía, etc., etc.— Editio nova, optimae auctoris similli-
ma. París; Víctor Palmé, 1876. Ocho tomos, cuarenta
pesetas.
— Sum m a Summae Sancti Thom ae, sive Compendium
theologiae, R. P. Caroli R. Billuart, Ord. Praed.— Ve-
netiis, 1788; tres tomos en 4.11 mayor.
L a primera de estas obras es sin disputa la más no­
table de cuantas en su clase se conocen, y una verdadera
enciclopedia para el teólogo, para el moralista, para el
predicador, el apologista, el canonista y el historiador.
Fidelidad suma á las doctrinas de Santo Tom ás, clari­
dad, método escolástico, erudición portentosa y digre­
siones oportunísimas son los caracteres de esta teología
55
extensa y profunda. L a edición que hemos citado está
adicionada con ciento dos apéndices de tanta importancia
como las A cta s, los Schemas, los Postulados y la Historia
del Concilio Vaticano, la Constit. Auctorem fid ei con las
anotaciones del Cardenal Gerdil, y otras Constituciones,
Encíclicas y Alocuciones de los Papas.
Hanse hecho en Madrid dos ediciones de esta obra,
de las cuales hay ejemplares en la librería de Olamendi,
C o n t e n s o n (Vicente), O. P .— Theologici mentís et cor­
áis .— Cuatro tomos en 4.0 mayor, edición nueva de
París; Vives, 1875, cincuenta pesetas.
E l P. Contenson murió á los treinta y tres años de
edad, dejándonos ese curso de teología, que es una no­
vedad, aun despues de dos siglos, pqr la purera del e s ­
tilo, y porque, como indica el título de la obra, la parte
especulativa se halla sazonada con piadosos afectos del
corazon. Opus certc accuratmn, stylo elegantiori, quam quo
íheologi vulgo utuntur coiicinnatum, et mérito ab eruditis
acstim atim, ( E c h a r d , Script. Ord, P racd.) E l P. Conten-
son es un escolástico clásico por la forma y por el fondo,
G o n e t {Juan Bautista), O. P . — M a n m le thomistanim,
se ií brcvis theologiae cursus in gratiam et commodum
stiidcntiitm.— Seis tomos en 12.°;' ó uno en folio.
Los escritos de este profesor y doctor de la univer­
sidad de Burdeos han sido muy consultados y leídos en
España. De él se dijo que había hecho más tomistas
que el mismo Santo T o m á s; exageración que prueba el
mérito concedido á sus obras.
C e r b o n i (Thomas), O. P . — Im titutiones theologicae quas
ad usum scholarum , auctorc ac magistro D . Thoma
A quínate, composuit, etc.— Madrid, 1825, ocho tomos.
— D e Theologia naturali, libri tres.— Roma, 1768.
— De Theologia reveíala, libri tre s.— R o m a , 1768.
E sta s obras han sido texto en algunas de nuestras
Universidades, y contienen pura la doctrina del Santo
Doctor.
56

V.

T E O L O G IA .

O b r a s de c o n s u lt a .

■Pueden consultarse en primer lugar las obras de


Santo T o m á s, citadas en nuestro tercer artículo, con
más la Exposición del mismo Santo Doctor sobre los li­
bros de las Sentencias, su exposición sobre la Escritu-
ra, etc.
C a y e t a n o (Tomás de V io ,C a rd e n a l) ,O . P . — Commenta-
rii iii Sutmnam theologicam Sancti Thomae de A q n in o . —
Opera omnia in Sacras Scripturae expositionem.~~Esta.
última en cinco tomos en folió, editada por el colegio
de Santo Tom ás, en A lcalá.
E l Cardenal Cayetano, antes Maestro general de su
Orden, es tenido como el primer comentador de Santo
Tom ás. Citamos solamente dos obras de entre las mu­
chísimas que escribió, y recomendamos con especialidad
la primera, ó sean los comentarios de la Suma· (i).
V i t o r i a (Francisco de), O. P .— Relecüones theologicae .—
" Camm entaña in universam Sum maiii Sancti Thomae
■de A quino.
Si Cayetano es el primer comentador de Santo T o ­
m ás, Vitoria es en E spaña el restaurador de los bue­
nos estudios teológicos en el siglo X V I , el padre y el
maestro de muchísimos hombres doctos que entónces
dieron lustre á nuestra pátriaj y que confiesan en sus

(i) A l ordenar el Sumo Pontífice León X I I I que en la nueva edición


de las obraa de Santo T om ás se pongan los Com entarios del Cardenal
C ayetano, ha m anifestado claram ente la alta estim a en que tiene á este
ilustre expositor, al paso que y a no se puede dudar acerca de la e s­
cuela en la cual se conserva la doctrina del Santo Doctor.
57
obras ser deudores de su ciencia y del buen gusto lite­
rario á tan gran profesor. ¡L á stim a grande que parte
de su Comentario sobre la Sum a y a z g a inédito en los
archivos!
S o t o (Domingo de), O . P . — De natura et g m tia , libri
tres, ad Synodum Trideniinam .— Apología de certitudi-
ne gratiae.— Commentarii in prim am et utmmque se-
cimdam partem Sanoti Thom ae.— Idem in qm rtum Sen-
tentiarum, con otros muchos tratados en latin ó en
español. Y a hemos hablado de este escrito r como filó­
sofo.
SOTO (Pedro de) ¡ O. P . — Instiíuiiones christianae.— pis­
tolete ditae e D ü ig e m i schola datae, etc. — Assertio catho -
licae fidei, etc., etc.
E s te ilustre cordobés, martillo inflexible de la h e ­
rejía y lustre de la Orden de Santo Domingo, fué confe­
sor de Cárlos V y restaurador y profesor de la Universidad
de Doelingcn, en Alemania. E n 1553 pasó á Inglaterra,
acompañado de sus hermanos de profesión los P P . C ar­
ranza y V illa g a r c ía , para purificar y reorganizar las
Universidades de Oxford y de Cambridge, y finalmente
fué teólogo del Papa Pió I V en el Concilio de Trento,
donde falleció.
B a ñ e s (Domingo), O. P .— Scholastica commentaria in
Summam A n g clici D octoris.— Apología Fratrm n Prae-
dicaiorum in provincia H isp a n ia e..... adversus novas
quasdam assertimes cujttsdam doctoris Ludovici MoUnac
nuneupati .— Concordia liben arbitri cum g ra tia .— L i-
bcllus supptex C lun entí X I I I oblatas, etc., etc.
P ara elogio de este fidelísimo discípulo de San A g u s ­
tín y Santo Tom ás, baste indicar que algunos adversa­
rios de la doctrina de estos grandes Doctores atribuyeron
á Bañes la gloria inmerecida d'e ser el fundador de la
E sc u e la tomista en las debatidas cuestiones de la efica­
cia de la gracia. F u é religioso contemplativo y confesor
de Santa Teresa los ocho años que regentó la cátedra
de Santo Tom á s de Avila,
5*
S ilv io ( D u b o is ) ,— Commentarii in universam Summain
D iv i Thomae.
E ste ilustre sacerdote, profesor de la Universidad de
P arís, es uno de los expositores más autorizados del
Doctor Angélico.
M e d i n a (Bartolomé de), O. P . — I n prim am secundae, ct
in tertiam partem, a quaest. prim a ad L X .
E s sensible que este expositor ilustre de la Sum a no
haya concluido su trabajo, pues las muchas ediciones
hechas de la parte publicada, son una prueba del aprecio
de los sabios. E l P. Deschamps, S. J., y algún otro,
dicen que Medina es el autor ó inventor del probabilis-
mo, honor que parece declinar el sabio dominico en la
cuest. 19 In primean secundae, al llamar probable la opi-
nion que se apoya en razones óptimas, autoridades, etc.
L e m o s (Tomás de), O. P .— A cta omnia congregationum
ac di&piiíaíiomtm de a u xiliis divinas gratine.— Panoplia
gratiae, etc., etc.
D e. este infatigable y entusiasta discípulo de Santo
Tom ás, además de las obras impresas, se conservan m a ­
nuscritos importantes, voluminosos y de sólida doctrina,
en los archivos de la Orden, en la biblioteca de la M i­
nerva y en otras. F u é natural de Rivadavia, en Galicia.
S a n t o T o m á s (Juan de), O. P .— Theologias tomi ocio ,
1637 á 1667.— E xplicación de la Doctrina cristiana.—
Despues de la séptima edición española, fue traducido
al latin é impreso en Bruselas, 1658.
Y a se ha tratado de este escritor como filósofo.
G o d o y (Pedro de), O. P .— Disputationes in prim am par-
tem, prim am secundae, et tertiam partan D iv i Thomae.
E l P. Godoy gozó de fama europea durante su vida,
ya como profesor y expositor, ya como predicador elo­
cuentísimo, diciéndose de común acuerdo que á nadie
cedía en claridad de expresión y en vigor de raciocinio.
G o n e t (Juan Bautista), O .P , — C iypeusT ficologías thoniis-
ticac .— Séptim a edición, revisada por el autor, Ambe-
res (A ntu erpia s), 1753: cinco volúmenes en folio.
59
Natural de Beziers (Francia), donde abra/ó la Orden
de Predicadores en 1633 á los diez y siete años de edad.
Graduado de doctor en la Universidad de Burdeos, se
consagró con todas las fuerzas de su ingenio poderoso á
la enseñanza, á la propagación y á la defensa de la doc­
trina de Santo Tom ás, recogiendo palmas en todos los
encuentros, orlando á su Instituto de inmarcesible co­
rona, y extendiendo por el mundo su renombre de sabio
y santo. Fué Provincial de Tolosa, y cuando Luis X I V
mandó demoler el magnífico convento de Burdeos, por­
que dominaba el castillo de la Trom peta, el P. Gonet, po­
seído de tristeza profunda, se retiró á Beziers, donde con­
sagrado á la oracion y á la publicación de sus impor­
tantes trabajos, murió en 1681, cumplidos 61 años de
edad. Además de esta obra y del M anual ya citado, e s ­
cribió sobre el probabilismo, habiéndose reimpreso m u ­
chas veces todos sus escritos. Dícese en su epitafio que
los italianos admiraban la sutileza, los españoles la s u ­
blim idad, y los franceses la claridad de este príncipe de
la Escolástica, lu z ds los doctores y doctor ilum inante .
Su obra principal, Clypeus, la dedicó el autor á la
Seráfica Madre Santa T eresa de Jesús, movido por la
santidad y sabiduría de esta heroína española, por la
amistad que siempre unió á los Carm elitas descalzos
con los Dominicos, y por el deseo de corresponder g a ­
lantemente á los Carmelitas complutenses y salmati-
censes, que habían dedicado sus respectivos trabajos de
filosofía y teología escolástica á Santo Tom ás de Aqui-
no. E l P. Gonet considera á S anta T eresa como una
gloria de la E scu ela tomista; y así lo consigna en la ci­
tada dedicatoria, que merece ser leida detenidamente,
siquiera no sea más que por su elegante dicción, y por
el conocimiento que manifiesta de las cosas de España.
L a casa editorial, y a citada, de Vives ha dado una
nueva edición de esta obra, ocho volúmenes en 4.0 m a ­
yor, al precio de ochenta y de ciento veinte pesetas.
6o

V I.

TE O L O G IA .

Obras de consulta.

L ed esm a (Pedro de), O. P .— Muy joven profesó en el


convento de la Orden de Predicadores de Salam anca,
su patria. Consagrado á la enseñanza cuarenta años
consecutivos, se vió investido de grande autoridad
científica, á la que daban hermoso lustre sus virtudes.
H é aquí sus obras más notables.
Traclatus de divina praedestinatione. Salam anca, 1596,
en folio.
— Tractatus de divinas graftae an xiliis. Salam anca, 16 11,
idem.
— D e magno m atrim onii sacramento. Salam anca, 1592, y
Venecia, 1595.
— Prim era parte de la Sum a (moral). Salamanca, 1598, y
Lisboa, 1617; ambas en folio, de 566 páginas.
— Segunda parte de la Sum a. Salam anca, 1598, Lisboa,
1617. L a s dos partes de esta Sum a moral fueron tam ­
bién editadas en B arcelon a, 1 6 1 6 , y traducidas del
español al latín se imprimieron en otras partes de
E u ro p a, Colonia, 1618, D uay, 1630, etc.
O c h o a (Juan de), O. P . — Omnes prim arias conclusiones
omnium et singulorum articularían Summae D iv i Tho-
mae, additionumque in carmen redactae, quo fa ciliu s me­
morias mandari possint, — Roma, 1565.
Fué este dominico andaluz de nación. Maestro y
regente de estudios en el Colegio de Santo To m á s de
Sevilla, fundador del convento de Monte-Sion en la m is­
ma ciudad, y el que dió la voz de alerta contra Cons­
tantino y Egidio, que sembraban en nuestra patria el
veneno de la herejía. Murió en Roma, á donde fué c o ­
6l
misionado por Felipe II. Algunos biógrafos le han h e­
cho aleman, por haber leído mal el apellido. Otra Suma
en verso se conserva manuscrita en el Colegio de D om i­
nicos de Ocaña, fruto de la laboriosidad de nuestro inol­
vidable maestro el Rmo, Sr. Carreras, coadjutor más
tarde del Vicario apostólico de Fo-K ien (China), donde
murió en 1867, víctima de su ardiente caridad.
M a r t í n e z (Gregorio), 0 . P . — Commentaria super primam
secundae D iv i Thom ae.— T re s volúmenes. Valladolid,
1617, Toledo, 1622, y Valladolid, 1637.
Natural de Segovia, de ilustre familia y de buen in­
genio, tomó el hábito de dominico en su patria. D e sti­
nado á la enseñanza, aunque brilló en este puesto, se
distinguió mucho más en la predicación, para la cual
tenía dotes extraordinarias. E stim óle mucho el Marqués
del Villar, á quien dedicó el primer tomo de la obra an­
teriormente mencionada.
No debe confundirse á este P. Martínez con el Padre
Juan Martínez, hijo del mismo convento de Santa Cruz
de Segovia, natural del Corral de A lm aguer, Rector
de Alcalá, Prior del Rosario y de Santo Tomás' de M a ­
drid, eminente teólogo, confesor de los Reyes, Inquisi­
dor general de E spaña, restaurador de la biblioteca del
Escorial (1671) y muerto en Madrid en 1676. D e este
autor merecen citarse los Discursos teológicos y políticos.
Alcalá, 1664. Las cuestiones que en estos discursos se
ventilan son interesantísimas y curiosas, y se ve claro
que el P. Martínez tomaba por lo serio el oficio de con­
fesor del Rey.
G o u d in (Antonio), O. P .— Tm ctatus theologici ju x ta dog-
mata Thomae Aqidnatis, Doctoris A n g d ic i. — N ova edi-
tio emendata cura et studio P. F. A . M. Dummer-
muth. Dos volúmenes 4.0, Lovaina, rué Namur, 22:
diez pesetas.
Aunque mucho sea de sentir que el P. Goudin, p r e ­
venido por la muerte, no h ay a terminado su curso de
teología dogmática, los tratados publicados son en su
62
género completos, y de suma utilidad para los profeso­
res que quieran conocer á fondo el pensamiento de S a n ­
to Tom ás acerca de la ciencia de Dios, la predestinación,
la acción divina en las criaturas y la eficacia de la g r a ­
cia. Resplandecen en los escritos del P. Goudin dotes de
claridad, orden, lógica vigorosa, elegancia en el decir,
y conocimiento completo del estado y desarrollo de todas
las ciencias en su tiempo.
A r a u j o (Francisco), O . P .— Se ha tratado de él como
filósofo. Con mayor motivo se encarece para los teólo­
gos la séria meditación de sus comentarios sobre la
Sum a.
G o t t i (Vicente L u í s , Card.), O. P. — Vevitas rcligionis
christianae, etc.— Romae, 1735, n u eve volúmenes en
4.0 mayor, veinticinco pesetas.
— L a verdadera Iglesia de Cristo, etc.— Madrid, 1758, en
4.0, doce pesetas.
- -Theologia scholastico-dogmatica, tres tomos folio.— Ve-
netiis, 1763.
E l Cardenal Gotti, que residió algún tiempo en S a n ­
to Tom ás de Madrid, fué profesor en la Universidad de
Bolonia, su patria, y Patriarca de Jerusalen. E s uno de
los expositores más perspicuos de Santo Tom ás.
T o r q u e m a d a (Juan, Cardenal de), O . P .— Opera octo
tomis comprehensa.— Augustae Vind., 14 71.
E l Cardenal de Torquem ada era tio carnal del In q u i­
sidor Tom ás de Torquemada. N o es fácil compendiar
aqui lo que este varón eminente trabajó por la Iglesia y
por la sociedad, interviniendo é influyendo de una m a ­
nera siempre eficaz en todos los asuntos diplomáticos y
en todas las controversias literarias y religiosas del si­
glo X V . Fué fundador de la Cofradía de la Anunciación
de Roma, que hasta 1870 siguió dando dotes á las don­
cellas pobres y honestas que contraían matrimonio. A d e­
más de las obras impresas en ocho in fo lio , se conservan
catorce más inéditas en la Biblioteca Vaticana.
P e t a v i o (Dionisio Peteau), S. J .— D ogm atatheologica .—
63
H állase en la librería de Olamendi la edición albien-
se.— Ocho volúmenes, folio, cien pesetas.
E l P, Petavio es quizás el más insigne teólogo de la
ilustre Compañía de Jesús, por la erudición vastísima,
buen método expositivo y profundidad con que desen­
vuelve el dogma católico. Su obra magistral será siem­
pre estudiada con fruto, permitiéndonos, sin embargo,
observar que Su Santidad recomienda el método esco­
lástico, y en particular el del mismo Santo T om ás, y
que Petavio se apartó de San Agustín y del Angélico
D octor en la cuestión de la gracia, no sabemos si por
convicción ó por las causas que apunta Berty.
S a n c tu s A u g u s tin u s .— E u c h ir id io n . — Contra Pelagia-
nos.— D e Pracdestinatione Sanctorum .— D e gratín Chris-
t i.— D e gratia ct libero arbitrio.— D e cormptioue et
gratia. — D e pcccatis, meritis et remissione , e t c . , e t c .
Comenzando por la obra incomparable D e Civitate
D ei, debiéramos recomendar todas las obras teológicas
de este genio extraordinario, llamado con justicia el
Aguila de los Doctores, y á quien Santo' Tom á s de
Aquino profesa veneración profunda. L a doctrina teoló­
gica de estos dos grandes Doctores es la misma en to­
das las grandes y capitales cuestiones, y el entusiasmo
con que la profesó y defendió la Universidad de S a la ­
manca, la primera de E spaña, es un timbre de gloria
imperecedera para ese centro literario, citado con enco­
mio por León X I I I (i).

( i) Nuestros lectores verán con gusto el juram ento de la U n iversi­


dad de Salam anca, según se acordó en C laustro pleno por el R ector
y 50 D octores, á 15 de Junio de 162 1. D ice así, copiado del libro de
C laustros.
«Juramos á Dios Todopoderoso, de que en las lecciones que leyere-
ím o s en las cátedras que tenemos en esta Universidad de S alam anca, ó
ven la s extraordinarias y voluntarias que leyérem os en la dicha U n iver­
s i d a d , leerem os y enseñarem os en la T eo lo g ía E scolástica la doctrina
¿■de San A gustín y las conclusiones de Santo T om ás, que se contienen
6+
R e la r m in o (Roberto, Card.), S. J .— Opera omma. En 12
volúmenes fól., ciento cincuenta pesetas.— Olámendi.
E l Cardenal Belarmino es uno de los escritores más
profundos y universales que ha dado á la Iglesia la
Compañía de Jesus, y al propio tiempo un discípulo
entusiasta de Santo Tom ás de Aquino. Respecto á sus
obras teológicas, advcrtirémos que deben preferirse las
ediciones primeras que de ellas se han hecho.
S a n c t i B o n a v e n t u r a e , Cardinalis ex Ord. Minorum,—
Opera om nia,— Quince volúm. fól., doscientas cincuen­
ta pesetas.— Olám endi.
Aunque sea extendiéndonos ya más de lo que pensá-

»en la S u m a Tco ló g ica , que comunmente, se llaman Partes, en toda


»aquella en que fuere clara la m ente de estos Santos; y donde estuviere
»confusa, y que adm itiere varias, no leerem os ni ensenaremos cosa algu-
¡>na que sintamos ser contraria á su doctrina, sino lo que, segun nuestro
»entendimiento, ó segun la mente de aquellos que com unm ente están
«tenidos por discípulos de los Santos A gu stín y T o m á s, juzgarem os que
»es más conforme al sentido de estos Santos D octores, excepto la opi-
vnion de la Concepción de la Virgen.» F.sta excepción se ponía porque
había quien entendía la doctrina de los Santos en uno y otro sentido, y
las Universidades de España juraban defender el dogm a de l a ’Concep-
cion Inm aculada; también se exceptuaban las cátedras de Durando y
Escoto.
E l juram ento que en la U niversidad de M anila hacen Profesores y
graduandos, dice sencillamente: P e r eadem S a n cla D c i E v a itg cíia , j u r o ,
M « o etp rom itto, me d efm su rn m dociriuam S a n c ti Thon m c, XJniverüta-
tis P a tro n i. A ntes de la definición de 1854, juraban también en esta
forma: P e r cadem S a n c ía D c i E v a n g e lio , jn r o m e'sem per , e.t ubique pro-
fe ssv ru m , dochtm m , defensurnm , ñeque unqnam a lite r v erb o , scrifiío,
aut quacimtque a lia rations acturnm , V irg in em S a a ctissim a m , in prim o
ip so v ita e iiiitio , prim oque Coitccptiouis in s ta n ti, omni prorsus originnlis
culpan labe candsse: qttod (quantum mihi per E cclesiae Catholicae
et Sanctissim orum Patrum ac Pontificum sanctiones licet) tota cardo
p r o fte o r ac crcdo ; aíqua ad Dci-, et hnm ticnlcitae V ir g in is M a tris g loria m ,
sapiciltiac splendorem , htijus A ca dem iac ornam cutum , et anim ae mcac
salntem , cessurum spero. Fórm ula redactada por el P . Am ador, O. P,,
en 178 5, y que se creía nmy compatible con la doctrina de Santo Tom ás.
En toda la Orden de Predicadores, se jura así: y u r o , voveo (te spon-
deo me non rccessurnm a s o lid a S , Thomctc A q tiin a tis doctrina.
^5
hamos, no dejaremos de citar y de recomendar los ad­
mirables escritos del Doctor Seráfico, amigo cordialísi-
mo de Santo T o m á s, como San Francisco lo fué de
Santo Domingo, y como son amigos y lo serán eterna­
mente los franciscanos y dominicos, sin que haya dis­
tancia de tiempo ni de lugar que debilite ese vínculo de
mutua y santa caridad.
L a s obras de S an Buenaventura son una gloria de la
Escolástica, y una fuente perenne de pensamientos altí­
simos y de piadosos afectos.
N a t a l A l e j a n d r o (N oel Alexandre), O . P . — Theologia
dogmático· et mor ah s secundtim ratiortem C on cilii T ri-
deniini in quinqué libros distributa. Parisiis, 1694,
diez volúm, en 4 .0— Parisiis, 1703, dos volúmenes
fólio; idem, 1 7 1 3 .— Sum ma S . Thomae vindicata, P ari­
siis, 1675.
N atal Alejandro fué un varón versado en todas las
ciencias eclesiásticas: Historia, Escritura, Patrología,
Derecho canónico, Teología moral y dogmática, todo le
era familiar. Su ardor y su entusiasmo por’ la doctrina
de Santo Tom ás le hizo escribir una porcion de trata­
dos, cartas y disertaciones contra el probabilismo, los
ritos de China (condenados despues por la Iglesia)} sobre
otros puntos importantes de la historia eclesiástica, y
sobre cuestiones de controversia escrituraria.
E scritor infatigable, siempre en la brecha para la d e ­
fensa del dogma, de la moral 3' de la disciplina, ofrece
en sus obras una crítica casi siempre fundada, una
erudición pasmosa y una argumentación vigorosísima.
M é d i c i s C o m e r i n o (Jerónimo de), O. P . — Form alis cx-
plicatio Summae Sancti Tomac A q u in a tis . — V i e h , 1860.
once tomos. Se halla en la librería de Tejado, A re ­
nal, 20, Madrid, pasta, setenta y cinco pesetas.
E s el Seminario de V ich , en la provincia de B a r c e ­
lona, uno de los establecimientos literarios que más fie­
les han sido á la doctrina del Doctor Angélico; y prueba
de ello es, entre otras, la edición reciente de la obra del
66

1J. ¡Vfédicis, que ha exigido cuantiosos desembolsos, cap a ­


ces de arredrar á los editores de poblaciones más impor­
tantes. No sabemos si los demás Seminarios han corres
pondidn ó no á este sacrificio, pero lo cierto es que esta
obra, como tantas otras de igual mérito, yace empolva­
da en las librerías. Bar-le-Duc hizo en pocos años once
ediciones de I3 Sumina de Santo Tomás; Vich no podrá
reembolsarse de la única que hizo del P. Médicis. No
es preciso deducir las consecuencias.
R u b e i s (J. Franc. Bernardo de), O. P .— Dnsertationes
criticas et apologéticas de gestis et scriptis ac doctrina-
Sancti Thom ai A quinatis, Venecia, 1750.
— D e fabu la wonachatm benedictini D . Thomae A quinatis.
Idem, 1746.
L a s elucubraciones críticas del P. Rubeis sobre los
escritos y doctrina del Angélico Doctor gozan de grande
autoridad.

VII.

T E O L O G IA M ORAL Y ESCR ITU R A .

Obras de consulta.

G a in z a (Francisco), O. P .— Facultades de los Obispos de


Ultram ar .— Segunda edición. Madrid, 1877; un volú-
men en 4.a, seis pesetas.
E s una obra de importancia suma· para el clero y
para los letrados de Cuba, Filipinas y Américas del Sur.
E l autor, muerto en 1879, profesor de Derecho ca­
nónico en la Universidad de Manila y Obispo de Nueva
Cáceres. Infatigable para el trabajo, dejó otras obras,
manuscritas unas 6 impresas otras, que hacen menos á
nuestro objeto. L a que recomendamos parécenos que es
única en su clase. E l Sr. G ain za era devotísimo de S a n ­
to Tom ás de Aquino, cuya doctrina pura resplandece en
todos sus escritos, y se enseñaba en su Seminario.
67
\Vigandh (Martin), O, P . — Tribunal confessariorum et
ordinandorum. Matriti, 1769, séptima edición.— Lleva
un apéndice de las proposiciones condenadas por el
P. Vidal, del convento de Predicadores de Valencia,
y otro sobre la B ula de la C ruzada del mismo Padre
Vidal.
S a n J o s é (Antonio de), Carm, d e s c .— Compcndium S a l­
manticense.— Pamplona, 1797, edición sexta; dos volú­
menes fól.
Sabido es de todos con cuánta fidelidad han profesa­
do los Carmelitas la doctrina del Angélico Doctor, y re­
cibida ha sido como una obra monumental, que tiene
hoy mismo autoridad innegable, la Teología de los salm an­
ticenses. E l compendio que recomendamos, hecho, duce
A ng elito Praecepton, será muy provechoso, para los que
no puedan adquirir la obra lata.
C u n i l i a t i (Fulgencio), O . P, — Universas Theologiae mo-
ralis accurata complcxio, - -Editio quinta Matriten-
sis, 1794.— Dos vol. en 4 mayor.
L a s obras de Moral recientes andan en manos de
todos, y no hay para qué mencionarlas, sobre todo las
que no siguen el método escolástico; pero no será in­
oportuno recordar las que por espacio de muchos años han
formado á nuestros moralistas, y cuyo interés áun no ha
decaído. L a del P. Cuniliati fué texto en las Universi­
dades hasta que se suprimió la facultad de Teología, y
las ediciones que de ella se hicieron en nuestra pátria.
prueban la aceptación que mereció. Acaso no faltará
quien se admire de que recomendemos en nuestros dias
autores probabilioristas, es cuestión de gusto; y con sa­
tisfacción íntima aprovechamos esta ocasion para con­
signar que el equiprobabilismo hoy en boga 110 es el
probabilismo impugnado por los tomistas, habiendo, por
el contrario, muchos insignes tratadistas que lo creen
confoi'me á la doctrina del Angélico Doctor.
A l v a r e z (Diego), O. P . — Commentaria in Isaiam . Dos
volúmenes en 4.'’— D e au xiliis divinac gratiac. Un v o ­
G8
lumen en folio . — Responsorium ad objcctiones..... pronta
S . Thoma et a ihomisiis defendiiur et explicaiur , lib. V I,
un volumen en 4.0— D e origine pelagianae haeresis, un
volumen en 4.0— Responsorintn libcr ultimus, 1 volumen
en 4.0— Operis de attxiliis divinan gratiae ..... Siunma in
quatuor libros distincta. un volúmen en 8 .D— D e Incar-
natione divini Verbi, un volúmen en 4 ."— Disputationes
theologicae, un volúmen en fólio .— M am iale concionato-
rum, un volúmen en 4.0, varias ediciones.
Tres hermanos profesaron en el convento de Medina
de Rioseco, de la Orden de Predicadores, en el siglo X V I ,
ilustrándole á cual más con su ciencia y su piedad; pero
entre ellos ninguno como el P. Diego, designado por
su provincia de E sp a ñ a para sostener en Roma, en
compañía del P. Lémos, la doctrina de San Agustín y
Santo Tom ás contra las novedades del P. Molina. L o
h izo brillantemente nuestro escritor con aplauso de
todo el mundo sábio por espacio de cerca de seis años,
ante los Pontífices Clemente V I I I y Paulo V, elevando-
le este último, en premio de sus trabajos literarios, al
arzobispado Tranense en la Apulia, que rigió con vig i­
lancia y piedad singular el largo período de treinta
años. Opera cum theologica priusqiiam ad Ínfulas evchere-
tur foras emissa, infulis ipsis adhnc magis conspicuum reddi·
dissc et usque hodie reddere orbi ( Nicolás Antonio,
B ib l. H isp .). Además de las obras señaladas, dejó otras
varias que no han sido publicadas.
F o r e i r o (Francisco^, O. P . — Commentaria in omnes l i ­
bros prophetannn , ac J o b , D a vid is ct Salom onis. — L u c u -
brationes in Evangclia.
Natural de Lisboa y teólogo del rey D. Sebastian en
el Concilio de T ie n to , mereció de los Padres de aquella
Asamblea augusta, que se le confiasen comisiones tan
delicadas como importantes. L a s dos obras anteriores,
á pesar de las alabanzas que merecieron de los contem­
poráneos, no se publicaron, pero sí se publicó repetidas
veces su Isaiae prophetae vettis et nova ex hebraico versio
6g
cu/n commentario,7la Oratio ad P P . Tridsntini Cancilii,J vv
no sabemos si el Lexicum hebraicum, que declara haber­
le costado mucho trabajo el confeccionarlo.
Pero lo que ciñe al P. Foreiro de gloría inmarcesi­
ble, fué el haber sido designado para componer el Cate­
cismo de S . P i o V para uso de los párrocos, en compañía
de sus hermanos de hábito los Padres de Marinis y
Forcheranio; libro admirable, y que sería en nosotros
una pretensión vana recomendar, por estar aprobado
especialmente por los Papas y recomendado oficialmen­
te al clero, pero en el cual resplandece de tal'm anera
la tradición católica respecto á la doctrina de Santo T o ­
más, que los autores citados trascribieron á él, no sólo
el sentido, sino las palabras del Angélico Doctor, como
se ve particularmente al tratar de los Sacramentos. E l
P. Foreiro fué además secretario de la diputación del
Concilio que hizo el Indice de libros prohibidos, trabajó
en el expurgo y reforma del M isa l y B reviario romano, y
redactó, al decir de Muñoz, el texto que hoy usamos
del Concilio tridentino.
Ñ u ñ o - C a b e z u d o (Diego), O . P .— Comme-ntarii ac dispii-
tationes in I I I Partem Summae Theologicae D . Tho-
mae, etc., 2 vol. fól.— Valladolid, 1601, 1699. Se im-
' primió además en Venecia muy mejorada y dedicada
al Papa Urbano V I I I , en 1624; y en Colonia 1630,
con este título: D ivu s Tilomas explanntm, etc., aña­
diéndose á esta última edición otros cuatro tratados
del mismo autor: 1. D e Áuctoritate Su;m ui Pontificia et
Conciliorum; 3 . D e Indulgentiis; 3. D e au xiliis divinas
gratiac; 4. D e B u lla cruciatae dicta.
— Tractatio in Tertiam ParU m Sttmmae Theol. D iv . Tho-
inae, etc. Obra postum a del autor, cuyo autógrafo se
conservaba en Segovia.— Roma, 1862, 1 vol. en folio,
debido á la solicitud del R m o. Padre Cloche, Maestro
General O, P.
Nació en Villalon, donde profesó en la Orden de
Predicadores, y murió en Segovia (1614). Profesor de
70
Teología en Dueñas de Carboneras, Tríanos, Plasencia
y Valladolid, por espacio de más de treinta años, alcan­
zó envidiable reputación de sabio y de controversis­
t a , especialmente en sus disputas contra el P. A n­
tonio de Padilla, S. J., que defendía las novedades de
Molina. Como algunos le llaman N ú ñ e a , se ha i n ­
currido por otros en el error de suponer que sen dos e s ­
critores .
C ó n c i n a (Daniel), O. P .— Theologia dogmatico-moralis . —
U n vol. en 4.0— Madrid, 1764, librería de Tejado .—
D iez'pesetas.
— H istoria del Probabilismo y del Rigorism o , con diserta­
ciones teológicas, morales y críticas.— D iscipline antice e
moderne.— Qnaresime apelante .— D iscipline apostolico-
monastice y otras, hasta 40 volúmenes en 4.°
Sábio profundo, religioso virtuosísimo y predicador
elocuente y apostólico, fué llamado el Daniel del Nuevo
Testamento. P ara formarnos una idea de la trasforma-
cion que causaron sus predicaciones en R om a y demás
principales ciudades de Italia, preciso sería remontarnos
á los tiempos de Savonarola, San Vicente Ferrer ó Juan
de Vicencia. Escribió enérgicamente contra el casuismo
relajado del siglo pasado. Sin recomendar literalmente
todas las opiniones del P. Cóncina, porque la materia
de algunas elucubraciones se ha modificado notable­
mente despues, no nos cansaremos de aconsejar el estu­
dio de sus principios y de su lógica vigorosa.
P a t u c c i íjuan V ice n te \ O. P . — D e futuro impiorum
statu.
— D e Sede inferni in térra quaerenda.— Tratado de la regla
próxima de los actos humanos, y otras.
Aunque las obras de Teología moral de Patucci se
resientan de rigorismo en algunos puntos, por haber
sido escritas contra el laxismo feroz de aquella época,
todavía deben consultarse por los amantes de la ciencia,
y con especialidad el Tratado de la regla de los actos hum a­
nos. L as obras de controversia son notables, y fueron
7i
escritas para impugnar errores palpitantes de Swinde-
mio y otros, revelándose especialmente el talento y los
conocimientos del autor en la obra, sobre el infierno.
D r o u w e n (Renato1, O. P . — D e re sacramentaría, 2 volú­
menes en 8.“
D e esta importante obra, hermoso tejido de autorida­
des enlazadas por vigoroso raciocinio, se dijo oportuna­
mente: «Que apenas se dió á luz, cuando luego fué esti­
mada como libro clásico.11 E s, en efecto, una especiali­
dad en la exposición del dogma relativamente á los S a ­
cramentos de nuestra Madre la Iglesia.
S a n c t o - C h a r o (H u g o , C a rd en a l de), O. P . — Postillas in
universa B ib lia ju xta quadruplein sensum litteralem, allc-
goricum, moralem, anagogicum. V a r ia s ed icion es en 6
volúmenes en folio.
F ué el primer religioso de la Orden de Predicadores
elevado por Inocencio I V á la púrpura cardenalicia.
Aunque no están conformes los historiadores; en señalar
la pátria de este eminente y místico escritor, haciéndole
unos oriundo de Barcelona, y otros de Bai'celoneta en el
Delfinado, cree el P . Echard que nació en Viena de
Francia. Trabajó con suma constancia y acierto en la
corrección de la B iblia vu lg a ta , confrontándola con los
textos originales; arregló la regla de los Carmelitas por
orden del Papa citado; consiguió con sus escritos y su
influencia la celebración de la fiesta del Corpus y dejó
á la posteridad el monumento grandioso de la exposi­
ción de todos los libros santos. F u é comisionado para
venir á Barcelona é inclinar el ánimo de S. Raimundo
á aceptar el Magisterio general de la Orden'; sucedióle
despuescom o Vicario General; fundó muchos conventos
de la Orden, y muñó con grande olor de virtud en
1262.
Los P P . Pedro de Herrera, Antonio Salcedo y Pedro
de Frorusqui, Dominicos españoles, expositaron toda la
Sagrada Escritura, y sus manuscritos duermen aún en
los archivos y bibliotecas, si es que en los últimos tr a s ­
72

tornos de nuestra patria no han desaparecido para


siempre. L a s primeras Concordancias menores de la B i ­
blia débense al mencionado Cardenal de San Caro; las
Concordancias mayores á los jóvenes Dominicos ingleses
que estudiaban en París; y las Concordancias vulgares
al P. Conrado de Halberstart, O. P., mientras que tra­
bajaron en los títulos, división de capítulos y de versículos
k « P P . Blois, Kilvatclby y Mateo, Patriarca de Cons-
tantinopla, debiéndose los índices ó tablas analíticas al
Beato Jacobo de Vorágine.
M a s s o u l i é (Antonino), O . P .— D ivas Thomas sui inter-
pres de divina moiiojic et libértate créala.— Roma, 1692.
Un volumen en fólio.
— D e divina ¡notiune in ordinc supernatitrali, sen de divinis
attxiliis. — Roma, 1707; id. 1709. — Un volám. en fól.
Nació en Tolosa de Francia en 1632, y murió en
Rom a en 1706. Además de las obras citadas, escribió é
imprimió otras varias ascéticas y místicas en francés, y
terminó la obra de Contenson, Thcologia mentís et coráis,
ordenando y llenando las papeletas que el malogrado
joven Dominico había dejado escritas.

V III.

O B R A S D E C O N T R O V E R S IA Y D E M ÍSTICA .

V a m -R an st (Francisco), O. P . — Ver ¿tas in medio, sen


D ivu s Thomas D oct. A n g . Propositiones omites circa
theoriam et praxim , rigorem et laxitatem a B a ia n is, etc.
Ambéres, 1715. Venecia, 1730. — Un volumen en 8.“,
que se reimprimió varias veces despues.
— L u x 'fid e i, seu D iv . Thomas doctor Angélicas splendidis-
simtis catholicaefidei athlcta. etc. Ambéres, 17 17 ; reim­
primióse en Venecia en 1720, y en otros puntos des­
pues con el título: Historia, haerclicorum et haere-
swn, etc.
73
— Opusculum Imtorico-theoíügicum de indul-gentiis, et ju b i-
laeo, pracscrtim anni sancti. Rom a, 1724, un vol. 8.®
B elg a de nación, profesó en Ambéres, su ciudad na­
tal, en 1692, á la edad de 20 años. Profesor y L ice n cia ­
do en Teología por la Universidad de Lovaina, enseñó
en esta ciudad, en Ambéres y en Helisseim, llegando
más tarde á ser Maestro en Teología, teólogo casana-
tense y Vicario apostólico de Bois-Le-Duc. Murió
en Ambéres, 31 de mayo de 1727. No hacemos m en­
ción de otros trabajos literarios del mismo autor, que
contribuyen ménos directamente á nuestro objeto.
M o n e l i a (Tom ás Vicente), O. P , — D e annis Christi
Salvatoris, 1 7 4 1 · — Contra fatalistas et materialis­
tas, 1741.
E ste controversista infatigable y vigoroso, que em ­
pleó toda su vida en la defensa de la verdad cristiana
y en la debelación del error y la impiedad, murió
en Pisa en 1767. L o s escritores contemporáneos le han
tributado muchos elogios.
M a m a c h i (Tomás), O . P . — D ell'origine et antichitá chris·
tiana.— D e ratione regmdae cristianae rcipublicac, de
que legitim a Rom ani Pontificis auctoritate, Roma, 1776.
Maestro del Sacro Palacio y confidente y consejero
de Pió V I , tomó parte activa en todas las luchas de su
tiempo, disipó brillantemente todos los sofismas de Fe-
hronio, se ocupó en otras obras, que salieron de su plu­
ma, en la y a entonces agitada cuestión de las llamadas
manos muertas, y escribió además contra la prensa hos­
til á la Iglesia. Débese á su docta pluma un grueso
tomo de A n a les de la Orden de Predicadores, otro sobre
el limbo y las almas que mueren con solo el pecado
original. Nació en 1713 de padres griegos, profesó en la
Orden de Predicadores, fué doctor teólogo casanatense,
y murió en 1792.
R i c h a r d (Cárlos Luis), O . P . — D iciionnaire universel
de scieuces ecclésiastiques, 2 vol. fól. Obra rara y de m u ­
chísim a doctrina.— París, 1763,
—-Compendio analítico de los Concilios generales y particu­
lares, en latin, 4 vol. en fól.
E n el Diccionario trabajaron otros Dominicos bajo
la dirección del P. Richard. U na y otra obra, pero ésta
en particular, ha sido saludada.como la más perfecta en
sus tiempos, por las dotes de solidez, claridad y breve­
dad que en ella resplandecen.
C a g n a z z o (Juan), O. P . — Súmmae Tabienae quae siimma
síimmarum mérito appellatur, etc. Venetiis, 1569; dos
volúmenes en 4." de unas ■ mil páginas cada uno en
letra pequeña.
. E ste Diccionario, teológico, jurídico, moralista, etc-,
está dedicado al Cardenal Cayetano, y saturado de la
doctrina purísima de Santo Tom ás. E l P. C agnazzo
fue natural de Taggia'(Tabia] én l a X ig u r ia j de donde le
vino.el nombre de Tabiense. Otnnium consensti theologus
sua aetate prim i nominis f u t í , idemqne' juris- peritissim us
(E ch ard ). Fué regente de estudios en. Bolonia, donde
murió en 1521. L a obra que citamos, está nutrida de só­
lida doctrina y escrita con claridad, brevedad y órden
admirable. Aunque se han hecho varias ediciones ( B o ­
lonia, 1517, y Venecia, 1602), sólo nos es conocida la de
15Ó9, que es sumamente correcta.
G a t t i (Vicente M.), O . P . — Institutiones apologetico-
polemicae de vertíate ac divinitate R eligionis Ecclesiae
catholicae. Romae, 1867, tres tomos en 4.0 de :más
de 700 páginas cada uno. París, veinte pesetas; libre- .
ría de Tejado, treinta y cinco pesetas. H ay un compen­
dio de esta importante obra.
E l P. Gatti es hoy maestro del Sacro Palacio, des- :
pues de haber desempeñado los honrosos cargos de bi­
bliotecario casanatense y consultor de la Sagrada Con­
gregación del In dice. Su obra apologética y polémica es
un arsenal donde se encuentra todo cuanto se ha escrito
antigua y recientemente contra la Religión y la Iglesia;
rebatido vigorosamente con la doctrina de Santo T o ­
más. Nada se le resiste á este sábio escritor; historia,
75
monumentos, cronología, ciencias naturales, físicas y
matemáticas, filosofía, escritura, lingüística, literatura,
todo se halla tratado, discutido y acrisolado vigorosa­
mente; y al lado de estas animadas polémicas encuentra
el teólogo y el filósofo un cuerpo compacto de doctrina,
desde los lugares teológicos, notas de la Iglesia y moti­
vos de credibilidad, hasta los misterios altísimos de la
Encarnación del Verbo eterno.
V a l s e c h i (Antonio), O. P . — D e fundam entis religionis et
de fontibus iinpictatis, libri tres. Venetiis, 1770.— F u en ­
tes de la impiedad, traducción del P. José Ventura
Martínez. Tres tomos en 8.° mayor, formando parte
de la Biblioteca de la Religión.— Librería de Aguado,
seis pesetas.
No es ésta la sola obra escrita por el P. Valsechi;
pero es la más notable y la más oportuna en los tiempos
de indiferentismo que alcanzamos.
S u s o n (San Enriqu e), O. P . — L a s obras principales de
este ilum inado y experim entado doctor son: E l libro
de la sabiduría eterna.— Tratado de la tmion del alma
con D ios (dirigido á una relig iosa).— Coloquio espiritual
sobre las nueve rocas (g r a d o s de perfección es p iri­
tu a l),— Discursos espirituales.— Cartas espirituales.
Este escritor y santo que, con los P P . Taulero y
Kémpis, tanto ilustró la escuela mística alemana, tomó
el hábito de dominico en Constanza(tfy murió en Ulm a
el 25 de Enero de 1365. E l Sr. Cartier ha prestado un
servicio á las letras francesas traduciendo las obras m ís­
ticas de San Enrique Suson, y editándolas (1852, edi­
ción tercera en 1878) precedidas de la vida del Santo.
Parte de estas obras había sido ya publicada en espa­
ñol, y sería de agradecer que álguien intentara una edi­
ción completa.
T a u l e r o (Juan), O. P . — Opera omnia (traducción de
Surius).— -Colonia, 1697. Un volúmen en 4." de cerca
de mil páginas, que hemos adquirido en París el año
pasado, y que perteneció al convento de Carmelitas
?6

descalzos de Siracusa (1740). H a y muchas ediciones,


y algunas en las lenguas vulgares. Taulero escribió
en aleman.
E l V. Taulero, doctor ilum inado, es una lumbrera
mística de la E scu e la tomista y de la ciudad de Colo­
nia, donde floreció en el siglo X I V , A sus profundos
conocimientos teológicos, reunía una facundia admirable
y mucha erudición sagrada y profana. Religioso de vida
interior, recibió del Señor dones sobrenaturales, entre
ellos el de la profecía. Son sus principales tratados:
Condones de tempore et de sanctis,— Tractatus de veris vir-
tutibus.— Epistolae, dcvotionem, divinumque amorem spiran·
tus.— Prophetiae,— Cantica spiritualia .— D e gradibus perfec-
tionis. — Speculum lucidissimum (es Cristo).— Conviviunt. —
Colloquium . — Praeparationes-ad mortem, etc. U n a edición
española de estas obras, hecha con acierto, sería un be­
neficio grande para las almas.
. G r a n a d a (Luis de), O. P . — Obras del venerable P . M aes­
tro, e tc.— Madrid, 1784, en 17 volúmenes en 8." Son
numerosísimas las ediciones totales ó parciales que se
han hecho de estas obras, siendo la última la que for­
ma parte de la B iblioteca de autores españoles.
L a vida del V . P. Granada ha sido escrita extensa­
mente por el licenciado D . Luis Muñoz (Madrid, 1789).
E n la edición que citamos no se comprenden los sermo­
nes de este escritor clásico, ascético y fecundo. Su fama
es tanta, fam a super aetera notus, y su manera de decir
tan agradable, que muchos extranjeros aprendían el c a s ­
tellano en el siglo X V I , con el objeto preferente de leer
sus escritos. Deben preferirse: G uia de pecadores, que al
poco tiempo de publicada se tradujo al italiano, latín,
francés, aleman, polaco, griego y otros, y ésto, no una
sino varias veces.— L ib ro de la oración y meditación.—
M emorial de la vida cristiana.— Introducción al símbolo de
la f e . — L a traducción del Kém pis. No nos extendemos
más por creerlo innecesario. L a doctrina de Santo T o ­
más resplandece pura en los escritos de este dominico.
77
que es el primero de nuestros hablistas. Reeomiéndanse
igualmente las obras de Sania Teresa de Jesus, San
Ju an de ¡a C ruz y Maestro A v ila , por su doctrina to­
mista.

IX .

H IST O R IA Y P R E D IC A B L E S .

R iv a s (Francisco), O. P . — Curso de H istoria eclesiásti­


ca .— Tres tomos 4.", Madrid, 1878; quince pesetas.—
Rebaja notable á fa v or de los Seminarios.
Recientes los juicios favorables que la prensa cató­
lica ha hecho de este curso de Historia, benigna y fav o­
rablemente acogido por el Episcopado y puesto de texto
en varios Seminarios, no tenemos para qué recomendar­
le. Et P. Rivas ha sido profesor de filosofía y de teolo­
gía tomistas, Rector de la Universidad de Manila, y ama,
venera y sigue fielmente la doctrina del Angel de las
Escuelas; huelga, pues, la advertencia de que los jó v e ­
nes estudiantes, á quienes la dirige, nada encontrarán en
ella que se aparte de las prescripciones del Doctor de
Aquino.
A g u i l a r ( F ra n c is co de Asís), presb ítero .— Compendio de
H istoria eclesiástica .— M adrid, 1877, se gu n d a edición;
dos tom os en 4 .0, diez pesetas.
Modesto y ejemplar sacerdote el Sr. A guilar llevaba
algunos años consagrando sus talentos al servicio de la
Iglesia, cuando el E xcm o. P. Ceferino G onzález le con­
firió el gobierno y la dirección del Seminario de C órdo­
ba, donde es además profesor de la Sum a de Santo T o ­
más. E l compendio, de Historia lia tenido en E sp a ñ a y
América la acogida que merece por la pureza de su do c­
trina, sana critica y concision de estilo. E l Sr. A gu ilar
es autor de algunas obras más, que son entre nosotros
bien conocidas y debidamente apreciadas.
78
N a t a l A le ja n d r o .— H istoria ecclesiaslica veíeris noviquc
Testamenti ab orbe condito ad annum posi Chrislnm na-
tum 1600. Parisiis, 1699, ídem, 1713. Ocho volúmenes
en folio , — Selecta H istoriae ecclesiasttcae capita, diserta­
ciones sobre los diez y seis primeros siglos del cris­
tianismo, varias ediciones: la de París de 1689, que
es la tercera, consta de seis volúmenes en 4.° (1)
Aparte de sus aficiones galicanas, en las que Natal
Alejandro se apartó de la E scu e la tomista, su Historia
es un monumento grandioso y sin igual, y el P. Perrone
la aconseja á los teólogos prae caeteris, sobre todas las
demás. Tiene también el autor una obra de comentarios
sobre Isaías, Jerem ías y B a ru ch; otra notabilísima sobre
lo s· Evangelios, Epístolas de San Pablo y Epístolas cañó-
nicas, y varias más sobre materias predicables.
G r a v e s o n (Ignacio Jacinto Amat de), O. P .— Tractatus
de jnysteriis et annis C hristi servatoris nostrí. Romae,
1 7 1 1 .— Tractaitis de Scriptitra Sacra . Ibidem, 1 7 1 5 .—
H istoria eclesiástica. Augsburgo, 1751; nueve tomos en
cuatro volúmenes en folio.
L a fama de este escritor distinguido, puro, elegante,
metódico y profundo, data desde sus ejei’cicios para re­
cibir el grado de licenciado en teología, en los cuales
brilló de una manera sorprendente para los mismos doc­
tores de la Sorbona. Agregado al Colegio Casanatense
se ocupó enteramente en la exposición de la letra y del
sentido de Santo Tdmás. L a H istoria eclesiástica, desar­
rollada principalmente bajo el punto de vista teológico
y dirigida con preferencia á los estudiantes de la sagrada
facultad, llena satisfactoriamente su cometido. E s obra
apreciada por los eruditos y de la cual se encuentran
aún ejemplares.

(1) L a edición de la H istoria que tenernos á la vista es de L u ca


{1748), y consta de nueve volúm enes en folio. Se encuentran ejem plares
á precios módicos en las librerías de M adrid, pero suele faltarles el
apéndice.
7lJ
Olísi (José Agustín, Cardenal), ü . P .— H istoria de la
Iglesia en 21 volúmenes en 4.0, abrazando solamente
los seis primeros siglos; fué escrita en italiana 3- tr a ­
ducida al español. L a continuó el P. Beccheti, de la
misma Orden.
Nació en Florencia en i6g2, y en 1708 abrazó en
Fiésole la Orden de Predicadores. Profesor de teología
en San Marcos de Florencia se hizo notable por sus con­
troversias en favor de la Iglesia y del Papado, lo que le
valió el ser llamado á Roma, donde fué miembro de v a ­
rias Congregaciones, secretario del Indice, maestro del
Sacro Palacio, y. por fin Cardenal (1759), en cuya alta
dignidad conservó sus hábitos de retiro religioso y estu ­
dio. Murió en Rom a {13 de Junio de 1761) dejando, a d e ­
más de esa grandiosa historia, un Tratado sobre el ju icio
irreformable del Papa en la decisión de las controversias de la
f e .— D e l poder del Papa sobre los Concilios generales y sus
Cánones.'Tres volúmenes en 4.0— D e la in falibilidad y de
la autoridad del Pontífice Romano sobre los Concilios ecu­
ménicos.— D el origen y del dominio de la soberanía de los
Pontífices Romanos. Obras todas notabilísimas.
I lz o v iu s (Abraham), O. P . — A nn aliu m ecclesiasticorum
post illustrissimunt et reverendissinittiii D . D . Caesarem
Baronium , etc.,desde el tomo trece al veintiuno. Roma,
1616 á 1672. Nueve gruesos volúmenes en folio mayor.
E ste infatigable escritor fué polaco de nación é
hijo de familia muy ilustre. Dotado de una memoria
prodigiosa é incansable en el estudio, se hizo dominico
y fué aclamado maestro en teología en el Capítulo g e­
neral de Valladolid. Encargado por Paulo V de conti­
nuar los Anales de Barom o, publicó los nueve volúmenes
indicados, no sin. haberse resistido humildemente á tan
honrosa como ímproba empresa. D ébensc á su incansa­
ble pluma otras muchas obras historiales de la Iglesia,
de la Orden de Predicadores y de diferentes Santos, m e­
reciendo citarse por lo curiosa la H istoria da los médicos
que venera la Iglesia como santos, impresa en Rom a, 1621,
tío.

y reimpresa despues en otros puntos. Bzovío murió en


la Minerva de R om a el 31 de Enero de 1647.
M a l v e n d a (Tomás), 0 . P .— A n n a liim Sacri Ordinis
Praedicatorum Centuria prim a. Nápoles, 1627; un vo-
lúmen en folio.
Entre las diferentes obras de este dominico de Já-
tiva, hacemos mención solamente de ésta, porque viene
repetidas veces citada por los historiadores de la vida de
Santo Tom ás. Aunque el P. Malvenda trabajó mucho
para estos anales, y siempre con erudición y crítica, se
han intercalado en ellos otros trabajos incoherentes de
otros autores, faltando á la exactitud histórica, ó cuando
menos á la cronológica. Murió en 1638.
L u c a (Bartolomé de), O. P . — Anuales ab anuo 1060 ad
1303. L yon , 1619, ibidem, 1677, in Bibl, m agna Pa-
trum .— H istoria ecclesiastica nova (es muy dudoso que
sea L u c a el autor ).— H istoria tripartita y otras, entre
ellas la continuación del libro D e rcgimine Principian,
que Santo Tom ás no concluyó, por haber muerto el
R e y de Chipre, Hugo II, á quien el Santo le dirigía.
E ste ilustre dominico, muerto en 1321, fué discípulo
y confesor del Angélico Doctor, y place mentarle en es­
tas notas á causa de las muchas noticias acerca de la
vida de su Angélico Maestro, que los historiadores pos­
teriores afirman haber tomado de su H istoria tripar­
tita.
T o c c o (Guillermo de), O. P .— V ita Sancti Thomae de
A quino, Ordinis Praedicatorum. Venecia, 1588.
E s uno de los primex'os historiadores del Angélico
Doctor, y que tuvo la dicha de ser discípulo suyo y de
trabajar eficazmente en la causa de su canonización,
presentando pruebas irrefutables de prodigios que Dios
había obrado por la mediación del Santo. Murió hácia
1333, ya canonizado Santo Tom ás de Aquino.
TOURON (Antonio), O. V. — Vida histórica de Santo Tomás
de Aquino, traducida por D. Julián de Velasco. Dos
volúmenes. Madrid, 1793.
Creemos que los amantes de la restauración tomista
han de tener interés en conocer ¡a vida del Angélico
Doctor, y ninguna llena más cumplidamente la medida
que la escrita por el P. Touron, á quien se deben otras
obras importantes, como los Varones ilustres de la Orden
de Predicadores, la V ida de Santo Dom ingo de Gnznian, el
Tratado sobre la Providencia, y una H istoria de las misio­
nes de América. E l segundo tomo de la V ida de Santo
Tomás está totalmente consagrado ai estudio de la doc­
trina y obras del Santo Doctor. E l P. Touron comenzó
á escribir á los sesenta años de edad.
PlDAL Y Mon (Alejandro). — Santo Tomás de A quino .—
Madrid, 1875.
E s un brillante panegírico y una apología elocuentí­
sima de Santo T o m á s, de su Orden y de su Escuela,
escrita con el calor y la extensión y profundidad de co­
nocimientos que caracterizan al valiente diputado cató­
lico. Agotada rápidamente la primera edición, esperamos
que nuestro distinguido y respetable amigo nos ofrecerá
la segunda en breve, recogiendo en ella las palmas que
la historia le ofrece abundantes en solos cinco años.
V a u g h a n (Rogerio Beda), O. S.' B . — The Ufe and labours
of S . Thomas o f A q u in . Londres; dos gruesos volúme­
nes, 1872.
También Inglaterra viene hace algunos años pre­
parándose para la restauración tomista; prueba de ello
es este profundo trabajo del P. V a u g h a n , hoy ilustre
Obispo de Sídney. E l segundo volumen es un estudio de
Santo Tom ás en sus respectos con la razón, la fe, la
filosofía de la antigüedad, la Iglesia, etc. L a edición se
agotó en breve, y se reprodujo. N0 es esta la sola Vida
del Angélico publicada recientemente en la Gran B reta­
ña; otras cita el Sr. Pidal y Mon, que no hemos visto; y
al mismo escritor pueden acudir nuestros lectores para
enterarse de otros trabajos análogos y recientes de A le ­
m ania, Italia y Francia. Puede consultarse también el
número de Marzo de este año de los Anuales de P hiloso -
82

phic Ckrétim nc, París, rué Babylone, 39: aunque debe­


mos advertir que no son arroyos puros todos los autores
que cita.
P a c iu c h e lli ( A n g e l) , O. P .— E.xciiationes dormitantia
animas in psalmum 89, M agníficat ct Salve Regina
U n volumen en folio. Venecia, 1659, Monaco, 1677-
y Baglioni, 1680.
Obra excelente, destinada toda ella á preconizar las
glorias de María. Débense á este dominico, muerto en
Rom a (1660), las Lecciones sobre el pyofeta J-oniís, los D i s ­
cursos sobre la Pasión de Cristo, la Exposición de las cartas
de San Pablo, el Tratado de la paciencia y el Tratado so­
bre la penitencia , impresos todos ellos diferentes veces,
M ie c x i ov [E N si s (Justino Medices), O. P .— Discursus
praedicabiles super L ita nia s Lanretanas Beatissim ae Vir-
ginis M ariae. — París, 1642, en dos volúmenes en folio;
Augsburgo, 1735, dos id. en folio.
E s una obra que recomendamos á los predicadores
que deseen hablar con acierto y con piedad de las g ra n ­
dezas de la Madre de Dios: mina inagotable, que a lg u ­
nos han explotado en este siglo y trasladado á sus es­
critos, sin dignarse _siquiera citarla. E l autor fué de
Miecovia, en Polonia, de donde tomó el sobrenombre,
maestro en teología, profesor en Bolonia, misionero infa­
tigable y devotísimo de la Virgen María, especialmente
en el misterio de su Concepción. Murió en 1642. L a obra
citada, escrita en buen latín, ha sido reimpresa recien­
temente en Nápoles, y traducida también al francés.
Hemos adquirido en Madrid la edición de Augsburgo.
que no habíamos hallado en París.
M o k s a b r é (Santiago María), O. P . — Exposición del dog­
ma católico. — Madrid, 1879; Propaganda C atólica.—-
Cada tomo una peseta.
Por una excepción harémos mención de este moderno
orador sagrado, que desde la cátedra de Nuestra Señora
de París está esparciendo la semilla de la doctrina de San­
to Tom ás por los cuatro vientos del mundo. Los oradores
^;3
que aspiren á la alianza en sus discursos de un fondo
profundamente teológico y de una forma galana, bella
y hasta arrebatadora, harán bien en acudir á las Confe -
m id a s del P. Monsabré, y en ellas encontrarán la pri­
mera parte de la Sum a, oculto el nervio escolástico bajo
el ropaje de la elocuencia cristiana.
L a Propaganda Católica de esta corte, calle de Jardi­
nes, núm. 20, está prestando un gran servicio á la lite ­
ratura religiosa con la publicación de estas Conferencian ,
que vende á peseta el tomo de más de 200 páginas.
E l P. Monsabré publicó además dos volúmenes de con­
ferencias filosófico-teológicas, que sirven de introducción
ó preparación á las que hoy está dando sobre el dogma,
un volúmen titulado E l Jubileo y el Concilio, otro R a d i­
calismo contra Radicalism o , otro Oro y liga en la devocion,
siete series de Pequeñas meditaciones sobre el Rosario, de
las que se han hecho ya varias ediciones, y el Mes de los
fru to s, ó de Octubre, sobre la misma práctica. Siguen la
senda trazada por el orador de Nuestra Señora, y lo hacen
m uy de cerca, los P P . Didon y D e - P a s c a l: el primero en
E l hombre según la ciencia, Indisolubilidad y Divorcio y L a
ciencia sin D ios, y el segundo en sus conferencias sobre
la fe, habidas en Marsella.
Como complemento de lo que hemos indicado en
uno de nuestros artículos anteriores, trascribimos el
siguiente
Las cuestiones 8i hasta 83, y 109 hasta 114, todas inclusive de la Prima secundas. _se omi­
ten en las lecciones de la tarde y se dan por la mañana, como dogmáticas, despues de la cuestión io g ,
“t O 'i'O CO O G ■'"'f '- l O'·
¡nyo h O "tC C M O CO
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£ S 6 £ Hs 'o. = que es la última señalada para el segundo año.
Cu t—I t-1 >—<f“"1 C/31—t
de la Suma^nm
Programa

N O TA .
C ON C LU SI O N.

Hemos concluido, no la materia, que es vastísima,


sino la tarea que nos habíamos propuesto; hemos reco­
mendado las mismas obras que nuestros doctos maestros
en Filosofía y Teología nos pusieron en las manos al
cursar aquellas ciencias; las mismas también que du­
rante doce años de profesorado público hemos manejado
con preferencia y nos han servido de guia para cumplir
el juramento hecho en seis ocasiones solemnes de de­
fender la doctrina de Santo Tom ás de Aquino; y con es­
tas advertencias respondemos previamente á la censura
que pudiera hacérsenos, por ni) haber incluido en estos
cuadros á ciertas notabilidades científicas, cuyas obras
merecen ciertamente ser consultadas. Hemos hecho
caso omiso de cuantas no nos son inmediata y perso­
nalmente conocidas; y áun prescindimos de algunas
que, conocidas incompletamente, nos ha sido imposible
por el momento compulsarlas para mayor seguridad.
Si por otra parte se observa que los escritores espa­
ñoles y dominicos están en m ayor proporcion relativa,
débese á las causas dichas, á que la Escolástica fué c u l­
tivada brillantemente y por espacio de siglos en nuestra
pátria, y á que los dominicos, obligados por su profesion
á mantener la unidad de doctrinas filosóficas y teológi­
cas, de conformidad con las doctrinas del Angélico
Doctor, y admitidos en las más célebres Universidades
al ejercicio de la enseñanza, han podido y han debido
distinguirse en la exposición de la doctrina de su incom­
parable Maestro, respondiendo pil beneficio de una voca-
86
cion superior, que viene hace más de seis siglos infor­
mando su Instituto. Dios los ha llamado á la defensa y
á la propagación del dogma por la enseñanza y la pre­
dicación, y por eso les dió á Santo Tom ás de Aquino y
á San Vicente Ferrer; correspondieron ellos á este lla ­
mamiento, y por ello la Iglesia, que es órgano de Dios
sobre la tierra, los ha llamado Orden de Predicadores y
Orden de la Verdad: Ordo Praedicatorum. Ordo Veritatis,