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CLASE TEORICA SOBRE: “Crisis vital.

Un modelo de transformación en psicoanálisis y


psicología social”. Octavio Fernandez Moujan. Ediciones: Nueva Visión.

CRISIS: el ideograma chino de crisis une el significado de peligro con el de oportunidad. crisis
podría ser una oportunidad, o un campo de posibilidades que nos desafía no sólo a poner
coraje para enfrentar lo desconocido, sino a poner en acción nuestra capacidad creadora.

Caplan e.e.u.u. agregó a crisis el adjetivo “evolutiva”. pero las crisis evolutivas no son
accidentales, sino inherentes a cada ciclo vital. crisis accidental es impuesta, como una
muerte, un accidente, un exilio, una mudanza importante, una cirujia, etc.

si bien este autor dice mucho, no abarcaba el momento de transformación que puede darse
cada vez que suspendemos nuestros prejuicios, sobre todo si esos momentos implican
importantes circunstancias evolutivas, accidentales o de descubrimiento. ya que da la
oportunidad de crear con la imaginación activa* (octavio fernández mouján).

crisis vital sera entonces una idea que dé cuenta de una experiencia originaria donde la
estructura previa inconsciente, generadora de ideas, da lugar a otra estructura mítica, fuera
del tiempo y el espacio convencionales, desde la cual surgirán las imágenes puntuales que
participan del contexto cultural.

Nos saca de estructuras determinadas que nos dan seguridad, y eso porque nos ponen ante el
peligro de lo desconocido. nos da la oportunidad de producir algo inédito por eso crisis, y vital
porque dicha transformación consiste en la creación de algo naciente en cada ciclo vital, o
situación traumática asumida.

la crisis no es la pérdida de objeto psíquico, ni de un rol o una cosa concreta de la realidad


exterior (concepto de duelo en psicoanálisis), sino que es  desprendimiento  activo de la
estructura que hasta ese momento nos determinaba. es la suspensión de todo determinismo
para poder coparticipar de una experiencia grupal, (entendida cuando el yo  se subsume en un
grupo).

Soy un grupo por participación no por identificación, no por interacción. vital porque dicha
transformación consiste en la creación de algo naciente en cada ciclo de vida, o situación
traumática asumida*. (octavio fernández mouján ).

la noción de crisis vital es un cambio de mentalidad. Estamos acostumbrados a correr en pos


de información, a investigar, a des-ocultar, a construir, etc. esto es enriquecedor si no
obstaculiza la tarea de hacer nuestra propia síntesis, tarea a la que a veces renunciamos por
estar apegados a marcos conceptuales, sobre todo si estos provienen de maestros que
valoramos o idealizamos.  a veces por priveligios, seguridades o comodidades.

Este cambio de mentalidad es producto de la experiencia de coparticipación ya que”


coparticipar  es  devenir en el otro sin dejar de ser uno” (aristóteles).

Mircea eliade explica que el hombre primitivo, antes de conocer, se transforma en lo


experimentado sin confundirse, para nutrirse de su poder, que le permite orientar su accionar.

o sea que sufría una transformación por la coparticipación, la cual estimulaba la imaginación
activa que busca el lenguaje adecuado para convertirse en conocimiento.

La experiencia de una crisis vital da lugar a la persona que se lo permite   acceder al campo de
los valores que emerge al abandonar los objetos previos de conocimiento, valores convocantes
(Ver serie complementarias)

Pues al no ser susceptibles de apropiación individual sólo pueden ser coparticipables; como la
ley, la verdad, el vinculo en sí, que no pueden ser de nadie y por eso son de todos.

la crisis vital cuando es asumida nos sumerge en la cultura viva.

Es un mundo de constante aparecer que dinamiza el universo dado de la lógica y la ciencia que
hay que descubrir y combinar. El mundo cultural al que tenemos acceso en cada crisis vital es
un presente continuo, al cual no podemos volver. Es un contexto de creación que nos invita a
ser poetas por un instante y a buscar palabras con nuevo sentido. es una experiencia iniciática
que por ser originaria nos muestra las infinitas posibiliadeds de las cosas (no sus infinitas
combinaciones), siempre y cuando no las focalicemos perceptualmente, sino que co-
participemos vivencialmente, identidad grupal del nosotros.

El concepto de crisis vital cap II

en el enfoque de crisis de caplan “principios de psiquiatría preventiva”, es muy parecido al


síndrome del estrés o de adaptación que selye definió en el campo médico.

En ambos un organismo en equilibrio es afectado por momentos evolutivos (“crisis


evolutivas”) o situaciones accidentales. (“crisis accidentales”), modificaciones estructurales
para restablecer la estabilidad perdida:

situaciones de riesgo que es necesario enfrentar. Se saldrá transformado, sobreadaptado o


desorganizado. Ambos enfoque consideran lo biopsicosocial. Las estructuras están al servicio
de lo evolutivo y lo adaptativo o equilibratorio.

El mérito de esta teoría  ha sido intregar los niveles biopsicosociales y dar bases firmes a la
psicología preventiva. Los sistémicos han desarrollado este modelo.

En la teoría psicoanálitica el modelo de crisis ha sido abordado indirectamente. El concepto de


duelo entendido como trabajo de duelo toma en cuenta la situación de pérdida, tanto las
accidentales como las evolutivas.

Los “objetos” psíquicos  forman configuraciones estructurales que el YO trata de fijar por
identificación introyectiva y proyectiva, revistiéndolos libidinalmente con la finalidad de
establecer vínculos afectivos duraderos y una organización interna coherente y estable. Estas
estructuras dependen también del momento evolutivo, pero sobretodo de la elaboración de
las ansiedades al que la vida nos expone permanentemente.

Estos objetos poseen valor en sí mismos por las fantasías que suscitan y por los aspectos del yo
(identificación) incluidos en ellos.

pero lo que más separa esta teoria psicoanálitica, de la estructural sistémica, y la


biopsicosocial de caplán es que postula una energía libidinal que permanentemente recubre
estos objetos; es decir que el equilibrio se establece entre una estructura narcisista dual y otra
edípica triangular, abierta a lo social.

el paso de la estructura narcisista a la edípica se produce por la pérdida del equilibrio


estructural y la serie de mecanismos  defensivos que tratan de recuperar el equilibrio
amenazado por dos ansiedades tipicas (el dolor por lo perdido y la persecución por lo nuevo
desconocido que vendrá); la necesidad  confusional que se vive hace necesario un verdadero
trabajo de duelo, que para freud tenía tres fases fundamentales.
1. En la primera, llamada narcisista, el yo tiende a recuperar la carga libidinal puesta en el
objeto.
2. En la segunda, tiende a fijarse en esta etapa, “ofreciéndose el yo al ello como el objeto
perdido”. lentamente se alcanza y un
3. tercer momento, en el cual el yo intenta, desplazar la libido narcisista hacia nuevos
objetos, estableciendo nuevas configuraciones o estructuras tanto intra como
intersubjetivas.

Los dos modelos expuestos de crisis consideran la pérdida del equilibrio en relaciones estables
de objetos, en sistemas intersubjetivos e intrasubjetivos, estructuras ligadas al sistema
evolutivo y accidental que las pone a prueba en su funcionalidad.

Es el cambio objetal, no importa el motivo, el que pone en crisis toda la estructura, haciendo
perder el equilibrio generador de ansiedades y defensas. Un supuesto a priori de ambos
enfoque es que estaríamos sujetos a estructuras determinadas que tratamos de restituir, ya
sea repitiendo o cambiandolas, con la finalidad de restablecer el equilibrio interno y externo.

En ambos el concepto de crisis está ligado a un peligro que hay que superar y es una
oportunidad para realizar un cambio. Pero en ningún caso el peligro y la oportunidad se
realizan dentro de una unidad alcanzada gracias al proceso de desidentificación y de la puesta
entre paréntesis de las evidencias racionales, que permite descubrir otra estructura sin objetos
(cosas y representaciones) pero con “funciones” donde las partes conforman una unidad
(estan en funciones una de otra), que es el contexto participativo o campo de posibilidades.

el concepto de “crisis vital”  parte de esta posibilidad: alcanzar un nivel estructural sin objetos
previos donde la unidad y lo multiple son la misma cosa; sólo hay diferenciación por estar cada
parte en función del resto. es el contexto cultural el que presenta esta estructuración
necesaria para el desarrollo de lo humano desde sus orígenes.

DIFERENCIAMOS TRES NIVELES ESTRUCTURALES:

1. EL PRIMERO ESTA DEFINIDO POR LAS RELACIONES Y CONFIGURACIONES


PSICOSOCIALES QUE CONSTITUYEN SISTEMAS DE INTERACCIÓN INESTABLES. HAY QUE
COMPENSAR O AFRONTAR LOS FRECUENTES DESEQUILIBRIOS CAMBIANDO LA
ESTRUCTURA CADUCA.
2. EL SEGUNDO ES MÁS PSÍQUICO. EN ÉL LO ESTRUCTURAL INCONSCIENTE ESTÁ DADO
POR LAS CONFIGURACIONES “OBJETALES” O MUNDO REPRESENTACIONAL.
3. EL TERCERO MÍTICO ESTÁ ESTRECHAMENTE LIGADO A LO CULTURAL. LA ESTRUCTURA
ESTÁ CONFORMADA POR PARTES O “FUNCIONES” QUE CREAN UN CAMPO DE
POSIBILIDADES O CONTEXTO DE CREACIÓN QUE PROMUEVE LA IMAGINACIÓN
ACTIVA.

LA IMAGINACIÓN ACTIVA O CREATIVA, DA NUEVO SENTIDO A LO PERCIBIDO, TRANSMUTA EL


TIEMPO Y EL ESPACIO, GENERA UN ACONTECIMIENTO CAPTADO A TRAVÉS DE UNA IMAGEN
QUE NO REPRESENTA NADA PREVIO, SINO LA EXPERIENCIA VIVIDA.( no recurre a la experiencia
previa)

SE DIFERENCIA DE LA IMAGINACIÓN PASIVA, LA FANTASÍA O LO IMAGINARIO,


REPRESENTACIONES OFRECIDAS A LA CONCIENCIA ILUSORIAMENTE PARA DAR CUENTA DE
UNA EXPERIENCIA.( ignora tiempo y espacio representaciones que dan cuenta de la
experiencia pasada)

EN EL  MODELO DE CRISIS VITAL NO EXCLUIMOS LOS OTROS MODELOS SISTÉMICOS Y


PSICOANÁLITICOS SINO QUE LOS EXTENDEMOS EN UN CAMPO ESTRUCTURAL SIN OBJETO
DONDE LA EXPERIENCIA VIVIDA ES ORIGINAL, GENERANDO ACONTECIMIENTOS (NO SOLO
SUCESOS), ES DECIR, ALGO ÚNICO E IRREPETIBLE, CON DENSIDAD PROPIA.

MAS ALLÁ DE LA PERDIDA DE SISTEMAS, SUSBSISTEMAS, VINCULOS Y “OBJETOS”, ESTAMOS


ANTE LA PÉRDIDA DE TODO OBJETO Y POSIBLES RELACIONES QUE NOS PONE EN UN ESTADO
DE CRISIS ESPECIAL, QUE LLAMO “VITAL” PORQUE NOS CONECTA CON EL ORIGEN DE LA VIDA
HUMANA, ES DECIR CON LA CULTURA.( OCTAVIO FERNADEZ MOUJÁN)

 “CRISIS” PORQUE CREA CAMPO DE POSIBILIADES,


 Y “VITAL” NOS CONECTA CON LA GÉNESIS DEL SENTIMIENTO DE IDENTIDAD Y DEL
PENSAMIENTO.

La génesis es filogenética, es decir que estamos ante una crisis que nos vuelve a colocar como
protagonistas de la cultura cada vez que pasamos de un  ciclo vital  a otro, dentro de un
contexto global donde se desarrolla la historia como acontecimiento, no como relato. Pero
también este pasaje estructural de cada ciclo está en otra línea de continuidad que ES la
PROPIA IDENTIDAD.

(Cultura viva:vonstante dinamismoy nosotrotro tambiénnos movemos y no fijados en ideas por


fuera del tiempo y espacio actual)

Estructura psicosociales : conjunto relativamente estable de relaciones destinado a cumplir


cierto objetivos específicos dentro de cada etapa social. Termina una etapa se necesita otra
modalidad relacional. Para que el crecimiento y desarrollo continúen de la mejor manera.

Para ello es necesario la crisis vital.

Una crisis vital pone en cuestión toda la estructura de relaciones de objetos (psíquicos y
sociales) ya sea cc o Icc de manera que e Yo queda subsumido (presente pero sin función
prevalente) en la imaginación activa o creativa. Un momento dentro de un proceso de
búsqueda de identidad y de la creación humana en el devenir histórico.

Alcanzada la primer etapa, podrá enriquecer las otras crisis que hemos definido como
psicosociales ( evolutiva y accidentales)e intrapsíquicas (duelo) no borra lo anterior o reniega
de ello sino que lo supera transformando las relaciones objetales(relacionales y
representacionales)

Definimos como objeto psicológico aquella representación mental de la cosa concreta de la


realidad externa. Cuando la cosa no está, el yo se relaciona con la representación imaginaria
de la cosa cohesionado por el valor que le dimos..

Los valores los definimos como aquello que no es susceptible de identificación , el yo no


puede apropiarse ni alienarse de ellos. No son de nadie son de todos, como la ley.

Cuando hablemos de identidad hablemos de un sentir profundo, sobre quien es uno.

El hombre necesita del sentimiento de identidad porque es incompleto y está desajustado . La


falta con la qu nacemos nos hace esencialmente humanos y moviliza la búsqueda que jamás
concluye. Hay crisis cuando esta la falsa ilusión de completud.
En Crisis vital hay una identidad ilusoria (del Yo) es cuestionada y ocupa su lugar otra identidad
que es fruto de la desidentificación ilusoria del yo que se incluye participativamente en el
grupo.

Nosotros grupal o comunitario nos Arriaga culturalmente y nos transmite un sentimiento de


identidad que compensará la falta.

La identidad cultural la adquirimos al nacer por el grupo familiar y luego surge un nuevo
sentimiento de identidad que Erickson llamó identidad del yo.

Experiencia originario: no remite a los primeros días del Niño sino al origen del ser humano,
Origen mítico , previo a la palabra, previo a la historia. Orden lógico pero no cronológico. Que
es el orden que permite explicar un acontecimiento que se produce cuando logramos alcanzar
una crisis vital.

Las Crisis Vital nos ponen en contacto intimo con la cultura natural; vivenciamos un contexto
infinito e ek cual participamos desde una imágen pictórica que transforma lo vivido en una
imaginación creativa o activa que nos permite tener acceso al conocimiento científico a través
de palabras convencionales que interpretan la experiencia.

El modelo de crisis vitales como extensión del PSA. capIII


Crisis vital tiene 3 pilares teóricos:

El ICC., El Edipo, y la represión.

Lo correlativo:

 El ICC. Estructurado como un lenguaje , es decir una cadena de significantes, por un


ICC. Cultural.
 El Edipo estructurado por los objetos de identificación y de intercambio correlativos de
un Edipo estructurado como funciones o leyes de parentesco dentro de un contexto
mítico.La coparticipación de una identidad grupal promovida por la falta de se
inherente al ser humano y
 la represión promotora del ocultamiento a la conciencia de la experiencia sexual
infantil

Nuestra primera identidad no es del yo sino grupal hay un contexto prenarcisista y


prelingüístico caracterizado por un nosotros de cuya identidad participamos. Es una
identidad lógica y cronológica.
LA CRISIS VITAL EN LOS CICLOS DE LA VIDA:

1.       ES UN TRABAJO INTER, INTRA Y TRANSUBJETIVO.

2.       ES UN PROCESO LÓGICO INSPIRADO EN EL PRIMER AÑO DE VIDA, DEL QUE SE EXTRAEN

TRES MOMENTOS: a) La constitución del sujeto de una experiencia “grupal contenida por

“funciones” dentro de una estructura edípica “primordial” (contexto original) LA SIMBIOSIS


DINÁMICA. b) la constitución y desarrollo de las relaciones del YO con los objetos. c) la
estructuración del aparato psíquico en tres niveles progresivos e integrados:

1-      El grupo como un nosotros.

2-      El vinculo narcisista como dualidad especular y

3-      La triangularidad edípica como relación de objetos psicosociales.

3.       A estos tres momentos se le agrega un cuarto que es el equivalente del parto en los
otros ciclos vitales. Período de duda en que el Yo deja de defenderse y acepta expandirse en lo
desconocido. Progresivamente se desidentifica hasta quedar subsumido en una experiencia
participativa dadora de identidad grupal. “mecanismo de desprendimiento” que incluye el
cuerpo anatómico. Salimos del suceso para entrar en el acontecimiento.

4.       Suspendidos los objetos entramos en contexto creativo cuya energía proviene del anhelo
de ser o de identidad. Pues si dejamos  nuestras definiciones que nos sostenían, es lógico
preguntarse ¿QUIÉN SOY? ¿adonde voy? Lo primero que somos es grupo que nos da identidad
cultural o grupal. Nuestra primera falta lógica es la de la identidad, no se percibe, se VIVENCIA.

5.       No estamos ante un inconsciente determinado por las  pulsiones reprimidas,  o la cadena
de representaciones que ocupan el lugar de la realidad. Este inconsciente está incluido en la
cultura que nos permite tener acceso a las vivencias.

6.       Este primer nivel de estructura es mítico, en el sentido que da cuenta, no de lo infantil,


sino del origen de todo. Momento mundo donde se vivencia, a través de lo cual se configura
una imagen o símbolo vivo donde la parte nos conecta con el contexto totalizador. Esta imagen
creativa no representativa, da cuenta de lo vivido y nos proyecta como una luz hacia un fututo
más individualizado, presionado por un cuerpo que pulsiona en busca de la segunda falta: la de
objeto ideal que todo lo satisface (la madre como primera experiencia de satisfacción). Del
anhelo pasamos al deseo.

7.       Pasamos del campo de los objetos psicosociales en una crisis vital a un campo sin YO y
sin objetos, convocados por un “valor” que no podemos controlar, que no podemos poseer,
del cual solo podemos participar, como la ley, la verdad, la familia en sí, la parentalidad, etc.

8.       Realizada la transformación durante el período mítico (mudo), la  imagen o símbolo vivo
intuido es percibida desde un Yo que hace su primera hipótesis que lo separa del campo
coparticipativo. Esto es acelerado por la presión pulsional que busca objetos donde
proyectarse; los primeros son especulares que se vinculan imaginariamente. Este estado
ilusorio este estado típicamente narcisista tiene, a partir de estas identificaciones posesivas, un
recorrido madurativo que consiste en una mayor autonomía del Yo y los objetos pudiendo así
tolerar cada vez más la realidad.

9.       De una primera etapa coparticipativa transubjetiva (grupal) y prelinguistica, pasamos a


una segunda etapa narcisista intrasubjetiva donde el lenguaje se instala principalmente con la
fantasía determinada por las pulsiones y un alfabeto anónimo que nos permite un diálogo.

10.   Con la constitución del Yo se afianza el proceso de individuación procurando identificarse


a través de objetos (representaciones) que consolidan la propia imagen corporal y de sí mismo
(identidad del Yo).

11.   La última etapa de toda crisis vital está definida por el pasaje de lo intrasubjetivo a lo
intersubjetivo. Los objetos psíquicos se vuelven psicosociales a través de los procesos de
idealización de objetos externos que me sostienen dentro de un grupo o triangularidad
edípica.

12.   La estructura edípica objetal va superando la narcisista que luego de su crisis permite la
libidinización de otros objetos.

13.   El lenguaje se hace cada vez más convencional, para poder comunicar las
transformaciones y resignificaciones.

14.   La identidad del grupo social tiene vigencia cuando la apertura a lo social se va realizando
normalmente a través de grupos constituidos por proyección del Ideal del Yo en un líder en el
que otros yo realizan la misma idealización asegurando pertenencia.
15.   La estabilización de esta nueva configuración objetal permite al Yo y al grupo continuar su
desarrollo hasta su próxima crisis vital en su siguiente ciclo evolutivo, o crisis accidental.

Modelo teórico de crisis vitales ha sido descripto como un acontecimiento. El ciclo vital se ve
interrumpido en su proceso natural por episodios surgidos por accidentes de la vida o por
cambios estructurales necesarios ante nuestras demandas evolutivas. Estos cambios
estructurales ponen en cuestión la estabilidad relacional, ante las cuales los individuos o
grupos reaccionan con un aparato defensivo que los ayuda a que la transformación se realice
progresivamente. Pero a veces se paraliza por el modo de ansiedad que despierta. Y no logra
activarse el aparato transformador que se arma en toda crisis vital.

Este aparato transformador moviliza la estructura narcisista que está latente en toda
configuración objetal. Cuando esta etapa es superada decimos que se entro en crisis vital, pero
no siempre es superada, y es cuando se origina cierto grado de patología.

Hay distintas crisis vital por ejemplo la dela pareja ante del nacimiento del hijo, la latencia
(recordemos que a partir del primer año de vida se inicia la primera infancia que se extiende
hasta la latencia). Este periodo tiene algunas características que lo definen como recorrido
entre el descubrimiento del objeto externo “inmaduro (Edipo “pre-genital”) y es un periodo
estable en el cual la estructura edípica es mantenida, como lo es también el “objeto” que va
siendo recorrido a través de todos los códigos psicosociales: oral, anal y genital, los cuales
permiten incrementar progresivamente la confianza del Yo al incorporar el objeto, retenerlo,
expulsarlo, introducirse en él y ser penetrado por él (Erickson). La crisis vital en la edad media
de la vida, es la que nos toca estudiar en esta cátedra.

Consideramos que la constitución del sujeto tiene tres niveles de realización. Primero como
sujeto de la experiencia, donde alcanzamos la identidad cultural gracias al reconocimiento
como otro inasible. Las diferencias no son sexuales, sino funciones dentro de una estructura
que todos por igual pueden actuar haciendo múltiples las diferencias. Visión pluralista
integradora del sujeto.

El segundo nivel como sujeto narcisista, donde se alcanza la identidad del Yo gracias a una
estructura dual que permite alcanzar el objeto ilusoriamente. Nivel donde las diferencias ya
son sexuales, pero de manera imaginaria, lo que supone el control ilusorio del sexo faltante.,
aquí el sujeto deja de ser sólo de experiencia para empezar a constituirse desde una
abstracción, o realidad lógica formal, que el Yo objetiva en una representación. Por eso
decimos que este sujeto es lingüístico y atiende a los nexos de oposición y semejanza entre las
cosas.

El tercer nivel de constitución del sujeto es el sujeto social que nos permite alcanzar la
identidad grupal social gracias al reconocimiento del objeto como humano externo y la
asunción de los roles. El Yo objetiva al otro sexo como objeto externo y rol dentro de la
estructura edípica que permite la apertura hacia todos los objetos a partir del tercero dentro
de una realidad social organizada.

Consideramos importante estas definiciones por que permiten ubicar al hombre creador y
dueño del lenguaje (sujeto de experiencia) y además como condicionado por el lenguaje y las
estructuras sociales (sujeto narcisista y social), de manera que se establezca una dialéctica
entre la experiencia irracional de un sujeto que no condiciona y lo objetivo racional que
condiciona.
Grupo familiar desde el modelo de crisis vital

Recordemos “simbiosis dinámica” campo en el cual, en lugar de identificaciones, los lazos


afectivos se realizan por coparticipación de un sentimiento de identidad grupal.

Sublimar es desexualizar, supone una etapa de identificación que transforma al Yo en “objeto”


pulsional; es necesario desprenderse también del “objeto” de “descarga” (Tánatos) y entrar en
un campo sin objetos donde los “valores” transforman la sexualidad del objeto en erotización
del “vinculo”.

Toda Crisis Vital supone una primera forma de estar en el mundo a través de un “cuerpo” vivo,
familiar o grupal. Esta estructura da sostén de vida y una diferenciación elemental y necesaria
para la constitución del sujeto de experiencia. Este primer grupo es “nosotros” de sujetos que
han constituido un grupo sin dejar de ser ellos mismos. Aquí la mente y el cuerpo son una
unidad lo puramente sensorial convive con lo simbólico (no linguistico sino símbolo vivo). En
términos estructurales, en este “nosotros” tres funciones: de contención, de diferenciación y
de subjetivización, hacia la individualización (proyecto). La madre como función es lo sensorial
no es todo, pone límites que van marcando las pequeñas diferencias (lo no sensorial) desde lo
cual el “sujeto” liberado de los sensorial puro tiene acceso a lo simbólico y capta aquella
imagen que por coparticipación representa vívidamente toda experiencia (la parte simboliza el 
todo). Esto que parece tan complicado está en el origen de cualquier idea creadora o imagen
poética. Es el vacío o página en blanco que interpela a la imaginación activa humana.

Estamos hablando de un nivel estructurante familiar donde las leyes de parentesco organizan a
través de sus funciones a un sujeto, que se desarrolla dentro de un grupo. Este grupo da
identidad cultural o familiar. Estructura mítica que intenta dar cuenta de una situación
originaria donde nadie estuvo. En el origen del niño estuvieron los padres, ¿Pero quién estuvo
en el origen de la familia? ¿Quién estuvo en el origen de la cultura? La teoría de las crisis
vitales parte de la familia en cuanto tal con sus propias estructuras y dinamismos: a diferencia
de los que parten de la psicología individual (psicoanálisis establecido), o de la psicología
sistémica (estructura de interacción social).

Partimos  en la TCV (Teoría del Ciclo Vital) de un grupo familiar estructurado edípicamente en
tres términos (funcionales) que expresan las leyes de parentesco que actúan como puente
entre el aporte biológico o naturaleza y el aporte psicológico donde se establece la cultura.
Esta bisagra surge ante lo que se ha llamado la falta; o sea la condición humana de
incompletud que desde un origen busca el retorno a un equilibrio perdido. Este vacío provoca
dos movimientos o posibilidades para llenarlo: 1- “la imagen” como símbolo vivo (mítico) a
partir de un sujeto contextualizado con “identidad grupal familiar”; 2- “la palabra” como
símbolo lingüístico a partir de un Yo estructurado dentro de un texto (código, lengua) y dentro
del determinismo pulsional que busca objetos.

Todo grupo familiar tiene tres niveles de estructuración que son diferentes campos de
integración. Entre ellos una dinámica interdependiente garantiza el desarrollo del grupo y de
los miembros que lo componen.

Desde la TCV se entiende por familia aquella estructura incorporada como “puntos de una
unidad” que llamamos “funciones”: padre discriminador (ley), madre contenedora (Eros) e hijo
programador (futuro). Esta estructura “edípica” originaria” constituye un “cuerpo familiar”
dador de “identidad familiar-cultural”. No hay objetos, ni roles, sólo funciones que
coparticipan de un “aparato psíquico grupal”: NUESTRA FAMILIA. El segundo nivel de
integración familiar se da en una estructura formada por objetos intrapsíquicos. Entre ellos se
han establecido identificaciones que configuran la familia interna: “identidad de Yo familiar”.

En los momentos críticos familiares este “objeto familiar” tiende a ser idealizado, es lo que
llamamos MI FAMILIA.

El tercer nivel es la extensión de los otros dos hasta el mundo externo social. Nivel de
integración familiar que se da dentro de una estructuración donde los objetos se han vuelto
roles, con los que nos identificamos posibilitando la socialización familiar. Por eso lo hemos
llamado nivel psicosocial, dador de identidad del grupo social familiar. Responde a la
designación  ESTA FAMILIA.

ENTRE LOS TRES NIVELES HAY POROSIDAD QUE LE DA UNIDAD, PREVALECIENDO ALGUNO DE
ELLOS SEGÚN EL MOMENTO VIVIDO POR LA FAMILIA. EN PLENA CRISIS EL QUE PREDOMINA ES
EL PRIMER NIVEL. EN LOS MOMENTOS DE INDIVIDUACIÓN Y SEPARACIÓN EL SEGUNDO. Y EN
LOS MOMENTOS DE INTERACCIÓN COTIDIANA EL TERCERO. LA POROSIDAD ENTRE LOS TRES
DEPENDERA DE QUE LA CONSTITUCIÓN FAMILIAR SE HAYA REALIZADO NORMALMENTE
PERMITIENDO TENER ESTABILIDAD SIN PERDER IDENTIDAD (CARACTEROLOGÍA FAMILIAR). SI
LA CONSTITUCIÓN FAMILIAR FUE PATOLÓGICA LA ESTABILIDAD FAMILIAR SE OBTENDRÁ A
EXPENSAS DE LA “IDENTIDAD FAMILIAR” (CARACTEOROPATÍA FAMILIAR).

Familia “uniformada” que se caracteriza por privilegiar sus normas. Familia “aglutinada” que se
caracteriza por privilegiar sus lazos afectivos. Familia “aislada” que se caracteriza por
privilegiar la individualidad de sus miembros. Una caracterología es normal cuando hay
equilibrio entre la estabilidad y la dinámica familiar. Y este equilibrio perdura mientras haya
porosidad entre los niveles.

La familia tiende a desindentificarse de sus roles sociales y los “objetos” (representación) para
tener acceso a la “identidad familiar”, lugar donde existe una marginación especial y en el que
la influencia determinista del pasado y de lo social actual no sean alienantes y permitirán una
transformación estructural de acuerdo con su identidad.  A este trabajo se le llama crisis vital
familiar. Liberarse de los roles y los objetos no significa repudiarlos sino darles más dinamismo
al Yo. Significa adueñarse de la propia identidad que me permitirá aceptar las influencias como
desafíos que me transforman. A esta identidad familiar se la llama familia en sí misma, que no
es un objeto de identificación sino un lugar de nadie y por eso es de todos, en donde todas son
“funciones” de un todo que respeta las individualidades.

Resumiendo esquemáticamente:

Tenemos la crisis de parto.

El momento simbiótico normal en el que aun el cuerpo no se integró y no percibe; solo


vivencia significativamente desde un cuerpo vivido como grupo que le da identidad grupal. No
hay objetos, ni Yo, sólo hay funciones que permiten a un sujeto ir desarrollándose. Su
pensamiento es corporal desde imagos que dan cuenta como símbolo vivo de “grupo” familiar.
Aparato psíquico grupal.

Narcisismo.

Nace el aparato psíquico individual. El Yo crea vínculos idealizados con la finalidad ilusoria de
negar la pérdida del estado simbiótico. El objeto aun parcial es poco diferenciado pero
progresivamente se va diferenciando. Aparece el objeto transicional. El Yo es tenido primero
como ideal, después el objeto es el ideal. Se da un paso importante en este crecimiento
cuando se logra diferenciar el objeto y la representación. Entonces lo idealizado es también la
representación, lo cual otorga más autonomía al Yo pues percibe dentro de él lo bueno
(confianza básica – Erickson). El narcisismo entra en crisis pues ya no se necesita tanto al
objeto; se lo puede empezar a amar.

Edipo: el aparato  psíquico adquiere más autonomía, no depende tanto del objeto, la
autoestima creció y puede entonces buscar otros objetos desconocidos a partir del padre
reconocido como objeto y rol. El objeto interno y externo  ocupan lugares en la estructura
psicosocial grupal a través de roles. Las fantasías van tolerando la prueba de la realidad.

El cuerpo.

 Durante la Crisis Vital propiamente dicha, recordar que para el bebé el cuerpo no es
anatómico, sino cuerpo vivo  aquél con el cual registra vivencialmente la experiencia unitaria
simbiótica con el cuerpo materno. Da cuenta de lo vivido no de lo percibido, por eso se
extiende como cuerpo grupal familiar. No hay psiquismo individual sino grupal. Cuerpo
intrasubjetivo. Se inicia así el esquema corporal armado con las representaciones psíquicas.
Que al principio es Yo corporal, cuya imagen sirve de soporte de identificación con el ideal,
reservorio narcisista libidinal que va reconociendo integradamente las zonas erógenas como
expresión de un cuerpo erógeno. Cuerpo subjetivo.

Luego el cuerpo anatómico es reconocido por el infante como propio en todas sus partes. Su
imagen es representada como un cuerpo. También son vistos otros cuerpos. Cuerpo
objetivado.

La identidad familiar.

 Una estructura familiar es puesta en crisis y se inicia un proceso de confusión y angustia que
pone en duda la identidad del grupo familiar, social y de “yo familiar”. Pérdida familiar como
objeto, surge la familia como valor, grupo en sí mismo “que no es de nadie y por eso es de
todos” con la que coparticipamos a través de una “identidad familiar”. El Yo se identifica con
su familia como objeto interno idealizado al comienzo y paulatinamente va siendo reconocido
como objeto más realista. La crisis narcisista rompe la fijeza al vínculo idealizado y aparece la
familia dadora de identidad del grupo psicosocial donde la identificación se realiza sobre los
roles. El reconocimiento de las personas es mucho mayor pues está apoyado y cuestionado por
otros.

Duelo.

La pérdida del objeto provoca también la pérdida de las partes del Yo ligadas al objeto. Puede
ser la pérdida de un objeto puramente psíquico. No existe en el trabajo de duelo el nivel
regresivo de la identidad grupal. “La sombra del objeto recayó sobre el Yo” (Sigmund Freud).
Período narcisista en el cual el vínculo idealizado ayuda a disociar y evitar la ambivalencia
todavía intolerable. Paulatinamente se va recuperando la relación objetal que lo expone a la
crisis narcisista y afronta la realidad de la pérdida y la aceptación de la nueva relación. Período
equivalente al proceso de duelo en Melanie Klein, que  mantiene la disociación hasta que
integra lo bueno y lo malo en un solo objeto: momento depresivo que coincide con el
reconocimiento del objeto.

La crisis vital es un trabajo psíquico como el duelo. En ambos el Yo es modificado; en el duelo,


al pasar por el momento narcisista en que el objeto perdido aliena al Yo transitoriamente, y en
la crisis vital el Yo está subsumido por un momento en el grupo. Las diferencias fundamentales
son que en el duelo no hay regresión a un  nivel de estructura grupal y que la pérdida es
objetal, nunca estructural, donde nos desapegamos de todos los objetos que el Yo cuestiona.

El sujeto y el Yo.

 El sujeto de la experiencia vivida se constituye a partir del reconocimiento como “otro” que la
madre realiza desde la estructura edípica original. Este sujeto es el que  realiza la síntesis
configurativa dadora de sentido. Las funciones hablante y oyente están unidas. Es una
experiencia silenciosa prelinguistica. Aparece el sujeto lingüístico  atado al código de la lengua
que cuando habla muere como oyente. Cuando el padre empieza a nombrarse se inicia la crisis
narcisistica. Cuando empieza a nombrarse el sujeto de la experiencia se transforma en Yo
(sujeto lingüístico); en este nivel simbólico que se inicia sus palabras fantasmáticas configuran
fantasías que van aproximándose cada vez más a la realidad convencional. El Yo como sujeto
del lenguaje.

La Crisis Vital en la edad media de la vida.

Es necesario definir un espacio psico-social comúnmente llamada “Crisis Media de la Vida”,


estamos ante una nueva era en la historia humana que tiene su significación en lo que pasa
durante este ciclo vital que se extiende entre los 35 años y los 45 o 50 según la personalidad
del sujeto y su ámbito socio-cultural. Un aprendizaje para insertarse socialmente y así como
vemos una prolongación de la adolescencia consecuencia de muchos factores entre ellos la
falta de un futuro generador de proyectos de vida sembrando más bien la incertidumbre; una
sociedad cerrada por el consumismo liberalizado que desprecia la producción e idealiza la
especulación; una cultura científica desarraigada de su cultura viva que deshumaniza el
progreso como entidad paralela a la justicia y a la solidaridad social; una tecnología que va
reemplazando al hombre y no busca lugares de nueva inserción social y un sistema de
comunicación masiva que ha convertido la propaganda en el factor de poder más importante
al dirigir la opinión pública. “El hombre de está robotizando” (Octavio Fernandez Moujan).

La crisis media de la vida ¿Tomando vigencia como respuesta a este problema? ¿Cuál es su
significación? Observamos: 1-cambios corporales, trastornos funcionales. 2- cambios sexuales:
cambio del ritmo sexual y su intensidad. 3-cambios en la pareja matrimonial: mayor
conocimiento y aflojamiento de la responsabilidad compartida con los hijos. 4-cambios con los
hijos, más autonomía para todos. 5-cambios en las relaciones laborales en la que ha dejado de
predominar la búsqueda de una inserción social para pasar al plano de la realización personal.
6-cambios en la forma de pensar y creer: más espacio para el dialogo, se disfruta enseñando,
avalado por la experiencia. 7- cambio en el ritmo de vida: más conciencia del tiempo pasado,
más conciencia de finitud, finitud de la vida, la vida es algo para vivir se valora más el minuto
que lo que falta.

El cuerpo avisa y no se puede dejar de pensar que se cerró un ciclo vital, se han alcanzado los
objetivos de la adultez (formar una familia, insertarse socialmente, alcanzar proyectos de vida
y queda en duda si aceptamos estos límites que el ciclo vial nos impone, y aunque los impone
en todas las áreas pues el cuerpo cambia sin preguntar, los hijos se vuelven adolescentes por
su propio desarrollo, las relaciones laborales nos van ubicando en otros lugares; todo esto
como un alud de cambios van a poner en crisis vital dos mecanismos yoicos: los defensivos y
los transformadores, como se dijo anteriormente, los defensivos evitan entrar en crisis vital, el
adulto se aferra a lo que siente como perdida e incrementa vínculos narcisistas que lo ligan con
la muerte puesta en el pasado, sea negado la verdadera muerte futura. Pasa el tiempo
llorando lo perdido e identificándose con ello. También puede aferrarse al pasado como
proyecto ideal proyectado al futuro, negando maníacamente la realidad por lo tanto no se
entra en crisis vital. Pero cuando se movilizan los mecanismos transformadores, la
identificación proyectiva expansiva va desidentificando al yo de su tendencia a aferrase a lo
conocido, ya sea melancólica o maníacamente. El adulto alrededor de los 45 años vive una
regresión como en cualquier crisis vital pero con el matiz de ser realizada sin sostén, el balance
lo hace uno mismo desde el “grupo psicosocial” incorporado como grupo “en sí” del que forma
parte. Esto permite mirar (durante la crisis) lo recorrido sin necesidad de realizar balances
(bueno-malo, ganancia-pérdida) pues en “identidad grupal” todo es vivido en la identidad con
igual valoración es lo ilusorio lo que nos lleva a hacer balances respecto a un ideal que creo
alcanzar o no.

Nuestra cultura científica-robótica exige balances pues lo que interesa no es el logro de la


identidad sino el de un lugar en “las serie” de los sucesos psico-sociales.

Con esto no se quiere decir que  no se hagan balances a esta edad sino que deben ser
contextualizados en una crisis vital para que estén conectados con la identidad cultural.
Podemos suponer que la vigencia actual de esta crisis está dad por la importancia que hoy en
día tiene este ciclo vital como nuevas propuestas superadoras de enfrentamientos
generacionales que permitan cambios al sistema social.

El volver a “las fuentes “, propio de toda crisis vital, tiene en la crisis media de la vida la
importancia que tiene un volver habiéndose recorrido un ciclo completo           que incluye por
primera vez el logro de un lugar en las serie de sucesos psico-sociales. Ya no es un futuro sino
un pasado. Entonces ¿Qué ponemos en el futuro?. Es la identidad en el objetivo a partir de
ahora, al volver a las cosas y lugares, que han dejado de ser el objetivo (ideal) y están
supeditados al anhelo de ser. El inglés Jaques puso énfasis en la aceptación de la muerte como
forma de transitar esta crisis, desde el modelo de crisis vitales agregamos “la muerte” del
objeto de la pulsión que vuelve entonces a supeditarse al anhelo de ser, como lo fue en la
primera identidad grupal y como lo es en cada crisis vital. esta crisis vital provoca una
transformación muy importante, la de recuperar nuestra condición de grupo, de un nosotros
comunitario y cuando el hombre o la mujer han salido de esta crisis tienen nuevas respuestas
para sus pérdidas:

1-      Disminución corporal, un cuerpo menos omnipotente y más dispuesto a compartir.

2-      Disminución cuantitativa sexual, una sexualidad que incrementa su capacidad de


participación e integración en la vida cotidiana.

3-      Ante el alejamiento de los hijos, con más hijos de la vida en los nietos, alumnos, etc.

4-      Ante los cambios del apego en la pareja, responde con un desapego donde lo compartido
es todo, más allá de los hijos.

5-      Ante los cambios en el trabajo, incremento de experiencias que permite dominarlo por
objetivos más solidarios.

6-      Creatividad menos impetuosa responde con “creatividad escultórica“ (E. Jacques), en la


que cada paso va surgiendo otro dialogada mente. Creación contextualizada.
7-      Ante un ritmo menos acelerado responde con un ritmo más dinámico consensuado.

Podríamos hablar de un encuentro con la sabiduría, visión de la vida y del mundo más
integrada desde la identidad: en sus tres niveles: Grupal o cultural, del Yo y del Grupo Social
que libera de falsas ilusiones. En la sabiduría no hay en realidad conflicto entre puntos de vista,
porque todos incluyen algo de verdad. Esta visión de respeto por todo es aportada desde la
coparticipación que confiere a la palabra autoridad moral que se obtiene por consenso y el
punto de vista que da la sabiduría es la síntesis, fruto de una experiencia de vida sometida a
crisis vitales que familiarizan al individuo con lo comunitario.

La sabiduría permite que la madurez alcanzada después de la crisis no esté en merced de las
presiones alienantes pues la mujer o el hombre maduro no se ofrecen como imagen ideal sino
como “escena” donde forma parte de un contexto. Esta superación del lugar, como espacio
acotado por el rol social, es lo que permite al hombre o mujer maduros descubrirse “grupo” y
vivir de esa identidad grupal y hablar desde allí con sabiduría y autoridad, pero también supera
el tiempo al ser abuelo o abuela la familia se hace extensa esto quiere decir que hay progenie
(el tronco abre sus ramas) porque los frutos de uno son indirectos, el nieto funde dos familias
distintas en una. Con la madurez hay un descubrimiento de la vida más allá de la muerte. La
vida que está más allá de un tiempo y espacio (crisis vitales) mensurables, aparece en la
madurez una manera más permanente cuando el objeto que nos tiranizo siempre se vuelve
configuración viviente. El Edipo estructural expresa en el tiempo los límites de la figura
paterna; el cuerpo, que marca la imprenscindibilidad de poder continuar, trae la figura de la
madre de los primeros meses, y la sabiduría coincide con la función filiar que crea un mundo
donde se proyecta.

El cuerpo frágil empieza a hablar de otra manera y ahí se van sentando las bases para
enfrentar el último capítulo de la vida: la ancianidad.

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