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La cuestión agraria en el siglo XXI:


una visión desde la agroecología

Gloria I. Guzmán Casado


UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE DE SEVILLA

1. BREVE INTRODUCCIÓN A LA SUSTENTABILIDAD AGRARIA


DESDE EL ENFOQUE AGROECOLÓGICO

Seguramente, sustentabilidad sea la palabra logía como enfoque teórico y metodológico


clave alrededor de la cual se articule el de- que tiene como objetivo incrementar la sus-
bate sobre la agricultura en el siglo XXI. Al tentabilidad de la agricultura (Gliessman,
igual que en el siglo XX, la productividad, 1997, Guzmán et al., 2000, Francis et al., 2003).
de la tierra y del trabajo, fue el concepto que Desde el punto de vista agroecológico, la
guió la transformación agraria mundial. Des- sustentabilidad puede ser definida como la
de que en 1987, el Informe Brundtland (Na- capacidad de cosechar a perpetuidad una
ciones Unidas, 1987) popularizara este tér- determinada cantidad de biomasa de un
mino, según el cual el desarrollo sostenible agroecosistema1 que tiene la capacidad de
es aquel que satisface las necesidades de las renovarse por sí mismo o que su renovación
generaciones presentes sin comprometer las no está en riesgo (Gliessman, 1997).
posibilidades de las del futuro para atender
sus propias necesidades, mucho se ha escrito Esta definición sencilla e intuitiva implica
y discutido en relación a la sustentabilidad. que los recursos naturales: suelo, agua y bio-
No es objetivo de este artículo entrar en este diversidad (componentes o estructura del
debate teórico, sino mostrar el estado en que agroecosistema) que sirven de base a la pro-
se encuentran la agricultura española y la ducción agraria deben permanecer en bue-
andaluza evaluadas desde esta perspectiva, nas condiciones tanto en cantidad, como en
y los retos a los que se enfrentan en el futuro. calidad. Por otra parte, supone que el propio
agroecosistema tiene capacidad de proporcio-
La crisis medioambiental y socioeconómica nar los flujos de nutrientes, agua, genes, ener-
de la agricultura industrializada en el mun- gía y conocimientos necesarios (funciones del
do ha llevado a la emergencia de la Agroeco- agroecosistema) para el mantenimiento de la
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160 en la historia de Andalucía

producción agraria a tasas que permitan su lluvia característicos del clima mediterráneo,
renovación. O al menos, un buen porcenta- altibajos en la presión de una plaga, etc.), a
je de ellos. Logrando ambas cuestiones, una la vez que es capaz de combatir los rendi-
buena estructura biofísica para mantener la mientos decrecientes sin añadir cantidades
producción y un nivel alto de autonomía en crecientes de energía y nutrientes.
el abastecimiento de los flujos renovables de
energía, materiales e información, alcanzare- La resiliencia alude a la habilidad de mante-
mos un nivel de sustentabilidad elevado ya ner la productividad cuando está sujeta a una
que habremos mejorado tres atributos básicos mayor fuerza de perturbación que, puede es-
de la sustentabilidad agraria: la estabilidad, tar causada por procesos internos o externos.
la resiliencia y la autonomía (Conway, 1985 y El cambio climático sería un buen ejemplo de
1987, Marten, 1988). este tipo de perturbaciones y, como veremos
al final de este artículo, pondrá a
prueba la resiliencia de nuestros
agroecosistemas.

Por último, la autonomía se re-


fiere a la capacidad interna para
suministrar los flujos (materia-
les, energéticos, información)
necesarios para la producción.

No obstante, la satisfacción de
los atributos mencionados po-
dría ser insuficiente, ya que la
agricultura se realiza en un con-
texto socioeconómico y político
determinado que puede o no fa-
vorecer la sustentabilidad agra-
La estabilidad se refiere a la capacidad de ria. Por ello, a la hora de abordar esta cues-
un agroecosistema para mantenerse en equi- tión desde el punto de vista de la Agroeco-
librio ante las fluctuaciones del medio am- logía se considera no solo el «agroecosiste-
biente circundante (ej.: periodos de sequía- ma» como unidad de análisis, sino también
al «sistema agroalimentario» como un todo
(Gliessman, 2013). Es en esta escala en la que
Cubierta vegetal en olivar ecológico en Iznalloz (Granada).
Archivo Gloria I. Guzmán Casado.
otras variables deben ser tenidas en cuenta
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 161

para evaluar la sustentabilidad agraria, tales de los sistemas agroalimentarios, tales como
como los flujos monetarios entre el sector el agotamiento de los recursos naturales, la
agrario y el resto de la sociedad, el acceso de degradación del medio ambiente, la pérdi-
la población a alimentos sanos o el coste am- da de agrobiodiversidad, el hambre y la in-
biental del consumo de energía fósil y ma- seguridad alimentaria, la prepotencia de la
teriales en la transformación, distribución y industria alimentaria, el cambio climático, y
consumo de los alimentos. Toma fuerza aquí la pérdida de agricultores y tierras de cultivo
otro atributo básico que es la equidad en la (Gliessman, 2013).
asignación de los recursos naturales y econó-
micos. Tanto en una misma generación, entre
los ocupados en el sector agrario o entre el Podemos conceptualizar la
sector agrario y el resto de la sociedad, como agricultura sustentable como
intergeneracionalmente. Distintos aspectos aquella que es ecológicamente
cuestionan la sustentabilidad del sistema
sana, económicamente viable y
agroalimentario en los países industrializa-
dos. A título de ejemplo baste decir que a lo socialmente justa
largo del mismo se pierden entre 280-300 kg
de alimento por persona y año en Europa y En este artículo se pretende, en una primera
Norteamérica. De estos, entre 95-115 kg son parte, mostrar resumidamente algunos indi-
tirados a la basura por cada consumidor al fi- cadores que cuestionan la sustentabilidad de
nal de la cadena. La cantidad total tirada a la la agricultura española y la andaluza desde
basura por el consumidor final en los países esta amplia perspectiva. En una segunda
industrializados alcanza los 222 millones de parte, se abordará no solo la estrategia para
toneladas, cantidad similar a la producción incrementar los niveles de sustentabilidad
neta de alimentos en el África subsahariana de estas, sino también la ineludible necesi-
(230 millones de t) (Gustavsson et al., 2011). dad de adaptar la agricultura al cambio cli-
mático. Escenario este último que amenaza
Desde esta perspectiva más amplia, pode- con especial gravedad a los países medite-
mos conceptualizar la agricultura susten- rráneos y que requiere un sobreesfuerzo a
table como aquella que es ecológicamente los agricultores y ganaderos, que debe estar
sana, económicamente viable, socialmente respaldado por las políticas públicas. Por úl-
justa y económicamente viable (Reijtjes et al., timo, en un tercer epígrafe, se pretende mos-
1992). Ello implica promover la acción parti- trar el crecimiento de algunas tendencias en
cipativa en la investigación y educación con el ámbito agroalimentario que parecen ir en
un enfoque transdisciplinar, y probar solu- el sentido correcto para mejorar nuestra sus-
ciones alternativas a problemas complejos tentabilidad agraria.
La cuestión agraria
162 en la historia de Andalucía

2. BREVES APUNTES SOBRE LA INSUSTENTABILIDAD


DEL SISTEMA AGROALIMENTARIO ESPAÑOL Y ANDALUZ

Haciendo un breve recorrido histórico re- (semillas mejoradas —pero inadaptadas—,


cordemos que a partir de los años cincuen- fertilizantes químicos, plaguicidas y otros
ta, y profundizándose durante el periodo insumos) (González de Molina et al., 2005).
de la «transición democrática», el paradig- Sin embargo, también fueron apareciendo
ma que comandaba la transformación agra- señales desde finales de los sesenta relacio-
ria en España era la modernización produc- nadas con el excesivo afán productivista en
tivista, estrategia análoga a la que habían la, entonces, Comunidad Económica Euro-
seguido otros países del entorno europeo. pea, que indicaban la insustentabilidad del
La modernización agraria dio lugar a in- modelo: de orden económico (sobreproduc-
crementos notables en la productividad de ción de cereales y leche, endeudamiento de
la tierra y de la mano de obra, con el con- los agricultores, desequilibrios de rentas
siguiente aumento de la rentabilidad de entre la población urbana y rural...), social
aquellas explotaciones agrarias que habían (despoblación de áreas rurales, envejeci-
podido adoptar el modelo modernizador. miento de la población rural...) y ambiental
En España y Andalucía, estos avances no (contaminación de recursos hídricos, ero-
fueron tan significativos como en el resto de sión y pérdida de fertilidad de los suelos,
Europa, ya que la escasez y mala distribu- deterioro de la biodiversidad...). Sin ánimo
ción de las lluvias del clima mediterráneo de ser exhaustivos, en este epígrafe se abor-
limita gravemente los incrementos de pro- dan algunos de estos aspectos para el caso
ductividad de la tierra, haciendo ineficaz el español y/o andaluz que serán relevantes
paquete tecnológico de la Revolución Verde para acometer el epígrafe siguiente.

2.1. Aspectos socioeconómicos de la agricultura española y andaluza


La insustentabilidad agraria ha mostrado su rización (Gómez Benito y González, 2002)
cara más dramática en el abandono de la ac- creciente del campo español justifica la esca-
tividad agraria, primero en las zonas agrocli- sa atención que se le presta a un sector con-
máticamente más desfavorecidas en las que siderado cada vez más como residual que no
ha llevado al despoblamiento rural y, des- justifica la aplicación de grandes medidas es-
pués, en zonas de alto potencial productivo tructurales. Finalmente, hemos dejado de ser
como las vegas fluviales (vega de Granada, un país agrícola y ello se considera un éxi-
valle del Guadalquivir o del Ebro) o las huer- to, una situación a la que no se ha de volver.
tas litorales (huerta de Valencia). La desagra- Sin embargo, las actividades agrarias siguen
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constituyendo la parte esencial del metabo- el ritmo de destrucción se aceleró pasando a


lismo entre sociedad y naturaleza, forman ser del 2,4 % anual para España y del 1,45 %
parte de nuestra cultura e implican el ma- en Andalucía. En el último tramo, 1999-2009,
nejo de los agroecosistemas, que son la gran lejos de frenarse el proceso, se ha agrava-
mayoría de los ecosistemas, con el objetivo do, pasando a ser del 5,7 % en España y del
de producir alimentos y materias primas, tal 3,97 % anual en Andalucía.
y como subraya la economía convencional,
pero también servicios ambientales necesa- Gráfico 1. Evolución del número de
rios para la reproducción de las condiciones explotaciones agrarias en España y
que hacen posible las demás actividades eco- Andalucía (1962-2009)
nómicas.
3.500.000

Desde los años cincuenta hemos asistido a 3.000.000

un proceso rápido y a veces traumático de 2.500.000


industrialización, que ha hecho posible final-
mente la convergencia con las agriculturas 2.000.000

más avanzadas del mundo. El motor de 1.500.000

este cambio fundamental ha sido la implan-


tación de un modelo de crecimiento agra-
1.000.000

rio que ha primado la sobreespecialización 500.000

productiva con vistas a la competencia en 0


los mercados, la constante sustitución de 1962 1989 1999 2009

la mano de obra por máquinas o procesos España Andalucía


químicos y la subordinación del sector a
los dictados de las otras ramas de la econo- Fuente: INE (1962, 1989, 1999 y 2009).
mía. Los efectos han sido globalmente poco
alentadores para la continuidad del sector,
tanto desde el punto de vista social como La entrada de España en la Comunidad
medioambiental. Económica Europea (CEE) el 1 de enero de
1986 no fue ajena a este incremento del rit-
El gráfico 1 muestra el declive de las explota- mo de destrucción, que de hecho ocurría
ciones agrarias en España y Andalucía desde en el conjunto de los países miembros. Así,
1962 hasta 2009. Entre 1962 y 1989 el número entre 2003 y 2010 desaparecieron el 20 % de
de explotaciones en Andalucía apenas de- las explotaciones agrarias en la UE (Corselli-
creció, mientras que en España disminuyó Nordblad y Martins, 2011), profundizando
a una tasa anual del 1 %. Entre 1989 y 1999 en una crisis que cuestiona la sostenibilidad
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so de reestructuración rural,
a un ritmo del 2-3 % anual y,
de forma asociada, el medio
rural sigue perdiendo po-
blación (Copus et al., 2006).
Esto es, la diversificación
económica introducida por
las políticas de multifuncio-
nalidad no han absorbido
el desempleo generado con
la reestructuración rural o
desagrarización (Molinero,
2006), y no ha contribuido a
reconfigurar ni fortalecer el
sector agrario, sino que ha
servido para apoyar los in-
tereses de la agroindustria,
la gran distribución y las ex-
plotaciones de mayor tama-
ño, minoritarias en el medio
rural europeo (Marsden y
Sonnino, 2008).

Desgraciadamente, si vemos
la estructura de edad de los
titulares de explotación (grá-
fico 2) podemos deducir que,
si no se remedia a través de
de la agricultura europea. Las medidas pa- la implementación de políticas públicas ade-
liativas puestas en marcha a través de las cuadas, el proceso de abandono del campo
políticas de Desarrollo Rural de la Política se recrudecerá. Entre 1999 y 2009, los agricul-
Agraria Común (PAC) no han sido capaces tores de menos de 35 años han disminuido
de reponer los empleos perdidos en el proce- su representatividad a la mitad. Mientras,
los agricultores en edad de jubilación suman
Viñedo ecológico fertilizado con compost de orujo de uva
(El Puerto de Santa María, Cádiz).
ya un tercio de los titulares de explotación.
Archivo Gloria I. Guzmán Casado.
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Gráfico 2. Estructura de edad de los titulares de explotación en España y Andalucía


en 1999 y 2009
1%
España 0%
7%
4%

De 65 años o más
15% 13%
32% De 55 a 64 años
35%
De 45 a 54 años
De 35 a 44 años
22%
21% De 25 a 34 años
Menos de 25 años
24% 26%

1999 2009

0%
2%
Andalucía
6%
10%

26% 31% 16%


18%

23% 23%
21%
24%

Fuente: INE (1999 y 2009).

El principal motor de la pérdida de explo- de sectores económicos. El gráfico 3 muestra


taciones es la inequidad en el intercambio la evolución de la renta agraria en España a
económico entre el sector agrario y el resto precios corrientes y constantes entre 1990 y
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166 en la historia de Andalucía

2012. Puede verse que después de una pe- Gráfico 3. Evolución de la renta agraria
queña reducción en los primeros años, la en España (base 1990)
primera sigue una tendencia alcista hasta
2003, año a partir del cual sufre una caída
200

que ocasiona una disminución notable de la


renta agraria en términos constantes, situán-
dose en 2012 en un valor cercano al 75 % del 150
valor que presentaba 22 años antes. No es de
extrañar, por tanto, que haya pocas personas
candidatas a ingresar en la actividad agraria.
100

La caída de la renta agraria tiene que ver por


un lado con la creciente dependencia de in-
sumos externos adquiridos para producir, Renta Agraria (p. corrientes)
Renta Agraria (p. constantes)
que no son acompañados por un incremento 50

del rendimiento, ni de los precios del pro-


ducto. La creciente dependencia de insumos
es un reflejo de que los agroecosistemas, Fuente: MAGRAMA (2013a).
fuertemente degradados sus componentes
(suelo, agua y biodiversidad), han sido pro-
gresivamente incapaces de suministrar los En los últimos años, la inviabilidad econó-
flujos de energía, materiales e información mica del modelo productivista está llevando
que eran la base de la producción. Este as- a los agricultores a buscar alternativas alen-
pecto puede ser ampliado en González de tadoras que tratan de recomponer la estruc-
Molina et al. (2005). tura de los agroecosistemas e incrementar la
autonomía de los mismos, tal como veremos
El gráfico 4 muestra el índice de precios per- en el último epígrafe. Sin embargo, en una
cibidos y pagados por los agricultores espa- perspectiva negativa se observa también un
ñoles en los últimos años. En el periodo que abandono de ciertas tareas de mantenimien-
representa (2000-2011), los precios percibidos to que requieren mano de obra y de la repo-
apenas han crecido un 10 %, mientras que los sición de la fertilidad para ahorrar costes,
precios pagados se han incrementado en tor- que puede ahondar la degradación de los
no al 45 %. agroecosistemas, ya muy dañados.
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Gráfico 4. Evolución del índice de precios


percibidos y pagados por los agricultores
en España (base 2000)

150

Precios percibidos
P. pagados (gastos corrientes)
140

130

120

110

100

Tomate «morao» de la Vega de Granada. La agricultura


ecológica está contribuyendo a la recuperación y
mantenimiento in situ de nuestros recursos fitogenéticos.
Fuente: INE (2013).
Archivo Gloria I. Guzmán Casado.

3. ASPECTOS MEDIOAMBIENTALES DE LA AGRICULTURA ESPAÑOLA Y ANDALUZA

Tras no pocos años de considerar la agricul- La escasez de precipitaciones y, consecuencia


tura como la principal causa del atraso de de ella, de nutrientes, condicionaron desde
la economía andaluza, las transformaciones el principio la producción y la productividad
experimentadas en las últimas décadas han de la agricultura andaluza. El material gené-
desmentido lo que fue casi un mito identita- tico importado, de mayores rendimientos, no
rio conformador de lo andaluz. El enfoque pudo adaptarse ante las carencias de agua y
atomista del análisis económico ha impedido fertilizantes. Pese a que este esfuerzo de adap-
entender las peculiaridades de nuestro medio tación tecnológica fue notable, desmintiendo
ambiente físico-biológico y sus posibilidades el enraizado tópico del estancamiento agrario,
de adaptación a los paquetes tecnológicos hasta que no se logró articular un mercado fí-
que jalonaron el crecimiento de la producción sica y económicamente y pudieron importarse
agraria en los países del noroeste europeo. grandes cantidades de energía y materiales y,
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168 en la historia de Andalucía

gracias a ello, movilizar el agua y los nutrien- ficiales y de elevación de las subterráneas,
tes imprescindibles, recreando incluso las con- junto con la aplicabilidad del nuevo paquete
diciones edafoclimáticas más favorables, no se tecnológico propio de la llamada «revolución
pudo «superar» el peso abrumador de los fac- verde», hicieron posible la industrialización
tores limitantes citados y «alcanzar» los están- del campo y la superación del aparente atraso
dares productivos de los países y agriculturas histórico de la agricultura andaluza. Sin em-
más avanzadas del mundo. La disponibilidad bargo, este logro ha tenido un coste ambiental
y acceso a grandes cantidades de energía, la elevadísimo (González de Molina y Guzmán,
posibilidad de regulación de aguas super- 2006, González de Molina et al., 2005).

3.1. La pérdida de la biodiversidad agraria


La modernización productivista de la agricul- sustituidas en gran parte por variedades «me-
tura mundial en el siglo XX ha causado la pér- joradas» procedentes de empresas extranjeras
dida de gran parte de las variedades de culti- multinacionales, en las que frecuentemente no
vo locales, a causa de la introducción generali- figuraban cultivares autóctonos en su genea-
zada de variedades «mejoradas»2 y de cultivos logía (MAPA, 1995).
y manejos foráneos, y de la homogeneización
de los agroecosistemas a través del monoculti- El «II Informe sobre el Estado de los Recur-
vo (FAO, 1996). A finales del siglo XX algunas sos Fitogenéticos para la Alimentación y la
estimaciones afirmaban que desde principios Agricultura en España» elaborado por el
de siglo se había perdido hasta un 75 % de la Instituto Nacional de Investigación Agraria
diversidad genética de los cultivos agrícolas dependiente del Ministerio del Medio Am-
(FAO, 1993). En Grecia, por ejemplo, había biente, Medio Rural y Marino (INIA, sin fe-
desaparecido un 80 % de las variedades loca- cha) que evalúa los avances realizados desde
les3 de trigo desde 1930 (Álvarez Febles, 1996). 1996 en este ámbito, reconoce que «en los
En España la situación era similar. Según el últimos 10 años los cambios han incidido de
primer Informe Nacional sobre el Estado de forma negativa en la diversidad genética en
los Recursos Fitogenéticos en España, realiza- España», resaltando para Andalucía la pér-
do para la Conferencia Técnica Internacional dida de biodiversidad en la vid.
de la FAO celebrada en Leipzig (1996), en ce-
reales, otros cultivos extensivos (girasol, remo- Respecto a los recursos zoogenéticos, la situa-
lacha, etc.) y cítricos prácticamente el 100 % ción es igualmente muy preocupante. Según
de las variedades cultivadas eran ya «mejo- la FAO (2010) existen 6.536 razas ganaderas
radas». Igualmente, las variedades hortícolas en el mundo, siendo la región de Europa y el
locales con destino al comercio habían sido Cáucaso la que acumula mayor cantidad de
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ellas. A nivel mundial, el 9 % de las razas se peratura, poblaciones de plagas y enferme-
considera extinta y el 20 % (1.491 razas) está dades, etc.). Fuera de estas condiciones idea-
en peligro de extinción. De otro 36 % se desco- les, estas variedades y razas «mejoradas»
noce la situación, y solo el 35 % restante se en- son muy vulnerables y poco productivas.
cuentra sin peligro. En términos relativos, la
proporción más elevada de razas clasificadas
en peligro se encuentra en Europa y el Cáu-
Los sistemas de mejora modernos
caso (28 % de las razas de mamíferos y 49 % actúan sustractivamente sobre el
de las de aves) y América del Norte (20 % de acervo genético de las variedades y
las razas de mamíferos y 79 % de las de aves). las razas
La razón fundamental para liderar este in-
deseable ranking es que son las regiones que Por tanto, el problema de la erosión genética
cuentan con una industria pecuaria más es- no se manifiesta solo en la pérdida de un nú-
pecializada e intensiva, en que la producción mero dado de variedades o razas, sino que
está dominada por un número reducido de afecta a la estructura genética de los cultivos
razas. En términos absolutos, sin embargo, es y el ganado restantes. Esto es, en general,
la región de Europa y el Cáucaso la que apor- una variedad local es mucho más diversa
ta el mayor número de razas extintas (520) y genéticamente que una variedad comercial.
en peligro (1.105), con amplia diferencia sobre Así, mientras el agricultor tradicional ma-
las demás regiones. neja variedades que son cada una de ellas
«poblaciones» de individuos diferentes, la
Las variedades y razas locales son vitales inmensa mayoría de las variedades comer-
para mejorar la sustentabilidad agrícola por- ciales son individuos muy parecidos o idén-
que los sistemas de mejora utilizados tradi- ticos. En este extremo están los híbridos (la
cionalmente por los agricultores actuaban mayoría del maíz, hortícolas y otras especies
aditivamente creando una mayor diversidad cultivadas en España), que son variedades
genética y, por lo tanto, una mejor adaptación que proceden de parentales que han sufrido
a situaciones cambiantes del medio. Por el procesos de endogamia recurrente hasta casi
contrario, los sistemas de mejora modernos reducirlos a la total homogeneidad genética.
actúan sustractivamente sobre el acervo ge-
nético de las variedades y las razas, creando Por esta elevada diversidad biológica y gené-
organismos muy bien adaptados a un rango tica, las variedades y razas locales ofrecen a
estrecho de condiciones, por lo que el éxito los agricultores protección natural contra la
de su crianza dependerá en gran medida de vulnerabilidad que procede de estrés biótico
la capacidad que tengamos de controlar los (plagas y enfermedades) y abiótico (clima,
cambios en el medio (agua, nutrientes, tem- problemas de suelo, etc.); y es imprescindible
La cuestión agraria
170 en la historia de Andalucía

para la seguridad alimentaria, contribuyen- empleados para que los agricultores tengan
do a una producción eficiente de alimentos, que adquirir en el mercado todos los años las
forraje y materiales genéticos de gran valor semillas a precios desorbitados.
ambiental (FAO, 1996). Estar adaptadas a
sistemas de producción que requieren muy En definitiva, la sustitución de variedades y
pocos aportes de insumos externos al propio razas locales, piedra angular de la Revolución
agroecosistema, les permite mantener un ren- Verde y la modernización agraria, no solo
dimiento relativamente alto a través del tiem- incrementa peligrosamente el riesgo para la
po sin necesidad de grandes inversiones. Al producción mundial de alimentos, ante con-
contrario que las variedades o razas foráneas diciones medioambientalmente cambiantes,
mejoradas que presentan una intensa depen- sino que ha generado una brutal dependencia
dencia de insumos externos (fertilizantes, pla- de la agricultura hacia otros sectores de la eco-
guicidas, hormonas, antibióticos, etcétera). nomía, elevando los costes de fuera del sec-
tor hasta hacerla inviable económicamente.
En el caso extremo de los híbridos, su des- El desarrollo de los transgénicos es la última
cendencia no es viable para el cultivo. Este vuelta de tuerca en este proceso de industria-
y otros mecanismos (naturales y legales) son lización de la agricultura.

3.2. La degradación de los suelos


La desertificación es una amenaza especial- cialmente sobresalientes los problemas de
mente seria en áreas mediterráneas, donde erosión hídrica, degradación física y degra-
más del 60 % del territorio es vulnerable a la dación biológica. La erosión hídrica afecta
degradación del suelo (Zalidis et al., 2002). a la mayor parte de la agricultura andaluza
que se sitúa en ladera, siendo especialmen-
te preocupante en el olivar por la superfi-
Los suelos agrarios andaluces sufren cie que este cultivo ocupa. Históricamente
procesos de degradación alarmantes, ha tenido su mayor desarrollo durante las
siendo especialmente sobresalientes décadas en las que el mantenimiento del
los problemas de erosión hídrica, suelo desnudo con herbicidas, sin laboreo,
se ha impuesto. Este modelo de manejo
degradación física y biológica
que se promovió desde las multinacionales
fabricantes de los herbicidas, parcialmen-
Con grave riesgo de desertificación, los te con el apoyo de la investigación públi-
suelos agrarios andaluces sufren procesos ca andaluza, ha generado más pérdida de
de degradación alarmantes, siendo espe- suelo que el laboreo tradicional, aunque el
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una visión desde la agroecología 171

laboreo también generó pérdidas de suelo tásico empleado por hectárea de superficie
insostenibles, sobre todo cuando el cambio labrada andaluza desde 1976 hasta la actua-
tecnológico permitió mover mayor volu- lidad. Puede verse por una parte, el gran in-
men de tierra (Vanwalleghem et al., 2011). cremento en el uso de fertilizante que se pro-
Estos autores cuantifican para los olivares dujo a finales de los 80. De hecho, entre 1981 y
estudiados una pérdida de entre el 29-40 % 1991 la aplicación de fertilizante nitrogenado
del perfil del suelo, que ocurre fundamen- por hectárea se duplicó. También se percibe
talmente a partir de los años 70. Hay que en dicha gráfica lo sensible de este consumo
tener en cuenta que los horizontes super- ante las subidas de precio del petróleo. A
ficiales son los más fértiles, lo que signifi- principios de los años 80 cayó el consumo por
ca que para mantener los rendimientos ha la fuerte elevación del precio del petróleo, y
habido que adicionar progresivamente más a partir de 2007 se inicia de nuevo el declive,
fertilizante y agua. en un escenario de recesión económica y, de
nuevo, fuerte encarecimiento del petróleo. La
El gráfico 5 muestra el incremento de ferti- gran dependencia de un recurso del que care-
lizante químico nitrogenado, fosfórico y po- cemos, nos hace muy vulnerables.

Gráfico 5. Índice de fertilizante químico nitrogenado, fosfórico y potásico aplicado por


hectárea de superficie labrada en Andalucía (año base = 1976)

200

150

100

50

Nitrógeno P2O5 K2O


0

Fuente: elaboración propia a partir de Unicaja (1996), CMA (1998), ANFFE (2013) e INE (1982, 1989, 1999, 2009).
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172 en la historia de Andalucía

La degradación física y biológica está rela- biocidas han dañado a los macro y microor-
cionada con el exceso de laboreo, el esca- ganismos del suelo, degradándolo biológica-
so aporte de materia orgánica al suelo y la mente. Un suelo degradado desde el punto
utilización de plaguicidas, principalmente de vista biológico es incapaz de realizar un
herbicidas y desinfectantes de suelo. Los reciclaje efectivo de nutrientes y energía, ya
fertilizantes de síntesis industrial cuya cur- que este depende del buen funcionamiento
va de crecimiento observamos en el gráfico de las cadenas tróficas y es incapaz de regu-
5, han sustituido casi por completo a los fer- lar de forma natural las poblaciones de pla-
tilizantes orgánicos que tradicionalmente gas y enfermedades edáficas.
se empleaban en la agricultura (legumino-
sas como fijadoras de nitrógeno, estiércol, En definitiva, la degradación de los suelos an-
residuos de cosecha u otros subproductos daluces tiene cuatro consecuencias inmediatas:
orgánicos). Esta sustitución, unida al uso de
herbicidas que apenas permite el crecimien- 1. Son sistemas a los que de forma creciente
to de hierbas, junto con el laboreo que acele- hay que aportar nutrientes para mantener
ra la descomposición de la materia orgánica los rendimientos productivos, ya no solo
acumulada anteriormente, ha sido nefasta nitrógeno, fósforo y potasio, sino cada vez
para la calidad de nuestros suelos. Ha dado más micronutrientes, que han sido tam-
lugar tanto al empeoramiento de las pro- bién agotados.
piedades químicas (la materia orgánica son 2. Son suelos menos capaces de suminis-
nutrientes que se liberan lentamente), como trar agua a los cultivos.
físicas. Los suelos han perdido la estructura 3. Son sistemas incapaces de reacomodar
y se han compactado, dificultando la infiltra- los residuos generados, por lo que se con-
ción de agua y su acumulación en el suelo, vierten en fuentes de contaminación.
así como la aireación. Por último, la falta 4. Son sistemas más vulnerables al ataque
de materia orgánica y el uso continuado de de plagas y enfermedades.

3.3. El problema del agua


El incremento del consumo de agua ha teni- labrada. Veinte años más tarde, la superficie
do una importancia decisiva en la moderni- irrigada alcanzaba ya la cifra de 530.000 ha,
zación agraria en Andalucía. Sin este recurso, un 13 % de las tierras cultivadas. En 1984,
la respuesta de los cultivos al aumento de los el regadío, cuyo avance era constante, esta-
insumos es mínima. A mediados del siglo, en ba ya presente en 647.000 ha, un 16 % de los
1954, el regadío andaluz apenas se extendía terrenos ocupados por los cultivos. En las
a 300.000 hectáreas, un 6 % de la superficie dos décadas posteriores (años 1984 a 2002)
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 173

el incremento de la superficie ha manteni- de agua que han protagonizado las Admi-


do un notable ritmo, situándose en 892.969 nistraciones públicas, dada la envergadura
ha la superficie ocupada por el regadío en de las inversiones, y en menor medida la ini-
el año 2002, lo que representaba un 25 % de ciativa privada. Dicha expansión ha venido
la superficie labrada. En 2010, la superficie del aumento de la superficie irrigada, pero
regada fue de 1.106.394 ha, el 35 % de las tie- también de la consolidación de las dotacio-
rras labradas (CAP, 2011). En 2008, el regadío nes de riego que han permitido no solo cul-
aportaba el 63,3 % del empleo agrario y el tivar intensivamente en zonas tradicional-
63,8 % de la Producción Final Agraria de An- mente de secano, sino introducir cultivos de
dalucía (CAP, 2011). mayor valor añadido y ciclos veraniegos que
la precariedad estival de los riegos tradicio-
Estas simples cifras dan idea de la importan- nales hacía imposible. Ello es evidente sobre
cia que la irrigación, esto es, la eliminación todo en las zonas litorales donde el cultivo
de los déficits estructurales de humedad que forzado bajo plástico ha experimentado un
padecen nuestros agroecosistemas, ha teni- crecimiento espectacular tanto en superficie
do en el proceso de industrialización de la como en participación en la producción agrí-
agricultura andaluza y, en definitiva, de la cola. Sin un aumento considerable en las do-
evolución última del sector. La clave ha resi- taciones de agua, dicha expansión hubiese
dido en la continuada expansión de la oferta sido imposible (tabla 1).

Tabla 1. Evolución de la capacidad de embalse y de agua embalsada (Hm3)

Cuenca del Guadalquivir Cuenca del Sur


Año
Capacidad Índice Embalsada Índice Capacidad Índice Embalsada Índice
1970 4.392 100 2.201 100 220 100 128 100
1980 5.061 115 2.633 120 601 273 328 256
1985 5.542 126 1.892 86 794 361 161 126
1990 6.346 144 1.999 91 1.194 543 676 528
1995 8.194 187 1.911 87 1.159 527 256 200
2000 8.781 200 4.028 183 1.113 506 471 368
2005 8.801 200 3.555 162 1.041 473 273 213
2007 7.149 163 2.523 115 1.041 473 264 206

Fuente: CAPM, 2012.


La cuestión agraria
174 en la historia de Andalucía

La capacidad de embalse (ver tabla 1) se Gráfico 6. Evolución histórica de los rega-


duplicó entre 1970 y 2000 en la cuenca del díos andaluces por origen del agua de riego
Guadalquivir. En el caso de la cuenca del (CAP, 2011)
Sur, la capacidad de embalse se ha multi- superficie en riego (miles Ha.)
plicado por 5 en el periodo considerado.
Precisamente en esta última se han concen- 1.200

trado la mayoría de las inversiones públicas


1.000
y los cultivos bajo plástico. Sin embargo, el
aumento espectacular de las aguas someti- 800
das a regularización ha chocado con el régi-
men irregular de las precipitaciones, de tal 600

manera que el crecimiento de la capacidad


de embalse no ha supuesto un aumento
400

paralelo del agua embalsada, que incluso 200


cae en los períodos más graves de sequía
respecto a 1970. La dificultad de encontrar 0
1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010
enclaves adecuados para realizar nuevos
Total regadíos en Andalucía
pantanos, ya que nuestras cuencas están al- Regadíos con agua superficial
tamente intervenidas, el alto coste de estas Regadíos con aguas subterráneas

Todo ello ha determinado una expansión


El incremento del consumo de continuada de la demanda hídrica (ta-
agua ha tenido una importancia bla 2), que ha crecido en conjunto en un
decisiva en la modernización agraria 33,7 % desde 1986. Ciertamente, ha sido la
demanda urbana la que más ha crecido en
en Andalucía
términos relativos como consecuencia del
aumento de la población, del consumo per
infraestructuras, y su relativamente baja efi- capita y de las actividades turísticas, pero
cacia en captar el agua, han llevado al creci- en términos absolutos ha sido la demanda
ente uso de las aguas subterráneas (gráfico agraria la que ha crecido más, aumentando
6). Las aguas subterráneas han aumentado su participación en términos relativos en el
su participación en la oferta, al pasar de conjunto de la demanda hídrica, de la que
poco más del 20 % del total en 1978 a su- supone ya casi el 82 %.
poner el 26 % en 1998 y al 37 % en 2008.
Montones de compost de alperujo en la cooperativa Nuestra
Sra. de los Remedios (Noguerones-Alcaudete, Jaén).
Archivo Gloria I. Guzmán Casado.
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 175

Tabla 2. Demanda de agua en Andalucía en 1986 y 2007

Demanda 1986 2001 2007 Variación


global Hm 3
% Hm 3
% Hm 3
% %

Agraria 3.524,5 76,7 4.393 78 5029,5 81,9 42,7

Urbana 645,9 14,1 821 14,5 865,9 14,1 34,1

Industrial 423,5 9,2 452,9 8 202,7 3,3 -52,1

Otros 43 0,7

Total 4.593,9 100 5.666,9 100 6141 100 33,7

Fuente: elaboración a partir de CAP (2011).


La cuestión agraria
176 en la historia de Andalucía

En principio, el regadío disminuye el riesgo máximo para el agua de consumo humano.


de perder las cosechas en los años de sequía, Muy preocupante es la situación de la cuenca
manteniendo más estable la producción e in- del Guadalquivir, ya que afecta a la mayoría
crementando la sustentabilidad. Sin embargo, de la región andaluza. La media de las 244
el proceso analizado está afectando negativa- estaciones de muestreo en esta cuenca supera
mente a la cantidad y calidad de agua dispo- este límite continuadamente. Este nitrógeno
nible para la sociedad, en la actualidad y para procede básicamente del lavado de nitrógeno
el futuro. En cuanto a la calidad, el mayor químico aplicado como fertilizante. Proble-
problema se da con la contaminación por ni- mas recurrentes se generan por acumulación
tratos y productos fitosanitarios (herbicidas, de nitratos y plaguicidas en los embalses y
insecticidas, etc.) en las aguas, tanto subte- aguas subterráneas que obligan a suspender
rráneas como superficiales. A título de ejem- el suministro a la población en distintas co-
plo, el gráfico 7 muestra la contaminación de marcas de Andalucía. La descontaminación
aguas subterráneas por nitratos en Andalucía. tiene un importante coste económico, que se
El nivel de 50 mg/l de nitratos está fijado por une al de suministro de agua potable por vías
la Organización Mundial de la Salud, como alternativas, más caras.

Gráfico 7. Evolución del contenido de nitratos en aguas subterráneas de las distintas


cuencas andaluzas
Entre paréntesis aparece el número de puntos de muestreo

100

Atlántica Andaluza (102)


Tinto-Odiel-Piedras (42)
80
Guadalete-Barbate (79)
Guadalquivir (244)
60 Mediterráneo (185)
Segura (13)

40

20

0
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010

Fuente: CAPM, 2012.


La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 177

En cuanto a la cantidad, la sobreexplotación de sión desde cada vez mayores profundida-


muchos acuíferos de Andalucía que reciben me- des. El coste energético de la extracción
nos agua de la que se extrae, disminuye la dota- de cada m3 de agua es cada vez mayor y,
ción de agua disponible para el futuro, ponien- aunque suele estar subvencionado, tam-
do en peligro la sustentabilidad de la expansión bién es creciente el coste para el agricul-
del regadío realizada en los últimos años. En la tor conforme se incrementa el precio de la
costa el problema se complica, ya que el déficit energía. Así, un estudio realizado en diver-
de recarga de los acuíferos provoca la intrusión sas comarcas andaluzas muestra que para
de agua marina en los mismos, con lo que el producir la aceituna necesaria para obtener
agua al salinizarse pierde la calidad necesaria un litro de aceite, en un olivar de secano, se
incluso para el riego. Pero también la capacidad invierten 30 megajulios de energía no reno-
de embalse está disminuyendo debido a la col- vable, mientras que para obtener la misma
matación de los pantanos por las tierras erosio- cantidad de un olivar de regadío es necesa-
nadas que arrastran las lluvias hasta ellos. rio invertir 50 megajulios (Guzmán y Alon-
so, 2008). La diferencia se debe en buena
Por último, es necesario señalar que el uso parte al coste energético de la impulsión del
del agua de los acuíferos implica la impul- agua de riego

4. EL CAMBIO CLIMÁTICO: EL INVITADO INDESEADO, PERO NO INESPERADO,


QUE IMPONE EL ESCENARIO DEL SIGLO XXI

Según el Ministerio de Agricultura, Ali- La región mediterránea es uno de los llamados


mentación y Medio Ambiente (2013b), «el puntos calientes del cambio climático. Es una
cambio climático es el gran reto ambiental zona de transición entre el norte de África y
y socioeconómico del siglo XXI. Su impacto Europa central, en la que el clima es suave y
potencial es enorme, con predicciones de fal- húmedo durante el invierno y cálido y seco en
ta de agua potable, grandes cambios en las verano. De este modo, un clima árido con pro-
condiciones para la producción de alimentos cesos tropicales interacciona con otro templa-
y un aumento en los índices de mortalidad do y lluvioso. Cualquier pequeña alteración en
debido a inundaciones, tormentas, sequías las dinámicas generales de circulación atmos-
y olas de calor. Afrontarlo exige una trans- férica tiene un efecto inmediato sobre la región
formación profunda de los actuales modelos mediterránea, teniendo un impacto directo so-
energéticos y productivos, y un compromiso bre los modos de sustento de la población rural
global al más alto nivel». (Giorgi y Lionello, 2008, Metzger et al., 2006).
La cuestión agraria
178 en la historia de Andalucía

El cambio climático y sus impactos han sido volumen de agua de escorrentía que incre-
simulados a nivel europeo mediante diver- menta su potencial de arrastre de sedimen-
sos modelos climáticos. Los modelos para la tos, que acaban colmatando los embalses.
región mediterránea (p. e. Deque et al., 2005) Se entra así en un círculo vicioso, donde la
han predicho un aumento de las temperatu- baja calidad del suelo potencia los efectos de
ras y un descenso de las precipitaciones que estos eventos climáticos extremos que a su
vez empeoran la calidad y cantidad de suelo
y agua disponibles. Los eventos climáticos
Frente al cambio climático extremos también inducen un aumento en
existen básicamente dos propuestas el coste de los seguros, lo que representa un
complementarias de actuación: la impacto indirecto sobre los ingresos de los
mitigación y la adaptación agricultores.

afectarán a la calidad, cantidad y manejo Frente al cambio climático existen básica-


de los recursos hídricos (García Ruiz et al., mente dos propuestas complementarias de
2011). Esto tendrá un impacto directo sobre actuación: la mitigación y la adaptación. La
la agricultura de secano pero también sobre mitigación está relacionada con la preven-
la de regadío, que como veíamos en el ante- ción y supone la reducción de las concentra-
rior epígrafe tendría muy difícil compensar ciones de gases de efecto invernadero (GEI)
una caída de las precipitaciones con nuevas en la atmósfera ya sea mediante la reducción
infraestructuras o con extracciones de acuífe- de las emisiones o aumentando su almace-
ros ya sobreexplotados. namiento en los llamados «sumideros». Las
medidas disponibles para la mitigación del
Pero además, el cambio climático supone cambio climático se centran fundamental-
un incremento de la incidencia de eventos mente en el ahorro y uso eficiente de la ener-
climáticos extremos, tales como precipitacio- gía, el uso de combustibles que no sean de
nes intensas y concentradas. Como ya hemos origen fósil, y las políticas que ordenen los
visto, los agroecosistemas mediterráneos de- cambios en el uso del suelo, promoviendo
bido a la erosión y al mal manejo mantienen la sustentabilidad de las actividades agro-
niveles muy bajos de materia orgánica. Esto pecuarias y del sector forestal (MAGRA-
hace a nuestros agroecosistemas muy vul- MA, 2012a). El Protocolo de Kioto reconoce
nerables frente a este tipo de eventos. Los el papel clave de los ecosistemas vegetales
suelos mineralizados son más erosionables, como sumideros, incluidos los agrícolas, en
tienen menos capacidad de infiltrar y alma- la lucha contra el cambio climático por su
cenar agua, dando lugar a un incremento del capacidad de absorber CO2 atmosférico para
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 179

convertirlo en biomasa. Pero la agricultura del cambio climático, esto es, en aquellas pre-
española es actualmente una potente fuente ventivas, actualmente se incide más en aque-
de GEI y no un sumidero, como fue hasta la llas adaptativas. De fondo, implica una acep-
modernización de la agricultura. En Espa- tación de que la sociedad humana no ha sido
ña, las emisiones de GEI procedentes de la capaz de articular medidas reales que frena-
actividad agraria representaron el 11,2 % de ran el proceso. Antes, al contrario, las emisio-
las emisiones totales en 2010 (MAGRAMA, nes de GEI continúan creciendo (Fundación
2012a), pero ello solo se refiere a la produc- REPSOL, 2012). Por otro lado, la adaptación
ción, no al sistema agroalimentario en su delega en las sociedades locales la toma de
conjunto. Según Infante y González de Mo- medidas para minimizar los daños. Esto es,
lina (2011), la producción agraria supone el en función de las condiciones climáticas y
34 % de la energía primaria total consumida económicas locales, los agricultores de todo
en el sistema agroalimentario, pero el proce- el mundo han de dar pasos cada nuevo ciclo
samiento y embalaje consumen casi el 21 %, anual para adaptarse al cambio climático in-
el transporte el 17 % y en el punto de venta y troduciendo modificaciones en el manejo si
los hogares se consume el 28 % restante. Por quieren protegerse de los efectos del cambio
tanto, las emisiones del sistema agroalimen- climático aceptablemente. Ante esta situa-
tario son muy superiores, y evidencian la in- ción los agricultores andaluces se encuen-
sustentabilidad del modelo en su conjunto. tran en una situación muy delicada, pero es
posible introducir mejoras y, de hecho, han
Por otro lado, se encuentran las medidas de empezado a dar pasos para incrementar la
adaptación. Si hace unas décadas se hacía sustentabilidad de sus explotaciones, como
más hincapié en las medidas de mitigación veremos en el epígrafe siguiente.

5. LA TRANSICIÓN AGROECOLÓGICA DE LA AGRICULTURA ANDALUZA

En la Unión Europea, la más consistente im- ha en dicho año (Willer et al., 2013), de las
plementación de la estrategia agroecológica que casi un millón se encuentran en Andalu-
es la llamada Agricultura Ecológica (AE), cía (gráfico 8). De esta superficie solo el 2l %
que alcanzaba los 9,5 millones de hectáreas se dedica a cultivos en esta región, el resto es
en 2011 (5,4 % de la SAU). España lidera esta aprovechamiento del bosque y pastos (MA-
transformación con más de 1,6 millones de GRAMA, 2012b).
La cuestión agraria
180 en la historia de Andalucía

Gráfico 8. Evolución de la superficie y las explotaciones de agricultura y ganadería


ecológica en Andalucía

1.200 12

1.000 10
Superficie (000 ha)

Explotaciones (000)
800 8

600 6

400 4

200 2

0 0
1992 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011

Fuente: MAGRAMA (varios años).

La AE no emplea fertilizantes de síntesis gran medida de la calidad y cantidad de los


industrial, así que los agricultores deben aportes orgánicos (Aguilera et al., 2013a). Por
basarse en fuentes orgánicas de nutrien- ejemplo, diversas investigaciones en olivares
tes (estiércol, residuos de cosecha y de la andaluces han puesto de manifiesto que el
agroindustria, leguminosas, etc.). El uso de picado de los residuos de poda, el uso como
este tipo de fertilizantes implica que el sue- enmienda orgánica del compost de alperujo
lo recibe una cantidad mayor de materia y el mantenimiento de cubiertas vegetales
orgánica que en sistemas convencionales. en el olivar incrementa significativamente
Esto promueve la acumulación del carbono la materia orgánica edáfica de sus suelos y
orgánico, generando un efecto sinérgico de retira CO2 de la atmósfera, siendo estas prác-
adaptación y mitigación al cambio climático, ticas habituales entre los olivareros ecológi-
al aumentar la resiliencia climática al tiempo cos (Nieto Cobo, 2011, Gómez Muñoz, 2011).
que el carbono procedente de la atmósfera es Por otro lado, los fertilizantes orgánicos en
secuestrado en el suelo. Los sistemas de cul- condiciones mediterráneas contribuyen a la
tivo ecológico almacenan significativamente reducción de las emisiones directas e indirec-
más carbono que los convencionales, pero tas de óxido nitroso (N2O), un potente gas de
la magnitud de este secuestro depende en efecto invernadero (Aguilera et al., 2013b).
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 181

Los agricultores ecológicos trabajan a menu- la época de lluvias, en comparación con oli-
do con una mayor diversidad de cultivos. vares con suelo desnudo. Asimismo, las cu-
La diversificación contribuye a la resiliencia biertas vegetales en los olivares ecológicos
frente a las variaciones en el clima, princi- pueden incrementar de manera efectiva la
palmente a través de un mejor control de disponibilidad de agua durante la época es-
plagas y enfermedades, un uso más eficien- tival, siempre que sean manejadas de mane-
te de los recursos naturales y una reducción ra adecuada (Guzmán y Foraster, 2011).
de los riesgos económicos. La diversificación
puede ser considerada, por tanto, como una Por otra parte, en agricultura y ganadería
estrategia clave de la adaptación al cambio ecológicas el uso de variedades de culti-
climático. vo y razas de ganado tradicionales se está
extendiendo, siendo este sector un refugio
Formando parte de la rotación de cultivos reconocido para la conservación de la agro-
o como cultivo de cobertura en las calles diversidad (CAP, 2012). Estas variedades
de los frutales, el uso de leguminosas para y razas están mejor adaptadas a la escasez
la fijación de nitrógeno atmosférico es una de agua y la sequía, que ocurren frecuente-
práctica común en agricultura ecológica, que mente en muchas áreas mediterráneas des-
evita así el consumo de cantidades ingentes de antes del cambio climático, y que ahora
de energía fósil, ya que la síntesis industrial se espera que se incrementen en términos
de abonos nitrogenados es muy cara energé- de área, frecuencia y duración. En conjunto,
ticamente. las variedades y razas mediterráneas repre-
sentan un enorme reservorio genético, ideal
Además, las cubiertas vegetales en los fruta- para seleccionar adaptaciones específicas
les promueven mayores niveles de biodiver- en un contexto de condiciones climáticas
sidad (Cotes et al., 2009), lo que contribuye a cambiantes (Di Falco y Chavas, 2008). Ade-
la resiliencia del sistema. Desde la perspec- más las variedades locales a menudo gene-
tiva del cambio climático, las cubiertas tam- ran una mayor cantidad de residuos dis-
bién proporcionan muchos otros beneficios, ponibles para su aplicación al suelo, como
como el aumento del carbono orgánico del es el caso, por ejemplo, con las variedades
suelo (Aguilera et al., 2012a), la reducción locales de cereal. A pesar de que esas varie-
drástica en el riesgo de erosión y el aumento dades producen cosechas menores que las
en la capacidad de infiltración del agua de comerciales modernas, el balance podría
lluvia. Por ejemplo, la presencia de cubiertas cambiar con el aumento de la frecuencia de
vegetales en olivares en pendiente redujo sequías, por un lado, y con el desarrollo de
la escorrentía superficial en un 45-95  %, y la adaptación a través de métodos partici-
la erosión del suelo en un 60-98 % durante pativos de selección genética, por otro.
La cuestión agraria
182 en la historia de Andalucía

Además, la ganadería ecológica fuertemente debido a que evitan el uso de fertilizantes


vinculada al territorio a través del pastoreo nitrogenados sintéticos, cuya producción
contribuye a mermar el riesgo de incendio, es muy intensiva en energía de origen fósil.
lo que en los ecosistemas mediterráneos es Al mismo tiempo, a diferencia de las áreas
esencial para evitar el deterioro de grandes templadas, el uso de maquinaria en los sis-
áreas, cuya degradación implica menor ca- temas de cultivo mediterráneos a menudo
pacidad para almacenar CO2, ya sea en el no es mayor que en los sistemas conven-
suelo o en la biomasa. cionales (ej. Kavargiris et al., 2009, Alonso y
Guzmán, 2010). En un estudio de 78 pares de
Los setos diversificados son introducidos fre- fincas ecológicas y convencionales, Alonso y
cuentemente en las fincas ecológicas, donde Guzmán (2010) hallaron un aumento de la
se valora su capacidad para refugiar fauna eficiencia de la energía no renovable y una
auxiliar, incrementando la estabilidad y resi- reducción en su consumo en comparación
liencia de los agroecosistemas (Altieri, 1992). con sus contrapartes convencionales. En pro-
La inclusión de elementos leñosos como los medio, se emplea un 24 % menos de energía
setos y los árboles ayuda a incrementar el car- no renovable en agricultura ecológica. Por
bono acumulado en el sistema ya que almace- tanto, el uso de energía no renovable en la
nan carbono tanto en su biomasa como en el agricultura española se podría reducir consi-
suelo. Además mejoran la provisión de otros derablemente si el área dedicada a la agricul-
servicios ecosistémicos como la regulación hí- tura ecológica se incrementase, aumentando
drica. Por ejemplo, en una finca ecológica en paralelamente la autonomía de nuestra agri-
California, los hábitats riparios y los setos con cultura. No obstante, todavía hay techo para
vegetación leñosa ocupaban solo el 6 % de la incrementar el ahorro de energía no renova-
superficie, pero almacenaban el 18 % del car- ble en la agricultura ecológica a través de la
bono total, con unas tasas de infiltración de aplicación de otras tecnologías más limpias
agua en el suelo ripario un 230 % superior (fotovoltaica, biocombustibles…), disminu-
a la del suelo de los cultivos (Smukler et al., ción del laboreo, etcétera.
2010). Estos elementos también contribuyen a
la amortiguación de las variaciones en la tem- Pero, como se exponía al inicio, las propues-
peratura del suelo en las áreas circundantes, tas de la Agroecología no se restringen solo
como se observó en pastizales mediterráneos al ámbito productivo. En la comercialización
con setos de fresnos en el Sistema Central pe- y el consumo también se introducen cam-
ninsular (Sánchez et al., 2010). bios. De hecho, el crecimiento de la AE está
siendo acompañado del desarrollo de cade-
Las fincas ecológicas suelen consumir me- nas cortas de suministro de alimentos que
nos energía no renovable, principalmente permiten a los agricultores y consumidores
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 183

establecer relaciones directas en beneficio de la adaptación en un contexto de creciente


ambos (Guzmán et al., 2013). El enfoque local escasez energética mundial. La dependen-
puede reducir el consumo de combustibles cia energética española es muy elevada, lo
fósiles y de embalajes a nivel de la cadena que nos hace especialmente vulnerables
agroalimentaria, pero además incrementa el a posibles cortes de suministro o alzas de
control de los agricultores sobre la venta y precios provocados por el pico del petróleo
los precios, captando un mayor porcentaje y por los proyectados impactos del cambio
del precio de venta final. climático sobre el comercio global (Isbell,

En conjunto, la AE puede hacer una im- Ganadería de raza pajuna en una finca ecológica de Ronda

portante contribución a la mitigación del


(Málaga). Las fincas ecológicas están siendo refugio de razas
ganaderas en peligro de extinción.
cambio climático, pero también es útil para Archivo Gloria I. Guzmán Casado.
La cuestión agraria
184 en la historia de Andalucía

2006). A este respecto, existe una urgente económico más favorable. El precio dife-
necesidad de reducir la dependencia de la rencial más elevado obtenido por los agri-
energía fósil en la agricultura andaluza y cultores ecológicos tiene que ver tanto con
española, y la agroecología proporciona el mayor precio final del producto, como
un buen marco conceptual para lograr esta con la captación de un mayor porcentaje de
meta. este, a través de estrategias de comercializa-
ción en canales cortos (cajas domiciliadas,
Por último, la AE está siendo una alternati- asociaciones y cooperativas de consumi-
va económica viable para muchos agricul- dores, ventas por Internet, bioferias, venta
tores y ganaderos. La demanda de alimen- en finca y abastecimiento directo a tiendas
tos ecológicos está siendo creciente incluso especializadas y centros de consumo social
en estos últimos años de crisis (Willer et al., —colegios, hospitales...—, entre otros). Con
2013), siendo su motor la preocupación por respecto a los ingresos, cabe decir que están
la salud y el medio ambiente entre la pobla- directamente influidos por los rendimien-
ción. En España, Alonso et al. (2008) mues- tos y los precios, pero también por las sub-
tran que, de media, la AE obtiene menores venciones percibidas, ya que los produc-
rendimientos, pero precios más altos, ma- tores ecológicos europeos pueden acceder
yores ingresos, no presenta una tendencia a ayudas agroambientales específicas para
definida en los costes y obtiene un balance este estilo de manejo.

6. CONCLUSIONES

Si la cuestión agraria andaluza en la pri- El planeta encara un enorme reto en relación


mera mitad del siglo XX tuvo en su centro al cambio climático, que se espera que afecte
cuestiones sociales como la propiedad de la severamente a la productividad de la agri-
tierra, en el siglo XXI serán las cuestiones cultura, especialmente en el área mediterrá-
medioambientales las que tengan el prota- nea. La Agricultura Ecológica está basada en
gonismo. Es necesaria una Reforma Agra- la recirculación de la materia orgánica y en la
ria Verde que cuestione y cambie no solo el biodiversidad, dos estrategias que contribu-
modelo de producción, sino también el de yen al mantenimiento y mejora de la fertili-
la transformación, la distribución y el con- dad del suelo y a la resiliencia del agroecosis-
sumo para alcanzar una agricultura anda- tema. Estos dos principios básicos, junto con
luza más sustentable desde una perspectiva el ahorro asociado en combustibles fósiles,
agroecológica. ofrecen un amplio potencial para promover
La cuestión agraria en el siglo XXI:
una visión desde la agroecología 185

el éxito de las medidas de mitigación y adap- lógica debido a la excesiva convencionaliza-


tación al cambio climático en la agricultura ción de una parte importante de este sector,
mediterránea. que reproduce esquemas de la agricultura
industrializada. Principalmente, por no
La Agricultura Ecológica combina estrate- recomponer los flujos internos de energía,
gias de producción y comercialización di- materiales e información, siendo depen-
versificadas al modo tradicional, con habi- diente del mercado de insumos orgánicos y
lidades y tecnologías innovadoras, mezcla por reproducir el modelo de comercializa-
que le confiere un gran potencial para incre- ción en canales largos, lo que puede tener
mentar la sustentabilidad agraria en todos consecuencias muy negativas para su viabi-
sus atributos. Aunque también se señalan lidad económica, disminuyendo también su
riesgos en el proceso de transición agroeco- potencial transformador.
La cuestión agraria
186 en la historia de Andalucía

NOTAS

1  La aplicación del corpus teórico y metodológico de la ecología a la agricultura es


relativamente reciente (Hecht, 1991), pero ha sido trascendental para el surgimiento
de la Agroecología. El concepto de agroecosistema surge de la aplicación del concep-
to de ecosistema, empleado por los ecólogos, al estudio de la agricultura. Al igual
que en los ecosistemas naturales, el agroecosistema se concibe como el «arreglo de
componentes o elementos bióticos y abióticos conectados entre sí (estructura) que
toman parte en procesos dinámicos (funciones) de forma que actúan como una uni-
dad». Lógicamente, existen diferencias importantes entre unos y otros; por ejemplo,
en los agroecosistemas la cosecha de alimentos hacia la sociedad implica flujos de
energía y nutrientes más abiertos que en los ecosistemas naturales. Igualmente, en
los agroecosistemas la alteración humana de la dinámica de poblaciones, aunque
solo sea a través de la siembra, es muy alta. A pesar de estas diferencias, la aplicación
del concepto ha sido crucial, porque es a este nivel de jerarquía donde aparece la
sustentabilidad como propiedad emergente (Gliessman, 1997).
2  Se conocen vulgarmente como variedades «mejoradas» a aquellas que son re-
sultado de la aplicación tecnológica de los avances de la genética a la obtención de
variedades de cultivo. Especialmente a aquellas obtenidas a partir de 1945 como fru-
to de la llamada Revolución Verde. Me he permitido la licencia de entrecomillar tal
adjetivo, por lo que tiene de pretencioso, al suponer que estas variedades, obtenidas
con tales métodos, sin duda eran mejores que aquellas de origen campesino. Sin em-
bargo, según la FAO y el IPGRI (2001) «las variedades mejoradas, también llamadas
de alto rendimiento, tienen el potencial genético de aumentar la producción de co-
secha solo bajo condiciones de altos aportes de nutrientes y agua; razón por la que
también se les podría denominar variedades de alta respuesta, ya que se da un cambio
en la producción de la biomasa del estado vegetativo a las partes reproductivas (in-
cremento en el índice de cosecha), no cambiando básicamente la cantidad total de
biomasa producida. Como resultado, se requirió del incremento en el uso de ferti-
lizantes químicos, pesticidas, herbicidas, así como sistemas de irrigación intensiva,
con implicaciones para el medio ecológico, tal como cambios en la fertilidad de los
suelos, toxicidad y salinización de los mismos, desertificación y otros problemas de
uso y manejo del agua disponible, y además erosión genética». Por tanto, es cuestio-
nable el epíteto.
3  Las variedades o razas locales también aparecen en la literatura como tradicio-
nales o antiguas.

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