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LOS HOMBRES EMPEZARON A MORIR

Se dice que Mawu creó el mundo antes que al hombre. Antiguamente el


hombre no vivía sobre la tierra, el hombre vivía con Mawu y era una criatura
que Mawu criaba como nosotros criamos ahora corderos o gallinas. Mawu creó
al hombre como un animal que vivía con él.
El primer vudú que vino a la tierra fue Bosikpon. Bosikpon vivía en la
selva, sobre las copas de los árboles, y era amigo de Mawu al que solía visitar
con frecuencia pasando con él largas temporadas hasta que se cansaba y
regresaba a la tierra.
Poco tiempo después de crear a los hombres, Bosikpon vino a saludar a
su señor y le llamó la atención esas criaturas que Mawu acababa de crear. Se
quedó un rato contemplándolos y salió encantado por su manera de
comportarse y de jugar. Le gustaron tanto que pidió a Mawu que le diese
alguno de ellos para llevárselos a la tierra y le hiciesen compañía.
Mawu le contestó que los hombres eran criaturas de extrañas
costumbres, que le crearían muchos problemas en la tierra. Bosikpon siguió
insistiendo y argumentando que él sabría ocuparse bien de ellos, que no les
pasaría nada. Insistió tanto que al fin Mawu accedió:
—De acuerdo. Te daré lo que me pides cuando te vayas a la tierra, pero
será tu responsabilidad y no quiero que después vengas a quejarte.
Cuando Bosikpon regresó a sus dominios, Mawu le confió una pareja de
hombres que se llevó con él. Los hombres se establecieron en la tierra y
crecieron con toda normalidad. Unos años después, la mujer se quedó
embarazada y Bosikpon, preocupado, se fue a ver a Mawu y le dijo:
—Señor, uno de los animales que me diste está enfermo. Se le ha hinchado
mucho el vientre.
Mawu sonrió y le dijo:
—¡Ah, ah! ¿No te dije que los hombres eran criaturas de extrañas
costumbres? ¿Te das cuenta ahora? Pero no te preocupes, eso no es una
enfermedad sino su manera de reproducirse.
Los hombres crecieron y se multiplicaron y llegaron a ser muy
numerosos sobre la tierra. Bosikpon seguía visitando a Mawu con frecuencia y
un día que se aprestaba a ir a verle, los hombres le pidieron que les trajese
herramientas cortantes para poder trabajar la tierra. Bosikpon se las pidió a
Mawu y Mawu, al dárselas, le dijo:
—Ten mucho cuidado. Ya te dije que los hombres son criaturas de malas
costumbres y pueden hacer muchas travesuras. Fíjate bien en qué utilizan
estas herramientas.

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Bosikpon cogió las herramientas y se las entregó a los hombres sin más
preámbulos, pero cuando se ausentó de nuevo de la tierra, los hombres
cortaron la hierba y los árboles donde vivía el vudú. Amontonaron la leña y la
paja y le prendieron fuego. Cuando Bosikpon regresó a la tierra, su selva, sus
árboles, su vivienda y toda la vegetación de los alrededores habían
desaparecido. No quedaba nada de lo que había sido su morada. Se enfadó
mucho, pero recordó las recomendaciones que Mawu le había dado y se dijo:
—Es verdad lo que Segbo Lisa me decía; los hombres son criaturas de
malas costumbres.
Y se fue a ver a Mawu. Llegó a su casa y le explicó todo lo que habían
hecho los hombres y cómo habían destruido su casa y su selva y terminó
pidiendo un ejército para destruirlos.
—Ya te dije una y mil veces que los hombres son criaturas de malas
costumbres. Ahí tienes la prueba. Ahora me pides un ejército para
suprimirlos. Espera que lo prepare y después los capturarás y me los traerás
aquí.
Mawu protegía a los hombres y, mientras llamaba a Ananu y a sus hijos
para que organizasen un ejército, envió mensajeros a los hombres para que les
explicasen el peligro que corrían y les diesen algún consejo. Los hombres
escucharon atentamente las palabras de los mensajeros, reflexionaron y
tomaron una decisión:
—Vamos a construir una vivienda para calmar la cólera de Bosikpon. Le
vamos a hacer una choza que sea su residencia, otra para que se proteja de
la lluvia, otra para recibir a los huéspedes, otra para protegerse del sol...
El vudú no habitaría más sobre los árboles sino en chozas levantadas
sobre tierra firme. Eso hicieron y cuando Ananu llegó a la tierra con sus hijos y
su ejército, vieron que el lugar donde antiguamente vivía Bosikpon estaba lleno
de chozas. Entonces éste les dijo:
—Esperadme aquí. Esto es extraño, voy a adelantarme y ver lo que pasa.
El vudú se acercó al pueblo que habían construido los hombres y éstos
lo recibieron como a un rey. Le organizaron una solemne bienvenida, le
abanicaron, corearon su nombre y le enseñaron su nueva morada diciendo:
—Señor, hemos pensado que no está bien que vivas sobre los árboles;
debes tener una residencia digna de ti. Por eso te hemos construido estas
chozas: una será tu residencia, otra te servirá para protegerte de la lluvia,
otra para protegerte del sol, en otra recibirás a los huéspedes... No está bien
que una persona de tu dignidad viva como los pájaros.
Bosikpon se emocionó al ver lo que los hombres habían hecho por él y
les pidió que preparasen comida para Ananu y sus hijos que iban de camino

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hacia la casa de Segbo Lisa. Todos comieron en abundancia y Bosikpon se fue
con Ananu a ver a Mawu y le dijo:
—Señor, ya no voy a destruir a los hombres. Estaba equivocado con ellos.
Creía que eran malos como tú me dijiste, pero son criaturas de buenas
costumbres. Ahora los conozco mejor.
Mawu volvió a sonreír y concluyó diciendo:
—Bosikpon, a pesar de todo lo que dices, ten mucho cuidado no vaya a ser
que te hagan una nueva fechoría.
—Es posible que tengas razón, Señor. Pero en el caso de que alguno
muestre un mal comportamiento se le retirará y su lugar será ocupado por
otro que se lo merezca.
Esa es la razón por la que los hombres empezaron a morir.