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CAD, DOCUMENTOS, MC, JUNIO 2003

DOCUMENTOS
INVIERNO 2003
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CAD, DOCUMENTOS, MC, JUNIO 2003 (rev. Mar. 11)

Introducción

“Chile vive hoy la más grave crisis de su Historia”. De esta


forma, categórica, comenzaban generalmente los documentos partidarios de
la izquierda durante la Dictadura Militar. Era el preámbulo necesario para
dar comienzo a la famosa „Situación Política Nacional‟ (SIPONA). En esa
breve frase, se resumía la Crisis Nacional existente en nuestro país.

Lamentablemente, la “Grave Crisis” luego se transformaría en la


“Grave Crisis de la Izquierda”, tanto de la Tradicional como de la
Revolucionaria. Esta Crisis Orgánica de la izquierda TODA fue fruto de la
derrota militar, política e ideológica, infligida por las fuerzas internas
sostenedoras del Sistema de Dominación, con apoyo Internacional,
principalmente durante 1986.
Esta capitulación se expresó, entre otras formas, en: Desarticulación
de los referentes Revolucionarios; resurgimiento de las posiciones y
prácticas Reformistas; y en la adopción de políticas y prácticas propias de
los enemigos de clase, por parte de dirigentes y militantes de la izquierda
en su conjunto (utilizamos el concepto de ‟izquierda en su conjunto‟ para
referirnos a la izquierda tradicional y a la izquierda revolucionaria).
En el campo ideológico, la derrota ha sido casi total. Se utilizan las
categorías y vocabulario de las clases dominantes. Se rechaza la utilización
del materialismo histórico y del materialismo dialéctico. Inclusive, se ha
escuchado decir a gente de “izquierda”: “Se debe botar al tacho de la
basura al marxismo”. Son verdaderos tiempos de confusión y claramente de
una derrota no reconvertida. La fragmentación es lo cotidiano. La Filosofía
Idealista campea con total impunidad: A es A y no puede ser B. Es decir,
por ejemplo, los trabajadores portuarios tienen sus conflictos y los
enfrentan solos, mientras el resto de los trabajadores y los sectores
progresistas sólo se dedican a comentar los sucesos. No se avanza en la
unidad de los explotados por parte del Sistema de Dominación Capitalista.
No se avanza en la articulación de un instrumento político, el cual sea capaz
de plantear un claro proyecto o plataforma de Poder y de construcción de
una nueva sociedad, que para nosotros sigue siendo de carácter Socialista y
sustentada en el Poder Popular.
La Izquierda Revolucionaria ha sido capaz de aportar al desarrollo de
la Teoría Revolucionaria. Aquí dos ejemplos: La caracterización de la
Conquista Española en América como una Empresa Capitalista y no Feudal,
como lo pretenden los reaccionarios y los reformistas; la Tipificación del
régimen surgido del Golpe Militar como una Dictadura Militar y no una
Dictadura Fascista, como todavía lo pregonan los analistas del reformismo.
Es decir, todos los militantes de la izquierda revolucionaria deben y tienen la
obligación de participar en el rearme ideológico del movimiento popular
chileno, con vistas a la elaboración de la Táctica y la Estrategia
revolucionarias que nos permitan GANAR LA GUERRA (“La lucha de clases
es siempre una guerra encubierta”, como lo expresara Miguel Enríquez).
En tiempos en que se repliega el movimiento popular y de
trabajadores del campo de esa “guerra encubierta”, no es raro ver surgir
por doquier nuevas teorías. Algunas ya viejas son remozadas, se ensayan
nuevas prácticas o se profundizan otras antiguas, se mira con fervor
3

algunos procesos que parecieran victoriosos, se cuestionan algunos


paradigmas. Sin embargo, todo ello no hace más que fortalecer al enemigo.
Aparecen, entonces, dos conceptos que han pasado a ser utilizados como
„monedas de curso legal‟ por parte de la izquierda en su conjunto:
GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO.
Demos ahora la palabra al insigne marxiano francés Louis Althusser:
“Una sola frase puede resumir la función maestra de la práctica filosófica:
„trazar una línea de demarcación‟ entre las ideas verdaderas y las ideas
falsas. La frase es de Lenin. La misma frase resume una de las operaciones
esenciales de la dirección de la práctica de la lucha de clases: „trazar una
línea de demarcación‟ entre las clases antagónicas, entre nuestros amigos
de clase y nuestros enemigos.
“La filosofía representa la lucha del pueblo en la teoría. Por otra parte ella
ayuda al pueblo a distinguir en la teoría y en todas las ideas (políticas,
morales, estéticas, etc.) las ideas verdaderas y las ideas falsas. En principio,
las ideas verdaderas sirven siempre a los enemigos del pueblo (entendemos
nosotros esta tesis en relación a que los enemigos del Pueblo monopolizan
la información y con ello controlan y determinan las prácticas políticas,
sociales, culturales e individuales, ocultando las ideas verdaderas que sólo
surgen de un análisis científico de la realidad).
“¿Por qué la filosofía pelea por palabras? Las realidades de la lucha de
clases son „representadas‟ por las „ideas‟, las que a su vez son
representadas por „palabras‟. En los razonamientos científicos y filosóficos,
las palabras (conceptos, categorías) son „instrumentos‟ de conocimiento.
Pero en la lucha política, ideológica y filosófica las palabras son también
armas: explosivos, calmantes o venenos. Toda la lucha de clases puede, a
veces, resumirse en la lucha por una palabra, contra otra palabra” (1).
Luego de ésta extensa cita de Althusser, la que nos recuerda la
necesidad de la ética y la consecuencia en relación con la elaboración
teórica que se diga revolucionaria, pasamos a exponer nuestro ensayo sobre
las implicancias de una temática que ha cobrado gran importancia en el
Chile actual y a escala mundial: ¿Asistimos al desarrollo del Neoliberalismo
o, en realidad, a una nueva fase del Imperialismo? Asimismo, debemos
abordar el concepto Globalización, que se homologa al de Neoliberalismo.

1] Un poco de Historia

Según la mayoría de los autores que utilizan el marxismo como


método de análisis, el imperialismo apareció y se desarrolló a mediados del
siglo XIX y se encontraba ya constituido y cristalizado en Sistema Mundial a
principios del siglo XX. Así pues, es natural que un estudio del Imperialismo
contemporáneo, con una óptica marxista, trate de proporcionarse
fundamentos teóricos e históricos haciendo referencia primeramente a las
obras fundamentales de los teóricos marxistas, los cuales, a principios de
siglo pasado, definieron el IMPERIALISMO COMO UNA ETAPA NUEVA EN LA
EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO.
Lenin, en su famosa obra “El Imperialismo, fase superior del
capitalismo”, demuestra, entre los capítulos I al VI del texto, que “el
incremento enorme de la industria y el proceso notablemente rápido de
concentración de la producción en empresas cada vez más grandes
constituyen una de las particularidades más características del capitalismo”
(p.732). Ya entonces puso como ejemplo a los Estados Unidos, donde cerca
de la mitad de la producción era llevada a cabo por una centésima parte de
la totalidad de las empresas o sea unas tres mil empresas gigantes, que
reinaban en 268 ramos industriales, y añadió: “de aquí se infiere
claramente que la concentración, al llegar a un grado determinado de su
desarrollo, puede decirse que conduce por sí misma de lleno al monopolio,
ya que a unas cuantas decenas de empresas gigantescas les resulta fácil
4

ponerse de acuerdo entre sí y, por otra parte esta transformación de la


competencia en monopolio constituye uno de los fenómenos más
importante, de la economía del capitalismo contemporáneo” (p.733).
Así, Lenin se hace solidario de Marx, quien, en “El Capital”, “había
demostrado con un análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre
competencia engendra la concentración de la producción, y que dicha
concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio”
(p.736). Y luego agrega que “La aparición del monopolio, al concentrarse la
producción, es una ley general y fundamental de la presente fase del
desarrollo del capitalismo” (p.736).
Mientras tanto, Nicolai Bujarin, otro conocido marxista ruso, expresa
en su texto “El Imperialismo y la Economía Mundial”, que “Hacia 1870, se
comprueba, en los países más desarrollados económicamente, un brusco
viraje frente al libre cambio que, evolucionando rápidamente de la
educación de la industria a la defensa de los cárteles, termina en el alto
proteccionismo moderno” (2). Bujarin entiende aquí por “educación de la
industria”, al proteccionismo inicial que aplicaron los Estados
industrializados para defender sus aparatos productivos.
Volviendo a Lenin, éste estudia minuciosamente la concentración
bancaria y la rapidez con que ésta se efectuó, sobre todo en Alemania, para
poner de manifiesto “cómo la concentración del capital y el aumento del giro
de los bancos transforman radicalmente la importancia de estos últimos”.
Muestra que los bancos, cuando su operación “crece hasta alcanzar
proporciones gigantescas”, se ven llevados primero a conocer la situación
de los capitalistas aislados, después a controlarlos y por último a determinar
su suerte” (p.749). Luego, sentencia: “así, pues, el siglo XX señala el punto
de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en
general a la dominación del capital financiero” (p.760). Mientras tanto,
Bujarin señala: “A esta estructura económica se encuentra ligada una
política bien definida: la política imperialista. Esta es necesario entenderla,
no solamente en el sentido de que el imperialismo es un producto del
capitalismo financiero, sino también en el de que este último no puede
hacer otra política que la imperialista. (...) El trust capitalista nacional no
puede ser partidario del libre cambio, puesto que perdería así una buena
parte de su razón de ser capitalista. Hemos indicado ya que el
proteccionismo permite obtener, de una parte, una ganancia extraordinaria,
y de otra, competir en el mercado mundial. Asimismo, el capital financiero
no puede, como expresión de los monopolios capitalistas, renunciar a la
monopolización de las „esferas de influencia‟, a la conquista de los mercados
de venta y de materias primas y a las esferas de inversión de capital. Si un
trust capitalista nacional no toma posesión de un territorio desocupado, otro
lo hace en su lugar” (3).
Lenin inaugura el fundamental capítulo IV de su obra, mediante esta
tajante afirmación: “Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el cual
dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de
mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el
monopolio, es la exportación de capitales” (p.773).
Con respecto a lo anterior, daremos un somero vistazo al proceso de
cambio en la economía, particularmente europea y norteamericana, para
comprobar la teoría de Lenin y a la vez establecer como corte histórico,
entre librecambismo e imperialismo, la segunda mitad del siglo XIX. Para
ello recurriremos a Bujarin:
“En el espacio de una sesentena de años (a partir de 1850), la
producción de hulla ha aumentado en más de catorce veces (1.320%); el
mineral de hierro, en más de doce veces (1.113%); la fundición, en tres
veces (1.266%); el cobre, en más de diecinueve veces (1.834%); el oro, en
más de trece veces (1.218%). (...) Resulta así que en un período de treinta
años (1881-1914) la producción de trigo se ha incrementado en 1,6
(+67%); la del algodón, en 2,2 (+127%); la del azúcar, en más de 3 ½
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(+261%). (...) en veinte años, de 1890 a 1911, la longitud de las vías


férreas crece en 1,71 (+71%)” (4). Luego, Bujarin pasa revista a las
exportaciones de capitales realizados por Francia, Inglaterra, Alemania y
Bélgica. Demuestra como dos Bancos alemanes controlan la actividad
económica, no sólo al interior de este país, sino que también participan en
numerosas inversiones internacionales. Estos bancos son DIE DEUTSCHE
BANK y el DISKONTO-GESELLSCHAFT. Asimismo, nos entrega ésta valiosa
información: “En Estados Unidos, dos bancos ejercen por sí solos el
monopolio: el NATIONAL CITY BANK (ROCKEFELLER) y el NATIONAL BANK
OF COMMERCE (MORGAN). Una infinidad de empresas industriales y de
bancos ligados entre sí de múltiples maneras, dependen de ellos. Se tendrá
una idea aproximada de la amplitud de las operaciones bancarias de los
grupos Rockefeller y Morgan cuando se sepa que en 1908 tenía el primero
como clientes, cuyas reservas guardaba, 3.350 bancos nacionales o
extranjeros, y el segundo, 2.757. Ningún nuevo trust puede ser fundado sin
su intervención. Es el monopolio de la producción de los monopolios” (5).
Posteriormente (pues obtuvo la materia prima de la obra de Bujarin),
Lenin expuso su famosa definición del imperialismo, que consta de estos
cinco caracteres fundamentales:
“1] La concentración de la producción y del capital ha llegado hasta un
grado tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, los cuales
desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2] La fusión del capital
bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este „capital
financiero‟, de la oligarquía financiera; 3] La exportación de capitales, a
diferencia de la exportación de mercancías, adquiere importancia
particularmente grande; 4] La formación de asociaciones internacionales
monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo; y 5] La
terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas
más importantes.” (P.799). A la par, el marxista ruso observa que existe una
severa contradicción en la nueva fase del capitalismo: Por una parte, la
fijación de precios de monopolio hace que desaparezcan hasta cierto punto
las causas estimulantes del progreso técnico, y las patentes se guardan en
los cajones hasta que su utilización resulte inevitable. Por otra parte la
posibilidad de disminuir los gastos de producción y de aumentar los
beneficios implantando mejores técnicas obra a favor de las modificaciones.
Sin embargo, añade, “la tendencia al estancamiento y a la descomposición,
inherente al monopolio, sigue obrando a su vez, y en ciertas ramas de la
industria y en ciertos países hay períodos en que llega a imponerse”
(p.p.708-709).

Resumen

La nueva fase del Capitalismo, que cristaliza a comienzos del siglo XX,
tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX. Es por ello que podemos decir
que los tres tomos de El Capital, nos describen “la acumulación originaria
del capitalismo maduro para pasar a la nueva fase Imperialista”. Esta nueva
fase posee características bien definidas: Un incremento sustancial del
sector industrial, con una producción ampliada de bienes y servicios;
crecimiento de los Bancos en proporciones gigantescas, que controlan a la
Industria y luego determinan su existencia; el predominio de la exportación
de capitales por sobre la exportación de mercancías; la continuidad de la
competencia entre los trusts y cárteles internacionales; el desarrollo de la
expoliación de los países de Africa, Asia y América.
El Estado, que en una sociedad dividida o estructurada en clases
sociales es el “factor de cohesión de la unidad de una formación [social], es
también la estructura en la que se condensan las contradicciones de los
diversos niveles de una formación. Es, pues, el lugar en que se refleja el
índice de predominio y de superdeterminación que caracteriza a una
6

formación, en una de sus etapas o fases. El Estado se manifiesta también


como el lugar que permite descifrar la unidad y la articulación de las
estructuras de una formación” (6). Desde el punto de vista marxista, la
superestructura juridico-política es el reflejo de la infraestructura
económica, por lo tanto el Estado capitalista de esta nueva fase es un
Estado que esta al servicio de los Trusts, de los cárteles. Recordemos que el
tipo de Estado, para el caso que nos importa, de carácter capitalista, es
invariable. Lo que sufre variación es la forma de régimen de gobierno,
pudiendo ser una Democracia parlamentaria, una Democracia
presidencialista o regímenes de excepción constitucional: bonapartismo,
fascismo o dictadura militar. Lenin señala: “El imperialismo y el capitalismo
financiero son superestructuras del antiguo capitalismo. Demoled la parte
superior y aparecerá el antiguo capitalismo”.
Finalmente, entregamos una definición del concepto „Fase‟: “Parece
justificado reservar la palabra „fases‟ para designar los dos grandes
momentos del desarrollo de una formación social, a saber: 1] la de sus
comienzos, es decir, la fase de transición en sentido estricto; 2] la fase de la
reproducción ampliada de la estructura. (...) Los estadios de esa formación
se refieren, no obstante, a la coexistencia real de ciertas formas
diferenciales y específicas del modo de producción capitalista „puro‟. Estas
formas abarcan „realidades económicas‟ profundamente diferentes, pues
van de la producción mercantil simple al capitalismo de Estado
monopolizador, pasando por la producción capitalista privada, la producción
capitalista social y el capitalismo monopolizador. (...) No obstante, si todas
las formas del MPC „puro‟ implican teóricamente una esfera política
relativamente autónoma de la económica, está claro que el capitalismo
privado implica un Estado no intervencionista, y el capitalismo monopolista
un Estado intervencionista” (7).

2] El Superimperialismo

Por los años en que Lenin y Bujarin analizaron el nuevo fenómeno


económico germinado desde el Capitalismo, un teórico que alguna vez fue
marxista para luego pasarse a las filas del enemigo, nos referimos a Karl
Kautsky, elaboró una teoría que hacía ver a la nueva fase económica como
algo positivo. A esta teoría la denominó “Superimperialismo”.
Dice Kautsky: “desde el punto de vista puramente económico, no está
descartado que el capitalismo pase todavía por una nueva fase: la aplicación
de los cárteles a la política exterior, la fase del ultraimperialismo, esto es, el
superimperialismo, la unión de los imperialismos de todo el mundo y no la
lucha entre ellos, la fase de la creación de las guerras bajo el capitalismo, la
fase de la explotación general del mundo por el capital financiero unido
internacionalmente (...) ¿no puede la política imperialista actual ser
desalojada por otra nueva, ultraimperialista, que en vez de la lucha de los
capitales financieros y nacionales entre sí colocase la explotación común de
todo el mundo por el capital financiero unido internacionalmente”. Sobran
los comentarios. Tanto Lenin como Bujarin expresaron que si bien los
Monopolios eran la expresión fundamental de la nueva fase del capitalismo,
era imposible la creación pacífica de un monopolio único mundial, puesto
que la competencia es una de las leyes inmanentes del capitalismo. Aunque,
luego veremos qué es lo que ha sucedido con esta temática, en el mundo
actual del 2002. De hecho, retornaremos al concepto de superimperialismo,
pero definido de otra forma.
7

3] Setenta Años Después

En la década de 1970, la nueva fase del Modo de Producción


Capitalista se encontraba plenamente cristalizada como realidad Histórica.
Muchos marxistas realizaban los análisis correspondientes y en base a estos
se construían las directrices para una estrategia revolucionaria. Aquí,
contamos con cuatro Textos para el análisis:
-“El Imperialismo en 1970”, de Pierre Jalée;
-“Ensayos sobre el Neocapitalismo”, de Ernest Mandel;
-“El Capital Monopolista”, de Paul Baran y Paul Sweezy;
-“Las clases sociales en el capitalismo actual”, de Nicos Poulantzas.
Siendo el objetivo del presente trabajo precisar que nos encontramos
en una nueva fase dentro del desarrollo del Imperialismo, fenómeno éste
último que continúa su proceso histórico, presentamos a continuación un
esbozo de las ideas principales de los autores de esas cuatro obras, las que
nos permiten dar una mejor base a nuestras tesis:
Pierre Jalée, por su parte, analiza la interdependencia existente entre
los países centrales (o Imperialistas) y los países dependientes (o
Neocoloniales). Para ello, éste autor comienza revisando la producción de
Materias Primas, situadas geográficamente en los países Neocoloniales y
que resultan indispensables para la continuidad de las políticas económicas
Imperialistas. Antes de exponer sus planteamientos sobre tal
interdependencia, digamos que Jalée demuestra, a través de diversas
estadísticas, que las Empresas Trasnacionales, apoyadas por sus Estados
respectivos, invierten mucho más en los propios países centrales que en los
periféricos. Sin embargo, nos advierte: “Me sentiría tentado casi a concluir
de todo esto que, en resumidas cuentas, el saqueo del Tercer Mundo ejerce
sólo una influencia pequeña en la economía global del imperialismo. Pero es
que todavía no se ha hecho alusión a los datos del capítulo II.
Recordémoslos y digamos en qué se resumen: la economía de los países
imperialistas, en su conjunto, habida cuenta de sus necesidades globales,
depende de las aportaciones del Tercer Mundo:
a) En una proporción muy grande, en lo que respecta a los productos
oleaginosos (cacahuates y coquito de palma, sobre todo), y en una
proporción grande en lo que concierne al caucho; b) Por lo que respecta a la
totalidad de las necesidades del cacao; c) En 1964, la dependencia
imperialista respecto del Tercer Mundo ascendía al 48% de las necesidades
de petróleo, y en 1980 alcanzará por lo menos al 65% de estas
necesidades. Las aportaciones de petróleo al Tercer Mundo, en 1964,
ascendían al 19% del total de la energía de diversas fuentes utilizadas por
los países imperialistas, y este porcentaje se elevará al 50% en 1980. El
equilibrio energético de los países imperialistas descansa en una
participación vivamente creciente de los suministros de petróleo del Tercer
Mundo (...); d) La dependencia imperialista, en lo que respecta a los
minerales de hierro, se eleva actualmente a un tercio de estas necesidades.
Crece año tras año (triplicación en 15 años); e) La dependencia imperialista
en minerales de cromo y de manganeso es casi total en lo que respecta a
las a las importaciones de diversos orígenes (Tercer Mundo+Países
Socialistas), y asciende a cuatro quintas partes por lo menos en lo que
respecta sólo al Tercer Mundo; f) En lo que toca al cobalto, la dependencia
de los países capitalistas, medida según las aportaciones del tercer Mundo,
actualmente es por lo menos de las tres cuartas partes de las necesidades,
y va en aumentando; g) La dependencia es casi total en el caso del estaño;
h) Es de cerca del 40% de las necesidades de cobre, y aumenta; i) Esta
dependencia asciende hoy a dos tercios de las necesidades de bauxita,
crece rápidamente y seguirá creciendo cada vez más (...). Para asegurar en
las mejores condiciones, desde cualquier punto de vista, los indispensables
suministros para sus necesidades de petróleo y de materias primas básicas,
8

los monopolios imperialistas controlan casi la totalidad de las fuentes


irremplazables situadas en el Tercer Mundo” (8).
Pierre Jalée, luego de analizar el Imperialismo en su conjunto; es
decir, tomando en cuenta los países centrales o imperialistas, los países del
Tercer Mundo y el Campo Socialista, llega a la conclusión de la existencia
del SUPERIMPERIALISMO NORTEAMERICANO, definición bastante alejada de
la entregada por Kautsky, pues para el autor francés este
Superimperialismo se definiría por la hegemonía lograda por el país del
Norte a través de la exportación de mercancías y la exportación de
capitales, además de la presencia en otros países centrales de empresas
productivas y financieras de capitales norteamericanos. Esta definición, en
todo caso, estaría sujeta a los efectos de las contradicciones de la propia
fase imperialista, una de las cuales, que sería la contradicción principal, es
la competencia cotidiana que se da en esta fase entre todos los monopolios
mundiales, lo que va creando un equilibrio inestable. Pero retengamos el
concepto de SUPERIMPERIALISMO, el cual ya ha recibido una nueva y más
acertada definición, pero que, con todo, no será la última.
Por último, Jalée expresa algo que nos parece de primera importancia,
y que a veces parece que olvidamos: “Entre estas contradicciones, la más
fundamental es la que resulta de la oposición entre la socialización efectiva
de la producción y la forma privada, o capitalista, de la propiedad de los
medios de producción y de la apropiación de la plusvalía. Esta contradicción
se ahonda objetivamente, puesto que, sin duda, la socialización de la
producción se extiende y se intensifica y la apropiación privada, o más
exactamente el poder que resulta de la misma, se concentra cada vez más
sin cesar. Pero esta contradicción objetiva creciente tiene poder
revolucionario sólo en la medida en que la resienten subjetivamente quienes
son sus víctimas, es decir, el conjunto de los trabajadores asalariados y,
principalmente, del proletariado. Ahora bien, esta contradicción suprema, de
claridad cegadora para quien haya leído a Marx y analice como marxista la
evolución de la sociedad capitalista, sigue siendo relativamente teórica y
abstracta para la masa de los asalariados y de la clase obrera:
La historia del movimiento obrero nos prueba que la tal
contradicción es experimentada subjetivamente tan sólo en sus
efectos concretos, y que no da origen a vastas luchas más que
cuando se traduce, sobre todo a través de recesiones o de las crisis,
en una agravación de las condiciones y de la tasa de explotación de
la clase obrera. La contradicción fundamental del capitalismo no se
advierte en su esencia, sino tan sólo a través de sus
manifestaciones sensibles más flagrantes, y la ideología
revolucionaria no nace espontáneamente en el seno del
proletariado” (9, negritas nuestras).
Hoy por hoy, cuando se discute acerca de los Sujetos Sociales, de los
Sujetos Históricos, etcétera, etcétera, se debe volver la mirada hacia la
Teoría Revolucionaria, no para decir que ya no sirve, sino para extraer lo
verdadero, lo cierto, lo útil. Y en su génesis encontraremos, una y otra vez,
la valiosa consideración expuesta por Jalée: La clase trabajadora, por su rol
en el proceso productivo, no es capaz de elaborar una teoría revolucionaria,
y la debe importar de “ideólogos de la clase obrera” (Lenin) o de
“intelectuales orgánicos” del proletariado (Gramsci), los cuales no
necesariamente provienen de la clase obrera, desde el punto de vista del
proceso productivo. Nosotros repetimos, una vez más: aquellos jóvenes de
los “80 que se la jugaron contra la Dictadura Militar y que aún mantienen en
alto la dignidad revolucionaria, que accedieron a través de los estudios a
trabajos no directos, son los encargados, junto a todos los que quieran
hacer la revolución social, de elaborar la táctica y la estrategia
revolucionarias para las luchas del presente, las cuales deben ser puestas
en práctica por un partido que tenga como objetivo central la toma del
Poder y la construcción de una nueva sociedad, que para nosotros sigue
9

siendo de carácter socialista. El PARTIDO ELABORA Y SISTEMATIZA LA


TEORÍA REVOLUCIONARIA.
Pasemos ahora a revisar el libro de los norteamericanos P. Baran y P.
Sweezy. En primer lugar, elaboran una teoría sobre los Excedentes que, en
sus palabras, es la diferencia entre lo que una sociedad produce y los costos
de esta producción. La magnitud de tal excedente es un índice de
productividad y de riqueza, de la libertad que tiene una sociedad para
alcanzar las metas que se ha fijado para sí misma. Es obvio que los
excedentes son cada vez mayores en los países imperialistas, y que deben
tener alguna salida; es decir, se debe realizar la circulación del capital. Es
por ello que para los autores, tres son los grandes sectores que permiten
absorber esos excedentes: el Gobierno, en los países imperialistas y
dominados; el gasto militar y las campañas de ventas.
De estas tres formas de absorción del excedente imperialista, que
surge principalmente de las “corporaciones gigantes” o transnacionales o
multinacionales, ambos autores aportan datos precisos de cómo operan a
favor del desarrollo de la economía monopolista. Por ejemplo, las campañas
de ventas han alcanzado niveles estratosféricos de gasto y, en relación al
gasto militar, sólo baste recordar lo ocurrido con la compra de los aviones
F-16 a EEUU por parte del Estado chileno.
La obra “El capital monopolista”, es un excelente análisis marxista,
pues engloba no sólo la esfera económica, sino que también distingue los
otros niveles de la vida social. Puntualicemos que el análisis de estos
autores, se refiere solamente a la formación social norteamericana. No
obstante, es increíble poder comparar la realidad descrita en los años “70
en EEUU y constatar, ¡30 AÑOS DESPUÉS!, que una realidad similar opera
en Chile. Como muestras, algunos botones: “Está en la esencia del
capitalismo que tanto bienes como fuerza de trabajo sean comprados y
vendidos en el mercado. En una sociedad tal, las relaciones entre los
individuos están dominadas por el principio del cambio de equivalentes, del
quid pro quo, no solamente en materia económica, sino en todos los
aspectos de la vida. (...) En el país capitalista más desarrollado una gran
parte de la población vive en una pobreza abismática mientras que, en los
países subdesarrollados, miles de millones sufren de enfermedades y
hambre porque no hay un mecanismo que efectúe un cambio de lo que
producen por lo que necesitan desesperadamente. (...) Sin poder justificar
un orden social irracional, inhumano e incapaz de responder a las urgentes
necesidades cada vez mayores que plantea, la ideología burguesa se
adhiere a conceptos anacrónicos y moribundos (...). La pretensión de la
economía de Estados Unidos de ser un sistema de „libre competencia‟ es un
caso en cuestión. En ningún tiempo la empresa fue completamente libre, en
el sentido de que cualquiera que quisiera podía empezar su propio negocio.
(...) De naturaleza similar es la incesante repetición de que el régimen
político de Estados Unidos actualmente es una democracia. (...)
Consideremos la religión, (...) El lema „Salve Jesús‟ en innumerables
carteles a lo largo de los caminos, las actividades de propaganda masiva de
las iglesias del vecindario, las exhortaciones en anuncios para unirse a
cualquiera de las instituciones eclesiásticas disponibles omnipresentes, los
mensajes espirituales llevados a millones de hogares por medio de la prensa
y ondas aéreas, todo esto tiene poco que ver con la fe y la moral de las
gentes, y menos aún con su percepción de la realidad (...). No hay nada
inherente interesante acerca de la mayoría de las tareas mezquinamente
subdivididas que los trabajadores están obligados a desempeñar; y siendo
el propósito del trabajo en el mejor de los casos vago y, en el peor,
humanamente degradante, el trabajador no encuentra satisfacción en el
logro de sus esfuerzos (...) De esta manera el consumo se vuelve una
especie de extensión y continuación del proceso de ganarse la vida, (...) De
esta manera el trabajo y el consumo comparten la misma ambigüedad:
mientras llenan las necesidades básicas de supervivencia, van perdiendo
10

cada vez más su contenido y significado interiores (...), el ocio ya no


significa hacer lo que la persona desea, algo diferente de lo que hace en el
trabajo, de lo que debe hacer, significa cada vez más sencillamente no
hacer nada. Y la razón para no hacer nada se debe en parte a que hay muy
poco humanamente interesante que hacer, pero tal vez aún más por la
vacuidad y falta de propósito determinado de la vida en la sociedad
capitalista que ahoga el deseo de hacer cualquier cosa. (...) Tal vez nada es
más sintomático de la parte que representa la holganza en la vida diaria que
esta degeneración de la conversación en charla. Con la amistad, la
conversación presupone la existencia de ciertos propósitos comunes,
intereses y actividades. La amistad implica un compromiso emocional; la
conversación requiere un esfuerzo intelectual. Cuando estas precondiciones
no existen cuando la gente vive junta pero no se relaciona una con otra en
alguna forma básica, ambas, conversación y amistad, están confinadas a
atrofiarse. Cuando la gente no tiene nada que decir, las „habladurías‟ se
vuelven la orden del día. A medida que la palabra amigo palidece y pasa a
designar a alguien que conocimos por casualidad, se aplica a multitud de
conocidos y a nadie en particular. Las reuniones sociales cada vez son
menos motivadas por el deseo de estar con otras gentes que por el temor
de encontrarse solo. La falta de relación entre las gentes en estas reuniones
con frecuencia y en forma característica se disuelve en alcohol.” (10).
Esta extensa cita nos hace recordar el clásico texto de Carlos Marx
“Manuscritos económico-filosóficos”, en donde el teórico alemán analiza el
fenómeno de la alienación; ¡Cuánta validez tienen aún estos análisis!
Mandel, por su lado, ratifica los análisis de Jalée y de Baran junto a
Sweezy. Sus análisis se refieren a la cristalización absoluta del
Imperialismo. De su brillante obra sólo describiremos cinco tesis, que nos
parece relevante destacar:
A] Plantea que el concepto de Superimperialismo sólo se puede aplicar
cuando surja un Poder Supranacional; es decir, un Poder que este por sobre
los Estados Nacionales. El autor expresa que eso es imposible, pues la fase
imperialista se enmarca dentro de la ley del desarrollo desigual y
combinado; esto es, la competencia de las grandes empresas
multinacionales produce equilibrios inestables, imposibilitando un Poder
Mundial. Esta tesis coincide con lo planteado por Poulantzas.
B]”Los intentos de estimular el crecimiento por medio de la inflación, como
los de detener la inflación a través de políticas deflacionarias, tendrán que
resultar contraproducentes a la larga. La inflación galopante es una de las
contradicciones básicas del neocapitalismo. Esta se deriva simultáneamente
de los desarrollos orgánicos del capital („precios administrados‟ bajo el
capitalismo monopolista) y de las características específicas de la época
(enormes crecimientos en los gastos armamentistas y desembolsos
improductivos en general)” (11). Esto nos parece relevante en el Chile
actual, en donde los “perros guardianes” del Estado luchan por mantener
sujetos los índices de la inflación y los equilibrios macroeconómicos.
C] “Los socialistas tampoco pueden oponer a estas técnicas de planeación el
ideal reaccionario del laissez-faire, ni apoyarlas como un „paso adelante‟,
sino insistir en la realidad de la planificación socialista, la cual no implica
diferencias técnicas (tales como un gran incremento en el volumen de las
inversiones estatales directas y un sector público más amplio que harán
posible una dirección centralmente planeada de la economía), pero sí
prioridades sociales muy diferentes de las que actualmente se obtienen
(...). Alrededor de esas prioridades, se organizará entonces, de manera
automática, una serie de objetivos de producción y nos proporcionará un
patrón de producción para las necesidades en oposición a la producción para
obtener ganancias que es el patrón que prima actualmente (...). El control
obrero es el paso primero y esencial hacia la planeación socialista y
democrática –la única respuesta eficiente a la programación neocapitalista.
Es el primer paso hacia la gestión obrera de una economía socializada y
11

hacia una democracia industrial (y mientras la economía es capitalista, los


trabajadores deben rechazar toda corresponsabilidad en la administración
de las empresas). La demanda de control obrero es el medio para
incorporar a la clase obrera al gran debate en torno a los volúmenes
agregados de salarios y ganancias (plusvalía), que es a donde conducirá
inevitablemente la discusión en torno a una política de ingresos” (12). He
aquí, algo olvidado en los “nuevos tiempos” que corren: EL OLVIDO DE LAS
CONSIGNAS DE CLASE. Consignas que pueden parecer obsoletas, sobre
todo cuando se discute la “desaparición de la clase obrera industrial en
Chile”, que algunos, miope o interesadamente, aseguran existe. En el
siguiente punto, Mandel nos plantea algo sobre esta temática, que se
discute en nuestro país tres décadas después de lo apuntado por el belga;
D] Este autor nos plantea una tesis que nos parece fundamental, y que dice
relación con la tipificación del llamado sector terciario o de servicios de la
economía capitalista. Concluye que en ese sector, la burguesía monopolista
invierte menos en el capital constante y sobrexplota la fuerza de trabajo
(esto en los países dependientes), aumentando la plusvalía a través de la
vía absoluta. Nos parece crucial el punto, por cuanto hoy en Chile el sector
terciario es el más dinámico. Por la tesis anterior, entonces, se comprende
que aquellos trabajadores directos que laboran en dicho sector producen
igualmente plusvalía, tanto o más como lo hacen los trabajadores del sector
secundario o industrial. La variante se encuentra en las formas de
socialización del proceso productivo. Podemos decir que una cantidad
significativa de los obreros industriales en Chile se ha desplazado, más bien
fueron desplazados, al sector terciario, debido al rol que nos corresponde en
la división mundial del trabajo.
E] Citamos ahora una tesis de Mandel que, nos parece, debe ir con
mayúsculas: “FINALMENTE EXISTEN QUIENES PIENSAN QUE EL
NEOCAPITALISMO CREA SUS ENTERRADORES EN SU PROPIO SENO, PERO,
SUPONEN QUE ESTOS ENTERRADORES SALEN DE LOS GRUPOS
MARGINADOS: MINORÍAS NACIONALES Y RACIALES, SECTORES
SUPEREXPLOTADOS DE LA POBLACIÓN, ESTUDIANTES REVOLUCIONARIOS
Y LA NUEVA VANGUARDIA JUVENIL. TODAS ESTAS CONCLUSIONES TIENEN
COMO DENOMINADOR COMÚN EL HECHO DE QUE ELIMINAN AL
PROLETARIADO DE LOS PAÍSES METROPOLITANOS DEL PAPEL CENTRAL EN
LA LUCHA MUNDIAL EN CONTRA DEL IMPERIALISMO Y DEL CAPITALISMO”
(13). 30 años después, los mismos fantasmas recorren Chile, o sea, la
misma problemática que se discute hoy en Chile ya se había planteado
entonces en Europa. Dijimos en nuestra Introducción, que en los momentos
de repliegue de la lucha de clases surgen teorías diversas, que parecieran
vanguardistas. A la cita de Mandel sólo bastaría agregarle “las minorías
sexuales” y sería una copia textual de las discusiones que se escuchan por
este largo y sufrido terruño.
Demos una vez más la palabra a Mandel, con el objeto de profundizar
en esta última problemática: “Por una parte, la producción y la distribución
contemporáneas de la riqueza material están basadas más que nunca en la
industria y la fábrica modernas. En realidad, podría decirse que la tercera
revolución industrial, simultáneamente, reduce el trabajo industrial en la
fábrica, como resultado de la automatización, e incrementa el trabajo
industrial en amplia escala en la agricultura, la distribución, los servicios
industriales y la administración. Porque la automatización debe concebirse
tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista
social, como un vasto movimiento de industrialización de estos diferentes
sectores de la actividad económica. Tendremos que sacar importantes
conclusiones de esta tendencia, pero lo que destaca particularmente es que
el trabajo industrial, en el sentido amplio de la palabra –hombres que se
ven obligados a vender su fuerza de trabajo en la manufactura, en las
plantaciones de algodón, en el procesamiento de datos o en ¡las fábricas
que producen fantasías!-, ocupa, ahora más que nunca, el lugar central en
12

la estructura económica (...). Hoy, son precisamente esas tres


características del trabajo moderno –su papel clave en el proceso
productivo, su enajenación básica y su explotación económica- las raíces
objetivas de su papel potencial como la fuerza principal para el
derrocamiento del capitalismo, las raíces objetivas de su misión
revolucionaria señalada. Cualquier intento de transferir ese papel a otros
sectores sociales que no son capaces de paralizar de un golpe la producción,
que no juegan un papel clave en el proceso productivo, que no son la fuente
principal de las ganancias y de la acumulación de capital, nos hace
retroceder en definitiva del socialismo científico al socialismo utópico, del
socialismo que surge de las contradicciones internas del capitalismo a la
inmadura concepción socialista que nació de la indignación moral de los
hombres independientemente de la posición que ocupan en la producción
social” (14).
Insistimos, para articular la lucha de los trabajadores manuales e
intelectuales, de los marginados del sistema capitalista y de todos aquellos
que se sientan explotados dentro del sistema de dominación, se vuelve
necesario la creación de un instrumento Político y Material, con vocación de
Poder en pos de una Sociedad Socialista. Es hora de abandonar esos
discursos del fin de los Sindicatos, de la superación de los partidos políticos,
qué éste sujeto social o aquel sujeto histórico, que el Neoliberalismo, que la
Globalización, y comenzar una discusión fraterna que conduzca a la UNIDAD
de todos aquellos que quieran hacer los cambios fundamentales en nuestra
formación social.

4] ¿Qué pasó?

Nos hacemos esta legítima pregunta. Hoy, a la vuelta de treinta años,


la prensa de izquierda y sus dirigentes, en los foros, talleres, discusiones,
etc., hablan del NEOLIBERALISMO y de la GLOBALIZACIÓN a diestra y a
siniestra. Se cree que utilizando esos conceptos se conjuran todos los males
o, mejor aún, se cree que ellos describen en forma rigurosa lo que está
sucediendo, ¿No será que el Diablo esta metiendo su cola, una vez más?
Citemos a Poulantzas: “Ahora bien, acabamos de ver en primer
término que la internacionalización del capital no da lugar a una efectiva
„fusión transnacional‟ de capitales. Pero éste no es sino uno de los aspectos
del problema. ¿Qué ocurre del lado de las clases obreras de los países
europeos? De hecho, en tanto que las luchas de las masas populares se
desarrollan más que nunca sobre un fondo mundial que determina las
coyunturas concretas, y que la instauración de relaciones de producción
mundiales y la socialización del trabajo refuerzan objetivamente la
solidaridad internacional de los trabajadores, la forma nacional es la que
prevalece en su lucha, la cual, en su esencia, es internacional. Esto se debe,
por una parte, al desarrollo desigual y a las especificidades concretas de
cada formación social, por lo tanto, a unos rasgos de la índole misma del
capitalismo, opuestamente a lo que sostienen las diversas ideologías de la
„mundialización‟; pero, en las particularidades que estas revisten
actualmente, se debe a las organizaciones –partidos, sindicatos- que gozan
de la preponderancia en las clases obreras europeas” (15). De aquí podemos
obtener dos conclusiones: Primero, hace ya treinta años se había levantado
la ideología de la “mundialización”, léase Globalización; segundo, que si bien
la lucha es contra el Imperialismo, esa lucha debe ser nacional. Esta es la
tesis también sostenida por Mandel y por el leninismo; es decir, golpear
todos los eslabones de la cadena imperialista.
Prosigamos. El Liberalismo Económico (también llamado de Libre
Competencia o Librecambista), se le puede situar históricamente desde los
siglos XVI al XIX, preferentemente en Europa occidental. Cabe hacer notar
que a la par del desarrollo del capitalismo, encaminado a su forma superior
13

o Imperialismo, asimismo la clase trabajadora se va dotando de defensas en


contra de esa nueva forma de relaciones sociales que imponen sus
enemigos de clase. De este modo, “La revolución de 1848, que lleva al
poder, junto con Luis Blanc, a socialistas y representantes de la clase
obrera, proclama el derecho de trabajo y la libertad de asociación (decreto
del 25 y del 29 de febrero de 1848) (...), limita la duración del trabajo de
los adultos (diez horas en París, once horas en las provincias) (...). Pero la
desgraciada experiencia de los Talleres Nacionales, desviada como se sabe,
de sus objetivos por los adversarios de Luis Blanc, provoca en el mes de
junio revueltas y una aniquilación de los progresos realizados. La ley del 27
de noviembre de 1849 restablece la prohibición de las coaliciones; el
decreto del 25 de marzo de 1852 suprime la libertad de asociación (...).
Será necesario esperar el segundo imperio para que se de un paso decisivo
con la ley del 25 de mayo de 1854, que suprime el delito de coalición y, en
consecuencia, hace posibles las huelgas y la acción obrera colectiva. (...) A
pesar de una nueva reacción después de los desórdenes de la Comuna, una
ley del 19 de mayo de 1874 prohibirá el trabajo de las mujeres y de los
niños en las minas y organizará la Inspección del Trabajo (...). Finalmente,
una tendencia hacia la internacionalización del derecho del trabajo comienza
a manifestarse y el Tratado de Versalles creará en 1919 la Organización
Internacional del Trabajo” (16). Aquí podemos observar cómo la clase obrera
va construyendo sus propias defensas, las cuales, sí bien presentan un
carácter economicista, permiten pasar del instinto de clase a la conciencia
de clase. Cabe recordar que el carácter economicista de ese movimiento, se
debe a la no-existencia de un partido revolucionario de la clase.
En nuestro país, la clase trabajadora comienza a organizarse desde
principios del siglo XIX, cristalizando su organización a principios del siglo
XX, cuando consigue imponer a la Burguesía la fijación de la llamada
Legislación Social. Un solo ejemplo: los obreros franceses logran el
descanso dominical en 1906 y en Chile se conquista en 1915. Se puede
argumentar que la Burguesía, a la vez que concede, se ve en la obligación
de redoblar la explotación por otros medios, lo cual es cierto. Es la
consiguiente lucha entre las clases fundamentales de la sociedad capitalista,
en una formación social determinada, lo que permite el avance de las
fuerzas productivas, entendiendo este proceso de avance de estas fuerzas
no sólo como instrumentos técnicos, sino la aplicación de los conocimientos
científicos al perfeccionamiento y remplazo de estos instrumentos. Y es que
en realidad, en lo medular, las fuerzas productivas no se reducen sólo a
cosas, puesto que, en su definición más interesante, no es su enumeración
o su composición, sino el ritmo o el aspecto de su desarrollo lo que las
define mejor, ya que ese ritmo está directamente ligado con la naturaleza
de las relaciones sociales de producción y con la estructura del modo de
producción. A este respecto, Marx nos explica que “Para el capital, la ley del
crecimiento de la fuerza productiva del trabajo no se aplica en forma
absoluta. Para el capital, esta productividad aumenta no cuando se puede
realizar una economía en el trabajo vivo en general, sino sólo cuando en la
fracción pagada del trabajo vivo se puede realizar una economía más
importante que lo que se agregó del trabajo pasado (...)” (Cfr. “El Capital”
Tomo III, p.259). Es decir, en la medida de que la clase trabajadora intenta
hacer subir el precio de la fuerza de trabajo, la Burguesía debe incrementar
las fuerzas productivas.
Mientras el capitalismo real acentúa desigualdades y siembra miseria,
paralelamente vende imágenes y sonidos, creando un mundo de fantasía e
ilusiones que pretende ocultar las facetas más oscuras de la realidad.
Modernización, revolución científico-técnica, eficiencia, eficacia,
globalización, neoliberalismo, entre otros conceptos de contenido impreciso,
se transforman en muchos casos en sonidos huecos que sustituyen el
análisis y entierran en el olvido términos más precisos y adecuados, tales
como imperialismo, explotación, analfabetismo, hambre. Los medios de
14

comunicación construyen/reconstruyen día tras día un mundo irreal. El


individualismo es el pan de cada día, pero es un individualismo creado,
generado por el sistema de dominación, pues mientras el sistema rapiña a
través de los monopolios u oligopolios, las personas se aíslan, viven sin
darse cuentas de sus propias desgracias y la de los demás. Recordemos que
uno de los caracteres particulares de la ideología burguesa dominante
consiste en que oculta de una manera totalmente específica la explotación
de clase, en la medida en que toda huella de dominio de clase está
sistemáticamente ausente de su propio lenguaje. Con un espectacular
despliegue, pretende ocultar las sombras de un funcionamiento económico
cada vez más irracional e injusto; es el arte de birlibirloque llevado a la
apoteosis.
En este contexto, podemos constatar cómo se pretende encubrir la
expansión imperial de los grandes grupos económicos, del capital financiero,
bajo la discreta denominación de “GLOBALIZACIÓN”.
1990 marca el derrumbe del llamado Campo Socialista (conocido
también como “socialismo realmente existente”; “Socialismo Burocrático”,
etc.). Por esas fechas, que parecen lejanas, se habló del “Fin de las
Ideologías”, que no había más Historia, que el sistema capitalista estaba
llamado a construir un Reino Milenario, etc. El Imperialismo había logrado
su sueño: derribar Estados que limitaban su poder y a la vez penetrar
mercados vírgenes. Hoy día podemos apreciar cómo el Imperialismo trata
de derribar la cultura musulmana, para invadir sus formaciones con sus
mercancías y apropiarse de sus materias primas, imponiendo Gobiernos
Títeres.
Las Burguesías Internas, que subordinan sus intereses al gran capital
para mantener sus privilegios, justifican la sumisión en nombre de la
“libertad de mercados”. Otras vertientes, supuestamente más progresistas,
levantan la bandera del “realismo” (léase LA TERCERA VÍA DE LA
SOCIALDEMOCRACIA). La dialéctica y las contradicciones son
cuidadosamente olvidadas, renacen planteos similares a los que un siglo
atrás confundieron el colonialismo con la modernización y apoyaron a
potencias imperiales en nombre del marxismo y del progreso. La tentación
de caer en la fácil utopía de la conciliación de intereses contrapuestos,
mediante “alianzas de papel” (léase MERCOSUR), renace más allá de sus
innumerables fracasos en América Latina y el mundo.
Pasamos ahora a describir parte de un análisis realizado por el teórico
uruguayo José Rocca, que nos parece muy pertinente: “[podemos observar
un] Crecimiento de costos fijos en investigación y difusión de tecnologías en
mercados con fuerte competencia en el ámbito de la renovación de
productos y métodos de producción. La velocidad de los cambios genera la
obsolescencia en muchos procesos y productos y exige rapidez en la
comercialización. Ello incentiva a las corporaciones a crear poderosas
infraestructuras de ventas para acelerar el período de rotación de los
nuevos productos. (…) Profundización de procesos de sustitución de mano
de obra por otras formas de capital: „En las compañías competitivas
actualmente el contenido de mano de obra directa ni siquiera representa el
10% del costo total de producción‟. El requerimiento de rápido acceso a
materias primas, materiales y mercados gesta acuerdos entre compañías
del mismo bloque económico o incluso entre empresas de diferente origen
(por ejemplo norteamericanas, japonesas y alemanas)”. Luego, Rocca
concluye: “La acumulación capitalista asume escalas planetarias y tiende a
borrar fronteras. La interdependencia es cierta, pero también lo son las
desigualdades y contradicciones. No podemos soslayar que estamos muy
lejos de la existencia de un „mercado mundial‟ único. Los precios de los
bienes y servicios, y especialmente los niveles de salarios, tasas de interés,
son radicalmente diferentes en los países del orbe. Si bien desaparecen
algunas limitaciones a la circulación de capitales (especialmente financieros)
hay enormes trabas a los desplazamientos de trabajadores, no sólo por
15

factores económicos, geográficos culturales, sino aún por impedimentos


políticos que pueden transformarse incluso en riesgo de vida.” (17).
Con respecto al concepto de “Globalización”, debemos recordar que ya
en el siglo XVI, que es el siglo de la expansión europea en América, Africa y
Asia, se genera el mercado mundial. El concepto Globalización puede
fácilmente ser utilizado por las clases dominantes como un concepto que
describe un proceso pacífico y benéfico. En efecto, éste concepto es definido
de esa forma por conspicuos dirigentes del PS y del Partido por la
Democracia, en una muestra más de la derrota ideológica de la izquierda,
en su conjunto, cuando utilizan conceptos que son entregados por el propio
sistema de dominación, aún cuando se puede cuestionar el carácter de
izquierda de los dirigentes de los dos partidos citados.

COROLARIO (provisorio)

Nos sentimos tentados, luego de todo este extenso análisis, a


expresar que asistimos a una nueva fase del propio Imperialismo: EL
SUPERIMPERIALISMO, en la forma en que lo expresaba Mandel, en los años
“70. Es decir, avanzaríamos en la construcción de un Poder Supranacional,
que podríamos situar en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial
y los demás organismos financieros mundiales. El caso reciente de
Argentina, no es el primero ni será el último que evidencie ese nuevo Poder.
Es evidente, como ya advirtiéramos, que el desarrollo desigual es una ley
inherente al capitalismo y extensible al Imperialismo, por ende, sería más
correcto afirmar que ese poder se encontraría en la fase de la transición,
fase que puede demorar años, décadas. La realización de ésta fase será
dramática, pero no exenta de los efectos de otra ley fundamental, que fuera
sistematizada primeramente por Carlos Marx, LA LUCHA DE CLASES.
Finalmente, en un Documento entregado por los Colectivos de
Trabajadores (CCTT), se puede leer: “Chile ha sido el laboratorio en que las
corrientes neoliberales mundiales y criollas han ensayado toda su ingeniería
social. Se ha querido construir un capitalismo „perfecto‟, sin vuelta ni
alternativa. Comenzaron los chicago boys, amparados por Pinochet.
Siguieron los gobiernos civiles y los nuevos reclutas neoliberales” (18).
“Corrientes neoliberales”, “nuevos reclutas neoliberales”; es decir, aquí se
comprueba todo lo que hemos expuesto: la derrota ideológica de la
izquierda hace que se utilicen conceptos que no describen ninguna categoría
de la realidad y, además, se ha pasado a asumir como propio el vocabulario
del enemigo. Se echa por la borda todo lo acumulado, se descarta la Teoría
Revolucionaria y parece como si todo lo avanzado hubiese sido inútil.
El sociólogo Andrés Pascal, a fines de los “80, realizó la siguiente
caracterización del nuevo régimen surgido de la Dictadura Militar: “Los
sectores tradicionales de la burguesía (en especial aquellos orientados al
mercado interno) y los sectores de la pequeña y mediana burguesía que
apoyaron el golpe, concebían al gobierno militar como una situación de
excepción y transitoria, necesaria para poder reestablecer las antiguas
formas estatales y de dominio. Pero los sectores de la burguesía monopólica
financiera vinculados a las áreas más dinámicas de la economía y al capital
extranjero, consideraban que el anterior sistema de dominación estaba
agotado y su proyecto era fundar una nueva forma de Estado, de carácter
autoritario, que no sólo consolidara la dominación burguesa sobre la clase
obrera y el pueblo, sino además les permitiera imponer sus intereses
particulares al resto de la burguesía. Tal propósito era coincidente con las
concepciones de „seguridad nacional‟ y la estrategia contrainsurgente de las
FFAA, y se ajustaba igualmente a los intereses imperialistas y las tendencias
del capital financiero internacional. La Junta Militar abandonó pronto su
autonomía relativa y se convirtió en la Dictadura Militar del capital
monopólico-financiero nacional e internacional” (19). ¿Es que acaso nuestro
16

país sufrió una transformación tan violenta en pocos años, cómo para pasar
de un Estado hegemonizado por la burguesía monopólico-financiera a un
Estado hegemonizado por una fantasmal “Burguesía Neoliberal”?
También en los “80, otro autor (que pudiera estar cuestionado en
relación a su accionar frente al Golpe), nos referimos a Carlos Altamirano,
resaltaba el papel determinante que durante la Dictadura jugaba la
Burguesía Monopólico-Financiera al interior del Bloque en el Poder.
No debemos olvidar que el Movimiento Popular, en su conjunto, fue
capaz de remontar la grave crisis orgánica planteada por el Golpe Militar del
“73 y que, inclusive, pudo pasar a la ofensiva, mediante los ciclos de
protesta social, ya en los “80. Ambas situaciones permitieron acerar a
vastos sectores sociales, que así conocieron del combate callejero y de otras
formas de lucha. Además, dieron paso a la formación de una generación
que se fortaleció en lo ideológico y que hoy se requiere aporte en la
reconstrucción o, más bien, en la potenciación del Movimiento Popular y
Social. Es cierto, la derrota del “86 ha sido mucho más profunda y hasta
nuestros días, con mucho dolor, podemos constatar sus efectos. Mas no
debemos olvidar que toda crisis tiene dos caras, y sería más provechoso
que pensáramos según el viejo adagio del proletariado chino: “LOS
MUERTOS NO SE HAN IDO, SÓLO HAN IDO A BUSCAR NUEVAS FUERZAS Y
YA VOLVERÁN”.
Martin Nicolaus escribe: “No hay más contradicciones „locales‟, ni
contradicciones „económicas‟ en el sentido que se le da usualmente; todas
nuestras contradicciones, y cuanto más profundas son más verdadero es
esto, tienen causas universales y efectos universales: UN NIÑO QUE LLORA
DE HAMBRE EN UN CUARTO DE CUALQUIER PUEBLO, PONE EN CUESTIÓN
TODA LA HISTORIA DEL MUNDO”. Y complementa Mandel: “Esto es
completamente verdad, y está dicho primorosamente. No es nuevo, porque
también era verdad hace un siglo”.

¡DE LA DERROTA SE SALE LUCHANDO!

COLECTIVO ACCION DIRECTA ~CAD


JUNIO 2003

NOTAS
(1) Louis Althusser, “Para Leer El capital”; Editorial Siglo Veintiuno, 1970; p. 11.
(2) Nicolai Bujarin, “El imperialismo y la economía mundial”; Cuadernos de Pasado y
Presente, 1971; página 97.
(3) Op. Cit.; página 177.
(4) Op. Cit.; páginas 49 a 51.
(5) Op. Cit.; página 92.
(6) Nicos Poulantzas, “Clases Sociales y Poder político en el estado capitalista”; Editorial
Siglo Veintiuno, 1969; página 44.
(7) Op. Cit.; páginas 185 a 187.
(8) Pierre Jalée, “El Imperialismo en 1970”; Editorial Siglo Veintiuno, 1971; páginas 200-
201.
(9) Op. Cit.; páginas 265-266.
(10) P. Baran y P. Sweezy, “El capital monopolista”; Editorial Siglo Veintiuno, 1970;
páginas 266 a 275.
(11) Ernest Mandel, “Ensayos sobre el neocapitalismo”; Ediciones Era, 1976; página 20.
(12) Op. Cit.; páginas 24-25.
(13) Op. Cit.; página 72.
(14) Op. Cit.; páginas 73 a 75.
(15) Nicos Poulantzas, “Las clases sociales en el capitalismo actual”; Editorial Siglo
Veintiuno, 1971; página 74.
(16) Joseph Lajugie, “Los sistemas económicos”; Editorial Universitaria de Buenos Aires,
1997; páginas 69 a 71.
(17) José Rocca, “Capitalismo Real y Globalización Virtual”; Revista Alfaguara, Uruguay,
Mayo 2001, Número 25; páginas20 a 23.
(18) CCTT, “Hacia una Plataforma de Lucha por los Derechos Generales de los
Trabajadores”, 2002.
(19) A. Pascal A., “Balance Histórico del MIR y su lucha revolucionaria”, 1987; página 39.