Está en la página 1de 184

D.R. © 1946, 2018 Universidad Nacional Autónoma de México.

Instituto de Investigaciones Estéticas.

Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Virtual


del Instituto de Investigaciones Estéticas
de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Instituto de Investigaciones Estéticas


Biblioteca Justino Fernández del Instituto de Investigaciones Estéticas

Esta es una copia hecha exclusivamente para fines educativos.


PROHIBIDA SU VENTA.

Licencia de uso
LA.S PIRAS FUNERARIAS
EN LA HISTORIA Y EN EL ARTE DE MEXICO

r
<il •
·F R A N C I S C O · D E L A M A Z A

LAS PIRAS FUNERARIAS


EN LA . HISTORIA Y EN EL ARTE
DE MEXICO
Grabados, Litografías ~ Documentos del Siglo XVI al XIX

ANALES DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ESTETICAS


IMPRENTA UNIVERSITARIA
MEXICO, 1946
/
A
MANUEL TOUSSAINT.
. Máquina funeral, que de esta vida
nos dices la mudanza, estando queda,
Pira, no de aromática arboleda
sí a más gloriosa fénix construída ...

GóNGORA. (A ·la pira ele la reina


Margarita ele Austria.)
/

INTRODUCCION
LQS l\'IONU l\fENTOS FUNERARIOS.

El último homenaje a los muertos fué, desde la niebla del mundo pre-
histórico, la encendida pira que consumía sus restos. En los principios
estos monumentos funerarios fueron solamente un simple hacinamiento
de maderas, pero Grecia les dió importancia al elevarlos en forma de pirá-
mide, en cuya cúspide iba el muerto y en los costados los trofeos y las
víctimas sacrificadas a los dioses manes.
Cuenta Homero que al morir Patroclo ante los muros de Troya,
Aquiles ordenó que la pira fuese "de cien pies cuadrados", degollando
ante ella "multitud de ovejas rollizas y bueyes de pies flexibles y cubrien-
do todo el cadáver con la grasa ele las víctimas, echó alrededor los pedazos
de carne desollada, e inclinándose el divino Aquiles sobre el lecho fúne-
bre, depositó en él ánforas con miel y aceite". La pira ardió toda la no-
che, mientras el hijo de Tetis "escanciaba de una crátera de oro el vino
a copas llenas". ·
Para el cadáver de Héctor se acarrearon maderas durante nueve días,
y "cuando apareció Eos por décima vez alumbrando a los mortales, de-
positaron, vertiendo lágrimas, al bello Héctor en lo alto de la pira y le
prendieron fuego; y cuando una vez reapareció Eos, la de sonrosados de-
dos, se reunió todo el pueblo en torno de la pira, y reunidos, apagaron con
vino negro la fuerza desatada del fuego".
Cada día fueron adquiriendo mayor importancia los túmttlos f¡.mera-
rios, de tal manera que Platón creyó necesario reglamentar, en La Re-
pública, su erección, recomendado seneillez y buen gusto, así como que
solamente diez obreros se ocupasen de elevarlos. Como ya entonces lle-
vaban epitafios y versos, Platón los redujo a pocas líneas, como previen-
do el abuso a que llegarían en la decadencia helenística.

11
* * *
En Roma obtuvieron las piras solemnidad mayor. ·se cubrieron de
telas y se rodearon de hachones y objetos de arte, y si Virgilio y otros
poetas nos describen piras campestres, llenas de ·la severidad de los tiem-
pos homéricos, como las de Miseno y Polidoro en el canto sexto de La
Eneida, no es más que por la imitación que hacían del príncipe de los poetas
griegos y por el romántico bucolismo de moda en tiempos de Augusto.
Y una nueva y emotiva ceremonia añadieron los romanos en sus fune-
rales, la de soltar un águila real, que estaba atada a los pies del muerto,
en el momento en que comenzaba a arder la pira. Esto fué la "apoteosis",
o sea el símbolo del espíritu que se escapaba al empíreo mientras el cuerpo
se volvía cenizas. ·

* * *
La Iglesia Cristiana, como tantas otras costumbres y ceremonias to-
madas y transformadas del paganismo grecorromano, adoptó las piras para
rendir el último homenaje a sus muertos, perp como prohibió la crema-
ción, los túmulos, hechos ya· un puro recuerdo simbólico, se desbarataban
al enterrarse los despojos.
Con el tiempo la Iglesia convirtió en monumentos magníficos las an-
tiguas piras, y a fines de la Edad Media y durante el Renacimientq, se
hizo costumbre que los mejores arti~tas elevaran las grandiosas piras re-
gi'as, papales y cardenalicias, convirtiéndolas en verdaderas obras de
arquitectura, hasta que el Barroco las imaginó como muebles monumenta-
les, jugue_tes arquitectónicos increíbles que gritaban, más que recordaban,
no tanto la memoria del difunto, sino su segura gloria en este y en el otro
mundo.

* * *
En España, fueron también, casi siempre, a partir del Renacimiento,
los más famosos arquitectos, escultores o pintores, quienes construyeron
las piras, por cierto en aguerridas competencias por medio de las cuales
era escogida la obra de más feliz inspiración. ·
Espléndidas debieron ser las que hizo Velázquez para las infantas rea-
les, o la que elevó el Greco en Toledo, de piedra, para la reina Margarita
de Austria. La inmensa fama de José de Churriguera nació con una pira,

12

'\·
la de la reina María Luisa, primera esposa de Carlos II, que ganó en ·Ma-
drid en el concurso de marzo de 1689. "Los trabajos de Churriguera --di-
ce Otto Schubert- habían pasado casi inaqvertidos hasta entonces en
Salamanca, pero después del triunfo alcanzado en Madrid, su nombre se
abrió paso hasta las comarcas más alejadas.!' 1
Los mejores poetas se inspiraban con y para los· túmulos funerarios.
Cervantes se entusiasmó tanto con el que Juan de Oviedo erigió a Felipe
II en Madrid, que compuso aquel soneto "¡Vive Dios que me· espanta
esta grandeza !", y Góngora -dedicó también. varios sonetos al túmulo de
la. reina Margarita y ·uno al de Felipe III, así como el humanista fray
Hortensia Félix Paravicino hizo otro biográ~ico en el de Greco. 2

* * *
Son varios los nombres que se han dado a las piras funerarias, como
túmulo, catafalco, máquina o aparato Íuneral, lecho fúnebre, tumb~ :y
cenotafio, palabra, esta última, que pasó a· significar el sepulcro permanen-
te, aunque· vacío, qtie desea recordar un cadáver que no existe o que des-
cansa en otra parte, como en el caso de Shakespeare en · la abadía de
Westminster o en el de Dante en la iglesia de Santa Croce, de Florencia.

LAS PIRAS· EN MEXICO. ESTILOS,· FACTURA~

Las piras funerarias t~exicanas fueron; en ·general, un trasunto de


las españolas, inspiradas en los grabados e impresos que llegaban de· la
Metrópoli, aunque a veces se hicieron muy distintas y Óriginales, como
en el túmulo de Carlos V, que "fué difetente de las trazas que en España
y otras partes se hicieron, y procuróse ~n esto y en otras muchas cosas no
concurrir· con los otros t{tmulos ... '' En ocasiones se copiaba~ piras ita-
lianas o francesas, en la época del barroquismo, pero con los profesores
académicos volvieron a ser siempre de -inspiración personal.

1 Historia del Barróco en Espaiia, Madrid, f924. En la página: 205. se reproduce


la pira de Churriguera.
2 Luis de Góngora, Obras poéticas, M:ichaud, París, sonetos XCVII, XCVIII,
CI.XXVIII y cxX:x.-Manuel B. Cossío, El Greco, cap. f.

13
* * *
Los estilos arquitectónicos de las piras varían según los tiempos. Eu
el siglo xvi y principios del XVII fueron de estilo renacentista, consecuen-
tes con las catedrales e iglesias que las cobijaban, usando los órdenes clá-
sicos y mesura en ios ornatos. Después las columnas salomónicas y el au-
mento y complicación de estatuas, adornos e inscripciones, dieron la nota
· barroca en el siglo XVII y parte del XVIII, sí que también la del mal gusto,
como en España o en Italia, y a medi<;tdos del mismo siglo XVIII se llegó
a tal exageración que las llamaron, junto con la arquitectura toda, "de
capricho", como se explica más adelante en la pira poblana del obispo
Alvarez. de Ab'reu.
Con la creación de la Academia de San Carlos en 1785 volvieron las
piras a la sencillez neoclásica renacentista, que se conserva durante todo
el siglo XIX.
Eh toda América fueron monumentales y suntuosas, exagerando, con
menoscabo de la caiidad, las que eran construidas en Europa, como puede
apreciarse en algunas de las mexicanas que publico o en las que. reproduce
don Diego Angula en su obra Planos de América .:V Filipinas. 1

* * *
Eran las piras de madera, pintadas de aceite, imitando mármoles,
jaspes o canteras ; las estatuas copiaban también mármoles o bronces, e
iban algunas veces policromadas, estofadas o vestidas. Se notará en las
descripcrones de las piras mexicanas que se habla de mármoles "de Cuen-
ca" o "de Granada" o "de Italia", que no conocían los artistas mexicanos,
pero no es sino copia servil, muchas veces, de las descripciones de las piras
españolas.
Se cubrían con magníficas telas y alfombras, y se adornaban con ·can-
delabros, jncensarios y macetones ele verdad, así como con centenares de
velas de la mejor cera. En la pira del obispo José F~ancisco Figueroa,
de 1766, en Guatemala, el material fué "costoso cedro" y los balaustres "ele
fino metal"; en la de la reina Bá-rbara de Braganza, en Valladolid, el cetro
y la corona de la urna fueron "de plata maciza", y en la de fray Antonio
Bren1ond, en la iglesia de Santo Domingo de México, "hacían en las
cuatro esquinas majestuosa escolta cuatro cíclopes de ·plata de martillo,

1 Tomo m, láminas 226, 227 y 269.

14
pues tales eran los cuatro blandones, singularí~ima alhaja· de esta sacristía,
que, excediendo !a altura de dos varas y media, incluyen eh su preciosidad
el valor de 20,000 pesos". 1
Nadie mejor que un hombre de ia época para describirnos la cons-
trucción de una pira. El doctor Sariñana, orador y escritor del siglo XVII,
lo hace, lleno ele interés, en la obra que publicó con motivo de las exequias
de Felipe· IV. "Se ocuparon continuamente -dice- ciento cincuenta
personas de diferentes artes, todos singularmente peritos en la que pro-
fesaban, entendiendo tóda clase de artífices en la parte qu~ le tocaba,
para que. se consiguiese, entera y cabal, la perfección del .todo. Aquéllos,
a las vueltas del' torno, pulían los balaustres y hacheros con que se habían
de coronar los planos de .los cuerpos ; éstos, imitando a· la naturaleza,
traducían con el pincel a las columnas la manchada variedad de los jaspes
., y a sus basas y capiteles lo sólido de los bronces; aquél, moviendo dies-
tramente el escoplo, formaba de lo tosco y bruto de mi leño, lo perfecto. y
vivo de una estatua; este otro, ya formada, se empleaba en vestirla, pro-
porcionando el traje a la representación'; unos libraban toda la atención
en el dibujo de los lienzos, otros en el colorido y relevado, tanto más
difícil cuanto tuvo menos de libertad el pincel en la variedad de los colo-
res que para lo propio y lo funesto se . determinó, que fuesen todos- los
lienzos de color de bronce, porque así pareciesen láminas engastadas en
las canteras del zócalo, permitiendo solamente lo más claro o más oscuro
para los relieves y sombras ; otros se ocupaban en escribir los motes y le-
tras, moviendo con diestro pulso la trincheta para los delgados y gruesos
de los caracteres ... " Y ai'íade esta interesante y significativa frase: "to-
do era una confusión ordenada ... " 2

** *
Cuando las piras eran excelentes se conservaban para varias o~asiones;
como se verá· después en la que hizo Tolsá para el arzobispo Lizana, o en
el caso d~l poeta José Manuel Sartorio, en 1829, en la iglesia de la Santa
Veracruz, en el cual "se consiguió la muy preciosa y' alabada pira de los
ciudadanos socios de San Pablo, cuya arquitectura no se describe porque
es muy conocida en e~ta ciudad"·.

En los impresos funerales de los citados personajes.


2 Llanto del Occidente . .. , fol. 18.

15
* * *
Constaban casi siempre de tres cuerpos. El primero, el "zócalo". He~
vaba pinturas, esculturas, incensarios e inscripciones, así c·omo escale-
"ras y balaustres. El segundo contenía el féretro o urna que llevaba o re-
cordaba al difunto, también con estatuas, pinturas e inscripciones, y el
tercero remataba en fonua piramidal con escudos o símbolos funerarios
_y, en ocasiones, con una estatua o busto en la cúspide. Las velas, por cien-
tos y aun millares, se repartían por todo el monumento, recordando, al
encenderse, el fuego que consumía las antiguas piras clásicas.
Se colocaban frente al presbiterio, bajo la cúpula, y duraban varios
días expuestas para la curiosidad y admiración del pueblo. Alrededor se
desarrollaban las ceremonias litúrgicas que usa la iglesia católica en sus
honras fúnebres, y en ocasiones, como en las exequias de Felipe II, la
misa se celebró en la misma pira, en lo alto del segundo cuerpo, "que fué
singular traza y de grande majestad y gusto para el pueblo, que gozó el
aparato del túmulo, y en él, de la celebración de la misa ... "
Es innecesario decir que para todas las exequias se elevaban piras
-salvo el caso de funerales de monjas cuyos Estatutos las prohibían-
más o menos ricas, según el difunto, y aun para casos como aquel de la
iglesia de San Lorenzo de México, en 1731, para enterrar el corazón del
~rzobispo de Manila don Carlos Benuúdez de Castro, o para entierros de
ojos, manos y entrañas, que regalaban los obispos, según pintoresca cos-
tumbre, a los conventos que habían favorecido en vida.
Y o me ocupo aquí, solamente, de las piras de las cuales se hic'ieron
grabados o litografías y. de aquellas que, por haber sido hechas por ar-
tistas famosos, nierecen recordarse. Copio íntegras algunaS descripciones
arquitectónicas, ya sea por la extraordinaria rareza de los impresos que
Ías contienen, o por ser atinadas e insustituibles, o por representar los
estilos literarios que, de acuerdo con ellas, se usaban en el momento
en que<>eran construídas .
.
* * *
~1 uso y abuso de letreros. versos y pinturas alegóricas fué una
costumbre muy mexicana hasta fines del virreinato. Así lo reconocieron
los doctores del claustro universitario cuando, en 1763, celebraron en la

16
capilla de la Universidad los funerales del jesuíta Francisco Javier Laz-
cano. Según el folleto publicado ese año recordando la ceremonia, la pira
era de tres cuerpos, con dos .grarides epitafios y diez "geroglíficos", que
"bajo la alegoría de la luz, eran imágenes de las virtudes y prendas del
difunto". En cuanto a los jeroglíficos, "se atendió al gusto del país, que
en las honras de mayor solemnidad había querido geroglíficos y no imá-
genes solas de las acciones del difunto, y pareció debido dar este gusto
considerándolo bueno y de muy antiguo establecimiento . . . los mexica-
nos siempre han gustado de los geroglíficos, porque los naturales, antes
de sujetarse a la dominación de España, escribían por notas simbólicas ... ,.
En 1767, en los funerales de la reina Isabel Farnesio, hay ún párrafo
interesante, que es a modo de transición entre las ideas antiguas y la.s nue-
vas, en el que se defienden las inscripciones y alegorías, pero se las re-
duce. "En las poesías y elogios que a proporción se repartieron, deter-
minamos, sin olvidar el genio de nuestra nación, acomodarnos ai' gusto
de los mejores críticos; los que pretenden, que por una servil imitación d~
los extranjerol? no se adornen los túmulos en semejantes ocasiones con
poesías o empresas algunas, no advierten que no habiendo en esto regía
establecida, es el gusto de la nación el juez y el árbitro ... " y se añade
"por otra parte, cargar demasiadamente las piras de versos y de enigmas,
es arrebatar a ellas toda la atención de quienes las miran· y quitar el lugar
á los primores del pincel y de la arquitectura, y perder, tal vez, con la
muchedumbre de los versos, aquella seria magnificencia que demanda un
túmulo ... "
En las exequias de Carlos III, en Guadalajara, 1789; se dice que
"los ojos, acostumbrados de mucho tiempo a esta parte a ver estas má-
quinas de pavor y de llanto, cargadas de poesías de una y otra lengua, .. ",
se desilusionaron al Yer la sencillez de la pira, y más "que a cada paso se
ven en esta ciudad colgádos de las paredes, más o menos cubiertos de humo
y polvo, según sus antigüedades, bellos fragmentos de estas composiciones,
muy usadas en estos reinos ... " El epitafio que se pensó poner en 4icha
ocasión, a pesar de que debía ser tan sólo de cuatro líneas, "segÚJl quería
Platón", resultó de 'treinta y tres.
En el mismo año, y en los funerales del mismo rey, en Puebla, la
pira "logró reunir, a la sencillez de su orden, cierto aire majestuoso, que
si degeneró hacia algún extremo, fue solamente al de la seriedad, con lo
que perdió mucha parte del jugo y de las sales con que se saborea el pala-
dar siempre estragado del público ... "

17
Por último, en 1820, en las exequias que los tapatíos hicieron a la reina
Isabel de Braganza, sí se logró que los epitafios no excedieran de cuatro
líneas, de acuerdo, por fin, con la sencilla elegancia de la espléndida pira.
Todo esto tenía su interés de propaganda. "El innumerable pueblo
que concttrría a ver aquella fábrica -se lee en las exeqi.tias de Amalia de
Sajonia- dió señales de las altas ideas que acerca de su difunta reina se
le habían inspirado, observando y leyendo las noticias. que se le presenta-
ban. Unos formaban dibujos de aquel objeto fúnebre, otros copiaban las
poesías, y los más aplaudían o censuraban la obra ... "

* * *
N os podemos dar una excelente idea del costo de una pira porque
existe en el Archivo General de la N ación el expediente completo de la
que se erigió en la iglesia de Santo Domingo, en 1696, a la memoria de
la reina MCJ.riana de Austria, por el Santo Oficio de ,la Inquisición.
En la llJ emoria del Gasto de la Pira qu.e se hizo en el Convento Real
del Señor Santo DMningo, resulta que se gastaron en ella 1,180 pesos,
según recibo que dió el autor, el arquitecto Pedro de Arrieta, que dice:
"Resibí del Sr. Dn. Diego de Burgos, fiscal del Santo Offissio de la In-
quisición la cantidad que importa la memoria ariba [de arriba] con mil
siento ochenta [pesos] de la manufactura de aser y harmar el tablado del
tu bulo [túmulo'] referido, y lo firmé en México en 11 de disiembre del
año de 1696.-Pedro de Arrieta. (Rúbrica.)"
Estos 1,180 pesos se gastaron de la siguiente manera: a José Fer-
nández se le dieron 280 pesos por "el trabajo de vestir, pintar y ·escribir
los epitafios del túmulo y por los costos de los encajes del dicho y galo-
nes que se cortaron para guarnecerlo" ; a Pedro Díaz ele Godoy se le pa-
garon 373 por diez arrobas y cinco libras de cera; al maestro músico
Antonio ele Salazar se le dieron 100 por la asistencia de la "capilla" o
coro de catedral; al orador y al póeta (cuyos nombrés no expresa- la Jvf e-
maria) que ~icieron el sermón y los versos, se les pagaron 60; a los oficia-
les ·que armaron el túmulo se les clió 80, y la madera costó 120; por últi-
mo, los mozos recibieron 15 de propinas y el impresor Fr~ncisco de Rivera
Calderón recibió 8 por la impresión de los papelt!S de convite. 1

1 Archivo General de .la Nación, ramo de Inquisición, tomo 1,509. Agradezco


al señor Heinrich Berlin la comunicación de este dato, así como la fotografla del
túmulo.
18
LA BIBLIOGRAFIA FUNERARIA MEXICANA.

Los impresos a que dieron lugar las exequias de personas ilustres


lJegan, en la época colonial, a varios centenares, desde el rarísimo Túmulo
Imperial de Carlos V, en 1560, hast~ las Reales Exequias de la reina
Isabel de Braganza, en 1820.
Como curiosidad bibliográfica, hago notar aquí que el primero y
único impreso colonial de hi. ciudad de Oaxaca fué un Sermón ..fúnebre eit
las honrras de la Venerable Madre Jacinta MMia Anna de S. Antonio .
Religiosa de el monasterio de Sancta Catharina de. Sena de e~a ciudad de
Oaxaca ... predicó el M. R. P. F. Sebastián de Santander ... publicado
por doña Francisca Flores en 1720. Ert Guadalajara fué también un fune-
ral el que dió el primer impr~so, en los Elogios fúnebres conque la Santa
Iglesia Catedral de G~tadalaxatra ha célebrado la b~tena me~oria de su
Prelado el Ilmo. y Revmo. Sr. Fr. Antonio Alcalde ... MDCCXCIII, así
como en la ciudad de Quito; que inicia su imprenta el año de 1760 con
la Oración Fúnebre d~ su obispo Juan Nieto Polo del 'Agnila. En cambio
· en Lima, la única ciudad de América que, después de México, tuvo im-
prenta desde el siglo XVI, ~s hasta 1613 cuando aparece el primer impreso
de su exigu_a bibliografía funeraria, costeado por un virrey que lo había
sido de MéXico. El libro es la Relación de las Exeq~tias que el Exmo. Sr.
D. Juan de Mendoza y Lu.na, Marqués de Montesclaros, virrei del·Peru,
hizo en la muerte de la reina doña Margarita ... En Lima. Por Pedro de
Marchán y Ccilderón. Este primer túmulo peruano fué obra de Juan Mar-
tínez Arrona, el magnífico escultor de la· sillería del coro y de la cajonería
de 1~ catedral de Lima. En Popayán, de los cinco únicos in1presos colo-
niales que hubo, dos son exequiales, uno para el cura Morcillo y otro para la
reina Isabel de Braganza.

* * *
Los títul~s mismos de los libros de exequias nos indican la .época en
que fueron escritos. Es j:nuy natural que en 1560 el impreso que describe
las honras de Carlos V se llame unicamente Túmulo Imperial de la Gran
Cittdad dp México, pues es el tiempo del arte renacentista; ya para Felipe
II, en 1600, el libro es la Relaci6n Historiada de las E.1:equias Funerales

19
de la Magl!'.stad del Rey Don Philippo JI ... y en 1666, tiempos de pleno
barroquismo, el doctor Sariñana lanza su Llanto del Occidente en el ocaso
del mas claro Sol de las Españas . .. , para describir las honras de Felipe
IV, y la Inquisición imprime sin recat~ su Honorario Túmulo, Pompa
E.-requial y Imperial Mausoleo, que mas fina Artemisa la Fe Romana.
por su Sacrosanto Tribunal, de Nueva Espa.ña erigió y ce&ebró, llorosa·
Égeria, a su Catholico Numa y amante Rey Philipo Quarto el Grande ...
En el siglo XVIII continúa y se acrecienta el barroquismo de los
títulos. Desde 1701 tenemos ya El Sol eclypsado antes de llegar al Zenid,
Real Pyra que encendió a la apagada luz del Rey N. S. D. Carlos JI ...
y un Llanto de las estrella.S' al ocaso del Sol anochecido en el oriente . .".,
en 1725, para los funerales de Luis I; ep 1747 El Rey de las Luzes y
la Luz de los Reyes encendida sobre el candelero de la fúnebre Pyra para.
aclarar desengaños a los Soberanos, Philipo V el Animoso ... y para ha-
blar de las honras de la reina Bárbara de Braganza se necesitó titularlas
Triste.s Ayes de la Aguila Mexicana ...
A fines del siglo xvn! y principios del XIX, con la implantación del
neoclásico, los títulos apenas son Reales Exequias ... , Honras fúne-
bres r . . , Sermón funeral ... , y a mediados del siglo se usó mucho de la
expresión Corona Fúnebre.

* * *
A primera vista la bibliogr¡1fía funeraria produce un tedio inconte-
nible y una especie de seguridad de que esos libros no sirven para nada.
Sin embargo, tienen interés para la Historia y el Arte. Para el historia-
dor encierran biografías con gran cantidad de datos desc~nocidos y algu-
nas veces sólo conocemos a un personaje por su sermón necrológico. Claro
está que hay que ser cautos, pues muchas veces son una serie indigesta de
elogios ·inmerecidos o falsos. Hablar, por ejemplo, de las "virtudes" de un
Carlos II, de un Carlos IV o de una María Luisa de Parma, es decir ya
su absoluta inutilidad. Y hubo predicador, el jesuíta José de Porras, que
se atrevió a decir en, el púlpito, durante las honras del encomendero de
Zacatl~n, Andrés de Carvajal y Tapia, en 1677, individuo que sólo se
distinguió por las fuertes sumas que dió a la Iglesia, que "hablaba sobre
seguro de que no padecería penas quien con tantas limosnas tenía satis-
facción a sus culpas".

20
En cambio, para personas mexicanas o residentes en México, los
sermones funerales son muchas veces insustituibles, como en el caso de don
José de la Borda, cuya Fúnebre Pa.rentación, de Jiménez y Frías, es la me-
jor guía biográfica del ilustre minero.
Para el historiador de costumbres y para el folklorista tienen la im-
portancia de las detalladas descripciones de ceremonias, fiestas, trajes, ca-
rruajes, procesiones y protocolos. Para el historiador de las artes plás-
ticas llevan los nombres de los mejores artistas de cada época, arquitectos,
pintores, escultores y orfebres, que hacían las piras, así como de los gra-
badores que las dibujaban. Tienen interés, también, para la historia de la
poesía y de la oratoria, ya que eran llamados para los versos, epitafios y
sermones, los mejores poetas y oradores del inomento, y aun para la his-
toria de la música, pues aparecen muchas veces los nombres de los músicos
que tocaban o componían las vísperas y las misas de requiem de los fune-
rales. r

* * *
Un impreso de exequias consta, en general, de la descripción de los
últimos momentos y muerte del personaje y un breve relato de su vida
y buenas obras ; las ceremonias del translado a la iglesia; descripción de-
y
tallada de la pira íos sermones latino y castellano que se pronunciaban.
A veces llevan grabados de las pinturas que adornaban la pira y u~a
gran lámina, doblada, reproduciendo todo el monumento. Estas láminas
han sido arrancadas de sus lugares, con deplorable frecuencia, por lo que.
ahora es muy difícil encontrarlas. Don José. Toribio Medina dice haber
conocido diecinueve grabados ele piras en la época colonial, a los cuales
añado algunos que no le fué posible localizar al ilustre chileno.

* * *
Al leer estos .libros se nota que eran escritos para ser conocidos fuera,
en España sobre todo, pues describen con minucia ''no sólo las piras y ce- '
remonias, sino los templos donde se erigían. Se pretendía impresionar a
la corte española y demostrarle que las colonias eran fieles y seguían los
pasos de la vigilante Madre Patria. "Préciase la Nueva España de ser
tan émula de la Antigua en el 'amor y reverencia para con sus Príncipes
-se dice en unas Honras fúnebres- que como aunque tan cortés. con sus

21
mayores, 1~ confiesa en todo de buena gana la ventaja, pero en esto aún
no le sufre la con.¡.petencia ... "
Y hubo casos en que los autores ganaban una canonjía o una mitra,
si eran sacerdotes, o ascensos en sus puestos si eran laicos, ayudados por
estas patrióticas .Y entusiastas descripciones, aparentemente rendidas y
amorosas hacia los lejanos reyes o sus delegados en América.

LAS CEREMONIAS FUNEBRES.

Cuando llegaba la noticia de la muerte de una persona real a la Nueva


España, lo primero que se hacía era "publicar los lutos", por medio de
pregonero y música, con solemnes visitas de la Audiencia al virrey, del
virrey al arzobispo, de éste a la Audiencia, etc.
Se procedía luego a la preparación de las honras fúnebres, de las cua-
les se encargaban, casi· siempre, algunos oidores, que llamaban al arqui-
tecto o pintor m~s importante para qué diseñase la pira, .así como a los
poetas y doctores universitarios para Íos versos, inscripciones y epitafios,
pi"diendo a las altas autoridades eclesiásticas eligiesen al predicador de los
sermones y elogios de la real carroña.
Si el ilustre personaje moría en México, se instalaba la capilla ardien-
te en su casa o en los respectivos palacios si era virrey o arzobispo, trans-
ladándose después a. la catedral o iglesia donde debían celebrarse las exe-
quias.
Como ejemplo del ceremonial en caso de muerte de un arzobispo,
hago la glosa del efectuado a don Ildefonso Núñez de Raro y Peralta, que
fué, a la vez, arzobispo y virrey.
Se nombraron dos "comisarios" del Ayuntamiento para que se en-
cargasen de todo lo relativo a las honra~. Comenzaron por dar parte al vi-
rrey de la muerte del prelado; fijaron edictos llamando a los cleros secu-
lar y regular y congregaciones píás, así como a la Audiencia y al corregidor
de la ciudad. ·
A las nueve de la mañana comenzaron las cien campanadas de vacante,
una cada cinco minutos, mientras en el palacio episcopal se pr¿cedía a ves-
tir el cadáver. Dos lacayos llevaron primero en grandes charolas de plata
la ropa interior, blanca y morada, es decir, "camisa, calzoncillos, calcetas
y justillo" y "medias, calzones y chupa" ; después otros dos lacayos tam-
bién en fuentes de plata llevaron las vestiduras sacerdotales, así como la

22
"mitr~ preciosísima", el' anillo y el pectoral. Una vez dentro del ataúd, ~e
puso sobre éste, en forma de equis, el báculo como obispo y el bastón de
mando como .virrey que babia sido: · · · ·· ~;. :· ' '· !' .
·Al día siguiente se reunieron eri el ·palacio virreinaf el'Vtrrey;1~:Real
Audiencia, Tribunal de Cuentas, Oficiales Reales,· N obilí\>hna: Ciutlad,
Real y Pontificia Universidad, Real Tribunal-del Cons~dadó ·-y;Rear Proto-
medicato, que en solemne y vistoso conjunto fueron a dar:' el p~same al·Ca-
bildo sede .vacante reunido en el palacio del· arzobispo;· Alli ·se organizó
la .pr.ocesión que debía trasladar el cadáver, yendo por· las cálles del Semi-
nario, pimera·y segunda del Reloj, la Eñcarnación, Santo Domingory:·Em-
pedradillo, hasta .llegar. aJa puerta mayor -de la: catedral- Estas calles te-
nían el gran toldo usado en la procesión del Corpus.· · · ..
!'Abría paso a la procesión· un déstacatnentó ·de artilleros; .con· cuatró
1
¡>) cañones de campaña sobre sus cureñas; que ibati arrastrados por cuatro mu-
las enlutadas y ·séguidos de cuatro· dballos despalmados, con ca:patazories
negros. Continuaba una- compañía de· granaderos del Comercio, ·capita-
neándola a caballo, con espada en mano,. el señor Coronel del Regimiento
de Toluca, con su Teniente <;oronel y Sargento Mayor. Seguían en. su or-
den debido, y con sus respectivas insignias, Parcialidades, Cofradías, Or-
denes Terce~as, Sagradas Religiones, Cruces Parroquiales, copiosísimo
Clero, Congregación de San !>edro,. Curia Eclesiástica, Colegio de Infan-
tes, Capilla de Catedral, Capellanes de coro, Curas urbanos y algunos
foráneos, cuatro pajes del Exmo. ·Sr. Virrey y otros tantos del Exmo.
Difunto, todos cQn hachas de cuatro pabilos en mano y últimamente el
Ilmo. Cabildo, con capuces de luto, entre cuyos individuos iba el cadáver.
El Real y Tridentino Seminario, arrastrando beca, principiaba el numeroso
Cuerpo de Duelo, que continuaba el Protomedicato, Consulapo, Universi-
dad con borlas y c~pelos volteados, Nopilísima Ciudad, Caballeros, Oficia-
lidad, Tribunal de Cuentas, Real Audienda y el Exmo. Sr."Virrey. Cerra-
ban el acompañamiento el Regimiento l!rbano de esta capital, un escuadrón
de Dragones de México, la estufa del Exmo. Sr. Virrey y la que servía
·al Exmo. Sr. Difunto, enlutada con finísimo gusto, y con tal arte y-pr!mor,
que se arrebató la !=Omún admiración". 1

1 Relación de· la F{mebre Ceremonia ... , 1802, fol. 22.

23
* * *
Y a en el interior de la iglesia, se procedía al ceremonial litúrgico,
que nos describe de visu, el diarista Antonio de Robles el día 27 de abril
de 1701 en las honras de la condesa de Orizaba en el santuario de Gua-
dalupe: "Miércoles 27, por la mañana, fueron cantando sus misas las re-
ligiones en las capillas, y luego sus responsos en el túmulo, que era óvalo.
y tenía quinientas luces, cinco cuerpos, siri la mesa ni urna de arriba,
sobre que estaban las armas reales, corona, cetro, espada y un lábaro que
dijeron sirvió en el entierro de Felipe IV. A las nueve, habiendo venido
el virrey, audiencia, tribunales, religiones, ciudad y gran concurso, se
comenzó la misa, que cantó el arzobispo, siendo diáconos los canónigos don
Domingo Bayón Bandujo y don Juan Parcero, y habiéndose acabado,
predicó el do!:tor don Rodrigo Flores, canónigo lectoral; y luego se can-
taron los responsos en contorno del túmulo ; el primero el deán, el segundo
el maestrescuelas, el tercero el provisor, el cuarto y último el arzobispo,
conforme al ceremonial romano . . . "

24
PIRA S
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
LAS PRIMERAS PIRAS EN MEXICO.

Las dos primeras piras mortuorias que se elevaron en la Nueva Es-


paña tienen sabrosas historias.
La una fué hecha, no para un mu~rto, sino para un vivo, en las hon-
ras que celebró la ciudad de México por el alma, aún en su cuerpo, de
Hernán Cortés. La otra tuvo un o~igen milagroso, al revelársele a un
fraile, en un rapto místico, antes de tiempo, la muerte dei emperador Car-
los V.
El día 20 de marzo de 1525 los· habitantes de la recién construida
. . ciu-
dad de México oyeron pregonar los lutos, "con trompetas y atabales", por·
la muerte de su conquistador y fundado'!". El capitán· Diego de Ordaz había
llegado a Cuba, de Xicalanco, con la noticia, mal averiguada, de que Cor-
tés y sus compañeros habían muerto en el viaje de las Hibueras. Escribió
ai'factor Salazar, y éste, gozoso con la nueva, no esperó a confirmarla. sino
que ordenó a los franciscanos celebrar una solemne n1isa de difuntos, con
una gran pira en medio de la iglesia. "Y cuando el factor vió la carta -di-
ce Berna} Díaz- la anduvo mostrando en México a unos y ,a otros, y
echó fama de que era muerto Cortés y todos los que con él fuimos e se
puso luto, e hizo hacer un túmulo e monumento en la Iglesia Mayor de
México, e hizo las honras por Cortés." 1 1

El conquistador, que gozaba de salud excelente y se preparaba en


esos días a venir a M~ico, lloró de rabia cuando supo lo de sus prema-
turas honras fúnebres, y más cuando aquel adulador de los Oficiales Rea-
les, cuyo nombre calla Bernal Díaz, vió en el patio de Tlaltelolco "que
se ardían en vivas llamas el alma de Cortés y de doña Marina e lá del
Capitán Sandoval e que de espanto ·dello estaba muy malo". ¡Ni siquiera

Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva Espaiia, cap. (:LXXX.

2'1
habían servido las misas, honras fúnebres y el túmulo, para salvar su alma .
del infierno !

* * *
N os cuenta el cronista Larrea que fray J acobo Daciano, el ilustre
evangelizador de Michoacán, "siendo guardián del convento de Tarécuaro,
una noche, en un gran rapto que tuvo, le reveló Nuestro Señor la muerte
del emperador Carlos V. Luego por la mañana puso un túmulo tal, cual
lo permitía la grandeza del difunto en la corta esfera de aquella iglesia y
le celebró misa de cuerpo pr~~ente, con la ·solemnidad mayor que se vió
en aquellos principios. Los religiosos, admirados, le preguntaron la causa
y dijo que eQ_aquella hora era muerto el emperador, lo cual se confirmó
después de algunos meses que llegó la flota y hallaron que había muerto
a la hora que había dicho el santo Jacobo Daciano". 2
Podemos aceptar el fondo histórico de la leyenda como una ceremonia
y una pira funerarias que .se hicieron célebres en aquellos tiempos por
haber sido anteriores a las exequias que la ciudad de México celebró
a Carlos V, y cuya fama llegó, aún fresca, hasta 1629, en que fué reco-
gida por Larreél. en su Crónica.

* * *
Con seguridad que las primeras personas importantes 1puertas en
México, como los obispos Zumárraga, Garcés y Quiroga y los primeros
oidores, tuvieron piras en sus funerales, así como los conquistadores y
primeros pobladores importantes, pero nada nos dicen las. crónicas de
cómo fueron estos monumentos funerarios.

2 Crónica de la Orden de N. Seráfico P. S. Francisco, México, 1882, tomo n,


pág. 185.

. \ 28
EL TUMULO IMPERIAL DE CARLOS V. MEXIC0 1 1559.

La pira más solemne del siglo XVI fué la de Carlos V, elevada en la


capilla de San José de los Naturales, del atrio del convento de San Fran-
cisco. N o se puso en la catedral por ser ésta "pequeña y baxa y no había
lugar donde el Túmulo Imperial, en aquella altura y grandeza que conve-
nía, se plantase"'.
Para la obra "mandó el virrey a Claudio de Arziniega, architecto ex-
celente, Maestro Mayor de las obras de México, que trazase y ordenase
el Túmulo, y hecho el modelo de él se lo· trajese para que por él se viese
lo que se había ele hacer". ·
Tardó Claudia de Arziniega tres meses en hacer la pira, mandándose
pintar, mientras tanto, los escudos y alegorías, así como "otras muchas
historias y figuras", a los pintores indios "de toda la comarca de México",
obras que resultaron "en extremo muy avisadas y pintadas muy bien al
natural".

* * *
El túmulo tuvo planta de cruz_ griega, con una capilla central a la
que se subía por una escalera de nueve gradas. Fué de dos cuerpos, sos-
tenido el primero por doce columnas y el segundo por cuatro. En el pri-
mero, en la capilla central, iba la urna, cubierta dé un paño con el escudo
imperial bordado. y sobre un cojín, la corona; a los lados banderas, y en
el derecho un casco coronado.
En el segundo cuerpo, que era como un templete, con techo a dos
aguas, iba una inmensa águila bicéfala, con "la cabeza, alas y pies do-
rados".

29
* * *
El grabado en madera que reproduce el primer cuerpo (los folios
donde debía ir el grabado del segundo están perdidos en los dos únicos
ejemplares que se conocen) nos da magnífica idea de las proporciones y
majestad del túmulo, a pesar de que no aparecen en él las pinturas, esta-
tuas, banderas y letreros que llevó en gran número, como se verá en la
descripción. . ·
Con un dibujo ingenuo y esquemático dé esta pira termina el Códice
. Tlaltelolco, en el que pueden verse sus dos cuerpos; en el primero un
enorme esqu~leto arquero, recordando las estatuas de la muerte, sobre
todo aquella "de tanta grandeza que de abajo podía muy bien ver.se" 'Y
que debió impresionar mucho a los indígenas; en el segundo, techado a
. dos aguas, el águila imperial. Lleva además, para que no quepa lugar
a duda, un letrero en náhuatl con las palabras castellanas "Carlos" y
"San Francisco". 1
Por el grabado, el dibujo y la descripción, se pudo reconstruir esta
pira en esquema completo, publicado en el volumen v~ de Iglesias de JVf é-
.nco.

* * *
La descripción de la pira fué hecha por el humanista don Francisco
Cervantes· de Salazar, sin duda aconsejado en los términos técnicos por
Arciniega, en el libro Tú1izulo Imperial de la Gran Ciudad de NI éxico, edi-
tado por Antonio de Espinosa en 156Q. 2 La reproduzco con ortografía mo-
derna, para mayor facilidad de ¡SU lectura:

Era este túmulo a manera de crucero, conforme a esta


demostración de esta planta. 3 Tenía cuatro capillas colate-
rales que abrazaban la capilla mayor, donde estaba la tum-
ba de Su Majestad, todas fundadas· sobre doce columnas
1 Es un error del señor Robert H. Barlow el afirmar que esta pira fué de
don Luis de Velasco, que no podría llevar águilas imperiales, y cuyos funerales fue-
ron. en Santo Domingo y no en San Francisco. En "Estudio del Códice Tlaltelolco",
al fin del libro El Primer Colegio .de América, del padre R. Steck.
2 Edición facsimilar de Justirto Fernández y Edmundo O'Gorman, con prólogo
de Ferlerico Gómez rle Orozco. Alcancía, México, MCMXXXIX.
3 Lámina 2.

30
'>

de orden dórica. Tenía la capilla mayor veinticuatro pies en


cuadro, y por cada una de las cuatro capillas subían esca-
leras con catorce gradas a la capilla mayor donde estaba la
tumba. Y no se les dió a estas capillas más salida de la que
era menester para las gradas, como más claramente se mues-
tra en esta planta, porque..en la montea no se puede entender
tan enteramente, por causa que son muchos cuerpos, y por
estar los unos delante de los otros, la perspectiva no da
·lugar. . · ..
La montea del túmulo en el cuerpo primero llevaba
doce columnas, como por ella [la planta] mejor se enten-
derá, de orden dórica, con sus pedestales, basas, capiteles
y arquitrav~s, frisos y cornisas. Todos los miembros. que
llevaba este cuerpo eran de género dórico, porque conve-
nía así para la grandeza del túmulo de tan gran señor, y
por ser este género robusto y fuerte.
Las columnas A. B. C. D. E. F. G. H., como en la
planta está señalado, tenían sus pedestales cada uno de al-
tura ocho pies, con su basa y capitel, dado a cada moldura
de éstas lo ,que le convenía, conforme a su género, quedando
para la pintura del pedestal su, proporción, que era la que
tenía su cuadrado por su línea diagonal, dentro de los cua-
les, como diré en su lugar, estaban las figuras y letras que
después se pusieron.
Tenía cada columna de alto, con la basa y. capitel, sin
el pedestal, veinticuatro pies,· repartidos en esta manera:
la basa tenía de alto la mitad del grueso de la columna por la
parte de abajo, y el capitel otro tanto, y el tronco 'de
la columna veintiún pies, de manera que estas primeras co-
lumnas tenían veinticuatro pies, y ocho los pedestales, que·
venían a tener est¡¡.s capillas y cuerpo primero, treinta y
dos pies de alto, hasta llegar a los arquitraves ; tenía cada
columna de diámetro tres pies, de manera que venían a ser
de ocho gruesos, cada columna ·con basa y capitel, y para
dórica venía a ser más estirada un grueso de lo que re-
quiere, y esto se hizo consideradamente, porque como las
columnas de esta primera orden ·y cuerpo primero eran
muchas y estaban cerca de la vista, no se ocupasen las unas
a· las otras.
Las salidas de las basas y capiteles de estas columnas
eran la cuarta parte de lo grueso de ellas, y al;!imismo las
molduras que guarnecían los pedestales eran dóricos, con
aquellas salidas y razón que el arte lo requiere.
Fueron las dichas columnas disrt1inuídas y estriadas, lo
que su género demanda, de manera que daban muy gran ser
a la obra. Las cuatro columnas l. K. L. M., que estaban

31
en la capilla de en medio, no daban muestra de los pedes-.
tales, porque la cama del túmulo les hacía, a todas cuatro,
un pedestal, donde cargaban las basas el peso de las otras
ocho de afuera,. y por esta razón venían a ser todas las co-
lumnas iguales, lo cual todo guardó bien el arquitecto y
tuvo gran consideración y aviso en todo, porque si las unas
·vinieran más altas que las otras, habían de ser necesaria-
mente unas más· gruesas que otras, y causaran despropor-
ción, y haber esta variedad en un mismo cuerpo es cosa
reprobada en buena arquitectura.
Con esto se da la razón de este primer cuerpo, hasta
los capiteles ele las columnas dichas, sobre las cuales venía
el arquitrave, friso y cornisa, que guarnecía toda la obra
por arriba, lo cual tenía todo cinco pies y medio ele alto, y
de grueso lo que tenía la columna por la parte ele arriba
en el cual grueso iban labrados unos florones. Y la cornisa
tenía ele alto un pie y tres cuartos ele pie, y lo restante al
friso, el cual, aunque llevaba su alto, no llevaba en los tri-
glifos y metopas que se suelen poner, sino ntuchos despojos
de guerra y trofeos de la muerte, muy bien labrados, y no
menos agradables a los ojos que los mirabari;
Sobre la cornisa de este primer cuerpo venía un fron-
tispicio por remate ele cada capilla colateral, que tenía de
largo cada frontispicio, lo que tenía la capilla de ancho ele co-
lumna a columna, dándole la altura conforme a su razón.
Y este remate de frontispicio también lo hacía en los lados
de las capillas, donde se juntaban para remates de ellas
dos medios frontispicios ele esta manera: de la columna A
hasta la columna I. medio. De la columna I. hasta la colum-
na H. · otro medio, que hacía un ·frontispicio entero, y de
esta manera quedaban las c~pillas por los lados con sus
remates, ni más ni menos que por delante.
Teníah los cuatro frontispicios delanteros, en las ·pun-
tas de ellos, sus acróteras muy bien labradas, conforme a su
razón, encima de las cuales y de cada una de ella!:! ('staban
puestas cuatro muertes de bulto, muy al natural, que tenía
cada una de alto.· ocho pies, y cada una de ellas tenía las in-
signias de la muerte, diferentes las unas de las otras, las cua-
les no se ponen en la montea porque no ofusquen a las
armas imperiales que estaban dentro. Y a los lados de estos ,
frontispicios, sobre las ocho columnas ·que tenían pedestal~s,
venían por remate ele ellas unos obeliscos a manera de agujas
piramidales, que tenía cada una de alto treinta pies, las cua-
les parecían muy bien, y con estos obeliscos y frontispicios
hacían fin y remate por de fuera las cuatro capillas colate-
rales, y por de dentro de ellas pasaba el mismo ornato de

32
arquitrave, friso y cornisa en cuadro. Como por ele fuera y
sobre la cornisa se cerraban esas ... " (Aquí se interrum-
pen los dos únicos impresos conocidos de este libro rarísimo,
faltando los folios S y 6.) ·
Agraciaban, como dije, por extremo el túimtlo los obe_;
liscos y agujas piramidales, y porque los espacios bajos de
ella, cubiertos en los lados, que podían ser vistos de las figuras
y letras que se pusieron detenían los ojos de los qüe miraban,
bien prosiguiendo lo que demás había reparar en cuatro muer-
tes de bulto, cada una con diversa postura, que estaban so-
bre ciertos remates a manera de basas que hacían los frontispi-
cios, que no menos ocupaban y detenían a los que miraban.
Y aunque hasta lo póstero del túmulo había otras figuras de
las cuales diré luego, porque trate de estas cuatro muertes.
Es de saber, que con gran aviso, en el remate de todo 'el
túmulo se puso otra muerte también de bulto, de tanta gran-
deza, que de abajo podía muy bien verse; poníase una coro-
na imperial en la cabeza, dando a entender que es poderosa
sobre todos los príncipes y monarcas, y con ella se remata y
acaba todo lo que hay en el mundo.
Las cuatro capillas colaterales tenían la cobertura arte-
sonada de unos florones y trofeos. de la muerte, muy bien la-
brados, y las columnas eran negras, que imitaban cuanto la
pintura pudo alcanzar a piedra ele aquella color .
. Sobre este primer cuerpo venía otro. en manera de ca-
pilla, disminuyendo del primero, acompañábanle las agujas
piramidales, que subían hasta igualar con el arquitrave,
friso y cornisa del segundo cuerpo, con la majestad y gran-
deza que ya se dijo en la descripción de este túmulo, y con
tal artificio esculpidas, que daban muy bien a entender ser·
insignias de tan alto príncipe, y con estar en alto y apartado
de la vista, era lo que mejor se veía y más adornaba el tú-
mulo ; tenía el águila cabezas, alas y .pies dorados, y todo lo
demás del cuerpo del color de las águilas reales.
Estaba cubierto el túmulo a dos aguas 1 y la cubierta, que
era muy grande y muy espaciosa, como la altura del túmulo
lo pedía, se· sustentaba sobre altas columnas, que como dije
hacía siete naves respondientes a las de las capillas de San
Joseph. . . Cubrióse la capilla y todo lo demás del patip,
que llegaba hasta la danza de arcos, de paños negros, y
sobre ellos por su concierto ·y por trechos se pusieron mu-
chos escudos imperiales y reales, insertas diversas figuras
de muertes, de manera que el que miraba el túmulo, espe-
cialmente cuando la cera se encendió y daba vuelta con los
ojos al ornato de las paredes, levantándolos a la cobertura
del túmulo, volvía sobre sí por olvidado que estuviese de la

33
muerte, ofreciéndoS'ele, a cualquiera parte que volviese el
:rostro, la necesidad de! morir y el- poder grande de la muerte
que a monarca tan invencible venció,

Las pinturas que adornaban la pira fueron :

Una diosa quitando una guirnalda a Ulises y ponién-


dosela al Emperador.
Muchos indios tristes, con velas en las manos.
Un villano robusto procurando acorvar una palma, que
simbolizaba la constancia.
La muerte teniendo a Carlos V de la mano, y junto la
fe, con una cruz y era "que había vivido para la fe".
Un castillo con un león a la puerta tendido y en lo alto
un gallo, en símbolo de los reinos que ganó y conservó.
El laberinto de Dédalo, con un clavo en la puerta y un
ovillo colgado del clavo, recordando que había salido airoso
de muchas difíciles empresas.
Hernán Cortés ante el Emperador, armado y con la es-
pada desnuda en la mano "y a par de él muchos indios, re-
cordando -la conquista".
Hernán Cortés a caballo "viendo los navíos quemados
y echados al través". 1
La muerte levantando un brazo al cielo y Carlos V
dándole la mano, "contando sus triunfos, rindiéndose con
ellos a la muerte".
El "buen celo", vestido de blanco, con dos rostros, uno
mirande al cielo y con un brazo alzado ; el otro mirando al
suelo y bajado el brazo; significaba "haber guiado las cosas
temporales para el cielo".
Carlos V sentado en un trono, en campo claro, y "los
nueve de la fama" en campo oscuro.
La muerte con una culebra enroscada en el brazo de-
recho, en la mano una saeta, "simbolizando la necesidad
del morir y la prudencia con que se ha de esperar".
Carlos V, abiertos los brazos, esperando la muerte con
rostro alegre.
La ciudad de México, sobre una laguna, "con muchos
ídolos quemados y quebrados y arrojados del templo".
El Emperador sentado en su trono y Alejandro, Aní-
bal, Pirro y Escipión recogiendo yerbas como "vencidos".
1 Como hace notar Federico Gómez Orozco, en el prólogo del Túmulo,
es probable que de este pasaje de Cervantes de Salazar haya nacido la falsa
leyenda de la quema· de las naves de Cortés.

34
El Emperador en su trono y Moctezuma y Atahualpa
reverenciándolo, de rodillas.
El Papa Alejandro VI dando el Nuevo Mundo a Fer-
nando el Católico.
La prisión de Cuauhtémoc.
- El sultán y los reyes de Francia y de Inglaterra "con
_ Arpócrates que los obliga a callar".
Hernán Cortés derrocando al Hu~tzilopóchtli del templo
mayor.
La muerte y la fama contendiendo' ·sobre· Carlos V.
Apelo,· sobre los muros de la ciudad de México, "sim-
bolizando a la Universidad".

* * *
Cuando Cervantes de Salazar murió, en noviembre de 1575, se puso
en la Catedral una modestísima pira, cuya compostura costó apenas "un
peso", haciendo las pinturas de unas muertes el dibujante de naipes Cristó-
bal García, quien cobró cuatro pesos por ellas. 1

1 Comunicación del señor don Agustín Millares Cario.

35
i

·.
... 1
1 '

... / ci
.• '
. '
! ~~
r;,~~rcl•..:."-!-~~---- ... ,, ............... ,, ,.. •• 1·· •. . . . .~...........~..~..a,w•w ~

..

.. ••
2. Planta del Túmulo Imperial ele Carlos V
:l. Parte f inal del Códi ce Tlaltelolco, con el Túmulo Imperial
-t. Reconstrucci,)n del Túmu lo Imperi al,
en ! ,r¡lesias de M r.rico, vo l. 1·1
PIRA DE FELIPE 11. MEXIC0 1 1599.

Uno de los libros más raros de la bibliografía colonial mexicana es la


Relación histórica de las E.t"equias Funerales de la 1\llagestad del Rey D.
Philippo JI nuest1'0 S eiior. Hechas por el S ando Officio de la Inquisi-
ción ... por el Doctor Dionysio de Ribera Florez. M é:rico, En casa de Pe-
dro BGJlli. 1600, que describe la pira que se elevó en Santo Domingo a la
memoria de Felipe II. 1
Fué obra el catafalco, "invención harto extraña", de Alonso Arias,
arquitecto, ingeniero, relojero, cosmógrafo y rpatemático, muy conocido
por su rivalidad con el célebre Enrico Martínez en el asunto del desagüe
del Valle de México.
Como no hubo grabado del monumento, tenemos que contentarnos con
la detallada descripción del doctor Ribera, que copio íntegra por ser inte-
resante y desconocida, pues don Joaquín G~rcía Icazbalceta sólo trasladó,
en su Bibliografía del siglo XVI, la parte del libro referente a la Inquisi-
ción. Dice así, con moderna ortografía:

Se plantó un túmulo de maravillosa y singular arquitec-


tura, de ordenanza dórica y forma cuadradá, que tuvo por
todo su cuadro cincuenta y dos varas, y de altitud veintiséis,
a que se subía por nueve gradas espa~iosas y bien trazadas. ·
En cada una de las esquinas de los cuadros salía, con ma-
ravilloso compás, un cubo redondo, cuya mayor parte de su
diámetro resaltaba fuera de la planta del terrapleno, qu~ él
y. el cubo se guarnecían con basa y contrabasa con que se
acababa la planta.

Agradezco a Antonio Sánchez Barbudo y a la Biblioteca de la Universidalf ·


de Austin la copia fotostática de esta parte de la Relaci6n, cuyo único ejemplar CO-:-
nocido se encuentra allí.

41
En los colaterales de este terrapleno se pusieron dos lien-
zos historiados, de blanco y negro, al óleo, con las figuras e
insignias que adelante diremos, que ocupaban aquellos dos
vacíos y hacían un muro hermosísimo a la vista del pueblo,
que tuvieron que mirar en esta pintura y su curiosa guarni-
ción.
Sobre esta planta se formó el primer cuerpo del túmt;lo,
guardando la forma cuadrada de ella, sobre que se asenta-
ron ocho columnas, las cuatro de la parte de fuera sobre sus
pedestales, los cuerpos en forma redonda, el primer tercio
de estrías llenas y los dos tercios hasta sus capiteles de estrías
acanaladas, que parecían graciosamente a la vista. Las otras
cuatro columnas que se pusieron por la parte de dentro hicie-
ron otro cuerpo en forma cuadrada, que con propiedad se
dicen pilastras. Estas tuvieron su planta más alta que las
cuatro columnas una vara, a que se subía por cuatro gradas.
De estas cuatro pilastras se movían con buena gracia cuatro
roscas de arcos descollados que formaban una manera de
encasamiento en modo de capilla y hacían haz, por lo alto,
con los capiteles de las columnas redondas que habemos dicho
se levantaban por la parte de fuera. Estos dos cuerpos, por
estar uno dentro de otro, con tan buena ordenanza que no
se impedían los unos miembros a los otros para gozarlos
libremente, formaron el primero y principal cuerpo del túmu-
lo, que fué una invención harto extraña y digna del ingenio
y entendimiento raro de don Alonso Arias, hombre genera-
lísimo de grandes trazas y maravilloso arquitecto; doctísimo
en los sentidos de las figuras de escultura y dibujo y artifi-
ciosísimo en la armonía de los relojes, que los hace con grande
primor, que en este túmulo mostró bien en un tiempo tan bre-
ve, que para sólo imaginarlo le faltará a otro.
Sobre su primer cuerpo corrían sus cornisamientos por
lo alto de los capiteles con grande gentileza, mostrando
el arquitrave, friso y cornisa, miembros que forman el cor-
nisamiento, todo él iba haciendo unos resaltos graciosísi-
mos, que salían del cuerpo de dentro, con quf! se guarnecían
y hermoseaban las primeras columnas de afuera. En los dos
ángulos de estos cornisamientos, que hacían rostro al pueblo,
·Se plantaron cuatro figuras de escultura, dos ep cada ángulo,
que fueron, Temor, Espanto, Llanto y Sentimiento, con los
rostros y manos de encarnación al natural y el cuerpo y ro-
paje de color pardo claro, que bañaba el túmulo con algunas
fajas y cejas de blanco y negro en los lugares convenientes,
que mostraban la obra rústica que para el acto fúnebre pa-
reció muy acertada. En los otros dos ángulos, ·que respon-
dían a éstos, se plantaron otras cuatro figuras, dos en cada

42

.,/
ángulo; éstas fueron Genio, Entendimiento, Deseo y Pensa-
miento, que todas causaban una vista extraña con sus dife-
rentes posturas.
De este primer cuerpo se n1.ovía el segundo sobre un ban-
co, basa y cornisa, que recibían ocho pilastras con una mu-
ralla que corría por el reverso de estas pilastras que, para
hacer forma cuadr-ada, venía entre pilastra por esquina,
mostrando la arista y vivq. de la muralla que correspondía
al primer cuerpo, guardando con grande cuidado sus vivos
y perfiles. Sobre estas pilastras corría con gentil aire el cor-
nisamiento que recibía un arquíllo retorcido con cierta ma-
nera de vueltas acanaladas que hacían unas cartelas apartes,
revestidas de hojas romanas que adornaban aquel cuerpo
y arrebataban la vista de los circunstantes, porque 'ádemás
de su artificiosa labor había unos calados por donde pasaba
el resplandor de las lumbres, que bañaban de luz lo alto del
túmulo e iluminaban la capilla. Toda esta obra se ataba con
molduras muy curiosas por la parte alta y baja.
Este segundo cuerpo recibía una media naranja o cúpula
que con su recogimiento iba formando una extremidad de
tiara con que se iba rematando la montea gentil del túmulo,
que mostró la majestad en la que lleva del Monarca en cuyo
honor se levantó desde su planta. Fué esta hermosa cúpula
una peana que cargó sobre su extremidad, revestida con unos
cartones revueltos en hojas de grutescos, que con las cuerdas
trabadas que corrían por sus calados, parecía se sustentaba
en el aire.
Sobre esta peana se plantó una grande y bella figura de
cuatro varas de altitud, que abajo parecía natural a la vista, y
representaba el Tiempo, que se puso al desnudo, las alas ten-
didas con tanta viveza que parecía bajaba volando para ser ·
remate al túmulo, cuya figura fué piramidal, a que llamaron·· ·
los antiguos capilla ardiente. .
Sobre los cubos que dijimos del primer cuerpo se asen-
taron cuatro hermosísimas pirámides, de altitud cada una
de once varas, que estribaban sobre sus pedestales con basa
y contrabasa, que acompañaban las cuatro esquinas del túmu~
lo, que ceñía una barandilla que se ataba con las contrabasas
de estas pircfinides, toda ella de unos medios términos arti-
ficiosamente puestos con algunas pilastrillas compartidas entre
ellos, que adornaban el cuadro.
En lo que resaltaba sobre las columnas redondas se plan-
taron cuatro figuras de muertes de tres varas de alto, con
insignias y letras.
Sobre el perfil de los pilares cuadradps del cuerpo inte-
rior había otras cuatro pirámides, que respondían a las de

43
afuera, de cuatro varas de alto, que hacían una maravillosa
compostura, llevando los vacíos del túmulo y adornando sus
cornisamientos, sobre cuyos ángulos, con buen arte, se asen-
taron cuatro frontispicios quebrados, que parecían, por ser
obra thoderna que huye de lo común, muy graciosos y extra-
ños y de agradable parecer a la vista.
Entre cada uno de estos frontispicios se puso un escudo
ele armas reales, con matices y colores y dorado en los lugares
y campos convenientes a la hermosura ele la obra, acabados
al óleo, con pincel pulido, que ilustraban el remate del túmulo,
haciendo en su cerco una forma graciosa ele corona. La
imperial se puso sobre el principal frontispicio, que hacía ros-
tro al pueblo, que tenía otros dos frontispicios por colaterales
a que servían como púntas de la coronación ele este túmulo
cuatro gallardos remates que tuvieron su asiento sobre las ~ua­
tro pilastras del segundo cuerpo con que fenecía su ex-
tremidad con extremo.
Para subir al primer cuerpo de este túmulo se pusieron
nueve gradas, como al principio se dijo: en la planicie de él
se pusieron otras cuatro gradas para subir al cuerpo inte-.
rior, cuyo pavimento hacían los cuatro arcos que se mo-
vían en las pilastras que antes dijimos, en cuya planicie se
hacía una plaza de espacio de diez y seis varas en ámbito,
bastante para que allí se celebrase la misa mayor, como se
celebró, que fué singular traza y de grande majestad y
gusto para el pueblo, que gozó el aparato del túmulo y en
él de la celebración de la misa y ministros que a ella asistie-
ron. Asentóse el altar en medio, arrjmaclo a tl'es gradas que
subían por su reverso con eminencia, sobre que se puso una
tumba, su asiento junto con el perfil de la últmia grada, que
la hacía descubierta a la vista de la gente. Cubrióse con un
paño de terciopelo negro, que se extendía por todo el espacio
de la plaza que hacían las tres gradas, sobre que se tendió
otro de una rica tela de brocado, labrada de oro y negro,
con lazos que enredaban unos trozos de oro matizados de
negro, que autorizó aquel lugar, cubri~ndolo con los dobleces
descuidados que caían de lo alto de la tumba, sobre que se
puso un cojín de brocado negro que recibía la figura del
Rey N u estro Señor, las rodillas sobre el de talla entera,
con la viveza que en su lugar diremos. En el testero de esta
tumba se pusieron por ordt;n tres cartones graciosos para
las letras y sus insignias reales, que estaban arrojadas por el
circuito de la tumba.
En los costados de las cuatro pirámides principales se
plantaron cuatro reyes de armas con escudos en los pechos
de armas reales, mazas en los hombros, que acompañaban la

44
figura de Su Majestad y adornaban el suntuoso y hennosí-
_simo edificio del túmulo, a que no clió poca autoridacl1a co-
pia de banderas negras con armas reales esculpidas en .ellas;
ele oro y plata, que por los cuatro ángulos del túmulo se
pusieron en ambos cuerpos, que arrojándose fuera, ilustra-
ban su alteza y hacían pompa a la funeral que se esperaba.
En los cojines ele los pedestales ele las columnas se dibu-
jaron tarjas fUriosas, variadas en sus vueltas y roleos con
algunas aldeanillas y mascaroncillos, y en sus compartimientos
algunos grutescos que los revestían, que parecían muy bien,
donde se pusieron letras, y otros _vacíos se revistieron con re-
bescos (¿arabescos?) y sus realces oscuros que los sacaban
fuera, que con la reverberación de las luces en sus claros
parecían calados, por donde la luz del túmulo se derramaba;
ésta lo bañó por la mucha copia de cera que en él se puso,
de manera que no había sombra donde no dies~ luz, ni luz
que no se asombrase con los miembros graves del túmulo, que
quedó libre y desenvuelto para gozarlo sin perder la vista
ningtUla parte de él, ni de sus figuras y letras, que se pudie-
ron leer muy bien, aun las más altas, por haberse puesto con
acrecentamiento y disminución con buena perspectiva, para
que a todas partes las alcanzase la vista, que no adornaba
poco la cantidad de velas y hachas de cera blanca que se
pusieron por todo el cuadro de lá barandilla, ocupando cada
una de las vélas un balaustre y las pilastras recibiendo las
hachas, que hacían un bello y luminoso cuadro, cuyo orden
se guardó en los frontispicios, donde hubo copia de cera pues-
ta en buena ordenanza, que iba fingiendo la de la arquitec:-
tura, gt_!ardando este orden en los cornisamientos, media
naranja y sus perchas, por donde las luces se extendían, que
todos estos miembros estaban con ellas estrellados, haciendo
en su composición y o~denanza otro nuevo túmulo ardiente.

Las pinturas fueron de Andrés de Concha, "maravilloso pintor, cuyas


obras en España suspenden los pinceles de los más celebrados y pierden el
brío de enviarlas a estas partes, donde hay quien las acabe tan al vivb, ·
como lo manfiestan las que ha hecho en este reino. y lo dice el famoso re-
tablo que ahora de próximo asentó en el convento de San Agustín de esta
ciudad". 1

1 Una de las causas, seguramente, de la falta de pintura europea en México


durante la Colonia, debió ser esta exageración en los elogios a los artistas que ve-
nían, que puede encontrarse en todos los libros de la época, y lleganrlo en éste a decir
que "se perdía el brío de enviarlas", y con razón, en vista de lo satisfechos que esta-
ban aquí con lo que habla.

45
El lienzo principal fué la Fama, "de estatura del natural, con el vestido
a lo romanq, descubriendo el desnudo de músculos y brazos y partes de
garganta, pecho y planta y otros lugares que con honestidad mostraban
en el desnudo el arte de su artífice . . . parecía estar arrebatada al cielo,
con una elevación de escorzo en el rostro, sin que esta postura, que suele
quitar parte de la belleza, le disminuyese la de sus facciones, que mostraba
. pe.rfectísimas; el cabello suelto y desordenado, significando su congoja, las
alas caídas con algunas plumas a sus pies, en las manos la trompa que-
brada en dos partes, representando que aquel instrumento con que antes
publicaba los hechos hazañosos del grande Rey Philippo ya no era de nin-
gún efecto; mostraba en lo~. afectos de ojos y rostro, semblante y acome-
timiento, tanta tristeza, que la ponía a los que la miraban, y sin eluda fué
una de las más vivas y acabadas figuras, en lo que representaba, que se
pudo pincelar ; cercaban esta figura los cuatro elementos y un mancebo
dispuesto, con gentil aire y rostro hermoso y alegre, con vestido romano,
y en la marta diestra una corona de oro que significaba el Premio ... "

46
PIRA DE FELIPE III. MEXICO, 1621.

N o se conserva ningún impreso que trate de las honras fúnebres del


rey Felipe III. Existe tan sólo la noticia, en Beristáin, de que en 1623 el
poeta Arias de Villalobos publicó un libro con ese motivo, pero no se
conoce ningún ejemplar.
En cambio, en el Archivo de la Inquisición existe manuscrita una
"Breve Relación de las honras que el Tribunal del Santo Oficio hizo a
la muerte de Nuestro Señor y Rey don.Philippo Tercero que Dios tenga
en su gloria. Jueves 16 de septiembre de 1621 años". 1
Son dos romances de Juan Rodríguez Abril, poeta cuyos versos se
encuentran en las dédicatorias de varios libros de la época y que escribió
ese mismo año una Verdadera Relación de la mascarada que hicieron los
plateros en memoria de su patrón San Isidro.
El romance primero trata de los preparativos del Santo Oficio para las
reales exequias, la lucida procesión que se efectuó y las ceremonias litúr-
gicas de rigor.
En el romance segundo viene la siguiente descripción de la pira :

Aquel Sánto Tribunal .


que en hombros la fe sustenta
con sus fieles ministros,
asiento tomó en la iglesia,
donde para celebrar
de un Rey Justo las obsequias
se cubrieron las paredes
de unas colgaduras negras
a donde un túmulo estaba,

1 A. G. N., Ramo de Inquisición, tomo 918, fols. 388 a 391. Citado por Ga-
briel Saldívar en su Historia de la Música en México, México, 1934, pág. 234.

47
que de su mucha grandeza
pudiera tener envidia
mil maravillas efecias.
Fué el propio que levantó
la insigne real audiencia,
' sólo que ·en menos y más
tuvo algunas diferencias,
que siendo grande la plata
por subirle de montea,
se dió a la media naranja
de subida vara y media
y en vez de un león pequeño
que hizo remate en la iglesia,
una piráÍnide egipcia
dió remate a su grandeza.
Cuatro columnas faltaron,
que si tenía cuarenta,
aquí fueron treinta y seis,
porque fué el quitarlas fuerza ;
y es que los colaterales
que sirvieron en la, iglesia
. donde estaban las victorias,
que el Rey tuvo en mar y tierra,
no se pusieron aquí
por hallarse diferencia
en la fábrica del templo
y en bien no parecieran ;
el hueco del primer cuerpo
la tumba ocupó funesta
con un paño de brocado
rico en extremo .cubierta ;
un suntuosísimo altar
estaba hecho al pie de ella
donde dije ron las misas
e hicieron fas obsequias.
En los extremos estahan
sobre repisas muy bellas
doce figuras bizarras,
de la ilustre descendencia.
de nuestro· difunto Rey
y retratos todas ellas
de monarcas descendientes
ele la Casa de Austria bella.
Ocho pirámides graneles
con dieciséis más pequeñas,
hubo cubiertas de raso,

48
,,

de blanca y labrada cera


sin las hachas que en blandones
y candeleros de tersa
plata que hubo por adorno;
pompa, máquina y grandeza
de heroicas composiciones
en ricas tarjas y bellas
adornaron casi todo
el distrito de la iglesia.

49
PIRA DE FELIPE IV. MEXICO,· 1666.

La muerte de Felipe IV provocó en México l<;L publicación de uno


de los libros coloniales más importantes para la historia del arte, el
Llanto del Occidente en el ocaso del más claro Sol de las Españas, fúnebre
demostración que hizo, Real Pira que erigió en-las Exequias del Rey N. S.
D. Felipe IIII, el Exmo. S1·. D. Antonio Sebastián de Toledo, Marqués
de Mancera . . . México, año de 1666, por el doctor don Isidro de
Sariñana, que nos describe mi'nuciosamente la catedral, el palacio y otros
edificios públicos tal como estaban a mediados del siglo xvn. También,
claro está, describe la "real pira" de la catedral, que fué "maestrada de
Pedro Ramírez, insigne arquitecto", que es, quizás, 'el espléndido pintor
barroco que todo el mundo conoce.
Tardó el catafalco en labrarse y pintarse tres meses, habiéndose he-
cho en el patio y aulas de la Universidad, por los ciento cincuenta artistas
y artesanos de la "confusión ordenada" que fué citada antes. El 3 de julio
comenzó a armarse bajo la cúpula de la catedral, terminándose el día 18.
Por cierto que debido a esta pira se activa;on los trabajos de la cons-
trucción de la catedral y pudo estrenarse la cúpula, ante lo cual dice Sa-
riñana entusiasmado: "dirá el futuro que esta bóveda se descubrió para
celebrar las honras del Rey Don Felipe Quarto."
El gran zócalo del primer cuerpo tenía ocho pies de altura, subiéndose
a él por cuatro escaleras de doce gr~das. En los intermedios había die-
ciséis pinturas, cuatro por cada lado, y sobre este zócalo "se formaron
diez y séis pedestales de siete pies de alto, en que cargaban las ocho co-
lumna.$ del primer cuerpo, que eran de quince pies de alto, cuyas cañas
(fustes} estaban jaspeados de pardo y negr:o, y las basas y capiteles bron-
ceados, salpicados con oro, que hermosamente resplandecían al reflexo de
las luces".

51
En los intercolumnios iban doce estatuas enormes que recordaban a
Constantino, Le.ón el Grande, Carlomagno y Alejandro; luego Teseo; como
símbolo de odio a la tiranía, J asón, por constante en las adversidades,
Prometeo, por bienhechor de la h~anidad, y Jano, el rey itálico, como
protector ·de la cultura; después cuatro matronas que se llamaban con
los cuatro nombres que ha tenido la Madre Patria: Cetubalia, Iberia, Hes-
peria y España. ·
'~Para cubierta de este primer cuerpo formó el pincel un cielo arte-
sonado con fondos de jaspes y laceria de bronce, hasta rematar en una
piña de relieve, dorada, que, con las apariencias de hundido, desmentía
todas las realidades de llano . . . levantáronse sobre los cuadrángulos cua-
tro Riras de cinco gradas, qÜe disminuyéndose, subían hasta fenecer en el
pedestal de una estatua ... " Estas estatuas representaban a Salomón
en diversas y sabias actitudes de su legendaria vida; había además, doce
columnas de doce pies, "formando por el centro [un] cuerpo ochavado
y por fuera cuatro triángulos", en los cuales iban "cuatro muchachos de
bronce, desnudos, con bandas· negras y hachas de cuatro pabilos en las
manos".
En el centro de este segundo cuerpo estaba la gran estatua de Felipe
IV, "vestido de negro, bordado de oro, pendiente de ambos hombros la
capa ... en que la destreza de un escultor, sirviéndole de ejemplar un re-
.trato original de Su Majestad, le copió tan al vivo -dice sagazmente con-
movido Sariñana- que pudo interrumpir las lágrimas con que le llorába-
mos ·muerto".
El tercer cuerpo tenía seis columnas, con una estatua de la Fe en
medio, y remataba "en una pira de diez gradas y diez pies de alto, que
disminuyéndose piramidalmente remataba en un cirio y era como un cuar-
to cuerpo de la fábrica ... "
Este formidable catafalco tuvo noventa y cuatro pies de altura, que
son en metros cerca de treinta.
Las dieciséis pinturas, con seguridad de Pedro .Ramírez, están tos-
camente recordadas por los grabados anónimos que adornan el libro. Se
refieren a la vida y virtudes del rey. Me interesa recordar una de ellas,
por representar la idea que se tenía en esa época (y siempre) d~ la do-
minación española en México. Es un águila coronada, la española, que
expulsa a otra, la mexicana, del nido y cubre a los aguiluchos. Unos ver-
sos explican :

52
La Aguila Real expele victoriosa
del nido a la bastarda; mas piadosa
los polluelos que deja los alimenta
y adoptando a los hijos los fomenta;
de este modo también, Reyes Hispanos,
con los indios, polluelos mexicanos,
piadosos y clementes siempre fueron,
pero todos, Felipe, te cedieron ...

¡Felipe IV preocupado, como nadie, de "alimentar" y "fomentar" a


los hijos del águila "bastarda"!

* * *
El magnífico grabado de la pira, anónimo, nos regala, además, con
una visión de la catedral en 1666, con la cúpula que ¡;lerribó Tolsá y las
rejas de las capillas completas, así como del piso de cantera que la cubría.

* * *
También hizo Pedro Ramírez la pira de la Inquisición. para Felipe
IV, al precio de 1,500 pesos, con ocho lienzos de pintura, el primer cuer-
po sostenido por doce columnas y con ocho estatuas, el segundo con cuatro
colJ.UOnas y tres estatuas, una de ellas de Felipe IV, ~erminando con. una
media naranja que sostenía una estatúa de la Fe.
En el expediente se llama a Pedro Ramírez "maestro del arte de enta-
llador y escultor" y también "maestro de arquitectura y escultura" y hay
un extraño e interesante párrafo que dice : "Y este túmulo se ha de en-
tender que me he de quedar con él como cosa propia y que la cantidad de
1,500 pesos que se me dan soh por lo que tengo que fabricar en él." 1

1 A. G. N:, Ramo de Inquisici6n, Col. Riva Palacio; tomo 33, exp. 5.

53
)

5. Pira de F elipe IV, por P edro Ramírez, México, 1666


PROYECTO DE PIRA PARA MARIANA DE AUSTRIA. MEXICO, 1690.

He citado ya el expediente del Archivo General de la N ación en el


cual se contienen los gastos originados por la pira que la Inquisición elevó
a la reina Mariana de Austria en la iglesia de Sarito Domingo ; en él existe
también el proyecto que presentó Pedro de Arrieta, pintado a la acuare-
la y al óleo, con los adornos dorados, tal y como seguramente debieron
presentarse los diseños de todos los catafalcos funerarios para su aproba-
ción por las autoridades eclesiásticas y civiles. ·
El proyecto de Arrieta acusa una mano muy torpe en dibujo y en
perspectiva; parece hecho de prisa y para salir del paso. La idea arquitec-
tónica de la pira es,· dentro del barroquismo de la época, .de una gran po-
breza, a menos que todos los diseños fuesen esquemáticos y hasta la cons-
trucción de las piras se cubrieran éstas con los elementos y adornos que se
ven en las demás.
El primer cuerpo fué' un gran zócalo donde· se pusieron seis pinturas
por cada lado, con inscripciones, divididas por ángeles cariátides y arriba
de ellas carteles para versos. Sobre este zócalo iba el que llamaremos se-
gundo cuerpo, en forma de mueble, con el epitafio en medio y rematando
en un dosel en el que se cobijaba el escudo del Santo Oficio. En las es-
quinas cuatro pirámides con velas.
Es extraño que esta pira sin importancia sea de Pedro de ·Arrieta,
el dinámico y excelente arquitecto que llena con su presencia medio siglo
XVIII. Es quizá porque era· entonces joven y daba sus primeros pasos en
la arquitectura. 1

1 Véase Anales del Instituto de investigaciones Estéticas, núm. 11, págs. 19 a 39.

57
- ~-- -.:-~~---- ----~

6. Proyecto de pira a M;ui ana de A ustri a, por P edro de A rri eta.


Mexico, 1696
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
·1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
PIRA DE CARLOS II. COATEPEC, PUEBLA, 1701.

El Sol eclypsado antes- de llega-r al ienid . .. , o sea el libro que


describe las honras fúnebres y la pira de Carlos 11, publicado en 1701 por
Guillena Carrascoso, en Mé:x:ico, fué, ·según el--bibliógrafo don José Tori-
bio Medina, "la obra de. más aliento de cuantas hasta entonces hubieran
salido de los talleres me:x:icanos", pues .contiene veinte láminas de Anto-
nio de Castro de las pinturas que se pusieron en la pira, pero ésta no
fué grabada, ni otra ninguna de las que se elevaron en la Nueva España.
Sin embargo, nos hallan-los bien compensados de tal desc.uido, por el
interesante dibujo del túmulo que los indios de Coatepec hicieron al rey
hechizado y que e:x:iste en el Archivo de Indias de Sevilla.
Don Diego Angula Iñíguez ha hecho un extracto de los documentos
que acompañan al dibujo: "El pueblecito de Coatepec había sido la corte
del rey Xocoiol Tocomingua, que en tiempo de la conquista auxilió a Cortés
en sus luchas con los mexicanos. Eso, ·al menos, aseguraban los papeles
en idioma mexicano que aún poseían sus habitantes. Pero en tiempo de
las congregaciones la ruina consumió el pueblo, dejándolo en el mise-
rable estado en que se veía y del que pugnaban por salir gracias a los
padres de la doctrina y a la buena gestión de su alcalde mayor.
a
"Con esa esp~ranza habían comenzado reedificar la iglesia y solici-
tado la relevación de tributos de todo el distrito, pero lo que se concedió
·fué tan- exiguo, que sólo representaba la modesta suma de treinta pesos
anuales.
"En estas circunstancias llegó a Coatepec la· noticia de la muerte· de
Carlos 11 y la de la proclamación de Felipe V. Como leales vasallos, el
17 de abril ele 1701, al son de trompetas roncas y atabales, se an,unció
por voz de pregonero, en la plaza pública y en los sitios acostumbrados,
la muerte del Rey N u estro Señor Carlos JI. Se celebraron ponras ante

61
el túmulo y el día 18 costeó misa el alcalde mayor y llevó en procesión al
Santísimo, juntarpente con los patronos del pueblo, la Virgen del Rosa-
rio y San Isidoro. A las cuatro de la tarde se daba por terminado el duelo
oficial y salía el gobernador con el estandarte real y los oficiales de la
república a caballo, con los pendones. e· instrumento:; festivos, para acla-
mar a voces, con todo júbilo y regocijo, a Nuestro Rey y Señor Felipe
V, por todas las calles y esquinas.
"Era una buena ocasión aquella para reiterar la súplica a que sólo en
una parte mínima. se había accedido, y los vecinos ele Coatepec no la des-
aprovecharon. Erwiaron un testimonio de las fiestas celebradas a pesar
de la miseria del pueblo, encareciendo la munificencia del alcalde mayor,
cuya permanencia en el caÍ·go pedían, incluyeron el dibujo [de la pira]
e insisti"eron en la petición ele que se les condonase la totalidad ele los
tributos y que se guardasen los privilegios ele los cabildos ele indios que
ayudaron a Cortés.
"Consta en la documentación aquí resumida que el Consejo dió las
gracias al pueblo y a su alcalde y ordenó al virrey que viese el modo de
reedificar la iglesia." 1

>
* * *
La pira es conmovedora por su ingenuidad. Parece una enorme chime-
nea, en cuyo primer cuerpo está un altar con un busto del Ecce Homo y
arriba el águila bicéfala de los Austrias. A los lados dos mansos leones
rampantes. Abajo acompañan filas ele personajes, vestidos a la usanza es-
pañola de la época, pero con resabios ele dibujo indígena de códice.
En el segundo cuerpo, bajo un templete, se halla la urna, custodiada
por dos maceros, y a derecha e izquierda leones y columnas salomónicas
que sirven de remate a las pilastras que sostienen el primer cuerpo. En la
cúspide la Muerte, imponente, de pie sobre dos mundos, con cetro y coro-
na y un escudo con las annas del rey de Coatepec Xocoyotltotomigua-
pasoa. ( ?)
Por toda la pira, muy inclígenamente, campea la Muerte. Las grandes
calaveras coronadas sirven ele apoyo a los leones y a las águilas, ador-
nan el altar y las pilastras, sostienen las cartelas, componen. la cornisa y se
refugian hasta en la casulla del sacerdote.

1 Planos de monumentos arquitectónicos de América y Filipi1ws e.tcistentes en el


Archivo de Indias, Sevilla, 1939, tomo 1, pág. 279.

62
Es un túmulo verdaderamente fúnebre, con la angustia de la muerte
presente, sin vanidades arquitectónicas ni decorativas, aunque lleve el trá-
gico e irremediable tono de fiesta con que se ponen en México los puestos
de calaveras de azúcar de los días 2 de-noviembre.
La nota española está solamente en las correctas inscripciones lati-
nas, dictadas por él pequeño fraile tonsurado que celebra, al pie de la pira,
el oficio de difuntos.

.La Inquisición hizo también7su *pira* en Santo Domingo para Carlos


II, que tiene el interés de haberla construído Pedro de Arrieta, por la
modesta suma de 200 pesos, habiendo costado toda la obra 1,420.
Un impreso, desconocido, se logró con esta pira: Tristis Lugens fa~
tum memoriae Tribunal Fidei Sanctum M exiceu1n insignis aeterno dolens
discessum, Patroni Hispaniae plangens Catholici mortem Regis Novi atque
ítem Orbis Imperatoris Augusti Caroli Secundi ... Fr. Bartolomeus Na-
varro. Mexici apu.d tipogra.phiam Secreti S. Officii. Anno 1701. 1

1 A. G. N., Ramo de Inquisición, Col. Riva Palacio, tomo 33, exp. 7.

63
1
7. Pira de Carlos II. Coa tepec, Puebla, 1701
PIRA DE LUIS l. MEXIC01 1725.

Fueron las propias estrellas quienes se dolieron de la muerte de Luis


I, según la descripción de sus pompas funerales, que el bachiller don José
de Villerías llamó: Llanto de las estrellas al ocaso del Sol anochecido en el
Oriente ... Hogal, 1725.
De las varias "monteas" y diseños que se llevaron al virrey para el
túmulo, escogió éste la del maestro escultor de la sillería de catedral, Juan
de Rojas, "que ya en otras ocasiones ha dado a conocer su destreza en
obras semejantes, y en ésta fué el que se puso en precio más proporciona-
do", y el pintor fu~ Francisco Martínez, "que asimismo fué el que se con-
vino a menos costo y· está bastantemente acreditado en México por lo
mucho y muy excelente que se trabaja en sus Obradores".

Erigióse teda la máquina sobre un cuadrado plano, so-


bre el que se levantaba el zócalo, en cuyos ángulos imitó tan
al vivo la perspectiva cuatro pedestales que, rehundiendo
ingeniosamente en virtud de los claros y oscuros los espacios
intermedios, agradaban más con el engaño, que pudieran con
la verdad. Subíase al- pavimento descansadamente por dos
escaferas, de las cuales una caía a la parte del ~oro y otra
al Altar, dejando libres los costados para la Pintura. ,
Coronábase de airosos balaustres, correspondiendo a
cada uno un mechero y vertiendo a fuer de pasamanos por
ambas escaleras. ·
En la parte superior, donde guiñaban por esta bajada
las barandas, se levantaron cuatro obeliscos, con dos aran-
delas de cuatro luces, y obedeciendo a la figura fenecían en
punta piramidal, que hiriendo en una esfera remataban en un
candelero.

67
La superficie exterior se partió en veinte tableros don-
de se colocaron los jeroglíficos y las tarjas de las poesías,
sostenidas de muchachos de valiente desnudo.
Sobre el piso descansaban veinte pedestales de mármol
blanco con perfiles de oro, de los cuales ocho sustentaban
otras tantas estatuas de deidades, a la estatura del natural,
tan galanas, esbeltas y desahogadas, que .lo inmóvil de su
suspensión más parecía pasmo que insensibilidad.
Tenía cada una de ellas una estrella dorada sobre su
cabeza, en la mano derecha una insignié!. de su mitología y
en la izquierda un escudo con su explicación.
Para los doce pedestales restantes se formó en el cen-
tro del área un círculo capaz, con doce erguidas ·columnas,
de doce pies de alto, de orden corintio, sin estrías ni labores
en sus ·cañas que exasperasen lo terso de sus cilindros.
De los doce aparadores, los seis de las columnas exte-
riores recibían seis globos perfectísimos, con coronas que
venían a servir de friso, con graciosos triglifos y escombra-
das metopas, catorce puntas, que corrían en vez de cornisa,
labrado todo de prolija escultura, a que hacía resplande-
ciente competencia un copioso número de hacheros que for-
maban segunda, aunque no ni.ás ardiente corona de luces.
Los seis tableros de las columnas de adentro mantenían
el segundo cuerpo, que buscando siempre la figura exán-
gula del todo, se le vistió de diez y seis lienzos de nueve
pies de alto. En sus blancos trazó la óptica seis hermosos
arcos de tan ejecutados perfiles, que engañaban con la ,vi-
veza de su apariencia, mostrando en el hueco de sus entre-
calle&, en festones de flores y follajes, el cuerpo de los je-
roglíficos, y en un airoso trapo el alma de los montes.
El remate era esférico, y en él una estrella de tres cuar-
tos de diámetro, con cuya cantidad se ajustaba la de seten-
ta y un pies geométricos, que fué toda la altura de esta
admirable máquina.
La urna estuvo cubierta de un rico paño de terciopelo
negro, bordado a todo costo de oro y plata, guarnecido de
flecos dobles de oro de Milán, sobre que se asentaron dos
almohadas, con borlas de oro, en que se colocó debajo de
dosel correspondiente, una Imperial Corona y un Cetro
de preciosísima pedrería, que sustituían la augusta presen-
cia del Real Cadáver.

Grabó la lámina del t(unulo Francisco Silverio, así como treinta y


cuatro ilustraciones con las escultur;:ts y las pinturas de Martínez, cuyos
temas fueron: las figuras del Zodíaco, las constelaciones, animales mito-

68
lógicos e insignias reales, referentes todas a la poca vida y virtudes del
efímero Luis I.

* * *
La Inquisición compuso su vieja pira, en Santo Domingo, encomen-
dando el trabajo también a Juan de Rojas, a quien se le pagaron 250
pesos.
¡
1

i1
* * * ''

El padre Mariano Cuevas posee un grabado con la pi,ra de Luis I,


pero en el cuerpo segundo, en lugar del retrato del joven rey, aparece
una estatua femenina desnuda, con el pelo suelto.· Ignoro para quién fué
"compuesta" esta pira posteriormente.
¡1

1 ;
'

69 -
- - ---·--·
---
~--~

8. Pira de Luis I, por Juan de Rojas. México, 1725


PIRA DEt MARQUES DEL VILLAR DEL AGUILA. QUERETARO, 1744.

Cuando murió el insigne benefactor don Juan. Antonio de Urrutia y


Arana, marqués de la. Villa del Villar del Aguila, la agradecida ciudad de
Querétaro le hizo lujosos funerales en la Iglesia de ~an Francisco, que
describió fray Antonio Castrillón en la Oración fúnebre pa.negyrica, con-
digno honm·ífico, llanto con que la gratitud de la nobilíssima Ciudad de San
Tiago de Querétaro sintió la. muerte de su más generosO Bienhecho'Y ...
Hoga!, l·744. . '
La pira la hizo el "feliz numen" de fray Manuel de.las Heras, "con
variedad de Nenias, Hieroglíficos y Letras", y en tuyo zóCalo, de diez
varas en cuadro, "descansaban sobre cuatro curiosas basas, correspondien-
tes a sus· cuatro ángulos, cuatro elevadas pirámides que distribuyendo en

su altura con proporción tres órdenes de luces y con el cirio que las co-
ronaba, era cada una un vistoso candelero que recreaba la vista ... " .¡;
Llevaba pintadas muchas ninfas llorosas, con sonetos en ias marias y ·¡r
:r
¡:
símbolos de las virtudes del marqués; así corp.o a Faetón, "con los caba- !!
llos precipitados". , .
Terminaba el catafalco con un remate cubierto de terciopelo negro,
sobre el cual iba echada la blanca capa de los caballeros de Alcántara.
1'0jos faltaban -añade el orador- para v~r el lúgubre espectáculo

que, objetándose con aquel número de luces que se proporcionó convenien-


temente, para no oscurecer los aparatos debidos sólo a personas r~ales,
con todo eso, tan refulgente, que más que representación lóbrega de un
sepulcro, parecían Casa del Sol, Vesubio e11:cendido, Etna abrasada ... "
La pira es verdaderamente fúnebre, negra, con el destello tan sólo
de la plata de los grandes <;andeleros, llenos de arandelas luminosas.

73
1

1
1
1

1
1

1
1
1

1
1

1
1

1
9. P ira del marqué s del V i11 a r del Agui Ja. Querétaro, 1744
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1

! 1

1
i
'1
1
PIRA DE FELIPE V. GUATEMALA, 1747.

De las muchas piras levantadas a la muerte de Felipe V en el inmenso


virreinato de la Nueva España, sólo se perpetuó en grabado, hecho en 1

México por Antonio More110, la erigida en la catedral de la Capitanía Ge- ¡,


neral de Guatemala. El libro funeral también se imprimió en México, con
el titulo de El Rey de las luzes y len Luz de los Re'j•es encendida en el can~
deJero de la fúnebre pyra para aclarar desengaños a los soberanos y ense-
iíarles las mas heroicas virtudes, Philipo V el Animoso, por el M. R. P.
Francisco Xa'l•ier 1Vlolina .. , en Santiago de los Caballeros de Gttatemala.
Imprenta de Hogal, 1748.
La pira es tan' absurdamente barroca, que sólo una pluma absurda-
mente barroca. la propia del padre Molina, puede describirla:

En la céntri~a bóveda del Metropolitano :remplo se le~


vantó la machina, tan soberbia, que parece que, asustada su
capacidad al ver su eminencia, se sobresaltó (como acontece
en un susto) para ensanchar sus espacios y dar cabida al
magnífico pegma que le embarazaba. Formóse sobre el pa-
vimento un· espacioso tablado de cuadrilateral figura, que co-
rriendo sus cortinas poi espacio de doce varas, ofrecían sólida
basa sobre que descansar el coloso que se prevenía sustentase
y que parece recelaba él mismo hallar plano firme en que ' 1

poder sustentarse con estabilidad ; pero dióse la fuerte basa,


porque si el pincel le fingió el color de mármoles y jaspes,
la arquitectura le dió en la realidad la firmeza de estas pie-
dras. Por esto en cada uno de sus ángulos se colocaron unos
pedestales en forma de repisa, en quienes se hermanaban bien
lo firme y lo pulido, sobre los cuales se levantaban cuatro pi-
lastrones que medio embebidos en ·los cantones que forman
los establos de la bóveda del templo, parecía haberse fabri-
cado desde su primera erección, y elevándose a lo alto recibían

77
cuatro cartelones desprendidos con aire del centro, que ce-
rraba una pulida cornisa y formaban en su medio unas agra-
ciadas conchas para dar cabida a cuatro jeroglíficos que de-
bieran haber sido otras tantas perlas para celebrar las exequias
de tal Monarca.
La cornisa hallaba firme asiento sobre ocho columnas
tan agraciadas, que del orden toscano sólo les tocó el nom-
bre, porque sus capiteles, molduras y plintos, estaban traba-
jados a esmero del arte y del primor; daban las basas a las
columnas cuatro. revoltones tan espaciosos que en su centro
tenían con desahogo una ochavada basa que sostenía en sí
.la magnífica urna que representaba el sepulcro, a quien co-
ronaba el regio diacle_ma eülazado con el cetro real ; y estaba
la urna colocada dentro ele cuatro dóricas columnas que
hacían pie dentro de otros tantos inversos revoltones, opuestos
a los primeros en sus vueltas, cerrando las columnas la cor-
nisa y tumbilla que formaban el primer cuerpo de la tumba,
cuya basa estaba circundada de un vistoso pasamano de bien
torneados balaustres que se derramaban hasta· el' pavimento,
corriendo por los perfiles ele las gradas que daban cómodo
asiento al obelisco.
Sobre la cornisa del segundo. cuerpo se asentaba una
magnífica flor de lis, de cuyas pomposas hojas se descogían
cuatro arbotantes o cartelones, cuyas roscas descansaban so-
bre los ramales que ataban las columnas toscanas y sobre la
flor se fijaban cuatro columnas jónicas, a quienes enlazaba
por la parte superior su cornisa, que cerraba la linternilla;
y en medio de este segundo cuerpo se colocó un yelmo, cuya
cimera estaba poblada de vistosas, matizadas plumas.
El último cuerpo de esta machina formaba una primoro-
sa repisa sobre que se afianzaba el escudo de las armas ele
España, como péndulo de las dos hercúleas columnas, y en
la cumbre del escudo una majestuosa corona, cuyo remate
perfeccionaba la figura del obelisco, al que la clave éle la
bóveda impidió crecer más ... "

Tenía tantas velas que parecía que "El mongibelo de esta ciudad se
había trasladado al centro de su máximo templo."

* * *
No deja de ser simpática esta pira, a pesar de su inefable mal gusto.
La idea de curvar sobre el mueble central, donde estuvo la urna, las cua-
tro conchas donde iban "las perlas" de los jeroglíficos, es novedosa, pero

78
en vano hallaremos las columnas toscanas, que son salomónicas, sobre ·los
"revoltones", así como tampoco las "dóricas columnas" de la urna, que
ntás bien parecen corintias. La flor de lis es apenas perceptible, pero no
así el yelmo y el escudo, muy visibles, aunque sin las "hercúleas colum-
nas" y con los leones rampantes convertidos por el grabador. en dos ino-
centes ratoncillos.
En cambio, la pira elevada en Manila, para el mismo rey, que aunque
no corresponde a este estudio me es grato citarla, fué de una elegancia
arquitectónica extraordinaria, mesurada y clásica, a pesar . de la época. 1

Se publicó en el libro La Perla del Oriente derretida en llanto ... , edita- '1
do en Manila en 1748 por la imprenta de los jesuítas.
El grabado fué obra de es'e espléndido artista filipino llamado Laurea-
no Atlas.

* * *
La Inquisición de México encargó al pintor Francisco Martínez:
la pira, cuya cuenta es la siguiente :

Primeramente del MQ Carpintero y 23 docenas de


candeleros de hoja de lata y salarios de los que
la armaron . 160 ps.
Por las cuatro estatuas de virtudes a 25 ps. cada
una . . 100 ps.
Mas de crudo [¿pegamento?] . . . . . . SO ps.
Mas de Oficiales de Dorador y Plata de la obra. 150 ps.
Mas de ·yeso y colores. . 20 ps.
Mas de salarios de los pintores 200 ps.
Mas de maestro que .escribió. 90 ps.

770 ps.

A Martínez sólo le pagaron 30 pesos, porque en realidad lo que hizo


fué armar la pira anterior. Las estatuas estaban "vestidas de cotense, es-
tofadas, con flores de oro y campo negro".
Los versos y la descripción de la pira los hizo el conocido escritor.
don Cayetano Cabrera y Quintero, titulando a su folleto : El Corazón Rey
'V Rev de los Corazones, el que todo f~té corazón, nuestro católico Rey don
Felipe V . . . que permanece inédito. 1
1 A. G. Ji., Ramo de Inquisición, tomo 918, fol. 398 .

. 79
'1(
1¡'
l.

..
·


..

10. Pira de Felipe V. Guatemala, 1747


PIRA DE MARIA BARBARA DE PORTUGAL. OAXACA, 1759.

La ciudad de Oaxaca dió unos Consuelos Funerales al rey Fernando


VI por la muerte de su esposa María Bárbara de Braganza, que consis-
tieron en las honras fúnebres celebradas en la catedral, con un curioso
túmulo cuyo fino grabado se inserta en el folleto relativo de los "Con-
suelos".
Consistió en un templete o baldaquino, con un zócalo octagonal- ador-
nado d,e pinturas y encima balaustres llenos de velas. El primer cuerpo,
de haces de columnas corintias, guardaba la urna con la corona y el cetro.
En el segundo cuerpo iban, en el centro, la Muerte, coronada, y a sus
lados matronas romanas, las clásicas representaciones de las virtudes en
los túmulos. Se terminaba por una especie de cúpula, con el escudo rea1
como linternilla.

* * *
La Inquisición mandó "perfeccionar" su antigua pira al "maestro
examinado en las artes de ensamblador y escultor" Francisco Antonio de
Anaya, a quien también se le llama pintor. La descripción de la pira fué
hecha por don Cayetano Cabrera y Quintero, llamándole Lágrima.s de la
Regia Aztt~ena la que en la muerte de su. amada consorte exprimió corno
real lilio y flor de lis, el Señor Don Ferna-ndo VI ... , cuyo título basta
para darse cuenta de la calidad de la obra, que también, pór fortuna, perma-
nece inédita. 1

1 A. G. N., Ramo de Inquisición, tomo 150?, exp. 3.

83
11. P ira de Ma rí a Bárba ra de B raganza. Oaxaca, 1759
·1
PIRA DE MARIA .B,ARBARA DE PORTUGAL. MEXIC01 1759.

Hubo un grabado del catafalco de la reina María Bárbara de Bra-


ganza, publicado en los Tristes Ayes de la Aguila Mexicana, Reales Exe-
quias celebradas en el Templo MetropoJita1~o de la Imp.erial Ciudad de
México, pero no aparece en ninguno de los pocos ejemplares que quedan !'
del libro. Ni don José Toribio Medina logró conocerlo.
En el texto se dice que, "en la segunda lámina podrá satisfacerse
el genio más curioso y observativo ; ella está sacada con toda fidelidad y
exactitud que cabe ~n la jurisdicción del buril, animado con la bieri acre-
ditada pericia del Abridor".
En la brevísima descripción en prosa se habla de "tres cuerpos y un
remate"; en el zócalo y primer cuerpo tenía "cuatro hermosos resaltos
que se ven en sus cuatro ángulos, los que por la fachada en que quiebran
se dilatan un poco más de .cuatro varas"; sobre el tercer cuerpo iba una 1

enorme coro~a imperial "donde descansa un águila", de dos varas de ele- 1


vación ; llevaba doce estatuas de bronce y en el primer cuerpo iba la urna
"con un airoso pedestal corintio".
Es muy posible que sea la misma que se usó en 1762 para Fernando
VI, por los "cuatro resaltos", la gran corona del remate, las doce estatuas,
etcétera. Se cambiaron los ornatos, el águila por la estatua de la Paz y el
pedestal de la urna se convirtió en un mueble rococo.
Pero lo más importante es la descripción en verso de la pira, o sea
el "Breve Elogio y Descripció~ del Real Túmuló en que se insinúan las
principales partes y ornato de su Arquitectura, imitando la idea y metro
de don Francisco Bances Candamo en su célebre descripción del Río·
Tajo".
Es un poema barroco que esconde entre su hojarasca literaria algunas
estrofas interesantes que destaco. Comienza :

87

\
IDILIO

Este que miras, dórico coloso


de plumas coronado,
que al cielo se levanta
sobre su inmensa; basta pesadumbre,
cuya elevada cumbre
a el ave reina le fatiga el vuelo
y entre las nubes, que ilumina el cielo;
la frente oculta por hollar su planta ;
Túmulo es majestuoso,
o gigante Panteón organizado
de espíritu candente
que tierno llora, lo que noble siente,
a el eco, que le inspira
Melpómene llorosa, en triste lira.
R,ecuerda el autor, desde'' las pirámides de Egipto a las piras romanas,
para concluir con que :
Mas de tanto .Panteón soberbia punta.
construir no. pudo Pira más gigante,
que la que erige amante
la gran México a Bárbara. difunta ;
aquí sí, que trasunta,
que expresa, que promueve,
un illll11enso dolor, en línea: breve,
dándole al bronce duro, ·
al blanco mármol, pórfido constante,
eco el buril, en un idioma mudo,
mudo, pero elegante,
para expresar la pena, que le mueve,
a que de tanto cuerpo voz canora,
hable en mil bocas lo que el pecho llora.

. Nos dice que las estatuas y las pinturas fueron ejecutadas por un .
"indiano Apeles, causando a Fidias celos" y que "olvidan de Protágenes
famoso y burlan de laborioso a Praxitele's" ( ! ) . Se admira de la ~non u-
mentalidad del catafalco :

Tus pechinas, resaltos y mólduras,


bóvedas, arquitrabes, capiteles,
si encumbradas, seguras,
del Arte fueron ejemplares fieles
que dieron, si no envidia al mismo cielo,
al polvo bulto y a la muerte vuelo,

88
siendo tu frente altiva
jaspeado trono de una muerte viva
que al cielo eleva polvo majestuoso ...

Y en pleno delirio barroco imagina la pira como el compendio de la


arquitectura :
El Toscano te dió su fortaleza,
el Jónico su gracia. y su belleza,
la majestad que el Dórico blasona,
el Compuesto en su plan, diseño y traza
el Corintio vació. sus perfecciones,
con arte prodigioso ,
orden regula, que a los cuatro enlaza ...

La luminosidad le arrebata y hasta le hace llegar a construir hermo-


sos versos:

Ni porque la brillante
copia de rayos que robar pudiste
al cielo, a quien hiciste
esfera propia de tu luz flamante,
tantas enciende estrellas,
que aún para el llanto bellas,
en lágrimas de luz se liquidaron ...

Pero no es el túmulo "feliz" ni "glorioso" por su arte, sino por haber


sido erigido a la memoria de la reina :

Glorioso; sí, pues sabes


esculpir en tus pórfidos lucientes'
con buril.de diamante, en líneas graves,
de Bárbara virtudes eminentes
. .
descansa, triunfa, Reina, donde bellas
trono son de tus plantas las estrellas
y a tus cenizas labra el sentimiento
Urna, Pira, Panteón y Monumento.

Y terminq.:

Glorioso, pues, merece


del buril animado
y del bronce a la estampa trasladado,
ver .Ja luz, que a sus luces rayos crece.
Glorioso porque al cielo levantaste

89·
altas columnas que tu llanto baña,
en donde Alcides de la Nueva España
el non plus ultra del dolor grabaste.
Glorioso, en fin, si el vuelo
del Aguila Imperial que te corona
llevarte blasona
del Júpiter de España al alto cielo;
aquí sí, que serás de un sol hermoso
Ohelisco inmortal, Panteón glorioso.

90
-~

PIRA DE MARIA AMALIA DE SAJONIA. MEXICO, 1761.

Es el Llanto de la Fama, nada menos, el libro que nos describe la


pira y honras fúnebres de la reina María Amalia de Sajonia, esposa de
Carlos IIIJ publicado por Zúñiga y Ontiveros en 1761. Las exequias se
celebraron en la catedral los días 17 y 18 de julio, con lujo extraordi-
nano.
Ignoramos quién sea el autor de esta pira y aun del libro, pués se
le olvidó firmar ambas cosas, pero intervino en ella el pintor Miguel Ca-
brera. Se dice en el prólogo que "el dibuxo se tomó de una de las mexores
piras que se han executado en Roma, para los magníficos funerales del
Santísimo Padre Clemente XI", y se añade que "cuando los Señores Co-
misarios me encargaron la dirección de la pira, me acordé inmediatamente
de la estampa que había visto de aquella pira romana y me resolví a su
imitación. Sin comunicar el pensamiento a nuestro célebre pintor Don Mi-
guel Cabrera, .concibió las mismas ideas, de modo que concurrimos a un
mismo tiempo, con los mismos proyectos y con un mismo deseo de que
viese nuestro México lo que tanto se celebró en Roma . : . determinamos ·
añadirle una u otra pieza en el centro de la pira, por dar algo al genio il
del país, que quiere estas fábricas demasiadamente abultadas y altas". .11
J,

Seguramente fué un pintor amigo de Cabrera el encargado por los co-


misarios para la elevación del túmulo, y tal vez las pinturas que llevó
j
fueron de ambos.
Los t_rozos descriptivos son los siguientes :

Baxo del hermoso y magnífico cimborrio de esta Santa


Iglesia Catedral Metropolitana se levantó esta corpulen-
ta fábrica. Su altura fué de ciento veinte pies geométricos.
Sobre un zoclo, cuyo pavimento era de cuarenta y dos pies

91
..
1
en cuadro, e~tribaban cuatro pedestales de diez y ocho pies en
cuadro ya más reducido. Sus netos estaban ocupados de
baxos relieves, que representaban algunas acciones de. la
reina y sus frentes de hermosas lápidas de jaspe, bien fin-
gido, grabadas con cuatro elogios sepulcrales ...
La bella pieza de la Urna, remedada toda de blancos
mármoles, a más de la hermosura de sus recortes, ofrecía a
los ojos a nuestra amada Reina postrada a los pies de Cristo
Sacramentado disponiéndose para recibirlo, atendiendo a los
puntos de manifestación de los exercicios de San Ignaciq,
velando la educación de sus hijos, e intercediendo con su
esposo para el feliz despacho de los desvalidos . . . desde aquí
comenzaba la figura piramidal que iba a rematar en la tum-
ba ; cuatro medallones de alabastro servían como de base
a toda la demás fábrica, eran de medio relieve y en los
dos frentes principales presentaban dos retratos grandes
de la difunta Reina y por los laterales las armas de España
y de Sajonia; cada medallón estaba sostenido de dos jóvenes
alados, del mismo alabastro, con perfiles de ·oro, de ma-
nera que una de sus manos tenía el medallón y otra levan-
taba las orlas del telliz de terciopelo que venía descolgándose
airosamente desde la tumba (léase remate piramidal) que
terminaba en un paño y cojín de tela de oro, ricamente
galoneado, y sobre ellos la Real Corona ...
Colocamos sobre toda la máquina a la Fama, enlutado
el clarín, y con tal arte, que parecía sustentarse por sí misma
en aquella elevación ...
En los cuatro ángulos del zócalo se colocaron cuatro
robustos pedestales; su altura de ocho pies, su ancho co-
rrespondiente ; sobre ellos estaban basas proporcionales para
cargar unas agujas luminares de sesenta y cinco pies de
alto. Parecían de jaspe verdioso y una espiral que las iba
serpet1teando hasta el remate las daba la mayor gracia y
vistosidad. La espiral era de talla de oro, con tal primor,
que sits mismos golpes servían de arbotantes para los no-
venta cirios que estaban repartidos en cada una ...
Cuando se iluminó ganó todas las aficiones del pue-
blo ; si algunos habían murmurado su figura y sus particu- .
laridades, ya no se atrevieron a seguir en su mal gusto,
porque sus mismos ojos, sorprendidos del espectáculo tan
magnífico y garboso que formaba el complejo de todas
aquellas piezas, les forzaba al silencio, o a la admiración,
o a la alabanza ...
Parece que fué muy criticada esta pira, a juzgar. por las explica-
ciones y defensas. del autor; tal vez los pedestales· de los ángulos, que

92
ahora tarnbién nos molestan, fueron-los que disgustaron a la sociedad· de
entonces, que repudió, con razón, el barroco italiano del siglo XVIII.
El ·grabado de la pira, magnífico, fué obra de José Eligio Morales.
Las pinturas fueron ·las siguientes :

El rey Carlos contempla el retrato de Amalia en un


salón lleno de los retratos de las princesas rechazadas.
La entrada de Amalia en N ápoles, bajo arcos triunfales.
La· reina, con sus damas, "en su inocente pasión por
las arboledas y lugares amenos".
El viaje a España, en barco, sentada en el alcázar de
la nave capitana y las sirenas tocándole música.
La reina, ,en una ceremonia pública., deja besar su mano,
complaciente, a "una perso~a despreciable".
La reina en el trono dando limosna.
Sentada ante su cama recibe a la· muerte que le viene a
avisar que se la lleva. '
En la cama (con la corona en la cabeza a guisa de
cuento de hadas) , se despide del rey y de los infantes.
Adorando la Eucaristía (que se distingue en el grabado
de la pira, en . el primer cuerpo) .
Haciendo los ejercicios de San Ignacio.
Educando a sus hijos.
Intercediendo ante el rey por los necesitados, dándole
la pluma para que finne.
Las alegorías eran :
El ángel de la fama derrama al mar, por la trompeta, un
chorro simbólico de lágrimas.
El ángel de la fama despluma sus alas en señal de dolor.
La muerte colgando de un árbol el clarín de la fama.
La muerte deshojando un árbol, el de la vida de Amalia,
y la fama recogiendo las ramas.
El ángel de la fama triste por no poder morir con
Amalia. ·
El ángel de la fama pensativo ante un lago.
El ángel de la fama detenido por el amor con una ca-
dena tratando de huir para anunciar al mundo las virtudes
de Amalia.
El ángel de la fama quiere suicidarse, inútilmente,
pues debe seguir viviendo para perpetuar la memoria de
la reina.
Todas estas pinturas están recordadas por toscos grabados en made-
, ra del mismo Eligio Morales, muy inferiores al de la pira.

93

1
12. P ira de María Amalia de Sajonia. México, 1761
PIRA DE F~RNANDO VI. MEXICO, 1762.

Una de las piras barrocas más interesantes del siglo xvm fué, in-
dudablemente, la del rey Fernando VI, grabada de manera egregia por
Antonio Moreno. Se encuentra en las Lágrimas de la Paz vertidas en las
Exequ.ias del Seiior Don Fernando de Borbón, por excelencia el Justo,
VI Monarca de las Españas : . . celebradas tJn el Augusto MetropolitOtno
Templo de esta Imperial Corte de México. Año de 1762.
La idea de la pira, a pesar de los errores en las proporciones y ador-
nos, es absolutamente arquitectónica. Tiene tres cuerpos bien definidos,
. audaces: compitiendo con las pilastras de la catedral que le sirven de
marcú en el grabado. El zócalo, por necesidad de poca altura, lleva cuatro
obeliscos con velas que se corresponden con los salientes del primer cuer-
po. Este es de orden corintio, .sostenido por pilastras, y en las esquinas
cuatro columnas resaJtadas que sostienen estatuas sobre gruesas, de-
masiado gruesas, molduras. En el segundo cuerpo, que arranca de la
enorme cornisa por arcos inuy sui generis, trilobulados, se ostenta un
decorativo escudo imperial y el tercero es un templete sostenido por
columnas también corintias y techado por medio de arcos rebajados so-
bre las exageradas cornisas. Tanto en la urn:a del primer cuerpo, como
dentro del templete, como en el remate de éste, se ven coronas reales, la
última sosteniendo una estatua, la de la Paz, cori su ran'l.o de olivo en la
mano siniestra.
En el libro· citado no hay descripción de la pira en particular, sino
de todas las. exequias, por cierto en verso, en octavas reales, de las que
destaco cinco que hablan del catafalco :

A la verdad que al túmulo glorioso 1


del monarca, que muerto, la paz llora, 1

' 1
97

1
debiera el orbe contribuir ansioso
cubriendo en lutos, cuando el sol se dora;
verter a los murmurios del sollozo
liquidado el aljófar, que atesora
siendo los ojqs dos, sus dos planetas
que perdidas lloraran sus niñetas.

Sin embargo la Iglesia Mexicana


al tanto leal que amante a la corona
tumba le erige ·en tan firme peana
que sempiterna duración blasona;
de fiera acusa en ella, de inhumana,
a la parca atrevida, y no perdona
demostración alguna el sentimiento
porque amor en dolor es opulento.

Obelisco era grave y desmedido


en que el pórfido y jaspe a competencia
matizándole en vetas el vestido
inspiraban ternura y reverencia
el chorro de virtudes compungido,
aseaba a la ·muerte su inclemencia
hecha cada una estatua adolorida
sin aliento, sin voz, alma, ni vida.
En solos jeroglíficos mostraba
como mudo el dolor, lo que sentía
y tanto en su silencio articulaba
que a la misma elocuencia confundía
a explicar su sentido se avanzaba
con amena frase la poesía ;
pero entre tanta espina no dió paso
sin perder los sentidos el pegaso.
Bien que un lucido breve, a la ceguera
de tan grave pesar corriendo el velo,
coronado de glorias vió en la esfera
al héroe que mortal gime en el suelo
y trocando la tumba en primavera
de ardientes luces, émulas del cielo,
a no tener en contra su figura
fuera máquina digna de una Jura ...

98
13. Pira de Fernando VI. M~xico, 1762
PIRA DEL OBISPO ALVAREZ DE ABREU. PUEBLA, 1764

Fué el obispo don Domingo Pantaleón Alvarez de Abreu un decidido


protector de monjas, sobre todo -de las dominicas de Santa Rosa, cuyo
convento "fué verdaderamente el objeto 'de sus caricias, hasta ordenar
en su inuerte que se enterrase allí su corazón, como efectivamente se
cumplió", dice Veytia. Mas a este autor se le olvida que en su testamento
dejó ordenado que se dividiese su corazón en cinco pequeños trozos ·
para cada convento-· principal de monjas de Puebla y que las de Santa
Rosa se ingeniaron· en quedarse con toda la víscera, a la .cual hicieron
magníficas honras fúnebres en enero de 1746. El doctor don José Isi-
dro Montaña fué el encargado de describirlas, ·titulando a · su libro El
Cora-zón de lfi.S Rasas sep~dtado ,entre fragancias . . . en· el cual nos dice
que se eligió "uno de los más diestros Pintores, de esta ciudad, que lo fué
Don Gerónimo de Zendejas, Maestro examinado en el Arte, a quien en-
cargaron la fábrica de una vistosa y costosa .Pira".· ·
Era ésta de seis cuerpos, con quince varas de· altura, "desde el pavi-
mento hasta exceder un poco el arco to~al del cimborrio, quedando arri-
ba sólo el hueco necesario para un hachón de cera de diez y seis libras
qu,e servía de remate a aquella vistosa fábrica y cuya luz casi tocaba la
superficie convexa de la bóveda: Hermoseaba tan maj~stuoso bulto una
pintura al temple de color morado, que en perspectiva mostraba a los
ojos una bella fábrica de arquitectura en el arte que llaman de Capricho,
consistente en una variedad armoniosa y arreglada en que siendo dispa-
rado el dibuxo de las piezas paralelas, pero igual al sitio de sus perfiles,
a un mismo tiempo se goza de la variedad -de las partes y se admira la
simétrica uniformadad en el todo. Iluminóse con cien luces, cien hachas
del Norte, todas sobre blandones y candeleros de plata; las de abajo

101
puestas sobre alfombras, que cubrían el suelo, eran de nueve libras y las
de la pira de cuatro, formando una vistosa pirámide de luz".

* * *
En el primer cuerpo iban cuatro ángeles en las esquinas, "vestidos
de luto y con semblante lloroso, que representaban a esta dolorida ciu-
dad de los Angeles", llevando las insignias episcopales. Las pinturas eran
Una muerte quebrando con su guadaña: una cítara pintada de rosas; Uw.
corazón desangrándose sobre un rosal nwrchito; U1~ manojo de rosas for-
mando un sepulcro y en medio, .un corazón; .Un cora.zón volando al' cielo
con unas alas que por plu1naS tenían rosas; Un cisne. m~terto entre rosas;
V arias abejas pequeña~ voÍ~ndo tras una grande que iba a posarse en un
rosal.
En el segundo cuerpo : Un sol que dirigía sus rayos a. un rosal en don-
de estaba un corazón; La muerte destruyendo un mirto,· Un pelícan~ desan-
grándose sobre unas rosas blancas; El dardo del amor tra.nsformado en una
palma. ·
En el tercer cuerpo iba el corazón del obispo, en "una caxuela de plo-
mo", con un ramo de rosas de verdad, que llamaron la atención entonces
por ser invierno, y se creyó milagro ( ? ) . V eytia, dice, emocionado : "sin
embargo de lo rígido de la estación, brotaron diez hermosísimas rosas, con
que adornaron el corazón en la fuerite en que se puso, de que fuí testigo
ocular".
En el cuarto y quinto cuerpos iban escudos y en el sexto sólo velas. ·
Por el grabado de la pira, de Guzmán, pueden verse los grandes can-
delabros de plata de la catedral, que fueron prestados para esta florida
pira del simpático convento de Santa Rosa de la Puebla de los Angeles.

102.
14. P ira del obi spo A lva rez de Abreu, por J erónimo Zenclejas.
P uebla, 1764
PIRA DEL ARZOBISPO RUBIO Y SALINAS. MEXICO, 1765.

La pira del arzobispo Rubio y Salinas fué obra del pintor Miguel Ca-
brera, según nos dice el bachiller Juan Becerra Moreno en la Relación del
funeral entierro y exequias de el Ilmo. Sr. Dr. D. Mamtel Rubio y Salinas.
Después de describir la procesión que llevó el cadáver a la catedral, "resta-
ba sólo la construcción o fábrica del túmulo que, como la parte más visible
del todo de las exequias, se llevó la atención de los señores comisarios ; los
túmulos que últimamente habían servido en casos iguales en esta ciudad,
empeñaban mucho a que guardada la debida proporción,· se procurase en
éste que el buen gusto y la exactitud en la observancia de las reglas del
arte, lo hiciesen no menos aplaudido que los otros; para que esto se lograse
encargaron a Don Miguel Cabrera, uno de los primeros Maestros de Pin-
tura en este Reino y no menos instruído en la Arquitectura, porque apro-
vechando su genio y aplicación de amba.s facultades, se ha extendido a
ésta con igual acierto que a la otra, que delinease, levantase y dibujase el
. plano o diseño, con todo esmero, y habiéndolo hecho y aprobado, se le man-
dó poner en ejecuc~ón, recomendándole la mayor brevedad ... " La descrip-
ción arquitectónica es la siguiente :

Se levantó esta máquina de madera, fingidos los colores


de bella perspectiva, sobre el plan o pavimento de la iglesia
y se delineó en cuadrado perfecto, cuyo diámetro era de
treinta y siete y medio pies geométricos. En él se levantó el
principal sotabanco, de orden dórico, que es el que lleva en '¡¡
su arquitectura la Iglesia Catedral. Se adornó con pilastras,
triglifos, metopas, tableros, y su correspondiente cornisa, todo ji
de color ceniza claro, que es el mismo de la piedra de que ·'
'1
es el templo. · · ¡.·¡·
La misma idea se siguió en todo el túmulo, y tan bien '1
1
imitado por el pincel, que parecía una pieza propia, fixa y
::11

105
,1
permanente de él. La altura de este sotabanco era de nueve
y medio pies, a que se subía por dos escaleras de doce de
anchura, que la una miraba a la parte del altar mayor y la
otra a la del coro, con trece escalones cada una, que se fin-
gía de jaspe rojo con manchas blancas; se coronó toda su
circunferenCia con balaustres, que servían de pasamano y
}:¡ajaban hasta el fin de las escaleras, y en los cuatro ángulos
del cuadro se levantaron otros tantos pedestales, cuyas mol-
duras eran doradas, los macizos del mismo mármol y los
tableros de jaspe y sobre ellos se colocaron cuatro estatuas
colosales, que representaban las virtudes cardinales. Se fin-
gieron éstas de mármol blanco y salieron extremadamente
airosas.
Sobre este plan, se levantó el segundo cuerpo, que era
de catorce pies en cuadro y doce de -alto, con la cornisa do-
rada, levantadas sus frentes de medio punto en el centro,
en donde por cada fachada se puso una medalla redonda de
mármol blanco, con marco dorado, y en ellas, con letras ne--
gras los jeroglíficos e inscripciones alusivas al mérito del di-
funto prelado.
Sostenían cada una de las medallas dos genios sentados
sobre macizos de mármol, fingidos con mucha valentía, y los
tableros de los lados imitaban el jaspe de diferentes colores.
Sobre este pedestal se levantó un rebanco que hacía el tercer
cuerpo, de nueve pies de alto y quince y medio en cuadro,
adornado de motilos, tableros y cornisa dorada, propio de
todo este orden, y encima se situó un zócalo cuadrado y en
sus ángulos cuatro estatuas de mármol -blanco, que eran la
Caridad, el Celo Santo, la Devoción y la Liberalidad.
Estas estatuas se pusieron en disposición de cargar sobre
sus_ espaldas la urna, que descansaba sobre una escocia o
media caña, adornada de cornisa dorada, con toda la her-
mosura -y primor del orden dórico.
La misma urna servía de basa a una pirámide de diez
y ocho pies, en cuyos lados había esculpidos escudos de ar-
mas, el del obispo, sostenido por dos esqueletos, el de la
abadía de San Isidro de León, el de la Catedral y el de la Ciu-
dad de México. En el extremo iba una tumbilla con las in-
signias episcopales. _

Todo el conjunto tenía de altura sesenta y seis varas y e:;;taba alum-


brado por cuatrocientas setenta y cuatro velas de a cuatro libras. Y añade
el cronista que "por su dibujo y por la valentía del pincel y sus colores, y
por la elegancia y propiedad de lós jeroglíficos e inscripciones, daba mucho

106
gusto a la vista, sin que lo fúnebre que representaba le hiciese perder nada
de lo deleitable".
Por la gran lámina del túmulo, grabada por Manuel de Villavicen-
cio, en la cual puso el letrero, un tanto pedante: "De la invención de D.
Miguel Cabrera Pintor Americano", nos damos cuenta de que esta "in-
vención" no fué tan excelente ni mucho menos. Cabrera creyó que su obra,
que parece un moderno pastel de cumpleaños; era de orden dórico por los
triglifos y metopas del primer cuerpo, pero tenemos que concluir que el
famoso pintor colonial, que tanto cautivó a la devotería de los siglos XVIII
y XIX, carecía de todo buen gusto.
De cualquier manera es interesante lo que dice Beristáin, "las tablas
y lienzos del túmulo, con las inscripciones y epigramas que compuso el pa-
dre Alegre, se conservan en las paredes de la iglesia, por el sumo aprecio
que merecieron".
Las ·pinturas, en los medallones del segundo cuerpo, según se vió
en la descripción, eran: Una mujer llorando ante un sepulcro; Una hacha
encendida; Una espiga doblada hacia el suelo; Un árbol colmado de fru-
tos dorados.

107
,.
•¡'

15. P ira del a rzobi spo R ubio y Salinas, por Miguel Cabrera. México, 1765
PIRA DE ISABEL FARNESIO. MEXICO, 1767.

También la pira de la viuda de Felipe IV fué construída y pintada


pm; Miguel Cabrera.-En las Reales E:requias de la Sereníssitma Señora. Do-
ña Isabel Farnesio, de Zúñiga y Ontiveros, se dice que encomendaron "a
la Academia de Humanidad y Bellas Artes, establecida en el Real y más
antiguo de San Ildefonso la dirección de la pira; y el primer designio de la
Academia fué seguir en el túmulo las medidas e idea dei que se levantó 1

en Roma en la Iglesia de Santiago de los Espiñ.oles a la memoria del Ca- . ·¡


1

thólico Monarca Don Fernando VI, pero no habiendo podido executarse 1


1

con todas las proporciones que pedía aquel diseño, se escogió, entre varios,
otro dibujo muy· lucido y magnífico que· executó con la mayor destreza
de su arte el célebre pintor Don Miguel Cabrera ... ,
Era de veintiocho varas de alto y "componíanla tres cuerpos, termina-
dos en un cupulín y pirámide cubierta en la punta superior de un rico
telliz y coxín que sustentaba tres coronas ; el todo estaba taraceado de
mánnoles y jaspes fingidos muy a lo vivo, y en sus frentes se dejaban ver,
ya virtudes que representaban algunas de las heroicas acciones de la di-
funta reina, ya algunos jeroglíficos o símbolos de sus reales virtudes".
Estas pinturas simbólicas, de mano de Cabrera, .eran las siguientes :
en el primer cuerpo Cibeles con los dioses, recordando la fecunda mater-
nidad de la reina; Un águila real· enseñando a volar a Sfts polluelos, re-
presentando la educación de los hijos; Orfeo tocando a las fieras, como
símbolo de la elocuencia y don de lenguas; -Una corona sobrenadando en
el mM, o sea la discreción. Después iban un árbol de lawrel, otro de bál-
samo, una palma y una paloma, que recordaban la fecundidad, la grande-·
za de ánimo, la "constancia y el amoroso sufrimiento de la viudez; una
concha recibiendo el rocío, un carro triunfail, un incensario ardiendo y

111
unas doncellas, representando también virtudes, reales ~ .imaginadas, ele la
difunta reina.
En el arranque del segundo cuerpo cuatro esqueletós sostenían unas
tarjas con cuatro animales : el león español, el águila mexicana, la sirena
napolitana y el unicornio parmesano.
En el segundo cuerpo estaban: El rey Felipe V y la reina Isabel dan-
do la corona a Luis I; La 1'eina dando limosna a unos mendigos; El 1·ey
Carlos I II y la reina Isabel queriéndose besar la mano, "en amorosa y res-
petuosa contienda" ; La reina repartiendo coronas a sus hijos. Arriba de
estos lienzos estaban dos óvalos con retratos de la reina y las armas de Es-
paña y de Parma, y en el cupulín las armas de cuatro de los infantes.
Todas estas pinturas las podemos conocer por los grabados que de
ellas hizo Manuel de Villavicencio, así como la gran lámina ele la pira.
Esta obra tiene más idea arquitectónica que la anterior, a pesar ele esos
candelabros salomónicos ele las esquinas que casi vuelan en el vacío y del
mal gusto de Cabrera, puesto de relieve una vez más. 1

1 Por el orden cronológico debería de seguir a ésta la pira de don José de la


Borda, erigida en Tasco, pero aparte de que no presenta ningún interés artístico 0
social, ya fué publicada por don Manuel Toussaint en su libro sobre esa ciudad.

112
16. Pira de Isabel Farnesio, por Miguel Cabrera. México, 1767
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
j
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
PIRA DEL VIRREY MATIAS DE GALVEZ. MEXICO, 1785.

Tiene la importancia esta pira de haber sido construida y pintada por


José de Alcíbar, en la plena época de sus actividade_s attísticas. La breve
descripción, hecha por el maestro de retórica don Patricio Fernández de
Uribe, es como sigue: "Era una máquina compuesta de tres cuerpos que
en su color imitaba muy al vivo el jaspe; sosteníase sobre una basa ador-
nada de zócalo, bocel y filete, y en el neto o claro, repetidas a trechos va-
rias columnas, y realzados entre ellas, varios coxines. El primer cuerpo
era de figura cuadrilonga y en sus ángulos se levantaban ocl1o columnas
de orden corintio, sirviendo de intercolumnios cuatro airosas estatuas que
representaban otras cuatro virtudes. Desprendíanse de las cornisas unas
volutas, de las que cada una sostenía una hermosa araña de luces y en los
espacios se pintaron diferentes trofeos militares sobre cuatro tarjetas. Se-
guía el segundo cuerpo, que representaba a la vista una urna o sepulcro,
en cuyos ángulos se colocaron otras arañas con mucho número de luces.
Sobreponíase el tercero y último cuerpo en figura de una torre almenada
que remataba en una pirámide cubierta de terciopelo negro galoneada de
oro. Coronábalo todo un coxín y sobre él se veían un bastón y una espada,
insignias del gobierno militar y político del Exmo. Sr. Gálvez ... "
El folleto de Fernández de Uribe se llamó: Solemnes Exequias del
Ezmo. Sr. D. Matías de Gálvez, celebradas en la Santa Iglesia. Catedral
de la Imperial Corte Mexicana en los días IV y V ·de marzo de
MDCCLXXXV. México. Por Zúñiga y Ontiveros. Lleva tJn magnífico
retrato del virrey, hecho por Tomás de Suria, pero carece, por desgracia,
de grabado de la pira.
Las pinturas de Alcíbar se referían a los hechos ilustres de don Ma-
tías de Gálvez, sobre todo los ejecutados en la ciudad de Santiago de Gua-
temala.

115
.

PIRA ~E CARLOS III. MEXICO, 1789.

La pira de las exequias del rey Carlos 111 fué encomendada al direc-
tor de arquitectura Antonio González V elázquez, que inspirándose, según
costumbre de los señores académicos, en los autores clásicos,· hizo su ca-
tafalco con modelos de Vitrubio, Vignola y Scamozzi. En las Reales Exe-
quias se nos dice que "había prevenido S. E. que don Antonio González
Velázquez, Académico 4e mérito de San Fernando de Madrid y Director
de Arquitectura de la de San Carlos de esta Nueva España, dispusiese
el túmulo, y en consecuencia, habiendo presentado dos dibujos, el Sr. D. 1
Cosme de Mier los .llevó a S. E., que eligió el de _más gusto y sencillez ... "
La descripción, hecha por el mismo Velázquez, es la siguiente: ¡
Sobre el piso de la iglesia sentaba el primer zócalo, p~r­
fectamente cuadrado por su planta, de vara y media de alto j1
¡.,

y catorce y m~dia de línea por cada fachada. · 11


En· los cuatro ángulos de dicho zócalo se veían cuatro 1

pedestales de figura cuadrada, siendo las cuatro fachadas ' '1


iguales, y en cuatro lápidas de jaspe blanco de alabastro
había elegantes y oportunas descripciones. El resto de los '1

pedestales imitaba el mármol rojo de Cuenca. En éstos sen- :l


taban basas con la proporción y molduras de la Atica del 11
Vignola, de jaspe amarillo, sobre los cuales cargaban cuatro 11
magníficas pirámides; iban éstas de mayor a menor, rematan- 11
'l
do en un globo bronceado, y estaban vistosamente adornadas j
con fajas horizontales progresivamente proporcionales,· imi~
tando al mismo jaspe blanco de las lápidas de sus pedestales, 1
v el resto de las pirámides al jaspe rosado de Málaga.
· En el zócalo grande había formado otro de igual alto al
de las pirámides, guardando con ellas línea horizontal ; su IJ
~
planta un cuadrado perfecto, formando en los cuatro ángulos
una retracción de una vara en cada fachada, formando án- 1
\\

117 1
¡,
.,
'j
~

·~

·: l
l
"
gulos entrantes siempre rectos, con los cuales aparecían las
fachadas separadas aunque unidas, cuatro resaltos y colocadas
en cada uno dos columnas (distantes entre sí cuatro varas
formando con el orden proporción dupla) que sostenían su
formal entablamento, todo de orden jónico, compuesto se-
gún las reglas de Scamozzi, sobre el cual, en las cuatro fa-
chadas se formaban cuatro frontis angulares proporcionados
según Vitrubio.
Las columnas, friso del entablamento y netos de los
frontis, imitaban la misma piedra rosada de Málaga; las ba-
sas y capiteles bronceados, y éstos con unas bandas negras
en lugar de colgantes, pendientes de voluta a voluta. El ar-
quitrabe y cornisa parecía de piedra amarilla de Cuenca, con
varias molduras bronceadas para la mayor armonía. Detrás
de las ocho columnas había cuatro pilastras, cada una en un
ángulo, que eran las que formaban y sostenían toda la mole,
de igual alto que las columnas pintadas como piedra blanca ;
sus fustes de jaspe rojo. En dichos intercolumnios colgaban
cortinas en pabellón, desde el arquitrabe, cogidas en los lados.
Sobre los cuatro frontones se formaba un cuerpo cua-
, drado que cargaba perpendicularmente en las cuatro pilas-
tras, sobre el cual en sus ángulos había cuatro le.ones bron-
ceados, sentados ; el centro lo ocupaba un pedestal, ochavo
imperfecto en su planta, sobre el cual remataba una pirámide
de ig1,1al altura que las de abaxo, de jaspe rosado, las faxas
horizontales blancas y el resto verde. Remataba dicha pirá-
mide con una Corona, Cetro y Espada, sobre un coxín o
almohadón negro con sus cuatro borlones.
El tarimón principal era tan capaz que cómodamente se
subía a él para oficiar y decir responsos. Dentro de este gran
cuerpo de arquitectura estaba colocada una magnífica urna
sepulcral según el gusto griego ; en la fachada principal de
collares bronceados y unas banaas negras.
Toda su disposición arquitectónica estaba arreglada al
sencillo gusto y preceptos de los Egipcios, Griegos y Ro-
manos.

El grabado de esta policromada pira, severa en su arquitectura y muy


festiva en sus colores, lo hizo el estupendo grabador Tomás de Suría.
bajo la dirección de Jerónimo Antonio Gil.

* * *
En varias de las principales ciudades de Nueva España se elevaron
también solemnes catafalcos a Carlos III, pero sólo fué burilado el de

118
Puebla, por ese artista magnífico q1,1e fué José de Nava. Se publicó en
las Reales Exequias celebradas en la Santa Iglesia Catedral de la Puebla
'1
de los Angeles, y fué reproducido por don Francisco Pérez Salazar en su
obra sobre el grabado de Puebla, aunque muy defectuosamente. 1 Como
no me fué posible conseguir el original, remito al lector a la obra citada y 1
1
copio la breve descripción que completa la historia de esta bella pira:
·'
Constaba el todo de la Máquina de seis cuerpos que,
observando las dimensiones respectivas de sus cuadros se
iban alejando hasta producir veintiocho varas de elevación
desde el zócalo hasta el Trono con que remataba. En dicho
Trono se hallaban las Reales Insignias, conviene a saber,
Corona, Cetro y Espada, baxo de un pabellón de tela negra
y oro, que descansaban sobre un co:x;ín de lo mismo.
El cuerpo inferior del trono, que era el quinto, se em-
pleó por sus cuatro frentes en otros tantos cuarteles del Es-
cudo de Armas de nuestro Católico Monarca, reservándose
los cuatro restantes, como más proporcionados· a la vista,
para distribuir sus elogios. Quiso significarse que éstos se
habían esculpido en lápidas de mármol roxo y para persua-
dido se dió con harta viveza ese color a los campos de los
intercolumnios; el de humo suave y dulce se aplicó a las
empresas y jeroglíficos que. los coronaban, y el de jaspes
diferentes a las éolumnas, basas,' capiteles, cornisas y demás
piezas que componían lo restante de la Máquina, a excep-
ción de los barandaJes y balaustres que guarnecían los pa-
vimentos y servían de pasamano a la escalera principal, por-
que a todo esto se dió un verde claro, bastante agradable a
.1
la vista, y todavía más después que estuvieron encendidas 1
las innumerables luces que se habían repartido por el cuer-
po de la iglesia y las cuatrocientas hachas con que se iluminó
el túmulo . . . "

El grabado en la ciudad de Puebla· de los Angeles, México, 1933, pág. 48.

119
17. Pira de Carlos III, por Antonio González Velázquez. México, 1789
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
. 1

1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
.1
PIRA .DEL VIRREY REVILLAGIGEDO. MEXICO, 1799.

'
Las Sole1Hnes Exequias del virrey conde de Revillagigedo fueron pu-
blicadas, no sé porqué, en la ciudad de Guatemala, en casa de Arévalo, en
1800. Pero estas exequias fueron celebradas "por sus apasionados" en la
iglesia de San Francisco de México, donde se erigió la pira que, aunque
improvisada en. unos cuantos días, resultó novedosa, como puede verse en
el grabado que de ella hizo José Mariano del Aguila.
Sobre un enorme zócalo cuadrangular se levantó "un obelisco magní-
fico", que era "de orden toscano", todo pintado imitando el jaspe rosa.
"Cuatro cuerpos, .que iban en armónica disminución, sostenían la má-
quina piramidal, en cuyas principales vistas estaban colocados los escudos
de armas del Ilustre Difunto, y en el final remate, sobre un coxín de ter-
ciopelo carmesí las insignias de la Gran Cruz de la Real Orden de Carlos·
III, y encima el bastón, espada y sombrero, distintivos del gobierno mi-
litar y político."
En los diversos cuerpos iban ocho imperiales y sesenta y ocho hache:-
ros de plata, "con la más armoniosa simetría". ·
Las cuatro estatuas del primer cuerpo, de aliento clásico, llevaban en
las manos grandes letreros con poesías. En los otros cuerpos iban "signifi-
cantes emblemas", en los que descubrimos, por el grabado, unos faroles,
aludiendo al alumbrado público de que dotó a México ; una calle, recor-
dando la urbanización y limpia de la ciudad ; una mesa y un caballo en los
otros, simbolizando, tal vez, el trabajo y la actividad del célebre conde de
Revillagigedo.

123
1

1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
6 . 1

11
1
1
1
1
1

• 1
1
1
1
1
1
1
11
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
11
1
1
1
1
1
1
11
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
/

18. Pira del virrey R evillagigedo. México, 1799


PIRA DEL ARZOBISPO NUÑEZ DE HARO. MEXICO, 1802.

. El gran catafalco fué obra de Manuel Tolsá. En la Relación de la


Fúnebre Ceremonia y Exequias del Ilmo. y E.nno. Sr. D. Ildefonso Nú-
iiez de Haro y Peralta se lee que para "executar el lúgubre Mausoleo, que
debía ser magnífico, eligieron los señores comisarios al célebre arquitecto
don Manuel Tolsá, Director de la Academia de Bellas Artes en esta capital,
tan conocido por los primores de su arte, ~omo por su honradez y modesti~.
Este insigne artista puso todo su esmero en formar una pieza de fino gusto,
y a juicio de inteligentes, no tendríamos que avergonzárnos si se presentara
este fúnebre Monutl1ento a la crítica de las cultas naciones que han enca-
necido entre primores de Arquitectura". Y con "tosca y poco diestra plu-
ma" describe la pira :

En el espacio que corre entre el altar mayor y el coro,


se levantaba un robusta y ·corpulenta máquina, cuyo primer
pedestal o zócalo tenía de altura cuatro varas y diez en cua-
dro. Sus cuatro frentes imitaban un bello jaspe de fondo
amarillo, con vetas de roxo oscuro y en medio de cada uno
había puertas para lo interno de la máquina, cubiertas con
cortinajes negros y fleco negro y blanco.
En sus cuatro ángulos se colocaron otros tantos jarro-
nes de estuco, cuya pintura tiraba al aplomado, con argollas
y orlas doradas; servían d~ hacheros con cir~os de diez y ocho
libras.
Sobre la puerta del frente que miraba al coro, estaba tina
tarja de fondo casi amarillo y en ella grabado un epitafio.
Sobre el frente opuesto estaba otra pequeña lápida de igual
color en que se leía una corta y edificante inscripCión.· Sbbre
cada una de estas ·cuatro puertas se pusieron ·cuatro .jarras,
que imitaban en mármol el color blanco y apagado y sosten-

127
taban cada una un cmo de ocho libras. El borde todo del
pavimento de este pedestal estaba coronado de luces, dis-
puestas con hermosa simetría, como también lo estaban tres
escalones que de este pavimento daban paso al segundo pe-
destal.
Era el recinto de éste menos vasto, por naturaleza de
la figu~a piramidal; sin embargo, tenía sus 'frentes bastante
espaciosos y su altura se levantaba a bella proporción. Cada
frente estaba dividido en tres resaltos, bien formados y ador-
nados de .trofeos convenientes al objeto ; con esto quedaban
en cada frente cuatro lienzos, que dieron lugar a ocho jero-
glíficos, cada cual descifrado con una poesía. Estas poesías
describían, como por orden histórico, los principales pasa-
jes de la vida de nuestro Exmo. hasta su llegada a México.
En los cuatro ángulos de este cuerpo sobresalían cuatro
basas sobre que se levantaban cuatro estatuas colosales, en
que derramó el pulido Arquitecto todo su garbo y bizarra
fantasía. Una de ellas era la Mansedu.ntbre; otra la Concor-
dia,· la tercera la LiberaJidad,· la cuarta la Urba.nidad.
Del pavimento de este segundo cuerpo se arrancaba
una majestuosa pirámide, que imitaba un jaspe de fondo
verde oscuro, ingeniosamente arqueada por los cuatro fren-
tes, para dar la vista del tercer pedestal, que nacía del mis-
mo pavimento. Los cuatro netos que tenía este tercer cuer-
po los ocupaban otras tantas odas latinas . . . sobre este
pedestal· sentaba la magnífica urna sepulcral, cuyo color era
de jaspe morado oscuro, con tal cual mancha blanca.
Relumbraban por todas partes sus dorados perfiles, como
también el dorado relieve levantado sobre el medio ele ella,
que era un hermoso busto del difunto Príncipe. Aumen-
taban el lucimiento de este cuerpo cuatro jarrones, igual-
mente bien dorados, que en los ángulos de la urna mantenían
otros tantos cirios de doce y media libras. En el frente ele
la urna, que miraba al coro, estaba un jeroglífico.
En los cuatro frentes de la media altura de la pirámide
resaltaban cuatro lápidas o tablones, con semejanza de már-
mol blanco y en ellas se grabaron· poesías que celebraban la
Humildad, la Prudencia, la Misericordia y la Fortaleza.
Sobre dichas lápidas presentaban un bello golpe de vista
cu~tro escudos de armas del mismo Príncipe, que eran bajo
reheves en fondo apastillado. Sobre el remate de la pirámide
se ~olocó un~ urna de cenizas o vaso bien capaz, con su
telhza, y encima la cruz arzobispal.

128
Mil cuatrocientas y cincuenta luces contenía la gran má-
quina, que vista desde proporcionada distancia, presentaba
la más hermosa y agradable ilusión de millar y medio de
astros armónicamente ta~honadqs en la pirámide.
i'
El grabado fué obra de José María Montes de Oca.

'
'

¡:
¡;
l•
.¡:

1
1

1:

1
·1

1 129 1·
1

1
1}¡;Jjir.r.:j}mr,iH b·~,,,¡:r §·/íu. u/Y/f,ñi :V.0. f!J,p/,:•vi Cifi;;;Tez ck.'Jiam et:J>;~Ita {A;,¡~,'P~
• /!.--,..," ,,./ f..,,f'"'f"' .:.¡¡,.](',!j'Vl.• . ltllw: . · ,· -
~----

19. Pira del a rzobispo Núñez de Raro, por Manuel Tolsá. México, 1802
PIRA DEL OBISPO SAN MIGUEL IGLESIAS. VALLADOLID, 1804.

La pira fué obra del bachiller Manuel de la Torre Lloreda, publicada,


según el grabado de José Simón Larrea, en el folleto Relación sencilla del
funeral del Ilmo. Sr. D. F. Antonio de San Miguel Iglesias .. , 1805.
Era de "diez y seis varas y" dos tercias y se podía considerar como
de tres cuerpos, fuera del zócalo o andén, que era perfectamente cuadrado .
por su planta. En los cuatro ángulos estaban cuatro pedestales sobre los
que se colocaron· otros tantos cipreses de cu.atro y media varas de altu-
ra, que servían como de fanales, repartiéndose en ellos un considerable nú-
mero de luces que brillaban con agraciada simetría. Sobre este pedestal se
levantaba el primer cuerpo, de figura cuadrilátera, en su proporción de
orden dórico, de cinco y media varas de alto y cinco y una tercia de an-
cho, extendiéndose tanto la anchura de su basa, por haberse formado en las
de las pilastras ocho ménsulas, en las que sobreestaban ocho jarrones de
un gusto delicado, que además del adorno, servían para exhalar continua-
mente aromas con seguridad y artificio. El segundo cuerpo representaba
una magnífica urna sepulcral, sobre la que se elevaba, por último, el terce-
ro, que era una pirámide trunca, cuadrada, cuyo ápice terminaba en dos
mitras y dos callados, los de Comayagua y Michoacán, que pdseyó el Ilmo.
Sr. Iglesias ... "
Ahora esta pira nos parece fea y sin gracia, y más con los cipreses
que la custodiaban, pero algo nos consolamos pensando que en la noche
brillaban "con agraciada simetría", como arbolillos actuales de Navidad.

133
20. Pira del obi spo San Miguel I glesias. Valladolid, 1804
.•
PIR;\ DE LOS DEFENSORES DE ~UENOS AIRES. PUEBLA, 1808.

Fué tan clamorosa la defensa de Buenos Aires cuando el ataque in-


glés de los generales Beresford y Whitelocke, en 1806, que la fama de
Santiago Liniers, de Juan Martín de Pueyrredón, de Martín de Alzaga y
de los esforzados habitantes de la ciudad del Plata llenó el mundo, sien-
do admirados por la misma Inglaterra. En España y en toda América se
hicieron fiestas, así como innumerables misas de réquiem por los muertos.
Pero sólo unos funerales interesan aquí : los de la ciudad de Puebla, cele- .
brados el 24 de febrero de 1808, tanto por haberse hecho un bello grabado
de la pira, como por el autor de ella, pues fué el famoso pintor, orfebre y
revolucionario José Luis Rodríguez Alconedo, al cual no le conocíamos
sus cualidades arquitectónicas.
El libro que. describe las honras se titula así: Oración Fúnebre que en
las solemnes exequias celebradas en la Iglesia del Espíritu Santo de la Pue-
bla, a devoción y expensas de los hijo's y oriundos de Vizcaya y de Navarra,
por todos los que murieron en la gloriosa defensa de Buenos Aires, dixo el
Dr. D. Antonio Joaquín Pérez Martínez, obispo de la misma ciudad ...
México. Por Arizpe. 1808.
Se dice en. el prólogo que ''la novedad de esta pieza, su ·colorido de
mármples bien contrastados, la calidad de sus adornos y su armoniosa ilu-
minación, no pueden expresarse cumplidamente con la lámina que se acom-
paña, mas, sin embargo, ha parecido conveniente publicarla porque su vista
excusará las descripciones arquitectónicas, de que no gusta la mayor parte
de los lectores".
Y sabemos por este párrafo que los habitantes de la agonizante Nue-
va E~paña se morían de aburrimiento con las minuciosas descripciones de
las piras que habían visto con sus propios ojos, en lo cual llevaban razón.

137
Esta obra ya se halla inspirada en el movimiento neoclásico; es sobria
a pesar de los trofeos y calaveras, y si no· es un ejemplo de proporciones
arquitectónicas, conserva una elega~1cia sólo afeada por los torreones mi-
litares de las esquinas y los enormes jarrones turiferari()s de la pirámide.
El grabado lleva estas inscripciones: J. L. R. Alconedo dibujó.-!. A.
Guevara .del.-NIantes de Oca grabó en M é.1:ico.

138
21. Pira de los defensores ele Buenos Aires, por José Lui s Rodríguez Alconedo.
Puebla, 1808
:
PIRA DEL OBISPO MORIANA. VALLADOLID, 1810.

Don Marcos Mariana y Zafritla fué un efímero obispo de Michoacán,


cuyas obras principales fueron haber terminado de su bolsillo la fábrica
de cigarros de Valladolid y regalar a su catedral "cuatro imágenes de Ntrb.
Sr_. Jesucristo con cruces y pedestales de bronce dorado, del mejor gusto,
cuyo costo ascendió a la cantidad de 10,000-pesos, obras del célebre Tolsá,
que envió su Ilma. para los cuatro altares del ciprés", según se dice, de
paso, en las Solemnes exequias que celebró la Santa Iglesia Catedral de Va-
lladolid por el alma de . . . México, 1810.
La pira fué .tain)Jién obra del bachiller Manuel de la Torre Lloreda,
que dice ahora no haber imitado nunca los antiguos modelQs, pues ya se
está "en un siglo ilustrado", en el que "el buen gusto ha revisado casi
todas las artes y ciencias naturales"; Cita el Diccionario ·de Arquitectura
de Bails y el M anual de Arquitectura de Brancas, de los cuales había toma-
do sus ideas, así como de la pira (que no conocemos) que en 1800 había
hecho el cura don Francisco Uraga a la memoria de Pío VI.
"Se ha procurado -dice- hacer un túmulo magnífico que a la prime~
ra vista excitara una grandiosa idea del Príncipe a quien se dedica y que
ofreciera netos capaces y bastantes para las po.esías e inscripciones.
"Esta gran mole se componía de tres cuerpos, sirviendo los dos pri-
meros como de un grande muro o pedestal para sostener el tercero que era
la Urna o Sepulcro. Ella representaba _en toda su extensión la figura de
una pirámide cuadrangular imperfecta, para conservar de algún modo la
significación de las antiguas, y su altura era de diez y seis varas, sin contar
con el busto, que colocado sobre et sepulcro, hacía un remate noble y gra-
cioso."

141
En realidad se usaron elementos de la pira del obispo Iglesias, como
los pebeteros, que son los mismos, el entablami~nto, con sus dos estatua·s
recostadas y la urna. El grabado, de fina factura, fué obra de José Simón
Larrea.

142
11

22. Pira del obi spo Moriana. Valladolid, 1810


PIRA DEL ARZOBiSPO LIZANA. MEXIC01 1812.

El espléndido grabado de esta pira, de Pedro Vicente Rodríguez, está


inserto, sin la menor descripción o comentario, en los Elogios Latino y Ca.s.-
tellano del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Don Francisco Xavier de Li-
zana y Beamnont, Arzobispo y Virrey de 1v!éxico . . . 1813.
Fué también obra de Manuel Tolsá, quien siguiendo el ejemplo del
túmulo del arzobispo N úñez de Haro, <;:onstruyó una colosal pirámide sobre
un amplio zócalo en el que se abren cuatro puertas; a los lados de ellas
letreros en tarjas de corte clásico. En las esquinas cuatro macetones in-
censarios. En el centro de la pirámide, sobre una cornisa, otras tarjas con
epitafios y versos y los escudos del prelado. La urna, con las insignias
episcopales, estuvo en el interior de la pirámide, abierta ésta por medio
de claros sostenidos por columnas jónicas y no "ingeniosamente arqueada"
como la de Núñez de Haro. En el remate una enorme estatua de la Fe.
En este grabado puede notarse perfectamente la imitación de losas
de mármoles y jaspes, que, como se ha visto, era la costumbre de las piras
funerarias.

* * *
Este hermoso túmulo, uno de los mejores que se construyeron en
México, se conservó mucho tiempo en .las bodegas de la catedral, sirvien-
do para varias exequias posteriores.
En 1819 se puso para las de la reina Isabel de Braganza, los días 9
y 10 de junio, permaneciendo hasta septiembre del mismo año en que
se celebraron las honras de Carlos IV y María Luisa. En la Relación de lo
Ejecutado por la 1mtcrte de Doña Isabel de Braganza . .. se dice que "ftté

145
armada" la pira, sin mencionar a T olsá, por el pintor Rafael Ximeno y
Planes.
Ximeno añadió unos medallones de pintura, ovalados, en las esquinas
del zócalo, con jóvenes romanas representando virtudes y un medallón
redondo, sostenido por angelitos, arriba del pórtico central ele la pirámi-
de, con el retrato ele la reina. Fuera del túmulo colocó cuatro grandes co-
lumnas corintias recibiendo las cortinas que descendían ele una corona
. regía, inmensa, que cubría todo el monumento.
Cometió Ximeno, sin embargo, una grave falta a su honradez profe-
sional al firmar el grabado "Ximeno inventó y dibujó" .. Hizo Jo segundo,
pero no lo primero, que Túlsá había "inventado" hacía seis años.
El grabado ele esta renovada pira fué también ele Pedro Vicente Ro-
dríguez.

* * *
En 1838 sirvió para 1J misa ele n}quiem a~1te las cenizas ele Agustín
ele Iturbide, en la catedral, según puede verse en la litografía ele Cumplido
publicada en la Descripción ele las honras del emperador.
En 1862 volvió a servir para las exequias celebradas en lá Profesa del
obispo Belaunzarán, y en 1878 para las de Pío IX. "Manclóse renovar -se
dice en las Honras ele ese pontífice- en cuanto fué posible el imponente
y majestuoso catafalco, obra del distinguido arquitecto don Manuel Tol-
sá ... " y se consigna una excelente y detallada descripción reimpresa en
el número 77 de La Voz de México.

* * *
Las honras que para Carlos IV y María Luisa hizo la Inquisición en
Santo Domingo merecieron un suplemento ele la Gaceta de México, del
26 de octubre de 1819, en d. que se detalla la ceremonia. "El cenotafio
-dice- fué nuevo crédito de la constante· fidelidad del Santo Tribunal.
Guardaba toda su mole el orden jónico, en cincuenta y cuatro pies ele
altura, repartidos perfectamente en el zócalo, contrazócalo, pedestal, sar-
cófago, cornisamento, muro y cúspide, formando el todo una pirámide
adornada. Süs tolum11as, capiteles y n1olduras, pintadas a buen gusto, y
doradas en sus debidas proporciones, presentaban urt artefáctó que será
siempre testimonio muy fiel· de la eficacia con· que don Francisco Ibar
trató en ésta ele llevar hasta el cabo los esmeros de su notoria habilidad.'"

146
. --~ -

24. Pira del a rzobispo L izana, po r Manuel T olsá. México, 1812


GS: c;co ,..:s:::s=: ::::;::::::::: :::=r<!tllo.. ~ sc::e:::;:::e ~...,:cs:aSF s:z:: o~ uz ::;;;:; )P ~·Tl't:.

25 . L a pira de T olsá, para Lizana, ar reglada po r X imeno


para Isabel de Braganza. México, 1819
26 . La 111 15111:1 pira usada para el obi spo Belaunzarán. México, 1862
PIRA DE ISABEL DE BRAGANZA. GUADALAJARA, 1819.

La ciudad de Guadalajara, aprovechando la muerte de María Isabel


Francisca de Braganza, esposa de Fernando VII, hizo también honras
fúnebres a Carlos IV y a María Luisa de Borbón, derrochando un lujo
extraordinario en la ceremonia y en la pira, que fué encargada a Dionisio
Sancho, escultor de cámara de la Corte de Madrid, que se encontraba en
Nueva España, dirigiet•do en Guadalajara la edificación de la Casa de
Moneda.
Dionisio Sancho había nacido en Ciempozuelos en 1762. Estudió
en la Academia de San Fernando, ganando el primer premio de escultura
en. dos ocasiones. Fué nombrado director de Escultura para la Academia
de San Carlos, de México, el 20 de agosto de 1810, en substitución de
Tolsá, que pasó a la dirección de Arquitectura. Tomó posesión el 17 de fe-
brero d~ 1811, pero en 1814 estaba ausente, quizá ya en Guadalajara. Mu-
rió hacia 1825. En el Escorial y Madrid existen algunas famosas estatuas
de su mano. 1
En las Reales Exequias, publicadas en 1820, se dice que Sancho pre-
sentó cuatro diseños "que no dexaron otra dificultad que la de la elección
entre ellos". La pira fué hecha por los dos.mejores escultores de la ciudad
y las pinturas se encargaron a José María de Uriarte, elma~stro de José
María· Estrada.

El primer cuerpo de esta obra consistía en un zócal.o al-


mohadillado de dos varas de alto, el cual ascendía por una
escalinata de siete gradas que hacía frente al coro, todo él
imitado de mármol negro de San Pablo. ·

1 Abelardo Carrillo y Gariel, Datos sobre la Academia de Sa.n Carlos de N"e-


m Espmia, México, 1939. Enciclopedia Espasa, vol. 54.

151
Sobre dicho cuerpo corría una balaustrada de bronce an-
tiguo y ornatos dorados, interrumpida con seis pequeños pe-
destales y cuatro en los ángulos, todos de mármol blanco
de Granada; en los seis pedestales estaban colocados otros tan-
tos perfumeros de dicho mármol l;>lanco y sus adornos unos
dorados y otros bronceados. En los pedestales de los ángu-
los había cuatro trozos de columna de pórfido, que sostenían
cuatro candelabros de bronce antiguo y cinco hachas cada
uno.
Sobre el zocalón que componía el primer cuerpo había
un gran pedestal de mármol amarillo de Cuenca, sobre el que
,se levantó un templete de orden. dórico, compuesto de doce
columnas de mármol morado de Cuenca, con capiteles y ba-
sas doradas, y los zócalos de mármol negro de San Pablo
y cuatro pilastras 'almohadilladas de alabastro gris, y de
esto mismo era el cornisamento, excepto las metopas, que
eran de mármol morado, adornadas alternativamente con ca-
laveras, guirnaldas de ciprés y ampolletas con alas en bajo
relieve de mármol blanco.
Los dos principales· frentes de este cuerpo, concluían
con frontis cuyo tímpano era de mármol ·márado con una
guirnalda de ciprés; sobre el frontis había colocados dos
globos de máimol de Carrara con laureles por los lados que
sostenían una corona imperial dorada.
En el medio estaba colocada una urna sepulcral, toda
de lapislázuli y sus adornos dorados; en el frente que mi-
raba al coro tenía una gran medalla con el busto de la reina
en bajo relieve y en los costados lápidas de ágata con ins-
cripCiones. ' _
. De este cuerpo seguía un 'Pequeño zócalo de placa cua-
drada, de mármol verde de Granada,, sobre el que se le-
vantaba una pirámide sostenida en cuatro globos de bronce
antiguo, toda de mármol morado de Italia, que tenninaba
con una cruz griega de ráfagas doradas.
La total altura era de diez y nueve y una cuarta varas.

Tres días antes de los funerales se abrieron las puertas de la cate-


dral para que "toda clase de gentes satisficiesen el inquieto aunque racio-
nal deseo de ver una cosa de tanta novedad y tan digna ele verse como
el nuevo catafalCo".
La música estuvo a cargo del capitán del regimiento de Puebla Narciso
Sort, quien compuso las vísperas y ia misa.
Esta pira, la más hermosa que se construyó en México, fué también
grabada por Pedro Vicente Rodríguez. Sólo estos tres grabados, y los

152
1

tres de piras funerárias, s~ conocen de Rodríguez, suficientes para reputado


como uno de los mejores grabadores del siglo pasado.

* * *
. En 1853 volvió a utjlizarse el catafalco de Sancho, en las honras del
arzobispo Aranda y Carpinteiro, que motivó una nueva· y excelente ilus-
tración, en litografía, de Decaen, publicada en la Descripción de los .fu-
nerales de ese prelado.

153 .

27. P ira de I abe! de Braganza, por Dionisio Sancho. Guadala jara, 1819
,.

UNA PIRA EN AGUASCALIENTES, 1827.

Unico caso de pira funeraria civil, fué la que hizo la Sociedad Pa-
triótica de Aguascalientes al difunto gobernador de Jalisco, don Prisci-
liano Sánchez, colocada en la Sala de Juntas de la misma Sociedad el 8
de enero de 1827.
En lugar de sermones hubo discursos y brindis en vez de responsos.
"En la noche del día de luto ~se dice en los Elogios Fúnebres- uno de
los individuos de la Sociedad pronm~ció un elogio funeral en la gran
Sala de sus juntas, en donde se había colocado una tumba sencilla y hu-
milde y en ella las octavas y poesías ... "

* * *
El cenotafio es una pirámide irregular, en cuyo centro va la clásica
urna con una matrona recostada al modo etrusco, llevando un libro en la
mano. Dos estatuas de virtudes la acompañan, de pie en sendos pe_destales,
vestidas a la romana.
Aquí, claro está, han desaparecido las velas, el fuego y toda idea
religiosa o mortuoria. Es ya una pira laica, de inspiración liberal, erigida al
"ciudadano" Sánchez, por. el hecho de ser gobernador.
Eay un vigoroso recuerdo, aunque en pequeño, de los sepulcros de
Antonio Canova en esta pira, recuerdo que se avalora por su fecha, apenas
a los cinco años de la muerte del célebre escultor italiano. ·

157
A 1. ;\ ~ l:: 't l f r \
U f": l. C JI 1) ~\ 0 \ -.: Q

JJ flt .... r JJ~ I ~fS () .. . f .,\'t "II L:.'7.


L \ :""~(l l l.ll c\ l) 1'\ 'flt i Ql' t C:\
JJr .-\ GU .\ r.. t; ,\l. t t '<Tl: .;; •
•-\ ~(J JJ I~ M .O CC. ~lo:X\fl .

27. P ira del gobernador Sánchez. Aguascali entes, 182 7


LA PIRA DE ITURBIDE. MEXICO, 1838.

Al traer los restos de Agustín de Iturbide a la capital, en 1838, se le


hicieron lujosos funerales en la iglesia de San Francisco primero, y luego
en la catedral, donde fué sepultado. En la Descripción de la solemnidad
fúnebre con que se honraron las cenizas del Héroe de lgttala Don Agustín
de Iturbide ... México, 1849, se describe la pira elevada en San Fran-
cisco: "Al entrar de frente en aquel magnífico temp1o, los concurrentes
quedaban asombrados al aspect~ imponente y majestuoso que se presen-
taba a su vista. El fondo de la iglesia estaba vestido de negro, desde las
bóvedas hasta el pavim~nto ; lo estaban igualmente, en toda su alturá,
las cuatro columnas· del centro del crucero, resaltando más en aquel in-
menso fondo oscuro un haz de tres banderas trigarantes colocadas a cierta
elevación. Los colores de estas banderas estaban en armonía con un gran-
dioso pabellón tricolor suspendido bajo la media naranja, cuyo círculo
tenía veintiuna varas de circunferencia y del cual salían, abriéndose, cua-
tro fajas también tricolores de más de cuatro varas de ancho, a ·colores
sobre los capiteles de las columnas enlutadas en que se hallaban las han
deras. Terminaba este pabellón por su extremo superior en un penacho
trigarante. .
"Como para disputar la altura al pabellón, se levantaba un suntuoso
catafalco de más de treinta pies de elevación ; su base tenía seis varas por
cada lado del cuadrado, con cuatro gradas ; encima un pedestal., y sobre
éste, la esbelta pirámide. En la cúspide truncada de su cono se colocaron
los restos de don Ag,ustín de Iturbide, dentro de una urna de cristal y
bronce d<;>rado, cerrada con una cubierta de lo mismo, que tenía encima
los trofeos en que se miraba erguida el águila nacional; todo el conjunto
de cortes y molduras era de un trabajo exquisito."

161

r
t
La litografía, de Antonio de Castro, nos muestra el interior del templo
de San Francisco antes de ser convertido en bodega y demás peripecias de
su triste historia posterior a la Reforma, lleno de las elegantes personas
que fueron a la misa de requiem. En el centro de la pirámide se ve un me-
dallón con un busto de perfil de Iturbide y las luces se reparten en las ara-
ñ~s y tribunas, dando una majestad imponente. Oficia un obispo. La lúgubre
ceremonia se desarrolla en un silencio profundo, aristocrático, de gentes
de etiqueta que recuerdan sus buenos tiempos del primer imperio.

162
(

28. Pira de Agustín de lturbide. México, 1838


PIRA DEL PADRE NAJERA. MEXICO, 1853.
' .

En la iglesia de la Profesa, la de moda a mediados del siglo pasado,


se puso la modesta pira del sabio padre Nájera, litografiada por Hipólito
Salazar en la Descripción de las K~:equias del Muy R. P. Fr. Manuel de
San Juan Crisóstomo, religioso de la Provincia de San Alberto de Carme-
litas Descalzos, _México, 1854. La descripción, a la antigua, dice: "Debajo
de la· amplia cúpula se elevaba un sencillo pero e1egante catafalco com-
puesto de tres cuerpos sobre un zócalo, forradas estas piezas de terciopelo
negro, galoneado de oro, y con los adornos siguientes : delante del zócalo,
en el lado qué mir~ba a la puerta principaf, se colocaron dos columnas de
escayola, jaspe oscuro, que contenían jarras de bronce coronadas con una
llama de un color verde que producía un efecto verdaderamente lúgubre.
Sobre los cuatro ángulo~ del primer cuerpo se colocaron· otras tantas .co-
lunmas de escayola blanca, que sostenían jarrones de mármol, y .a los
lados blandones de calamina, que al par que hacían· resaltar la blancura de
las columnas, d~jaban ver libremente cuatro bellas c_omposiciones caste--
llanas en elogio del difunto.
"El segundo cuerpo, adornado del mismo modo que el anterior, con
la diferencia que sobre las columnas había candelabros de mármol amarillo
guarnecidos con bronce negro y se leían otras no menos hermosas inscrip-
ciones latinas. Columnas de la misma clase, aunque algo más pequeñas,
con cande~abros iguales a los del anterior, adornaban ei tercer cuerpo, que
cubierto con un rico tapiz, se veía sobre éste un hábito de carmelita, y
mirando al frente de la iglesia tenía por a,dorno un vistoso escudo de la
Orden del Carmen. Al magnífico espectáculo, en fin, que ofrecía, el cata-
falco, daba complemento una hermosa araña de calamina, que suspendida
de la clave y colocada a proporcionada distancia, servía de remate a todo
aq,uel fúnebre aparato."
• 165

' ' .
Sólo la fuerza de la tradición pudo escribir esta elogiosa descripción
. que no corresponde con la realidad. Estamos ya tan sólo ante una super-
posición de cuerpos de mayor a menor tamaño, sin ninguna idea arquitec-
tónica o plástica. · ·
Con esta pira del padre Nájera termina, en realidad, la historia de
las piras funerarias mexicanas ; de entonces acá puede decirse que todos los
catafalcos no son sino pirámides de cajones enlutados, sin el menor cui-
dado ni el menor gusto, como las de los últimos arzobispos de México o
la del último rey de España, Alfonso XIII, en la iglesia de Santo Domin-
go; de estilo "gótico".

* * *
Algunas excepciones podrían citarse en el siglo XIX, como la pira en
la translación de los restos, de México a Guadalajara, del arzobispo Es-
pinosa, en 1877, o la del obispo José de la Peña, de Zamora, de la misma
fecha, que aun merecieron litografiarse, pero que están ya construídas con
esa falta de aliento de lo que se halla condenado a per~cer. ·

'* * *
Y es lo fatal. De la pira de Carlos V a la de Alfonso XIII mediaron
cuatro siglos y no en vano pasa el tiempo, que mata el cuerpo y cambia
las ideas. Lo que estuvo bien y en su lugar como Túmulo Imperial en 1560,
lo está también como cajones anónimos en el año de 194i

166
29. Pira del padre Nájera. México, 1853
UNA PIRA DE B,URLA EN LA CIUDAD DE MEXICO.

A fines del siglo XVIII se había llegado a tal erudición pedante, tanto
en las poesías y sermones como en las detalladas descripciones de las piras,
que en 1799 hubo una graciosísima parodia, las Honras fúnebres de la pe-
rrita doña Pamelr,z., en las que se describen, punto por punto, la vida y vir-
tudes del animalito, llenas de citas clásicas, así como la pira, por sus cua-
tro costados, con sus epitafios, octavas y sonetos, su disposición arquitec-
tónica y sus adornos, tal como se hacían en serio por los bachilleres y
doctores. sin oficio de la época. 1·
Estas honras burlescas, que anduvieron manuscritas varios años, fue-
ron copiadas íntegramente por José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pen-
sador Mexicano, en el capítulo xxv de su novela La Quijotita y su prima,
dándonos, además, el precioso dato de que "quien había ideado la pira
y compuesto la inscripción, los sonetos y todo, era el Dr. D. José Ma-
ría Guridi y Alcacer, autor también de la oración ftfuebre, lo que hizo con
·objeto de pasar el rato en una concurrencia, criticando al mismo tiempo
una pira puesta en aquellos días en un templo de México".
La pira que se reproduce en la litografía de la Quijotita tiene, como
las verdaderas, su~ tres cuerpos, su puerta al frente, estilo académico, sus
medallones con versos y, en el remate, la pobre Pamela muerta, tendida en
un estercolero. '

* * *'
El elemento puramente hispánico está en las primeras piras, las de
los reyes de la Casa de Austria; la voluntad criolla se manifiesta en los

1 Publicadas por Edmundo O'Gonnan en el Boletín del Archivo General de la


Nación, tomo xv, núm. 3.

169
ostentosos catafalcos barrocos ; el aliento clásico vuelve en los túmulos
académicos; la nota indígena, ingenua y emotiva, está en la encantadora
pira de Coatepec ; el toque de burla, de caricatura, que no podía faltar en
la historia de las piras funerarias' mexicanas, lo dieron un cura liberal y
un literato.

170

.,
30. Pi ra burlesca en La Quijot·ita, d~ F ernández de Li zardi
EL SENTIDO DE LAS PIRAS FUNERARIAS.

El estudio analítico, descriptivo, desde fnera, de esta efúnera 'arqui-


tectura funeral, se ha hecho en las páginas anteriores. El estudio sintético,
comprensivo, desde dentro, es el que intento en estas líneas, aunque sea
tan sólo como planteación de c~testiones, para completar el significado his-
tórico y estético de las piras funerarias, que no existe con la pura explica-
ción gráfica y documental..
Oculto en la maraña de las apariencias, hay un hondo sentido. en las
piras que es necesario desentrañar y cuyos elementos están dados en el
desarrollo mismo de las ideas sucesivas que las engendraron.

* * *
La idea primaria, elemental, que las inspira, es la idea religiosa. Un
mundo sin trasmundo, sin sentimiento alguno de lo divino y del más allá,
aunque sea ele manera confusa o dubitativa, no puede originar el culto a
los muertos; sólo una idea o sentimiento trascendente de la muerte puede
crear estos homenajes postreros. Nacieron las piras en el paganismo para
quemar el cuerpo y liberar el espíritu, forma antigua de dar descanso per-
petuo a sus muertos. El cristianismo, a pesar de prohibir la cremación de
los cuerpos, por la fe en la resurrección de .la carne, conservó las piras con
su principio fundamental: el fuego, hecho símbolo en los centenares de velas
que recordaban el incendio original.

* * *
Con el .pasar de los siglos y el cambio que ello implica, ocurre un in-
teresante f~nómeno : las piras funerarias van perdiendo su noción iniCial

173
religiosa y devien.en obras sociales y, como una secuencia, obras artísticas.
No son ya para el cu.lto del muerto en cuanto a cadáver, en cuanto ante-
rior albergue de un espíritu, sino del hombre en cuanto persona social. La
idea trascendente de la muerte se hace inmanente y es la jerarquía, el se-
ñorío, el poder, la representación social, lo que eleva las suntuosas piras
renacentistas y barrocas, en los momentos, precisamente, en que el hu-
manismo de la edad moderna exalta al hombre como sér independiente de
la divinidad. .
De aquí los diferentes matices que va poniendo el tiempo, conforme
transcurre, en 'la composición y adorno de los catafalcos, el alejamiento, el
olvido de las ideas religiosas'para sustituirlas por recuerdos personales del
difunto y ostentar, más que todo, el sello de la época, de las formas sociales
imperantes en el momento en que se construyen.

* * *
El "Túmulo Imperial" de Carlos V, tremendo y fastuoso, es el home-
naje a la persona del emperador, a la corona del Sacro Imperio Romano
Germánico que llevó en su frente. El pobre cajón enlutado de Cervantes
de Salazar es el homenaje al profesor universitario, elemento mínimo, tro-
zo de sillar apenas en el fabuloso edificio del imperialismo hispánico del
siglo XVI. Domina, sin embargo, en el túmulo de Carlos V, la idea de la
muerte, así como en el de Felipe II, que llevan aún fonna de altar y en
donde se celebran las ceremonias fúnebres. En la pira de Felipe IV co-
mienza ya, a pesar de su parecido con las anteriores, la e..xaltación pura
del individuo, al.. colocar en el sitio más prominente el retrato, de tamaño
natural, del monarca.
Después, en el siglo XVIIT, triunfa la profanidad en las pinturas y
esculturas alegóricas que recuerdan, no la muerte, sino la vida; no el es-
píritu, sino el cuerpo; no la salvación, sin0 la memoria histórica. Hay mo-
mentos, sin embargo, en que se impone la lúgubre realidad de la muerte
sobre la decoración artística de las piras, como en la del marqués de la Vi-
lla del Villar del Aguila, en Querétaro, o la de Carlos II, en Coatepec,
pero .no dejan de ser urta excepción de provincia.

* * *
Y llegamos a las piras racionalistas, ateas, del siglo XIX, en las que,
como la del virrey Revillagigedo, las estatuas ya no son virtudes, sino la

174
Ley y la Justicia, esculpidas en el sentido laico y liberal que trajeron 'al
mundo la Ilustración y la Revolución Francesa, o la de Carlos III, desnu-
da de toda idea que no sea la preocupación arquitectónica, o la pira poblana
de los defensores de Buenos Aires, que es toda una fiesta militar,. hasta
que llegamos a la pira masónica de un "ciudadano" gobernador, erigida ya
en una sociedad literaria.

* * *
Pero en el fondo de los principios religiosos o sociales que producen
las piras funerarias, hay _otro sentimiento más profundo, más subterráneo,
más inconsciente, que las inspira de manera esencial : el terror a la muerte,
a la presencia de la muerte corporal. en su realidad fatal e inexcusable. Por
este horror se oculta a la muerte con monumentos policromados, luminosos,
furiosamente ornamentados y rodeados, no del silencio, sino de la viva
voz del complicado ceremonial.

* * *
Y ·es aquí donde nos encontramos la contradicciÓn interna de esta
fugaz arquitectura que la hace obra auténtica del hombre, que es, él mismo,
una viviente y muriente y perpetua contradicción : eternizar lo efímero,
enaltecer el polvo, vestir lo desnudo, levantar lo caído, hacer vivir la
1
muerte.

* * *
Son por eso las piras funen¡.rias un trucÓ inconsciente y angustioso
para olvidarse de la corrupción y de la nada, disfrazando, eón máscara so-
lemne y atractiva, el espantable rostro de la muerte,

175
IN DICE

INTRODUCCION

Págs.

Los monumentos funerarios. 11


Las piras en México. Estilos. FacÚ.tra. 13
La bibliografía funeraria mexicana. 19
Las cereQ1onias fúnebres. 22

PI~AS

Las primeras piras en México. 27


El túmulo imperial de Carlos V. México, 1559. 29
Pira de Felipe II. México, 1599. 41
Pira de Felipe III. México, 1621. · 47
Pira de Felipe IV. México, 1666. 51
Proyecto de prra para Mariana de Austria. México, 1690. 57
Pira de Carlos II. Coatepec, Puebla, 1701. 61
Pira de Luis I. México, 1725. 67
Pira del marqués del Villar del Aguila. Querétaro, 1744. 73
Pira de Felipe V. Guatemala, 1747. 77
Pira de María Bárbara de Portugal. Oaxaca, 1759. 83
Pira de María Bárbara de Portugal. México, 1759. 87
Pira de María Amalia de Sajonia. México, 1761. 91
Pira de Fernando VI. México, 1762. 97
Pira del Óbispo Alvarez de Abreu. Puebla, 1764. 101
Pira .del arzobispo Rubio y Salinas. México, 1765. 105
Pira de Isabel Farnesio. México, 1767. 111

177
)

:Págs.

Pira del virrey Matías dé Gálvez. México, 1785. 115


Pira de Carlos III. México, 1789. 117
Pira del virrey Revillagigedo. México, 1799. 123
Pira del arzobispo Núñez de Raro. México, 1802. 127
Pira del obispo San Miguel Iglesias. Valladolid, 1804. 133
Pira de los defensores de Buenos Aires. Puebla, 1808. 137
Pira del obispo Mariana. Valladolid, 1810. 141
Pira del arzobispo Lizana. México, 1812. · . 145
Pira de Isabel ele Braganza. Guaclálajara, 1819:- 151
Una pira en Aguascalientes; 1827. 157
La pira ele lturbicle. México, 1838. 161
Pira del padre Nájera. México, 1853. 165
Una pira de burla 1 en la ciudad de México. 169
El sentido de las piras fune1:arias. 173
En la Imprenta Universitaria, bajo la dirección de
Francisco Monterde, se terminó la impresión de
este libro el día '19 de a~osto de 1946. El autor
agradece' a los señores Juan B. l~ulniz, Manuel
Toussaint, Manuel Romero de Terreros,
Gonzalo Obregón, Enrique A. Cervantes,
Leopoldo Martlnez Coslo, Ignacio
Cer-oantes, Lino Picaseño 1? Francisco
Goñzález de Cossío, su gentileza en
facilitar algunos de los grabados
que ilustran el volumen. Dibujó
las viñetas el pintor Ramón
· Ga!a. Hizo 1os grabados
Francisco Patiño. Formó
José Luis M. Gracida.
Imprimieron José
G. Serrat~s H.,
Miguel Mata
M., .Agustín
Mo-rales
Vargao.

t
1

1
. 1

.1

También podría gustarte