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(EL LIBRO DE LA PATRIA)

JULIO CEJADOR

“La más sencilla hilera de libros es mayar


señal de cultura que el aparador más primo­
rosamente tallado. Prefiero una casa bien pro­
vista de libros a la más costosamente amue­
blada.1' — Breechsp,

MADRID
tm p. V iuda e H ijo s d e J . R a íé e .
C ostanilla d e S an P e d ro , n,° 6 .
■1928 =
TIERRA Y ALMA ESPAÑOLA

Adentraos, lectores, con nosotros en la lectura de


las páginas de este folleto, que no son otra cosa que
un canto al maravilloso libro que el sabio Cejador ha
puesto al alcance de todos; libro de oro donde de ma­
nera única se pone de manifiesto la Tierra y el Alma
española, que debiera estar de texto en todas las es­
cuelas españolas, en todos los hogares se debería leer
y que debe constituir el breviario de todo buen espa­
ñol, así como verdadera e insustituible guía de Es­
paña.
Los juicios que aquí se insertan no son sino unos
cuantos de los emitidos en la Prensa, pues, aportarlos
todos* sería hacer de este folleto un voluminoso tomo,
imposible de poderlo realizar.
No miréis estas páginas como un reclamo más, no;
es una manera clara y contundente de daros a cono­
cer, no por nuestra torpe pluma, sino por la de los
* 3
maestros y orientadores de las inteligencias, los méri­
tos de este monumento patrio que, como «Los explo­
radores españoles del siglo xvi», de F. Lummis, o «¿La
leyenda negra», de Juderías, viene a reivindicar la
Tierra y el Alma española, puestas en entredicho por
torpes e indocumentadas plumas.
Reconociendo el Gobierno que preside el ilustre
general Primo de Rivera los méritos excepcionales de
Tierra y Alma española, es por lo que dió órdenes
para que, por el Ministerio de Instrucción pública, se
adquiriesen 794 ejemplares que fueron distribuidos
entre los señores inspectores jefes de Primera enseñan­
za y los maestros regentes de las Escuelas Prácticas
anejas a la Normal de Maestros de España.
Porque es el mejor mentís que se puede dar a los
que, desconociendo a España, hablan mal de ella, es
por lo que en Norte América, don Francisco Lon­
dres, editó un folleto que lleva por título «Homenaje
a Cejador por su admirable obra Tierra, y Alma es­
pañola, el Libro de IarPatria», logrando fuese puesta
de texto en importantes centros de estudios del idio­
ma español.
En una palabra: Tierra y Alma española es la ma­
dre a cuyos pechos debe alimentarse todo aquel que
no se avergüence de ser español, y verdadera guía
artística y documentada para todo extranjero que vi­
site y quiera conocer Jien a España.
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Leed con detenimiento las presentes páginas, y,
después de leídas, distribuid el presente folleto entre
vuestras amistades, en la seguridad de que, si así lo
hacéis, habréis prestado un gran servicio a España,
orgullo de todo fiel y amante hijo. — A . D. Q.
“ 6 de mayo de 1925.
Sr. D. Julio Cejador 7 Frauca.
Mi querido am igo: Es para mí motivo de grata satisfac­
ción, acusar a usted recibo del ejemplar de su obra Tierra
Alma española que ha tenido la bondad de enviarme dedi­
cado, y aunque sólo lo he ojeado ligeramente, le envío mi
sincera y efusiva felicitación, pues en ella da patente prueba
una vez mis de su labor patriótica, así como por la exce­
lente orientación de su trabajo, en que la galanura de la ex ­
posición corre parejas con lo profundo del estudio y la
bondad, de los principios.
Le saludo afectuosamente y me reitero suyo buen amigo,
que su mano estrecha.— Miguel Primo de Rivera. *
* * *
“ Su libro Tierra y Alma española, que vivamente le agra­
dezco, es por su fundamento, por su entusiasmo, por su pa­
triotismo, una Epopeya de la Raza. Estremecido todo él desde
su Por la señal hasta su Amén Jesús, no necesita del verso.
Para el alma colectiva, que está en prosa, mejor es que en
prosa esté su poema. Debe llegar a todas las inteligencias.
Aparte de sus sólidos libros de Historia, de firmeza intan­
gible, como lo requiere su índole austera, este tomo de ahora,
me parece lo más hermoso que usted ha trazado. Tiene
además la virtud de amamantar por el sentimiento, de nu­
trir por medio del colorido y por el vehículo de la belleza:
es obra de poeta hasta en lo sintético, pues en un solo volu­
men ha tenido usted el poder de encerrar las cristalizado-
nes viejas y modernas de nuestras ciudades, y todos los íondos
y subfondos de que surge el inmenso ramaje hispano. Y todo
ello atravesado y hecho haz gigante por ía filosofía, sin cuya
transcendencia poco valen las creaciones. El libro acompaña
mis veladas y mi soledad. Hablar de todo él, sería.hablar en
forma de arco infinito bajo el cual pasarán desde la primera
a la última razas que han desfilado por nuestra Península
tomándola por lecho nupcial, por pila bautismal, por túmulo
mortuorio, casando así y trenzando y fundiendo todas las
gotas de sangre que tantas procesiones extranjeras han deja­
do en nuestro plasma. Pero eligiendo parcelas espirituales
del libro, se puede hacer 1a apología étnica de una ciudad,
aunque sea ciudad de ciudades, como Toledo. El canto éste
del Poema, mi buen D. Julio, es el palimpsesto más compli­
cado que existe en la tierra. Pluma se necesita para clasifi­
car y perseguir al través del estupendo pergamino, cada
anterior escritura, cada trazo pretérito, cada hilo de la ma­
raña milagrosa, sia confundir las tintas de pasadas inscrip­
ciones, ni los restos no borrados del todo de razas lontaní-
sitnasj ni la acción de cada linaje, ni la influencia de cada
estirpe. Quien sabe leer y releer el pergamino de Toledo con
toda su paleografía y meterse por sus selvas intrincadas co­
nociendo todos los caminos, todas las rutas, todas las lindes
históricas, y sabe destacar con el relieve de la Palabra todos
los diversos componentes de este Pandemónium de siglos,
ese es un buzo y un pájaro que sabe atravesar por todos los
cielos y todos los mares de la Historia. Los que nos hemos
pasado la vida entre estatuas y cacharros de Museos; entre
libros longevos y recién nacidos, de -Bibliotecas; entre escri­
turas autógrafas de ancianidad sagrada y de realidad pre­
sente, y nos hemos bautizado con polvo de centurias diver­
sas en religión, política y costumbres, los dedos que han toca­
do estatuas, manuscritos y pergaminos, estamos enamorados
de esa gran polifonía de Toledo, matriz de dos mundos, ova­
rio de creaciones portentosas.
No es ofender a la real Sevilla que fué el cerebro del Des­
cubrimiento y es la Urna Colombina que contiene la docu­
mentación del Milagro, aparte de su corazón de Augusta Seño­
ra de la Raza, pero Toledo es un palimpsesto más compli­
cado, una ópera más polifónica, y hace bien el Tajo, émulo

§
del Guadalquivir, en tener puesto, en forma de banda de
río, el fajín de General en Jefe de la Historia, a la Ciudad
que con los ojos de Carlos Quinto y de Felipe Segundo, vio
revolotear íá inmensa mariposa del Sol, en derredor del cin­
turón que España le puso al planeta.
í Bien, caro D. Julio! Ese libro de usted debía ser despa­
rramado a los cuatro vientos, y que, para recogerlo entre
las manos, sólo tuvieran las de todos los hombres que incli­
narse sobre las aceras de nuestras calles.
Sabe usted cuánto le admira y quiere, su antiguo amigo.—
Salvador Rueda.**
Benaquc, 30 de abril de 1925.
* * *
“ 23 de marzo de 1926.
Querido e ilustre am igo: Agradezco muchísimo su cari­
ñosa carta y su artículo sobre “ El Papa del mar”. Nada
importa que no haya sido publicado. Para mí lo interesante
es la espontánea manifestación de su amistad y noWe com­
pañerismo.
Su libro Tierra y Alma española lo considero como la
más alta manifestación de verdadero y desinteresado patrio­
tismo que existe en la literatura contemporánea. Ha hecho
usted una grande obra escribiendo para la juventud este
libro sano, elocuente, obra a la vez de un pensador original
y de un eminente artista literario. En apariencia es para la
juventud, pero todos los españoles debían tenerlo a su alcan­
ce para reconfortar su alma en los momentos de duda o
desaliento. Yo he encontrado en él muchas cosas que no
conocía, y las que conocía de antiguo, están dichas con tal
entusiasmo y de un modo tan brillante, que me han parecido
nuevas. No abundan en nuestra literatura obras de esta espe­
cie, y íe felicito por ella. Y o la he puesto en mi biblioteca,
pero cerca de mi mesa de trabajo, pues tengo la seguridad
de que la buscaré más de una vez.
Le agradezco el “ recorte’' que me envía sobre el españo­
lismo de Alejandro V I, y le diré de paso que el libro de
Laurencin lo conozco hace mucho tiempo y es de gran valor
para mí, por los datos interesantes que contiene. De todos

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modos le agradezco esta atención, y le ruego que cuándo
sepa alguna otra cosa tenga la bondad de comunicármela.
Aquí me tiene siempre a sus órdenes como afectísimo ami­
go, lector y admirador.—■Vicente Blasco Ibáñes.”
* * *
<fIgnoramos si alguien nos ha precedido; pero quisiéra­
mos ser los primeros en iniciar la cerrada y calurosa salva
de aplausos con que saludará España entera la aparición de
esta obra tan fuerte, tan exquisita, tan original y tan emi­
nentemente patriótica del genial polígrafo y catedrático de
la Universidad Central. Nada fácil, por lo demás, dar idea
en una nota bibliográfica del verdadero carácter y del exacto
valor de un libro que tiene tanto de geografía como de psico­
logía, de historia literaria como de historia civil y eclesiástica,
de manual y guía de turismo como de sugeridor anecdotario
folklórico, de acerada diatriba política como de entusiasta y
lírico panegírico patriótico, armónicamente fundido todo en
una narración de opulenta riqueza léxica.
Complejo en su fondo y en su forma, como el carácter
científico y literario de su ilustre autor, hay en él mucho
más de lo que ofrece su expresivo título, y aunque dedicado
directamente a los niños españoles, hay en él muchas cosas
que sólo los grandes podrán y deberán aprender.
Conocedor como pocos deí alma de la patria y de la raza
por su dominio soberano de la literatura y del arte patrios
en que aquéllas principalmente se encierran y expresan, brín­
danos Cejador en este libro el más valioso y perfecto retra­
to literario y gráfico de España de cuantos hasta el presente
se han intentado, que no han sido ciertamente pocos ni de
escaso mérito.
Si, como suponemos, presentó Cejador su obra al famoso
concurso oficial del Libro de la Patria, no debió declararse
desierto el premio, que debió recaer sobre este libro, aun
compitiendo con los similares, pero muy inferiores, del P. Ol­
medo, del P. Ruiz Amado, de Síurot y de Soler.'E l princi­
pal mérito, a mi juicio, del libro de Cejador está en lo que
acaso estimen otros su principal defecto, y es su poderosa
y relevante originalidad.
Es un retrato fiel de España; pero un retrato artístico,

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en eí que vemos a la Patria a través de un temperamento
formidable de crítico, y de literato, y de poeta, y de patriota
castizo, que, fiel a la tradición realista de nuestros grandes
genios de la pluma y del pincel, 110 se recata de llamar a las
cosas con sus verdaderos nombres y de pintarlas con sus
verdaderos colores, aunque resulten algo desventajosas, mien­
tras así lo exijan la verdad y el legítimo servicio de la
Patria.
Son demasiado grandes nuestras glorias ciertas y positi­
vas en todos los órdenes para que sea preciso fingirlas falsas
o dudosas u ocultar miserias demasiado reales e hijas casi
siempre de aquellas mismas grandezas.
Si a veces el conocido desenfado crítico y el libérrimo y
•característico modo de enjuiciar del ilustre crítico parece
exagerar las tintas sombrías en la pintura y apreciación de
ciertas personalidades y tradiciones históricas consagradas,
y de ciertos aspectos del paisaje, y del carácter de algunas
regiones menos favorecidas por la Naturaleza que otras,
quedan compensadas las sombras con el exaltado y lumino­
so lirismo con que describe y canta algunas de las mil ma­
nifestaciones espléndidas del alma incomparable de la raza
en sus libros, en sus monumentos, en sus artes, en las ciu­
dades que levantaron, en sus instituciones, en sus costumbres
y en sus gigantescas y legendarias empresas.
A pesar de sus fuertes pinceladas pesimistas sobre algunas
lacras de su pasado y sobre las múltiples y execrables miserias
de su presente, el libro debe calificarse en conjunto de gran­
demente optimista, con ese optimismo sano y confortador
que hace de él un verdadero pomo de aromas, cuya lectura
ensancha el pecho, aroma el alma y envuelve en suaves
esperanzas sobre el porvenir de la Patria.”
(Salvador Esteban, C. M. F., “ Ilustración del Clero’', Ma­
drid, r de mayo de 1925.)
* * *
“ Don Julio Ccjádor es uno de los más doctos y fecundos
escritores de la España contemporánea, Cultiva géneros
en que no cabe la improvisación, y, sin embargo, no hay año
que_ no quede señalado en su lista bibliográfica con una publi­
cación de la mayor importancia. Después de dar cima a su

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magna historia de la literatura castellana, en catorce volúme­
nes, que son un inmenso repertorio bibliográfica y un tesoro
de juicios literarios en que se revela un criterio sagaz, osado
e independiente, ha publicado, con el rótulo de “ La verdadera
poesía castellana”, una gran colección de cantares populares,
y al propio tiempo ha acrecentado su obra filológica, no menos
innovadora que su obra crítica, con nuevos volúmenes de la
“ Estilística castellana” . Y a manera de distracción o sola?,
en medio de tan arduas tareas, publica ahora un libro dis­
tinto de todos los suyos, destinado a los niños, y que es, no
obstante la modestia de su propósito, una obra maestra y la
de más grata lectura entre toda su producción. Titulase
Tierra y Alma española, y está destinada a infundir en la
niñez el amor a la patria, dándole a conocer de manera ani­
mada y pintoresca, su naturaleza, su historia, sus tradiciones,
la figura de sus grandes hombres, su pensamiento, su arte, su
literatura...
El libro de Cejador está destinado a los niños, pero es
lectura apropiada para toda clase de personas, y constituye
la mejor guía de España, la que debe leer precisamente todo
el que se proponga visitar con fruto la Península. ¡ Cuán
poco sabemos los americanos de la Madre Patria! ¡ Y cuán
poco saben muchos españoles 1 En cambio, unos y otros sue­
len estar muy enterados de Inglaterra, de Francia y de Italia,
y conocen todos los paisajes suizos, muy bellos por cierto,
sin haberse dado un paseo por Galicia o por Andalucía.
Las modernas guías, a la manera de Baedeker o de Johan­
ne, son un auxiliar indispensable para el viajero, que puede
orientarse por sí solo, sin recurrir a fastidioso intérprete o
acompañante. Pero estos libros, llenos de datos prácticos y
prosaicos, no tienen nada que ver con el arte, y por este
aspecto son producciones muertas, que no nos dan ninguna
impresión animada o pintoresca de las cosas. Libros como el
de Cejador interpretan el alma de una nación y nos ponen
de manifiesto su configuración física, su ambiente, los ma­
tices de sus regiones, las costumbres de su pueblo, sus ras­
gos característicos, su historia, sus leyendas, su poesía, su
música, su pintura...
Cejador ama profundamente a su patria, y la describe con
el respeto cariñoso con que se trazan en el lienzo las faccio­

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nes de una madre. Pero no es su libro una apología incotl··
dicíonal ni irrestricta, no es un poema lírico, en que todo
aparezca pulcro, bello y perfecto. Como español de pura
cepa, conoce muy bien así las cualidades como los defectos
de su raza, y habla de aquéllas y de éstos con sinceridad
y franqueza, defendiendo a su patria de injustas acusacio­
nes, autorizadas por siglos de propaganda de odios; y reco­
nociendo paladinamente errores que hau sido costosos para
España y que han influido desastrosamente en su situación
interna y en su poderío internacional. Reconoce, por ejem~
pío, la grandeza a que llegó España bajo el remado de la
casa de Austria; pero condena la política que sus monarcas
iniciaron, lamentando, con muchísima razón, que se hubiera
roto la tradición nacional, con la muerte, nunca bastante
lamentada, del príncipe D. Juan, hijo de los Reyes Católicos,
cuya obra, esencialmente española, le hubiera correspondido
continuar, sin sumisión a los intereses extraños del Imperio
germánico, como ocurrió con Carlos V .
Para Cejador—-y también para nosotros—el gran reinado
español, por lo glorioso y lo fecundo, fué el de los Reyes
Católicos, no solamente por los hechos extraordinarios que
en él se cumplieron: liberación definitiva del territorio na­
cional, toma de Granada, descubrimiento de América, pre­
dominio triunfador en Italia, aurora del Renacimiento, sino
por su carácter eminentemente nacional, porque manteniendo
la tradición de la monarquía castellana, la asentó sobre más
sólidas bases, facilitando el tránsito de la Edad Media a la
Edad Moderna y extinguiendo los últimos rezagos del feu­
dalismo, institución que nunca floreció en España y que fué
objeto de la animadversión popular, de la cual quedan ecos
inmortales en esos dramas en que hasta monarcas como
D. Pedro el Cniel aparecen glorificados en su calidad de
defensores del pueblo contra los desmanes de inicuos tiranue­
los : tal “ El Infanzón de Iliescas” .
No oculta Cejador su simpatía por esos antiguos fueros
regionales; por esas libertades municipales, que tan caras
fueron a los castellanos, y que infundían valor a un humilde
alcalde,, como el inmortal de Zalamea, para convertirse en
ejecutor de altas justicias, sobreponiéndose a! fuero militar
y enfrente del poder real de un Felipe II. Simpatiza iguaí-

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iiiente con ía antigua representación de las procuradores a
Cortes, que ponía un dique al absolutismo de los reyes y de­
fendía los intereses públicos con más eficacia yf sobre todo,
con más desinterés de como han solido hacerlo los modernos
parlamentos, representantes de partidos políticos, que le
merecen a nuestro autor poquísima- considcradón.
No daría este libro una imagen fiel de España si 110 estu­
viera penetrado del espíritu religioso, que ha sido nervio de
la nacionalidad. No es que Cej ador sea un escritor devoto,
ni aficionado a esas efusiones de sentimentalismo piadosoj
que no siempre corresponden a ima íntima convicción dog­
mática. El catolicismo de Ce]ador es como o; de los antiguos
españoles, recio, severo y nada sentimental; y en cuanto a
libertad de juicio respecto ríe hechos históricos, relacionados
con la Iglesia, no se muestra Cejad or nrás timorato que el
adusto Mariana, miembro insigne de la Compañía de Jesús.
E l libro de Cejador es una nueva demostración de que el
catolicismo es la base de la nacionalidad española, y que los
grandes hechos de su historia, ías más espléndidas manifes­
taciones de su genio, están inspirados,, directa o indirecta­
mente. por el sentimiento religioso, que sostuvo durante ocho
siglos la epopeya de la reconquista, que fué factor decisivo
en la obra magna de la colonización de Am érica; que animó
las creaciones máximas del arte castellano y colocó, en la
galerías de las. figuras extraordinarias, a santos como· Teresa
de Jesús, Ignacio de Loyola y Francisco Javier.
No confunde Cej ador la hisroria con. las leyendas piado­
sas ; pero da a éstas la importancia que tienen en la forma­
ción del alma nacional. Nadie puede desconocer la impor­
tancia que tuvo para los antiguos españoles la concepción
dd apóstol Santiago, no bajo la forma de uno de los mansos
seguidores do Cristo, sino como “ el hijo deí trueno de&ba-
ratadar de las huestes de la morisma. Y m delicado aprecia­
dor de la bellesa artística, como Cej ador, no podía, dejar en
la sombra, una tradición como la del ‘’ Cristo de la V ega '11, can­
tada por Zorrilla en la mas bella quizá de las leyendas román­
ticas españolas, y que pone «na nota tan simpática eu el
ambiente de poesía y de misterio que envuelve a Toledo,
la ciudad imperial, reliquia portentosa de la Edad Media,
que parece hubiera sido conservada en un gigantesco relica-

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rio para trasladarla a nuestros ftetáttos, sin que baya sufrido
alteración su típica belleza.
Abunda el libro de Cejador en descripciones de paisajes,
de tipos, de costumbres. En rasgos de esta clase revela el
autor su fino talento de observación, su conocimiento de todas
las regiones de España, su afición por lo típico, lo original,
lo característico, y su desdén por todo remedo de lo extran­
jero, con perjuicio de lo nacional. En ocasiones se exhibe
Cejador como un vigoroso y pintoresco costumbrista.
Numerosas páginas hay en esta obra que hacen palpitar
con ¡legítimo orgullo a todo el que lleve en sus venas sangre
espinóla. Tal acontece con el relato de las proejas realizadas
por el Gran Capitán en las guerras de Italia; con la des­
cripción de la batalla de Pavía. Cuando describe el reino de
Extremadura, vemos surgir la pléyade de grandes conquis­
tadores e insignes hombres de armas, que de allí salieron,
para admiración del mundo: Hernando de Soto, Francisco
Fixarro, Hernán Cortés, Vasco Núñez de Balboa, Francisco
de ¡ Orellana, Pedro de Alvarado. Aquella tierra austera y
escueta producía floraciones de gigantes. Las hazañas autén­
ticas de Diego García de Paredes, en los tiempos gloriosos
de Gonzalo de Córdoba, parecen arrancadas a un fantástico
libro de caballerías.
De la conquista de América habla Cejador con el entu­
siasmo que aquella epopeya despierta y con la admiración
que España merece como nación colonizadora por excelencia.
Respecto de ciertos hechos que desgraciadamente han afeado
las glorias de algunos de esos grandes hombres, Cejador
los aprecia con un criterio más cercano al del norteamericano
LiTjmmis, que al de escritores americanos por el estilo de
D. Jenaro García. Ciertamente, hay mucho que rectificar
en esa tremenda requisitoria formulada contra España por
escritores extranjeros, que buscaron apoyo en los apasiona-
deis escritos de Fray Bartolomé de las Casas, y contra la cual
reacciona vigorosamente el citado escritor anglosajón. Por
lo: demás, siempre es de sentirse que circunstancias tal vez
invencibles hubieran unido para siempre los nombres egre­
gios de Cortés, Pisarro y Quesada a los de los desgraciados
monarcas indígenas a quienes hicieron morir, y alguno de
los cuales, Cuantemoc, es figura de grandeza heroica.

*5
Odios de religión y de raza, hábilmente éxpíotados, hicie­
ron recaer sobre España sola acusaciones de crueldad y ¿e
intolerancia que equitativamente debían distribuirse entre
todas las naciones de Europa, No se hartaron los escrito­
res protestantes y racionalistas de execrar a la Inquisición,
sin recordar que no hay en toda la historia de ésta un hecho
que pueda compararse, ni de lejos, con el suplicio de Jnana
de Arco; que no fueron jueces españoles los que condenaron
a Giordano Bruno ni a Vanini, a Miguel Servet ni a.1Ro­
berto Etienne, y que tribunales civiles franceses sentenciaron
los célebres y terribles procesos de Calas y del caballero de
la Barre. Está comprobado que la Inquisición española no
quemó a ningún sabio. Lo cual no quiere decir que a la luz
de las ideas modernas hagamos la apología del temible tri­
bunal : como no la haríamos de los procedimientos de nin­
guno de los tribunales de justicia de los tiempos pasados.
Las ideas de humanidad han progresado mucho, las costum­
bres se han dulcificado y la ciencia penal ha sufrido una
transformación completa.
Cejador, como buen patriota, se regocija cuando ptiede
contestar a las acusaciones de obscurantismo e intolerancia
dirigidas contra la antigua España, haciendo constar qué en
la Edad Media tuvo ella instituciones y privilegios' que. re­
presentan un adelanto de siglos sobre otros pueblos cultos
de Europa, y que los reyes castellanos no sólo no fueron
enemigos de las luces, sino que protegieron generosamente
las ciencias y las letras.
A todo señor, todo honor. Los americanos no podemos olvi­
dar las “ Leyes de Indias” , monumento legislativo que hace
honor a la previsión, al espíritu de justicia, a las elevadas
ideas de organización civil, de los monarcas españoles, y se­
ríamos muy ingratos si borráramos de nuestro recuerdo la
obra admirable de la evangelización del nuevo mundo, los
hechos de esos varones apostólicos que regaron con su sangre
estas tierras, redujeron a la vida civil a las tribus errantes,
les enseñaron nuestro hermoso idioma, conservaron en gra­
máticas y vocabularios sus informes dialectos, fundaron pue­
blos en sitios que hoy mismo apenas pisa la planta de algún
atrevido viajero, levantaron templos y universidades, que

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Xún existen como testimonio insigne de desprendimiento y
¿e cultura.
'Buena parte del libro Tierra 3» Alma española está desti­
naba a recuerdos artísticos y literarios, como era justo tra­
tándose de un país como España. Pocas regiones de Europa
ofr&cen, por este aspecto, contrastes tan admirables v pin­
torescos ; pocas pueden presentar, de un lado, catedrales
c o i t o las de Toledo y de Burgos, que son maravillas de arte
cristiano, y de otro, el Alcázar de Sevilla y la Alhambra,
en conde parece que se hubiera refugiado el genio volup­
tuosa de los árabes. La parte consagrada a las letras es
interesantísima, y entresacándola se formaría con ella una
breve pero muy substanciosa historia literaria. Al tropezar
con ios nombres de esos gigantes que se llamaron Cervantes
y L<jpe, Quevedo y Calderón, León y Teresa de Jesús, no
podíi pasar de largo un crítico como Cejador; se detiene
ante ellos, y en breves y expresivos rasgos nos da la sínte­
sis de su genio y de sus obras. Las páginas dedicadas al
“ Qilijote” merecen meditarse: son un resumen del carácter
español, una explicación de la historia de España, con sus
esplendores y flaquezas; una afirmación idealista, muy ade­
cuaba para vigorizar 'los ánimos desalentados y vacilantes.
i Amad a España !t dice Cejador al comienzo y al final
de m libro; exhortación que no conviene únicamente a los
niños españoles, sino a todos los miembros de la familia
hispana esparcidos por las varias regiones del planeta. El
amor a España presupone el cultivo de esas generosas tra­
diciones de energía, de desprendimiento, de honor caballe­
resca, de religiosidad, que han sido el sostén de la raza en
sus momentos de mayor peligro. Significa el amor a la patria,
llevado hasta el sacrificio, individual o colectivo; el de la
libertad e independencia, sentimientos todos que levantaron
a España de su postración para rechazar el yugo de Bona-
parte y produjeron los hechos inverosímiles de Zaragoza y
de ¡Gerona; así como en América levantaron a Ricaurte a
los cielos en una nube inflamada, y engendraron al héroe
en tjüíen se juntaron el alma española y el alma de América,
produciendo lino de los varones más excelsos de la historia.
Iíesearíamos que el libro de Cejador fuese muy leído en
Colombia y sirviera de estímulo para que loa compatriotas
que viajan por Europa se preocuparan por conocer a España,
no en una rápida excursión a dos o tres ciudades, sino/de
la manera detenida y metódica que requiere un país de/tan
variados aspectos y que atesora tantos recuerdos histójicos
y tan incontables bellezas artísticas. España es, además; tie­
rra hospitalaria; y el americano que cruza la frontera o ¡llega
a sus puertos, se siente en el acto como en su propia; casa,
agradable impresión que naturalmente no puede experimen­
tarse en ninguna otra parte de Europa. Los vínculos de san­
gre y de lengua son indestructibles, y los que nos láien a
España,, lejos de debilitarse, son cada día más estrechos y
cordiales. ” !
(Dr. Antonio Gómez Restrepo, “ El Nuevo Tiempo', Bo­
gotá (Colombia), 3 de diciembre de 1925.)

"E l insigne autor de las monumentales obras í(Elj Len­


guaje” y “ La Historia de la lengua y la literatura castella­
na” , maestro de hablistas, y padre de cincuenta y cantos
tomos, que son prez de nuestra literatura y nuestra crítica,
acaba de publicar el hermoso libro cuyo es el título que ¡enca­
beza esta bibliografía. !
Primera novedad merecedora de ser en él señalada les la
de no haberse escrito, como los más de este glorioso esfritar,
para un público culto, erudito, refinado, sino “ pat^ los
niños” .
¡O jalá lo lean muchos, muchos!, cuantos más, nejor;
pues, leyéndolo, conocerán esta tierra de España: los pjueblos
arraigados en ella, sus obras y sus hechos, sus artes, sus in­
dustrias, sus víveres a través de la historia, y las empresas,
en ésta registradas, de su raza. Que una vez conocida llabrán
de amar, pues de su amor es digna, como es acreedora al
reconocimiento de medio mundo, cuando menos, y sentirse
orgullosos de ser retoños de ella. Sin que este orgullo cié-
guelos al punto de ocultarles' defectos de las gentes ¿e su
estirpe; sino antes bien sea estimulo de esfuerzos capkr de
corregirlos o atenuarlos.
¿Libro para niños?... Sí; mas yo que ya soy viejo he
devorado sus páginas con deleite y afanosa emoción, ha­
llando en ellas innumerables novedades interesantísimas, ■ arse­
nal copioso de ignoradas noticias, atinadísimas y originales
reflexiones, de pensador sesudo, envueltas en simpático am­
biente de patriotismo que no por atentado es menos fervoroso.
Todo expuesto en el soberbio castellano, que en la pluma de
Cejador es dúctil herramienta de inimitable estilo fácil, ligero,
ameno por de fuera; pero con recia médula jugosa de obser­
vador profundo.
/Tierra y Alma española! ... Hermoso, pero ambicioso
título, hijo de atrevimiento que no llega a temerario, por
rayar a su altura el desarrollo de la obra. Donde, en estrecha
trabazón, vamos conociendo nuestra tierra, como solar donde
nacieron, en ubérrima plétora, no solamente obras monumen­
tales, inertes hoy, pero que son esculpidas ejecutorias del
genio, las artes y la tenacidad de la raza española, sino
adelantadas constituciones sociales y políticas, sabias leyes,
instituciones culturales, manifestaciones literarias y artísti­
cas, hazañosos hechos, hijos de anímica grandeza de este
pueblo.
Llévanos el libro, una en pos de otra, a todas las regiones
de España; y aquí en una catedral, allí en una universidad,
más allá en unas ruinas; ya ante una estatua, o al paso por
el lugar donde fue librada una batalla; ora en tradiciones o
consejas; ya en una cueva prehistórica* en un montón de
mineral arrancado de las entrañas de una mina, en la carreta
cuyas ruedas chirrían bajo el peso de la mies, en una acequia
valenciana, o hasta en la mera contemplación de un caserío
campesino, halla el autor variadas y adecuadas coyunturas
de pintar costumbres, vidas, tipos de los pobladores de las
regiones que recorre, los caracteres de sus tierras y ciudades,
diversidad, en fin, de facetas y modalidades, étnicas y socia­
les, de las hispanas gentes de cada una de aquellas entre sí
unidas como ramas de un tronco: el tronco de la raza que
a todos les da savia.
Aquí se nos relata una poética o dramática leyenda, cán­
tasenos después una canción popular, una estrofa de un poeta
español, un himno de guerra; cuéntasenos más tarde un epi­
sodio histórico; y de todo esto, y evocados por el narrador,
vamos viendo surgir, de nuestra tierra nativa, a través de los
siglos, pléyades de insignes varones que fueron gloria antaño,
y son modelos hoy de los hombres españoles: héroes y sa­

19
bios, grandes monarcas, ilustres descubridores y grandes ca­
pitanes, artistas, poetas, santos; en suma, cuantos escribieron
con sus hechos nuestra historia, que es la del osado y mag­
nánimo ánimo de esta raza.
Así vaii desfilando a nuestra vista sucesivos acontecimien­
tos y estados sociales del desenvolvimiento nacional: políti­
cas instituciones, descubrimientos geográficos, fundación de
naciones, conquistas y progresos en diversos órdenes de la
actividad híspana. Que demasiado grande para el mundo
conocido, lo duplicó para explayarse... Después, envidia ajena
y yerros propios van minando la ingente obra,.. Y de entre
todo esto, sale, yo no me explico el cómo, pero sale y resalta
de locales datos, episódicos, hechos y figuras sueltas, la inte­
gridad de la tierra, y la fisonomía y la historia del alma
nacional. Inspirando a quien lee vivo cariño y legítimo orgu­
llo a una y a otra, acuciador deseo de renacer en nuestros
hijos con el pujante espíritu que engendró la grandeza de
nuestros abuelos.
¿Cómo, sin visible externo aparato de sintético resumen,
se logra el milagro de que todo esto, disperso y al parecer
heterogéneo, en 400 páginas quede integrado en la hermosa
síntesis afectiva a que me he referido en el fin del anterior
párrafo?,.. No me atrevo a afirmar nada sobre el cómo, mas
sospecho que resultado tan insólito es obra del corazón del
autor. O iyo amor a la tierra y la raza, latiendo siempre
entre renglones, aunque sin hojarasca de ditirambos ni pa­
trioterías, -vásenos entrando almas adentro, desde el princi­
pio al fin del libro.
No es esto mía geografía física ni política de España,
tampoco es una historia de ella, ni es un “ Plutarco de espa­
ñoles célebres” para uso de los niños. Mas, sin embargo, en
él hallamos grandes hitos geográficos, históricos, biográfi­
cos en discreta medida suficiente para hacer de él tina- geo­
grafía popular, o más bien moral (páseseme lo extraño deí
calificativo), una compendiosa y sugerente visión histórica
de la patria, rasgos firmes y netos de una biografía del alma
de la raza.
Pero todavía hay m ás; porque no sólo encuentra en esta
obra, el español, su patria grande, sino que los hijos de
todas las provincias de España hallan, allí, sus patrias chi­

20
cas; unidas todas por común sangre, por común origen, por
comunes empresas que salvaron a Europa durante muchos
siglos, y sacaron un inmenso continente de un ignoto océano;
unidas, hasta por análogos defectos, en una historia, que el
común esfuerzo hizo historia de todos, de grandezas que
gozaron, de desdichas que juntos padecieron.
Mas no se piense, por lo dicho en los últimos renglones,
que Cejador abusa de la trompa épica, ni hace consistir la
que llama recia robustez de la raza en guerrero oropel; y en
prueba de ello léase el siguiente párrafo que de su hermoso
libro copio;
“ Mientras fuera de España los bárbaros del Norte habían
desenvuelto el “ feudalismo”, por el cual los señores, déspo­
tas y tiranos, tenían esclavizados a los demás, considerán­
dolos como cosas, como parte de las tierras en las que
trabajaban y, llamándolos villanos, tenían sobre ellos, como
si fueran de casta inferior, dominio de vida y muerte, en
España los reyes, con la necesidad de poblar las tierras
reconquistadas a los moros, libraron de la servidumbre anti­
gua, romana y goda, a cuantos quisieron ir a poblar en ellas,
y diéronles tierras en propiedad a cambio de un pequeño tri­
buto o pecho. Llamáronse por ello “ pecheros, solariegos, o
foreros” por el “ solar” y “ fueros” o privilegios que les
concedían disponer de sí y de las tierras, vendiéndolas y
yéndose adonde quisiesen. Los señores del interior también
fueron libertando a sus esclavos, no se les fuesen de sus cam­
pos a poblar, así libres, las fronteras, De este modo se for­
mó un ífpueblo libre", como no lo hubo en el resto de
Europa hasta muchos siglos después, y. aun eso tras terri­
bles luchas comunales y de clases sociales
“ Hubo, además, las “ behetrías", manera de vasallaje libre­
mente aceptado por el tiempo que se quisiere, para tener
amparo en algún señor, en tiempos tan azarosos, a cambio
de algún pequeño censo, en señal de reconocimiento. Había
“ behetrías” de personas, de heredades y de villas. Se podía
mudar de señor "hasta siete veces” al día.”
"Finalmente, en el siglo x nace la villa o concejo en
pueblos conquistados por los reyes, libres de todo señor a
quienes daba el rey “ Fueros” o privilegiadas leyes con que
“ ellos” mismos se gobernasen... Tal es el admirable mtini-

21
cipío español de hombres libres, mientras el feudalismo cria­
ba gente servil y tímida de espíritu en otras partes fuera de
España...”
“ Y estos municipios llevaron los españoles al Nuevo Mun­
do, Así Cortés, fundada Veracruz, hizo se eligiese un con­
cejo, y “ en él depuso el cargo” de capitán general. E l con­
cejo volvió a elegirle para este cargo.”
Más adelante, refiriéndose a los caracteres, “ no colonia­
les, sino netamente nacionales y únicos” , de la expansión
ibérica en América, con oportunidad invoca el autor de Tierra
;y Alma española forasteros testimonios, relativos a uno de
tantos grandes descubridores y conquistadores, en eí siguien­
te párrafo:
"E n suma— como dice un escritor "norteamericano’’" e s ­
taba poniendo por obra, con gran éxito, el principio general
de los españoles de que la principal riqueza de un país 110 con­
siste en su oro, o en sus bosques, o en sus tierras, sino en
su población. El empeño de los exploradores españoles en
todas partes fue educar, cristianizar y civilizar a los indíge­
nas, a fin de hacerlos dignos ciudadanos de la nueva nación,
en “ vez de eliminarlos de la faz de la tierra” para poner en
su lugar a los recién llegados, como por regla general ha
sucedido en otras conquistas realizadas por algunas nacio­
nes europeas. De vez en cuando hubo individuos que cometie­
ron errores y hasta crímenes; pero un gran fondo de sabi­
duría y humanidad caracteriza todo el “ generoso régimen”
de España, régimen que impone admiración a todos los
hombres varoniles.1'
Estas verdades no son nuevas para los lectores de E l Dia­
rio Español, sino de ellos conocidas por los concienzudos
estudios y la magna labor de Carlos Bosque, y las de otros
beneméritos y cultos hispanoamericanos, que ya han logrado
reivindicar a los descubridores y “ civilizadores” de la Amé­
rica Española, de las mentidas tachas que sobre ellos echaron
envidias y codicias ajenas, e ignorancia o pasión propia de
enemigos internos, que hasta en España tienen el casticismo
de nuestra alma española. Mas, sin embargo de no ser para
aquellos lectores novedad, no he querido, al dar cuenta del
libro a que me vengo refiriendo, omitir la transcripción del
último párrafo entrecomado; pues deseaba hacer ver que

22
dicho libro no considera la personalidad española encerrada
en su tierra madre, sino que la sigue a los pueblos que, en
el mundo y los siglos, son prolongación suya, confiado en
que ellos proseguirán su historia, y realizarán a la española
los destinos que les reserva el tiempo venidero. Destinos que
ya van definiéndose en un cercano mañana histórico, y que
de no cumplirse a la española no serán los nuestros, ni nos­
otros llegaremos en la escena del mundo a ser sino compar­
sas al servicio de grandezas ajenas.”
(“ El Coronel Ignotus” , “ El Diario Español” , B. Aires, ■
21 de mayo de 1925; “ El Día Español”, México, 21 de
mayo de 1925; “ Diario de la Marina” , La Habana, 31 de
mayo de 1925, y “ Vida Gallega”, Galicia, 30 de jimio
de 1925.)
* * * ■

“ El rótulo que acabo de estampar partenece a un libro,


que el nunca bien llorado Santos Oliver llamaría estimulante,
y que Julio Cejador dio a luz ha poco tiempo. Perdóneme
E l Debate si de él solicito cabida en sus columnas para
estas líneas, que parecen anuncio de librería y no lo son.
Quizá lo sean fuera de mi pensamiento; pero en él os ase­
guro que no lo son. Me las inspira el deseo de promover en
el espíritu patrio, según mis escasos alcances ío pueden
lograr, la entonación que desde ha algunos años parece
adquirir.
Porque el espíritu patrio se entona indudablemente. Como
enfermo de crónica dolencia, va recobrando energías con
lentitud; pero las recobra a todas luces. Lo dicen algunas
producciones periodísticas, no raros discursos académicos y
vulgarízadores y muchos paliques de café resueltamente na­
cionalistas que con frecuencia se oyen o leen. Ha sólo un
par de lustros la “ nota” hubiese constituido un desafina­
miento en la sinfonía ideológica de nuestra patria o un caso
de “ filisteísmo” pensante; hoy no. Hoy hasta los “ intelec­
tuales” que otean a Europa por el pasillo del Pirineo se
sienten a veces reconstructivos. ¡ Si se habrá vigorizado en­
tre nosotros el sentimiento de la personalidad que hasta las
plañideras, que lo lloraban por extinto, cortan las lágrimas
y se permiten sonreirle!...

33
Tierra y Alma española puede contribuir a vigorizarlo
m ás; por eso he dicho que es un libro estimulante. Y por
serlo le dedico, al aparecer, estas líneas. Estoy seguro de
que cuantos lo lean han de sentirse optimistas respecto al
porvenir de España. Aunque tratándose de optimismos, con­
viene hacer distinciones. Hay un optimismo espontáneo, pu­
ramente vegetativo, como el que se refleja en los ojos de
la vaca repastadaf que ve pasar el tren al borde de verdean^
te pradera; hay otro fantástico o de simple imaginación,
como el del tísico, que está a dos pasos de la tumba y sueña
con hacer pronto viajes pintorescos y largos, al través de
medio mundo, y hay otro, consciente y viril, como el del
labriego que lanza al aire su cantata favorita, al atravesar,
en estos días, los maduros y opimos trigales, volviendo de la
besana. El optimismo que Tierra y Alma española infunde
pertenece a la última categoría, porque brota del conoci­
miento de las energías físicas y morales que se contienen
en el "substractum” geográfico e histórico que llamamos
España. Observad que el optimismo tuberculoso o fantás­
tico, de “ Marcha de Cádiz", que nos llevó a la guerra más
estúpida de cuantas registra nuestra historia, pródiga en
ellas, no tenía otra base que el desconocimiento de nuestra
potencialidad absoluta y relativa, y que el pesimismo histé­
rico o zonzo que nos hubo de sojuzgar, a raíz de perder las
posesiones ultramarinas, que tan desmañadamente utilizá­
bamos, no reconocía tampoco más razón suficiente que la
ignorancia de lo que éramos y podíamos ser. Tierra y Alma
española nos coloca en la situación de espíritu que el estu­
dio y la comprensión de la realidad nos impone. Al llevarnos
de corrida por todas las regiones de España, poniéndonos
ante los ojos los veneros de riqueza explotada y explotable
que atesoran y las intensas vibraciones que ha dado y es
capaz de dar la raza que las puebla, nos hace ver que, si
somos débiles y pobres, no es por raquitismo constitucional,
sino por achaque pasajero. Hay en nosotros potenciales de
gran valor energético, de los que unos ya empiezan a des­
envolverse con brío singular, y otros pugnan por lograrlo,
y ello es causa bastante para que los escrutadores de nues­
tro porvenir no se muestren cabizcaídos o con aires de
Jeremías.

24
Tierra y Alma española ha sido redactado para el concur­
so de texto escolar patriótico que hubo de abrir con lauda­
bilísimo propósito el Ministerio de Instrucción publica, cuan­
do fué regentado por el Sr. Silió. Quizá el libro no corres­
ponda del todo a las exigencias de la enseñanza elemental
en el primer grado; pero sí cabe asegurar que es insustituible
para utilizado en los demás. E incluyo en esta calificación
los grados medio y superior de la enseñanza. Porque Tierra
y Alma española es un breviario del patriotismo consciente,
del patriotismo ilustrado y viril. Nuestra enseñanza, inca­
paz en absoluto de formar patriotas verdaderos, tiene en
él un auxiliar valioso para redimirse de esa deficiencia sus-
tantiva que padece. Plegue a Dios que ío lean y rumien con
pausa y provecho cuantos a la enseñanza se dedican,, y cuan­
tos, a pesar de cursarla, no han tenido la fortuna de apren­
der amar con todo amor, sobre todo amor, la tierra y el
alma españolas,”
(P. Bruno Ibeas, “ El Debate” , Madrid, 17 de junio d*
1935.)
* * *

“ He leído, página por página, línea por línea, el hermoso


íibro de D. Julio Cejador y Frauca, intitulado Tierra y
Alma española. Este singular volumen, de 237 números, con
403 páginas, también pudiera llevar por título el que s*
pone al frente del presente artículo (1).
¿Qué se propone el erudito y eminente filólogo Sr, Cejador
con la publicación de esta nueva obra? El tema es muy su­
gestivo, y el fin, por extremo plausible. E l esclarecido cate­
drático de la Universidad Central diserta sobre el estudio sin­
tético de. España, principalmente en el aspecto geográfico-
histórico. El fin es altísimo, ya que se persigue saturar el
alma de los niños para que de modo consciente, sin decai­
mientos punibles ni hipérboles engañosas, poseídos de lo que
ha sido, de lo que es y de lo que puede y debe ser nuestra
Patria, la amen, la honren y la eleven con sus esfuerzos al
puesto privilegiado en que estuvo un día, y al que, con la
colaboración de todos, puede y debe volver.

(1) Visión de España.

25
Entre líneas se ve, con claridad bastante, que Tierra y
Alma española es un libro que debió ir, si es que no fué,
al concurso abierto por el Estado para premiar con 50.000
pesetas al mejor “ Libro sobre la Patria” , con destino a
las escuelas nacionales que, como proyecto, concibió nuestro
ilustre paisano L>. César, Silió y Cortés, quien suscri­
bió, como ministro de Instrucción pública, la Real orden
oportuna.
No es posible, en un solo artículo, recoger las notas más
salientes que el Sr. Cejador va consignando a medida que,
ante los ojos de los niños, hace desñlar las diferentes regio­
nes de España, Todas y cada una de ellas quedan encuadra­
das en un marco tan natural como adecuado y elegante. La
Geografía, la Historia, el lenguaje, la religión, las costum­
bres, la indumentaria, los productos naturales, los cultivos,
la ganadería, las industrias, la cultura, las tradiciones, los
hijos ilustres, todo lo que tiene de propio y característico
cada región, cada provincia y cada pueblo, como en mara­
villoso cinematógrafo, se ofrece a la vista del joven para
despertarlo, sostenerlo y vigorizarlo en el amor santo a la
bendita Patria. Y no terminan aquí los elementos valiosos
que integran tan admirable libro. H ay otro elemento, además,
de excepcional mérito, y es el número crecidísimo de foto­
grabados, hechos con toda perfección, sobre vistas de pai­
sajes, de ciudades, de monumentos, de personajes, de estatuas
y de todo aquello que culmina en la riqueza artística de
España.
Cejador, en este libro, como en todos los suyos, no puede
despojarse de una idea dominante, en torno de la cual gira
toda su personalidad literaria. Esa idea, en otro aspecto,
base de sustentación, consiste en su preparación y dominio
filológicos, que le colocan, muerto Benot, en el primer puesto
de España. Desde semejante atalaya, el insigne escritor ve
nuestra Patria, en tiempos muy pretéritos, habitada por la
raza “ ibera”, la que, según él, habló eí idioma “ eúskaro” .
Así, pues, nada tiene de extraño que Cejador halle raíces
“ vascas” en muchísimos nombres de ciudades y pueblos
sembrados en toda el área de la Península. Y no se detiene
aquí nuestro escritor; va más allá; ahonda en las costum­
bres, en la indumentaria, en las legislaciones, y en todo ello

26
encuentra elementos valiosos, que acusan la inilueocía y el
pasado poderío deí pueblo español primitivo.
Hay en el eminente catedrático una “ fobia”, que se rezu­
ma por todos sus poros. Es la “ íobia” a la, por algunos,
llamada nuestra “ europeización". Más concretamente; a la
influencia desmedida, y para éL perniciosísima, de “ jo fran­
cés” sobre “ lo típico español” . Para CejaÓor, España es el
pueblo más libre y más democrático de Europa en tiempos
de los Reyes Católicos. El absolutismo y la abyección en nues­
tra Patria no se conocen hasta que tenemos monarcas de
-origen extranjero, ya que en el extranjero, en los siglos
medios, es donde el feudalismo echó las más profundas raíces.
Ahondando en este interesantísimo punto, en las páginas 229
y 230 escribe D. Julio:
“ E l concilio cuarto, presidido por San Isidoro, sentó el
principio de que para ser rey había de preceder el consenti­
miento de ios concilios. Es sustancialmente el principio que
siguió rigiendo en España y hoy mismo rige. Monarquía
absoluta y de derecho divino no la hubo nunca en España.
E l poder radicaba en el pueblo, esto es, en toda la nación.”
Siendo, como es, la raza española una raza de temple
heroico, de inteligencia privilegiada y de virtudes excepcio­
nales, tenía que ofrecer ejemplares selectos, admirables, en
uno y otro sexo, para admiración de propios y extraños.
Cejador recuerda a los niños los nombres de los varones y
de las mujeres españolas más insignes, acudiendo muchas
reces a sencillas e interesantes anécdotas, en las que se re­
trata, de mano maestra, un personaje y una época. V aya
una, por vía de ejemplo. La tomo de la página 19a Hela
aquí:
“ Jugaba el rey Católico un día con unos grandes a los
naipes y entre ellos el almirante, y cuando tomaba naipes
decía: “ Paso a nv sobrino” . “ Topo a mi sobrino” , enten­
diendo por el rey Católico que era hijo de su hermana.
Oyólo la reina Isabel, que sesteaba en una recámara más
adentro, y asomando la cabeza a la puerta dijo alto: “ El
rey, mi señor, no tiene parientes, sino criados y vasallos.”
No caben ya, en la angostura de este escrito, ciertas le­
yendas por demás interesantes: la de D. Pedro de Guzmán,
la de Margarita la Tornera, la de Bernardo del Carpió,

27
la de Vellido Dolfos, la de D. Tello; la de doña Sancha,
viuda de Garci-Fernández; la de Fernán González, ía de
los Siete Infantes de Lara, la de Santo Domingo de la Cal­
zada, las de D. Pedro el Cruel sobre el canónigo Colmena­
res y la de la “ Calle del Candilejo”, de Toledo, y otras
ciento. En todas estas leyendas, medio históricas y medio
cuentos, Cejador busca y bucea en los sentimientos y en el
alma toda de España. Y en verdad que lo hace con sagaci­
dad y acierto admirables.
Para concluir. Tierra y Alma española, aunque tenga,
como desde luego tiene, algunos lunares, hijos, más que de
otra cosa, de la pasión, y aun del natural ímpetu del genio
“ baturro” de D. Julio Cejador y Frauca, merece leerse, no
sólo por los niños de nuestras escuelas oficiales y privadas,
sino también por todos los españoles, Así conocerán la Pa­
tria, y la honrarán, y harán por ella cuantos sacrificios
haya menester.”
(Serafín Montalvo y Sanz, “ El Norte de Castilla", í f
de junio de 1925.)
* * *

“ El tema es viejo y está muy manido. Se ha dicho hasta


la saciedad que si la publicación de un libro en España
merece menos atención de los periódicos, no sólo que el
estreno de una obra teatral o de una película, sino que una
corrida de toros o un partido de fútbol. Los periódicos se
excusan con que necesitan acoger en sus columnas lo que
prefiere el público, y el mal denunciado en torno al libró
parece irremediable.
Sucede en esto lo que con la venta de libros inmorales. El
librero pone más cuidado en la venta de ellos, porque, según
dice, los prefiere el público. Y los escaparates de las libre­
rías se colman de libros que, para merecer el favor del
público, están pringados de concupiscencias.
Siempre el público... ¿Pero quiénes, sino el periodista y
el librero, tienen el deber ineludible de atemperar el gusto
de ese público a manjares más exquisitos? Que hay públi­
co deseoso de conocer el movimiento literario, no puede igno­
rarlo elf periodista. Que lo hay asimismo con predilección
por 1a literatura seria, no puede desconocerlo y olvidarlo el

28
librero. Entonces lo ideal de uno y otro a este respecto es.
acrecer ese contingente de público que desea noticias de libras-
y quiera saber cuáles son de éstos los que mejor pueden
instruirle o entretenerle con levantado propósito.
Me sugiere estas consideraciones, más que el lamentable
silencio que se mantiene en torno al libro, el hecho de que
se acentúe con los libros de mayores méritos literarios. Y
apunto esto al margen de un libro que dió a luz hace ya
meses D. Julio Cejador, y cuya aparición no mereció el
saludo de la Prensa española. De su existencia hube de
enterarme por un periódico americano. Leído el libro, he sen­
tido indignación de que pueda darse a la estampa entre nos­
otros una obra de tan aquilatados méritos literarios y artís­
ticos sin que se proporcione la menor noticia de un suceso-
que en otro país se vocinglearía hasta causar molestia.
Titúlase esta obra Tierra y Alma española. Fue escrita,
según supimos luego, para el tan apasionadamente combatida
y después injustamente anulado “ Concurso del Libro de la.
Patria” . No sólo es muy superior a cuantos trabajos presen­
tados a ese concurso van publicados (los seis u ocho dados
a ía estampa son perfectamente anodinos), sino que es el único
verdaderamente merecedor de que se divulgue y se lea.
Tierra y Alma española es un viaje ideal por España, que
proporciona al lector la visión y la interpretación de todas
las regiones españolas, con un sentido de ponderación equi­
librado y justo, sin que precise moverse de su hogar. En
nuestra literatura no hay un compendio que recoja con más
propiedad y exactitud y belleza una síntesis de nuestra histo­
ria y nuestra geografía política enlazadas por tan ingenioso-
procedimiento.
Quien quiera saber lo que es y representa España en el
mundo y en sí misma, sin necesidad de entregarse a pacientes,
estudios, tendrá que acudir por fuerza a este hermoso libro,
vulgarizador de valores olvidados y aquilatador de los popu­
larmente conocidos. Acaso es, considerado en un aspecto pura­
mente literario, la obra que más acredita al eminente polí­
grafo y al hablista castizo y ameno de que hace gala don
Julio Cejador en su copiosísima bibliografía.
No es libro, sin embargo, tan perfecto que no sugiera re­
paros, bien que lo perfecto no es obra de mortales. A este

29
tenor, ocúrresenos apuntar que ganaría méritos la obra, en
nuestra modesta opinión, si el espíritu que ía informa cuidara
de orientar el del lector a un anhelo de mejoramiento en to­
dos los aspectos sociales como cuida de inculcarle amor a
lo tradicional. Precisamente creemos que importa más a los
españoles mirar al porvenir que al pasado. Y más que esto,
sentir hondamente el deseo de liberalizar nuestras inclinacio­
nes y costumbres j entendiéndose por liberalizar algo mucho
más noble y transcendente que cuanto ha venido significando
la palabra liberal en nuestra malhadada y difícilmente sanea­
ble política.”
(“ Españolito” , "L a Prensa”, Gijón, 6 de junio de 1925.)

* * *

“ Este bello volumen— tan admirablemente presentado en


letra, cubierta, papel y grabados por los Sucesores de Riva-
deneyra (S. A,), de Madrid— es tuia producción dedicada a
los niños españoles por el sabio pensador, notabilísimo lin­
güista y catedrático notable de la Universidad Central don
Julio Cejador y Frauca.
¿Cuál es el propósito del autor al hacer llegar a manos de
los niños su libro? Más noble y más alto no cabe en España.
Quiere Cejador presentar a los futuros ciudadanos hispanos
una visión de la Patria, pasada, actual y venidera, con sus
virtudes y con sus defectos, a fin de hacer nacer en los tier­
nos corazones infantiles un sano patriotismo que los incite
a engrandecerla. Es decir, que el ilustre profesor ha tratado
de hacer un Libro de la Patria, ese libro por el cual tanto
suspiran, creyendo que puede ser panacea que cure los males
-de nuestra sociedad española actual,
¿Consigue Cejador su intento? Difícil es un juicio exacto.
El estilo es castizo, jugoso, vivo, sugestivo en grado sumo,
a lo menos para hombres, también para niños mayores con
cierto grado de cultura.
La materia tratada* por fuerza es varia. Al recorrer las
regiones españolas pinta y describe con mano maestra luga­
res y pueblos, relata sucedidos, analiza monumentos, recuer­
da leyendas y tradiciones, apunta costumbres,.señala hombres

30
notables, copia poesías y cantares, etc., y todo tan admirable­
mente combinado que el libro— a pesar de su extensión— no
puede ser dejado hasta su final.
Por sus juicios al analizar ciertos hechos históricos, por
su apreciación de ío que han sido las virtudes hispanas es
por lo que ha de ser discutido el libro de Cejador. Ahora
bien. ¡ Bendita discusión la que promueva! De eso está ca­
rente España: de que se estudien y discutan sus rasgos en
la Historia para llegar a apreciar qué es lo que debe ser el
ideal hispano. Pueblo sin ideal es pueblo muerto. Y España
morirá si no se forja una aspiración colectiva, en consecu­
ción de la cual se aúnen los esfuerzos varios de todos sus
hijos.
Para Cejador nuestra tierra fué grande en aquellos tiem­
pos en que el ideal religioso y caballeresco se unía a un de­
mocrático gobierno municipal y en los que las leyes eran fra­
guadas por la Corona en íntimo consorcio con el pueblo
trabajador. Y para él la decadencia de España surgió cuando
reyes extranjeros vinieron de fuera a regirla y la goberna­
ron con el régimen absoluto que en otros pueblos era usual.
Es decir, que nuestro autor se siente tradicionalista y abomina
de una porción de cosas que han pasado ya desde el extran­
jero, desde Francia sobre todo, a ser parte integrante de
nuestra España actual; ló cual no le impide creer que el'
porvenir español está en hacer progresar la agricultura, la
industria y el comercio.
Piénsese como se piense, el libro que comento— con la mo­
destia de mis ideas y la sinceridad que es mi norte— debe ser
leído por todos y, especialmente, en las escuelas. Su precio
es algo elevado (y no porque no lo valga, sino por la ruin­
dad de los presupuestos escolares); mas ello no debe ser
obstáculo— por sus muchos merecimientos— para que lo ‘ usen
los niños mayores y para que forme parte de toda biblioteca
escolar circulante. Léase, sí, y luego coméntese siempre con
la vista en el esplendor futuro de España; y aunque algunos
juicios no sean los nuestros, nos valdrán para mejor estu­
diar aquellos puntos controvertidos y cambiar de opinión o
fortificar la que teníamos. Todo antes que dormir, que sestear
con una suicida pereza patriótica, que dejar pasar y hacer

31
■sin colaborar en el bien de la Patria, que fue grande y puede
serlo más.5’
(José María Azpeurrutia, “ El Defensor de-los Maestros” ,
Vitoria, 20 de agosto de 1925.)

4 * *

“ Nos llega este nuevo libro del ilustre profesor en la


Universidad de Madrid, D, Julio Cejador, cuya vasta obra
— de la cnal recordaremos “ La verdadera poesía castellana”
(cinco tomos), “ El Lenguaje” (12 tomos), “ Historia de la
lengua y literatura castellana” , con prolija y abundante bi­
bliografía (14 tomos); ediciones deí “ Libro de buen amor ”,
“ La Celestina”, “ Eí Lazarillo” , “ Guzmán de Alfarache”,
“ Los sueños” , de Quevedo, y “ El criticón” , de Gracián,
todas con prólogo y notas— le consagra como uno de los más
fecundos eruditos españoles.
Don Julio Cejador, a pesar de sus tareas de catedrático
de Lengua y Literatura latinas y otras graves preocupaciones
filológicas— por las que Jaime Fítzmaurice-Kelly le llama
filósofo del lenguaje— , no ha olvidado a los niños y es a éstos
a quienes dedica Tierra y Alma española.
Es un libro de divulgación integral de España, escrito por
un hispanóñlo e hispanista ferviente.
Sin embargo, la obra no es, como pudiera pensarse, una
desmedida laudatoria, n o ; en forma amena se describen las
regiones y provincias españolas, haciéndolas vivir, y eí co­
mentario geográfico e histórico, amenizado a cada instante
con citas de poesía popular— que tan a fondo ha sido estu­
diada por el autor— , nos entrega el corazón de España.
Inculcando a los niños españoles el amor a esta caballe­
resca, gloriosa y hoy entristecida nación, díceles Cejador,
con ese su recio estilo: "Porque acaso no habéis caído en la
cuenta de que la tierra no es algo que le cae por de fuera al
hombre. Le llega, por el contrario, muy adentro. Tierra y
hombre hacen un todo. Los españoles han cultivado la tierra
de España, la han cruzado de caminos y llenado de edificios,
han desparramado en ella hermosas ciudades, han levantado
murallas, iglesias, palacios, puentes, a fuerza de trabajo, de

32
sudor, ingenio y arte. Esta tierra es fruto de sus afanes,
obra de sus manos., espejo de su ingenio...” Y habla luego
de la gran variedad de tierras, climas y productos españo­
les; de los Pirineos de riscos escabrosos, cuyos argentados
pinares en la noche sintió tan hondamente el divino Rubén;
del Mediterráneo, por donde llegó a España el evangelio y
la cultura de Oriente; del Atlántico, por donde transmitie­
ron los españoles ambas herencias al Nuevo Mundo; de las
pintorescas playas de Cataluña, las floridas riberas de V a ­
lencia y Murcia, las fértiles orillas de Andalucía, la feraz
Extremadura, las vistosas rías y admirables puertos de Ga­
licia, las sagradas montañas de Asturias, el vino dorado de
Toro, el dulce albillo de Madrid, las rosas y claveles encen­
didos y olorosos de Andalucía... Diez y siete capítulos, ilus­
trados con doscientos nítidos grabados, constituyen el libro.
Son los siguientes: Provincias Vascas; Principado de A s ­
turias; Reino de Navarra; Reino de Aragón; Reino de Ga­
licia; Reino de León; Salamanca; Reino de Castilla la V ie­
ja ; Principado de Cataluña; Reino de Castilla la. Nueva;
Extremadura; Reino de Andalucía; Reino de Valencia; Islas
Baleares; Reino de Murcia; Islas Canarias. Niños: atoad
a España. A España (romance).
Es un libro útil para los maestros y el lector en general,
y aun pueden consultarlo con provecho muchos profesores
de literatura castellana, tomando así una visión más objetiva
de la literatura española. Hallarán, entre otras cosas útiles,
una versión del “ Aítabiskarko Cantua” o “ Cantar de Alta-
biscar” (pág. 46), hermosa como la de Macpherson.
Terminamos con un fragmento del romance “ A España”,
que cierra el libro;

El sol jamás se ponía


en tus dominios, España,
jamás se pondrá ya el sol
en las tierras de tu raza:
cien pueblos te llaman madre
con palabras castellanas,
porque la sangre del Cid
corre en sus venas y aun hablan

33
como hablara Alonso el Sabio
y el marqués de Santillana,
Lope, Quevedo, Cervantes
y Calderón de ía Barca.”

(Augusto Cortina-Aravena, “ El Diario Español” , Buenos


Aíres, 30 de agosto de 1925).
* * *
"E s un fenómeno literario consolador y reconfortante el
que se observa hoy por hoy entre nuestros hombres de letras,
consistente en una especial predilección en tomar por asunto
y tema de sus obras las grandezas y la historia de la patria.
Propensión es ésta que hay que fomentar y enaltecer, por
los grandes beneficios que ha de reportar, sin duda, esa labor
de propaganda patriótica, no siendo el menor de ellos el
amor y culto de la patria que inspirará, pues ello se sigue,
como natural consecuencia, del conocimiento hondo y razona­
do que se tiene de lo que la patria es y vale, en su pasado
glorioso y en su presente esperanzador.
En la primera fila de ese género de obras a que hacemos
honrosa alusión, hay que colocar la del cultísimo catedrático
de Lengua y Literatura latinas en la Universidad de Ma­
drid, D. Julio Cej ador, acabada de publicar con el título de
Tierra y Alma española.
Es una joya de precio subidísimo. Y o creo, además, que
en conjunto y por términos generales, es el mejor “ Libro de
la P a t r i a q u e se ha publicado de un quinquenio a esta
parte, y eso que son muchos y exquisitos los que de dicho
tema han visto la Hiz de la publicidad.
El autor lo consagra a los niños. Pero también podía
dedicarlo a los grandes, pues todos hallarán mucho que apren­
der en ella. El amor patrio rebosa en todas sus páginas. Es
un canto magnífico a las glorias de la Patria grande. El estilo
es una maravilla, y el lenguaje rezuma clasicismo por todos
sus poros. Nuestra Historia, nuestras leyendas, nuestras ges­
tas por el mundo, los tesoros de nuestras típicas costumbres
y las bellezas de nuestras ciudades tienen en Cejador un pane­
girista sobrio, sensato, inspirado. Hay que declarar “ oficial­
mente libro de texto” en nuestras escuelas este gran libro

34
del egregio Cejador. Pero... con una sola condición: que se
suprima lo que hay de animosidad, prejuicio y exageración
en el número u (páginas 28-30}. Revisado eso, queda un
libro sencillamente insuperable.”
(“ Unión Patriótica1', Tortosa, 9 de mayo de 1925.)
* * *
V “ El ilustre literato D. Julio Cejador, que con tantas doc-
l tí simas obras ha enriquecido la literatura española y la críti-
jca literaria, acaba de publicar otra con el título que encabe-
iza estas líneas.
! Se trata de un libro de gran amenidad e interés, en el que
aparecen descritas todas las regiones y poblaciones impor­
tantes de España; está cuidadosamente editado y enrique­
cido con multitud de fotograbados. El anhelo que palpita
en toda la obra es el despertar en los niños el amor a la
Patria a través del conocimiento de su hermosura y su
grandeza.
En el capítulo “ España”, primero del libro, escrito a ma­
nera de prólogo, aparece a la cabeza de sus líneas esta frase:
“ Niños, amad a España.” En estas palabras está encerrada
toda la esencia del precioso libro. Termina este prólogo con
el siguiente párrafo, que retrata el propósito del autor mejor
que cuanto nosotros pudiéramos decir: “ Leed, niños espa­
ñoles, y releed una y muchas veces este libro, verdadero
Libro de la Patria, y os enseñará lo que es nuestra tierra,
lo que son los españoles, lo que es el alma española, lo que
es España. No son vanas alabanzas lo que vais a leer, es la
limpia y pura verdad, desconocida por muchos españoles.
Veréis los defectos de nuestra raza, descubiertos con toda
franqueza; pero también veréis que aquéllos quedan obscure­
cidos por sus grandes virtudes y sus maravillosas hazañas,
y os encenderá más en los amores de esta nuestra España
y os enorgulleceréis de haber nacido españoles; que no haya
nombre que más dulcemente suene en vuestros oídos y que
más al alma os llegue que el dulce nombre de España.
” Sea este librito como un pomo de aromas que al leerlo
os ensanche el pecho, os arome el alma y os envuelva en
suaves esperanzas sobre el porvenir de la Patria. ”
Efectivamente, no sólo los niños, sino aun los grandes que

35
se recreen leyendo las páginas y las áticas descripciones de ¡
Julio Cejador, sentirán admiración por España y un renuevo j
de amor patrio en su espíritu, j
Recorriendo sus párrafos y contemplando sus fotografías/
se puede hacer el viaje artístico e histórico de la Península!
Ibérica con tanto deleite y tanta, utilidad como si en efectd
se realizase personalmente. j
En resumen, es un libro que parece dirigirse a la ínteli/
gencia, pero se encamina directamente al corazón.” .(
(L, M, K., “ El Universo”, Madrid, 2 de junio de 192/)
* * * -j
“ Tenemos cíe Cejador la impresión de que es un hombre
infatigable. Su lista de obras es larguísima, figurando ¡en
ella trabajos de la monumental idad de la "Historia de; la
Lengua y la Literatura Castellana”, qué a juicio de un crí­
tico tan calificado y exigente como Giustí, representa “ el
más completo arsenal de datos7’ a que hoy día se puede
recurrir dentro de ia materia.
Ahora, el fuerte escritor aragonés (catedrático de la Uni­
versidad Central y sabio filólogo, dentro y iuera del docto
recinto) ha realizado una tarca más fácil, sobre todo para
él, que siente, en cuanto tiene de racial, la patria. Ha hecho
una especie de “ catecismo1' geográfico e histórico, dedicado
a los niños de España. Este es el libro que nosotros hemos
leído con manifiesto agrado, pues está compuesto con habi­
lidad y fervor, sin caer en las exageraciones xenófobas de
otros escritores sin su cultura y su talento.
Tierra y Alma española propende a enaltecer lo mejor
de ese país inmarcesible, que ha dado innegables y muy
fuertes virtudes a esta América, orgullosa siempre de tal
herencia. Todas las regiones hispanas encuentran en el
comentarista un exaltador veraz. Siempre vehemente, Ceja­
dor aconseja a muchas provincias medios para intensificar
sus riquezas naturales. Destaca la significación de las figu­
ras que han pasado a la historia con más relieve y, valién­
dose de la fotografía, pone ante nuestros ojos riquezas mo­
numentales admirables y paisajes que, francamente, hacen
soñar con la vida prístina que transparentan. Nos parece
que el alma de las gentes que allá viven ha de tener la día-
f anidad de sús cielos impolutos y la elevación de sus mon­
tañas. A los amantes de la madre patria, ha de satisfacerles
mucho este nuevo ameno libro de Julio Cejador.”
(“ E l D ía” , Buenos Aíres, 23 de mayo de 1925.)
* * *
áíEl ilustre filólogo español D. Julio Cejador y Franca,
catedrático de la Universidad Central de Madrid, ha publi­
cado recientemente un interesante libro que merece ser leído
nb sólo por los niños españoles, a quienes está dedicado, sino
también por los mayores, pues para todos, adultos y jóve­
nes, encierra la obra un caudal provechoso .de enseñanzas.
Se trata del libro Tierra y Alma española. El autor, ha­
ciendo gala de un estilo cuidadoso y rico en castizas expre­
siones, hace una exposición geográfica e histórica completí­
sima de nuestra patria, recorriendo una por una todas sus
provincias. La originalidad de este precioso tratado es que
logra aunar dos aspectos complementarios, presentando ante
el lector simultáneamente el cuadro físico de cada región
(geografía) con su genealogía histórica. Así, al recorrer las
provincias vascas o Andalucía, Cataluña o Extremadura,
nos dirá el Sr. Cejador cuál es el hijo ilustre de cada pue­
blo o ciudad, y con un trazo gráfico, magistral, conciso, nos
enseñará en qué consistió su vida o sus hazañas. Ante el
nombre de un poblado o de una región, nos indicará cómo
esa nomenclatura está vinculada a un glorioso hecho de
armas en defensa d e ja s libertades patrias, o nos demostrará
cómo perpetúa una Carta-Puebla o unas Cortes famosas.
En una palabra: es la historia vivida'de España, traducida
en sus infinitos recuerdos y evocaciones.
E l Sr. Cejador, demostrando una vez más su admirable
cultura, presenta además una descripción muy adecuada en
cada caso de las bellezas naturales y de las grandiosidades
arquitectónicas de España, circunstancia que es realzada por
el hecho de estar el libro ilustrado con centenares de foto­
grafías de monumentos, reliquias, ciudades, paisajes, etc.
Son dignos de recordarse pensamientos tan elevados como
los que consigna el Sr. Cejador en su obra, diciendo: “ La
historia del pueblo español es la estampación de esas cuali­
dades en los acontecimientos y en los hechos humanos. El

37
amor a la independencia, la feracidad, la fe teíiglasa,
apego a la justicia y a los dictámenes de la conciencia mo
el despego a los intereses materiales, el poco aprecio al bien­
estar y comodidades, prefiriendo las aventuras, la pobrera
y sobrio vivir, hasta la picardía, el anteponer siempre la
fe espiritual a lo material, cosas son que se reflejan clara­
mente en la historia y vivir de los españoles.” !
En cuanto al espíritu liberal con que la obra está cscrjta,
podría servir como ejemplo el siguiente párrafo, referente
a las provincias vascongadas: “ ¿Queréis saber por qué; no
hay aquí picaros ni mendigos? Vinieron a España reyes
extraños, llamados de la “ Casa de Austria”, que quisieron
gobernar sin contar con los pueblos, con mando absoluto,
y como se enredaron en empresas aventureras fuera de E s­
paña, estrujaron a los españoles con gabelas e impuestos,
que los redujeron a la pobreza, y por otro lado desatendie­
ron la agricultura, la ganadería, la industria, entretenidos
en su política exterior y la pobretería, la miseria, el ocio,
la picardía, se enseñorearon de España. La centralización
administrativa creó un avispero de gorrones, de empleados,
de caciques.,. Nada de esto llegó a las provincias vascas.
Ellas se administran de por s í...”
Todo el libro respira patriotismo, sano amor a España,
deseo de volver por los fueros de la verdad, rectificando y
combatiendo la injusta leyenda negra que durante varías
centurias nos describió como el pueblo más atrasado de la
tierra.
Bajo la forma sencilla y narrativa de un libro de enseñan­
za para jóvenes, el Sr. Cejador y Frauca ha escrito una
preciosa síntesis histórica, rebosante de sano nacionalismo,
que debe ser muy bienvenida en esta época de autocrítica
implacable que, ciega y suicida, se resiste a reconocer las
grandes virtudes y cualidades de nuestro pueblo. Artística­
mente, el libro de que nos ocupamos es una inestimable
guía estética y espiritual de nuestra patria; y por todos
conceptos, ese notable trabajo honra a quien, como su autor,
tiene tantos títulos, por su inmensa labor científica, a la
admiración y gratitud de todos los españoles.”
(R. C., “ E l Diario Español” , B. Aires, 22 de julio de
1925.) s

38
. De aquellas descripciones de viajes por tierras de España,
narrándonos extranjeras plumas, descollando las francesas,
verosimilitudes pocas, fantasías muchas y malas intenciones
también, todo amalgamado y fundiéndolo, en cuyo crisol se
pueden agregar plumas nativas, hemos venido a parar a des­
cripciones más verídicas y con mayor conocimiento de causa,
como revisión al injusto maltrato que nos dieron, eso desde
fuera, contando ahora con la noble y elevada misión acogida
con entusiasmo por algunos hijos de la patria, que con
todo corazón se dedican a borrar aquellos embustes y pre­
sentarla tal cual es o- ha sido, en sus defectos y grandezas.
De un modo sintético y que se pudiera apreciar en pocas
jornadas de lectura la verdad de los hechos nacionales y sus
consecuencias ante la historia mundial, es el libro Tierra y
Alma española, del cual vamos a hablar, escrito por uno de
los prominentes literatos españoles, el despierto crítico y
sabio filólogo D. Julio Cejador y Frauca; hombre de tem­
ple recio como pocos, y de hondo patriotismo bien definido
y sustentado con entusiasmo siempre.
Esta clase de libros a que aludimos, para la instrucción
de la juventud en particular, en forma moderna y escrito
con amenidad, es de mucha importancia, por ser como un
bosquejo de las regiones españolas con sus principales fun­
damentos y su complexión integral dentro de la nación. Dos
de esta clase de libros modernos nos han gustado, cada uno
en su forma: el de Siurot, de trama narrativa muy inocen­
te, con sentimiento, y el que sirve de epígrafe a este comen­
tario, escrito con más altos vuelos de erudición y crítica,
que nos lo hacen leer con interés y admiración por ser un
trabajo nada común. Y para no ser más dilatado en este
preámbulo, abramos el libro.
Es la introducción una hermosa y sincera definición de
la patria, con sus motivos y sus cualidades para clasificar el
aspecto peculiar de cada una, sacando con esto las conse­
cuencias bien notorias de lo que es la española en cuanto
a su tierra y a su raza: en la primera, aventajando en dis­
posición para el cultivo y producción a otras muy adelan­
tadas del continente europeo, y en la segunda, aunque ten­
gamos por regiones aspecto propio y peculiar, todas absolu­
tamente se convienen en una forma substancial para dar

39
la vitalidad de raza, la cual viene á sintetizarse en este
párrafo real y nada abultado: “ Baste decir, en general, que
la raza española es raza fuerte y dura, apasionada y valien­
te, valerosa y sufrida, noble y generosa, incapaz de traicio­
nes ni de perjurios, amiga de ser dueña de hecho de lo que
le pertenece por derecho, inclinada a ía igualdad de clases,
a la democracia real y efectiva y no a la de nombre, rebelde
cuando quiere alguien imponerse contra derecho y razón;
pero dócil al Gobierno justiciero, fuerte y hábil; y capaz
de las mayores empresas si se ve" estimulada de grandes
ideas, cuanto abandonada en lo que atañe al bienestar na­
cional.”
Y así es la raza española, porque, como muy bien, dice,
trabaja como ninguna otra por el engrandecimiento espiritual
y moral del mundo. 1
Entra luego en el relato de las provincias, principiando,
por los “ bascos”, y haciendo justicia a la raza indómita,
canta sus cualidades, y haciendo firmeza una vez más en
sus convicciones el autor, las defiende, que como nido guar­
dó y aun conserva este pueblo con tenacidad el linaje de la
raza, de cuyo idioma y del latín salió el armonioso castella­
no, como demuestra bien documentado en otras obras suyas.
Después de esta región, nos describe aquella encrespada,
cuna de la reconquista. nacional, de Asturias; luego Nava­
rra, la de los hechos legendarios; Aragón, la de las gestas glo­
riosas; Galicia, la sentimental; León, el corazón de la pa­
tria, en donde se explaya el autor haciendo un recorrido
histórico crítico muy interesante y con mucho acierto e
intención; así como en las dos Castillas, que, con Aragón,
fundieron al alma española; en Andalucía la bella; y en
fin, en todo otro paraje a que da lugar eí relato de los he­
chos nacionales, de los que tan bien sabe sacar las conse­
cuencias con elevación de miras que se compenetran con el
lector, el cual remoza su espíritu ante el valer de España,
no comprendido hasta ahora en mucho, por desgracia, y
ante las gestas de aquellos varones enteros, recios, briosos,
que hoy tan pocos se ven por el mundo, como aquella legión
de extremeños por ejemplo, héroes de la conquista de Amé­
rica; descubrimiento y conquista a la cual los españoles
fueron “ tras lo desconocido, sin instrumentos como los de
hoy, en barcuchos como cáscaras deiiueces, padecían nau­
fragios y borrascas, abríanse paso por entre bosques secu­
lares, atravesaban ríos caudalosos, subían por escarpadas
sierras. El hambret la sed, el frío, el calor, toda clase de
penalidades eran sus compañeras; entre riesgos continuos
de la Naturaleza y de los salvajes, no pocos perecieron en
la demanda.” Por eso apreciar aquella conquista como algu­
nos hacen, desde nuestro punto de vista actual, sin pensar
retrospectivamente en aquellos tiempos y en sus adelantos,
es un absurdo del que 110 se curan escritores maleantes de
las glorias españolas; pero gracias a las circunstancias mun­
diales, van siendo cada vez menos los de este jaez.
El Sr, Cejador, al ir bosquejando con relación bien co­
ordinada lo más notable de cada provincia en su historia, arte
y literatura, en lo que bien demuestra sus conocimientos,
aúna los hechos históricos con los legendarios o no com­
probados documentalmente, haciéndolo en forma atractiva
y siendo sincero en sus apreciaciones sin inclinarse a una
ni otra parte, apreciando de todo ello, sólo las conve­
niencias nacionales, 110 dejando con esto de señalar los
males patrios, cuyos motivos bien nos muestra, siendo todo
ello un himno a la raza sin ocultar sus máculas venidas
muchas de ellas por el desarrollo de una política inepta
y extranjerizada, teniendo a menos lo nacional, lo propio,
bajo el punto de vista étnico y geográfico, y en fin, pintan­
do su verdadero carácter nacional. Con el mismo, el autor
dice muchas verdades contra los difamadores de la misma,
haciendo comparaciones irrefutables, como sobre nuestra
política colonial a la que desenterrando aquellos, ciertos es­
critos de la época que la crítica hoy rehúsa y la razón re­
chaza, hechos quizá con elevadas miras, nos quieren zahe­
rir, sin querer ver que “ mientras España civilizaba, los
demás pueblos europeos, en vez de imitarla, sólo sabían
piratear por las costas americanas y correr como corsarios
los mares al acecho de las naves españolas, (Ahí está Drake,
el corsario inglés, tan glorificado, que iba a la par en el
reparto con sus rapiñas con la reina Isabel.) Y cuando
ya se pusieron a colonizar, destruyeron kis razas indíge­
nas, que en las Indias españolas todavía se conservan en
mayor número que los blancos.”

41
Estos son, en realidad de verdad, los hechos que la his­
toria señala, aunque algunos traten de tergiversarla con es­
camoteos; apuntándose para sí triunfos que sólo pertenecen
a España, como en territorio de Estados Unidos por In­
glaterra, que hoy, gracias a los mismos americanos, ayuda­
dos por otros extranjeros, se va dando luz a la verdad del
papel que representó aquella nación en su patria.
El epílogo es una sentimental recomendación a los niños,
a quienes dedica el libro, para que amen a España, vitupe­
rando a los que de ella hablan mal, y exalza sus energías
inagotables que bien notoriamente se reconocen ante las
vicisitudes que ha pasado; por eso: “ si alguna raza de­
mostró tener un espíritu propio, personal, inconfundible,
a la par que emprendedor, aventurero, sufrido, libre.e inde­
pendiente, contradistinto del espíritu de los demás pueblos
de Europa, fué la raza española. Y ese espíritu está encarna­
do en 120 millones de hombres, desparramados, no solamente
en Hispanoamérica, sino en los Estados Unidos, en Filipi­
nas y entre ios israelitas de las costas del Mediterráneo.”
Tan interesante como documentado estudio, da fin el autor
con unos versos de forma genuinamente española, en roman­
ce, cantando a su patria.
Libro es digno de ser leído y estimado por lo qué en
sí encierra, si no le abonara desde el primer momento el
nombre del autor, y han sido los propósitos de éste indu­
dablemente, el que llegue a todas partes, estando escrito
en prosa recia, sin dobleces, amena y comprensible para
todos, nada de ampulosidades y redundancias para esconder
la falta de dotes, apuntando en cada provincia sus verdade­
ras cualidades.
Enumerar aquí los principales pasajes es innecesario, por­
que en sí no tienen ningún desperdicio. Contiene éste unos
doscientos fotograbados que lo hacen aun más atractivo,
principalmente para los escolares, que como texto de lectu­
ra en los colegios es apropiado, para que los jóvenes, en
forma amena y atractiva, conocieran con más intimidad a
su patria; eso en el mismo territorio, que aquí, por ejem­
plo, que justo es decir, tanto se la desconoce por la juven­
tud principalmente, ya por apatía y dejadez de unos y otros,
sería de grandísimo provecho para los escolares, aun en la

43
esfera intelectual, qtte la simple lectura de una obra de esaá
de puro entretenimiento y a veces no bien elegidas que en
algunos colegios ponen.
Este libro merece ser leído y propagado, para que se
aprecie a la madre de esta nación filipina; pues conociendo
su grandeza ensalzan a su propia patria los nativos, ya que
fue amamantada con sangre de su sangre.”
(Francisco Redal y Suñer, “ El Mercantil” , Manila, 8 de
julio de l£2£.)
* * *

“ E l ilustre catedrático de la Universidad Central D. Julio


Cejador y Frauca, ya conocido favorablemente en el mundo
de la inteligencia por abundantes y discutidos trabajos filo­
lógicos y de erudición y su "Historia de la Lengua y Lite­
ratura Castellana”, única existente y arsenal preciosísimo,
al que forzosamente ha de acudir, por su enorme riqueza de
datos, todo el estudioso de nuestras letras y las america­
nas, ha puesto a la venta un nuevo libro.
Tierra y Alma española lo titula, y justificando el epí­
grafe, se propone en él, y lo realiza cumplidamente, hacer
una sucinta exposición de lo que es nuestro país y su ideo­
logía. Todas las provincias españolas (Asturias abarca un
capítulo entero) son evocadas y surgen como son, ricas en
grandes hombres, productoras de almas geniales, arcas de
las más elevadas manifestaciones artísticas. Cejador, ena­
morado de lo recio y el abolengo de nuestros pueblos, no
cae, sin embargo, en el ditirambo ciego, y así, simultánea­
mente, expone a la superficie las debilidades que las aquejan.
Una lectura de este libro equivale a la de varios tomos
de historia, de literatura, de geografía, de arte... La juven­
tud sobre todo, y cualquiera que se interese por nuestros
valores y sienta el alma del suelo en que vive, reaccionando
de las aportaciones absurdas de los galicursis trasnochados,
tiene en el libro que nos ocupa fresca y optimista fontana
en que saciar su sed.
Nosotros creemos deber no fijarse tan sólo en lo nacional
execrable— como respecto a los autores de su tiempo opina­
ba D. Agustín Duran, acertadamente según Menéndez Pe-
layo y el P; Blanco, en su famoso “ Discurso”— , sino dirigir

43
la vista a lo. mucho excelente que hemos producido, no po­
demos menos de alegrarnos al contemplar en Jos escaparates
libros que cual el de Cejador nos ponen diáfana y elegan­
temente en’ contacto con nuestras glorias nacionales.”
(J. T,, “ La Voz de Asturias”, Oviedo, 16 ele abril de
1925.)
* * *

H a caído en nuestras manos im folleto justiciero que en


estos tiempos de iniquidad tanta hay que festejar a tambor
batiente.
Se intitula “ Homenaje a Cejador” , de luengas tierras,
de las norteamericanas, del Estado de New Jersey, de la
ciudad de Burlington.
Su autor: Francisco Londres, un español que fuera de
su patria la enaltece soberanamente.
Un retrato del inmenso filólogo— el que la “ Society Spa-
niec ” , de New York, encargara para sus salones a López
Mezquita— decora una de las primeras páginas.
Luego, una sentida dedicatoria al hoy muerto inmortal
que vivía cuando, el 20 de septiembre de 192ó, aquélla se
redactara.
Y por fin, acendrado, desbordante, subidísimo, el panegí­
rico que diez y nueve personajes yanquis, hispanoamerica­
nos y connacionales nuestros, vecinos de aquellas repúblicas
transatlánticas, ofrendan a Tierra y Alma española la es­
tupenda obra cejadoriana.
“ Este es el libro de enseñanza para el pueblo español” ,
escribe Canut, el presidente del “ Club Cervantes”, de Fi-
ladelfia.
“ Es una de las obras más excelentes que se han publica­
do” , afirma eí Sr. Estrugo, de New York.
“ Y o propondría que lo decretaran como obra de texto
para la clase de lectura en todas las escuelas de España” ,
deduce D. Joaquín 'Garzón, de Mayfield, Pa.
“ El maestro Cejador es indudablemente un genio” , ex­
clama arrebatado de fervor Aníbal Vargas, catedrático de
español de “ Bookside County Club”, de Cantón, Ohio.
“ Considero Tierra y Alma española como la más alta
manifestación de verdadero y desinteresado patriotismo que

44
exísfe en la literatura contemporánea... Es “ obra a la vez
de un pensador original y de un eminente artista literario” ...
"Y o la he puesto en mi biblioteca, pero cerca de mi mesa
de trabajo, pues tengo la seguridad de que la buscaré más
de una vea”, concluye el gran Blasco Ibáñez.
Y así, por el estilo, se expresan todos los demás.
Sin embargo, el tribunal del tristemente célebre concurso
del "Libro de la Patria” , juzgando y todo el de Cejador
muy superior a todos los trabajos que se le enviaron, no se
atrevió a otorgarle el premio.
E l por qué no lo sabemos, aunque nos lo barruntamos,
Cejador, que por razones mil que le exaltan, tenía ene­
migos incontables, podía con todos ellos juntos, los arrolla­
ba con las armas prepotentes de su cerebro gigante y de
su pluma genial.
¿Qué valía a su lado la flamante Institución Libre de
Enseñanza con su hinchado presidente, Menéndez Pidaí?
Porque la vapuleó ferozmente en ocasiones ciento, ponién­
dola como un guiñapo a la faz de España, he ahí una clave,
acaso la principal, que os dará la explicación de muchas
campañas anónimas, de numerosas intrigas canallescas, de
no pocos silencios estudiados alrededor de la figura procer,
de la labor gigantesca de Cejador.
Con ella, integrada por sesenta y seis volúmenes, henchi-
.dos de ciencia, penetrados de un arte mágico, seguirá él,
mal que les pese a sus viles enemigos, ganando victorias aun
después de muerto, como el Cid; que la obra cejadoriana,
hasta la 'inédita que asombrará por su cantidad y por su
calidad tanto como la ya publicada, sobrevivirá a estas
generaciones emponzoñadas por la pasión, quedará como
algo definitivamente selecto.
Y Tierra y Alma española se citará siempre por los eru­
ditos como algo . insnperado-' e insuperable, como lo más
completo, lo más acertado, lo más patriótico que se haya
escrito de esta vieja España, de sus glorias, de sus costum­
bres, de su psicología, de sus leyendas, de todos sus relieves
magníficos.
Comprendiéndolo así los Centros de Instrucción estado­
unidenses, adoptaron ese libro para texto en los cursos de
español.

4S
Siempre los de fuera han de darnos a los de casa ejem­
plos de sano .patriotismo.
Nosotros nos dirigimos respetuosamente al Gobierno de
Su Majestad, al ministro de Instrucción pública, en demanda
ferviente de que, a despecho de pasiones, declaren oficialmen­
te libro del niño español, libro de las escuelas españolas al
del inmenso aragonés que encimó sobre todaá las cosas su
amor candente a España.
Aunque tardío, sería ese un homenaje de justicia.
Y a la vez, reparación del yérro lamentable de un tri­
bunal.
Y un bien incalculable para las generaciones que apuntan.
La formación de concienzudos, de arrebatados patriotas
no debe serle indiferente al Poder Central.
Ningún libro como ese para destruir aquella verdad amar­
guísima del vate valenciano :
“ Si os habla mal de España, es español.”
(Severo Juez de España, “ La Patria” , Madrid, n de
abril de 1927.)
BIBLIOGRAFÍA
DE

TIERRA Y ALMA ESPAÑOLA

Además de los aquí referidos, consúltense:


" A B C ”,1. Madrid, 3 de abril de 1935.— Tierrá 3) Alma es­
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Español”), Habana, 12 de mayo de 1925),— La España reli­
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de 1925).— Homenaje a Cejador (Burlington, New Jersey
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“ M álaga” , Revista ilustrada, mayo de 1925.— Tierra y Alma
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Alma española.

OBRAS DE DON JULIO CEJADOR Y FRAUCA


DE.VENTA EN LAS PRINCIPALES LIBRERIAS
---------- DE MADRID Y DE AMÉRICA ----------

G R A M Á T IC A G RIEG A , según el sistema histórico compa­


rado, Barcelona, 1900. Pesetas 25.
E L Q U IJO T E Y L A L E N G U A C A S T E L L A N A , Ma­
drid, 1905. (Agotada.)
L A L E N G U A DE C E R V A N T E S . Gramática y Diccionario
de la Lengua castellana en el “ Ingenioso Hidalgo Don
Quijote de la Mancha” , Madrid, 1905-1906. Tomo I: Gra­
mática. Pesetas 15.— Tomo I I : Diccionario y Comentarios.
Pesetas 25.
C A B O S S U E L T O S . Literatura y lingüistica, Madrid, 1907.
Pesetas 5.
N U E V O M É TO D O T E Ó R IC O -P R A C T IC O P A R A
A P R E N D E R L A L E N G U A L A T IN A . Cuatro tomos,
Palencia, 1907; a.a edición, Madrid, 1926. Pesetas 6 cada
tomo.

48
E L L E N G U A JE , lá tomos, a 12 pesetas c&da ufto: Tomo I :
I n t r o d u c c i ó n a l a C i e n c i a d e l L e n g u a j e ,, Salamanca,
1901; segunda edición, Palencia, 1911.— Tomo I I : Los G é r ­
m e n e s d e l L e n g u a j e .— Estudio físico, fisiológico y psico­
lógico de las voces del lenguajecomo base para la inves­
tigación de sus orígenes, Bilbao, 1902, (Agotado).— T o­
mo I I I : E m b r i o g e n i a d e l L e n g u a j e .— Su estructura y
formación primitivas, sacadas del estudio comparativo de
los elementos demostrativos do las lenguas, Madrid, 1904.—
Tomos IV al X I I : T e s o r o m l a L e n g u a C a s t e l l a n a ,
origen y vida del Lenguaje, lo que dicen las palabras.—
Tomo I V : A, E , I, O, U, Madrid, 1908.— Tomo V : R,
Madrid, 1908.— Tomo V I: N, Ñ, Madrid, 1909. — T o­
mo V I I : L , Madrid, 1910. — Tomo V I I I : S i l b a n t e s
( i ,® parte), Madrid, 1912.— Tomo IX : S i l b a n t e s (2.a par­
te), Madrid, 1912.— Tomo X : S i l b a n t e s (3.a parte), Ma­
drid, 1912.— Tomo X I: S i l b a n t e s (4 .11 parte), Madrid,
1913.— Tomo X II: L a b i a l e s , B, P ( i .° parte), Madrid,
1914.
ORO Y O R O PEL, novela, Madrid, 1911. Pesetas 3.
P A S A V O L A N T E S , colección de artículos, Madrid, igi2.
Pesetas 3.
M IR A N D O A L O Y O L A , novela, Madrid, 1913. Pesetas 3,50.
A R C IP R E S T E D E H IT A , edición, prólogo y comentario,
dos tomos, Madrid, 1913.
F E R N A N D O D E ROJAS, La Celestina, edición, prólogo
y comentario, dos tomos, Madrid, 1913.
M A T E O A L E M Á N , Gusnián de Alfarache, edición y pró­
logo, dos tomos, Madrid, 1913.
L O R E N Z O G R A CIÁ N , E l Criticón,. edición y prólogo, dos
tomos, Madrid, 1913-1914.
LO S SU FIJO S IN D O -E U R O P E O S -T U r T A ,-T I, Madrid,
1914. Pesetas 5.
E L L A Z A R IL L O D E TO R M E S, edición, prólogo y comen­
tario, Madrid, 1914.
¡D E L A T IE R R A !.,,, colección de artículos, Madrid, 1914.
Pesetas ^
T R A Z A S D E L AM OR, novela, Madrid, 1914. (Agotada.)
E P ÍT O M E D E L IT E R A T U R A L A T IN A , Madrid, 1914;
2.* edición, Ibidem, 1923. Pesetas 2.

49
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Q U E V E D O , Los Sueños, edición, prólogo y comentario, dos
tomos, Madrid, 1916-1917.
H IS T O R IA D E L A L E N G U A Y L IT E R A T U R A C A S ­
T E L L A N A , 14 tomos, a 13 pesetas cada uno: Tomo I:
desde sus orígenes hasta Carlos V, Madrid, 1915? 2-tt edi­
ción, completamente refundida y aumentada (2 vols.), Ma­
drid, 1927.— Tomo II: época de Carlos V, Madrid, 1915;
2.“ edición, Ibidem, 1928.— Tomo III: época de Felipe II,
Madrid, 1915.— Tomo I V : época de Felipe III, Madrid,
1916.— Tomo V : época de Felipe I V y Carlos II, Madrid,
1916.— Tomo V I : época del siglo X V I I I : 1701-1829, Ma­
drid, 1917,— Tomo V I I I : época realista, 1.“ parte, antes
de la revolución, 1850-1869, 'Madrid, 1918.— Tomo I X : épo­
ca realista, 2.a parte, después de la revolución, 1870-1877,
Madrid, 1918,— Tomo X : época regional y modernista,
1888-1907, i.a parte, Madrid, 1919.— Tomo X I: época re­
gional y modernista, 1888-1907, 2.a parte, Madrid, 1919.—
Tomo X II: época regional y modernista, 1888-1907, 3.a. par­
te, Madrid, 1920.— Tomo X III; época contemporánea,
1908-1920, i .a parte, Madrid, 1920.— Tomo X I V : época
contemporánea, 1908-1920. Fin y Apéndices. Diálogos del
euskera y origen del castellano, Madrid, 1922.
E L C A N T A R DE M IO CID Y L A E P O P E Y A C A S T E ­
L L A N A , estudio crítico, New York-París, 1920, Pese­
tas 25.
L A V E R D A D E R A P O E S ÍA C A S T E L L A N A , Floresta
de la antigua lírica popular, recogida y estudiada, tomos
I, II, III y IV .— Tomo V : Historia crítica de la antigua
lírica popular, Madrid, 1921-1924. Pesetas ó el tomo,
F R A S E O L O G ÍA O E S T IL IS T IC A C A S T E L L A N A , Ma­
drid, 1921-25, cuatro tomos. Pesetas 15 el tomo.
T IE R R A Y A L M A E S P A Ñ O L A , Madrid, 1925. Pese­
tas 8 ,
L A C O M E D IA “ E L C O N D E N A D O P O R D E S C O N F IA ­
D O ” (crítica), New York-París, 1923. Pesetas 5.
E L M A D R IG A L D E C E T IN A (crítica), New York-París,
1923. Pesetas 2.
D IC C IO N A R IO E TIM O L Ó G IC O L A T IN O -C A S T E L L A ­
NO, Madrid, 1936. Pesetas 15,
So
OBRAS POSTUMAS

A L F A B E T O E IN S C R IP C IO N E S IB ÉR IC A S. — I b é r i ­
c a , I, Barcelona, 1926· Pesetas 20.

R E C U E R D O S D E M I V ID A , autobiografía. (Prólogo de
Ramón Pérez de Ayala), Madrid, 1927. Pesetas 6,
ORIGEN D E L LE N G U A JE Y E T IM O L O G ÍA C A S T E ­
L L A N A , Madrid, 1927. Pesetas 15.
C IN T A R A Z O S , artículos postumos, Madrid, 1927, tres to­
mos, Pesetas 1,50 el toma

EN PRENSA

T O P O N IM IA H IS P Á N IC A , hasta los romanos inclusive,


para cotejarla con la bascongada y completar la obra de
Humboldt ‘*Los primeros habitantes de España".
REFRAN ERO CASTELLAN O.
G R A M Á T IC A GRIEGA, según el sistema histórico com­
parado; 2.a edición,
A L F A B E T O E IN S C R IP C IO N E S IB ÉR IC AS. — I b é ­
r i c a , II.

PR Ó X IAA S A PUBLICARSE
V O C A B U L A R IO M E D IO E V A L C A S T E L L A N O .
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V O C E S Q U E P ID E N CO RRECCIÓ N EN N U E ST R O
D IC C IO N A R IO .
E T IM O L O G IA C A S T E L L A N A ,
L A V E R D A D E R A P O E S ÍA C A S T E L L A N A , tomos VI,
V II, V III y IX.
C R ÍT IC A (varios tomos de...)
E P IS T O L A R IO .