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Universidad Alberto Hurtado

Facultad de Filosofía y Humanidades


Departamento de Lengua y Literatura

El discurso confesional, bajo la mirada del diario de vida como


ficción literaria, en las obras de Eduardo Barrios:
El hermano asno y El niño que enloqueció de amor.

Tesis para optar al grado de Magíster en Literatura Latinoamericana.

Por:
Sandra Flores Galarce
Profesor guía: Hugo Bello Maldonado

Santiago, Chile
-2018-
1
Dedicatoria:

A mis hijos, los motores de mi vida, por saber entender las muchas veces
que no pude estar con ellos.
A mi amado esposo, por su apoyo incondicional, pese a todas las
adversidades de nos puso por delante la vida.
A mis padres, por estar siempre.

2
ÍNDICE
Compendio 4
Resumen 5
Introducción 6

Capítulo I : Marco Teórico 12


Capítulo II : Eduardo Barrios y el contexto de producción 35
literaria de sus obras

Capítulo III : Descripción del discurso confesional en:


El hermano asno y El niño que enloqueció de amor 43

1- Descripción del discurso confesional en El hermano asno

a) Finalidad de la escritura del diario de vida 43


b) Elementos confesionarios dados a conocer en el diario 53
c) Reconocimiento de la culpa y forma de expiación de ésta 68

2- Descripción del discurso confesional en El niño que enloqueció de amor

a) Finalidad de la escritura del diario de vida 75


b) Elementos confesionarios dados a conocer en el diario 79
c) Reconocimiento de la culpa y forma de expiación de ésta 88

3- Descripción comparativa entre el discurso confesional de los textos:


El hermano asno y El niño que enloqueció de amor 93
a) Evolución del discurso confesional de cada personaje 94
b) Elementos que causan la diferencia en la evolución de
cada discurso 99
c) Proceso de expiación de la culpa y expiación de ésta. 102

Conclusión 108

Referencias Bibliográficas 116

3
Compendio
Este trabajo muestra cómo por medio de la ficción del diario de vida es

posible dar a conocer el mundo íntimo de los personajes, representando el

proceso de confesión y conversión que se lleva a cabo en el interior de ellos.

El énfasis está puesto en la acción de escritura y lectura que ejecutan los

protagonistas, como una manera de describir, analizar y reflexionar sobre las

acciones realizadas, a modo de intentar mejorarlas en un futuro. Dicha

acción, dependerá de la capacidad que tenga cada personaje de manejar la

información, vertida en su diario, para su beneficio.

Conceptos claves: Discurso ficcional, discurso confesional, diario de vida,

confesión, conversión, culpa, deseo, placer, pasión, amor, amor a Dios.

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RESUMEN

La ficción del diario de vida como forma de representar el mundo


íntimo de un personaje que está pasando por una etapa de confusión en su
vida, es una forma narrativa (en general) utilizada no con mucha frecuencia
por los escritores, pero muy recurrente en el estilo narrativo de Eduardo
Barrios. Esto se podría deber a la emergencia de una modernidad subjetiva,
en donde la atención ya no se centraría en el ambiente en el que se mueven
los personajes, sino más bien en el mundo interior de estos, ampliándose un
abanico de posibilidades narrativas.

Bajo esta nueva perspectiva, Barrios aborda de dos formas muy distintas el
tema del amor imposible en sus obras: El niño que enloqueció de amor y El
hermano asno. Así da a conocer al lector cómo se ejecuta el proceso de
confesión y conversión en los protagonistas, quienes, por medio de la
escritura y lectura del diario de vida, muestran su mundo interior, graficando
el método en el que se lleva a cabo el proceso mencionado. Éste va a
depender del uso, que cada uno de sus protagonistas, le dé a la información
plasmada en el diario de vida, por lo mismo los finales, a pesar de que cada
uno de ellos ejecuta el mismo proceso, van a ser muy distintos, producto de
los múltiples factores que influyen en su diario vivir, entre ellos se
encuentran: la edad, la experiencia de vida y el entorno social.

Por último, cabe destacar que esta forma narrativa permite, junto con integrar
al lector como una especie de testigo de lo ocurrido en la intimidad de los
personajes, generar variados finales en la historia, siendo el factor sorpresa
de suma importancia, puesto que le permite al lector elaborar, del mismo
modo, múltiples interpretaciones para ésta.

5
INTRODUCCIÓN

La comunicación, según la RAE es una “acción o efecto de

comunicar”, es decir, “hacer que una persona participe de lo que se tiene”.

Si nos ponemos a analizar con detención el verdadero significado de

comunicar, concordaremos con lo señalado por Bakhtín, en que, es un

proceso sumamente complejo que se desarrolla en la mente del ser humano

y, por cierto, muy complicado de concretizar y objetivar. No basta sólo con

entender que hay un emisor que entrega una información y un receptor que

la recibe, sino que, esta entrega de información requiere de una serie de

procesos mentales que ambos involucrados deben ejecutar de manera

simultánea. (245-90)

Esto es: el emisor piensa, ordena y da a conocer su enunciado, el cual debe

estar dentro de un contexto, en el que el receptor está incluido; por su parte

el receptor escucha, procesa y genera una respuesta relacionada con el

mensaje que acaba de recibir. Al generar esta respuesta, debe darla a

conocer llevando a cabo otros procesos mentales que le permitan ordenar y

entregar la información de vuelta, transformándose en el nuevo emisor. De

esta forma los entes involucrados en una comunicación ejecutan un papel

rotativo, en donde los papeles de emisor y receptor se van intercambiando.

Por otra parte, cuando se emite un enunciado (además de estar inserto en un

contexto), éste lleva implícito tres actos, según lo señalado por Austin: el acto

de decir, la intención de decir y el efecto de decir.(65-67) “En realidad,


6
cualquier comunicado semejante siempre va dirigido a alguien, está

provocado por algo, tiene alguna finalidad, es decir, viene a ser un eslabón

real en la cadena de la comunicación discursiva dentro de alguna esfera

determinada de la realidad cotidiana del hombre.”(Bakhtín 270)

Lo que significa, además, que la comunicación no solamente involucra

enunciados, sino que estos deben tener un sentido y una intensión, la cual

está marcada por “mi palabra”, lo que implica una expresividad del “mundo

individual del hablante”.(253)

Cuando se genera una comunicación más estrecha entre los hablantes, en

donde ellos intercambian enunciados que involucran hechos y sentimientos

personales, se habla de un discurso íntimo:

El discurso íntimo está compenetrado de una profunda confianza hacia el

destinatario, hacia su consentimiento, hacia la delicadeza y la buena

intención de su comprensión de respuesta. En esta atmosfera de profunda

confianza, el hablante abre sus profundidades internas. (Bakhtín 284)

Dentro del carácter íntimo de un enunciado comunicativo,

encontramos el discurso confesional. Este tipo de discurso, para Llevadot se

origina cuando el hablante, envuelto por una culpa que lo atormenta, siente

que su vida se hace insoportable. (62) Entonces, la única opción que le

queda al ser humano para expiar su culpa es por medio de la confesión y la

aplicación de un castigo o penitencia.

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En el ámbito literario, (en cuanto al discurso ficcional) es posible representar

el discurso confesional de varias formas, entre ellas está la ficción del diario

de vida.

El diario de vida, como técnica narrativa, no es utilizada con mucha

frecuencia. Esto se debe a que dicha técnica requiere de varios elementos

que le permitan al lector entender las circunstancias por las que el personaje

está pasando. Entre ellos, está el tono íntimo y la constancia en el tiempo

que permita armar una historia a través de él. Ésta, según lo planteado por

Moreno no debe ser presentada de manera muy artificiosa, de modo que sea

creíble: “El diario literario no excluye la confidencia ni la verdad profunda;

más bien entiende que el lenguaje escrito y el estilo son herramientas

necesarias para expresarlas, entablando uno de los diálogos más

asombrosos…”(77)

Por las características nombradas anteriormente, es que son pocos

los autores que se atreven a usar esta técnica como forma de narración.

Eduardo Barrios, es uno de los pocos escritores chilenos que se ha atrevido

a incursionar en esta forma narrativa en sus novelas El niño que enloqueció

de amor (1915) y El hermano asno (1922). Ambas han sido catalogadas

como grandes obras de arte, no sólo por su trama sino más bien por la forma

en que están escritas (ficción del diario de vida), esto permite acercar el

personaje al lector de una manera íntima, haciéndolo partícipe del tono

8
confesionario en el que los protagonistas dan a conocer sus secretos más

ocultos.

De acuerdo, a lo expuesto sobre el discurso confesional, es que cabe

preguntarse:

¿De qué manera, la técnica de la ficción del diario de vida, utilizada por

Eduardo Barrios en las obras El niño que enloqueció de amor y El hermano

asno permite representar el proceso de confesión y todos los elementos

literarios que este tipo de discurso involucra?

Hipotéticamente, mediante la ficción del diario de vida, es posible establecer

un discurso íntimo que le permitirá a los protagonistas activar mecanismos

de develamiento de su mundo interior (pensamientos, sentimientos, miedos,

etc.), facilitándole el proceso de confesión y los aspectos involucrados.

Entonces, el objetivo de la presente investigación será: Establecer de qué

manera, la técnica de ficción narrativa del diario de vida en las obras: El

hermano asno y El niño que enloqueció de amor, permite representar el

proceso de confesión y conversión, que facilitará a ambos personajes

identificar y aceptar su culpa para purgarla.

Para esto se desarrollarán cuatro objetivos específicos:

1- Indagar y describir la finalidad que cada personaje le asigna a la

escritura de su diario de vida.

2- Interpretar los elementos de carácter confesionarios que cada


protagonista incorpora en su diario de vida.

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3- Indagar y describir en los aspectos del diario vivir que atormentan a los
personajes emisores de la confesión.

4- Determinar de qué manera cada personaje ejecuta o no el proceso de


purgar su culpa, con la finalidad de redescubrir el sentido de su vida.

Una vez desarrollados los objetivos presentados se realizará una

comparación para determinar la diferencia existente entre los discursos

empleados por ambos personajes y de qué manera esto influye en el

desarrollo del acto confesionario.

El presente trabajo constará de tres capítulos fundamentales:

Capítulo N° 1: Marco Teórico del análisis:

En este primer capítulo se abordará los siguientes conceptos claves:

Discurso ficcional, discurso confesional, confesión, diario de vida,

sentimientos íntimos, culpa, deseo, amor imposible, amor a Dios.

Capítulo N° 2: Contexto literario de las obras:

En este capítulo se hablará sobre Eduardo Barrios, el contexto literario en el

que se desarrollan sus obras y su estilo narrativo.

Capítulo N° 3: Descripción de las obras:

1- Se hará una descripción de ambas obras por separado considerando los

siguientes aspectos:

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La finalidad de la escritura del diario de vida; Elementos confesionarios

dados a conocer en el diario de vida; Reconocimiento de la culpa y forma

expiación de ésta.

Este capítulo tendrá tres sub-capítulos:

1. Descripción de El hermano asno.

2. Descripción de El niño que enloqueció de amor.

3. Descripción comparativa de ambas obras respecto al

discurso confesional utilizado en cada una de ellas.

Finalmente, teniendo en consideración lo descrito, se darán a conocer las

conclusiones del trabajo.

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CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO

Conceptos claves: Discurso ficcional, discurso confesional, diario de vida,


confesión, culpa, deseo, placer, pasión, amor, amor a Dios, conversión.

“Serie de las palabras y frases empleadas para manifestar lo que se

piensa o se siente”, de esta manera la RAE define Discurso, lo que significa

que la forma en que los seres humanos tienen de comunicarse, entre otras

maneras, es a través del discurso, sea este oral o escrito. En este sentido se

le podría considerar como un elemento que forma parte esencial del ser

humano. Es por esta razón que socialmente manifestar un discurso es algo

totalmente normado, puesto que no se puede decir directamente lo que se

piensa, ni se puede decir lo que sea en cualquier lugar, así lo afirma

Foucault. Esto sucede porque en el fondo el discurso es algo que se debe

restringir y educar, esto significa que dependiendo del contexto en que nos

encontremos, es cómo nos debemos comportar y hablar.

¿Qué es, después de todo, un sistema de enseñanza, sino una


ritualización del habla; Sino una cualificación y una fijación de las funciones
para los sujetos que hablan; Sino la constitución de un grupo doctrinal
cuando menos difuso; sino una distribución y una adecuación del discurso
con sus poderes y saberes? (Foucault, El orden del discurso 28)

Por otra parte, el discurso representa un medio, que nos permite conseguir

cosas, y en este sentido Foucault señala que está asociado directamente con

el poder y el deseo (6) .


12
Esto significa que el manejar un discurso adecuado y preciso en la situación

que lo amerite, hace posible tener poder por sobre los otros, pues éste nos

permite manipular la conducta de un individuo y llevar a cabo la intención con

la que se desarrolló el discurso. Un discurso bien ejecutado puede tener

consecuencias, las cuales van a depender de la intención que tenga el

hablante, puesto que todo discurso involucra una acción, una intención y una

consecuencia, tal como lo señala Austin (65-67).

Teniendo en claro que todo discurso genera un efecto, ya sea positivo o

negativo, habría que agregar que una persona es considerada socialmente, y

por lo mismo se estima válida o nula su palabra, dependiendo de la forma en

que emplea su discurso. Así por ejemplo, Foucault señala que antiguamente

(y por qué no decirlo, aún en la actualidad) el discurso de una persona cuyas

facultades mentales están perturbadas, no es considerado válido. (Foucault,

El orden del 6) Del mismo modo, se podría decir que, en una sociedad

machista, la palabra de una mujer, tampoco es considerada lícita.

Recordemos que la mujer a través de los tiempos ha tenido que luchar para

que su discurso sea considerado, esto se refleja claramente en cómo ésta,

hasta hace algunos años, no tenía derecho a votar.

La sociedad educa el discurso, pone reglas y nos enseña cómo emplearlo y

en qué situaciones, ya que: “Se sabe que no se tiene derecho a decirlo todo,

que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera,

en fin, no se puede hablar cualquier cosa” (Foucault, El orden del 5) Por

otra parte, un discurso escrito se puede prestar para varias interpretaciones,


13
puesto que tiene la desventaja de ser atemporal, al darse a conocer en un

tiempo distinto del que fue manifestado, por lo cual el emisor y el receptor no

tienen un contacto directo, el único nexo entre ellos es el escrito, el cual sólo

manifiesta lo que está impreso en él, no existiendo la posibilidad de ejecutar

un diálogo entre el emisor y receptor que permita aclarar dudas. Cuando el

receptor lee un escrito, interpreta lo que lee, por esta razón, un escrito puede

tener tantas interpretaciones como lectores hay. Esta es una de las

principales características del Discurso Ficcional, entendiendo, según lo

señalado por Martínez, como aquel discurso cuyo novelista crea para un

lector, el cual acepta este mundo creado como una ficción, se produce de

esta forma una especie de pacto en donde el lector acepta la ficción

entregada por el autor como algo no real, pero verosímil (70-71).

El autor, cuando crea su mundo ficticio, emite así mismo un discurso ficticio,

esto significa que relata algo que no es real, en este sentido el autor finge

ejecutar un discurso, el que no es entregado al lector por él mismo, sino más

bien por un narrador imaginario, por esto el autor no ejecuta directamente el

acto de hablar, sólo lo imagina:

Claro está que puede decirse con propiedad idiomática que el discurso
ficticio imaginado por el autor es suyo, pues lo ha imaginado él por primera
vez, lo ha creado. Pero es suyo como objeto imaginario que es modelo de
otros tales, no como acto de hablar. Para ser suyo como acto de hablar, el
discurso novelístico tendría que ser real, tendría que ser sostenido
realmente, y eso – aquí concordamos con Searle no es posible: nadie en su
sano juicio puede sostener realmente tal discurso (Martínez 75)

14
Entonces nos encontramos con un autor que imagina un discurso, para que

un lector pueda reimaginarlo, es por esta razón que un texto literario pueda

tener varias interpretaciones, las cuales están sujetas a las personas y a las

ideologías de cada época, según lo señalado por Foucault: “Una sola obra

literaria puede dar lugar simultáneamente, a tipos de discursos diferentes”

(Foucault, El orden del 15)

Si como lectores sabemos que aquello que se nos da a conocer es algo

ficticio ¿Por qué aceptamos tal ficción? Esto es porque para Todorov, no es

lo que se cuenta lo que interesa, sino más bien el modo en que el narrador

nos da a conocer tal ficción (163). En este sentido la forma en cómo se

presenta el discurso ficcional es de suma importancia, ya que es la manera

que tiene el autor de atraer y encantar a su lector. Nos encontraremos que el

tiempo en el relato es pluridimensional, ya que varios sucesos se pueden

llevar a cabo al mismo tiempo, es el narrador, como ser ficticio creado por el

autor, quien deberá ordenar los sucesos y darlos a conocer de la manera que

él considere más relevante y significativa. En este sentido, Reisz señalará

que el narrador se va a constituir como un ser ficcional, a través de su propio

discurso (109).

Por otra parte, según Umberto Eco, así como el autor cuando crea su obra la

crea con un narrador ficticio que está implícito en ella, también relata para un

lector ficticio, es decir el autor dirige su obra a un lector modelo, que es aquel

por quien escribe y a quien va dirigida, ya que será el único capaz de

entender su obra y darle la interpretación adecuada (80) .


15
Un autor puede encontrar muchas formas de contar una historia, pero como

se dijo anteriormente, éste al contar lo hace con una intensión, quiere

entregar algo al lector. Para lograr esto debe ser capaz de ordenar y mostrar

los acontecimientos de tal manera que el lector sea capaz de captar el

mensaje que se quiere entregar. Es por esto que, como señala Eco, cada

autor crea su propio lector modelo.

Existen muchos modos de estructurar un relato ficticio, para lo cual el

narrador es de suma importancia, ya que es él quien le da la perspectiva al

relato. Como dice Roland Barthes, el relato es entregado por el autor, quien

es un ser con nombre y apellido que escribe una novela, siendo “la expresión

de un yo exterior a ella”. (26) Por su parte el narrador es un ser ficticio que

puede ocupar tres posturas dentro de un relato: la de un Dios que todo lo ve

y sabe, la de un personaje que cuenta su historia o la de otro personaje, y la

de un ser que observa y se limita a relatar sólo lo que ve sin participar de los

hechos. A esto agrega que el único ser real viene siendo el autor, ya que

tanto los personajes como el narrador son seres “de papel”, por lo que el

autor no debe confundirse con el narrador, aunque muchas veces dentro de

la ficción literaria pareciera que el autor es el mismo narrador que cuenta su

historia.

Como ya se mencionó, dentro de las posturas que puede adoptar el narrador

dentro de la ficción, está la de un personaje que cuenta su propia historia,

utilizando una narración en primera persona. Ahora un suceso se puede

relatar en primera persona adoptando varias formas ficcionales, como lo son:


16
autobiografías, cartas, diario de vida, memorias, bitácoras, etc. Todas estas

formas narrativas denominadas Géneros del Yo, tienen la particularidad de

generar un ambiente íntimo entre el narrador y el lector, ya que se trata de un

personaje que cuenta alguna parte de su vida, involucrando inevitablemente,

sentimientos directos de aquello vivido. Cabe destacar que estos Géneros

del Yo, si bien tienen un origen real, es decir una persona real decide escribir

un diario, una autobiografía, etc. para luego hacerla pública, también estas

técnicas se pueden utilizar como parte de la ficción literaria, es decir, por

ejemplo: relatar la historia de un personaje con la forma de un diario de vida,

una bitácora, cartas. etc.

La forma del diario de vida como ficción literaria requiere de varios elementos

que le permitan al lector entender las circunstancias por las que el personaje

está pasando. Entre ellos, está el tono íntimo y la constancia en el tiempo

que faculten armar una historia a través de él. Ésta, según lo planteado por

Moreno, no debe ser presentada de manera muy artificiosa, de modo que

sea creíble: “El diario literario no excluye la confidencia ni la verdad profunda;

más bien entiende que el lenguaje escrito y el estilo son herramientas

necesarias para expresarlas, entablando uno de los diálogos más

asombrosos…” (77)

¿Qué es un diario de vida? Es un escrito que una persona realiza en forma

periódica en donde va registrando algunos episodios de su vida,

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pensamientos y sentimientos respecto a las situaciones que enfrenta

diariamente. Éste es de carácter confesional debido a que surge por la

necesidad de compartir las intimidades, cuando no se cuenta con alguien de

confianza para hacerlo. Como señala Antonio Moreno: “… todos necesitamos

a alguien que sea testigo de nuestras vidas, de aquello que decimos, aquello

que hacemos o dejamos de hacer.” (75) Este tipo de narración es de

carácter tan íntimo que, si la persona dice en público aquello que escribió en

su diario, sería catalogada de absurda según lo que señala Moreno.

Esta intimidad significa que en él se vuelcan todos aquellos pensamientos y

sentimientos que fluyen desde el interior de la persona y que produce pudor

hacerlas públicas. En otras palabras, como señalaría el autor: “La expresión

de aquello situado en nuestros más profundos adentros viene de muy lejos y

de un modo u otro siempre ha estado en la cultura, porque la intimidad no es

una invención literaria, sino una realidad inherente al ser humano.”(79)

La principal diferencia entre una narración autobiográfica y un diario de vida

de acuerdo a lo que plantea Wachowska, es que la primera puede relatar

toda la vida de un individuo, en cambio el diario está referido a un particular

episodio de la vida de quien escribe, que generalmente lo hace como una

manera de confesión. Se logra así lo que San Agustín (citado por la autora)

denomina “conversión”, esto implica que la vida de la persona sufre una

transformación, valorándose la vida de otra manera (181).

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Entonces el diario de vida requiere principalmente de una continuidad en el

tiempo, en él un yo registra lo que reconoce haber vivido. Al respecto Bonet

señala que un diario de vida se escribe en un momento crítico de la vida de

un individuo, ya que su finalidad es explorar el yo a modo de conocimiento

personal, en este sentido es de tipo terapéutico, ya que ayuda a la persona a

conocerse, analizar la situación por la que pasa para poder solucionar el

problema en el que está inserto: “No lo escribo para inflar mi ego, sino para

explorar y profundizar en mi verdadero yo con la esperanza de encontrar

sentido a mi vida”.(28)

El hecho de registrar día a día, ayuda al autoconocimiento, ya que en el

fondo la persona ejecuta un diálogo consigo mismo.

Para Prat, el hecho de buscar el yo a través de la escritura es una práctica

que los antiguos filósofos consideraban esencial para dar sentido a su vida y

estar bien consigo (104-05), ya que estando bien consigo, podrán ocuparse

de los otros, señala Foucault en su texto La hermenéutica del sujeto, citando

a Platón. Para los filósofos el cuidar de sí es fundamental, por lo que debe

ser una forma de vida. Relacionándose con uno mismo es posible encontrar

la verdad.

La escritura es, por lo tanto, un elemento de ejercicio, con la ventaja de tener


dos usos posibles y simultáneos. El uso, en cierto modo, para sí mismo,
puesto que, en el mero hecho de escribir, precisamente, asimilamos la cosa
misma que pensamos. La ayudamos a implantarse en el alma, la ayudamos
a implantarse en el cuerpo, a convertirse en una especie de hábito … De
modo que el ejercicio que consistía en leer, escribir, releer lo escrito y las

19
notas tomadas, constituía un ejercicio casi físico de asimilación de la verdad
y el logos que se poseían. (Foucault, La hermenéutica del sujeto 342)

La escritura del yo busca entonces dar un sentido a la vida, y para esto es

necesario ejecutar una búsqueda interior. Llevando a cabo el ejercicio de

escribir y leer lo escrito, es posible encontrar el yo y así mismo la verdad

interior, según los antiguos filósofos.

Ahora cabe preguntarse ¿quién necesita ejecutar una búsqueda interior?,

simplemente aquel ser humano que padece de alguna dolencia espiritual o

es portador de algo que lo atormenta, pues en la actualidad, aquel que se

siente bien consigo mismo no necesita buscarse.

Por otra parte, el bien y el mal son conceptos que han estado

presentes siempre en la historia del ser humano. Estos pueden tener distinta

significación dependiendo del área en que se apliquen, pero si los

contextualizamos dentro de la conducta humana, y sobre todo dentro de la

ética cristiana, nos vamos a encontrar que: lo bueno, son todas aquellas

conductas que se orientan hacia ayudar y hacer feliz al otro, así lo señala

Heydaepoor (21) . Por el contrario, se entenderá por malo, todas aquellas

acciones que se encaminen a hacer daño o provocar sufrimiento al otro. En

este sentido, según el autor citado: “la moralidad le muestra a la gente cómo

erradicar las malas cualidades que poseen y cómo promover las buenas”

(19)

20
De acuerdo a lo anterior el cometer acciones inmorales o dicho de manera

más simple, cuando se llevan a cabo conductas incorrectas, se produce lo

que se denomina arrepentimiento, el cual va a desembocar en la culpa. Ésta

produce un estado de inquietud y sufrimiento permanente: “La vida se ha

hecho imposible. Se siente una insatisfacción, una ausencia, un déficit de la

realidad que al hombre se le hace insoportable aun estando aparentemente

en ella” (LLevadot 62) La única opción entonces que le queda al ser humano

para expiar su culpa es por medio de la confesión y la aplicación de un

castigo o penitencia. Siendo este sistema mediante el cual opera la religión

cristiana, para aliviar al que sufre de sus culpas: la confesión y la penitencia.

La Confesión como género literario, lleva implícita una forma de narrar tan

íntima, que permite que el lector entienda la situación por la que el confesado

está pasando y empatice con él, ya que, en el fondo él está siendo testigo y

más que eso, receptor directo de aquello que se confiesa, generando la

ilusión de que se está solo con el protagonista en el acto confesionario.

La confesión, para Chacel (ctd en Wachowska 182) no consiste en revivir

sucesos pasados, sino más bien relatar lo que ocurre en el presente y que

generalmente le produce algún tormento o molestia espiritual. Es por esto

que señala la autora, la confesión como género no se hace necesaria cuando

la persona está en paz consigo misma.

La confesión trae consigo un redescubrimiento del confesor, hay un

reconocimiento de una culpa, la cual debe ser expiada, para que se pueda

21
llevar a cabo una reconversión que le permite al ser humano descubrir el

camino de la identidad, así lo señala Valera-Villegas.

Este autor agrega además que:

La interioridad del hombre tiene un centro, el corazón, y es precisamente


desde él de donde brota la confesión de un esfuerzo de recuperación de
una nueva ventana para el amor. Así ella comienza “por un movimiento de
salida, por una laceración, con un acto casi de desesperación, pero es por
un motivo de esperanza, porque se tiene la certeza de un interlocutor que
recoge el relato, dándole sentido. (6)

Esto significa que el hecho de confesar algo, sea cual sea el medio, produce

siempre esa sensación de alivio, al saber que alguien nos escucha y nos

comprende. Y es precisamente aquí donde el diario de vida puede cumplir

esa función, ya que asume el papel del interlocutor que escucha, cuando la

persona no cuenta con nadie que lo oiga. Por otra parte, Zambrano señala

que el ser humano busca la confesión cuando siente que su vida ha perdido

equilibrio, la única forma de recuperar ese equilibrio es por medio el acto de

salir de sí para encontrarse con uno mismo, la confesión. (Zambrano 37)

Lo esencial aquí no es confesar una culpa, sino más bien, sacar a la luz

aquello que atormenta, para poder recuperar la calma perdida (46) .

En relación a la culpa, LLevadot señala que por medio de la confesión

la persona puede darse cuenta de su realidad, lo que lo llevará a asumir su

culpa con humildad: “La confesión es una acción, acción que se ejecuta por

desesperación, asunción de una culpa… y extrema humildad”. (66)

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Entonces reconocer la culpa, permite darse cuenta del problema vivido, lo

que facilitará el proceso de “conversión” y la transformación de la vida.

El dolor y sufrimiento que se siente cuando algo no va bien en la vida

de una persona, se produce por el sentimiento de culpa, la persona siente o

se da cuenta de que hizo algo incorrecto y eso lo inunda de dolor e inquietud

espiritual. La culpa así debe ser expiada de alguna forma y el primer paso

para esto es la confesión.

El discurso es el medio por el cual la confesión se lleva a cabo, por esta

razón, Valera-Villegas señala que es acto y relato:

Acto humano que obra por voluntad libre y consciente de lo que se va a


realizar o se realiza. Y por cuanto conlleva un despliegue escénico e
involucra un acto de humildad y contrición. Y relato, porque es una narración
que un individuo hace de su propia vida ante alguien, con el objeto de
explicarla, justificarla ante el otro. (2)

El discurso confesional, nace por la necesidad de dar a conocer aquello que

atormenta y no deja vivir en paz consigo mismo, al respecto Zambrano

señala: “La confesión surge de ciertas situaciones. Porque hay situaciones

en que la vida ha llegado al extremo de confusión y desesperación.”(32) A

esto Maillard agrega que la confesión se manifiesta como “una forma de

respuesta vital en un momento de crisis, cuando se tambalea el suelo de

23
creencias en el que el hombre se asienta y, sobre todo, cuando hay

enemistad entre razón y vida.”(167-68)

La principal característica del discurso confesional es su carácter íntimo, en

donde este ser atormentado, busca por medio de ésta un alivio y expiación.

Para Llevadot, es un “método de transformación de la vida por la

rememoración del vivir.”(66)

La Autora habla de la expresión a través del corazón, quien trata de

imponerse por sobre la conciencia y la razón (62) por lo cual este tipo de

discurso está cargado de sentimientos reprimidos por la razón, que

atormentan al divagar, desesperados por salir a la luz. Estos sentimientos de

culpas, como se dijo anteriormente, son generados por una conducta

considerada inmoral para quien la padece.

El amor ha sido definido de varias formas, dependiendo del punto de

vista del cual se mire así, por ejemplo: Sánchez, lo define como un

sentimiento, para Fromm es un arte y para el cristianismo es una virtud,

según Heydarpoor.

El amor como sentimiento, posee un espectro en donde se encuentran

contenidos una gran variedad de manifestaciones ya sean positivas o

negativas. El amor puede producir tanto alegría, como tristeza; puede ser

considerado como una bendición o una maldición; puede ser visto como algo

moral o inmoral. En resumen, dependiendo de la perspectiva de la cual se


24
aborde el tema y se viva, será considerado como algo bueno o malo por la

sociedad y para la persona.

Sánchez plantea que hay una postura optimista y otra pesimista del amor: la

optimista aspira al amor como felicidad; en cambio la pesimista manifiesta

que el amor trae implícito el sufrimiento (392) . Ejemplo claro de esto es el

amor imposible, el cual sumerge al amante en el vacío, la desesperanza y la

ansiedad.

Al respecto, a continuación de abordará los aspectos optimistas y pesimistas

del amor, haciendo hincapié en los pesimistas, ya que son aquellos los que

dan origen al discurso confesional.

1- Visión optimista el amor:

Para los cristianos el origen del amor está en Dios, éste es amor puro, por lo

cual todo lo que emana de él también lo es Heydarpoor afirma que el amor

que se debe manifestar a Dios es ilimitado, este amor “puede intensificarse

hasta tal grado que ocupe todo el corazón del amante de manera que él ya

no piense en sí mismo o en nada que no sea Dios” (51) Por lo cual los

humanos son capaces de amarlo de manera explícita y consciente. Por otra

parte, Fromm explica que Dios es el valor más deseable para cada persona,

entonces éste va a significar para cada uno, según el valor que le asigne

(67).

25
El amor para los cristianos es una prioridad, puesto que éste debe estar por

sobre el resto de las cosas, Johnston (ctd en Heydarpoor 34) señala que el

amor es superior a cualquier don, por lo que no tiene limitaciones, todo lo

cree, todo lo soporta y todo lo supera. En este sentido el amor para los

cristianos viene siendo la base de su ética, todo se genera en base al amor.

Al respecto Sellés señala que el amor divino requiere de correspondencia,

por lo cual debe amarse a las personas y no a las cosas, porque éstas no

nos devolverán amor (88) . Esta correspondencia debe estar dirigida a Dios,

puesto que el alma debe buscar lo divino para unirse en su esencia con Dios

y en este sentido, Rougemont señala que el amor a Dios es un amor feliz:

“Si el alma puede unirse esencialmente a Dios, el amor del alma a Dios es un

amor feliz.” (161) Por el contrario, cuando el alma no puede unirse a Dios, se

produce un “amor recíproco desgraciado”, expresándose en un lenguaje

pasional, el cual lo aleja de Dios (161) .

Sánchez destaca una visión positiva y negativa del amor. La positiva,

relaciona el amor con la felicidad, puesto que genera una serie de

situaciones que conllevan a la realización personal; por el contrario, la visión

negativa se asocia “al vacío, ansiedad y desesperanza se colorea de

obsesión, temor, tristeza descontrol, enojo-agresión, abandono y gula por el

sexo” (400)

Pese a los aspectos positivos que destaca la autora, nos encontraremos que

en la literatura a través de los tiempos se han destacado mucho más los

26
aspectos negativos del amor. Si revisamos la visión del amor que los

distintos escritores han manejado en sus obras, nos encontraremos con una

serie de personajes que sufren a causa de él. Así mismo las historias

trágicas de amor, llaman mucho más la atención del lector, que las historias

con finales felices.

Experimentar dolor y sufrimiento a causa del amor es algo totalmente normal

en la historia de la literatura para el autor Rougemont (52-3) . Por medio de

un estudio de los grandes amores literarios ha llegado a la conclusión de que

los más destacados son aquellos que han sido marcados por la tragedia.

Tenemos el caso, entre otros de: El romance de Tristán e Isolda, Romeo y

Julieta, Cumbres Borrascosas, etc. Para este autor esto ocurre, porque para

el hombre occidental el dolor amoroso lo conduce al conocimiento: “Así el

amor más consciente o simplemente el amor más intenso en secreto se

desea el obstáculo. A falta de él, se lo crea, se lo imagina.” (53). En este

sentido lo único que emociona de la felicidad de los amantes es la “desgracia

que los acecha” (54). La tendencia a preferir los amores trágicos,

Kierkegaard la explica señalando que la pasión que produce el sufrimiento de

no tener al ser amado, hace surgir la poesía: “sin pasión no hay poeta” (27).

2- Aspectos negativos del amor:

El amor se vuelve algo negativo cuando genera sufrimiento. Esto se origina,

según Fromm, porque la mayoría de las personas no se concentran en amar,

27
sino más bien en ser amados. Se produce de esta forma el mayor problema

que genera sufrimiento en la persona, cómo lograr ser amado por el otro

(13).

Si bien, bajo la perspectiva de Freud (ctd. en Vargas 96) aunque el amor

comúnmente se relaciona con la unión sexual, también se le asocia al amor a

sí mismo, filial, a los hijos, amistad y amor a la humanidad. Es el primero el

que ocasiona mayormente problemas, sobre todo de tipo social, puesto que

en primera instancia la familia se ve afectada por el amor, al separar a sus

integrantes, porque cada uno de los hijos buscará, por medio del amor,

formar su propia familia. Por otra parte, la cultura limita lo sexual al tener que

llevarse a cabo por medio de una serie de normas, llenándola de odio y

hostilidad. En algunas culturas, sobre todo en la occidental, la sexualidad es

considerada como algo negativo, por asociarse a lo pecaminoso. Al respecto

Foucault señala, que desde el siglo XVII las sociedades burguesas

comienzan a reprimir lo sexual, como una forma de control desde ese

momento el sexo sólo debía ser practicado bajo el matrimonio y sólo con

fines reproductivos. (Foucault, La voluntad del 12-13) Así toda relación

sexual que se llevara a cabo fuera de estas normas era considerada como

pecaminosa. De esta forma todo aquello que se relacionara con el sexo es

considerado un tema tabú.

La extensión de la confesión y la confesión de la carne, no deja de crecer.


Porque la Contrarreforma se dedica en todos los países católicos a
acelerar el ritmo de la confesión anual. Porque intenta imponer reglas
meticulosas de examen de sí mismo. Pero sobre todo porque otorga cada
28
vez más importancia en la penitencia – a expresas, quizás, de algunos otros
pecados – a todas las insinuaciones de la carne: pensamientos, deseos,
imaginaciones voluptuosas, delectaciones, movimientos conjuros del alma y
del cuerpo, todo ello debe entrar en adelante y en detalle, en el juego de la
confesión y de la dirección. Según la nueva pastoral, el sexo ya no debe ser
nombrado sin prudencia…”(Foucault, La voluntad del 27)

Lógicamente, al relacionarse el sexo con el pecado, todo amor que conlleve

a lo sexual, ya sea de manera concreta o imaginaria, va a ser considerado

algo negativo, lo que va a producir sufrimiento en él o los amantes.

Entonces bajo la premisa de que el amor carnal es pecado, hay tres

elementos, originados por este tipo de amor, que conducen al sufrimiento: la

pasión, el deseo y el placer.

a) La pasión:

Tweedie (ctd. en Sánchez) define pasión del siguiente modo: “… la pasión se

refiere a la licencia para complacer las propias necesidades y fantasías, un

sustento para nuestras debilidades y un accesorio para nuestro tambaleante

ego.”(391)

La pasión provoca una especie de desequilibrio emocional en la persona, por

esta razón los filósofos griegos veían al amor como una enfermedad

(Rougemont 61), debido a que el amor generalmente se acompaña de la

pasión y ésta a su vez genera una serie de cambios en la conducta del

29
individuo que no lo dejan pensar ni actuar correctamente, ya que la pasión

conduce a conductas carentes de razón: “Pasión significa sufrimiento” (16)

La pasión generada por el amor imposible y no correspondido, es aquel que

más sufrimiento produce, ya que es “aunado con vacío, ansiedad o

desesperanza”.(Sánchez 392)

“Ese amor imposible dejaba en el corazón de los hombres una quemadura

inolvidable, un ardor verdaderamente devorador, una sed que sólo la muerte

podía extinguir…” (Rougemont 175)

Yela (ctd. en Sánchez 175) señala que la pasión tiene dos matices: La

pasión erótica (relacionada con el deseo sexual) y la pasión romántica

(relacionada con el deseo y necesidades psicológicas del ser amado), sin

embargo, señala que ambas se caracterizan por su intensidad, desorden

emocional y carencia de control.

b) El deseo:

¿Qué se desea? Se desea aquello que no se tiene, y esto produce dolor, “Lo

terrible del deseo es la insatisfacción dolorosa que precede a su

cumplimiento.” (García 271) Sobre todo, agrega el autor, porque el ser

humano tiene la tendencia de desear siempre lo que no se tiene.

El amor genera deseo por dos razones: La primera es por la necesidad que

siente el amante de unirse completamente con su ser amado, cosa que es

imposible que ocurra, este hecho lo hace desearlo constantemente: “el

amante nunca alcanza la sensación de poseer al amado, de unirse a él

30
completamente, de formar un solo ser.” (García 273) La segunda es, para

Marcel Proust (ctd. en García 272), que cuando se ama, no se ama a un ser

real sino a un producto de nuestra imaginación y fantasías, ya que el amor

genera una especie de ceguera que no deja ver la realidad y en ese sentido,

también se desea lo que no se tiene, es más lo que no existe, ya que el ser

amado existe sólo en nuestra mente y no en la realidad, existe la tendencia

de idealizar el amor, a esto Levinas (ctd. en García 273) agregará que éste

distorsiona el conocimiento del otro.

Para el filósofo griego Epicuro, el deseo es malo porque conduce al dolor.

Para él el fin último del hombre es alcanzar la felicidad, todo aquello que

conduzca a la felicidad es bueno, por el contrario, aquello que produzca dolor

será considerado malo. El deseo en sí conduce al dolor, ya que la persona

sufre al no tener lo que quiere, por lo cual se debe evitar el deseo, para no

sufrir. (Copleston 398-406)

c) El placer:

Para Epicuro, “el placer el principio y el fin de una vida feliz” (Epicuro, Obras

61). Sin embargo, hay que distinguir el placer que conduce a la felicidad de

aquellos que conducen al dolor. Los placeres momentáneos son aquellos

que desembocan en el dolor.” Cada placer por su propia naturaleza, es un

bien, pero no hay que elegirlos todos. De modo similar, todo dolor es un mal,

pero no siempre hay que rehuir al dolor … algunas veces el bien se torna

en mal y otras veces el mal en bien”. (62)

31
Esto significa que muchas veces un dolor momentáneo puede conducir al

placer, como así mismo un placer momentáneo desemboca en dolor. Es por

esta razón que se debe buscar aquellos placeres que produzcan felicidad

permanente y no aquellos que, tras una felicidad momentánea, conduzca al

dolor.

En el caso del amor, cuando se busca conseguir placer sexual, éste va a

desembocar en un dolor debido a que, como se dijo anteriormente, todo lo

relacionado con la sexualidad y el sexo es considerado algo negativo, por lo

cual los amantes no pueden evitar sentir culpa y dolor, después de desear o

llevar a cabo una relación sexual.

En este sentido, de acuerdo a lo que señala Epicuro, (Copleston 398-406) el

sexo sería considerado un placer momentáneo, puesto que, en las

sociedades en donde el sexo es tabú, este acto generaría un gran

sentimiento de culpa que los llevaría a experimentar dolor.

Se podría decir que cuando la pasión, el deseo y el placer están orientados

hacia el otro como un ser amado, en pos de conseguir que este ser logre

amarnos, se experimenta una serie de sentimientos que conllevan al

sufrimiento y a la realización de pensamientos y conductas desequilibradas,

que se consideran inmoral para la sociedad, generando sentimientos de

culpa y la necesidad de confesar esos sentimientos, para expiar aquella

culpa y recuperar el equilibrio emocional.

32
Entonces, a modo de recapitulación, diremos que: el discurso que

manejamos dentro de la sociedad es algo que está normado. Al mismo

tiempo el discurso lleva implícito siempre un deseo y una intención. Por otra

parte, el discurso que se manifiesta de manera escrita es siempre atemporal,

puesto que tanto el emisor como el receptor se encuentran en tiempos

distintos al momento de ejecutarse el fenómeno comunicativo. Es por esta

razón que un texto puede tener muchas interpretaciones, siendo esta la

principal característica del discurso ficcional.

En este tipo de discurso, el autor finge la ejecución de un discurso. Aquí lo

importante no es el contenido de lo que cuenta, sino más bien la forma en

que lo cuenta. En este sentido existen varias formas de cómo contar, una de

ellas es la narración en primera persona. Dentro de este tipo de narración

está la ficción del diario de vida, en donde el personaje plasma sus vivencias

respecto de algo que lo aqueja, en un tono íntimo. Es precisamente esta

intimidad, la que hace que la escritura del diario de vida se exprese con

forma de un discurso confesional.

Según Zambrano (32), la confesión se lleva a cabo cuando un individuo se

siente atormentado por algo y necesita sacar a la luz aquello, para poder

encontrar el equilibrio perdido.

Dentro de aquellos elementos que pueden hacer que un ser pierda el

equilibrio de su vida está el amor. Este sentimiento es capaz de producir

tanto felicidad como sufrimiento. Así podemos distinguir tres elementos,

producto del amor, que pueden causar sufrimiento en una persona o

33
personaje (si nos referimos a una la ficción literaria): la pasión, el deseo y el

placer.

Es relevante destacar que para la presente investigación, los conceptos de

pasión, deseo y placer, son de suma importancia, debido a que son

precisamente ellos los que provocan en los protagonistas (del corpus que se

trabajará) el desequilibrio mencionado por Zambrano, siendo, de esta forma,

los impulsores del desarrollo del discurso confesional que se manifiesta en

sus respectivos diarios de vida.

El discurso confesional, utilizado por los protagonistas en su diario de vida,

es el que será descrito en los capítulos siguientes, a modo de dilucidar la

tesis planteada respecto de cómo la ficción del diario de vida facilita el

proceso de confesión, que le permitirá a los protagonistas explorar su yo,

para salir de sí y encontrar el equilibrio perdido.

34
CAPÍTULO II

Eduardo Barrios y el contexto de producción literaria de sus obras.

Si bien en el transcurso de la historia de la literatura se ha recurrido a la

clasificación y encasillamiento de los escritores y sus obras dentro de un

periodo literario, hay quienes afirman que esto es un mero proceso de

ordenamiento del arte, puesto que no todas las obras junto con sus

escritores suelen encasillarse dentro de las características que prevalecen en

una época, así lo señala Gutiérrez:

“El hecho literario se resiste con frecuencia a ser etiquetado o encerrado en

corsés, pero en muchos casos es la única forma de delimitar su cambiante y

dinámica realidad.” (12) Por lo mismo resulta muchas veces limitante

inscribir a un autor dentro de un periodo determinado, puesto que, como se

dijo anteriormente, no todos ellos comparten las mismas características,

siempre hay quienes se escapan de ellas, siendo muchas veces precursores

de estilos posteriores.

Este es precisamente el caso del escritor chileno Eduardo Barrios, quien

pese a ser clasificado como un autor Mundonovista, se podría decir que solo

cabe en este encasillamiento por la época en que se desarrolló como

escritor, puesto que su estilo no se ajusta con exactitud a este movimiento

literario.

35
El Mundonovismo, de acuerdo con lo que plantea Francisco Contreras

(término acuñado por él mismo) “trata sencillamente de crear el arte del

Mundo Nuevo, quiero decir, de la tierra joven y del porvenir.” (102) Por su

parte, Goic señala que el término obedece a un cambio de orientación del

modernismo, que encuentra su eje en la expresión del soneto de Enrique

González Martínez: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”,

utilizada por Torres-Rioseco en 1945 (33) .

Barrios intentó seguir, en un principio, este estilo Mundonovista, pero poco a

poco lo fue dejando de lado para adentrarse en: los aspectos psicológicos de

los personajes, el realismo de la vida humana y el romanticismo, en el sentido

de reflejar a sus personajes como seres “idealistas y vencidos por la vida”

(Eduardo Barrios, Torres-Rioseco 43)

Según Orlandi y Alejandro Ramírez, el tipo de personaje desarrollado por

Barrios, hace que la generación del 50, vea en él un precursor de la novela

psicológica.

Al realismo objetivo, a menudo descarnado, con que nuestros escritores


enfocan la vida humana, Barrios contrapone una visión analítica, de raíces
sumergidas en lo más íntimo del espíritu. [ …] Su pluma cala hondo en los
fenómenos anímicos. Sabe penetrar con acierto en los matices más sutiles
de la psiquis. Se inclina, tal vez, por razones temperamentales, hacia las
personalidades complejas, parasicópatas […] Son héroes que anteponen a
la acción la meditación, el pesimismo a la esperanza. (82)

36
Por esta razón es que el autor, poco a poco comienza a destacarse por su

estilo íntimo, siendo considerado por Guillermo Blanco como el “novelista del

hombre interior”.(712)

Volviendo al tema de la periodización literaria, se podría decir que Eduardo

Barrios, aún perteneciendo al Periodo Mundonovista, presenta

características de periodos anteriores y se antepone a otros futuros. ¿Cómo

se podría explicar técnicamente este hecho?

De acuerdo a lo planteado por Pollmann, el Mundonovismo junto con el

Naturalismo y el Modernismo, son épocas consideradas de transición,

provenientes del romanticismo y realismo (12) . Por otra parte, Francisco

Gutiérrez señala que tanto el romanticismo como el realismo no son

exclusivos de su época, sino que sus características se extienden más allá

de ella (37) . Al respecto Jean Franco señala que: “Ni el mismo modernismo

llegó a evolucionar hasta adquirir un estilo reconocible. Más bien hubo un

cierto número de impulsos paralelos que obedecían a corrientes diversas de

influencia y preferencias subjetivas.”(164) Sería por esta razón, que

escritores posteriores, aún contendrían algunas características realistas o

románticas, Eduardo Barrios se encuentra entre algunos de ellos.

Entonces, siendo un “novelista del hombre interior”, Barrios comienza a

desarrollar dentro de sus obras un discurso ficcional íntimo, en donde sus

personajes dan a conocer su mundo interior. Para lograr este efecto, el autor

constantemente busca nuevas formas, tal como lo señala Guillermo Blanco:

37
“La crítica y el público le abrieron, casi desde un comienzo, una puerta franca
por la que habría sido cómodo entrar, y quedarse. Pero él nunca se quedó.
Con una maravillosa y clara conciencia de su oficio, se dedicó a la búsqueda.
Permanente, fervorosamente. Y tuvo, más que muchos, la inmensa
satisfacción del hallazgo.” (720)

Dentro de aquella búsqueda mencionada por Blanco, está la ficción del diario

de vida.

En varias de sus obras, Barrios, utiliza este modo de narración, para acercar

al lector al personaje y darle a conocer el mundo interior que lo gobierna. Un

ejemplo de lo anterior es el caso de las novelas: El niño que enloqueció de

amor y El hermano asno.

Si nos apegamos a lo que Eco señala respecto al lector modelo al que cada

autor dirige sus obras (80) podríamos decir que Barrios busca un lector

sensible, que sea capaz de comprender y empatizar con sus personajes.

Para él, la mejor manera de lograr esto, es por medio de la técnica del diario

de vida, pues, a través de ésta el autor puede ficcionar de tal modo su

discurso, que creará la ilusión de que el personaje se está dirigiendo

directamente al lector en un tono confesional, aunque, en realidad lo que el

personaje está haciendo es conversando con él mismo. En este aspecto Eco

coincide con lo señalado por Bonet: el diario de vida no se escribe para

aumentar el ego personal, sino más bien para indagar de tal forma en el Yo,

que permita encontrar un sentido a la vida, pues según el autor, el diario de

vida facultaría el diálogo consigo mismo para propiciar un autoconocimiento

38
(28) . Este autoconocimiento haría que los personajes reconocieran aquello

que los aqueja.

Tanto en El niño que enloqueció de amor, como en El hermano asno,

Eduardo Barrios aplica la técnica ficcional del diario de vida. En ambas

obras, él intenta reflejar el mundo interior de sus protagonistas a modo de

hacer partícipe al lector de la situación que los atormenta. Según lo plateado

por Zambrano, el ser humano cuando siente que algo lo aqueja en su

presente y no lo deja continuar, necesita salir de sí, por medio del acto

confesionario, para ser capaz de ese modo, de encontrarse a sí mismo y

volver a retornar completo a su ser.

Precisamente cuando el hombre ha sido demasiado humillado, cuando se


ha cerrado en el rencor, cuando sólo siente sobre sí «el peso de la
existencia», necesita entonces que su propia vida se revele. Y para
lograrlo, ejecuta el doble movimiento propio de la confesión: el de la huida
de sí, y el de buscar algo que le sostenga y aclare. (32)

Por medio de la escritura del diario de vida, ambos personajes tratan de

hacer este ejercicio que propone Zambrano, el salir de sí para encontrarse.

El hecho de registrar aquellas situaciones que los atormentan y luego realizar

la práctica de leer lo escrito, les permitirá ver desde fuera (salir de sí) todo

aquello que les ocurre, analizando aquellas conductas que acarrean dolor,

para tratar de corregirlas. Solo de este modo será posible restablecer el

equilibrio perdido.

39
A pesar de que Zambrano plantea que por medio de una confesión será

posible salir de sí y encontrar el equilibrio, la autora señala además, que

muchas veces basta sólo con hacer visible o sacar a la luz lo que atormenta,

no siendo necesario confesarse con otro ser (46-47) .

En este sentido el diario de vida cumpliría con esta función al permitir al

personaje sacar afuera su tormento, (por medio de la escritura) para poder

comprenderlo a través de su lectura.

Barrios, en las obras nombradas, maneja una serie de técnicas, en su prosa,

que permiten reflejar correctamente el sentir de ambos personajes,

graficando cómo el proceso de la escritura y lectura del diario pueden llegar o

no a facilitar el procedimiento de conversión. El hecho de plasmar los

sentimientos y acontecimientos que producen tormento en ellos, los puede

llevar a reconocer la culpa que los atormenta y facilitar la confesión real, es

decir, ser capaz de contarle lo sucedido a alguien que no sea él mismo,

alguien externo a él, que le permita experimentar la paz de ser comprendido

por otro, según lo que plantea Valera-Villegas (6) .

Si bien hay muchos autores, entre ellos Vicente Bonet, que defienden

la escritura de un diario de vida como el método que un individuo puede

adoptar, para su autoconocimiento, en un momento crítico de su vida, que le

permitirá tener una visión más clara de lo vivido, y así poder solucionar algún

problema que lo aqueja (22-23) . Este tipo de escrito puede ser utilizado

también, como una forma de narración ficcional, que permitirá a un narrador,

40
dar a conocer los sentimientos que invaden a un personaje, en un periodo

complicado de su vida. En este sentido, el diario de vida, como técnica

ficcional, es posible utilizarla como una forma de discurso que un narrador

puede adoptar para acercar al lector a la historia que pretende dar a conocer.

Tal como lo señala Todorov, lo importante aquí no es en definitiva lo que se

cuenta, sino, cómo se cuenta (163) . Y en este sentido el narrador debe ser

capaz de estructurarse a través de su propio discurso ficcional, así lo afirma

Reiz (109) .

En suma, habiendo discutido diversas finalidades de la técnica del diario de

vida como forma de narración en primera persona, debe quedar en claro que

esta técnica de narración implica contar lo sucedido al protagonista, pero de

una manera íntima, que involucra develar sentimientos y pensamientos

ocultos en su ser y que no es capaz de sacar a la luz, razón por la cual solo

se atreve a escribirlos, para posteriormente ser leídos por él mismo.

Sin duda, lo anterior nos invita a develar entonces: ¿Qué sentimientos tan

íntimos, son aquellos que un narrador protagonista plasma en un diario de

vida, porque no se atreve a confesarlos a otra persona?

Para intentar dar respuesta a esta interrogante, es que a continuación se

hará una descripción del discurso confesional utilizado en dos obras del autor

Eduardo Barrios, cuya técnica narrativa es la ficción del diario de vida: El

hermano asno y El niño que enloqueció de amor.

41
La finalidad de esta descripción será extraer aquellos elementos íntimos

plasmados en el diario de vida y conocer así de qué manera, este hecho

influye y modifica la conducta del personaje, respecto al problema que lo

aqueja.

Posteriormente se realizará una comparación del discurso empleado en

ambas obras, identificando los elementos comunes de éste y aquellos, que lo

diferencian.

En la realización de dicha descripción se tomarán en cuenta tres tipos de

aspectos fundamentales que inspiran la ejecución del discurso confesional

utilizado:

1- La finalidad de la escritura del diario

2- Elementos confesionarios dados a conocer en el diario.

3- Reconocimiento de la culpa y forma de expiación de ésta.

42
CAPÍTULO III

Descripción del discurso confesional en:


El hermano asno y El niño que enloqueció de amor.

1- Descripción del discurso confesional en: El hermano asno

En El hermano asno, nos encontramos con un narrador, que es el propio

protagonista, Fray Lázaro, quien aquejado por su duda frente a la vida

religiosa que decidió llevar, guiado por una desilusión amorosa, decide

comenzar a registrar todo aquello que lo aqueja, en una especie de diario, a

quien él denomina su carpeta con escritos. El hecho de ir registrando

periódicamente todos sus pensamientos, sentimientos y hechos vividos le

permitirá al personaje el autoconocimiento, que le conducirá finalmente a

definirse, ya sea como un hombre de Dios o del mundo.

A continuación, se analizarán los aspectos del discurso que el narrador

protagonista utiliza en su diario, el cual permitirá, al personaje, tal como lo

señala Prat, buscar su yo por medio de la escritura, facultándolo para dar un

sentido a su vida (190).

a) La finalidad de la escritura del diario de vida:

Para José-Vicente Bonet, un diario de vida se comienza a escribir cuando un

individuo se encuentra en un momento crítico de su vida (22) a modo de

ejecutar una terapia de autoconocimiento que le permitirá visualizar y

43
solucionar el problema que lo aqueja. En este sentido no se escribe con una

finalidad egocéntrica, sino más bien para darle un sentido a la vida, por

medio de la exploración interna del Yo.

De este modo el personaje de Fray Lázaro, Mario en su vida mundana,

aquejado por remordimientos y dudas frente a la vida religiosa que decidió

llevar, y con la finalidad de encontrar una respuesta que le permita ser un

mejor religioso, decide registrar en una especie de carpeta, sus vivencias

diarias.

“Nada como tomar plena conciencia de lo que nos sucede, para


defendernos contra el impulso. No permitiré ya que el corazón se me suba
solapadamente al cerebro y lo desarme. Ordenando los hechos,
escribiéndolos, distinguiré los valores. Ya noté algo al revisar mis últimas
páginas.” (Barrios, El hermano asno 118)

Fray Lázaro se siente invadido por la duda, pues si bien hace siete años que

ingresó al convento, aún se siente atrapado por la vida mundana. Él

reconoce haber vivido demasiado, y sobre todo haber amado mucho a una

mujer, Gracia, asunto que aún no puede superar y que le impide sentirse un

buen fraile. En su condición de religioso, no debiera a esas alturas tener

dudas, es más, debiera sólo dedicar sus pensamientos a Dios, cosa que se

le hace cada vez más imposible.

“Indudablemente no soy un buen franciscano. Y empiezo a temer que


nunca lo sea. Tarde vine acaso a esta santa morada. El mundo, las gentes,
aquel descalabro… ¡sobre todo aquel descalabro!... asentaron en mí
excesiva experiencia; y no puedo ser simple como un buen fraile menor
debe ser” (13)

44
El personaje, siente que el hecho de haber experimentado en exceso la vida

mundana, en cierto sentido lo contaminó, impidiéndole llegar a concretar

adecuadamente la vida religiosa como debe ser y eso lo hace dudar, incluso

de su fe. Sin embargo, se siente atrapado, ya que en la vida mundana vivió

el desencanto y el sufrimiento que ésta trae consigo, por lo cual cree estar en

un callejón sin salida. Por un lado, a causa de su vida mundana pasada, no

podrá nunca llegar a concretar una vida religiosa adecuada y por otro, no

será capaz de volver al mundo que lo desencantó, pues en cierto sentido

tiene temor de volver a sufrir.

“¿Debería, Señor, colgar este sayal?


Pero… ¿cómo, si conozco el desencanto hastiado a que conducen todos los
caminos del mundo? Para el hombre que mucho vivió, Señor, toda senda se
repite, y de antemano cansa.
¿Y a dónde ir entonces, si tan rendido estoy? “(11)

El hecho de ser demasiado pasional empaña su espiritualidad y lo atormenta.

Por esto siente que su vida mundana anterior aún lo invade y no lo deja

continuar:

” ¡Ah, Señor, soy un pasional! Siempre lo sentí cuando mundano. Y ahora en


este ambiente de reposo y elevación, en lugar de exaltar y dirigir mi fuerza
de corazón hacia esa feliz subconsciencia donde se realizan los contactos
místicos con Dios, me veo a punto de resbalar en pasioncillas feas.” (63)

La duda que invade a Fray Lázaro, que en el fondo está dada por el recuerdo

de un amor frustrado, se acentúa más todavía, cuando aparece en su vida la

hermana menor de aquel viejo amor, María Mercedes. Este personaje


45
representa el pasado mundano, que se vuelve a hacer presente en Fray

Lázaro, reviviendo una vez más a Mario (su nombre antes de ser fraile). Se

agiganta de esta manera las dudas que lo invaden, más aún, porque María

Mercedes le deja entre ver su interés constante por él.

“¡Oh! ¿Cómo decirle que su rostro vive dentro de mí, imborrable,


martirizador, eternizado? Porque es idéntica. Si yo no atendía casi a lo que
me hablaba; tal emoción me pareció el parecido asombroso.” (71)

En el fondo Mario, aquel hombre mundano, dejado de lado y enterrado,

vuelve a tomar posesión del cuerpo del Fraile, enfrascándolo desde ese

momento, en una constante lucha por ver quién de los dos es más fuerte y

sobrevive: el hombre religioso, Fray Lázaro o el ser mundano, Mario.

María Mercedes, se convierte entonces en una especie de balsa que podría

llevar al personaje de vuelta a su vida mundana, en manos de la felicidad del

amor, alejándolo definitivamente de la vida religiosa y espiritual que tanto

aspira alcanzar.

Frente a semejante disyuntiva, el personaje de Fray Lázaro, decide apoyarse

en la escritura de su diario de vida, para poder ordenar sus pensamientos y

sentimientos, que le facilite actuar de la manera más correcta posible,

situación que le permitirá abordar el problema y darle una solución. En estos

escritos periódicos él intenta establecer la causa de su estado emocional,

para poder entender las razones que lo aquejan. Tal como lo señala

Foucault, los antiguos filósofos adoptaban esta técnica para poder, dar

sentido a la vida y estar bien consigo, y esta es la única forma de poder

46
ocuparse de los otros (Foucault, La hermenéutica del 191) . Situación que es

muy necesaria, sobre todo para un hombre religioso, pues su vida debe girar

en torno al bien del otro.

De esta manera, el hermano Lázaro pone en ejecución lo que señala

Foucault respecto a la adquisición de la verdad por medio del conocimiento

propio, a través del ejercicio de la escritura. (347)

Entonces registrando periódicamente sus sentimientos y hechos vividos, el

personaje podrá en primer lugar, identificar el problema que lo aqueja,

ordenar sus ideas, para luego aclarar y darle solución.

Me vine a mi celda, abrí esta carpeta, ya gruesa de carillas por mi manía de


escribir, y me dispuse a vaciar en una página confiada y alegre mi estado
espiritual. Reúno mis emociones, las reviso, les doy un orden… (Barrios, El
hermano asno 80)

La continua escritura y lectura de aquellos escritos, no sólo le brindará un

orden espiritual, sino que además se transformará en la única vía de escape,

en donde podrá manifestar sus pesares. Esta especie de diario se

transformará en su fiel confesor: “… ahora con el espíritu ya pesado y como

quien se tumba de bruces, vengo a dar con mi pena en este mi único refugio

material: mi carpeta de papeles.”(151)

Entonces el problema principal que aqueja al personaje de Fray Lázaro, es

en primera instancia su duda frente a ser un buen fraile, debido a su pasada

vida mundana marcada por una desilusión amorosa. Sin embargo, esta duda

se acentúa más aún con la aparición de María Mercedes, quien le recuerda a


47
su antiguo amor, que al parecer aún no ha podido olvidar por completo.

Entonces por medio de la escritura y lectura periódica del diario de vida, él

podrá ir aclarando sus sentimientos, situación que le permitirá actuar de

manera correcta y centrada, tal como debiera hacerlo en su condición de

hombre religioso. Esto le permite constantemente controlar sus impulsos

pasionales.

De esta manera logra, por ejemplo, actuar de forma distante frente, en un

principio, a María Mercedes y posteriormente, delante de Gracia.

Demostrando, pese a estar hecho un mar de nervios por dentro, la

indiferencia y calma propia de un fraile. El actuar de esta manera apartará

definitivamente a Gracia de su lado y distanciará a María Mercedes de él:

“…yo dominaré el espectro que ronda para entrometerse en mi presente.

Nada como tomar plena conciencia de lo que nos sucede, para defendernos

contra el impulso.”(118)

El hecho de ir registrando sus acciones y leerlas posteriormente, le permite

manejar sus impulsos, comprendiendo sus acciones erróneas, pasadas, lo

que le permite mejorar sus acciones futuras. Así por ejemplo en un principio

cuando se encuentra con María Mercedes, se da cuenta de que no puede

controlar el impuso de estar junto a ella.

Regreso de mi clase a los novicios en la Recoleta, cuando de improviso,


por la calle del Estado […] Se fijan mis ojos un breve instante en ella y
reconocen el cuello de un abrigo azul marino que ha venido haciéndoseme
familiar […] De un modo violento, irreflexivo, apuro el paso. Como ella me
lleva buena ventaja, sobra espacio para reflexionar […]
48
Sin embargo, seguí andando, a prisa. Me sorprendí este impulso
involuntario, quise corregirlo, pensé aún cambiar de acera. Y bien, fue un
mero pensamiento. Mi cuerpo como desconectado de la voluntad continuó.
[…] tal era mi apuro, que mis piernas se entorpecían por momentos, cual si
las dos en un tiempo pretendiesen avanzar. Y he aquí que, en medio de la
alternativa, me veo a su lado…(119)

El personaje siente que, pese a saber que su conducta es errónea, su cuerpo

impulsivo lo domina y lo hace actuar de forma incorrecta. Como se dijo

anteriormente, el hecho de registrar y luego releer su comportamiento le

permitirá actuar con más cordura en el futuro. Así gracias a esta acción, poco

a poco irá adquiriendo la distancia que le permitirá manejar sus conductas

pasionales, facultándolo a actuar cada vez más como debe hacerlo un

hombre religioso.

El hecho es que me topé con ella de improviso. Más de un sobresalto,


perfectamente dominable, no hubo en mí; el cómodo continente de la
beatitud me mantuvo digno. La saludé fino y hasta natural, pero dentro de la
línea de humildad y sencillez que Nuestro Padre nos impuso.(165)

En la cita se puede observar claramente que su conducta impulsiva, que en

un principio lo dominaba, cuando estaba cerca de María Mercedes, puede

ser dominada adecuadamente y esto se produce gracias al análisis

constante que él hace de su actuar frente a la muchacha: “Veamos,

empecemos a tomar conciencia. ¿Qué ha ocurrido en justicia esta mañana?”

(118)

49
Él está más que consciente de que es un fraile y debe comportarse como tal,

y esto implica actuar racionalmente, dejando atrás todo tipo de acto impulsivo

y pasional, situación que logra dominar poco a poco.

Entonces, por medio de la escritura y lectura de su comportamiento,

sentimientos y pensamientos, Fray Lázaro logra definir y solucionar el

problema que lo queja. Él se siente atraído por María Mercedes, porque le

recuerda a su antiguo amor, Gracia.

A causa de la desilusión amorosa que tiene con ella, el personaje de Mario

decide adoptar la vida religiosa, transformándose en Fray Lázaro. Él ve en

María Mercedes la figura de su antiguo amor, es por eso que comienza a

sentirse atraído por la joven, situación que lo confunde y lo hace dudar

constantemente de la vida que eligió seguir, la religiosa.

El registrar en su diario de vida, le ayudará a definir sus sentimientos y

controlar su esencia pasional, cosa que le permitirá, pasar la verdadera

prueba de fuego, que será cuando se encuentre frente a frente con la

causante de sus dudas, Gracia. Es en ese momento, cuando ya controlado

en sus impulsos, logra darse cuenta que es un fraile, pues puede

comportarse y expresarse como tal, no sintiendo ningún impulso pasional

frente al que creía era aún su amor. Es en ese momento en donde se da

cuenta de su condición de religioso, sintiéndose orgulloso de ello.

La tenía delante, había reconocido sus facciones una a una, su mirada, su


voz, sus palabras predilectas, aun aquella cicatriz de su muñeca, leve y
blanco guioncito al cual tantos recuerdos me guiaban, y no obstante
permanecía inmutable. (219)

50
Hubo un silencio. Yo me había calado ya la máscara de la beatitud
nuevamente.
En cambio, sentí, no sé cómo, algo repentino en ella, una extrañeza… más:
una preocupación, una herida en su amor propio de mujer. Nuestro pasado,
allí, imposible de ocultar, era fijo la causa […] Y fui yo de nuevo el dueño de
la situación […] Noté que la solemnidad de mi afirmación me daba el triunfo:
empezó a juzgarme inofensivo. Sentí además que su amor propio había
recibido una compensación: no importaba que ya nada experimentase yo
frente a ella: el descalabro sufrido por su amor había decidido mi suerte por
el resto de la vida, y era bastante. (220-21)

Es entonces en ese preciso momento en donde Mario se disipa

completamente, dejando a Fray Lázaro continuar su camino. Se da cuenta

entonces de que su destino es y será servir a Dios de la mejor manera

posible, siendo un buen Fraile menor. De esta forma se aclaran también los

sentimientos hacia María Mercedes, que tanto lo confundían, se da cuenta

de que en el fondo lo que sentía por ella no era amor, sino más bien el

anhelo del recuerdo de su hermana. La comienza a ver, entonces, con otros

ojos, con los ojos de un amigo.

Fue un buen rato, una alegría. Y, según creo, por las frases que acerté a
pronunciar sobre la amistad, no sólo se han despejado los días futuros,
sino que le hemos marcado un ritmo sereno, de amistad tranquila e
inalterable. Tengo fe en que nuestro sentimiento perdure dentro de una
pura y fiel amistad. (228)

En el fondo el personaje cae en la cuenta de que el amor que sentía por

Gracia era una mera ilusión, ilusión que se disipa al tenerla frente a frente.

En este sentido se puede aplicar lo señalado por Marcel Proust (ctd. en

51
García 272), que el amor genera una especie de ceguera que no deja ver la

realidad, pues en el fondo lo que uno ama no es al ser real, sino un producto

de nuestra imaginación al tender a idealizar al ser amado. Idealización que

desaparece, como se dijo anteriormente, cuando el personaje se presenta

frente a frente con la imagen de Gracia, la cual a causa de sus conductas, ya

demasiado mundanas para él, se disipa trayendo consigo la imagen

verdadera del personaje, aterrizándolo y bajándolo de la especie de pedestal

en donde la tenía. A esto se suma la capacidad del Fray para dominar sus

impulsos, los cuales ya no representan un problema para él, pues es capaz

de actuar de forma pausada y tranquila, tal como debe hacerlo un fraile.

Cabe destacar que para lograr esta conducta el personaje tuvo que pasar por

todo un proceso que se pudo concretar gracias a la escritura y lectura del

diario de vida, pues solo de esta forma él pudo identificar y corregir aquellas

conductas indeseadas. Y es en este escribir, identificar y corregir en donde

radica la importancia y el aporte de la ficción del diario de vida, pues permite

al lector seguir el proceso que el ´personaje va ejecutando al escribir y leer

sus intimidades. Al mismo tiempo lo va haciendo partícipe de su proceso

confesionario al crearse la sensación de que como lectores, al leer lo que el

personaje va escribiendo, éste nos está contando a nosotros, haciéndonos

su confidente y partícipe de sus emociones.

52
a) Elementos confesionarios dados a conocer en el diario

Solo quienes padecen de alguna dolencia espiritual o algo que lo

atormenta, serán capaces de encontrar su yo interior por medio de la

escritura de acuerdo a lo que afirmaban los antiguos filósofos. En este tipo

de situación es cuando se hace necesaria la confesión, la cual no consiste en

revivir situaciones pasadas, sino más bien relatar una situación presente que

causa angustia o tormento, por lo cual se hace necesario darlo a conocer,

según lo señalado por Chacel (ctd. en Wachowska 182). La confesión, trae

consigo el reconocimiento de una culpa, la cual requiere de una expiación o

conversión, como lo denomina San Agustín, esto quiere decir que la única

forma de purgar aquella culpa es por medio de un castigo, que permitirá la

expiación de ella.

Ahora, no siempre se cuenta con un confesor que ayudará con el proceso de

conversión. Es aquí donde la escritura del diario de vida puede suplir aquella

carencia.

Fray Lázaro, atrapado por un pasado que lo atormenta y le impide concretar

su vida religiosa decide llevar un diario que, en primera instancia, le permitirá

ordenar sus pensamientos y sentimientos, para poder actuar correctamente.

En segunda instancia, el registro diario de lo que le ocurre, le permitirá contar

con un confesor ficticio, su diario, que le ayudará a aclarar el problema que lo

aqueja y la culpa que lo atormenta, la cual terminará por confesar a su

superior.

53
Valera-Villegas señala que la confesión brota desde el corazón, con la

esperanza de que aquello será escuchado por alguien que le dará sentido

(6). El personaje dirige su discurso a los dos seres que lo tienen envuelto en

la situación disyuntiva en la que se encuentra: Dios y Gracia.

Fray Lázaro, toma a Dios como su confesor constante, a este confesor le

manifiesta tres tipos de sentimientos: de culpa, de amor y estado anímico.

- Sentimientos de culpa:

El personaje, le pide insistentemente a Dios que lo ayude y le dé fuerzas.

Esto sucede porque él cree que le está fallando al alejarse de él y dudar

frente al amor de una mujer. Por esto constantemente expresa sentimientos

de culpa por permitir que su fe tambalee.

Sé que os amo, Señor. Sé que os amo porque os reconozco en lo más


interno, oscuro y originario de mí; pero necesito descubriros asimismo en
todas las almas, donde también debéis hallaros. (Barrios, El hermano asno
31)

Pareciera estar seguro de que la vida que eligió es la correcta, pero le

atormenta sentir emociones relacionadas con el amor mundano, que

constantemente le comienza a inspirar María Mercedes.

Me sonrojé. Por primera vez en estos siete años, me ruborizó mi aspecto.


¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué sufrí una impresión de ridículo? Perdóname,
Padre mío San Francisco. Frente a todos sabrá con orgullo, levantar esta
cabeza desfigurada por Amor a la santa humildad. (72)

54
La culpa y las dudas comienzan a aumentar cada vez que la hermana de

Gracia se aparece, sobre todo, porque empieza a sentirse invadido por el

deseo de verla y esto le produce dolor, pues “lo terrible del deseo es la

insatisfacción dolorosa que precede a su cumplimiento” (García 271). Este

deseo doloroso, lo hace sentir y comportarse como un adolescente: la busca

intencionalmente, piensa en ella constantemente, se alegra cuando la ve, la

extraña cuando está lejos de ella, en fin.

Todo aquel popurrí de emociones, una vez solo con sus pensamientos y

bajo la mirada inquisidora de su razón, lo atormentan por considerar que lo

alejan de Dios. Por lo demás siente que mientras más piensa, más duda.

Con respecto a esta situación LLevadot señala que esto ocurre, porque

prevalece la expresión del corazón por sobre la conciencia y la razón (62)

cargándose el discurso de sentimientos reprimidos, que divagan en la mente

desesperados por salir a la luz, atestados de culpa, porque son considerados

inmorales. Así Fray Lázaro se siente culpable, porque aquellas conductas no

son propias de un fraile y porque además lo alejan del amor de Dios.

…solo he conseguido este cansancio, y este caer encharcado en el


desaliento, y el sufrir viendo cómo, al meditar, mi fe vacila y se achica en la
razón [...] Y noto ahora en los momentos en que más quiero ser místico, es
cuando peligra más mi fe. (Barrios, El hermano asno 152)

El percibir que las emociones experimentadas por María Mercedes lo alejan

de Dios, le generan un enorme sufrimiento, produciéndose lo que

Rougemont denomina “amor recíproco desgraciado” el cual se expresa en un

lenguaje pasional que impide que el alma se una a Dios. El amor de Dios es
55
ilimitado y por lo mismo, señala el autor, éste es capaz de ocupar todo el

corazón del amante, haciendo que él ya no piense en nada más que en Dios

(161) . En este sentido el personaje se siente atraído por Dios, piensa

constantemente en él, es más se dirige a él constantemente en sus

pensamientos orales y escritos, pero siente que la pasión por lo mundano

aún lo domina, desequilibrándolo emocionalmente y alejándolo del verdadero

amor.

Pero, Señor, soy muy infantil en mis satisfacciones: cuando recorrí después
la iglesia, mis pasos, delante de los altares, hacían retemblar los
ornamentos y las aureolas metálicas de las imágenes. Debo contenerme,
vivir siempre conteniéndome. (Barrios, El hermano asno 229)

El personaje se siente culpable, de su pasado mundano, que aún lo persigue

y le impide seguir con su vida religiosa, tal como él lo quisiera. Siente que

todo el mundo religioso que él ha construido durante siete años no tiene una

base sólida. Y esto lo refleja claramente en el hecho de que él sienta que sus

pasos son tan pesados y cargados de vida mundana, que hasta los altares y

los santos se estremecen cada vez que él pasa en frente de ellos. Siente que

su andar no es digno de una vida de santidad, teme entonces despedazar su

mundo religioso. En este sentido, cree que debe caminar con sumo cuidado

para no causar daño, conteniéndose hasta en su andar. Su pasión

característica, revelada en su recorrido bruto e intenso frente a los altares,

debe ser reprimida y erradicada de él, para poder entrar en el mundo de

Dios: “Debo contenerme, vivir siempre conteniéndome” (229)

56
- Sentimientos amorosos:

A causa de una desilusión amorosa Mario, decide ingresar al convento y

transformarse en Fray Lázaro. Ha completado siete años de una vida

religiosa, cuando todo este nuevo mundo comienza a derrumbarse, debido a

la presencia de María Mercedes, hermana menor de Gracia, su antiguo

amor. A partir de entonces el personaje comienza a revivir una serie de

sentimientos, que había logrado erradicar de su memoria y alma, trayendo

consigo, nuevamente la figura de Mario, quien, como un fantasma, comienza

a ensombrecer la vida religiosa llevada hasta ese entonces.

Siento un ansia inexplicable de huir, de huir de mí, de esquivar la presencia


de este yo recóndito que diríase que va a acusarme en cuanto nos
encaremos…
¡A acusarme en cuanto nos encaremos!¡Dios mío! ¿Cómo escribí esta frase?
Chispas sorpresivas, de sospecha, relampaguean en mi mente… Debo
coger las disciplinas, debo azotarme. ¡Sí! ¡Hay que matar a Mario!
¡Ampárame, Señor; mi alma se llena de desorden!” (116)

El personaje siente que su pasado lo vuelve a invadir y siente la necesidad

imperiosa de deshacerse de él, pues representa una vida de pecado,

totalmente opuesta a la que vive en la actualidad. Trata de refugiarse en su

nuevo amor, Dios, pidiéndole fervientemente fuerzas para no sucumbir ante

la figura de Mario. Piensa entonces que, mediante el castigo físico,

provocando dolor en su cuerpo, podrá expiar su alma, erradicando de su

mente los malos pensamientos.

57
La postura del castigo físico, tan usada por los religiosos como una forma de

erradicar los malos pensamientos, pueden encontrar su asidero en el

epicureísmo. Esta corriente filosófica mantenía que el ser humano debía

alcanzar la felicidad, erradicando toda aquello que produjera dolor. Sin

embargo, en ocasiones mediante un dolor momentáneo, es posible alcanzar

una felicidad permanente, es decir, por medio del castigo físico, (dolor

momentáneo) será posible limpiar la mente de malos pensamientos, lo que

conducirá a una felicidad permanente, al unir el pensamiento con Dios. Es

por esta razón que Fray Lázaro le pide a Dios que lo guíe y no lo abandone,

para poder seguir su camino y no apartarse de su senda.

Muy confundido, por la presencia de esta mujer, quién le recuerda mucho a

su antiguo amor, comienza a sentirse invadido por una serie de sentimientos

mundanos, sacando a flote al Mario que había logrado enterrar.

Alzo la cara un breve instante, el necesario para fijar la vista sobre una figura
de mujer […] Todo mi ser tembló de súbito. La sangre se me detuvo en las
venas, dejándome flojos los miembros, saltante el corazón, el cerebro
oscurecido. Aquella lanzada cuyo golpe relampaguea para iluminar
repentinamente la memoria del dolor, despertó una vez aún mi tragedia. (70)

Desde ese momento el personaje comienza a revivir nuevamente

sentimientos relacionados con el amor mundano, experimentado una serie

de sensaciones, que vienen de la mano con este tipo de amor, y que había

logrado erradicar de su cuerpo. Batiéndose entre el gusto de sentirlos y la

culpa de hacerlo, comienza una lucha interna en la que Mario y Lázaro son

los principales protagonistas. Mario sale a flote buscando escusas para ver a

58
la muchacha, y estar junto a ella; por otro lado Lázaro, se escusa frente a

Dios pidiendo perdón, y rogando encontrar las fuerzas para salir airoso de la

situación.

Habrá lucha, lo preveo, y muy cruda quizá. Mario representa mi juventud,


aun tan remisa en irse; este Fray Lázaro, mi madurez, mi vejez ya próxima; y
las ramas de un árbol joven, aunque más blandas y sensibles que las de uno
viejo, son más resistentes. Pero Dios sabrá sacarme por completo… (118)

De esta manera el personaje reconoce que aún en su vida queda la sombra

de Mario, pero confía que con la ayuda de Dios podrá salir adelante, aunque

reconoce que no será fácil.

Cada vez que aparece en su vida María Mercedes, resurge con él Mario,

trayendo consigo una serie de sentimientos ya olvidados, así por ejemplo

cuando la ve siente su corazón acelerar; después de haber conversado con

ella se siente con ánimo y contento: “Y hablamos, hablamos… Quedé muy

contento. Toda la tarde me ha movido ánimos de trabajar, de ser útil,

alegremente…” (78)

Se siente enamorado de aquella niña que le recuerda a su antiguo amor, no

hace más que pensar en ella: “La otra tarde, María Mercedes era un destello

rosa en el aire y destellaba fresca su voz infantil […] ¡Oh, todo el azul del

cielo se va tiñendo de rosa!” (93)

En este sentido el personaje experimenta la pasión romántica, pues percibe

un deseo y necesidad psicológica por el ser amado (Sánchez 392), es decir,

piensa en ella constantemente, la extraña y sólo desea estar con ella, pues
59
eso lo pone feliz, llenándolo de motivaciones. Sin embargo, todo aquello

experimentado trae de la mano el desorden emocional: “Pero me faltan

alientos para moverme. El misterio de la tarde ha ido invadiéndome poco

apoco, hasta desvanecer mis pensamientos y mi voluntad…” (Barrios, El

hermano asno 93)

Se siente atrapado en el pensamiento de ese nuevo amor que le extrae su

tranquilidad y lo aleja de su vida espiritual y religiosa. Se siente alejado de

Dios, por lo cual en su culpa tiene la necesidad de retornar a él, de donde

nunca debió alejarse y eso lo atormenta.

“Nos hemos desprendido de Dios, ansiamos volver a entrar en Él; pero ello

no depende ya de nuestro deseo, sino de que la Gracia baje a vendarnos los

ojos nuevamente.” (97)

El amor terrenal, según Rougemont (52), va acompañado siempre de la

pasión, la cual conduce al individuo a actuar de manera irracional, al no dejar

actuar ni pensar de manera adecuada y en este sentido la pasión siempre va

de la mano del sufrimiento, es por esta razón que Fray Lázaro, se ve

envuelto en una lucha constante que termina siempre en sufrimiento, no tan

solo por sentirse atraído por María Mercedes, sino también porque sabe que

esa pasión lo aleja de Dios.

Digo involuntariamente. Claro está. Es mi deseo más firme no volver a


mezclarme con el mundo. Pero al recapacitar sujetando mis impulsos
involuntarios, noto que mi espíritu se había empinado, que se habían
levantado sus brazos, alargándose hacia lo alto, como si por encima de los
muros otros brazos les ofrecieran suspenderlos, y llevarme a… ¿a dónde?...
No sé a dónde…
60
¡Y a dónde me iban a llevar!
Nada. Ansias. Cuando niño tenía yo estas ansias…(Barrios, El hermano
asno 99)

Si bien sabe perfectamente que su lugar está en el convento, guiado por la

pasión y el deseo siente que su espíritu anhela otra cosa. Atravesar los

muros del convento, y llevar la vida mundana que lo arrojó a los brazos de

Dios y que ahora a causa de una mujer, quiere volver a recuperar. Sin

embargo, sabe que, todo esto ya no es posible, que ya no debe pertenecer al

mundo sino sólo a Dios y eso lo atormenta.

Se siente de pronto como un niño enamorado que no puede evitar dejar de

pensar en su amada, y para alejar todo pensamiento ajeno a Dios, decide

someterse al castigo físico: ayuno, azotes, oración, pero ni aun así logra

erradicar completamente el deseo que siente hacia aquella mujer, pues el

mismo recrimina su falta de cordura: “Tres días de ayuno, mortificaciones y

plegarias… ¿para luego caer como una virgen cándida en el primer cepo del

Tentador? […] No, yo no puedo enamorarme ahora.” (117)

Es tanto el sentimiento y la pasión que María Mercedes logra despertar en el

personaje que incluso llega a avergonzarse de su apariencia e imagen de

fraile, apoderándose de él incluso la vanidad, tan opuesta a la vida religiosa

que eligió llevar.

Al toparme con sus ojos, la sangre se me agolpó en la cabeza. […] Sentía


las orejas hinchadas y mi tonsura se me presento, roja, horrible. Pensé en
mi “aspecto”, en ese “aspecto tan… tan así”, como ella lo calificaría una
vez. Y escondí bajo el sayal los pies descalzos.” (122)

61
Sin embargo, gracias a la escritura de su diario, se va dando cuenta de toda

la transformación que la muchacha produce en él y nuevamente se vuelve a

Dios, con un sentido de culpa, para buscar en él las fuerzas que le permitirán

apartarse completamente de ella y de la vida mundana. Siente que Dios lo

está poniendo a prueba para poder recibirlo completamente en su mundo y

hacer de él un buen fraile menor: “Si esta es la prueba a que me sometes

para concederme al fin la gracia de ser un buen fraile menor, la acepto, Dios

y Señor mío." (123)

El hecho de sentir que se aleja de Dios, comienza aterrarlo por lo cual, evade

incluso salir del convento, para evitar encontrase con ella: “No reanudé hoy

mis clases. Vi seguro el encuentro con María Mercedes y me invadió

repentinamente un miedo invencible.” (137)

El evitarla y no verla por un lado lo conforta, porque lo acerca a Dios, pero

por otro lo llena de tristeza, pues siente que sus sentimientos lo traicionan

sintiéndose un completo pecador: “Sin embargo, cuando aquí venía para

cerrar mi celda, mi corazón lloraba: Ocho días permaneceré allá…¡y diez

llevo ya sin verla! Pecador sentimiento […] imploro fortaleza para mi débil

corazón.” (155)

Se apega a Dios porque siente que volverá a sufrir, tal como lo hizo una vez

en su vida mundana, pues presiente que ella también se irá, como lo hizo

una vez Gracia, entonces el sufrimiento será inevitable: “Ya ves, Señor, que

todo pasará. Ya ves cómo llega la tortura, como también este sentimiento

será triste, cómo también ella se irá…”(183) Pues como lo afirma

62
Rougemont: “Pasión significa sufrimiento”(16) y él ya no quiere volver a

sufrir.

Otro sentimiento que vuelve a experimentar a causa de María

Mercedes son los celos. Este sentimiento lo hace sentir más miserable aún,

porque trae consigo el odio experimentado hacia otra persona, la que, en

este caso, resulta totalmente inocente, ya que no tenía nada que ver con lo

que él imaginaba. Esto lo hace sentir poca cosa frente a Dios, pues incluso

deja de atender a las lecturas propias de las actividades del convento por

estar pendiente de analizar sus actos y sentimientos experimentados gracias

a la joven:

“Ella me mira enamorada, he pensado, pecador aún, después. Pero una


infinita melancolía cayó siempre sobre mi corazón. […] Muy pobre cosa soy,
Señor, si me abandonas. […] Ahora mismo, durante la comida, en lugar de
atender a la lectura del martirologio, averiguaba mi razón qué clase de
sentimiento acerca a mí a esa niña.”(Barrios, El hermano asno 183)

En el fondo, si bien María Mercedes le hace experimentar emociones

mundanas, dejadas atrás hace mucho, se siente muy culpable de volver a

sentirlas, porque le hacen experimentar alegría. Considera, al mismo tiempo,

que aquellas emociones están fuera de lugar, porque lo alejan del amor a

Dios. Esta situación lo entristece, ya que percibe que aquello no es correcto,

al ser él, ahora, un hombre de Dios y no del mundo.

63
- Estado anímico:

Si bien en un principio Fray Lázaro, se siente emocionado al experimentar

sensaciones propias del amor, aunque culposo, lo ponen de buen humor. Al

darse cuenta de que todo aquello que está volviendo a experimentar, no son

sentimientos propios de un fraile, cae en un constate estado pensativo,

analítico y culposo.

Mediante la escritura del diario de vida, como se dijo anteriormente, él puede

ir analizando su conducta frente a María Mercedes, para irla mejorando y

actuando progresivamente de manera centrada, tal como debiera hacerlo un

fraile. Sin embargo, para poder llegar a la conducta deseada, tuvo que pasar

muchas horas cuestionando, analizando sus pensamientos, sentimientos y

acciones, en donde la escritura, en conjunto con la lectura de su diario de

vida, jugó un papel fundamental.

En la oscuridad de su celda, muchas veces se sintió ahogado, a tal punto

que le impedía descansar y dormir, por lo cual, bajo la noche tranquila y

desierta, encontraba la calma que necesitaba para ordenar sus

pensamientos y sentimientos. La paz la encontraba solo en el caminar bajo el

manto de la noche, volviéndose un ser nocturno. En este sentido comienza a

sentirse identificado con la noche, pues siente que su alma se encuentra en

plena oscuridad producto de la confusión de amor en la que está inserto.

Pareciera que en la oscuridad de la noche encontrara un elemento que lo

entiende.

64
“Como suelo tener insomnio y en la sombra de mi celda está siempre
despierto el murciélago del remordimiento, me recojo tarde, vago primero por
fuera.
Esto calma y distrae. Duerme todo el Convento; duermen los monjes, las
bóvedas y la fronda; duermen la iglesia y los jardines, y el pozo y la
campana; duerme la tierra, y en estas noches de otoño, cuando ya con el
crepúsculo la bruma se levanta, duerme también el cielo.”(Barrios, El
hermano asno 177-78)

Al caer la noche, en el medio del silencio el personaje se siente invadido por

sus pensamientos culposos: “el murciélago del remordimiento”. Mientras todo

duerme, él vaga por el convento, dejando vagar también su pensamiento,

siempre acompañado por la niebla, niebla que cubre también su razón. Es en

esta tranquilidad en donde él puede estar en paz con sus pensamientos, sin

sentirse culpable, pues al mencionar que hasta el cielo duerme, deja entre

ver que incluso Dios no lo puede escuchar en ese momento, por lo cual

experimenta plena tranquilidad.

Por otro lado, la lluvia, lo invade de una serie de emociones encontradas: por

una parte lo pone contento, porque ella impedirá encontrase con la joven que

tanto perturba su razón, pero por otra, cuando ésta es excesiva, lo entristece

pensar en no poder verla en varios días.

Yo hice mi camino al noviciado bajo la nubada joven […] no encontré por


supuesto a María Mercedes en ese viaje. Tampoco la he visto después en
parte alguna. Mi precaución rindió frutos y nada turbó mi blanda alegría.
Pero luego, por dos días ha estado cayendo el agua, en hilos grises, del cielo
gris al convento gris; y ya esta noche, aunque había escampado, no sé qué
tenía yo. No lograba dormir. Figuraciones enemigas comenzaron a excitar mi
cerebro. (142)

65
Es decir, el personaje vive invadido por los sentimientos encontrados que le

produce experimentar felicidad al estar al lado de María Mercedes, pero el

mismo tiempo esa felicidad pasajera se transforma en sufrimiento, por tener

que cargar con la culpa de aquel sentir considerado indebido para un fraile.´

El segundo interlocutor a quien Fray Lázaro se dirige en su diario de

vida es Gracia. Ella provocó en Mario un gran sufrimiento a causa del

desamor, es por esta razón que él decide ingresar a la vida religiosa. El

recuerdo del amor que alguna vez sintió el personaje por Gracia, renace con

la aparición de María Mercedes, ya que en cierto sentido él ve en ella la

imagen de su antiguo amor. Esto le significa vivir una serie de sentimientos

encontrados producto de la disyuntiva en que se encuentra frente al amor de

una mujer y de Dios.

Es entonces, cuando él se encuentra con ella, cara cara, cuando se da

cuenta de que ya no siente nada por ella. Más aún siente vergüenza ajena,

pues ella le coquetea, no dándose cuenta de que esto no es correcto, porque

él ahora es un fraile.

Dirige entonces sus palabras a ella, cuando en su diario rememora esta

situación, poniendo hincapié en la vergüenza que siente al recordar la actitud

tan absurda de Gracia. Se desilusiona, entonces, por la conducta tan fuera

de lugar, manifestada por su antiguo amor.

66
Hoy usaste coquetería conmigo. Y yo conozco tu temperamento: no es para
esas cosas. Me mirabas, iniciaste aún sonrisas al mirarme; más: hubo un
momento en el cual, cuando se han encontrado nuestros ojos, tú has bajado
los tuyos, con turbación…(201)

En este episodio, él le habla a ella, porque, en el fondo todo el sufrimiento

experimentado hasta ese momento fue a causa de ese ser, por lo cual quiere

resaltar de esta forma que quizás todos los sentimientos encontrados, vividos

hasta la fecha, no tenían un real asidero, puesto que la mujer por quien tanto

sufrió (Gracia, encarnada en el cuerpo de María Mercedes) es tan mundana,

que no se compara con la grandeza de Dios. Por eso al dirigirse a ella,

quiere destacar sus defectos mundanos.

Además, Gracia, no hay razón. Yo no soy peligroso. Aunque María Mercedes


estuviera enamorada. Por último, el sentimiento que yo puedo tener está en
manos de Dios, y sólo Él dispone ya de mí.
Da pena, esto, Gracia, mucha pena. (201)

Así, él manifiesta la tristeza que le causa descubrir lo mundano de aquel ser

que creyó amar y que tanto idealizó. Pero, por otro lado, lo hace sentir

orgulloso de ser quien es, y de haber elegido la vida religiosa, antes que la

vida mundana. Sobre todo, porque considera que su conducta frente a ella

fue la que un verdadero fraile debía tener. De esta manera se comienza a

desvanecer la sombra de Mario, que tanto lo mortificó, dejando en plena

libertad a Fray Lázaro.

67
b) Reconocimiento de la culpa y forma de expiación de ésta.

La culpa en sí se produce cuando una persona siente que ha cometido

acciones incorrectas, porque van en contra de la moral establecida por la

sociedad, así lo señala Heydaepoor: “La moralidad le muestra a la gente

cómo erradicar las malas cualidades que poseen y cómo promover las

buenas”(19)

Según Llevadot, cuando “la vida se ha hecho imposible. Se siente una

insatisfacción, una ausencia, un déficit de la realidad que al hombre se la

hace insoportable aun estando aparentemente en ella” (62), sobre todo

cuando este estado es producto del sentimiento de culpa. La única forma de

alivio existente es por medio de la confesión de dicha culpa, la cual, muchas

veces, lleva implícita el castigo o penitencia.

En el caso de Fray Lázaro, éste se siente culpable por experimentar

sentimientos mundanos hacia una mujer, siendo él un fraile. Y sobre todo

porque este sentir, no puede compartirlo con nadie. La única solución que

encuentra, temporalmente, es ir registrando en un diario de vida, a modo de

confesor, todo aquello que lo aqueja. Para Chacel (ctd. en Wachowska 182-

83) la confesión consiste en relatar sucesos presentes que producen

tormento o en este caso, confusión espiritual, trayendo consigo un

redescubrimiento, el reconocimiento de una culpa y la necesidad de expiar

dicha culpa. Esta expiación, conducirá al individuo a una reconversión que le

permitirá encontrase nuevamente consigo mismo, según lo señalado por

Valera-Villegas (3) .

68
Entonces gracias a la escritura del diario de vida, el personaje puede ir

aclarando sus sentimientos, que le permitirá encontrar la paz, al confesar su

culpa.

En este sentido, en más de una ocasión intenta dar a conocer a otro su

dilema, mas no encuentra la respuesta que él busca, pues siente que su

culpa es mucho más grande de lo que los demás ven. Así por ejemplo, se

confiesa, a medias, con un fraile de La Granja, quien, según el personaje, no

les da importancia a sus pesares y le aconseja no preocuparse tanto, pues:

“Todos caemos en tentación y nunca nos asustamos así” (Barrios, El

hermano asno 128). Siente que fue un error confesarse con él y al mismo

tiempo se alegra de no haberle señalado detalles de su problema:

“Afortunadamente, sólo te hablé en abstracto. Ni di pormenores, ni

personalicé.”(129)

Constantemente se ve invadido por la necesidad de confesar su culpa, pues

la tranquilidad espiritual, ya se ha desprendido completamente de él. Por

esta razón continuamente se dirige a Dios para pedirle fuerzas y perdón por

alejarse de él: “¡Ah, tengo un gran desaliento! Pero estoy contigo, Señor, no

me abandones.”(183)

Necesita imperiosamente expiar su culpa de una manera mundana, pues su

pesar es mundano, por eso no encuentra tranquilidad en la confesión

permanente con Dios, él necesita expiar su culpa mediante un castigo

concreto.

69
No. Es que…no sé qué tengo yo hoy, Señor. Sí. Sí, Señor; sí lo sé. Nemo in
sese tentat descendere, dirían los latinos; pero no es verdad siempre. Yo sí,
yo intento descender hasta mí mismo. Y me confieso a Vos, Señor. Veo la
llaga de vuestro costado, abierta, como una boca con sed. Yo también tengo
una herida sedienta en el costado.(205)

A través de la cita mencionada, se puede deducir que el personaje, necesita

imperiosamente de alguien que lo escuche y que le diga lo mal de su

comportamiento, para poder sentir que aquella culpa es liberada de él a

través de la expiación. Según esto, Valera-Villegas señala que la confesión

es acto y relato: acto en el sentido de que el ser humano realiza la acción, de

manera voluntaria y libre, de desplegarse escénicamente con humildad y

contrición; es relato, porque el individuo da a conocer su vida a otro, para

explicarla y justificarla.(2)

Así el ser humano necesita que otro juzgue su conducta, para poder

encontrar la paz. Y es esto justamente lo que Fray Lázaro necesita.

Mientras él lucha con aquellos sentimientos, olvidados, que María Mercedes

remueve y hace surgir de su interior, comienza a fijar su atención en lo que él

considera su antónimo, Fray Rufino. Este fraile, santo en todos los aspectos,

según el protagonista y las personas que lo conocen, provoca en cierta

medida, más angustia en Fray Lázaro, porque él representa el ideal de un

fraile, aspecto que a él le falta mucho alcanzar aún.

70
Mírame. Ten piedad de tu siervo. Dime si no lograré alcanzarte, como Fray
Rufino, por la vía de la beatitud. Si más baja es mi ruta, indícamela. Yo la
Sabré seguir. Sufro, estoy enfermo y sufro…(Barrios, El hermano asno 153)

El protagonista sufre por no tener la paz que necesita para llegar a Dios de la

misma manera que lo hace, aparentemente, Fray Rufino y por lo mismo su

carencia espiritual, repercute en lo físico. Ha pasado muchas noches en vela

tratando de encontrar aquel equilibrio perdido a causa de los sentimientos

tan mundanos que la joven ha vuelto a implantar en él. Sumado a esto el

castigo físico al que se ha debido someter para erradicar de su pensamiento

tan bajas pasiones: “… adelantando sus manos episcopales, me tomó el

pulso y me palpó la frente […] llamaré al médico. -No, padre- resistí- He

tenido torturas, escrúpulos, malas resurrecciones… y mi alma conturbada

necesitó penitencia.” (125)

Según Fromm, Dios representa para cada persona el valor más deseable

(67), por lo cual, éste va a depender de la visión que cada uno tenga de él.

Para el personaje Dios debe ser el motor de su vida, solo debe pensar en él

y vivir para él, es por esta razón que lo atormenta tanto desenfocar su

atención en Dios, para desviarla hacia una mujer.

El amor de Dios debe ser único y espiritual, por lo cual en él no tienen cabida

los placeres del cuerpo, ya que estos son mundanos. El amor a Dios es la

base de la ética para los cristianos, según lo señalado por Haydarpoor (34).

Es por esta razón que ser un fraile, involucra una serie de conductas que

deben manifestarse en torno a lo espiritual, en donde lo carnal no debe tener

71
espacio. Sin embargo, en el texto de El hermano Asno, se manifiesta muy

claramente, la lucha permanente que los frailes tienen con los placeres del

cuerpo. Acto totalmente normal, si consideramos que la sexualidad aborda

elementos biológicos en los seres humanos.

Nuestro Seráfico Padre, en varias ocasiones, se vió en el caso de usar de


autoridad con algunos de sus frailes por lo mucho que abusaban del castigo
corporal. […] “Usted recuerda, Fray Rufino, le dije, que en el Capítulo de las
Esteras, Nuestro Padre de Asís hubo de confiscar a cientos los cilicios, las
cadenas, los rallos, las mallas filudas. Yo no le pido a usted hermano
entregarme sus instrumentos de martirio, pero sí que se contenga…(Barrios,
El hermano asno 97)

Y es justamente bajo esta temática que Fray Rufino Cita a San Francisco,

señalando que él denominaba al cuerpo “el hermano asno”, haciendo alusión

a los placeres carnales y cómo el cuerpo no es capaz de entender que

aquellos no son propios de un religioso, éste se comporta tal como un asno

porfiado que no hace caso. Agregando que él debe luchar constantemente

contra eso. Situación que le hace mucha gracia a Fray Lázaro, pues no le

calza que un hombre tan santo como Fray Rufino pudiera verse mortificado

por los placeres del cuerpo.

Los dos frailes se sienten unidos, por la razón de que ambos no han sido

ordenados aún, quedándose con el grado de diácono: “… yo por mis

escrúpulos acerca de mi pasado mundano y pecador y por la vacilante

depuración de mi alma; él, porque a causa de su vivir penitente no pudo

concluir los estudios.” (21) Y en este sentido, se podría decir que Fray

Lázaro comienza a sentirse identificado con Fray Rufino, en primera


72
instancia, por lo mencionado sobre el ordenamiento, y luego, al enterarse de

que el fraile constantemente se ve invadido por “el hermano asno”, empieza

a sentir que en su compañero surge el reflejo físico de todas las pasiones

carnales que lo aquejan, pues cada vez que lo ve, expresa con tristeza el

estado decadente de Fray Rufino. En este sentido este personaje es la

especie de recipiente corpóreo en donde todas estas pasiones encuentran

dónde residir: “Pobre hermano Rufino. Cada día es más escuálida su

silueta.”(195)

Así este fraile, guiado por una locura, según él a causa de su culpa por dejar

que los demás crean que es un santo, situación no digna para un verdadero

hombre de Dios: “Te figuras ser humilde y paras en soberbia y vanidad. Te

llaman santo y lo aceptas […] ¿Eso es humildad? Cuidado.”(212) Pone en

marcha el acto que lo liberará de aquella culpa, el acto que enlodará su

sanidad intentando ultrajar a María Mercedes. De esta forma el personaje

ejecuta la acción que permitirá que Fray Lázaro se vea obligado a confesar

su culpa y a asumir un castigo que no le corresponde por haber

experimentado pasiones terrenales. Esto consiste en asumir la culpa, de algo

que no hizo, pero que podría haber llegado a hacer.

Entonces, desesperado porque no se enlode la imagen del convento, al salir

a la luz el acto delictual de Fray Rufino y, por otro lado, dejar a la comunidad

sin un santo, el personaje de Fray Lázaro decide confesar su culpa y la de

Fray Rufino, al Provincial, confiando plenamente en que es la persona

indicada para poder darle el castigo que se merece y que permitirá expiar su

73
culpa: ”Hice al Provincial, en confesión plenaria, entrega de mis culpas, de mi

secreto y del suceso que hoy lo complicaba, y sometí además a su poder mi

suerte”.(235)

A pesar de sentirse aliviado por haber confesado y recibido penitencia,

el personaje al final de la obra, desde la oscuridad de su celda, deja entre ver

que se siente muy apenado por su destino.

Todos allá, Señor. Únicamente yo permanezco aislado, en mi celda que ya


empieza la noche a llenar. Espero un día, el de partir; y otro día, Señor,
aquel en que habrás acogido mi sacrificio y me habrás hecho al fin un buen
fraile menor. Hasta ese amanecer, mi vida, como ahora mi celda, estará
minuto a minuto anegándose de noche. (238)

En la oscuridad de su celda, en donde “el murciélago del remordimiento”

comienza a aparecer, espera que llegue la claridad, en su alma, para poder

sentirse por fin un verdadero fraile menor. Y por otro lado tiene la esperanza

que con su partida podrá lograr su anhelado fin, lejos de las pasiones

carnales. Pero por ahora él se siente tan oscuro como su celda, invadido por

la tristeza de lo ocurrido, pues en cierto sentido se siente culpable de lo

ocurrido a María Mercedes, pues en el fondo, cree que el acto cometido por

Fray Rufino fue un acto reflejo que él pudo haber cometido y eso lo hace

sentir culpable.

De esta manera el personaje por fin puede expiar su culpa, asumiendo una

acción que dejará inmaculada la figura de Fray Rufino.

74
2- Descripción del discurso confesional en: El niño que enloqueció de amor.

En esta obra de Eduardo Barrios, el protagonista es un adolescente

que sufre en silencio, por haberse enamorado de una mujer mayor, porque

no tiene el valor para contárselo a nadie, más que a su diario de vida, el que

decide llevar, por sugerencia del amigo de la familia Carlos Romeral. En este

diario va plasmando todos aquellos sentimientos que van surgiendo por

Angélica, una amiga de su madre, los cuales se hacen más intensos, a

medida que transcurre el tiempo, tanto así que lo conducen a la locura.

A continuación, se describirán los aspectos del discurso confesional que el

protagonista utiliza en su diario, a modo de dilucidar cuál es su finalidad y los

resultados de emplear este método, al no atreverse a confesar a otra

persona el drama vivido. Tal como señala Moreno, porque lo que plasma en

el diario es de carácter tan íntimo que es imposible hacerlas públicas sin

sentirse absurdo y avergonzado (77) .

a) La finalidad de la escritura del diario de vida:

La confesión se hace necesaria cuando el individuo está pasando por un

momento crítico en su vida, que lo hace tambalear en cuanto a sus creencias

y sobre todo, cuando existe discordia entre la razón y la vida, según lo que

plantea Maillar (167-68). Es en estos momentos cuando la persona necesita

un otro en quien confiar sus dolencias, sin embargo, hay veces en que

75
aquello que se quiere expresar es de carácter tan íntimo, que resulta

pudoroso darlas a conocer, así lo plantea Moreno (77), por lo cual el diario

de vida vendría a ocupar el lugar de ese receptor que se necesita, para

verter todos aquellos sentimientos y pensamientos que fluyen desde los más

profundo de la persona. Este es justamente el caso del protagonista de El

niño que enloqueció de amor. Este adolescente sufre en silencio por el amor

de una mujer mayor, sufrimiento que se va acrecentando a causa de su poco

manejo de impulsos emocionales y sobre todo, porque esta conducta es mal

vista y no comprendida por los adultos que lo rodean. El personaje comienza

entonces a registrar en un cuaderno, a manera de diario de vida, todo

aquello que le acontece en relación a su amada, los sentimientos que van

surgiendo en torno a ella y que no se atreve a decírselos: “Yo tengo que

escribir este diario porque no puedo conversar con nadie estas cosas,

porque ¿a quién se las voy a decir, si a decírselas a ella no me atrevo

…”(Barrios, El niño que enloqueció de amor 24)

La idea de la escritura de este diario surge de una conversación que tiene

con un amigo de su madre Carlos Romeral, quien le cuenta que lleva la

escritura de uno justamente para escribir aquellas cosas que no se pueden

conversar con nadie porque, debido a su carácter tan íntimo, da vergüenza

hacerlo.

También habló en la mesa de un diario que él lleva de vida. Después de


comer, me ha hecho muchos cariños y yo le he preguntado qué era eso
del diario. “Un cuaderno – me ha explicado – en donde algunas personas
escriben todos los días lo que les pasa, porque a veces no se pueden
conversar con nadie ciertas cosas” […] Y desde ahora voy a llevar como él
76
un diario en este cuaderno, bien escondido bajo la alfombra, para decir todo
lo de Angélica…(12-3)

El adolescente comienza desde entonces a registrar, en un principio, todo lo

sucedido respecto a Angélica, incluyendo sentimientos y pensamientos que

en su mente se generan en torno a la imagen de este ser amado.

Posteriormente, a causa de su conducta inadecuada producto de los celos

que le produce ver al personaje con otro hombre, Jorge, comienza a

consignar su conducta, para poder tratar de entender su comportamiento tan

inadecuado. Se reprocha entonces constantemente, tratando de encontrar un

consuelo, en la lectura de sus palabras, que lo haga sentir mejor, puesto que

se siente atrapado al verse imposibilitado de contar lo que le está

sucediendo. Esto ocurre, porque tal como señala Moreno: “… todos

necesitamos a alguien que sea testigo de nuestras vidas, de aquello que

decimos, aquello que hacemos o dejamos de hacer” (75). Sin embargo, en

este caso el muchacho se siente solo al no confiar en nadie que pueda aliviar

su pesar brindándole una palabra de aliento, por lo cual, para suplir esta

carencia, recurre a la escritura y lectura de su diario de vida tratando de

encontrar en él el consuelo que no encuentra en otra persona.

¡Cómo me pesa, cómo me pesa haberlo hecho! He sido un idiota, un animal.


Y todo lo he perdido y para siempre tal vez. No sé qué voy a hacer ahora.
¡Dios mío, Virgen Santa, que se arregle esto! Pero si ya no es posible, si ya
ni como un niño me quiere… ¡Qué desesperación! (Barrios, El niño que
enloqueció de amor 73)

77
Además, dentro de su desesperación trata de apoyarse en lo religioso, para

así no sentirse tan solo en su tan desesperada angustia de adolescente.

Sin embargo, se podría decir que la actividad de registrar y leer no le ayuda

como debiera esperarse, ya que el personaje comienza a manifestar

actitudes cada vez más impulsivas e inaceptables socialmente, las cuales

van en aumento a medida que pasa el tiempo, tanto así que llega un

momento en que el adolescente, de tanto reprocharse y pensar en lo malo de

su actitud, la cual le resulta cada vez más imposible de manejar, pierde

totalmente la cordura, sumergiéndose en un permanente estado de desvarío.

En este sentido, la utilidad terapéutica que tendría el diario de vida, para

Bonet, que permitiría al individuo explorar su Yo con el fin de darle una

solución al problema en que se encuentra inserto, no se llevaría a cabo. Esto

se debería a la inexperiencia del personaje, que se traduce en el nulo manejo

emotivo que posee para enfrentar situaciones.

…Todo fue verlos y oscurecérseme toda la calle y zumbarme los oídos, y


correr y subirme a su casa… - Yo lo mato, lo mato -, iba diciendo por el
camino, me acuerdo […] Entonces me dice él con un tono de gran personaje,
el muy imbécil: - ¿Cómo estás, chiquitín? - y tampoco le contesto […] pero ya
cuando me preguntó que por qué estaba tan furioso, le dije: - Cállese,
intruso, animal, bestia. ¿No se había ido al campo? - …(74-5)

Tanto es así su poco manejo emocional, que él mismo comienza a

preguntarse el porqué de su actitud, tratando desesperadamente de

encontrar una respuesta, la cual no encuentra. Llega finalmente a la

conclusión de que se siente enfermo, pues de lo único que está seguro es de


78
lo que siente y nada más, pues ya ni siquiera es capaz explicar

racionalmente su comportamiento. Él solo sabe que no se siente bien, como

producto de tanto pensar en cosas tristes.

Hoy de tanto acordarme de ella, me puse a llorar a la mitad del almuerzo; y


como fue delante de todos, se armó una bolina, porque mi mamá se afligió
muchísimo […] ¿Por qué no podría contenerme? ¡Ave María! Y es que ya no
me doy cuenta de lo que hago. No sé en qué va a parar todo esto. Me siento
enfermo…(86)

Entonces se podría decir que la finalidad que persigue la escritura del diario,
que en un principio es escribir todos aquellos sentimientos, acciones y
pensamientos que se generan en torno a Angélica, no obtiene frutos
positivos, debido a que el personaje no es capaz de manejar adecuadamente
la situación, haciéndolo encerrarse en sí mismo, situación que lo conduce a
la locura.

b) Elementos confesionarios dados a conocer en el diario.

El protagonista, principalmente plasma en su diario todos aquellos

sentimientos que no se atreve a contárselo a los demás porque, incluso

leerlo él mismo le produce vergüenza. Estos sentimientos son generados en

base a tres ejes principales: Angélica, su familia, él mismo.

79
- Sentimientos generados y expresados en base a Angélica:

Desde que el protagonista se comienza a sentir enamorado de Angélica,

empieza a experimentar una serie de sentimientos que se contradicen

totalmente con su actuar, situación que lo entristece y lo atormenta mucho.

Por un lado, él desea constantemente ver a su amada y estar junto a ella

para escuchar su voz y mirarla, pero en cuanto esta situación se hace real,

su conducta es tan contraria que él mismo se reprocha. En vez de

acercársele, saludarla y hablarle, huye, pues comienza a sentirse muy

nervioso experimentado una serie de reacciones físicas que lo hacen salir

inevitablemente, despavorido del lugar, para esconderse en el fondo de la

casa. Esta conducta, indeseada y muy opuesta a sus deseos, lo mortifica

provocándole mucha tristeza.

Tanto como deseo verla y oírla y tocarla, y sentirla bien cerquita de mí, y
luego pierdo así el tiempo… ¡Me da más rabia…! ¿Por qué seré tan
nervioso? Pero en cuanto sé que ha llegado de visita, me confundo todo.
¡Qué voy a hacer! Me lo dicen, y siento como si me dieran un golpazo en el
pecho, y se me aflojan las piernas y me enfrío todo entero, y me pongo a
tiritar y, en lugar de correr a verla, me voy al fondo de la casa corriendo, sin
poderme contener. ¿A qué me voy?, eso digo yo. Me voy a esperar… no sé
qué. Y es que me da miedo y no me atrevo a ir. (15-6)

El joven siente que todos los deseos de verla se traducen en conductas

corporales que no es capaz manejar, cada vez que está cerca de su amada.

Eso lo atormenta porque en el fondo su cuerpo lo aleja de ella, impidiéndole

comportarse como él quisiera. Entonces, comienza a ejecutarse, en su

80
interior, una verdadera lucha entre lo que desea y su actuar. Entre su cuerpo

y su mente. Como diría Epicuro, él sufre al desear lo que no tiene, pero a la

vez se ve imposibilitado de actuar como quisiera, porque su cuerpo lo aleja

de su ser amado, pues como señala Yela, (ctd. en Sánchez 392) la pasión

(tanto romántica como erótica) se caracteriza por ser tan intensa que provoca

desorden emocional y carencia de control en el amante. Entonces nos vamos

a encontrar con que este joven experimenta un doble sufrimiento: por un

lado, como dice García, al desear a su amada, por no tenerla: “Lo terrible del

deseo es la satisfacción dolorosa que precede a su cumplimiento” (271); y

por otro al tenerla cerca su impulso pasional lo hace manifestar un descontrol

en sus actos, alejándolo de ella. Razón por la cual, él se siente enfermo,

traduciendo su enamoramiento en una enfermedad tal como lo creían los

antiguos filósofos, según Rougemont (61), pues su pasión lo hace tener un

descontrol en sus actos. Se ve imposibilitado entonces, cada vez que está

cerca de Angélica, de actuar y pensar correctamente, pues sus conductas

son carentes de razón, situación que puede dilucidar perfectamente cada vez

que escribe y lee su diario. Por eso el comienza poco a poco a reconocer

que se está enfermando de tanto pensar y estar triste:

“… La pura verdad, yo creo que me estoy enfermando, porque ya es

mucho lo nervioso que me he puesto…”(Barrios, El niño que

enloqueció de amor 34)

81
Por otro lado, el sentirse enamorado de Angélica lo hace sumergirse en un

mundo de fantasías en donde él logra siempre estar junto a su amada. A

pesar de él darse cuenta de que su amor por ella es algo imposible por la

edad, él trata de darle solución a eso aludiendo que hay matrimonios en

donde la mujer es mayor que el hombre, entonces se convence de que su

amor no resulta tal imposible. Con este argumento él planea el momento en

que le confesará su amor, sin embargo, eso no ocurrirá, pues se da cuenta

de que no es capaz de hacerlo.

Ella sería siempre mucho mayor que yo, ¡claro! Pero ¿no hay tantas viejas
casadas con jóvenes? En esos matrimonios digo yo, ¡Cuántos se habrán
querido como Angélica conmigo! Yo se lo voy a decir a ella pronto. Si es
que delante de ella no se me ocurre cómo empezar. Cuando estoy lejos,
me parece que tenemos mucha confianza; pero en cuanto estoy junto con
ella me siento ya como de etiqueta…(43)

El auto-reproche por su conducta indeseada es una constate permanente en

el muchacho, pues no logra darse una explicación de por qué actúa de esa

manera frente a ella, aún cuando no quisiera hacerlo. Por otra parte, esta

inconformidad que siente en relación a su conducta, se agrava mucho más

cuando comienza a ser víctima de los celos, pues al experimentar este tipo

de sentimientos el joven se ve totalmente imposibilitado de actuar

razonablemente, dejándose llevar por la rabia que produce ver a su amada

con otro (en este caso Jorge). De esta forma su conducta pasional, comienza

alejarlo poco a poco de su amada, quien no logra entender tal

82
comportamiento, puesto que no tiene idea de los sentimientos que se han

generado, por ella, dentro del protagonista.

Sumergido entonces, en su soledad e incomprensión, fantasea

constantemente con deshacerse de su mayor rival, Jorge.

Primero ella se reía en las barbas, con esa risa tan, tan bonita que tiene, que
suena como el agua cuando sale de la botella fina de cristal del comedor;
enseguida se ponía furiosa y lo insultaba, mientras a mí se me agarrotaba el
pecho de gusto; y él se iba entonces y, de repente, veíamos un grupo de
gente en la calle, con policía y todo, yo iba corriendo a mirar… y era él que
se había suicidado. Después me animaba yo por fin a decirle todo lo que
pienso … (42)

Debido, como se dijo anteriormente, a la incomprensión que comienza a

generar su conducta pasional y mal entendida, por parte de los que lo

rodean, especialmente Angélica, el personaje comienza cada vez más a

sumergirse en la soledad de sus pensamientos y fantasías, siendo su diario

de vida el único testigo de lo que realmente le ocurre. Por su ´parte su

amada al no saber ni comprender la conducta del joven, se aleja de él

provocando un permanente estado de tristeza, pues comienza a extrañarla y

sobre todo espera que ella tenga alguna conducta compasiva con él, cosa

que nunca ocurre. Le invade el sentimiento de que ella ya no lo quiere y eso

lo entristece más aún. Comienza entonces a desear la enfermedad, en un

intento desesperado por recuperar el amor de Angélica.

Yo me impresioné muchísimo cuando mi mamá dijo esas cosas, pero me


alegré también, porque yo quería que Angélica las supiese, a ver si se

83
compadecía y me volvía a querer, y además porque no habría tenido el valor
para contárselas yo mismo.(98)

El muchacho quiere desesperadamente recuperar el cariño de su amor, pero

lo que más lo atormenta es no tener el valor para confesarle su amor y

explicarle todo lo que siente por ella. Finalmente él termina por darse cuenta

de que ella ya no se interesa por él, pues ahora está Jorge, hecho que

agrava más aún su situación, sumergiéndolo en un permanente delirio.

- Sentimientos expresados y generados en base a su familia:

En cuanto a la contención que podría brindar la familia en una situación

difícil, el protagonista se siente completamente solo, pues no es capaz de

confiar en ninguno de ellos. A la única persona que le podría confidenciar su

secreto es su madre, pero definitivamente no se atreve, pues cree que ella

no será capaz de entenderlo. Por lo demás, él se atormenta constantemente,

pues ve que ella sufre por no saber lo que le ocurre a su hijo, pero aún así el

muchacho no se atreve a confesarle su verdadero pesar: “¡Mamacita, yo te

quería decir todo a ti…! Pero ¿Cómo supiera yo que no se iba a enojar?” (79)

Por otra parte, su abuela vive manifestando que el joven es una molestia, ella

no esconde el desagrado que siente por el muchacho y él se da cuenta de

esto perfectamente: “mi abuela no me quiere; se rió de mí, cuando le

contaron que yo estaba pestañeando seguidito como Angélica.” (46) Por

esto una de las razones por la cual no se atreve a contarle todo a su madre

es por miedo a que ella se lo cuente a su abuela y esta a su vez se lo diga a

84
sus hermanos, quienes no se llevan muy bien con él por ser demasiado

infantiles. Su temor en el fondo es transformarse en el centro de burla de sus

hermanos y abuela, por eso él prefiere ocultar sus sentimientos,

plasmándolos solamente en su diario de vida, elemento que se convierte en

su único confesor.

Encerrado en sí mismo, por temor a ser objeto de burlas, vive en silencio su

tristeza, viendo además cómo su madre sufre por él al no comprender lo que

le sucede: “A veces no quería llorar más de pena de ver a mi mamá tan

afligida, pero no podía sujetar el llanto, era imposible.”(77)

Se siente entonces solo, por no tener en quién confiar su pesar.

Constantemente señala entonces, en su diario, que se siente triste por ver a

su madre sufrir por él, pues él quisiera contarle todo, pero definitivamente no

se atreve. Por otro lado, le causa mucha curiosidad y rabia darse cuenta de

que su abuela no lo quiere, ya que todo lo que él hace lo interpreta de mala

forma, por lo demás ella siempre se pone de lado de sus hermanos, quienes

se burlan constantemente de él. En definitiva, el protagonista siente que la

única de su familia que lo quiere es su madre, pero esta lamentablemente se

deja influir por su abuela, quien constantemente le reprocha y definitivamente

nunca ve algo bueno en el muchacho.

Es una lástima que me hayan quitado los cuentos, porque todo eso me
servía para escribir mi diario. Si a mi abuela, ya se sabe, se le ocurre
siempre lo más fastidioso. Como que me odia… Porque se necesita tener
odio para hacer lo que hace conmigo. Ya me he fijado en que cada vez que
mi mamá se acuerda de cuando yo nací, mi abuela pone cara de furia y me

85
mira con un rencor que parece que yo le hubiera hecho un daño muy
grande naciendo.(68-9)

La abuela hace sentir al protagonista como alguien que está demás en la

familia, porque es una molestia, ya que no hace más que hacer sufrir a su

madre. En resumen, es alguien que no debiera haber existido, y eso se lo ha

hecho saber en más de una oportunidad. Esto hace que él se sienta un ser

ajeno a su familia.

- Sentimientos generados y expresados hacia sí mismo:

Como se dijo anteriormente, el protagonista se siente solo en su sufrimiento,

encontrando un único consuelo en su diario de vida, ya que es el único

medio en que él puede manifestar todo aquello que siente y lo entristece.

Él se siente invadido por una tristeza enorme que no es capaz de manejar, ni

en conducta ni en pensamientos. De lo único que está seguro es que quiere

llorar y nada más, por lo cual busca la soledad de la noche para hacerlo. En

el día con mucho esfuerzo finge estar bien, pero llega un momento en que ni

aún así, es capaz de manejar su tristeza.

La causa de tanto pesar es saber y darse cuenta de que Angélica lo dejó de

querer, por culpa de la conducta tan incoherente e impulsiva que tuvo frente

a ella a causa de los celos. Entonces se siente más triste aún, desea y sueña

con que su amada se entere de sus dolencias y lo vaya a visitar, pero esto

nunca ocurre. Poco a poco empieza a darse cuenta de que está enfermo,

pues ya no considera normal que llore por cualquier cosa y le desespera

86
saber que nadie podrá ayudarlo, pues nadie sabe lo que realmente le ocurre.

Por esto se reprocha constantemente su falta de valentía para contarle a su

madre lo que le ocurre y a la vez se siente muy culpable por ello, pues ve

como ella sufre constantemente por no saber lo que le pasa a su hijo.

Poco a poco y gracias a la escritura y lectura de su diario de vida, se da

cuenta de que no está bien de salud, de hecho, no se siente bien. Comienza

a delirar y de eso se da cuenta perfectamente.

¿Qué será esto? No me atrevo ya a mirar por la ventana porque de repente


me quedo sin poder quitar la vista de la cordillera y en esto de los cerros
empieza a salir fuego y todo el cielo se pone colorado, y después va saliendo
de entre las llamas una cosa muy enorme, y se me viene encima como para
aplastarme, y yo me pongo a gritar de espanto y quiero salir corriendo; pero
entonces no me puedo mover, y sigo a gritos, y después… debo de
dormirme bien dormido, porque ya no sé nada.(96-7)

En su delirio, percibe que el mundo se le viene encima, pues debe sentirse

tan aplastado por todo lo que siente y que no puede contárselo a nadie, que

se ve imposibilitado de reaccionar, en el fondo el muchacho está

sobrepasado por sus sentimientos. Se da cuenta que es algo muy grande

para cargarlo el solo, pero no puede hacer nada por librarse de ese peso,

pues ya no es capaz de compartirlo con nadie, ni siquiera con su diario. Por

eso cae en un permanente delirio, del que él ya no es consciente.

En relación a lo que plantea Sándor Márai (ctd. en Moreno 75), respecto a

que “todos necesitamos a alguien que sea testigo de nuestras vidas” , en el

caso del protagonista de la historia, el diario de vida viene a suplir esta


87
carencia, sin embargo, el muchacho al tener conductas incorrectas frente a

los demás, comienza a ser mirados con ojos de incomprensión por los que lo

rodean, siendo constantemente el centro de disgustos y burlas, razón por la

cual el muchacho termina encerrándose totalmente en sí mismo,

desquiciándolo.

c) Reconocimiento de la culpa y forma de expiación de ésta.

Para Wachowska, la confesión, como acto, opera desde un presente, puesto

que se da a conocer aquello que está ocurriendo en el momento, por lo cual

no necesita un proceso de reconstrucción, pues su finalidad es darle un

sentido a la vida presente: “El hombre se siente como un trozo incompleto,

un esbozo de sí mismo y tiene que abrir sus límites gracias a la confesión,

necesita salir de sí para completarse.”(183)

Las confesiones más dramáticas son aquellas cuyo motor principal es el

sentimiento de culpa, así lo plantea Chacel (ctd. en Wachowska 182), pues

como señala LLevadot (66), en ella van implícitas situaciones que ni aún en

un diario de vida el individuo se atreve a escribir, pues son de carácter tan

íntimo que solo pueden ser contadas a un destinatario, el cual debe reunir

ciertas condiciones de confianza, pues, como señalas María Teresa Russo

(ctd. en Valera-Villegas 6) de esta forma, se tiene la seguridad de que un

oyente recoge el relato, otorgándole un sentido, cosa que un diario de vida

no puede proporcionar . Por otra parte, habría que agregar lo que señala

Moreno, respecto a lo que se escribe en un diario de vida. En él tampoco se

88
escriben completamente los sentimientos y pensamientos, pues siempre hay

algo que aún escribirlo da vergüenza hacerlo, pues son de orden muy íntimo.

En el caso del protagonista de El niño que enloqueció de amor, el muchacho

si bien decide escribir en un principio para vaciar en él todo aquello que

siente respecto a Angélica, pero que no se atreve a confesárselo, a medida

que va plasmando sus sentimientos en él, se da cuenta de que hay cosas

que aún así no se atreve a manifestar en su diario, reconociendo que son tan

íntimas que le da vergüenza escribirlas y posteriormente leerlas.

Yo creía que iba a poder escribir en este cuaderno todos los cariños que le
digo con mi pensamiento; pero ahora veo que aunque nadie ve lo que
escribo, siempre me da una vergüenza muy grande escribir esas palabras
que le digo sin hablar o a su retrato.(Barrios, El niño que enloqueció de amor
26-7)

De esta manera permanentemente va guardando sentimientos que necesita

sacar al exterior, pues se comienzan a acumular, haciendo que la pasión se

apodere de su actuar. Y es en este punto, en donde señala Valera-Villegas

(6), que el personaje necesita sacar todo al exterior, para poder recuperar el

equilibrio que poco a poco comienza a perder, pues ya no es capaz de

dominar su conducta dejándose llevar plenamente por los impulsos

pasionales, los que generar más vergüenza aún.

A medida que pasa el tiempo esta vergüenza comienza de a poco a

transformarse en culpa, puesto que, debido a su escaso manejo emocional,

comienza a tener conductas muy violentas frente a los adultos, ocasionado

principalmente por los celos que siente ver a su amor con otro hombre.

89
Entonces desea con mayor razón armarse de valor para contarle todo a

Angélica, sin embargo, no se atreve, comienza poco a poco a ser invadido

por la culpa de su mal comportamiento, el cual no es comprendido por los

demás, pues lo ven como pataletas de un niño mal educado. Se mortifica

constantemente por no ser capaz de dominarse, sintiéndose cada vez más

culpable. Culpa que se ve acrecentada cuando Angélica se aleja

completamente de él a causa de su mal comportamiento inentendible para

ella. El muchacho entonces se atormenta con la idea de que ella ya no lo

quiere, consumiéndose más aún en su culpa, y sobre todo, porque no se

atreve a contarle lo que realmente le ocurre. Esta situación hace que se

sienta, como señala Wachowska, un ser totalmente incompleto, puesto que

necesita de alguien que escuche su confesión y le dé sentido a ésta (181),

para poder retomar su equilibrio, tal como señala Russo (ctd. en Valera-

Villegas 6)

El hecho de tener conductas tan atípicas, y permanentes arrebatos de llanto,

hace que su madre se preocupe por no saber qué le ocurre a su hijo, de esto

el protagonista se da cuenta perfectamente, pero aún así no se atreve a

confesarle a su madre lo que le ocurre, sintiéndose muy culpable por el

estado constante de preocupación que le ha provocado a su madre, cae

entonces en una suerte permanente de tristeza, tanto por haber perdido a

Angélica, como por ocasionar tanta angustia en su madre, sin poder hacer

nada para remediarlo: “ A veces no quería llorar más de pena de ver a mi

90
mamá tan afligida, pero no podía sujetar el llanto, era imposible…”(Barrios, El

niño que enloqueció de amor 77)

Sumergido en un estado de constante tristeza y angustia por: un lado

sentirse incomprendido y por otro de no atreverse a confesar a nadie lo que

realmente lo mantiene en ese estado, llega incluso a barajar la posibilidad de

contarle todo a Don Carlos (amigo de su madre y una especie de padre para

él) única persona que quizás lo llegaría a comprender y ayudar, sin embargo

no logra concretar nunca esta intención de confesión, por su incapacidad de

manejar la situación tal como diría Llevadot: “En la confesión el sujeto, si

huye, es ante todo de sí mismo y acepta, por el contrario, la realidad.

Cansado de ser hombre, fatigado de ser quien se es, basta sumir una

culpa…” (66) En el caso del protagonista, su corta edad e inexperiencia para

manejar asuntos amorosos, lo conducen a un estado en que ya no es capaz

de darse cuenta ni de su realidad, al vivir sumergido en la angustia

permanente. En el fondo se encierra en sí mismo, al no lograr confesar su

culpa, desequilibrando totalmente su ser, que lo conduce a un permanente

estado de delirio.

En resumidas cuentas, el personaje no logra concretar el proceso de

confesión que le permitiría establecer un equilibrio emocional, por el

contrario, el cargar con la culpa de estar dañando a los seres que ama a

causa de su comportamiento incoherente, lo hace encerrarse más aún en sí

mismo. Por otra parte, el hecho de escribir en el diario no lo ayuda en lo

absoluto, pues su inexperiencia le impide retroalimentar sus conductas

91
erróneas, sacando aspectos positivos de lo negativo. La escritura del diario

de vida, en este caso no tendría esa finalidad terapéutica que señala Bonet

(41), ni tampoco ayuda al individuo a ordenar su vida de modo que pueda

llevar a cabo un proceso de confesión que lo conduzca a la conversión o a la

expiación de la culpa. Por el contrario, hace que el personaje se encierre

más en sí mismo imposibilitando esta expiación, arrojándolo a los brazos de

la locura.

En este caso la ficción del diario de vida permitiría al lector entender el

proceso interior que se lleva a cabo dentro del personaje, el cual termina

llevándolo a la locura. Por lo mismo, el ser testigo como lector de este

proceso, permite entender las conductas del individuo y al mismo tiempo

empatizar con él.

92
3- Descripción comparativa entre el discurso confesional de los textos: El
hermano asno y El niño que enloqueció de amor.

Después describir el discurso confesional de ambos textos de Eduardo

Barrios se puede establecer que este tipo de discurso se origina, en primer

lugar, por la existencia de un amor imposible en ambos protagonistas,

situación que gatilla el comienzo de la escritura del diario de vida.

Los protagonistas padecen de un amor imposible, en el sentido de que

ambos se ven imposibilitados de llevar a cabo y concretar el amor que

sienten hacia su ser amado. En el caso de el niño, porque ama a una mujer

mucho mayor que él; y en el de Fray Lázaro su condición de religioso le

impide amar a una mujer, pues su único eje de amor debe ser Dios, eje que

no está dispuesto a dejar. Sin embargo, la diferencia de edad y por lo mismo

el nivel de experiencia que cada personaje tiene sobre el tema hace que

puedan afrontar de manera distinta la situación, en donde la escritura del

diario de vida es fundamental, puesto que, en base a la lectura de éste, será

posible analizar las situaciones vividas, para poder enfrentar de mejor o peor

manera los sentimientos y pasiones que logra desencadenar en ellos el amor

experimentado. Es en este sentido que el discurso empleado por cada

protagonista va variando a causa de la forma en que cada uno es capaz de

enfrentarse al problema y la utilidad que le van dando al diario de vida.

Hay tres aspectos que marcan la diferencia en el tratamiento del discurso de

cada personaje: Evolución del discurso confesional en cada personaje;


93
elementos que causan la diferencia en la evolución de cada discurso;

proceso de reconocimiento de la culpa y expiación de ésta.

a) Evolución del discurso confesional en cada personaje:

En un principio el discurso de ambos personajes se caracteriza por el

predominio de la pasión, producto del amor pasional que ambos comienza a

sentir. Es por esta razón, tal como señala Hatfield y Rapson (ctd. en

Sánchez), el amor pasional “refleja un sube y baja de emociones extremosas

en un momento se sienten totalmente extasiados y en el siguiente, se sienten

solos, asustados y ansiosos, sienten una gran felicidad y al mismo tiempo

sufren.”(362) Es así como el discurso de los personajes está lleno de

vaivenes entre la felicidad y la tristeza. Así por ejemplo en el caso del niño,

éste se pone feliz cuando Angélica está junto a él y se entristece cuando no

logra verla y está solo en su cuarto:

A veces cuando estoy así, junto a ella, bien calladito, me dan deseos de
estar enfermo para que hable de mí y de nadie más, y me haga cariños… No
es que no haya estado contento esta tarde, pero es que también me he
puesto triste… Siempre me pongo triste. Yo digo que me da esa pena de ver
como la quiero yo, mientras ella me quiere como un niño. (Barrios, El niño
que enloqueció de amor 17)

De esta forma, en un principio se debate entre la alegría y la tristeza, sin

embargo, a medida que va pasando el tiempo, el muchacho comienza a caer

en un estado permanente de angustia y tristeza. Por un lado, debido a que

se da perfectamente cuenta de que sus sentimientos hacia Angélica son

94
totalmente no correspondidos; y por otra parte, la aparición de Jorge, hace

brotar en él celos que constantemente los empujan a conductas pasionales y

totalmente incomprendidas por los demás, al ni siquiera sospechar la

verdadera causa de estas acciones. Esta tristeza es tanto que incluso él

mismo se da cuenta de que su estado no es normal, señalando en varias

oportunidades de se debe estar enfermando, pues llora mucho, incluso sin

aparente razón.

¿Por qué no podría contenerme? ¡Ave María! Y es que ya no me doy cuenta


de lo que hago. No sé en qué va a aparar todo esto. Me siento enfermo…
(86)

Finalmente, producto de la incomprensión por parte de la gente que lo rodea,

sumado al hecho de que él percibe que nadie lo puede ayudar, al sentirse

incomprendido y por lo mismo con temor a contar su verdad, el muchacho

termina por quedarse sumido en este mundo interior, al no lograr nunca

sacar al exterior lo que le permitiría recobrar su equilibrio. Es en este punto

en donde el muchacho debió haber sido capaz de salir de sí mismo, como

señala Zambrano, por medio de la confesión, para a través de ella poder

encontrar la paz que necesita.

Precisamente cuando el hombre ha sido demasiado humillado, cuando se


ha cerrado en el rencor, cuando sólo siente sobre sí “el peso de la
existencia”, necesita entonces que su propia vida se revele. Y para lograrlo,
ejecuta el doble movimiento propio de la confesión: el de la huida de sí, y el
de buscar algo que les sostenga y aclare. (Zambrano 32)

95
En este sentido, el niño se queda encerrado en este mundo de

desesperación, no pudiendo salir para encontrar el equilibrio. Muy distinto al

caso de Fray Lázaro quien logra completar la fase de conversión y confesar

sus culpas. Sin embargo, para llegar a esto tuvo que también pasar por una

evolución en cuanto a su discurso.

En un inicio, al igual que el niño, su estado anímico se mueve entre los

extremos de la alegría y la tristeza y más que tristeza, culpa por su

comportamiento, tan inadecuado, para un fraile.

«Siento – exclamo – el corazón esponjado por una feliz simpatía, por un

gozoso impulso de amor a mis hermanos. ¿Qué importa descubrirles una

inteligencia sumisa, cuando sus caracteres están llenos de conmovedor

encanto?»(Barrios, El hermano asno 80)

Siempre después de haber estado con María Mercedes, Fray Lázaro se

siente contento y animado, sin embargo, una vez que escribe en su diario y

comienza a analizar sus acciones frente a la muchacha, se siente invadido

por una culpa que lo entristece, puesto que él considera de son conductas

muy inapropiadas para un fraile.

¡Seré imbécil! Estuve ridículo. No, no quiero recordar las banalidades que le
dije. Repasarlas me irrita. Me ha creído tonto, no cabe duda. Luego debí
enmendar mis palabras, mis desairadas réplicas de bobalicón. Lo malo es
que se marchó tan ligero, en forma tan inesperada. (113)

Comienza entonces a cuestionar constantemente su conducta frente a la

hermana de Gracia. Se vuelve entonces cuidadoso en su actuar. Su discurso

96
a partir de entonces está cargado de un cuestionamiento constante,

inspirado por la culpa que siente de no poder dedicar sus pensamientos

exclusivamente a Dios.

Se me figura que tan pronto me acueste, comenzaré a oscurecerme. Siento


un ansia inexplicable de huir, de huir de mí, de esquivar la presencia de
este yo recóndito que diríase que va a acusarme en cuanto nos encaremos.
(116)

El personaje se da cuenta perfectamente que no está bien, que su conducta

no es la correcta, por lo que siente la necesidad de escapar de sí, para poder

encontrarse y recobrar el equilibrio que perdió, en este sentido se cumple lo

señalado por Zambrano respecto a que para lograr una conversión es

necesario que el individuo sea capaz de salir de sí mismo a través de la

confesión, para poder encontrar el ”paraíso perdido” (47) . Es aquí donde el

diario de vida en este personaje cumple un papel fundamental, puesto que es

por medio de él, que Fray Lázaro va a ser capaz de reflexionar y corregir sus

conductas las que le permitirán encontrar su centro y la verdadera razón de

ser. Gracias a la escritura y lectura de éste, es que el personaje logrará

corregir su actuar de tal manera que llega un momento en que él se siente

orgulloso de ella, pues considera que fue capaz de controlar sus impulsos

comportándose como un verdadero hombre de Dios.

El recurso del diario de vida pasa a ser en primera instancia aquello que

Wachowska denomina como un destinatario o causa “que está inscrita en el

acto de pronunciarla. Debe haber un por qué de mostrarse uno sus verdades

y puede serlo ora un motivo, ora un alguien considerado como receptor de lo


97
dicho, un narratario real o ficticio.”(181) Es decir la confesión no

necesariamente debe tener un destinatario real, sino más bien éste puede

ser perfectamente ficticio, o como lo es en el caso del diario de vida, el

personaje al leer lo que escribe, él es su mismo destinatario, se escribe para

él mismo. Ahora, como se dijo anteriormente, este acto le permitirá aclarar

sus pensamientos y encontrar el equilibrio perdido. Su discurso entonces

cambia volviéndose mucho más centrado. En este sentido lo que señala

Zambrano respecto a salir de sí para poder encontrar el equilibrio perdido,

Fray Lázaro logra cumplirlo a cabalidad, en donde la presencia del diario de

vida, tanto en su escritura como en su lectura es fundamental, pues lo ayuda

a encontrarse a sí mismo, situación que lo preparará para la verdadera

confesión, aquella que le hará a su superior y la que le permitirá expiar su

culpa.

Como nos podemos dar cuenta, los protagonistas, si bien parten de una

misma base respecto a la escritura de su diario, ambos le dan una evolución

muy distinta a sus discursos, provocando del mismo modo, un final diferente

para cada una de sus historias. Ahora cabe preguntarse ¿Qué elementos

influyen en cada uno de los discursos que hace que finalmente evolucionen

de manera muy distinta: para Fray Lázaro de manera positiva, para el niño,

en cambio, de manera negativa?

A continuación se intentará dar respuesta a esta interrogante, describiendo

elementos que diferencian cada uno de los discursos emitidos por los

protagonistas.

98
b) Elementos que causan la diferencia en la evolución de cada discurso.

Se pueden encontrar dos elementos fundamentales que marcan la

diferencia en la evolución y tratamiento del discurso confesional en los

personajes. En primer lugar, encontramos la experiencia de vida de ellos,

la que está relacionada directamente con la edad de los protagonistas,

tenemos a un pre-adolescente versus, un adulto joven. En segundo lugar,

está el apoyo espiritual que cada uno de ellos posee, en donde Fray

Lázaro, por ser un hombre religioso, se apoya constantemente en la

presencia de Dios, no siendo el caso del niño.

En cuanto a la experiencia de vida, tenemos que Fray Lázaro es un

hombre ya vivido, según él, quien ha experimentado todas las vivencias

mundanas, por esto tiene una vasta experiencia en sentimientos

amorosos, por lo que sabe cómo manejarlos.

El mundo las gentes, aquel descalabro… ¡sobre todo aquel descalabro!...


asentaron en mí excesiva experiencia; y no puedo ser simple como un
buen fraile menor debe ser. No soy inocente, no soy ingenuo.(Barrios, El
hermano asno 13)

Él reconoce haber vivido, por lo cual posee la experiencia necesaria que le

permitirá más adelante superar el desequilibrio emocional por el que está

pasando. Fray Lázaro cuestiona su vida religiosa a causa de su vida

mundana pasada, situación que le produce un estado de angustia, que lo

deja expuesto y vulnerable cuando aparece en su vida María Mercedes

(hermana de Gracia, su gran amor). Tal como lo señala Sánchez, quien


99
citando a Freud y Reik, entre otros, señala que es precisamente en este

estado de vulnerabilidad, donde más probabilidad tiene una persona de

enamorarse, o al menos creer que está enamorada (392) .

El religioso entonces, tras la aparición de la hermana de Gracia, comienza a

sentirse enamorado de ella, precisamente porque le recuerda a su gran

amor, situación que le produce un constante estado de confusión. Gracias a

su diario de vida, comienza a cuestionar su conducta frente a la muchacha y

a reflexionar respecto a cómo debiera comportarse un verdadero hombre de

Dios. Entonces mejora su comportamiento, logrando controlar por completo

sus impulsos pasionales que lo arrastran hacia María Mercedes. Finalmente,

con este proceso reflexivo que realiza constantemente, logra aclarar su

confusión, dándose cuenta de que su verdadero amor siempre fue Dios y

que por la muchacha ´solo sentía una mera amistad. Es decir, su

experiencia de vida y su madurez, le permiten manejar de manera adecuada

sus sentimientos, para luego, (gracias a poder salir de sí mismos, como diría

Zambrano, utilizando como medio el diario de vida) poder recuperar su

equilibrio perdido.

Caso totalmente contrario es el del niño quien, al no poseer ninguna

experiencia respecto al amor, (es más, es su primera vez que se enamora de

alguien) no es capaz de controlar ni sus impulsos ni sus sentimientos, pese a

llevar un diario, el cual lee constantemente. Sin embargo, su corta edad, no

le permite superar la situación. Se queda sumido en su mundo interior, por el

temor de darle a conocer a sus mayores, especialmente a su madre, lo que

100
le está ocurriendo: ¡Mamacita, yo quería decir todo a ti…! Pero ¿Cómo

supiera yo que no se iba a enojar? (Barrios, El niño que enloqueció de amor

79)

El hecho de no ser capaz de salir de sí, para encontrar su equilibrio, lo deja

encerrado en su mundo interior, conduciéndolo a la locura. De acuerdo a lo

planteado por Zambrano, si el protagonista se hubiese atrevido a confesar su

culpa o haber sabido utilizar su diario de vida como un confesor, hubiera

logrado recuperar su equilibrio, evitando caer en la locura.

Por otra parte, el apoyo espiritual que posee Fray Lázaro es fundamental

para poder superar la situación. Este personaje se está dirigiendo y

encomendando a Dios, constantemente le pide ayuda y apoyo para aclarar

sus sentimientos. El hecho de sentir que Dios lo protege, lo hace tomar más

seguridad en sus acciones.

El religioso profesa su amor a Dios, que como señala Heydarpoor es

ilimitado, el cual “puede intensificarse hasta tal grado que ocupe todo el

corazón del amante de manera que él ya no piense en sí mismo o en nada

que no sea Dios.” (51) En este sentido el religioso se aleja de él, centrando

sus pensamientos en María Mercedes, dicha razón es lo que lo hace sentir

culpa, pues su amor, como religioso, tal como dice el autor, debe centrarse

solamente en Dios y nada más que en él. Finalmente logra reencausar su

amor, reconociendo su culpa y aceptando una penitencia, la cual le permitirá

sentirse perdonado por Dios, para llegar a ser un buen fraile.

101
Espero un día, el de partir; y otro día, Señor, aquel en que habrás acogido mi
sacrificio y me habrás hecho al fin un buen fraile menor. (Barrios, El hermano
asno 238)

Caso totalmente contrario es la del niño, quien no posee ningún tipo de

apoyo, está completamente solo en su tragedia personal. Como se dijo

anteriormente, el no tener a quien contarle sus pesares ni sentirse

comprendido, lo hace encerrase en su mundo delirante.

No me atrevo ya a mirar a la ventana porque de repente me quedo sin poder


quitar la vista de la cordillera y en esto de los cerros empieza a salir fuego y
todo el cielo se pone colorado, y después va saliendo de entre las llamas una
cosa muy enorme, y se me viene encima como para aplastarme, y yo me
pongo a gritar de espanto y quiero salir corriendo; pero entonces no me
puedo mover, y sigo a gritos, y después… debo de dormirme bien dormido,
porque ya no sé nada. Yo digo que no será delirar, porque de esto me
acuerdo, y de las cosas que dicen mis hermanos que hablé anoche, no.
(Barrios, El niño que enloqueció de amor 96-97)

Este mundo delirante en que se ve atrapado el niño, termina por quitarle la

razón, entonces ¿qué proceso ejecutó Fray Lázaro que no logró concretar el

niño, razón por la cual termina conduciéndolo a la locura?

c) Proceso de reconocimiento de la culpa y expiación de ésta.

En el caso de ambos protagonistas, existe una culpa la cual requiere ser

expiada para que ellos logren el proceso de conversión señalado por San

Agustín (ctd. en Wachowska 180).

Sin embargo, solo Fray Lázaro logra completar este proceso.

102
El religioso tras tener una crisis espiritual, por sentir que su extensa

experiencia mundana, le impide llegar a ser un hombre digno de Dios, cae en

la tentación mundana del amor carnal, con la aparición en su vida de María

Mercedes. Con este hecho su culpa se acrecienta, pues comienza una lucha

interna entre el hombre religioso que debe ser (Fray Lázaro) y el hombre

mundano que fue y que siente que vuelve a ser, por culpa de la hermana de

Gracia (Mario). Se da cuenta entonces, que sus conductas y pensamientos

son totalmente inadecuados para un hombre religioso, quien solo debe tener

pensamientos para Dios. Esta culpa lo atormenta y lo acompaña

constantemente.

Sé que os amo, Señor. Sé que os amo porque os reconozco en lo más


interno, oscuro y originario de mí; pero necesito descubriros asimismo en
todas las almas, donde también debéis hallaros. (Barrios, El hermano asno
31)

Él está totalmente consciente de que sus pensamientos hacia María

Mercedes son totalmente mundanos y pasionales, por esta razón en él surge

la necesidad de castigar al “hermano asno” que lleva dentro. La culpa lo

persigue constantemente, entonces por medio de la lectura de su diario de

vida, poco a poco empieza a analizar sus conductas y a actuar de forma

correcta para un fraile. En este sentido el hecho de verter sus sentimientos

en el diario, para luego leerlos y analizarlos, realiza en cierto sentido el

proceso de confesión y conversión, pues es capaz de salir de sí mismo a

través de su diario, para luego encontrarse en la lectura de éste. Sin

embargo, hay una situación que lo hace confirmarse como Fray Lázaro, el
103
hombre religioso, y es cuando es capaz de enfrentar cara a cara a Gracia,

sin vacilar como el fray que es. Es allí donde se da cuenta de quién es,

encontrándose a sí mismo. En este punto el personaje no necesitaba más

confesar su culpa de haberle sido infiel, en cierto sentido, a Dios, pues como

señala Zambrano, la idea de la confesión es mostrarse, salir a la luz, dar a

conocer la confusión vivida en el interior, por lo que no se hace necesario

contar las culpas (32) .

De esta manera él recupera su equilibrio y tranquilidad, no obstante, ocurre

un hecho que lo hace volver a cuestionar su conducta y lo obliga a confesar

sus culpas a su superior, el Padre Provincial, quien a su vez le asigna un

castigo para su falta, completándose de esta forma la expiación de la culpa.

Finalmente, Fray Lázaro, con una mezcla de tristeza y conformidad, asume

la culpa de los hechos indebidos realizados por Fray Rufino, aceptando su

castigo con humildad, con la esperanza que de ese modo Dios lo perdone,

logrando así lo que tanto deseaba, llegar a ser un buen Fraile menor.

El caso del protagonista de El niño que enloqueció de amor es muy distinto,

pues su corta edad, en primer lugar, no le permite usar de manera adecuada

el recurso del diario de vida. Su inexperiencia lo hace actuar de manera

pasional constantemente, situación que lo llena de culpa y remordimiento,

pues se da cuenta perfectamente que su conducta es totalmente

inadecuada, sin embargo, no es capaz ni de corregirla ni de controlarla.

¡Cómo me pesa, cómo me pesa haberlo hecho! He sido un idiota, un animal.


Y todo lo he perdido y para siempre tal vez. No sé qué voy a hacer ahora.
(Barrios, El niño que enloqueció de amor 73)
104
Por otro lado, sus conductas tan inexplicables para los adultos que lo rodean,

hacen que su madre se entristezca al sentir preocupación por su hijo. Este

hecho aumenta la culpa del niño, pues sabe que su madre sufre por su

culpa, pero no es capaz de aliviar ese dolor contándole lo que realmente le

ocurre, por temor a que se burlen de él y a que su madre no lo entienda. Por

esta razón él decide guardar silencio, silencio que lo va conduciendo poco a

poco a la locura. Así el protagonista no es capaz de salir de sí y confesar sus

dolencias. No obstante, se puede decir que el niño sí recibe un castigo, la

demencia, por no ser capaz de confesar sus culpas.

Se podría concluir entonces que la edad y la experiencia son fundamentales

para superar un periodo de desequilibrio emocional, sin embargo estos

elemento no fueron favorables para el protagonista del El niño que

enloqueció de amor. Por otro lado, la escritura del diario de vida fue

fundamental, en el caso de Fray Lázaro, para poder encontrarse a sí mismo,

ya que sin este elemento, quizás, no hubiese sido capaz de recuperar su

convicción religiosa.

Ahora, a la luz de lo ya descrito respecto al discurso confesional empleado

por cada uno de los protagonistas de las obras de Barrios: ¿Por qué el autor

insiste en adoptar este estilo de narración en sus novelas?

Esto se podría deber a la necesidad de un cambio en la visión que se emplea

en las obras, las cuales hasta el momento habían centrado toda su atención

en lo externo, como lo es el caso del mundonovismo y el naturalismo. Surge

105
la necesidad entonces de volcarse hacia el interior del personaje, mostrar el

mundo interior tan propio del ser humano y tan íntimo a la vez. Explorar

aquellos recónditos lugares del ser en donde nadie más que él mismo puede

llegar. De alguna forma, se busca mostrar una subjetividad moderna, que

permita indagar en los aspectos psicológicos del ser humano urbano,

asumiendo a priori la riqueza literaria que entrañaba escudriñar en un mundo

hasta ahora desconocido y poco representado o con escasa relevancia. De

esta manera, Barrios pretende mostrar cómo se van desarrollando los

procesos internos de los personajes, en este caso, la confesión, para lo cual

recurre apropiadamente a la ficción del diario de vida. Ciertamente, este tipo

de instrumento, utilizado con precisión para el auto-conocimiento de quien lo

escribe, permite mostrar de una manera muy gráfica todos aquellos procesos

que el individuo que escribe va experimentando frente a la situación que lo

aqueja (y que es justamente la razón por la cual escribe). Se suma a esto,

el tipo de relación que se produce entre el lector y el personaje, ya que como

lectores al leer el diario de otro, se genera la ilusión de que el personaje que

escribe le cuenta al lector sus pesares, tal y como si se estuviera confesando

con él, cuando en realidad el personaje escribe para él mismo, como una

forma de ordenar sus ideas y encontrar una solución al problema que lo

queja. Esta relación ficticia permite que el discurso empleado por el

personaje adquiera un carácter mucho más íntimo para el lector.

106
Entonces, Barrios por medio de la ficción del diario de vida, como forma de

narración, pretende dar paso al nacimiento de una subjetividad moderna que

permita explorar y representar el mundo interior del ser humano urbano,

mostrando sus anhelos, miedos, problemas y en general todo aquello que le

genera conflictos.

107
CONCLUSIÓN

El diario de vida, como espacio genérico discursivo en que la

subjetividad moderna se está abriendo paso, es un recurso útil para

representar al lector todo el proceso que conduce a un personaje a su

autoconocimiento. Esta línea argumental está justificada, según Bonet, en

que un diario de vida comienza a ser escrito cuando la persona o en este

caso el personaje, está pasando por un momento crítico en su vida y

necesita “ventilar sentimientos que, de no hacerlo, se pudrirían …” (22-3)

Entonces, esta forma de ficción narrativa permite representar todo el

proceso psicológico que se gesta y se desarrolla dentro de un personaje, que

sufre a causa de algo que lo atormenta. El personaje registra en su diario de

vida sus vivencias, pero, además, detalla en él, los pensamientos y

sentimientos que éstas le generan. Este develamiento interno tan íntimo le

permite al lector deducir los diversos estados emocionales del personaje, los

cuales muchas veces logran generar en él, empatía e identificación, tal como

señala Zambrano: “cuando leemos una Confesión auténtica, sentimos

repetirse aquello en nosotros mismos…” (30) Es en este sentido que el

diario de vida, como ficción, permite en el personaje, llevar a cabo el

proceso de confesión, facilitándole que saque a la luz todo aquello que lo

atormenta. Entonces, será su acción de escribir y luego leer en forma

simultánea, lo que permitirá que el personaje realice un proceso reflexivo –

introspectivo y analice sus acciones con el propósito de mejorarlas. De este

108
modo, él esperaría descubrir los motivos que le provocan tales tormentos. En

palabras de Zambrano, sacar a la luz aquello que atormenta, (45) sería el

primer aspecto relevante que tiene la confesión y en este caso, resulta del

todo útil, hacerlo a través de un diario de vida.

Sin embargo, la confesión a través de un diario de vida no siempre va a

facilitar al personaje el proceso de conversión que ésta involucra, debido a

que este proceso va a depender de varios factores presentes en el

personaje. Por ejemplo, la experiencia de vida (marcada por la edad), el

entorno social en el que se desarrollan y el manejo emocional que cada uno

de ellos tenga, ciertamente pueden influir.

En el caso de las obras analizadas: El niño que enloqueció de amor y El

hermano asno, solo el protagonista de la segunda obra nombrada logra

concretar este proceso. Esto se debe a que Fray Lázaro (protagonista de El

hermano asno) supo utilizar de una manera provechosa la información que

iba plasmando en su diario. Esto significa que él, después de escribir en su

diario las vivencias, pensamientos y sentimientos que ellas le provocaban,

fue capaz de leerlas y analizarlas, para luego mejorar aquellas conductas no

deseadas, a tal punto que finalmente logra, de este modo, superar sus

miedos y aclarar las dudas que lo atormentaban, en este caso comportarse

como un verdadero fraile y amar solo a Dios.

109
El caso de El niño que enloqueció de amor fue totalmente distinto, dado que,

la corta edad y poca experiencia que el protagonista demostró en el manejo

de emociones de tipo amorosas, no le resultó beneficioso. A esto se agrega

el hecho de que no contaba con apoyo en su entorno familiar, ya que se

sentía rechazado por ellos, especialmente por su abuela y hermanos. La

suma de todo esto hizo que el personaje, pese a registrar y leer

constantemente sus escritos, no pudiera salir adelante, porque no fue capaz,

a diferencia de Fray Lázaro, de manejar adecuadamente la información

plasmada en su diario. Esto no le permitió aclarar ni sus sentimientos ni

controlar sus impulsos que le generaban conflictos tanto con los demás,

como con él mismo.

Finalmente, el niño incapacitado de salir verdaderamente de sí, para

encontrase a sí mismo y realizar el proceso de conversión, queda sumido en

su mundo interior que lo conduce a la locura. Esto redunda, en que no se

cumpla en este caso con la finalidad del diario de vida, como un medio de

autoconocimiento que permite recuperar el equilibrio perdido.

Por lo cual se podría decir: el diario de vida, como ficción narrativa, permitiría

que el narrador de éste logre (a través de este medio) realizar el proceso de

confesión y conversión. Sin embargo, esto no siempre se lograría, no por

falencia del método, sino más bien por el poco manejo que el narrador

tendría de la información vertida en su diario. Es decir, un personaje que

escriba un diario de vida a modo de confesión y búsqueda de la conversión,

110
lo lograría siempre y cuando sepa manejar y utilizar adecuadamente la

información que él mismo plasmó para su beneficio.

Por otra parte, abordando el tema del diario de vida como una forma

narrativa que un escritor puede utilizar, para dar a conocer un mundo en

particular, es una forma de escribir no muy recurrente, debido a su

complejidad. No obstante, según Moreno, es una técnica que permite poner

en contacto directamente al lector con los sentimientos de quien escribe:

Su escritura busca asimismo esa comunicación intensa y exclusiva que


todos necesitamos, si bien en un grado y con unas cualidades muy
diferentes de las ordinarias, porque nace del silencio y desemboca en
él…(77)

Esta forma narrativa permitiría entonces al escritor, dar a conocer de manera

directa el mundo interior de su protagonista, haciendo partícipe, a su lector,

de los estados anímicos y procesos psicológicos que éste va desarrollando

mientras trata de darle una solución a aquello que lo aqueja.

Esta característica tan particular del diario de vida permitiría al autor, por un

lado, tratar un mismo tema de distintas maneras, generando varias posibles

historias y finales, debido a que permite que el lector transite por el mundo

interno e íntimo de los personajes.

Este es el caso de Eduardo Barrios, quien, bajo el tema del amor imposible,

fue capaz de generar dos historias totalmente distintas, demostrando que,

con la técnica del diario de vida, como recurso literario, es posible obtener

111
distintos finales, dependiendo del manejo que tengan los personajes

respecto a la información que cada uno de ellos registra en su diario.

En las novelas analizadas: El niño que enloqueció de amor y El hermano

asno, ambas relatan que sus protagonistas tenían un problema que los

aquejaba, por eso decidieron escribir un diario, a modo de ir registrando y

analizando los sucesos vividos. Sin embargo, como se dijo anteriormente, la

práctica de relatar y analizar periódicamente lo vivido, no tuvo el mismo

resultado para los protagonistas. Esto demostraría que con esta forma

narrativa es posible jugar con la ficción creada, incluso dando vuelcos

sorpresivos dentro de la historia. Su justificación radica en el hecho de que

esta manera de narrar, permite dar a conocer sólo el punto de vista del

protagonista, quien, incluso ignora por completo lo que otros personajes

estén planeando llevar a cabo. Entonces resultaría totalmente sorpresivo

tanto para el protagonista como para el lector el actuar inesperado de otro

personaje.

Este es el caso de El hermano asno, que, cuando (como lectores) se

pensaba que Fray Lázaro había dado solución a su problema, logrando

encontrar la paz consigo mismo, ocurre el intento de violación hacia María

Mercedes provocado por Fray Rufino. Esta situación le da un giro totalmente

distinto a la historia, en donde el protagonista deberá asumir una culpa y un

castigo que no le corresponden, dejándolo nuevamente en la oscuridad de la

tristeza:

112
“Hasta ese amanecer, mi vida, como ahora mi celda, estará minuto a minuto

anegándose de noche” (Barrios, El hermano asno 238)

En este sentido, se podría decir que el autor juega con el final de la historia,

porque da la impresión de que todo volverá, tal vez, al punto de partida en el

que el personaje se sentía aquejado por dudas que lo atormentaban.

Ahora en el caso de El niño que enloqueció de amor, el hecho de que

Eduardo Barrios haya involucrado dentro de la historia la situación de que el

diario del niño fue encontrado por un amigo de Carlos Romeral, permite de

algún modo jugar un poco con la imaginación del lector, puesto que, al

quedar el diario en cierto sentido inconcluso, no se menciona si el niño

muere o no, o si logra recuperarse. Torres-Rioseco señala que la obra

publicada posteriormente por el autor llamada Un perdido, corresponde a la

continuidad de El niño que enloqueció de amor: “Este joven, que enloquece

en el libro anterior, sale ahora al mundo, al mundo frío y brutal de las

ciudades.” (507)

El diario de vida, utilizado como forma narrativa de una ficción literaria,

facilita dos procesos inherentes dentro de la creación y la exposición de una

obra literaria:

Por un lado, permite al autor abordar un mismo tema de distinta forma,

debido a su carácter íntimo, puesto que, involucra una manera de narrar que

permite que el personaje dé a conocer su intimidad frente al lector de tal

modo que esta intimidad puede ser tan variada como personajes hay. Esto,

además permite agregar el factor sorpresa, debido a que, como solo se

113
muestra el mundo interior del protagonista, no es posible saber qué piensan

o qué planean los otros personajes que lo rodean, los cuales pueden

reaccionar de manera toralmente inesperada, cambiando en cualquier

momento el curso de los acontecimientos.

Por otra parte, permite representar completamente el proceso de confesión y

conversión de un personaje. La ficción de un personaje escribiendo un diario

de vida, porque existe algo que lo aqueja y desea encontrar solución a su

problemática, permite que la narración ejecutada sea de carácter totalmente

íntimo, pues en él, su protagonista vierte directamente sus sentimientos y

pensamientos, haciendo al lector partícipe de sus emociones.

El proceso de escritura y lectura del diario le permitiría al personaje

reflexionar respecto a sus acciones y sentimientos, lo que lo facultaría para

corregirlas y aclarar confusiones sentimentales. Solo así él podrá salir de sí,

para encontrar el “paraíso perdido”, que señala Zambrano. Sin embargo, este

proceso es posible llevarlo a cabo únicamente si el escritor del diario de vida

es capaz de manejar adecuadamente la información expuesta en él, de otra

forma este medio no permitiría el proceso de conversión, que va unida a la

confesión.

Entonces, se puede decir que con todas las características nombradas

anteriormente, que se generan con la narración a modo de diario de vida,

114
adoptado por Barrios, en una época en que el centro de la narrativa estaba

puesta, en su mayoría, en el espacio físico y social. Él se atreve a

incursionar en aquel espacio en que hasta ese entonces, en la literatura

chilena, nadie se había atrevido a abordar en un cien por ciento, el espacio

psicológico.

La importancia de Barrios radica, por ende, en su capacidad para indagar en

la psiquis de los personajes, descubriendo la gran riqueza narrativa que se

puede desprender de aquel espacio, aportando de esta manera a la forma de

narrar que se desarrollará con posterioridad, en donde el énfasis estará

puesto en el personaje y su punto de vista (perspectivismo y pluralidad de

voces). Por otra parte, como ya se mencionó, el representar el mundo interior

de un personaje, implica la incorporación activa del lector, al ofrecerle la

oportunidad de participar de una manera más dinámica de la narración,

porque al leer este tipo de relatos (a modo de diario de vida) se crea la

ilusión de que el personaje se está confesando con el lector, obligándolo en

cierto sentido, a involucrarse sentimentalmente con el personaje. Así el lector

se ve comprometido a generar pensamientos en pos de la narración y la

culminación de ésta, generando una participación activa en el relato.

Finalmente se puede señalar que Barrios, además se adelanta a la narrativa

contemporánea, en el sentido de dejar los finales abiertos para que el lector

concluya la obra, esto se observa claramente en ambas obras analizadas, ya

que en las dos el autor da un vuelco inesperado al final de ellas, dejándole al

lector la tarea de completarlas.

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