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Voces: CONCURSO PREVENTIVO ~ INHABILITACION PARA EJERCER EL COMERCIO ~ SOCIO ~

SOCIEDAD COMERCIAL ~ QUIEBRA ~ DERECHO COMERCIAL ~ LEY DE CONCURSOS Y


QUIEBRAS
Título: Efectos de la inhabilitación concursal sobre los sujetos que integran el órgano de la administración
Autor: Ricciuti, Sergio B.
Publicado en: DJ24/05/2006, 227
Cita Online: AR/DOC/1798/2006

Sumario: SUMARIO: I. Premesa.— II. Antecedentes legislativos.— III. Sujetos comprendidos en la


inhabilitación.— IV. Efectos de la inhabilitación concursal.— V. A modo de conclusión.— VI. Bibliografia
consultada
I. Premesa
El tema aquí en estudio se circunscribe al análisis de los arts. 234 al 238 de la Ley de Concursos y Quiebras
(Adla, LV-D, 4381), dentro de los cuales se legisla sobre la Inhabilitación del Fallido y los efectos que produce
dicho instituto sobre la vida de la sociedad y de sus socios.
Para focalizar aún más la cuestión traída a estudio, me abocaré expresamente a los efectos que produce la
Inhabilitación Concursal sobre los sujetos como personas físicas que integran el órgano de administración de la
sociedad.
La quiebra conlleva —y siempre fue así— una gama importante de efectos. Las inhabilitaciones falenciales
encuentran su origen en la noción penal que rigió los albores del derecho falimentario y en un principio que
presumía el fraude de la mera situación de quebrado.
II. Antecedentes legislativos
La ley 19.551, ya contenía un régimen de calificación de la conducta del fallido, administradores, gerentes,
directores, fundadores, liquidadores y síndicos de sociedades, cuya finalidad era tramitando un incidente—
inhabilitarlos para ejercer el comercio; para ser factores o apoderados con facultades generales para ejercer el
comercio, y para ser socios, administradores, gerentes, síndicos o liquidadores o fundadores de sociedades
civiles y comerciales.
Otras leyes contemplaban —y aún lo hacen— inhabilitaciones especiales para quienes eran alcanzados por
esa calificación, sobre todo en su variante del fraude. Así, no podían ser agentes de bolsa (art. 42 inc. a ley
17.811 —Adla, XXVIII-B, 1929—), fundadores, promotores, titulares, directores, administradores, síndicos,
liquidadores, gerentes y apoderados de casas de cambio (art. 4 incs. g y h ley 18.924 —Adla, XXXI-A, 92—);
promotores, fundadores, directores, consejeros, síndicos, miembros del consejo de vigilancia, liquidadores,
gerentes, administradores o representantes de aseguradores; candidatos a los órganos directivos o de
fiscalización de una asociación mutual (art. 13 ley 20.321 —Adla, XXXIII-B, 1477—); martilleros (art. 2 inc. b
ley 20.266 —Adla, XXXIII-B, 1384—); consejeros ni síndicos de cooperativas (art. 64 ley 20.337 —Adla,
XXXIII-B, 1506—); productores ni asesores de seguros; escribanos (art. 4 inc. e ley 12.990); agentes
extrabursátiles; directores, administradores, gerentes y representantes en la negociación de títulos valores (art. 8
res. gral. 44/75); no podían ingresar a la Administración Pública Nacional, Poder Judicial de la Nación, etc.; no
podían inscribirse en la matrícula de abogados (art. 5 ley 22.192 —Adla, XL-B, 833—); no podían formar parte
del directorio del Banco Hipotecario Nacional (art. 13 inc. a ley 22.232 —Adla, XL-B, 1060—); no podían ser
directores de sociedades anónimas (art. 264 inc. 2 ley 19.550 —Adla, XLIV-B, 1310—); sociedades en
comandita por acciones (art. 316) y sociedades de responsabilidad limitada (art. 157), miembros del consejo de
vigilancia (art. 280), o síndicos (art. 286); estaban impedidos de ser vocales de la Comisión Nacional de la
Defensa de la Competencia; no podían ser directores del Banco Central de la República Argentina (art. 2 ley
22.467 —Adla, XLI-C, 2915—); no podían inscribirse en el registro del Colegio de gestores, ni formar parte del
mismo (art. 5 decreto 4622, t.o. 1987 —Adla, XLVII-D, 4931—); no podían ser administrador ni

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subadministrador de la Administración Nacional de Aduanas (art. 4 inc. d ley 22.091 —Adla, XXXIX-D, 3619
—); perdían vocación para ser tutores (art. 398 inc. 5 CC.); se hallaban impedidos para ser testigos en
instrumentos públicos (art. 990 CC.); no podían actuar como albaceas (art. 3864 CC.); perdían la administración
de los bienes de los hijos menores (art. 301 CC.); no podían ser curadores (art. 475 CC. ); estaban excluidos del
padrón electoral (1). A ello debe agregarse: a) art. 22 Const. Prov. Entre Ríos (prohibición de ser empleados,
funcionarios, o legisladores de la provincia); b) art. 88 bis CCom. (prohibición de ser corredores); c) art. 41 inc.
7, 46 inc. e 76 inc. 7 ley 22.415 (Adla, XLI-A, 1325) (prohibición de inscribirse o mantenerse inscripto como
despachante de aduana, o ser apoderado general y dependiente de los auxiliares del comercio y del servicio
aduanero); f) art. sin número incorporado a la ley 11.683 ([t.o. 78 —Adla, LVIII-C, 2969—) por la ley 23.495
(prohibición de ser director o subdirector general de la Dirección General Impositiva).
La ley 24.522, actualmente vigente, establece un nuevo régimen para los concursos que elude toda
referencia a la conducta del deudor, la inhabilitación aparece como una consecuencia directa de la declaración
de quiebra. Dicho con otros términos, se reprocha en principio el estado de quiebra en sí mismo sin importar las
causas que llevaron a él.
La inhabilitación, opera en forma automática con el auto de quiebra, por lo cual obviamente no contempla
trámite alguno para calificarla. Como contrapartida, establece para el caso de quiebra una inhabilitación
automática de un año, reducible o ampliable por directa decisión judicial —en el primer caso— o como
consecuencia de la resolución jurisdiccional que somete a proceso penal al ya inhabilitado —en el segundo—.
Se advierte así que el reproche del legislador para inhabilitar al fallido y administradores no tiene que ver en
principio con la comisión de actos fraudulentos o culpables vinculados con la cesación de pagos sino que
reconoce como fundamento la sola circunstancia de haberse decretado la quiebra.
III. Sujetos comprendidos en la inhabilitación
Si bien la ley establece ahora claramente que el fallido persona física queda inhabilitado desde la sentencia
de quiebra —no desde que queda firme—, no están comprendidos en la inhabilitación automática quienes se
desempeñaron como representantes, factores, administradores o apoderados generales del mismo. Concuerda
esta solución con la del Código Penal, que no contempla a los indicados en los tipos de los arts. 176 a 180.
Superando la discusión suscitada con la anterior normativa, se establece ahora que la inhabilitación no sólo
alcanza a la fallida cuando es persona de existencia ideal, sino que la misma es definitiva, salvo que exista
conversión en concurso preventivo (obviamente éste no deberá derivar en una nueva quiebra a los efectos de
mantener la "no inhabilitación") o conclusión de la quiebra. La inhabilitación, sin embargo, no alcanza a
aquellos actos celebrados por los administradores de la fallida tendientes a lograr un avenimiento o concluir la
quiebra adjuntando cartas de pago, ya que de otra forma ambos modos de conclusión no podrían ser logrados.
En cuanto a los sujetos vinculados con la persona de existencia ideal fallida, se limita ahora la inhabilitación
automática a los integrantes de su órgano de administración en funciones a la fecha del decreto de quiebra. Se
excluye así en principio a los fundadores, liquidadores y síndicos, que podían ser imputados por la comisión de
actos fraudulentos o culpables. Ello no los excluye de ser sujetos pasivos de una acción penal si se los
considerara prima facie incursos en delito, y si el cargo desempeñado puede ser incluido en el tipo del art. 178
CP. (que no comprende expresamente a los fundadores).
La inhabilitación también alcanza a los administradores que se hubieren desempeñado desde la fecha inicial
de estado de cesación de pagos (aun cuando al momento del decreto de quiebra no figuren como tales) y
comenzará a correr por un año a partir de la fecha en que quede firme el proveído correspondiente, es decir
desde que el síndico presente el informe general y éste no sea materia de observaciones por parte de la fallida o
terceros interesados (art. 235 y art 117 concursal).
IV. Efectos de la inhabilitación concursal

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El art. 238 de la LCQ, establece que: "Además de los efectos previstos en esta ley o en leyes especiales, el
inhabilitado no puede ejercer el comercio por sí o por interpósita persona, ser administrador, gerente, síndico,
liquidador o fundador de sociedades, asociaciones, mutuales y fundaciones. Tampoco podrá integrar sociedades
o ser factor o apoderado con facultades generales de ellas".
Haciendo un análisis de este artículo, cabe al respecto las siguientes consideraciones y preguntas:
Al decir la norma que el inhabilitado "tampoco podrá integrar sociedades", me pregunto:
¿Qué pasaría si este socio inhabilitado, que formaba parte del órgano de administración de la sociedad
fallida es a su vez socio de una sociedad de responsabilidad limitada de dos socios?
¿Qué implicancia tiene el efecto de la inhabilitación del socio de la sociedad fallida, sobre la vida de esa otra
sociedad?
Decir que el socio está inhabilitado, que por ende no puede ejercer el comercio ni tampoco puede ser socio
integrante de otra sociedad, esto afectaría en forma indirecta la vida de otras sociedades.
Volviendo a la pregunta anterior, si una persona que era socio de una sociedad, en la cual participaba del
órgano de administración, y como consecuencia de su estado falencial es afectado por la inhabilitación (art. 235
LCQ), indirectamente éste socio inhabilitado afectará la vida de la otra sociedad en la cual participa.
Si nos encontráramos con una sociedad de responsabilidad limitada de dos socios y uno de ellos es
declarado inhabilitado en un proceso falencial, ¿cómo quedaría conformada esa otra sociedad "sana" si es que
así se la puede llamar?
Evidentemente, nos encontraríamos con una sociedad de dos personas en la cual por la pérdida de un socio a
causa de la inhabilitación concursal, aparejaría la disolución y la consecuente liquidación de esta otra sociedad,
salvo que en esta sociedad se introduzca un nuevo socio para mantener el número mínimo legal (art. 1 de la ley
19.550), que no sería el caso de análisis, porque lo que se pretende es ver las consecuencias hacia otras
sociedades que produce la inhabilitación de un socio en una sociedad fallida.
Además de ello, el efecto de la inhabilitación del socio, no debería ser motivo para que en otra sociedad
"sana" se tenga que modificar contrato social o proceder a cesiones de cuotas sociales, con la única finalidad de
mantenerla viva, siendo además que el plazo de la inhabilitación es de tan solo un año.
Es decir que se provocaría todo un movimiento societario en otra sociedad como consecuencia de la
inhabilitación de aquel socio que participó del órgano de administración de la sociedad fallida.
El art. 94 inc 8° de la ley de Sociedades Comerciales, establece como causales de Disolución, ".. reducción a
uno del número de socios, siempre que no se incorporen nuevos socios en el término de tres meses. En este
lapso el socio único será responsable ilimitada y solidariamente por las obligaciones sociales contraídas".
Frente a esta situación que nos encontramos, corresponde analizar de que manera se brinda una solución
jurídica al respecto.
Considero que frente a una situación como la expuesta, el socio que forma parte del órgano de
administración de una sociedad fallida, y a la vez es socio de otra sociedad de dos personas, debería poner en
conocimiento dicha circunstancia al Juez de la quiebra a los fines de que no se decrete en forma automática
como se suele hacer en los procesos, la inhabilitación del mismo, dado las consecuencias que ello acarrearía a
otra sociedad.
Está dentro de las facultades del Juez, de poder reducir y/o ampliar y/o dejar sin efecto el plazo de un año de
la inhabilitación. Esto está expresamente previsto en el art. 236 segundo párrafo de la ley concursal al decir "Ese
plazo puede ser reducido o dejado sin efecto por el Juez...".
El virtud de ello el Juez concursal, debería dejar sin efecto la inhabilitación (art. 236-2° parte), máxime si
está demostrado prima facie que el socio no está incurso en delito penal.

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Ya desde antiguo, y con anterioridad a la propia modificación del art. 274 de la ley 19.550, la jurisprudencia
había admitido la distinta apreciación de la conducta del director que tuvo a su cargo la administración
cuestionada, respecto de la de aquel que permaneció ajeno a ella, o sea, el típico caso del llamado "director de
asiento", que ni siquiera concurre a la sede social, y aunque lo haga, no participa en la toma de decisiones.
Así se expide Ernesto Eduardo Martorell, en su Tratado de Concursos y Quiebras, t. III, p. 594 al decir:
"¿Este exiguo plazo puede reducirse? Sí, no solo puede ser reducido por el juez sino que el tribunal —si
llega a la convicción de que, prima facie, el inhabilitado no incurrió en la comisión de delito penal— podrá, a
pedido de parte, dejar el plazo de un año sin efecto ...
Empero, teniendo en cuenta el carácter excesivamente conservador de los jueces argentinos, dudo mucho
que algún magistrado se atreva a dejar sin efecto un plazo tan breve, por entender que no sólo se vería afectada
la seguridad jurídica sino que —además— podrían surgir para el tribunal responsabilidades personales, si el
fallido vertiginosamente rehabilitado termina siendo un verdadero delincuente".
En igual sentido se expide Francisco Junyent Bas y Carlos A. Molina Sandoval en la Ley de Concursos y
Quiebras comentada, t. II, p. 490 al decir:
"En relación a la reducción o cese anticipado del plazo, debe decirse que para que proceda esta alternativa
deben darse los siguientes requisitos:
a) Pedido de parte: la previsión legal imposibilita la declaración oficiosa de la reducción o cese anticipado de
la inhabilitación. A pesar de que la ley exige pedido "de parte" (y no expresamente del inhabilitado), pensamos
que sólo puede solicitarla el inhabilitado. Por ello, no pueden peticionar la reducción (a pesar de ser parte en el
proceso concursal) ni el síndico, ni los acreedores, ni la fallida (persona jurídica) en relación a sus
administradores (no fallidos inhabilitados). La doctrina italiana ha legitimado a los herederos del inhabilitado. El
escrito deberá reunir las formalidades de los actos procesales y deberá justificar no estar incurso en delito
penal".
Es decir que la inhabilitación del fallido, tratándose de persona física integrante del órgano de
administración, no debería funcionar en forma automática, sino al contrario se debería aplicar dicha
inhabilitación sólo en la medida que el Juez observe y presuma una conducta reprochable en las personas del
órgano de administración de la sociedad.
Las disposiciones actuales de la ley de Concursos y quiebras en materia de inhabilitaciones del fallido,
contradicen la garantía constitucional de presunción de inocencia (art. 18 CN), ya que la quiebra no es por sí
sola punible y la inhabilitación en sede penal es accesoria de la condena (es decir, no opera cautelarmente).
Consecuentemente, de haberse decretado la inhabilitación del socio que forma parte del órgano de
administración, el juez debería "dejar sin efecto" la inhabilitación, ni bien fuere peticionado por el interesado.
En lo que respecta a las facultades del magistrado para reducir el plazo de inhabilitación, no advierto cuál podría
ser el criterio para tal sentido, ya que, si la inhabilitación como vimos opera por presumirse la comisión de un
delito, y esta presunción legal es inaplicable por contradecir la constitucional, el juez debería declarar el cese de
la inhabilitación, ya que carece de parámetros legales para "graduar" su plazo de duración.
La sola declaración de quiebra no es delito tipificado en el Código Penal (la doctrina penalista sostiene que
actúa tan solo como condición subjetiva de punibilidad, o como mucho, como "elemento" del tipo —conf.
Creus, ob. cit., p. 97—). Sin embargo, como vimos, en la ley 24.522 el magistrado sólo podría levantarla si el
imputado "no estuviere prima facie incurso en delito penal", norma que —repetimos— viola la presunción de
inocencia que emana del art. 18 CN. en tanto impone al inhabilitado la carga de acreditar que no cometió delito.
La conclusión es obvia: o el juez efectúa denuncia penal simultáneamente con el decreto de quiebra para que
opere la inhabilitación (momento en el que la experiencia demuestra que se carecen de elementos para ello), o,
si no lo hace, tampoco podría disponer inhabilitación alguna para violentar la norma constitucional. En el

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Derecho Penal, la inhabilitación es un accesorio de la pena que, como tal, sólo puede ser impuesta con sentencia
firme de condena, no operando provisoriamente (art. 5 CP. y art. 1 CPr. ).
Iglesias, José A. coincide en que el régimen actual de la ley 24.522 es más severo, ya que "automatiza la
inhabilitación para los administradores de las personas jurídicas. En la ley 19.551 esa inhabilitación estaba
sujeta a las resultas de la calificación, conforme lo disponía el art. 245" ("Concursos y quiebras. ley 24.522 ",
Buenos Aires, Ed. Depalma, 1995, p. 252; la misma opinión vuelcan Rivera, Roitman y Vítolo en su "Concursos
y quiebras. ley 24.522 ", Buenos Aires, Ed. Rubinzal-Culzoni, 1995, p. 371).
En lo que respecta a la legitimación para solicitar el cese de la inhabilitación, el art. 236 segundo párrafo
establece que es "a pedido de parte y previa vista al síndico", es decir que requiere de un pedido a los fines de
rehabilitarse el fallido como persona física o integrante del órgano de administración.
Sin embargo parte de la Doctrina (Ernesto Eduardo Martorell, en su Tratado de Concursos y Quiebras, t. III,
p. 592), establece que "Vencido el plazo, tanto el fallido a título personal como los integrantes del órgano de
administración de la sociedad quebrada habrán de obtener la rehabilitación "de pleno derecho" sin necesidad de
petición alguna y —obviamente— sin sustanciación.
De mi parte no considero propicia esta postura de la doctrina por cuando si en caso que el fallido o
integrante del órgano de administración hubiera incurrido en delito penal lo que es comprobado con
posterioridad al auto de quiebra, es seguro que la inhabilitación deberá durar hasta tanto cese esa situación
procesal del responsable.
De ser el levantamiento de la inhabilitación en forma automática, ésta podría acarrear serias consecuencias,
por lo que opino que el cese de la inhabilitación debe ser a pedido de parte luego de transcurrido el año de la
inhabilitación en caso de habérsela decretado.
Para la legislación Italiana (Ley 95 del 1979) establece en su art. 142 que:
"La riabilitazione civile fa cessare le incapacitá personali che colpiscono il fallito per effetto della sentenza
dichiarativa di fallimento. Essa é pronunciata dal tribunale nei casi previsti dagli articoli seguenti, su instanza
del debitore o dei duoi eredi, sentito il pubblico ministero, con sentenza in camera di consiglio....
Es decir que para la legislación italiana, el pedido del cese de la inhabilitación, además de realizarlo el
propio deudor, lo puede efectuar los herederos.
V. A modo de conclusión
Conforme el tema analizado, considero que el instituto de la inhabilitación del fallido, legislado en los arts.
234 al 238 de la ley falencial, no debería ser aplicado en forma automática con el auto de quiebra.
El Juez de la quiebra, al analizar los elementos traídos a juicio, debería realizar una primera valoración antes
del dictado del auto de quiebra en lo que respecta a decretarse la inhabilitación del fallido y las posibles
consecuencias que ello puede acarrear como las planteadas en este trabajo.
Es decir que si el Juez advierte que no existe conducta culpable por parte del fallido o un obrar doloso que
haya provocado esa situación, debería eliminar del auto de quiebra la inhabilitación del mismo; más aun cuando
al formularse el pedido de quiebra por parte del propio fallido o en el caso de quiebra indirecta, se le manifieste
que la inhabilitación le puede acarrear consecuencias insalvables con relación a su intervención como socio en
otras sociedades.
En lo que respecta a la situación en donde lamentablemente se decretó la inhabilitación, reitero nuevamente
que luego de transcurrido el plazo legal de inhabilitación de un año, dicha situación no debería cesar de pleno
derecho, sino que debería ser siempre a pedido de parte interesada.
Por ello es que soy de la opinión que la inhabilitación del fallido, no debe funcionar en forma automática
con el auto de quiebra, sino que debe ser aplicada en la medida que se presuma responsabilidad del mismo y en

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caso de aplicarse la inhabilitación, ésta no debe cesar automáticamente al término de un año, sino que debe ser a
pedido de parte y previo al análisis y valoración de las circunstancias por parte del Juez, siempre y cuando éste
no considere que dicha inhabilitación debe proseguir por otro plazo igual, menor o mayor.
En lo que respecta a lo analizado en este trabajo, puede consultarse como antecedente Jurisprudencial de la
Provincia de Tucumán en donde se ventilaron cuestiones de esta naturaleza, el fallo de fecha 27/09/2001, exp n°
885/97, del Juzgado Civil y Comercial Común de la 6ta Nom, autos Pazuc S.R.L s/ quiebra.
VI. Bibliografía consultada
1. Ley de concursos y quiebras comentada por Francisco Junyent Bas y Carlos A. Molina Sandoval, t. II.
2. Tratado de Concursos y Quiebras de Ernesto Eduardo Martorell.
3. Iniciación al estudio de las inhabilitaciones en la quiebra - Tévez Alejandra - LexisNexis - Depalma —
2003.
4. Los Directores de Sociedades Anónimas - Ernesto Eduardo Martorell - LexisNexis - Depalma- 1994.
5. Las inhabilitaciones en la ley 24.522 - Fernandez Moores, Javier E - LexisNexis - Jurisprudencia
Argentina - 1996.
6. Commentario breve alla Legge Fallimentare - Alberto Maffei Alberti - Cedam.
7. Diritto Commerciale - L´Imprenditore - Zanichelli Bologna.
8. Fallo del Juzgado Civil y Comercial Común de la 6ta Nom de la Provincia de Tucumán, Exp n° 885/97,
"Pazuc S.R.L s/ Quiebra".

Especial para La Ley. Derechos reservados (ley 11.723)

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