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¿Hay Salvación Fuera de la Iglesia?

Cristo, hecho presente para nosotros en Su Cuerpo, que es la Iglesia,


es el único Mediador y único camino de salvación

Desarrollo de la doctrina
No es lo mismo cambio que desarrollo. El dogma no puede cambiar porque
algo profesado como verdadero no puede después ser falso. Pero sí hay un
desarrollo, con el tiempo, en el entendimiento de los dogmas. Los Apóstoles
no comprendieron desde el primer momento todo el significado de lo que
Jesús les enseñaba. Igualmente, la Iglesia no comprendió desde el principio
toda la profundidad contenida en la revelación divina. Es por eso que Jesús
prometió el Espíritu Santo que estará con la Iglesia siempre y enseñará
toda la verdad. Así, a través de los siglos, la Iglesia va adquiriendo mayor
claridad sobre las verdades reveladas que ya estaban desde el principio en las
Sagradas Escrituras y en la Tradición.

Concilio Vaticano II: “Eligió (Dios) al Pueblo de Israel, con quien estableció un
pacto, y a quien instruyó gradualmente manifestándole así mismo sus divinos
designios a través de su historia.” (Lumen Gentes II, 9.)

En síntesis: El verdadero desarrollo de la doctrina implica el gradual


entendimiento por parte de la Iglesia de una verdad que no cambia. Esa
verdad, gracias al Espíritu Santo actuando en la Iglesia, se comprende mejor.

Ejemplo: La doctrina "No hay salvación fuera de la Iglesia" contiene una verdad
fundamental: La Iglesia es absolutamente necesaria para la salvación. Por
medio de la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo, Dios canaliza su gracia al
mundo. Toda salvación viene por la Iglesia de Cristo, fuera de esta gracia
no hay esperanza de vida eterna. Esta verdad ha sido entendida en
diferentes maneras a través de la historia de la cristiandad. Ha habido un
desarrollo de entendimiento y sin embargo la doctrina en su esencia
permanece intacta.

Aquellos que sostienen que la Iglesia ha cambiado su posición no comprenden


la verdad esencial que se encuentra en el centro de las diferentes
interpretaciones ni el desarrollo en la comprensión de la doctrina.
San Pedro dijo: "Porque no hay bajo el cielo otro nombre (que Jesús) dado
a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" -Hechos 4,12.
Como otras enseñanzas, esta debe ser entendida a la luz de toda la Sagrada
Escritura y de la sabiduría que el Espíritu Santo da a su Iglesia a través de los
siglos.
San Pablo en 1 Tim 2,4: "(Dios) que quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad". ¿Cómo se reconcilia
este deseo de Dios con lo dicho arriba por S. Pedro y el hecho de que tanta
gente muere sin conocer a Jesús?
Los Santos Padres enseñaron que no hay salvación fuera de la Iglesia. San
Cipriano, por ejemplo, dijo: "No puedes tener a Dios como Padre si no
tienes a la Iglesia como madre". Sin embargo estas enseñanzas se referían a
aquellos que, habiendo conocido la fe verdadera, la rechazaron.
10:23
 
 
San Agustín pensaba que, habiéndose proclamado el Evangelio en todas
partes, los judíos y otros que no aceptaban a Jesús serían condenados.
Esta enseñanza tuvo mucha influencia porque la Iglesia buscaba la
interpretación correcta de lo dicho por S. Pedro. Pero la interpretación de S.
Agustín no llegó a ser universalmente aceptada. Hemos de recordar que aun
los Padres y los santos cometen errores en aquella materia que no está
claramente definida. 
Más tarde Santo Tomás de Aquino también enseñó sobre la necesidad de
pertenecer a la Iglesia para salvarse pero al mismo tiempo enseñó sobre la
posibilidad del "bautismo de deseo": Uno puede obtener salvación sin ser
de hecho bautizado, si la persona deseó el bautismo, tal deseo es el resultado
de la fe que actúa por medio de la caridad, por la que Dios, cuyo poder no está
atado a los sacramentos visibles, santifica la persona interiormente.  (ref.:
Summa Theologiae III, q.68, a.2).

El Papa Pío IX en Singulari Quadam enseñó la doctrina de "no salvación fuera


de la Iglesia" con algunos importantes matices. Enseñó, por ejemplo que
algunos trabajan en "ignorancia invencible" sobre nuestra religión
pero observan con perseverancia la ley natural y sus preceptos que Dios
ha "inscrito en el corazón de todos". Estos están listos para obedecer a Dios
y viven una vida honesta y recta por lo que pueden, por la obra de la luz divina
y la gracia, alcanzar la vida eterna".
Ochenta años después de la encíclica de Pío IX, el Papa Pío
XII publicó Mystici Corporis en 1943. En ella enseña que los que están fuera de
la Iglesia Católica deben ser prestos en seguir las mociones interiores de la
gracia y rescatarse de ese estado en el que no pueden estar seguros de su
propia salvación. Porque, aunque, en cierto deseo inconsciente ellos
puedan estar relacionados al Cuerpo Místico del Redentor, pueden quedar
desprovistos de tantos y tan poderosos dones y ayudas del cielo que sólo
pueden gozar dentro de la Iglesia Católica. 
En 1949, una carta del Santo Oficio al Arzobispo Cushing hace referencia a la
encíclica de Pío XII: El Papa censura a aquellos que excluyen de la salvación
eterna a todos los hombres que se adhieren a la Iglesia sólo con un deseo
implícito; también censura a aquellos que falsamente mantienen que los
hombres pueden salvarse igualmente en todas las religiones".
Entre los Concilios Vat. I y Vat. II, el teólogo Ives Congar enseñó que
"elementos" de la única Iglesia verdadera existen fuera de sus fronteras
visibles. Otro teólogo, Henri de Lubac continuó esa línea. Ambos fueron periti
(Latín "expertos") oficiales en el Vaticano II y ambos han sido nombrados
cardenales por el Papa Juan Pablo II.
El Concilio Vaticano II no cambió la doctrina sino que cristalizó casi 1900
años de desarrollo teológico.

En Lumen Gentium el Concilio confirmó la doctrina de que la Iglesia es


necesaria para la salvación porque Cristo, hecho presente para nosotros en
Su Cuerpo, que es la Iglesia, es el único Mediador y único camino de
salvación. La Iglesia es el "sacramento universal de salvación". Toda salvación
viene por la Iglesia de Cristo, fuera de esta gracia no hay esperanza de vida
eterna. Esta verdad debe entenderse en conjunto con lo siguiente:

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña:


846 ¿Cómo entender esta afirmación (fuera de la Iglesia no hay salvación)
tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo
significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su
Cuerpo:
    El santo Sínodo [...] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición,
enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en
efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente
en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la
necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la
Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por
eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de
Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin
embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14).
847 Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a
Cristo y a su Iglesia:
    «Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero
buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la
gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su
conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).
848 «Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por Él, puede llevar a la fe, "sin
la que es imposible agradarle" (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el
Evangelio sin culpa propia, corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad
y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizar» (AG 7).
 

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