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Beihefte

zur Zeitschrift für romanische Philologie

Herausgegeben von
Claudia Polzin-Haumann und Wolfgang Schweickard

Band 388
ISBN 978-3-11037093-5

e-ISBN (EPUB) 9783110394351

e-ISBN (PDF) [PDF] 978-3-11-036619-8


e-ISBN (PDF) [EPUB] 978-3-11039435-1
ISSN 0084-5396

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© 2014 Walter de Gruyter GmbH, Berlin/Boston

www.degruyter.com

Epub-production: Jouve, www.jouve.com


A mis padres, Lily y Eutimio,
y a mi novia, Elia.
Tabla de contenidos

Beihefte zur Zeitschrift für romanische Philologie

Página de título

Página de Copyright

Dedicación

Índice de abreviaturas

Introducción

Primera parte

1 Semántica paradigmática: problemas teóricos y estado de la cuestión

1.1 Semántica preestructural

1.2 El análisis de constituyentes semánticos

1.2.1 La semántica estructural prelexemática

1.2.2 La Escuela de Tubinga y la Lexemática

1.2.3 La Escuela de Leipzig y los desarrollos del análisis de


constituyentes semánticos

1.2.4 Desarrollos y críticas al análisis de constituyentes semánticos

1.2.4.1 Desarrollos, críticas y alternativas de la Escuela


Semántica de La Laguna
1.2.4.2 Discusión interna a la Lexemática

1.2.4.3 Discusión externa a la Lexemática

1.2.5 La tendencia cognitivista

1.2.5.1 La semántica de prototipos

1.2.5.2 La teoría de los campos en la gramática generativa

1.2.5.3 La semántica de dos niveles y la teoría de los campos

1.2.6 Perspectiva actual

1.3 La familia de palabras como estructura léxico-semántica

1.3.1 Inicios y evolución disciplinar

1.3.2 Estado actual de la investigación de familias léxicas: la


familia léxica como reacción metodológica ante el campo léxico

1.3.3 Hacia una concepción metodológica integral de la familia


léxica

1.3.3.1 La familia de palabras en el habla

1.3.3.2 La familia de palabras en el sistema

1.3.3.3 La familia de palabras en la norma

2 El sistema léxico y familias de palabras

2.1 Estructura sincrónica y métodos de delimitación


2.1.1 Tensión entre la síntesis y el análisis

2.1.2 Analiticidad sincrónica

2.1.3 Criterios de segmentación sincrónica: la introducción del


«hablante»

2.2 Dimensiones de la significación

2.2.1 Consideraciones generales sobre las dimensiones semánticas


y adecuación al análisis de familias léxicas

2.2.2 La significación extra-e intraidiomática: äußere und innere


Sprachform

2.2.2.1 Problemas metodológicos relativos a los vínculos entre la


significación extra-e intraidiomática

2.2.2.1.1 Diferencia entre realización y designación

2.2.2.1.2 ¿Motivación entre la realización y la designación?

2.2.2.2 La progresión y competencia semánticas: de la metáfora


a la colocación

2.2.2.3 Grados de demotivación sígnica

2.2.2.3.1 Grados de distorsión de la estructura primaria

2.2.2.3.2 Grados de demotivación objetiva entre la estructura


primaria y la forma de contenido invariante

2.2.2.3.3 Grados de motivación subjetiva o relativa

2.3 La raíz léxica, contenido léxico invariante e infraespecificación


semántica
2.3.1 El contenido léxico potencial: significación primaria y forma
semántica

2.3.1 El contenido léxico actual: evento cognitivo y significación


archisemémica de los verba dicendi

2.4 Organización estructural de la familia léxica

2.4.1 La estructura paradigmática de la familia léxica o sistema


léxico primario

2.4.2 La estructura sintagmática o derivacional de la familia léxica


o sistema léxico secundario

2.4.3 Nomenclatura, metalengua y descripción componencial

Segunda parte

3 La familia de palabras «decir»

3.1 La raíz léxica «dec-»: reconstrucción semántica, historia y


formación

3.1.1 Las variantes terminológicas

3.1.2 Notas sobre el antiguo deçir

3.2 Estructuración de la familia

3.2.1 Sistema léxico primario: prefijación o complementación


morfológica externa

3.2.1.1 Estructura semántica del sistema léxico primario ‘decir’


en el nivel de la significación primaria

3.2.1.2 Estructura semántica del sistema léxico primario en el


nivel de los valores directrices (basada en el DRAE)

3.2.2 Sistema léxico secundario: sufijación o complementación


morfológica interna

3.3 Estudio de las variantes léxicas primarias y sus derivados

3.3.1 abdicar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.2 *edecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.3 dedicar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.4 desdecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.5 *adecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.6 *indecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.7 indicar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.7.1 indiciar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.8 redecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.9 antedecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.10 predecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.10.1 predicar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.11 entredecir (interdecir): definición, historia y campo de


realizaciones
3.3.12 *sobredecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.13 contradecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.14 condecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.15 bendecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.16 maldecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.17 *veredecir: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.18 juzgar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.18.1 adjudicar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.18.2 enjuiciar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.18.3 prejuzgar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.18.4 sojuzgar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.19 vengar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.19.1 devengar: definición, historia y campo de realizaciones

3.3.19.2 re(i)vindicar: definición, historia y campo de


realizaciones

3.3.20 Derivados radicales

3.3.20.1 Derivados radicales primarios

3.3.20.2 Derivados radicales secundarios


3.4 Resultados parciales de la familia léxica hispánica

3.4.1 Resultados metodológicos y léxico-gramaticales

3.4.2 Resultados teórico-lingüísticos

4 La familia de palabras «sagen»

4.1 La raíz léxica «sag-»: semántica, historia y evolución

4.2 Estructuración de la familia

4.2.1 Sistema léxico primario: prefijación o complementación


morfológica externa

4.2.1.1 Oposiciones y correlaciones

4.2.1.2 Estructura semántica del sistema léxico primario ‘sagen’


en el nivel de la significación primaria

4.2.1.3 Estructura semántica del sistema léxico primario en el


nivel de los valores directrices (basada en el DWDS)

4.2.2 Sistema léxico secundario: sufijación o complementación


morfológica interna

4.3 Estudio de las variantes léxicas primarias

4.3.1 dasagen: definición y campo de realizaciones

4.3.2 absagen: definición y campo de realizaciones

4.3.3 aussagen: definición y campo de realizaciones

4.3.4 hersagen: definición y campo de realizaciones


4.3.5 lossagen: definición y campo de realizaciones

4.3.6 besagen: definición y campo de realizaciones

4.3.7 durchsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.8 untersagen: definición y campo de realizaciones

4.3.9 versagen: definición y campo de realizaciones

4.3.10 widersagen: definición y campo de realizaciones

4.3.11 entsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.12 wiedersagen: definición y campo de realizaciones

4.3.13 vorsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.13.1 vor(aus/her)sagen: definición y campo de realizaciones

4.3.13.2 vorwegsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.14 ansagen: definición y campo de realizaciones

4.3.15 einsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.16 hinsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.17 zusagen: definición y campo de realizaciones

4.3.18 weitersagen: definición y campo de realizaciones

4.3.19 nachsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.20 aufsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.21 totsagen: definición y campo de realizaciones


4.3.22 gutsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.23 weissagen: definición y campo de realizaciones

4.3.24 wahrsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.25 *jasagen: definición y campo de realizaciones

4.3.26 *neinsagen: definición y campo de realizaciones

4.3.27 danksagen: definición y campo de realizaciones

4.3.28 Derivados radicales

4.4 Resultados parciales de la familia léxica alemana

4.4.1 Resultados metodológicos y léxico-gramaticales

4.4.2 Resultados teórico-lingüísticos

5 Conclusiones generales

6 Bibliografía

Índice de autores
Índice de abreviaturas

ASALE Nueva gramática de la lengua española. Morfología y sintaxis; cf.


RAE-6
CORDE Corpus diacrónico del español; cf. RAE-2
CREA Corpus de referencia del español actual; cf. RAE-3
CS Véase EC
DCEHCH Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico; cf.
Corominas / Pascual (1997)
DCRLC Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana; cf.
Cuervo (1994)
DEA Diccionario del español actual; cf. Seco et alii (1999)
DELEA Diccionario de las lenguas española y alemana; cf. Slabý /
Grossmann / Illig (1999)
DELL Dictionnaire etymologique de la langue latine. cf. Ernout / Meillet
(1951)
DEM Diccionario del español medieval; cf. Müller (1987)
DRAE Diccionario de la Real Academia Española; cf. RAE-1
DRLVD Diccionario por raíces del latín y de las voces derivadas; cf.
Segura Munguía (2007)
DUDEN DUDEN-Grammatik; cf. DUDEN
DUE Diccionario de uso del español; cf. Moliner (1999)
DWB Deusches Wörterbuch; cf. Grimm / Grimm (1971)
DWDS Digitales Wörterbuch der Deutschen Sprache ; cf. DWDS
DWGS Deutsches Wörtefamilienwöorterbuch der Gegenwartssprache; cf.
Augst (2009)
DWP Deusches Wörterbuch; cf. Paul / Henne (1992)
DWS Deutsches Wortfamilienwörterbuch; cf. Splett (2009)
DWW Deusches Wörterbuch; cf. Wahrig (2003)
EWDPf Etymologisches Wörterbuch des Deutschen, cf. Pfeifer (1995)
EC Estructura conceptual (↓ 1.2.5.2)
EWDS Etymologisches Wörterbuch der deutschen Sprache, cf. Kluge
(2002)
GDLE Gramática descriptiva de la lengua española; cf. Bosque /
Demonte (1999)
FAG Fórmula archisemémica genérica (↓ 2.3.2)
FAE Fórmula archisemémica específica (↓ 2.3.2)
FS Forma semántica (↓ 2.3.1)
GMIL Glossarium mediae et infimae latinitatis; cf. Du Cange (1883)
IEW Indogermanisches Etymologisches Wörterbuch, cf. Pokorny (1994)
LEW Lateinisches etymologisches Wörterbuch, cf. Walde (1910, 1926)
LIW Lexikon der indogermanischen Verben, cf. Rix et alii (1998)
LLDISFE A Lexicon of Latin Derivates in Italian, Spanish, French and
English; cf. Dee (1997)
LLMAJ Lexicon latinitatis medii aevii Jugoslaviae; cf. Kostrenčić et alii
(1973)
MLW Mittellateinisches Wörterbuch; cf. Lehmann et alii (1967)
NDELE Nuevo diccionario etimológico latín-español; cf. Segura Munguía
(2001)
NTLLE Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española; cf. RAE-4
PONS Pons-Online-Wörterbuch, cf. PONS
PRED Predicado {P, Q, ...n}
RAE Real Academia Española
REDES Diccionario combinatorio del español contemporáneo; cf. Bosque
(2004)
SF Véase FS
SP Significación primaria (↓ 2.3.1)
TLatL Totius latinitatis lexicon, cf. Forcellini (1771)
TLCE Tesoro de la lengua castelana o española; cf. Covarrubias (1611)
TLL Thesaurus linguae latinae; cf. TLL (1900-1906)
VWIS Vergleichendes Wörterbuch der indogermanischen Sprachen; cf.
Walde-Pokorny (1930)

La aclaración de predicados y operadores semánticos del tipo CAUSE se


encuentra en 2.4.3.
Introducción

El término familia de palabras o familia léxica, si bien cuenta con una larga
tradición y un amplio consenso en la historiografía lingüística, presenta
dificultades tanto desde una perspectiva terminológica como teórico-
metodológica: por un lado, el concepto de «familia» no es fácilmente delimitable
con respectos a otras nociones lingüísticas colindantes, como «campo»,
«semejanza /

similitud» o «parentesco», términos todos con los que la noción de «familia» se


relaciona de un modo en el que no resulta fácil juzgar si estrictamente científico
o metafórico; por otro lado, el concepto de «palabra», así como las dificultades
para justificar su autonomía con respecto a la sintaxis no han dejado de ser
debatidos y puestos en entredicho desde los inicios de la Lingüística hasta las
recientes teorías morfológicas.1 Como es de esperar, el concepto complejo de
«familia de palabras»

resulta aun más controvertido, pues no precisa de forma explícita el tipo de


relación existente entre las nociones vagas que aúna: el término complejo podría
interpretarse como ‘familia [etimológica / denotativa /

asociativa / metafórica, etc.] de palabras’. En el presente trabajo utilizaremos de


forma indistinta las designaciones familia de palabras o familia léxica para
referirnos a un fenómeno complejo que definiremos en este trabajo como un
subtipo de «macroestructura léxico-semántica» que se caracteriza por ser el
producto histórico de paradigmas semiproductivos de constructos léxico-
gramaticales vinculados etimológicamente y organizados de acuerdo a efectos de
prototipicidad y semejanza familiar (en el sentido técnico de la lingüística
cognitiva).2

El

presente trabajo tiene como objeto de estudio, por tanto, describir de forma
exhaustiva –a saber, semántica y morfofonológicamente– dos familias de
palabras, decir en español y sagen en alemán, de acuerdo a una metodología de
análisis de familias léxicas, extrapolable, a grandes rasgos, a lenguas de
estructura léxica derivativa y compositiva. El estudio surge, por tanto, a partir de
una doble motivación: por un lado, representa una aplicación de la especulación
teórica y práctica desarrollada hasta el momento –especialmente en Alemania y
en el mundo hispanohablante– en el mencionado ámbito. En él se comprueban
las hipótesis generalmente aceptadas y se discuten aquellos aspectos que no han
gozado de consenso dentro ni fuera de los países implicados; por otro, pretende
delimitar un punto de partida teórico conciliador, a partir del cual se puedan
desarrollar las diversas perspectivas analíticas, sin presuponer contradicciones
entre los modelos, muchas veces, solo aparentes.

Dado

que probablemente sea en el ámbito de la lexicología donde de forma más


notable proliferan, convergen y divergen modelos descriptivos, tendremos en
consideración exclusivamente aquellas propuestas que mejor se adapten a la
descripción de familias léxicas, como estructuras hipervinculadas en el plano
morfológico y semántico, a saber, aquellas propuestas que se funden
explícitamente en relaciones paradigmáticas o, lo que es lo mismo, en análisis
macroestructurales de constituyentes.

Para lograr tal fin, hemos escogido las familias que se desarrollan en ambas
lenguas en torno al citado verbum dicendi por las siguientes razones: de una
parte, las familias seleccionadas presentan una amplitud sincrónica y diacrónica
suficientes en sus planos léxico-gramaticales como para extraer conclusiones
generales sobre estructuras y modelos formativos en ambas lenguas; de otra
parte, tanto para sus raíces bases, como para sus derivados y compuestos
teníamos a disposición –especialmente para esta categoría léxico-semántica– una
extensa bibliografía monográfica y lexicográfica que describía con suficiente
exhaustividad, sincrónica y diacrónicamente, sus implicaciones fonológicas,
morfológicas, valenciales, semánticas y fraseológicas, lo cual permitió
interpretar con exactitud el fenómeno e hizo posible contraponer los diversos
puntos de vista.
La

morfología, lexicología y semántica representan los pilares del presente estudio,


sin pretender, no obstante, exponer el estado de la cuestión más avanzado en
dichas materias. Con todo, haremos hincapié especialmente en el aspecto
semántico, dado que ha sido este el menos estudiado de entre los citados en el
seno de la investigación de familias léxicas. Nuestro objeto de estudio serán,
entonces, las familias de palabras en tanto que estructuras en las que se
conjugan los ámbitos arriba mencionados y, a partir de las cuales, se plantean
problemas de estructuración que atañen a los fundamentos teóricos de cada una
de estas subdisciplinas.

Este estudio no debe

plantearse, pues, como una investigación en la formación de palabras hispánica y


alemana, sino como una aproximación para entender cómo el conjunto de
procedimientos morfológicos, fonológicos y léxico-semánticos presentes en la
competencia idiomática de una comunidad está al servicio de estructuras de
orden más general o que traspasan los límites particulares de las subdisciplinas
citadas.

El

estudio se desarrolla, por ende, en dos partes: la primera aborda el problema de


la semántica paradigmática desde sus inicios y planteamientos elementales hasta
sus últimos desarrollos, teóricos y metodológicos. En ella consideraremos qué
posibilidades existen de estructuración paradigmática del léxico, así como los
sectores de que estas se ocupan. El objetivo principal de este status quaestionis
será exponer los fundamentos teóricos y metodológicos de un sistema que, de
acuerdo a los desarrollos descritos, contemple el léxico desde sus implicaciones
situacionales o pragmáticas hasta sus potencialidades sistémicas, tanto desde una
perspectiva sincrónica como diacrónica; en la segunda parte se estudian las
familias propiamente dichas, española y alemana, y sus respectivas
organizaciones de acuerdo a los niveles propuestos, para concluir con la
confirmación o el rechazo de las hipótesis comparativas y generales. A este
respecto, hemos de advertir que únicamente la familia léxica hispánica recibirá
un tratamiento diacrónico exhaustivo, al tiempo que su correspondiente
germánica nos servirá de término de comparación tipológico, más que
descriptivo. Para obtener un panorama general de la organización de ambas
familias léxicas y, en algunos casos, para facilitar la lectura del estudio, el lector
dispone de dos organigramas respectivos, disponibles para descarga en la página
oficial de la editorial de Gruyter.

Por
último, y como objetivo colateral del trabajo, pretendemos hacer accesible al
mundo hispanohablante la fructífera discusión sobre el tema abordada en lengua
alemana, así como, secundariamente, la desarrollada en lengua francesa e
inglesa, entre otras. Por ello, el lector advertirá a lo largo del estudio la presencia
de citas en las lenguas originales de amplitud suficiente como para poner a
disposición de la crítica posterior los textos contextualizados de los que
partimos. Junto a nuestra interpretación y su consecuente desarrollo
historiográfico, el lector hispanohablante dispondrá, como decimos, de una
traducción propia y de la respectiva fuente original, que, pensamos, puede servir
de base para sucesivas investigaciones, teóricas y terminológicas, y de piedra
angular para un futuro diálogo científico y constructivo.

No me gustaría concluir esta

introducción sin agradecer a todas aquellas personas que de una forma u otra me
han apoyado en el proceso de realización de este proyecto. Entre ellas se
encuentran mis colegas, doctorandos y amigos del Departamento de Lingüística
Aplicada y Traductología (IALT) de la Universidad de Leipzig, en especial,
Christian Bahr, Sander Zequeira, Ruymán Reyes, Teresa Molés, Anastasia
Molchanova y Pablo Linares, Òscar Bernaus, Miguel Martín, Juan Carlos
Camacho, Encarnación Tabares y Robert Heinlein, cuyos continuos comentarios
y aportaciones desde diversas perspectivas en sucesivos coloquios y encuentros
enriquecieron mi visión del objeto de estudio y me apoyaron incondicionalmente
en los años de estancia en Alemania.

Del mismo modo, este

proyecto no hubiera podido ver la luz sin el apoyo institucional de la Facultad de


Filología de la Universidad de Leipzig, que me acogió como doctorando y puso
a mi disposición el mejor ambiente de investigación. En el seno de esta
institución agradecemos especialmente al Prof. Gerd Wotjak su apoyo y
disposición continua a avalar el proyecto, así como sus apreciaciones teórico-
metodológicas. Al Prof.

Carsten Sinner, codirector de la Tesis Doctoral de la que derivó el presente libro,


la posibilidad de realizarlo en el mencionado departamento, sus observaciones
acerca de los fundamentos del trabajo, así como su disposición incondicional a
lo largo de su realización. Al Prof. Gerhard Augst de la Universidad de Siegen le
agradezco sus interesantes comentarios y apoyo al proyecto, así como sus
recomendaciones bibliográficas.

Agradezco,

igualmente, a los profesores de la Facultad de Filología de la Universidad de La


Laguna, de manera especial, a mi codirector, el Prof.

Marcial Morera, por su disposición para dirigir mi investigación y sus


interesantes observaciones, así como a la Profra. Dolores García Padrón y el
Prof. Ramón Trujillo, a quienes les debo interesantes comentarios y apoyo al
proyecto. Cualquier palabra de agradecimiento al Prof. José Juan Batista se
vuelve insuficiente, quien, además de despertar mi interés por el mundo clásico y
germánico, y, con su gran erudición, en general, por la Filología, me acogió en
su «pequeña familia» lipsiense, me brindó su amistad y, para mi beneficio, la
posibilidad de discutir minuciosamente todos y cada uno de los problemas que el
proyecto comprendía. De igual modo, le expreso mi sincera gratitud a los
editores de los Beihefte zur Zeitschrift für romanische Philologie, a la Profra.
Claudia Polzin-Haumann y al Prof. Wolfgang Schweickard, por haber acogido
mi trabajo en su prestigiosa colección.

Mi

sincero agradecimiento a mi hermana, Carolina, por su continuo apoyo y, por


último, a mi novia, Elia, y a mis padres, Lily y Eutimio, a quienes dedico este
trabajo. A Elia le agradezco especialmente mi acogida en Leipzig, sus valiosas
apreciaciones teóricas y técnicas, su comprensión, paciencia y altruismo en mi
labor diaria y, especialmente, su humildad, cariño y bondad. A mis padres, pese a
la insuficiencia que suponen unas líneas, agradezco el cariño, el apoyo, la
estabilidad y la confianza, junto al sinfín de motivos que puede expresar un hijo
agradecido a sus padres. Que esta dedicación sea una mínima muestra de mi
gratitud.

En Leipzig, a 22 de julio de 2014


Héctor Hernández Arocha
Primera parte
1 Semántica paradigmática: problemas teóricos y
estado de la cuestión

«Clara ergo cognitio est, cum habeo unde rem repraesentatam


agnoscere possim, eaque rursus est vel confusa vel distincta. […]
At distincta notio est […] per notas scilicet et examina
sufficientia ad rem ab aliis omnibus corporibus similibus
discernendam […]. Cum vero id omne quod notitiam distinctam
ingreditur, rursus distincte cognitum est, seu cum analysis ad
finem usque producta habetur, cognitio est adaequata, cuius
exemplum perfectum nescio an homines dare possint; valde
tamen ad eam accedit notitia numerorum. Plerumque autem,
praesertim in Analysi longiore, non totam simul naturam rei
intuemur, sed rerum loco signis utimur, quorum explicationem in
praesenti aliqua cogitatione compendii causa solemus
praetermittere, scientes aut credentes nos eam habere in potestate.
[…] Et certe cum notio valde composita est, non possumus omnes
ingredientes eam notiones simul cogitare: ubi tamen hoc licet, vel
saltem in quantum licet, cognitionem voco intuitivam.[…] et
quidem si simul adaequata et intuitiva sit, perfectissima est.3 (G.
W. Leibniz, Meditationes de cognitione, veritate et ideis, 1684).»

Como se desprende de las palabras de Leibniz, el espacio de la cognición estriba


entre el análisis exhaustivo, por un lado, como fin último, y la capacidad de
reconocimiento holístico, por otro, como inicio del proceso cognitivo. El análisis
componencial, como pieza clave de la noción de «paradigma», no es ajeno a la
dificultad que supone situarse entre ambos polos. El estado de la cuestión que
presentamos a continuación, en el que se discute el concepto de
«macroestructura semántica», como fundamento para los conceptos de «familia
de palabras» y «campo semántico», pretende poner de relieve los dos extremos a
los que aspiran las teorías semánticas modernas.4
1.1 Semántica preestructural

Como se recuerda con frecuencia, Saussure, en las lecciones recogidas en el


Curso de lingüística general, puso de manifiesto que los signos de que se
componen las lenguas naturales no constituyen una nomenclatura desordenada,
esto es, un conjunto de secuencias fónicas referidas a conjuntos de cosas o
eventos de la realidad, sin relación entre sí, sino, más bien, un conjunto de signos
portadores en sí mismos de una imagen acústica y un contenido conceptual, que
contraen relaciones recíprocas y, a partir de ellas, adquieren su identidad o valor.
Los signos reciben, por tanto, su identidad propia o, lo que es lo mismo, su
definición, por oposición a las otras unidades del mismo sistema. En palabras del
propio lingüista, «la lengua es un sistema en donde todos los términos son
solidarios y donde el valor de cada uno no resulta más que de la presencia
simultánea de los otros» (Saussure 1945 [1916], 138).
De su aportación –ya centenaria–, hemos heredado dos grandes principios
analíticos: el primero lo representa la necesidad de subordinar el referente o
designación en el análisis semántico al plano conceptual, propiamente
lingüístico; el segundo lo representa el concebir el valor propio del signo, su
identidad semántica, como una mera relación oposicional.
Bien es verdad que ya antes,5 en el ámbito de la filosofía, se había intentado
eliminar el referente en el estudio del lenguaje: Aristóteles –como apunta
Coseriu (1999, 20–21)– diferenciaba dos caras o planos en lenguaje mediante las
paráfrasis τὰ ἐν τῇ (lo que está en el sonido de la voz) y τὰ ἐν ψυχῇ (lo
que está en la mente, en el alma) e incluso, posteriormente, los estoicos
distinguieron entre el significado y la cosa ( ‘lo que se
‘los hechos’). Del mismo modo, en la filosofía moderna, encontramos esta
distinción en el tan referido artículo de Frege (1892) sobre el significado y la
referencia6 y en esta misma línea suele citarse la segunda parte de las Logische
Untersuchungen de Husserl (1901), donde se demuestra que existen
combinaciones lingüísticas con mismo referente y diferente significación
idiomática (Geckeler 1976 [1971], 92): así, la palabra «Napoleón» evoca
circunstancialmente tanto al ‘vencedor de Jena’ como al ‘vencido de Waterloo’,
porposiciones portadoras de distintos sentidos (Sinne), pero indicadoras de una
misma referencia (Bedeutung).7 Por estos años aparecen igualmente las
reflexiones de Erdmann sobre el uso lingüístico, el significado y la connotación
y que la siguiente cita podría resumir:

«Das Ideal einer Wortanalyse würde in einer genauen Angabe des


Gesamtumfanges, des Kerns und des Grenzgebietes bestehen,
sowie in einer Aufzählung und Erklährung aller allgemein
gebräuchlichen Sonderbedeutungen, ihrer Untergrenzen zweiter
und höherer Ordnung.»8 (Erdmann 1900, 51)

No obstante, Coseriu (2000, 23) y Salvador (2000, 112), en sus ponencias al


Congreso celebrado en La Laguna con motivo del centenario de la publicación
del Essai de sémantique de Bréal (cf. Martínez Hernández et al. 2000), señalaron
con vehemencia el precedente de las Vorlesungen über lateinische
Sprachwissenschaft (Lecciones de lingüística latina) de Reisig (1839) para una
historiografía de la moderna disciplina. En ellas, los signos se entienden ya como
una estructura solidaria, como un conjunto cerrado de unidades que se definen
recíprocamente a partir de un Hauptbegriff (concepto central) que experimenta
ulteriores modificaciones (Reisig 1839, § 180, 301–302).
En cuanto a este aspecto, nos parecería interesante añadir otras influencias no
tan citadas en la historiografía semántica (por ejemplo, en Haßler 1991 o Nerlich
1991; 2011).
Ya en la obra de Döderlein, Lateinische Synonyme und Etymologieen (Leipzig,
1826), se tratan las palabras incluidas en campos asociativos y se ponen de
relieve los rasgos por los que se diferencian y asocian. La obra se publica en
siete volúmenes (el último es un tratado sobre formación de palabras latinas) de
1826 a 1839, año, este último, en el que ven la luz las mencionadas Vorlesungen
de Reisig,9 igualmente en Leipzig, las cuales se encuentran profundamente
influenciadas por ella, según declara el propio Reisig.10 Sobre la necesidad de
agrupar las palabras en campos nocionales para, posteriormente, delimitar sus
diferencias, se expresa Döderlein, cuando aclara:

«Förderlich für die Auffindung der Differenz ist auch die


Vergleichung nicht blos der entsprechenden Synonymen aus der
griechischen Sprache […] sondern auch derjenigen lateinischen
Synonymen, welche durch den gleichen Differenzpunkt von
einander unterschieden sind.»11 (Döderlein 1826, XXI)

Asimismo, se destaca la necesidad de estudiar las relaciones semánticas de los


signos desde la propia lengua y de acuerdo a grupos sinonímicos que comparten
un núcleo diferenciador común (gleicher Differenzpunkt). Con respecto a la
modernidad de su método, el autor confiesa a continuación:

«Dieses Mittel, ein Differenzverhältniss anschaulich zu machen,


ist bisher meines Wissens noch wenig oder gar nicht angewendet
worden.»12 (Döderlein 1826, XXI)

Alejándonos de Europa –y sin olvidar la fecunda discusión que estas ideas


habían encontrado entre los ideólogos franceses (Haßler 1991, 35–69)–, no
resulta difícil demostrar cómo las obras filosóficas y lingüísticas de Bello,
maduradas antes de los años cuarenta de este siglo (Hernández
Arocha/Hernández Socas 2011a, Hernández Arocha 2013a), están totalmente
preñadas de tales ideas:

«El entendimiento debe a ella [la relación de semejanza y


diferencia] la coordinación, el inventario, por decirlo así, de todo
lo que aprende y sabe, sin ella no sería posible el lenguaje ni otro
sistema de signos. La relación de semejanza es la que sirve de
guía a la filosofía para traducir la variedad aparente de los
fenómenos con la uniformidad real que las leyes de la naturaleza
formulan.» (Bello 2006 [1881], 175)

No obstante, junto a aportaciones considerablemente innovadoras como las de


Döderlein o la de Heyse y su campo léxico ‘Schall’ de 1856 –como ha estudiado
Coseriu (1977b, 185–199)–, una de las exposiciones más tajantes a este respecto
en el ámbito de la semántica se ha atribuido posteriormente a Richard Moritz
Meyer y sus Bedeutungsysteme. En este artículo, el autor expone que
«[d]ie Hauptsache aber ist diese, daß kein Wort (alte Eigennamen vielleicht
ausgenommen) völlig isoliert ist.»13 (Meyer 1910, 356)
Meyer (1910, 361–363), tras estudiar diversas clases léxicas como nombres de
animales, numerales, terminologías, el lenguaje del ejército y el de la caza, llega
a la conclusión, al compararlas con otras clases léxicas como la de los verbos de
movimiento o sonido, de que se trata de estructuraciones artificiales en el léxico,
difícilmente alcanzables en el lenguaje natural. Al exponer las clases léxicas
antes citadas, el autor añade:

«So bietet die militärische Terminologie, weil sie eine künstliche


ist, das Bild eines Bedeutungssystems so klar, wie bei natürlichen
Systemen dies nicht zu erreichen ist. Hier aber ist zu betonen, daß
eben die meisten Bedeutungssysteme bis zu einem gewissen Grad
künstliche sind.»14 (Meyer 1910, 358)

La definición, por tanto, de sistema léxico que propone Meyer, es la de la


estructuración de conjuntos limitados de expresiones de acuerdo a un punto de
vista, a saber, desde un ángulo semántico determinado, que puede situarse en
cualquiera de las dimensiones del lenguaje, esto es, tanto en la gramática como
en el léxico:
«Wir können jetzt geradezu definieren: ‹ein Bedeutungssystem ist die
Zusammenordnung einer begrenzten Anzahl von Ausdrücken unter einem
individuellen Gesichtspunkt›. So denn z. B. das Kasussystem, das eine
bestimmte Anzahl von Wortformen (wie ich es wenigstens auffasse) unter
dem Gesichtspunkt der Beziehungen eines Nomens zu andern Verbal-oder
Nominalformen ordnet; oder das Tempussystem mit seiner Gruppierung
nach der relativen Chronologie; oder auch die mhd. Minneterminologie, die
eine gewisse Zahl von abstrakten Worten nach ihrer Bedeutung für den
typischen Liebesroman anordnet. »15 (Meyer 1910, 359)
La semasiología tiene, según Meyer (1910, 359), dos objetivos primordiales en
el análisis léxico, que –como veremos– se desarrollará en las diversas corrientes
modernas, y que, por otra parte, representa el método tradicional de definición
aristotélica: la primera es determinar a qué sistema(s) semántico(s) pertenece la
palabra en cuestión; la segunda es comprobar cuál es el factor distintivo de tal
sistema. El autor estudia, así, los verbos de movimiento y sonido, llegando a la
conclusión –como decíamos más arriba– de que ha de existir un denominador
semántico común (Oberbegriff) a partir del cual se organizan todas las unidades
de acuerdo a diversas modificaciones. De esta forma, los distintos verbos de
movimiento representarían algo así como diversas Aktionsarten que configuran o
modifican el desplazamiento que les sirve de base. De aquí se desprende que:

«Es muß ein allgemeinerer Oberbegriff gefunden werden, von


dem die Aktionskategorien nur Unterfälle bilden.» 16 (Meyer
1910, 361)

Por otro lado, se encuentran en este trabajo diversas ideas que se desarrollarían
posteriormente y que creemos dignas de destacar: una de ellas es la concepción
de los modos de desplazamientos semánticos que se producen en el seno de los
sistemas, como, por ejemplo, los desplazamientos de tracción o propulsión,
descritos poteriormente por Martinet (1974 [1964]) en el ámbito de la fonología
y que, por tanto, presuponen implícitamente los conceptos de optimidad y
economía –presentes ya desde tiempos de Hjelmslev (1976 [1934])–:
«Die Bedeutungssysteme dauern fort, und jede Verschiebung der
Bedeutung macht deshalb neues Nachschieben und Nachfüllen nötig. Man
kann auch hier mit Recht von ‹Suppletivwesen› sprechen.»17 (Meyer 1910,
363)
Al mismo tiempo, el autor (1910, 366) confiesa ser consciente de la
imposibilidad de describir categorías oclusas en la semántica, problema teórico
que, como veremos a continuación (↓ 1.2.2 ), fue el eje de discusión más
relevante del VIII Congreso de Lingüistas de Oslo de 1958, con el que se abre la
discusión internacional sobre la Semántica estructural, naciente por aquellos
años.
Como vemos, tanto las especulaciones acerca de la necesidad de distinguir la
referencia de los contenidos propiamente lingüísticos, así como las alusiones a la
posible sistematicidad de tales fenómenos fueron, efectivamente, objeto de
discusiones previas a la aparición del Curso saussureano. Sin embargo, debemos
a Saussure el hacer de todas estas ideas dispersas un sistema coherente de
análisis lingüístico.
Su pensamiento con respecto a los signos radicaba en que «un término dado es
como el centro de una constelación, el punto donde convergen otros términos
coordinados cuya suma es indefinida» (Saussure 1945 [1916], 150). Para el
ginebrino, los signos lingüísticos conforman conjuntos teóricamente abiertos
donde cualquiera de sus elementos caracterizadores podría ser el vínculo de
relación para establecer un paradigma. Este tipo de estructuras las denominó
«relaciones asociativas» y representaban conjuntos como el siguiente (Saussure
1945 [1916], 150): Como se puede observar en el gráfico, el conjunto
{ENSEÑANZA} mantiene relaciones semánticas y formales con otros conjuntos
cuyas propiedades caracterizadoras pueden variar indefinidamente. En el
conjunto ENSEÑANZA –que denominaremos E–, están incluidos los
subconjuntos {A, B, C}, que satisfacen las siguientes propiedades:
A = {a: <enseñ->∈ a} Los miembros de A contienen la secuencia inicial –
en este caso, de naturaleza gráfica– <enseñ->.
A = enseña, enseñemos, …n.
B = {b: b ∈ ‘ENSEÑANZA’} Los miembros de B son hipónimos del
hiperónimo ‘ENSEÑANZA’.
B = aprendizaje, educación, …n.
C = {c: <-anza> ∈ c} Los miembros de C contienen la secuencia terminal –
en este caso, de naturaleza gráfica– <-anza>.18
C = templanza, lanza, balanza, …n.

Fig. 1: Relaciones asociativas según Saussure (1945 [1916], 150)

De este modo, A implica proporcionalmente B ó C, así como B implica A ó C (B


↔ A ∪ C) y C implica A ó B (C ↔ B ∪ A), a causa de que tanto A como B y C
están incluídos en E (A ∩ B ∩ C ⊂ E). A partir de aquí se pueden establecer las
relaciones asociativas presentadas por Saussure. Dado que las secuencias
iniciales y terminales (<enseñ-> y <-anza>) no representan simples
combinaciones fonológicas o gráficas, sino que, además, presentan un estatus
léxico o gramatical, la tarea posterior de la semántica sería introducir las
directrices necesarias para organizar los diversos conjuntos léxico-semáticos y
morfológicos, tarea que desembocaría en un análisis de constituyentes
semánticos.19

1.2 El análisis de constituyentes semánticos

1.2.1 La semántica estructural prelexemática

Aunque esta lingüística tardaría trece años en dar los espectaculares frutos de las
Tesis de 1929, desde 1926 el Círculo Lingüístico de Praga aplicaba los principios
teóricos del lingüista ginebrino a las diferentes áreas del lenguaje, especialmente
la sintaxis, morfología y fonología (Černý 1998, 155). Con todo, pese a que los
frutos de este círculo cobraron rápida resonancia debido a los sorprendentes
hallazgos en fonología, fue el significado lingüístico el primero en ser estudiado
bajo la moderna visión estructuralista del lenguaje expuesta en el Cours
saussureano. Como es de sobra sabido, Gunther Ipsen publica en 1924 un
artículo titulado «Der alte Orient und die Indogermanen» donde, a propósito del
significado léxico, declara:
«Ferner, die Eigenwörter stehn in einer Sprache nie allein, sondern sind
eingeordnet in Bedeutungsgruppen; damit ist nicht eine etymologische
Gruppe gemeint, am wenigsten um chimärische ‚Wurzeln‘ aufgereihte
Wörter, sondern solche, deren gegenständlicher Sinngehalt mit anderen
Sinngehalten verknüpft ist. Diese Verknüpfung aber ist nicht als
Aneinanderreihung an einem Assoziationsfaden gemeint, sondern so, daß
die ganze Gruppe ein ‚Bedeutungsfeld‘ absteckt, das in sich gegliedert ist;
wie in einem Mosaik fügt sich hier Wort an Wort, jedes anders umrissen,
doch so, daß die Konturen aneinander passen und alle zusammen in einer
Sinneinheit höherer Ordnung auf-, nicht in einer faulen Abstraktion
untergehen.»20 (Ipsen 1924, 225)
Se inaugura así una visión del léxico que se funda en dos hipótesis básicas, como
hemos leído: la primera es la que rechaza el análisis atómico del significado; la
segunda deriva de la metáfora de que, en consecuencia, el significado léxico se
articula en campos, cuya organización puede representarse como un conjunto de
estructuras superpuestas, sin grietas ni solapamientos, a saber, como un mosaico.
Esta concepción «arquitectónica», derivada de la noción de «campo», inspira
totalmente la lingüística germánica de aquellos años:
«In allen Gebäuden, Gefügen, Gestalten gehts nie vom Ganzen sofort zum
kleinsten Einzelnen. Sondern zwischen beiden Enden liegen Stufen und
Grade, aufsteigende Ordnun-Ordnungen, die immer Größeres umfassen.
Das Element hat unmittelbar nur Beziehung zu dem ihm nächst
übergeordneten kleineren Ganzen, dessen unmittelbares Glied es ist. Dies
Ganze seinerseits ist Glied eines übergeordneten Ganzen und so fort bis
zum Größten.»21 (Trier 1932, 418)
De los trabajos publicados en estos años dedicados al concepto de campo,22 ha
sido, efectivamente, Der Deutsche Wortschatz im Sinnbezirk des Verstandes. Die
Geschichte eines Sprachfeldes. Von den Anfängen bis zum Beginn des 13.
Jahrhunderts de Jorst Trier (1974 [1931]) el que mayor repercusión
internacional ha experimentado con posterioridad. En él, su Tesis de
Habilitación, presentaba al mundo investigador, por vez primera, un análisis
diacrónico exhaustivo del léxico alemán relacionado con el entendimiento hasta
los inicios del siglo XIII. En las veintiséis páginas que conforman la
introducción teórica se observa un evidente paralelismo23 con respecto al
planteamiento que había esbozado Ipsen. A pesar del reconocimiento del autor
en cuanto a la primacía de Ipsen en publicar tal concepción, él mismo (Trier
1974 [1931], 11, nota a pie 1) confiesa haber recibido una mayor influencia de
Saussure y Weisgerber que de aquel. Un breve resumen de su concepción podría
ilustrarlo la siguiente cita:

«Die Stelle, an der es [das Wort], von ihnen [den anderen


Wörtern] umdrängt, in dem großen Mosaik des Zeichenmantels
als kleiner Stein sitzt, entscheidet über seinen Gehalt, sie weist
ihm zu, was für einen Teil aus dem Gesamtblock der fraglichen
Bewußtseinsinhalte es herausschneidet und zeichenhaft
darstellt.»24 (Trier 1974 [1931], 3)

Según han señalado Ullmann (1957, 169) y Geckeler (1976 [1971], 190), poco
después de que tales ideas tomaran eco internacional, surgieron críticas acerca de
la tendencia de estos estudios a analizar sectores del vocabulario en que
dominaban significaciones abstractas y desde el punto de vista histórico, cuya
estructura podía ser definida sin tener en cuenta el peso de la crítica de hablantes
que pudieran avalar la viabilidad de dichos resultados.25 No obstante, esta
propuesta inspiró la lingüística europea –y, especialmente, la semántica–hasta
mediados de la década de los sesenta, en la que aparecen las primeras propuestas
de análisis componencial del significado.
En estrecho vínculo con la propuesta de Trier se encuentra la hipótesis de
Weisgerber, según la cual la lengua materna configura la representación de la
realidad externa al individuo. La escisión de la lengua y los hechos
extralingüísticos conduce a una hipótesis inmanente del significado como
organizador de la realidad y, por lo tanto, a concebir la lengua como una lente
que imprime en la experiencia colectiva del mundo la organización intrínseca
que la caracteriza. La lengua es para Weisgerber, en consecuencia, un
estructurador de la realidad, un «entremundo» (Zwischenwelt) que se interpone
entre las cosas y los hombres (Weisgerber 1973a [1939], 197). Esta concepción
encontró en la idea de «campo» o «mosaico» la metáfora más adecuada, como
observamos en la siguiente cita:
«Wir können also nur indirekt an diese ‹Zwischenschicht› herankommen,
und das eigentliche Rätsel der Sprache liegt darin: wie kann eine ‹geistige
Zwischenschicht›, ein ganzes ‹Weltbild› in einer Sprache existieren, ohne
daß die Sprachgemeinschaft als ganze oder ein einzelnes ihrer Mitglieder
darüber Rechenschaft ablegen könnte; und wie kann eine solche Denkwelt
mit der Spracherlernung immer von neuem im Einzelbewustsein aufgebaut
werden, ohne daß der Lernender und die Lernenden eine Einsicht in die
Bedingungen und die Tragweite dieses Tuns hätten? Darüber muss man ein
mal nachgedacht haben, um den Fortschritt zu ermessen, der mit dem
Feldgedanken erreicht wurde.»26 (Weisgerber 1973b [1954], 325)
Tal visión moderna de la semántica surgió, como vemos, paralelamente a los
desarrollos de la fonología y pronto fue socavada por ella.27 Mientras que los
estudios semánticos permanecían sentados en bases metodológicas en debate y,
como hemos visto a propósito de la noción de «entremundo» de Weisgerber, en
vagas nociones metafísicas, la fonología se instituyó como ciencia con unas
premisas rigurosamente asentadas a partir de la aparición de las Tesis
praguenses. El séptimo tomo de estas comprendía los Grundzüge der Phonologie
de Nikolai Trubetzkoy, en el que la ciencia fonológica quedaba ya fundada para
siempre. Este descubrimiento impactó al mundo de la lingüística no solo por su
precisión teórica y exacta aplicabilidad, sino también porque hasta ese momento
ninguna ciencia «humana» había logrado tal punto de rigurosidad científica.
Enseguida, filósofos, sociólogos, teóricos de la literatura, esto es, el mundo
humanístico al completo, intentaron aplicar el análisis estructural a sus
respectivas disciplinas. Parecía impensable que mediante un conjunto de rasgos
tan reducido –y a la vez, filosóficamente, elegante– se pudiera analizar la
estructura significante de cualquier lengua dada, presente y futura: por primera
vez, como hemos dicho, una ciencia humana llegó a ser «universal». El filósofo
Lévi Strauss, que vivió esta «revolución copernicana» y se adscribió a su
programa científico, explica así la influencia de este descubrimiento:

«En el conjunto de las ciencias sociales, del cual


indiscutiblemente forma parte, la lingüística ocupa sin embargo
un lugar excepcional: no es una ciencia social como las otras, sino
la que, con mucho, ha realizado los mayores progresos; sin duda
la única que puede reivindicar el nombre de ciencia y que, al
mismo tiempo, ha logrado formular un método positivo y conocer
la naturaleza de los hechos sometidos a su análisis. Esta situación
privilegiada entraña algunas obligaciones; el lingüista verá que, a
menudo, investigadores de disciplinas vecinas pero diferentes se
inspiran en su ejemplo e intentan seguir su camino. […] El
nacimiento de la fonología ha trastornado violentamente esta
situación. Ella no solamente ha renovado las perspectivas
lingüísticas: una transformación de esta magnitud no se limita a
una disciplina particular. La fonología no puede dejar de cumplir,
respecto de las ciencias sociales, el mismo papel que la física
nuclear, por ejemplo, ha desempeñado para el conjunto de las
ciencias exactas. ¿En qué consiste esta revolución, cuando
tratamos de analizarla en sus consecuencias más generales? […
En que] rehúsa tratar los términos como entidades
independientes, y toma como base de su análisis, por el contrario,
las relaciones entre los términos; introduce la noción de sistema
[…]. De esta manera y por primera vez, una ciencia social logra
formular relaciones necesarias.»28 (Lévi Strauss 1987 [1974], 66–
67)

Durante los veinte años siguientes a las primeras publicaciones de Trier y


Weisgerber, la fama de la fonología veló los avances que años antes habían
llevado a cabo los investigadores de la semántica.29 Por otro lado, la aparición y
el impacto internacional que ejerció la obra Language de Bloomfield, la cual
proponía erradicar del análisis lingüístico el plano semántico de las lenguas por
influencia del behaviorism, impulsó un fuerte rechazo a cualquier análisis que
excediera los planos sintagmático o fónico, únicos materiales y teóricamente
positivos del lenguaje (cf. Ullmann 1976 [1962], 268; Wotjak 1979, 15; García
Padrón 1997, 60–61).
Una notable excepción la representa el estudio de Nida «A system for the
description of semantic elements» (1975 [1951]),30 en el que distingue, basado
en su exhaustiva obra sobre morfología (1970 [1946]), los niveles semánticos
precisos para toda descripción del plano del contenido, rompiendo así con la
tradición behaviorista, pero manteniendo una fuerte dependencia
distribucionalista (cf. Nida 1975 [1951], 102).
Nida afirma que el significado se ha de describir de acuerdo a los contextos en
los que aparece, los cuales pueden ser lingüísticos o no lingüísticos
(etnológicos).31 En analogía a los pares terminológicos, morfo ~ morfema, fono
~ fonema, Nida propone la nomenclatura de sema y semema para la designación
del rasgo mínimo de significado contextualizado de acuerdo a las dos especies
mencionadas y la unidad de la clase a la que este pertenece, respectivamente. El
sema ha de ser, por tanto, alosema de un determinado semema, que representa su
clase, del modo en el que el morfo es alomorfo de un morfema o el fono es
alófono de un fonema (Nida 1975 [1951], 106). El sema es (1) el rasgo
semántico contextual de un morfema, (2) el rasgo de una parte de este o (3) el
rasgo derivado de una serie paradigmática.32 El sema se incluye, en tanto que
alosema, en la categoría semema.33 El significado resultante de la combinación
de varios semas reunidos en un mismo morfema es el episema, cuya clase, en
tanto que aloepisema, es el episemema.34 La relación entre varios sememas y un
solo episema compone un macrosema35 y la clase a la que tal significado
(alomacrosema) pertenece se denomina macrosemema.36 De este modo, Nida
hace una distinción estricta, por un lado, entre significados adscribibles a
contextos intra-y extralingüísticos y, por otro, entre unidades semánticas (semas,
episemas y macrosemas), clases (semema, episemema y macrosemema) y
relaciones de pertenencia a las clases (alosema, aloepisema y alomacrosema),
determinando así todas las posibles variantes de estudio del significado.
Seis años más tarde y paralelamente a los inicios de la especulación teórico-
metodológica sobre las posibilidades de la semántica, surge, en el ámbito de la
filosofía, una propuesta que va a influir sustancialmente tanto en el desarrollo de
las teorías semánticas posteriores como en el modo de clasificar
macroestructuralmente los significados léxicos. En 1957, el filósofo
norteamericano Zeno Vendler propone una clasificación de predicados verbales
de acuerdo a la organización interna de sus esquemas temporales (Fig. 2).
Vendler (1957, 146–147) distingue los predicados verbales, por una parte, de
acuerdo a si presentan o no subintervalos temporales en el evento que evocan,
condición que se ha denominado posteriormente dinamicidad (Comrie 1976,
48), disntiguiendo así entre predicados con intervalos periódicos, esto es,
activities (actividades), y predicados sin subintervalos temporales, esto es, states
(estados). Por otra parte, el autor distingue entre predicados que presentan un
límite temporal interno, condición que se ha denominado posteriormente
telicidad (Comrie 1976, 44), diferenciando entonces entre actividades con límite
interno o télicas, que denomina accomplishments (realizaciones37) y estados con
límite interno o télicos, designados achievements (logros).

Fig. 2: Aspecto léxico según Vendler (1957, 146–147)

Esta estructuración de los predicados verbales ha cimentado el estudio del


llamado «aspecto léxico» o, por la larga tradición de estudios sobre este tema en
la lingüística alemana, también Aktionsart (‘modo de acción’). Esta hipótesis,
que, posteriormente, en modelos como el de Levin/Rappaport (2011), determina
de forma sustancial el concepto de «raíz», sienta las bases para distinguir entre
eventos sin evolución interna, como los estados ‘saber’ o ‘amar’, o eventos con
evolución interna, como las actividades ‘cantar’ o ‘correr’. Asimismo, distingue
entre actividades con límite interno, como ‘conquistar’ o ‘recorrer’, y límites o
cambios de estado, sin actividad previa, como ‘morir’ o ‘llegar’. El número de
aspectos léxicos propuestos por Vendler ha aumentado (Van Van Valin/La Polla
1997) y disminuido (Pustejovsky 1995; ↓ 1.2.5.2 ) en el transcurso de los años, si
bien esta clasificación léxica se ha revelado de extrema fecundidad en las
décadas siguientes.
A excepción de estos estudios, la situación permaneció parcialmente
inalterable hasta que, en la década de los años cincuenta, se organizaron varios
congresos internacionales en los que se retomaron los problemas de la semántica
del lenguaje desde un punto de vista estructural.38 Habiéndose comprobado que
el distribucionalismo –en su desarrollo más estricto, como, por ejemplo, en
Zellig S. Harris– no explicaba en su totalidad qué era exactamente el
significado,39 obligando al lingüista a echar mano de disciplinas anejas para
describirlo, se optó por aplicar los principios de la fonología praguense al plano
del contenido. Sobre el auge que experimentó la disciplina en estos años,
atestigua Ullmann (1976 [1962], 11):
«La ‹semántica estructural› estuvo en la agenda del VIII Congreso
Internacional de Lingüistas, celebrado en Oslo en agosto de 1957, y aparece
a su vez en la del IX Congreso, que se celebraría en Cambridge, en 1962.»
Una de las aportaciones de mayor trascendencia para la historia de la semántica
léxica en el congreso de Oslo fue precisamente la de Louis Hjelmslev, en la que
se proponía igualar el análisis semántico al fonológico, reduciendo las
estructuras léxicas a clases cerradas,40 pues los conjuntos de miembros limitados
en número (como ocurre en la fonología), esto es, los paradigmas cerrados, se
prestan con mayor facilidad a establecer entre ellos oposiciones y determinar los
rasgos distintivos que los articulan. De este modo, en referencia al fonema y al
grafema, en el plano de la expresión, Hjelmslev afirma que:
«[d]’une façon analogue, c’est ce procédé qui permet de définir le
sémantème, en réunissant dans un ‹concept› ou terme générique les
significations particulières qu’il y a lieu de considérer comme possibles en
partant d’un usage donné dont on peut déduire, en suivant ce procédé, une
norme. Mais phonématème (phonème), graphématème (graphème) et
sémantème ne se confondent nullement avec la valeur; elles en restent au
contraire nettement distinctes. Elles constituent la ‹forme matérielle›; mais
‹forme matérielle› ne veut dire qu’un reflet de la forme pure, projetée sur la
substance, se nourrissant de ses bien-faits, et obtenu par une induction
surajoutée des significations particulières qui, d’une façon analogue, sont
les projections matérielles des variantes offertes par la forme pure.»41
(Hjelmslev 2008 [1958], 103)
Como vemos, tras definir el semema como la abstracción de rasgos sustanciales
circunscritos a una forma o proyección material del valeur, Hjelmslev (2008
[1958], 103) llega a la conclusión de que las diversas significaciones se
corresponden con el número de variantes de la invariante (forma o valeur) y que,
por tanto, han de depender alosémicamente de ella.
Quince años antes, en sus Prolegómenos a una teoría del lenguaje, el
fundador de la Escuela de Copenague había propuesto una metodología general
cuyo objeto era determinar las categorías, funtivos y relaciones existentes en las
lenguas naturales a partir de una concepción de signo que escindía lo puramente
formal de los sustancial. En otras palabras, el autor proponía reducir el análisis
del lenguaje a un álgebra pura, siguiendo la idea saussureana de que la lengua es
una forma y no una sustancia. Su objetivo era describir las categorías formales
de la lengua a partir de una lógica de relaciones que deslindaba las unidades de
acuerdo a los contextos en los que estas aparecían. A propósito de la
significación léxica, Hjelmslev había mantenido los siguientes supuestos:

«Los denominados significados léxicos en ciertos signos no son


sino significados contextuales, aislados artificialmente, o
paráfrasis artificiales de los mismos. Ningún signo absolutamente
aislado tiene significado; todo significado de un signo surge en un
contexto, entendiendo por éste un contexto situacional o
explícito.» (Hjelmslev 1974 [1943], 70)

Salta a la vista a este respecto la gran semejanza existente entre la concepción de


significado de Nida y de Hjelmslev. La introducción de la dicotomía «forma»/
«sustancia» en el concepto saussureano de signo buscaba como consecuencia
metodológica el poder delimitar su «identidad». Se trataba, en principio, de
aplicar la prueba de la conmutación de que Trubetzkoy había echado mano al
abordar el estudio de los sistemas fonológicos: cuando, en un determinado punto
de la cadena lingüística, se intercambia un signo por otro y tal cambio no entraña
repercusión alguna en el plano del contenido, estamos ante signos con rasgos
semánticos tan homólogos en su estructura significativa que permiten el cambio
sin alteraciones graves en el sentido del enunciado: tales signos serían, por tanto,
«variantes semánticas» de una «forma semántica» común a todo el paradigma de
signos que conmutan. Estamos, por tanto, frente a lo que –desde tiempos del
Círculo de Praga– se denominaba «prueba de la sustitución», acuñada más tarde
–en el segundo Congreso de Fonetistas de 1935– por Hjelmslev y Uldall como
«prueba de la conmutación» (Szemerényi 1979 [1971], 136). Esta concepción
suponía la existencia de una relación isomórfica entre el plano de la expresión y
el plano del contenido, por un lado, así como una delimitación sintagmática
precisa (discreción lingüística) en el eje sintagmático, por otro (↓ 2.1).
Según Hjelmslev (1974 [1943], 105–107), el método glosemático trataba de
reunir en un conjunto cerrado todas las unidades léxicas que poseían una base
semántica común, de forma tal que permitieran delimitar un «paradigma»
lingüístico –o, como había denominado Saussure, una «relación asociativa»–.42
El valor de este intento radica en aplicar, por primera vez, una metodología
axiomatizada en el análisis del significado idiomático, permitiéndonos
determinar un número cerrado de elementos que conforman un paradigma. El
resultado fue un análisis puramente formal:
«[t]al ciencia será un álgebra del lenguaje, que opere con entidades
innominadas, es decir, denominadas arbitrariamente, sin designación
natural.» (Hjelmslev 1974 [1943], 113)
Esta postura, profundamente inmanentista, infundió en sus colegas europeos un
gran escepticismo. Como diría Martinet (1974 [1964], 47): «[l]a teoría
hjelmsleviana es una torre de marfil como respuesta a la cual sólo cabría erigir
otras torres de marfil». Coseriu, por otra parte, esgrime a este propósito algunas
críticas:
«En la glosemática […] –doctrina lingüística de Louis Hjelmslev–, se
pretende convertir la descripción de las lenguas en descripción puramente
formal: en una especie de ‹álgebra del lenguaje›. Ahora bien, este aspecto
«técnico» se ha discutido y criticado como tal desde otras posiciones,
objetándose, entre otras cosas, su carácter ‹demasiado abstracto›; y se ha
insistido en las dificultades empíricas con que se tropieza en la descripción
al querer ignorar la ‹sustancia› de los hechos que se describen.» (Coseriu
1999 [1973], 108)
En la década siguiente, la semántica experimenta un avance y una
modernización considerables.43 Como es de sobra conocido, son las aportaciones
de Eugenio Coseriu y Bernard Pottier, desde el enfoque estructural, y
Katz/Fodor, desde el enfoque generativo, las que se proponen llevar a cabo una
semántica con rigurosas bases metodológicas y sin perder de vista el contenido
sustancial de los signos, distanciándose estos autores de etapa anterior, por tanto,
en reaccionar frente a la arquitectura puramente formal en que habían
desembocado los estructuralismos europeo y americano.
Así, los años 1963 y 1964 son claves en la historia de la semántica moderna
debido a que aparecen tres artículos en los que se basarán muchos de los estudios
semánticos y lexicológicos posteriores. El primero, «The Structure of a Semantic
Theory», publicado en 1963 por Katz/Fodor, incorporaba en la teoría generativa
chomskiana un modelo de descripción semántica del léxico, basado en un
análisis componencial de rasgos que debía actuar como componente
interpretativo de las cadenas sintácticas preterminales. Valiéndose de ejemplos
como el verbo play o el sustantivo bachelor, los autores proponen un
instrumentario que permita desambiguar la interpretación semántica del
componente sintáctico, distinguiendo así entre «gramatical markers», «semantic
markers» y «distinguishers» (Fig. 3. Los autores anotan los marcadores
gramaticales en letra redonda, los marcadores semánticos entre paréntesis y los
distinguidores entre corchetes).44

Fig. 3: Análisis del sustantivo bachelor según el modelo de Katz/Fodor (1963, 190)

La introducción de la propuesta de Katz/Fodor en el modelo estándar de la


gramática generativa, tal y como fue expuesta en los Aspects, llevó a Chomsky a
plantearse la posibilidad de una estructuración componencial de campo, que
junto a los rasgos de subespecificación, que permitían la inserción léxica en
cadenas preterminales, diera cuenta de la estructura conceptual del léxico:

«Acabamos de ver que en el caso de los rasgos semánticos esta


explicación está ultrasimplificada, siendo necesaria más
estructura en el lexicón para dar razón de las propiedades del
campo semántico.» (Chomsky 1999 [1965], 155)

Esta postura, basada en dotar las entradas léxicas únicamente de aquellos rasgos
que sean «legibles» para el componente computacional sintáctico, excluyendo
rasgos relevantes para la estructuración semántica del léxico, pero irrelevantes
para su generación, se mantendrá, como veremos, no sin dejar de remarcar su
importancia, hasta la última revisión general del modelo generativo en el
programa minimalista:

«Dejaré de lado estas cuestiones, junto con muchas otras que


parecen tener una relevancia limitada respecto a las propiedades
computacionales del lenguaje que son ahora nuestro foco de
interés, esto es, que no parecen entrar en CLH: entre ellas, la
variabilidad de los campos semánticos, la selección del repertorio
léxico del que se dispone en la GU y cuestiones no triviales
acerca de la relación de los elementos léxicos con otros sistemas
cognitivos.» (Chomsky 1999 [1995], 16)

El segundo artículo, «Vers une sémantique moderne» de Pottier,45 presenta un


estudio programático de las nociones metodológicas elementales para un análisis
sémico o componencial. En él se presentan de forma concisa las
generalizaciones derivadas de investigaciones previas en el ámbito de la
traducción automática (Pottier 1963) y que ofrecían resultados alentadores no
solo para la semántica general, sino también para la teoría del campo. Pottier
parte de la noción de tensión, propuesta originalmente por Guillaume y
denominada por él tensema, que se sustenta en una oposición binaria asimétrica
universal, subespecificada en los tensemas I y II. El primer tensema representa
un ‘antes’ y sus funciones son ‘plantear, cimentar, particularizar concretizar’; el
segundo representa un ‘después’ y su función es ‘disponer, especular,
generalizar’, a saber, abrir una perspectiva (Pottier 1970, 107). Si se pusiera en
relación el concepto de tensema con el de frame, en la lingüística cognitiva, se
podría afirmar que el tensema I representa la abstracción que describe el
movimiento de interrelación desde el fondo hasta la figura, mientras que el
tensema II describe el movimiento inverso. Pottier se ha servido del
procesamiento tensémico para describir ámbitos tan dispares como la persona, el
número, la (in)determinación, el desplazamiento, etc., y representa la base de su
análisis sémico. Para Pottier (1970, 119–129), las relaciones semánticas
generales son las siguientes:
(1) Sema (s): rasgo distintivo semántico mínimo (específico).
(2) Semema (S): Conjunto de semas específicos (de una lexía).
(3) Archisemema (∑): Conjunto de semas comunes a varios sememas,
de forma que el archisemema de un conjunto i, ∑(i), siempre será un
subconjunto de todo semema presente en tal conjunto, S(i), de modo
que ∑(i) ⊂ S(i).
(4) Clasema (C): rasgo semántico de carácter general, revelado por la
conducta distribucional de la lexía, perteneciente a clases generales
semántico-funcionales (animación, continuidad, transitividad, etc.) y
opuesto al sema específico (s) contenido en S.
(5) Virtuema (V): Conjunto de semas cognitivos de tipo pragmático-
cultural asociados a una lexía y que dependen de nuestro
conocimiento enciclopédico. Relaciones virtuémicas son las que
explican por qué frases construidas con léxico al azar por máquinas
resultan absurdas, a pesar de su corrección sintáctica (como la
lámpara fortifica familias violentas). El virtuema está estrechamente
relacionado, por tanto, con la rección semántica, de modo que
desecha las combinaciones absurdas para determinar las constantes
semánticas.
Partiendo de estos conceptos, llegamos en el modelo de Pottier al concepto de
semía que engloba el conjunto de todos los rasgos descritos anteriormente para
una determinada lexía, en tanto que tipo de morfema o unidad categorizada
discriminable en plano de la expresión y del contenido (Fig. 4).

Fig. 4: Concepto de semía según Pottier (1970, 125)

Este modelo se ha presentado especialmente fructífero en diversos sectores de la


semántica y fomentó un gran número de investigaciones no solo en ámbito de la
teoría del campo, en el seno de la cual ha sido su campo semántico ‘asiento’
(Fig. 5) uno de los más conocidos y citados en la historia de la semántica
componencial, sino también en determinados sectores de la semántica gramatical
y dimensional, como en el estudio de los casos y preposiciones.

Fig. 5: Campo semántico ‘asiento’ (s2, s4) según Pottier (1963, 13)
Como vemos, este trabajo fundacional ha ofrecido una terminología que, en
parte, sigue siendo útil hoy en día (cf. Coseriu 1995); sin embargo, también ha
recibido considerables críticas dirigidas, sobre todo, a la propuesta de rasgos de
clasificaciones ontológicas y no estrictamente lingüísticos.46
El tercero, «Pour une sémantique diachronique structurale» de Coseriu, se
convirtió rápidamente en un estudio programático que sirvió de piedra angular
para futuros trabajos y de fundamento teórico de muchas tesinas y tesis
doctorales que se defendieron y se siguen defendiendo en la actualidad. Coseriu
funda, así, una «nueva» –al menos, metodológicamente– lexicología estructural:
la llamada lexemática. Su monografía titulada Principios de semántica
estructural (1977)47 constituye un esbozo teórico general de estos principios y
ofrece una nomenclatura que da cuenta de los diferentes fenómenos y niveles
léxicos. A la exposición de este programa dedicaremos el siguiente apartado.
En los años siguientes a la publicación de los trabajos presentados, ven la luz
las primeras tesis doctorales dedicadas a la moderna descripción componencial
del significado.48 En Leipzig, Gerd Wotjak defiende en 1968 sus
Untersuchungen zur Struktur der Bedeutung: Ein Beitrag zu Gegenstand und
Methode der modernen Bedeutungsforschung unter besonderer
Berücksichtigung der semantischen Konstituentenanalyse (Investigaciones sobre
la estructura del significado: una aportación al objeto y método de la moderna
investigación semántica con especial consideración del análisis de
constituyentes semánticos). En este trabajo se discutían las modernas propuestas
de análisis de constituyes –los modelos de Joos, Apresjan, Katz y Fodor, Nida,
Bolinger, Pottier, Coseriu, entre otros– y se ejemplificaba con un análisis de los
verbos de movimiento alemanes. En La Laguna, en octubre de 1968, Ramón
Trujillo aplicaba esta reciente teoría en el ámbito hispánico49: su Tesis Doctoral
analizaba de forma diacrónica el conjunto de los adjetivos de ‘valoración
intelectual’ en español, siguiendo los supuestos de la semántica de Coseriu y
Pottier, introducida en España por su director de tesis, Gregorio Salvador
(Trujillo 1970, 78). El trabajo de Trujillo no solo demostraba la viabilidad de la
teoría, sino que sentó las bases de una larga tradición de estudios semánticos que
se denominó Escuela Semántica de la Universidad de La Laguna.50 Asimismo,
este estudio resalta la necesidad tanto de profundizar en el concepto de
archisemema como de virtuema y, propone, augurando la semántica textual, el
semema discursivo (Trujillo 1970, 47). Al año siguiente, en 1969, Horst
Geckeler defiende su Tesis Doctoral, Zur Wortfelddiskussion. Untersuchungen
zur Gliederung des Wortfeldes alt, jung, neu im heutigen Französisch (Sobre la
discusión del campo léxico. Investigaciones sobre la organización del campo
léxico ‘viejo, joven, nuevo’ en el francés moderno). En ella se discuten los
principios de la lexemática, se comparan sus principios con los de la semántica
componencial americana y se lleva a cabo una interesante revisión crítica de la
teoría de los campos desde sus inicios.
Un panorama general sobre el desarrollo de la semántica componencial
europea, de corte estructural, ha sido expuesto por Martínez Hernández (2003a),
que pasa revista a los últimos setenta años de investigación en este ámbito, desde
la fundación del modelo con Ipsen hasta la fecha de publicación del trabajo. A
modo de resumen, exponemos a continuación una visión general de las escuelas
que se han ocupado del concepto de campo o semántica paradigmática de
acuerdo a Martínez Hernández (2003a, 270), y que nos sirven de esquema de lo
hemos expuesto hasta ahora:

Fig. 6: Escuelas de semántica lingüística europeas dedicadas a la investigación del concepto de campo
semántico según Martínez Hernández (2003a, 270)

Los trabajos desarrollados en cada una de estas escuelas pueden consultarse en


Martínez Hernández (2003b). No obstante, echamos de menos en este cuadro
escuelas de considerable proliferación en investigación semántica en España
como la Escuela de Cádiz, dirigida por Casas Gómez desde 1994, y su grupo
Semaínein51 o la Escuela de Córdoba y sus estudios de Lexemática-funcional
propuesta por Martín Mingorance. Del mismo modo, echamos en falta la
Escuela de Leipzig en Alemania, representada por Wotjak, la de Múnich y,
recientemente, Brimingham, en Inglaterra, representada por Lutzeier, u otras, no
europeas, pero de considerable proliferación en este ámbito como la de Lehrer
de Arizona en los EEUU, en entre otras, a las que nos referiremos a lo largo de
este trabajo.
En torno a los años en los que ven la luz las Tesis doctorales expuestas
anteriormente, surge en los EEUU una alternativa a la semántica interpretativa
de corte componencial que había asumido la gramática generativa en su versión
estándar de 1965. Un conjunto de lingüistas (de los que destacan Postal,
Fillmore, Ross y MacCawley, entre otros), formados en la tradición generativo-
transformacional, se plantean la viabilidad de abolir el concepto de estructura
profunda para proponer una estructura semántica subyacente a partir de la cual
pueda ser derivada, mediante transformaciones, la estructura sintáctica
superficial. Las razones de este cambio de perspectiva52 provenían del interés de
resaltar el papel de la semántica en el modelo de la facultad del lenguaje y
abdicar la sintaxis de su estatus hegemónico. Sus propósitos eran los siguientes
(Engelberg 2011b, 359–360):
(1) Las estructuras profundas son más abstractas de lo supuesto en la
teoría estándar.
(2) Las representaciones sintácticas y semánticas tienen el mismo
estatus formal, por cuanto pueden ser representados mediante
diagramas arbóreos.
(3) Existe un sistema de reglas que enlaza representaciones semánticas
y estructuras superficiales por medio de representaciones intermedias.
(4) En la estructura semántica profunda, los ítems léxicos aparecen
representados como descomposiciones, donde los elementos
semánticos o primitivos de la descomposición se distribuyen en el
diagrama arbóreo.
(5) Existen transformaciones preléxicas o previas la inserción léxica.
(6) La estructura semántica profunda solo admite tres categorías: V, que
implica predicados, SN, que implica argumentos, y S, que implica
proposiciones. Las categorías restantes, como verbos, adjetivos,
cuantifi cadores, negación, etc. se asignan a V en la estructura
semántica profunda.
(7) Las transformaciones pueden desencadenar cambios en la estructura
sintáctica.
A modo de ilustración, expondremos el conocido ejemplo de MacCawley (1968)
sobre el análisis del verbo inglés to kill. De acuerdo al autor, para una oración
como x killed y, se debería partir de una estructura semántica profunda como (α)
en la (Fig. 7).

Fig. 7: Transformaciones de la estructura semántica profunda (α) a la estructura sintáctica superficial (δ) del
verbo to kill según MacCawley (1968, 73)

De este modo, haciendo abstracción de la temporalidad, para cada predicado


contenido en (α) se puede introducir un ítem léxico existente en el vocabulario.
Los predicados pueden, por otra parte, desplazarse y vincularse por una
transformación de ascenso con otros predicados situados más alto en la jerarquía,
formando así predicados complejos (β, γ, δ). En consecuencia, para la
representación de la estructura profunda (α) se generará el enunciado x caused y
to become not alive, para (β) x caused y to become dead, para (γ) x caused y to
die y, por último, para (δ) x killed y.
A pesar de las críticas dirigidas a este modelo, que estriban desde
procedimientos inadecuados en la notación lógica y problemas de
referencialidad hasta incompatibilidad en el uso entre la descomposición y el
significado léxicos, entre otras (Engelberg 2011b, 364), la semántica generativa,
con su giro «sintacticista» en la descomposición semántica, puso en curso una
nueva metodología de análisis léxico generalmente aceptada en la actualidad y
que ha inspirado una gran cantidad de modelos alternativos, a partir de los cuales
se ha podido profundizar en nociones esenciales para el análisis semántico como
el de papel temático y jerarquía, aspecto léxico o marco cognitivo. Además, esta
aproximación sintáctica al significado ha podido salvaguardar las deficiencias
que hasta este momento presentaban los modelos basados en el análisis
componencial de corte fonológico, dado que, como veremos a continuación, la
noción de archisemema no puede ser descompuesta recursivamente mediante un
método paradigmático, de base fonológica, sino como estructura eventiva, de
base proposicional o sintáctica.
Por estos mismos años, el análisis estructural ofrece otro adelanto
considerable que guiaría las investigaciones lexicológicas posteriores tanto en el
paradigma generativo como estructural. En 1974, Apresjan descubre un
fenómeno léxico estrechamente vinculado con el concepto de campo semántico,
pero no dependiente de él, y que podía prever las relaciones polisémicas de las
unidades de campos semánticos diversos, si estas son productivas. Apresjan
denomina este fenómeno polisemia regular, también denominada usualmente,
polisemia productiva, y la define como sigue:
«Polysemy of the word A with the meanings ai and aj is called regular if, in
the given language, there exists at least one other word B with the meanings
bi and bj, which are semantically distinguished from each other in exactly
the same way as ai and aj and if ai and bi, aj and bj are nonsynonymous.»53
(Apresjan 1974, 16)
Este fenómenos se manifiesta de forma evidente entre palabras no sinonímicas
de un mismo campo semántico, como, por ejemplo, en alternancias léxicas como
las causativas o resultativas. De este modo, algunos verbos de movimiento,
como el inergativo correr o el inacusativo llegar, que en sus lecturas prototípicas
no presentan estructuras transitivas o pronominales (correr durante horas /
llegar a las cinco), presentan proporcionalmente acepciones causativas no
sinonímicas como correrse a un lado (‘rodarse’) o llegarse a la fiesta (‘ir’). La
polisemia regular, que actúa como una generalización a partir del concepto de
medioestructura léxica (↓ 1.2.3 ), ha permitido establecer vínculos
intracategoriales entre parcelas léxicas circunscritas a campos semánticos
generales como el desplazamiento, el cambio de (dis)posición, la locución, etc.,
y, junto con el concepto de aspecto léxico, representa una de las claves del
análisis semántico-componencial moderno, como veremos en los siguientes
capítulos.
Dado el marco teórico en el que se engloba el presente trabajo, le dedicaremos
a continuación especial atención al planteamiento, desarrollo y críticas de las
Escuelas de semántica componencial de Tubinga, Leipzig y La Laguna.

1.2.2 La Escuela de Tubinga y la Lexemática

En nuestro estudio, partiremos del concepto de campo o macroestructura


semántica propuesto por la Escuela de Tubinga, debido a que, por una parte,
representa una teoría cuyos fundamentos teóricos son sobradamente conocidos
en el mundo hispánico y germánico y, por otra, debido a que, al menos en lo que
respecta a la teoría del campo léxico y siguiendo a Geckeler (1997, 96), «la
lexématique d’E. Coseriu représente […] la théorie la plus complète d’une
sémantique des structures lexicales publiée jusqu’à nos jours».54 A pesar de que
el modelo de la Escuela de Tubinga ha recibido férreas críticas desde diversos
ámbitos de la lingüística, estamos de acuerdo con el autor en que tal teoría
representa la propuesta –macroestructural– que más concienzudamente describe
y prevé las relaciones detectables tanto en el interior de un campo como entre
campos diversos y la única que hasta ahora ha propuesto una tipología de estas
estructuras, sobre la base de un gran número de investigaciones realizadas
especialmente en España, Alemania, Italia y Francia, entre otros países. No
obstante, también daremos cuenta de las principales críticas, internas y externas,
que ha recibido esta propuesta (↓ 1.2.4 ).
La metodología de la lexemática coseriana se basa fundamentalmente en la
introducción de rasgos distintivos funcionales (análogos a los fonológicos)55 en
la noción de campo léxico de Trier/Weisgerber, así como en la fijación de los
tipos de oposiciones (privativa, equipolente y gradual) que se detectan entre los
miembros del campo. Asimismo, se centra en la jerarquización de las unidades
de acuerdo a su saturación sémica –esto es, de acuerdo al conjunto y naturaleza
de los rasgos que estas presentan– y en la determinación de los tipos de
relaciones combinatorias posibles entre las unidades, ya sea en el interior de los
campos como entre ellos. Otra diferencia sustancial con respecto a la propuestas
prelexemáticas de campo radica en la delimitación del fenómeno dentro del
conjunto de manifestaciones presentes en el lenguaje. Para Coseriu, el lenguaje
humano es un fenómeno determinable en tres niveles: universal, histórico e
individual. El análisis del significado –en tanto que competencia lingüística–solo
puede llevarse a cabo, por tanto, en una variedad sintópica, sinfásica y
sinstrática, esto es, en el seno de una lengua funcional enmarcada en la sincronía
de una lengua histórica. Solo así se logra describir y discriminar lo que en
semántica se considera exclusivamente funcional, en oposición a los usos meta-y
extralingüísticos, universales o idiolectales en una lengua histórica dada. El
estudio del significado podría ejemplificarse, por tanto, mediante el siguiente
esquema (Coseriu 1986 [1977], § 2; 1999, 10):

Fig. 8: Estructura y arquitectura de la lengua según Coseriu/Geckeler (1999, 55; trad. prop.)

El nivel del significado es, por tanto, un fenómeno del lenguaje primario, en
tanto que se opone a los significados terminológicos y, por ende, a la
estructuración artificial del vocabulario; es, a su vez, un fenómeno circunscrito a
un estadio sincrónico de una lengua histórica, reconocible en la competencia
creativa de sus hablantes y, por ende, perteneciente a una «técnica del discurso»
de una variedad sintópica, sinstrática y sinfásica; por último, el significado es
describible mediante un conjunto de oposiciones funcionales que lo identifican
en un sistema y lo determinan en una norma. En cuanto a las estructuras que se
perciben en el nivel sistémico del léxico, Coseriu/Geckeler (1986 [1977], 169),
Coseriu/Geckeler (1981, 56) y Geckeler (1997, 97) reconocen la existencia de
estructuras paradigmáticas y sintagmáticas, cuyos tipos pueden representarse
mediante el siguiente diagrama:

Fig. 9: Estructuras lexemáticas según Coseriu/Geckeler (1999, 56; trad. prop.)

El campo léxico –concepto principal de las estructuras primarias y en torno al


cual gira toda la metodología coseriana– está constituido por aquellos los
lexemas de una lengua que comparten un rasgo básico significativo común, un
«archisemema» en su terminología (para distinguirlo del «archilexema», término
referido ya al conjunto sígnico). El conjunto de los lexemas del campo se divide,
a su vez, en subconjuntos por medio de rasgos semánticos que caracterizan a
distintas clases léxicas como son, por ejemplo, ‘humano’, ‘animal’, etc. Estas
clases léxicas son al vocabulario lo que las clases gramaticales a la sintaxis (cf.
verbos transitivos, intransitivos, reflexivos, etc.). Estas pueden ser determinadas,
cuando el rasgo está presente en la estructura de varios campos y caracterizan el
contenido de la unidad56 o determinantes, cuando el rasgo alerta sobre la clase
determinante a la que pertenece y, por tanto, se describe como ‘dicho de X’.57 En
cuanto a los rasgos distintivos y las configuraciones paradigmáticas que estos
generan, Geckeler (1976 [1971], 265) introdujo la noción de Lounsbury de
«dimensión», cuya traducción exponemos a continuación, y posteriormente fue
también incluida en el programa lexemático (Coseriu/Geckeler 1981, 15):
«Consideraremos como paradigma cualquier conjunto de formas
lingüísticas, en las que: (a) el significado de cada forma tiene en común un
rasgo con el significado de todas las demás formas del conjunto y (b) el
significado de cada forma difiere del de cada una de las demás formas del
conjunto en uno o más rasgos adicionales. Diremos que el ‹rasgo común› es
el SIGNIFICADO BASE del paradigma. Éste define el campo semántico
que dividen las formas del paradigma. Los rasgos variables definen las
DIMENSIONES SEMÁNTICAS del paradigma.» (Geckeler 1976 [1971],
265)
No obstante, Coseriu (1986 [1977], 218–219) modifica posteriormente el
concepto de dimensión apelando a que no se trata de una distinción hecha sobre
un significado base, sino, más exactamente, la oposición distintiva que se
articula en torno a las series, como, por ejemplo, la que regula las oposiciones
p/b, t/d, k/g, f/v, en el ámbito de la fonología, o senex/iuvenis, vetulus/novellus,
vetus/novus, en el de la semántica, de forma que la dimensión no es «lo que es
común a los términos de una oposición (la «base de la comparación»): es lo
común a las diferencias de estos términos, es decir, a sus rasgos distintivos»
(Coseriu 1986 [1977], 219).
Las estructuras paradigmáticas secundarias no se basan en relaciones
semánticas sino gramaticales, ya que engloban lo que tradicionalmente se ha
denominado «formación de palabras». Así, por ejemplo, los sustantivos latinos
liber y opus ‘libro, obra literaria’ se relacionan por pertenecer a una estructura
primaria, a un campo semántico, pues pueden considerarse hipónimos del
participio sustantivado scriptum ‘escrito’, archilexema correspondiente al
significado base (archisemema del campo). Sin embargo, opusculum ‘obrita’ o
libellus ‘librillo’ se relacionan solo secundariamente con opus y liber,
respectivamente, porque suponen una matización gramatical del significado
denotativo del lexema base mediante los sufijos diminutivos -culum y -ellus. El
esquema sería el siguiente:

Estructura primaria Estructura secundaria


opus opusculum
liber libellus
Archisemema: ‘scriptum’ Variación gramatical: sufijo

Entre las estructuras paradigmáticas secundarias cabe distinguir entre la


modificación, que representa el ejemplo anterior, en tanto que el derivado
modifica la significación de la base pero no la transcategoriza (p. ej.: niño →
niñito), desarrollo, para los casos en los que el derivado transcategoriza la base
(p. ej.: rojo (adj.) → enrojecer (verb.)) y composición, en el sentido tradicional,
que puede ser, a su vez, lexemática, cuando se da un vínculo entre unidades
léxicas (p. ej.: carricoche) o prolexemática, en el caso en el que se combine una
unidad con significación léxica con una unidad de significación pronominal (p.
ej.: corre-dor ‘el que-corre’).
Las estructuras sintagmáticas, por otra parte, ofrecen información sobre la
combinatoria de los signos. Reciben también el nombre de solidaridades léxicas
y han sido objeto de estudio desde tiempos de Porzig (cf. sus wesenhafte
Bedeutungsbeziehungen), pasando por los virtuemas potterianos, hasta la
restricciones selectivas de la gramática generativa estándar. En este sentido y
para aprovechar lo que habíamos dicho de las clases léxicas, en latín –explica
Coseriu (1986 [1977], 175–176)– el adjetivo senex (‘viejo’) es un lexema que
solo se combina con sustantivos que presenten la clase léxica ‘humano’ como
miles, rex, magister (‘soldado, rey, maestro’), mientras que, salvo usos
metafóricos, la edad avanzada de animales o plantas (como quercus, canis,
aquila, o sea: ‘encina, perro o águila’) suele designarse mediante el adjetivo
vetulus, lexema que contiene la clase ‘para animales o cosas’. 58
Por último, cabe mencionar la tipología de campos semánticos que ha
propuesto Coseriu (1986 [1977], 235) de acuerdo al número de dimensiones que
estos presentan:
Fig. 10: Tipología de los campos semánticos de acuerdo a Coseriu (1986 [1977], 235)

Según Coseriu, los campos pueden contener una única dimensión o varias. En el
primer caso, la dimensión puede ser antonímica si se articula en torno a
oposiciones privativas (x/no x: pequeño/grande), pudiendo incrementarse
mediante oposiciones colaterales de tipo gradual (+x ~ x/no x ~ + no x:
minúsculo ~ pequeño/grande ~ enorme). La dimensión es gradual si sus
miembros se alinean de acuerdo a los grados de la sustancia que designan, de
modo que cada uno de sus miembros se define por la inclusión en su definición
de otro miembro de la dimensión (suspendido (4), suficiente (5 = suspendido +
1), notable (7 = suficiente + 2), sobresaliente (9 = notable + 2)). La dimensión es
serial si está organizada en torno a oposiciones multilaterales equipolentes, las
cuales pueden ser ordinales, si sus miembros son relacionales (p. ej.: los días de
la semana, donde el lunes es el que precede al martes, y este el que precede al
miércoles, etc.) o no ordinales, que representan series sustanciales o no
relacionales, es decir, no ordenadas, como las flores, las aves, las piedras, etc., de
modo que, por lo tanto, se pueden introducir siempre nuevos elementos en la
dimensión sin que se modifiquen las oposiciones, por el contrario que en las
series ordenadas (p. ej.: los meses del año), donde la introducción de elementos
en la serie modifica las oposiciones.
Los campos son bidimensionales, si constan de dos dimensiones, o
multidimensionales, si constan de más de dos dimensiones. En el primer caso,
estos pueden ser correlativos, si las oposiciones de una dimensión son
directamente proporcionales a las de la segunda (p. ej.: madre es a padre, lo que
abuela a abuelo, de modo que abuelo es a padre, lo que abuela a madre y,
paralelamente, abuelo a madre, lo que padre a abuela). En el segundo caso, las
oposiciones que funcionan dentro de una dimensión no son proporcionales a la
segunda (p. ej. en el campo de los colores, la oposición entre la dimensión no
cromática y cromática, donde blanco/negro mantienen una oposición privativa a
favor del segundo, mientras que entre los miembros de la segunda dimensión (p.
ej.: rojo/naranja) se de una oposición gradual. Si en el campo funcionan más de
dos dimensiones, estas pueden ser jerarquizantes, si las dimensiones son
recurrentes y proporcionales (p. ej., en el campo del desplazamiento alemán
–sich bewegen ‘moverse’–, la oposición herausgehen/hineingehen es a gehen lo
que herauskommen/hineinkommen es a kommen, de forma que herauskommen es
a sich bewegen tal que a herausgehen), o selectivas, de forma que los miembros
de las dimensiones mantienen oposiciones equipolentes con respecto al
archilexema, como el famoso caso del campo ‘asiento’ de Pottier (Fig. 5). En los
campos selectivos se distingue entre simples o compuestos, de acuerdo a si
comprenden uno o varios archilexemas.
Hasta aquí hemos expuesto –sin ánimo de exhaustividad– los fundamentos
teórico-metodológicos básicos de la Lexemática, que nos servirán de piedra de
toque para afianzar los conceptos macroestructurales precisos para describir las
relaciones existentes en el seno de las familias léxicas y, de igual modo, en el
caso de que nos separemos de ellos, nos servirán como punto de partida para
cualquier revisión crítica o discusión.

1.2.3 La Escuela de Leipzig y los desarrollos del análisis de constituyentes


semánticos

Junto a la Escuela de Tubinga, es probablemente la Escuela de Leipzig la que


con mayor difusión ha trabajado en Alemania en la teoría del campo, relaciones
macroestructurales y, con ellas, en los problemas semémicos. Su representante
más destacado es Gerd Wotjak,59 quien desde la publicación de su Tesis
Doctoral, arriba expuesta, no ha cesado de publicar investigaciones acerca de las
relaciones entre semántica y teoría del campo, teoría del conocimiento y de la
cultura, teoría de la traducción, teoría de valencias, fraseología y pragmática.
Estas áreas –en las cuales Leipzig simbolizó un importante foco de investigación
en las últimas décadas del siglo XX60– representan los pilares teóricos en los que
se basa la propuesta teórico-metodológica del autor, que ha denominado en los
últimos años teoría del potencial comunicativo de las unidades léxicas. Este
modelo de descripción se caracteriza por sintetizar las corrientes teóricas
europeas y americanas de las últimas décadas así como por incorporar en la
teoría de la semántica léxica las aportaciones pragmáticas, cognitivas,
discursivas y traductológicas desarrolladas a partir de los llamados «giro
cognitivo», «pragmático» y «cultural» (kognitive/pragmatische/kulturelle
Wende) en las disciplinas arriba citadas. A continuación haremos una breve
exposición del modelo.
En lo que respecta al contenido de las unidades léxicas, Wotjak distingue entre
una microestructura, medioestructura y macroestructura semánticas.61 La
primera representa el desarrollo teórico del concepto de «archisemema»
propuesto por la semántica estructural (↓ 2.3.2), ampliándolo desde un punto de
vista cognitivo. La microestructura semántica incorpora una usualización,
socialización y generalización de los rasgos semánticos discursivos asociables a
una unidad léxica (Wotjak 1993, 126; 2006, 76). Tal configuración nuclear
denotativo-referencial puede ser descrita mediante una fórmula archisemémica
genérica (FAG), la cual representa el contenido denotativo sígnico (Bühler 1999
[1934], 24) y puede especificarse en sucesivas dimensiones semánticas (FAE).
La concepción de FAG está estrechamente relacionada, en tanto que «predicado
reducido» (reduzierte Aussage, Lorenz/Wotjak 1977, 128; Wotjak 1985, 126)
con el tipo óntico (Geschehenstyp) de Klix (1987) (Wotjak 1995, 783; 1997, 39;
2000, 150; 2006, 76) y es, en cierta medida, análoga al concepto de
infraespecificación de Pustejovsky (1995, 224). La FAG contiene el potencial
argumental, funtores o predicados lógicos así como sus modificadores
semánticos. La medioestructura semántica abarca los sentidos denotativos o
sememas atribuibles a un formativo o significante sígnico, de forma que se evita
así el problema de las relaciones de homonimia o polisemia (Wotjak 1995, 784;
2006, 81). Este nivel semántico depende de las especificaciones categoriales,
morfosintácticas, valenciales y distribucionales. La medioestructura de Wotjak
recuerda, efectivamente, al concepto de significado de Heger (1974, 31–32), que
reúne en sí el conjunto de sememas atribuibles a un monema o signo y, en tanto
que se funda en las variaciones producidas por las especificaciones
morfosintácticas y distribucionales, recuerda igualmente a las variantes del
campo distribucional de Apresjan (1968). Por último encontramos las
macroestructuras semánticas, las cuales posibilitan la formación paradigmática a
partir de los sentidos textuales o significados alosémicos del signo así como la
formación de campos semánticos. En lo que respecta a la caracterización léxica,
Wotjak ha ido resaltando, del mismo modo, la importancia de la información
pragmáticosituacional y comunicativa, que determinan y codifican el
significado. Su modelo puede ser resumido en el siguiente esquema (Wotjak
2012, 300):
Aunque en capítulos sucesivos tendremos la oportunidad de aplicar este modelo,
sobre todo, para la descripción de la función designativa de los verba dicendi (↓
2.3.2) así como la de los distintos deriva dos de cada familia léxica (↓ 3.3 y 4.3),
expondremos aquí, sin embargo, algunos casos que ejemplifiquen los contenidos
expuesto hasta ahora.
Veamos a continuación la propuesta de Wotjak de descripción de los verbos de
CAMBIO de DISPOSICIÓN/POSESIÓN y, en concreto, aquellos que designan
un cambio no llevado a cabo por el poseedor sino por un agente externo a este.
Tales verbos son en alemán bestehlen/stehlen/berauben/rauben,62 pero podrían
ser ampliados tras un cambio de registro al alemán klauen o español mangar.
En contraposición con otros verbos que especifican la noción genérica de
‘cambio de posesión’ y, por lo tanto, son designativamente menos restrictivos o,
en otras palabras, más archisemémicos o prototípicos, como geben/dar,63 los
verbos arriba citados se caracterizan por codificar la actuación de los actantes
personales. Su FAE, que refleja un significado construccional en un sentido
semejante al de Goldberg (2003; 2006), puede ser descrita, por tanto, como sigue
(Wotjak 2006, 80):

[HAVE (y, z)]ti ET [CAUSE (x, HAB (x, z))]ti+k

LEYENDA
Funtores Argumentos
HAVE = poseer o disponer x = CAUSADOR/AGENTE/<Hum>
CAUSE = causar y =
SOURCE/DESTINATARIO/<Hum>
HAB = disponer z = PACIENTE/TEMA/<Ofis>
Modificadores Temporalizadores
stehlen/bestehlen ti = punto temporal
<heimlich/a hurtadillas> ti+k = punto temporal posterior a ti
rauben/berauben ti+l = punto temporal posterior a ti+k
<gewaltsam/con fuerza o violencia> ET = Conjunción temporal

Este sería, como vemos, el evento designado por la microestructura semántica de


los pares léxicos. Cada una de estas unidades puede asumir nuevas
modificaciones semánticas a nivel de la medioestructura, por ejemplo, cuando
una unidad como stehlen se combina con sustantivos abstractos –en un nivel
metafórico– como ‘Herz’/‘corazón’, de modo que jemandem das Herz
stehlen/robarle el corazón a alguien no denota ‘apropiarse del órgano de
alguien’ sino ‘apropiarse del amor [metaforizado mediante el corazón] de
alguien’, a saber, ‘enamorar’. Del mismo modo, esta unidad puede tomar
orientaciones de sentido más concretas en el discurso. Esta misma FAE puede
describir otras unidades, como hemos dicho, con determinaciones diastráticas,
diafásicas, diageneracionales o de otra índole –cf. nivel A.4 del esquema–, como
coactivan lexemas del tipo klauen o mangar, pertenecientes a este paradigma
especificativo, y determina, a un tiempo, los tipos de evento, con sus estados,
transiciones y procesos (Wotjak 2000, 156; 2006, 112–113; ↓ 2.4.1).
Por último, Wotjak (2006, 201–202) distingue cuatro niveles de abstracción
posibles a la hora de describir las unidades léxicas: el nivel IV abarca los rasgos
usualizados, socializados y generalizados y se correspondería con la noción
general de sistema de la lingüística estructural europea o competencia en el
modelo generativo. El nivel III representa un concepto análogo al esquema
establecido de la glosemática o la norma coseriana, de modo que determina o
especifica la significación descrita en el nivel anterior. El nivel II incluye los
rasgos comunicativos detectables en las macroestructuras, si bien sigue siendo
una descripción elaborada sobre la base de una abstracción más general que el
acto comunicativo concreto en su deixis Ego-Hic-Nunc, que corresponde, por
último, al nivel I.64 Tales niveles posibilitan la descripción de diversos niveles de
abstracción que van desde lo situacional o pragmático hasta lo recursivo,
invariante o sistémico, agotando así el fenómeno léxico en sus diversas
dimensiones.
Hasta aquí hemos expuesto los aspectos del modelo que presentan un mayor
interés para la descripción léxico-semántica de las familias léxicas y a los que
remitiremos en diversos apartados de este estudio.65

1.2.4 Desarrollos y críticas al análisis de constituyentes semánticos

1.2.4.1 Desarrollos, críticas y alternativas de la Escuela Semántica de La


Laguna
Como hemos dicho previamente, uno de los focos de investigación españoles de
mayor relevancia en el estudio de campos semánticos a partir de los años sesenta
del siglo XX fue la llamada Escuela Semántica de La Laguna, bajo la dirección
de Gregorio Salvador, y, posteriormente, tras su traslado a Granada, bajo la de
Ramón Trujillo.66 La designación del grupo como «escuela» surge como intento
del lingüista granadino de fundar una línea de investigación en semántica
estructural que se materializa con la publicación, en 1970, de la Tesis Doctoral
de Trujillo, adscrita a la serie Trabajos de Semántica de la Universidad de La
Laguna (TSLL). A propósito de esta Escuela, Coseriu expone (1998, 441):
«La semántica de tipo Pottier-Coseriu (en el comienzo, sólo Pottier;
después cada vez más Coseriu, aunque ‹condimentado› con algo de Pottier,
a veces también con algo de Rodríguez Adrados, de Lyons y de otros
autores) ha sido introducida en España en 1965 –con el memorable ‹Estudio
del campo ‘arar’ en Andalucía› publicado en la revista Archivum de
Oviedo– por Gregorio Salvador, quien desde entonces ha sido el infatigable
promotor y el representante mayor, de todos reconocido, de la semántica
estructural en este país; y ha alcanzado aquí muy pronto y antes que en
otros países su plena madurez con la tesis doctoral de altísimo nivel
científico sobre El campo semántico de la valoración intelectual en español
del primer discípulo de Salvador, Ramón Trujillo, tesis publicada en La
Laguna en 1970. Por ello, hablar de la semántica estructural del español
hecha en España es hablar de la actividad de Gregorio Salvador y de sus
Escuelas de La Laguna (continuada por Ramón Trujillo, que,
lamentablemente, se ha ido alejando cada vez más de la semántica
estructural estricta), de Granada y ahora de Madrid. Gracias a la actividad
de estas Escuelas y a las numerosas tesis doctorales defendidas y publicadas
por los discípulos de Salvador, la semántica estructural ha penetrado y se ha
establecido aquí como asignatura en la enseñanza universitaria y ha llegado
hasta los manuales de lingüística y las introducciones a la lexicología y
lexicografía.» (Coseriu 1998, 441)
Como declara Coseriu, desde la publicación de su Tesis Doctoral, Trujillo se
apartó de la semántica estructural de corte lexemático, acercándose,
progresivamente, al pensamiento glosemático (Batista 1997; García Padrón
1997). Prueba de ello es, por ejemplo, uno de sus primeros esbozos teóricos del
concepto de «forma de contenido», con el que se venía trabajando desde los años
cuarenta, y que describe como sigue:
«Une forme du contenu n’est pas une seule signification mais une
possibilité finie de signfications, ou, autrement dit une limite sémantique
qui exclut d’autres formes de contenu, de même qu’une forme d’expression
n’est pas un son, mais une possibilité finie de sons, ou si l’on préfère, une
limite exclut d’autres formes d’expression.»67 (Trujillo 1972, 5)
El desarrollo teórico de este concepto desembocará, en 1976, en la publicación
de una obra fundamental para el desarrollo del grupo lagunero, a saber,
Elementos de semántica lingüística.68 En este estudio monográfico, Trujillo se
propone sentar unas bases estables para el estudio de una semántica
estrictamente idiomática al tiempo que pone de manifiesto algunas deficiencias
de la teoría de los campos. Presentemos, pues, algunas de sus propuestas.
Como hemos señalado más arriba, el programa glosemático, expuesto
sucintamente en los Prolegómenos, no había alertado de los posibles resultados y
el provecho metodológico de lo que llamó prueba de la permutación, quedando
de este modo socavada por la sombra de la reiterada prueba de la conmutación.
A este respecto, Hjelmslev apuntaba que
«[i]gual que podemos imaginar una correlación [función ‹o…o›] y cambio
dentro del paradigma que tengan relación con una correlación
correspondiente y con un cambio correspondiente dentro de un paradigma
del otro plano de la lengua [conmutación], así también podríamos imaginar
una relación [función ‹tanto…como›] y un cambio de una cadena que
tengan relación con una relación y con un cambio correspondiente dentro
de una cadena del otro plano; en tal caso hablaremos de permutación.»
(Hjelmslev 1974 [1943], 105–106)
En esta primera obra teórica, Trujillo pretendía demostrar que, si bien la prueba
de la conmutación muestra invariantes de contenido, no aporta información
alguna sobre su naturaleza, sobre los rasgos propios de esas unidades: nos revela
la identidad semántica, pero no su ipsidad –esto es, la arquitectura propia y
distintiva de un significado lingüístico dado–. Propuso, por tanto, que así como
un cambio en el paradigma revela la identidad de un signo, un cambio en la
combinación sintagmática [permutación] nos mostraría la ipsidad de tal signo.
Tal procedimiento heurístico lo denominó prueba de la combinación y condujo
al concepto de significante distribucional, en oposición al significante
fonológico:

«La prueba de la combinación pondrá de relieve todos los


componentes semánticos de una unidad, los cuales resultarán
negativamente de los que podríamos llamar contextos
diferenciales de invariantes de un mismo paradigma, es decir,
aquellos contextos en que la unidad analizada resulta excluida.»
(Trujillo 1976, 131)69

Otra de las propuestas de esta obra que influyó en la mayoría de los estudios
publicados durante esos años fue el concepto de núcleo semántico irreductible.
Junto a los rasgos de clase y los específicos, Trujillo (1976, 120–122) propone
apelar –en consonancia con la Escuela de Leipzig– a los rasgos extralingüísticos
o designativos para delimitar el número de unidades léxicas de un campo, de
forma que esta funcione como origen y límite denotativo de una zona semántica.
El autor propone, por tanto, una suerte de mínimo designativo, una matriz de
rasgos referenciales que serviría, por ejemplo, para organizar y delimitar el
campo, sustentando sobre él posteriormente esa ‘alteridad’ última que distingue a
sus miembros: así, conformaría esa simple ‘ser-en-última-instancia-otra-cosa’ lo
que distingue pera de manzana, en tanto que ‘fruta’, entendida como ‘núcleo
semántico irreductible’.
En el marco de estos debates teóricos, durante los años ochenta, se produce en
el grupo lagunero un giro teórico-metodológico importante que lo alejaría
considerablemente de la semántica estructural, en cualquiera de sus versiones. 70
Sobre la base de las Tesis Doctorales y Memorias de Licenciatura realizadas en
el marco de la semántica estructural, Trujillo y algunos de sus discípulos –
bástenos citar, por orden alfabético, a José Juan Batista, Dolores García Padrón y
Marcial Morera– comenzaron a plantearse la viabilidad de la vieja concepción
del campo lingüístico y a trabajar en semántica desde un modelo teórico
desarrollado sobre el concepto de «perspectivismo inmanente» (Batista 1997,
24), presente tanto en las Tesis Doctorales de esta segunda generación de
lingüistas, como en el volumen monográfico de Trujillo Introducción a la semán
tica española, todos ellos aparecidos a finales de la década de los ochenta.71 Esta
nueva forma de aproximarse al análisis semántico provocó una ruptura
ideológica entre esta generación y su precedente. Como explicarían García
Padrón/Oliver Frade (1991, 395):
«Cuando se cumplían los veinte años de investigación semántica en la
Universidad de La Laguna, decidimos reunir la serie heterogénea de
trabajos realizados en el seno de la tradición de análisis e interpretación de
los hechos léxicos y gramaticales que han configurado lo que algunos han
dado en llamar Escuela de semántica de La Laguna y que, desde aquí, más
bien entendemos como reconocimiento de unos principios teóricos sólidos
y bien establecidos que se han ido cimentando sobre la «reformulación
crítica» de los presupuestos de la semántica estructural nacida en 1964.»
(García Padrón/Oliver Frade 1991, 395)
Veamos ahora, someramente, en qué consistió esta «reformulación crítica». El
desánimo en el estudio de los campos semánticos tenía un fundamento de tipo
práctico y metodológico: se carecía de otros criterios que no fueran la intuición
del investigador para fijar sus límites (Corrales Zumbado 1991, 84), de manera
que entre los estudiosos no existía consenso en torno a qué elementos debían
constituir un campo semántico concreto. En otras palabras: si dos investigadores
se propusieran estudiar el mismo campo semántico, con una alta probabilidad
estos no coincidirían totalmente ni en el número de las unidades estudiadas ni en
la naturaleza ni organización de los resultados obtenidos. Este aspecto
contradecía los principios básicos de la fonología estructural que había inspirado
el concepto de sistema semántico paradigmático.
Así, en el campo semántico de la ‘edad’, además de los evidentes nuevo, joven
y viejo, unos investigadores incluirían también antiguo, anticuado, arcaico,
carpetovetónico, matusalénico, pureta, etc., o, en el de la ‘valoración
intelectual’, algunos incluirían, junto a agudo, prudente, sabio o sutil, también
otros como avispado, escapado, zorro, etc., mientras que otros no lo harían. En
suma, la ampliación o disminución del número de miembros adscribibles a un
«núcleo semántico irreductible» dependía en gran parte tanto de nuestro
conocimiento del mundo y de la estilística del discurso, como de la intuición del
investigador. En tanto que los sememas dependían de sentidos designativos
detectables en textos (o discursos), se llegó al problema de cómo sería posible
delimitar un campo, si los sentidos textuales, discursivos o estilísticos son en
gran medida imprevisibles y situacionales. En suma, una palabra como flor
debería incluirse en el campo de los ‘vegetales’ mientras que no se aplicara a la
‘edad’ (flor de la vida), al ‘tratamiento’ (mi flor), la ‘belleza’ (eres la flor de esta
fiesta), junto a un largo etcétera al que solo pone límites la creatividad relativa
del hablante. De este modo, flor asumía tantos subíndices y ampliaba en número
tantos campos semánticos como un hablante creativo pudiera llegar a imaginar
(Trujillo 2011, 90). Por otro lado, el escepticismo frente a la idea de campo
crecía en la medida en la que se suponía que, así como ocurre con flor, podría
ocurrir teóricamente con todas y cada una de las unidades léxicas de una lengua
(cf. en contra de este argumento, Corrales Zumbado 1991, 88).
La metodología de la semántica estructural llevaba, por tanto, a separar en
distintos campos semánticos signos léxicamente unidos bajo un único
significante –incluso, etimológico– y, frecuentemente, reunía en un mismo
campo lexemas lejanos entre sí a simple vista, pero que, sobre la base de un
rasgo generalizador, parecían estar sujetos a un continuum designativo. Incluso
en los casos en que los lexemas no se encontraban en una relación de adyacencia
léxica –de modo que no compartían un hiperónimo existente que permitiera
incluirlos en una misma clase– era lícito suponer la existencia de un
archisemema no lexicalizado que los englobara y así los opusiera a otros
hiperónimos con o sin realización léxica, ampliando así el campo y
generalizando sucesivamente el archisemema, que, de nuevo, podría estar
lexicalizado o no.72
A propósito de la estructura del campo y de los problemas que de ella derivan,
debemos recordar que Coseriu había mantenido, desde los inicios de la
Lexemática, que los miembros podían estructurarse mediante oposiciones
inmediatas hasta el punto en el que el campo al completo sirviera de término de
oposición a otro campo, así como ocurre en la fonología (cf. también, Trujillo
1970, 514–515). En palabras del autor:
«En la práctica, un campo se establece sobre la base de oposiciones simples
entre las palabras y termina allí donde una nueva oposición exigiría que el
valor unitario del campo se convierta en rasgo distintivo, es decir, cuando
ya no son las palabras como tales las que se oponen a otras palabras, sino
que el campo entero se convierte en término de oposición de orden superior,
exactamente de la misma manera que, en el dominio de la fonología, una
vocal no se opone individualmente a cada consonante, sino a todas las
consonantes juntas en cuanto miembros de otro ‹sistema› (o ‹paradigma
fónico›).» (Coseriu 1986 [1977], 40)
Sin embargo, más adelante el profesor de Tubinga alerta acerca de la dificultad
que supone establecer analogías entre el léxico y la fonología, así como de las
diferencias que caracterizan ambos niveles, augurando así las dificultades que
asaltarían posteriormente y que, hasta el día de hoy, no han encontrado una
respuesta satisfactoria. En palabras del propio profesor de Tubinga:
«Hay varias diferencias entre las estructuras léxicas y las estructuras
fonológicas: las principales son que en el léxico hay neutralizaciones
(‹archilexemas›) a niveles muy altos de la estructura y que los archilexemas
a menudo se entrecruzan.» (Coseriu 1986 [1977], 136)73
Efectivamente, son estos algunos de los aspectos que comienzan a presentar
dificultades al grupo lagunero y a inspirar desconfianza acerca de la viabilidad
explicativa de tales estructuras. Como apuntábamos anteriormente, fue durante
la década de los ochenta cuando los intereses del grupo de investigación se
dirigieron, inspirados por la noción de «intuición semántica-indescomponible», a
la semántica gramatical y formación de palabras.74 Este cambio de perspectiva
se percibe con bastante claridad desde 1981, año en el que Trujillo publica el
trabajo «Semántica gramatical», hasta 1988, en el que el semantista lagunero
publica, alentado por las discusiones abiertas con sus discípulos, su Introducción
a la semántica española, centrada principalmente en problemas de semántica
gramatical española, junto a aspectos de teoría general. Durante esta década ven
la luz una nueva generación de trabajos. Morera y Batista publican sendas Tesis
Doctorales, La estructura semántica del sistema preposicional del español
moderno y sus campos de usos (1988 [defendida en 1984]) y Composición de
palabras en la épica griega arcaica (1988 [defendida en 1986]), centradas,
como vemos, en problemas de semántica gramatical y morfología. Por otro lado,
la Tesis Doctoral de García Padrón, Estudio semántico de los verbos de
‘movimiento’ en el español actual (1988 [defendida en 1986]), si bien mantiene
el concepto de estructura semántica paradigmática, coincide con el resto del
grupo en los conceptos de perspectivización semántica y forma invariante. Una
década más tarde, la autora diría sobre estos estudios:

«Lo cierto es que, en algunos casos, los problemas observados


han sido el punto de arranque para un replanteamiento del análisis
semántico. En el propio seno de la investigación analítica del
significado, Trujillo ha discutido desde los años setenta algunos
de los supuestos lexemáticos. Concretamente, recuperando las
nociones saussureanas y hjelmslevianas fundamentales, ha
postulado una concepción inmanente del significado lingüístico
como forma de contenido concreta que orienta la percepción del
mundo, con independencia de su actualización en entornos
apropiados (Trujillo 1988). Esta distinción entre los aspectos
invariante y variante de los signos ha condicionado de una
manera importante la descripción de la organización semántica en
las lenguas. Conforme a este criterio básico, se han realizado
algunas investigaciones [Tesis Doctorales] sobre conjuntos
gramaticales (Morera Pérez 1988) y léxicos (García Padrón 1988)
del español, lo que ha permitido poner a prueba el rendimiento
explicativo de esta propuesta teórica y, además, afrontar otros
asuntos surgidos en la propia práctica de análisis […].» (García
Padrón 1998, 67–68)

Así las cosas y en la medida en la que la teoría de los campos semánticos no


aportaba alternativas teórico-metodológicas que atenuaran el escepticismo con
respecto a la sistematización denotativa del léxico, surgieron otros intentos de
estudiar el vocabulario de manera sistémica o analógica –como resaltaba
Coseriu–, sin limitarse meramente a los conceptos del diccionario. En palabras
de Batista:

«Así, frente a parcelas del lenguaje como la gramática, donde el


enfoque metodológico estructural viene impuesto por el propio
objeto de estudio, […] o como la fonología, primera disciplina en
que se revelaron fecundos los postulados de la moderna teoría
lingüística por su carácter mensurable, la semántica era concebida
como poco menos que un totum revolutum, en el que apenas era
posible introducir ciertas directrices de trabajo que nos pusieran
de manifiesto algunas leyes abstractas semejantes a las de la
fonología.» (Batista 1997, 24)

Por ello, desde la aparición de los trabajos expuestos hasta 1997, año en el que
se celebra en La Laguna el Congreso Internacional de Semántica con motivo del
centenario de la obra de Bréal, se abre un interesante diálogo en el nuevo grupo
en el que se buscan alternativas convincentes a la lexemática.75 Con todo, las
ponencias plenarias presentadas al Congreso por Alberto Bernabé, Eugenio
Coseriu, Benjamín García Hernández, Horst Geckeler, Bernard Pottier,
Francisco Rodríguez Adrados, Gregorio Salvador, Gerd Wotjak y Ramón
Trujillo revelan la gran influencia que aún ejercía la semántica estructural en
España, al tiempo que ya se percibía una evidente heterogeneidad entre las
propuestas76 y se realzaban, de forma cada vez más vehemente, las limitaciones
del método estrictamente lexemático (Wotjak 2000, 146).
De especial interés para comprender las diversificaciones teórico-
metodológicas de estos años, especialmente en el seno de la escuela que nos
ocupa, pero también de otras, nos parece la antología Teoría del campo y
semántica léxica/Théorie des champs et sémantique lexicale, editada por Gerd
Wotjak en 1998. En ella se perciben, junto a la estrictamente lexemática (Dupuy-
Engelhardt 1998, García-Hernández 1998 y Geckeler 1998), la fuerte influencia
cognitivista, por un lado, representada en la semántica de prototipos y la de
formulaciones cognitivas genéricas –presentada por el propio Wotjak (1998)–, el
creciente interés por la semántica referencial del evento y los sistemas ónticos
para completar el análisis macroestructural (Pottier 1998 y Faber/Miral Usón
1998), así como las aplicaciones prácticas y de enseñanza de lenguas.
Por su parte, Trujillo (1998) ataca de forma contundente en este volumen las
bases de la noción del campo, mientras que Morera (1998c) y García Padrón
(1998) presentan las bases para una modificación del concepto en torno al que
gira todo el volumen. Morera (1998c) propone una vuelta a las familias de
palabras mediante el modelo descriptivo desarrollado unos años antes (Morera
1994) y García Padrón (1998) se propone rectificar la noción de campo de
acuerdo a algunos principios teórico-metodológicos de corte glosemático. En
este contexto, comenzaremos con la argumentación de Trujillo, según la cual se
invalidaría el concepto de campo. En cuanto a la «sustancia lingüística» (Trujillo
1998, 87–125), explica el autor:
«No es la lengua la que organiza una determinada ‹zona› de la realidad,
sino que es el hombre el que la ordena y dispone, valiéndose, como es
natural, de la lengua. […] El hecho de que, sin palabras, no podamos
entender la organización de las cosas, no quiere decir que esa organización
se derive de las palabras.» (Trujillo 1998, 90)
En esta misma línea, pero con respecto a la diferencia entre léxico estructurado
(es decir, estructuras que presenta la lengua en sí misma) y léxico nomenclador
(a saber, las estructuras hechas artificialmente por una ciencia determinada),
Trujillo añade:
«Coseriu separa léxico estructurado, o lingüístico, de léxico nomenclador, o
designativo. El primero formaría sistemas cuyo conjunto integraría la
estructura léxica de una lengua dada; el segundo designaría las
ordenaciones que hacemos de lo real y ‹que corresponden a líneas
divisorias objetivas y valoradas objetivamente›. Esta división resulta, sin
embargo, confusa si nos detenemos a examinarla. En efecto: tanto aquellos
‹sistemas estructurados lingüísticamente› como estos ‹conjuntos ordenados
objetivamente› tienen como ‹materia prima› lo real: tanto unos como otros
organizan, por decirlo así, una ‹sustancia extralingüística›, esto es, una
sustancia informe que, de una manera o de otra, recibe forma. Si cualquier
palabra puede transformarse en nomenclatura o cualquier nomenclatura en
signo no nomenclador, es probable que podamos afirmar, sin temor a
equivocarnos, que, propiamente, no existe un léxico estructurado como algo
diferente de un léxico nomenclador, sino usos nomencladores o no.»
(Trujillo 1998, 100–102)
Por otro lado, plantea la necesidad del cambio conceptual del significado. El
contenido del signo no puede ser ya considerado como un concepto, sino como
una «intuición idiomática» inanalizable.77 Se trata de rechazar, por tanto, la
referencia al mundo extralingüístico para definir el significado de un signo y, en
consecuencia, aceptar su inefabilidad. El contenido de una palabra no es, en
definitiva, una cosa, hecho, un concepto o una idea, sino que la palabra es, en
última instancia, ella misma:
«En realidad, la noción de campo semántico, tal como la hemos tratado los
que hemos trabajado en ella, no tiene ni viabilidad científica, ni viabilidad
práctica. No es cierto, como ya sabemos, que desde un punto de vista
puramente lingüístico, inteligente tenga que ver con listo, por ejemplo: la
relación que existe entre las dos valoraciones es ‹social›, y son la historia, la
antropología cultural y la sociología quienes tienen que describir unas
actitudes humanas, que no son significados en ningún caso[78]. […] Cada
día estoy más convencido de que, tanto en gramática como en semántica, lo
esencial es la unidad de la palabra, y de que, sólo a partir de ella, ha de
describirse cada una de sus variantes, es decir, cada uno de sus usos.»
(Trujillo 1998, 106–107)
Por último, arremete Trujillo contra el concepto fundamental de la semántica
estructural, esto es, la noción de continuum, el paradigma de signos que un
hablante es capaz de relacionar y, con ellos, formar un campo:
«Es evidente que esos ‹continuos parciales›, como el de los animales
domésticos (gallinas, perros, conejos, etc.) o el de las edades del hombre
(niño, muchacho, mozo, hombre, anciano, etc.), no existen ‹en sí mismos›,
ya que no son otra cosa que las ‹zonas de interés› (o «de rechazo») que el
hombre ha desgajado y seguirá desgajando del ‹continuo universal›, gracias
al lenguaje, único instrumento de pensamiento –y de ‹demolición›– que
posee. Lo que yo pretendo decir aquí es que ha sido el hombre quien ha
separado unas zonas de interés de otras, construyendo así ‹su realidad›, y no
que haya sido el lenguaje, por sí mismo, el constructor de esos continuos
convencionales.» (Trujillo 1998, 112–113)
Y concluye:
«Es imposible hablar de un ‹continuo› que, como una tela única e
indivisible, se reparte entre un conjunto de palabras, porque no se puede
vincular ninguna palabra con ninguna sustancia extralingüística
determinada. La relación ‹palabra-sustancia extralingüística›, es decir,
‹palabra-cosa›, se da sólo en cada acto concreto de habla y es siempre
distinta en cada uno de ellos. […] El continuo sustancial no es más que un
‹truco› con que se apoya la hipótesis de que el vocabulario se integra en
sistemas semánticos que consisten, precisamente, en la división y
organización de ese continuo. La cosa está clara: sin el dichoso continuo, no
hay campo semántico: primero, se reúnen varias ‹cosas› distintas; luego, se
inventa la abstracción que las reúna en función de alguna propiedad
‹sustancial› común –se inventa el continuo–; y, por último, se describen las
diferencias entre esas ‹cosas›; con lo cual, ya tenemos el sistema léxico, con
sus semas, sememas y archisememas. »79 (Trujillo 1998, 117–118)
Una posición radicalmente contraria presentaba, por ejemplo, Geckeler (1998,
49–63), en este mismo volumen, quien ofrece una panorámica de las tesis
doctorales y estudios dedicados a los campos semánticos en los veinticinco años
que habían transcurrido desde la publicación de su famosa Tesis Doctoral sobre
los campos. En cuanto a la determinación metodológica de los paradigmas
semánticos, el profesor de Münster concluye lo siguiente:

«En observant les langues romanes et germaniques – et sûrement


beaucoup d’autres langues encore – force nous est de constater
que les contenus lexicaux n’existent dans ces langues que sous
une forme catégorématiquement déterminée, à savoir,
concrètement sous forme de substantifs, de verbes, d’adjectifs ou,
éventuellement, d’adverbes. Il n’y a pas de contenu lexical qui
soit disponible dans nos langues sous une forme exempte de
catégorisation ou encore sous une forme précédant la
catégorisation, autrement dit, sous une forme qui échappe à la
condition d’être catégoriquement marquée par les parties du
discours. La conclusion qu’il s’agit de tirer forcément de cet état
de fait est que le fonctionnement linguistique ne se réalise qu’à
l’aide de lexèmes catégorématiquement déjà déterminés - et, bien
entendu, au moyen des éléments grammaticaux, qui, cependant,
ne nous intéressent pas dans le cadre de cet article.»80 (Geckeler
1998, 56)

Sin embargo, nos parece sintomática una de sus conclusiones, concretamente, la


que muestra la necesidad de acudir a la raíz léxica categorizada dentro de los
campos semánticos para no establecer cuatro campos léxicos distintos, por
ejemplo, al separar por categorías los lexemas duro, dureza, endurecer y
duramente, entre otros:
«La conclusion qui s’impose inéluctablement à partir du raisonnement
précédent est la suivante: à l’intérieur d’un champ lexical fonctionnent
exclusivement des lexèmes appartenant à une seule et même partie du
discours. Cette conclusion ne vaut pas seulement pour les champs lexicaux,
mais aussi pour les relations sémantiques telles que la synonymie,
l’antonymie et l’hyponymie. […]A notre avis, il faut commencer l’étude
sémantique d’une telle zone du lexique par l’analyse du champ structuré par
les lexèmes ‘primaires’ (selon la terminologie d’E.Coseriu) et étudier les
autres champs composés par des lexèmes secondaires, c’est-à-dire dérivés,
en relation avec le champ lexical ‘primaire’. Ainsi, par exemple,
l’opposition substantivale vieillesse/jeunesse et l’opposition verbale vieillir
/rajeunir présupposent l’opposition adjectival vieux/jeune.»81 (Geckeler
1998, 57–58)
Con todo, el hecho de que el segmento fonológico que subyace a combinaciones
como envejecer, vejez, rejuvenecer y que los dota de significación denotativa sea
una un signo categorizado necesariamente (en este caso: [viejo]adj.) no
encuentra ni ha encontrado con posterioridad un rotundo consenso (Piera 2009,
37). Prueba de ello son las manifestaciones de Morera, que, en este mismo
volumen, aclaran:
«Si queremos hacer un estudio riguroso de la significación léxica, debemos
desembarazarnos totalmente de la significación categorial, que es variante
respecto de aquélla. Por lo tanto, cuando los estructuralistas hablan de
‹campos semánticos de verbos de lengua›, ‹campos semánticos de
sustantivos de edad›, ‹campos semánticos de adjetivos de colores›, etc., no
están hablando realmente del significado léxico de los signos que
consideran, sino que hablan más bien de algunas de las designaciones o
denotaciones que tales signos presentan en la realidad concreta del hablar
cuando se categorizan como verbos, como sustantivos y como adjetivos,
respectivamente. Desde nuestro particular punto de vista, los signos claro,
claridad y clarear no pertenecen a campos léxicos distintos, por mucho que
presenten diferente significación categorial, sino que pertenecen al mismo
campo léxico, porque poseen idéntica intuición semántica descriptiva.»
(Morera 1998c, 129)
De este modo, intenta Morera definir algunas figuras de contenido descriptivo
como las siguientes: ‘movimiento, permanencia, acompañamiento, ubicación,
superficie, masa, continuidad, discontinuidad, interioridad, exterioridad,
densidad, difusión, horizontalidad, verticalidad, abertura, cierre, superioridad,
inferioridad, anterioridad, posterioridad, simultaneidad, alejamiento,
aproximación, puntualidad, extensión, individualidad, colectividad’, etc. (Morera
1998c, 132), que, en su opinión, articulan la significación primaria de los signos
léxicos y que, posteriormente, asumirían la categorización, al entrar a formar
parte del universo del discurso. Se asimila, por tanto, la propuesta del autor con
la de la morfología distribuida (Halle/Marantz 1993, 122; Embick/Halle 2005,
46), por cuanto la raíz representa un haz de rasgos semánticos no categorizados
que asumen, una vez realizada en el vocabulario de la lengua histórica, una
infraespecificación de rasgos denotativos, sujeta a especificaciones contextuales.
Por otra parte, el propio editor del volumen, Gerd Wotjak, en su artículo,
titulado «Estructuras léxicas y significado léxico» (1998b, 157–182), se muestra
escéptico con la idea de considerar la morfología y, en definitiva, la etimología
como criterios para la constitución de campos léxico-semánticos o familias de
palabras:

«Podemos destacar […] también estructuras del lexicón que


reflejan ya no criterios semánticos o de contenido, sino criterios
morfosintácticos, es decir, localizables en el plano de la expresión
de las UL al respecto. […] Podríamos hablar de campos
morfosintácticos o de estructuras léxicas basadas en una identidad
de los esquemas o patrones oracionales sintácticos y/o semántico-
funcionales. Podemos mencionar, en este apartado, también a las
llamadas familias de palabras que reúnen UL con una etimología
común y cuyos morfemas léxicos constitutivos coinciden en
mayor o menor medida, pero discrepan también, si bien
etimológicamente proceden de la misma fuente
léxica/morfemática común: en este sentido constituirían campos
morfosemánticos que, sin embargo, suelen haberse organizado,
no alrededor de morfemas léxicos coincidentes, sino basados en
morfemas derivativos coincidentes.» (Wotjak 1998, 172–173)
Y, después de recordar que el intento de establecer campos morfosemánticos por
parte de Guiraud no había encontrado eco alguno (Wotjak 1998b, 173),
concluye, en la línea de Trujillo, que los campos semánticos «no constituyen las
únicas estructuraciones léxicas» y que, no obstante, sigue siendo válida la
postura de proponer microestructuras semánticas cognitivas para describir las
unidades del vocabulario. En sus palabras:

«Resumiendo podemos comprobar que la teoría del campo


lexemático o léxico-semántico no ha perdido en importancia, sin
que se le haya concedido siempre la atención que merece. Sigue
siendo importante, porque sirve como medio heurístico apropiado
para describir […] qué elementos cognitivos han sido
sememizados, sea como parte del núcleo designativo común, sea
como semas diferenciadores, como elementos modificadores, de
las microestructuras, tanto semémicas como semantémicas. Al
mismo tiempo, las macroestructuras semánticas paradigmáticas o
campos lexemáticos o los análisis de lexicología funcional nos
facilitan datos fehacientes en cuanto a cómo los hablantes de una
lengua histórica han perspectivado y puesto de relieve
dominios/sectores selectos del conocimiento enciclopédico
compartido e individual. […] No constituyen, a nuestro modo de
ver, estructuras léxicas, sino al máximo estructuras semántico-
semasiológicas, las medioestructuras o «campos semasiológicos»
algo desatendidos. […] No nos parece nada casual que tanto para
las macroestructuras como para las microestructuras haya
estructuraciones léxicas basadas en aspectos puramente
morfosintáctico-combinatorio-distribucionales; sin embargo, para
las medioestructuras no existen indicadores análogos más allá de
las tal vez divergentes distribuciones morfosintácticas, que
caracterizan la combinatoria sememotáctica y morfosintáctica,
admitida para la variante léxica con la microestructura concreta
dada.» (Wotjak 1998b, 173–175)

En la actualidad, la Escuela de La Laguna ya ha abandonado por completo la


idea de buscar en el léxico una «forma del contenido denotativo» compuesta por
semas y estructuradora y matriz del campo y considera –con consenso
prácticamente total entre sus nuevas generaciones– la significación invariante en
que se funda la variación (denotativa, connotativa y designativa de las unidades)
como una intuición idiomática inefable.82
Defensores de esta nueva perspectiva han sido, sobre todo, Morera y García
Padrón con varias publicaciones a partir de raíces83 en el ámbito hispánico y,
curiosamente, en el ámbito germánico, Augst y Splett, han llevado a cabo un
desarrollo teórico análogo (↓ 1.3.2 ), al pronunciarse este último (ya desde 1987,
pero especialmente en los últimos años, cf. Splett 2000, 108) sobre la necesidad
de trascender los campos léxicos para acceder a la descripción de la «estructura
interna de las palabras complejas». Esta alternativa a la aproximación al léxico
de las lenguas naturales parte de familias de palabras, esto es, de conjuntos
léxicos que comparten una raíz etimológica común (por ejemplo, dec- para el
español y sag- para el alemán), a la que se supone un valor idiomático constante.
Se intenta así un análisis de propiedades estrictamente lingüísticas y, más
concretamente, de morfología derivativa, como desarrollo de un programa de
«gramaticalización del léxico».
En los últimos años ha sido, sobre todo, Morera el que con mayor prolijidad
ha desarrollado en España estas ideas. Como excedería con mucho la finalidad
de este apartado exponer en profundidad cada uno de sus análisis, nos limitamos
a presentar algunos de sus conceptos principales, basándonos en una selección
de sus trabajos (Morera 2005 y 2007c).84
En La gramática del léxico español (2007), el autor parte de la idea de que
léxico y gramática forman un continuum indeslindable,85 producto de la
superposición de varios tipos de significación, de las cuales la significación
primaria sirve de base y fundamento a las restantes. En sus palabras:
«[La significación primaria] consiste en una intuición de naturaleza espacial
en estado puro (es decir, sin forma existencial o categoría propia), que actúa
como punto de arranque o fundamento de la estructura semántica de la
palabra[86]. Se trata, como se ve, de las intuiciones lingüísticas más
profundas y primarias del pensar humano, de la base de las metáforas
fundamentales de nuestra percepción, que se constituyen históricamente a
partir de inventarios de figuras de contenido o rasgos semánticos mínimos
universales que, probablemente, pertenecen a la forma de percibir común a
toda la especie humana.» (Morera 2007c, 34)
En la significación primaria distingue el autor dos tipos: la descriptiva y la
mostrativa. 87 A tal significación básica se le superponen otros tres tipos de
significación, a saber: la categorial, la morfológica y la sintáctica. Morera ha
presentado en la monografía arriba citada algunos estudios concretos de raíces
(los casos de fer-, punt-, pas- y los canarismos derivados de buf-) en los que se
puede observar con más exactitud su desarrollo metodológico, del que
hablaremos en otro apartado (↓ 2.2). Especial atención merece, del mismo modo,
su tratamiento de la sufijación española (cf. Morera 2005), del que también
hablaremos más adelante (↓ 3.2.2) y que, a modo de resumen, concibe como
significación morfológica interna o «cuantificadora» de la semántica primaria
con potencialidad transcategorizadora.
Los estudios de Morera no solo pretenden proponer una alternativa al análisis
lexemático, sino la posibilidad de englobar el léxico de acuerdo a la motivación
relativa (a saber, etimología sincrónica) y, por lo tanto, supondría un avance en la
moderna investigación etimológica que, sin la noción de campo (cf. Coseriu
1964, en 1986 [1977]), quedaría totalmente privada de modelo teórico-
explicativo propio.88

1.2.4.2 Discusión interna a la Lexemática


Veamos en este apartado, sucintamente, cómo fueron asumidas tales críticas en
el seno de la Lexemática. Sobre la base de trabajos como el de Corrales (1991),
Coseriu (1995; 1998) tuvo la oportunidad de expresar su punto de vista con
respecto a las nacientes críticas dirigidas a la Lexemática en torno a la década de
los años noventa.
Expondremos, a continuación, algunas de las objeciones que han sido argüidas
hasta ahora, desarrollando, paralelamente, algunas reflexiones propias acerca de
tales problemas. La primera es la relativa al objeto nuclear de la semántica
estructural, como aproximación metodológica y que, en tanto que concepción,
no solo atañe a la semántica propiamente dicha, sino también a la fonología y a
la gramática –las cuales, como apuntaba Batista más arriba, pueden considerarse
estructurales por definición–. Coseriu (1995, 113; 1998, 458) ha puesto de
relieve que el modelo lexemático no pretende excluir otras consideraciones y
procedimientos teórico-metodológicos del estudio de la semántica general (no
estrictamente idiomática), sino exclusivamente de la semántica lexemática, en
tanto que programa, de modo que las perspectivas cognitivas o pragmáticas no
se contemplan como objeto de estudio del modelo estructural, pero son
naturalmente interesantes desde otros modelos semánticos no estructurales
(Coseriu 1990, 278).
En nuestra opinión, sería, además, un grave error considerar a lo sumo esta
posición metodológica como una deficiencia de la «lingüística estructural», pues
tal restricción no deriva de la insuficiencia de esta teoría lingüística como
«modelo teórico dado», sino de la insuficiencia que supone imponer una lógica
de conjuntos a objetos, cuya organización en conjuntos es, en sí, una abstracción
metafórica o, lo que es lo mismo, una analogía aplicable de acuerdo a diferentes
grados de abstracción posibles. De modo que, a nuestro modo de ver, criticar a
una lingüística estructural el que no deje de ser estructural sería algo semejante
como criticar a los números racionales o enteros el que no sean naturales. La
dificultad es –como hemos intentado hacer ver en 1 – un problema
epistemológico, no de teoría lingüística, que, en tanto que problema, no solo
afecta a los paradigmas semánticos, morfológicos y fonológicos de corte
estructural, sino que, desde un punto de vista epistemológico, atañe igualmente a
la botánica, la zoología, la sociología y demás disciplinas, incluidas las
semánticas, que operen con conjuntos, sobre cuyos problemas se ha venido
advirtiendo desde las antiguas y fraseologizadas aporías eleáticas. Asimismo,
una refutación de un modelo estructural no es, en nuestra opinión, uno no
estructural, sino un modelo estructural mejor o más consistente, es decir, un
modelo que pueda poner remedio a sus carencias. Desde este punto de vista,
cabría cuestionarse si modelos estudiados como el glosemático de Hjelmslev o el
estructural de Nida –poco desarrollados e, incluso, estigmatizados desde sus
inicios debido al carácter estrictamente relacional de sus rasgos, que, por el
contrario a los de la lexemática (Coseriu 1990, 278), no comparten contenido
con los rasgos referenciales que subsumen– son «mejores modelos» en tanto que
«estructuralmente más consistentes y axiomáticamente mejor fundados».
La segunda crítica dirigida a la lexemática, desde un punto de vista teórico
genérico, gira en torno a la dificultad de fijar un metalenguaje coherente y un
nivel de abstracción adecuado en la descripción léxica. A este aspecto, Coseriu
ha añadido que el objetivo de la lexemática es «identificar y describir las
estructuras reales del léxico, tal y como se dan en las lenguas, y en que ninguna
otra semántica puede reemplazar a la semántica estructural en esta tarea»
(Coseriu 1995, 114).
A nuestro modo de ver, la lexemática, en tanto que disciplina estructural,
puede reservarse el derecho epistemológico de perseverar en la duda de si los
conjuntos vienen dados por los mismos miembros o por la generalidad de las
categorías, tal y como corresponde a todas las ciencias dadas y posibles. Esta
dificultad lleva a la lingüística, como es lógico, al problema de la distinción
entre lenguaje primario o metalenguaje, por un lado, así como al hecho de que el
metalenguaje no puede tener una relación de identidad con el lenguaje primario,
por otro, y, por último y dependiendo de esta última dificultad, a la cuestión de si
el metalenguaje es una predicación falsa del lenguaje primario. En otras
palabras, se trata del mismo problema teórico, en efecto, que el que se plantea si
las perras amamantan a sus crías con independencia de ser seres mamíferos o si
las amamantan porque son seres mamíferos, o si las amamantan con
independencia de que otros seres considerados mamíferos las amamanten o las
puedan/deban/quieran amamantar. Del mismo modo, no podemos saber con
exactitud –desde un punto de vista epistemológico– si un verbo con un objeto
directo es transitivo porque presenta tal objeto directo, si presenta un objeto
directo porque es transitivo o si presenta el objeto directo con independencia de
que otros verbos transitivos puedan/deban presentar un objeto directo, de donde
surge la duda de si el rasgo ‘transitivo’ es una propiedad intrínseca y
consustancial del verbo, una clase generalizadora o el resultado de una
generalización producida por la predicación falsa a un conjunto de fenómenos
que, en esencia, son entes independientes unos de otros.89
Por lo tanto, en la medida en la que la lexemática «yerra» por «no acomodarse
a la realidad» o no darle valor/categoría lingüística a lo situacional, el hombre
yerra al referirse.90 Por esta causa, creemos que sería contraproducente tanto
reprocharle a una disciplina las dificultades teóricas que incumben a todas
(Putnam 1985, 131–136), como que no obtenga los beneficios a los que no se
propone llegar con su método (Coseriu 1990, 255).
A este respecto, estamos de acuerdo con Coseriu (1995, 114) cuando afirma
que «no cabe censurar una semántica de la lengua porque no es pragmática o
sociolingüística». Efectivamente, la lexemática no contempla el objeto de
estudio de la pragmática, en la medida en que esta tampoco contempla ni debe
contemplar el de aquella. Como afirma Coseriu en otra parte (1998, 458), no
quedan excluidas la designación, la nomenclatura, la fraseología, la pragmática o
sociolingüística de la semántica, sino de la lexemática, exclusivamente.
En resumen, la semántica lexemática no yerra –en nuestra opinión– porque
considere que sus unidades se constituyen de acuerdo a rasgos distintivos a partir
de cuyas semejanzas o diferencias se formen paradigmas, ni por el hecho de que
presuponga que el significado es reducible a dichas diferencias. La lexemática
no yerra –pensamos– al proponer su noción de significado, incluso si existiera la
hipótesis de que todas sus presuposiciones podrían ser predicaciones falsas de la
categoría «significado», que, en tanto categoría, no se diferencia de «mamífero»
o «verbo transitivo». La lexemática yerra, exclusivamente, bajo nuestro modo de
ver, en tanto que propone oposiciones funcionales o relaciones paradigmáticas y
sintagmáticas debatibles o que podrían ser sustituidas por otras más consistentes.
Por esta causa, la razón que parece esgrimir Coseriu (1995, 116) acerca de si
lo designado por dos lexemas en una lengua –p. ej.: esp. saber y conocer, cuyo
referente puede ser designado por un solo lexema en otra (p. ej.: ing. to know)–
representa un solo segmento en el continuum o, por el contrario, dos, de acuerdo
a si los lexemas implicados mantienen una oposición funcional o no, nos parece,
del mismo modo, no libre de crítica. En nuestra opinión, la mera existencia de
dos unidades implica que tales unidades no sean la misma, de modo que
presentarán (algunas) diferencias en el plano del contenido, y que, al observarlas
desde la óptica de una lengua donde solo existe una unidad para tal designatum,
se generará la impresión de que ambas unidades de la lengua observada
pertenecen a una misma clase (la formada desde el ángulo de la lengua desde la
que se observa) y que existe una oposición funcional entre las unidades de la
clase (la sustentada sobre las diferencias percibidas en las unidades que se
observan). Surge así, de nuevo, el problema de si la organización nítida que se
detecta en la lengua en cuestión pertenece, efectivamente, a la relación intrínseca
existente entre los objetos o si son el producto de los vínculos establecidos a
partir del ángulo de la percepción sobre las diferencias –y todo esto,
naturalmente, con independencia de que tales estructuras puedan ser intrínsecas,
esto es, reales o no–. Así, si observamos los verbos alemanes essen ‘comer al
modo de los seres humanos’ y fressen ‘comer al modo de los animales’ desde el
español, donde solo existe un lexema, comer, se tendrá la impresión de que, o
bien en alemán hay un solo significado con distribuciones complementarias, o
bien hay dos significados que presentan una oposición equipolente y que se
articulan en torno a un núcleo semántico-designativo común. Exactamente la
misma impresión tendríamos si observamos estos dos fenómenos léxicos desde
una realidad extralingüística unificada, como el evento ‘alimentarse’. Sin
embargo, nunca podremos saber si la relación que vincula a essen con fressen es
la perspectiva de la lengua española, que solo posee un lexema y, por tanto,
agrupa los dos lexemas alemanes en una misma categoría, o si es la perspectiva
del evento extralingüístico, la cual categoriza los dos hechos independientes de
‘un animal comiendo’ y ‘un humano comiendo’ dentro de una categoría lógica
común ‘alimentarse’, que incluye tanto a los hechos concretos, como a los
verbos alemanes, hispánicos, o de cualquier sistema lingüístico natural.91
Efectivamente, si observamos los lexemas alemanes desde su pertenencia a
esa categoría lógica, percibiremos semejanzas y diferencias entre ellos. Pero el
problema que asalta en este punto es si ambos lexemas presentan realmente una
estructura (paradigmática), si se la hemos impuesto los que los analizamos o si el
mero hecho de vincularlos carece de sentido en tanto que podrían concebirse
como hechos atómicos. Pero, como vemos, estos problemas son de carácter
epistemológico, no estrictamente lingüístico, y, en consecuencia, carece de
sentido atribuirlos como deficiencias de la lexemática y no de toda ciencia que
opere con generalizaciones ontológicas.
En cuanto a la propuesta de establecer significantes distribucionales, Coseriu
se ha expresado en un sentido radicalmente contrario (Coseriu 1995, 115–116).
Para ello arguye que la distribución es solo un indicio para reconocer el
significante y no el significante en sí. En lo que respecta al concepto de
significante distribucional, la propia Escuela de La Laguna ha modificado su
posición, acercándose de nuevo a la de Coseriu, al aceptar que la distribución es
un procedimiento heurístico, pero no una unidad en sí (Trujillo 1996, 128–131,
325–329).

1.2.4.3 Discusión externa a la Lexemática


La lexemática pudo ser discutida en varias ocasiones por los investigadores de la
teoría del campo léxico durante los años noventa. Junto a los volúmenes ya
comentados (Martínez Hernández 2000 y Wotjak 1998a) se publicaron
previamente en Alemania varios volúmenes dedicados a discutir el concepto de
campo léxico como modelo de descripción léxica. Los resultados de estas
investigaciones –que se integran en la versión editada de distintas actas de
congresos– se encuentran en Lutzeier (1992),92 Hoinkes/Dietrich (1995) y
Hoinkes (1997)93 y sobre ellos hablaremos en diversos apartados de este estudio.
En estos tres volúmenes se observa cómo aumentan considerablemente las
propuestas de integrar las macroestructuras en modelos cognitivos,
especialmente en lo que respecta a la semántica de prototipos y de marcos. En el
seno de esta última, Fillmore (1985, 225–232)94 ha puesto de relieve algunas
contradicciones de la teoría del campo, tal y como ha sido propuesta por Trier,
Pottier y Coseriu /Geckeler. La primera (1) versa sobre la imposibilidad de
establecer una «palabra-campo», esto es, sobre la imposibilidad de asignarle
significado a una palabra cuyo contenido semántico no sea compartido por otras.
Para ello, Fillmore expone el caso de la palabra hipotenusa, como representante
del vocabulario técnico, que presupone la idea de triángulo rectángulo. Fillmore
(1985, 229) arguye que, de acuerdo al modelo de la teoría del campo, el hecho
de que en inglés americano no exista una palabra para «cateto», a la que aquella
se le pueda oponer dentro del campo semántico de los elementos del triángulo
rectángulo, imposibilita teóricamente a la palabra hypotenuse para contraer
contenido semántico. Este problema estaría resuelto en el seno de la teoría de
frames, donde la noción de hipotenusa sería relegada al frame de triángulo
rectángulo, de forma que podría distinguirse el aspecto geométrico al que la
palabra se refiere. La segunda (2) discute el concepto de paradigma, arguyendo
que una palabra puede compartir un contenido semántico con otras sin necesidad
de ocupar la misma posición sintagmática, a saber, sin la necesidad de mantener
una relación paradigmática. La última (3), que se deriva de las anteriores,
arremete contra el concepto de oposición, al advertir que una unidad léxica
puede compartir contenido con otra sin estar necesariamente en oposición
inmediata con ella o, lo que es lo mismo, sin definirse mutuamente –al no formar
un paradigma (2) y, por lo tanto, sin la necesidad de formar un campo (1)–. Por
ende, el concepto de frame sería más preciso que el de campo, en tanto que
postula una diferencia entre «fondo» (background) y «figura» (profile), no
necesariamente paradigmática. Después de mencionar la posición crítica de
Coseriu con respecto al tratamiento del lenguaje nomenclador en la teoría del
campo, el autor mantiene que no es posible una relación entre su concepto de
frame y concepto de Zwischenwelt de Weisgerber.
No obstante, es preciso hacer algunas matizaciones a los argumentos de
Fillmore. Por un gran número de razones, que, en parte, hemos expuesto en 1.2 ,
no se pueden situar en un mismo nivel el concepto de campo de
Trier/Weisgerber o Sachgruppen de Dornseiff, con los conceptos de campo de
Pottier, Coseriu/Geckeler o Wotjak. Todos ellos se fundan en un análisis
componencial, totalmente ausente en Trier/Weisgerber, que introduce los
principios de delimitación fonológica y así prevén las relaciones de sentido y
jerarquías entre las unidades léxicas. Todos rechazan la idea de que el léxico esté
estructurado como un mosaico y hacen, de manera más o menos explícita, una
diferencia estricta entre lenguaje primario, estructurado, y lenguaje científico-
técnico, por naturaleza nomenclador. Por otro lado, la idea cuasimetafísica de
Zwischenwelt es abandonada de forma unánime por los autores modernos, que o
bien hacen la diferencia entre significado y designación (Pottier, Coseriu
Geckeler), o bien entre significado y representación (LorenzWotjak). De este
modo, en ninguno de los modelos de estos autores se prevé un análisis como el
descrito para hipotenusa. La aportación de todos ellos estriba en el intento de
descubrir si existen estructuras léxicas (paradigmáticas) determinadas por las
lenguas naturales y no asignables a ordenaciones culturales, independientes de
aquellas, las cuales no se excluyen, sino que se captan mediante los conceptos de
«virtuema» en Pottier (Fig. 4) o «región» en Coseriu (1990, 255, n. a p. 35) y
«tipo óntico» en Wotjak (↑ 1.2.3 ). En el caso de hipotenusa, la palabra no puede
conformar, efectivamente, un campo, pero no porque represente un unicum, sino
porque su significado es una definición matemática y no un contenido semántico
de una lengua natural. La palabra hipotenusa seguirá designando, por ende, lo
que designa, tanto si aportan más palabras descriptoras al concepto de triángulo
rectángulo, como si se cambia su significante, por ejemplo, por subtendiente. Por
otro lado, en el caso de los unica, estrictamente lingüísticos, el problema se
disuelve por cuanto son los archisememas, a saber, los campos en cuestión, los
que entrarían en oposición con las unidades aisladas, de modo análogo al que
explica que el fonema vocálico español a, al no tener otro fonema bajo al que
oponerse, no pierde su estatus fonológico, pues se opone al conjunto entero de
vocales medias, a saber, e, o (Coseriu 1986 [1977], 40; ↓ 1.2.4.1 ). A este
propósito, Lutzeier (1981, 130–150) ha propuesto una definición de campo
semántico que prevé todas las relaciones semánticas posibles en el seno de la
macroestructura y mediante la cual, tanto el problema de los unica como el de la
abstracción de las dimensiones quedaría resuelta (Lutzeier 1981, 142–143).
Wotjak (2006, 93), por su parte, ha presentado un revisado estado de la
cuestión en el que se exponen los problemas teórico-metodológicos que siguen
estando presentes y permanecen irresolutos en análisis de campo o
macroestructurales. Las deficiencias que expone son las siguientes:
(a) Imposibilidad de asegurar la naturaleza estrictamente lingüística de
los paradigmas léxicos, campos o macroestructuras.
(b) Imposibilidad de estructurar con unanimidad científica los campos o
macroestructuras.
(c) Imposibilidad de demostrar si el léxico al completo es segmentable
en campos.
(d) Desconocimiento de las relaciones entre la estructuración estática
del léxico y su carácter dinámico.
(e) Deficiencia en el conocimiento de las relaciones entre los aspectos
cognitivos y la estructuración del campo o macroestructura.
(f) Incongruencia con respecto a las configuraciones de dominios
designativos en diversas lenguas y el número y la estructuración de
sus elementos.
Por otra parte, Wotjak alerta que, en lo que respecta a la lexemática, se ha
perdido considerablemente el interés por su modelo descriptivo debido a su
reducción del objeto de estudio a una variedad tan reducida –al concepto de
«lengua funcional» o variante sincrónica de homogeneidad, sintópica, sinfásica y
sinstrática–, así como por su desinterés por las configuraciones archisemémicas,
«que son las que interesan prioritaria, si no exclusivamente, a los cognitivistas y
psicolingüistas» (Wotjak 2006, 98) y que, como veremos a continuación,
encuentran puntos de confluencia con el concepto de frame o conceptual
structure.

1.2.5 La tendencia cognitivista

1.2.5.1 La semántica de prototipos


Una de las mayores dificultades que presenta el análisis componencial, expuesto
hasta ahora, estriba en la determinación de los rasgos semánticos, relevantes para
la descripción léxica, así como su consecuente asignación a una categoría
semántica a partir de tales rasgos. Este hecho se percibe en fenómenos tan
simples como el reconocimiento de los rostros de las personas o en la asignación
de colores a los elementos de la naturaleza. Si concebimos que los rasgos que
realmente caracterizan la cara de una persona son aquellos que permanecen
invariantes a lo largo de su vida, probablemente lleguemos, tras el análisis de las
diferentes etapas, a un conjunto tan reducido de rasgos que, por un lado, privaría
a la cara de su caracterización propia –reconocible, sin embargo, en cada una de
las edades de la persona– o, por otro, tal matriz mínima de rasgos sería aplicable
a tantas caras humanas, que sería imposible reconocer el rostro en cuestión a
partir de ellos.
La necesidad de establecer, por tanto, leyes de transición o de analogía para
asociar elementos a categorías invariantes fue puesta de relieve ya desde el siglo
XIX, al considerar que la creación de categorías semánticas por parte de
hablantes sobre la base de objetos discretos lleva a la paradoja de la circularidad
(Busse 2009, 39; ↑ 1.1 ), por un lado, y a toda suerte de contradicciones en su
aplicación (Hilty 1985), por otro. Este problema ya lo había puesto de relieve,
entre otros, Bello, al explicar que:
«El entendimiento, por otra parte, carece de la facultad de dividir la
sensación homogénea de color, producida por cada durazno, en dos
sensaciones de las cuales una sea producida por todos ellos y otra no.
Consiguientemente, no puede el niño representarse en el color de cada
durazno dos colores, uno de los cuales sea común a todos ellos y otro no,
porque como la idea del color no es otra que una sensación referida a cierta
causa externa, los modos de esta causa no pueden ser para nosotros más ni
menos que los modos de la sensación. […] en tal caso durazno en general
será para él destituido de todo color.» (Bello 2006 [1881], 329)95
Y concluye Bello:

«O prescinde el niño de todas las afecciones producidas en su


espíritu por los duraznos, pues a buen seguro que alguna de ellas
sea producida uniformemente por todas estas frutas, y en tal caso
nada entresaca, nada abstrae, nada le queda para la formación de
la idea general; o descompone las afecciones simples de su
espíritu, dividiéndolas en dos partes, de las cuales una
corresponda uniformemente a todos los duraznos y otra no;
facultad de que no me parece dotado el entendimiento humano.»
(Bello 2006 [1881], 329)

Para suplir esta deficiencia, Bello supone la existencia de «ideas-signos» que


instituyen el sistema cognitivo humano y, con él, la formación del lenguaje, a las
cuales se les asocian los conceptos por relaciones de semejanza y diferencia (↑
1.1 ). Con sus propias palabras:
«Dícese que no podemos raciocinar sino por medio de signos, y la
proposición me parece cierta, entendida de los signos en general,
comprendiendo las ideas-signos; porque sin signos de alguna especie, el
trámite más sencillo del raciocinio exigiría la reseña de una multitud
innumerable de pormenores.» (Bello 2006 [1881], 361).
Y concluye Bello del siguiente modo:
«La idea general de una clase es, por decirlo así, un tipo multiforme, y la
conformidad de los objetos con una de las formas de este tipo, o su
disconformidad con todas ellas, es lo que nos autoriza para colocarlos en
aquella clase o para excluirlos de ella.» (Bello 2006 [1881], 331)
Con mucha más repercusión internacional que las hipótesis de Bello,96 esta
paradoja llevó a Wittgenstein (1999, § 67) a concebir los conceptos como
cordeles, cuya consistencia se funda en la anexión sucesiva de filamentos y que,
si se abstraen, se aviene, como ya advertía Bello, el vacío. Su concepción de
Familienähnlichkeit (familiaridad o semejanza familiar) se concibe como los
vínculos que permiten relacionar unidades con otras sobre la base de semejanzas
parciales:
«Denn wenn du sie [die Spiele] anschaust, wirst du zwar nicht etwas sehen,
was allen gemeinsam wäre, aber du wirst Ähnlichkeiten, Verwandtschaften,
sehen, und zwar eine ganze Reihe.»97 (Wittgenstein 1999, § 67)
Esta idea ha inspirado la semántica cognitiva y, en su seno, la semántica de
prototipos o estereotipos98 en su versión estándar (Rosch 1975, 193; Putnam
1985, 140–143; Kleiber 1995). Esta propuesta teórica, que pretende salvar las
deficiencias de la semántica composicional en lo que respecta al «principio
empírico o de exhaustividad» de Hjelmslev (1974 [1943], 90) –asumido por
todas las corrientes semánticas paradigmáticas posteriores a él–, según el cual la
descripción en el plano del contenido de las unidades debe ser recursiva hasta
agotar el análisis, plantea la asociación de categorías semánticas según dos ejes o
dimensiones99: uno vertical o jerarquizador, que estudiaría los casos clásicos de
hiponimia, sinonimia e heteronimia –y, por tanto, común a la semántica
tradicional, basada en el principio de definición aristotélica (condiciones
necesarias y suficientes; Kleiber 1995, 23 y ss.) y en las relaciones de sentido
(cf. Lyons 1977, 270–317)– y uno horizontal o de semejanza, en las que los
miembros de las clases se agrupan según el principio de familiaridad de
Wittgenstein,100 esto es, por relaciones de transición, organizando así
internamente una categoría (Kleiber 1997, 71), cuyo miembro mejor y más
representativo es denominado «prototipo» (Tylor 2011, 643, 645). 101
Esta propuesta esquivaría no solo el problema de la organización semántica de
aquellas categorías que parecen no tener estructuración jerárquica –como el
color– y que, por lo tanto, incluyen a sus miembros por mecanismos de
familiaridad o semejanza con el prototipo, sino también de aquellas categorías
cuyos miembros pueden describirse mediante rasgos especificadores, pero no
podrían delimitarse de acuerdo a su presencia (+) o ausencia (–) absolutas, sino
con respecto a una relación de aproximación (Kleiber 1995, 31; Busse 2009, 50).
Un ejemplo de categoría semántica analizada de acuerdo a la semántica de
prototipos y que nos permite compararlo nítidamente con el modelo sémico de
Pottier (Fig. 5) y Coseriu (Fig. 9) es la que presentan Römer/Matzke (2005, 144)
acerca de la categoría ‘mueble’ (Fig. 11):

Fig. 11: Relaciones jerárquicas en la semántica de prototipos según Römer/Matzke (2005, 144)
Como puede apreciarse en el gráfico, la jerarquización conceptual de todo
campo nocional depende de tres niveles de concreción. De acuerdo a las
investigaciones de Rosch, si se parte de una categoría base –cuyos miembros
presentan una Gestalt semejante–, obtendríamos un nivel supraordinado
(categoría compleja) y uno subordinado (categoría concreta) (Lakoff 1987, 46;
Kleiber 1995, 80; Cifuentes Honrubia 1992, 145). Como vemos, el miembro
típico de la categoría base agrupa a un conjunto de miembros que se asocian a él
por su parecido familiar y, que, a su vez, comparten con él un número
determinado de rasgos. Las consecuencias teórico-metodológicas de la
semántica de prototipos serían, por lo tanto, las siguientes (Kleiber 1995, 57):
(a) El miembro de la clase de mayor prototipicidad encuentra una más
rápida categorización.
(b) Los niños aprenden más rápidamente los representantes prototípicos
que los periféricos.
(c) Los prototipos representan referentes cognitivos.
(d) A la hora de citar los miembros de una clase, los miembros de
mayor prototipicidad son recordados con mayor rapidez que los
restantes.
Del mismo modo, la semántica de prototipos, fundada en el emparejamiento
familiar de los miembros de una categoría de forma global102 con su
representante prototípico o una intersección lógica de los rasgos presentes en los
miembros, de acuerdo a la propuesta de Givón (Kleiber 1995, 64), presentaría
las siguientes ventajas (Kleiber 1995, 97–112):
(a) Presenta un amplio campo de aplicación
(b) Establece categorías no rígidas ni homogéneas
(c) Presenta un nivel privilegiado en la (s)elección léxica (a saber, la
categoría base)
(d) Rehúsa de una descripción minimalista, al satisfacer los rasgos
categoriales y situacionales, de modo que «no teme a los fenómenos
referenciales, ni la dimensión «humana» (human, sized features) de
los rasgos» (Kleiber 1995, 112; Tylor 2011, 650)
No obstante, la teoría semántica de estereotipos o prototipos estándar no ha
dejado de encontrar reservas por parte de los investigadores: por un lado, la
delimitación de miembros prototípicos de las clases que representarían los
núcleos semánticos a los que tiende el resto de los miembros parece haber
reconducido a este modelo a la concepción de «centro» y «periferia» que había
dominado la semántica de constituyentes (Cifuentes Honrubia 1990, 107), de
modo que no se alejaría consecuentemente de ella (Kleiber 1995, 66, 87); del
mismo modo, solo se diferencia de ella en que no hace precisa la delimitación de
los miembros de la categoría, de modo que esta se puede ampliar
indefinidamente sin que este hecho repercuta en la configuración interna de la
categoría prototípica –por el contrario que en la semántica estructural, donde la
delimitación de los miembros del paradigma era necesaria, como habíamos visto,
para delimitar los rasgos que organizan el campo–; asimismo, la formación
prototípica desemboca inevitablemente en la configuración cognitiva individual,
con lo que se desvanece la idea de identificar «el significado propio» de la
palabra (Lutzeier 1985, 129; Taylor 2011, 660) y, por último, deja irresoluto el
mayor problema de la semántica de rasgos, a saber, la de explicar cómo se
derivan los significados «no prototípicos» o periféricos de las unidades, que, por
otra parte, son las que caracterizan frecuentemente los sentidos textuales (Busse
2009, 57).103
En reacción a los problemas derivados de la llamada «versión estándar» de la
teoría de los prototipos semánticos, se ha desarrollado la llamada «versión
ampliada», que prescinde de la noción de miembro típico de la clase y hace
descansar el emparejamiento exclusivamente en la relación familiar, de modo
que «relega al prototipo el rango de efecto» (Kleiber 1995, 176; Tylor 2011,
645). De este modo, la recursividad de los rasgos crean, efectivamente, en los
sentidos léxicos un efecto de «prototipicidad» no necesariamente adscribible a
un centro o representante categorial determinado, hecho que ha suscitado nuevas
perspectivas interesantes especialmente en el terreno de la polisemia y
motivación lingüística y que, pensamos, es el eje clave para la comprensión de la
motivación lingüística subjetiva en el marco de macroestructuras vinculadas
lexicogramaticalmente, como es el caso de las familias léxicas o
«macrofamilias», en el sentido de Gruaz (2001, 173) (↓ 2.2.2.3.3).

1.2.5.2 La teoría de los campos en la gramática generativa


En el momento en el que la semántica generativa (Fig. 7) se reveló deficitaria
para el análisis semántico del lenguaje, surgen nuevos modelos, que, inspirados
en los postulados de la gramática categorial de Montague, aparecida en torno a
los años setenta, proponen, por una parte, una descripción componencial sobre la
base de la lógica de predicados y, por otra parte, la adaptación de la
descomposición a la teoría de los aspectos léxicos (Fig. 2).
En estas nuevas propuestas se defiende la hipótesis de que la semántica puede
ser derivada exclusivamente de la sintaxis sin inferencias externas. Característica
de esta etapa es la obra de Dowty (1979), desarrollada como introducción a la
semántica categorial en Dowty/Wall/Peters (1981), en la que se definen los
aspectos léxicos y los primitivos semánticos (tales como, la causación,
incoación, estado, etc.) de acuerdo a principios de verificación y se intenta poner
remedio a las deficiencias lógicas y notacionales de que adolecía la semántica
generativa. Paralelamente, la publicación de la teoría de los principios y
parámetros de Chomsky (1988 [1981]), que proponía un giro lexicalista, de corte
proyeccionista, hizo despertar el interés por las propiedades semántico-
distribucionales del léxico.
En este contexto, se desarrollan propuestas atomistas (Fodor 1975), que
defendían la no composición o carácter monádico del significado léxico y que,
sobre la base de experimentos que ponían de relieve que estructuras léxicas
composicionales no precisaban un mayor tiempo de procesamiento mental que
estructuras simples, suplían las relaciones léxicas por postulados semánticos no
bicondicionales (Engelberg 2011a, 131–132). Por otro lado, aparecen teorías que
rechazan en su descomposición el principio de las condiciones necesarias y
suficientes aristotélicas (↑ 1.2.5.1 ), e introducen en su lugar la noción de
estructura conceptual como composición cognitiva, que no precisa verificar la
descomposición semántica mediante el cotejo de rasgos del evento
extralingüístico a los que esta se refiere (Jackendoff 1985). Esta propuesta
derivará en un modelo de gramática paralelo, donde los módulos de la gramática
se generan por separado, vinculándose entre sí por reglas de correspondencia, y
en el que no existe dependencia de la sintaxis con respecto a la semántica, ni
viceversa (Jackendoff 1991, 16).
En este contexto, nos parece interesante mencionar el surgimiento en el MIT
de un proyecto de investigación léxica, The Lexicon Project, llevado a cabo
desde 1983 hasta 1989 en el Center for Cognitive Science bajo la dirección de
Ken Hale and Jay Keyser (Levin 2011). La finalidad de este proyecto fue
investigar el componente léxico de lenguas poco estudiadas y modelar una teoría
del léxico en la que las entradas léxicas fueran lo necesariamente
infraespecificadas como para poder reflejar la competencia de los hablantes y la
variación de tales ítems léxicos en el habla. Por otra parte, se pretendía descubrir
procedimientos sistemáticos y recursivos a partir de los cuales se pudiera llevar a
cabo generalizaciones a través de diferentes clases léxicas (Levin 2011, 6). Para
esta tarea se revelaron especialmente productivas nociones intercategoriales
como el aspecto léxico (Fig. 2) y la polisemia regular (↑ nota a pie 51). Dos de
los principales avances de este proyecto fueron, precisamente, la vinculación
entre la sintaxis y el significado estructural, especialmente dirigido por la
estructura eventiva y, paralelamente a los desarrollos estructurales, la propuesta
del concepto de «raíz», que determina tanto el contenido semántico
(idiomáticamente) específico de los ítems léxicos como su realización
argumental (Levin 2011, 7). Este proyecto representó la base, además, de las
modernas teorías sobre la estructura argumental (Grimshaw 1990, IX) y modelos
generales sobre el contenido y estructura de las entradas léxicas, como el de las
Estructuras Conceptuales (Jackendoff 1990, XIII-XIV), el Lexicón Generativo
(Pustejovsky 1995, 8), Estructuras Léxico-Conceptuales (Rappaport/Levin 1998)
o Estructuras Léxico-Relacionales (Hale/Keyser 2002 y, en España,
Acedo/Mateu 2013), modelos que compararemos en 2.3.2.
De entre los modelos surgidos en el seno de la gramática generativa, ha sido
especialmente Jackendoff (1985, 188–211; 1991, 25–27), quien, desde una
perspectiva cognitiva y sin restricción a la teoría componencial clásica (Lehrer
1974), ha trabajado con mayor exhaustividad en la teoría del campo. Jackendoff
parte de la dicotomía chomskiana entre lengua interna (I-language) y lengua
externa (E-language) y propone un modelo de descripción léxica sustentado en
el concepto de gramática universal con el fin de evidenciar la composicionalidad
cognitiva de las estructuras conceptuales de las lenguas naturales. Se reduce, por
tanto, el modelo de Jackendoff al estudio de la lengua interna en su dimensión
semántica, tal y como se deriva de las reglas de formación conceptual e
inferencia, que parten de los datos proporcionados por los sentidos –de entre
ellos, especialmente la visión y la acción–. En este sentido, Jackendoff
manifiesta que
«It should be pointed out that, under the view being laid out here, the level
of conceptual structure is not completely language-dependent, since it
serves as an interface between linguistic information and information
germane to other capacities such as vision and action. »104 (Jackendoff
1991, 18)
El autor parte de la suposición de que la estructura conceptual de toda unidad
léxica, sustentada sobre la oposición peirceana entre type/token (Lyons 1977,
13), puede ser reducida, así como la sintaxis, a un esquema de proyección del
núcleo del tipo X-barra, como vemos a continuación (Jackendoff 1991, 24):

Fig. 12: Esquema de proyección del núcleo del tipo X-barra según Jackendoff (1991, 24)

Esto le permite, por una parte, generar eventos conceptuales complejos y por
otra, establecer las relaciones de jerarquía entre los constituyentes semánticos de
la noción estudiada.
En lo que respecta a la teoría del campo, Jackendoff postula que no todos los
rasgos semánticos que tradicionalmente se han propuesto para la descripción
componencial de unidades léxicas presentan un estatus universal –esto es,
pueden ser considerados como primitivos semánticos– y, por tanto, difícilmente
pueden ser introducidos en la entrada léxica. De este modo, rasgos como [±
respaldo], que tradicionalmente se han utilizado para analizar la descomposición
binaria del campo semántico ‘asiento’ (Pottier 1964, Fig. 5), se consideran, en la
opinión del autor, como «patently ridiculous» (Jackendoff 1991, 33).105
De mayor coherencia le parece recurrir a un modelo de representación
cognitiva tridimensional, como el propuesto por Marr, sobre el que se sustentan
y del que derivan los primitivos semánticos codificados en la entrada léxica y al
que se recurre en el proceso de categorización, tan debatido en la semántica de
prototipos.
De especial interés para el modelo de campo es el hecho de que los primitivos
de los que parte Jackendoff se derivan esencialmente del contenido espacial. El
autor parte de la hipótesis localista de Gruber y otros, según la cual, dimensiones
semánticas como el tiempo, la posesión, la predicación de propiedades, etc.,
derivan de nociones básicas o primitivos semánticos eminentemente espaciales
(Jackendoff 1991, 26; 2002, 356–360).106 Por ello, el autor parte de primitivos
semánticos como los de ‘situación’ ([Place PLACE-FUNTION ([THING])]),
‘trayectoria’ ([Path {TO/FROM/ TOWARD/AWAY-FROM/VIA} ([{THING/
PLACE}])]), ‘evento’ {[Event GO ([THING], [PATH])] [Event STAY ([THING],
[PLACE])]}, ‘estado’ {[State BE ([THING], [PLACE])] [State ORIENT
([THING], [PATH])] [State EXT ([THING], [PATH])]} o ‘evento [causativo]’
[Event CAUSE ([{THINGEVENT}], [EVENT)] para explicar el resto de los
campos semánticos que se advierten en el léxico de las lenguas naturales
(Jackendoff 1991, 43).
De este modo, a partir de reglas de sustitución de argumentos y de asignación
de θ-roles o papeles semánticos (Jackendoff 1991, 51 y 64, respectivamente) se
generan las diversas interpretaciones cognitivas de las estructuras semánticas.
Veamos un ejemplo a propósito de un campo semántico no estrictamente
espacial, como el de CAMBIO DE DISPOSICIÓN, ejemplificado por
Jackendoff mediante el verbo inglés buy:

Fig. 13: Plantilla léxica del verbo buy según Jackendoff (1991, 190)
Como se puede observar en la plantilla léxica, estamos ante un verbo transitivo –
es decir, marcado por el rasgo subcategorial «__NP»– que presenta los
complementos facultativos from NP y for NP . La estructura conceptual del
evento puede parafrasearse de tal manera que ‘algo se desplaza (GOPoss) desde
un poseedor original (FROM) hasta un poseedor destinatario (TO) y algo,
determinado como dinero (MONEY), se intercambia (EXCH) de forma que se
desplaza (GOPoss), de forma inversa, desde el poseedor destinatario (FROM [β])
hasta el poseedor original (TO[α])’. El argumento externo agentivo, marcado
mediante el subíndice i, asume una función causativa una vez que se realice el
sujeto. De acuerdo al «criterio-θ» de la teoría chomskiana de la rección y el
ligamento, según la cual cada argumento ha de tener un y solo un papel temático
(Chomsky 1988 [1981], 36), debe existir un solo ligamento entre cada uno de los
complementos del verbo y los argumentos de su estructura conceptual. Por ello,
en la plantilla ejemplificada para el verbo buy, se marca mediante subíndices la
relación entre la sección de la estructura conceptual que rige una determinada
complementación en la sintaxis –en este caso, los subíndices i, j, k, donde i,
como tema del argumento externo (sujeto), no se relaciona con un rasgo de
subcategorización, al ser una propiedad oracional y no estrictamente léxica–,
mientras que se marcan mediante superíndices las relaciones existentes en el
seno de la estructura conceptual, pero que no repercuten en la codificación
sintáctica del verbo –en este caso, los superíndices α y β–. El evento denotado
por este verbo puede fijarse como argumento de un evento causativo y servirá,
de este modo, al cambiar la indexación de los argumentos, como base conceptual
para otros verbos que se adscriban al área denotativa de los verbos de cambio de
disposición, como, junto a buy, también sell y pay (Jackendoff 1991, 191).
Influenciadas por el modelo de la Conceptual Semantics de Jackendoff,
basada en Conceptual Structures (CS; ↓ 2.2.2 y 2.3) como la aplicada a buy, se
han llevado a cabo en el mundo hispánico diversos estudios en el ámbito de la
teoría de los campos, como, por ejemplo, Morimoto (2001) en el ámbito de los
verbos de movimiento.
La especial atención que ha ofrecido el modelo de Jackendoff a la categoría
verbal y la deficiencia en la que se encontraba subsumido en los años noventa el
estudio de la categoría sustantiva ha llevado a Pustejovsky a proponer un
desarrollo del modelo generativo que intente, del mismo modo, dar cuenta de la
estructuración de sustantivos.
A diferencia del modelo de Jackendoff, en el que los tipos de argumentos
derivan de las reglas de interfaz entre la CS y la estructura sintagmática, en las
plantillas léxicas propuestas en el modelo del Generative Lexicon de Pustejovsky
(1995; 2006) se hace una distinción explícita en la subestructura argumental ente
«argumentos reales» (true arguments), que presentan realización estructural,
«argumentos por defecto» (default arguments), que se evocan en la estructura
lógica del predicado, pero no se realizan necesariamente, «argumentos en la
sombra» (shadow arguments), que se encuentran presentes en el ítem léxico,
pero se pueden realizar únicamente mediante operaciones de subtipificación o
especificación discursiva y «adjuntos reales» (true adjuncts), esto es, argumentos
no contenidos en la entrada léxica, pero que se pueden incluir en los enunciados
mediante operaciones de modificación (Pustejovsky 1995, 63–64).
Por otro lado, Pustejovsky (1995, 67) lleva a cabo una generalización con
respecto a Vendler en su concepción de subestructura eventiva. En el modelo del
lexicón generativo se distinguen únicamente tres tipos generales, en cuanto al
modo de concebir la estructura temporal del evento: «estados» (states), en los
que el esquema predicativo se circunscribe a un único intervalo temporal,
«procesos» (processes), correspondientes a las actividades de Vendler, en los que
el esquema predicativo se circunscribe a un conjunto ordenado de subintervalos
temporales, y «transiciones» (transitions), en las que un subconjunto de los
intervalos temporales ordenados del evento modifica su estructura eventiva.
Para conseguir una definición más exacta de las relaciones temporales
existentes en el seno de la estructura eventiva, el autor postula una tupla de
funciones eventivas <E, ≤, <,◯, ⊑,∗>, en la que E denota un conjunto de
subeventos, ≤ denota un orden parcial de part-of, < denota un orden parcial
estricto, ◯ denota un solapamiento temporal o simultaneidad, ⊑ una inclusión y
* el núcleo del evento. De esta forma, para un evento e3, tal que se compone de
dos subeventos ordenados (e1 y e2 ), a saber, [e3 e1 <∝ e2 ], entonces e3 se da si y
solo si e1 ≤ e3 y e2 ≤ e3, de modo que e1 < e2, y para todo subevento e, que sea
subevento de e3, ocurre que ha de corresponderse o bien con e1o bien con e2
(Pustejovsky 1995, 69). Así, si e es un evento simple de E, de modo que E(e),
entonces E es un estado. Si e1, e2, …en, es una serie ordenada, de modo que E(e1
< e2 < … en), entonces E es un proceso. Si e, ¬e es una serie ordenada, de modo
que E(e < ¬e), pudiendo e ser cualquiera de los dos tipos eventivos descritos,
entonces E es una transición. En consecuencia, en el caso, por ejemplo, de una
‘realización’ aspectual como la del verbo corregir, tendríamos un evento
complejo en el que un proceso precede a un estado resultante, esto es Etrans(P<
E). Este análisis subeventivo le permite a Pustejovsky focalizar cualquier
subevento de un evento complejo dado. Por ejemplo, en los verbos de cambio de
disposición como buy o sell, estudiados por Jackendoff, estaríamos ante una
estructura subeventiva simultánea, en la que, si se focaliza el primer subevento,
en el que se lleva a cabo el acto de vender [lo que alguien compra], a saber, [eσ *
e1 ◯∝ e2 ], estaríamos ante buy, al tiempo que, si se focaliza el segundo, el acto
de comprar [lo que alguien vende], esto es, [eσ e1 ◯∝ ∗e2 ], estaríamos ante sell
(Pustejovsky 1995, 73).
Pustejovsky introduce, además, una estructura de qualia, inspirada en las
aitías o causas aristotélicas, de especial interés para la descripción de la
categoría nominal, que conlleva un quale material (CONST), que describe un
objeto con respecto a sus partes constituyentes, un quale formal (FORMAL),
que distingue un objeto dentro de la categoría a la que pertenece, un quale télico
(TE-LIC), que describe la función del objeto, y un quale agentivo (AGENTIVE),
que engloba los factores relacionados con la realización del objeto. En los casos
en los que la unidad estudiada no es un elemento nominal/objeto, sino un evento
causativo, los qualia agentivo y formal desempeñarán una función primordial en
la estructura conceptual, denominada «coherencia argumental» (argument
coherence; Fig. 14), como veremos también en el apartado dedicado al concepto
de forma semántica (↓ 2.3.1). En este caso, será interpretado como causativo
todo evento cuyo quale agentivo contenga un predicado de acción del que se
predica al menos un argumento que está también atribuido a un predicado
resultativo contenido en quale formal (causación directa). Existirá, de igual
modo, una relación causativa entre los predicados, si consta un predicado
meronímico bimembre contenido en el quale material (CONST), cuyos
argumentos están contenidos en los qualia agentivo y formal (causación
indirecta).

Fig. 14: Coherencia argumental según Pustejovsky (1995, 186)

En resumen, si tenemos α como objeto de análisis y se trata de una unidad


monoargumental, entonces α será descrito de la siguiente forma (Pustejovsky
2006, 139):

Fig. 15: Plantilla léxica de acuerdo al modelo de Pustejovsky (2006, 139)


Como se puede observar, la matriz de α pone de relieve que estamos ante un
objeto monoargumental x, del que se predica un estado (e1) y que se encuentra
determinado por su constitución, delimitación ontológica, función y causa.
Un avance teórico considerable desarrollado en el modelo del lexicón
generativo y que, acercándose a modelos cognitivos de corte prototípico-
maximalistas, lo diferencia de la gran mayoría de modelos composicionales
existentes hasta el momento de su publicación es, a nuestro parecer, el hecho de
postular que la ambigüedad contextual en la que aparece un ítem léxico
enriquece su estructura semántica interna, en lugar de empobrecerla, como se
había postulado hasta entonces. Por ello, para las teorías componenciales
clásicas, el significado de un signo léxico sería más abstracto, esto es, contendría
un menor número de rasgos, a medida que aumenta el número de contextos o
esferas denotativas en las que tal signo podría aparecer, de modo que su matriz
semántica contendría exclusivamente el subconjunto de los rasgos que
permanecen invariantes tras llevar a cabo una operación de intersección entre los
conjuntos de rasgos que caracterizan los contextos en los que los signos pueden
aparecer. Esta operación de enriquecimiento léxico, denominada por Pustejovsky
«paradigma léxico-conceptual» (lexical conceptual paradigm; lcp) y generado
por un «constructor de tipos» (type constructor), de la forma expuesta a
continuación, crea tipos compuestos, denominados doted types a causa de que la
composición se anota mediante un punto entre los tipos simples:

Si ejemplificamos el mecanismo de construcción de tipos semánticos expuestos


con una palabra como ‘tenedor’, que puede denotar un ‘instrumento’ (σ1) en
unos contextos o un ‘objeto’ (σ2) en otros, entonces, el significado invariante (∑)
de ‘tenedor’ no será la intersección de sus sentidos (∑(tenedor) = σ1 ∩ σ2), sino
la composición de sus sentidos, como se muestra a continuación:

La hipótesis de la existencia de tipos o constructos semánticos «dot» no es, sin


embargo, en absoluto novedosa, pues ya estaba presente desde principios de los
años sesenta en la hipótesis de Weinreich acerca de la existencia de pares
alternantes dependientes del contexto (↓ nota a pie 335). Sin embargo, la idea
previa, a saber, que la diversidad contextual o alosémica enriquece el léxico107
es, de que tengamos constancia, de gran novedad. No nos parece igualmente
cierta, sin embargo, la afirmación, repetida en diversas ocasiones (cf. p. ej.
Jackendoff 2002, 369), de que la estructura de qualia sea una aportación inédita
y exclusiva del modelo de Pustejovsky, salvo en la terminología y, posiblemente,
en su aplicación notacional. Como hemos tenido la oportunidad de ver, la
información captada por la estructura de qualia ya se reflejaba mediante
mecanismos diversos desde los orígenes de las teorías componenciales europeas:
de este modo, como puede apreciarse en la Fig. 5, el rasgo s4 es un quale télico,
el rasgo s3 es un quale formal y los rasgos restantes, incluso el rasgo s1,
considerado, por Jackendoff como «patently ridiculous», son, efectivamente,
qualia constitutivos o materiales, con lo que, salvo en las divergencias
notacionales, la teoría no se diferenciaría considerablemente de los modelos
restantes en cuanto a su potencialidad explicativa.
Una explicación más detallada del modelo y comparada con otros modelos
alternos puede verse en 2.3.2. Como mostraremos allí mediante el análisis del
verbo decir, la estructura de qualia se asemeja también en diversos aspectos a la
estructura clasemántica coseriana y se capta, entre otros componentes, mediante
los modificadores de las FAE de Wotjak, favoreciendo la estructura de campo.

1.2.5.3 La semántica de dos niveles y la teoría de los campos


En torno a los años ochenta del siglo pasado, Bierwisch y sus colegas,
especialmente Lang y Wunderlich, presentaron una teoría composicional del
léxico que pretendía hacer una diferenciación estricta entre un nivel conceptual,
externo a las representaciones lingüísticas, y uno formal, dependiente de las
lenguas y que permitiera dar cuenta de sus fenómenos idiosincrásicos, como, por
ejemplo, los advertidos en el campo semántico de los adjetivos dimensionales,
en los que el propio Bierwisch había trabajado desde los años 60 (Bierwisch
1967). Veinte años más tarde, aproximadamente, ve la luz este tipo de análisis
bajo la forma de la nueva teoría (Bierwisch/Lang 1989). Esta concepción de la
semántica ha recibido en los últimos años el apelativo de «semántica de dos
niveles» (Zwei-Ebenen-Semantik (al.) o Two-Level-Semantics (ing.), cf.
Geeraerts 2010, Lang/Maienborn 2011), debido a la distinción mantenida entre
un primer nivel lingüístico, llamado forma semántica, y uno extralingüístico,
denominado, siguiendo a Jackendoff, estructura conceptual.108
Dado que, más que un modelo de descripción de campos léxicos, la propuesta
se ha desarrollado como un intento de teoría semántica general y, en concreto,
como desarrollo del concepto de forma semántica, no trataremos en este
apartado los fundamentos de este modelo, sino que lo haremos en el apartado
dedicado al concepto de «significación primaria y forma semántica» (↓ 2.3.1).

1.2.6 Perspectiva actual

La semántica que se sustenta en el principio de composicionalidad (Lyons 1991,


4–5), tanto en su desarrollo generativo como estructural, parece haber llevado al
escepticismo a un gran sector de la lingüística moderna, en general, y a la
lingüística románica, en particular. Las razones fundamentales han sido ya
discutidas. Ambas han integrado en su modelo, finalmente, la perspectiva
cognitiva, versando así su interés en la descripción de frames, scripts o marcos
cognitivos con los que se hace referencia a los eventos (entre otras
clasificaciones posibles, estados, procesos y transiciones) designados por el
lexicón mental y han resaltado la importancia de los casos semánticos o theta-
roles en los que se funda la estructura actancial tanto en el léxico como en la
sintaxis (Fillmore 1970; Chomsky 1988 [1981], 35–48; Jackendoff 1991, 43–55;
Helbig 1992; Pustejovsky 1995, 62–67; Bierwisch 2006, 93–97).109
Sin embargo, el modelo del campo no ha desaparecido por completo. Sigue
siendo un modelo de descripción léxica comúnmente aceptado por buena parte
de la lingüística románica (Blank 2001; Römer/Matzke 2005; Kabatek/Pusch
2009; De Miguel 2009a) y germánica (Schumacher 1986; Heusinger 2004;
Harras WinklerErb/Proost 2004; Busse 2009; Elsen 2013) y continúa inspirando
tesis doctorales y tesinas en un considerable número de universidades europeas,
sobre todo buscando vínculos de unión entre el concepto de marco cognitivo y
de archisemema (Kunze 1993; Nerlich/Clarke 2000; Wotjak 2006), así como
entre las relaciones paradigmáticas y los campos metafóricos o icónicos
(Bildfelder; Lakoff/Johnson 1981; Liebert 2002). Digamos que la teoría del
campo ha llegado a ocupar su justo sitio, pues parece haberse llegado al
consenso de que ni el léxico está organizado al completo y exclusivamente en
campos, ni puede ser explicado en su totalidad sin ellos, como se percibe, sobre
todo, en su análisis diacrónico (Bock/Zeilgfelder/Ziegler 2012).
En lo que respecta a los vínculos entre la teoría del campo y la de la familia
léxica, pensamos que una cooperación entre ambos modelos hará fructífera la
discusión en ambos sectores, sobre todo, si se tiene en cuenta que la familia de
palabras representa el equivalente «gramaticalizado» del campo léxico, en tanto
que estructura léxico-gramatical paradigmática (cf. Duchaček 1961, 47; ↓ 2.4.1).
Sin duda, creemos que pasar por alto los problemas teóricos surgidos en el seno
de la teoría de los campos podrá conducir al modelo de descripción familiar,
probablemente, a los mismos resultados que han motivado el desaliento en el
análisis estructural (Villar Díaz 2009, 243–244).
Por ello, nos parece imprescindible integrar en él paulatinamente los niveles
semánticos advertidos por los diversos modelos e incorporar sus resultados en
una concepción amplia que garantice la validez y generalidad del método
descriptivo.
A este propósito, Blank (2001, 1–2) ha resaltado dos deficiencias generales
que pueden atribuirse a muchos modelos de análisis semántico en boga: la
primera es la tendencia a ignorar los modelos previos y las discusiones surgidas
en el pasado, así como la tendencia a retomar tales problemáticas con la
suposición de que nunca han sido tratadas anteriormente y de que con cada
nuevo modelo propuesto –en sus palabras– «se descubre la pólvora»;110 la
segunda la representa la tendencia a desatender casi por completo el aspecto
diacrónico de las lenguas.
Con nuestro estudio, intentaremos evitar en la medida de lo posible ambas
tendencias, de modo que resaltaremos en ocasiones los puntos de confluencia de
nuestras propuestas con modelos alternos y, del mismo modo, daremos valor
suficiente a los datos históricos, siempre que ayuden a comprender con más
claridad el estadio sincrónico de las lenguas que analizamos.

1.3 La familia de palabras como estructura léxico-semántica

1.3.1 Inicios y evolución disciplinar

Aun hoy es aceptable, de forma general, la afirmación del lexicógrafo alemán


Gerhard Augst, quien mantiene que únicamente existen diccionarios de familias
léxicas para el alemán, ruso y francés, mientras que, en otras lenguas, entre las
que se encuentra la presente, es desconocido (cf. Augst 1990, 1149).111
En el presente apartado expondremos –sin ánimo de exhaustividad– un
recorrido histórico sobre el tratamiento de estas estructuras,112 que nos permita
juzgar debidamente, a continuación, los avances que hayamos alcanzado con
nuestra investigación.
Los estudios sobre familias de palabras no son, en absoluto, novedosos. En
Alemania, como en Francia, se remontan a la segunda mitad siglo XVII, si bien
no conocemos una reflexión fundamentada científicamente sobre el problema
hasta el siglo XIX. Durante este período son dignos de mención tanto la
Ausführliche Arbeit Von der Teutschen HaubtSprache de Schottel (1663)113 y
Der Teutschen Sprache Stammbaum Und Fortwachs Oder Teutscher
Sprachschatz de Stieler (1968 [1691]),114 para el ámbito alemán, como Le grand
dictionnaire de l’Académie française (1695), para el sector francés (Gougenheim
1967, 61; Augst 1990). Estas obras se caracterizan por buscar el origen de las
lenguas respectivas (cf. Hundsnurscher 2002, 675).
Una exposición teórica extensa sobre los problemas que supone el análisis de
familias de palabras, así como los avances que este tipo de ordenación conlleva,
se encuentra ya –de la que tengamos constancia– en la introducción al
Dictionnaire des racines et dérivés de la langue française (1842)115 de Fréderic
Charrassin. Esta obra destaca por la exhaustividad analítica con la que está
elaborada y por la subordinación de las familias de palabras a una teoría o visión
general de la estructura del léxico. El diccionario se compone de una
introducción que consta de cinco capítulos en los que se esbozan los conceptos
de palabra (I), cambio semántico (II), difusión de las palabras (III), utilidad de
un diccionario de raíces para la difusión de las palabras (IV) y préstamo léxico
(V), un prefacio en el que se ponen de relieve aspectos metodológicos así como
las virtudes de un diccionario de raíces léxicas y, por último, unas tablas de
«composición y descomposición de palabras», donde se enumeran y estudian las
unidades morfológicas, prefijos y sufijos, de la lengua francesa. Esta amplia
introducción abarca las 121 primeras páginas de la obra, que comprende un total
de 857, en las que se incluye el diccionario propiamente dicho.
Como es común durante el siglo XIX, la organización del diccionario está
inspirada en el método científico naturalista, de manera que se clasifican las
familias de palabras de acuerdo al método con el que se ordenan los elementos
de la naturaleza:
«C’est ce procédé raisonné de classification, que nous avons entrepris
d’appliquer à l’étude des langues. De même que les naturalistes ont
rassemblé et classé les vivants et tous les objets de la nature, jusqu’alors
dispersés par le monde, ainsi, continuant les efforts tentés avant les nôtres,
nous avons pris dans les dictionnaires les mots encore entassés d’après leurs
premières lettres, et, suivant les rapports qu’ils ont entre eux, nous les avons
classés dans une série de groupes ou de familles naturelles.»116 (Charrassin
1842, IV-V, «Préface»)
Respecto a su concepción morfofonológica y semántica, llama la atención el
tratamiento sincrónico de la significación de la raíz, de modo que se concibe
como unidad mínima de descomposición, portadora de una «significación
aceptada». Se defiende así una visión del significado léxico sincrónico como
valor aceptado, a saber, en el seno de una sociedad. Sus palabras son las
siguientes:
«Or, nous appelons RACINE un mot vivant dans le langage, avec une
signification acceptée, indépendamment de toute combinaison, et qui ne
peut être décomposé en d’autres racines ou en des radicaux proprement dits.
PORT est une racine. Par DÉRIVÉ, nous entendons un mot composé et
comme un produit multiple résultant de l’union de la racine soit avec
d’autres racines, soit avec des radicaux proprement dits, soit avec des
particules composantes. APPORTER, EMPORTEMENT, SUPPORTABLE,
sont des dérivés. Les racines et dérivés forment le gros bagage de toutes les
langues, où ils ont pour emploi de désigner les choses et les êtres en eux-
mêmes, soit dans leur état de repos, soit dans leurs divers modes
d’activité.»117 (Charrassin 1842, VI, «Préface»)
En lo que respecta a la metodología, Charrassin distingue, como vemos, entre
raíz y radical propiamente dicho, por cuanto este se diferencia de aquel de la
misma forma en la que, hoy en día, se diferencia entre raíz y base, esto es, entre
punto semántico de origen etimológico o punto de partida derivacional. El
radical propiamente dicho aúna, con frecuencia, otros elementos que ha asumido
por fonética sintáctica y que, según el autor, no pueden disociarse de nuevo o
usarse de forma independiente. Charrassin atribuye, por tanto, dos características
a los radicales propiamente dichos (Charrassin 1842, VI, «Préface»): por una
parte, no tienen la capacidad, como hemos mencionado, de disociarse, esto es, de
aislarse sintácticamente; por otra, evocan en el espíritu una idea independiente o,
como se diría en la actualidad, presentan un grado considerable de
idiomaticidad, no discreción o no composicionalidad.
Por último, el autor se plantea la cuestión de cuál ha de ser la palabra que
represente el lema o entrada lexicográfica a la hora de organizar la familia en un
estadio sincrónico y de acuerdo a qué criterios debe llevarse a cabo esta elección.
Entre los criterios surge, como es de esperar, el problema de la usualización
semántica de la raíz representante de la familia, así como el de los límites que se
le deben imponer a esta:
«Quant au chef de la famille, à ce mot dominateur qui en donne pour ainsi
dire le ton général, et dont les autres rendent les changements et les
modulations variés, après l’avoir cherché entre tous, on a dû arrêter le choix
sur celui qui répondait le mieux à la définition de la racine, c’est-à-dire qui
avait la signification la plus nette, la plus usitée, et qui présentait le moins
d’alliage dans sa composition.»118 (Charrassin 1842, XI, «Préface»)
En resumen, podemos suponer los siguientes avances teórico-metodológicos en
la obra de Charrassin:
(a) aplicación de los métodos de las ciencias naturales a los estudios
léxicos,
(b) propuesta de la familia léxica como estructura natural del léxico,
(c) definición sincrónica de la raíz como elemento nuclear nítido
semántica y fonológicamente, que presenta un alto grado de
aceptación y usualización,
(d) concepción del derivado como suma de los significados parciales de
la raíz y afijos y
(e) diferenciación metodológica entre raíz etimológica (racine) y base
morfosemántica (radical proprement dit).
Las innovaciones metodológicas destacables para la descripción de estructuras
léxicas, planteadas como definiciones, son, sobre todo, las descritas en a, c y e,
siendo la primera y última de índole metodológica y, la restante, teórica (↑
1.2.3).119
Dos años después de que Michel Bréal publicara su Essai de Sémantique, en
1899, ve la luz en Breslavia una obra titulada Die Wortfamilien der lebenden
hochdeutschen Sprache als Grundlage für ein System der Bedeutungslehre, a
saber, Las familias de palabras del alto alemán moderno como base para un
sistema semántico, firmada por el estudioso de sánscrito Bruno Liebich.120 Tanto
su tratamiento teórico como sus principios metodológicos merecen especial
atención.
No obstante, hemos de destacar que ya existían previamente estudios sobre
raíces léxicas y sus derivados, publicados a lo largo del siglo XIX, como los de
Schmidt (Die Wurzel AK im Indogermanischen, 1865) y Meillet (De
indoeuropeae radice *men «mente agitare», 1897), cuyos objetos de estudio no
son primordialmente los significados de sus correspondientes raíces, sino sus
desarrollos morfofonológicos. Resulta conveniente mencionar que, en este
último opúsculo, se encuentra una interesante afirmación acerca del análisis
metodológico de la significación, que no nos resistimos a reproducir, en la que se
identifica el significado del radical con el resultado de la exclusión de los valores
de los afijos, como ya había supuesto Charrassin. El fragmento es el siguiente:

«Significatio igitur ad hanc radicem *men- definiendam de qua,


hic agitur maxime ualet: eiusdem radicis eos omnes dictiones
habendae sunt quae, cum ex eisdem radicis litteris ducantur,
significationis diuersitatem non maiorem praebent quam quae e
sufficis et terminationibus efficiatur.»121 (Meillet 1897, 9)

En Estados Unidos son destacables, por otra parte, los trabajos de Wood, en
torno a la última década del siglo XIX, acerca de las familias germánicas
‘entender’ y ‘ver’ (1899a y 1899b), a partir de los cuales el autor define –de
forma análoga a la lingüística europea– qué entiende por «primary meaning» y
cómo este se deriva de la investigación de sus variantes.122 El fragmento
siguiente podría resumir la perspectiva teórica del autor en lo que atañe a la
significación de la raíz:

«To discover this original idea I see no other way than to reduce
the several words of a group to a common root and, by a
comparison of the various significations, find out the primary
meaning.»123 (Wood 1899b, 300)

Efectivamente, «the various significations» de Wood se corresponden con la


diuersitas significationis de Meillet. Como vemos, las tendencias lingüísticas
que acoge el inicio del siglo XX se caracterizan por la búsqueda de un orden en
la diversidad semántica de las raíces. Sin embargo, las aproximaciones teóricas y
metodológicas heredadas del siglo precedente y las desarrolladas posteriormente
no encontrarán, en la investigación posterior, un punto de confluencia
metodológica. Por un lado, sigue vigente la concepción de significado
fundacional (denominado, con frecuencia, Grundbedeutung) en el sector de la
lingüística, que durante el último tercio del siglo XIX y el primero del XX se
interesó por las evoluciones semánticas como reacción a las aisladas evoluciones
fonéticas.124 Por otro lado, el concepto de «significado fundacional» varía de
autor a autor, de forma que es usual observar que se utiliza el término tanto con
el sentido difundido en la gramática histórica stricto sensu, a saber, ‘significado
primitivo, inicial o etimológico’, característico de la primera etapa del desarrollo
semasiológico, como con el sentido ‘significado etimológico motivador de la
evolución’, característico de una segunda etapa, en la que se buscan las causas
de las evoluciones semánticas o Bedeutungswandel (cf. Lyons 1991, 1; Nerlich
1993).
Liebich, inspirado en el Systema naturae de Linneo, mantiene que la
organización propia del vocabulario no es la ordenación alfabética –si bien
reconoce la utilidad de tal disposición, tan presente en la lexicografía
tradicional–, sino la familia de palabras, de forma que, al modo que el mundo
vegetal, sus miembros pueden clasificarse en géneros y especies, conforme a
características o propiedades comunes. En palabras del propio autor:
«Die Eigenheit des Linné’schen wie aller künstlichen Systeme beruht
darauf, dass nicht die Gesamtbeschaffenheit der zu klassifizierenden
Objekte möglichst gleichmässig beberücksichtigt, sondern ein einzelnes
besonders geeignetes Kennzeichen herausgegriffen und zum obersten
Einteilungsprinzip erhoben wird.»125 (Liebich 1899, III)
Esta idea se mantiene y desarrolla a lo largo de la obra (cf. especialmente las
páginas V, 14 y 503). Liebich propone, en consecuencia, este cambio
organizativo como base para un «sistema de semántica» (System der
Bedeutungslehre) del alemán, en particular, pero extrapolable
metodológicamente a otras lenguas. De esta forma, se daría cuenta de la
organización «natural» del componente léxico del lenguaje (cf. Liebich 1899,
V).126
A modo de resumen, expondremos las ventajas, que, según el autor, conlleva
un análisis léxico de acuerdo a este principio organizativo:
(a) La organización del vocabulario en torno a familias de palabras
refuerza el aprendizaje de la lengua por parte de extranjeros (Liebich
1899, II).
(b) La organización del vocabulario en torno a familias de palabras
favorece el reconocimiento de regularidades en vistas a descifrar
problemas gramaticales (Liebich 1899, II).
(c) La organización del vocabulario en torno a familias de palabras
facilita la comprensión de los desarrollos semánticos (Liebich 1899,
VI).
Partiendo de estos supuestos, Liebich concluye que cada lengua ha de tener su
«propia semántica» (Liebich 1899, 5), esto es, ha de disponer de un análisis
consecuente de sus familias léxicas, que dé cuenta de la organización de su
vocabulario, de acuerdo a lo que el autor denomina un «método genético»
(Liebich 1899, 503).127 Según el autor, este método ha de subsumir, a la hora de
describir las familias, tanto los principios analíticos de las ciencias humanas
(concretamente histórico-lingüísticas), haciendo hincapié en la historia del
vocabulario, como los de las ciencias naturales, buscando regularidades a través
de los rasgos y los sistemas que estas representan, de forma que la lingüística –y,
en concreto, el estudio del significado– representaría el vínculo científico de
unión entre estas y aquellas128:
Da die Sprachwissenschaft zwischen beiden [Geschichte und
Naturwissenschaft] in der Mitte steht, so folgt daraus, dass sie die
Anwendung beider Methoden nicht nur verträgt, sondern auch erfordert,
soll sie nicht einseitig werden und verkümmern.129 (Liebich 1899, 4)
Es entonces cuando el autor explica qué ha de entenderse por familia de
palabras y qué tipo de estructuras son adscribibles a esta categoría. Su
definición del concepto de familia de palabras es la siguiente:
Unter Wortfamilie im weitesten Sinne verstehen wir alle uns bekannten
Worte desselben Sprachstammes, die aus derselben Wurzel hervorgegangen
sind. Unter Wurzel verstehen wir einen Lautkomplex mit einem
Bedeutungszentrum, die beide, wenn auch noch so umgewandelt, in
sämtlichen Ableitungen nachweisbar sein müssen.130 (Liebich 1899, 6)
Como veremos a continuación, a partir de esta definición se instauran algunos de
los conceptos básicos o topoi que se han mantenido a través del desarrollo de la
disciplina. Los principios que deducimos de la definición del autor son cuatro:
(a) el primero es el que podríamos denominar principio de restricción
etimológica, por el cual se considera miembro de una familia léxica
toda aquella unidad que comparta un mismo origen etimológico con
los restantes miembros del conjunto. Este principio se deduce del
enunciado «Worte […], die aus derselben Wurzel hervorgegangen
sind» («palabras que procedan de una misma raíz»);
(b) el segundo puede denominarse principio de restricción idiomática,
según el cual se considera miembro de una familia léxica toda aquella
unidad que, además de satisfacer el principio anterior, se adscribe a
los límites de una lengua histórica, de forma que quedan excluidas
todas aquellas unidades que, en el momento del análisis, aun estando
etimológicamente emparentadas, no hayan sido incorporadas en la
lengua en cuestión como préstamos léxicos. Tal principio se infiere
de la expresión «Worte desselben Sprachstammes» («palabras de una
misma raíz etimológica»);
(c) el tercero lo denominaremos principio de competencia idiomática,
de acuerdo al cual debe adscribirse al conjunto léxico toda unidad
que, conforme al principio anterior, sea reconocible por un hablante
materno del idioma analizado. Este principio se deriva del enunciado
«alle uns bekannten Worte» («todas las palabras que nos sean
conocidas»);
(d) y, por último, el cuarto puede denominarse principio de restricción
referencial, según el cual pertenecen a una misma familia léxica todas
aquellas unidades que impliquen o deriven de un mismo
Bedeutungszentrum o «centro semántico», también denominado
Bedeutungskern o «núcleo semántico» (Liebich 1899, 5). Tal noción
es atribuible a la raíz, mientras esta no haya sufrido desarrollos
fonéticos que impidan su vinculación con tal centro semántico.
Esta noción de significado mantenida por Liebich ha de entenderse como una
ampliación teórica del «significado original, fundacional o etimológico»
(Grundbedeutung) con el que se había trabajado en la primera etapa historicista
del siglo XIX.131 Se trata, por tanto, de una noción metodológica, que intenta
organizar las dimensiones del contenido, discriminables en las variantes
históricas de las familias léxicas, más que un fenómeno semántico, cuyo interés
se reduce a resaltar el significado más antiguo de los radicales a partir del cual
son explicables sus derivados.
Tras comparar las diversas concepciones semánticas, todo parece indicar que
es la obra de Liebich (1899) –por su extensión y desarrollo teórico– la que
representa de forma más evidente el inicio de la especulación teórica sobre las
familias léxicas, pues es a partir de ella cuando, por un lado, se define el
fenómeno y, por otro, se centra por completo el objeto de investigación en la
cara conceptual del signo lingüístico como «sistema», subordinando a ella la
morfofonología y etimología. A continuación, estudiaremos el desarrollo de
estos principios metodológicos a lo largo de los 114 años que nos separan de esta
primera definición.132
Frente a las propuestas de análisis semántico y los incipientes desarrollos
metodológicos para acceder a él no faltaron voces que se levantaron –en muchas
ocasiones, no sin razón– en contra de tal «unidad semántica» en los desarrollos
léxicos y variantes gramaticales, sea esta etimológica (Grundbedeutung ) o un
centro abstracto de confluencia (Bedeutungszentrum). Uno de los detractores
más reconocidos fue Bréal, quien, en su Essai de Sémantique, declara:
Ceux qui cherchent la notion fondamentale exprimée par le subjonctif et qui
croient trouver cette notion fondamentale en rapprochant tous les emplois
du subjonctif, pour en dégager l’élément commun, je ne crains pas de dire
que ceux-là font fausse roule. Ils ne peuvent arriver qu’à une idée
extrêmement générale et vague, comme le peuple aurait peine à en
concevoir, et comme nous n’avons aucun motif d’en attribuer aux premiers
âges. C’est pour-tant la méthode habituellement suivie par ceux qui se
proposent de nous expliquer l’idée essentielle d’un mode, d’un cas, d’une
conjonction, d’une préposition.... La logique populaire ne procède pas ainsi.
Elle avance, pour ainsi dire, par étapes. Parlant d’un point très circonscrit et
très précis, elle pousse droit devant elle, et parvient, sans s’en douter, à une
étape où par la nature des choses, – je veux dire par le contenu du discours,
– un changement se produit. Dès lors, on a un relais qui peut fournir à une
nouvelle marche sous un angle différent, sans que d’ailleurs pour cela la
première direction soit interrompue. Cela fait déjà deux sens. Puis les
mêmes choses se reproduisent à une troisième étape, qui donne lieu à une
troisième orientation! Et-ainsi de suite.... En toute cette procédure, il n’y a
pas généralisation, mais marche en ligne brisée, où chaque point d’acrèt
présentant l’idée sous une incidence différente, devient à son tour tête de
ligne.133 (Bréal 1897, 244–245)
Para Bréal, los cambios léxicos son atribuibles exclusivamente a la presión que
el contexto ejerce en la palabra, de modo que, como proceso estocástico, no
existe una vinculación semántica, es decir, una relación de motivación entre los
constituyentes inmediatos de los signos y sus variaciones de sentido o
evoluciones históricas. Cada capa evolutiva se explica, exclusivamente, de una
nueva contextualización de la anterior. Pese a críticas como esta, la semántica no
cesó en ningún momento de buscar rasgos invariantes en la descripción léxica,
ya sea mediante familias o mediante campos sinonímicos (↑ 1.1), de modo que el
análisis mediante familias léxicas fue –como hemos visto– una de las vertientes
más pujantes de la naciente semasiología a inicios del siglo XX. La causa de ello
era la sistematicidad que ofrecía este modelo de ordenación a la hora de datar los
cambios semánticos y, a un tiempo, las regularidades morfoetimológicas.
De esta forma, el autor del Dictionnaire étymologique de la langue française
de 1915 y fundador de la Revue de philologie française et littérature, Léon
Clédat, publica a partir de 1902 una serie de artículos, titulados Essais de
sémantique, donde estudia, junto a otros fenómenos, las evoluciones semánticas
en el seno de las familias de palabras céder y dire (cf. Clédat 1902; 1904). La
segunda, cuyo interés es innegable para nuestro trabajo, coincide en gran medida
con nuestra metodología para la ordenación léxica,134 si bien difiere con respecto
a nuestro trabajo en su objeto de estudio, pues este artículo –inserto aun en la
tradición semasiológica decimonónica– se centra, principalmente, en la
explicación de los cambios semánticos, al tiempo que nosotros nos hemos
propuesto analizar el fenómeno en su integridad.
El estudio de las raíces léxicas y sus familias comenzó a principios del siglo
XX a tener cierto auge (cf., por ejemplo, Stucke 1912, Pinloche 1922 y Styff
1923), por un lado, como reacción complementaria al estudio de las evoluciones
fonéticas y, por otro, como medio metodológico para describir las reclamadas
evoluciones semánticas. Seis años después de la obra de Styff y paralelamente a
la celebración del primer congreso del Círculo de Praga, en 1929, aparece
publicada en Ámsterdam la Tesis Doctoral escrita en neerlandés del que más
tarde se convertiría en un reconocido orientalista, Jan Gonda, titulada
ΔΕΙΚΝYΜΙ. Semantische Studie over den Indo-Germaanschen Wortel DEIK-
(ΔΕΙΚΝYΜΙ. Estudio semántico sobre la raíz indogermánica DEIK-). Esta obra
tiene para nuestro estudio un doble interés: por una parte, es el fruto y desarrollo
lógico de la gramática histórica decimonónica, en tanto que introduce en los
desarrollos radicales, junto a los vínculos morfoetimológicos –tal y como había
sido llevado a cabo, por ejemplo, por Pott (1876) y, en general, por la labor
neogramática–, también los vínculos de motivación semántica entre familias
léxicas interlingüísticas emparentadas etimológicamente. Por otra parte, además
de versar sobre la misma raíz que este trabajo, la concepción de significado del –
por aquel entonces– joven investigador135 era considerablemente moderna, pues
se ocupaba no solo de problemas morfoetimológicos tratados en obras de
referencia (cf. Gonda 1929, § 1),136 sino también de visiones del significado
establecidas o incipientes por aquella época.137
La obra está organizada en cinco capítulos: el primero contiene una
introducción, donde se plantean los problemas metodológicos, el segundo aborda
los significados de los compuestos griegos procedentes de la raíz deík-, el tercero
se dedica a la descripción de sus desarrollos en otras lenguas indoeuropeas, el
cuarto se ocupa del análisis de la significación básica (Grondbeetekenis) de la
raíz indoeuropea y el quinto, por último, presenta algunas consideraciones acerca
de los significados de otros derivados de la raíz. De especial interés son tanto el
capítulo primero, en el que se exponen las diferencias metodológicamente
relevantes al acceder al análisis de la significación y el cuarto, al cual
volveremos más adelante a propósito de nuestra raíz (↑ 3.1). En este apartado
nos centraremos en su definición de «significación básica» y expondremos los
avances que este nuevo nivel de abstracción supuso.
Cuando el autor se propone estudiar las dimensiones semánticas de nuestra
familia léxica, aclara:
«Definieert men ‹wortel› als ‹de aan een reeks woorden
gemeenschappelijke klankgroep, waarmede een bepaald algemeen begrip
verbonden is›, dan kan men dat algemeene begrip de (algemeene)
beteekenis van den wortel noemen. In de verg. IdG. taalwetenschap
evenwel geeft men de wortels een vorm, die bestaat uit de klanken, die zij,
naar onze meening, in de periode van taaleenheid hebben bezeten.
Dergelijke vormen drukken dus onze kennis uit omtrent de aan
verschillende woorden in meerdere IdG.talen gemeenschappelijke
klankgroep, zooals deze in de proethnische periode zou hebben geluid. De
beteekenis van een dergelijken vorm zou ik ‹grondbeteekenis› willen
noemen. Deze behoeft niet met de algemeene beteekenis samen te vallen;
het kan echter wel. Zij is dus een in de periode van taaleenheid
geprojecteerd begrip, omvattende alle elementen, die noodzakelijk zijn voor
het verklaren van de semasiologische ontwikkeling. Evenals iedere
voorkomende vorm met inachtneming van de regels der klankleer
afleidbaar is uit den wortel, zoo is iedere aangetroffen beteekenis volgens
de regels der semantiek afleidbaar uit de grondbeteekenis.»138 (Gonda
1929, 12)
Unas pocas líneas antes de esta cita, Gonda precisa que su uso del término
grondbeteekenis, aunque se asemeja al alemán Grundbedeutung, es algo más
genérico que ese «significado fundacional» o etimológico defendido por
Delbrück. Su concepto no se limita a la determinación del origen semántico
último, sino que representa una «significación básica hipotética» reconstruida
por las leyes de evolución semántica. Este surge –como era de esperar– por la
aplicación analógica del método de reconstrucción fonética al ámbito del
contenido lingüístico.139 Por otro lado, este concepto se diferencia del de Liebich
(Bedeutungskern ) al no avanzar en la prefiguración de un «centro o núcleo
semántico», esto es, en la descripción de unos valores comunes a las variantes.
En todo caso, este avance metodológico constituye, sin lugar a dudas, un paso
adelante en la formalización y rigurosidad de la terminología al igualar el
concepto de «reconstrucción o hipótesis fonética» con el de «reconstrucción o
hipótesis semántica». 140 Mientras que el núcleo semántico de Liebich es
perceptible para los hablantes de la lengua en la que se integra la familia, de
forma que satisface el principio que hemos convenido en denominar «de
competencia idiomática», la significación básica hipotética de Gonda es una
reconstrucción metodológica, y, como toda reconstrucción elaborada por un
lingüista para un período sincrónico pasado, es ajena a la masa hablante
posterior. El núcleo semántico describe el fenómeno desde un punto de vista
lingüístico y consta de rasgos mantenidos o desdibujados, aunque en cierta
medida perceptibles; la significación básica hipotética lo describe desde un
ángulo metalingüístico, es ajena a la consciencia social y consta de rasgos
supuestos o reconstruidos para una etapa, que pueden concordar o no con los
verdaderamente existentes en tal período. Como vemos la diferencia es, en
principio, metodológica.
En los años siguientes a la publicación de la obra de Gonda (1929), desciende
considerablemente el número de publicaciones en este ámbito. Las razones de
este descenso pueden ser varias (↑ 1.2.1): por un lado, la aparición del Cours de
Saussure (1916) y su consecuente diferenciación entre los conceptos de
diacronía y sincronía –a favor de esta última– estigmatizó, muy probablemente,
el desarrollo de todas las disciplinas heredadas del comparativismo. Entre ellas
se encontraba, como hemos visto, el análisis semasiológico de raíces léxicas y
sus correspondientes familias. Por otro lado, a partir de la década de los 20 la
visión estructural de la lingüística había dado sus primeros frutos (cf. Ipsen
1924; 1932 y Trier 1931 [realizado en 1928] y 1932), de forma que los intereses
del mundo investigador se bifurcaron, ora hacia la incipiente inhaltsbezogene
Sprachforschung, ora hacia las afamadas Tesis praguenses y, en consecuencia,
hacia la fonología. No obstante, por influencia del modelo de Trier/Weisgerber
se llevaron a cabo investigaciones en el ámbito de las familias léxicas de manera
paralela a los estudios sobre campos, aunque con bastante menor repercusión:

«Alle Sehweisen, die es mit der Zusammenordnung von


Erscheinungen des Wortschatzes zu tun haben, spürten, dass sie
[vom trierischen Modell] mitbetroffen waren, mochten sie nun im
Sinne der Etymologie Wortfamilien betrachten oder im Sinne der
Bedeutungslehre auf inhaltliche Zusammenhänge hinweisen oder
im Sinne der Bezeichnungslehre zwischen Wörtern und Sachen
nachgehen.»141 (Weisgerber 1973b [1954], 319)

Como veníamos diciendo, la definitiva preferencia por la investigación de


campos semánticos socavó la investigación en familias léxicas diacrónicas, cuyo
precedente inmediato en la tradición germánica –la obra de Liebich–, excluía los
vínculos motivacionales sincrónicos, al ocuparse exclusivamente de las
relaciones etimológicas del léxico. El propio Weisgerber (1973a [1939], 204–
205), después de advertir la ausencia de una obra que supla las deficiencias del
estudio de Liebich, llama la atención sobre la necesidad de investigar en el seno
de las familias léxicas sincrónicas y sus «noch lebendig gespürten
Zusammenhänge». 142
Una vuelta fugaz al estudio de las familias léxicas vino,143 no obstante, de la
mano de Guiraud, Mounin y Rey, como representantes de la Escuela semántica
de Aix-en-Provence.144 Guiraud, influenciado por la lingüística saussureana, de
forma general, así como por las relaciones asociativas de Bally y los campos
nocionales de Matoré, de forma particular, propuso el concepto de «champ
morpho-sémantique» (Guiraud 1956, 286) en el que «le mot sera-t-il confronté
avec tous les vocables susceptibles d’entretenir avec lui des relations soit de
forme, soit de sens».145 De acuerdo a esta definición, el campo morfosemántico
debía englobar, en una misma estructura, relaciones asociativas, paradigmas
morfogramaticales y familias de palabras. Como es de sobra conocido,146 este
análisis condujo a Guiraud a un resultado de aproximadamente 2000 palabras
relacionadas con el francés chat, reducibles asociativamente a un mínimo de
300. Quizá haya sido el efecto de unos resultados tan desorbitantes, sumado a la
crítica férrea de importantes representantes de la Lexemática,147 la causa por la
que tal análisis no haya tenido, prácticamente, influencia posterior (cf. Wotjak
1998b, 173). De mayor interés para nuestro estudio es el concepto de Mounin de
«campo derivativo» (cf. Mounin 1974, 118–120), que abarca las relaciones
semánticas que adquieren los derivados gramaticales de un lexema dado (por
ejemplo, porc ‘cerdo’ > porcelet ‘cerdito’, pourceau ‘lechón’, porcher
‘porquero’, porcin ‘porcino’, etc.) y compara si los lexemas restantes del campo
semántico en el que tal lexema se incluye presentan las mismas derivaciones
gramaticales y semánticas. Siguiendo a Martínez Hernández (2003a, 281),
pensamos que el campo derivativo de Mounin, en tanto que macroestructura
generada por procedimientos de formación de palabras, se encuentra muy
cercano a los «campos prefijales» de Rey (1968) o a los «campos sufijales» de
Tuescu (1979), lo cuales trataremos en adelante con mayor profundidad (↓ 2.4.1
y 2.4.2). De esta forma, se abre una perspectiva doble en los estudios de campo o
macroestructurales en las que se propone investigar las relaciones
paradigmáticas tanto desde un punto de vista morfológico como semántico.148
Como apuntábamos más arriba, este nuevo resurgir de las familias léxicas
como producto de una concepción paradigmática del significado fue tan
abarcador como fugaz. Paralelamente a las publicaciones de la Escuela de Aix-
en-Provence, vieron la luz los trabajos de Coseriu y Pottier sobre análisis
componencial del significado (↑ 1.2.2), de forma que el centro de investigación
versó por completo en la búsqueda de una teoría y cimientos metodológicos
sólidos para acceder al estudio del significado denotativo, de forma que los
problemas metodológicos y lexicogramaticales correspondientes a la
morfofonología y etimología pasaron, progresivamente, a un segundo plano.149
Por otro lado, los postulados de la gramática generativa, surgidos de la
lingüística norteamericana, presentaban un programa mucho más insinuante que
los antiguos problemas semasiológicos del siglo XIX.150
En torno a ellos se siguieron publicando, pese a todo, investigaciones sobre
desarrollos semasiológicos de determinadas raíces. Dos focos importantes para
el mantenimiento de esta línea de investigación fueron, durante la década de los
sesenta e inicios de los setenta, las facultades de Filosofía de Múnich y Bonn. En
Múnich ven la luz los trabajos de Thurn (1961), una Tesis Doctoral sobre la
evolución de la familia de palabras griega οἰκονομία, y Maier (1970), una
investigación análoga sobre el desarrollo del concepto griego y sus
derivados gramaticales. Ambos se caracterizan por una metodología
estrictamente filológica (cf. Thurn 1961, 4; Maier 1970, 4), que se restringe a la
datación de acepciones en períodos históricos. No se dedica un apartado en estas
obras a la metodología aplicada para acceder al análisis de la significación, si
bien el primero habla de significado originario («ursprüngliche Bedeutung»),
mientras que el segundo se vale del término general «concepto» («Begriff») (cf.
Thurn 1961, 17; Maier 1970, 14).
Ajeno a esta escuela, pero de especial interés, es el trabajo de Mudrak (1963)
en el que se trata por vez primera la relación existente entre la estructuración
léxica en torno a familias de palabras (Wortsippen) y sus correlaciones con la
organización en campos semántico-conceptuales (Begriffsfelder), poniéndose así
de relieve la necesidad de llevar a cabo un estudio del léxico que contemple
ambos tipos de estructuración. A modo de resumen, Mudrak expone:
«Schon aus dieser beschränkten Zahl von Beispielen geht hervor,
daß die von einer gemeinsamen Grundlage ausgehenden
Wortsippen durch die Mittel der Ableitung, der
Zusammensetzung und des Bedeutungswandels immer
ausgedehntere Gebiete des Sprachlebens erfassen, wobei die
einzelnen Glieder sich bedeutungsmäßig weit voneinander
entfernen. Die Wortfelder fassen dagegen ohne Rücksicht auf die
Herkunft alle Wörter zusammen, die sich auf bestimmte
Vorstellungen und Erscheinungen beziehen. Aufgrund ihrer
Fähigkeit zur Entfaltung und Erweiterung erobert die Wortsippe
immer größere Bereiche und ermöglicht es der Sprache, mit den
ständig wachsenden Ansprüchen an den sprachlichen Ausdruck
Schritt zu halten. Im Gegensatz dazu faßt das Wortfeld aus ganz
verschiedenen Bereichen stammende Ausdrücke zusammen und
ordnet sie um einen gedanklichen Mittelpunkt, dem sich die
Wortbedeutung anpaßt. Beide Vorgänge müssen wir in ihrem
Wesen und in ihren Grundlagen zu erfassen suchen, um die
Bedeutung des Wortschatzes für die Leistungsfähigkeit der
Sprache ermessen zu können.» 151 (Mudrak 1963, 327)

Por otro lado, durante las dos décadas subsiguientes se leen en Bonn un gran
número de tesis doctorales (Greive 1961; Kranzhoff 1965; Schumacher de Peña
1967; Seibicke 1968; Bork 1969; Laute 1969; Schuchard 1970; Joppich-
Hagemann 1973; Bursch 1978) dedicadas a familias de palabras: todas se
caracterizan o bien por un interés manifiesto por la terminología y los problemas
que de ella se derivan, o bien por el estudio de raíces latinas de desarrollo
romance oscuro, pretendiendo así una clasificación de las acepciones de sus
respectivas palabras de acuerdo a un método filológico, especialmente histórico
y comparativo.152 De gran curiosidad es, por ejemplo, el trabajo de Laute, que
surge a propósito de la confusión que causó la mala traducción de la palabra
francesa contrôle (cf. ing. control y al. Kontrolle) en el marco de la Guerra fría.
Mientras Francia exigía un contrôle ‘comprobación’ de armas nucleares, los
EEUU interpretaron con este vocablo un supuesto ‘control político’ (Laute 1969,
8). Este hecho llevó al autor a realizar un análisis semántico histórico para
vislumbrar los desvíos semánticos que había experimentado la palabra latina a lo
largo de su historia, así como su desarrollo posterior en las lenguas francesa,
inglesa y alemana. Aunque el autor no dedica un capítulo –como en los casos
restantes– al esbozo de una metodología para la aproximación a los fenómenos
semánticos, procediendo del modo habitual en las investigaciones filológicas,
esto es, recogiendo ejemplos y datando períodos evolutivos, nos parece de
especial interés el procedimiento analítico de los desarrollos, intra-e
interlingüísticos, que se llevan a cabo en este estudio. El autor aúna los
desarrollos morfofonológicos con los morfosemánticos en las distintas lenguas y
lleva a cabo dos cuadros donde presenta el fenómeno de forma unificada. La
necesidad de integrar una perspectiva pancrónica en el estudio de las familias
léxicas se revelará como un procedimiento fructífero en los análisis posteriores
(Laute 1969, 153–156; ↑ 1.3.3 ), intentando delimitar morfofonológica y
semánticamente el ámbito de una familia léxica e integrar así sus miembros en
un sistema estructurado en ambas caras del signo lingüístico.
Las investigaciones sobre familias de palabras continúan en Bonn durante los
años setenta: así aparecen, por ejemplo, el trabajo de Joppich-Hagemann (1973),
que estudia las familias de palabras del antiguo francés amanvenir, baut,
fel/felon y francés moderno ecot y tache, así como Korth (1973), que describe la
familia francesa que emerge a partir de balcon. Todas ellas –como las
anteriores–se caracterizan por un análisis rigurosamente filológico, pero carecen
de un aparato teórico que dé cuenta de los niveles semánticos, estructuras léxicas
en el seno de las familias o análisis sistemáticos de vínculos de motivación entre
rasgos gramaticales y léxicos, problemas metodológicos todos ellos que se
plantearán en un período posterior (↓ 1.3.2). Por otro lado, se comienza a poner
énfasis en la dimensión terminológica de las familias léxicas, problema que
merece –aún hoy día– un tratamiento más riguroso en el seno de la subdisciplina.
El momento de inflexión, en el que el concepto de familia de palabras deja de
concebirse como un procedimiento de análisis filológico –en muchas ocasiones,
exclusivamente etimológico– para concebirse como una estructura en sí misma,
como un reflejo del sistema sincrónico de la lengua, puede fijarse en 1975, esto
es, el año de la publicación del Lexikon zur Wortbildung. Morpheminventar , de
Gerhard Augst.
Como veremos en el siguiente apartado, es este el momento en el que la
familia de palabras pasa a concebirse como una «estructura paradigmática»
estrictamente sincrónica, es decir, como un conjunto de monemas conmutables
(en la terminología de Martinet (1972 [1960]), puesta de moda por aquellos
años; cf., también, Augst 1984, 4–5), de forma que el concepto de familia se
moderniza al ser reconsiderada bajo la lupa de los nuevos principios teóricos
estructurales surgidos a partir de los años 50.
1.3.2 Estado actual de la investigación de familias léxicas: la familia léxica
como reacción metodológica ante el campo léxico

Una concepción moderna de la familia de palabras, entendida ya como


paradigma sincrónico análogo a los ya iniciados por entonces, como el campo
semántico y léxico, entre otras propuestas, como la de grupos de objetos (cf.
Dornseiff 2004 [1933–1940]) o de campo de acción (cf. Augst 1984, 5, o, en su
versión más investigada, el frame, cf. Gawron 2011, 669), se inicia en 1975,
como hemos indicado, con la publicación del inventario de morfemas de la
lengua alemana (cf. Augst 1975a), es decir, con la fijación cuantitativa y
cualitativa –desde una perspectiva estrictamente sincrónica–153 de las unidades
mínimas portadoras de significado154 de la lengua alemana y, en consecuencia,
con el tratamiento de todos los problemas teóricos y metodológicos que se
derivan de un proyecto tan ambicioso (cf. Augst 1975b).155 Nos detendremos,
por el momento, en este trabajo. El acometer una investigación sincrónica del
léxico alemán que diera cuenta de la organización de sus familias léxicas –tal y
como había requerido Weisgerber (1973a [1939], 204–205)– precisó el
establecimiento de un conjunto de premisas analíticas que homogeneizaran
metodológicamente el análisis. Este conjunto de premisas fue resumido en seis
principios, que expondremos a continuación:
«1) Das sprachliche Zeichen ist im Gegensatz zu allen anderen Zeichen
plurivalent. Von der Plurivalenz ausgehend, scheint eine Vermittlung
möglich zwischen referentiellen und operationellen Semantikmodellen.156

2) Die verschiedenen aktualisierten Klangbilder und Bedeutungen eines


Zeichens strukturieren sich zu einem Klangkomplex bzw. einem
Bedeutungskomplex.157

3) Eines der konkret verwendeten Klangbilder und eine der konkret


verwendeten Bedeutungen stellen sich als die Leitformen heraus, auf die
alle anderen Klangbilder und Bedeutungen dieses Zeichens hin durchsichtig
sind, motiviert sind.158

4) Es ist nur das in der Sprache produzierbar, generierbar, was durchsichtig


ist, aber nicht alles, was durchsichtig ist, ist generierbar. Das quantitative
und qualitative Verhältnis von Durchsichtigkeit und Generierbarkeit ist im
Bereich von Phonologie, Morphologie, Semantik und Syntax höchst
unterschiedlich und bedarf einer genaueren Untersuchung.159
5) Das Prinzip der Durchsichtigkeit, das sich mit dem der Arbitrarität
kreuzt, führt zu einer synchronen, etymologischen Kompetenz des
Sprachteilhabers, indem er sich – teilweise unabhängig von historischen
Verknüpfungen und hervorgerufen durch die Diskontinuität zwischen Hörer
und Sprecher – eigene Bedeutungskomplexe und Wortfamilien aus dem
angebotenen Bedeutungs-und Wortmaterial schafft und diese schöpferisch
erweitert. Im konkreten Sprechakt wirken Kontext und
Bedeutungskomplex, bzw. Wortfamilie zusammen. 160

6) Sprachwissenschaftliche Untersuchung bietet daher einige Anhaltspunkte


dafür, daß die Strukturierung zu Bedeutungskomplexen und Wortfamilien
ein wichtiges Aufbauprinzip für das Lexikon eines jeden Sprachteilhabers
darstellt. Der Aufbau und das Wirken der synchronen etymologischen
Kompetenz scheint ein wichtiger Faktor beim Spracherwerb und bei der
Sprachbeherrschung zu sein. Diese synchrone etymologische Kompetenz
gilt es daher vielleicht ebenso zu trainieren wie die generativ-transfomative
Kompetenz im Bereich der Syntax und die kommunikative Kompetenz im
Bereich des Handelns.»161 (Augst 1975b, 185–186)
Estos son, como hemos dicho, los principios teórico-metodológicos que rigen los
tres volúmenes del Inventario de morfemas sincrónicos del alemán
(Morpheminventar der deutschen Gegenwartssprache)162 de Gerhard Augst, un
estudio exhaustivo que sienta los primeros pilares para una semántica gramatical
sincrónica. Si bien algunas de sus premisas y conceptos básicos se deducen de
los ya estudiados,163 con él se logra, sin lugar a dudas, un grado de precisión
teórica no alcanzada en los trabajos previos: por un lado, se persiste en la
homogeneización o adaptación teórico-metodológica en el estudio de ambas
caras del signo, intentando buscar un orden en la variación semántica de forma
análoga al de la variación fonética.164 Por otro, se hace descansar este orden en
el conocimiento o competencia del hablante, no solo de forma pasiva, en tanto
que el hablante es capaz de establecer vínculos de motivación o transparencia
entre miembros de una familia léxica sincrónica, sino también activa, de modo
que este –creando situacionalmente unidades nuevas– amplia la cantidad de
miembros del sistema y, en consecuencia, modifica la extensión de la familia.
La asimilación de las estructuras de ambas caras del signo conduce a Augst a
afirmar que estos son complejos o conjuntos de variantes fonéticas
(Lautkomplexe ) aunadas con conjuntos de significados o acepciones semánticas
(Bedeutungskomplexe). Asimismo, una unidad como Tag (‘sector luminoso del
día’ o, en sus palabras, ‘Zeit der Helligkeit’) asume tanto la acepción ‘24 horas’,
por desplazamiento metonímico, como ‘luz’, por desplazamiento metafórico, al
modo que su cuerpo fonético, que, sin influencia sintáctica se pronuncia [ta:g],
se realiza contextualmente como [ta:k], en posición implosiva, o [tä:k],165 por
metafonía morfológica (Augst 1975b, 171):

Fig. 16: Concepción sígnica de Augst (1975b, 171) a propósito del lexema Tag
En este punto cabe destacar que el complejo o conjunto de variantes fonéticas de
un signo no se corresponde proporcionalmente con el conjunto de sus variantes
semánticas, de manera que las dos realizaciones fonéticas que reúne un signo
como Tag, a saber, [ta:k] y [tä:k], no se corresponden proporcionalmente con las
variantes semánticas ‘sector luminoso del día’ y ‘luz’, pudiendo cada una de las
acepciones asumir las dos realizaciones fonéticas o cada una de las realizaciones
fonéticas ambas acepciones semánticas (↑ nota a pie 156).
Esta interpretación surge como reacción a una simplificación semántica o
fonética del signo lingüístico, evitando, por tanto, reunir todos los significados
de un significante o todos los significantes de un significado en un mismo signo,
y crear así, o bien paradigmas etimológicos u homófonos no emparentables
sincrónicamente o bien paradigmas sinonímicos no emparentados
diacrónicamente. De esta forma resuelve o evita el autor asumir sígnicamente
Tor ‘portón’ y Tor ‘tonto’, no emparentados etimológicamente, por un lado, o
Haupt ‘cabeza’ (del lat. caput), Kopf ‘cabeza’ (del lat. cuppa) y Rübe (‘coco’),
por otro (cf. Augst 1975b, 170–171). Cada una de estas unidades representaría,
para el autor, un mínimo motivable sincrónicamente, «formas directrices»
(Leitformen ) portadoras de «valores directrices» (Leitwerten) distintos, no
generalizables en rasgos comunes y generadores, por tanto, de distintas familias
léxicas. En sus propias palabras:
«Es ist besonders zu betonen, daß das Zeichen Tag keine abstrakte
allgemeine Grundbedeutung hat, sozusagen als Generalnenner zu allen
aktuellen Bedeutungen, die das Wort haben kann. Es gibt synchron keinen
‹kleinste(n) gemeinschaftliche(n) Nenner›, der die verschiedenen Inhalte
eines Wortes verbindet. Vielmehr gehören alle aktuellen Bedeutungen zu
einer lexikalischen Struktur dieses Zeichens, und wenn eine bestimmte
Bedeutung aktualisiert wird, so ist potentiell der gesamte
Bedeutungskomplex mit wachgerufen, vor allem aber der Leitwert, das
Thema eines Bedeutungskomplexes, von dem die Varianten abhängen. […]
Alle Varianten sind, wie die Variationen in der Musik, auf das Thema hin
durchsichtig. Geht die Durchsichtigkeit verloren, so liegt keine Variante
mehr, sondern ein eigenes Thema vor.»166 (Augst 1975b, 171–172)
Según Augst, una palabra, en tanto que signo lingüístico, no posee una
significación abstracta que abarque todas sus acepciones, sean estas etimológicas
o no. Una palabra es la amalgama de un complejo semántico y fónico, una signo
que reúne un número dado de realizaciones fonéticas y semánticas, las cuales
están organizadas en valores directrices, independientes unos de otros. Su
concepción sígnica podría representarse como sigue:

Fig. 17: Concepción sígnica general de Augst

Esta concepción sígnica recuerda, efectivamente, a la propuesta de Coseriu


(1982 [1962], 72; 2007 [1988], 269) de ordenación de niveles realizativos y se
diferencia de ella por excluir la posibilidad teórica de postular una unidad
funcional, en un nivel más abstracto, en el sistema, que englobe las diversas
direcciones semánticas y fonéticas fijadas en la norma. Veamos el esquema
coseriano:
Fig. 18: Concepción de la estructura de la lengua según Coseriu (1982 [1962], 72)
Como vemos, la diferencia fundamental la representa la renuncia al nivel
funcional propuesto por Trubetzkoy (1939) y, en definitiva, a considerar la
norma (el valor o sonido directriz) como mayor nivel de abstracción en la
competencia lingüística. De aquí se deduce su afirmación de que «la lengua no
es un sistema, es un camino hacia el sistema que no acaba» (Augst 1975a, 48; cf.
a este propósito Martinet 1974 [1964], 125–127). Por un lado, la propuesta de
incorporar valores directrices en la estructura sígnica evita tener que considerar
como signo homófono, independiente, toda acepción semántica reunida en un
significante, esto es, tener que multiplicar la unidad fónica por el número de
acepciones presentes para descubrir el número exacto de signos independientes,
de acuerdo a como había procedido la inhaltsbezogene Grammatik o gramática
semántica (cf. Weisgerber 1962, Gipper 1959167 y Augst 1975a, 163). Por otro
lado, este valor directriz (Leitwert), que se sustenta en la competencia
etimológico-sincrónica del hablante, suple el concepto de significado
fundacional (Grundbedeutung) que limita en número los miembros de una
familia léxica de acuerdo al parentesco etimológico (cf. Augst 1992, 27). De este
modo, un signo deberá ser exclusivamente miembro de una familia léxica no
cuando este se encuentre emparentado etimológicamente con los miembros
restantes del conjunto, sino cuando el hablante (Sprachteilhaber) –de acuerdo a
su conocimiento instintivo de la lengua materna– lo considere.
Para Augst, estamos ante un signo lingüístico independiente o, en el caso de
una familia de palabras, ante una raíz léxica homogénea, cuando el hablante
percibe una relación de motivación entre los elementos del conjunto. Esta
motivación no implica, en absoluto, que el hablante sea capaz de producir o
generar todas las unidades que vincula, sino, simplemente, que percibe en ellas
vínculos semánticos equiparables. De esta forma, se deberá diferenciar, según el
autor, entre palabras motivadas (motiviert) o transparentes (durchsichtig), que el
hablante, además de vincular, puede generar o producir (por ejemplo, vendedor a
partir de vender), y unidades que el hablante, sin embargo, no puede generar o
producir, pero sí (re)motivar (por ejemplo, *recapitulatorio, a partir de
*capitular y este, a su vez, de capítulo), según se explica en el principio cuarto,
arriba expuesto (↑ nota a pie 157). Augst representa tal desproporción del modo
siguiente (cf. Augst 1975b, 175):

Fig. 19: Productividad, transparencia y arbitrariedad en el modelo de Augst (1975b, 175)

El principio básico para el establecimiento de una familia de palabras sincrónica


168 es, para Augst, la «transparencia», la cual abarca tanto signos producibles
como no producibles. Veamos a continuación, en palabras del propio autor, cómo
se delimita metodológicamente una familia de palabras atendiendo a una
etimología sincrónica:
«Genau so verfährt die synchrone Etymologie. Ausgehend von der
Motivierung, sucht der Sprachteilhaber zu einem komplexen Wort das nicht
mehr durchschaubare Leitwort oder ‹Kernwort›, jede Bedeutung eines
Wortes sucht er zurückzuführen auf eine nicht mehr motivierte
Leitbedeutung. Von diesen Kernwörtern und den Leitbedeutungen bauen
sich dann synchrone Wortfamilien und synchrone Bedeutungskomplexe
auf. Dabei müssen historische Wortfamilien und Bedeutungskomplexe
durchaus nicht identisch sein mit den synchronen. Der kompetente Sprecher
weiß nichts von der Diachronie. Stimmen diachron und synchron
Wortfamilie und Bedeutungskomplex überein, so ist dies, synchron
gesehen, ein Zufall. Gerade dort aber, wo historische und synchrone
Etymologie voneinander abweichen, läßt sich am deutlichsten überhaupt
erst das Wirken der etymologischen Kompetenz erkennen.»169 (Augst
1975b, 178–179)
Como vemos, es la etimología sincrónica (↓ 2.1) la que organiza y estructura el
conocimiento lingüístico de todo hablante (Augst 1975b, 183; 1975a, I, 22) y se
basa en la denominada «segmentación ingenua» (Augst 1975a, 22), esto es, en la
segmentación no condicionada por conocimientos lingüístico-históricos.
La aparición de inventarios de morfemas o diccionarios de familias de
palabras sincrónicos hizo surgir, efectivamente, la duda de cuán ingenuo debe
ser el hablante ideal que realice la segmentación (cf. Augst 1975a, 29–31; Winter
1985, 301; Splett 1987, 44–45). Augst intenta solventar este problema
metodológico mediante la confección de diversos test que desvelen los límites
sincrónicos de las etimologías (cf. Augst 1975b, 29–31). Estos test, que surgen
de forma paralela a los propuestos por Glinz (1971) pero no influenciados por
ellos (Augst 1975b, 204), consisten en entregar a los encuestados170 unas fichas
en las que se pregunta por la relación de parentesco entre las palabras presentes y
a lo cual el encuestado puede responder con cuatro grados de parentesco
semántico (de I [ya había pensado en el vínculo] a IV [no existe vínculo]),
pudiendo el encuestado añadir, además, las razones de inclusión o exclusión
(Augst 1975b, 204). Es en este último aspecto en lo que se diferencia su test del
de Glinz (1971), que se reduce a delimitar el grado de motivación de las
palabras.171
Las propuestas de análisis semánticos sincrónicos de familias léxicas tuvieron
una gran aceptación en diversas subdisciplinas, que veían en estas estructuras
nuevos fines didácticos, lexicográficos o cognitivos.172 Prueba de tal auge fueron
los resultados de un coloquio internacional, organizado en 1990 a voluntad de la
Sociedad Alemana de Investigación (DFG), en el que se solicitaba debatir las
dificultades teóricas y metodológicas que conllevaba realizar un diccionario de
familias de palabras sincrónicas del alemán. Como relatan Müller (1992) y
Augst (2009 [1998]), al coloquio participaron investigadores procedentes de
Italia, Alemania y los Estados Unidos y suscitó entre ellos un gran interés y
motivación:
«Frau Dr. Karin Müller und ich entwickelten unterschiedliche
Darstellungsformen und präsentierten dem Expertenkolloquium (Februar
1990) schließlich als Probestrecke die Wortfamilien mit dem
Anfangsbuchstaben N. An dem Kolloquium nahmen teil: J. Brustkern
(Bonn, IKP), G. und J. Erben (Bonn), H. H. Keller (Murray/Kentucky,
USA), G. Kempcke (Berlin), Cl. Knobloch (Siegen), W. Müller
(Dudenredaktion), H. H. Munske (Erlangen), G. Muthmann (Siegen), G.
Neubert (Dresden), W. D. Ortmann (Goethe Institut, Mailand), O.
Reichmann (Heidelberg), B. Schaeder (Siegen) und H. E.Wiegand
(Heidelberg). Ihnen allen danke ich für die spontane Bereitschaft, sich mit
dem Plan und den Probeartikeln auseinander zu setzen. Die Diskussion
(Müller 1990, Augst 1992) war so intensiv, dass einige Teilnehmer mir
sogar nach dem Kolloquium Alternativentwürfe schickten. Unter
Berücksichtigung vieler Anregungen entstand dann der endgültige
Wörterbuchplan; die DFG förderte das Projekt bis zum Abschluss im
Februar 1996.»173 (Augst 2009 [1998], XI)
No obstante, no faltaron voces que se pronunciaron en contra. Junto a autores
previos como Porzig (1959, 159–164), Schildt (1969, 355) o Günther (1974, 34),
que habían puesto de relieve la imposibilidad de vincular signos de acuerdo a su
motivación sincrónica, encontramos autores como Splett (1985; 1987),
Hundsnurscher (1985) y, posteriormente, desde una perspectiva aún más radical,
Weigand (1998), que se posicionan de nuevo en contra de un inventario de
morfemas sincrónico de la lengua.174 El argumento argüido por Splett puede
resumirse en la premisa de que la palabra sincrónica, la palabra que ocupa una
posición sintáctica y semántica, esto es, una posición en un eje léxico
sintagmático y paradigmático, no es descomponible sincrónicamente en
unidades menores, i.e., en morfemas. Se acoge así el autor, por tanto, a
principios que posteriormente se denominarían construccionistas (Goldberg
2003). Para Splett, es preciso distinguir entre posición semántica
(Bedeutungsposition), esto es, el conjunto de campos léxicos y contextos en los
que se incluye una palabra en una determinada etapa histórica, e indexación
semántica (Bedeutungsindizierung ), a saber, la estructura morfológica a la que
se asocia tal posición y que simboliza la intersección entre paradigmas
morfológicos de una familia léxica. Con sus palabras (Splett 1987, 47):
«[…] Morphem in unserem Zusammenhang kein geeigneter
Schlüsselbegriff ist, um mit seiner Hilfe Wortschatzstrukturen zu
analysieren. Analyseeinheit ist vielmehr das Wort, das in Gestalt von
Wortformen in den althochdeutschen Texten bezeugt ist und dessen
Bedeutung bzw. dessen Bedeutungspositionen aus diesen Texten zu
ermitteln sind. Eine Segmentierung der Wörter, insofern sie komplex sind,
ist zwar möglich, aber aus der Summe dieser Segmente läßt sich die
Wortbedeutung nicht synthetisieren. Die jeweilige Wortbedeutung bzw.
Bedeutungsposition ist unteilbar, eine der ausdrucksseitigen Segmentierung
entsprechende inhaltliche ist nicht möglich. Erst durch einen Vergleich mit
anderen Wörtern im Rahmen von Wortfamilien sind in einem
Abstraktionsschritt Einheiten zu gewinnen, die man herkömmlicherweise
Morpheme nennt. Die komplexen Wörter können aber nicht umgekehrt
durch diese Einheiten und zugehörige Kombinationsregeln erklärt werden,
weil so nur ein Hinweis auf die Bedeutung, eben die
Bedeutungsindizierung, nicht aber die Bedeutung bzw. die
Bedeutungsposition selbst zu gewinnen ist. Das Wort ist daher auch nicht
eine Untergattung, ein Spezialfall des Morphems, sondern eine Einheit, von
der her erst der Morphembegriff entwickelt werden kann. Eine Analyse von
oben ist einer Analyse von unten grundsätzlich vorzuziehen, weil
überlieferte Texte die Ausgangsbasis bilden und nicht die erst durch
mehrfache Abstraktionsschritte erreichbaren Einheiten.»175
Los morfemas son para Splett, como vemos, unidades abstraídas por
comparación de paradigmas morfológicos y no las unidades fundamentales de
que se compone la palabra. El morfema es, por tanto, en su opinión, dependiente
de la palabra y no de forma inversa, pues solo mediante el conocimiento de la
posición semántica de la palabra, a saber, mediante el conocimiento de cómo se
usa y qué competidores presenta, se puede llegar a delimitar el valor de un
morfema. La finalidad de un análisis del vocabulario en torno a familias de
palabras no debe ser –en contra de lo que piensa Augst– un sistema léxico
generador que permita explicar tanto los procesos de motivación como los de
creación léxicas. El objeto del análisis de familias léxicas representa, para Splett,
una posibilidad metodológica de describir la historia del vocabulario de una
lengua dada, en tanto que está representada en la sucesión evolutiva de sus
familias léxicas (cf. Splett 1993, XI, pero, previamente, su colaborador
Hundsnurscher 1985, 120). Splett no considera viable la concepción del léxico
como un sistema funcional de motivación y creación léxica y, por ello, renuncia,
como hemos visto anteriormente –y manifiesta también en Splett (1993, XII)–,
tanto al concepto sincrónico de inventario morfémico como al de estructura
lexemática:
«An der Lexematik Coserius, die als umfassendster Versuch verstanden
werden kann, die strukturalistischen Prinzipien nicht nur im Bereich der
Phonetik/Phonologie, sondern auch im Bereich des Wortschatzes zur
Geltung zu bringen, lässt sich Ähnliches beobachten. Der Wortschatz muss
hier durch mehrere Abstraktionsschritte von allen denkbaren Idiosyncrasien
befreit werden, damit am Ende nur noch Einheiten übrigbleiben, deren
Beziehungen zueinander mit den drei bekannten Oppositionsarten erfasst
werden können. Allerdings wird so gerade nicht der Wortschatz einer
natürlichen Sprache strukturiert, sondern es wird demonstriert, welche
Reduktionen erforderlich sind, um einen strikten Strukturbegriff auf
lexikalischer Ebene anwenden zu können. Zieht man daraus Konsequenzen,
ergibt sich, daß der strikte Strukturbegriff ein ungeeignetes Mittel ist, die
Zusammenhänge auf der Ebene der Wörter adäquat zu erfassen. Folgt man
dieser Argumentation, stellt sich umso dringlicher die Frage nach den
Grenzen und Möglichkeiten einer Wortschatz-strukturierung überhaupt.»176
(Splett 1993, XIII)
De esta opinión es también Hundsnurscher, iniciador con Splett del proyecto,
cuando afirma:
«Die inhärente Schwäche des wortfeldtheoretischen Ansatzes als einer
ganzheitlichen Sicht besteht darin, daß heuristische Verfahrensweisen zur
Erfassung und Strukturierung des Gegenstandes kurzschlüssig als
Wesensmerkmale des Gegenstandes aufgefaßt werden. Es muß sehr
zweifelhaft erscheinen, ob die Wortfeldtheorie in ihren bisherigen
Profilierungen einen arbeitsfähigen Rahmen für eine Bedeutungsgeschichte
des deutschen Wortschatzes abgeben kann; ihre grundsätzliche Frage nach
der Organisationsform des ‹Sprachinhalts› sollte man allerdings weiterhin
sehr ernst nehmen; es fehlt bisher an einer hinreichenden
sprachtheoretischen Begründung.»177 (Hundsnurscher 1985, 117)
Hundsnurscher (1985, 20) concluye que el análisis mediante familias de palabras
representa la mejor vía para acceder a la organización, estructuración y
estratificación del léxico. Una postura semejante defiende Splett, el cual se funda
en la experiencia de la elaboración del Diccionario del alto alemán antiguo
(Althochdeutsches Wörterbuch) –publicado posteriormente, en 1993– y que, tras
contemplar las posibles vías de estructuración del léxico, resuelve:
«Die Möglichkeit, den Wortschatz nach Wortfamilien zu ordnen, beruht
bekanntlich darauf, daß die Mehrzahl der Wörter in morphologischer
Hinsicht komplex sind und daß die zwischen den Wortkonstituenten
bestehenden Relationen sowie die darauf beruhenden Beziehungen
zwischen den entsprechenden Wörtern wesentliche Strukturelemente
darstellen. »178 (Splett 1993, XIII).
Como vemos, son Splett y Hundsnurscher quienes, en Alemania, llaman la
atención sobre la necesidad de concebir la familia de palabras como
procedimiento de estructuración alterno al campo léxico y, así, contribuir a su
historia. Un ejemplo de ello es el análisis de Splett para el a.a.a. sagen. En su
propuesta, el autor (Splett 1993, I. 2, 782–783) organiza la familia de acuerdo a
la tradición lexicográfica, en torno a una raíz léxica que asume la prefijación y
sufijación. A la izquierda de las palabras complejas se incorpora un número
arábigo que indica la relación con la raíz y el grado de derivación o
composición, así como su categoría morfológica. Los elementos se presentan
segmentados morfológicamente y, a la derecha, se adjunta la categoría léxica a la
que la unidad pertenece. Junto a ella se encuentra una fórmula que representa la
arquitectura léxico-gramatical de la unidad y, separada de ella por una barra, el
significado denotativo que tal unidad presenta en la época estudiada. Una
comparación hispánica podría representarse como sigue:

Alto alemán antiguo: 1.3 – un-sagênti * Adj. p((wV)Vpart1)A/ ‘unausprechlich’


Español:
1.3 – in-diciente * Adj. pref. ((raíz verb.)part. pres.)Adj./‘inpronunciable’

Si observamos la traducción española –que hemos calcado del alemán–, vemos


que indiciente mantiene una relación categorial ternaria o adjetival (representada
con la cifra 3) con respecto al verbo base (1). El asterisco informa sobre el lugar
en el que la palabra se ha datado. En este caso, el asterisco aclara que el
compuesto se ha datado en una glosa. Junto a la combinación tenemos la
arquitectura léxico-gramatical de la unidad, su indexación. En el caso de
unsagenti /indiciente, estamos ante un adjetivo prefijado (p, al./pref., esp.) que se
adjunta a una raíz categorizada verbalmente (wV, al./raíz, esp.), que presenta el
sufijo de participio de presente (Vpart1, al./part. pres., esp.), el cual
transcategoriza la base, resultando un adjetivo. La denotación o posición
semántica de la combinación es ‘unaussprechlich/impronunciable’.
Pese a este tipo de segmentación morfológica, Splett no concibe su
diccionario como un inventario de morfemas de una etapa histórica, esto es,
como el conjunto de unidades funcionales a partir del cual se forma y genera el
vocabulario en una determinada sincronía. Contrariamente a Augst, Splett pone
de relieve que el uso, la carga pragmática de una palabra, prevalece frente a su
estructura morfológica y es únicamente discriminable a nivel de la palabra y no
del morfema. Αsí, «[d]as Wort ist im Gegensatz zum Morphem nicht auf ein
zweiseitiges Zeichenmodell gegründet, hat also den Bezug auf die ‘res’ nicht
abgeschnitten» (Splett 1996, 136),179 de donde se deriva el valor que Splett da al
uso de la palabra, a su concreta realización en el habla. En el prólogo a su
diccionario, aclara Splett a este respecto:

«Außerdem ist zu bedenken, daß die im Zusammenhang der


Bildung eines Wortes zentrale Bedeutungsindizierung, in der sich
ja das Benennungsmotiv und damit der Anschluß an bereits
existierende Benennungen manifestiert, im Laufe der
Sprachgeschichte immer mehr in den Hintergrund tritt. Der Grund
liegt darin, daß – von Sonderfällen einmal abgesehen – die
Wortbedeutung den Wortgebrauch bestimmt und nicht die auf
dem Verhältnis der Wortkonstituenten zueinander beruhende
Bedeutungsindizierung. Falls nicht durch eine bewußte
Remotivierung dieser Prozeß aufgehalten wird, endet er
bekanntlich mit dem Verlust der Bedeutungsindizierung:
komplexe Wörter werden zu Simplizia.»180 (Splett 1993, XIII)

El diccionario de Splett no representa, por tanto, el reflejo de una estructura de


motivación de una sincronía dada; es, por el contrario, una parte de un proyecto
mayor cuyo fin es la realización de diccionarios de familias que den cuenta de
las distintas etapas de la lengua alemana con vistas a una futura historia de su
léxico, de modo que su utilidad es primordialmente metodológica (cf. Splett
1987, 43; 1993, XIII; 1996, 136).181
Durante los seis años siguientes a la publicación de la obra de Splett, ven la
luz varios artículos de Augst, que mantenían unas tesis, como hemos visto,
radicalmente contrarias (cf. Augst 1996 y, sobre todo, 1997182). En ellos se pone
énfasis en la motivación objetiva que presentan las unidades complejas en la
mente de los hablantes y en la posibilidad de describir tales relaciones mediante
test. Por otro lado, la redacción del trabajo de Augst (1990) acerca de la
ordenación lexicográfica de acuerdo a familias de palabras para el volumen
internacional de Lexicografía Wörterbücher/Dictionaries/Dictionnaires, lo había
persuadido de acometer él mismo un proyecto de Diccionario de familias de
palabras del alemán moderno, basado en su Lexikon zur Wortbildung.
Morpheminventar (1975a), que vería la luz ocho años más tarde, subvencionado
por la DFG o Sociedad Alemana de Investigación (2009 [1998], IX).
Paralelamente, en Francia, Corbin inicia la redacción de un Dictionnaire
dérivationel du français, como objetivo del proyecto lexicográfico experimental
URA SILEX, el cual, a su vez, desarrolla dos diccionarios paralelos de afijación
y composición (Corbin 1997, 6). Se presenta como una «gramática de palabras
construidas», a saber, mediante procedimientos de adjunción de constituyentes a
bases léxicas. El presente trabajo de Corbin resulta de interés para nuestro
estudio, ya que se propone no solo considerar las estructuras que nos ocupan,
sino también subordinarlas a un «programa teórico» basado en las
investigaciones de formación de palabras que la autora había realizado a
propósito de su trabajo de habilitación (Corbin 1986). La investigadora parte de
una noción de unidad léxica como secuencia lingüística asociada o asociable de
modo estable a un sentido referencial o enciclopédico y portadora de una
categoría gramatical que le permite ocupar una posición sintagmática en el
discurso. La palabra representa la intersección ente el conocimiento cultural y
conceptual y los modos de jerarquización de categorías conceptuales propios de
una lengua (Corbin 1997, 6–7). La autora define, entonces, la «unidad léxica
construida» como la ampliación motivada de la unidad léxica mediante
procedimientos morfológicos de afijación, composición, recategorización,
«deformación» –pudiendo ser por apócopes, siglas, acrónimos, etc.–, deflexión o
transcategorización de morfemas flexivos –como de participio a adjetivo– y
«delocución» o la lexicalización de secuencias entonativas. De este modo la
autora define la «familia morfológica» en un sentido bastante amplio y
subordinado a la morfología productiva:

«Une ‹famille morphologique› est l’ensemble des unités lexicales


construites morphologiquement à partir d’un primitif, quel que
soit le nombre d’opérations dont elles résultent. La délimitation
d’une famille est liée de façon étroite à la théorie, non seulement,
comme on l’a vu au § 1, parce que c’est la théorie qui définit les
contours de l’ensemble retenu, mais aussi parce qu’est mise en
jeu une théorie de l’ ‹écart› par rapport à des relations
morphologiquement ‹normales› : la forme et le sens des unités
présumées apparentées correspondent plus ou moins à ce que la
grammaire permet d’attendre.»183 (Corbin 1997, 9)

Si bien la autora resalta la vinculación entre la semántica y los procedimientos


morfológicos que amplían las familias léxicas, no desatiende los problemas
clásicos que atañen a este tipo de estructuras, enumerando especialmente tres: la
importancia de los datos históricos, la distancia entre el sentido construido (a
saber, Wortbilgungsbedeutung, significación morfológica o episemema) y el
referencial, así como la falta de analogía derivativa. Sobre estas bases teóricas la
autora presenta una análisis de la familia lait (‘leche’), advirtiendo la necesidad
de separar entre paradigmas patrimoniales, latinos (con variante lact-) y griegos
(con variante galact-) (Corbin 1997, 13). Por último, la autora propone un
conjunto de informaciones que deben estar presentes mediante rúbricas en las
entradas lexicográficas, a saber: «historia», para informaciones de tipo
diacrónico, «generación morfológica», para el conjunto de procedimientos
morfológicos que intervienen en la creación de una unidad dada, «análisis
estructural», que refleja la estructura de la palabra y, por último, la «descripción
semántica», que hace visible el valor referencial de la unidad (Corbin 1997, 31).
Lamentablemente, la muerte de la autora tres años más después de este trabajo
ha truncado el avance de este proyecto.
En España, del mismo modo, varios profesores de la facultad de Filología de
la Universidad de La Laguna, discípulos de Ramón Trujillo, proponían la
necesidad de superar las restricciones del análisis de campos semánticos
mediante estructuras no conceptuales o denotativas, que más tarde los conduciría
a la concepción de la familia de palabras como estructura léxica inmanente. Así,
Morera en su Tesis Doctoral, defendida en 1984, Estructura semántica del
sistema preposicional español moderno y sus campos de uso (1988), redirigió el
interés de la Escuela Semántica de La Laguna hacia el ámbito gramatical. Por
otro lado, se inició en este círculo la discusión acerca de la viabilidad
metodológica de los campos léxicos, sobre todo a propósito de la defensa en
1986 de la Tesis Doctoral de Batista, Composición de palabras en la épica
griega arcaica (1988), quien mantuvo –en contra de la fuerte influencia de la
Lexemática en España por aquellos años– que los compuestos griegos no eran
susceptibles de ordenación en torno a campos semánticos. Ese mismo año
publicó Trujillo su Introducción a la Semántica española, trabajo en el que,
además de ponerse de relieve las deficiencias metodológicas de la Lexemática,
se inicia un camino de «idiomatización» o «desconceptualización» del estudio
del significado (cf. Trujillo 1988, § 10). Por estos años, este grupo de estudiosos
emprende una nueva línea de investigación en semántica gramatical e,
influenciados por el concepto coseriano, se proponen establecer los fundamentos
analíticos para una «gramaticalización del léxico» (↑1.2.4.1 ). Las discusiones
surgidas por aquel entonces en torno al concepto de «campo léxico» se
encuentran en Wotjak (1998a).184
A partir de este momento, García Padrón y Morera desarrollan una propuesta
de descripción semántica del léxico, basados, sobre todo, en los principios
teóricos de Bühler, Hjelmslev, Coseriu y Trujillo, en la que se propone una
descomposición sémica de niveles semánticos superpuestos. García Padrón
(1998, 80–81) plantea la propuesta de llevar a cabo un análisis inductivo
descomposicional de las variantes y, a partir de él, reconstruir una «hipótesis
semántica» o conjunto de rasgos invariantes en la realizaciones. Esta hipótesis
semántica deberá ser constatada deductivamente al finalizar el análisis, para
comprobar posteriormente que, ciertamente, el conjunto de rasgos inducido
permanece invariable. Esta propuesta metodológica tiene como fin delimitar la
dimensión semántica que, Morera (1994), unos años antes, había denominado
«significado primario» (↑ 1.2.4.1 ).
Para Morera, el significado idiomático es una matriz semántica de naturaleza
espacial, formalizada de forma independiente en cada lengua natural. Esta
significación, que subyace a la variación discursiva, permanece invariante en
todos sus usos/variantes gramaticales y recibe sus matizaciones contextuales en
la realidad concreta del hablar. Esta significación primaria, tal y como la concibe
Morera, es una intuición indefinible e intraducible, desprovista de categoría
morfológica y manifestada en una raíz. En sus propias palabras:

«El significado primario es la intuición semántica básica en


estado puro, es decir, sin organización existencial o categorial de
ningún tipo. Se trata de una vivencia psíquica que no tiene nada
que ver con las abstracciones nocionales o conceptos que
representan las cosas.» (Morera 1994, 280)

Hemos de destacar en este punto que el «significado primario»185 de Morera no


se corresponde con la tradicional Grundbedeutung alemana, a saber,
‘significación originaria etimológica’ ni con el grondbeteekenis de Gonda, esto
es, ‘reconstrucción semántica general’. El concepto de Morera presenta
estrechos vínculos con el Leitwert (‘valor directriz’) de Augst, pues, para ambos
lingüistas, tal dimensión es esencialmente sincrónica, si bien, de una forma
estricta, se corresponde con el concepto, tradicional en la lexicología alemana,186
de Gesamtbedeutung, esto es, ‘significación general’. Este valor representa, por
tanto, una intuición invariable e identificable en todos los usos. Para Morera, la
«significación primaria» representa una semantische Vereinigungsmenge, un
conjunto homogeneizado de valores derivados de la intersección lógica de los
rasgos manifestados en todos los usos y, por ende, se acerca al concepto de
prototipo de Givón (Kleiber 1995, 131).
Morera distingue, inspirado por la dicotomía de Bühler (1999 [1934]), entre
significados primarios mostrativos y descriptivos (cf. Morera 1996 y 1999 I), de
acuerdo a si el contenido semántico de la unidad muestra carga deíctica (por
ejemplo, yo, -o, aquí, allá, aquel(l)-, etc.) o simbólica (cas-, pas-, part-, dec-).187
Para el autor, esta significación es la base idiomática mínima en la que se fundan
los restantes niveles semánticos. Asimismo, siguiendo la superposición de
niveles semánticos de Coseriu (1978), Morera postula la existencia de una
significación categorial, que puede ser sustantiva, adjetiva o verbal, una
significación sintáctica o relacional, de acuerdo a los tipos de relaciones que
contraen unos signos con otros, y, por último, una significación óntica, que
presenta un contenido lingüístico como enunciado188 o interrogación (↑ 1.2.4.1 ).
Todas estas dimensiones semánticas representan variables posibles de una
significación primaria básica.
Como Augst, Morera (2007c, 245) piensa que la significación primaria debe
entenderse como una «etimología sincrónica», en el sentido de Hjelmslev (1976,
234), a saber, un valor invariante que dé cuenta, por un lado, de toda la variación
semántica de la raíz o segmento fonológico en cuestión y, por otro, de la
«vivencia psíquica» del hablante, esto es, del conocimiento que el hablante
posee de su propia lengua y que condiciona su representación idiomática del
mundo. De este modo, la propuesta descriptiva de Morera –y, de forma general,
de los integrantes del círculo– pretende resolver el tan debatido problema de la
apertura de las clases semánticas a través de la determinación de grados de
gramaticalización del léxico:

«Téngase en cuenta que combinaciones como punto, punta,


puntero, puntal, puntón, puntazo, puntilla, puntear, repuntar,
apuntar, despuntar, puntapié, etc., no son significados léxicos
distintos, sino el mismo significado léxico (el significado léxico
‘límite no superado de la dimensión’ contenido en el signo punt-)
revestido de significados categoriales y morfológicos diferentes.
Aquellas personas que afirman que los signos léxicos pertenecen
a clases abiertas o que son ilimitados confunden los verdaderos
significados léxicos (grosso modo, las raíces de la gramática
tradicional) con las palabras que implican algún tipo de
significación descriptiva, sin reparar en el hecho recursivo
importantísimo de que un mismo signo léxico puede aparecer (y
de hecho aparece) implicado en palabras distintas. Así, el signo
léxico español cuadr- aparece implicado en las palabras cuadro,
cuadra, cuadrar, cuadrante, cuadrado, cuadrícula, cuadrilla,
etc., sin alterar lo más mínimo la significación descriptiva básica
que constituye su identidad semántica. Por tanto, cuando se dice
que tales palabras constituyen signos léxicos distintos, se
confunde la significación léxica con la significación gramatical
(categorial, morfológica y sintáctica).» (Morera 2007c, 9)

De acuerdo a estos principios teórico-metodológicos, Marcial Morera dirige y


trabaja desde hace aproximadamente una década –con el apoyo de los autores
arriba citados– en un Diccionario de familias de palabras de la lengua española,
financiado en su primera fase por el Ministerio de Educación y Ciencia español,
que, de acuerdo a su macro-y microestructura, así como a su concepción teórica,
simbolizará para el mundo hispánico una obra análoga al
Wortfamilienwörterbuch der deutschen Gegenwartsprache de Gerhard Augst
para el mundo alemán.189 Este diccionario de Augst –regresando ahora al sector
germánico–, aparecido en 1998,190 satisface los principios que el autor se había
propuesto desde 1975 y desarrollado especialmente en la década de los noventa
(cf. Augst 1991–1993; 1992; 1996; 1997), los cuales hemos expuesto
sucintamente más arriba. En él, se encuentra únicamente un cambio
terminológico digno de mención: Augst abandona en este trabajo el término
«valor directriz» (Leitwert), supliéndolo por la denominación, más cercana a la
tradición y, con ello, más oscurecedora, «significado nuclear» (Kernbedeutung),
aunque sigue manteniendo la noción teórica defendida en 1975 (cf. Augst 1998,
XVI).
Por lo demás, el autor presenta los miembros de las familias segmentados en
morfemas –recordemos que el Autor mantiene la terminología de Nida– y
ordenados en una lista en la que, a la izquierda, se encuentra la prefijación y, a la
derecha, la sufijación. A continuación, introduce el autor las acepciones que
presenta el verbo nuclear (Kernwort, en su terminología), junto a informaciones
gramaticales, como la categoría léxica, estructuras colocacionales y ejemplos,
para, a continuación, describir sus derivados y compuestos. Los miembros que
presentan un grado mínimo de motivación sincrónica se reagrupan en nuevas
familias de palabras con sus derivados y compuestos dependientes. Sin embargo,
no se establecen entre ellos diversos grados de motivación semántica, sino que
se informa acerca de si existe transparencia morfológica, es decir, si el hablante
reconoce los morfemas presentes, o designativa, es decir, si el hablante vincula
el miembro con la familia.
Algunas consideraciones sobre la incorporación de miembros, estructuración
léxica, datación sincrónica y aspectos semejantes se presentan a continuación.
No entraremos en detalle en la explicación de la micro-y macroestructura del
diccionario, pues, por una parte, mantiene la concepción teórica aplicada en el
Lexicon zur Wortbildung. Morpheminventar, ya expuesta, y, por otra, mantiene
una organización lexicográfica tradicional en cuanto a su organización. Veamos
la familia sagen:
Fig. 20: Familia de palabras sagen según Augst (2009 [1998], 1143–1144)

Si bien la incorporación y organización léxica del DWGS se lleva a cabo desde


un punto de vista estrictamente sincrónico, el lector puede advertir ciertas
incoherencias, que se derivan, efectivamente, de la aplicación de una
metodología fundada en la motivación relativa. Un ejemplo de ello es que los
resultados de investigaciones en la motivación relativa de la presente familia
léxica llevan a desvincular de esta familia el uso ‘fallar’ de versagen (↓ 2.1) y,
mantiener, sin embargo, el miembro untersagen, imposible de remotivar a través
del propio alemán, pues, como sabemos, se trata de un calco latino191 que asume
directamente su significado de norma ‘enunciar [decir solemnemente] una
sentencia para poner fin a un litigio entre [unter-] dos personas > prohibir’.
El número de reseñas publicadas en los últimos años ponen de relieve la gran
aceptación con que ha gozado esta obra en la lexicología alemana (cf. Barz
(2000), Erben (2000), Földes (2000), Korhonen (1999), Müller (2000), Wolski
(2000), Schmidt (2011), Fleischer/Barz 2012, 99). No obstante, no han faltado
críticos y férreos detractores de esta propuesta lexicográfica. Entre ellos, nos
parece de especial interés Ickler (1999), que critica los siguientes aspectos:
(a) la adopción de las acepciones semánticas de otras obras
lexicográficas (p. 298; cf. Schmidt 2011, 166),
(b) la inconsistencia en la motivación sincrónica y, en general, la
propuesta teórica de «etimología sincrónica» y «hablante medio».
Critica, así, la falta de argumentos que expliquen por qué un hablante
medio alemán no identifica Kreuz ‘cruz’, por ejemplo, con
Kreuzigung ‘crucificción’ (p. 300; cf. Schmidt 2011, 166),
(c) el descuido de la etimología diacrónica, de modo que tal hablante
medio identifica signos etimológicamente no vinculados como ab-
‘de’, de origen indoeuropeo, y a- ‘privación de origen griego’,
etimológicamente emparentada con el alemán un- (p. 304) o,
contrariamente, desvincula signos emparentados, como Grog y
Groggy (cf. Schmidt 2011, 167),
(d) el descuido en la homogeneidad ortográfica (p. 306).
Las críticas de Ickler al DWGS se corresponden con las dificultades
metodológicas que los análisis de familias léxicas venían arrastrando desde el
siglo XIX y que, a día de hoy, no han encontrado una solución satisfactoria. El
problema central versa sobre cuál ha de ser el criterio del lexicógrafo o lingüista.
O atiende el lingüista a los hablantes y, en este caso, ha de buscar cuáles son
representativos (de qué estrato, con qué formación, etc.) y en qué número, o
atiende el lingüista a la historia, excluyendo así el juicio u opinión de estos. El
número, la amplitud y la organización –inclusión o exclusión– de los miembros
de una familia depende en gran medida de la postura que se adopte ante esta
cuestión. A este propósito y sobre las diferencias que presenta un diccionario de
familias de palabras sincrónico frente a uno diacrónico, se expresa Augst en los
siguientes términos:
«Auch trifft ein Wörterbuch weder die je besondere Menge der Wörter und
Wortfamilien eines einzelnen Sprechers noch die einer ganzer
Sprachgemeinschaft. Aber selbst wenn wir uns auf die vom HdG
[Handwörterbuch der deutschen Gegenwartsprache] zur Verfügung gestellte
Wortmenge einstellen, so würden keine zwei Forscherinnen oder Forscher
haargenau zu ein und derselben Einteilung kommen. Grundsätzlich gibt es
einerseits die diachrone Einteilung nach sprachhistorisch
zusammenhängenden Wortfamilien, ein Unternehmen, an dem Splett und
Hundsnurscher arbeiten, oder andererseits die synchrone Einteilung nach
der gegenwärtigen Motiviertheit wie ich es im WFW realisiert habe. Aber
diese gegenwärtige Motiviertheit ist natürlich wiederum nicht einheitlich
festgelegt, sie schwankt nach diatopischen, diastratischen und diachronen
Aspekten innerhalb der Synchronie. »192 (Augst 2000, 1)
Augst pone de relieve, a continuación, que estos dos modelos lexicográficos no
son contradictorios, sino que representan una visión complementaria del
fenómeno. La aportación de Hundsnurscher y Splett presta especial atención a la
transparencia morfológica y a la determinación exacta del grado derivativo; su
trabajo, por el contrario, se centra especialmente en la motivación sincrónica y
en cómo se disgrega y reorganiza semánticamente la familia (cf. Augst 2000, 2).
En este último trabajo, redactado al término del diccionario, Augst recoge, del
mismo modo, interesantes datos y estadísticas acerca de los resultados. Algunas
de ellas son las siguientes (cf. Augst 2000, 12–14):
(a) Cada palabra nuclear o valor directriz de una familia de palabras
presenta de media 2,67 derivados;
(b) La cantidad de palabras nucleares o valores directrices de la lengua
alemana moderna es 4378;
(c) Cada familia de palabras presenta de media 5,18 derivados;
(d) Las diez palabras nucleares con más derivados del alemán moderno
son sehen ‘ver’ (151 miembros), sitzen ‘estar sentado’ (144
miembros), gehen ‘ir’ (139 miembros), kommen ‘venir’ (137
miembros), liegen ‘estar echado, yacer’ (136 miembros), halten
‘mantener’ (130 miembros), schlagen ‘pegar’ (129 miembros), laufen
‘andar’ (126 miembros), fahren ‘conducir’ (123 miembros) y nehmen
‘tomar’ (112 miembros).193
En este mismo volumen –editado por Barz, Schröder y Fix–, en el que Augst
presenta su estudio, Splett (2000, 108) anuncia estar trabajando, igualmente, en
un diccionario de familias de palabras del alemán moderno en el marco de un
proyecto que debía realizarse en los cinco años siguientes (cf., también, Splett
2001, 421). Su planteamiento teórico-metodológico ya ha sido planteado. Los
trabajos de ambos lexicógrafos ponen de relieve que la discusión en torno al
concepto de familia de palabras, en tanto que unidad arquitectónica del léxico,
comienza, a partir de los años noventa, a desplazarse hacia uno de los intereses
centrales de la lexicología y lexicografía alemanas e internacionales. Prueba de
ello es la posición que ocupa este problema en el tan prestigioso como abarcador
manual internacional de lexicología, publicado en 2002, Lexikologie. Ein
internationales Handbuch zur Natur und Struktur von Wörtern und Wortschätzen
(Lexicología. Manual internacional sobre la naturaleza y estructura de las
palabras y vocabulario).
En este manual, la familia léxica, en tanto que macroestructura reconocida y
productiva en las lenguas, representa, junto a las categorías léxicas con mayor
tradición, como el campo léxico, campo conceptual y marcos cognitivos, uno de
los sistemas léxicos de mayor representatividad (cf. Cruse; Hundsnurscher; Job;
Lutzeier 2002, I, §§ XVII-XXIII). A su estudio se dedica el capítulo
decimoctavo, en el que se recogen cinco estudios dedicados a problemas
concretos del análisis de familias léxicas.
El primero, presentado por Hundsnurscher, coeditor del manual, aborda la
discusión y el estado de la cuestión en el análisis de familias de palabras.194 El
autor mantiene que la estructura léxica que nos ocupa representa una de las tres
posibilidades lingüísticas de ordenación léxica, que resume en categorías léxicas
o partes de la oración, los campos léxico-semánticos y familias de palabras.195
Estas últimas representan la formación, extensión y transformación del
vocabulario (cf. Hundsnurscher 2002, 675). Hundsnurscher presenta, entonces,
el desarrollo histórico que este principio de ordenación lexicográfico ha
experimentado en Alemania, en concreto, desde el Barroco, pasando por una
aproximación a su desarrollo durante el siglo XIX, caracterizado por el
establecimiento lexicográfico de etapas históricas en el vocabulario, hasta llegar
al siglo XX y sus intentos por acceder a una descripción sincrónica de tales
estructuras. Hundsnurscher defiende en su trabajo –en la línea de Splett– la idea
de que la función principal de las familias de palabras es la datación y
organización del vocabulario de acuerdo a etapas históricas, si bien reconoce la
posibilidad de concebirlas como inventarios morfémicos (cf. Hundsnurscher
2002, 679).
El siguiente trabajo lo dedica Augst al estudio de los tipos de familias de
palabras partiendo de su concepto de motivación relativa (cf. Augst 2002,
681).196 Así, distingue el autor entre la familia de palabras sincrónica y
diacrónica, distinción que descansa, en última instancia, en la diferencia de
reconstrucción de la familia de palabras por parte de un lego o un especialista:

«Kategorial verschieden von der Rekonstruktion der synchronen


Wf.en auf Grund des Sprachbewusstseins des Laiens ist die
Rekonstruktion historischer Wf.en auf Grund von
Expertenwissen.»197 (cf. Augst 2002, 682)

Partiendo de estas dos distinciones –del nivel de motivación y de la delimitación


histórica–, analiza el autor los diversos fenómenos que se advierten en el seno de
familias de palabras alemanas y propone su propuesta metodológica. De esta
forma, advierte la necesidad de distinguir entre invariante (Bedeutungskern) y
variante (abgeleitete Bedeutung) semánticas, entre delimitación léxica y campo
semántico, para, por último, tratar el problema de la motivación semántica de
familias de palabras externas, de origen latino, griego, francés, etc. (cf. Augst
2002, 684–687).
A este estudio le sucede el trabajo de Splett sobre la formación,
transformación y deformación de familias de palabras.198 El autor analiza aquí
cómo varias familias de palabras del alto alemán antiguo se originan,
transforman y se pierden, exponiendo las condiciones de tales procesos. De
especial interés nos parece su idea de que, para la descripción exhaustiva de la
historia del léxico, no es solo posible valerse de reconstrucciones etimológicas
de palabras aisladas –como habían procedido los hermanos Grimm en la
tradición germánica–, sino que es preciso observar las condiciones y los
regímenes de concurrencia que presentan las unidades,199 para así obtener una
visión más nítida del proceso:
«Die Erweiterungen, Umgestaltungen und Verluste im Wortschatz einer
Sprache sind in erster Linie auf die Kommunikationsbedürfnisse
zurückzuführen, die zu einer bestimmten Zeit herrschen. Mit dem Einsetzen
der Überlieferung bis hin zur Gegenwartssprache lassen sich diese
Vorgänge sukzessive am konkreten Sprachmaterial erfassen. Der Bereich
vor dieser Zeitgrenze, der durch das sprachvergleichende und
rekonstruierende Verfahren der Etymologie erschlossen werden kann, ist im
vorliegenden Zusammenhang von keiner unmittelbaren Relevanz. Die
Veränderungen, um die es hier geht und die in die Zuständigkeit der
Wortgeschichte gehören, erfolgen jeweils im Rahmen eines schon immer
vorgegebenen Wortschatzes. Dieser ist nun keineswegs eine nur durch das
ihm äußerliche Prinzip einer alphabetischen Anordnung erfassbare Menge
von isolierten Einzelwörtern, die je ihre eigene Geschichte haben, sondern
er ist in Wortfamilien gegliedert. Die Wortfamilie aber konstituiert sich
durch die Motivation der ihr angehörenden Wörter und beruht somit auf
einem Moment, das unmittelbar mit der Bildung von Wörtern
zusammenhängt.»200 (Splett 2002, 688)
Al trabajo de Splett le sucede el artículo de Claude Gruaz, en el que se exponen
los principios metodológicos con los que se lleva a cabo el proyecto de
Dictionnaire synchronique des familles dérivationnelles de mots français
(DISFA)201 en colaboración con Honvault. Para el análisis sincrónico de las
familias de palabras del francés, el autor se vale de los conceptos lexicológicos
tradicionales referente (reference), como designación extralingüística, sentido
(sense), como valor textual, significado (meaning), como uso convencionalizado
e institucionalizado de una palabra y, por último, significación (signification), en
tanto que valor relacional de una palabra de una lengua con respecto a las
restantes:
«The signification of a word is its content seen in its relations with the
content and form of other words linked to it within the semantic and formal
system of a language. Signification is mediatized by the paradigmatic
context: one speaker will have access to it in so far as he makes a
connection between parrain and père; consequently, signification implies a
psychological process.»202 (Gruaz 2002, 700)
A partir de estos supuestos, el autor concibe la motivación semántica –de forma
análoga a Augst y Morera– como el vínculo que el hablante establece entre
palabras, por un lado, o entre raíces y sus compuestos y derivados, por otro (cf.
Gruaz 2002, 700). El autor distingue entre una motivación formal total (full
formal motivation), para los casos en los que todos los elementos inmediatos de
que se compone el signo complejo son discriminables, motivación formal parcial
(partial formal motivation) en los casos en los que se dan metafonías o apofonías
entre la raíz y sus derivados, motivación formal por sustitución (formal
motivation by substitution), presente en caso de supletivismos y, por último,
motivación formal compleja (complex formal motivation), para los casos en los
que concurren los tres tipos anteriores de motivación. Partiendo de esta
distinción, el autor propone la metodología de determinación de la estructura
sincrónica:
«If motivation as I have just defined it is a necessary condition to (help to)
understand the content of a word, it is not a sufficient one: in the cases of
homonymy, the formal motivation is present, yet the meanings of the words
have nothing in common. As a matter of fact, the motivational relationships
form a real network: the synchronic word family. A synchronic word family
is distinct from world field since it is composed of words linked by a
derivational relationship, which is not (always) the case of world fields.»203
(Gruaz 2002, 701)
En cuanto a la organización interna de la familia léxica, el autor diferencia entre
microfamilia en sucesión (microfamily in sucession), a saber, subfamilia de
palabras que mantiene una relación jerárquica con el elemento nuclear, como es
el caso –ya analizado por Augst– de la familia derivada del lexema día (en
alemán, español y francés),204 y microfamilias en asociación (microfamily in
association), en la que no existe tal jerarquización (cf., también, Gruaz 2001,
172). De que tengamos constancia, el proyecto DISFA, dirigido por Gruaz,
representa, junto a las propuestas de Augst y Morera, una teoría homogénea de
análisis de familias léxicas sincrónicas basadas en la competencia lingüística, de
forma general, y la motivación relativa, en particular.
Por último, encontramos el estudio de Gerda Haßler sobre el análisis
contrastivo de familias léxicas.205 En él se mantiene la opinión de que la familia
de palabras no solo ha de entenderse como un paradigma de unidades motivadas
–y, en este caso, enfrentarse al problema de la motivación (cf. Haßler 2002, §
1.2, 704)– sino como una estructura que reúne en sí diversos modelos o
procedimientos de formación léxica, naturalmente, de distinto rendimiento y
función:

«Wenn auf dieser Grundlage noch festlegbar ist, dass Präfixe und
Suffixe nicht Wortfamilien, sondern Wortbildungsmuster
konstituieren sollen, deren kontrastive Betrachtung zu synchron
ergebnisbezogenen Aussagen führen kann, erscheint eine Aussage
über die Fähigkeit von Affixoiden zur Konstituierung von
Wortfamilien nicht ohne weiteres möglich (vgl. -Zeug in
Regenzeug, Arbeitszeug, Handwerkszeug, Spielzeug, Nähzeug,
Strickzeug, Feuerzeug, Flugzeug). Ähnliche Probleme stellen sich
bei Suffixen mit sehr speziellen Bedeutungen, etwa innerhalb der
Nomina loci im Spanischen bei den Suffixvarianten -edo, -eda,
die ausschließlich ‘Anpflanzung, Gesträuch, Plantage, Hain,
Wald’ bedeuten (Castañeda ‘Kastanienhain’, robledo
‘Eichenwald’).»206 (Haßler 2002, 706)

Independientemente de la exactitud parcial de esta afirmación, pues, como


veremos en varios apartados de este trabajo (↓ nota a pie 590), la forma
participial denota en una de sus variantes un colectivo, que, efectivamente, suele
referirse al reino vegetal, pero no exclusivamente (piénsese, por ejemplo, en
polvareda ‘mucho polvo en el aire’, humareda ‘mucho humo en el aire’, roqueda
‘conjunto de rocas’; cf. Morera 2005, 134, así como ocurre en alemán con el
antiguo prefijo participial ge-, por ejemplo, Gebirge ‘conjunto de montañas,
cordillera’ > Berg ‘montañas’ o Gestein ‘roqueda’ > Stein ‘roca’ o en latín, por
ejemplo, sena-tus ‘conjunto de senes o señores’), como veníamos diciendo,
independientemente de estas matizaciones, la ampliación de procedimientos
morfológicos, se da, mayoritariamente, por analogía, sin restringirse a familias
de palabras. De acuerdo con Haßler, es poco probable, en efecto, que el hablante
visualice el conjunto de miembros de una familia a la hora de ampliar o reducir
sus miembros y, en consecuencia, fomentar procedimientos morfológicos ya
dados. Por ello, como afirma Haßler, se debe deslindar en cierta medida la
noción de formación analógica de derivados o compuestos y la de ampliación y
restricción de familias léxicas. Los procedimientos de creación léxica, en tanto
que mecanismos suprasistémicos de creación de vocabulario, inciden en sectores
distintos de una misma familia de palabras, pero también en familias distintas.
Por otra parte, Haßler llama la atención sobre el problema de vinculación o
desvinculación semántica de dobletes en las lenguas románicas, cuyos registros
cultos en el vocabulario beben de la misma fuente que dio origen a su léxico
patrimonial y, por tanto, se deberá determinar el nivel de motivación en tales
casos (cf. Haßler 2002, 706). La autora distingue cuatro tipos de estructuras en el
seno de familias de palabras (cf. Haßler 2002, 707–708): la primera, que
denomina par morfológico (Wortbildungspaar), comprende relaciones binarias
de derivación inmediata, por ejemplo, canción – cancionero; el segundo tipo,
denominado cadenas morfológicas (Wortbildungsketten), se refiere a conjuntos
de derivados inmediatos, cuyos valores denotativos no varían a pesar de la
derivación morfológica y cuyas modificaciones semánticas se restringen a un
nivel suprasegmental o connotativo, por ejemplo, la serie española judicatura-
juzgadura-juzgaduría o rusa busy ‘collar de perlas’-busina ‘perlas del collar’-
businka ‘bonitas perlitas del collar’; el tercer tipo, denominado gama
morfológica (Wortbildungsfächer), designa un conjunto léxico que, partiendo de
un mismo punto semántico, se modifica en diversas direcciones, por ejemplo, a
partir de ‘ver’, en español, los derivados visible, visión y visual; por último, la
autora propone el tipo denominado morfología arbórea (Wortbildungsbäume),
que engloba los tres tipos anteriores de procedimientos de ampliación
morfológica y que generaría una familia de palabras sincrónica. La autora
advierte de que, para proceder a un análisis contrastivo de familias léxicas, se
precisa previamente un análisis y descripción de tales tipos de procedimientos
morfológicos individuales para determinar, posteriormente, las semejanzas y
diferencias que se dan, no solo en el nivel formativo, sino también en el de los
usos textuales diversos que estas unidades reciben en las respectivas lenguas
(Haßler 2002, 712).
Como vemos, es a partir de 2002 cuando la discusión acerca de este tipo de
estructuras léxicas logra resonancia internacional y se concibe como una de las
tareas próximas de la lexicología moderna.
En España, el proyecto de redacción de un diccionario de familias léxicas, así
como el esbozo de una teoría que lo sustente, comienza, por estos años, a dar sus
primeros frutos: Morera (2001; 2003a; 2003b; 2003c y 2007a) y García Padrón
(2004; 2005 y 2007) publican investigaciones –basadas en los conceptos teóricos
ya expuestos (↑ 1.2.4.1 y este mismo apartado)– sobre las raíces punt-, fer-, buf-,
pas-, baj-, part-, entre otras,207 que han confirmado la validez de las premisas
teóricas y han sido el punto de partida para varias tesis doctorales en curso (cf.
Robayna González 2010; Jorge Rodríguez 2010; Martín Padilla 2011; 2012;
Hernández Arocha/Hernández Socas 2011b, Hernández Arocha 2012 y González
Suárez, en preparación). Todos estos trabajos se caracterizan por concebir la
familia de palabras como estructura que supla las imprecisiones del campo
semántico y presente la estructura del vocabulario desde una perspectiva
sincrónica y –en casos particulares, como los tratados por el autor de estas
líneas–, también diacrónicamente.
En el ámbito de la investigación hispánica sobre la lengua latina, es de
destacar el Diccionario por raíces léxicas del Latín y de las voces derivadas
(2006).208 En él se presentan tanto las familias léxicas latinas como sus
desarrollos romances, todas ellas acompañadas de datos cuantitativos. Este
diccionario representa una reordenación del Nuevo diccionario etimológico
Latino-Español y de las voces derivadas, del mismo autor, y persigue un
objetivo esencialmente didáctico, si bien la utilidad de este trabajo para
investigaciones científicas, sobre todo, en el ámbito que nos ocupa, es
incuestionable.
A modo de resumen, podemos afirmar que las líneas de investigación más
recientes en el ámbito de las familias léxicas son, por un lado, el estudio de la
motivación sincrónica y sus implicaciones morfosemánticas (cuyos máximos
representantes son Augst, Gruaz y Morera) y, por otro lado, el estudio de la
arquitectura léxica del vocabulario en vistas a su datación, estructuración y
estratificación (cuyos máximos representantes son Hundsnurscher y, sobre todo,
Splett).
En 2008, Splett anunciaba ya la reciente publicación de un Diccionario de
familias de palabras del alemán moderno –previsto desde ocho años antes
(Splett 2000)–, que abarcaba 15 volúmenes y 8250 familias de palabras y que
suplía el prometido Diccionario del alto alemán medio (Splett 1987; 1993),
debido a la falta de material lexicográfico de este período, necesario para
acometer el estudio (Splett 2008, 532). En este artículo, Splett (2008, 531)
enfatiza la idea de que el estudio del vocabulario, sobre todo, si se tiene en
cuenta su historia, precisa prestar más atención a la pragmática y ceder a la
palabra, como elemento comunicativo básico, el lugar preferente en toda
investigación. Según el lexicógrafo (cf. Splett 2008, 531), esta descentralización
del morfema debe desembocar en la abolición del concepto de lengua como
sistema de signos, pues, «por varias razones, es el paradigma pragmático el que
mejor representa al lenguaje en analogía con el resto de las acciones
humanas».209 Una etapa sincrónica no ha de concebirse, por tanto, como un
sistema de unidades intervinculadas mediante oposiciones y reducidas a una
etapa lingüística que se alarga mientras tales oposiciones estén vigentes. Para
Splett, una etapa lingüística (Sprachstufe) constituye un segmento de la historia
de una lengua, cuya mejor representación no es un sistema lingüístico de
oposiciones semánticas sino las familias de palabras concretas (cf. Splett 2008,
532). A este respecto comenta Schmidt-Wiegand:
«Vergeblich hat man gehofft, wie Hundsnurscher (1997a) ausführt, von der
Wortfeldtheorie aus zu einer Strukturgeschichte des Wortschatzes und des
Bedeutungswandels zu kommen. Dies ist sehr viel eher vom Konzept der
Wortfamilien aus Splett (1983) zu erwarten. »210 (Schmidt-Wiegand 2002,
745)
El resultado de este proyecto de análisis de familias léxicas sincrónicas del
alemán no se ha hecho esperar. El monumental Deutsches
Wortfamilienwörterbuch (Diccionario alemán de familias de palabras),
subtitulado Analyse der Wortfamilienstrukturen der deutschen
Gegenwartssprache, zugleich Grundlegung einer zukünftigen Strukturgeschichte
des deutschen Wortschatzes (Análisis de las estructuras de familias léxicas del
alemán actual, como base para una futura historia del léxico alemán), se
publica en 2009 en 18 volúmenes, de los cuales el primero contiene una
introducción e informaciones de uso del diccionario y los tres últimos un índice
de afijos, así como un índice alfabético. Sobre las características macro-y
microestructurales del diccionario no profundizaremos, ya que este se rige de
acuerdo a los principios del Diccionario del alto alemán antiguo, ya expuestos.
Efectivamente, la aparición de un diccionario de estas características no solo
representa una importante contribución al estudio del léxico histórico y
sincrónico del alemán, sino también un avance considerable para la concepción
teórico-metodológica y lexicográfica de las estructuras que nos ocupan.211 Su
publicación refleja, por otro lado, el establecimiento de la disciplina y el enfoque
lexicológico, que, como decíamos, comenzó a materializarse en 2002, con la
publicación del manual internacional de lexicología, y contribuye,
consecuentemente, al citado ámbito en el marco de la investigación lexicológica:
«Spätestens seit dem Erscheinen der beiden genannten HSK-Bänden [sic]
hat sich die Wortfamilie ihren festen Platz als einer der zentralen Begriffe
innerhalb der historischen Wortforschung erobert. Dabei kann es aber nicht
darum gehen, sie als bloßes lexikographisches Darstellungsprinzip oder als
Mittel zur Morpheminventarisierung zur Geltung zu bringen. Dies wäre
eine unzulässige Verkürzung. Mit ihrer Hilfe ist es vielmehr möglich, die
»Architektur des Wortschatzes« – so die Kapitelüberschrift im ersten HSK-
Band –explizit darzulegen. Um dies zu erreichen, ist es erforderlich, von
einem tragfähigen sprachtheoretischen Fundament auszugehen.»212 (Splett
2008, 531)
Sin embargo, hemos de añadir que, aun en la actualidad, el problema de la
organización, delimitación y estructuración de las familias de palabras no ha
encontrado una respuesta satisfactoria en lo que respecta a su análisis semántico
y a la fijación de sus procesos de motivación, ni dispone de una teoría
homogénea que sustente su análisis, y concilie, así, las dos posturas
metodológicas que se enfrentan en Europa desde los años noventa.213 Una
prueba de esta escasa representatividad en la Lexicología europea, en general, y
española, en particular, es, por ejemplo, la breve referencia a este dominio en la
gramática Duden (2006, § 1028) o en la Nueva Gramática (ASALE) de la RAE
(2009, I, § 1.5j, 24). En la GDLE (1999) ni siquiera se contempla, sino que se
restringe a la dicotomía entre derivación y composición como procedimientos
clásicos de la formación de palabras.214 Quizá sea relevante el hecho de que,
como declara Hundsnurscher, la familia de palabras no se considera en sí misma
como un fenómeno susceptible de descripción en tanto que estructura léxica,
sino que se plantea únicamente como posibilidad lexicográfica, sin repercusión
lexicológica ni epistemológica. En este aspecto estamos de acuerdo con el autor,
cuando mantiene que

«[d]ie gesamte Diskussion leidet darunter, dass man die


Wortfamilie nicht als einen lexikalischen Zusammenhang sieht,
sondern sie nur nach ihren lexikographischen Möglichkeiten
befragt.»215 (Hundsnurscher 2002, 678)

No obstante, la repercusión de la familia de palabras en tanto que estructura


léxico-gramatical ha posibilitado numerosos estudios psicolingüísticos, poniendo
de relieve, por ejemplo, que la rapidez y exactitud en el reconocimiento de raíces
simples está proporcionalmente determinada en hablantes de inglés
norteamericano por la frecuencia de palabras derivadas y flexivas (Nagy,
Anderson, Schommer, Scott, Stallman 1989, 163). Estos resultados han sido
corroborados en los Países Bajos a propósito del reconocimiento léxico visual
(De Jong/Schreuder/Baayen 2000, 359) y, en esta misma línea, se han puesto de
relieve sus implicaciones semánticas para el español (Lázaro/Sainz 2012, 191).
Todas estas líneas de investigación desembocan en el concepto de familia de
palabras como elemento hegemónico en la adquisición morfológica y su
dispersión semántica (Bauer/Nation 1993, 253; García Padrón 2007; Gala/Rey/
Tichit 2009).216 Con el presente estudio esperamos contribuir, en alguna medida,
a reducir tal deficiencia en el ámbito filológico.

1.3.3 Hacia una concepción metodológica integral de la familia léxica

De acuerdo a Hundsnurscher (2002, 677), los objetivos o finalidades generales


del análisis de familias de palabras fueron desde su establecimiento teórico en el
siglo XIX, los siguientes:
(a) La descripción etimológica y, como medio para este fin, la
descripción de la estructura propia del vocabulario
(b) El facilitamiento del aprendizaje de la lengua
Por lo tanto, de aquí se deriva que las funciones propias de esta ordenación
léxica –mantenidas, en esencia, durante el siglo XX (↑ 1.3.1 y 1.3.2 )– son, por
un lado, lingüística, esto es, facilitar la adquisición léxica, y, por otro,
metalingüística, esto es, profundizar en el conocimiento histórico, teórico o
metodológico de la propia lengua.
Para estas funciones caben tres perspectivas posibles: una sincrónica, que
estudia una etapa determinada de la historia léxica de una lengua, una
diacrónica, que estudia la progresión léxica a través de las etapas y, por último,
una pancrónica,217 que contempla el léxico como una estructura, donde están
presentes elementos de diversas edades, con distinta tradición y duración,
pertenecientes a diferentes niveles de la arquitectura de una lengua, diastrática,
diatópica y diafásica, con diferentes grados de motivación y, por último,
ampliable y reducible de acuerdo a razones estrictamente lingüísticas. Las tres
descripciones son necesarias y no se contradicen en modo alguno, sino que, más
bien, se complementan.
Hagamos un breve repaso por las dificultades de estas perspectivas, que
desarrollaremos a lo largo de este estudio: el problema del análisis sincrónico
radica en la delimitación y organización de la estructura de acuerdo a procesos
de motivación y los criterios con los que se delimitan estos procesos (cf. Augst
1997; 2000). Su objetivo será satisfecho si se logra un consenso en el concepto
de motivación relativa (Porzig 1959; Splett 1987; Ickler 1999); el problema del
análisis diacrónico radica en la delimitación de las etapas históricas y la fijación
de una metodología o criterios que sean coherentes con la evolución
experimentada por la lengua analizada (cf. Splett 2000; Hundsnurscher 2002, §
7). Los primeros resultados en esta línea han visto ya la luz en Alemania (cf.
Splett 2009) y son desconocidos –de que tengamos constancia– en el resto de
países europeos y latinoamericanos; el problema del análisis pancrónico es,
fundamentalmente, su ambición: por un lado, es un problema teórico, pues debe
plantear una propuesta metodológica que concilie la discusión abierta por los
defensores de las posturas anteriores, y por otro, es práctico, ya pone a prueba la
factibilidad y rendimiento explicativo de la investigación en formación de
palabras o, como se ha denominado tradicionalmente, morfología,
especialmente, en los sectores léxicos donde existe motivación improductiva.218
Este estudio intentará dar respuesta, en la medida de lo posible, a la pregunta
de si este último tipo de análisis lingüístico es viable. No obstante, si se tiene en
cuenta la discusión llevada a cabo en Alemania, Francia y España sobre el
concepto de familia de palabras, se llegará a la conclusión, efectivamente, de que
esta es la única vía de confluencia teórico-metodológica. Y esto se desprende de
las palabras de Hundsnurscher, cuando, al describir el status quaestionis de la
subdisciplina lexicológica, añade:
«Dagegen hat jede Wortfamilie auf den verschiedenen Sprachstufen ihr
spezifisches Profil ausgebildet, so dass ein Vergleich von Wortfamilie zu
Wortfamilie über die Sprachstufen hinweg möglich wird. Der Wandel der
Wortfamilienprofile ist ein unmittelbares Indiz für den Aus-, Ab-und
Umbau des Wortschatzes. Der methodologische Status der Wortfamilie als
eine überschaubare Organisationsform des Wortschatzes wird erst im
Rahmen einer übergreifenden Fragestellung deutlich, die sich auf den
Strukturwandel des Wortschatzes in der Geschichte einer Sprache bezieht.
Kommunikative Bedürfnisse führen zu Gebrauchsveränderungen an
vorhandenen Wörtern, zu Übernahmen aus anderen Sprachen und zur
Bildung neuer Wörter unter Rückgriff auf vorhandene Wörter. Die
Auswirkungen der stets semantisch-pragmatisch motivierten Wortbildung
finden ihren Niederschlag in den Veränderungen der Wortfamilie und
können so in ihren Ursachen und Tendenzen, ausgehend vom Einzelwort
und bezogen auf seine Vernetzung in der Wortfamilie und im
Lesartenbestand, erfasst werden.»219 (Hundsnurscher 2002, § 8)
Para esta tarea nos valdremos de forma general de la distinción, generalmente
aceptada en la Lingüística general, de langue y parole de Saussure así como la I-
language y E-langague de Chomsky (1986, 19–24), y, de forma particular, del
desarrollo llevado a cabo por Coseriu e inspirado en la glosemática entre sistema
, norma y habla, siendo conscientes, efectivamente, de sus restricciones, pero
persuadidos de que el número de beneficios que conlleva aceptar la distinción es
considerablemente menor que el de los perjuicios que conlleva renunciar a ella
(Lipka 1971, 146; 2002). Teniendo en cuenta estos aspectos, que desarrollaremos
con mayor detalle en adelante, definimos el concepto de familia de palabras220
como sigue:
«Por familia de palabras o familia léxica se entiende una macroestructura
semántica potencial, en la que sus miembros existentes o actuales en una
sincronía representan exclusivamente, en tanto que constructos, un
subconjunto de los miembros potenciales, y en la que tales miembros
actuales están emparentados etimológicamente, forman paradigmas
morfosemánticos y presentan diversos grados de semejanza familiar con
respecto a los rasgos que caracterizan la significación primaria de la raíz
base, derivándose así focos de prototipicidad alternos.»

1.3.3.1 La familia de palabras en el habla


Mientras que en la teoría del campo léxico fue preciso determinar que toda
estructura léxica es analizable exclusivamente desde un nivel funcional, es decir,
en una capa lingüística homogénea –diatópica, diafásica y diastráticamente
determinada (cf. Coseriu 1986 [1977], 123)–, de forma que la organización,
jerarquía y conjunto de interdependencias de un campo son únicamente
homogéneas en el seno de dicha lengua funcional y, por lo tanto, básicamente
heterogéneas en el marco de una lengua histórica,221 es preciso destacar que el
concepto de estructura léxica con que trabajamos –la familia léxica– es
funcionalmente más potente, en tanto que no descansa en la organización léxica
en el nivel de la norma de una determinada lengua funcional, sino que, por un
lado, se funda en la estructura léxico-gramatical de la lengua histórica y, por otro
lado, desciende hasta el acto concreto de habla, donde, de forma más nítida, se
aprecian los procesos de realización léxica.222 Debemos añadir, además, que,
mientras los campos léxicos se caracterizan por hacer desvanecer o «neutralizar»
sus oposiciones clasemáticas en el habla, bajo el supuesto de que estos desvíos
representan casos en los que el sistema se «oscurece» por el uso,223 la familia
léxica se presenta como una estructura que, sin embargo, se muestra tanto más
nítida cuanto más se acerca al habla, donde los procedimientos de creación y
ampliación morfológicas presentan un mayor rendimiento (Haßler 2002).
La forma en la que se realiza una familia de palabras en el seno de una lengua
histórica –de acuerdo a sus distintas variedades o lenguas funcionales–y cómo y
en base a qué criterios se organiza son problemas que, en primera instancia, no
atañen a la estructuración de la familia, sino al conjunto de restricciones,
desarrollos y potencialidades que derivan de la realización en una lengua
funcional dada, como veremos en los siguientes apartados.
Teniendo en cuenta este aspecto, debemos apuntar que la realización de una
familia de palabras de una lengua histórica en el seno de una determinada lengua
funcional no es comprobable exclusivamente –de una forma exhaustiva–
mediante una lingüística de corpus, en tanto que los miembros ya realizados y
mantenidos, esto es, los miembros que se fijan socialmente y, así, se normalizan
, quedando asentados en textos orales y escritos, solo representan una parte
(considerable, pero parte, al fin y al cabo) de las realizaciones posibles de una
familia (cf. Mounin 1974, 125; Augst 1984, 6; Bauer 2000, 834). En última
instancia, las realizaciones de una familia no se subordinan exclusivamente a la
norma, sino al habla, a la necesidad concreta del hablante en el acto lingüístico.
En este aspecto se ratifica la conocida máxima de Saussure que reza que «no
existe nada en la lengua, que no haya existido ya antes en el habla». Sin duda,
cualquier hablante tiene la posibilidad de ampliar o restringir los límites reales
de una familia léxica: cualquier hablante tiene la capacidad de crear en un
determinado momento una unidad léxico-gramatical224 y adjudicarle un sentido
aleatorio, con la restricción única de que este no contradiga –salvo en
determinadas circunstancias, de que hablaremos más adelante– su propia
estructura léxico-gramatical. En el instante de la creación léxica, la nueva unidad
puede ser fijada en un corpus o permanecer irrealizada en el sistema hasta que
otro hablante active tal posibilidad morfosemántica y –lo que es más
importante– le atribuya el mismo sentido y contexto.225 En caso contrario, tal
unidad permanecerá olvidada en el acervo cultural de una variedad lingüística,
permaneciendo vigente solo en tanto que potencia léxico-gramatical, a saber, en
tanto que indexación y posición léxicas determinadas, en la terminología de
Splett (2009). La aceptación e incorporación léxica en una norma depende de los
criterios de comprensión y aceptabilidad de los hablantes de tal variedad. Como
apuntan Fleischer/Barz (2012, 81):
«Neuere Informantenbefragungen haben ergeben, dass die dominierenden
Kriterien bei der Bewertung okkasioneller Wortbildungen Verständlichkeit
und Angemessenheit sind. Wortneubildungen mit diesen Eigenschaften
werden ‹im alltagssprachlichen Verhalten› am wahrscheinlichsten akzeptiert
(Stein 2007, 483). Das Verständnis befördern nach diesen Studien sowohl
Informationen aus dem Text als auch in starkem Maße die paradigmatische
Vernetzung einer Wortneubildung etwa durch
Wortfamilienbeziehungen.»226 (Fleischer/Barz 2012, 81)
El problema en este punto surge al determinar las condiciones que posibilitan
que una unidad nueva sea comprensible y paradigmatizable y, del mismo modo,
establecer qué factores oscurecen las relaciones y desvinculan las unidades,
como veremos a continuación.

1.3.3.2 La familia de palabras en el sistema


La comprensión por parte del hablante ingenuo ha de entenderse, en este caso,
como una suerte de remotivación léxico-gramatical y, como consecuencia, como
vinculación sígnica que deriva de tal remotivación. Estas, la comprensión y la
vinculación sígnicas, facilitan, en efecto, la formación de paradigmas, que, sin
duda, pueden ampliarse o disminuirse de acuerdo a muchos factores, de entre los
cuales no podemos excluir la imaginación (cf. Porzig 1959). Esta discordancia
surge como consecuencia de aplicar un esquema estrictamente binario al
heterogéneo ámbito del vocabulario –que escinde las unidades de acuerdo a una
sincronía o diacronía, como si ambas no fueran, como quería el maestro, dos
cortes perpendiculares en un mismo tronco, dos puntos de vista de un mismo
fenómeno–. Como quiera que los grados de evolución semántica de las palabras
no son homogéneos (Cifuentes Honrubia 1990, 100), se caerá necesariamente en
un círculo vicioso en el que difícilmente se podrá llegar a un consenso. Veamos
un ejemplo:

«Zu einer Wortfamilie gehören, wie an Zug zu sehen ist, auch


Lexeme, die in der Gegenwartssprache formal und semantisch
nicht mehr ohne Weiteres an das Kernlexem anzuschließen und
auch untereinander nur noch bei diachroner Betrachtung als
verwandt erkennbar sind, vgl. zu ziehen z.B. auch Zeuge, züchten,
Zaum. Bei der synchronen Beschreibung der
Wortbildungsaktivität und der ‹morphologisch-motivationellen
Vernetzung› des Wortschatzes (Reichmann 2001, 149) spielen
diese verdunkelten Verwandtschaftsbeziehungen keine Rolle.
Hierbei werden nur solche Familienglieder berücksichtigt, deren
lexikalische Bedeutung synchron näherungsweise aus der
Motivationsbedeutung erschließbar ist, die ein
‹Motivationssystem› bilden.»227 (Fleischer/Barz 2012, 99)

Así, el derivado de ziehen (‘tirar, arrastrar’), Zug (‘tren, lo tirado, arrastrado’),


que se ha fijado designativamente, se deberá desvincular sincrónicamente –y, si
se es consecuente con este principio, de forma absoluta– no solo de Zeuge
(‘testigo, el llevado ante el tribunal’) sino también de Zug1 (‘sorbo’), Zug2
(‘tirón’), Zug3 (‘remolque’), Zug4 (‘corriente de aire’), Zug5 (‘séquito’), Zug6
(‘trazo’), Zug7 (‘tracción’), etc.
Como intentaremos demostrar en 2.1, esta supuesta estructura o sistema de
motivación sincrónica no puede ser fijada o delimitada con claridad, ya que la
motivación no es un fenómeno social, esto es, no representa la cantidad fija de
conocimiento lingüístico de que dispone una sociedad, sino que depende,
exclusivamente, del conocimiento o competencia individual.
Una familia léxica organizada de acuerdo a la motivación que percibe un
hablante ingenuo en un paradigma será proporcionalmente mayor o menor
dependiendo de la sensibilidad lingüística, erudición, educación o nivel socio-
cultural de tal hablante, entre otros factores. El problema radica aquí en cuán
ingenuo debe ser el hablante y cuántos estratos estamos dispuestos a super-poner
en la sociedad. Por otra parte, la capacidad de introspección en la lengua propia
no está vinculada, directamente, con la adquisición de títulos académicos o
delimitaciones sociales de esta índole, de forma que la elección de hablantes
ingenuos puede llegar a ser errónea o injustificada. Ocurre con frecuencia,
además, que el grado de identificación entre el hablante ingenuo y el propio
lingüista difiere proporcionalmente de acuerdo al grado de aceptación de la
hipótesis de (des)vinculación semántica por parte del foro investigador,
naturalmente especializado (cf. Augst 1997 y, en respuesta, Ickler 1999 y
Schmidt 2011). Por tales razones, nosotros renunciaremos aquí a este concepto e
intentaremos escindir las (sub)familias de acuerdo a criterios formales de
restricción paradigmática y sintagmática (↓ 2.3), estableciendo asimismo grados
de motivación y prototipicidad. Nuestra renuncia al hablante ingenuo como
procedimiento de (des)vinculación sincrónica y, en definitiva, como criterio de
paradigmatización del léxico no implica que desatendamos las investigaciones
realizadas en este ámbito ni desechemos sus resultados. Muy por el contrario,
tales encuestas permiten predecir, efectivamente, cuáles podrán ser los derroteros
de determinadas unidades lingüísticas y estipular la posible estructuración léxica
en estadios sincrónicos futuros de una lengua histórica.228 Con todo, pensamos
que una restricción metodológica total a esta prueba corre el riesgo –en nuestro
ámbito de estudio– de confundir el indicio con la causa de demotivación léxica,
de modo que la subordinamos, como hemos apuntado anteriormente, al modelo
de indexación semántica y al concepto de semejanza familiar.229
De acuerdo a estos principios, la familia de palabras no será concebida en este
trabajo como un sistema funcional en el sentido estructural –conjunto delimitado
de elementos con valor estable–, sino como un sistema histórico, a saber, una
estructura en continuo movimiento (cf. Augst 1975b: «una camino hacia el
sistema que no acaba»). En consecuencia, pensamos que, cuando un hablante
vuelve su mirada hacia la lengua, de modo que no la concibe como mero
instrumento u órgano de comunicación, este no actúa ya como un hablante
ingenuo, sino como un lingüista. Su opinión –independientemente de que sea
cierta o no– puede considerarse ya, en efecto, metalengua, no lengua (cf. Porzig
1959).230 Por tanto, la diferencia existente entre la metalengua de un hablante
ingenuo y la de un lingüista radica, en principio, en la verosimilitud, pues «la
lengua no está completa en ninguno [de los individuos], no existe más que en la
masa» (Saussure 1945 [1916], 41).
Por ello, todo parece indicar que el concepto de familia de palabras es menos
abarcable desde una perspectiva estrictamente sincrónica o estática que por una
pancrónica, por cuanto representa el componente léxico-gramatical de las
lenguas naturales como un residuo organizado de la historia. La deficiencia de
una concepción estrictamente binaria de la organización léxico-gramatical de las
lenguas ha sido puesta de relieve recientemente por Splett, cuando afirma:

«Die Begriffe synchron und diachron sind von Ferdinand de


Saussure im Zusammenhang der Beschreibung der Langue
eingeführt worden und fußen auf dem von ihm zugrunde gelegten
zweiseitigen Zeichenmodell. Zur Charakterisierung und
Abgrenzung einer historischen Sprachschicht, die unter anderem
durch diatopische, diastratische und diaphasische Unterschiede
gekennzeichnet ist, eignet sich die angeführte Dichotomie gerade
nicht.»231 (Splett 2009, xiv)

En consecuencia, el denominado «sistema de motivación», tan solicitado en la


Lexicología actual y defendido en los últimos años,232 representa únicamente un
reducido subconjunto de la familia sincrónica y, en el caso del español, un
reducido porcentaje de la familia pancrónica en la que aun es posible detectar
relaciones de motivación en diversos grados.233
De esta forma, nuestro estudio incluirá en la familia de palabras todos los
elementos que mantengan algún vínculo morfosemántico con respecto a la raíz y,
a partir de ellos, expondremos su estructura, jerarquía y, efectivamente, las
causas morfofonológicas y fonéticas que vinculan u oscurecen sus relaciones
semánticas, pues, como mantiene Splett:
«Die bloße Auflistung der durch Motivationsbeziehungen verbundenen
Wörter ergibt noch keine strukturierte Wortfamilie; denn Struktur im
strikten Sinne setzt voraus, dass jedes Element entsprechend der zugrunde
gelegten Parameter seinen genau angebbaren Ort hat. Dies hat auch für alle
möglichen, also auch nicht bzw. noch nicht bezeugten Bildungen zu gelten.
Die hier zu berücksichtigenden Parameter ergeben sich aus der
morphologischen Struktur der Wörter, vor allem der komplexen Wörter.
Oder anders ausgedrückt, es geht um die interne Struktur der Wortfamilie,
bei der die Bedeutungsindizierung die zentrale Rolle spielt, da sie auf dem
Hintergrund der Wortbedeutung das Verhältnis der Wortkomponenten
zueinander thematisiert und so die Brücke schlägt zu den Wörtern, auf die
hin das komplexe Wort durchsichtig ist.»234 (Splett 2009, XVI)

1.3.3.3 La familia de palabras en la norma


Así como la lengua no se contiene, de forma absoluta, en un único hablante, así
tampoco la estructura léxica –entendida aquí como familia de palabras– se
realiza, en su totalidad, en un idiolecto o en una lengua funcional. La familia
léxica, considerada en sí misma, representa un conjunto de posibilidades
sistémicas, cuyas realizaciones normativas abarcan, exclusivamente, unidades ya
dadas y desarrolladas en el seno de una lengua histórica (cf. Bauer 2000, 838;
Thiele 1996, 20–21). De acuerdo a esto, habrá que concebir la realización
normativa de una familia de palabras como el conjunto parcial de realizaciones
históricas de una estructura léxica, basada en vínculos de motivación, realizado
en un nivel homogéneo sintópico de una lengua histórica. Dicho en otras
palabras, una familia léxica representa, en el nivel normativo, o bien un
subconjunto de restricciones históricas de un sistema léxico-gramatical
intermotivado o bien una abstracción media del habla en vistas a la
intermotivación léxica y morfológica.
No por último, considérese que ambas definiciones han de estar circunscritas
siempre a una variante diatópica con un nivel aceptable de homogeneización. En
palabras de Morera:
«Esto quiere decir que, como todo ser vivo, la familia de palabras tiene una
dimensión de pasado, que son sus formas o acepciones desaparecidas ya,
una dimensión de presente, que son sus formas y acepciones actuales, y una
dimensión de futuro, que son sus formas y acepciones potenciales.»
(Morera 2007c, 205)
En consecuencia, la organización semántica de una familia léxica, concebida
desde el punto de vista de la norma, se corresponde con lo que Wotjak (2006, 49)
denomina «pragmática codificada», a saber, la fijación y limitación contextual y
referencial de las posibilidades comunicativas de las unidades léxicas. En la
terminología de Splett, esta representaría el conjunto de «posiciones e
indexaciones semánticas» dadas en el seno de una estructura gramatical y, en la
terminología de Augst, el conjunto de «valores directrices» subordinables a una
palabra nuclear, siendo preciso delimitar todas estas definiciones, como decimos,
en un marco sintópico homogéneo.
Ahora bien, así como podemos imaginarnos que los contenidos pragmáticos
codificados, configurando las unidades archisemémicas del vocabulario
lingüístico (Wotjak 2006), podemos imaginarnos el concepto de familia de
palabras histórica o normativa, efectivamente, como una suerte de «morfología
codificada», a saber, como procedimientos morfológicos socializados,
usualizados y generalizados, que retratan las posibilidades de creación léxica
datadas en una lengua dada. Esto explica que los procedimientos morfológicos
no sean fijos, sino susceptibles de modificación histórica. Mediante un proceso
de socialización, usualización y generalización se desarrollan nuevos modelos
semánticos y léxico-gramaticales que encuentran su germen en el habla y que
pueden llegar a asentarse como procedimientos generales del sistema.
De aquí se desprende, por ejemplo, que se regularicen ocasionalismos, como
el alemán unkaputtbar235 ‘*irrotible (irrompible)’ o mannbar ‘*hombrible
(púber) ’, en los que se percibe un cambio en el procedimiento de creación
léxica, en tanto que se toma como base de adjetivación negativa en -bar ‘-ble’ un
mismo adjetivo, cuando lo «normativo» o establecido históricamente en el alto
alemán moderno es, como en latín y español, la formación de este tipo de
derivados a partir de una base verbal (por ejemplo, un-zerbrech-lich >
zerbrechen ‘romper’). Como vemos, un procedimiento ha de ser circunscrito a
un hecho de norma desde el momento en el que represente una socialización y
generalización de los fenómenos del habla, y se establece en el sistema desde
que el modelo se vuelva recurrente o productivo. Por todo ello, pensamos que el
análisis normativo de las familias léxicas debe ocuparse de la variación
arquitectónica de la lengua y prever patrones que expliquen su indexación y
pérdida, tanto en variedades sintópica como en el conjunto de la lengua
histórica.236
2 El sistema léxico y familias de palabras

2.1 Estructura sincrónica y métodos de delimitación

Uno de los problemas fundamentales en el análisis léxico-semántico estriba en la


delimitación de unidades semiproductivas. El problema presenta una larga
historia y no menor desarrollo. Haremos algunas calas breves en la historia de la
problemática. Hjelmslev (2008 [1958], 98–99) había puesto de relieve –como ya
habíamos visto (↑ 1.2.1)– la necesidad de restringir a conjuntos cerrados los
paradigmas lingüísticos mediante la prueba de la conmutación.237 Esta prueba
consiste, en última instancia, en relacionar una unidad significante delimitada
sintagmáticamente con un contenido lingüístico, igualmente delimitado, de
forma que se sobreentienden las siguientes premisas: a) que todo segmento
fonológico con carga semántica es susceptible de discriminación no ambigua en
el plano significante, b) que el contenido lingüístico mostrado por tal segmento
significante es arbitrario con respecto a este, y c) que los contenidos descubiertos
mediante esta prueba se articulan en una estructura dada previamente –en
número y naturaleza– y enteramente arbitraria. La finalidad de esta prueba es
descriptiva, en tanto que del imita el número de miembros de los paradigmas,
para que, posteriormente, según el principio empírico o de exhaustividad, sean
descritas sus relaciones intraparadigmáticas. De las premisas a y b se deduce que
todo contenido dispondrá de segmento fonológico, pero no de forma inversa; de
la premisa c se deriva que la prueba de la conmutación descubre y describe lo ya
dado, manifestado y distinto en un período sincrónico o, en otras palabras,
delimita lo reconocible y desecha o subordina lo irreconocible. De la tríada se
deduce, en fin, que lo delimitable ha de ser en esencia reconocible y lo no
reconocible ha de ser subordinado a lo delimitable, de forma que se genera un
paralelismo exacto entre el plano semántico y fonológico, a saber, un estado
isomórfico, pilar de todo sistema sincrónico. En palabras de Martinet (1957,
105):

«[…] le principe de l’isomorphisme occupe une place de choix.


Ce principe implique le parallélisme complet des deux plans du
contenu et de l’expression, une organisation fonciérement
identique des deux faces de la langue celles qu’en termes de
substances on désignerait comme les sons et le sens.»238
(Martinet 1957, 105)

Wotjak (1979 [1971], 124–125), al abordar el problema de la relación mutua


entre las unidades de contenido y las unidades formativas o significantes,239 se
expresa en los siguientes términos:

«La pregunta por la existencia de una relación isomórfica resulta


ser el talón de Aquiles de la investigación microlingüística del
significado, ya que si se llegara a demostrar que no podrían
llamarse isomórficos los fenómenos divergentes, designados por
los respectivos investigadores mediante el término de
‹isomorfismo›, necesariamente se habría condenado a muerte la
posibilidad de una investigación microlingüística del significado.
Si por el contrario la relación isomórfica resultara cierta
solamente para una parte determinada de los fenómenos, se habría
probado con ello que el análisis microlingüístico del significado
por sí solo no es suficiente para el descubrimiento y descripción
de las estructuras semánticas. Bajo isomorfismo en el sentido
estricto, definido diferentemente por diversos investigadores, se
debe entender sobre todo la estructura igual –es decir, isomorfa–
del plano del contenido y de la expresión postulada por los
glosemáticos siguiendo a L. Hjelmslev.» (Wotjak 1979 [1971],
124–125)

Junto a las repercusiones teóricas en el plano paradigmático puestas de relieve


por Wotjak, hemos de señalar que esta prueba se funda en el supuesto de que las
unidades léxicas están predelimitadas sincrónicamente, como hemos dicho, en el
nivel sintagmático, esto es, en la creencia de que las unidades de contenido
presentan límites precisos en la cadena fónica, como explicábamos
anteriormente. Así, como había supuesto Trujillo (1972, 5; ↑ 1.2.4.1), todo signo
lingüístico estará delimitado en su plano semántico por su forma de contenido, al
tiempo que en el plano fónico por forma de la expresión, de modo que ambos
planos serán circunscritos a las restantes formas de contenido y expresión, ya sea
sucesivas como alternantes.
La desatención de este supuesto durante las décadas siguientes al
establecimiento del postulado hjelmsleviano se explica debido a que, durante
esta etapa, la atención del mundo investigador se desvió hacia el asunto –
incipiente a partir de la década de los cincuenta– de la naturaleza del plano del
contenido y de la búsqueda de pruebas que corroboraran la existencia de tal
relación isomórfica. El problema de los límites sintagmáticos fue socavado en
Europa durante los veinte años siguientes a la celebración del VIII Congreso
Internacional de Lingüistas debido a que, durante esta etapa, la necesidad
primaria de la Semántica era explicar la organización y estructura del plano del
contenido –y, ante todo, demostrar que esta tarea era posible–, de forma que el
problema de la delimitación de los «límites externos» del significado idiomático
pasó desapercibido en la medida en que la relación de isomorfismo entre ambos
planos se daba, como decimos, por supuesta240 y aseguraba la noción de sistema.
Otra de las razones de este descuido metodológico fue el hecho de que,
durante esa etapa, el problema del significado versaba esencialmente sobre el
léxico, cuyos designata delimitan con claridad los límites sintagmáticos241 y
establecen los márgenes entre las estructuras primarias y secundarias coserianas.
242 De esta forma, es el designatum o referente el responsable de que el verbo

accionar se segmente en acción y -ar o posibilite una segmentación ulterior. Tal


segmentación desvela que la base acción posee un referente extralingüístico que
permite conmutar la combinación sustantiva con otros miembros del mismo
paradigma designativo, como ejecución o presión. Sin embargo, si de una
segmentación ulterior resultara una unidad con capacidad designativa –por
ejemplo, la segmentación de acción en acto e -ion243–, entonces la unidad
accionar , considerada antes como elemento de una estructura primaria
coseriana y, por tanto, generadora de un campo léxico, pasaría, entonces, a
considerarse como perteneciente a una estructura secundaria y, dependiente, en
consecuencia, de una estructura paradigmática de otra naturaleza (a saber, la del
campo léxico sustantivo acto, hecho, realización, etc.). Así, Gefahr ‘peligro’, en
alemán, conmutará con Risiko ‘riesgo’, Drohung ‘amenaza’, entre otras,
conformando un campo léxico, una estructura primaria, de la cual deriva la
estructura secundaria gefährlich ‘peligroso’, ungefährlich ‘no preligroso’,
Gefährlichkeit ‘peligrosidad’, gefährden ‘peligrar’, etc. Sin embargo, la
propuesta coseriana omite la razón por la que Gefahr o nación no son miembros
de la estructura secundaria de fahren ‘conducir’ y nacer, respectivamente (cf.
Penas 1999, 4312; Bondzio 1969, 539; ↓ 2.4.1 ).
Como vemos, la segmentación léxica depende totalmente de la posibilidad de
atribuir un archisemema o área denotativa homogénea a la unidad segmentada.
De aquí podemos deducir que esta distinción no sea enteramente exportable al
ámbito de la morfología. Como sabemos, los morfemas –o gramemas, en la
terminología de Pottier– no siempre designan.244 La necesidad de desarrollar
métodos de análisis semántico del nivel gramatical fue reclamada en España con
posterioridad (cf. Trujillo 1981),245 pero había sido aplicada, con cierto nivel de
consciencia, en el seno del estructuralismo americano ya desde los años
cincuenta hasta la propuesta chomskiana.
La tarea de delimitar el número y los límites sintagmáticos de las unidades
morfológicas –en su terminología, léxicas y gramaticales– es el objetivo
principal de la obra de Nida, Morphology. The Descriptive Analysis of Words,
cuya primera edición es de 1946 y la segunda, corregida y ampliada, de 1970.246
Nida introduce en este estudio seis principios de identificación de morfemas
sincrónicos. Tales principios son los siguientes:
(1) «Forms which have a common semantic distinctiveness and an
identical phonemic form in all their occurrences constitute a single
morpheme. »247 (Nida 1970 [1946], 7)
(2) «Forms which have a common semantic distinctiveness but which
differ in phonemic form (i.e. the phonemes or order of the phonemes)
may constitute a morpheme provided the distribution of formal
differences is phonologically definable.»248 (Nida 1970 [1946], 14)
(3) «Forms which have a common semantic distinctiveness but which
differ in phonemic form in such a way that their distribution cannot
be phonologically defined constitute a single morpheme if the forms
are in complementary distribution in accordance with the following
restrictions:
(a) Ocurrence in the same structural series has precedence
over occurrence in different structural series in the
determination of morphemic status.
(b) Complementary distribution in different structural series
constitutes a basis for combining posible allomorphs into
one morpheme only if there also occurs in these different
structural series a morpheme which belongs to the same
distibution class as the allomorphic series in question and
which itself has only one allomorph or phonologically
defined allomorphs.
(c) Immediate tactical environments have precedence over
nonimmediate tactical environments in determining
morphemic satus.
(d) Contrast in identical distributional environments may be
treated as submorphemic if the difference in meaning of
the allomorphs reflects the distribution of these forms.»249
(Nida 1970 [1946], 41–42)
(4) «An overt formal difference in a structural series constitutes a
morpheme if in any member of such a series, the overt formal
difference and a zero structural difference are the only significant
features for distingishing a minimal unit of phonemic-semantic
distinctiveness.»250 (Nida 1970 [1946], 54)
(5) «Homophonous forms are identificable as the same or different
morphemes on the basis of the following conditions:
(a) Homophonous forms with distinctly different meanings
constitute different morphemes.
(b) Homophonous forms with related meanings constitute a
single morpheme if the meaning clases are paralleled by
distributional differences, but they constitute multiple
morphemes if the meaning clases are not paralleled by
distributional differences.»251 (Nida 1970 [1946], 56)
(1) «Α morpheme is isolatable if it occurs under the following conditions:
(a) In isolation.
(b) In multiple combinations in at least one of which the unit with
which it is combined occurs in isolation or in the order combinations.
(c) In a single combination provided the element with which it is
combined occurs in isolation or in other combinations with
nonunique constituents.»252 (Nida 1970 [1946], 58–59)
De especial interés son también los principios de determinación de
constituyentes inmediatos, una vez que las unidades se han identificado. Los
principios de determinación son los siguientes:
(1) «Divisions should conform to meaningful relationship.
(2) Divisions are made on the basis of substitutability of larger units by
smaller units belonging to the same or a different external distribution
class.
(3) Divisions should be so few as possible.
(4) Divisions should be supported by the total structure of the language.
(5) Other things being equal, a division into continuous immediate
constituents has precedence over a division into discontinuous
immediate constituents.»253 (Nida 1970 [1946], 91–92)
Esos principios introducen algunas vías para la identificación y delimitación de
las unidades y llevan al autor, por último, a postular tres máximas generales que
caracterizan la naturaleza de las unidades del lenguaje o morfemas. La primera
es que no existen unidades sinonímicas, la segunda postula que el significado es
definible mediante el contexto y, la tercera, que el sistema de simbolización
representado en la estructura morfémica de cada lengua es arbitraria y, en
consecuencia, representa una clasificación diferente de los fenómenos (cf. Nida
1970, 151–157).
Como hemos tenido la oportunidad de ver, las unidades básicas del lenguaje
dotadas de significación, los morfemas de Nida, pueden caracterizarse por
principios análogos a los de la fonología, expuestos por Trubetzkoy (1939, 42–
46) siete años antes de la aparición de la primera edición de la obra del lingüista
estadounidense. Recordemos cuáles eran aquellos:
(1) «Wenn zwei Laute derselben Sprache genau in derselben lautlichen
Umgebung vorkommen und miteinander vertauscht werden dürfen,
ohne dabei einen Unterschied in der intellektuellen Wortbedeutung
hervorzurufen, so sind diese zwei Laute nur fakultative phonetische
Varianten eines einzigen Phonems.»254
(2) «Wenn zwei Laute genau in derselben Lautstellung vorkommen und
nicht miteinander vertauscht werden können, ohne daß sich dabei die
Bedeutung der Wörter verändern oder das Wort unkenntlich werden
würde, so sind diese zwei Laute phonetische Realisationen zweier
verschiedener Phoneme.»255
(3) «Wenn zwei akustisch bezw. artikulatorisch miteinander verwandte
Laute einer Sprache niemals in derselben Lautumgebung
vorkommen, so werden sie als kombinatorische Varianten desselben
Phonems gewertet. »256
(4) «Zwei Laute, die sonst den Bedingungen der Regel III entsprechen,
dürfen trotzdem nicht als Varianten desselben Phonems gewertet
werden, wenn sie in der betreffenden Sprache nebeneinander, d. i. als
Glieder einer Lautverbindung stehen können, und zwar in solchen
Stellungen, in denen auch einer von den beiden Lauten isoliert
vorkommt. »257 (Trubetzkoy 1939, 42–46)
De estas cuatro reglas básicas de delimitación del carácter invariante o variante
de las unidades fónicas de las lenguas se derivan, de acuerdo a Trubetzkoy
(1939, 50–59), de nuevo, seis reglas de caracterización monofonemática y una
polifonemática. Tales reglas son las siguientes:
(1) «Als Realisation eines Einzelphonems kann nur eine solche
Lautverbindung gewertet werden, deren Bestandteile sich in der
betreffenden Sprache nicht auf zwei Silben verteilen.»258
(2) «Als Realisation eines Einzelphonems kann eine Lautverbindung
nur dann gewertet werden, wenn sie durch eine einheitliche
Artikulationsbewegung oder im Wege des allmählichen Abbaues
eines Artikulationsgebildes erzeugt wird.»259
(3) «Als Realisation eines Einzelphonems kann eine Lautverbindung
nur dann gewertet werden, wenn ihre Dauer nicht die Dauer der in
der betreffenden Sprache vorkommenden Realisationen anderer
Phoneme überschreitet.»260
(4) «Eine potentiell monophonematische (d. i. den Forderungen der
Regeln I-III entsprechende) Lautverbindung muß als Realisation
eines einzigen Phonems gewertet werden, wenn sie als Einzelphonem
behandelt wird, d. h. wenn sie in solchen Lautstellungen vorkommt,
wo in der betreffenden Sprache Phonemverbindungen nicht
zugelassen werden.»261
(5) «Eine den Forderungen der Regel I-III entsprechende
Lautverbindung wird als Realisierung eines Einzelphonems gewertet,
wenn dadurch ein Parallelismus im Phoneminventar hergestellt
wird.»262
(6) «Wenn ein Bestandteil einer potentiell monophonematischen
Lautverbindung nicht als kombinatorische Variante irgendeines
Phonems derselben Sprache gedeutet werden kann, so muß die ganze
Lautverbindung als Realisation eines Eigenphonems gewertet
werden.»263 (Trubetzkoy 1939, 50–54)
Una unidad será considerada polifonemática si satisface la siguiente restricción:

(7) «Wenn zwischen einem Einzellaut und einer den


obenerwähnten phonetischen Voraussetzungen entsprechenden
Lautverbindung ein fakultatives oder kombinatorisches
Variantenverhältnis besteht, wobei die Lautverbindung als
Realisation einer Phonemverbindung gewertet werden muß, so
hat auch der Einzellaut als Realisation derselben
Phonemverbindung zu gelten.»264 (Trubetzkoy 1939, 55)
Como vemos, el principio e interés teóricos que fundamentan ambos análisis son
los mismos, a saber, distinguir variantes de invariantes (Iturrioz Leza/Skopeteas
2000), lo cual aportaría cierta homogeneidad al analizar ambos planos –el
fonológico y el semántico– del lenguaje.
Consideremos, ahora, la posibilidad de segmentar unidades morfológicas
hispánicas que presenten alguna complicación. Supongamos las terminaciones
españolas -ncia y -nza, discriminables en valencia, presidencia, ganancia,
esperanza, mudanza o alabanza. De acuerdo a las reglas de Nida, las
terminaciones -ncia, que presenta las variantes diatópicas ,y -nza,
que presenta las variantes diatópicas , constituyen dos variantes
facultativas de un único morfema invariante, o ‘-Nθ(i)a,265 de acuerdo a
la región, debido a las siguientes razones:
(1) Ambas combinaciones fonéticas presentan un rasgo semántico
distintivo común (‘transcategorización en sustantivo abstracto’).
(2) Ambas combinaciones fonéticas no se pueden explicar
sincrónicamente por fonética sintáctica, pero se encuentran en
distribución complementaria ( no aparece en los contextos de
y vice-versa).
(3) Ambas combinaciones aparecen en una misma serie estructural
(prosiguen a una base verbal o, circunstancialmente, adjetiva).
(4) Ambas combinaciones se encuentran en entorno inmediato (son
morfemas ligados).
(5) Ambas combinaciones aparecen tanto por separado (esperanza,
ambulancia) como en otras combinaciones (esperanzador, valencial).
Todo apunta, en efecto, a que estamos ante un sufijo con dos
realizaciones complementarias, a saber, y . Sin embargo, si
comparamos –como quiere Nida– este sufijo con el conjunto de todas las
terminaciones posibles hispánicas, acertaremos a ver una relación entre ganancia
y gracia, lo cual nos despertará la duda de si estamos ante una tercera
realización de la misma invariante –y, en consecuencia, debemos reducir la
longitud fonológica del sufijo y atribuir a un carácter distribucional–o si
se trata de dos invariantes distintas sucesivas. Para ello, se procederá a
comprobar la identidad morfológica de (cf. Pena 1999, 4346). La
atribución a este segmento de un valor semántico distintivo se podría basar en el
hecho de que, así como la presidencia es el ‘cargo o cualidad abstracta del que
preside’, de forma que este último rasgo semántico es lexicalizable en la
secuencia presidente, podríamos considerar la valencia, ganancia, esperanza,
etc. como la ‘cualidad abstracta del (lo) que vale, gana, espera, etc.’ y, por lo
tanto, habría que atribuir al segmento un valor de participio de presente activo,
que en algunas ocasiones presenta realización independiente, como en
presidente, val(i)ente, etc., y en otras no, por un problema de norma, como en
*ganante, *mudante, *alabante, etc.266 De esta forma, una vez atribuido el valor
semántico al segmento fonético, no estaremos ya ante una variante combinatoria
del sufijo sino que estaríamos ante una variante facultativa del
sufijo ’-Nt(e)-, que aparece en distribución sucesiva al sufijo ’-(i)a, debido al
proceso derivativo. Esta misma variante facultativa explicaría los casos en los
que las dentales, procedentes de morfemas con valores distintos, se palatalizaron
(africándose), posteriormente se fricatizaron y (regionalmente) se adelantaron,
por ejemplo, en gracia (> grato).
Ahora bien, el hecho de que, en la gran mayoría de los casos, se pueda atribuir
–o, más bien, reconstruir– el efecto semántico participial del supuesto morfema
derivativo ’-Nt(e)-, no invalida la hipótesis de que, en otro gran número de casos,
ambos sufijos aparecen juntos e intervienen de forma intervinculada en el
proceso derivativo y realizativo, observable en los textos. Así, por ejemplo, es
normal que en los procesos textuales interdeícticos, los hablantes deriven
espontáneamente la unidad a partir de un verbo (a) o, más esporádicamente, un
adjetivo (b), lo cual pone de manifiesto la productividad del esquema verbo α →
base (verbo/adjetivo) α + vocal temática + (-ncia/-nza):
(1) El señor de traje elegante, que es el director de la empresa, ha de
presidir la mesa; ya sabes, ese es el señor al que le corresponde la
presidencia.
(2) La verdad es que hoy el mar está bueno; pero, ya se sabe, después de
la bonanza, siempre viene la tempestad.
Como se habrá observado, estamos ante un círculo vicioso (Santiago
Lacuesta/Bustos Gisbert 1999, 4580–4581). Si aceptamos la primera hipótesis,
que considera la secuencia como una unidad monomorfemática, nuestro análisis
incurre en la inconsistencia de obviar los casos en los que la secuencia se explica
–semántica y morfológicamente– como una abstracción sustantiva de la cualidad
verbal expresada en el participio y dejaremos sin explicar los casos en los que el
significado denotativo del derivado es producto del significado denotativo del
participio, fijado ya en la norma, y no del verbo. Considérese, por ejemplo, la
cadena derivativa elegir → elegante → elegancia, donde elegante procede
morfológicamente de elegir y elegancia de elegante, pero, denotativamente,
elegancia no procede de elegir. Si, para salvar este obstáculo, le concedemos
identidad morfológica a ambos segmentos, se obviarán los casos en los que no es
preciso reconstruir la forma participial para crear el derivado (ejemplos 1 y 2),
aun cuando es preciso aceptar que, el significado de la construcción –pensamos
en la Wortbildungsbedeutung de Fleischer/Barz (2012)267– mantiene ciertos
rasgos de participialidad. 268 Estas dificultades no desaparecerán, efectivamente,
sino que se multiplicarán, si escindimos las variantes -ncia y -nza en signos
diversos, de acuerdo a las razones ya expuestas.
El origen del círculo vicioso se esconde, en nuestra opinión, en la premisa
inicial del análisis, propuesta tanto por Nida como por Trubetzkoy.269 Tanto en
morfología –en el sentido de Nida– como en fonología, el análisis se inicia con
el supuesto de que las unidades se refieren a un significado. Es aquí donde se
detecta la primera desproporción. Mientras que la fonología, como es de sobra
conocido, está al servicio de significado, de manera que su función básica es
expresarlo o servirle de asiento físico y, para ello, precisa extremar su
rendimiento –esto es, asegurar la estabilidad de sus oposiciones sincrónicas–, la
morfología o, en general, la semántica, no está, sin embargo, al servicio de la
fonología, de manera que su función no persigue que las unidades fonológicas de
que se componen los signos sean discriminables y delimitables. Como explica
Bühler, basado en Ogden y Richards, las unidades de contenido persiguen, por el
contrario, ser vinculadas con la realidad descrita. Dicho en palabras más simples,
mientras que la cara acústica del signo se refiere a la cara conceptual, la cara
conceptual no se refiere a la cara acústica, sino a la realidad denotada. Esto
explica que las oposiciones fonológicas que delimitan los fonemas precisen ser
estables para que la unidad en la que se engloba sea fácilmente identificable y no
ambigua,270 mientras que la oposición morfológica no precisa ser estable o
delimitable para que la unidad en la que se engloba sea reconocible o
comprensible.271
Así, desde el punto de vista del uso de los signos en el lenguaje concreto, la
estructuración subléxica es enteramente ajena e indiferente al hablante y a la
trasmisión comunicativa. Esto se percibe de forma más clara en el lenguaje
relajado, donde, en ocasiones, el rendimiento prosódico es tan grande que las
oposiciones en el nivel segmental se hacen prácticamente irreconocibles. La
transmisión comunicativa se fundamenta así en la unidad de sentido, reforzando,
en ocasiones, únicamente rasgos suprasegmentales para que se dé la
comunicación. 272 En resumen, la naturaleza de las relaciones morfémicas no
son funcionales por definición, esto es, no se basan en relaciones oposicionales
para asegurar el acto comunicativo. Por el contario, las relaciones fonológicas se
fundan, de forma general, en este principio.
Por otra parte, la incorporación del criterio semántico al análisis morfológico
y fonológico supone el axioma de que toda lengua es un sistema delimitado y
delimitable sincrónicamente, esto es, un sistema en el que las unidades están
dadas de antemano. La tarea del lingüista es describir las unidades, ya dadas y
existentes previamente. Esto explica la regla de Nida «divisions should be so
few as possible», puesto que, cuanto más se segmente una lengua, más difícil
resulta atribuirle un significado a las unidades segmentadas y, en consecuencia,
más inestable se vuelve el sistema y oscuro el análisis (Cifuentes Honrubia 1990,
100; Saussure 1945 [1916], 209–210).
No obstante, si el criterio indispensable para delimitar un sistema sincrónico
en el ámbito de la morfología es conocer de antemano el significado de las
unidades que se han de delimitar –en muchas ocasiones, derivado de nuestra
intuición273–, y ocurre que, en un estadio sincrónico, no podemos estar seguros
de si una unidad se ha desemantizado por completo o mantiene aun vínculos de
motivación con los restantes elementos, entonces, la tarea de la morfología se
reducirá a mostrar lo que ya sabemos y no a descubrir lo que ignoramos.274
Como vemos, la investigación –cada vez más frecuente– de los contenidos
morfológicos y de familias léxicas vuelve a desenterrar la pregunta acerca de los
límites sintagmáticos, significantes o «externos» de tales unidades y ha
reconducido nuevamente al estudio sincrónico de familias de palabras al punto
donde Brugmann (1889, II) había dirigido la fonética histórica.275
Especialmente, en el ámbito del análisis semántico de las familias léxicas –
donde los análisis diacrónico y sincrónico se funden por completo– se vuelve
imprescindible la resolución de esta cuestión, que pone de nuevo en tela de
juicio la establecida dicotomía sincronía/diacronía, sobre todo en el ámbito de la
morfología semiproductiva. Su resolución arroja, en nuestra opinión, luz
suficiente para discriminar, por ejemplo, el número exacto de sufijos y prefijos
sincrónicos de la lengua española, entre otras categorías morfológicas (cf.
Alemany Bolufer 1920; Alarcos 1957; Laca 1986; Alvar/Pottier 1987; Rainer
1993; Pharies 2002; Morera 2005; Amador Rodríguez 2009).276 En resumen, el
estudio semántico de las familias léxicas y, en general, la investigación de las
implicaciones semánticas de la formación de palabras ha hecho resurgir, tanto en
España y Francia como en Alemania (↑ 1.3.2), el problema de los límites
sintagmáticos de los significados morfológicos.

2.1.1 Tensión entre la síntesis y el análisis

La imposibilidad de trazar una línea exacta entre morfología sincrónica y


diacrónica en español se muestra –por el contrario a las lenguas de mayor
carácter analítico– en un gran número de sectores de su morfología y léxico.
Veamos un ejemplo que nos muestre la profundidad y problemática del
fenómeno. Segmentemos una combinación léxicogramatical como la forma
verbal latina habeas:

hab-e-a-s
tener-CONJ-MOD-[PERS.2-NUM-VOZ]

Como se observa en este ejemplo, cada segmento sintagmático dispone –de


manera isomórfica277– de un contenido semántico. Podríamos decir, por tanto,
con propiedad, que la combinación latina incluye en sí cinco signos, puesto que
a cada unidad de contenido le corresponde una unidad en el plano significante
(Trujillo 1976), con la posible excepción de la vocal temática (Fábregas 2013,
64).
Ahora bien, en lenguas como la latina, donde sus unidades semánticas
presentan un alto grado de isomorfismo o analiticidad, la aplicación de la prueba
de la conmutación no presenta mayor dificultad. El signo 1 conmuta con
cualquier otro signo,278 cuya base verbal se combine con el signo 2, es decir, con
toda aquella base verbal que pertenezca a este tipo de conjugación (como las
bases man-, del-, etc., Embick/Halle 2005, 46); el signo 2 solo es susceptible de
dos conmutaciones: por un lado con i, propio de la cuarta conjugación –y con su
respectivo cambio en la unidad 1– o con un vacío funcional ø (cf. Pena 1999,
4355, Mel’čuk 2006, § 9), representante de las conjugaciones primera y tercera,
ya que en ellas no existe una vocal con valor funcional en esa posición (cf.
Hjelmslev 1974, 206). De esta manera, habeas conmuta con amøes, legøas, pero
también con audias. El signo 3 solo es, de nuevo, susceptible de conmutarse por
un vacío funcional, de tal manera que la combinación habeas es únicamente
conmutable por ø, manteniendo el signo 1, habeøs, o por e, mutando el signo 1,
dando lugar a amøes, audies, por ejemplo. Por último, llegamos al signo 4. Esta
unidad se trifurca semánticamente: expresa tanto ‘número’ como ‘persona’ y
‘voz’. En este caso, el fenómeno no es problemático, ya que el resto de las
unidades susceptibles de aparecer en este punto de la cadena presenta la misma
propiedad. Si denominamos al signo -s1 ‘2a persona activa’, entonces podemos
decir que este signo se relaciona paradigmáticamente con -tis1, con el cual
conmuta y se distingue por el número; por otro lado, si lo denominamos ‘2a
persona’, entonces el conjunto incluiría las terminaciones -ris y -mini,
conmutando de acuerdo a la persona y distinguiéndose por la voz. Por otra parte,
si denominamos -s2 ‘número’, entonces se combina paradigmáticamente con -
m2, -t2, en el subconjunto singular, distinguiéndose por la persona. Si
ampliáramos el paradigma y observáramos las relaciones desde el punto de vista
del contenido único ‘persona’, entonces el paradigma se ampliaría de la siguiente
forma: -m, -s, -t, -mus, -tis, -nt. Algo similar ocurriría si lo ampliáramos desde el
contenido único ‘voz’, donde obtendríamos un resultado paralelo de seis
unidades posibles, a saber: -r, -ris, -tur, -mur, -mini , -ntur.
Esta explicación pone a la luz que una secuencia gramatical como habeas
representa el centro de una constelación considerablemente amplia, donde no
solo las unidades contraen relaciones con otras unidades dadas presentes o
posibles, sino también con otras unidades ausentes o funcionalmente posibles,
esto es, –como quería Saussure– termini in absentia.
A modo de resumen, podemos afirmar que una unidad compleja como habeas
se integra en un conjunto de seis relaciones elementales paradigmáticas, de
acuerdo a sus contenidos léxicogramaticales: la forma habeas es, pues, en tanto
que constructo léxicogramatical (Haspelmath 2011, 30), el resultado de la unión
de una raíz, que, dentro de todas las raíces posibles, presenta una base
combinable con un morfema de la segunda conjugación; esta unidad presenta,
además, una vocal temática, combinable con dicha conjugación, que excluye a
todas las demás vocales temáticas posibles; añadida a esta, se encuentra un
segmento fonológico, una vocal, que aporta un valor de modo y que podría
prescindir de su estatus fonológico e identificarse estructuralmente
(sintagmáticamente), como ocurre en el resto de la conjugación. Por último,
tenemos el segmento consonántico que cierra la combinación y que, como
hemos dicho, representa tres valores gramaticales: el número, que, dentro de las
categorías lingüísticas posibles, muestra únicamente una estructura binaria
(singular/plural) y simboliza aquí el valor singular –no marcado– del binomio; la
persona, que, de entre las posibles y de forma circunscrita al sistema latino,
simboliza la segunda, en oposición a la primera y, por último, la voz, que, como
el número, presenta arbitrariamente dos posibilidades. Solo cuando se tiene en
cuenta lo que es habeas en tanto que manifestación279 o realización de
estructuras dadas arbitrariamente, se puede acceder a su contenido propio o
forma de contenido. La constelación paradigmática puede representarse,
aproximadamente, como sigue:
Fig. 21: Constelación paradigmática de habeas

La combinación estudiada representa, como vemos, el centro de la constelación,


en la que se engloban unidades inmediatas o pertenecientes al paradigma más
próximo –vinculadas por líneas– o mediatas, esto es, pertenecientes a
paradigmas más abarcadores. Sin embargo, este esquema es insuficiente. En él
solo se muestran las relaciones que resultan de habeas como centro de la
constelación, pero excluye la posibilidad, obvia, de que cada unidad contenida
en estos paradigmas sea el centro de otra constelación o que el paradigma
inmediato pueda integrarse en categorías más abarcadoras. La representación de
tal red semántica pasaría, entonces, de ser una figura en el plano a convertirse en
una figura en el espacio, efectivamente, de una complejidad vertiginosa, una vez
que se vincule la unidad con el conjunto total del lenguaje dado y posible. Por
otra parte, se explicitan en este esquema únicamente las relaciones en un nivel
gramatical, lo cual excluye otros paradigmas posibles correspondientes a otros
niveles de relación, por ejemplo, el denotativo, connotativo, pragmático, etc.
Pero esta noción de paradigma, de la cual partía Saussure (1945 [1916], 150),
en un sentido algo280 más amplio que el presente, y que ha encontrado con
posterioridad gran aceptación (Martinet 1972 [1960], 246–247), especialmente
en modelos desarrollados a partir del concepto de word and paradigm, supone
algunos problemas (Anderson 1992; Fábregas 2013, 50–63). El más evidente es,
como hemos expuesto más arriba, que exige un alto grado de isomorfismo o
delimitación sintagmática en un estadio sincrónico de la lengua analizada. Esto
implica que, si no existe una delimitación sintagmática unívoca, a saber, si las
unidades son irreconocibles e indistintas en el nivel de la cadena fónica en un
momento histórico determinado, no es posible trazar un paradigma. En lenguas
como el español donde, con frecuencia, las unidades semántico-léxicas no
presentan límites sintagmáticos precisos o se duda, incluso, de la pervivencia de
tales paradigmas semánticos (cf. Laca 1997, 316), se vuelve una tarea harto
complicada la delimitación sintagmática en un estadio sincrónico, máxime si se
percibe en los paradigmas una gran variación debido al carácter acumulativo de
las variantes históricas en forma de dobletes etimológicos. De esta forma, una
unidad como hayas (> lat. HABEAS), cuyas relaciones sintagmáticas y
paradigmáticas se han difuminado, ha modificado, necesariamente, sus
relaciones morfológicas y semánticas: si comparamos la forma subjuntiva haya
con su correspondiente forma indicativa, reduciremos la base a ha- y nos surgirá
el problema de categorizar el segmento -b- de la base (hab-er); el problema se
complica si introducimos como tertium comparationis la primera persona, he,
con lo que la base queda reducida a h-, que, al no tener representación
fonológica, hace imposible asignar base fonológica al paradigma y crea la
paradoja de categorizar la base del infinitivo; por otro lado, desde el punto de
vista semántico, el valor denotativo de la base se ha perdido, de forma que la
unidad se ha fosilizado en función auxiliar; el paradigma pasivo ha desaparecido
y la vocal temática, que aporta un valor clasemático (cf. Luschützky 2000, 457),
no es ya, por efecto de la palatalización, distinguible, vinculándose con el verbo
haber por una relación distribucional y no morfológica. Sin embargo, parece
desmedido afirmar, de manera tajante, que hayas no es semánticamente algo
semejante, un recuerdo desdibujado, si se quiere, de HABEAS. En este punto, se
enfrenta el análisis morfológico al problema de la categorización, como ha
puesto de relieve la semántica de prototipos (Lakoff 1987; Kleiber 1995;
Geeraerts 2010).
Este problema, que hemos intentado exponer aquí de forma sucinta, se
manifiesta en obras fundamentales para la semántica, como la conocida Teoría
semántica de Baldinger, que se enfrenta con la sinteticidad románica a la hora de
proponer una delimitación sintagmática y enumerar así las unidades sincrónicas
en este eje. Baldinger (1970, 41) aborda el problema de la forma siguiente:

«La palabra o lexía, objeto de la lexicología, es, como vemos, una


unidad compleja (unidad significativa no-mínima), analizable en
unidades significativas distintas más pequeñas (si no se trata de
casos-límite); del otro lado se inserta en estructuras sintagmáticas
mayores. La lengua se constituye por un juego complejo y
complicado de unidades con funciones distintas que se combinan
en niveles distintos:
La dificultad de este análisis, que, en esencia, representa las posturas del
estructuralismo americano y europeo y que han heredado –salvo en matizaciones
teórico-metodológicas281– los paradigmas teóricos modernos, radica en la
descripción de la unidad 3, que dota de un valor denotativo unificado al conjunto
y que representa el objeto último de la semántica léxica o lexicología. No
obstante, incluso en un nivel sincrónico, podría distinguirse en esta secuencia,
pasión, la presencia del sufijo -on (< lat. -ŌN, -ŌNIS), lo que nos obligaría a
aumentar el número de morfemas y disminuir, consecuentemente, la secuencia
radical. Se podría seguir segmentando e identificar la forma -sion –reconocible
también para el no versado en etimología por conformar un paradigma con
excursión, explosión, etc–. Un hablante culto podría, incluso, reconocer la
secuencia pasión, como sustantivo abstracto y variante distribucional de padecer
y atribuirle, en consecuencia, este valor semántico a la raíz pa(s)-,
considerándola variante distribucional. Para el gramático o el etimólogo, la
secuencia es transparente o composicional: reconoce la preposición latina A(D)
en el morfema a-, identifica el tema de perfecto pasivo de PATIOR (‘padecer’),
PASSUS, en la raíz pa(s)-, y, del mismo modo, el sufijo -sion. Este gramático
reconstruiría también la forma verbal apasionar, punto derivativo necesario para
entender el participio de perfecto español, apasionado o, por el contrario,
hablaría de formaciones parasintéticas surgidas por la tendencia del latín vulgar a
formar incoativos denominativos mediante la adición del preverbio A(D)-. Un
indoeuropeísta añadiría más valores a esta cadena: explicaría, por ejemplo, que
la combinación -sion- es una variante distribucional de -tio, y esta del sufijo
indoeuropeo *ti, etimología de sufijo griego -σις. Rescataría el sufijo -í-o, aquí
amalgamado, y el valor del sufijo latino -I-US con respecto a la combinación
sufijal -I-ŌNIS y lo relacionaría con su correspondiente -ι-ος griego o el antiguo
indio ī-yas. Por otra parte, pondría de relieve la correspondiente sibilización de
la dental latina en el tema de perfecto y pondría en relación esta raíz con la
griega πάθ-, que encontramos, por ejemplo, en el sustantivo πάθος, equivalente
al latín PASSUS (Amador 2009, 343–390; Benveniste 1975 [1948], 97–99;
Brugmann 1889, II, § 318, 428; Morera 2005, 179–184; Pharies, 347, 490). Sin
duda, todos verían, desde sus diversas perspectivas, rastros semánticos de su
experiencia y conocimientos lingüísticos.282
Todos estos niveles son imprescindibles para un análisis consciente del
fenómeno léxico y aportan datos relevantes para la interpretación semántica en
un momento histórico determinado y de una lengua dada (cf. Reitter 2004, 88).
Llegados a este punto, surgen las preguntas de cómo y atendiendo a qué criterios
se limitan –o se deben delimitar– sintagmáticamente las unidades en un estadio
sincrónico y, consecuentemente, la duda acerca de cuáles son los criterios que se
han de desechar.

2.1.2 Analiticidad sincrónica

Como hemos visto en los apartados anteriores, el sistema léxico sincrónico se


basa en el principio del isomorfismo, de la relación unívoca entre el plano
significante y semántico, y este, a su vez, en el de segmentabilidad o analiticidad
léxica.283 La dificultad que surge en este punto radica en establecer los límites de
la segmentación sincrónica, a saber, las posibilidades de la discreción de
unidades con independencia de la disposición subjetiva, pues, como afirmaría
Hjelmslev, «el sistema no es consciente ni subconsciente, no tiene nada que ver
con la consciencia ni con la psicología» (Hjelmslev 1976 [1934], 53). Para
Saussure, las unidades de un sistema sincrónico se encuentran rigurosamente
delimitadas de antemano: no cabría duda, por tanto, sobre cuántas y cuáles son
las unidades de una cadena dada sincrónicamente.
Saussure introduce, para su explicación, la metáfora de los habitantes de una
casa que ha sido habitada por varios inquilinos, en analogía con la lengua,
hablada por sociedades en varias generaciones. Para tales habitantes, la
distribución, colores y forma son estables y delimitables, puesto que no son
conscientes de las distribuciones colores y formas que la casa presentaba antes
de vivir en ella (Saussure 1945 [1916], 205). Los habitantes pueden, por tanto,
disponer o usar la casa sin la necesidad de saber quién ha vivido en ella
anteriormente o qué diferencias presenta esta con respecto a sus orígenes. Para el
maestro ginebrino, las unidades de un sistema sincrónico evolucionan según una
fuerza ciega, asistemática, y configuran un estructura sincrónica dada, arbitraria
en cada etapa histórica. Su explicación es la siguiente:
«La lingüística estática opera con unidades que existen según el
encadenamiento sincrónico. Todo lo dicho hasta aquí prueba que
en una sucesión diacrónica no hay elementos deslindados de una
vez para siempre, tales como se podrían representar por un
gráfico como el siguiente:

Pero en realidad, de momento a momento alteran su disposición


en virtud de sucesos cuyo teatro es la lengua, de modo que
responderían mejor a esta otra figura:»

(Saussure 1945 [1916], 205)

Esta representación supone algunas contradicciones: por un lado, la afirmación


de que «en una sucesión diacrónica no hay elementos deslindados de una vez
para siempre» llevaría a pensar que, sincrónicamente, no existen elementos
delimitables. Por otro lado, este supuesto se contradice con la segunda
representación gráfica, en la que los elementos de las diferentes épocas se
encuentran claramente delimitados (en segmentos precisos), a pesar de que,
históricamente, como él mismo indica, se expanden, restringen, desmiembran o
unen. En consecuencia, cabría pensar que Saussure se refiere a que la sucesión
histórica –y, de ahí, la expresión «en una sucesión diacrónica»– es una evolución
sin fin en las que nunca se alcanza una estabilidad, aunque cada una de las
épocas lingüísticas de que la diacronía se compone mantenga unos límites
sincrónicos precisos (cf. Hjelmslev 1976 [1934], Martinet 1974 [1964], 180-
200). Esta suposición entra en contradicción, por otro lado, con la afirmación,
contenida en el apartado «sobre las innovaciones analógicas», de que «no hay
momento en que la lengua posea un sistema perfectamente fijo de unidades».284
Veamos algunos ejemplos a modo de ilustración:
Suponemos que la forma tardolatina oral *mego (< MECUM) ya no se oponía
a mi (< MIHI), ya que, de otra forma, no hubiera reforzado nuevamente su base
con la preposición con (cf. esp. conmigo) o que el hablante «medio» o
«ingenuo» romance ya no identificó el prefijo CŎM-de COME(D)ĔRE cuando
formó concomer (Menéndez Pidal 1999 [1904], 330; García Hernández 1980,
127, 229; Cano 1993, 51).285 Nunca podremos saber, sin embargo, si esa forma
era opaca para hablantes de estratos sociales elevados.286 De ella sabemos,
simplemente, que no se mantuvo. En español medieval se observa cierta
neutralización entre las preposiciones latinas PRO (con su variante por) y PER
(Malkiel 1954b, 267). La alternancia entre las preposiciones pora (PRO+AD,
con un sentido semejante a OB287), par (PER) y para (PER+AD) en la Edad
Media nos lleva a pensar que tal diferenciación no existía. Como en el caso
anterior, solo sabemos que triunfó para, pero no podemos estar seguros de si, en
este estadio de fluctuación, los hablantes las consideraban una o dos unidades
semánticas. Estas mismas preposiciones tuvieron un desarrollo diferente en el
gótico, donde encontramos tres unidades, faur ‘delante, hacia delante [+
Prosecutivo]’, fra ‘fuera’ [+ Egresivo] y fair ‘desde’ [+ Ingresivo], que confluyen
en alto alemán moderno en el prefijo ver- con valores similares (Kluge 2002 s.v.;
Mungan 1986, 135–137). En la lingüística germánica (cf. Mungan 1986) se ha
discutido sobre cuáles son las etimologías de las acepciones modernas. Lo cierto
es que, si comparamos sus resultados con los obtenidos por García Hernández
(1980) en su trabajo sobre la prefijación latina, observaremos los mismos valores
denotativos para el latín PER-que para sus parientes góticos, lo cual pone en
evidencia que la dispersión semántica hubo de ser anterior. Ante casos como
estos, cabe siempre la pregunta de si permanecía estable el sistema en estas
etapas sincrónicas en períodos de fluctuación o qué criterios se deben seguir para
determinar la evolución de un sistema y las etapas de esta evolución. En el
ámbito de la morfología, Saussure aborda esta cuestión en los siguientes
términos:

«[…] cuando un concepto compuesto se expresa por medio de


una secuencia de unidades significativas muy usuales, el espíritu,
tomando –por así decirlo– a campo traviesa, renuncia al análisis y
aplica en bloque el concepto al grupo de signos, que se convierte
en una unidad simple. […] Se ha pretendido a veces que estos
cambios fonéticos y acentuales (3a) precedían a los cambios que
ocurren en el dominio de la idea (2a), y que hacía falta explicar la
síntesis semántica por la aglutinación y la síntesis materiales;
probablemente la cosa no es así: antes bien, porque se ha
percibido una sola idea en vert jus, tous jours, etc., se ha hecho
con esos grupos palabras simples, y sería un error invertir los
términos.» (Saussure 1945 [1916], 202–203)

Pero, incluso en este punto, nos aborda la misma cuestión: ¿Qué nos asegura
que, efectivamente, sea una única unidad semántica lo que la fonética sintáctica
y acentuación ha unificado? En el alto alemán actual es usual fusionar el
pronombre personal con la forma verbal, resultando una única secuencia fonética
[‘hapç] habe ich (‘yo he’), hast du (‘has’), haben wir (‘hemos’);
este aglutinamiento se produce, aunque se añada una partícula modal
gehen wir mal los! (¡venga, vámonos!), donde el pronombre –que resulta
necesario para distinguir la persona verbal– se asimila por completo. A pesar de
todo, el alemán sigue reconociendo en esta estructura cada una de sus unidades
originales. Algo semejante ocurre con su estructura casual. El acusativo
masculino del pronombre indefinido alemán desaparece con frecuencia en el
habla común; en ocasiones se mantiene un alargamiento de la nasal, casi
imperceptible, precedido de una débil consonante glotal ich habe einen Hund
(‘tengo un perro’).288 Y esta misma cuestión se extiende a todos
los niveles del lenguaje, como veremos en adelante. Ocurre el fenómeno opuesto
en el ámbito de la Fraseología, donde las unidades se mantienen fonológica y
sintagmáticamente estables, si bien trazar un límite entre los conceptos de
colocación y locución a partir del criterio de la idiomaticidad (cf. Fleischer 1982,
35–41) presenta serios problemas.289 Veamos qué expone Saussure en el nivel
sintáctico:

«Casi todos los ejemplos citados hasta aquí pertenecen a la


formación de las palabras; veamos otro tomado de la sintaxis. El
indoeuropeo no conocía preposiciones: las relaciones que indican
las preposiciones se expresaban por medio de los casos, muy
numerosos y dotados de gran fuerza significativa. Tampoco había
verbos compuestos con preverbios, sino sólo partículas,
palabrejas que se añadían a la oración para precisar y matizar la
acción del verbo. Así, nada había que correspondiera al latín ire
ob mortem ‘ir delante de la muerte’, ni a obire mortem; se habría
dicho ire mortem ob. Éste es todavía el estado del griego
primitivo: 1°óreos baínō káta; óreos baínō significa por sí solo
‘vengo del monte’, teniendo el genitivo el valor de ablativo; káta
añade el matiz ‘descendiendo’. En otra época posterior se dijo,
2°katà óreos baínō, donde katà ya tiene función de preposición, o
todavía, 3°katabaínō óreos, por aglutinación del verbo y de la
partícula hecha preverbio.
Hay aquí dos o tres fenómenos distintos, pero basados todos en la
interpretación de las unidades: 1°creación de una nueva especie
de palabras, las preposiciones, y esto por simple remoción de las
unidades recibidas. Un orden particular, indiferente al origen,
debido quizá a una causa fortuita, ha permitido un nuevo
agrupamiento: kata, antes independiente, se une con el sustantivo
óreos, y este conjunto se une a baínō para servirle de
complemento; 2°aparición de un tipo verbal nuevo (katabaínō);
agrupamiento psicológico distinto, favorecido también por una
distribución especial de las unidades y consolidado por la
aglutinación; 3° como consecuencia natural: debilitamiento del
sentido de la desinencia del genitivo (óre-os); ahora será katà el
encargado de expresar la idea esencial que antes expresaba por sí
solo el genitivo: la importancia de la desinencia -os disminuye
proporcionalmente. Su desaparición futura está en germen en el
fenómeno. En los tres casos se trata, pues, de una repartición
nueva de las unidades. Es la misma sustancia con diferentes
funciones; pues –cosa de notar– ningún cambio fonético ha
intervenido para provocar uno u otro de estos desplazamientos.
Por otro lado, aunque la materia no ha variado, no hay que creer
que todo ocurra en el dominio del sentido; […] En todo caso, esa
noción no será aclarada completamente mientras no se le estudie
en estos dos aspectos, estático y evolutivo. Sólo la solución del
problema de la unidad diacrónica nos permitirá sobrepasar las
apariencias del fenómeno de evolución y llegar a su esencia.
Aquí, lo mismo que en sincronía, el conocimiento de las unidades
es indispensable para distinguir lo que es ilusión de lo que es
realidad.» (Saussure 1945 [1916], 205–206)

Estos procedimientos de creación de preverbios siguen vivos aun hoy en el


alemán, dado el alto rendimiento de sus partículas, adverbios y preposiciones. Es
el caso, por ejemplo, de las dos combinaciones jasagen (‘decir que sí’) y
neinsagen (‘decir que no’), que toman el adverbio en un nivel metalingüístico
como objeto de la acción y que analizamos, precisamente, en nuestra familia de
palabras (↓ 4.3.25 y 4.3.26). También es el caso de la colocación fertig machen
(‘dejar listo algo’) y muchas otras. El alemán, como el griego y el latín (cf.
Humbert 1972 y García Hernández 1980), dispone de un alto porcentaje de
verbos prefijados a partir de preposiciones y adverbios, así como
complementados por sustantivos, que siguen teniendo una funcionalidad
considerable. La alta frecuencia de colocaciones formadas a partir de un verbo y
un adverbio provoca que se entiendan estas colocaciones como estructuras
únicas, es decir, como nuevos verbos prefijados. De esta forma, la pareja jasagen
y neinsagen, cuyos adverbios se recategorizan como complementos lógicos de la
acción verbal, se han formado según el mismo procedimiento que katabaínō y
obire. En la sintaxis usual, los adverbios sustantivados ja y nein ocupan el lugar
del preverbio separable alemán.
No cabe duda de que, en la actualidad, existe en alemán el verbo separable
aufstehen (‘levantarse’) y que ambas unidades, preposición (auf) y verbo
(stehen), conforman una única unidad funcional. Cuando este verbo aparece en
una oración exhortativa o enunciativa, el orden sintáctico es el siguiente Steh
mal auf, bitte (‘por favor, levántate’, ing. stand up, please). En este caso el
preverbio se separa y toma la última posición sintáctica. Esto ocurre, del mismo
modo, con la complementación adverbial. Si se le añade un adverbio modal a
cualquier verbo alemán, este tomará la última posición sintáctica, así como
hemos visto para el latín y el griego clásicos. Por otra parte, al introducir un
verbo modal como können (‘poder’), el verbo tomará el último lugar sintáctico,
no sin antes volver a añadir previamente su preverbio o adverbio (sustantivado)
que lo determine. Por ello, si decimos en alemán la oración Martín, di que sí, por
favor se dirá Martin, sag bitte ja. Del mismo modo, si decimos Martín, deja lista
(‘termina’) tu tarea se dirá Martin, mach deine Aufgabe fertig. Si introducimos
el verbo modal können y formulamos una pregunta, el cambio sería el siguiente:
Martin, kannst du bitte ja sagen? (‘Martin, ¿puedes decir que sí, por favor?’) o
Martin, kannst du bitte deine Aufgabe fertig machen? (‘Martin, ¿puedes
terminar tu tarea, por favor?’). Y así se ha creado el compuesto. Lo que en un
principio era una determinación modal del verbo por medio de un adverbio –
pudiendo ser sustantivado o no–, posteriormente se ha convertido en un nuevo
verbo compuesto con el significado de ‘decir que sí’ o ‘terminar algo’
(jasagen/fertigmachen ), debido a la productividad del esquema sintáctico que
sitúa el componente locativo en la última posición del Mittelfeld, esto es, en la
posición prosódicamente tónica inmediatamente previa al predicado verbal no
flexionado. Pero, ¿son sincrónicamente estas unidades una nueva entidad
semántica? ¿Se han unido? Los diccionarios modernos recogen estas unidades –
debido a la nueva ortografía alemana– como nuevos verbos compuestos, pero
entre los morfólogos alemanes no existe un consenso acerca de si se trata de una
unidad o dos unidades semánticas.

2.1.3 Criterios de segmentación sincrónica: la introducción del «hablante»

La segmentación lingüística es, como explica Saussure, un problema de «punto


de vista», de forma que varía de acuerdo a si se contempla el origen histórico de
las unidades, esto es, cómo las sociedades pudieron haber segmentado los signos
léxicos en etapas pasadas, o si se tiene en cuenta la relación actual entre los
hablantes y su idioma:

«El gramático se suele inclinar a ver errores en los análisis


espontáneos de la lengua; de hecho el análisis subjetivo no es más
falso que la «falsa» analogía. La lengua no se equivoca, sólo que
su punto de vista es diferente. No hay medida común entre el
análisis de los individuos hablantes y el del historiador, aunque
ambos usen el mismo procedimiento: la confrontación de las
series que presentan un mismo elemento. Uno y otro están
justificados, y cada uno conserva su valor propio; pero en última
instancia, el de los sujetos es el único que importa, porque está
fundado directamente en los hechos de lengua.» (Saussure 1945
[1916], 209)

La introducción del criterio del hablante sienta las bases, por tanto, de una
lingüística sincrónica e introduce, de forma conjunta, la problemática que supone
definir el hablante «ideal» o «modelo», según el cual se lleva a cabo la
segmentación.
Como expone el maestro ginebrino, Bopp se equivocaba, con bastante
probabilidad, al pensar que los griegos distinguían un sufijo -τήρ en la palabra
πατήρ. No obstante, sería lícito cuestionarse, del mismo modo, si –a excepción
del gramático– distinguían también el sufijo flexivo -ος en ἵππος o si, por el
contrario, veían esta secuencia como una unidad total para referirse a la realidad
‘caballo’, al tiempo que los latinos usaban su equivalente etimológico equus,
modificando ambas su forma contextualmente.290 Del mismo modo, si se le
preguntara a un español no versado en gramática qué es «mí», muy
probablemente responderá algo como «yo. Ahí se dice así». Pero en ningún caso
responderá «dativo de yo». Y si se le siguiera instigando y se le preguntara si es
el mismo «mí» el de «este es para mí» que el de «este es mi coche», entonces
solo se valdría, probablemente, de criterios ortográficos para su distinción. Si se
le preguntara, por ejemplo, a un agricola qué diferencia existe entre un equus y
un caballus, cabría esperar que el entrevistado piense en este o aquel caballus y
responda, de acuerdo a su experiencia propia, que el segundo es un caballo de
carga, castrado, en ocasiones de no muy buena naturaleza, pero es poco probable
que mantenga que el primero es la variante arcaizante del segundo.291 En griego,
los verbos con infijos en el presente como λανθάνω (‘escapar, esconder’),
μανθάνω (‘aprender’) o λαμβάνω (‘coger’) pierden sus infijos al formar el
aoristo, de tal forma que resultan ἔλαθον (‘escapó’), ἔμαθον (‘aprendió’) y
ἔλαβον (‘cogió’) respectivamente; sus raíces correspondientes λαθ-, μαθ-y λαβ-
forman, por una parte, el adverbio λάθρῃ (‘a escondidas’) y, por otra, los
sustantivos μάθησις (‘educación’) –pero también μάθημα (‘lección’), μαθητής
(‘alumno’), entre otras– y λαβή (‘mango, asa’). Y esto nos lleva inevitablemente
a la pregunta de si reconocía un ψιλóς griego (‘soldado de infantería, en
ocasiones esclavo, desprovisto de armadura por no poder costeársela’) en el
adverbio λάθρῃ el verbo λανθάνω y, en consecuencia, si se debe prescindir en el
caso de una respuesta negativa, del vínculo semántico. Del mismo modo, es
poco probable que, para un actual Bauer alemán (‘campesino’),292 sea evidente
que muchos sustantivos se formen a partir de una cerrazón de la vocal temática
del pretérito, como Zug (‘tren’ ≈ ‘lo tirado, arrastrado’) que se forma sobre
ziehen (‘tirar, arrastrar’), cuyo pretérito es zog (‘tiró’). Parece plausible pensar
que, para este campesino, Zug sea un gran y ruidoso medio de transporte
metálico,293 pues, como mantiene Trujillo (1981, 156), «el hablante ingenuo […]
identifica significado con realidad designada; es decir, que el significado de un
signo o una frase es simplemente ‹lo que quiere decir›, como si eso fuera algo y
no una mera variante».
Sería desmedido afirmar, no obstante, que estas relaciones semántico-
gramaticales se desvanecen ante los ojos de la mayoría de los hablantes de una
lengua. Esto ha sido comprobado por Augst al intentar establecer los paradigmas
semánticos de acuerdo a la motivación relativa de los hablantes (Augst 1975a,
203–209; ↑ 1.3.2). No existe, por ende, un límite definido entre los hablantes que
conocen o perciben estas relaciones –aunque sea, circunstancialmente–y
aquellos que las desconocen absolutamente.
Si consideramos las unidades, siguiendo a Saussure, tal y como se derivan de
la consciencia de los hablantes –del hablante ingenuo, podríamos decir294–,
entonces no solo debemos rechazar la palabra alemana Zug como perteneciente a
la familia de palabras ziehen, sino que debemos rechazar el concepto mismo de
sistema léxico, ya sea Wortfeld o Wortfamilie, pues estos no se encuentran de
forma íntegra en su consciencia o conocimiento íntimo de la lengua.295 Es muy
probable que, para el hablante ingenuo no exista el sistema, o, al menos, sea para
él un todo inconexo e injustificable (cf. Coseriu 1988, 189,296 Haspelmath 2011,
35). Los hablantes realizamos, en nuestra opinión, el sistema, pero no somos
conscientes de él, así como, tampoco, del número y naturaleza de sus unidades.
La ingenuidad del hablante ante su lengua –que, como se ha comprobado (Augst
1975b, 204), no depende proporcionalmente del nivel cultural, de la capacidad
intelectual o del número de lenguas que el hablante conoce– la encontramos en
todo tipo de sectores y estratos lingüísticos. Efectivamente, tanto el nivel cultural
y la capacidad intelectual como el conocimiento de lenguas pueden fomentar la
consciencia lingüística, siempre y cuando el hablante ya la posea, pero no la
generará en el individuo. Como afirman Bauer/Nation,

«As a learner’s knowledge of affixation develops, the size of the


word family increases. The important principle behind the idea of
a word family is that once the base word or even a derived word
is known, the recognition of other members of the family requires
little or no extra effort.»297 (Bauer/Nation 1993, 253)

De acuerdo a estos autores, la consciencia lingüística se forma, por tanto, a


través de la retrospección metalingüística, favorecida por la extensión derivativa
de la familia léxica, y se fija mediante la intuición individual. En esta misma
línea, la terminología de Leibniz (1860 [1684], 79–80) concibe la consciencia
lingüística como una cognición clara, adecuada, no distinta y, sobre todo, no
intuitiva. De aquí se deriva el hecho de que el conocimiento total de una lengua
es imposible. La tarea de la descripción semántica del plano léxico de las
lenguas será distinguir, en consecuencia, los conocimientos adecuados,
entendiéndolos como la correcta justificación del conocimiento homogéneo de
que dispone el hablante y discernirlos así de los inadecuados.
Por ello, consideramos imprescindible desvincular el concepto de hablante
formado con el de hablante «desvirtuado», puesto que esta relación no se da de
forma necesaria. Los vínculos de asociación semántica se manifiestan de forma
independiente, como decíamos, del nivel cultural del hablante. Este hecho se
percibe con gran claridad en las Etimologiae de Isidoro de Sevilla, como, por
ejemplo, en la que versa sobre el significado de la palabra verbum:
«Verbum dictum eo, quod verberato aere sonat, vel quod haec
pars frequenter in oratione versetur. Sunt autem verba mentis
signa, quibus homines cogitationes suas invicem loquendo
demonstrant.»298 (Isidoro de Sevilla 2006, 621–635, 282)

Para el sabio –y gramático–, la palabra verbo es ‘lo que suena al batir el aire’,
relacionando su raíz con el verbo latino VERBERO (‘azotar’). No piensa, en
ningún caso, que esta palabra se relacione con el griego εἴρω (‘decir’), pues no
existe ya un vínculo fonológico que permita dicha relación y tal relación supone
un conocimiento extraidiomático. Algo similar se narra en el Crátilo de Platón.
Sócrates se propone explicar qué es la ανδρεία (‘hombría, valentía’) y para ello
recurre a un círculo de conexiones léxicas que no siempre están fundamentadas.
El fragmento es el siguiente:

«La valentía (andreía) no la hemos tocado, creo yo. Pues bien, es


evidente que la injusticia (adikía) es verdaderamente un obstáculo
a lo que atraviesa y la valentía apunta a ello en la idea de que ha
recibido su nombre en la lucha –aunque, en la realidad, si es que
ésta fluye, la lucha no es sino el flujo en sentido contrario–. Si se
suprime, pues, la d de andreía, el nombre anreía pone de
manifiesto por sí sólo esta actividad. Claro que andreía no es un
flujo contrario a todo flujo, sino al que fluye contra lo justo; en
caso contrario, no se elogiaría la valentía. También lo masculino
(árren) y el varón (anēr) se refieren a algo parecido, a la
‘corriente hacia atrás’ (ánō rhoē mientras que la mujer (gynē) me
parece que tiene que ver con generación (gonē). Lo femenino
(thēly) parece que ha recibido su nombre a partir de la mama
(thēlē), y ésta ¿no será así, Hermógenes, porque hace crecer
(tethēlénai) como sucede con las plantas de regadío?» Trad. de
Calonge Ruiz et al.299

Salvo las dos últimas relaciones, que giran en torno a la raíz θα-,300 el resto es,
tal y como indican los editores, erróneo. Este es, por tanto, un buen ejemplo de
que, incluso para el hablante formado, el sistema lingüístico no es «visible» en
su totalidad y no está exento de vínculos imaginarios. Precisamente, a este
respecto, Hjelmslev declara:
«Pero la finalidad debe ser encontrar para cada categoría un
significado fundamental y sólo uno desde el que se puedan
explicar todos los casos tanto los más concretos como los más
abstractos. Si este significado fundamental es manifiesto o no
para los hablantes, es, naturalmente, igual. Los individuos
hablantes normales ni siquiera son conscientes en cuanto a las
categorías lingüísticas y cuando lo son debe desconfiarse porque,
por lo general, tienen una cierta idea que han aprendido en la
escuela o que está basada en una filosofía popular muy
superficial. Además frecuentemente los hablantes tendrán cada
uno su idea. La lingüística debe comprender que la semántica no
puede basarse en la llamada conciencia lingüística. La
significación en un sentido científico es una unidad objetiva que
no tiene nada que ver con la psicología.» (Hjelmslev 1976, 143–
144; la cursiva es nuestra)

Esta idea se ha reclamado en muchas ocasiones en la historia de la Lingüística301


y se encuentra desde los inicios de la discusión acerca de la viabilidad de la
semántica sincrónica. Veamos la interesante reflexión de Porzig:

«Da ist zunächst die Berufung auf ein ‹Gefühl› oder ‹Bewußtsein›
der Sprechenden […]. Abgesehen davon, daß etwas Derartiges
schwer festzustellen wäre und kaum bei allen einzelnen in
derselben Weise gegeben sein könnte, widerspricht die ganze
Annahme der Erfahrung. Wenn das Sprechen störungsfrei vor
sich geht, setzt das Bewußtsein des Sprechenden nur an zwei
Stellen des Gesamtverlaufs ein: zu Beginn weiß er, was er will,
nämlich jemandem etwas Bestimmtes sagen; und am Ende hört
er, was er selbst sagt. Was dazwischen geschieht – und dazu
gehört auch die Wortwahl –, kommt ihm überhaupt nicht zum
Bewußtsein. Wenn ein Angehöriger der Sprachgemeinschaft über
die Beziehungen gleichlautender Wörter nachdenkt, so tut er das
als zünftiger oder dilettantischer Sprachforscher, aber nicht als
Sprechender. […] Man kann versuchen, die Zone der
Unsicherheit einzuschränken, aber nicht auf dem Wege der
Meinungsforschung unter den Sprechenden –woher sollen die
Ärmsten das wissen? –, sondern durch Beobachtung des
tatsächlichen Gebrauchs.» 302 (Porzig 1959, 160–162)

Con la excepción de determinadas declaraciones, como la relativa a la elección


léxica, tan estudiada posteriormente, el resto es aun hoy aceptable. Del mismo
modo, en la investigación morfológica más reciente (Anderson 1992; Splett
2008), se ha puesto en duda la viabilidad de una metodología estrictamente
sincrónica:

«It may not be possible to understand the range of possible


systems that are instantiated by the languages of the world in
terms of their synchronic character alone.» 303 (Anderson 1992,
372)

La problemática que se ha desarrollado en torno al nivel de consciencia


lingüística de los hablantes ha llevado a autores como Pena (1999, 4320) a
deshacerse –de acuerdo a las nuevas tendencias en la disciplina– del concepto de
significado o «unidad semántica mínima» y subrayar el de recurrencia o
recursividad gramatical.304 Por otro lado, insiste en reconsiderar las unidades
derivativas –tradicionalmente consideradas «gramaticales»– como ‘morfemas
léxicos gramaticalizados’, de manera que se conciban como unidades de
amplitud paradigmática media (Pena 1999, 4324). Esta nueva distinción haría
más flexible la categorización morfémica y, en consecuencia, relativizaría la
motivación lingüística acorde a la amplitud paradigmática de las unidades. Así,
en una escala de mayor a menor gramaticalización, deberíamos ordenar las
unidades morfológicas en unidades flexivas, prefijales y sufijales y, de acuerdo a
esta gradación, el nivel de consciencia lingüística. De la opinión parecía ser
también Saussure (1945 [1916], 213–214; ↓ 3.2). De esta forma, sería preciso,
del mismo modo, modificar el concepto de «gramaticalización», de manera que
no se conciba exclusivamente como un proceso de degradación del significado
léxico y una correspondiente ampliación del significado instrumental, sino que,
más bien, habría que considerar tal relación gramatical y léxica como el proceso
de apertura u oclusión progresiva de los paradigmas y, en consecuencia,
ampliación o disminución de la recursividad, correspondientemente (↓ 2.2.2.2 ).
Asimismo, la simplificación paradigmática ampliará consecuentemente la
frecuencia y, ambas, la instrumentalidad. Este nivel intermedio representaría, en
nuestra opinión y de acuerdo al autor citado, «la primera gramaticalización del
léxico» (cf. Pena 1999, 4324 y también Morera 2007c). Esta primera
gramaticalización no está exenta, no obstante, del problema de la delimitación
sincrónica y diacrónica:

«Si la morfología descriptiva o sincrónica se ocupa sólo de las


relaciones derivativas así entendidas, esto es, de las relaciones
entre palabras que guardan correspondencia formal y semántica,
hay que reconocer que su ámbito quedaría reducido a un pequeño
porcentaje de las palabras complejas existentes en el español de
hoy. […] Entre el extremo de la regularidad máxima (correlación
entre forma y significado) y el de la irregularidad máxima
(ausencia de correlación formal y semántica), hay toda una escala
en cuanto al grado de discordancia parcial en dicha correlación:
palabras relacionadas formalmente con distintos grados de
irregularidad en la relación semántica y palabras relacionadas
semánticamente con distintos grados de irregularidad en la
relación formal. Dentro de esta escala de irregularidades, es
difícil, por no decir imposible, trazar una línea divisoria entre
morfología sincrónica y diacrónica, e incluso entre morfología
diacrónica, fonología diacrónica y lexicología o lexicografía
diacrónicas. Si se parte del hecho comprobable de que, dentro de
las irregularidades, hay unas menos irregulares que otras, por lo
que se refiere al número de unidades en que aparecen y a la
posibilidad de delimitar las condiciones en que se producen, cabe
incluir en la morfología sincrónica aquellas irregularidades
‘menos irregulares’ según las condiciones mencionadas, si bien
hay que admitir que en complementariedad con la morfología
diacrónica y con sucesivas limitaciones en el análisis, a medida
que se asciende en el grado de irregularidad.» (Pena 1999, 4359)

Por otro lado, en este punto se hace preciso delimitar los conceptos de
motivación gramatical y lexicogénesis. Como ha demostrado Augst (1975b; ↑
1.3.2), no todo lo que es transparente desde un punto de vista sincrónico, es
analogizable, es decir, susceptible de ser extrapolado, en tanto que proceso
morfológico, a bases diferentes. Por lo tanto, no solo la motivación o
transparencia semánticas, sino también el rendimiento de las unidades
morfológicas en el ámbito de la lexicogénesis son, a todas luces, dispares. Si
reducimos, por ende, la morfología sincrónica a aquellos procedimientos
transparentes y analogizables, esta quedará reducida a un número ínfimo de
elementos. A este propósito, pero sin considerar la restricción lexicogenésica,
declara Pena:

«Circunscribir la morfología descriptiva o sincrónica al estudio de


las relaciones derivativas entre palabras, entendidas en términos
de relaciones formales y semánticas, supone dejar fuera de su
objeto de estudio más del ochenta por ciento del léxico
existente.» 305 (Pena 1999, 4359)

Por las razones expuestas, pensamos que no se ha de considerar el significado


léxicogramatical como una propiedad de los signos, como un rasgo inherente o
contenido delimitado previamente al momento lexicogenésico, sino como una
interpretación semántica de estos (cf. Morera 2005), a saber, como el resultado
de una reflexión metalingüística por parte del hablante. De aquí se deriva, como
quiere Gauger (1971, 14), que la

«Durchsichtigkeit ist die durch die Sprechenden selbst – in einer


Sprache konstitutiv gehörenden Reflexion auf die Sprache –
ergriffene, formal und inhaltlich bestimmte (‹derivationelle›)
Abhängigkeit eines Wortes – als Wort – von einem oder von
mehreren anderen Wörtern. In seiner Abhängigkeit sagt das
durchsichtige Wort etwas aus über sich selbst und über das vom
ihm Gemeinte: es ist ein sprechendes Wort.»306 (Gauger 1971,
14)

Esta hipótesis aclara, desde otra perspectiva, por qué el nivel de motivación
léxica es diferente de hablante a hablante o el hecho de que los procesos de
formación léxica difieran de variedad funcional a variedad funcional, aun
cuando los elementos del sistema son los mismos. La recurrencia (distribuida de
forma diferente en cada variedad funcional de una lengua histórica), como
hemos visto, advierte al hablante sobre la presencia de ciertos segmentos
funcionales, de los cuales, este, en un proceso de interpretación metalingüística,
extrae un valor semántico, considerado como rasgo inherente al segmento, y lo
reproduce por analogía.307 Con razón, afirma Lüdtke (2005, 87) que
«[d]ie herkömmliche Verwendung von Wortbildungen fällt mit
dem synchronischen Funktionieren der Wortbildung zusammen,
wobei Synchronie nicht verstanden wird als Sprachzustand zu
einem Zeitpunkt, sondern auf der Ebene der
sprachwissenschaftlichen Betrachtung als Funktionieren eines
Systems in der Sprechtätigkeit.»308 (Lüdtke 2005, 87)

Esta afirmación es válida, pensamos, para todas aquellas unidades


léxicogramaticales inferiores a la unidad de sentido, esto es, a la
contextualización pragmática (Bedeutungsposition de Splett; ↓ 2.2.2.2 ). No
pensamos, por el contrario, que los signos se encuentren de antemano
desprovistos de significado inherente, sino que, en un nivel sincrónico, la forma
semántica invariante no es deducible sino de forma interpretativa (por un
proceso de abstracción y comprobación de rasgos; cf. García Padrón 1998) y no
por realización sistémica, como pretendía la discutida gramática estructural. En
el momento en el que se pretenda sobrepasar, en un análisis sincrónico, los
límites de la reducida morfología recurrente, a saber, los procedimientos vigentes
y activos de generación léxica, se invadirá el nivel diacrónico, en tanto que

«[d]ie Wortbildung einer Sprache enthält sedimientiert


verschiedene geschichtliche Entwicklungsphasen. Neue
produktive Verfahren koexistieren mit alten unproduktiven,
Systematisches und Unsystematisches bestehen nebeneinader.»309
(Lüdtke 2005, 89)

En consecuencia, el estadio sincrónico no debe considerarse como un eje


estático, simultáneo y sistémico, como un producto, sino como una franja
dinámica y heterogénea, donde se crean, destruyen, retoman, abandonan,
unifican, bifurcan, amplían y restringen procedimientos léxicogramaticales. Así,
se explicarían los casos de bifurcación u homogeneización de signos
morfológicos, como el estudiado anteriormente (↑ 2.1 ), donde las unidades se
encuentran a medio camino entre la síntesis y el análisis.310 Como vemos, ni los
usos, el grado de gramaticalización o motivación semántica, ni la distribución
pragmática en el seno de una lengua histórica son homogéneos. Por otro lado, el
uso sincrónico está repleto de ecos del pasado. Por ello, como explica Coseriu
(2007, 139), no es posible siquiera sopesar el nivel de «resonancia histórica» en
el habla de un único individuo o hacer mensurable, al menos con los medios
actuales, los residuos históricos del conjunto de una lengua histórica, sobre todo,
si esta presenta una amplitud alomórfica tan basta como la española. Esta
concepción dinámica, que parece introducirse en la investigación morfológica,
deberá conducir a una consecuente descripción del fenómeno semántico (↓ 2.2 y
2.3 ).

2.2 Dimensiones de la significación

2.2.1 Consideraciones generales sobre las dimensiones semánticas y


adecuación al análisis de familias léxicas

El tratamiento de los niveles o dimensiones de la significación discriminables en


el acto lingüístico, de forma general, y en el estudio del léxico, de forma
particular, plantea algunos problemas: por un lado, el establecimiento de un
número determinado de niveles de abstracción, atribuibles a la significación
idiomática, evoca inevitablemente la duda de si es posible discriminar lo
«estrictamente lingüístico» de lo «no lingüístico» –a saber, la viabilidad de la
famosa distinción entre centro y periferia– y, del mismo modo, si, una vez
establecida tal dicotomía, la abstracción de tales particularidades se corresponde
con caracterizaciones propias de la lengua en cuestión o, por el contrario,
representa una generalización de rasgos artificial y externa a la realidad o
manifestación lingüística dada (cf. Bello 2006 [1881] y Busse 2009);311 por otro
lado, tales distinción y jerarquización semánticas se hacen del todo
imprescindibles, para poder mantener cierta claridad metodológica y
consistencia en la investigación.
La necesidad de distinguir entre niveles semánticos ha sido un tópico
recurrente en la lingüística general, si bien no se ha logrado hasta el momento un
consenso en cuanto al número y propiedades que estos han de representar o en
cuanto a su precisión terminológica. De acuerdo a Hermanns (2002, 343),

«[d]er Begriff Dimension der Bedeutung (kürzer:


Bedeutungsdimension) ist als Terminus der Linguistik ganz neu;
wie es scheint, wird er in diesem Handbuch erstmalig verwendet,
wenn auch von den Dimensionen lexikalischer Semantik schon
etwas früher gesprochen wurde (Hermanns 1995a). Der Gedanke
aber, dass man (drei) Bedeutungsdimensionen unterscheiden
sollte, ist erheblich älter.»312 (Hermanns 2002, 343)

Como aclara el autor, es a partir de la publicación en 2002 del manual


internacional de Lexicología, editado por Cruse, Hundsnurscher, Job y Lutzeier,
cuando se acuerda en el foro internacional –y no de forma aislada según
determinados autores o paradigmas concretos– la necesidad metodológica de
establecer niveles o capas en el análisis léxico-semántico.313 No obstante, las
fuentes del problema son considerablemente más antiguas, de modo que
reduciremos nuestra exposición a algunos momentos claves del desarrollo, cuyo
tratamiento nos permita no sobrepasar los márgenes del objeto de estudio que el
presente trabajo persigue.
Como exponíamos ya desde el comienzo (↑ 1.1), la separación entre el
contenido lingüístico y los hechos extraidiomáticos a los que este se refiere fue
un hallazgo de la antigüedad y permanece, prácticamente sin modificaciones,
hasta la propuesta del triángulo de Ogden y Richards (1923, 14), que se presenta
como marco de una teoría semiológica esbozada de forma general sobre la base
conceptual propuesta por Saussure (1945 [1916]). Tal triángulo escinde las
cualidades del lenguaje de las de los hechos e interpone entre ellas un nivel
conceptual que caracteriza a los contenidos simbólicos.314 A partir de esta
concepción sígnica o, más exactamente, a partir de la visión ternaria del
fenómeno que encuentra sus orígenes en el Crátilo platónico.315 Bühler (1999
[1934], 24ss.) postula un modelo instrumental (Organonmodell) de
representación semiológica, en el que se figura la manifestación lingüística como
una interacción entre el uno (einer), el otro (der andere) y los objetos (die
Dinge), de manera que el instrumento lingüístico (organon)316 surge como
resultado de la interacción entre los tres miembros. De tales relaciones derivan
las tres funciones semánticas317 básicas que competen al acto comunicativo: la
«expresión» (Ausdruck) como referencia en el acto lingüístico a la actividad
eficiente del uno o emisor, la «apelación» (Appell) como referencia a la actividad
efectiva en el otro o receptor, y «representación» (Darstellung) como referencia
a la relación simbólica entre el acto lingüístico y los objetos referidos. Como
vemos, la propuesta de Bühler complementa la de Ogden y Richards, en tanto
que determina la función cognitiva o representativa del lenguaje318 por la
inclusión de las funciones correspondientes al emisor y receptor en el fenómeno
lingüístico –contenidos de forma implícita en la teoría previa–, así como sus
respectivas funciones (cf. Hermanns 2002, 343–346).
En torno a los años sesenta, Jakobson (1981 [1960]) propuso una
reconsideración y la respectiva ampliación del aceptado modelo de Bühler, en la
cual introducía las funciones lingüísticas precisas para complementar la
concepción del acto comunicativo. En su modelo, distinguía –como sus
antecesores– la presencia de un «emisor» (addresser), un «destinatario o
receptor» (adressee) y una «realidad referente» (context), pero se diferenciaba de
ellos al añadir el «mensaje» (message) y «código» (code) –en tanto que
elementos internos a la comunicación y pertenecientes al organon bühleriano–
así como el «contacto o canal» (contact) –elemento o medio posibilitador de la
comunicación– (cf. Jakobson 1981 [1960], 21–22). A cada uno de estos
elementos comunicativos pertenecía una función lingüística, a saber: «emotiva»
(emotive), si se destaca el emisor en el acto comunicativo, «conativa» (conative),
si se destaca el destinatario o receptor, «referencial» (referential), si se destaca el
contexto, «poética» (poetic), en el caso del mensaje, «fática» (phatic), en cuanto
al contacto o canal y, por último, «metalingüística» (metalingual) con respecto al
código (Jakobson 1981 [1960], 22–27).
De especial interés es, para nuestro estudio, el concepto de poetic function, el
cual se concibe como una función lingüística abarcadora y, por tanto, no
restringida a los contenidos normalmente entendidos como literarios. En su
modelo, la función poética –designada de acuerdo a la etimología griega–
representa la función «creadora o hacedora» del lenguaje, en tanto que
procedimiento que da forma idiomática a los fenómenos dados (contextualmente
) mediante las posibilidades paradigmáticas y sintagmáticas del idioma en
cuestión.319 Por otro lado, la funciones metalingüística y fática representan dos
relaciones no atendidas por Bühler y Ogden y Richards, a saber, las que
describen las relaciones entre el emisor y el código, de una parte, y el emisor y el
canal, de otra.320
El siguiente paso de la teoría lingüística persiguió el desarrollo conceptual de
la representación, esto es, la Darstellung, reference o context. Asimismo, la
investigación en el análisis de componentes semánticos precisó una posterior
revisión del concepto de representación e insertó en la teoría los avances
conceptuales y terminológicos que surgieron en su seno. Son Baldinger (1970,
155–59) y Heger (1974, 30–32)321 quienes desarrollan el concepto de «trapecio
semántico» –basado este último en Hilty (Heger 1974, 31; Hilty 1997, 63)–, el
cual implementa el triángulo previo con los conceptos de monema, significado,
semema y concepto (sema), de los cuales ya hemos hablado (↑ 1.2). Entre la
«realidad» (referent en Ogden y Richards y Dinge en Bühler) y la «sustancia
fónica» (symbol en Ogden y Richards), Heger interpone el concepto o sema, que
representa el rasgo de la realidad expresado por la lengua («figura», como
entidad derivada de la sustancia del contenido, para Hjelmslev), el semema,
como el conjunto de semas que configuran una significación homogénea
detectable en el signo y que articula una estructura paradigmática, el significado,
como el conjunto de todos los sememas reunibles bajo un significante, y, por
último, en el mayor grado de abstracción lingüística, el monema, como unidad
mínima de significado que contiene la suma de los sememas y los fonemas y que
se correspondería al «signo lingüístico» de Saussure. Este nuevo modelo
consigue reunificar en la concepción sígnica tradicional el variable número de
sememas atribuible a una secuencia significante o formativa, pues, como declara
Baldinger (1970, 156), la aceptación del triángulo de Ogden y Richards condujo
irremediablemente a atribuir a un signo único tantos triángulos como sentidos o
sememas exprese. El concepto de trapecio, en general, y «significado», a saber,
«suma sígnica de sememas», en particular, posibilita la reunión y
homogeneización del signo lingüístico.322 Por otro lado, la adscripción del
trapecio al nivel de la segunda metalengua de Greimas (1966, 13–16), a saber, al
nivel en el que se aplica la metodología lingüística, representa un avance
considerable en la delimitación entre lo estrictamente lingüístico y lo periférico,
es decir, entre lo propiamente lingüístico, lo metodológico y lo accidental.323
Posteriormente, en 1971, Coseriu propone una clasificación de los tipos de
significación representativa324 –incluidos por él en su noción de significado– de
acuerdo a sus funciones léxicas o gramaticales, esto es, de acuerdo a lo que, en el
léxico o la gramática, es semánticamente funcional o distintivo, en oposición a lo
que es semánticamente accesorio o no formalizado –en el sentido de Hjelmslev–.
Esta concepción excluye, como es sabido, las significaciones designativa o
referencial y connotativa o asociativa (Coseriu 1986 [1977]).325 Esta separación
posibilita la distinción entre una gramática «onomasiológica», atribuida, por
ejemplo, a Bull y Heger, de una «funcional» (Coseriu 1987 [1971], 142). Coseriu
distingue, por tanto, entre un significado léxico, que «corresponde al qué de la
aprehensión del mundo lingüístico», significado categorial que corresponde al
«cómo» de tal aprensión, esto es, a la pars orationis tradicional, significado
instrumental o el «significado de los morfemas», significado estructural o
sintáctico, a saber, «el propio de las combinaciones de unidades lexemáticas o
categoremáticas con morfemas, dentro de la oración» y, por último, significado
óntico, que describe el «valor existencial que se asigna al estado de cosas
designado en una oración», es decir, el significado que reviste semánticamente
una oración como ‘enunciativa’, ‘interrogativa’, ‘imperativa’, etc. De esta forma,
el autor distingue entre un qué-paradigmático, el cual representa el significado
léxico, del cómo-paradigmático, representado por el significado categorial e
instrumental, y, del mismo modo, distingue entre el qué-sintagmático , que
representa el significado estructural o sintáctico y el cómo sintagmático, a saber,
el significado óntico (cf. Coseriu 1987 [1971], 136–147):

Fig.22: Niveles semánticos según Coseriu (1987 [1971], 136–147)

Basado en esta organización y de acuerdo a la concepción de significado


propuesta posteriormente por Trujillo (1989) –según la cual el significado
idiomático ha de ser una forma de contenido invariante, inefable e intraducible
326–, Morera (1994) ha matizado la dicotomía coseriana. El autor renuncia al
significado léxico coseriano y esboza un nuevo concepto, denominado
significación primaria, que define como una «intuición semántica básica en
estado puro». Esta puede ser –siguiendo a Bühler (1999 [1934], 79 y ss. y 149 y
ss.)– o bien descriptiva/simbólica, como en los signos flor, mesa y paz, o bien
deíctica /mostrativa, como en los signos aquí, yo y este. El autor abandona,
entonces, el valor oposicional del significado léxico, que organiza la estructura
lexemática primaria o campo semántico, y postula en su lugar un valor
invariante inherente a la raíz léxica o gramatical. Este valor invariante
representa, siguiendo a Coseriu, el qué del contenido léxico. A la significación
primaria, que subyace tanto en morfemas como en lexemas, Morera superpone,
en la línea del lingüista rumano, la significación categorial, que habilita el
contenido primario para su realización discursiva. En consecuencia, la raíz léxica
baj-, por ejemplo, que contiene la significación primaria ‘posición-vertical-
negativa’,327 asume la significación morfológica conjugacional de ‘tercera
persona del plural del presente’ -an y, con ella, la significación categorial
‘verbal’, habilitándose así para aparecer en la realidad concreta del hablar. La
significación primaria con función instrumental o morfológica puede ser de dos
tipos, a saber: interna, cuando «cuantifica» la materia semántica de la base,
como, por ejemplo, niñ-ito ‘que-es-simplemente-niño [apreciativamente]’, o
externa, cuando «modifica» la materia semántica de la base, por ejemplo, super-
poner, a saber, ‘poner-[aquí] ‹en› posición-vertical-positiva’.328 La significación
categorial puede ser, como prevé Coseriu, de tres tipos, esto es, sustantiva,
adjetiva y verbal. La significación sintáctica, es, para Morera, a diferencia del
significado estructural de Coseriu, «el valor relacional de dependencia […] entre
dos unidades categoriales» (Morera 1994, 286), concebido en un sentido
estrictamente combinatorio y reducido a relaciones sintácticas dentro y fuera de
la palabra. Sus subtipos son atribución, predicación y aposición. La
significación óntica, que representa el cómo de la significación sintáctica,
coincide plenamente con la de Coseriu.329
De este modo, el autor logra adaptar la arquitectura semántica del léxico a un
planteamiento no restringido al análisis lexemático. Por otra parte, describe los
dos tipos posibles de significación primaria y los incorpora en un modelo
integral del léxico como conclusión o desarrollo de los modelos aquí expuestos.
Wotjak (2006, 201–202) ha supuesto, en su última revisión general de los
problemas léxico-semánticos y su correspondiente integración en la pragmática
y la cognición, la existencia de cuatro niveles generales de abstracción
metodológica, que abarcarían los niveles semánticos supuestos por Bierwisch,
Trujillo y Morera. En ellos se detecta un nivel IV o sistémico, en el que se da
cuenta de la potencialidad léxica («sprachliche Struktur <l>» de Bierwisch 1983
y «forma semántica» de Trujillo 1996; Morera 1998c), un nivel III, en el que se
integran las «macroestructuras alosemémicas sintagmáticas», en cierta medida
análogas a los significados de norma (Coseriu 1982 [1962]), un nivel II en el que
se hallan las «macroestructuras comunicativas», en las cuales se integran
aquellos contenidos léxicos no insertos en las macroestructuras alosémicas y, por
ende, «dependientes del potencial comunicativo en su conjunto» (en este nivel se
incluyen, por ejemplo, los valores connotativos y denotativos de Coseriu con
cierto grado de usualización) y, por último, un nivel I, que engloba la realización
discursiva y estrictamente situacional, en la que aparecen manifestaciones
plenamente subjetivas –valores ilocutivos, perlocutivos, asociaciones
individuales, etc.–. Correspondiente a los niveles IV y III de Wotjak puede
concebirse la semantic underspecification («infraespecificación semántica») de
Pustejovsky,330 puesto que ambos circunscriben a estos niveles la estructura
argumental, eventiva, de qualia y de tipificación,331 semejantes, a diferencia de
la perspectiva marcadamente proyeccionista de Wotjak con respecto a
Pustejovsky,332 perspectiva denominada comúnmente, «de abajo arriba», pero
homólogas, en oposición, a Jackendoff (1991, 18), al situar su objeto de estudio
en un nivel eminentemente lingüístico (Pustejovsky 2006, 137).
Como expusimos en el apartado anterior (↑ 2.1 ), los límites sintagmáticos de
los contenidos representativos que aquí hemos expuesto se han revelado,
especialmente en el ámbito morfológico, difícilmente analizables desde el punto
de vista de vista sincrónico (↑ 2.1.3 ) y, consecuentemente, hemos propuesto,
con Greimas (1966) y Hjelmslev (1974 [1943]) –pero no en el sentido técnico
presente en Chomsky (1999 [1956])– desplazar el nivel de representación
semántica (de los niveles IV, III y II de Wotjak) del nivel estrictamente
lingüístico al nivel de la primera metalengua, es decir, hermenéutico o
interpretativo (Busse 2009, 47–48). Podría pensarse que el objeto de estudio de
la semántica léxica se funda en la poetic function de Jakobson, en tanto que –
siendo de índole semántica, como aclaraba Bühler– versa sobre el lenguaje
mismo y no sobre terminología aplicada al lenguaje. Como mantiene el propio
Jakobson (1981 [1960], 27), «the poetic function projects the principle of
equivalence from the axis of selection into the axis of combination» y son, sin
duda, las relaciones paradigmática y sintagmática de los signos las que,
primordialmente, atañen a la Lexicología. Lo «poético» representa, por tanto, en
el sentido de Jakobson, lo que de acuerdo a «lo decible» se «dice» para expresar
«lo que se quiere decir». La «poeticidad» descansa, en consecuencia, en cómo se
apalabra el contexto y, por ende, cómo se idiomatiza o –para evitar la
ambigüedad de relacionar este concepto con el patrón de lexicalización de Talmy
(1985; 2011)– formaliza (wie wird ver-sprach-lich-t) la referencia. El hablante se
pregunta, en el nivel poético, por qué selecciona y no por qué es lo que
selecciona. Por ello, el estudio semántico del léxico y, especialmente, de
estructuras morfosemánticas como familias léxicas trasciende lo «poético», ya
que este no investiga cómo la lengua apalabra el mundo referencial, sino las
posibilidades existentes para apalabrarlo (Trujillo 2011, 86).333
En el presente estudio distinguiremos dos niveles básicos de análisis: el
primero lo representará el ámbito extralingüístico, que abarca los fenómenos
ajenos a la consciencia lingüística o representación discursiva del individuo, a
saber, los elementos externos al universo del discurso, en tanto que
conglomerado representativo que incluye unidades lingüísticas y sus
correspondientes cognitivas; el segundo lo representa el nivel propiamente
lingüístico334 que se manifiesta de forma objetiva en la realidad discursiva o en
el antedicho universo del discurso (Lang/Maienborn 2011, 718–720). Este
primer nivel puede estudiarse complementariamente –tras un proceso exegético
o interpretativo en un nivel metalingüístico– o bien desde una perspectiva
sincrónica/estática, o bien desde una diacrónica/evolutiva. Aunque esta
dicotomía suele ser universalmente aceptada, es observable cómo la
manifestación y organización representan más bien un conglomerado pancrónico
(cf. Wright 2009), en el sentido de un todo homogéneo difícilmente delimitable
en términos de sincronía o diacronía (↑ 2.1 ). En el plano interpretativo, en el que
se sitúa el análisis del fenómeno semántico en todas sus facetas, pueden
discriminarse tres tipos de estructuración:
(a) estructuración potencial o prerrealizativa,
(b) actual o realizativa, y
(c) oposicional u organizativa.
La estructuración potencial abarca aquellas facultades posibles del código
lingüístico, que derivan de su estructura y arquitectura en cuanto tal, a saber, en
cuanto sistema, así como sus relaciones, estructuraciones y grados de
abstracción. Tal estructuración semántica potencial interpreta los datos dados
como realizaciones de posibilidades inherentes a la lengua y previas a tales
datos. En esta estructuración, se pone el foco, como vemos, en la posibilidad, no
en la factibilidad. La estructuración actual reúne, en oposición a la anterior, los
elementos realizados o dados en el seno del código, así como,
proporcionalmente, sus relaciones, estructuraciones y grados de abstracción.
Este nivel interpreta los elementos realizados o dados como miembros –o
concretizaciones–de un nivel más abstracto (una clase) que las incluye y
determina. En esta estructuración, se pone el foco, como vemos, en la
abstracción o generalización de lo factual, no de lo potencial. La estructuración
oposicional, inherente a los ya descritos, representa la organización, estructura y
arquitectura del código en oposición a otros códigos dados o posibles. Su
concepción explicativa no descansa en la actualidad o potencialidad de la clase
en la que se incluyen los miembros, en la mayor conceptualización o intuición de
tal clase, sino en los márgenes y diferencias que distinguen los miembros de la
clase. En esta estructuración, se ponen de manifiesto las diferencias léxicas y no
las semejanzas. De acuerdo a estos planos, puede describirse, desde nuestro
punto de vista, el fenómeno semántico con cierta exhaustividad. Veamos un
esquema:
Fig. 23: Niveles de análisis y abstracción semánticos

Como se aprecia en el esquema, el nivel extralingüístico se define de acuerdo a


unos elementos y relaciones, en parte, discordantes con respecto al uso que estos
presentan en ocasiones en la bibliografía especializada. Como afirma Bußmann
(2002), es usual encontrar en trabajos especializados un uso sinonímico de los
términos denotatum, referente, designatum, denotación, designación y referencia
y se vacila, con frecuencia, a la hora de circunscribirlos en un ámbito lingüístico
o extralingüístico. Para procurar un uso más consecuente de los términos y
reducir en lo posible los casos de ambigüedad, hemos redefinido los términos en
aquellos sectores conceptuales que pudieran resultar confusos, aunque hemos
procurado mantener las convenciones más generalizadas en la medida de lo
posible. Del mismo modo, hemos usado un sentido reetimologizado de los
términos para que nuestra redenominación conceptual no sea particular o
arbitraria, sino que pueda derivarse del sentido propio de la lengua de la que
proceden.
En el esquema presente, hemos denominado denotata o realia a los
fenómenos o manifestaciones del mundo extralingüístico, con indiferencia del
hecho de que estos sean conocidos o conscientes para el individuo. La discusión
acerca de si estos elementos pertenecen al mundo extrínseco al individuo o si,
por el contrario, constituyen una representación cognitiva subjetiva del mundo es
una pregunta que, en principio, no atañe al lingüista, sino al diálogo entre la
Epistemología, Neuropsicología y Física, de forma que no abordaremos el
problema de si los predicados adscribibles a los denotata son atribuibles a un
fenomenalismo, a un realismo escéptico, ingenuo, directo o indirecto (cf. Dancy
2007 [1987]; Lorenz/Wotjak 1977; Jackendoff 2011, 690). Nosotros definiremos
los denotata negativa y provisionalmente como aquellas unidades
representativas independientes del universo del discurso generado por una
lengua en particular (Cifuentes Honrubia 1990, 106). Entre el nivel de las
representaciones denotadas y el de los referentes discursivos se da una relación
de denotación (en lat. ‘[re]conocimiento’) cuando el movimiento se produce
desde las segundas a las primeras, de forma que los elementos representativos
del universo del discurso se vinculan con elementos externos a ellos mismos y,
en consecuencia, se atribuyen de forma ingenua a un mundo externo. En caso
contrario, se da una relación de designación (en lat. ‘simbolización’), a saber,
cuando elementos del supuesto mundo externo sirven de estímulo para su
apalabramiento o integración en el universo del discurso intersubjetivo y, como
consecuencia, se generan unidades mentales análogas a las denotadas. Estas
unidades mentales sirven, como mantiene Bello, de signos o símbolos a los que
nos referimos en los discursos (cf. Bello 2006 [1880]).
Estas unidades resultantes, que son el producto de la cognición y que
representan los contenidos de la consciencia derivados de nuestra experiencia
directa con el entorno ultrapersonal, podrían denominarse «signos», «símbolos»,
«ideas-signo» (según Bello), Modelos Cognitivos Idealizados (Lakoff 1987) o
designata, pero preferiremos denominarlas referentes, por la internacionalización
que presenta este término (cf. Lehmann 2012). Definimos, por tanto, los
referentes como aquellos contenidos mentales a los que se refieren los
enunciados lingüísticos, generando el mencionado universo del discurso (las
clases típicas de tales referentes representarían los prototipos de Kleiber 1995).
Entre los enunciados lingüísticos y sus referentes se da una relación de
referencia. La adscripción de los referentes a los contenidos de la consciencia
susceptibles de ser referidos por enunciados lingüísticos, los cuales, sin tal
proceso de referencia, se vuelven ininterpretables, nos conducen a admitir que es
en este punto en el que se inicia el fenómeno propiamente lingüístico.
Definimos, por tanto, siguiendo a Coseriu (2007), el universo del discurso o
realidad discursiva como la relación entre el acto lingüístico y los contenidos de
la consciencia que posibilitan toda (de)codificación posterior (Fillmore 1985;
Jackendoff 2011; Talmy 2000; 2011; Slobin 2006; Gawron 2011). En este nivel
es característico, por otra parte, el alto grado de recurrencia o fijación
sintagmática, esto es, la idiomaticidad (Fleischer 1984; Cruse 2002; Coseriu
2007), como ya hemos puesto de relieve (García Padrón/Batista 2010; ↓ nota a
pie 287).
A partir de este nivel, que abarca la realidad lingüística stricto sensu, el
encadenamiento situacional, discursivo y pragmático, toda abstracción o
jerarquización es fundamentalmente interpretativa o exegética.
En el nivel interpretativo –aproximadamente, (reglas de) interfaz en el sentido
de Jackendoff (2008 [2002], 421) y Bierwisch (2011, 324)–, objeto propio del
análisis léxico-semántico, podemos advertir una estructuración actual,
oposicional y potencial.
La primera estructuración, la estructuración actual, que se define, en esencia,
por oposición a la potencial, deriva del análisis de la representación lingüística
de los enunciados dados (Hilty 1997, 63–65). En ella se reconocen niveles de
abstracción que parten de los hechos concretos de habla hasta llegar a las
estructuraciones sistémicas y, por ende, presupone un tipo de análisis
eminentemente construccional (Goldberg 2003). Siguiendo a Wotjak (2006) –y,
con cierto consenso entre las diversas corrientes lingüísticas– pensamos que
existen cuatro niveles de abstracción semántica (véase más arriba), que
comprenden desde lo situacional (I) hasta lo sistemático (IV). Esta reúne en
estos cuatro grados de abstracción lo detectable en el habla, de forma que
permite reducir el léxico mental y la gramática a modelos o plantillas que
explican las realizaciones concretas o esporádicas. En el nivel más general,
postulado por Wotjak (1977), Pottier (1993) y Pustejovsky (1995), entre otros,335
se adscribe la infraespecificación semántica que permite resolver los problemas
sinonímicos del habla y, así, simplificar, dinamizar, contextualizar y desatomizar
las estructuras léxicas mentales.336
El tipo léxico tenedor, por ejemplo, que representa un tipo compuesto
[instrumento•objeto]337 selecciona un contenido u otro dependiendo del
contexto, como puede verse en los siguientes ejemplos:
(1) El pincho sirve como tenedor para sujetar la carne. [instrumento]
(2) El trozo de carne era tan pesado que dobló el tenedor. [objeto]
La estructura sémica o de qualia de esta unidad posibilita la doble interpretación
referencial. En los casos en que la unidad léxica se refiere a eventos, su
infraespecificación determina su estructura argumental. Este nivel explica la
variación léxica referencial y realizativa.
Desde un punto de vista actual es posible distinguir una función semántica
normativa y una pragmática (niveles I-III de Wotjak). En estos niveles se fijan
los valores directrices de las unidades léxicas y se distribuyen las funciones
designativas en los diversos procedimientos léxicogramaticales. Así, el lexema
regio, adjetivo que designa sistémicamente un estado, se determina
referencialmente en algunas variedades de Sudamérica, como el español chileno,
como ‘estupendo, maravilloso, muy bueno, inmejorable’, al tiempo que en otras,
como otras variedades, como el español septentrional designa estados como
‘esplendoroso, digno de un rey’. Estas variaciones designativas y denotativas
configuran los esquemas, llamados por Wotjak «medioestructurales», por
Coseriu «normativos» y por Augst «directrices». En un nivel textual más
concreto, tales variantes pueden tomar matizaciones esporádicas o contextuales
como ‘bien’, ‘de acuerdo’, etc., circunscribibles, por tanto, a la semántica textual
o discursiva.
La segunda estructuración, que comprende el significado lexemático u
oposicional, informa sobre el número, relaciones y jerarquización de las
unidades léxicas intra-e interlingüísticamente. En ella se advierte el tipo de
organización lingüística perceptible en el léxico. De esta forma, tanto el tipo
compuesto tenedor como, por ejemplo, el verbo alemán gehen (‘ir’) adquieren su
identidad semántica al oponerse, por un lado, a otras unidades como cuchara y
kommen (‘venir’) y, por otro, a martillo y fahren (‘conducir’), respectivamente.
De esta forma, tenedor es lo que no es una cuchara ni cuchillo, en tanto que
‘instrumentos para comer’, y no es un martillo, como ‘instrumento para
construir’, así como gehen (‘ir caminando’) se caracteriza por oponerse a
kommen (‘venir’), por un lado, y a fahren ‘moverse en vehículo’, por otro. De
esta forma, tenedor es un objeto que funciona como instrumento {tenedor,
cuchara, cuchillo, espumadera, martillo, grúa, …n} y que, además de servir para
fijar {tenedor, llave inglesa, …n}, solo se utiliza para comer (tenedor). Del
mismo modo, gehen (‘ir a pie’) es un verbo de movimiento {gehen, laufen,
rennen, fahren, fliegen, …n}, que, además de ser realizado a pie {gehen, laufen,
rennen, kommen …n}, se caracteriza por dirigirse desde la posición del
hablante/sujeto {gehen, laufen, rennen, …n}, en oposición a los verbos dirigidos
hacia la posición del oyente/objeto (kommen, sich annähern), sin determinar la
velocidad del movimiento (gehen) (cf. Wotjak 1971; Geckeler 1971; Coseriu
1986 [1977]; Coseriu/Geckeler 1981; Morimoto 2001; García Padrón 2012, 82;
Demonte 2012, 29). El significado oposicional informa, por tanto, sobre el
número, la posición y los rasgos distintivos o diferenciadores de los elementos
de un sistema léxico a la hora de referirse, designar o denotar eventos
extralingüísticos. Las unidades del sistema oposicional no deberán identificarse
con las del sistema de infraespecificación, ya que, a pesar del alto grado de
abstracción que presentan ambas, las primeras se conciben únicamente como
posiciones estructurales en el sistema (Kunze 1993), desprovistas de contenido
representacional externo al que sirve para formalizar los rasgos distintivos (cf.
Coseriu 1995), mientras las segundas representan una reducción de los rasgos
dados en el habla y, consecuentemente, una abstracción archisemémica o
infraespecificación discursiva, sustentada en buena parte por cómputos eventivos
o «significados estructurales» (Wotjak 2006; Rappaport/Levin 1998; Pustejovsky
1995). La primera representa un conjunto de diferencias, la segunda una
«pragmática codificada».
El objeto de estudio de ambas es, sin embargo, el mismo, en tanto que, por
ejemplo, la unidad citada tenedor es para unos una abstracción a partir de los
contextos en los que la unidad ha aparecido, es decir, un proceso de usualización,
socialización y generalización de rasgos del lexema, como decimos, hasta
configurar un hecho «pragmático codificado», al tiempo que, para los segundos,
la matriz de rasgos representa una abstracción definida por oposición
(paradigmática) a las unidades restantes, a saber, la suma de sus rasgos
distintivos. Como han advertido especialmente Coseriu y Geckeler (1985), el
marco de estudio propio de la lexemática es la lengua funcional, de forma que su
análisis se engloba en un nivel de abstracción considerablemente alto (III de
Wotjak) y, por tanto, dependiente ya de homogeneizaciones diatópicas y
diastráticas. Tal diferencia de nivel se percibe con gran claridad en el ámbito
notacional, sobre todo, cuando se pretende incorporar información semántica del
nivel oposicional en el nivel actual, dado que los rasgos oposicionales rechazan
con frecuencia ser incluidos como predicados proposicionales jerárquicamente
independientes, y solo admiten interpretarse como modificadores de predicados
o argumentos contenidos en las plantillas eventivas o como modificadores del
evento general. Así, la distinción existente entre verbos como correr e ir, basada
un rasgo opositivo de ‘modo’, privativo a favor del primero, se debe adjuntar en
la notación lógica como un modificador que afecte al predicado que evoca el
desplazamiento (Morimoto 2001, 129).338
La tercera estructuración, a saber, la que representa la forma de contenido
primaria o significación primaria abarca el fenómeno semántico invariante
desde un punto de vista potencial.339 Se adscribe, junto con la FAG de Wotjak y
la underspecification de Pustejovsky, a un nivel alto de abstracción y se
caracteriza, igualmente, por aportar dinamicidad, simplificación y
susceptibilidad contextual a la significación léxica postulada. Sin embargo, tal
significación primaria no solo incluye en su matriz hipotética de descripción
semántica una abstracción de rasgos del contenido dado o actual, sino también
del contenido posible, no realizado o no dado históricamente. La significación
primaria, adscrita a una raíz no categorizada, representa, pues, una intuición
generativa. De este modo, una unidad como tenedor, por ejemplo, pudo tomar la
referencia generalizable como ‘instrumento• objeto para comer (FAG)/diferente
del cuchillo y cuchara (Lex.)’, si y solo si tal plantilla se considera como una
realización actual de una potencial hábil para tomar distintas referencias y de la
cual aquella es solo una posibilidad efectuada (Bierwisch 1983, 81–82; Trujillo
2002, 1401–1404; Lang/Maienborn 2011, 718–720). De esta forma, la unidad
tenedor pudo haber designado, por ejemplo, los denotata ‘propietario’,
‘almacén’, ‘asignador de propiedad’, ‘maleta’, etc. La posibilidad de atribuir a
una secuencia léxica la representación ‘objeto’ o ‘instrumento’ aparece solo en el
momento en el que la significación léxica ya se ha actualizado denotativamente.
Con todo, esta significación actualizada, con independencia del grado de
abstracción con el que se describa, no puede explicar por qué tal secuencia léxica
designa otros denotata en sus restantes variantes categoriales o
léxicogramaticales . En palabras más simples, podemos decir que el nivel de
abstracción que explica que tenedor es un ‘instrumento’ no explica por qué el
ob-tenedor y man-tenedor son ‘agentes’ o por qué el con-tenedor es un ‘objeto’.
La significación primaria de tenedor concibe la pieza léxica como una potencia
parafraseable como ‘el/lo que tiene’, fruto de la composicionalidad
léxicogramatical sin determinación referencial u oposicional. De ahí que Splett
(2009) la denomine «indexación semántica» (Bedeutungsindizierung), en tanto
que es una posibilidad léxicogramatical y no una pieza discursiva. Por ello, la
significación primaria facilita la estructuración semántica de familias léxicas.
Como vemos, entre la infraespecificación semántica y la significación primaria
existe, por tanto, una diferenciación actual/potencial (Trujillo 2011; 1996;
Morera 2007c; 1994). Composicionalmente no representa, por tanto, la
intersección de los conjuntos de rasgos del habla, sino el resultado de la suma o
composicionalidad de las intuiciones semánticas o hipótesis invariantes
contenidas en los elementos que componen las palabras, a saber, morfemas y
lexemas.
Tanto en el modelo propuesto por Wotjak, como en el expuesto por Trujillo y
Morera, puede distinguirse un nivel normativo o esquemático (nivel III de
Wotjak, «norma» para Coseriu), en el cual no se concibe ya la unidad como
yuxtaposición morfémica, esto es, como una composición analítica (cf. ‘ten(e)’-‘
dor’), sino como una potencialidad o composición potencial sintética (cf.
‘tenedor’). Así, en oposición a un nivel de abstracción IV o sistémico, que es
esencialmente centrífugo,340 el nivel de abstracción III o normativo es
esencialmente centrípeto, en tanto que concibe la unidad léxicogramatical como
una solidaridad entre los constituyentes inmediatos, conformándose así una pieza
léxica homogénea. Este nivel semántico lo hemos denominado forma de
contenido secundaria, representada en la forma semántica (FS), y es de gran
importancia para un análisis consecuente de familias léxicas. En tal nivel de
abstracción potencial, tenedor representa el conjunto de orientaciones
semánticas o representaciones que la pieza léxica puede asumir como
manifestación homogénea de dos unidades –léxica y gramatical– de la lengua en
cuestión. Tenedor presupone, así, potencialmente, el conjunto de referencias que,
de acuerdo a su estructura léxicogramatical, puede asumir la unidad. El conjunto
de representaciones semánticas del nivel III comprende, por tanto, la reducción
de las infinitas posibilidades de los niveles I y II conforme a los criterios de
restricción finitos del nivel IV. La forma de contenido secundaria posee ya cierto
carácter léxico, esto es, puede concebirse como una «palabra histórica» en
potencia. El paso de un momento primario a uno secundario consiste en que el
primero abarca las posibilidades de elección o realización léxicogramatical, al
tiempo que el segundo representa la elección o realización efectuada de un
esquema semántico dado. El conjunto de referencias textuales que asume una
unidad como tenedor pertenece, por tanto, al análisis del modelo actual y no
potencial. En consecuencia, la forma de contenido secundaria o forma semántica
representa el nivel potencial correspondiente al nivel III actual, en el que Augst
sitúa el valor directriz (Leitbedeutung), Coseriu el sentido y Wotjak la
medioestructura.
El nivel II del modelo actual incluye las generalizaciones del habla (nivel I) y
no las concretizaciones del sistema (nivel III), esto es, aquellas generalizaciones
obtenidas de los contenidos concretos del discurso. De este modo, una unidad
léxica como director incluye en este nivel las generalizaciones que causan la
macroestructura semántica de la unidad, es decir, la polisemia situacional que
posibilita la inserción de tal unidad en diversos campos semánticos. En el
modelo potencial, comprende en el nivel II las correspondientes unidades
potenciales que explican las unidades actuales dadas en los textos. Por ejemplo,
en el enunciado él es el director del grupo, el referente textual ‘jefe’ del lexema
director del nivel I puede concebirse, en el modelo potencial, tanto como una de
las posibilidades infinitas referenciales de la arquitectura léxicogramatical
posibilitadas por el nivel III, que es describible como ‘el que-dirige’
(conmutando en este nivel con guía o regente) o como una posibilidad del nivel
IV, en tanto que ‘poseedor de la facultad-no consustancial (-tor)341-de dirigir
(direc)’ y, por lo tanto, conmutable sistémicamente con dirigente, con el que
mantiene una oposición privativa a su favor. Asimismo, en el modelo actual, el
referente textual ‘jefe’ de los niveles representa una de las posibilidades del nivel
III ‘persona que dirige un grupo’ en tanto que realización semémica (nivel IV)
‘agente que dispone de la función de que el/los destinatario (s) cumplan su
voluntad’.342
El conjunto de modelos y niveles propuestos, que integra algunos de los
paradigmas más pujantes en el análisis de constituyentes modernos, representa ,
como hemos indicado anteriormente, una arquitectura esencialmente exegética o
interpretativa. Pensamos, por ello, que la descripción debe ser solidaria e
integradora en cuanto a tales modelos y niveles. Así entendido, un análisis del
modelo potencial no podrá, por tanto, ser refutado por uno del modelo actual, así
como tampoco entrar en contradicción con análisis de diversos niveles de
abstracción de un mismo fenómeno léxico-semántico, por el hecho de que las
distintas aproximaciones no inciden en el fenómeno desde el mismo ángulo.343
Por el contrario, el fenómeno léxico se describe, en nuestra opinión, de forma
más exhaustiva cuanto más rigurosos sean los análisis pertenecientes a cada uno
de los modelos y niveles.
De esta forma, ni el análisis potencial ni el actual desvelan, por ejemplo, cómo
está estructurada léxica y gramaticalmente una lengua, dado que su objetivo es
mostrar qué potencialidades presenta tal estructura o cómo esta se ha realizado
(Busch 1993, 140). Solo un análisis de las relaciones oposicionales o funcionales
desvela la organización y jerarquización estructural de la lengua. Un adjetivo
hispánico como raro designa, en efecto, una cualidad describible potencial y
actualmente en todos sus niveles de abstracción. Sin embargo, la descripción
actual y potencial no explica por qué el alemán presenta dos lexemas, a saber,
seltsam (o selten) y komisch (véase a y b), para designar una cualidad que en
español se designa mediante un solo lexema o por qué el alemán presenta una
sola conjunción subordinante para funciones en las que el español precisa dos
(véase c y d).
(a) Sie hat eine seltsame Stimme
‘Ella tiene una voz rara [porque es atípica]’
(b) Sie hat eine komische Stimme
‘Ella tiene una voz rara [porque produce extrañeza]’
(c) Wenn du willst, können wir hingehen
‘Si quieres, vamos’
(d) Wenn ich Kopfschmerzen habe, kann ich nicht lesen
‘Cuando tengo dolores de cabeza, no puedo leer’
Como muestran los ejemplos, la estructura lexemática funcional u oposicional
es, sin duda, diferente en cada lengua tanto en el sector gramatical como en el
léxico (para una ejemplificación más detallada, ↓ 2.2.2.1.1 ).
Por otro lado, la significación potencial no es precisa para determinar la
totalidad de los cambios semánticos producidos en el nivel actual. Como
apuntábamos anteriormente, no es necesario acudir a un nivel interpretativo
potencial para explicar por qué un lexema como tenedor puede referirse a un
objeto o a un instrumento, pues las variantes referenciales se producen por efecto
directo del contexto y no como un desarrollo más de las posibilidades del
sistema. Si interpretamos el conjunto de los desarrollos designativos y
denotativos que se muestran en el habla como realizaciones sistémicas, se
excedería con mucho la capacidad de motivación del hablante, es decir, se
procedería como si el lenguaje al completo se efectuara en la parole con toda su
carga motivacional. Esto contradice la experiencia científica de los últimos
treinta años y los resultados obtenidos por la lingüística de corpus que ha puesto
de relieve la importancia del conocimiento pragmático de los hablantes, la
contextualización de los enunciados y la recursividad del habla. Uno de los
hallazgos de gran interés del modelo de Pustejovsky en el análisis de familias
léxicas es, a nuestro parecer, el resolver, a este respecto, la dinamicidad del
léxico desde un modelo actual, sin recurrir a un nivel potencial, que debe
resolver los procesos de indexación morfosemántica. En palabras más simples:
se podría decir que muchos de los cambios semánticos o representacionales se
dan, efectivamente, en el nivel pragmático, de modo que no son el producto
directo de la realización sistémica del lenguaje. Paralelamente, el modelo actual
de Wotjak presenta, del mismo modo, la ventaja de haber integrado desde sus
inicios la estructura externa de la palabra en un nivel semémico (de acuerdo a los
avances de la teoría de valencias), de modo que anula el abismo que abre el
modelo oposicional entre léxico y sintaxis. Sin embargo, el modelo actual
propuesto por estos autores no aclara suficientemente por qué una misma
estructura eventiva o de qualia puede subyacer a unidades léxicas diversas
provistas de mecanismos léxicogramaticales diferentes, quedando así
inexplicadas las relaciones entre las estructuras oposicionales y funcionales de
las lenguas y sus respectivas infraespecificaciones.
Considérese, por ejemplo, la combinación alemana verstärken, la cual
presenta la misma FAG o estructura eventiva, no solo que su correspondiente
unidad léxica española, endurecer, sino que los verbos alemanes paralelos
stärken (‘≈ *durecer’), bestärken (‘≈ *durecear’) e, incluso, el posible zustärken
(‘≈ *adurecer’). Del mismo modo, la pareja alemana entzünden (‘≈ *acender,
encender’) y anzünden (‘≈ *encender’) se corresponde eventiva y
valencialmente con sus correspondientes españoles encender o incendiar
(Wotjak 2000; 2006; 2012). Estas combinaciones designan un mismo evento y
presentan una misma valencia –en consecuencia, una misma subespecificación o
FAG– a partir de potencialidades léxicogramaticales diversas,344 en ocasiones,
sin la posibilidad de diferenciarlas sémica o variacionalmente. Estas
combinaciones solo serían diferenciables, por tanto, mediante una descripción
semántica del nivel primario que diera cuenta de las diferencias
representacionales que implican los diversos procedimientos léxicogramaticales.
Un sector del análisis de familias léxicas en el que este fenómeno se percibe
con considerable nitidez es la comparación de correspondencias
léxicogramaticales entre lenguas. En este ámbito, se observa que las
correspondencias interlingüísticas de prefijos modificadores de eventos pueden
generarse a partir de formas de contenido primarias diversas, produciendo
discordancias entre elementos primarios equivalentes o, incluso, falsas
correspondencias entre lenguas (cf. Batista/Hernández Socas/Hernández Arocha
2012; Hernández Arocha/ Hernández Socas 2013b). Veamos algunos ejemplos:

Fig. 24: Correspondencias léxicogramaticales con preverbios ablativos

Como vemos, las funciones aspectuales de la prefijación se distribuyen de


formas diversas en lenguas cuyas estructuraciones prefijales se corresponden
etimológica o funcionalmente. De este modo, una misma significación primaria,
en el nivel potencial, se desarrolla históricamente, en el nivel actual, en forma de
diferentes valores aspectuales. La comparación de tales casos pone al
descubierto que el vínculo entre el nivel potencial y actual es en gran medida
contingente, ya que no existe una relación de dependencia o necesidad entre los
rasgos discriminables en ambos niveles, pero, paradójicamente, motivable,
puesto que siempre se puede encontrar una relación lógica por la cual se deriva
un significado potencial de uno actual. La lejanía entre la estructuración primaria
y funcional y su correspondiente significación actual eventiva puede describirse,
para fines tipológicos, en varios niveles:
(1) Concordancias con vínculo etimológico
(a) Concordancias en las que la totalidad de los
constituyentes inmediatos de las unidades (formas de
contenido primarias) mantienen vínculos etimológicos:
vorsitzen-προσίζειν-praesidere-presidir
(b) Concordancias en las que solo alguno de los
constituyentes inmediatos de las unidades (formas de
contenido primarias) mantiene vínculos etimológicos
i) Tipo 1: Concordancias en las que los prefijos
de las combinaciones están vinculados
etimológicamente: vorstellen -προτείνειν-
praesentare-presentar
ii) Tipo 2: Concordancias en las que las bases de
las combinaciones están vinculadas
etimológicamente: herkommen-ἐκβαίνω-
devenire-devenir
(2) Concordancias sin vínculo etimológico
(a) Concordancias proporcionales o en las que las unidades
se corresponden proporcionalmente (tanto en un modelo
potencial y oposicional, como actual): mitarbeiten-
collaborare ; mitarbeiten-συνεργάζομαι
(b) Concordancias alternas en las que los semas inherentes a
los constituyentes inmediatos de cada unidad están
distribuidos de forma diversa en la arquitectura gramatical
de las otras unidades con las que concuerda, de forma tal
que se da una correspondencia en el nivel de la
significación general (Gesamtbedeutung, a saber, actual),
pero no en el nivel de la significación arquitectónica
potencial (Wortbildungsbedeutung , cf. Fleischer/Barz
2012; Rainer 1993) y, por ende, puede originarse una
«falsa correspondencia», es decir, una concordancia no
correspondiente.345 Veamos un ejemplo:

Fig. 25: Concordancias no correspondientes


De esta forma, se observa que los prefijos mantienen un vínculo semántico
homogéneo o análogo –aunque funcionalmente no idéntico–, mientras que los
significados denotativos de sus bases no se corresponden, ya que la base griega
es denotativamente neutra, esto es, no refuerza la dirección del movimiento,
mientras que en latín, español y alemán la dirección del movimiento de la base
‘hacia arriba’ es recurrente y funcional. Este tipo de relaciones puede conducir,
como hemos dicho, a una falsa correspondencia, en el momento en el que, en
una lengua, la base léxica se encuentra modificada por la variante reforzativa de
su preverbio, mientras que, en la otra, se encuentra la base léxica antónima
modificada por la variante privativa del preverbio correspondiente en el nivel
potencial, de forma que el significado general (actual) concuerda, pero su
arquitectura (potencial) no se corresponde, por ejemplo:

ab- (al.) ≈ de- (es.) [‘movimiento ablativo’]


abbleichen ‘[em]palidecer’
[bleich ‘pálido’ > abbleichen ‘hacer [de] algo [que esté] pálido’]
≈ ‘causativo’
decolorar ‘quitar el color’
[‘hacer que el color [se desprenda de] un objeto’] ≈ ‘privativo’

Como puede verse en los ejemplos, existe una concordancia en un nivel actual
(palidecer [transitivo] ≈ decolorar) que no se corresponde en un nivel potencial
(hacer pálido ≠ quitar color).
Por las razones que hemos expuesto sucintamente en este apartado, pensamos
que, en vistas a un análisis léxico-semántico de familias de palabras, se deben
poner de relieve las diferencias entre una semántica motivacional, que compete a
los vínculos entre morfología y léxico (modelo potencial), semántica
oposicional, que describe la organización idiomática de la lengua en cuestión, y
aquella que estudia la configuración de los valores fijados en la norma, su
abstracción en el sistema y sus respectivas referencias y denotaciones en el
discurso (modelo actual).

2.2.2 La significación extra-e intraidiomática: äußere und innere Sprachform

2.2.2.1 Problemas metodológicos relativos a los vínculos entre la significación


extra-e intraidiomática
Como hemos podido comprobar en el apartado anterior, en el nivel en que series
inter-e intralingüísticas como absteigen-καταβαίνω-descando-descender,
entzünden-anzünden-encender, abbleichen-decolorar, verstärken-stärken-
fortalecer -fortificare-reforzar se pueden describir mediante una misma
subespecificación semántica, no se puede explicar por qué no son posibles, en
esas mismas series, combinaciones como *untersteigen-infravenire-adecender,
*acendereinzünden , perforzar-wiederstärken, entre otras. Esto pone de relieve
el hecho de que la estructura oposicional y potencial de las lenguas naturales se
articulan en un nivel diferente –dependiente en mayor medida del idioma en
cuestión–que aquel en el que se articula la significación actual, atribuible
homogéneamente a todos los miembros de las series (Wotjak 2011, 29). Como
afirman Lang/Maienborn:

«The relationship expressed in (2) [Semantic Form ⊂ Conceptual


Structure] comprises two aspects. The uncontroversial one is the
subset – set relation SF ⊂ CS which follows from the widely held
view that for every linguistic expression e in language L there is a
CS representation c assignable to it via SF(e), but not vice versa.
It is obviously not the case that for every actual or latent CS item
c there is an expression e in L with an SF(e) which makes c
communicable to other speakers of L. Thus, (2) presupposes the
existence of non-lexicalized concepts.»346 (Lang/Maienborn
2011, 711)

Por ello, hemos situado la descripción potencial y oposicional en un nivel


idiomático, a saber, exclusivo del idioma o lengua en cuestión, y hemos
diferenciado, igualmente, un nivel lingüístico, más abarcador, que incluye tanto
aquellas como las representaciones adscribibles a un nivel actual. De este modo,
el nivel actual abarcará aquellas representaciones semánticas de miembros de
familias de palabras individuales, pero que, por el nivel de generalización en el
análisis conceptual, son indistintamente adscribibles a familias heterogéneas e
interlingüísticas. A continuación, expondremos la problemática que surge de la
combinación de ambos modelos lingüísticos, a saber, intra-y extraidiomáticos.
2.2.2.1.1 Diferencia entre realización y designación
La significación proporcionada por un análisis lexemático (oposicional), en el
marco de un modelo que excluya la referencia, tiene un interés sustancial a la
hora de establecer y fijar los límites y posibilidades internas de una significación
intraidiomática. El conocer los usos generales y extensiones semánticas de las
lexías en períodos concretos de la historia de una lengua nos facilita los indicios
para suponer o prever cuáles son o cuáles fueron los límites de una forma
semántica interna en un determinado período histórico, esto es, los márgenes de
una significación primaria, pero no son exclusivamente determinantes para
describirla. El objetivo de este modelo es delimitar la significación, sin
describirla o representarla. Esto quiere decir que toda reconstrucción de un
sistema semántico dado –tanto sincrónico como diacrónico– debe justificarse en
el habla, pues es en ella donde se comprueban los límites reales, la extensión
sustancial de toda forma semántica (vid. Coseriu 1982 [1962], 56), si bien no ha
de inducirse exclusivamente de ella, de la abstracción de rasgos a partir de usos
concretos, pues el uso o el conjunto de manifestaciones de un signo o de un
campo no representa más que facetas fijadas, a saber, rasgos recursivos, que no
hacen justicia a la potencialidad semántica de los signos o campos. El habla nos
muestra uno o varios ángulos semánticos de un signo o un sistema, pero no los
signos o sistemas en sí. La reconstrucción de realizaciones históricas de un signo
o un campo a partir de las realizaciones sincrónicas discretas sucesivas no nos
muestra cómo fueron tales signos o sistemas, sino cómo se han manifestado.
El signo, la unidad semántico-formal, antes de incluirse en una sociedad
lingüística determinada, representa una potencia, no un acto. Asimismo, toda
manifestación léxica no describe una desvirtuación histórica de rasgos, un
aumento o disminución de matices descriptores de la potencia, sino una faceta,
un ángulo representativo, que se aleja o se acerca a la potencia, a la significación
primaria, en diversos grados (Morera 1997c; Kleiber 1995; Wittgenstein 1999).
Sin embargo, esta concepción, nacida en la lingüística de la mano de la
fonología y que encuentra sus raíces en la filosofía clásica, tropieza con un
impedimento importante, a saber, el grado de abstracción analítica y el nivel de
vinculación entre un plano oposicional y actual.
Si bien es verdad que, en fonología –como se ha argüido repetidamente–, los
sonidos [ɔ], [ø], [o] u [ʌ] pueden ser realizaciones, en una lengua dada, del
fonema o, de forma que, como habíamos apuntado más arriba, los rasgos
distintivos con los que se describe el sonido [o] son iguales en número y
denominación que los del fonema o,347 no se puede afirmar, de ningún modo,
que [o] y o presenten la misma estructura paradigmática. El fonema o describe,
en español, un límite colindante con u y a, por un lado, y e, por otro. Como es
sabido, el fonema o se denomina «medio» no, porque, cuando se realiza exento
de contexto, la lengua se eleve a una posición intermedia entre a y u –ya que la
unidad que ocupa tal posición en el aparato bucal es, en efecto, el alófono y no el
fonema–, sino porque se encuentra delimitado oposicionalmente por las restantes
unidades citadas, de forma que, en la tradición fonológica funcional, los rasgos
descriptores de tales conjuntos lógicos asumen las denominaciones de sus
respectivas articulaciones realizativas «no contextualizadas» y, por lo tanto, con
un gran nivel de «idealización» o «prototipicidad» (Núñez/Morales-Front/Prieto
i Vives/Hualde 1999, 29–30).348 La razón por la que se identifican los rasgos
paradigmáticos o descriptores de o y [o] se explica, esencialmente, porque se han
definido o denominado de forma análoga (a saber, o: fomena vocálico posterior
medio; [o]: [alófono vocálico posterior medio]). Sin embargo, esta aparente
semejanza es un espejismo surgido por la similitud de las definiciones que
asumen las diferentes unidades, y desaparecería, consecuentemente, si tales
unidades, que pertenecen a niveles diferentes en el lenguaje, se distanciaran en
su descripción metalingüística (por ejemplo, o: /forma de la expresión limitada
por e, a y u/; [o]: [alófono vocálico posterior medio de o]).
La naturaleza sistemática de los fonemas radica, como aclaró Trubetzkoy, en
su condición negativa, (o)posicional, y no en los rasgos que presentan sus
realizaciones en el habla, aun cuando estos se encuentren descontextualizados o
gocen de un alto grado de abstracción, subespecificación o pertenencia a
conjuntos amplios prototípicos o idealizados. Así pues, como consolidó
Trubetzkoy (1939, 87), si una lengua dada no dispusiera más que de un sonido
vocálico, de forma que no existiera otro al que se le pudiera oponer,
conformando así un sistema, se podría afirmar, sin duda alguna, que tal lengua
no posee fonemas vocálicos, aun cuando, para pronunciar sus sílabas, se valiera,
por ejemplo, de un sonido vocálico central bajo [a] y, como tal,
infraespecificable. Esta concepción la han ejemplificado Martínez
Celdrán/Fernández Planas (2007, 44), cuando, a propósito de los sonidos
obstruyentes hispánicos, explican:

«Todos los autores que mantienen que la explosión es el elemento


más importante, dicen que es debido a su mayor perceptibilidad.
Se dice que es más perceptible porque es el más fuerte; en
cambio, el silencio de la oclusión es el menos audible, ya que es
muda (Gili Gaya, 1950). Sin embargo, no hay que olvidar que
Saussure enseñaba que la «La langue peut se contenter de
l’opposition de quelque chose avec rien» [«la lengua puede
contentarse con la oposición de cierta cosa con la nada»] (1987,
158 (Saussure, 1916, 1.a Parte, II, §3). Éste es un mecanismo
lingüístico que funciona en todos los niveles, no sólo en el
fonológico o morfológico, sino también en el fonético. Es decir, si
en medio de una cadena sonora insertamos un silencio, éste es
significativo, porque llama poderosamente la atención, y es
perfectamente «audible». ¿Por qué el silencio no va a ser
perceptible, cuando se opone al no-silencio? ¿Qué sensación nos
producirían unos segundos de silencio total a nuestro alrededor en
medio de la algarabía de una discoteca? ¿Acaso no nos llamaría
más la atención ese silencio, que el simple cambio de canción,
por ejemplo? En definitiva, creemos que el concepto de
perceptibilidad de estos autores no es correcto. En realidad, lo que
percibimos son relaciones entre dos elementos. Siguiendo con el
ejemplo anterior, unos segundos de silencio insertos en un lapso
de tiempo largo silencioso no se pueden percibir, pero los mismos
segundos en una discoteca ruidosa se perciben clarísimamente por
la oposición que forma en el contexto en que se produce. Todo
ello es posible puesto que no sólo percibimos las diferencias entre
sonido periódico o aperiódico, entre más débil o más fuerte, sino
también entre ausencia o presencia de sonido y, en muchas
circunstancias, esa ausencia de sonido es interpretada como una
consonante oclusiva.» (Martínez Celdrán/Fernández Planas 2007,
44)

En conclusión, si un fonema o forma de expresión no depende exclusivamente


de su manifestación acústica y, en consecuencia, no es pronunciable –tanto si se
concibe como un haz de rasgos oposicionales como una matriz infraespecificada
de rasgos–, pues representa una abstracción de la oposición articulatoria, un
semema o forma del contenido no ha de ser, por esta misma razón, designable.
El fonema se diferencia, por tanto, de un semema o una unidad semántico-
formal, una forma del contenido, en que aquel, el fonema, mantiene un vínculo
entre el sistema y el habla a través de la realiza-ción, esto es, se manifiesta en el
acto lingüístico, pero no presenta designa-ción, a saber, referente en el mundo
extralingüístico. El semema o unidad semántico-formal presenta, junto a una
realización, como potencialidad léxicogramatical, una designación al integrarse
en el lexema o palabra léxica, como tradicionalmente se denomina. Solo las
palabras o lexemas son designativas, mientras que los sememas son únicamente
realizables. El modelo semántico potencial analizará, por tanto, las propiedades
de la realización, al tiempo que el modelo actual analizará, por su parte, las de la
designación.
En otras palabras: un alófono como [o] no representa un referente de o sino
una realización de este, en tanto que elemento fónico adscribible a un margen
fonológico de una lengua histórica. Un lexema o unidad semántico-formal como
amamantar posee, además de realización,349 en tanto que posibilidad
léxicogramatical que pudo haber competido con los supuestos *mamear o
*mamecer, también designación, esto es, referente en un «supuesto» mundo
extralingüístico. De esta forma, al conglomerado semántico ‘a-mama-nt-ar’ se le
atribuye un ‘equivalente’ real, fuera de los márgenes estrictamente lingüísticos.
Por lo tanto, cuando en la semántica estructural o cualquier otro modelo de
análisis semántico basado en rasgos estructurales se conciben los usos
lingüísticos, los hechos de parole, como realizaciones de sus formas semánticas
(en el sentido de Hjelmslev), se le estará exigiendo a tales formas de contenido
una condición que no es posible exigir a sus respectivas formas de expresión: a
saber, que las formas designen. En consecuencia, así como un fonema no es
pronunciable, puesto que es una mera posición estructural en el plano de la
expresión, la significación primaria no es referencial, puesto que representa
únicamente una posición estructural en el plano del contenido. Podemos,
entonces, definir realización como una potencia semántica actualizable, sin
restricciones designativas. Solo cuando el semema, como potencialidad
estructural, se integra en la norma de una lengua histórica, abandonando su
estatus en favor de la condición de lexema, es decir, solo cuando el semema se
convierte en palabra histórica, es cuando adquiere la capacidad de designar el
mundo referencial en el que se engloba (cf. Heger 1974).
Veamos un ejemplo: en español no existe la unidad intuicional. Sin embargo,
existe el derivado intuición y la posibilidad sistémica de crear adjetivos
relacionales en -al. Si formamos el derivado intuicional, estaremos ante un
semema puro, puesto que hemos ocupado un vacío en la subfamilia léxica
‘intuir’, no realizado históricamente. Tal combinación no dispondrá de una
designación o un sentido hasta que se inserte por primera vez en un texto y se
oriente designativamente. En el momento léxico-genésico, tal combinación
representa un constructo léxicogramatical, cuyo valor semántico exacto solo
puede ser intuido a través de relaciones analógicas con las restantes unidades de
la familia léxica general que compartan la misma formación derivacional, así
como mediante las potencialidades del procedimiento de formación léxica
seleccionado.350 Hasta entonces solo será un semema o unidad semántico-formal
realizada en el nivel del sistema, una forma de contenido y expresión hispánica,
pero no inserta en ninguna norma, por lo que ni los hablantes maternos podrán
predecir su denotación exacta. Hasta entonces, hasta que tal forma se
sustancialice, se inserte en una sustancia discursiva, en un texto, un
hispanohablante solo podrá prever un número abierto de significados
referenciales, que se realizarán conforme a los vacíos estructurales de la familia
y los vacíos denotativos en el campo (cf. *intuicional / intuitivo). Estos vacíos
estructurales en el nivel semémico (en al. Lücken; cf. Kandler 1959; Lehrer
1974; Jäger 1976; Geckeler 1977; 2000) se hacen visibles y se vuelven
relevantes, sobre todo, en la traducción. Así, para el compuesto griego
καλοκαγαθός ‘virtuoso física y moralmente’ no existe un correspondiente
idiomático hispánico, que debe coordinar dos colocaciones (bello por dentro y
por fuera); para el semema español ilusión no existe un semema correspondiente
en alemán, que debe decidir entre Freude ‘alegría’ y Hoffnung ‘esperanza’, del
mismo modo que, para traducir el semema alemán Spaß, hay que elegir en
español entre ‘pasarlo bien’, ‘diversión’, ‘entretenimiento’, etc.; por el contrario,
para traducir el español raro, hay que elegir en alemán entre seltsam (‘raro
porque es fuera de lo común’) y komisch (‘raro porque produce extrañeza’;
Haensch/Wolf/Ettinger /Werner 1982, 454).351 Tanto en el nivel léxico, del que
los casos presentes son un ejemplo, como en el nivel gramatical (cf. el supuesto
intuicional), se ha de diferenciar entre las unidades formales (realizaciones), en
tanto que funciones estructurales, y las designaciones de las mismas (designata),
en tanto que segmentos discursivos, de manera que podamos explicar todas las
posibilidades lexicogenésicas e históricas de una familia de palabras.
En resumen, para que una unidad lingüística presente un grado mínimo de
existencia, a saber, pueda ser considerada como palabra perteneciente a una
lengua histórica dada, con independencia de que se registre o no en el léxico
pasivo de un hablante concreto o en el léxico patrimonial de una variedad
histórica, esta debe representar una realización factible, esto es, la elección
morfofonológica entre un conjunto más o menos abierto de posibilidades. Es
decir, para que la unidad se inserte de forma adecuada en el acto lingüístico, esta
debió existir como posibilidad previamente (como «Bedeutungsindizierung» o
«indexación semántica», en el sentido de Hundsnurscher y Splett) y aceptarse
como tal posibilidad, posteriormente (a saber, como «Bedeutungsposition» o
«posición semántica», ibidem). Solo entonces tal unidad tendrá la capacidad de
ser portadora de un mensaje.
Este conjunto de posibilidades se deriva –si aceptamos un grado
considerablemente alto de generalización– de los tres sectores que intervienen en
el momento léxico-genésico, a saber: el fonético-fonológico, el gramatical y el
léxico-semántico. Las posibilidades de cada uno de estos sectores surgen, como
veremos a continuación, en el hecho pragmático, cobran a continuación una
generalización progresiva al socializarse y usualizarse (Wotjak 2006) y se
reproducen recursivamente en el seno de la sociedad en el que se produce tal
hecho pragmático. Veamos un esquema donde se refleje la necesidad teórica de
diferenciar entre realización y designación352:

Fig. 26: Existencia lingüística en el plano léxico

Como se puede apreciar en el esquema, el signo léxico representa el punto


máximo, el más externo o, si se quiere, el más próximo al acto lingüístico,
dotado, efectivamente, de función representativa (Darstellungsfunktion), pero sin
la propiedad, en un primer momento, de semantizar o simbolizar un hecho «real»
o «extralingüístico» concreto. La significación primaria de la estructuración
potencial353 es concebible, por tanto, como lenguaje indeterminado o puro (cf.
Trujillo 2011). De esta forma, una palabra española como judicancia o alemana
como Hersagung, que no se han realizado históricamente, pero contienen en sí
una forma de expresión compleja, una forma léxicogramatical, y producen un
efecto representativo unitario, sin designación, es lo que ha de entenderse en esta
investigación como forma potencial de contenido, en tanto que sustento
sistémico (nivel IV de Wotjak) del lexema354 (cf. Morera 2007c).
Este planteamiento teórico-metodológico deriva de las consideraciones de
Lipka (1971, 148 y 2002, 112–114) a la famosa tríada coseriana (Cf. también la
hipótesis de Aronoff en Lang 1992, 66), así como de una distinción mantenida
por Bierwisch/Schreuder (1992, 29) para la representación de las entradas
léxicas entre un nivel potencial o virtual y uno actual.
Lipka propone cinco niveles de formación léxica de acuerdo a si el hablante
reconoce la unidad como patrimonial (1), si no la reconoce, pero la considera
aceptable y comprensible debido a la productividad del modelo con el que ha
sido creada (2), si no la comprende pero responde a una posibilidad sistémica
(3), si no se corresponde con una posibilidad sistémica (4) y si la unidad es
reconocible, se corresponde con una posibilidad sistémica y presenta una
relación analógica con otras formaciones, pero es normativamente inaceptable
(5) .
Las posibilidades 4 y 5 de Lipka ponen de manifiesto que la posibilidad de
existencia léxica descansa, en última instancia, en la libertad del hablante, de
forma que, tanto la norma como el sistema se determinan en la posibilidad de
selección y creación del individuo (a saber, en la función poética de Jakobson; ↑
2.2 ). La creación léxica surge como una necesidad individual y se conforma de
acuerdo a la necesidad colectiva. Asimismo, Lipka (2002, 112) distingue,
basándose en Quirk y Bauer, entre lexicalización sistémica que representa las
posibilidades formativas del léxico –y que hemos denominado nosotros
realización– e institucionalización, a saber, los procesos de fijación social de las
unidades lexicalizadas y que representan diferentes grados de fijación
designativa o, siguiendo a Wotjak, codificación pragmática (↓ 2.2.2.3 ). El
signo, en tanto que lenguaje no situacional, se asemeja a todas aquellas palabras
que, presentes en la lengua, carecen de referencia (cf. la partículas alemanas o
las interjecciones antes de asumir sus sentidos pragmáticos). En este sentido, hay
que entender en este trabajo el término lexema en un sentido algo más abarcador
que el tradicional, que se restringe a una raíz léxica sin cuantificación gramatical
(unidad de la estructura primaria en el sentido de Coseriu, ↑ 1.2.2), sino que
habrá que entender por tal término un constructo léxicogramatical, surgido de la
interacción de los valores de sistema de sus miembros. Por ello, hablaremos en
este estudio en su lugar de forma de contenido o significación primaria, para
evitar confusiones terminológicas, y delimitaremos los niveles semánticos
discriminables en este momento de realización léxica (cf. Morera 1994).
Ahora bien, una vez hecha una diferencia tajante entre realización y
designación cabe plantear la pregunta acerca de si es posible que una realización
de una forma lingüística asuma una designación de manera arbitraria. En
adelante nos ocuparemos de la permeabilidad de los niveles sistémicos y
discursivos.
2.2.2.1.2 ¿Motivación entre la realización y la designación?
Como señala Gauger (1971, 7), la razón que explica por qué un determinado
significante (y, por ende, forma de contenido) asume un referente dado en un
determinado período histórico, esto es, la relación de motivación entre la
realización y designación, representa uno de los problemas fundamentales de la
semántica léxica. Veamos, por ello, un caso que nos introduzca en esta
problemática.
Supongamos un sistema de tres unidades léxicogramaticales funcionales, esto
es, tres signos complejos, –y sus seis oposiciones dentro del sistema–: la
sustancia actual de contenido de una unidad dada, esto es, el número y la
diversidad de los referentes con los que esta se relaciona, será
proporcionalmente mayor a medida que desaparezcan oposiciones funcionales
entre lexemas en el sistema, y menor, consecuentemente, si aumentan tales
oposiciones. Como se ha demostrado en innumerables ocasiones (↑ 1.2.4.1),
estos límites semánticos son difícilmente delimitables con respecto a los
contenidos de consciencia extralingüísticos (Trujillo 1998). No obstante, estos
límites que nos impone el uso, a saber, estos límites denotativos, juegan un papel
relevante en la descripción y delimitación semánticas de una forma de contenido
intralingüística (Wotjak 1998b), como veremos a continuación.
Las posiciones funcionales defendidas por los representantes de las
macroestructuras semánticas son, efectivamente, descripciones de designata. Sin
embargo, pensamos que no han de excluirse del análisis semántico, debido a que
estas nos muestran con qué formas semántico-gramaticales se relacionan estos
designata en un determinado período histórico y, mediante la comparación,
posibilitan una delimitación de la forma del contenido; estas muestran, como
mantuvieron Hundsnurscher y Splett (↑ 1.3.2), la posición semántica, a saber, el
uso pragmático concreto que un signo presenta y, en consecuencia, su ámbito
realizativo, la única manifestación de que dispone el lingüista para delimitar
contenidos potenciales. Estas nos muestran, como hemos dicho más arriba, las
facetas semánticas históricas de las formas de contenidos de un campo léxico o
referencial.
En el presente estudio partimos de la hipótesis de que una forma de contenido
semántico-gramatical no es libre de asumir cualquier referente. La «repartición»
de sustancias de contenido en el momento histórico en que una estructura
semántico-gramatical, una forma de contenido dada, se amplía o disminuye no
es arbitraria, de forma que la reestructuración de un sistema como el que hemos
esbozado más arriba supone las siguientes consecuencias. Veamos algunos
gráficos:
Época A

Época B

Supongamos que, en la época A, el sistema que hemos supuesto –el campo


semántico Φ– linda con otro campo Ω, de naturaleza diferente. En el campo
semántico Ω, existen cuatro unidades semántico-formales, esto es,
combinaciones morfosemánticas o lexemas complejos (α, β, γ, δ), repartidas en
dos oposiciones funcionales (A, B), donde A –que se organizaba en torno a dos
variantes combinatorias (α, β)– designaba los referentes (a, b), y B –del mismo
modo, con las variantes combinatorias (γ, δ)– designaba dos referentes (c, d). En
esta misma época, el campo Φ está conformado en torno a cuatro unidades
semántico-formales (ε, ζ, η, Θ), repartidas en tres unidades funcionales (Γ, Δ, Ε),
donde Γ designaba e, Δ designaba f, y E –que posee dos variantes combinatorias
(η, Θ)– designaba los referentes g y h.
Ocurre, en la época B, que el campo semántico Ω pierde dos unidades
semántico-formales (γ, δ), de forma tal que la unidad α pasa a ser una unidad
funcional A, que designa tres referentes (a, b, c), y β representa la unidad
funcional B, que designa d. Al mismo tiempo, el campo semántico Φ sufre,
igualmente, algunos cambios: pierde las unidades semántico-formales ζ, η, Θ, de
forma tal que desaparecen las oposiciones funcionales Δ, Ε, resultando solo Γ,
que asume los referentes e, f, g, h.
Podríamos imaginar que esta situación fuera un período de transición, en el
que el campo semántico Ω asume el rasgo funcional Γ y e pase a ser una unidad
semántico-formal correspondiente a Ω. Resultaría así, en una época C, un
sistema como el siguiente:
Época C

Del mismo modo, podría seguir desarrollándose el proceso evolutivo e, incluso,


desaparecer el sistema al completo. La pregunta que, llegados a este punto, nos
asalta es ¿cuál es la razón que explica que –tras un cambio lingüístico y una
reorganización del sistema– un referente como c, en la época B, pase a ser
designado por la unidad funcional A, que se sustenta en una unidad semántico-
formal α, y no por la unidad funcional B, sustentada en la unidad-semántico
formal β? ¿Existe una relación explícita –una motivación– entre a y α, b y β,
etc., de forma que, si no se cumple, se debe a una causa? o ¿es totalmente
arbitraria tal relación, de forma que a es a α, tal que a β?
En principio, cabrían dos tipos de respuestas justificables: la primera, que
presupone en la formación y realización del lenguaje una desvinculación
absoluta –o demotivación– entre los signos lingüísticos, unidades semántico-
formales {α, β, γ, …n} y sus referentes {a, b, c, …n}, asumiría una posición
escéptica ante la primera pregunta, defendiendo la inexistencia de un vínculo
lingüístico entre unidades semántico-formales y sus referentes y, en
consecuencia, respondería negativamente la segunda cuestión y afirmativamente
la tercera. Esta posición teórica implica que los cambios producidos en el
lenguaje, en todos sus niveles, se originan, desarrollan y asientan en, con y desde
el lenguaje mismo. Los desplazamientos de oposiciones funcionales se llevan a
cabo, por tanto, con el fin de proporcionar estabilidad a los sistemas
lingüísticos.355 La segunda respuesta, que se funda en la suposición contraria, a
saber, en la existencia de vínculos de motivación interna entre designata y
unidades semántico-formales, respondiendo de este modo la primera pregunta,
afirmativamente la segunda y negativamente la tercera. Se supondrá, por tanto,
que cada designatum asume en la lengua un semema, cuyos semas son
homólogos o compatibles –de algún modo– con los rasgos discriminables en
aquel, de forma que estos cambios en los eventos referenciales desencadenan,
irreversiblemente, cambios en las macro-y microestructuras sémicas del
vocabulario, esto es, en sus rasgos paradigmáticos, así como en la estructura del
campo.356
La primera postura supone poder prever de forma determinista los procesos
evolutivos así como las reorganizaciones macroestructurales mediante una
probabilidad sistémica, al modo en el que se estipulan las jugadas de ajedrez o
como postula la moderna Teoría de la Optimidad (McCarthy 2006) mediante la
disposición de rasgos en escalas de prominencia jerárquicas. La segunda los
atribuye, de forma estocástica, a contingencias extralingüísticas, como la
influencia de la cultura, la sociedad, el tabú, el eufemismo, la estratificación, la
desaparición o cambio referencial, razones todas ellas explicables a través del
desarrollo histórico de la idiosincrasia de una sociedad dada, etc.
En nuestra opinión, tales posturas, si bien sustentadas en principios coherentes
y verosímiles en una gran cantidad de casos, corren el peligro, por un lado, de
obtener una visión parcial del fenómeno o, por otro, de adaptar, a cualquier
precio, los datos estudiados al modelo de análisis, aun cuando pudieran ser
comprendidos o comprensibles, sin mayor dificultad, desde la perspectiva
opuesta.
Por nuestra parte, defenderemos aquí la idea de que cada designatum es
asumido, una vez modificada una oposición funcional, por la unidad semántico-
formal que mejor se adapte a la designación huérfana, de acuerdo a una relación
de necesidad –en el sentido kantiano– que establece cierta armonía entre la
organización interna del campo, la organización semántico-gramatical de la
lengua y las necesidades comunicativas.357 Entendemos, entonces, la
arquitectura de la lengua –en el sentido de Coseriu, las realizaciones del sistema,
norma y habla en un diasistema– como una arquitectura de niveles superpuestos
y permeables.358 La estructura lexemática primaria o de campo no responde, en
consecuencia, a una organización lingüística propiamente dicha, sino a un
procedimiento metodológico o heurístico (↑ 1.2.6).
La necesidad de destacar la importancia metodológica del campo léxico se la
debemos a Wotjak (1998b, 166), cuando –a propósito del posicionamiento de
Trujillo (1998) en contra de la estructura paradigmática– aclara:

«Lo que para Trujillo sería un desacierto [desechar


metodológicamente el análisis lexemático], tal vez, podría
convertirse en una ventaja, en un acierto metodológico de la
teoría del campo, ya que al describir los distintos campos a los
que puede pertenecer una determinada UL [unidad léxica] con sus
distintas microestructuras, no sólo lograríamos determinar estas
microestructuras distintas y con ellas la descripción detallada de
la medioestructura respectiva, sino que –al comparar estas
microestructuras dentro de la medioestructura entre sí– podríamos
ir descubriendo y describiendo lo que según Trujillo constituye el
verdadero significado léxico de la UL dada –la forma semántica.»

Estamos de acuerdo con Wotjak en que la importancia de combinar una


perspectiva funcional y una semántica gramatical, tomando como base las
unidades semántico-formales, radica en esta dificultad metodológica, de modo
que los límites medioestructurales de una unidad léxica encuentran en los
campos léxicos o macroestructuras la cristalización más nítida.
Efectivamente, una combinación morfosemántica, esto es, una palabra
(compuesta o derivada), no está sujeta, enteramente, a cambios arbitrarios. El
conjugar estos dos planos –el lexemático y el semántico-formal (actual y
potencial)–, nos desvela una perspectiva sugerente acerca de los desarrollos
semánticos. Tal perspectiva nos impulsa –sobre todo, en el análisis de familias
léxicas y campos morfosemánticos– a suponer que las unidades funcionales no
evolucionan arbitrariamente, sino, más bien, se reorganizan y se desarrollan
dentro de los márgenes que les posibilita la mencionada estructura semántico-
formal, conforme a lo que podríamos denominar máxima de no contingencia,
que deriva de las implicaciones del principio de composicionalidad de Frege (cf.
Lyons 1991, 4–5). En otras palabras: un signo lingüístico nunca designará un
referente, cuyos semas entren en contradicción con los de su esquema semántico
formal, esto es, tal signo nunca designará algo que sea totalmente ajeno a la
denotación básica que genera su gramática (↑ 2.2.1 ). Desde este punto de vista,
las palabras están siempre motivadas. Solo cuando no se conoce el esquema
semántico-formal, la relación existente entre la unidad funcional y designatum es
enteramente arbitraria.
Veamos un ejemplo: lo que en alemán se designa mediante la combinación
Vorbild es ‘ejemplo, comportamiento o modelo a seguir, por ser ejemplar’. Se
trata de un derivado de Bild (que designa ‘cuadro, foto, formación’; desde un
punto de vista semántico-formal ‘lo construido, lo conformado, lo montado en
una sola unidad’) del verbo bilden (‘construir, formar, montar’) y el preverbio
Vor- (‘ante, delante’). El esquema semántico formal de Vorbild sería,
aproximadamente, ‘modelo, formación, sistema de conducta puesto ante el
sujeto [para ser seguido]’.359 Su significado de norma es ‘ejemplo [a seguir]’,
con lo que conmutaría con otros lexemas como Modell. Sin embargo, si se
considera exclusivamente su configuración semántica formal, no existen, en
principio, impedimentos para que su significado evolucione y llegue a designar
‘cartelera’, ‘esbozo’ o ‘solar para empezar a construir’. La arbitrariedad
semántica de Vorbild radica en por qué no llegó a significar ‘solar para construir’
y sí ‘ejemplo’. No obstante, Vorbild nunca pasaría a designar ‘perro’, a no ser
que el esquema-semántico formal sufra un proceso de pérdida de rasgos y de
incorporación de rasgos nuevos. En ese caso podría darse una evolución
semántica del tipo ‘ejemplo > [animal doméstico] ejemplar > animal doméstico
[ejemplar]’. El contenido ‘ejemplo’ dejaría de ser un rasgo-formal para
convertirse en rasgo secundario o connotación (↓ 2.4.3 ).360
La realización de una determinada forma semántica intralingüística –una
unidad del sistema– es un hecho de norma lingüística, «contingente» de forma
previa a la creación de la nueva variante, pero «necesaria» o no-arbitraria, una
vez que ya ha sido creada. Es un hecho, por tanto, de norma el que una forma
semántico-gramatical cualquiera tome esta u otra orientación de sentido en el
habla. Sobre este hecho se ha pronunciado con bastante claridad Coseriu,
cuando explica:

«Betrachten wir noch ein Beispiel aus der Semantik: Die


Komposita mit Haupt- im Deutschen entsprechen ungefähr dem
französischen Determinans principal oder dem italienischen
principale, ‘hauptsächlich’. Sie dienen dazu, das Wichtigere,
Hauptsächliche gegenüber dem Sekundären zu bezeichnen, z.B.
Haupteingang, Hauptsache, Hauptteil usw. Ich weiß z.B. nicht,
ob das Kompositum Haupttisch schon existiert; ich kann es aber
bilden, um einen wichtigen Tisch in einer bestimmten Situation
zu bezeichnen. Im Falle von Hauptstadt scheint es aber so zu
sein, daß Haupt- nicht mehr ‘wichtig oder wichtiger in
irgendeiner Hinsicht’ bedeutet, sondern ‘wichtig oder wichtiger in
einer bestimmten Hinsicht, und zwar als Zentrum der
Staatsverwaltung’. Hauptstadt mit der Bedeutung ‘hauptsächliche
Stadt’, die im Deutschen immer noch möglich ist, gehört zum
Sprachsystem. Hauptstadt als ‘capitale’ ‚ bzw. ‘Zentrum der
Staatsverwaltung’ gehört hingegen zur Sprachnorm. Wir haben
hier eine Selektion innerhalb der Möglichkeiten des Systems.
Aber man könnte immer noch auch das System als solches
realisieren. In gewissen Kontexten könnte man z.B. sagen, daß
Hamburg, Frankfurt oder München die Hauptstadt der
Bundesrepublik sei, d.h. die wichtigste Stadt. Wenn man aber
sagt, daß Bonn die Hauptstadt ist, dann meint man das, was in der
Sprachnorm geregelt worden ist.»361 (Coseriu 2007 [1988], 54)
Como vemos, las posibilidades designativas de una combinación
léxicogramatical representarían las posibilidades del sistema adaptadas a las
restricciones de la norma. De este modo, la razón del nacimiento de una
determinada norma lingüística –sea cual fuere el nivel lingüístico al que nos
refiramos– es contingente, al tiempo que las posibilidades que existen en la
conformación de una determinada norma convierten la fijación en necesaria.
Pero, en ningún caso debemos suponer que la designación de un determinado
sistema, es decir, la relación entre forma potencial y su designación normativa,
es arbitraria. La arbitrariedad de una evolución lingüística, esto es, el suponer
que no existe un hilo conductor que justifique una evolución dada, es, desde
nuestro punto de vista, demasiado externo y poco probable. El problema aquí
estriba en las posibilidades de evolución, puesto que los derroteros de toda serie
lógica se fundamentan en la naturaleza de la justificación y no en la naturaleza
de sus miembros.
Supongamos una serie del tipo A, B, C …n. Las posibilidades de continuidad
son innumerables y pueden trazar desarrollos de lo más creativos. Veamos:

A, B, C,… …D, E, F,…


…C, B, A,…
…A, B, C,…
…B, A, C,…
…C, A, B,…
…A, C, B,… …n.

Todos y cada uno de los desarrollos corresponden a una justificación lógica,


totalmente imprevisible si se consideran únicamente los elementos de la serie y
no la naturaleza de la justificación. Incluso cuando ya conocemos cuál es la
justificación que ha regido una determinada evolución de la serie, no podremos
estar seguros de que tal justificación no sea simplemente la manifestación parcial
de una ley más compleja. Veamos, de nuevo, la primera serie:

A, B, C,… …D, E, F, …A, B, C,…


… …D, E, F,…
…G, H, I…
…F, E, D,… …n.

Y así sucesivamente. La complejidad de una serie –en apariencia muy simple–


puede dejarnos perplejos. Sin embargo, una vez completado el cambio en la
evolución o continuación de una serie, su justificación nos parecerá de lo más
evidente:

A, B, C, D, E, F, G, H, I.

El mismo problema atañe a las evoluciones lingüísticas (cf. Loyd 1993, 9).
Incluso en evoluciones cíclicas como el caso de la Lautverschiebung germánica
–que corresponde a un esquema rotante del tipo existirá siempre la duda,
lógica, de si son la manifestación de un proceso tan simple de tracción y
propulsión (Martinet 1974 [1964], 83) o si, realmente, son el reflejo de una
evolución más compleja de la que tendremos consciencia tras futuras
evoluciones (cf. Lloyd 1993 [1987], § 1).
La datación y estudio de evoluciones lingüísticas –como todo proceso
metaepistemológico– han de situarse, teóricamente, entre un escepticismo total o
moderado (cf. Dancy 2007 [1985], Hume 2001, 144), debido a la imposibilidad
de postular leyes de carácter prospectivo.362 No obstante, pensamos que las
relaciones que vinculan las evoluciones léxicas y el motor que las genera, a saber
la vinculación entre la realización y la designación, se deben a causas de muy
restrictiva contingencia o, en otras palabras, por razones de motivación.

2.2.2.2 La progresión y competencia semánticas: de la metáfora a la


colocación
Algunas de las dificultades más evidentes en el estudio de familias léxicas las
representan, como han puesto de relieve Augst (1975a; 2002), Hundsnurscher
(2002) y Morera (2007c), la imposibilidad de determinar el grado de vinculación
entre la significación de la raíz y los miembros de la familia, por una parte, así
como la de determinar el grado de cercanía entre las variantes fonológicas
distribucionales de la raíz y su forma semántica libre, por otra. La degradación
motivacional de las unidades lingüísticas supone, considerada en su
funcionamiento más elemental, una «desparadigmatización» o, lo que es lo
mismo, una «sintagmatización» de la potencialidad semántica de los
constituyentes inmediatos de una combinación. Tal proceso conlleva, por tanto,
la pérdida de representación autónoma de las unidades segmentables y,
posteriormente, la interdependencia entre las unidades sucesivas que acontecen
en el acto de la comunicación, de modo que se produce una ampliación de los
límites sintagmáticos y el respectivo desdibujamiento de los rasgos funcionales
de los constituyentes individuales: en tal proceso las unidades pierden su
autonomía semántica, aferrándose al contexto hasta desaparecer con él (↑ 2.1 ).
La concepción de un idiom como una «metáfora muerta», tanto desde una
perspectiva semántica como sintagmática, se encuentra en Cruse (1986, 42), al
afirmar:

«If, however, a metaphor is used sufficiently frequently with a


particular meaning, it loses its characteristic flavour, or piquancy,
its capacity to surprise, and hearers encode the metaphorical
meaning as one of the standar senses of the expression.» 363
(Cruse 1986, 42)

Como explica Lipka (2002, 113), este procedimiento, que caracteriza a los
idioms y que hemos descrito conforme a un proceso de sintagmatización
(Morera 2007c), afecta a todos los ámbitos del lenguaje, de modo que es
debatible hasta qué punto tal fenómeno, denominado en el ámbito de la
fraseología «idiomaticidad», es extrapolable al ámbito de la morfología:

«If one defines an idiom as «a constituent or series of constituents


for which the semantic interpretation is not a compositional
function of the formatives of which it is composed», one is forced
to recognize «every word in the lexicon» as an idiom – as in fact
Fraser and Hockett do. Yet, the usefulness of such a wide concept
of an idiom is questionable, as it puts monomorphemic items on
the same level with partly analysable or unanalysable complex
forms. We therefore believe that simplex forms should not be
included within the concept of idiom. Compounds and prefixal or
suffixal derivatives naturally have a morphological structure and
are affected by idiomaticity in varying degrees. As already
mentioned, we can establish a continuous scale of word-formative
syntagmas with respect to this phenomenon.»364 (Lipka 1972,
76–77)

Esta idea se encuentra implícita en la afirmación de Fleischer/Barz (2012, 2) de


que «mit zunehmender Usualisierung der Wortneubildungen kann der
Motivationsgrad abnehmen».365 En nuestro trabajo, partiremos de la idea de que
la idiomatización representa la transferencia de rasgos paradigmáticos hacia el
contexto, la metaforización, en consecuencia, el proceso inverso y la
gramaticalización, a su vez, el aumento de recurrencia que experimenta una
unidad –con independencia del nivel lingüístico en que esté inserta–, como
resultado de la disminución de miembros de un paradigma o clase (Talmy 2000
I, 22–23; 2011, 625). La fijación o rigidez de las oposiciones gramaticales la
interpretamos, por tanto, como un efecto de la disminución de la
multilateralidad. Por lexicalización entendemos, por consiguiente, el proceso
inverso a la gramaticalización, a saber, la ampliación de la multilateralidad
debido al incremento de miembros en la clase y, de aquí, la disminución de la
recurrencia y la flexibilidad de las oposiciones.366
En el siguiente apartado intentaremos exponer un posible modo de
jerarquización semántica que dé cuenta de los diferentes niveles de demotivación
que se perciben en el seno de familias léxicas. Los resultados obtenidos en este
ámbito solo serán válidos sobre la base de una comprobación más general en un
número mayor de familias léxicas. No obstante, las ideas elementales sobre
motivación que exponemos a continuación las consideramos válidas, tanto por
su carácter tradicional como por las evidencias observadas en nuestra familia.

2.2.2.3 Grados de demotivación sígnica


2.2.2.3.1 Grados de distorsión de la estructura primaria
Desde el punto de vista de los procedimientos morfofonológicos, suele
percibirse con gran claridad que las formas ya integradas en estructuras
primarias descienden un grado en su motivación relativa –o, como diremos en
este trabajo, se distorsionan– en el momento en el que estas se vuelven a integrar
en nuevas estructuras primarias. La reiteración morfológica a nivel de la
estructura primaria es, por tanto, demotivante. La explicación de tal fenómeno
tal vez se deba a que la base que asume la nueva estructura primaria es
reinterpretada como entidad «unificada», perdiéndose así la consciencia de la
identidad de los constituyentes inmediatos en el momento en el que el radical
orienta su significación denotativa en un nivel actual. La modificación incide,
por tanto, sobre el «todo» de la base, sobre la significación denotativa actual
(sobre el «sentido» o «valor directriz»; ↑ 2.2.1 ), y no sobre el valor invariante de
sus constituyentes («significación primaria»; ↑ 2.2.1 y ↓ 2.3.1 ). Es, por tanto, el
surgimiento de un «nodo de irradiación semántica» o punto «derivativo de
proyección denotativa» (↓ 2.3.1 ) en el nivel actual el que propicia, por un lado,
que la unidad reitere el proceso de modificación y, por otro, que tal proceso
incida sobre una base ya semánticamente homogénea (Anderson 1992). En otras
palabras: la incisión recursiva de la estructura primaria alerta que la base, en el
momento histórico en el que se lleva a cabo el procedimiento morfológico, es
insegmentable desde el punto de vista del contenido actual. Por ejemplo:

Como ponen de manifiesto los ejemplos, la unidad prefijada de la primera etapa


goza de idiomaticidad y asume el estatus de «nodo de irradiación semántica». A
partir de este momento, se generan nuevas unidades que presentan el significado
denotativo unificado de la base. Tal proceso pone al descubierto cuándo una
unidad del sistema primario pierde parte de su funcionalidad e, incluso,
metaforicidad –capacidad de aparecer en contextos diversos– y se amalgama
semánticamente en el evento designado por la base y el prefijo (colocatividad),
de forma que la consciencia sincrónica sobre el número y naturaleza de los
constituyentes del segmento mengua considerablemente y favorece la reiteración
del proceso de modificación.367
Un segundo momento en la distorsión de la familia léxica se detecta cuando el
número de derivados dependientes de los diferentes focos de irradiación
semántica368 es muy cuantioso. En este caso, los diversos nodos tienden a
interpretarse como familias independientes a causa de que la recursividad del
segmento fonológico que se encuentra siempre presente en los derivados
aumenta el número de posibilidades de aparición de tal segmento en el habla, lo
cual conlleva necesariamente a su actualización en el vocabulario activo369 y a
un aumento de su prototipicidad. Por ejemplo, führen → einführen, ausführen,
abführen, etc., en oposición a fahren → hinfahren, herfahren e, incluso, erfahren
, de donde se desprende que fahren ≠ führen, aun cuando etimológicamente estén
emparentados, no presenten gran distancia fonológica y compartan rasgos
semánticos370 que provocan un efecto de familiaridad o parecido de familia. El
mismo fenómeno se detecta en el contraste latino porto/porta/portus con
respecto a sopportare, deportare, importare/porticus, portula, porticula,
portalis, portarius/importunitas, importunus, importuosus, oportunitas,
oportunus, etc. No ocurre lo mismo, por ejemplo, en la serie española dictar →
dictado/dictador → dictatorio, dictatorial, dictadura, dictaduría, dictablanda,
etc., donde el escaso número de derivados que ha generado el verbo original,
sumado a la ausencia de otros nodos, posibilita la anexión motivacional de un
conjunto a otro.
De ambos procesos de distorsión motivacional surge el problema de delimitar
el grado de cercanía semántica entre los nodos –surgidos, de forma general,
mediante los procedimientos descritos– y la significación primaria, o, dicho en
otras palabras, entre la raíz principal de la familia y las orientaciones semánticas
derivadas de los desarrollos actuales de su estructura primaria. De este modo,
pensamos que se puede establecer una motivación objetiva (morfológica) o
subjetiva (relativa), de acuerdo a la perspectiva analítica adoptada. El primer tipo
de motivación, la motivación objetiva, responde a la pregunta de qué conocen
los hablantes acerca de una familia léxica. El segundo tipo responde a la
pregunta de cuánto pueden llegar a conocer los hablantes de una familia léxica
dada. A ambos problemas dedicamos los siguientes apartados.
2.2.2.3.2 Grados de demotivación objetiva entre la estructura primaria y la
forma de contenido invariante
De acuerdo a lo dicho anteriormente, las unidades lingüísticas se distorsionan
intencionalmente de forma proporcional a su fijación distribucional, esto es, a su
inmovilidad extensional, sea esta mediata o inmediata, contextual o cotextual.
Por lo tanto, dos variantes fonológicas distribucionales de la raíz de una misma
familia léxica o los miembros de las estructuras primarias formadas sobre estas
mantendrán un mayor vínculo de motivación entre sí y con respecto a las raíces
alternantes,371 si la extensión actual de la combinación –comprobable de acuerdo
a la invariancia (FAG) de los rasgos extensionales o designativos–es análoga o
derivable a la suma de la intensión de los constituyentes inmediatos de la
combinación (significación primaria o forma de contenido invariante; cf. Gruaz
2002, 700, ↑ 1.3.2). Esta comparación podría suplir las deficiencias que
presentaban las encuestas de determinación de motivación relativa (Augst 1975a,
↑ 1.3.2) y, así, eliminar todos aquellos aspectos subjetivos que aparecen con
frecuencia a la hora de comprobar los vínculos motivacionales entre unidades.
Este método no nos muestra el grado de motivación exacto de las unidades de
las familias, sino la distancia semántica detectable entre ellas, esto es, la
distancia que existe entre los patrones morfológicos y léxicos pertinentes en el
momento en el que se crea el derivado o compuesto y aquellos que están
vigentes en el momento en el que la unidad se usa o inserta en la comunidad
lingüística o texto dados. La desconsideración de este alejamiento –así como el
consecuente descenso motivacional– explica fenónemos de índole
paradigmática372 y sintagmática,373 que podrían pasar desapercibidos por la
presencia inminente de la homofonía u homografía. Veamos un gráfico que
describa tal propuesta:

Fig. 27: Grados de motivación objetiva

La secuencia A, B, C …n describe los diferentes grados generales de distorsión


motivacional producidos en el momento en que las diferentes estructuras
primarias se superponen recursivamente a la raíz o base y, en consecuencia,
degradan proporcionalmente su significación primaria así como, paralelamente,
la de todos los miembros de esta nueva estructura. Así, B se aleja
motivacionalmente con respecto de A, como C de B, etc. (p. ej.: wiedervereinen
se aleja semánticamente de vereinen, como vereinen de eins).
En cada uno de estos grados generales, se pueden distinguir tres subgrados de
demotivación de acuerdo al número o cantidad de rasgos presentes, en
comparación con el número que era funcionalmente relevante en el momento en
el que la unidad fue creada. De esta forma, pueden distinguirse tres subgrados
generales (1, 2, 3), de acuerdo a la totalidad, parcialidad o ausencia de la
motivación de los componentes léxico-semánticos de la base.
Por último, se encuentran los marcadores de lejanía motivacional (a, b, c) de
las unidades de cada modificador con respecto a la significación primaria
relevante en el momento de la formación, de modo que a representa la
motivación total, b una parcial y c una motivación nula del modificador.
En el momento en el que la motivación de alguno de los miembros de la
estructura primaria trascienda el subgrado 2c –para cualquiera de los niveles de
distorsión (A, B, C, …n)– estaremos ante una nueva familia de palabras
sincrónica surgida en el seno de la familia histórica.374
Hasta ahora hemos intentado introducir algunas directrices que nos orienten
en la organización semántica de una familia de palabras en un estadio sincrónico,
sobre todo, en lo que respecta a la motivación intrínseca o absoluta de los
miembros de la estructura primaria, pues, como apunta Ullmann:

«Cuando la fisura entre el significado original y el translaticio se


hace demasiado ancha, se pierde la motivación y los dos sentidos
se percibirán como pertenecientes a dos palabras separadas.»
(Ullmann 1976 [1962], 112)

En el apartado siguiente nos ocuparemos de la motivación extrínseca o relativa –


a saber, la que atañe al hablante en tanto que individuo, no a la familia léxica en
tanto que sistema léxico-semántico (García Padrón 1998)–.
2.2.2.3.3 Grados de motivación subjetiva o relativa
Abordar el problema de la motivación relativa de los hablantes sería una tarea
que excedería, con mucho, el objetivo de este estudio.375 Por ello, en este
apartado nos limitaremos a exponer una posible interpretación metodológica
para el análisis de la motivación relativa en el seno de familias léxicas que no se
restrinja a la motivación etimológica o la asociación espontánea (↑ 1.3.2) y que
intente solventar, por otro lado, las deficiencias de las propuestas llevadas a cabo
hasta el momento en este sector.
Dado que el vínculo entre un hablante y su lengua difiere de caso en caso, de
forma que no es posible delimitar objetivamente y de forma homogénea qué y
cuánto saben los hablantes –maternos o no– de sus lenguas, la motivación
relativa o subjetiva representa el objeto de estudio propio de la semántica
cognitiva, por cuanto debe ser estudiada por una disciplina que ponga de relieve
los procedimientos cognitivos que posibilitan la dispersión o vinculación en los
procesos de aprehensión del lenguaje o de hipervinculación subjetiva.
Trabajaremos, por tanto, con el concepto de Familienähnlichkeit, tal y como
ha sido retomado y desarrollado por la semántica de prototipos. Esta última
dimensión, que se sustenta en el principio lógico de transición (A→B, B→C;
A→C), es la que –creemos– representa la clave para determinar la motivación
relativa y, por ende, de corte cognitiva, de las unidades de toda familia léxica (↑
1.2.5).
Dado que la familia de palabras es, en su esencia, un fenómeno
morfofonológico, es del todo probable que, en los casos en que un hablante
establece vínculos de motivación entre los miembros de una familia, los
produzca de forma transitiva –esto es, analógicamente o de acuerdo al principio
de familiaridad de Wittgenstein– entre los elementos de semejanza
morfofonológica, como podrían alertar tales relaciones derivadas del formante
376:

Fig. 28: Familiaridad en la familia léxica dec(ir)

De este modo, aplicando reglas de transición sobre los segmentos fonológicos de


la familia de palabras, que, efectivamente, muestran rasgos semánticos de
semejanza o familiares, se pueden establecer los siguientes procesos subjetivos
de motivación: Si, por ejemplo, juzgar es a juzgadura, lo que juzgadura es a
judicatura, entonces juzgar implica judicatura al tiempo que juzgadura. Y si
judicatura implica juicio, entonces juzgar implica juicio. Y si juicio se relaciona
con judicatura, entonces el supuesto segmento *judicar se relaciona con juzgar,
de modo que juzgar es a *judicar tal como vengar a vindicar, de modo que
vindicar es a *judicar como a indicar o predicar. Y como predicar es a dicaz o
dictar, en tanto que poseen la misma raíz dik-, tal que dictar a decir, entonces,
predicar es a decir, como vengar y juzgar a predicar. Y, si esto es cierto,
entonces, no solo predicar, bendecir o redecir, sino también vengar y juzgar
implican, consecuentemente, decir (Lakoff 1987, 62–63; Kleiber 1995, 98).
Lo que queremos trasmitir con este gráfico no es la competencia motivacional
real de un hablante concreto, sino, efectivamente, el modo en el que es posible,
para un hablante dado, vincular todos los miembros de una familia de palabras
aplicando reglas de transición o familiaridad a partir de un miembro, con
independencia del punto derivacional o composicional en el que este se
encuentre (Ullmann 1976 [1962], 113). Sin embargo, en la realidad concreta es
poco probable que un hablante establezca el conjunto total de relaciones
familiares o transitivas de su léxico mental, aun cuando tal proceso sea
lógicamente posible. En otras palabras, partiendo de transiciones lógicas del tipo
A→B, B→C; A→C, cualquier hablante puede llegar en un momento sincrónico
a motivar vengar a partir de decir –con la única ayuda de relaciones
morfofonológicas, no simplemente asociativas, y a pesar de que, desde el punto
de vista de la motivación objetiva sincrónica de este par de elementos, no se
encuentran vinculados–. Sin embargo, tal posibilidad de hipervinculación es muy
poco frecuente en la competencia léxica media de un hablante. Por otro lado, la
existencia de focos o «nodos de irradiación semántico-denotativa (N.I.S)»,
localizados en diversos puntos derivativos y compositivos de la familia de
palabras, interrumpe o dificulta en tales puntos la progresión de la motivación a
través de las cadenas derivativas. Estos puntos asumen, pues, un alto grado de
«prototipicidad» e impiden, en muchos casos, la transición motivacional. En
tales casos, el hablante debe realizar un esfuerzo adicional, manteniéndose
exclusivamente en alguno de los planos –por ejemplo, en el fonológico– para
efectuar la transición (p. ej.: deducir → aducir, pero, más difícilmente, deducir
→ conducir [N.I.S.]→ aducir).377

2.3 La raíz léxica, contenido léxico invariante e infraespecificación


semántica

2.3.1 El contenido léxico potencial: significación primaria y forma


semántica

Como ya hemos tenido la oportunidad de ver, las familias léxicas se articulan en


torno a un segmento fonológico –tradicionalmente llamado raíz– que puede ser
descrito en diversos niveles semánticos y a partir del cual se generan, en el plano
de la morfología léxica, relaciones paradigmáticas y sintagmáticas (↑ 1.3).
Cuando el contenido de tales segmentos se estudia desde un nivel potencial,
esto es, en un nivel intuitivo y formal, en el sentido de Hjelmslev, tal forma
semántica se denomina, siguiendo a Morera (1994) y Trujillo (1996),
significación primaria. A este modo de significar de las unidades lingüísticas,
Trujillo le atribuye las propiedades de la identidad378 y formalidad379 (cf.
Trujillo 1996, 26–28, en relación con la semántica de dos niveles propuesta por
Bierwisch 1983, 63). Partiendo de estas hipótesis, Morera (1994; 1999; 2007c)
ha esbozado una concepción de significación primaria sobre la base de sus
investigaciones en familias de palabras, que define como sigue:

«El significado léxico o descriptivo no es, pues, una denotación,


abstracción referencial o trasunto de la realidad, sino más bien un
esquema semántico formal, una figura geométrica independiente
que impone sus condiciones a la realidad (que es imitado por la
realidad designada por la palabra que le sirve de encuadre,
podríamos decir) y que, asociada con una determinada
significación categorial, adquiere una capacidad designativa
infinita. […] Estas formas o intuiciones geométricas puras que
llamamos significados léxicos o descriptivos se pueden incluso
considerar como el resultado de la conjunción de determinados
rasgos o trazos espaciales o cuantitativos mínimos o simples (que
no son signos en sí mismos).» (Morera 2007c, 5)

La significación primaria representa, por tanto, una intuición homogeneizada, en


muchas ocasiones de tipo espacial o dimensional,380 que configura una
aprehensión relativa del mundo externo y a partir de la cual la lengua natural
organiza sus paradigmas y sintagmas léxicogramaticales, formando derivados y
compuestos. Tales intuiciones pueden ser descritas, como leíamos más arriba,
mediante notas, reflejos o figuras que desarrolla la unidad de análisis en sus
combinaciones distribucionales posibles. Esta concepción modificadora del
rasgo semántico distintivo se concibe como una descripción metalingüística o
parafrástica del efecto semántico y surge como reacción a la imposibilidad
teórica de describir el ámbito léxico de una lengua dada con la única ayuda de su
propio léxico y, por lo tanto, como necesidad de eludir el principio de
inefabilidad semántica. De acuerdo a la hipótesis de Trujillo (1989, 9):

«El significado de un signo no es un concepto y por ello no se


puede definir. Sólo pueden describirse o definirse cada uno de los
usos del signo. Por ello diremos que el Diccionario no puede
registrar más que acepciones, variantes o usos, pero no
significados. Los diccionarios se refieren al «pasado» de una
lengua; jamás al futuro.» (Trujillo 1989, 9)

Por lo tanto, del intento de concebir el significado lingüístico como una matriz
que no solo represente la abstracción de los usos o acepciones existentes de las
unidades, sino que pueda explicar variables futuras, no contenidas en el saber
explícito o implícito de la comunidad lingüística, pero que puedan darse como
desarrollo de la intuición aprehendida de los hablantes, procede el concepto de
forma de contenido primaria o significación primaria. La utilidad de las figuras
será, por ende, explicitar los matices de tal intuición.
Paralelamente, la descripción mediante figuras de contenido permite abolir la
diferencia entre raíz y lexema, por un lado, dado que el lexema representaría la
presentación categorial de la raíz381 y, en consecuencia, subordinable a ella, y,
por otro, la escisión entre unidades semantizadas y desemantizadas sobre la base
de la libertad o restricción combinatoria. Según declara Morera (2007c, 18):

«Aunque la inmensa mayoría de los estudiosos que se ha ocupado


del tema considera que estas raíces léxicas fijadas en contextos
compositivos carecen de significación propia, precisamente por
carecer de independencia formal, desde nuestro punto de vista, se
trata de signos descriptivos plenos, de signos descriptivos que
presentan las mismas propiedades semánticas que los signos
descriptivos que gozan de mayor margen de maniobra
distribucional. La única diferencia que se observa entre aquéllos y
éstos radica en la distribución, no en la significación. Que signos
léxicos como -nunc-, -greg- y -gres-presentan significación
propia, independiente de los contextos en que aparecen, lo pone
de manifiesto el mismo hecho de que, respetando la distribución
compositiva, los mismos puedan aparecer, sin embargo, en
combinaciones diversas.» (Morera 2007c, 18)

De este modo, una raíz como pas-, inserta en combinaciones como pasar, paso,
pasito, pasador, repasar, etc., y, por ende, desprovista de categorización,
presenta de modo invariante y recursivo las figuras ‘movimiento-extenso-
perfectivo’ 382 que subyacen a combinaciones como las siguientes (cf. Morera
2007c, § VI, García Padrón 2012, 80):
(1) Aceptar este trabajo representará un paso adelante en su vida.
(2) Debemos repasar la lección.
(3) Se le pasó por la cabeza.
(4) Pasó por la calle.
En cada uno de los ejemplos, se percibe una misma intuición que se modifica
semánticamente por el efecto de procedimientos morfológicos así como por la
incidencia del cotexto y contexto. En esta intuición, las figuras ‘movimiento’,
‘extensión’ y ‘perfección’ son las más representativas o prototípicas.383 En la
realidad concreta del hablar, estas significaciones nunca aparecen aisladas, salvo
en casos de elementos no categorizados o indeterminados gramatical y
cotextualmente, como las interjecciones propias ¡zape!, ¡zas!, etc. (cf. Morera
2007c, 10).
Gracias a la potencialidad semántica de tales intuiciones, el hablante no solo
puede representarse metáforas usualizadas y ancladas en la norma de una lengua
histórica, como paso de cebra, sino que puede derivar nuevos y futuros usos o
formaciones léxicogramaticales como las inexistentes –pero posibles y
justificables– idea *pasante ‘idea peregrina’ o *pasamiento ‘transición’,
confluyendo así, pragmáticamente, con otros sectores léxicos de la lengua. A
estas confluencias dedicaremos el apartado siguiente.
En lo que respecta a la aplicación metodológica, este trabajo presenta en
muchos aspectos sectores de confluencia con respecto a la metodología
presentada en la investigación de Auerbach (1998 [1967]) acerca de la palabra-
término figura,384 en la cual, efectivamente, nos hemos inspirado. En ella la
significación estriba entre un nivel estrictamente idiomático –en su desarrollo
histórico y organización sincrónica– y un nivel terminológico, filosófico o
conceptual. El desarrollo literario, presente constantemente en Figura a través de
la exposición de textos, lo hemos reducido en nuestro trabajo a casos concretos
que justifiquen períodos evolutivos. Sin embargo, una comprensión histórica
stricto sensu del problema solo será posible mediante el rastreo y la comparación
minuciosa de datos, tarea que desborda con mucho los límites de este trabajo.
Por otro lado, la representación categorial de este tipo de significación, la
significación primaria, viene a coincidir, como veníamos diciendo, con el
concepto que Bierwisch (1983) ha dado en llamar Forma Semántica (FS).385 El
concepto de FS de este autor y su escuela persigue delimitar la semántica desde
una perspectiva estrictamente lingüística. Este tipo de significación se funda en
los principios de la gramática categorial siguientes (Bierwisch 1983, 72; 2011,
328; Stiebels 1996, 18):

Todo componente de la FS ha de pertenecer a un tipo, de manera


que:
(a) e y t son tipos básicos, donde e representa una entidad
variable, normalmente aplicada a individuos, y t una valor
de verificación, normalmente aplicado a predicados.
Estos tipos básicos se rigen por los siguientes principios:
(b) Si α y β son tipos, entonces, αβ es un tipo. (Abstracción
lambda)
(c) Si A pertenece al tipo α y B pertenece al tipo αβ, entonces
AB pertenece al tipo β.
(d) Si A pertenece al tipo αβ y B pertenece al tipo βγ,
entonces AB pertenece al tipo αγ. (Aplicación (c) y
composición (d) funcionales)

De este modo, a todo predicado o funtor que se incluya en la FS habrá que


asignarle un tipo semántico conforme al número de argumentos que este
seleccione. De acuerdo a lo dicho, un nombre propio será adscrito a un tipo
semántico e y un verbo intransitivo pertenecerá, en consecuencia, a un tipo
semántico e,t , esto es, será un tipo de predicado que, a partir de una variable (e)
forma una oración (t). Asimismo, un verbo transitivo será del tipo e, e,t ,
porque forma una oración a partir de dos variables, y uno ditransitivo, del tipo
e, e, e,t . Un adverbio en -mente, modificador de una oración, será, en
consecuencia, una categoría del tipo t,t , porque, tomando una oración simple
no modificada, devuelve una oración simple modificada. Un verbo modal, como,
por ejemplo, el que observamos en la oración poder ir, pertenecerá al tipo
semántico e, t,t , porque tomando una oración y un individuo como
argumentos interno y externo, respectivamente, devuelve una oración.386
Aplicando, entonces, los principios arriba mencionados para regular las
combinaciones de tipos, se generarán las estructuraciones semánticas que
expresan los predicados. 387 El principio b, mencionado anteriormente y
denominado habitualmente «abstracción lambda», une una variable con el
predicado, formando así una categoría compleja. El elemento vinculado a la
fórmula, sea este una variable o un predicado, se precede de un operador lambda
que pone en evidencia tal relación (Dowty/Wall/Peters 1981, 99).
La FS de una unidad estará encabezada, en consecuencia, por un conjunto de
variables vinculadas a la FS mediante abstractores lambda y que se corresponde
a la estructura argumental (Lang/Maienborn 2011, 720). A esta le sucederá el
ámbito de aplicación (Geltungsbereich) de tales variables, delimitado por
corchetes y que definen los predicados jerarquizados que conforman la FS. Un
verbo como open presentará, en consecuencia, el siguiente análisis (Bierwisch
1983, 72; 2011, 330):

Fig. 29: FS del verbo inglés open según Bierwisch (2011, 330)

El significado formal de open puede parafrasearse como sigue: ‘partiendo de la


existencia de dos argumentos, y y x, entonces, la actuación de x hace que y pase a
estar abierto’. Los operadores lambda se anotan en orden inverso a su aparición
en la SF y de acuerdo a la posición jerárquica que ocupen y al número de veces
que aparecen (Stiebels 1996, 17). En todo caso, se anotarán de más internos a
más externos. En el análisis de verbos, como en nuestro caso, se puede introducir
un «argumento situacional», normalmente denotado por s,388 que se asocia con
un predicado INST, del tipo semántico t, (...,)t , que unifica los predicados
internos a la FS, denotando ‘ocurre que’.389 Este argumento situacional se puede
extraer del ámbito de aplicación de la FS y adjuntarse al final, dando lugar a la
notación λx λs [FS (x)] (s), con el mismo efecto semántico. La entrada léxica
dispondrá, por tanto, de una forma fonológica, los rasgos morfosintácticos, una
estructura argumental y la FS (Bierwisch 2011, 330), como se ve a continuación:

open; [+V, -N]; λy λx λs [s INST [[ACT x] [CAUSE [BECOME


[OPEN y]]]]]

Con este modelo, los autores persiguen un tipo de análisis semántico que
desvincule el conocimiento estrictamente lingüístico del situacional o
pragmático. Con su propuesta, los autores no renuncian a la existencia de este
segundo nivel, el nivel conceptual o denotativo –tratado por nosotros a
continuación (↓ 2.3.1 )–, ni mantienen que la naturaleza semántica del nivel
formal (FS) se diferencie, en esencia, de la del nivel conceptual o denotativo.
Bierwisch y sus colegas parten de la evidencia de que existen conceptos no
lexicalizados o formalizados en las lenguas, esto es, conceptos para los cuales no
existe un valor gramatical o un formante léxico propios.390 De esta forma, se
podría afirmar que a toda representación cognitiva de un individuo dado puede
asignarse una estructura conceptual (EC)391 que interpreta tal representación a
partir de los datos sensoriales y que, en última instancia, se designa en un acto
lingüístico. Sin embargo, es poco probable que toda EC esté representada de
forma autónoma en el sistema particular de la lengua, lo cual esta escuela
denomina FS. En conclusión, es probable que la FS sea un subconjunto
estrictamente lingüístico seleccionado a partir de la EC, eminentemente
cognitiva, lo cual se denota como FS ⊂ EC.392
Bierwisch (1983, 81–88) ejemplifica esta noción de significado393 con el
lexema alemán Schule, si bien el análisis es extrapolable al lexema español
correspondiente, escuela. Según el autor, todo hablante del alemán identifica este
lexema como una única unidad semántica, a pesar de que este denote entidades y
nociones tan dispares como:

Schule1 ⊂ INSTITUCIÓN
Schule2 ⊂ EDIFICIO
Schule3 ⊂ CONJUNTO DE PROCESOS
Schule4 ⊂ INSTITUCIÓN EN TANTO QUE PRINCIPIO

Tras considerar la posibilidad de que las restantes denotaciones se deriven de


Schule1, el autor llega a la conclusión de que deberá existir un significado
primario del cual se derive el resto de las interpretaciones, pues la elección de
una de las cuatro variantes como primaria resulta, tras un análisis detallado, del
todo arbitraria (Bierwisch 1983, 85). El autor postula, entonces, un análisis como
el siguiente:

FS(Schule) = λx [FINALIDAD (x, y)],


y = PROCESO_DE_APRENDIZAJE_Y_ENSEÑANZA
λx [INSTITUCIÓN (x) & FS (Schule)]
λx [EDIFICIO (x) & FS (Schule)]
λx [CONJUNTO DE PROCESOS (x) & FS (Schule)]
λx [PRINCIPIO (x) & FS (Schule)]

Nótese que el rasgo invariante se correspondería, en el modelo de Pustejovsky (↑


1.2.5.2), con el quale télico. La FS formaliza un argumento que significa
invariablemente un proceso de aprender y enseñar como finalidad, y que, de
acuerdo al acto comunicativo y a la contextualización pragmática, esto es, de
acuerdo a la determinación contextual de x, varía su designación. Del mismo
modo, un verbo ditransitivo394 como el que nos ocupa, decir, lo definiremos
como sigue:

FS(decir): , [+V, -N]; *λw (λy) λx λs [DEC (x, w) & HAB


(y, w)](s)
*λw: focalización de λw.
Como vemos, hemos introducido algunas variantes notacionales: el argumento y
está entre paréntesis en la estructura argumental (Bierwisch 1996, 362) y el
argumento w está provisto de un asterisco. La primera variante expresa el
carácter facultativo del complemento indirecto de este verbo; la segunda el
carácter focalizado del complemento directo, como herencia de la significación
primaria de la raíz (↓ 3.1) y, por tanto, rasgo distintivo de esta unidad frente a
otros verba dicendi. Por otro lado, en este análisis sorprende tanto la falta de
descomposición semántica del predicado DEC, lo cual explicaremos a
continuación, como la ausencia de un predicado BECOME de tipo semántico-
categorial t,t que seleccione el predicado HAB, dada la imposibilidad de
establecer una presuposición estricta en el SETTING de su FAG donde se
verifique una relación de tipo ¬HAB (y, w), dando lugar así a una transición
lógica en el marco predicativo de EVENT (Dowty 1979, 141; Wunderlich 1997,
34).
Posteriormente, Bierwisch/Schreuder (1992) propondrán un desarrollo del
modelo, en el que la FS pasará a representar el nivel del formulador del modelo
del lexicón mental de Levelt (1989). Levelt propone un modelo de producción
lingüística basada en tres niveles, el conceptualizador, el formulador y el
articulador , al que Bierwisch/Schreuder (1992, 25–26) asignarán los niveles
semánticos de la EC, para el primero, la FS, para el segundo, y la forma
fonológica (FF), para el tercero. Lo que los autores quieren expresar con esto es
que el hablante, en el momento de la enunciación, escoge una FS –sea en el nivel
léxico, morfológico o sintáctico– de acuerdo a la EC que desea denotar o a la
cual se quiere referir. Por otro lado, Bierwisch/Schreuder (1992, 29–30) prevén
que, de acuerdo a esta diferenciación entre FS y EC, será preciso hacer una
diferenciación, consecuentemente, entre palabras actuales y virtuales, así como,
dentro de las actuales, entre simples y compuestas, y, a su vez, dentro de las
simples, entre elementos funcionales y categorías mayores, distinción que nos ha
servido a nosotros de acicate para la comprensión de las familias léxicas (↑
2.2.2). Por otro lado, los autores (Bierwisch/Schreuder 1992, 35; Härtl 2001, 25)
han intentado explicar cómo surge la relación entre la EC y la FS. Esta relación
la han denominado verbalización –que, en nuestra propuesta, se correspondería a
un hiperónimo que incluiría los conceptos de la génesis, realización y
designación lingüísticas (↑ 2.2.2.1.1 )– y comprende la siguiente relación:

Verbalización (ECi, Contextoi) = SF, si existe alguna Expresióni


tal que
(a) FSi = FS (Ei), y
(b) Intención (SFi, Contextoi) = (EC (Expresióni), Contextoi)

Así, una EC se encuentra verbalizada en una lengua dada, si, para un contexto
dado, existe una FS que le sirva de expresión, de manera que la intención
comunicativa que persigue tal FS asignada a tal contexto es igual a la EC de tal
expresión en tal contexto. Esta definición puede ser matizada, creemos, hasta
cierto punto (Hernández Arocha/Hernández Socas, en preparación). Como
veíamos a la hora de analizar la FS de decir, el predicado DEC, no recibirá, en la
variante más estricta de este modelo, representación cognitiva, pues esta se
aplicará en el nivel de la EC. En otras palabras: la FS de decir expresaría algo
parecido a ‘dado un verbo [de lengua: EC por especificar], entonces este
selecciona tres argumentos jerarquizados de forma ascendente (w, y, x), focaliza
el primero y considera facultativo el segundo’. Por otro lado, esta misma
distinción entre FS y EC permite a los autores redefinir las relaciones léxicas
tradicionales, especialmente las de sinonimia, antonimia y polisemia
(Bierwisch/Schreuder 1992, 36–37).
Con el interés por minimizar en lo posible el contenido expresado en la FS e
inspirado por Pustejovsky (Fig. 14), Wunderlich (1997; 2012) y algunos de sus
discípulos, especialmente Kaufmann, propusieron a finales de los años noventa y
durante el los primeros años del siglo presente, una eliminación del predicado
CAUSE de acuerdo al principio de coherencia, que definimos como sigue:

Principio de coherencia: Toda conjunción presente en la FS se


ha de interpretar como temporalmente simultánea o causativa.

A pesar de que el propio Bierwisch (2002) se ha mostrado en desacuerdo con


esta generalización, debido a la existencia de palabras que lexicalizan
explícitamente un contenido causativo (como because), nosotros apoyaremos
esta propuesta a la luz de los beneficios que presenta su combinación con la
FAG. En adelante, nos ocuparemos de la EC de los verba dicendi, esto es, del
contenido de DEC, captado en este trabajo mediante los conceptos de FAG y
FAE (↑ 2.2.1 ).

2.3.1 El contenido léxico actual: evento cognitivo y significación


archisemémica de los verba dicendi
La designación común entre lexemas, a saber, los rasgos semánticos o semas que
confluyen en un determinado conjunto de unidades léxicas –llamada por la
semántica estructural europea archisemema (cf. Pottier 1964; Coseriu 1964;
Trujillo 1970; Geckeler 1976 [1971]; Wotjak 1979 [1971]), pero también figure
nucléaire (cf. Greimas 1966, 50), núcleo semántico irreductible (Trujillo 1976) o
configuración denotativa referencial (Wotjak 2006)395– ha sido estudiada en
profundidad y desarrollada por Wotjak (1977; 1995; 2000; 2006; entre otros
trabajos), al proponer la descripción exhaustiva del evento designado por el
lexema y la formulación anotada de los semas que, tras un proceso de
usualización, socialización y generalización (Wotjak 2006, 76), pasan a
configurar el núcleo designativo de una unidad léxica dada. Tal fórmula
archisemémica genérica (FAG), que, como veremos a continuación, puede
describirse mediante una lógica de predicados, sirve no solo de base semántico-
designativa de un campo léxico de gran nivel de prototipicidad, en torno a la
cual se fundan las oposiciones clasemáticas (representadas en las fórmulas
archisemémicas específicas FAE)396 y oposiciones privativas, sino también
como fuente de actantificación de argumentos, esto es, como núcleo léxico-
semántico actantificable a partir de la conocida propuesta de Tesnière (1959) y,
posteriormente, la Escuela de Mannheim y Berlín (cf. Wotjak 2006, 133).
En este apartado propondremos un archisemema o FAG para los verbos de
lengua que nos ocupan (decir en el español y sagen en el alemán), que confluirá
designativamente con todas aquellas unidades –no estudiadas en este trabajo–
que expresen en ambas lenguas una ‘sprachliche Äußerung im weitesten Sinne’ o
‘expresión lingüística en sentido genérico’, como ha sido considerada
tradicionalmente (cf. Geckeler 1973, 81; Cano 1981, 206; Schumacher 1986,
666; Kunze 1993, 193; Liver 2004, 43 ; Gansel 2005, 1563; Robles i Sabater
2010, 23–53; Graefen/Liedke 2012, 162–163).
No haremos un repaso por la historia de los análisis de verba dicendi debido a
dos razones: la primera porque, como afirma Gansel (2005, 1562), este sector ha
sido uno de los paradigmas léxicos más estudiados, recibiendo atención por parte
de las más diferentes posturas teóricas y metodológicas, cuyo tratamiento
exhaustivo excedería con mucho el objetivo de este estudio; la segunda razón se
funda en que no es el campo léxico en sí, en tanto que estructura paradigmática,
el objeto de este trabajo. Un estado de la cuestión se encuentra en Hernández
Eduardo (1993, 13–23), quien se centra fundamentalmente en la panorámica de
estudios alemanes o contrastivos con el alemán como lengua de comparación y,
posteriormente, en el trabajo de Gansel (2005, 1562–1563), donde se esboza un
status quaestionis internacional. En este punto hemos de indicar que los verbos
que investigamos, decir y sagen, designan una acción que se articula
semánticamente en un nivel considerablemente alto –cuasiarchisemémico ,397
podríamos decir– dentro del conjunto de todos los verbos que contienen los
semas ‘expresión-lingüística’, como veremos en diversos apartados de este
trabajo (cf. Wierzbicka 1996, 121–122). El objeto de este apartado será dotar
tales rasgos lingüísticos archisemémicos de función representativa, a la cual se le
añaden, posteriormente, los rasgos distintivos o modificadores, que articulan las
diferentes dimensiones semánticas (Geckeler 1976 [1971], 298–299 o
semantische Aktionsarten de Meyer 1910, 361; ↑ 1.1) y que han desvelado
vínculos pragmáticos entre la modalización de speech acts y la de verbos
modales (Sweetser 1990, 69–75; Kunze 1993, 11, 195). Partiremos, pues, del
desarrollo de Wotjak (2006) para el análisis designativo de nuestro lexema y de
aspectos correferentes.
De que tengamos constancia, la primera aplicación del modelo de análisis
archisemémico propuesto por Wotjak al conjunto de los verba dicendi en las
lenguas que nos ocupan se debe a Múrias (1984; Hernández Eduardo 1993, 18–
19). El autor realiza un estudio contrastivo del alemán y portugués de este
subconjunto verbal. Múrias (1984, 84) describe el archisemema de los verba
dicendi del siguiente modo:

(a CAUS (y ‘REPRext x’) ∧ (b REC y”) ∧ (b DISP x”)

En otras palabras: un individuo (a) produce (CAUSE) una expresión lingüística


o mensaje (y), que representa externa o metalingüísticamente (REPRext) una
información (x) y (∧) el emisor (b) recibe (REC) un mensaje (y”) que es análogo
a y, para, posteriormente (∧), disponer (DISP) de una representación (x”)
análoga a x (cf. Hernández Eduardo 1993, 19). Este sería, según Múrias, el
evento al que hace referencia, de forma general, un verbo de lengua. En nuestro
caso, este sería el evento que, en un nivel representativo (Bühler 1999 [1934],
28) y de forma indeterminada,398 evocaría la categorización verbal de las raíces
dec- y sag-. B. Wotjak (1992, 14) ha propuesto la siguiente FAG, que
caracterizaría una macroestructura comunicativa y que subraya el evento como
transferencia cognitiva:

(x COGN z)ti ∧ [(x OPER w) ∧ (x CAUS (y COGN w))]ti+k


Posteriormente, en 1993, Hernández Eduardo (1993, 80) propone, tras
considerar un imponente número de estudios sobre verba dicendi, especialmente
alemanes, la siguiente:

(x, y (HAVE z) (x COGN w (x OPER z) y non COGN w)))ti


(x CAUSk (z REPRext w) y COGN w’)ti+k

En sus palabras399: un emisor (x) dispone, en un momento temporal determinado


(ti), de un conocimiento (w) y opera (OPER) con un determinado signo (z),
presuponiendo que el receptor (y) no dispone de tal conocimiento. Ambos (x é y)
disponen (HAVE) de un mismo código (z). En un punto temporal posterior
(ti+k), el emisor (x) causa, de forma controlada (CAUSk), que su código o signo
(z) represente externa o metalingüísticamente su conocimiento (z REPRext w), de
forma que el receptor adquiera un conocimiento (w’) análogo al del receptor
(Berná Sicilia 2010, 173–180). Como se puede apreciar, ambos autores destacan
la noción de transferencia cognitiva. En esta misma línea, pero con el propósito
de analizar la representación semántica de los verbos interrogativos de acuerdo a
su concepto de forma semántica (2.3.1 ), Bierwisch (1996, 367) propone la
siguiente caracterización semántico-cognitiva para el verbo sagen:

λx (λy) λz λe [e INST [z CAUSE [BEC [y KNOW x]]]]

En ella, se describe un evento en el que ocurre (e INST) que un agente causa (z


CAUSE) que un receptor llegue a conocer algo (BEC [y KNOW x]). Con todo,
esta última representación semántica nos parece excesivamente subespecificada,
ya que podría englobar también el evento designado por verbos como enseñar,
adoctrinar, instruir, etc., al no especificar el medio por el cual el receptor
obtiene el conocimento. En nuestra opinión, es precisamente la representación de
este medio la que caracteriza la subclase de los verbos locutivos. Es este,
efectivamente, el modo en el que Winkler había descrito desde 1987 la clase
léxica que nos ocupa, y que reitera posteriormente (Winkler 2001, 71):

[[TUNK [[MACHEN [WERDEN [[WISSEN p] y]]] [[ÄUSSERN


z(p)] x]]] x]
De acuerdo a esta representación, el hablante (x) causa (TUNK) que un oyente
(y) llegue a conocer algo (WERDEN [[WISSEN p) al ocurrir que el enunciado
expresado por el hablante denote un contenido proposicional dado (ÄUSSERN
z(p)] x). En esta descripción, el operador TUNK, que denota ‘hacer
controladamente’ es utilizado en lugar de operador CAUSE. Otro modo de
representación alterno de la estructura lógica de los verbos de lengua ha sido
propuesto por Van Valin/La Polla (1997, 117), en el seno de la Gramática del Rol
y la Referencia. En su modelo, se hace una diferenciación entre argumentos
(anotados con letras latinas) y variables internas (anotadas con letras griegas),
estas últimas de función eminentemente representativa y que funcionan como un
predicado complejo interno que posibilitan diferentes realizaciones argumentales
de la estructura lógica de acuerdo a reglas de correferencia. Su plantilla léxica es
la siguiente:

do’ (x, [express(α).to.(β).in.language.(γ)’ (x, y)])

De acuerdo a esta representación, si aplicamos diferentes reglas de correferencia,


como y=α, de modo que α tiene una función metalingüística, la estructura
posibilita realizaciones argumentales transitivas (Sandy spoke but a few words);
si y=β, posibilita realizaciones intransitivas (Sandy spoke to Kim) y si, por
último, y=γ, se derivan realizaciones transitivas de complemento de lengua
(Sandy spoke Telugu). Su propuesta ha sido extendida con posterioridad por
Ibáñez Cerda (2008, 11) quien, profundizando el concepto de frame e
incluyendo, inspirado por las funciones de Jakobson, una variable interna para el
código y otra para la referencia, a las que nos referiremos más adelante, ha
precisado la propuesta de Van Valin/La Polla (1997, 117).
En las propuestas presentadas, provenientes de modelos diversos, pero con
puntos de confluencia notables, se manifiesta un interés general por precisar la
significación denotativa básica de los verbos de lengua. De especial interés son,
a este respecto, los estudios de Harras (1996) sobre ‘verbos de (inter)acción
comunicativa’ (Sprachliches Handeln). La autora parte de un esquema eventivo
que puede actualizarse en el campo de verba dicendi en cualquiera de sus
dimensiones, siendo el verbo que nos ocupa uno de los menos especificados, al
codificar exclusivamente los argumentos relativos al hablante, oyente y
expresión comunicativa, subordinados a la interacción comunicativa. Nuestra
traducción del esquema es la siguiente (Harras 1996, 196):
Fig. 30: Esquema semántico de la interacción comunicativa según Harras (1996, 196)

Sin perder de vista los diversos análisis expuestos, nos basaremos


fundamentalmente en la FAG de Hernández Eduardo, adaptándola a los cambios
en la notación propuestos recientemente por Wotjak (2006). Sin embargo,
pensamos que, en su descripción –sobre todo al tratar verbos como decir y sagen
(circunstancialmente también, hablar, sprechen y reden), situados en un nivel
tan alto en la jerarquización de los verba dicendi– se deben excluir funtores que
no estén lo suficientemente usualizados, socializados y generalizados como para
considerarlos semas invariantes. De esta forma, nuestra FAG representa un punto
conciliador entre la propuesta del autor y las de Múrias (1984), Wotjak (1992),
Bierwisch (1996) y Winkler (2001), pues suplimos el funtor HAVE ‘tener’ por
HAB ‘disponer de’ (Lorenz/Wotjak 1977, 94), con la suposición de que un
código lingüístico no se posee sino se dispone de él e, igualmente, el funtor
COGN ‘conocer’ por HAB ‘disponer de’, pues somos de la opinión de que la
información expresada por el verbum dicendi no se restringe a conocimientos.400
La forma archisemémica genérica de la macroestructura de los verba dicendi,
que dota de función representativa o eventiva al acto comunicativo (cf. Bühler
1999 [1934], 28; Jakobson 1981 [1960], 22–27; ↑ 2.2.1 ), podría ser descrita, por
tanto, como sigue:

FAG (verba dicendi)


[[HAB (x&y, z) & HAB (x, w)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & HAB (y,
w’)))]ti+k]EVENT & CONSEQ

LEYENDA
Funtores Estructura argumental
HAB: ‘estar en disposición de’ x: ‘EMISOR’/(en SETTING: POSEEDOR)
OPER: ‘hacer uso de’ z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO
LINGÜÍSITICO’
CAUSE: ‘causar’ y: ‘RECEPTOR’ /(en SETTING:
POSEEDOR)
REPRext: ‘representar algo w:
externa ‘TEMA/INFORMACIÓN(proposicional)’
o metalingüísticamente’401 w’: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w’ ≈ w>

Los papeles temáticos de la EA tienen, efectivamente, carácter relacional, de


modo que se explicitan como apoyo al lector,402 pero no como primitivos
semánticos (Jackendoff 1991, 47, Van Valin/La Polla 1997, 113; Davis 2011,
411). Esta fórmula archisemémica genérica subyacente a los verbos decir y
sagen se actantifica en el texto de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’, nominativo en alemán, el argumento y asume
la función ‘complemento indirecto’, regido por la preposición a para el español y
el caso dativo o sintagma preposicional con zu para el alemán, de los cuales se
puede prescindir en determinadas realizaciones, como veremos más adelante, al
tiempo que el argumento w403 toma la función ‘complemento directo’, acusativo
en alemán, focalizado semánticamente404 en el caso de decir o sagen, en
oposición a verbos prototípicamente inergativos, como hablar, sprechen y reden,
que focalizan la creación acústica y su modalización (Levin/Rappaport 2005,
16). Como advierte Glatz (2001), existen diversos modos de lexicalizar el evento
designado por verbos elocutivos, de manera que, si se restringe la focalización a
los argumentos semánticos primarios del evento, se dan tres posibilidades (Glatz
2001, 56):

Fig. 31: Focalización de los argumentos primarios del evento locutivo según Glatz (2001, 56)
Como se puede observar, nuestro verbo representa la segunda dimensión, en el
que el evento focaliza el argumento que codifica el producto expresivo, en
oposición a los verbos que focalizan la creación acústica, el canal o el
efecto/recepción del receptor.
Considérese que la FAG propuesta por nosotros se corresponde a grandes
rasgos al análisis que prevé el modelo del Generative Lexicon de Pustejovsky
(a), con la diferencia de que elimina toda suerte de postulados semánticos
(meaning postulates), como al que hace referencia el quale agentivo en (a) o los
propuestos por la Role and Reference Grammar de Van Valin en (c) mediante
predicados en negrita o por la Lexical Conceptual Semantics de Rappaport/Levin
(e) mediante constantes, anotadas entre paréntesis angulares. La estructura
eventiva se ordena de acuerdo a la secuencia temporal ti, ti+k, ti+l, que se
predica de marcos eventivos generales (SETTING & EVENT & CONSEQ), lo
cual permite encuadrar diversos subeventos en un mismo marco y describir las
relaciones de sucesión o simultaneidad, así como Pustejovsky lo hace mediante
la notación <∝ (en , ... ) y o∝ (en , ...), respectivamente. Asimismo, cualquiera de
los subeventos puede ser focalizado o marcado como núcleo predicativo (HEAD
en Pustejovsky). Como en el modelo de Van Valin en (c), el modelo de Wotjak
deriva el aspecto léxico y la estructura de qualia de la configuración de los
marcos, contenido en la propuesta de Pustejovsky en determinaciones eventivas
del tipo en: process y en la submatriz de qualia, respectivamente. Por otro lado,
no presupone una hipótesis localista en la representación predicativa del evento,
como la que subyace en la teoría de la Conceptual Semantics de Jackendoff en
(b), ausente en (a), (c) (d) y (e), relegándola a un estatus de efecto cognitivo.
Esto es, para nosotros, una ventaja, ya que la plantilla léxica en (b) se encuentra
tan infraespecificada que no presenta espacio eventivo para focalizar el producto
expresivo, como se verá a continuación en (β). Por otro lado, tampoco impone
un límite en la ampliación conceptual del evento, como sí hacen
Rappaport/Levin (1998, 15), con su restricción de ampliación de la «constante»
([x ACT<DECIR> z]), de modo que la FAG, en tanto que Geschehenstyp
cercano al concepto de frame, puede integrar tantas transiciones en los marcos
predicativos posteriores a EVENT, como predicados estén contenidos en
SETTING. Esto quiere decir, en otras palabras, que la FAG no precisa acogerse
al principio de minimalismo sustantivo (Chomsky 1999 [1995], 26), en un
sentido extensible a la semántica, como ocurre en modelos del tipo (d),
inspirados en este principio, donde se reduce la carga informativa del léxico al
state of affairs estrictamente léxico (EVENT&CONSEQ), sino que posibilita la
incorporación de un conjunto de informaciones no necesariamente lingüísticas
(recogidas como presuposiciones en el SETTING), que, al ser interpretadas por
los marcos restantes, pueden desencadenar cambios semánticos en el desarrollo
diacrónico de la unidad léxica (cf. Hernández Arocha/Hernández Socas, en
preparación). Por otro lado, la información del primer nivel en una semántica de
dos niveles, como la propuesta por Bierwisch, no encontrará problemas para
acogerse al principio minimalista mencionado, siempre y cuando se adscriba a
un nivel potencial, como el ya expuesto, y se diferencie de su correspondiente
significación primaria por la determinación categorial y su determinada
configuración sememotáctica (↑ 2.3.1 ). La FS codificará, por tanto, una
determinada configuración sememotáctica a partir de la SP, la cual proyectará los
rasgos semánticos de las raíces sobre la FAG y su realización sintáctica.405 Por
último, en cuanto a la estructura argumental y de tipificación se refiere, vemos
que prácticamente no existen diferencias, salvo en tipos de argumentos descritos
por Pustejovsky (1995, 63–64), que, en nuestro caso, serán suplidos por la regla
de asignación de macrorroles, descrita a continuación, la cual obliga a establecer
una diferencia entre argumentos realizados o realizables, argumentos profundos
y adjuntos (↑ nota a a pie 406). Los distintos modelos406 son los siguientes:

(a) Descripción de la FAG de acuerdo al modelo de Pustejovsky (1995):

(b) Descripción de la FAG de acuerdo al modelo de Jackendoff (1991):


(c) Descripción de la FAG de acuerdo al modelo de Van Valin (2004):

[do’ (x, [decir’ (x, y)])] CAUSE [BECOME saber’ (z, y)]

(d) Descripción de la FAG de acuerdo al modelo de Bierwisch (2011):

λw’ λw (λy) λz λx λe [e INST [[x OPER z] CAUSE [[z REPRext


w)] & [y HAB w’]]]

(e) Descripción de la FAG de acuerdo al modelo de Rappaport/Levin (1998):

[[x ACT<DECIR> z] CAUSE [z <REPRext> w)]]

Por otro lado, cabe destacar que, de acuerdo a la focalización del producto
expresivo como término del acto de habla, nuestros verbos, decir y sagen,
ofrecen lecturas eminentemente télicas (Vendler 1957, 153; Comrie 1976, 46;
Jackendoff 1991, 29), como se aprecia en (1) y (2), en oposición a verbos que
focalizan la creación acústica y, por lo tanto, propician lecturas atélicas o
cursivas, como se puede observar en (3) y (4). Es precisamente la telicidad la
causante de bloquear derivados como (5) donde el carácter inconcluso del verbo
inergativo impide que la acción solo pueda ser alargada, pero no (re)iterada.
(1) Él dijo que vendría [+ télico]
Er sagte, dass er kommt [+ télico]
(2) Él dijo durante todo el día que vendría [+ iterativo]
Er sagte den ganzen Tag, dass er kommt [+ iterativo]
(3) Él habló muy bien [± atélico]
Er hat sehr gut gesprochen [± atélico]
(4) Él habló muy bien durante todo el día [+ atélico]
Er hat den ganzen Tag sehr gut gesprochen [+ atélico]
(5) decir > redecir, desdecir / hablar > *rehablar, *deshablar
Por otro lado, la focalización del producto expresivo favorece realizaciones
transitivas de la FAG, como puede verse en (1) y (2), mientras que la
focalización del hablante favorece realizaciones intransitivas con sujeto agente,
esto es, inergativas (Eguren/Fernández Soriano 2004, 127–128), como puede
verse en (3) y (4). De esta forma, si marcamos la focalización, siguiendo a
Pustejovsky (1995), con un asterisco (*), se da el siguiente contraste:
(α) Focalización de la FAG en el ámbito de la creación acústica:

[[HAB (x&y, z) & HAB (x, w)]ti]SETTING/Presuposición


ET [[*OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & HAB (y,
w’)))]ti+k]EVENT & CONSEQ

(β) Focalización de la FAG en el ámbito del producto expresivo:

[[HAB (x&y, z) & HAB (x, w)]ti]SETTING/Presuposición


ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (*REPRext (z, w) & HAB (y,
w’)))]ti+k]EVENT & CONSEQ

Este cambio de focalización no solo explicaría el cambio de valencia del tipo (1)
y (3), sino que podría explicar variantes construccionales del tipo (6) y (7),
bastante discutidas en la historia de esta clase léxica (↓ 3.1), en las que el verbo
prototípicamente intransitivo asume realizaciones transitivas:
(6) Él habla francés
(7) Él habla {tonterías/boberías/sandeces/*historias/*poemas,*noticias
…}
(8) Él habla tonterías en francés
(9) Hay que hablarlo
Hay que hablar {el/*mi/?nuestro/*su//los/?nuestros/*sus} problema(s)}
Tenemos que hablar nuestro(s) problema(s)
En (α), la focalización del funtor OPER provocará que el argumento z reciba el
macrorrol UNDERGOER/INSTRUMENTO y se actantifique como
complemento directo del verbo, como se aprecia en (6). En caso contrario, la
FAG solo permitirá una actantificación transitiva en los casos en los que un
argumento no focalizado, como w, se determine pragmáticamente como cualidad
o propiedad de alguno de los argumentos focalizados.407 De este modo, si el
argumento w designa una propiedad del argumento focalizado x, lo cual
podríamos anotar como wx, se habilitará así, por medio de un proceso de
skolemización (Pustejovsky 1995, 104), para asumir el macrorrol
UNDERGOER/TEMA y realizarse como complemento directo (7, 9).
Asimismo, el argumento x (EMISOR o HABLANTE), como argumento
prototípico de un verbo de creación acústica, y el argumento w, como
determinación pragmática de este, recibirán los macrorroles ACTOR y
UNDERGOER,408 respectivamente, al tiempo que el instrumento, sin
posibilidad de recibir macrorrol, se realizará como adjunto (8).409
Como se puede ver más arriba, en (c), el modelo de Wotjak se diferencia del
de Van Valin en que no añade predicados que predicen el macrorrol, como do’,
sino que libera la estructura cognitiva de cualquier marcación estrictamente
sintáctica, que se anota posteriormente en la leyenda de la estructura argumental.
De este modo, la estructura argumental recibirá la marcación del macrorrol, así
como la del rol verbal específico y de la clase semántica, bien en el nivel de la
microestructura bien en el de la medioestructura, de acuerdo al número y
naturaleza de las variantes semántico-pragmáticas que presente la unidad.410
Este procedimiento nos permite explicar desarrollos medioestructurales como en
(6) y (7), así como problemas construccionales y de dinamicidad del léxico,
como los expuestos estadísticamente en Engelberg (2013).
A modo de resumen, podemos decir que los beneficios que conlleva el análisis
designativo de la FAG mediante el análisis propuesto por Wotjak (2006, 63–167)
son los siguientes:
a) Se desvela la naturaleza del evento que designa el verbo en cuestión
para así comprender con más profundidad los desarrollos
medioestructurales, esto es, las variantes denotativas de las
microestructuras o sememas.
b) Se añade el componente sintáctico a la significación léxica, esto es,
se describe la sememotáctica (Wotjak 2006, 53) de los lexemas
estudiados, fortificando así los vínculos analíticos entre léxico y
sintaxis.
c) Se observan y analizan los grados de prototipicidad, esto es, los
procesos de usualización sémica o sememización de los argumentos o
papeles semánticos (Jackendoff 1991, 63–66), facilitando así la
descripción histórica y sincrónica de las unidades, tanto
paradigmática como sintagmáticamente.
d) Se dotan de función semántica representativa al sema o semas base
(FAG), incidiendo así en él los posteriores semas modificadores o
distintivos, de modo tal que la representación eventiva posibilita tanto
una macroestructura motivacional en el ámbito léxico-gramatical, es
decir, asigna contenidos denotativos invariantes a la familia léxica,
como una macroestructura denotativa pluridimensional, a saber, el
campo semántico.
Por último, la descripción de la FAG, de acuerdo a los puntos anteriores, a saber,
con respecto a su estructura eventiva, su estructura argumental y su
determinación medioestructural y pragmática (cf. Wotjak 1977; 2006), habilita
así tal abstracción denotativa para sufrir modificaciones contextuales,
situacionales, inferenciales o pragmáticas, lo cual hace este modelo en gran
medida análogo a la propuesta de del lexicón generativo de Pustejovsky (1995,
61–62; De Miguel 2009b, 340), en la que la subespecificación semántica viene
determinada por una estructura eventiva, argumental, de qualia y de tipificación,
o al modelo del papel y la referencia (Van Valin 2004), Modelo Léxico
Funcional Modelo Construccional de Mairal Usón y Cortés Rodríguez (2009,
248–262; Cortés RodríguezSosa Acevedo 2010), entre otros.

2.4 Organización estructural de la familia léxica

2.4.1 La estructura paradigmática de la familia léxica o sistema léxico


primario

La estructura primaria o sistema léxico primario de una familia léxica se


diferencia de la de un campo semántico, tal y como lo han propuesto
Coseriu/Geckeler o Wotjak (↑ 1.2), en la fuerte gramaticalización de los vínculos
paradigmáticos y sintagmáticos de sus elementos. A modo de resumen, se podría
afirmar que la propuesta de modelo explicativo que ha defendido más
recientemente la Escuela Semántica de La Laguna (cf. Batista 1988; García
Padrón 1998; Morera 1988; 1998c; 2007c; Trujillo 1998) se funda en el intento
de maximizar la gramaticalización de los contenidos léxicos (cf. Batista/Tabares
Plasencia 2011; Trujillo 2011) para poder reducir así, en la medida de lo posible,
su tan problemático carácter abierto o inconmensurable.
De este modo, hemos optado por la transposición macroestructural de las
estructuras primarias coserianas a las secundarias (Coseriu 1986 [1977], 167),
con la finalidad de que los rasgos distintivos determinantes para la formación de
paradigmas semánticos se fundan en segmentos morfofonológicos. La
repercusión de este cambio metodológico-conceptual provoca el desplazamiento
de los procedimientos por modificación de las estructuras secundarias
coserianas, es decir, las relativas a la formación de palabras por prefijación, al
lugar de las estructuras primarias (opositivas), al tiempo que las opositivas
propiamente lexemáticas se desplazan hacia un nivel discursivo o referencial
(Morera 2005 y 2007c). Esta modificación terminológica-conceptual transforma
el concepto de campo semántico en el de familia de palabras, como había
supuesto ya Duchaček (1961, 47):

Fig. 32: Campos lingüísticos según Duchaček (1961, 47)

De acuerdo a esta primera organización terminológico-conceptual de Duchaček


–que postula un tipo de estructuración general de campo que integre modelos
más o menos gramaticales, conceptuales o distribucionales, como los de Ipsen,
Trier, Bally, Porzig, Guiraud, Weisgerber, Apresjan entre otros–, se puede
debatir, incluso, la pertenencia de campos semánticos y familia de palabras a una
noción más general de campo léxico como macroestructura semántica
hipervinculada léxico-gramaticalmente.411 No obstante, mantendremos en este
trabajo las designaciones «familia de palabras» y «familia léxica» para evitar
posibles confusiones terminológicas y expondremos a continuación los diversos
subsistemas que se detectan en tal estructura, tradicionalmente conocidos y
parcialmente descritos:

«Wenn man sämtliche die gleiche Wurzel enthaltenden Wörter


und Formen nach den ursprünglichen Bildungsgesetzen, wie sie
durch die zergliedernde Methode der älteren vergleichenden
Grammatik gefunden sind, zusammenordnet, so erhält man ein
mannigfach gegliedertes System oder ein grösseres System von
kleineren Systemen, die ihrerseits wieder aus Systemen bestehen
können.»412 (Paul 1975 [1880], 242)
Comencemos, pues, por el conjunto estructurador más importante de la familia:
la estructura primaria. En este trabajo entendemos por estructura primaria la
relación paradigmática que mantiene un derivado o compuesto, circunscrito a
una familia léxica, con el resto de combinaciones léxico-gramaticales
susceptibles de aparecer en el mismo punto derivativo o compositivo.
Consecuentemente, cada uno de los miembros del paradigma asume con
respecto a la raíz invariante una oposición equipolente, desde el punto de vista
semántico, y una oposición privativa a favor del derivado/compuesto, desde el
punto de vista morfológico (cf. Adamzik 2004, 124). De los subconjuntos o
paradigmas que se desarrollan a partir de una misma raíz/forma de contenido,413
son de mayor relevancia aquellos que no solo determinan semánticamente el
contenido invariante de la raíz, sino también el resto de paradigmas adyacentes.
Por ello, han de ser preferentes en el análisis los subconjuntos que presenten una
mayor radiación o proyección semántico-gramatical. De aquí se desprende la
condición «primaria» de tales paradigmas, ya que determinan la base y
proyectan rasgos sémicos sobre otros subconjuntos (con frecuencia, sobre
estructuras secundarias; ↓ 2.4.2). Tal determinación semántico-morfológica suele
denominarse «modificación»414 y se origina a partir de tres tipos de
procedimientos: complementación preverbial,415 adverbial y compositiva
sustantiva.416
La primera estructura paradigmática modificativa, la prefijación, se concibe
por primera vez como paradigma (en el sentido moderno) con las aportaciones
de Rey (1968) sobre el llamado «champ préfixal», que concibe como parte o
subsistema más relevante de un «champ morphosémantique» (Rey 1968, 39, 46).
No concebimos el procedimiento semántico de modificación en el sentido
restrictivo de Coseriu (1987 [1977], 179), a saber, como «cuantificación del
termino primario» sin «determinación gramatical», sino en el sentido de una
determinación modal del contenido expresado por la base que propicia un valor
alternante temporal o aspectual, así como sus consecuentes realizaciones
pragmáticas y sintácticas. De acuerdo a Fleischer/Barz:

«Modifikation liegt dann vor, wenn eine Wortbildung im


Vergleich zu ihrem Input bei gleicher Wortart zusätzliche
semantische Merkmale erhält, die eine Spezifizierung im Rahmen
der Ausgangsbedeutung bewirken. [...] Bei verbalem Input
bewirkt die Modifikation eine Spezifizierung des bezeichneten
Prozesses in Bezug auf Ort, Zeit oder Aktionalität, wobei
allerdings weitere grammatisch bedingte Besonderheiten
auftreten können (syntaktische Modifikation).»417 (Fleischer/Barz
2012, 97)

En el mismo sentido se expresa García Hernández, cuando mantiene:

«El preverbio no sólo modifica el contenido estricto de la base


léxica, sino que potencia, además, la capacidad sintagmática del
nuevo modificado influyendo decisivamente en su transitividad y
engrosando, en general, el número de sus complementos; a la vez,
estas determinaciones sintagmáticas introducidas por la presencia
del preverbio dan la clave para la interpretación de sus diferentes
acepciones.» (García Hernández 1980, 224–225)

En el caso de la prefijación, tal modificación viene motivada por el valor


primario espacial de las unidades (cf. Alvar/Pottier 1993 [1983], 345; Bello
1981, 170; Emsel 1985, 67; García Hernández 1980, 124; Gràcia Solé et al.
2000, 275; Morera 1999, 107; 2000, 735; Pottier 1970, 22), que genera una
metaforización en diversos sentidos por efecto directo del entorno en el sujeto,
esto es, en gran medida, por una proyección corpórea hacia el entorno (cf.
Lakoff/Johnson 1981).418 La posibilidad de una modificación semántica
postposicional (cf. López-Campos Bodineau 1997; Marcq 1975) reúne, además,
desde un punto de vista morfológico, tanto los prefijos estrictos, preverbios
separables o partículas y adverbios de dirección (cf. Kühnhold 1969, 327;
Wotjak 1997), en tanto que realzan, como veremos a continuación, los procesos
cuasiespaciales del evento y propician así una interpretación aspectual o
temporal tanto en procesos históricos (cf. Paul 1975 [1880], 292; Delbrück 1884;
Wellander 1911) como pragmáticos y situacionales (cf. Augst 1975, 178;
Coseriu 1982 [1972]; 2007 [1988], 269). Esta determinación espacial vincula,
como expondremos en los apartados 3.2.1 y 4.2.1 (y especialmente para el
alemán, lenguas iberorrománicas y el griego, Hernández Socas, en preparación)
los prefijos, adverbios y preposiciones, pues provienen, como explica Humbert
(1972, 298),419 «en réalité du même élément adverbial, mis en rapport avec des
termes différents».420 De este modo, pensamos con Wunderlich/Herweg (1991,
777), Lang (1993, 253), Kaufmann (1993, 222) y Stiebels (1996, 84) que toda
preposición de base local describe un esquema semántico del tipo
λy λx LOC (x, PRÄP* (y)).

Así, el contenido dimensional de una preposición dada (PRÄP*) mantiene una


relación espacial (LOC) entre los argumentos (x, y), pudiendo ser uno variable, y
convirtiendo, en caso de su elisión, a la unidad en monoactancial (1-stellig), a
saber, en un adverbio (Wunderlich/Herweg 1991, 762). Esta relación local,
correspondiente a una modificación lógica (a), puede darse de forma interna al
predicado (b), incidiendo en sus argumentos, o externa al predicado,
determinando temporal o aspectualmente al evento denotado por la base (c) (Di
Sciullo 1997, 54; Di Sciullo/Tenny 1998, 380), conforme a su SP espacial.
(a) λx [P (x) & Q (x)]
(b) λy λx [P (x, y) & LOC (x, PRÄP* (y))]
(c) λy λx λs [[P (x, y)] (s) & PRÄP* (s)]
Esta noción argumental concuerda con Morera (1989), donde la preposición se
describe como un sustantivo en caso recto sin significación primaria, modificado
por una significación relacional externa –el contenido relacional de la
preposición, designado como PRÄP* o REG por los autores antes citados–, la
cual lo transforma en un sustantivo en caso oblicuo, válido para categorizar una
preposición o un adverbio421:

[[‘ø’]s.c.r. + S.D.E. (PREP.)]s.c.o.

Para la organización del significado espacial de la prefijación y sus relaciones


nos hemos servido del método relacional aplicado en estudios preposicionales
como Pottier (1962), López (1970), Trujillo (1971), Marcq (1971; 1985; 1981),
García Hernández (1980), Morera (1989; 1998a), Varela/Martín García (1999),
Lüdtke (2007), Krause/Doval (2011), todos ellos basados, de forma directa o
indirecta, en los principios de relación espacial422 propuestos inicialmente por
Hjelmslev (1978 [1935]), sin descuidar los conocidos procesos de prototipicidad
que derivan de la recursividad, complementariedad y familiaridad de sus rasgos
distintivos (Cifuentes 1992; Soledad Funes 2012, 135). De este modo, un verbo
como sich lossagen, expresará una relación del tipo siguiente:

FS: sich von jdm. lossagen [S.V.]


λy λx λs *∃w [SAG (x, w) & HAB (y, w) & LOC (x, LOS-VON
(y))] (s)
*∃w: focalización de ∃w
SP(SAG) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’
SP(LOS-VON) = ‘dirección-horizontal-ablativo/separativa
[aspectualmente egresivo-terminativa]’

El significado espacial de la prefijación, en el paso del nivel potencial al actual,


muestra diversas orientaciones de sentido subjetivas.423 En palabras de
Jackendoff:

«[...] it should be recalled that the ‘existence’ of trajectories,


distances, and so forth is a matter not of how the world is, but of
how speakers conceptualize the world.»424 (Jackendoff 2011,
697)

De este modo, la espacialidad, en contacto con verbos de movimiento o estado,


modifica espacialmente el evento descrito por tales verbos. Así, sobre verbos
como el lat. venire, al. kommen, gr. βαίνω, esp. venir, la prefijación determina
espacialmente la orientación del proceso descrito, por ejemplo: devenir,
(her)abkommen, ἀπο-/κατα-/εκβαίνω, devenire o lat. absum, al. los-/ab-/aussein ,
gr. ἀϕιέναι, esp. desistir. En contacto con otras clases verbales, cuya
representación eventiva no se vincula tan estrechamente con contenidos
espaciales, la prefijación asume un valor aspectual, como en la siguiente
correlación causativa:

lat. evaporare, al. abdämpfen, gr. ἐξατμίξειν, esp. evaporar.

Partiendo de los datos que hemos obtenido en otras investigaciones,425 la


progresión clasemática en los niveles actuales (IV-I de Wotjak o sistema, norma
y habla de Coseriu) puede describirse, siguiendo a García Hernández (1980,
224, 1998, 43), según el siguiente proceso de metaforización o
contextualización:
Fig. 33: Procesos de metaforización o contextualización aspectual de subsistemas prefijales

Sobre estas alternancias aspectuales en el sistema preverbial ya habían hablado


de un modo más o menos explícito Wellander (1911), Kühnhold (1969a; 1969b)
y Schröder (1992), a propósito de las alternancias y concordancias prefijales en
alemán (↓ 4.2.1) y las ha explicitado García Hernández (1980; 1998), bajo la
forma de relaciones clasemáticas intersubjetiva, intrasubjetiva y secuencial en la
modificación prefijal de lexemas latinos:

«La evolución polisémica de los prefijos arranca de un


significado primario propio, casi siempre de clase espacial, para
llegar a unos significados derivados más abstractos, que a
menudo comparte con otros prefijos, en particular si se trata de
significados clasemáticos. En cualquier caso la diversificación
polisémica está determinada por la noción de origen. Así ocurre
que los prefijos de orientación adlativa (ad-, in-, sub- y ob-)
proporcionan modificados de clase aspectual ingresiva; los
prefijos de orientación prosecutiva (per- y pro-) producen
modificaciones de aspecto progresivo y los de orientación
ablativa (ab-, ex- y de-) dan lugar a modificaciones resultativas.
Algunas excepciones, las de significados resultativos con prefijos
adlativos en adsequi («conseguir»), adipisci («alcanzar») e
inuenire («encontrar»), tienen explicación por otra parte; bien
porque mantienen el significado adlativo de origen, bien por la
posición que ocupan en su campo semántico.»426 (García
Hernández 1998, 43)

Este modelo clasemático de metaforización aspectual ha sido comprobado, no


solo en el latín –y, por ende, en las unidades que de él toman las lenguas
romances– (García Hernández 1980; 1998), sino también en el griego y alemán
(Bastista Rodríguez/Hernández Socas/Hernández Arocha 2012). Así, por
ejemplo, en estas lenguas las series espaciales latinas asumen el valor aspectual
causativo, derivado de la metaforización del ‘contacto’ que las caracteriza:
εἰστίθημι/apponere/anstellen
‘poner junto a’ → ‘inciar la acción de adjuntar’ ≈ ‘hacer que algo
esté adjunto’
ἐντίθημι/imponere/einstellen
‘poner en’ → ‘inciar la acción de colocar’ ≈ ‘hacer que algo esté
situado en un punto’
περιτίθημι/circumponere/(her)umstellen
‘poner alrededor’ → ‘inciar la acción de cercar’ ≈ ‘hacer que algo
esté cercado’
πρoτίθημι/proponere/vorstellen
‘poner delante’ → ‘iniciar la acción de presentar’ ≈ ‘hacer que
algo esté delante’

El efecto semántico de ‘contacto’, presente también en los ablativos, puede


provocar igualmente una causación semejante en los preverbios ablativos:

ἐκτίθημι/exponere/ausstellen
‘poner fuera’ → ‘inciar la acción de sacar’ ≈ ‘hacer que algo esté
afuera’
ἐξατμίξειν/evaporare/abdämpfen
‘haber vapor de algo’ → ‘comenzar a haber vapor’ ≈ ‘hacer[se]
que algo humee’

Sin embargo, el alejamiento característico de tales verbos provoca el efecto de


una egresión semántica de la acción realizada y, en consecuencia, una
culminación o término (‘perfección’), pudiendo representar tal término un
cambio alterno de estado (‘privación’) o un cambio hacia el nuevo estado
efectuado de forma inversamente proporcional a cómo llegó a su culminación
(‘regresión’)427:

ἀϕαιρεῖν/abrechnen/deducere
‘contar o retraer a partir de algo’ → ‘terminar de retraer’ →
‘quitar,
eliminar’/‘descontar’
abigo/ἀποκπούειν/abtreiben
‘traer algo de un sitio’ → ‘terminar de traer algo’ → ‘quitar del
sitio’/‘desprender’
ἀπανθέιν/abblühen/deflorescere
‘alejar la flor de algo’ → ‘terminar de alejar la flor’ → ‘quitar la
flor’/‘perderla
lentamente’

Del mismo modo, aquellas unidades que presentan un contacto semántico, como
ent- ‘enfrente, de cara a, anti/ante’ (↓ 4.2.1), pueden o bien producir un efecto de
privación, surgido por la metaforización de la posición ‘en contra’ de la acción
del verbo (entschuldigen ‘disculpar’, entschärfen ‘desactivar’) o producir un
efecto de reforzamiento, motivado por la tracción del contacto preposicional
(entgehen, entfliehen ‘salir huyendo’). Este mismo efecto aspectual alternante se
le atribuye a los prefijos prosecutivos por su carácter espacial mediado
(perseguir/verfolgen ‘continuar siguiendo’, pernoctar ‘pasar la noche’/perder
‘dar del todo’).428
Estos valores aspectuales proceden, como decíamos, de la relación entre la
representación espacial del preverbio y el evento designado por el verbo
nuclear.429 De esta forma, surgen los rasgos aspectuales descritos, de acuerdo a
fases semánticas eventivas que ha supuesto Wotjak (2006, 112–113; 2000,
156)430:

FASE 0 (que indica NO-EXISTENCIA/el NO SER todavía), con


una transferencia interfásica/TFA 0 →I hacia la
FASE I (que indica EXISTENCIA/el SER) cfr. ∀ (Alloperator) y
∃ (Existenz-operator) de allí partirían transferencias interfásicas
hacia la FASE II con una transferencia interfásica/TFB I → II
(con subespecificaciones como sigue):
FASE II (el SER-ASÍ o de cierta manera), que se subespecifica
en las FASES IIa, IIb y Ice: transferencia interfásica TFBa I →
IIa:
FASE IIa = MODALIZACION del SER (atribución de
propiedades);
transferencia interfásica/TFBb I → IIb:
FASE Ilb = MODIFICACIÓN/CAMBIO; transferencia
interfásica/TFBc I → IIc:
FASE IIc = CUANTIFICACIÓN /
FASE III (NO-EXISTENCIA/negación del SER (ASÍ) anterior):
transferencias interfásicas/TFc I → III o, tal vez, también II → III

Cada uno de estos significados espaciales de las unidades se acogen, en el nivel


III (norma), a una de las fases arriba descritas, para, posteriormente, orientar el
significado potencial del conjunto léxico-gramatical hacia alguno de los sentidos
actuales, inferidos de la pragmatización o contextualización del evento –y de
índole ya aspectual–. Como sabemos desde tiempos de Wellander (1911), cada
una de estas usualizaciones normativas se reproduce en forma de procedimiento
morfológico sin necesidad de acudir ya a una «remotivación» espacial de las
unidades, lo cual no implica necesariamente que se «demotiven» o desaparezca
por completo su significación primaria espacial, sino que su significación
secundaria de orden aspectual cobra autonomía procedimental y morfológica.431
Este efecto –infraespecificable, pero perteneciente ya a la norma de una
comunidad lingüística– favorece posteriormente la creación de nodos de
irradiación semántica (↑ 2.2.2.3.1 ), esto es, puntos de proyección denotativa
que, por un lado, mantienen vínculos clasemáticos en el nivel de la
medioestructura semántica (García Hernández 1998) y, por otro, motivan cada
uno de los subconjuntos derivacionales que se generan a partir de una base
(valores directrices, Augst 1975a). Veamos algunos ejemplos:

Como vemos, cada una de las unidades mantiene un vínculo denotativo


clasemático, estructurado con frecuencia en series aspectuales, que se extrapola
consecuentemente a las series derivativas y compositivas. Un ejemplo
esclarecedor de cómo se organizan los nodos de irradiación semántica (Leitwerte
, según Augst) en las familias de palabras es el conjunto de miembros que se
genera a partir de la raíz fahr- ‘conducir’ alemana. A partir de ella se forman
derivados denotativamente vinculados como «Fahrer» ‘conductor’ u otros nodos
denotativamente alejados como «fertig» ‘preparado’ o führen ‘guiar’ (Peuser
2000, 92; resumido de Bondzio 1969, 539):
Fig. 34: Familia léxica fahr(en) ‘(con)ducir’ según Peuser (2000, 92)

Como puede observarse, todos los miembros prefijados constituyen un nodo de


irradiación denotativa, mientras que no todos los nodos se forman a partir de
miembros prefijados. En consecuencia, no puede subordinarse el concepto de
Leitwert o nodo al de estructura primaria, pero sí depende en gran medida de
esta, en tanto que juega un papel preponderante en la gestación de variantes
denotativas de la raíz y, por lo tanto, estructura gran parte de la ramificación o
dispersión referencial de la familia, gracias a su modificación espacial y su
metaforización aspectual.432
Por último, queremos destacar, sin ánimo de exhaustividad,433 un aspecto
relevante sobre las posibilidades sintagmáticas de la estructura primaria. Cuando
esta presenta una rección preposicional, la subestructura preverbial proyecta la
clase, el archisemema o el sema que caracteriza al preverbio dado en el momento
léxico-genésico, a saber, la clase de su significación morfológica
(Wortbildungsbedeutung) sobre la clase semántica del elemento preposicional
regido en el momento sincrónico del uso del término, de modo semejante a como
había supuesto Porzig o Coseriu en sus «solidaridades léxicas» (1986 [1977]).
Por ejemplo:
‘movimiento ablativo’ / ‘movimiento adlativo’

Deducir de algo / oponerse (contr)a alguien

Extraer de algo / inducir a algo ~ introducir en algo

Abstraer de algo / atraer a algo

‘movimiento ablativo de / adlativo a un punto confluyente’:


dis/com

distraerse con algo ‘punto confluyente’ / concentrarse en algo

disentir en algo ‘punto determinado de origen’ / compartir con


alguien ‘punto confluyente’

dispensar de algo ‘movimiento ablativo’ / convenir en algo


‘movimiento adlativo’

‘movimiento prosecutivo’

proseguir por algún lugar, etc.

Dada la finalidad de nuestro estudio, no podremos profundizar en las


solidaridades semánticas entre la estructura primaria y su rección. Sin embargo,
sirvan estos ejemplos para alertar sobre el fenómeno, advertido también
previamente por otros autores (Batista, en comunicación personal, o Di Sciullo
1997, 69) y esbozar el alcance paradigmático y sintagmáticos de estas
estructuras.

2.4.2 La estructura sintagmática o derivacional de la familia léxica o sistema


léxico secundario

La tarea de describir la función semántica que determina los procedimientos


derivacionales de las lenguas que nos ocupan excedería el objeto del presente
estudio. Seguiremos, pues a Coseriu (1986 [1977]), Varela Ortega (1990, 69–71)
y Morera (2005), para quienes la derivación –entre otros procesos morfológicos–
presenta la función semántica básica de cuantificar o determinar la significación
del elemento semántico al que se adjuntan, generan paradigmas léxico-
gramaticales y transcategorizan las bases primarias. Por oposición al tipo de
estructuración anterior –la estructura primaria–, la derivación orienta el
significado léxico base en alguna dirección y desarrolla, por tanto, las
posibilidades morfosintácticas de los nodos de proyección semántica, dotando
así de dimensión gramatical a la familia de palabras. De este modo, fertigen,
abfertigen, anfertigen, etc. son desarrollos morfológicos de «valores directrices»
o nodos que se producen en el seno de la familia de palabras, cuantificando así la
significación primaria de la raíz y, a un tiempo, determinándola categorialmente.
En palabras de Fleischer/Barz:

«Als Transposition wird die Bildung eines Lexems mit einer –


bezogen auf die Bedeutung der Ausgangseinheit – neuen
Bedeutung im Rahmen einer anderen semantischen Klasse
bezeichnet. Die Wortart der Ausgangseinheit kann sich ändern
(lehren > Lehrer, Fett > fettig ) oder auch, und zwar
ausschließlich beim Substantiv, gleich bleiben (Eisenbahn >
Eisenbahner ).»434 (Fleischer/Barz 2012, 97–98)

Entre los términos determinantes y determinados de un proceso derivativo o


flexivo se da regularmente una relación morfológica binaria en el nivel del
sistema –sustentada en una oposición privativa a favor del derivado, desde una
perspectiva morfológica, y gradual, desde una semántica–, que puede
interpretarse de forma ternaria o parasintética en el nivel de la norma, tal y como
indican Fleischer/Barz:

«Wortbildungen verfügen über eine binäre oder nichtbinäre


Struktur. Die binär strukturierten Wortbildungsarten sind
Komposition, Derivation und Partikelverbbildung. Entsprechende
Wortbildungen lassen sich in unmittelbare Konstituenten
zerlegen. Nichtbinäre Wortbildungsarten sind die Konversion und
die Kurzwortbildung. Auch Rückbildungen, Kontaminationen
und Reduplikationen kann man nicht in unmittelbare
Konstituenten gliedern.»435 (Fleischer/Barz 2012, 83)
Si bien la perspectiva analítica llevada a cabo por Morera (2005) y Amador
Rodríguez (2009) parte, en gran medida, de la propuesta lexemática de análisis
de formación de palabras desde el punto de vista del contenido (cf. Coseriu
1978, § VIII), estos autores no han descuidado aspectos que, desde los inicios, se
revelaron problemáticos, como la subordinación de las transcategorizaciones al
nivel de norma (cf. Kastovsky 1997, 309) o la delimitación del objeto de estudio
de la formación de palabras o la de sus límites externos (cf. Laca 1997, 315–
317). Por nuestra parte, nos hemos limitado a poner de relieve las dificultades
esenciales que atañen de forma directa a la descripción de familias léxicas.

2.4.3 Nomenclatura, metalengua y descripción componencial

En cuanto a la nomenclatura y descripción componencial se refiere, hemos de


hacer las siguientes aclaraciones: si bien partimos de la propuesta de Trujillo
(1996), según la cual los rasgos distintivos discriminables en las facetas léxico-
semántica y referencial de las unidades léxicas deben considerarse como
descriptores parafrásticos y no como elementos constitutivos y, en un sentido
estricto, atómicos del significado, esto es, si bien situamos la descripción
componencial del significado y su respectiva nomenclatura en los niveles de la
primera y segunda metalengua (↑ 2.2.1), no renunciaremos al uso de rasgos
distintivos para referirnos a las diversas facetas del significado léxico, a sus
respectivas «figuras», en su sentido técnico (↑ 2.3.1 ).
Para hacer visible esta posición, hemos introducido algunas modificaciones en
la forma tradicional de notación de rasgos distintivos. Tal notación, representada
tradicionalmente como una matriz, mediante una lista de rasgos entre corchetes
(cf. Chomsky 1999 [1965]), y que presuponía la existencia individual de los
rasgos de que constaba el conjunto, modificables contextualmente de acuerdo a
reglas reescriturales, la hemos suplido en este trabajo, por razones de espacio y
perspectiva, por una sucesión de figuras semánticas vinculadas por guiones. En
consecuencia, la preposición sobre, que, por ejemplo, es descomponible
mediante la matriz de rasgos semánticos jerarquizados [+ posición, + vertical, +
positiva], la describiremos en este estudio mediante la paráfrasis componencial
‘posición-vertical-positiva’. De este modo ponemos de relieve la naturaleza
intuitiva e indisociable de la matriz de rasgos distintivos en el ámbito del
contenido primario/potencial (Trujillo 2011; 1981b, 160; Morera 2007c) o, como
se ha designado en el seno de la semántica de prototipos, su condición
«holística», si bien no obviamos el hecho de que en tal intuición se vuelven
discriminables figuras, facetas o matices que pueden ser descritos mediante
notas o rasgos –para valernos de algún tipo de descriptor–, que pueden asumir
referencialmente función distintiva.436
De forma general, nos interesa poner de relieve mediante esta notación el
hecho de que el contenido semántico primario es, en tanto que intuición global,
más simple y homogéneo que la suma de los rasgos que lo constituyen (↑ 2.3.1 ).
A este respecto, debemos decir que en el análisis de palabras derivadas, donde
interviene un conjunto bastante amplio de rasgos descriptivos para cada uno de
los componentes que las conforman, las paráfrasis descriptivas se presentan al
lector un tanto abstrusas, hasta el punto de que pueden dificultar
considerablemente la lectura. Tal es el caso del análisis del derivado adjetival
pre-dic-t-iv-[o] (↓ 3.3.10), cuya significación primaria (SP) ha sido descrita
como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno (dic-)-‹en› posición-
horizontal-[‹de› secuencia no discontinua]-anterior o por delante [en el tiempo]-
[no mediata] (pre-)-limitada-internamente-‹como un› proceso actual (-t-)-‹como›
proceso que crea la base (-ivo)-‹categorizada como› cualidad’.437
La utilidad de una descripción componencial de la SP de este modo puede
suscitar dos tipos de críticas. La primera se deriva lógicamente de la falta de
composicionalidad que se advierte entre los componentes semántico-
gramaticales y los sentidos de las palabras en la que estos se integran (↑ 2.1).
Considérese que tal crítica se funda en la confusión de los planos semánticos
propuestos e imprescindibles para la descripción léxico-semántica y gramatical
de las familias léxicas. Cuando se analiza la SP de una unidad como predictivo,
la descripción se lleva a cabo en un plano potencial, de modo que se hace
referencia a lo que Splett, entre otros, denomina Bedeutungsindizierung, a saber,
«indexación semántica», la cual posibilita la prefiguración de la arquitectura de
la familia léxica y prevé los desarrollos semánticos que las palabras pueden
presentar a lo largo de su historia. Por tanto, sin este tipo de significación, sería
imposible, por ejemplo, resaltar las semejanzas y diferencias léxico-semánticas
existentes entre predictivo y predicativo. Una segunda crítica podría provenir,
como es de esperar, de la evidente distancia que existe entre la notación y
descripción de la SP con respecto a la de la FAG/infra-especificación denotativa
o, en otras palabras, el sentido general de la unidad. Se podrá argüir, por tanto,
que, mientras que cualquier hablante reconoce los componentes
subespecificados o la FAG como entidades reconocibles en los eventos que
designan las palabras, no resulta tan fácil advertir vínculos entre los trazos
semánticos de la SP y los componentes (funtores y argumentos) de la FAG. Tal
crítica no considera, sin embargo, la naturaleza «sintética» –en el sentido de
Kant–, intuitiva y holística –en el sentido de la Gestaltpsychologie o «psicología
de la forma»– que teóricamente presenta el concepto de significación primaria.
Al contrario de lo que ocurre con la descripción de estructuras conceptuales o
FAGs, donde existe una relación proporcional entre sus elementos constitutivos
(con sus correlaciones sintácticas) y los del evento cognitivo que designa, la
significación primaria representa un tipo de contenido de utilidad especialmente
metodológica, ya que posee un valor más heurístico que descriptivo, al expresar
un tipo de noción semántica relacional advertible únicamente tras una
comparación masiva de datos, pero difícilmente advertible sobre la base de una
única palabra. Esto implica algunas consecuencias.
A partir de los trazos o rasgos de los constituyentes de las palabras derivadas
se posibilita la inserción de tales conglomerados sígnicos en paradigmas léxico-
gramaticales en los que se integran. De este modo, la SP nos revela la posición
exacta que ocupa la palabra en el seno de la arquitectura de la familia de palabras
a la que pertenece, esto es, nos revela su indexación (con todo lo que esto
implica para el aprendizaje y el reconocimiento léxicos). Por otro lado, en tanto
que tales rasgos o trazos aportan contenido semántico, la SP interpreta el
conglomerado sígnico de la palabra derivada como un conjunto de posibilidades
semánticas, cuyas realizaciones denotativas (FAGs) son, ante todo, desarrollos
actuales, que representan únicamente algunos de los eventos que la palabra
derivada puede llegar a designar, pero no todos. Tal concepción nos permite
introducir ciertos patrones en los desarrollos diacrónicos. Ahora bien, el
conjunto de rasgos sucesivos con los que se describen las palabras derivadas
asume, en tanto que conjunto delimitado, un valor unitario, una significación
holística, que es más simple, abarcadora y homogénea que la suma de los rasgos
de que se compone. En otras palabras, una vez que se intervinculan los rasgos
semánticos de los afijos y raíces de las palabras derivadas, estas se establecen
como intuiciones y no como haces de rasgos. En el momento en el que los signos
se conciben como intuiciones, las descripciones componenciales unidas por
guiones se nos presentan a todas luces como artificiales y abstrusas. De modo
análogo a los principios de la psicología de la forma, se vuelve extremadamente
compleja la identificación entre el conjunto y los elementos, una vez que estos se
conciben como miembros de aquel, a pesar de que los elementos son
imprescindibles y representan la fuente que da origen cognitivo al conjunto. Los
siguientes gráficos nos desvelan tal relación en una representación visual
(modificaciones gráficas a partir de Ladenthin 2011):
Fig. 35: Significación primaria, categorización y psicología de la forma

Como se puede apreciar, una descripción (c) basada en la enumeración sucesiva


y jerarquizada de los elementos –o rasgos– de que se compone un conjunto
(semántico-intensional) como (b), tal y como se observa de forma simplificada y
de acuerdo a nuestra notación, no originaría la representación de la figura
geométrica insinuada en (b), y que hacemos explícita en (a). De este modo, los
rasgos jerarquizados y descriptores de una SP son a la SP (por ejemplo, a la de
predictivo) lo que los contornos negros de (c) a la figura geométrica explícita en
(a), teniendo en cuenta que la SP evocada en (b) trasciende tanto sus rasgos
organizados (c) como su representación cognitiva concreta (a).438 En resumen: la
SP no puede ser verificada o falseada en una lógica veritativo-condicional
mediante sus figuras o descriptores, como sí pueden ser verificados o falseados
los rasgos de la semántica componencial tradicional, en tanto que la SP, como
intuición concreta pero inefable, carece de sustancia concreta verificable.
Una nueva crítica, a mi juicio, mucho más compleja de responder, versaría
sobre la naturaleza y configuración de la interfaz que vincula la SP con la FAG
(Engelberg 2011b, 380; Hernández Arocha/Hernández Socas, en preparación). A
este respecto, cabría formularse la pregunta de si es posible establecer una
interfaz que describa cada una de las FAGs adscritas a un formativo o
significante a partir de una (única) SP/FS. El nivel actual de nuestros
conocimientos nos inhabilita para responder a este interrogante, pero
probablemente, tanto el concepto de familiaridad wittgensteiniano como el de
homogeneización argumental (Hernández Arocha/Hernández Socas, en
preparación) tengan un papel preponderante en su génesis, como ha puesto de
relieve, de forma general, la semántica cognitiva. La Two-Level Semantics, que
trabaja con un concepto de FS en parte homólogo (↑ 2.3.1 ), se ha planteado el
mismo problema, suponiendo que su resolución ha de circunscribirse, como
hemos dicho, al problema de la categorización (Lang/Maienborn 2011, 712).
Con todo, estamos de acuerdo con Lang/Maienborn (2011, 711) cuando afirman
que así como la Conceptual Semantics analiza los eventos mentales sin
preguntarse cómo es la interfaz que prefigura una representación conceptual a
partir de los datos sensoriales –lo cual denomina «problema de
homogeneización»–, se puede asimismo aplicar el concepto de FS, aun cuando
no se tenga plena consciencia de cuáles son los procedimientos que lo vinculan
con la semántica conceptual/FAG.439
Por otro lado, como se aprecia en la SP del adjetivo predictivo, arriba descrita,
nos hemos servido de diversos signos gráficos para describir las evoluciones
diacrónicas que experimentan tales figuras semánticas en el seno de las familias
léxicas así como sus descripciones semántico-gramaticales sincrónicas.
Utilizaremos, por tanto, el paréntesis ( ) para advertir al lector de que el
determinado haz de figuras de contenido descrito ha de relacionarse con un
segmento fonológico o gráfico concreto –por ejemplo, ‘situación-vertical-
positiva (sobre)’– al tiempo que nos serviremos de los corchetes [ ] para
describir rasgos adyacentes o connotativos, producto, en la mayoría de los casos,
ora del desdibujamiento histórico de rasgos funcionales de períodos pretéritos,
ora de la influencia del contexto en la matriz permeable. Asimismo, utilizaremos
corchetes angulares ‹ › para añadir comentarios a la matriz de rasgos con el fin
de hacerlas inteligibles –por ejemplo, sobrellevar ‘desplazamiento causado-
agentivo (llevar)-‹en› posición-vertical-positiva (sobre)’–. Por último,
indicaremos los rasgos redundantes de las matrices en negrita. Así, a modo de
ejemplo, podemos ver que la matriz funcional de rasgos ‘movimiento-de abajo
arriba’ del preverbio latino sub- pierde su vigencia y autonomía en el transcurso
del tiempo en la combinación subire, de manera que se homogeniza y pasa a
funcionar como rasgo modificador del lexema verbal ire
‘desplazamientoadlativo’, del que se vuelve indisociable, resultando un único
semema describible como ‘desplazamiento [adlativo] (ir) de abajo arriba’. En
él, el rasgo ‘desplazamiento’ es un rasgo redundante, producto de la fusión de los
rasgos ‘movimiento’, propio del preverbio, y ‘desplazamiento’, que caracteriza
al verbo, mientras que el rasgo ‘adlativo’ permanece como residuo histórico,
activable solo contextualmente, y el rasgo ‘de abajo arriba’ pierde su
independencia semántico-funcional –simbolizada por la ausencia de guion– y
asume la función de rasgo distintivo indisociable de la base.
Por último, expondremos a continuación los predicados y operadores
semánticos de que nos valdremos para el análisis de los eventos cognitivos
evocados por las unidades que analizamos.440

PREDICADOS Y OPERADORES

ACT: ‘actuar’ HAVE: ‘estar en posesión/disposición


de’
LOC: ‘ESSEloc / localizarse’ HAB: ‘estar en posesión ‹− legítima›
de’
ADESSE: ‘estar con, hallarse en’ POSS: ‘estar en posesión ‹+ legítima›
de’
ADESSEbene: ‘concordar con’ OPER: ‘hacer uso de’
BECOME: ‘pasar / llegar a [PRED]’ REC: ‘BECOME (HAVE) / recibir’
BELIEVE: ‘creer’ REF: ‘referirse a’
DEP: ‘depender de’ VID: ‘ver’
DO: ‘ACT & BECOME (PRED) / ti, ti+k, ti+l: momentos sucesivos
hacer algo’
ESSE: ‘existir’ CAUSE: ‘causar’
ET: conjunción temporal (ti) REPRext(&incontr): ‘representar algo
externa,
&: conjunción predicativa, no temporal metalingüística (e incontroladamente)’
S(ETTING), E(VENT), C(ONSEQ): presuposición, evento, consecuencia
Segunda parte
3 La familia de palabras «decir»

3.1 La raíz léxica «dec-»: reconstrucción semántica, historia y


formación

El formante indoeuropeo */delik-/ evolucionó en griego y latín hacia los


signifcantes fonológicos siguientes /delik-, (l)di:(l)k-, ldi:g-/.441 El primero, cuyas
manifestaciones griegas más importantes son δείξιϛ y δείκνυμι, ‘señalación’ y
‘señalar’ (cf. esp. deixis) comparte –como vemos en los ejemplos– tanto la
variante categorial sustantiva como verbal. Los restantes formantes fonológicos
se encuentran en ambas lenguas. El segundo significante, /(l)di:(l)k-/, está
presente en griego en el sustantivo δίκη y el verbo δικάζω con el sentido de
‘[mostrar] lo indicado, la justicia’,442 y en latín, por otra parte, /ldik-/ produce los
derivados DICĔRE, DICĀRE, DICTĬŌ (‘mostrar verbalmente en el ámbito
jurídico-religioso , decir solemnemente en el ámbito jurídico-religioso, dicción’)
junto a la variante DICTĀRE ‘decir a menudo’, que produjo el sufijo
frecuentativo -TO/-SO (García Hernández 1980, 111). El formante /ldig-/ lo
encontramos tanto en derivaros latinos (cf. DIGITUS, DIGITALIS –procedente
el primero de las formas antiguas dicitus y dictus443 ‘dedo, tanto del pie como de
la mano del hombre y de las patas de animales’; cf. dedo, dedal–) como griegos
(cf. παράδειγμα ‘modelo’, esp. paradigma.444
La descripción semántica y evolución de esta raíz muestran una gran
diversidad. Posee un gran número de derivados en diversas lenguas, aunque su
significación permanece transparente en muchos de ellos (Buck 1949, §18.22).
Esta raíz tiene originalmente un valor de ‘mostración, señalación’, que como
vemos, se mantiene invariable en muchos casos. Así lo cree también Gonda,
quien, tras estudiar los diversos sentidos que nuestra raíz toma en las lenguas
indoeuropeas, manifiesta:

«Welke is nu, vragen wij verder, de grondbeteekenis?


Beschouwen wij: aanwijzen, toonen, laten zien, enz. als
handelingen tot het oog, meedeelen, leeren, aantoonen, enz. als
handelingen tot het oor, het verstand, geven, aanbieden en derg.
als handelingen tot den persoon als zoodanig gericht, dan hebben
deze gemeen het begrip ‹richten›. [...] Als grondbeteekenis, want
het is m. i. zeer goed aan te toonen, dat alle beteekenissen zich
vanuit dit begrip ‹richten› laten verklaren.»445 (Gonda 1929, 192)

Este matiz se realza en latín por la adición del sufijo -TUS, cuyo valor perfectivo
provoca en la denotación un desplazamiento metonímico: ‘lo mostrado’ > ‘lo que
muestra’ > ‘dedo’. Las áreas conceptuales que abarca la raíz primitiva en las
lenguas indoeuropeas son dos: por un lado, la noción básica abstracta ‘mostrar,
señalar’ que, por el desplazamiento metonímico antes descrito, da lugar a la
designación concreta ‘dedo’ (cf. gr. δάκτυλοϛ –esp. dátil–, lat. digitus –esp.
dedo–, al. Zehe, ing. toe; Curtius 1858, 104–105); por otro, la raíz denota
también el objeto de la mostración o señalación, esto es ‘lo que debe ser
indicado’ (cf. gr. δίκη y δίκαιον ‘justicia y justo’, lat. iudex/index ‘el que impone
la ley y el denunciante’, ant. alt. al. in-zicht ‘acusación’; Gonda 1929, 198). De
aquí surge la noción ‘justicia’. Esta última área denotativa tendrá un papel
preponderante en el desarrollo semántico de la raíz y, en especial, en su
evolución latina. En su artículo «Comment les mots changent de sens», Meillet
trata resumidamente el problema del cambio semántico de la raíz deík-, que más
tarde abordarían con más profundidad Ernout y Meillet en su Dictionnaire
étymologique de la langue latine y que nosotros no nos resistimos a transcribir,
dada su claridad:

«Le changement s’est produit sans doute de la manière suivante.


La racine *deik- ‹montrer, indiquer› s’employait en indo-
européen avec une valeur juridique définie : à côté de δείϰνυμι
qui a un sens général, le grec a δίϰη, qui désigne ‹l’accusation, le
jugement›, à côté de zeigôn, le vieux haut-allemand a zihan
‹accuser›, in-zicht ‹accusation›; et le latin même a index ‹celui qui
dit le droit›, uin-dex, caussi-dicus, etc., les mots dicio, condicio
sont des termes juridiques, dicare indique une proclamation faite
dans des formes juridiques ou religieuses définies, et le sens est
encore plus net dans dedicare ; l’ombrien tikamne (c’est-à-dire
dïkamne) signifie ‹par consécration›. C’est dans la langue de la
procédure, dans ius dicere ‹indiquer le droit› par exemple, que
dicere a. paru avoir le sens de ‹dire›; mais ce n’est qu’en passant
de la langue juridique à la langue commune que dicere a fixé le
sens général de ‹dire›; du reste ce verbe est resté affecté à tout ce
qui se dit dans des formes fixes, et, notamment à la parole
publique, et, ainsi que le marquent Bréal et Bailly dans leur
Dictionnaire étymologique latin, où les emplois juridiques du
groupe de dicere sont d’ailleurs soigneusement notés, dicere est
resté le terme solennel qui s’oppose à la causerie désignée par
loqui. Cet emprunt fait par la langue commune à la langue
juridique et religieuse n’est pas un fait isolé; car la racine *kens-,
celle qui a fourni au latin censere, et qui, d’après le témoignage
concordant de l’indo-iranien et du latin, avait le sens de
‹prononcer une formule religieuse ou juridique› a donné au slave
et à l’albanais des mots qui signifient purement et simplement
‹dire›. Il est curieux que la famille du mot slave qui tient
exactement la place de la racine deik- pour le sens, celle de kazati
‹montrer›, ait fourni aussi au russe un verbe dont le sens le plus
anciennement attesté est ‹prêcher›, mais qui aujourd’hui signifié
‹dire›, à savoir s-kazat.»446 (Meillet 1904–1905, 32)

Las áreas denotativo-aspectuales de la raíz se pueden representar, por tanto,


mediante el siguiente gráfico:

Fig. 36: Áreas denotativo-aspectuales de la raíz *deík-

El primer momento semántico surge activamente como ‘agente de la acción’ o


‘punto inicial del proceso de la señalación’. La significación sufre una
concretización por vía metonímica y pasa a significar el elemento iniciador de la
acción, el dedo. El segundo momento semántico se interpreta de forma
terminativa o pasiva,447 en tanto que supone el término del proceso lógico de la
señalación, es decir, el sentirse el interlocutor señalado o indicado y, de ahí,
acusado o imputado. De forma similar surge la noción de ‘justicia’, entendida
aquí como ‘lo indicado, lo ejemplar’. La denotación ‘acusación’ se origina, por
ende, mediante el proceso de referencia a una segunda persona (‘alguien te
señala’ > ‘eres señalado por alguien’ > ‘eres acusado por alguien’),448 por una
relación clasemática intersubjetiva (García Hernández 1980; 1998, 32), mientras
que la denotación ‘justicia’ surge, paralelamente, como referencia a la tercera
persona –o «no persona» como dirían el Brocense (Minerva: Liber I, caput
XII),449 Benveniste (1977 [1974], 179–187) y Morera (1999, 134)– u objeto en
sí mismo (‘alguien indica algo’ > ‘algo es indicado por alguien’ > ‘algo es
indicado’ > ‘lo [que debe ser] indicado’ > ‘lo ejemplar’).450
La función terminativa de las variantes latinas de nuestra raíz, la cual hace
surgir la noción de obligatoriedad o justicia, se percibe claramente en las
acepciones del sustantivo latino INDEX (< INDĬCO; cf. NDELE):

INDEX
‘que indica’ ‘que muestra lo que es indicado’
‘dedo índice; el que indica, revela o ‘denunciante, delator’
descubre’
‘indicador; signo, señal, síntoma indicio’ ‘testigo de cargo’
‘lista, catálogo, índice, sumario’ ‘espía’

Como veníamos diciendo, el verbo DICĔRE y su variante DICĀRE tienen –


como explica Meillet (1904–1905, 32) y Ernout/Meillet (1951, 307)– una fuerte
connotación jurídica y religiosa que se deriva de la alternancia arriba
expuesta.451 Todo parece indicar, según los ejemplos que aduce el lexicógrafo,
que estos rasgos semánticos no se restringían a casos aislados o valores
metafóricos o connotativos, sino que, por el número y recursividad de los casos,
es muy probable que el rasgo ‘[decir] solemnemente, en ámbito jurídico o
religioso’ fuera un rasgo intrínseco y funcional de su contenido denotativo.452 En
el sintagma fraseologizado dicis causa (‘conforme a la ley’, cf. también gr.
νóμου χάριν) es perceptible este rasgo. Usos fraseológicos de DICĔRE como
SENTENTIAM DICĔRE (‘hacer conocer una opinión’), CAUSAM DICĔRE
(‘exponer una causa’),453 MULTAM DICĔRE (‘sentenciar’), DIEM DICĔRE
(‘fijar el día de un juicio’), CONSULEM DICĔRE (‘elegir un cónsul’) o
fragmentos como el siguiente de Cicerón (Orator ad Brutum): «[Quamquam]
aliud videtur esse oratio [, aliud esse disputatio], nec idem loqui quod dicere:
disputandi ratio et loquendi dialecticorum sit, oratorum autem dicendi et
ornandi» («Aunque es evidente que la oración es diferente a la disputa, de forma
que no es lo mismo hablar que expresarse solemnemente: razonar hablando y
discutiendo es propio de los hábiles en dialéctica, mientras que orar y expresarse
solemnemente es cosa de los oradores») nos llevan a pensar que la oposición era,
como hemos mantenido, constante y funcional (cf. Ernout/Meillet 1951, 308;
Heerdegen 1881, 19; Kronasser 1968, 52; Schmidt 1889, 26).
Esta es la razón por la cual esta carga semántica religiosa y política aparece en
un gran número de derivados: ABDICĔRE (‘rechazar, no aprobar, no
adjudicar’), cuyo opuesto es ADDICĔRE (‘aprobar, entregar por sentencia
judicial, adjudicar’), CONDICĔRE (‘aprobar conjuntamente, acordar una fecha
para un pleito’; cf. CONDICTIO, ‘acuerdo entre las partes, ante el magistrado
sobre el día en que comparecerán a juicio’), INDICĔRE (‘declarar oficialmente,
notificar’ cf. CONCILIUM), INDICĔRE (‘convocar una asamblea’), EDICĔRE
(‘decir en voz alta, declarar, proclamar’, cf. EDICTUM ‘declaración pública,
orden, reglamento’), INTERDICĔRE (‘prohibir’, cf. al. untersagen > ig. *nter-
sekw; ↓ 4), PRAEDICĔRE (‘anunciar de antemano, comenzar diciendo,
pronosticar, predecir), PRODICĔRE (‘fijar de antemano, aplazar’) y los
recientes BENEDICĔRE (‘pronunciar palabras de buen agüero, hablar bien de
alguien, elogiar’) y MALEDICĔRE (‘pronunciar palabras de mal agüero, hablar
mal de alguien, difamar’). Por otro lado, la variante DICĀRE presenta este
rasgo, paralelamente, en los derivados ABDICĀRE (‘negar, renegar de algo,
decir que no nos pertenece, no reconocer [a un hijo en la familia] dimitir’),
INDICĀRE (‘indicar, señalar, demostrar, denunciar, delatar’; cf. el moderno
alemán an-zeig-en ‘acusar, denunciar’), PRAEDICĀRE (‘decir públicamente,
proclamar, divulgar’), CONDĬCIO (‘acuerdo, pacto, ley, situación [como
resultado de un pacto, cf. Ernout/Meillet 1951, 309], condición, suerte’) (cf.
Ernout/Meillet 1951; Meillet 1904–1905; Segura Munguía 2001; Szemerényi
1981, 310).
Seguimos a Ernout/Meillet (1951, 307–310) cuando mantienen que la
evolución que experimenta la raíz */deik/- en latín es ‘mostrar > hacer conocer
[indicar] con la palabra > decir/hablar [solemnemente, en ámbito religioso o
jurídico]’. De este modo, la alternancia DICĔRE/DICĀRE –variantes
combinatorias de la raíz y formadas a semejanza de la pareja
DUCĔRE/DUCĀRE454– representa una oposición privativa, donde el segundo
término o variante distribucional sigue manteniendo más notable el rasgo
semántico arcaizante de señalación y, por ello, denota una ‘dicción mostrativa
[en el ámbito jurídico o religioso]’, mientras el primero hace énfasis en el acto
de habla y solo circunstancialmente en el proceso de señalación (Coseriu 1986
[1977], 29–30; Corrales Zumbado 1971, 357). La oposición sería representada
como sigue:

Fig. 37: Variantes radicales de */deik/-

Esto explica los contrastes siguientes (NDELE)455:

DICĔRE DICĀRE
‘decir, pronunciar, referirse a algo, ‘anunciar públicamente, colocar ante los
contar, llamar, afirmar, fijar’ dioses, consagrar’
ABDICĔRE ABDICĀRE
‘rechazar, no aprobar, no adjudicar’ ‘negar, renegar de algo, no reconocer (a
un hijo en la familia), excluir, dimitir’
INDICĔRE INDICĀRE
‘declarar oficialmente, notificar’ ‘demostrar, denunciar, delatar indicar,
señalar’
PRAEDICĔRE PRAEDICĀRE
‘decir o anunciar de antemano, ‘decir públicamente, proclamar,
comenzar diciendo, pronosticar, divulgar’
predecir’
REDICĔRE (lat. tardío) REDICĀRE (lat. eclesiástico)
‘responder’ ‘mostrar el buen camino’

Como vemos en los ejemplos, la significación deíctica se muestra más visible en


la segunda variante, probablemente, debido a que la antigüedad de los derivados
prefijados hace permanecer el rasgo. Para entender con más claridad la amplitud
denotativa de DIC(Ĕ/Ā)RE, es necesario analizar el lugar que ocupaba este
verbo en el conjunto de verbos latinos que designaban el evento ‘decir/hablar’ (↓
Fig. 38). Para ello nos valdremos de la obra de Döderlein (1826), que, pese a su
antigüedad (↑ 2.1.2), presenta una asombrosa modernidad con respecto a la
organización semántica y semasiológica del campo. Su análisis lo adaptaremos a
una estructura funcional de rasgos simples y complementaremos sus resultados
con datos de Ernout/Meillet (1951), Walde (1910), Segura Munguía (2001) y
PoccettiPoliSantini (1999, 190–197). Este análisis nos proporcionará una visión
general del fenómeno semántico, necesaria para entender los desarrollos que
tendrán lugar en etapas posteriores.
El conjunto de los lexemas latinos que expresan los semas [± decir] o [±
hablar] son FARI, LOQUI, DICERE, AIT, INQUIT, ORARE, AFFIRMARE,
ASSEVERARE, NEGARE, TACERE, NUNTIARE y BALBUTIRE.456 De
todos ellos hemos de indicar su carácter neutro para asumir una función
sintáctica transitiva o intransitiva, como veremos en adelante. De forma análoga
a como han mostrado Talmy (2000 II, §1; 2011, 640–641), Slobin (2006, 49–66)
o, recientemente, Demonte (2012, 18–24) y Acedo/Mateu (2013) a propósito de
las diferencias intertipológicas en la designación de eventos de movimiento,
según los cuales existirían dos tipos generales de lenguas en vistas a los patrones
de lexicalización de la dirección y la manera,457 el latín presentaba un patrón de
lexicalización recurrente de la manera en los verbos elocutivos, de forma que la
transitividad era subordinada al contexto (cf. DRLVD):

a) LATINE LOQUI [– trans.] [+ ‘hablar fluidamente en latín’


fluidamente]
b) FALSA LOQUI [+ trans.] [+ ‘contar mentiras’
fluidamente]
c) BENE DICERE [– trans.][+ formal] ‘hablar bien y formalmente’
d) LAUDES [+ trans.] [+ formal] ‘referir alabanzas a alguien
ALICUIUS DICERE elogiándolas solemnemente’

Como se observa en los ejemplos, el verbo de lengua latino podía asumir tanto
una función morfosintáctica transitiva como intransitiva, mientras que la manera
–o, como diría Meyer, el modo semántico (↑ 3.1)– permanece invariante en
todos los casos. Esta incorporación del modo en la semántica de los verbos
elocutivos estructura en el latín clásico un gran número de verbos, como es
frecuente en tipologías lingüísticas que incorporan léxicamente la manera en el
evento designado. Por razones metodológicas y con el fin de explicar con mayor
claridad el desarrollo diacrónico romance del campo semántico latino, no
propondremos como núcleo archisemémico del campo un rasgo denotativo
genérico, sino que lo haremos depender de las posibles traducciones hispánicas,
a saber, de los lexemas decir y hablar –a los que se llegará, efectivamente, en el
curso de la historia–. El campo de verba dicendi primarios latinos es, por tanto,
el siguiente:

Fig. 38: Campo semántico de los verba dicendi latinos

Como muestra el esquema, en latín no existía una oposición privativa para


delimitar los rasgos semánticos contenidos en los actuales ‘decir’ y ‘hablar’, tal
y como ocurre hoy en día en un gran número de las lenguas modernas. Estos
rasgos dependían en muchas ocasiones del contexto, si bien se encontraban
verbos tendientes a una u otra significación sememotáctica, como el defectivo
INQUIT, cuyas realizaciones son traducibles al español, habitualmente, por
‘decir’. Sin embargo, los verbos latinos se mostraban neutrales frente a este
rasgo de oposición.458 La lengua latina resaltaba, como hemos indicado
anteriormente, la modalización del decir o hablar (Poccetti/Polli/Santini 1999,
191),459 esto es, el cómo se llevaba a cabo el proceso de la enunciación.
La oposición ‘fluidamente’/‘no fluidamente’ estructuraba el conjunto FARI,
LOQUI, TACERE, BALBUTIRE, de los cuales LOQUI significaba la acción de
poder expresar las ideas de forma lógica, razonada y fluida,460 mientras que
TACERE representaba su antónimo, esto es, permanecer callado aunque el
hablante tuviera la capacidad de expresarse fluidamente. A estos se oponía la
pareja FARI y BALBUTIRE. El primero representa un acto de habla formulaico
y entrecortado, aunque no por razones fisiológicas o incapacidad alguna, sino
por estar el hablante en proceso de aprendizaje o debido a un contexto sagrado o
solemne que impone un acto de habla reposado y no fluido.461 BALBUTIRE,
por el contrario, es un acto de habla entrecortado y formulaico por razones
fisiológicas; es el habla propia de un tartamudo .462
Los verbos que se muestran propensos a expresar el contenido ‘decir’ son
DICERE, AIT, INQUIT, ORARE, AFFIRMARE, ASSEVERARE, NEGARE y
NUNTIARE. Sobre el primero ya hemos hablado. Si bien tanto DICERE como
ORARE proceden del ámbito jurídico-religioso, ORARE, por su parte, muestra
un rasgo de apelación ausente en DICERE, que lo convierte en el término
marcado de la oposición 463 (cf. Poccetti PoliSantini 1999, 25; Schmidt 1889, 6).
En el resto de los verbos del conjunto disminuye el rasgo formal, vinculado a un
lenguaje elevado, propio de estos dos últimos verbos. La función de
pronunciarse con respecto a algo –o según Döderlein (1831, 8) ‘estilo directo’–
puede ser en latín positiva, esto es, afirmando, o negativa, es decir, negando. La
primera es una noción abarcada por dos términos: el primero, AIT, es afirmación
de una sentencia, propia o ajena, de forma comprometida (Buck 1949, 1257); el
segundo, AFFIRMARE, carece de este último rasgo y, por lo tanto, es el término
no marcado de la oposición. Estos dos lexemas suponen un archisemema ‘decir
que sí’,464 que se opone a otro archisemema ‘decir que no’ representado en el
lexema NEGARE (< NEC ‘no’).465 Estrechamente relacionados están los
vocablos INQUIT, ASSEVERARE y NUNTIARE, que, frente a los anteriores,
expresan un –en palabras de Döderlein– ‘estilo indirecto’, en tanto que
representan la expresión de informaciones ya dadas. De ellos, el menos marcado
es INQUIT, que se opone al par restante por el rasgo ‘información concreta’. De
los portadores de este rasgo, es NUNTIARE el término neutro o no marcado,
mientras que ASSEVERARE presenta el rasgo añadido ‘comprometidamente’.
Como hemos dicho más arriba, contemplamos en este paradigma únicamente
aquellas unidades que se relacionan de forma directa con los semas ‘± decir’ y ‘±
hablar’, así como sus oposiciones denotativas inmediatas. De aquí se deduce que
el latín disponía de seis unidades elementales que expresaban positivamente
estos semas:
FARI, LOQUI, ORARE, DICERE, INQUIT, AIT

Estas son las unidades a partir de cuyos semas se debe explicar la evolución
romance (Döderlein 1831, 1). FARI, que, como sabemos, expresaba un hablar
entrecortado y paciente, de tono solemne y con connotación arcaizante, se utilizó
en la Edad de Oro como sinónimo poético de LOQUI y con un uso cada vez más
restringido, quedando fosilizado únicamente en expresiones fijas. En
compensación, FARI había desarrollado en el habla común el verbo derivado
FABULARI –a partir del diminutivo FABULA– con el significado de ‘hablar
con tranquilidad, conversar de forma agradable y simple, con el fin de
entretenerse’ (cf. fr. fâbler ‘fanfarronear’, Ullmann 1976 [1962], 152),
significado que se atestigua ya en Plauto. Finalmente, FARI desaparece tanto en
el habla común como en la lengua literaria, de modo que a partir del siglo II
desaparece de los textos (Ernout/Meillet 1951, 436; Döderlein 1831, 2–3;
Schmidt 1889, 3).466 Por otro lado, INQUIT comienza a ser inusual a partir de la
época republicana. En latín vulgar se atestiguan variantes en la primera persona
del singular (INQUAM > INQUIO/INQUO) por analogía con AIO, vacilaciones
que llevan a pensar que el verbo se encontraba en vías de desaparecer
(Ernout/Meillet 1951, 567). El defectivo AIT se atestigua en todas las épocas y,
junto con INQUIT, termina por ser desplazado en las lenguas romances por
DICERE.467 ORARE, por el contrario, logra establecerse en las lenguas
romances asumiendo el término solemne y religioso de la oposición con respecto
a aquel (Ernout/ Meillet 1939, 714; 1951, 832). Todo parece indicar que los
desplazamientos semánticos fueron los siguientes:

Época 1: aprox. el período republicano 468

Época 2: aprox. el período imperial. Siglo II en adelante 469


Época 3: latín tardío, inicios del romance (hipótesis)

Este último esquema, que esboza ya una oposición equipolente ‘hablar/decir470’


tal y como la conocemos hoy –aunque con cierta heterogeneidad,471 ya que
asume usos diversos de los verbos extintos– y que neutraliza la oposición de
registro representa la estructura semántica del latín vulgar que, previsiblemente,
invadió la Península Ibérica.472 Sin embargo, esta oposición, como veremos más
adelante, no gozaba de la estabilidad estructural actual, ni paradigmática ni
sintagmáticamente, según muestran ejemplos españoles medievales.473
En el latín itálico posterior, la oposición sufre una nueva modificación por
influencia del lenguaje eclesiástico: FABULAR(E) se desplaza y desaparece,
finalmente, a favor de PARABOLARE (< PARABOLA ‘breve explicación,
comparación’), hecho que explica el it. parlare, fr. parler, cat. parlar. El
sustantivo PARABOLA desplazó –progresivamente474– a VERBUM, lo que
explica nuestra actual palabra ( , esp. med. <palavra>).
A excepción de ORARE, que, al introducirse en el español por vía culta, no
tiene prácticamente evolución fonética, las formas restantes sufren las
evoluciones siguientes:

FABŬLĀR(E) > [–a partir del s. I a.C.– 475> –Edad

Media– (<f(f)ablar>)476 > –a partir del s. X477–


(<f(f)ablar> –y, a partir del siglo XIII, también– <hablar>)478 > –
a partir de 1520– (<hablar, fablar>)479 > –a partir de
1780480– (<hablar>)]
DĪCĔRE > 481>

DĪCĔRE > *DĪCĒRE > [–Edad Media– / (<dezir,


482
deçir, dizir>) y, progresivamente, en –a partir del s.
XVII– 483 484
(–a partir de 1780 – <decɪr>) /
(<decir>)485]

En el español medieval, el infinitivo dezir 486 amplía sus variantes


fonológicas en las formas de presente (primera persona), indefinido, futuro,
participio 487/, mediante las grafías <z>, <g>, <x> y

<r>, y que, posteriormente, entre los siglos XVI y XVIII, evolucionan y quedan
fijadas hasta la actualidad en los significantes fonológicos ,488
,489 ,490 ,491 , mediante las
grafías <c>, <j> y <ch> para aquellos fonemas surgidos posteriormente.
No obstante, la nueva oposición medieval fablar–dezir modifica parcialmente
su significación, como hemos apuntado más arriba. Prueba de esto es el uso que
encontramos en el Poema de mío Cid de estos verbos. En la Alta Edad Media
dezir conserva el rasgo arcaizante propio de los derivados preverbiales latinos.
Así, encontramos casos en los que se acerca a la denotación de INDICARE
‘mostrar’ (cf. «aſſi era legado, / Diziendo les ſaludes de primos e de hermanos»
(928); «E quel dixo ſaludes de ſu mugier e de ſus fijas» (932)), dezir seso
(‘mostrarse cabal’, cf. Iglesias Recuero 2012), de EDICĔRE (cf. «Oy uos dix la
miſſa de ſanta Trinidade» (2370)) o usos que se acercan a NOMINARE –o su
por entonces contemporáneo nomnar o nonbrar– («Que a vno que dezien myo
Çid Ruy Diaz de Biuar» (628))492 y que se diferencian de él por una función más
apegada a la designación que a la nominalización. Estos dos últimos se
conservan todavía hoy en fosilizaciones fraseológicas. La colocación dezir miſſa
tenía ya en el siglo XIII tal estatus, pues aparece en el poema del Cid y la recoge
en varias ocasiones Alfonso X en su Primera partida (cf. CORDE). La
significación general de dezir en la Baja Edad Media es, por lo demás, bastante
cercana a la actual (Escobedo Rodríguez 1993, 36). No ocurre lo mismo, sin
embargo, con su opuesto fablar. Nos percatamos de ello desde el comienzo del
Poema del mío Cid, donde se lee:

«Delos ſos oios tan fuerte mientre lorando,


Tornava la cabeça e eſtava los catando
Vio puertas abiertas e vços ſin cañados,
Alcandaras uazías, ſin pielles e ſin mantos
E ſin falcones e ſin adtores mudados.
Soſpiró myo Çid, ca mucho auie grandes cuydados.
Ffabló myo Çid bien e tan meſurado:
‹Grado ati, ſeñor Padre, que eſtas en alto!
Eſto me an buelto myos enemigos malos.›»(1–9)

Efectivamente, fabló se utiliza aquí con el sentido de ‘comenzar a hablar/decir,


intervenir’, ‘tomar la palabra’ y su función textual es introducir un estilo directo.
Su valor semántico se acerca considerablemente al perfecto latino INQUIT, si
bien este no introduce un estilo directo sino que lo cierra. Este rasgo semántico
‘intervenir’ se vuelve más nítido en los fragmentos dialogados:

«Fablo Martin Atolinez, odredes lo que a dicho:


‹Ya Canpeador, en buen ora fueſtes naçido! […]›
Fablo myo Çid, el que en buen ora çinxo eſpada:
‹Martin Antolinez, ſodes ardida lança!›» (70, 71–78,79)

El complemento régimen del verbo se introducía en esta época con las


preposiciones en y de («Ffablemos en ello, en la poridad ſeamos nos» (1941); cf.
Corominas s.v. hablar) con el sentido del actual «hablar sobre/de».493 Esto
demuestra que la oposición medieval494 debió ser la siguiente:

Época 5: s. XII y primera mitad del s. XIII 495

Este uso introductor de estilo directo que encontramos con fablar en diálogos del
Cid parece una desviación del sentido etimológico con connotación solemne
‘contar, comenzar a decir algo continuadamente’496 que imprime en el texto un
carácter épico. Por otra parte, su significación mantiene en ocasiones los valores
arcaicos ‘hablar articuladamente’ y ‘tener la capacidad de hablar’ (Alonso 1986,
1113–1114). Es muy probable que, en la lengua de la cercanía, el verbo fablar
mantuviera el sentido arcaizante ‘contar’ –esto es, mantuviera el semema ‘[±
capacidad de] expresar-verbalmente-de forma continuada [algo]’ (vid. Época 2)–,
como se desprende de otros pasajes de estilo no tan literario, en los que no se
pretende imprimir solemnidad a las palabras del personaje:

«Aſur Gonçalez entraua por el palaçio,


Manto armino e vn brial raſtrando,
Vermeio viene, ca era almorzado,
en lo que fablo avie poco recabdo»
(3373–3376)

En esta escena, Aſur Gonçalez entra a palacio bebido y mal arreglado, de forma
que el narrador concede, por tanto, poca credibilidad a sus palabras. Toma
fablar, entonces, el sentido ‘en lo que dijo (≈ ‘comenzó a contar [con
balbuceos]’) había poca prudencia’. Gonzalo de Berceo, por su parte, utiliza el
verbo con el sentido ‘contar [la verdad]’, de modo que es muy probable que haya
sido este su valor usual497:

«Por amor que creades que vos digo verdad,


quiérovos dar a esto una auctoridad;
como fo él propheta, fabló certanedad,
por ond fo afirmada la su grand sanctidad.»
G. de Berceo (1992 [1236]): Vida de Santo Domingo de Silos.
Madrid: Espasa Calpe, p. 324, CORDE

Esta oposición se mantiene vigente entre los siglos XIII y XVI (véanse los
anexos I y II) mientras se afianza la construcción fablar con alguien de/en algo.
A lo largo de estos siglos alterna esta estructura junto a la colocación, tan
frecuente en el Poema del Cid, fabló e dixo, que muestra cómo la pareja
fablar–dezir inicia un cambio tipológico, eliminando del patrón léxico la manera
y asumiendo progresivamente la diátesis como rasgo distintivo. Todo parece
indicar que fue el sintagma con alguien –apoyado por el complemento indirecto
en distribución complementaria– el que generó el sentido moderno e inició el
cambio semántico (cf. a este respecto Hernández 1991, 224).
Durante los siglos XIV y XVI la oposición de/en en función de complemento
régimen de fablar es muy frecuente. Esto causa cierta inestabilidad en la
oposición y desencadena, en el siglo siguiente, un proceso de especialización. De
permanece, entonces, como complemento de régimen, mientras en, cuya
presencia en el CORDE con el valor de ‘hablar sobre el/del tema’ quedó
reducida durante este siglo a menos de un 5% de las apariciones, inicia un
proceso de especialización hacia los sentidos local y modal. A finales del siglo
XVII y comienzos del XVIII, en se usa ya, generalizadamente, con el sentido de
‘hablar en francés, inglés, etc.’, ‘hablar en verso’ o ‘hablar en un lugar’ y su uso
transitivo comienza a sentirse arcaizante:

«E despues que todos lo huuimos mirado a poco de rato fabló


aquella donzella estas palabras.»

Sigüenza, Fray José (1909 [1605]): Tercera parte de la Historia


de la orden de San Jerónimo, Juan Catalina García (ed.), Nueva
Biblioteca de Autores Españoles, párr. n°972, CORDE;

«En este castillo nadie

me hace tuerto o violencia,

que antes se os fabló verdad

asaz alegre y contenta.»


Matos Fragoso, Juan de (1982 [1673]): El hidalgo de la Mancha,


Manuel García Martín (ed.), Universidad de Salamanca, p. 37,
CORDE.

Con respecto a su semántica, no existen cambios sustanciales: la función de


fablar/hablar como introductor de estilo directo la absorbe la colocación «hablar
y decir» (véase el anexo I: período 1500–1600), de forma que las estructuras
transitivas restantes se fijan con el sentido de ‘tratar’. A comienzos del siglo
XVII, Covarrubias (s.v. hablar (fablar)), que lo define como «que vale tanto
como razonar, contar novelas», recoge el fraseologismo «Habló el buen rey y
dijo mu», prueba de que en la colocación «fabló y dixo» existía ya cierta fijación
y había comenzado su aislamiento semántico, connotando cierto efecto jocoso
(véase anexo II). Este punto puede interpretarse, del mismo modo, como el
período de transformación tipológica, en la que el verbo de lengua se orienta
diatéticamente. Todos estos cambios se vieron influenciados por el cambio
ortográfico del siglo XVI, que contribuyó al aislamiento de los modelos
paradigmáticos y sintagmáticos medievales (véase anexo I). Una vez
especializados los nuevos valores de hablar en [una lengua], la colocación
hablar sobre, que, pese a su escasa frecuencia, había estado presente desde los
inicios del idioma, asume los antiguos valores correspondientes a en, como se
observa en verbos que lexicalizan el modo de locución (Levin/Rappaport 2005,
16).
En cuanto a la significación de dezir, todo apunta a que se mantuvo constante
con el valor de ‘referirse a algo verbalmente’, aunque con usos arcaizantes
alternantes que resaltaban los valores latinos ‘formalmente, con elocuencia’ y
‘deícticamente’. Desde los inicios del idioma, sin embargo, se encuentra nuestro
verbo con bastante frecuencia combinado con la preposición de con función de
complemento régimen (cf. al respecto Serradilla Castaño 2001, 145). Así
aparece en el Cid en múltiples pasajes, sobre todo, al introducir una negación o
afirmación:

«Mugier doña Ximena, grado al Criador.


Auos digo, mis fijas, don Eluira e doña Sol:
Deſte uuſtro caſamiento creçremos en onor;
Mas bien ſabet verdad que non lo levante yo:
Pedidas uos ha e rogadas el myo señor Alfonſſo,
Atan firme mientre e de todo coraçon
Que yo nulla coſa nol ſope dezir de no.» (2196–2202)
«Djze el conde don Remond: ‹dezid de ſſi o de no›» (3208)

Menéndez Pidal explica este uso como un contagio del régimen preposicional de
los restantes verbos de lengua –especialmente fablar, cuyos regímenes hemos
estudiado– o de pensamiento, que introducían sus complementos con esta
preposición. El estudioso recoge los siguientes usos:

«La materia ó asunto de un verbo de dicho: fablar de 453,


departir de 2729, dezir de 3464 y con nombre de persona 129,
3671, dezir mal de uno 535; añádase la frase dezid de ssi o de no
3208, 2202, 3455» «non dixiessen de non» SDom 746, «maguer
te diga de non» JRuiz 623, «y me dixo de no» Celestina, acto
XVIII, prov. «dire de non», etc.; para el período clásico véase
Cuervo, Dice. II p. 816 b; «iurando de no» FNav 21 b, non
varagen de si o de non 3594.» (Menéndez Pidal 1908, 381)

No nos aclara, no obstante, qué procedencia podría tener esta construcción. Es


muy probable que, como afirma el etimólogo, este régimen se haya visto
favorecido por las combinaciones sintagmáticas de los verbos semánticamente
contiguos, si bien no es descabellado pensar que haya existido una base
etimológica de la cual derivó la construcción romance. La colocación latina
DICERE DE (cf. gr. λεγειν περί), propia de un registro culto, se usaba con el
sentido ‘hablar elocuentemente de algo’. Como habíamos descrito más arriba, el
conjunto de los lexemas latinos en los que DICERE estaba inserto se
caracterizaba por la presencia de un rasgo amplio ‘± hablar / ± decir’, que se
realizaba en un sentido u otro dependiendo del contexto de uso. En este caso, la
construcción expresaba el rasgo denotativo ‘± hablar elocuentemente de algo’
como indica la famosa sentencia de Marcial Parcere personis, dicere de vitiis
(respetar a las personas, hablar de sus vicios).498 Desde nuestro punto de vista,
esta podría ser la construcción etimológica que explicara usos como el siguiente:

«Quiero voſ dezir del que en buen ora naſco e çinxo eſpada.»
(899)

Compárese, pues, la colocación medieval con el uso de la colocación latina que


leemos en un fragmento del evangelio de Juan:

Griego Juan 2, 20–25 Vulgata Alemán (Lutero)


«εἶπαν οὗν οἱ ἰουδαῖοι, «Dixerunt ergo Iudaei: «Da sprachen die Juden:
τεσσεράκοντα καὶ ἓξ Quadraginta et sex annis Dieser Tempel ist in
ἔτεσιν οἰκοδομήθη ὁ aedificatum est templum sechsundvierzig Jahren
ναὸς οὖτος, καὶ σὺ ἐν hoc et tu in tribus diebus erbaut worden und du
τρισὶν ἡμέραις ἐγερεῖς suscitabis illud? Ille willst ihn in drei Tagen
αὐτóν; ἐκεῖνος δὲ ἔλεγεν autem dicebat de templo aufrichten? Er aber
περὶ τοῦ ναοῦ τοῦ corporis sui.»499 redete von dem Tempel
σώματος αὐτοῦ.» seines Leibes.»

Como vemos, la colocación latina expresaba un sentido bastante cercano al


español medieval, de modo que todo apunta a que sea, muy probablemente, su
origen etimológico. La hipótesis de una creación de la colocación en el ámbito
de la Romania es poco plausible, puesto que se encuentra ya con bastante
frecuencia en los primeros documentos españoles medievales. Sí es probable,
por el contrario, que la presión ejercida por los regímenes de otros verba dicendi
haya encontrado en la colocación dezir de (*< DICĔRE DE), ya asentada en la
lengua, el campo de cultivo necesario para extenderse a otros usos o funciones
como el tan usual dezid de ſſi / no500 o –incluso en compuestos– como «mal
decir de alguien».501 Esta construcción cae en desuso en el siglo XVIII, según
muestran los ejemplos del CORDE.
Por todo lo expuesto, y pese a que la significación denotativa de la pareja
fablar–decir era, en un gran porcentaje, bastante cercana desde el Siglo de Oro a
la actual, pensamos que la estructuración sintagmático-semántica (o
sememotáctica, cf. Wotjak 2006, 53) de la pareja adopta la forma actual en torno
al Siglo de las Luces. La moderna oposición, establecida ya en el siglo XVIII, es
la siguiente:

Época 6: En torno al s. XVIII 502

Mientras orar se mantiene, como decíamos, estable como miembro marcado


diastrática y diafásicamente, la pareja hablar–decir logra establecer su estructura
sememotáctica, a saber, su estructura paradigmática y sintagmática, según se
deduce de los datos que facilita el CORDE. La estructura semántica de hablar
sufre un proceso de abstracción a través del cual los antiguos semas latinos
quedan relegados a rasgos connotativos o permanecen vigentes en estructuras
fraseológicas fosilizadas. Es el caso, por ejemplo, de los antiguos usos de fablar
como introductores de estilo directo o transitivos, conservados aun hoy en
expresiones hechas como «hablar boberías» o «hablar sandeces», en las que se
verbaliza una propiedad del argumento focalizado (↑ 2.3.2). La nueva
significación primaria ‘expresión lingüística-focalizada en sujeto hablante’
resulta, pues, de una abstracción de los antiguos rasgos latinos, de forma que el
sema ‘expresión lingüística’ –que comparte con decir (↑ 2.3.2)– asume la
agentividad y provoca lecturas atélicas, al tiempo que el sema ‘focalización del
hablante’ –que lo opone a decir– surge por una abstracción sincrónica de
antiguos valores: por un lado, representa la abstracción progresiva del antiguo
FARI, que expresaba la propia articulación bucal, esto es, el acto de articular la
palabra en un discurso no fluido –recuérdese el contenido arcaico ‘amamantar’
del que procede la raíz–. Por otro, el sufijo diminutivo -BUL-había restado
importancia al contenido expresado en el argumento interno del predicado, de tal
forma que había impreso en FABULARI el sentido de ‘hablar por hablar’.503 En
resumen, el sufijo, al disminuir el valor semántico de ‘lo expresado’, reforzó la
actividad bucal expresada en la raíz. Esto es perceptible en el sentido medieval
‘tomar la palabra’, donde observamos cómo la significación de la raíz fab-
empieza a hacer énfasis en el sujeto de la expresión lingüística y se aleja
respectivamente de la referencia proposicional –esto es, asumiendo
progresivamente el rasgo sememotáctico inergativo [– transitivo, + agentivo]–.
Veamos el siguiente esquema ilustrativo:

Fig. 39: Evolución semántica de la raíz *fā-

En la actualidad, esta nueva forma de contenido ‘expresión lingüística-focalizada


en el sujeto hablante’ permanece invariable en los usos transitivos e intransitivos
(y, en tanto que inergativo, con régimen preposicional con de o sobre para el
tema del que se habla, en para designar la lengua en la que se habla y C. I. o con
para designar el destinatario a quien se le habla), El verbo representa –desde el
punto de vista conceptual y connotativo– el archilexema de los verbos locutivos
que codifican la atelicidad o cursividad del acto locutivo y la posición del
hablante con respecto al contenido, representados, por ejemplo, en lexemas
como contar y tratar.504 El valor oposicional del contenido denotativo de hablar
lo podemos representar así:

Fig. 40: Representación archisemémica de ‘hablar’

Desde un punto de vista sememotáctico, hablar se opone a ellos por su habitual


carácter inergativo y por relegar en sus complementos sintagmáticos su
determinación modal (cf. REDES, s.v. hablar).
El moderno decir, por otra parte, tuvo un desarrollo más estable (Alonso
1986, 863–864; Escobedo Rodríguez 1992, 169–178; 1993, 35–37). La
complejidad de decir no se manifiesta en el desarrollo denotativo del lexema
sino, por una parte, en la relación interna con los miembros de la familia y, por
otra, con las unidades restantes del campo léxico, cuyo mayor competidor, como
hemos visto, invadió sus márgenes denotativos desde los mismos inicios del
idioma al asumir funciones transitivas. Es muy probable que la inestabilidad
semántica de fablar haya imprimido en dezir un carácter más reticente al
cambio. El valor de su significación primaria actual ‘expresión lingüística-
focalizada en el objeto interno’ es, como en el caso de su opuesto, el resultado de
un proceso de de pérdida y reordenación de rasgos sémicos (Morera 2007c;
2007b; 329–331), en el que la antigua denotación de dīc-, ‘mostrar verbalmente’,
proyecta el foco semántico sobre lo dicho o expresado. El proceso sería,
entonces, el siguiente:
Fig. 41: Evolución semántica de la raíz *deík-

Sincrónicamente, la forma de contenido denotativa del lexema decir representa


la intersección semántica de los rasgos que encontramos en los lexemas
pronunciar, que denota una ‘expresión-articulada-de signos’ y contar, que
denota una ‘expresión-sucesiva-de signos’ (Escobedo Rodríguez 1992, 122). La
oposición denotativa se puede representar como sigue:

Fig. 42: Representación archisemémica de ‘decir’

La significación primaria de decir, ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto


interno’,505 muy probablemente poco alterada desde el Siglo de Oro español,
salvo en el mayor mantenimiento de usos arcaizantes o latinizantes,506 recibe su
forma actual cuando regulariza sus regímenes preposicionales en el siglo
XVIII.507
En cuanto a su variante fonológica, ya habíamos visto más arriba que la raíz
latina tenía una variante combinatoria DICĀRE (esp. -dicar y -digar),
que contenía el rasgo añadido ‘mostración’, adyacente a la base ‘dicción-en el
ámbito jurídico-religioso’. Este rasgo adicional estaba desde el latín teñido por
un matiz ‘moral’ o ‘socialmente formal’, motivado por el rasgo ‘jurídico-
religioso’. Estos rasgos, desdibujados en romance, fueron simplificados y
generalizados, de manera que se homogeneizan en un sema connotativo
abarcador ‘en un ámbito formal’, que se semantiza y convierte los antiguos
rasgos en valores connotativos esporádicos en los derivados de la subfamilia o
en usos arcaizantes de la raíz primitiva.508
Las variantes denotativas de decir se pueden reunir en tres áreas conceptuales
generales: la primera y más cercana a su significación primaria actual, ‘expresar
con palabras pensamientos o ideas’ ha permanecido inalterada desde principios
del idioma y representa su uso común (cf. REDES, s.v. decir). La segunda, que
mantiene vigente el sema latino ‘señalación o referencia’, aparece en textos
arcaizantes o con cierta fijación fraseológica y pasa, en ocasiones, a denotar
‘significar’, cuando el objeto de la dicción es el significado o referente del signo,
o ‘nombrar, llamarse’, cuando el objeto de la dicción es el significante del signo.
Veamos algunos ejemplos:

No paséis adelante sin decirme qué quiere decir abadengo


[‘No paséis adelante sin decirme a qué se refiere con/qué
significa abadengo’]
DCRLC (s.v. decir; p. 818)

«Quien dice hermosura, dice apacibilidad, dulzura, suavidad de


condición y trato.» [‘Quien dice hermosura, se refiere a
apacibilidad, dulzura, suavidad de condición y trato’] DCRLC
(s.v. decir; p. 818)

«Los diáconos que tenían cuenta con estos lugares se llamaban


diáconos cardinales. De esta misma suerte se dijeron algunos
obispados cardinales, y sus obispos cardinales.» [‘Los diáconos
que tenían cuenta con estos lugares se llamaban diáconos
cardinales. De esta misma suerte se llamaron algunos obispados
cardinales, y sus obispos cardinales’]
DCRLC (s.v. decir; p. 819)

«¡Oh fiestas tan falsamente dichas fiestas, para los que de esta
manera las celebran!» [‘¡Oh fiestas tan falsamente llamadas
fiestas, para los que de esta manera las celebran!’] DCRLC (s.v.
decir; p. 819)

El área conceptual tercera es la denotación producida por el antiguo sema latino


‘jurídico-religioso’, desdibujado ya en el sema ‘formal o elaborado’. Al igual
que en la denotación anterior, estos semas permanecen aislados en
construcciones fijas o fraseolexemas como «el buen decir», en muchas ocasiones
con categoría sustantiva. Veamos algunos casos:

«Los nuestros, dice Cicerón, quisieron que las cosas que


dijésemos graciosas, breves y agudas, se llamasen decires.»
DCRLC (s.v. decir; p. 820)

«Juan el Segundo, que se complacía mucho en oír los decires


rimados, y á veces también rimaba, introdujo este gusto en su
corte.»
DCRLC (s.v. decir; p. 820)

«Le dijo que aquella prontitud de poetizar se había hecho peculiar


de Italia por la abundancia de expresiones que presta el idioma y
lo cultivado y formado que esta para la composición, en la cual el
poeta repentista aplica fácilmente hemistiquios y aun versos
enteros que pertenecen a otros autores, siendo muy difícil que se
verifique con otra lengua, mientras el arte de decir de repente
[‘improvisar versos’] no se promueva, no se cultive y no sea un
medio seguro de adquirir estimación y recompensas.»
DCRLC (s.v. decir; pág. 822)

Por último, en el ámbito de la fonología se ha de destacar la diversidad de


variantes históricas de la raíz. De esta forma, debemos hacer una distinción en el
análisis de los derivados y compuestos de esta raíz entre:
(a) unidades terminológicas procedentes de etimologías griegas y que,
por lo tanto, presentan las características propias de los préstamos
lingüísticos;
(b) elementos patrimoniales –transmitidos por vía culta– que no
presentan evoluciones fonéticas y cuyo contenido semántico no ha
sufrido ningún proceso de especialización, generalización o
modificación, manteniendo pertinentes los rasgos semánticos de la
estructura semántico-gramatical hispánica y redundantes los rasgos
de la estructura semántico-gramatical latina;
(c) elementos patrimoniales –transmitidos por vía popular– que
presentan las evoluciones fonéticas esperables y cuyo contenido
semántico ha sufrido un proceso de especialización, generalización o
modificación. Haremos alguna anotación sobre los rasgos semánticos
del primer grupo, ya que a los restantes se les dedicará un apartado
específico a lo largo de nuestro estudio.

3.1.1 Las variantes terminológicas

Las voces procedentes de la etimología griega son, por tanto, deixis, deíctico y
deícticamente. Como hemos mencionado más arriba, estas unidades no pueden
ser consideradas al mismo nivel que el resto de las unidades que conforman el
conjunto de la familia léxica decir. La razón de esta diferencia es obvia: mientras
que los demás elementos han llegado hasta nosotros a través de un proceso
histórico, y esto se refleja no solo en la amplia variación gramatical sino también
en los desvíos denotativos de las lexías, estas otras son tomadas directamente del
griego clásico para indicar una función textual y metalingüística específicas. La
naturaleza de la significación de estas unidades sería, por tanto, puramente
conceptual y se encontraría fuera de la estructuración propia de los elementos
que componen estructuras léxicas patrimoniales. Como señalan Trujillo (1974,
205; 1976, 217), Coseriu (1986 [1977], 96; 2007, 155) y Galán
Rodríguez/Montero Melchor (2002, 17), las palabras terminológicas –como los
derivados de deixis que nos ocupan– se diferencian del resto de los elementos
patrimoniales por la ausencia de una estructura lingüística inmanente y, en su
lugar, la presencia de un concepto fijado o construido por la ciencia en cuestión,
esto es, la relación entre un significante fonológico y un concepto, muy diferente
a la que existe –patrimonialmente– entre un significante fonológico y un valor
lingüístico.
Suponemos que, si bien las voces señaladas son préstamos lingüísticos, no han
perdido del todo su valor idiomático procedente de la lengua de salida, que no es
otro que aquel que ha servido de matriz semántica para el resto de las variantes
de origen latino y que encontramos vigentes en el español medieval o incluso en
el español contemporáneo, como ya hemos visto.509 A fin de cuentas, la
significación primaria de los elementos de procedencia popular no es más que un
valor denotativo básico formalizado.
En este sentido, /ldik-/ y /ldig-/ respecto al latín y /delik-/ respecto al griego
son, efectivamente, variantes históricas de la raíz indoeuropea *deík- y, por lo
tanto, de su significación, como ha demostrado magistralmente Gonda (1929).
En palabras más simples: el sema que explica usos como «eso quiere decir»,
«dime con quién andas y te diré quien eres» y el que explica los derivados
indicación o deixis es, sin lugar a dudas, el mismo, si bien no ostenta el mismo
estatus semántico. En el caso de deixis, el concepto que se utiliza en lingüística y
el significado etimológico del vocablo es el mismo. Seco (1999, 1432) lo define
como ‘señalamiento’ e, indudablemente, se corresponde muy cercanamente al
valor de la voz griega δείξις, cuyo correspondiente latino sería (in)dicatio. En
efecto, si bien esta unidad posee hoy un uso indudable y restringido al ámbito de
la lingüística, no podemos ignorar que perviven en ella los valores idiomáticos
discriminables también en la raíz y en el sufijo, al modo en el que también se
observa en la forma latina, mediante el lexema dic- (‘señalación’) y el sufijo de
contenido abstracto -tio. La diferencia entre estas unidades –deixis e indicación–
radicaría en el añadido semántico del prefijo in- y el sufijo -ón, en el segundo
elemento, que focaliza ocasionalmente el estado resultante, así como en la carga
connotativa del segundo con respecto al primero.
En cuanto a las siguientes combinaciones, deíctico510 y deícticamente, serían
dos variaciones gramaticales de la unidad anterior. Por un lado, deíctico se forma
como un derivado adjetival sobre la base de deixis, donde se presenta la base
como una ‘propiedad’, 511 cuyo sentido contextual es parafraseable como ‘propio
o exclusivo de la deixis’. Esta unidad puede tomar en diversos contextos una
función categorial sustantiva, refiriéndose así al tipo de palabras (pronombre o
adverbio deíctico). Seco (1999, 1431) lo define como ‘señalador’, refiriéndose a
dicha variante sustantiva. En cuanto a la combinación deícticamente, tenemos la
forma descrita en combinación sintagmática con el adverbio o sustantivo en caso
oblicuo -mente, de forma que resulta un compuesto cuyo sentido es parafrasearle
como ‘de manera deíctica’, como explicó Bello (1981 [1847], 297–8). Las
unidades descritas, como hemos mencionado más arriba, carecen de sentido
como elementos estructuradores de la familia de palabras, pues no son miembros
directos, sino incorporaciones posteriores –hasta el siglo XX, no aparecen en
diccionarios descriptivos entradas para estos términos– (cf. NTLLE).
En resumen, la alternancia semántica ‘expresión lingüística-focalizada en el
sujeto/objeto’ que subyace a la pareja hablar/decir representa la forma de
contenido sincrónica de la que se deberá partir para realizar el análisis semántico
de sus respectivas familias de palabras. Del mismo modo, creemos haber puesto
de relieve que tal forma es una abstracción semántica de rasgos latinos, ya
desdibujados, así como hemos podido observar en muchas de las variantes
denotativas de la raíz, tanto dependientes del lexema como de fraseolexemas.
Estos usos no deberán concebirse exclusivamente como «acepciones» dispersas
de nuestras raíces y, por tanto, romances o hispánicas, sino, más bien, como
desarrollos diacrónicos aislados y fosilizados con distintos grados de
desdibujamiento semántico tras la desaparición del sistema latino de verba
dicendi. Para esta «justificación diacrónica de la sincronía» nos hemos inspirado
en el estudio de Batista (1985), donde se explican los usos del se hispánico a
partir del derrumbamiento de la voz medio-pasiva latina. En conclusión, los
rasgos morfosemánticos contenidos en la familia de palabras han de concebirse
en este estudio, por tanto, como un producto/residuo histórico constatable, con
independencia del hecho de que puedan entenderse como un subconjunto
asignado a una lengua histórica a partir del conjunto total de rasgos
morfosemánticos universales (Halle/Marantz 1993; Embick/Halle 2005).

3.1.2 Notas sobre el antiguo deçir

Junto al verbo dezir , cuya etimología es *DICĒRE, encontramos en la


Edad Media el verbo deçir , cuya etimología ha sido bastante discutida.
Con respecto a la distinción fonética entre ambas formas, afirman
Corominas/Pascual:

«Lo popular y antiguo en castellano y en gallego portugués fue,


además de baxar, el verbo cast. deçir, gall.-port. deçer. Se
distinguió siempre rigurosamente, del DĪCERE cuasi-sinónimo
de hablar que era dezir con -z- sonora, por tener desde el origen ç
constante.» (DCECH s.v. decender)

Pese a la claridad de esta aparente distinción fonológica,512 subyace el problema


que conlleva la aclaración semántica de deçir (esp. mod. decir), una vez que se
derrumba la oposición de sonoridad heredada de la Edad Media. A nuestro
juicio, existen tres acepciones del moderno decir recogidas por la lexicografía
tradicional –o, al menos, una de ellas–, que no deben ser circunscritas al dezir
medieval (‘decir’) y que, por lo tanto, han de excluirse de nuestra familia.
La primera, que expresa el sentido ‘bajar’ recogido en la Edad Media, es la
que tratan Corominas y Pascual y recoge Cuervo (s.v. decir) en acepciones como
«Disso: diçit [‘bajad’] al fijo de la mala putanna ǀ Que venga ante mi»; la
segunda, que expresa el sentido ‘empezar’ (cf. «…y dijo a llorar») y la última,
que denota ‘convenir, sentar bien, armonizar’ (cf. «el azul dice bien con tus
ojos»).
Para la etimología de la primera acepción existen diversas hipótesis:
Menéndez Pidal (1908, 618) supone que se trata del latín DĒCĬDĔRE ‘caer,
decaer’ y explica el fonema sordo medieval ts, representado con la grafía <ç>,
debido a que la sílaba -CĬ-, con la que comienza la raíz de la etimología latina,
fue interpretada como inicio de palabra, manteniéndose así ensordecida, en
contra de lo que hubiera cabido esperar de una oclusiva velar sorda
intervocálica. Sin embargo, Corominas y Pascual (DCECH s.v. decender) se
muestran reticentes a aceptar tal argumento por las siguientes razones:

«En cuanto a la etimología, se ha pensado en los insostenibles


DECEDERE ‘alejarse, retirarse, morir’ (GdDD 2131),
DESIDĒRE ‘quedarse inmóvil’ (Diez), y se ha vacilado
seriamente entre DECĬDĔRE ‘caerse abajo’ ‘decaer’, DEJICERE
‘lanzar abajo’ (REW 2530) y el más natural DESCENDERE.
Admitieron aquél Cornu, Mz. Pidal (Cid s. v.) y otros, pero aparte
de otras graves dificultades fonéticas y semánticas queda
eliminado por un dilema sin escape: o persistió la conciencia de
que era un cpto. de CADERE y entonces se habría vuelto
DECADERE ya en latín vulgar como acontece por lo común en
tales casos, o se había perdido conciencia del carácter cpto. y
entonces indefectiblemente se habría sonorizado la -c- en -z-;
peor es DEJICERE, por el mismo dilema (ahí salta a la vista que
la -c-se habría sonorizado) y por toda clase de razones. Contra
DESCENDERE hay la objeción poderosa de la dificultad en
explicar la desaparición de ND. Pero como ya indicó Spitzer,
ASNSL CXXXVI, 29 y reforzó este diccionario (en la 1a ed. s. v.
DESLEÍR) hay que partir del infinitivo DESCIDISSE creado por
el latín vulgar, que pasaría a DESCĔDERE, pretérito DESCEDI y
formas análogas, y ahí era regular el paso a deceer (< deciir),
pronto reducido a decer ~ decir. Como indiqué ya entonces varios
verbos de la 2a conjugación latina sufrieron en latín vulgar
refecciones análogas en su conjugación sobre todo cuando
prestaba a ello además una estructura consonántica complicada
(como lo es la de DESCENDERE) con la decisiva influencia de
las antiguas alternancias del tipo findere ~ fidi.»

Esto explica, efectivamente, las abundantes africadas sordas en pretérito


indefinido diçio que encontramos en el CORDE («y la donzella diçio enel corral
y entro enel palaçio»;513 cf. Dworkin 1992a, 495) y que Menéndez Pidal aclara
por analogía con los incoativos (1908, 267). De la misma opinión fue también
Diez (1836, 254). Por otra parte, el hecho de que DECĬDERE se hubiera
formado de acuerdo a los incoativos (cf. indefinido de yacer, yació), como
quiere Menéndez Pidal, hubiera podido explicar, por contagio semántico, usos
como la acepción sexta del diccionario académico ‘dar comienzo a una acción’
(«y dijo a llorar»), atestiguada en Venezuela y El Salvador, e imposible de
atribuir al lexema, si este surge de la raíz de SCANDO, de la que derivaría
DESCĬDERE, propuesto por Corominas y Pascual, y estos, a su vez, basados en
la hipótesis de Spitzer para el latín vulgar. Lloyd (1993, 216, 375, 464), si bien
parece estar de acuerdo con la hipótesis del DCECH, plantea, por otra parte,
una segunda variante cercana, a saber, DISCĒDERE ‘partir’, responsable, del
mismo modo, de tal desplazamiento semántico. La explicación de esta
denotación habría que aclararla, si aceptamos la etimología propuesta por el
DCECH o por Lloyd, por vía metafórica o aspectual [‘cayó en el llanto > rompió
a llorar > empezó a llorar’]. La razón por la cual dijo, recogido en el ejemplo,
pasó a conjugarse según el modelo del moderno decir permanece inexplicada e
inexplicable fonéticamente, de forma que habría que justificarla mediante la
analogía. Por otra parte, tanto la etimología de Corominas y Pascual como la de
Menéndez Pidal podría explicar la acepción décima del diccionario académico
‘dicho de una cosa: convenir, armonizar con otra’ («el verde dice mal a una
morena»)514 a través de un desplazamiento metafórico semejante al de sus
paralelos «sentar bien/mal a alguien» (< *SEDENTARE ‘estar sentado’) o
«quedar bien/mal a alguien» (< QUIETARE ‘descansar’). Más sugerente sería
remontar esta variante de decir –en el siglo XVI transcrita siempre con la grafía
sonora (dezir)– al defectivo DĔCĒRE/DĔCET (‘convenir’), con una probable
evolución > <decer> > <decir>
515 > <dice> –por analogía con
dice a través del infinitivo–], sobre todo, si la colocación aliquem res decet
‘sentar algo bien a alguien’ existió ya en latín y su naturaleza defectiva nos evita
tener que explicar la desaparición y desplazamiento de los paradigmas
temporales por efecto de la analogía.516 Sin embargo, no hallamos rastro de tales
variantes en la Edad Media (cf. CORDE, Alonso 1986, Bodo Müller 1987, Diez
1836; 1870), hecho que nos disuade de tal evolución. Los ejemplos más antiguos
recogidos por Cuervo son de finales del siglo XVI. Por otra parte, el DCRLC
recoge una gran variedad de ejemplos en el Quijote.517 La explicación más
convincente parece ser, a la vista de los datos lexicográficos medievales de que
disponemos hasta el momento, el desvío metafórico de deçir, sumado a una
inestabilidad ortográfica –común en la Edad Media– y a una tendencia
analogizante. En todo caso, nos parece del todo improbable que esta variante
proceda de una colocación «decir (< DICĔRE) bien/mal con» sin tradición
medieval y desvinculada por completo de sus parientes (BENE/MALE)DICĔRE
(↑ 3.3.15 y 3.3.16). La posible influencia analógica a través de condecir (según
Corominas y Pascual < lat. CONDICĔRE ‘convenir’) nos parece del mismo
modo inviable, ya que no contamos con tradición medieval de este verbo,518 de
modo que la datación más antigua es de finales del siglo XVIII (↑ 3.3.14 ). Una
hipótesis más lejana, pero no improbable, sería considerar los verbos decir [con]
y condecir (ambos ‘convenir’) como una reconstrucción tardía por vía culta a
través de sus –hipotéticos– derivados participiales de(c/ç)ente y conde(c/ç)ente
(ambos ‘conveniente’, ↑ 3.3.14 ) –recogidos por primera vez en 1400 y 1479,
respectivamente (cf. CORDE)–, cuyas etimologías se remontan inequívocamente
al latín DĔCĒRE. Sus paradigmas verbales pudieron ser restituidos
analógicamente según el verbo de lengua y así confluir los dos infinitivos
homófonos hasta la confusión total de sus paradigmas (cf., también, desdecir ‘no
convenir’, ↑ 3.3.4 ). Esta solución tendría las siguientes implicaciones
semánticas: decir [con], condecir, decente y condecente –así como la variante
‘no convenir’ de desdecir–pertenecerían a la familia de palabras culta procedente
de DĔCĒRE, al tiempo que decir (ant. deçir ‘bajar’) –y su reforzado desdecir
‘decaer’– se emparentaría con la familia de palabras descender (<
DESCENDERE). Sin embargo, a falta de datos concluyentes, nos debemos
limitar a exponer las hipótesis más probables hasta alcanzar datos convincentes
que esclarezcan una etimología inequívoca.
Anexo I:
Anexo II:

3.2 Estructuración de la familia


3.2.1 Sistema léxico primario: prefijación o complementación morfológica
externa

En el presente apartado expondremos las unidades que tienen un papel relevante


en la conformación del sistema léxico primario español –especialmente, en el
ámbito de nuestra familia de palabras– así como sus respectivas funciones. La
preposición, unidad intermedia entre la gramática y el léxico (Morera 1999 I,
97),519 se caracteriza por mantener un valor semántico estable, primitivamente
espacial y estructurado. Como hemos apuntado ya, son los vínculos entre estas
unidades los que generan este sistema y los que se reproducen en el sistema
prefijal (cf. Alvar/Pottier 1993 [1983], 345; Thiele 1996, 83–94, 160–169, 187–
196; Varela/Martín García 1999, 4993–5038; Gràcia Solé et al. 2000; Morera
2000, 738).520
Un estudio en profundidad de las unidades preposicionales latinas en función
preverbial –mantenidas con diferentes grados de desdibujamiento en el sistema
preverbial hispánico– lo ha llevado a cabo Benjamín García Hernández en su
obra Semántica estructural y lexemática del verbo.521 Sus resultados son los
siguientes:
Los valores de las unidades, adaptados a nuestra concepción holística (↑ 2.3 y
2.4.3) de significación primaria, son, pues, los siguientes:

ex-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido


longitudinal de la profundidad posición-desde el interior de un
límite’
ab-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-ablativa-desde el exterior de un
límite’
per-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-prosecutiva’
ad-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-aproximación a un límite’
in-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-penetración en el interior
de dos límites genérica’
intro-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-penetración en el interior
de dos límites específica’
trans-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
transversal respecto a otra línea longitudinal’
circum-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
circular’
am(b)-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación única-en el sentido
circular-por ambas partes’
pro-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación doble-por delante de
un límite orientado-adelante’
re-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación doble-por detrás de
un límite orientado-atrás a derechaizquierda’
retro-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación doble-por detrás de
un límite orientado-hacia atrás’
ob-: ‘Dirección/posición-horizontal-de orientación doble-por delante de
un límite orientado-de frente’
de-: ‘Dirección/posición -vertical-de orientación doble/única-de arriba
abajo’
super-: ‘Dirección/posición-vertical-de orientación doble/única-por
encima’
sub-: ‘Dirección situación-vertical-de orientación doble única-por
debajo’
ante-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia discontinua-anterior mediata’
inter-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia discontinua-intermedia’
post-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia discontinua-posterior mediata’
prae-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia no discontinua-anterior o por
delante-no mediata’
praeter-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia no discontinua-anterior o por
delante-no mediato-rebasando el límite de contacto anterior’
sub-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia no discontinua-posterior o por
detrás no mediata’
subter-: ‘Posición-horizontal-‹de› secuencia no discontinua-posterior o por
detrás no mediata-rebasando el límite de contacto posterior-
inferior’
super-: ‘Posición-vertical-por encima’
sub-: ‘Posición-vertical-por debajo’
contra-: ‘Posición de enfrentamiento’
com-: ‘relación sociativa/convergente’
dis-: ‘relación disociativa/divergente’
se-: ‘relación disociativa/divergente-aparte’

El análisis de García Hernández se fundamenta en una gran variedad de


ejemplos, a través de los cuales se evidencia un sistema de oposiciones
rígidamente diferenciadas. Este sistema latino del que partimos sufrió –en su
variante sintagmática libre522– algunas modificaciones523 hasta llegar al sistema
actual, en el que encontramos nuevas unidades que suplen las antiguas y que
producen una reorganización del sistema clásico. Esta nueva estructura la ha
analizado Morera en su obra Estructura semántica del sistema preposicional del
español. Un desarrollo fundamental –y simplificador del sistema– fue la pérdida
de la capacidad de algunas unidades de expresar ‘situación’ y ‘dirección’
nociones denominadas «situación» y «sentido» por Morera, a través de marcas
casuales. En español esta posibilidad se bifurca en dos categorías distintas que
estructuran dos subgrupos preposicionales (cf. Hernández Alonso 1996, 648–
653). La estructura moderna, que reproducimos a continuación de acuerdo a
nuestra concepción de significación primaria, es la siguiente (Morera 1989):

por: ‘Sentido- [en] concomitancia’


contra: ‘Sentido-‹de› aféresis-‹con› bloqueo’
Para: ‘Sentido-‹de› aféresis-initivo-‹con› determinación’
hacia: ‘Sentido-‹de› aféresis-initivo-‹sin› determinación’
hasta: ‘Sentido-‹de› aféresisfinitivo-‹con› extensión’
a: ‘Sentido-‹de› aféresisfinitivo-‹sin› extensión’
desde: ‘Sentido-‹de› eféresis-‹con› extensión’
de: ‘Sentido-‹de› eféresis-sin› extensión’
según: ‘Situación-‹de› adecuación’
en: ‘Situación-‹de› ubicación-absoluta’
entre: ‘Situación- ‹de› ubicación-relativa-limitada’
ante: ‘Situación-‹de› ubicación-relativa-orientada-horizontalmente- ‹con›
anterioridad’
tras: ‘Situación-‹de› ubicación-relativa-orientada-horizontalmente- ‹con›
posterioridad’
sobre ‘Situación-‹de› ubicación-relativa-orientada-verticalmente- ‹con›
superioridad’524
bajo: ‘Situación-‹de› ubicación-relativa-orientada-verticalmente- ‹con›
inferioridad’
con: ‘Situación-‹de› acompañamiento- ‹con› presencia’
sin: ‘Situación-‹de› acompañamiento- ‹con› ausencia’
des: ‘Alejamiento-‹de› punto de origen-definido’525

Esta estructura puede representarse mediante un diagrama arbóreo (Morera


1989, 85), que reproducimos aquí, para facilitar la comparación, de forma
componencial:
Como muestra el esquema, el sistema preposicional hispánico sufrió algunos
desplazamientos que causaron su reorganización. Estos cambios afectaron
esencialmente a algunas unidades, mientras que otras se modificaron parcial o
totalmente. Por otra parte, el sistema preverbial se mantuvo en español como una
estructura en ruinas. Sus valores pierden buena parte de su capacidad funcional y
son asumidos como figuras de contenido añadidas a las raíces verbales a las que
se le adjuntan. La estructura se vuelve, pues, mucho más laxa, de forma que
únicamente conservan su valor funcional aquellas unidades que mantuvieron
independencia en la sintaxis libre. Preposiciones como en (< IN) y tras (<
TRANS) o el antiguo so (< SUB)526 perdieron, por ejemplo, el rasgo
‘movimiento’,527 al tiempo que a (< AD) y por (< PRO) lo conservaron. Estas
últimas pierden, contrariamente, el rasgo ‘situación’528 en su estructura
paradigmática, como se deduce de la comparación de los esquemas de García
Hernández y Morera, así como en el uso, sobre todo de la primera, en las
restantes lenguas romances. El resultado es una bipolarización del sistema
basada en la oposición ‘situación’/‘movimiento’. No obstante, hay unidades que
conservan su valor originario, como entre (< INTER), ante529 y sobre. Se
encuentran también unidades que se neutralizan en la sintaxis libre y reúnen en
sí, como variantes, los usos de todo un subsistema latino530 como de531 y a,
arriba mencionadas; por otro lado, algunas unidades refuerzan su significación
mediante la adición de otras preposiciones, como para y hacia, que comienzan a
diferenciarse por el rasgo distintivo ‘determinación’, así como la pareja desde y
hasta,532 por el de ‘extensión’. La preposición con formaliza los rasgos
‘acompañamiento’ y
‘presencia’, rasgos redundantes en latín y que la oponen a sin (< SINE), mientras
que los rasgos ‘relación sociativa’ y ‘convergencia’ pierden su pertinencia en la
sintaxis libre y se mantienen como rasgos contextuales. La estructura latina
basada en el contraste ‘convergencia’/‘divergencia’ se mantiene, pues, en
función preverbial, como un residuo aislado, mientras que en la sintaxis libre se
desdibuja tal estructura, quizá debido a la ausencia en este nivel de un elemento
se –tanto en español como en latín– al que se pudiera oponer.
El resultado de estos desplazamientos es, como hemos visto, una
simplificación de la estructura latina y una fijación estable del sistema en su
variante sintagmática libre. Sin embargo, la variante preverbial de la estructura
sigue conservando elementos latinos –en muchas ocasiones, se trata de cultismos
o semicultismos– que se asumen en español como variantes combinatorias de las
unidades patrimoniales (como el par en/in) y que conservan los rasgos
semánticos clásicos como rasgos redundantes o contextuales adyacentes a los
patrimoniales. Asimismo, en la secuencia indicar, el preverbio in- sigue
conservando contextualmente el valor ‘movimiento-en dirección a-un punto-
[dentro]’, de tal forma que podríamos parafrasear la combinación como ‘señalar
[verbalmente] en dirección a un punto-dentro’,533 en el que el valor direccional
del prefijo probablemente ha contribuido, en forma de contenido aspectual, a
mantener el valor mostrativo de la base, si bien los rasgos ‘movimiento’ y
‘dentro’ son en este caso redundantes o contextuales, esto es, no pertenecen a la
estructura preposicional española. Sin embargo, estos se mantienen, como
vemos, como rasgos adyacentes amalgamados en la secuencia indic-. Estos
rasgos adyacentes se manifiestan en el contenido denotativo primario de las
unidades y estructuran la familia de palabras, si bien se trata de rasgos externos o
redundantes si observamos estos valores desde la óptica del sistema
preposicional español en sintaxis libre.534 La significación contenida en /in-/ ha
contextualizado, por tanto, parte de su significación y esta se ha mantenido
gracias a la dependencia sintagmática. El cambio semántico se ha producido en
este caso por una modificación del estatus del rasgo: ha pasado del paradigma al
sintagma, de pertenecer al sistema preverbial a integrarse en el valor denotativo
básico de cada unidad en cuestión. Como ya había formulado Morera (2007c,
242) a la hora de delimitar los procedimientos de cambio de contenido:

«Esta alteración de la forma semántica originaria puede ser de


cuatro tipos, según comentamos más arriba: cambio semántico
por «paradigmatización» de un constituyente sintagmático;
cambio semántico por formalización de un rasgo contextual;
cambio semántico por neutralización de un rasgo inherente;535 y
cambio semántico por reorganización de la estructura semántica
del término originario.» (Morera 2007c, 242)

Y añade más adelante:

«Dicho de otra manera: lo que antes era un rasgo de palabra


aislada, se convierte ahora en rasgo de la base, en rasgo de una
significación primaria. Precisamente por ello, se puede decir que
los signos «pas-», «como» y «para» de nuestros ejemplos son
unidades semánticas distintas de las unidades «passus», «quo
modo» y «per ad» de que proceden, respectivamente. De esta
manera, atrapados dentro del mismo inventario de rasgos, yendo
de lo analítico, sintagmático, consciente o voluntario a lo
sintético, paradigmático, inconsciente o involuntario, tejemos y
destejemos nuevos significados primarios, a medida que nos
habituamos a las antiguas combinaciones.» (Morera 2007c, 255)

Son estas unidades, por tanto, las que generan una familia léxica y establecen
relaciones de dependencia entre sus elementos. Al fin y al cabo, la familia de
palabras –válganos aquí también el símil con las familias humanas, botánicas,
etc.– es el resultado de la adyacencia de miembros de diferentes etapas
históricas, donde cada uno deja en herencia alguna parte de su ser, inherente o
contextual, de forma que estas relaciones explican el estado y estructuración
presentes.

3.2.1.1 Estructura semántica del sistema léxico primario ‘decir’ en el nivel de


la significación primaria
Como hemos puesto de relieve en el apartado 2.4.1, el sistema preverbial latino
se conserva en las familias de palabras romances como un residuo arcaico
discordante con respecto al sistema preposicional presente en la sintaxis libre.
Muchos de los rasgos semánticos de estos «adverbios fosilizados» –en especial,
aquellos que no están presentes sincrónicamente en la estructura preposicional
libre– han perdido el rendimiento y estatus funcional de que gozaban en otros
períodos de la lengua y son perceptibles desde un punto de vista sincrónico
únicamente como facetas o matices del significado primario de las
combinaciones, estructurando así el conjunto. En muchas ocasiones, estos
valores se subsumen en la significación denotativa básica (Gesamtbedeutung) de
los miembros de la familia, de modo que se vuelve difícilmente discriminable la
motivación entre el valor preverbial y la denotación básica de las combinaciones.
Este hecho generará, por tanto, en el nivel denotativo una estructura de otra
naturaleza que estudiaremos en el apartado siguiente.
La significación primaria de nuestra raíz dec- (‘expresión lingüística [±
mostrativa]-focalizada en el objeto interno [± formalmente]’) se estructura en
nuestra familia de acuerdo a la modificación que presentan sus miembros,
motivada por la prefijación536:
A modo de resumen, observamos que nuestra familia se estructura –en un nivel
primario– en torno a tres tipos de clases semánticas:
(a) clase determinada por una modificación espacial, representada por
los preverbios de dirección o posición, cuyos miembros son abdicar,
*edecir, dedicar, desdecir, *endecir, indicar, enjuiciar, indiciar,
*adecir, adjudicar, redecir, antedecir, *avandecir, entredecir,
predecir, predicar, *sobredecir, *susodecir, contradecir, condecir y
acondicionar.
(b) clase determinada por una modificación adverbial, representada por
los adverbios de modo latinos bene, male y vere, en ocasiones
organizadas en torno a oposiciones de norma antonímicas (Jolles
1973 [1934], 109).
(c) clase determinada por una complementación directa, representada
por los sustantivos latinos iu(s) y vin.
3.2.1.2 Estructura semántica del sistema léxico primario en el nivel de los
valores directrices (basada en el DRAE)
A continuación presentaremos un diagrama orientativo (no formalizado) de la
estructura semántica básica del sistema léxico primario y, concretamente, de los
valores directrices normativos de los miembros de la familia léxica dec(ir). El
diagrama, que engloba las esferas semánticas mostrativa y locutiva de la raíz, es
el siguiente:

Fig. 43: Valores directrices de la familia de palabras dec(ir)

3.2.2 Sistema léxico secundario: sufijación o complementación morfológica


interna

En este apartado fijaremos las unidades derivativas que precisamos para la


descripción semántica de la familia léxica que nos ocupa. La sufijación es la
propiedad morfológica que determina el sistema léxico secundario, es decir, el
sistema que se genera a partir de una unidad del sistema primario. Como ya
hemos señalado, el sistema léxico secundario, que habíamos definido –en parte,
siguiendo a Hjelmslev (1976 [1972]) y Coseriu (1986 [1977], 169)– cuantifica y,
ocasionalmente, transcategoriza la materia semántica de las unidades de la
estructura primaria.
Las unidades de este sistema han recibido tratamientos diversos y desde
diferentes perspectivas. En este estudio nos basamos especialmente en las
recientes propuestas de Morera (2005) y Amador Rodríguez (2009), las cuales,
debido a sus similares aproximaciones teórico-metodológicas, pueden ser
asumidas y puestas en relación sin mayor problema: ambos estudios analizan las
formas de contenido de sufijos españoles, en tanto que se insertan en el
subsistema gramatical derivativo. Ambos han prestado especial consideración al
también reciente trabajo lexicográfico de Pharies (2002),537 Diccionario
etimológico de los sufijos españoles, donde ya se ponía de relieve la necesidad
de estudiar los sufijos españoles atendiendo a los conjuntos en los que se
integran, su estructura interna y las diversas realizaciones que presentan, y han
reaccionado a su llamamiento de llevar a cabo esta tarea, que transcribimos aquí:

«En resumen, creo que no será posible la producción de un


diccionario (u otro tipo de obra) verdaderamente histórico de los
sufijos españoles mientras no se avance mucho más en la tarea de
datación, tanto de vocablos como de sus acepciones individuales,
y se lleven a cabo estudios sobre grupos de sufijos de función
análoga, trazando la dinámica interna entre los competidores.
Esto constituye una tarea importante para la próxima generación
de estudiosos de la morfología española.» (Pharies 2002,16)

Veamos primeramente el tratamiento de Morera (2005). El autor reúne el


conjunto de los sufijos españoles y los agrupa en subconjuntos, atendiendo a sus
rasgos semánticos constantes y las restricciones impuestas sobre sus bases. El
primer contraste semántico que detecta el autor es una ‘cuantificación
interna/externa’, en tanto que la cuantificación interna «se limita a señalar una
cualidad de su extensión, sin salir de ella» (Morera 2005, 30) y la cuantificación
externa «introduce una relación que no afecta para nada la cantidad de materia
semántica del elemento nuclear, sino una relación externa a él» (Morera 2005,
31). Asimismo, se introducen rasgos de clase que delimitan los diferentes
subconjuntos semánticos en los que se agrupa la sufijación española hasta llegar
al rasgo semántico distintivo que aporta el valor inherente y privativo de la
unidad. El sistema sería el siguiente:

‘Cuantificación interna/externa de la materia semántica del núcleo’:


a. [+ interna]: -o, -a, -ivo, -ndo, -nte, -oso, -nto, -ble, -to, -do, -men, -
udo, -ido, - ito, -illo, -ote, -ete,
-ón, -ísimo, -azo, -izo.
b. [+ externa]: -ío, -ez, -or, -ura, -idad, -tud, -il, -al, -ico, -esco, -asco, -
isco, -ista,
-isimo, -ano, -uno,
-ino, -és. 538

539
Los sufijos que conforman el sistema léxico secundario de nuestra familia se
definen en cuanto a su significación primaria o formal de la siguiente forma:

-o: ‘Cuantificación-interna-genérica-concentrada’ (‘orientación o


proyección centrípeta de la sustancia’)
-a: ‘Cuantificación-interna-genérica-expandida’ (‘orientación o
proyección centrífuga de la sustancia’)
-ivo: ‘Cuantificación-no limitada-del proceso que crea la base’
-e: ‘Cuantificación-interna-específica-no limitada-del lexema verbal’
-ndo: ‘Cuantificación-interna-específica-no limitada-de proceso-externa al
sujeto’
-nte: ‘Cuantificación-interna-específica-no limitada-de proceso-interna al
sujeto’
-nto: ‘Cuantificación-interna-específica-no limitada-de sustancia-externa al
sujeto’
-oso: ‘Cuantificación-interna-específica-no limitada-de sustancia-interna al
sujeto’
-ble: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-potencial’
- ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso actual’
to(so):
-do: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso -actual -
extensa’
-ido: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-actual-extensa’
-udo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-actual-extensa’
-azo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-súbita-que
llega al término’
-izo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-súbita-de sustancia-parcial
o que no alcanza el límite definida’
-uzo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-súbita-parcial
o sin alcanzar el término no definida’
-edo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-externa’
-men: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-no definida o
difusa’
-ísimo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de cualidad-extensa’
-ete: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-puntual-sin
separación de límite-difusa’
-ito: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-puntual-que
apenas alcanza el límite-definida’
-illo: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-puntual-
densa-que apenas llega al límite-no definida o no intenso’
-ote: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-puntual-
superación de límite definida’
-ón: ‘Cuantificación-interna-específica-limitada-de sustancia-puntual-
superación de límites-no definida’
-ío: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por emanación-activa’
-ez: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por emanación-pasiva’
-or: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por abstracción-no esencial-
activa’
-ura: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por abstracción-no esencial-
pasiva’
-idad: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por abstracción-esencial-
activa’
-tud: ‘Cuantificación-externa-desde el interior-por abstracción-esencial-
pasiva’
-ico: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-discontinua’
-aje: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-discontinua-a partir de un
proceso terminado’
-ista: ‘Cuantificación-externa-continua-desde el exterior-limitada- ‹con›
apego activo’
-ismo: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-limitada- ‹con›
apegopasivo’
-és: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-limitada-sin apego-
puntual’
-ano: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-limitada-sin apego-
extensaneutra’
-ino: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-limitada-sin apego-
extensadefinida o neutra’
-uno: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-limitada-sin apego-
extensano definida’
-al: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-sin
apego-en todas las direcciones’
-ario: ‘Ámbito-expandido-activamente emanante’
-ero: ‘Ámbito-concentrado-activamente emanante’
-il: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-con
apegoneutra’
-esco: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-con
apegodefinido’
-isco: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-con
apego-
definido’
-asco: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-con
apego-no definida-intensa’
-usco: ‘Cuantificación-externa-desde el exterior-continua-no limitada-con
apegodifuso’
-i-: Complemento morfológico interno enclítico a la palabra

El valor de este análisis radica en la definición relacional de los elementos y en


aportar sus respectivos valores invariantes desde un punto de vista sincrónico.540
Por el carácter eminentemente abstracto de las definiciones, el presente modelo
presenta una gran semejanza con la función «esquelética» de la propuesta de
Lieber (2004).541 De este modo, se ponen de manifiesto las respectivas
oposiciones simples y los sucesivos conjuntos en los que se integran. En cuanto
a las definiciones, Morera sigue a Trujillo (1996, 187) al mantener que las
unidades semánticas son por naturaleza inefables, de forma que rechazan
cualquier paráfrasis. El valor de un signo no es, por tanto, descomponible en
rasgos mínimos, ya que constituye una intuición homogénea. La descripción en
rasgos facilita únicamente la comprensión de las relaciones, de forma que esta
puede ser mejorada o redefinida. Se trata únicamente de un metalenguaje
(Trujillo 1988; 1996; 2011). De ello nos advierte Morera (2005, 6) desde el
comienzo de la obra:

«Estoy absolutamente seguro de que muchas de las


interpretaciones que se dan en este libro al significado formal y a
las orientaciones de sentido de los sufijos que analizo en él son
infinitamente mejorables y de que, por tanto, muchas de ellas
habrán de replantearse en el futuro.»

Amador (2009), por su parte, se centra en los nombres de agente, instrumento,


lugar y acción, partiendo de las premisas de la clásica obra de Benveniste (1948)
Noms d’ agent et noms d’ actions en Indoeuropéen.542 Recoge el autor, partiendo
de las conocidas categorías morfológicas latinas, cinco sufijos hipánicos: -dor, -
dero, -ero, -miento y -ción.543 Amador estudia el origen y proceso de formación
de cada morfema tanto en su dimensión fonética como morfosemántica. Expone
y somete a juicio, además, las diferentes posturas que la investigación –sobre
todo la española y alemana, pero también la francesa e inglesa– ha defendido y
propone un valor semántico de lengua que se ve reflejado en sus diferentes
variantes. A continuación, el investigador describe las oposiciones que contraen
estos sufijos con otros del sistema, describe sus variantes de uso y, por último,
sus respectivas combinatorias sintácticas. Los resultados a los que llega Amador
son los siguientes:

-dor: ‘entidad desde la que es ejecutada o mediante la que es realizada la


actividad, la acción o proceso relacionado con el término
primario’544
-dero: ‘sede o medio a través del que se realiza la semántica de la base’545
-ero: ‘atribución de una relación objetiva de carácter metonímico con su
base’
-mento: ‘manifestación propia de la base desplegada en una entidad que es
sede o vehículo de dicha manifestación’546
-ción: ‘manifestación de la base por la que esta se lleva a su término en una
entidad que funciona como sede o vehículo de dicha manifestación’

Además de formular un valor semántico para cada sufijo de acuerdo a la


configuración semántica del evento que evoca la base y delimitar sus respectivas
variantes, la obra de Amador aborda muy sistemática y concienzudamente el
problema de la delimitación semántica de los morfemas. Replantea, por otro
lado, las hipótesis de Morera sobre la formación morfofonológica de algunos
sufijos múltiples (-ción y -dero), acercándose así a las propuestas de Benveniste
(1948, 54–55) y Pustejovsky (1995, 168).
Si bien ambos estudios tienen en cuenta la perspectiva diacrónica a la hora de
analizar los valores semánticos de la sufijación española, la obra de Morera
profundiza con mayor amplitud en la estructura sincrónica del sistema sufijal
hispánico –incluyendo también otros elementos de igual naturaleza, esto es,
«complementos morfológicos internos», según su denominación–, mientras que
la propuesta de Amador presta mayor atención a la evolución diacrónica. Los
resultados de ambos, como hemos dicho anteriormente, no se contradicen, sino
que, por el contrario, se reafirman en muchos aspectos. Por todo ello, estos
trabajos serán nuestro punto de partida a la hora de estudiar la estructura
secundaria de la familia léxica que nos ocupa.

3.3 Estudio de las variantes léxicas primarias y sus derivados


Estudiaremos en este apartado las variantes léxicas primarias de acuerdo a la
organización semántica que hemos esbozado en el apartado 2.2, así como sus
derivados gramaticales. Como hemos puesto ya de relieve, la estructuración
primaria se organiza en las familias léxicas de acuerdo a la estructura motivada
por el sistema prefijal que modifica y dota de organización a los miembros que
comparten una misma raíz categorizada. De esta forma, del contacto de la raíz
básica categorizada verbalmente con los diferentes valores preverbiales surge
una forma de contenido secundaria o FS, un sentido básico y potencial
originado, igualmente, a partir del sistema, que no goza de concreción
designativa ni realización en el nivel del habla. Veamos un ejemplo: la
significación primaria de la secuencia antedecir podría describirse como
‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-‹en› situación-‹de›
ubicación-relativa-orientada-horizontalmente-‹con› anterioridad-en proceso’.
Esta significación primaria o forma de contenido es la que pondría a antedecir
en relación directa con otros miembros del sistema léxico primario, como
predecir, *avandecir, *susodecir o *sobredecir. Una vez vinculados los
elementos que entran en juego en la arquitectura léxico-gramatical de la
secuencia, esta genera un efecto semántico unitario y básico, un efecto que
resulta de la determinación de la estructura argumental de los componentes. Tal
significación homogénea la hemos denominado forma de contenido secundaria
o FS, pues se sitúa en un nivel representativo (cf. Bühler 1999 [1934], 28) y
potencial, pero carece de realización en una determinada norma lingüística. Este
tipo de significación hace reinterpretar la significación primaria ‘expresión
lingüística-focalizada en el objeto interno-‹en› situación-‹de› ubicación-relativa-
orientada-horizontalmente-‹con› anterioridad-en proceso’ como un valor
homogéneo, solidario y, aun, abstracto, a saber, ‘decir-antes’. Este valor
semántico se corresponde con la denotación de la arquitectura léxico-gramatical,
no inserta aun en el nivel de la norma y, por tanto, sin realización sincrónica ni
sintópica. Este nivel significativo no está orientado designativamente, no tiene
sentido. Tan pronto como esta se realice en cualquiera de los niveles actuales de
la arquitectura lingüística de una lengua histórica, la denominaremos, entonces,
sentido (según Coseriu 2007 [1980]) o valor directriz (según Augst 1975a).
Tanto la FS como su realización normativa (sentido/valor directriz) pueden
corresponderse, en cierta medida, con la denotación básica o general (en
alemán, Gesamtbedeutung), pues esta última representa tanto la armonía entre la
significación configurada a partir de la arquitectura gramatical de la unidad de la
estructura primaria y la abstracción (FAG) de sus usos.
El objeto de este apartado será, por tanto, mostrar la organización interna de
los miembros de la familia en el nivel de la significación primaria, definiendo así
la significación de cada miembro en el nivel del sistema, fijar su FS y su
realización histórica y, a partir de ella, explicar sus desvíos pragmáticos,
designativos y connotativos, así como los aspectos diacrónicos que aclaren tales
cambios.

Unidades caracterizadas por una dirección ablativa

3.3.1 abdicar: definición, historia y campo de realizaciones

Abdicar. (Del lat. abdicāre). La presente variante léxica contiene la raíz dic-,
categorizada verbalmente en su variante fonológica -dicar, cuyo contenido
semántico hemos descrito, desde un punto de vista sincrónico, como ‘expresión
lingüística-focalizada en el objeto interno-[formalmente]’. Su significación
categorial verbal está expresada fonológicamente mediante el morfema flexivo
de infinitivo -ar. Este signo complejo, -dicar, si bien presenta significación
categorial, no dispone de independencia distribucional, como hemos visto.
El preverbio ab- amplía discontinuamente la significación de la base –se trata
de una complementación morfológica externa (Morera 2005, 254)– por un
mecanismo de complementación sintáctica (↑ 3.2.1 ). La significación de ab-
estudiada por Morera (2000, 735–742) y que coincide con la propuesta por
García Hernández (1980, 129) describe una ‘dirección-horizontal-de orientación
única-en el sentido longitudinal de la profundidad-ablativa-desde el exterior de
un límite’. Una significación semejante presentan las preposiciones ἀπo y ab –en
griego antiguo y alemán, respectivamente–, que comparten su origen
etimológico, según podemos observar en vocablos como ἀπόλυτος/absolutus
(‘absoluto’), en las palabras alemanas abhalten/abhängen (‘detener’/‘depender’),
o, incluso, en la traducción alemana de la misma palabra que nos ocupa, abdicar,
esto es, abdanken y de su sustantivo deverbal Abdankung (‘abdicación’)
(Hernández Arocha/Batista/Hernández Socas 2011, 84–85).
La significación primaria abdicar puede describirse, por tanto, como
‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno [formalmente]-en
proceso-‹orientada en› dirección-[horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad]-ablativa-desde [el exterior del] límite [egresivo-
terminativo] de la significación base’. En la presente combinación tiene un papel
importante la significación aspectual del prefijo, que resalta el término del
evento designado por la base, de manera que denota, aproximadamente, ‘que
alguien deje [un cargo] diciéndolo formalmente’.
La arquitectura morfosemántica de la secuencia abdicar puede ser
representada mediante el siguiente esquema:

{[‘ab-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dic-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(a)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS (abdicar): λu λx λs *∃w [DIC (x, w) & LOC (x, AB (u))](s)


*∃w: focalización de ∃w.
SP(DIC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-
[formalmente]’
SP(AB) = ‘dirección-[horizontal-de orientación única-en el
sentido longitudinal de la profundidad] -ablativa-desde [el
exterior del] límite [egresivo-terminativo]’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico, nos permite asignarle un grado de motivación A2c a la
combinación y, por lo tanto, explicar la relación semántica periférica que asume
la unidad en la conformación total de la familia. La unidad está, por tanto, en
vías de generar una familia sincrónica autónoma.

Campo denotativo sincrónico. La dispersión denotativa de la significación


primaria antes analizada no es larga. Según el DRAE, sus usos se reducen a (1)
‘dicho de un rey o de un príncipe, ceder su soberanía o renunciar a ella’; Veamos
algunos ejemplos:

«El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha anunciado la


decisión del Rey de abdicar del trono.» (El País, 02/06/2014;)

‹Alfonso el Batallador, muy más tiránico y dominante todavía,


lleno de cualidades eminentes, tan propias de un Monarca que
aspira a brillar por la conquista, carecía de algunas otras que
sobraban a su mujer. La primera sabía ser rastrera como la
serpiente, para elevarse como el águila; el segundo hubiera creído
que descender a tomar aliento era abdicar su título de rey de las
aves.» (Navarro Villoslada, Francisco (2003 [1849]): Doña
Urraca de Castilla. Universidad de Alicante (Alicante):
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, p. 12, CORDE);

(2) ‘renunciar a derechos, responsabilidad, ventajas, opiniones, capacidades etc.’


(cf. REDES, s.v. abdicar), tal y como observamos en los siguientes ejemplos de
la misma fuente:

«Por otra parte estaba bien seguro de que no podía haber obrado
de otro modo. El equilibrio era difícil. Si había podido abdicar de
una serie de formas externas adyacentes a su sacerdocio, no podía
asumir unos compromisos temporales que le eran absolutamente
impropios. » (Martín Vigil, José Luis (1968): Los curas
comunistas. Barcelona: Círculo de Lectores, p. 275, CORDE)

«Mataríale cien veces antes que abdicar de mi derecho innato de


padre mancillado.» (Zaldumbide, Gonzalo (1962): Égloga
trágica. Quito: Benjamín Carrión, Casa de la Cultura
Ecuatoriana, p. 141, CORDE);

y (3), ya en desuso, ‘privar a alguien de un estado favorable, de un derecho,


facultad o poder’:

«Pregunta, siquiere inquiriendo demanda, quién paró tan malo su


esfuerço le abdicó su defensión.» (Villena, Enrique de (1427 -
1428): Traducción y glosas de la Eneida. Libros I-III. Ed. de
Pedro M. Cátedra, Madrid: Turner Libros, 1994, p. 378–379,
CORDE).

El DUE le dedica, por su parte, cinco entradas, cuyas denotaciones no se


diferencian, en esencia, de las recogidas por el DRAE. Su acepción quinta
‘despojar a alguien de un derecho, privilegio o poder’, que coincide
semánticamente con la tercera recogida en el DRAE, inexistente en la actualidad,
parece indicar que dicha palabra tuvo en el pasado una configuración
sememotáctica más amplia de la que dispone en nuestros días, al haber
eliminado la correferencia semántica entre el agente y el paciente de la acción.
Dada su irrelevancia sincrónica, no incluiremos en la FAG esta ambigüedad
argumental. Sin embargo, la determinación pragmática [± rey] del argumento
externo no contradice el efecto semántico básico de la secuencia, sino que, más
bien, pone de relieve que su combinatoria con rey es únicamente un hecho
contextual e históricamente delimitado, y, por ende, debe excluirse este rasgo de
su FS (o desplazarse a una relación virtuémica, seleccional o solidaridad léxica,
en los sentidos de Pottier, Chomsky y Coseriu, respectivamente). La rección de
este verbo se realiza mediante la preposición de para el objeto de la abdicación y,
circunstancialmente, en para la persona que recibe el cargo rechazado (cf.
DCRLC s.v. abdicar).
La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la
siguiente:

abdicar
[[POSS (x, u)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & *BECOME
(¬POSS (x, u)))]ti+k]E&C

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/<+hum>/(en SETTING: POSEEDOR)
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSITICO’
w: ‘TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’
u: ‘TEMA’

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo abdicar se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’, mientras que el argumento w toma la función
‘objeto directo’, si recibe el macrorrol UNDERGOER, o ‘complemento
régimen’, actantificable mediante la preposición de, si no recibe macrorrol. El
evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado momento (ti), se
parte del supuesto de que un sujeto (x) está en disposición de (HAB) un
argumento (u) y, posteriormente, ocurre que x utiliza el código lingüístico y
causa que el código represente una de terminada información y así el emisor
pasa a no poseer el contenido denotado por el argumento u. La medioestructura
que desarrolla la presente FAG puede describirse como sigue:

Si x/<rey> y u/<soberanía, trono de (x)>, donde el carácter


relacional de u con respecto a x se expresa mediante un SP con de
o, si u/UNDERGOER/TEMA (CD), mediante un posesivo,
entonces, abdicar denota usos como el expuesto en (1).
Si u/<derechos, responsabilidad, ventajas, opiniones, capacidades
de (x)>, entonces, abdicar denota usos como (2).
Si, como en el ejemplo tercero, hoy inexistente, no existe
correferencia entre el argumento emisor y poseedor del evento,
entonces, abdicar denota usos como (3).

Evolución semántica. Sobre la historia de esta palabra no disponemos de


abundante material. En latín, nuestro verbo representaba la variante breve de la
raíz *deík-, ABDĬCĀRE, que imprimía en la denotación de la secuencia, ‘hablar
solemnemente’, el rasgo ‘mostración ±de lo indicado’, de tal forma que
expresaba una función moral o religiosa. ABDĪCĔRE, paralelamente, se
restringía de forma general al acto de habla. En este caso, la SP del preverbio ab-
, ‘dirección-ablativa-desde el exterior de un límite’, predicada del sujeto hablante
y orientada desde el objeto referencial del predicado (cf. FS (abdicar)), evocaba
el efecto denotativo de ‘negación’,547 pasando así a significar ‘decir que no,
renegar’ (cf. al. absagen). Parece ser esta la significación primaria de la pareja en
latín, si bien se pueden advertir diversos momentos en el proceso de
especificación semántica: ‘renegar < decir que no < rechazar < renunciar a <
dimitir/abandonar un cargo < excluirse de algo’. De este modo, sus derivados
abdicativo y abdicativamente , datados en el siglo XVIII, toman los sentidos
‘exclusivo’ y ‘exclusivamente’ al asumir la significación etimológica deíctica
(derivada del lat. ‘rechazar, excluir (se)’), que desaparecerá en el siglo XX al
homogeneizarse con el valor semántico normativo de su base (cf. DELL s.v. dico
y NDELE s. v. abdicare). Según registra el DCECE (s.v. DEDICAR), aparece
por primera vez por escrito en 1433 por parte de E. de Villena y, posteriormente,
Cuervo (DCRDC II, 43) la recoge lexicográficamente. La aparición más tardía
que encontramos en el CORDE, después de (3) en 1427, data de 1648. El
ejemplo es el siguiente:

«Lo qual aún es más cierto en la materia, de que tratamos, en que


convienen todos, que aún quando nuestros Reyes quisieran
voluntariamente dexar las Indias, y abdicar de sí el derecho, ó
dominio, que tienen, y exercen en ellas, no lo pudieran hacer sin
pecado.» (Solórzano y Pereira, Juan de (1972 [1648]): Política
indiana. Madrid: Atlas, p.112).

Como observamos en el ejemplo, el verbo mantiene la estructura sememotáctica


latina, al especificar el contenido semántico del prefijo de acuerdo a su FS
semántica, por la que ‘alguien anuncia la voluntad de alejarse/desvincularse de
un derecho’. Salvo en el cambio de valencia, la voz se asemeja, como vemos, a
la primera acepción del DRAE.
Equivalencia interlingüística. Su equivalente más usual en alemán es abdanken
. Este verbo es un derivado del verbo danken (‘agradecer, dar las gracias’)
modificado por el prefijo ab(-), del que ya hemos hablado. Su raíz etimológica
germánica es *þanka-, que proviene del indoeuropeo *teng-, alejado de la forma
moderna por dos rotaciones consonánticas. Se relaciona con el sustantivo Danke
(ing. Thank, ‘gracias’), el verbo denken (ing. to think, ‘pensar’) o el sustantivo
deverbal Gedanke (‘pensamiento’). Kluge explica en el EWDS (s.v. Dank) el
desplazamiento semántico de ‘pensar’ a ‘agradecer’ a través del sentido ‘in
Gedanken halten’, es decir, ‘mantener algo en el pensamiento’, de donde se
supone el cambio semántico ‘no olvidar algo’ > ‘agradecer’. El derivado
abdenken lo explica, por otra parte, a partir del sentido ‘mit Dank
verabschieden’. Sin embargo, el DWDS recoge este sentido como una segunda
acepción del verbo, si bien en ambos casos la connotación es negativa, como se
desprende del ejemplo que aporta, a saber, so dürfe der Kaiser das Heer doch
nicht ab danken [sic], (‘por supuesto, así no debería despedir el emperador a su
ejército’). El cambio de sentido parece ser ‘dejar de agradecer’ > ‘despedir’ >
‘abdicar’/‘despedir’. Comparemos ahora, pues, ambas estructuras léxicas:

ab- (< *apó) dic- (< *deík- ‘señalar > decir’) -ar
dank- (< *teng- ‘pensar > agradecer’) -en
‘alej. desde un punto’ ‘verbalización’

La comparación indica, efectivamente, que la cercanía denotativa está fundada


en su arquitectura gramatical. El preverbio es el mismo en ambas lenguas, así
como la función verbalizadora del morfema, si bien no comparten origen único.
La diferencia básica entre ambas palabras reside en la significación primaria de
la raíz verbal, que, a pesar de que gira en torno a esferas semánticas intelectuales
(‘pensar, decir, dar las gracias’), expresan acciones distintas, que confluyen
finalmente en un área denotativa común.

Variación gramatical. Consideremos ahora su variación morfológica. Del verbo


abdicar procede el adjetivo abdicativo/-a. Lo recoge la Real Academia en su
Diccionario por primera vez en 1803 con el sentido ‘exclusivo, independiente’,
remitiendo al sentido etimológico mostrativo del lexema y apoyado por la
significación negativa generada por el preverbio. Su cambio categorial se debe a
la ampliación de su significación básica mediante el sufijo participial -to/do (<-
TUS), cuyo étimo con valor de ‘perfecto pasivo’ podríamos describirlo como
‘puntualmente acabado’ (Morera 2005, 116). La forma de contenido del signo
abdicat-, ampliada ya mediante este sufijo, la parafraseamos como ‘expresión
lingüística-focalizada en el objeto interno [formalmente]-en proceso-‹orientada
en› dirección-[horizontal-de orientación única-en el sentido longitudinal de la
profundidad]-ablativa-desde [el exterior de] un límite-puntualmente acabado’.
Sobre esta base se forma el derivado arriba citado abdicativo, que amplía la
significación una vez más mediante el sufijo -ivo/-a. Este añade a la base
descrita los rasgos ‘cuantificación-no limitada-del proceso que crea la base’
(Morera 2005, 94 y Pharies DESF s.v. -ivo). Disponemos también en español del
adverbio abdicativamente, recogido en el CORDE en 1731 con el sentido de
‘exclusivamente’, acorde con la base adjetiva de la que procede. A partir del
Diccionario histórico de la Lengua Española, publicado en 1933, se impone el
sentido ‘por delegación, igualándose así a la denotación de la base abdicar. En la
secuencia abdicativamente el adjetivo atribuye sus rasgos semánticos al
sustantivo en caso oblicuo548 o adverbio que lo rige.
Por último, nos encontramos ante el miembro abstracto de la familia léxica: el
sustantivo abdicación. Se recoge en el CORDE por primera vez en 1641 por
José Pellicer de Ossau Salas i Tovar con el sentido etimológico. Este vocablo se
forma sobre la base verbal a través del sufijo indoeuropeo *-ti (-σις). Benveniste
(1975 [1948], 96–104 y 102) opone *-ti a *-tor por referirse a nomina actionis y
nomina agentis respectivamente y caracteriza al primero por expresar una
«noción objetiva por la que se hace referencia a la realización efectiva de la idea
de la base, a un acto finito en sí mismo». El sufijo -ón amplía la significación
primaria de la raíz con los rasgos ‘cuantificación-interna-específica-limitada-de
sustancia-puntual-superación de límites-no definida’ (Morera 2005, 160). La
forma -ción (<-TIO, ONIS), producto de la combinación de ambos, expresa un
valor semántico que definimos –siguiendo a Amador Rodríguez (2009, 380)–
‘manifestación de la base por la que esta se lleva a su término en una entidad que
funciona como sede o vehículo de dicha manifestación’. La SP resultante la
parafraseamos como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno
[formalmente](dicar)-situada en una relación de movimiento de alejamiento
respecto de un punto de referencia situado en el sujeto (ab)-como manifestación
[sustantiva] de la base por la que esta se lleva a su término en una entidad que
funciona como sede o vehículo de dicha manifestación (-ción)’.549 La secuencia
abdicación comprende dos variantes denotativas: a) ‘acción y efecto de abdicar’,
que designa el concepto expresado por el verbo en estado abstracto; y b)
‘documento en que consta la abdicación’, variante que se origina por un
desplazamiento metonímico del tipo ‘general’ > ‘particular’, pars pro toto, y, en
este caso específico, ‘proceso’ > ‘objeto que tramita el proceso’.

3.3.2 *edecir: definición, historia y campo de realizaciones

*Edecir. (Del lat. tard. edicĕre). La presente variante léxica presenta la raíz dic-,
categorizada verbalmente en su variante fonológica (-)decir, cuyo contenido
semántico describimos, desde un punto de vista sincrónico, como ‘expresión
lingüística [mostrativa]-focalizada en el objeto interno [formalmente]’. Su
significación categorial verbal está representada fonológicamente mediante el
morfema flexivo infinitivo -ir. Esta combinación, *edecir, no se ha realizado
históricamente en el español, si bien resulta necesaria para reconstruir la
formación semántico-gramatical de su descendiente edicto.
El preverbio e(x)- amplía discontinuamente la significación de la base,
modificando su significación por un mecanismo de complementación sintáctica.
La significación de e(x)-, estudiada desde un punto de vista diacrónico por
García Hernández (1980, 155), describe una ‘dirección- [horizontal-de
orientación única-en el sentido longitudinal de la profundidad]-ablativa-desde [el
interior de] un límite’. La significación primaria *edecir es, por tanto,
susceptible de parafrasearse sincrónicamente como ‘expresión lingüística
[mostrativa]-focalizada en el objeto interno [formalmente]-en proceso-‹orientada
en› dirección-[horizontal-de orientación única-en el sentido longitudinal de la
profundidad]-ablativa-desde [el interior de] un límite situado en el sujeto’. El
lexema contrae una oposición, desde un punto de vista gramatical, tanto con los
lexemas abdicar y dedicar, los cuales presentan también un rasgo de dirección
ablativa o dirección desde un ámbito, como con indicar, que presenta una
dirección adlativa o dirección a [dentro de] un ámbito.
La arquitectura morfosemántica de la secuencia *edecir puede ser
representada mediante el siguiente diagrama:

{[‘e-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(*edecir): *λw (λy) λx λs [DEC (x, w) & HAB (y, w) & LOC
(w, EX (x)))](s)
*λw: focalización de λw.
SP(DEC) = ‘expresión lingüística [mostrativa]-focalizada en el
objeto interno [formalmente] ’
SP(E(X)) = ‘dirección-[horizontal-de orientación única-en el
sentido longitudinal de la profundidad] -ablativa-desde [el interior
de] un límite situado en el sujeto’

La relación de esta estructura primaria con su FAG hipotética, derivable de su


campo denotativo sincrónico de su derivado, nos permite asignarle un grado de
motivación A2c a la combinación, que, si bien se relaciona directamente con una
designación propia de un verbum dicendi, ha sido relegada exclusivamente al
lenguaje del derecho.
Campo denotativo sincrónico y variación gramatical. La dispersión
denotativa de esta palabra es muy reducida y solo posee el derivado edicto.
Según el DRAE, sus usos son ‘mandato, decreto publicado con autoridad del
príncipe o del magistrado’ y ‘escrito que se fija en los lugares públicos de las
ciudades y poblados, y en el cual se da noticia de algo para que sea notorio a
todos’, por lo que designaría, en modelos como el de Pustejovsky (1995), un
objeto dot o compuesto metonímico. Su significación idiomática es ‘expresión
lingüística [mostrativa]-focalizada en el objeto interno [formalmente-en
proceso-‹orientada en› dirección-[horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad]-ablativa-desde [el interior de] un límite situado
en el sujeto’. Veamos un ejemplo del CREA:

«La alcaldía de Salvi aportó, entonces, una estocada adicional a


su ánimo tan decaído y proclamó, en un edicto de última hora, la
prohibición de ‹realizar saltos en el aire, piruetas y otros
malabares que pudieran redundar en la invalidez o muerte del que
lo intentare...›.» (Jaime Collyer (2001): El habitante del cielo.
Barcelona: Seix Barral, p. 129, CREA)

La FAG hipotética de la combinación verbal es la siguiente:

*edecir
[[HAB (x, z&w) & ¬DEP (y, w)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, *(REPRext (z, w)
& BECOME (ESSE (w) & DEP(y, w)))]ti+k]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/<+hum>, <autoridad>/(en SETTING: POSEEDOR)
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO’/<±escrito>
y: ‘DESTINATIARIO’/<±hum>/(en SETTING: TEMA)
w: ‘TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’/<mandato>

Esta fórmula archisemémica genérica presupone que un verbo como *edecir se


actantificaría en la realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x
asume la función categorial morfosintáctica ‘sujeto’, en tanto que complemento
externo, se actantifica como complemento del nombre en la nominalización (el
edicto del juez). El evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado
momento (ti), se presupone que un sujeto (x), determinado denotativamente
como una ‘autoridad’, está en disposición de (HAB) un instrumento/código (z) y
una información, concretamente un mandato, (w), y que un receptor [± hum] no
depende de la información, que posee el emisor. Posteriormente, ocurre que, al
emitir el agente el mandato (w), provoca que este entre en vigor (BECOME
(ESSE (w))) y el receptor dependa del mandato. El participio sustantivado edicto
denota, por tanto, tal estado resultante.
Evolución semántica. El derivado edicto se introdujo en nuestro idioma con el
sentido latino ‘declaración pública, ordenamiento dicho en voz alta’. La primera
datación se recoge en 1280 en la cuarta parte de la General Estoria de Alfonso X
(ed. Pedro Sánchez-Prieto Borja, 2002, fol. 190R; CORDE). Veamos el texto:

Salieron los mandaderos en bestias & leuaron estas cartas quanto


mas apriessa pudieron. & fue luego echado ell edicto del Rey &
el pregon por toda la cibdad de susa.

Equivalencia interlingüística. Si bien el Derecho alemán dispone de los


términos Erlass, Aufgebot e, incluso, Edikt para la designación de nuestro edicto,
desde un punto de vista idiomático, existe una combinación que se corresponde
gramaticalmente, unidad por unidad, aunque no etimológicamente, con nuestro
*edecir, a saber, aussagen. Veamos la naturaleza de la correspondencia:

e(x)- (< ig. *eks) dic- (< *deík- ‘señalar > decir’) -ar
aus- (< ig. *ud-s) sag- (< *sekw- ‘seguir > contar >
decir’) -en
(cf. DELL y EWDS)
‘movimiento desde
‘verbalización’
dentro de un ámbito’

3.3.3 dedicar: definición, historia y campo de realizaciones

Dedicar. (Del lat. dedicāre). La presente variante verbal surge de la


combinación entre la raíz dic-, categorizada como verbo, y el preverbio de-.
Como en el caso de abdicar, esta palabra se forma a partir de la variante en -ar
del étimo de partida. El preverbio de-, cuya significación latina era ‘movimiento
ablativo-de arriba abajo’ (García Hernández 1980, 185), desdibujó su
significación primaria ya en la lengua madre, de modo que solo ha mantenido en
la actualidad el clasema espacial y su función aspectual, neutralizándose
semánticamente (Morera Pérez 1988, 111). La significación primaria de la
combinación la podríamos describir desde un punto de vista sincrónico, por
tanto, como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-formalmente-
en proceso-‹orientada en un› [sentido-ablativo-sin extensión] aspectualmente
reforzador’ (Morera, inédito).
La arquitectura morfosemántica de la presente secuencia la representamos
como sigue:

{[‘de-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dic-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(a)r’]}v}v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(dedicar): *λw λy λx λu λs [[DIC (x, w) & HAB (y, w))](u) &


DE (u)](s)
*λw: focalización de λw.
SP(DIC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-
formalmente’
SP(DE) = ‘[sentido-ablativo-sin extensión]-aspectualmente
reforzador’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico, nos permite asignarle un grado de motivación A2b a la
combinación, y por lo tanto, explicar la relación semántica periférica que asume
la unidad en la conformación total de la familia.

Campo denotativo. La significación primaria antes analizada presenta una rica


gama de orientaciones de sentido normativas y pragmáticas. El DRAE explica
sus diferentes usos a partir de tres áreas denotativas:
(1) ‘consagrar, destinar algo al culto religioso o también a un fin o uso profano’,
como muestra el siguiente ejemplo:

«¿Quién le impide imponer como una obligación ineludible á la


multitud de párrocos diseminados por las poblaciones rurales, la
de dedicar unas cuantas horas diarias al noble ministerio de la
enseñanza primaria?» (Aller, Domingo Enrique (1886): Las
huelgas de los obreros. Madrid: Tipografía de los Huérfanos. pp.
166–167, CORDE);
(2) ‘dirigir a alguien, como obsequio, un objeto cualquiera, y principalmente una
obra literaria o artística’ (cf. REDES, s.v. dedicar), uso que refleja el fragmento
siguiente:

«Menos mal que el doctor es hombre de buen humor, y si no les


da monises les apalea con buenos consejos. Algo es algo.
Hombre, no me salgas con ésas, menos da una piedra. Bueno,
hubo que ir a dedicar libros al salón del hotel, había una cola
tremenda.» (Zamora Vicente, Alonso (1972): A traque barraque.
Madrid: Alfaguara. p. 239, CORDE);

y, por último, (3) ‘emplear, destinar, aplicar’ (cf. REDES, s.v. dedicar) que
representa la acepción más amplia conceptualmente:

«Movióme también á hacer esto, considerar que cosas de Indias,


mayormente tan oclusas y olvidadas, á ninguno se debian dedicar
ni consagrar sino al señor universal de aquellas tierras […].»
(Castellanos, Juan de (1847 [1589]): Elegías de varones ilustres
de Indias. Ribadeneira (Madrid): Buenaventura Carlos Aribau. p.
2, CORDE).

Junto a este uso, que conmuta por ‘destinar’ –o, al menos, se acerca
considerablemente–, encontramos una variante que parece ser equidistante de las
tres áreas conceptuales propuestas por el diccionario académico. En el siguiente
texto, Francisco de Rojas nos presenta la significación alejada de los referentes
con los que se asocia frecuentemente esta palabra:
Rojas Zorrilla, Francisco de (1995 [1638]): Entre bobos anda el juego. Vern G.
Williamsen:
Universidad de Arizona (Arizona), CORDE.

La complejidad semántica de esta unidad hace que los lexicógrafos vacilen a la


hora de fijar un número exacto de acepciones. En este caso, estamos ante un
nuevo uso parafraseable como ‘dirigir algo forzosamente para un fin o a un
punto, afanarse con algo’ que explicaremos más adelante por razones históricas.
En el DUE disponemos, con todo, de diez entradas, a saber: a) ‘aplicar una
cosa a determinado fin o empleo’: Dedica un cuarto de hora a hacer gimnasia;
b) ‘tener cierta ocupación o profesión’: Se dedica a la enseñanza; c) ‘ocupar
alguien su tiempo en hacer cosas inconvenientes’: Cuando están aburridos, se
dedican a llamar a los timbres para molestar a los vecinos; d) ‘tener para
alguien cierto sentimiento, como amor o admiración’; e) tener con alguien cosas
como atenciones, consideraciones, miramientos o respeto; f) ‘consagrar
ofrendas, sacrificios, etc., a los dioses. Ofrecer, ofrendar’; g) ‘particularmente,
consagrar una iglesia u otra cosa al culto’; h) ‘pensar en determinada persona,
por cariño, agradecimiento, admiración, etc., al realizar una obra’; i) ‘hacerlo
constar así en la obra misma, por ejemplo al principio de un libro, generalmente
usando el mismo verbo «dedicar»: Dedico esta obra a mi maestro; j) ‘escribir
algo en un objeto que se regala, una fotografía, etc., expresando a quien se
regala, o firmar simplemente en esa cosa’: Dedícame el libro que me has
regalado.
Como hemos visto, el DRAE reúne los usos del verbo que nos ocupa en torno
a tres acepciones, que pueden considerarse como tres variantes designativas del
siguiente núcleo semántico irreductible o fórmula archisemémica específica
(FAE, cf. Wotjak 2006):

dedicar
[[¬POSS (x, w)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[*DO (x, w) & CAUSE (x, HABbenef (y, w) & BECOME
(POSS (x’, w)))]ti+k]E& C

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/(en SETTING: POSEEDOR)
x’: ‘POSEEDOR’<x’ = x>
y: ‘DESTINATARIO/BENEFICIARIO’
w: ‘UNDERGOER/TEMA’

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo dedicar se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’, el argumento y asume la función
‘complemento indirecto’, regido por la preposición a, al tiempo que el
argumento w toma la función ‘complemento directo’ o pronombre reflexivo. El
evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado momento (ti), se
presupone que un sujeto (x) no posee (¬POSS) algo (w), y, en un punto temporal
posterior, lo lleva a cabo (DO) para beneficio (HABbenef) de un destinatario o
finalidad (y), si bien es el mismo agente (x) el que entra en posesión de tal objeto
o tema (w). Esta FAE ha desarrollado la siguiente medioestructura (cf. DCRDC
s.v. dedicar , ap. α y β):

Si x/<hum>, w/<producto humano de (x)> e y/<hum>, donde x ≠


y; entonces, dedicar designa usos como ‘María le dedicó su libro
a su marido’ o ‘te dedico el gol’.
Si x/<hum> y w/<vida de (x)> e y/<¬hum>; entonces, dedicar
denota usos como ‘dedico mi vida a la investigación’
Si x/<hum>, w/<producto humano de (x)> e y/<hum>, donde x =
y; entonces, dedicar designa usos como ‘se dedica a hacer lo que
le apetece’.

La primera variable nos permite explicar usos como b en el DRAE o f, g, h, i y j


en el DUE. Esto ocurre cuando el segundo complemento verbal (y) es un
complemento indirecto. Por el contrario, si este segundo complemento denota
‘finalidad’, entonces se dan ejemplos como a y c en el DRAE o a, b, c, d y e en
el DUE.

Evolución semántica. En el DELL, Ernout y Meillet (s. v. dix, dicis) recogen


dos denotaciones para el latín dēdĭcō : a) ‘consacrer aux dieux en termes
solennels’ (‘consagrar al dios en términos solemnes’) y b) ‘déclarer
solennellement’ (‘declarar solemnemente’), a las cuales Segura Munguía
(NDELE s. v. dedico) añade ‘dedicar un libro’ e ‘inaugurar’. La interpretación
léxico-semántica de la combinación en latín conlleva algunos problemas. El
lexema dicare expresaba en la lengua madre dos sentidos, atendiendo a su uso
jurídico o religioso. En el ámbito jurídico, dicare representaba el valor
etimológico de ‘mostración’ de forma pasiva, de modo que se entendía como
‘mostrar verbalmente lo indicado, lo justo’. En el ámbito religioso, nuestro
lexema expresaba el sentido activo ‘mostrar [hablando], poner ante algo/alguien,
ofrecer’ y se acercaba considerablemente al sentido de dicere. Esta es la razón
por la cual este último verbo se glosa en los diccionarios latinos escritos en
lenguas romances como dedicar o por la cual el verbo offero (‘ofrecer’) se glosa
por dico en las Glosas emilianenses. Además, la raíz se asociaba a un tono
solemne, como hemos tratado en el apartado 3.1 . Por todo ello, debemos
suponer en nuestro lexema la denotación ‘mostrar a[nte] alguien’. La función
semántica del prefijo ha sido motivo de debate en diversas ocasiones, siendo
precisamente la forma dēdĭcō una de las debatidas. Recientemente, Brachet
(2000, 85), en contra de la hipótesis de García Hernández (1980, 145), postula
un valor directivo/adlativo para el verbo latino, si bien García Hernández (2002,
149) ha demostrado a continuación cómo los valores directivos de la preposición
son atribuibles a efectos de combinatoria sintagmática más que paradigmática.
Efectivamente, un efecto semántico semejante es perceptible en la forma
alemana hingeben, con la que se glosa lexicográficamente dēdĭcare, donde el
sentido adlativo emana de la semántica adlativa de la base (geben ‘dar’), más
que del prefijo hin- ‘[desde aquí] hasta ahí (hin-), donde está el receptor
(geben)’. El valor aspectual del preverbio sería, en consecuencia, intensificador
García Hernández (2002, 149). No obstante, cabe cuestionarse si existe aun
motivación en el sentido espacial de la partícula latina. La posibilidad de
interpretar el latín dedicare originalmente como una ‘mostración o colocación de
algo [víctima/ofrenda]-de arriba abajo [al altar o base de una imagen]-[ante un
dios]’ resultaría sugerente. En este caso, la combinación podría denotar, por
tanto, el acto de entrega de una ofrenda a un dios, en el que el sacerdote o
ceremoniante extiende sus brazos para hacer entrega de la ofrenda o sacrificio,
como combiene a dicare. Esto explicaría que el calco alemán Dedikation designe
en unos contextos una Hingabe (‘entrega’) –e, incluso, en un registro culto, un
Geschenk (‘regalo’)– y, en otros contextos, probablemente metafóricos, una
Widmung, esto es, una dedicatoria (cf. DWDS).550 Este doble enfoque, que
observamos en la semántica de DEDICARE, pudo haber producido, como
hemos señalado, las denotaciones ‘consagrar’, en tanto que ‘entrega de algo a
una divinidad’ o, incluso, el ‘dirigirse verbalmente a una divinidad’ y, por otra
parte, pudo haberse concretizado en el acto de la palabra, esto es, ‘dedicar una
obra, acción, libro, etc. a alguien’, que haría referencia a la verbalización
solemne que acompaña a la entrega o regalo de algo.
Las primeras documentaciones de este verbo que muestra el CORDE para
nuestra lengua aparecen a finales del siglo XIV. El corpus académico data su
primera aparición en 1400 en una traducción de Pero López de Ayala de las
Décadas de Tito Livio. En esta fuente, dedicar, así como su derivado dedicación,
denotan ‘consagrar’ y ‘consagración’, respectivamente. Veamos la referencia:

«Aun non estava estonce dedicada la casa de Júpiter; e así


echaron los dos cónsules suertes a qual dellos sería acometida la
dedicación del dicho tenplo, e cayó la suerte a Oracio; e Valerius
fuése a la batalla contra los de Veye. E sabet qu’el pueblo non fue
bien contento porque la dedicación de tan noble tenplo veno por
suerte al dicho Oracio, cónsul, e non al dicho Valerius Publicus;
por lo qual les parescía que era bien necesario que se fiziese
segunt que ellos pensavan; e se esforçaron quanto pudieron de lo
enbargar. E quando ellos vieron que por al non podían fazer,
teniendo el cónsul Oracius la mano sobr’el poste del tenplo para
fazer la dicha dedicación, dixieron, por lo alongar, que era venido
mandado que por la intrepetración de los dioses avía de ser triste:
ca dixieron que su fijo (del cónsul Oracius) era muerto, e que
ningún omne que avía muerto en su familia non era digno de
dedicar tenplo.» (López de Ayala, Pero (1982 [1400]): Taducción
de las Décadas de Tito Livio . Curt J. Wittlin (ed.). Barcelona:
Puvill. p. 397, CORDE).

El DCECH (s.v. dedicar) aclara el significado latino como ‘proclamar


solemnemente’, en el sentido de la segunda denotación del DELL, y data en
1485 en el Corbacho su primera documentación. Nebrija lo recoge en su
Vocabulario diez años más tarde con el sentido ‘casi consagrar’ que observamos
en el fragmento anterior. Corominas y Pascual añaden que este verbo era ya
usual en el Siglo de Oro. De aquí se desprende que el sentido etimológico
‘consagrar’ es el que se introduce directamente del latín en el siglo XIV y sigue
presente en el XV, si bien comienza a neutralizarse. Encontramos también, por
ello, en este siglo, el sentido ‘destinar’, que el DRAE recogerá en su tercera
acepción:

«E por ende deliberamos tornaros scriuir, exortando vos que, por


el deuido de la justicia, y porque sea guardado y obseruado lo
apuntado y concertado, vos luego mandeys soltar y poner en
libertad los dichos nauios, personas y mercadurias, francamente y
syn molestia alguna, y fazer sobresseer todas cosas y exequciones
de marcas, y dedicar personas qui vean estas differencias, assi de
una parte como de la otra, affin que si por medio de alguna
concordia se podran excusar los danyos y scandalos que podrian
venir, que se faga […].» (Anónimo [1949–1951 (1488)]:
Fernando al gobernador de Languedoc, recordándole las
reclamaciones hechas […], Antonio de la Torre (ed.), Barcelona:
CSIC, p. III, 101).

E, incluso, aparecen en este tiempo acepciones que abarcarían áreas denotativas


limítrofes entre la segunda y tercera acepción del diccionario académico, una
denotación cercana a ‘servir’, hecho que nos indica que las variantes disponen ya
en este siglo de cierta independencia. El ejemplo es el siguiente:
«[e]n el qual se tratan y disputan todas las cosas necesarias a la
guerra. Y examinando en mi memoria a quien este mi trabajo y
vigilias deviesse dedicar: quise entre todos los otros príncipes y
señores elegir a vuestra merced: ansí por ser cavallero de la
milicia y orden del apóstol san Tiago, como por ser tan amador y
estudioso de la militar disciplina […].» (Salazar, Diego de (1536):
Tratado de Re Militari. Madrid: RAE, fol. 2V, CORDE).

Efectivamente, la evolución semántica del signo parece indicar un proceso de


«desespecialización» o «generalización», que parte de ‘consagrar’, desarrolla
usos cercanos a ‘servir fielmente’, ‘aplicarse con esfuerzo y seriedad’ y, por
último, da lugar a la denotación de que disponemos en la actualidad, a saber,
‘aplicar[se]’. No obstante, discernir sobre si tales acepciones son herencia latina
o han derivado en el propio ámbito hispánico/romance de la denotación
prototípica ‘consagrar’ no parece una cuestión de fácil respuesta. A finales del
siglo XVI encontramos ya este último uso ‘aplicar[se]’, tal y como existe en
nuestros días:

«Aprendizaje de la lengua indígena, misiones y trato con indios


[…] Tiempo que se ha de dedicar para el aprendizaje de las
lenguas superiores ocupados en su gobierno. Ninguno se ordene
sin saber alguna lengua aborigen. Lección de nahuatl en el
colegio de México.» (Anónimo (1991 [1592]): Ordenaciones
generales dadas por el padre Diego de Avellaneda por las que
debían regirse las provincias mexicanas de la Compañía de Jesús
(ed.Francisco de Solano), Madrid: CSIC, p. 106, CORDE).

Los ejemplos que presentamos ponen de manifiesto que los rasgos ‘a Dios’ y
‘con esfuerzo y seriedad’ se han permeabilizado hasta el punto de que dependen
en la actualidad de la sintagmática del signo y no de su estructura semántica
propia. Quizá sea el sema ‘con esfuerzo y seriedad’ el que más se ha resistido a
la evolución semántica, de manera que se encuentra aún hoy presente en un nivel
connotativo.
Por lo demás, pensamos que esta combinación se introdujo en el español con
el sentido latino y es este el que ha generado la variación pragmático-discursiva
posterior.

Equivalencia interlingüística. Aunque existe el préstamo dedizieren, el verbo


dedicar no posee una forma de contenido patrimonial equivalente en la lengua
alemana. Sus usos pueden parafrasearse mediante el verbo (sich) widmen
(refiriéndonos a las acepciones segunda y tercera del DRAE). El verbo widmen
puede adquirir esporádicamente el sentido primero del diccionario académico Er
widmete sein Leben der Wissenschaft («Él dedicó su vida a la ciencia»), que
conmuta por weihen, como puede comprobarse en el ejemplo que sigue: Sie
weihte sein Leben der Wissenschaft («Ella consagró su vida a la ciencia»). Por
otra parte, la denotación ‘ocuparse con algo’ de dedicarse podemos expresarla en
alemán mediante otros verbos como sich beschäftigen. En todo caso, no existe
en la lengua alemana una estructura semántica con la que nuestro verbo se
identifique arquitectónicamente.

Variación gramatical. Consideremos ahora su variación morfológica. El


derivado abstracto de nuestro compuesto es la combinación dedicación. La
datación más antigua de este vocablo es de 1400, utilizada por Pero López de
Ayala (CORDE) con el sentido etimológico ‘consagración’. Esta variante se
forma por la adjunción del sufijo -ción, que aporta el valor ‘manifestación de la
base por la que ésta se lleva a su término en una entidad que funciona como sede
o vehículo de dicha manifestación’ a la base ‘expresión lingüística-focalizada en
el objeto interno-formalmente-en proceso-‹orientada en un› [sentido-ablativo-sin
extensión] aspectualmente reforzador’, donde el último rasgo es redundante. El
sufijo imprime a la base los siguientes denotativos, que recogemos según el
DRAE: ‘acción y efecto de dedicar’, ‘acción y efecto de dedicarse intensamente
a una profesión o trabajo’, ‘celebración del día en que se hace memoria de
haberse consagrado o dedicado un templo, un altar, etc.’ producido por
desplazamiento metonímico ‘consagración > día de la consagración’ y, por el
mismo procedimiento, ‘inscripción de la dedicación de un templo o edificio,
grabada en una piedra que se coloca en la pared o fachada de él para conservar la
memoria del que lo erigió y de su destino’. El sufijo realza la significación de
‘ofrecimiento, aplicación’ en las colocaciones dedicación plena/exclusiva, que
denotan una ‘dedicación que por compromiso o contrato ocupa todo el tiempo
disponible, con exclusión de cualquier otro trabajo’. Derivados más complejos
son las combinaciones dedicatorio y dedicatoria, adjetivo y sustantivo
respectivamente, variantes distribucionales cultas del sufijo -dero/-a cuya
significación hace entender la base descrita, según ha estudiado Amador
Rodríguez (2009, 200–204), como ‘sede o medio a través del que se realiza la
semántica de la base’. Se recogen por primera vez en 1597 y 1536
respectivamente en el CORDE con los sentidos actuales. Según deducimos de
las acepciones del diccionario académico, el valor del sufijo en la primera
variante, que presenta significación categorial adjetiva, hace denotar el sentido
‘que tiene o supone tal dedicación’, al tiempo que la segunda variante, que
presenta significación categorial sustantiva, sufre un proceso de concretización
metonímica y llega a significar ‘carta o nota dirigida a la persona a quien se
dedica una obra, y que en los escritos se sitúa al principio, impresa o
manuscrita’, uso provocado por el realzamiento del valor ‘sede o medio’ del
sufijo.

3.3.4 desdecir: definición, historia y campo de realizaciones

Desdecir. (Del lat. *deexdicĕre, refuerzo de dedicĕre). La presente variante


léxica presenta la raíz dic-, categorizada verbalmente en su variante fonológica (-
)decir, cuyo contenido semántico describimos, desde un punto de vista
sincrónico, como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’. Su
significación categorial verbal está representada fonológicamente mediante el
morfema flexivo de infinitivo -ir.
El preverbio des-, cuya evolución semántica explicaremos más adelante (cf.
ap. «Evolución semántica» en este mismo capítulo), amplía discontinuamente la
significación de la base semántica, modificando su significación. La SP de des-,
estudiada desde un punto de vista sincrónico por Morera (1998b, 176; inédito),
es ‘alejamiento-‹con› punto de origen-definido’ y selecciona aspectualmente el
argumento interno focalizado, generador del sentido télico de la raíz, como punto
de alejamiento. Esto explica que el prefijo seleccione un una realización y
bloquee una actividad, como pone de manifiesto la oposición desdecir /
*deshablar (Di Sciullo 1997, 59). La significación primaria desdecir551 es
susceptible de parafrasearse sincrónicamente, por tanto, como un ‘alejamiento
[aspectualmente egresivo]-‹desde un› punto de origen-definido-‹representado en›
el objeto interno-focalizado-‹de una› expresión lingüística-en proceso’. Esta SP
denota ‘retractarse de lo dicho’ (Gràcia Solé et al. 2000, 398), así como los usos
con connotación ligeramente arcaizante ‘desmentir’ y ‘negar la autenticidad de
algo’, según indica el diccionario académico (cf. DRAE s. v. desdecir).
La arquitectura semántica de la secuencia desdecir puede ser representada
mediante el siguiente esquema:
{[‘des’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(desdecir): (*λw”) λx’ λs ∃w ∃y’ [DEC (x’, w”) & HAB (y’,
w”) & LOC (x’, DES (w))](s)
*λw”: focalización de λw”.
SP(DIC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’
SP(DES) = ‘alejamiento-‹de› punto de origen-definido
[aspectualmente egresivo]’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico, nos permite asignarle un grado de motivación A1a a la
combinación, y por lo tanto, afirmar que la unidad se encuentra objetivamente
motivada sincrónicamente.

Campo denotativo. La entrada del diccionario académico distingue para nuestra


significación primaria dos esferas denotativas bien delimitadas. Por un lado, las
acepciones 1, 2, 5 y 7, derivaciones de sentido de la denotación básica
‘retractarse de lo dicho’, en construcción reflexiva y régimen preposicional con
de (cf. REDES, s.v. desdecirse (de)), y, por otro, las acepciones 3, 4 y 6, esto es
‘dicho de una persona o de una cosa: Degenerar de su origen, educación o clase’,
‘dicho de una cosa: No convenir, no conformarse con otra’ y ‘decaer, venir a
menos’, que presumiblemente no pertenecen a la familia que nos ocupa por
razones homólogas a las expuestas en los apartados 3.1 y 3.1.2 . Nuestra
hipótesis –que resumimos de acuerdo a los apartados señalados– es que estas
acepciones responden a una confusión del verbo latino DICERE con el verbo
DESCENDERE –y quizá también con el verbo DECERE–, una vez desplomado
el sistema medieval de alternancia sonora/sorda. Por ello, hemos de suponer para
nuestra combinación la denotación básica ‘retractarse de lo dicho,
contradecirse’, pudiendo actantificarse como verbo intransitivo (1), pronominal
(2) o transitivo (3). Veamos algunos ejemplos:

(1) ‘Desmentir. [Declarar la falsedad de algo dicho por sí mismo]’

«Cada una de sus reiterativas informaciones, construidas con


torturada sintaxis, presenta una curiosa particularidad: refutarse a
sí mismo. El solo se encarga de decir y de desdecir .» (El Mundo,
27/12/1996, CREA);

(2) ‘Retractarse de lo dicho’

«En la década de los 70 este director se negó a rodar películas


para televisión pero años más tarde se desdijo de esta afirmación
porque los filmes para la pequeña pantalla «daban dinero» y
quería demostrar que en poco tiempo ‹también se puede hacer›.»
(El País, 20/09/1997, CREA);

(3) ‘Negar la autenticidad de algo. [Declarar la falsedad de algo dicho por un


tercero]’

«Platón no desdice la idea sofista de la apariencia pero añade la


existencia de un referente verdadero, por ello ese mundo tiene
primacía sobre el mundo de las cosas materiales […].» (Ajayu.
Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología.
Párr. 1, 2002, CREA).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:

desdecir
[[HAB (x, z&w) & HAB (y, z)]ti
ET [OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & HAB (y,
w’))]ti+k]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x’, z) & CAUSE (x’, (*REPRext (z, w”) & HAB (y’,
w”’))]ti+1]EVENT & CONSEQ
Estructura argumental
x: ‘EMISOR’/(en SETTING(ti): POSEEDOR)
x’: ‘EMISOR’
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO/MEDIO’
y: ‘RECEPTOR’/(en SETTING(ti): POSEEDOR)
y’: ‘RECEPTOR’
w: ‘TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’
w’: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w’ ≈ w>
w”: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w” ≈ ¬w>
w”’: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w”’ ≈ w”>

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo desdecir se actantifica en el


habla de forma tal que el argumento x’ asume la función categorial
morfosintáctica ‘sujeto’, mientras que el argumento w” toma facultativamente la
función ‘complemento directo’. El evento puede parafrasearse de forma que, en
un determinado momento (ti), se presupone que un sujeto (x) está en disposición
de (HAB) un código (z) y una información (w) y, posteriormente (ti+k), causa
que el código represente la información y sea captada por un receptor. En un
momento posterior, ocurre que un emisor hace uso nuevamente del código
causando que este represente una información opuesta a la transmitida
anteriormente. El evento puede parafrasearse como la inversión de un acto
locutivo afirmativo. La FAG desarrolla la siguiente medioestructura:

Si x’ = x, y’ = y, x = y, x’/ACTOR/EMISOR<hum> (Sujeto);
entonces, desdecir, como intransitivo, denota (1).
Si x’ = x, y’ = y, x = y, x’/ACTOR/EMISOR<hum> (Sujeto) e
y’/RECEPTOR/<hum> (pron. pers.) y w”/TEMA (Comp.
Régimen)/de; entonces, desdecir, como pronominal, denota (2).
Si x’ ≠ x, x’/ACTOR/EMISOR<± hum> (Sujeto),
w”/UNDERGOER/TEMA (CD) e y’/RECEPTOR/<± hum>;
entonces, desdecir, como transitivo, denota (3).

Evolución semántica. El supuesto origen etimológico *deexdicĕre no se recoge


en el GMIL, pero se data desde los mismos orígenes del idioma (cf. DEM). La
antigua preposición des (< DE + EX) se encuentra, por otra parte, en sintaxis
libre en el bajo latín hispánico con el sentido de ‘desde’, como han puesto de
manifiesto Corominas (DECLC, s.v. des) y Morera (1998b, 167). En el ámbito
preverbial, esta nueva unidad confluyó con el antiguo preverbio latino dis- (cf.
García Hernández 1980, 151) que expresaba ‘separación’. La influencia de los
restantes derivados en los que este prefijo aparecía, propició y reforzó el carácter
privativo acuñable al antiguo preverbio de-, reforzado ahora en des-. Es de
suponer, por tanto, que nuestro verbo se asentó en el sistema morfológico cuando
esta preposición gozó de estabilidad suficiente en la sintaxis del romance
occidental. Su sentido privativo, generado por el contenido de alejamiento de la
preposición de y apoyado por el sentido de ‘separación’ del preverbio latino
alternante dis-, pudo generar en la combinación desdezir –considerada en
romance como enfatización del latín DEDĪCERE– el valor denotativo *‘vuelta al
inicio del acto del decir’ y, por ende, *‘retrodecirse, retractarse’. El primer
ejemplo hispánico lo datamos en 1196 en el Fuero de Soria con el sentido que
reconstruimos. El ejemplo es el siguiente:

«& si por escusar el desdezir lo negare que lo non dixo, yure,


segund dicho es en esta otra ley de ssuso, & ssea creydo.»
(Fueros de Soria, ed. Galo Sánchez, Centro de Estudios
Históricos, 1919, p. 184; CORDE).

Este fragmento pone de relieve la diferencia con negar y, por ende, la cercanía
con su pariente contradecirse.552 Sin embargo, estas oposiciones se
neutralizaron desde muy antiguo, de forma que nuestro verbo –impulsado por el
antiguo DEDĪCERE– asumió valores semejantes a sus limítrofes, aunque
manteniendo siempre su sentido primario ‘retractarse; decir que no a lo dicho
previamente, volviendo al punto inicial; contradecirse’. Como indicaba el
diccionario académico, los sentidos neutralizados han dejado de tener vigencia a
lo largo de su historia, hecho que evidencia la poca fuerza de estos valores
secundarios para mantenerse frente a la nueva denotación motivada por des-.

Equivalencia interlingüística. Si bien la correspondencia de nuestro verbo


desde un punto de vista traductológico-funcional sería zurücknehmen o
widerrufen , con connotación jurídica este último (cf. DWDS), lo cierto es que se
acerca de forma considerable, desde un punto de vista estrictamente idiomático,
a los ya comentados [sich] wiedersagen o [sich] widersprechen, ya que –según
informa Kluge (EWDS: s.v. wider)– el preverbio alemán wider-, disociado a
partir del s. XVIII de wieder-, aunque de origen compartido, expresa un sentido
‘gegen, zurück’ (‘en contra; hacia atrás’) semejante a re(-tro)- latino. Esto
explica correspondencias del tipo wieder-holen ↔ re-petir. Esta evolución
semántica ‘vuelta al inicio, en contra’ de ambos prefijos provoca en ciertos
contextos la posible equivalencia interlingüística con desdecir[se]. Por otra
parte, el alejamiento del sujeto con respecto a un referente lo vincularía también
idiomáticamente con sich lossagen, si obviamos las diferencias virtuémicas.

Variación morfológica. Junto a la forma participial perfectiva, siempre


existente, encontramos un único derivado de esta familia: desdecimiento. El
CORDE solo presenta un caso histórico de este nomen actionis por parte de Fray
Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias (ed. Paulino Castañeda
Delgado, 1994, p. 1765), que reza: «Llegada la hora del sermón, subido en el
púlpito, el tema que para fundamento de su retractación y desdecimiento se
halló, fue una sentencia del sancto [sic] Job». Todo parece indicar que se trata de
una creación morfológica instantánea del autor, que no llegó a establecerse en la
norma de nuestra lengua histórica.

Unidades caracterizadas por una dirección adlativa

3.3.5 *adecir: definición, historia y campo de realizaciones

*Adecir. (Del lat. tard. addicĕre). La presente variante presenta la raíz dic-,
categorizada verbalmente en su variante fonológica (-)decir, cuyo contenido
semántico describimos, desde un punto de vista sincrónico, como ‘[expresión
lingüística] mostrativa-vista desde el objeto expresado [formalmente]’. Su
significación categorial verbal está representada fonológicamente mediante el
morfema de infinitivo -ir. Esta combinación, *adecir, no ha gozado de
realización histórica en el español, si bien resulta necesaria para reconstruir la
formación semántico-gramatical de sus descendientes adicto y adicción.
El preverbio a- amplía discontinuamente la significación de la base semántica,
modificando la significación de la base por un mecanismo de complementación
sintáctica. La significación de a-, estudiada desde un punto de vista sincrónico
por Morera (1989, 145), es ‘sentido-‹de› aféresisfinitivo-‹sin› extensión’ y
coincide, prácticamente en su totalidad, con la propuesta por García Hernández
(1980, 131), que describe una ‘Dirección-horizontal-de orientación única-en el
sentido longitudinal de la profundidad-adlativa-aproximación a un límite’. La
significación primaria *adecir es, por tanto, susceptible de parafrasearse
sincrónicamente como ‘expresión [lingüística] mostrativa-vista desde el objeto
expresado [formalmente]-en proceso-‹orientada en› sentido [horizontal]-‹de›
aféresisfinitivo-‹sin› extensión’. El lexema contrae una oposición, desde un
punto de vista gramatical, tanto con el lexema indicar, que presenta también un
rasgo de dirección adlativa o dirección a un punto, como con abdicar, que
presenta una dirección ablativa o dirección de un punto.553
La arquitectura morfosemántica de la secuencia *adecir puede ser
representada mediante el siguiente esquema:

{[‘a-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(*adecir): λy λx λs *∃w ∃u [DEC (x, w) & HAB (y, w) & LOC


(x, AD (u)))](s)
*∃w: focalización de ∃w.
SP(DEC) = ‘expresión [lingüística] mostrativa-vista desde el
objeto expresado [formalmente] ’
SP(A(D)) = ‘sentido [horizontal]-‹de› aféresisfinitivo-‹sin›
extensión’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico de sus derivados, nos permite asignarle un grado de
motivación A3a a la combinación, y por lo tanto, explicar la relación semántica
periférica que asume la unidad en la conformación total de la familia. La
subfamilia etimológica puede ser considerada como una familia sincrónica
autónoma.

Campo denotativo sincrónico y variación gramatical. La dispersión


denotativa de la significación primaria estudiada, subyacente en el derivado
adicto, abarca, según el DRAE, las acepciones (1) ‘dedicado, muy inclinado,
apegado’, ‘unido o agregado a otro u otros para entender en algún asunto o
desempeñar algún cargo o ministerio’; veamos un ejemplo:

«Habló de mis innumerables cualidades, de mi honradez y de mi


tenacidad laboral; repasó mis actividades juveniles, tan dignas de
alabanza: ‹...adicto al régimen desde el primer día –dijo con voz
sonora–, fue perseguido como buen español por las hordas
marxistas, a las que con arrojo y astucia supo dar esquinazo›.»
(Salisachs, Mercedes (1976): La gangrena. Barcelona: Planeta, p.
337, CREA);

(2), ‘dicho de una persona: Que está dominada por el uso de alguna droga o por
la afición desmedida a ciertos juegos’.

«Al muchacho que era adicto al crack lo recuerdo mucho porque


fue en pleno período escolar. » (Trabajadores. Órgano de la
Central de Trabajadores de Cuba, 19/12/2003, parr. 383, CREA).

La FAG hipotética de la combinación verbal es la siguiente:

*adecir
[[¬ADESSE (y, u)]ti]SETTING/Presuposición
[ET ACT (x) & CAUSE (x, BECOME (*ADESSE (y,
u))]ti+k]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘AGENTE’
y: ‘UNDERGOER/PACIENTE’/<hum>
u: ‘TEMA’

Esta fórmula archisemémica genérica implica que un verbo como *adecir, que
se corresponde de forma general a la acepción (a), se actantificaría en la realidad
concreta del hablar de forma tal que el argumento y asume la función categorial
morfosintáctica ‘sujeto’, reforzado por un pronombre reflexivo, mientras que el
argumento u toma la función ‘complemento régimen’ introducido por la
preposición a. El evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado
momento (ti), se presupone que un sujeto humano paciente (y) no se encuentra
vinculado a un tema, y, en un momento posterior, ocurre que este pasa a
encontrarse vinculado a un tema. El evento presenta la siguiente
medioestructura:

Si u/<cargo o ministerio> e y/<hum>, donde x = y; entonces,


*adecir designa usos como (1). Si u/<droga> e y/<hum>, donde x
= y, y ACT se interpreta como <consumir (u)>; entonces,
*adecir designa usos como (2).

El derivado gramatical que nos ocupa, adicto, representa el estado resultante del
evento cognitivo descrito, con las dos posibles lecturas que se exponen en la
medioestructura. A la unidad se le puede asignar la SP ‘expresión [lingüística]
mostrativa-focalizada en el objeto interno [formalmente]-en proceso-‹orientada
en› sentido [horizontal]-‹de› aféresisfinitivo-‹sin› extensión-actual/resultativo
(to)’. Su primera documentación se recoge en la Historia de Felipe II, rey de
España de Luis Cabrera de Córdoba en 1619 (ed. José Martínez Millán y Carlos
Javier de Carlos Morales, 1998, p. 34; CORDE).
El nomen actionis de la subfamilia, adicción, denota, por otra parte, el proceso
previo al estado resultante, a saber, el ‘hábito de quien se deja dominar por el uso
de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos’
y, en desuso, ‘asignación, entrega, adhesión’. Su significación formal es
‘expresión [lingüística] mostrativa-focalizada en el objeto interno [formalmente]
(dic-)-en proceso-‹orientada en› sentido [horizontal]-‹de› aféresisfinitivo-‹sin›
extensión’ (a-)-‹cuantificada como› manifestación de la base por la que esta se
lleva a su término en una entidad que funciona como sede o vehículo de dicha
manifestación (-ción)’. Veamos un ejemplo:

«[…] pero si el hombre se «acostumbra» al opio, ha de


permanecerle fiel; desarrolla una adicción, una dependencia que,
a la manera de un vínculo simbiótico fetal-materno, lo lleva a
colocar el epicentro de su vida en el elixir, tal vez «opoterápico»,
que penetra por sus venas.» (Luis A. Chiozza (1976): Cuerpo,
afecto y lenguaje. Buenos Aires: Paidós, p. 89, CREA)

Se data por primera vez en 1764 con la segunda acepción del DRAE en
Apéndice. Diario del Sitio de la Plaza de Manila por los Ingleses (ed. Eduardo
Navarro, 1908, párr. 1; CORDE).
En la actualidad es usual encontrar ambos derivados como segundos términos
de compuestos con droga, esto es, drogadicto y drogadicción (calcados del
inglés drug addict/addiction), con los sentidos ‘adicto/adicción a la droga’ (cf.
DRAE).

Evolución semántica. Nuestro verbo sufre una evolución semántica semejante a


la de dedicar. En latín, ADDICERE denotó ‘decir lo mismo, aprobar’, ‘ser
favorable’, ‘adjudicar en una subasta’ y ‘consagrarse, dedicarse a’. En
construcciones reflexivas designó ‘abandonarse a’, según muestran colocaciones
como se libidine addicere ‘abandonarse al placer’ (cf. NDELE, s.v. addico). La
evolución denotativa que debemos suponer es, por tanto, ‘mostrar [verbalmente]
el acercamiento propio a algo/alguien554 > dedicarse > abandonarse a’. La
primera documentación del sentido evolucionado se data en Teatro crítico
universal, I de Feijoo (1726, ed. 1998, p. 36; CORDE). El texto es el siguiente:

«Unos viven mucho sin probar vino toda la vida; otros casi sin
probar la agua. Unos comiendo sólo vn género de manjar con
templança; otros comiendo de todo sin escrúpulo. Unos vsando de
cosas calientes; otros de frescas. El difunto Marqués de Mancer,
aviendo hecho toda la vida su principal pasto de el chocolate, tan
adicto a él, que ni aun en las fiebres le abandonaba, vivió ciento y
ocho años. Otros, que quieran seguir esse rumbo, no llegarán a los
quarenta. Ciertamente a los más será pernicioso.»

Equivalencia interlingüística. Nuestra combinación no encuentra en alemán un


equivalente idiomático. Los derivados adicto y adicción se expresan en la lengua
germánica, desde un punto de vista referencial, a través de los lexemas süchtig y
Sucht, y los antiguos deverbales suchten o süchten (cf. DWB).

3.3.6 *indecir: definición, historia y campo de realizaciones

*Indecir. (Del lat. indicĕre). La presente variante léxica verbal


*indecir/*endecir es necesaria para entender la significación de su derivado
endecha y las combinaciones que se forman a partir de él. Este verbo presenta la
raíz dic-, categorizada verbalmente en su variante fonológica (-)decir, cuyo
contenido semántico describimos en este caso, desde un punto de vista
sincrónico, como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-
[formalmente]’, debido a que mantiene connotativamente el rasgo formal de la
dicción jurídico-religiosa latina. Su significación categorial verbal está
representada fonológicamente mediante el morfema flexivo de infinitivo -ir que
dota de tiempo interno a la significación de base.
El preverbio (i/e)n- amplía discontinuamente la significación de la base,
modificando su valor semántico por un mecanismo de complementación
sintáctica. Su significación, estudiada desde un punto de vista sincrónico por
Morera (1988, 361), es ‘situación-‹de› ubicación-absoluta’ y representa la
abstracción histórica del valor locativo latino que ha descrito García Hernández
(1980, 161) como ‘dirección-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el interior de dos
límites-genérica’. La significación primaria reconstruida *indecir o su variante
vulgar *endecir sería susceptible de parafrasearse sincrónicamente, por tanto,
como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-[formalmente]-en
proceso-‹orientada en› [dirección-hacia el interior] ‹de› una ubicación-absoluta
[delimitada]-[en contexto funerario]’. Esta significación formal no ha logrado
realizarse históricamente y, por lo tanto, no presenta denotación ni designación
en su variante verbal.
La arquitectura morfosemántica de esta secuencia puede ser representada
mediante el siguiente esquema:

{[‘in’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(*indecir): λy λx λs *∃w [DEC (x, w) & HAB (y, w) & LOC


(w, IN (y))](s)
*∃w: focalización de ∃w.
SP(DEC) = ‘expresión [lingüística] mostrativa-focalizada en el
objeto interno [formalmente] ’
SP(IN) = ‘[dirección-hacia el interior] ‹de› una ubicación-
absoluta [delimitada]’
La relación de esta estructura primaria con su FAG hipotética, derivable del
campo denotativo sincrónico de su derivado, nos permite asignarle un grado de
motivación A2b a la combinación, y por lo tanto, explicar la relación semántica
periférica que asume el derivado de esta unidad en la conformación total de la
familia. El derivado está, por tanto, en vías de generar una familia o unidad
sincrónica autónoma.

Campo denotativo. La significación primaria de nuestra combinación no goza


de una gran variedad denotativa. Junto a su sentido general ‘canción triste o de
lamento’, que describe el DRAE, encontramos los usos terminológicos con que
se usa el término en la teoría literaria que se desprenden de este, a saber,
‘combinación métrica que se emplea repetida en composiciones de asunto
luctuoso por lo común, y consta de cuatro versos de seis o siete sílabas,
generalmente asonantados’ así como la colocación terminológica «endecha real o
endecasílaba» que es aquella que ‘consta de tres versos, heptasílabos por lo
común, y de un endecasílabo que forma asonancia con el segundo.’ (cf. DRAE
s.v. endecha). Veamos un ejemplo del CREA:

«Después de mucho rato, Gregorio propuso subir al tren del


miedo. ‹Qué tontería›, dijo Angelina. ‹¡Como si la vida no fuese
ya miedo!›, ilustró su endecha la madre con el blanco de los
ojos.» (Luis Landero (1989): Juegos de la edad tardía. Barcelona:
Tusquets, CREA).

La FAG hipotética de la combinación verbal es la siguiente:

*indecir
[[HAB (x, z&w)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & *HAB (y,
w))]ti+k]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/<hum>
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO’
y: ‘DESTINATIARIO/RECEPTOR’/<hum>
w: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<canto fúnebre>
Modificador: <inusual>

Esta fórmula archisemémica genérica presupone que un verbo como *indecir se


actantificaría en la realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x
asume la función categorial morfosintáctica ‘sujeto’, mientras que el argumento
y toma la función ‘complemento indirecto’ introducido por la preposición a. El
evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado momento (ti), se
presupone que un emisor (x) dispone de un código lingüístico (z) e información
(w), de modo que, al utilizarlo, causa que su código lingüístico (z) represente
externamente una información en forma de canto (w) dedicado a un receptor (y).

Evolución semántica. A partir del latín INDICĔRE ‘declamar, declarar’ se


deriva el participio sustantivado INDICTUM, con plural INDICTA ‘cosas
declamadas’, del cual procede el español endecha ‘canción triste o de lamento’
(DRAE s.v. endecha). El sentido deriva de la declamación lingüística en un
contexto fúnebre y con forma elegíaca. Desde un punto de vista sincrónico, los
valores denotativos latinos ‘declamar-formalmente-en un contexto funerario’ se
han transmitido al español, de forma que se han asentado connotativamente en la
significación primaria de la combinación. Esto ha producido que los derivados
históricos de endecha precisen de estos rasgos semánticos auxiliares para poder
ser interpretados correctamente. La forma de contenido invariante latina ‘dicción
[mostrativa]-en el ámbito jurídico-religioso (DIC-)-en proceso [aspectualmente
reforzado]-‹por una› dirección-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el interior de dos
límites ‹evento›-genérica (IN-)-puntualmente acabada (-T-)-sin género/plural (-
A)-[en contexto funerario] ’, contenida en INDICTA, sufre la siguiente
evolución semántica: por un lado, al haber evolucionado fonéticamente a
endecha, concretiza su contenido denotativo así como su combinación
sintagmática y, por otro, generaliza su significación primaria, interpretándose ya
como una ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno [formalmente]
(de-)-en proceso [aspectualmente reforzado]-‹por una› [dirección-hacia el
interior] ‹de› una ubicación-absoluta [delimitada] (en-)-[de proceso] actual (-ch-
)-‹cuantificada por una› proyección centrífuga de la sustancia (-a)-‹como›
sustantivo [en contexto funerario]’. En palabras más simples, se lleva a cabo una
desmotivación del prefijo y se reinterpreta el morfema de género. Es esta, por
tanto, la significación sincrónica que el hablante puede deducir de nuestra
combinación. Desde el punto de vista morfológico, la - a del plural neutro latino
se reinterpreta en el romance como forma femenina y asume su valor (Lloyd
1993 [1987], 97).
A continuación, haremos alguna matización sobre su datación. El vocablo ve
la luz en el mundo literario de la pluma del Arcipreste de Hita en su Libro de
buen amor, entre los años 1330–1343, con el sentido mencionado:

«Con el mucho quebranto fiz aquesta endecha:


con pesar e tristeza non fue tan sotil fecha;
emiéndela todo omne e quien buen amor pecha,
que yerro e malfecho emienda non desecha.»

Juan Ruiz (Arcipreste de Hita) (1330 -1343): Libro de buen amor (ed. Alberto
Blecua). Madrid: Cátedra, p. 387, CORDE

Esta es la denotación que, con más o menos determinación terminológica, se


mantiene hasta la actualidad, según se desprende de los ejemplos del corpus
académico.

Equivalencia interlingüística. Este término se ha adoptado, con su uso


terminológico-literario, en el ámbito de la teoría literaria germánica, con su
respectiva adaptación fonética. El resto de su variación morfológica no ha tenido
cabida. En cuanto a la estructura léxico-gramatical y etimológica, *indecir
tendría una correspondencia arquitectónica directa con einsagen, si bien sus usos
denotativos normativos han variado históricamente:

in- dec- (‹ *deik- ‘señalar › decir’) -ar


ein- (‹ig. ‘dirección al sag- (‹ *sekw- ‘seguir › contar › -en
interior de un límite’) decir’)
‘dirección al interior de ‘verbalización’
un límite’

Variación gramatical. Sobre el sustantivo endecha se forma el verbo endechar


con los sentidos ‘cantar endechas, especialmente en loor de los difuntos; honrar
su memoria en los funerales’ y, de forma más general, ‘afligirse, entristecerse,
lamentarse’. Ambas denotaciones han de entenderse como la puesta en proceso
del sustantivo y, en consecuencia, de su significación primaria. El DCELCH data
su primera aparición en 1460 y el NDLE en 1260. En 1280 la recoge Alfonso X
en su General Estoria (ed. Pedro Sánchez-Prieto Borja, 2002; CORDE). Del
mismo sustantivo proviene el adjetivo endechoso que añade el valor del sufijo -
oso, ‘cuantificación-interna-específica-no limitada-de sustancia-interna al
sujeto’, a la significación de la base, transcategorizándola. Este nuevo adjetivo
asume la denotación ‘triste y lamentable’ con la connotación depreciatva propia
del sufijo. Aparece por primera vez en 1584 en la obra La Austríada de Juan
Rufo (ed. Cayetano Rosell, 1852; CORDE). Del verbo endechar proviene
también el sustantivo endechadera. El sufijo -dera recategoriza la base verbal y
la significa como una ‘entidad desde la que es ejecutada o mediante la que es
realizada la actividad, la acción o proceso relacionado con el término primario’.
La combinación se cierra con el valor del morfema gramatical de género, que
‘orienta o proyecta la sustancia semántica de la base centrífugamente’. Toma,
entonces, la combinación endechadera un sentido referencial cercano al de
plañidera (cf. DRAE). El DCELCH data la combinación por primera vez en
1599. De acuerdo a los datos del CREA, es probable que todas estas variantes se
encuentren en vías de desaparición.

3.3.7 indicar: definición, historia y campo de realizaciones

Indicar. (Del lat. indicāre). La variante léxica verbal indicar presenta la raíz dic-
, categorizada verbalmente en su variante fonológica -dicar, cuyo contenido
semántico describimos en este caso, desde un punto de vista sincrónico, como
‘expresión [lingüística]-mostrativa-focalizada en el objeto interno [formalmente]
’. Su significación mantiene vigente aun hoy el valor deíctico de la raíz latina. Su
categoría verbal se representa fonológicamente mediante el morfema flexivo de
infinitivo -ir que dota de tiempo interno a la significación de la base.
El preverbio in- amplía discontinuamente la significación verbal,
modificándola por un mecanismo de complementación sintáctica. Su valor
primario, estudiado desde un punto de vista sincrónico por Morera (1988, 361),
es ‘situación- [de] ubicación-absoluta’. Sin embargo, este prefijo mantiene
intactos su rasgo adlativo latino en la secuencia indicar, si bien los ha relegado a
un estatus redundante o adyacente. El valor espacial latino, propuesto por García
Hernández (1980, 161), es ‘dirección-horizontal-de orientación única-en el
sentido longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el interior
de dos límites-genérica’. La significación primaria de indicar puede
parafrasearse sincrónicamente, por tanto, como ‘expresión [lingüística]
mostrativa-focalizada en el objeto interno [formalmente]-en proceso
[aspectualmente reforzado]-‹por una› [dirección-horizontal-de orientación única-
en el sentido longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el
interior de una] situación-‹de› ubicación-[‹entre› dos límites-genérica]’.
La arquitectura morfosemántica de esta unidad puede ser representada
mediante el siguiente esquema:

{[‘in’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dic-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(a)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(indicar): *λw λy λx λs ∃zx [DIC (x, w) & LOC (zx, IN (w)) &
HAB (y, w)](s)
*λw: focalización de λw.
∃zx: relación metonímica entre z y x, donde z es parte de x.
SP(DEC) = ‘expresión [lingüística] mostrativa-focalizada en el
objeto interno [formalmente] ’
SP(IN) = ‘[dirección-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el
interior de una] situación-‹de› ubicación-[‹entre› dos límites-
genérica]’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico, nos permite asignarle un grado de motivación A3b a la
combinación, y por lo tanto, explicar la relación semántica periférica que asume
la unidad en la conformación total de la familia. La subfamilia etimológica
puede ser considerada como una familia sincrónica autónoma, si bien su SP deja
entrever vestigios de su origen locutivo, como muestra la oposición «alguien te
está {señalando/?indicando}» (↑ 3.1 ).

Campo denotativo. El DRAE recoge dos orientaciones denotativas


dependientes de la significación primaria propuesta: la primera (1) ‘mostrar o
significar algo con indicios y señales’ y, la segunda, (2) ‘dicho de un médico:
recetar remedios’. De la primera mostramos el siguiente ejemplo:

«La literatura no hay que enseñarla, hay que invitar a participar


de una pasión, es abrir o indicar caminos. Indicar el camino que
va hasta Shakespeare y que sea Shakespeare el que enseñe.»
(PRENSA: Espéculo. Revista de estudios literarios, 06/2003;
Facultad de Ciencias de la Información. Universidad
Complutense de Madrid (Madrid), 2002, CREA).

El segundo uso es el siguiente:

«El doctor indicó el medicamento interdiario. Desde que se


inyectó la primera vez al niño, la familia Suárez comenzó a
buscar la última.» (PRENSA: El Nacional, «Temía que el niño
recayera por la falta del medicamento», Caracas: Venezuela,
15/05/2014).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:

indicar
[[ADESSE (x&y, LOC) & VID (x, w) & ¬VID (y,
w)]ti]SETTING/Presuposición
ET [[*OPER (x, z) & CAUSE (x, BECOME (VID (y,
w)))]ti+k]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR’/(en SETTING: EXPERIMENTADOR)
z: ‘INSTRUMENTO’/<indicador(x)>
y: ‘DESTINATARIO/EXPERIMENTADOR’
w: ‘UNDERGOER/TEMA’

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo indicar se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’, mientras que el argumento w toma la función
‘complemento directo’ y el argumento y asume la función de complemento
indirecto, actantificable mediante la preposición a. El evento puede parafrasearse
de forma que, en un determinado momento (ti), se presupone que un agente (x) y
un destinatario (y) se encuentran juntos y, en un momento posterior (ti+k), se da
que x percibe un tema/objeto (w) y, usando un indicador (z) que le sirve de
instrumento y que puede determinarse pragmáticamente de formas diversas,
como ‘dedo, mensaje, etc.’, causa que y vea el tema/objeto observado por x. La
medioestructura que desarrolla la presente FAG puede describirse como sigue:

Si x/<hum>, entonces, indicar denota usos como los expuestos en


(1).
Si x/<hum>, <médico>, w/<fármaco para (y)> y la FAG recibe el
modificador <como recomendación >, entonces, indicar denota
usos como el expuesto en (2).

Evolución semántica. En el DELL, Ernout y Meillet (s. v. dix, dicis) explican


INDICARE como verbo denominativo de INDEX y recogen una única acepción
para el latín ‘proclamer, déclarer, imposer’. INDEX, formado en la lengua madre
analógicamente a las formas con terminación -EX, -ICIS, denotaba ‘el que
indica’ y, de ahí, por un desvío metonímico, ‘aquello con que se indica, dedo’
(cf. DELL y apartado 3.1 de este trabajo). Corominas y Pascual fechan la
primera documentación en castellano en 1520. Los autores mantienen que el
verbo se introdujo por vía culta en la lengua a partir del Siglo de Oro y sufre a
continuación un proceso de estandarización. Esta hipótesis la apoyan los datos
que proporciona el corpus académico, pues durante los siglos XVI-XVII no
aparecen más de diez casos por siglo y en el siglo XIX se recogen ya 846 casos
en 268 documentos. La primera documentación que proporciona el CORDE es
un ejemplo en una traducción anónima de Séneca entre los años 1440 y 1500. El
vocablo se emplea con el sentido de ‘acusar’, probablemente como calco del
verbo latino. Como muestra el diccionario académico, el sentido denotativo no
ha sufrido grandes cambios, aunque su significación primaria no goza de la
concreción latina.

Equivalencia interlingüística. Aunque nuestra combinación es traducible por


auf-, hinweisen, ankündigen o, incluso, por su pariente etimológico zeigen, la
significación de indicar encuentra en el derivado al. anzeigen el equivalente
idiomático más cercano. De la opinión son también los hermanos Grimm (DWB.
s.v. anzeigen). El prefijo y preposición al. an (cf. gr. ἀνά) se diferencia de su
paralelo in/(r)ein en la SP de penetración en un ámbito característica del
segundo. Denotativamente, ambas combinaciones presentan además esferas
conceptuales cercanas (cf. index/Anzeige). Veamos la comparación:
in- (‹ig. *n ‘dirección ilativa’) dic- (‹ *deík- ‘señalar › -ar
decir’)
an- (‹ig. *ana ‘dirección zeig- (‹ *deík- ‘señalar’) -en
adlativa’) cf. DELL y EWDS.
‘dirección a un límite’ ‘verbalización’

Variación gramatical. La variante nominal directa para esta voz es, como
hemos dicho, índice.555 El diccionario académico recoge las siguientes
acepciones: a) ‘indicio o señal de algo’; b) ‘en un libro u otra publicación, lista
ordenada de los capítulos, artículos, materias, voces, etc., en él contenidos, con
indicación del lugar donde aparecen’; c) ‘catálogo de las obras conservadas en
una biblioteca, archivo, etc., clasificadas según diversos criterios’; d) ‘en una
biblioteca pública, pieza o departamento donde está el catálogo’; e) ‘cada una de
las manecillas de un reloj o de las agujas y otros elementos indicadores de los
instrumentos graduados, tales como barómetros, termómetros, higrómetros, etc.’;
f) ‘gnomon de un cuadrante solar’; g) ‘expresión numérica de la relación entre
dos cantidades’; h) ‘dedo índice’; y, por último, i) ‘número o letra que se coloca
en la abertura del signo radical y sirve para indicar el grado de la raíz’. Todas
ellas son derivables de una denotación básica ‘que señala, indica’, representada
en la primera acepción y desarrollada por procesos metonímicos y metafóricos.
Tras esta denotación subyace la SP sincrónica ‘expresión [lingüística]-
mostrativa-focalizada en el objeto interno-formalmente-‹en› [dirección-
horizontal-de orientación única-en el sentido longitudinal de la profundidad-
adlativa-‹con› penetración en el interior de [una]] situación-‹de› ubicación-
[‹entre› dos límites-genérica] ’ vista como un ‘objeto’ en sí mismo. El vocablo se
introduce en español en el siglo XVI. El texto más antiguo que ofrece el CORDE
es la Historia general y natu ral de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo,
que se fecha entre 1535–1557. La palabra aparece con el sentido de ‘muestra’.
En los casos restantes, se utiliza siempre con las acepciones f, g, i. La acepción h
se recoge por primera vez en nuestra lengua en 1550 de la pluma de Juan de
Arce de Otárola (Coloquios de Palatino y Pinciano, ed. José Luis Ocasar Ariza,
1995, p. 1243) y la e en 1605 (Los veintiún libros de los ingenios y máquinas de
Juanelo Turriano, ed. Mariano Quirós García, 2003, fol. 462R) y la b la recoge
Covarrubias, de la cual se deriva c y d (cf. CORDE, DCELC).556 La variante
indicador, procedente del latín clásico tardío INDICATOR (cf. LLDISFE, p.
135), que recoge el CORDE muy tardíamente como título de una revista
(diciembre de 1822 cf. CORDE), se forma tras la adición a la base del sufijo -
dor. Este interpreta la significación primaria de la base como una ‘entidad desde
la que es ejecutada o mediante la que es realizada la actividad, la acción o
proceso relacionado con el término primario’ y, en consecuencia, pasa a designar
‘que indica o sirve para indicar’, entrando así en colisión sinonímica o
referencial con índice e indicante. Esta última variante, indicante, participio de
presente activo sustantivado, es el resultado de la cuantificación de la
significación primaria de la base por los rasgos ‘proceso cursivo-interno al
sujeto’. El valor del sufijo posibilita la denotación ‘que indica’ (cf. DRAE). Se
recoge por primera vez en 1427 en una Traducción y glosas de la Eneida por
Enrique de Villena (ed. Pedro M., 1994; CORDE) y la poca aparición en el
CREA hace pensar que está en vías de desaparecer. El valor activo de esta
secuencia contrasta con el pasivo de la secuencia indicado, en la que el sufijo -
do aporta el valor ‘cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso-actual-
extensa’. El participio, que se combina con el verbo estar, toma el sentido
‘adecuado o apropiado’ (cf. DUE y DEA). Sobre esta base se forma la secuencia
indicativo, que, al asumir el valor ‘cuantificación-no limitada-del proceso que
crea la base’ del sufijo -ivo, designa ‘que indica o sirve para indicar’, ‘conjunto
de letras o cifras que corresponden a una estación de radio o a un distrito
telefónico’ y, en el ámbito terminológico de la gramática ‘modo del verbo que
presenta la acción como real’ (cf. DUE y DRAE). Se data por primera vez en
1450 en un texto anónimo intitulado Las Etimologías romanceadas de San
Isidoro (ed. Joaquín González Cuenca, 1983, p. 114. CORDE). Durante este
siglo parece expresar únicamente el sentido gramatical. En última instancia, se
retrotraen al latín clásico tardío INDICATIVUS (cf. LLDISFE, p. 136), y, por
último, la pareja indicación e indicción. Ambas añaden el valor del sufijo
denominativo -ción ‘manifestación de la base por la que esta se lleva a su
término en una entidad que funciona como sede o vehículo de dicha
manifestación’ a la base verbal. La primera se recoge por primera vez en 1538 en
un texto notarial anónimo y denota, desde entonces, ‘acción y efecto de indicar’
o ‘señal que indica’, mientras que la segunda presenta las siguientes
denotaciones: ‘convocatoria o llamamiento para una junta o concurrencia sinodal
o conciliar’, ‘ciclo de quince años introducido por Constantino en 312; aunque
anteriormente había sido un plazo fiscal, se convirtió en un modo de contar
regularmente los años. Se usó tanto en Occidente como en el Imperio bizantino
hasta tiempos modernos’ y, en la colocación indicción romana, denota un ‘año
de igual período, que se usa en las bulas pontificias y empieza el primero de
enero como el ordinario’. La palabra la recoge por primera vez Fray Toribio de
Benavente en 1536 en su Historia de los indios de la nueva España, según
muestra el CORDE (ed. Fidel Lejarza, 1970).

3.3.7.1 indiciar: definición, historia y campo de realizaciones


Indiciar. (Der. den. del lat. indĭcĭum). La variante léxica verbal indiciar se
retrotrae, en última instancia, a la raíz dic-, cuyo contenido semántico
describimos, desde un punto de vista sincrónico –y en concordancia con la
variante anterior–, como ‘expresión [lingüística]-mostrativa-focalizada en el
objeto interno [formalmente] ’. Su significación mantiene adyacente aun hoy el
valor designativo de la raíz latina. El verbo se forma en la lengua madre a partir
del sustantivo neutro INDĬCĬUM, en español, indicio, al adherir a la base el
sufijo de origen indoeuropeo -ĬUS, que genera tanto adjetivos como –en el caso
presente–sustantivos abstractos (Brugmann 1889, II, 119). Su categoría verbal se
representa fonológicamente mediante el morfema flexivo de infinitivo -ar que
dota de tiempo interno y, en el caso presente, también de un aspecto incoativo a
la significación de la base.
El preverbio in- amplía discontinuamente la significación del verbo de lengua,
modificando su significación por un mecanismo de complementación sintáctica.
Su valor primario, estudiado desde un punto de vista sincrónico por Morera
(1988, 361), es ‘situación-[de] ubicación-absoluta’ y resulta de la abstracción del
valor espacial de la preposición latina homófona, que García Hernández (1980,
161) ha definido como ‘dirección-horizontal-de orientación única-en el sentido
longitudinal de la profundidad-adlativa-‹con› penetración en el interior de dos
límites-genérica’. El sufijo -io-, cuyo efecto sincrónico ha descrito Morera como
‘cuantificación-externa-desde el interior-por emanación-activa’, hace situar el
punto de vista en el objeto del INDEX o de la INDICATIO. En palabras más
simples: mientras que la indicación es percibida semánticamente desde el punto
de vista del indicador y, por tanto, es parafraseable como ‘lo que se indica’, el
indicio se percibe desde el punto de vista del objeto indicado y, por lo tanto, es
interpretable como ‘lo que ha de [es digno de] indicarse’. Este efecto semántico
se debe, muy probablemente, al valor de participio de futuro pasivo o participius
necessitatis que ostentaba el morfema en indoeuropeo (Brugmann 1889, II,
116).557
La significación primaria sincrónica indiciar puede parafrasearse, por tanto,
como ‘expresión [lingüística]-mostrativa-focalizada en el objeto interno-
formalmente (dic-)-en proceso [reforzado aspectualmente]-‹en una› [dirección-
horizontal-de orientación única-en el sentido longitudinal de la profundidad-
adlativa]-‹con› [penetración en el interior de] ubicación ‹entre› [dos límites-
genérica] (in-)-activamente emanante (-i-)-con existencia independiente
(categoría ‘sust.’)-‹recategorizada como› proceso (-ar)’. La SP de su base,
indicio, se asemeja, por tanto, a la del esp. insignia o a la del al. Hinweis.
La arquitectura morfosemántica de este conglomerado puede ser representada
mediante el siguiente diagrama:

{{{[‘in’]sco ƒ(‘cme’) > [[‘dic-’]]v }v < ƒ(‘cmi’)[‘-i-’]}s < ƒ(‘cmi’)[‘-


(a)r’]}v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(indiciar): *λw (λx) λs [ACT (x) & BECOME (INDICIO (w))]


(s)
Según el principio de coherencia, esta FS deriva en:
*λw (λx) λs [ACT-CAUSE (x, BECOME (INDICIO (w))](s)
*λw: focalización de λw.
SP(INDICIO) = ‘expresión [lingüística]-mostrativa-focalizada en
el objeto interno-formalmente (dic-)-en proceso [reforzado
aspectualmente]-‹en una› [dirección-horizontal-de orientación
única-en el sentido longitudinal de la profundidad-adlativa]-‹con›
[penetración en el interior de] ubicación ‹entre› [dos límites-
genérica] (in-)-activamente emanante (-i-)-con existencia
independiente (categoría ‘sust.’)’

La relación de esta estructura primaria con su FAG, derivable de su campo


denotativo sincrónico, nos permite asignarle un grado de motivación A3b a la
combinación, y por lo tanto, explicar la relación semántica periférica que asume
la unidad en la conformación total de la familia. La subfamilia etimológica
puede ser considerada como una familia sincrónica autónoma.

Campo denotativo. A continuación, estudiaremos las orientaciones de sentido


de la significación primaria propuesta. El diccionario académico recoge las
siguientes acepciones para el verbo indiciar: (1) ‘dar indicios de algo por donde
pueda venirse en conocimiento de ello’, ‘sospechar algo o venir en conocimiento
de ello por indicios’ y (2) ‘dar a entender algo a alguien’ (cf. DRAE, s.v.
indiciar). Todas ellas son realizaciones históricas, como vemos, del valor
semántico invariante que subyace a la combinación. Semejantes son, del mismo
modo, las acepciones de la variante sustantiva: ‘fenómeno que permite conocer o
inferir la existencia de otro no percibido y ‘cantidad pequeñísima de algo, que no
acaba de manifestarse como mensurable o significativa’ (Se hallaron en la
bebida indicios de arsénico). Veamos algunos ejemplos de (1):

«Copió estos versos el joben, sacándolos del borrador, y púsolos


al pie de la effigie de Nuestra Señora que estaba al lado del
crucificado Dios; y, aunque eran sufficientes para indiciar su
afecto, bolviósele éste de nuevo a encender con aver visto vna
copia de la admirable imagen de Nuestra Señora de la Candelaria,
cuyo dibujo ofresco enseñarte en el discurso de estas Mansiones.»
(Pedro de Solís y Valenzuela, El desierto prodigioso y prodigio
del desierto (ed. Rubén Páez Patiño), p. III, 45 CORDE)

«Por su parte la Organización Mundial de la Salud dijo que las


pruebas más recientes no dan indicio alguno de la existencia de
un virus híbrido que pueda transmitirse fácilmente entre los seres
humanos.» (PRENSA: La Cuarta (Chile). El Diario Popular,
13/02/2004: Tres casos más en Tailandia, CREA).

Un ejemplo de la denotación (2) es:

«La concejala de Educación, Salomé Álvarez, indició que la


creación de este centro de recursos de libros de texto se enmarca
en un proyecto más amplio para inculcar y difundir entre el
alumnado y sus familias una cultura de solidaridad y no
consumismo.» (Faro de Vigo, 18/06/2001 párr. 1, CORDE).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:
indiciar
[[¬REPR (w, z)]ti]SETTING/Presuposición
ΕΤ [[CAUSE (x, (BECOME (*REPR (w, z)))) & VID (y,
w)]ti+k]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/TEMA’
y: ‘DESTINATARIO/EXPERIMENTADOR’
w: ‘UNDERGOER/TEMA(± proposicional)’
z: ‘TEMA(± proposicional)’

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo indiciar se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’, mientras que el argumento interno w toma la
función ‘complemento directo’. Sin embargo, como veremos en su desarrollo
medioestructural (1), puede ser alguna de las propiedades pragmáticas del propio
argumento interno la que desencadene la causación, derivándose entonces una
realización inacusativa del verbo (Rappaport/Levin 1998, 21–22; Levin
/Rappaport 2011, 431–432 o, para una revisión crítica del argumento, Engelberg
2011a, 137–138). El evento puede parafrasearse de forma que, en un
determinado momento (ti), se presupone que un tema (x) no representa otro tema
(z) y ocurre que (x) causa que (w) represente otro tema (z) distinto a sí mismo y
sea percibido por (y). Su medioestructura es la siguiente:

Si x = w; entonces, indiciar designa usos como (1).


Si x ≠ w; entonces, indiciar designa usos como (2).

Evolución semántica. El latín INDĬCĬUM, formado sobre el término de


connotación jurídica DĬCĬŌ (‘mandato’ cf. DLL, s.v. dico), denotaba en la
lengua madre los sentidos ‘marca, señal; revelación, vestigio; delación,
acusación; prueba, ensayo’ (cf. NDELE s.v. indicium) por efecto del sufijo -ĬU-,
como pusimos de relieve en la introducción a este apartado. El vocablo siempre
perteneció a un registro culto, lo cual explica que se conserven aun hoy tales
valores. La primera datación de la variante verbal es de 1650 con el sentido
descrito por la Academia:
«Y, aunque eran sufficientes para indiciar su afecto, bolviósele
éste de nuevo a encender con aver visto vna copia de la admirable
imagen de Nuestra Señora de la Candelaria, cuyo dibujo ofresco
enseñarte en el discurso de estas Mansiones.» (Pedro de Solís y
Valenzuela (1650), El desierto prodigioso y prodigio del
desiertoRubén Páez Patiño (ed.), 1977–1985, Instituto Caro y
Cuervo (Bogotá), p. III, CORDE).

La variante sustantiva se fecha por vez primera hacia 1100 en documentos


notariales de Castilla editados por Menéndez Pidal y de la pluma de un
presbítero llamado Ihoanes Galindez. El texto asombra por la cercanía al latín en
el plano léxico y la presencia alternante de rasgos fonéticos y sintácticos
romances. El texto es el siguiente:

«Bela, testis; Stefan Fannez, hic testis; Cite Gomiz, hic testis;
Didaco Rodriz, hic testis; Egabita Dominicoz, hic testis;
Dominico Gomiz, hic testis; Munio Belascez, hic testis; et totum
concilium de Uilla hic testis. Petro Cristoualez deUilla Ferrando
Uillez, hic testis; Munnio Fannez, hic testis; Petro Saluadorez, hic
testis; Didag Annaiaz, hic testis; Johanes Saluadorez, hic testis;
Didag Fannez, hic testis; et totum concilium, hic testis. Et Didag
Aluarez et Gonzaluo Saniez de Bonel, qui prisieron indicio por
los de Uilla Uela & por los de Uilla Ferrando Uillez, qui sunt
testes ante potestates in tota Castella. Ihoanes Galindez presbiter
scripsit.» (Ihoanes Galindez (1100), Pleito [Documentos del
Reino de Castilla], R. Menéndez Pidal (ed.), Centro de Estudios
Históricos, Madrid, 1919, CORDE).

El vocablo mantiene aquí el sentido latino ‘acusación’. En el Fuero de Madrid


(ed. Agustín Millares Carlo, 1963, 62; CORDE) se recoge entre los años 1141 y
1235 con el sentido ‘causa’ y a partir del siglo XIII alternan los sentidos ‘causa’
y ‘señal’. En ningún caso se encuentran sentidos nuevos. Todo apunta a que las
variantes denotativas heredadas del latín que presenta el vocablo en las primeras
etapas del idioma sufrieron un proceso de aislamiento y desaparición hasta tomar
la forma actual.

Equivalencia interlingüística. A excepción del cultismo Indiz, la combinación
idiomática más cercana en la lengua alemana la representa el verbo hinweisen.
La partícula hin (‘dirección adlativa-desde aquí’) se asemeja a la preposición in
‘dirección-hacia-dentro-de un punto’ por el sema ‘dirección’. Por otro lado, el
sentido denotativo del lexema weisen en esta combinación es ‘mostrar’. Procede,
no obstante, de los sentidos ‘visión, aparición, conocimiento’ (cf. EWDS, s.v.
weisen ), de forma que se emparenta con el latín video y el griego (Ƒ)εἴδομαι. El
valor deíctico se desprende de la paráfrasis de los hermanos Grimm (DWB, s.v.
hinweisen ) para explicar su significación «zeigend hin halten» (‘mantener
mostrando’). Sin embargo, la combinación románica presenta, como hemos
tenido la ocasión de ver, una complejidad morfológica mayor, al incrementar los
valores semánticos por procedimientos morfológicos diversos. El cambio de
punto de vista del proceso estaría representado en ambas lenguas por la cercanía
denotativa entre - io - e hin. La comparación es la siguiente:

in- (‹ig. *n ‘dirección al dici- (‹ ig. *deík(i)- ‘mostrarse’) -ar


interior de un límite’)
hin- (‹ig.*kj ‘dirección weis- (‹ ig. *weid- ‘ver, -en
desde aquí’) aparecer’)
cf. DELL y EWDS ‘verbalización’
‘dirección a un límite’

Variación gramatical. Las variantes gramaticales de nuestro verbo son:


indiciado , indiciador, indiciario, indiciariamente e indicioso. El primer
derivado, recogido en la Vida y hechos de Pío V de Antonio de Fuenmayor
(1595, ed. Lorenzo Riber, 1953, p.83; CORDE), representa la forma participial.
Se forma por la adición del sufijo de perfecto -do, que cuantifica la significación
de la base de forma ‘interna-específica-limitada-de proceso-actual-extensa’. Su
significación capacita al derivado para designar el sentido, ya caído en desuso
(cf. DEA), ‘que tiene contra sí la sospecha de haber cometido un delito’, esto es
‘el que es digno de ser indicado’ (cf. DRAE). El nombre agentivo, producto de la
adición del sufijo -dor y recogido por primera vez por Antonio de Fuenmayor en
la Vida y hechos de Pío V en 1595 (ed. Lorenzo Riber, 1953, p. 70; CORDE),
interpreta la base semántica como ‘entidad desde la que es ejecutada o mediante
la que es realizada la actividad, la acción o proceso relacionado con el término
primario’ y, por lo tanto, pasa a denotar ‘que indicia’ (cf. DRAE). La denotación
‘relativo a indicios o derivado de ellos’ la asume la combinación indiciario, cuyo
sufijo -ario cuantifica la masa semántica de la base atribuyendo ‘una relación
objetiva de carácter metonímico con su base’. El CORDE data la primera
aparición entre 1920 y 1928, escrito por Antonio Maura y Montaner en el
segundo tomo de sus Dictámenes. Corominas y Pascual no presentan datación
para esta variante. Este último derivado ha generado –en la actualidad (cf.
DEΑ)– la capacidad de modificarse y adquirir una función adverbial al producir
el compuesto indiciariamente. Por último, la variante adjetiva indicioso, caída ya
en desuso (cf. DEA), expresa la denotación ‘que sospecha o que causa
sospechas’ motivada por el valor idiomático del sufijo -oso (‘cuantificación-
interna-específica-no limitada-de sustancia-interna al sujeto’). Este adjetivo lo
escribe por primera vez el Conde de Villamediana en sus Poesías entre 1599 y
1622 (ed. José Francisco Ruiz Casanova, 1990, p. 491; CORDE) y el corpus
académico no lo fecha de nuevo en siglos posteriores.

Unidad caracterizada por una dirección hacia atrás

3.3.8 redecir: definición, historia y campo de realizaciones

Redecir. (Del lat. clás. tard. redicĕre, (cf. LLDISFE, p. 136)). La presente
variante verbal surge de la combinación entre la variante en -ir de la raíz dic- y
el preverbio re- que aporta el valor ‘dirección-horizontal-[de orientación
doble]-‹hacia› atrás’ (García Hernández 1980, 193).
La significación primaria de la combinación la podríamos describir, desde un
punto de vista sincrónico, por tanto, como ‘expresión lingüística-focalizada en el
objeto interno-en proceso [aspectualmente iterativo]-‹motivado por una›
dirección-horizontal-[de orientación doble]-‹hacia› atrás’, cuya focalzación
selecciona una realización y bloquea una actividad, como se oberva en la
oposición redecir / *rehablar (Di Sciullo 1997, 59; Di Sciullo/Tenny 1998, 380).
La arquitectura morfosemántica de la presente secuencia la representamos
como sigue:

{[‘re-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar del


siguiente modo:

FS(redecir): *λw λy λx λu λs [[DEC (x, w) & HAB (y, w)](u) &


RE(u)](s)
*λw: focalización de λw.
SP(DEC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’
SP(RE) = ‘dirección-horizontal-[de orientación doble]-‹hacia›
atrás [aspectualmente iterativa] ’

El mantenimiento semántico tanto del prefijo como de la base posibilita, en este


caso, un alto grado de motivación objetiva (A1a) de la combinación en el seno
de la familia de palabras histórica.

Campo denotativo. Consideremos la actualización de la presente significación


primaria. La acepción que recoge el diccionario académico para esta
combinación es ‘repetir porfiadamente uno o más vocablos’. Sin embargo, según
los datos que ofrecen el CREA y el CORDE, todo apunta a que el rasgo
‘porfiadamente’ es un valor connotativo o esporádico. Veamos un ejemplo:

«Pero este decir y redecir que el Alhajadito era el retrato de sus


padres y abuelos, tíos y abuelos-tíos, no quitaba que la casa
grande se moviera siempre en espera del regreso de los
desaparecidos.» (Miguel Ángel Asturias (1961): El Alhajadito,
Ayacucho (Caracas), párr.1, CORDE).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:

redecir
[[HAB (x, z&w) & HAB (y, z)]ti ti
ET [OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z, w) & HAB (y,
w’)))]ti+k]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (*REPRext (z, w) HAB (y,
w’)))]ti+l]EVENT & CONSEQ
Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/(en SETTING: POSEEDOR)
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO’
y: ‘RECEPTOR’/(en SETTING: POSEEDOR)
w: ‘UNDERGOER/TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’
w’: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w’ ≈ w>
Modificador: <± porfiadamente>, <inusual>

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo redecir se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’ emisor, mientras que el argumento w toma la
función ‘complemento directo’. El evento puede parafrasearse de forma que, en
un determinado momento (ti), se presupone que un sujeto (x) está en disposición
de (HAB) un código (z) y una información (w) y, posteriormente (ti+k), causa
que el código represente la información y esta sea recibida por un destinatario.
En un momento posterior, ocurre que el emisor de la información causa que el
código represente de nuevo la información transmitida anteriormente.

Evolución semántica. Nuestro verbo se forma en el bajo latín (cf. DMIL) con el
sentido, perfectamente derivable de su significación primaria, ‘responder’. En
español, el verbo se data en 1552 en la Controversia entre Las Casas y
Sepúlveda de Fray Bartolomé de las Casas (ed. Ramón Hernández y Lorenzo
Galmés, 1992, párr. 1; CORDE) con un sentido equidistante tanto de ‘responder’
como de ‘volver a decir’, aproximándose por tanto a ‘añadir’. El texto es el
siguiente:

«Digo, a lo primero, que dice su merced gran verdad, y así torno a


redecir que todas las conquistas y guerras que desde que se
descubrieron las Indias, hasta hoy inclusive, se han hecho contra
los indios, fueron siempre y han sido injustísimas, tiránicas,
infernales, y que han sido peores y en ellas se han cometido más
deformidades y con más ofensas de Dios que las que hacen los
turcos e moros contra el pueblo cristiano.»

En adelante, nuestra combinación expresó siempre la denotación básica ‘repetir


uno o más vocablos’.

Equivalencia interlingüística. El valor ‘atrás’ del preverbio re- equivale, en


diversas ocasiones, al preverbio alemán wieder- que expresa el mismo valor,
como hemos puesto ya de relieve en el apartado 3.2.1 y en nuestro trabajo junto
con Batista y Hernández Socas (2011, 85). Así, la relación etimológica entre los
preverbios wieder y wider alemanes nos permite establecer un vínculo
denotativo con contradecir (cf. apart. 3.3.13 ) y con la combinación,
denotativamente más cercana, wiedersagen. Veamos la equivalencia
arquitectónica:

re- (‹ lat. re-) dec- (‹ *deik- ‘señalar › decir’) -ar


wieder- (‹ got. wiÞra) sag- (‹ *sekw- ‘seguir › contar › -en
‘vuelta al origen’ decir’) ‘verbalización’

Variación gramatical. Derivados de nuestros compuestos son los vocablos


redición y redicho. El primero es el nomen agentis del conjunto. Expresa el
sentido ‘repetición de lo que se ha dicho’, motivado por el valor del sufijo
‘manifestación de la base por la que esta se lleva a su término en una entidad que
funciona como sede o vehículo de dicha manifestación’. Lo datamos por vez
primera en los Comentarios a Garcilaso de Fernando de Herrera en 1580 (ed.
Antonio Gallego Morell, 1972, p. 462; CORDE). Más tarde, entre 1847 y 1857,
datamos el derivado redicho en la Correspondencia de Juan Valera (ed. 1913,
273; CORDE). La denotación básica ‘volver a decir’ connota en este derivado
una dicción perfecta o exagerada. Así, en el diccionario académico, encontramos
la siguiente acepción para nuestra combinación: ‘dicho de una persona: que
habla pronunciando las palabras con una perfección afectada’. De este modo,
reconstruimos para ella la significación primaria ‘expresión lingüística-
focalizada en el objeto interno-en proceso [aspectualmente iterativo]-‹motivado
por una› dirección-horizontal-[de orientación doble]-‹hacia› atrás-[en proceso]
actual [perfectivo]’.

Unidades determinadas por una situación anterior


3.3.9 antedecir: definición, historia y campo de realizaciones

Antedecir. (Del lat. tard. antedicĕre). La presente variante léxica presenta la raíz
dic-, categorizada verbalmente en su variante fonológica (-)decir, cuyo
contenido semántico describimos, desde un punto de vista sincrónico, como
‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’. Su significación
categorial verbal está representada fonológicamente mediante el morfema
flexivo de infinitivo -ir. Esta combinación, antedecir, es prácticamente
inexistente en el español actual, pues, al mantener un procedimiento morfológico
latino, contradice la estructura tipológica del español tanto desde un punto de
vista morfológico como sintáctico. No obstante, la suposición de esta voz es
necesaria para reconstruir la formación semántico-gramatical de su descendiente
antedicho, aun hoy existente.
El preverbio ante-, reforzado esporádicamente en el ámbito románico con ab-,
amplía discontinuamente la significación de la base semántica, modificando la
significación de la base por un mecanismo de complementación sintáctica. La
significación de ante-, estudiada desde un punto de vista sincrónico por Morera
(1989, 341), es ‘situación-[de] ubicación-relativa-orientada-horizontalmente-
[con] anterioridad’ y coincide, prácticamente en su totalidad, con la propuesta
por García Hernández (1980, 137), que describe una ‘posición-horizontal-‹de›
secuencia discontinua-anterior mediata’.558 Como ocurre con predecir, el
preverbio bloquea una actividad (*antehablar; Di Sciullo 1997, 59). La
significación primaria antedecir es, por tanto, susceptible de parafrasearse
sincrónicamente como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-en
proceso‹orientada en› situación-‹de› ubicación-relativa-horizontal-‹con›
anterioridad [en el tiempo]’, significación que denota un ‘decir antes o
comunicar algo con anterioridad’, según indica el diccionario académico (cf.
DRAE s. v. antedicho).559 El lexema contrae una oposición multilateral, desde
un punto de vista denotativo, con los lexemas predecir, *sobredecir y
*susodecir. Predecir y antedecir (así como su variante reforzada *avandecir) se
caracterizan por la presencia del rasgo ‘horizontal’ en sus respectivos prefijos,
mientras que sobredecir y *susodecir presentan, contrariamente, el rasgo
‘vertical’. El subconjunto antedecir (*avandecir) y predecir se diferencia por el
rasgo ‘mediado’, presente en el primero y ausente en el segundo (vid. el apart.
3.2.1.1 y, sobre todo, los apartados 3.2.1.1 (predecir) y 3.3.12 (sobredecir)).
La arquitectura morfosemántica de la secuencia antedecir puede ser
representada mediante el siguiente esquema:
{[‘ante-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(antedecir): *λw λy λx λu λs [[DEC (x, w) & HAB (y, w)](u)


& ANTE(u)](s)
*λw: focalización de λw.
SP(DEC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’
SP(ANTE) = ‘situación-‹de› ubicación-relativa-horizontal-‹con›
anterioridad [en el tiempo]’

El mantenimiento semántico tanto del prefijo como de la base posibilita, en este


caso, un alto grado de motivación (A1a) de la combinación en el seno de nuestra
familia de palabras.

Campo denotativo sincrónico y variación gramatical. La dispersión


denotativa de esta palabra es muy reducida y lo mismo puede decirse de sus
derivados. Según el DRAE, sus usos originarios fueron ‘decir antes o con
anterioridad’ y ‘predecir’ y, en la actualidad, solo se mantiene el rasgo denotativo
‘mencionar anteriormente’ o ‘decir previamente’ (cf. DUE y DEA, s.v.
antedicho). Su único derivado superviviente y representante actual de esta
subfamilia es antedicho, cuyo uso frecuente es ‘antes mencionado’. Veamos un
ejemplo del CREA:

«Transcurrido el plazo antedicho, haya o no presentado el


expedientado su escrito de alegaciones, pasará todo lo actuado
para que se emita el correspondiente dictamen jurídico en el plazo
de cinco días.» (VV.AA. (2001): Grupo administrativo de
instituciones sanitarias del Insalud. Temario, MAD: Sevilla. p.
501, CREA).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:
antedecir
[[HAB (x, z&w)]ti ET [OPER (x, z) & CAUSE (x, (REPRext (z,
w)))]ti+k]SETTING/Presuposición
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (z, (*REF (w’, w)))]ti+l]EVENT &
CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/<hum>/(en SETTING(ti): POSEEDOR)
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO’
w: ‘UNDERGOER/TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’
w’: ‘TEMA/INFORMACIÓN’
Modificador: <inusual>

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo antedecir se actantifica de forma


tal que el argumento x asume la función categorial morfosintáctica ‘sujeto’
emisor, mientras que el argumento w toma la función ‘complemento directo’. El
evento puede parafrasearse de forma que, en un determinado momento (ti), se
presupone que alguien (x) está en disposición de (HAB) un código (z) y una
información (w) y, posteriormente (ti+k), causa que el código represente la
información. En un momento posterior a la emisión de la información (ti+l),
ocurre que x causa que el código represente de nuevo una nueva información
(w’) que se refiere a la transmitida anteriormente (w).
La combinación se forma a partir de ANTEDĬCTU(M)
560 mediante la adición del sufijo participial -TUS,
palatalizado tras la vocalización de la oclusiva velar implosiva, que aporta el
valor –no distorsionado históricamente– ‘puntualmente acabado’ (Morera, 2005,
116). Esta nueva forma de contenido se interpreta sincrónicamente como
‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-‹en› situación-‹de›
ubicación-relativa-orientada-horizontalmente-‹con› anterioridad-puntualmente
acabada’ y describe la estructura semántica primaria que subyace a su denotación
actual.

Evolución semántica. Como hemos mencionado anteriormente, este verbo se


encuentra ya en etapas muy primitivas del idioma, aunque su frecuencia de
aparición no es alta. El CORDE recoge un total de 448 casos distribuidos en 180
documentos hasta el s. XX para la variante participial, mientras que únicamente
15 en 12 documentos para la variante verbal.561 Estos datos ponen de manifiesto
que la segunda variante es –casi sin lugar a dudas– una reconstrucción
esporádica del verbo de base a partir del participio. Esto parece ser así desde su
formación, en el bajo latín, pues tanto el LLMAJ como el MLW recogen
únicamente la forma participial. En cuanto a su significación, todo parece indicar
que
ANTEDĪCERE562 expresaba los sentidos ‘mencionar, decir antes’ y ‘predecir,
augurar’. El LLMAJ lo define como «quem supra dixi vel memoravi», esto es,
‘el que se dijo o mencionó más arriba, mientras el MLW lo aclara mediante la
paráfrasis ‘supra dictus – vorhergenannt’, a saber, ‘dicho más arriba – nombrado
más arriba’,563 lo que nos hace pensar –según los datos de que disponemos– que
la forma participial se restringía a esta función textual anafórica. Además de esta
significación, nuestro verbo debió de denotar, como hemos dicho, ‘predecir’.
Así, el GMIL glosa nuestro verbo mediante praedicere ‘predecir’, al tiempo que
el TLL recurre a las formas griegas προλέγω ‘predecir, decir anteriormente’ y
προεῖπον, pudiendo funcionar este último tanto como aoristo de προλέγω como
προαγορεύω ‘predecir, profetizar, declarar públicamente’, sentido a partir del
cual entendemos el ejemplo citado «exortus, occasus siderum qui antedicunt»
(«la salida y la puesta de las estrellas que predicen»).
Estas son, pues, los sentidos que hereda el español. La primera aparición que
data el CORDE de nuestro verbo se halla en la primera mitad del siglo XII. Este
aparece en su forma participial con el sentido latino ‘mencionado’:

«Sobre todo esto, si por auentura sospechoso fuere enla uilla, por
el qual pudiesse naçer algun periglo, ell antedicho iuez con los
alcaldes saquen le de toda la uilla, otengan le preso, fasta que el
conçeio torne.» (Anónimo (1911 [1218-c. 1250]): Fuero de Zorita
de los Canes , Rafael de Ureña y Smenjaud (ed.), Imprenta
Fortanet: Madrid. p. 281; CORDE).

La forma en infinitivo se data considerablemente más tarde, a finales del siglo


XIV, aunque con el sentido ‘avisar’, derivado de su valor primario ‘decir antes’:

«Mas luego que ella esto oyó, levantóse luego e fuese mucho
aýna para nuestra posada e enbiónos ante dezir que venía.»
(Anónimo (1990 [1400]): Vida de Santa Pelagia, Ana M. Rodado
Ruiz, Hispanic Seminary of Medieval Studies: Madison. p. 174,
CORDE).

Junto a este valor, encontramos el antiguo ‘augurar’, que aparece tanto en la


variante infinitiva como participial, aunque esta última de forma muy aislada.
Veamos algunos ejemplos de este valor:

«Así como el dios Martes, que dijeron que era dios y presidía
sobre las batallas; Mercurio, dios de las palabras y de la
elocuencia; a Júpiter atribuyeron la potencia; Plutón, de los
tesoros; Apolo, dios de antedecir las cosas futuras y así de la
adevinación; Minerva, diosa de la sciencia; Junon, diosa de los
reinos y riquezas; Venus, diosa de los deleites; y así de otras
potestades atribuidas a otros dioses.» (Fray Bartolomé de las
Casas (1992 [1527–1550]): Apologética historia primaria, Vidal
Abril Castelló et al. (eds.), Alianza Editorial: Madrid. p. 685,
CORDE);

«El segundo fundamento, que muchas grandiosas personas, como


príncipes, reyes, emperadores, etc., pagaron con la vida el feudo
de la mortalidad, sin que por esto algún cometa haya presagiado o
antedicho su muerte.» (Carlos de Sigüenza y Góngora (1984
[1690]): Libra astronómica y filosófica, William G. Bryant (ed.),
Biblioteca Ayacucho: Caracas. p. 269, CORDE).

Solo uno de sus sentidos recogidos merece especial interés, a saber, el


significado ‘declarar’, que parece acercarse al valor de los griegos y
προλέγω o al latín praedicĕre, es decir, ‘declarar públicamente’ y que
encontramos muy aisladamente en español:

«Y el primero fué un cacique llamado Chicoyatonal, al cual el


dicho padre reverendo le baptizó, e llamáronle Alonso de Herrera.
E preguntóle si sabía que había Dios, e que había criado al
hombre e al mundo e a otras cosas, e a todo respondió que no
sabía nada de aquello, antes se maravilló mucho de lo que le
preguntaron. A un güegüe principal (porque como ya he dicho,
güegüe quiere decir viejo), cuyo nombre proprio era Cipat, le
preguntó si quería ser cristiano e dijo que no, e diósele a entender
que había paraíso e infierno, e no aprovechó nada, ante dijo que
no se le daba más ir a un cabo que al otro.» (Gonzalo Fernández
de Oviedo (1992 [1535–1557]): Historia general y natural de las
Indias, Juan Pérez de Tudela Bueso (ed.), Atlas: Madrid. párr. 1,
CORDE).

De estos valores, solo ‘mencionar’ y ‘augurar’ –que se corresponden con los


valores etimológicos más usuales– han tenido cabida en la lexicografía
tradicional española. Estos sentidos se mantuvieron en las diversas ediciones del
DRAE hasta 2001 (cf. NTLLE), conservando el sentido ‘dicho antes o con
anterioridad’ para la variante participial y ‘predecir’ como acepción del
infinitivo. A partir de la última edición se ha eliminado la entrada de este último
al calificarse de «antiguo» y se ha mantenido la entrada del participio, aunque
sin asumir el valor semántico de la acepción extinguida.

Equivalencia interlingüística. La equivalencia de la estructura primaria de


antedecir equivale denotativamente al ant. alt. al. vorsagen y mod. vorhersagen,
que, a su vez, se relaciona con el español predecir. Sin embargo, vorhersagen es
idiomáticamente más complejo que el español antedecir, puesto que, aunque
presentan una denotación equivalente, el adverbio vorher mantiene un rasgo de
movimiento (her) que solo sería cercano en español mediante la adición de otra
unidad de movimiento, como en de(l)ante,564 que no goza de función preverbial.
La comparación de las estructuras es, pues, la siguiente:

3.3.10 predecir: definición, historia y campo de realizaciones

Predecir. (Del lat. praedicĕre). La presente variante léxica presenta la raíz dic-,
categorizada verbalmente en su variante fonológica (-)decir, cuyo contenido
semántico describimos, desde un punto de vista sincrónico, como ‘expresión
lingüística-focalizada en el objeto interno’. Su significación categorial verbal
está representada fonológicamente mediante el morfema flexivo de infinitivo -ir.
El preverbio pre- amplía discontinuamente la significación de la base
semántica. Su significación, estudiada por García Hernández (1980, 183),
describe sincrónicamente una ‘posición-horizontal-[‹de› secuencia no
discontinua]-anterior o por delante-[no mediata]’. Como ocurre con antedecir, el
preverbio bloquea una actividad (*prehablar; Di Sciullo 1997, 59). La
significación primaria predecir es, por tanto, susceptible de parafrasearse
sincrónicamente como ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno-en
proceso-‹orientada en› posición-horizontal- [‹de› secuencia no discontinua]-
anterior o por delante [en el tiempo]- [no mediata]’. En esta combinación, el
prefijo ha asumido históricamente una deixis temporal (Gràcia Solé et al. 2000,
308), contrastando así con su paralelo culto predicar, que presenta una deixis
espacial, motivada por el rasgo mostrativo conservado en el tema radical. El
rasgo latino ‘no mediato’ del preverbio se opone, entonces, al rasgo ‘mediato’
que caracteriza al preverbio ante-.565 Esta oposición estructura, entonces, desde
un punto de vista designativo o de sustancia de contenido, la oposición predecir
(‘decir-antes-en el tiempo’)/predicar (‘decir-ante-en el espacio’), por un lado, y
predecir (‘decir-antes-en el tiempo’)/antedecir (‘decir-antes-en el texto/habla’),
por otro.
La arquitectura morfosemántica de la secuencia predecir puede ser
representada mediante el siguiente esquema:

{[‘pre-’]sco ƒ(‘cme’) > {[‘dec-’] < ƒ(‘cmi’)[‘-(i)r’]}v }v

La FS en la que se integra la significación primaria (SP) se puede reflejar como


sigue:

FS(predecir): *λw’ λy λx λu λs [[DEC (x, w’) & HAB (y, w’)](u)


& PRE (u)](s)
*λw’: focalización de λw’.
SP(DEC) = ‘expresión lingüística-focalizada en el objeto interno’
SP(PRE) = ‘posición-horizontal-[‹de› secuencia no discontinua]-
anterior o por delante [en el tiempo]-[no mediata]’
El mantenimiento semántico tanto del prefijo como de la base posibilita, en este
caso, un alto grado de motivación (A1a) de la combinación en el seno de la
familia de palabras.

Campo denotativo. El diccionario académico recoge la siguiente denotación


como variante designativa de nuestra significación primaria: ‘Anunciar por
revelación, ciencia o conjetura algo que ha de suceder’. Veamos un ejemplo:

«Ha sido el año más dramático porque el país arrastrará a 1996 el


mayor escándalo en su historia reciente que golpeó
profundamente a la opinión pública dentro y fuera de Polonia. Y
nadie se atreve a predecir cómo y cuándo va a terminar.»
(PRENSA: La Vanguardia, 30/12/1995, CORDE).

La microestructura semántica infraespecificada o FAG de la combinación es la


siguiente:

predecir
[[HAB (x, z&w’) & HAB (y, z) & ¬ESSE
(w)]ti]SETTING/Präsupposition
ET [[OPER (x, z) & CAUSE (x, (*REPRext (z, w’) & HAB (y,
w”)))]ti+k
ET [BECOME (ESSE (w))]ti+l]EVENT & CONSEQ

Estructura argumental
x: ‘ACTOR/EMISOR’/<hum>/(en SETTING: POSEEDOR)
z: ‘INSTRUMENTO/CÓDIGO LINGÜÍSTICO’
y: ‘DESTINATARIO/RECEPTOR’/<hum>/(en SETTING: POSEEDOR)
w: ‘TEMA/ACONTECIMIENTO’
w’: ‘UNDERGOER/TEMA/INFORMACIÓN(± proposicional)’/<w’ ≈ w>
w”: ‘TEMA/INFORMACIÓN’/<w” ≈ w’>

Esta fórmula archisemémica genérica del verbo predecir se actantifica en la


realidad concreta del hablar de forma tal que el argumento x asume la función
categorial morfosintáctica ‘sujeto’ emisor, mientras que el argumento w’ toma la
función ‘complemento directo’. El evento puede parafrasearse de forma que, en
un determinado momento (ti), se presupone que un sujeto (x) está en disposición
de (HAB) un código (z) y una información (w’) relativa a un acontecimiento
(w), que no existe en ese marco temporal (¬ESSE). Posteriormente (ti+k), x
causa, tras usar el código, que este represente la información de que dispone y
esta sea recibida por el oyente (y). En un momento subsiguiente (ti+l), la
información o tema enunciado por el sujeto emisor pasa a existir (BECOME
(ESSE)).

Evolución semántica. En consonancia con su cuerpo fonético y gráfico, el


compuesto predecir apenas presenta una evolución denotativa considerable al
introducirse en el léxico hispánico. De acuerdo con el NDELE, praedicĕre
significó en latín ‘decir o anunciar de antemano’, ‘decir previamente’, ‘comenzar
diciendo’, ‘prevenir’ o ‘fijar de antemano’.566 La primera aparición en el
CORDE es de 1408 en un documento notarial medieval de la villa de Laredo
(ed. Virginia M. Cuñas Ciscar, 1998, párr. 1; CORDE) y mantiene, como
decimos, el sentido etimológico. Veamos el texto:

E veer jurar e tasar las de la otra parte e predezir e dezir e razonar


asi en iuzio commo fuera del todas aquellas cosas e cada una
dellas que buenos e leales procuradores puedan e devan fazer de
derecho.

Equivalencia interlingüística. Véase el subapartado «Equivalencia


interlingüística» del apartado 3.3.9 (antedecir).

Variación gramatical. Las variantes gramaticales del presente compuesto son


predicción, predecible, predicho y, a partir de este último, las variantes cultas
predictivo, predictible y predictibilidad. El primero representa el nomen actionis.
Se forma por la adición del sufijo -ción a la base (‘expresión lingüística-
focalizada en el objeto interno-en proceso-‹orientada en› posición-horizontal-
[‹de› secuencia no discontinua]-anterior o por delante [en el tiempo]-[no
mediata]’), presentándola como ‘manifestación de la base por la que esta se lleva
a su término en una entidad que funciona como sede o vehículo de dicha
manifestación’. Según el DRAE, la combinación designa la ‘acción y efecto de
predecir’ y, por desvío metonímico, las ‘palabras que manifiestan aquello que se
predice’. Con esta denotación básica lo encontramos en 1726 en el Teatro crítico
universal, I de Feijoo (§ VIII, 26). Esta es la primera aparición que recoge el
CORDE. La variante predecible, recogida por el corpus académico en la segunda
mitad del siglo XX, representa el adjetivo potencial del conjunto. Motivado por
la significación básica del sufijo -ble ‘cuantificación-interna-específica-limitada-
de proceso-potencial’, el derivado pasa a denotar el sentido ‘que puede
predecirse’. La relativa modernidad de estos compuestos contrasta con la
antigüedad de su pariente predicho, que data el CORDE por primera vez en un
documento notarial de 1300 (ed. Carlos Riba y García, 1915, p. 47; CORDE). Se
trata del ‘participio perfectivo’, interpretable sincrónicamente como
‘cuantificación-interna-específica-limitada-de proceso actual’, cuyo valor se
preserva hasta la actualidad. La variante predict