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Cómo detectar el maltrato psicológico

María Jesús Ribas / EFE

Un gesto, una mirada, una palabra, una omisión.


Rechazos, insultos, acusaciones, amenazas, críticas
destructivas, gritos, manipulaciones, silencios,
indiferencias, descalificaciones y despre-cios. A veces
directos y a veces velados, en ocasiones realizados
con acritud y otros con aparente inocencia.

Son algunos de los dardos, cargados de un sutil pero letal


veneno, el de la desvalorización de la víctima, que
utilizan los maltratadores para destruir
psicológicamente a sus destinatarios. Una ponzoña de
acción lenta pero permanente, cuya fuente puede pasar
inadvertida, que va “matando el alma”.

Aunque, para desconcierto del maltratado, unas veces se


comportan como verdaderos ogros y otras como lobos
con piel de cordero, sus comportamientos tienen un
común denominador: son intencionados, se ejecutan
desde una posición de poder y buscan producir un
daño psicológico, destruir la autoestima y reducir la
seguridad personal.
Obligar a los demás a hacer, omitir o decir algo, dar
consejos acompañados de amenazas, desoír a
nuestros hijos, ignorar a la pareja, manipular a los
familiares, chantajear emocionalmente a los amigos,
menospreciar a otras personas, “sacrificarse” por los
demás, quitarnos de encima a alguien de nuestra vida...

Son formas más o menos sutiles, pero siempre nocivas


para quien las recibe y tolera el maltrato psicológico, que
conviene aprender a reconocer e identificar, para poder
defendernos de esta forma de ultraje que a menudo
puede ser más nocivo para las emociones que el daño
físico, porque es más sibilino y menos evidente.

Según la psicóloga y escritora Ana Martos Rubio, autora


del libro "¡No puedo más! Las mil caras del maltrato
psicológico", “la violencia psicológica se viste con
innumerables ropajes para acecharnos desde el rincón más
insospechado. Unas veces se muestra bajo la forma del
maltrato psicológico, compuesto por vejaciones,
humillaciones y trato degradante más o menos
continuado”.

“Otras veces aparece en forma de manipulación mental,


compuesta por sobreprotección, influencia sobre nuestra
percepción y manejo más o menos visible de nuestros
actos. La violencia psicológica está ahí, en algún sitio, y en
cualquier momento nos puede tocar”, señala la experta.

La agresión comienza inadvertidamente

De acuerdo con la psicóloga María Vega Funes Martínez,


experta en Criminología, “el maltrato psicológico se suele
manifestar como un largo proceso en donde la víctima no
aprecia cómo el agresor vulnera sus derechos, cómo le
falta el respeto y la humilla. De esta manera, la víctima va
progresiva-mente perdiendo autoestima y seguridad en sí
misma”.

“El inicio es variable, depende de las personas que


configurarán la relación y de circunstancias diversas. Unos
maltratadores comienzan en el noviazgo a dar señales de
violencia psicológica, otros empiezan a mostrar algunos
signos tras el embarazo del primer hijo o de repente sin
haber una señal propiamente dicha la persona es otra para
su pareja o los que le rodean”, explica esta especialista.

Según Funes Martínez, “en el caso de parejas hay una


etapa de atracción o enamoramiento en la que la víctima no
se da cuenta de ciertas señales que no pasarían
desapercibidas para otros. Desde un control de la
imagen, un sentido de posesión exagerado o ciertas
señales que conviene hacer patentes para que la víctima
no se vaya sumergiendo en una situación de caos e
indefensión”.

“Casi todos reconocemos los insultos, las continuas


comparaciones para descalificarnos, el tono de voz
duro y desagradable, un volumen alto con el ejemplo
clásico de los chillidos y gritos, la mirada fija, la risa
sarcástica y sabemos distinguir una cara de asco
cuando nos hablan. Estos signos a los que restamos
importancia van provocando en nosotros malestar interno y
profundo”, explica la directora del gabinete psicológico
Vega Funes.

Moralizar, interpretar, tergiversar, interrogar, mandar u


ordenar, imponer soluciones, criticar, ridiculizar,
despreciar, reprender, amenazar o coaccionar,
culpabilizar a otras personas y hacerse la víctima ante
ella, son algunos “ejemplos de esa comunicación que
vulnera nuestros derechos básicos y que a la larga merman
nuestra autoestima”, señala la experta.

Cuando la víctima es un niño…

“Cuando se abusa de un niño, la herida física puede sanar


pronto, pero las cicatrices psicológicas pueden
permanecer siempre. Es el caso de un padre que
regularmente “humilla” a un hijo y se aleja fríamente
cuando el niño le pide afecto y atención”, explica el
psicólogo Pasqual Casalta Ferrer (www.psicocasalta.com),
perito psicólogo y colaborador con la Administración de
Justicia.

Según este especialista en psicoterapia de la European


Federation of Pychological Asociation (EFPA) “médicos,
legisladores y profesionales de la salud mental están cada
vez más preocupados por el maltrato psicológico, el cual ha
sido ampliamente (a veces vagamente) definido como
acción que perjudica el comportamiento del niño o su
funcionamiento cognoscitivo, emocional o físico”.

“Este síndrome puede incluir rechazo, aterrorizamiento,


aislamiento, explotación, falta de socialización, degradación
y corrupción de los niños tanto como no responder
emocionalmente. El deterioro que resulta tanto emocional
como mental o social puede impedir que un niño alcance a
realizar todo su potencial en la vida adulta”, señala el
experto.

Para Casalta Ferrer, “esto también ocurre sin abuso físico


y está relacionado con los niños que mienten, roban,
tienen baja autoestima, desadaptación emocional,
dependencia, bajo rendimiento, depresión, fracaso en
prosperar, agresión, homicidio, suicidio, tanto como
problemas psicológicos más tarde en la vida. También
puede tener parte en los desórdenes del aprendizaje”.

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