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HISTORIA POLÍTICA Y SOCIAL DE

LA MODERNIDAD

MONOGRAFÍA:

Batista Juan Cruz

Número de Legajo: 31555

Docente: María Bjerg

1
Calificación: 10 (diez)

Comentario

La monografía está muy bien escrita y tiene buen espesor analítico. Los problemas del programa de
la materia han sido analizados de manera exhaustiva, articulándolos en un texto cuya redacción es
clara, precisa y consistente. Los temas están apropiadamente conectadas a través de la elaboración
de transiciones que mantienen el hilo argumental.

El trabajo se hubiera beneficiado si a la introducción la titulabas como tal y luego, buscabas un


título para el desarrollo que diera cuenta del recorrido que siglo XX que toma tu trabajo.

Algunas cuestiones sobre la forma:


1. Las citas textuales incorporadas al texto van entre comillas, pero sin cursiva
2. Las citas textuales separadas del texto llevan margen, pero no comillas
3. Faltaron los acentos en algunas palabras
4. La regla gramatical indica que no se debe escribir una coma entre el sujeto y el verbo. Noté
que lo hacías en varias ocasiones

La siguiente monografía tendrá como objetivo adentrarnos en la historia alemana durante el


siglo XX. Por eso analizaremos el panorama europeo previo a la Primera Guerra Mundial,
la Belle Époque, el progreso, la Exposición Universal de París en 1900 y la formación de
alianzas entre las potencias centrales, que desembocaron en la “Gran Guerra”. Luego la
visión nos lleva al contexto político, económico y social europeo, posterior a la guerra. El
nacimiento de la República de Weimar y las inestabilidades políticas que atraviesa durante
la década de 1920. En ese contexto explicaremos el nacionalsocialismo: sus orígenes, el
Putsch de Múnich, sus atributos políiticos y sociales, la llegada el poder en 1933 y su
expansión en gran parte de Europa.

Hablaremos de la “Extraña derrota” francesa en manos de los nazis y la posterior


ocupación del país galo. La creación de un Estado francés aliado del nacionalsocialismo,
con un fuerte componente fascista y liderado por Philippe Pétain. Haremos foco en dos
cuestiones: por un lado, la creación del mito gaullista a cerca de la liberación de Francia;
por otro el lugar que le dio la historia a la participación de judíos franceses, comunistas y
españoles exiliados, durante la liberación de Francia. Discutiremos sobre la posguerra y la
consolidación de la Unión Sovietica y los Estados Unidos como las potencias de la “Guerra
Fría” y como repercutió en la división alemana: la República Federal Alemana (RFA) y la
República Democrática Alemana (RDA). Explicaremos cuales fueron sus políticas, las
medidas económicas y como actuaron ante el pasado nazi. Por último, veremos el proceso

2
de reunificación alemán y el resquebrajamiento de los países satélites de la Unión
Sovietica, ya que es un hechofacto muy importante para analizar ese proceso.

La imagen de tranquilidad, estabilidad, prosperidad y paz,-era lo que reflejaba la Europa a


finales de XIX y comienzos del siglo XX. Una imagen que quedó grabada, especialmente
en los sectores más acomodados y adinerados de Europa. Para los norteamericanos era una
sociedad <<Chapada en oro>>, una expresión que encajaba perfectamente dentro de la
sociedad europea. Los sectores más pudientes de París denominaban a esta etapa como la
<<Belle Époque>>, donde la sociedad francesa era la envidia de todo el mundo. Los
avances a nivel educativo, industrial y comercial facilitaron la comunicación y la expansión
de las principales potencias imperiales del viejo continente. Había una mirada totalmente
eurocéntrica, una sociedad dominada por la razón, donde el paradigma reinante era el
Positivismo, es decir que el único conocimiento autentico era el científico. Cuando se llevó
a cabo la Exposición Universal de París en 1900, se pretendía mostrar el desarrollo
tecnológico, la exhibición de antiguos tesoros de cada potencia y el crecimiento de una
civilización prospera, dominada por la razón y el progreso. Una exposición exclusivamente
dedicada a los más recientes inventos de la cultura occidental, por ejemplo la electricidad.

El palacio de la electricidad resplandecía con sus 5000 bombillas, dejó asombrados a los
visitantes. Este nuevo descubrimiento no solo alumbró y destacó en la exposición universal,
sino que causó una revolución en la vida cotidiana y en el transporte, por ejemplo los
tranvías eléctricos fueron apareciendo de manera gradual, dejando de lado los vehículos
tirados por caballos1.A partir de 1870, Europa comenzaba a disfrutar una explosión de
riqueza y productividad, así como un cambio en la sociedad y en su vida diaria.El canciller
alemán, Otto vVon Bismarck, fue el primero en desarrollar las ideas del Estado de
Bienestar, por ejemplo, el seguro por desempleo o las pensiones por vejez, medidas que se
expandieron por toda Europa. La población tenía alimentos de mejor calidad y más baratos,
había mejores condiciones de salud, por lo tanto el riesgo de vida disminuía y aumentaba la
esperanza de vida; al respecto la historiadora Margaret MacMillan en su libro “1914, De la
paz a la guerra” nos dice que “La población pasó de cien millones a un total de
cuatrocientos millones, y Europa fue capaz de absorber tal crecimiento gracias al
incremento de su producción industrial y agrícola”[ CITATION Mac14 \p 49 \l 11274 ]

Comenzaron a surgir, nuevas y oficinas de correos y telégrafos, que facilitarían las


conexiones en Europa. Las redes de ferrocarriles se expandieron por el viejo continente,
aumentando de 22.500 kilómetros en 1850, a 288.000 kilómetros de vías férreas en 1900
Las grandes ciudades europeas fueron aumentando su población con la llegada de personas,
que abandonaban el campo y trasladarse a la ciudad en busca de trabajo en las fábricas, en
1
Véase MacMillan “1914, De la Paz a la Guerra “pág 47

3
comercios y las oficinas. Había aparecido u nuevo fenómeno: el turismo de masas.
Producto de la expansión del ferrocarril, la empresa Thomas Cook & Son organizaba viajes
a la Exposición Universal de 1900, mediante un programa de visitas a Paris. Europa
comenzaba a mostrarse al mundo tal cual como la conocemos; los estrechos callejones y los
barrios bajos empezaban a desaparecer, para abrir paso a la construcción de calles y
espacios públicos más amplios. La ciudad de Viena era más limpia y más iluminada,
producto de que las luces eléctricas habían reemplazado al viejo alumbrado de gas. Salvo
los conflictos que ocurrieron en la Guerra de Crimea (1853-1856) y las guerras de
unificación de Alemania e Italia en 1871, Europa no fue atravesada por conflicto a gran
escala desde la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte en 1815; esto trajo un optimismo
lógico en el viejo continente, ya que la riqueza generada por el comercio y pensar una
economía a nivel global hacía de la guerra algo ilógico. Sin embargo, no era todo felicidad
en la sociedad europea. Mientras algunas potencias como el Imperio Alemán, Francia o
Gran Bretaña, atravesaron procesos industriales rápidos e intensos, en los Balcanes la
mayoría de la población trabajaba y vivía en el campo.

Para el historiador británico Ian Kershaw2, los niveles de vida seguían siendo muy bajos; en
las elecciones, hubo gran cantidad de abstenciones o votos a la izquierda; la pobreza y la
falta de oportunidades laborales, obligaban a un grupo mayoritario de personas a dejar su
pueblo nativo. La <<Belle Époque >> tenía sus propias contradicciones, los cambios
sociales profundos y las desigualdades, separaban las distintas regiones, mezclándose con
la prosperidad y los logros de las clases altas. La emigración hacia los Estados Unidos tuvo
su mayor apogeo en 1907, cuando más de un millón de europeos cruzó el Océano
Atlántico. La mayoría de los europeos no disfrutaban de los beneficios que otorgaba el
progreso.

El cambio fundamental vino de la mano de los partidos politicos y los sindicatos de la clase
obrera. En 1889 se fundó la <<Segunda Internacional>> de los partidos socialistas
europeos, con el objetivo de organizar las exigencias de los partidos nacionales; adherían a
la doctrina revolucionaria de Karl Marx y Friedrich Engels. Su búsqueda de una nueva
sociedad más igualitaria y la distribución de la riqueza, seducían a la clase trabajadora,
pobre y necesitada, de la industria. El número de las clases obreras industriales iba en
aumento, se iban formando los primeros sindicatos compuestos por obreros, que para el
final del siglo XIX eran legales en gran cantidad de todos los países; poco antes del
comienzo de la Primera Guerra Mundial, en Francia el número de obreros sindicalizados
llegó al millón.

En Alemania, Bismarck intentó suprimir la social-democracia pero fracasó; con un


programa de carácter marxista, el Partido Socialdemócrata de Alemania era el más grande

2
Véase Kershaw “Descenso a los infiernos” pág 41.

4
del viejo continente. Para 1912, el socialismo dejó de lado la acción directa, para pasar al
parlamentarismo. En Gran Bretaña, el laborismo surgió a partir de los sindicatos y
representaba los intereses de estos más que cualquier utopía revolucionaria. El
nacionalismo empezó adquirir un protagonismo mayor, especialmente dentro de las
fábricas; En Rusia una gran oleada de huelgas, llevada a cabo por la clase obrera
revolucionaria, encendió las alarmas de la dirigencia europea. En Gran Bretaña el número
de obreros había crecido y estaban abiertos a las ideas revolucionarias, realizando medidas
de fuerzas, por ejemplo, huelgas o sabotajes con objetivos políticos. En el Imperio
Austrohúngaro, una economía en declive por las guerras en los Balcanes, se le sumó una
clase obrera más combativa; los socialdemócratas reclamaban por el sufragio universal, a
tal punto que una multitudinaria manifestación de obreros provocó un enfrentamiento con
las fuerzas del gobierno, en la ciudad de Budapest. En Austria, los rutenos reclamaban
derechos políticos y lingüísticos, a tal punto que el parlamento de Viena era difícil de
controlar que el gobierno austriaco lo suspendió en la primavera de 1914. Pero los
movimientos de izquierda no eran los únicos que representaban una amenaza, sino que
surgieron contra-movimientos netamente populistas. El nacionalismo beligerante, un
antisemitismo violento y otras formas de racismo comenzaban hacer más recurrentes.

El término antisemitismo surgió para designar algo que ya lleva muchos años de historia, y
eso es el odio al judaísmo. La idea de una raza superior provenía de resentimientos
económicos y sociales, que se reforzaron cuando a los judíos se les permitió participar de
los negocios y de la vida cultural. Para finales del siglo XIX, los viejos métodos de odio a
los judíos, habían sumado mayor magnitud. Aparecían nuevas doctrinas raciales, que
justificaban desde el punto de vista biológico, el odio y la persecución; para Kershaw:“Era
una doctrina que hablaba no sólo de discriminación, sino de exclusión total. Además,
potencialmente abría el camino a la destrucción física” [ CITATION Ker16 \p 49 \l
11274 ]

El lado oscuro de la << edad chapada en oro >> tiene su propia corriente de pensamiento: la
<<eugenesia >>3 y su pariente más cercano << el darwinismo social >>. La eugenesia
pretendía erradicar lo malo de la sociedad, es decir la criminalidad, el alcoholismo, la
prostitución y otras formas de conductas, que para las clases altas eran “desviadas”.
Buscaba determinar los grados de pureza racial, la eliminación de los “enfermizos”, para el
mejoramiento de la raza humana mediante ingeniería genética. Esta idea obtuvo apoyos en
Gran Bretaña, desde los partidos de izquierda hasta los más liberales: John M. Keynes,
Sidney Webb, George Bernard Shaw, son algunos de ellos. Antes de 1914 la eugenesia fue
difundida en varios países de Europa, mucho antes de que Hitler la llevara a su máxima
expresión; Escandinavia, el Imperio Alemán, Suiza y los Estados Unidos se vieron
afectados por estas corrientes de pensamiento. La eugenesia fue puesta en práctica, a partir
3
Véase Kershaw “Descenso a los infiernos” pág 50.

5
de un concurso encabezado por una revista alemana en 1911 en torno a la siguiente
pregunta: ¿Cuánto cuestan los elementos inferiores al Estado y la sociedad?; además
comenzaba a ganar adeptos la esterilización de los “inferiores”.

Las enemistades y los odios estaban a la orden del día, especialmente en los Balcanes y en
el Imperio Ruso, dos regiones muy violentas. Kershaw refleja la violencia, principalmente
hacia los judíos; en 1905 se hicieron denuncias por 3.000 asesinatos de hebreos; en la actual
ciudad polaca de Odesa 800 judíos, 5000 heridos y más de 10.000 sin hogar. Los británicos,
durante el conflicto en Sudáfrica, establecieron los <<campos de concentración>> para
mujeres y niños bóeres, con el único objetivo de asentarse en Sudáfrica 4. Como se puede
explicar un “periodo de paz” si en los márgenes de Europa, como el caso de los conflictos
en los Balcanes o en las afueras del viejo continente, como la guerra Anglo-Bóer, haya
provocado millones de muertes. Estas guerras no solo fueron por las políticas de expansión
y económicas, sino que fueron por el orgullo y demostrar quién era la potencia más fuerte.

Siguiendo en esta línea, MacMillan se pregunta cuáales eran las decisiones a tomar por las
distintas naciones: ¿Cuáles eran las verdaderas ambiciones de potencias emergentes, como
Alemania y Japón? ¿Cómo respondería Gran Bretaña, una potencia en decadencia? ¿Y la
lucha por sobrevivir del Imperio Austrohúngaro? A partir de 1890, Alemania tenía un
militarismo sin control civil, crecimiento económico en ascenso, con grandes pretensiones
expansionistas y de controlar los mares (la Marina Imperial alemana), estaba en
condiciones de disputarle el control a una potencia imperial como Gran Bretaña, que hasta
entonces representaba el imperio de mayor expansión en el mundo. La rivalidad entre
alemanes e ingleses iba en aumento, pero al mismo tiempo, la presencia alemana resultaba
una amenaza para Francia y Rusia. Este interés mutuo, llevó a una alianza entre la república
(Francia) y la monarquía autocrática (Rusia), que se constituyó en 1894. Producto del gran
territorio y la posible amenaza militar de Alemania, el objetivo de los franceses era
contener al nuevo imperio alemán, a través de la única potencia que tenía al alcance.
Austria-Hungría, quien era aliada del Reich, tenía serias pretensiones en los Balcanes y
Rusia se vio seriamente amenazada por ello. Esto terminaría de darle forma una alianza
entre ingleses, rusos y franceses. Sin embargo, para Kershaw:“las alianzas no causaron la
guerra. Durante la década anterior ya había habido varias crisis graves, pero no
habían desembocado en guerra” [ CITATION Ker16 \p 59 \l 11274 ].

Continuando en la misma línea, el historiador australiano y profesor de la Universidad de


Cambridge, Christopher Clark5, analiza la polarización del mapa europeo desde el punto de
vista internacional; un sistema de alianzas defensivas, que crea un clima de desconfianza
pero que no causó directamente el estallido del conflicto, de hecho, se hizo todo lo posible

4
Véase Kershaw “Descenso a los infiernos” pág 52.
5
Véase Clark “Sonámbulos, Como Europa fue a la guerra en 1914” pág 157.

6
por apaciguar el conflicto como intensificarlo. Clark no se pregunta el ¿por qué? de la
guerra, sino cóomo se desencadenó, ya que para el autor el por qué remite: a un
encadenamiento de factores que remiten al pasado lejano (mencionado anteriormente) y la
necesidad de buscar permanentemente un culpable (la cuestión alemana). En este contexto,
el asesinato del Archiduque Francisco Fernando, heredero al trono del Imperio
Austrohúngaro, a manos de nacionalistas extremistas serbios (la mano negra), fue la excusa
perfecta que encontraron en la monarquía dual. A pesar de que el hecho fue tomado con
cierta indiferencia, aceleró el conflicto entre los serbios y el imperio; debido a que los
austrohúngaros se quedaban sin herederos al trono.

A diferencia de Clark, MacMillan se pregunta: ¿Por qué Europa se hizo esto? ¿Por qué
abandonó la paz? Para responder estas preguntas, la autora hace referencia al nacionalismo;
la anexión de Bosnia, por parte de Austria-Hungría, despertó los sentimientos nacionalistas
serbios y las relaciones de Rusia y Serbia con la monarquía dual, empeoraron. Para Clark,
el asesinato en Sarajevo fue un mero pretexto, un acontecimiento que apenas tiene relación
con la guerra; existía algún acercamiento a una idea nacional de los serbios y poco afecto a
la idea de una Mancomunidad del Imperio Austrohúngaro. Otro de los factores que cita la
autora, es el sistema de alianzas y las clases dirigentes; ninguno de los hombres claves
tuvieron la grandeza de evitar que el conflicto se propague y ante cualquier explicación de
cómo estalló la Gran Guerra, hay mencionar que las principales figuras políticas se vieron
obligadas por las grandes corrientes, pero también los propios dirigentes han alterado el
conflicto. En este sentido, MacMillan agrega “En cada nación, por su parte, existían
presiones internas: un creciente movimiento obrero, por ejemplo, o fuerzas
expresamente revolucionarias” [ CITATION Mac14 \p 24 \l 11274 ].

Aquí coincide con Ian Kershaw (2016), respecto a que todos los países que participaron del
conflicto bélico, tuvieron su cuota de responsabilidad. Clark no busca culpables o
responsabilidades de uno u otro bando; en este marco el argumento que ofrece el autor, es
no hablar de culpable o culpables porque no nos deja ampliar el panorama internacional;
centrarnos en la responsabilidad de unos y de otros, perdemos la posibilidad de una mirada
sobre procesos multilaterales de interacción, es decir que no podemos realizar un análisis de
un punto de vista internacional. Los sucesos de julio de 1914 solamente tienen sentido para
el autor cuando se explican los caminos realizados por quienes tomaron las decisiones más
importantes.

Finalmente, la “Gran Guerra” se desata y las reacciones de la sociedad europea a la noticia


de la guerra, dieron pie a que los dirigentes se vieran obligados por la opinión pública, a
tomar la decisión de ingresar en el conflicto. Christopher Clark plante algunas cuestiones:
¿Ir a la guerra por convicción? ¿Ir a la guerra por patriotismo? Había una sensación de
patriotismo defensivo. Esto es producto de que el origen del conflicto es complejo y difícil
de analizar; lógicamente no hubo resistencia ante la movilización de tropas, los hombres

7
acataban las decisiones en mejor o peor forma de ir a sus puntos de reunión. Pero tampoco
había un clima de alegría sostenible, ya queé para todos los soldados de los estados
beligerantes se trataba de una guerra defensiva, de que el honor de su país había sido
dañado por el ataque de un enemigo.

Para Ian Kershaw, había un convencimiento de que la guerra era necesaria, el consuelo de
que era breve y con pocas bajas, trascendió a las clases dirigentes y lograron penetrar en la
sociedad. Esto permite explicar que la población de cada país participante, se haya
mostrado entusiasmada y con euforia. Pero la efervescencia no fue universal, ya que la
variedad de emociones atravesaban todas las clases sociales, de un credo político a otro, de
un país a otro, e iba desde el júbilo patriota hasta la angustia más profunda. En las tabernas,
en los cafés y en las cervecerías de Berlín, se entonaban marchas patrióticas, en Francia los
socialistas movilizados por el asesinato de Jean Jaurés, adhirieron a la <<unión sagrada>>
proclamada por Poincaré y fue trasladada a la necesidad de desafiar a la agresión alemana.
Dentro de la clase trabajadora industrial, especialmente los obreros de ideología socialista,
se dejaron ver poco; pero incluso dentro de ese sector la oposición al conflicto bélico fue
nula. Sólo el 1,5% de los varones se opusieron al llamado a las armas; en Alemania los
sindicalistas acordaron no movilizarse mientras la guerra se desarrollaba; los socialistas
franceses, ingleses y alemanes respaldaban la financiación de la guerra, por parte de los
respectivos gobiernos.

Entendemos que fue una situación compleja para los actores de la época tomar dimensión


de las consecuencias que acarrearía para Europa semejante contienda. Habiendo tenido la
Primera Guerra Mundial como un antecedente inmediato, no tuvieron problema alguno en
volver adentrarse, en menos de 20 años, a una nueva “aventura” bélica, donde se terminó de
organizar un nacionalismo extremo de derecha: el Fascismo.

Antes de analizar al Fascismo, debemos desarrollar la situación del viejo continente luego
de la “Gran Guerra”, ya que de esta manera podemos explicar cómo surgió este
nacionalismo de derecha. La Primera Guerra Mundial desbastó la política, la economía y a
la sociedad europea. En Gran Bretaña había pérdidas de hasta 35 millones de jornadas
laborales por distintas huelgas; en 1921 esa cifra ascendió a unos 86 millones; millones de
excombatientes vivieron en la pobreza, pidiendo en la calle, comiendo en comedores
sociales y durmiendo en bancos de parques y plazas. A pesar de esta crisis, la situación del
Reino Unido no era tan grave como la de otros países europeos: por ejemplo, en Bélgica y
el noreste de Francia los campos de batalla desbastaron la tierra dejándolas poco fértiles
para la agricultura y para el escaso ganado que sobrevivió. Los soldados que regresaban a
ciudades, tales como Viena, Budapest, Berlín o Múnich, se encontraron con el más absoluto
caos político, económico y social. El costo económico del conflicto bélico fue muy grande:
en los países que se vieron afectados por los combates, la producción sufrió una baja
drástica respecto a 1913. En Alemania, la inflación se aceleró durante la guerra y la deuda

8
nacional aumentó a un 30%, los precios eran cinco veces más elevados durante 1918.
Durante la década de 1920, Alemania cayó en la hiperinflación, debido a que el esfuerzo
bélico se financió en base a préstamos de guerra de la población alemana; en el Imperio
Austro-húngaro la moneda sufrió devaluación y la inflación creció de manera galopante.

En cuanto al aspecto social, la “Gran Guerra” dejó como resultado ocho millones de
soldados inválidos, huérfanos, mujeres muy tristes y sin consuelo alguno, desempleo y
hambre. Había 650.000 hombres de guerra que sufrieron lesiones graves, de los cuales
65.000 perdieron un brazo o una pierna y otros sufrieron una doble amputación. A pesar de
los grandes avances que tuvo la economía previa a la guerra, no era posible curar por
completo heridas tan grandes y terribles; los inválidos del conflicto les esperaban por
delante la miseria económica y la discriminación, ya que los empresarios no aceptaban a
trabajadores discapacitados.

En términos ideológicos, la Primera Guerra Mundial dejó como legado dos ideologías: el
Comunismo y una novedad, el Fascismo. Respecto a este tema, el historiador francés
François Furet, en el libro “El pasado de una ilusión”, marca dos tipos de revoluciones:
una revolución hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Ambas coinciden que el enemigo
es la burguesía, además de criticar las bases de la Revolución Francesa de 1789, que
proclamó la igualdad de todos los franceses, pero privó a muchos de ellos del voto y otros
de ser seleccionados mediante el mismo. En continuidad de esto, el autor agrega que: “el
burgués es infiel a sus propios principios, ya que al limitar el derecho de voto para todos
traiciona la Declaración de los Derechos del Hombre “[ CITATION Fur95 \p 78 \l 11274 ]

A partir de 1918, la explosión de un nacionalismo exacerbado, el crecimiento de partidos de


masas y el antisemitismo toman mayor magnitud. Furet marca una formidable evolución de
la idea revolucionaria, luego de la primera guerra mundial; una idea revolucionaria, no solo
llevó a los bolcheviques al poder en Rusia, sino también logró penetrar en la derecha y
despertar una pasión profundamente antiburguesa; los ejemplos por excelencia son Italia y
Alemania. Ambas naciones se ven envueltas en el sentimiento de frustración y humillación
que sufrieron en el tratado de Versalles; naciones desdichadas, que odian la democracia,
trasladan ese odio al pueblo y esto fue capitalizado por dos actores desconocidos hasta ese
momento: Hitler y Mussolini. Esta novedosa situación política, no hizo más que despertar
la pasión revolucionaria, que desde la izquierda y del socialismo creían haber comprendido.
Como mencionamos anteriormente, la guerra dejó como resultado el resurgimiento de la
idea revolucionaria en la derecha, una idea que nunca fue aceptada dentro de ese grupo.

Tanto el bolchevismo como el fascismo son hijos de la primera Guerra Mundial. Lenin
logra tomar el poder en 1917, mientras que Hitler y Mussolini forman sus respectivos
partidos políiticos posteriores a 1918 como una respuesta a la crisis política y económica
que atravesaban las naciones. El Fascismo nace como una reacción que va de lo particular a

9
lo universal, es decir desde el pueblo a la clase. Una ideología inspirada en un nacionalismo
profundamente exacerbado, un nivel de violencia superlativo y con un proyecto político
que se inspiraba en un futuro prometedor que giró en torno a la raza, lo que en Alemania
llamaban “Volfksgemeinschaft”.

Siguiendo en esta línea, Robert Paxton en “Anatomía del Fascismo” nos dice que, tanto en
Italia como en Alemania, los dirigentes conservadores debían decidir si era conveniente
integrar al fascismo a la arena política, con el objetivo de evitar una revolución comunista.
Para el autor, las complicidades conservadoras fueron de distintas maneras: Como
mencionamos anteriormente, la complicidad respecto a la violencia fascista contra la
izquierda y otorgarles respeto, por ejemplo el Primer Ministro Italiano Giovanni Gioltti,
ayudó a hacer respetable la figura de Mussolini, incluyéndolo dentro de la coalición
electoral en 1921. En el caso alemán Alfred Hugenberd, quien representaba al Partido
Nacional Alemán (DNVP), atacaba a Hitler pero al mismo tiempo aparecía en actos
políiticos junto al dirigente nazi. Paxton agrega que: “Los conservadores apoyaron la
apuesta también, cuando empezó a parecer probable un acuerdo con un partido
fascista triunfante: el poder con el apoyo de una base de masas se convertía ya
también para ellos en un objetivo alcanzable”[ CITATION Pax04 \p 121 \l 11274 ]
Siguiendo en la misma línea, la consolidación del fascismo en Alemania e Italia se debe a
la gran movilización de masas contra un enemigo interno, la polarización; es decir el
avance contra la izquierda. A pesar de que hablemos del nazismo/fascismo representan dos
ideologías idénticas, podemos encontrar ciertas diferencias. En primer lugar, las diferencias
de la relación partido-Estado; en el caso italiano, la revolución de Mussolini fue mucho más
gradual, se mantuvo en el poder en paralelo con el rey Víctor Manuel III, otorgó más
importancia al estado normativo, se debe encuadrar dentro de una coalición con
conservadores, nacionalistas y liberales. Su gobierno llevó adelante políticas conservadoras
en la mayoría de los campos, por ejemplo, el presupuesto del ministro de Finanzas Alberto
de Stefani. La propaganda fascista colocó al Estado, no al partido, en el centro de su
mensaje, pero también hubo dimensión prerrogativa, es decir policía secreta (OVRA), un
fuerte control sobre la prensa y sus baronías económicas (el IRI, por ejemplo). En
Alemania, fueron tomando el control de todas las instituciones dentro de la sociedad y el
Estado en un proceso denominado “Gleichschaltung”6; los ciudadanos tenían el permiso de
utilizar la temida Gestapo para fines personales, ya sea denunciando a un opositor, un
acreedor o un pariente; en el ámbito universitario, el nazismo atrajo a los estudiantes, a tal
punto que su organización nacional había sido tomada por militantes del partidos nazi.
Aunque dentro del nazismo predominaba el propio partido, de hecho, la policía alemana
estaba controlada por el partido nazi y en el caso del fascismo italiano era el Estado, a pesar
de sus diferencias, no dejaron de ser estados duales.

6
Véase Robert Paxton “Anatomía del Fascismo” pág 145. “Coordinación o igualación”; se trató de un
proceso por el cual la Alemania Nazi estableció un control totalitario sobre la sociedad.

10
Enzo Traverso, en su libro “La historia como campo de batalla”, nos dice que la cultura
fascista exaltaba la acción, la juventud, el combate, llevándolo a cabo en ciertos gestos,
emblemas y símbolos que luego formarían parte de la identidad nacional. Estos valores
debían tener su opuesto, que recaían en figuras de alteridad, por ejemplo, la alteridad de
género de los homosexuales, la alteridad racial de los judíos o la alteridad política de
anarquistas y comunistas. Ellos representaban los estigmas, en el cuerpo y en la mente, una
degeneración que simboliza la antítesis de una sociedad burguesa7. En el caso alemán, el
nazismo transformó los estereotipos negativos de la alteridad en categorías médicas; el
homosexual era discriminado por su “desviación, es decir, su comportamiento; el judío era
estigmatizado por su esencia. Para el régimen nazi los homosexuales debían “reeducarse” y
los judíos debían ser exterminados. Otro de los elementos de la ideología fascista son sus
líderes; tanto Hitler como Mussolini, no provienen de familias aristocráticas, son plebeyos
que descubrieron su admiración por la política en las calles, en el contacto con las masas,
durante la crisis política que sacudieron a ambas naciones luego del primer conflicto
mundial. Esto explica otro de los elementos del régimen, como la nacionalización de las
masas; se expresan a través de ritos colectivos (manifestaciones patrióticas, culto a los
mártires, celebración de fiestas nacionales, monumentos, banderas e himnos) y discursos de
los lideres frente a millones de personas. Traverso habla de un fenómeno típico de la
modernidad: la transformación del nacionalismo en religión civil.
Ferrán Gallego describe al nazismo como un fascismo autentico, ya que logró penetrar en
los puntos más importantes de su centro urbano. El caso italiano ofrecía una unidad de las
alianzas políticas, compromisos de clase, la adhesión de las masas, el corporativismo y el
caudillismo. El nazismo, en cambio, nos proporciona una versión más extrema de estos
elementos, incluyendo el higienismo hasta llegar al exterminio. Es decir que generó una
sociedad que se relaciona con la persecución al enemigo interno y externo, aniquilando
judíos, latinos homosexuales, etcétera. Esto va de la mano con el biologismo nazi, que lo
perfecciona, de esta manera, como un esquema saludable, que devuelve la fortaleza a una
sociedad afectada por la democracia y la derrota en la Primera Guerra Mundial. Ferran
Gallego entiende que el proyecto racial de un modelo de modernización restauró la
cohesión social a través del concepto de comunidad popular, la Volfksgemeinschaft8.
Durante la República de Weimar el nazismo fue adquiriendo consistencia propia, fue
armando su imagen a medida de que la democracia se iba erosionando, además de edificar
una alternativa visible. Logró transformarse en un movimiento de masas, con capacidad de
supervivencia, a pesar de errores de análisis de coyuntura y la represión por parte del
gobierno; hasta la década de los treinta, hubo apoyo hacia partidos conservadores,
7
Notar que el judaísmo, la homosexualidad y la feminidad, representaban para el fascismo figuras negativas
que permitían al régimen fascista crear mitos positivos sobre salud, higiene física y moral. (Véase Traverso
“La historia como campo de batalla” pág 113)
8

El término hace referencia a una sociedad pacifica y libre de conflictos. En el ideario nazi significó una
sociedad alemana unificada y organizada, donde los intereses de cada individuo quedan subordinados a los de
la nación.

11
atemorizados por movimiento nazi. Respecto a esto, Ferrán Gallego argumenta que: “Esa
absorción de masa crítica se realizó mediante la expansión de algo común a la época:
la denuncia de la democracia desde un pensamiento neoconservador directamente
conectado con el pesimismo y el vitalismo de finales de siglo”. [ CITATION Fer03 \p 8 \l
11274 ]

Para desarrollar el origen y conformación de regímenes totalitarios debemos analizar el


contexto de violencia durante la década de 1920 en Alemania y la experiencia democrática
de la República de Weimar. La guerra marcó el final de tres grandes imperios. En Alemania
el poder del káiser se desmoronó y en la ciudad de Múnich el socialdemócrata Kurt Eisne
llevó a cabo un golpe de izquierdas conocido como la “Revolución de noviembre”,
proclamando la República de Baviera y poniendo fin a la monarquía Wittelsbach en
1918.Esta revolución, que comenzó como un movimiento no violento y sin derramar sangre
en favor de la paz, terminó adquiriendo el carácter de un conflicto de clase sectario de
violencia feroz. Los Spartakistas tuvieron un rol preponderante para movilizar a las masas
para protestar contra la guerra y su carácter imperialista; mostraban su disconformidad con
la democracia parlamentaria, mostraban su accionar directo, se enfrentaban con la policía
pero se encontraban en una disyuntiva: si lo mejor para la revolución eran los obreros
disciplinados o las multitudes amorfas. Entre 1918 y 1919, los Spartakistas formaron
alianzas con la extrema izquierda con base en las ciudades de Bremen y Hamburgo para
fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD), una unión que se caracterizó por ser
inestable, ya que estaba compuesta de intelectuales y jóvenes obreros que se oponían a la
democracia parlamentaria y adherían a la violencia partidaria.
Fueron estos grupos quienes tomaron las oficinas de periódicos importantes para terminar
con la libertad de prensa e impedir la convocatoria a una asamblea constituyente. La
república asumió un carácter de conflicto de clase muy violento recurriendo a los
Freikorps9, para terminar con la amenaza comunista. En 1919 se llevó a cabo, en la ciudad
de Weimar, la Asamblea Nacional Alemana donde se redactó y aprobó la Constitución de
la República de Weimar. En ella se establece una República democrática y federal,
dualismo de presidencia y parlamento, el voto femenino, el parlamento se renueva cada 4
años y el presidente dura 7 años en su cargo; algunas de sus principales facultades son
disolver el parlamento, elegir el canciller y promulgar legislaciones de emergencia.

El Tratado de Versalles fue un duro golpe para los alemanes, ya que debían aceptar la
responsabilidad moral y material de haber causado la guerra. Algunas de las cláausulas del
tratado imponían el desarme y la reducción del ejército, debía entregar posesiones
territoriales, gasto público fijo, devolución y pago de intereses del empréstito de guerra,
pago de renta a las víctimas de guerra y la imposición de pagar los costos de la

9
Los Freikorps, formado por antiguas tropas de choque y apoyados por el gobierno republicano, combatieron
polacos y soviéticos para frenar la avanzada Bolchevique, inclusive luchaban contra los propios alemanes
[ CITATION Bur03 \p 63 \l 11274 ]

12
reconstrucción. En medio de este contexto, el país sufría una grave crisis financiera,
hiperinflación, desocupación y la industria buscaba reordenarse; además había facturas en
billones de marcos oro, despidos y desplazamientos de obreros alemanes, recortes y
paralización de producción por la falta de materia prima proveniente de la cuenca del Ruhr,
ya qué los franceses y belgas habían invadido la zona. Pero lo peor para los alemanes llegó
en 1929 con la caída de la bolsa de Nueva York que afectó a todas las clases sociales y
llevó al país a una situación de violencia permanente, debido a las luchas internas, la grave
crisis económica y los Freikorps que estaban dispuestos a reprimir las huelgas, ya sean o no
partidarias. Este clima de violencia se va direccionar hacia la llegada de Hitler y su
proyecto racial de una familia con buenos hábitos y moralmente constituida.
Durante los años de la República de Weimar, el pueblo alemán vivió en constante
violencia, ¿Cómo explicar el crecimiento del NSDAP? ¿Cómo influyó la inestabilidad
política? El NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei)se creó en 1920, pero
en sus inicios se constituyó más como un circulo de debates, que como un partido político
formal; no pretendían liderar y, menos aún, llevar adelante una revolución contra Weimar,
sino formar parte de la marea völkisch10. En los meses previos al putsch de Múnich, el
NSDAP logró convertirse el grupo político de mayor importancia bajo una férrea
organización y el liderazgo de Adolf Hitler. El historiador español Ferrán Gallego, marca al
intento de golpe de estado de noviembre de 1923 como un quiebre notable en la historia del
partido nazi; durante la proscripción, los nazis vivieron intensos debates, buscando
estrategias alternativas al putsch. De todas formas, estas discusiones, en torno a la
organización interna del partido, a como accionar y la política de alianzas, no era más que
una crisis que atravesaba el fascismo alemán, que estaba desorientado antela consolidación
de la república.

Cuando Hitler abandonó la prisión de Landsberg, una de sus primeras medidas fue refundar
el nacionalsocialismo, dándole forma de partido; otras de las medidas fue eliminar
cualquier tipo de competencia dentro del área Völkisch, convirtiendo al partido nazi en la
única referencia de esta corriente ideológica; rompe alianzas con sectores golpistas, pero
aceptaba la participación en elecciones, ya que era una alternativa al golpe de estado. En las
elecciones de 1928, el NSDAP obtuvo apenas el 2,6% de los votos, pero para ese entonces,
los problemas internos del partido desaparecieron; su militancia había crecido a unos cien
mil afiliados, el liderazgo de Hitler tenía solidez y un accionar violento contra las
organizaciones de izquierda.

Para Peter Fritzsche, 1914 es el punto de partida para contar el por qué y él como los nazis
llegaron al poder. El éxito nazi se explica, entre otros aspectos, por el fuerte sentimiento
nacionalista durante la Primera Guerra Mundial, es allí donde el autor encuentra el primer

10
Se trata de una corriente ideológica a la que adhirió el Estado alemán entre 1933 y 1945, transformándolo en
un régimen totalitario diferente al fascismo italiano. Véase Ferrán Gallego “Del Stammtisch a la
Volksgemeinschaft. Sobre el lugar del nazismo en la Alemania de Weimar” pág 77

13
sentimiento de unidad nacional, a pesar de que algunos no estaban de acuerdo con el
conflicto armado, en el imaginario social había un enorme optimismo y esperanza.Tanto
Fritzsche como Ferrán Gallego coinciden en la verdadera unidad en la Volksgemeinschaft,
una comunidad orgánica que resalta a la sociedad en cuanto a su pureza racial, pero solo
puede determinarla, en tanto el individuo esté dispuesto a aceptar las normas y la disciplina
de la nueva sociedad. Ante la falta de un programa, el partido nazi ofrecía una ideología
considerada como la propia de la nación alemana, en el que cada habitante (no judío) no
importa cuál sea su estatus social, formaba parte de un futuro de prosperidad para
Alemania.

Los nazis crearon una imagen de sí mismos como un partido de unidad y constructivo que
acude a los principios de la Volksgemeinschaft; pretendían ir más allá de las instituciones
liberales para recuperar la identidad nacional y poderosa. Esto también atrajo a las mujeres
alemanes, quienes creían que el proyecto nazi les otorgaría mayores responsabilidades que
tuvieron durante la guerra. El ideario nazi tenía dos sentidos: establecer una sociedad sin
conflictos pero también excluir a aquellos que no quisieran o no cumplieran con ciertas
condiciones para formar parte de la revolución alemana.
Siguiendo en esta línea, el nazismo necesitaba un horizonte utópico, y eso era una sociedad
plenamente racial. Ferrán Gallego lo describe de la siguiente manera:“El antisemitismo
tenía un papel central en la propaganda conservadora alemana y, también, en la nazi”
(Gallego F.1999.pág 94). Luego el propio autor agrega que el racismo no era una marca
propia del nazismo, sino que ellos lo convirtieron en la base de su proyecto social, además
de llevar a cabo de una forma concreta y desproporcionada el antisemitismo político, algo
completamente distinto a la extrema derecha. El inicio de la “gran depresión” en 1929
influyó más en la sociedad para no votar a los partidos que representaban ciertos intereses
sectoriales o a los nacionalistas alemanes11.

En este contexto, la insistencia del nazismo en un cambio completamente radical tuvo un


mayor peso que la efectiva representación de algunos partidos clásicos; ofrecían una agenda
social y política en la que se reclamaba un poderoso cambio para Alemania. El triunfo y
ascenso de Hitler al poder en 1933, se debe al poder de convencimiento del Führer sobre la
elite económica alemana acerca de su visión de una nueva nación basada en la
Vvolksgemeinschaft; veían en ella una forma coherente de rearmar la sociedad capitalista
tras las grandes conmociones de la primera posguerra. Implicaba una destrucción total de la
democracia a nivel instituciones, pero también en lo que respecta canalizar el conflicto
social, ya que implicaba una organización autoritaria de la sociedad y la política.

Como ya hemos mencionado anteriormente el darwinismo social, la eugenesia y el


biologismo representaban las contradicciones de la <<Belle Époque>>. Formaban parte del

11
Véase Ferrán Gallego Del “Stammtisch” a la “Volksgemeinschaft”: Sobre el lugar del nazismo en la
Alemania de Weimar; pág 91

14
contexto de la época y por lo tanto no representaban una forma de violencia. Esto quiere
decir que los distintos métodos violentos utilizados por los nazis, por ejemplo, el
exterminio a los judíos y la selección de razas, eran tomadas como una misión civilizadora.
Al respecto, el historiador italiano Enzo Traverso en “La violencia Nazi” presta una mayor
atención sobe los métodos del nazismo, de su violencia, de sus crímenes y de sus
genocidios en la historia Occidental, en la Europa colonial e imperialista. Por lo tanto, el
autor no busca cuales fueron las causas, sino el origen, vincular el nazismo por un lado y el
racismo y el imperialismo europeo del siglo XIX por el otro. Las ideas de Malthus, Wallace
y Comte, tales como “dejar hacer”, “principio de población” o teoría de la selección,
reinaban en todo Occidente. Para el autor, los principios de Charles Darwin (1809-1892),
reflejados en su libro “El origen de las especies”, fueron factores determinantes para llevar
a cabo las prácticas imperialistas. Otros de los métodos de la cruzada civilizadora
impulsada por los anglosajones fue imponer las instituciones, el pensamiento y la lengua
inglesa a los principales aspectos políiticos de la humanidad.

El pangermanismo estaba inmerso en la cosmovisión del mundo europeo, las guerras


coloniales en África sudoccidental, realizada por la Alemania Imperial, tenía todos los
elementos de una campaña de exterminio, que anticipaba lo que Hitler llevaría a cabo en la
Unión Soviética en 1941. Nociones como “guerra racial” y “exterminio”, ya se hablaban
bajo el imperio de Guillermo II producto de las campañas coloniales y que luego el
nazismo lo llevaría a un límite mucho mayor. De hecho, aplicaron los postulados
volksgemeinschaft por toda Europa y luego expandir las bases biológicas, raciales y, por
último, la mirada a los judíos, no como hombres atrasados, sino como enemigos.
Considerados como principales protagonistas del movimiento bolchevique, los judíos
representaban el blanco ideal para los nazis. Sometían a la esclavitud y exterminio a los
pueblos eslavos, cíngaros y judíos a través del modelo de conquistas coloniales de los
europeos en África y en Asia.
Como hemos visto, el concepto de“Volksgemeinschaft” no fue, simplemente, valorar a las
personas en cuanto a su pureza racial y que abriría un horizonte de expectativa en la
población alemana en el período de entre guerras. También buscaban exportar los ideales y
la superioridad del nazismo a toda Europa, a medida de que Hitler iba ocupando países y
transformándolos en Estados títeres como ocurrió en el Reino de Yugoslavia formando
gobiernos afines al eje (Estado Independiente de Croacia, Estado Independiente de
Montenegro), en Francia o anexionándolos como parte del territorio alemán, por ejemplo el
“Anschluss”12.
Entre mayo y junio de 1940, las tropas alemanas derrotaron a las tropas franco-británicas en
la batalla de Francia. Durante aquellos días el Primer ministro Paul Reynaud deja su cargo
y lo reemplaza el mariscal Philippe Pétain, héroe francés en la Primera guerra mundial.
Pétain entabla negociaciones con los alemanes y tras algunos días de negociación, el 22 de
junio de 1940 se firma el armisticio que provocó la división del país galo. El armisticio
12
Anexión de Austria al Estado Nazi

15
contemplaba la división de Francia en una zona de ocupación militar por los nazis, que
incluye la ciudad de París, el sureste francés bajo control de la Italia Fascista y una zona
libre administrada por el Estado Frances 13, que estableció su sede de gobierno en la ciudad
de Vichy. El mariscal necesitaba de un político destacado para lograr que la Asamblea
Nacional y el Senado logren abolir la Constitución y le encarguen al mariscal la
formulación de una nueva. Pierre Laval, quien ocupó el cargo de Jefe de Ministros de la III
República (1931-1932), fue el encargado de llevar adelante esta tarea. Fue uno de los
responsables en firmar el armisticio, ya que su política de colaboración al III Reich fue bien
vista por el mariscal Pétain y gozaba de la confianza que los nazis habían puesto en el. Las
medidas del nuevo gobierno, con Philippe Pétain como líder, fueron la abolición total de la
III República francesa, disolución del ejercito, se reformó la Constitución estableciendo un
régimen autoritario, la liquidación de la democracia parlamentaria, la suspensión de la
Asamblea Nacional y plenos poderes para el mariscal Pétain; además exaltaba los valores
tradicionales como la familia y la religión, el trabajo como una obligación y un fuerte
sentimiento nacionalista.

La burguesía francesa había perdido la esperanza de luchar por su patria; para ellos no valía
la pena resistir y ese sentimiento nacional francés que estaba por el suelo, repercutió en el
estado mayor del ejército. El historiador francés Marc Bloch, en su libro “La extraña
derrota” da cuenta de los errores en los mandos militares por ejemplo, en la pésima
transmisión de información entre superiores y soldados del ejército franco-británico,
facilitaban el encuentro con el enemigo con demasiada frecuencia y en lugares inesperados.
El autor marca que estas grandes deficiencias son producto de que los jerarcas militares no
supieron analizar la estrategia del enemigo y que el ingenio nazi fue un factor determinante
para ganar la guerra. Luego Bloch argumenta:“Nuestros soldados han sido derrotados y,
en cierta medida, se han dejado derrotar con demasiada facilidad, ante todo porque
pensábamos con retraso” [ CITATION Blo40 \p 66 \l 11274 ]

También refleja la superioridad alemana en cuanto al material bélico, ya que los franceses
no contaban con la suficiente cantidad de aviones, carros de combate, camiones, motos, lo
que impidió desde el inicio de la guerra, llevar a cabo las operaciones como correspondía.
Ante la falta de recursos, Bloch relata la superioridad nazi en los ataques aéreos, que
implicaban un conocimiento exacto de la sensibilidad nerviosa y la forma de quebrar al
ejército franco-británico.

Siguiendo en la misma sintonía, el film “Francofonía” de Aleksandr Sokurov menciona la


negativa de los soldados franceses para luchar contra los alemanes pero a pesar de ello, los
jóvenes combatieron y debían soportar la falta de capacidad de los políticos. La película
nos da un panorama sobre el espíritu de la sociedad francesa en tiempos de la ocupación
nazi; una vez realizada la misma, la sociedad parisina se acostumbró a convivir con
13
Estado títere de la Alemania Nazi.

16
soldados nazis caminando por la Cciudad Lde la luz, los estudiantes comenzaban a tener
interés por estudiar la lengua alemana. Pero lo más importante de este documental, es la
relación de Jacques Jaujard, director del museo del Louvre, y Franziskus Wolff-
Metternich, oficial de la ocupación nazi en París; un vínculo entre el arte y el poder para
preservar los tesoros más importantes del museo. Para agregar, el historiador Robert
Paxton, a través de archivos alemanes, logró demostrar que Vichy había buscado
activamente la colaboración, y que esta política fue llevada a cabo inclusive cuando Pierre
Laval no estaba en el poder. Para enfrentar el trauma de la “extraña derrota” y la amenaza
de una posible guerra civil, los franceses crean una historia única que mantiene que todo el
país alcanzó la libertad unido bajo el liderazgo de De Gaulle.
Como bien señala Robert Gildea14, los franceses buscaban una historia que sirva para el
futuro de un país que resurgía. Se trataba de un mito fundacional, compuesto de tres puntos
fundamentales, cuyo objetivo era mantener el orgullo de la sociedad francesa durante la
posguerra. El primer punto, la resistencia comenzó el 18/06/1940, cuando Charles De
Gaulle, aislado en Londres, hizo un llamamiento a resistir la ocupación nazi a través de una
emisión radiofónica de la BBC hasta el desfile triunfal del ejército francés, que partió desde
los Campos Elíseos a la Catedral de Notre Dame. El segundo punto, hacía mención auna
“minoría miserable” que colaboró con el régimen y los que resistieron habían gozado del
apoyo del pueblo francés. El tercer punto, por último, consideraba que, a pesar de la deuda
con los aliados, en términos militares y con extranjeros participantes de la resistencia,
Francia fue liberada por la misma resistencia y fue capaz de restaurar su honor. Además, al
momento de liberar Paris, De Gaulle lanzó una dura reprimenda a las Fuerzas Francesas del
Interior15 (F.F.I) y a los comités de liberación, resaltando la figura del ejército y la del
Estado. A pesar de su poderío, semejante mito no se asentó de manera completamente
hegemónica en la conciencia de la sociedad francesa, ya que sólo una minoría de franceses
eligió integrarse en la Resistencia, mientras que la mayoría del pueblo francés vivió el fin
de la guerra como un alivio. Los olvidados en ese relato no fueron sólo aquellos españoles
que huyeron del franquismo, sino también los judíos, los comunistas y las mujeres, a
quienes les han dado muy poco valor a su participación.

Luego Gildea agrega:

La dimensión patriótica del relato creado en torno a la Resistencia se impuso a


golpes de exclusión a cualquier otra visión que la explicara como una lucha
internacional contra el fascismo y el nazismo librada parcialmente en suelo
francés por guerrilleros que tan pronto podían ser republicanos españoles
como judíos polacos [ CITATION Gil16 \p 4 \l 11274 ]

14
Véase Robert Gildea “Combatientes en la sombra. La historia definitiva de la resistencia francesa”;
Barcelona, Taurus, 2016, Introducción
15
Organizaciones clandestinas de carácter militar, para apoyar a las fuerzas aliadas.

17
Uno de los puntos a los cuales apunta el autor es el rol del comunismo dentro de la
resistencia y como reaccionaban ante el liderazgo de De Gaulle. Los comunistas, que
tuvieron un rol importante en los combates y se impusieron como la mayoría política tras la
guerra, no tuvieron objeciones al relato gaullista mientras disfrutaban del poder. Sin
embargo, a medida que la Guerra Fría comenzó a tomar temperatura y la expulsión de
ministros comunistas, bajo presión de los Estados Unidos, que los consideraba una seria
amenaza para Occidente, comenzaron a insistir en que ellos debían contar su propia versión
de los hechos.

A partir de la guerra de Argelia (1954-1962), el mito de la resistencia comenzaba a


resquebrajarse, ya que el norte africano había sido el lugar donde se comenzó a organizar
política y militarmente la liberación de Francia. La guerra se libró para evitar que Argelia
se independice de Francia, pero para gran parte de la sociedad, los métodos brutales
utilizados por el ejército y habilitados por los políticos franceses para interrogar a los
rebeldes capturados, eran muy parecidos a los métodos utilizados por los nazis. De Gaulle
volvió a la presidencia en 1958 con el objetivo de ponerle fin al conflicto. Su decisión de
otorgarle la independencia a Argelia, le valió el enojo de no solo de antiguos generales del
ejército en África, sino también de viejos colegas de la resistencia, acusándolo de traicionar
el legado de la resistencia.

Para el autor, la salida del poder de De Gaulle en 1969 y su muerte un año después, debilitó
la coraza del mito fundacional de la Resistencia francesa, lo cual habilitó las primeras
críticas por ejemplo, la película del año 1969 de Marcel Ophüls “Le Chagrin et la Pitié”
(<<La tristeza y la piedad>>). La película insinuaba que los franceses, lejos de ser héroes,
fueron cobardes y traidores. Dado que la película representaba una bomba en el espíritu de
la Resistencia y de su historia oficial, fue vetada de la televisión durante diez años. Otras de
las críticas que comenzaban a surgir fueron la colaboración del Estado Francés y la
población francesa en la deportación de judíos, se ventilaron casos de entrega y traición
protagonizados por miembros de la resistencia y por último, la colaboración de extranjeros
en las fuerzas de la resistencia, especialmente de republicanos españoles refugiados, judíos
no franceses y rol de los comunistas dentro del ejército.

Tanto Robert Gildea como el historiador español Diego Gaspar Celaya, destacan el
desempeño de los españoles refugiados dentro de la resistencia. La comuna francesa de
Foix, cerca de la frontera con España, fue liberada el 18 de agosto por españoles
republicanos liderados por el brigadier Royo y por el oficial francés Marcel Biegard; lo
mismo ocurrió con las ciudades de Agen y Périgueux, que fueron liberadas dos días
después. Las organizaciones que llevaron a cabo las acciones fueron el XIV Cuerpo de
Guerrilleros Españoles y la Organización de Resistencia Comunista, que aglutinó a muchos
combatientes españoles bajo una misma bandera. También se sumaban soldados españoles
que lucharon con los aliados en Túnez, Roma y Normandía. Grupos políiticos y sindicatos

18
españoles, incluidas algunas asociaciones de veteranos, fueron vetadas en Francia producto
de la buena relación de los soviéticos con el régimen de Franco durante la Guerra Fría.
Luego de la muerte del dictador español en 1975, las autoridades francesas dieron un
pequeño y tardío reconocimiento a una asociación de guerrilleros españoles.

Pese a ello, la participación de refugiados españoles en la resistencia, ha sido olvidada de la


memoria colectiva francesa y española; fue postergada durante muchos años y no logró
llamar la atención de historiadores españoles y franceses. Gaspar Celaya destaca dos
factores responsables de este olvido: el primero, se debe a la construcción del mito gaullista
de que los franceses se liberaron a sí mismos. El segundo factor, obedece a una larga
dictadura franquista en España, su evolución y proyección internacional, afectaron el
desarrollo de iniciativas que estaban destinadas a estudiar la participación y recuperar la
memoria de guerrilleros españoles que formaron parte de la resistencia. A partir de la
década de 1980, España volvía a la democracia y la atención de universidades e
historiadores logró ser captada en Francia, se lanzaron varios proyectos centrados en el
estudio y en el reconocimiento a los republicanos españoles.

En 1994 Denis Peschanski y Geneviève Dreyfus-Armand, realizaron un análisis basado en


el exilio e integración de italianos y españoles en Francia, señalaron algunos factores tales
como, las construcciones míticas y mecanismos de ocultación se unen para hacer aleatorio
el estudio de la resistencia española en Francia. El historiador Émile Témime denunció la
falta de información y la ausencia de toda referencia a la presencia española en obras
literarias referidas a la resistencia francesa. A pesar de este temprano despertar sobre el
estudio del exilio español, el rol de los españoles republicanos en la resistencia permaneció
inexplorado, ya que los historiadores continuaron alimentando el mito gaullista. Celaya,
respecto a la historiografía francesa:””Tampoco creó el espacio propicio que permitiese el
estudio de la participación extranjera en general, española en particular, en la
Resistencia” (Gaspar Celaya, 2012, pág 9).

El papel realizado por los inmigrantes judíos en la Resistencia francesa comenzó a tratarse
tras el final de la guerra, a través de algunas publicaciones de antiguos residentes judíos,
apuntando a los judíos con filiación sionista en lugar de los comunistas. Pero el relato de
los judíos como héroes de la Resistencia, fue rápidamente opacado por el de los judíos
víctimas de la masacre del Holocausto nazi, que ocupó la imagen central del final de la
guerra. En 1967, Claude Lévy publicó un primer libro sobre la participación judía en las
redadas de Vel d’Hiv en 1942, donde más de veintisiete mil judíos fueron detenidos en los
suburbios de París. Pero sus investigaciones se vieron frustradas por el olvido y por el mito
de la Resistencia. A pesar de ello, se siguieron publicando trabajos de esta índole y en
1970Anny Latour realizó entrevistas a resistentes judíos para su obra “La Résistance juive
en France, 1940-1944”. Durante la década de los 70 continuaron las publicaciones que
aportaban pruebas sobre la presencia de los judíos, tanto en las tareas de rescate como en la

19
resistencia. Grupos de resistentes judíos comenzaron a presionar a gobiernos local y
nacional para que se realizar actos conmemorativos para aquellos que contribuyeron en la
resistencia. Charles Hernu, alcalde socialista y diputado por Villeurbanne, fue nombrado
ministro de defensa en 1981 por el presidente francés François Mitterrand, realizó a
aquellas personas, en su mayoría judíos, que participaron en la liberación de Villeurbanne.

Desde sus comienzos, la resistencia era un movimiento muy masculino y no existía un


espacio para las mujeres. De hecho, muy pocas mujeres reunían los requisitos para formar
parte de la resistencia y en su mayoría no lograban ingresar, por ejemplo, de los 38.000
reconocidos como “Compagnons de la Libération”, de los que el 81% eran oficiales en
servicio, sólo un 5% eran extranjeros, y un 0,6%, eran mujeres. El movimiento feminista
francés de 1970, presionaban para que se reconozca la contribución de la mujer en la
resistencia y expresar su enojo ante la falta de reconocimiento hacia las mismas. Durante
una serie de 1989, conocida como “Women at War”, se entrevistó a muchas mujeres que
participaron de la resistencia. Algunas mujeres trasladaban mensajes antes de ser detenidas.
Otras, como la experta en explosivos Jeanne Bohec y Madeieune Riffaud, participaron
actos violentos. La historia contada por las mujeres, que ponían especial atención en dar la
vida por los demás antes de pensar en su gloria, fue una de las maneras en el que relato de
la resistencia acabó reescribiéndose.

Con el final de la guerra y con el retiro de las tropas nazis del territorio galo, Gildea refleja
la compleja situación de los franceses que se encontraban bajo dependencia de las tropas
aliadas, cuyo objetivo primordial era terminar con los alemanes antes que liberar Francia.
La liberación no podía llevarse a cabo solo por las FFI y fuerzas de la Resistencia, por lo
tanto se requería el apoyo de tropas aliadas. El 25 de agosto de 1944, cuatro fuerzas de
liberación marcharon por la ciudad de Paris: tropas aliadas y francesas, fuerzas del interior
y el pueblo francés. Como habíamos mencionado anteriormente, el general De Gaulle logró
convencer a las fuerzas aliadas para que las tropas galas fuesen las primeras en ingresar a la
ciudad de la luz y de esa manera, fundar el mito gaullista de que Francia se había liberado
así mismo.
Mientras Francia lograba la expulsión de los nazis, miles de civiles alemanes sufrían el
ataque de los aliados, quienes creían que estaban haciendo un acto de justicia, tras los
crímenes cometidos por el nazismo. W.G. Sebald, en su libro “Sobre la historia natural de
la destrucción”, nos muestra el objetivo de los aliados de aniquilar y reducir a cenizas
distintas ciudades alemanas. En cuanto a números, la Royal Air Force 16 liquidó a 600 mil
personas en 131 ciudades; Brunswick, Núremberg, Frankfurt, Colonia, por nombrar algunas
de las ciudades que quedaron reducidas a escombros. Uno de los casos que describe el autor
con claridad es la ciudad de Hamburgo, que fue sometida por los ataques aéreos de los
aliados. Se descargaron diez toneladas de bombas explosivas sobre la ciudad y afectó a la
zona residencial densamente poblada; se prendieron fuego los tejados de las casas, puertas
16
Fuerza aérea Británica

20
y ventanas completamente rotas. Cerca de 40.000 civiles murieron y más de 1 millón
fueron desplazados de su hogar. Tres días después de los ataques, una tormenta de fuego
azotó a la ciudad, producto de las altas temperaturas y del aire seco en la ciudad. Sebald lo
describe de la siguiente manera: “En su punto culminante, la tormenta se llevó
frontones y tejados, hizo girar vigas y vallas publicitarias por el aire, arrancó árboles
de cuajo y arrastró a personas convertidas en antorchas vivientes” [ CITATION
Seb03 \p 36 \l 11274 ].

¿Cómo la sociedad alemana reaccionó ante la aniquilación? En este sentido, el autor


describe que la “aniquilación de la memoria” se llevó el recuerdo de la destrucción. El 30
de abril de 1945 no fue un día más; junto a su mujer Eva Braun, Adolf Hitler se suicidó en
el bunker de la cancillería alemana y con ello, marcó el final de la Alemania Nazi. Aunque
llegó a su fin en el continente asiático, cuando las bombas atómicas norteamericanas
cayeron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945
respectivamente. A pesar de que la Alemania nazi había sido vencida, Europa quedó
devastada, 75 millones de muertos entre pérdidas civiles y militares y fueron sometidos 6
de los 11,5 millones de judíos europeos. El viejo continente parecía un cementerio,
ciudades completamente destruidas e irreconocibles, repleto de escombros y los niños
sobrevivientes que caminaban desesperados sin rumbo alguno.

Luego de la guerra, americanos, británicos y soviéticos se reunieron en la ciudad de


Potsdam (cerca de Berlín) para discutir acerca del futuro de Alemania y toda su sociedad.
Durante aquellas charlas, se había llegado a un acuerdo de dividir el territorio alemán en
zonas de ocupación, cada una administrada por los países aliados (Gran Bretaña, Estados
Unidos, Unión Soviética y Francia), producto de la inexistencia de un gobierno alemán; a
su vez Berlín, la capital alemana, se vuelve a dividir: de Berlín oeste, para británicos,
norteamericanos y franceses, y Berlín este para los soviéticos. Mary Fulbrook señala que el
enfoque político en común era desnazificar Alemania, desmilitarizarla y democratizarla,
pero no lograron conseguir acuerdos viables, producto de que los sistemas económicos del
este y del oeste eran tan diferentes, que acabaron fragmentando al país germano y luego al
mundo.

Respecto a la política alemana, la zona soviética sufrió cambios radicales; uno de ellos fue
la autorización de los partidos politicos, para legitimar el Partido Comunista Alemán
(Kommunistische Partei Deutschlands). A nivel socioeconómico, una de las medidas fue la
implementación de la Reforma Agraria: grandes porciones de tierra, pertenecientes a los
nazis fueron expropiadas y la tierra se redistribuyó, parte a pequeños campesinos y
trabajadores sin tierra; otra parte para refugiados del este y la parte restante para el Estado.
Se nacionalizaron las industrias, la minería, el sistema bancario y medidas en contra de
empresas privadas, que poco a poco fueron perdiendo poder hasta desaparecer
definitivamente. En 1949, el territorio controlado por los soviéticos había sufrido grandes

21
cambios a nivel económico, político y social: bajo control del partido comunista, las
grandes empresas multinacionales habían perdido su base material, y el Partido Socialista
Unificado de Alemania (Sozialistische Einheitspartei Deutschlands), bajo control
comunista y apoyado militarmente por la Unión Soviética, logró dominar toda la vida
política y social de la reciente República Democrática Alemana.
Fulbrook señala17, que el proceso de desnazificación en Alemania Occidental fue lento,
burocráticamente interminable e ineficaz. Reinaba la nulidad del “Año Cero”, en una
desertización institucional impuesta por los aliados para garantizar el nunca más de la
experiencia nazi, la asunción ciudadana de la culpa y la justeza del castigo. El concepto de
<<culpa colectiva>> dio lugar a medidas más discriminatorias, tal fue el caso de los
“Fragebogen”18. Si una persona no aprobaba el test de desnazificación, era imposible
volver a recuperar la vida civil y laboral. La mayor parte de los esfuerzos de
desnazificación no estuvo orientada a la persecución de criminales de guerra, sino a la
“limpieza” de la sociedad entre los alemanes corrientes. Más allá de las quejas, los antiguos
nazis se fueron incorporando en la nueva sociedad alemana, con la excepción de los
criminales de guerra: algunos fueron sometidos a los juicios de Nüremberg y otros se
fueron entregando a la justicia más tarde. Además, los aliados tuvieron que hacer frente a la
invasión de refugiados y expulsados de los territorios orientales, que habían escapado del
Ejército Rojo durante el final de la guerra. Tras un largo y agotador camino, llegaron a la
zona occidental alemana en busca de un refugio, pero se encontraron con un panorama
completamente desolador: vías férreas, edificios, caminos y puentes estaban destruidos,
además de la falta de agua y de alimentos, que se tradujo en hambre. Ante este panorama,
Gran Bretaña comenzó a tomar medidas para garantizar la ayuda humanitaria, luego se
unieron Francia y los Estados Unidos.

Respecto a las medidas socioeconómicas, los aliados bloquearon disposiciones de


sociabilización, mantuvieron a la Alemania Occidental en el marco de una economía
capitalista. En junio de 1948, se lanzó la reforma monetaria, ya que el viejo marco nazi
había sido completamente devaluado; esto provocó enojó en lado oriental alemán, que no
solo presentó su propia unidad monetaria, sino que además cerró todos los caminos de los
aliados hacia Berlín, situada en el centro de la zona soviética. A través de un puente aéreo,
los aliados supieron contrarrestar las medidas y lograron enviar suministros esenciales a la
capital alemana. Cuatro años después de la caída de Tercer Reich, en mayo de 1949 y con
la aprobación de una nueva Constitución, se constituyó oficialmente la República Federal
de Alemania (RFA); una república encargada de luchar contra el totalitarismo y el
comunismo. Unos meces más tarde, en octubre de 1949, se constituye la República
Democrática Alemana (RDA), en respuesta a la fundación de la primera.

17
Véase Mary Fulbrook “Historia de Alemania”, Cambridge y Nueva York, Cambridge UniversityPress,
1995, capitulo 7, pág 290.
18

Cuestionario político hecho por los aliados para detectar nazis.

22
Electo como Canciller de la RFA por la Unión Demócrata Cristiana (Christlich
Demokratische Union Deutschlands), Konrad Adenauer consiguió el apoyo de los
diputados del Partido Democratico Libre (Freie Demokratische Partei), cuyo líder Theodor
Heuss, se convirtió en el primer presidente de la República Federal Alemana. Fue el mismo
Adenauer quien sentó las bases del desarrollo económico de la Alemania Occidental luego
de la Segunda Guerra Mundial. La misión de poner en orden al país se cumplía mediante
acuerdos internacionales que devolvían la soberanía en 1955 y permitían la ayuda de la
república en la alianza militar occidental; esto continuo con la decisión del Canciller de
trasladar la capital de la RFA a la ciudad de Bonn, como centro de gravedad moral alemán,
mientras que Berlín quedaba como un espacio simbólico del carácter ilegitimo que tenía la
RDA. En el plano económico, las políticas llevadas a cabo por Ludwig Erhard, ministro de
economía de Adenauer y considerado el padre del “milagro alemán”, condujeron a un
crecimiento notable cuyas ventajas marcaban otro grado de superioridad por sobre el
modelo comunista del lado oriental. El “milagro alemán” introdujo un nuevo bienestar
social que, a mediano plazo, trajo consecuencias debido a la concentración empresarial y de
urbanización, que afectaban directamente a pequeños propietarios. Mano de obra barata,
expansión del mercado interno, orientación hacia el mercado externo y el Pacto Social
(renuncia al derecho de huelga, a cambio de la desaparición del desempleo y participación
sindical en directorio grandes empresas) fueron algunos de los factores que provocaron un
acelerado crecimiento que no generaba marginalidad.

El Plan Marshall fue un factor determinante para impulsar económicamente a la RFA;


implicó la integración a la economía occidental y liberar las exportaciones de productos
industriales, aún cuando permanecían las restricciones impuestas por los aliados. En cuanto
a la industria, hay competenciaporcalidad (protección, ciencia y conocimiento aplicadas a
racionalización industrial).La prosperidad de la RFA logró evitar las huelgas de
trabajadores, pero además la unificación de los mismos en una sola fuerza sindical, debilitó
la capacidad de politización de los problemas laborales; la sociedad estaba inmersa en el
consumo y las viejas tradiciones alemanas fueron remplazadas por nuevos hábitos. Un
modelo que se asentó de tal manera que redujo la posibilidad de que el nacionalismo vuelva
a adquirir protagonismo. Esta nueva identidad alemana impedía la nostalgia y borraba el
horizonte de la utopía nazi; una identidad occidental que contrastaba con la imagen de la
RDA, con sus ciudadanos empobrecidos e imposibilitados de alcanzar los estándares de
vida de los habitantes de la Alemania Federal.
En Alemania Oriental, a pesar de las medidas tomadas por su presidente Walter Ulbricht, la
gente mostraba su descontento con el régimen. El gobierno creó en 1950 su policía secreta
conocida como STASI19, que funcionó hasta 1989; el nuevo poder contó con los tanques
soviéticos (como lo demostraron los hechos de Berlín en 1953) para controlar y suprimir el
malestar y los disturbios internos; miles de trabajadores fueran ejecutados o enviados a
prisión. Luego de los hechos ocurridos el 17 de junio en Berlín Oriental, 500 ciudades se
19
El Ministerio para la Seguridad del Estado o STASI, fue el órgano de inteligencia secreta de la RDA.

23
sumaron a la protesta contra el régimen de Ulbricht. El crecimiento sostenido y la riqueza
de la RFA, determinó que muchos alemanes decidieron trasladarse de Berlín Oriental a
Berlín Occidental –con muy pocas pertenencias para no levantar sospechas- y de allí con
rumbo a Alemania Federal. Los masivos escapes (se fugaron 3 millones de personas hacia
el Oeste) obligaron al gobierno al gobierno a tomar medidas drásticas. El 13 de agosto de
1961, los berlineses se encontraron con que la ciudad estaba dividida por un muro: alambre
de espinas, soldados del Ejército Popular Nacional (Nationale Volksarmee), y miles de
obreros levantando el Muro de Berlín, que separaría por 28 años a familiares y amigos. A
partir de esa fecha, quedó clara la consolidación de dos modelos totalmente opuestos.

Ante este panorama, hubo fuerte demanda de mano de obra y abrieron oportunidades a las
mujeres y a los hombres, para lograr empleo, educación y movilidad social ascendente. En
la RDA las mujeres tenían una posición más equilibrada respecto a las mujeres de la RFA.
Alrededor del 50% de la mano de obra Alemán Oriental era femenina, inclusive las mujeres
que estaban casadas con hijos trabajaban de forma remunerada fuera de sus hogares. Todo
lo opuesto ocurría con las mujeres de la RFA, quienes volvían a ocupar un rol tradicional
dentro del mundo domestico. A nivel cultural, los jóvenes de la RDA estaban más
reprimidos que la juventud de Alemania Federal, aunque durante el gobierno de Honecker
tomaron mayor impulso los conciertos de rock. La República Democrática Alemana como
“dictadura educativa” creía en la idea de que el éxito del socialismo dependía de inculcarles
a los jóvenes los valores del movimiento, aplicando disciplina y controlando sus
comportamientos y emociones. El surgimiento del movimiento punk en la RDA, coincidió
cuando los valores educativos del socialismo comenzaban a desmoronarse. Por esta razón,
el régimen criminalizaba las acciones de la juventud; la delincuencia fue utilizada como
una herramienta ideológica y válida para oprimir al pensamiento disidente. Los expedientes
de la policía secreta de la RDA, la STASI, caracterizaban a los punkscomo antisociales,
degenerados y carentes de ideas socialistas; su música era totalmente agresiva y con mucho
pesimismo. Juliane Brauer nos dice que el movimiento punk ocupaba los principales
atractivos turísticos de Berlín Oriental (Alexanderplatz y Plänterwald) y realizaban distintas
actividades para expresar su descontento fuera del alcance del control estatal.Los jóvenes
de Alemania del Este estaban atentos a sus radios, intentando escuchar los éxitos que
captaba la radiofonía Occidental y los servicios de inteligencia de la STASI hicieron todo lo
posible para frenar esta escalada. Inclusive en 1987, David Bowie llevó a cabo un concierto
del lado Occidental, una figura que vivió en Berlín y que conocía bien la atmosfera de
aquellos años. Los jóvenes del Este trataban de acercarse para escuchar sus grandes éxitos.

Las reacciones juveniles que tuvieron lugar en la RDA, en los años 1980 protagonizadas el
movimiento punk, y que miraban hacia el futuro, corrían en paralelo con las tensiones
irresueltas en las dos Alemanias respecto al pasado nazi. En el caso de la República

24
Federal, se llevó a cabo lo que Edgar Wolfrum 20 denominó <<política del pasado>>, que
contenía características especificas. El canciller Adenauer estableció la amnistía y permitir
la integración de criminales nazis en la sociedad, es decir, que no se llevó a cabo una
política de persecución a los asesinos nazis. Estas políticas fueron apoyadas por una
coalición de todos los partidos políiticos, ya que había una imperiosa necesidad psicológica
de terminar con el proceso de <<desnazificación>> iniciado por los aliados.La RFA
consideraba que los soldados nazis fueron parte de una guerra normal, que se reduce a
sucesiones de hazañas por la patria.

El Holocausto no fue tema de debate en Alemania Federal, hasta fines de los años
cincuenta; dentro la sociedad alemana del oeste había opiniones con tinte antisemita y una
mirada con cierta simpatía a los ideales nazis. Las razones de ello fueron la represión de la
culpabilidad colectiva y la minimización de la misma, causando el rechazo del pasado la
culpa. La construcción social y política de la RFA se basó en la negación del pasado nazi y
la integración a la comunidad de soldados y simpatizantes nazis. En 1958 y luego de un
fuerte antisemita, que incluyeron pintadas con esvásticas por todo el territorio federal, la
clase política decidió tomar cartas en el asunto ante la amenaza que tenía este problema.
Para combatir este conflicto, los Ministerios de Educación y Cultura lanzaron planes para
incluir en la enseñanza de Historia, un estudio minucioso del nacionalsocialismo, a su vez
los lugares testigos de la tortura nazi, como los campos de concentración, fueron
revalorizados como lugares de memoria; a través de la Oficina para la Formación Política,
se propuso intervenir en la opinión pública a partir de lanzamiento de nuevas publicaciones.
A partir de la herramienta propagandística, el cine, las novelas literarias y la televisión,
buscaban influir en la opinión pública, de hecho, la televisión de la RFA transmitió
documentales sobre el Tercer Reich. Estaba claro que el antisemitismo no había sido
borrado totalmente de la sociedad, pero estas medidas buscaban mejorar la imagen de la
RFA ante el mundo occidental. En 1969, el nuevo canciller socialdemócrata Willy Brandt
identificado con la “Ostpolitk”21, buscó una nueva política exterior hacia el Este,
disminuyendo las crispaciones con la RDA. En el Oeste se recordó la resistencia de grupos
comunistas contra el nazismo; en el Este recordaron, la oposición anti nazista de círculos
burgueses.

En la República Democrática de Alemania, el proceso de desnazificación tuvo lugar entre


1945 y 1949, y durante aquellos años se asentaron las bases del socialismo. A diferencia de
lo que ocurrió en el Oeste, en la Este, la desnazificación fue mucho más radical; la limpieza
política tuvo un doble carácter: Primero, desterrar para siempre el nacionalsocialismo;
segundo, se interpretaba como una manera de modificar el sistema. Estas nociones, cuando
20
Ver Edgar Wolfrum, “Historia y memoria en Alemania, 1949-2009”, Historia del presente N 13, 2009, pág
72.
21
El origen del término hace referencia a la decisión política de Alemania Occidental de establecer buenas
relaciones con los países del bloque comunista.

25
fueron llevadas a la práctica, estaban estrechamente relacionadas. Otra diferencia respecto
de la RFA, fueron que las personas declaradas culpables de colaborar con la causa nazi no
desempeñaron ningún papel con el nuevo gobierno. Este mito se creó bajo la idea de que
los alemanes antifascistas habían derrotado al Tercer Reich con apoyo de la Unión
Soviética, de esta manera el proceso sirvió como un respaldo a la revolución antifascista. El
mito fundacional de la República Democrática no podía transmitirse a través de la memoria
colectiva; el gobierno logró difundir el mito a partir de actos públicos, monumentos, la
literatura y las artes plásticas. Durante la década de 1950, el Holocausto no era un tema
principal dentro de la RDA, inclusive la situación internacional de la Guerra Fría mantuvo
vigente un fuerte sentimiento antisemita en ambas Alemanias. Recién en 1988, el canciller
Honecker decidió indemnizar a las víctimas judías del nacionalsocialismo; el Estado
germano-oriental comenzaba a realizar esfuerzos para mantener una buena relación con el
mundo judío. El 9 de noviembre de ese mismo año, tuvo lugar en la RDA un acto público
para recordar a las víctimas judías de la noche los cristales rotos; era la primera vez el
aniversario de la revolución bolchevique se veía opacado por otro hecho.

Durante la década de los ochenta la palabra “normalización” del pasado comenzaba a


utilizarse en dos sentidos: el primero se trataba de relativizar el pasado alemán, es decir que
Alemania tenía sus tragedias y errores a lo largo de su historia, igual que las otras naciones.
El sociólogo norteamericano Jeffrey Olick agrega que: “Los cortos 12 años de dominio
Nazi no agotaron el extenso pasado alemán que debe ser aceptados con sus altibajos”
[ CITATION Oli98 \p 4 \l 11274 ].Este concepto fue mucho más agresivo cuando el
canciller Helmut Kohl estableció un fuerte cambio cultural que incluía el orgullo por la
historia de Alemania. El otro sentido de la normalización es la ritualización del pasado; el
aparato conmemorativo se había convertido en una herramienta muy fuerte de la Alemania
Occidental. La conmemoración de los sindicatos alemanes como los aniversarios del 1 de
Septiembre de 1939 o las visitas a los campos de concentración, volvieron el lenguaje y su
estilo completamente ritualizados; la normalización de Kohl fracasó, ya que se utilizó de
una manera muy agresiva e hizo participes a otros países.

Dentro de la esfera social, los ánimos de unificar Alemania parecían totalmente diferentes.
Winckler22 nos muestra que entre los jóvenes, el sentimiento de una unidad alemana no
estaba muy desarrollado respecto de generaciones anteriores. El 15% de los ciudadanos
mayores de 60 años consideraba a la RDA como una nación extranjera; entre los jóvenes de
la RFA el porcentaje era mucho mayor, un 50%. En la RDA no hubo registro de este tipo
de encuestas, pero el deseo de reunificación de la población del Este era mucho mayor que
en el Oeste. Para Winckler los habitantes de República Democrática sufrieron una derrota
doble, ya que ellos sufrieron la dictadura del nacionalsocialismo y tuvieron que soportar
una dictadura comunista, que les impidió aprender de los errores del pasado y de construir
una segunda democracia. En la sociedad de la Alemania Federal fue perdiendo peso la idea
22
Véase en Winckler, H. A. (1994). "La inesperada unidad de Alemania, 1989-1990", Debats N°50, pág 151.

26
de un Estado reunificado; del otro lado del muro, el gobierno de la RDA continuaba
ejerciendo una dictadura no legitimada por los ciudadanos.

En julio de 1989 un país miembro del Pacto de Varsovia23 tomó una decisión que marcaría
el fin de la RDA: la República Popular de Hungría había decidido desmantelar el telón de
acero de la frontera con Austria. Inmediatamente, millones de alemanes que provenían de la
RDA huyeron hacia Occidente por la “frontera verde”, producto de la dictadura del partido,
la pobreza y los problemas económicos. Ante la iniciativa del gobierno húngaro de hacer
regresar a los fugitivos germanos-orientales, muchas personas se refugiaban en las
embajadas de la RFA en Praga, Budapest y Varsovia. En septiembre de ese año, surgió un
brazo político opositor al SED, llamado “Foro Nuevo”, cuyo lema era <<Resurgimiento
89>>. El 21 de septiembre de 1989 los dirigentes de la RDA decidieron rechazar la
legalización de dicho partido, pero no logró atenuar el conflicto. Entre los demócratas más
importantes podemos encontrar a Barbel Bahley, Ingrid Kappe, Jens Reich, quienes se
consideraban como revolucionarios pacifistas; en poco tiempo el nuevo movimiento logró
aumentar el número de seguidores.

El 18 de octubre Erich Honecker fue depuesto del cargo de presidente del Consejo de
Estado de la RDA y lo reemplazó Egon Krenz, quien se propuso a dar un giro a la
situación. El 4 de noviembre se llevó a cabo en la Alexanderplatz de Berlín, la mayor
protesta contra la dictadura comunista de la RDA; reclamaban una ruptura total con el
partido del SED y la restauración de la democracia. La autodisolución del Partido Socialista
Obrero Húngaro y la caída de la República Popular de Polonia, aumentó la tensión en la
RDA. Finalmente el Muro de Berlín cae el 9 de noviembre de 1989, en un momento de
relaciones confusas entre las dos Alemanias; se abren las fronteras, se disuelve el partido
SED y la STASI es neutralizada. El 22 de septiembre de 1990 se firmó el tratado de unidad
alemana, en el cual se establecía a Berlín como capital de la nueva Alemania, donde dicho
país se hacía cargo de sus asuntos externos e internos. El líder de la Unión Sovietica,
Gorbachov, no tenía nada que objetar ante la unidad de Alemania, de hecho no había
intervenido políticamente en los países de Europa del Este.

Para concluir, Tanto Wolfrum como Olick coinciden en que Alemania, luego de la
reunificación, tuvo que afrontar aspectos negativos de su historia, por ejemplo el nazismo.
El Holocausto ha sido un factor preponderante de una política de rechazo en varios países;
la consigna <<Auschwitz>> se ha puesto como argumento para justificar distintas
intervenciones militares. El caso alemán muestra a las claras lo difícil que es manejar la
identidad colectiva de un país cuando hay un pasado oscuro. A pesar de quelas distintas
estrategias que la política alemana occidental implementó para relativizar el pasado no
tuvieron el efecto deseado y la sociedad alemana siente cierto grado de vergüenza cuando
23
Se trató de un acuerdo político, económico y militar de cooperación entre los países que conformaban el
bloque del este.

27
se les pregunta a cerca de su historia turbulenta. Mientras que en Europa Occidental, el
nazismo sigue representando una de las mayores catástrofes de la historia, en Europa
Oriental el fenómeno es relativizado, comparándolo con el régimen de la Unión Sovietica.
En la actualidad, continúua habiendo políticas fuertemente racistas y xenófobas, como las
de Donald Trump en los Estados Unidos o las de los partidos de ultra-derecha en Alemania.

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