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Karl Marx desde América Latina:

dialéctica, política y teoría del valor

Coordinado
por
ÓSCAR MARTÍNEZ

EDITORIAL ANDE | GISLAT EDITORES


Karl Marx desde América Latina:
dialéctica, política y teoría del valor

Coordinado por
ÓSCAR MARTÍNEZ

Textos de
Gabriel Vargas Lozano * Guido Starosta * Roberto Escorcia
Mario Robles * Stefan Gandler* Guillermo Rochabrún*
Enrique Tellez * José Gandarilla* Nicolás Gonzáles Varela
Juan José Bautista * Franz Hinkelammert* Nury García*
Fernando Huesca* Elvira Concheiro * Jaime Ortega *
Gustavo Pérez Hinojosa Carlos Pérez Soto * Cristian Gillen
John Holloway * Gastón Caligaris * Carlos Lincopi *
Óscar Martínez * Enrique Dussel * Juan Iñigo Carrera*
Karl Marx desde América Latina:
dialéctica, política y teoría del valor

Editado por:
© GISLAT Editores de Ronald Yoel Deudor Roque
Av. German Amezaga 324, Av. Universitaria 1347
gislatcorreo@gmail.com

© Editorial Ande de Máximo Oscar Luis Martinez Salirosas


Jr. Garcilaso de la vega #127, San Gregorio, Ate-Vitarte – Lima
oscarmartsal@gmail.com
Celular: (+51) 928 765 274

Editores: Óscar Martínez


Coordinador: Óscar Martínez

Portada en óleo: Bruno Portuguez

Primera edición: Lima, noviembre del 2019


Tiraje: 500

Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú


N º 2019 15944
ISBN: 978-612-48173-0-4
Impreso en Perú – Printed in Perú – Perú llaqtapi qellasqa

Impreso en los talleres gráficos de Imprenta Editorial Activa


Av. Argentina 144 int.1123 1er piso galería Unicentro
Noviembre 2019
ÍNDICE

Prólogo
por Óscar Martínez 11

Introducción
por Gabriel Vargas Lozano 17

PRIMERA SECCIÓN
DIALÉCTICA Y MÉTODO

El papel y el lugar del ´fetichismo de las mercancías en el


sistema de exposición dialéctico de “El capital” de Marx´
por Guido Starosta 23

Método y estructura de la presentación del concepto


de capital de Marx
por Roberto Escorcia y Mario Robles 61

Dialéctica de la emancipación. Fragmentos filosóficos


y crítica de la economía política
por Stefan Gandler 93

La división de las Ciencias Sociales y la Epistemología


capitalista: una mirada desde “El capital”
por Guillermo Rochabrún 109

Razón material, producción y método


por Enrique Téllez 131

SEGUNDA SECCIÓN
TEORÍA POLÍTICA

Karl Marx, un aporte clásico para comprender


y criticar el capitalismo como sistema mundial
por José Gandarilla 161
Crisis y crítica en Marx
por Nicolás González Varela 177

Pensar Marx desde América Latina. El problema de la


decolonialización del pensamiento crítico contemporáneo
por Juan José Bautista 189

Sobre la reconstitución del pensamiento crítico:


la ausencia presente y los límites de lo posible
por Franz Hinkelammert 221

Valor de uso como clave emancipatoria


por Nury García 249

El concepto de oposición política: de Hegel a Marx


por Fernando Huesca 261

Marx en el siglo XXI. Notas en torno a la cuestión


del partido y la praxis en Marx
por Elvira Concheiro 273

Lógicas del mundo en “El capital”.


Variaciones en torno a las hipótesis de Althusser
por Jaime Ortega 299

Lenin, Mariátegui y las comunas rurales:


Un debate marxista inconcluso
por Gustavo Pérez Hinojosa 313

TERCERA SECCIÓN
TEORÍA DEL VALOR

La teoría marxista del valor considerada desde un marxismo


de tipo hegeliano
por Carlos Pérez Soto 325
El primado de las fuerzas productivas: una lectura desde Marx
para transformar la realidad
por Cristian Gillen 355

Catorce tesis sobre “El capital”


por John Holloway 377

Distintas tasas de ganancia y tipos de capitales en la crítica de la


economía política. Un enfoque alternativo
por Gastón Caligaris 391

El fetichismo de la mercancía como el secreto del mundo moderno


por Carlos Lincopi 417

APÉNDICE
Entrevistas por Óscar Martínez

El Marx de Enrique Dussel o un marxismo para América Latina.


Entrevista a Enrique Dussel 427

Crítica de la economía política, sujeto histórico y


destrucción del capital
Entrevista a Juan Iñigo Carrera 443

AUTORES 465
LA DIVISIÓN DE LAS CIENCIAS SOCIALES Y LA EPISTEMOLOGÍA
CAPITALISTA: UNA MIRADA DESDE EL CAPITAL

por Guillermo Rochabrún

Resumen
En el ámbito de las ciencias sociales hay una pregunta persistente: ¿por
qué ellas existen como disciplinas no sólo diferentes sino inclusive
autónomas, a pesar de reiterados argumentos sobre la inconveniencia de tal
situación? Si a fin de cuentas el objeto de todas ellas sería “uno solo”, las
divisiones no tendrían razón de ser, por lo que su origen sería más o menos
azaroso, cuando no arbitrario. Sostengo una opinión muy diferente. No es que
defienda ni estas escisiones ni alguna otra, pero nos agraden o no son una
resultante obligada de las relaciones sociales de la sociedad capitalista tal
como las presenta El Capital. Por eso procuraremos explicar por qué las
divisiones actuales han ido apareciendo –todas en la misma época- y qué
fundamento tienen, el cual, aunque sea históricamente relativo no por ello es
menos real. Así también será claro que un panorama diferente para el estudio
del mundo social dependerá de un cambio en las relaciones sociales mismas;
finalmente, de las relaciones de producción.

I) Economía – Economía Política – Economía


En el mundo contemporáneo quizá la Ciencia Económica sea la más
antigua de las ciencias sociales; sin embargo, más importante que esa
antigüedad es su ubicación en un eje central: aquel que define lo público y lo
privado, situándose además en el polo dominante de dicho eje: el ámbito
privado. En la historia de esta disciplina, incluyendo lo que algunos
considerarían su “prehistoria”, podemos distinguir tres momentos. a) El
primero remite a cómo era entendida en la Grecia Antigua, en particular en el
pensamiento de Aristóteles –hace 2,300 años-, aunque él no fue el primero en
reflexionar sobre ello, y que si bien con grandes intermitencias y eclipses se
extiende hasta los siglos XVII y XVIII. b) Luego sigue una etapa donde
experimenta una drástica metamorfosis hacia el siglo XVII con la aparición
de la Economía Política, y más claramente en el siglo siguiente, continuando
con tal nombre hasta fines del S. XIX. A partir de entonces c) cambia otra vez
su denominación, “recuperando” el término original –Economía, a secas-,
aunque con un contenido radicalmente diferente al que recibía en la
Antigüedad. Como veremos, detrás del cambio en los términos hay mucho
más.

109
En Tiempos de Jenofonte (430-354 a.J.C.) y Aristóteles (384-322 a.J.C.)
El término griego “economía” (οíκονομία) significa “ciencia del hogar”.
Surgió a partir de un régimen social en el cual la familia –o el hogar, que
comprende a parientes, criados y esclavos- era la unidad económica por
excelencia. Al lado de esta economía doméstica puede haber comerciantes,
financistas; más aún, en la Antigüedad hubo pueblos dedicados al comercio,
como Fenicia. La Economía fue así, inicialmente, la ciencia (o el arte) de
llevar bien el hogar, en un régimen de producción en el cual, si bien no está
ausente el mercado, éste no recubre toda la actividad productiva. Dicho en
términos de la Economía Política posterior, el comercio sería un mundo donde
predomina el dinero, el afán de lucro: en una palabra, el valor de cambio;
mientras que en la οíκονομία predomina el valor de uso. Por eso, para
Aristóteles el mundo del dinero más que a la “economía” pertenece antes bien
a la crematística1.
Recordemos la cita de Aristóteles que refiere Marx en el cap. I de El
Capital, donde el filósofo hace una ecuación en la que cinco camas se igualan
a una casa2. Lo que –según Marx- intriga a Aristóteles no es tal o cual
proporción cuantitativa, sino que ambos objetos queden igualados. Si en
cuanto al uso son totalmente distintos, ¿en qué pueden ser equiparados? Ahí
estamos pues, ante una primera sospecha de la divergencia entre valor de uso
y valor de cambio. Marx comenta que el genio de Aristóteles se revelaba en
que fue capaz de plantearse esa pregunta, aunque por las condiciones sociales
entonces existentes no pudiera dar con la respuesta.
Si hemos hecho alusión al eje público-privado cabría mencionar a la
Política, campo que en dicho eje se sitúa sobre todo en el primer polo, y en el
cual Aristóteles es hoy mucho más reconocido que en la Economía. Sin
embargo, no hay una equivalencia directa en el significado de estos términos

1
“La palabra crematística viene del griego χρηματιστική (chrematistike), que a su vez se deriva
de χρήματα (chremata), traducido como bienes, riqueza, dinero. De modo que originariamente la
crematística sería el arte de adquirir bienes o dinero. En el primer libro de la Política Aristóteles
afirma que hay dos tipos de crematística: la doméstica y la comercial o de cambio. La crematística
doméstica se sirve a veces del dinero para obtener lo necesario para la vida y el hogar y la
crematística de cambio tiene por objeto el dinero mismo. Aristóteles considera que la riqueza
doméstica tiene un límite, las necesidades del hogar, mientras que la riqueza a que aspiran los
que se dedican al cambio es ilimitada, pues no persiguen otro fin que el aumento indefinido de
su caudal de dinero. Aristóteles muestra mayor simpatía por la primera que por la segunda. No
obstante, en el libro V de la Ética Nicomáquea, Aristóteles volvió a meditar sobre la función del
dinero, esta vez con mayor simpatía por la actividad comercial.” Tomado de
http://etimologiaspalomar.blogspot.com/2011/11/economia-y-crematistica.html (Consultado el
07/junio/2015).
2
Karl Marx: El Capital, tomo I pp. 72-73. En adelante esta obra será citada como EC.
Corresponde a la edición de Siglo XXI, México 1976.
110
entre el mundo clásico y el mundo contemporáneo, aunque no podemos ahora
detenernos a explicarlo3.

¿Por qué Economía “Política”?


Luego transcurren algo más de dos milenios, sin que la “economía”
concitase ninguna atención intelectual en particular, hasta los inicios del
mundo que llamamos moderno. Esta coincidencia tiene una explicación, pues
la Antigüedad clásica y el mundo moderno tienen en común, aunque con muy
distintas implicancias y grados de desarrollo, una matriz de categorías
centrales que incluyen al individuo autónomo, la distinción entre lo público y
privado, así como la elección entre alternativas como un problema cotidiano.
Y por supuesto, el mercado como espacio de intercambio entre individuos
libres.
Como sabemos, el mundo moderno comprende un abigarrado conjunto de
fenómenos nuevos, o al menos bajo una nueva configuración. Entre éstos,
considerando su amplitud y visibilidad, está la aparición de una forma nueva
de organización política que es el Estado, el cual constituye centralmente la
separación entre una esfera pública y una esfera privada. Esta separación no
existía con claridad en la Edad Media, cuando la diferenciación central en ese
campo estaba entre el poder de la Iglesia, y el poder de señores y reyes: vale
decir, el “poder temporal”, mientras que al interior de éste la división se daba
entre nobles y plebeyos. En este mundo histórico el poder de los nobles es un
poder personal; no deriva de un cargo. En términos de Max Weber
corresponde a la dominación que denomina tradicional, con fuertes
componentes patrimoniales4. Quiere decir que el soberano tiene potestad e
incluso propiedades personales sobre los bienes del reino, e inclusive sobre
sus mismos súbditos.
En líneas generales, junto con una nueva división del trabajo que se
“resuelve” mediante el mercado, a partir del siglo XVI empieza a
generalizarse y cobrar relevancia nociones, como “ciudadano”, “pueblo”,
“nación”, “Estado”, “soberanía”, y realidades institucionales como la
diferenciación de poderes. Se trata de un largo proceso en el cual lo público
va surgiendo de una evolución que va a terminar minando al gobierno de la
élite que estaba destinada a mandar: las familias “nobles”. El Rey, el Señor,
condensaban en su persona el ser social de sus súbditos. Por ejemplo, si los
Estados modernos tienen una ciudad capital, en tiempos feudales ésta no era
un lugar fijo, sino aquél donde se encontrará el gobernante. Este llevaba, en

3
Sobre el tema puede verse el artículo de Agnes Heller: “La Sociología como Desfetichización
de la Modernidad” [1987], especialmente pp. 24-25. Debates en Sociología No. 16. Set. 1991.
Departamento de CCSS – PUCP.
4
Max Weber: Economía y Sociedad, Ia parte, Cap. III, III. FCE, México 1969.
111
su cuerpo mismo la personificación de lo colectivo -el reino, el condado, el
ducado- donde él era la autoridad política. Bajo sus designios se encontraban
los súbditos, que estaban para servirlo. No era el señor quien estaba para
servir a sus súbditos.
Los procesos que según Marx constituyeron la “acumulación originaria”
–básicamente la expropiación a los campesinos de las parcelas que cultivaban,
y la transformación de los talleres artesanales en empresas capitalistas-
trajeron consigo la aparición de una amplia capa de propietarios plebeyos (los
burgueses) y de proletarios, que tenían en común la ausencia de lazos de
subordinación a algún noble. Aparece pues, una riqueza privada, resultado de
un trabajo que se experimenta como actividad de hombres libres, y por tanto
dignos. La riqueza de la nación va a irse convirtiendo en algo diferente a la
del gobernante. Será más o menos evidente que esta última empieza a
depender de la primera, por lo cual va a estar en el interés del poder político
crear condiciones para su mayor desarrollo. Solamente así el poder político
podrá recaudar una parte de la riqueza privada para mejorar las condiciones
que permitan incrementarla. Finalmente, a través de una larga evolución la
concepción del Estado Moderno va a incluir la figura según la cual el
gobernante ocupa un cargo público, no debido a su persona sino en razón de
determinados procedimientos legalmente constituidos, y está para servir a
quienes ya no son súbditos, sino ciudadanos. Ahora el espacio privado
aparece como una instancia fundante, desde la cual se explica la existencia de
lo público.
Sin embargo, en la teoría política y en la Filosofía Política este punto
presenta un problema: ¿cómo podría existir un Estado -sin convertirlo en una
entelequia- “antes” de que existan los ciudadanos?, ¿y cómo se puede ser
“ciudadano” antes de la constitución de lo estatal? 5 En el capítulo sobre el
intercambio (Cap. II) Marx presenta un problema análogo: ¿qué es primero,
el valor de uso, o el valor de cambio? ¿Cómo saber si un objeto tiene un valor
de uso antes de haber pagado su valor de cambio, y cómo pagar éste antes de
conocer su valor de uso? (EC 105). Aparece un “círculo vicioso” que no es
otra cosa que la traslación al campo de la economía de esta antinomia o
dicotomía entre ciudadano y Estado, y cuyo equivalente en la Sociología
viene a ser la dicotomía entre individuo y sociedad: ¿vamos a explicar a la
sociedad a partir del individuo, o explicaremos al individuo a partir de la
sociedad? No es por azar que estas disciplinas encuentren la misma dificultad
en sus respectivos fundamentos. Su origen está en esa escisión entre el
individuo privado y el medio social, que luego se proyecta hacia múltiples
direcciones.

5
John Locke (1632-1704) así lo sostuvo, si bien ello no resolvió el problema en la vida política
misma. Sobre Locke puede consultarse http://www.iep.utm.edu/locke/.
112
Pero regresemos a la Economía Política. En la medida en que a) se va
delimitando una esfera pública, donde el gobernante ya no es “dueño” del
país incluyendo a los bienes y personas de los súbditos, cuando b) empieza a
diferenciarse un cuerpo administrativo (lo que ahora viene a ser la
Administración Pública), y c) junto con todo ello cuando los gastos del
gobierno y los gastos personales del gobernante dependen de una
recaudación que brota de los particulares, la riqueza pública aparece
dependiendo de la riqueza privada. A su vez ésta demanda un marco legal
apropiado, y el Estado requiere un sistema de recaudación.
Tales circunstancias marcan los orígenes de la Economía Política –
totalmente diferente a la Economía (del hogar) heredada de la Antigüedad.
De ahí que para Marx un personaje clave en los orígenes de la economía
política sea William Petty (1623-1687), médico de profesión, quien estuvo al
servicio de Oliver Cromwell. Petty era un hombre práctico que realizó labores
de catastro –tras las cuales se hizo de grandes propiedades en Irlanda, y como
tal es uno de los protagonistas y beneficiarios de la “acumulación originaria”-
, que formuló algunas ideas y prescripciones sobre las funciones públicas y la
manera cómo debían alentar las actividades privadas6. No obstante, habrá que
recorrer un largo camino desde la formulación de simples medidas prácticas
de recaudación, hasta la constitución de una ciencia que siga el modelo que
para la Física venían estableciendo por entonces Galileo y Newton.
Como puede verse, en ese entonces la preocupación central no está en
problemas teóricos, sino en cómo el Estado puede recaudar lo suficiente para
sus gastos, y cómo debieran ser éstos para incrementar la riqueza general, de
modo de acrecentar la recaudación. En los títulos de las dos obras más
importantes de la Economía Política “clásica” -An Inquiry into the Nature and
Causes of the Wealth of Nations (1776) de Adam Smith, y Principles of
Political Economy and Taxation (1817) de David Ricardo- figuran los dos
ámbitos aludidos: a) las naciones en las cuales se produce riqueza, de modo
que b) los productores puedan tributar bajo condiciones que protejan esa
riqueza y permitan que ella aumente de continuo.
Ahora bien, el mundo privado es un mundo de individuos –a los cuales
casi siempre se les visualiza como varones adultos- cuyas propiedades deben
estar garantizadas. Locke había formulado los principios clave del
liberalismo, en política y en economía como campos de actividad. Para él, es
la propiedad lo que puede asegurar la condición ciudadana y constituir un
cuerpo político gobernable sobre la base de la voluntad de los gobernados.
Locke está confrontándose con Hobbes, aunque sobre las mismas premisas
fundamentales que éste había formulado: un gobierno de fundamento secular
y basado en un “contrato social”.

6
Puede verse sobre Petty http://es.wikipedia.org/wiki/William_Petty.
113
Para Hobbes el mundo de los sujetos privados era un mundo caótico al
cual había que poner orden. Más que un mundo de propietarios o no
propietarios es un mundo de gente sin ley. "La vida era violenta, brutal y
breve" -uno podía ser asesinado impunemente en cualquier momento. Pero ya
no hay una instancia divina de la cual pueda emanar directamente la autoridad
sobre los hombres; por lo tanto, la única salida es que ellos mismos
constituyan esa autoridad. En el planteamiento de Hobbes los hombres
constituyen el Leviathan, una figura humana gigantesca compuesta por
“homúnculos”: es decir, por los humanos mismos a los cuales ese Estado va
a gobernar. Es una instancia que emanando de ellos, los supera, los trasciende,
manteniendo estrictamente una jerarquía por la cual ese Estado, encarnado en
un monarca absoluto, reina y gobierna de manera vitalicia sobre los
gobernados7.
En cambio, en Locke la sociedad está formada por propietarios dotados
de razón, y cuyas propiedades derivan de su trabajo. Obviamente les interesa
preservar su propiedad y necesitan garantías para ello; es así que demandan
un gobierno encargado de dar las mejores condiciones para manejar sus
propiedades en beneficio personal, y dejando claro que los derechos de uno
terminan donde comienzan los derechos de los demás. Será el Estado el que
se encargue de restituir los derechos que eventualmente hayan sido
transgredidos Estamos aquí ante el liberalismo inglés clásico, que fundamenta
una monarquía constitucional, la cual incluye la separación de poderes8.
Por supuesto, los cambios en la realidad y en el pensamiento económico
no habían ocurrido solamente en Inglaterra, y así en varios países hubo
también el desarrollo de ideas sobre la mejor forma de incrementar la riqueza.
En particular se desarrollaron el mercantilismo (la riqueza reside en los
metales preciosos, de ahí que para los mercantilistas un Estado debiera tener
las mayores reservas posibles de éstos), y la fisiocracia (la agricultura es la
única actividad capaz de producir un excedente: de obtener más de lo que se
invierte), mientras que en todos los casos las arcas fiscales eran una
preocupación central. Ahora bien, fue en Inglaterra donde aparece,
aproximadamente junto con la generalización del “mercado de fuerza de
trabajo libre”, la concepción según la cual “el trabajo es la fuente de todo
valor”.
No deja de llamar la atención que en apenas unas cuantas décadas se haya
constituido una nueva disciplina, la cual ahora tiene como miras alcanzar un
status científico sobre un campo que también es propiamente nuevo: el
fundamento económico del Estado-Nación. Puede apreciarse la celeridad de
este cambio en las ideas sobre la actividad económica si vemos que Francis

7
Aquí es muy pertinente la explicación que da Agnes Heller en el artículo citado.
8
De todos modos, en Locke se mantiene la “trascendencia” del Estado sobre los individuos.
114
Hutcheson (1694-1746), quien fuera profesor de Adam Smith (1723-1790),
en el libro III de su obra A System of Moral Philosophy, titulado “Economía
y Política” -y muy al margen de Petty-, incluía capítulos sobre matrimonio y
divorcio, deberes entre padres e hijos, patrones y sirvientes. En cambio, era
en el libro II donde figuraba el estudio de la propiedad, la sucesión, los
contratos, el valor de bienes y moneda, y las leyes de la guerra. Pero ese libro
llevaba como título “Elementos de la Ley de la Naturaleza”. Esto acontecía
en 1742: apenas 34 años antes de La Riqueza de las Naciones. Con sutil ironía
Moses Finley lo explica así:

“Hutcheson no era descuidado ni mal intencionado: se hallaba al final de una


tradición que se remontaba a más de dos mil años antes… [El modelo] fue el
Oikonomikos, escrito por el ateniense Jenofonte antes de mediar el siglo IV
a.C.” 9

La división que hace Hutcheson parece coincidir con la que tiene lugar
entre la producción de valores de uso y la trama social a su alrededor, y la
crematística, donde el comercio no dejaba de estar asociado a la guerra. Ello
no significa que la realidad inglesa del siglo XVIII correspondiera a la de
Grecia dos mil años antes, sino que la reflexión sobre la vida económica
seguía anclada a épocas que ya no correspondían a lo que venía ocurriendo.
Estábamos entonces en un momento de muy grandes transformaciones reales
y en la forma de pensar, la cual se va a ir acoplando a esas transformaciones
reales. El caso es que esa “puesta a tono” –y este es un punto particularmente
interesante- va a darse mediante la Economía Política en su forma “clásica”
inglesa –más específicamente escocesa-; y lo va a hacer, como vimos, de la
mano de la filosofía política a través de Locke.
Sin embargo, esa Economía Política que está basada en el valor-trabajo va
a manifestar vacíos e inconsistencias, siendo la más notoria la explicación del
origen de la ganancia. A ello se agregará la dificultad de explicar las crisis –
por entonces un nuevo fenómeno-, y también la sospecha de que hay una tasa
de ganancia decreciente y cuya explicación no brota del valor-trabajo. Ante
estos vacíos van a ir apareciendo posturas eclécticas, agregando segmentos
teóricos heterogéneos para “tapar baches” de aquella teoría basada en el valor-
trabajo. Tal eclecticismo, contrastante con la unidad y coherencia iniciales, va
a ser denominado por Marx “economía vulgar”, y frente a la cual se mostró
inapelablemente despectivo. Basten como ejemplos las frases que dedica a
Jean-Baptiste Say o a John Stuart Mill.
En esta historia el papel de Marx consistió, aparentemente, en el salvataje
de una teoría que naufragaba e iba siendo abandonada. Para él había que
rescatarla, pues en ella subyacía un principio que no podía ser descartado –el

9
Moses Finley: La Economía de la Antigüedad, p. 15. FCE, México 1974.
115
trabajo como fuente, sustancia y medida del valor-, aunque al mismo tiempo
debía ser reconstruido de modo de resolver sus vacíos y contradicciones y
formar una teoría que fuese mucho más allá de lo que sus mismos forjadores
burgueses pudieron lograr. Marx entendía que la diferencia última entre él y
los clásicos dependía de la filiación de clase de cada cual. A fin de cuenta, los
clásicos no solo estudiaron el capitalismo, sino que estaban a su favor; por lo
tanto, sin saberlo y quizá sin quererlo, asumían una visión “apologética” del
capitalismo. Tal visión se correspondía con los intereses de una clase
burguesa, particularmente en su fase industrial, que en muchos sentidos era
una clase revolucionaria porque desarrollaba fuerzas productivas,
desmantelaba instituciones obsoletas, abría nuevos horizontes, etcétera10.
Pero esa misma clase tenía ante sus propios ojos una suerte de “pecado
original” que no podía confesar: la explotación al proletariado como fuente
de la ganancia; y en esta ceguera estaba la razón de fondo de sus
inconsistencias.
Contrariamente, para Marx era claro que si en la sociedad había una clase
que no trabajaba ello sólo podía explicarse por la generación de un trabajo y
un producto excedentes, ejecutado por otros y disfrutado por los primeros 11.
La “clase burguesa” no podía admitir que el excedente procediera de un
trabajo no pagado, pues para ella era evidente que las relaciones sociales se
fundaban en la igualdad que rige en los intercambios, y por la cual todo se
paga a su valor. El propósito de Marx fue resolver esa contradicción. No debe
extrañar que su argumento haya tenido muy poco eco en los medios
académicos, lo cual Marx atribuía a una “conspiración del silencio”: ante la
imposibilidad de refutar su obra la única salida era ignorarla.

De nuevo “Economía”: el marginalismo y la “escasez”


Ahora bien, ya desde la segunda mitad del siglo XIX en varios países de
Europa estaba germinando una teoría económica completamente distinta a
todo lo anterior: el marginalismo. Con él acontece una cesura, un corte radical
con la Economía Política previa, al punto que la ciencia económica cambia
de nombre y va pasar a denominarse simplemente Economía. Quizá la mejor
manera de entender al marginalismo sea como una teoría de las decisiones.
Constituir este objeto requiere ante todo un tipo particular de sujeto: el sujeto
que decide. Aquí la mirada es estrictamente individualista; no hay una visión
de conjunto, como existía en la Economía Política –pese a que haya
compartido la imagen de una sociedad formada por propietarios privados-, ni

10
Al respecto es emblemático el elogio a la burguesía del Manifiesto del Partido Comunista,
Cap. I.
11
Véase las citas de diversos autores reconociendo y justificando la existencia de un producto
excedente en EC 761-764.
116
tampoco percibe una estructura económica. Lo que existe son sujetos dotados
de recursos12; ante ellos encuentran opciones distintas de acción, de modo que
la pregunta pasa a ser cómo elegir entre éstas, cómo actuar racionalmente. Se
verá que a una ciencia con este objeto le será prácticamente imposible
distinguir entre su punto de vista y el del sujeto actuante.
Independientemente de esto el marginalismo constituye un agente muy
diferente al que antes había caracterizado al pensamiento económico: si antes
fue el productor, ahora es el consumidor, pues las decisiones a estudiar lo son
respecto al consumo de bienes y servicios. Cabe precisar que se trata de todo
consumo, y no solamente del consumo de bienes y servicios personales:
consumidor es igualmente el industrial que debe optar por 1 de capital y 5 de
trabajo, por las proporciones contrarias, o por un punto intermedio 13. A fin de
cuenta, en todos los casos los agentes económicos están sujetos a disyuntivas,
y entre ellas deben decidir. La racionalidad se entiende como el criterio que
permite la mayor satisfacción o que proporciona el mayor rendimiento, pues
esos recursos son limitados. Sin embargo “limitado” no será el término que el
marginalismo va a utilizar para calificarlos, sino la escasez. Es sintomática la
elección de este término, que evoca insuficiencia, insatisfacción, déficit,
penuria. Véanse estos ejemplos:

“Nunca es posible satisfacer hasta la saciedad por medio de la producción


todas las necesidades que surgen en un período. La tensión entre necesidades
y medios para satisfacerlas subsistirá siempre con toda probabilidad. La vida
del hombre sobre la tierra siempre estará bajo la fría estrella de la escasez.”
(Eric Schneider, Teoría Económica Tomo I, p. 13. Aguilar, Madrid 1964.)
“Para la mayor parte del mundo la escasez económica es dolorosamente
evidente. Incluso en los Estados Unidos estamos lejos de ser lo
suficientemente ricos como para escapar a la omnipresente necesidad de
economizar. Es decir, de elegir entre alternativas cuando quisiéramos tener
ambas. A nivel individual, pocos de nosotros tienen todo el dinero que
desearíamos. Si usted hace un viaje de vacaciones a Florida, no puede
permitirse un nuevo terno. La escasez y el problema de elección que de ella se
deriva, es tan omnipresente a nivel colectivo en lo nacional como en nuestra
vida a nivel individual”. (George L. Bach: Economics. An Introduction to
Analysis and Policy, p. 13. Prentice-Hall 1968, 6ª edición.)

12
Visto de esa manera, para buscar un punto en común con la Economía Política anterior, tales
sujetos serían “propietarios”, aunque el significado del término sería aquí muy diferente. En la
Economía Política eran productores, la propiedad había derivado de su trabajo; en cambio en el
marginalismo no es necesario ninguna explicación del acceso a esos recursos; lo que interesa es
lo que el sujeto va a hacer con ese recurso. Quien decide puede ser el propietario, o un
administrador contratado a tal efecto. Veremos más adelante una explicación socio-política del
abandono explícito de la relación entre valor y trabajo.
13
Aunque en principio también estaría sujeto al mismo tipo de análisis, el trabajador ha quedado
muy al margen de éste.
117
“Las necesidades humanas que se pueden satisfacer consumiendo bienes y
servicios pueden ser consideradas, en el mundo actual, como insaciables. La
oferta existente de recursos…es suficiente para producir sólo una pequeña
parte de los bienes y servicios que los individuos desean. Esto origina uno de
los problemas básicos de la economía: la escasez. Así…debe existir un
mecanismo por el que se decida qué es lo que debe hacerse y qué es lo que
debe dejarse de hacer…” (Richard Lipsey: Introducción a la Economía
Positiva, pp. 68-59. Vicens Vives, Barcelona 1999)

Sorprende la opción por dicho término, considerando los equívocos que


produce. Bastaría que en un momento determinado la oferta supere a la
demanda para que en ese caso no haya “escasez”, de modo que al menos
teóricamente la “no escasez” sería una situación igualmente elemental. En
cambio, otros términos, como “finitud”, carecen de esos problemas,
librándose además de los tonos sombríos 14.
Del marginalismo como corriente de pensamiento es sumamente
llamativo que sus planteamientos básicos fueran apareciendo a la vez en
distintos países de Europa, sin que sus distintos gestores se hayan conocido
entre sí: Leon Walras en Francia (1834-1910), aunque nació en Suiza),
Stanley Jevons en Inglaterra (1835-1882), y Carl Menger en Austria (1840-
1921). Asombra también que su punto de partida consista en una elemental
experiencia universal: el nivel de satisfacción decreciente que se obtiene con
cada unidad adicional consumida de un bien determinado, satisfacción que el
sujeto puede comparar con la que obtendría de consumir algún otro bien. El
sujeto optará por aquello que, en esas circunstancias, le procure la mayor
satisfacción.
Como dijimos, se trata de un sujeto consumidor. En consecuencia, aquí
desaparece el mundo de productores de la Economía Política. En este enfoque
tampoco es importante saber de dónde surgieron los bienes cuya utilidad
marginal se compara; baste con saber que están en el mercado, y que ante la
imposibilidad de tomar todos los bienes deseados habrá que escoger entre
ellos. El criterio será la utilidad marginal que cada uno proporciona. Tal es la
pregunta y la respuesta de la economía marginalista 15.

14
Los párrafos citados se encuentran en mi artículo “La Zanahoria y el Asno: Para un Análisis
Crítica de la Noción de Escasez”, en Batallas por la Teoría. En torno a Marx y el Perú. IEP,
Lima 2009. Centralmente ahí sostengo que lo único en verdad “escaso” –limitado- es el tiempo.
Los bienes existen en la medida en que son producidos, siempre en magnitudes limitadas; de no
ser producidos no son escasos, sino inexistentes. También cuestiono la idea de “necesidades
ilimitadas”, pues no hay más necesidades que los bienes y servicios que puedan ser producidos.
Pero lo que sí es cierto, y siempre lo será, es la necesidad de optar. Ahora bien, ello es por
completo diferente a la “escasez” de los manuales de Economía.
15
En las historias del pensamiento económico se encuentran referencias a que ciertos monjes
medievales habían anticipado una idea análoga. Así también se puede ubicar, décadas antes de
los marginalistas, a Ernst Engel, quien mostró el desplazamiento de las preferencias a medida
118
Ahora bien, ¿por qué recién a fines del siglo XIX una experiencia tan
elemental y de sentido común, empieza a constituir la piedra angular de un
edificio teórico que resultó ser tan novedoso y revolucionario?16 ¿Por qué no
habría ocurrido antes, y por qué ahora sí? Además, ¿por qué terminó
imponiéndose y siendo universalmente aceptada como el fundamento de la
ciencia económica, la cual –repetimos- pasó a ser una nueva disciplina, más
en divergencia que en continuidad con los “clásicos”? Veamos primero
algunas respuestas insatisfactorias.
Nicolai Bujarin sostenía en 1919 que el marginalismo era la expresión
intelectual de una clase internacional de rentistas17; sin embargo, no sustentó
ni desarrolló esta idea. Por el contrario, un cuarto de siglo más tarde Werner
Stark afirmaba que alrededor del cambio de siglo, “nunca estuvo la sociedad
más próxima al estado de la competencia perfecta que en los años en que
surgió la teoría utilitarista del valor; nunca, de hecho, hubo una suma mayor
de individuos independientes.” En verdad la hipótesis de Stark encontraría
dificultades ante vastos fenómenos que entonces tenían lugar, como la
formación de monopolios, grandes corporaciones, organizaciones sindicales,
la creciente intervención del Estado en la economía, la adopción de “políticas
sociales”, sin dejar de mencionar los nuevos imperios coloniales y sus efectos
en la expansión del “libre cambio”. Y sin embargo, según el mismo Stark la
teoría económica era un “sistema en equilibrio de hombres-átomos que
luchan conforme a la realización máxima del placer.” (Stark, op. cit. p. 83.)18
Como puede verse, desde interpretaciones opuestas Bujarin y Stark intentaron
trazar un estricto paralelo entre las ideas económicas y las circunstancias
sociales predominantes; en tal sentido todas las doctrinas económicas habrían
“reflejado” la realidad que sus autores habían conocido 19.
En cambio, el sociólogo marxista Simon Clarke ha dado una explicación
mucho más elaborada y convincente, cuando expone los debates intelectuales
que tuvieron lugar en algunos países europeos, particularmente en Inglaterra
y Alemania, y la manera cómo hacían eco de problemas socio-políticos.

que el ingreso aumentaba o decrecía. A lo largo del siglo XIX la idea de la utilidad marginal
apareció numerosas veces.
16
José Manuel Naredo, siguiendo a Schumpeter y a otros, llega a una conclusión diferente. Según
ellos el marginalismo no habría implicado un cambio tan radical como generalmente se piensa.
Cfr. La Economía en Evolución, capítulo 13. Siglo XXI, 4ª. edición, Madrid 2015.
17
Nicolai Bujarin: The Economic Theory of the Leisure Class, p. 34. Monthly Review Press,
1972.
18
Werner Stark: Historia de la Economía en su Relación con el Desarrollo Social [1944]. FCE,
México 1961, p 81 y 83, respectivamente.
19
A diferencia de su tratamiento de otras épocas, en el libro de Naredo no hay ninguna indicación
al respecto. En cambio Mark Blaug en Economic Theory in Retrospect. (Cambridge University
Press, 1997) asume un punto de vista ecléctico.
119
Clarke muestra la centralidad que tuvieron fenómenos como las demandas de
derechos sociales y políticos del movimiento obrero, y las tensiones acerca de
la unidad nacional. El marginalismo, cuyos primeros exponentes mostraron
una amplia gama de posiciones frente a la “reforma social” y a la intervención
del Estado, habría sido la solución encontrada ante la necesidad de la teoría
económica de obviar toda vinculación entre propiedad y trabajo, aunque
debilitada aún había persistido en autores como John Stuart Mill, y que no
permitía establecer límites claros a la intervención del Estado en economía y
sociedad20.
En las siguientes décadas, hasta que en 1960 apareció la crítica inapelable
de Piero Sraffa21, el marginalismo pareció ser sumamente coherente,
lógicamente sólido, alcanzando -salvo en la vertiente austríaca de Menger y
Ludwig von Mises-, una fuerte sofisticación matemática; por todo ello se
acercaba, y buscaba hacerlo, al modelo de la Física y a las ciencias naturales.
En medio de todos estos desplazamientos, alejado del mundo académico, el
pensamiento de Marx fue siendo dejado de lado, en particular luego de la
crítica de Eugen Böhm-Bawerk a El Capital22. Pero no es ahora el momento
de trazar esta historia, sino de examinar la trayectoria paralela de las otras
ciencias sociales, las cuales en su forma actual se constituyeron precisamente
por entonces. Por tanto, esta cronología podría no ser una mera coincidencia.

II) Las Polaridades de las Ciencias Sociales


Trataremos aquí de explicar las divisiones entre las ciencias sociales que
están referidas a lo que se puede denominar “la sociedad global” o “la
sociedad en su conjunto”: aquel espacio físico y social en el que los seres
humanos pueden vivir íntegramente sus biografías y relaciones sociales. Es
por esto que vamos a considerar a la Economía, Ciencia Política, Sociología,
Historia y Antropología23, las cuales bajo su forma actual se constituyeron en
el último tercio del siglo XIX. Cabe hacer aquí unas breves aclaraciones.

20
Simon Clarke: Marx, Marginalism and Modern Sociology: From Adam Smith to Max Weber,
capítulo 6. Macmillan 1991, 2a edición.
21
Piero Sraffa: Producción de Mercancías por Medio de Mercancías. Preludio a una Crítica de
la Teoría Económica. Oikos-Tau, Barcelona 1966. Sraffa había esbozado su crítica en un artículo
publicado en 1926.
22
La crítica de Böhm-Bawerk y la réplica del marxista austríaco Rudolf Hilferding se encuentran
en el volumen Economía Burguesa y Economía Socialista. Cuadernos de Pasado y Presente,
Córdoba 1974.
23
No vamos a considerar a la Psicología, por estar referida al “mundo interior”, ni a la
Lingüística, dirigida a una capacidad del ser humano. Podría decirse que ambas tienen objetos
“naturales”: la mente humana y el lenguaje. En verdad este último es una realidad
extremadamente compleja, pues existe tanto como fenómeno eminentemente colectivo (en la
cultura), individual-cerebral (al menos según la lingüística generativa de Noan Chomsky), y
lógico (reglas para su manejo).
120
Acabamos de ver a grandes rasgos los desarrollos de la Economía Política,
cuyos inicios pueden trazarse sea en el siglo XVII (Petty) o XVIII (Smith),
como también hemos visto que la Economía actual se constituye
aproximadamente entre 1870 y 1890 precisamente en contra de los
fundamentos de la época “clásica”. Si vemos a la Sociología usualmente se
atribuye su fundación a Auguste Comte alrededor de 1830-40; sin embargo,
prácticamente nada de su contenido es reconocible en la disciplina que con
ese nombre se constituirá desde fines de ese siglo. De la misma forma, aunque
la Ciencia Política tiene sin duda antecesores inclusive más antiguos, bien se
puede decir que en este caso se trata más de Filosofía Política, que de ciencia
en los términos en que ahora es practicada. En el mismo sentido, si
convencionalmente se considera a Herodoto (¿484? -425 a. C.) como “padre
de la Historia”, bajo los cánones contemporáneos su punto de arranque
contemporáneo se atribuye al Seminario que Otto von Ranke impartió en la
Universidad de Berlín a partir de 187024.
Nuestro argumento busca llegar a ellas de manera orgánica para mostrar
que sus líneas divisorias se ordenan según un conjunto de ejes estructurados
por la modernidad capitalista. Entre ellos hay un eje básico constituido por
lo privado y lo público. ¿Pero por qué empezar por este eje? Debido a que se
entronca con la categoría más elemental y fundamental del capitalismo y del
mundo moderno: el individuo autónomo -Marx diría el “individuo abstracto”-
, aquella entidad capaz de fundamentarse a sí misma. En realidad, es una
suerte de absoluto, pues se fundamenta sin tener que recurrir a ninguna
instancia que le sea exterior: un dios, un gobernante, un territorio, un grupo.
En forma correspondiente, dicho individuo no es un medio, sino un fin en sí
mismo.
Del eje mencionado el individuo se identifica obviamente con lo privado.
Es cuando ante la presencia de otros individuos –lo “colectivo”-, surja el
problema de cómo “vivir en paz”, que, como entidad supletoria, aparecerá su
antítesis: un espacio público, que deberá ser heterogéneo con el primero para
que la autonomía de los individuos pueda mantenerse. Este eje va a marcar la
presencia de otras polaridades, dando lugar al siguiente cuadro.

24
Heraclio Bonilla: La Construcción del Conocimiento Histórico. Errata y Bricolage de la
Historia, p. 11. 2ª ed. IEP, Lima 2017.
121
Este esquema “pinta” el panorama de las ciencias sociales
contemporáneas en ese momento originario. En modo alguno cabe olvidar
que todas estas disciplinas han experimentado, y no de manera marginal,
tensiones y cambios hasta la actualidad, los cuales no van a poder ser
considerados aquí25. A su vez tales tensiones derivan de la misma
unilateralidad que es consustancial a estas disciplinas, y que el cuadro pone
de manifiesto. Las tensiones y cambios no van a darse al azar, sino a lo largo
de las líneas de fuerza aquí señaladas. Por nuestra parte nos limitaremos a
examinar la situación originaria o “típica” de cada una de ellas.
En síntesis, los ejes que componen el cuadro vienen a ser:

Privado - público
Adquirido - adscrito [acción-estructura]
Presente - pasado
Occidental - no occidental

25
Solamente a modo de ejemplos, a inicios del siglo XX en los EEUU surgió una escuela
económica denominada “institucionalista” (en ella se formó el futuro sociólogo Talcott Parsons).
Sin embargo, ella no constituyó un cuerpo teórico propiamente dicho. Años más tarde Keynes
iba a desarrollar ideas diferentes a las conclusiones marginalistas en política económica y papel
del Estado, pero a propósito de situaciones específicas y desde los mismos fundamentos teóricos.
Esto también ha sido así para la segunda escuela institucionalista, identificada con Douglass
North.
122
Tanto la Economía como la (Ciencia) Política se constituyen alrededor del
eje privado-público, y si bien administran de una u otra forma ambos polos,
privilegian el uno o el otro, siendo atravesadas por la tensión que los recorre.
El campo “originario” de la Economía Política, a fines del siglo XVIII era un
campo público –un Estado monárquico-, que está orientado hacia lo privado
como fuente de riqueza de la cual obtener tributos suficientes. Esta
orientación va a transformarse un siglo después cuando a través del
marginalismo la Economía Política pase a ser Economía a secas, donde el
balance se inclina netamente hacia lo privado. Éste se compone de las
actividades a través de las cuales los sujetos consiguen como propio aquello
que poseen: cosas, aunque también vínculos contractuales; así se sitúan en el
ámbito de lo adquirido –los define los resultados del trabajo, o de la actividad
económica en general.
Es claro que en los hechos lo privado no puede existir sin la presencia, por
embrionaria que sea, de una esfera pública: un conjunto de bienes de uso
común, un patrón de precios, la acuñación del dinero, una instancia que
dirima conflictos a través de normas universales, otra que se encargue de
hacer cumplir estas decisiones. Sin embargo, ese ámbito no será sino un
“rincón incómodo” para la Economía, un espacio que deberá quedar todo lo
delimitado –y limitado- que fuese posible.
Inversamente, la Ciencia Política va a tener como objeto central la esfera
pública, así como sus vínculos con la esfera privada, bajo el supuesto de que
entre ambas hay –o puede haber- una relación de equilibrio. Cabe advertir que
no se trata estrictamente de la misma esfera pública que para la Economía. En
ésta ella consiste del Estado y de “contribuyentes” que compiten entre sí, y lo
mantienen a cambio de servicios que ellos no pueden proporcionarse a sí
mismos. En cambio, en la Ciencia Política esta esfera consiste de la relación
entre el Estado y los individuos en tanto ciudadanos, cuya organización es
celebrada y alentada.
Ahora bien, cabría preguntarse si la Economía Política hubiera podido
asumir el campo de la Ciencia Política. En verdad, de intentar hacerlo
enfrentaría escollos insuperables: a saber, que quienes formaban la esfera
pública eran mucho más que solamente sujetos económicos, y sobre todo no
se definían únicamente por lo adquirido. Como participantes de una esfera
pública aun imperfectamente moderna, los sujetos exhibían un número
abrumador de características adscritas: no solamente sexo, o lugar de
nacimiento, o un mundo cultural que incluye el idioma -y con él un conjunto
de categorías cognitivas y afectivas-, religión, etcétera, que van a incidir de
forma constituyente en dicha esfera, sino una determinada condición
estamental (siervo-señor, noble-plebeyo, religioso-laico) que traía consigo un
conjunto de lazos, y ligados a ellos, deberes y derechos. La piedra de toque
123
de todo ello ha pasado a ser la ciudadanía y la nacionalidad. Por tanto, el
despliegue de la sociedad moderna va a ser visto como la lenta caducidad o
erosión de muchas de estas características, si bien en modo alguno lo adscrito
desaparece.
En resumen, la Economía puede desplegar su visión de los sujetos (como
homo economicus) solamente a través de la negación de lo adscrito, tanto en
la esfera pública como en la privada. De ahí su imposibilidad para extenderse
a esos campos, los cuales para ella se constituyen precisamente a partir de la
proclamación unilateral y excluyente del individuo como sujeto absoluto. El
espacio vacío tendrá que ser llenado desde otras disciplinas, como la
Sociología.
Es así que la Sociología va a constituirse fundamentalmente a lo largo del
eje adscrito-adquirido, como modalidades de una existencia social
estructurada. Autores y escuelas van a dar énfasis a uno u otro polo, pero en
ambos casos lo peculiar de la Sociología –para su gusto o disgusto- será su
énfasis en lo estructurado. En la experiencia biográfica de cada individuo está
su paulatino reconocimiento e interacción con un mundo social que le precede
y que va a ir asimilando, absorción que va más allá de su conciencia y
voluntad; ello pertenece en principio a lo “adscrito”. A diferencia del
intercambio económico -esfera en permanente tránsito, donde se sabe que
todo lo que ahí acontece es obra de algún agente, visible o invisible 26-, el
mundo social se presenta como pre ordenado y estable, sin que ello pueda ser
atribuido a agente alguno, ni a una “mano invisible”. Los “actores” se
desempeñan a través de esos cauces sin que se transparente ni la eficacia
relativa ni los efectos finales de su accionar; de ahí la presencia tan importante
en la Sociología de: a) la figura de la marioneta, movida por fuerzas que la
trascienden27, o b) la disparidad entre las intenciones de los agentes y los
resultados que obtienen. Por eso es que si comparamos a la Economía con la
Sociología no sorprenderá encontrar entre ambas una divergencia crucial, que
el sociólogo Ludolfo Paramio ha expresado de manera inmejorable con las
siguientes palabras:

“Existe una idea muy extendida de que, así como los economistas explican por
qué o cómo la gente hace lo que quiere hacer, los sociólogos tratamos de
demostrar por qué la gente no puede hacer sino lo que hace. Es decir, que la
sociología sería algo así como la explicación de la ausencia de libertad, mientras

26
No debe llevar a confusión el que esa contingencia tenga lugar entre actos idénticos:
intercambios “racionales”. Volveremos sobre este punto a propósito de la Historia.
27
Es el caso de lo que Dennis Wrong llamó la imagen “hipersocializada” (oversocialized) del
hombre en la Sociología –concretamente, en el funcionalismo estructural-, o que Ralf Dahrendorf
–a imagen y semejanza del “homo economicus”- denominó el homo sociologicus: el hombre que
desempeña los roles a los cuales accede.
124
que la economía partiría de la hipótesis de que, en principio, las personas son
libres para elegir.”28

Se dirá que la Sociología –en aparente contradicción con lo anotado- se


encuentra saturada de puntos de vista que afirman la acción, la agencia, el
actor, etcétera; y ello es totalmente cierto. Pero por lo general el actor será
visto en lucha contra estructuras limitantes, o en su defecto –y sabiéndolo o
no- contribuyendo con su acción a la constitución de un determinado “orden
social” o statu quo (estado de cosas), o a su modificación. Tal como la anterior
escisión entre lo privado y lo público, también esta dualidad entre la acción y
la estructura, y otras afines –como lo individual y lo colectivo- así como su
centralidad, se constituyen a partir del individuo autónomo como principio
absoluto. Son corolarios lógicos de esta premisa, corolarios que se asientan
en un campo diferente de la premisa misma, gracias a lo cual aquélla se
mantiene incólume.
Por último, tanto en los hechos como en el pensamiento este escenario
acontece en un tiempo y en un espacio. Cada uno da lugar a una nueva
escisión: a saber, entre el mundo moderno, capitalista desarrollado; o si se
prefiere el mundo del presente, que se define en contraste con su propio
pasado, así como con el de otras sociedades, no obstante, lo cual todas quedan
colocadas en el mismo calendario. Esta escisión –el “pasado” versus el
“presente”- crea el ámbito para la Historia como disciplina separada. En
cuanto al espacio, las sociedades estudiadas serán colocadas según la mayor
o menor distancia con lo “moderno”, lo cual define un grado mayor o menor
de “exotismo” en esta misma comparación; esta escisión da lugar a la
Antropología. Veamos esto en el siguiente cuadro.

Sociedad moderna Sociedades no


modernas
Presente Pasado de sociedad
Tiempo occidental
Economía, Historia
C. Política
Sociología

Espacio Sociedades “otras”

Occidente Antropología

28
Ludolfo Paramio: “Teorías de la Acción Racional y de la Acción Colectiva” Sociológica, año
19, No. 57, enero-abril de 2005, p. 14.
125
Cabe observar que en las décadas precedentes –hacia mediados del siglo
XIX- quienes son considerados ahora los antecesores de ambas disciplinas,
no estuvieron mayormente diferenciados, pues estudiaron el pasado de sus
propias sociedades. Sin embargo, conforme avanzó el siglo y la expansión
colonial que lo acompañó, se establecieron las fronteras que luego quedaron
consolidadas.
No es accidental, y a la vez es muy significativo, que a diferencia de las
otras tres disciplinas, Historia y Antropología se presenten como definidas no
por lo universal, sino por lo particular; corresponde en tal sentido su carencia,
sobre todo en sus inicios, de un cuerpo de categorías teóricas. En la
Antropología ello se debe a que sus objetos de estudio –lo “otro”, lo
“exótico”- serán mostrados como carentes de la “racionalidad” que en
Occidente moderno aparece fundamentando su peculiar “universalidad”; la
Antropología reunirá una colección de “hechos” que tratará de ordenar en
razón de universales extraídos desde la división del trabajo social de las
sociedades modernas –familia, economía, gobierno, religión, etc. En la
Historia porque mientras que los resultados de la acción pueden mostrar un
orden determinado, una estructura, la acción misma aparecerá como el reino
de lo contingente. Se trata pues, de la dualidad acción-estructura.
En cuanto al tiempo, en el cuadro también puede observarse una escisión
según la mayor o menor distancia con la Modernidad, que es paralela a la del
espacio. El tiempo hasta llega a desaparecer cuando es estudiado en un
espacio no moderno; en consecuencia, estaríamos ante un presente continuo,
de situaciones ya dadas: es el tiempo de las “sociedades primitivas”, de “los
pueblos sin historia”. En cambio, cuando el objeto pertenece a la Modernidad,
surge como vimos una dicotomía radical entre la acción -que se presenta
como indeterminada y libre-, y sus resultados, los cuales asumen la condición
de lo dado.
Nótese que las otras tres disciplinas, si bien en principio aspirarían a la
universalidad –a la manera de las ciencias naturales- en la práctica se han
concentrado en estudiar la modernidad capitalista; vale decir a un espacio y
un tiempo muy circunscritos, sobre todo al tiempo presente. El caso más
extremo es la Economía, porque postula que la conducta de los agentes es
inmutable; de ahí que la historia económica sea un rincón muy ajeno al núcleo
de la disciplina. En la Ciencia Política la restricción en el tiempo y en el
espacio brota de la importancia dada a lo institucional. La Sociología es más
permeable, al punto que existen tanto la “historia social” como la “sociología
histórica”, pero cuyo desarrollo en distintos momentos –correspondiendo el

126
primero a Max Weber- no ha afectado las bases teóricas de la disciplina. Así,
entre presente y pasado existe una brecha epistemológica29.
Se comprenderá que, en la perspectiva aquí esbozada, esta configuración
no pueda ser alterada a menos que haya una transformación en las relaciones
sociales mismas que estarían en el origen de tales escisiones. En otras
palabras, éstas no podrían ser eliminadas a través de un reordenamiento de las
facultades universitarias ni de los centros de investigación 30. No han faltado
y hasta podría decirse que crecientemente abundan intentos y proyectos –o
programas de investigación en la acepción de Lakatos-, así como políticas
públicas de mayor o menor alcance, que reúnen a especialistas de distintas
disciplinas. En principio no cuestionan nuestro argumento, porque no
repercuten en las bases teóricas de las mismas. Y así seguirá siendo mientras
no se transformen las relaciones sociales de modo tal que cambien las
relaciones de producción mismas.

Una excepción que confirma la regla


Por su carácter excepcional cabe mencionar un trabajo de investigación
que fue más allá de los usuales “estudios interdisciplinarios”, realizado por
un economista, un antropólogo y un sociólogo. Nos referimos a Adolfo
Figueroa, Teófilo Altamirano y Denis Sulmont, autores de Exclusión Social y
Desigualdad en el Perú31. Los autores recibieron el encargo de examinar en
qué medida se manifestaba en el país un fenómeno que había sido detectado
en los países desarrollados: la extrema dificultad que venían encontrando
quienes perdían su empleo, para conseguir otro y en condiciones análogas al
que debieron abandonar.
Por una parte, los autores debieron redefinir el término “exclusión”, y por
otra –siendo esto lo que se relaciona directamente con nuestro tema- centraron
su análisis en la noción de mercados no walrasianos: aquellos donde
determinadas circunstancias impiden que un mercado equilibre oferta y

29
Constatando este impasse, y contrastándolo con la concepción materialista de la historia,
Lukács los expresaba como la incapacidad del pensamiento burgués de entender “el problema
del presente como problema histórico”. Historia y Conciencia de Clase, pp. 174-176. Grijalbo,
México 1969.
30
Puede compararse este argumento con el informe sobre las ciencias sociales elaborado por la
Comisión Gulbenkian para la Reestructuración de las Ciencias Sociales que presidiera Immanuel
Wallerstein, publicado bajo el título Abrir las Ciencias Sociales (Siglo XXI, México 1997). Los
parecidos son múltiples, por ejemplo, entre nuestras “escisiones” y las “antinomias” que el
Informe menciona. Y también hay diferencias; la más importante consiste en que nosotros hemos
anclado a las ciencias sociales en las antinomias engendradas por las relaciones capitalistas, y en
particular por la centralidad de la “economía”. Por eso de ello se desprende que las fronteras entre
las disciplinas solamente se podrían borrar a través de otras relaciones de producción, y no
mediante meros cambios institucionales.
31
OIT (Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Lima, 1996.
127
demanda, quedando siempre insatisfecha una parte de esta última. Diversas
relaciones discriminantes que hacían parte de formas de dominación –
fenómenos centrales a la Antropología y la Sociología- daban cuenta en el
Perú del carácter “no walrasiano” de mercados como los de trabajo, crédito y
seguros.
En otras palabras, los autores recurrieron a un significado teórico preciso,
expresado en las distintas disciplinas a través de distintos significantes, y que
les sirvió como puente a lo largo de la investigación. Esto es excepcional en
las ciencias sociales. No deberá extrañar que esta noción “puente” sea muy
marginal en la teoría Económica, y moneda corriente en las otras dos
disciplinas.

Una nota sobre la Psicología


“Cercada” entre la Lógica -cómo pensar haciendo un uso correcto de la
razón-, y la Economía –los resultados del comportamiento racional-, la
Psicología se ha centrado en estudiar los fenómenos psíquicos no racionales,
o aquellos donde la percepción y el comportamiento no se corresponderían
con “la realidad objetiva”. Piénsese en aquellos manuales donde muestran
cómo las líneas rectas divergentes de un haz hacen que dos líneas paralelas se
vean ligeramente curvas; o cómo la percepción de una figura cambia
radicalmente según la atención se concentre en la parte central o en la periferia
de los trazos. O cómo cuentan experiencias personales dramáticas para
desarrollar determinadas asociaciones de ideas, provocar emociones, afectos,
etcétera.
De este modo, en términos de nuestro enfoque, la Psicología se ubica en
el polo “no racional” frente al polo opuesto, dominado por la Lógica y la
Economía. No es por accidente que, tras las crecientes críticas de las últimas
décadas, una alternativa al marginalismo haya sido lo que se denomina la
“Economía Conductual”, la cual intenta tomar en consideración los aspectos
“no racionales” que intervienen en la toma de decisiones 32. A qué resultados
conduzca esta línea de trabajo es algo que tendrá que evaluarse en el futuro.

Conclusión: el Pensamiento de Marx y las Ciencias Sociales


Al rechazar la premisa del individuo abstracto, transformándola en un
resultado histórico-cultural, la crítica de Marx se coloca de una manera muy
diferente ante los objetos que las Ciencias Sociales definen como propios. En
rigor no es que en ella estas escisiones encuentren una “resolución”, pues no

32
La crítica es de larga data. Véase un recuento en el artículo de Héctor Maletta “La evolución
del Homo economicus: problemas del marco de decisión racional en Economía.” Economía, Vol.
33 No. 65 (2010) Departamento de Economía, Pontificia Universidad Católica del Perú.
128
estamos ante el mismo cuadro: para Marx la “premisa” de la que parte la
Economía Política no es tal. La sociedad capitalista se ve a sí misma como
hechura de las acciones individuales, paradójica consecuencia de la mayor
división social del trabajo que jamás se haya conocido, y del mayor tejido
socioeconómico que haya constituido sociedad alguna.
La historia es para Marx el escenario donde se desarrollan diversas
relaciones de producción y fuerzas productivas; vale decir, una historia
inherentemente colectiva colocada en medio de sus vínculos con la
naturaleza. De esta manera los campos de la Economía Política, la Sociología
y la Historia quedan fusionados. Pero además tendrá una percepción en
diferentes planos de lo constituyente y lo constituido, enfrentando de manera
no dicotómica los ejes acción-estructura y adscrito-adquirido, así como sus
tensiones internas.
Aquella premisa del individuo abstracto es para Marx un principio que
expresa bajo una forma mistificada una realidad histórica determinada: la
autonomía de los propietarios de los medios de producción, así como la
“autonomía” de la población proletarizada. Es una noción ideológica por lo
que encubre:
a) presenta como una “realidad natural” lo que es una situación
histórica, resultado de procesos gestados por los seres humanos, y
por tanto sujeta a modificaciones ulteriores;
b) vuelve invisibles las relaciones sociales de dominación y
explotación, ocultas tras el intercambio de mercancías.
Por eso al ponerlas de manifiesto la crítica muestra cómo lo que desde la
modernidad capitalista se presenta como irremediablemente “separado” es,
desde la concepción materialista de la historia, una unidad desgarrada.
Sin embargo, no todo queda así resuelto. El énfasis en la producción
privilegia al ser humano como productor, como creador, y de esta manera
termina definiéndolo por sus capacidades cognitivas –las cuales, digamos de
paso, pueden entenderse con un sesgo individualista-: aquellas que posibilitan
una intervención exitosa sobre el mundo externo. Como corolario confina a
un lugar subordinado otras dimensiones centrales de la vida colectiva, como
la política, la moral, y lo que estaría más allá de lo racional y sensorialmente
comprensible: las desgracias, los “accidentes”; y la muerte.
Como estas últimas son preguntas sin respuestas racionales posibles, y a
menudo calificadas por los marxistas hasta despectivamente como
“existenciales”, en el pensamiento de Marx –o cuando menos en su “crítica
de la economía política”- no han encontrado lugar. Al concebir la política
como una relación de dominación que protege la extracción de un plus-trabajo
en beneficio de una minoría, la política finalmente va a carecer de sustancia

129
propia33. Por último, su pensamiento está atado a la Modernidad occidental,
de modo que aunque tiene poderosos instrumentos analíticos para lanzar una
mirada no occidentalizante a los mundos situados fuera de occidente
moderno34, su “encuentro” con las propias concepciones de estos mundos ha
sido tan problemático como el que pueda hacerse desde cualquier otro punto
de vista35.
Si confrontásemos los contenidos de las distintas ciencias sociales con los
de la “crítica de la Economía Política” de Marx, cuya expresión más
desarrollada fue El Capital, o con la “concepción materialista de la historia”,
que no fue desarrollada más allá del manuscrito que conocemos como La
Ideología Alemana (1845-1846), encontraremos muchas áreas que se
superponen –y por lo tanto compiten en mayor o menor medida-, mientras
que otras no. Es así que en cuanto a la Economía, Marx nada dice sobre el
tema clave del marginalismo: la opción entre alternativas. Respecto a la
Ciencia Política no hay sino generalidades sobre el Estado, las formas de
gobierno, la administración pública, o silencio sobre la legitimidad de éstas,
el liderazgo, entre otros temas. En cuando a la Sociología tampoco hay sino
un gran vacío sobre aspectos sociográficos, demografía, o relaciones sociales
no marcadas por las relaciones de producción.
¿Qué hacer ante ello? ¿Declarar que son “falsos temas” por no aparecer
en los innumerables textos de Marx -aunque de varios de ellos anunció su
inclusión? Ante todo, reconocer que desde este pensamiento no es posible
llegar a cualquier tema socialmente válido. Esto no es solamente un asunto
cognitivo, sino político y hasta moral. Sospecho que el “socialismo real” hizo
pagar un altísimo precio a las sociedades donde rigió, en gran parte por no
reconocer estos contenidos y asumir que solamente era necesario atender a lo
que se encontraba en la crítica de la Economía Política y en el “materialismo
histórico”. En otras palabras, por condenar a las personas a no ser sino la
personificación de categorías. Si así fuese, la importancia de este tema no
sería meramente histórica, ni académica.

33
Un análisis exhaustivo de esta problemática se encuentra en la tesis doctoral en Filosofía de
Levy del Águila: Comunismo, Poder Político y Libertad Personal en Marx. PUCP, Lima 2013.
34
Nos referimos a la estructuración social del tiempo, las relaciones de producción y los vínculos
hombre-naturaleza.
35
György Lukács, en un texto que sintetiza buena parte de su monumental obra Ontología del
Ser Social, abre vías muy prometedoras que enfrentan estos límites. Se trata de “Los
Fundamentos Ontológicos del Pensamiento y de la Acción Humanos”. Incluido en Ontología del
Ser Social: el Trabajo, pp. 35-53. Ediciones Herramienta, Buenos Aires 2004.
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