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SOROS ARAN registra la memoria nacional BOLETIN DE Ree Cae ee HISTORIA < FERROVIARIA | Wa Al SSM: DURANTE EL PROCESO WOU Oiumrtwv Mario Wainfeld y José Natanson IANTANEDAS Después de 1976, el grupo | conseguido estremecer al pais | con sus atentados, fueron per- diendo el sentido de larealidad y se deslizaron hacia formas | carentes de contenido llevan- Montoneros fue entrando en una progresiva declinacién. Quienes habian logrado movi- lizar una politica de masas y | 8 - TODO ES HISTORIA - N° 347 Mario Eduardo Firme- nich, tinico sobrevi- viente de la célula de guerrilla urbana res- ponsable de la muerte de Aramburu. do a muchos de sus militantes ala prision o la muerte. Esta es la historia de la derrota de una agrupaci6n que fund6 una fuerza de temible poder bélico en el campo dela guerri- lla; una derrota que, en buena parte, se debid alos errores de sus propios dirigentes. Repasar, aun a vuelo de péjaro, qué ccurrié con los Montoneros entre 1976 y 1983, durante la iltima dictadura militar, es replantearse un hecho a la vez tremendo y fascinante: una célula de guerrilla urba- na, poco mas que un grupo de compafieros de colegio, nacida ala vida publica en 1970, se transformé, en pocos afios, en un movi- miento de masas; fue eje de la campaiia electoral de 1973 que llevé a Campora a la presidencia; condicioné y compitid interna- mente con el propio Perén, y volvié —por un doloroso y sangriento camino— a algo simi- lar a sus origenes: a ser una organizacion meramente militar, en franca disolucion. Los Montoneros nacieron ala vida pabli- ca cuando secuestraron y asesinaron a Aramburu (mayo-junio de 1970). En poco tiempo, sumaron y hegemonizaron {impo- niéndoles incluso su nombre) a otras onga- nizaciones armadas: los Descamisados, en 1970; las Fuerzas Armadas Revoluciona- rias (FAR), en 1973; diversos grupos de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). ‘También convocaron a viejos dirigentes peronistas histéricos (ejemplos de ello fue- ron Oscar Bidegain y Ricardo Obregon Cano, Montoneros nacié a la vida piiblica con el operativo de se- ‘cuestro y asesinato ralque gané el pero- nismo en marzo de 1973. elegidos gobernadores de las provincias de Buenos Aires y Cordoba, respectivamente, en 1973; el propio presidente Héctor Cam- pora). Ese procesode crecimientoy permanen- tesuma duré hasta 1970 1974. Apartir de entonces comenzaron desprendimientos, rupturas, vinculados en buena medida a la relacién con Perén y el peronismo. Hubo objecionesy alejamientos por la decision de no dejar las armas despues de que el pero- nismo asumiera el gobierno. Los hubo también por el asesinato de Rucci, producido el 23 de septiembre de 1973, pocos dias después de que Perén fuera electo presidente por tercera ve7. Los hubo cuando pasaron a la clandestinidad en 1974. Durante el Proceso, la sangria de mili- tantes y adherentes se acentuaria, en parte por la‘cruel accién gubernamental, y, en parte, por carencias y limites de la propia organizacién que harian crisis. Esa com- pleja etapa, en la que politica, violencia y terror se mezclan demasiado, es la que queremos resefiar aca, mezclandolas inevi- tablemente. N°347- TODO ESHISTORIA +9 Firmenich explicaelpase alaclandestinidad de Montoneros en pleno gobierno constitucional, (Poiopublicada enPagina 12 enmarzode 1991.) ° EL FIN DEL PERONISMO El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 generé en la conduccion y las bases montoneras una curiosa combinacién de temor y alivio. El enemigo se sacaba la mascara, las contradicciones se acentua- ban. La caida del gobierno de Isabel Peron ahorraba la complejidad de enfrentar a muerte a un gobierno de origen democratic {y, aunque les incomodase el dato, peronis- ta), y parecia confirmar ciertas profecias montoneras, entre ellas “la definitiva crisis del peronismo”, Asi lo anunciaron sus pri- meros documentos internos, los que acen- tuaban la retorica marxista y propugnaban a composicion del Partido Montonero!. La relacién con el peronismo, la definicion de su propia identidad como parte o continui- dad de ese movimiento, siempre fue un nudo gordiano de los Montoneros. La deca- dencia y caida del gobierno de Isabel pareci6 facilitarles una definicién. La discusién politica interna tras el gol- pe prolongaba debates previos: tales como el de la primacia del accionar militar o del politico. Esas discusiones, que el brutal Tenguaje de la época podia resumir en “fie- ros contra politica’, venian de lejos, y se estaban saldando en la practica a favor de “Jos fierros”: en 1975, los Montoneros no habian protagonizado movilizaciones masi- vas ni, en general, practicas politicas de base. Suprincipal accion “de superficie” fue crear el Partido Peronista Auténtico, el cual ‘tuvo un poco exitoso debut en las elecciones de abril en la provincia de Misiones (5,6% de los votos contra 46% del peronismo y 39% de la UCR), Las otras acciones relevan- tes fueron armadas y de gran envergadura: el secuestro de los Born; la voladura de un avion militar en Tucuman; el ataque a un | cuartel en Formosa. Lo militar dominaba sobre lo politico, la conduccién centralizada prevalecia sobre alternativas ligadas a acti- Vidades de base? Los debates se replantearondespués del 2% de marzo, acelerados y condicionados por el temor yla muerte, Se esperaba que el UNIFORMES E INSIGNIAS REGLAMENTARIAS “{.) Visto y considerando (...) que la adopetén y la utiliza~ clon de uniforme para el Bjércitoy las milicias Montoneras, es un derecho ganado legitimamente a través de largos aftos de lucha heroica y consecuente; es una expresién del poder acumulado en esa lucha; y es una necesidad para la consoli- dacién y organizacion de las fuerzas a los efectos de preparar y lanzar luego la contraofensiva popular. “La Conduccién Nacional del Partido Montonero y Coman- dancia en Jefe del Ejéreito Montonero, resuelve: Implantar el uso del uniforme para el Ejército Montonero y las Milicias Montoneras |...) y determinar las insignias indicativas de arma y grado (..). “Prendas de untforme: Camisa: color celeste, con charre- teras y dos bolsillos con solapas en la parte superior. Pantalon: color azul marino de tela gabardina. (..) Boina: color negro, deblendo usarse ladeada hacia la izquicrda (..) Medias: color azul marina (J) “insignias de grado: A excepeién hecha del tipo de estrella que simboliza los grados de los oficiales y el color para las utilzadas para el grado de Comandante, todas las insignias ‘son idénticas a las identifcatorias de grado que utiliza el Bjército Argentino. “Bs obligatorta su ulilizact6n para las operaciones milita~ res del Ejército. Los jefes operativos estan facultados para cfectuar todas las modificaciones necesarias para el camulflaje que dé seguridad a la operacién, manteniendo siempre la utilizacién de los colores reglamentarios.(...) Bn casos extre- mos, eljefe del operativoesta facultado a prescindir totalmente del uso del uniforme para la ejecucion de una operacién. Esto quedara bajo su responsabilidad y debera fundamentarlo a su superior.” Resolucién 001/78 del 15 de marzo de 1978. (Citado en ‘Montoneros, final de cuentas, de Juan Gasparini.) 10 - TODO ES HISTORIA - N° 347 golpe acentuarala represion ya existente, la que no era poca. Pero no habia precedentes histéricos que permitieran prever el terro- rismo de Estado (ver recuadro) cuyo objeti- vo (“la subversién”) se identificaba casi con cualquier forma de oposicién, excediendo largamente a los integrantes de las ya por entonces reducidas organizaciones guerri- eras. Si bien no existen datus precisos, todos los intérpretes coinciden en sefialar que el brazo armado de la guerrilla nunca pudo exceder de 5.000 personas, y que en marzo de 1976 ese mimero menguiaba’. De todos modos, si la represion tenia fines mas vastos que la guerrilla, obviamente no por esodejaba de tenerlaenel centro dela mira. TERRORISMO DE ESTADO VS. TERRORISMO Elterrorismode Estado, con atroz efica- cia, fue segando miles de vidas. El dilema esencial para los Montoneros, que —las cifras siempre son tentativas— tenian diez 0 doce muertos por dia, era cémo podia garantizarse la supervivencia de sus mili- tantes y cuadros. Algunos de ellos, en espe- cial cuadros medios, sugerian repartir las armas y el dinero de la organizacién entre los militantes*, fomentar un accionar poli- tieo descentralizado con mayor autonomia operativay decisional de los grupos locales, una estructura celular y horizontal. El planteo, que ciertamente hubiera dificulta- do la represién militar, no prosperé porque el criterio de la conduccién era conservar el dinero y las armas, esto es el poder (que también se reforzaba mediante la organiza- cisn centralizada), y preferia apostar a ac- ciones terroristas contra blancos importan- tes, de gran repercusién. La finalidad de esas acciones era golpear el centro de gra- vedad del enemigo y obtener repercusién piiblica, Advertidos del férreo dominio que la dictadura militar ejercia sobre la prensa, preferian concentrarse en atentados que por su impacto y gravedad no pudieran ser obviados por la censura estatal. Quienes se oponian al accionar centralizado afirma- ban que obturaba todo tipo de agitacién politica, que exacerbaria la represion, que la centralizacién dejaba desamparados, a merced delas fuerzas represivas, a miles de adherentes y militantes sin recursos perso- nales ni coberturas para pasar ala clandes- tinidad, En Ezeiza, cuando el segundo retoro de Perén, rostros crispados y armas. Elajuste de cuentas entreladerechay la izquierda del pero- nismo esté a punto de estallar. Desdichadamente, todos tuvieron ra- z6n. Los Montoneros, durante 1976 y 1977, segtin sus propias estadisticas, produjeron 1000 atentados con cerca de 500 victimas fatales. Los de més repercusién fueron el asesinato del jefe de la Policia Federal, ‘comisario Cesareo Cardoso (junio de 1976), a quien una montonera amiga de su hija colocé debajo de su cama una carga de trotyl, ya voladura de la Superintendencia de Seguridad Federal, mas conocida por Coordinacion Federal (alrededor de 90 vic- timas, 30 de ellas mortales, en julio del mismo afio). Los atentados tuvieron reper- cusién, pero, al tiempo, acentuaron la re- presién (sin duda estuvo ligado a ellos el brutal asesinato de varios sacerdotes palo- tinos) y el aislamiento de los Montoneros. Los atentados proseguirian, pero con el tiempo irian disminuyendo en numero y “eficacia’: los tiltimos resonantes se produ- jeron en 1979 y apuntaban contra figuras del esiablishmenteconémico antes que con- tra militares. Se intent6 matar a dos miem- bros del equipo econémico del ministro José Alfredo Martinez de Hoz: Guillermo Walter Klein (h) yJuan Alemann. Volaron la casa de Klein, un bunkersituado en Olivos, pero aquél salio indemne. Juan Aleman salié vivo de otro atentado en Belgrano. Otros atentados consiguieron su objetivo: fueron asesinados el empresario Francisco N°347-TODO ESHISTORIA +11 Soldati y un custodio, Otros intentos falla- ron, generaron victimas inesperadas y re~ sintieron gravemente el prestigio de los Montoneros (en un atentado contra el al- mirante Lambruschini, murié una hija de éste de 15 arios, lo que fue difundido por el gobierno como una prueba de la perversion de los montoneros). FUERA DE LA ARGENTINA Como sefiala Emesto Loper (ver recua- dro) el aparato represivo del Estado se organiz6 con una estructura andloga a las formaciones que queria combatir. Esa es- tructura clandestina, paralela a la formal, descentralizada enzonas, subzonas y areas, demostré ser eficaz: en julio de 1976, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) estaba descabezado, y su jefe, Mario Rober- to Santucho, habia sido muerto®. La con- duccién nacional de Montoneros debié exi- liarse. Salieron del pais Mario Firmenich, Roberto Cirilo Perdia y Rail Yager: s6lo permanecié en Argentina Julio Roqué, quien, a punto de ser capturado por la Armada, ingirié una pildora de cianuro en mayo de 19778, Mientras, la represién, la tortura, la muerte iban diezmando rapidamente a los Montonercs. Miles de militantes o simpati- antes se exiliaron, especialmente en Méxi- co y en Espafia, Ahi pudieron radicarse, editar publicaciones, formalizar denuncias En setiembre de 1973, ego del frus- trado asalto al Co- mando de Sanidad deljército,realiza dopor elERP, lapo- licia controla a tos integrantes del gru- uerrillero que taba de rendise. ante foros y organismos internacionales, formar “Casas Montoneras”, realizar, en suma, con relativo éxito, tareas de agitacién y contencién de la fuerza propia. Muchas menos posibilidades tenian quie- nes quedaron en Argentina, donde la mera sobrevivencia pas6 a ser una hazafia. Algu- nos mudaron de ciudad 0 de pueblo, que- dando asi privadas de trabajo, de tramas familiares, de vinculacién politica. Otros abandonaron la organizacion y quedaron librados a su propia (a menudo escasa) suerte. Otros siguieron en la lucha armada cen la clandestinidaden situacion crecien- te de debilidad relativa y desconexién poli- tica. En ese marco defensivo, casi de caza del hombre, la opeién por la accién militar, y mas en general por cualquier cosa que no fuera esencialmente la preservacién de sus miembros, parecia un dislate. Uno de los mas brillantes intelectuales montoneros, e! escritor Rodolfo Walsh, redacté algunos do- cumentos internos, rigurosamente cajonea- dos por la conduccion que hoy tienen un valor profético. A fines de 1976, Walsh proponia, con argumentacionessuperiores, tn reclamo igual al de muchos otros mili- tantes: un repliegue, pasar a la resistencia. La “resistencia”, en sus propias palabras, “tesponde negativamente al interrogarse por el poder porque no esta en condiciones de apostar por él”. Aceptar el hecho era asumir “un retroceso cualitativo cuya alter- nativa es el exterminio”. El terrorismo de Estado habia cambiado brutalmente las circunstancias: debia replantearse la dis- 12+ TODO ES HISTORIA - N° 347 cusién entre politioay fierros. Hacer politica era imposible; continuar el accionar militar era suicida. La sintesis logica e inexorable era el repliegue. Walsh fue asesinado en marzo de 1977 por fuerzas de seguridad. Aunque parezca mentira, sus jefes —a. fuerza de querer negar el retroceso— optaron por el extermi- nio. RETROCEDER AL PERONISMO... DESDE ROMA Walsh aconsejaba también “replegarse al peronismo”, dejar de lado, o mejor dicho, posponer la utopia socialista. “Las masas condenadas al sentido comin” —segiin él— se replegaban “al peronismo que nosotros dimos por agotado... se repliegan al terreno malo pero conocido, hacia su propia histo- ria, su propia cultura y su propia psicolo- gia"*. Laidentidad montoneray la lucha por el socialismo iban a contramano de la rea- lidad histérica. Algo de eso flotaba en el ambiente del hotel Leonardo da Vinci, en Roma, cuando en abril de 1977 la conduccién en el exilio fundé el Movimiento Peronista Montonero (MPM), una organizacton politico-militar que abarcaba el Partido Peronista Montonero (PPM) y el Ejército Montonero (EM), y que aseguraba priorizar el componente politico sobre el militar. La organizacién tomaba nota de algunas discusiones internas: asi lo sugeria la reaparicién del vocablo “peronis- ta” (abandonado en la anterior estructura, el Partido Montonero de 1976) que segura- mente buscaba satisfacer, expresar y, por ende, contener a varios dirigentes peronis- tas historicos (como Obregon Cano o Bide- gain) que podian dar otro poder de convoca- toria al nuevo partido, Mas alla de los objetivos declamados, el supuesto “brazo” militar del MPM controla- ba todo el cuerpo politico. El comandante Mario Firmenich era general en jefe del EM y secretario general del PM, y esa duplica- cién se reiteraba hacia niveles inferiores. Las tareas del partido, segtin el docu- mento, eran la de conformar una suerte de Frente Popular opositor, reclamando la vi- gencia plena de la Constitucién Nacional, el Ievantamiento de las proscripciones polit cas, y elecciones libres. La actuacin del PPM fue practicamente nul. RETROCEDER AL PUEBLO: EL MPM “La constitucién del Movimiento Peronista Montonero es una autoconstitucién. No esta Perén para convocario ni para nombrar a los miembros del Consejo Superior. Ahora pasa a ser una realidad que para ser dirigente es imprescindible ser representativo, honesto y revolucionario; ya no sirve de nada tener un amigo influyente. Esto significa que la democracia nternia del Movimiento comienza a ser una realidad, que se acabé la burocracia. Hoy la democracla se expresa por el reconocimicnto de la representatividad y la honestidad revo- lucionaria; mafiana, cuando no tengamos encima la cland tinidad impucsta por la dictadura, la democracia se ejercera con el voto masivo”. (.)) “La autoconstituctén del MPM y de su Consejo Supertor noes un proceso ya acabado y perfecto, noes cerradoa nuevos dirigentes ni a nuevas corrientes de opinién del campo popu- Jar. Es el primer paso de un gran proceso politico de unidad de tots los honabres del pueblo pezonlsta se aqueilos hombres del pueblo que, sin haber sido peronistas, se stenten herma- nados con nucstra lucha y comparten ‘nuestros objetivos revolucionarios”. ) 11 MPM integrara revolucionariamente a todo el peronismo del pais, integraré a todos los hombres del pueblo que no han sido peronistas, movilizaré a las bases populares mayoritarias, resistira con todos los métodos de lucha a su aleance los atropellos criminales de la dictadura, facilitara la Fecuperacion de las libertades elviles y accionara para consc- guir la grandeza de la Naclén y la felicidad del pucblo, porque ¢s tan solo una herramienta del pueblo, en manos del pucblo y a su servicio exclusive.” Documento de autoconstitucién del Movimiento Peronista Montonero, 20 deabril de 1977. (Citadoen Existe otraArgentina posible, de Roberto Cirtlo Perdia y Fernando Vaca Narvaja, Enrique Gonzalez Olguin Euitur, 1986.) EL UNIFORME ANTE TODO Lo militar predominaba sobre lo politi- co. E] MPM producia documentos politicos que nunca se cumpliany, al mismo tiempo, organizaba el EM, con directivas répida- mente ejecutadas. Dictaba un cédigo de Justicia militar, con severas penas para sus soldados (aun la capital) que fueron aplica- das con catoniano rigor. Establecia el uso obligatorio de uniforme, su color, etc. {ver recuadro), la obligatoriedad del trato mili- tar, y la prohibicién del tuteo entre militan- tes que se conocian desde hacia muchos afios. El lenguaje, producto social por exce- lencia, revelaba cambios cualitativos de los Montoneros. En sus origenes, este fenéme- N°347- TODO ES HISTORIA + 13 Rostros acongojados en el entierro de José I. Rucci, el secretario de la CGT cuyo asesinato se atribuy6 Montoneros. Miembros de la Juventud Peronista.en el velato- rio del general Perén realizado en el Congreso, EL lider desaparecido habia expulsado de la Plaza de Mayo alos “mocosos imberbes" de las “or: maciones especiales”. no generacional, ligado al protagonismo ju- venil de los sesenta, propuso un nuevo Jenguaje ligadoa un modode militar ya una lectura de la historia. Todos podian estar equivocados, pero eran a la vez transgreso- res, atractivos y convocantes. Inclufan hu- mor. A veces era sutil: rebautizaron a su archienemiga JPRA (Juventud Peronista de la Repiblica Argentina) como J-Perra, A veces era macabro: tras el asesinato de José Rucci, se coreaba “Rucci, traidor/ saludos a Vandor”. También lo caracterizaba cierta dilucién dela autoridad, el voseo como trato habitual e igualador; el lenguaje coloquial en documentos y revistas (ante una grave enfermedad de Perén, el semanario El Des- camisado itul6: “Qué cagazo"). La adopcién de cédigos de comunicacion y autoridad para nada juveniles ni transgresores, reve- Jan cuanto habia retrocedido Montoneros cuando se puso uniforme. El militarismo no es s6lo pasién por el uniforme. Es una forma de asumir la politi- ca, Los Montoneros afrontaron el Proceso con desdén por las vidas propias y ajenas. En un reportaje grabado recientemente, Mario Firmenich explica: “Si uno se preocu- pa por las vidas no hace politica. Hacer politica es preocuparse por el poder, no por las vidas". Esa version coincide con los céleulos prospectivos que, con pasmosa frivolidad, voleaba Firmenich. A principios del Proceso, estimaba tener 1500 bajas. Lo peor es que estos cinicos célculos erraban: ‘cn menos. Afios después, Firmenich diria: “tenemos cinco mil cuadros menos pero gcudntas masas mas? Ese es el detalle”!®. Desde luego, ese desprecio por la vida de sus militantes costaria mucha sangre y resentiria su predicamento politico. Otro factor de disolucién fueron las du- ras exigencias personales impuestas por el EM a sus miembros. Entre ellas, la de confiar sus hijos a otros compafieros, y no a familiares, en caso de fuga, detencion 0 clandestinidad de los padres. Estas con- ductas producian reacciones de los militan- tes, indisciplinas que, amenudo, eran seve- ramente juzgadas por tribunales militares. TORTURA Y LIMITES Muy lejos de Romay de sus oficiales, los soldados del ejército montonero seguian perdiendo su batalla, Su rigida centraliza- cién, la ilimitada represién de las FF.AA., el uso de todo tipo de medios para arrancar 14- TODO ES HISTORIA - N° 347 confesiones y delaciones, y la desmoraliza- cién de los inilitantes montoneros, fueron permitiendo la progresiva identificacion y captura de muchos de ellos. En la pelicula Cazadores de Utopias (ver recuadro} Luis Salinas, ex militante, re- flexiona sobresu experiencia con a tortura. Asegura que la tortura es una forma de discusién politica en la cual el torturada, para nosucumbir, debe apelar asuastucia, a sus afectos y, sobre todo, a su identidad (no ser lo que el torturador pretende que sea). Es injusto, y a veces hasta perverso, Juzgar a alguien’o tan siquiera medir su coneiencia politica por lo que hace bajo los efectos de la tortura, Dejando sentada esta opinién, consignamos que muchos intér- pretes calificados coinciden al sefialar que la safia militar funcion6 eficazmente por- que se asenté sobre la desmoralizacion de muchos militantes montoneros. “Acucia- dos por el dolor fisico —dice el investigador inglés Richard Gillespie~ los Montoneros hablaban a causa de la bancarrota politica de su organizacién y de su ocaso militar; hablaban porque sabfan que sus amigos estaban hablando; porque sus lideres se habian ido y los habian abandonado,”"* Para peor, aftade el mismo Gillespie, los Montoneros exigian a sus militantes resis- tencia ilimitada ante la tortura. El Ejército de Liberacién de Argelia pedia a sus cua- dros que resistieran 48 horas, plazo en el que se consideraba razonable que sus com- patieros tomaran precauciones, Farle un limite al dolor, una meta razonable, segura- mente posibilita mayores sacrificios, coro- nables por un resultado. La debacle, la desmesura de las exigen- cias, valorizan mas la conducta de quienes, como el mencionado Salinas, no hablaron. Muchos de ellos tenian desacuerdos seve- ros con la organizacién, pero preferian man- tener su identidad frente al enemigo. “Nun- ca hablé mal de la orgaen la cércel. Recién die que habia dejado de ser montonera cuando sali”, testimonia una ex militante que tuvo el relativo privilegto de haber esta- do encarcelada en blanco entre 1975 y 1983. “Autocritica si, pero no aca”, dice en la ESMA —palabra mas, palabra menos— un personaje de Recuerdo de la muerte. Segin Juan Gasparini, la explicacion es muy compleja y alude a los misterios de la condicién humana, De todas formas, esbo- za cuatro razones como explicacion parcial: “por no querer aparecer como cobardes ante el resto; por solidaridad ante el recuer- lj scae eS NEGRO QUIETO A MONTONERO QUE PELEO POR WNW to ‘Nimero de ta publi. | do de los caidos; por lazos afectives y amis- cacién El Descaml- | tosos, y porque ‘esto es un viaje de ida", sado en el que se cermees te rto NegroQuieto,fundae | LA ESMA dor de las Fuerzas Armadas Revolucio- | __Un caso limite se dio en los campos de arias (EAR. concentracién de la tristemente famosa Escuela de Mecénica de la Armada. Movido por ambiciones presidenciales, tentado de ser “un nuevo Peron”, el comandante en jefe de la Armada, Emilio Massera, se pro- puso obtener cooperacién de los detenidos montoneros a cambio de ciertas franqui- cias. Esta “recuperacién” incluia para quie- nes cooperaban la posibilidad de quedar libres, y, para quienes no lo hicieran, las més nefastas penas. Muchos de los prisioneros se propusie- ron lafilosa tarea de cooperar sin Venderse, N°347-TODO ES HISTORIA +15 EL TERRORISMO DE ESTADO Es imposible contextualizar cual- quler hecho producido a partir del 24 de marzo de 1976 sin dar cuenta del terroris- mode Estado tmplantado desde entonces. Segiin el soctélogo Ernesto Lopez, especialista en temas militares, el terro- rismo de Estado "no tenfa como intenclon sélo eliminar a las organizaciones guerri- Ileras sino también producir, a través del efercicio del terror y de las acclones clan- destinas, un retraimiento en los compor- tamientos politicos y culturales de toda la sociedad”. Para expandir el terror, se de- jaba libres a algunos prisioneros luego de torturarlos. Fue una operacion de lobotomizacién dela conciencia de la gen- tea nivel masivo. Se buscaba la paralisis, elredisciplinamiento, lavueltaa laesfera individual.” Segin Lopez, esta estrategia fue importada a la Argentina por cuatro coroneles franceses que habian servido ‘en Indochina y en Argella, quienes dieron clases en la Escuela Superior de Guerra entre 1957 y 1962. Esto produjo una reforma doctrinarla dentro de las Fuerzas Armadas, y senté las bases de lo que después seria la Doctrina de Seguridad Nacional. IR. de aceptar el trato en beneficio propio y de Ja organizacién. La historia de esa alianza incluye variadisimas anéedotas que van desde el supremo heroismo y solidaridad hasta duras formas de sumision (‘roman- ces” entre torturadores y sus vietimas). Es contada con insuperable pasion y escritura en la novela Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, lecturaimprescindible para comprender qué pasé en esos afios atro- ces'’, Lo cierto es que la cooperacién, esa alianza tramposa en medio del horror, esta- ba siempre en el filo de la traicién, de la duda de cada prisionero aun acerca de si mismo. La pelicula Montoneros, una histo rig, de Andrés di Tella, recoge una experien- cia personal de inigualable simbolismo. Es la de Mario Villani, un preso en la ESMA, quien cooperaba arreglando enchufes, cue- ritos de canillas, etc. Un dia, un torturador le pide que arregle su picana eléctrica por- que tiene un cortocircuito, Villani duda, no sabe si puede negarse, pero siente que tiene un limite; en definitiva, rehiisa arreglar la picana. El torturador lo comprende y no lo sanciona. Perola historia no termina ahi. El Rodolfo Galimberti habla enel acto rea- lizado por las “for- maciones especia- les” con motivo del primer aniversario del triunfo de Cam: poradel 11 de mar- z0 de 1973, torturador improvisa una picana con otro aparato eléctrico: resulta ser mas cruel y dafiina que la picana original. Villani, abru- mado, cede y arregla la picana. La anécdota es més fuerte que cualquier interpretacion ‘Algunos de los que cooperaron cambia- ron de bando o se quebraron por la tortura las amenazas, pero muchos otros (no ‘menos de cincuenta) lograron preservar su vida y su identidad. Fueron liberados, y prosiguleron sus luchas y denuncias contra la dictadura militar. EL CIANURO Los cuadros militares montoneros esta- ban obligados a defender sus armas con la vida y ano entregarse vivos al enemigo. Los altos jefes y oficiales superiores tenian una pildora de cianuro que debian ingerir para suicidarse antes de dejarse tomar prisione- ros. Segiin declaraciones hechas por Mario Firmenich en un documental reciente, esa “facilidad” otorgada a los superiores motiv6 quejas de las bases de la organizacién, lo 16 - TODO ES HISTORIA - N° 347 que lo Ilevé a generalizar el uso de a pildo- rat, Es imposible determinar cuantas per- sonas murieron tomando el cianuro, perolo cierto es que muchos lo intentaron, y que las fuerzas de represién, conocedoras de esa practica, tenian “el antidoto” y apela- ban a él usualmente recuperando al enfer- ‘mo para un infierno que ellos controlaban. Bonasso narra la historia de un montonero que luché bravamente contra sus captores que, cercado, tomé el cianuro, pero que fue “salvado” por los militares. Después de Cartel de Montoneros desplegado por jévenes militantes frente ala Facultad de Farmacia dela UNBA en agostode 1974, cuando Lépez Regaera la figura dominante en el gobierno de Isabel Perén La camioneta que conducia el comando monto- nero que secuestré alos hermanos Jorge y Juan Born y maté al cher del auto que los transpor- taba. El cuantioso rescate pagado por los Bom seconvertiriaen fuente de ingresos y materia de negociacién deniro de la organizacion subversi- esto, colaboré sin cortapisas con sus salva- dores-verdugos. Ese “quebrado”, que dect- dié morir por sus ideales y que —violenta- do—decidié que una vezera suficiente, dice mucho mas que lo que podriamos decir nosotros acerca de la crueldad y compleji- dad de la historia. En 1978, coincidiendo con cierta desaceleracion del terrorismo estatal, la organizacién dejé sin efecto la obligatoriedad del cianuro, N°347-TODO ESHISTORIA +17 MUNDIAL Y CONTRAOFENSIVA Antes del Mundial de Fitbol de 1978, los Montoneras propnsieron a las FF.AA. una tregua; nunca recibieron respuesta. Asi- mismo produjeron agitacién politica y algu- nos atentados no sangrientos que, por lo tanto, no trascendieron a los medios. Pro- pusieron a las masas la consigna “Argenti- na campeén, Videla al paredén’’, la que, por obvias razones, no fue entonada por nadie en piblico. Tendrian mejor presencia un afio después en Suiza, cuando Argentina concediera 2 Holanda una revancha de la final de la Copa: detras de un arco apareci6 un enorme cartelén que decia “Videla ase- sino”, cartel que la TV argentina registr6 y demoré un rato en tapar. Seria todo un simbolo: los Montoneros tenian més presencia fuera de la Argentina que dentro de sus fronteras. Bsa presencia asumia a menudo formas parédicas: inte- grantes de la conduccién nacional, rigu- Tosamente uniformados, recorrian el mun- do y se fotografiaban, cual generales triunfantes, al lado de Yasser Arafat, Olof Palme o la cipula del Ejército Sandinista. | Mario Hernindez, Rodolfo Galimberti, Eduardo Duhalde, Emesto Jauretche, Alberto Brito Lima y Horacio Farmache ‘son algunos de los dirigentes peronis- tas de distinto signo quepueden verseen {a fotografia. También desfilaron por La Habana, Zim- babwe, Beirut. En Argentina, el éxito del Mundial disi- mulaba pero no aminoraba la progresiva pérdida de impulso de la dictadura militar. Surgian problemas internos (entre el Ejerc to y la Armada, especialmente) y también viriculados a la sucesién presidencial. Aun en un régimen tan cerrado como el Proceso —dice Natalio Botana— la politica suele tomarse sus revanchas: la sucesion de Vi- dela a Viola generaba crisis politicas inelu- dibles!®, El plan econémico comenzaba a mostrar limitaciones. A medida que dismi- nuja la represion, surgian acd y alla sefiales de descontento... De todas modos, el poder militar era todavia fuerte. No lo entendian asi quienes desde el exilio promovieron una contraofensiva po- pular tendiente a derribar la dictadura. Se propugnaba el incremento de la resistencia popular. La lectura de los documentos de €poca revela la repeticion casi textual de argumentos y esloganes utilizados desde 1970 hasta 1973, tiempo del mayor creci- miento de los Montoneros. La repeticion de ahistoria es un imposible; creer en ella, un error. Montoneros fabulé una contraofensi- va que pusiera fin a la dictadura militar. 18 - TODO ES HISTORIA - N° 347 Banvé a la Argentina a grupos destinados a tareas politicas (los TEI, conducidos por Yager), y otros destinados al accionar mi- litar (108 TEA, conducidos por MendizAbal). Reclut6 su tropa entre los exiliados: mu- chos volvieron a la Argentina a intentar tareas militares o politicas y fueron masa- crados. Murieron mas de 600 montoneros, tre ells ls propios jefe de los TEL os El foquismo o el terrorismo politico son siempre cuestionables éticamente: su tini- ca justificacién es la eficacia, el impacto que producen en la sociedad. La mayoria de Jos argentinos no supo nun¢a siquiera de la existencia de la contraofensiva, protagoni- zada por su supuesta vanguardia. Cuando mataron a Aramburu, los Montoneros con- citaron adhesiones y odios, ganaron terre- no, conmovieron a todos y representaron a tlgunos. La contracfensiva fue la traglea versién montonera dela patrulla perdida en la selva. DISGREGACION, RUPTURAS La contraofensiva produjo una definiti- va disgregacién interna de los Montoneros, pues probé su militarismo, sus tremendos errores de diagnéstico y su enorme desdén por la vida de sus integrantes. Muchos de los convocados rechazaron la propuesta por delirante, y se apartaron para siempre de la organizacion, muy poco dispuesta a tolerar disensos o deserciones. A medida que la represién masacrabaa quienes regresaban, Jas polémicas internas crecian y desembo- caron en graves rupturas. La contraofensi- vva quebré incluso su més estrecho circulo de lealtades, el de aquellos que respaldaron a la organizacién desde sus inicios hasta el final. En 1979, Rodolfo Galimberti, Juan Gelman y otros histéricos protagonizaron una impactante ruptura oponiéndose a la contraofensiva y, mas en general, “al mili- tarismo y al foquismo de la conduccién, la supresién absoluta de la democracia inter- na y su irresponsable triunfalismo"". La ruptura fue seguida de acusaciones reci- procas de haberse apropiado de los fondos dela organizacién. Es0s fondos eran impor- tantes, provenian en buena medida del rescate pagado por Bunge & Born por el secuestro de Juan Born (cincuenta millo- nes de délares), yhhan dado lugar a un cruce Testimonio de las | intenso de denuncias acerca de una tradi- luchas ideolégicas | cién nacional: la apropiacién privada de que tuvieron por es- | fondos piiblicos. Tal vez las més interesan- cenario ala Univer- | tes y consistentes son las del ex montonero sidad en los afos | Juan Gasparini. La discusién acerca de quién se quedé con la plata revelaba el grado de descomposicién interna de los Montoneros. En 1980, un grupo de cuadros, entre ellos Jaime Dri y Miguel Bonasso (quien durante el tercer gobierno peronista diri- gera el diario Noticias, una de las mas importantes experiencias montoneras “de superficie"), propusieron un debate interno y hasta formar una linea interna. Solo La historia argentina rebosa de muertes, cadaveres secues- trados o profanados. La del peronismo y la de los Montoneros no son excepeiones enese sentido, Esta macabra tradicién reverde- ce en esta anécdota contada por Adriana Pulggrés, decana de Filosofia y Letras de la UBA en 1974, referida a ella misma ya su padre Rodolfo, quien fuera rector de la Universidad de Buenos Aires entre 1973 y 1974. Ambos habian sido, si no miembros organicos, allados de los Montoneros hasta 1974 “Mi enfrentamiento con los Montoneros comenzé en 1974, cuando tras ser echada de la Universidad me exilié en México, y ahi rompi con la organtzacién, haciendo publico un documento muy duro. Prosiguio cuando algunos dirigentes montoneros que vivian en la casa de mi padre, en México, le impedian encontrarse conmigo. Miviejo—que se habia hecho organico delos Montoneros recién en 1976, después de que mataran a mi hermano— me Mamaba por teléfono para que nos encontraramos a escondidas. ‘Cuando mt viejo murid, en 1980, no me dejaron entrar al velorio. Defaron entrar a mis hijos, pero a mi no, porque decian que era, una liberal. Esa historia terminé para mi recién siete anos después, cuando me reencontré con mi viejo embalsamado.” MW. N°347- TODO ES HISTORIA + 19 obtuvieron rechazos y ataques por sus re- clamos, lo que motivo su ruptura y la efime- raformacion de la organizacion Montoneros 17 de Octubre. La ruptura, segiin Bonasso, sacéa la luz “una lucha de vieja data: la que Itbraban en sordina los cuadros que que- rian una politica de masas y el niicleo foquista que manejaba el aparato"”. Des- angrado por el terrorismo de Estado y —lo que es mas grave— abandonado aun por sus militantes mas fieles, Montoneros yano era una organizacién de masas, ni un ejér- cito aiin en retirada, ni un partido. Era un sello vacio. A MODO DE FINAL Deciamos en un trabajo anterior: “lo que diferencié a Montoneros de otros grupos guerrilleros fue su capacidad de convocato- ria para actividades de superficie. Su apti tud movilizadora fue muy superior a la de cualquier oiro grupo juvenil (guerrillero 0 no, peronista o no peronista). Su respuesta atraia porque combinaba ‘el poder del fusil” con la practica social, con el activismo de base y —sobre todo— con un movimiento mayoritario de base trabajadora. Por eso, el montonerismo tif la campaha presiden- cial del 73y concité la adhesion de miles de militantes y adherentes... Crecieron entre e170 y el 73 explosivamente. Pasaron a ser —de tina célula terrorista— una organiza- cién de masas. Esta conjuncién politico- militar era dificil de mantener: optaron por lo militar, La eleccién fue, obviamente, la- mentable”"*. Tras la contraofensiva, Mon- toneros sélo prolongé su muerte anuncia- da, Brauna supuesta organizacién de masas EL contralmirante César Augusto Guzzettijuraelcar- go de ministro de Relaciones Exterio- res en el gobierno defacto encabeza- do por el general Videla. A ta dere- cha de Videla, el aimirante Massera y el general Harguindeguy. sin contacto con su pueblo, cuya conduc- cidn estaba integrada exclusivamente por exiliados, cuyas instancias organizativas en la Argentina eran casi nulas. Una orga- nizactén politico-militar que incluia un par- tido que evitaba todo debate y expulsaba a muchos de sus cuadros, y un eército ant- quilado, Habia generado un abismo entre sus militantes, los que resistieron como pudieron, muchos de los cuales fueron tor- turados o asesinados, y un punado de jefes que participaba frivolamente del jet-set po- Titico internacional. Después de las san- sgrias internas del 79 y el 80, s6lo les queda- riaunabanal adhesiénal deiriode Malvinas, que nadie tomé en cuenta, y torpes intentos desumarse al peronismo, el quelos rechaz6 enérgicamente: ya contaba con bastantes piantavotos. La dictadura militar iba epilogando. En 1983 habria elecciones, una nueva etapa democratica, con muchas diferencias con la iniciada en 1973 abortada en 1976. Entre llas:la perdurabilidad delas instituciones, la alternancia politica, el repudio colectivo ala violencia. Y claro, la ausencia de los Montoneros que —aunque no surja tanto de esta nota centrada en sus peores afios, que fueron, también, los peores de la Argenti- na— fueron protagonistas ineludibles de los setenta;cifraron, entre 1970y 1980, mucho de lo peor y mucho de lo mejor ocurrido en Ja Argentina en esa década febril. NOTAS 1, Documento publicado en revista Evita Montonera 15, Mexico, 1977. ‘2. Ivaweicx, Norserto y WaInrev>, MARio: “Bl gobierno peronista 1973-1976: los Mon- toneros”, Publicado en revista Unidosen tres partes: nimero 2 (julio de 1983}; ntimero 6 {agosto 1985) y niimero 7/8 (diciembre de 1985}. 3, Wa.omavn, Peter, Ensayos sobre palitioa y sociedad en América latina, Editorial Alfa, 1983, pp. 172/178. 4. Testimonio de Graciela Iturraspe en la pelicula Cazadores de Utopias. 5, La historia del ERP y la de la vida y muerte de Santucho tiene’ riguroso trata- miento en Todo 0 Nada, de Maria Seoane, Bait, Planeta, Espejo de la Argentina, 1991. 6. Gaseauni, Juat, Montoneros, final de cuentas, PuntoSur, 1988. Ty 8. Waist, Roootro, “Aporte a la discu- sin del informe del Consejo", noviembre de 1976; “Aporte a una hipstesis de resisten- cia’, enero de 1977, reproducidas en Uni- dos, ntimero 5 {abril 1985) y ntimero 6. 20 + TODO ES HISTORIA - N° 347 Elatentado en que perdié ta vida el empresario Francisco Soldati fue uno de los més cruentos y espectaculares operativos concretados por Mon- toneros durante la dictadura militar. 9. La entrevista aparece en un video sobre historia argentina reciente dirigido por Felipe Pigna y realizado por alumnos y do- centes del Colegio Nacional Carlos Pellegrini que no ha tenido distribucién comercial. 10. Revista Bohemia, La Habana, Cuba, 1981. 11. Giuesete, Ricarp, Soldados de Perén. Los Montoneros, Grijalbo, 1987, p.300. 12. Gasearnt, op, cit, p. 154. 13. Bonasso, Micuet, Recuerddde la muer- te, Bruguera, 1984. La ética de ese campo de ‘conceniracién imponia cooperar con los ma- rinos, pero sin comprometer a otros compa- eros sin prestarse a delatarlos (una de las tareas cra “ser dedo”: salir a la calle a identificar compafieros). Recuerdo..., un im- ponente relato historico rigurosamente do- cumentado, tiene como protagonista a Jai- me Dri, ex diputado peronista por el Chaco. Para Dri, su identidad montonera se demos- traba preservandose para fugar. Lo logré, aun discutiendo con algunos de sus compa- fieros de encierro, quienes temian que una fuga individual pusieraen riesgoal conjunto. Dri fue juzgado por un tribunal montonero y absuelto, En 1980 romperia con la organiza eign. 14, Video de Felipe Pigna citado en nota 9. 15, Entrevista a Natalio Botana, marzo de 1996. 16. Carta abierta firmada por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, citada en Giue- ste, op. cit. 17. Bowasso, Micue., op. cit., pp. 405/406, 18. Ivancicu y Wainreio, op. cit., Unidos pp. 7-8, 148-149. Maria Martinez, la esposa de Mario Firmenich, Jotografiada en Rio de Janeiro mientras se trami- ‘taba la extradicién de Firmenich, reclamado por el gobierno de Alfonsin en febrero de 1984. ‘AGRADECEMOS LA GENTIL COLABORACION DEL ‘ARCHIVO FOTOGRAFICO DEL DIARIO CLARIN. RECUADROS: JOSE NATANSON. ALGO DE PELICULA Nila literatura nf el cine argentino han dado atin demastada cuenta de los hechos que heme resedado. Seguramentc, eon ‘muy cercanos y muy dolorosos. Dos novelas pueden citarse como valiosas excepclones: la ya menclonada Recuerdo de la muerte y No velas a tus muertos, de Martin Caparrés. La historia de los Montoneros en el Proceso ha sido aborda- da desde diversos angulos en tres filmes cuya vision —por decir poco—ayudara a entender mejor los hechos que aqui narramos. Un muro de silencio (1994), dirigida por Lita Stantic, es la adaptacién en fleci6n de la historia de un militante desaparecido que aparentemente regresa. El documental Montoneros, una historia (1994), dirigido por ‘Andrés di Tella, es mas una pelicula sobre la condicién humana que un informe sobre los Montoneros. El testimonio principal es elde Ana Maria Testa, quien, con frescura y honestidad envidia- bles, cuenta la historia de su paso por Montoneros: larelacién con su pareja —un cuadro montonero—, su paso por la ESMA, el enamoramiento de uno de sus torturadores y su actual amistad con un compare a quien ela delat de utopias (1996), de David Blaustein, asume una visi6n més subjetiva de la historia de Montoneros. Es la historia de la organizacion contada por sus proplos militantes. Al precio de omitir clertas cuestiones més o menos basicas —como Jas divistones internas y el accionar de otras organizaciones guerrilleras— se centra én testimonios de 34 cuadros medios de Ia organizacién, mechados con imagenes de archivo, que le dan un valor testimonial sin precedentes. IN. N° 347- TODO ES HISTORIA + 21