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CARMEN ESPEGEL

HEROINAS DEL ESPACIO

MEMORIAS CULTURALES
Diseño y realización:
Estudio David Cercós

© Carmen Espegel
© De los textos: Carmen Espegel
© De las imágenes: Sus autores
© De esta edición: Ediciones Generales de la Construcción

Edita: Ediciones Generales de la Construcción


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ISBN: 84-934444-0-5
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A la memoria de Gregoria Vicario y Ricarda Vañes
“Por eso querría pediros que escribierais todo tipo de libros, que no os asustara ningún tema, trivial,
o de importancia. Por una cosa o por otra tengo la esperanza de que conseguiréis algo de dinero,
no demasiado pero suficiente, para viajar y no hacer nada, para meditar sobre el pasado o el futuro
del mundo, para soñar con libros y pasar el rato apoyadas en las esquinas y dejar que el hilo de la
caña se hunda en el río. De ningún modo pretendo limitaros a la novela. Si quisierais complacerme,
y como yo hay miles, escribiríais libros de investigación, de historia y biografía, de crítica, de filosofía
y de ciencia. De todo esto, la novela obtendría un gran beneficio. Es bien sabido que los libros se
influyen unos a otros. A la novela le iría muy bien pasear al lado de la poesía y de la filosofía. Además,
si reflexionáis sobre cualquier personaje del pasado, sobre Safo o Lady Murasaki, o sobre Emile
Brontë, descubriréis que son herederas y pioneras a la vez, y que han existido gracias al hecho de
que las mujeres se habían acostumbrado a escribir de forma natural; de modo que, aunque sólo fuera
como preludio de la poesía, hacerlo sería un servicio incalculable por vuestra parte.”

Virginia Woolf: Un cuarto propio


INTRODUCCIÓN 7

MUJER Y ARQUITECTURA
La mujer como sujeto de la arquitectura 13
Las primeras mujeres arquitectos 17
Casa de la madre versus casa del padre 21
La mujer como objeto de la arquitectura 29
Burguesía emergente e intimidad 31
De la cocina al boudoir 39

MUJER Y EVOLUCIÓN SOCIAL 47

DOS CROMOSOMAS X EN LA ARQUITECTURA MODERNA 73

CUATRO CRÓNICAS
Eileen Gray 1878-1976 96
Lilly Reich 1885-1947 132
Margarete Schütte-Lihotzky 1897-2000 166
Charlotte Perriand 1903-1999 200

EPÍLOGO 236

AGRADECIMIENTOS 241

SUMMARY 243

BIBLIOGRAFÍA
Bibliografía general 245
Bibliografía básica sobre Eileen Gray 253
Bibliografía básica sobre Lilly Reich 256
Bibliografía básica sobre Margarete Schütte-Lihotzky 259
Bibliografía básica sobre Charlotte Perriand 261
INTRODUCCIÓN

“Si queremos elevar nuestra cultura a un nivel superior, para bien o para mal, estaremos obligados 7
a transformar nuestra arquitectura, y esto sólo será posible si a los espacios que habitamos les
sustraemos su carácter cerrado. Esto podemos lograrlo con la introducción de la arquitectura de
cristal, que deja que la luz del sol, la luz de la luna y de las estrellas no se filtre sólo a través de un
par de ventanas, sino que entre directamente a través del mayor número posible de paredes que
sean por entero de cristal, de cristal policromado. El nuevo entorno que habremos creado de esta
forma nos tiene que traer una nueva cultura.”
Paul Scheerbart1

La visión del pintor y poeta Paul Scheerbart acerca de una cultura elevada mediante el uso del
vidrio, sirvió para asestar el golpe de gracia a un estamento oficial que imitaba los estilos más
caducos. Pero esa democratización de la arquitectura, reflejo de la evolución de la sociedad,
conllevó una trasparencia impúdica, una manifiesta obscenidad, donde nada podía ocultarse, nada
podía crecer, ni siquiera las necesidades más profundas y espirituales del ser humano. Sobre la
contradicción existente entre esa arquitectura diáfana, transparente, dinámica y moderna que
promovió el Movimiento Moderno y la exigencia de habitabilidad, de intimidad, de espiritualidad del
ser humano, sobre esa contradicción irreconciliable en apariencia es donde investigaron
fundamentalmente las mujeres arquitectos de los años veinte y treinta.

Se puede afirmar que las arquitectos del periodo heroico proponen hacer habitable la fría y abstracta
arquitectura de la nueva objetividad, porque proyectan para, en palabras de Walter Benjamin: “ganar
las fuerzas de la ebriedad para la revolución”. En su artículo “El surrealismo, la última instantánea de
la inteligencia europea” publicado en 1929,2 Walter Benjamin critica la imposibilidad de desarrollar la
actividad irracional de los surrealistas en espacios tan puros, tan asépticos, tan objetivos, como los
que planteaban en aquellos momentos Le Corbusier o J. J. P. Oud.

1.- Paul Scheerbart, Glasarchitektur, Verlag der Sturm, Berlin, 1914. Edición española, La arquitectura de cristal. Colegio Oficial de
Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia, Murcia, 1998, Capítulo I: «El entorno y su influencia en el desarrollo de la cultura», p.85.
2.- Walter Benjamin, Die literatische Welt, 1929. Recopilado en Imaginación y sociedad. Iluminaciones I. Taurus Ed, Madrid, 1980, pp.41-63.
8

Diógenes en el barril, visitado por Alejandro Magno.


Grabado según un relieve romano

Casa neolítica, Çatal Hüyük, Anatolia, 7000-6000 a.C.

Lapones sedentarios, cabaña cubierta con troncos,


en invierno (Escandinavia)
El compromiso de la mayor parte de la arquitectura realizada por mujeres en el seno mismo de la 9
Objetividad, fue hacer habitable el barril de Diógenes, que para Le Corbusier era un súmmum de
“Sachlichkeit”, pero también una cima de la arquitectura.

Como describe Georges Spyridaki: “Mi casa es diáfana, pero no de vidrio. Es más bien de la misma
naturaleza que el vapor. Sus paredes se condensan y se relajan según mi deseo. A veces, las
estrecho entorno mío, como una armadura aislante. [...] Pero otras, dejo que los muros de mi casa
se expandan en su espacio propio, que es la extensibilidad infinita.”3

Pero para comprender esa necesidad que las arquitectos de comienzos de siglo tuvieron de hacer
habitable la arquitectura moderna indagaremos sobre la casa primigenia, la mujer-constructora, el
hábitat humano, los arquetipos heredados y el vivir cotidiano en la esfera privada. Los arquetipos
son formas asociadas, relativamente homogéneas para todos, en el inconsciente colectivo, que se
manifiestan en la mente primitiva y arcaica que todos conservamos en el subconsciente.4 Existen
situaciones y necesidades básicas en el hombre primitivo tales como el refugio, la protección frente
a los animales, la pertenencia grupal, la auto-estimación, el reconocimiento, el control del medio,
o las necesidades fisiológicas, que se han transformado en símbolos o ritos. El “arquetipo” que
define Jung tiende a explicar el mundo por el hombre, no porque parta de formas, ni de figuras o
seres objetivos sino porque lo hace desde imágenes contenidas en el alma humana,5 en las
profundidades emergentes del inconsciente. Estas emanaciones del espíritu no son sustitutivas de
seres vivos, modelos petrificados, sino frutos de la vida interior en perpetuo fluir desde esas
profundidades. Jung utiliza el término “arquetipo” para referirse a aquellos símbolos universales que

3.- Citado en Gaston Bachelard, La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1990, p.83.
4.- Ver al respecto G. Dorfles, Nuevos ritos, nuevos mitos. Ed. Lumen, Barcelona, 1969. Capítulo «Tradición y Metamorfosis», p.104.
5.- “En el estado africano de los Dogon [...], las viviendas, igual que los espacios contenidos en su interior, se agrupan de acuerdo con el
modelo cosmológico. La estructura total se encuentra «contenida dentro de un óvalo... (imitando) la gran placenta de la cual ha surgido, a
lo largo del tiempo, todo el espacio, todos los seres vivos y todas las cosas del mundo». Alexander Tzonis, Hacia un entorno no opresivo,
Ed. Hermann Blume, Madrid, 1977, pp.33-35.
10 revelan la máxima constancia y eficacia, la mayor virtualidad respecto a la evolución anímica que
conduce de lo inferior a lo superior.6 Todo ser humano arrastra un sujeto mítico, es un epítome de
todos los individuos de la prehistoria y de la historia, en la medida en que guarda un pasado.7

Un arquetipo por antonomasia es la casa y la idea que mantenemos en nuestro interior está en
deuda con el hogar de los descendientes de nuestra antepasada “Lucy”.8 Inconscientemente actúa
sobre nosotros “como sombra, como memoria de aquella construcción perfecta que existía antes
del Principio: cuando el hombre se sentía completamente a gusto en su casa y cuando la casa era
justa como la misma naturaleza”.9 El retorno a los orígenes es una constante del desarrollo humano
e implica, como dice Rykwert, “un repensar lo que se hace habitualmente, un intento de renovar la
validez de las acciones cotidianas”.

6.- “La máquina psicológica, que transforma la energía, es el símbolo”. Carl G.Jung, Energetik der Seele, 1928.
7.- En este sentido el inconsciente colectivo de Jung no se diferencia de la ley de recapitulación de Freud.
8.- “Lucy”, homínido de sexo femenino de un metro cincuenta de altura y con el cráneo del tamaño de un coco, vivió hace tres millones y
medio de años, en lo que hoy es el triángulo de Afar, en el desierto de Harar, al norte de Etiopía.
9.- Joseph Rykwert, La casa de Adán en el paraíso, Gustavo Gili, Barcelona 1975.
MUJER Y ARQUITECTURA
HEROINAS EN EL ESPACIO
12

"Su enfermera es la tierra". El agua de Mercurio lo alimenta.


M.Maier, Atalanta fugiens, Oppenheim, 1618.

Falis, antropomorfismo del recinto (Camerún).


a. cámaras / b. graneros / c. granero central / d. vestíbulo
LA MUJER COMO SUJETO DE LA ARQUITECTURA

“Las mujeres son las encargadas de la construcción de las cabañas y ellas 13


solas son las que deciden quién puede entrar en ellas.”
Norbert Schoenauer1

Podría afirmarse que la casa es la arquitectura arquetípica de la mujer.2 Del mismo modo que
Gramsci aserta que no tanto hay “filósofos” como que todos somos filósofos, postulamos que
no hay “mujeres arquitectos”, aunque todas ellas contienen arquitecto y arquitectura como algo
endógeno.3 Desde una antropología básica, la casa posee un carácter uterino y se manifiesta
como un símbolo femenino relacionado con la tumba, el regazo, la matriz, el cobijo y, por
tradición, ha devenido el reducto y el territorio de la mujer.4

El caracol elabora la casa que lleva consigo, siempre está en su morada, vaya por donde vaya,
pero siempre está sólo, como la mujer. La concha se construye desde su interior, con saliva, y se
traza con una geometría helicoidal para que sea más resistente en la defensa. Cuando los
arquitectos edifican la casa propia, y más si son mujeres, no sólo pretenden levantar una vivienda
sino primordialmente construirse a sí mismos.5

1.- Norbert Schoenauer, 6.000 años de hábitat. De los poblados primitivos a la vivienda urbana en las culturas de oriente y occidente, Gustavo
Gili, Barcelona, 1984. Colección Arquitectura/Perspectivas.
2.- “El hombre, so pena de acabar domesticado, ha de reconquistar la casa por encima de las mujeres, sacerdotisas de lo cotidiano. Este
mismo es también el pensamiento de Huysmans y de todos aquellos a los que inquieta, en los albores del siglo XX, la emancipación de la mujer
nueva.” Historia de la vida privada, bajo la dirección de Philippe Ariés y Georges Duby. Ed. Taurus, Madrid, 1989, Vol.4, p.316.
3.- Es notoria la recurrente imagen del caracol en la novela Las olas de Virginia Woolf, publicada en 1931.
4.- El tiempo que una mujer tradicional pasa en la vivienda en circunstancias normales es de veintidós a veintitrés horas mientras que el hombre
sólo pasa de diez a once horas. Si consideramos las ocho horas que duermen, ello supone que el varón está en la casa durante el día alrededor
de dos horas, tiempo que la mujer pasa fuera de ella. Francisco Sánchez Pérez, La liturgia del espacio, Ed. Nerea, Madrid, 1990, p.78.
5.- “Estos extraños conjuntos de piedras y ladrillos, con sus apéndices, sus ornamentaciones y su mobiliario tan particulares, con sus formas
específicas e inmutables, su atmósfera intensa y pesada, a los que nuestra vida se encabestra de manera tan total como nuestra alma a nuestro
cuerpo -¡qué poderes no tienen sobre nosotros, qué afectos sutiles y penetrantes no ejercen sobre la entera sustancia de nuestra existencia!”.
Lytton Strachey, citado en Historia de la vida privada, op.cit. Vol.4, p.327.
Un organismo habitacional es algo tan sofisticado y tan significativo de una manera peculiar de vivir,
de ser, de pensar, que efectivamente el arquitecto construye su pensamiento al proyectar la
vivienda propia. Desde la minuciosa elección del emplazamiento hasta la decisión del mecanismo
con el cual se habita, nos demuestran repetidas veces que tal arquitecto está construyendo su
super ego, como todo aquél que erige la casa para sí. Parafraseando a Heidegger,6 construir es el
modo como se desea ser mortal en la tierra.

Pero también otro de los motivos que pudiera llevar a las personas a construir arquitectura en
14
general y la vivienda propia en particular, pudiera ser esa necesidad genética de seguridad, afecto,
aprobación y apoyo emocional, que Maslow7 demostró que todo ser humano posee.8

A la mujer se la ha relacionado tradicionalmente con el interior, con lo detallado y fragmentario. Si


se descontextualiza el aserto “en la arquitectura no hay detalles” de Paul Valéry, puede entenderse
en su escueta ambigüedad de aforismo que lo pormenorizado niega la arquitectura, o bien que
ésta, por su inherente necesidad de integración, niega los detalles. Sin embargo, el escritor plantea
dos puntos de vista diferentes en cuanto a su comprensión. En primer lugar, formula una analogía
con el médico; el detalle lo entiende como algo que puede alejarnos del centro del problema. En
su segunda interpretación, detalle significa ir de lo general a lo particular.

Como elemento intermedio entre una visión global o estructural y otra específica ligada al detalle,
el mueble proporciona en gran parte la dimensión y la escala del espacio interior, por su relación
directa con las medidas del cuerpo humano. Creemos que lo grande evoluciona desde lo pequeño
porque lo menudo, lo detallado, requiere y precisa un mayor tiempo de observación, una dilatación
temporal de la percepción que agranda su importancia. En este sentido muchos psicólogos avalan
que la mujer está más dotada para una percepción con un mayor grado de complejidad en el
detalle. Por el contrario, la percepción de lo muy pormenorizado produce en los varones un gran
sentimiento de perturbación y confusión.

6.- Martin Heidegger, Conferencias y artículos, Ed. del Serval, Barcelona, 1994. Capítulo VI: «Construir, Habitar, Pensar», pp.127-142.
7.- Abraham Maslow, El hombre autorrealizado. Hacia una psicología del Ser, Ed. Kairós, Barcelona, 1995.
8.- Marvin Harris, hablando de los cabecillas y mumis dice que “la sociedad no les paga con alimentos, sexo o un mayor número de
comodidades físicas sino con aprobación, admiración y respeto; en suma, con prestigio. [...] Además de poseer un gran talento para la
organización, la oratoria y la retórica, los líderes igualitarios descuellan como personas con un enorme apetito de alabanzas”. Jefes, cabecillas,
abusones, Alianza Ed., Madrid, 1993, p.24.
Marcel Duchamp. Puerta como sustituta de dos puertas. 15
París, 1927

Herbert Bayer. Página 5 del Catálogo de la Werkbund


alemana "section allemande", París, 1930.

“Dios como Arquitecto”, de la Bible Moralisée, Reims,


Francia, Mitad del siglo XIII.
Que la mujer posea mayor velocidad discriminativa9 significa que aprecia mejor la totalidad pues
percibe más rápidamente todos los detalles, mientras que éstos pueden generar al hombre un
elevado desconcierto debido a su percepción por lenta superposición de los mismos. Es decir, la
mujer puede captar una mayor complejidad aún siendo ésta unitaria, mientras que al hombre,
sobretodo como crítico, el mismo objeto puede parecerle complicado y con un exceso de “diseño”.
También es cierto que cuanto más restringido sea el campo de visión existe una mayor necesidad
de estímulo visual, es decir, de complejidad.
16
Así el lema “formas rotundas, detalles gráciles” de Le Corbusier sintetiza esa ambivalencia entre
masculinidad y feminidad del fuera volumétrico generalista y el dentro espacial particularista.

9.- Recientes estudios demuestran que siendo el ser humano mera química, las principales diferencias que marca el sexo en la función intelectual
residen en los modelos de metabolismo bioquímico y no en el nivel de inteligencia. Por ejemplo, los hombres son mejores en razonamiento
matemático y en habilidades motoras dirigidas a blancos móviles, es decir, en puntería; mientras que las mujeres son superiores en el manejo del
lenguaje, en el cálculo aritmético y en la velocidad perceptiva y discriminativa. Doctora Doreen Kimura de la Universidad de Ontario (Canadá) y
Doctor Jesús F. Tresguerres, Catedrático de Fisiología y Endocrinología experimental de la Universidad Complutense de Madrid. Mayka Sánchez,
«El poder de las hormonas. Cerebro de hombre, cerebro de mujer», El País, Sociedad/Salud, Madrid, 11 de Julio de 1994.
LAS PRIMERAS MUJERES ARQUITECTOS

“Las mujeres levantan la tienda siempre. El primer paso supone la limpieza de la zona donde se va a
colocar. Luego, se extiende en el suelo la cubierta de la tienda, estirando los trozos de la misma.
Entonces, comenzando por una esquina, se van levantando los postes uno a uno. Cuando el techo
de la tienda está arriba, se colocan la pared de atrás (ruag) y la cortina divisoria (qata) en su sitio.
Usualmente, esta operación completa dura una hora. [...] La zona de la mujer, frecuentemente más 17
grande que la del hombre, es el área del trabajo y de vida de toda la familia; el área del hombre está
cubierta con alfombras y es también el área de recepción.”
Norbert Schoenauer10

El estudio del hábitat humano a lo largo de los siglos ha sido objeto de investigación del arquitecto
y antropólogo rumano Schoenauer quien ha analizado numerosos ejemplos de refugios
construidos por mujeres en diferentes tipos de asentamientos preurbanos, de sociedades
nómadas, seminómadas o sedentarias, en todo el mundo.

En el primer grupo, el de viviendas efímeras, se incluyen tres tipos de tribus: los bosquimanos
africanos kung que habitan las zonas áridas del desierto de Kalahari, los pigmeos bambutis de la
selva Ituri de África, y los aruntas, aborígenes australianos. En los dos primeros grupos, la
construcción de las cabañas es cometido de la mujer, y se asemeja más a un patrón formal
acumulativo y cuantitativo de nido de pájaro que a una estructura cualitativamente arquitectónica.

Los bosquimanos del grupo kung llevan una vida nómada independiente, basada en la caza
colectiva y la recolección. Sus bandas están formadas por alrededor de veinticinco o treinta
personas. “Los hombres cazan, hacen las armas y preparan las pieles para los taparrabos; las
mujeres recolectan alimentos y madera, construyen las cabañas, encienden el fuego, cocinan y
mantienen limpio el campamento.”11

En el caso de la cabaña de los pigmeos bambutis, de nuevo la construcción del refugio es


responsabilidad de la mujer. En cuclillas, hincan arbolillos en el suelo hasta que están firmemente
encajados. Cuando todos estos arbolillos enterrados forman un círculo alrededor de ellas, las
mujeres se levantan y hábilmente flectan los troncos sobre sus cabezas, torciendo y entrecruzando
las pequeñas ramas hasta formar una estructura. Una vez terminado el armazón, recolectan

10.- Descripción del levantamiento de las tiendas negras de los beduinos. Norbert Schoenauer, op.cit., p.54.
11.- Norbert Schoenauer, op.cit., p.18.
18

Tienda, en la Lapponia de Scheffer, 1673.

Secciones comparadas de una choza africana y una


cabaña británica primitiva.

Jölöng, casa comunitaria (rong) de la Aldea de Kön Jökoi:


exterior (Vietnam del Sur).

Cliff Palace, Mesa Verde, Colorado. Cultura Anasazi, (c. 1150 A.D.)

Bosquimanes, planta de un campamento (werf), comunicado


con el campo para las ceremonias de iniciación. Kalahari
(Africa del Sur).
1. espacios circulares para la danza
2. campamento
3. cabaña del jefe
4. sendero
5. campo para las ceremonias de iniciación
6. abrigo para los iniciados
grandes hojas acorazonadas de mongongo y seccionan la base de sus tallos para engarzar dos
o tres juntas, que luego se cuelgan en este armazón igual que si fuesen lajas de pizarra,
solapándolas para formar una cubierta impermeable. Algunas veces llegan a trabajar hasta cuatro
mujeres en la construcción de una cabaña. Unas cuelgan las hojas por fuera; otras, desde el
interior, empujan las hojas a través del entramado y las aseguran de arriba hacia abajo.

Dentro del segundo grupo, el de las viviendas temporalmente intermitentes, tenemos las tiendas
de los indios de las llanuras norteamericanas, que migraban siguiendo el recorrido de los búfalos
19
a través de las praderas. Estas tribus construían un esqueleto estructural de madera sobre el cual
se colocaba una cubierta de pieles de búfalo cosidas. El levantamiento y desmantelamiento del
cono-vivienda era una labor propia de la mujer, y podía requerir cerca de una hora. El trabajo del
curtido, corte y costura de la envoltura de piel era también cometido de las mujeres, que
habitualmente las ornamentaban con grafismos pintados muy elaborados.12

Otro ejemplo de este tipo de viviendas transitorias pero de mayor capacidad (refugio comunitario)
y dimensión (largo mayor de 30 m., ancho de 18 m. y altura de 9 m. aproximadamente) son las
malocas de los indios erigbaagtsa que habitan en el noroeste de la cuenca del Amazonas. La vida
es comunitaria y todos participan en la ejecución de la casa y en la labranza de la tierra. La única
posesión personal son las armas.

En el tercer grupo, el de las viviendas periódicas o temporalmente regulares, propias de los


nómadas y cuyo desarrollo cultural se encuentra en situación intermedia entre los recolectores-
cazadores primitivos y las sociedades agrícolas, podemos resaltar el yurt kirgiziano (techo en
bóveda) y el yurt mongol (techo cónico) cuya construcción y desmantelamiento es responsabilidad
de las mujeres. En la tienda desarrollada por los äir-tuareg que habitan en las áridas planicies de la
zona Sakeliana, en los límites del Sahara, las mujeres levantan el campamento y montan la tienda
en poco tiempo. Por último, las tiendas negras del grupo de pastores beduinos -el término beduino
significa “hombre de la tienda”- del Asia occidental o del Norte de África, que siempre son
levantadas por las mujeres.

El cuarto grupo engloba las viviendas estacionales, ocupadas durante varios meses. Destaca la
construcción por parte de las mujeres de la morada de los masai, habitantes de las praderas de

12.- Norbert Schoenauer, op.cit., p.36-37: “Existían numerosas tradiciones asociadas con la costura de la cubierta; por ejemplo, las viviendas
de los blackfoot debían estar constituidas por un número par de pieles y éstas debían ser de la hembra del búfalo. Además, creían que si una
mujer celosa o enfadada cosía la cubierta, la tienda estaría invariablemente llena de humo a pesar de las condiciones del viento. De esta
forma, siempre se escogía una mujer con buen carácter para esta tarea.”
Kenya y Tanzania. La vivienda llamada boma es un kraal -caserío vallado- en forma de aro con altas
vallas de espinas, cuya construcción les requiere alrededor de una semana.

Por otro lado, ha sido también muy frecuente el vínculo de propiedad de la mujer con los objetos
muebles. Por ejemplo, las tribus indias hopi, zuni, acoma y otras, que moran en las planicies
semidesérticas de Arizona y Nuevo Méjico, poseen una organización social basada en un sistema
de clan matrilineal, matrilocal y sociedad tribal. El clan es el dueño de los jardines, tierras de cultivo
y manantiales. Las mujeres son propietarias del mobiliario de la vivienda y de la cosecha
20
almacenada, mientras los hombres lo son del ganado, herramientas, efectos personales y objetos
de ceremonias religiosas.13

El mobiliario ha sido, por tanto, algo tradicionalmente femenino. El ajuar ha contenido, casi siempre,
muebles, utensilios y ropas de uso común en la casa, sobretodo cuando no se les permitía heredar
ni tierras ni propiedades. Ese conjunto de pertenencias que la mujer aportaba al matrimonio nos
indica el obligado carácter nómada de la mujer en las sociedades patrilineales, que sólo podía
llevarse consigo aquello que fuera móvil, no permanente.

Los ejemplos podrían multiplicarse pero, se han reseñado los que se consideran más importantes.

13.- Norbert Schoenauer, op.cit., p.87.


CASA DE LA MADRE VERSUS CASA DEL PADRE

“Si se intercambian mujeres, los hombres intercambian objetos de la misma índole. Pero hay dos
diferencias entre intercambiar una mujer y una liebre. La mujer es portadora de toda una red de
relaciones sociales y afectivas con aquellos con quienes se quiere establecer una alianza y es capaz
de establecer esas relaciones en su nuevo ambiente. Es, pues, transmisora y generadora de
relaciones sociales y afectivas, vinculándose a ambos grupos de alianza y por tanto tiene la 21
capacidad de dar a luz hijos del hombre receptor, que son al mismo tiempo parientes del grupo de
origen. En definitiva, entre hombres iguales que tienen igual acceso a las mismas cosas, tan sólo el
intercambio de mujeres puede constituir una alianza con éxito.” 14

A lo largo de la historia, bajo un prisma antropológico, las relaciones de parentesco han expresado
su importancia para conformar las estructuras reales, bien sean sociales, psicológicas, territoriales,
políticas, económicas e incluso espaciales.15 Los vínculos de filiación, enlazando las instituciones
que funcionan como un agente de cohesión social, cumplen un papel crucial entre los pueblos
ágrafos ya que autorregulan y protegen el orden social y las normas socioculturales establecidas.
De hecho, la cuestión del parentesco, como un segmento esencial de la Antropología, no sólo
contiene en sí la mayor parte de su problemática, sino que también ilumina profundos dilemas con
los que interpretar los hechos sociales en general.

Quizá fue Morgan en La sociedad primitiva el primero en percatarse de la importancia científica de


los sistemas de parentesco; así, consideró que la evolución de las tribus muestra un reflejo de todo
el progreso humano, desde el salvajismo hasta la civilización a través de la barbarie. Tylor fue el
primero en comprender el incesto o su inhibición en función de sus posibles ventajas de carácter
cultural. Le siguió Maine, que subrayó cómo el parentesco resultó ser el principio básico de
organización social. McLennan, en su análisis sobre la exogamia y la endogamia, marcó el
comienzo de la discusión en torno al origen de la universal prohibición del incesto dentro de la
familia nuclear. Avanzando un poco más en el tiempo, Evans-Pritchard o Leach mantienen similares
tesis según las que “los términos de parentesco son categorías de palabras por medio de las

14.- Teresa San Román y Aurora González, Las razas humanas. Citado en Gustavo Bueno, Alberto Hidalgo y Carlos Iglesias, SYMPLOKE,
Ediciones Júcar, Madrid, 1991, p.324-327. 1ª edición 1987.
15.- Nos gustaría mencionar el magnífico estudio aportado hacia 1960 por Tatiana Proskouriakoff (1909-1985) sobre el papel desempeñado
por la mujer en la cultura maya. Además, la arquitecto y dibujante rusa emigrada a Norteamérica introdujo un cambio en el paradigma en los
estudios mayas con su artículo sobre el carácter histórico de las inscripciones de Piedras Negras. AA.VV., Los Mayas. Una civilización
milenaria, Könemann VmbH, Colonia, 2000.
cuales el individuo aprende a reconocer los agrupamientos significativos de la estructura social en
que ha nacido”. Todos ellos entendieron que el parentesco es el parámetro fundamental de la
organización social primitiva.

En una aproximación arquitectónica a la casa, se utilizan dos dibujos que publica el libro Symploke16
para realizar un pequeño análisis en función de la relación antropológica de parentesco que
predomine en ella. Se ha presentado ante un grupo de alumnos de la Escuela de Arquitectura de
Madrid sendos dibujos y se les ha preguntado cuál de ellos corresponde a una organización
22
patrilineal y cuál a una familia matrilineal. Se constata, paradójicamente, cómo la mayoría de las
respuestas indican que el dibujo que muestra la vivienda con patio pertenece a un esquema
patrilineal mientras que aquel de las construcciones tras una tapia pertenece a un diagrama
matrilineal. Sin embargo, la realidad es la contraria.

Los dos dibujos representan sendas casas, una de tipo matrilineal (el izquierdo) y otra de tipo
patrilineal (el derecho).17 En la primera, característica de la tribu de los ashanti en Ghana, en el África
Occidental, convive una abuela, sus hijos e hijas y la prole de éstas. Cada habitación es ocupada
por un descendiente adulto mientras que las esposas de los hijos viven aparte en sus propias
viviendas matrilineales que suelen estar próximas. La segunda construcción, la del tipo patrilineal,
más primitiva que la anterior y característica de la tribu de los tallensi, también en Ghana, dispone
fuera de la puerta, junto al árbol sagrado y el túmulo cónico, de un área social para los hombres
de la casa. Allí puede verse al patriarca erguido dentro del corral que es su dominio específico. A
la derecha de la puerta está el cobertizo de techumbre plana para el ganado, donde a su vez moran
los espíritus de sus antepasados. En el centro del recinto, existe un granero del que sólo el
patriarca puede disponer. Siguiendo el recorrido de las agujas del reloj, comenzando por el lado
izquierdo de la puerta del recinto, se dispone una habitación para los varones adolescentes, luego
la alcoba, despensa y cocina (descubierta) de la madre y de la abuela del patriarca, después la
cocina y la despensa de su cónyuge, de él mismo y de sus hijos. La paradoja antes planteada nos
puede sugerir que en una sociedad matrilineal la mujer en casa es un hombre que piensa como tal
y organiza el recinto sobre la base de una geometría dura, matemática, del hemisferio izquierdo del
cerebro, mientras que en una sociedad patrilineal, el padre doméstico es una madre que construye
y actúa como lo haría, según su opinión, una mujer.

16.- Gustavo Bueno, Alberto Hidalgo y Carlos Iglesias, op.cit., p.326-327. La descripción que hacemos está basada en la realizada por
dichos autores.
17.- Opiniones basadas en los estudios realizados por Meyer Fortes y publicados en Scientific American, Selección 1975, Biología y Cultura.
Ed. Blume, 1975.
23

Pigmeos Mbuti, planta de un campamento. Se indican las


mutaciones en la forma de la cabaña, que reflejan amistad u
hostilidad personales.
a. primer día; b. segundo día; c. tercer día; d. quinto día
1. la mujer se traslada y construye una nueva cabaña a la llegada
del hijo de la hermana del marido
2. entrada posterior cerrada el segundo día
3. construida el segundo día; abandonada el tercer día; ocupada
de nuevo el quinto día
4. parte trasera cerrada el duodécimo día
5. traslado en el undécimo día
6. hogar común trasladado el duodécimo día
7. trasladada a otro campo

Bororos, planta esquemática de un asentamiento circular, con


la cabaña de los hombres en el centro. Mato Grosso (Brasil).

Esquema matriarcal, tribu ashanti, Ghana.

Esquema patriarcal, tribu tallensi, Ghana.


El esquema matrilineal refleja una vida comunitaria frente al patrilineal que ofrece una
organización más individualista.18 La vivienda matriarcal muestra una estructura arquitectónica
pensada previamente, o sea, proyectada y limitada, construida como una totalidad: unitaria,
integral y sintética. Mientras que la disposición de la patriarcal, parece una mera acumulación
cuantitativa de cabañas o arquitecturas elementales de tipo naturalista, aditivo, analítico,
desintegrado,..., sin planificación, sin límites. Así, la modulación continua e igualitaria del
volumen en la casa matrilineal contrasta frente al sistema celular, aunque sin módulo y de una
24 jerarquía, basada en el volumen y en la situación, de la casa patrilineal. La casa matrilineal se
construye con piezas modulares: adobe, ladrillo, etc. siendo la forma global auto-referente con
esos materiales. Este es ya un elemento geométrico de por sí. Es volumen frente a masa. La
casa patrilineal, en cambio, se construye con un elemento natural: piedra en mampostería, barro
en bruto, etc. Es una arquitectura de bulto redondo, que se define por un material moldeable. Es
masa acumulativa frente a volumen preestablecido.

Unitario, sistemático e instantáneo, el hogar matrilineal se concibe de una sola vez, mientras que
el patrilineal es metodológico y se construye en el tiempo adaptándose más fácilmente a los
distintos momentos de la vida (más hijos, más cobertizos). La residencia femenina sólo podría
existir cuando todas sus partes están relacionadas entre sí y con el patio. Sin embargo, la
masculina bien podría darse de manera inconexa, aislada e individual (choza). La casa matrilineal
es un elemento más complejo pero sólo existente con ese grado de alta complejidad ya que no
podría concebirse aislada. En la patrilineal la suma de unidades independientes crea una
conexión nueva al adosarlas; en este caso su vínculo aparece como un elemento inédito entre
las cinco construcciones, produciéndose una relación gestáltica más que mecánica entre todas
las piezas. Resumiendo, en la matrilineal la unidad sólo se comprende en su totalidad, ya que es
toda relación, mientras que la casa patrilineal bien pudiera subsistir en tiempo y volumen aislado
ya que es una serie de unidades yuxtapuestas.

La edificación matrilineal alberga en su núcleo un espacio interior hípetro, topológicamente rico,


como es el patio o la plaza, donde lo importante es la relación de ese vacío categórico con las alas

18.- La unidad social básica de los indios navajos del Suroeste de los Estados Unidos es la familia, que comprende principalmente, los padres,
las hijas casadas y sus familias. Dos o más familias poseen un derecho establecido sobre un territorio cultivado colectivamente. Esta nueva
y mayor división o subgrupo de la tribu es el clan matriarcal. Habitan en viviendas estacionales, la más estable y tradicional de dichas viviendas
es el hoga que consiste en un sola habitación baja, cubierta de ramas y lodo y con la puerta mirando hacia el Este, dirección desde la cual
provienen todos los buenos espíritus (una creencia que tiene sus raíces probablemente en el culto al Sol). Cada familia ocupa una vivienda.
Raras veces se construyen hogas en solitario; usualmente, se agrupan. Estos pequeños asentamientos están formados por grupos
relacionados matrilinealmente y pueden estar compuestos hasta por tres generaciones. Norbert Schoenauer, op.cit., p.61.
25

La madre, Pieter de Hooch.

Andamaneses, cobertizo-sombrajo. Islas Andamán


(Asia sudoriental).

Musgus, vista exterior de una factoría familiar, con


casas y graneros de arcilla. Nervaduras exteriores en
V invertida (Tchad)
circundantes proyectadas como cajas o contenedores, variables en tamaño pero cuyas diferencias
no afectan al espacio interior absoluto, siendo éste el territorio colectivo generador de la casa.
Además, el tránsito del patio descubierto al interior cerrado de las celdas se desarrolla por medio
del ámbito interior-exterior cubierto de la veranda. La línea de cornisa continua cualifica ese espacio
del patio, haciendo que todo él sea un volumen unitario.

Construida más desde las necesidades sobrevenidas del usuario y de su representación en la


tribu, la casa patrilineal relega y sacrifica el espacio común transformándolo según la forma de
26
las cabañas en nuevo residuo. En este caso, el corral asume todas las alteraciones que sufren
las piezas-elementos y, por tanto, su espacio es relativo y de mayor pobreza topológica, pues
contiene un ámbito exterior cercado o limitado, resto o retal de la volumetría, o sea, un espacio
negativo consecuencia de sus límites positivos o construidos. Al tener distintas alturas de
cornisa (cubiertas aisladas e independientes), el espacio cercado es sólo masa, y su definición
interior no llega a entenderse como perteneciente a la arquitectura sino como ajeno a ella. Ese
corral es un volumen más directo, más evidente, más naturalista. Además, se pasa del espacio
interior cerrado de las chozas al exterior cercado del corral sin ningún tipo de transición. Por ello,
se produce una dominación territorial más primitiva y ligada a la idea simple de cerca.

La repetición del núcleo familiar, centrípeto en el caso matriarcal, tiene una estructura más urbana,
crea “ciudad”, pues produce calles y continuidad de fachadas mientras que la segunda parece
difícilmente repetible por su estructura convexa o circular y porque su espacio exterior es
centrífugo. Podríamos sintetizar que la casa matrilineal es acogedora, “urbana” y civil mientras que
la patrilineal es agreste, defensiva, rural y militar.

Aparentemente, la morada matrilineal resulta más rígida por su estructura mecánica mientras que
la patrilineal refleja, en apariencia, una mayor libertad por su geometría orgánica. La matrilineal es
artificio frente a la naturaleza: es racional, abstracta, culta y social. Se instala en un sitio
transformándolo en lugar. Produce una jerarquía espacial, un ámbito “urbano” y conecta
gradualmente el interior con el exterior. Por el contrario, la patrilineal es mimética con la naturaleza;
resulta instintiva, zoológica, realista, naturalista y encierra un sitio sin llegar a transformarlo en lugar
pues no produce nuevas relaciones espaciales del entorno con ella misma. Aísla al territorio,
naturalizándolo. Su carácter defensivo no genera tejido urbano, no construye “ciudad”. Limita el
espacio en el doble sentido de la palabra.

Es evidente que la casa matrilineal es más culta, moderna, compleja, sofisticada y de mayor
calidad espacial y arquitectónica que la patrilineal que aparece como un engarce de abalorios
pintorescos, diversos pero similares, suma de muchas unidades-cabañas. Aunque si tratamos de
ser dialécticos, podríamos entender que la casa patrilineal se presenta como una suma de hechos
en un espacio, una adición ampliable, transformable, modificable, variable y adaptable a un tiempo
futuro, también imprevisible. Mantiene una disposición más abierta, más fragmentaria, más vital. La
casa matrilineal es más compleja en su estructura espacial, aunque socialmente prevalezca en ella
la idea de la comunidad, mientras que la patrilineal alberga una mayor diversidad social, donde no
sólo predomina lo comunitario y colectivo sino también lo individual estricto.19 Si lo fragmentario y
lo caótico es futuro, la casa patrilineal es más una arquitectura venidera aunque, por otro lado, sea
históricamente más ruda y primitiva que el ejemplo matrilineal mostrado. La idea de agrupación de 27
elementos distintos aunque semejantes sugiere que la casa del padre es más vital y menos estática
que la de la madre. Pero, si como Paul Valéry, creemos que “la mayor libertad nace del mayor
rigor”,20 la casa femenina determina mayor grado de libertad, o es más libre que la masculina.

19.- Como hemos podido comprobar tristemente a final del siglo pasado, las estructuras sociales igualitarias y comunitarias no han dado los
resultados deseados.
20.- Paul Valéry, Teoría poética y estética y otros. Ed. Visor, Barcelona, 1990.
LA MUJER COMO OBJETO DE LA ARQUITECTURA

“En un estado que no es todavía el de civilización, la superioridad se halla sólo 29


del lado del varón”
Immanuel Kant

El carácter animista de la vivienda que Bachelard subraya, revela un entendimiento de la casa más
como interior, es decir, como espacio, que como exterior o volumen. Relacionar antropológicamente
la casa con la construcción, y por lo tanto con el varón, en oposición con el hogar, la habitación y la
mujer, es un hecho histórico. Al haber sido la mujer la moradora permanente de las casas, puede
penetrar mejor en la comprensión y materialización de su espacio interior y de sus necesidades físicas
y psicológicas, ya que se siente identificada con él. El varón, al contrario, percibe la casa más como
un objeto, símbolo de poder y de posesión volumétrica. Aprecia en mayor medida su exterior, que es
a su vez la imagen pública que quiere dar de sí mismo y de su familia.21 Bachelard comenta que
“parece que la casa repleta de cuidados se reconstruye desde el interior, se renueva por el interior.
En el equilibrio íntimo entre las paredes y los muebles, puede decirse que se determina la conciencia
espacial de una casa construida por la mujer. Los hombres sólo saben construir las casas desde el
exterior, no conocen en absoluto la civilización de la cera.”22

Para la mujer tradicional, una manera de estar fuera de la casa, pero sin exponerse demasiado, es
la existencia de las persianas en balcones y ventanas. La persiana permite que la mirada femenina
esté presente en el exterior. La mujer, por pasar la mayor parte de su tiempo en el interior, especula
desde dentro hacia fuera, mientras que el hombre concibe al revés, desde fuera hacia dentro, ya
que la calle es su espacio natural de referencia. Podríamos concluir que el balcón tiene filiación
femenina mientras que la ventana la tiene masculina.23

21.- Recordemos las casas gemelas de Diego Rivera y Frida Kahlo en la Colonia Alta Vista de México, con sus dos volúmenes ligados en su
cubierta por el puente del amor, siendo el del pintor la pieza de mayor envergadura.
22.- Gaston Bachelard, op.cit., pp.100-101.
23.- Francisco Sánchez Pérez, op.cit., Capítulo 4: «El ceremonial de los sexos», pp.71-110.
Unidad familiar con estancias cilíndricas con terraza
o techo cónico: detalle de la casa de una mujer.
Dugadougou (Alto Volta)
30

Existen elementos arquitectónicos que han sido provocados y pensados más desde el interior que
desde el exterior. Conceptualmente el balcón nace desde dentro hacia fuera mientras que la
ventana lo hace de manera inversa. El balcón podría haber sido proyectado por la mujer que habita
la casa-interior, para acceder, controlar y conocer el exterior. La ventana se proyectaría, en cambio,
por el hombre en función de la fachada de la calle pero también con el fin de proteger ante las
miradas ajenas buena parte del cuerpo de su objeto sexual.

La ventana puede entenderse como imposición del género masculino hacia el femenino, como
resguardo y censura de la mitad inferior del cuerpo. Como dice Maruja Torres,24 una ventana es una
evasión de, sólo, medio cuerpo. “Pero un balcón, por mínimo que sea [...], se convierte en una torre
vigía, la proa de un barco, el palco preferente que da a un escenario donde se representa el
paisaje”. El balcón es ese elemento arquitectónico que conforma un espacio exterior bonancible
pues mantiene la espalda cubierta y segura. Desde la óptica defensiva, el balcón permite una visión
sesgada, permite dominar, controlar, ver la propia puerta desde los flancos superiores.

“La casa no es solamente un espacio físico delimitado por sus muros, sino que también es un
territorio moral, con unas distancias materiales pero también morales, porque el exterior, la calle,
en ciertos momentos del día o en determinadas situaciones, se hace casa, convirtiéndose en un
espacio casi femenino y por lo tanto privado.”25 Por el contrario, en una casa tradicional andaluza,
si el padre está en el hogar y su hija está en el quicio de la puerta se puede entender, desde la
perspectiva de la distancia física, que ella está en casa pero, desde la perspectiva de la distancia
moral, ella está en la calle y, por tanto, en peligro.

24.- Maruja Torres, «La Belleza está ahí afuera» artículo publicado en El País dominical del 14-07-96.
25.- Francisco Sánchez Pérez, op.cit., pp.148-149.
BURGUESÍA EMERGENTE E INTIMIDAD

“La domesticidad, la intimidad, el confort, el concepto del hogar y de la familia son, literalmente,
grandes logros de la Era Burguesa.”

John Lukacs26
31

Lo femenino, tradicionalmente, ha sido connotado de ideas relativas a intimidad, debilidad,


recogimiento, interioridad, recato, pundonor o dependencia, mientras que, por el contrario, lo
masculino lo ha estado con nociones relativas a exterioridad, propiedad, virilidad, entereza,
dominio, libertad, autoridad, indocilidad, desobediencia o independencia.

Desde hace 5.000 años en el área mediterránea han existido dos tipos básicos de viviendas: la
casa de dos plantas con escalera exterior y la casa patio. La aparición en el mismo tiempo y lugar
de ambos modelos comporta diferenciaciones de tipo social, para clase baja la primera y para
clase alta la segunda. Rapoport sugiere que puede ser la extrema necesidad de ocultación y
privacidad para las mujeres como propiedad, lo que influye en la construcción de la casa patio, que
confiere mayor intimidad, mayor celo al interior de la casa. El otro modelo, según el autor, puede
estar también relacionado con la situación de la mujer. Como ejemplo utiliza las viviendas de
Mykonos, donde “la dote tiene una gran importancia y debe incluir una casa; la escalera exterior
permite que la casa esté ocupada por más de una familia sin conflictos.”27

Sustancialmente, los progresos y variaciones en la casa han sido mínimos hasta la liquidación de
los estamentos y la consiguiente aparición de las clases sociales al final de la Edad Media. La
primera innovación del Bajo Medievo se debe a que frente al Palacio, al Castillo o al Monasterio, el
proto-burgués vivía en una Casa, que además combinaba la residencia con el trabajo. Otra
cuestión reseñable es la parquedad con que se amueblaba el interior de la vivienda burguesa de
varias plantas, ya que normalmente el mobiliario era escaso, multifuncional y trasladable. Estas
características provenían del hecho de ser la residencia medieval un lugar público y no privado. En
su gran sala se realizaban todas las funciones: se cocinaba, se comía, se recibían invitados, se

26.- John Lukacs, «The Bourgeois Interior», American Scholar, Vol. 39, n.4, Otoño, 1970, pp.620-621.
27.- Amos Rapoport, Vivienda y Cultura, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1972, p.88.
negociaba y, de noche, se dormía. En esta casa medieval, donde se realizaban asuntos públicos y
donde habitaban muchas personas, no existía el concepto de intimidad.28

Según Mario Praz,29 la Stimmung30 es la sensación conjunta de intimidad que crean una habitación
y sus elementos. Se trata de una cualidad de los interiores que no tiene tanto que ver con su
funcionalidad como con la forma en que la habitación refleja el carácter y el alma del propietario,
prevalente a la del usuario femenino. Conforme a Praz este concepto apareció inicialmente en el
Norte de Europa.
32
Más concretamente, el arquitecto Witold Rybczynski sitúa la aparición de los conceptos de
domesticidad e intimidad en los Países Bajos, entre los años 1609 y 1660, “edad de oro” holandesa.
Este autor considera que fueron muchos los factores que propiciaron su desarrollo. Entre ellos
podríamos destacar: a) el tolerante clima político y religioso (una de las primeras repúblicas
modernas), b) la gran proliferación de ciudades intermedias y por lo tanto burguesas (frente a los
demás estados europeos que seguían siendo sobre todo rurales), c) el predominio de la clase media
burguesa (primer Estado burgués), d) el calvinismo como la religión del Estado y e) la devoción por
el trabajo intenso. Todos estos agentes perfilaron unas personas austeras, serenas, moderadas y de
costumbres conservadoras, que llevaron su sencillez y economía a la concepción de sus casas. El
libre examen protestante, fortaleció la noción moderna de subjetivismo individual y burgués cuya
traducción arquitectónica no es otra que la privacidad y la intimidad construida.

El carácter público de las grandes casas comunitarias europeas típicas del medievo, donde podían
convivir hasta veinticinco personas, fue sustituido en los Países Bajos del siglo XVII por una vida
hogareña, ya que las casas no necesitaban ser grandes pues únicamente cobijaban a la familia
nuclear (padres e hijos: alrededor de cinco personas). Allí apenas había inquilinos o servicio
doméstico, ya que éste era un menester de la mujer. Por otro lado, la sustitución del aprendizaje
artesanal y gremial de taller por la educación académica formal, con la consecuente presencia de
los hijos en el hogar hasta que se casaban, fomentó un acercamiento entre padres e hijos y un
desarrollo del concepto de familia, de infancia y de intimidad. Lo que distingue la casa neerlandesa
de las restantes europeas es que en ella predomina una sensación de espacio interior, de

28.- “Este concepto de la intimidad, de lo privado, también es inexistente en muchas culturas no occidentales, concretamente en el Japón.
Como los japoneses carecen de una palabra autóctona para describir esa cualidad, han adoptado un término inglés: praibashii (privacy, en
inglés).” Witold Rybczynski, La casa: Historia de una idea, Ed. Nerea, Madrid, 1990, p.39.
29.- Mario Praz, An Illustrated History o Interior Decoration: From Pompeii to Art Nouveau, trad. William Weaver (Nueva York, Thames and
Hudson, 1982), p.181.
30.- Este término alemán significa ambiente, atmósfera.
33

Jan Steen. El mundo del revés, c. 1663

Jan Vermeer. Alegoría del Arte de la Pintura, c. 1670-75

Pieter de Hooch. Interior con mujer junto al armario de


las sábanas, c. 1663

Emanuel de Witte, Interior con una mujer que toca el


virginal, c. 1660

Hermanos Limbourg, Febrero, imagen de las Très


Riches heures du Duc de Berry, 1413-16
34 Casa gótica, Francia, siglo XI

Familia campesina francesa, 1912. Fotografiada


por el compositor Ernest Bloch

Walker Evans. Sharecropper’s Family, 1936.


Impresión de gelatina de plata

John Soane, gabinete del monje, de su casa en


Londres, 1835
privacidad, de ambiente doméstico.31 La casa, por primera vez, se había convertido en el lugar
específico del trabajo doméstico controlado por el género femenino, aislado de los otros oficios que
se realizan a partir de ahora fuera de la casa.

La misma aparición de viviendas en alquiler durante el siglo XVII implica un cambio sustancial en la
utilización de la casa como lugar de residencia, distinto del lugar de trabajo. Por ello, la casa
comienza a observarse como un ámbito privado, exclusivo para la vida familiar, separado del
entorno laboral, aunque en su interior todavía tenga poca importancia la intimidad personal.
35
En el siglo XVIII aparece el concepto de “habitaciones privadas”, estancias a las cuales uno se
podía retirar de las miradas públicas o del grupo familiar. Anteriormente, en el Medievo y en el
Renacimiento, los cuartos no tenían todavía funciones especializadas, la promiscuidad era
monoespacial. Asimismo en dicho siglo aparecen dos inventos que permiten un mayor
distanciamiento y grado de intimidad entre dueños y sirvientes: el cordón del timbre y el
montaplatos (en inglés dumbwaiter: camarero mudo).32

Es en Francia, durante el reinado de Luis XV, cuando aparecen los primeros muebles confortables
y el sentarse relega su carácter ritual o funcional para pasar a ser una forma de descanso. Las sillas
reflejan un nuevo sentido del tiempo de ocio y se adaptan a nuevas posturas más relajadas, más
despreocupadas, y por primera vez, desde la antigua Grecia, devienen ergonómicas. Las mujeres
francesas de este periodo, árbitros de algunas costumbres, exigieron unos muebles menos
ceremoniosos, más cómodos, que respondieran mejor a los aspectos ergonómicos. Esta cualidad
se conseguía en las sillas francesas gracias al almohadillado.

Pero es el siglo XX en Occidente el que puede ser considerado como de verdadera conquista del
espacio doméstico necesario para el desarrollo de la vida privada.33 A comienzos del siglo XX, en

31.- Nada más representativo de estos ambientes que los interiores con figuras reflejados en los cuadros de Jan Vermeer, las escenas
intimistas pintadas por Pieter de Hooch o las arquitecturas apresadas por Emanuel de Witte.
32.- Witold Rybczynski, op.cit., pp.95-96.
33.- En el medio rural francés de 1900 sólo las granjas más ricas disponen de una habitación además de la sala común. En el periodo de
entreguerras, el enriquecimiento del campesinado francés se traduce en la adjunción de una o dos habitaciones a la sala común. En el entorno
urbano, por ejemplo en 1894, el 20% de la población de Saint-Étienne, el 19% de la de Nantes, el 16% de la de Lille, Lyon, Angers o Limoges
viven en viviendas de una sola habitación. Esa conquista del espacio doméstico privado se realizará fundamentalmente en las clases populares
aunque no será hasta 1950 cuando esto comience a ser una realidad en Francia. Entre 1919 y 1940 se construye muy poco en Francia (dos
millones de viviendas) debido a la reglamentación de alquileres promulgada al finalizar la Primera Guerra Mundial para frenar el alza de los
precios, pero que también supuso unos alquileres débiles que hacían perder interés a los propietarios para construir inmuebles arrendables,
como no fuesen para una clientela burguesa. Las instituciones que controlaban las viviendas baratas previstas por la ley de 1942 no disponían
de fondos suficientes para emprender operaciones inmobiliarias. Las 200.000 viviendas baratas financiadas por la Ley Loucheur (1928) son
algunas de esas realizaciones. Para las ciudades y la vivienda hasta 1950 no comienza el siglo XX. Historia de la vida privada, Vol.5, pp.62-67.
los medios sociales más humildes (campesinos y obreros), la vida privada no constituía un ámbito
claramente delimitado, sino que era un privilegio de un determinado estrato social: burgueses,
propietarios o rentistas ociosos. Las clases populares, en cambio, se definían sobre todo por el
trabajo y su esfera privada quedaba totalmente supeditada a las obligaciones laborales. A lo largo
del siglo XX se avanzará en la separación de los ámbitos público y privado, estando ésta
íntimamente ligada al proceso de democratización.34

La domesticidad se podría definir como un conjunto de emociones percibidas que se relacionan


36
con la vida familiar, con la intimidad y con la consagración del hogar. La casa no sólo ofrece cobijo
a estos sentimientos sino que, involuntariamente, los incorpora en sí misma. De ser un refugio
frente a los elementos o una protección contra los intrusos, la vivienda deviene contexto de una
nueva unidad social compacta, la familia.

Los conceptos específicos de privacy, comfort y sport nacen propiamente con la burguesía de la
Inglaterra del siglo XVIII. Los ingleses, otro pueblo de “moradores de casas”, proyectan su
arquitectura doméstica desde la conveniencia del habitar y no desde otros parámetros como los
de representación o aulicidad. Para Muthesius la casa inglesa posee la cualidad del espacio
privado que “caracteriza una concepción de vida, la del hombre maduro, cuya experiencia le ha
enseñado que puede encontrar la paz solamente en sí mismo”.35 Las cualidades de la casa inglesa
en todas las épocas han sido: una construcción fruto del buen uso de los materiales; un producto
de alta calidad técnica, experimentado y afinado en un largo proceso de especializaciones
tipológicas; una casa de interiores, sin pórticos, logias o terrazas, pequeña y modesta por fuera y
refinada por dentro; un espacio reducido, proyectado desde la exigencia de una vida cotidiana
confortable, según un sentido de practicidad que Muthesius denominó Sachlichkeit y que tiene que
ver más con la objetividad que con el utilitarismo.

Aun así, la intimidad no fue debidamente valorada hasta el siglo XX y, precisamente, porque entre
1935 y 1945 fue conquistada masivamente. Se descubrió entonces que una de las mayores
torturas de los campos de concentración era la falta de intimidad. La persona necesita privacidad
temporal y espacial para el triple encuentro con el alma (pensamiento, reflexión), con el espíritu
(meditación, oración) y con el cuerpo (higiene).

Con la llegada del siglo XX, el rol tradicional de la mujer como la encargada de mantener la imagen
de la casa y de los demás miembros de la familia se diluye, en parte, en el grupo cultural al que

34.- Historia de la vida privada, Vol.5, pp.15-19 y p.116.


35.- Hermann Muthesius, Das Englische Haus, Gehr. Mann Verlag, Berlín, 1904-1905, p.118.
36.- Ver al respecto el Capítulo 4: «El ceremonial de los sexos», pp.71-110. de Francisco Sánchez Pérez, op.cit.
pertenecen tanto los usuarios como los arquitectos de la vanguardia europea, que no reconocen
la familia monogámica con hijos como un modelo a emular. Decimos en parte, porque la imagen
que debían mantener los adscritos a estos grupos vanguardistas, y sobre todo las féminas, era
otra, aunque no por ello desaparece totalmente el modelo anterior. Le Corbusier le repetía a su
mujer “pas d’enfants”. Eran, sin duda, abanderados de una élite creadora (Sartre), de una
burguesía laica, desclasada e ilustrada.

En siglos anteriores, lo femenino se identificaba culturalmente con el entrañamiento y el orden,


37
mientras que lo masculino lo hacía con el extrañamiento y el desorden. Por lo tanto, orden físico y
orden moral se semantizaban mutuamente.36 A principios del siglo XX, la imagen personal de la
mujer tradicional que trasciende su propia individualidad para transformarse en un ser social
(símbolo del orden y la intimidad de su grupo, a través de la limpieza de la casa por las mañanas,
abriéndose ésta hacia el mundo exterior) es sustituida por una obligatoriedad de modernidad, por
ejemplo, en sus costumbres morales laxas. Los ancestrales atributos femeninos de honradez y
decencia, que en la casa se verían indisolublemente reflejados por medio del orden y la limpieza,
se sustituyen en los grupos de vanguardia por la individualidad y la libertad manifestadas en la
utilización con cierta ambigüedad de los espacios privados y públicos.

Para las normas culturales de la clase media del periodo de entreguerras, el avance del desnudo
en las artes es el triunfo de la indecencia o de la provocación. La élite cultural, con sus maneras
libertinas de vivir, de comportarse o de vestirse, crea una provocación “moderna” que décadas más
tarde (80 y 90) se generalizará como norma.

Sin embargo, los ideales de la élite arquitectónica podrían definirse como progresistas no
rupturistas. Aquella élite simplemente rebelde deseaba un cambio más “liberal” que propiamente
“izquierdista” o “revolucionario”. A tal respecto recordemos el capítulo que Le Corbusier escribió en
Vers une architecture, titulado «Arquitectura o Revolución».

Simone de Beauvoir
38

El descubrimiento del fuego, grabado inspirado en Vitruvio,


Nuremberg, 1548

Albert Dürer. Melancolía I, 1514

Academia de las Ciencias y de las Artes. Grabado de


Sebastián Le Clerc, siglo XVII, British Museum, Londres
DE LA COCINA AL BOUDOIR

Volviendo a los orígenes, en cualquier época, el fuego-hogar-cocina ha sido el predominante lugar


femenino del hábitat. Desgraciadamente la mujer, salvo en el “comunista” Neolítico, ha estado
encadenada al hogar, al fuego, al elemento esencial de la morada y quizás debido a esto
podríamos referirnos a un sedentarismo femenino frente a un nomadismo masculino. “La
concepción del fuego como principio fértil está presente en las ceremonias nupciales de fundación 39
de un hogar, tal como sucedía en la antigua Grecia, donde la madre de la novia llevaba el fuego a
la nueva casa para significar la continuidad del culto doméstico, o en la India, donde los recién
casados traían a su nuevo hogar una parte del fuego sagrado que había sido testigo de su unión,
y que se usaría en el futuro en todas las ceremonias domésticas, como nos cuenta Raglan”.37

Pero también la práctica culinaria es una actividad38 que permite y exige elaborar Proyectos ya que
es objetivamente planificable y por este motivo la cocina terminaría dando origen al lenguaje. La
palabra es el verdadero agente que otorga la facultad de coordinar o proyectar, para uno y para los
demás, acciones complejas. Estimulada de igual manera por objetivos concretos, se realizaría la
actividad culinaria, que exige por su naturaleza, de cierta cooperación y de una primera división del
trabajo, elemento esencial en el progreso de la conducta humana. Pero hay algo más: “el cazar
conforme a proyecto” llevaría a la humanidad hasta la ganadería y “el recolectar conforme a
proyecto” conduciría a la agricultura, ya que el hombre habría logrado interpretar la conducta de
muchas especies animales y el desarrollo de numerosos vegetales. Es por el “Proyecto” por el cual
se produce el salto del Paleolítico viril al Matriarcado Neolítico, la época, tal vez, de mayores avances
en la humanidad. Para la mujer, en esencia, su situación no cambiará desde el final del Neolítico, en
que pierde su privilegio y primacía, hasta el Siglo XX.

El lugar que recoge a los casa-dos en torno al fuego del hogar es la casa. El matrimonio o, lo que
es lo mismo, la llevanza de la madre y la casa, habla de la matrona, de la mujer que organiza y
dirige la casa, de la identidad entre madre y casa,39 del ecónomo (del griego oikonomos,

37.- Lord Raglan, The Temple and the House, Routledge and Kegan Paul, London, 1964, p.78. Citado en Luis Fernández-Galiano, El fuego
y la memoria. Sobre arquitectura y energía. Alianza Ed., Madrid, 1991, p.35.
38.- La primera actividad del ser humano propiamente dicho según Faustino Cordón en Cocinar hizo al hombre, Tusquets ed., Barcelona,
1988, p.113-124.
39.- Milosz expresa en estas dos líneas, citadas en Gaston Bachelard, op.cit., p.77, de su libro Melancolía la identidad entre la madre y la casa:
«Yo digo madre mía, y pienso en ti, ¡oh Casa!
Casa de los bellos y oscuros estíos de mi infancia».
compuesto por oikos, casa y nomos, administrar, o sea el arte del gobierno propio de la casa). Sin
el referente del hogar, la naturaleza moral femenina queda incompleta. En una casa puede habitar
un hombre, en un hogar es seguro que mora una mujer. Pero también la casa se refiere al domicilio,
al domus, al dominus, al dueño y al señor. Sugiere, por lo tanto, posesión y dominio masculino
aunque exista organización, dirección y orden femenino.

Según la valoración social de la mujer y la familia, la estancia dedicada a la cocina tiene distinta
trascendencia en cuanto a tamaño y disposición en una vivienda. Desde el siglo XVII, la casa
40
burguesa francesa ocupa una parcela estrecha, al igual que la medieval, pero tiene cuatro o cinco
plantas en lugar de dos. Las plantas bajas se utilizaban como residencia del dueño y las altas se
arrendaban a inquilinos. La casa se jerarquizaba en torno a un patio interior. Lejana a la gran sala
(salle) para evitar olores, la cocina se relegaba a una estancia reservada para dichos fines, al otro
lado del patio. Por aquella época aparecieron las habitaciones utilizadas exclusivamente para dormir
(chambre) y, como consecuencia, también surgieron cuartos secundarios conectados con el
dormitorio, como el garde-robe (vestidor o guardarropa) o el cabinet (despensa). La idea de vincular
una función especializada con una habitación separada no se consolida hasta el siglo XVIII.40

Así, la cocina fue un elemento secundario en la distribución de la casa urbana hasta el siglo XVII.
Por el contrario, con el avance de la feminización de la casa neerlandesa, el interior doméstico
evolucionó con ímpetu y la cocina pasó a ser la estancia más importante de la casa y, en palabras
del historiador Zumthor, se convirtió “en algo intermedio entre un templo y un museo”.41 El motivo
de esta trascendencia concedida a la cocina, refleja la situación primordial de la mujer neerlandesa
en la sociedad de aquel momento.42

40.- Aunque el primer uso de la salle à manger (el comedor) sea de 1634 no es hasta el siglo XVIII cuando se sustituye la sala multiusos por
una serie de habitaciones especializadas para comer, recibir o conversar. Hasta entonces no se disponía de cuartos privados propios y no
existían los espacios consagrados o dedicados especialmente a determinadas actividades. Witold Rybczynski, op.cit., p.53.
41.- Zumthor, Daily Life, p.41. Citado en Witold Rybczynski, op.cit., p.82.
42.- Es interesante añadir aquí que la presión ejercida por las mujeres neerlandesas en el orden doméstico, era tal, que incluso los contratos
matrimoniales podían incluir alguna cláusula que prohibiera fumar en el interior de las casas, o que se destinara una de las habitaciones a “fumador”.
43.- Annik Pardailhé-Galabrun, The Birth of Intimacy, Privacy and Domestic Life in Early Modern Paris, trans. Jocelyn Phelps, Cambridge, 1991.
44.- Jürgen Habermas, Teoría de la acción comunicativa, Ed.Taurus, Madrid, 1987.
45.- En este sentido deberíamos destacar la mínima transformación que sufren las cocinas de las grandes casas de la aristocracia de finales
del XIX en su concepción espacial y tecnológica. No se busca una mejor ubicación que proporcione mejor iluminación, ventilación y, por lo
tanto, mayor dignidad para los cocineros. La mejora del espacio culinario se realizará en las pequeñas cocinas urbanas o rurales debido en
mayor medida a que es el propio usuario el que utiliza dicho lugar y a que el espacio era extremadamente exiguo y la mejora de su rendimiento
influía en la totalidad de la vivienda. Miguel Espinet, El espacio culinario. De la taberna romana a la cocina profesional y doméstica del siglo
XX, Tusquets Ed., Barcelona, 1984, p.97-98.
La especificidad funcional de las habitaciones aumentó durante el siglo XVIII en correspondencia
dialéctica con el racionalismo de la época. Así por ejemplo, el correlato del masculino fumoir, podría
ser el femenino boudoir. Ese proceso de especialización comienza antes de la Revolución, durante
el periodo de la Ilustración, con su insistencia en la autonomía del individuo y su consecuente
demanda de privacidad. En su inicio, el boudoir se limita a las residencias más privilegiadas, y sólo
los hogares de la élite social y económica disfrutan de tales habitaciones.43 Para aquellos de
escalas más bajas, aparece la ruelle o alcoba, un espacio anejo a la cama, si es posible al otro lado
de la puerta. Esta área íntima se desarrolla en el siglo XVI, pero mientras permanece como un 41
recurso valioso para aquellos que no disponen de dormitorio privado, es difícil considerarlo como
precursor del boudoir, ya que su función era múltiple.

En las casas para la alta burguesía inglesa decimonónica, es el hombre, y no la mujer, el que
disfruta de la intimidad del dormitorio y dispone de una habitación exclusiva para vestirse. El
hombre tiene además un estudio o despacho propio que le facilita una mayor independencia dentro
de la vida familiar.

Por otro lado, en el Sur de Europa aparece esa diferenciación del espacio que calificamos de
sexista, ya que la arquitectura, dentro de su naturaleza funcional, también contiene una “acción
comunicativa”.44 Así, en las casas tradicionales mediterráneas existen ciertas habitaciones
próximas al exterior que acogen una función puramente masculina (gabinete, despacho),
respondiendo a una manera de entender la familia y la protección varonil del entorno íntimo de la
casa. Ese despacho no es sino el sucesor del antiguo andron griego y del tablinum romano.

Las inquietudes higiénicas de la época victoriana fomentaron que las clases acomodadas tuvieran
una mayor preocupación por el tema de los olores. Así, las cocinas se alejaron al máximo de las
estancias importantes de la casa, evitando la contaminación de vapores y humos provenientes de

G.B. Bracelli, aguafuerte, finales del s.XVI


ella.45 Por otra parte, el que se generalizase una habitación para fumar, el fumador (le fumoir),
denotaba, aparte de su exclusividad para reuniones varoniles, el malestar que producía el olor y el
humo del tabaco a quienes no disfrutaban directamente de él.

A comienzos del siglo XX, la gran innovación del ama de casa norteamericana consistió en exigir
confort en el hogar no sólo en el tiempo libre, sino también durante las tareas domésticas. En 1914
H.V. van Holst publicó un compendio de planos de viviendas modestas y baratas titulado Casas
Modernas Americanas, en las que se mostraba la disposición de los armarios empotrados, el
42
cuarto de baño, las escaleras y el cuarto de costura, de forma que separaban los dormitorios y
permitían una mayor intimidad, con una función de aislamiento por medio de dobles paredes que
albergaban los elementos técnicos. En Norteamérica apenas había sirvientes, lo que fomentó la
publicación de muchos libros para el ama de casa sobre economía doméstica: Coste de la Vivienda
(1905) de Ellen H. Richards, Ingeniería Doméstica (1915) de Christine Frederik, Principios de la
Ingeniería Doméstica (1915) de Mary Pattison, El Ama de Casa y su Trabajo y La Administración en
Casa de Lillian Gilbreth, o el precursor Un Tratado sobre Economía Doméstica para el Uso de
Damas Jóvenes en Casa y en la Escuela (1849) de Catherine E. Beecher. En ellos se analizaba
sobretodo la administración de la casa, aunque también existían referencias a su construcción y
funcionamiento.46 La idea masculina de la casa era sedentaria, como refugio y lugar de ocio,
mientras que la concepción femenina de la morada apuntaba hacia una idea dinámica, basada en
el trabajo y en la comodidad. Quizás éste sea el motivo de que dicho tema fuera desarrollado
fundamentalmente por mujeres, pioneras del “cientifismo” doméstico.

Retrocediendo en el tiempo y en la Historia, se reseña ahora, y en relación con el confort


estrictamente femenino, un elemento “complejo” cuyas denotaciones arquitectónicas implican

Aparatos eléctricos de cocina fabricados a


finales del siglo XIX
connotaciones de estricta feminidad: el boudoir. Como contrapunto del negocio culinario, el ocio
en los cometidos domésticos femeninos nos conduce a esa singular pieza privada, el boudoir.
Nada más ecléctico, en el sentido peyorativo del término, que la arquitectura del Rococó.
Decadencia, despilfarro, hipocresía, lujo, degradación del modo de vivir, todo ello vino a consolidar
aquella arquitectura de clase que tal vez en ningún otro momento de la historia haya tenido una
componente mayor de segregación social. Por ello, no sorprende las consecuencias que tuvo la
revolución para ese status quo. Pero así como el Directorio de la Revolución Francesa degeneró
en Imperio, el neoclasicismo se degradó en pastelería. El boudoir es, tal vez, la pieza “doméstica” 43
que mejor define todo este proceso desde el rococó al “eclecticismo”.

La emergencia del boudoir47 en la Francia Rococó del siglo XVIII va pareja al aumento general del
deseo de privacidad, aunque curiosamente sea un lugar diseñado con especificidad para las
castas ocupaciones femeninas. Fue posteriormente, con el nuevo clasicismo, cuando esta pieza
se comenzó a asociar con relaciones sexuales ilícitas. En el libro del Marqués de Sade, La
Philosophie dans le boudoir,48 dicha pieza es el lugar clásico para las intrigas eróticas, aunque es
también revelador que en el título se asocie esa habitación con algo más cerebral, philosophie.49 El
boudoir, es un espacio propio del Rococó prerrevolucionario, un lugar descrito por Sade como
“encantador”, elegante y bastante frívolo.

El arquitecto Le Camus de Mezières insiste en que el boudoir es la morada del deleite sensual, por
lo cual es esencial ambientarlo en un estilo en el que predomine el lujo, la suavidad y el buen gusto.
Es un lugar donde el hombre entra, sólo si ha sido invitado previamente.

Boudoir/sexualidad/filosofía son conceptos vinculados por el Marqués de Sade, que han


sobrevivido a la historia del boudoir. Parece que esta estancia fue mucho más que una mera
habitación ya que propició un discurso acerca de las relaciones sexuales de poder y fue el centro
de debates sobre filosofía y moralidad. Generalmente el boudoir ha sido relacionado con la frívola
novelística de la clase alta, asociándolo con intrigas sexuales provenientes de la época de Le
Camus (1780) y Sade (1795), pero su génesis sugiere otras influencias.

46.- Siegfried Giedion, La mecanización toma el mando, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1978. El autor califica a Catherine Beecher de precursora
de la arquitectura moderna. El libro de esta autora es un tratado seudo científico en el que no sólo trata de cómo organizar el trabajo
doméstico sino que da soluciones a los problemas del espacio doméstico, para hacerlo más racional y destaca “la economía del trabajo”
como primera consideración en la planificación de una casa.
47.- Véase al respecto Ed Lilley, «The name of the Boudoir». Journal of the Society of Architectural Historians, volume 53, n.2, June 1994,
pp.193-198.
48.- Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, Oeuvres complètes, ed. Gilbert Lely, 16 vols, París, 1966-1967.
49.- En el sentido de este término propuesto por los filósofos del siglo XVIII.
La palabra boudoir existe ya en 1730 y algunas fuentes datan su origen en la época de la Regencia
(1715-23). Este aposento íntimo no se encuentra representado en ningún plano hasta 1760 y es
significativo que no aparezca en el relevante volumen de la Encyclopédie (1751) de d’Alembert y
Diderot. Esta fuente de saber moderno incluye amplia información de habitaciones particulares,
como el cabinet: “Bajo este nombre uno entiende habitaciones dedicadas al estudio o en las cuales
se conducen negocios privados, o que contienen los ejemplos más exquisitos de colecciones de
pintura, escultura, libros, raros, etc. Uno puede llamar cabinets a aquellas habitaciones en las que
44 las mujeres se visten, atienden sus devociones o echan la siesta, o aquellas que ellas reservan para
otras ocupaciones que demandan soledad y privacidad”.50 Es revelador este pasaje porque
podemos considerar que el boudoir nace como una especie de cabinet. La diferenciación entre las
actividades privadas femeninas y las masculinas, se evidencia en el texto. Mientras el hombre
estudia, negocia o admira sus colecciones, la mujer se acicala, reza o descansa. Mencionemos que
en aquella época era usual que las mujeres de clase acomodada recibieran visitas mientras
realizaban su toilette.

La edición del Dictionnaire de Trévoux publicada en 1752 dice que el boudoir es “Petit réduit,
cabinet fort étroit, auprès de la chambre qu’on habite, ainsi nommé apparemment, parce qu’on a
coutume de s’y retirer, pour bouder sans témoin, lorsqu’on est de mauvaise humeur”.51 En esta
descripción no se hace referencia alguna a que sea un espacio de actividades femeninas. En este
momento al boudoir es todo excepto el nido de amor suntuosamente decorado que más tarde la
literatura y la imaginación popular describirán. Es en realidad un espacio estrecho utilizado para
ocultar el mal humor.

En el plano de François Franque (1762) que se muestra existe una peculiaridad en ese temprano
boudoir que es la presencia de una división en la habitación. En el más pequeño de los dos
espacios, hay un círculo junto al muro exterior. Esta pieza debe ser una letrina. El boudoir, en otros
edificios, daba directamente hacia un aseo. El plano de Franque sugiere cierta imprecisión acerca
del uso de dicha pieza.

Se ha sugerido con todo acierto que la indiscutible señal de progreso para las mujeres se relaciona
con la alfabetización y la educación. De hecho, coincide precisamente el desarrollo del boudoir, a
mediados del siglo XVIII, con el inicio del proceso educacional de la mujer. Las damas de clase alta

50.- Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert, Encyclopédie, 33 Vols. mas suplementos, París, 1751-77, 2:488.
51.- “Reducto pequeño, gabinete muy estrecho, cerca de la estancia principal, así nombrado aparentemente, porque se tiene la costumbre
de retirarse allí, para enfurruñarse sin testigos cuando se está de mal humor”.
comienzan a abandonar su rol de cortesanas y salonnières para devenir madres y esposas. Como
resultado, empiezan a ser compañeras, con cierto régimen de paridad, de los hombres, en una
situación que exige alguna habitación específica para ellas. Las actividades privadas propiamente
femeninas eran vestirse, dormitar y cobijar sus devociones, aunque las ocupaciones no nombradas
que requerían de soledad y meditación podían ciertamente incluir el pasatiempo de la lectura. Con
el siglo XVIII emerge con fuerza la novela. Siendo la mujer el individuo que más lee en esa sociedad,
con el fin de vivir aventuras vicarias, sería entendible la necesidad de un espacio propio para esta
nueva ocupación femenina. La educación de las mujeres de la aristocracia se hace más tolerante 45
pero no por ello pública; por tanto, debe ser confinada al mundo privado del hogar. También
permanece incuestionable el hecho de limitar la sexualidad y la autoridad femenina a los roles de
la domesticidad conyugal y a la maternidad.

Parece razonable por estos motivos que la mujer demandara un espacio personal para sí misma,
pero aquellos que tenían el poder (los hombres) no dignifican este espacio con un título como
cabinet d’étude de Madame (chambre à coucher de Madame era bastante más común) sino que
lo denominan habitación para pasar el mal humor. El término, que denota condescendencia
masculina, es moderado ya que sólo hace referencia a un lugar donde pasar los asiduos
pequeños enfados, lo que ahora llamamos la tensión premenstrual. La Encyclopédie define los
síntomas con precisión y señala que las mujeres de clase alta, con su relativa falta de ejercicio
físico, sufren más problemas menstruales que las trabajadoras de clase social baja. La mujer
podría, y presumiblemente lo hacía, utilizar sus boudoirs para ocupaciones varias, pero el término

François Franque, casa del marqués de Villefranche, Avignon.


El boudoir se encuentra a la izquierda del sallon circular en
la parte alta izquierda, con ventanas abriendo hacia el jardín.
a la postre se asociará específicamente con el placer sexual. En los manuales de etiqueta del siglo
XIX es considerado claramente como un ámbito un tanto indigno. Descripciones escritas y
gráficas tienden a manifestar lujo y suntuosidad rococó en la decoración de este aposento.
Resulta evidente la asociación del boudoir con la seducción, pero también suponemos que ha
sido exagerada por la narrativa. El boudoir no es la única habitación específica de género
femenino que aparece en el siglo XVIII. También la chambre de parade es el lugar idóneo donde
la mujer acomodada recibe invitados en ocasiones de gran ceremonial.
46
Aunque haya resultado extensa esta referencia a una de las pocas estancias que históricamente
han pertenecido al género femenino, se ha hecho conscientemente porque se estima que dicho
recinto resulta la antesala de los modernos dormitorios de múltiples funciones, que permitirán a la
vez descansar, leer, escribir o recibir. Los salones y dormitorios de la modernidad que se
dispondrán en planta libre y que amalgamarán usos diversos en una sola pieza casi autónoma, se
zonificarán, al modo del boudoir, mediante el mobiliario.

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