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GAMARRA INVISIBLE

El principal emporio del país desde la perspectiva de sus trabajadores

Francisco AMÉZQUITA Flor PARI


Custodio ARIAS Guillermo PÉREZ
Lucia CUBA Carlos RIVERA
Katia HURTADO Raúl ROSALES
Gonzalo GUEVARA Miguel VALDERRAMA

Entrevistados
Juan CHACALTAnA
Julio GAMERO
Eduardo ZAPATA

Fotografías
Adrián PORTUGAL

Moisés K. Rojas
EDITOR

UNIVERSIDAD
NACIONAL MAYOR
DE SAN MARCOS
Fondo Editorial
Índice

Presentaciones institucionales 11
Presentación del editor 13
Agradecimientos 17

I. Ensayos
Condiciones de trabajo en el Perú del siglo XXI 21
CUSTODIO ARIAS

Economía informal y autoempleo en el Perú 41


GUILLERMO PÉREZ

El autoempleo no existe:
una cartografía ideológica de la hegemonía conceptual laboral 59
RAÚL ROSALES

¿Por qué es tan difícil emprender políticas laborales?:


autoempleados y asalariados MYPE de Gamarra 79
MOISÉS K. ROJAS

La importancia de Gamarra para el diseño de moda independiente 97


LUCIA CUBA

II. Apuntes de investigación


Vivir la ciudad desde el trabajo en Gamarra 123
MOISÉS K. ROJAS

División del trabajo y género en Gamarra 143


GONZALO GUEVARA

Los ambulantes en Gamarra: una batalla por los espacios de venta 157
FRANCISCO AMÉZQUITA & FLOR PARI
II. Apuntes de investigación /División del trabajo y género en Gamarra

DIVISIÓN DEL TRABAJO Y GÉNERO EN GAMARRA


Gonzalo Guevara

Resumen
El artículo nos aproxima a una visión transversal de las actividades vinculadas a la
producción y al comercio textil de Gamarra vistas a través del género, centrándonos
fundamentalmente en la influencia de esta categoría en la división del trabajo. Se
muestra que, en el imaginario de los actores sociales que participan de la actividad
económica, existen trabajos que son más adecuados para los hombres y otros más
adecuados para las mujeres. Estas son ideas que, sin embargo, están lejos de jugar
como leyes inquebrantables, y que si bien es cierto marcan tendencias generales,
dejan espacio para las excepciones.
Palabras clave: Gamarra, trabajo, género y división del trabajo.

El género es un elemento transversal a todas las relaciones sociales. Se encuentra


presente en todas las relaciones humanas, tanto en el ámbito físico como en el
subjetivo e intersubjetivo. Por ese motivo es importante considerarlo también en
un espacio como el emporio de Gamarra.

Gamarra es uno de los centros productivo-comerciales más grandes de nuestro país


y de Latinoamérica, se caracteriza porque exhibe una red, al parecer interminable,
de relaciones sociales, aunque en muchos casos trasciende su conocido espacio
físico del distrito de La Victoria. El género es un elemento que influye en gran
medida a lo largo de todo el proceso productivo desarrollado en Gamarra: desde
los talleres hasta el consumo, pasando por las ventas, y el traslado de productos
(estibadores). Por esta presencia del género, algunas de estas etapas del proceso
productivo se analizarán bajo esta perspectiva en el presente artículo, sin omitir,
no obstante, el contacto de este factor con otros fundamentales de la vida social. El
trabajo pretende exponer los resultados de una investigación exploratoria, con el fin
de mostrar el vínculo existente entre el género y la división del trabajo en Gamarra,
así como exponer algunas reflexiones generales al respecto. Nuestra finalidad es
abrir la discusión sobre un tema muchas veces relegado, en un espacio en el que se
han priorizado otras miradas.

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

Y para cumplir ese objetivo realizamos trabajos de observación y entrevistas a los


trabajadores de talleres, trabajadoras en el área de ventas, jaladores y estibadores.

Antecedentes

A pesar de que no todos los empresarios y asalariados de Gamarra tienen un origen


andino (e incluso nacional)1, es indiscutible que la configuración de este espacio sea
resultado de las olas de migración andina que se iniciaron en los años 60. Sobre
este asunto se ha profundizado en muchos trabajos. En ellos se suele vincular el
crecimiento de «conglomerados empresariales» como el de Gamarra con la forma
de ver el trabajo en el mundo andino, o como dirían Adams y Valdivia (1991), con la
ética andina del trabajo, que se asemeja a la ética protestante planteada por Max
Weber (2005).

En gran medida los elementos constitutivos de la moral protestante que


Weber analiza, tienen mucha semejanza con los valores que muestran
los migrantes andinos en nuestro estudio. Resulta interesante el
paralelo existente entre la función que cumple la ética protestante con
la Europa del siglo XIX en el origen del capitalismo moderno, y las formas
culturales que se encuentran en la base del surgimiento del llamado
sector informal en el Perú (Adams y Valdivia 1991).

En general este planteamiento es bastante cuestionable. No obstante, la propuesta


señala la relevancia de la reproducción de prácticas sociales del mundo andino en
la ciudad. Esto nos hace pensar que, si se quiere hacer un análisis respecto al género
en Gamarra, ineludiblemente debe tenerse en cuenta la relación entre Gamarra y el
mundo andino. Esta es una primera relación que es pertinente enfatizar.

Para dicha finalidad nos resulta muy útil el trabajo de Marisol de la Cadena (1991),
documento que muestra algunos aspectos de la división del trabajo en el mundo
andino, y que consideramos imprescindibles para entender la actual relación entre
el género y la división del trabajo en Gamarra. Finalmente, Gamarra es un proyecto,
aunque sin planificación, de migrantes en su mayoría andinos.

La autora mencionada destaca la organización patriarcal de las comunidades


campesinas de nuestro territorio andino y muestra la constante subordinación de
la mujer en la división del trabajo, ya que al mismo tiempo que se realizan funciones

1 Como señalan Adams y Valdivia (1991), existen empresarios extranjeros.

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

distintas, a pesar de su importancia, las actividades de las mujeres son consideras


inferiores frente a las de los hombres, rasgo que —sostenemos— se mantiene
incluso en la actualidad en Gamarra.

Sin embargo, como se demostrará con el trabajo de campo, esta situación se trastoca
y al mismo tiempo lucha por prevalecer. La causa de este cambio no solo se debe,
como se podría imaginar desde una posición optimista, a la internalización de la idea
de igualdad de género o del mejoramiento de las condiciones de vida de la mujer,
sino también a la gran inserción práctica de las mujeres en el mundo del trabajo.
En general, existen elementos que expresan una conservación de las distancias de
género, cuyos patrones de diferenciación no se restringen necesariamente en la tan
manoseada inequidad de género. Esperamos explorar otro ámbito adicional.

Por un lado tenemos un espacio rural de trabajo en el que la mujer está siempre
subordinada al varón, incluso su status dentro de la comunidad depende de él. A
esto se le suma otro aspecto, destacado por De la Cadena (1991): las migraciones a
la ciudad empezaron a ser fundamentalmente un asunto de varones. En su defecto,
el panorama mostraba que los hombres eran los que tenían más posibilidad de
aprender algún oficio en la ciudad e insertarse con mejores condiciones de éxito
al mercado laboral. Mientras tanto, las mujeres tenían que elegir entre el trabajo
como empleadas del hogar o como vendedoras ambulantes, lo cual representaba
una prolongación de la dominación que sufrían en el campo.

Es importante tener en cuenta la observación de Julia Gonzales (2001) de las


redes informales en Gamarra, quien señala que la mayoría de empresarios de
Gamarra son varones, y que existe un buen número de mujeres empresarias, pero
siempre en alianza con sus esposos. Este es también el caso de Edna, una mujer
que efectivamente «no podía estar sola», ya que ejercía su trabajo de empresaria
en alianza con su esposo. Asimismo, Diógenes Alva, un reconocido empresario y
dirigente gamarrino, dirige su empresa junto a su esposa. Casos similares abundan
en Gamarra. No obstante, a pesar de la presencia de mujeres, el empresariado en
este emporio comercial es un asunto predominantemente de varones.

Es así que la lógica andina del trabajo (y la relación con lo andino), a través de la
composición de los primeros migrantes, está presente en el proceso productivo de
Gamarra, pero como es evidente no solo es la mentalidad andina la que subordina
a la mujer, sino que en la propia ciudad se considera a la mujer en otro estatus, por

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

debajo del hombre. La lógica occidental que heredamos de España no es antagónica


con la forma de ver el género en el mundo andino. Como señala Silvia Rivera en
Violencia e interculturalidad. Paradojas de la etnicidad en la Bolivia de hoy, incluso
podría haber sido más abiertamente opresora.

Podemos ver que Gamarra es un cluster desarrollado principalmente por migrantes


andinos, proceso en el que los varones habrían jugado un rol más importante
que las mujeres. Gamarra además sufre un crecimiento constante cuya causa
suele ser atribuida a la «ética andina del trabajo». Pero debemos agregar que así
como migraron los que se convirtieron en empresarios textiles, migraron también
otros que se convirtieron en empresarios o trabajadores de otras áreas, obreros,
ambulantes, en otras palabras consumidores. Es decir, el crecimiento de Gamarra
debe explicarse también por el crecimiento de la demanda de ropa, ya que este
centro comercial empezó teniendo como clientes únicamente a los sectores más
empobrecidos de la ciudad, grupo social del cual formaban parte los migrantes. Y
a pesar del crecimiento actual no puede negarse que este emporio mantiene un
carácter popular. Además es importante, para las próximas argumentaciones, decir
que Gamarra mantiene aún esta forma de vivir el espacio de forma caótica, que
puede resultar incómoda para quienes no están acostumbrados a lugares como
este (Rojas 2012).

Con la finalidad de segmentar y organizar la descripción y el análisis, planteamos


dos grandes escenarios: el productivo (talleres y los mostradores de venta) y la calle.

El proceso productivo

La particularidad de un cluster consiste en que en un mismo espacio se produce,


se distribuye y se consume. La cadena productiva de Gamarra se lleva a cabo en
su mayoría en un mismo espacio. En sus diferentes momentos se ven expresiones
particulares del trabajo y, como decimos, de la influencia del género y sus
implicancias.

Los talleristas, en su mayoría destajeros


Sabemos que en los inicios de Gamarra muchos de los pequeños empresarios
textiles tenían talleres en sus casas, principalmente en el cerro San Cosme.
Actualmente, sin embargo, los talleres y fábricas no están solo en sus casas. La
actual investigación nos permitió observar que algunos empresarios (los que han

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

logrado crecer más) tienen fábricas en distintos lugares de Lima. Una de ellas es la
fábrica de polos negros estampados con imágenes de rock (especialmente de metal),
llamada DZJ. Esta marca tiene una fábrica en Canto Grande que se caracteriza, de
manera sorprendente, por tener trabajadores en planilla, con vacaciones y con
intentos de organización sindical.

Pero para este trabajo nos hemos basado en los talleres que están ubicados dentro
del espacio al que se denomina Damero A de Gamarra. Nos enfocamos en los
últimos pisos de las galerías más importantes que albergan un buen número de
talleres, lugares donde se produce la ropa que es vendida en estas mismas galerías
y en otras del emporio comercial. Aquí se encuentran pequeños talleres donde el
trabajo es constante. En ellos se procura avanzar lo más rápido posible, debido a
que en la gran mayoría de casos el pago es a destajo: «Si el pago sería por tiempo,
lento podría avanzar, pero como es por producto, se avanza rápido para conseguir
otro trabajo», señala un entrevistado. En la galería Guizado entrevistamos a dos
trabajadores de los talleres, María y Steven. Los talleres pertenecen a pequeños
empresarios también involucrados en el trabajo que se lleva a cabo en empresa: en
unos casos en los propios talleres, en otros, en las ventas.

Las condiciones de trabajo no son muy buenas. Pocos talleres gozan de buena
iluminación y ventilación; por el ahorro de espacios algunos de ellos ni siquiera tienen
ventanas. Estas características suelen estar vinculadas al nivel de crecimiento que
ha alcanzado el empresario dueño del taller, o expresa el tiempo que lleva ocupando
el espacio convertido en taller. Cabe resaltar que los empresarios, por lo general,
no son propietarios del local que ocupan, solamente lo alquilan para instalar sus
talleres.

En lo que respecta al género, el trabajo de observación nos hizo notar que la mayoría
de talleres tienen por lo general o bien trabajadores hombres o bien mujeres. Los
talleres mixtos son muy pocos e incluso entre ellos se nota un peso mayor de uno
u otro sexo. Debemos decir, además, que en su mayoría son más los talleres de
hombres y que el jefe es casi siempre varón.

La respuesta al por qué de esta predominancia masculina en los talleres tiene que
ver con la percepción tradicional del trabajo de la mujer y del hombre, de la cual
el último es percibido más fuerte y más hábil que la primera. Edna, por ejemplo,
mencionada líneas arriba, es junto a su esposo, una pequeña empresaria productora

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

de chalecos, quien ante la pregunta «¿por qué preferían contratar hombres?» nos
respondió que se debía a que avanzaban más, porque «tienen más habilidad con
las manos». En su opinión se destaca «la idea del trabajo pesado, el que requiere
destreza física, le pertenece al varón». Esta percepción fluye en Gamarra. En efecto,
la producción de chalecos y ropas gruesas utiliza máquinas que requieren cierta
fuerza y mayor habilidad.

Lo anterior, sin embargo, solo resuelve parcialmente la situación, pues según lo


dicho no podría explicarse por qué algunos talleres contratan básicamente mujeres.
Sobre esto respondió Alejandro, el esposo de Edna, quien nos dijo que esto «depende
de lo que hagan», depende de qué tipo de ropa se produzca. Es principalmente en
la producción de polos, sobre todo polos femeninos, donde existe alta presencia
femenina, por ser este un trabajo más «suave».

En los talleres mismos, sin embargo, las opiniones son un poco más flexibles. Steven,
un remallador2, nos dijo al respecto: «Acá hay más hombres que mujeres, esta
chamba es bien cansadora y a veces las mujeres no aguantan, pero yo creo que igual
lo puede hacer una mujer, pero a veces ellas quieren estar en su casa y acá tienes que
estar todo el día si quieres ganar, porque te pagan según lo que hagas». Una opinión
distinta nos dio María: «El trabajo lo puede hacer cualquiera, un hombre o una mujer,
es pesado, pero una mujer también puede hacerlo igual que lo hace un hombre».

Podemos decir entonces que existen opiniones que probablemente han cambiado,
pero que en general siguen asignando espacios masculinos y femeninos en la
distribución del trabajo. Hay que resaltar, sin embargo, que las últimas observaciones
muestran que la presencia de mujeres en los talleres ha aumentado en relación a
las observaciones hechas hace poco más de dos años atrás. Sin embargo, debemos
volver a recalcar que la presencia masculina sigue siendo bastante mayor.

Las distancias de género se hacen más visibles al responder la pregunta que se les
hizo a los entrevistados respecto a sus expectativas de futuro. Manuel nos dijo: «Yo
quisiera conseguir una mejor “chamba”3, para ganar más dinero, me gustaría juntar y
poner un negocio yo, puede ser acá en Gamarra o en otro lado. Yo ya estoy juntando
ya, hay que progresar, ¿no? Uno viene a Lima para progresar día a día». Por su parte,

2 Hace referencia a los trabajadores, que en los talleres de producción textil, se dedican a darle acaba-
do a las prendas con la remalladora industrial.
3 Se refiere a trabajo.

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

Flor, otra entrevistada, nos dijo: «Yo en el futuro quisiera juntar capital para poner
una tiendita así, un negocio en mi casa para ver a mi hijo, no descuidar la casa».

Queda claro al ver ambas respuestas que en el segundo caso hay una atadura/
vinculación al hogar, no solo a la manutención económica de los hijos, sino también a
la atención que ellos requieren. En estos ámbitos laborales aún está muy presente la
mujer-madre, el rol maternal se considera fundamental y eso equivale a importantes
distancias de género en relación a los hombres. Muestra, además, distancias en
relación a otros espacios laborales con presencia femenina donde existen personas
asalariadas encargadas del cuidado infantil.

Las vendedoras: detrás de los mostradores


En lo que concierne al área de ventas ocurre todo lo contrario al taller. Si uno realiza
el ejercicio de recorrer los stands de ropa de Gamarra por dos horas, encontrará muy
pocos varones detrás de un mostrador. Si se encuentra alguno, muy probablemente
se dedique a la venta de ropa masculina formal o sean esposos de las vendedoras,
por lo que su función más parezca la de dar seguridad que ofrecer los productos.
Uno de ellos era el esposo de Edna, Alejandro, quien al parecer estaba allí para
apoyar en las ventas debido a la ausencia de su esposa por una eventual entrevista.
El otro era Juan quien estaba en el puesto de forma temporal. Después de estos
pocos casos, había un predominio de las mujeres en este trabajo de las ventas.

Solamente en la venta de telas hay presencia mayoritariamente masculina. Se debe


al parecer a la necesidad de un conocimiento experto y, como comentó el editor del
presente compilatorio en una conversación, al hecho de que se necesita fuerza para
cargar y mover los pesados rollos de tela.

Volviendo a las entrevistas, si bien Mariana (una vendedora) nos dijo que su condición
de mujer no afectaba en nada su situación laboral, por el contario, Edna nos dejó
claro que hay una motivación para que las mujeres participen mayoritariamente en
las ventas. Cuando le preguntamos por qué creía que las mujeres se desempeñaban
mejor en las ventas, ella nos dijo: «Porque somos más convencedoras, tratamos
mejor a las personas».

Una respuesta similar obtuvimos de Alicia, que nos dijo: «Acá debes de ser hábil
para hablar con la gente y tienes que ser amable. A la gente que viene le gusta que
le hables bonito, hay que ser convencedora también para que no te regateen mucho

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

[…]. Yo creo que las mujeres somos mejores para vender, porque podemos convencer
y ser más amables, por eso ves casi siempre mujeres vendiendo. Hombres hay, pero
es difícil. Aparte en ventas es la cara, y las mujeres ponemos belleza (risas)».

El carácter dócil que se les adscribe a las mujeres desde una perspectiva tradicional
está presente en la división del trabajo en Gamarra. Las mujeres que trabajan en
las tiendas son las que dan el rostro, las que tienen que estar todo el día de buen
humor, las que tienen que recomendar modelos de ropa para cada tipo de persona
y darle siempre la razón al cliente. Se considera que las mujeres pueden cumplir
estas labores de forma natural, o por lo menos más fácilmente que los varones. Las
características que tienen por naturaleza —se piensa— favorecen su desempeño en
el área de ventas, en el contacto directo con los consumidores que en su mayoría son
mujeres. En general, dentro de esta perspectiva tradicional, el carácter femenino, es
decir, la manera en cómo se relacionan con los demás, encaja bien con el perfil del
personal de ventas4.

Todo esto, sin embargo, forma parte principalmente de la construcción social de


los géneros. Por tanto no es que las mujeres tengan por naturaleza una mayor
capacidad de convencimiento y un carácter más dócil, sino que han sido formadas
para cumplir estos requisitos. Es a partir de su socialización que van adquiriendo
estas características con las que luego se integran al proceso productivo5.

Debemos destacar aquí un punto señalado por De la Cadena (1991). La autora señala
que en la comunidad de Chitapampa el comercio no se consideraba propiamente
trabajo, y que esta actividad era realizada por mujeres, quienes iban del campo a
la ciudad para ofrecer los productos agrícolas que su comunidad producía. Dentro
de esta lógica andina, el trabajo está vinculado con el esfuerzo físico, por lo tanto,
vender los productos agrícolas, al contrario, no era visto como trabajo, ya que las
mujeres realizan esta actividad sentadas, lo cual era considerado como una mera
extensión del trabajo del hombre.

Al respecto no puede negarse que actualmente, en espacios como Gamarra, ha


habido un gran avance. Si bien prevalece la idea de que las mujeres son mejores para
unas cosas y los varones para otras, queda muy claro que la labor de las mujeres es

4 La definición de carácter la tomamos del sociólogo norteamericano Richard Sennett (1998).


5 Aquí hacemos patente la perspectiva de la construcción social de la realidad de Berger y Luckmann
(2003).

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

expresamente un trabajo. No queda duda de que la venta de productos requiere de


mucho esfuerzo; además, al ser una labor diaria y de todo el día las mujeres mismas
consideran que se requiere de mucho. Entonces esa parte de la lógica andina no se
traduce directamente en las valoraciones del trabajo en Lima.

Esto tiene que ver con la lógica misma del trabajo urbano. En una comunidad
campesina que vive principalmente de la producción para el autoconsumo, el
comercio es efectivamente una labor sumaria, marginal. Situación que cambia
rotundamente en la ciudad, en donde el comercio se convierte en una actividad
económica predominante. Por otro lado, la visión patriarcal que prevalece en el
mundo andino, le atribuye a las actividades realizadas por las mujeres un valor
subestimado. Es considerada poco importante.

Con una lógica moderna, más internalizada en las ciudades que en el campo, la
producción está dirigida a vender. En efecto, como diría el clásico Marx (1975), «la
forma de mercancía que adopta el producto del trabajo o la forma de valor que reviste
la mercancía es la célula económica de la sociedad burguesa». En otros términos,
la función principal de los productos es actuar de mercancías, su fin último es ser
vendidos. En ese sentido queda claro, a nuestro entender, por qué el desempeño de
la mujer en las ventas en Gamarra comienza a ser valorado. Vemos entonces cómo
convive la conservación de lo tradicional junto a la transformación de las relaciones
sociales de género ligadas a la producción. En Gamarra, la valoración del trabajo
femenino se permuta, allí son apreciadas.

Y es que la apreciación no solo es por parte de la misma mujer, sino también de los
hombres. Por ejemplo, las opiniones de Juan, uno de los entrevistados, trascienden
a la mera valoración de los roles femeninos. Cuando se le preguntó sobre la
correspondencia entre su sexo y el puesto que tenía de vendedor, nos dijo: «No,
para nada, aunque siempre vas a ver más mujeres vendiendo, pero yo creo que es
igual, yo por ejemplo cuando estoy acá vendo igual. Creo que la gente contrata más
mujeres pero no tiene que ver mucho […]. Cualquiera puede dedicarse a vender,
porque cualquiera puede ofrecer y convencer».

Sin embargo, a pesar que lo entrevistamos vendiendo ropa para niños y niñas
(situación poco usual), Juan nos comunicó —de forma enfática— que en realidad
estaba en el puesto de forma momentánea: «Yo normalmente no vendo, yo tengo mi
taller y viene mi señora y mi hija a vender, pero mi hija ahora se ha puesto a estudiar

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

y estoy apoyando por mientras, aunque siempre vengo a veces a ver y ayudo a
vender a veces, pero no es un puesto fijo».

Sin embargo, observamos que existe una suerte de alejamiento respecto de la labor
que realiza actualmente. Se percibe que hasta cierto punto él también considera
que las ventas son básicamente un rol femenino, al punto de colocar formalmente
en este puesto a su esposa y a su hija. De modo que a veces los mismos discursos
masculinos se contradicen sobre la valoración de los roles femeninos.

Las calles de Gamarra

Ahora veamos cómo se vincula el género con las labores que se desempeñan en las
afueras de las galerías, las cuales están directa e indirectamente vinculadas con el
trabajo en los talleres y tiendas. Nos detendremos en dos grupos de trabajadores:
los «jaladores» y los estibadores.

Los «jaladores»
En las calles de Gamarra se dan múltiples relaciones sociales ligadas a diversos
aspectos del proceso productivo. Además de los dos grupos de personas a las que
nos vamos a referir, existe un número de ambulantes6, cambistas, alquiladores de
celulares y personal de seguridad.

Existen diversos «jaladores» de acuerdo a los tipos de tiendas. Unos son jaladores
de venta de ropa, otros de venta de telas, y otros de comidas. En este artículo solo
nos referiremos a los primeros, los de ropa, abordándolos desde una perspectiva
de género.

Los «jaladores» cumplen un rol específico y fundamental: son muchas veces los que
tienen el primer contacto directo con los consumidores, se encargan de presentarle
grosso modo los productos que se venden y luego, si el cliente está interesado,
llevarlo hasta la tienda de ropa y así consumar la venta.

Hace poco más de tres años, en este trabajo de «jaladores» existía una abrumadora
mayoría de hombres empleados. Muy pocas mujeres se desempeñaban en esta

6 Esto se debe a las trabas que impone la Municipalidad de La Victoria en alianza con los empresarios
más prósperos de Gamarra. El tema es abordado en el artículo de Flor Pari y Francisco Amézquita en
este mismo compilatorio.

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

labor, y las que lo hacían eran en su mayoría señoras (a diferencia de los varones,
que son principalmente jóvenes). Además, las mujeres ubicadas es este espacio
del proceso productivo ofrecían principalmente determinados tipos de productos,
como ropa interior femenina o ropa para bebés.

A propósito de ello, De la Cadena (1991) hace referencia al hecho de que los


principales migrantes de las comunidades campesinas a la ciudad eran varones y
propone para esto, entre otras cosas, una explicación relacionada al punto ahora
tratado: sugiere que para los varones es más fácil enrumbar a la ciudad porque
en la lógica andina se les considera menos vulnerables. La ciudad aparece como
un ambiente hostil que requiere capacidad para defenderse por cuenta propia de
distintos tipos de peligro, entre los que destacan los peligros sexuales. La mujer, en
ese sentido, no puede ser puesta en riesgo tan fácilmente, por lo que es preferible
que permanezca en la seguridad que le brinda su comunidad.

En relación a eso, si bien es cierto que las condiciones de seguridad en Gamarra


habían mejorado bastante, estar solo afuera de las galerías podía significar ser
víctima de un asalto. Lógicamente, los que trabajaban fuera de las tiendas también
ponían en riesgo su seguridad, por ello se prefería que fuesen varones los que
desempeñen la labor de «jaladores». Actualmente, a pesar de la mejoría en la
seguridad, aún hay peligros que permanecen y las mujeres en este rol están cada
vez más presentes, aunque las calles siguen sintiéndose más inseguras que los
espacios cerrados como las tiendas o los talleres, por lo que para desempeñar este
trabajo deben de activar mayores defensas y estar más alertas. Las mismas mujeres
«jaladoras» confiesan apoyarse en sus compañeros varones para defenderse con
éxito. «¿Cómo se cuida de los “malcriados”7?», preguntó Moisés Rojas, en su artículo
publicado en este compilatorio, a uno de sus entrevistadas, a lo que respondió
que para eso tenía amigos que la defendían. Tal como señalamos, de pronto, este
también es un avance de la presencia de las mujeres en este rol, pero existe a su vez
una diferencia evidente. Las jóvenes «jaladoras» suelen estar en grupos integrados
en su mayoría por varones.

Existen productos que un hombre no puede ni debe ofrecer como «jalador» desde
la lógica tradicional del género, porque las prendas pertenecen más expresamente
al mundo femenino. Por un lado, es difícil que un hombre quiera ofrecerlos y, por

7 Hombres que podían faltarle el respeto o robarle.

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

otro, una consumidora se siente menos segura al ver que un hombre los ofrece. No
sería raro que una mujer se sienta incómoda de ser llevada por un hombre hasta la
tienda de ropa interior, o que una madre se sienta insegura respecto a la calidad del
producto para su bebé ofrecido por un hombre. Es justo donde entran las mujeres,
en una subdivisión en el mismo mundo de los «jaladores», con una actividad casi
exclusiva para ellas. Ellas suelen ser señoras, un perfil de inspira confianza en la
medida que comparten la misma experiencia como madre y mujer. Es decir, hay un
sector de prendas que van con el género femenino como jaladoras, tanto por su
experiencia en la materia y para evitar un posible acto violento.

Los estibadores
Otra de las labores directamente vinculadas con el proceso productivo textil
de Gamarra realizado en las afueras de las galerías, es el que desempeñan los
estibadores.

Ellos están encargados del traslado de materias primas hasta los talleres, así
como de llevar los productos terminados a las distintas tiendas en donde van a
ser ofrecidos. Existen, además, estibadores que hacen servicios particulares a los
clientes que compran al por mayor.

Este tipo de trabajo es meramente masculino, ya que consiste en transportar pesadas


cargas de telas, prendas o insumos contando solo con la fuerza del estibador, quien
levanta y empuja una carretilla. Cuando uno camina por las calles de Gamarra, en
ese interminable tránsito de ávidos consumidores, se ve cómo se abre el mar de
gente y por él pasa rápidamente un sudoroso estibador con una carga inmensa —en
el mejor de los casos— pidiendo permiso a todos. Ese requerimiento de fuerza física
es lo que determina el perfil masculino de esta agotadora labor.

Pero ¿por qué los hombres son los que cumplen los trabajos que requieres enorme
fuerza física? Sin duda, este asunto es tan antiguo que puede parecernos natural, y
de hecho se ha naturalizado. Simone de Beauvoir (2000) señalaba cómo a partir de
la condición de madres, las mujeres se ven debilitadas físicamente y relegadas de las
actividades que requerían de fuerza física. Libros que tocan este punto los hay y muy
profundos, como los de Gordon Childe (1995; 2002). Esta antigua división sexual
del trabajo es la que determina hasta hoy algunos trabajos como exclusivamente
para varones debido a la enorme fuerza física que estos requieren.

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Gamarra invisible / Gonzalo Guevara

Para terminar

Una conclusión básica, que se ha venido señalando a lo largo de la exposición, es


que la lógica tradicional de las relaciones sociales de género se mantiene al mismo
tiempo que se resignifica en un espacio como Gamarra. La separación de funciones
partiendo del sexo, así como la lógica de estatus varón-mujer permanece, pero
también se modifica al incluir a las mujeres en el proceso productivo, en donde
empiezan a independizarse.

Además de las redes de parentesco, paisanaje, amistad y otras relaciones de


confianza, el género juega un papel fundamental al momento de entender las
relaciones de producción; es decir, en el momento en que los empresarios necesitan
incrementar la fuerza de trabajo, los varones son considerados para algunas áreas
y las mujeres para otras, configurándose una distribución de trabajo de acuerdo al
género y el perfil laboral.

La distinción por género que se establece en algunas áreas del proceso productivo
no está únicamente vinculada a la lógica interna de la producción textil de Gamarra,
sino que además está en estrecha vinculación con los parámetros culturales que
marca la sociedad, y que tocan no solo a los que trabajan en Gamarra, sino también
a los que ingresan como consumidores. El ejemplo de los «jaladores» lo demuestra,
ya que la incomodidad frente a un «jalador» varón que ofreceré ropa interior
femenina no es algo que concierna directamente a quien contrata a este personal,
sino que responde a la lógica de las relaciones sociales de género de la sociedad en
su conjunto, a los prejuicios y distinciones.

Sin embargo, a pesar de ser consecuencia de construcciones socioculturales y


de procesos históricos, la inclusión del género como variable para la distribución
del trabajo resulta ser un elemento importante y que, al parecer, incrementa la
productividad de Gamarra y ha permitido, junto a otras razones, el avance imparable
de este centro productivo-comercial. De manera que se debe entender que estas
distinciones de género cumplen un objetivo fundamentalmente económico que
está bien reconocido por quienes día a día entregan sus energías y se ganan la vida
en el circuito de la producción textil de Gamarra.

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II. Apuntes de investigación / División del trabajo y género en Gamarra

Referencias bibliográficas

ADAMS, Norma y Néstor VALDIVIA


1991 Los otros empresarios: ética de migrantes y formación de empresas en Lima.
Lima: IEP.

BEAUVOIR, Simone de
2000 El segundo sexo. Madrid: Cátedra.

BERGER, Peter L., y Thomas LUCKMANN


2003 La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.

DE LA CADENA, Marisol
1991 «Las mujeres son más indias: etnicidad y género en una comunidad del
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