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Óscar y el león de Correos

Vicente Muñoz Puelles


Ilustraciones de Noemí Villamuza.
Madrid, Anaya, 1998. Colección Sopa de libros.

“A los seis años, Óscar tenía miedo de dos cosas: de la criatura de la noche y del león
de Correos.
No le asustaban las personas mayores. Tampoco le importaba pelearse con otros
niños, aunque prefería no hacerlo.
Pero, al pensar en la criatura de la noche o en el león de Correos, los dientes le
castañeteaban como cuando se quedaba demasiado tiempo en la bañera y el agua se
enfriaba. Entonces salía tiritando y estornudando.”
Este libro trata de los miedos propios de un niño pequeño y de cómo aprende a
resolverlos.
Uno de sus miedos era la oscuridad y el hecho de sentirse solo frente a ella. Sus
padres lo contenían y le ayudaban a enfrentarla pero llegaba el momento —cuando
todos dormían y Óscar aún no había conciliado el sueño— en que no tenía más
remedio que medir sus fuerzas con “la criatura de la noche”.
Con el “león de Correos” era distinto. Lo que para todo el mundo tenía la apariencia de
un simple buzón —cuya boca para arrojar las cartas eran las fauces de un león de
latón— para Óscar era una bestia feroz dispuesta a engullirlo.
Óscar supo encontrar una muy original manera de “entretener” al león de Correos para
poder despachar las cartas que le habían dado sus padres. Y una vez vencido el
temor, el niño descubrirá que los mayores también fueron pequeños alguna vez y
tuvieron sus propios miedos.
Vicente Muñoz Puelles obtuvo, con este libro, el Premio Nacional de Literatura Infantil
y Juvenil 1999 en España. La obra recrea sus propias vivencias infantiles: “Nací en la
calle Pérez Pujol en Valencia, a espaldas del edificio de Correos. Cuando era
pequeño, mis padres me levantaban en brazos para que pudiese tirar las cartas en la
boca de los leones, que son dos, uno para el correo nacional y otro para el destinado
al extranjero. Todavía me cuesta pasar delante de esos leones de latón sin sentir un
poco de ansiedad. Así que el cuento debería llamarse Vicente y el león de Correos”.
Las ilustraciones a lápiz de Noemí Villamuza, delicadamente coloreadas en tonos
pastel, otorgan una belleza adicional a este hermoso libro.
Recomendado a partir de los 5 años.
Roberto Sotelo

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