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Fusión...

Vivir sin sufrimiento


Meli Moscoso

Índice

I Introducción
II El amor
III Las emociones
IV Las resistencias
V El poder del pensamiento
VI El miedo y la culpa
VII La aceptación
VIII La técnica
- Condiciones básicas para practicar la técnica
- Aclaraciones en cuanto a insalivación
- Utilidad de la técnica
- Ejemplos
IX Conclusión
Qué es fusión
Nota de la autora
Dedicatoria
Bibliografía

I Introducción
Después de muchos años de "imprescindible búsqueda", por fin hoy disfruto del estado de paz y
equilibrio interior por el que tanto he luchado y por el que –para mantenerlo y a ser posible aumentarlo–
sigo esforzándome continuamente.
Y digo imprescindible búsqueda porque no he tenido otra opción: o seguía indagando o me sumergía
en la apatía, en la desesperación o, lo que es peor, en el desequilibrio mental. Varias veces estuve al
borde de la demencia y otras muchas, inmersa en la confusión y la desesperanza. Y en los momentos más
difíciles siempre llegó a mis manos el libro apropiado. Gracias a la “mano invisible” que me lo hacía
encontrar, a las personas que lo escribieron y a mi empeño por librarme del sufrimiento, pude continuar y
llegar al estado que me ha permitido elaborar la técnica que ahora presento y que es una mezcla de todo
el bagaje que durante los últimos treinta años he adquirido.
Durante mucho tiempo he tenido dificultades –y aun las tengo– con el apego. Me resultaba
tremendamente trabajoso desprenderme mental y físicamente tanto de las cosas materiales como de las
personas o las situaciones en las que me encontraba cómoda. Y aun comprendiendo que el desapego era
imprescindible para mi evolución, un miedo irracional me mantenía “enganchada” a la seguridad que me
producía el creerme protegida por causas ajenas a mi propia entidad como persona. Me había aprendido
muy bien la teoría de que nuestra seguridad solamente depende de nuestro reforzamiento interno y de
nuestra conexión con lo divino; pero ni el esfuerzo que hacía para integrar en mí dichos conceptos, ni las
técnicas que conocía, me eran suficientes para acelerar mi proceso de desapego.
Además, a medida que fui conociéndome mejor, descubrí otra forma de apego que se relacionaba
directamente con el ego. Necesitaba producir en los demás un determinado efecto que me obligaba a
comportarme contradictoriamente con lo que en realidad sentía o deseaba. Me resultaba demasiado
gratificante ser admirada y necesitada, con lo cual mis actos estaban siempre mediatizados por los efectos
que deseaba obtener.
Sin embargo, hoy me siento como nunca imaginé. Y es que un estado equilibrado de serenidad no se
parece en nada a los extremos polares de depresión y euforia en los que me movía en el pasado y, como
es lógico, desde ellos nunca había podido tener acceso a la verdadera armonía que he logrado conocer a
base de ser consciente de mis pensamientos y emociones.
En este momento el Universo me ofrece la oportunidad, por tener tiempo disponible, de compartir con
los demás las enseñanzas que he llegado a integrar en mí. Además, mi intuición me dice que debo
escribir este método de trabajo personal por si a alguien pudiera serle de utilidad. Espero haber suplido
mis carencias literarias con la intencionalidad que me mueve el hacerlo. Pues la palabra por si sola no es
suficiente para llegar a la “esencia” de quien la lee o escucha. Para eso ha de contener, además, la energía
de amor suficiente para que sea leída o escuchada por aquel a quien corresponda aprovechar su
contenido; así, el que expresa una idea y el receptor de ella, se convierten en la misma cosa, ya que de
nada sirve el uno sin el otro.
Y si de escribir no sé demasiado, mucho menos sé de cómo actúan y en qué consisten exactamente las
energías sutiles; por lo tanto cuando, más adelante, diga que la Energía entra por la parte alta de nuestra
cabeza, no puedo afirmar que eso sea exactamente cierto. Lo indico porque lo he aprendido y, sobre todo,
porque lo experimento continuamente al hacerme consciente de ello; pero tampoco sé si es que al
concebirlo de esa manera, estoy utilizando el poder de mi mente para hacer que se produzca.
De cualquier modo, los hechos no necesitan demostración y las explicaciones que tratemos de
encontrar sobre el cómo y el porqué de los mismos, no son más que el intento de incorporarlos a esa parte
lineal de nuestra mente que se aleja mucho de esa otra mente ilimitada que el ser humano posee, aunque
esto todavía, no se pueda demostrar científicamente.
Las disquisiciones filosóficas que surjan en torno a los hechos, serán también un intento de
comprender al hombre en su maravilloso mecanismo cuerpo/espíritu y de dar respuestas –aun
incorrectas– a sus interrogantes.
La ciencia importa, claro está, pero podemos y debemos aprovecharnos de los hechos, que siempre van
por delante de ella. Y en cuanto a ellos, puedo asegurar que todo lo que digo ha sido experimentado
personalmente con muy buenos resultados. Es por eso que me siento en la obligación de contarlo.
Mi único objetivo, durante tantos años de búsqueda, ha sido la eliminación de mi propio sufrimiento,
lograr mi propia paz, y he llegado a la conclusión de que al eliminar el miedo, la ira, el enjuiciamiento
etc. y equilibrar la autoestima, habré salvado “mi mundo”. Porque si en mi mente no aparece el miedo, es
que realmente estoy protegida; y si no aparece la baja o la exagerada autoestima, es que me considero
con las mismas posibilidades que todos los demás y, a consecuencia de ello, tampoco aparecen las otras
emociones como la ira, la culpa, los celos etc. que son las que alteran el equilibrio químico del cuerpo
físico dando paso a las enfermedades. Consecuentemente mi mente estará libre para experimentar
solamente la excelencia en lo adecuado. Todo lo demás lo considero secundario.
Vivir en el presente, momento a momento y en paz, es el propósito que me impulsa y conduce
continuamente. Y aunque me encantaría que sanáramos –y confío en que así sea– este hermoso planeta
con todo lo que contiene, hacer lo que hago por él –amarlo y perfeccionarme yo– me deja la tranquilidad
suficiente como para que la crisis que atraviesa no me produzca sufrimiento, ni siquiera desconcierto.
Siento que si el grupo de personas que pensamos de esta manera, aumentara lo suficiente y
consiguiéramos la expansión mental necesaria –que nos llevara a la sincronización de los dos hemisferios
cerebrales– podríamos impulsar al conjunto de la humanidad más allá de la genialidad. Pues es sabido
que de esa manera nos potenciaríamos solidariamente en una progresión geométrica que podría propiciar
la transmutación de todo el conjunto.
Tenemos dentro de nuestro ser la capacidad para sanarnos a nosotros mismos, sanarnos mutuamente y
sanar al planeta. Solamente tenemos que descubrir ese poder y hacerlo emerger. Para ello podemos usar
el toque de nuestras manos, el poder del pensamiento y, sobre todo, el amor de nuestro corazón.
El método que propongo es tan simple, –como se puede apreciar en el capítulo del método– que una
página sería suficiente para contener la información necesaria para practicarlo a la perfección. Con lo
cual, el resto del contenido de este texto es explicativo en cuanto a beneficios, actitudes y obstáculos que
se pueden presentar. Y sobre todo pretende dar respuesta a las múltiples preguntas –o trampas– que
nuestra mente finita nos plantea; ya que ésta, al estar dominada por las emociones, nos limita el acceso a
esa otra mente nuestra que va más allá de los límites del cerebro y en la que se encuentran las respuestas
a todas las incógnitas.
El ser humano es una unidad psicosomática y espiritual. Es decir, constituido por cuerpo, mente y
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espíritu. Y esta técnica pretende fusionar esos tres elementos con la intención de liberarnos del
sufrimiento y poder utilizar al máximo nuestros potenciales mentales y energéticos para convertirnos en
seres felices, creativos y a ser posible geniales.
Pero este manual debe leerse, además de con la mente, con el corazón; porque si ambos no están
completamente abiertos, la información no llegará a los correspondientes centros donde ha de ser
registrada y procesada. Si se crea la dicotomía entre ambos, estaremos continuamente extrapolándonos
con el consiguiente peligro de perder la oportunidad de aprovechar los beneficios que la práctica de este
sistema puede aportarnos. Dice María Pinar Merino que las ideas deben ser estructuradas por la mente
pero sabiamente mezcladas con el bálsamo del corazón. Los procesos intelectuales son más lentos que los
del corazón, pero no debe haber desarmonía entre ambos, pues los dos son necesarios para evolucionar.
Para practicar este método no hay que dominar ninguna disciplina, ni es algo en lo que haya que creer.
Todo el mundo, independientemente de sus creencias o enfermedad, puede ejercerlo. Pues se trata
simplemente de ser consciente de lo que sentimos para poder darle a las emociones dañinas y a los
malestares físicos un sencillo tratamiento, con la intención de que dejen de hacernos sufrir. Y cuando se
practica, siempre aporta magníficos resultados; pero hay que ejercitarlo y, aunque es muy simple, hay
que hacerlo; y si se hace funciona.
La consecuencia será que el miedo y la irá se vayan extinguiendo, aumentando así nuestra confianza
en “el apropiado proceso que es la vida” y en nuestro poder para elevarnos por encima de cualquier
dificultad, ya que detrás de cualquier aparente desgracia siempre hay una lección que hemos de aprender,
una oportunidad para evolucionar. Y comprender esto es muy importante porque dejaremos de sentirnos
víctimas de las circunstancias.
¿Os imagináis lo que sería moveros con serenidad y aceptación en los ambientes más hostiles, donde
normalmente lo que se quiere es huir porque la presión del sufrimiento se hace insoportable? Diariamente
a la hora de las noticias, nos sorprenden en televisión escenas de esa índole y nos vemos obligados a
cambiar de canal, porque no podemos soportar el malestar y preferimos apartarnos de ello a golpe de
dedo en el mando a distancia. Que dejen de aparecer ante nuestros ojos no significa que dejen de existir,
pero nos decimos: <¿para qué sufrir gratuitamente si no podemos hacer nada para remediarlo?>, pues yo
os digo que sí podemos hacer algo, y con un ejercicio tan rápido como cambiar de emisora. Con ello
conseguiremos, sin tener que cortar la noticia, –si queremos estar informados– disminuir nuestro malestar
hasta eliminarlo, y eso por sí solo ya sería motivo suficiente; pero, además, al estar transformando una
energía de sufrimiento en otra de amor, es seguro, aunque no podemos demostrarlo, que de alguna
manera ese hecho repercute en el conjunto de las energías sutiles que nos afectan a todos constantemente.
No somos más humanos por sufrir ante el sufrimiento ajeno. Podemos alejarnos de esa estéril actitud
transformando esa energía negativa en un proceso creativo y productivo para nosotros y para el conjunto.
Nos equivocamos cuando pensamos que sabemos lo que los demás sienten, creyendo que tenemos que
actuar de una determinada manera para aliviar su sufrimiento. En esos momentos en los que sufrimos a
causa de la contemplación de lo que interpretamos como sufrimiento ajeno, lo único que es
absolutamente seguro es que nosotros estamos sufriendo y lo único que debemos hacer es actuar para que
ese sufrimiento –nuestro– se extinga. En realidad nunca sabemos como se sienten realmente los otros,
solamente podemos intuir cómo nos sentiríamos nosotros al estar en su lugar, pero eso también es
imaginario, porque tampoco sabemos cómo encajaríamos nosotros esa situación en el caso de que nos
tocara vivirla; luego entonces, es irreal, absurdo, y por lo tanto un padecimiento inútil.
Todos estamos de acuerdo con la afirmación de que el amor es el sentimiento más pleno y noble que
puede experimentarse. Forzosamente ésta debe ser la Energía que nueve el Universo. Pero aun
sabiéndolo, no encontramos la manera de canalizar adecuadamente ese potencial que todos poseemos,
para nuestro provecho, el de nuestros semejantes y el conjunto planetario.
Pues bien, en este librito tenéis a vuestra disposición un mecanismo que sirve para transmutar toda
inconveniencia que se os presente, en energía sanadora para la liberación de todo sufrimiento.
Al utilizar adecuadamente este método, –y ya he dicho que eso es asequible a cualquiera– se irá
reduciendo hasta extinguirse nuestro sentimiento de culpa por no estar contribuyendo a la paz del mundo,
a la erradicación del hambre, a la supervivencia de las especies vegetales y animales, a la conservación
del planeta, etc., ya que podremos utilizar, para colaborar en ello, todas las noticias, imágenes,
pensamientos etc –en el preciso momento en que así lo deseemos– que continuamente nos atormentan y
ante los que nos sentimos tan permeables e impotentes. Esto no nos excluye a la hora de comprometernos
con cualquier causa de orden humanitario o ecológico, sino que de esta manera no estaremos
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malgastando inútilmente nuestra energía, dramatizando o culpabilizando a los demás o a nosotros
mismos por no estar actuando adecuadamente. Y emplearemos ese potencial energético para la
compasión, la aceptación, la creación y la acción apropiada.
Lo que se pretende con este método es el adiestramiento en un nuevo lenguaje energético de
comunicación que nos fusione con todo lo creado; de manera que podamos esculpir nuestras vidas en
completa consonancia con la verdadera evolución. Pero cada uno debe aprender hacia dónde dirigir sus
esfuerzos y cuales serán sus objetivos y los medios para obtenerlos, escuchado en su interior, para no
permanecer en esa confusión a la que nos ha llevado el habernos proyectado tan lejos y hacia fuera de
nosotros mismos.
Con este método nos conoceremos mejor: lo haremos a través de la atención y la observación de todo
lo que sintamos, pero ese no es el objetivo. El objetivo es la eliminación del sufrimiento y la fusión con
todo lo creado. Esa fusión nos permitirá encontrar el propósito de nuestra vida que ya no se centrará en
nuestro reducido mundo individual –por ser algo superado– sino en algo mucho más ambicioso: la
evolución del conjunto.
Quien quiera que seas, no estás leyendo esto por casualidad. Yo lo he escrito porque de alguna manera
estoy siendo impulsada a hacerlo desde una parte de mí que no atiende a razones. Y por experiencia sé
que cuando eso me sucede, “es preciso que lo haga”, aunque yo desconozca el motivo. Quizá alguien –
quizá tú– necesitaba leerlo. Pues somos muchos los que ahora, en este planeta, estamos “percibiendo”
más allá de nuestras limitaciones de los cinco sentidos y del mundo inmediato que nos rodea.
El milagro lo hace siempre el hombre, cuando en unas condiciones determinadas sintoniza con el
potencial divino puesto a su disposición. Hay un puente ininterrumpido entre tu “yo individual” y el
“Dios infinito” que está diciéndonos: “ÚSAME”, pero no nos han enseñado a utilizarlo. Si crees que es
así y quieres, aquí puedes aprender una forma de hacerlo, pero si después de conocer este método no te
sientes atraído, no importa, existen otras muchas maneras de usar ese puente, sigue buscando la que creas
más apropiada para ti. [volver al índice]

II El amor
Los indios hopi, que han llamado a la lluvia desde hace 4000 años, tienen una expresión que dice:
“cuando el corazón es puro, llueve”.
Ya he mencionado que no estaremos amando más por sufrir con el que sufre y llorar con el que llora.
Amaremos más cuando sintamos que estamos haciendo algo por los que sufren. Estaremos amando
también cuando aceptemos que las situaciones conflictivas que nos causan sufrimiento tienen una razón
de ser aunque no podamos comprenderlo, y que se nos presentan, precisamente, para que las
transcendamos, nos equilibremos y podamos salir de esa rueda de energía desequilibradora e
introducirnos en la de la plenitud y el amor, contribuyendo, con nuestra aportación, a que esa Energía
sanadora y creadora de todo bien, que es el Amor, fluya adecuadamente a través nuestro pudiendo ser
expandida hacia fuera.
Frecuentemente confundimos Amor con pasión, siendo éstas, sin embargo, dos palabras antagónicas.
Amor significa dar sin esperar recompensa de ninguna clase; ser generoso y tolerante, incluyéndose en
estos dos adjetivos, todos los demás sinónimos que se nos puedan ocurrir. Por el contrario, la pasión, que
es consecuencia del miedo y la inseguridad solapados en nuestro interior, conlleva una doble
intencionalidad como resultado de una necesidad íntima de ser amados.
A lo que me refiero cuando hablo de Energía de Amor, es a la Fuente de Energía Divina, creadora de
vida, que mueve el mundo. Aprender a reconocer esta Energía en nosotros es fundamental para poder
tratarnos y sanarnos a través de ella. Y aunque conceptuarla es imposible, yo lo definiría como una
indescriptible sensación de placentera plenitud.
A continuación sugiero un método para aprender a identificarla:

Nos situamos en un estado mental y físico de tranquilidad, hacemos unas respiraciones conscientes,
pedimos varias veces que nuestra boca se llene de saliva y esperamos a notar nuestra boca insalivada.
Cuando creamos haber alcanzado un considerable estado de paz, evocaremos una escena de nuestra
vida en la que hayamos tenido una sensación de un infinito bienestar, sin importar que no la sepamos
definir con palabras. Será como percibir que los “infinitos elementos”, por un instante, se colocan en su
sitio justo para que la perfección se establezca, estando uno mismo fusionado en ese fastuoso “Todo”.
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Podemos haberlo sentido mirando el mar, manteniendo un cachorro en los brazos, escuchando música,
oliendo una flor, viendo a una madre amantar a su niño, mirando a los ojos de alguien... Seguro que
encontramos algún recuerdo así en nuestra memoria. Pues bien, se trata de recoger esa percepción y
prolongarla en nuestra mente todo el tiempo que nos sea posible, cuanto más mejor. Hemos de hacer
esto tantas veces como lo creamos necesario hasta que esa sensación esté tan grabada en nuestra mente
que podamos conseguir traerla al presente en cualquier momento y situación en que nos lo
propongamos.

Cuando se desconoce el verdadero significado de la palabra Amor, nos es imposible, lógicamente,


utilizar su beneficioso poder. Porque ¿cómo podría amarme a mí mismo o a otra persona adecuadamente
si interpreto que amarse es protegerse contra la infinidad de causas externas que percibo como
agresiones? ¿Cómo podré enviarme a mí mismo ese poderoso flujo energético si no he aprendido a
reconocer esa Energía? Y ¿cómo sabré amar al prójimo si creo que amar es esperar que los demás actúen
como yo quiero, espero o necesito? Por eso para conocer, comprender y poder compartir esa clase de
Amor, primero hemos de saber identificar la impresión que esa energía produce. Sólo cuando uno sabe
que lo que está sintiendo, en un momento determinado, es lo mejor que puede sentir, desea que “eso” sea
lo que quiere contribuir a crear para sí mismo, para los demás y para el conjunto.
Esta clase de Amor es pura fuerza transmutadora de sufrimiento, y esto lo comprobamos en cuanto
empezamos a utilizarla para transformar las emociones nocivas, pues conseguiremos elevarnos a un nivel
energético superior al del conflicto.
El verdadero Amor produce una sensación indescriptible de serena libertad y bienestar, en la que no
hay espacio para la culpa y sí para merecer vivir en la excelencia, fusionados con todo lo creado.
Pero a consecuencia de un erróneo proceso educacional, caemos en la equivocación de confundir el
concepto e interpretar que amar es “necesitar” a alguien, <”le amo tanto que si me faltara me moriría”>
se oye frecuentemente. Pero eso no es Amor, sino un síntoma de que la presión de nuestras emociones
nos mantiene atrapados y enganchados a situaciones y a personas como si éstas fueran nuestra tabla de
salvación.
Sin embargo, cuando nos instalarnos en la consciencia de estar recibiendo, canalizando sin obstrucción
y proyectando hacia fuera –más adelante aprenderemos a hacerlo– la Energía creadora del Universo y
enriqueciéndola con nuestra mejor intención, nos sentimos completos, viviendo en un intercambio
energético y armónico con todos y todo lo que nos rodea, que habrá pasado a formar parte de nosotros,
aunque sin pertenecernos.
El Amor del que estamos hablando es una Energía que nunca puede dañarnos. Es una tergiversación la
creencia de que se sufre por Amor. Cuando creemos que sufrimos por esta causa nos estamos engañando.
Sufrimos porque ignoramos el autentico significado del Amor.
Aquí aprenderemos que “Amor” es también una Energía que siempre está entrando por la parte
superior de nuestra cabeza, y cuando nos hacemos conscientes de ello y ejercitamos la manera de darle la
dirección adecuada en cada momento, esta inagotable Energía fluirá por nosotros continuamente sin
bloqueos, haciendo transmutar con su flujo y nuestra intencionalidad cualquier posible negatividad. Para
que esta Energía nos limpie de las emociones negativas, que son la fuente de nuestro sufrimiento,
tendremos que dirigirla, precisamente, hacia las personas que más nos desagradan –o cuando hay
conflicto con los más allegados– aunque las resistencias, como veremos en el capitulo correspondiente,
nos presionen tenazmente para intentar impedirnos esta realización y no podamos comprender cómo
puede hacernos tanto bien efectuar algo que nos produce tal rechazo. Pero eso ya lo veremos en los
capítulos de las resistencias y la técnica.
Cuando nos instalamos en la firme consciencia de la Energía del Amor, ésta inunda nuestra existencia
de tal manera que se convertirá en cotidiano el sentimiento placentero de estar constantemente amando a
todo y a todos. Se acabo la soledad, la tristeza, la culpabilidad, el miedo, la segregación... porque si
estamos conscientemente inmersos en el torrente de Energía creadora del “Todo”, estaremos co-creando
con la propia creación; y cuando se está colaborando en la facilitación de ese flujo en lugar de estar
bloqueándolo, no se puede, lógicamente, recibir otra cosa que no sea más de lo mismo: Amor.
Todos albergamos en nuestro interior, sin saberlo, a un victimario; motivo por el cual rechazamos
tanto al “malo de la película” que es tan digno de ser amado como la victima. Cuando a base de efectuar
tratamientos con la Energía del Amor, conseguimos amar por igual a cualquier ser humano, entramos en
un espacio donde el sentimiento hacia cualquiera que sufre será de compasión y no de partidismo. No
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existen los buenos y los malos. En cada uno de nosotros hay un campo muy potente de energía emocional
que domina a la mente lineal y que nos arrastra sin que seamos capaces de impedirlo. Toda conducta
destructiva es producto del miedo incontrolable. Y de esto todos sabemos lo suficiente, porque a todos,
en alguna medida, nos es imposible dominar el miedo. La gente merece saber que no importa cualquier
cosa que haya o no haya hecho; en cualquier caso siempre es digna del Amor.
El miedo se encuentra siempre detrás de nuestros peores instintos y no solamente en situaciones
puntuales, sino mantenidas, incluso a nuestro pesar. Un claro ejemplo podría ser el racismo, que es un
sentimiento de miedo ante la posibilidad de ser invadido o perjudicado socialmente. Miedo que se
transforma en ira para poder dar salida a la angustia que esa idea puede producirnos. Y es un sentimiento
muy lógico, una autodefensa primaria, un mecanismo natural de protección; pues ante el miedo, la
respuesta lógica sería la huída, pero cuando no podemos huir, entonces tendremos que atacar y nuestra
valiosa mente nos prepara para ello aunque conscientemente digamos: no.
Cuando contemplamos desde fuera esas actitudes, por otra parte, “tan humanas” de agresividad, sólo
nos fijamos en el sufrimiento de las victimas que aparecen con claridad ante nosotros; pero, sin embargo
ignoramos el sufrimiento de “la otra víctima”, la que actúa impulsada por su incontrolable y oculta
emoción. Esos enjuiciamientos internos nos causan mucho más daño del que imaginamos. Porque al
tomar parte por “la victima” caemos en el odio hacia el victimario, y ese odio contiene una emoción de la
misma índole que la que siente este último, y de esa manera nos sumergimos, inconscientemente, en esa
energía y no en la del Amor.
Al trabajar con la Energía del Amor estas dualidades dejan de producirse y nos moveremos en un
plano en el que formaremos parte de un Todo donde compadeceremos tanto a la victima como a su
agresor porque ambos son seres humanos que están sufriendo.
Las adversidades que se nos presentan en la vida tienen la intención de servirnos de guía para
descubrir nuestra capacidad de amar. Las fatalidades no son un castigo, sino una oportunidad para
hacernos descubrir la Verdad. Experimentamos todas esas cosas para que tenga lugar nuestro
crecimiento.
No podemos cambiar a los demás, ni los acontecimientos contradictorios que nos suceden tanto a
nosotros como a nuestros seres queridos o al resto de las personas e incluso al planeta, pero sí podemos
transformar lo que estos nos hacen sentir. La vida con todos sus momentos de alegría y tristeza, de
esperanza y miedo, es sólo una oportunidad para conocer el Amor; y después de ello, vivir siempre en Él.
Porque allí donde está el Amor, está el autentico ser humano y está Dios.
Vemos reflejada la palabra amor por todas partes, pero nadie nos ha enseñado su autentico significado
y qué podemos hacer para vivir inmersos en Él. Se nos invita a ser generosos, compasivos, entregados
etc. y es cierto que todo eso es imprescindible pero, ¿cómo puedo amar a algo o a alguien que por unos
condicionantes internos, que no puedo controlar, rechazo enérgicamente? Con este método encontramos
la respuesta. Y será la verdadera respuesta, porque será la nuestra. Lo que obtenemos con este método es
personal e intransferible, ni siquiera podemos explicarlo porque responde solamente a nuestras propias
interrogantes y cada uno tiene las suyas.
Es indiscutible que existe una clase de Energía –a la que aquí estamos denominando de Amor– que nos
está impactando continuamente, pues de otra manera no podríamos mantenernos con vida. Cada uno de
nosotros está, aunque no seamos conscientes de ello, movilizando esa Energía con todo lo que hace:
pensamientos, forma de alimentarse, actitudes... Cualquiera de las acciones que realizamos
cotidianamente afecta a nuestro cuerpo energético y eso tiene repercusión en el entorno.
Es curioso que los seres humanos aceptemos fácilmente como verdad, el mundo ilusorio de nuestros
pensamientos y, sin embargo, creemos tantos obstáculos a la hora de admitir las autenticas verdades. Y es
que tendemos a complicar la simplicidad porque queremos comprenderlo todo. No nos contentamos con
intuir lo que es Verdad, además nos sentimos obligados a darle una explicación. Pero como la Verdad
proviene de una mente muy superior a la nuestra, sobrepasa nuestra capacidad de comprensión y, al no
entenderla, la arrinconamos. Esto tiene el peligro de hacernos caer en el estancamiento de la búsqueda y
ésta es imprescindible para que el ser humano siga investigando y progresando, y pueda salirse de la
rigidez que le obliga a aceptar como verdad solamente aquello que puede ser demostrado
científicamente.
Nos queda mucho progreso por delante hasta poder demostrar la Verdad. Todavía no podemos explicar
ni comprender muchas de las cosas que debemos aceptar como verdades y este es el caso de las energías
sutiles. Debemos admitirlas porque están ahí y cada uno de nosotros puede comprobarlo, y aunque aun
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no se pueda demostrar cómo funcionan exactamente, podemos utilizarlas –y eso sí debemos
demostrárnoslo, cada uno, a nosotros mismos, para poder creer en ello– para seguir evolucionando ya que
ése es, precisamente, el motivo de nuestra existencia, tanto individual como colectiva.
Si leyendo este libro intuís que el método que presento contiene alguna verdad que pueda contribuir a
vuestra evolución personal, por favor agarradla y no permitáis que se os escape; practicadla una y otra
vez y comprobaréis cómo se alivian hasta desaparecer todos vuestros sufrimientos. Así podréis entrar en
una nueva manera de concebir la vida, donde el miedo deja paso a la libertad; la ira a la calma; la tristeza
al simple dolor, (nunca al sufrimiento) y la serenidad se convierte en el estado habitual. En esta situación,
la enfermedad se disipa, el periodo de vida se prolonga y las posibilidades de creatividad y realización se
hacen infinitas. Pues cualquier dolencia es consecuencia de un desequilibrio energético que está
ejerciendo su influencia en la bioquímica del cuerpo.
Dice el Dr. Escudero: <El Amor produce, igual que cualquier pensamiento positivo, una respuesta
biológica armónica positiva que nos hace sintonizar con todo lo bueno que necesitamos. El Amor, en el
ser humano, es una necesidad biológica, la mejor medicina preventiva que existe>. [volver al índice]

III Las emociones


Nuestros contenidos emocionales se nos presentan tanto si nos gusta como si no, y aunque intentemos
reprimirlos, éstos se nos muestran siempre como una reacción a los hechos externos o a
pensamientos relacionados con esos hechos. Por eso lo mejor que podemos hacer con las
emociones es reconocerlas y aceptar su existencia.
La vida es una gran aventura pero mientras estemos atrapados por el opresor campo de las
emociones no podremos vivirla plena y creativamente.
Mucho ha luchado el ser humano –y lo sigue haciendo– por avanzar hasta lograr la
liberación de las dominaciones externas, pero cuando esto se alcanza comprobamos que aún
seguimos prisioneros de “algo” que está muy dentro de nosotros y que son las incontroladas
emociones, que en forma de miedo, culpa, ira, celos, etc, crean el caldo de cultivo idóneo
para el sufrimiento. Del cuerpo emocional parten todas las nefastas acciones que aún
seguimos cometiendo. Cuando logremos sentirnos interiormente libres y protegidos,
estaremos entregados a todo y a todos; estaremos también sanos y no existirá en nuestro
interior ningún motivo ni lugar para acciones inadecuadas.
Mientras tanto seremos incapaces de dirigir mentalmente nuestras emociones y lo único
que podremos hacer es tratarnos para liberarnos de ellas. Porque podemos proponernos no
enfadarnos y sin embargo lo único que conseguiremos es no llegar a expresar nuestra ira,
pero no podremos suprimir la energía generada en nuestro interior por la emoción, que nos
seguirá atormentando y enfermando a menos que encontremos alguna vía de liberación. Y
es que las emociones no responden a las órdenes del pensamiento, como lo hace el cuerpo
físico. Por eso, aun deseándolo, solamente lograremos, si acaso, cambiar la conducta y con
ello mover la energía de lugar, pero sin disolverla. Solamente podremos desactivar las
emociones con la Energía del Amor incondicional, que ignora el enjuiciamiento y la
negatividad.
Imaginemos que las emociones forman un cuerpo. Pues es como si ese cuerpo emocional
fuese adicto a las sacudidas del sufrimiento y buscase situaciones y personas que le
provoquen ese efecto. Por eso cuando, por ejemplo, tiene hambre de miedo, sólo verá miedo
en el exterior y responderá a él constantemente. Ese círculo vicioso continuará y aunque la
mente diga: <necesito el Amor>, <busco la paz>, el cuerpo emocional no responderá, ya
que éste, al ser más poderoso que la mente limitada, ejerce sobre ella todo su dominio. Por
lo que para actuar sobre el cuerpo emocional hemos de acceder a la Energía espiritual que
posee una vibración superior.
Debemos comprender que el cuerpo emocional es algo mucho más grande y poderoso que
sus manifestaciones externas, y que esa dimensión y poder es lo que mantiene en cautividad
a nuestra mente y consecuentemente a nuestro cuerpo físico; ya que éste, como ya he
explicado, está directamente afectado por ella.
Las emociones están estrechamente relacionadas con el miedo y con nuestras resistencias
a incorporar actos novedosos en nuestra vida. Por eso cuando trabajamos con las emociones,
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tanto el miedo como las resistencias se ven afectadas directamente.
El cuerpo emocional, lógicamente, no quiere el cambio porque eso sería restringir el
suministro del que se sustenta. Y como el cuerpo emocional domina a la mente, ésta creará
un concepto para que caigamos en el engaño de lo que entendemos como “comprensión”.
Por eso hemos de elevarnos por encima de la comprensión, los conceptos, el razonamiento y
el juicio y operar desde otro nivel. Cuando despertemos del sueño en el que nos hemos
mantenido durante tanto tiempo, comprobaremos que nuestro interior contiene todo el poder
necesario para sanarnos en todos los aspectos. Ésa es la libertad a la que debemos aspirar y
ése debe ser nuestro objetivo prioritario.
Tenemos que aprender a observar –sin juzgar– lo que sentimos para saber si procede del
cuerpo emocional o de la nueva relación directa que empezaremos a experimentar con
nuestro yo superior. La diferencia será sencillamente reconocible, porque cuando las
respuestas a nuestras interrogantes proceden de nuestro yo superior son tajantes, aunque
éstas no coincidan con nuestras expectativas o nuestros razonamientos. Una ayuda para esta
identificación puede ser observar lo que sentimos en el plexo solar. Cuando en él hay
malestar o presión, están actuando las emociones e incluso notaremos cómo la zona central
del cuerpo, que es donde se asienta el miedo, se endurece al coincidir con las emociones
más fuertes. Al tratarnos con la técnica de la fusión conseguiremos que nuestro plexo solar
deje de estar contraído y bloqueado e irradie hacia fuera desde el corazón sin impedimentos.
Esta técnica pretende desarmar por completo al cuerpo emocional, pero sólo podremos
descristalizar aquellas emociones de las que seamos conscientes. Mientras no las
descubramos no tendremos posibilidad de desactivarlas y nos poseerán y manejarán
indefinidamente. Pero en cuanto las localizamos ya tenemos lo único que se necesita para
romper el círculo energético en el que se mantienen.
Al utilizar este método seremos capaces de conectar las emociones dañinas con nuestro
espíritu divino para permitir transformar en luz la oscuridad en que vivimos y desprendernos
de la culpa, la ira y el miedo.
Son el miedo y la culpa los que, a causa de la ignorancia, nos hacen reaccionar como lo
hacemos; y ellos están ahí a consecuencia de la presión del cuerpo emocional. Pero no se
trata de ocultar u ocultarnos la emoción, porque cuando lo hacemos permitimos que ésta se
mantenga y crezca. Tenemos que aprender que podemos permitirnos momentos de
desequilibrio para que pueda salir la ira y consumirse por sí sola. Esos momentos pasarán y
recuperaremos el control para dar paso a la calma. Pues no somos la negatividad, no somos
la imperfección, no somos la desesperanza, no somos víctimas... y sin embargo estamos
experimentando, sin querer, todo eso. Hemos de encontrar la manera de romper la barrera
que nos haga posible la conexión con el poder de lo que realmente somos, reconocerlo,
admitir que lo poseemos y permitirnos utilizarlo.
Cuando el cuerpo emocional se libera advertimos que no existe el bien y el mal; que
experimentamos todos esos conceptos simplemente para comprender las leyes divinas del
amor y la tolerancia.
Comprendemos también que dar y recibir forma parte de lo mismo, porque ambos
extremos son necesarios para que se produzca el hecho. Y cuando estamos fundidos
realmente en la vida, ya no nos hacemos esas pueriles preguntas que tanto nos atormentan
cuando vivimos en la ignorancia. Cuando se vive en fusión con todo lo creado; si necesito
recibir siempre habrá alguien que me proporcione lo que me hace falta y viceversa. No
podríamos realizarnos en la entrega si no hubiera alguien necesitado o dispuesto a recibir y a
la inversa. Acordémonos de la representación gráfica del Yin Yang.
Lo mismo sucede con las víctimas y los victimarios cuando se está en ese nivel energético
de intercambio de emociones que tienen la única finalidad de hacernos crecer. Si hemos de
superar una lección y sólo tenemos la posibilidad de que ésta se produzca a través del
victicismo, tendrá que existir un victimario que nos haga reaccionar. Todos formamos parte
de lo mismo: nuestra evolución individual y de conjunto.
Pero parece ser que, ahora, con el cambio de era, tenemos la opción de elegir y dar un
salto en vertical para empezar a movernos en otro nivel energético donde el sufrimiento ya
no sea necesario para nuestra realización. Y este método puede ayudarnos a conseguirlo.
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 8
Con las meditaciones y las plegarias alcanzamos momentos de beneficiosa paz, pero eso
no es suficiente, hemos de ir más allá para que nuestra vida cambie realmente y consigamos
incorporar y mantener en nosotros la energía del Amor y la espiritualidad.
Y tengo que repetir que debemos ser conscientes de nuestras emociones, para poder
tratarlas y evolucionar co-creando nuestra propia vida y el mundo que nos merecemos, sin
ser constantemente arrastrados sin control. De esta manera atraeremos hacia nosotros
situaciones y personas nuevas, e incluso se modificará la actitud de las que ya tenemos
cerca, porque irradiaremos otra energía por la que ellos se verán también afectados. Y es
que el cuerpo emocional tiene grabada una información que se proyecta hacia fuera en
forma de energía atrayendo hacia sí a personas y situaciones que, aunque son las que
terminan dañándonos, contienen, para él, un irresistible poder seductor.
Por ejemplo, si una persona quiere un trabajo mejor pero no se siente merecedora de él, la
emoción hará que lance hacia fuera, en forma de energía, el mensaje de que no se merece un
trabajo mejor. Uno piensa que necesita un nuevo entorno, un trabajo diferente y superior,
pero lo que irradia al exterior dice: “No me elijan, en realidad no puedo hacerlo”.
Es el cuerpo emocional el que está haciendo las elecciones en nuestra vida y el que nos
está frenando; porque, mientras nuestras mentes y nuestros intelectos sí se han expandido
tremendamente, el cuerpo emocional nos mantiene en la rutina, experiencia tras experiencia,
continuando con los patrones a los que es adicto; y esas pautas son las que determinan
nuestra calidad de la vida. Cuando vamos eliminando esos viejos modelos de conducta, nos
abrimos a un nuevo panorama que nos permite vislumbrar la totalidad, alejándonos de
nuestra limitada visión.
Cuanto más consigamos despejar nuestro cuerpo emocional, tanto más podremos penetrar
a través del velo que nos separa del “otro lado”, de la fuente divina. Y pronto
reconoceremos la comunicación con ese “otro lado”, porque ella nos proporcionará un
bienestar, equilibrio y éxtasis que nunca antes habíamos experimentado. El enjuiciamiento,
la sobre autoestima y el ego son obstáculos que nos mantienen atrapados en este lado del
“velo” y, mientas estemos ocultos tras ellos, podremos pensar sobre la fuente divina e
incluso conceptualizarla, pero no lograremos experimentarla, porque el manantial de
nuestras experiencias procederá de la emoción y no de la luz que es la que nos conecta con
el autentico Yo, si no con ese otro “yo virtual” compuesto de proyecciones emocionales.
Cuando nos alejamos del enjuiciamiento deja de aparecer en nuestra mente la idea de que
esa u otra persona resulta sospechosa. Veremos al “ser” en su totalidad, no bajo el dominio
de nuestro miedo. Cuando todas las imágenes de miedo se desvanecen, aparece el estado
puro del “ser” que realmente somos. Ya no necesitamos los disfraces de comportamiento, ni
las mascaras, y nos mostramos tal como somos; desechamos por completo las viejas
formaciones mentales y nos expandimos para tener acceso al potencial mental –el otro
90%– que, al parecer, no estamos utilizando.
Pero mientras acusemos de nuestros problemas a la relación que tenemos o hemos tenido
con nuestros padres, parejas, jefes, etc., no estaremos dirigiendo la mirada hacia la fuente de
procedencia de esas relaciones, que es siempre la conexión energética de ambos cuerpos
emocionales: los de ellos y los nuestros. Cuando ponemos ahí la atención y la intención de
irradiar Energía de Amor se produce automáticamente la desconexión de esos dos campos
de atracción.
Es crucial que comprendamos que estamos palpando y cambiando nuestro cuerpo
emocional. Cuando lo observamos, lo vemos y sentimos, ya ha comenzado el proceso que
nos elevará en una espiral hacia la producción del cambio, sin que importe lo que pensemos
sobre cómo ha ocurrido.
La mente lineal o el intelecto tal como lo conocemos, es decir, dominado por el cuerpo
emocional, solamente puede llegar a arañar la superficie de estos conceptos, pero a medida
que el cuerpo emocional se va clarificando podemos llegar a comprender que todo lo que
nos sucede tiene el sentido de sacarnos de la rueda del “hacer” para introducirnos en la de
“ser”, fuera ya del síndrome placer/sufrimiento o felicidad/tristeza y pasar a un estado
equilibrado donde vivamos en autentica realización y plenitud.
La comprobación de que cada vez somos menos alterados por los acontecimientos, nos
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 9
aporta una sensación de seguridad que acrecienta nuestra tranquilidad y consecuentemente
nuestro bienestar. Con ello seremos capaces de crear una atmósfera nueva para la vida y
nuestro entorno. Pero mientras nos mantengamos inmersos en nuestros conflictos internos,
por mucho que hablemos de fraternidad, paz, armonía y felicidad, no podremos atraerla
hacia nosotros. [volver al índice]

IV Las resistencias
Donde no hay resistencia no hay daño, dice Chris Griscom.
La práctica de este sistema tiene resultamos infalibles; su única dificultad estriba en la superación de
las resistencias que nuestro sistema mental de defensa nos presenta; sobre todo, cuando lo que
pretendemos es enviar Energía de Amor, precisamente a aquello que nos produce rechazo, como por
ejemplo a una persona que, sin saber exactamente porqué, nos desagrada, o a alguien que, como puede
ser el caso de un homicida, nos causa repulsión.
Para conseguir la disolución de nuestro sufrimiento es fundamental poseer una resolución y una
dirección firme. Las resistencias son un maravilloso dispositivo interno de protección mientras
caminamos por la vida en la inconsciencia; pero en cuanto aprendemos a ser conscientes de nuestras
emociones y a tratarlas adecuadamente todo ese mecanismo empieza a perder la energía de la cual se
sustenta para terminar quedándose inservible. Contra toda resistencia, hay que utilizar la infalible
insistencia.
La generosidad y la tolerancia son herramientas imprescindibles para someter a las resistencias. Sin
ellas tendremos muchas dificultades para entregarnos a amar aquello que más rechazamos y ofrecernos a
“dar” desinteresadamente. La auténtica comprensión y el beneficio llegarán más tarde, como efecto de
esa entrega. Si por el contrario realizamos el acto amoroso pensando en el bien que el mismo pueda
reportarnos, la “magia” no se producirá. Lo único que debemos hacer –aunque sea por un instante– es ser
conscientes de que estamos recibiendo del Universo “lo mejor” y “eso” es lo que debemos irradiar hacia
fuera, sin que en nuestro pensamiento quede espacio para ninguna otra cosa.
Con esta técnica se desencadenan más resistencias que cuando se trabaja solamente con
visualizaciones y repeticiones de afirmaciones o frases, ello se debe a que nuestra mente pone menos
oposición a visualizar o repetir algo que desea, que cuando la empujamos, naturalmente, a amar algo que
el cuerpo emocional le está empujando a rechazar. Ambas técnicas utilizan el poder mental para
conseguir la liberación y el bien que se desea, pero a menos que las repeticiones y visualizaciones
contengan la necesaria dosis de Amor, al trabajar con éstas, estaremos utilizando solamente nuestra
mente limitada, sin la llave de la Energía Amor que es la que abre la puerta de la espiritualidad para que
ésta nos comunique con la totalidad.
El saber –acumulación de datos o razonamientos– tiene poco efecto sobre los niveles más profundos
de nuestro ser, pero tan pronto como palpamos el aspecto de la fuerza divina y nos identificamos con ella
surge la transformación y la autentica sabiduría y comprensión.
Tanto el miedo como las resistencias son maniobras de defensa para la inconsciencia y la
supervivencia del cuerpo emocional, luego, es fácil entender que cuanto más conscientes nos vamos
volviendo, menos necesitamos de esas defensas y menos atrapados estaremos por emociones
destructivas.
Debemos confiar en nosotros, sabiendo que si nos lo proponemos podemos liberarnos de todo lo que
nos atormenta. Para ello hemos de ser amables y pacientes con nosotros mismos para no rendirnos y
abandonar a causa de las resistencias.
Nuestra mente necesita un espacio de tiempo para readaptarse a la nueva situación de aceptar que
ahora vamos a llevar los mandos del control conscientemente. Y ese periodo de adaptación no es igual
para todo el mundo. Por eso es tan importante la paciencia, la insistencia y la aceptación de nuestro
particular proceso. Cuando nos anclemos en la actitud de esas tres premisas, sin “preocuparnos” de los
resultados sino “ocupándonos” solamente de la acción; las resistencias cederán y los resultados
aparecerán.
Las resistencias pueden aparecer tanto de forma consciente como inconsciente. Son conscientes
cuando nos “negamos” a pasar por “algo” porque lo tememos. Y son inconscientes cuando queremos
hacer alguna cosa, por ejemplo abrazar a alguien, y aún así, una fuerza interior nos impide hacerlo.
Aunque, con esta técnica ambas resistencias serán tratadas con la misma Energía el procedimiento de
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 10
hacerlo es ligeramente distinto.
Veamos. Cuando nos negamos conscientemente a pasar por algo, ya sea una enfermedad, la muerte de
un ser querido, tener un accidente, etc. es porque tememos el sufrimiento que nos reportaría vivir esa
experiencia. Y el cuerpo emocional que se nutre, precisamente, de nuestro miedo seguirá presionando a
la mente para que genere pensamientos y situaciones de las que él pueda seguir alimentándose. Por lo
tanto habrá que ir reduciendo los miedos para que, a su vez, el cuerpo emocional se vaya debilitando. Y
eso lo haremos simplemente irradiando Energía de Amor a esos miedos. Lo veremos en el capitulo de
“La Técnica”.
Es imprescindible llegar a tal punto de aceptación que sintamos que la vida es un proceso de
aprendizaje en el se nos presentan aquellas situaciones que nos conducen a la oportunidad de conseguir
nuestro equilibrio interior para desde ahí poder realizarnos libremente, –sin los grilletes emocionales–
pues ésa es la primera misión de nuestras vidas. Hasta que no comprendamos realmente eso, no habremos
dado el primer paso hacia esa auténtica liberación, es decir, hacia el estado en el que no necesitemos el
sufrimiento para evolucionar.
En cuanto a las resistencias inconscientes, la irradiación de la Energía se dirige hacia la persona, cosa,
animal etc., que nos produzca rechazo, odio, malestar etc.
Las resistencias inconscientes, tienen la misión de mantenernos dentro de un espacio seguro, mientras
caminamos por la vida en la inconsciencia. Por eso una parte nuestra cree estar muriendo cuando
permitimos el acceso a nuestro yo superior y a que domine nuestra parte espiritual. Entonces aparece el
miedo a perder la orientación e incluso la razón. Es muy importante saber que ese efecto, aunque puede
asustarnos mucho al principio, es solamente un espejismo que se desvanecerá en cuanto insistamos en la
aplicación de la técnica. Porque con esta acción ya no habrá cabida para la autoprotección, ni el
enjuiciamiento contra nada ni contra nadie. Al no existir resistencia por nuestra parte, no puede haber
"guerra" ni, por lo tanto, vencedores o vencidos.
Nos convertiremos en parte de aquello que antes rechazábamos porque una proyección emocional nos
hacía temerlo. Es fácil entender que si al hablar con alguien que antes nos causaba temor, (un jefe, una
autoridad, un padre etc.) cuando ahora al dirigirnos a él, nuestro aura le diga a la suya: <te amo, tu y yo
somos parte de lo mismo>; cualquier otra energía con la que él pudiera estar operando, se vea afectada
perdiendo su poder.
Sin darnos cuenta vivimos permanentemente resistiéndonos, negándonos a aceptar las circunstancias y
el momento presente, protestando y rechazando todo lo que no nos gusta. Cuando trabajamos con esta
técnica, irradiando Energía de Amor a todo aquello que nos molesta, lo que en realidad estamos haciendo
es romper nuestra resistencia a pasar por todo lo que la vida nos va presentando y que desde alguna parte
de nuestro interior, inconscientemente, nosotros provocamos o atraemos. Y ahora me refiero a cosas
aparentemente insignificantes que percibimos como agresión, tales como puede ser el humo de un
cigarro, los golpes que en el techo da el vecino de arriba, el llanto de un niño... Estemos donde estemos,
pasando por lo que sea, hemos de aceptar que debe haber alguna razón por la cual nos encontramos ahí
en ese momento y no en otra parte y la razón es siempre la misma: encontrar la senda que nos conduzca a
la conexión con nuestro Yo superior.
A causa de nuestros “hambrientos” cuerpos emocionales somos, inconscientemente, adictos a la
negatividad; y para desembarazarnos de ella tenemos que reconocer que ésta no es más que una
oportunidad para evolucionar. Debemos permitir que entre cualquier experiencia aunque la consideremos
negativa. Al no resistirnos, la energía de negatividad se desvanecerá y las experiencias perderán su razón
de ser, por lo tanto se nos presentará cada vez con menos frecuencia.
El Amor es la infalible Energía que disuelve toda resistencia. Él es la llave que nos permite
introducirnos en la totalidad apartándonos de la segregación, a causa de la cual, percibimos los
acontecimientos como agresión.
No podemos hacer que la gente deje de fumar, ni que los niños dejen de llorar, ni que el vecino deje de
actuar como lo hace. Podríamos irnos, es decir huir, pero no serviría de nada: se nos volverían a presentar
circunstancias similares. La solución está en transformarnos con la Energía del Amor, para conseguir que
esas cosas dejen de molestarnos. Cuando lo hacemos, nuestras circunstancias cambian y empezamos a
atraer hacia nosotros otras personas, otros trabajos, incluso otros vecinos y otras ciudades donde vivir...
Al principio puede que las resistencias consigan que os sintáis aparentemente enfermos, pues el
dominio del cuerpo emocional, pondrá en marcha todos las estrategias a su alcance para impedir que otra
energía, diferente a la suya, le arrebate el mando.
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 11
Otro inconveniente con el que podemos tropezar, al principio, y que también se debe a las resistencias,
es la concentración, porque no tenemos costumbre de prestar atención a nuestras continuas emociones.
Pero en cuanto logramos darnos cuenta de lo que sentimos cuando estamos enfadados o alegres, tenemos
la posibilidad de elegir con qué emoción queremos quedarnos. Nuestra “personal iniciación” consistirá en
prestar atención y mantenerla el mayor tiempo posible y eso es lo que más nos cuesta; porque nuestra
mente, dominada por el cuerpo emocional, está siempre llevándonos incontroladamente al mundo de la
distracción, de la charla mental, de un pensamiento a otro, de un miedo a otro, de una a otra
preocupación...
“Intentar” no es una buena palabra para empezar a ejercitar este método porque ella es sinónimo de
lucha, de resistencia, de nadar contra corriente. Hay que tener una actitud de firmeza y decir ¡Sí!. Sí
vamos a lograrlo porque es algo que está dentro de nuestras posibilidades. No importa cuánto tiempo
seamos capaces de permanecer en la atención; los periodos irán creciendo a medida que nos vayamos
ejercitando y las resistencias irán cediendo.
Tenemos que llegar a nuestra mente superior y no lo haremos si seguimos apegados y ocultos en la
oscuridad escuchando solamente la voz de las resistencias. [volver al índice]

V El poder del pensamiento


Dice el Dr. Lair Ribeiro que una de las conquistas que más marcarán al ser humano en las próximas
décadas serán la ampliación de los poderes de la mente y que esos cambios no caerán del
cielo ni llegarán a todos al mismo tiempo porque en realidad no llegan; los provocan las
personas...
El hombre vive según piensa. Las sociedades son el reflejo de los pensamientos de los
hombres que las componen.
El pensamiento es una forma de energía que no se atiene a las leyes de la física y sin
embargo es capaz de producir alteraciones fisicoquímicas en nuestro organismo. Si
enviamos un mensaje mental claro al cuerpo, éste hará exactamente lo que nuestro cerebro
le mande.
Acordémonos del cuento de Peter Pan, cuando se le había olvidado volar y alguien le dice
que para volver a hacerlo tiene que tener un pensamiento alegre.
La mente es el instrumento más poderoso que poseemos para nuestra supervivencia. Es la
herramienta con la que se programa la computadora biológica del cerebro y está dispuesta
por la naturaleza para obedecer y hacer que los programas se cumplan. Pero creemos estar
desconectados de la mente que, dentro de nosotros, decide si envejecemos, enfermamos o
morimos.
Todas y cada una de las células del cuerpo tienen mente. El cuerpo seguirá exactamente
los mandatos de la mente. Hoy ya se sabe a ciencia cierta que el cuerpo mental controla al
cuerpo físico. Está demostrado que podemos alterar conscientemente nuestro ritmo
cardíaco, nuestra temperatura corporal etc.
Todos los bienes y los males de nuestra vida dependen de cómo utilicemos el poder
creador del pensamiento, al que no se escapa ninguno de nuestros mecanismos biológicos.
No hay nada en nosotros que esté fuera de la órbita de la influencia mental. Pero si no se
sabe utilizar apropiadamente, –como desgraciadamente nos sucede– estaremos creando, con
la máxima energía de poder, aquello que no nos conviene; pues con cada pensamiento se
pone en marcha una respuesta biológica a nivel físico y psicológico, material y espiritual,
activándose en el cerebro un programa mucho más complejo que influye en el equilibrio del
sistema nervioso vegetativo, actuando sobre el complejo sistema endocrino y en la
producción de hormonas, estimulándose o frenando el metabolismo. Y es que el cerebro rige
la bioquímica del cuerpo por encima de todos los conocimientos o desconocimientos
conscientes que tengamos al respecto.
Luego, si ya sabemos que nuestra mente condiciona nuestra existencia, es fácil comprender
que el método que presento aquí, tiene, forzosamente, que dar resultados positivos, pues lo
que haremos a través de él es impedir el bloqueo energético que se produce con los procesos
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 12
de pensamiento nocivo; de tal manera que, en cuanto descubrimos un malestar emocional,
éste, –que se relaciona casi siempre con una carga emocional subyacente, a la que, por estar
oculta, no tenemos acceso directo– gracias a la observación de los síntomas de incomodad,
desagrado, malestar, rabia, etc., podrá ser eliminado.
¿Pero, cómo puedo transformar mi pensamiento para gustarme, quererme, dejar de
preocuparme...? No hemos de transformar nada, la transformación se producirá por sí sola, a
medida que vayamos incorporando a nuestra vida la práctica de ser conscientes de lo que
sentimos, de que la Energía está siempre a nuestra disposición para ser utilizada y utilizarla.
En el hemisferio derecho de nuestro cerebro, todos estamos recibiendo continuamente
indicaciones sobre la forma correcta de proceder. Pero nuestra mente lineal –hemisferio
izquierdo– está demasiado ocupada en otras cosas como para prestar atención y
concentrarse en esas indicaciones.
No debemos utilizar la mente para protegernos de los sentimientos dolorosos que podamos
temer, pues ocultándonos no resolveremos nada. Debemos usar nuestro poder mental para
aceptar que las emociones necesitan ser tratadas con Amor y no solamente con la energía
mental del razonamiento y mucho menos con la imposición.
Con esta técnica no tendremos que prohibirnos ni impedirnos ninguna manifestación
emocional que consideremos nefasta, sino que tendremos que aceptarla y tratarla con la
Energía de Amor que, al ser de una vibración superior, elevará a cualquier otra de índole
inferior, desactivando con ello su poder nocivo.
Tenemos que mejorar en todo lo posible el conocimiento de nosotros mismos y de nuestras
propias capacidades para aumentar el nivel de nuestra vida y el valor de nuestras
motivaciones, de esa manera llegará el momento en que llevaremos el completo control sin
necesidad de vigilar continuamente y nuestra mente solamente se moverá entre dos bloques
de pensamiento: el de nuestro trabajo con la Energía, que irá disminuyendo
progresivamente, y el que no necesita de ese trabajo, que irá en aumento. Esto significa que
nuestra mente seleccionará continuamente, sin que nos lo propongamos, haciéndonos, con
ello, constantemente conscientes de lo que se nos pasa por la cabeza. De esa manera se
eliminarán infinidad de pensamientos inútiles y repetitivos que antes la ocupaban, siendo
sustituidos por creatividad y lucidez y dando paso a un aumento de capacidad intelectual
que antes se aminoraba a consecuencia del bloqueo energético que nos condicionaba.
Pero llegará otro momento en que pasaremos a una fase mucho más avanzada y fructífera.
Será cuando absolutamente ninguna molestia mental ni física nos impida “ser” lo que
realmente somos. Desdichadamente para eso no dispongo de ninguna definición por ser un
estado sublime e inefable que cada uno debe experimentar por sí mismo y a su manera,
(aunque sólo sea momentáneamente) para convertirlo en su necesario objetivo.
El conocimiento de que el cuerpo emocional controla nuestra mente es una clave esencial.
De lo contrario nos hallaremos a merced del cualquier sentimiento porque éste controlará
irremisiblemente nuestro pensamiento. Si reconocemos una emoción pero nuestra mente,
por otro lado, está diciendo que eso no encaja en nuestro mundo, nos rendiremos a esa
conclusión porque la interpretamos como un acto de supervivencia. Pero al saber que
nuestra mente está subordinada al cuerpo emocional podremos abrirnos a nuestro Yo
superior para dar paso a la única Energía que puede disolver todo conflicto.
Es necesario que, como especie, salgamos del plano de la mera supervivencia para
adentrarnos en el de la creatividad y la libertad total. Y que rompamos los patrones del
pasado que nos impiden avanzar hacia la iluminación, y permiten que las emociones
continúen dirigiendo las experiencias repetitivas, en lugar de liberarnos de ellas. Es por eso
que el ser humano únicamente prospera en cuanto a ciencia y tecnología; en el plano
emocional, estamos como hace milenios.
Y es que nuestro poderoso cuerpo emocional no quiere que cambiemos, ni está interesado
en que seamos felices; únicamente aspira a regrabar y repetir los repertorios que ya
contiene. Al cuerpo emocional le gustan más las personas que no nos aman porque las que
nos aman le aburren; le gusta la seducción y el juego. Es destructivo porque nos aleja de
nosotros mismos. Pero cuando el cuerpo emocional empieza a diluirse experimentamos un
profundo cambio, nuestras relaciones cambian y nuestra vida también. Y nadie excepto
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 13
nosotros puede hacer que eso se produzca.
Al trabajarnos con la Energía del Amor cada vez estaremos menos sometidos por las
emociones y más regidos por nuestro Yo superior, que colaborará para que nos
desenganchemos de las experiencias que ya no precisamos para evolucionar.
Tenemos que ir más allá de usar sólo el diez por ciento de nuestro cerebro. No podemos
seguir conformándonos con una proporción tan pequeña. Tenemos que aprender a usar
nuestro cerebro holográficamente para irradiar armonía en nuestro entorno y hasta fuera de
él. No tendremos que hacer nada especial, sólo tenemos que aceptar que somos
multidimensionales y decir: <Mi Yo superior: guíame>. Eso será suficiente. Y no tiene
nada de mágico o milagroso, es algo natural para lo que la composición de nuestro ser está
preparada. Cuanto más lo pidamos, con mayor claridad lo captaremos.
Si nos ponemos en situación de permitir la sabiduría, de permitir que la mente y el cuerpo
cumplan su función natural, por ley cósmica, podremos expandirnos, pues cualquier tipo de
vida se dirige siempre hacia la perfección. Por eso hemos de ser conscientes y aceptar que
nuestra vida ha de moverse siempre en la dirección de la perfecta salud, la correcta
nutrición, la bondad y la globalización. La constricción es un espejismo creado por nosotros,
no por la vida.
El Dr. E. Sarno, en su libro ”Libérese del dolor de espalda” expone una muy interesante
teoría respecto a cómo nuestra mente reacciona ante las emociones desviando nuestra
atención hacia el cuerpo físico. Según él, parece ser (y esto lo afirma después de muchos
años de experimentación con sus pacientes) que nuestra mente cuando se “ve superada” por
una excesiva presión emocional, pone en marcha un mecanismo interno que hace que
alguna parte del cuerpo nos duela. Con esto trata de conseguir que desviemos la atención del
problema emocional y la dirijamos al cuerpo. Si este mecanismo de “defensa” logra su
objetivo, la mente lo seguirá utilizando una y otra vez para impedir que caigamos en un
peligroso desequilibrio mental que, lógicamente para nuestra integridad global, tiene
prioridad con respecto al desequilibrio físico.
Él afirma que este mero conocimiento es de vital importancia para no “seguirle el juego”
a la mente inconsciente y darle ordenes conscientes de cómo ha de comportarse ante
situaciones emocionales de especial dificultad. Pues con el simple hecho de saberlo ya
estaremos utilizando nuestro poder consciente de control, para no ser arrastrados por
ordenes inconscientes.
Él asegura también, tener un altísimo porcentaje de éxito con pacientes que llevaban
muchos años con diversos dolores musculares (hasta personas totalmente imposibilitada)
con el único tratamiento de impedir poner la atención en el dolor físico y por el contrario
atender sus problemas emocionales.
Esta teoría coincide con este método. Pues si ponemos nuestra atención en enviar energía
al conflicto emocional causante de que la mente se vea obligada a provocar una dolencia
física, estaremos consiguiendo deshacer esa estrategia mental y, consecuentemente, el
problema físico.
Pero no olvidemos que si pretendemos que nuestras emociones no dominen nuestra vida
no podremos conseguirlo solamente con el poder de la mente. Además, necesitamos el del
Amor. [volver al índice]

VI El miedo y la culpa
El miedo y la culpa son las dos grandes emociones primarias que más daño pueden hacernos. Pero
como ambas son invenciones mentales, podríamos pensar que con la misma herramienta que
las creamos podremos deshacernos de ellas: nuestra mente.
Estas emociones, tienden a aumentar o disminuir la actividad biológica de nuestro cuerpo:
hiperactividad o hipoactividad; euforia o depresión. Y mientras estamos dominados por esos
extremos emocionales nuestro cuerpo pierde salud porque se desequilibra el sistema
metabólico.
La culpa es una emoción que está muy vinculada al miedo, porque nos hace sentir que
hemos causado a otros o a nosotros mismos algún daño y en ese reconocimiento está oculto
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 14
el temor de merecer algún tipo de castigo. Aquí hemos de aprender a cultivar la aceptación
teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que asumir. Cuando asumimos nos
consideramos merecedores de la desgracia, porque aunque no seamos conscientes de ello,
estaremos admitiendo culpabilidad. Sin embargo, al liberar la culpa reconociendo los
acontecimientos de la vida como un proceso para el aprendizaje y no como un castigo y
sabiendo que estos se presentan solamente para ser trascendidos; podemos encarar la
adversidad con naturalidad y superar los conflictos con más acierto y rapidez.
Por su parte el miedo nos relaciona más con lo venidero, haciéndonos creer que el futuro
nos deparará circunstancias difíciles de superar.
Cuando estamos inmersos en la energía del miedo nos perdemos la vida porque nos
anticipamos a los posibles acontecimientos futuros y no vivimos el presente, que es lo
únicamente auténticamente real.
Podemos temer muchas cosas que interpretamos como diferentes: la enfermedad, la
opinión ajena, la guerra, una catástrofe natural... pero miedo solamente hay uno. Tememos
únicamente el posible sufrimiento. Y el reto del ser humano es precisamente deshacerse de
ese miedo y enfocar la vida como un continuo proceso transitivo.
Solemos movernos por miedo o por amor, sin embargo fácilmente confundimos estos dos
conceptos, pues el instinto de supervivencia sigue interponiéndose y confundiéndonos a la
hora de establecer nuestra escala de prioridades.
Pero en el estado de evolución en el que ya nos encontramos hemos de utilizar nuestra
capacidad mental para dar paso a los dictados del corazón aceptando que es mejor amar la
vida que temer perderla. Cuando integramos en nosotros el razonamiento de que somos
susceptibles de dejar este planeta en cualquier momento y lo aceptamos, cada instante de
inhalación y exhalación se transforma en plenitud vital, en lo único que es realmente la vida:
un aliento.
Continuamente aparecen estudios científicos que nos alertan sobre la contaminación
acústica, ambiental, electromagnética, la influencia en la salud de incorrectos hábitos
alimenticios. Ni que decir tiene que debemos estar informados sobre todo ello y actuar en
consecuencia; pero si existen circunstancias que nos impiden llevar a cabo los cambios
necesarios, para incorporar a nuestra vida hábitos nuevos, o al hacerlo tuviéramos que
provocar situaciones forzadas que contribuyeran a aumentar nuestro estrés; es preferible
aceptar la situación en que nos encontremos y esperar que las circunstancias sean más
propicias para efectuar esos cambios. Tengamos en cuenta que si además de vivir en un
medio contaminado, a esto le añadimos nuestro miedo al daño que ello pudiera provocarnos,
estaremos multiplicando los daños y, consecuentemente, esto nos perjudicaría más que la
propia fuente nociva.
Es imposible temer algo que se desconoce. Luego entonces, es fácil comprender que lo
que tememos es el murmullo de nuestra memoria que proviene del material emocional
acumulado de nuestro pasado, y no de una realidad objetiva.
Por otra parte hemos de saber diferenciar el dolor del sufrimiento. La tristeza es un
sentimiento legítimo de la condición humana y ésta no tiene porqué contener otros
componentes que no sean el dolor. Y este dolor no tiene porque contener la semilla
enfermiza que conlleva el sufrimiento, que es en lo que se convierte una emoción nociva
cuando no encontramos la manera de equilibrar el daño que nos produce.
Es lógico que la tristeza se apodere de nosotros durante el tiempo que necesitemos para
encajar un hecho doloroso, como puede ser la perdida de un ser querido y debemos ser
compasivos y pacientes con nosotros mismos, concediéndonos el necesario periodo de
adaptación.
Al conseguir que esos estados sean serenos y no desequilibradores, estaremos en el
camino correcto, ya que sentir no es sinónimo de sufrir. Cuando el sentimiento es sólo eso,
y no-sufrimiento, éste no se vuelve en nuestra contra. Ahora bien, hemos de ser muy
cuidadosos al observar cómo nuestro cuerpo emocional pretende culpabilizarnos por no
estar sufriendo en una situación en la que, según la costumbre, deberíamos estarlo haciendo.
Y esto sucede porque habitualmente se nos ha educado en la creencia de que sufrimiento es
sinónimo de bondad y nuestra mente no está adiestrada para permanecer en equilibrio
Fusión... Vivir sin sufrimiento
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cuando se presenta una situación en la que correspondería sufrir y por lo tanto
desequilibrarse. Equivocadamente interpretamos que si sufrimos mucho somos buenas
personas y queremos más y, si amamos mucho a alguien debemos vivir preocupados. En esa
trampa elaboramos nuestra perdición. Pero ya hemos aprendido que el Amor no tiene nada
que ver con todo eso. [volver al índice]

VII La aceptación
La aceptación es un concepto que hemos de tener profundamente incorporado porque es la piedra
angular en la que se basa este método. Pero además lo es también para cualquier otro
sistema de trabajo cuyo fin sea la evolución personal y aun en el caso de que no nos
tratemos conscientemente de ninguna manera, el hecho de vivir con aceptación es ya un
completo mecanismo de crecimiento personal.
Aceptar significa no clasificar, ni juzgar, permitiendo que la vida se nos explique por sí
sola, con el convencimiento de que todo lo que sucede tiene sentido aunque nosotros no
podamos comprenderlo.
No debemos confundir aceptación con pasividad o estancamiento porque estas dos
últimas palabras son sinónimo de inactividad. La aceptación, por el contrario, ha de ser una
actitud de reforzamiento interno ante la adversidad, sin huir de las circunstancias que se nos
presenten, –porque de hacerlo, se nos volverá a presentar una situación semejante hasta que
aprendamos a trascenderla– pero sin encararlo como una batalla sino como una prueba a lo
largo del “juego” en el que debemos convertir la vida.
Ya hemos comentado que no debemos confundir el concepto asumir con aceptar. Es
fundamental tener claro este enfoque porque no es igual “asumir una desgracia”, que
“aceptar una prueba”; no es lo mismo tener asumido que la vida es un valle de lágrimas,
que aceptar que a lo largo de la vida se nos presentan muchos obstáculos o retos para seguir
avanzado. Es imprescindible que nos liberemos cuanto antes de toda culpa y que
consideremos la vida más como un juego que como un castigo. Al vivir de esta manera
encontraremos respuestas sencillas a nuestros “porqués” y “para qués” y caeremos con
menos frecuencia en esos laberintos mentales que tanta energía nos roban y que también
forman parte del “juego”. Pero si nuestro subconsciente se resiste e insiste en seguir
planteándonos complicadas interrogantes debemos darle una sencilla contestación desde
nuestra nueva consciencia hasta que haya integrado por completo los nuevos conceptos. Y
digo sencilla porque la mente, inducida por el cuerpo emocional, es embaucadora y
propensa a enredos y repetitivas “charletas”.
De alguna manera estaremos utilizando también la aceptación, cuando le demos
tratamiento a una hipotética situación que nos produce malestar por el miedo que nos causa,
el sólo hecho de pensar, en pasar por ella. Es por eso que podemos también utilizar este
método para eliminar experiencias sin tener que atravesarlas realmente. Esto sería como
anticiparse a las “jugadas” antes de que se presenten y eliminar, de esta manera, su razón de
ser. Pues no tendría sentido que se nos presentara un conflicto para el cual ya tenemos la
solución. El miedo, en este tipo de ejercicios, se utiliza como detector y nuestro sistema de
canalizar y dar una dirección a la Energía, como mecanismo de acción. ¿Cómo se descubren
esas pruebas por anticipado? Están siempre ocultas en el malestar que nos provoca el miedo
a pasar por ellas y si conseguimos aniquilar ese miedo, se habrá extinguido la necesidad de
atravesar por el hecho en cuestión. ¿Cómo se quita el miedo? Dándole Energía de Amor al
malestar. ¡Más sencillo, imposible! Y podríais preguntar ¿Entonces estaríamos amando
nuestro propio miedo? ¡Así es! Estaríamos amando nuestro proceso de vida y el miedo, en
este caso, estaría colaborando, con su presencia anticipada, para allanarnos el camino. Por
eso no es tan descabellado que amamos también ese dispositivo de ayuda en que, en este
caso, puede convertirse el miedo. Pues el miedo contiene también, dentro de sí mismo, la
semilla de su propia destrucción.
Hemos de aceptar y tratar con la Energía del Amor todo lo que se nos presente aunque
eso sea, precisamente, nuestra resistencia a aceptar.
Es fundamental tratarse para que tanto la preocupación como el deseo excesivo
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 16
descienda su intensidad transformando su inútil consumo energético en actividad creadora
de bienes, ya sea ésta en forma de acción física o mental y para que el deseo se presente
solamente en la justa medida que nos permita seguir avanzando. Pues cuando el deseo está
en equilibrio se convierte en un lícito motor movilizador que nos conduce a la aspiración de
la excelencia, pero aceptando la situación en la que nos encontremos en ese momento, como
un medio para lograr el bien que todos merecemos.
La aceptación es también de vital importancia a la hora de canalizar Energía y dirigirla a
una dolencia física, pues en cuanto dejamos de oponer resistencia y admitimos el dolor
como parte del proceso que estemos atravesando, éste disminuye. Sin embargo, lo habitual,
cuando tenemos un dolor, es querer huir de él, y de esa manera lo intensificamos
consiguiendo que éste se convierta en una doble dolencia; la del propio dolor y la del estrés
que nos produce la lucha por deshacernos de él. En ese estado no encontraremos espacio
para tratarnos con la Energía. Pero en cuando entramos en la actitud de aceptación, el
espacio mental aparece y podemos canalizar y enviar Energía tanto al dolor como a nuestro
deseo de que éste se extinga. [volver al índice]

VIII La técnica
Como preámbulo me gustaría decir que es mejor que pongamos en nuestra mente la idea de que esta
técnica consiste en una actitud diferente ante la vida y no en un constante trabajo. Si lo
enfocamos como más trabajo lo rechazaremos más fácilmente porque estamos artos de
tanto trabajar. Por eso prefiero denominar la acción de practicar la técnica como
“tratamiento” en lugar de como trabajo.
Cuando pensamos, hablamos o vemos algo, nuestras células vibran. Esto hace que algo se
transforme en la compleja maquinaria que es nuestro cuerpo. Para que esta técnica sea
efectiva tenemos que conocer y admitir el hecho de que poseemos el poder de acceder, tan
sólo con nuestra intención, a la transformación de la química interior de nuestro cuerpo,
para poder conseguir nuestro equilibrio físico y mental y, consecuentemente, nuestra
sanación, en el caso de que estemos enfermos. Podemos imaginar que poseemos –porque así
es– una varita mágica que transmutará, dentro de nosotros, cualquier cosa que deseemos.
No tendremos que aprender ni practicar ninguna disciplina y puede realizarlo todo el
mundo, –incluso los niños– independientemente de su religión o creencia.
Se trata de poner en marcha, con un solo pensamiento, todo un mecanismo, que
desencadene el poder necesario para limpiar nuestras emociones dañinas y esto afectará a
nuestro cuerpo físico y mental. Con ello permitiremos transformar en luz la oscuridad en
que vivimos, desprendiéndonos de la culpa, la ira y el miedo que nos mantienen cautivos de
nosotros mismos.
Las posibilidades de actuar con esta técnica y sus beneficios son infinitos. Y sería ideal
que, con el tiempo, a base de irla introduciendo poco a poco en nuestra manera de entender
la vida, se convirtiera en una práctica cotidiana, sirviéndonos continuamente de su inmenso
poder, hasta estar lo suficientemente liberados como para no necesitarla para nosotros
mismos, y empezar a usarla, para “iluminar”; es decir, no servirnos de ella para mitigar
nuestro sufrimiento si no por el bien del “conjunto planetario” y para ser punto de referencia
para los demás.
Esta enseñanza pretende transmutar la energía de sufrimiento en energía sanadora. Y es
un método asombrosamente adecuado para esta época de desenfrenadas ocupaciones, donde
no tenemos espacio material para prácticas que nos roben un tiempo del que no disponemos.
Pues a esta técnica no hay que dedicarle un tiempo físico, sino un espacio mental, ya que se
practica sobre la marcha, es decir, que en cuanto percibimos en nosotros una reacción
emocional en forma de molestia, rabia, desagrado, enfado, celos, ira, etc., ya tenemos
presente la oportunidad de suprimir ese conflicto, con un solo pensamiento.
Es, además, un doble instrumento porque, sin ni siquiera darnos cuenta, poco a poco, nos
iremos haciendo conscientes de lo que pensamos y sentimos, con el consiguiente beneficio
de no vernos constantemente arrastrados por pensamientos y acciones inconscientes e
incontroladas.
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 17
Esta no es una acción que se nos pueda imponer desde fuera, sino que cada uno se irá
despojando, a su propio ritmo, de sus conflictos individuales hasta dejar paso al “ser” que
alberga en su interior y que es el autentico Yo que siempre pugna por salir y al que le es
imposible emerger por la cantidad de cargas emocionales que se lo impiden desde el
subconsciente.
Y ésta es también otra ventaja del método: no es imprescindible saber porqué ni cómo,
todo ese “material emocional” ha llegado a formar parte de nosotros. Evidenciamos que está
ahí porque el iceberg de los múltiples sentimientos, que son los síntomas del cuerpo
emocional, nos lo demuestran, con sus constantes manifestaciones de molestia, desagrado,
enfado, rabia etc., y a los que tenemos que estar agradecidos porque nos aportan la clave
para desactivar su “carga destructiva”, ya que donde están ellos, está el interruptor para
desactivar el cuerpo emocional.
Al principio, hasta no empezar a comprobar los beneficios, no estaremos muy seguros de
lo que estamos haciendo en realidad, y desde luego atravesar la delicada etapa de las
resistencias, de los intentos de razonar y ver la lógica, serán el obstáculo principal, ya que
nuestra mente, que necesita tenerlo todo instalado en su sitio justo, para no perder el control,
rechaza sistemáticamente cualquier acto novedoso que la obligue a trastocar su orden
establecido, aunque éste nos esté manteniendo en un precario estado de salud física o
mental. Por eso, al principio, la perseverancia será un arma imprescindible, ya que
solamente la práctica insistente podrá despertarnos del letargo que nos impide nuestro
crecimiento personal.
Es posible que no se sepa si se está haciendo bien hasta que las resistencias desciendan su
intensidad y permitan reconocer los primeros resultados, pero una vez culminada esa fase,
será menos dificultosa la superación de la duda.
La duda es un arma muy poderosa que utiliza el cuerpo emocional y puede aparecer
disfrazada de muchas maneras. Hemos de aprender a reconocerla para que no nos domine la
confusión, porque en cuanto ésta aparece solemos tomar el camino más sencillo que es el de
no aplicar el tratamiento. Los trucos mentales, que ya sabemos que están al servicio del
cuerpo emocional, nos harán creer que lo mejor es conservar el equilibrio ya establecido sin
que haya necesidad de seguir avanzando, pero no olvidemos que eso es sólo una trampa.
Para evitar el peligro de rendirse en esa primera etapa en la que, como hemos dicho, la
mente no quiere aceptar sin “razonar” porque quiere “comprender”, debemos darle al
intelecto el alimento que nos pida, en forma de respuestas lógicas que tranquilicen el
insaciable apetito al que le tenemos acostumbrado, pero sin detener la práctica, porque en
cuanto la abandonemos, nuestro subconsciente habrá conseguido arrastrarnos a la posición
en la que él vuelve a llevar el control absoluto y nos será mucho más dificultoso retomar el
ritmo.
Tengamos en cuenta que durante mucho tiempo le hemos concedido al subconsciente una
autoridad que no podemos arrebatarle ahora de golpe. Por eso, siempre que intentamos,
conscientemente, incorporar a nuestro ritmo de vida alguna novedad, nuestra parte mental
inconsciente –que ya sabemos que está subordinada por el cuerpo emocional– se resiste, y
en cuanto bajamos la guardia, ¡zas!, volvemos a perder nuevamente el control consciente de
la situación, siendo impulsados a la vieja costumbre. A esto me refiero cuando digo que
nuestra mente no desea nada novedoso que haga peligrar el intrincado equilibrio en el que se
haya inmersa, aunque éste sea un frágil estado de supervivencia. Ese es un perfecto
mecanismo de defensa cuya misión es proteger nuestra integridad, pero que, en los casos en
que nosotros, conscientemente, pretendemos llevar las riendas, actúa como una trampa para
que terminemos desechando el intento. En eso consiste uno de los cometidos del
subconsciente y, afortunadamente, –de otra manera enloqueceríamos– lo cumple a la
perfección.
La práctica de esta técnica conseguirá que nuestro estado físico mejore aun en el caso de
que no estemos enfermos –siempre se puede estar mejor– porque la demolición de las
emociones nocivas romperá las conexiones de los procesos mentales a las que éstas estaban
sujetas, permitiendo una mejora del flujo energético que ira reequilibrándonos íntegramente.
Los beneficios empiezan a obtenerse aun sin haber atravesado la etapa de las resistencias.
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 18
Y si la entrega en la ejecución de la acción es absoluta, la respuesta se constatará en el
mismo momento, y el malestar, con toda su carga oculta, se desvanecerá automáticamente,
dando paso a una sensación de indescriptible bienestar.
No se trata de estar siempre pendiente de lo que sentimos o pensamos porque esto
supondría una dedicación insostenible, pero con el tiempo, sin ni siquiera pretenderlo,
seremos constantemente conscientes.
De lo que se trata, es de que en cuanto nos descubramos en una emoción que nos cause
desazón, fastidio, incomodidad etc., recordemos que poseemos un infalible y rápido
instrumento para deshacernos de ella. De esa manera estaremos “recibiendo”
conscientemente –del universo– para nosotros y “entregado” –desde nuestro corazón– hacia
fuera. Pero si no nos acordamos, no importa, no pasa nada, ya volverá a presentarse una
situación parecida en que volvamos a tener una oportunidad similar. Pues, constantemente,
esos mensajes están impactando hacia fuera, desde nuestro interior, como indicadores
luminosos, que tienen la intención de alertarnos del peligro que tras ellos se cierne. Y no
dejarán de hacerlo mientras vivamos, a menos que hagamos algo al respecto. Cuando esos
malestares dejen de aparecer, será cuando sabremos que nuestra acción ha sido efectuada
adecuadamente.
Los resultados serán tan rápidos como nosotros nos permitamos y uno nunca sabe
realmente, cuanto se permite, porque eso se esconde en una parte de nosotros mismos a la
que no tenemos acceso. Unas personas tienen más resistencias que otras y eso requiere
mayor insistencia. Unas personas tienen más prisa que otras y eso también puede entorpecer
y ralentizar las respuestas. La calma y la insistencia, en estos procesos, son siempre buenas
consejeras, es preferible ir sin prisa pero sin pausa y sobre todo no poner grandes
expectativas.
Las expectativas y el deseo exagerado dividen la atención, que ha de estar al máximo
posible en la “observación”, aunque el espacio de tiempo que se le dedique a esta
observación sea mínimo. Lo mejor es empezar a practicar y ver qué pasa, pues las
valoraciones son absolutamente personales, sin que tengamos que medirnos con nadie.
Será como vivir en una constante expresión de entrega consciente a la vida, de fusión con
los acontecimientos, para sumergirnos en la pulsación de la existencia formando parte de
ella pero sin tomar partido, espectadores y actores a la vez, observadores pasivos en cuanto
a juicio, y activos en cuanto a transmutación de energías negativas, participando en el
proceso de la creación al mismo tiempo.
La integridad en la entrega, a la hora de canalizar y expandir la Energía, ha de ser
absoluta, como lo haríamos al acariciar a un hijo o a la persona más amada, o sea, sin
esperar recompensa de ninguna clase. Pero la Energía del Universo, que actúa como un
bumerang, siempre termina retornándonos, con creces, aquello que nosotros hemos
contribuido a crear, tanto si es positivo como si es al contrario.
Si se actúa pensando en uno mismo –aunque finalmente sea uno mismo el directo
beneficiario– el efecto no será igual. La Energía divina se bloquea cuando se interponen
dobles intenciones. Sólo fluye correctamente si la entrega es pura. Y nosotros siempre
sabemos, en nuestro fuero interno, cuando realmente lo es.
A veces la resistencia a “amar” a alguien o a algo hacia lo que sentimos mucho rechazo
puede ser demasiado intensa y, en esos casos, sólo querremos huir, sin embargo, será ahí,
precisamente, donde tendremos que perseverar, sin olvidar que si la presión se nos hace
insoportable, habremos de concedernos el tiempo necesario para que la experiencia no nos
resulte tan violenta. Y esto no debemos tomarlo como un fracaso, sino con el
reconocimiento de que esa emoción está más intensamente enraizada en nosotros, pudiendo
realizar breves intentos, como si fuésemos desprendiendo capas de una cebolla hasta que,
por fin, lleguemos al núcleo. Hemos de aprender a descubrir donde está nuestra justa
medida, para sin dejar de tratarnos, no ir más allá de nuestras personales limitaciones. Si
transgredimos esas limitaciones, también nos arriesgamos a una rendición.
No debemos intentar transformar o cambiar nada, tanto fuera como dentro de nosotros, –
aunque, de hecho, la transformación se produzca– si no aceptar que, por alguna razón,
ciertas cosas, hechos o personas, nos producen unas determinadas reacciones, –dependiendo
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 19
de nuestras “cargas” emocionales– cuya existencia se nos evidencia con malestares físicos o
emociones incontrolables. Lo que debemos hacer siempre es enviar Energía de Amor al
efecto que se nos presenta, para así tratar la causa, oculta, que puede corresponder a
infinidad de razones, que siempre se relacionan con vivencias de nuestro pasado reciente o
remoto. Pero no hace falta que conozcamos ese pasado ni los hechos por los cuales, ahora,
se nos manifiestan. Al conseguir que la emoción disminuya su intensidad o se extinga por
completo, habremos logrado, por una parte, nuestro aumento de tranquilidad, que afectará
directamente en nuestro bienestar físico, mejorando nuestra salud, si estamos enfermos, o
impidiendo que la enfermedad se presente, si estamos sanos. Y por otro, estaremos
generando la transmutación de una energía negativa, por otra positiva, siendo fácilmente
comprobable, porque en cuanto mejora nuestro estado interno, las relaciones externas lo
notan tanto, como lo hacen las que tenemos con nosotros mismos y con aquellos con los que
convivimos.
Estaremos realmente sanos y seremos verdaderamente libres cuando nada ni nadie nos
produzca molestia, fastidio, desagrado, etc., esta será la consecuencia de haber desechado la
ira, el miedo y la culpa. Pudiendo aceptar cualquier suceso sin tener que juzgarlo ni
clasificarlo: actos que son el sustento del cuerpo emocional que cuando no es tratado con
Energía espiritual nos devora el corazón.
Esta técnica consiste en la “acción de la no reacción” para transmutar la energía de
sufrimiento en Energía de Amor. Cuando reaccionamos ante lo que interpretamos como una
agresión, estamos permitiendo ser invadidos por la misma energía que la agresión contiene;
cuando nos hacemos conscientes de ello y permitimos que la Energía del Amor entre en
acción, estamos abriendo paso a una energía de mayor vibración y con ello desactivando el
poder que cualquier energía inferior pueda tener.
Con el tiempo, comprobaremos también, que al estar fluyendo con la Energía creadora
del Universo nos estaremos moviendo en la excelencia; esto significa que el Cosmos, Dios,
el Yo superior, o como queramos llamarlo, nos facilitará el camino para seguir adelante en
nuestra trayectoria evolutiva, sin correr ningún peligro. Y aunque tropecemos con
situaciones aparentemente perjudiciales, quizá éstas hayan de presentarse tan sólo para ir a
mejor o para hacernos tomar una dirección más adecuada. Porque utilizar esta técnica es
entrar en armonía con la fuente de todo lo creado, permitiendo que su frecuencia actué en
consonancia con nosotros y empecemos a experimentar maravillas.
Descubriremos, con la práctica, que al mejorar nuestro enfoque, desaparecen los picos
extremos en nuestros estados de ánimo dejando de pasar de un estado de euforia a otro de
depresión.
El hecho de no tener que tratarnos de una forma determinada nos abre un abanico de
infinitas posibilidades. La periodicidad de la práctica es absolutamente personal. Cuando se
tiene la intención de realizar la acción en que consiste la técnica; cualquier ritmo con el que
se haga estará bien, será perfecto. Tú mandas, tú decides, tú eres el dueño de tu proceso. Lo
único importante es no alejarse nunca de la práctica, realizándola al menos, una vez al día.
Pero aunque así fuese, y por algún motivo nos alejamos de ella por un tiempo, también
hemos de aceptarlo porque quizá necesitemos hacer una pausa para asentar la idea, o incluso
puede que no sea nuestro momento para practicar este método y tampoco por eso hemos de
culpabilizarnos. O quizá no sea este un sistema apropiado para nuestra personalidad. Pero
antes de rechazarlo deberíamos asegurarnos de si ese “convencimiento” no se debe a una
trampa que nos pone nuestro cuerpo emocional para seguir llevando las riendas de nuestro
proceso de vida. [volver al índice]
Condiciones básicas para practicar la técnica
Esta técnica se compone de tres factores básicos:
- Boca insalivada, que facilita el adecuado estado físico de relajación.
- Conscienciarnos de la Energía que entra por la parte alta de la cabeza y sale a través
del plexo solar; canalizando la esencia divina e irradiándola hacia fuera.
- El amor en nuestro corazón, para sumarle a la Energía anterior lo mejor de nosotros.

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Estos tres conceptos deben registrarse, fusionados, en nuestra mente de tal manera que
cuando evoquemos uno cualquiera de ellos, –es decir, que tanto al pensar que la boca se
llena de saliva; sentir la Energía entrando por la cabeza y expandiéndose a través del plexo
solar o experimentar el Amor en el corazón– será como pulsar un dispositivo para que se
ponga en marcha todo el mecanismo y se produzca el “triple efecto”. La mente dará
automáticamente la orden; el cuerpo se relajará de inmediato y la serenidad, la confianza y
la entrega aparecerán en nuestro ánimo para cumplir la misión que nuestra intención le
dicte.
Por eso es de suma importancia que inicialmente se dedique un pequeño espacio de
tiempo al día, preferentemente antes de dormirse, por la noche, o al despertarse, por la
mañana –hasta que se sienta que efectivamente el registro mental está efectuado– al
ejercicio mental; primero, de identificar claramente cada uno de los factores y luego de
unificarlos los tres. El estado meditativo –en las personas que estén familiarizadas con la
meditación– podría ser idóneo para este ejercicio, pero si no, bastará con encontrar un
buen momento de tranquilidad.
Se empezará por acceder al reconocimiento de cada uno de estos factores por separado,
hasta tener la absoluta certeza de tenerlos bien fijados en nuestra mente, procediendo de la
siguiente manera:
Insalivación.- Ejercitemos la insalivación diciéndonos la siguiente frase: “mi boca se
llena de saliva fluida y dulce”. En pocos días nuestra boca se insalivará solamente con
pensar en ello.
Canalizando Energía.- Ejercitemos la capacidad de hacernos conscientes de la Energía
que entra por la parte alta de nuestra cabeza, a ser posible visualizando que ésta entra en
forma de luz blanca, pero si tenemos impedimentos para visualizar podemos concebir la
Energía como quiera que se nos ocurra, lo único imprescindible es tomar consciencia de
ello. Y que a la vez que nos conscienciamos de que la Energía entra, la irradiaremos,
también, hacia fuera por el plexo solar –boca del estómago, donde termina el esternón–
hasta que esto se produzca solamente con desearlo. Al principio, para entrenarnos,
podemos ayudarnos con la respiración; de manera que cuando inspiramos la Energía entra
y al expirar la irradiamos hacia fuera.
Experimentando Amor.- Ejercitemos también la dulce sensación de experimentar el
Amor en nuestro corazón hasta que, de igual manera que en los casos anteriores, ese efecto
aparezca con sólo pensar en ello. Léase el capítulo sobre el amor.
Y por último ”FUSIÓN”. Insalivemos la boca, canalicemos Energía expandiéndola y a
la vez evoquemos el Amor en nuestro corazón tratando de mantenernos ahí el máximo
tiempo que nos sea posible, pero unos cuantos segundos pueden ser suficientes.
Hemos de comprobar, tranquilamente una y otra vez que, efectivamente, cada vez que
pensamos en cada uno de los tres factores los otros dos se presentan también y cuando
estemos seguros ¡Aja! Tendremos la comprobación de haber archivado en nuestra mente
una poderosa arma de transformación personal con la que podremos trasmutar todo
nuestro sufrimiento en paz armonía y equilibrio.
Nuestra cabeza será como una enorme antena que recoge la Energía que le llega de
todas direcciones. Nuestro corazón le suma a ese torrente energético el amor que hay en él.
Y por nuestro plexo solar se emite, hacia fuera esa Energía, enriquecida con nuestra mejor
intención, en la dirección de nuestro objetivo. [volver al índice]
Aclaraciones en cuanto a insalivación
El Dr. Ángel Escudero, creador de la noesiterapia –técnica de superación del dolor a través del
pensamiento– lleva treinta años haciendo intervenciones quirúrgicas con “anestesia psicológica”, para lo
cual el paciente consigue anestesiarse y mantenerse anestesiado –durante el tiempo que previamente se
ha programado mentalmente– sólo y exclusivamente conservando la boca insalivada.
La razón de mantener la boca insalivada, según Escudero, tiene relación con la activación de una serie
de funciones del sistema parasimpático. Cuando pensamos: <fluye saliva en mi boca>, el cerebro recibe
la idea, en respuesta a esta orden, y pone en marcha el mecanismo necesario para estimular las glándulas

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salivares y que se produzcan la saliva fluida necesaria. Si se consigue la insalivación fluida, se pueden
detectar, además, todos los signos de una respuesta biológica positiva, acompañados de una mejor
sensación de paz y relajación y una disminución de la frecuencia de los latidos del corazón y en las
arterias, por una vasodilatación, se producirá una disminución de la resistencia periférica al flujo de la
sangre. En los pulmones se estimula la contracción de los músculos espiratorios, por tanto se facilita la
expulsión del aire. En el estomago, intestinos etc., se produce una tendencia al aumento de la movilidad y
la secreción de jugos gástricos.
La sabiduría popular lo sabe desde hace mucho tiempo y lo expresan con frases como: <seme cae la
baba> o <se me hace la boca agua>.
Además de todo eso, parece ser, que el reflejo de producir saliva es el primero que se produce en el feto,
antes incluso que el reflejo de succión, y de esa forma conectamos a nivel biológico y mental con las
primeras sensaciones vitales del organismo y por tanto, los registros neurológicos se activan haciendo
que en el cerebro se estimulen aquellas zonas que segregan hormonas gratificantes: endorfinas. Es como
conectar con el potencial mental para actuar en el físico y conseguir mejores resultados.
Dice el Dr. Escudero que si la enseñanza de la insalivación la conociera y practicara todo el mundo, el
hombre se encontraría de regreso al paraíso, entendiendo esto, no como un lugar en la tierra, sino como
una situación de privilegio, a partir de la cual se podría empezar la evolución positiva hacia el bien
infinito que fue nuestro origen y que ha de ser, necesariamente, nuestro fin. [volver al índice]

Utilidad de la técnica
Utilizar un objeto externo, como “detector”, para sanarnos, es el componente estrella de esta técnica.
Su simplicidad y eficacia es el descubrimiento más afortunado de mi vida. Siempre que una imagen, una
escena, una situación, un gesto, un color... o cualquier cosa o persona que nos causa malestar, fastidio,
incomodidad, disgusto o cualquier otra sensación molesta, hemos de aprovechar ese instante para
“pulsar el dispositivo del sistema” y dirigir hacia ello, la energía transmutadora que esa acción produce.
Ya hemos mencionado anteriormente que debemos estar agradecidos a que las sensaciones
desagradables hagan su aparición, ya que ellas son los detectores de nuestras cargas dañinas
inconscientes. Estar atentos a su aparición, al principio, –con la práctica la atención se hará constante sin
pretenderlo– es fundamental porque de otra manera perderemos la oportunidad de desactivar la emoción
en ese mismo momento y aunque podríamos recuperar la sensación y tratarla más tarde, la experiencia
me ha enseñado que no suele hacerse por resultar demasiado laborioso rescatar tanto la imagen como la
sensación exacta y aunque puede lograrse no tendrá el mismo grado de intensidad que cuando se efectúa
ante la vivencia directa.
Si la practicamos asiduamente, esta técnica terminará convirtiéndose en una terapia cotidiana para la
que no necesitamos nada más que la observación de nuestras manifestaciones ante los acontecimientos
diarios. De esa manera estaremos expandiendo nuestra conciencia para liberarla de su linealidad y su
constricción.
Cuando nos adiestramos en el manejo de la observación podemos ver claramente cómo el cuerpo
emocional maneja a la mente conduciéndola hacia los más recónditos lugares del subconsciente donde
residen las energías que necesita para mantener su hegemonía. Cuando observamos por primera vez ese
dominio nos parece espectacular: la mente desconcertada va recorriendo cada uno de los pensamientos
que estaba acostumbrada a utilizar para sustentar al cuerpo emocional y como nosotros lo advertimos, a
través de la observación del propio movimiento mental y la repercusión en el plexo solar; aplicamos la
técnica una y otra vez. La mente, entonces, sigue buscando y nosotros seguimos observando, y haciendo
lo mismo con la aplicación de la técnica, –que es justamente lo contrario que el cuerpo emocional
pretende– hasta que se produce la rendición y se nos empiezan a presentar pensamientos no dañinos –de
los cuales el cuerpo emocional no puede alimentarse– en los que le permitimos a la mente quedarse. Es
entonces cuando comenzamos a llevar el control, a liberarnos realmente y a tener acceso a una mente sin
limites.
En este punto, las resistencias, que aparecían con tanta intensidad al principio, se irán debilitando
progresivamente, aunque seguirán estando presentes mientras sigan apareciendo los malestares.
Las sugerencias que se detallan a continuación son a modo de referencia porque esta técnica no es
estricta, sino abierta a la creatividad de cada uno, con lo cual cada persona puede y debe usar su propia
iniciativa para practicarla como mejor se le ocurra, siempre que tenga presente las condiciones básicas.
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Se trabaja mejor aquello que mejor se adapta a nuestra forma de concebir o visualizar porque nuestra
mente reconocerá como suyo aquello en lo que ella a contribuido a crear. [volver al índice]

Ejemplos
Supongamos que estamos hablando con una persona que, consciente o inconsciente, es alguien que nos
produce rechazo. En cuanto percibimos esa sensación de fobia ya tenemos el material necesario para
hacer la limpieza de esa emoción nuestra. Y digo nuestra porque poco importa que el sentimiento sea
reciproco. Además, no entraremos en considerar el motivo de ese rechazo ni en evaluar el
comportamiento de esa persona porque no nos hace falta para lo que pretendemos, que es que nuestro
desagrado se diluya. Como íbamos diciendo, en cuanto descubrimos la emoción, “pulsamos el
dispositivo” dirigiendo el efecto hacia esa persona. Ya sabemos que cuando nos hacemos conscientes del
desagrado debemos aprovechar el momento. Y no solamente con las personas detectamos la emoción
dañina. Muchas veces algunos animales, objetos, pensamientos, etc. nos descubren fobias que también
deben ser tratadas de la misma manera.
Idénticamente tendremos que actuar cuando los medios de comunicación nos sorprendan con escenas o
imágenes que nos cuesta trabajo soportar. Utilicemos el instante que tardaríamos en “cambiar de canal” o
“pasar la página”, para ejecutar la misma acción y dirigirla a la imagen en cuestión. Observaremos como
el sufrimiento se trasformará solamente en compasión o dolor y ya sabemos que estos no son de
naturaleza enfermiza.
Las preocupaciones debemos tratarlas de una forma similar. Supongamos que alguien a quien
queremos mucho se ha ido de viaje y constantemente nos martiriza el pensamiento de que podría tener un
accidente. Podemos “pulsar el dispositivo” dirigiendo la intención directamente a la idea misma, pero
como eso resulta dificultoso por la ambigüedad del posible hecho y como, además, la visualización de un
hipotético accidente implicaría mucha resistencia, podemos, en este caso, utilizar la presión que, con
estas preocupaciones, se suelen producir en el pecho o en la cabeza, como el "objeto" hacia donde dirigir
la acción o incluso, dirigirla a la imagen mental de la persona en concreto.
Podemos hacer lo mismo con cualquier otro tipo de miedo. Lo fundamental es su identificación; una
vez que tenemos localizada la emoción habremos conseguido lo único necesario para poder aplicar el
tratamiento. Siempre que nos sorprendamos en actitud de miedo debemos utilizar la técnica. Si el miedo
lo sentimos en el pecho “pulsamos el dispositivo” y permitimos que la Energía salga por él hacia fuera
sin más, dejándola fluir y fluir aunque no la dirijamos hacia ningún lugar en concreto.
También podemos tratarnos lo vituperable –esa parte del cuerpo emocional de la que nos
avergonzamos porque nos hace temer ser una mala persona– dirigiendo la Energía a escenas o deseos que
despiertan en nosotros sentimientos de los que queremos huir porque nos avergonzamos de ellos. Porque
la huida, si es que la conseguimos, no impedirá que vuelvan a presentársenos, más tarde, una y otra vez,
si no que por el contrario, cuanto más le neguemos la salida a la emoción, con mayor insistencia nos
seguirán atormentando. En lugar de evadirnos, hemos de aceptar. Aceptar que por alguna razón esas
sensaciones están formando parte nuestra aunque nosotros no lo deseemos o no podamos entenderlo. En
esa parcela del cuerpo emocional es donde residen nuestros instintos más bajos y contiene una energía
muy potente que no encuentra modo de expresarse ya que continuamente la estamos comprimiendo. Al
tratarla con aceptación y Amor nos aportará una gran liberación.
Podemos también tratarnos a nosotros mismos utilizando el reflejo de nuestra imagen física en el
espejo o en un cristal, –cuando, por ejemplo, vamos por la calle y vemos reflejada en un escaparate una
imagen nuestra que no nos gusta– para equilibrar nuestra autoestima y aceptarnos tal cual somos y no tal
como nos percibimos. Esto lo haremos de la misma manera: en cuanto descubramos el rechazo o la
vanidad de nuestra propia imagen, ya podemos “pulsar el dispositivo” y dirigir la intención al reflejo de
nuestra propia imagen hasta conseguir liberarnos de todas esas impresiones mentales que dicen: <estoy
gordo>, <estoy demacrado>, <estoy guapísimo> etc. A través de esas posturas, el cuerpo emocional
intenta controlar las percepciones de nuestro cuerpo físico y tenemos que atravesar todas esas
impresiones descristalizándolas con nuestro Amor, para conseguir estar por encima del juicio al que la
mente nos induce para contentar al cuerpo emocional. Nos terminaremos gustando sin necesidad de
forzar nada, aceptándonos y sintiéndonos hermosos tal cual somos, logrando, además, aceptar de igual
manera a los demás. Esa actitud nuestra, se mostrará al exterior consiguiendo que las demás personas nos

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perciban del mismo modo que nosotros lo hacemos y, aunque así no fuera, para nosotros, el juicio o la
actitud ajena, carecerá ya de importancia.
Cuando queramos aplicar la técnica para una dolencia física nuestra, hemos de dirigir la acción del
tratamiento a la zona enferma. Por ejemplo, supongamos que nos duele un pie. Nos hacemos conscientes
del dolor y sin huir de él, “pulsamos el dispositivo” y permitimos que su acción actúe sobre la parte del
cuerpo que lo necesita. El tiempo de mantenimiento depende de las condiciones mentales de cada uno y
de nuestro adiestramiento, porque cuanto más nos prodiguemos en utilizar este mecanismo de sanación,
más hábiles nos convertiremos en su manejo y más rápidamente aparecerán las respuestas. Sugiero que si
al principio nos cuesta más trabajo mantener la atención el tiempo suficiente, hagamos breves
intervenciones repitiéndolas una y otra vez hasta que aparezcan los resultados, con la convicción de que
al desaparecer el síntoma, también lo hará la causa que lo produce.
La insistencia y la confianza en el poder de la mente y de la Energía serán imprescindibles. De esta
manera podremos incluso anestesiar cualquier parte dolorida de nuestro cuerpo con sólo repetir varias
veces, por ejemplo: “mi pie está anestesiado y lo seguirá estando durante una hora, seis horas, un día,
hasta que se restablezca por completo...”, lo que consideremos oportuno.
Al tener la seguridad de que nuestro cuerpo obedece las ordenes que se les dictamos conscientemente,
tomaremos su control a través de las señales que nos llegan como respuestas físicas a las alteraciones
internas. Como nuestro cuerpo está continuamente enviándonos mensajes de sus disfunciones,
utilizaremos estos síntomas, para sanarnos, transformando cada dolencia o molestia en una “orden” de
solución al desequilibrio energético que la produce.
Sabiendo que cada disfunción física corresponde a un desequilibrio o bloqueo energético; sabemos
también que tenemos la posibilidad de corregir el mismo, con la Energía que continuamente tenemos a
nuestra disposición y que dirigimos con la colaboración del poder creador de nuestro pensamiento.
En ocasiones, aunque lo que nos duela sea, por ejemplo, una rodilla, a la vez, se nos instala un
desconsuelo en el pecho, en la cabeza o en la boca del estómago. Por ese motivo cuando queramos
“tratarnos” una dolencia física, que contenga ese doble síntoma, podemos hacerlo dirigiendo la
intención, además de a esa rodilla directamente, a donde se refleja la otra sensación, intercalando ambos
lados. También podemos intensificar la acción poniéndonos las manos.
Al tratar nuestras dolencias físicas podemos usar el torrente energético a través del interior de nuestro
cuerpo, haciendo que se expanda desde el plexo solar, por dentro de nosotros, hasta la zona donde resida
la dolencia y desde ahí la hacemos irradiar hacia fuera.
Podemos también utilizar este sistema para trabajar en grupo. Por ejemplo, haciendo un circulo de
varias personas cogidas de las manos y metiendo en él, mentalmente, las preocupaciones, los deseos, los
dolores, los miedos, las enfermedades, las catástrofes, el planeta, etc., etc., y “dirigir la acción” hacia el
interior del circulo.
La mejor manera de ayudar a otras personas es enseñándoles lo que hemos aprendido para que ellas, a
su vez, se sienta atraídas y quieran aprender. Pero hay veces que el desequilibrio físico es ya tan grande,
en algunas personas, que aun poniendo todo su empeño, son incapaces de trascender el campo de las
resistencias para frenar los procesos de su enfermedad y aun comprendiendo el sistema del que aquí se
habla y aceptando su poder, no pueden ponerlo en marcha. En esos casos debemos transmitirles
serenidad y aceptación para que, al menos, la desesperación no agrave aun más la situación en que se
encuentren.
Podemos ayudarles canalizando la Energía de la misma forma que ya conocemos y llevándola desde
nuestro plexo solar hasta nuestras manos e irradiarla a través de ellas. Los tratamientos de Reiki, que
consisten en recorrer todo el cuerpo con las manos, en unas posiciones determinadas, pueden ayudar
mucho. Pero por muy enferma que se encuentre una persona siempre hay que inculcarle el
mantenimiento de la esperanza, porque la Energía Divina, el poder del pensamiento y el deseo de sanarse
tienen una misteriosa autoridad sobre el cuerpo, obrando “maravillas” en determinados casos, y cuando
nadie se lo espera puede surgir lo que solemos llamar “milagro” y que no es más que una respuesta
biológica natural, por el momento, imposible de explicar. Siempre es el propio ser humano, desde su
interior y, con la ayuda divina, de la que todos disponemos, quien permite y, por lo tanto, realiza su
propia curación. Ayudar a los enfermos a conscienciarse de ello es la mejor manera de auxiliarlos.
Cuando nos encontremos en un estado en que las cosas nos van mal y no sepamos cómo arreglarlas
debemos “pulsar el dispositivo” y permitir que la Energía fluya y fluya hacia fuera sin que haga falta
ningún "objeto" hacia donde enfocarla. Simplemente fusionando la Energía que entra con la que sale y
Fusión... Vivir sin sufrimiento
Meli Moscoso 24
con la convicción de estar haciendo lo mejor que podemos hacer.
También podemos utilizar este sistema para entrar en estado de meditación de la siguiente manera:
“pulsar el dispositivo” y en lugar de irradiar la Energía hacia fuera a través del plexo solar, la
dispersamos desde él por el interior de nuestro cuerpo haciendo que se irradie hacia fuera a través de
todos los poros de nuestra piel, de manera que nos convirtamos en una especie de antorcha irradiando en
todas direcciones, pudiendo sentir que esa Energía se expande, desde el punto del planeta en el que nos
encontremos, y cubre todo el globo terráqueo, y se extiende por todo el sistema solar y el universo entero
en una fusión y expansión infinita e indescriptible.
Las situaciones de ficción, como pueden ser el teatro, el cine, una novela, etc., también podemos y
debemos utilizarlas para hacer este ejercicio de limpieza emocional. Principalmente porque gracias a la
riqueza de los personajes, aparecen en ellas multitud de eventos exagerados que suceden en muy corto
espacio de tiempo y desencadenan en nosotros emociones contradictorias exteriorizadas con mucha
nitidez, y como, además, realizamos estas actividades en nuestro tiempo de ocio, las condiciones
mentales de atención para observar nuestras reacciones, son más favorables que cuando estamos sumidos
en actividades que requieren toda nuestra atención para ser ejecutadas.
Debemos aprovechar esas oportunidades para dirigir la Energía irradiando desde nuestro plexo solar a
los personajes que nos causan más repulsa y que, aunque no sean reales, consiguen provocarnos
reacciones emocionales muy intensas, que corresponden a esas cargas energéticas, inconscientes, que
tanto poder ejercen sobre nosotros. Ya sabemos que al tratarnos, de esa manera, estaremos consumando
una doble labor: por una parte, nuestra emoción de rechazo se mitigará, pudiendo observar los hechos
con ecuanimidad, preservándonos de entrar en energías de baja vibración y, por otra, estaremos
transformando energías inferiores, en la poderosa Energía del Amor. Y aunque no podamos demostrarnos
que, efectivamente, eso se traduce en una aportación benéfica para el “conjunto”; sí podremos comprobar
el efecto inmediato que se produce en nosotros y que, consecuentemente, contribuirá a generarnos una
respuesta biológica positiva.
En cuanto nos entregamos y concentramos nuestra atención y nuestra intencionalidad, podemos
escuchar las respuestas de nuestro Yo superior. Y cuanto más insistamos, tanto mejor traduciremos sus
mensajes. Seremos capaces de percibir la totalidad, de manera que cuando hagamos una pregunta
podamos encontrar la respuesta en nuestro interior. Comprobaremos que cada respuesta se encuentra
dentro de cada pregunta. Pero para eso hay que llegar a la mente superior. Y no llegaremos a ella si
permanecemos apegados a nuestras limitaciones terrenales, que nos mantienen cautivos en el círculo del
miedo, haciéndonos creer que no encontraremos nada ahí fuera. Pero estamos formando parte del tejido
cósmico, pulsando con todo lo que existe y cuando nos abrimos a esa gran verdad empezamos a
liberamos del sufrimiento que es la consecuencia de vivir en la contracción, en la ilusión de la
segregación.
Empezaremos a tener experiencias asombrosas como descubrirnos peleándonos con alguien, mientras
continuamos observando con una "risita interior", porque sabremos que solamente se trata de un juego.
Ocurre casi sin darnos cuenta, de repente, un día, a la vez que gritamos sucede la observación y entonces
experimentamos la parte cómica de nuestras actitudes, entonces deja de tener sentido y abandonamos la
representación.
Llegará un momento en que nos encontraremos en un estado muy sorprendente. Las personas que
antes nos desagradaban o preocupaban ahora no nos hacen sentir “nada malo” y no estamos
acostumbrados a eso. Es muy chocante empezar a vivir sin la presión emocional; se puede crear una
sensación de vacío y hemos de estar preparados para ello porque esa impresión puede corresponder a una
trampa mental que nos conduzca al retroceso. Si eso ocurre, también ahí, como siempre, debemos aplicar
la técnica, sabiendo que solamente es un estado desconocido en el que aprenderemos a desenvolvernos.
Las emociones, hasta ahora, nos han mantenido demasiado ocupados y cuando nos faltan, podemos
sentirnos aburridos o desorientados. Pero esa fase durará solamente el periodo de tiempo que tardemos en
ocupar el espacio vacío que las emociones dejan, en disfrutar de muchas cosas que antes nos pasaban
desapercibidas porque poníamos casi toda nuestra atención en la emoción. Es mucho el tiempo que
consumimos tratando de dar explicaciones a todo lo que sucede intentando comprenderlo, pero la
autentica comprensión llega cuando nos alejamos de la racionalización y nos adentramos en la
observación pura permitiendo que lo observado se nos explique por sí mismo. [volver al índice]

Fusión... Vivir sin sufrimiento


Meli Moscoso 25
IX Conclusión
Llegará el momento en que, a consecuencia de practicar este método, nada ni nadie nos causará
malestar. Entonces seremos libres y sabremos lo que es sentirse sano. Comenzará una nueva etapa en la
que el sufrimiento, para nosotros, se habrá transformado en algo mucho más liviano como es el mero
dolor: dolor por el sufrimiento ajeno, compasión por los males que azotan al mundo. Y desde ese nuestro
nuevo estado pacifico y equilibrado podremos expandirnos en una continua posición de canalización
energética para la sanación del planeta y todos los seres que lo habitan; observando y aceptando sin
juzgar ni catalogar, –las acciones de los seres humanos que aun no han descubierto que se puede vivir de
otra manera– sólo como espectadores tolerantes, comprensivos, compasivos y activos.
Apoyándonos en el axioma de que todo lo que se recibe es para dar, –como dicen de los manuscritos
de Geenom– es fácil comprender que nos podemos “limpiar” de todo sufrimiento “dando” y haciendo
que fluya, precisamente aquello que constantemente recibimos sin restricción alguna y que como ya he
explicado es la Energía Divina del Amor. Estaremos contentos, seremos útiles y encontraremos el motivo
de estar aquí ahora, en este preciso momento en el que el planeta atraviesa una etapa tan decisiva.
Observaremos también que al estar fluyendo en la Energía creadora universal, nos estaremos
moviendo en la excelencia y, por ello, el Universo nos facilitará continuamente el apropiado camino para
seguir adelante a pesar de las dificultades, pues éstas, ya lo sabemos, son sólo una creación nuestra desde
un nivel de consciencia al que no tenemos acceso, y tienen la única intención de descubrirnos el
verdadero sentido del Amor, y una vez encontrado ese sentido, el sendero se allana cada vez más para
facilitarnos el progreso. Comprobaremos que aunque se nos presenten situaciones aparentemente
perjudiciales, si estamos seguros de haber vislumbrado el verdadero camino hacia nuestro logro supremo,
–y eso, interiormente, uno siempre lo sabe– no debemos dudar que esas situaciones se presentan,
precisamente, porque tendremos que cambiar de dirección o por cualquier otra causa necesaria para
continuar en la correcta trayectoria.
Necesitamos escuchar esa voz que, desde muy adentro, nos dice que no hemos venido aquí solamente
para vivir y morir, si no que, además, somos importantes. Hemos de encontrar también la confirmación
interior de que venimos con el propósito de aportar una contribución a esta Tierra durante nuestra
estancia en ella y de que podemos efectuarla a través de nosotros mismos, donde quiera que nos
encontremos, incluso sin aparentes lucimientos; haciendo lo mismo que hacemos ahora cada día, pero
fluyendo continuamente –en fusión– con todo lo creado, sabiéndonos de utilidad para nosotros, para los
que nos rodean y para el conjunto. Al entrar en contacto con ese propósito daremos respuesta a nuestras
preguntas más existencialistas.
Es evidente que la humanidad está atravesando un cambio profundo y hemos de participar en él para
que el mismo se produzca con celeridad y acierto.
No estamos condenados a la infelicidad, esta vida no es un valle de lágrimas como nos ha hecho creer,
ni estamos expiando errores del pasado. Podemos hacer que la historia cambie su curso y tenemos que
hacerlo desde nuestro corazón, irradiando hacia fuera nuestros progresos y lo más hermoso que hay en
nosotros.
Tenemos que romper las ataduras de nuestros estrictos posicionamientos para no delimitar nuestro
enfoque y poder vislumbrar el campo de nuestras infinitas posibilidades.
Tenemos que utilizar el discernimiento para encontrar la luz y no para movernos en el círculo vicioso
emocional. De esta manera surgirá la mutación imprescindible para subir el peldaño que esta humanidad
necesita dar para no perecer.
Tenemos que empezar ahora mismo a desembarazarnos del sufrimiento reconociendo que éste no es
ningún castigo, sino un medio para, precisamente, liberarnos de él para siempre.
Podemos y debemos comenzar el transito hacia nuestra iluminación ¡ya! En este instante disponemos
de todo lo necesario para ponernos manos a la obra: el conocimiento de cómo somos dominados por
nuestras emociones, la colaboración de la Energía Divina puesta a nuestra disposición para desactivar ese
dominio y el poder de nuestra mente para acometer esa labor.
La desaparición de los obstáculos irá dejando paso a un estado apacible y nuevo de totalidad, en el que
no falta nada, en el que sentimos que todos los elementos están colocados en su sitio justo. Ese es el
estado de armonía y equilibrio mental físico y emocional al que todos debemos aspirar. Desde él
podremos prestar atención a las indicaciones que sobre la Verdad estamos recibiendo continuamente en

Fusión... Vivir sin sufrimiento


Meli Moscoso 26
el hemisferio derecho de nuestro cerebro y que no podemos atender cuando la mente limitada está
excesivamente ocupada con las emociones.
Somos estupendos espejos unos de otros, magníficos maestros unos de otros y podemos hacer uso de
ello mostrándonos ante los demás –sin explicaciones– con nuestra renovada imagen. Cuando ellos
presencien nuestra trasformación querrán parecerse a nosotros...; investigarán, averiguarán y encontrarán
“su camino”. No hace falta que vayamos por ahí tratando de convencer a nadie para que practique esta u
otra técnica, –aunque debemos enseñársela siempre que lo deseemos– la mejor propaganda será que nos
vean y anhelen sentirse tan bien como nosotros demostraremos estar por nuestros progresos.
Vuelvo a repetir que todos los conceptos que engrosan este volumen son innecesarios, sólo sirven para
dar respuestas a esa mente lineal y limitada de la que debemos alejarnos. Lo único verdaderamente
importante es aprender la técnica y sobre todo, practicarla. Toda la comprensión y sabiduría a la que
debemos aspirar, nos llegará después de la aplicarla. Pues la alquimia se produce con la voluntad de
derramar Amor sobre la materia, y eso, todos podemos hacerlo.
Aunque todos somos, en cierta medida, ilimitados, este es el tiempo de los que consideremos la
posibilidad de serlo, de los que nos sintamos nuestros propios maestros, de los que creamos que podemos
despojarnos de las cargas emocionales que nos limitan, de los que nos sintamos dignos de comunicarnos
con nuestra verdadera esencia y alcanzar el poder necesario para, primero, elevarnos sobre el sufrimiento
y más tarde colaborar en sacar al planeta del estado de precariedad en que se encuentra.
Cuando se está en el camino del Amor incondicional, de la aceptación y de la entrega, no hay
elecciones erróneas. Aquello que elijamos nos conducirá a la información y realización acertada y no
tendremos ninguna duda de ello.
Conozco informaciones que abogan por la existencia vidas pasadas, que dicen que somos una chispa
divina que se reencarna una y otra vez y que hemos venido, en este preciso momento, de la historia de la
Tierra, a dar un salto evolutivo. Pero yo, independientemente de lo que pueda o no sentir al respecto, no
puedo afirmar ni negar nada en cuanto a esas teorías. Yo solamente hablo de lo que experimento personal
y conscientemente, pues nunca me he comunicado con entidades distintas a las humanas de este planeta,
aunque conozca y respete enormemente esa información, por la ayuda que me ha proporcionado en
momentos de estancamiento.
Ahora ya no me ocupo en tratar de comprender la dimensión de Dios o del ser humano, como hacía en
el pasado. Supongo que esos conceptos están muy por encima de mi capacidad de comprensión actual.
Ya no busco respuestas fuera de mí. Prefiero dedicarme a observar y dejar que todo se me explique por si
solo a medida que mi mente se vaya expandiendo. Ya no pretendo “comprender” con el restringido
mecanismo de mi torpe razonamiento. Permito que el conocimiento se me vaya presentando e integrando,
y así, sin esfuerzo, voy avanzando. Y advierto mis progresos observando a los demás plantearse
interrogantes, y sorprendiéndome a mí misma en posesión de respuestas que a mí me dejan del todo
satisfecha. Sin embargo sé que esas son “mis respuestas”, las que a mí me sirven, pero que quizá no sean
las de ellos, ya que cada uno ha de hallar las suyas propias. Pero al no haberme esforzado mentalmente
para obtener esos progresos, no le doy mayor importancia, me parecen algo natural; la consecuencia de
hallarme en la realización correcta.
Las palabras “difícil” y “debería” no deben formar parte de nuestro vocabulario porque en cuanto las
pronunciamos nuestra mente, de alguna manera, recoge la orden de que aquello que es “difícil” no es
para nosotros; no podremos realizarlo y aquello que “deberíamos” hacer, podríamos hacerlo pero no lo
haremos. Por eso, es mejor conscienciarse de que todo es cuestión de dedicación y no de dificultad. Más
o menos dedicación, en la que habrá que emplear más o menos tiempo. Así cualquier reto nos parecerá
realizable y decidiremos iniciarlo, o no, libremente, con lo cual ampliaremos mucho el campo de nuestras
posibilidades de realización.
Este método es muy simple, pues para utilizar la Energía, nuestra atención e intención serán
suficientes. No habrá que luchar, ni ayunar, ni rezar, ni renunciar a nada, ni intentar ser buenos o
perfectos, ni aferrarnos a nada concreto. Pues somos perfectos cuando nos permitimos “ser” quienes
realmente somos. Sólo hemos de consentirnos utilizar los dones que se nos han dado. Debemos saber que
podemos sintonizar con una frecuencia superior desde la que podremos reconocer lo que es bueno para
“el Todo”, no sólo bueno para el individuo. Entonces nos fusionamos realmente.
Mientras estemos dedicando tiempo a tratar de “comprender” lo que nos sucede y los motivos que han
contribuido a formar nuestro cuerpo emocional, con nuestra limitada mente lineal y limitada, lo
estaremos perdiendo para tratarnos y alcanzar lo antes posible la iluminación que expandirá nuestra
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consciencia y aumentará las capacidades que nos lleven a la sanación individual y planetaria.
Este es el tiempo de los trabajos rápidos. Los lentos y tediosos métodos de búsqueda se han quedado
obsoletos. El planeta tiene mucha prisa y por eso no podemos esperar a que la comprensión llegue por el
raciocinio. Ahora el intelecto lo necesitamos, también, para aceptar que la intuición puede llevarnos hacia
el punto de luz que una gran mayoría ya estamos vislumbrando, aunque los espejismos del miedo, la
duda y las resistencias nos pongan la zancadilla.
Hemos de transitar por el camino más corto y con las herramientas más simples. La época en la que,
tanto filósofos como monjes, se pasaban la vida entera razonando, meditando, purificándose, aprendiendo
metodologías ocultas, etc. para encontrar el motivo y la finalidad de la existencia, se ha quedado
obsoleta.
Ha llegado el momento de la transición y ya no podemos “marear la perdiz” filosofando o dudando. Ni
todas las terapias, ni todos los cursos, ni todas las religiones, ni todos los libros, ni la entera información
sobre mística o metafísica existente; ni todos los médicos del cielo o de la tierra nos servirán de nada si
no “cogemos el toro por los cuernos”, decimos ¡SÍ! y hacemos el trabajo que, en el interior de nuestra
alma, sabemos que hay que hacer. Cada uno consigo mismo, por el medio más rápido que conozca o se le
ocurra, pero ¡ya!
No se trata de tener que darse prisa para ser mejor o de tener que arreglar una cosa para poder llegar a
obtener otra... Estamos hablando de iluminación. Cuando empezamos a iluminarnos sentimos que la
perfección es hallarse inmerso en el Todo. Si mantenemos la atención fija en esa idea, podremos
encontrarnos en medio de cualquier caos y sentirnos siempre dentro del equilibrio cósmico.
La Verdad es la verdad independientemente de lo que decidamos creer. Y esa Verdad me dice que
estamos formando parte de todo lo que existe, tanto si se trata de un asesino, como del ser que más
amamos, del mar, de la selva o las nubes. Cuando finalmente nos abrimos a esta realidad podemos
expandirnos y sanarnos. Lo que nos produce sufrimiento es la segregación y la atención en lo trivial, que
bloquea la libre circulación energética.
Podemos aprender a experimentar la totalidad canalizando Energía a través de nuestro cuerpo físico y
así comprender la conexión con la fuerza divina, en lugar de seguir fomentando la idea de que Dios está
ahí fuera separado de nosotros. Cuando experimentamos este concepto empezamos a transformarnos.
Hay personas que se pierden en lo que interpretan como la misión de sus vidas, cuando probablemente
lo único que están haciendo es alimentar su cuerpo emocional. Pero nuestro objetivo prioritario debe ser
la eliminación total del sufrimiento para entrar en el estado de serenidad y equilibrio imprescindible
desde el que poder realizar nuestra autentica la misión. Si es que la tenemos, porque incluso puede ser
que la única misión consista, precisamente, en llegar a ese ansiado estado carente de pasiones.
No estoy de acuerdo con la frase: <es mejor perderse por pasión que perder la pasión> y sí con esta
otra que dice: <las personas que están demasiado ocupadas en hacer el bien no tienen tiempo para SER
buenos>. Y es que “ser” lo que somos debe convertirse en nuestra meta primera, para desde ahí “hacer”
lo que sea necesario. Pero mientras la acción hacia fuera provenga de un enfoque de búsqueda del “ser”,
combinada con la ignorada presión del cuerpo emocional, los resultados, aunque externamente parezcan
acertados, al individuo, interiormente, les resultarán frustrantes e insatisfactorios, viéndose obligado a
razonamientos de autojustificación. Esto como mucho, servirá de lección y estará bien para eso, pero
harán falta infinidad de lecciones. Sin embargo, podemos tomar un atajo y eso es lo que sugiero con este
método.
Da igual que no podamos comprender cómo funciona la Energía, ni la mente, ni el cuerpo emocional.
Permitamos escuchar ese “impulso interior”, que no sabe de razonamientos y hagamos oídos sordos a la
mente limitada que está dominada por las emociones y que se resiste al cambio.
Me he sentido en la obligación de dar forma a este método por si a alguien puede serle de utilidad. Sin
embargo me siento muy limitada por las palabras. Las palabras son una traducción inexacta de un
razonamiento, de una convicción, de una idea, de una creencia... Pero ninguna de estas cosas son la
Verdad. Lo que se precisa para llegar a la Verdad se aleja mucho de cualquier concepto y todos nosotros,
sin excepción alguna, tenemos la posibilidad de acceder a esa Verdad. Mi intención es contribuir a
facilitar ese camino de acceso. [volver al índice]

“Fusión”
Fusión... Vivir sin sufrimiento
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Boca insalivada,
Amor en el corazón,
dar permiso a la Energía
y entregarse en expansión.

Fusión es un método de tratamiento personal que consiste en la acción de la no-reacción e invita, a


las personas que lo practiquen, a vivir en una expresión de entrega a la vida, de fusión con los
acontecimientos, sumergiéndose en la pulsación de la existencia para formar parte de ella, actuando pero
sin tomar partido. Siendo, a la vez, espectadores y actores, observadores pasivos en cuanto a juicio, y
activos en cuanto a transmutación de energías negativas, haciéndose, al mismo tiempo, participes del
proceso de la creación. [volver al índice]

Nota de la autora
En casi todos los libros que he leído que contienen métodos de autoayuda, se suele mencionar el
porcentaje de éxito conseguido por los mismos y una relación de casuística que ilustra la eficacia del
método. Sin embargo la presente técnica no tiene ninguna base científica ni está experimentada más allá
de mi experiencia personal, por eso no puedo mostrar ninguna estadística ni casuística que sirva para
aumentar el deseo de otros a ponerlo en práctica. Si alguna persona se siente “llamada” a practicarlo
habrá de dejarse llevar por su impulso interno y no por apoyarse en ningún elevado número de éxitos
ajenos. Ojalá dentro de unos años, cuando este método se haya propagado y practicado (si es que eso se
produce) puedan ser publicados datos fehacientes de su efectividad. Por eso me gustaría recibir
información de las personas que al practicarlo hayan obtenido destacables resultados. [volver al índice]

Dedicatoria
Se lo dedico a mi madre, a mis hijos y a los dos hombres con los que me he emparejado.
Porque gracias a la superación de los conflictos internos que, el cariño mal entendido
hacia ellos, me ha provocado, he podido emerger de la oscuridad hacia la Luz.

Bibliografía
Éxtasis, la nueva frecuencia (Chris Griscom, Ediciones Luciérnaga 1.993)
La maleta del Sabio (María Pinar Merino, Proyecto Aridane febrero 2.001)
Curación por el pensamiento (Ángel Escudero)
Los manuscritos de Geenom (Grupo Aztlán, Proyecto Aridane 1.993)
Libérese del dolor de espalda (Dr. John E. Sarno, Editorial Sirio 2.000)
La magia de la comunicación (Dr. Lair Ribeiro, Ediciones Urano 1.998)

Fusión... Vivir sin sufrimiento


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Meli Moscoso
Tarancón (Cuenca) España
meli@adam.es
http://usuarios.lycos.es/melimoscoso/
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