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I

RESCATE

DELGADO, M. (Eds.)
Del registro estratigráfico a la sociedad

VAQUERIZO, D.
del conocimiento: el patrimonio arqueológico

RUIZ, A.B.
como agente de desarrollo sostenible

el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible


Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento:
VAQUERIZO, D.
RUIZ, A.B.
DELGADO, M. (Eds.)

RESCATE
ISBN 978-8-499-27282-5

9 788499 272825
TOMO I
VAQUERIZO, D.; RUIZ, A.B.; DELGADO, M. (Eds.)

RESCATE
Del registro estratigráfico a la sociedad
del conocimiento: el patrimonio arqueológico
como agente de desarrollo sostenible

TOMO I

CórdOba 2016
Este doble volumen es resultado del Proyecto de Investigación Del registro estratigráfico a la sociedad
del conocimiento: el patrimonio arqueológico urbano y rural como agente de desarrollo sostenible
(ciudad y territorio), financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación
del Ministerio de Economía y Competitividad, en el marco del Programa estatal de Investigación,
Desarrollo e Innovación orientada a los retos de la sociedad, Convocatoria 2013, Modalidad
1: Proyectos de I+D+I (Ref.: HAR2013-43389-R). 2014-2016. Ha colaborado además UCOPress,
Editorial de la Universidad de Córdoba.

EDITORES CIENTÍFICOS
Desiderio VAQUERIZO GIL
Ana B. RUIZ OSUNA
Manuel DELGADO TORRES

Comité científico y editorial


Julia Beltrán de Heredia Manuel A. Martín Bueno
Museo de Historia de la Ciudad, Barcelona, España Universidad de Zaragoza, España
Joao Pedro Bernardes
Universidade do Algarve, Faro, Portugal Trinidad Nogales Basarrate
Museo Nacional de Arte Romano, Mérida, España
Juan M. Campos Carrasco
Universidad de Huelva, España John Pearce
José Luis Jiménez Salvador King’s College London, United Kingdom
Universidad de Valencia, España
Thomas Schattner
Anja Kloeckner
Univertität zum Giessen, Deutschland Instituto Arqueológico Alemán, Madrid, España-Alemania

Paolo Liverani Alessandro Teatini


Università degli Studi di Firenze, Italia Università degli Studi di Sassari, Sardegna, Italia

Foto Portada:
Recreación del mito de Sísifo en bronce realizada por el escultor cordobés José Manuel Belmonte.

© Los autores.
© UCOPress, Editorial de la Universidad de Córdoba, 2016.
Campus de Rabanales
Ctra. Nacional, IV, km. 396
14071-Córdoba
Tfno: 957 21 21 65
http://www.uco.es/ucopress
Correo-e: ucopress@uco.es

ISBN: 978-84-9927-282-5 (Tomo I)


ISBN: 978-84-9927-283-2 (Obra completa)
Depósito Legal CO. 164-2017

Imprime:
Imprenta Luque
www.imprentaluque.es

Los editores de este doble volumen no se hacen responsables de las opiniones o contenidos recogidos en los textos, que competen en todo caso a sus autores.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares,
salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org), si necesita fotocopiar o escanear alguna página
o fragmento.

4
Índice

VOLUMEN I
VAQUERIZO GIL, D.
Arqueólogos... al rescate. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Ghedini, F.
Parchi archeologici, aree archeologiche: esperienze e prospettive di valorizzazione”. . . . . 15
Clews, S.
Public Archaeology in the UK . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Ruiz Zapatero, G.
Presente y futuro de la Arqueología en España. Luces, sombras y desafíos. . . . . . . . . . . . . 53
Criado-Boado, F.
Rescatar, ¿a quién?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
Pérez-Juez Gil, A.
Gestión e Investigación, de la utopía a la necesidad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
Almansa SÁNCHEZ, J.
Colegios profesionales y asociacionismo en la arqueología hispana. La Comunidad de
Madrid. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Berrocal Ruiz, P.
Ejercer de arqueólogo profesional. ¿Nuevas perspectivas para un tiempo diferente? . . . . . 121
Fontal, O., Martínez, M.
La Educación Patrimonial como praxis pedagógica para la enseñanza de la arqueología. . 141
Vaquerizo GIL, D.
Arqueología somos todos, o el triunfo de Sísifo... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
Campos, J. M.; Medina, N.; Bermejo, J.
El modelo de investigación y gestión de la ciudad romana de Arucci (Aroche, Huelva). . . 189
Cebrián FERNÁNDEZ, R.
Parque Arqueológico de Segóbriga (Saelices, Cuenca): pasado, presente y futuro. . . . . . . 207
Delgado, M., JAÉN, D.
El Conjunto Arqueológico de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Quince años de
puesta en valor y gestión integral del patrimonio en el medio rural. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223

5
Valero tévar, M. A.
La villa romana de Noheda: la arqueología como excusa de un proyecto de participación
rural activa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 257
Gómez Martínez, S.
Mértola, Vila Museu. Un proyecto cultural de desarrollo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269
Santacana, J., Martínez, T.
La arqueología reconstructiva y la obtención de imágenes virtuales: estado de la cuestión. . 287
Grande León, A.
El patrimonio arqueológico. Investigación, conservación, difusión y gestión en la Era
Digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 307
Blanco Guzmán, R.
La Axerquía en el tiempo. Arqueología virtual para la didáctica del patrimonio. . . . . . . . . 323
Ruiz Osuna, A.
El mecenazgo en arqueología. ¿Una solución provisional o la única vía de futuro?. . . . . . 343
Pérez de la Concha CAMACHO, R.
El binomio Patrimonio-Turismo. Las redes de cooperación municipal de los sitios Patrimo-
nio Mundial. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 359

VOLUMEN II
Olmos, P.; López, E.; Daire, M. Y.; Martin, C.; Peres, T.
Erosión litoral y participación ciudadana en el Oeste de Francia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 369
Collado moreno, Y.
Arqueología y sociedad ¿dos realidades enfrentadas? El papel de la enseñanza y la divul-
gación como factores claves para la conservación del Patrimonio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 381
Garrido, J. M.; Martín de la Cruz, J. C.
Educa divulgando ciencia: fomentando futuras vocaciones científicas . . . . . . . . . . . . . . . . 391
Serra, M.; Porfirio, E.
¡Experimentar arqueología! La educación patrimonial en el proyecto Outeiro do Circo
(Beja, Portugal). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 401
Ibáñez ALFONSO, M.
La imagen social de la arqueología y su patrimonio. El caso de Sevilla . . . . . . . . . . . . . . . 413
PALAU, L., CAU, M.A., díaz-aNDreu, M.
Creando impacto social y económico a través de las redes sociales: la ciudad romana de
Pollentia (Alcudia, Mallorca) como caso de estudio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 423
Allepuz garcía, P.
¿Todos somos arqueología...? Evaluación del impacto social del proyecto de cultura cien-
tífica Arqueología Somos Todos (2011-2016). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 439
Soriano, P.; del Pino, Mª T.
La difusión patrimonial mediante visores cartográficos en Internet. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447

6
Carpanese, I.
ARCA Project. Creación de un software específico para la valorización de las excavaciones
arqueológicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 455
Colodrero, J. M.; Costela, Y.
La aplicación de las nuevas tecnologías a la necrópolis prehistórica de Los Algarbes (Ta-
rifa, Cádiz) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 465
García, A.; Oliver, J.; Romero, M.
Arqueología y Tic en la conservación, la investigación y la interpretación del patrimonio:
el caso de los dólmenes de Serra de l’Arca (Montseny, Barcelona) . . . . . . . . . . . . . . . . . . 475
Prades, M.; Ferré, R.; diloli, J.
Aplicaciones SIG en yacimientos arqueológicos: el ejemplo de l’Assut (Tivenys, Baix
Ebre) y sus inmediaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 483
Martín de la Cruz, J. C.; Jabalquinto, I. Mª, Garrido, J. M.
Proyecto Integrado de Puesta en Valor de la Cueva del Cañaveralejo (Adamuz, Córdoba). 489
Riquelme, J. A.; Beltrán, A.
La Cueva de las Ventanas (Píñar, Granada). Investigación, conservación y difusión del
patrimonio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 499
Ortiz, A. J.; Gutiérrez, L. M.; Alejo, M.
Contribución del proyecto Giribaile en la promoción del desarrollo social. . . . . . . . . . . . . 507
Gómara MIRAMÓN, M.
Piecordero I, un proyecto de investigación arqueológica basada en la participación social. . 519
Mata, E.; Figueroa, A.
Proyecto Aqua Ducta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 529
Roger ESPINOSA, F.
Rescatemos el acueducto romano de Peña Cortada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 539
Caballero, J.; Fernández, B.; Quattrocchi, l.
La utilización didáctica de los mosaicos romanos. Entre la fábula y la mitología. . . . . . . . 551
Ortega López, D.
La recuperación de la identidad andalusí mediante la creación de nuevos espacios patri-
moniales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 563
Quesada FERNÁNDEZ, D.
Cerro Muriano, sitio histórico: un acercamiento didáctico a su paisaje y patrimonio
industriales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 573
Di Girolamo, V.; PrincipalLi, M.
Il caso Taranto. Dall’acciaio alla Bellezza: la riconversione necessaria. . . . . . . . . . . . . . . . 583
Hernández, R. D.; Dancausa, Mª G.
El turismo arqueológico en la isla de Omepete. Un análisis Dafo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 595

7
PRESENTE Y FUTURO DE LA ARQUEOLOGÍA EN ESPAÑA.
Luces, sombras y desafíos
Gonzalo Ruiz Zapatero
Departamento de Prehistoria
Universidad Complutense de Madrid
gonzalor@ghis.ucm.es

Resumen:
Se presenta una evaluación general de la actual situación de la arqueología española analizando brevemente
los cuatro agentes principales: administración, academia, museos y empresas de arqueología, con especial
interés en los efectos de la crisis económica iniciada en 2008. Se propone una agenda para el siglo XXI que
elabore un amplio informe con propuestas y prioridades para el futuro inmediato. Con un especial interés se
examina la formación de arqueólogos en la universidad y se sugieren fórmulas para la mejora de los estudios
de arqueología.
Palabras clave: Arqueología, España, administración, universidad, museos, empresas, agenda, siglo XXI

Abstract:
This essay presents a general overview of the current situation of archaeology in Spain through the critical
analysis of its four agents: administration, university, museums and contract archaeology with special atten-
tion to the effects of the 2008 economic crisis. I propose an agenda for Spanish archaeology in 21th century
with proposals and priorities to be discussed in the next future. A special interest has been paid to the training
of archaeologists at university including suggestions for improvement.
Key Words: Archaeology, Spain, management, university, museums, archaeological companies, agenda, 21th
century

La situación de la arqueología española en la segunda década del siglo XXI es resul-


tado de varios factores: su evolución interna desde hace unos 150 años, sus conexiones y
desconexiones del contexto europeo, su inserción en un mundo globalizado –también de
una cierta globalización arqueológica– y de las coyunturas políticas, económicas, sociales
y culturales del país durante las últimas décadas.
La arqueología española se fundó a lo largo del último tercio del siglo XIX, aunque
los precedentes se remontan al s. XVIII (Mora 1998), sobre la tradición de la arqueología
clásica con una fuerte orientación artística y dependencia de las fuentes clásicas por un lado
(Beltrán Fortes 2004, Oria Segura 1999), y de la tradición prehistórica relacionada con las
ciencias naturales, Geología y Antropología física especialmente, por otro lado (Ayarza- VAQUERIZO, D.;
RUIZ, A.B.;
güena 2012, Ayarzagüena y Mora 2004, Jiménez Diez 2001). Su conexión fundamental ha DELGADO, M. (Eds.),
RESCATE. Del
sido con la tradición arqueológica francesa (Cressier y Moret 2007, Rouillard 2002), en registro estratigráfico
menor medida con la alemana (Blech 2002), y en los últimos cuarenta años especialmente a la sociedad del
conocimiento:
con la tradición arqueológica anglosajona, aunque las desconexiones - cierto aislamiento de el patrimonio
arqueológico como
Europa a finales del s. XIX y durante las primeras décadas del franquismo - han resultado agente de desarrollo
sostenible,
también determinantes (Almagro Gorbea 2002) así como fuertes interferencias religiosas Córdoba 2016,
(Maier 2003). Vol. I, pp. 53-75

53
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

La globalización de la arqueología a nivel internacional (Okamura y Matsuda 2011) empezó


con la creación de una arqueología mundial a finales de los años 1960 (Clark 1967) y ha continuado
con la creación de instituciones como el World Archaeological Congress (worldarch.org/), revistas
en inglés como Antiquity, World Archaeology, Current Anthropology, Journal of World Prehistory
y otras que han unido la arqueología de los cinco continentes y síntesis con especial protagonis-
mo de la Prehistoria mundial (Renfrew y Bahn 2014) culminando, por ahora, con la monumental
Encyclopedia of Global Archaeology (Smith y Gascoigne 2014). Aunque esos factores en España
estuvieran matizados por la dictadura franquista hasta 1975 (Díaz Andreu 1993, 2002). Con la ins-
tauración democrática y la constitución de 1978 la globalización vino sobre todo de los intercambios
con arqueólogos europeos, algunos trabajando en España y, sobre todo, con la salida al extranjero
y la formación complementaria de jóvenes investigadores (programa Erasmus desde 1987, que ha
alcanzado en 2014 más de 37.000 estudiantes movilizados en todas las áreas) en países europeos más
desarrollados arqueológicamente y en EE.UU. (Uriarte 2000).
La coyuntura histórica de los últimos 30 años ha supuesto el desarrollo de la democracia es-
pañola, el fortalecimiento del estado de las Comunidades Autónomas, la transferencia de todas las
competencias de arqueología a los ámbitos autonómicos (Dupré 1991, Martínez 2002, Martínez y
Querol 2007, Ruiz Zapatero 1993) y el crecimiento económico sostenido –con la consiguiente ex-
pansión de la arqueología comercial o de empresa (Díaz del Río 2000, Moya 2010), hasta la crisis
iniciada en 2008 que ha afectado severamente al tejido empresarial y profesional (Parga Dans 2012,
Vigil-Escalera 2011). También hemos asistido a la ampliación de los estudios de arqueología en la
universidad con grados nuevos y masteres específicos (Ruiz Zapatero 2009a) y la irrupción potente
de la Public Archaeology (Schadla-Hall 2006) que, por más que algunos rechacen el término o eti-
queta, es nada más ni nada menos que la arqueología en su contexto social contemporáneo, en su más
amplio contexto (Almansa 2013). O dicho en otras palabras es pensar, analizar y situar la práctica
arqueológica y sus productos en la sociedad que vivimos.
Pero la realidad es que el escenario actual no mueve al optimismo ya que afrontamos múltiples
problemas: el hundimiento de la arqueología comercial, la inhibición de buena parte de las adminis-
traciones autonómicas para las que la arqueología se ha convertido más en una fuente de problemas
que otra cosa, el desmoronamiento de la arqueología universitaria, con pérdida de muchas plazas,
bloqueo para el acceso de jóvenes investigadores y una burocracia asfixiante que nubla la capaci-
dad del pensamiento crítico y valiente, y en fin, la atonía intelectual de los museos arqueológicos si
exceptuamos unos pocos casos que mantienen proyectos ilusionantes. Quizás, a pesar de todos los
problemas citados, la esperanza viene de arqueólogos y arqueólogas jóvenes que consiguen sacar
adelante –incluso creando puestos de trabajo– proyectos novedosos como: la estupenda revista de
divulgación, con varias series, Desperta Ferro (http://www.despertaferro-ediciones.com/), el Parque
arqueológico Arqueopinto liderado inteligentemente por Manuel Luque (http://www.arqueopinto.
com/) o iniciativas editoriales como las de Jaime Almansa (JAS Arqueología, http://www.jasarqueo-
logia.es/) o La Ergástula (http://www.laergastula.com/es/), por solo citar algunos ejemplos del en-
torno madrileño. Y además, como bien ha recordado Juan Antonio Quirós (2013: 7), porque a pesar
de este escenario gris abierto por la crisis económica iniciada en 2008 este período también ha sido
el de la creación de los primeros grados de arqueología, del crecimiento de la proyección internacio-
nal de nuestra arqueología, del fortalecimiento de la teoría arqueológica y de la generación de una
valiosa autocrítica. Elementos todos ellos básicos para construir la arqueología del futuro, aunque
sea un camino tortuoso con luces y sombras (Criado 2011).

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Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

1. Los agentes de la arqueología española


La arqueología en nuestro país está estructurada en cuatro grandes agentes: 1) las administra-
ciones autonómicas, que cuentan con todas las competencias relacionadas con las actuaciones ar-
queológicas, incluyendo la legislativa y normativa; en definitiva, las Comunidades Autónomas (CC.
AA.) organizan el escenario de los restantes agentes; 2) los museos arqueológicos –fundamental-
mente los provinciales– que conservan y protegen los restos arqueológicos procedentes de las exca-
vaciones y prospecciones oficiales, los exhiben y también desarrollan investigan en ocasiones; 3) las
universidades, que forman a los arqueólogos y conducen proyectos de investigación arqueológica,
como también lo hacen varios institutos del Consejo Superior de Investigaciones Arqueológicas
(CSIC), y 4) las empresas de arqueología, la arqueología contractual, con diversas fórmulas (Moya
Maleno 2010:13 pero ver más interesante Díaz del Río 2000: 15 y ss.), que se ocupan del trabajo de
intervención arqueológica determinado por ley, bajo la tutela de las administraciones autonómicas,
además de otras iniciativas que han tenido que emprender tras la crisis económica de 2008 y que,
en ocasiones, publican también los resultados de sus trabajos. Aunque el grado de “agrafismo” de
proyectos e intervenciones sea elevado y no solo ciertamente en el caso de las empresas (Morin y
Barroso 2014: 315).
Este escenario de la arqueología española se empezó a dibujar con la transición democrática y
la configuración del estado de las autonomías, a partir de finales de 1970 y mediados de la década de
1980 (Ruiz Zapatero 1993), con un cierto optimismo: la ilusión de la mayoría de las CC. AA. por es-
tablecer sus modelos de gestión arqueológica, como bien se puede ver a través del caso de Andalucía
(Salvatierra 1994), el crecimiento y expansión de los departamentos universitarios (Querol 1998),
la creación de empresas de arqueología (Parga-Dans y Varela 2011), sobre todo a partir de la apro-
bación de la ley 16/ 1985 de Patrimonio Histórico Español (García Fernández 2008) y , por último,
una cierta renovación de los museos arqueológicos, a veces como únicas instituciones arqueológicas
en algunas provincias.
Pero el gran error, desde mi punto de vista, de aquellos tiempos fue no establecer alguna agen-
cia, instituto o cualquier otro tipo de institución
pública que, desde la administración central, se
ocupara al menos de coordinar, reunir y actuali-
Arqueología
zar toda la información relativa a la arqueología española
del país. De alguna manera, el despegue de la
arqueología de las CC. AA. significo el final de
una arqueología nacional, entendida simplemen-
te como la disponibilidad de datos e información
de todos los aspectos de la arqueología a nivel de
estado. Hasta el punto de que la afirmación de que
no existe hoy una gestión arqueológica nacional es
rotunda y lamentablemente cierta (Vigil Escalera
2011: 19). Al resultar casi toda la gestión de la ar-
queología de titularidad autonómica la generación
de datos se hacía dentro de cada CC. AA. y la Sub- Fig. 1. La arqueología española como “metáfora del pa-
dirección General de Arqueología, que más tarde letín”, con las decisiones y gestión a nivel de cada CC.
AA. y sin organismo en la administración central del
se transformaría, careció de medios para ejercer estado que elabore datos y estadísticas de la actividad
esa labor de centralización de información. Pude arqueológica.

55
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

experimentar personalmente, ya a finales de los años 1990, la imposibilidad de reunir información


de las diecisiete CC. AA. sobre el estado de la cuestión de inventarios y cartas arqueológicas (Ruiz
Zapatero y Jimeno 1999). Esta era la cara oculta de un país, sin duda alguna descentralizado, pero
incapaz de centralizar información.
Si no existen informaciones detalladas de inversiones en arqueología y datos estadísticos bá-
sicos –como el número de arqueólogos, de empresas, gastos en trabajo de campo y arqueología
urbana, relación de excavaciones y situación de los proyectos–, el principal problema es que care-
cemos de datos cualificados para la toma de decisiones. En otras palabras, sin radiografías de cómo
somos, los diagnósticos no pueden ser fundamentados y las decisiones se harán con altos niveles de
incertidumbre y fuertes riesgos. Podemos considerar solo alguno de los parámetros fundamentales,
el primero de todos, el tamaño y perfil de la comunidad arqueológica española para tener una idea de
la fragilidad de la información disponible. Se ha estimado que el número de arqueólogos europeos
deben ser alrededor de 30.000 y la comunidad arqueológica nacional más grande es la británica con
unos 7.000. Pero apenas podemos evaluar groseramente el tamaño de la española. Es posible que su-
mando distintos colectivos (Fig.2) la cifra pueda estar entre algo más de 1800 y unos 2300, de forma
muy imprecisa y considerando la fluidez y la crisis que ha afectado al colectivo más grande, los ar-
queólogos de empresa. También es seguro que las cifras debieron ser algo superiores (2500-3000) en
el periodo del boom inmobiliario (Ruiz Zapatero 2005: 256), sobre todo en el sector citado. Quizás
algo excesiva resulta la estimación de 5000 arqueólogos españoles, si entendemos ejerciendo trabajo
como tales (Lorenzo 2009: 26). Por otro lado, la comparación entre CC. AA. resulta virtualmente

ADMINISTRACIONES NÚMERO
ESTIMADO de
AUTONÓMICAS Consejerías Cultura / ESPECIALISTAS :
Direcciones Generales Patrimonio
Institutos
Arqueólogos
Territoriales [200-225]
MUSEOS
Nacionales
Autonómicos
Municipales [200-250]

UNIVERSIDAD
Departamentos Prehistoria /Arqueología
Otros Departamentos [400-425]
CSIC
CCHS (Madrid)
INCIPIT (Santiago)
IMF (Barcelona)
IAM (Mérida) [50-60]
MISIONES EN EL EXTRANJERO
Instituto del Patrimonio Cultural de España

CENTROS EXTRANJEROS
Casa de Velázquez (Francia)
Instituto Arqueológico Alemán
EMPRESAS DE ARQUEOLOGÍA [1000-
1500 ?]
Fig. 2. Estimación aproximativa del número de arqueólogos según colectivos en el estado español.

56
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

imposible por la falta de datos. Y no digamos lo lejos que estamos de conseguir una radiografía com-
pleta como en el Reino Unido (Aitchison y Rocks-Macqueen 2013 y 2014).
Por otro lado, he señalado (Ruiz Zapatero 2012: 56) que no existen “super-arqueólogos”. Lo
que hay es un colectivo cualificado y diversificado que, si quiere actuar con fuerza, precisa de la
suma de todos los sectores de la arqueología, fun­damentalmente, como hemos visto: la academia, la
administración, los museos y las empresas (Criado, 1996 y 2010). No todos los agentes participan
de todas las partes del proceso arqueológico, pero sí es importante recordar que todos forman parte
de un sistema que necesita estar bien engranado para funcionar (Almansa 2011: ii). En esa dirección
necesitamos dos cosas: primero, recuperar la conciencia de unidad de la disciplina –la arqueología
es una por más que existan distintas esferas de actividad– para hablar todos en la misma lengua, y
segundo, fortalecer las relaciones entre los cuatro colectivos desde el respeto mutuo, la igualdad y la
diversidad (Vaquerizo y Ruiz 2013).

2. La crisis económica de 2008 y sus efectos en la arqueología


La crisis económica de 2008 –que no ha terminado y en muchos aspectos dejará efectos perma-
nentes– como lo ha hecho en otras partes (Schlanger y Aitchison 2010), ha traído consecuencias gra-
ves para todos los agentes arqueológicos y nos ha situado ante un futuro incierto (Vaquerizo 2015),
aunque el sector más castigado haya sido el de las empresas y profesionales. Un análisis superficial,
vamos a comprobar, no deja lugar a dudas.
El compromiso de las administraciones autonómicas se ha ido desvaneciendo en las dos últimas
décadas, cierto que con diferencias notables según las CC. AA. (Martínez 2002, Martínez y Querol
2004), pero como tendencia es evidente. Se han ido olvidando los Consejos Asesores, que también
generaron problemas pero al menos eran un foro de debate, muchas CC. AA. han suprimido los
concursos de subvenciones para proyectos de excavación, el número de intervenciones –alarman-
temente elevado en los primeros años– ha ido cayendo de forma preocupante en algunos casos, las
publicaciones –un déficit desde el inicio de las transferencias– no solo no han remontado sino que en
muchos casos han evolucionado a peor, especialmente las memorias de excavación. De alguna forma
el poco dinero para arqueología ha ido quitándose de la investigación básica (excavación y prospec-
ción) para canalizarlo en las intervenciones de arqueología preventiva, la presentación y difusión del
patrimonio arqueológico. Con el riesgo real de querer invertir más en la presentación de patrimonio,
rentable en términos sociales y políticos (apariencia) y menos en la investigación arqueológica, sin
la cual lo primero es cuestionable cuando no algo peor.
A lo anterior no resulta ajeno que los arqueólogos constituyen un número exiguo en las ad-
ministraciones autonómicas, incluso en las áreas con competencias fuertemente arqueológicas, y
que casi nunca ocupan puestos de elevada responsabilidad en los organigramas de las consejerías
correspondientes. Y todos sabemos que entender y explicar las necesidades de la arqueología no es
una tarea fácil, especialmente para los no-especialistas. Lo cual no quita cuota de responsabilidad a
los arqueólogos que no consiguen hacerlo entender bien a sus superiores.
Las administraciones autonómicas legislan, establecen normativas y criterios para la práctica
arqueológica, son responsables de la protección y preservación del patrimonio arqueológico y de
poner al alcance de los ciudadanos su conocimiento y disfrute (León Muñoz 2012). Por eso creo que,
reconociendo la autocrítica que cada agente debe realizar, las administraciones de las CC. AA. tie-
nen, metafóricamente hablando, el paletín de la arqueología por el mango. Sin embargo mi conclu-

57
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

sión desesperanzada es que difícilmente alguna de ellas se salvaría de la acusación de que no tienen
una verdadera política arqueológica (Vigil Escalera 2011: 18-19). Y no tienen una auténtica política
arqueológica desde el momento en que –más allá de atender genéricamente a cuestiones relaciona-
das con la arqueología–, no han establecido por escrito un mínimo compromiso de sus políticas en
arqueología. Así las CC. AA. no deberían decir que están abiertas a propuestas para financiar unos
pocos proyectos, deberían tener una hoja de ruta de prioridades para desarrollar proyectos de investi-
gación que resolvieran lagunas y problemas por regiones y periodos; deberían tener propuestas para
coordinar científicamente los cientos de intervenciones aisladas y mayoritariamente inconexas de la
arqueología preventiva, para crear marcos en los que esos datos pudieran alcanzar interpretaciones
históricas útiles. Deberían liderar y exigir la publicación de resultados. Deberían, en fin, crear con-
textos y plataformas de dialogo y colaboración con todos los demás agentes para construir verda-
deras políticas arqueológicas, porque aunque los académicos también seamos responsables (Roig i
Buxó 2013: 196), la responsabilidad mayor y última está en las administraciones autonómicas. Solo
a partir de una investigación sólida, coherente, solidaria y publicitada se podrán desarrollar buenos
proyectos de protección, preservación y presentación del patrimonio arqueológico para que la ciuda-
danía los valore, aprecie y disfrute (Sánchez Romero et al. 2012).
Uno de los resultados, probablemente no intencionadamente buscado, con la arqueología de las
CC. AA. ha sido la creación de marcos de investigación muy cerrados en las propias fronteras ad-
ministrativas actuales. La arqueología, en cierto modo, se fue provincializando, los límites político-

N 2.
2. Navarra
1. 1.
Castilla 3. 3.
La Rioja
y León 2.
3. 1.
3.
Madrid Baleares
3.
Castilla 2. 3.
3. La Mancha
Extremadura
1. Comunidades
cerradas
2. Comunidades
semi-cerradas
Arqueología
3. 3.Murcia
3. Comunidades
abiertas Andalucia

ESPAÑA
2 Administraciones arqueológicas
por comunidades autónomas

Fig. 3. Mapa de las Comunidades Arqueológicas del estado español según su mayor o menor apertura al trabajo de equipos
arqueológicos de fuera de cada comunidad.

58
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

administrativos se fueron asumiendo como los propios de la investigación arqueológica y la división


territorial parecía marcada, más que por las cuerdas que empleamos en los cortes de excavación, por
alambre de espino. Los mapas de culturas prehistóricas se dibujaban sobre los mapas autonómicos
e incluso algunos títulos de libros incorporaban el nombre de la CC. AA. cuando a todas luces las
entidades arqueológicas investigadas desbordaban los territorios autonómicos. La circunscripción
administrativa acabó en algunos casos circunscribiendo el pensamiento. La búsqueda de la genealo-
gía histórica de cada CC. AA. comenzó a formar parte de la agenda investigadora, empezando por la
Prehistoria y la Edad Antigua (Wulff 2003) y de ahí pasaría a las numerosas historias autonómicas
y enciclopedias regionales (Rivière Gómez 2000) y también a los manuales escolares (Badanelli y
del Pozo 2008).
Un dato no explorado –un indicador más de la falta de información básica que padecemos–, es
el número de excavaciones o proyectos realizados en cada CC. AA. por equipos de la misma comu-
nidad y por equipos externos, esto es de otra/s comunidad/es. Una valoración parcial –y en gran me-
dida intuitiva– me llevó a dibujar un mapa del estado con tres clases o categorías de CC. AA. (Ruiz
Zapatero 2006): comunidades cerradas, sin equipos de otras regiones, comunidades semi-cerradas,
con una minoría más o menos exigua de arqueólogos de tras comunidades y comunidades abiertas,
en las que son frecuentes los proyectos y equipos de otras procedencias. Es una impresión funda-
mentada en indicios y algunos datos aislados que bien merecería un estudio comparativo a lo largo

Fig. 4. La teoría de la gestión del patrimonio arqueológico sobre la inmensidad del registro arqueológico que demanda mucha
más atención, investigación y conservación para su adecuada gestión.

59
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

del tiempo desde las transferencias en arqueología a la actualidad, si es que se pueden conseguir los
datos.
En cualquier caso, contamos con miles y miles de materiales y datos de cientos y cientos de
excavaciones repartidas por todo el estado que podrán ser estudiadas. En algunos casos quizás re-
excavando “depósitos de materiales” de hace dos o tres décadas. La cuestión delicada es cómo ha-
cerlo. Y solo será posible mediante el concurso y la implicación de los cuatros agentes en una tarea
de recomposición de la unidad conceptual de la arqueología como generadora de conocimientos
históricos (Roig i Buxó 2013: 197).
Por otra parte hablando de Patrimonio arqueológico pienso que también hay que ser valiente
porque este término suena demasiadas veces a algo hueco, algo de cartón-piedra, algo muy genérico
con dimensión muy administrativa pero muy poco social (Ruiz Zapatero 2010a: 19-21), además de
ser un concepto difícil por su carácter polisémico (Quirós 2013: 22). La irrupción del patrimonio ha
sido un fenómeno de las últimas décadas, que parece haberse instalado sobre la necesidad de las ad-
ministraciones autonómicas de gestionar yacimientos, monumentos y materiales arqueológicos. En
muchos casos ha devenido en patrimonionitis, una obsesión con lo patrimonial, aunque en realidad
se podría hablar mejor de patrimonicidio (Molinas 2014) por sus efectos perversos y ha generado un
grupo especial de expertos: los patrimoniólogos, con manuales (Ballart 1997, Ballart y Tresserras
2001, García Cuetos 2012, Querol y Martínez 1996, Querol 2010, Pérez-Juez Gil 2006), congresos y
reuniones específicos (López-Menchero 2014) y la proliferación de cursos y másteres universitarios
por casi todas las universidades españolas debido al carácter generalista e internacional que tiene
esta especialidad (Chitty 2015).
La acepción tradicional de Patrimonio arqueológico esta ligada a su dimensión administrativa
y jurídica pero queda muy lejos de la gente. Y en realidad el patrimonio debería tratar más sobre
la gente que sobre los sitios arqueológicos y las piezas artísticas. Se pone mucho énfasis en las
bases materiales del patrimonio –sitios, lugares,
monumentos y objetos– que son localizados,
inventariados, conservados y gestionados y con
la crisis de 2008 pasan a recibir toda la aten-
ción por las posibilidades de generar recursos
económicos. Aunque más allá de esta aproxima-
ción economicista el sentido real de patrimonio
es el “acto de transmitir y recibir memorias y
conocimiento” (Smith 2006). En otras palabras,
patrimonio no es tanto una cosa física como un
proceso cultural y social, usado como una ayuda
para revisitar memorias y asociaciones, compar-
tir conocimientos y experiencias, reafirmar rela-
ciones y comunicación y construir identidades
y sentidos de pertenencia. Y en todo ello la ac-
cesibilidad de la ciudadanía vía Internet parece
la mejor fórmula, aunque las diferencias entre
comunidades son grandes (Ortiz Lozano 2015).
El modelo de Andalucia es el más completo y
Fig. 5. La cosificación del patrimonio arqueológico que con-
cibe los restos muebles e inmuebles como bienes “en conser- proporciona mucha información y herramientas
va” para un uso selectivo. útiles (VV.AA. 2007).

60
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

La banalización y mercantilización del patrimonio olvida que el sentido real de investigar,


conservar y difundir el patrimonio es educar en su valor a la sociedad que lo reconoce como propio
(Gutiérrez Lloret 2011: 116). Y además aprender de la sociedad las formas populares de percepción,
valoración y apropiación del patrimonio, en un discurso de doble dirección que respete y dignifique
a todos.

3. Una Agenda arqueológica para el siglo XXI


La desvertebración de la arqueología española, en un triple sentido: la carencia de una institu-
ción estatal centralizadora de información y servicios por un lado, la desconexión de las administra-
ciones autonómicas entre si por otro y finalmente la falta de diálogo entre sus cuatro grandes agentes
(administraciones, museos, universidades y empresas) por otro, exige, en mi opinión, una actuación
conducente a crear plataformas, espacios y organismos que puedan ir construyendo puentes y líneas
de comunicación que fortalezcan a todos los sectores y las instituciones relacionadas con la arqueo-
logía. Esta reflexión no tiene nada que ver con una búsqueda de una supuesta “arqueología nacional”,
ni pretende ningún posible proceso re-centralizador de la arqueología en nuestro país. En todo caso
los marcos nacionales en arqueología deben ser repensados (véase un excelente dossier en Brück y
Stutz 2016). El diagnóstico de la situación, duramente revelado por la crisis económica iniciada en
2008, creo que más o menos es compartido aunque ciertamente los sesgos y visiones interesadas
de parte, de todas las partes, dificulta el esbozo de las fórmulas para la mejora de la arqueología en
España.

investigación
publicación y divulgación campo

conservar
y presentar
pasado

políticas conocer públicos y


arqueológicas ampliar audiencias
Fig. 6. La “navaja suiza” de la arqueología contemporánea. Los gadgets de las políticas arqueológicas y conocimiento de
públicos son los peor habilitados.

61
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

Mi propuesta es que se debería iniciar, de forma colectiva con participación activa de todos los
agentes, un proceso de construcción de una “Agenda arqueológica para el siglo XXI”. Dos proble-
mas de entrada son la configuración del estado de las autonomías y la carencia de una institución
arqueológica del estado y por otro lado la inevitable discusión de quien toma la iniciativa. Por ello
posiblemente la única alternativa sería configurar una plataforma que agrupara a todos los arqueólo-
gos y arqueólogas de los cuatro sectores en pie de igualdad, un poco al modo de cómo se constituyo
en 1982 en el Reino Unido el IFA (Institute of Field Archaeologists), actualmente denominado Char-
tered Institute for Archaeologists (http://www.archaeologists.net/).
Un esbozo de la Agenda arqueológica XXI podría articularse en torno a las siguientes secciones
y apartados como punto de partida a debatir, ampliar y detallar:
(1) Formación y profesión: a) la enseñanza universitaria, b) adquisición de conocimientos prác-
ticos, c) colegios profesionales y asociacionismo.
(2) Investigación: a) Libro Blanco de situación y sugerencias para la mejora de la arqueología
en España, b) establecimiento de fórmulas de colaboración entre los agentes arqueológi-
cos, c) base de datos de las infraestructuras de investigación arqueológica disponibles y
herramientas de trabajo colectivas, d) informe de análisis y situación de las publicaciones
de arqueología: series, colecciones y revistas (Ruiz Zapatero en prensa). Un buen ejemplo
sobre las revistas de arqueología es el caso francés (Aubin 2007) y e) informe sobre docu-
mentación accesible por Internet, especialmente inventarios, cartas arqueológicas y otra
documentación elaborada por las CC. AA.
(3) Protección, conservación y disfrute del Patrimonio arqueológico: a) Legislación y normati-
vas autonómicas, b) arqueología preventiva,al estilo del excelente ejemplo de Francia (VV.
AA. 2013) que resultaría fundamental en nuestro caso, c) destrucción del patrimonio, ex-
polio y comercio ilegal de antigüedades, d) planeamiento y ordenación del territorio, e)
restauración y problemas museológicos y f) plan nacional de divulgación arqueológica con
nuevas iniciativas como la organización de Día de la Arqueología y otras parecidas que
acerquen el pasado a la gente y permitan a la ciudadanía disfrutar de la historia y los restos
arqueológicos o la inclusión de la “sostenibilidad” en los programas educativos y divulgati-
vos de arqueología (Carman 2016).
(4) Arqueología y sociedad: a) museos y sitios arqueológicos, b) turismo arqueológico, c) me-
dios de comunicación, d) relevancia de la arqueología para otras disciplinas y e) conexiones
de la arqueología con el arte en todas sus expresiones (Laneri 2002) y búsqueda de nuevas
audiencias.
La desvertebración actual de la arqueología española necesita, de cara al futuro inmediato, ir
tejiendo espacios de encuentro de conocimientos, experiencias, fórmulas organizativas y opiniones
como territorios de afirmación individual y colectiva de la arqueología. La voluntad política de las
administraciones responsables de la arqueología resultará clave pero no menos que las voluntades de
los tres agentes restantes: empresas de arqueología, museos y universidades. Es más pienso que sólo
la capacidad de actuación de estos últimos, en pie de respeto e igualdad, podrá cambiar sustancial-
mente el escenario de la arqueología española (Barreiro 2013).

4. La arqueología en la universidad
La falta de una tradición de estudios centrados en la arqueología en la universidad española,
más allá de algunos trabajos pioneros (Querol 1998, Ruiz de Arbulo 1995 y 1998, Ruiz Zapatero

62
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

1998), refleja una situación generalizada –salvo en la tradición anglosajona (Collis 2001, Flatman
2015, Jackson y Sinclair 2009) y francesa (Lehoërf 2009)– y resulta especialmente preocupante para
el futuro de la formación de arqueólogos en nuestro país. La enseñanza de la arqueología apenas re-
cientemente ha merecido alguna atención (Ruiz de Arbulo 1998, Ruiz Zapatero 2005, VV.AA. 2005)
y las necesidades de los nuevos currícula han tenido poco debate (Ruiz Zapatero 2009a, Vaquerizo
2015: 101). Por un lado, hay razones para el optimismo si consideramos que el número de estudian-
tes de Arqueología crece continuamente y que los nuevos grados de Arqueología de las universidades
catalanas y la Complutense tienen notas de corte significativamente por encima de la media de las
Facultades de Letras, lo que demuestra una atracción importante por la Arqueología. Por otra parte,
el lado oscuro es el reclutamiento del profesorado con indicadores obscenos de endogamia, más
del 97% de las plazas ganadas por el candidato local/oficial, lo que genera falta de criticismo y el
mantenimiento de redes clientelares (González Ruibal 2011). Y este punto, sin discusión alguna, es
la clave de todo el sistema universitario. La endogamia tiene su última explicación en la autonomía
universitaria porque cada CC. AA. defiende ciegamente que su sistema universitario es bueno y no
sobra nada ni nadie; algo que a todas luces es falso y además bloquea cualquier posibilidad de debate
crítico y toma racional de decisiones. Eso explica que en la actualidad sólo asistamos a la supresión
de especialidades y enseñanzas, muy raramente a la creación de nuevas o que haya profesores sin
docencia o con docencia mínima en algunas universidades, generalmente pequeñas o con centros
dispersos en el territorio, mientras en otras, normalmente las grandes, el profesorado tiene cargas

Vd. tranquilo profesor que tenemos bien atadas las Me dan mala espina esos tipos
plazas y ya nos Si no sale lo
pensando en lo que no deben del CSIC nos
ocuparemos de
que no vengan
A mí me han vamos a la Uni
“extraños” … prometido la
plaza …

Fig. 7. Versión cómica (pero rigurosamente cierta) de la endogamia universitaria en la provisión de plazas docentes (tuneado
mío del original del tebeo Roberto Alcázar, el intrépido aventurero español, de Editorial Valenciana [1941-1976]).

63
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

docentes muy intensas. Es el problema angular de la universidad española, su vinculación político-


administrativa a los gobiernos regionales autonómicos, que hipoteca cualquier intento de solución
de los múltiples problemas que nos aquejan y que demuestran que nuestras universidades son mani-
fiestamente mejorables (Azcárraga 2011). Ningún gobierno autonómico reconoce inconsistencias,
para ellos no sobran ni universidades ni especialidades y todo funciona bien. Con ese planteamiento
inicial resulta imposible abordar con independencia, rigor académico y responsabilidad social los
problemas de fondo de la universidad española.
No contamos con estudios ni encuestas sobre lo que se percibe como relevante para desarrollar
una carrera en Arqueología, aunque alguna pista nos puede proporcionar una encuesta internacional,
con representantes de más de 30 países (Smith et al. 2015: 304 ss.) que identifica como habilidades
más importantes la experiencia de campo (29,3 %), las publicaciones (17,7 %), y el trabajo en red
(14,6 %). Pero las percepciones del valor relativo de las distintas habilidades varía según los países.
Para una carrera académica en España, es necesario cursar algún master que abra las puertas
del doctorado y realizar una tesis ajustada a los plazos. Pero la obtención de un doctorado en arqueo-
logía se ha abierto a la posibilidad de hacerlo alternativamente mediante la presentación de varias
publicaciones, un sistema copiado de las ciencias duras que en mi opinión abre puertas peligrosas
(Ruiz Zapatero 2015). Al mismo tiempo es crucial contar con buenas publicaciones, también a nivel
internacional, participar en proyectos de investigación y congresos y si es posible ir consiguiendo
alguna experiencia docente. Y muy importante para los futuros candidatos realizar estancias en bue-
nos centros extranjeros que permitan lograr especializaciones internacionalmente reconocidas y una
experiencia diferenciada muy valiosa. Bastantes de los buenos jóvenes arqueólogos van ocupando
puestos en otros países, por necesidad y ante la falta de oportunidades en España. Con todo, los

Universidad
de Santiago Universidad Autónoma
Clave: de Barcelona
Universidad
Zaragoza
Universidades
con Grado
Universidad Universidad
Complutense Barcelona
Universidad
Universidades Valencia
pensando Grado

Universidades Baleares
con posibilidades
de tener Grado
Universidad
Granada Grado en
Universidad
de Sevilla Arqueología

Canarias

Fig. 8. Mapa de las áreas teóricas de influencia, empleando polígonos Thiessen, de las universidades con Grados de Arqueo-
logía en España.

64
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

procesos de selección del profesorado de acceso están muy cerrados con baremos rígidamente esta-
blecidos por las universidades que no parecen perseguir siempre el objetivo deseable de seleccionar
a los mejores. Un ejemplo, en mi universidad el último concurso de un doctor asociado en el que fui
miembro del comité de selección el baremo oficial concedía un máximo de 14 puntos sobre 100 a los
méritos en publicaciones, algo ridículo si se tiene en cuenta que es lo más relevante y lo más fácil de
evaluar. Otros apartados evaluaban la experiencia “interna” y dimensiones más difíciles de baremar
objetivamente.
En la actualidad hay Grados en Arqueología en muy pocas universidades: Autónoma de Bar-
celona y Barcelona, Complutense de Madrid y Sevilla-Granada (Hernando y Tejerizo 2011: 60-63)
con un total de ingreso de algo más de 200 estudiantes. Hace apenas dos o tres años que salieron los
primeros graduados que, a pesar de todos los problemas, creo que obtienen una formación acepta-
ble; y no es solo una opinión personal sino lo que declaran muchos de ellos cuando salen a realizar
másteres y tesis a universidades extranjeras. Algunas pocas universidades podrían implantar el grado
por plantilla docente pero no lo hacen porque temen no alcanzar un número suficiente de estudiantes.
(Fig. 8 ). En todo caso, a través de otros grados (p.e. Historia, y Humanidades) se siguen formando
muchos arqueólogos en la mayoría de las universidades españolas. La afluencia importante de estu-
diantes en el grado de Arqueología en las universidades citadas quizás este marcando la tendencia de
que cada vez más estudiantes buscan el grado específico para ser arqueólogos.
En el caso de los másteres los problemas no son pocos (Hernando y Tejerizo 2011: 63-65):
la falta de número suficiente de alumnos para que sean viables, el rechazo de algunos estudiantes
a seguir en la misma universidad donde cursaron el grado y la tendencia de otros a seguir estudios
en el extranjero. Esta última, sin duda alguna, la mejor opción, porque si somos autocríticos habrá
que convenir en que difícilmente las universidades españolas pueden aportar una formación puntera
en muchos campos de la arqueología contemporánea para una buena formación y un buen docto-
rado que permita abrirse camino en la carrera investigadora. Y el plan Bolonia creo que, entre la
burocracia universitaria y los recortes económicos de la crisis, quedo muy desvirtuado (Hernando
y Tejerizo 2011: 59-60). A ello hay que sumar la tradicional inercia del profesorado y su conserva-
durismo, el pobre equipamiento en laboratorios y medios de investigación arqueológica en muchas
universidades, la falta de conocimiento de los mejores planes europeos y de voluntad académica para
incorporar lo mejor, la propia heterogeneidad del mapa universitario español y la indefinición real
del modelo de universitario del EEES en España. Demasiados dardos para hacer diana (Ver Fig. 9).
La mejor prueba de que las cosas han sido así lo revelan las asfixiantes medidas burocráticas para
prácticamente nada efectivo, el replanteamiento actual de los estudios superiores con el 3 + 2 (3 años
de grado y 2 de máster) y el aumento desmesurado de las tasas académicas.
Aunque también carecemos de datos estadísticos el reparto de especialidades dentro de la arqueo-
logía académica es bastante asimétrico: la especialidad más extensa en número de docentes es la de
Arqueología Prehistórica, seguida de Arqueología Clásica, con muy reducida presencia de arqueólogos
medievalistas y todavía menos de expertos en arqueología industrial; no digamos de expertos en ar-
queología contemporánea o del presente, casi inexistentes (González Ruibal 2014, 2016).
Pero los estudios de arqueología también tienen sentido más allá de la formación de arqueólo-
gos. La arqueología es atractiva, divertida, muy social y comprometida con el presente, desarrolla
muy diferentes habilidades y conocimientos y aborda cuestiones fundamentales de la condición
humana (Schofield 2012). Por eso prepara bien para trabajos relacionados con la enseñanza, la ges-
tión cultural, los medios de comunicación y el patrimonio. Graduados y doctores de mi universidad

65
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

Arqueología
Bolonia
Bolonia

indefinición real del pobre equipamiento


modelo universitario universidades
del EEES en España españolas

ESPAÑA
Fig. 9. El plan Bolonia objetivo de los múltiples dardos que han conducido a su casi total irrelevancia.

trabajan de muchas maneras fuera del campo de la arqueología y en ocasiones en experiencias únicas
y extraordinarias como el estudio de la cocina y los alimentos del pasado para un famoso restaurante-
laboratorio. Como sugiere Schofield (2012: 49) la amplia red de nuestros graduados puede llevar este
mensaje esperanzador muy lejos porque la arqueología y el patrimonio no están atrapados en el pasa-
do; tienen vitalidad y futuro. Y sin duda, el grado de arqueología es la mejor elección para muchos.
En cualquier caso la carrera académica exige ser realista, conocer las posibilidades y potencia-
lidades de cada uno así como los contextos académicos y prepararse para adquirir las habilidades
requeridas y desarrollar redes de contacto y trabajo. Pero también identificar las especialidades con
más posibilidades, mantenerse al día de la investigación puntera y tener capacidad para elegir buenos
mentores, asistir a congresos y reuniones relevantes, seminarios, cursos y conferencias estimulantes
y mantener lo que llamo una agenda propia de lecturas arqueológicas y no-arqueológicas. Y por
último, algo cada vez más necesario: pensar localmente, nacionalmente e internacionalmente (Smith
et al. 2015: 332).
Antes de ocho ó diez años la generación que hemos permanecido en la arqueología universitaria
desde los años 1970 se habrá jubilado y el tapón generacional que llevamos acumulando desde hace
veinticinco años junto al impacto de la crisis económica iniciada en 2008, con la paralela amortiza-
ción de plazas, llevará a la arqueología en la universidad española a una situación límite. Y el proble-
ma en algunas universidades llegará todavía antes; algunas universidades de larga y buena tradición,
como Salamanca, quedarán con apenas algún profesor funcionario en Prehistoria en pocos años. Y
no hace falta insistir en que la formación de buenos investigadores docentes necesita tiempos largos.

66
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

Si a ello le sumamos la poca efectividad en la selección de los mejores candidatos en las pocas plazas
disponibles el escenario es más negro que el que yo mismo contemplaba hace unos años antes de
ver los efectos devastadores de la crisis económica (Ruiz Zapatero 2010: 244-45). Por último, si el
sistema universitario no se flexibiliza seguiremos perdiendo contacto con la realidad arqueológica;
se tienen que conseguir fórmulas de contratación rápidas, temporales y atractivas para que expertos
de diversos campos de la arqueología de fuera de la academia puedan llevar sus conocimientos a
los futuros arqueólogos. Esto es especialmente grave en el caso del CSIC, pero también lo es con
el mundo de los museos, las empresas de arqueología y las administraciones. La estancaneidad del
modelo universitario español tiene que terminar o la relevancia de los estudios de arqueología se
verá muy afectada y proliferarán –como ya existen– alternativas formativas en arqueología extra-
universitarias.

5. La arqueología en los Museos


Los museos, yacimientos arqueológicos visitables o presentados al público con centros de in-
terpretación (Hernández, 2010; Timoney, 2009) constituyen una de las formas más directas, eficaces
e impactantes de divulgar el pasado (Merriman, 1999; Masriera, 2007; Mansilla, 2004; Moser, 1998;
Santacana y Hernández, 2006). Los problemas que todavía arrastran bastantes museos arqueológicos
–presentaciones de objetos descontextua­lizados, mero atractivo visual con pocos mensajes claros y
pobre museografía (Lull, 2007: 364-66 y Ruiz Zapatero, 2009b: 27 ss.)–, hacen que las cifras de vi-
sitantes en nuestro país no sean muy elevadas y, además, habría que recordar que buena parte de sus
visitantes es público cautivo (por ejemplo los escolares llevados obligatoriamente). Con todo dispo-
nemos de pocos estudios de visitantes de museos arqueológicos (Alcalde, 1995; Gar­cía Blanco et al.,
1999; Pérez Santos, 2000) y desde luego no contamos con una radiografía detallada de los mismos.
Por otro lado, no tenemos muchos yacimientos bien presentados al público, aunque cuando la
oferta es buena consiguen atraer a decenas de miles de visitantes al año: Atapuerca, Numan­cia, Emé-
rita y Tarraco, las cuevas con arte paleolítico de la región cantábrica y muchos otros sitios arqueoló-
gicos (http://www.arqueoturismo.net/) constituyen verdaderos polos de atracción turística cultural. Y
ver y “tocar” los restos arqueológicos in situ siempre constituye un estímulo atrac­tivo para todos los
públicos (Ruiz Zapatero 1998). Las visitas guiadas cada vez tienen más demanda así como cualquier
actividad participativa. Un caso especial es la de las visitas a excavaciones en desarrollo, desde la
bienvenida rotunda de hace años (Binks et al., 1988) no ha habido mucho interés en publicar expe-
riencias y estrategias para mejorar la experiencia de las audiencias (Moshenska, 2009) y en nuestro
caso no conozco ningún estudio ambicioso en esta dirección. Por otra parte, hay un peligro continuo:
necesitamos combatir la pura mercantilización de los sitios arqueológicos (Rowan y Baram, 2004) y
el mero consumismo patrimonial (Ruiz Zapatero, 2009b).
La asignación de arqueólogos al mantenimiento y conservación de sitios y conjuntos arqueo-
lógicos es un yacimiento de empleo y al mismo tiempo una necesidad para generar atracción de
turismo cultural. Las CC. AA. deberían contemplar esto no como un coste molesto sino como una
inversión de futuro en el patrimonio arqueológico y las economías locales.
Los museos consiguen mantenerse porque el nivel de la museografía arqueológica se ha ele-
vado (Santacana y Hernández 2006) y porque la renovación y aparición de nuevos museos –Museo
Arqueológico de Alicante, Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, Museo de
Altamira, Museo Arqueológico Nacional y Museo de la Evolución Humana de Burgos– esta consi-

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G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

guiendo ampliar la captación de públicos diversos (Azuar 2011). La continuidad en la convocatoria


de plazas de distintos niveles los convierte en un sector atractivo aunque las posibilidades de nuevas
incorporaciones sean limitadas. La incorporación de visitas guiadas, talleres y otras actividades es
una veta de empleo que puede crecer en el futuro. En la medida que está creciendo el turismo inter-
no e internacional en España el turismo cultural y arqueológico irá creciendo en los próximos años
(Menéndez et al. 2015). Por esa razón y por la riqueza y variedad del Patrimonio español, de cara al
futuro, es un área de crecimiento potencial interesante, con nuevas iniciativas conectadas como las
empresas de turismo arqueológico y los Parques de arqueología que tímidamente empiezan a surgir
(Martín-Bueno y Luesma 2006).

6. Las empresas de arqueología


Han pasado a constituir el sector más fuerte en la medida que entre el 80 y el 90% de las inter-
venciones arqueológicas las hacen ellos, aunque quizás el término acuñado en el Reino Unido “los
arqueólogos invisibles” (Everill 2012) hace justicia a su gran número pero al mismo tiempo a su
escasa visibilidad en la arqueología publicada. De hecho su pura visibilidad física ha sido revelada
gracias a los recientes e interesantes trabajos de E. Parga Dans (2010, 2012, 2016) que es quien ha
conseguido delimitar sus contornos y diagnosticar sus problemas (Berrocal 2014). Problemas que
tras el inicio de la arqueología contractual a finales de los años 1980 han ido siendo crítica, lúcida y
continuadamente denunciados, con distintos matices pero de forma contundente (Díaz del Río 2000,
Moya Maleno 2010, Morin y Barroso 2014, Rodríguez Temiño 2010, Vigil Escalera 2011). Y ade-
más nos falta una perspectiva más amplia, una comparativa con la arqueología contractual de otros
países que sirva de alguna orientación (Demoule 2007 y 2012, Kristiansen 2009).
Las denuncias repetidas sobre los problemas , en todo caso, no han conducido a su desapa-
rición (González Álvarez 2013b). En algunas situaciones, como el empleo de estudiantes en las
campañas de excavación se ha llegado a denunciar su peligro potencial para el reconocimiento de un
trabajo profesional que tiende a la precarización (González Álvarez 2013a). En determinados casos
la situación incluso ha evolucionado a peor, aunque ciertamente en algunos ámbitos la arqueología
comercial ha resultado innovadora (Castro Martínez et al. 2012), como también lo es en tratamiento
informático y la arqueología digital (González Reyero 2015).
La crisis económica de 2008 ha afectado severamente al sector, la pérdida de cerca del 50% de
sus efectivos no parece nada exagerada y aunque se quiera ver el lado bueno de que ha obligado a
la arqueología española a repensarse (Pain 2012), la realidad es que muchas empresas han cerrado
o han tenido que reinventarse con fórmulas diversas que sustituyen a los proyectos de excavación
reducidos al mínimo con la explosión de la burbuja inmobiliaria (Criado Boado et al. 2015). Y los
problemas ya señalados hace tiempo (Díaz del Río 2000) no se han resuelto (Vigil Escalera 2011:
18-19): escasa formación universitaria para el ejercicio profesional en este ámbito, pocos contro-
les de calidad por parte de las administraciones, opacidad de los informes y memorias generados
y ausencia de proyectos marco en los que incluir las numerosas intervenciones arqueológicas. El
resultado ha sido un “pequeño mundo en ruinas”, en palabras de Vigil Escalera (2011) que parecen
muy acertadas.
Siendo de alguna manera el colectivo más débil se entiende, al menos en parte, porque a pesar
del buen análisis de Díaz del Río (2000:16) del panorama del sector que establecía con agudeza la
agenda para su debate en el siglo XXI, ese debate lejos de producirse ha sido casi desmantelado por

68
Rescate. Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible

la crisis económica. Recuperar los términos de ese debate se me antoja una necesidad importante no
solo para los arqueólogos contractuales sino para toda la arqueología española, en la medida que los
problemas de fondo son problemas de todos los arqueólogos, o deberían serlo.

7. Construyendo el futuro desde los restos del pasado


Los arqueólogos, argumentaba M. Shanks (2007: 273), realmente no descubrimos el pasado,
sino que establecemos relaciones con lo que podemos recuperar y nos queda de ese pasado. Internet,
ha cambiado las formas en que podemos establecer estas relaciones, entre nosotros y con los restos
del pasado. Y como dice González Reyero (2015: 40) Internet propicia y alimenta relaciones nuevas;
por tanto, debemos abordar en qué medida estas relaciones nuevas implicarán la transformación
de algunas prácticas arqueológicas tradicionales. Además las TIC han modificado por completo la
forma de acceder, gestionar y diseminar el conocimiento. La publicación digital, las nuevas revistas
electrónicas y hasta la manera de leer y procesar información han cambiado el escenario de la ar-
queología.
La arqueología tendrá que seguir fortaleciendo su teoría, métodos y práctica y además debere-
mos afrontar con decisión nuevas relaciones e implicaciones con interlocutores que tradicionalmente
hemos ignorado o tenido poco en cuenta (una amplia visión poliédrica en Almansa 2013). Sin pre-

1
EDUCACIÓN

2
6

5 3

CULTURA POPULAR
4

Fig. 10. Las seis fronteras más relevantes de la arqueología en la España contemporánea.

69
G. Ruiz Zapatero. 2016. Presente y futuro de la arqueología en España. Luces, sombras y desafíos

tender ser exhaustivo hay, al menos, seis fronteras que habrá que explorar para el desarrollo futuro
de la disciplina. Estas fronteras son: 1) La educación en sentido amplio, desde la enseñanza reglada
primaria y secundaria (textos escolares, actividades y campañas de iniciación) a todos los medios
imaginalbles para llegar a cuantos más públicos mejor, para una auténtica alfabetización arqueológi-
ca ciudadana. En este sentido los niños constituyen un sector clave (Mather 2015). 2) Las adminis-
traciones en sus tres niveles; estamos acostumbrados al autónómico que legisla y gestiona, pero las
iniciativas municipales van creciendo y muchos ayuntamientos promueven proyectos arqueológicos
que sin duda seguirán esta tendencia al alza. Y a nivel de administración central habría que conseguir
en algún momento tener presencia específica, a través de los partidos políticos, en el Parlamento de
la nación. 3) Los medios de comunicación tradicionales –prensa, radio y televisión– y los nuevos
–Internet y las redes sociales– exigirán imaginación, audacia y rigor y serán fundamentales si que-
remos que la arqueología tenga relevancia en la sociedad del siglo XXI (Rockman y Flatman 2012).
4) La cultura popular, porque el conocimiento, reconocimiento y respeto de las formas tradicionales
de cultura relacionados con la historia y los restos arqueológicos son fundamentales en lograr el in-
terés y apoyo de esas capas sociales (Holtorf y Högberg 2015, Ruiz Zapatero 2012). Y a través de su
dignificación podemos llegar a plantear nuevos objetivos que vayan más lejos, sin por ello despreciar
esas manifestaciones populares (Holtorf 2005 y 2007). 5) Los movimientos esotéricos, de tipo New
Age y otros, que lejos de ser menospreciados deberán generar actitudes, programas educativos y
fórmulas para, desde el respeto de los sentimientos particulares, promover la racionalidad, la ciencia
y el conocimiento histórico. Y, por último, 6) los desarrolladores, especialmente los privados porque
actitudes solo beligerantes y de confrontación llevan al ocultamiento de información arqueológica
y la destrucción de patrimonio arqueológico que, en ocasiones, no llega ni a ser identificado. La
promoción de políticas de colaboración que respeten el registro arqueológico y permitan simultánea-
mente el desarrollo económico no es una tarea fácil pero es la única salida viable.

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como agente de desarrollo sostenible

el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible


Del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento:
VAQUERIZO, D.
RUIZ, A.B.
DELGADO, M. (Eds.)

RESCATE
ISBN 978-8-499-27282-5

9 788499 272825
TOMO I

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