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CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD EN EL INGENIOSO HIDALGO

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

ANÁLISIS DEL CAPITULO XLV

Juan Manuel Maldonado Peña


1922286

Profesor:
Carlos Andrés Sanchez Jaramillo PHD
FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA SOCIAL
402184M

INSTITUTO DE PSICOLOGÍA
UNIVERSIDAD DEL VALLE
SANTIAGO DE CALI
2020
CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD EN EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE
DE LA MANCHA

CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD EN EL INGENIOSO HIDALGO


DON QUIJOTE DE LA MANCHA

El presente ensayo tiene como objetivo ofrecer una explicación, fundamentada en los
conceptos básicos del socio construccionismo, sobre los sucesos ocurridos en el capítulo
XLV de la obra El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (Cervantes, 2015).
Particularmente, nos interesa la disputa que discurre entre varios personajes sobre la
ontología del Yelmo de Mambrino (O bacín de barbero, dependiendo a quien se le
pregunte) y como esta ha sido distorsionada y reconstruida a través de un proceso de
institucionalización que involucra al lenguaje y a la interacción social como principales
agentes de la realidad construida. Para ello, nos apoyaremos en uno de los textos base de la
teoría del construccionismo social La construcción social de la realidad (Berger, Peter L.;
Luckmann, Thomas, 2001) así como de uno de los ensayos críticos más importantes
escritos sobre el Quijote Perspectivismo lingüístico en el Quijote (Spitzer, 1955). Ambos
textos nos ayudarán en el análisis de la obra.

Contextualización narrativa

Basta decir que la historia trata de Don Quijote, un hidalgo que se ha vuelto loco a causa de
la lectura de muchas novelas de caballería —y que ha decidido, desafiando cualquier
sentido de lo común, convertirse en un caballero él mismo— y su escudero, Sancho Panza,
quien no está loco, pero lo sigue y obedece bajo la promesa de ser el gobernador de su
propia ínsula. Ambos personajes salen al mundo en busca de aventuras que son en su
mayoría invenciones de la imaginación insana de Don Quijote, y cuya resolución termina
casi siempre de manera negativa para los dos. Una de las pocas aventuras que termina en
una victoria para Don Quijote es, precisamente, la que involucra la obtención por vez
primera del yelmo de Mambrino en el capítulo XXI de la primera parte. Sancho y Don
Quijote se encuentran con un barbero en el camino que ha colocado un basín sobre su
cabeza para cubrirse de la lluvia. Don Quijote identifica el basín como el Yelmo de
Mambrino, un tesoro de valor incalculable para él; siendo esto así, Don Quijote arremete

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indiscriminadamente contra el barbero indefenso, y este huye dejando tras de sí el


bacín/yelmo que Don Quijote reclama inmediatamente como botín de guerra. A partir de
este momento, el Yelmo de Mambrino es mencionado unas cuantas veces como parte de la
indumentaria de Don Quijote. Pero no es hasta el capítulo XLIV, cuando el mismo barbero
entra a la venta en donde Don Quijote y Sancho se hospedan, que este vuelve a ser
protagonista de la acción. En este capítulo el barbero reclama a Don Quijote el robo de su
basín, y le pide que lo devuelva. Don Quijote, sin embargo, está convencido de que este no
es basín sino yelmo, y de que su posesión es legítima debido a que fue reclamado como
botín de guerra tras vencer en batalla.

En el capítulo XLV se realiza una votación entre las personas presentes en la venta para
resolver el problema de si aquel objeto es basín de barbero o Yelmo de Mambrino. La
votación es organizada por Don Fernando, y en ella participan el barbero —otro barbero,
este del pueblo de Don Quijote—, el cura, Cardenio, y los camaradas de Don Fernando.
Los votantes son conscientes de la locura de Don Quijote, pero deciden seguirle el juego
como forma de entretenimiento. Para sorpresa del barbero—el dueño original del basín—,
todos están de acuerdo en que el objeto es, en efecto, el famoso Yelmo de Mambrino y por
lo tanto Don Quijote lo ha adquirido de manera legítima. Hay algunas personas, sin
embargo, que no están enterados del extraño carácter de Don Quijote, y consideran que en
la venta se está cometiendo una injusticia. Los cuatro criados de Don Luis, entonces, entran
en la discusión, y lo hacen de tal manera que todo termina en una pequeña batalla campal
que no será resuelta en su totalidad hasta el siguiente capítulo, cuyo análisis no nos interesa.

Marco Teórico

El socio construccionismo o construccionismo social fue introducido por primera vez por
Peter L. Berger y Thomas Luckmann en 1966, en su libro La construcción social de la
realidad y desde entonces se ha convertido en una de las teorías más estudiadas en el área
de las ciencias sociales. El socio construccionismo cuestiona la realidad tal y como es
concebida por diferentes sujetos y sociedades. Es decir, no cree en la existencia de una

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realidad objetiva al margen de cualquier intervención histórica o social, y por lo tanto


propone que la realidad es construida precisamente por distintos procesos sociales e
históricos. Tampoco cree en la existencia de un ser humano capaz de formar una identidad
al margen de estos procesos, y en su lugar afirma que son estos los que le otorgan la
identidad al ser humano.

Los hombres producen juntos un ambiente social con la totalidad de sus formaciones
socioculturales y psicológicas. Ninguna de estas formaciones debe considerarse como un
producto de la constitución biológica del hombre, la que, como ya se dijo, proporciona solo
los límites exteriores para la actividad productiva humana. Así como es imposible que el
hombre se desarrolle como tal en el aislamiento, también es imposible que el hombre
aislado produzca un ambiente humano. El ser humano solitario es ser a nivel animal (lo cual
comparte, por supuesto, con otros animales). Tan pronto como se observan fenómenos
específicamente humanos, se entra en el dominio de lo social. La humanidad específica del
hombre y su socialidad están entrelazadas íntimamente. El homo sapiens es siempre, y en la
misma medida, homo socius. (Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 72)

La idea central es que las personas y los grupos que interactúan en un sistema social crean,
con el tiempo, conceptos o representaciones mentales de cada una de sus acciones, y que
estos conceptos eventualmente son internalizados como roles encarnados por los actores
que participan de la interacción social. Cuando estos roles son compartidos con otros
miembros de la sociedad las interacciones reciprocas son institucionalizadas. En el proceso,
una realidad social es construida. El conocimiento y las concepciones de la gente (así como
sus creencias) de lo que la realidad es se vuelven inseparables de la realidad social
construida institucionalmente.

El orden social no forma parte de la "naturaleza de las cosas" y no puede derivar de las
"leyes de la naturaleza". Existe solamente como producto de la actividad humana. No se le
puede atribuir ningún otro status ontológico sin confundir irremediablemente sus
manifestaciones empíricas. Tanto por su génesis (el orden social es resultado de la actividad
humana pasada), como por su existencia en cualquier momento del tiempo (el orden social
solo existe en tanto que la actividad humana siga produciéndolo), es un producto humano.
(Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 73)

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En su obra, Berger y Luckmann resaltan la importancia del lenguaje en el proceso de


institucionalización y construcción de la realidad social, en tanto que es una actividad
externa al sujeto y que a su vez tiene un efecto represivo sobre él, es decir, que obliga al
sujeto a adaptarse a sus pautas. Las acciones del ser humano, entonces, están limitadas por
su propio lenguaje, y es gracias a este que logra convivir en sociedad. El lenguaje es
importante porque a través de él es posible objetivar la realidad, volverla inteligible más
allá de su materialidad.

El lenguaje construye entonces enormes edificios de representación simbólica que parecen


dominar la realidad de la vida cotidiana como gigantescas presencias de otro mundo. (…)
De esta manera, el simbolismo y el lenguaje simbólico llegan a ser constituyentes esenciales
de la realidad de la vida cotidiana y de la aprehensión que tiene de esta realidad el sentido
común. (Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 59)

De esta manera, el lenguaje se convierte en un aparato de legitimación y de mantenimiento


de la realidad construida.

El lenguaje proporciona la superposición fundamental de la lógica al mundo social


objetivado. Sobre el lenguaje se construye el edificio de la legitimación, utilizándolo como
instrumento principal. La "lógica" que así se atribuye al orden institucional es parte del
acopio de conocimiento sociaimente disponible y que, como tal, se da por establecido.
(Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 87)

Por otra parte, el ensayo de Leon Spitzer contextualiza a el Quijote como un ejemplo
temprano de perspectivismo, concepto planteado por primera vez en el siglo XVII por el
filósofo alemán Gottfried Leibniz, el cual sostiene que nuestra visión de la realidad está
siempre afectada por nuestra perspectiva o punto de vista. Spitzer justifica su posición a
través de los procesos de polinomasia y polietimología presentes en las dos partes del
Quijote.

Así debemos concluir que, mientras para el mundo medieval los procedimientos de
polionomasia y polietimología importaban para el conocimiento de la obra de Dios en el
mundo, Cervantes empleaba los mismos procedimientos con la finalidad de revelar la
multivalencia de que están dotadas las palabras para las distintas mentes humanas. (Spitzer,
p. 163)

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Más importante aún es el contexto histórico en el que la novela es escrita; Cervantes ha


abandonado por completo el mundo medieval. Es decir, el mundo ha dejado de ser definido
por una única verdad (Dios) y en su lugar se ha convertido en un lugar en donde las
verdades son multitudes. Gracias a la invención de la imprenta en el siglo XV, controlar la
totalidad del conocimiento de las masas se vuelve una tarea virtualmente imposible, y tras
La Reforma el hombre común se siente capaz de utilizar ese conocimiento para construir y
compartir sus propias interpretaciones de Dios y del mundo. Tampoco es una obra
netamente renacentista, pues no comparte su mismo optimismo y entusiasmo por la vida y
el mundo clásico.

Mientras que los escritores del Renacimiento podían construir sus mundos de palabras de
lujuriante exuberancia, libres para jugar con el lenguaje gracias a su confianza fundamental
en la vida, con el artista barroco, en cambio, se le permite a la Desilusión colorar todas las
cosas del mundo, incluidos los libros y sus palabras, que poseen solamente la realidad de un
sueño. No son ya las palabras, como lo habían sido para la Edad Media, receptáculos de
verdades, ni tampoco como en el Renacimiento, expansión de la vida: son, al igual que los
libros donde están encerradas, fuentes de duda, de error, de decepción…, sueños. (Spitzer,
p. 175)
Aunque encasillar a una obra como el Quijote dentro de una categoría nunca le hará
justicia, pensarla dentro del contexto del barroco es relevante porque la presencia del
perspectivismo (y, luego, del construccionismo social) solo es posible en una obra
completamente desengañada de la importancia de las palabras como verdad absoluta.
Recordemos el tema barroco por excelencia, «[…] que los sueños sueños son» y que una de
sus obras cumbres es, precisamente, La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca. En la
novela de Cervantes no existe ninguna pretensión de realidad objetiva, sino que esta está
siempre mediada ya sea por la imaginación del propio Don Quijote o por la idiosincrasia de
alguno de sus personajes secundarios. Dicho en otras palabras, la realidad del Quijote es
una realidad construida.

Esto quiere decir que en la novela de Cervantes las cosas se representan no por lo que ellas
son en sí, sino sólo en cuanto objeto de nuestro lenguaje o de nuestro pensamiento; y ello
implica en el narrador romper la representación en dos puntos de vista. Es imposible la
certeza respecto a la realidad no rota u objetiva de los acontecimientos: la única verdad
indubitable a la que debe atenerse el lector es la voluntad del novelista que optó por romper
la unidad multivalente en diferentes perspectivas. En otras palabras: el perspectivismo

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sugiere un principio de Arquímedes extrínseco a la trama y el propio Cervantes es aquí


Arquímedes. (Spitzer, p. 181)

Análisis
Para empezar, la locura de Don Quijote le permite habitar una realidad construida no por la
sociedad y el lenguaje de la cotidianidad, sino por los libros de caballerías y el lenguaje
utilizado en estos. Decepcionado por la realidad construida por la sociedad de su época,
Don Quijote decide crear una realidad en donde se siente más a gusto. Por eso existe una
distancia tan grande entre Don Quijote y el resto de los personajes, porque literalmente
habitan dos realidades completamente diferentes. La realidad construida por Don Quijote
tampoco es casual, sino que es producto de un esfuerzo deliberado.

La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad. No requiere


verificaciones adicionales sobre su sola presencia y más allá de ella. Está ahí, sencillamente,
como facticidad evidente de por sí e imperiosa. Sé que es real. Aun cuando pueda abrigar
dudas acerca de su realidad, estoy obligado a suspender esas dudas puesto que existo
rutinariamente en la vida cotidiana. Esta suspensión de dudas es tan firme que, para
abandonarla —como podría ocurrir, por ejemplo, en la contemplación teórica o religiosa—,
tengo que hacer una transición extrema. El mundo de la vida cotidiana se impone por sí solo
y cuando quiero desafiar esa imposición deba hacer un esfuerzo deliberado y nada fácil.
(Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 41)

Esto ya nos dice mucho de Don Quijote y su locura. No se trata de una persona con
deficiencias cognitivas —al menos no lo demuestra, pues en la novela se muestra bastante
agudo— sino de alguien que ha decidido alejarse de la realidad de la vida cotidiana por
decisión propia. Es decir, Don Quijote es loco porque él así lo quiere. Sin embargo, es de
notar que su locura no llega a transmitirse, y su realidad comienza y termina siendo
habitada por una sola persona. La gente nota su locura, pero en lugar de acompañarlo
deciden ignorarlo o, lo que es más común, burlarse de sus disparates.

La estructura de plausibilidad constituye también la base social para la suspensión particular


de dudas, sin la cual la definición de realidad en cuestión no puede mantenerse en la
conciencia. En tal caso las sanciones sociales específicas contra esas dudas desintegradoras
de la realidad se han internalizado y se reafirman continuamente. Una de esas sanciones es
el ridículo. Mientras permanezca dentro de la estructura de plausibilidad. El individuo se
sentirá en ridículo cada vez que lo asalte subjetivamente alguna duda acerca de la realidad

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de que trate. Sabe que los demás se reirían de él si llegase a expresar sus dudas en alta voz.
Puede reírse silenciosamente de sí mismo, encogerse mentalmente de hombros y continuar
existiendo dentro del mundo así sancionado. (Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 195)

La burla de los personajes hacia Don Quijote, entonces, actúa como una sanción a su
locura, pero esta no lo llega afectar; por lo tanto, es capaz de continuar de la misma manera.
Antes, en este análisis, se decía que la locura de Don Quijote no llega a transmitirse a nadie
más. Sin embargo, esto no es totalmente cierto, pues existe al menos una ocasión en donde
su locura parece ser compartida: Precisamente, se trata de la votación sobre la naturaleza
del Yelmo de Mambrino, ¿Qué ha cambiado?

En un primer nivel tenemos el uso del lenguaje, un elemento que siempre ha estado
presente en la realidad construida por Don Quijote: A los molinos los llama gigantes, y a
las prostitutas las llama doncellas. Lo mismo sucede con el basín, pero en ninguna ocasión
es capaz de convencer a las demás personas. El lenguaje por sí mismo no es suficiente para
cambiar la realidad, también hace falta institucionalizarlo, volverlo convención. La mayoría
de la gente, por ejemplo, no sé pregunta porque el árbol se llama árbol.

Si consideramos el factor más importante de socialización, el lenguaje, vemos que para el


niño aparece como inherente a la naturaleza de las cosas y no puede captar la noción de su
convencionalismo. Una cosa es como se la llama, y no podría llamársela de otra manera.
Todas las instituciones aparecen en la misma forma, como dadas, inalterables y evidentes
por sí mismas. (Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p. 82)

Esta “naturalidad de las cosas” se adquiere a través de la interacción social. Es decir, si


suficientes personas repiten el nombre de algo como si fuera una verdad inalterable,
probablemente este termine siendo su nombre oficial, más allá de la etimología original. Es
por eso por lo que en está ocasión la realidad de Don Quijote se muestra más legitima que
antes, pues ahora el basín de barbero es yelmo no para una sino para muchas personas.
Entre estas personas se encuentran un cura, un noble, y otro barbero, lo cual les da aún más
peso a sus afirmaciones. Estamos presenciando el proceso de institucionalización de una
verdad arbitraria. Es cierto que al final no se logra consumar este proceso, pero esto es
debido a una influencia externa; si no fuera por esta interrupción, es probable que el

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barbero se viera obligado a aceptar que su preciado basín es en realidad el famoso Yelmo
de Mambrino.

La realidad subjetiva siempre depende, pues, de estructuras de plausibilidad específicas, es


decir, de la base social específica v los procesos sociales requeridos para su mantenimiento.
Puedo mantener mi auto-identificación como hombre importante solamente en un ambiente
que confirme esta identidad: puedo mantener mi fe católica solamente si conservo mi
relación significativa con la comunidad católica, y así sucesivamente. La ruptura del
diálogo significativo con los mediadores de las estructuras de plausibilidad respectivas
amenaza las realidades subjetivas de que se trata. (Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas, p.
194)

Finalmente, es importante resaltar la figura de Sancho como una excepción y un caso


bastante especial, pues, a pesar de su aparente simpleza, es el único capaz de moverse
libremente entre ambas realidades, y gracias a esto logra entablar una relación entrañable
con Don Quijote. Esta cualidad es representada perfectamente en la creación de una palabra
que logra fusionar ambas realidades, demostrando así el poder creativo del lenguaje.

-En eso no hay duda -dijo a esta sazón Sancho-; porque desde que mi señor le ganó hasta
agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y
si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de
pedradas en aquel trance. (Cervantes, p. 465)

De esta manera Cervantes logra comunicar con una sola palabra el verdadero tema detrás
de su obra y el problema que atormentaba a toda una época. Porque después de la invención
de la imprenta, de La Reforma y del Renacimiento, ya no es posible decir con seguridad si
se trata de un basín o de un yelmo, pero Sancho sugiere que no vale la pena discutir sobre
este hecho. No es ninguna de las dos, y son las dos al mismo tiempo: Un baciyelmo.

En la mayor parte de los casos, Cervantes acata el lenguaje, aunque duda de él: a una bacía
no puede llamarla más que bacía; a un yelmo sólo puede darle el nombre yelmo; pero con la
creación de baciyelmo se libera de las limitaciones del lenguaje . (Spitzer, p. 184)

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Conclusiones

El construccionismo social y el perspectivismo son como dos caras de la misma moneda.


Ambas corrientes surgieron como respuesta a un mundo incierto y es está misma
incertidumbre la que se ve reflejada en la novela.

Es testimonio de lo relevante que continúa siendo la lectura del Quijote que una teoría
construida más de trescientos años después de su publicación se adapte tan bien a su
discurso. Por esto mismo se le considera la primera novela moderna, más que por su
estructura o su lenguaje es porque sus inquietudes son propias del mundo moderno, y es por
eso por lo que aún hoy las seguimos sintiendo.

Referencias

Berger; Luckmann, Perter L.; Thomas (1968). La construcción social de la realidad.


Buenos Aires: Amorrortu
Cervantes Saavedra, Miguel de, 1547-1616. (2001). El ingenioso hidalgo Don Quijote de
La Mancha. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.
de la Barca, Calderón. La vida de sueño. Editorial Porrúa. México DF
Spitzer, Leo 1955, Perspectivismo lingüístico en el Quijote, en Lingüística e historia
literaria, Madrid: Gredos,

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