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¿Qué función social cumple el mito?

Considerando que el mito es una historia tradicional, por medio de la narración de las
acciones de seres que encarnan de forma simbólica a fuerzas de la naturaleza y aspectos
sobrenaturales de la condición humana, se puede evidenciar que este concepto se aplica
especialmente a las acciones contadas de los dioses o héroes de la Antigüedad. Las
sociedades humanas se caracterizan por ser entes en desarrollo evolutivo que se nutren de los
conocimientos de sus antepasados, perfeccionando las prácticas o procedimientos a medida
que los va enriqueciendo con los nuevos conocimientos aprehendidos. Uno de los aspectos
más característicos de los seres humanos es la facultad del razonamiento que les permite
aprender de su contexto conforme a la experiencia. Dentro de las comunidades, el
conocimiento adquirido a través de las vivencias es sucedido a las generaciones siguientes.
De igual modo, desde las comunidades primitivas, la sucesión de conocimientos resulta ser
un modo de vida y de supervivencia, estos a su vez, dan a luz a las culturas y a las creencias
que se perpetúan en el tiempo de generación en generación ya sea cambiando su forma o
reciclando ideas pero no variando en el fondo.

De acuerdo a las lecturas realizadas se ha podido constatar que el mito es una construcción
social del imaginario colectivo cuyo término es denominado conciencia colectiva, por lo
tanto, juega una función de cohesión social debido a que une a los pueblos, de una manera u
otra, las versiones pueden variar pero poseen una base primigenia en común. Por ejemplo, en
la lectura del texto “Una interpretación psicológica del mito Kogi de la creación”, creada por
el médico suizo Carl C. Jung, considera que los mitos pueden ser creados como imágenes de
la mente (psique) de sus pensadores inducidos por el tiempo en que viven y los
conocimientos aportados, cultivados por años en sus culturas ancestrales; estos elementos
influyen en las manifestaciones simbólicas del inconsciente colectivo. Un ejemplo de la
utilidad interpretativa de este enfoque es demostrado con la aplicación a un mito colombiano,
esta interpretación no tuvo la intención de sustituir el análisis de otras disciplinas, sino
complementar la comprensión de los mitos desde una mirada psicológica distinta.

Muchos pueblos, desde tiempos muy remotos, han cosechado hasta la saciedad mitos que
tienen un gran parecido tanto en sus historias como en los personajes que los protagonizan,
aunque muestran cierta independencia unos de otros, y a su vez reflejan actores y temáticas
afines, como el héroe semidiós, Hércules, en la mitología griega y el dios Thor, en la
mitología nórdica.

Atendiendo a esto, se puede decir que los mitos sirven para dar respuestas o explicaciones a
determinados procesos, acontecimientos, fenómenos o hechos que generalmente no tienen
una explicación lógica para los seres humanos; por tanto les parecen confusos y despiertan en
ellos la curiosidad. Se puede observar que los mismos poseen características específicas del
lugar o región donde se originan, han existido desde siempre y van evolucionando o
cambiando, aunque sea en uno de sus elementos: trama, actores, escenario; ya que se adaptan
al entorno y a las necesidades de las personas. A medida que cambia la sociedad, los mitos
también van dando un giro, una transformación; pero nunca pierden su esencia. Su fin último
y su idea principal permanece intacta.

Dentro de las funciones del mito, se puede resaltar su carácter político-religioso, este provee
respuestas o explicaciones a determinadas reglas, conductas, actuaciones, normas o
comportamientos permitidos dentro de la sociedad, dándoles un posible sentido a los
fenómenos naturales, la creación del mundo, el misterio de la muerte, entre otros tópicos que
surgen alrededor de los mismos; además de esto, también tiene una función lúdica que sirve
para entretener.

¿Qué papel desempeña el mito en la construcción de los


arquetipos del héroe y la heroína trágicos?

La palabra arquetipo proviene de la unión de dos vocablos griegos: “arjé” que significa fuente
u origen y “tipos” que significa modelos. Es decir, que este vocablo se podría definir como el
modelo que sirve de fuente de inspiración, el patrón a seguir, del cual partimos para crear
otros modelos. Es la materia prima de la cual se nutren los creadores de diversas obras. Por
otro lado, es menester recordar que el término héroe o heroína proviene del griego hērōs, que
en su contexto más primitivo, hace alusión a la persona que se distingue por haber realizado
una obra o hazaña extraordinaria, que normalmente otras personas no habrían realizado, ya
que, en la psique colectiva este ser requiere de mucho valor y gallardía. Esto se debe a que los
seres humanos poseen en común la necesidad de sentirse protegidos y ante las diversas
situaciones que se escapan de sus manos, tienden a recurrir a lo místico o esotérico para
saciar dicha necesidad por lo tanto, crea patrones que fomentan el sentido de seguridad. Los
teatristas se auxiliaban de estos elementos para montar sus obras.
Antes de hablar del papel que desempeña el mito en la construcción de los héroes y las
heroínas, es necesario conocer que la tradición oral o la práctica de la comunicación en los
círculos sociales alrededor de la fogata, como se suele presentar en algunas culturas,
representa sin duda uno de los vehículos privilegiados y más importantes para transmitir la
gesta de individuos excepcionales o mejor conocidos como héroes. Al igual, la iconografía
constituye otra valiosa fuente para acercarnos más a la figura heroica. En pocas palabras el
culto al héroe, a veces endiosado, se puede aprehender tanto a través del arte como de las
crónicas e inclusive en la comunicación de una generación a otra.

Según la tradición más popular, el héroe se define como aquel ser que es fuerte y que se
esfuerza para proteger y defender a los que considera sus protegidos; de manera general se les
visualiza como entes valientes, justos, ágiles, llenos de coraje, capaces de todo por defender a
los suyos, a los débiles y a los más desprotegidos; oponiéndose, incluso a las fuerzas más
poderosas, si consideran que sus adversarios están equivocados, como por ejemplo, Eneas en
la mitología romana. Por lo tanto, las imágenes simbólicas y mitos que aparecen en multitud
de obras de arte, son patrones que no han perdido su importancia para la humanidad siendo el
arte un canalizador importante para entender la esencia más profunda del individuo moderno.
Una de las principales contribuciones de nuestro tiempo para la comprensión y revalorización
de tales símbolos eternos la hizo la escuela de psicología analítica de C. G. Jung, para este
autor la mente humana tiene su propia historia y la misma conserva muchos rastros de las
anteriores etapas de manera consciente, podemos desdeñar esos contenidos, pero
inconscientemente respondemos a ellos y a las formas simbólicas con que se expresan.

La creatividad en las manifestaciones artísticas se desarrollan dentro de su contexto cultural y


de su tiempo generacional, es por esto que las formas de las esculturas, las pictografías y las
figuras arquitectónicas con lo que representan, son un reflejo de un proceso social que a la
vez perpetúan los arquetipos en el arte sirviendo así de un modo u otro como material
inspirativo para las generaciones siguientes. Entre los principales arquetipos propuestos por
Carl G. Jung que integran la cosmogonía del ser humano y que repercuten sobre la
personalidad, su accionar, sus expresiones, se encuentran: el ánima, la persona, la sombra, la
gran madre, entre otros.
Referencias bibliográficas

Pierre Grimal (2008). Mitologías: Del Mediterráneo al Ganges. Madrid: Editorial Gredos.
Carlos García (2003). Diccionario de mitos. Siglo XXI de España Editores