Está en la página 1de 98

LA OBSESIÓN DEL MILLONARIO

CELESTINA MÁGICA, LIBRO 2


AMANDA ADAMS
La obsesión del millonario: © 2019 por Tydbyts Media

Todos los derechos reservados.

Diseño de portada copyright 2019


por Tydbyts Media
Créditos de Imagen / Big Stock; snjewelry, Kasia Bialasiewicz

Este libro es una obra de ficción. Nombres, personas, lugares y eventos son completamente producto de la
imaginación del autor o usados ficticiamente. Cualquier parecido con cualquier persona, viva o muerta, es una
coincidencia.
ÍNDIC E

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Epílogo
Libros por Amanda Adams

Books by Amanda Adams


Sobre Amanda Adams
CAPÍTULO 1

Lindsey

U na cosa es visitar Las Vegas con amigas un fin de semana por diversión y otra
completamente distinta estar en Las Vegas por el trabajo. Si tuviera que escoger mi
actual estado de relación con la ciudad del pecado, estaría indecisa entre amor y odio,
hora a hora, minuto a minuto. Mientras paso el tiempo en la suite de mi hotel reuniendo mis
artículos de belleza y doblando ropa, mi mente vaga desde la semana de masajes y organización
del caos a algo más.
Lo que podría estar haciendo.
Lo que debería estar haciendo.
Debería estar sentada en el borde de mi cama, con un hombre hermoso y desnudo, que me
mirara adorablemente desde abajo, mientras me fumo un cigarrillo, exhausta y deliciosamente
adolorida en todos los lugares correctos, pero satisfecha y triunfante. A quién le importa si ni
siquiera fumo… no es el maldito punto. Si fuera necesario para que pudiera tener un amante
caliente en mi cama, entonces encendería uno, definitivamente.
En vez, mi compañía en la cama es una maleta abierta.
Sí, me encanta trabajar para una empresa de personas jóvenes e inteligentes, ¿pero por qué Las
Vegas? Por el amor de Dios… ¿por qué? Y en el fin de semana de Año Nuevo… otra vez.
Sin embargo, no necesito preguntar por qué. Apuestas, tragos gratis, restaurantes increíbles,
espectáculos y el desfile interminable de personas solteras e importantes que dejan sus
inhibiciones en casa. Cada programador e ingeniero que trabaja para Michael, sin importar lo
nerd que sea, se vuelve mucho más atractivo cuando comenta al pasar que el jefe ha sido muy
generoso con las acciones de la empresa que está por salir a la venta pública. La mayoría de ellos
serán millonarios a los veinte y pico, dentro de seis meses.
Mi triste cantidad de opciones palidece en comparación, pues esa es la vida de una
coordinadora de eventos corporativos. Mal paga y poco valorada.
Poco valorada, sin embargo, hasta que el personal del hotel falla en organizar una sala de
reunión, el aire acondicionado no funciona o un empleado borracho vomita en el pasillo. Solo
entonces viene Lindsey al rescate y ahí sí ella es la mejor desde, bueno… desde la última vez que
le salvó el trasero a alguien.
Pero sí me encanta mi trabajo. Organizar eventos importantes, gestionar horarios complejos,
coordinar viajes para cientos y duras negociaciones con hoteles me dan una enorme cantidad de
satisfacción. La semana de eventos es mi momento para brillar, de tomar el mando y manejarlo
todo.
El problema es que no estoy al mando ni de mi vida ni de mi carrera, y ha llegado el momento
de cambiar. Una licenciatura de Cornell y una maestría de Northwestern son demasiado para un
trabajo que no progresa. He trabajado muy duro y es momento de cambiar.
De regreso al baño para escanearlo con la mirada una vez más y asegurarme de no olvidar
nada, mi plan es tener todo listo para la mañana y así poder levantarme e irme. Mientras me doy
vuelta, la luz de mi teléfono se enciende y comienza a vibrar por la mesa. Puedo ver que es el
lameculos de mi asistente, Chad… otra vez. Dudo en contestar, pero si no lo hago, seguirá
llamando. Y seguirá llamando. ¿Por qué no puede hacer algo sin tener que pedirme permiso
primero?
—Hola, Chad.
—Ey, Lindsey, lamento molestarte de nuevo, pero hay alguien aquí abajo que trabaja para el
hotel, y dice que no podemos instalar nuestro propio aire acondicionado, que él tiene que hacerlo.
—Dile que está hablando mierda, está en nuestro contrato. Nosotros manejamos nuestro propio
aire acondicionado.
—Intenté decirle, pero no está escuchando. Insiste y dice que son reglas del sindicato.
Malditos sindicatos de Las Vegas. Ni siquiera pueden limpiarse sus traseros ellos solos.
Tienes que permitir que una de sus personas lo haga para que puedan recibir su parte.
—Chad, tienes que ser firme. Es nuestro último evento del fin de semana y es para un maldito
karaoke. ¿Por qué nos está molestando ahora? Dile que lo hable con el coordinador del evento. El
imbécil piensa que si se mete ahora, entonces podrá cobrarnos por cada evento.
—No. Sí. No, bueno, eso hice, pero no se va y es enorme. Está intentando quitar nuestros
equipos.
Cuando Chad comienza a tartamudear y a repetirse, es momento de interrumpirlo y enderezarlo.
—Maldita sea, Chad. Está bien. Ya bajo. Haz tiempo y no permitas que se lleve nada.
Los hoteles son famosos por matarnos con los costes de los equipos de aire acondicionado y
las tarifas de instalación. Quinientos dólares por la instalación de un micrófono en una sala y otros
quinientos por mover ese mismo micrófono a otra, ¿me estás jodiendo? Es más barato mover
nuestros propios equipos, así que lo hacemos.
—Gracias, jefa, por favor, apresúrese.
—Lo haré, Chad, y deja de llamarme «jefa».
—Cierto, lo siento, jefa, digo Lindsey.
—Adiós, Chad.
No puedo evitar sacudir la cabeza y cubrirme la cara con las manos después de terminar la
llamada con Chad. Estoy segura de que él me reemplazará, y de repente me siento mal por querer
irme. Seguramente va a arruinarlo todo la primera vez que esté al mando de un evento. Es
demasiado débil. El primer hotel con el que tenga que negociar va a matarlo.
Cuelgo y muevo mi pulgar por la pantalla para apagarla antes de bajar, pero veo de reojo una
notificación de correo electrónico. El aliento se me atora en la garganta mientras mi apnea por
correo electrónico autodiagnosticada, nada real, pero muy severa, comienza a afectarme. Sea lo
que sea, no puede ser bueno, no cuando el noventa y ocho por ciento de las personas con las que
trabajo no está en la oficina, pues en este momento están borrachas o bailando con éxitos
horriblemente cantados de los setenta, ochenta y noventa.
Ah, ¿pero qué podría salir mal? Es Las Vegas, nada malo sucede en esta ciudad. ¿Cierto? Sí…
claro.
Sigo aguantando la respiración cuando el correo electrónico llena mi pantalla:
¡E y, Lindsey! Espero que todo esté bien. Quería hablar contigo sobre nuestro evento de
vacaciones de primavera de este año. ¿Sigues interesada? Sé que mencionaste que ibas a
comenzar tu propia firma, pero no he escuchado nada más. De verdad necesitamos que este año
sea especial y estamos planeando un evento masivo, mucho más grande de lo que podemos
manejar. Necesitamos una profesional y le mencioné tu nombre a nuestro CEO. Hazme saber si
estás interesada. Sé que es un fin de semana largo, no estoy seguro de si estás trabajando, pero
tenemos poco tiempo y necesitamos tomar una decisión. También estamos planificando otros
eventos este año, si todo sale bien… contéstame lo más rápido posible.
Gracias
Luke McKenna
Vicepresidente de operaciones, Excel Ventures, Inc.

O h, Dios mío. Oh, Dios mío. Oh. Dios. Mío. No es lo que esperaba y estoy tan
emocionada que no puedo dejar de caminar en mi pequeña habitación de hotel. He
lanzado tentativas por meses, soñando por años con comenzar mi propia firma de
planificación de eventos, pero nunca esperé esto. Excel Ventures sería algo grande. Una de las
firmas de capital de riesgo más importantes y exitosas en el área, y las conexiones que
obtendría… quiero gritar, estoy muy feliz. Esto es… Con este trabajo puedo comenzar mi propia
empresa y construir algo por mí misma. Sería renunciar a mi trabajo y arriesgar cada dólar que he
ahorrado, pero podría ser todo lo que he soñado.
Me siento totalmente incrédula mientras comienzo a escribir una respuesta:
Luke,
Muchas gracias por pensar en mí. Yo…
Y un mensaje de texto me interrumpe. Obviamente es de Chad. Por favor, apresúrate, Lindsey,
necesito ayuda.
Dios… qué cobarde. El correo tendrá que esperar y comienzo a buscar un par de zapatos. Sin
embargo, el único par de zapatos que no he empacado son los tacones que utilicé en la fiesta de
cóctel de la que acabo de regresar. Mierda. Son rojos y hermosos, pero nada cómodos y es una
caminata de veinte minutos al área de convenciones. Prefiero tener pies adoloridos que
desempacar toda mi maleta, así que me los coloco y me dirijo a la puerta. Lindsey al rescate una
vez más.
CAPÍTULO 2

M ICHAEL

E stos tipos están alegres y borrachos, pero a quién le importa, para eso estamos aquí. Los
programadores informáticos explotan como un corcho de una botella de champán si no se
toman el tiempo para divertirse y recordar que son personas reales. Lo he visto antes y
he aprendido la lección. Una vez que se conectan, la línea entre la realidad y la realidad virtual se
vuelve casi indistinguible. Es cierto, estos viajes a Las Vegas son costosos, pero son invaluables
para mantener a los mejores talentos y sobre todo mantenerlos sanos. Yo les pago un montón y
cuando salgamos con la venta pública de acciones, todos serán ricos, pero van a recordar la
horrible voz borracha de Jessica mucho después de que se les haya pasado la alegría de
comprarse un BMW.
—¿Michaeeeeeeel? —Tyler Johnson se inclina en mi hombro e intenta susurrar en mi oído,
pero no se da cuenta de que en realidad está gritando—. Te amamos, hombre. Gracias por hacer
esto. ¿Vas a cantar? —Tyler es un brillante arquitecto de sistemas que seguramente se caerá si me
muevo. El alcohol en su aliento es casi suficiente para emborracharme también.
—No, no he bebido lo suficiente para eso.
—¿Quieres beber? —Me coloca su Bloody Mary en mi cara, casi metiendo el apio en mi nariz.
—No, gracias, amigo. —Empujo su bebida y él toma un largo trago, el cual termina con un
mordisco triunfante en el apio—. No creo que nadie quiera sufrir con mi voz.
—Vamos, hombre. No puedes ser peor que Jessica. La escuchaste. ¡Casi me orino en mis
pantalones!
—Sí, estuvo genial, lo da todo.
—Sí, lo hace. Es increíble. Voy a hablarle. Te veo luego, Michael.
—Chau, Tyler.
No puedo evitar reírme de él mientras va tambaleándose a la mesa de Jessica, quien está
bailando en su silla y cantando más fuerte que la persona con el micrófono. Tyler se para a su
lado, sonriendo y mirándola por lo que parece una eternidad, luego trae una silla, se sube y se une
al canto. Solo es cuestión de tiempo para que se caiga. Espero que nuestro seguro esté pago.
Ha sido un fin de semana increíble, pero no puedo aguantar más la socialización y me dirijo a
la puerta para escaparme.
Es tarde y la mayoría quedó en la fiesta o en el casino, así que parece que la caminata de
regreso será solitaria. Me servirá algo de aire fresco, así que salgo del largo pasillo y camino por
la acera de regreso al hotel. Tres tés helados de Long Island son suficientes para darme un poco de
mareo y espero que el aire cálido y seco de la noche me ayude a aclararme la cabeza. Siempre
aprecio que nuestra coordinadora de eventos, Lindsey, nos reserve un hotel donde las suites están
completamente separadas del casino. Prefiero mantener las luces brillantes, las máquinas
tragamonedas y la neblina del lugar lejos de donde duermo.
Y hablando del diablo. Cuando giro en la esquina para avanzar el último tramo hasta el
vestíbulo del hotel, ahí me la encuentro a ella. Pienso en llamarla, pero me detengo y disfruto de la
vista, pues es una mujer joven y sexy, cuyo trasero en esa falda luce increíble mientras camina
delante de mí. Si no trabajara conmigo, le rogaría una cita, aunque también me conformaría con un
echar un polvo en Las Vegas. Varias veces en la oficina pensé que me había atrapado mirándola,
pero nunca mencionó nada al respecto. Ella tiene el cuerpo de una exatleta y me encanta; un
trasero firme y redondo, piernas fuertes y musculosas, un torso delgado y unas tetas hermosas.
Solo puedo imaginarme cómo se siente ese culo en esa falda mientras se flexiona con cada paso.
Oh, cómo sería ser la tela que abraza ese culo.
Eso debería ser mi próximo emprendimiento… realidad virtual que transfiere la sensación
directamente al cerebro. Ganaría millones.
El hecho que esté descalza y lleve un par de tacones rojos en una mano y un libro de cuero en
la otra mientras se pavonea completa la imagen perfecta. Desearía que la caminata fuera diez
kilómetros más larga.
Mientras se acerca a la puerta de la entrada del hotel, troto para alcanzarla.
—Déjame abrirte la puerta.
—¿De dónde saliste? —me pregunta.
—Estaba en la fiesta de cóctel y karaoke. —Demonios, esta mujer es sexy. Ella siempre suele
llevar un lápiz detrás de su oreja y tiene un aspecto intelectual que me vuelve loco. Caliente e
inteligente es una combinación mágica.
—¿Has estado todo el tiempo detrás de mí? ¿Por qué no dijiste algo?
Mientras abro la puerta y ella entra primero, deseo poder decirle la verdad, pero mi miembro
está casi totalmente duro por observarla, mientras contemplo mi idea de realidad virtual y tengo
miedo de que lo note.
—No. Bueno, sí, solo en el último giro. No quería molestarte. —Ella me entrecierra los ojos y
ladea su cabeza, pero creo que se lo creyó.
—¿Cómo estuvo la fiesta? ¿cantaste?
—¿Yo? No. Solo disfruto mirando. Pero fue un buen evento, hiciste un trabajo increíble
organizando todo. —Cruzamos el vestíbulo juntos y nos dirigimos a los ascensores. No sé si es el
aire tardío de la noche o los tres tragos, pero ella luce más hermosa que nunca.
—Oh, te gusta mirar, ¿eh? —Me sonríe mientras nos unimos a otras cuatro personas que están
esperando que llegue el ascensor. ¿Acaba de decir lo que pienso que dijo? ¿Está coqueteando
conmigo?—. Bueno, gracias. Me alegro de que todo haya salido bien. Todos parecen estar
divirtiéndose.
La luz por encima de la puerta a la izquierda se ilumina y nosotros seguimos a los otros cuando
las puertas se abren. Lindsey se mueve al panel de números y presiona el número veinte y el
veintiuno.
—Estoy en el veintiuno —digo.
—Lo sé, reservé tu habitación. Yo estoy en el veinte.
—Por supuesto, gracias.
El cubículo sube y todos asumen la postura oficial de ascensor; sonrisas falsas antes de mirar
hacia adelante, observando el número cambiante del tablero, minimizando las conversaciones
incómodas y rezando porque nadie huela mal. Listo, listo, listo y listo. El único otro número
encendido en el panel es el décimo piso.
Seis, siete, ocho.
Mientras nos acercamos al décimo piso, siento un tufillo y creo que debo ser yo quien huele un
poco mal y me doy cuenta de que pude haberme apresurado con el último punto. Afortunadamente,
el aire perfumado del hotel supera la batalla de la supremacía aromática, mientras el ascensor
suena y los otros cuatro huéspedes salen, dejándome solo con Lindsey.
Ella se mueve a mi izquierda cuando la puerta se cierra de nuevo y no puedo evitar bromear
sobre nuestros anteriores compañeros de ascensor.
—Uf, me alegro de que se hayan ido. Estaba comenzando a preocuparme.
—Yo estaba deseando que no fueras tú. —Ella sacude su mano enfrente de su nariz y sonríe.
—Oh, bien. Muchas gracias. —Once, doce—. Yo pensé que eras tú.
—Como sea, qué tonto. —Ella me empuja y exagero su fuerza, y me lanzo contra un lado del
ascensor. Justo cuando choco con un lateral, el ascensor se detiene entre el piso quince y dieciséis
y las luces se apagan.
—Ouch. Mira lo que hiciste. —Me muevo hacia el panel y toco algunos botones—. Lo
rompiste.
—Tú lo hiciste, farsante. —Lindsey se mueve junto a mí y la escucho tocando los botones.
—¿Qué estás haciendo?
—Tal vez está molesto contigo porque lo rompiste. —Me empuja y sus tacones rojos me tocan
la rodilla.
—¿Crees que tu toque es más mágico que el mío?
—Te puedo asegurar que lo es. ¿Qué crees que está sucediendo?
No puedo decidir si está coqueteando conmigo. Dos veces en diez minutos no pueden ser mi
imaginación, no cuando ella siempre es ciento por ciento negocios.
—Asumo que el hotel se quedó sin energía y probablemente estaremos atrapados aquí hasta
que regrese. —Mi miembro me dice que no estoy imaginando su coqueteo y se levanta para unirse
a la conversación.
—¿Cuál es el botón de emergencia? —Lindsey se inclina, presiona un botón y el ascensor cae
por lo que parece una eternidad. Mientras se tambalea y se vuelve a detener, Lindsey cae a mi
lado y quedamos frente a frente, ella abrazando mi cintura y presionándose con fuerza contra mí.
Yo la rodeo con mis brazos y sé que puede sentir mi duro pene.
—Deja de romper el ascensor, por favor. —Me siento ridículo, pero la traigo más cerca.
Podríamos llegar a nuestras muertes en cualquier momento y todo lo que puedo pensar es en
follarme a esta hermosa mujer antes de morir.
—¿Crees que moriremos? —Ella voltea su cara hacia la mía y su aliento cálido está en mi
boca.
—Puede ser —digo mientras presiono mi boca en la suya y la beso profundamente. Escucho
que sus tacones y su libro caen al suelo detrás de mí cuando introduce su lengua en mi boca.
CAPÍTULO 3

Lindsey

N o tengo idea qué me pasa y tampoco me importa. He estado atraída por Michael desde
mi primer día en el trabajo y ahora estamos atrapados en este maldito ascensor,
probablemente donde caeremos a nuestra muerte en cualquier minuto, y metí mi
lengua en su garganta. Al diablo. Lo que pasa en Las Vegas… Él nunca me ha mirado más de una
vez, ahora su polla está dura como una roca contra mi bajo vientre y creo que he empapado mis
bragas en tiempo récord.
Me detengo y retrocedo.
—¿Estás seguro de esto?
—No. —Él retrocede y yo puedo escuchar su respiración agitada—. No puedo. Trabajas para
mí. Yo no salgo con nadie que trabaje para mí.
—No te estoy pidiendo una cita. —Me acerco.
—Sabes a lo que me refiero. No puedo.
—Pero ya no trabajo más para ti. Bueno… no exactamente, pero casi.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con que no trabajas para mí? ¿Por qué no he escuchado nada al
respecto? —Michael coloca mi mano en mi cintura y me mantiene en mi lugar.
—He enviado un aviso. He decidido comenzar mi propio negocio. —Así que estoy disfrazando
la verdad y saltando al vacío al mismo tiempo. En este momento me encuentro atrapada en este
ascensor con mi jefe súper sexy y, por alguna extraña razón, no parece importarme. Me acerco
para eliminar el espacio entre nosotros y lo beso profundamente.
—Al diablo —dice él—. Lo que sucede en Las Vegas…
—Se queda en Las Vegas. —Termino su oración—. Me leíste la mente.
Él nos gira, coloca ambas manos en mi trasero y me levanta mientras empuja mi espalda contra
un lateral del ascensor. Alzo mi pierna izquierda y rodeo sus caderas mientras bajo mi cintura
para presionar mi clítoris palpitante en su rígida polla. Michael deja de besarme y arquea su
cabeza hacia atrás. Su voz sale como un gruñido.
—Eres demasiado sexy. —Y su boca regresa a la mía.
Mueve su mano hacia el dobladillo de mi falda y levanta la tela, mientras su mano derecha
anda por mi pierna. Mientras se acerca a mi culo, juro que siento mi clítoris temblar cuando sus
dedos rodean mi muslo y las yemas se acercan a mis pliegues. Quiero gemir sí, sí, pero no puedo
dejar de follar su boca con mi lengua, luego él se aleja y baja su boca hacia mi pecho derecho.
Chupa mi pezón endurecido con su boca por encima de la tela y mueve su lengua. Pausa lo
suficiente para susurrar:
—No llevas un sujetador. —Y luego regresa a mi pezón. Suelto un gemido en la silenciosa
oscuridad y me rozo con fuerza contra él.
—Ya había regresado a mi habitación por la noche cuando… mmm… Recibí una… llamada.
Michael me baja hasta el suelo y usa ambas manos para levantarme la camisa por encima de
mis pechos, entonces su boca se dirige a mi pecho izquierdo, esta vez es piel con piel, y estoy en
éxtasis. Muevo mi mano abajo, hacia el regio bulto en sus pantalones, y la muevo de arriba abajo.
—¿Vamos a hacer esto? —le pregunto.
—Te deseo. Te deseo demasiado. Te he deseado por mucho tiempo.
—Pero apenas me has mirado. —Mi cabeza está dando vueltas. ¿El hombre del que he estado
enamorada por más de dos años acaba de decir que me ha deseado por… mucho tiempo?
—Trabajas para mí. Trabajabas para mí. ¿Qué se suponía que hiciera?
—Bueno, ya no trabajo más para ti y te quiero en mi interior. —Con una última masturbada a
su polla, desabotono sus pantalones y meto mi mano dentro de su bóxer para agarrar su magnífico
miembro—. ¿Tienes un condón?
Él retrocede.
—No. ¿Tú?
—Joder. No.
—Pero podríamos morir. ¿Qué tal si caemos desde aquí a nuestras muertes? ¿No preferirías
morir conmigo en tu interior?
—¿Y si no morimos? —No puedo resistir seguir tocando su polla y ahora se siente como si
estuviera jodiéndolo, pero no me detengo—. Tengo una política estricta de «Sin protección no hay
amante».
—Pero podríamos morir. —Puedo notar que me está rogando de manera juguetona y lo deseo
incluso más.
Lo vuelvo a tocar; su polla toca mi antebrazo mientras me estiro para tomar sus testículos
hinchados y paso mis dedos alrededor de ellos hacia la base.
—No te preocupes, todavía podemos divertirnos mucho —le digo
—Claro que sí. —Él se estira y agarra mis brazos por las muñecas, los eleva por encima de mi
cabeza y me gira para ver hacia el otro lado. Presiona mis manos contra la pared del ascensor y
me ordena:
—No te muevas.
En un instante, abre el cierre trasero de mi falda y la baja hasta mis pies, sosteniéndola hasta
que salgo de ella. La energía podría regresar en cualquier momento, conmigo quieta y desnuda
contra la pared del ascensor, y a mí no podría importarme menos. Siento sus manos deslizarse por
mis piernas y llegar hasta mis bragas rojas. Mi error, no estaba desnuda antes de la llamada…
pero ahora sí. Y tenía razón. No me importa una mierda.
Sus manos vuelven a deslizarse por mis piernas y las coloca a cada lado de mi trasero, con sus
pulgares cerca del centro, mientras se levanta para pararse detrás de mí.
—Tu culo es tan magnífico como siempre deseé que lo fuera.
Todo lo que puedo decir es:
—Me alegra que te… —Antes de que él deslice su polla entre mis nalgas y la presione contra
mí, termino mi oración con un gruñido mientras levanta su mano derecha por mi estómago y
desliza su otra mano hacia abajo en dirección a mi humedad. Sus manos recorren mis pliegues y
quiero rogarle que entre. Un dedo, dos, tres, no me importa.
—¡Por favor! —le digo mientras desliza lentamente y con fuerza un dedo en mi interior.
Presiono mi trasero contra su polla, pero él saca su dedo—. Por favor —digo de nuevo.
Zas. Suelta una nalgada en mi culo con la mano que acaba de sacar y no puedo contenerme, me
encanta.
—Guau. —Giro mi cabeza ligeramente—. No lo esperaba.
—¿Te molesta?
—No. —No puedo creer lo que estoy diciendo.
—Bien. Porque voy a hacer que te corras y no tardaré mucho, pero estoy al mando. Vamos a mi
ritmo. No me apresures. Prometo que no te arrepentirás. —Él presiona su duro miembro de arriba
abajo por mi trasero.
Su mano izquierda se mueve hacia mi pecho izquierdo, pasándome los dedos por encima del
pezón. Estoy demasiado distraída con el placer ahí en mi pezón endurecido como para notar que
su mano derecha está de regreso en mi húmeda abertura. Sus dos dedos entran dentro de mí y
hacen que lo note y luche por recuperar el aliento. Entonces su pulgar en mi clítoris comienza su
trabajo.
—Oh, sí —gimo y arqueo mi cuello de regreso a su boca, y me besa la parte trasera del cuello.
Y él tenía razón. No toma mucho tiempo. Este es un hombre que sabe cómo complacer a una
mujer. Su mano izquierda trabaja mi pezón, su boca muerde la parte trasera de mi cuello y me mete
los dedos una y otra vez, mientras toca mi clítoris con el pulgar. Llegando a mi clítoris, él está
rozándose en mi culo, aumentando su placer y el mío, mientras sus dedos entran y salen de mi
interior con ritmo. Siento lo mucho que desea estar ahí dentro y también lo deseo.
Se queda detrás de mí por varios minutos, tocando mi vientre y mordiéndome el cuello
mientras recupero la respiración. Ahora es mi turno o, mejor dicho… el suyo. Me pongo de lado,
me doy la vuelta y lo pongo contra la pared del ascensor mientras le levanto sus brazos.
—Joder —dice e intenta voltearse, pero presiono sus manos contra la pared—. Eres rápida.
—No te muevas. —Estoy totalmente enloquecida y no sé qué me ha poseído, pero no me
importa. No puedo tenerlo en mi interior, pero puedo divertirme con él. Cojo los lados de sus
pantalones y los bajo hasta sus tobillos con todo, luego el bóxer. Imito su deslizamiento por mis
piernas mientras subo por sus pantorrillas y muslos hasta su trasero—. Tu culo es tan magnífico
como siempre deseé que lo fuera.
Mientras me levanto por detrás de él, me estiro y sujeto su dura polla en mi mano, moviendo
mis caderas contra su trasero.
—Oh, guau… —dice mientras mira hacia atrás.
Zas. Yo le doy una nalgada esta vez y casi me río por lo fuerte que le pegué.
—Ey… —Michael intenta voltearse.
—Silencio —le digo mientras me estiro y vuelvo a sujetar su polla—. Ahora yo estoy al
mando y no vas a correrte hasta que yo lo diga.
—Vas a pagar por esto.
—Promesas, promesas —le susurro en su oído.
Muevo mi mano izquierda entre sus piernas, pasando mi brazo por el centro de su trasero y
llegando a sus bolas, acariciándolas mientras continúo masturbándolo con mi mano derecha.
—Oh, cielos… —Se mueve para colocar su frente contra la pared del ascensor y su polla
crece en mi agarre. Muevo mi mano derecha para masturbar la cabeza de su miembro mientras mi
mano izquierda se mueve una y otra vez entre sus piernas, en sus bolas y por la longitud de su
pene. Mientras su frente impacta la pared del ascensor, las luces regresan y el ascensor comienza
a bajar.
—Oh, mierda. —Él se voltea y me mira—. Ah, demonios, esto no es justo.
—Oh, Dios mío. —Me giro y me doblo para coger mis bragas y mi falda.
—En serio, no es justo. —Me giro por encima de mi hombro y lo veo observando mi culo
desnudo, expuesto enfrente de su enorme polla.
Me paro derecha, comienzo a ponerme mi ropa y miro los números del tablero disminuir
mientras ruego que no nos detengamos.
—Deberías ponerte tu pantalón.
Ocho, siete, seis.
—Acomoda tu camisa. —Me estiro y le emprolijo el cabello.
Cinco, cuatro, tres.
—Tu labial está por toda tu cara. —Su pulgar toca mis labios en un intento apresurado de
limpiarme y una sonrisa aparece en su rostro mientras coloca el lápiz en mi oreja.
Dos, L.
—Toma, necesitas esto. —Yo le doy mi libro de cuero y miro el bulto gigante en sus
pantalones.
Ding.
La puerta del ascensor se abre justo cuando mueve el libro para cubrirse el bulto. Una multitud
de nuestros compañeros está regresando de la fiesta y yendo hacia sus habitaciones, esperando
para entrar al ascensor.
—¡Michael!
Alan Stephenson, el jefe de desarrollo de redes informáticas, permanece fuera del ascensor
mientras los otros ingresan.
—He estado buscándote. Intenté llamarte, pero no contestaste. Tenemos una emergencia.
—Estábamos… —Michael me mira—. Estábamos atrapados en el ascensor.
De regreso a la realidad, me siento un poco avergonzada y tomo mi oportunidad para escapar.
—Gracias, Michael. —Apunto la mirada a mi libro—. Necesitaré eso de regreso cuando
tengas todo… cubierto. —Sonrío y me giro para alejarme.
—Lindsey… —Michael me llama.
No volteo, pero lo saludo por encima del hombro.
—Lindsey…
—Adiós, Michael. —Si tan solo pudiera ver la sonrisa en mi cara. Joder, fue caliente.
Probablemente él necesite mi libro por una semana.
CAPÍTULO 4

Lindsey

M e he subido al ascensor hacia mi apartamento incontables veces y sé que esta vez


no debería ser diferente, pero lo es. No puedo dejar de pensar en el viaje en
ascensor más espectacular en la historia de la humanidad. Estoy segura de que no
es raro pensar en un ascensor cayendo sin energía y sentir una oleada cálida en el núcleo de mi
cuerpo que culmina con el recuerdo de su mano… esos dedos… y la sensación de su ausencia.
Añoro su tacto, sentir su lujuria animal sobre mí una vez más, su cuerpo gritando su deseo por
meterse dentro de mí, por tenerme. Mientras las puertas del ascensor se abren y me dirijo a mi
apartamento, siento la sonrisa permanente en mi cara. Creo que no ha abandonado mi cara desde
Michael y la emergencia.
Luego me fui de Las Vegas a primera hora de la mañana, como si me escapara de una noche
juntos en su habitación.
Nada de vergüenza, solo inseguridad.
Gran cosa. Solo le dije una mentira leve. No he renunciado a mi trabajo todavía, pero quiero
hacerlo. Estoy segura de que tengo que hacerlo. No por él, no por lo que sucedió, tengo que
hacerlo por mí, sin importar lo mucho que lo deseo y amo estar cerca de él. Además, me dejó muy
claro que no me daría ni la hora mientras trabaje para él. ¿Qué tenía que perder?
Y además… ¡oh, joder! Acabo de recordar que olvidé terminar mi correo para Luke McKenna.
El borrador seguía esperando ser enviado cuando abro mi correo, así que termino mi respuesta
rápidamente.

L uke,
Muchas gracias por pensar en mí. Yo…
Lamento la demora. Me interrumpieron y tuve que resolver una emergencia. Me
encantaría trabajar contigo. Hazme saber, lo más pronto que puedas, dónde quieres realizar el
evento. No tenemos mucho tiempo, si tienes un lugar en particular en mente, tendré que realizar
un depósito para reservar el espacio.

ierda. Ni siquiera tengo un nombre propio de empresa. Así que me invento uno de inmediato y
M
termino el correo con:

S uperior Events and Occasions, Inc.


Lindsey Laverly, CEO

M e suena como un nombre ganador. Probablemente debería asegurarme de que nadie


más esté utilizando ese nombre, pero por ahora, todavía sigo teniendo problemas
en pensar en algo más que no sea mi encuentro fugaz con Michael. Así fue cómo
proyecté mi deseo de irme y comenzar mi propia empresa por adelantado, y ni siquiera tengo un
contrato firmado. No pude evitarlo. Cuando me di cuenta de que Michael me deseaba tanto como
yo a él, perdí el control de mis sentidos. ¿Quién puede culpar a una chica? Yo también tengo mi
propia lujuria animal, la cual tomó el control por un momento. Michael es caliente, inteligente,
amable, sexy, rico y… oh sí… caliente.
Todavía sigo sin poder recuperar el control de mis sentidos. Sigo enfocada en ese momento y
puedo imaginar que siento su polla en mi mano: su deseo ardiente por mi cuerpo, irradiando de
cada poro, pero cuando miro esa mano, veo que solo sostengo mi teléfono y las llaves de mi
apartamento. No tengo idea cuánto tiempo he pasado aquí, pero miro a la derecha y noto que mi
vecina Penny está al lado de su puerta, mirándome, y le dedico una sonrisa tímida.
—Ey, Lindsey.
—Hola, Penny. —Sacudo mi cabeza para recuperar mis sentidos.
—¿Todo bien?
—Oh, sí. —Sonrío, coloco la llave en la puerta, giro la manija y entro a mi apartamento.
Escucho a Penny gritar desde el pasillo.
—¿Buen fin de semana?
—¡Oh, cielos! —le grito mientras cierro mi puerta. Sé que ella quiere detalles y quizás le
cuente, quizás no. Este fue especial. Además, si le cuento a alguien antes de contarle a Bethany,
ella me matará.
Dejo mi maleta en la puerta, me dirijo a la cocina y abro el refrigerador. Leche, manzanas,
naranjas, queso; en realidad no tengo hambre, así que me dirijo al sofá y cojo el control remoto de
la TV. Antes de que la pantalla termine de encender, vuelvo a presionar el botón para apagarla y
me estiro para agarrar la revista de mi mesita de café. Mientras reviso las páginas que ni siquiera
estoy viendo y no me interesan, mi corazón comienza a latir en mi pecho. No se ha detenido desde
el viaje en el ascensor y no por el que acabo de tomar; el viaje en ascensor más increíble del
mundo… en la historia de la humanidad. No he podido dormir desde entonces, por eso me subí un
vuelo más temprano desde Las Vegas del que tenía programado.
Me levanto sin razón aparente y miro alrededor de mi apartamento.
Suficiente de esta tontería; ¿qué mejor para esos momentos cuando tu corazón está latiendo por
un hombre que una taza de café? Necesito escaparme de este piso solitario. Cafetería Get Perky,
allá voy. Vuelvo a coger mis llaves y ya estoy fuera de la puerta. Esta vez tomo las escaleras.
Cuando abro la puerta de Get Perky, la típica campana suena y el aroma de los granos de café
rostizados me reciben como un segundo hogar. Me siento mejor al instante y mi mente se despeja
de todos los demás pensamientos, a excepción de las opciones del menú del día. Latte picante de
canela, latte de vainilla o un macchiato de caramelo… decisiones, decisiones. Mi barista favorito,
joven y lindo, está detrás del mostrador y me sonríe mientras me ve acercarme.
—Ey, Chris. —Me encanta coquetear con él porque me regala pasteles.
—Ey, chica problemática.
—¿Yo?
—Sí, tú. Me dijiste que tu amiga pensaba que yo era sexy. —Me sacudió la cabeza.
No puedo evitar reírme un poco al recordar mi pequeña travesura.
—Bueno, estoy segura de que lo piensa, todas las chicas lo piensan.
—Como sea… está comprometida. Muchas gracias; me hizo parecer como un ególatra.
—Oh, en realidad no está comprometida, ni siquiera le gusta el tipo.
—Bueno, ella me mandó a volar con su anillo y yo quedé como un estúpido, así que estás en
problemas.
—Oh, todavía me amas, Chris. —Le levanté mi ceja izquierda para molestarlo—. ¿Me das un
latte picante de canela?
Levanto mi teléfono hacia el escáner y pago por mi latte antes de pasar al final del mostrador
para esperar, deseando que incluya mi bizcocho adicional como siempre, aunque tal vez me
sobrepasé un poco la última vez. No creo que sea demasiado serio.
Una mujer adorable de cabello gris, un poco mayor, que estoy segura de que reconozco, se me
acerca después de hacer su pedido. Viste un traje rojo perfectamente combinado con guantes de
cuero rojos, tacones rojos y un labial rojo brillante.
—Hola —le digo mientras ella se acerca al final del mostrador.
—Oh, hola, cariño. ¿Cómo estás hoy? —Su sonrisa alumbra toda la tienda y mi día, entonces
recuerdo dónde la he visto antes.
—Estoy bien. ¿No eres una amiga de Bethany? —le pregunto.
—Oh, sí, es una chica maravillosa. ¿Tú eres su amiga Lindsey, cierto?
—Sí, gusto en conocerte. —Me asombro al descubrir que han hablado de mí y que recuerde mi
nombre. Me estiro para tomarle la mano y ella se quita sus guantes antes de tomar la mía. La
calidez de su tacto es instantánea y tranquilizadora—. ¿Bethany ha hablado de mí?
—Estoy segura de que sí. —Sé que ya somos amigas. Ella sonríe, mira alrededor de la tienda y
señala una mesa vacía para dos—. ¿Te gustaría tomarte un café conmigo?
—Umm, claro. Estaría bien.
Chris está ocupado atendiendo los pedidos, pero habla por encima del mostrador.
—Ve y siéntate, Opal. Te llevaré las bebidas.
—Oh, gracias, cariño. —Opal lo saluda y se dirige a la mesa para dos. Mientras tomamos
nuestros asientos, dobla su abrigo y guantes meticulosamente antes de alisar su falda y sentarse.
Estoy comenzando a pensar que conoce a todos.
—¿Conoces a Chris?
—Oh, claro, es un joven amable y siempre me cuida mucho.
Estoy segura de que Opal es el tipo de persona que nunca dice algo malo de alguien, el tipo de
gracia que viene con los modales de la vieja escuela, modales que parecen haberse perdido en
nuestro mundo tecnológico y apresurado. Yo la encuentro refrescante y noto que mi humor ha
mejorado solo con sentarme enfrente de ella.
—¿Y cómo se conocieron Bethany y tú? —le pregunto.
—Oh, hablemos sobre nosotras, eso será mucho más divertido. Dime, ¿cómo estuvo tu fin de
semana?
Es como si no pudiera soltar todo lo de mi fin de semana y no me detengo ahí. Hablo sobre
todo el estado de mi vida y antes de que me dé cuenta, ya pasó media hora, mi latte está casi vacío
y Opal apenas ha dicho una palabra. Oh, ella hace preguntas… luego escucha y hace más
preguntas… y escucha más. Ya estoy enamorada de ella. Solía tener conversaciones como esta
cuando mi abuela estaba viva y casi olvido lo mucho que extraño nuestras charlas. De alguna
forma, mi abuela siempre me guio a tomar la decisión correcta, haciendo preguntas y escuchando,
sin ofrecer su propia opinión o sus respuestas. Siempre me iba guiando en lo que necesitaba hacer.
—¿Qué quieres hacer? ¿Qué será lo mejor para ti? —me pregunta Opal.
—Siento que tengo que renunciar a mi trabajo y arriesgarme. Quiero mi propia empresa para
poder probarme a mí misma y hacer algo con mi vida.
—¿Y qué hay de este joven, Michael? Suena maravilloso.
—Creo que lo es, pero nunca podremos salir si trabajo para él; Michael no lo permitirá. Y
siento que si me voy, nunca lo volveré a ver y él se olvidará de mí.
—¿Y qué piensas que es lo correcto para hacer?
—Mi corazón me dice que necesito hacer lo que es bueno para mí y convertirme en el éxito
que siempre sentí que sería. Y si las cosas con Michael están destinadas a suceder, algo, no lo sé,
algo mágico tendrá que acontecer.
—Oh, cariño, estoy de acuerdo. Pareces una persona muy inteligente y capaz. Estoy segura de
que serás un éxito y todo va a caer en su lugar.
—Espero que sí, porque le dije una pequeña mentira. Le dije que renuncié, aunque no lo he
hecho todavía. —Bajo la mirada hacia el poco café que queda en mi taza y siento un poco de
vergüenza mientras le cuento a esta dulce anciana sobre mi mentira.
—No fue una mentira. Solo estabas poniendo las cosas en movimiento.
—Esa es una forma generosa de interpretar los hechos. —La vuelvo a mirar con una sonrisa
culpable—. Pero creo que me quedaré con esa, ¿y qué sucedería si me convierto en un éxito y eso
lo desilusiona? He leído que algunos hombres pierden su atracción por una mujer que se ha
convertido en exitosa en los negocios.
—Ten fe, querida, en ti y en él. En mi experiencia, una mujer exitosa no intimida a cualquier
hombre que valga la pena.
Bebo el último trago de café y hablo para mí misma y mi taza.
—Y el resto tiene manos muy pequeñas.
—¿Qué cosa?
Gracias a Dios que no me escuchó.
—Oh, nada.
—Es tan bonito hablar contigo, pero tengo que irme. —Opal se levanta y deja los guantes en la
mesa mientras se coloca su abrigo.
Me estiro hacia sus guantes rojos y se los entrego después de que termina de abrigarse.
—Toma. Muchas gracias por la charla, fue genial conocerte.
Opal se acerca y toma mis manos con las suyas.
—Cree en ti misma, cariño. Tienes lo necesario para alcanzar tus sueños, ten fe en ti misma y
el mundo se moverá en formas misteriosas para ayudarte a alcanzar tus objetivos. Todos tus
objetivos. —La calidez de su tacto recorre mis manos, mis brazos, llega a mi pecho y me
encuentro sin habla, cautivada por su mirada.
—Ey, Opal. —Me volteo para ver a mi mejor amiga Bethany llamándola y caminando hacia
nosotras.
—Oh, hola, querida —Opal sonríe y se gira mientras saluda a Bethany.
—¿Nuevos guantes? —Bethany le pregunta a Opal.
—Oh, no, tengo un par que combina con cada ropa. —Opal se aproxima y toma la mano de
Bethany—. Todo resultó de maravilla, ¿no es cierto?
—Más que maravilloso. —Un hombre apuesto camina al lado de Bethany, pero no luce nada
parecido a su anterior prometido. Es mucho más atractivo y sexy, con tatuajes que desbordan el
cuello de su camisa hasta la base de su cabeza. Ese debe ser el tipo, su tipo caliente del trabajo y,
oh sí, de la fiesta de Navidad—. Quiero que conozcas a alguien. —Bethany lleva a Opal hasta el
tipo sexy que ahora está parado al lado de ella.
Opal parece que ya lo conoce y se estira para darle su mano libre.
—Bueno, hola, Zach.
—Hola. —Él mira su mano y sonríe al sentir su tacto.
La mirada de Bethany es confusa y ella le pregunta:
—¿Os conocéis? —pero Opal la interrumpe.
—Vosotros dos formáis una pareja adorable. —Opal suelta sus manos y comienza a colocarse
los guantes—. No podría estar más feliz por vosotros. Sé que seréis muy felices juntos. —Luego
ella se voltea y me sonríe—. Cariño, disfruté mucho nuestra conversación. Recuerda lo que te
dije. Nos veremos de nuevo.
Me volteo para mirarla mientras avanza hacia la puerta. Un caballero mayor la abre y la
sostiene para ella mientras la atraviesa y desaparece.
—¿Quién era ella? —pregunta Zach.
Me levanto de mi mesa, miro la puerta y respondo:
—Ella es Opal, es maravillosa.
Bethany gira hacia mí y dice:
—Es lo que dije, maravillosa.
Zach está mirando la puerta como si estuviera perdido en un sueño.
—Ella fue increíble, ¿cierto?
El lindo barista Chris camina hacia nosotros y le entrega dos bebidas a Zach.
—Aquí tienes tu café, Zach.
—Gracias, Chris. —Zach toma los vasos y le entrega uno a Bethany.
Mientras Zach le entrega la bebida a Bethany, no puedo evitar notar el enorme diamante en su
dedo de anillo de la mano izquierda. Mierda. ¿Está comprometida de nuevo? ¿Tan pronto?
—¿Qué demonios es esto? —Sin siquiera pensarlo, cojo su mano y la traigo hacia mi cara—.
¿Qué es esta roca en tu dedo? Perra, no puede ser. ¿Por qué no me lo dijiste?
—Acaba de suceder esta mañana. No hemos tenido la oportunidad de decírselo a nadie
todavía.
Estoy tan feliz por ella que no puedo contenerme, así que grito, atrapo a Zach en un abrazo
enorme y lo sacudo tan fuerte que derramo su café.
—Bienvenido a la familia, grandote. —Me volteo y veo a mi mejor amiga completamente feliz
y la uno al abrazo—. ¡Vamos a ser tan felices! —Sacudo a Bethany tan fuerte que también derramo
su café.
Chris mira el piso y suspira.
—Supongo que tendré que limpiar eso. —Él sacude su cabeza al mirarme y se aleja—. Sabía
que vosotras dos seríais un problema.
Nosotras nos sonreímos y gritamos al mismo tiempo.
—Lo sentimos, Chris.
No podría estar más feliz por Bethany. Ella es súper dulce, amable y la mejor de las mejores
amigas; merece ser feliz. Dios sabe que su anterior prometido no cumplía sus necesidades. Pero
por la mirada en la cara de Zach y el brillo que ella emana, estos dos se complementan a la
perfección.
Bethany y Zach se alejan de mi abrazo, entrelazan brazos y Bethany dice:
—Tienes que venir con nosotros; no puedo tener una mejor amiga que ni siquiera conozca a mi
futuro esposo. Tenemos que ir a cenar.
—Hagámoslo. —Apunto a Zach con mi dedo—. Tengo que interrogarte exhaustivamente antes
de dar mi aprobación final.
—¿Puede ser mañana por la noche? —pregunta Bethany.
—Recuerda que me voy mañana a Hawái. Me tomo una semana al final de cada año para
relajarme en la playa. La playa elegida este año está en Hawái y no puedo esperar. Tengo mucho
que pensar.
—Lo olvidé, retrasaste tu viaje este año por esa cosa de Las Vegas.
—Sí y todavía tengo que ir a casa a empacar, así que mejor me voy.
—Llámame cuando regreses. —Bethany se acurruca al lado de Zach y bebe su café.
—Lo haré. Encantada de conocerte, Zach. —Salgo por la puerta y mi mente comienza a dar
vueltas. Estoy emocionada por Bethany. Se merece un gran hombre y toda la felicidad que siempre
quiso. Y ahora, más que nunca, estoy segura de que es momento de que yo avance hacia toda la
felicidad que siempre he querido.
CAPÍTULO 5

M ICHAEL

S iempre aparco mi coche en la última fila del aparcamiento trasero de nuestra oficina y
siempre me siento un poco tonto por hacerlo. Hay muchos espacios libres cerca del
edificio, demonios, y tengo un lugar reservado en la fila del frente, pero como siempre,
me encuentro buscando cada oportunidad para incorporar algo de ejercicio a mi día. Cuando
llegué al aeropuerto anoche, cargué mi equipaje en vez de rodarlo en sus ruedas perfectas. No sé
por qué me molesto en hacerlo, pero lo hago; no puedo evitar no saber cómo ser flojo.
Me desabrocho la chaqueta mientras camino hacia el edificio para sentir el aire frío de la
mañana en mi pecho. La sensación del aire fresco de invierno me envuelve y me despierta. Nunca
me ha molestado levantarme e ir a trabajar, ni siquiera las mañanas de los lunes. No es que sea
una de esas personas molestas que se ven eternamente felices y que muestran un entusiasmo
asqueroso veinticuatro horas los siete días de la semana; es solo que me gustan los desafíos.
Tengo que sentirme desafiado o me aburro demasiado. Todos asumen que tener mi propia empresa,
especialmente un emprendimiento tecnológico, es puras fresas con crema, arcoíris y unicornios
con un cofre de oro y un duende mágico cagando polvo de hadas en mi camino. Nada podría estar
más alejado de la verdad. Un emprendimiento tecnológico es increíblemente difícil, altamente
riesgoso y muy estresante; a menudo me siento miserable, pero no puedo vivir sin eso. Además,
estoy seguro de que esas personas con un entusiasmo asqueroso van a casa y beben hasta lo último
cada noche.
Normalmente, cuando me dirijo a la oficina después de una larga ausencia, todo un arreglo de
listas de cosas por hacer pasa por mi mente, pero hoy no. Hoy solo puedo pensar en Lindsey. No
he podido sacarla de mi mente desde ese maldito viaje en el ascensor. No fue un viaje infernal
como uno podría esperar después de que se quedara sin energía y comenzara a caer para darnos
una muerte segura. Este roce con la muerte fue algo hermoso; fue el éxtasis en una caja de metal de
dos por dos, y mi polla ha estado dura desde entonces, si no físicamente, al menos sí lo ha estado
metafóricamente. Todavía siento el tacto de ella e inhalo su aroma con cada aliento.
Después de pasar por la entrada de empleados, giro a la izquierda en vez de mi ruta usual por
el medio, directo hacia mi oficina. Tengo que pasar por su escritorio. Tengo que verla. Un giro a la
derecha en el último pasillo y levanto la mirada, esperando verla ocupada en su escritorio.
Lindsey no está a la vista. Mierda. ¿Cuántas veces tendré que inventar una excusa para pasar por
aquí antes de que pueda verla en su escritorio? Al llegar a su oficina, pauso y miro alrededor; su
escritorio no ha sido tocado. ¿Todavía no está aquí?
—Buenos días, Sr. Sinclair. —Oh, bien, es su asistente. Justo a tiempo.
—Ey, Chad. ¿Has visto a Lindsey? Necesito hablar con ella.
—No, ella no está aquí. ¿Hay algo que necesite? Estoy seguro de que puedo ayudarlo. —
Cielos, este tipo no tiene remedio. Nunca comprendí por qué Lindsey lo contrató, es un lameculos
y ni siquiera intenta ocultarlo. No es su oferta de ayuda lo que me molesta, es la forma en que lo
dice que hace que quiera rodear su delgado cuello con mis manos.
—¿Dónde está?
—Oh, Lindsey no vendrá; está de vacaciones esta semana.
—¿Vacaciones? —¿Se fue directo desde Las Vegas? La busqué ayer por la mañana en el hotel,
pero no pude encontrarla. La verdad es que estuve pendiente de ella en el vestíbulo toda la
mañana, pero no la pude ver. Casi perdí mi vuelo y esperé por mucho.
—Oh, ella se fue en un vuelo temprano y me dejó encargado del trabajo en el hotel, pero no se
preocupe, me encargué de todo. —Chad se cruzó de brazos y arrugó sus cejas en un aparente
intento de mostrar su habilidad—. Aunque no fue fácil. Había mucho por hacer.
—¿Sabes dónde fue?
—No tengo idea, señor. Lindsey no habla mucho, pero encuentro la forma de resolver las cosas
por ella de igual forma. Lo que sea que necesite, estoy seguro de que puedo ayudarlo.
—No lo creo, Chad. —Si tan solo supiera—. Vale, gracias.
Chad sigue hablando mientras sigo caminando, pero lo ignoro y mi mente regresa a Lindsey.
¿Ella envió un aviso y luego renunció para usar lo último de sus vacaciones? ¿Regresará alguna
vez? ¿Qué pasa si no la vuelvo a ver? Tengo que verla de nuevo.
Mientras llego al frente de mi edificio, paso por la sala de conferencias principal y me dirijo a
mi oficina. Mi asistente Janice está parada, esperándome con su tableta en la mano.
—¿De dónde saliste? —me pregunta mientras me sigue a mi oficina.
—¿A qué te refieres? Vengo de ese lado algunas veces para decirle buenos días primero a
algunos de los empleados.
—Nunca vienes de ese lado; nunca haces las rondas antes del informe de la mañana.
—Bueno, estoy cambiando.
—Uh, um. —Janice ha trabajado conmigo por mucho tiempo y sabe cuándo estoy hablando
pavadas—. Digamos que te creo y continuemos.
—Suena bien. ¿Comenzamos? —Mis mañanas siempre comienzan con un resumen de los
problemas actuales y una vista preliminar de los compromisos programados para el día. No
podría sobrevivir sin Janice; es mi esposa del trabajo, pero yo la llamo mi mamá del trabajo y
ella odia cuando lo digo, porque solo es unos años mayor que yo. Es invaluable; y me mantiene
enfocado en la dirección correcta.
—Sí, comencemos. —Y ella comienza—. Alan te envió un correo, a la mañana, para decir que
tu solución al problema de la red parece haber funcionado sin ningún otro problema. Y…
Janice sigue hablando, pero no escucho ni una palabra de lo que dice. En todo lo que puedo
pensar es en Lindsey y en ese ascensor. Solo puedo pensar en tocar la piel de su delgado vientre,
en su pezón bajo mis dedos, su vagina apretando mis dedos… su mano en mi polla…
—«Y el zorro rápido marrón salta por encima del perro flojo e hice un truco en un viaje a
Hollywood con un pequeño top». —Janice no está leyendo de su tableta y se detiene para mirarme
con una mirada exasperada en su cara.
—¿Qué?
—No estás prestando atención. Obviamente no escuchaste ni una palabra de lo que dije.
—Sí lo hice.
—¿Qué acabo de decir?
—Me temo que algo sobre un top.
—Exactamente lo que pensé.
—¿Podemos continuar después con esto? —Me levanto de mi silla.
—¿Qué sucede, Michael?
—¿Qué? —digo mientras comienzo a dirigirme a la puerta—. Nada.
—Conozco esa mirada. —Ella se levanta y me sigue fuera de la puerta—. ¿Qué sucedió el fin
de semana?
—Nada. Regreso en un rato.
—Tienes reuniones esta mañana.
—Cancélalas —le digo, mientras me alejo caminando hacia la oficina de Lindsey.
Mientras paso de nuevo por la sala de conferencias y giro en la esquina, Chad salta de su silla
y ya está hablándome de nuevo, pero lo interrumpo.
—Chad, necesito saber dónde está Lindsey.
—Lo siento, señor, pero no sé dónde fue.
—¿Quién podría saberlo?
—No tengo idea.
—Piensa, Chad. Piensa. Tu trabajo depende de eso.
Solo estoy bromeando con él, pero juro que casi se caga encima.
—Ella se ve con su mejor amiga en la misma cafetería casi todos los días alrededor de las
once en punto.
—¿En cuál?
—Esa pequeña cafetería a unas cuadras, que se llama Get Perky. Permítame buscar la
dirección. —Chad se inclina en su ordenador—. Sí, esta es y tenía razón, está bajando por la
calle. La dirección es 1418 John Street.
Salgo por la puerta antes de que él termine. Conozco esa cafetería porque conduzco por ahí
todos los días. Chad me habla desde atrás mientras avanzo.
—Señor, si quiere que le busque un café y espere a la amiga de Lindsey, lo haré, puedo traerle
un latte.
Recorro las dos cuadras hacia la pequeña cafetería en nada de tiempo, abro la puerta y entro
como un loco. Debo parecerlo porque todos en la tienda se dan vuelta y me miran mientras
escaneo con la vista todas las mesas. Me doy cuenta de que no tengo idea de lo que estoy
buscando y parezco un loco, así que intento calmarme y mezclarme en la cola para pedir. El joven
de la máquina registradora no parece estar apurado, y por alguna razón, siente la necesidad de
tener una conversación con cada cliente. Desearía que se apresurara. Estoy apurado. ¿Qué pasa si
ya la perdí?
—¿Puedo ayudarte? —Es mi turno finalmente.
—Sí, ¿conoces a Lindsey?
—¿Disculpa, qué? —La etiqueta del chico parece escrita por un niño, pero dice «Chris».
—Chris, ¿conoces a Lindsey? Ella viene todo el tiempo y se encuentra con su mejor amiga.
—Sí, conozco a Lindsey.
Miro deprisa alrededor de la tienda.
—¿Su mejor amiga está aquí? Soy el jefe de Lindsey y esperaba que ella me dijera dónde se
fue Lindsey de vacaciones. Es muy importante. Es una misión crítica, si es que me entiendes. —No
puedo creer que haya dicho algo tan estúpido, ni siquiera sé lo que estoy diciendo.
—Llegas demasiado temprano. No vienen usualmente hasta las once.
Y ahora lo comprendo. Por salir apresurado, salí de la oficina y no presté atención a la hora.
—Joder. —Coloco mis manos en el mostrador y sacudo mi cabeza.
—¿Quieres ordenar algo? Puedes esperarla si deseas.
No quiero parecer un imbécil que hizo esperar a las demás personas por nada, así que ordeno
algo.
—Un café negro grande.
—Serían 3.59 dólares.
Saco un billete de veinte de mi billetera y se lo entrego.
—Quédate con el cambio.
—Gracias. —Chris coloca el cambio en el envase de propinas—. Sabes, Opal habla con
Lindsey y su amiga todo el tiempo. Ella podría ayudarte.
—¿Opal? —pregunto yo.
Chris asiente y señala la entrada principal.
—La mujer de púrpura que está sentada sola.
—Gracias, Chris, eres el mejor.
—Eso es lo que dicen.
Me volteo y veo a una mujer mayor sentada a la mesa, sola. Está vestida en púrpura brillante
de cabeza a los pies y me mira a los ojos todo el tiempo mientras camino hacia ella. Le sonrío
para evaluar su estado de ánimo, pero ella no me sonríe, y me mira de pies a cabeza mientras me
aproximo. Está mirándome con sus piernas cruzadas por debajo de su falda y sus manos encima de
sus rodillas, sosteniendo un par de guantes púrpuras. Puedo sentir un nudo formándose en mi
garganta y no estoy seguro por qué tengo miedo de comprobarlo, pero puede que se esté formando
sudor en mi ceja. Este podría ser un camino sin salida.
—Hola. —Mi voz suena chillona al hablar, así que intento aclararme la garganta y lo intento de
nuevo—. Estaba hablando con Chris y me dijo que tal vez podría ayudarme.
—Por supuesto que puedo, siéntate. —Señala la silla frente a ella y me siento—. Eres incluso
más apuesto de lo que pensé que serías. —Su voz es amable y segura, con una especie de acento
del Medio Oeste.
Estoy totalmente confundido.
—Lo siento… yo…
Ella se estira para estrechar mi mano y sonríe; una sonrisa que comienza en sus labios pintados
de rojo se eleva hasta sus mejillas y aumenta, mientras un brillo aparece en sus ojos
profundamente verdes.
—Soy Opal. —La calidez de su tacto se eleva hasta mi pecho y la ansiedad que siento se
disipa al instante.
—Me preguntaba si tal vez sabría cómo puedo encontrar…
—Escucha, Michael. —¿Cómo me conoce? Mi mente comienza a trabajar, intentando recordar.
¿Me desmayé camino a la mesa y vio mi billetera antes de revivirme? ¿Está escrito en mi frente?
¿Es una bruja?—. Quieres saber sobre Lindsey.
—Uh. ¿Sí?
—Hablemos sobre tus intenciones.
—¿Señora?
—Así es, Michael. —Ella se apoya en la silla y se cruza de brazos—. Escuchémoslo. ¿Cuáles
son tus intenciones con Lindsey?
Tengo que confesar.
—En realidad, no he pensado mucho al respecto.
Opal asiente su cabeza como si ya lo supiera.
—Bueno, ahora es tan buen momento como cualquier otro.
Así que suelto todo.
—No he podido quitarle los ojos de encima desde que comenzó a trabajar para mí. Pongo
excusas para caminar hasta su escritorio siempre que puedo, solo para poder verla. Y ha sido
agonizante, porque tengo una política muy estricta para mí mismo. No salir con empleadas. Así
que he estado atrapado en la miseria de estar cerca de ella todos los días, pero sin poder hacer
nada al respecto. Ni siquiera podía decirle algo. Luego quedamos atrapados juntos en un ascensor
y ella me dijo que renunciaría. Finalmente pudimos acercarnos y…
—Los detalles no son necesarios, Michael.
Siento que mi cara se sonroja.
—No he podido pensar en nada más desde entonces. Ni siquiera puedo enfocarme en el
trabajo, en mi negocio.
Opal se inclina por encima de la mesa y me mira atentamente.
—Lindsey es una mujer muy inteligente. ¿Cómo te sientes con eso? Algunos hombres se sienten
amenazados por una mujer inteligente.
—Es lo que encuentro más atractivo en ella —le aseguro—. Y es fuerte.
—También es muy ambiciosa. Tiene sus propios planes, sabes.
—Eso es de esperarse —respondo.
—¿Y si obtiene un gran éxito? La apoyarías…
—De cualquier forma que pueda —interrumpo yo.
Opal vuelve a apoyarse en la silla y me mira por lo que parece una eternidad.
—La encontrarás en Hawái, en la isla Kauai.
Me pongo de pie sin pensarlo.
—Muchas gracias.
Opal se une a mí, levantándose, y me agarra la mano de nuevo.
—Fue un placer conocerte, Michael. No lo olvides, estaré observándote.
—El placer fue mío, señora.
Un hombre aparece detrás de mí y coge el abrigo de Opal. Está vestido simple con un aspecto
salido de la década de los cuarenta, ropa de iglesia de la clase trabajadora en tonos sepia. Bien
afeitado y con cabello corto, que luce como si acabara de venir de una visita al barbero.
Totalmente derecho y serio. Opal se voltea mientras él le coloca su abrigo por encima de sus
hombros.
—Que tengas un buen viaje, Michael.
No tengo idea de dónde salió este hombre y me quedo sin palabras mientras lo observo abrirle
la puerta a ella y los miro desaparecer afuera.
Supongo que me voy a Hawái.
CAPÍTULO 6

Lindsey

N ada puede ser mejor que esto, veintiséis grados con una brisa ligera que viene del
océano, la calidez del sol en mi piel y el pensamiento de que todos en casa están
congelándose «lo que ya saben». Sex on the Beach, desafortunadamente, solo es el
trago en mi mano y no sexo en la playa… con mi jefe. Incluso así, no hay nada como visitar Hawái
en invierno.
Mientras me acuesto y observo otro día de lecciones de surf enfrente de mí, el instructor del
hotel, Colton, sonríe en mi dirección. Es un rubio muy lindo, con un buen cuerpo, bronceado de
pie a cabeza y sin nada de grasa corporal. Pero es joven y solo lo suficientemente inteligente para
ser un… bueno, un instructor de surf para un hotel. Sí, es sexy, pero es difícil tomarlo en serio; no
es Michael.
En mi mente sigo en ese ascensor. Demonios, puede que nunca abandone ese ascensor. ¿Han
inventado ya esa realidad virtual? Tal vez tenga que hablar con Michael sobre eso cuando regrese;
él debería hacer eso para su próximo emprendimiento.
Vuelvo a soñar despierta y sigo mirando nada en particular, pero Colton piensa que lo estoy
mirando a él.
—Ey, Lindsey. —Los dos chicos a los que está enseñando surf en la arena voltean hacia mí
cuando me saluda.
Um. Intento ocultar mi irritación mientras saludo de vuelta.
—Ey, Colton. —Me doy la vuelta y sacudo la cabeza por mi descuido; no quiero animarlo,
aunque ciertamente no lo necesita. Juro que debo de estar en ese punto en mi ciclo. No «ese
momento del mes», pero debo estar ovulando o algo, porque Colton me ha estado persiguiendo
con la velocidad que se dirige un autobús lleno de turistas mayores a una fiesta hawaiana de luau y
lei.
—¿Vas a seguir pretendiendo que no me estás mirando o vamos a salir a la noche? —Colton
dejó a sus aprendices de surfistas practicar sus movimientos y está parado frente a mí antes de que
pueda quejarme.
—¿No deberías estar enseñándoles tus movimientos increíbles?
—Preferiría enseñártelos a ti.
—En serio, Colton. ¿Qué es lo que piensas que vas a hacer conmigo? —Levanto la mirada
para verlo y bloqueo el sol con mi mano.
—¿Qué tal si te doy una lección gratis? Luego podemos decidir lo que voy a hacer contigo.
Vamos, Lindsey, te divertirás. Te aseguro que soy un buen tipo.
—Creo que eres todo menos un buen tipo. —Bajo mi mano y desvío la mirada.
—A muchas chicas les gusta eso.
—Apuesto a que sí.
—Solo una lección, sin compromiso. Dependiendo lo buena que seas decidiré qué procede
luego.
Al escuchar ese comentario ridículo, levanto la mirada y bloqueo el sol… otra vez.
—¿En serio vas a usar esa frase?
—Sí. ¿Qué dices?
Sacudo mi cabeza y me volteo para mirar al mesero. Levanto mi vaso vacío y pido otro. No
voy a tener sexo en la playa con este tipo, pero quién soy yo para rechazar una lección gratis de
surf.
—Está bien, mañana. ¿A qué hora?
—¿Qué te parece después del almuerzo? Estoy libre el resto del día después de mi lección de
la mañana.
—Bien, ahora vete. Estás bloqueando el sol.
—Genial —dice él mientras gira y regresa con el hermano y hermana que están esperando
continuar con su instrucción—. No te arrepentirás. Te gustará y vas a amarme.
No puedo evitar pensar para mí misma, lo dudo mucho, pero sonrío y asiento mientras Colton
se aleja. ¿Quién sabe? Tal vez me gustará surfear, ¿él…? No mucho.
CAPÍTULO 7

M ICHAEL

S upongo que si estás realizando una búsqueda a gran escala hay peores lugares en los que
estar, pero estoy totalmente exhausto. El vuelo a Kauai es un vuelo muy largo. No he
dormido en una eternidad y he pasado dos días yendo de hotel en hotel buscando a una
turista en un pajar lleno de turistas. Aun así, es Hawái. La belleza de esta isla es inigualable y,
gracias a Dios, no es muy grande. Si sigo sobornando a las recepcionistas de los hoteles, estoy
seguro de que eventualmente encontraré el hotel correcto.
¿Y quién apaga su teléfono en la actualidad? Digo… sé que Lindsey está de vacaciones y todo,
pero, señora de dependencia tecnológica, enciende tu maldito teléfono, Lindsey. Te estás
perdiendo de algo muy importante… Yo.
Otro giro en mi horrible coche rentado y aquí vamos de nuevo. Mierda, mierda, mierda. ¿Con
este hotel cuántos intentos van, diez, veinte, diez mil? ¿A quién le importa? Perdí la cuenta hace
tiempo y pronto tendré que buscar otro cajero para sacar más efectivo para sobornos. ¿Y qué
sucede con este aire acondicionado que apenas funciona en este maldito coche pequeño? Casi
puedo escuchar a Janice carcajeándose en la oficina mientras sudo a través de mi camisa. A ella le
encanta molestarme. Siempre es una sorpresa con ella cada vez que me reserva un coche; ¿puede
reservarme un peor coche que la vez anterior? Dice que eso me mantiene humilde. La próxima vez
me reservará el último Yugo en funcionamiento en el mundo.
Miro el aviso en un monumento mientras entro en otro aparcamiento repleto y aparco en el
primer lugar vacío que encuentro. Ah, el St. Regis, parece el hotel de la suerte, seguramente
hospeda temporalmente a una mujer joven, sexy y tentadora. Apenas noto al personal de
bienvenida cuando paso a través de las enormes puertas de vidrio para entrar al vestíbulo y digo
un rápido «No, gracias» y lo esquivo mientras intenta colocarme un lei, el collar hawaiano. Ya
tengo un coche repleto de leis, pienso para mí mismo, y no estoy bromeando.
Genial, ahora estoy bromeando conmigo mismo.
Pauso para considerar si de verdad estoy volviéndome loco o solo necesito una buena siesta, y
el alivio me embarga cuando veo a un empleado desocupado esperando que me acerque, con su
sonrisa falsa y todo. Al menos, no tengo que esperar en la fila… otra vez.
—Buenas tardes, señor. ¿Cómo puedo ayudarlo? —Me muevo hacia el sonriente y pálido
joven pelirrojo con cara llena de pecas y coloco mi propia sonrisa falsa en mi cara—. ¿Va a
registrarse hoy?
—Bueno, depende de si puedes ayudarme. —Siento que estoy en una escena de una mala
película romántica cada vez que intento esto, pero aquí voy de nuevo.
—Haré lo mejor que pueda, señor.
—Estoy buscando a alguien, Lindsey Laverly. Me preguntaba si tal vez podrías decirme si se
está hospedando aquí.
—Lo siento, señor, no tengo permitido divulgar información sobre nuestros huéspedes.
En anticipación a su respuesta, abro mi billetera, saco un billete de cien dólares y lo deslizo
por el mostrador.
—Esperaba que tal vez pudieras hacer una excepción.
El colorado de Regis mira a los lados y me sonríe mientras me desliza el dinero y yo lo
levanto.
—Lo siento, Sr. Laverly, no puedo decirle si su esposa se está hospedando aquí.
¿Me acaba de llamar Sr. Laverly? De inmediato quiero quitarle esa mueca pecosa de su cara.
—No soy el Sr. Laverly; ella no es mi esposa, es una empleada.
—De igual forma no puedo decirle si es una huésped aquí. —No estoy seguro cuál debería ser
mi próximo movimiento, es lo último de efectivo que tengo, me giro para irme mientras coloco el
billete en mi billetera—. Pero tal vez pueda decirle si no se está hospedando aquí.
—Eso estaría bien.
—Mmm, mmm. El colorado aclara su garganta después de mirar a los lados de nuevo y vuelve
a mirar el lugar donde había colocado el billete de cien dólares.
—¿Quieres decirme… solo decirme si no se está hospedando aquí?
Eleva sus cejas y me mira de nuevo.
—Sí… no se está hospedando aquí.
Deslizo el dinero por el mostrador y él coloca su palma más rápido antes de que pueda decir:
—Está bien, puedes decirme si Lindsey…
Antes de que diga Laverly, su búsqueda está completa y mi efectivo está en su bolsillo.
—No hay ninguna señorita Laverly registrada como huésped actualmente en este hotel.
—¿Y no podrías haberme dicho eso… gratis?
—¿Algo más en lo que lo pueda ayudar?
Ahora estoy exhausto y exasperado, levanto mi dedo hacia él y me preparo para violarlo
verbalmente, pero solo exhalo y me alejo caminando.
—Qué tenga un día maravilloso, señor. —Debe sentirse un poco culpable porque sigue
hablando—. Si la señorita Laverly está aquí para un viaje… relajante, tal vez deba revisar los
hoteles en Nawiliwili Bay. Es mucho más tranquilo en esta época del año. La mayoría de la gente
que se está hospedando en el norte está aquí para una competición de surf con olas grandes.
—Gracias —digo por encima de mi hombro, mientras me dirijo hacia mi coche rentado y saco
mi teléfono para comenzar a investigar hoteles en Nawiliwili Bay. Repleto de hoteles y a menos
de una hora de distancia significa que tengo suficiente tiempo para acudir al apoyo logístico.
Ahora mismo no puedo pensar en una mejor razón para tener a un equipo de hackers como
empleados… ¿en quién puedo confiar que no le hable a toda la empresa?
CAPÍTULO 8

Lindsey

¿P or qué acepté esto? Vine a Hawái preparada para relajarme en el sol, mejorar mi
bronceado y leer un poco, no a tomar lecciones de surf con un joven cachondo, sexy y que apenas
pasa la pubertad. Y los únicos prendas de baño que traje son variaciones de colores del mismo
bikini pequeño. Tengo que admitirlo mientras me miro enfrente del espejo en mi habitación, me
veo muy bien en la versión roja que estoy usando, demasiado bien. Sí, es pequeño, pero no
esperaba mantener todo junto para saltar en una tabla de surf. A veces tener pechos puede ser una
molestia. Volteo a un costado para ver lo mucho que se están asomando mis chicas por los lados y
noto que las ataduras parecen que se van a desatar en cualquier momento. Sigo volteándome y
miro mi parte trasera en el espejo mientras me doy una palmada en la frente. Qué idiota que soy,
estoy llevando casi un hilo dental.
Pero me veo bien.
¿Qué puedo decir? Mi única idea era minimizar las líneas de bronceado, no resistir la fuerza
del mar.
Imposible, no puedo hacerlo. Mientras camino hacia mi maleta en la esquina de mi habitación,
solo puedo pensar en excusas sobre por qué no debería ir. Mi habitación es agradable, silenciosa
y cómoda. La cama, cubierta en sábanas blancas, es enorme y acogedora. Las puertas de vidrio
deslizantes están abiertas y llevan hacia un balcón que da hacia la playa; el aroma del océano,
cuando pasa las cortinas, inunda la habitación y el rugido de las olas suena como un metrónomo.
Podría acostarme, tomar una siesta y olvidarme de Colton, esperar que él se olvide que estoy aquí.
Sí, como si fuera a suceder.
Está bien. Tomaré su estúpida lección solo para que me deje tranquila luego. Pero no vestida
así. Empiezo a buscar en mi maleta y me cubro con una camiseta y unos pantaloncillos de
gimnasio, ato mi cabello en una cola de caballo y regreso a la puerta del closet para una
actualización visual.
Ah. Mucho mejor.
Sonrío a la aburrida chica turista del espejo, luego me meto en mis chancletas y salgo por la
puerta.
Mi habitación está solo a unos pasos de las escaleras que llevan al piso principal. Mientras
giro en la esquina y me dirijo hacia el vestíbulo, puedo ver conversando a la mujer joven que
sirve los tragos en el bar. Ella está sonriendo como una colegiala que coquetea mientras escribe
en un teléfono. Colton sonríe en mi dirección, agarra el teléfono de las manos de la bartender y
avanza en mi dirección, mientras yo camino en dirección a la puerta del frente.
—Ey, Lindsey. ¿Estás lista? —Colton me llama mientras avanza en un trote flojo, un trote
aburrido de surfista, en mi dirección.
—¿Ya terminaste ahí? —pregunto—. No interrumpí, ¿cierto?
—Oh, ella es Lucy; es nueva aquí. Solo me presentaba.
—¿Le pediste su número? —Sonrío y le levanto una ceja para hacerle saber que conozco su
juego.
—¿Qué? No. Ella solo me preguntó si podía utilizar mi teléfono para buscar algo.
—Claro que sí, Colton. —Me encojo de hombros, porque la verdad no podría importarme
menos. Mucho menos de lo que él puede imaginar. Solo deseo que deje la constante presión
conmigo—. ¿Dónde comenzamos esta lección?
Colton se detiene y me mira de arriba abajo.
—¿Vas a usar eso?
Me detengo y él tiene que esquivarme para no chocarse conmigo.
—¿Es un problema?
—No. No, yo solo…
—¿Solo qué, Colton?
—Bueno, hace calor afuera y te sentirás caliente y sudorosa. —Apenas puede suprimir una
sonrisa estúpida.
Salgo por la puerta y él me sigue.
—Confía en mí, Colton. Puedo aguantar lo que sea que me lances. Solo intenta no emocionarte.
Esto es solo una lección de surf. Solo eso.
—Pero es una lección de surf. Ya sabes que tendrás que meterte al agua y eso significa que te
vas a mojar. Necesitas un traje de baño. —Sonríe y asiente como si acabara de ganar un caso en la
corte.
—Vamos a preocuparnos de eso cuando suceda. —Pauso, le hago un ademán para que él lidere
el camino y lo sigo.
Odio admitirlo, pero en treinta minutos de instrucción oral, saltar y recostarme en una tabla de
surf, además de una infinita sabiduría de chico surfista, me la estoy pasando bien. Colton parece
saber de lo que habla y tiene suficiente experiencia y paciencia para parecer profesional, siempre
y cuando se olvide de que su objetivo principal es meterse entre mis piernas. Cuando no lo está
intentando tanto, puede ser muy encantador. Tiene una bonita sonrisa y algo natural en él. Y
demonios, es muy apuesto con ese cuerpo increíble. Antes de que pase mucho tiempo, me olvido y
comienzo a bajar mis defensas.
—Esto no es fácil de admitir, Colton, pero tenías razón. —Aireo mi camiseta para que circule
algo de aire en mi cuerpo. Hace calor y estoy sudando como un sureño un sábado en un mercado
de pulgas.
—Bueno, creo que ya estás casi lista para entrar a la madre mar. ¿Sí estás usando un traje de
baño ahí debajo, cierto?
No puedo alargarlo más, así que asiento y comienzo a quitarme mi camiseta por encima de mi
cabeza.
—Sin comentarios. —Me detengo y lo señalo mientras lo miro con un poco de seriedad. Él
finge miedo y hace un ademán de cerrar un cierre por encima de sus labios. Pero, mientras me
quito la camiseta y me doblo para quitarme los shorts, él no puede evitar tener una vista perfecta
de mi bikini.
—Oh, rayos. Eso sí es un traje de baño. Esto va a ser perfecto. Deberíamos hacer un par de
rondas más de práctica y luego ir al mar.
Por supuesto que quiere que realice dos intentos de práctica. Estoy segura de que luzco
ridícula mientras intento evitar que mis senos se salgan cuando salto para ponerme de pie. Y con
cada intento, su voz baja un octavo.
—Mmm, te ves bien.
En poco tiempo, él luce como un villano de una película de bajo presupuesto, tiene un brazo
cruzado mientras el otro acaricia una barba que no tiene, asiente y vigila a su presa.
—Una vez más —dice y ahora él está sudando—. Ya casi estás lista para el agua.
Pienso que mejor lo detengo antes de que termine con una erección completa.
—Creo que lo tengo, Colton. —Me estiro y le doy una palmada sarcástica en el hombro—.
Necesitas enfriarte, vamos al mar.
—Hola, Lindsey. —Una voz masculina y familiar me llama por detrás y me volteo para ver al
hombre de la voz caminando por la arena. Estoy atónita.
—¿Michael?
CAPÍTULO 9

M ICHAEL

G racias a Dios no tuve que buscar en cada hotel de Nawiliwili Bay para descubrir dónde
se hospeda Lindsey. En menos de treinta minutos, después de pedir la ayuda de mis
mejores programadores, ellos tenían una pista para mí. No sé cómo lo hicieron y,
francamente, no quiero saberlo. Cada programador que merece su paga es un hacker de
corazón, y he empleado a algunos de los mejores. Alan me escribió para decirme que el teléfono
de Lindsey no se había encendido en dos días, pero la última vez que lo hizo, fue en el Garden
Isle Hotel and Spa. Mientras entro en el aparcamiento, me doy cuenta de que, en realidad, no he
pensado lo que voy a decirle, y noto una sensación extraña en mi pecho. No creo haber tenido esta
sensación nunca.
Creo que estoy entrando en pánico. ¿Es eso? ¿Y qué diablos estoy haciendo aquí?
Y… ¿Qué diablos voy a decir? Ey, Lindsey, bebé. Y… sé que hemos trabajado juntos y…
apenas te he dicho dos palabras… y aunque me has atraído desde siempre, probablemente
nunca notaste que te miraba porque no lo hice, no podía. No podía arriesgarlo. Y luego casi
tuvimos sexo en el ascensor… el mejor casi sexo que he tenido… demonios, mejor que incluso
algunos sexos que he tenido. Y yo no he podido dejar de pensar en ti. Y creo que estoy
enamorado de ti. Uh… ah.
Su respuesta sin duda será… Aléjate, psicópata acosador que me has seguido hasta Hawái.
Voy a llamar a la policía.
Así que me siento en mi horrible coche rentado, sudando y congelado al mismo tiempo; mi
espalda está comenzando a pegarse al asiento de cuero falso cuando mi mano derecha comienza a
picarme. Recuerdo mi charla con Opal, esa adorable mujer de la cafetería, y sé lo que tengo que
hacer. Salgo del coche al instante y tengo una misión. Tengo que encontrarla. Ella tiene que estar
aquí y tiene que ser mía.
Mientras avanzo por el aparcamiento, la esperanza y felicidad crecen en mi pecho. Sé que
estoy haciendo lo correcto y que Lindsey también ha estado pensando en mí, esperándome. Tiene
que ser. Sé que somos el uno para el otro y no puedo esperar a encontrarla.
Probablemente quiera saber por qué me tomó tanto tiempo llegar aquí.
Abro la puerta del hotel y un aire fresco me recibe y me invita a entrar. Este tiene que ser el
lugar correcto; casi puedo sentir su presencia.
Incluso la vista de la larga fila de clientes que esperan por registrarse no desinfla mi
optimismo. Me dará tiempo de pensar una razón por la cual me deban confirmar si ella se está
hospedando aquí y, por el amor de Dios, decirme dónde está. Tomo mi lugar en lo último de la fila
y mi mente comienza a trabajar con estusiasmo; miro por la puerta trasera del vestíbulo que da
hacia la playa y ahí está Lindsey, con los brazos abiertos como si estuviera volando. ¿Qué diablos
sucede? ¿Ella sabe que está en la arena, cierto?
Y luego lo noto.
¿Quién es el pene con bronceado y por qué está tomando la mano de mi chica y la ayuda a
balancearse… en la arena?
Me congelo de nuevo.
Antes de darme cuenta, avanzo como zombi para cruzar las puertas corredizas, y llego al patio
trasero del hotel mirando con incredulidad.
Están hablando y riendo, y él… le está enseñando cómo surfear. Qué asqueroso. Supongo que
me equivoqué con lo de «solo pensar en mí». ¿Debería marcharme y dejársela a él? ¿Hice todo el
camino para nada?
Creo que me voy a enfermar.
Tomo asiento y miro horrorizado.
En poco tiempo la crisis aumenta. Lindsey se desviste enfrente de él y ahora está prácticamente
desnuda en uno de los bikinis más diminutos que haya visto. Los ojos de él están dándose un festín
en su increíble cuerpo, y ahora me estoy enfadando, pero demonios, ella luce increíble. Estoy
teniendo una mejor vista de lo que me perdí en ese ascensor. Siento mi pene que comienza a
crecer y creo que no soy el único. El Sr. Bronceado está ahí parado, absorviendo cada
movimiento de su cuerpo voluptuoso mientras ella se levanta y cae a sus órdenes.
No puedo aguantarlo más. Tengo que hacer algo. Esta mierda no seguirá así. Pero primero…
necesito un trago; necesito verme despreocupado, casual y relajado.
Claro, idiota. Viajaste todo el camino hasta Hawái porque estás despreocupado.
—Mesero —grito—. Coca-cola y ron en las rocas, sin Coca-cola.
Me siento y los observo. Justo cuando el mesero regresa con mi bebida, el escroto con piernas
cierra la brecha entre ellos y pausa su entrenamiento.
Mierda, parece que están alistándose para entrar al agua.
Es ahora o nunca. Es momento de realizar mi movimiento, reclamar mi territorio y hacer que
este maldito retroceda. Estoy parado y moviéndome por la arena antes de siquiera contemplar qué
decir. Oh, ey, Lindsey, ¿tú también estás aquí? Qué locura. Oh, sí, yo vengo todo el tiempo. Qué
coincidencia. Blah blah blah. Vamos, hombre, lo tienes, invéntate algo inteligente. Ah mierda,
ella acaba de tocar su hombro; es el momento.
Lo único que puedo pensar en decir es «Hola, Lindsey». Y aquí aparece mi apariencia
confiada, porque así tiene que ser, y es lo que hago. Este es mi mundo y este chico surfista tiene
que irse.
—¿Michael? —Ella parece conmocionada por un momento, pero luego esa sonrisa fácil y
acogedora aparece en su cara y puedo notar que está feliz de verme—. ¿Qué diablos estás
haciendo aquí?
No puedo evitar mirar a la mierda con pectorales, el cual sigue parado con nosotros y Lindsey
se da cuenta.
—Michael, este es Colton, el instructor de surf del hotel. Colton, este es mi… él es Michael.
Instructor de surf… del hotel, ah. El alivio me embarga y al instante me siento en mejor
posición, pero igual tiene que irse. Todavía puedo casi sentir su erección por haberla mirado, y
está en mi camino.
—Encantado en conocerte, Colton. ¿Te importaría darnos un momento?
Lindsey termina la situación incómoda para mí.
—Sí, gracias por la lección, Colton. Creo que tuve suficiente por el día.
Colton parece comprender el mensaje y se pone profesional.
—Gracias, señorita Laverly, si quisiera continuar la lección luego, hágamelo saber. —Él se
estira para recoger la tabla de surf y se va derrotado.
No puedo evitar sonreír un poco mientras me giro hacia Lindsey.
—Michael. —Ella se encoge de hombros y cruza los brazos por encima de sus increíbles
pechos apenas cubiertos por el bikini—. ¿Qué diablos haces en Hawái?
Mi planificación mal pensada terminó hace un minuto.
—Um... —De repente siento la urgencia de mirar la arena y rascarme la cabeza… como si eso
fuera a ayudarme—. Necesito un trago, ¿quieres ir por un trago?
—Michael, tienes un trago. —Me señala el vaso en mi mano—. Creo que yo debería buscarme
un trago. —Ella comienza a avanzar hacia el patio del hotel, se dobla para levantar su ropa y
luego se voltea hacia mí y camina hacia atrás—. ¿Vas a seguirme?
Me pongo en movimiento por el rayo láser que es esa sonrisa y ese cuerpo apenas cubierto por
el bikini. Soy incapaz de resistirme.
—¿Por qué parar ahora?
CAPÍTULO 10

Lindsey

N o puedo creerlo. ¿Cómo y por qué el hombre de mis sueños, el hombre del ascensor,
apareció mágicamente en medio de mis vacaciones soñadas? De repente me siento un
poco avergonzada por haber escapado de la ciudad y haber desaparecido después de
dejarlo en ese estado, sí, un poco avergonzada. Al menos debería haberle enviado un correo para
decirle dónde estaría, por cuánto tiempo me iría… algo, lo que sea.
Espera.
Él es solo mi jefe. Pedí mis vacaciones con tiempo suficiente en recursos humanos. Seguí las
reglas; no tengo nada por qué sentirme culpable.
Sí, Lindsey, pero casi tuviste sexo con el hombre. Uh, ¿qué hacer? ¿Qué hacer?
Mientras llego al borde de la arena e ingreso al patio de concreto, mi mente está
tambaleándose; estoy sin palabras y no sé qué pasa ahora. Me siento muy desnuda. Me detengo en
la primera mesa para dos que encuentro y me coloco mi camiseta antes de doblarme para ponerme
mis pantaloncillos, mientras Michael observa cada movimiento que hago… en completo silencio.
Genial. ¿Por qué?
—¿Os puedo traer un trago? —Rescatada por el mesero.
—Sí, quiero un vodka sour. —Miro a Michael, quien me sigue observando, pero parece
perdido en otro mundo—. Michael, ¿quieres algo más? —No parece que haya tomado un solo
trago del vaso que tiene en su mano.
Sacude la cabeza mientras una sonrisa tímida aparece en su cara y levanta su vaso al nivel de
sus ojos.
—Estoy bien.
—¿Nos sentamos? —Señalo la otra silla. La mesa de bistro para dos es una versión de metal
negro con una parte superior decorativa de cerámica y un ramo de flores frescas en el centro. Me
siento en la silla que tengo más cerca sin quitarle los ojos de encima y él mantiene su mirada
implacable y decidida. Compro algo de tiempo sacándome la liga del cabello en mi cola de
caballo y permitiendo que mi cabello caiga sobre mis hombros. La liga va a mi muñeca para
cuidarla y él sigue mirándome.
—¿Vienes hasta Hawái para no beber y no hablarme?
—Te ves hermosa. —Menea la cabeza como si estuviera quitándose telarañas—. Lo siento.
—Nunca tendrás que disculparte por decirme eso.
Michael levanta su bebida y sonríe por el borde del vaso antes de tomar un primer sorbo.
—Ese bikini me tiene un poco distraído. —Y baja su vaso, me mira y se encoge de hombros—.
Aunque, para serte honesto, tal vez no sea el bikini. Te ves increíble.
Guau, nunca lo había visto así. Es adorable… pero todavía sigo sin comprender qué está
sucediendo.
—Michael, ¿por qué estás aquí? Dudo que hayas hecho todo el camino hasta aquí para traerme
mi libro. —Una sonrisa irritante aparece en mi cara; no puedo evitar molestarlo; me encanta
molestarlo.
—Gracias a Dios por ese libro, solo dejé de necesitarlo hace poco.
—Sabes, Michael, si una erección dura más de cuatro horas…
Él asiente y toma otro trago.
—Eres más poderosa que cualquier pastilla.
—Y sin embargo, sigues sin responder a mi pregunta.
—Tengo que admitirlo, cuando te vi con ese tipo… pensé que tendría que golpear a un surfista
hoy, al estilo de Point Break. Vine hasta aquí, conduje por toda esta maldita isla, estaba sudando
como loco en ese coche rentado de mierda y ahí estabas tú, sonriendo y coqueteando en una cita.
—Espera, espera. No estaba coqueteando y no era una cita.
—Bueno, lo parecía desde donde estaba yo. Ciertamente el instructor estaba coqueteando
contigo y luego te quitaste toda la ropa y lo tocaste. Me tomó toda mi fuerza contenerme.
—Michael, eres mi jefe. Apenas hemos hablado fuera del trabajo y he trabajado dos años para
ti; joder, apenas hemos hablado en el trabajo. Ni siquiera me has mirado. ¿De qué estás hablando?
—Pero el ascensor… —Él hace una pausa y yo lo interrumpo.
—El ascensor fue increíble, pero no debió haber sucedido. Nunca he hecho algo así antes, y en
realidad no nos conocemos.
—No he hecho nada más que mirarte en los últimos dos años. No tanto como para que lo
notaras, pero lo he hecho, y quiero conocerte mejor. Siento que no hago nada más que mirar tu
lugar en el trabajo. Me desvío solo para caminar por tu oficina. Creo que eres increíble,
inteligente, hermosa y amable y… sí, quiero conocerte. Tengo que hacerlo y vine todo este
camino…
Mi cabeza está girando. ¿En serio acaba de decir todo lo que dijo? El mesero regresa con mi
trago y siento que debo echarlo por encima de mi cabeza en vez de beberlo, solo para asegurarme
de que estoy despierta y no estoy soñando.
—¿Cómo me encontraste?
—Opal y algunos hackers. —Asiente y toma un trago—. ¿Por cierto, quién apaga su teléfono
por dos días seguidos?
¿Opal? ¿Esa mujer conoce a todo el mundo? Estoy totalmente confundida. No recuerdo haberle
dicho a Opal dónde estaba yendo y tampoco comprendo cómo me encontraría un hacker si mi
teléfono estaba apagado—. Cuando estoy de vacaciones, el teléfono está apagado. ¿Espera, me
plantaste un rastreador o algo así?
—Mmm… No, pero me gusta cómo piensas. —Una sonrisa adorable apareció en su cara—.
Opal me dijo que estabas en Kauai y he empleado a personas muy inteligentes; ellos te rastrearon
hasta este hotel.
Malditos chicos tecnológicos. Tengo que patear a Alan en las pelotas cuando regrese… o darle
un gran abrazo.
—¿Cómo conoces a Opal? ¿No es adorable?
—La acabo de conocer, pero sí, es adorable. —Miro la bebida en mis manos mientras Michael
se estira y toma mi mano con la suya. Una sensación cálida recorre mi mano y se esparce hasta mi
pecho—. Lindsey, vamos a conocernos.
Algo me está diciendo que todo esto puede salir horriblemente mal, que hay muchas razones
por las cuales debería decirle que se dé media vuelta y se vaya a casa, pero no puedo evitarlo.
—¿Cuándo quieres comenzar?
Michael se levanta, todavía sosteniendo mi mano en la suya mientras me mira a los ojos.
—Pediré una habitación y me cambiaré de ropa y luego te veré aquí en una hora. ¿Cenamos?
¿Y tal vez una caminata por la playa?
—Es una cita —digo y me volteo para caminar hacia el vestíbulo del hotel.
Michael se dirige hasta el escritorio de registros mientras yo me voy flotando en el aire hacia
mi habitación en una nube de confusión, inseguridad y júbilo. No puedo creer que Michael esté
aquí y que haya recorrido todo el camino por mí. Debo estar loca y peor, él debe estar loco.
Siento algo por mi jefe, alguien con quien no puedo salir. Y aparentemente, él también me desea,
pero yo estoy fuera de los límites, soy su empleada. Y al diablo todo, él tiene que ser un tipo
decente, el único tipo en todo el mundo que sigue sus reglas y no sale con sus empleadas. Y para
empeorarlo todo, yo le mentí y él piensa que voy a renunciar… porque le dije eso. Y ahora no sé
si pueda hacerlo. Quiero hacerlo, pero estoy muy asustada. Renunciar significa arriesgarlo todo y
nadie estará ahí para rescatarme si fracaso. Perderé la seguridad de una paga fija, para invertir
cada centavo que he hecho ¿y para qué? Para la oportunidad de perderlo todo, chocarme de frente,
y lo peor, poner distancia y tiempo entre mi persona y el hombre que recorrió la mitad del mundo
por mí.
No puedo renunciar.
Sé que si dejo la empresa y él no me ve todos los días, estaré muy ocupada y él ya está
bastante ocupado. El tiempo y la distancia nos abrumarán, atrofiarán nuestra conexión, nuestro
nuevo y tenue lazo.
Y si no me voy, él no puede salir conmigo, y no lo hará.
Estoy totalmente jodida.
—¿Todo está bien, señorita? —La mucama del hotel pausó su trabajo en el pasillo y me
observa mientras estoy parada en la puerta de mi habitación, mirando la manija como si no supiera
cómo funciona. Ella luce genuinamente preocupada.
—Sí, estoy bien. —Mientras abro la puerta y entro a mi habitación, me doy cuenta de lo que
tengo que hacer.
Necesito a Bethany. Necesito a mi mejor amiga. Tengo que llamarla.
Mis dedos vuelan sobre el teclado de la caja de seguridad del hotel, donde quedó confinado mi
teléfono para toda la duración de mis vacaciones, y ahora no regresa a la vida lo suficientemente
rápido. Cuando la pantalla se enciende, una notificación de correo de Luke McKenna aparece en
la pantalla:
Asunto: Urgente. Presentación de propuesta hasta el lunes.
Mierda. Eso es en cuarenta y ocho horas.
CAPÍTULO 11

M ICHAEL

L a arena bajo nuestros pies sigue cálida por el calor del día, aunque el sol está
acercándose al horizonte y la oscuridad de la noche comienza a esparcirse sobre esta isla
increíble y magnífica. En mi prisa por encontrar a Lindsey, pasé de hotel a spa, de spa a
resort de lujo, no pausé para comer y mucho menos para admirar la belleza de Kauai. Los colores,
la calidez del aire, el crepitar de una hoguera y la risa de los huéspedes del hotel cuando se
asombran al observar al malabarista de fuego, todo se combina para desvanecer el estrés de la
vida diaria. El brillo naranja que emana del distante sol cubre todas las plantas verdes y exóticas
que crecen en todos lados. Mientras Lindsey y yo nos alejamos del hotel, las risas se vuelven
distantes, silenciadas por las olas que parecen haber sucumbido a la atmósfera de la noche,
todavía manteniendo el tempo de la luz que se oculta, y más tranquilas.
La cena fue maravillosa, porciones perfectas para satisfacer el apetito, pero no para quedar
atiborrado, justo como nuestra conversación. Cada uno tiene una aflautada copa de champán
cubierta con lino blanco que recolecta la condensación, nuestra última bebida de la noche. La
atmósfera relajante de la isla es intoxicante y y mi euforia crece con el solo hecho de mirar a
Lindsey, pero ella se ha quedado callada y contemplativa, observando el océano. La piel de su
largo cuello y sus hombros descubiertos brilla bajo la luz tenue y su cabello fluye con cada oleada
de brisa. Sus sandalias están en sus manos, dejando que sus pies descalzos lideren sus largas
piernas bronceadas, que se mueven de lado a lado debajo de su falda, una que va hasta los tobillos
y que rodea su cintura. Su estómago descubierto se asoma y sus increíbles pechos se cubren con un
top ligero que se cruza por delante para atarse por detrás del cuello.
Quiero tomarla de la mano, caminar hasta que no pueda resistirlo más, permitir que la
anticipación dé paso a la pasión, acostarla en la arena y levantar lentamente la ropa que la cubre
mientras recorro su hermoso cuerpo.
Pero ella mantiene distancia, casi adrede. Está perdida en sus pensamientos.
Como si pudiera sentir mi mirada, me llama sin siquiera mirar.
—¿Todo bien, Michael?
—Sí, estoy bien, ¿pero dónde has estado?
—¿A qué te refieres? —me pregunta ella.
—Estabas en otro lado. ¿Hay algo que sucede, algo en lo que te pueda ayudar?
—No es nada. —Puedo sentir que se está conteniendo—. Solo estaba disfrutando la vista del
sol.
—Vale. Mantuviste la conversación ligera en la cena, estuvo perfecto, pero ahora es el
momento. Cuéntame de ti. ¿Quién eres, Lindsey Laverly? ¿De dónde vienes? ¿Dónde has estado?
¿Hacia dónde vas? ¿Cuáles son tus sueños y esperanzas?
—Guau. —Ella se detiene por un momento—. ¿De verdad quieres hacerlo?
—Dijimos que íbamos a conocernos.
—Bien, entonces tú primero. —Lindsey levanta una ceja y camina.
La sigo y comienzo. No me importa jugar a este juego. Soy sencillo; mi vida ha estado a la
vista de todos, exhibida en la página principal de la sección de negocios con cada nuevo
emprendimiento, cada oferta pública de venta de activos financieros.
—Soy un libro abierto, casi de forma literal. He sido cuestionado, analizado y examinado por
cada periodista de las cercanías. Lo que ves es lo que obtienes.
—Oh, no. —Ella me sacude el dedo enfrente de mí—. No te vas a librar tan fácil. Cuéntame
sobre tu infancia, dónde creciste, sobre tu familia. ¿Por qué lo hiciste?
—¿Hacer qué?
—No seas tímido. Sabes a lo que me refiero. Todo.
—Bueno, no quiero aburrirte hasta las lágrimas, pero crecí en una familia estadounidense
ideal. Mamá y papá siguen casados. Soy el mayor de cuatro hermanos. Todos regresamos a casa
para las fiestas, tenemos una cerca blanca, un perro en el patio trasero, una casita del árbol de
atrás. No éramos ricos, pero nunca nos faltó nada. Mamá es una maestra de escuela, papá, un
ingeniero. La mayoría de nosotros terminamos en escuelas de la Liga Ivy, incluyéndome.
—Guau. Tímido Michael. No tenía idea. Suena emocionante.
No puedo creer que me haya llamado así, aunque no puedo culparla. Mi vida parece
demasiado ideal, incluso para mí.
—Ey, escucha. ¿Eso es lo que te gusta? ¿La emoción? ¿El peligro? No me subestimes, señorita.
Soy muy peligroso. Me conocen por comerme un envase completo de palomitas… yo solo… y ni
siquiera me cepillo después.
—Oh, cielos. ¿Qué harías si se te queda atascada en tus encías y no lo sabes? Podría…
podría… inflamarse, Michael. Tu vida podría estar en peligro.
Saco pecho y respiro hondo, de forma exagerada.
—Estoy dispuesto a arriesgarme. Así de valiente soy.
—Oh, y haces tratos de millones de dólares y construyes empresas increíblemente exitosas.
—Eso no es nada. —Le sacudo mi mano.
—Sí, claro, porque todos lo hacen. —Sonríe.
—Exactamente. Ahora es tu turno para poder burlarme de ti.
—Oh, no quieres escuchar sobre mi vida, vas a querer echarte a correr. Podría manchar tu
infancia de clase media alta y tu increíble estatus.
Estoy un poco asombrado de que se proteja tanto y se quede callada. Casi parece avergonzada.
En vez de presionarla, espero, y caminamos un poco antes de que ella comience.
—Es seguro decir que no crecí en una familia estadounidense ideal. Siempre estábamos casi a
un paso de terminar en un remolque. Mi mamá hizo lo que pudo, pero como nunca terminó la
secundaria, tampoco ganó mucho dinero, y siempre luchábamos para comprar comida y mantener
la electricidad. Pero fue una madre muy buena. Tenía dos trabajos y cada centavo que ganaba era
para mi hermano y para mí… nunca gastó dinero en sí misma. No podía hacer todo, así que
Jonathan y yo pasamos mucho tiempo solos, aunque ella siempre nos dejó claro que no ir a la
universidad no era una opción. Desde que tengo uso de memoria, mi mamá habló de ir a la
universidad como si fuera algo obligatorio. Recién en la secundaria fue cuando me di cuenta de
que no todos van a la universidad, así que me convertí en la primera integrante de mi familia en ir
y la primera en graduarme.
—¿Y tu padre?
—Nunca lo conocí. Se fue cuando tenía tres y nunca lo volví a ver. Tengo algunos primos por
ahí, pero no los conozco. Todos mis abuelos están muertos, igual mis tíos y tías. —Ella pausa
como si estuviera insegura sobre si debiese continuar—. Trabajos de cuello azul, alcohol y drogas
son sinónimos en mi familia, y no es una combinación que permita vidas largas. Así que aprendí
temprano a tener cuidado con el alcohol; obviamente bebo un poco, pero nunca he tocado las
drogas.
Me detengo y tomo su mano para voltearla hacia mí.
—Eso es bueno, Lindsey.
—Sí, pero he pasado toda mi vida intentando separar mi futuro de mi pasado. —Mira hacia
abajo, lejos de mis ojos—. Puede ser solitario. Y la mayoría de mi familia, los que me amaban,
están muertos. Tuve que distanciarme del resto. No podía vivir así.
Siento el dolor en su corazón y deseo poder hacerlo desaparecer; Lindsey ha tenido una vida
difícil, pero ha trabajado duro para elevarse por encima de las circunstancias. Es amable y tiene
un corazón optimista. Puedo sentirlo.
—Bueno, estoy aquí ahora.
—Por cinco minutos, Michael. No tienes tiempo para mí.
—¿De qué estás hablando? —Tomo su segunda mano con la mía—. Te dije que quiero
conocerte y es cierto. Sé que eres una persona increíble y no me iré a ningún lado; no necesitas
escapar de mí. —Con una mano para tomo un lado de su cara y la levanto para que me mire, luego
muevo mis labios hacia los de ella y la beso profundamente.
CAPÍTULO 12

Lindsey

D ios mío, este hombre tiene labios suaves y huele increíble. Nuestras lenguas exploran
apasionadamente nuestras bocas, pero todo lo que puedo pensar es ¿qué diablos estás
haciendo, Lindsey?
—Espera un segundo, Michael. Detente. —Retrocedo un paso.
Todo lo que quiero es un poco de tiempo, dos segundos para estabilizarme. Es como si mi
cuerpo pensara que estamos de regreso en ese ascensor, terminando lo que comenzamos. Un calor
ardiente ha salido de mi núcleo y ha recorrido mis piernas, así que me enfoco en mi respiración.
Es momento de ralentizar las cosas, comenzar de nuevo, porque esto no puede pasar. La situación
no sucederá así. Yo no soy oscura y triste, esa no soy yo. Es cierto, no la tuve fácil creciendo, pero
no pienso en eso. Pero aquí estoy, en los brazos de mi jefe hermoso y rico, mientras el sol se
oculta en una playa en el paraíso y recibo un beso de compasión. No hay forma.
Soy una Lindsey feliz, animada y de buenos momentos. Este hombre tiene que desearme porque
soy inteligente, hermosa, sexy, graciosa y todas las otras cosas maravillosas que soy. Solo
entonces podemos seguir con las acciones calientes.
—¿Todo está bien? —Michael parece genuinamente preocupado.
—Sí, digo no. No puede ser así.
—¿Quieres que me detenga? —me pregunta.
—Definitivamente no. Pero no quiero que te sientas triste por mí o que te preocupes por mí. No
necesito que un héroe me rescate. Sí, tuve una situación familiar nada ideal, pero ya pasó, ya la
acepté y seguí adelante. Y sí, me siento sola de vez en cuando, pero está bien. ¿Quién no? En su
mayoría, incluso entonces, yo era feliz y optimista. Esa es la persona que soy.
—Lo sé, Lindsey, es en gran parte por ese motivo que me atraes. —Él hace una pausa por un
momento—. Entonces tenemos que retroceder esto. ¿Cómo lo hacemos?
—Puedo burlarme de ti de nuevo. Eso siempre me anima.
—Vale, ¿qué tienes? —Hace un movimiento con las manos para que comience—Adelante.
—¿Tus papás se llaman Ward y June? ¿Te llamaron Beaver? Porque te pareces un poco a él.
—Ouch. —Michael comienza a reírse y sacude su cabeza—. Eso duele. Pero sí, mi mamá
aspiró la casa en tacones y perlas.
—Me encanta eso.
—Lo gracioso es que yo sí tuve un amigo llamado Whitey. —Es tan serio que no sé si está
diciendo la verdad.
—¿En serio?
—¡No! —Él sonríe y seguimos caminando—. Vi tantas repeticiones que solía tener pesadillas
sobre quedarme atrapado en una taza de café en una pancarta.
—Me encantan esas repeticiones. Solía quedarme hasta muy tarde viendo esos programas y mi
mamá se enfadaba mucho. ¿De verdad tenías pesadillas sobre eso?
Michael sonríe y sacude su cabeza.
—¿Deberíamos añadir que eres crédula a tu lista optimista y feliz?
Yo lo golpeo en el hombro.
—Imbécil.
Él exagera mi fuerza de nuevo y se tropieza. Justo cuando lo empujo, la luz LED que ilumina el
borde de la sección de la playa del hotel se apaga y nos quedamos parados en la luz menguante del
sol.
—Tal vez deberíamos hablar sobre tus tendencias violentas. Creo que tienes una especie de
superpoder. Matas la electricidad.
No sé cómo o por qué se fue la electricidad, pero lo tomo como una señal.
—Ese no es mi superpoder. —Mientras avanzo hacia él, tomo su copa de champán junto a la
mía, las coloco en la arena, luego me estiro hacia su cadera y lo atraigo hacia mí—. Te mostraré
mi superpoder.
Su boca está de nuevo sobre la mía y mi cuerpo está lleno de calor al instante. Cuando siento
su pene endurecerse contra mi estómago, no puedo evitar el gemido que escapa de mi garganta y
me presiono fuerte contra él. Lo quiero desnudo, sentir su pene en mi mano mientras me rozo
contra él. Esta vez tendré su polla dentro de mí y sé que él también lo desea. Su respiración se ha
vuelto agitada mientras mueve su lengua en la mía y pasa sus manos por mi cabello.
Lo detengo antes de ir demasiado lejos. No quiero decepcionarlo de nuevo, pero tengo que
preguntar porque no estaba preparada para su llegada.
—Michael… —Lo detengo; él está hambriento, no puede creer que lo esté haciendo esperar.
—Sí, traje uno. —Él se toca el bolsillo de la camisa y yo ataco. Meto mi lengua en su boca y
me estiro para cogerle su nalga derecha y traerlo más cerca; yo me derrito cuando él gruñe. Estoy
tan húmeda que quiero que entre ahora.
Michael nos voltea y me acuesta para estar con él en la arena. Mientras nos besamos, su mano
se mueve para acariciar mis pechos y mis pezones están tan duros que sus dedos los encuentran
fácilmente a través de mi top. El top blanco y azul se cruza en el centro de mi pecho y se ata
alrededor de mi cuello para sostener cada pecho de forma separada. Es sexy, y me veo bien, pero
deseo que me lo arranque del cuerpo. No lo hace. Está tomándose su tiempo y me está volviendo
loca; deja de besarme en la boca y se levanta para estar encima de mí.
—Eres tan hermosa… —dice mientras pasa sus dedos por fuera del top, tocando gentilmente
mi piel y levantándolo mientras se mueve. Me estremezco cuando pasa por mis pezones,
exponiéndolos al aire de la noche, y luego baja para tomar mi pezón derecho en su boca. Cierro
los ojos cuando lo acaricia con su lengua, arqueo mi cabeza y presiono mi rígido pezón en
dirección a su boca. Mi respiración se acelera, así que él se detiene y yo gimo con más fuerza.
—No te detengas —jadeo .
Michael parece decidido a tomarse su tiempo y me enloquece, luego se levanta y sus dedos
continúan su trabajo, la tela delgada se desliza fuera de mis pechos y los expone totalmente. Él
guía cada movimiento y mis pechos quedan liberados, pero con la tela debajo y por los costados.
—¿Por qué no me quitas el top? —Siento que estoy rogando y creo que le gusta.
—No. Déjalo así. Me gusta. —Se incorpora admirando la vista de mi piel expuesta que refleja
la luz tenue. Mueve ambas manos hacia mi pecho y las desliza hacia mis senos, donde las puntas
erectas se levantan para encontrar sus dedos, que se cruzan y estremecen al rozarme. Michael baja
su boca hacia mi pezón izquierdo abandonado para darle la atención que desea y luego se mueve
hacia el centro de mi cuerpo, justo por debajo de la tela de mi top. Inhala para respirar mi aroma,
mientras muerde suavemente mi estómago plano con su nariz y me besa ligeramente justo debajo
de mi ombligo.
Luego se incorpora de nuevo para mirarme.
—Creo que escogiste la ropa perfecta. No he dejado de pensar en cómo te sacaría del top. —
Se estira para encontrar la separación en el sarong que estoy utilizando como falda y levanta la
tela para exponer las diminuta bragas blancas de seda que tengo debajo—. Tenía razón, este es el
conjunto perfecto —continúa él.
Sus dedos maniobran con destreza durante el desafío de desabrochar el lado de mi sarong, y
estoy impresionada; incluso yo la he pasado mal con esos botones, pero él abre mi falda, la abre a
cada lado y luego baja para besarme las piernas, entonces las abro para que pueda acceder a la
suave piel dentro de mis muslos. Mientras él se mueve de un muslo a otro, se detiene cada vez
para besar alrededor de mis bragas de seda. No sé cómo lo hace, pero cada vez que sus labios me
tocan, presiona mi clítoris cada vez con más fuerza. Me estremezco en agonía por su paciencia.
Como si lo supiera, Michael se levanta para admirar su trabajo y me mira a los ojos. Se estira
y pasa lentamente sus dedos por un lado de mis bragas y empuja la tela a un lado, al igual que hizo
con mi top. Cuando expone mis pliegues húmedos, no se demora en deslizar un dedo dentro de mí,
y estoy feliz mientras cubre y masajea mi clítoris con su pulgar, penetrándome con otro dedo una y
otra vez.
—Michael —llamo yo.
Y luego se recuesta a mi lado sin quitar la mano. Toma el pezón que está más cerca de su boca
y cruza mi pecho con su brazo para poder trabajar el otro pezón con su mano libre, mientras su
otra mano aumenta el ritmo entrando y saliendo de mi abertura. Se siente como si estuviera
sosteniéndome con sus fuertes brazos, calentándome más. Yo muevo mis caderas, presionándome
contra su mano y él baja su palma para moverla con fuerza sobre mi clítoris, mientras aumenta
furiosamente el ritmo, fuera y dentro, arriba y abajo. En pocos segundos me estoy corriendo, mi
interior se estremece y aprieta su dedo una y otra vez. Este hombre es un artista y yo estoy
jadeante bajo su control.
Mueve su boca para besarme, pero no puedo esperar más, así que lo empujo de espaldas y
cruzo mi pierna para montarlo. Ahora es mi turno. Me inclino para besarlo y paso mis manos por
dentro de su camisa para tocar su increíble pecho. Me tomo un segundo para acariciar sus pezones
con mis dedos y decirle:
—He estado esperando esto; es en todo lo que he podido pensar desde nuestro viaje en el
ascensor.
Bajo, abro el botón de sus pantalones cortos y bajo el cierre. Su ropa interior está casi
rompiéndose por el tamaño descomunal de su polla ansiosa que lucha por ser liberada. Yo le quito
sus pantalones cortos y su bóxer, los tiro a un lado y libero su magnífico miembro. Michael cierra
los ojos y voltea su cabeza con un gruñido mientras masturbo su polla con ambas manos. Me
encantaría molestarlo, pero no lo hago. Me inclino hacia abajo y tomo todo ese tamaño en mis
labios. Deslizo mi boca caliente de arriba abajo en su polla, pausando cada vez para pasar mi
lengua por la punta. Muevo mi mano derecha para masajearle los testículos y me quedo
asombrada. Están tan hinchados que parece que pueden explotar en cualquier momento. Su polla
está poniéndose más gruesa y más dura, como si fuera posible, pero no quiero que se corra,
todavía no. Así que me detengo.
Me estiro hasta su bolsillo para sacar el condón y no puedo evitarlo.
—Guau —digo—. No has… ya sabes… desde el ascensor.
Él abre sus ojos y me mira con incredulidad.
—He estado ocupado, buscándote.
—Pobre hombre. Casi no puedo creerlo. ¿Cómo ha podido dormir?
Lo miro a los ojos, abro el condón y lo coloco en la cabeza de su polla. Él está tan al borde
que tiembla mientras deslizo el látex en su miembro. Me encanta ver el placer que recibe al
tocarlo; él nunca deja de mirarme.
Me levanto y me giro para doblarme y quitarme las bragas. Me quedo parada mientras me
doblo, luego pauso por un momento para torturarlo con la vista de mi culo.
—Eres una chica mala, muy mala —me dice desde la arena—. Sé lo que estás haciendo.
—¿Te estás quejando? —le pregunto cuando me arrodillo y tomo su polla en mi mano. Él
cierra sus ojos y voltea la mirada.
—No —es todo lo que dice.
Muevo la increíble cabeza de su polla hacia mi humedad y comienzo a sentir presión en mi
entrada cuando comienzo a dejarme caer sobre él.
Veo una luz de reojo justo antes de que las luces LED se enciendan y ahora escucho voces
acercándose. Muchas voces que se están moviendo rápido. Me asusto, salto y busco mi sarong de
inmediato, colocándolo alrededor y acomodando mi top por encima de mis pechos.
—No. No. ¡Noooo! —dice Michael, protestando—. Esto no está bien. No otra vez.
Para cuando termina de maldecir, hay dos familias que están casi cerca de nosotros.
—Michael, hay niños, tienes que taparte.
—¿Dónde está mi ropa? —Busca su ropa con desesperación, pero en mi apuro apasionado las
tiré en un arbusto cercano.
—No tenemos tiempo, voltéate. —Yo lo empujo, salto a su lado opuesto y me recuesto para
bloquear la vista de su trasero desnudo. Cubro todo lo que puedo de él con mi sarong.
—Justo lo que quería —dice él—. Terminar con mi polla en la arena.
—Hola. —Uno de los padres de las familias nos saluda con un acento sureño—. ¿Están
disfrutando la noche?
—Sí, es hermosa —contesto yo.
—Maravillosa —Michael levanta su cabeza y responde sarcásticamente.
—Los niños querían venir a jugar, así que pensamos en traerlos un rato, ya que acabamos de
llegar. Espero que no les importe.
—Para nada, diviértanse —digo, rogando que no noten los pantalones cortos de Michael en el
arbusto.
Mientras Michael y yo observamos jugar a las dos familias, ambos estamos asombrados por
nuestra mala suerte, y mientras más nos quedamos aquí sentados, más pienso que quizás haya
alguien intentando enviarme un mensaje. Quizás esto no debería suceder. Con la pasión del sexo
desapareciendo, mi cabeza está comenzando a pensar con claridad. Veo la situación
completamente clara y enfrente de mí.
—No puedo hacer esto, Michael —le digo.
—¿A qué te refieres?
—Digo que quizás esto no debe pasar. Mira las señales. Y trabajo para ti. No podemos hacer
esto. —Él me mira.
—Lo estamos haciendo, al menos estamos intentándolo. Y pensé que habías renunciado.
—Bueno, lo hice. Digo, voy a hacerlo. Creo. —No sé qué decirle y necesito un momento para
reunir mis ideas—. Tengo miedo. Tengo una gran oportunidad para irme y comenzar mi propia
firma, pero eso significa arriesgarlo todo, mi trabajo y cada centavo que tengo. Si fracaso podría
perderlo todo y no tengo nada o nadie de quien depender, pero es mi sueño y estoy postulando a un
trabajo enorme con una empresa muy importante y si lo obtengo, tengo que renunciar y eso
significa que no te volveré a ver de nuevo. Pero si no lo obtengo, seguiré trabajando para ti y eso
significa que tú no puedes estar conmigo. Deberíamos terminar esto ahora.
—¿Por qué no me verías de nuevo? Podríamos hacer que funcione.
Yo sacudo mi cabeza.
—Sabes lo ocupada que estaré y lo ocupado que tú estás, no hay forma.
—¿Con quién es el trabajo? —me pregunta con interés.
—Luke McKenna de Excel Ventures.
—Los conozco bien; ellos participaron en dos rondas de financiamiento para mis empresas.
Puedo hablar bien de ti. Déjame ayudarte. Invertiré en ti.
Y entonces me doy cuenta lo importante que es que me vaya. Tengo que lograrlo por mí misma,
sola. No tendré el respeto de Michael ni me respetaré a mí misma si no lo intento. No puedo
utilizar su ayuda; no será lo mismo, y él no puede evitar querer ayudarme, querer interferir.
Entonces me estiro y agarro las servilletas de tela de las copas de champán y las utilizo para
cubrir mi trasero desnudo. Luego me levanto y me volteo para mirarlo.
—Michael, ¿no entiendes? No quiero tu ayuda. Tengo que hacer esto por mí, sin un hombre que
me ayude. Michael, no necesito que me rescates.
—¿Pero, por qué, Lindsey? Escucha, todos necesitan ayuda, incluso yo. Nadie tiene éxito por
su cuenta.
—Pero yo sí, Michael. Me tengo que ir. Necesitan mi propuesta en menos de dos días. Tengo
que regresar. —Odio la idea de dejarlo, pero me doy la vuelta y me voy caminando.
—Lindsey, espera —me llama, pero no puede levantarse sin exponerse a las dos familias que
están jugando cerca. Es posible que se quede atrapado por un rato, y me aprovecho de eso para
escaparme.
—Maldición. No de nuevo. —Lo escucho decir mientras me alejo.
Voy a renunciar mi trabajo y obtendré ese nuevo trabajo. Estoy dispuesta a arriesgarlo todo
porque tengo que hacerlo. No hay vuelta atrás ahora.

Capítulo trece

M ichael

ientras paso por el giro a la izquierda que debería tomar, el que tomo todos los días y que me
lleva a la oficina, casi me convenzo a mí mismo que perder ese giro fue un accidente, excepto
porque soy un mentiroso terrible, especialmente conmigo mismo. No me la creo. Sé exactamente
M
adónde voy y no puedo evitarlo; es como si me estuviera impulsando la idea de poder verla, como
un rayo que me atrae y no me suelta.
Han pasado dos días desde que Lindsey me dejó.
Otra vez.
Perdido en el espacio, incapaz de moverme, quedé paralizado cuando esos turistas a los gritos
me rodearon. Seguí encontrando arena en la grieta de mi trasero y en los pliegues entre «mis
chicos». Las dos horas que pasé en esa playa hasta que los turistas se marcharon se sintieron como
una eternidad. Vale, si soy honesto, y siempre intento ser honesto conmigo mismo, probablemente
solo estuve ahí treinta minutos. Mi corrida humillante hacia el arbusto para sacar mis pantalones
cortos y la larga e indigna caminata hacia el hotel me dieron suficiente tiempo para pensar en ir a
por ella, pero no lo hice. Lo sé… no, creo que la mejor y quizás la única forma de tenerla sea
dejándola ir, sin importar lo doloroso que resulte. Conozco los negocios y conozco la ambición.
Sé exactamente por lo que está pasando y sería un colosal imbécil e hipócrita si me meto en su
camino.
Pero igual quiero verla, así que bajo la velocidad todo lo que puedo mientras me acerco a Get
Perky, desesperado por verla a través del vidrio.
Y… nada. Maldición. Voy a la oficina y me atrevo a desear…
¿Pero a quién engaño? Lindsey no está ahí, no si ella es exactamente quién pienso que es, quien
espero que sea y quien sé que es.
Aparco en mi lugar habitual mientras comienzo mi caminata a través del asfalto, la parte
empresarial de mi cerebro toma el mando. Es como si el aparcamiento fuera un largo umbral, y
cruzarlo calmara mi mente y mi respiración. La lista comienza a formarse en mi cabeza con todo
lo que espero enfrentar en el resumen de la mañana con Janice, quien es una asistente increíble,
así que me preparo para el encuentro como si ella fuera el enemigo. Puede ser una oponente
formidable y si no estás listo… Janice te va a patear el trasero, y aunque nunca lo confiesa, sé que
tiene un gusto enfermo al hacerlo. La única distracción que sigue interfiriendo mi rutina de la
mañana es el desvío a la izquierda por Lindsey… hacerlo o no.
Por supuesto… hacerlo.
Al alcanzar la puerta para entrar al edificio, casi me golpea el borde cuando pasa a un
centímetro de mi cabeza, y luego esquivo con destreza la fuerza que empuja la puerta, es un
hombre que avanza con su nariz en el teléfono.
—¡Guau! Calma, amigo, escribir textos y circular es peligroso. —Mi intento de cubrir mi
irritación con humor no es necesario cuando me doy cuenta de quién es.
—Oh, lo siento tanto, Sr. Sinclair. —Es Chad, quien obviamente va a besarme el culo y
disculparse aunque no me haya golpeado con la puerta—. No lo vi.
—Por supuesto que no. —Eso sería imposible, pero intento ocultar que estoy incluso más
irritado todavía porque se trata Chad—. ¿A dónde vas con tanta prisa?
—Bueno, probablemente ya lo sepa, pero yo no tenía idea de que ella haría algo así. Fue poco
profesional. —Chad finalmente deja de mirar su teléfono.
—¿Quién, Chad, quién haría tal cosa?
—Bueno, Lindsey, por supuesto. Renunció… sin avisar. Y ahora yo tengo que recoger los
platos rotos.
—Relájate, Chad, no fue sin avisar, y estoy seguro de que todo saldrá bien. No tenemos otros
eventos programados por al menos un mes. —Demonios, esperaba que Lindsey, al menos,
trabajara con un aviso de dos semanas, pero no me sorprende—. Tenemos suficiente tiempo para
tener todo cubierto.
—Oh, me alegro, Sr. Sinclair.
—¿Entonces por qué te estás yendo, Chad?
—Eh, tengo que hacer un mandado personal, Sr. Sinclair. Regresaré de inmediato, lo prometo.
—Asiente con su cabeza—. Por supuesto, solo si usted está de acuerdo.
—Está bien, Chad. —Giro hacia el edificio e ignoro sus palabras, seguramente está yendo al
aparcamiento.
No necesito desviarme a la izquierda por Lindsey, así que voy directo hacia mi oficina e
intento no permitir que se vea la decepción en mi cara. Janice me lee como si yo fuera un libro y
preferiría no enfrentar sus preguntas.
—Buenos días —le digo al pasar por su escritorio y ella me sigue. Una vez sentada enfrente de
mi escritorio, bebe su café antes de que yo tenga la oportunidad de darme vuelta—. ¿Cómo estás
esta maravillosa mañana? —digo yo.
—Vamos, vamos. —Ella me dedica una sonrisa mitad cómplice y mitad comprensiva—. No
puede ser tan malo. Te recuperarás. Siempre lo haces. —Por supuesto, Janice está perfectamente
arreglada esta mañana. Un suéter ajustado azul de cuello de tortuga cubre la parte superior de su
falda formal gris que le llega a las rodillas. Tiene botas de cuero negro que llegan a… no lo sé
porque desaparecen debajo de la falda. Su cabello está recogido en una cola de caballo, por
encima de su hombro. El ligero aroma de su perfume de «Conquisté el fin de semana» llega a mí y
luce muy confiada esta mañana.
—¿Tuviste un buen fin de semana? —Como si tuviera que preguntar.
—No es tu problema. —Ella me regaña con ambos ojos. Ambos sabemos más el uno del otro
de lo que permitimos saber, pero siempre nos mantenemos profesionales—. Sin duda mejor que el
tuyo. ¿Debería decirle a Recursos Humanos que comience a buscar su reemplazo?
—Me sorprende que no lo hayas hecho ya. —Elevo una ceja—. Pero sí, supongo que sí. Ella
no regresará.
—Por supuesto que lo hice. —Janice eleva una ceja hacia mí, devolviéndome el gesto.
—La comadreja de su asistente ya está deseando su puesto de trabajo. Casi me choca con la
puerta cuando estaba saliendo, demasiado entusiasmado y distraído con su teléfono.
—Por favor… —Janice sacude su cabeza e ingresa algo en su tableta—. Tenemos que hablar
de él de todos modos, pero puede involucrar a Lindsey. ¿Estás bien con eso? No quisiera
interferir.
—Sí, está bien. —Yo pauso, pero Janice no toma la carnada—. ¿Qué sucede?
—Cuando escuché que Lindsey renunció, pregunté si había entregado su laptop. Recursos
Humanos dijo que ella la dejó en su oficina y que los de Información Tecnológica fueron
notificados. Bueno, cuando pasé por ahí y justo me di la vuelta en la esquina, pausé lo suficiente
para ver a Chad con esa laptop en su escritorio. No sé lo que estaba haciendo, pero no era bueno,
porque él la cerró apenas me vio y colgó la llamada con quien sea que estuviera hablando. Se veía
emocionado o nervioso, porque temblaba para cuando pasé.
Esa pequeña mierda. Podría despedirlo solo por eso.
—Necesitamos asegurarnos de que Información Tecnológica obtenga esa laptop más temprano
que tarde. No sabemos qué está tramando.
—Ya está hecho.
—Hagamos que investiguen para ver si pueden descubrir qué estaba haciendo.
—Ya está hecho. —Janice cruza sus brazos con confianza por encima de su tableta y me dedica
una mirada de «¿no tienes algo que hacer?».
—¿Qué más tenemos esta mañana? —pregunto yo.
—Nada que no pueda manejar.
—¿Hay alguna razón por la cual necesite estar aquí? ¿Por qué no estás manejando esta empresa
en vez de mí?
Janice se levanta.
—¿Quién dice que no lo hago? —Se da la vuelta para salir por la puerta y prosigue por encima
de su hombro—: Y es porque no tengo un pene.
Ella siempre lo dice como es… amo esta mujer.
—Eres la mejor —le digo.
—Eso ya lo sé —responde y cierra la puerta de mi oficina detrás de ella.
Cielos. ¿Podría ser más obvia? Es prácticamente una abusiva. Pero comprendo la indirecta y
agarro mi teléfono. Lindsey contesta antes de que comience a sonar.
—Bueno, hola, jefe. Oh, aquí vamos. Está de humor. Esto será divertido—. Ya extrañándome.
¿El lugar ya se está cayendo?
—Bueno, ya me estoy acostumbrando a que me abandones, sin previo aviso, en los momentos
más inoportunos. Dos pueden jugar el mismo juego. Y no me llames así.
—Oh, eres lindo. ¿Necesitas mi libro de nuevo? ¿Cómo debo llamarte?
—Estoy seguro de que era de la empresa, así que ahora es mi libro. —El sonido de su voz y el
pensar en ese libro hace que me mueva en mi silla—. Y puedes llamarme… para cenar. ¿El
sábado?
—Bueno, soy una mala exempleada. Me quedé con el libro; estoy muy apegada a él. Tengo
bonitos recuerdos de ese libro. ¿Planeas demandarme por eso? —Lindsey hace una pausa, pero yo
espero—. Y no puedo. Tengo una salida especial y tengo que ir, necesito clientes.
—¿Cuál es la salida? Tal vez podamos ir juntos y entonces estaremos cara a cara; podemos
negociar los términos de custodia.
—No tenía permitido salir contigo en el trabajo y tú no tienes permitido salir conmigo en el
trabajo, y yo estaré trabajando.
—Está bien, creo que estoy recibiendo el mensaje. —Pauso, intentando pensar dónde podría
estar yendo y luego veo la esquina de mi escritorio, una invitación para la Gala de Caridad del
Hamilton.
Pensé que la había tirado a la basura.
Cada pez gordo de la ciudad estará ahí; por supuesto que ahí estará. No planeaba ir,
usualmente envío dinero pero… joder, creo que mi traje sigue en la tintorería. ¿Cuál es el nombre
de esa maldita tintorería?
—Por cierto, tu silla ni siquiera estaba fría cuando descubrimos a tu exasistente intentando
hackear tu laptop.
—Probablemente estaba intentando descifrar mi contraseña. Dudo mucho que ese simplón haya
podido llegar lejos. ¿Todavía la tiene?
—No, el departamento de Información Tecnológica la tiene. Están revisándola para ver lo que
tramaba.
—¿Puedes hacer eso? —pregunta ella.
—Hasta cierto punto, sí, cualquiera que sepa lo suficiente puede.
—¿A quién le importa? Soy muy aburrida. Era solamente negocios todo el tiempo, así que a
quién le importa lo que vea. No tengo nada que esconder y mi correo personal tiene una
contraseña diferente. Chad nunca va a descifrar esa.
—No eres nada aburrida, pero supuse que podría contarte lo que estaba tramando. Por eso
llamé.
Ella se pone a reír.
—Michael, ¿olvidaste que me invitaste a salir?
—No lo recuerdo. Siempre me enfoco en mis victorias, no en mis derrotas. De hecho, por lo
que recuerdo, no he tenido ninguna derrota.
—Enfócate en colgar. Adiós, Michael.
—¿Alguna vez te han dicho que tienes una mala racha?
—¿Estás deseándolo, Michael? —Y ahora su risa tiene un tono diferente.
—No estoy seguro dónde va esto y me estoy asustando, así que voy a colgar ahora.
—Adiós, Michael.
Me levanto, camino directo hacia la puerta y la abro.
—Janice, ¿en qué tintorería está mi traje?
—Michael, regresa a tu oficina y cierra la puerta.
—¿Qué? ¿Por qué? Necesito mi traje.
—Solo hazlo.
Así que cierro la puerta y ahí está colgando mi traje detrás de la puerta, justo enfrente de mi
cara.
—¿Tienes interceptada mi oficina o mi cerebro? —grito a través de la puerta cerrada.
—Eres un libro abierto para mí, Michael. No necesito ninguna ayuda tecnológica.
Demonios, amo a esta mujer.
CAPÍTULO 13

Lindsey

H e sabido de la Gala de Caridad de Hamilton por años, todos la conocen. Todos los
que son alguien, los que tienen poder y los políticos, se reúnen para mezclarse e
intercambiar chismes cada año. Y es estrictamente con invitación. Gracias a Dios
por Zach y Bethany. Zach es invitado cada año y nunca asiste, pero como Zach es Zach, él paga
dos platos a mil dólares cada uno y considera que es suficiente. No hay necesidad de chocar
codos con un montón de tiesos con los que no tiene mucho en común. Pero chocar codos es
exactamente lo que yo necesito. Un cliente no crea un negocio. Necesito que estas personas
conozcan mi nombre y después de esta noche cuando los llame, al menos ellos conocerán mi cara.
Y no soy tímida, cada uno de estos derrochadores me conocerá antes de que termine la noche.
—¿Estás segura de que no quieres venir conmigo? —le digo a mi closet.
—Este o este. Tiene que ser uno de estos dos, el resto de tus vestidos son demasiado
provocativos. —Bethany aparece de las profundidades del closet con dos vestidos—. Y te dije
que no puedo. Zach y yo tenemos una cita esta noche.
—Perra. —Estoy muy nerviosa como para escoger uno, así que me encojo de hombros—. Tú
escoge.
—Vale, este. —Ella levanta el vestido en su mano izquierda, un vestido negro sin mangas que
llega a la rodilla.
—Pareceré una monja, una monja indecente.
—No —dice ella—. Te verás profesional si lo complementas con una cadena de perlas y
puedes ponerte unos tacones rojos para hacerles saber que eres peligrosa.
—Soy peligrosa. ¿Cierto? —La miro como haciendo puchero.
—Claro que lo eres. Grrr. —Ella gira y me lanza el vestido—. Ahora vístete mientras elijo un
perfume sexy para ti, luego puedo llevarte de camino a casa.
—No necesito un perfume sexy. Son negocios.
—Un perfume sexy siempre es necesario, porque… nunca se sabe.
—Bueno, voy a asistir en tu nombre, así que si hago algo sexy, va por tu cuenta.
—Está bien —dice Bethany mientras se dirige a mi vestidor—. Solo toma notas para saber lo
que hice, especialmente si es algo bueno. Mmm, mmm. —Ella hace dos movimientos con sus
caderas mientras camina.
—¿Y yo soy la puta?
—No, solo la que tiene vestidos para putas.
—Se necesita una para reconocerlos —replico—. Puedo conducir sola, sabes.
—Sí, pero de esta forma puedes divertirte y solo tienes que encontrar un coche para regresar.
En caso de que necesites un poco de coraje líquido durante la noche.

<<>>

¿E s extraño que me retire al baño luego de cada interacción con una presa? Pero pensándolo
bien, ¿es raro que piense en ellos como presas? No. Si fuera hombre y tuviera a uno de mis amigos
conmigo, estaría elogiándome, dándome una palmada en el hombro y diciendo «lo estás haciendo
genial, semental, ahora regresa ahí afuera y conquístalas a todas», luego me cantaría el tema de
Rocky mientras me empuja por la puerta. Pero yo ni siquiera tengo a alguien que me diga si tengo
lechuga en mis dientes, así que me retiro para recuperarme, refrescarme, alisar este vestido
increíblemente incómodo tanto como me permite la infraestructura interna que me contiene y
también me doy una charla motivacional.
—Bien, Lindsey —murmuro mientras me aplico una capa fresca de labial—. Cinco contactos
sólidos es bueno, pero diez es mejor. Vamos. Y estoy fuera de la puerta. ’Ba ba bum ba dum, da da
dum da dum’, ve por ellos, Rock.
Mientras me acerco al final de la entrada del baño y comienzo a cruzar el gran vestíbulo que
lleva al salón de baile, ya es posible escuchar a la banda. No hay DJ esta noche, esto es un evento
clásico, y un vistazo al techo me recuerda dónde estoy; el único hotel de la ciudad lo
suficientemente grande y ostentoso para acomodar un evento de esta magnitud. El techo está
decorado como una catedral europea y tiene un aroma que te dice, si quieres hospedarte aquí…
olvídalo, no puedes pagarlo.
Tal vez hoy se rían de mí, pero un día este lugar estará rogándome que trabaje con ellos.
Les toma un minuto a mis ojos ajustarse al salón oscurecido, así que me paro un poco más allá
de la entrada y escaneo el área de inmediato con la mirada, en busca de mi próxima víctima.
Escuché que Jack Simons está aquí en algún lado, pero no lo he visto todavía. Dirige una
organización de caridad sin fines de lucro, financiada principalmente por su propia fortuna y
patrocina una docena de reuniones durante el año. Me encantaría trabajar con él. «?Dónde estás,
Jack, tipo afortunado? Estás muriendo por conocerme». En realidad no sé cómo luce Jack, pero
escuché que es sexy. Digo, no estoy buscando ni quiero convertirme en otra de sus conquistas,
pero un pequeño caramelo para los ojos no viene nada mal. Su reputación con las mujeres no es
muy buena, supuestamente es un mujeriego, pero solo he escuchado rumores.
De reojo veo a un galán algo joven viniendo en línea recta hacia mí. Oh, amigo, lamento
decepcionarte, pero vas a ladrarle a la monja equivocada.
—Hola, pareces un poco perdida y algo solitaria. ¿Puedo acompañarte a la pista de baile? Me
encantaría ayudarte con ese aspecto serio que tienes; vamos a reemplazarlo con una sonrisa. —Él
estira su mano—. Mi nombre es Jack, soy uno de los patrocinadores de la velada de esta noche y
creo que no nos conocemos.
Seguramente esto es una coincidencia.
—¿Jack…? —le pregunto.
—Jack Simons.
—Jack Simons. Justo te estaba buscando.
Sonrío y estrecho su mano.
—Bueno, gracias a Dios que me encontraste. —Luego pregunta con una mirada preocupada en
su cara— ¿nos conocemos?
—Soy Lindsey Laverly de Superior Events and Occasions. Solo quería ponerle una cara a mi
nombre, así cuando gane un trabajo en tu negocio, ya seremos conocidos. Y no es que quiera
hablar de negocios en una noche tan hermosa, pero una chica debe aprovechar sus oportunidades
cuando las tiene.
—Mmm. —Jack Simmons se cruza de brazos y pone su mano en su barbilla—. Bueno, relájate,
Lindsey Laverly, todos aquí están por negocios. Pero por ahora, bailemos. —Estira su mano de
nuevo—. Ya que ahora conozco tu cara.
Tomo su mano y lo sigo a la pista de baile en la cual, por supuesto, suena una canción lenta.
Antes de preparar mi línea de apertura, él me gira y me lleva tan cerca que ya sé el tipo de
enjuague bucal que utiliza.
—Pensé que conocía a todos los que recibieron una invitación. —Mirarme de arriba abajo
desde tan cerca parecería imposible, pero él lo logra de alguna forma—. Pero no te conozco.
—Zach y Bethany Steal hicieron una contribución, pero no podían asistir, así que me ofrecieron
su invitación. —Arqueo mi espalda para poner algo de distancia entre nosotros.
—Tonterías.
—¿Disculpa?
Jack sacude su cabeza y sonríe.
—Dije tonterías. Zach siempre recibe una invitación, aunque todos saben que no hay forma de
que venga. Nosotros seguimos enviándole una invitación porque él nunca falla en donar, pero
conozco a Zach; él intenta mantenerse lo más lejos posible de este tipo de cosas. Así que, ¿podrías
pensar bien tu historia? —Su mano se desliza por mi espalda—. Porque no voy a echarte.
—Pareces saber mucho. ¿Por qué no me dices tú por qué estoy aquí? —Miro alrededor de la
pista de baile para intentar desviar su mirada.
—Te he visto cazar clientes toda la noche. Lo único más obvio que tu ambición es tu belleza y
si no tuviera que interactuar tanto con los invitados, te hubiera tenido en mis brazos hace una hora.
—Y por supuesto, su mano se desliza hacia abajo un poco más, acercándose a la curva de mi
trasero.
—Bien. Excepto que estás subestimando mi ambición. —Lo empujo de verdad esta vez para
separarme—. Soy toda negocios esta noche.
—¡Jack! —una voz profunda y familiar habla desde atrás—. Parece que alguien necesita ser
rescatado. ¿Te importa si me meto?
—¡Mikey! —Jack me libera y retrocede un poco—. Por supuesto. ¿Vosotros os conocéis?
—Lindsey solía trabajar para mí. —Michael sacude la mano de Jack, pero no me ha mirado
todavía—. Ella es la mejor planificadora de eventos con la que haya trabajado. Deberías pensar
en contratarla para organizar tus eventos.
—Bueno, nos acabamos de conocer, pero estoy seguro de que es muy talentosa. —Jack hace
una reverencia y comienza a retirarse—. Disfruten el baile.
En un instante estoy en los brazos de Michael, pero de alguna forma lo ha logrado sin mirarme.
—Hola, no esperaba verte por aquí —digo para romper el hielo.
Finalmente me mira a los ojos, pero solo por un momento.
—Parece que estoy rescatándote constantemente de las garras de otro hombre.
—¿Es esa la razón de la voz profundamente masculina? ¿Enviar señales para espantar a otros?
—No puedo evitar sonreír—. ¿Estás reclamando tu territorio, cierto, Mikey?
—¿De qué estás hablando? —Michael echa un vistazo general a la sala y me gira hacia la
dirección en la que él quiera mirar—. Y no vuelvas a llamarme así si esperas que te responda.
—Lo estás haciendo ahora. ¿Sigues buscándolo? —Dejo de girar y lo sacudo hasta que me
mira a los ojos. Luego bajo la voz tanto como puedo—. Porque creo que se fue, Mikey.
Él suspira y finalmente me sonríe.
—Escucha, Batman, no me hago responsable por lo que suceda cuando mi bestia interna tome
el mando.
—¿Necesito darte un minuto para orinar en las cuatro esquinas de la pista de baile?
—Bueno, lo hice antes de venir… pero probablemente tengas razón, como Jack estaba aquí, tal
vez deba hacerlo de nuevo. —Michael retrocede y comienza a desabotonarse el pantalón.
—¡Aj! Asco. Eres un animal. —Yo lo agarro mientras él finge que está alejándose—. Regresa
antes de que hagas que me echen.
—Lo que sea para evitar que uses esa voz ridícula. Y dije bestia, no animal. Es importante que
sepas la diferencia.
—Bueno, me gustaría, pero por alguna razón tú no pareces querer um… podría decir, sellar el
trato.
—Oh, ¿en serio? —Me acerca y bailamos al ritmo de la música. —Hablas mucho para alguien
que se la pasa escapando.
—Oh, definitivamente no me escapé, pero no se deben ignorar las señales. —Yo muevo mis
dedos enfrente de su cara—. Mala suerte.
—Estás loca.
—Cierto. —Me encojo de hombros—. Sin embargo, tú sigues persiguiéndome. Por cierto…
¿por qué estás aquí?
—Bueno, pensé que podrías necesitar algo de ayuda. Conozco a la mayoría de estas personas;
pensé que podría presentarte a algunos de ellos si quieres.
—Michael, si dependo de ti para presentarme, la única persona a la que van a mirar es a ti. Tú
creas una sombra muy grande. Y yo nunca te dije dónde iba a ir esta noche. ¿Cómo supiste que
estaría aquí? ¿Me instalaste un rastreador GPS? —Yo comienzo a mirar por mis muñecas.
—¿Yo? ¡No! Como tal vez hayas notado, todavía no he podido meterte nada… todavía. ¿Y
estás segura? De verdad siento que puedo ayudarte.
—Absolutamente no. —Me detengo, retrocedo y tomo sus manos con las mías—Amo que
hayas venido aquí solo por mí. Eres adorable, pero como te dije, tengo que hacer esto yo misma.
Ahora… podemos sentarnos por un minuto y beber algo, luego te debes ir. Iré por unos tragos; tú
encuentra una mesa para nosotros.
—Vale, pero no te vayas lejos. —Michael saca su teléfono y finge que lo mira—. Mi señal de
GPS es muy mala aquí dentro.
Yo voy en una dirección y él va en otra. Afortunadamente, la espera del bar es solo de dos
personas, así que en menos de cinco minutos estoy pasando por el perímetro de la pista de baile
en busca de Michael… y no lo veo por ningún lado. Mientras llego a la última mesa y realizo un
giro en U para pasar entre las mesas, esta vez camino un poco más lento. Escucho mi nombre
cuando paso al lado de una mujer muy alta en tacones negros de quince centímetros y un vestido
negro pegado y muy corto.
—Lindsey. —Con razón no logro verlo, está camuflado detrás de ese trasero y esas largas
piernas. Supongo que ella no recibió el memo sobre la vestimenta de putas—. Aquí está ella.
Julie, me gustaría presentarte a Lindsey. —Michael se levanta y hace un movimiento entre
nosotros—. Lindsey, Julie.
Yo le entrego a Michael su bebida y bajo la mía para poder estrechar la mano de la mujer. No
puedo evitarlo mientras me volteo. Mis ojos comienzan abajo y siguen sus piernas tonificadas de
piel ligeramente oscura hacia su largo cabello negro, pauso al ver sus labios sonrientes y sigo
subiendo hasta ver sus ojos castaño oscuro.
—Guau, eres hermosa. —Yo sonrío y encuentro su mano.
—Y tú eres una muñeca. —Ella pone una voz apasionada que va a juego con su vestido. Soy el
maldito Batman. Obviamente ella no lo sabe todavía—. Pero no lo suficientemente hermosa para
Michael. Él rompió mi corazón y creo que todavía no lo supero. Solíamos salir, sabes, en caso de
que no te lo haya dicho.
—Oh, no estamos juntos —tartamudeo con voz aguda, mientras acerco mi trago. Mierda. No
puedo ser Robin, cálmate, chica.
—¿Michael lo sabe? —Ella se gira y le sonríe a él.
—Yo recuerdo las cosas un poco diferente. —Michael toma un sorbo de su trago—. Pero
sigues siendo una problemática.
—Bueno, cariño, este es mi vestido para causar problemas. —Ella mueve sus manos por sus
lados y los desliza, recorriendo las curvas de su pequeño vestido—. Michael me dice que estarás
trabajando con Luke, él es un muñeco, su oficina está cruzando el pasillo de la mía.
—¿Trabajas para Excel Ventures?
—Por cinco gloriosos años. Así fue como conocí a Michael.
—Bueno, tal vez te vea ahí. Estoy esperando descubrir si mi propuesta es la ganadora. Cruzo
mis dedos.
—¿Eres de Superior Events and Occasions, cierto? —pregunta Julie.
—Sí.
—Bueno, cariño, escuché que ganaste, que fue algo unánime.
—Oh, bueno, suena genial. No he sabido nada de Luke por un tiempo, quizás necesite revisar
mi correo, no hay lugar para un teléfono en este vestido.
—Dímelo a mí, cariño. Y creo que es momento de llevar mi poder de crear problemas a otro
lado donde sí me sirva. Lindsey, fue un placer conocerte. —Ella nos mira a Michael y a mí y nos
señala a ambos—. Si hay algo que pueda hacer por vosotros, solo decídmelo.
Apenas ella se ha alejado lo suficiente, me doy la vuelta y le sonrío a Michael.
—¿Así que vosotros dos solíais salir?
—En realidad no.
—¿Y rompiste su corazón?
—No, en realidad no.
—Ella parece que no quiere terminar contigo. O ahora que lo pienso, con ambos.
—Ella es única, muy útil.
—Oh, ahí hay algo muy útil.
Michael se estira y desajusta su corbata.
—¿Debería irme ahora?
—Probablemente.
—Gracias por la bebida. Él traga el resto de su bebida y la baja.
—¿Te importa si te rastreo otra vez, tal vez… mañana?
—No estoy segura de tener alternativa.
—No te quedes hasta muy tarde, lo sabré. —Michael me besa en la mejilla y se dirige a la
salida—. Por cierto, hueles increíble.
CAPÍTULO 14

M ICHAEL

¿C uánto tiempo tengo que esperar antes de escribirle? Presiono enviar y mi texto va hacia
Janice. Son las 8:30 del domingo por la mañana y ella se va a enfadar, pero está acostumbrada a
que la llame a cualquier hora del día o la noche. No tengo duda de que estuvo despierta hasta
tarde anoche, pero sé que va a responderme, a diferencia de Lindsey, ya que desafortunadamente
no le he colocado un rastreador y, por lo tanto, no tengo idea de hasta qué hora se quedó en la
gala.
¿De quién estamos hablando? ¿Y sabes la hora que es? ¿El día que es? La respuesta de
Janice llega casi de inmediato después de que presiono enviar.
Sabes de quién estamos hablando y por supuesto que sé la hora que es. Esperé dos horas
para escribirte. Deberías agradecerme. No dormí casi nada desde anoche, girándome y
moviéndome en la cama, pensando en Lindsey.
Oh, te lo voy a agradecer cuando te lo haga pagar. Janice pausa antes de enviar la próxima
línea. Ella finge estar enfadada porque sabe que me encanta molestarla. Deja de molestarme y
molestarla a ella. Estoy seguro de que ya es lo suficientemente tarde.
Gracias, puedes regresar a dormir. Emoji de cara nerviosa enviado.
Quién dice que estábamos dormidos. Emoji de cada cachonda.
Mensaje recibido y demasiada información.
Siento que tal vez debería darle a Lindsey un poco más de tiempo. Estoy seguro de que todavía
está dormida y no quiere que la moleste, así que camino de un lado a otro por mi cocina. Cuando
necesito pensar, usualmente me encuentro moviéndome al eco de mis propios pasos que resuenan
en la escasa decoración de mi apartamento. La mayoría del tiempo no me doy cuenta de que me
estoy moviendo y miro por encima de mi hombro, sorprendido de no haber hecho un camino en el
piso aún. No tengo hambre, pero abro la puerta del refrigerador sin pensarlo, buscando… nada.
Está prácticamente vacío, a excepción de algunas botellas de aderezo para ensalada y un envase
con mermelada de mora. Yo no soy un gran chef y tampoco tengo a quien cocinarle. La puerta del
refrigerador suena mientras la cierro y recorro con la mirada la decoración artificiosa y escasa
que tiene el interior de mi casa. Las plantas y los objetos decorativos lucen como si pertenecieran
a una casa modelo y no tienen nada que ver conmigo, mis gustos o mi personalidad, pues le pagué
a una decoradora de interiores cuando compré el lugar, y no he cambiado nada desde que le dije
que hiciera lo que quisiera, y así lo hizo, lo que resultó ser lo menos posible. Oh, bueno, a quién
le importa; raras veces estoy aquí, excepto para dormir.
Al diablo con esto, tengo que ver a Lindsey de nuevo. No he dejado de pensar en ella desde el
ascensor. Es como si me tuviera en trance. ¿Estás lista? Escribo el texto para Lindsey y presiono
enviar, luego espero… y espero, luego me dirijo a mi cafetera para mi cuarta taza de café cuando
escucho vibrar a mi teléfono.
¿Para qué? Contesta Lindsey.
Nuestra cita.
¿Tenemos una cita? ¿Me perdí algo anoche? Pregunta ella.
Este soy yo rastreándote y ya es oficialmente mañana.
No estoy segura de que sea verdad, pero vale. ¿Qué haremos? ¿Está escribiendo de forma
filosófica tan temprano un domingo por la mañana?
Yo contesto. Se supone que sea un bonito día, ¿qué tal una caminata? ¿Big Bear Lake? Y un
picnic.
¿Una caminata? Uh, oh. Suena como que no le gusta mucho.
¿Sí haces caminatas? ¿Cierto? Pregunto yo.
Oh… sí. Todo el tiempo. Soy constante ahí. Me llaman Lindsey de las caminatas.
¿Quiénes?
Esta vez demora un poco en contestar. Los osos grandes… ¡ja!
Genial. ¿Nos vemos donde comienza el circuito, a las 10:30?
Claro. Contesta ella. ¿Dónde es el comienzo del circuito?
Oh, cielos, va a ser interesante.

L lego temprano al comienzo del circuito y paso algo de tiempo estirándome y ordenando
dentro de mi mochila el almuerzo que preparé. El aparcamiento para el camino está justo
al límite del pueblo y no es difícil encontrarlo, así que confío en que Lindsey pueda
llegar donde estoy. Vengo aquí todo el tiempo, especialmente en esta época del año, para estar
solo, relajarme y ejercitarme un poco, pero tengo el presentimiento de que Lindsey no conocía que
este lugar existía hasta hoy. Espero que llegue al menos veinte minutos tarde, pero justo cuando lo
pienso, un Toyota Camry blanco entra en el aparcamiento y se detiene al lado de mi Four Runner.
Alcanzo la puerta del conductor justo cuando se abre y la cara sonriente de Lindsey sale del
coche.
—Llegaste —le digo.
—¿Pensaste que me iba a perder? Te dije que vengo aquí todo el tiempo. —Ella sonríe y mira
las botas más grandes de excursionismo que haya visto. Choca las puntas—. ¿Te gustan?
—Eres adorable —digo porque no puedo evitarlo.
—¿Qué? Digo, sí, lo soy, pero ¿por qué?
—No has ido de excursión nunca en tu vida.
—¿A qué te refieres? —Lindsey levanta una de sus botas gigantes. Ni siquiera tenía idea de
que siguieran haciendo este tipo de bota. Solíamos llamarlas pisadas de wafle cuando éramos
niños por el patrón que hacían en la nieve con cada paso. Son unas botas de cuero marrón ligero,
enormes y tiesas con trenzas rojas y una suela gigante y pesada—. ¿Ves estas cosas? Son botas de
excursión.
—¿Dónde las conseguiste? —le pregunto.
—Mi vecina Penny me las prestó. Fueron un regalo, pero ella nunca las utilizó, así que me dijo
que me las podía quedar.
—¿Un regalo de los setenta? No puedes usar esas, vas a tener ampollas antes de que lleguemos
al primer giro. —Tengo que cubrir mi boca para evitar reírme y también porque ella es demasiado
linda—. Por favor dime que trajiste un calzado deportivo.
—Por supuesto, ¿crees que quiero usar estas el resto del día? ¿No necesito apoyo en los
tobillos? Mira estas cosas, nada se mueve dentro de estos bebés.
—Exactamente —digo—. Y coge una chaqueta.
—¿Una chaqueta? —contesta ella con timidez—. Pero si hace calor.
—Olvídalo, te traje una. Me lo agradecerás cuando subamos por el camino y lleguemos a la
arboleda. Todavía es invierno, después de todo. —No puedo evitar sonreírle—. Nunca has estado
aquí, ¿cierto?
—¡Ah! El grande y fuerte aventurero me está cuidando. —Una risita culpable se le escapa
antes de que pueda evitarlo—. Probablemente he pasado por aquí miles de veces y no tenía idea
que estaba aquí.
Mientras ella entra a su coche para cambiarse el calzado, le pregunto:
—¿Has ido últimamente al gim?
—¿Quién es gim? —me pregunta.
—Supongo que avanzaremos lento.
Pero ella lo hace muy bien en el camino y yo permito que lidere el camino. Debe estar en
buena forma, ya que mantiene un buen ritmo y logra hablar durante todo el trayecto sobre la
belleza del camino y de los árboles, mencionando cómo era posible que haya vivido aquí tanto
tiempo y nunca haya visitado este parte del lugar.
—¿Y cómo va el contrato grande? ¿Has estado ocupada firmando contratos y organizando
todo? —le pregunto.
—Bien, supongo. —Ella se da la vuelta para responderme mientras giramos y casi se tropieza
con una raíz de árbol.
—Cuidado. Ojos al frente. —Me río—. ¿Por qué supones?
—Bueno, tu novia…
—Ex.
—Mmm, mmm. Tu exnovia dijo que tenía el contrato, pero no me han notificado. He estado
enviándole correos a Luke toda la semana y no he recibido respuesta. Estoy segura de que ha
estado ocupado. Como sea, tengo una reunión mañana para negociar el espacio. No quiero
arriesgarme a que lo reserve alguien más. Ese hotel es siempre… —Lindsey gira en la última
esquina, observa el lago a través de los árboles y por primera vez en el día se queda sin habla.
Cuando pasamos la arboleda, sigue caminando hasta que llegamos a una cresta desde la cual se
puede contemplar todo el lago.
—¿Qué te parece? —pregunto cuando la alcanzo y me pongo a su lado.
Lindsey se toma un momento para responder antes de sacudir su cabeza y exhalar.
—Es lo más hermoso que haya visto. —Y se limpia una lágrima del ojo.
Una neblina silenciosa permanece por encima del agua tranquila, plana como un vidrio y solo
sacudida en ocasiones por alguna trucha que toca la superficie. El aroma mágico del agua fría
mezclado con el de los árboles llena el aire. Una pequeña bandada de aves rompe el silencio y
comienza a chillar cuando un águila se lanza desde un nido en un árbol al otro lado del río. La
enorme y majestuosa ave se desliza por la superficie del agua, su cabeza blanca escudriña las
profundidades, en un vuelo despreocupado y sin esfuerzo, como si pudiera hacer un esfuerzo para
comer, pero no estuviera feliz de hacerlo.
Tomo la mano de Lindsey en la mía mientras absorbemos la grandiosidad ante nosotros, y nos
maravillamos en silencio. Ella se mueve más cerca y la rodeo con mis brazos.
—Gracias por traerme aquí —susurra.
—Me encanta este lugar y quería que lo vieras. —Entonces me doy cuenta de que nunca me he
sentido de esta forma con alguien. Lindsey es la primera mujer, la primera persona, a la que he
traído aquí. Aquí es donde vengo para centrarme y ahora ella es mi centro—. ¿Hambrienta? —le
pregunto.
—Famélica.
Señalo el punto alto del lago.
—¿Ves esa saliente puntiaguda sobre la ensenada? Es un lugar perfecto para un picnic.
Lindsey lidera el camino una vez más y seguimos el camino ondulado que rodea el lago,
atravesando arbustos y trepando por encima de troncos de árboles caídos hasta que llegamos al
peñasco. Bajo mi mochila y me uno a ella en el borde de la roca gigante que apunta como una
flecha hacia el embalse en la costa opuesta.
Ella se gira para mirarme.
—¿Qué es exactamente lo que pasa aquí?
—Vamos a tener un picnic —digo—. Aunque no uno muy grande. La única comida que pude
encontrar en mi casa es mantequilla de maní, mermelada de mora y nachos.
—Sabes a lo que me refiero, Michael.
Me acerco y tomo sus manos con las mías.
—Bueno, me encanta este lugar y tenía que verte de nuevo, así que pensé o deseé que a ti
también te encantara.
—Sí me encanta, ¿pero cuáles son tus intenciones? Necesito saber porque estoy muy expuesta
ahora mismo, intentando realizar cambios serios en mi vida, no puedo aceptarlo si solo quieres
jugar conmigo. —Retira sus manos y mira el lago.
—Ey. —Agarro su hombro y la giro, pero ella solo mira el piso—. Mírame. ¿No lo sabes, no
te das cuenta?
—¿Qué? —me pregunta, pero sigue sin alzar la vista.
—Me he enamorado de ti. Te seguí al otro lado del mundo y de regreso. Me puse en un traje de
pingüino para esa fiesta y te rogué que me dejaras ayudarte. —Puse un dedo debajo de su barbilla
y levante su mirada hacia la mía—. Me he enamorado perdidamente de ti.
—¿Cómo lo sabes, Michael? Tal vez solo estás excitado por algo que no has obtenido todavía.
Apenas me conoces.
—Por supuesto que te deseo, pero no pienses que no te conozco. Sé que te gusta parecer la
chica relajada, graciosa y fiestera, pero no lo eres. Eres muy inteligente y seria con las cosas
adecuadas, tienes grandes planes para ti misma y eres amable y generosa.
—No lo soy.
—No creas que no he notado que tú eres la que más dona de todos los empleados al fondo de
niños cada año, aunque la mayoría de los empleados gana más que tú.
Lindsey frunce el ceño y marca un surco entre sus cejas.
—Deberíamos hablar de eso.
—Detente.
—Bueno, dijiste que no era graciosa. —Ella se encoge de hombros.
—No he podido quitarte los ojos de encima desde que comenzaste a trabajar en la empresa.
Me desvío siempre de mi camino y paso por tu puesto siempre que puedo. Te miro todo el tiempo,
tengo que verte siempre que puedo. —Yo pauso al escucharme—. ¿Estoy sonando como un
acosador?
—Sí, pero sigue. Nunca he tenido un acosador.
—Sé que nunca le dices una mala palabra a nadie, aunque pudieras, incluso cuando deberías.
Les caes bien a todos, hasta a Janice.
Sus ojos se abrieron.
—¿Le caigo bien a Janice?
—Sí —digo mientras asiento mi cabeza para asegurarlo.
—¿Cómo lo sabes? ¿Ella dijo algo?
—No, pero sabe de nosotros y no ha intentado detenerme. Incluso tenía listo mi traje para que
pudiera ir a la gala.
—Guau. —Ella asiente—. Sí le caigo bien. El sello de aprobación de Janice.
—El más alto honor que puede recibir un civil. —Ambos quedamos en silencio para absorber
este momento—. ¿Pero qué hay de ti? —le pregunto—. Te acabo de decir que estoy perdidamente
enamorado de ti y tú sigues haciendo bromas.
—Lo siento, empeoro mientras más nerviosa me pongo. —Ella libera mis manos y me toma por
la cadera para acercarme—. Bueno, tú no eres el único que ha estado mirando. Tú me has gustado
desde el primer día en la oficina. He pensado en ti y he soñado contigo más veces de las que me
gustaría admitir. Sé todo lo que hay que saber de ti, pero si todo lo que supiera es que cada
empleado que trabaja para ti te adora, sería suficiente. Eres un galán de los negocios y demasiado
sexy. —Hace una pausa y me mira a los ojos—. Y, Michael…
—¿Sí?
—Yo también estoy enamorada de ti.
Lindsey cierra los ojos y compartimos un beso, nuestro primer beso verdadero. Cuando sus
labios tocan los míos, una onda de choque emana de mi cabeza y me recorre, desde mi cráneo,
hasta mi estómago y hasta mis pies. La onda calienta todo mi cuerpo mientras me recorre y estoy
seguro de lo que es. Ella es. Entonces, después de besarnos, ella sonríe, entierra su cabeza en mi
pecho y me abraza con fuerza.
Pero yo no puedo evitarlo.
—¿Así que has soñado conmigo, eh?
Y sin pensarlo dos veces, dice:
—¿Cómo sabías que la mermelada de mora es mi favorita?
CAPÍTULO 15

Lindsey

N o esperaba estar de regreso en el hotel Amsterdam tan pronto, pero tengo que decir
que estoy muy emocionada por estarlo, e incluso más nerviosa. Esto representa un
gran compromiso para mí. No estoy segura de qué tipo de depósito van a pedir, pero
sé que no puede sobrepasar los diez mil dólares… porque eso es todo lo que tengo. Mientras me
acerco a la entrada frontal, mi corazón está palpitando en mi pecho, así que pauso y respiro hondo.
Me digo a mí misma «Vale, Lindsey, lo tienes». Dijiste que un día estarían rogándote para
hacer negocios, y comienza hoy. Entro en la puerta giratoria y avanzo lentamente hasta que la
entrada aparece, saco pecho y avanzo con firmeza a través del vestíbulo hacia las oficinas
administrativas. Cruzo el vestíbulo de forma diagonal por ninguna razón en particular; tengo
suficiente tiempo, así que avanzo lentamente, cierro mis ojos y paso mi mano por el suave cuero
de los sofás del área de descanso del centro. Me encanta la sensación y el aroma del cuero
italiano real y ya me siento más calmada.
—Oh, hola, Lindsey. —Reconozco la voz aun antes de abrir mis ojos. Es Chad, viene de las
oficinas traseras.
—Hola, Chad. —Estoy un poco aturdida, así que solo logro decir—: ¿Qué estás haciendo
aquí?
—Es bueno verte también —dice él con una pequeña sonrisa—. Escuché que comenzaste un
nuevo emprendimiento. ¿Cómo va todo?
—¿Dónde lo escuchaste eso? —Luego, por alguna razón, intento recordar que tengo modales
—. Lo siento, olvídalo. Las cosas van bien.
—Eso es genial, estoy seguro de que estarás bien… tomaste un gran riesgo, renunciando a tu
trabajo sin tener ningún cliente.
No tiene sentido preocuparme por lo que Chad piensa que sabe, así que lo dejo pasar.
—¿Y qué te trae por aquí?
—Solo estoy ocupándome de algunos negocios. —Él coloca su mano en mi hombro y me mira
directo a los ojos—. Tengo que correr ahora, no tienes idea lo ocupado que estoy.
Algo definitivamente ha cambiado. Chad nunca me ha mirado directamente a los ojos, ni una
vez en dos años.
—Adiós, Chad.
Es muy extraño verlo hoy aquí, justo hoy. El subordinado inútil ya no está, ahora fue
reemplazado por un imbécil arrogante totalmente confiado; debe haber sido ascendido a mi
puesto. ¿Pero a quién le importa? No puedo preocuparme ahora porque tengo un pescado más
grande que cocinar, así que avanzo hasta el escritorio de la recepcionista.
—Hola, soy Lindsey Laverly. Tengo una cita con Diane Bunton.
—Hola, Lindsey, siéntese, Diane estará con usted en poco tiempo. —La recepcionista sonríe y
me señala en dirección al sofá más cercano—. ¿Le puedo traer agua?
—No, gracias —respondo y avanzo hacia el sofá.
Mientras me giro y me preparo para sentarme, una voz me llama por detrás.
—¿Lindsey?
—Sí.
—Hola, Soy Diane. Gusto en conocerte, vamos. —Ella estrecha mi mano y la sigo a su oficina
—. Toma asiento.
—Gracias. —Coloco mi cartera en el suelo a un lado y me siento.
—¿Qué puedo hacer por ti hoy?
—Soy una organizadora de eventos y tengo un cliente muy importante que tiene un evento
próximo. Me gustaría discutir la reserva del lugar.
—¿Cuánto espacio necesita y tiene una idea de la fecha? —Ella se voltea hacia el monitor del
ordenador y abre su programa de reservas.
—Bueno, es un evento grande, así que necesitaríamos el salón de baile principal para el fin de
semana del veintitrés de marzo. —Abro mi planificador y sacó un bolígrafo.
Una mirada decepcionada aparece en su cara y mi corazón se aprieta.
—Oh, lo siento mucho. Me temo que acabo de reservar esas fechas hace cinco minutos.
—Estás bromeando. —Quiero llorar.
—No, lo siento. ¿Otra fecha funcionaría?
—No.
—Siempre intento ayudar de cualquier forma posible, aunque signifique perder un contrato.
¿Tal vez puedo recomendar otra ubicación? Conozco a la mayoría de los gerentes de hoteles en el
área. —Es sincera, pero todo lo que puedo escuchar es la continuación de la alarma que sentí en
mi cabeza, la cual comenzó cuando vi a Chad.
—¿A Chad?
—¿Disculpe?
—¿Fue Chad? ¿Chad lo reservó? —le pregunto.
—¿Conoce al Sr. Dixon? —Ella asiente.
—¿Quién es el cliente? —Tiene que ser Michael y tal vez pueda lograr que escoja un hotel
diferente.
—Me temo que no puedo divulgar esa información.
—Puedo ofrecer un depósito de diez mil dólares. —La desesperación en mi voz es vergonzosa,
pero no puedo evitarlo.
—Lo siento, pero requerimos un depósito no reembolsable de veinte mil dólares, el cual pagó
el Sr. Dixon cuando firmamos el contrato. —Ella se recuesta en su asiento, se cruza de brazos y yo
comprendo el mensaje.
¿Qué diablos está sucediendo? ¿Cómo me sucedió esto?
—Gracias por su tiempo.
Le estrecho la mano y salgo de su oficina antes de que ella pueda terminar de disculparse. Me
apresuro, si esa sabandija está regresando a la oficina, tal vez pueda atraparlo antes de que entre.
Pero tengo que escribirle a Michael primero, así que me detengo, me siento en el sofá del
vestíbulo y saco mi teléfono. Sé que si le pido ayuda a Michael, él no va a decepcionarme.
Mientras escribo furiosa, estoy confundida al escuchar la voz de Michael a lo lejos. Levanto la
mirada y ahí está, ahí están, Michael y Julie, ambos esperando el ascensor. Las puertas se abren,
ella entrelaza su brazo con el de él, se ríe como una perra y se lo lleva, dejando atrás solo un
rastro de piernas y culo.
Me quedo sin habla.
¿Qué demonios acabo de ver?
¿El hombre que acaba de confesarme haberse enamorado de mí desaparece en las entrañas de
un hotel de lujo con su supuesta exnovia? ¿Podría empeorar este día? ¿Acabo de perder mi único
contrato y a Michael en solo cinco minutos?
No sé qué hacer. Así que solo me siento con mi mandíbula casi en el suelo.
Mi corazón está quebrándose en mi pecho y el shock de millones de piezas cayendo a mi
estómago me deja sin aliento, pero no puedo, no, no perseguiré a un hombre que haría tal cosa. Si
así quiere ser, él puede tenerla; se pueden quedar juntos.
Unas lágrimas caen por mis mejillas, pero me rehúso a caer sin pelear. Necesito salvar mi
futuro, mi negocio, y no podría haberme marchado más rápido por la puerta.
Mientras conduzco hacia la oficina, paso todas las señales de detención y acelero todo lo que
puedo, pero llego a una luz roja en First Street. Estoy molesta y llorando, llorando y molesta
cuando recibo un mensaje… de Michael.
—Malas noticias, Lindsey. —Ah. Michael, no tienes idea—. Descubrí que Chad entró a tu
correo antes de que tomáramos tu laptop. Tal vez quieras cambiar de contraseña. Estamos
intentando descubrir lo que estaba haciendo, pero no hemos tenido suerte. Lo siento.
Acelero al límite luego de que cambia la luz. Mis llantas chillan mientras giro hacia el
aparcamiento de la oficina y lo miro. La sabandija está casi en la entrada trasera, así que aparco
de inmediato y salto.
—Chad —le grito.
—Lindsey. —Él sonríe y avanza hacia mí—. Supongo que ya terminaste en el hotel. ¿Malas
noticias?
—¿Qué demonios estás tramando, Chad?
—No estoy seguro de a qué te refieres, Lindsey. —Sonriendo, finge preocupación—. ¿Has
estado llorando?
—Sabes a lo que me refiero, Chad. ¿Qué estás tramando? Necesito ese lugar y me lo acabas de
robar debajo de mis narices.
—Vamos, vamos, Lindsey, yo nunca haría algo así. —Él me dedica su mirada más inocente,
pero he conocido su falsedad por mucho tiempo.
—¿Es para Michael?
—¿Para quién?
Tengo que aguantarme para no quitarle a golpes su mirada arrogante.
—No juegues conmigo, Chad o vas a perder tu trabajo.
—Oh, es tuyo, cariño. Por favor… estoy seguro de que Michael te dará tu puesto de trabajo de
regreso. Aunque tal vez tengan que dejar de follar. Eso va contra las políticas de la empresa. —
Hace una pausa mientras deja la última oración en el aire antes de sonreír—. Solo iba a limpiar
mi escritorio. Verás, he comenzado mi propio negocio.
Todo el aire se escapa de mis pulmones y me quedo congelada. De repente la falta de
comunicación de Luke ya no parece extraña.
—¿Por qué ese lugar… ese fin de semana?
Chad saca pecho y avanza para estar más cerca de mi cara.
—Oh, ya sabes por qué. ¿Cierto, Lindsey? —Ahora está sobre mí—. No crees que iba a dejar
que me superaras, ¿cierto? Tu negocio ahora es mi negocio, tu contrato ahora es mi contrato.
—¡Joder! Les diré lo que estás tramando. Michael me va a apoyar. Ellos nunca trabajarán
contigo.
Chad se ríe en mi cara.
—Oh, no lo creo. Se comprometieron con nuestra empresa, Superior Events and Occasions
Inc., nuestro correo de la empresa. Sabes, me encanta el nombre que se nos ocurrió. Creo que me
lo quedaré. Por supuesto, yo soy dueño del registro del negocio, realicé personalmente la reserva
del hotel e incluso publiqué las buenas noticias en la página web de la empresa. Todo está
firmado, sellado y entregado. —Él me enseña lo que parece un comunicado de prensa en su
teléfono—. Por cierto, Luke comprende y te desea lo mejor mientras manejas tus problemas
personales. El anuncio de tu renuncia de la empresa acaba de salir.
Mi cabeza está girando y todo lo que puedo pensar es «Michael sabe que has estado en mi
correo. ¿De verdad piensas que puedes salirte con la tuya?».
—Ya está hecho, cariño, y tu novio no va a hacer una mierda. He arruinado tu mundo; no
quieres que arruine también el de él, ¿cierto? ¿Quieres ser responsable de eso?
—Estás alardeando, no tienes las pelotas.
—Mi dulce Lindsey. Estás un paso atrás y no tienes idea. —Chad apesta a mierda—. Tengo
pruebas de todo lo que han estado haciendo, incluyendo esto. —Él abre su teléfono y me muestra
una foto, donde estoy yo encima de Michael, medio desnuda, en una playa en Hawái—. ¿No
piensas que está dispuesto a arriesgar su operación de venta pública por un escándalo con una
empleada, cierto? Apuesto a que no. No. Creo que deberías escabullirte en tu apartamento de
mierda y comenzar a buscar anuncios de trabajo o esto será público. Por supuesto, supongo que
podrías pedir este trabajo de regreso, aunque podría resultar en menos sexo en la playa.
Nunca he visto a Chad de esta forma. Tiene el aspecto de un asesino. Ya no está el cobarde de
siempre.
—¿Por qué, Chad? —Tengo que preguntar—. Te traté bien. Siempre fui amable contigo.
—¿Crees que te lamí el culo durante dos años solo para verte ir y tener éxito antes que yo, para
derrotarme? —Sacude su cabeza y sonríe—. Eres una mujer estúpida e inocente. Deberías estar
agradeciéndome. Estoy salvándote de un fracaso descomunal y de la vergüenza. Y si piensas que
Michael quiere estar con una perdedora, eres incluso más crédula de lo que pensé. Te diré algo…
te haré un favor y no le diré que te pateé el trasero. Si no le dices, tal vez él nunca se entere y te
mantenga cerca por un tiempo.
La furia está creciendo dentro de mi cuerpo, convirtiéndome en un desastre, y no puedo evitar
pensar que voy a quebrarme en lágrimas en cualquier segundo.
—Eres un maldito imbécil. —Es todo lo que logro pensar en decir.
—Bien. Has aprendido una poderosa lección de negocios. —Chad se da vuelta para entrar a la
oficina, pero hace un ademán de espantarme—. Ahora ve… corre.
Mientras él desaparece tras la puerta, quedo sollozando y temblando tan fuerte que apenas
logro regresar a mi coche, entonces colapso en el asiento de conductor.
CAPÍTULO 16

Lindsey

T oc, toc, toc.


—Fuera —grito desde abajo de la montaña de sábanas que es mi fortaleza de
soledad. La manta afgana de mi abuela es la segunda capa, y siempre que la he
utilizado, me ha servido como una fuerza impenetrable que me ha mantenido segura por años.
Nunca me han mentido, engañado o traicionado bajo sus defensas encantadas.
Toc, toc, toc.
—Dije «fuera». —Esta vez grito con más fuerza. He perdido la noción del tiempo y no tengo
idea cuánto ha pasado, pero siento que tal vez no salga nunca de la cama. Los restos salados de
lágrimas se pegaron a los lados de mi cara y, aunque no estoy segura, el resto está lleno de mocos.
Cubrí el espejo de mi baño para cuando me veo forzada a usar el váter. Tal vez no vuelva a
mirarme la cara nunca.
Toc, toc, toc.
—Está bien. —Voy a matar a esta persona, pero ojalá que no sea Michael porque tendrá que
esperar. No puedo matarlo luciendo así.
Subo las piernas a mi pecho, pateo la montaña de cobertores y voy apresurada hacia la puerta
principal. Después de observar por la mirilla, solo puedo ver la espalda de una figura femenina.
Al menos no es él.
Abro la puerta y grito:
—¿Qué?
—Dios santo, es peor de lo que pensé. —Ella está totalmente arreglada y luciendo perfecta,
como siempre.
—¿Janice? —Me volteo y regreso hacia mi fortaleza—. ¿Qué quieres?
—Oh, no, no lo harás. —Ella me toma por el brazo y me gira hacia el baño. Es como si supiera
que si regreso a mi fortaleza, no podrá tocarme, y estaría perdida por la eternidad.
—¿Él te envió? —le pregunto mientras ella quita la toalla del espejo y hago una mueca de
horror.
—¿Quién? ¿Michael?
Girándome para verla, levanto un dedo.
—Por favor, no digas esa palabra.
Janice mueve su mano enfrente de su cara para ahuyentar el mal olor que sale de mi boca.
Estoy segura de que sus ojos se aguaron, pero desvío la mirada antes de notarlo para admirar mi
patética condición en el espejo que no miente.
—Necesitamos hablar, pero aquí no. —Después de echar agua en una toalla de mano, comienza
a trabajar en mis mejillas y continúa—. Tenemos que sacarte de aquí. Este lugar huele como el
interior de un ataúd que ha estado enterrado por años con dos gatos mohosos.
—Qué amable de tu parte por decirlo. —Un coro de tambores comienza a golpear mi cabeza y
estoy con dolor—. ¡Au! —Me presiono las sienes, pero duelen demasiado al tacto.
—Necesitas café.
El máximo estado de vestimenta que permito es una sudadera y unos pantalones deportivos que
podrían ser confundidos fácilmente con pijamas, algo perfecto para mí. Antes de darme cuenta,
estamos en el camino de nuestro viaje y Get Perky está a la vista. Tal vez sea mi imaginación,
pero ya puedo olerlo.
De verdad necesito café.
Cuando Janice abre la puerta, mi cerebro se baña de inmediato con el aroma acogedor del
café. Si tuviera brazos, estaría corriendo hacia ellos con amor. Ya me siento mejor.
Janice se dirige al mostrador y me dice:
—Busca una mesa, buscaré nuestras bebidas. ¿Qué quieres?
—Solo dile a Chris que es para mí, él sabe lo que me gusta. —Me volteo hacia el área de los
asientos y me recibe inmediatamente una sonrisa cálida que conozco bien.
—Hola, Opal. —Reconozco que estoy sonriendo porque no he sentido esa sensación por
varios días.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás?
—Ummm. —Me encojo de hombros—. Ha sido un poco duro últimamente.
—Bueno, siéntate, hablemos. —Opal señala el asiento a su izquierda.
—¿No te importa?
—Claro que no. —Hoy debe ser el día del azul, porque está vestida de pies a cabeza con la
versión más brillante de azul que haya visto en un cielo despejado. Ella lleva tacones azul
brillante y una falda hasta las rodillas, junto a una chaqueta que cubre una blusa azul que apenas se
nota por el cuello. Su usual labial rojo y su pintura de uñas contrastan perfectamente el rosa de sus
mejillas y su maquillaje perfectamente aplicado. De pies a cabeza, del maquillaje a su ropa, no
hay ni una arruga en esta mujer, como si hubiera salido de una portada de revista de la década de
los cincuenta. Sus guantes azules, cartera y sombrero a juego están en una silla detrás de ella—.
¿Deberíamos esperar a tu amiga?
—Para serte honesta, Opal, no estoy segura. Janice y yo no somos amigas en realidad; ella
trabaja para Michael.
—Tu pretendiente.
—Larga historia. —Suspiro. —Ella vino a mi apartamento y me sacó. No estoy segura de lo
que sucede.
—Oh, creo que tengo una idea, pero vamos a descubrirlo. ¿Qué dices? —Opal sonríe, toma un
largo sorbo de su café y mira por encima del borde de su taza mientras Janice se aproxima—.
Hola, Janice, mi nombre es Opal. —Opal se estira y toma la mano de Janice—. Espero que no te
importe, le pregunté a Lindsey si las dos podían acompañarme.
—Para nada. —Janice le sonríe a Opal como si la conociera de toda la vida, toma el asiento
frente a ella y me entrega mi bebida—. Algo me dice que esta conversación se puso mucho mejor.
Veo que Janice tiene una colección de escones y pasteles, y de repente me doy cuenta de que
estoy hambrienta.
—¿Alguno de esos es para mí? —le pregunto.
—El chico del mostrador comenzó a darme cosas. No estoy segura de por qué, pero se quedó
mirando y entregándome todo esto. Ni siquiera pagué por ellos, así que come lo que quieras. —
Ella me empuja la bolsa de pasteles por encima de la mesa.
Mientras comienzo a llenar mi cara con un escón lleno de chocolate, la sonrisa de Opal
aumenta y dice:
—¿No es adorable? Él siempre nos trata tan bien.
Yo prácticamente escupo migajas y azúcar en polvo en todos lados mientras murmuro con la
boca llena.
—Ese es Chris. —Me tomo un momento para tragar y tomo un sorbo de café—. Debes gustarle,
usualmente debo engañarlo para que me dé algo extra.
Janice gira para mirar a Chris, el cual no le ha quitado los ojos de encima. Luego vuelve a
girarse para mirarme con una sonrisa diabólica en la cara.
—¿Chris, eh? Es muy lindo. Muy joven, pero muy lindo.
—Vale, chicas, creo que tenemos mucho de qué hablar —interrumpe Opal—. Por lo que se
puede ver, necesitamos volver a enderezar a Lindsey.
—Sí, hagámoslo. —Janice se pone seria—. Suéltalo, Lindsey. ¿Qué sucedió con ese imbécil
de Chad?
—¿Cómo sabes sobre Chad? —pregunto yo.
—Oh, sé mucho más de lo que piensas. No olvides que tengo todo un equipo de hackers a mi
disposición y todos son muy buenos. —Me encanta cómo Janice habla de la empresa como si
fuera tan de ella como de Michael.
Así que suelto todo lo que puedo de la historia sin ponerme histérica. Estoy avergonzada
cuando revelo que no vi las señales de advertencia después de no recibir respuesta de Luke
McKenna.
—Sí, me siento ingenua —admito. Para cuando llegué a la parte del hotel de la historia, siento
que mi cara se sonroja de ira—. El imbécil tuvo el atrevimiento de actuar como si el hecho de
verme no significara nada. —Pero estoy temblando cuando hablo sobre los sucesos que ocurrieron
fuera de la oficina—. Supongo que debí haber sido más diligente al hablar sobre los detalles de
establecer mi negocio. Pensé que lo resolvería cuando tuviera tiempo. El imbécil sabía el nombre
del negocio que iba a utilizar, lo robó al registrarlo a su nombre, creó una página web y de alguna
forma convenció a Luke de que éramos socios. —Luego, no puedo evitar permitir que caiga una
lágrima por la esquina de mi ojo izquierdo cuando llego a la parte sobre Michael—. Él sabe sobre
Michael y yo; dice que va a arruinar la operación de venta pública si alguno de nosotros hace algo
para detenerlo.
—Pero vosotros no habéis hecho nada. ¿Qué puede hacer él? —me pregunta Janice.
—Puede hacer suficiente. —Miro mi café un poco avergonzada de admitir esto enfrente de
Opal, quien ha estado escuchando con atención—. Debe haber contratado a un paparazzi o algo,
porque aunque en realidad no hemos hecho nada, sí parece que lo hubiéramos hecho.
—¿Tiene imágenes? —Ahora Janice está furibunda—. Ese pequeño imbécil. ¿Y por qué no has
ido con Michael? Él te puede ayudar. Él ha estado intentando contactarte toda la semana, pero tú
no respondes.
—¿Crees que el negocio con Chad hubiera sido suficiente para mantenerme encerrada en mi
apartamento por días deseando que todo el mundo se fuera al demonio? —Hago una pausa y
levanto la mirada justo a tiempo para ver a una mujer atravesar la puerta y dirigirse al mostrador,
y tengo que parpadear dos veces para asegurarme de no estar imaginándola—. Porque lo vi con
los brazos entrelazados con ella y subiendo por el ascensor hacia su habitación de hotel.
—¿Con quién? —pregunta Janice con incredulidad.
—Ella. —Señalo con mi cabeza hacia la mujer mientras ella cruza detrás de Janice.
Janice se voltea para ver quién es.
—¿Julie? —Lo dice con mucha fuerza y… mierda… Julie la escucha.
—¿Janice? —Julie, vestida en su ropa diaria de supermodelo, sonríe y coloca su teléfono en su
cartera.
—Llegas justo a tiempo, cariño —interrumpe Opal, se levanta para saludarla y le estrecha su
mano—. ¿Te gustaría unirte para tener un pequeño rato de chicas?
Julie parece estar atrapada o confundida por la aparición de Opal y hace una pausa antes de
responder.
—Me encantaría. —Mientras toma asiento en la cuarta silla de la mesa, directamente en mi
línea de visión, finalmente nota que estoy ahí—. Lindsey, es bueno verte de nuevo.
No tengo nada que decirle, pero estar aquí con Opal me hace recordar mis modales. Lo mejor
que se me ocurre como respuesta es:
—No tienes ningún café.
Opal levanta su brazo y hace un gesto hacia el mostrador del frente.
—Así es, cariño, qué grosero de mi parte. Déjame arreglarlo. —Chris la nota de inmediato,
saluda y Opal se gira hacia la mesa para sonreírnos a cada una por turnos.
—Ahora, tenemos mucho de qué hablar, así que comencemos.
CAPÍTULO 17

M ICHAEL

E stoy por abandonar mi búsqueda, así que me dejo caer en la silla vacía de Janice.
¿Dónde diablos está? Ella nunca me deja solo por tanto tiempo. ¿Dónde diablos están
todos? Sé que es viernes, pero esto es ridículo. Por supuesto, Lindsey se fue, pero sigo
pasando por su escritorio como si de alguna forma fuera a estar ahí y al menos pudiera verla. Y
luego ese lameculos de Chad tampoco está en su escritorio. Es como si hubiera entrado a una
especie de realidad alternativa y todavía no se me ha revelado. «Ah, ah, Michael, ¡mala suerte! En
esta realidad eres el conserje y tu turno está por comenzar. Ve por tu overol y comienza a limpiar».
Eso es todo. Voy a Recursos Humanos. Voy a acusar a alguien.
Mientras llego a la oficina de la jefa de nuestro departamento de recursos humanos, me siento
emocionado y aliviado mientras llego a su puerta y me doy cuenta de que está ahí, sentada en su
escritorio.
—¡Jordan! —suelto yo.
—¿Qué? —Es obvio que la sorprendí y ella mira alrededor como si alguien fuera a atacarla.
—Estás aquí.
—¿Sí? —Ahora luce confundida—. ¿No debería estarlo?
—Por supuesto que sí, gracias a Dios. ¿Pero dónde está el resto? ¿Sabes dónde está Janice?
—Usualmente pegada a ti. Si no está ahí, no sé dónde está.
—Ella no está en la oficina. —Ahora que estoy seguro de que estoy en la realidad correcta,
intento recuperar mi usual comportamiento casual sentándome en una silla y levantando los pies
—. ¿Ella pidió el día libre?
—¿Janice? —Jordan me mira maravillada. Y yo me doy cuenta de mi estupidez. Como si
Janice fuera a hacer algo así—. ¿Janice? Ella no pide… nada. Estoy más asustado de ella que de
ti.
—Inteligente. —Yo asiento—. Vale, ¿no has escuchado de ella?
—No.
—¿Y dónde está Chad? No lo he visto en su escritorio hace días.
—Él renunció. ¿No leíste mi correo? —Ella me levantó una ceja porque ya sabía la respuesta.
—¿Renunció? ¿Dijo por qué?
—¿Chad? ¿Chad dijo por qué? —Ella vuelve a dedicarme la mirada de «aquí vamos de nuevo,
¿hablas en serio?»—. Por supuesto que sí. Renunció para comenzar su propio negocio, no paraba
de hablar al respecto. Aparentemente logró un contrato grande y se fue sin avisar.
—Gracias. Necesito a Alan. ¿Está aquí?
—¿Michael? —Ella me mira exasperada y comienza a decir algo que yo interrumpo.
—Olvídalo, iré yo mismo.
Paso por el escritorio de Alan, pero no me detengo camino a mi oficina y afortunadamente está
ahí.
—Alan, a mi oficina, y trae tu laptop —le grito.
Para cuando me siento en mi silla y levanto la mirada, él ya está ahí. Alan nunca se ve
estresado, sin importar el nivel de mi caos. Me molesta un poco que él pueda permanecer tan
calmado sin importar lo que le pida. Supongo que ha evolucionado y ha desarrollado defensas
contra mí. Tal vez tenga que subir el nivel.
—¿Qué sucede? —me pregunta y se sienta en una de las sillas frente a mi escritorio.
—Yo… —Por encima de mi hombro y fuera de mi puerta abierta puedo ver a Janice—.
Espera. ¿Dónde diablos has estado? —le grito lo suficientemente fuerte para que me escuche.
Ella se toma su tiempo colocando su abrigo y su cartera en los lugares apropiados, sin ningún
apuro, obviamente, y luego se une a nosotros en mi oficina.
—He estado ocupándome de algunas cosas —dice mientras se sienta en la silla junto a Alan.
—¿Sabías que Chad renunció? —le pregunto a ella.
—Sí. Por supuesto.
—¿Sabías que se fue para comenzar su propio negocio?
Ella baja la mirada y endereza su falda.
—Tal vez haya escuchado algo al respecto.
No puedo creer que esté actuando tan casual.
—Eso no parece una coincidencia viendo que Lindsey hizo lo mismo… y él ha estado
revisando su laptop.
—Ella no está muy feliz al respecto —responde Janice.
—¿Has hablado con ella?
—Por supuesto —me informa, y ahora yo estoy enfadado. Levanto mis manos en el aire.
—Ella no me ha regresado mis llamadas o mensajes en toda la semana.
—Michael. —Ya sé que estoy en problemas. Ella tiene la mirada como si fuera el director y yo
un niño que fue enviado a su oficina para ser disciplinado—. Estabas subiendo por el ascensor
entrelazando el brazo de Julie.
—¿Cómo supiste…? —Ni siquiera tengo que terminar mi pregunta—. ¿Ella nos vio?
—Michael, de verdad necesitas tener más cuidado.
—Sabes que no haría eso. Estábamos yendo a una reunión sobre la operación de venta pública
y… ya sabes cómo es Julie, nunca tiene las manos quietas.
Janice asiente, pero mantiene su aspecto grave.
—Este desastre con Chad y ahora tú, Michael, Lindsey se está sintiendo un poco…
angustiada… como puedes imaginar.
—Maldición. —Yo comienzo a pensar cómo salir de esto, pero primero—: Alan. ¿Has podido
averiguar algo más al respecto sobre lo que Chad está haciendo?
Alan le dedica una mirada confundida a Janice.
—Dile —dice ella.
Él escribe en su laptop y la gira para que yo vea.
—Sabemos que se ha metido a su correo y ha estado enviando mensajes, pero no he podido
ganar el acceso al contenido de los mensajes.
—¿Sabemos con quién se ha estado comunicando? —pregunto.
—Excel Ventures.
—Ese es Luke. Y ahora lo entiendo. —Está robando su contrato. Saco mi teléfono, reviso mis
contactos, llamo al teléfono de Luke y espero.
Buzón de voz.
—Joder.
—¿Janice, cuál es el número principal de Excel?
Ella dice el número más rápido de lo que yo puedo escribir y presiono llamar.
—¿Excel Ventures, cómo lo puedo ayudar? —pregunta la recepcionista.
—Con Luke McKenna, por favor.
—Oh, lo siento, está saliendo a una reunión.
—¿Con quién hablo? —pregunto yo.
—Con Laura.
—Laura, soy Michael Sinclair.
—Oh, hola, Sr. Sinclair. Lo siento, pero Luke acaba de salir a una reunión.
—¿Con quién?
—Chad Dixon de Superior Events and Occasions. No debería tomar mucho tiempo; creo que
solo están firmando contratos. ¿Le digo a Luke que le devuelva la llamada?
Cuelgo antes de responder.
—Vamos, Alan, trae tu laptop. No voy a permitir que esta pequeña mierda joda a Lindsey y se
salga con la suya, no importa si ella me odia.
—Tal vez sea bueno ir con vosotros dos —dice Janice, cogiendo su abrigo y cartera—. Esto
será divertido.
CAPÍTULO 18

Lindsey

D emonios, hace frío afuera y si no tuviera tanta adrenalina en mi cuerpo, probablemente


me importaría. Si puedo lograr esto y Chad cae en mi plan, este será el mejor día de mi
vida. No puedo creer que esta pequeña sabandija llegue tarde a su propia reunión.
Miro el edificio con la esperanza de que llegue tarde y no me lo haya perdido, luego giro hacia el
aparcamiento y ahí está, caminando en mi dirección.
—¿Viniste a felicitarme en el gran día? —Luce más confiado que nunca.
—Chad…
—¿O todavía necesitas un trabajo? Porque estaré contratando pronto.
—Chad, estoy aquí con una oferta y espero que hagas lo correcto. —Saco el contrato que el
abogado preparó anoche mientras trabajaba horas extra.
Él ignora los papeles.
—No tengo tiempo para esto, Lindsey, es tarde —dice y comienza a caminar.
—Chad, estoy intentando darte la oportunidad de hacer lo honorable. Esto es un acuerdo de
compra. Estoy ofreciendo comprarte el negocio.
Él se da la vuelta para enfrentarme.
—¿Por qué haría eso? —me pregunta.
—Espero que no seas una persona que quiera comenzar de esta forma. ¿Qué pasa si alguien se
entera y tus clientes descubren lo que hiciste? ¿De verdad crees que van a querer continuar
trabajando contigo?
Se acerca y me apunta con el dedo a la cara.
—Te lo advertí. No me pruebes.
—Alguien más podría descubrirlo, Chad.
—Por tu bien y el de tu novio, será mejor que eso nunca suceda.
—Por favor, Chad.
Me quita los papeles de mi mano.
—¿Cuál es tu oferta? —pregunta él—. El monto de compra no figura.
—Bueno, quería hablar contigo primero. Tengo diez mil dólares en efectivo que puedo darte y,
una vez firme el contrato con Excel, puedo pedir un préstamo para darte otros doce mil dólares.
Ahí hay una letra de cambio en la parte trasera que te garantiza que te pagaré los doce mil dólares.
Eso debe cubrir el contrato del hotel y tus costos de emprendimiento. Recuperarás todo tu dinero y
habrás hecho lo correcto.
—Esto es una oferta patética. —Me lanza el contrato—. ¿Y qué te hace pensar que me importa
un demonio hacer lo correcto?
—Es todo lo que tengo —digo yo.
—Adiós, Lindsey. Es tarde. —Se voltea y se aleja.
—Intenté que fuera justo —digo en voz baja—. Sabía que no lo aceptarías.
CAPÍTULO 19

M ICHAEL

N unca había visto correr a Janice, pero tengo que decir que estoy impresionado; ella no
está respirando tan fuerte como Alan después de nuestra carrera hacia las oficinas de
Excel Ventures. Convertí lo que usualmente es un viaje de veinte minutos en uno de
quince minutos y corrimos lo más deprisa que pudimos a través del aparcamiento y del edificio.
—Hola, Laura, déjanos pasar —grito mientras atravesamos las puertas.
—Hola, Sr. Sinclair. —Ella salta de su silla, sorprendida de ver a tres maniacos corriendo por
su vestíbulo—. Por supuesto.
Yo le hablo de nuevo.
—¿Están en la sala principal de conferencias?
—Sí —responde ella.
Afortunadamente la sala principal de conferencias está en el piso principal y he estado ahí
muchas veces, así que conozco dónde es. Con Janice cerca de mí y Alan unos metros atrás,
todavía con la laptop abierta, nosotros abrimos las dos puertas caoba de la sala principal de
conferencias.
—Paren todo —grito yo, sintiéndome como en una película.
Luke McKenna, sentado junto a Julie y frente a Chad, me mira totalmente confundido.
—Michael, ¿qué sucede?
—No quieres hacer esto, Luke —comienzo yo.
—Michael, creo que eres tú el que no quiere hacer esto —interrumpe Chad.
—¿Hacer qué? —pregunta Luke.
—Firmar un trato con este tipo. —Yo señalo a Chad.
Chad se levanta y eleva sus brazos para intentar asegurar a Luke.
—Está bien, Luke, solíamos trabajar juntos y creo que Michael y yo tenemos un malentendido.
Si no te importaría darnos un momento para poder resolver esto fácilmente.
Julie se levanta y agarra a Luke por el brazo.
—Está bien, Luke, vamos a darles la sala por un minuto. —Él la sigue por la puerta con una
mirada confundida.
Apenas se cierran las puertas, yo me volteo hacia Chad.
—¿De verdad pensaste que podías salirte con la tuya? —pregunto yo.
—¿Salirme con qué, Michael? ¿Firmar un contrato con mi nuevo negocio? —Él levanta la pila
de papeles de la mesa—. Está hecho.
—¿De verdad piensas que van a querer seguir trabajando contigo una vez que les cuente lo que
hiciste? —agrego—. Sabemos que estuviste en la laptop de Lindsey. Sabemos que hackeaste su
ordenador, entraste a su correo y enviaste correos fraudulentos. Eso es un crimen federal, Chad,
podrías ir a prisión.
—Dudo que puedas probar algo, Michael.
Alan interrumpe y levanta su laptop como si fuera la evidencia.
—Ahí es donde te equivocas, Chad. Podemos demostrarlo.
—¿A quién le importa? Sí lo hice. Solo que Michael no hará nada al respecto, pero lo que sí
hará es hacer que vosotros dos lo sigáis fuera de aquí en silencio y nunca más vais a decir otra
cosa al respecto.
—¿Qué te hace pensar que yo haría algo así? —Tengo que preguntar.
—Verás, aunque parece que tú no has hablado con tu novia, yo sí. —Hace una pausa y una
sonrisa confiada aparece en su cara—. No has hablado con ella, ¿cierto? Oh, qué triste para ella.
¿Perdió a su negocio y a su novio en la misma semana?
Justo ahora me enfado lo suficiente como para rodearle el cuello con mis manos, pero no lo
hago. Todavía no.
—Eres más tonto de lo que pensaba si crees que voy a dejar que le hagas algo a Lindsey y te
salgas con la tuya.
—Oh, no solo a ella, Michael. —Él me mira directo a los ojos por primera vez—. Tú también.
Estoy bastante preparado para arruinar tu pequeña operación de venta pública cuando lance tu
rastro de comunicaciones, cuando la perseguiste y te la follaste en esa playa en Hawái.
Eso me atrapó por sorpresa.
—Tonterías. —Es todo lo que puedo decir.
—No, en realidad no. Tengo una buena fotografía. —Él levanta su teléfono—. Ella tiene unas
tetas grandes muy lindas. Si es que eso es lo que te gusta.
—Te voy a matar. Comienzo a rodear la mesa de conferencias.
Janice me agarra tan fuerte que sus uñas se clavan en mis brazos para detenerme.
—Solo espera un segundo, tigre —ella me susurra calmada y luego le habla a Alan—. ¿Alan?
Alan mira a Chad y sonríe.
—No, no lo tienes, Chad.
—¿No qué, Alan?
—No tienes las comunicaciones ni la fotografía. —Él señala el teléfono de Chad—. Ábrelo y
observa.
Chad introduce la contraseña de su teléfono y comienza su búsqueda.
—Veremos. —Él desliza, lento al comienzo, luego a un ritmo frenético cuando su
desesperación aumenta y una palidez comienza a inundarle la cara.
—Déjame ahorrarte el tiempo, Chad. —Alan está brillando un poco ahora—. Tampoco está
guardado en tu nube de almacenamiento. Verás, yo soy un mucho mejor hacker que tú.
—Eso es ilegal —chilla Chad.
Janice responde esta vez.
—Demuéstralo.
—No importa, el contrato está firmado. Si ellos intentan retractarse, los demandaré. —Él está
casi llorando cuando las puertas se abren y Lindsey entra en la sala seguida de dos hombres con
trajes oscuros. Luke y Julie la siguen de cerca.
—Sí importa, Chad, si estás en la cárcel y no puedes cumplir el contrato. —Ella se gira hacia
los dos hombres que la siguieron y señala a Chad—. Es vuestro, caballeros.
—No podéis probar nada; esperad, fui incriminado por este hacker. —Chad comienza a
retroceder hacia la ventana.
Julie señala las cámaras en la esquina de la sala de conferencias.
—Grabamos tu confesión en la sala de al lado. El agente Sparks y el agente Timmons vieron
toda la conversación con Lindsey.
Me quedo sin palabras mientras observo al hombre más grande de los dos rodear la mesa por
un lado hacia Chad, mientras el otro lo hace por el otro lado.
—Soy el agente Sparks del FBI —dice él mientras muestra su placa—. Está bajo arresto por
fraude electrónico, Sr. Dixon. Coloque ambas manos en su espalda.
Mientras el segundo agente lo alcanza, él empuja a Chad para que se doble por encima de la
mesa y le coloca esposas en las muñecas.
Cuando Chad se levanta, su cara está cubierta de lágrimas y está balbuceando mientras lo
llevan a la puerta.
—Lindsey, por favor no hagas esto. Lo siento. No quería hacerlo. Te venderé la empresa, solo
déjame firmar los documentos de los que hablamos y es tuya. Por favor, no presentes cargos.
Lindsey se cruzó de brazos y parece contemplar su respuesta.
—¿Podemos hacer eso, caballeros? —Lindsey pregunta a los agentes del FBI.
—Es su decisión —responde el agente Timmons—. Puede presentar cargos o decirnos que no
lo hará y lo dejamos ir.
—No firmas los contratos, Chad y te envío a prisión. —Lindsey saca unos papeles de su
cartera, saca algunas páginas, coloca el resto en la mesa, escribe algo en la primera página y luego
pasa a la última página y firma su nombre—. Firma.
El agente Timmons libera a Chad de una de las esposas y él toma el bolígrafo de Lindsey.
—¿Un dólar? ¿Y qué hay de la letra de cambio? Eso no es lo que acordamos.
—Tú rechazaste esa oferta. Esta es mi nueva oferta, tómala o déjala. Lindsey está por encima
de Chad y sonríe.
—Pero tengo veinte mil dólares solo en el contrato del hotel —se queja Chad.
—No es mi problema. —Lindsey sacude su cabeza y eleva una ceja—. Tómalo o déjalo, esa es
mi oferta final.
Chad firma el papel y Lindsey suelta un billete de un dólar en la mesa junto a él.
—Todos son testigos. El pago está completo, ahora lárgate de aquí.
El agente Timmons libera a Chad de la segunda esposa, lo mira y gruñe.
—Le sugiero que se mantenga muy alejado de estas personas y del FBI, Sr. Dixon.
Chad no podría haber salido más deprisa por la puerta, y yo me quedo totalmente aturdido.
¿Qué demonios acaba de pasar aquí? Me volteo hacia Lindsey y ella levanta su mano para
detenerme.
—Un segundo —dice ella.
Un momento después, Laura llama al parlante de la mesa de la sala de conferencias.
—Vale, ya se fue, chicos. Y la sala explota en risas y saludos. Yo retrocedo para pararme junto
a Luke, el cual parece igual de confundido que yo.
—¿Qué diablos acaba de suceder aquí? —le pregunto yo.
—No tengo idea. —Él se encoge de hombros.
—¿Alguien quiere decirme qué está sucediendo? —ruego por encima de la celebración.
Lindsey camina hacia mí.
—Ahí está mi héroe, listo para matar al pobre Chad para protegerme. Debo decir que esto es
lo más divertido que he hecho en algún tiempo.
Estoy perplejo.
—¿De qué estás hablando? ¿Estás intentando decirme que tú planeaste todo esto?
—Bueno, yo… —ella comienza.
Janice y Julie interrumpen.
—Nosotras.
—Lo siento, chicas. Nosotras… se nos ocurrió la operación «Joder a la sabandija»’ y
logramos ejecutarla a la perfección gracias a mucha ayuda de Alan.
—¿Alan? —Actualmente está intentando salir de mi línea de visión para escapar de mi ira—.
¿Sabías de esto y no me lo dijiste?
—Lo siento, jefe, pero les tengo más miedo a ellas que a ti. —Él se encoge de hombros.
Janice sale en su defensa.
—Necesitábamos que montaras un buen show. Necesitábamos que estuvieras completamente en
modo protector, por cierto, yo dije que funcionaría y Lindsey dijo que no.
Julie se movió para pararse junto a Lindsey.
—No nos olvidemos de Opal.
—Por supuesto que no. —Lindsey rodea a Julie con un brazo y Julie hace lo mismo—. Ella nos
unió a todas y nos dijo la importancia de que las chicas trabajáramos juntas. Es un encanto,
¿cierto?
—Lo es. —Julie asintió.
—Sí, un encanto —añade Janice mientras se mueve hacia el otro lado de Julie para unirse al
abrazo.
Yo sigo confundido.
—¿Cómo lograron que el FBI ayudara?
—Yo puedo responder esa —dice Luke—. Estos cabeza hueca no son del FBI; trabajan para
mí. Deberían habérmelo dicho, definitivamente. Casi los dejo en descubierto.
—Sabíamos que lo descubriría, jefe. Teníamos fe en usted. El empleado sonriente también
conocido como agente Sparks se voltea hacia Julie.
—Eso fue muy divertido, gracias, Julie. ¿Te importa si nos vamos?
—Pueden irse, chicos. Muchas gracias por vuestra ayuda —contesta Julie.
—Pero voy a necesitar mis esposas —interrumpe Janice con una sonrisa—. Gracias, chicos.
Yo sigo igual de confundido.
—Lindsey, yo pensé… —Señalo a Julie—. Pensaste que yo… y Julie…
—Lo hice, por un minuto. Pero Opal me ayudó a reconsiderarlo y Julie explicó por qué estaban
juntos en el hotel.
—Es mi culpa, Michael. —Julie acaricia el hombro de Lindsey—. Ya sabes lo difícil que me
es mantener las manos quietas.
—Ese fue un muy buen plan. —Yo asiento en aprobación—. Pero igual podrían habérmelo
dicho. Puedo actuar, saben.
—Oh, miren, está herido. Chicas, lastimamos sus sentimientos. Lindsey se mueve y me abraza
mientras las otras dos nos rodean en un abrazo grupal.
—Será mejor que lo beses antes que lo haga yo —le dije Julie a Lindsey.
—Oh, ya quisieras. —Ella se apura hacia mis labios y me besa profundamente—. Mi héroe —
suspira.
—Nuestro héroe —dicen Janice y Julie al mismo tiempo y me plantan un beso en cada mejilla.
—Están locas todas. —Yo sigo en shock porque lograron hacer esto, pero qué diablos—. Digo
que vayamos todos a celebrar —sugiero.
—Sí, vamos —dicen todos al mismo tiempo.
—Alguien alcance al FBI antes de que se vayan demasiado lejos. Supongo que no hay razón
por la cual no puedan unirse a la celebración.
—Yo iré a por ellos. —Luke trota hacia la puerta.
Janice lidera al resto de la manada, pero yo me quedo atrás y Lindsey agarra mi mano para
empujarme.
—Ah... —Ella me empuja a su lado y coloca mi brazo alrededor de su cintura mientras
caminamos—. Vamos, estarás bien, lo prometo.
—Sigo diciendo que podría haberlo hecho. —Yo bajo mi cabeza y simulo un sollozo.
Ella rodea mi cintura con su brazo y me da una palmada en el trasero.
—Claro que sí, cariño.
CAPÍTULO 20

M ICHAEL

M ulligan’s es un bar local irlandés que me encanta, así que todos decidimos
encontrarnos ahí. No estoy seguro de que sea verdad, pero el rumor en el pueblo
es que el dueño original fue a un bar de Irlanda y le encantó tanto que lo compró,
desmontó todo el interior y luego lo envió a los Estados Unidos para poder recrear el mismo
ambiente del bar original. Probablemente no sea verdad; creo que existe el mismo rumor para
cada bar irlandés en los Estados Unidos, pero suena bien y el lugar sí te da la sensación de haber
entrado a un bar en un pueblo pequeño cerca del Anillo de Kerry. Enormes vigas de madera, tan
oscuras que parecen casi negras, como si hubieran mezclado cerveza con el humo de la pipa de tu
abuelo y lo hubieran echado a la madera. El aroma invita a entrar y dice «bienvenido, tomemos
una pinta y contemos historias». En cualquier noche, músicos azarosos parecen aparecer de la
nada y antes de que uno se dé cuenta comienzan a sonar tambores lentamente, preparando el
momento para que se les unan cualquier número de guitarras. Siempre y cuando las cervezas sigan
saliendo, no toma mucho para que todos se sientan irlandeses y se unan juntos a la canción. Y
siempre parece que los irlandeses celebran algo. Esta noche es la victoria de Lindsey.
Alan y yo estamos esperando en el bar los diez minutos obligatorios para un «buen vertido» y
el lugar está comenzando a llenarse. Pude ver de inmediato cuando llegamos que tendría que
mantenerme sobrio para poder conducir. Alguien tiene que hacerlo.
—Entonces, dime cómo lo hiciste, Alan —grito cuando comienza a aumentar el ruido.
—¿Hacer qué? —Sonríe él.
—Ya sabes qué. ¿Cómo lo hackeaste?
—No puedo decírtelo, jefe. Un hacker tiene que guardar sus secretos. —Él coge la primera
cerveza, toma un trago y tiene que limpiarse la espuma de los labios—. Además, si te digo todo,
tal vez sientas que ya no me necesitas más.
—Sabes que eso no va a suceder. —Yo cojo las otras tres cervezas y me doy la vuelta para
regresar a la mesa cuando lo recuerdo—. ¿Y la fotografía?
Él se detiene y baja la cabeza.
—Esperaba que te olvidaras de eso.
—¿En serio? —Yo sé que en realidad no esperaba que lo olvidara.
—Eliminada… por completo. Lo juro, jefe. —Lo dice y le creo—. Y te juro que ni siquiera la
miré.
—Vamos a pretender que es verdad. —Lo choco con el hombro para moverlo en dirección a
nuestra mesa—. Y nunca hablemos de eso de nuevo.
Las cervezas apenas tocan la mesa cuando Janice ya está levantando la suya para un brindis.
Yo veo el resto de mi única cerveza y levanto mi vaso.
—Por el éxito duradero de Superior Events and Occasions. —Janice levanta lo que creo que
es su cuarta cerveza. Es bueno que no vaya a trabajar mañana—. Te enviaré una lista de nuestros
próximos eventos —continúa ella—. Espero un buen descuento.
—Vamos, vamos —añado yo.
Lindsey toma el resto de su cerveza.
—Y hablando de eso, tengo una sorpresa para Michael, así que nos vamos.
—¡Ah, no! —dice el grupo al mismo tiempo con tristeza.
—Gracias a todos por todo lo que hicisteis. Os quiero, chicos. —Lindsey toma mi mano—.
Quedaos y disfrutad la noche, la comida y los tragos son de parte de Michael.
—¿Qué? — Finjo preocupación.
—Estarás bien. —Ella me guiña un ojo porque sabe que estoy bromeando—. Nadie conduce a
casa esta noche. Hay un coche y un conductor afuera para llevaros a casa cuando estéis listos. No
os apresuréis, es nuestro por la noche.
Avanzando hacia la puerta, escucho a Julie decir:
—¡Eso merece otra ronda! —Y explota una celebración.
Lindsey toma mi brazo mientras cruzamos el aparcamiento y no logro notar si está
acurrucándose o me usa para estabilizarse y no caminar en zigzag hacia mi coche. No presté
mucha atención a la cantidad de alcohol que bebió, así que podría ser cualquiera de las dos… o
ambas. La tranquilidad de la noche trajo consigo una brisa helada que no existía cuando llegamos
al bar, se siente como si fuera a llegar una tormenta. Nuestro aliento aparece frente a nuestras
caras mientras caminamos. Y luego me doy cuenta de que no tengo idea adónde estamos yendo o
qué haremos.
—¿Tienes una sorpresa para mí?
Lindsey se eleva un poco para poner su boca cerca de mi oído y susurra lentamente.
—Sí.
—¿Cuánto bebiste? —pregunto yo.
—No mucho. Justo la cantidad perfecta.
Nuestros coches están aparcados juntos y aunque ella piense que no ha bebido mucho, es
demasiado para conducir.
—Sea lo que sea que hayas tomado, no vas a conducir. Te llevaré a casa —ordeno.
—Pues, eh… —Retrocede mientras le abro la puerta del pasajero para ella—. Ahí es donde
está tu sorpresa.
Para cuando estamos frente a la puerta del ascensor de su edificio, esperando que llegue al
vestíbulo y nos suba a su apartamento, mi cabeza gira confusa. ¿Cuál es esta maldita sorpresa?
¿Por qué me daría una sorpresa cuando pensó que la había engañado? ¿Cuándo tuvo tiempo con
todo lo que estaba sucediendo? Las puertas se abren, entramos al ascensor y ambos nos volteamos
hacia el frente después de que ella ingresa el número de su piso. Yo ya tengo el hábito instintivo
de estirarme hacia ella cuando estamos parados juntos, así que lo hago para tomar su mano, pero
ella se aleja.
—Em... —Ella sacude su cabeza y retrocede un paso. Luego levanta ambas manos y comienza
a señalar el interior del ascensor—. Podrías romperlo… sin tocar.
—Tú hiciste eso, yo no.
—Solo aleja tus manos, destructor. —Ella hace la señal de detener con ambas manos justo
cuando suena el ascensor y la puerta se abre en su piso.
Yo la sigo varios pasos detrás, manteniendo mi distancia mientras ella se dirige a la puerta de
su apartamento. Comienza a buscar en un enorme llavero, finalmente se decide por una llave e
ingresa una en la cerradura, pero se detiene cuando me mira de reojo.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta ella.
Yo me había detenido en la mitad del pasillo.
—Dijiste sin tocar.
Ella camina lentamente hacia mí, mirándome a los ojos todo el tiempo y luego agarra mi mano
para llevarme hacia la puerta de su apartamento. Mientras caminamos, mueve mi mano hacia su
espalda baja y luego hacia su trasero.
—Oh, sí vamos a tocarnos.
Para cuando abre su puerta y cruzamos el umbral, probablemente solo haya avanzado tres
pasos con mi mano en su trasero, pero mi polla ya está totalmente dura.
Lindsey se voltea para cerrar la puerta detrás de mí y me empuja hacia ella para cerrarla.
Antes de tener la oportunidad de recuperar el equilibrio, junta su boca con la mía, su lengua
saluda a la mía con pasión y sus caderas se rozan contra mí con fuerza. Sin duda sabe lo feliz que
se siente mi cuerpo al sentir el suyo.
Y no me importa.
Quiero que sienta lo duro que estoy por ella y no puedo esperar más. La voracidad de mi
cuerpo, mi deseo animal por tenerla, ya está hirviendo. La giro y la presiono contra la puerta,
luego la oprimo con mi cadera mientras muevo mi boca hacia su cuello. Ella arquea su cabeza
hacia atrás mientras bajo hasta su clavícula y bebo su aroma mientras mis labios buscan otro lugar
por explorar. Estiro mi brazo detrás de ella, por su espalda, tomo el lado derecho de su culo y la
atraigo con fuerza hacia mí. Ella sube y baja su cuerpo un par de veces, rozándome, antes de gemir
y pasar su brazo entre nosotros. Su mano ha encontrado mi polla debajo de mis pantalones y ha
comenzado a tocarla de arriba abajo. Estoy cerca de explotar, así que tengo que detenerla. Quiero
correrme de la peor de las formas, pero no así, no si no estoy dentro de ella. Así que me muevo
lejos de su alcance y abro su blusa, botón por botón.
Empujo la tela de su top al lado de cada pecho para revelar un sujetador de tela blanca. El
gancho frontal es fácil de descifrar y cada sección se desprende a cada lado al soltarlo. Y sus
hermosos pechos me saludan con pezones totalmente erectos rogándome atención. Hago círculos
en su pecho izquierdo con mi lengua antes de moverme para tomar todo su pezón en mi boca. Si la
punta estuviera más apretada, creo que explotaría y no puedo contenerme mientras la tomo entre
mis labios y la acaricio con mi lengua.
Ella gime, agarra mi cabello para tirar mi cabeza hacia atrás y me besa profundamente. Luego
se desliza entre la puerta y yo y se pone de rodillas. Yo cierro mis ojos porque la habitación está
girando cuando ella saca mi polla y la mete en su boca. Solo la desliza por completo en su cálida
boca dos veces antes de darse cuenta de mi situación límite y se detiene. Se levanta, acaricia mi
polla una vez más con su mano y me dice:
—Sígueme.
Mi mano está en la suya mientras la sigo a través de su apartamento hacia su habitación. Ella
me deja a los pies de su cama y se mueve de regreso hacia el frente de la habitación para encender
una lámpara en la esquina. Me mira por encima del hombro y dice:
—¿Recuerdas esto? —Luego agarra los lados de su falda y la desliza hacia el piso junto a su
tanga blanca. Doblada con las piernas rectas y su culo desnudo frente a mí, se queda ahí y me mira
interrogante.
Podría mirar esa hermosa vagina afeitada debajo de ese culo increíble por siempre.
—Oh, lo recuerdo —digo yo.
Ella se levanta y regresa hacia mí con su top abierto y balanceando sus pechos a cada paso.
Nada cubre su parte inferior, excepto una cadena plateada brillante alrededor de sus caderas que
cuelga al medio, sigue el contorno de su estómago y tiene un pendiente de rubí señalando el
camino.
Luego comienza a caminar, toca mi polla una vez más cuando pasa cerca y luego se acuesta de
espaldas en la cama. La cadena plateada alrededor de sus caderas y la gema roja brillan bajo la
luz de la lámpara.
—Ahora ven a mí —me dice.
Ella no tiene idea.
CAPÍTULO 21

Lindsey

T al vez no debería haberlo dejado ahí parado, pero no pude evitarlo. Algo
relacionado con el hecho de provocarlo cuando me acosté desnuda enfrente de él
totalmente lista, me pone más caliente. Él me tiene que mirar desde los pies de la
cama mientras yo lo miro desnudarse. Y sé que no puede apartar la mirada. Él ha estado listo para
explotar desde que atravesamos la puerta de mi apartamento. Puedo sentirlo y puedo verlo en sus
ojos. Es como una bestia atrapada, lista para liberarse y ahora estoy llevándolo al límite. Y me
encanta. Ahora respira agitado mientras me observa, y se ve súper caliente con la parte frontal de
su camisa fuera del pantalón, su cierre abajo y su hermosa polla levantada.
Estoy demasiado caliente y mareada, no puedo contenerme cuando él comienza a
desabotonarse la camisa.
—Umm —balbuceo.
—¿Umm? —Él se ríe mientras termina con su camisa.
—Lo siento. Te estás desvistiendo para mí, es algo caliente.
—¿Algo? —Él levanta una ceja.
—Muy. —Yo me recuesto y coloco mi cabeza en mis manos para observarlo. Él tiene un
cuerpo increíble; delgado y muy musculoso, pero no demasiado, tiene buenos pectorales y
hombros increíbles.
—Vale. —Se detiene y dice—: Para un hombre no hay forma elegante de quitarse el resto, así
que cierra tus ojos.
—Ah, ja —bromeo yo.
—Ciérralos —me ordena, y eso me pone más caliente, así que le hago caso.
Puedo escuchar el sonido de sus zapatos pateados a un lado y el sonido de su ropa removida.
Luego no escucho nada, solo el sonido de sus pies sobre el suelo y él que dice:
—Mantenlos cerrados.
Luego no escucho nada en lo que parece ser una eternidad. Creo que está detrás de mí, pero no
quiero abrir mis ojos. Puedo sentir mi corazón en mi pecho latiendo ahora con más fuerza. No
puedo aguantar más.
—¿Michael?
—No me interrumpas. —Él está detrás de mí—. ¿Tienes idea del increíble culo que tienes?
Ya estoy demasiado caliente y siento que puedo estar goteando.
—¿Lo tengo?
—Sí. —Él trepa por la cama detrás de mí y pasa sus manos por el medio de mis piernas
mientras lo hace. Sus caderas están en la parte trasera de mis muslos. Mientras sus caderas cruzan
por mi trasero, mi aliento se queda en mi garganta. Tan lento que es doloroso, y eventualmente
llega hacia mi trasero, sube por mi espalda baja y luego a mi cuello. Para cuando llega a mi oído
ya está jadeando. Agarra mis manos y estira nuestros brazos por encima de nuestras cabezas y
coloca todo su peso en mí. Cada centímetro de mi piel palpita al sentir su cuerpo en el mío. Su
polla hinchada está presionándome en mi trasero. Él muerde la parte posterior de mi cuello y dice:
—¿Sabes cuánto he esperado esto?
—Tengo una… —Casi digo mi respuesta, pero me interrumpe mi propio gemido cuando él se
presiona con más fuerza en mi trasero. Su polla se desliza cada vez más cerca…—. Tengo una
idea —Aprieto sus dedos con los míos mientras saboreo la sensación de tenerlo ahí.
—Puedo tomarme tiempo contigo. —Él libera mis manos y comienza a levantarse—. Y esta
vez nada me va a interrumpir.
—¡Eh! ¿Qué fue eso? —Yo finjo mirar a la puerta.
—Muy gracioso —dice él mientras me da una ligera nalgada en el trasero.
—Pensé que escuché algo —miento yo. Y enderezo mis brazos y los coloco a un lado mientras
me concentro en la sensación de sus manos masajeando mi trasero.
Él vuelve a darme una nalgada… y luego más masajes.
—Mentirosa.
—Tal vez me quede aquí acostada por siempre si sigues haciendo eso. Estoy comenzando a ver
que la posición acostada boca abajo fue una idea genial para empezar. Él va a querer descubrir
exhaustivamente cada lado de mí.
Yo me río y arqueo mi espalda. No puedo evitar ser un poco osada a veces. Está en mi
naturaleza. Me estiro hacia atrás con mi mano izquierda para encontrar y acariciar sus bolas y él
gruñe al sentirlo. Están súper hinchadas y tiesas, así que tengo que preguntar.
—Dios mío, Michael. ¿No lo has… ya sabes… desde el ascensor?
Él lucha por soltar un no, mientras yo continúo pasando mis dedos por la base de sus
testículos.
Luego lo pienso y los libero.
—¿O la playa?
—Escucha, he estado un poco ocupado. Así que no. Ha pasado un tiempo.
Si fuera yo, ya hubiera sacado mi vibrador apenas llegara a casa, pobre hombre.
—¿Vas a estar bien? —Tengo que divertirme un poco con esto—. ¿Voy a estar bien? ¿Va a ser
peligroso?
Él suspira al escucharme.
—Estoy bien.
—¿Deberíamos llamar al presidente y alertar a la Guardia Nacional?
Él me vuelve a dar una nalgada.
—Detente.
—¿Y cerramos las escotillas, capitán?
Me da otra nalgada, esta vez un poco más fuerte.
—Lindsey…
—¿Agáchense y cúbranse?
—Eso es todo. —Esta vez me da una nalgada aun más fuerte y luego me voltea.
Y yo me estoy riendo como una niña pequeña mientras él me agarra los brazos y los sostiene
por encima de mi cabeza.
—Solo quería asegurarme de que ningún animal salga herido en la grabación de esta película.
—Solo tú —dice él antes de besarme con pasión.
—Uf. Promesas, promesas. —Yo hago un puchero—. Por cierto, olvidaste el masaje después
de la última nalgada.
—Oh, te voy a masajear muy bien. —Él se mueve hacia mi cuello y giro mi cabeza a un lado
cuando baja lentamente. Creo que esto va a gustarme.
Se toma su tiempo antes de llegar a mi ansioso pezón derecho, el cual ha estado esperando la
llegada de sus labios. Y él no me decepciona cuando lo agarra gentilmente en su boca y pasa la
punta de su lengua. Su ritmo aumenta mientras desliza un solo dedo entre mis pliegues húmedos.
¿Cómo llevó su brazo hasta allá abajo sin que lo notara y me toca de esa manera que me tiene
explotando de pasión?
Empuja su dedo dentro de mí, una y otra vez, arriba y abajo, contra la parte superior de mi
entrada, mientras su palma toca mi clítoris. Y ahora comienza un ritmo lento, pero firme, que no se
detiene mientras baja para llenar mi estómago de besos. Mientras cruza el umbral de mi cadena
del vientre, puedo sentirlo abriéndome más al meter un segundo dedo para aumentar la intensidad
y su ritmo se acelera.
Para cuando sus labios pasan por los huesos de mi cadera, mi clítoris está gritando al ritmo de
su mano, anticipando cada toque. Pero su palma detiene el placer mientras él baja más para tomar
mi clítoris en su boca. Su mano se endereza y acelera el ritmo.
Arqueo mi espalda para empujar mi clítoris hacia su boca mientras él se estira detrás de mí
para sujetar mi trasero y levantarme más. Me chupa con su boca y presiona con su lengua. Puede
notar que estoy al borde, así que mete su mano dentro y fuera, cada vez más deprisa y pasa su
lengua por mi clítoris repetidas veces. Paso el límite inundada en el éxtasis. Mi interior pulsa y se
contrae con fuerza, y por lo que parece una eternidad alrededor de sus dedos, se siente como si
nunca fuera a parar. Ni siquiera me doy cuenta de que estoy gimiendo en voz alta y golpeando la
cama con cada pulso. Luego él libera mi clítoris y me estremezco mientras la tensión de mi núcleo
disminuye.
Abro los ojos y él me está mirando como si fuera mi dueño. Y ahora mismo, él lo es y lo sabe.
Yo me muevo a un lado, lo empujo para ponerlo de espaldas, paso mi pierna por encima y me
coloco sobre su estómago.
—¿Estás bien? —pregunta él con una sonrisa como la del gato de Cheshire.
—Nunca he estado mejor.
—Bien. Por un momento pensé que tendríamos que alertar a la Guardia Nacional.
—Casi. —Asiento yo.
—¿Tú no tenías…? — Él pausa para recuperar el aliento cuando yo me estiro y comienzo a
masturbar su polla. Después de un momento, él continúa—. ¿Mmm… una sorpresa para mí?
—Eh, eh. —Digo mientras aprieto con más fuerza y sigo tocándolo. Dejé un condón en mi
mesita de noche, así que me estiro hacia él, dejo de tocarlo y lo abro. Voy hacia atrás con ambas
manos y deslizo el condón en su polla.
—Guau —dice él—. Buen movimiento. ¿Es esa la sorpresa? ¿Un show de talentos?
—¡No! —respondo mientras muevo su polla hacia mi entrada y comienzo a deslizarme sobre
él. Se siente demasiado increíble dentro de mí y casi pierdo mi aliento mientras mi corazón se
detiene con cada centímetro que entra. Casi me olvido de decir «!sorpresa!». Pero logro
pronunciar cada palabra.
Él cierra sus ojos y arquea su cabeza hacia atrás.
—Dios santo. Nunca pensé que lo lograría —gruñe.
Comienzo a elevarme lentamente sobre su polla, pero ahora no quiero apresurarme. Cada
movimiento se siente mejor que el anterior. Michael respira apresuradamente, pero aprieta sus
dientes mientras me estiro y comienzo a acariciarle las bolas.
—Aaahh —suelta un gruñido y me empuja. Se levanta y camina alrededor de mi cama al
instante. Me volteo para acostarme de espaldas, confundida.
—Solo espera un maldito minuto. —Se mueve de nuevo, pero mantiene distancia, su
respiración está entrecortada—. He estado esperando y esperando. Solo espera. Muy deprisa. —
Camina más, luego se detiene en mi vestidor e intenta calmar su respiración—. Mírate, eres
demasiado perfecta. —Coge un lápiz de mi vestidor—. Casi. —Me entrega el lápiz y retrocede—.
Toma, colócalo donde normalmente lo tienes, en tu oreja. —Yo hago lo que me dice y él se queda
parado, mirándome.
Acostada con un lápiz en mi oreja, mi blusa de tela blanca abierta, revelando mis pechos, mi
cadena del vientre brillando bajo la luz tenue de la lámpara, y supongo que es suficiente, porque
se queda parado y mirándome en silencio.
Hasta que abro mis piernas para él y paso mis manos por el interior de mis muslos. Eso lo
lleva al límite.
Michael suelta otro gruñido y regresa a la cama de inmediato. Coloca su pierna izquierda
sobre mi pierna derecha, levanta mi pierna izquierda a su hombro y me penetra con su abultada
polla. Estoy repleta de su deseo animal y mi interior pulsa cada vez que me penetra. El plus es su
muslo presionándome, así que yo me impulso con fuerza contra su pierna. Cada vez que me
presiona, mi clítoris toca su pierna. Más y más deprisa, más y más fuerte, él me penetra hasta que
ambos explotamos de placer.
Mientras el movimiento de su polla comienza a disminuir, él descansa su cabeza contra mi
pierna. Yo me estiro hacia él y atraigo su cuerpo sudoroso hacia el mío.
—Eso fue muy bueno para mí —le digo.
—Para mí también —dice él y mueve la mayor parte de su cuerpo hacia el mío—. ¿Bajaste tus
defensas?
—¿Yo? Me gusta vivir y sentir el peligro.
—Pero podrías haberte lastimado —bromea él.
—Puedes lastimarme así siempre que quieras. —Muevo su mano para cubrir mi pecho y sé que
él puede sentir mi corazón latiendo.
—Estoy enamorado de ti. Lo sabes, ¿cierto? —dice él.
—Yo también estoy enamorada de ti, Michael. —Me giro para mirarlo a los ojos—. Cuida
mucho mi corazón.
Él mueve sus manos hacia mis pechos, los desliza hacia mi pezón de nuevo y siente mi pulso
con sus dedos.
—Trato hecho.
EPÍLOGO

Lindsey

L a noche anterior fue increíble, debería estar exhausta, pero no pude dormir, tenía
demasiada adrenalina recorriéndome las venas. El evento se desarrolló sin problemas y
Luke quedó encantado por cómo resultó todo. Todos la pasaron al máximo. Nada mal
para el primer emprendimiento de una nueva empresa. Hasta ahora, entre Luke y Michael, tengo un
año ocupado, y se está corriendo la voz. Tengo una agenda repleta de reuniones con posibles
clientes para esta semana.
Tal vez tenga que comenzar a contratar ayuda pronto, me pregunto si Chad sigue disponible. Ja
ja ja. Me rio sola.
—¿Mmm? —Michael se mueve en la cama junto a mí cuando me escucha reírme.
Me doy la vuelta y lo termino de despertar.
—Levántate, no puedo dormir. Vamos a caminar y a tomar un café.
—Nooo, estoy durmiendo —se queja él—. ¿Qué hora es?
Es la oportunidad perfecta para usar su propia frase contra él, la que usa cada vez que quiere
que me levante para ir de excursión.
—Es de día —digo yo—. Además, es un bonito día. Vamos por aire fresco y un café.
—Está bien —me responde mientras se desliza fuera de la cama y se dirige al baño. Su casa
está siendo renovada, así que nos quedamos principalmente en mi casa y él se ha puesto muy
cómodo aquí. Creo que ya le cae mejor que yo a mi vecina Penny.
Me giro hacia el otro lado y me coloco unos pantalones de ejercicio y un suéter que había
dejado al pie de la cama. Reviso mi teléfono para chequear la temperatura afuera; cuatro grados y
soleado. Mejor llevo una chaqueta.
Michael se mueve a mitad de la velocidad, parece que tiene más dificultades de lo normal.
Él también tuvo una gran noche.
Para cuando nos cepillamos los dientes y salimos por la puerta, la temperatura se elevó unos
grados, así que rodeo mi cintura con la chaqueta. Rodeo mi brazo con el suyo, me acurruco a su
lado y caminamos hasta Get Perky. Me siento como la chica más afortunada en la vida. Mi
negocio va de maravilla y el amor de mi vida también me ama.
Michael se adelanta cuando llegamos al edificio y abre la puerta para mí. Yo entro y me dirijo
al mostrador para ordenar nuestro café. Esta se ha vuelto nuestra rutina. Michael consigue una
mesa y yo busco el café. Principalmente trabajo desde casa estos días, pero cuando no estoy en
casa, estoy en mi segunda oficina, Get Perky. No es necesario decir que me conocen bien.
Chris ya está en la máquina registradora con mi pedido ingresado y el total mostrado en la
pantalla.
—Buenos días, Lindsey.
—Buenos días, Chris. —Ingreso mi tarjeta de débito en el lector—. Gracias.
—¿Cómo salió todo anoche? —me pregunta.
—Mejor de lo que podría haber imaginado. Le muestro mi mano izquierda para que vea mi
nuevo anillo.
—¿Te lo propuso?
—¡Sí! —Asiento—. ¿Puedes creerlo?
—Sí, sí puedo. Vosotros sois perfectos juntos. —Él me entrega el recibo—. ¿Y dijiste que sí?
Yo lo miro confundida.
—Lo siento, pregunta estúpida. —Chris sonríe y sacude su cabeza—. ¡Felicitaciones! Estoy
muy feliz por ti.
—Gracias, Chris.
—Ve y siéntate. Te llevaré el pedido cuando esté listo.
Me doy la vuelta para dirigirme al área donde nos sentamos usualmente y cuando doblo la
esquina, veo que Michael no está solo. Opal le tiene una mano en la de ella y está escuchándolo
hablar.
—¿Interrumpo?
—Oh, no, cariño. Siéntate, por favor. —Yo me siento y ella abre su otra mano para mí.
Coloco mi mano en la de ella y siento al instante la calidez que siempre sigue después de tocar
a Opal. No puedo detener la sonrisa que aparece en mi cara y miro a Michael, quien tiene la
misma sonrisa. No podemos evitarlo… amamos a esta mujer.
—¿Cómo estás esta mañana? —le pregunto a ella.
—Oh, he tenido un día maravilloso hasta ahora. —Lleva su traje púrpura esta mañana, pero no
se ha quitado el sombrero todavía.
Bajo la mirada para ver sus guantes y cartera a juego que están en la mesa a su lado.
—¿No vas a tomarte un café con nosotros esta mañana?
—No esta mañana, querida. Solo quería pasar y felicitaros a ambos por la noche maravillosa.
—Ella le sonríe a Michael y mira mi anillo—. Todo salió bien para vosotros tal como lo sabía.
Trabajaron duro, arriesgaron todo, lucharon con ferocidad y ganaron. Ahora ambos tendráis todo
lo que os merecéis y estoy muy feliz por vosotros.
—Algo me dice que no podría haberlo hecho sin ti, Opal.
—Oh, por supuesto que sí. Solo necesitabas ánimo y un pequeño empujoncito, pero todo lo que
necesitas está dentro de ti, siempre lo ha estado. —Ella se voltea para mirar a Michael a los ojos
—. Y tú… sé que vas a cuidarla muy bien.
—Sí, señora. —Él asiente.
El sonido de la puerta atrae mi atención y levanto la mirada para ver a Janice acercándose a
nosotros.
—¡Janice! —grito yo y salto hacia ella para abrazarla.
—Buenos días a ti. —Me abraza y luego trae una silla para poder sentarse—. Y a ti también,
Michael. No, no te molestes en levantarte. —Ella bromea—. ¡Opal, qué adorable verte!
—Janice, es bueno verte. Pensé que estarías aquí esta mañana.
Janice coloca su cartera en la esquina de la silla y se sienta.
—Bueno, como este es el segundo hogar de ellos, sabía que aparecerían esta mañana. Quería
descubrir cómo salió todo anoche. —Ella mira mi mano antes de que yo tenga la oportunidad de
esconderla debajo de la mesa—. Veo que dijo que sí.
—¿Le dijiste antes que a mí? —Golpeo a Michael en el hombro—. Janice siempre sabe todo
antes que yo.
—Oh, no te molestes, cariño. Yo también sé todo antes que él.
—Janice no miente. —Michael se encoge de hombros—. No sé cómo lo hace.
—Van a formar una familia maravillosa. —Opal está sonriendo con orgullo.
—Bueno, vas a tener que enseñarme cómo lo haces —le digo a Janice.
—Oh, no es difícil, Michael es un libro abierto. No creo que tenga algo falso.
Michael se encoge de hombros de nuevo.
—Janice no miente.
—Cuéntanos cómo salió el evento anoche —dice Janice.
—Salió bien, mejor de lo esperado, en realidad. Estoy muy feliz, y Luke ya me está preparando
el resto de los eventos de este año —respondo yo.
Ella me señala con el dedo.
—Bueno, no te olvides, somos los siguientes y espero un buen precio.
Chris camina al lado de Michael y coloca nuestro pedido en la mesa.
—Aquí tienen. ¿Opal, quieres algo?
—Oh, no, gracias, Chris, cariño, no me quedaré —responde Opal.
Chris se voltea hacia Janice.
—¿Y usted, señorita? —Y juro que por primera vez veo a Chris sonrojarse—. ¿Le puedo traer
algo?
Opal interrumpe.
—¿Chris, conoces a Janice? —Opal se estira y coge la mano de Janice.
Algo entre una mueca y una sonrisa aparece en la cara de Janice y Chris se queda sin palabras.
—No oficialmente —responde Janice.
Opal se estira y toma la mano de Chris con su otra mano.
—Janice, él es Chris. Es un joven maravilloso.
Chris se aclara la garganta e intenta comportarse. No ha dejado de mirar a Janice.
—Mucho gusto.
—Igualmente. —Y ahora Janice también está sonrojada. Janice… ¿quién lo hubiera dicho?
No sé cómo puede estar sucediendo esto, pero siento que debo ayudar.
—Ella tomará un latte de vainilla grande con leche de soya —le digo a Chris.
—De inmediato. —Creo que noto una gota de sudor en su ceja antes de que él se gire y regrese
al mostrador.
Michael y yo nos miramos con incredulidad y una sonrisa aparece en su cara.
—¿Estás bien, Janice? —pregunta él.
Ella no responde.
—¿Janice? — Me estiro y sacudo su brazo.
Ella mira desconcertada a Michael y dice:
—Por supuesto que estoy bien. —Luego se endereza en su silla y me sonríe—. ¿Por qué no lo
estaría?
—Bueno… —Opal comienza a levantarse y todos nos levantamos con ella—. Ya debo irme.
Lindsey y Michael, estoy muy feliz por vosotros. Lindsey, cuídalo mucho. Y Michael, no te olvides
de cuidarla bien. —Opal señala a Janice—. Ella es muy importante, pero también necesita ser
cuidada.
—¿Ella? —Michael también señala a Janice.
—Sí, ella. —Opal asiente.
—Por supuesto que sí y lo haré —acepta Michael.
—Lo haremos —interrumpo y rodeo su cintura con mi brazo.
—Janice, estoy segura de que nuestros caminos se cruzarán de nuevo. —Opal coge sus guantes
y su cartera.
—Espero que sí. —Janice sonríe.
Opal, dándoes la vuelat, se dirige a la puerta. Un caballero mayor con un abrigo hasta las
rodillas la abre y luego la sigue.
Todos nos sentamos justo cuando Chris llega con el café de Janice.
—Aquí tiene, señorita.
Ellos se miran y mantienen la mirada mientras Janice toma la taza.
—Gracias… Chris.
Chris tiene una taza en mano y la levanta.
—Un brindis —dice él—. Por Michael y Lindsey.
—¡Por Michael y Lindsey!

Lea el nuevo libro de Amanda Adams:

Maniobras secretas: Reconquistada


Acerca de Reconquistada:

Daniel Martin regresa a casa después de años sirviendo a su país, pero la guerra y los secretos
que le siguen lo mantienen bajo un control implacable.
No hay nadie a quien quiera ver más que a Chloe, pues aún recuerda el momento cuando perdió su
oportunidad con ella hace años. La alejó advirtiéndole que buscara a otra persona. Él la ha
querido mucho. Pero su vida en ese entonces era un desastre, y ambos eran demasiado jóvenes.
Daniel hizo que Chloe lo odiara, porque sentía que no tenía nada que ofrecerle.
Ahora, proteger su unidad militar tiene un alto precio. Enamorarse es peligroso. Creer que el
pasado permanecerá enterrado, donde no pueda hacerle daño, es un riesgo.
Si se lleva a Chloe a la cama, no habrá escapatoria para ninguno de los dos.
Si la besa, nunca querrá detenerse.
Si la toca, no podrá alejarse
Necesita distanciarse.
Entonces la ve... y es demasiado tarde.
Sin embargo, arriesgará todo para hacerla suya. ¿Pero cómo la convencerá de que ya no es aquel
el chico que le rompió el corazón, sino un hombre decidido a cuidarla para siempre?

Reconquistada

¡Pero espera! ¡Hay más lecturas geniales de Amanda Adams! ¡Intenta con la serie de los hermanos
Walker! Era el último deseo de su madre ver a sus hijos seguir sus sueños de infancia. ¡Seguirlos
en el viaje que los lleva a una pasión inesperada y al amor verdadero!

Los Hermanos Walker


El soltero (Los Hermanos Walker 1)
Algunos sueños son difíciles de matar.

Cuando Chance Walker era un niño, soñaba con ser muchas cosas.

Un bombero.
Un astronauta.
Un dios del rock and roll.

Lástima que nunca aprendió a tocar la guitarra.


Lástima que se entregó a la edad adulta y fue a la escuela de Derecho en lugar de a la de Rock.
Lástima que la mujer más hermosa que haya visto en su vida no quiera tener nada que ver con él.
Ella tiene secretos.
Grandes secretos.
Y si él cree que un beso va a sacudir su mundo... bueno...

Tal vez tenga razón.


Y tal vez ella pueda ser mucho más de lo que él esperaba.

¡Un Clic Ahora! El soltero (Los Hermanos Walker 1)

El vaquero (Los Hermanos Walker 2)


Persigues tu sueño.
Respeto eso.

Pero parte de mí murió cuando te fuiste.


Porque formabas un todo en mi corazón.
Eras mi aliento.
Mi todo.

Y tenías razón.

Ahora has vuelto. Y no porque tú también me necesites.

Pero planeo cambiar eso.


Todo lo que necesito es un momento a solas contigo para hacerte entender.

Puedes enamorarte entre un latido del corazón y otro.


Una mirada.
Un toque.
Al instante, todo cambia.
¿Estás lista?

¡Haz clic ahora! El vaquero (Los Hermanos Walker 2)

El casanova (Los Hermanos Walker 3)


Érase una vez cuando Mitchell Walker se enamoró... y confió en la mujer equivocada. Ese error
casi le cuesta su futuro y juró nunca confiar en otra mujer.

Ahora es un cirujano joven y exitoso. Las mujeres se lanzan a sus pies y él les da lo que quieren,
siempre y cuando no le pidan su corazón. La estrategia le funciona bien hasta que conoce a la
reportera independiente Jessica Finley.

Ella es inteligente, lo hace reír y ve a través de su personalidad de casanova.

El fuego de Jessica puede arder lo suficiente como para mantenerlo despierto toda la noche, pero
¿será su amor lo suficientemente fuerte como para quemar los fantasmas de su pasado y derretir el
hielo alrededor de su corazón?

¡Haz clic ahora! El casanova (Los Hermanos Walker 3)

El temerario (Los Hermanos Walker 4)


Derek Walker está en Las Vegas para la boda de su hermano.

Una despedida de soltero. Un poco de juego. Una semana de diversión con sus hermanos.

¿Qué podría salir mal?

¿Podría enamorarse?

Puede que encuentre su pareja... pero cuando el pasado lo llame, desafiará todo lo que cree saber
sobre la familia, la lealtad y el amor.
¡H az clic ahora! El temerario (Los Hermanos Walker 4)
LIBROS POR A MA NDA A DA MS

Maniobras secretas
Reconquistada

Los Hermanos Walker


El soltero (Los Hermanos Walker 1)
El vaquero (Los Hermanos Walker 2)
El casanova (Los Hermanos Walker 3)
El temerario (Los Hermanos Walker 4)

Celestina Mágica

Una Navidad Tentadora


La obsesión del millonario
BO O K S BY AMANDA ADAMS

SECRET MANEUVERS

Stripping Her Defenses


Irresistible Attraction

THE WALKER BROTHERS


Crash and Burn
Alone With You
Up All Night
Make Me Forget

MAGICAL MATCHMAKERS
Stealing Christmas
Billionaire’s Obsession
SOBRE A MA NDA A DA MS

¡Suscríbete a la lista de lectores vip de Amanda!


http://bit.ly/AmandaNews

Amanda Adams escribe historias súper sexis de romance new adult (ficción para nuevos adultos)
y contemporáneo. Es una autora a tiempo completo que pasa sus días tratando de caminar más y
escribir menos.

Si come una ensalada en el almuerzo, se asegura de recompensarse luego con un chocolate (lo que
cualquier mujer sensata haría). Amanda cree en el amor verdadero, en el amor a primera vista y en
cualquier otro cliché que exista.

www.amandaadamsauthor.com