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ANGELA DAVIS • GINA DENT

BLACK
FEMINISM
TEORIA CRÍTICA,
VIOLENCIAS Y RACISMO

MARA VIVEROS VIGOYA


EDITORA

1
UNIVERSIDAD
NACIONAL
DE COLOMBIA.

BOGOTÁ D. c., 2 o I 9
CATALOGACIÓN EN LA PUBLICACIÓN UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
Davis, Angela Yvonne, 1944-
Black feminism : teoría crítica, violencias y racismo / Angela Davis, Gina Dent ;
Mara Viveros Vigoya, editora. -Primera edición. - Bogotá : Universidad Nacional
de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas, Vicetrectoría de Investigación.
Editorial, 1019.
164 páginas : ilustraciones en blanco y negro.
Incluye referencias bibliográficas e índice
ISBN 978-958-783-831-1 (rústica). -ISBN 978-958-783-831-9 (e-book). -
ISBN 978-958-783-833-6 (impresión bajo demanda)
1. Davis, Angela Yvonne, 1944- -Pensamiento polltico y social 1. Dent, Gina, 1966- -Pensamiento
político y social 3. Feminismo negro 4. lnterscccionalidad 5. Feministas - Condiciones sociales -
Estados Unidos
6. Discriminación racial 7. Movimientos de mujeres negras 8. Feminismo -
Condiciones sociales -Colombia l. Dent, Gina, 1966- 11. Viveros Vigoya, Mara,
1956-, editor III. Título
CDD-13 305-48896073 / 1019

BIAc/,ftminúm:
teoría crítica, violencias y racismo

© 1019, Universidad Nacional Jorge Aurelio Díaz, Representante


de Colombia de las Revistas Académicas
Facultad de Ciencias Humanas Camilo Baquero Castellanos,
Primera edición Director Editorial

© Editorial Univcnidad Nacional Preparación editorial


de Colombia Centro Editorial de la Facultad
de Ciencias Humanas
© 1019, Mara Viveros Vigoya, editora Camilo Baquero Castellanos,
director
ISBN-impreso: 978-958-783-831-1 Diana Murcia Molina, diseño
ISBN-digital: 978-958-783-831-9 de la colección
ISBN-IBD: 978-958-783-833-6 Juan Carlos Villamil Navarro,
diseño de cubierta y maquetación
Universidad Nacional de Colombia Angie Berna!, corrección de estilo
Facultad de Ciencias Humanas
editorial_fch@unal.edu.co
Comité Editorial www.humanas.unal.edu.co
Luz Amparo Fajardo Uribe, Decana
Nohra León Rodríguez, Vicedecana Bogotá, 1019
Académica
Jhon Williams Montoya Garay, Vicedecano Impreso en Colombia
de Investigación y Extensión
Gerardo Ardila Calderón, Director Prohibida la reproducción total o parcial por
del Centro de Estudios Sociales cualquier medio,
Rodolfo Suárez Ortega, Representante sin la autorización escrita del titular
de las Unidades Académicas de los derechos patrimoniales
Contenido
111
Presentación
Un diálogo con el Blackfominism desde nuestras
propias preguntas
Mara Viveros Vigoya

111
Blackfominism e interseccionalidad de género, raza y clase
Angela Davis y Gina Dent

lil
El color de la violencia contra las mujeres
Angela Davis y Gina Dent

liil
Racismo de Estado y complejo industrial de las prisiones
Angela Davis

IIJIJ
Dilemas conceptuales en el Blackfeminism
Gina Dent

llll
Entrevista a Francia Márquez Mina
Blackfeminism y solidaridad transnacional
Mara Viveros Vigoya

IDI
Discurso de recepción del Premio Goldman Environmental
Francia Márquez Mina

[lli
Epílogo
Ochy Curiel y Franklin Gil Hernández
Presentación

Un diálogo con el Black feminism


a partir de nuestras propias preguntas
MAllA VIVEROS VIGOYA

H ace casi nueve años, entre el II y el 18 de septiembre


del 2010, estuvieron en Bogotá Angela Davis y
Gina Dent. La aceptación de la invitación que les hiw
la Escuela de Estudios de Género de la Universidad
Nacional de Colombia fue una noticia muy feliz desde
su inicio. Un año antes, ruve la fortuna de conocerlas
en Salvador de Babia, en el marco de la edición de la
XII Fábrica de Ideias, un curso avanzado internacio­
nal en estudios étnicos y raciales que compartimos.
Allí se gestó esta invitación. Meses después de cruzar
varias comunicaciones, se concretó la aceptación de su
parte, y de inmediato constituimos con Ochy Curiel'
y Franklin Gil2 , un equipo para coordinar y organizar
con entusiasmo la cátedra inaugural de los posgrados
en Estudios de Género, en torno a los aportes del
Bla.ck fominism, como una teoría social crítica que
permite pensar dos temas de infortunada y persistente
actualidad: las violencias y el racismo.
La expresión Blackfominism, que dejamos en su
lengua original por considerar que es intraducible, da
cuenta del pensamiento y del movimiento feminista
africano-americano en lo que éste se diferencia del
feminismo estadounidense en general, criticando lo
que Adrienne Rich llamó el "solipsismo blanco", es
decir, un movimiento de mujeres con tendencia "a
pensar, hablar e imaginar que la 'blanquidad' describe

Ochy Curie! era la coordinadora de los posgrados de la Es­


cuela de Estudios de Género en el momento de la visita de
Angela Davis y Gina Dent. Además de ser una destacada
académica, Ochy es una importante líder del movimiento
feminista, lésbico y antirracista de América Latina y el Cari­
be, y una cantautora que vincula su arte con las utopías y la
transformación social.
2 Franklin Gil, antropólogo egresado de la Universidad Na­
cional de Colombia y docente de la Escuela de Estudios de
Género, tuvo a su cargo la organi2ación de la jornada acadé­
mica preparatoria, titulada "Diálogos con la obra de Angela
Davis", que buscaba familiariiar a los estudiantes de nuestros
posgrados con el pensamiento de esta autora, con el objetivo
de que pudieran aprovechar mejor su presencia en el campus.
10
el mundo"(1979, 299). ¿Qué mejores representantes
del Black feminism que estas dos pensadoras de ge­
neraciones y trayectorias distintas, pero igualmente
comprometidas con la comprensión y transformación
de las opresiones de género, raza y clase que construyen
las experiencias vitales de las mujeres negras? Angela
Davis es profesora emérita del Departamento de His­
toria de la Conciencia de la Universidad de California
y una figura mítica del pensamiento progresista, an­
tisexista y antirracista estadounidense. Gina Dent es
docente del Departamento de Estudios Feministas de
la Universidad de California, Santa Cruz, exdirectora
del Institute for Advanced Feminist Research de esta
misma universidad y autora de numerosos artículos
sobre raza, feminismo, cultura popular y arte visual.
Además de ser militantes de la causa antirracista,
Davis y Dent han abogado por la abolición de las
prisiones y por los derechos humanos en Palestina3,
personificando uno de los principios que comparten:
la justicia es indivisible.

3 Debido a su posición política crítica ante Israel y su apoyo


a la causa palestina, en enero del 2019, el Instituto de De­
rechos Civiles de Birmingham (ecRI) revocó la entrega del
premio de derechos humanos Fred L. Shuttlesworth, que
había sido otorgado a Angela Davis.

11
Aunque generalmente se sitúa el surgimiento
del B/ackfrminism en la segunda mitad de la década
del setenta en los Estados Unidos, la historia de este
movimiento hunde sus raíces en las luchas libradas
por las mujeres negras estadounidenses durante
el siglo xrx, que incluyen su participación en las
redes clandestinas que organizaron la huida de los
esclavos desde los estados surefios hacia el norte
del país y en las campañas por el derecho al voto
para la población afroamericana y para las mujeres.
En la década de los ochenta esta corriente política
re-elaboró su propia genealogía, identificando los
puentes que la conectaban con estos movimientos y
luchas decimonónicas y sistematizó sus bases con­
ceptuales alrededor del interrogante planteado por
la exesclavizada Sojourner Truth en 1851, "¿Acaso no
soy una mujer?". Mediante esta pregunta, formulada
de manera insistente al auditorio que la escuchaba
en la Convención de Mujeres en Akron, Ohio, el
29 de mayo de 1851, Truth confrontó la concepción
burguesa de la feminidad con su propia experiencia
como mujer negra, trabajadora incansable y madre
de muchos hijos vendidos como esclavos.
En 1981, bell hooks retomó esa pregunta en su
libro Ain't I a Woman?: B/ack Women and Feminism
que examina los efectos del racismo y el sexismo en
12
las mujeres negras y que sefiala cómo el movimiento
feminista de los setenta fue un asunto de mujeres de
clase media y alta en su mayoría blancas que, al no
articular al movimiento las necesidades de las mu­
jeres pobres y no blancas, reforzaron el sexismo, el
racismo y el clasismo. La categoría "mujeres", sujeto
político del feminismo, fue socavada por el racismo
de ciertas militantes feministas que al considerar
que las luchas de las mujeres eran prioritarias res­
pecto a las de las personas negras confirmaban que
las luchas por los derechos de las mujeres tenían un
sesgo blanco, mientras que las luchas por los derechos
de la gente negra tenían un bies masculino. Así lo
describe el título de la antología editada en 1982 por
Gloria Hull, Patricia Bell Scott y Barbara Smith: A/l
the Women Are White, A/l the Blacks Are Men, But
Some of Us Are Brave: Black Womens Studies (Todas
las mujeres son blancas, todos los negros son varones,
pero algunas de nosotras somos valientes: estudios
sobre mujeres negras).
Este antagonismo de intereses resurgió como un
lugar de tensión frente a la propuesta de sororidad
del movimiento de liberación femenina de los afios
setenta y ochenta, cuando, parafraseando el título
provocador de un texto de Hazel Carby, "¡Mujer
blanca, escucha!", las mujeres feministas africanas-
13
americanas exigieron que se reconociera el racismo que
operaba en sus relaciones con las feministas blancas.
Y al buscar construir herramientas para entender la
forma en que las opresiones de género, raza y clase
determinan las experiencias de las mujeres negras, el
proyecto del Blackfeminism constituyó un verdadero
giro teórico-político para el feminismo estadounidense.
En este contexto, surgieron propuestas como las del
documento pionero del Combahee River Collective,
uno de los grupos más activos del Blackfeminism de
los años setenta que rechazaba toda esencialización y
toda biologización (de sexo o color) de las políticas de
identidad, a favor de un análisis político-económico
de la dominación.
En ese mismo orden de ideas, el libro de Davis
titulado Mujeres, raza y clase, publicado por primera
vez en 1981, es una referencia insoslayable. Este libro
documenta con rigor los esfuerzos de las mujeres
negras por articular sus luchas y sus demandas con
los movimientos políticos que protagonizaron la
historia estadounidense desde comienzos del siglo
XIX. Este periodo abarca hechos tan diversos como la
implantación del sistema esclavista, los debates en el
seno del movimiento abolicionista, la cruzada contra
los linchamientos de hombres negros percibidos como
presuntos violadores, la campaña por el sufragio
femenino, las luchas obreras anteriores a la Segunda
Guerra Mundial y la segunda ola feminista. En este
trabajo Davis analizó con perspicacia los límites y
e:
las contradicciones internas que llevaron a muchos •O

de estos movimientos a invisibilizar el aporte de las ...e:


"ü"'
u
"'
mujeres negras a estas luchas. El estudio meticuloso u

y esclarecedor de Davis fue uno de los primeros en


mostrar de qué manera trabajan conjuntamente dis­
tintas formas de opresión para construir la injusticia
social y de qué modo los problemas de gestión de
las diferencias siguen socavando los movimientos
políticos actuales.

Un encuentro académico y festivo


El primer contacto que tuvieron Davis y Dent, en el
campus de la Universidad Nacional de Colombia, con
las mujeres negras, afrocolombianas, palenqueras y
raizales, provenientes de distintas regiones del país, en
la jornada "Encontrándonos en torno a Angela Davis",
fue inolvidable. Ese domingo 12 de septiembre hubo
un corte de electricidad que nos obligó a continuar el
encuentro a oscuras. El camino hacia el conservatorio
de música de la Universidad Nacional, lugar donde
transcurrió la jornada, estaba señalado con cintas de
colores que ondeaban en las ramas de los árboles a
manera de bienvenida. A la entrada del conservatorio
IS
estaba Ochy Curiel, coordinadora del encuentro, junto
a otras compañeras visiblemente emocionadas por
haber realizado un sueño que habíamos acariciado
durante mucho tiempo: tener la oportunidad de co­
nocer a la mujer negra feminista que marcó nuestra
juventud con su lucha por tantas causas sociales. En
medio de la oscuridad, las palmas de las manos, las
voces y los pies hicieron las veces de instrumentos
musicales que dieron la bienvenida a las feministas
afroamericanas, haciéndolas sentir parte de nosotras.
Perdurará igualmente en nuestras memorias el
homenaje a Davis celebrado por la Escuela de Estudios
de Género, el lunes 13 en el teatro ECCI El Dorado. A
todas y todos nos invadió una alegría contagiosa, las
mujeres afro sentimos que nuestra presencia ocupaba
un lugar especial en este homenaje, tanto en el esce­
nario como fuera de él. Uno de los momentos más
emocionantes del homenaje fue cuando alrededor de
veinte mujeres afro subieron al escenario, cada una
con un objeto en sus manos que simbolizaba la lucha,
la resistencia histórica que han tenido en diferentes
momentos y lugares, al tiempo que la maestra Nelly
Murillo y la estudiante Loretta Meneces, leían un texto
reconociendo el legado y el horizonte que representaba
Davis para las mujeres afrocolombianas. Y mientras
la cantaora Daira Quiñónez -oriunda de Tumaco,
perseguida por su lucha en la recuperación de tierras
y obligada a huir a Bogotá en el 2001- alzaba su voz,
entonando canciones con un contenido poderoso, la
e:
entonces estudiante de la Maestría de Estudios de -o
Género, Natalia Santiesteban Mosquera, le entregó ...e:
·¡:¡
OI

un presente en nombre de todas. El homenaje contó .,


u

Q..
además con la participación artística de Alejandra
Quintana Martínez, de Ochy Curiel, del grupo de
rap Mal de Ojo y del grupo Pambil, y tuvo como
maestra de ceremonias a la egresada y encargada del
área de comunicación de la Escuela de Estudios de
Género, Nancy Prada Prada.

***
El nombre de Angela Davis evoca distintas rea­
lidades y temporalidades. La de la figura icónica del
movimiento del orgullo negro de los años setenta; la
de una teórica feminista que ha escrito algunos de los
textos más inquietantes y vigentes del pensamiento
feminista de los últimos treinta años; y la de la inves­
tigadora y militante que ha participado desde 1997
en las actividades de la organización estadounidense
Critica} Resistance, dedicada al desmantelamiento
del complejo carcelario-industrial.
A Angela Davis se le han dedicado muchos es­
critos y canciones. Para los jóvenes de la década del
17
setenta ella fue la destinataria de la "Canción para
Angela Davis" que compuso el cantautor cubano
Pablo Milanés en 1971, de "Sweet BlackAngel" de los
Rolling Stones en 1972 y de 'J\.ngela" de John Lennon
y Yoko Ono en el mismo año. Para los jóvenes de hoy
ella es la mujer a quien Yannick Noah, el extenista y
cantante francés, rinde homenaje con una canción
y un videoclip, titulados simplemente 'J\.ngela". Sin
embargo, lo que pocos saben o recuerdan es que un
escritor colombiano también le rindió homenaje a
su vida y obra, haciendo de ella un personaje de su
última novela. Se trata de Manuel Zapata Olivella,
uno de los más importantes representantes de la li­
teratura afrocolombiana, autor de la novela Changó,
el gran putas, galardonada con distintos premios
internacionales. En la quinta parte de esta novela,
titulada "Los ancestros combatientes", Zapata Olivella
narra la gesta libertaria de los africanos-americanos,
la participación de sus líderes en las luchas populares
y los esfuerzos de sus poetas, músicos y escritores
por conquistar una autonomía espiritual y estética.
A lo largo de este capítulo desfilan los personajes
históricos que dan cuenta del papel de los Estados
Unidos en la diáspora del pueblo africano durante el
siglo xx. Los grandes héroes y las grandes heroínas
del pueblo negro, como Nat Turner, Sojourner Truth,

18
Harriet Tubman, Frederick Douglas, Booker Wash­
ington, W. Dubois, Paul Robeson, Langston Hughes,
Marcus Garvey y Malcom X, son fabulados por el
narrador para dar voces de aliento y comunicar el •O

anhelo de la libertad a la protagonista, Agne Brown,
u
"'
un personaje mítico inspirado en Davis, y a sus con­ u

temporáneos. Agne Brown es descrita en esta novela


como la elegida de Changó para mantener despierta
la memoria de las luchas por la libertad del Muntu,
definido por Zapata Olivella como la fuerza que une
en un solo nudo a los humanos, con su ascendencia
y descendencia. Agne Brown representa la fuerza y la
tenacidad de la memoria de las mujeres involucradas
en las luchas de la diáspora negra y por ello es de­
signada como la interlocutora privilegiada de estos
héroes y heroínas.
No obstante, el homenaje que realizó la Escuela
de Estudios de Género y que titulamos "Angela Davis:
un legado y un horizonte" buscó referirse menos a
la leyenda viva que es, sin duda, Davis y más a la
maestra que ha impartido y continúa impartiendo
enseñanzas que han perdurado a través del tiempo,
y a la activista comprometida con la justicia social
en su más amplio espectro. Quisimos celebrar igual­
mente la forma en que ella ha inscrito sus reflexiones,
prácticas teóricas y políticas, y su propia historia de
19
vida, en una temporalidad de amplia duración y en
una dimensión comunitaria y de lucha colectiva. La
festejamos como una mujer feminista, portadora y
creadora de un legado teórico y político que encuentra
sus fuentes en el pensamiento crítico negro, y como una
luchadora inspiradora. La celebramos por su empeño
en transformar la sociedad, no sólo para las mujeres o
para las y los afrodescendientes de las Américas, sino
para todos los grupos sociales oprimidos.
Por esta labor, que no se puede desligar de su
vida, Davis, una antigua enemiga del Estado nortea­
mericano, se ha convertido en una de las intelectuales
públicas más importantes de,los Estados Unidos. Su
trabajo ha constituido y constituye un aporte funda­
mental a la teoría social crítica contemporánea. Su
obra es un lugar de referencia obligado para todas
aquellas personas que se dedican a la investigación
social, y su relevancia trasciende incluso las paredes
disciplinares del área social, para constituir un punto
de reflexión necesario en el ámbito universitario.

Diálogos con la academia y los movimientos


sociales
El martes 14 y el miércoles 15 de septiembre se llevaron
a cabo seminarios que nos permitieron conocer de cerca
el pensamiento de Davis y de Dent, y nos ofrecieron
20
la oportunidad de profundizar en sus perspectivas
teóricas y políticas. El martes 14 se refirieron a la re­
lación entre el Blackftminism y la interseccionalidad
de género, raza y clase y el miércoles 15 a la discusión
de las aproximaciones feministas a la comprensión de
la violencia y de las luchas en contra de esta. En
ambos seminarios las invitadas subrayaron que la
justicia es indivisible y que por lo tanto no existen
jerarquías en la justicia y en la igualdad. Asimismo,
señalaron cómo las mujeres pobres y racializadas son
producidas por las relaciones imbricadas de género,
raza y clase. Para muchas y muchos de los asistentes
era la primera vez que escuchaban a Dent y pudieron
descubrir su claridad y brillantez intelectual, su ca­
pacidad pedagógica para dar a conocer los enfoques
del Black ftminism y del pensamiento de Davis en
relación con los temas escogidos.
El jueves 16, Davis impartió en el auditorio León
de Greiff, frente a más de mil personas, su conferencia
magistral titulada "Racismo de Estado y complejo
industrial de las prisiones". En esta conferencia Davis
subrayó las relaciones existentes entre lo que ella llama
el complejo carcelario-industrial y el complejo militar­
industrial. Para ella, reconocer estas inter-relaciones
es un primer paso necesario para elaborar estrategias
que permitan desarrollar un proyecto de democracia
21
abolicionista de las instituciones que favorecen las
dominaciones de unos grupos sociales sobre otros,
como las cárceles. Desde su perspectiva, un proyecto
de democracia abolicionista podría prolongar las ac­
ciones de los grandes movimientos abolicionistas de la
historia y permitir una reflexión sistemática sobre la
forma en que persiste la esclavitud en las instituciones
contemporáneas, por ejemplo, mediante de la pena
de muerte y la prisión (cf. Davis 2005, 39).
Como en todos los proyectos teóricos y políticos
que Davis ha desarrollado a lo largo de su vida, la
temática de la imbricación de los sistemas sociales
estuvo presente en su reflexión sobre las cárceles. Davis
insistió en que en las cárceles se utilizan los abusos
sexuales para ejercer control social. Y señaló cómo la
masculinidad agresiva de los detenidos, casi siempre
pertenecientes a grupos raciales minorizados, compite
con la coerción sexual ejercida por los guardianes y
directores de las cárceles, de modo tal que el régimen
carcelario se convierte en un conjunto de normas o
reglas fundadas sobre una violencia sexual racializada.
En la noche, todas y todos asistimos a una escena
que hacía mucho tiempo no se presenciaba en la
Universidad Nacional de Colombia: un auditorio
abarrotado en torno a una figura intelectual y política,
con las dificultades e incomodidades propias para
22
asistentes y organizadores. Vivimos juntos el susto
y el rechazo frente a la irrupción en el escenario del
grupo Encapucharte, que puso en evidencia las tenues
y equívocas fronteras que en Colombia separan un
acto violento de uno reivindicativo, un poema de una
agresión, una voz disidente de una intolerante. Y todas
y todos disfrutamos de las palabras de Davis, lúcidas y
visionarias al mismo tiempo, sobre las interconexiones
entre el complejo carcelario-industrial y el complejo
militar-industrial. Escuchamos su voz animada, al
mismo tiempo, por la utopía de un mundo mejor,
pero consciente e interesada en la identificación de
nuevos terrenos posibles de justicia. Así como en la
construcción de una propuesta de justicia restauradora,
como la que funda su militancia por la abolición de las
prisiones, instituciones que continúan produciendo y
reproduciendo actualmente las desigualdades sociales,
el racismo, el sexismo y la homofobia.
El viernes 17 de septiembre, Dent continuó expo­
niendo algunos elementos en relación con las cár­
celes, respondiendo a la pregunta sobre las posibles
alternativas ante la abolición de las prisiones. En su
conferencia exploró la relación entre los sistemas
morales que sustentan la administración de justicia
y el uso social de las prisiones. Igualmente, hizo re­
ferencia a los dilemas contemporáneos que enfrenta
una apuesta teórica y política como el Blackfominism;
a las consideraciones que se pueden hacer sobre el
encuentro de agendas políticas de diferentes movi­
mientos sociales; a la experiencia como mediación
teórica y política y al modo en que personas que no
pertenecen a grupos dominados pueden unirse a
causas minoritarias. Nos recordó la importancia de
inscribir nuestros trabajos en genealogías propias,
labor que ha realizado el B/ack feminism, al señalar
otras formas de producir conocimiento. Asimismo,
nos invitó a pensar que las luchas antirracistas deben
oponerse a toda forma de racialización y que, si bien
han tenido un énfasis particular en la oposición al
racismo antinegro, se debe evitar la creación de je­
rarquías en torno a los distintos racismos, así como
generar competencias entre las distintas opresiones.
Por último, enfatizó la necesidad de anclar estas
luchas en tareas colectivas cuyo ejercicio produzca
felicidad, oponiendo la alegría, como elemento cohe­
sionador de luchas, a la usual solidaridad alrededor
de la victimización.

El sentido de esta publicación


Casi nueve años después de este encuentro se dio
la oportunidad de publicar el contenido de estas
charlas y conferencias, y no quise dejarla pasar. Me
24
era importante resistir al olvido, preservar y compartir
la memoria de este encuentro. Como lo podrán
juzgar las y los lectores, las reflexiones planteadas
por Davis y Dent en estas páginas conservan toda su 'º·ae:
vigencia. El Black ftminism, como postura teórica y ...e:
C'll

u"'
posición política, ha demostrado que no es exclusivo u
ni excluyente, y que por el contrario, fue una de las
primeras corrientes feministas que invitó a entender
y a percibir el racismo como una cuestión feminista.
Ya lo señalaba en 1979 Barbara Smith:

el feminismo designa la teoría y la práctica


políticas que luchan por la liberación de to­
das las mujeres. De color, obreras, pobres,
discapacitadas, lesbianas, viejas, todas, in­
cluidas las mujeres blancas, las económi­
camente privilegiadas y las heterosexuales.
Esta visión de una liberación- total no so­
porta ninguna restricción, o entonces ya no
se trata de feminismo sino de auto-glorifi­
cación femenina. (1979, 49)

La actitud autocrítica del Blackftminism ha evi­


denciado la necesidad de ir más allá de lo que Wendy
Brown denominó el "mantra multiculturalista" (1995)
-raza, clase, género y sexualidad-. Hoy sabemos
que el reto teórico y político del feminismo consiste
en llegar a una mejor comprensión de lo que significan
las diferencias entre mujeres que no derivan de la
matriz de opresión que las separa y a un aprovecha­
miento creativo de estas diferencias para enriquecer
sus luchas comunes. También comprendimos que la
identidad política no debe ser una condición previa
al desarrollo de las acciones y luchas políticas, pues
ésta se construye en el proceso mismo en que estas
acciones y luchas tienen lugar. La identidad en sí
misma nunca ha constituido un criterio adecuado en
torno al cual puedan organizarse luchas sociales. Las
colectividades como el movimiento social de mujeres
afrocolombianas, negras, raizales y palenqueras son
un proyecto político que no puede apoyarse única­
mente sobre la identidad. Como nos invitan a pensar
Davis y Dent, más que intentar crear movimientos
fundados en una supuesta unidad, que encubriría
fisuras internas y heterogeneidad de intereses, valdría
la pena intentar organizar luchas colectivas no en
torno a un atributo identitario, sino esencialmente
alrededor de objetivos políticos.
Con Davis y Dent aprendimos que una de las
posibilidades más fructíferas de potenciar el alcance
de estos movimientos es aumentar su capacidad de
implicarse en un proyecto de emancipación colectiva
sin perder su poder de denuncia de las opresiones
entretejidas en torno a la raza, el género y la clase.
Creo que lo vivido durante este encuentro aca­
e:
démico construyó en la práctica, y sin necesidad de -o
hacerlo explícito, alianzas interesantes y deseables, ...e:
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u
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como las que se dieron entre la Escuela de Estudios u
de Género y el movimiento social de mujeres negras,
afrocolombianas, raizales y palenqueras. Uno de los
mayores logros políticos de este evento fue haber
conseguido que cerca de cien mujeres de estos mo­
vimientos y organizaciones de diferentes lugares de
Colombia (Atlántico, Bolívar, Cauca, Chocó, Caldas,
Nariño y Valle del Cauca), pudieran participar en
esta cátedra, beneficiándose académicamente de ella
y visibilizando al mismo tiempo sus aportes al mo­
vimiento social de mujeres en Colombia. Me parece
importante reconocer y enfatizar la importancia que
tuvo la presencia de Davis y Dent para que estos
puentes fueran tendidos y transitados. Sus enseñanzas
fueron muy útiles para renovar los sueños de cambio
y para remozar los deseos compartidos de un mundo
mejor, más justo y amable para todas y todos.
Para la Escuela de Estudios de Género fueron im­
portantes tanto las aportaciones académicas de Davis
y Dent como su curiosidad por nuestras realidades
sociales. Ellas nos hicieron partícipes desde el inicio
de estas jornadas de su compromiso de acompañar el
proceso de las comunidades de La Toma, Suárez, en el
departamento del Cauca para apoyar sus acciones en
defensa de su territorio ancestral. Este fue un ejemplo
concreto de sus perspectivas interseccionales y de
los vínculos que se pueden tejer entre las múltiples
violencias, como el sexismo, el racismo y la desterri­
torialización de las comunidades negras colombianas.
A través de esta publicación, queremos compartir
el testimonio de una experiencia que erosionó las
fronteras entre lo académico y lo político, y renovó
el sentido de nuestras perspectivas académicas, po­
líticas y éticas. En nueve años se han producido
cambios en lo que respecta al movimiento de mujeres
afrocolombianas, negras, raizales y palenqueras. El
conflicto armado y la depredación capitalista induda­
blemente han afectado a todas las mujeres colombianas;
sin embargo, las mujeres negras han pagado costos
más altos en términos de desplazamiento, violencia
sexual, asesinatos selectivos y persecución política,
debido a su participación activa en la defensa de sus
tierras ancestrales. Esto es cierto especialmente en la
región del Pacífico colombiano, que dejó de ser una
zona periférica exenta de violencia para convertirse
en el escenario estratégico de un conflicto armado
que aún no termina. Estas circunstancias enfatizan
la importancia de considerar las especificidades de
las experiencias de las mujeres afrodescendientes que

..
e
el feminismo negro ha subrayado desde sus inicios. •O
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Al mismo tiempo, es un hecho que las mujeres w
e
afrodescendientes participan cada vez más en las "'uu
distintas movilizaciones sociales y políticas, formu­
lando demandas precisas que transforman su estatus
de género dentro del movimiento afrocolombiano,
en toda su diversidad. Hoy, las mujeres negras, afro­
colombianas, raizales y palenqueras tenemos una
presencia y una voz en la universidad que antes no
teníamos y reivindicamos nuestro propio espacio en los
discursos académicos para hablar de nosotras, desde
los conocimientos acopiados en nuestras múltiples
prácticas sociales y políticas.
Perseverar en este proyecto editorial me ha per­
mitido prolongar el eco de una experiencia que fue
importante para mí y que desearía que les fuera útil
y placentera a mujeres y hombres jóvenes que se están
descubriendo hoy como "negras" y "negros". Estoy
convencida de que el encuentro con el pensamiento
de estas dos autoras, visionarias y poderosas, puede
propiciar y catalizar estos procesos y búsquedas de
referentes, tanto identitarios, en términos personales
y colectivos, como políticos.
29
Agradecimientos
Sin duda, una de las grandes satisfacciones de haber
podido realizar la cátedra inaugural de los estudios
de posgrados en Estudios de Género de la Univer­
sidad Nacional de Colombia y esta publicación es
haberla hecho con un grupo de personas a las que
me vinculan múltiples afectos y convicciones. La
cátedra "Black feminism: teoría crítica, violencias y
racismo" no habría podido ser efectuada sin el trabajo
constante y el entusiasmo de un equipo convencido,
como yo, de la importancia y del significado de estos
eventos. Voy a acudir a una metáfora musical, la de
la orquesta de jazz, para hablar del trabajo colectivo
que se hizo en aquella ocasión, porque me siento
identificada con ese modelo de organización del
trabajo y con ciertas formaciones orquestales como
las que se utilizan en muchos estilos musicales de
la cultura afroamericana. La cátedra exigió, como
en los conciertos de jazz, acopio de imaginación y
capacidad de improvisación para utilizar saberes
y destrezas de modos inusuales. Así puede ser
descrito el trabajo del equipo organizador de este
evento, que como una buena orquesta de jazz tuvo
excelentes solistas, capaces de invención. Por eso
quiero nombrar y reconocer sus contribuciones: a
Ochy Curiel y a Franklin Gil quiero agradecerles
30
una vez más su trabajo, porque sin ella y sin él, el
evento no habría tenido el swing que lo caracterizó.
Extiendo mi reconocimiento al equipo de la Escuela
de Estudios de Género de ese momento, por sus
distintos aportes para que esta orquesta de jazz
pudiera tocar en buenas condiciones.
Para la compilación de este trabajo me beneficié
del trabajo de traducción simultánea de las dos
conferencias magistrales hecho por Laia Ribera; de
la traducción y transcripción del texto "El color de
la violencia contra las mujeres" por parte de Lorena
Aristizábal Farah; del trabajo de finalización de
traducciones incompletas, revisión y preparación del
primer borrador de este texto, efectuado por Mariana
Calderón Jaramillo; de la generosidad y solidaridad
"ancestral" de Francia Márquez Mina al brindarnos
la entrevista incluida en este volumen y compartirnos
el discurso que impartió cuando recibió el Premio
Goldman Environmental; de la transcripción de la
entrevista a Francia Márquez realizada por Jenny
Roncando; del epílogo escrito por Ochy Curiel y
Franklin Gil; del empeño y entusiasmo del equipo
editorial de la Facultad de Ciencias Humanas de la
Universidad Nacional de Colombia para que este
libro pueda ser publicado. ¡Que todas y todos se
sientan reconocidos y agradecidos!
31
Referencias
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freedom in late modernity. Princenton:
Princeton University Press.
Carby, H. V. 1997. White Women Listen!
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mi espalda: voces de mujeres tercermundistas
en los Estados Unidos, ed. C. Morraga. San
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32
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Studies. En Ali the �men Are White, Ali
the Blacks Are Men, But Some of Us Are
Brave: Black �mens Studies, ed. G. Hull,
P. Scott y B. Smith, 48-51. New York: The
Feminist Press.

33
ANGELA DAVIS

Q
uiero comenzar evocando la vida y obra de una
feminista negra, poeta, activista y escritora de los
Estados Unidos, me refiero a June Jorclan'. Cuando
ella se encontraba con alguien que estaba dispuesto a
apoyar el movimiento y las ideas antirracistas, y quizá
también las estrategias antisexistas, pero que vacilaba
en apoyar y expresar solidaridad con las campañas
en contra de la homofobia, ella siempre afirmaba de
manera tajante: "La justicia es indivisible. La justicia
es indivisible" . Y dado que la justicia indivisible no
puede reservarse para algunos y negársele a otros, no
existen -señaló a lo largo de su vida- jerarquías en
la justicia y en la igualdad. Cualquiera que adopte una

June Jordan (1936-2002) fue una poeta, ensayista, maestra


y activista caribeño-estadounidense interesada por las cues­
tiones de género, raza, inmigración y representación negras.

37
¡.,
zlll
o
z< lucha por la justicia de una comunidad debe asumirla
>­ de la misma manera por todas las comunidades.
"'
La justicia para las personas subordinadas por
el racismo no puede aislarse de la justicia para las
lll
\:1
z< personas que son objeto de discriminación en virtud
de su nacionalidad, su género o su sexualidad. Así, la
justicia para las personas desplazadas está relacionada
con la justicia para las personas indígenas, y esta se
relaciona con la justicia para la comunidad LGTBIQ,
que está relacionada con la justicia para el pueblo
palestino, etcétera, etcétera, etcétera.
Déjenme entonces repetir una vez más que no
existen jerarquías en la justicia. Nuestro marco teórico
y práctico de interpretación sobre la libertad debe ser
lo suficientemente amplio para incluir a todas y cada
una de las comunidades de seres vivos. Y quiero decir,
tanto los humanos como los no humanos.
Al respecto del Blackftminism quiero comenzar
por señalar que las teorías académicas asociadas a
este, y a aquello a lo que nos referimos en la academia
norteamericana como el feminismo de las mujeres de
color, han estado siempre profundamente asociadas
a las estrategias de activismo del feminismo. Creo
que puedo destacar este argumento de manera más
convincente contándoles la siguiente historia, y voy
a comenzar por mí misma: estuve presa por cargos
lll

>
de secuestro y conspiración. Enfrenté la pena de <
N
,e
muerte por estos cargos y la gente de todo el mundo, �
incluyendo la de Colombia, estuvo involucrada lll
z
en la campaña por mi liberación. Mientras estaba •llll

llll
encarcelada, alguien me llevó un periódico creado Q
Q
recientemente por un grupo de mujeres radicales de <
Q

color. Era 1970, el año de la guerra de Vietnam -es <
z
importante señalar la fecha-. El grupo que produjo o
u
el periódico se llamaba Third World Women Alliance .,
lll
1111
lll
(Alianza de Mujeres del Tercer Mundo). El nombre ¡...
del periódico era Triple ]eopardy (Peligro Triple) y en lll

la parte de arriba estaba escrito: "Racismo, sexismo e l:?

imperialismo". Por supuesto, el triple peligro al que �....
hacía referencia el eslogan era la subyugación del ra­ ti
cismo, la discriminación del sexismo, la explotación :s
del capitalismo y la dominación del imperialismo. Ya
en la década de los setenta el objetivo de este grupo
era considerar la interconexión e imbricación de todas
estas formas de dominación. Lo que resulta impor­
tante porque ocurrió mucho antes del surgimiento
del concepto "interseccionalidad ,,. en la academia.

2 El concepto como tal fue acuñado por la abogada africano­


americana Kimberlé Crenshaw, sin embargo, dentro del
pensamiento feminista es ampliamente reconocido que
la noción existía incluso antes de que recibiera este nom­
bre. Para una discusión al respecto ver: Viveros, Mara. "La

39
Ahora, como mencioné, el año en el que se fundó
el periódico Triple]eopardy fue 1970. Quiero presentar
algunos elementos sobre el contexto de este periódico
y la organización con la que era asociado. Para esto
tenemos que devolver el reloj aún más. Tenemos que
volver a la década del sesenta, especialmente a 1964.
En este año se declaró el Verano de la Libertad. Fue
el verano en el que un gran número de estudiantes y
trabajadores de los Estados Unidos decidieron pasar
sus vacaciones organizándose en contra del racismo.
Se organizaban, específicamente, en torno al derecho
al voto en Alabama -estado en el que nací-,
Georgia, Mississippi y Luisiana. Las mujeres eran las
principales organizadoras, tanto en el movimiento
estudiantil que se llamaba el "Comité no violento
de coordinación", como en la Organización Martin
Luther King, que era un escenario de confluencia de
varias organizaciones. Ahora, todo el mundo conoce
el nombre de Martin Luther King, ¿verdad? Pero,
¿quién sabe algo de Ella Babar, o de Ruby Doris
Smith Robinson, o de Jo Ann Robinson, quien fue la
mujer que realmente organizó el primer gran evento
en el movimiento de los derechos civiles, el boicot

inccrseccionalidad: una aproximación situada a la domina­


ción". Debate Feminista 52 (2016): 1-17.
en Montgomery? Lo que quiero destacar es que las
mujeres estuvieron profundamente involucradas en
la emergencia de este movimiento, ellas fueron las
principales organizadoras.
Durante el Verano de la Libertad de 1964, las
mujeres negras empezaron a cuestionar por qué eran
los hombres los únicos representantes públicos del
movimiento. Empezaron también a cuestionar la
estructura patriarcal de estas organizaciones y por qué
las mujeres hacían tanto del trabajo pero recibían tan
poco del reconocimiento público. A partir de estos
debates dentro de la organización estudiantil surgió
una formación que fue llamada el Black Women's
Committee, y esa formación se estableció, eventual­
mente, como una organización autónoma que se llamó
The Black Women's Alliance desde 1965 hasta 1970.
La guerra de Vietnam y, al mismo tiempo, la in­
dustria farmacéutica dentro de la industria capitalista
de los Estados U nidos se estaban extendiendo. En
Puerto Rico se puso en práctica una campaña para
esterilizar forzosamente a un gran número de mujeres
puertorriqueñas en edad fértil; y a la vez, la industria
farmacéutica estaba llevando a cabo experimentos
sobre las pastillas anticonceptivas.
Entonces, se hizo claro para las activistas de la
Black Women's Alliance que era menester expandir su
41
...z
lll
e
<z
marco y cambiaron su nombre a Third World Women
>­ Alliance. Una de las primeras grandes campañas
.,
que llevaron a cabo fue en contra de la esterilización
<
,-1 forzosa, particularmente de las mujeres de Puerto
lll
e,
z< Rico, pero también de las mujeres indígenas de
los Estados Unidos y de las mujeres negras del sur.
Esta fue una de las primeras instancias en las que el
feminismo negro, o el feminismo del tercer mundo,
como se llamaba en ese entonces, se enfrentó con el
feminismo blanco dominante3 •
Este es el periodo en el que se estaba desarro­
llando el movimiento por los derechos reproductivos,
que lideraba una amplia campaña concentrada en el
derecho al aborto. Ahora, aquellas que participaban
en la campaña contra la esterilización forzada, argu­
mentaban que el derecho de las mujeres de controlar
sus capacidades reproductivas tenía que ser concebido
desde un marco bastante más amplio: no se trataba
solo del derecho de abortar, de terminar un embarazo
no deseado, sino también del derecho de tener hijos

3 Así como no hay una sola forma de feminismo negro, tam­


poco existe una única corriente de feminismo blanco. Sin
embargo, a grandes rasgos, este último se ha caracterizado
por su carácter liberal y su poca sensibilidad a otras formas
de dominación como la clase, la raza y la ubicación geopolí­
tica que afectan la vida de las mujeres.

42
cuando así lo escogieran las mujeres. Y como lo señalé,
la campaña de esterilización en Pueno Rico coincidía
con el desarrollo de las compañías farmacéuticas que es­
taban experimentando con las pastillas anticonceptivas;
muchas de las pastillas que toman ahora numerosas
mujeres en el mundo son producto de la experimen­
tación sobre los cuerpos de mujeres puenorriqueñas.
Así, la pregunta que estaban enfrentando en este
momento las activistas feministas negras y del tercer
mundo era cómo poner juntos todos estos asuntos.
Ellas no asumían, como sí lo hacían otras activistas,
que la única manera de llevar a cabo campañas exi­
tosas era mediante la separación de problemáticas y
de pensar en un solo problema a la vez. Esa era la
manera de pensar de, por ejemplo, las organizaciones
del movimiento de liberación de las mujeres, quienes
declaraban: "nuestro énfasis debe ser en las mujeres".
Pero, (de qué mujeres estaban hablando? "Tienes que
escoger -yo misma recuerdo que muchas veces me
dijeron esta frase-, tú debes escoger si eres una mujer
o si eres negra, si quieres luchar en contra del sexismo,
o si quieres luchar en contra del racismo". Entonces, lo
que era tan interesante de este nuevo enfoque es que
estas activistas estaban diciendo "Nosotras no vamos
a escoger. De hecho, lo que queremos es encontrar la
manera de pensar todos estos problemas en conjunto

43
zOl
f-,

Q
<
z y de luchar en contra de todos estos asuntos a la vez".
:,. La gran pegunta era entonces la de las interconexiones
CI)

-no olviden que estamos hablando del contexto de


la guerra de Vietnam-. ¿Cómo las estrategias del
Ol
1:1 racismo, el género, el capitalismo, el neocolonialismo
z<
y el imperialismo se constituyen las unas a las otras?
¿Qué tipo de marco analítico permitiría comple­
jizar el análisis sobre estas problemáticas?, ¿qué otras
múltiples interpretaciones surgirían al no considerar
los problemas de manera aislada? y ¿qué tipo de es­
trategias organizativas permitirían enfrentar el reto
de considerar estas formas de opresión en su carácter
intersectado, interconectado y profundamente entre­
lazado? Permítanme concluir esta parte diciendo que
el punto central de esta breve exploración sobre la
historia del feminismo negro es que hay una historia
muy rica del activismo de las mujeres negras detrás
de la categoría académica de interseccionalidad, la
cual muchas de nosotras usamos hoy como una
abreviación de los diversos rasgos que ha traído
consigo el feminismo negro. Y quiero decir, como
una persona que hasta ahora empieza a aproximarse
a la situación en Colombia, que miremos las luchas
de las personas afrodescendientes desplazadas y de
las personas indígenas, y que nos preguntemos a
nosotros mismos cómo estas luchas se articulan en
44
corno a una situac1on económica, política, social
y cultural muy compleja; y no hacer lo que suelen
hacer los académicos, y asumir que la única manera
en que podemos entender una situación es aislando
un concepto de otro. Solemos olvidar que nuestro
concepto es un intento por comprender la realidad
social y asumimos que el concepto es la realidad social.
Esto es lo que pasa, precisamente, cuando se dice
que tienes que escoger entre ser una mujer y ser negra.
En aquellos días mi respuesta era: "¿Cómo podría
escoger entre estas?, soy ambas cosas y no hay ninguna
situación en la que pueda ser solo una de ellas". Así
que permítanme concluir, volviendo al trabajo de June
Jordan, la justicia es, en efecto, indivisible.

GINA DENT

E l objetivo de esta disertación es introducir al tema


de la interseccionalidad, así que vamos a hablar
un poco de nuestra experiencia. Mi experiencia es
bastante diferente de la de Angela Davis porque soy
de otra generación. No he estado nunca en la cárcel.
Fuera de mi familia en donde, por supuesto, aprendí
sobre feminismo, aunque no con ese nombre, fue en la
universidad que aprendí de feminismo. Y lo aprendí por
45
necesidad, porque tú vives el Blackfeminism mientras
luchas por sobrevivir cuando estás en estos lugares en
los que no has estado anteriormente y en los que gente
como tú no ha estado anteriormente. Asimismo, estaba
buscando lenguajes que me permitieran explicar la
experiencia que estaba teniendo. Esta es una historia
que muchas de ustedes reconocerán como la historia
del feminismo negro, que está casi siempre definido por
ser justamente un movimiento basado en la experien­
cia, ese es el centro de su teoría. Pero quiero empezar
por aquí porque en esta generación, la experiencia
es también una noción controversial. Cada ve:z más
nuestra teoría feminista se concentra en cuestionar la
idea de la experiencia como una parte fundamental de
la comprensión. De modo que podríamos extendernos
hacia la experiencia de otros y otras aun cuando no la
hayamos vivido nosotros mismos y nosotras mismas.
Parece bastante sencillo, pero no lo es en lo absoluto.
Creo que es compresible afirmar que las personas
negras, a lo largo de la historia, se han tenido que
expandir a la experiencia de otros. A la fuerza se
les obligó a comprender, por ejemplo, lo que solían
querer, sentir, pensar, escribir y decir las personas
blancas. Pero el caso inverso no era siempre cierto.
La vida interior de una persona negra no era siempre
conocida por otros que no fueran negros. También
tenemos que considerar la posibilidad radical de que,
en cierta medida, solemos estar alienados de nuestra
propia experiencia. Esto es, que no podemos formular
nuestras teorías solo a partir de las maneras en que
comprendemos nuestras propias vidas. Debe haber
lo que llamamos una aproximación dialéctica, una
interacción entre mi experiencia y la del mundo. Y
este movimiento dialéctico siempre es cambiante.
No soy la misma que era ayer, o, podría ser aún más
radical y decir que no soy la misma que era hace un
momento. Estas son las maneras como el terreno
de mi feminismo se ha, no tanto expandido, sino
complejizado en los lenguajes que usamos para des­
cribirlo. Mara Viveros afirma que en Colombia no
hay un contexto equivalente al del B/ackfominism.
Pero encontrarnos que un coloquio sobre el tema
muestra que hay una experiencia que resuena en las
experiencias que tienen lugar en los Estados Unidos
y en otras partes del mundo. Puede que no haya una
tradición tan extensa de escritura y de documentación
de esas experiencias, sin embargo, sabemos que
existen. Así que construimos a partir de allí, pero
no podemos perder la perspectiva respecto a nuestras
propias historias.
Una de las afirmaciones clásicas del feminismo
es la noción de que lo personal es político, pero esa

47
afirmación puede ser tomada muy frecuentemente
como una excusa para la autoindulgencia y para esa
mirada autorreferente del feminismo que se concentra
en contar siempre las historias propias. Y esto es muy
complicado cuando lidiamos con un marco interpre­
tativo interseccional; cuando tratamos de percibir el
horizonte no solo de aquellas opresiones de las que
solemos hablar, sino también de aquellas que hasta
ahora estamos comenzando a ser capaces de articular.
Entonces, la idea de que "lo personal es político" puede
llegar a ser muy importante en el proceso de permitir
que ciertas personas puedan hablar y manifestarse
en público, pero también puede enmascarar otras
experiencias o prácticas de dominación. Y tenemos
que estar atentos ante ambas posibilidades.
Quiero retar esta idea de que lo personal es po­
lítico y reflexionar de qué otras maneras podemos ser
políticos. Podemos movernos desde nuestras propias
experiencias, pero también tenemos que considerar
aquellas experiencias que no hemos tenido; espe­
cialmente tenemos que intentar reconocer lo que en
el lenguaje académico llamamos "lo subalterno", la
perspectiva subalterna. A veces se hace un uso de esta
categoría desde los aportes de Antonio Gramsci, y la
feminista de la que hemos recuperado esta categoría
desde Gayatri Spivak, una de mis maestras favoritas.
"'
lll

u
>
Ella usó el término "subalterno" para marcar aquello <
N
que no podemos ver. Escribió un muy famoso ensayo, �
o
"'
hace más de veinte años, llamado "¿Puede hablar el lll
z
sujeto subalterno?". Como sabrán, mucha gente está •llj
l.?
lll
confundida con este artículo, algunos creen que lo o
o
que ella quiso decir es que el subalterno no puede <
o
hablar. Pero lo que estaba intentando expresar es :i<
z
que el dominante no permite que el subalterno sea o
u
escuchado, y es nuestro trabajo, especialmente en la
"'
"'
lll

lll
universidad, como dominantes, hacer que sea posible
empezar una conversación con el subalterno. Esta lll

condición de subalternidad no es permanente, solo �



temporal; siguiendo a Gramsci, también se trata de
...

entender la subalternidad como una nueva hegemonía ti
en formación, como un nuevo grupo dominante que �
podría emerger de la lucha de oposición.
La organización Third World Women Alliance,
antes llamada Black Women's Alliance, era una
organización conformada por mujeres negras que se
solidarizaban con otras luchas alrededor del mundo.
Y este es el feminismo del que me siento más cercana,
aquel que piensa en múltiples luchas y está atento a
las causas que no necesariamente conocemos pero
que tenemos que tratar de comprender y escuchar.
La noción de tercer mundo, como nombre de ciertas
luchas en los Estados Unidos, ha desaparecido,

49
¡.,
:z:Jll
Q
<
:z: principalmente porque también parece derivada de
>< la práctica colonial, era una manera equivocada de
"'
Q
llamar algo relacionado con las mujeres de Estados
Unidos, aun cuando quería preocuparse por las mujeres
Jll
IJ
:z:< de otras partes del mundo, especialmente las del Sur.
Así que ahora no usamos mucho este término, a no
ser que dé cuenta de una solidaridad real con otras
luchas de las mujeres en el sur global, relacionadas con
lo que ahora llamamos el feminismo transnacional.
El feminismo transnacional se conoce por muchas
prácticas diferentes y diálogos académicos; algunas
veces es un concepto que está mal visto, dado que por
lo general son las élites del feminismo conversando
entre sí: podrían ser las Naciones Unidas o podrían
ser profesoras viajando a otros países para conocerse
entre ellas, lo que por supuesto es maravilloso. Sin
embargo, esto no es exactamente lo mismo que la
articulación entre activistas que, muy frecuentemente,
no gozan de esas mismas libertades para viajar;
cuando la lucha por representar sus preocupaciones
es mucho más difícil.
Así que quise empezar por estas primeras notas
porque por supuesto quiero celebrar mi feminismo, me
siento orgullosa de venir de esta tradición que incluye
mujeres extraordinarias, quienes transformaron cier­
tamente a los Estados Unidos, y de muchas maneras
so
a otras partes del mundo. Pero a la vez quiero ser una
aprendiz, quiero ser una espectadora y poder tener
esas conversaciones que son las más difíciles de tener.
La conversación que es más difícil de sostener, a la
que no me referiré ahora pero sí más adelante, es la
conversación sobre las religiones y las diferencias entre
ellas. Especialmente, las diferencias entre la tradición
musulmana y el cristianismo, que están en el centro de
los problemas de los Estados Unidos y, por supuesto,
cada vez más, del resto del mundo. Esas diferencias
no se refieren sólo a las prácticas religiosas distintas,
sino también a las diferencias en la definición de
qué es lo no secular. Existen diferentes culturas del
secularismo atadas a diferentes comunidades, y estas
son, primordialmente, las comunidades que están
en conflicto. Esto no sólo determina las prácticas
propiamente religiosas sino también aquellas que
tienen que ver con el ejercicio de la política. Creo
que este feminismo del que hablo trata entonces de
propiciar esos diálogos con las experiencias y luchas
de otros y otras.
Me gustaría mencionar otras mujeres negras que
han contribuido a la formación y difusión de estas
ideas, mis ancestras, no de sangre, sino del feminismo
negro. La mayoría de ellas son escritoras, aunque no

51
...z
Ol
Q
<
z las voy a mencionar a todas porque no todas han sido
:,.
igual de importantes para mí.
Barbara Christian, por ejemplo, quien fue mi
maestra, profesora de estudios africano-americanos
Ol
t,
z< en la Universidad de California, en Berkeley. Con
su trabajo pionero sobre la literatura feminista negra
estableció las bases para el desarrollo del estudio
académico del feminismo negro. Christian se com­
prometió por muchos años con la enseñanza de los
trabajos literarios de muchas mujeres de color y del
Caribe, en un momento en que el trabajo de estas
escritoras era muy poco conocido, y solo podía encon­
trarse si se sacaba una fotocopia de sus libros, porque
habían dejado de imprimirse. También menciono a
otras feministas negras como Audre Lorde, Kimberlé
Crenshaw, Patricia Wtlliams, Dorothy Roberts, Isabelle
Gunning y Cheryl Harris. Me detengo en Harris,
aunque podría mencionar otros nombres, porque ella
publicó exclusivamente en medios académicos relacio­
nados con el derecho y es poco conocida por fuera de
ellos. Harris escribió un artículo bastante influyente,
publicado por primera vez hace casi veinte años, que
se titula "Whiteness as property" (La blanquidad
como propiedad), sobre el cual me gustaría hablarles.
Se trata de un artículo largo que inicia con un
relato en primera persona de la historia de su abuela,
52
"'<
111

,-1

>
una mujer que lograba "pasar" por blanca, dado que su <
N
color de piel era bastante claro: su abuela era alguien
que podía "pasar" por blanca, aun en los Estados 111
z
Unidos, donde rige la regla de la gota de sangre (para -111

111
proteger la pureza racial) y puede percibirse cualquier Q
Q
gota de sangre negra. Entonces, su abuela se hacía <
Q

pasar por blanca, pero no por razones familiares o <
z
sociales sino porque era la única manera de obtener o
u
un trabajo decente para sostener a su familia. Así
"'
"'
111

111
que durante el día ella trabajaba en una tienda en
la que era considerada blanca y al anochecer volvía 111

a su casa con su familia, a vivir en un barrio negro. �
Sé que esto puede ser considerado por algunas de
"'
ustedes como una historia de negación, pero puedo
asegurarles la dura realidad de muchas personas que
vivieron esas experiencias.
Para Harris era muy importante, como miembro
de un grupo que se conformó durante ese tiempo, más
conocido como el grupo de la "teoría crítica racial ",
hablar no solo de nuevos temas, sino explicarlos a
través de una perspectiva y metodología nuevas. Ella
empieza este artículo sobre el carácter blanco de la
propiedad en los Estados Unidos con un relato en
primera persona sobre su propia abuela, y a través
de este integra todos los argumentos y proporciona
evidencia de la vida real para apoyar sus argumentos

53
¡..
zIOl
Q
<
z al respecto. Sin embargo, como esto podría ser insu­
¡;
> ficiente para explicar el tema, se extiende para hablar
"'
sobre la historia de las leyes de propiedad en los Estados
Unidos, desde el periodo colonial hasta el presente,
IOl
t.,
z que era en ese entonces el principio de la década de
<
los noventa, y explica por qué es necesario que en su
país haya acciones afirmativas. Harris escribió este
artículo en un momento en el que muchas personas
en los Estados Unidos experimentaban el racismo,
pero en cual también se consideraba que se debían
desmantelar las acciones afirmativas, porque ya no
eran necesarias, dado que ya teníamos todo tipo de
privilegios, sobre todo interpersonales: podíamos
usar el mismo baño, ir al mismo banco, transitar la
misma calle que las personas blancas.
Ahora, cuando se habla del presidente Barack
Obama como el mandatario del fin del racismo,
deberíamos volver a analizar cuál es el espíritu del
racismo. ¿Creen ustedes que el hecho de que tengamos
un presidente negro significa que el racismo ha dejado
de existir? Volviendo a Harris, ella argumenta que
estos cambios y ansiedades que despiertan las acciones
afirmativas en la sociedad actual no tienen que ver
con los aspectos más importantes del racismo, los
que se relacionan con la historia de los derechos de
propiedad de los blancos en Estados Unidos. Sus

54
derechos a comprar y vender personas negras provi­
nieron del hecho de ser blancos, y ellos asumieron
que, como tales, tenían derecho a hacerlo. Ese derecho
significó que ellos (los blancos) tuvieran acceso a más
riquezas, a industrias, y pudieran ser capaces de tener
eso que han mantenido por muchas generaciones, una
mayor riqueza con respecto a los demás; pero significó
también la imposibilidad de las personas negras para
lidiar con la pobreza de la misma manera en que las
personas blancas lo hacían. Porque cuando ganas un
salario pero tienes que mantener a muchas personas,
a muchas generaciones, no puedes tener tanta riqueza
como tus vecinos o incluso como la persona sentada
al lado tuyo en un salón de clases, si es alguien que
recibe un ingreso y no sostiene a sus padres.
Era necesario que alguien explicara, como lo hizo
Harris, por qué las teorías sociológica y económica
habían estado tan equivocadas, por qué la teoría
cultural estaba equivocada y no estaba respondiendo
por la carga que dejó la historia de la propiedad. Esa
superioridad económica, social y política de los blancos
tiene una historia. Así que quisiera terminar introdu­
ciendo este concepto de la blanquidad (whiteness) no
como algo que tiene una persona. De forma individual,
sino como una forma de propiedad que se acumula
y puede ser utilizada como ventaja. Quiero terminar
f-,
z
¡¡¡
<
z señalando que la referencia de Harris a la blanquidad
>­ no es una referencia a lo que es personal o individual,
"'
al estilo de decir "yo soy blanca", en caso de que lo
fuera (blanca), sino por el contrario es una forma de
¡¡¡
� mencionar algo que es una forma de propiedad, la
z
<
blanquidad, y que como tal puede ser intercambiada
por otras formas de propiedad. Esto, me parece, es
un aspecto muy poco tenido en cuenta, aunque es
muy importante para la teoría del feminismo negro
que conozco. Y me parece increíblemente importante
tenerlo en consideración, dado que aquí en Colombia
la desterritorialización, la pérdida de la propiedad,
son temas que requieren ser pensados, y corresponden
a algunas de las preguntas que se encuentran en el
núcleo mismo, en el corazón, del feminismo negro.
ANGELA DAVIS

E sta sesión s e dedicará a l a discusión d e l a violen­


cia, a las aproximaciones feministas al entendi­
miento de la violencia y de las luchas en contra de
la violencia. Pensé comenzar explicando el nombre
del seminario, "The Color of Violence" (El color de
la violencia) . El color de la violencia es un concepto
que se desarrolló en conexión con una conferencia
realizada en el año 2000, inspirada por la necesidad
de referirnos a un rango amplio de asuntos urgentes
relacionados con la violencia en la vida de las mujeres
de color. Al final, como resultado de la conferencia,
se creó una organización, cuyo nombre es Incite!
Women of Color Against Violence (¡Incite! Mujeres
de color en contra de la violencia)'.

Esta organización estadounidense d e feministas radicales de


color promueve un movimiento para poner fin a la violen­
cia contra las mujeres y sus comunidades. Incite! fue fun-

59
¡..
z¡,¡
<
z Empezaré por explicar por qué tantas activistas y
> académicas sintieron en ese momento la necesidad de
"'
desarrollar una conversación sobre la violencia en ex­
tenso. El movimiento de mujeres que emergió durante
¡,¡
\!I
z< finales de los sesenta, específicamente en 1967, 1968
y 1969, que en esos días era llamado el movimiento
de liberación de las mujeres (Women's Liberation
Movement) fue, en gran medida, una respuesta a
dos temas de gran envergadura que involucraban la
violencia infligida a los cuerpos de las mujeres. El
primero era la violencia doméstica y el segundo era
la violación, y otras formas de abuso sexual. Ambas,
la violencia doméstica y la sexual, eran consideradas
en esa época asuntos a ser resueltos en el ámbito
privado, eran asuntos personales. Claramente, el
eslogan del movimiento feminista, "lo personal es
político", emergió en gran medida de un esfuerzo
por politizar estas dos formas de violencia contra los
cuerpos de las mujeres.

dada en el afio 2000 y está organizada por un colectivo na­


cional con afiliadas en San Francisco, Washington, Denver,
Albuquerque, Austin, Nueva Orleans, Boston, Filadelfia,
Nueva York, Ann Arbor, Binghamton, Chicago, además de
una sede en Toronto y Ontario, Canadá. Para conocer más
sobre la organización, se recomienda visitar su página web
(http://www.incite-national.org).

60
"'lll
"'lll
De manera que las primeras demandas de este "'
movimiento giraron alrededor de lo que se consi­
:i
deraba una necesidad: criminalizar la violencia contra z
ou
las mujeres. Eso es, que estas formas de violencia
debían ser reconocidas como crímenes que debían ü
zlll
ser combatidos por el sistema judicial y las cortes. Y ,.¡
o
este es quizás uno de los ejemplos más dramáticos de
>
:i
lo que se quería decir con el eslogan "lo personal es lll
o
político". Por ejemplo, frecuentemente, en los casos en "'
o
que las mujeres eran golpeadas por sus compañeros, ou
,.¡
sus esposos o sus novios, se llamaba a la policía, y lll

la respuesta redundaba en que este era un problema


doméstico, privado, un asunto entre el hombre y la
mujer. Y así, es entendible que algunas de las pri­
meras demandas del movimiento fueran exigir la
intervención del Estado en los que anteriormente se
consideraban como problemas personales y privados.
Ahora bien, una reacción similar se tenía frente
a la violencia sexual, y con respecto a la violación.
A menudo, en los casos manejados por el sistema
judicial que involucraban violaciones, las cortes
consideraban que la mujer era la parte responsable.
Los jueces respondían con aseveraciones como: "su
falda era demasiado corta" o "se le acercó demasiado
al hombre". Todos estamos familiarizados con esta
clase de respuestas, ¿verdad? Así que, con el propósito

61
...
¡..
z
Q
<
z de lidiar con los límites de este tema, las demandas
>­ del movimiento feminista exigían la criminalización
"'
de la violencia sexual.
Ahora, ¿por qué fueron tan pocas las mujeres
...

z negras involucradas en estas campañas en sus co­
<
mienzos? ¿Por qué las mujeres negras se negaban a
aceptar un movimiento que exigía más intervención
policial? Las feministas negras en ese tiempo, hacia
finales de los sesenta y principios de los setenta, a
menudo argumentaban que necesitábamos un aná­
lisis mucho más profundo de la violencia. De hecho,
con respecto a la violencia sexual y a la violación,
señalábamos que la tradición que había surgido de
la esclavitud le daba el derecho al amo de la esclava a
infligir violencia sexual en su cuerpo. En realidad, no
era tanto una dinámica "privada" o "personal", sino
que, de hecho, era una dinámica institucionalizada
en la esclavitud. En ese periodo también señalábamos
que el cargo de violación usado en contra de los
hombres negros era a menudo una forma grave de
racismo. El vasto número de hombres negros que fue
liberado en el periodo posterior a la esclavitud fue a
menudo víctima de la afirmación de haber violado a
una mujer blanca. De este modo, el uso racista del
cargo de violación complicaba aún más nuestro en­
tendimiento de la violencia sexual hacia las mujeres.
En la conferencia "The color of violence" (2000)
argumenté algunas de estas cuestiones, de las que :l
retomo el siguiente planteamiento2 : :z:
uo
Necesitamos un análisis que no profundice :z:111
el proceso conservador de secuestrar millo­ .¡
o
nes de hombres de color de acuerdo con los >
:l
mandatos contemporáneos del capital globa­ 111
Q

lizado y su complejo industrial penitenciario, "'


o.¡
ni tampoco el proyecto igualmente conser­ ou

vador, de abandonar a las mujeres negras en 111

un contínuum de violencia que se extiende


desde las maquilas, las industrias y las prisio­
nes, a los refugios, hasta llegar a los dormi­
torios en casa. ¿Cómo desarrollamos análisis
y estrategias organizativas en oposición a la
violencia contra las mujeres que reconozcan
la raza del género y el género de la raza?

El punto que señalaba en esa conferencia era que


teníamos que comenzar a pensar en aproximaciones a
la violencia que no se basaran en la criminalización,
que no invitaran a la policía y al sistema judicial a

2 La conferencia original puede ser consultada en: hnp://


www.hartford-hwp.com/archivcs/45a/ 582.html
jugar roles incluso más importantes que los que tienen
actualmente en nuestras vidas.
Pero al mismo tiempo necesitábamos comprender
que este contínuum de violencia contra las mujeres
involucra la violencia en un nivel privado, íntimo,
como el abuso que sucede en el dormitorio o en la
casa; pero también involucra la violencia policial,
la militar, la del encarcelamiento y la del complejo
industrial penitenciario. En esta confluencia emerge
el Black feminism, como la posibilidad de pensar de
formas más complejas y de unir ideas que parecen
estar distanciadas por océanos. Porque a menudo
se considera que son hombres individuales quienes
cometen actos de violencia contra las mujeres, y que
incurren en esa violencia por razones culturales o
psicológicas; pero en pocas ocasiones pensamos en
ellos como actores que llevan a cabo parte de un
proyecto del Estado; y pocas veces pensamos en el
Estado como un agente de violencia contra las mujeres.
Ahora, quisiera exponer el asunto de una manera
ligeramente diferente. Si como académicos, activistas
y trabajadores estamos comprometidos con acabar con
la violencia contra las mujeres, debemos formularnos
la siguiente pregunta: ¿referirse a la violencia desde
el castigo, es decir, después de que ha ocurrido, la
elimina? Al respecto, es muy interesante un artículo
publicado hace un tiempo por el New York Times,
que contenía estadísticas que demostraban que, de
hecho, la legislación en contra de la violencia contra z
o
las mujeres no había logrado una reducción de esta. u
Lo que pasó, como resultado de estas leyes, fue que ü
zlll
menos mujeres mataron a sus parejas abusadoras. Pero ...,
no hubo ningún cambio en el número de hombres <...,
que mataron a mujeres. lll
Q

Hace unos años publiqué un artículo que se o,:


o...,
llamaba "Public Imprisonment and Private Violence: ou
...,
Reffections on the Hidden Punishment of Women"
(Encarcelamiento público y violencia privada: re­
flexiones alrededor del castigo oculto de las mujeres),
cuya pregunta central era ¿por qué hay una proporción
relativamente menor de mujeres en las prisiones
alrededor del mundo? Creo que aquí en Colombia
aproximadamente un 6 % o 7 %, de los más o menos
75.000 prisioneros, son mujeres, y sucede algo similar
en los Estados Unidos, solo que allí hay aproximada­
mente 2,3 millones de personas tras las rejas.
Algunos dirían "bueno, las mujeres sencillamente
no son tan criminales, no delinquen tan frecuente­
mente como los hombres". Pero, en la investigación
que hice para ese artículo vi que era necesaria una
comprensión más compleja de las diferencias exis­
tentes entre las mujeres y los hombres en la cárcel.
¡...
zlll
Q

z< Y llegué a la conclusión de que existe una red de


¡;
>­ castigo dirigida a las mujeres más vasta, por lo cual
"'
Q
el Estado no tiene que jugar un rol tan directo en el
<... castigo de las mujeres. ¿Por qué la violencia doméstica
lll
t:I
z< es una pandemia tan grande en el mundo? Porque
a los hombres se les ha dado el derecho, en una es­
tructura patriarcal, de castigar a una mujer cuando
creen necesario hacerlo; así que la gran mayoría del
castigo ocurre en espacios privados; mientras que el
castigo al cual están sometidos los hombres ocurre
más en espacios públicos, en términos de la prisión.
También señalé en ese artículo que en las institu­
ciones psiquiátricas hay una proporción mayor de
mujeres que de hombres, lo que nos dice algo sobre
las estructuras de género en el castigo.
Por último, quisiera mencionar la noción de las
estructuras generizadas del castigo, que complejizan
la violencia contra las mujeres y que llevan a establecer
conexiones e interconexiones entre la que sucede en
espacios íntimos y la que se manifiesta en espacios
públicos. También señalaré que incluso cuando pen­
samos en las estructuras generizadas de la violencia,
deberíamos estar conscientes de la importancia de
confrontar las estructuras binarias del género.
Una vez considerados la raza del género y el
género de la raza, necesitamos cuestionar la es-
66
cructura binaria del género con el propósito de no
asumir siempre que cuando hablamos de violencia
de género hablamos de violencia en contra de "mu­ ¡...
z
ou
jeres" y de "hombres" per se. De hecho, aun cuando
no dispongo de tiempo para ahondar en este tema, ü
z""
argüiría que las personas transgénero son las que ..l
o
están sometidas más sistemáticamente a la violencia, >
:i
en espacios privados y públicos. Y pienso que esta ""
Q

es probablemente la realidad de la mayoría de áreas �


o..l
urbanas del mundo, hay un mayor porcentaje de ou
..l
personas transgénero que de cualquier otra comu­
nidad de personas que son arrestadas y pasan por
los sistemas judicial y carcelario.
También me gustaría señalar, a modo de con­
clusión, que cuando hablamos de este sistema interco­
nectado de violencia, aquí, en este país, debemos hablar
ciertamente de desterritorialización y de violencia
de Estado contra los grupos indígenas y afrodescen­
dientes. Gina Dent y yo visitaremos el corregimiento
de La Toma en el municipio de Suárez, Cauca, donde
el pueblo entero enfrenta la amenaza del desalojo a
causa de la minería; y queremos participar en un
movimiento de solidaridad internacional que proteja
a los habitantes de La Toma de esta violencia de
Estado, una violencia corporizada y de la estructura
de violencia que permea la vida de las mujeres.
67
z
¡...

¡,¡

<
z GINA DENT
>
"'

Q
uiero hacer una transición a partir del término
<
..,¡ de Angela Davis del contínuum de castigo,
¡,¡

z<
t.,
desarrollado en su conferencia "The color of violen­
ce". Este fue un concepto diseñado para ayudar a
expresar teóricamente la conexión entre dos formas
de violencia: la violencia interpersonal, que a menudo
se entendía, en especial antes del feminismo, como
violencia "privada'', y la otra clase, incluyendo la
violencia de Estado, que tendemos a pensar como
pública. Para conectar estas dos, Davis se refería a
ellas como un contínuum, en el que ambas están ínti­
mamente relacionadas entre sí. Así, en la perspectiva
feminista tenemos que considerar todo el espectro
de la violencia, por lo que la noción del contínuum
del castigo ayuda a desestabilizar el racismo dentro
de las prácticas feministas, así como a perturbar el
sexismo y el patriarcado dentro de los movimientos
antirracistas y antiviolencia.
Para entender el significado de este contínuum
resulta provechoso conectar en el pensamiento propio,
en las luchas activistas y en la investigación académica,
los dos polos o clases de violencia. De manera que
introducir el contínuum del castigo es expresar la
conexión entre, por un lado, la violencia interper-
68
sonal, y por el otro, otras formas de violencia, ya "'
<
sean las de Estado u otras, que incluyen la guerra o
el abuso policial, o aquellas a las que están expuestas z
ou
las comunidades tradicionalmente afectadas por el
sistema judicial. ü
z
Entonces, este es un término que necesitamos ...,
¡,¡

o
utilizar porque no nos permitirá olvidar el otro polo.
>
:i
Así que, si nos centramos por ejemplo en la violación, ¡,¡
Q
"'
recordaremos la guerra. Si nos concentramos en la o...,
violencia doméstica, recordaremos que los guardias ou
...,
en las prisiones a menudo abusan de las prisioneras. ¡,¡

Pensamos en estas cosas de forma conjunta, como


formas igualmente significativas de violencia que
además están estructuralmente conectadas la una
con la otra. Y esto era precisamente lo que estaba
en el centro de los esfuerzos de la conferencia de
Davis. En una ocasión, una mujer colombiana que
había pasado un tiempo en los Estados Unidos me
hizo una pregunta después de un seminario, me ex­
presó que, aunque no era negra, experimentó mucho
racismo en los Estados Unidos, y quería saber por
qué nos referíamos a temas negros, así que creo que
es importante aclarar que este activismo al que nos
referimos incluye a personas de diferentes contextos.
Este es un movimiento para y de mujeres de color,
por lo cual nos referimos a mujeres de muchos grupos
1-<
zl>l
Q
<
z racializados, no solamente negras. También nos refe­
>­ rimos a aliadas que pueden ser blancas, y a muchos
"'
Q
hombres o personas que no están conformes con el
género y que son parte de la lucha. El término Black
"z feminism es ahora más que nada una reivindicación
académica, una reflexión sobre una historia, una
tradición de escritura y también sobre una forma de
actuar. Además, es una forma de explicar y transmitir
esa historia. Así que nuestras identidades como personas
negras son significativas, pero estamos conectadas con
un escenario de luchas mucho mayor.
Esta lucha no es solamente nacional, es decir, no
es solo una lucha en términos de los Estados Unidos,
es también internacional y transnacional. Y distingo
entre internacional y transnacional por una razón
que es importante en la teoría feminista, porque
"internacional" usualmente incluye la coordinación
entre élites o entre actores y líderes estatales, mientras
que lo transnacional se refiere más específicamente
a conexiones de base y circuitos que pueden no
corresponder a la organización de los Estados. En
este contexto transnacional, por ejemplo, el instituto
con el que vengo trabajando en California ha estado
interesado en el proyecto de reunir específicamente a
mujeres abogadas que hayan trabajado en las cortes
y tribunales internacionales en la criminalización
de la violencia contra las mujeres. Uno de los temas "'<
trabajados con este grupo es el reconocimiento de ,-1

la violación como un arma de guerra, y por tanto z


ou
como una forma de genocidio, de acuerdo con la
ley humanitaria internacional, sin duda un hecho ü
zo:i
significativo. Pero para nosotras es igualmente im­ o
,-1

portante considerar las consecuencias de esta forma


>
j
de justicia representativa. o
o:i

La justicia representativa quiere decir que, aunque o,-1


e,:

pueden ocurrir muchas violaciones, muy pocos.actores ou


,-1
serán enviados a juicio. De esta manera, cada juicio o:i

de un individuo pretende representar a muchos. Esta


forma de justicia es significativamente diferente a las
formas que mejor conocemos en los Estados Unidos,
donde ostensiblemente las personas son castigadas por
lo que hacen por sí mismas, y no por cómo representan
a otros; claro que sabemos que esto es complicado.
Pero en los tribunales internacionales los procesos son
diferentes, aquellos a quienes se enjuicia por algún
crimen son los líderes, y claro que han cometido
muchos crímenes, pero hay muchos otros actores.
Así que esta forma de justicia es representativa, pero
tiene otras consecuencias, por ejemplo, los juicios de
los líderes vienen primero, pero hay cientos de otros
que esperan un juicio por largos periodos de tiempo,
detenidos y en condiciones muy precarias.

71
Así que la pregunta que nos estamos haciendo,
junto con las mujeres involucradas en juicios inter­
nacionales, es si esta es o no la forma de justicia que
queremos. Queremos el reconocimiento de estas
violencias, pero también queremos una transición
hacia una forma menos retributiva de justicia, una
que restaure el equilibrio. Esta lucha internacional es
también doméstica para nosotras en los Estados Unidos,
y está incorporada incluso en nuestras leyes nacionales.
Por ejemplo, contamos con la ley "Violence
Against Women Act'' (Acta de la violencia contra
las mujeres) que fue desarrollada y aprobada como
resultado de numerosas luchas activistas en los úl­
timos veinte años. Una ley federal que fue diseñada
supuestamente para proteger a las mujeres de formas
específicas de violencia, algunas de las cuales están
hiperbólicamente representadas o sobrerrepresentadas
-es importante reflexionar sobre esta ideología de
proteger a las mujeres, basada en la noción de que
las mujeres siempre deben ser protegidas, y lo que
significa en términos de cómo son percibidas-. Por
ejemplo, hay una sección de la Ley que se enfoca en la
mutilación genital femenina, específicamente, como
el resultado de un problema muy complicado que
afecta mayoritariamente a las mujeres inmigrantes,
principalmente de África y de Oriente Medio, donde
72
esta práctica es representada como la forma más ex­
trema de violencia y como una experiencia que va en :i
contravía del carácter estadounidense. Al respecto, z
o
Isabelle Gunning3 escribió un excelente artículo, u
"Female Genital Surgeries and Multicultural Fe­ u
lllz,-l
minism: The Ties That Bind; The Differences That o
Distance" (1995), en el que presenta una perspectiva >
:i
analítica balanceada sobre este tipo de violencia a lll
o
partir de una reflexión feminista multiculcural que .,=
o,-l
busca dilucidar lo que une y lo que separa a las mu­ o
u
,-l
jeres de diversos orígenes. Es importante reconocer lll
que efectivamente existe violencia en este acto de las
mutilaciones genitales, pero también, que es necesario
aterrizar este reconocimiento en un contexto de mayor
amplitud cultural. Por ejemplo, llama la atención
que se mencione este tipo particular de violencia
en una ley estadounidense, lo que hace pensar que
esta referencia específica juega un rol muy extraño
en ella. La mención de este acto particular en una
ley de Estados Unidos constituye una declaración

3 lsabelle Gunning es una prestigiosa abogada, profesora


de la Southwestern Law School de Los Angeles, cuya
motivación inicial para estudiar derecho fue su percep­
ción, durante el movimiento por los derechos civiles de
la década de 1970, de los logros que podrían alcanzarse
para el movimiento a través de los tribunales.

73
racial y cultural muy particular, porque muchas
otras formas de violencia, como el abuso policial, no
se mencionan, no se señalan, mientras que hay una
sobrerrepresentación de ciertas formas de violencia,
como por ejemplo, la esterilización.
De la misma manera que ocurre en la situación
que describía anteriormente, con el derecho inter­
nacional, en los Estados Unidos también encaramos
esta lucha; nos organizamos para contrarrestar la
idea de que solo esas formas de violencia, como
la mutilación genital, son significativas para las
mujeres y para señalar que lo que necesitamos no
es el fortalecimiento de las funciones policiales, ya
que una de las mayores consecuencias de esta ley
es que muchos departamentos de policía recibieron
fondos adicionales para fortalecerse. Además, como
afirma Davis, sabemos que hay muchas razones por
las que, como mujeres negras, y como muchos otros
tipos de personas, no quisiéramos un aumento en la
financiación y apoyo a la policía. Así que estas son
algunas de las muchas razones por las cuales estamos
en esta campaña promovida por el colectivo Incite!

74
Referencias "'
Davis, A. 2000. The Color of Violence Against
:s
;:¡
Women. By Angela Davis, keynote address f-,
z
o
at che Color of Violence Conference in Sanca u
<
Cruz, Colorlines. Disponible en http://www. ü
z
¡,:¡
harcford-hwp.com/archives/45a/582.hcml ,_¡

>
o
Gunning, l. R. 1995. Fema! Genital Surgeries and
:s
Mulciculcural Feminism: The Ties That Bind; ¡,:¡
Q

The Differences Thac Distance. 1hird World Legal l>I


o,_¡
Studies 13, 17-47. o
u
,_¡
¡,:¡

75
ANGELA DAVIS

P ermítanme decir que he tenido la oportunidad,


durante los últimos días, de encontrarme, con­
versar, aprender y ser inspirada por académicos y
activistas, trabajadores culturales y organizadores de
base asociados a las luchas por la libertad y la justicia,
especialmente para las personas indígenas y afrocolom­
bianas. También me gustaría decir q ue he conocido
a muchas mujeres negras poderosas, quienes están
liderando las luchas para construir un mundo mejor.
He aprendido muchas cosas sobre la desterritorializa­
ción y el desplazamiento de comunidades enteras, para
hacerle espacio a las operaciones mineras y al saqueo
de las riq uezas minerales que realmente les pertenecen
a las personas q ue tienen derecho a esa tierra.
Siempre que visito otro país trato de visitar una
prisión. Porque al hacerlo, no solo puedo ver a quienes

79
el Estado ha relegado a los márgenes extremos de la
sociedad, sino que también puedo aprender impor­
tantes aspectos sobre la forma en que la violencia
estatal funciona en ese país. Además, hay una razón
personal para visitar las prisiones en tantos lugares
del mundo como me sea posible: el 13 de octubre es
el aniversario de mi encarcelamiento en 1970, cuando
fui fraudulentamente acusada de arresto, secuestro y
conspiración -tres crímenes capitales-. A pesar de
que era inocente de esos cargos, sabía que me había
convertido en un objetivo político del gobierno, para
enviar un mensaje de terrorismo de Estado contra
las mujeres jóvenes, en especial contra las mujeres
negras jóvenes.
Mi encarcelamiento y juicio duraron 18 meses.
Pero difícilmente pasa un día en el que yo no piense
en dónde podría estar ahora, si no hubiera sido por
el hecho de que millones de personas alrededor del
mundo se unieron en un movimiento para demandar
mi libertad. Y se me ha dicho que aquí, en la Uni­
versidad Nacional de Colombia, fueron muchos los
estudiantes que de manera militante exigieron mi
libertad. Así que quisiera aprovechar esta oportunidad
para agradecerle a todos los colombianos, a aquellos
que todavía están con nosotros, y a aquellos que ya
fallecieron, por el papel que jugaron en el vasto mo-
80
"'111
z
o
;;;
vimiento de solidaridad internacional que permitió ;.¡11,
"'
mi liberación. :i
111
Menciono esto porque quiero que sepan que no Q
..i
me he olvidado de quienes he dejado atrás. No me he <
;.¡
olvidado de los 9,25 millones de personas que están "'::>
¡..

Q
tras las rejas en el mundo. No me he olvidado de �
o
los 2,4 millones de personas tras las rejas en Estados ;;¡,
..i
Unidos, y de las más de 75.000 personas que están
11,
:g
tras las rejas aquí en Colombia'. Así que tomaré uo
:,.

prestadas las palabras de Eugene V. Debs, un líder o


Q
socialista, quien en 1918 le dijo a una corte que lo �"'
111
111
estaba acusando de sedición: Q
o
:g"'
Su señoría, años atrás reconocí mi paren­ ü

tesco con todos los seres vivientes. Y he de­
cidido que no fui ni un poco mejor que el
más malo de la tierra. Lo dije entonces y
lo digo ahora, mientras haya una clase más
baja, yo estaré con ella, y mientras haya un
elemento criminal, yo seré ese. Y mientras
haya un alma en prisión, yo no soy libre.

Estas cifras corresponden al año 2010, en el que se realizó la


conferencia.
Tuve la oportunidad de visitar la Cárcel Distrital,
una de las mejores prisiones en América Latina:
1.000 mujeres y 46 hombres. La prisión me pareció
extremadamente familiar, los planos arquitectónicos
emanan de los Estados Unidos, y para aquellos de
ustedes que están familiarizados con el concepto de
panóptico o de panopticismo, este fue el concepto
alrededor del cual fue desarrollada esta prisión. Así
que el sentimiento envolvente era de hipervigilancia.
Una de las reclusas, bueno, debería decir una de
las mujeres de esa cárcel, por primera vez en la vida
me llamó "gringa". Una mujer nos vio a nosotras,
supongo que nos escuchó hablando inglés y nos
dijo: "¿son gringas?". Entonces tuve que detenerme
y pensar, pero otra mujer nos preguntó acerca de
lo que pensábamos de la cárcel, y antes de que pu­
diéramos responder, dijo: "¿No se le parece a una
clínica psiquiátrica? ¿No nos tratan como si todos
estuviéramos locos?".
Bueno, de muchas maneras, esta prisión parecía
un poquito mejor que otras cárceles y prisiones en las
que he visitado a los prisioneros estadounidenses, al
menos algunos de ellos tenían acceso a programas de
carpintería, pastelería, arte, danza y costura; porque
del pequeño grupo de mujeres, la mayoría de ellas
estaba confinada a la costura. La división sexual del
8 :i
"'�
z
2"'
trabajo se afirma a sí misma en prisión,. y como se ¡;¡o..
"'
puede suponer, lo que más me sorprendió fue que <
...l

los hombres y las mujeres estaban participando en e
<
...l

un taller de danza, así que nos recibieron con un ¡;¡


performance de hip hop, en la cárcel. "'...
:,
e
Bueno, de cualquier forma, al final de la visita, z
me preguntaron qué pensaba de la cárcel y yo dije -­
o
�...l
o..
que estaba impresionada por el número de programas ;:¡
o
y la cantidad de hombres y mujeres que parecían u

beneficiarse de estos. Pero dije, soy aboliciónista y o
e
no creo que privar a las personas de la libertad como "'�
una forma de castigo logre alguna vez que nuestras �
e
o
sociedades sean más humanas. Y sé que hay muchas "';:¡
personas encarceladas aquí en Colombia bajo los
cargos de rebelión; presos políticos cuyo único crimen
es que les gustaría un cambio social en su país y en
el mundo. Dado que este encuentro tiene lugar en la
Universidad Nacional de Colombia, me gustaría hacer
un llamado a la liberación de Miguel Ángel Beltrán'.
Como ciudadanos de los Estados Unidos, incluso
ahora que nuestro presidente es negro, todavía tenemos
muchos problemas. Como ciudadana estadounidense,

2 Actual docente del departamento de sociología de la Uni­


versidad Nacional de Colombia. Encarcelado por tres años
tras ser acusado en 2009 de pertenecer a las FARC. Absuelto
en septiembre de 2016.
""z
lll
Q

z< debería preocuparme el papel que ha jugado el United


¡;
>­ States Bureau of Prisons (Departamento de Prisiones
"'
Q
de Estados Unidos) en la llamada "modernización"
de las prisiones colombianas, bajo los acuerdos del
�lll Plan Colombia. Y recientemente, un artículo de
z<
James Jordan, "The New Penitentiary Culture: U.S.
Designs for Colombian Jail. How the USAID Federal
Bureau of Prisons and the School of the Americas
have impacted Colombia's Prison System'\ en el
cual señala:

En medio de muchas discusiones sobre los


derechos humanos y el mejoramiento de las
condiciones de quienes han sido privados
de su libertad, en marzo del 2000, el emba­
jador de Estados Unidos, y el Ministro de
Justicia de Colombia firmaron el programa
para el mejoramiento del sistema de cárce­
les colombiano. 4

3 "La nueva cultura penitenciaria: el proyecto de los Es­


tados Unidos para las cárceles colombianas. Cómo la
Junta Federal de Prisiones de USAID y la Escuela de las
Américas han impactado el sistema de cárceles colom­
bianas".
4 "Amid much talk of human righcs and improved condi­
tions for those deprived of libercy, in March of 2000, che
us Ambassador and Colombia's Minister of Juscice singed
"'lll
z
g"'
Este programa fue llamado el despertar de una ¡¡¡
A,
"'
nueva cultura penitenciaria. Lo que resulta muy bi­
lll
zarro ¡Una nueva cultura penitenciaria! Y continúa: Q
,.¡
<
¡¡¡
El gobierno estadounidense, a través de la "'
Q
Agencia Estadounidense para el Desarrollo �
o
Internacional (USAID) y de la Junta Federal j;¡'
,.¡
A,
de prisiones (eoP), rediseñarán las institu­ J
o
ciones de máxima y media seguridad, a tra­ u
>
vés de inversiones de millones de dólares, o
Q
asesoría y vigilancia. [ . . . ] Lo central para "'
lll
lll
esta restructuración ha sido la construc­ Q
o
ción y la expansión de 16 cárceles nuevas J
"'
necesarias para lidiar con el influjo de unos

30.000 nuevos reclusos -lo que representa
un aumento del 40 %. 5

the 'Program for the improvement of the Colombian Prison


System".
5 "The us government, through the us Agency for lnterna­
tional Dcvelopment (uSAID) and the us Federal Burcau of
Prisons (eoP) , would redesign Colombia's maximum and
mcdium security institutions, providing millions of dollars
in funding advice and oversight. [ . . . ] Central to this rcstruc­
turing has been the building and expansion of as many as six­
tccn ncw jails designed to handle an inffux of sorne 30.000
ncw inmates - this would be an incrcase of 40 %".

as
La razón citada para la construcción de estas
nuevas cárceles es aliviar el hacinamiento. Cual­
quiera que alguna vez haya estudiado las cárceles
y las prisiones sabe que construir nuevas cárceles y
prisiones solo lleva a la construcción de nuevas cár­
celes y prisiones. Primero se alivia el hacinamiento,
y luego, esa misma facilidad empieza a presentar
hacinamiento, entonces construyes otra cárcel y esa
también empieza a tener hacinamiento. Esta es la
razón por la cual en los Estados Unidos hay ahora 2,4
millones de personas encarceladas, la vasta mayoría
de las cuales son negras o de color.
Ahora bien, antes de continuar, quisiera citar
un comunicado que los presos políticos colombianos
publicaron hace un año en el Día Internacional de
la Mujer:

Nosotros denunciamos y rechazamos las


políticas penitenciarias y de las cárceles
que, siguiendo los dictámenes de la Junta
Federal de Prisiones de Estados Unidos,
priorizan las consideraciones sobre seguri­
dad, militarización y privatización de los
establecimientos de encarcelamiento. Ellos
no tienen en cuenta cuestiones de género, y
homogenizan el tratamiento bajo criterios
86
"'lll
z
!2"'
que violan los derechos humanos de per­ ;11,
"'
sonas privadas de la libertad, e imponen :¡
lll
mecanismos de invisibilización, desperso­ Q
,.¡
<
nalización, antisocialización, especialmente ;
en lo referido a los presos políticos. "':,
¡.

Q

o....
Ellos continúan señalando el impacto particular lll
,.¡
11,
de las mujeres y dicen que: J
ou
>

Rechazan la construcción de penitenciarias o


Q

con el asesoramiento y los recursos de los "'�


lll
gringos [ . . . ] Son masas de cemento gris, lll
Q
o
construidas para hombres, pero también J"'
ocupadas por mujeres, de quienes ignoran ü

sus necesidades específicas como mujeres;
contenedores gigantes de hombres y muje­
res en los cuales tratan de hacernos pagar
de forma rigurosa por nuestros "supuestos
crímenes", donde buscan "normalizarnos",
lo que significa anular nuestra humanidad
y nuestra libre voluntad.

He iniciado con algunas reflexiones sobre las


conexiones existentes entre el sistema penitenciario
colombiano y el estadounidense por una serie de mo­
tivos. Primero, porque quisiera señalar los peligros de
modelar el sistema penitenciario colombiano a partir
del estadounidense; segundo, porque quiero enfatizar
el rol hegemónico que los Estados Unidos está jugando
en cuanto a las prisiones a nivel mundial; y en tercer
lugar, quisiera señalar que el desarrollo de un complejo
industrial penitenciario a nivel mundial, junto con
la militarización y la continua desterritorialización
de las comunidades indígenas y afrodescendientes
en Colombia es una de las principales amenazas del
siglo xx1.
Una aproximación desde el Black feminism al
complejo industrial penitenciario es también anti­
capitalista y supone analizar los roles de género y la
sexualidad en la producción de este. El análisis que
propongo de este enorme complejo, cuyos tentá­
culos alcanzan a los medios, a las cámaras del poder
ejecutivo y legislativo, y lo que es más importante,
a las instituciones de cooperación internacional y
transnacional, no es un análisis al cual haya llegado
yo misma como individuo. Por el contrario, este
análisis se ha nutrido profundamente del trabajo
de muchos activistas estadounidenses y de otros
lugares del mundo, así como de académicos que
han enfocado sus esfuerzos en entender el complejo
industrial penitenciario.

88
"',.¡

"'
Nos describimos colectivamente como aboli­ ¡;¡"­
"'
cionistas del siglo XXI. Ahora bien, el abolicionismo
,.¡
del siglo XIX apuntaba hacia la eliminación legal de Q
,.¡
<
la esclavitud, lo que no quiere decir que todos los ¡;¡
aspectos de la esclavitud fueran abolidos. De hecho, "'
Q
en Estados Unidos y en otras partes del hemisferio, z
o....
incluida Colombia, si no estoy mal, vivimos perse­ ,.¡
,.¡
guidos por el fantasma de la esclavización, por los J
ou
sedimentos de la esclavización y los poderosos vestigios >
de la colonización que permanecen muy presentes en o
Q

nuestras sociedades. Pero los abolicionistas del siglo "',.¡


,.¡
xx eran conocidos como activistas por los derechos Q
o
civiles, que buscaban socavar muy profundamente J
los vestigios de la esclavitud desafiando las leyes de
la segregación racial. Muchos activistas intentaban
también abolir la pena de muerte. Sin embargo, hoy en
día Estados Unidos es la única democracia industrial
que sigue usando la pena de muerte como un castigo
rutinario. Los abolicionistas del siglo XXI vemos tanto
a la pena de muerte y al sistema penitenciario como
el vivo y cruel legado de la esclavitud.
El encarcelamiento está completamente racia­
lizado. El racismo es la fuerza que impulsa el creci­
miento continuo de esta población encarcelada. En los
Estados Unidos, la gran mayoría de los prisioneros son
personas negras, latinos, nativos americanos y asiáticos
¡...
zlll
Q
<
z americanos; y virtualmente todos los que están en
> las prisiones son pobres. Solo tenemos una pequeña
"'
Q
cantidad de personas acaudaladas o millonarias en
<
,-1 las prisiones, y además van a prisiones especiales, a
lll
CI
z< las que llamamos clubes sociales. Actualmente, en
todo el mundo las personas del tercer mundo, las
que provienen del sur global, son las que conforman
la mayoría de esta población. Los abolicionistas del
siglo XXI luchan por alcanzar la abolición del encar­
celamiento como el modo dominante de castigo en
el mundo.
Ahora bien, creo que ya mencioné el hecho de que
Estados Unidos tiene la población encarcelada más
numerosa del mundo y el índice de encarcelamiento
más alto. El país que se presenta como el modelo
de la democracia para el resto del mundo tiene el
mayor índice de encarcelamiento. Uno de cada cien
adultos en Estados Unidos está tras las rejas. Y en un
día cualquiera, una de cada 37 personas está bajo el
control del establecimiento correccional, es decir, él
o ella está en la cárcel, o en prisión, o tiene casa por
cárcel, o está en libertad condicional o en vigilancia.
¡Esto es sorprendente! ¡Una de cada 37 personas en­
carceladas en los Estados Unidos!
En las comunidades de negros, latinos, indígenas
y en numerosas colectividades asiáticas los jóvenes
90
"'lll
z
o
:;;
son víctimas de una hipervigilancia por parte de la ;
"'
policía. Se los racializa, se los criminaliza y solo hace
lll
falta tiempo para que sean arrestados. De hecho, si se o
...
somete a una persona a vigilancia constante, es muy <

probable que en algún punto esa persona realice un "'E-­


acto que pueda ser considerado por las autoridades
o
como la violación de alguna ley. Esto probablemente ;;¡,
...
sea especialmente cierto aquí en Colombia. "
c.

o
Pero el punto que quiero argumentar es que la >
vigilancia racializada tiene más relación con quienes o
o
están tras las rejas que con actos criminales. Muchos "'lll
lll
estudios señalan que la raza es un determinante muy o
o
poderoso de quién va a prisión y quién no. "'
De manera que mientras exploramos la estructura
de lo que llamamos el complejo industrial peniten­
ciario, es importante reconocer cuán rentable se ha
vuelto el encarcelamiento. El castigo es una industria
vasta que genera enormes rentas para un gran número
de corporaciones. Si la esclavitud racializada fue tan
rentable que resultó ser el factor clave en el surgimiento
del capitalismo industrializado6 , entonces también
podemos decir que las prisiones en el siglo XXI son
tan rentables que se han convertido en la base de

6 Como prueba de la existencia de esta relación, véase Capi­


talism aná Slavery (1944) de Eric Williams.

91
una compleja red de instituciones que llamamos el
complejo industrial penitenciario. El racismo ayuda
a generar ganancias.
Sin embargo, la relación entre el racismo y la
ganancia no es simple. Para entender por qué este
sistema industrial penitenciario global, que está com­
plejamente impulsado por el racismo, ha surgido desde
finales del siglo xx y principios del XXI, tenemos que
analizar los cambios en la estructura del capitalismo
durante este mismo periodo. No es un accidente
que la era que presenció la expansión de las institu­
ciones de encarcelamiento desde 1980 en adelante,
a la que llamamos la era Reagan-Bush -el primer
Bush, George H. W. Bush- sea también la era de
la desindustrialización, en la que la manufactura se
transportó desde los continentes del norte hacia los
del sur. Fue también la era del desmantelamiento del
Estado de bienestar y del ajuste estructural en África,
Latinoamérica y otras partes del sur global. Estos
procesos económicos dejaron a una gran cantidad de
personas sin acceso al trabajo y a la educación; fue
el inicio del proceso de privatización del mundo, a
través de la globalización del capital y de la producción
y reproducción de sujetos e ideas neoliberales. Por
ejemplo, a medida que la salud se ha privatizado, una
creciente cantidad de personas ha perdido el acceso
92
"'lll

"'
a los medios necesarios para mantenerse saludable, ¡;¡
"'
física y mentalmente.
lll
Entonces, ¿cuál es el destino de la gente? Sin Q
,.¡

trabajo, sin acceso a servicios sociales, sin recreación, <


¡;¡
sin educación y sin seguridad social -cabe decir que "'
Q
estamos hablando de personas que ya sufrían a causa
o
del racismo y la pobreza-. Bueno, para responder ¡;¡-
,.¡
11,,
mi propia pregunta, estas fueron las personas que se J
ou
convirtieron en el objetivo del emergente complejo :,.

industrial penitenciario, a quienes el capitalismo global o


Q

consideraba superfluas. Estas eran las personas que "'lll


no obtuvieron trabajos, debido mayoritariamente a lll
Q
o
que la manufactura fue exportada a países donde la J
mano de obra era barata, el costo del trabajo bajo y
donde no se habían organizado sindicatos. Estas eran
las personas que no podían acceder a los sistemas
de salud y que no podían pagar por su salud. Debo
mencionar que en los países del sur global el proceso
de ajuste estructural ocasionó un traslado del capital
hacia sectores rentables, y por lo tanto privaron a la
gente de oportunidades de educación, recreación,
vivienda y salud. Estas eran personas de comunidades
racializadas que sufrían constantemente la vigilancia
adversa; una infracción a la ley e inmediatamente se
'-.._

veían envueltas en la red del sistema judicial.

93
También son las personas obligadas por las cir­
cunstancias a encontrar otras formas, a veces ilegales,
de sobrevivir. En Estados Unidos, así como en otros
países, el desmantelamiento del Estado de bienestar
y de otros servicios sociales dejó a muchas mujeres
pobres, sobre todo a mujeres de color en circunstancias
mucho más graves. La población de mujeres en las
cárceles aumentó como consecuencia de estos procesos.
Ahora, este fue el caso de Estados Unidos, en países
del sur global, sujetos al ajuste estructural, nuevas
cárceles y prisiones empezaron a llenar el paisaje.
Este fue entonces el escenario para el desarrollo de
un enorme complejo industrial penitenciario global.
No hemos explorado, sin embargo, cuán ren­
table terminó siendo lo anterior. Estas son ganancias
similares a las de aquellas compañías que reciben
contratos militares, y que se benefician con la gran­
dísima cantidad de dinero proveniente de la guerra.
Estamos familiarizados con el complejo industrial
militar, y podríamos hablar de Blackwater y las firmas
de seguridad en lrak, así como de la privatización
de la guerra en Irak y en Afganistán. Lo que quiero
decir es que se ha venido moldeando una formación
similar a lo que por años hemos llamado el com­
plejo industrial militar. Ahora debemos hablar de la
rentable empresa del castigo, del proceso de ganar

94
"'lll
z
o
;;;
grandes cantidades de dinero a partir de la violencia ¡;¡c.
"'
del encarcelamiento, y de cómo este proceso se genera
lll
y reproduce a sí mismo. Más prisioneros significan Q
,.¡
<
más ganancias para la empresa de arquitectos, para las ¡;¡
empresas constructoras, para las empresas privadas de "'
¡..
:;¡
Q
salud que proveen los servicios médicos a los prisio­
o
neros, para las compañías que proveen servicios a los ;;¡-
,.¡
c.
prisioneros -comida, uniformes, jabones, llamadas ::E
telefónicas-, y podríamos continuar. Así, creo que uo
>
entienden por qué las prisiones se pueden volver o
Q

sumamente rentables, en especial si se expanden en "'lll


enormes proporciones. lll
Q
o
Por lo tanto, si las prisiones son rentables, entonces "'::E
hay compañías y agencias que tienen un interés en la
continua expansión de estas, independientemente de
lo que sea justo o injusto. Así que esto no tiene nada
que ver con los individuos que son atrapados en la red
de los sistemas penitenciarios, sino con las ganancias
potenciales a las que las compañías puedan acceder.
Por ello, tenemos compañías carcelarias privadas,
como Corrections Corporation of America (ccA),
que vagan por el mundo buscando enriquecerse de
la construcción y operación de nuevas prisiones; de
hecho, esta compañía ha sido parte de construcciones
de cárceles en Colombia.

95
Ahora bien, las prisiones no solamente secuestran
a seres humanos, sino que devoran los recursos que
deberían usarse para educación, vivienda y salud, a
la vez que actúan como un paraíso para ideologías
retrógradas. Pero sobre todo, el racismo ha encontrado
un refugio en las prisiones, tanto en los Estados Unidos
como en el resto del mundo. El us Bureau of Justice
Statistics (Agencia Estadounidense de Estadísticas
Judiciales) concluyó hace poco que un hombre negro,
nacido en 2001, tiene una probabilidad del 39 % de ir a
la cárcel; los hombres latinos tienen una probabilidad
del 17 % y los hombres blancos tienen una probabilidad
del 6 %. A pesar de que la juventud negra representa el
16 o/o de la población joven, también representan el 28 %
del arresto juvenil, el 30 % de los jóvenes encarcelados
y el 58 % de jóvenes enviados a prisiones de adultos.
Entonces, Estados Unidos es el país líder mundial en
encarcelamientos, y aunque tenemos a un hombre
negro en la White House (Casa Blanca), tenemos a
más de un millón de hombres negros en la Big House,
que es como llamamos a las cárceles.
De manera que este es el racismo estructural que
impulsa al complejo industrial penitenciario y que se
ha extendido desde Estados Unidos hacia el resto del
mundo, hasta convertirse en la principal estrategia de
tratar, o mejor de no tratar, los problemas de pobreza
"'¡.¡

que ha creado y exacerbado el capitalismo global. Las l>o

prisiones se basan en y se benefician del racismo, el


o
¡.¡
sexismo/machismo, la homofobia, la transfobia; las
,.¡
<
prisiones ayudan a estabilizar nociones binarias y ¡;¡¡
¡..
"'
simplistas del género. Y las prisiones son especial­ ::>
o
mente opresivas frente a las personas gais, lesbianas y
o
transgeneristas. Pero quizá lo más peligroso de todo ;;¡-
es que las prisiones están diseñadas para crear un "
,.¡
l>o

o
sentido falso de seguridad, y sé que aquí en Colombia >
la seguridad es un tema constante -creo que en o
o
ningún otro país he tenido que abrir mi bolso tantas "'¡.¡
veces para que vieran lo que hay en él y para que lo o
¡.¡

o
olieran los perros-, pero de cualquier manera, estaba
hablando del falso sentido de seguridad que crean
las prisiones. Estas generan la impresión de que la
gente mala está tras las rejas y que la gente buena es
la que habita el "mundo libre".
Para concluir, considero que necesitamos urgen­
temente alternativas al encarcelamiento, necesitamos
desmantelar el complejo industrial penitenciario. Las
personas cuyas condiciones económicas y sociales
las llevan por trayectorias que guían a la prisión
necesitan mejores oportunidades. Y para lo anterior,
necesitamos nuevas sociedades que no estén basadas
en la noción capitalista de la ganancia, sino en el
propósito de servir a las necesidades de todos los seres

97
¡..,
zlll
Q
<
z
¡:; humanos: hombres, mujeres, personas trans, pobres,
> negros, otras personas de color, comunidades LGBTIQ,
CI)

� discapacitados, ancianos, y también de nuestros com­


Q

:i
lll
pañeros no humanos, así como de nuestro ambiente,
1.:1
z< con todo lo que ello incluye. Hago un llamado para
unir nuestras manos, nuestros corazones y nuestras
voces en la lucha por un mundo mejor.
GINA DENT

S é que el trabajo de ser un pionero es muy difícil,


así que voy a intentar hablar tanto para el contexto
académico como para el activista que produce el Black
feminism, con la esperanza de que en el futuro poda­
mos colaborar aún más en hacer de este un mundo
mejor para todos. Como dije, comencé mi trabajo
en el campo de la literatura, y también he trabajado
entre diferentes disciplinas académicas, por ejemplo,
la antropología, la literatura y el derecho. Menciono
esto porque la sola idea de generar intercambios en­
tre disciplinas ya establecidas, que pueden tener tan
solo ciento cincuenta años, es a menudo un asunto
controversial en la universidad. Además, esta es una
de las pocas cosas que desacredita y hace difícil venir
de un campo donde necesariamente se tienen que
cruzar esas fronteras. En el departamento de estudios
10 1
¡...
z
¡,¡

<
z feministas del que provengo es necesario considerar
¡;
la historia, la literatura, la sociología, la antropología,
el derecho, así como muchas otras disciplinas. Por
supuesto, también debo observar el texto no escrito,
las cosas que sé o que puedo aprender de otros, las
experiencias que las personas han vivido y que quizá
no tuvieron la oportunidad escribir, pero que pueden
convertirse en un nuevo tema dentro de este contexto.
Pero muchas veces las universidades no reciben
con buenos ojos estos nuevos campos, y una forma
en que nos hacen difícil hacer nuestro trabajo es
manteniéndose firmes en cuanto a las fronteras de las
disciplinas. Una de las cosas que me ha emocionado
del encuentro con la academia y el activismo negro
en Colombia es que hemos estado juntas en las aulas;
no se nos ha separado entre estudiantes, profesores
y activistas, y como lo expresa Angela Davis en su
conferencia "Racismo de Estado y complejo industrial
de las prisiones", hemos sido afortunadas de hablar
aunque fuera por poco tiempo con las mujeres de la
Cárcel Distrital, por eso me siento conectada con
muchas capas de la sociedad colombiana.
Quisiera hablar un poco de mi trabajo sobre las
prisiones y la cultura popular. Estudio las prisiones
no solamente a partir de las maneras en las que sé
que éstas han sido estudiadas en los últimos años
1 02

desde la psicología, la sociología y el cinc documental, �


sino que también estudio la cultura popular sobre las :.:.
prisiones. Una de las razones por las que hago esto es ,-1
(lj

z(lj
porque mucho del entendimiento que podemos tener "'
111
en nuestras discusiones políticas sobre las prisiones
tiene que ver con lo que hemos escuchado, visto u 1-
l>o

u
(lj

observado en nuestra cultura cotidiana; a menudo z


o
en la televisión, en las películas, en los libros y en las u
"'
<
muchas maneras en las que el conocimiento forma la ::s
(lj
,-1
base ideológica que da cuenta de lo que debe pasar en
el futuro con las prisiones. Como una abolicionista,
considero importante manifestar que creo en un
futuro sin prisiones, pero ¿cómo vamos a llegar allí?
La pregunta de cómo vamos a vivir sin las pri­
siones es de cierta manera diferente a la pregunta que
se hacían los abolicionistas del siglo x1x. Es diferente
porque, en parte, uno de los problemas de la prisión es
que utiliza la actividad del individuo en contra de él
mismo, incluso cuando se le persigue como miembro
de un grupo. Es decir, que cuando un individuo está
en prisión, está allí como resultado de un proceso
judicial que ha determinado que es culpable de algo,
de un acto. Una de las cosas que es difícil explicar,
incluso cuando se escuchan estadísticas de cuántas
personas negras están en prisión, es que tenemos que
pensar en cómo llegaron allí; si soy una activista o
103
una académica y les digo que existe una gran pro­
babilidad, de más del 30 %, de que como hombre
negro en Estados Unidos alguno de ustedes vaya a
prisión, un problema que tenemos que pensar, para
acabar con las prisiones y con su uso en este sentido,
es que entiendan que quizás ese hombre negro no sea
culpable por sí mismo.
De manera que el abolicionismo del siglo XXI
es diferente a la lucha para acabar con la esclavitud,
en la que era obvio para muchos que la razón por la
que uno se volvía esclavo no tenía nada que ver con
sus acciones individuales, uno nacía esclavo. Pero
erradicar el complejo industrial penitenciario tiene
un elemento ideológico aún más complicado, ya que
las ideas que ayudan a fortificarlo incluyen el pensa­
miento de que, aunque algunas personas son enviadas
a prisión injustamente y aun cuando existen presos
políticos, la gran mayoría de personas que están en
prisión son malas personas.
Así que espero que me acompañen en el proceso
de tratar de pensar cómo es que la idea de que esas
personas en las prisiones son malas nos impide ver lo
que como sociedad podríamos hacer con ellas. Como
afirma Davis, en respuesta a lo que las abolicionistas
sugerirían, hay muchos aspectos de la sociedad que
habría que cambiar con el propósito de disminuir el
104

uso del encarcelamiento como una supuesta solución.



Pero quisiera tratar de mostrar qué tiene que ver esto :s...
con el Black feminism. ..,
lll

zlll
Sé que muchas personas no se identifican como "'lll
feministas o feministas negras, pero eso no es para ..,<
mí de gran importancia. Lo que me resulta muy rele­ ..
::i
¡...

lll
u
vante es poder expresar la herencia robusta, vibrante e z
ou
importante del Blackfeminism que, con suerte, podrá "'
<
abrir un mundo de pensamiento diferente respecto ::!!
..,
lll

a la prisión. Como mencioné anteriormente, soy


profesora en el departamento de estudios feministas
de la Universidad de Santa Cruz, California, pero en
ese departamento no solamente estudiamos temas
de mujeres o a las mujeres, sino que estudiamos al
mundo desde una perspectiva feminista. No nos
es importante si las personas con las que estamos
trabajando se entienden e identifican como femi­
nistas, lo que nos resulta importante es el trabajo
que hacen. De hecho, existen muchos feminismos
negros y creo que comprendemos que la virtud de
haber nacido como una mujer negra no garantiza
necesariamente que se tome una posición progresista
en causas raciales, de género o cualquier otra causa
que pueda emerger. Es uno de nuestros problemas
contemporáneos más urgentes y alarmantes, ¿cómo
podemos tratar la contradicción de que tenemos cada
10 5
vez más -aunque aún son pocas- personas negras
en posiciones de poder, pero que esto no ha cambiado
necesariamente la perspectiva que tenemos, o el rol
que juega el Estado en la mayoría de nuestras vidas?
Por lo tanto, quisiera enfocarme, aunque haya
muchos feminismos negros, en el tipo de feminismo
con el que me siento más solidaria. Es decir, el femi­
nismo negro que considera al Estado no como algo
alejado, o simplemente limitado al gobierno, sino que
también lo considera en términos de las ideologías
que tienen las personas, que considera nuestras vidas
internas, las impresiones que constituyen el contexto
que precede nuestra llegada a los conocimientos
académicos, y que forman también el contexto que
precede nuestra entrada al activismo.
Sobre esto quisiera contarles acerca de una mujer
negra de los Estados Unidos, que vivió en los siglos
XIX y xx, se trata de Ida B. Wells. Ella era una acti­
vista, mejor dicho, se volvió una activista, en parte,
por el modo en que vivía. Era una mujer negra que
vivió después de que la esclavitud había acabado en
los Estados Unidos, pero para quien el legado de la
esclavitud era muy poderoso. Setenta años antes de
que una mujer llamada Rosa Parks se negara a dar
su puesto en un bus, Wells se había negado a dar su
asiento en un tren. Ella se encontraba viajando en
106

el sur de los Estados Unidos y un conductor blanco ....


ti
le pidió que se trasladara a un vagón de carbón para :.s
que un hombre blanco pudiera tomar su asiento, ..i
¡.¡
z¡.¡
pero ella se negó. Este fue tan solo el principio de su "'¡.¡
activismo, uno de un tipo más familiar. Sin embargo,
años después, tres de sus amigos fueron atacados y ...
¡..

linchados violentamente, a causa de lo cual Wells u¡.¡


z
ou
se volvió una activista muy comprometida en la "'
<
campaña en contra del linchamiento. Al respecto, '=¡.¡
escribió estas palabras: "Ninguna nación, salvaje o
civilizada, a excepción de los Estados Unidos, ha
confesado su inhabilidad de proteger a sus mujeres
de otra manera que no sea ahorcando, disparando o
quemando a sus presuntos atacantes'>i . .
Wells se refiere a los alegatos hechos en contra de
los hombres negros, en particular cuando las mujeres
blancas los acusaban de violación, que era el cargo
principal por el cual se justificaba supuestamente
el linchamiento. Wells hizo de su vida un trabajo
constante para demostrar tanto la falsedad de esos
cargos, como la naturaleza de esas relaciones, a menudo
voluntarias, entre hombres negros y mujeres blancas,
pero sobre todo para señalar la violencia estatal, tanto

"No nation, savage or civilizecl, save only the United States


of America has confessed its inability to protect its women
save by hanging, shooting and burning alleged offenders".

107
del gobierno como de los actores al margen de la
ley, que trabajaban conjuntamente para despojar a
la gente negra, no solo de sus vidas, sino también de
sus propiedades y de su dignidad.
La campaña que ella desarrolló en contra del lin­
chamiento es ahora legendaria en los Estados Unidos
y algunos la reconocen como una de las mujeres más
importantes en nuestra historia. Aquellos que la
nominan como una de sus figuras más importantes
son con quienes queremos estar en solidaridad. Y
espero, algún día, poder nombrar a tantas mujeres
afrocolombianas en la historia de este país como puedo
nombrar mujeres estadounidenses; espero algún día ver
en los libros de historia nombres como los de Francia
Márquez Mina. He venido preguntando ¿quiénes son
las feministas negras de la historia colombiana? He
oído el nombre de Agustina•, de Ana María Matamba3

:z. Conocida como "La negra Agustina", füe una esclava du­
rante la Colonia en el municipio de Tadó, Chocó, quien
después de sufrir numerosos abusos por parte de su escla­
vista, incendió su casa y lideró una lucha con las mujeres
esclavizadas. Su historia inspiró la película Chocó (:z.014) del
realizador colombiano Jhonny Hendrix Hinestroza.
3 Ana María Matamba fue una esclava afrodescendiente na­
cida en Honda, Tolima. En los diferentes oficios con los
que buscó su libertad, en un intento por validar un acuerdo
entre su madre y el esclavista Justo Layos, firmó con su ape­
llido Matamba, a pesar de las correcciones de los jueces que

108

i:'.?
:'.;
�t.;
en el palenque y de Paula de Eguiluz4 • ¿Cuántos

colombianos conocen estos nombres? �
Vuelvo a Wells y a otras mujeres que todavía no ,-l
lll
zlll
han sido nombradas y que se han concentrado en la .,,lll
lucha contra la violencia del Estado como una tarea ,-l
<
::,
del Blackfominism. Me enfoco en esta violencia porque ¡.,"'

creo que esta perspectiva del feminismo negro también ulll


z
ou
nos puede ayudar a comprender qué queremos decir .,,<
cuando hablamos del Estado. Como mencioné, quiero ;:¡¡
lll

o
,-l
que pensemos también sobre lo que está en nuestros
corazones y en aquello a lo que hemos estado expuestos.
En la Cárcel Distrital de Bogotá compartí con una
mujer joven llamada Lorena Hillon5 , quien nos dijo
que nunca había estado dentro de una prisión y nos

intentaban hacerla firmar con el apellido de su esclavista. Su


esfuerzo por mantener vivas sus raíces angolanas la convir­
tió en un referente de la identidad afro en Colombia.
4 Paula de Eguiluz fue una esclava afrodescendiente nacida en
el Caribe, cuya sabiduría en medicina ancestral africana le
ocasionó tres juicios por brujería. Para conocer una parte de
su legado, ver: Maya, Andrea. (2003 ) . "Paula de Eguiluz y
el arte del bien querer, apuntes para el estudio de la sensua­
lidad y del cimarronaje femenino en el Caribe, siglo xvn".
Historia Crítica 24. Su historia inspiró el libro Yo, bruja de
lsidora Chacón y la serie de televisión producida por Nedlix
Siempre bruja (2019).
5 Lorena Hillon hiro parte del equipo de apoyo y traducción
durante la visita de Davis y Dent a la Universidad Nacional
de Colombia.

109
¡..
z
¡,¡

<z
¡; describió la fuerte impresión que esta experiencia
causó en ella. Creo que es importante que la gente
se tome el tiempo para visitar las prisiones, si acaso
tienen amigos, familiares o colegas que están dentro;
pero también que demanden visitar y tener acceso a
ver lo que hay dentro de las prisiones, porque como
afirma Davis, ver sus prisiones es entender un país.
Estar dentro de una cárcel puede desestabilizar
algunas de las imágenes que tenemos de las prisiones;
pero al mismo tiempo, esas imágenes pueden no ser
tan fáciles de desestabilizar, y este último asunto es
el tema de mi trabajo. A menudo, cuando doy una
conferencia sobre las prisiones, intento enfocarme en
películas y programas de televisión de ficción, y la gente
me pregunta ¿por qué? Después de todo hay muchos
documentales que nos dejan ver lo terribles que son
las prisiones. Pero me concentro en películas, libros y
programas de ficción, porque son estos lugares donde
a menudo las ideas que tenemos sobre las prisiones
se arraigan más fuertemente. De hecho, incluso en el
ejercicio de investigación es muy difícil imaginarse una
prisión sin acudir a las imágenes mentales que tenemos
de estos lugares. Así que quisiera usar el feminismo
para reconsiderar la epistemología de estas categorías
de la experiencia; es decir, quiero usar el feminismo
para que nos ayude a pensar por qué, desde una
1 10



perspectiva que se enfoca en la experiencia, podemos �
t:3
también cuestionar cómo se teoriza la experiencia. �
El Blackfominism se ha descrito frecuentemente ..i
lll
zlll
como una forma de teoría que atiende sobre todo a la "'lll
experiencia, que debe basarse en la experiencia; que, ..i
<
::,
con el propósito de no alejarse de las mujeres negras, ¡.,
c.
lll
debe atender a la experiencia de quienes han vivido su u
z
ou
vida como mujeres negras. Esta es una característica "'<
muy importante, pero conlleva algunas cosas más bien J
lll
..i
incómodas que tienen que ver con la imposibilidad
de establecer la autoridad únicamente a partir de la
experiencia. Por lo tanto, me voy a referir a la prisión
como frontera. La prisión es una frontera en el sentido
en el que a menudo se la ha comparado con el tercer
mundo. Y estando aquí, en el sur global, quisiera que
evaluáramos las implicaciones de que se compare al
tercer mundo con las prisiones.
La mayoría del tiempo, cuando esto se discute
en los Estados Unidos, se aborda como si el tercer
mundo no fuera el tema del debate, enfocándose en
la prisión, así que es una analogía formulada con
tremenda irresponsabilidad. Sin embargo, hay otra
forma de pensar en esto; de hecho, podemos considerar
a la prisión como una frontera en muchos sentidos:
podemos pensar sobre las maneras en que la prisión
es vista como un tercer mundo. Nuestras referencias
111
en los Estados Unidos a las condiciones del tercer
mundo fueron diseñadas tanto para sorprender como
para avergonzar, y tienen una efectividad política
importante; muy rápidamente, estas descripciones
adquieren la textura del complejo industrial peni­
tenciario, que sexualiza y racializa las relaciones eco­
nómicas en un patrón familiar relacionado también
con el precario sistema de salud, el limitado acceso
a esta, el hacinamiento y la explotación del trabajo.
En nuestra cultura digital, en nuestras películas y en
la televisión, esto se traduce en ciertas producciones
que muestran a una gran masa negra de caos, como
un obstáculo para el potencial, pero siempre posible,
desarrollo de los protagonistas o de los personajes,
quienes son el centro de la historia.
Ahora bien, las prisiones no son todas iguales
pero, como en el análisis del Estado, la prisión se
distingue por una serie específica de funciones que se
están globalizando y universalizando; cada vez más las
prisiones son más efectivas que quizá cualquier otro
espacio en reproducir economías raciales y sexuales, y
las tecnologías que han permitido esto requieren que
se les preste una atención especial, incluso por parte
de aquellos que no consideran a las prisiones como
puntos centrales, o por aquellos que las consideran
como un ejemplo extremo, en la periferia de su marco,
ll2
incluso mientras continúan implementándose nuestras
descripciones de las intersecciones entre raza, género,
sexo y clase con las nuevas formaciones rituales que
la prisión ayuda a describir.
Quiero sugerir entonces que es significativo
considerar una forma de narrar el mundo, desde una
perspectiva en que se pueda ver a la prisión como
opuesta al mundo libre. Aquellos de nosotros que
somos activistas en las prisiones y muchos prisioneros,
nos referimos al mundo fuera de la prisión como un
"mundo libre". Es muy importante ser capaces de
pensar la relación entre el mundo libre y la prisión
a través de la comprensión de las relaciones entre el
primer y el tercer mundo. Es una manera de empezar
a pensar sobre qué tipo de frontera realmente tenemos.
Para las feministas, este borde particular de las prisiones
es especialmente importante, porque es también un
espacio de subalternidad, en el que aquellos que están
adentro no pueden ser vistos. Esto no significa que
no pueden ser vistos en el sentido de que no los po­
demos mirar, sino en el sentido de que cada imagen
de la prisión es inmediata, debe ser generada a través
del Estado, incluso si ha sido obtenida desde nuestro
propio pensamiento y experiencia.
De manera que estudiar la prisión es de suprema
importancia para los intelectuales, no solo porque hay
II}
millones de personas tras las rejas, sino también porque
necesitamos cuestionamos nuestra propia complicidad
con este hecho, y nuestra responsabilidad respecto
a este. Como feministas negras, es importante que
siempre nos movamos hacia los límites de nuestra
visibilidad. Cuando los académicos se refieren a aquel
que es subalterno, se están refiriendo al que es más
oprimido, al más lejano de nuestra vista, a aquel que
para nosotros es el más difícil de ver, y en este sentido,
los prisioneros son en extremo sujetos subalternos.
Sin embargo, si queremos acabar con el hábito de
usar las prisiones para resolver, de forma aparente, los
problemas de nuestra sociedad, esto no significa que
tenemos que pensar sólo en términos del despliegue
de las imágenes más horríficas y de las terribles con­
diciones existentes dentro de las prisiones. Debemos
hacer más que esto, debemos encontrar también formas
de abrazar la humanidad de quienes están adentro,
y este es el tipo de ejercicio imaginativo con el cual
usualmente no nos comprometemos. La experiencia
del B/ackfeminism me enseña a prestar igual atención
al dominio de la degradación y al dominio del placer;
a enfocarme, no solo en cómo somos oprimidos, sino
también en cómo podemos ser felices; se trata de un
proyecto político diferente porque es uno que nos lleva
a vernos en nuestra integridad como seres humanos y
114
i
�....
como seres que no quieren seguir siendo subalternos.

La subalternidad no es algo que deseamos, no es una �
condición que debe ser preservada; es una condición ....

zo¡
que debe ser superada, y no puede ser superada por un "'o¡
individuo solo, sino que necesitar estar en solidaridad
con los demás. ¡..
I>,

Quisiera leerles un pasaje del ganador del premio u
z
o
Nobel, Imre Kertész, de la novela Fatelessness6, en u
"'
<
su traducción al inglés desde el húngaro; este título o¡....
logra ir lejos en la escritura de las narrativas del
internamiento, el título mismo nos permite pensar
en el problema del destino y en el de determinar el
destino de alguien por medio de su virtud. Gyuri,
el personaje principal, es liberado de un campo de
concentración en Buchenwald, quien hacia el final
de la novela describe este lugar de una manera inusi­
tadamente bella, inapropiada en sus afectos, y en un
estilo que no parece encajar en las maneras en que
se suponen deben ser representados los lugares más
degradados de nuestra sociedad.

6 Fateksmess es la traducción al inglés de la palabra húngara


Sorstalansdg, título de una novela publicada en 1975 y cuya
traducción al castellano se titula Sin destino, publicada en el
20m por la editorial Acantilado en Barcelona, y traducida
por Judith Xantus.

115
En el fragmento mencionado, Gyuri es abordado
por un periodista, él está hablando con alguien en el
tren que le pregunta sobre su experiencia, y el texto
en la novela se alterna entre las respuestas de Gyuri y
sus pensamientos respecto a esas respuestas. Él usa el
término "natural" cuando responde a las preguntas del
periodista y el periodista le pregunta, "¿Hijo, vienes
de Alemania?", él dice "Sí", y el periodista pregunta,
"¿Vienes de los campos de concentración?", a lo cual
Gyuri responde, "Naturalmente". Su voz calmada
y modulada, que carece de la tristeza y el desespero
apropiado, perturba al periodista, quien trata de relegar
el espacio del campo ya sea al asentimiento natural
con la cabeza o al infierno. Aunque sé que estamos
teniendo problemas con la triple traducción7, lo que
estoy tratando de sugerir a través de esta novela, escrita
en un estilo poco usual en una tradición de escritura
que a menudo se concentra en la desesperación, es
que quizá no solamente lo que debe ser representado,
y que es importante para Gyuri hacerle ver al perio­
dista, es lo ordinario, cotidiano, rutinario y natural
que es para alguien como él estar en un campo de
concentración.

7 Se refiere a la triple traducción, del húngaro al inglés y del


inglés al castellano, por parte de la traductora de la confe­
rencia.

1 16



Esto no quiere decir que a él no le perturbaba ....
t3
esa experiencia, sino que él estaba también dentro de �
sí mismo, enfocado en otra cosa. Voy a citar nueva­ ,.¡
lll
zlll
mente la novela, el periodista pregunta: "¿Podemos "'lll
imaginar un campo de concentración como algo que ,.¡
<
:J
no sea el infierno?", y Gyuri contesta: ¡.,
c.
lll
u
z
ou
Mientras yo removía pequeños círculos con "'<
el talón del zapato en el polvo debajo de mi ::E
lll

o
,.¡
pie, cualquiera podía pensar lo que quisiera
del campo, pero en lo que a mí respecta, yo
solo podía imaginarme el campo de con­
centración, dado que era de cierta forma lo
único con lo que estaba familiarizado, pero
no el infierno. 8

Entiendo que esta ref lexión implica mucha


paciencia porque, por un lado, se trata de ideas muy
ordinarias y, por el otro, el lenguaje es muy complicado
e intelectual. Pero trataré de terminar leyendo esta

8 "Can we imagine a concentration camp as anything but a


hell? He asked, and I replied, as I scratched a few circles
with my heel in the dust under my feet, that everyone could
think what they liked about it, but as far as I was concerned
I could only imagine a concentration camp, since I was
somewhat acquainted with what that was, but not hell"
(248-249) .

1 17
parte y después explicando algo más, de tal forma que
tengamos más tiempo para el debate y las preguntas.
La novela termina con una afirmación mucho más
provocativa y coloquial:

No existe nada imposible que no vivamos


de forma natural, y al mantener un reloj
conmigo durante mi viaje, como en una
trampa de la que no podía escapar, yo ya
sabía que allí habría felicidad [ . . . ] Todos
preguntan solamente por las dificultades y
las "atrocidades" mientras que para mí tal
vez sea esa experiencia la que seguirá siendo
la más memorable. Sí, la próxima vez que
me pregunten, debería hablar de eso, la fe­
licidad en los campos de concentración. Si
de hecho me preguntan. Y siempre que yo
mismo no lo olvide. 9

9 "There is nothing impossible that we do not live through


naturally, and keeping a watch on me on my journey, like
sorne incscapable trap, I already know there will be hap­
piness [ . . . ] Everyone asks only about the hardships and
thc 'atrocitics', whcreas for me pcrhaps it is that cxperience
which will remain the most memorable. Yes, the ncxt time I
am asked, I ought to spcak about that, the happincss of the
concentration camps. If indced I am asked. And provided I
mysclf don't forget".

118
Sugiero esto porque, como tal vez Lorena aprendió
de su visita, nosotros sabemos que la prisión es un
lugar difícil, creo que todos lo sabemos, pero pienso
que nuestra cultura popular no suele mostrar lo or­
dinario que hay en lo extraordinario de la prisión, y
qué tan conectados debernos sentirnos con aquellos
que permanecen dentro. Algunas veces, corno en
nuestra visita, la prisión fue también un lugar para la
risa; una mujer que conocimos allí, y que se presentó
a sí misma corno Érika, estaba muy feliz de conocer
a Angela Davis, y muy entusiasmada con tornarse
fotos con nosotras, con disfrutar, porque claro, eso
también es parte de lo que sucede adentro. Propongo
esto porque necesitarnos movernos hacia una cultura
que se rehúse a deshumanizar a los prisioneros, y
si nosotros querernos llegar a ese punto en el cual
podamos imaginar una solución aparte de las pri­
siones, necesitamos movernos hacia un lugar donde
podamos crear representaciones de la vida adentro,
llena de complejidades, humanidad y, a veces, alegría.
Quisiera pensy en esto corno un proyecto feminista
porque al imaginar un nuevo mundo, no podernos solo
enfocarnos en lo terrible, el pasado ha sido terrible.
Es difícil comprometerse con las personas en una
causa en la que no existe alegría, y el Blackfeminism
lo sabe bien, es parte del trabajo de este feminismo
1 19
¡..
z..i
o
<
z
t.,
no solo revelar las cosas terribles de este mundo, sino
también permitirnos ver las cosas más alegres.

1 20
F rancia Márquez Mina nació en la vereda Yolombó,
ubicada al norte del departamento del Cauca en
el municipio de Suárez, en el suroccidente colombia­
no. A sus 36 años ha liderado una lucha incansable y
valiente en contra de la minería ilegal desarrollada por
grupos criminales que han intimidado y desplazado
a sus comunidades. Francia ha emprendido batallas
legales en contra de la asignación de títulos mineros
a las multinacionales que pretenden practicar la
actividad en territorios ancestrales del norte del de­
partamento del Cauca -zona con gran presencia de
comunidades indígenas y afrodescendientes- y ha
movilizado comunidades enteras, en especial grupos
de mujeres, que reclaman la atención del Estado.
Pocos días después de la entrevista, el 23 de abril
del 2018, Francia recibió el Premio Goldman Environ­
mental, el reconocimiento más importante del mundo
al trabajo comunitario de líderes ambientales que
defienden sus territorios y sus actividades tradicionales.
123
***
Mara Viveros: Buenos días Francia, cuéntanos
cómo se articuló contigo la visita de Angela Davis y
Gina Dent a la Universidad Nacional de Colombia,
en septiembre del 2010, y cómo fue recorrer La Toma
con ellas. Hagamos este ejercicio de memoria.
Francia Márquez: En el año 2009 nosotras empe­
zamos con el problema del desalojo de La Toma. En
el marco del conflicto armado y violando el derecho
fundamental a la consulta previa, se entregaron títulos
de explotación minera a empresas multinacionales
como la Anglo Gold Ashanti y a personas foráneas
como el señor Héctor Sarria y el señor Raúl Fernando
Ruiz. Estas dos personas empezaron a solicitar amparos
administrativos, órdenes de desalojo de la comunidad
y nosotros empezamos a hacer todo un proceso de
resistencia para no dejarnos sacar del territorio. La
primera vez que fui a Estados Unidos creo que fue
en febrero del 2012, no, del 2008, o algo así, bueno
no me acuerdo muy bien, yo fui a San Francisco en
ese mismo año que estábamos en la lucha contra el
desalojo de La Toma, a finales del 2009, más o menos.
MV: De acuerdo, ¿y esa relación con San Fran­
cisco cómo se dio?
FM: Yo había conocido antes a una compañera
que se llama Tiana Paschel. Ella había estado aquí

124
en Colombia haciendo un estudio en el marco de su
doctorado sobre los movimientos sociales en América
Latina. Había ido a Brasil, Cuba y había venido a
Colombia, y yo la conocí a ella en un encuentro de
jóvenes estudiantes afrocolombianos que se hizo en
Buenaventura. Yo no era estudiante, fui porque me
invitaron los jóvenes estudiantes, y pues ahí digamos
que pasó algo en ese evento que como que a ella le
impactó y es que los jóvenes estaban hablando mucho
de cosas que para mí como que no tenían lógica.
Entonces yo les hice un llamado de atención muy
fuerte. Les dije como que, "¡Ey!, la comunidad negra
tiene las esperanzas en ustedes; espera que ustedes se
eduquen para que ayuden a generar condiciones de
vida dignas para la gente; a mi comunidad la están
desplazando de allá y lo que uno esperaría es que es­
tudiantes como ustedes, que tienen más conocimiento
que nosotros, puedan responder a lo que requiere la
comunidad negra y no estén peleando aquí por cosas
que no tienen mucho fondo. Los papás de ustedes
que los mandan a estudiar, los mandan porque tienen
la esperanza de que ustedes con su estudio ayuden".
Eso como que le impactó mucho a ella, entonces
después me llamó y nos hicimos amigas y empezamos
a hablar mucho y a encontrarnos mucho, y bueno
hoy somos como hermanas, casi, nos vemos como

125
dos hermanas. Ella fue quien organizó una gira para
que yo fuera y visibilizara la problemática de lo que
estaba pasando en La Toma. Entonces, la primera
vez que fui a Estados Unidos, fue a San Francisco,
California, cuando ella estaba estudiando en la
Universidad de Berkeley. Entonces ahí organizamos
una cita con Angela Davis, para mí eso fue como,
¡wow! [risas], fue lo máximo haber podido conocer
a una mujer que luchó por los derechos civiles allí
en Estados Unidos, que estuvo cerca de las Panteras
Negras y como que ahí está la resistencia, ¿no?
Tuve muchas reuniones en distintas universi­
dades en otras partes, fue una gira como larguita,
pero para mí ese encuentro con Angela Davis fue
lo más impresionante. Yo no lo podía creer, que
yo estuviera con una mujer tan reconocida a nivel
mundial, una mujer negra de talla mundial, y en­
tonces empezamos a hablar y ella me contó toda la
historia de cómo fue que le tocó en su infancia en
Alabama y de cómo quemaban las casas donde vivía la
gente negra y cómo su mamá también era una mujer
activista que luchaba por los derechos civiles, y su
familia. Me dijo que ella vio todas esas injusticas y
desde ahí empezó a meterse en los distintos procesos
políticos, hasta que visitando a los hermanos Jackson,
a quienes apresaron injustamente también, por todo
126
ese complot de criminalización de la gente negra en
Estados Unidos, además de la segregación racial que
había, entonces entendí como mucho de eso. Eso es
lo mismo que nos está pasando en Colombia, ¿no? Yo
me lo decía entre mí, y entonces me dijo: "yo estuve
presa, me cogieron presa injustamente; yo me vinculé
al movimiento de la lucha por los derechos civiles y
nosotros, en un momento determinado, pensamos
que las armas eran una opción para liberarnos de toda
la violencia. Al ver cómo quemaban a la gente, cómo
colgaban a la gente negra, tomamos esa decisión.
A muchos jóvenes los metían presos por cosas que
no eran significativas". Ella me contaba que ese era
el caso del hermano Jackson y que después, el otro
hermano más joven, dolido, había entrado al juicio y
había disparado y todo eso, y que a ella la terminaron
haciendo responsable del arma que llevaba George
Jackson cuando fue ametrallado en la prisión. Ella
fue encarcelada y condenada a muerte . . .
Yo le dije: vengo a buscarla porque sé que usted
tiene una voz internacional y que su voz se escucha
y el gobierno de Colombia está desplazando a mi
comunidad, nosotros llevamos desde 1636 en nuestro
territorio, y quiero saber que su voz está en solidaridad
con nosotros; como que usted va a hacer algo para ayu­
darnos. Porque yo me sentía desesperada y frustrada,
127
entonces ella dijo, "usted no me tiene que pedir eso,
porque la solidaridad salvó mi vida, la solidaridad
internacional. Yo estaba condenada a pena de muerte
y fueron los movimientos internacionales los que me
salvaron. Yo tengo una deuda histórica y de vida con
las distintas luchas en el mundo, porque fueron ellos
quienes me salvaron", entonces ahí yo le dije que
sería bueno que viniera y visitara mi comunidad y
ella respondió que lo iba a pensar. Pero yo no sabía
que ustedes [en la Escuela de Estudios de Género],
la habían invitado, y yo se lo dije así, aun sabiendo
que teníamos muchas limitaciones también. Esto me
marcó mucho y yo me identifiqué muchísimo con
su lucha y sentí que en distintas partes del mundo
siempre como comunidad negra nos toca la misma
historia y las mismas situaciones. Y eso que pasó en
los años sesenta y setenta se repite en pleno siglo XXI,
todavía se repite la misma historia . . . Desde ese mo­
mento, ella me inspira mucho. Yo no he tenido una
comunicación fluida con ella porque no hablamos el
mismo idioma y eso es una limitación, pero bueno
yo creo que sí es muy importante.
Y algo importante, yo le pregunté a ella, y es
algo que nunca se me ha olvidado, ¿y ahora que
Barack Obama está en el gobierno, qué significa
Obama para usted?, y ella me dijo: "Para los negros

128
de aquí, el que Obama esté ahí en la Casa Blanca es
importante simbólicamente porque sabemos los pasos
que se han tenido que dar para llegar ahí, para que
un hombre negro se pare ahí. Sin embargo, Obama
no representa a los miles de negros que hoy se están
pudriendo en las cárceles, incluso negros que lucharon
por los derechos civiles aquí, que todavía están en las
cárceles, muriéndose allá, entonces Obama es un negro
en la Casa Blanca, pero no representa a los miles de
negros que están en las cárceles de Estados Unidos".
Y eso me enseñó que ahora que estoy en esto de la
política, debo ser muy cuidadosa, porque el hecho de
que haya una cara negra no significa que esa persona
está representando y revindicando los derechos de
los negros. Ella me dijo que Obama no hubiera sido
presidente si nosotros y los ancestros no hubiéramos
hecho la lucha que hicimos, porque, aunque Obama
no representa a la gente negra, él sí tiene la piel negra
y por el hecho de tenerla, si esa lucha no se hubiera
dado, él hoy no estaría ahí en la Casa Blanca. Cien
años atrás, si esa lucha no se hubiera dado, él no habría
podido estar ahí, entonces, la lucha de nosotros sí
ayudó para que él estuviera ahí, pero él no revindica
la lucha nuestra, porque hoy todavía tenemos todos
unos desafíos, y como que esas cositas me dejaron
enseñanzas. . . Y pues ahora yo he visto gente negra
1 29
a la que ponen en el gobierno y dicen: "yo soy el
representante de la comunidad negra", pero eso no
es así. No es así porque representan una cara negra,
pero responden y obedecen a otros intereses, de la
misma supremacía blanca, por así decirlo, entonces
eso es frustrante también.
Y yo creo que, si uno aspira a meterse en cosas
políticas y a meterse en el Estado, pues tiene que tener
eso claro, ¿sí?, creo que eso lo aprendí de Angela Davis.
Después de eso, me di cuenta del encuentro que
ustedes hicieron acá y ahí sí me dijo Roosbelinda
Cárdenas, "Francia, Angela Davis va para Colombia
porque la invitó la Universidad Nacional, ¿por qué no
aprovechamos que ella va allá y de una vez le exten­
demos la invitación para que vaya a La Toma? Porque
no vamos a tener plata para traerla directamente para
La Toma". A Roosbelinda la conocí por Juan Mejía, su
esposo. Cuando nos estaban desalojando de La Toma
él fue a hacer un documental allá para visibilizar la
problemática y por eso fue que nos conocimos. Roos­
belinda se conocía con Carlos Rasero, que es también
antropólogo y fue así como terminamos haciendo
unas hermandades ahí. Fue así que aprovechemos ese
espacio para ir de una vez a La Toma.
Nosotras la recogimos en el aeropuerto de Cali
y en el camino a La Toma yo le fui explicando sobre
130
los cultivos de la caña de azúcar, le fui contando que
estos territorios eran de la gente negra y que después
de la Revolución cubana se expandió el monocultivo
de caña de azúcar acá. Le dije, allá en Suárez, en
Buenos Aires, se construyó una represa para regular
el agua, para poder avanzar en el monocultivo de
caña de azúcar acá, y esa ha sido una forma de ex­
propiación de la tierra a la gente negra de esta región,
y después le expliqué lo de las minas ancestrales. Le
dije que nosotros hemos estado en estos territorios
históricamente y hoy el subsuelo es del Estado, y el
Estado bajo esa premisa nos está quitando, sacando
del territorio, cuando nosotros hemos habitado por
muchos años en ese territorio. Hay una lucha ancestral,
los mayores nos dijeron a nosotros que esas tierras las
compraron con trabajo en las minas y en las haciendas
esclavistas y hoy esas tierras se han ido expropiando
por los intereses económicos. Entonces empezamos
a hablar del modelo económico, sobre la represa de
Salvajina que se construyó en nombre del desarrollo
de la gente, pero que generó más empobrecimiento.
Cuando íbamos subiendo, muchas mujeres par­
ticiparon, el encuentro fue con mujeres de La Toma
y hubo algunas "mayoras", que yo creo que le im­
pactaron mucho a Angela Davis, cuando las escuchó
hablando. Y bueno la gente bailó "fuga", ella bailó
131
con la gente y ahí hablamos del modelo económico,
de cómo estaban explotando y sacando a la gente del
territorio. Pero algo nuevo que Angela nos dijo y de
lo que nos hizo caer en cuenta es que en la ribera del
Cauca se está construyendo la cárcel más grande de
América Latina, que es la cárcel de Jamundí. Ella
nos dijo "esa cárcel que se está haciendo ahí es para
ponerlos presos a ustedes; esa cárcel es para ustedes
que están resistiendo, ahí los van a colocar a todos,
porque eso es parte de una estrategia global; las
cárceles no están para resocializar a la gente, están
para encerrar a la gente que lucha y que resiste y a la
gente que ha sido víctima de ese sistema". Entonces
como que, ¡uy!, nosotros no habíamos pensado en
eso, y empezamos a mirarlo y, efectivamente, hay
muchos jóvenes negros, gente nuestra, que está en
las cárceles. Aquí en Colombia nosotros no hemos
estudiado sobre eso, no hemos investigado porque
como que no nos importa, por decirlo así, lo que
le pasa a la gente nuestra que termina en la cárcel,
¡muchas mujeres negras incluso! Eso fue tema del
conversatorio y después fuimos a las minas con ella,
la metimos en esos huecos [risas] y ella se dio cuenta
cómo era, y después nos terminó diciendo que ella
sentía que haber ido a La Toma fue como haber ido
al territorio en el que ella creció, porque era como la
132
misma tierra roja del lugar doQde ella creció. Nos dijo
que la comunidad le había enseñado mucho a ella, y
que ella aprendió mucho de la comunidad. Eso fue
entonces lo que hicimos allá y esa fue la experiencia
de haber estado ahí, con una mujer tan significativa
para el pueblo afrodescendiente como ella, en esta
historia . . .
Ese día no fueron todos, fueron más mujeres que
hombres y eso también fue porque yo creo que la gente
no dimensionaba quién estaba llegando al territorio,
la gente oyó hablar de que Angcla Davis estaba allá,
pero... ¿y quién es esa señora [risas] ? La gente no tenía
una idea de que esa señora es una señora histórica,
un referente, entonces las que fueron allá fueron más
mujeres, algunos líderes y artistas, los que fueron y
tocaron música; ese no fue un encuentro masivo
porque la gente no tiene conciencia de la historia.
Eso es parte de lo que pasa, que la gente nuestra no
conoce las historias de las referentes de la lucha del
pueblo negro, no tiene esos referentes . . .
MV: A propósito de tu comentario, después de
que ellas se fueron de La Toma, ¿qué quedó en tu
memoria y en la memoria de la gente? Te has referido
a lo que quedó en tu propio proceso y en tu propio
pensamiento. Y también en la visibilización que se
hizo a nivel internacional del proceso político de La
Toma. Creo que eso también fue muy importante,
Francia, porque mucha gente bogotana no conocía
de sus luchas. Así como la gente de La Toma se
preguntaba quién era esa señora, mucha gente bo­
gotana que participó en el evento organizado por la
Universidad y que las oyó a ellas mencionar a menudo
a La Toma, se dijo, y ¿qué es eso de La Toma? Nos
ignoramos mutuamente . . .
FM: Así es, muchísimo. Para mí personalmente
quedó esa historia de mucho aprendizaje, de orgullo
también de saber que había podido encontrarme con
una mujer referente de nuestra historia. Lo digo porque
sé que de alguna manera la gente negra de América
Latina mira como referente la lucha de Estados Unidos.
La lucha de la gente negra de Estados Unidos sigue
siendo un referente para nosotros. Aunque a mí me
gustaría tener otros referentes también, de la lucha
en África, por ejemplo. Algo que siempre me ha pre­
ocupado es que no hay un vínculo entre Colombia
y África, no hay unos vínculos de encuentro que sí
se dan entre Brasil y África; con el Caribe y África
un poco más, pero entre nosotros no. Es que aquí
ni siquiera tenemos una embajada que tenga relación
con algún país de África y eso es un problema porque
estamos aislados de la historia del territorio de donde
vinimos. Lo que más conocemos es sobre las luchas de
1 34
Mandela, pero estoy segura de que hay otras luchas
en África de gente que no conocemos. De pronto
los académicos sí conocen, pero la gente negra del
común no los conoce y entonces para mí eso es una
pena. Hoy uno le habla a un joven de Malcom X, de
Martín Luther King, y mínimamente ellos saben que
esos eran los negros de Estados Unidos que lucharon
frente al racismo, pero no tienen referentes en África.
Si nosotros lográramos articular esas luchas tal vez
nuestros procesos avanzarían mucho más en términos
colectivos. En América Latina no estamos articulados
como lucha afro y la gente negra que se ha intentado
articular lo hace desde la visión institucional, y no
desde la visión comunitaria y organizativa -lo hacen,
por ejemplo, en el marco de la conmemoración del
decenio afrodescendiente, pero de manera muy ins­
titucional-. No hay una articulación del pueblo
negro desde la base, desde la comunidad, y eso hace
parte de los desafíos que tenemos y de las pelas que
debemos darnos.
MV: ¿Qué tanta articulación hay en el movi­
miento negro del Cauca, en el proceso más cercano
a tus luchas?
FM: También tenemos esas dificultades nosotros.
En La Toma empezamos como la comunidad de La
Toma, después nos fuimos juntando con las comuni-

135
dades de Buenos Aires, que tenían la misma proble­
mática, y hoy se han creado 41 consejos comunitarios
en el norte del Cauca. Desde ahí nos articulamos para
algunas acciones, aunque todavía hay mucho por
aprender y mucho por tejer, porque el colonialismo
hizo una mella profunda en nosotros. Nuestra gente
ve los liderazgos más desde la institucionalidad, desde
lo institucional y se organiza también en función de
cómo pueden acceder a la institucionalidad y no en
función de lo comunitario y lo organizativo porque
eso no genera lucro, cambiar esa mentalidad es un
desafío. Y con la costa caucana no tenemos tantas
relaciones, no nos encontramos mucho, a veces en
algunos eventos institucionales, pero no desde nosotros
mismos y entiendo que eso hace parte también de las
limitaciones que tenemos y de lo que hay que hacer,
aunque sí creo que hemos avanzado en términos de
articulación de algunos procesos. Para mí, el paro de
Buenaventura en 2017, por ejemplo, fue una expresión
de que si nos juntamos como pueblo negro podemos
hacer transformaciones importantes, que van a tardar
mucho tiempo, pero que ese es el camino. Más allá
de los acuerdos que se hagan con el Estado, para mí
lo importante es que haya un pueblo en movimiento,
que esté ahí haciendo cosas para fortalecerse en la
espiritualidad, pero también pensando en la resistencia
136
porque esto también viene desde el corazón, y si uno
no está convencido de esto, si uno no se identifica
con esa lucha, pues no pasa es nada.
MV: Y en relación con esa lucha, ¿qué papel juega
un feminismo negro en Colombia, qué anclaje local
puede tener?
FM: He tenido muchas prevenciones en general
con el feminismo [risas] y me acuerdo una vez que
fui a un evento en la Casa Cultural del Chontaduro.
Ahí estaba Ochy Curiel, y yo dije en la reunión: "es
que yo no sé si el feminismo es también una forma de
dominación". Porque yo no me siento identificada con
el feminismo, porque no creo que el asunto sea una
visión de separar a los hombres de las mujeres; creo
que lo importante es otra cosa y quizá lo digo porque
yo crecí en una comunidad rural y allá como que la
gente vive junta y ya. ¡Yo entiendo que hay mucho
machismo, profe!, o sea, si vemos la historia de una
mujer, del día de una mujer de mi comunidad, vemos
que la mujer se levanta a las cinco de la mañana o a
las cuatro de la mañana a hacer el desayuno, a orga­
nizar los hijos para que se vayan al colegio; el hombre
quizás se levanta ya a las seis a coger el tinto, va y afila
el machete o de pronto raja leña y después los dos se
van juntos para la mina a trabajar y trabajan igual,
o para la finca y trabajan igual, y cuando llegan, la
1 37
mujer llega a cocinar y a lavar la ropa de los hijos y a
organizar la casa, o a veces antes de irse deja su casa
organizada y el hombre llega a hacer otras cosas que
no es a compartir el cocinar o a compartir el limpiar
la casa, no, porque como que esa no es la tarea de los
hombres. Eso yo lo sé y es machismo y lo he vivido
en mi comunidad; yo no he compartido en una
relación de pareja porque yo tuve dos hijos y el papá
no respondió, y a mí me toco criarlos sola, entonces
he hecho todo sola y yo entiendo eso, pero también
siento que a las mujeres de las comunidades no les
llega el tema del feminismo porque no lo sienten,
no se identifican, de ahí mi propia experiencia, yo
lo que siento es que aquí lo que importa es construir
comunidad.
MV: ¿Pero quiénes son las que construyen comu­
nidad? ¿No son precisamente las tantas mujeres con
hijos de padres ausentes?
FM: Exactamente, profe, el construir comunidad
lo hemos hecho las mujeres, pero no somos conscientes
de eso; no somos conscientes de que las parteras, por
ejemplo, que le salvan la vida a la gente, porque no
hay acceso a la salud, dan nacimiento a los hijos,
porque cuando una mujer está sola, ellas son las que
van y la atienden y todo eso, y ahí están construyendo
comunidad; o la autoridad de los padrinazgos, de
las madrinas que cumplen esa función de cuidado
comunitario y todo eso, yo sé que eso es construir co­
munidad, pero lo que ellas no entienden es el lenguaje
académico e institucional, entonces ellas sienten que
eso no es feminismo, sino otra cosa. A mí alguien me
dijo, "¡ay!, usted dice que no es feminista, pero quién
va a ser más feminista que usted si mantiene haciendo
cosas comunitarias y defendiendo los derechos de las
mujeres. Y cuando cuida el territorio, está cuidando
también la vida de las mujeres y todo eso". Pero en
la comunidad no lo vemos así. . .
En mi infancia, a mí no me gustaba eso de
comunidad y yo sentía vergüenza de ser una mujer
negra por todos los estereotipos que hay y yo quería
tener un hombre blanco al lado y mejorar la raza,
porque eso nos lo dicen en la casa misma; la hija
mayor de mi mamá es clarita; mi mamá tuvo su hija
con un hombre más mestizo y yo que soy la otra hija
mujer, era la negra, y en mi casa mis tías le decían a
mi mamá, "usted empezó bien y luego desmejoró la
raza" [risas]. Yo estaba chiquitica, pero eso me tocaba,
como que yo era la oveja negra [risas], algo así. Y yo
también era una mujer alborotada, a mí me gustaba
mi rumba, mi paseo, todo eso; de comunidad, nada;
me parecía muy aburrido también, hasta tal punto que
yo conocí un hombre mestizo y me enamoré de ese
1 39
hombre mestizo y a los 15 años ya estaba embarazada
de un hombre mestizo que me embarazó y chao,
se fue y me dejo ahí. Y yo creo que fue ahí que fui
aprendiendo yo . . . Mi mamá me ayudó, estuvo ahí
conmigo, fue mi partera. Yo no tuve que ir al médico,
yo trabajé en la mina hasta el último día en que iba
a parir mi hijo; entonces, yo sé lo que eso significa y
entiendo, pero lo que no sé es cómo tener un lenguaje
que pueda llevar a mi comunidad para que la mujer
entienda que lo que hacemos es feminismo y que es
feminismo negro . . .
FRANCIA MAR UEZ MINA

S oy una mujer afrodescendiente, crecí en un


territorio que data de 1636. Desde pequeños
aprendemos el valor de la tierra, sabemos que los
territorios donde hemos construido comunidad y
recreado nuestra cultura, no fueron un regalo, pues
le costaron a los mayores muchos años de trabajo
y sufrimiento en las minas y haciendas esclavistas.
La crianza en mi comunidad se basa en valores
como la solidaridad, el respeto y la honestidad. Se nos
enseña que la dignidad no tiene precio, que resistir
no es aguantar; a amar y a valorar el territorio como
espacio de vida, a luchar por este, incluso arriesgando
nuestra propia vida. Soy parte de un proceso, de una
historia de lucha y de resistencias, que empezó con mis
ancestros traídos en condición de esclavitud. Soy parte
de la lucha frente al racismo estructural, de quienes
luchan por segur pariendo la libertad y la justicia, de

1 43
quienes conservan la esperanza por un mejor vivir,
de aquellas mujeres que usan el amor maternal para
cuidar su territorio como espacio de vida. De quienes
alzan la voz para detener la destrucción de los ríos,
de los bosques y los páramos, de quienes suefian, en
que un día, como seres humanos, vamos a parar el
modelo económico de muerte, para dar paso a la
construcción de un modelo que garantice la vida.
Ustedes pueden quedarse tranquilos y pensar
que nada está sucediendo, mientras el planeta, la
casa común, se destruye. O podemos juntarnos para
realizar las acciones necesarias que frenen el calenta­
miento global, ¡es hora de actuar! Enfriar el planeta
es nuestra responsabilidad.
Gracias a la familia extensa, al Consejo Comuni­
tario de La Toma, a la Movilización de Mujeres Negras
por el Cuidado de la Vida y los Territorios Ancestrales,
a la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte
del Cauca (ACONC) y al Proceso de Comunidades
Negras (PCN). Gracias a la Fundación Goldman por
este premio, que no es un reconocimiento exclusivo
a Francia Márquez, sino a todas y todos los que
resisten por defender el medio ambiente, a quienes
han muerto por ello. Gracias a Bertha Cáceres que
nos sigue acompafiando.

1 44
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Libertad para las lideresas y líderes sociales z

judicializados en Colombia. >z
¡Viva la Colombia Humana! e,¡
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San Francisco y Washington D. C. o
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23 de abril del 2018 "'
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145
Epílogo
OCHY CUIUEL PICHAllDO
FRANKLIN GIL RERNÁNDEZ

E sta oportuna publicación da cuenta de un hito. De


un eslabón especial y potente de una cadena de
experiencias, de aprendizajes, de aportes, de historias
nuestras con el feminismo negro. Nuestras historias,
las de Mara Viveros, Ochy Curiel y Franklin Gil,
con distintas temporalidades, preguntas y alcances,
andando caminos diferentes, se han entrecruzado en
varias oportunidades. Uno de esos cruces afortunados
dio como fruto una posibilidad que pudo ser vivida
por muchas personas de formas distintas. Ese trabajo
conjunto nos permitió contar con la presencia de
Angela Davis y Gina Dent en Colombia, con ocasión
de la cátedra inaugural de los posgrados en Estudios
de Género de la Universidad Nacional de Colombia
en el 2010, una experiencia poderosa y reflexiva.
1 47
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z La Cátedra, de donde vienen las conferencias aquí
"' recogidas, contó con foros, seminarios y encuentros
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lll entre mujeres negras, afrodescendientes y raizales.
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Este encuentro sirvió para posicionar la perspectiva
> del feminismo negro, que propone analizar las rela­
:i:
u
o ciones de poder considerando género, raza, clase y
sexualidad de forma imbricada, no sólo en Bogotá
sino también en otros lugares de Colombia.
Aunque desde finales de la década de los setenta
han existido pensamientos y prácticas que problematizan
las relaciones sociales considerando esta imbricación,
propuestas por pensadoras y activistas afrolatinoameri­
canas y afrocaribeñas, sin duda, la tradición feminista
afroestadounidense ha tenido aportes e incidencias
significativas en nuestro pensamiento y nuestra práctica
política, por lo que la presencia de Davis, la más re­
conocida pensadora y activista del feminismo negro
norteamericano, y con ella Gina Dent a quien no co­
nocíamos, pero que abrió nuevas perspectivas teóricas
y políticas, realmente fue una inolvidable experiencia.
Ver los auditorios repletos, la presencia de di­
ferentes actores y sectores en las actividades, no
solo de mujeres racializadas como mujeres negras y
afrodescendientes, fue tal vez una de las más grandes
satisfacciones de esa jornada. Esperamos que esta
publicación permita prolongar la emoción que nos
produjo ver esos auditorios repletos y que sea un medio
para que llegue a muchas más personas esta provo­
cación, pues el feminismo negro no es una propuesta
que se centra exclusivamente en identidades raciales
y de género, aunque no las descarta. Su principal
potencial es ofrecer una mirada no fragmentada de
las relaciones sociales, por tanto, sirve a cualquier
proyecto de transformación social.
La consigna teórica y política de que la " justicia
es indivisible", como podemos leer aquí en una de
las charlas de Davis, citando a June Jordan, es quizás
uno de los aportes más preciados de este legado. Es
una forma de entender y de actuar que no sólo nos
conmina a evitar las jerarquías entre las injusticias
para determinar cuál es la más importante, sino que
rompe con la epistemología occidental que nos invita
a separar las partes para entender el todo. El femi­
nismo negro, como lo entendemos, no es un legado
autocontenido, atrapado en visiones monolíticas de
identidad, sino que tiene una vocación universalista.
Esto no significa que sea neutro, no conflictivo o in­
coloro, ya que él mismo demanda reconocer los lugares
situados desde los que hablamos y los privilegios que
cada quien tenga de clase, raza, sexualidad o género,
de los cuales hay que hacerse cargo, y que la apuesta
de transformación implica que no existan más.
1 49
De las cuestiones que nos parecen más nove­
dosas e interesantes del feminismo negro, y que son
abordadas por Davis y Dent en las conferencias aquí
recogidas, es la relación entre la lucha por la abo­
lición de la esclavitud en el siglo XIX, la lucha contra
la segregación racial en el siglo xx y la lucha por la
abolición del sistema carcelario en el siglo XXI. Los
diversos textos de Davis sobre el sistema carcelario y
su relación con el racismo, el clasismo y el sexismo,
unidos a las reflexiones planteadas por ella y por Dent
en esta publicación, nos permiten reflexionar colec­
tivamente sobre salidas "otras" para la reparación de
daños, crímenes y violencia distintas a la cárcel. Este
tipo de justicia alternativa cobra un particular valor,
pero también se vuelve un desafío en un contexto
como el colombiano, caracterizado por un conflicto
armado de larga data donde se han cometido tantos
crímenes de lesa humanidad, y en los que muchos
sectores esperan una justicia tradicional que tiene como
centro la cárcel. Davis y Dent develan la relación del
sistema industrial con la era industrial neoliberal en
la que se construyen prisiones, en detrimento de la
educación y la salud para la explotación y la violencia,
cuya víctima principal es la población afroamericana.
Las miradas que nos ofrecen las conferencias
aquí recogidas muestran el potencial del feminismo
o
o,.¡
(,:,

negro para analizar los sistemas de opresión en su


conjunto, de forma más sistémica y estructural, sin
limitarse a las identidades y a las experiencias particu­
lares. Desde el feminismo negro precisamente se han
formulado preguntas tensas sobre agendas que son
fundamentales para el feminismo en general, como
el aborto, la "violencia doméstica" contra las mujeres
y la violencia sexual. Como recuerdan en sus charlas
tanto Davis como Dent, pero como es magistralmente
expuesto por diversas feministas negras q ue se han
ocupado del tema de la violencia contra las mujeres,
las medidas punitivas y las exigencias de más inter­
vención del Estado, a través del sistema de justicia y
de la policía, son medidas no solo inoperantes, sino
que se convierten en una amenaza para comunidades
racializadas fuertemente criminalizadas; por eso el
horizonte de justicia que plantea el abolicionismo de
las prisiones es tan útil para pensar otros problemas,
como el de la violencia contra las mujeres, y es sin
duda un horizonte clave para pensar la justicia del
posconflicto en nuestro país.
En relación con el aborto, y es algo que está
claramente desarrollado en los trabajos de Davis y
en el activismo de la Alianza de Mujeres del Tercer
Mundo, también surgieron preguntas incó modas .
La experiencia de violencia del s istema de control
151
,-1

z

natal y de la tecnología anticonceptiva contra las
1111
z
mujeres negras, pero también contra las mujeres
:,.
,-1
lll puertorriqueñas en los años sesenta en los Estados
¡;¡
u:;¡ Unidos, implicaba pensar la agenda contra el aborto
:,.
:eu de otra manera, no solo en su apuesta liberal por la
o autonomía corporal. Esta experiencia es muy cercana
al contexto latinoamericano y caribeño, donde diversas
campañas de control de natalidad y esterilizaciones
forzadas de mujeres indígenas, negras y de sectores
populares, mostraron cómo la revolución que implicó
la tecnología reproductiva para muchas mujeres tenía
una contracara racista y violenta. En esta agenda, el
derecho a la autonomía demandaba también la re­
flexión por el derecho a la maternidad y el derecho a la
reproducción de pueblos que querían ser aniquilados.
Un acierto de la jornada que dio lugar a esta
publicación fue el encuentro entre mujeres negras,
afrocolombianas, raizales y palenqueras de diversos
lugares de Colombia, aprovechando la presencia de
Davis y Dent. Así como pensamos que era necesario
un encuentro político y solidario entre mujeres
racializadas desde el no privilegio, que desde sus
comunidades, barrios y organizaciones están lide­
rando diversas luchas políticas que concretan ciertas
apuestas del feminismo negro, esperamos que este
texto prolongue esas conversaciones y que los saberes
1 52
o
t.,
o,-J

acumulados por mujeres negras de diversos contextos


y procesos también hagan parte de este legado de
conocimiento y acción.
El horizonte del feminismo negro se ha ex­
pandido. En el presente vemos una eclosión maravillosa
de mujeres negras y afrodescendientes, y también de
hombres, con activismos más interseccionales y con
una sensibilidad política que responde a las necesidades
de su época, así como de académicas y académicos que
introducen estas perspectivas en sus teorías y análisis,
gracias, entre otras cosas, a la presencia de Davis,
de Dent y de otras feministas negras, afro y del sur
global que nos han visitado. Pero este momento, al
que gozosamente asistimos, es ante todo el resultado
de diversos procesos políticos y de producción de co­
nocimiento local de personas concretas y comunidades
que lograron entreabrir una ventana, a fuerza de la
lucha en medio de contextos de violencia racista, la
crimina:lización de jóvenes negros en las ciudades,
el racismo cotidiano, el racismo epistémico de la
academia, el despojo de mujeres y hombres de sus
territorios, la violencia del narcotráfico, la violencia
del Estado y del paraEstado, la <L:predación de las
mega agroindustrias y el extractivismo minero que
amenazan fuertemente no solo la sobrevivenda de
esas comunidades, sino la de todos y todas.

1 53
Si con esta publicación y con el encuentro orga­
nizado pudimos mediar en un proceso de diálogo de
saberes y aportar un poco en esa nueva sensibilidad
política el saldo es más que positivo. Si esta ha sido
la oportunidad de dar a conocer una tradición in­
telectual y política en un medio que no se conocía
o que no se valoraba suficientemente, el resultado
entonces es muy satisfactorio. Nos sentimos contentos
con la tarea realizada y agradecemos a Mara Viveros
la invitación generosa a hacer parte del proceso que
dio a luz ese encuentro, nueve años atrás, y que ahora
permite que quede un testimonio y una memoria de
este cruce de caminos.

1 54
Sobre las autoras y los autores

Angela Yvonne Davis, nacida el 26 de enero de 1944,


es profesora emérita del Departamento de Historia
de la Conciencia de la Universidad de California,
Santa Cruz. Activista política desde los años sesenta,
miembro del Partido Comunista de los Estados
Unidos hasta 1991. Sus intereses de investigación son
el feminismo, los estudios afroamericanos, la teoría
crítica, el marxismo, la música popular, la conciencia
social, la filosofía y la historia del castigo y las cárceles.
Cofundadora de Critica} Resistance, una organización
que trabaja por la abolición del complejo industrial­
carcelario. Es autora de numerosos libros, entre los
cuales se destacan: If They Come in the Morning:
Voices of Resistance (1971); Women, Race, and Class
(1983); Blues Legacies and Blackfeminis. Gertrude 'Ma'
Rainey, Bessie Smith, and Billie Holiday (1999); Are
Prisons Obsolete? (2003); The Meaning ofFreedom: And

155
Other Difficult Dialogues (2012); Herbert Marcuse,
Philosopher of Utopia: A Graphic Biography (2019).

Gina Dent es profesora asociada de Est1,1dios Femi­


nistas, de los Departamentos de Historia de la Con­
ciencia, Estudios Jurídicos, Estudios Étnicos y Críticos
de la Raza y de la División de Humanidades de la
Universidad de California, Santa Cruz. Se desempeñó
anteriormente como Directora del Instituto de Inves­
tigación Feminista Avanzada y como Investigadora
Principal del Grupo de Investigación Multicampus
sobre Transnacionalización de la Justicia de la misma
Universidad. Dent obtuvo su doctorado en inglés y
literatura comparada de la Universidad de Columbia.
En 1998, fue la editora de Black Popular Culture. Sus
intereses de investigación giran en torno a los estudios
literarios y culturales africanos, la teoría jurídica, los
estudios críticos de la raza, el feminismo, la teoría
legal y la cultura popular. Además de ser autora de
numerosos artículos en estos temas, es una impor­
tante activista de causas que incluyen la abolición
del sistema carcelario y los. derechos humanos del
pueblo palestino

Mara Viveros Vigoya es profesora titular de la


Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad
Nacional de Colombia, docente del Depanamento de
Antropología y de la Escuela de Estudios de Género,
de la cual fue una de sus fundadoras y ha sido su
directora en dos ocasiones (2010-2012 y 2016-2018).
Su ejercicio académico ha estado relacionado con
debates públicos sobre el feminismo, los derechos
sexuales y reproductivos y el antirracismo. Ha pub­
licado extensamente en revistas académicas y tiene
varios libros de su autoría y co-autoría en temas
relacionados con las diferencias y las desigualdades
sociales, intersecciones de género, sexualidad, clase,
raza y etnia en la dinámica social latinoamericana.
Sus áreas de investigación actuales son las das.es
medias "negras" en Colombia, ideologías y prácticas
antirracistas, y hombres y masculinidades en los es­
tudios feministas. Entre sus publicaciones recientes
se destacan: Les couleurs de la masculi,nité. Expériences
intersectionnelles et pratiques de p ouvoir en Amérique
Latine (2018), traducido al portugués como As cores
da masculinidade Experiencias interseccionais eprdticas
de poder na Nossa América (2018).

Francia Elena Márquez Mina es una líder afro­


colombiana, nacida en el municipio de Suárez, al

1 S7
norte del departamento del Cauca, madre cabeza
de familia y estudiante de derecho en la Universidad
Santiago de Cali. En el año 2009 inició un proceso
de lucha y resistencia para evitar que las comunidades
afrodescendientes del Consejo Comunitario de La
Toma en el municipio de Suárez fueran desalojadas
forzosamente de su territorio ancestral. Después de
que varios de sus líderes y lideresas fueran declarados
objetivo militar por parte de grupos paramilitares,
Francia instauró una acción de tutela, resuelta me­
diante la sentencia T1045A de diciembre del 2010. En
2014 lideró la Marcha de los Turbantes para exigir al
gobierno nacional avanzar en la titulación colectiva de
sus tierras, y cumplir los requerimientos de la sentencia
T1045A. Su trabajo como lideresa ha sido reconocido
por la organización sueca Diakonía, que le otorgó
el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos
Humanos en Colombia en 2015, y en abril del 2018
fue ganadora del Premio Goldman Environmental.
Actualmente es miembro del Consejo Nacional de Paz
y Convivencia, instancia creada para el seguimiento
al cumplimiento de los acuerdos de paz.

Ochy Curiel es candidata a doctora en Antropología


Social de la Universidad Nacional de Colombia.
Especialista en Educación Superior y Licenciada en
Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica
Madre y Maestra (PUCMM) de República Domi­
nicana. Es docente de la Pontificia Universidad
Javeriana en Bogotá. Activista feminista decolonial,
antirracista, cantautora y música, integrante del
Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y
Acción Feminista (GLEFAS), de la batucada feminista
Tremenda Revoltosa y del festival de documental
Colectivo Globale Bogotá. Sus temas de investigación
son la imbricación entre racismo, sexismo, clasismo
y (heterosexismo), las construcciones nacionales, la
antropología de la dominación y el feminismo de­
colonial. Entre sus publicaciones recientes se destaca
La nación heterosexual. Andlisis del discurso jurídico
y el régimen heterosexual desde la antrop ología de la
dominación (Brecha Lésbica, 2013).

Franklin Gil Hernández es antropólogo, Doctor


en Antropología, Magíster en Antropología Social.
Docente e investigador de la Escuela de Estudios de
Género, Universidad Nacional de Colombia. Temas
de investigación y consultoría: saberes sobre género
y sexualidad; derechos sexuales y reproductivos;
militancias sexuales y raciales; historia de la ciudad
y sexualidad; parentesco; discriminaciones raciales,

1 59
sexuales y de género; relaciones raciales y racismo;
relaciones entre género, raza, clase y sexualidad; género,
sexualidad y deporte. Última publicación: "Lecturas
entrecruzadas del poder: feminismos negros, diáspora
epistemológica y experiencias políticas y académicas en
Colombia" (2018). En F. Gil y T. Pérez-Bustos (comps.)
Feminismos y estudios de género en Colombia: un
campo académico y político en movimiento.

r 6o
Índice

9 7, 123-125, 127-128, 130,


A 133, 135, 137-140, 143-144,
afrocolombiano(a) : 15-16, 18, 151-153, 158.
26-29, 79, 108, 125, 152.

B D
blanco (a): 10, 13, 42, 53-56, 62, derechos: 11-13, 40, 42, 52,
70, 96, 107, 129-130, 139. 54-55, 62, 66, 73-74, 79,
blanquidad: 10, 52, 55-56. 84, 89, 101-102, 124, 126-
127, 129, 139, 152, 155, 157
e -al voto: 12, 40.
castigo: 64-66, 68, 83, 89-91, -civiles: 11, 40, 73, 89, 126-127,
94, 155. 129, 155.
clase: 11, 13-14, 21, 25, 27, 35, -de las mujeres: 13, 42, 139.
42 n. 3, 81, 113, 148-149, -humanos: 11, 84, 86.
1 57, 160.
Colombia: 9, 10 n. 2, 15, 22- E
23, 27, 30, 44, 47, 56, 65, Escuela de Estudios de
80-81, 83-85, 88-89, 91, Género: 9-10, 16-1 7, 19, 27,
95, 97, 102, 109 n. 3 y 31, 128.
5, 123-125, 127, 130, 132, Estado: 20-21, 61, 64, 66-70,
134, 137, 145, 147-148. 80, 92, 94, 102, 106, 109,
color: 14, 25, 31, 38-39, 52-53, 57, 112-113, 123, 130-131, 136,
59, 63, 68-69, 86, 94, 97. 151, 153.
complejo industrial: 21, 63- estatal: 7 0, 80, 107.
64, 77, 88, 91, 93-94, Estados Unidos: 12, 18, 20, 3 7,
96-97, l0 2, 104, 112, 155. 40-42, 47, 49-51, 53-54,
comunidad: 28, 38, 51, 59 n. 65, 69-74, 81-84, 86, 88-
1 , 67, 69, 7 9, 88, 90, 93, 90, 93-94, 96, 104, 106-
161
108, 111-112, 124, 126-127,
129, 134-135, 152, 155.
1
industria: 41, 55, 63, 91.
experiencia: 11-12, 14, 24, 28-
interconexiones: 23, 44, 66.
29, 45-48, 51, 53, 73, 102,
interseccionalidad: 21, 39-40,
110-111, 113-114, 116-118,
44-45.
133, 138, 147-148, 151-152.

J
F justicia: 11, 19, 21, 23, 37-38,
feminismo: 10-11, 13-14, 25, 45, 71-72, 79, 84, 143,
29, 38, 42, 44-52, 56, 149-151, 156.
68, 105-106, 109-110,
L
119, 137-140, 147-1 53,
La Toma {Cauca): 28, 67, 124,
155-157, 159-160.
126, 130-135, 144, 158.
-negro: 42, 44, 46, 51-52, 56,
libertad: 19, 38, 40-41, 79-80,
105-106, 109-110, 137,
83-84, 86, 90, 108 n. 3,
140, 147-153, 1 55-156,
143, 145.
160.

G M
género: 11, 14, 21, 25, 27, 29, mina: 131-132, 137, 140, 143.
37-38, 44, 63, 66-67, minería: 67, 123.
70, 86, 88, 97, 105, 113, movimientos: 12, 14-15, 20,
148-149 . 22, 24, 26-27, 68, 125,
128.
H -políticos: 14-15.
hombre: 14, 29, 41, 61-67, -sociales: 20, 24, 125.
70, 82-83, 87, 96-97, mujeres negras: 11-15, 27-29,
104, 107, 129, 133, 137- 41-42, 44, 49, 51, 62-63,
140, 153. 74, 79-80, 111, 132, 144,
-negro: 14, 62, 96, 104, 107, 129. 148, 152-153.

162
o s
Obama, Barack: 54, 128-129. sexual (-idad) : 22, 25, 28, 38,
opresión (-nes) : 11, 14-15, 24, 60-62, 82, 88, 148-149,
26-27, 44, 48, 151. 151, 157, 160.

p T
personal: 29, 47-48, 56, 60- tercer mundo: 42-43, 49, 90,
62, 80. 111-113.
policial: 62, 64, 69, 74. territorio: 28, 123-124, 127,
político: 13-15, 20, 22, 25-29, 131-134, 1 3 9 , 143-144,
47-48, 60-61, 80, 83, 86- 153, 158.
87, 104, 114, 126, 133,
152-153, 160. V
prisión(-es): 11, 21-22, 66, 69, vigilancia: 85, 90-91, 93.
79-86, 88-91, 94-97, 102- violación: 60-62, 69, 71, 91,
105, 109-114, 119, 1 27, 107.
150-151. violencia: 21-22, 28, 31, 59-69,
privado: 60-61, 64, 66-67, 84- 71-74, 80, 94, 107, 109,
127, 150-151, 153.
R
racismo: 10, 12-14, 21, 23-25,
28, 30, 38-40, 43-44, 54,
62, 68-69, 89, 91-93, 96,
102, 135, 143, 150, 153,
159-160.
raza: 11, 14, 21, 25, 27, 37 n.
1, 42 n. 3, 63, 66, 91, 113,
139, 148-149.